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Geoarte relatos y poemas (2)
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Geoarte relatos y poemas (2)

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  • 1. 1
  • 2. 2
  • 3. 3
  • 4. El proceso del GeoarteEl Geoarte es un estilo de pintura en el que vengo trabajando en la últimadécada y que gracias a estas líneas se expande a otros campos como poesía yliteratura, y que verá la luz en una exposición en la que se darán la mano variasartes. Nace de la pura experimentación y del más simple sentido del juego con elcolor y la forma. Pero también de la búsqueda y el desarrollo personal.Huye pues de catalogaciones, serializaciones o etiquetas y porlo tanto del mercadeo barato imperante hoy en el arte, donde se confunde elvalor y el precio, de las ideas y de la cultura.La definición más formal del Geoarte, son imágenes del planeta que parten delos satélites, y a partir de esta referencia trabajo sobre ellas, o lasinterpreto pictóricamente de forma directa, o me inspiro en ellas para crear unaobra completamente autónoma. También me sirven para compararlas con 4
  • 5. imágenes de suelos, texturas o formas biológicas, creando así un diálogoenriquecedor entre lo micro y lo macro. Es por tanto un arte que se inspira enuna fotografía, pero que no le debe nada a ella, sino que lo trasciende, es solouna herramienta mas en un largo proceso.Las pinturas nos llegan con una primera apariencia de abstracción, perosiguiendo el ejemplo de Perez Aguilera, una mirada mas detallada, nos desvelaque no se pierde la referencia de la realidad.El Geoarte es una pintura filosóficamente y psicológicamente espiritual eideológicamente conservacionista. Es algo mágico, mítico y profundo, es algoque se puede tocar, es orgánico y es natural, pero al mismo tiempo es simbólico,es parte de nosotros, o nosotros somos parte de ello.Al mismo tiempo la serie Geoarte que es un goce para la vista, tiene además unmensaje profundo conservacionista y ecologista.Es un estilo sin más pretensión intelectual que la de colocar a la tierra en elcentro de todo el mensaje humano, y que tiene como mayor exponente la obra 5
  • 6. del planeta tierra al completo, la esfera del planeta plasmada sobre un metropor un metro. Esta plasmación ha implicado un sentimiento de búsqueda perotambién un juego de intuiciones y razones. Tanto los tipos de pinturas usados,acrílicos liquidos, espátulas, geles y texturas, como los soportes, madera por unlado y por otro, carton pluma sobre vinilo, buscan extraer las mejorescualidades del acrílico líquido. He querido que cada medio represente y secomporte de forma artificial de la misma forma que lo haría en el medio natural.Es decir, los mares, ríos y lagos están representados con acrílico liquido, que seha ido mezclando de forma natural, esto es con pocas ayudas de pinceles y otrotipo de herramientas. La tierra está representada con adición de algunas arenas,o geles que la simulan y las nubes y otros elementos gaseosos, pintadas conaerógrafo. Es decir, el agua con agua, la tierra con tierra y el aire con aire.En fotografía, el Geoarte son fotocomposiciones asistidas por ordenador quebuscan una fusión entre el hombre y la naturaleza. El ejemplo más claro es la 6
  • 7. mano cuyas venas se han convertido en las bocas del rio Missisipi. Las fotografías acompañan en la exposición a las pinturas para enriquecerlas. Y por último está la palabra, la poesía y la literatura. Los geoversos están hechos sobre un mapa, pero también sobre una persona. Detrás de cada poema hay una persona, a la que se retrata en el poema, siendo además, el paisaje, lageografía del país donde nace, protagonista del hecho creativo. Siempre hay unareferencia concreta de la que se parte, por tomemos como ejemplo “MiradaDelta” dedicada a una persona nacida en Venezuela, y que versa sobre el RíoOrinoco con muy claras referencias a lugares concretos del planeta y del mapa,pero también a rasgos concretos de una personalidad de una persona.Por último los relatos breves son fruto de otro largo proceso, de casi una década.Historias de personas y lugares, repartidos por la geografía mundial, a modo decuentos del planeta, que bucean en las culturas, ritos, o asuntos menosconocidos, y en épocas remotas y presentes que tiene en común la búsqueda dela sabiduría ancestral, la que siempre ha estado más en contacto con el planeta,con la naturaleza y con los elementos. 7
  • 8. Todos somos el todoTodos los protagonistas de los relatos nos vienen a decir lo mismo, son distintasformas de decir lo mismo. Que cada uno de nosotros está, estará o ha estadoaquí para sentir lo mismo, que no somos tan distintos y que el egoismo malentendido no conduce a nada.Celebra la conexión misteriosa y el tiempo sencilla de unos con otros que aunconservan las culturas antiguas, pero que nosotros hemos perdido.La conciencia de que nuestro camino pasa por lugares comunes. La búsqueda dela verdad, como una misteriosa pero profunda convicción de lo ineludible. Unacerteza que nos conduce a nuestro completo desarrollo como seres humanos enel más pleno sentido de la palabra.Una necesidad de ir más allá del accidental teatro artificial de plástico que senos ofrece cada día. Un anhelo de quitarnos de los ojos ese velo, esa venda paraolvidar lo accesorio, buscar lo más profundo en los otros, en los paisajes, entre 8
  • 9. las piedras.Una pequeña rebelión individual buscando la alegría de lo cotidiano,alejándonos de forma natural de la intransigencia, las consignas y losdogmas, y contemplándolo todo desde una perspectiva aéreas. Tomandoelementos de todas las tradiciones y culturas. Moldeando con mirada dealfarero, una nueva percepción de la realidad.Los personajes de estos relatos se desatan suavemente –pero con unaconvicción inquebrantable- de su destino, para buscar la belleza, la felicidad y lapaz, por encima de las ciudades, de los países, de las épocas, de los reyes, de lasideologías, de las lenguas y las monedas.También buscan entablar una conversación íntima con la dama negra, la que notiene nombre, o es el mismo en cada rincón.Una dama que sobrevuela estas letras igual que nuestras vidas, y a la que hayque hablarle de vez en cuando para que no se nos olvide que existe, y cuandollegue la veamos como a una vieja amiga, y nos perdamos en la brumacharlando con ella amenamente sobre lo divino y lo humano.Si cuando leas alguno de estos relatos, alguien te propone una nueva forma deabrazar el mundo, y la aceptas, éstas letras habrán cumplido sobradamente sucometido.Una lúcida anciana me recomendó en una ocasión sin titubear: leer mucho,viajar mucho y conversar mucho, pues esas son las claves para mantener unamente ejercitada al final de tu vida. A ello me entrego cuando puedo en cadapalabra, en cada letra, en cada suspiro, esperando que el destino me regalenuevas formas de abrazar al mundo. Sabiendo que cada uno de nosotros tienesu propia forma de abrazarlo. 9
  • 10. 1
  • 11. Solsticio de inviernoSucedió en el solsticio de invierno. Era un día 24 de diciembre por la mañana yManuel aprovechó el único día soleado, en medio de tanta lluvia para ir a suhuerto. De camino, comprendió los estragos del cambio climático sobre sutierra.El agua inundaba todos los sembrados y olivares, y los improvisados riachueloscortaban los caminos de parte a parte con profundas hendiduras desfigurandoprofundamente lo que hasta entonces había sido una plácida campiña que habíadado de comer a sus hijos durante siglos. El gris verduzco descolorido de losolivares, ensuciaba su mirada. El viento rugía de una forma implacable, como nunca antes, trayendo sobre su voz ecos de furia contenida y de inmensidades oceánicas. Entendió que pronto llovería y se apresuró para llegar pronto a los huertos vecinales. Allí labraban la tierra muchas personas pero hoy no había nadie, por ser víspera de un festivo como navidad. Entró y cerró la puerta, pues no había nadie. Enmedio de los huertos había una silla que alguien abandonó, así que la acercó asu huerto y dejó allí su chaqueta colgada sobre el respaldo y sus gafas de sol, sobre elasiento, con las patillas cruzadasSe dispuso a trabajar sobre el huerto, a quitar las malas hierbas y a coger laspapas, rábanos, rúcula, zanahoria, y coles. 1
  • 12. Tan concentrado y contento estaba cuidando sus plantas que se sintió orgullosode su trabajo y se le pasó por la cabeza, que su difunto padre estaría orgulloso sile viera trabajar el campo, algo que hacía por primera vez. Tanto que cuando derepente, la mirada le traía involuntariamente la mancha negra de su chaquetasobre la silla, le parecía que allí había otra persona.Se lo explicó por la falta de costumbre de aquella visión, pero no solo le pasóuna vez sino varias más. Cada vez que veía la chaqueta de soslayo le parecía queallí había alguien más. Una sensación extraña se apoderó de él.Cuando se acercó a la silla para soltar en un plástico las verduras se sorprendióde que sus gafas de sol, que había soltado encima de la silla, no estaban.Miró en derredor pero no había nadie, y encontró sus gafas en el suelo un metroal sur de la silla. Como soplaba viento muy fuerte pensó que las gafas se habíancaído al suelo, pero reparó que estaban en la misma posición que él las habíadejado encima del asiento de la silla, como si alguien, una mano invisible lashubiera dejado cuidadosamente sobre el suelo. No estaban volteadas, nidoblabas, ni con una patilla abierta y otra cerrada, como habría sido lógico si sehubieran caído.No, estaban perfectas, cruzadas una patilla sobre la otra y en línea con el bordede la silla, como él las dejó pero en el suelo.Siguió trabajando como si nada y sin darle importancia al asunto. De nuevo sesintió dichoso y feliz con su trabajo y empezó a canturrear cancioncillasaprovechando que estaba en medio del campo y que nadie le oía.-Granada, no tengas miedo, de que el mundo sea tan grande, de que el mar seatan inmenso, tu eres la novia del vaire. Granada vive en sí mismo tanprisionera, que solo tiene salida por las estrellas. 1
  • 13. Curiosamente y contra todo pronóstico, ya que toda su vida se había negado aello, le gustaba trabajar el campo, algo que toda su familia había hecho antes,pero que el, dedicado a la informática, nunca había hecho.Cogió un manojo de rábanos y fue a ponerlos sobre la silla, donde nuevamente,las gafas se habían movido de su sitio. Estaban de nuevo sobre el suelo, en lamisma posición, como si alguien las hubiera dejado cuidadosamente, mientrasque en el asiento de la silla se dibujaban sobre el mullido asiento el hueco exactocomo si alguien se hubiera sentado y casi sin tiempo a reaccionar dejómecánicamente los rábanos sobre el hueco del mullido asiento. No queríapensar sobre el asunto de la silla, ya tenía demasiados problemas y a él siemprele gustaba buscar una solución lógica para todo.El no era Pedro Páramo, ni esto era Comala.Por fin después de mas de cinco meses encontró una zanahoria.–Que difícil es sacar las hortalizas adelante, pensó. Y más con este mal tiempomientras se secaba el sudor de la frente.-¿Qué esperabas, que te iban a regalar la vida?. Tendrás que trabajar duro comohacen todos.-Eso intento, pero a veces todo se hace muy cuesta arriba. Dijo esta vez en vozalta.De repente cayó en la cuenta, y levantó la mirada lentamente con la certeza deque había alguien sentado en la silla. Pero no había nadie y las gafas estaban denuevo sobre la silla.Esta vez si, estaba seguro de que el la había dejado en el suelo donde estabaantes. Sin embargo no tuvo miedo ni pena. Solo comenzó a llorar de emoción mientrasse oía una canción de fondo con la voz de su padre: comienza el llanto de laguitarra, llora como el viento sobre la nevada. Es inútil callarla, es imposiblecallarla….. Y Manuel se fue contento, camino de su casa, a preparar la cena de navidad,ahora sabía que su padre, estuviera donde estuviera, estaba orgulloso de él. 1
  • 14. Los ojos de MagaAdentro estoy oyendo el run rún de las voces en la oficina, mientras aparto los visillos de laventana de mi oficina y mis colegas se quejan por tonterías como si fueran las más importantesdel mundo. Hace un calor sofocante. Afuera, Raúl, el anciano vagabundo ciego cruza la calle sorteando los vehículos que circulan por aquella arteria, guiado por su perro cuya mirada nos tiene enamorados. El perro nos llevó a querer a su dueño y gracias a él descubrimos la verdad, su verdad. ¡Mierda!. el pobre perro se asusta en mediode un caos de ruedas y humo insalubre. Ha mordido a un motorista que dio propina una patada,provocando un accidente de tráfico. ¡Hay que llamar a la ambulancia!. Grito señalando a la calle.Mis compañeros me miran sorprendidos. Salgo corriendo a la calle.En medio de la avenida yacen sin sentido, el viejo indigente, un motorista y su perro blanco enmedio de un caos de vehículos y sangre. Llamo a la policía, que llega a la media hora llevándose alperro y su dueño. Cuando intento acercarme a ayudar la policía me retiene, digo que lo conozco.Gracias a mí pudieron identificarle. Después de aquello, nunca más volvimos a verle. De vuelta ami mesa, me siento impotente. Un famoso escritor dice por Youtube: no hay nada nuevo queescribir ni inventar, todo está ya creado. Me siento impotente.-Las guerras pasadas ya no interesan a nadie. Interesa la guerra de hoy. Métetelo en la cabeza.Dijo apuntándome con el dedo, amenazadora, mi amada directora. Tiró sobre la mesa la portadadel periódico del día, y salió del despacho con aquel típico meneo de culo embutido en falda decuero con olor a tabaco. 1
  • 15. Mis compañeros me observaban como si dijeran, “te estás jugando el cuello, chaval”. Durante elresto el día, caminé triste por la redacción, hasta que por fin, el jefe de mi sección me dio la tardelibre: -Es agosto, no hay noticias que contar - argumentó.-Yo tengo una historia interesante. Quero contar la historia de Raúl, el vagabundo.- Le dije. Mijefe me observaba con cara de curiosidad. -Es absurdo que no contemos historias de gentesencilla, o que repitamos los teletipos y ruedas de prensa. Argumenté. Mi jefe me indicó con eldedo que le siguiera hasta su despacho. –No me gusta que me discutas delante de todos. Dijo. -Comienza. Te doy una hora. Si la historia es buena, la publicamos.Entonces empecé a contársela a mi jefe como si fuera una película. Le dije que la caravana semovía como un animal enloquecido mientras se ponía el sol tras las montañas. El joven Raúl yasabía que tendría que hacerse a sí mismo, lleno de preguntas sin que nadie le ofreciese respuestas.El odio se masticaba en su familia, en su casa, en su país. No podía soportar aquel aire, aquellaagua estancada y maloliente así que decidió irse.-Me gusta, pero resume, no tengo todo el tiempo del mundo, ahorra detalles y adornos poéticos.En la caravana se había formando un tapón de vehículos que impedía todo avance. Las gentes selanzaban entonces fuera de los coches y los camiones buscando la frontera. Muchos de aquelloshombres miraban tristemente sus manos como si ya no quedaran batallas por luchar.Las manos de mi jefe martilleaban el cuero de su mesa, mientras las mías volaban por el aire,explicándose. Sonó el teléfono, lo descolgó y volvió a colgar , se aflojó la corbata, se soltó el botóndel cuello de la camisa y me miró a los ojos. -Sigue.- dijo con voz fría.Le conté que la aviación enemiga sobrevolaba los tejados mientras cundía el pánico en la ciudad.Escaleras de catedrales donde dormían niños y mujeres, ante inmensas y antiguas puertascerradas. Soldados aturdidos en busca de un líder, y lógicamente la muerte de los poetas eraignorada. Retumbaba el monte, el mar humeaba, y la sierra era un alarido que llenaba de frío lasalmas. 1
  • 16. Cerca de los Pirineos comenzó a nevar sin tregua, se hizo necesario cruzar a pié con la nieve hastalas rodillas. En cabeza, los más fuertes luchaban a paladas titánicas contra la nieve y en la cola dela caravana, rezagado por el cansancio Raúl miró atrás. Allí quedaron los días azules y el sol de lainfancia.-Y cómo el perro salvó la vida a Raúl?. Te has adelantado, le dije. –Te recuerdo que tengo prisa,me replicó.Ocurrió cuando Raúl asomó a la boca de una cueva en la que habían pasado laprimera noche, ya en Francia. Todos los demás dormían, pero él no pudo pegarojo. Se asomó a la boca de la cueva para ver el amanecer.Vertiginosos desniveles rodeaban el camino, desafiando a la gravedad, entre elreino de lo horizontal y lo vertical. Vivir allí parecía un desafío.-Sé de lo que me hablas. Mi familia es oriunda de las montañas.-Claro. Pero la madre tierra, siempre acaba por reclamar lo que es suyo.Hacía sol y Raúl, se sentía optimista y salió a dar un pequeño paseo. Su hermano Tonidesayunaba un poco de leche de cabra recién ordeñada e intentaba calentarse mientras oyeronuna vibración, primero imperceptible, y luego en aumento hasta convertirse en un estruendoensordecedor, casi como un terremoto.-Un alud.-Exacto.Todos corrieron afuera para contemplar que el alud había cubierto una gran área bajo la queprobablemente se encontrase Raúl. Así que no había tiempo que perder, inmediatamente seorganizaron grupos con palas para buscarlo antes de que se congelase bajo la nieve.En medio de la desesperación Toni encontró como salido de la nada a Joan, el mejor amigo de supadre, que había viajado desde que salieron de Solsona con ellos sin haberse encontrado. Tonisolo supo decirle entre lágrimas: 1
  • 17. -Ayúdame por favor, mi hermano....-¿Raúl está bajo la nieve?. -Creo que sí….Inmediatamente Joan organizó grupos de búsqueda. Entre ellos había milicianos rastreadoresconocedores de la montaña, con sus perros. Los canes no tardaron en encontrar algunas pisadashumanas, que pronto se perdían bajo la nieve. Los dos perros rastrearon cerca de una hectárea enuna media hora y de pronto encontraron una mano en medio de la nieve. Siguieron cavando yencontraron a Raúl que estaba semi-inconsciente.Cuando Raúl abrió los ojos por fin, vio a su hermano con lágrimas en los ojos, a un grupo dehombres a su alrededor y un perro labrador de color blanco empezó a lamerle en la mejilla,diciéndole “bienvenido a la vida”. -Gracias a él, estás con vida.-, dijo señalando al perro.El director no hizo ningún comentario, descolgó el auricular, me dio la mano con una sonrisa queyo intuí de enhorabuena y me hizo salir del despacho. Una hora después, habían decidido que lahistoria de Raúl se publicaría.El reportaje de dos páginas había quedado genial, estaba satisfecho de mí mismo. Una gratasensación que no duró mucho. Al poco rato me llamó el director para decir que necesitaba misdos páginas por algo importante. La historia de Raúl nunca llegó a ver la luz.Saqué con la impresora el reportaje, lo doblé y lo metí en un sobre. El sobre fue lo único que pudedejarles como un silencioso homenaje en la tumba de Raúl y Maga. 1
  • 18. El nacimiento de YemayáAh, flores en el mar. Sonaba la música del coro de negros vestidos de blanco.En el borde de tu falda, hoy te vienen a entregar, flores blancas en el mar, una tenue claridad. Hayflores en el mar. Las olas respondían murmurando silenciosas y rítmicas estrofas. Yemayá reinade las aguas , agua en esplendor, a tí mi madre ésta ti oración. Era verano, y apetecía pasear porla playa así que llevé a mi hija al anochecer.Las barcas de Yemayá partían al ocaso llenas de flores blancas, y de gente con veleas en las manosque luego dejaban flotando sobre la superficie del océano. 1
  • 19. Vos que gobernáis las aguas derramando sobre la humanidad tu protección, realizando, OhDivina Madre, limpia las aguas e infunde en los corazones el respeto y la veneración a la madretierra.Te suplicamos Yemanjá poderosísima, Reina de las aguas este ruego a conseguir. Decía la anciananegra, a la que llamaban Perla, que mientras hablaba, dejaba entrever veneración y respeto, casimiedo, a la diosa naturaleza. En sus ojos se adivinaba el poder de Yemayá-.-En un mar de naturaleza y armonía quiero vivir. Proteged a mis seres queridos de todos losmales y peligros. Salve Yemanjá, Reina del Mar.Mi hija, Caridad, me preguntó entonces, quien era Yemayá.Ofreced una novena de flores blancas al solicitar la gracia, llevar al mar en un día de sol y buenamar un ramo de flores atadas con cinta celeste y lanzar sobre las aguas. Repetía mecánicamente lavieja negra.Y yo le conté la historia sobre Yemayá de la siguiente manera.Hace mucho, mucho tiempo vivió un hombre llamado Paulo, que antes de morir ahogado, se diocuenta de que nunca supo cómo ni porqué las dos mujeres de su vida se habían unido.Una noche, Paulo terminó el trabajo más temprano de lo habitual, fue al centro a tomar una copa.Al pasar por un callejón de casetas de madera, se abrió una puerta y una mano lo arrastró hacia laoscuridad y lo encerró en una habitación.Una negra desnuda, jadeante y sudorosa lo tumbó sobre la cama y lo hizo suyo en medio de laoscuridad sin darle la oportunidad de decir ni pío. Aquella negra se movía como un animal encelo. Ella abrió su cuerpo para él, que se vació como en una copa. Cuando la tormenta amainó, lamujer desconocida pareció recuperar su dimensión humana y le dijo que aquello no habíasucedido en realidad.Paulo aún no sabía que aquella mujer sería la mejor amiga de su esposa.Salió del camastro un poco confundido y se perdió por un dédalo de calles un poco huérfano,como si por vez primera hubiera sabido lo que es una mujer. 1
  • 20. La volvió a ver un día en el mercado de los criollos brasileños, la negra Perla vendía especiastraídas desde Brasil, algunas veces al mes y el resto del tiempo deambulaba por las ciudades. Ellale sonrió. Estuvieron toda la tarde conversando, Paulo dejó todo lo que tuviese que hacer paramás tarde, la invitó en un restaurante a la moda.Ella no dudó un segundo en hablarle de las idas y venidas a su Cuba natal y por el Caribe. Ya denoche fueron a tugurios de los barrios pobres de la ciudad a emborracharse y en medio de lacamaradería, él le pidió que le volviese a hacer el amor como aquel primer día. Y ella aceptó conmucho gusto.Fue entonces cuando Paulo le ofreció comprarle una pequeña casita de madera en las afueras yella aceptó.Al día siguiente Paulo llevó a su esposa, a ver lo que sería su nueva casa, y ella quedó muyimpresionada porque lo interpretó como una demostración de amor tan grande. En medio deljardín de su nueva casa, los dos esposos recordaron el primer día en que se conocieron hacía seisaños y su primera conversación junto al río.Ocurrió cuando Paulo entró en un cine para curiosear y descubrió a una belleza morena de largacabellera, que lo miró y le guió un ojo. Después de la función fue siguiéndola por toda la ciudad,ella caminaba con una señora mayor, probablemente, su madre. Hacía frío, había volcado el sur yquería llover. Entraron a una casa y él dio por finalizada la persecución.Al poco tiempo salieron de nuevo, cargadas de regalos y se pararon a esperar un taxi muy cerca dedonde él hacía lo mismo. Él le preguntó su nombre: Rita, respondió. Comenzó a llover. Paulo,caballeroso les cedió el taxi. Doña Alejandra, madre de Rita, quedó impresionada.-Mira que joven tan educado, hija. Podrías hacerle un poco de caso. Lleva días detrás de ti. Leadvirtió. Se llama Paulo y es de buena familia.-Lo siento, pero no tengo ánimos para nada, respondió Rita.Doña Alejandra estaba preocupada por su hija, que desde la muerte de su mejor amiga no parabade llorar por los rincones, había perdido el apetito y estaba recuperando la costumbre de lainfancia de pasarse la noche en vela mirando las estrellas y los días durmiendo. Un día que la 2
  • 21. descubrió llorando de nuevo, y después de muchas horas intentando hacerla razonar, le dijosecamente:-Hija mía, enamórate de un gran hombre y no volverás a llorar. No un hombre que solo hable desí mismo. Ni aquel que se pase las horas halagando sus propios logros. No busques a un hombreque te critique y te diga lo mal que te ves... o lo mucho que deberías cambiar... y que teabandonaría por un cabello más claro. Enamórate de un gran hombre y no volverás a llorar.Rita entendió tarde que un gran hombre no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, nimucho menos el más guapo, y consoló su dolor y el vacío que sentía dedicando su tiempo a labúsqueda de aquel ideal, aun cuando supiera que era probable que nunca llegase a encontrarlo sies que existía.Meses más tarde, Paulo y sus amigos planearon desafiar a la lógica para presumir delante de ungrupo de chicas que había acampado para tomar el sol en la otra orilla del río Pilcomayo.Pavoneándose, los chicos se despojaron de su ropa comenzaron lentamente a cruzar el peligrosorío, guardando la precaución de nadar en diagonal a favor de la corriente. Cuando Paulo legó a laotra orilla y miró hacia el río, todos sus amigos habían cruzado menos uno, que se dejó vencer porel miedo y se lo estaba llevando la corriente.De nuevo tuvo que lanzarse al agua y ayudarlo a cruzar, antes de que llegara a una zona deremolinos, justo al pie del puente.Las chicas habían quedado impresionadas con la pericia de aquel nadador. Por si no le habíasalido ya la jugada bastante redonda, acertó a pasar por allí un pescador indio amigo de los chicosy les ayudó a pescar los peces más sabrosos, revelándole secretos de su tribu sobre cómoprepararlos. Paulo supo definitivamente que el destino estaba de su parte, cuando tras rescatar asu amigo medio ahogado, en paños menores, descubrió entre una de sus admiradoras a Rita,aquella chica del cine.-¿Salvas la vida de las personas muy a menudo?. Le preguntó ella.Paulo, con cara de auténtica sorpresa al verla allí, pues con tanto ajetreo no había reparado condetenimiento en el rostro de todas, dijo: 2
  • 22. -Sólo cuando se trata de impresionar a chicas como tú. Esa fue la primera vez que hablaron.Al ver su nueva casa, Rita se dio cuenta que había estado tan perdida en su mundo, que no hacíademasiado caso a su marido, siempre ocupado en sus negocios. En los últimos meses habíabuscado consuelo a su soledad acudiendo a las reuniones de grupos de mujeres ricas de laciudad, pero resultaron acartonadas y previsibles, terminando por aburrirle.Habría dejado de ir si no fuese porque una tarde apareció en el salón de los espejos del Casino delos Artesanos, una mulata cubana con un brillo especial en la mirada. Perla pronto se convirtióen el centro de las reuniones gracias a su sabiduría, a sus buenas maneras, que enseguidasorprendieron a todos, a pesar de que se le intuía un pasado más que turbulento y un origenínfimo.Sin embargo era un placer oírla evocar viajes a remotos lugares de los pantanales de la selva deBrasil, infestados de pirañas, adonde ella acudía para recoger las plantas con que hacía susmezclas y cocciones para adivinar el futuro o administrar remedios naturales. Rememorabafiestas populares sobre las murallas de Cartagena de Indias en donde la invitaban a fiestasprivadas de algún político-narcotraficante que siempre engendraban extrañas parejas decarcamales podridos de dinero y droga con modelos, presentadoras de televisión o cantantes demoda. En todos esos ambientes brillaba la negra Perla, y en todos ellos era simplemente unasagaz observadora.Rita se dejó seducir por aquella negra, que comenzó a llevarla a los barrios del extrarradio y allí lemostraba las miradas de la necesidad en niños hambrientos y madres solteras, maltratadas pormil y un hombres, que chapoteaban en medio del fango de la nada. De allí le nació la necesidad deayudar, pues Rita se identificó tanto con aquellas mujeres, que pensó que era una cuestión depura suerte que ella misma no se encontrara en esa circunstancia. Todas aquellas mujeresestaban o habían estado sujetas a la voluntad y capricho de un hombre. Y por vez primera en suvida entendió la necesidad de que una mujer se ganase su propia independencia económica.Quizá por eso Perla fascinaba tanto a mujeres como a hombres. 2
  • 23. Cuando en la placidez de la tarde soleada de la casita de madera de las afueras y después dehaberse volcado el uno en el otro, Perla contó a Paulo su amistad con su esposa, él entendióperfectamente que su vida estaba en manos de aquella mujer.No se alarmó porque sabía que a pesar de toda la parafernalia externa, era una mujer deprincipios de la que te podías fiar. Con el tiempo, Paulo se dio cuenta de que aquella amistadentre las dos mujeres podía beneficiarle. La Perla nunca defraudó a Paulo ni le traicionó, fue lanaturaleza la que se encargó de hacer el resto.Paulo había acudido a una consulta y le habían administrado un tratamiento de fertilidad. Derepente Rita supo que Perla había tenido que irse de la ciudad aunque no se extrañó teniendo encuenta su naturaleza viajera. Luego, ya no tuvo tiempo de preocuparse más porque llegó la noticiaque cambiaría definitivamente su vida.Supo que estaba embarazada y eso les convirtió en un matrimonio casi feliz. Durante la gestación,vivieron los momentos más dichosos de su vida. Mientras crecía una nueva vida en el interior deRita, Paulo veía crecer poco a poco su sueño de tener una pequeña casa de huéspedes, que habíapodido comprar gracias a su afán de ahorro.Una madrugada lluviosa, Rita se puso de parto casi sin avisar y Paulo sólo tuvo tiempo de coger elcoche y cruzar la ciudad bajo la lluvia. Nacería una niña de cara redondita y guapa a la quepusieron de nombre Yemayá.Fue una niña emprendedora y traviesa, como su padre, y al tiempo soñadora y melancólica comosu madre. Pronto fue creciendo y se le conoció por si espíritu luchador, y por ayudar a todas lasmujeres en situaciones difíciles, sobre todo las maltratadas por su maridos. Por eso comenzó avestir de blanco, como un símbolo de la paz y siendo no más que una adolescente creó lahermandad de las mujeres de agua, con las que empezó a hacer rituales de naturaleza en las quetodas vestían de blanco y lanzaban flores blancas a la mar.Poco tiempo después nació en una ciudad de la selva al sur de Brasil, Faber , un niño mulato,grande y poderosos de cuerpo y mente, que estaría destinado a dominar a sus semejantes, segúndijo el chamán de la tribu, después de ingerir gran cantidad de ayahuasca. 2
  • 24. Con varias típicas excusas de hombres de negocios, Paulo pudo ver a su primer hijo varón, un mesdespués de su nacimiento en una choza bajo la lluvia amazónica, en los brazos de su madre. Perlale agradeció su visita, le dio la bienvenida y no le reprochó ni le pidió nada.Pero el desenlace estaba por llegar. Fue un accidente casual. De vuelta a su casa, Paulo tuvo unpercance en el río Pilcomayo, aquel que un día le regaló el amor de Rita. Ese día el río bajaba muycrecido y las autoridades habían recomendado no viajar, pero él tenía que volver para disimularante su mujer, y por motivos de trabajo. No le quedaba otra opción. Cuentan que los indios loencontraron ahogado, con dos fotos de dos niños en la cartera, una niña blanco y un niño blanco.Los dos se conocieron, por así decirlo, en el entierro de su padre, siguieron tratándose, durantetoda su vida, pues las dos madres, decidieron vivir juntas para así aprovechar la experiencia en elcomercio de la Perla negra. Así que a las madres no les sorprendió en absoluto que seenamorasen, y que cuando cumplieron 18 años, les pidieran matrimonio. Cuando supieron lanoticia las dos mujeres se cogieron de la mano, se sonrieron y se abrazaron, orgullosas.Igual que su padre Yemayá, murió ahogada y virgen y en el futuro, fue conocida en todo el Caribepor los siglos de los siglos y de tanto repetir su historia de generación en generación, los mestizosmulatos y criollos la convirtieron en diosa, y cada año en las costas la celebran como diosa de lafertilidad, tirando flores blancas en la mar.Mira Caridad, como se van las barcas de Yemaya. En el borde de las aguas hay un murmullo desal, el salado tu cantar. Caridad miró a su padre y sonrió y los dos paseantes curiosos se perdieronen medio de la playa, camino de la nada. 2
  • 25. Dança de la primaveraConocí la historia de Mar a las puertas del Ayuntamiento de Paris, -dondehabíamos ido de viaje de novios. Mar, mi mujer, no la otra, se había antojado deun bolso blanco de Cartier, a lo Audrey Hepburn, con quien siempre lacomparaban.Al cruzar la Rue Rivoli camino del Sena nos vimos sorprendidos al ver apolíticos y periodistas, arremolinarse al pie de las escalinatas, del imponenteedificio consistorial, cuya fachada estaba presidida por una imagen gigantesca.Aquella famosa foto del beso de Robert Doisneau se bamboleaba con el vientocolgada del balcón, sobre las cabezas de todos. En silencio, el Alcalde, y elresto de concejales miraban al suelo, formando un gris semicírculo sobre una foto yunas velas en el suelo.Aquel paisaje con figuras grises era solo roto por el azul de la imagen de la foto querepresentaba a un cuadro del mar, mediterráneo y unas flores rojas,acompañadas de un cartel en el suelo que decía “Pas plus de femmes victimes”.Pregunté a un periodista qué era aquello. Y me contaron que un político local, 2
  • 26. había asesinado por celos a su mujer, una pintora española, llamada Mar Bonet.Todas las miradas estaban puestas sobre aquella foto, de un cuadro donde habíaacantilados y un mar azul turquesa, que no hacía en nada presagiar el acto deviolencia del que sería testigo, salvo por un detalle pequeño, insignificante y almismo tiempo elocuente: tenía una pequeña mancha de sangre que clamaba roja, enmedio de aquella sinfonía azul.El gris del cielo de Paris comenzó a deshacerse sobre nuestras felices cabezas derecién casados, así que apretamos el paso hacia nuestro hotel que estaba al otrolado del río. Mar, mi mujer ya no quería el bolso, había entristecido de repente ysolo quería llegar a la habitación del hotel para llorar.-Que te ocurre ?.-La pintora, Mar, era mi compañera de colegio. Siempre nos decían los dosmares. Mar Bonet y Mar López. Parece que estoy oyendo a la profesora.Teníamos almas gemelas.La abracé con todas mi firmeza y le prometí que entre nosotros dos no podíasuceder nada malo, y mucho menos hacernos daño. En el equipo de música pusela danza de la primavera, la música que sabía que le alegraba por las mañanascuando ella estaba triste, y dedicamos todo el día a averiguar por la prensa algomás, qué le había podido pasar a aquella mujer asesinada. Vimos sus cuadros,por Internet, cuadros azules cargados de luz, vida y optimismo y averiguamosalgo más. Solo tras largos años de desvelos, preguntas y casualidades, deltiempo, pudimos averiguar mucho después qué había pasado, como siel mar empujando restos del naufragio, nos viniera a traer hasta la playa denuestra memoria, la imagen de la mujer valiente, íntegra y libre que había sido.Después de todas las pesquisas que hicimos, se podría decir que habíaMisteriosas casualidades, conexiones ocultas entre el mar y la mujer muerta.Finalmente, con todo lo aprendido, mi mujer escribió su historia, una especie decuento, en su homenaje y a modo de despedida. Es el siguiente. 2
  • 27. “La música llegaba desde el interior de la casa. Febrer mha duit la carta tanPrecisa vol que els lilàs sobrin pel dits i en el cor mhi creixi una palmera queexigent que ve la Primavera!. Que exigent que ve la Primavera i el meu cor tanmalaltís tinc por que es cremi dintre la foguera, no puc desfer-me del seu encís.Mar, estaba -como de costumbre- pintando un paisaje, apurando los últimosdías de vacaciones en Dalt Vila. El azul llenaba todo el cuadro, azul melancolía,azul recuerdo, azul tiempo. De repente, Mar, vio un hombre que tomaba el soldesnudo entre rocas. El no podía divisarla.Abandonó el cuadro, y avisó a su marido que iba a dar un paseo y se adentró poralgunos senderos que bajaban hacia las cuevas colgadas en los acantilados.Acostado en una roca plana y levemente inclinada sobre el mar estaba un jovende apenas treinta años con cuerpo de atleta, cabellos morenos ensortijados.De repente el joven se sintió observado, se irguió levemente y la siguió.Ella se avergonzó y se escondió aún más. El joven se levantó y se dirigió a ella.Mar se quedó inmóvil y salió corriendo, presa del miedo y la vergüenza,confundida, se perdió árboles y pequeños senderos.Resbaló sobre unas piedras que se habían desprendido bajo sus pies delestrecho sendero colgado sobre el precipicio y a punto estuvo de caerse al mar,de no ser porque acertó a llegar a sus manos la rama de un árbol. Vacío, luz ysilencio. En frente Es Vedrá.Trepó por la rama hasta alcanzar el tronco y de ahí saltó de nuevo al camino dejandoresbalar algunas piedras que minutos más tarde fueron tragadas por el océano. Marrespiró aliviada hasta que comprobó que aquel hombre, seguía persiguiéndola.Echó de nuevo a correr. Cerca había una imagen de Buda sonriente dibujado en lapared. Mientras exploraba despreocupada la pared de la cueva, no se percatabaque alguien a sus espaldas estaba entrando. Se volvió de repente y gritó. Losbañistas de las playas cercanas y los navegantes que estaban cerca pudieron oír unlejano y estridente grito, ahogado entre el bramar de las olas, que rompían contra 2
  • 28. las rocas.Maurice, su marido, había acabado de almorzar y fregado los platos.Se cruzó con el cuadro de Mar y estuvo un rato observándolo. Había decididobajar a buscarla para hacer el amor, como cada día a aquella hora, a unapequeña cala que había bajo el acantilado, rodeada de rocas y de cuevas por lasque se colaban las olas haciendo un ruido ensordecedor. La espuma saltaba porlos aires cada vez que las olas chocaban contra la rocas violentamente. Su deseose apagó cuando llegó a la playa y descubrió que no estaba ella.Comenzó a preocuparse por su mujer cuando de repente escuchó un gritoahogado por el bramar de las olas que azotaba un creciente levante. Aguzó eloído y comenzó a seguir la pista del grito.Durante un momento no oyó nada más que el ruido ensordecedor del mar.Estaba metido en una cueva en la que aún entraba el mar, de una especie debóveda hendida por un agujero, entraba la luz del sol. Su corazón comenzaba alatir con fuerza, sus músculos se comenzaron a tensar. Se quedó en silencio unminuto atendiendo a su oído. Sólo oyó los latidos de su corazón. Y una vozahogada.Esta vez estaba seguro de que era la voz de Mar. Ahora oía un leve rumor que nosabía si procedía del mar ya lejano o de su mujer, era como un lamento triste, comoun leve jadeo, como un canto de sirena o quizá como el rumor del viento por entrelas rocas. Otro gemido, esta vez muy placentero, hizo vibrar su tímpanocontagiándose de una ola de tierno erotismo.Su preocupación aumentó y también su miedo. Los gemidos se hacían cada vezmás presentes y corpóreos. De repente y tras dejar atrás un angosto corredordesembocó en una cueva grande en la que entraba abundante luz. Sólo quería verpara creer. Se acercó y vio tras la piedra a Mar y a un desconocido. Ella parecíaexperimentar un gran placer, tenía los ojos cerrados, mientras el bocabajo la besaba.De repente ella abrió los ojos y en ellos se dibujó el terror cuando vio a su marido. 2
  • 29. Dos años más tarde, Maurice encontró a Mar un domingo tomando el sol enuna de aquellas deliciosas terrazas junto al Sena, con la niña en brazos. El seacercó muy amablemente para saludarla, pues no conocía a la pequeña yaunque ya se habían visto y hablado en varias ocasiones.-Qué niña tan guapa y tan morenita, se parece a su padre con el pelito rizado.¿Cómo se llama?.Ella le dio dos besos en la mejilla, le sonrió y respondió que el nombre de la niñaera Ibiza.-Qué buena idea. Si tienes otra siempre puedes ponerle Formentera. Y si tedecides a tener familia numerosa, puedes seguir buscando nombres por elMediterráneo. Luego hizo una pausa pensativa y dijo. ¿Tiene dos años, no?.-Efectivamente. Dijo ella sonriendo. Siguieron charlando plácidamentemientras caminaban pausadamente, por las calles del barrio Marais, pasaronpor la iglesia de Saint Merri, en donde habían planeado casarse y entonces, él lacogió del hombro. Y le dijo.-Perdona que insista en esta cuestión, pero hay algo que nunca te hepreguntado, y es algo que me da vueltas en la mente, porque no puedoencontrar una respuesta.-Dime. Respondió ella.-¿Porqué?. Preguntó simplemente Maurice.Ella se quedó largos segundos en silencio y después de buscar la verdaderarespuesta en su interior, respondió con una sinceridad abrumadora: -No lo sé-.Pocos minutos después, llegó a su casa y besó a su pareja. Maurice se alegróde haber salido de la vida de Mar y tomó una decisión.La misma noche la encontraron muerta en su casa, y sin que nadie se explicasecómo ni porqué, en uno de sus cuadros que estaba en su casa de Ibiza, aparecióuna mancha de sangre, que nunca pudo ser retirada. 2
  • 30. Lo que el rumor esconde-¿Qué son los cátaros, Therese?. Preguntó Antonio.-Puros, hombres buenos que intentaban seguir una vida pobre sencilla, pero fueron aniquilados,quizá por envidia.-Paire Nòstre quei ath cèl, queth tièu nòm sia sanctificat; queth tièu règnevenga. Quera tia volontat sia hèita ara tèrra coma ath cèl.Therese enseñó a Antonio a hablar francés correctamente y algunas palabras en lengua occitana.Aquella cultura le pareció a Antonio impropio de sencillos agricultores, aunque fueran dueños deun “lalot” sencillo y alegre, con flores en las ventanas, acogedor y alegre, sabia, antigua y noble,quizá como sus dueños.Gérard, el propietario, -un hombre fuerte y afable de 40 años, cabello rubio, sonrisa fácil y ojosclaros-, no se apartaba demasiado de su terruño, excepto los fines de semana, cuando acudía alpueblo a realizar las compras ir a misa o a hablar con el sacerdote Sauniéres. Rennes le Chateauera un pueblo pequeño, en la ribera del río Aude, con su pequeño hotel decadente lleno deancianas ricas. Un joven republicano español no podía pedir más.-¿Y si los cátaros eran buenos, porque fueron aniquilados?. Preguntó Antonio.-Pensaban que la Iglesia cristiana, rica y corrupta.-Que cosas. ¿Y tú crees todo eso?.-Es mi padre el que cuenta esas historias. Hay muchos en esta región que sí creen. A mí me daigual, mientras me cuente historias antes de dormir.-Y dime. Qué tipo de historias te cuenta. 3
  • 31. -La de un tesoro escondido. Cada día le añade nuevos datos. ¿Tu padre no te contaba historias?.Preguntó Therese.-Mi padre, siempre estaba muy ocupado trabajando en el campo y ahora es soldado, no sé dónde.-Vaya, lo siento-. Antonio iba a decir algo pero Therese le cerró los labios con un beso.Únicamente las murmuraciones rompían la paz de aquel hogar. Vecinos y familiares, le avisabaninsistentemente de que su amistad con aquel extraño cura no podría beneficiarle. Gerard no sesorprendía, le quitaba importancia, y a continuación proponía un brindis. Antonio ya tenía sussospechas, pero no quiso hacer mas preguntas.Un dia la radio anunció la noticia de que los alemanes habían entrado en París. El locutor leía uncomunicado severamente, mientras el patrón de la granja escuchaba mirando al suelo, y el restopermanecía en silencio.-Petain es peor que los boches. Decía Gerard, muy afectado por todo aquello y dijo a su mujer ehija que no había que preocuparse pues en el sur estaban a salvo, que todo aquello quedaba lejos.Gerard se llevó a una habitación aparte a Antonio y le habló largo tiempo.-Dime Antonio, si tu tierra fuera invadida por extranjeros qué harías.Antonio dudó por un momento la respuesta, tampoco sabía adónde quería llegar su patrón, quefumaba en pipa pausadamente, y lanzaba al aire bocanadas de humo.-Defenderla, sin duda. Respondió el zagal.-Bien ¿y..... si defenderla supusiera..... peligros para ti y tu familia?.El patrón miraba distraídamente por la ventana de su biblioteca, mientras Antonio se recostabaen un mullido sillón de piel.-Nadie tendría porqué saber mis opiniones. Pero mi postura sería la misma. Opinó.Gerard inició un monólogo. Le advirtió que en tiempos de guerra suelen ocurrir cosas quenormalmente no pasan, y que aunque parezca inexplicable, todo tenía una finalidad. 3
  • 32. -Puede que en los próximos días veas cosas que no entiendas. -Le anunció-. Y puede que lacuriosidad te lleve a comprometerte con la verdad. Si lo haces será para siempre. Las puertas enestas circunstancias no están entreabiertas. Están abiertas o cerradas. Y si abres una puerta, éstase cerrará a tus espaldas. Así son las cosas. Hay que elegir, tomar decisiones.Antonio no estuvo seguro de haber entendido el verdadero significado de las palabras de supatrón. Sin embargo el buen ambiente de la casa continuó inalterable.Antonio sentía que se aburría demasiado en la granja y se hizo amigo de Pierre, un pelirrojo llenode pecas: malhumorado, irónico y gracioso, hijo del panadero. Era solo unos años mayor que él,pero con aires de grandeza. Fumaba, bebía, y presumía de haber estado con muchas chicas. Lasjarras de cerveza corrían por encima de la mesa, mientras Pierre, se convertía poco a poco enPierre el fanfarrón. El le contó la historia del cura Saunieres, el amigo de su patrón.Los pergaminos que encontró y su interpretación por un experto de Roma, que hablaban de lamuerta de Dagoberto, rey cátaro, casado en esa iglesia, hace siglos.Desde entonces la vida del cura cambió iba a Paris con mucha frecuencia, se codeaba con la altasociedad, le habló de la restauración de toda la iglesia, la Tour Magdala, y una casa de huéspedes.-¿Y bien?-. Preguntó. ¿Adónde nos conduce todo esto?.-La gente del pueblo no se fía del cura. Se dice que halló la tumba de alguien importante y cobróalguna suma importante.-Debe haber una explicación lógica. Dijo Antonio.-¿Lógica?. Que pinta un demonio en una pila de agua bendita. La gente del pueblo teme a estecura.-Mi patrón le aprecia. –Explicó Antonio. Y yo me fío de su criterio. Pero si no te fías podríamosentrar en la iglesia, de noche, así tendremos nuestras propias respuestas.-Por mí ahora mismo. Dijo Pierre, dando un golpe sobre la mesa con la mano. 3
  • 33. No le viene mal a este lugar olvidado del mundo, tanto misterio, -pensaba Antonio- antes deentrar en uno de aquellos famosos túneles, para cumplir la etílica apuesta que había hecho con suamigo Pierre.La amorfa disposición de la roca en el inicio del túnel se había transformado en un perfectocorredor hecho por la mano del hombre, un pasillo le conducía a otro y una puerta a otra. Elalcohol y su curiosidad empujaban sus pies, sin que él supiera de forma precisa en qué lugar seencontraba.Abrió una puerta y vio algo terrible que le causó gran impresión, por un segundo, su corazóncomenzó a latir más fuerte, hasta que logró dominarse. Era una gran escultura que sujetaba unapila de agua bendita, representaba a un diablo de madera policromada, de piel roja, ojos saltonesy amenazadores. De repente desaparecieron todos los síntomas de embriaguez.Sobre el umbral de entrada pudo leer la frase Terribilis est locus iste. Este es un lugar terrible.Estaban nada más y nada menos que en el interior de la iglesia. Era noche cerrada y apenas unoscirios iluminaban escasamente las bóvedas románicas del interior.Le gustaba mucho el arte antiguo, por eso esta era una oportunidad única. Desde muy pequeño,su padre la había llevado a la biblioteca pública de su pueblo natal, donde pasaba horas y horasleyendo sobre arte.Cogió un gran cirio y fue a mirar las yeserias. Los añadidos de Saunieres a la iglesia no eran capazde transmitir ni el más mínimo simulacro de vida o emoción, mucho menos divina. Luego fue aver la hombruna Magdalena, de oscuros y enormes carillos hinchados, y ojos vacíos, pintada porel párroco.Empujó la puerta del cementerio y salió fuera aspirando con placer el aire de la campiña querefrescaba su rostro perlado de sudor. De repente una mano, sobre suhombro le detuvo.-¿A donde crees que vas jovencito?. Alguien le colocó una tela sobre la cara y le tiró al suelo.Pierre le había gastado una broma. 3
  • 34. -Me has dado un susto de muerte. ¿Cómo es que no está cerrado el acceso a la iglesia por lostúneles?.-Nadie en el pueblo se atrevería a entrar en la iglesia de noche. Piensan que está maldita.-Alguien quiere que la gente no se acerque aquí, pensó.Dejaron la explanada del cementerio por un nuevo túnel similar al anterior. Se abrió la siguientepuerta bajo el nervioso empuje de su mano. Vio una sencilla habitación iluminada por luzartificial una gran mesa en el centro, planos de la región, escritos, restos de comida, bebida,tabaco, y muchas sillas desordenadas alrededor.El mapa tenía marcas en las minas de oro de Salsigne al norte de Carcassone, en la MontaigneNoire. Oyó pasos y decidió salió corriendo por el oscuro pasillo, mientras escuchaba cómo lahabitación que abandonaba se llenaba de gente.Oyó voces de hombres y mujeres se diría que era una reunión privada, sonaba música en la radioy se hizo el silencio cuando un locutor de la BBC de Londres anunciaba un mensaje especial paralos oyentes franceses, -un poema de Paul Verlaine-, todos contuvieron la respiración, como siaquel poema pusiese en juego sus vidas. Oyeron el poema, y cuando concluyó, todos mostraronun gran descanso.-Falsa alarma- comentaron aliviados algunos.-No podemos dar un solo paso en falso, ya lo sabéis.–Dijo otra voz más autoritaria-.-Esperar, esperar. ¡Estamos hartos de esperar!. Dijo alguien con acento español.-No es fácil. Golpear donde más les duela en el momento justo sin que sepan de dónde salimos, niquiénes somos.Una voz mucho más serena, pausada y al mismo tiempo débil, como gastada por el tiempo vino adar la razón al anterior comentario.-Gerard tiene razón. Los que ahora nos miran con miedo, nos apoyarán. Debéis tener fe hijosmíos. 3
  • 35. Antonio contenía la respiración detrás de la puerta cerrada, cuando un fuerte golpe en la cabezalo dejó sin sentido.Cuando abrió los ojos se encontró tendido en una cama, y vio a Gerard, su patrón, el dueño de lagranja junto a su amigo el cura y a otras personas influyentes del pueblo. Se frotó los ojos para versi estaba soñando, y luego echó un vistazo a la habitación, pero no estaban en la granja, sino en elinterior de una cueva excavada en la roca. Le dolía tremendamente la cabeza y no entendía nada.A la mañana siguiente Antonio había decidido unirse al grupo. Caminaronmuchas horas en silencio repartiendo pasquines en el interior de tabernas. EnCouiza, Montazels, Alet les Bains y Limoux repartieron pasquines y carteles, quepegaron sobre otros que decían “Ils asassinnet, enveloppés dans les plis de notredrapeau”.-Dime Gerard, ¿porqué me habéis aceptado?. Preguntó Antonio.-Eres inteligente, comedido, fuerte, decidido y refugiado español. Tienes experiencia en lucharcontra fascistas. A Pierre le dije que te llevase cerca de los túneles. Todo misterio tiene suexplicación y sino, su finalidad.-¿Y el cura?.-Fue él quien lo inició todo. Nos reunió, nos habló, nos contó lo que ocurriría yvimos con claridad que tenía razón. Petain y los nazis son la misma cosa.-¿Y tu?. Corres muchos riesgos, tienes familia, negocios.-Precisamente por eso. Merecen algo mejor.Antonio se mantuvo en silencio. Tengo mis propios planes. Os ayudaré un par de semanas, luegome iré a donde no haya guerras.-Lo comprendo. Mi mundo es éste y tengo que hacer algo por él. Tu debes buscar el tuyo.Antonio y Gerard se dieron la mano. Bienvenido a la resistencia francesa.De esa forma Antonio aprendió que el rumor siempre es interesado y siempre esconde algo peor. 3
  • 36. Tras algunas escaramuzas con nazis en la zona del Languedoc, Antonio Fernández Ternero,natural de La Luisiana, Sevilla, pasó muchas veces por cárceles del sur de Francia, e inclusoestuvo en algún campo de concentración, pero siempre lograba fugarse. Finalmente se las apañópara entrar con los americanos en la toma de Paris y fue considerado un héroe de dos guerras, laespañola y la mundial. Finalmente se embarcó en Marsella rumbo a Bolivia, donde fundó el hotelAndalucía en Santa Cruz. Hace pocos años, sus descendientes se instalaron de nuevo en suAndalucía natal.El corazón de Africa-Los espíritus malignos nos envían desgracias. Dijo Abendé.El jefe preguntó entonces si alguno había molestado a algún espíritu de laoscuridad.-Lo sabríamos, eso siempre se sabe. Le respondieron.Abendé decidió ir a la aldea de su hermano Abessé, donde vivía la otra mitad delgrupo, para preguntarle si ellos estaban sintiendo lo mismo.A la mañana siguiente un grupo de diez cazadores y el jefe salieron en busca deAbessé, pero antes recibieron la bendición de Emelé, la mujer que habla con lasplantas, que los bendijo.El grupo vio una de aquellas chozas -un elig- de los come-hombres, brujos bantúesque hacían ceremonias malignas con rituales. Abendé comprobó que aquella chozahabía sido usada recientemente para sacrificios rituales.-Traed el fuego, debemos quemarlo todo. Dijo Abendé. El fuego lo limpiará todo.Salieron corriendo de nuevo con la intención de no parar en toda la noche,pero el cansancio les pudo, y se sentaron a descansar, contemplando la luna.-La noche suena diferente. Dijo Abendé.-Los animales tienen miedo. Algo les pasa. Le respondió un cazador.Llegaron al poblado casi al amanecer, despertaron a la familia de su hermano. 3
  • 37. Abessé sabía que estaban en peligro y quizá tendrían que marcharse de allí. -Elmundo está cambiando-. Profetizó. Los animales huyen y cazamos poco, pasamoshambre, hay enfermedades desconocidas. Y lo peor hemos dejado de soñar.Abendé asintió y después de ir a hablar con las mujeres, los jefes hermanosdecidieron ir a hablar con Bakú, el jefe de los bantúes que comerciaba con losblancos y siempre sabía qué estaba ocurriendo. Abessé debía quedarse, pues alatardecer varios niños se convertirían en hombres.De pronto un niño distraído estuvo a punto de aplastar con el pie a uncamaleón, el animal sagrado. Abessé reunió a los niños y les explicó que estabanallí gracias al camaleón. Un día, cuando no existían hombres, un camaleón seacercó a un árbol que hacía extraños ruidos y lo partió en dos. Del tronco delárbol brotó un gran río y alrededor de él surgió la selva y de entre las aguassurgieron un hombre y una mujer, los primeros baká.El niño despistado fue reprendido duramente por el jefe. Los baká solomataban para comer.-Vosotros los niños tenéis la obligación de escuchar atentamente a los mayorespara que os enseñen cómo es el mundo. Ubangui nos alimenta y nos puedematar.La aldea de Bakú estaba hecha en un claro del bosque con casetas de madera, encuyas paredes había colgados toda clase de utensilios metálicos. Cuando Bakú viollegar a los pigmeos, los saludó alegremente y les ofreció la nueva mercancía queacaba de comprar a los blancos, pues necesitaba de los productos que los pequeñosles ofrecían: hierbas-medicina, colmillos, pieles o caza.-Solo he venido a hablar. Dijo el jefe pigmeo. No tardó en salir, para sorpresa detodos, corriendo hacia el bosque y llamando a los suyos, alarmado por algo que Bakále había revelado. -¡Venid, seguidme rápido!. 3
  • 38. -¡Están matando a Ubangui!-. Enseguida fueron a un claro del bosque adondepudieron comprobar cómo enormes máquinas estaban cortando los árbolescentenarios. Abendé no podía creerlo, era lo peor que les podía ocurrir. ¡Estánmatando al bosque, repetía. Los bantúes manipulaban enormes motosierrasque lograban cortar limpiamente y en un segundo árboles que ya estaban enaquel bosque cuando el abuelo del abuelo de Abendé era solo un niño.Abendé dio la orden de atacar, pero apenas diez lanzas solo lograron asustar alos conductores de una máquina, luego salieron corriendo ante el estruendo deun disparo de arma de fuego.Cuando llegaron al campamento de Abessé, las mujeres lloraban. Los come-hombres, no solo mataban al bosque, también habían secuestrado a dos niñas delpoblado.Los mayores decidieron enviar un grupo de tres rastreadores a buscar a lasniñas, mientras los ancianos fueron al kalambako, el lugar más sagrado,para pedir ayuda a los antepasados.Junto a los colmillos de marfil de los elefantes que habían matado susantecesores, apareció misterioso Kemé, el único que sabía qué cantidad dela raíz de embondo había que mezclar con agua para ver más lejos, en busca delgran espíritu de los señores de la selva y se lo dio de beber a los cinco hombresmás fuertes.Los elegidos bailaban circularmente en torno a la hoguera animados por los rítmicosgolpes de la percusión, hasta que cayeron al suelo y empezaron a tener espasmosmusculares y temblores. Kemé, el engangui de la tribu y los mayores, losprotegieron.Cuando volvieron en sí, dijeron que el gran espíritu les contó dónde estaban lasniñas, atadas y llorando, luego les mostró el lugar donde el hombre blanco mataba alos árboles y de allí partía un camino muy largo hacia el corazón de Ubangui. Elmensaje era muy claro. Buscarían a las niñas y luego, viajarían al corazón de la 3
  • 39. selva.Los hombres se dedicaron a preparar las armas -amarrar las puntas de flechascon astas de antílope enano, hacer los arcos y las cerbatanas y untarlas con elmortal estraganto, que acaba con los animales más grandes-.Al día siguiente, la lucha era inminente. Llegó toda la gente de Abendé, y la tribu sereunió al completo por primera vez desde hace años.-Este lugar no es seguro, decía. Debemos defendernos y salvar a las niñas, antes deque se las coman. Después nos iremos lejos. El gran espíritu ha hablado y así loquiere. La selva es nuestra y no nos van a echar.En el cobertizo de los bantúes, se celebraba la llegada del marfil de los pigmeos, -habían robado el kalambako. -Ya huelo a dinero, decía uno. Mientras tanto, losexploradores baká, los observaban escondidos en la maleza, descubriendo a las dosniñas atadas a un árbol.Los bantúes bebían mucho y fumaron mucho banga para atraer a lososcuros espíritus que invocaban. Les rodearon sin que se diesen cuenta y losbantúes se asustaron mucho al verse rodeados de centenares de pigmeos que lesgritaban y les apuntaban con toda clase de armas. Los colgaron de los árboles,dejaron que la selva se encargaran de ellos y quemaron sus chozas.Al día siguiente, Abendé ordenó que cogieran miel, el mejor don de Ubangui, elúnico alimento con el que un hombre puede vivir sano muchos años para fortalecerlas niñas secuestradas. A los dos días estaban completamente recuperadas y Abendédio la orden de marcha, pidiendo a todos que no miraran atrás.Las mujeres llevaban lo más importante, el tizón del fuego. Centenares de bakácruzaron la selva siguiendo el camino que el gran espíritu les había señalado hastaque llegaron a donde el hombre mataba a los árboles. El jefe no quiso evitar aquellugar, para rodear con toda la tribu a los blancos que manejaban las máquinas, sedirigió a un estupefacto jefe de los blancos y le pidió que no siguiera matando aUbangui, a la selva, pues caería sobre ellos una terrible maldición. 3
  • 40. Continuaron el camino guiados por los espíritus hasta que de repente el jefeescuchó el canto de los pájaros que volvía a ser alegre, y notó que allí nunca habíaentrado antes ningún otro hombreAquel era el corazón del bosque, cuando colocaron el kalambako, se oyeronlos gorilas por largo espacio de tiempo, se trataba del gran espíritu que les estabadando la bienvenida. Al día siguiente, Abendé, salió sonriente de su tienda, todossupieron que había vuelto a soñar y que todo iría bien allí.El reloj de LolaAmanecía lloviendo en los tiempos antiguos y el día gris se desplomaba sobrelos espíritus que poco a poco se sentían como aplastados contra el suelo.Lentamente las gotas de agua resbalaban eternas por el envés de las horas hastaque caía la noche.El superviviente Lucas Hidalgo llegó una mañana al campo, con el luceromatagañanes aún en el firmamento.Desbrozó el terreno y clavó en el suelo una fila de estacas.Luego, fue a cortar más palos para el esqueleto y los puso armando el tejado,apoyándose en la viga maestra o cumbre. Para el cuerpo amarró cañas quesujetarían las varetas y añadió pasto seco cosido a modo de cobertura. Loembadurnó todo de barro y le puso una camisa de cal.Cavó con sus propias manos de huérfano y jornalero adolescente, el pozo,morada del agua, y de allí brotó con generosidad el líquido elemento.Era la casa de los tiempos antiguos, que fue estrenada con ocasión de la boda.Cuando Lucas Hidalgo se casó con Lola Humanes, tuvo plena conciencia de queno solo había logrado sobrevivir, sino de que se había hecho a sí mismo.En el trabajo, el joven recién casado contaba el tiempo que le quedaba para 4
  • 41. terminar la jornada mirando un reloj de bolsillo, regalo de boda de su esposa,que tenía dentro de la caja una foto de ella y por fuera llevaba grabado sunombre. Lola, -l,o,l, a- letras que él acariciaba en la superficie de plata repujada,como si acariciase los muslos de su amada.Lucas se encamaba con Lola, mecánicamente, escuchando el rumor de lassábanas de organdí. Afuera, la lluvia, el croar de las ranas eternas.Y cuando parecía que el mundo se iba a detener de tan lenta rutina llegó un díaLola Humanes a contarle a su marido que una nueva vida estaba creciendo en suInterior. En ese momento Lucas se supo creador, prolífico y grande, como uncampo recién arado, justo en el momento en que una inhumana furia imparableestaba recorriendo aquella paz de cielos, campos y vida, sin la angustia dolorosadel pequeño fracaso cotidiano.Al principio no supieron muy bien de qué se trataba. Comprendieronsúbitamente, cuando una mala tarde llegaron a la puerta de la choza de Lucastres jinetes buscando a alguien. Armaban mucho ruido, los niños se escondían,los perros ladraban. -Señora, sujete usted a esos perros o le pegamos un tiro-.Lola tuvo coraje para tomar las riendas de los caballos y apartarlos -casi nospisotean- dijo ella. Comprobaron que allí no estaba lo que buscaban.Poco días después Lola, de tez pálida y trajes eternamente negros iba a por aguaa un pozo cercano, sujetando con una mano las riendas del mulo que soportabael peso de grandes cantaras y con la otra el pequeño universo que crecía en suinterior. De repente, las bestias se pararon en seco, se negaban a seguiravanzando, no había forma humana de hacerlos avanzar.Entonces ella cogió uno de los cántaros y fue andando hasta el pozo. No vio elreflejo de su cara en el agua, tal y como esperaba, sino una cara blanca y azul,unos ojos que miraban a través de la carne y las piedras, un cuerpo deformado.Allí estaba, muerto, el hombre que andaban buscando los jinetes. Blanca pariópoco después un feto que nació muerto. Presagio de algo terrible. 4
  • 42. Las cosas fueron cambiando paulatinamente. La sinrazón se fue apoderandolentamente del aire hasta viciarlo.Una mañana llegó un señor vestido de negro con una gorra y una saca de cuero,de la que sacó un papel con un sello, en el que se ordenaba a Lucas que fuese adefender un polvorín.Lo vieron partir por un camino entre olivares, con su cuerpo de niño grande y susonrisa luminosa, sencilla, fresca y sus ojos transparentes. Lola se quedó sola enmedio de la nada.Pudo sobrevivir gracias a los libros, creando el milagro de las letras entre ortigasy cerdos, entre pólvora y llanto.Ella le escribía versos y luego los releía. Lucas no sabía leer, pero eso daba igual.De repente apareció un niño de seis años en medio del barro, miró suplicante aLola, ella supo que habían matado a sus padres, que no tenía familia y quenecesitaba ayuda. -¿Cómo te llamas?, Luis, respondió.Con el tiempo se estableció entre ellos una relación parecida a la de una madre yun hijo.Una mañana Lola despertó al niño antes de salir el sol y cuando hubo terminadode vestirlo y lavarlo le dijo, hoy vamos a hacer un viaje para ver a Lucas.A la puerta de la casa llegó un carro, con un lento traqueteo, como si no fuese aninguna parte. Ella parloteó tímidamente con el carretero hasta que los dejó enla lejana estación de ferrocarril, sin demasiado interés, como a un equipaje.Lola miraba la lluvia sobre los cristales empañados del tren, mientras acariciabala cabeza de Luis. A lo lejos, la sierra era una masa gris azulada que perdíaconsistencia conforme el aire se iba adensando.Lucas intentó por todos los medios disuadir a Lola de que no fuese a verle. Latensión entre los bandos era insostenible, se temía que el más mínimo rocepudiese desencadenar una matanza estúpida. Pero ella sentía que tenía queverlo urgentemente. Temía perderlo en medio de la guerra o en brazos de otra. 4
  • 43. Al bajar del tren, un militar un militar entregó a Lola, una nota firmada porLucas, lo leyó y en su rostro se dibujó el terror. Sólo tuvo tiempo de oír: -no seasuste, sólo tiene que dirigirse a la dirección que está escrita en el papel, no lepasará nada si se dirige allí-.Lola sintió un escalofrío de terror, cogió en brazos a Ulises y el niño sintió queella estaba aterrada.Iban cruzando una calle estrecha cuando se oyó un disparo, e inmediatamentepuertas y ventanas se cerraron casi al unísono en un gesto mecánico,sincronizado, amenazador.Un niño jugaba en el suelo con un montón de arena. De una casa salió su madre.Lo cogió de forma violenta lo zarandeó y lo condujo al interior a toda prisa. Alcerrar la puerta vio a Luis y Lola. Les miró como si ya no se pudiese hacer nadapor salvarlos. Ella miró una vez más el papel con la dirección. Caminó las callesdesiertas buscando a alguien, pero no había nadie.Una fila de soldados les prohibió el acceso a una plaza que necesitaban cruzarpara llegar al lugar apuntado en el papel y Lola lloró por vez primera, bajo laatenta mirada de Luis, justo cuando comenzaron a oírse gritos que salían de laiglesia. Allí había congregada una multitud de rehenes.La plaza estaba rodeada de grandes balcones, donde se apostaban soldadostiradores. Desde el templo unos hombres conducían e insultaban a un cura conun ronzal al cuello calle abajo, hacia una callejuela sin salida.Fue la primera vez que Luis vio a aquella misteriosa dama vestida de blanco quecaminaba por una calle.Fue ella la que dijo -¡Luis corre, corre, corre!-. El niño soltó la mano de Lola ycorrió en dirección adonde le señalaba.Lola comenzó a correr detrás del niño para darle alcance y perderse por una 4
  • 44. calle, hacia otra plaza donde no había nadie. Eso les salvó la vida. En represaliapor la muerte del sacerdote, el otro bando comenzó a disparar contra lamultitud y eso encendió una espiral de violencia, sangre y fuego que duró variosdías.Lola corría calle abajo hasta que por fin pudo dar alcance al niño, justo frente ala puerta en la que la otra madre había recogido al niño que jugaba en la arena.Tras los disparos, se hizo un silencio sepulcral, una leve pausa que anunciaba elgran desastre. Lola oyó muy cerca el ruido del cerrojo de una puerta que seabría. Salió de nuevo aquella madre e invitó a Lola y Luis a que entrasen pararesguardarse antes de que comenzara la gran carnicería.La puerta detrás de sí con un enorme cerrojo.Estaban en la casa cuya dirección estaba apuntada en el papel que le dieron albajar del tren. Lola se quedó mucho más tranquila al saber que aquella mujerera amiga de su marido. Al conocer el desastre que se avecinaba y la llegada desu esposa al pueblo, Lucas le había mostrado a la dueña de aquellacasa una foto de Lola. Ahora las dos mujeres rezaban para que sus seresqueridos salieran ilesos de la batalla, que duró varios días en los que no cesaronde oírse disparos y ráfagas atronadoras.Aquella mujer hablaba muy poco y Lola se sintió abandonada a su suerte.Durante la noche extrañas luces iluminaban la oscuridad y un silencio sepulcralse apoderó del pueblo.Perdieron la cuenta de cuántos días estuvieron allí encerradas. Cuando todohubo pasado las dos mujeres quitaron las trancas, abrieron las puertas, olieronun aroma extraño, familiar, dulzón y descubrieron sobre los adoquines extrañosdestellos de brillo intenso rojo.Una tormenta descargó y la lluvia mezclada con sangre que corría calle abajoera el único sonido perceptible.Pasaron varios días más hasta que la situación se normalizó, uno de los dos 4
  • 45. bandos había sido aniquilado. Como Lucas no aparecía, Lola salió a buscarlo,enseñando una foto rota a la gente, pero nadie sabía nada en medio de aquelcaos de funerales y llantos en aquel pueblo de locos.Una semana más tarde abandonó toda esperanza de encontrarlo con vida, asíque se despidió de la mujer que le había ayudado a salvar la vida y se dirigió a laestación de tren, de vuelta a casa.Compró los billetes y cruzó el andén de la estación llena de soldados anónimos yde aspecto demacrado, de familias que se reencontraban llorando y de mujeresvestidas de negro, con niños pequeños que tenían en sus manos fotos desoldados desaparecidos y billetes para escapar.Lola se subió al tren lentamente, como demorándose adrede, como si en aquellugar se quedase para siempre algo suyo.No dejaba de mirar atrás en busca de algo o alguien. Luis, le preguntó, -¿québuscas?-, ella respondió: nada. Sin embargo, mientras buscaban asiento en elinterior del tren, ella miraba las caras de cada uno de los soldados.Sin embargo el tiempo inexorable, no iba a detenerse, todo lo contrario.Cuando, el jefe de estación dio con su silbato la orden de salida, aquel silbido,fue como el del agua que hirviendo bulle en el interior de un recipiente sobre elfuego, que busca el mas mínimo resquicio para salir al exterior. El primer giroseco de las ruedas del tren fue como un golpe en el corazón de Lola.Vio un hombre joven, en el que no había reparado anteriormente, estabasentado en el suelo, tenía los ojos vendados y charlaba con otros soldados.Lola creyó encontrar un gesto familiar, y se aferró locamente, ciegamente a suúltima esperanza. Avisó a su hijo, cogió de nuevo su equipaje y bajaron de untren que lentamente inició su marcha para luego perderse en el horizonte.Lola miró a aquel hombre más cerca y con más detenimiento, para comprobarque no era lo que ella esperaba, era más viejo y moreno que su marido. Se dio lavuelta y contempló los raíles vacíos. 4
  • 46. Se dio cuenta de que no tenía dinero para comprar otro billete así que tendríaque pedirlo, sólo de pensarlo se le nubló la vista y sintió una leve sensación demareo. Creyó que se iba a caer en medio de las vías, justo cuando se acercaba unnuevo tren.Le salvó la mano de Luis que se aferraba a ella con toda su fuerza. Cuando lomiró sonreía dándole ánimos y pudo ver que el soldado de los ojos vendadossacaba del bolsillo de su chaqueta unos cigarrillos y un plateado reloj de bolsillocon un retrato dentro y un nombre de mujer grabado en el lomo, que élacariciaba como si fueran los muslos de su amada.La cueva de XoroiAllí estaba Yusuf, aún vivo. Libre, superviviente en el centro de sí mismo,rodeado por un infinito azul, sólo cortado por el eterno acantilado, en la brevelengua de arena, contemplando la peor escena que un corsario como él podíaimaginar.El sol se ponía sobre el horizonte de su esperanza, y contra él se recortaban lasvelas de su nave, que ya marchaba rumbo a la lejana Izmir, con sus bodegasllenas de un botín compuesto por animales de granja, alimentos frescos reciénrobados en las huertas de la isla, algunas armas incautadas y una decena deesclavos.Zeino, el despiadado jefe de aquella expedición, acordó con sus dos hombres deconfianza Devrim y Temel, desviarse hacia el norte, tras zarpar de Argel, dondegozaron de la hospitalidad del mismísimo virrey Eludj Alí. Lograron así sortearuna tormenta, pero acabaron en aquella isla poco poblada, cuyas pequeñasplayas rodeadas de altos acantilados, al abrigo de los fuertes vientos del norte y 4
  • 47. de los enemigos, eran el mejor refugio.Mientras amainaban los vientos decidieron rapiñar los pueblos y las huertas queencontraron a su paso, pero en pocos días los isleños encendieron hogueras,hicieron señales de humo para comunicar el peligro, y organizaron paradefenderse partidas que ya se encaminaban a la cercana playa donde fondeabanlos berberiscos.Pero allí ya sólo quedaba Yusuf y sus brillantes ojos negros derramandolágrimas en la solitaria arena, contemplando incrédulo un mar de olasdesoladas, murmurando nosequé desgracias.-¿Porque?-. Preguntaba el desgraciado a las olas, que le respondían con undesconocido lenguaje de oscuras y extranjeras espumas, devolviéndole con cadaonda que arribaba a la arena, la misma pregunta. Porqué, porqué, porquérepetían el océano y el eco del acantilado una y otra vez ante un hombrearrodillado, harapiento y extranjero en tierra enemiga.Pero la fuerza del mar se fue deslizando en su alma y entonces decidió que nosabía cómo, pero sobreviviría y no solo eso, además adoptó la firme decisión deque sería feliz junto a una mujer que lo quisiese.Cuando recuperó el sentido de la realidad el viento había amainado y soplabadel noroeste, eso ayudaba la singladura de sus antiguos compañeros. -Así se lostrague el océano-. Masculló entre dientes. Pero el viento le trajo tambiénsonidos de perros furiosos del interior de la isla.Entonces sus instintos más primarios le empujaron a huir hacia los caminos queiban a los acantilados, donde recordó que había unas cuevas; guiado, -casisalvado-, por la luna llena, que se erguía de puntillas sobre el horizonte.Los caminos le condujeron a un callejón sin salida, pues no podía seguircorriendo, el desnivel le cortaba el paso, miró hacia atrás y comprobó conpavor que las luces de las antorchas se acercaban acompañadas de ladridos deperros. 4
  • 48. Perdió el equilibrio y cayó al vacío, con tal suerte que pudo asirse a la rama deun pino, luego comprobó en medio del vacío de la noche y del estruendo deespumas que rompían contra la piedra, que había un saliente de roca por dondepodía caminar. Un pequeño camino que le conducía hacia una cueva que nadamas ver reconoció como un lugar ideal para pasar el tiempo que fuese necesario.No le asustaban las alturas, era fuerte y valiente, y de adolescente ya le gustabasubirse a los acantilados de Karaburun a coger huevos de las aves que allíanidaban, así que se encontraba a sus anchas.Mucho más a gusto se sintió cuando se alejaron dándole por perdido.Entonces él se inclinó de rodillas hacia el sureste y dio gracias a Alá por haberescapado con vida de aquel trance, y se prometió que pronto estaría de vuelta enIzmir.Cuando abrió los ojos vio el mar en calma y un paisaje muy hermoso. Tras lasoraciones de la mañana, comprobó que la cueva era mucho más profunda de loque podría haber imaginado y se maravilló cuando se introdujo en ella ycomprobó su buena ventilación con varias entradas para la luz a modo deventanas.Al principio no se alejó demasiado de su cueva, por precaución. Pero poco apoco se fue adentrando hacia tierras pobladas de olivares, pinos, encinas,algarrobos y alguna que otra palmera. Observó un gran cerro en medio de la islay supo por el trasiego de los carros que se trataba de un lugar rico, lleno depequeñas ciudades y muchas huertas.Más por culpa de la soledad que por otra cosa, se acercaba a algunas casasrurales a curiosear. Sin querer, aprendía algo de aquel idioma que no le era deltodo ajeno. Lo había oído en muchos barcos en los que había cruzado tantasveces el Mediterráneo. Como buen marinero en seguida reconoció por los gestosy las conversaciones, el nombre que daban a los diferentes vientos. Xaloc, 4
  • 49. tramontana, mestral, gregal, o levante, que gobernaban la vida en la islainfluyendo en el mar, en la tierra y entre sus gentes. Sobre todo la temibletramontana del norte.Mientras, crecía la preocupación en todo el archipiélago por el constante azotede las incursiones de piratas berberiscos que se convirtieron en una auténticaplaga. Se tomaron medidas inmediatas.Se comenzaron a construir torres vigía, crearon patrullas ciudadanas y pequeñasflotillas de galeones. En el pasado las numerosas incursiones de piratas hicieronque las autoridades pensasen seriamente despoblar y abandonar la isla. Sushabitantes se negaban a aceptar la pérdida de sus tierras y enviaban toda case decartas a las autoridades informando de la situación "andan tan señores de lamar los dichos turcos y moros corsarios, que no pasa navío de Levante que nocaiga en sus manos, y son tan grandes las presas que han hecho, así dechristianos cautivos como de haciendas y mercancías, que es sin comparación ynúmero la riqueza que los dichos turcos y moros han avido, y la gran destruicióny assolación que han hecho en la costa. Las tierras marítimas se están incultas,bravas y por labrar y cultivar; porque a cuatro o cinco leguas del agua no osanlas gentes estar: y así se han perdido y pierden las heredades que solían labrarseen las dichas tierras".El día en que María, -la solitaria y joven viuda con dos hijos, -objeto deldeseo y víctima de un Duque-, cuya vida fue de boca en boca por toda la isla,vio a Yusuf bañarse desnudo en su pequeña cala, algo se movió en su interior.Decidió espiarlo secretamente, admirando heroicamente su belleza morena.María esperaba ya poco de la vida cuando encontró a aquel náufrago, a su vezuna tabla a la que amarrar el naufragio de su propia existencia. No tenía nadaque perder.Al domingo siguiente después de misa, volvió a la posada en que trabajaba y setomó el resto del día libre. Cogió algo de comida, la puso en una cesta y se fue a 4
  • 50. la playa. Allí se aseguró la atención del náufrago que parecía surgir súbitamentede las rocas y cuando estuvo segura de que la miraba se quitó la ropa y se dio unbaño. Se le insinuó con gestos y se contorneó varias veces, lo suficiente comopara conducirle a aquella escena bajo los árboles que jamás olvidaría en su vida.Yussuf consideró aquello como un regalo del cielo y rezó más que nunca a Alá,para que aquellos encuentros no terminasen y en segundo, paraque la mujer a la que él llamaba Azahara no revelase a nadie su paradero puessu vida dependía de ello. Así se lo había pedido.-Te llamaré Xoroi, -dijo ella-. Que quiere decir bello-. Y él respondió con unasonrisa aprobatoria.Pronto, los dos amantes alcanzaron gran confianza. Las visitas de María serepetían cada fin de semana y el cariño fue creciendo entre ellos. El no era unsalvaje como ella podría haber pensado inicialmente, ni ella provocaba losrecelos y desconfianza del huidizo y asustado extranjero.Yusuf le mostró el escondite de su cueva y ella se quedó estupefacta. Allí, elnáufrago había sembrado tomates, pimientos y otras plantas que le servían dealimento, creando un sistema de riego, con aguas de lluvia. Había cerrado unespacio con palos y cañas y allí criaba aves de corral robadas de granjascercanas.Las paredes estaban adornadas con restos de redes, conchas marinas y otrosobjetos hechos por el hombre que el mar acercaba hasta la playa. Trozos depared rocosa estaban pintadas con dibujos geométricos hechos con pinturasnaturales.Desde el primer momento, María, -Azahara en su nueva vida- quedó encantadacon aquella improvisada casa, que decía mucho de quien la habitaba, y eramucho mejor que el cuarto de la posada de Alaior donde malvivía casi como unaesclava con sus pequeños.Cada vez que iba a la cueva de Xoroi vivía los mejores momentos de la semana. 5
  • 51. Sentía la libertad mientras nadaban desnudos por aquellas aguas cristalinasjunto a los acantilados, al abrigo de las miradas. Cogían peces frescos, mariscosy crustáceos, huevos de aves que comían mientras veía ponerse el sol en elocéano.Así ella comenzó a sentir aquella cueva y a aquel hombre como algo suyo. Sinembargo, el resto de la semana discurría anónima, anhelando que llegara eldomingo para ir a visitar su pequeño tesoro secreto.Le relación entre Azahara y Xoroi fue ampliándose con todo tipo de beneficiosMutuos. Ella mantenía el secreto, le enseñaba algunas palabras en su lengua, leproporcionaba herramientas para cortar y trabajar la madera, para queconstruyese muebles y alguna pequeña balsa para moverse con mas facilidadpor mar y le llevaba alimentos.A cambio, él le ofrecía la hospitalidad de su cueva, y de buen grado enseñaba alos dos niños de Azahara, -Joan y Jordi, de ocho y diez años- a pescar con unarudimentaria caña, a cazar, a nadar, a ser hombres fuertes, libres eindependientes. Los niños comenzaban a sentir por primera vez la figura de algoparecido a un padre.A pesar de la precaución extrema con que se conducían Azahara y sus hijos nopudieron evitar levantar sospechas. Cuando les veían los dueños de la posada enque trabajaba, coger cantidades inhabituales de comida, aquella ropa de díaespecial, o aquella injustificada expresión de alegría.Fueron poco a poco sacando la madeja por el hilo, atando cabos, levantandosospechas, comprobando cómo desaparecían aves de corral y otros alimentos delas granjas, haciendo preguntas a los niños.Y la respuesta llegó un domingo de verano. Les bastó seguirla hasta la cueva delos acantilados para comprenderlo todo. Cuando los soldados entraron en lacueva, armados de mosquetes y espadas, la sorpresa les paralizóLos soldados entraron, apuntaron con sus armas y solo vieron a María 5
  • 52. aterrorizada apretando contra sí a sus dos pequeños.Cuando los soldados dieron el primer paso hacia la mujer, de la oscuridad salióla mirada fiera de Xoroi que intentó inútilmente reducir a los soldados. Cuandose cansó de luchar y se dio cuenta de que los soldados se aprestaban a disparar,prefirió correr y lanzarse ciegamente al vacío de los acantilados ante los gritosde Azahara. Veinte metros más abajo, solo vieron el mar pardo, oscuro, casi deluto, pero ribeteado de espumas blancas llenas de esperanza.Xoroi había pasado definitivamente a la leyenda. Jamás nadie en aquella islasabría nada más de él. Infructuosamente buscaron durante horas su cuerpo,pero no lo encontraron. Los soldados solo pudieron llevarse a María y a sushijos de vuelta a la posada.Ella cayó en un mutismo absoluto, no hablaba apenas, y respondía convaguedades ante las preguntas. En el siguiente mes, ella pareció olvidarse porcompleto de su vida pasada y se reintegró con una pasmosa normalidad a sunueva vida, como si Xoroi no hubiese existido jamás.Una noche, cuando todos dormían, Azahara se levantó en su cuarto de laposada, vistió a sus dos niños, salieron sin hacer ruido ni ser vistos por nadie yse dirigieron hacia la playa cercana a la cueva de Xoroi.Una vez llegó a la playa la luna llena dibujó con toda nitidez una pequeña barcahecha a mano, y en su interior, un que hombre reamaba. Cuando la barca llegóhasta donde estaba la mujer, el hombre puso pié a tierra y su huella quedógrabada en la arena: Xoroi que avanzaba hacia ellos.Azahara y los dos niños le abrazaron emocionadamente, le habían echadomucho de menos. Tal y como habían acordado, se subieron en labarca y remaron con destino a un futuro mejor.En la isla, quinientos años después aún corre de boca en boca la leyenda deXoroi, aquel moro pirata que raptó a una mujer y la llevó a vivir a su cueva.Cuando afuera sopla la tramontana las madres cuentan a sus hijos mientras los 5
  • 53. arropan en la cama, que tienen que portarse bien y dormirse. De lo contrariopodría venir Xoroi, con una oreja menos, que aún se desliza por los campos y lashuertas de la isla, sediento de sangre, enmascarándose entre las sombras.El misterio de los ojos de la luna llenaLos que conocíamos a Marisa, -aquella mujer con pinta de adolescente, pero querozaba la cuarentena- no teníamos porqué temer sus reacciones en noches comoésta, sin embargo, el resto del grupo que huyó de la ciudad a la sierra aquel fin desemana y la conoció por vez primera jamás olvidarán todo cuanto aconteció entorno a aquella hoguera.Era verano y la luna llena, -luna vieja y llena de sabiduría- atraía nuestrasmiradas por encima de la masa negra de árboles que cubrían los picos de lasierra.Yo, que la conocía desde hacía décadas, con el tiempo aprendí a amarla, yposteriormente a olvidarla, para finalmente, aceptarla tal cual es.Yo lo había oído relatar de sus labios en al menos un par de ocasiones, por eso nome afectaría demasiado lo que estaba a punto de relatar. Sin embargo, los que sesentaban con ella alrededor de una hoguera por vez primera en una noche deluna llena quedaron tan impactados por aquella historia, como ella misma alcontarlo por enésima vez.Una hoguera siempre alcanza un punto de misterio. Un chico reveló el espantoque le produjo descubrir cómo un cuchillo echado al azar en una bolsa deplástico en un viaje de verano, con el coche lleno de las típicas cosas de veraneo,apuntaba de forma inmisericorde hacia la parte trasera de su cabeza sin que él losupiera.Cualquier movimiento de cabeza, risa o gesto propio de una conversación podría 5
  • 54. haber tenido graves consecuencias. Su novia, a la que él siempre consideró suángel de la guardia, y que estaba sentada en el asiento trasero del coche fue laque se dio cuenta, apartó el cuchillo de la sien y lo guardó en un lugar seguro,donde aquel cuchillo de instinto asesino no pudiese hacer daño a nadie.Cuando Marisa, escuchó la palabra ángel, dos lágrimas rodaron por sus mejillas ysonrió:-Así que habláis de ángeles. ¿De verdad queréis escuchar historias sobre ángeles?.Y los demás asentimos. -No quiero ni una risa irónica. -Dijo, con aquel estilocortante que conocíamos, porque sabíamos que íbamos a oir algoverdaderamente importante para ella.-Yo tendría unos diez años. -comenzó. Lo sé porque es esa edad en la que unrelato como éste no suele pasar desapercibido y una está entre la inocencia y lamaldad. Sin embargo, hasta años después no comprendí qué había ocurridoverdaderamente.Mi tío Joaquín tenía apenas 30 años pero ya se había ganado en el pueblo unasólida reputación de anarquista y antisistema.-La verdad es que toda mi familia lo era- explicaba Marisa. Yo incluída. Poraquellos años, la libertad estaba estallando en las calles y aunque erarelativamente frecuente encontrar gente que comulgase con ideasrevolucionarias no todo el mundo se atrevía a llevarlas a cabo o a manifestarlasen público tan a las claras.Sin embargo, las malas lenguas decían que mi tío iba definitivamente por el malcamino, hablaban de las malas compañías que lo frecuentaban, de demasiadoalcohol y quizá de alguna que otra sustancia alucinógena.Todo eso hacía que en casa lo vieran como un bala perdida, no exento de grandesdosis de bondad, y para mí se trataba de un tipo divertido que hacía cosas que amí me gustaría hacer a su edad.El tío Joaquín llegó a casa al anochecer y nos pidió que le acompañásemos hasta 5
  • 55. la calle para contemplar aquella hermosa luna llena que estaba saliendo. Aquellanoche el rostro de mi tío tenía una aspecto distinto cuya causa yo no lograbaidentificar.Yo sólo noté un brillo especial de sus ojos, iluminados por la luz de la luna, comoésta de hoy.Después se encaminó hacia una habitación, para hablar a solas con mi padre, suhermano cerrando la puerta detrás de los dos. Estaba claro que se trataba de algosumamente importante.Así que, cuando nadie me vio yo pegué el oído a la puerta, pero no se oía nada.Finalmente, decidí escuchar la conversación por la pequeña ventana que daba alpatio, como había hecho tantas veces.Cuando por fin llegué a tomar el hilo de conversación sólo noté que mi tío llorabay mi padre lo consolaba. No pude verlos, porque el hueco de la ventana era muypequeño y daba a otra esquina de la habitación distinta a donde ellos estaban.Pero sí pude distinguir el tono de sus voces:-Te juro que hoy no he tomado nada, mi mente está más clara que nunca. -Decíami tío.-Pero eso es imposible, hermano, ¿no lo entiendes?, nadie excepto un Dios en elque nosotros no creemos, puede conocer cuando ha llegado la hora de alguien.-Dijo mi padre. A no ser que haya alguien interesado en quitarte de en medio.-Créeme, no soy un peligro para nadie, solo vivo mi vida a mi manera. Respondiómi tío.-¿Tu has hecho algo para enfadar a alguien de modo que quiera matarte?.-Créeme si te digo que no, en el fondo no le importo a nadie demasiado y menoscomo para quitarme de en medio. Esto es algo distinto. Había en ese muchachoalgo absolutamente diferente. No solo era una buena persona, era además bienparecido, agradable, amable, me hablaba con un cariño como nadie nunca lo hahecho antes. 5
  • 56. Desde el primer momento me sentí muy bien hablando con él.-Y cómo te abordó, ¿qué te dijo exactamente?.-Yo caminaba por la calle, tan tranquilo cuando llegó me saludó muyeducadamente y me dijo que estaba allí porque había llegado mi hora y me teníaque poner en paz con Dios, tal y como te he dicho antes.Luego hubo un silencio denso.-Y qué más.-Y nada más luego me dijo que iríamos a una iglesia, pero no porque fuera unedificio especial, sino porque allí había más silencio. Que él sabía que yo no creíaen estas cosas, etc.....-¿Y qué hicisteis luego?.-Pues yo no se cómo ni porqué pero entré en la iglesia y allí estuvimos un rato ensilencio. El solo me acompañaba, mientras de repente, una lucidez extrema merecorrió las entrañas y entonces supe qué ciego he estado todo estos años atrás alas cosas que verdaderamente merecen la pena.Me puse nervioso, pero el me cogió de la mano y sentí una paz especial.-Y después.-Después hablamos algunas pocas palabras más y de repente sin saber cómo,desapareció en medio de la multitud. Luego llegué a casa, me acosté la siesta yhasta ahora.Gracias a las palabras de mi padre, mi tío se quedó más tranquilo, quizá sedebiese todo a una causalidad, al frecuente exceso de alcohol, o vete tu a saberque explicaciones buscaría mi padre para calmarlo, pero lo cierto es que cuandomi tío salió de mi casa, era un hombre nuevo.Mamá le preguntó a papá qué pasaba y él le respondió que su hermano estabamal, que parecía que deliraba y no se qué mas.Luego, a las dos horas llamaron por teléfono confirmando la noticia.El entierro fue muy íntimo, apenas con unos pocos amigos, que hablaban de él 5
  • 57. como un alma perdida.Ninguna de las reiterativas palabras de trámite se quedaron clavadas tanto enmemoria, como aquella de una buena amiga de mi tío:-Qué pena, ahora que parecía que había encontrado un buen amigo, que lo llevóesta mañana a la iglesia.La luna llena brillaba inundaba el firmamento cuando salíamos del cementerio. 5
  • 58. Mirada DeltaEl rio se desdibuja en tu espaldaTu mirada se funde en mi océano.Esmeralda y azul, tus ojosSencilla y grande, tu almaComo el Orinoco.El río celeste se deslizapor la selva esmeraldacomo tu cuerpo reptapor mi mente,por mis venas,camino de mi corazón.Tu voz es un violoncheloque rie al atardecera la sombra de una Ceiba.Tu sonrisa es blanca y negra,Blanco Boyacá por las comisurasNegra por donde mas duele.Hay tantas cosasYo solo preciso dosMi guitarra y vos. 5
  • 59. El río celeste se deslizapor la selva esmeraldacomo tu cuerpo reptapor mi mente,por mis venas,camino de mi perdicióncamino del bello Monte.Viva el quejido valienteDel agua de tu vozQue se arroja y vuelaComo ave blancaSobre la verde espesuraEl Caribe desemboca en la AlhambraMi mirada en tu voz.El Orinoco en la Esperanza.El Guadalquivir en mi corazón.El juego de las miradasTu mirada es la antesaladel templo de tu almaLa claraboya del pensamientorecogiendo los versos quequedaron esparcidosen el suelo del tiempo.Tu mirada es el planetay tu boca la luna nueva,omnipotente, que al mirarlalevanta un rumor de versos,revoloteando sobre un corazónde papel.Tu mirada es universoy si los abres la luz se hace,y si los cierras la noche caede tus párpados invocandoun estruendo de silencios.Tu mirada caza al vuelolo que otras solo intuyenTu mirar disparar besos,escupe risas, escudriña, busca,curiosea, la vida como deseo.Tu mirada, es el vientoque mi mirar balancea,Y canta una nana, ea, eaVuela en la cama, vuela,vuela y tiembla, aporrea.Tu mirada es adivina, 5
  • 60. engendra versos,Mi mirada es certeraalberga proyectos.El ave de tu mirada yy el viento de mi mirarFluyen al mismo tiempo.navegando rumbo al mar.Yo seré túYo seré túY te cantaré la vida.Te enseñaré el mundoComo por primera vez.Tú serás corazón que tiritaesperando la voz,que le diga: confía en mí,y tú, serás yo.Tú serás yoY abrirás mis surcos,cerrarás las heridas.Te alimentarás de mi piel.Yo seré túY comeré de tu almabeberé de tu cuerpo:sembraré la semilla,tendré tu sed.Tú serás la llamada,que sin querer, he respondido.Estoy aquí para estrenartu primavera y enterrar la soledadque te condena.Yo estoy aquí para gritartu primavera.Las palabras oscurasque te nombran.Los silencios que gritanbajo tu piel.Beberme la voz que te corona,probar el saborde tu miel.Tu viniste para amanecer,cantarme la vidabailarme las penas,y tocarme las alegrías. 6
  • 61. Sonrisa amazónicaLlegaste de otro mundoarmado con tu sonrisaamazónica.Te colaste de repenteSuavemente, sin ruidoEn el salón de mi vidaEn el centro de mi ruido.Me traíste tu silencioLa certeza del cóndorel secreto del fuegola aceptación de lo eterno.Desarmaste mis miedosVolaste sobre mis deseosaire de niño desvalidoolor de hombre bueno.Te quedaste para siemprePase lo que paseSiempre serás conmigo.Redescubrí de repenteLo que significa lapalabra amigo. 6
  • 62. Nombre de ArcángelEra una tarde plomiza, sobre las tresMirábamos el horizonte, tu bebías café,negro y dulce, tu pensamiento, espuma del ayer.Tienes nombre de arcángel, y sabor a miel,tienes mano de santo, y secretos en la piel.A los lejos tu barco, vestido de fiestafondeado en la rada, blanco azul vaivén.Tus piernas seguían el ritmoSin mucho que perder.Vámonos pal cielo, el cielo de tu pielSobre tu hombro un ancla, sobre el ancla una mujer.Sobre mi mano la tuya. Ocho horas de ajedrez.Tienes nombre de arcángel, y sabor a miel.Sobre tu labio el mío, sobre el tuyo mi timónTu quilla rompe mi espuma. Mi mástil es tu temblor.Vámonos valiente, tu proa al atardecer.El viento empuja tu vientre elegante cual bajel.Tienes nombre de arcángel, y sabor a miel.La espuma me trae tu nombre. a la boca, con la miel.La noche trae tu nombre del arcángel, de su piel. 6

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