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Mito 22 la_inquisición_de_los_herejes_fue_instituida_por_el_concilio_de_verona_en_el_año_1184

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Mito 22 la_inquisición_de_los_herejes_fue_instituida_por_el_concilio_de_verona_en_el_año_1184

  1. 1. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netMito 22: La inquisición de los herejes fue instituida por el concilio de Verona en el año 1184.Autor: Catholic.netMito 22: La inquisición de los herejes fue instituida por el concilio de Verona en el año 1184. Jesús nunca enseñó el usode fuerza como medio de llevar su salvación a los perdidos... Fue adoptada en 1184 A.D.Antes que nada, cabe aclarar dos cosas. Primera, que uno de los temas más recurrentes entre los protestantes es elechar en cara a la Iglesia católica los diversos abusos que perpetró la inquisición católica, sin parar mientes en los de lapropia inquisición protestante. En efecto, ¿cómo es que -unsando sus propios términos- si Cristo nunca enseñó el usode la fuerza como medio para llevar su salvación a los perdidos, Lutero, Enrique VIII, Calvino, el gobierno calvinistaholandés que se estableció en el norte del Brasil, etc., hayan recurrido al uso de la fuerza?Pondré a continuación algunos comentarios que se han colocado en otras ocasiones en los foros de CN, pero que nose han de descuidar para hacer una valoración más o menos seria de hechos tan complejos.De Lutero se sabe que fue implacable ante la rebelión de los aldeanos de 1520, acaudillados por Thomas Müntzer yNicolás Storch. Los historiadores parecen convenir en que con las prédicas de libertad e individualismo de Lutero, sedaba un pábulo abundante al fanatismo apocalíptico que comenzó a cundir entre ciertos estratos sociales. Así secomprende por qué Müntzer deseaba hermanar las doctrinas luteranas sobre el sacerdocio universal y la certidumbrede la salvación a ciertas utopías sociales. Para ellos la transformación del mundo implicaba el cambio completo de lasociedad; por lo que juzgaban necesario suprimir el bautismo de los niños: como no creían en el momento de recibir elsacramento, éste era inválido. Dicho orden implicaba según ellos la eliminación de la jerarquía, ya que sólo así seviviría sin ley y sin culto. Se establecieron en las cercanías de Wittenberg y se les sumó Karlstadt. Juntos abolieron losestudios y obligaron a los estudiantes a realizar labores manuales, a los obreros les mandaEn cuanto a Enrique VIII, en 1538 Pablo III emitió la bula de excomunión contra Enrique (el terreno estaba de algúnmodo preparado por el consistorio de marzo de 1534, en que Clemente VII hizo clara la sentencia definitiva del procesoiniciado y confirmando la validez del matrimonio de Enrique y Catalina). Enrique no se quedó con los brazos cruzados:en marzo de 1534 el parlamento aprobó la ley de sucesión, en que se declaraba a la hija de Enrique y Ana, heredera dela corona inglesa: pero era una ley que debían aprobar y jurar todos los súbditos del rey, cosa a que accedió la granmayoría de ellos. El 3 de noviembre de 1534 el parlamento votó el acta de supremacía, acto por el cual se reconocía enel rey la suprema y única cabeza de la Iglesia de Inglaterra y se le atribuía toda la plenitud del poder civil y lajurisdicción eclesiástica, lo que se sumó otra ley: el soberano inglés podía nombrar o despedir a los obispos. Al mismotiempo, se enmendaron las famosas leyes de traición por las que se declarabaPocos súbditos ingleses se opusieron al rey y rehusaron jurar el acto de supremacía, entre ellos la religiosa benedictinaElisabeth Barton, los cartujos Honthoh, Webster y Law, Reynolds religioso de la orden de Sta. Brígida, el sacerdoteHale. Los cartujos en general no se doblegaron (tampoco los agustinos del Monte de Sión); y como represalia contralos cartujos, el rey cerró los siete monasterios londinenses y encarceló a sus miembros, Juan Fisher (obispo deRochester e insigne teólogo, cuyas ideas influirían en el Concilio de Trento, el Papa lo hizo cardenal cuando estuvopreso en la Torre de Londres, pero ni eso sirvió para salvarle la vida) y Tomás Moro (gran humanista y amigo deErasmo; desde 1527 se expresó como contrario al matrimonio de Enrique con Ana; se le acusó de complicidad conIsabel; cuando se le condenó a muerte, habló finalmente contra la ley de supermacía), decapitados en 1535 junto conotros religiosos y sacerdotes. Lo que más sorprende es que los eclesiásticos y religiosos tenían que deAhora vayamos a Calvino. No ha de olvidarse que muy hábil en dominar a los opositores de su teocracia suiza. Contodo, hubo de hacer frente a ciertas escaramuzas más o menos intensas: con los pastores, a los que no permitiódisentir de las opiniones de él, por mucho que abrazara el principio luterano del libre examen (destituyó a S. Castellional haber avanzado una interpretación particular de la Biblia). El carácter autoritario de Calvino encontró antipatías entrelos llamados libertinos que deseaban sacurdirse el yugo del reformador; éstos no dudaron en colocar planfletospúblicos contra él. Calvino acusó a Jacobo Gruet y fue condenado a pena capital. En 1551 exilió a Jerónimo Bolsec,excarmelita que se había hecho protestante y contrario a la doctrina sobre la predestinación. Quemó vivo a MiguelServet por negar el dogma de la Trinidad... Servet era un médico de origen hispano, gran conocedor del hebreo, latín ygriego. Deseó incursionarse en cuestiones teológicas y ese mismo año de 1551 publicó uEn cuanto a la Iglesia católica, ha de reconocerse que cunde mucha manipulación en este tema, sin negar que sea muyextenso. Me limito a poner aquí unas ideas generales. La Iglesia tiene el deber de conservar intacto el depósito de la fe,de ser maestra de la verdad, de no permitir que la revelación divina se oscurezca y falsee, tiene el deber de atraer asus hijos extraviados. Lo hace de diversos modos: predicación, enseñanza, amonestación. Muy a menudo la persona© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 1/9
  2. 2. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netequivocada se obstina y la Iglesia ha de recurrir a censuras. La más grave es la excomunión y si es muy solemne laexpresión de la excomunión se llama anatema. La Iglesia tiene un poder coercitivo al aplicar así estas penas, pero hansido más benignas que los poderes civiles y protestantes. El hecho es que varios reos civiles se hacían pasar porherejes y evadir así castigos más severos. Ha habido excesos, pero se debe descuidar el contexto histórico. En la EdadMedia la Iglesia no se recurrió a los castigos duros antes de 1148, ya que quien lo haLa inquisición constituyó ante todo una técnica judicial (inquisitio = indagación), pero terminó por designar un tribunaleclesiástico especial o excepcional que obraba en colaboración con la autoridad civil. No debe nunca perderse de vistael contexto en que nació. En un principio miraba sólo a la solución de cuestiones disciplinares como la simonía, etc...;mas en un segundo momento se aplicó como lucha contra las herejías que se hicieron tanto más amenazadoras comoantítesis de una tedencia a encuadrar más rígidamente los sujetos y los creyentes. En la alta edad media el hereje seconsideraba un infame al que era necesario excluir de la comunidad con la excomunión, a fin de ayudarlo aconvencerse de su error y de castigarlo con medidas temporales y medicinales como el exilio, la confiscación de bienespero por medio o auxilio del brazo secular. En el S. XII el hereje aparecía sobre todo como un perturbador del orden, unenemigo de la sociedad. La legislación canónica se remontó no sólo al derecho penal.Los historiadores afirman que el rigorismo de los príncipes terminó por ir influir paulatinamente en los pontífices y susdecisiones. Así Enrique, arzobispo de Reims y hermano de Luis VII de Francia disentía de la benignidad que el Papaaconsejaba en el trato con los herejes. En 1162 el rey de Francia pidió al Papa que le dejara mano libre para acabar enFlandes con la herejía maniquea. El Papa estaba refugiado en los dominios de Luis, obligado huir de Roma, de suerteque tomó en cuenta los deseos del monarca. En el concilio de Tours se tomaron enérgicas medidas contra los herejes;se encargó a los príncipes seculares que se apresara y castigara a los albigenses. El tercer concilio de Letrán (1179)lanza el anatema contra los cátaros, y se abordan los casos de otros herejes -como los de Brabante y del sur deFrancia- que cometen todo tipo de atrocidades contra los cristianos, que no respetan iglesias, monasterios, ancianos,niños. En 1184 tuvo lugar la dieta de Verona, en la que Barbarroja se puso de pie, apGarcía Villoslada, a quien se sigue para esta exposición, dice que la inquisición pontificia nace el año 1231: Gregorio IXopta por instituir un juez extraordinario que a nombre suyo haga la debida inquisición y juicio de los herejes. Estamosaproximadamente en febrero de 1231. Los inquisidores se eligieron entre los frailes predicadores. En 1233 el Papa diráque lo que le movió a ello fue el ver que los obispos se encontraban abrumados de ocupaciones, de suerte que nopodían hacerlo; sin embargo, el deseo mayor del Papa era evitar que la autoridad civil del emperador asumiera talesderechos que no le competían: de hecho, Federico II era quien quería arrogárselos en sus ansias de colocarse porencima de la potestad del Papa, y avidez de riquezas; de ahí que el Papa reivindicara tales derechos para la solaIglesia en contra de las medidas arbitrarias del poder civil. De no haber actuado del Papa, todos los herejes, aun los desospechas leves habrían quedado al arbitrio de la pasión política e ignorancia de loTema aparte es el de la inquisición española...La importancia de este tema se debe en parte a que España se constituyera como paladín del catolicismo del S. XVI.Gracias a ella se conservó la pureza de la fe y se lograron impedir los trastornos y guerras de religión que asolaronotras regiones como Francia.La establecieron los reyes católicos a fin de oponerse al peligro de los falsos conversos judíos. La aprobó Sixto IV en1478.Se distingue de la medieval, que fundó Gregorio IX en 1231 en su estrecha dependencia de los monarcas españoles yen su perfecta organización por parte de su primer inquisidor, Fr. Tomás de Torquemada, que organizó diversostribunales en Sevilla, Toledo, Zaragoza, Barcelona...Los procedimientos consistían en:Denuncias; con ellos iniciaban formalmente los procesos. Se recogía como resultado de la promulgación de edictos defe, en que se exponían al pueblo los errores más característicos, sobre todo cuando se veía algún conato de error oherejía, cargando la conciencia de todos los cristianos para que denunciaran a los sospechosos. También los mismoencarcelados constituían buena fuente de denuncias, que por debilidad, por congraciarse con los jueces, descubríanfácilmente a sus cómplices. Por medio del espionaje para lo que servían de un modo especial los así llamadosfamiliares de la inquisición.E. Schäfer prueba que la inquisición tenía un cuidado particular en contar con la solidez de las denuncias, prescindía delas anónimas y procedía con máxima objetividad. Sobre las cárceles, Schäfer comenta que no eran calabozos lóbregosy oscuros, pues de los procesos se ha deducido que los reos leían y escribían mucho. Eran relativamente suaves encomparación con otros tribunales.Los puntos más débiles eran el secreto de los testigos, el sistema de defensa y el tormento: se ocultaban los nombres© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 2/9
  3. 3. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netde los denunciadores. Sin embargo, sin tal silencio era arriesgada la denuncia debido a represalias. Y se introdujo en laEdad Media. El sistema de defensa perdía parte de su eficacia porque los abogados eran nombrados oficialmente porel tribunal y no por el reo. Con todo, los estudios ponen de relieve que la defensa trabajaba con mucho afán y muchasveces obtenían resultados favorables al reo. Uno de los medios más comunes era el testigo de abono, citado por elacusado, a quien atendían fielmente los jueces y a menudo influían en la marcha del proceso. Por lo que hace altormento, no puede uno fiarse de lo que un hombre confiesa bajo su efecto. Todos los tribunales de la épocaempleaban ciertamente este recurso, bien que se recurría a él en pocos procesos (se habla de un dos por ciento); eranciertamente más benignos que los que empleaban los tribunales ingleses en la Torre de Londres contrEn relación con las penas aplicadas por la Inquisición, se aplicaron las leyes ya existentes y admitidas por todos losestados católicos. A partir de fines del S. XII todos los estados católicos admitieron la pena de muerte o penas violentaspara los casos de herejía. Además, los herejes no se limitaban a la defensa subjetiva de un principio religioso, sino quese unían y rebelaban contra los príncipes católicos, como los hugonotes. A ello se debe que los estados católicosconsideraran perturbadores públicos y enemigos a los herejes, y su herejía, un crimen contra el estado.En el S. XVI los estados católicos castigaban la profesión de protestantismo con la pena de muerte y la Iglesia loreconocía. A pesar de que hubo ciertas deficiencias, como partidismo y apasionamiento de parte de algunosinquisidores, y del arzobispo de Toledo como Bartolomé de Carranza en la segunda mitad del S. XVI, la inquisiciónespañola se esforzó por cumplir sus instrucciones y cumplir su objetivo: mantener la unidad de la fe en el gran imperioespañol. Más aún, fueron incomparablemente mayores las crueldades y muertes causadas en Francia por las guerrasde religión que las ocasionadas en tres siglos por los tribunales de la inquisición.Gracias a la inquisición se debe en gran parte el que en España se viera el S. XVI y siguientes libre del protestantismo,manteniendo de este modo la unidad de la fe.1. Atajó el peligro de los falsos conversos. Este fue el motivo que impulsó a los reyes católicos a establecer estetribunal: las cosas habían llegado a tal extremo, que ya se trataba del ser y del no ser de la España católica. Lainquisición entregó al brazo secular, y éste a las llamas, a algunos centenares y tal vez a algún millar de falsosconversos judíos; pero con este rigor de la inquisición y con el castigo de los obstinados, desapareció el peligroconstante de la infinidad de asesinatos y tropelías a que se entregaba el pueblo católico como reacción contra lostaimados conversos. En Sevilla el año 1391 el pueblo dio muerte a más de 4,000 personas; a mediados del mismo añoen Navarra perecieron unos 10,000; en Valencia a inicios del S. XV, en el que el celo de san Vicente Ferrer salvóinnumerables vidas. Entre 1467 y 1473 ocurrieron los levantamientos de Córdoba y Toledo con un sinnúmero devíctimas.2. Preservó de la falsa mística y de la brujería. Cuando en el S. XVI ya parecía haber desaparecido el peligro de losfalsos conversos, apareció este otro peligro: tales personas se presentaban como inspiradas por Dios, despreciabantoda autoridad jerárquica y se creían autorizados para favorecer aun las promiscuidades más escandalosas: se teníanpor impecables y consideraban que para ellos todo era lícito. Por lo que hace a la brujería, hubo cerca de 30,000víctimas de entre verdaderas y supuestas brujas en el solo centro de Europa. En España bastaron como advertenciaalgunos célebres castigos, como el auto de fe de Logroño de 1610. En España las brujas no pasaron de doce con losmuchos miles de condenados a muerte de Alemania y el resto de Europa.3. Se detuvieron los pasos al protestantismo. Los más sonados fueron el Dr. Agustín Cazalla, Carlos de Seso, Fr.Domingo de Rojas, y Pedro Sarmiento; los Dres. Juan Egidio y Constantino Ponce de la Fuente, junto con once monjesdel monasterio de San Isidoro de Sevilla. Gracias a la inquisición se mantuvo la unidad religiosa y el catolicismo íntegrocontra los esfuerzos del protestantismo luterano y calvinista por penetrar en la nación. También se evitaron lasinterminables guerras religiosas que tanta sangre costaron a Francia y a todas las naciones de EuropaLa inquisición ante la ciencia y la santidad. Los enemigos de la inquisición española tienen a probar que la inquisiciónfue enemiga de la ciencia y de los sabios, incluso que puso constantemente obstáculos a los santos y hombres devirtud.Es contrario a la inquisición española que haya perseguido a los humanistas del S. XVI. El Card. Cisneros fue el másdecidido protector junto con los reyes, de todas las empresas culturales; la fundación de la Univ. de Alcalá y lapublicación de la Políglota Complutense son ejemplos claros, en que trabajaron los mejores hebraístas, helenistas ylatinistas del tiempo. Los escritos de Erasmo se leían y estimaban en gran medida por parte de Luis Vives, Alfonso yJuan Valdés, Juan de Vergara, Luis Núñez Coronel, Damián de Goes. Los más decididos defensores de Erasmo fuerondurante mucho tiempo los respectivos arzobispos de Toledo y Sevilla: Alonso de Fonseca y Alonso Manrique. Tras lamuerte de Fonseca, se inició una intensa campaña contra Juan de Vergara y Bernardino de Tovar, que fueron hechospresos y procesados por el tribunal: de hecho sí defendían ideas colindantes con las de los alumbrados y protestantes.© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 3/9
  4. 4. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netA la muerte de Erasmo en 1536 y del inquisidor general, Manrique en 1538, se prohibieron sus escritosLa inquisición nunca persiguió la verdadera cultura y el humanismo sano y ortodoxo: constantemente se protegían loshombres y las obras culturales en cuanto que no afectaban la pureza de la fe. Precisamente en los SS XV-XVI, cuandola inquisición española tuvo su mayor influjo, tuvo lugar el máximo apogeo de los grandes escritores eclesiásticos, de laliteratura y artes de España.Conviene ver algunos casos particulares:-Francisco Sánchez, el Brocense: se le procesó no por haber sido un gran filólogo, sino por excederse en sus frasespeligrosas contra los teólogos.-Luis de Cadena, canciller de Alcalá: tuvo una sola denuncia, pero no huno proceso ninguno; se dirigió a París y allí sele nombró profesor en la Sorbona.-Antonio de Nebrija: algunos teólogos lo tenían por sospechoso a causa de sus impugnaciones de la Vulgata, pero notuvieron efecto, al gozar de la protección de Deza y Cisneros.-Arias Montano, autor de la Biblia regia de Amberes: acusado por defender ideas rabínicas, pero la inquisición lo calificófavorablemente. No hubo proceso, sino que incluso se le encomendó la redacción del Índice de libros prohibidos de1583.-Fray Luis de León : procesado dos veces ; en ello tuvieron que ver la envidia de algunos doctores y las exageracionesdel mismo Fr. Luis en la impugnación de la Vulgata. Pese a haber sido dura y desconsiderada, la inquisición lo absolvió,por lo que pudo escribir con toda libertad.También se afirma que la Inquisición española persiguió a los místicos y a los santos. Pero precisamente en el períodode mayor apogeo de la inquisición española se distinguieron como nunca los santos y escritores ascéticos y místicos enEspaña. Pero es verdad que los inquisidores y los teólogos del S. XVI se dejaron llevar por un verdadero prejuiciocontra la ascética y la mística, a lo que dieron ocasión los focos de alumbrados y falsos místicos. El resultado fue que aveces se persiguió la verdadera mística mas al fin reconocieron la inocencia de los verdaderos místicos y no fueronobstáculo para la santidad.-San Ignacio de Loyola: se le procesó tres veces en Alcalá y una vez en Salamanca porque se le tenían sospechas dealumbrado. Pero no fue la inquisición, sino el tribunal diocesano el que siguió el proceso; se debió a un exceso deprevención, pues acababan de descubrirse los focos de alumbrados en Toledo, Guadalajara y Salamanca. Suscitabanpor entonces ciertas sospechas ciertas prácticas de san Ignacio al igual que determinados excesos de sus seguidores.Sin embargo, siempre fue absuelto y logró dar seguimiento a su vida penitente y apostólica.-Beato Juan de Ávila: después de muchas molestias inquisitoriales, logró seguir su vida de apostolado. Se puso en elÍndice el Audi, Filia en 1559, mas no era obra de él, sino de un amigo, que a los apuntes del beato, había añadidodiversas cosas por su cuenta. El tratado legítimo no estuvo nunca en el Índice.-Fr. Luis de Granada: en el Índice de 1559 se incluyó su obra Tratado de la oración debido a algunas expresiones quepodían favorecer la doctrina de los alumbrados. No se dudó de la buena intención del autor. Una vez que suprimió lasexpresiones, el libro circuló libremente, y no perdió nunca nada de su gran prestigio.-Sn Fco. De Borja: se le presenta a menudo como una nueva víctima del terrorismo inquisitorial. Lo que de verassucedió fue que en 1559 se condenó una obra que corría con su nombre, pero luego se descubrió claramente que setrataba de un volumen en el que se contenían tratados de varios autores: dos de ellos de Sn Fco. de Borja, mas noeran estos los que eran causa de la prohibición.-Teresa de Jesús y Juan de la Cruz: la Inquisición no les amonestó nunca. En cuanto a Sta. Teresa, la princesa deÉboli entregó la autobiografía a los inquisidores que la aprobaron sin corrección ninguna. Más aún, tanto ella comotodos sus escritos gozaron siempre del mayor prestigio. Tampoco ninguno de los escritos de san Juan de la Cruzfueron nunca objeto de sospecha por parte de la Inquisición. Algunos teólogos recelaban de ellos, pero la Inquisiciónhizo caso omiso de tales denuncias.-Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo: Carranza hubo de sufrir un proceso muy largo. En ello influyeronpasiones humanas, como los celos del inquisidor general Fernando de Valdés y la enemistad con su hermano deorden, Melchor Cano. Dichas vicisitudes hicieron que el proceso asumiera visos de odio y violencia; incluso intervinoFelipe II. En el fondo sí había fundamento para el proceso, como se reconoció en Roma.Termino citando el documento de la Congregación para la Doctrina de la fe Memoria y reconciliación sobre la Iglesia ysus culpas en el pasado.Memoria y Reconciliación: La Iglesia y las Culpas del Pasado© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 4/9
  5. 5. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netJUICIO HISTÓRICO Y JUICIO TEOLÓGICOLa identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, quesea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?,¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estosinterrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho orealizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos dela Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando.Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijosde la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tenersentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que esnecesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hayque evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en laatribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a lavaloración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentementeproponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informadopreviamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en lasimágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por unaemotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso1. La interpretación de la historiaAgrega mi firma a esta publicación.Contestaciones a esta publicación diríjalas a la dirección de arriba. Catholic.net |Indice de foros | Reglas para los foros | AyudaInvitar a alguien | Buscar en los foros | Contacto Copyright 2004 (c)Catholic Net, Inc. Todos los derechos reservados. ¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación delpasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidadde la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación 65; en primer lugar se debesubrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto talesson irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, queimpiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellosmediante una investigación histórico?crítica, orientada a la utilización de todas las infoEn segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sinla cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexióncomunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo derelaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamentedeterminada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto dela interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio(textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventualesdificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de losacontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y suFinalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo yvalorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa laque se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar elsignificado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, lacomprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades quedescubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticasfundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de lacomprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito,oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto,2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta deltexto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través detodas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar conhonestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 5/9
  6. 6. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.neto por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a lo2. Indagación histórica y valoración teológicaSi estas operaciones están presentes en todo acto hermenéutico, no pueden faltar tampoco en la interpretación en quese integran juicio histórico y juicio teológico; ello exige, en primer lugar, que en este tipo de interpretación se preste lamáxima atención a los elementos de diferenciación y extrañeza entre presente y pasado. En particular, cuando sepretende juzgar posibles culpas del pasado, hay que tener presente que son diversos los tiempos históricos y sondiversos los tiempos sociológicos y culturales de la acción eclesial, por lo cual, paradigmas y juicios propios de unasociedad y de una época podrían ser aplicados erróneamente en la valoración de otras fases de la historia, dandoorigen a no pocos equívocos; son diversas las personas, las instituciones y sus respectivas competencias; son diversoslos modos de pensar y los condicionamientos. Hay que precisar, por tanto, las responsabilidades de losacontecimientos y de las palabras dichas, teniendo en cuanta el hecho de que una petición eclesial deEn segundo lugar, la correlación de juicio histórico y juicio teológico debe tener en cuenta el hecho de que, para lainterpretación de la fe, la conexión entre pasado y presente no está motivada solamente por los intereses actuales y porla común pertenencia de todo ser humano a la historia y a sus mediaciones expresivas, sino que se fundamentatambién en la acción unificante del Espíritu de Dios y en la identidad permanente del principio constitutivo de lacomunión de los creyentes, que es la revelación. La Iglesia, por razón de la comunión producida en ella por el Espíritude Cristo en el tiempo y en el espacio, no puede dejar de reconocerse en su principio sobrenatural, presente y operanteen todos los tiempos, como sujeto en cierto modo único, llamado a corresponder al don de Dios en formas y situacionesdiversas por medio de las opciones de sus hijos, aun con todas las carencias que puedan haberlas caracterizado. Lacomunión en el único Espíritu Santo es el fundamento también diacrónico de una comuniónGracias a este fundamento objetivo y trascendente de la comunión del pueblo de Dios en sus varias situacioneshistóricas, la interpretación creyente reconoce al pasado de la Iglesia un significado totalmente peculiar para elmomento presente: el encuentro con ese pasado, que se produce en el acto de la interpretación, puede revelarsecargado de particulares valencias para el presente, rico en una eficacia performativa que no siempre puede calcularsede modo previo. Obviamente, el carácter fuertemente unitario del horizonte hermenéutico y del sujeto eclesialinterpretante deja más fácilmente expuesta la consideración teológica al riesgo de ceder a lecturas apologéticas oinstrumentales; es aquí donde el ejercicio hermenéutico dirigido a aprehender los sucesos y las palabras del pasado y amedir la corrección de su interpretación para el presente se hace más necesario. La lectura creyente se servirá con talobjetivo de todas las aportaciones que puedan ofrecer las ciencias históricas y los métodos de interpretCAPÍTULO VDISCERNIMIENTO ÉTICOPara que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propiarenovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas deantitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No esposible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definiciónde algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético.1. Algunos criterios éticosEn el plano moral, la petición de perdón presupone siempre una admisión de responsabilidad, y precisamente de laresponsabilidad relativa a una culpa cometida contra otros. La responsabilidad moral normalmente se refiere a larelación entre la acción y la persona que la realiza; establece la pertenencia de un acto, su atribución, a una personaconcreta o a más personas. La responsabilidad puede ser objetiva o subjetiva: la primera se refiere al valor moral delacto en sí mismo en cuanto bueno o malo, y por tanto a la imputabilidad de la acción; la segunda se refiere a lapercepción efectiva por parte de la conciencia individual, de la bondad o malicia del acto realizado. La responsabilidadsubjetiva cesa con la muerte de quien ha realizado el acto: no se transmite por generación, por lo que losdescendientes no heredan la responsabilidad (subjetiva) de los actos de sus antepasados. En tal sentido, pedir perdónpresupone una contemporaneidad entre aquellos que son ofendidos por una acción y aquellos que la haEn tal contexto se puede hablar de una solidaridad que une el pasado y el presente en una relación de reciprocidad. Enciertas situaciones, el peso que cae sobre la conciencia puede ser tan pesado que constituye una especie de memoriamoral y religiosa del mal cometido, que es por su naturaleza una memoria común: ésta testimonia de modo elocuente la© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 6/9
  7. 7. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netsolidaridad objetivamente existente entre quienes han hecho el mal en el pasado y sus herederos en el presente. Esentonces cuando resulta posible hablar de una responsabilidad común objetiva. Del peso de tal responsabilidad se noslibera, ante todo, implorando el perdón de Dios por las culpas del pasado, y por tanto, cuando se da el caso, a través dela purificación de la memoria, que culmina en el perdón recíproco de los pecados y de las ofensas en el presente.Purificar la memoria significa eliminar de la conciencia personal y común todas las formas de resentimiento y deviolencia que la herencia del pasado haya dejado, sobre la base de un juicio histórico-teológico nuevo y riguroso, quefunda un posterior comportamiento moral renovado. Esto sucede cada vez que se llega a atribuir a los hechoshistóricos pasados una cualidad diversa, que comporta una incidencia nueva y diversa sobre el presente con vistas alcrecimiento de la reconciliación en la verdad, en la justicia y en la caridad entre los seres humanos y, en particular,entre la Iglesia y las diversas comunidades religiosas, culturales o civiles con las que entra en relación. Modelosemblemáticos de esta incidencia que puede tener un posterior juicio interpretativo autorizado sobre la vida entera de laIglesia son la recepción de los concilios, o actos como la abolición de los anatemas recíprocos, que expresan unanueva cualificación de la historia pasada en condiciones de producir una caracterización distinLa combinación de juicio histórico y juicio teológico en el proceso interpretativo del pasado queda unida aquí a lasrepercusiones éticas que puede tener en el presente, y que implican algunos principios, correspondientes en el planomoral a la fundación hermenéutica de la relación entre juicio histórico y juicio teológico. Estos principios son:a) El principio de concienciaLa conciencia, tanto como juicio moral cuanto como imperativo moral, constituye la valoración última de un acto enrelación con su bondad o maldad ante Dios. En efecto, tan sólo Dios conoce el valor moral de cada acto humano, auncuando la Iglesia, como Jesús, pueda y deba clasificar, juzgar y en ocasiones condenar algunos tipos decomportamiento (cf. Mt 18,15-18).b) El principio de historicidadPrecisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad eligey actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio. Para comprender de verdad los actos humanosy los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado;solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de lasolidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo.c) El principio de cambio de «paradigma»Mientras que antes de la llegada del Iluminismo existía una especie de ósmosis entre Iglesia y Estado, entre fe ycultura, moralidad y ley, a partir del siglo XVIII esta relación ha quedado notablemente modificada. El resultado es unatransición de una sociedad sacral a una sociedad pluralista o, como ha sucedido en algunos casos, a una sociedadsecular; los modelos de pensamiento y de acción, los llamados paradigmas de acción y de valoración, van cambiando.Semejante transición tiene un impacto directo sobre los juicios morales, aun cuando este influjo no justifica en modoalguno una idea relativista de los principios morales o de la naturaleza de la misma moralidad.El proceso entero de la purificación de la memoria, en cuanto exige la correcta combinación de valoración histórica y demirada teológica, ha de ser vivido por parte de los hijos de la Iglesia no sólo con el rigor que tiene en cuenta de modopreciso los criterios y los principios indicados, sino también con una continua invocación de la asistencia del EspírituSanto, para no caer en el resentimiento o en la autoflagelación y llegar más bien a la confesión del Dios cuya«misericordia va de generación en generación» (Lc 1,50), que quiere la vida y no la muerte, el perdón y no la condena,el amor y no el temor. En este punto se debe poner igualmente en evidencia el carácter de ejemplaridad que la honestaadmisión de las culpas pasadas puede ejercer sobre las mentalidades en la Iglesia y en la sociedad civil, reclamandoun compromiso renovado de obediencia a la Verdad y de respeto consiguiente hacia la dignidad y los derechos de losotros, especialmente de los más débiles. En tal sentido, las numerosas peticioneA la luz de estas clarificaciones en el plano ético se pueden ahora profundizar algunos ejemplos, entre los cuales seencuentran los mencionados en la Tertio millennio adveniente 69, en los que el comportamiento de los hijos de laIglesia parece haber estado en contradicción con el Evangelio de Jesucristo de un modo significativo.2. La división de los cristianosLa unidad es la ley de la vida del Dios trinitario revelado al mundo por el Hijo (cf. Jn 17,21), el cual, en la fuerza delEspíritu Santo, amando hasta el extremo (Jn 13,1), hace participar de esta vida a los suyos. Esta unidad deberá ser la© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 7/9
  8. 8. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netfuente y la forma de la comunión de vida de la humanidad con el Dios trino. Si los cristianos viven esta ley de amormutuo, de modo que sean uno «como el Padre y el Hijo son uno», se conseguirá que «el mundo crea que el Hijo hasido enviado por el Padre» (Jn 17,21) y que «todos sepan que ellos son mis discípulos» (Jn 13,35). Desgraciadamenteno ha sucedido así, particularmente en este milenio que llega a su fin, en el cual han aparecido entre los cristianosgrandes divisiones, en abierta contradicción con la voluntad expresa de Cristo, como si Él mismo hubiese sido dividido(cf. 1 Cor 1,13). El Concilio Vaticano II juzga este hecho con las siguientes palabras: «Tal división contradiceabiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la santísimaLas principales escisiones que durante el pasado milenio «han afectado a la túnica inconsútil de Cristo» 71 son el cismaentre las Iglesias de Oriente y de Occidente al comienzo de este milenio y, en Occidente, cuatro siglos más tarde, lalaceración causada por aquellos acontecimientos «que reciben comúnmente el nombre de Reforma» 72. Es verdad que«estas diversas divisiones difieren mucho entre sí, no sólo por razón de su origen, lugar y tiempo, sino, sobre todo, porla naturaleza y gravedad de las cuestiones relativas a la fe y a la estructura eclesiástica» 73. En el cisma del siglo XIjugaron un papel importante factores de carácter social e histórico, mientras que el aspecto doctrinal se refería a laautoridad de la Iglesia y al Obispo de Roma, una materia que en aquel momento no había alcanzado la claridad con laque se presenta hoy gracias al desarrollo doctrinal de este milenio. Con la Reforma, por el contrario, fueron objeto decontroversia otros campos de la revelación y de la doctrina.La vía que se ha abierto para superar estas diferencias es la del diálogo doctrinal animado por el amor mutuo. Común aambas laceraciones parece haber sido la falta de amor sobrenatural, de agape. Desde el momento en que esta caridades el mandamiento supremo del Evangelio, sin el cual todo lo demás es solamente «bronce que resuena o címbalo queretiñe» (1 Cor 13,1), una carencia semejante ha de ser considerada con toda seriedad delante del Resucitado, Señorde la Iglesia y de la historia. Basándose en el reconocimiento de esta carencia, el papa Pablo VI ha pedido perdón aDios y a los «hermanos separados» que se sintiesen ofendidos «por nosotros» (la Iglesia católica) 74.En 1965, en el clima producido por el Concilio Vaticano II, el patriarca Atenágoras en su diálogo con Pablo VI puso derelieve el tema de la restauración (apokatastasis) del amor mutuo, esencial después de una historia tan cargada decontraposiciones, de desconfianza recíproca y de antagonismos 75. Lo que estaba en juego era un pasado que aúnejercía su influencia a través de la memoria: los acontecimientos de 1965 (culminados el 7 de diciembre de 1965 con lasupresión de los anatemas de 1054 entre Oriente y Occidente) representan una confesión de la culpa contenida en laprecedente exclusión recíproca, capaz de purificar la memoria y de generar una nueva. El fundamento de esta nuevamemoria no puede ser más que el amor recíproco o, mejor, el compromiso renovado para vivirlo. Éste es elmandamiento ante omnia (1 Pe 4,8) para la Iglesia, en Oriente como en Occidente. De este modo la memoria libera dela prisión del pasado e invita a católicos y a ortodoxos, como también a católicos y protestantes, a ser los aParticularmente relevante en relación con el camino hacia la unidad puede resultar la tentación a dejarse guiar, o hastadeterminar, por factores culturales, por condicionamientos históricos o por prejuicios que alimentan la separación y ladesconfianza recíproca entre cristianos, aunque nada tengan que ver con las cuestiones de fe. Los hijos de la Iglesiadeben examinar su conciencia con seriedad para ver si están activamente comprometidos en la obediencia alimperativo de la unidad y viven la «conversión interior», «porque los deseos de unidad brotan y maduran como fruto dela renovación de la mente, de la abnegación de sí mismo y de una efusión libérrima de la caridad» 76. En el períodotranscurrido desde la conclusión del Concilio hasta hoy la resistencia a su mensaje ciertamente ha entristecido alEspíritu de Dios (Ef 4,30). En la medida en que algunos católicos se complacen en permanecer ligados a lasseparaciones del pasado, sin hacer nada por remover los obstáculos que impiden la unidad, se podría ha3. El uso de la violencia al servicio de la verdadAl antitestimonio de la división entre los cristianos hay que añadir el de las ocasiones en que durante el pasado mileniose han utilizado medios dudosos para conseguir fines buenos, como la predicación del Evangelio y la defensa de launidad de la fe: «Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto alarrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos deintolerancia y hasta de violencia en el servicio a la verdad» 78. Se refiere con ello a las formas de evangelización quehan empleado instrumentos impropios para anunciar la verdad revelada o no han realizado un discernimientoevangélico adecuado a los valores culturales de los pueblos o no han respetado las conciencias de las personas a lasque se presentaba la fe, e igualmente a las formas de violencia ejercidas en la represión y corrección de los errores.Una atención análoga hay que prestar a las posibles omisiones de que se hayan hecho responsables los hijos de laIglesia, en las más diversas situaciones de la historia, respecto a la denuncia de injusticias y de violencias: «Estátambién la falta de discernimiento de no pocos cristianos respecto a situaciones de violación de los derechos humanosfundamentales. La petición de perdón vale por todo aquello que se ha omitido o callado a causa de la debilidad o deuna valoración equivocada, por lo que se ha hecho o dicho de modo indeciso o poco idóneo».© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 8/9
  9. 9. El lugar de encuentro de los Católicos en la red www.es.catholic.netComo siempre, resulta decisivo establecer la verdad histórica mediante la investigación histórico-crítica. Una vezestablecidos los hechos, será necesario evaluar su valor espiritual y moral e igualmente su significado objetivo.Solamente así será posible evitar cualquier tipo de memoria mítica y acceder a una adecuada memoria crítica, capaz, ala luz de la fe, de producir frutos de conversión y de renovación: «De aquellos rasgos dolorosos del pasado emerge unalección para el futuro, que debe empujar a todo cristiano a afianzarse en el principio áureo fijado por el Concilio: Laverdad no se impone más que por la fuerza de la verdad misma, que penetra en las mentes dePreguntas o comentarios al autorSuscríbete a la Newsletter de Catholic.netpara recibir este servicio en tu e-mail Si tienes alguna duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en losFOROS DE CATHOLIC NET donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tuscomentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.© 2007 Catholic.net Inc. - Todos los derechos reservados Página 9/9

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