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    (182)expediente a alemania (182)expediente a alemania Document Transcript

    • ¿HAY QUE EXPEDIENTAR A ALEMANIA? Manfred Nolte El pasado miércoles 13 de noviembre, la Comisión Europeainiciaba su cuarto „Semestre europeo‟.Esta rigurosa rutina procede de las normas comunitarias recogidas en el „Paquete de seis medidas‟ („Six Pack‟), el Paquete sobre supervisión presupuestaria („Two Pack‟) y el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza.Se trata de un sistema integrado que asegura la existencia de normas más claras, una mejor coordinación de las políticas nacionales a lo largo del año, un seguimiento regular y una mayor celeridad en la imposición de sanciones por inaplicación de las reglas. El ciclo arranca cada año en el mes de noviembre con el Estudio de las prioridades económicas generales para la UE, que presenta a los Estados miembros directrices de intervención para el año siguiente y un informe preliminar de los desequilibrios percibidos en los países miembros. A través de distintos hitos interactivos en los meses siguientes, finalmente, en el mes de mayo, la Comisión publica las recomendaciones finales –de obvia naturaleza vinculante- que son refrendadas en Junio por el Consejo Europeo. El acto de presentación y lanzamiento del „Semestre europeo‟ y en particular su „Informe sobre mecanismos de alerta‟, venía precedidoesta vez de un alto grado de expectación ya que junto a las habituales alusiones a los países que presentan de forma reiteradadesequilibrios macroeconómicos en el sentido mas obvio y peyorativo de la expresión, -entre los que se encuentra España-se anticipaba un cuestionamiento enérgico de determinadas posiciones macroeconómicas mantenidas por Alemania, en particular su recurrente y estructural superávit de Balanza de Pagos. Algo que, hasta la fecha, constituía la enseña más sagrada del liderato económico teutónpodía ser catalogado,sentandoun precedente realmente histórico, de „desequilibrio económico‟ e iba a someterse a un análisis minucioso cuyo eventual veredicto podía bien consistir en una conminación al gigante 1
    • centroeuropeoparamodificar su modelo de crecimiento orientado a la exportación y colaborarmás estrechamente con otros países europeos deficitarios. Llueve sobre mojado porque a la hora de destapar la caja de los nuevos ruidos comunitarios aún no se han acallado los que , con análogo contenido, tenían su procedencia del otro lado del Atlántico. A primeros de noviembre y rompiendo con todos los precedentes, el informe semestral entregado por el Tesoro americano al Congreso en relación a las „Políticas económicas internacionales y de tipo de cambio‟ acusaba explícitamente a Alemania por sus reiterados superávits por cuenta corriente, con la consecuencia de “un sesgo deflacionario para la Eurozona así como para la economía mundial”. En una valoración meramente subjetiva la respuesta del ministro de finanzas alemán de que dicho déficit “no es ninguna causa de preocupación” no parece convencer a los estudiosos del tema, que comparten mayoritariamente el punto de vista del tesoro americano. Pues bien, la identificación formal de Alemania como agente potencial de un desequilibrio económico, por parte de la Comisión Europea (COM2013_790Final), suscita algún comentario en relación a la idoneidad y alcance de la misma. Conviene comenzar recordando que aunque Alemania rebasa cuatro de los 11 indicadores que señalan la existencia de un desequilibrio macroeconómico potencialmente peligroso (cuota de exportación mundial, tipo de cambio real, deuda pública superior al 80% del PIB, y un superávit superior al 6% de media durante tres años seguidos), solamente este último parámetro ha disparado la atención de la comunidad internacional y de forma un tanto desganada el de la propia Comisión. La falta de convicción del Organismo bruselense obedece en parte, como ha reconocido el propio Durao Barroso, a que es discutible que un elevado superávit de balanza de pagos sea realmente un desequilibrio y menos aun que lo sea en detrimento o a costa de otros países de la zona, ya que el repetido superávit germano no se produce ni con los países de la eurozona ni con la unión europea en su conjunto. Una cosa es estudiar la situación producida por Alemania y otra muy distinta el cuestionarse la competitividad alemana que no es ningún pasivo para la región sino uno de sus mayores activos. El verdadero problema radica en que otros países Europeos, -todos los países europeos -, se encuentra alejados, poco o mucho, de los estándares de competitividad alemana. El salto mental se produce cuando una mayoría de opinión aparca la idoneidad técnica y alude a Eurozona o Unión Europea como ámbitos de solidaridad, como clubes privados que aspiran a un trato y acomodo igualitario, e invocan la posibilidad de que la gran locomotora económica europea podría jugar voluntariamente un papel más activo en la redistribución de la renta europea. Es cierto que la poderosa economía alemana se basa en un modelo de contención de costes, ligero superávit público, una inversión y consumo internos moderados y una exportación agresiva basada en la competitividad que le otorgan sus factores de producción. Alemania genera más ahorro que inversión domestica y a su ahorro se dirige al resto del mundo, exportando 2
    • capital y acumulando activos extranjeros. Una reforma drástica de los servicios internos, acompañada de un plan de inversiones públicas, elevación del salario mínimo e introducción de otros estímulos al consumo y a la inversión privada como la reducción de impuestos y de contribuciones sociales , cambiaría – al menos sobre el papel- el modelo vigente hacia otro volcado en la demanda interna, cuya capacidad de compra, al verse incrementada, resultaría en mayores importaciones del resto de socios europeos –sus exportaciones- al tiempo que el superávit de su balanza se contendría. Pero aunque todo lo anterior se abona bien „sobre el papel‟, la realidad puede ser muy distinta,e incluso decepcionante. Una mayor demanda interna alemana puede afectar beneficiosamente a la exportación de los países deudores y deficitarios –entre los que se incluye España- siempre y cuando los productos y servicios objeto de la exportación de estos últimos tengan la suficiente relación calidad-precio como para ser competitivos y ganarse la confianza del comprador alemán. En caso contrario la mayor demanda interna alemana se satisfaría con otros países de otras áreas económicas sin aportar beneficios alguno a los periféricos europeos, desmontando de paso la lógica de las feroces críticas dirigidas al gigante teutón. Lo que devuelve la pelota una vez más al tejado de nuestra cruda realidad que consiste en proseguir con aquel invariable talante de ajuste, congruente con el logro de unas reformas estructurales que hagan de España un país competitivo en el escenario europeo y global. . 3