Parábola de las cerezas
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  • Querida Lilyan, He consultado diversos su documentos y su presentaciones (educacin,lectura)... muy interesante ... Me gustó! Gracias por compartir. Estoy escribiendo un mensaje idéntico en cada documentos y presentaciones. De inmediato se hace referencia en mis diversos grupos ... ¡Enhorabuena! Muy buen fin de semana. Gracias Un beso desde Sailly sur la Lys - France.' Bernard
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Parábola de las cerezas Parábola de las cerezas Document Transcript

  • Parábola de las cerezas Cuando Jesús y San Pedro iban por elmundo, caminaban un día muy cansados.Hacía mucho calor y en todo el camino nohabían encontrado un alma caritativa que lesdiera un vaso con agua, ni un arroyo, porpobre que fuera, que les brindara su corriente.Andando, andando, el Señor, que marchabadelante, vio en el suelo una herradura yvolviéndose a su discípulo le dijo:- Pedro, coge esa herradura yguárdatela, pero San Pedro, que iba de muymal humor, le contestó:- No vale la pena ese pedazo de hierropara que nos cansemos en levantarle dedonde está. Dejadlo ahí Señor. Jesús, como siempre, no le argumentó nada, pero se bajó él mismo y cogiendo laherradura se la guardó en el bolsillo; ambos siguieron en silencio su camino. Cuando habíanandado algún tiempo, se encontraron con un herrero que venía en dirección opuesta a la deellos. El Señor trabó conversación con él un momento que estuvieron parados y al despedirsele vendió en cuatro monedas la herradura que acababa de encontrarse. Siguieron andando y poco después tropezaron con un vendedor ambulante que iba alpueblo inmediato a vender frutas. Jesús le detuvo y con las cuatro monedas que le habíandado por la herradura compró media libra de cerezas. A todo esto, San Pedro iba muy calladoy cada vez de peor humor. El calor apretaba. La sed era cada vez más, pero ya no la padecíanJesús y San Pedro, sino este último porque el Señor se llevaba las cerezas a la boca y el jugo dela fruta le refrescaba. El Apóstol que marchaba penosamente detrás miraba con envidia al Salvador, perocomo las cerezas se habían comprado con el importe de la herradura que él no quiso recoger,no se atrevía a pedir parte al Señor. Éste no obstante iba dejando caer disimuladamente unacereza de cuando en cuando y San Pedro se bajaba con avidez a recogerla llevándosela a laboca con el ansia de la sed que tenía. Cuando se acabaron las cerezas Jesús se volvió a sudiscípulo y le dijo:- Ves Pedro como nada en el mundo debe desdeñarse aunque parezca mezquino ydesprovisto de valor. Por no bajarte una sola vez a recoger la herradura has tenido queinclinarte muchas veces a recoger las cerezas que yo dejaba caer al suelo. Esto te enseñará ano despreciar nada ni a nadie. San Pedro no tuvo qué contestar. Bajó la cabeza y siguió humildemente al Señor en lajornada de aquel día.