Yakob Ja Tzadik

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Yakob Ja Tzadik

  1. 1. Yakob ja Tzadik, el hermano de Yahshúa ben Yosef, y el Nombre Después que el Mesías ascendió a los cielos, los discípulos tuvieron que elegir a un nuevo Nasí para el recién establecido Beit Din mesiánico de Jerusalén. Siguiendo el principio de autoridad real, en el cual se establece que si el rey o el príncipe no está en posición de ejercer por razón alguna, el poder pasa al familiar más cercano. De esta manera se eligió a la persona de Yakob, el hermano de Yahshúa (Hch. 12:17; 15:6-29; 21:15-26; 1ª Co. 15:7; Gá. 1:18,19; 2:1-14). Yakob fue llamado por sus coetáneos Tzadik, el Justo, lo cual designa a una persona que mantiene una estricta observancia a la forma de vida postulada por la Toráh. Idéntico titulo le fue dado a Yahshúa ben Yoséf (1ª Jn. 2:2). Las Escrituras no hacen ninguna alusión a su muerte, pero existen dos fuentes antiguas que la mencionan una es Flavio Josefo, quien explica que durante el intervalo de la muerte del gobernador Festo (cerca del año 62 E.C.) y la llegada de su sucesor Albino, el Sumo Sacerdote Anán “reunió al sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Yahshúa, conocido como el Mesías; su nombre era Yakob, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores de la Toráh y los condenó a ser apedreados”. Antigüedades Judías, libro XX, capitulo IX, sección I. La otra fuente es Eusebio (260 – 339 E.C.) Quien en su Historia Eclesiástica cita Hypomnemata (Memorias) de Hegesipo (ca.110 – ca.189 E.C.). Obra compuesta de cinco libros, actualmente perdida. Su autor fue un hebreo mesiánico que vivió en Judea en los años posteriores a la segunda guerra judía romana y uno de los primeros cronistas del judaísmo mesiánico. Fiel seguidor de las prácticas judías y del cumplimiento de la Toráh. Lo poco que ha sobrevivido de sus escritos prueban indirectamente que no hubo una separación entre el judaísmo enseñado por Yahshúa ben Yoséf y la corriente principal del judaísmo del siglo I. Sus crónicas contienen hebraísmos muy particulares del judaísmo del Segundo Templo. Yakob es descrito como un nazareo: “El fue santo desde el vientre de su madre, no bebió vino ni licor, ni comió carne (¿no kosher?), nunca se ungió con aceite ni se bañó. Solamente a él le era permitido entrar en el Lugar Santo del Templo. Porque él siempre vestía ropas de lino y no de algodón. Tenia por costumbre entrar solo al Templo, y frecuentemente se le encontraba de rodillas intercediendo por su pueblo, de tal manera que sus rodillas vinieron a ser tan rugosas como las de un camello por su constante impetración.” De acuerdo a Hegesipo después de la crucifixión del Redentor, Yakob vino a ser el líder de la secta judía mesiánica de Jerusalén. Su predicación acerca del Mesías atrajo a muchos judíos piadosos, incluyendo a algunos de la clase gobernante. Esto alarmó en sobremanera a los escribas y fariseos opuestos al mensaje de restauración; los cuales, ordenaron a Yakob que desde el pináculo del Templo arengara a la multitud a no seguir las enseñanzas de la secta y se detractara de sus predicaciones. Lejos de ello, Yakob dijo estentóreamente: “¿Por qué me preguntan acerca de Yahshúa, el Hijo de Hombre? Él está sentado en el cielo a la diestra del gran Poder, y pronto volverá en las nubes de cielo.” Y cuando muchos fueron convencidos y glorificaron el testimonio de Yakob, diciendo: “Hosanna al Hijo de David”, estos mismos escribas y fariseos dijeron uno al otro: “Hemos hecho mal en proporcionar este testimonio de Yahshúa ben Yoséf. Subamos y lancémosle abajo, de manera que todos teman creerle.” Luego se apresuraron a proclamar: “Oh no, el Tzadik ha caído también en la apostasía.” Cumpliéndose las Escrituras del profeta Isaías, “Quitemos al justo porque es aflicción para nosotros; por tanto ellos comerán de los frutos de sus manos”. Rápidamente ascendieron y lanzaron al vacío al Tzadik. Se gritaron unos a los otros: “¡Apedreemos a Yakob ja Tzadik!”, y empezaron a lapidarle porque no había muerto de la caída. Pese a ello, poniéndose él de rodillas y clamó a gran voz: “¡Adón, Eloah, Abinu! ¡Perdónalos porque no saben lo que hacen!” Mientras le apedreaban, uno de los sacerdotes de los hijos de Recab, hijo de los recabitas, los cuales son mencionados por el profeta Jeremías, les amonestó, diciendo:
  2. 2. “¡Deténganse! ¿Qué hacen? ¡El Tzadik esta orando por ustedes!” Y uno de ellos, que era batanero, tomó un garrote con el cual bataneaba las ropas y golpeó al Tzadik en la cabeza. Y así sufrió el martirio. Lo sepultaron en el lugar donde cayó, y su monumento aun permanece cerca del Templo. Él vino a ser un testigo fiel, tanto para judíos como helenistas que Yahshúa ben Yoséf es el Mesías. Después de esto Vespasiano puso asedio a la ciudad.” Es interesante hacer notar que la confesión de Yakob desde el pináculo del Templo repite parcialmente las palabras de Yahshúa ante el Sumo Sacerdote y las dichas por Esteban durante su lapidación: “¿Por qué me preguntan acerca de Yahshúa, el Hijo de Hombre? Él está sentado en el cielo a la diestra del gran Poder, y pronto volverá en las nubes de cielo.” Hegesipo empleó el titulo el Poder como sustituto del Nombre, tal y como es registrado en la tradición mateica, pero al igual que ocurre en esta última, es jurídicamente probable que Yakob ja Tzadik haya pronunciado públicamente el Nombre inmortal. Entonces su ejecución a criterio de sus verdugos estuvo sustentada por el cargo de Jilúl ha Shem o la profanación del Nombre. La combinación de todas estas evidencias demuestra que Yahshúa y sus discípulos enseñaron el Nombre a los pueblos. El hecho que todas estas personas ejemplares estuvieran dispuestas a sacrificarlo todo: bienes materiales, prestigio social, estabilidad familiar y aun su propia vida en aras del Kidush ja Shem, al igual que los profetas antes que ellos, es porque de ninguna manera lo consideraban insustancial sino por el contrario, la verdadera fuente de la salvación.

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