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Cuento "Tres miradas" por  alessandro zara ferrante
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Cuento "Tres miradas" por alessandro zara ferrante

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No os perdáis este maravilloso cuento de Alessandro Zara Ferrante con ilustraciones de Rafael Estrada, basado en una historia real. Compartid al máximo por …

No os perdáis este maravilloso cuento de Alessandro Zara Ferrante con ilustraciones de Rafael Estrada, basado en una historia real. Compartid al máximo por favor!!
http://issuu.com/saltapiedras/docs/tres_miradas_-_alessandro_zara_ferrante

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  • 1. Tres miradasAlessandro Zara Ferrante Ilustraciones: Rafael Estrada
  • 2. Desde hace algunos meses vive con nosotros unhermoso perro de poco más de un año de edad.Abandonado en el campo y convertido en un esqueleto,fue recogido por una amiga que me lo entregó. Con loscuidados normales y el debido cariño está yacompletamente repuesto y sus músculos latensuavemente debajo de su brillante manto negro. Cuando lo llevo a un descampado, da una vueltacorriendo y luego —quizás recordando los tiempos demendicidad— se detiene y me observa con la inocenciaque sólo los animales son capaces de expresar. En sumirada se lee inequívocamente la pregunta: ”¿Qué sesupone que tenga que hacer aquí?”. Probablemente la expresión de sus ojos planteala misma duda que le sobrevino cuando fueabandonado. Seguramente entiende en mi gesto lasencilla respuesta: ”Jugar”.
  • 3. Esta tarde fui a una becerrada en el cultísimopueblo de El Escorial. El primer becerro, de poco más deun año de edad, dio una vuelta corriendo por la plaza yluego —quizás recordando a su mayoral, en el queconfió a lo largo de su breve existencia— se detuvo yobservó al torero, con la inocencia que solo los animalesson capaces de expresar, y en su mirada se leyóinequívocamente la pregunta: ”¿Qué se supone quetenga que hacer aquí?”. Seguramente no entendió lasencilla respuesta: ”Morir”.
  • 4. No pude evitar ver la similitud del latir de susmúsculos adolescentes debajo de su brillante mantonegro, con los músculos y el brillante manto negro delperro que había paseado conmigo unas horas antes.Después de unos interminables veinte minutos, lo quehabía sido un becerro lleno de vida y ganas de vivir, sehabía convertido en un amasijo ensangrentado aunlatente. No me esperaba una tercera mirada esa tardepero, mientras la plaza ovacionaba al valiente matador,alguien le acercó una hermosa niña de unos seis años,bellísima, ataviada con su traje tradicional y su hermosay brillante cabellera rubia. El matador sonriente yeufórico se arrodilló junto a la cabeza del becerro, cuyosmúsculos impotentes aun latían suavemente debajo desu brillante manto negro. Le cortó las orejas como siestuviera recogiendo flores y se las entregó a lasonriente niña, instándola a que se las mostrara alpúblico con orgullo. La niña, con la inocencia que solo los
  • 5. niños y los animales son capaces de expresar, sostuvo laspequeñas orejas en sus manos y las miró, luego miró altorero, luego al público, y en su mirada se leyóinequívocamente la pregunta: ”¿Qué se supone quetenga que hacer aquí?”. Seguramente no consiguió respuesta alguna.Obedeció y levantó las manos ofreciendo al público lasorejas, sonriendo sin entender en absoluto lo que estabaocurriendo… Siguió la tortura y el sacrificio de un segundobecerro que mugió desgarradoramente por el dolor delas heridas, por la desesperación y la impotencia. Y de untercero. Una vez que el tercer becerro también habíasido ejecutado, la niña volvió a ser llevada cerca delcadáver.
  • 6. No hubo manera de que volviera a recibir lasorejas que le ofrecían. Su expresión ya no era deinocencia sino de terror y angustia, y miraba fijamentesin ver los músculos que aún latían bajo el brillantemanto negro del becerro. La misma mirada, la misma pregunta, la mismaangustia al no recibir respuesta, en cachorros dediferente especie.
  • 7. Nota del autor:Lamentablemente cualquier parecido con hechos reales no es en absoluto casual. Dedicado a los compañeros de Equanimal, deIgualdad Animal y del Pacma (Teresa, Patricia, Ian,Jonas), que han hecho de tripas corazón asistiendo a estos terribles espectáculos para conseguir testimonios gráficos de la barbarie.

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