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Cantar de los cantares comentario general
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Cantar de los cantares comentario general

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  • 1. 1 EL CANTAR DE LOS CANTARES, UN LIBRO SORPRENDENTE EN LA BIBLIA 1. UN LIBRO SORPRENDENTE POR SU MISMO NOMBRE La expresión Cantar de los Cantares, en hebreo Shir ha-shirim es una forma de expresar el superlativo usual en el pensamiento semita. Una construcción similar la encontramos en el libro del Qohélet cuando habla de habel habelim, >vanidad de vanidades=, frase de uso frecuente en el sabio para destacar la fugacidad de la vida, la situación efímera en la que está inmerso el ser humano. Aplicado el superlativo al Cantar de los Cantares se nos quiere dar a entender que se trata de un cantar muy especial. Por este motivo se podría traducir muy bien por AEl mejor de los cantares o el cantar por excelencia@. 2. UN LIBRO SORPRENDENTE POR SU TEMÁTICA El argumento del libro es muy simple: una pareja de jóvenes que expresa, con gran ternura y en voz alta, la maravillosa experiencia de vivir en profundidad la gran aventura de un amor correspondido. Es un canto a la vida y al amor porque sólo el amor puede hacer de la vida un poema. De la misma manera que encontramos en la biblia libros que pretenden dar una enseñanza, mostrar una legislación o presentar al creyente en su relación con Dios, aquí nos encontramos con un libro que ofrece el aspecto de una celebración al exponer la relación humana en su fase más festiva. Las palabras que primordialmente utilizan los protagonistas para designarse mutuamente son Aamado@, Aamada@, Aamor mío@, Aamor de mi alma@... Como dice muy bien L. Alonso Schökel, Aél y ella, sin un verdadero nombre, son todas las parejas de la historia que mantienen vivo el milagro del amor@. El contenido de Cantar se define perfectamente como la trayectoria propia de toda pareja de enamorados. Se presentan los distintos momentos de plenitud así como los diferentes estados de ánimo que atraviesan, ya sea la emoción de la espera, la euforia por el placer de la presencia o la desazón producida por el desgarrón de la ausencia. En este vaivén afectivo, los poemas brindan sin cesar expresiones de amor mutuo, anhelos de fidelidad, dulces recuerdos... intercalando descripciones del encanto y la belleza de cada uno de los enamorados hasta formar un verdadero tejido de expresiones apasionadas y apasionantes. 2.1 Autoría Las afirmaciones sobre la autoría salomónica del libro no pueden sostenerse a partir de la crítica interna del texto. Ciertamente que el Cantar de los Cantares no ha sido escrito por Salomón ni en tiempos de Salomón, aunque el poeta expresa la atmósfera de aquella época por el modo con que hace expresarse a los dos enamorados. Salomón no se encuentra entre los interlocutores dado que éstos son anónimos. En el capítulo tercero hay tres referencias que hablan de él pero no como autor sino como si del novio se tratara1 porque se alude a él en tercera persona y en el capítulo octavo encontramos dos alusiones pero para hablar de una viña que Salomón tenía en Baal Hamón2 . Podemos percibir también como dicho fragmento3 , referido a una comitiva real, 1 Cf. 3,7.9.11. 2 8,11-12. 3 3,6-11.
  • 2. 2 contrasta con el ambiente campestre que se respira en todo el Cantar. Dicha perícopa podría ser un antiguo canto compuesto con ocasión de alguno de los matrimonios de Salomón4 y que más tarde pudo haber sido incorporado al Cantar. La finalidad de la atribución salomónica es sencillamente hermenéutico. Salomón es un referente en el campo sapiencial de la misma manera que Moisés lo es respecto a la Torá y David lo es de la monarquía. Así pues, las referencias a Salomón, estratégicamente colocadas al inicio y al final, parecen querer indicar al lector que la obra ha de ser ubicada en el contexto de la tradición sapiencial. Pero si no es de Salomón, )quién sería su autor? Es un sentir general que se trata de un poeta anónimo que pudo recoger cantos de amor transmitidos oralmente durante largos períodos de tiempo, combinándolos creativamente con otros de la propia cosecha hasta formar un todo bien armonizado. Las semejanzas de vocabulario, imágenes, forma y contenido hacen pensar en un solo autor o, como mucho, en una escuela de escritores que, dada su familiaridad con la poesía egipcia, hace gala de un alto nivel cultural. 2.2 Época Por lo que se refiere a la redacción del libro hay un claro consenso en situarlo en época postexílica. El lenguaje muestra indicios que apuntan en esta dirección5 . A pesar de la presencia de arcaísmos, la obra contiene elementos gramaticales y sintácticos, así como términos de procedencia persa, que ponen de relieve un estadio tardío en la evolución de la lengua, como por ejemplo, el préstamo iranio pardés >jardín=, >parque=, >paraíso=6 y el préstamo griego apiryón >silla portátil=, >litera=7 . Por tanto, parece que hay que situarlo en los siglos V-IV a.C. y en Palestina, dadas las referencias a sitios concretos de la región siro- palestinense y por el detallado conocimiento que muestra de Jerusalén. En esta época, gracias al impulso propiciado por Esdras y Nehemías, se vive un fuerte impulso de restauración. Se sueña con grandes expectativas aunque la realidad cotidiana deja algo que desear. Al menos eso podemos entrever a través de las palabras de algunos profetas. Concretamente, Malaquías denuncia enérgicamente las irregularidades en el culto y el escándalo ocasionado por las reiteradas infidelidades, los matrimonios mixtos y los frecuentes divorcios: Y hacéis otra cosa más: cubrís de lágrimas el altar de Yahvé, de llantos y suspiros, porque él ya no acepta vuestra oblación, ni la recibe gustoso de vuestras manos. Y encima decís: )Por qué? -Porque Yahvé es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que era tu compañera, la mujer con la que te habías comprometido. )No los ha hecho un solo ser, dotado de carne y espíritu? Y este uno )qué busca? (Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a la esposa de tu juventud. Pues yo odio el repudio, dice Yahvé Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahvé Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición. (Ml 2,13-16) En semejante situación la presencia de un libro como el Cantar de los Cantares, bien podía resultar un soplo de aire fresco con sabor Aa los orígenes@, aquella época en que Avio Dios que era bueno@. 4 En la misma línea del salmo 45. 5 Aunque esto no impide que algunos de sus poemas puedan ser más antiguos. Vemos, por ejemplo, como en 6,4 se menciona a Tirsá, capital del reino norte. 6 4,13. 7 3,7.
  • 3. 3 Antes del llamado Sínodo de Jamnia, siglo I d. C., hubo cierta oposición a incluir dicho libro en el Canon8 . Su inclusión se debe o bien a su atribución a Salomón, como tantos otros escritos sapienciales, o a la interpretación alegórica de sus personajes. Más adelante, el libro pasaría a formar parte de los cinco rollos (megilAlot) y se leería en primavera, en la fiesta judía de Pésaj o Pascua. 2.3 Estructura literaria Aunque la gran mayoría de las biblias presentan el texto dividido en cinco poemas con un prólogo, un epílogo y unos apéndices9 , hay que reconocer que ésta es una estructura orientativa, un recurso pedagógico, porque es difícil hallar pruebas de que los redactores pretendieran dar al libro una división determinada. En todo caso, el nervio vertebrador lo constituye el tema amoroso en el marco ambiental que le es propio. El libro está escrito en hebreo y bastante bien conservado salvo algún fragmento. Su condición de canto popular tradicional pudo motivar el buen nivel de conservación. De lo que no cabe duda es que se trata de una obra de gran valor lírico. Las repeticiones verbales son el criterio más importante para discernir las unidades poéticas en la lírica hebrea y en el Cantar encontramos cuatro clases de repeticiones: 1. Palabras que se repiten con estudiada precisión: viñas10 , vino11 , frutos12 , rebaño13 , gacela14 ... 2. Ciertos epítetos: Aamor de mi alma@15 , Aamor mio@16 , Ami amado17 @etc... 3. Expresiones que aparecen en diferentes contextos como por ejemplo Apacer entre azucenas@18 , Aestoy enferma de amor@19 . 4. Versículos enteros que se repiten. Tanto la poesía como la música buscan la repetición, la necesitan porque la belleza quiere ser contemplada reiteradamente: ASu izquierda está bajo mi cabeza, me abraza con la derecha@20 AOs conjuro, muchachas de Jerusalén, 8 Cf. W. Rudolph, ZAW 18 [1942-43], 189-99. 9 Prólogo: 1,1-4. Poemas: 1,5-2,7; 2,8-3,5; 3,6-5,1; 5,2-6,3; 6,4-8,4. Epílogo: 8,5-7; Apéndices: 8,8-14. 10 Cf. 1,6;1,14; 2,13; 2,15; 7,13. En singular: 8,11; 8,12. 11 Cf. 1,2; 1,14; 4,10; 5,1; 7,3; 7,10; 8,2. 12 Cf. 2,3 (sing); 4,13; 4,16; 7,14; 8,11. 13 Cf. 1,7; 1,8; 4,1; 4,2; 6,5; 6,6. 14 Cf. 2,9; 2,17; 4,5; 7,4; 8,14. 15 Cf. 1,7; 3,1; 3,2; 3,3; 3,4; .2.3.4. 16 Cf. 1,8; 5,9; 6,1. 17 Cf. 1,13; 1,14; 2,3; 2,8; 2,9; 2,10; 2,16; 2,17; 4,16; 5,2; 5,4; 5,5; 5,6; 5,8; 5,9; 5,10; 5,16; 6,2; 6,3; 7,10; 7,11; 7,12; 8,14. 18 Cf. 2,16; 4,5; 6,3. 19 Cf. 2,5; 5,8. 20 Cf. 2,6 y 8,3.
  • 4. 4 por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertéis ni desveléis a mi amor, hasta que quiera@21 . Estos dos extensos estribillos se encuentran unidos y en el mismo orden al inicio y al final del Cantar22 . Es como si el poeta, con esta estrategia, hubiera querido presentar al auditorio una obra con una especie de prólogo y un desenlace final. Conviene notar que la estructura misma del libro, una estructura en clave dialogal, pone de manifiesto la comunicación, esta relación interpersonal entre hombre y mujer en un clima de incesante búsqueda de plenitud, de gozo, de entrega mutua. Todo el Cantar respira este dinamismo, este ambiente festivo, porque el amor, si es compartido, es la celebración por excelencia: la fiesta del amor dialogal, amor dado y recibido, ofrecido y aceptado en una reciprocidad dinámica. Semejante estructura da un tono de apertura a la obra, de manera que el lector es invitado a entrar en la celebración, a participar en ella como uno más del coro. Los estribillos, las reiteraciones y la concatenación de imágenes son recursos estilísticos del autor, con los que consigue dar a la obra el aspecto de una gran sinfonía, en la cual la naturaleza, los sentidos, las caricias, las formas, colores y olores se convierten en las notas de una inefable melodía. 3. UN LIBRO SORPRENDENTE POR LA MULTIPLICIDAD DE LECTURAS QUE OFRECE Por lo que se refiere a la interpretación, nos encontramos con distintas posturas, todas ellas razonadas y razonables. 3.1 Interpretación mítico-cultural Algunos escritores23 han pretendido descubrir huellas de un drama que podría representarse en Jerusalén con ocasión de una fiesta de Tammut-Adonis e Ishtar. En ese caso se trataría de un conjunto de cánticos procedentes de una antigua liturgia pagana, que pudo celebrarse en épocas de algunos reyes que propiciaron semejantes cultos. De ser así, el Cantar sería la expresión de un ritual del culto de la fertilidad, evocando antiguas liturgias cananeas, fenicias, egipcias o mesopotámicas. La finalidad del rito sería asegurar los ciclos de la naturaleza y el punto culminante se alcanzaría con la unión sexual de ambos jóvenes, quienes desempeñarían el rol del dios y la diosa, respectivamente. Pero no hay prueba alguna que secunde este punto de vista. Sabemos que los profetas combatieron tenazmente la mitificación y la sacralización del sexo tal como se encontraban en la religión cananea porque acababan negando la trascendencia divina y la autonomía humana. De aquí que resulta extraño que la fe yahvista pudiera asumir tal ritual. Tal vez se pueda admitir que dichas liturgias o su léxico pudieran ejercer cierta influencia directa o indirecta sobre la poesía de Israel y a partir de aquí podrían influir en el léxico del Cantar de los Cantares. 3.2 Una pieza dramática De igual modo ha tenido eco la posibilidad de hallarnos ante una expresión dramática, como encontramos en la antigua Grecia. Es decir, una pieza teatral interpretada por distintos autores. Algunos exegetas están de acuerdo en advertir cierto carácter dramático en el libro. 21 Cf. 2, 7; 3,5 y 8,4. 22 Cf. 2,6-7 y 8,3-4. 23 Entre ellos, T. Meek, M. Haller, H. Ringgren.
  • 5. 5 Por ejemplo Delitzsch opina que se trata de un diálogo entre dos personajes principales: Salomón y la pastora sulamita24 , un auténtico dúo amoroso. Otros añaden un tercer personaje: un pastor enamorado de la bella muchacha que es cortejada, a su vez, por Salomón. La muchacha ?ante el dilema que se le plantea? da prioridad al amor y se mantiene fiel a su amante campestre, dejando de lado la suntuosidad de la corte. Sin embargo, esta hipótesis choca con la objeción de que en todo el Antiguo Testamento no hay muestras de un género propiamente dramático. También es clásica la opinión de encontrarnos ante un bello canto nupcial25 . Es una posibilidad, ciertamente, pero el matrimonio se cita solamente una vez26 y el texto da pie a otras lecturas. Con todo sí que podemos decir que es una obra dramática en el sentido de que nos es presentada como un diálogo. El Códice griego Sinaítico llega a identificar a los interlocutores mediante anotaciones marginales, como hacen también algunas versiones modernas. 3.3 Interpretación en clave alegórica La interpretación más antigua, tanto en la tradición judía como en la cristiana, es la alegórica. En esta línea, el Cantar describe el amor entre Dios y su pueblo en términos de amor humano, prolongando así un tema corriente entre los profetas27 . La abundancia de imágenes sensoriales, presentes en el transcurso del libro, ha motivado, desde muy antiguo, dicha interpretación. En la figura del amado que corretea por montes y collados, se contempla la tradicional imagen de Dios como pastor, a la vez que la montaña del incienso recuerda las ofrendas en el templo de Jerusalén. La frase: AMi amado es para mi y yo soy para mi amado@28 evocaría la fórmula de la Alianza: AYo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo@29 y en los anhelos de la amada se percibe el ansia de Israel ? a partir de la experiencia del exilio ? por el retorno a la tierra. Desde esta óptica, la simbología, marcadamente erótica, se transforma en elevados valores espirituales puesto que cada detalle del libro permite un significado traslaticio. Esta es la interpretación que le da A.Robert30 que ve en el Cantar de los Cantares un midrash alegórico. Desde esta perspectiva, las ansias y las búsquedas de la esposa describen un auténtico proceso de conversión por parte de Israel: el prólogo presenta la situación del exilio; el primer poema describe la aspiración de Israel a la restauración; el segundo, el 24 Sulamita: En hebreo šûlammit; nombre que se da a la amada en Cantar 7,1. Se ha considerado un patronímico derivado de Šulam, villa de la llanura de Esdrelón, hoy Solem. Prototipo de la figura femenina de la amante, como Salomón en lo masculino. Evoca, además, el recuerdo de Abisag de Sunem, la Sunamita que caldeó al anciano rey David según nos narra 1Re 1,3. Hay quien piensa en una posible relación con la diosa babilónica Shulmanita. Otros ven en este nombre el femenino de Salomón (Še lomÇ); en ese caso sería Ala mujer de Salomón@ o también un nombre derivado de la raíz šlm, en el sentido de Apacificada@ (8,10) 25 Existe en la poesía árabe un género literario similar, conocido con el nombre de wasf. Se trata de poemas nupciales que cantan la belleza de los dos cónyuges con unos versos cargados de sensualidad y simbolismos atrevidos. 26 Véase Ct 3,11. 27 Cf. Os 1-3; Is 62,5; Jr 3,1-10; Ez 16; 23. 28 2,16; 6,3 29 Cf. Dt 29,12; Os 2,25... 30 A. ROBERT/R. TOURNAY/A. FEUILLET, Le Cantiques des Cantiques,París 1963 pp. 17ss.
  • 6. 6 mensaje consolador del Deuteroisaías; el tercero, representa el nuevo éxodo; el cuarto, el proceso de reconstrucción del Israel postexílico; el quinto poema prepara el desenlace final: la posesión mutua. El mismo autor hace hincapié en algunas expresiones tradicionales en la biblia: Abuscar-encontrar@, Aluz-tinieblas@ Asueño-despertar@, de la misma manera que hace notar como el amado del Cántico es un personaje que permanece misterioso, apareciendo y desapareciendo por sorpresa. Robert cree que el autor del Cantar de los Cantares, a pesar de los antropomorfismos, salva el misterio del Dios trascendente y no en vano evita pronunciar su nombre. Debido a esta interpretación alegórica vemos como el Cantar de los Cantares ha sido el libro favorito de los místicos cristianos31 . Orígenes, Fray Luis de León, San Bernardo, San Juan de la Cruz con su Cántico espiritual y la misma Ma. Cruz Báscones que, armonizando el arte con la experiencia de Dios, ha expuesto, a partir de esta obra, su profunda visión del amor humano y divino. 3.4 Composición lírica al estilo de otras culturas Cada vez se va generalizando más la idea de que el Cantar puede ser simple y llanamente una serie de poemas idílicos ?como encontramos en casi todas las culturas? que cantan la belleza del amor humano con tal profundidad que brindan una apertura al campo teológico. El Cantar sería, en este caso, una larga historia de transmisión de poemas de amor, a los que una mano maestra habría intentado conferir cierta uniformidad. Por tanto, parece más bien que nos encontramos ante una colección o antología de cantos de amor originariamente independientes, que pueden encontrar paralelos en otras culturas sobre todo en la egipcia. El cantar es un canto al amor humano en todas sus facetas: la magia del enamoramiento, la pasión por el amado y el éxtasis de la unión. El autor presenta a los enamorados con distintos disfraces literarios: como Arey@ y reina@, como Apastores@, como Ajardineros@... rasgo que encontramos también en otras culturas. La línea amorosa del antiguo Egipto nos ofrece una atmósfera similar a la que se respira en el Cantar32 . Ello no significa que exista una dependencia directa de los poemas del Cantar con respecto a la línea egipcia sino que, en ambas culturas, encontramos un lenguaje similar a la hora de hablar sobre el amor entre ambos sexos. En definitiva: se trata del lenguaje propio del amor común en todas las culturas. 4. UN LIBRO SORPRENDENTE POR LA CARGA ERÓTICA DE SUS IMÁGENES 4.1 El marco. A simple vista, llama la atención el contexto en el que se desarrolla el idilio: un marco paradisíaco, un mundo sensorial donde la variada flora y fauna sirven para expresar el universo multicolor de los más bellos sentimientos, afectos, emociones y pasiones: Habla mi amado y me dice: ALevántate, amor mío, hermosa mía y vente. Mira, ha pasado el invierno, 31 El mismo autor del libro del Apocalipsis, en la llamada final que encontramos en 22, 17.20, utiliza un lenguaje muy cercano al Cantar: AEl Espíritu y la Novia dicen: AVen!@ ASí, vengo pronto.@(Amén!(Ven Señor Jesús! 32 Cf. ANET (J.B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts Relating in the O.T.) pp. 467-69.
  • 7. 7 las lluvias cesaron, se han ido. La tierra se cubre de flores, llega la estación de las canciones, Ya se oye el arrullo de la tórtola por toda nuestra tierra. Despuntan yemas en la higuera, las viñas en cierne perfumean. (Anímate, amor mío, hermosa mía y ven! (2,10b-14) La belleza se impone y del marco se pasa a los protagonistas. El y ella están en el centro, como en Génesis 1, donde del marco se pasa a la creación del hombre y la mujer aunque la verdadera cumbre sea el shabat, el momento en que Dios descansa y celebra la bondad y belleza de todo lo creado. Con este lenguaje, el Cantar nos ofrece una visión optimista del mundo: aquí todo es nítido, todo transparenta bondad, espontaneidad, al margen de cualquier tipo de represión. El autor tiene bien asimilada la imagen de la creación tal como se describe en el primer capítulo del Génesis: AY vio Dios que era bueno@ 33 . La bondad de los elementos circundantes pone de relieve la bondad misma del amor de que se habla porque, en el relato, todo es puro y limpio. También se puede leer como AY vio Dios que era bello@ puesto que la palabra hebrea tob da pie a ambas lecturas. El texto transpira vida por todos sus poros. Una vitalidad que se hace patente en la exuberancia de la vegetación que invade el libro: árboles frutales y flores de todas las especies; ornamentado todo ello por una fauna que no deja de ser significativa: tórtolas, palomas, ciervos, gacelas... Y una vitalidad latente en cada una de les expresiones de la joven pareja, detalle que no puede ser pasado por alto. En la biblia, Dios se manifiesta siempre como un Dios de Vida. De aquí que el enfermo, el moribundo que contempla como la vida se le escapa, clame a Dios con todas sus fuerzas, implorando la salud, la energía, la vitalidad. Y vemos también que el sheol, lugar de muerte, es la negación de la vida; por esto Dios no está en él porque es su misma antítesis. Por esta razón la vida que palpita en cada una de las páginas del Cantar, habla de Dios de igual manera que la creación habla del Creador, ?como bien podemos observar en cantidad de salmos?. Quizás esto explique por qué Dios se menciona tan poco en este libro34 , pero no por ello está ausente del relato. 4.2 El lenguaje que se emplea Una constante que encontramos a lo largo de la lectura de estas deliciosas páginas, es la importancia del simbolismo. Nos encontramos con símbolos a partir de esquemas afectivos. La naturaleza y la fisonomía del Cantar de los Cantares exigen un mínimo de sensibilidad para acercarnos a su contenido y poder captar el lenguaje simbólico poético que habla de toda persona y a toda persona. La visión positiva sobre el deseo y el placer que presenta el Cantar de los Cantares no se puede decir que sea revolucionaria porque está en consonancia con una concepción presente en el Antiguo Testamento sobre la licitud y la bondad del placer, fruto de una contemplación optimista sobre un mundo que salió bueno y bello de las manos de Dios. (Soplad en mi jardín, que exhale sus aromas! (Entre mi amado en su huerto 33 Ese estribillo se va repitiendo en los distintos momentos de la creación. Cf. Gn 1. 34 Una sola vez en 8,6.
  • 8. 8 y coma sus frutos exquisitos! (4,16) Ese jardín paradisíaco tiene en su centro no el árbol de la ciencia del bien y del mal sino que tiene una fuente de agua... agua que puede saciar la sed del amado, pero se experimenta el peso de un límite: Eres huerto cerrado hermana y novia mía, huerto cerrado, fuente sellada (4,12) Y el amado debe situarse, pacientemente, a distancia. Se requerirá todo un proceso: Mirad como se para Oculto tras la cerca, Mira por las ventanas, Atisba tras las rejas (2,9b) Lo que llama la atención es la vivencia que impregna todas y cada una de las expresiones y el recurso al simbolismo erótico es una manera de hacerla emerger. A los protagonistas les faltan palabras y han de echar mano de las imágenes y, como se sienten libres, se expresan libremente. Vemos como el aroma, el olor tienen una dimensión corpórea que no se agota en la contemplación. El libro, un auténtico manual de ternura, usa un lenguaje entrañable incapaz de herir sensibilidad alguna. No olvidemos que los sentidos juegan un papel muy importante puesto que nos ayudan a percibir el cuerpo como sacramento de la presencia del otro. L. Alonso Schökel dice AEl amor del cantar no es amor platónico, de dos espíritus puros o que se purifican desprendiéndose del cuerpo. Tampoco es pura apetencia carnal. El amor del cantar tiene un realismo corpóreo porque en el cuerpo se revela el espíritu35 @. El cuerpo es aquí lenguaje, palabra que expresa los sentimientos más profundos. El amor es espiritual, pero es en el libro del cuerpo donde podemos leerlo. Según la antropología bíblica, no hay dicotomías, el hombre no tiene cuerpo, es corporal. A diferencia de los griegos, acostumbrados a contemplar el desnudo bajo un prisma puramente estético, la educación judía ve en el cuerpo algo más, porque el hombre no sólo es cuerpo sino que es tselem, imagen de Dios. En su comentario al Cantar de los Cantares, G. Ravasi cita estas palabras de G. Ceronetti: ALa lectura en clave erótica del Cantar es la más segura pero no tiene sentido si el lecho de los amores no queda iluminado con una pequeña lámpara por la que, a través de esos amores transparentes, alumbre el Escondido@. Amar a una persona implica amar su cuerpo, aunque jamás se ama el cuerpo por el cuerpo sino en tanto que es el cuerpo de la persona amada. Por esto el libro del Cantar es un canto al amor desde el mundo de los sentidos, de la misma manera que es un canto a los sentidos desde el amor; porque el amor es el gran elemento integrador que proporciona unidad al conjunto. Los dos enamorados no se mueven por un impulso impersonal e irreflexivo. Es cada uno que sale al encuentro del otro y, en la acogida mutua, del yo y el tu nace el nosotros. Nos movemos en plena sintonía con el sentir del Génesis A... el hombre se une36 a su mujer y se 35 El Cantar de los Cantares, Estella 1989,p. 73. 36 Esta unión profunda viene expresada mediante la palabra hebrea davaq >unirse=, >juntarse=. Literalmente:=adherirse sólidamente=, >soldarse=.
  • 9. 9 hacen dos en una sola carne@37 . Uno y otra se adhieren progresivamente hasta el punto de llegar a formar una sola persona dinámicamente. Pero en ese encuentro ninguno de los dos queda diluido en el otro sino plenificado por esta nueva realidad. Eso es algo tan grande que merece que Ael hombre deje a su padre y a su madre@38 para unirse a la mujer amada. De ahí que la espiritualidad de la pareja sea potenciar la relación interpersonal. El gran peligro de este libro es caer en una lectura reduccionista que puede hacerse desde dos ángulos opuestos: o despojar el amor del cuerpo y quedarnos con un amor espiritual, desencarnado o despojar al cuerpo del amor, reduciéndolo a pura genitalidad. 5. UN LIBRO SORPRENDENTE POR EL PERFIL DE MUJER QUE NOS PRESENTA Llama la atención, igualmente, la figura de mujer que se presenta: una mujer libre, una mujer que exterioriza sus sentimientos, algo inusual en aquel tiempo. Si comparamos dicha mujer con el perfil femenino que encontramos, por ejemplo, en el libro de los Proverbios39 podremos apreciar la diferencia. En los sapienciales se valora a la mujer trabajadora, sometida al marido, mujer de su casa, mujer discreta, más atenta al temor de Dios y a las virtudes que a su aspecto físico. Sorprendentemente aquí se nos presenta a una mujer libre en su relación puesto que es ella quien abre el diálogo y toma la iniciativa: (Oh, ven, amado mío, salgamos al campo, pasemos la noche en las aldeas! De mañana iremos a las viñas, a ver si la vid está en cierne, si se abren las yemas, si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores. (7,12-13) Una mujer libre en la expresión de sus sentimientos más íntimos: Mientras el rey descansa en su diván, mi nardo exhala su fragancia. Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis senos. Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Engadí (1,12-14) (Mi amado metió la mano por el hueco de la cerradura; mis entrañas se estremecieron. (5,4) Llévame en pos de ti: (Corramos! Méteme, rey mío, en tu alcoba, disfrutemos juntos y gocemos, 37 Gn 2,24b. 38 Gn 2,24a. 39 Cf. Cap 31, 10-31.
  • 10. 10 alabemos tus amores más que el vino (1,4) En un contexto en que la mujer dista mucho de gozar de libertad, en una época en que la situación de la mujer no sólo no mejora sino que experimenta un retroceso, sorprende hallar una mujer que se manifiesta libre para el encuentro, para la acogida, para la caricia, al margen de todo tipo de condicionamiento. La figura femenina aparece como forjadora de intimidad: es la que permanece en casa, es decir, en sí misma. El amado debe llamar, debe pedir permiso para acceder a su intimidad: Yo dormía, velaba mi corazón. (La voz de mi amado que llama!: *(Ábreme, hermana, amiga mía, paloma mía sin tacha! Mi cabeza está cubierta de rocío, mis bucles del relente de la noche.+ -*Me he quitado la túnica, )cómo ponérmela de nuevo? Ya me he lavado los pies, )cómo volver a mancharlos?+ (5,2-3) Conviene también advertir que la magnífica declaración de amor que constituye el momento culminante del libro se nos presenta precisamente en boca de la mujer: Ponme como sello en tu corazón, como un sello en tu brazo. Que es fuerte el Amor como la Muerte, implacable como el Seol la Pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llamarada de Yah(vé). No pueden los torrentes apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera su patrimonio a cambio de amor, quedaría cubierto de baldón (8,6-7) En un momento en que a la mujer le era negada la palabra en público, que acercarse a Dios era un privilegio masculino, encontramos esta magnífica declaración de amor en sus labios. Se emplea el estilo conciso y vivo propio del mashal en la literatura sapiencial. La amada pide convertirse en sello, algo muy personal. El elemento fuego es un elemento teofánico, clásico en la literatura bíblica, para hablar de la experiencia de Dios. No es un fuego cualquiera, es un fuego que no pueden apagar ni los ríos ni los torrentes. Los poderes del mal personificados en el Sheol y la Muerte luchan con el Amor y la Pasión, atributos de Dios. La expresión Saetas de fuego, sus saetas, una llamarada de Yah(vé) viene a ser como una abertura al Trascendente. El triunfo del amor sobre las aguas y ríos caudalosos nos remite a la Creación en sus orígenes. Se nos habla de la relación amorosa como fuerza creadora que exige un vínculo inquebrantable de compromiso mutuo. Un amor así llena el cosmos, desciende hasta el abismo y rompe su dominio, elevándose como una llama hasta Yahvé. Se nos presenta al final porque sólo después de un largo proceso se puede hablar de lo que se conoce a partir de la experiencia. No podemos olvidar que el conocer bíblico es plenamente experiencial.
  • 11. 11 6. UN LIBRO SORPRENDENTE POR SU ELEVADO CONCEPTO DEL AMOR HUMANO, VERDADERA CLAVE INTERPRETATIVA DEL TEXTO Basta una simple observación para descubrir en el Cantar una obra profundamente humana, tan humana que ha llegado a ser clave de lectura para hablar de la relación de Dios con su pueblo. Con razón rabbí Akiba, (H 135 dC), decía a propósito de este libro: AQue nadie en Israel ponga en discusión que el Cantar de los Cantares no vuelve impuras las manos, ya que el mundo entero no es digno del día en que fue dado a Israel el Cantar de los Cantares, ya que todos los hagiógrafos40 son santos, pero el Cantar de los Cantares es santísimo@41 . Y llama la atención, precisamente, el hecho de que se diga de un libro en el que el nombre de Dios sólo sale una vez y aún en forma apocopada: Saetas de fuego, sus saetas, una llamarada de Yah(vé) (8,6). Tal vez el sentido más profundo del Cantar de los Cantares, en esta etapa de la historia de Israel, consiste en rechazar la sacralización del sexo tal como se ejercía en los cultos de la fertilidad que practicaban los pueblos vecinos. Según la fe yahvista el hombre no entra, a través de la relación sexual, en el mundo mítico de la divinidad como en los ritos paganos de la prostitución sagrada, sino que cumple un precepto divino. Por tanto, se deja bien clara la realidad de la trascendencia divina, la radical distinción entre Creador y criatura pero hay que añadir que si bien repugna a la fe bíblica la sacralización del sexo, no es menor el rechazo de todas aquellas corrientes, judías o helenísticas, que supongan una devaluación del mismo. Tal y como se ha insinuado anteriormente, el Cantar de los Cantares está en plena consonancia con la teología de la creación. Si en los primeros capítulos del Génesis se nos muestra la relación matrimonial como obra maestra de la creación, en el Cantar el acento recae en el amor que es la savia de toda relación de pareja. Si en el capítulo segundo del Génesis se nos habla de la atracción sexual, en el Cantar dicha atracción se ve enaltecida, celebrada, al revelarse como un sólido pilar en la relación matrimonial. El deseo les empuja el uno al otro, deseo que es a la vez promesa de un encuentro y de una comunión. La reciprocidad de lo masculino y lo femenino recuerda que ninguno de los dos es autosuficiente, sino que ambos permanecen abiertos a la trascendencia que posibilita el encuentro mutuo. Desde esta óptica se puede afirmar que el amor es un placer al mismo tiempo que una misión. Es el placer de reencontrarse a sí mismo a través del encuentro con el otro, pero es también una misión sin la cual el amor podría no ser otra cosa que un encuentro momentáneo de dos vidas que convergen un instante para resultar de nuevo divergentes. Con todo, no podemos concebir esta empresa como el sacrificio de la propia personalidad en aras de la otra persona; al contrario, es una donación, donde la veracidad, la intuición, la ternura y la imaginación llevan a un compartir diario que va forjando unos lazos que jamás pueden convertirse en yugo. Y este proceso gradual es el que vemos reflejado en la obra: se empieza cantando los deleites de los sentidos, se pasa por el dolor de la ausencia, aquel agridulce sentimiento que acompaña la búsqueda del ser amado y se acaba con aquella palabras tan sublimes, verdadera cumbre del amor y de la ternura: Ponme como sello en tu corazón, como un sello en tu brazo. 40 Literalmente: ketubim >escritos=. 41 Yadayim, 3,42-43.
  • 12. 12 Que es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el Sheol la pasión.(8,6) Conviene tener presente que el corazón, en las coordenadas de la antropología semita, es el centro de la vida humana, psíquica, intelectual, moral y espiritual; la sede de todo sentimiento, de todo pensamiento, de toda reflexión y de toda ilusión. Es el epicentro donde se vive el gozo y el dolor, la ansiedad y el miedo, la pasión y la esperanza, con toda su fuerza de elemento determinante de la persona. En este contexto, el pensamiento es sentido, vivido; de aquí que la sede del pensamiento sea el corazón, porque no es algo frío, aséptico ni distante, sino que es algo pasado por el tamiz de la experiencia. Por eso es en el corazón donde se forjan los compromisos42 . Sólo a partir de aquí hay plena coherencia e integración entre lo que uno piensa, lo que siente, lo que vive y lo que expresa. Ahora, al final del proceso se da una gran unificación, una plena integración entre el pensamiento, el afecto y la conducta; y el corazón es el elemento integrador. Pero el Cantar acaba con una expresión sorprendente, incluso aparentemente desconcertante: (Huye, amado mío, imita a una gacela o a un joven cervatillo, por los montes perfumados! (8,14) Este final pone de relieve este proceso que se da en la relación interpersonal. En el amor no hay punto final, sólo punto y seguido. Siempre es una vuelta a empezar. Ese dinamismo está llamado a recrearse cada día. Todo este entramado de expresiones de amor mutuo, promesas de fidelidad, sueños y descripciones del encanto y belleza del ser querido, han servido a Israel para expresar su visión optimista de la creación y del mundo. Ignorar esta realidad es hacer un desprecio al Creador que se complació en su obra. Vemos por tanto que el Cantar de los Cantares está en consonancia no sólo con la teología de la creación presente en el libro del Génesis, sino también con el mensaje de los profetas. Tanto Oseas como Jeremías y Ezequiel hablaron de la relación entre Dios y su pueblo en clave de amor esponsal, amor que se convierte en símbolo del deseo de Dios de estar con su pueblo. Conviene señalar en este caso, que el mensaje profético presenta una gran divergencia con el Cantar de los Cantares. Según los profetas, Dios no encuentra en su pueblo la correspondencia que podemos apreciar en el Cantar. Por esta razón, el amor de Dios se presenta como algo plenamente gratuito porque ama no en proporción a la fidelidad de la persona amada sino según la amplitud y la profundidad de un corazón infinito, un amor que no se puede merecer, que sólo se puede acoger con corazón agradecido. Muchos años más tarde, Juan escribirá: A el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios porque Dios es Amor@43 . El amor humano ?si es amor? sólo puede ser noble, jamás utilitario. Cualquier sublimación puede llegar a desvirtuar el profundo sentido que le da la antropología bíblica. Si la persona humana está hecha a imagen de Dios y Dios es amor, será el amor el gran elemento definidor de la persona. En definitiva, el amor humano es signo del amor de Dios. Y ese amor de Dios, más fuerte que la infidelidad, amor que ama sin ser correspondido, amor cien por cien gratuito, es el amor que hace posible amar y dar una respuesta en el amor. 42 Jesús en el evangelio lo dejará bien claro. Cf. Mt 13,18-23; 15,15-20; 22,34-40; 24,45-51; Mc 12,28-34; 16,14- 18; Lc 1,51; 2,15-20; 6,43-45; 8,11-15; 9,46-48; 12,33-34; 24,25.32.38; Jn 13,2; 14,1.27; 16,22. 43 1Jn 4,7b-8.

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