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(217)long ‘pulcronomia’ (217)long ‘pulcronomia’ Document Transcript

  • 1 ‘PULCRONOMIA’: LA ECONOMIA DE LA BELLEZA. Manfred Nolte La temporada veraniega invita al comentario frívolo. El que sigue puede ser uno de ellos. La belleza no es un bien ilimitado. Al contrario, en todas sus formas y manifestaciones, en el mundo de las ideas, y en particular en el aspecto físico de las personas, la belleza es un bien escaso. Por eso es además un bien económico. Un bien económico preciado y diferencial. La belleza puede tratarse no ya desde la perspectiva de la poesía o de la historia del arte sino como un tópico de enjundia y consecuencias relevantes en el orden económico y social. En la sociedad de mercado la belleza física tiene un valor de consumo. Daniel Hamermesh, economista y catedrático en la Universidad de Texas ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de la belleza y a como esta afecta al empleo y a su retribución. En su libro ‘La belleza paga: ¿por qué la gente atractiva tiene más éxito?’(Princeton University Press, 2011)realiza una vasta
  • 2 presentación de datos y conclusiones sobre el tema recopiladas a lo largo de muchos años. La tesis central de Hamermesh que da título a su libro no sorprenderá a nadie. Pero, ¿por qué las personas atractivas tienen mayor éxito? La raíz ultima de esa tesis se hunde en la evidencia de que la belleza es escasa y valiosa. Por eso se cultiva para mejorarla o en su caso mantenerla. De siempre el ser humano ha estado obsesionado por la belleza, sea una niña de seis años que emula los atuendos de su muñeca, el adolescente con el corte de pelo de moda, el varón maduro que afina con la ropa y complementos de marca. También los más mayores dedican tiempo y dinero a camuflar sus canas o a trasplantes capilares y todos sienten aprecio por el ‘shopping’, en casa o en el viaje de placer. No existe límite de edad para la vanidad y sus dictados cuestan dinero al tiempo que mueven sumas ingentes en la rueda diaria de la economía. Miles de millones de dólares en la industria de la moda, de la cosmética, de la nutrición con sus milagrosas dietas adelgazantes o de la cirugía plástica o reparadora son la respuesta inmediata del mercado a la preocupación por nuestro ‘look’ y nuestra entrega consciente o inconsciente a la fascinante dimensión estética de nuestras vidas. Pero más allá de la incidencia del factor belleza en el agregado productivo surge una importante derivada en los efectos distributivos de la hermosura humana. La mera estética física que los expertos sitúan en una especificidad simétrica. Hammermesh comenta diversas encuestas realizadas en Estados Unidos en los que se constataba que la discriminación basada en el ‘look’ o apariencia externa era mayor que la derivada de motivos étnicos o de nacionalidad. Más aun. Los mercados de trabajo de una amplia gama de sectores productivos generan una prima positiva de remuneración para las personas de apariencia excelente y una penalización para los de presencia pobre o deficiente. Según el catedrático americano los estudios realizados desde mediados de los 90 del siglo pasado en relación a las citadas primas y penalizaciones sobre el ‘look’ o apariencia en el lugar de trabajo son concluyentes. En Estados Unidos los hombres más atractivos ganan un 4% más que el varón de aspecto estándar con educación y experiencia similares (8% en el caso de las mujeres) y los más desagraciados perciben un 30% menos. A salarios medios de 20 dólares la hora, a lo largo de una carrera profesional un trabajador agraciado de Estados Unidos percibe 230.000 dólares más que el normal. Obviamente si aplicamos la hora de salario de un banquero de inversión las cifras se dispararán y las cifras varían según la segmentación por deciles y sexos. Pero, ¿por qué paga la belleza? ¿Es la belleza socialmente productiva? Hammermesh avala con condiciones una respuesta afirmativa. Está claro que clientes, agentes contratantes y compañeros de trabajo están dispuestos a diferenciar a la gente más atractiva.¿Está correlacionada la belleza con otras características productivas como la inteligencia, la salud o la personalidad? No parece. ¿Por qué, entonces, importa la belleza? Porque los trabajadores atractivos atraen o consolidan el negocio para el que trabajan. Que haya que remunerar o no este factor diferencial, y si ello es bueno para la sociedad es harina de otro costal.
  • 3 Por lo demás parece importante acotar las actitudes societarias en relación con la belleza y determinar si nos hallamos ante algún tipo de injusticia y en su caso poner medidas para remediarlo. Hammermesh no está seguro y anticipa que podría estudiarse la protección legal de los físicamente desfavorecidos como se hace con las minorías raciales, étnicas o religiosas, con la mujer o con los minusválidos. De hecho ya existen en algunos países normativas que previenen la discriminación humana por razón estética. A estas alturas de la lectura probablemente todos estaremos deseando replicar las tesis del señor Hammermesh desde la plataforma del sentido común: que concedemos a la tenacidad, la confianza y sobre todo a la inteligencia un atractivo tan prioritario que a su lado la belleza no puede sino palidecer como título de valor. El mismo Hamermesh termina el libro con una nota conciliadora señalando que la fealdad “no es una desventaja crucial cuya carga deba abrumar nuestro espíritu”. Dicho de otra manera: el ‘look’ es solo un factor de éxito sin resultar determinante ni ser el primero y principal. Los guapos y guapas tienen una ligera ventaja sobre el resto de nosotros, pero hay muchas otras vías de alcanzarlos e incluso de adelantarlos en lo personal y también en la carrera de la eficiencia económica.