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La ética de la investigación   tensiones y conflictos
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La ética de la investigación tensiones y conflictos

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  • 1. La ética de la investigación: tensiones y conflictos1Silvia Rivera2La ética de la investigación como nuevo campo disciplinarLa ética de la investigación es una disciplina –o mejor aún interdisciplina-que acredita como fecha de inicio el año de 1947, con la célebre consagracióndel Código de Nuremberg que enfatiza de modo especial la necesidad de contarcon el consentimiento informado de los sujetos de experimentación. Durante laSegunda Guerra Mundial se cometieron abusos, revelados en los juicios sobrecrímenes de guerra, que fueron presentados bajo el rótulo de “experimentaciónbiomédica”. Precisamente, el horror de los abusos -por una suerte de efectoreparador y compensatorio- revistió de un manto de sacralidad al código apesar que su perspectiva se manifiesta hoy en extremos insuficiente, enespecial por la complejidad que presenta la gestión de la investigación y lamultiplicidad de actores involucrados. Sin embargo, y a pesar de sus límites,este primer documento sobre ética de la investigación sigue siendo un referentea la hora de evaluar el rumbo que en los últimos años ha tomado esta nuevaárea del saber: la ética de la investigación biomédica.Tal como se reconoce en el documento del Consejo de OrganizacionesInternacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS) de 1993:Surgió entonces la ética de la investigación en seres humanos, orientada a impedirtoda repetición por parte de los médicos a dichos ataques a los derechos y albienestar de las personas. El Código de Nuremberg, publicado en 1947,estableció las normas para llevar a cabo experimentos en seres humanos, dandoespecial énfasis al consentimiento voluntario de la personas.3Está claro que realizar investigaciones sin conocimiento de los sujetosinvolucrados implica un flagrante avasallamiento a los derechos humanos. En este1- Conferencia leída en el VI TALLER DE INVESTIGACIONES SOCIALES EN SALUDREPRODUCTIVA Y SEXUALIDAD, EN EL MARCO DE LAS TRANSFORMACIONES EN LA FAMILIA,en el marco de la Sesión Investigar sexualidades y familia/s: Etica y derechos de los sujetos.2Silvia Rivera: Filósofa, Universidad de Buenos Aires/Universidad Nacional de Lanús.silviarivera@ar.inter.net3Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS) Pautas éticasinternacionales para la investigación y experimentación en seres humanos, Ginebra, 1993,p. 5.
  • 2. sentido, todas las medidas relacionadas con el resguardo de la autonomía y libredeterminación de las personas son, sin duda, no sólo necesarias sinoimprescindibles.Sin embargo, la pregunta es si además de imprescindibles son tambiénsuficientes. Una ética de la investigación que coloque todo su énfasis en elconsentimiento informado y en el “protección” de los “derechos” de los “sujetos”será inevitablemente una propuesta ética de “mínima”. Es decir que si bienfunciona como condición necesaria no es de ningún modo suficiente, en especialteniendo en cuenta la modalidad de gestión y administración institucional de lainvestigación que se ha impuesto en las últimas décadas, esto es la investigaciónde nuevos fármacos impulsada por grandes emporios empresariales.Por otra parte, ¿cuáles son exactamente esos “derechos” que deben serresguardados? ¿Y como resultan definidos e identificados esos “sujetos” de“derechos” que en el mejor de los casos deben ser “protegidos”? Son sin dudapreguntas imprescindibles que sin embargo suelen quedar desdibujadas. Yconsidero que esto ocurre porque la ética de la investigación se pierde en dosgrandes desviaciones (a mi juicio “vicios”) que la desvirtúan y desacreditan.Las Declaraciones Internacionales de PrincipiosLa primera de estas desviaciones es la reducción de la ética de lainvestigación al plano de la “mera” enunciación. Enunciación que se plasma encontundentes “Declaraciones de Principios”, todas ellas de tono deontológico -esdecir formal o vacío- y precisamente por esto, pretendidamente universal. Agrandes rasgos, podemos decir que la deontología es un camino posible para laética, pero de ningún modo el único posible, que se concentra en la identificaciónde deberes y derechos en un grado tal de generalidad que difícilmente generadesacuerdos pero precisamente por eso no alcanza para regular con justicia lasprácticas sociales históricamente situadas, en este caso, las prácticas de producciónde conocimiento en diferentes campos del saber, si bien la investigación en el áreabiomédica es la que concentra una mayor atención. Entre estas declaraciones-marco o deontológicas, se destaca la Declaración de Helsinki, entre otras cosasporque los investigadores deben firmar acreditando que la conocen y ajustan a susartículos los protocolos que generan. La Declaración de Helsinki, de la Asociación
  • 3. Médica Mundial,4fue promulgada en 1964 y a partir de ahí se han generadonumerosas modificaciones y enmiendas. La penúltima enmienda, del año 2000, fuerevisada en Tokio en 2004, con el objetivo de identificar vacíos en su contenido,aunque se evitó abrir completamente el documento existente. Por fin en la 59ºAsamblea de la Asociación Médica Mundial –Seúl, octubre de 2008- se concreta unanueva enmienda que esta vez sí reconfigura los artículos pero de un modo enextremo problemático dado que agudiza las falencias y contradicciones yapresentes en la Declaración.A partir de aquí mucho se ha escrito sobre Helsinki, primero en relación a lasenmiendas del año 2000, luego a las notas aclaratorias de 2004 y por fin enrelación a las modificaciones de la última enmienda de 2008. Si revisamos labibliografía del último año, todo indica que resulta muy difícil sustraerse a latentación de armar esquemas y cuadros que se demoran con extrema minuciosidaden las comparaciones punto por punto de las diferencias entre las citadas de 2000 y2004 por una parte, con la última enmienda de 2008 por la otra.5Ahora bien, ¿es esto lo único que podemos hacer nosotros, comointelectuales preocupados por la bioética, frente a tales códigos? ¿Cómo hemosllegado a esta situación de empobrecimiento de la crítica y la reflexión? Porque esfácil ceder a la presión, impulsada por el academicismo todavía vigente, deconvertirnos en hermeneutas6en un sentido limitado y estéril, es decir enindefinidos intérpretes de la ley que la sostienen precisamente al reproducirla eninacabables comentarios que destacan sutilezas y se demoran en el significadoabstracto de frases y palabras.7Cito a modo de ejemplo la decisión de reemplazarla palabra “persona” por “individuos potenciales” en algunos artículos de laDeclaración, especialmente en el artículo 24 y concretamente en aquellos quehacen referencia a la necesidad de “obtener” –en la versión de 2000- o de “pedir”en la de 2008- la firma del consentimiento informado. La justificación del reemplazose basa en la creencia de que el individuo sólo deviene persona una vez que hafirmado el consentimiento informado.4 La Asociación Médica Mundial (AMM) es una organización internacional no gubernamentalintegrada por las confederaciones médicas de 85 países; fue creada en París en 1947 a partirde la propuesta de médicos que pertenecían en aquel momento a aproximadamente 27países.5Un ejemplo de esto lo constituye el trabajo de Ignacio Maglio publicado en la página de laSociedad Argentina de Reumatología. Sin duda se trata de un trabajo útil para quien seaproxima al estudio de la bioético en función de parámetros tradicionales, pero no avanza enuna revisión de los supuestos de de tales parámetros. Cf. http://www.reumatologia.org.ar.6Cf. Pardo, R. “El giro hermenéutico en las ciencias sociales”. En: Díaz, E. (Comp.) Laciencia y el imaginario social, Bs. As. Biblos, 1997.7Cf. Foucault, M. El orden del discurso, Bs. As., Tusquets Editores, 1992. Foucault presentaen este libro al comentario como uno de los mecanismos internos para controlar los peligrosdel discurso, junto con el recurso al autor y a las disciplinas.
  • 4. Consentimiento informado. Eje de gran parte de las especulaciones enbioética y centro de casi todas las normativas nacionales e internacionales. Uno deesos conceptos que nos embrujan, diría Wittgenstein, creando la apariencia de algoimportante y sustancial. Sin embargo, un primer análisis de las palabras nos indicaya que el mentado “sujeto” es concebido bajo el modelo de un pasivo recepto deinformación que se limita a “asentir”, firmando dócilmente a lo que lee en unformulario estereotipado. Nada de “decisión dialogada” por ejemplo u otracombinación de palabras que nos orienten en la búsqueda de vínculos menosasimétricos o una vez más, meramente formales. Porque casi todos los formulariosde consentimiento informado responden a la lógica del contrato entre parte, en loque se reparten obligaciones y se deslindan responsabilidades. Respondiendoahora a la pregunta planteada acerca de qué podemos hacer nosotros, comointelectuales de un país semi-periférico como el nuestro frente a este camino queha tomado la ética de la investigación: considero que la tarea que nos correspondees dejar de lado la especulación estéril para avanzar en la construcción de modelosalternativos de prácticas y conceptos, que recreen relaciones y vínculos a partir deuna redistribución de los circuitos de circulación del poder. Lo que se espera denosotros es que tomemos posición, es decir que posterguemos aunque sea por untiempo el rol de intérpretes y comentaristas para asumir el de protagonistas de laconstrucción de un marco valorativo capaz de orientar una política de investigacióncientífica nacional o regional. Un marco valorativo explícito que, en primer lugarmuestre los límites de una deontología pretendidamente universal y formal y seplantee modelos alternativos de producción del conocimiento. Modelos que respeteno sólo el derecho a la vida, la salud, la información entre otros, sino que considerecomo principio básico el carácter público –y no privado- del conocimiento y a partirde aquí promueva valores como los de participación y justicia en la distribución delpoder.Deontología, cientificismo y gestión multicéntrica de la investigaciónEl modelo deontológico de las Declaraciones de Principios en ética de lainvestigación se consolida sobre la base de un supuesto epistemológico que confrecuencia se escatima a la reflexión, pero que subyace a las citadas Declaracionesde Principios y, desde allí, produce efectos contundentes a la hora de gestionar lainvestigación. Este supuesto fue llamado por Oscar Varasvasky “cientificismo”.8Elcientificismo es la concepción de la ciencia, todavía hegemónica, que la define como8Varsavsky, O. Ciencia, Política y Cientificismo, Bs. As., 1975.
  • 5. un tipo de conocimiento objetivo, con un desarrollo necesario y reductible a sulógica interna, pero sobre todo como un conocimiento experto que se concibe entérminos de absoluta universalidad. Una universalidad que “deslocaliza” lainvestigación científica y hace posible su regulación ética a partir de DeclaracionesInternacionales que nos distraen con su énfasis en la protección de los “sujetos” deacuerdo a la lógica del “contrato”. El artículo 7 de Helsinki 2008 dice así:El propósito principal de la investigación médica en seres humanos es comprender lascausas, evolución y efectos de las enfermedades y mejorar las intervencionespreventivas, diagnósticas y terapéuticas.9Por su parte, la gestión que regula los mecanismos de producción de lainvestigación científica que se construye sobre supuestos cientificistas, se ajusta almodelo “universal” adoptando el formato denominado “multicéntrico”. Dada lavalidez universal de la ciencia, las hipótesis y objetivos pueden generarse en unpunto del planeta pero contrastarse a través de experimentos que se realizan encualquier otro lugar, o mejor dicho en muchos otros. Esto permite que nuevasdrogas generadas a partir de investigaciones realizadas en los departamentos deinnovación de las empresas farmacéuticas trasnacionales sean probadas en paísespobres y desprevenidos. En los pobres de países pobres: esos pretendidos “sujetosde la investigación” que son denominados con curiosos eufemismos a lo largo de laDeclaración de Helsinki: humanos, personas, pacientes, individuos potenciales,poblaciones vulnerables, entre otros. Pero en ningún caso estos eufemismos lograndisimular que se trata de seres concebidos como “objetos”, cuyos cuerpos seutilizan para extraer un saber que se traducirá en ganancias con escasos o nulosbeneficio para quienes funcionan como cobayos, ya que toda recompensa, se dice,podría manchar la nobleza que supone inmolarse por el progreso de la ciencia, altiempo que abriría la puerta al abuso de personas vulnerables.Frente a una ética mínima que se expresa en una mera enumeración deimperativos universales y que resulta cómplice del cientificismo epistemológico y lagestión neoliberal de la ciencia, se impone la creación de un marco axiológicoexplícito y con arraigo en las formas de vida de las comunidades históricas. Digoexplícito en el reconocimiento de su particularidad y esto sin duda agrega un plusético a la cuestión. Porque los valores escondidos en la deontología -cómplice delcientificismo y de la gestión trasnacional- resultan solapados por ser con frecuencia9Este artículo fue modificado en la última versión, ya que en la anterior sólo se leía que elpropósito de la investigación médica en seres humanos es “mejorar los procedimientos,preventivos, diagnósticos y terapéuticos”. Cf. Declaración de Helsinki de la Asociación MédicaMundial, Edimburgo, 2000, art. 6
  • 6. vergonzantes en tanto valores de élites que asientan su privilegio en unapretendida universalidad tanto de la razón, como de la humanidad y también de laciencia. En un acto de tímido reconocimiento se lee en el artículo 5 de laDeclaración de Helsinki en su versión de octubre de 2008: “el progreso de lamedicina se basa en la investigación, que en último término debe incluir estudiosen humanos”.10Políticas científicas nacionales o políticas científicas “por default”Recordemos el primero de los vicios señalados -la reducción de la ética de lainvestigación a la mera declamación centrada en declaraciones internacionales deprincipios que resultan cómplices del cientificismo epistemológico y de la gestión“multicéntrica” de la investigación- para avanzar ahora en el segundo: el déficit deun marco regulativo a nivel nacional que logre romper estas complicidades. Estedéficit –llamado por Ana María Vara “política científica por default” se intentacompensar a través de decretos y leyes varias, pero que entran en escena despuésque un sistema perverso de gestión de la investigación ya está en marcha.11Unmodelo privado y mercantilista que se convalida con “regulaciones” de tonomeramente reactivo, que sólo alcanza a dar algo así como un barniz de ética a unproceso de producción del conocimiento que parte de supuestos absolutamenteantiéticos. Multiplicando una burocracia estéril de múltiples instancias de control,las propuestas normativas nacionales, provinciales y aún la de la Ciudad Autónomade Bs. As. –en la mayoría de los casos- dan por supuesto que la investigacióncientífica en el área biomédica se reduce a probar fármacos desarrollados por laindustria en cuerpos reclutados en países periféricos o semiperiféricos, como elnuestro. De este modo el ensayo resulta más barato para los inversores y, en casode probarse la efectividad del producto, la patente se obtiene en un tiempo menorporque el “n” requerido por los organismos de control de drogas y procedimientosse consigue en menor tiempo.10Declaración de Helsinki, art. 8.11Dice Ana María Vara “(…) la realización de ensayos clínicos en un país semi-periféricocomo la Argentina puede ser considerada, como un fenómeno global que demanda para sucomprensión (académica) un análisis global, y para su control (político) una respuestatambién global. A nivel nacional , corresponde comprenderla como una política científica “pordefault”, en tanto la realización de actividades de producción y diseminación deconocimiento, en este caso, ha escapado casi por completo a la planificación del Estadonacional. En ese sentido creemos que una respuesta política al mismo demanda tambiénacciones que exceden el nivel nacional”: En: Vara, A. M. “Globalización e investigacionesbiomédicas. Los ensayos clínicos en la Argentina como política científica “por default”. En:Perspectivas metodológicas Nº 8, publicación anual del Departamento de Humanidades yArtes de la Universidad Nacional de Lanús, noviembre de 2008, pp. 67-81.
  • 7. Hasta hace poco más de un año, sólo se contaba para la revisión ética deprotocolos con Declaraciones Internacionales y con los comités de ética de lasdiferentes instituciones dedicadas a la atención de la salud. Está clara la ausenciade leyes nacionales que medien entre ambas instancias: una macropolítica amáxima escala y otra micropolítica. Curiosamente a partir de marzo de 2009 yhasta la fecha se han acumulado una serie de resoluciones, decretos y leyes -enespecial en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Bs. As.- que merecen una especialatención, porque entiendo que se inscriben en la línea de la política científica “pordefault” que denunciara con tanto acierto Ana María Vara.En primer lugar, la Resolución Nº 0962 del Ministerio de Salud del Gobiernode la Ciudad de Buenos Aires del 17 de marzo de 2009, que anuncia laimplementación de un Programa de Bioética que reconoce entre sus objetivos “lanormalización, registro, acreditación, auditoría y normatización de los Comités deÉtica.” Llama la atención este súbito interés por la ética y la bioética (o éticaaplicada a la atención de la salud y a la investigación biomédica) y en particulareste interés por la figura institucional que hasta el momento tuvo como una de susfunciones la revisión y aprobación de protocolos de investigación, la mayoría deellos financiados por la industria: los comités hospitalarios de ética.La resolución nada dice de impulsar el fucionamiento autónomo de losComités en su compromiso comunitario, facilitando el financiamiento que requierenpara cumplir sus funciones. Sólo dice que se crea un Programa de Bioética, sinpartida presupuestaria, que tiene dos objetivos principales: el ya mencionado denormalización y el de separación absoluta entre ética asistencial y ética de lainvestigación.Normalizar implica haber definido primero cuál es la norma. Pero ¿quiéndefine y en función de qué objetivos? Está claro que la bioética es pensada comogeneradora de recursos, pero para eso es necesario -a través de controles yauditorias como mecanismos biopolíticos de producción de sujetos obedientes-controlar los comités de ética, en especial los que hacen ingresar dinero en lasinstituciones, esto es los que se dedican a la investigación. Dejando de lado laasistencia con la separación de los comités, se cortan los vínculos entre laproducción de conocimiento y su transferencia comunitaria de modo tal que serefuerza tanto el supuesto carácter universal de la investigación como la burocraciaprocedimental a la hora de revisar protocolos, desconociendo valores tales comorelevancia o pertinencia local.Leemos textualmente: “resulta de vital importancia diferenciar entreComités de Ética en Investigación y Comités de Ética Clínica ya que sus funciones,y por ende la conformación y pericia de los integrantes de ambos comités, son muy
  • 8. distintas”. Ahora bien: ¿para quién o quiénes esta separación es de vitalimportancia? No para la comunidad de influencia de los centros de atención desalud, que debería beneficiarse de la transferencia de los resultados de lasinvestigaciones a la atención cotidiana. La función clásica de los Comités de Éticaen Investigación es la revisión de protocolos y esta revisión no se limita acuestiones formales, sino que incluye la ponderación de los aportes valiosos para lacomunidad que pueden seguirse de las investigaciones. Sin embargo, de lacomplejidad técnica de un protocolo (que sólo entienden los expertos) no se siguela misma complejidad para comprender si es bueno, justo y de valor comunitariorealizar esa investigación en una comunidad dada. Por tal motivo no queda claro enabsoluto lo de las competencias “muy distintas” que se reclaman para los miembrosde ambos Comités, a menos que se reduzca la ética de la investigación a suexpresión mínima: la detección de vicios burdos en la selección de sujetos, lainformación ofrecida, el balance riesgo-beneficio, entre varios otros. En una ética demáxima, tanto filósofos y profesionales del área de las ciencias sociales comomiembros de la comunidad pueden y deben participar activamente en la revisión deprotocolos, junto con investigadores en el área biomédica.Las cuestiones se esclarece cuando nos adentramos el enrevesado Decreto1163/09 “Requisitos y procedimientos para proyectos de investigación que seefectúen en Hospitales de la C.A.B.A.”, del 30 de diciembre de 2009 y publicada enel Boletín Oficial (C.A.B.A.) el 6 de enero de 2010. En el citado decreto se establece-entre muchas otras cosas cuyo vínculo con la ética de la gestión merece unanálisis puntual y detallado que excede las posibilidades de esta presentación- queel canon para la revisión de proyectos de investigación será percibido por elGobierno de la Ciudad a través de una ya creada cuenta del Banco Ciudad deBuenos Aires N° 210.178/7 denominada “Carrera de Investigador”, siendo el Sr.Ministro de Salud quien suscribirá el contrato con el Investigador, postergando enconsecuencia a la institución hospitalaria como responsable de las investigacionesque en ella se realizan. Cito: “Que corresponde poner a cargo del señor Ministro deSalud la administración general de los fondos recabados por todo concepto en lostérminos del presente Decreto”. Por supuesto, algo de lo recaudado se destinará alos hospitales dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, através de unas “cuentas escriturales” que, en la fecha de aprobación del Decreto,estaban aún por crearse.Sin embargo, a la hora de precisar la suma que corresponde a los hospitales,se nos advierte que los protocolos multicéntricos – aquellos que por contar en sumayoría con industrias patrocinantes pagan un canon mayor- serán evaluados porel Consejo Central de Investigación y el Comité Central de Bioética, ambos
  • 9. dependientes del Gobierno de la Ciudad (art. 13). En consecuencia, el canon va adar a la cuenta de los organismos revisores centrales y no a los hospitalarios. A suvez, y en caso de resultar aprobado el protocolo, el patrocinante deberá depositartodavía un 20 % del monto total de la investigación en la citada cuenta “Carrera deInvestigador”, quedando un 75 % para el Gobierno de la Ciudad, de modo tal quesólo el 25% resultaría depositado en esas cuentas escriturales de los hospitales delC.A.B.A. (art. 15).No creo necesario agregar argumento alguno. Quizás sólo decir que laposición de nuestro país en la división internacional del trabajo que emerge en estainstancia del capitalismo en la que el conocimiento se convierte en principal fuentede capital queda claro. Sólo mencionaré la ley 3301 sancionada por la Legislaturade la Ciudad Autónoma de Bs. As. el 26 de noviembre de 2009 y promulgada el 11de enero de 2010, porque ilustra de modo eminente las desviaciones señaladas.La ley en cuestión comienza con una detallada enumeración de todos losdocumentos internacionales para pasar a dedicar una especial atención a laprotección de los sujetos de la investigación con detallada referencia a losmecanismos de “reclutamiento” (arts. 4 y 10 del cap. II). En este punto se destacael rol de los Comités para reforzar esa protección, en especial en casos de sujetos“vulnerables”: menores, incompetentes, entre otros (art.12 del cap. II). La leyprevee la protección de la privacidad y también de una protección integral queincluye seguro por daños excepto en los casos en que el patrocinante fuera unorganismo estatal (art. 17 del cap. II).El capítulo III se dedica especialmente a los “mecanismos para la protecciónde sujetos en investigaciones clínicas” citando tanto a los comités como al remanidoconsentimiento informado. El cap. IV sobre Comités de Ética en InvestigacionesClínicas avanza aún más en los mecanismos de “normalización” de los comitésestandarizando su funcionamiento de revisión de protocolos, centrada en el análisisdel remanido “consentimiento informado”, en la evaluación de la relación costo-beneficio, en la protección de los sujetos vulnerables y en la detección de posiblesconflictos de intereses. El cap. V, por su parte, titulado “Aspectos económicos deefectores públicos” en la que se introduce una “autoridad de aplicación” encargadade percibir los ingresos correspondientes. Se destaca el último artículo de estecapítulo en el que se lee acerca del destino de los fondos: “Se preverá que losfondos producidos como resultado de lo establecido en el artículo anterior serándestinados a investigación no patrocinada por la industria priorizando las políticaspúblicas en salud”.
  • 10. Conflictos “en” ética de la investigación y conflictos “de” la ética de lainvestigaciónLa ética de la investigación tiene como uno de sus objetivos regular losconflictos entre intereses que emergen en el proceso de producción deconocimiento. Sin embargo, en su desarrollo nos encontramos con una cantidad deconflictos que la acompañan desde su emergencia y que lejos de tematizarseexplícitamente se disimulan en una forzada naturalización.Sin embargo, es posible visualizar esas tensiones y conflictos inherentes a laética de la investigación tan pronto como decidimos avanzar más allá del modelohegemónico para mostrar sus límites y así intentar al menos desplazar reformularlos problemas para que mostrar aquello que precisamente se intenta escatimar a lareflexión y a la acción.Ejemplos de estas tensiones, y retomando el último de los artículos citados,se encuentra el hecho de que no contamos con una política de salud a nivelnacional que incluya como uno de sus capítulo a la investigación. Sin embargo anadie parece inquietar que la Ciudad de Bs., As. sancione su ley sin contar con unaley nacional. Tampoco parece sorprender que la investigación se autonomice apunto tal de que las leyes que la reglamentan apenas hagan referencia a una saludpública inespecífica o aún inexistente. Y menos aún parece sorprender el hecho deque la investigación se reduzca a probar fármacos para industrias extranjeras encuerpos argentinos, sin mencionar en absoluto el modo en que podemos comenzara producir nuestros propios fármacos en el espacio público.Llegados a este punto, esas preguntas que me inquietaban al comienzo yapueden ser respondidas. Porque confío que la respuesta se ha ido construyendo a lolargo de la exposición.En primer lugar: ¿cuáles son los derechos a ser protegidos? El derecho a laparticipación activa en el proceso de producción de conocimiento que incluye ladefinición de objetivos y prioridades de la investigación. Porque la racionalidadtécnica de los científicos no alcanza para definir objetivos, que se inscriben en elorden de la racionalidad ético-política. Por lo tanto, lejos de ser cuestión deexpertos, alcanzan a la comunidad en su conjunto. La cuestión clave es entonces siel conocimiento es un bien privado o un bien público y si nuestras leyes debenreaccionar frente un modelo impuesto de hecho o generar un modelo guiado por elideal ético de democratización –y aún apropiación- social del conocimiento.En segundo lugar ¿quiénes son esos sujetos a ser protegidos? Sin duda losque generamos como seres descartables y anónimos para poder utilizarlos amanera de cobayos en pos del ideal del progreso se una ciencia neutral y sobre
  • 11. todo universal. Por este motivo - porque nos interesa que sigan siendo vulnerablespara poder protegerlos y así sostener este modelo ético deontológico que sesustenta en una aberrante asimetría de poder- no nos ocupamos en crearalternativas para que dejen de ser vulnerable y por lo tanto puedan protegerse a símismos.Impulsando organizaciones de sujetos de investigación, con sus propiosinvestigadores, técnicos, representantes legales y científicos sociales entre otros,los sujetos dejarán de ser vulnerables, porque no estarán ya aislados. Pero muyespecialmente reflexionando acerca del lugar que vamos a ocupar en un modeloglobal de producción de conocimiento que nos ha asignado ya el rol de proveedoresde cuerpos que hasta el momento hemos convalidamos con leyes que se amparanen una bioética legitimante.Bibliografía:• Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS).1993. Pautas éticas internacionales para la investigación y experimentaciónen seres humanos. Ginebra.• Asociación Médica Mundial. 2008. Principios éticos para la investigaciónmédica en seres humanos, Helsinki.• Decreto 1163/09 “Requisitos y procedimientos para proyectos deinvestigación que se efectúen en Hospitales de la C.A.B.A.”, del 30 dediciembre de 2009 y publicada en el Boletín Oficial (C.A.B.A.)• Foucault, M. 1992. El orden del discurso, Bs. As., Tusquets Editores.• Ley 3301 sancionada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Bs. As. el26 de noviembre de 2009 y promulgada el 11 de enero de 2010• Maliandi, R. 1991. Etica, Conceptos y Problemas, Bs. As., Biblos.• Pardo, R. 1997. “El giro hermenéutico en las ciencias sociales”. En: Díaz, E.(Comp.) La ciencia y el imaginario social, Bs. As. Biblos.• Resolución Nº 0962 del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad deBuenos Aires del 17 de marzo de 2009.• RANCE, S. y SALINAS, M., 2000. Investigando con ética: aportes para la reflexión-acción, La Paz, CIEPP y Population Council.• RIVERA, S. y MARGETIC, A. 2004. “Nuevas formas de explotación económicadel cuerpo. El modelo hegemónico de la investigación biomédica”. En. VVAATrabajo, Riqueza, Inclusión, Río Cuarto, Ediciones Icala.• Vara, A. M. 2008. “Globalización e investigaciones biomédicas. Los ensayosclínicos en la Argentina como política científica “por default”. En:
  • 12. Perspectivas metodológicas Nº 8, publicación anual del Departamento deHumanidades y Artes de la Universidad Nacional de Lanús.• Varsavsky, O. 1975. Ciencia, Política y Cientificismo, Bs. As. Centro Editorde América Latina.

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