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(212)long c.inclusivo (212)long c.inclusivo Document Transcript

  • 1 Capitalismo inclusivo. Manfred Nolte Los apóstoles del capitalismo, sistema al que cabe atribuir méritos indiscutibles en el progreso y bienestar de los pueblos en los últimos cien años, alardeaban hasta fecha bien reciente de su credo fundamentalista. Lo hacían con naturalidad y sin recato, como quien posee por don revelado la fórmula del bien opuesta a la receta del mal. La información que proporciona el sistema de precios es óptima, la asignación de los recursos realizada por un sistema de oferta y demanda no admite parangón, la información de los intervinientes es la correcta y promueve conductas eficientes y basta con que ‘Papá Estado’ mantenga alejadas sus torpes zarpas paternalistas para que en el recinto del mercado se genere de forma armoniosa y suficiente el producto que precisa diariamente para su sustento la sociedad. Estas posiciones se matizan desde la banda moderada que, adhiriéndose a las virtudes del sistema, se somete a la evidente necesidad de una enérgica intervención estatal, hasta el polo puesto, donde los libertarios abogaban por una economía en la que la competencia pública debiera restringirse en exclusiva a las funciones de defensa, administración de la justicia y poco más. Sanidad, Educación y Protección social debieran, según este ala ultraliberal, ser abordados por la iniciativa privada y cualquier subida de impuestos constituiría una injerencia despótica. En Estados Unidos, en particular, aceptar que el capitalismo no es bueno para todos es una píldora difícil de tragar para el ‘establishment’ plutócrata. Ser rico significa ser eficaz y la acumulación de riqueza resulta una virtud cívica. Hijos de la meritocracia se consideran ‘hechos a sí mismos’ (‘self-made’) y gozan –en particular en Silicon Valley- del aprecio
  • 2 general. 1 Pero desde las propias filas libertarias se empieza a aceptar la evidencia de que el capitalismo no funciona adecuadamente para las clases medias y que funciona mal o muy al para las más despojadas. Y se interrogan, en consecuencia, acerca de las medidas a adoptar. Entiéndase bien. No hablamos de los críticos radicales ni de los movimientos antisistema. Tampoco de la posición jurídica de Naciones Unidas. Ni siquiera de la doctrina que en materia social ha defendido desde hace una centuria la Sociedad eclesial cristiana rejuvenecida desde meses atrás con el mensaje purificador de su Líder Francisco. Hablamos desde dentro del sistema mismo, desde la aparente conciencia de sus mayores beneficiarios y en casos especiales de sus propulsores institucionales, como es el caso del Fondo Monetario Internacional. Teóricos adscritos al discurso neoliberal, en particular de la escuela austriaca, y los grandes plutócratas beneficiarios navegaron al unísono desde los años 70 del siglo pasado tejiendo un entorno de desregulación. El rasgo más sobresaliente de los últimos 25 años es la globalización. Una globalización avivada en el fuego de la revolución digital que ha creado una economía más integrada que nunca pero con tremendas asimetrías. Las mercancías y sobre todo los capitales han traspasado fronteras sin activar a su estela la libre circulación de los trabajadores. Y la pretendida integración de la renta y la riqueza ha mostrado discrepancias acumulativas y escandalosas. El consumo de los 1200 millones más desfavorecidos del planeta se cifra en el 1% del total mientras que los 1000 millones más desarrollados acumulan el 72%. Las 85 mayores fortunas del planeta acumulan idéntica fortuna que los 3.500 millones de ciudadanos de menor renta. Una de cada 8 personas de nuestro planeta se acuesta con hambre cada noche mientras se censan 1.400 millones de obesos. Lo que resulta novedoso es que hoy, 30 años más tarde, en algunos santuarios de los plutócratas se producen discursos que resultarían familiares en los movimientos antisistema y que encajarían perfectamente en los mítines del Foro Social Mundial, en Zuccotti Park, San Pablo en Londres o Puerta del Sol. Billonarios como Georges Soros o Warren Buffet, se describen a sí mismos como ‘traidores de clase’ y han instando al Gobierno a subir los impuestos de los super-ricos. Cristina Lagarde da vuelta a la chaqueta institucional del FMI con un nuevo ‘empoderamiento’ en su reciente discurso en la London School of Economics o en su intervención central en un sorprendente evento celebrado en Londres a finales de Mayo, en un seminario titulado ‘Capitalismo inclusivo’. Este último ha congregado a inversores internacionales que controlan 30 billones de dólares en activos, un tercio del global planetario. Un escrito de convocatoria del asombroso acto pretende según sus anfitriones discutir “la amenaza del capitalismo sobre el capitalismo”.2 1 En 1982, el 40% de los incluidos en Forbes 400 eran hombres hechos a si mismos, lo que significa que poseían su riqueza como consecuencia de los negocios creados y no a causa de herencias, según las investigaciones de los profesores Steven Kaplan and Joshua Rauh. En 2011, el porcentaje de ricos hechos a sí mismos ascendía al 69%. 2 http://www.project-syndicate.org/commentary/paul-polman-and-lynn-forester-de- rothschild-call-on-companies-and-governments-to-unite-in-the-search-for-an-inclusive-and- sustainable-economy
  • 3 Aunque la mano de mercado ha guiado a la economía mundial a una prosperidad sin precedentes, en la convocatoria citada se señalan crecientes disfuncionalidades del modelo que contribuyen a aumentar las disparidades entre pobres y ricos al tiempo que muestran un desprecio intolerable hacia el capital medioambiental. De no controlarse estos costes el apoyo al capitalismo puede ahuyentarse hasta desaparecer alejando la esperanza del crecimiento y la prosperidad. Los líderes del acto reconocen que “es momento de considerar un capitalismo consciente, un capitalismo moral, un capitalismo inclusivo”. En el suntuoso acto londinense, la directora del FMI, Cristina Lagarde se refirió3 a la premonición de Marx de que el capitalismo porta la semilla de su autodestrucción y citó al Papa Francisco en su alusión a la desigualdad creciente como la raíz del mal social. Abogó por una fiscalidad más progresiva y recordó que recientes estudios del Instituto4 que dirige habían desmontado el discurso de los perjuicios asociados a las políticas redistributivas y que son justamente las desigualdades injustas y excesivas las que han probado ser económicamente ineficientes. Efectivamente, como ha señalado Marc Thoma5 la economía no nos dice cual debería ser la distribución de la renta. Ello implica un juicio de valor y los juicios pueden discrepar acerca de lo que es justo y equitativo. Pero la economía puede predecir las consecuencias de la redistribución y las evidencias apuntan a que una modesta redistribución acelera el crecimiento. En su consecuencia, los Gobiernos y las Instituciones Multilaterales deben apropiarse de este discurso y traducirlo a la práctica. Ya. Como nos recuerda Mahatma Gandhi: “El futuro depende de lo que hagamos hoy”. 16.06.14. 3 http://www.imf.org/external/spanish/np/speeches/2014/052714s.htm 4 http://www.imf.org/external/pubs/ft/sdn/2014/sdn1402.pdf 5 http://www.cbsnews.com/news/why-income-redistribution-doesnt-hurt-growth/