(197)long la cumbre de bilbao

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(197)long la cumbre de bilbao

  1. 1. La Cumbre de Bilbao. Manfred Nolte Cuando clareen las calles en Bilbao, hoy lunes 3 de marzo, faltarán unas pocas horas para la inauguración en nuestro bilbainísimo Guggenheim del que será, valorando el peso específico de sus ponentes, uno de los foros más importantes celebrados en nuestra villa en todos los tiempos. Una nutrida representación de la elite empresarial española acompañará a los máximos interpretes del gobierno central, de la política económica comunitaria, de la OCDE, y del Fondo Monetario Internacional. El Rey y nuestras autoridades autonómicas precedidos por el irrepetible Iñaki Azkuna serán los encargados de prologar un acto organizado por ICEX y el Club de exportadores. Todo ello constituye un privilegio y un honor para nuestra ciudad que durante unas horas gozará de la centralidad informativa internacional. La jornada lleva por título: ‘España, de la estabilidad al crecimiento’. Un vistazo al programa revela que lo más importante será escuchar de primera mano lo que dicen y esperan aquellas Instituciones supranacionales que, en buena medida, tutelan la maniobrabilidad de nuestra economía ante el decisivo reto de consolidar el fin de la recesión y resarcirse de los estragos acumulados en la crisis. En un mundo plural y democrático, una confluencia empresarial e institucional del calibre descrito se presta a ser blanco obligado de quejas y reivindicaciones. 1
  2. 2. Guardando las formas todo contribuye a ensanchar la fotografía de una realidad compleja y muchas veces discutible. En esa línea se han registrado en días pasados diversas reacciones. Desde el ninguneo del acto aludiendo a su oportunismo partidista hasta las habituales movilizaciones de protesta por parte de organizaciones sindicales y foros diversos de las sociedad civil, sin que hayan faltado manifiestos procedentes del ámbito universitario o comunicados como el de la Iglesia diocesana local. Todas ellas comparecen con desigual fortuna interpretativa de la realidad a la que aluden y en cualquier caso sin alternativas explícitas que la mejoren. En la última de las iniciativas citadas se apunta a las Instituciones internacionales –la ‘Troika’- como las causantes directas, a través de sus políticas económicas, del paro, pobreza, exclusión social y recortes en derechos sociales para millones de personas en España y en Europa. 2
  3. 3. Aunque todo lo anterior constituye una legitima reacción a los graves problemas que nos aquejan y en la mayoría de los casos estén sustentados por la buena fe y un encomiable sentido de la justicia y la solidaridad, la acusación básica a la Troika es discutible en lo conceptual y desde luego es injusta atendiendo al principio de reciprocidad. Es altamente discutible, en efecto, que las políticas dictadas por Bruselas , generalmente identificadas con los recortes y la austeridad sean los causantes de los males que aquejan a la economía española. A estas alturas del debate debe reconocerse que hasta el FMI ha puesto de relieve, sin rebajar el principio general del imprescindible equilibrio presupuestario, que el ritmo del ajuste debe adecuarse a las posibilidades de cada economía para no matarla por asfixia. Y así lo ha secundado la Comisión que ha rebajado el calendario del ajuste español en dos ocasiones consecutivas, tolerará previsiblemente sin sanciones el incumplimiento del 6,5% de déficit en 2013, y con la misma previsibilidad lo hará en 2015 donde el déficit vuelve a estimarse en el 6,5% del PIB. Lo que no es discutible en absoluto es que cada uno de estos déficits anuales se están cubriendo con nuevas emisiones de deuda y que el exorbitado nivel de esta última auspicia un nuevo cataclismo en nuestros mercados exteriores. Son nuestra incapacidad productiva relativa, una estructura de oferta sin afinar, un stock cultural y de conocimiento pobres, además de una fiscalidad irracional y unas bolsas de fraude inaceptables las que conducen al país a un déficit crónico que carece de salida y no los recordatorios del Bruselas para adaptarnos a la legalidad recogida en los pactos de estabilidad comunitarios. (Traducción: No sois bienvenidos) Y es injusto el juicio a la simple vista de cifras y decisiones. En efecto, desde la entrada en vigor del tratado de adhesión en 1986 hasta el 2011, España se ha beneficiado de ayudas que superan los 135.000 millones de euros en forma de fondos estructurales y fondos de cohesión a los que hay que sumar una importante lista de subvenciones sectoriales, contribuyendo en más de un 0,6% al crecimiento medio anual del PIB durante el referido periodo, y al correspondiente sostenimiento de cientos de miles de empleos. Estos fondos han favorecido la convergencia de la economía española con sus socios más prósperos pasando de una renta per cápita 1986 equivalente al 75% de la 3
  4. 4. Comunidad europea al 89% de la Unión europea en 1990 y al 102,9 en 2007, aunque la crisis haya supuesto después un retroceso. Aparte de la liquidez ilimitada en las subastas ordinarias, en diciembre de 2011 y enero de 2012, la pertenencia al euro permitió a los bancos españoles disponer de 400.000 millones de euros de otra Institución europea, el Banco Central Europeo, a 3 años al 1% evitando que nuestro sistema financiero saltara por los aires. La misma institución atajaría meses después el episodio más severo de nuestra refinanciación de deuda soberana –la prima de riesgo alcanzó los 649 puntos básicos- amenazando a los mercados con una intervención incondicional que posteriormente se concretaría en el llamado programa ‘OMT’ de compra de bonos en los mercados secundarios. El último gesto de Bruselas ha consistido en una línea de crédito para rescatar al sistema financiero a 15 años y a un tipo del 0,5 por ciento. No está mal. La crisis no ha hecho sino revelar una situación estructural insostenible de la economía española. España tiene que encarar sus propias responsabilidades en términos de consolidación fiscal y reformas estructurales. No podemos edificar el futuro acumulando más deuda sobre las espaldas de generaciones venideras y el ajuste en la oferta de hoy es la capacidad de producir del mañana. Esta justa condicionalidad impuesta por la vigente normativa europea, solo puede beneficiarnos a nosotros mismos en el medio plazo, recuperando la competitividad perdida y ofreciendo-como ya empieza a ser el caso- un entorno favorable para acoger inversiones que generen crecimiento y empleo. 4

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