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-No. Magnus. Por favor, el dorado es para las bodas de Cazadores de
Sombras, esto no es exactamente eso. A mí me parece que todo luciría
mejor con tonos celestes y rosas ¿No lo crees? –Isabelle estaba corriendo
a lado de Magnus y detrás de sus hermanos, Simon y Clary estaban
detrás de ellos.
Jace se detuvo e hizo una señal de ocultarse, por encima de su hombro.
Todos obedecieron. –Alec quiere tonos dorados. –Dijo Magnus
respondiendo a Isabelle pero poniendo atención a Jace y Alec que se
encontraban liderando a todos a través del oscuro pasillo.
-No tienes que complacerlo en todo ¿sabes?
-No tengo. –Dijo Magnus. –Pero quiero.
Jace fue el único que pudo notar la sutil sonrisa de Alec al escuchar el
comentario.
-Pues pienso que es su oportunidad de salir de lo ordinario, solo piénsalo
–Isabelle insistió. -Grandes cortinas azules y manteles rosados…
-Basta. –Llamo Alec sin mirar hacia atrás, no enojado solo precavido. –
Deben poner atención.
Todos guardaron silencio, pero esto fue tan solo por unos segundos
antes de que Alec rodara los ojos al cielo sin poder creer en lo que estaba
a punto de decir, volteo directamente hacia su hermana. –No veo que
tenga algo de malo el dorado. Soy un Cazador de Sombras al fin de
cuentas.
-Es tu boda. –Dijo Jace uniéndose a la conversación. –Puedes hacer lo
que quieras.
-Es increíble que estemos organizando la boda de Alec y Magnus. –Dijo
Clary con entusiasmo desde el final de su formación.
-Es más increíble que lo estemos haciendo mientras cazamos demonios.
–Dijo Simon con una sonrisa.
Todos asintieron entre si y decidieron que era tiempo de dedicarse a lo
que habían ido a ese lugar tan lúgubre.
-Ah, y esta ceremonia no tendrá nada de ordinario Izzy. –Dijo Alec con
tono divertido. -Recuerda que es la boda de Magnus Bane.
* * * * *
La batalla fue sencilla, o lo fue en lo que cavia, su extraordinario equipo
se había convertido en una excelente arma mortal, la mañana estaba por
llegar y era hora de volver a casa, Jace y Alec se miraban un poco mas
descompuestos que los demás, sucios y con mas moretones que ya
empezaban a sanar por las runas en sus cuerpos, Isabelle libero su
cabello del chongo que formaba con él cuando se enfrentaba a demonios.
-Nada mejor que una exterminación para iniciar bien la semana, ¿he
chicos?
-Pudiste haber ayudado un poco mas ¿No lo crees? –Dijo Jace mientras
Clary trazaba con cuidado una Iratze sobre su hombro.
-Y terminar tan sucia como ustedes dos. –Dijo Isabelle. –No gracias.
Alec sonrió sin mirar a su hermana, este se encontraba concentrado en
trazar una runa de curación en su antebrazo cuando Magnus se acerco a
él. Alec rápidamente confirmo el estado de su novio, él lucia impecable
como siempre, una ventaja que le daba la magia, sin duda el luchar a
distancia era más limpio que hacerlo cuerpo a cuerpo. Alec se apresuro a
sonreírle para demostrarle que se encontraba en perfectas condiciones,
pero aun así había ese brillo de preocupación en sus ojos de gato. Algo
que Alec odiaba por hacerlo sentir angustia. Magnus miro no muy
contento pero con resignación hacia Alec y sus raspones, paso su mano
enjoyada por la frente de su novio para apartar su desordenado cabello y
descubrir la herida que ahí se encontraba, Alec estaba a punto de trazar
una Iratze en esa zona, pero guardo su estela y decidió ponerse al
cuidado de su amado, algo que le gustaba cien veces más. La mano de
Magnus brillo de Azul por un momento y la herida se cerró casi de
inmediato.
-Deja de hacer eso. –Dijo Alec haciendo que Magnus apartara la atención
de la herida y la posara sobre sus ojos azules.
-¿De qué hablas? –Pregunto Magnus.
-Esa mirada de angustia. –Dijo Alec. –La detesto –Dijo sincero. –Son solo
unos rasguños, no es para tanto.
Magnus sonrió travieso. –Tienes algo ahí. –Dijo.
Alec se desconcertó. -¿Donde?
-Ahí. –Dijo Magnus.
La respiración de Alec se cortó cuando se percato del claro movimiento
de Magnus inclinándose hacia él, cerró sus ojos y abrió un poco sus
labios para esperar los de Magnus. Un beso lento, melodioso, Alec se
perdió en él, lo suficiente como para preocuparse de no dejar ver a sus
amigos lo que los labios de Magnus le estaban haciendo sentir, se aferro
a la manga del saco de su novio con fuerza para mantener el control. El
beso se prolongo un poco, pero no tanto como él hubiera querido, se
separaron lentamente pero no mucho, sus frentes aun pegadas la una
con la otra, Alec intentaba recuperar su aliento de manera sutil. Su
corazón salía de su pecho.
-Vas a volverme loco. –Le dijo Magnus en un susurro, lo que le dijo a Alec
que no había sido el único que había experimentado tan maravillosa
sensación a causa de su beso.
-¿Se besaran así en su boda? –Dijo Clary e incluso Jace la miro con
desdeño por él un tanto obvio atrevimiento. –Porque sería perfecto.
Cuando digan sus votos y dejemos volar la palomas blancas…
-A tus asuntos biscocho. –Dijo Magnus. –De los besos nos encargamos
nosotros.
Todos rieron, -Hay que ir a Takis. –Dijo Isabelle. –Muero de hambre.
-No tengo fuerzas para eso. –Dijo Jace y se tumbo en el piso del callejón,
los primeros rayos del sol se levantaban sobre ellos.
-Yo tampoco. –Dijo Alec. –Vamos a mi casa. –Sugirió el chico. –Podemos
ordenar ahí.
Todos asintieron, la casa de Alec y Magnus era mucho más acogedora
que el instituto y lo suficientemente libre de padres de lo que sería la de
Clary con Luke y Jocelyn ahí, prestando demasiada atención a lo que
fuera que hicieran. Caminaron hacia Brooklyn mientras Magnus
pensaba en lo mucho que le gustaba como Alec decía Mi casa,
refiriéndose al lugar donde vivían juntos.
* * * * *
Alec abrió la puerta principal del edificio y Magnus subió de dos en dos
las escaleras.
-Me adelantare. –Dijo Casual. –Tal vez tenga que ordenar un poco.
Alec sonrió mientras Magnus le brindaba un resplandeciente guiño y
esperaba a los demás con la puerta abierta.
-¿Has sabido de Aline? –Pregunto Jace, ambos subían por las
descuidadas escaleras.
-Me ha escrito. –Dijo Alec. –Ella está bien, es Helen la que en realidad la
está pasando mal.
-Es comprensible. –Dijo Clary detrás de ellos. –Debe estar siempre
pensando en sus hermanos, en Mark.
Jace sacudió su cabeza, recordando a ese chico maltratado que
encontraron en su camino hacia la dimensión demoniaca.
-A veces acatar órdenes es una verdadera estupidez. –Dijo Jace
claramente afectado, ambos habían llegado al descanso de las escaleras,
justo a medio camino.
-Alec, -llamo Isabelle, ella y Simon los seguían de cerca, varios escalones
detrás de Clary. –Ellas vendrán a tu boda, ¿No? Es decir, son familia.
Alec se detuvo y bajo la mirada. –Hable con papá de ello. Helen no está
exactamente enjuiciada, es decir, ella no está considerada una criminal…
-¿Qué hubiera pasado si fuera así? –Dijo Simon con ironía.
Alec suspiro. –Me prometió que haría lo posible, y por ello quisiera que
los pequeños estuvieran ahí, así podrían verse, por lo menos por unas
horas.
-Tenemos que hacer que eso pase. –Dijo Jace.
Pero fue todo lo que dijo, Alec de inmediato noto como todos los
músculos de su parabatai se ponían en alerta. –¿Huelen eso? –Dijo Jace.
Y Alec supo de inmediato a lo que se refería, habían sido años de
familiaridad, de asociar ese peculiar aroma de ceniza y azufre con sus
batallas diarias. Demonio pensó Alec y su mirada subió de inmediato y
con desesperación hacia Magnus que estaba por entrar al departamento.
-¡Magnus espera! –Grito Alec pero era tarde. Una fuerza poderosa
arranco la puerta de sus bisagras, golpeando al brujo y haciendo que
iniciara su caída por encima del barandal y directamente hacia el primer
piso. Alec se abalanzo hacia la orilla de la escalera, sin importarle que
esta pudiera colapsar, estiro su mano con rapidez y logro sujetar la de
Magnus que quedo colgado de ella. –Te tengo. –Dijo Alec a su novio que
quedo balanceándose como un péndulo de su fuerte agarre.
Magnus miro hacia arriba, hacia los ojos azules oscurecidos de Alec. –No
podía ser de otra manera, ¿Cierto?
-No. –Dijo Alec. –Nunca.
Una vez que Alec logro subir a Magnus hacia la aparente seguridad de la
escalera, este comenzó a examinar cada parte de su cuerpo en busca de
daños graves. –Estoy bien. –Dijo Magnus. –Ve con tus amigos.
Alec lo pensó sin moverse. –¡Ve Alexander! –Y este finalmente subió las
escaleras para encontrarse ya con una batalla ferviente.
Jace, Clary, Isabelle y Simon se encontraban luchando con una figura
que se planto justo en medio de la sala de estar, una imagen
irreconocible, ya que estaba envuelto en humo, cenizas e incluso brazas
ardientes, las espadas seráficas brillaban y se movían sin titubear
alrededor de este.
Alec levanto su arco con flechas y runas poderosas para soltar la primera
y que volara a través de la habitación, la flecha término incrustada en la
pared al otro extremo, Alec no estaba seguro si la criatura la había
esquivado o esta simplemente lo había atravesado sin hacer daño
alguno. Jace logro llegar a la figura con su espada, esta choco contra
algo que poco tiempo después descubrieron era el brazo del demonio
ahora un poco más nítido, se quedaron ahí en una espeluznante lucha
de poder, hasta que Isabelle decidió que era tiempo de intervenir, su
látigo apreso el brazo libre del demonio y Clary y Simon corrieron hacia
él con la firme intención de atravesarlo con sus espadas, las espadas
llegaron a su pecho y espalda pero no hubo daño, estas parecieron haber
chocado con roca. Alec dejo caer su arco y tomo una daga de su cinturón
de armas, corrió hacia sus amigos para aprovechar la distracción del
demonio, este salto por sobre Clary para alcanzar el cuello de la criatura
pero fue como pasar a través de una cortina de humo.
-Estúpidos. –La voz resonó en las cabezas de los chicos. –No pueden
dañarme, no como ustedes lo intentan.
-Aceptamos sugerencias. –Dijo Jace intentando adquirir más información
del demonio, todos ellos ya se habían desplegado a nuevas posiciones
para medir sus ataques.
-No obtendrás más que dolor de mi parte. –Dijo el demonio y dos
sombras que parecían ser sus brazos se cruzaron por sobre su cabeza,
una vez que este los bajo, los chicos se prepararon para recibir el
inevitable ataque.
Pero esto no ocurrió, la fuerza invisible que se expandió por toda la
habitación choco con otra poderosa, una red de energía azul y brillante
se cernía frente a todos ellos, protegiéndolos. El demonio aparto el humo
y dejo ver su imagen, un hombre joven, de tez blanca, sin cabello, ojos
negros sin fondo o restos de vida en ellos, vestía con traje negro. Isabelle
se estremeció al ver como este subía una de sus manos hacia su propio
mentón en una posición pensativa, sus manos con cinco dedos largos y
afilados en las puntas, nada naturales. Miraba con diversión hacia la
entrada del departamento donde se encontraba Magnus con sus manos
envueltas en magia, listo para no solo defender, sino también atacar.
-Hijo del demonio. –dijo el intruso. –Eres poderos, no esperaba menos,
siendo hijo de quien eres.
Alec se tenso, Jace lo miro y movió la cabeza en forma negativa, para que
tuviera paciencia, algo extraño, por lo general era Alec quien pedía por la
paciencia de Jace.
-¿Quién eres? –Exigió Magnus. -¿Cómo entraste aquí?
-No hay lugar al que no pueda entrar hijo del demonio, aun con tus
infantiles salvaguardas, inútiles en todo caso.
-No tan inútiles hasta ahora. –Dijo Magnus. –Te hice preguntas,
contéstalas demonio.
-Mi nombre. –Dijo el formal caballero. –Es Belcebú. ¿Tú me conoces?
-Eso es imposible. –Dijo Alec al otro lado de la habitación, lejos de
Magnus donde odiaba estar. –Ese es otro nombre para identificar a… -
Alec busco la mirada de Magnus al otro extremo de la habitación, a
través del demonio. –Asmodeus. –Dijo finalmente. –No eres él.
-Oh no, no lo soy, en absoluto. Pero pretendo caer en su gracia, ser su
fiel vasallo, pasar a la historia como él mismo, que las edades nos
consideren como igual.
Magnus entrecerró sus ojos hacia él. –Un demonio que admira a otro. –
Dijo. –Eso es raro. Pero adoptar uno de sus nombres, no creo que te
acerque a su estima.
-Y tú. –Dijo el demonio y apunto hacia el brujo. –Tú lo has engañado, tú
lo has decepcionado.
-Le mandare una postal, si eso te hace sentir mejor. –Dijo Magnus con
burla.
El demonio rio fríamente, Clary se estremeció, todos ellos lo rodeaban
con precaución. –Quiero más que eso. –Dijo el demonio y la guardia de
los Cazadores se encendió. –Lo quiero a él. –Belcebú levanto su brazo y
apunto cerca del rostro de Simon. Isabelle dio un paso al frente y Simon
la paro con la mirada.
-¿A mí? –Dijo el Nephilim. -¿Por qué a mí?
-Fuiste tomado por mi amo, -dijo el demonio. –Solo quiero regresar todo
a como debiera de ser.
-Solo inténtalo, -Dijo Isabelle desafiante.
-A Asmodeus no le interesa lo que hagamos o dejemos de hacer, -Dijo
Magnus. –Te mataremos y todo terminara aquí.
-No pueden, se los dije.
-Siempre podemos intentar. –Dijo Jace.
-Resistencia. –Dijo el demonio en un suspiro. –Aburrido y una pérdida de
tiempo.
-No lo haremos más. –Dijo Magnus y levanto sus manos con fuego azul
saliendo de ellas.
-Sigues con tus insolencias hacia tu padre. –Dijo el demonio con
desprecio. –Magnus Bane. –E inclino su cabeza. –O ¿prefieres ser
llamado por tu verdadero nombre? Ese que encierra el dolor de tu
infancia.
-Tal vez debería cortarte la lengua. –Dijo Alec feroz.
-Me están cansando. –Dijo el demonio y por primera vez se miraba
furioso, -Sobre todo tu, brujo que no valoras el esplendor de tu creador.
Magnus soltó un bufido y el demonio dejo mostrar sus dientes
puntiagudos. –Te matare. –Dijo al brujo y en dos movimientos Alec ya se
encontraba frente a Magnus, colocando su cuerpo entre él y la amenaza.
Esta acción fue reveladora para el demonio que miraba hacia ambos con
divertida curiosidad. –Un Cazador de Sombras que entrego su corazón a
un hijo de Lilith. –Dijo reflexivamente. –Una poesía increíblemente
extraña y valiosa por ello.
Los chicos guardaron silencio.
-Las cosas han ido de maravilla por aquí, eso puedo verlo, sentirlo, en
realidad. –Corrigió el demonio casual. –Es necesario hacer algo al
respecto.
-Lo único que pasara aquí –Dijo Jace. –Es que tú regresaras al infierno
donde perteneces.
-Oh pero si no he salido de ahí, estúpido Cazador de Sombras, por ello la
idea de matarme, es imposible para ustedes.
-Maldición, -Dijo Magnus a través de sus dientes apretados.
Los chicos estaban en una línea de defensa frente a Magnus.
-¿Significa eso que no podemos tocarlo? –Murmuro Jace dirigiéndose a
Magnus.
-No –Confirmo el brujo, -Pero podemos expulsarlo, regresar esta parte de
él hacia donde se encuentra él en su totalidad.
-¿Cómo? –Pregunto Jace.
-Usando magia en lugar de fuerza. –Dijo Alec firmemente. –Hay que
intentarlo.
-Chicos. –Dijo Isabelle y todos giraron de nuevo hacia Belcebú. Este
había ocupado su tiempo en la preparación de lo que parecía ser un
ataque.
-Ven a mi Cazador de Sombras. –Dijo el demonio y su mano fue hacia
Alec que con violencia fue jalado del lado de Magnus y sus amigos hacia
el alcance del demonio, la energía acumulada en su mano fue colocada
sobre el pecho del chico mientras este soltaba sus armas y gritaba
dolorosamente.
-¡Suéltalo! –Gritaron a coro Magnus y Jace, ambos corrieron hacia el
demonio, hacia Alec, pero nada paso, ambos se habían convertido en
humo, como ver una proyección en el aire.
-Muy sencillo seria el matarte. –Dijo el demonio a Magnus. –Sin dolor,
solo desaparecer, no es castigo suficiente, Mi Señor requiere de más,
desea culpa, desesperación y almas rotas, vacías por la desaparición de
un ser amado, jugaron con las decisiones del grandioso, ahora jugare
con sus corazones, no matare a su ser amado, lo enviare lejos, le quitare
sus recuerdos, saben que son deliciosos, sobre todos los felices y de un
corazón tan puro. –El demonio paso su lengua por sus labios, -Oh
delicioso, ya los estoy saboreando. Encantador. –Dijo con burla. –Una
boda.
Rayos de luz azul atravesaban la habitación sin hacer daño al demonio.
Los gritos de Alec dejaron inmóvil a una traumatizada Isabelle mientras
que Clary, Jace y Simon se unían al desesperado e inútil ataque de
Magnus.
-Tú ganas. -Dijo Magnus después de un rato, solo consiente de la agonía
de Alec. –Tómame, llévame ante Asmodeus, dejare que tome mi
inmortalidad, eso quiere, lo desea.
-Sencilla muerte. –Repitió el demonio. –¿Acaso no vez que mi plan está
dando frutos ya? Agonía, dolor, e incluso deseos de morir antes que
perder a tu amado Nephilim, no podría pedir más.
-Te lo suplico. –Dijo Magnus derrotado. –Llévame en su lugar.
El demonio sonrió. –Su corazón se guía por la fe. –Dijo el demonio
mirando a Alec como si este supiera cada cosa de él. Seguramente así
era, seguramente había visto toda su vida a través de sus recuerdos.
Jace sobre su rodilla miraba impotente el rostro de agonía de su
parabatai. –¿Te ha traspasado algo de eso? –Pregunto el demonio con
ironía. –Necesitaras esperanza para recorrer tu vida buscándolo,
buscando por cada rincón del mundo. ¿El impresionante Magnus Bane
será capaz de lograrlo?
-No te atrevas. –Dijo Jace desafiante.
-Pero si ya lo hice. –Dijo Belcebú
El demonio arrojo a Alec hacia el suelo con violencia, Jace se abalanzo
contra él para atacarlo. Magnus se tiro al suelo al lado de Alec, intento
tomarlo entre sus brazos pero estos solo lo atravesaban, como si fuera
un sueño el cual no podía tocar.
-Mi amor. –Dijo Magnus dolorosamente.
Alec abrió sus ojos, se miraba exhausto después de tanto dolor. –
Magnus. –Dijo e intento tomar su rostro pero sin éxito. –Lo lamento. No
puedo, no puedo quedarme.
-¡Alec!
-Lo lamento, Magnus. –La mano extendida de Magnus estaba a través de
la de Alec como si ambas estuvieran ocupando el mismo espacio pero en
diferentes dimensiones sin poder tocarse.
-Estarás bien –Repetía distraídamente Magnus. –Tú estarás bien.
Belcebú reía escandalosamente en medio de la habitación sin que los
Nephilim pudieran tocarlo. En el siguiente momento un resplandor cegó
los ojos de los chicos y el demonio había desaparecido. Jace miro hacia
Alec pero solo estaba Magnus, sobre sus rodillas y sujetando el anillo
Lightwood de Alec con fuerza en su mano, un doloroso y cruel recuerdo
de su amado que se había ido.
Los chicos se recuperaron del ataque y poco a poco se fueron acercando
hacia Magnus en el suelo, con incertidumbre y una sensación de
incredulidad, se miraban mutuamente sin poder comprender por
completo que había pasado con Alec.
-¿Lo mato? –Pregunto con cierto tono de histeria Isabelle.
Jace la sujeto de los hombros. –No. Isabelle. No. El esta…
-Perdido. –Dijo Magnus. –Pero lo encontraremos… Te encontrare, -Dijo
Magnus con dolor. –Alec, te encontrare.
* * * * *
Un año después…
El Rolls royce zigzagueaba entre las tumultuosas calles de Nueva Delhi,
era muy entrada la noche pero eso no parecía importar en el lugar en
donde se encontraba la mayor población del mundo. Los habitantes de la
india vestían en su mayoría con su traje típico, Saris de todos colores y
materiales pasaban cerca del auto y de la ventanilla trasera en donde
Magnus miraba a través de ella, sus ojos perdidos entre la multitud, sus
pensamientos en otro lugar y su mano acariciando el grabado de fuego
alrededor del anillo Lightwood que colgaba de una cadena a través de su
cuello.
-Parece ser el lugar señor Bane. –La voz de su chofer lo despertó, Magnus
salió del vehículo y se topo con la entrada de un centro nocturno, noto el
Glamour sobre él para evitar que los mundanos se introdujeran en un
lugar no apropiado para ellos.
-Espera aquí. –Dijo Magnus al joven al volante. –Magnus entro sin
titubeos, vestía un traje digno de un brujo de su nivel, todo en negro,
una chaqueta que dejaba ver su delgadez y su cuerpo largo estilizado,
con una capucha que ocultaba su rostro, probablemente no sus ojos, ya
que estos brillarían en la oscuridad. Al llegar al ruidoso lugar después de
atravesar un pasillo con manchas en las paredes con pintura
fluorescente, busco entre las mesas a Rajesh, su contacto vampiro en la
India.
-Magnus. –Dijo el vampiro apareciendo detrás de él. Se miraba acelerado.
–Apenas llegas, es por acá.
Magnus lo siguió entre la multitud en silencio mientras Raj le explicaba
su descubrimiento.
-Aun no estoy seguro de que sea un Cazador de Sombras, -Dijo Raj
mientras subía las escaleras fuera de las pistas de baile. –Pero la visión
la tiene y las características, es decir, tiene diecinueve años, cabello
negro, ojos azules y… -Se detuvo y miro a Magnus. –Tal vez esto no te
guste. –Dijo para advertirle. –Las hadas lo tienen.
Magnus sabía lo que eso significaba, un ser manipulado, sin voluntad y
muy probablemente con sus manos manchadas de sangre por las cosas
que las hadas mandaban a hacer para no tenerlas que hacer ellos
mismos.
Rajesh siguió conduciéndolo hasta que entraron a una habitación que
tenia enormes ventanas que miraban hacia un callejón, un mundo
completamente ajeno a los mundanos, hadas, lobos, vampiros,
comerciando e incluso rompiendo la ley, pero Magnus no venía como
miembro de La Clave, solo vino al otro lado del mundo para verificar una
pista, algo que probablemente por fin lo llevaría a Alec.
-Ahí. –Dijo Raj señalando hacia abajo. El corazón de Magnus se detuvo. –
él viene aquí desde hace un par de meses, llego de la nada, nadie lo
conocía, las hadas lo tienen en alta estima, lo cuidan como su tesoro
mas valioso. –Los oídos de Magnus timbraron, estaba ahí, mirando al
chico en cuestión desde lo alto, su cabello negro, incluso sus
movimientos, podría ser él.
-Su rostro. –Dijo Magnus. –Necesito ver su rostro.
-Bueno… -Inicio Raj pero Magnus no espero, -¡Oye espera! –Magnus
había salido corriendo hacia la escalera para bajarla, siguió corriendo
hasta chocar con los cuerpos que bailaban en las pistas, hasta llegar a la
puerta trasera del establecimiento, la empujo sin delicadeza y comenzó a
buscar en la dirección del chico, su corazón revoloteando de manera casi
dolorosa en su pecho, su estatura le facilito la tarea de encontrarlo,
corrió hacia él que caminaba en la dirección contraria de Magnus.
-Espera –Dijo Magnus y jalo del brazo del chico para hacerlo girar. La
mente de Magnus obligo a sus pulmones para que volvieran a funcionar
cuando lo miro, ahí estaba, el cabello negro, los ojos azules pero las
facciones eran de un extraño, no era Alec.
El chico se molesto y reclamo a Magnus en hindi. Magnus se obligo a
componerse. –Lo siento. –Dijo. –Creí que eras alguien más.
El chico cambio su expresión, tal vez Magnus se miraba demasiado
miserable como para enojarse con él. –No hay problema, -dijo en un
perfecto Anglo. -¿Puedo ayudarte en algo?
-No. –Dijo Magnus. –Pero tal vez yo pueda ayudarte a ti. –Magnus en un
movimiento rápido, coloco su mano en la sien del chico para implantar
una idea: Aléjate de las hadas.
El chico no dijo nada más, sonrió sincero y siguió su camino.
* * * * *
Magnus entro a su departamento en Brooklyn, coloco las llaves en el
mueble a lado de la puerta y una práctica maleta que colgaba de su
hombro fue depositada en el suelo, se desplomo sobre el sofá, sus largas
piernas sobresalían de este, una de sus manos cubrió su rostro y la otra
automáticamente busco el anillo que colgaba de su cuello. Su corazón
estaba destrozado, como había estado las ultimas cincuenta veces en las
que una pista lo llenaba de esperanza solo para después destrozarlo. Se
pregunto cuánto más podría soportar. Se despertó a si mismo
sentándose rápidamente. No te rendirás, no puedes rendirte. Se dijo a sí
mismo.
En ese momento el timbre sonó, tenía una idea de quién era y su idea
fue confirmada al ver a Isabelle parada en su umbral.
-Hola Magnus. –Dijo Isabelle al entrar al departamento.
-Me da gusto verte Izzy. –Dijo Magnus y dejo que la chica se acurrucara
en su pecho en un abrazo fraternal.
-¿Y cómo te fue? –Pregunto la chica.
-Bien –Dijo Magnus, -En lo que cabe, tú lo sabes.
-Sí. –Dijo con pesar Isabelle.
Magnus había detectado en Isabelle desde hace unos meses un
aturdimiento, sus gestos ya no eran tan febriles como ella misma lo era e
incluso la manera de moverse había cambiado, como si hubiera entrado
en un estado de quietud. Magnus odiaba esto.
-Gracias por avisarme que regresabas. –Dijo Isabelle.
-Intento mantenerte informada lo mas que puedo. –Dijo Magnus, -Lo
sabes, es solo que, en ocasiones mi cerebro, es como si funcionara a la
mitad de su capacidad.
-No te preocupes. –Dijo y miro a los ojos cansados de gato de Magnus. –
Gracias, por todo.
Magnus entendió a lo que se refería y sonrió a la chica. -¿Te apetece un
te?
-Claro. –Dijo Isabelle que estaba sentada sobre uno de los taburetes de la
sala. Magnus entro a la cocina e Isabelle miro a su alrededor, el
departamento de Magnus se miraba vacio sin las posesiones de su
hermano, sin las fotografías, sin las armas, Belcebú se había llevado todo
lo que alguna vez había sido de Alec. Todo a excepción de los recuerdos
de quienes habían conocido al hijo del inquisidor, estos recuerdos
provocaban sentimientos tristes y desoladores, los cuales alimentaban a
Asmodeus y a Belcebú. Haciendo más difícil la tarea de Magnus al
encontrarlo, nada para rastrearlo a excepción del anillo que Magnus
llevaba en su cuello y que por alguna razón desconocida no funcionaba
para un rastreo. Clary había hecho retratos excelentes de Alec para
ayudar en su búsqueda, pero estos desaparecían casi al instante de
terminarlos, no podían hacer nada al no ser que encontraran a Alec o al
demonio para acabar con su poder sobre ellos.
-Aquí tienes. –Dijo Magnus al darle la taza a Isabelle.
Esta la acepto.
-¿Cómo está Jace? -Pregunto Magnus con duda, ya que probablemente
no le gustaría la respuesta.
Isabelle resoplo, -él lo está intentando, a su manera, creo. Tú lo sabes a
él nunca le ha importado perder la vida al enfrentarse con un demonio,
ahora es el doble de temerario y violento, toda su frustración la descarga
en los demonios, Clary y Simon siguen corriendo tras él intentando
mantenerlo con vida. Y las peleas con nuestros padres, -Isabelle suspiro.
–Cada conversación termina igual, él piensa que La clave debería hacer
más para encontrarlo. No entiende cuando le digo que la Clave no hará
mas por Alec de lo que hicieron por él cuando desapareció.
-Algo así nunca podría entenderlo. –Dijo Magnus. –No cuando se trata de
tu parabatai.
-Y su runa –Continúo Isabelle aferrándose a la pequeña taza. –Es tan…
nítida, pero del color equivocado.
-Alec está vivo. –Dijo Magnus.
-Pero podría estar en cualquier parte y ni siquiera sabe que existimos.
-No me rendiré Isabelle, te lo juro.
-Lo sé, ninguno de nosotros.
Tocaron a la puerta, ambos se miraron con asombro, Jace, Clary y
Simon estaban patrullando la zona y Magnus se había retirado de su
negocio para dedicarse de lleno a la búsqueda, tenía una increíble
cantidad de recursos reunidos como para mantener su retiro por unos
cien años más, así que había dejado de recibir clientes en su hogar.
-¿Esperas a alguien? –Pregunto Isabelle dejando la taza de té sobre la
pequeña mesa junto a ella.
-No. –Dijo Magnus. Y camino hacia la entrada.
Magnus abrió la puerta. La taza que sostenía dejo su mano para caer al
suelo y partirse en fragmentos haciendo que el liquido se derramara,
Isabelle se puso de pie al escuchar el vidrio romperse contra el suelo, y al
girar se llevo ambas manos a su boca por el impacto de ver al chico
parado en la puerta, su piel de pergamino resaltaba en la oscuridad del
pasillo, su cabello negro apenas visible por el gorro que llevaba puesto,
brillaba incomparable y sus ojos azules que pasaron de la taza
destrozada en el suelo al rostro en shock de Isabelle y Magnus se
abrieron con extrañes.
Hubo silencio abrumador y una pequeña figura apareció desde atrás de
Alec, También portaba gorro sobre su cabello castaño con ondas, las
cuales le cubrían las orejas, y su fleco gran parte de su frente.
La chica miro la escena y abrió mucho los ojos. –Sip. –Dijo la chica
simpática. –Me parece que si te conocen.
* * * * *
Alec caminaba a través de una ciudad desconocida y familiar al mismo
tiempo, sentía las calles empedradas bajo sus tenis, las calles estrechas y
pintorescas de una manera elegante, le recordaba a la persecución del
agente 007 llevada a cabo a través de esas pequeñas calles de Italia en
una de sus películas más recientes. Había soñado con esta ciudad ya
cientos de veces, en cada ocasión sus sueños le permitían descubrir una
nueva parte, algo que le parecía extraño y genial, como un video juego que
debía ser terminado, en esta ocasión quiso regresar a la plaza y llegar al
final de ella, ya sabía el camino, así que se apresuro hacia allá. Las torres
de vigilancia, que eran como él las llamaba, estaban en su lugar, brillantes
e imponente como siempre. Caminaba por la plaza hasta llegar al final de
ella, en donde se topo con un edificio con enormes puertas, algo nuevo
para agregar a sus descubrimientos. Los símbolos de siempre se
encontraban por todos lados, el que al parecer era el más importante, ya
que lo había mirado en casi todas las casas del lugar, se encontraba en lo
alto de este edificio también. Alec sonrió por la aventura y se dispuso a
entrar, pero algo lo detuvo.
-Hola. –Dijo una voz de niño detrás de él.
Alec giro. –Me empezaba a preguntar cuando aparecerías. –Dijo el chico.
-¿Cómo estás? –Pregunto amable el niño.
-Estoy bien. –Dijo Alec. Y miro con curiosidad hacia el niño. –¿Sabes? Llevo
casi un año soñando contigo. Y aun no se tu nombre –Alec lo considero un
poco recordando que era un sueño. -¿Tienes nombre?
El niño se rio de él. –Tú sabes cómo me llamo tonto. Es solo que no lo
recuerdas.
-Pues deberías ayudarme con eso.
-Soy Maxwell. –Dijo el niño, -Pero tú me llamas Max.
-Max –Repitió Alec. –Pues mucho gusto, yo me llamo…
-Sé cómo te llamas. –Dijo Max. –Tu nombre es Alexander, pero todos te
dicen Alec.
-No. –Dijo Alec. –Mi nombre si es Alexander, pero en realidad todos me
dicen Alex.
-Pero eso es lo que tú crees. –Dijo Max y su voz cambio, se escuchaba
triste. –Pero no es verdad, Alec, debes volver, debes encontrar a…
-¿A quién? –Pregunto Alec mientras miraba los labios de Max moverse con
desesperación pero sin hacer ningún sonido. –Max no te escucho.
Max comenzó a alejarse como si lo estuvieran jalando a través de una
banda transportadora, Alec miro como estiraba la mano hacia él y quiso
tomar su pequeña mano para evitar que se alejara.
-¡Max! –Dijo Alec, -No te vayas ¡Max espera!
Alec despertó algo aturdido, se encontraba en su habitación, miro hacia
la ventana y se dio cuenta que el sol aun no aparecía, miro hacia un
costado y su reloj lo confirmo: las cuatro de la mañana. El chico salió de
la cama y camino por el pasillo con cuidado y pies desnudos a
travesando la habitación de sus padres para entrar a la de el final del
corredor. Una vez ahí se metió en la cama ya ocupada, se recostó sobre
la almohada y su rostro quedo frente al de una chica de cabello castaño.
-¿Estás bien? –Pregunto con voz somnolienta la chica.
-Se llama Max. –Dijo Alec.
-¿He? –Dijo la chica pero de inmediato sus sentidos despertaron, -Oh,
¿Tiene nombre?
-Eso parece.
-Deberíamos de iniciar un diario de sueños o algo así.
-Creo que eso debió haberse hecho hace un año, ¿No crees?
-Un año, -Dijo la chica asombrada. –Tal vez es hora de decirle a mis tíos,
ellos…
-Hay no. –Dijo Alec con cansancio. –Mis padres probablemente se
pondrán como locos y me llevaran a un psicólogo, o cien, dependiendo de
lo satisfecho que los deje su diagnostico.
-No tiene nada de malo el hecho de que te cuiden Alex, debes entender
eso.
-Exageran Gwen.
-No, no lo hacen, considerando las circunstancias.
-Las circunstancias, -Repitió Alec –Nunca superaremos lo que paso si
seguimos comportándonos así.
-Tú eres el valiente de la familia. –Dijo Gwen.
-No. –Dijo Alec y beso la frente de su prima. –Tú eres la valiente.
-Lo sería si acaso pasara una noche sin llorar o sin tener que ir a
meterme a tu cama.
-El día que dejes de llorar por tus padres, me preocupare por ti. Y no
importa que dejes de ir a mi cuarto por las noches, porque entonces yo
tendré que venir al tuyo.
Gwen sonrió a su primo, era el único que la entendía y la escuchaba sin
distorsionar sus pensamientos, así había sido desde su nacimiento, eso
les decían sus padres. Alec decidió que tenía sueño y dio la espalda a su
prima para disponerse a dormir.
-Alex no te enredes en el cobertor, siempre lo haces, deja de hacerlo.
Gwen se quedo esperando las protestas de Alec pero no llegaron, ya
estaba dormido. La chica sonrió. –Dulces sueños, -Dijo a su primo y se
aferro a su espalda para poder dormir.
CONTINUARA…

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  • 1. -No. Magnus. Por favor, el dorado es para las bodas de Cazadores de Sombras, esto no es exactamente eso. A mí me parece que todo luciría mejor con tonos celestes y rosas ¿No lo crees? –Isabelle estaba corriendo a lado de Magnus y detrás de sus hermanos, Simon y Clary estaban detrás de ellos. Jace se detuvo e hizo una señal de ocultarse, por encima de su hombro. Todos obedecieron. –Alec quiere tonos dorados. –Dijo Magnus respondiendo a Isabelle pero poniendo atención a Jace y Alec que se encontraban liderando a todos a través del oscuro pasillo. -No tienes que complacerlo en todo ¿sabes? -No tengo. –Dijo Magnus. –Pero quiero. Jace fue el único que pudo notar la sutil sonrisa de Alec al escuchar el comentario. -Pues pienso que es su oportunidad de salir de lo ordinario, solo piénsalo –Isabelle insistió. -Grandes cortinas azules y manteles rosados… -Basta. –Llamo Alec sin mirar hacia atrás, no enojado solo precavido. – Deben poner atención. Todos guardaron silencio, pero esto fue tan solo por unos segundos antes de que Alec rodara los ojos al cielo sin poder creer en lo que estaba a punto de decir, volteo directamente hacia su hermana. –No veo que tenga algo de malo el dorado. Soy un Cazador de Sombras al fin de cuentas. -Es tu boda. –Dijo Jace uniéndose a la conversación. –Puedes hacer lo que quieras.
  • 2. -Es increíble que estemos organizando la boda de Alec y Magnus. –Dijo Clary con entusiasmo desde el final de su formación. -Es más increíble que lo estemos haciendo mientras cazamos demonios. –Dijo Simon con una sonrisa. Todos asintieron entre si y decidieron que era tiempo de dedicarse a lo que habían ido a ese lugar tan lúgubre. -Ah, y esta ceremonia no tendrá nada de ordinario Izzy. –Dijo Alec con tono divertido. -Recuerda que es la boda de Magnus Bane. * * * * * La batalla fue sencilla, o lo fue en lo que cavia, su extraordinario equipo se había convertido en una excelente arma mortal, la mañana estaba por llegar y era hora de volver a casa, Jace y Alec se miraban un poco mas descompuestos que los demás, sucios y con mas moretones que ya empezaban a sanar por las runas en sus cuerpos, Isabelle libero su cabello del chongo que formaba con él cuando se enfrentaba a demonios. -Nada mejor que una exterminación para iniciar bien la semana, ¿he chicos? -Pudiste haber ayudado un poco mas ¿No lo crees? –Dijo Jace mientras Clary trazaba con cuidado una Iratze sobre su hombro. -Y terminar tan sucia como ustedes dos. –Dijo Isabelle. –No gracias. Alec sonrió sin mirar a su hermana, este se encontraba concentrado en trazar una runa de curación en su antebrazo cuando Magnus se acerco a él. Alec rápidamente confirmo el estado de su novio, él lucia impecable como siempre, una ventaja que le daba la magia, sin duda el luchar a distancia era más limpio que hacerlo cuerpo a cuerpo. Alec se apresuro a
  • 3. sonreírle para demostrarle que se encontraba en perfectas condiciones, pero aun así había ese brillo de preocupación en sus ojos de gato. Algo que Alec odiaba por hacerlo sentir angustia. Magnus miro no muy contento pero con resignación hacia Alec y sus raspones, paso su mano enjoyada por la frente de su novio para apartar su desordenado cabello y descubrir la herida que ahí se encontraba, Alec estaba a punto de trazar una Iratze en esa zona, pero guardo su estela y decidió ponerse al cuidado de su amado, algo que le gustaba cien veces más. La mano de Magnus brillo de Azul por un momento y la herida se cerró casi de inmediato. -Deja de hacer eso. –Dijo Alec haciendo que Magnus apartara la atención de la herida y la posara sobre sus ojos azules. -¿De qué hablas? –Pregunto Magnus. -Esa mirada de angustia. –Dijo Alec. –La detesto –Dijo sincero. –Son solo unos rasguños, no es para tanto. Magnus sonrió travieso. –Tienes algo ahí. –Dijo. Alec se desconcertó. -¿Donde? -Ahí. –Dijo Magnus. La respiración de Alec se cortó cuando se percato del claro movimiento de Magnus inclinándose hacia él, cerró sus ojos y abrió un poco sus labios para esperar los de Magnus. Un beso lento, melodioso, Alec se perdió en él, lo suficiente como para preocuparse de no dejar ver a sus amigos lo que los labios de Magnus le estaban haciendo sentir, se aferro a la manga del saco de su novio con fuerza para mantener el control. El beso se prolongo un poco, pero no tanto como él hubiera querido, se separaron lentamente pero no mucho, sus frentes aun pegadas la una
  • 4. con la otra, Alec intentaba recuperar su aliento de manera sutil. Su corazón salía de su pecho. -Vas a volverme loco. –Le dijo Magnus en un susurro, lo que le dijo a Alec que no había sido el único que había experimentado tan maravillosa sensación a causa de su beso. -¿Se besaran así en su boda? –Dijo Clary e incluso Jace la miro con desdeño por él un tanto obvio atrevimiento. –Porque sería perfecto. Cuando digan sus votos y dejemos volar la palomas blancas… -A tus asuntos biscocho. –Dijo Magnus. –De los besos nos encargamos nosotros. Todos rieron, -Hay que ir a Takis. –Dijo Isabelle. –Muero de hambre. -No tengo fuerzas para eso. –Dijo Jace y se tumbo en el piso del callejón, los primeros rayos del sol se levantaban sobre ellos. -Yo tampoco. –Dijo Alec. –Vamos a mi casa. –Sugirió el chico. –Podemos ordenar ahí. Todos asintieron, la casa de Alec y Magnus era mucho más acogedora que el instituto y lo suficientemente libre de padres de lo que sería la de Clary con Luke y Jocelyn ahí, prestando demasiada atención a lo que fuera que hicieran. Caminaron hacia Brooklyn mientras Magnus pensaba en lo mucho que le gustaba como Alec decía Mi casa, refiriéndose al lugar donde vivían juntos. * * * * * Alec abrió la puerta principal del edificio y Magnus subió de dos en dos las escaleras.
  • 5. -Me adelantare. –Dijo Casual. –Tal vez tenga que ordenar un poco. Alec sonrió mientras Magnus le brindaba un resplandeciente guiño y esperaba a los demás con la puerta abierta. -¿Has sabido de Aline? –Pregunto Jace, ambos subían por las descuidadas escaleras. -Me ha escrito. –Dijo Alec. –Ella está bien, es Helen la que en realidad la está pasando mal. -Es comprensible. –Dijo Clary detrás de ellos. –Debe estar siempre pensando en sus hermanos, en Mark. Jace sacudió su cabeza, recordando a ese chico maltratado que encontraron en su camino hacia la dimensión demoniaca. -A veces acatar órdenes es una verdadera estupidez. –Dijo Jace claramente afectado, ambos habían llegado al descanso de las escaleras, justo a medio camino. -Alec, -llamo Isabelle, ella y Simon los seguían de cerca, varios escalones detrás de Clary. –Ellas vendrán a tu boda, ¿No? Es decir, son familia. Alec se detuvo y bajo la mirada. –Hable con papá de ello. Helen no está exactamente enjuiciada, es decir, ella no está considerada una criminal… -¿Qué hubiera pasado si fuera así? –Dijo Simon con ironía. Alec suspiro. –Me prometió que haría lo posible, y por ello quisiera que los pequeños estuvieran ahí, así podrían verse, por lo menos por unas horas. -Tenemos que hacer que eso pase. –Dijo Jace.
  • 6. Pero fue todo lo que dijo, Alec de inmediato noto como todos los músculos de su parabatai se ponían en alerta. –¿Huelen eso? –Dijo Jace. Y Alec supo de inmediato a lo que se refería, habían sido años de familiaridad, de asociar ese peculiar aroma de ceniza y azufre con sus batallas diarias. Demonio pensó Alec y su mirada subió de inmediato y con desesperación hacia Magnus que estaba por entrar al departamento. -¡Magnus espera! –Grito Alec pero era tarde. Una fuerza poderosa arranco la puerta de sus bisagras, golpeando al brujo y haciendo que iniciara su caída por encima del barandal y directamente hacia el primer piso. Alec se abalanzo hacia la orilla de la escalera, sin importarle que esta pudiera colapsar, estiro su mano con rapidez y logro sujetar la de Magnus que quedo colgado de ella. –Te tengo. –Dijo Alec a su novio que quedo balanceándose como un péndulo de su fuerte agarre. Magnus miro hacia arriba, hacia los ojos azules oscurecidos de Alec. –No podía ser de otra manera, ¿Cierto? -No. –Dijo Alec. –Nunca. Una vez que Alec logro subir a Magnus hacia la aparente seguridad de la escalera, este comenzó a examinar cada parte de su cuerpo en busca de daños graves. –Estoy bien. –Dijo Magnus. –Ve con tus amigos. Alec lo pensó sin moverse. –¡Ve Alexander! –Y este finalmente subió las escaleras para encontrarse ya con una batalla ferviente. Jace, Clary, Isabelle y Simon se encontraban luchando con una figura que se planto justo en medio de la sala de estar, una imagen irreconocible, ya que estaba envuelto en humo, cenizas e incluso brazas ardientes, las espadas seráficas brillaban y se movían sin titubear alrededor de este.
  • 7. Alec levanto su arco con flechas y runas poderosas para soltar la primera y que volara a través de la habitación, la flecha término incrustada en la pared al otro extremo, Alec no estaba seguro si la criatura la había esquivado o esta simplemente lo había atravesado sin hacer daño alguno. Jace logro llegar a la figura con su espada, esta choco contra algo que poco tiempo después descubrieron era el brazo del demonio ahora un poco más nítido, se quedaron ahí en una espeluznante lucha de poder, hasta que Isabelle decidió que era tiempo de intervenir, su látigo apreso el brazo libre del demonio y Clary y Simon corrieron hacia él con la firme intención de atravesarlo con sus espadas, las espadas llegaron a su pecho y espalda pero no hubo daño, estas parecieron haber chocado con roca. Alec dejo caer su arco y tomo una daga de su cinturón de armas, corrió hacia sus amigos para aprovechar la distracción del demonio, este salto por sobre Clary para alcanzar el cuello de la criatura pero fue como pasar a través de una cortina de humo. -Estúpidos. –La voz resonó en las cabezas de los chicos. –No pueden dañarme, no como ustedes lo intentan. -Aceptamos sugerencias. –Dijo Jace intentando adquirir más información del demonio, todos ellos ya se habían desplegado a nuevas posiciones para medir sus ataques. -No obtendrás más que dolor de mi parte. –Dijo el demonio y dos sombras que parecían ser sus brazos se cruzaron por sobre su cabeza, una vez que este los bajo, los chicos se prepararon para recibir el inevitable ataque. Pero esto no ocurrió, la fuerza invisible que se expandió por toda la habitación choco con otra poderosa, una red de energía azul y brillante se cernía frente a todos ellos, protegiéndolos. El demonio aparto el humo y dejo ver su imagen, un hombre joven, de tez blanca, sin cabello, ojos negros sin fondo o restos de vida en ellos, vestía con traje negro. Isabelle
  • 8. se estremeció al ver como este subía una de sus manos hacia su propio mentón en una posición pensativa, sus manos con cinco dedos largos y afilados en las puntas, nada naturales. Miraba con diversión hacia la entrada del departamento donde se encontraba Magnus con sus manos envueltas en magia, listo para no solo defender, sino también atacar. -Hijo del demonio. –dijo el intruso. –Eres poderos, no esperaba menos, siendo hijo de quien eres. Alec se tenso, Jace lo miro y movió la cabeza en forma negativa, para que tuviera paciencia, algo extraño, por lo general era Alec quien pedía por la paciencia de Jace. -¿Quién eres? –Exigió Magnus. -¿Cómo entraste aquí? -No hay lugar al que no pueda entrar hijo del demonio, aun con tus infantiles salvaguardas, inútiles en todo caso. -No tan inútiles hasta ahora. –Dijo Magnus. –Te hice preguntas, contéstalas demonio. -Mi nombre. –Dijo el formal caballero. –Es Belcebú. ¿Tú me conoces? -Eso es imposible. –Dijo Alec al otro lado de la habitación, lejos de Magnus donde odiaba estar. –Ese es otro nombre para identificar a… - Alec busco la mirada de Magnus al otro extremo de la habitación, a través del demonio. –Asmodeus. –Dijo finalmente. –No eres él. -Oh no, no lo soy, en absoluto. Pero pretendo caer en su gracia, ser su fiel vasallo, pasar a la historia como él mismo, que las edades nos consideren como igual.
  • 9. Magnus entrecerró sus ojos hacia él. –Un demonio que admira a otro. – Dijo. –Eso es raro. Pero adoptar uno de sus nombres, no creo que te acerque a su estima. -Y tú. –Dijo el demonio y apunto hacia el brujo. –Tú lo has engañado, tú lo has decepcionado. -Le mandare una postal, si eso te hace sentir mejor. –Dijo Magnus con burla. El demonio rio fríamente, Clary se estremeció, todos ellos lo rodeaban con precaución. –Quiero más que eso. –Dijo el demonio y la guardia de los Cazadores se encendió. –Lo quiero a él. –Belcebú levanto su brazo y apunto cerca del rostro de Simon. Isabelle dio un paso al frente y Simon la paro con la mirada. -¿A mí? –Dijo el Nephilim. -¿Por qué a mí? -Fuiste tomado por mi amo, -dijo el demonio. –Solo quiero regresar todo a como debiera de ser. -Solo inténtalo, -Dijo Isabelle desafiante. -A Asmodeus no le interesa lo que hagamos o dejemos de hacer, -Dijo Magnus. –Te mataremos y todo terminara aquí. -No pueden, se los dije. -Siempre podemos intentar. –Dijo Jace. -Resistencia. –Dijo el demonio en un suspiro. –Aburrido y una pérdida de tiempo.
  • 10. -No lo haremos más. –Dijo Magnus y levanto sus manos con fuego azul saliendo de ellas. -Sigues con tus insolencias hacia tu padre. –Dijo el demonio con desprecio. –Magnus Bane. –E inclino su cabeza. –O ¿prefieres ser llamado por tu verdadero nombre? Ese que encierra el dolor de tu infancia. -Tal vez debería cortarte la lengua. –Dijo Alec feroz. -Me están cansando. –Dijo el demonio y por primera vez se miraba furioso, -Sobre todo tu, brujo que no valoras el esplendor de tu creador. Magnus soltó un bufido y el demonio dejo mostrar sus dientes puntiagudos. –Te matare. –Dijo al brujo y en dos movimientos Alec ya se encontraba frente a Magnus, colocando su cuerpo entre él y la amenaza. Esta acción fue reveladora para el demonio que miraba hacia ambos con divertida curiosidad. –Un Cazador de Sombras que entrego su corazón a un hijo de Lilith. –Dijo reflexivamente. –Una poesía increíblemente extraña y valiosa por ello. Los chicos guardaron silencio. -Las cosas han ido de maravilla por aquí, eso puedo verlo, sentirlo, en realidad. –Corrigió el demonio casual. –Es necesario hacer algo al respecto. -Lo único que pasara aquí –Dijo Jace. –Es que tú regresaras al infierno donde perteneces. -Oh pero si no he salido de ahí, estúpido Cazador de Sombras, por ello la idea de matarme, es imposible para ustedes.
  • 11. -Maldición, -Dijo Magnus a través de sus dientes apretados. Los chicos estaban en una línea de defensa frente a Magnus. -¿Significa eso que no podemos tocarlo? –Murmuro Jace dirigiéndose a Magnus. -No –Confirmo el brujo, -Pero podemos expulsarlo, regresar esta parte de él hacia donde se encuentra él en su totalidad. -¿Cómo? –Pregunto Jace. -Usando magia en lugar de fuerza. –Dijo Alec firmemente. –Hay que intentarlo. -Chicos. –Dijo Isabelle y todos giraron de nuevo hacia Belcebú. Este había ocupado su tiempo en la preparación de lo que parecía ser un ataque. -Ven a mi Cazador de Sombras. –Dijo el demonio y su mano fue hacia Alec que con violencia fue jalado del lado de Magnus y sus amigos hacia el alcance del demonio, la energía acumulada en su mano fue colocada sobre el pecho del chico mientras este soltaba sus armas y gritaba dolorosamente. -¡Suéltalo! –Gritaron a coro Magnus y Jace, ambos corrieron hacia el demonio, hacia Alec, pero nada paso, ambos se habían convertido en humo, como ver una proyección en el aire. -Muy sencillo seria el matarte. –Dijo el demonio a Magnus. –Sin dolor, solo desaparecer, no es castigo suficiente, Mi Señor requiere de más, desea culpa, desesperación y almas rotas, vacías por la desaparición de un ser amado, jugaron con las decisiones del grandioso, ahora jugare con sus corazones, no matare a su ser amado, lo enviare lejos, le quitare
  • 12. sus recuerdos, saben que son deliciosos, sobre todos los felices y de un corazón tan puro. –El demonio paso su lengua por sus labios, -Oh delicioso, ya los estoy saboreando. Encantador. –Dijo con burla. –Una boda. Rayos de luz azul atravesaban la habitación sin hacer daño al demonio. Los gritos de Alec dejaron inmóvil a una traumatizada Isabelle mientras que Clary, Jace y Simon se unían al desesperado e inútil ataque de Magnus. -Tú ganas. -Dijo Magnus después de un rato, solo consiente de la agonía de Alec. –Tómame, llévame ante Asmodeus, dejare que tome mi inmortalidad, eso quiere, lo desea. -Sencilla muerte. –Repitió el demonio. –¿Acaso no vez que mi plan está dando frutos ya? Agonía, dolor, e incluso deseos de morir antes que perder a tu amado Nephilim, no podría pedir más. -Te lo suplico. –Dijo Magnus derrotado. –Llévame en su lugar. El demonio sonrió. –Su corazón se guía por la fe. –Dijo el demonio mirando a Alec como si este supiera cada cosa de él. Seguramente así era, seguramente había visto toda su vida a través de sus recuerdos. Jace sobre su rodilla miraba impotente el rostro de agonía de su parabatai. –¿Te ha traspasado algo de eso? –Pregunto el demonio con ironía. –Necesitaras esperanza para recorrer tu vida buscándolo, buscando por cada rincón del mundo. ¿El impresionante Magnus Bane será capaz de lograrlo? -No te atrevas. –Dijo Jace desafiante. -Pero si ya lo hice. –Dijo Belcebú
  • 13. El demonio arrojo a Alec hacia el suelo con violencia, Jace se abalanzo contra él para atacarlo. Magnus se tiro al suelo al lado de Alec, intento tomarlo entre sus brazos pero estos solo lo atravesaban, como si fuera un sueño el cual no podía tocar. -Mi amor. –Dijo Magnus dolorosamente. Alec abrió sus ojos, se miraba exhausto después de tanto dolor. – Magnus. –Dijo e intento tomar su rostro pero sin éxito. –Lo lamento. No puedo, no puedo quedarme. -¡Alec! -Lo lamento, Magnus. –La mano extendida de Magnus estaba a través de la de Alec como si ambas estuvieran ocupando el mismo espacio pero en diferentes dimensiones sin poder tocarse. -Estarás bien –Repetía distraídamente Magnus. –Tú estarás bien. Belcebú reía escandalosamente en medio de la habitación sin que los Nephilim pudieran tocarlo. En el siguiente momento un resplandor cegó los ojos de los chicos y el demonio había desaparecido. Jace miro hacia Alec pero solo estaba Magnus, sobre sus rodillas y sujetando el anillo Lightwood de Alec con fuerza en su mano, un doloroso y cruel recuerdo de su amado que se había ido. Los chicos se recuperaron del ataque y poco a poco se fueron acercando hacia Magnus en el suelo, con incertidumbre y una sensación de incredulidad, se miraban mutuamente sin poder comprender por completo que había pasado con Alec. -¿Lo mato? –Pregunto con cierto tono de histeria Isabelle. Jace la sujeto de los hombros. –No. Isabelle. No. El esta…
  • 14. -Perdido. –Dijo Magnus. –Pero lo encontraremos… Te encontrare, -Dijo Magnus con dolor. –Alec, te encontrare. * * * * * Un año después… El Rolls royce zigzagueaba entre las tumultuosas calles de Nueva Delhi, era muy entrada la noche pero eso no parecía importar en el lugar en donde se encontraba la mayor población del mundo. Los habitantes de la india vestían en su mayoría con su traje típico, Saris de todos colores y materiales pasaban cerca del auto y de la ventanilla trasera en donde Magnus miraba a través de ella, sus ojos perdidos entre la multitud, sus pensamientos en otro lugar y su mano acariciando el grabado de fuego alrededor del anillo Lightwood que colgaba de una cadena a través de su cuello. -Parece ser el lugar señor Bane. –La voz de su chofer lo despertó, Magnus salió del vehículo y se topo con la entrada de un centro nocturno, noto el Glamour sobre él para evitar que los mundanos se introdujeran en un lugar no apropiado para ellos. -Espera aquí. –Dijo Magnus al joven al volante. –Magnus entro sin titubeos, vestía un traje digno de un brujo de su nivel, todo en negro, una chaqueta que dejaba ver su delgadez y su cuerpo largo estilizado, con una capucha que ocultaba su rostro, probablemente no sus ojos, ya que estos brillarían en la oscuridad. Al llegar al ruidoso lugar después de atravesar un pasillo con manchas en las paredes con pintura fluorescente, busco entre las mesas a Rajesh, su contacto vampiro en la India. -Magnus. –Dijo el vampiro apareciendo detrás de él. Se miraba acelerado. –Apenas llegas, es por acá.
  • 15. Magnus lo siguió entre la multitud en silencio mientras Raj le explicaba su descubrimiento. -Aun no estoy seguro de que sea un Cazador de Sombras, -Dijo Raj mientras subía las escaleras fuera de las pistas de baile. –Pero la visión la tiene y las características, es decir, tiene diecinueve años, cabello negro, ojos azules y… -Se detuvo y miro a Magnus. –Tal vez esto no te guste. –Dijo para advertirle. –Las hadas lo tienen. Magnus sabía lo que eso significaba, un ser manipulado, sin voluntad y muy probablemente con sus manos manchadas de sangre por las cosas que las hadas mandaban a hacer para no tenerlas que hacer ellos mismos. Rajesh siguió conduciéndolo hasta que entraron a una habitación que tenia enormes ventanas que miraban hacia un callejón, un mundo completamente ajeno a los mundanos, hadas, lobos, vampiros, comerciando e incluso rompiendo la ley, pero Magnus no venía como miembro de La Clave, solo vino al otro lado del mundo para verificar una pista, algo que probablemente por fin lo llevaría a Alec. -Ahí. –Dijo Raj señalando hacia abajo. El corazón de Magnus se detuvo. – él viene aquí desde hace un par de meses, llego de la nada, nadie lo conocía, las hadas lo tienen en alta estima, lo cuidan como su tesoro mas valioso. –Los oídos de Magnus timbraron, estaba ahí, mirando al chico en cuestión desde lo alto, su cabello negro, incluso sus movimientos, podría ser él. -Su rostro. –Dijo Magnus. –Necesito ver su rostro. -Bueno… -Inicio Raj pero Magnus no espero, -¡Oye espera! –Magnus había salido corriendo hacia la escalera para bajarla, siguió corriendo hasta chocar con los cuerpos que bailaban en las pistas, hasta llegar a la
  • 16. puerta trasera del establecimiento, la empujo sin delicadeza y comenzó a buscar en la dirección del chico, su corazón revoloteando de manera casi dolorosa en su pecho, su estatura le facilito la tarea de encontrarlo, corrió hacia él que caminaba en la dirección contraria de Magnus. -Espera –Dijo Magnus y jalo del brazo del chico para hacerlo girar. La mente de Magnus obligo a sus pulmones para que volvieran a funcionar cuando lo miro, ahí estaba, el cabello negro, los ojos azules pero las facciones eran de un extraño, no era Alec. El chico se molesto y reclamo a Magnus en hindi. Magnus se obligo a componerse. –Lo siento. –Dijo. –Creí que eras alguien más. El chico cambio su expresión, tal vez Magnus se miraba demasiado miserable como para enojarse con él. –No hay problema, -dijo en un perfecto Anglo. -¿Puedo ayudarte en algo? -No. –Dijo Magnus. –Pero tal vez yo pueda ayudarte a ti. –Magnus en un movimiento rápido, coloco su mano en la sien del chico para implantar una idea: Aléjate de las hadas. El chico no dijo nada más, sonrió sincero y siguió su camino. * * * * * Magnus entro a su departamento en Brooklyn, coloco las llaves en el mueble a lado de la puerta y una práctica maleta que colgaba de su hombro fue depositada en el suelo, se desplomo sobre el sofá, sus largas piernas sobresalían de este, una de sus manos cubrió su rostro y la otra automáticamente busco el anillo que colgaba de su cuello. Su corazón estaba destrozado, como había estado las ultimas cincuenta veces en las que una pista lo llenaba de esperanza solo para después destrozarlo. Se pregunto cuánto más podría soportar. Se despertó a si mismo
  • 17. sentándose rápidamente. No te rendirás, no puedes rendirte. Se dijo a sí mismo. En ese momento el timbre sonó, tenía una idea de quién era y su idea fue confirmada al ver a Isabelle parada en su umbral. -Hola Magnus. –Dijo Isabelle al entrar al departamento. -Me da gusto verte Izzy. –Dijo Magnus y dejo que la chica se acurrucara en su pecho en un abrazo fraternal. -¿Y cómo te fue? –Pregunto la chica. -Bien –Dijo Magnus, -En lo que cabe, tú lo sabes. -Sí. –Dijo con pesar Isabelle. Magnus había detectado en Isabelle desde hace unos meses un aturdimiento, sus gestos ya no eran tan febriles como ella misma lo era e incluso la manera de moverse había cambiado, como si hubiera entrado en un estado de quietud. Magnus odiaba esto. -Gracias por avisarme que regresabas. –Dijo Isabelle. -Intento mantenerte informada lo mas que puedo. –Dijo Magnus, -Lo sabes, es solo que, en ocasiones mi cerebro, es como si funcionara a la mitad de su capacidad. -No te preocupes. –Dijo y miro a los ojos cansados de gato de Magnus. – Gracias, por todo. Magnus entendió a lo que se refería y sonrió a la chica. -¿Te apetece un te?
  • 18. -Claro. –Dijo Isabelle que estaba sentada sobre uno de los taburetes de la sala. Magnus entro a la cocina e Isabelle miro a su alrededor, el departamento de Magnus se miraba vacio sin las posesiones de su hermano, sin las fotografías, sin las armas, Belcebú se había llevado todo lo que alguna vez había sido de Alec. Todo a excepción de los recuerdos de quienes habían conocido al hijo del inquisidor, estos recuerdos provocaban sentimientos tristes y desoladores, los cuales alimentaban a Asmodeus y a Belcebú. Haciendo más difícil la tarea de Magnus al encontrarlo, nada para rastrearlo a excepción del anillo que Magnus llevaba en su cuello y que por alguna razón desconocida no funcionaba para un rastreo. Clary había hecho retratos excelentes de Alec para ayudar en su búsqueda, pero estos desaparecían casi al instante de terminarlos, no podían hacer nada al no ser que encontraran a Alec o al demonio para acabar con su poder sobre ellos. -Aquí tienes. –Dijo Magnus al darle la taza a Isabelle. Esta la acepto. -¿Cómo está Jace? -Pregunto Magnus con duda, ya que probablemente no le gustaría la respuesta. Isabelle resoplo, -él lo está intentando, a su manera, creo. Tú lo sabes a él nunca le ha importado perder la vida al enfrentarse con un demonio, ahora es el doble de temerario y violento, toda su frustración la descarga en los demonios, Clary y Simon siguen corriendo tras él intentando mantenerlo con vida. Y las peleas con nuestros padres, -Isabelle suspiro. –Cada conversación termina igual, él piensa que La clave debería hacer más para encontrarlo. No entiende cuando le digo que la Clave no hará mas por Alec de lo que hicieron por él cuando desapareció. -Algo así nunca podría entenderlo. –Dijo Magnus. –No cuando se trata de tu parabatai.
  • 19. -Y su runa –Continúo Isabelle aferrándose a la pequeña taza. –Es tan… nítida, pero del color equivocado. -Alec está vivo. –Dijo Magnus. -Pero podría estar en cualquier parte y ni siquiera sabe que existimos. -No me rendiré Isabelle, te lo juro. -Lo sé, ninguno de nosotros. Tocaron a la puerta, ambos se miraron con asombro, Jace, Clary y Simon estaban patrullando la zona y Magnus se había retirado de su negocio para dedicarse de lleno a la búsqueda, tenía una increíble cantidad de recursos reunidos como para mantener su retiro por unos cien años más, así que había dejado de recibir clientes en su hogar. -¿Esperas a alguien? –Pregunto Isabelle dejando la taza de té sobre la pequeña mesa junto a ella. -No. –Dijo Magnus. Y camino hacia la entrada. Magnus abrió la puerta. La taza que sostenía dejo su mano para caer al suelo y partirse en fragmentos haciendo que el liquido se derramara, Isabelle se puso de pie al escuchar el vidrio romperse contra el suelo, y al girar se llevo ambas manos a su boca por el impacto de ver al chico parado en la puerta, su piel de pergamino resaltaba en la oscuridad del pasillo, su cabello negro apenas visible por el gorro que llevaba puesto, brillaba incomparable y sus ojos azules que pasaron de la taza destrozada en el suelo al rostro en shock de Isabelle y Magnus se abrieron con extrañes.
  • 20. Hubo silencio abrumador y una pequeña figura apareció desde atrás de Alec, También portaba gorro sobre su cabello castaño con ondas, las cuales le cubrían las orejas, y su fleco gran parte de su frente. La chica miro la escena y abrió mucho los ojos. –Sip. –Dijo la chica simpática. –Me parece que si te conocen. * * * * * Alec caminaba a través de una ciudad desconocida y familiar al mismo tiempo, sentía las calles empedradas bajo sus tenis, las calles estrechas y pintorescas de una manera elegante, le recordaba a la persecución del agente 007 llevada a cabo a través de esas pequeñas calles de Italia en una de sus películas más recientes. Había soñado con esta ciudad ya cientos de veces, en cada ocasión sus sueños le permitían descubrir una nueva parte, algo que le parecía extraño y genial, como un video juego que debía ser terminado, en esta ocasión quiso regresar a la plaza y llegar al final de ella, ya sabía el camino, así que se apresuro hacia allá. Las torres de vigilancia, que eran como él las llamaba, estaban en su lugar, brillantes e imponente como siempre. Caminaba por la plaza hasta llegar al final de ella, en donde se topo con un edificio con enormes puertas, algo nuevo para agregar a sus descubrimientos. Los símbolos de siempre se encontraban por todos lados, el que al parecer era el más importante, ya que lo había mirado en casi todas las casas del lugar, se encontraba en lo alto de este edificio también. Alec sonrió por la aventura y se dispuso a entrar, pero algo lo detuvo. -Hola. –Dijo una voz de niño detrás de él. Alec giro. –Me empezaba a preguntar cuando aparecerías. –Dijo el chico. -¿Cómo estás? –Pregunto amable el niño.
  • 21. -Estoy bien. –Dijo Alec. Y miro con curiosidad hacia el niño. –¿Sabes? Llevo casi un año soñando contigo. Y aun no se tu nombre –Alec lo considero un poco recordando que era un sueño. -¿Tienes nombre? El niño se rio de él. –Tú sabes cómo me llamo tonto. Es solo que no lo recuerdas. -Pues deberías ayudarme con eso. -Soy Maxwell. –Dijo el niño, -Pero tú me llamas Max. -Max –Repitió Alec. –Pues mucho gusto, yo me llamo… -Sé cómo te llamas. –Dijo Max. –Tu nombre es Alexander, pero todos te dicen Alec. -No. –Dijo Alec. –Mi nombre si es Alexander, pero en realidad todos me dicen Alex. -Pero eso es lo que tú crees. –Dijo Max y su voz cambio, se escuchaba triste. –Pero no es verdad, Alec, debes volver, debes encontrar a… -¿A quién? –Pregunto Alec mientras miraba los labios de Max moverse con desesperación pero sin hacer ningún sonido. –Max no te escucho. Max comenzó a alejarse como si lo estuvieran jalando a través de una banda transportadora, Alec miro como estiraba la mano hacia él y quiso tomar su pequeña mano para evitar que se alejara. -¡Max! –Dijo Alec, -No te vayas ¡Max espera! Alec despertó algo aturdido, se encontraba en su habitación, miro hacia la ventana y se dio cuenta que el sol aun no aparecía, miro hacia un costado y su reloj lo confirmo: las cuatro de la mañana. El chico salió de
  • 22. la cama y camino por el pasillo con cuidado y pies desnudos a travesando la habitación de sus padres para entrar a la de el final del corredor. Una vez ahí se metió en la cama ya ocupada, se recostó sobre la almohada y su rostro quedo frente al de una chica de cabello castaño. -¿Estás bien? –Pregunto con voz somnolienta la chica. -Se llama Max. –Dijo Alec. -¿He? –Dijo la chica pero de inmediato sus sentidos despertaron, -Oh, ¿Tiene nombre? -Eso parece. -Deberíamos de iniciar un diario de sueños o algo así. -Creo que eso debió haberse hecho hace un año, ¿No crees? -Un año, -Dijo la chica asombrada. –Tal vez es hora de decirle a mis tíos, ellos… -Hay no. –Dijo Alec con cansancio. –Mis padres probablemente se pondrán como locos y me llevaran a un psicólogo, o cien, dependiendo de lo satisfecho que los deje su diagnostico. -No tiene nada de malo el hecho de que te cuiden Alex, debes entender eso. -Exageran Gwen. -No, no lo hacen, considerando las circunstancias. -Las circunstancias, -Repitió Alec –Nunca superaremos lo que paso si seguimos comportándonos así.
  • 23. -Tú eres el valiente de la familia. –Dijo Gwen. -No. –Dijo Alec y beso la frente de su prima. –Tú eres la valiente. -Lo sería si acaso pasara una noche sin llorar o sin tener que ir a meterme a tu cama. -El día que dejes de llorar por tus padres, me preocupare por ti. Y no importa que dejes de ir a mi cuarto por las noches, porque entonces yo tendré que venir al tuyo. Gwen sonrió a su primo, era el único que la entendía y la escuchaba sin distorsionar sus pensamientos, así había sido desde su nacimiento, eso les decían sus padres. Alec decidió que tenía sueño y dio la espalda a su prima para disponerse a dormir. -Alex no te enredes en el cobertor, siempre lo haces, deja de hacerlo. Gwen se quedo esperando las protestas de Alec pero no llegaron, ya estaba dormido. La chica sonrió. –Dulces sueños, -Dijo a su primo y se aferro a su espalda para poder dormir. CONTINUARA…