• Share
  • Email
  • Embed
  • Like
  • Save
  • Private Content
Drogas comunitaria
 

Drogas comunitaria

on

  • 617 views

 

Statistics

Views

Total Views
617
Views on SlideShare
617
Embed Views
0

Actions

Likes
0
Downloads
2
Comments
0

0 Embeds 0

No embeds

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Adobe PDF

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

    Drogas comunitaria Drogas comunitaria Document Transcript

    • Adolescentes Infractores, Consumo de Drogas y Psicología Comunitaria Javier Schmidt E.ResumenEl presente ensayo aborda la temática del consumo de drogas en adolescentes infractores de leydesde una mirada crítica tanto de la forma de comprender el problema como en su abordaje ennuestro país, en el contexto del primer año de implementación de la reforma penal juvenil que reducela imputabilidad penal a los 14 años. El problema de la infracción de ley se comprende como unarealidad que posee un fuerte componente social tanto en su generación como en su mantenimiento:un sistema social altamente expulsivo y excluyente, políticas sociales que han fracaso en su intentode dar respuestas que se han centrado en el control social y la patologización de la conducta delictivay de consumo de drogas. Es en este contexto – social, político, juridico y técnico – donde laPsicología Comunitaria aparece como una disciplina que tiene todas las posibilidades de aportardesde la integralidad de sus postulados, o de perpetuar esquemas tradicionales reproducción de lasdesigualdades de poder, de valoración del saber experto y por lo tanto de exclusión.Palabras Clave: Adolescencia, Consumo de Drogas, Psicología Comunitaria1. Contextualización y delimitación del fenómeno analizadoHasta hace unos pocos años, el abordaje del consumo de drogas de los adolescentes infractores deley era prácticamente nulo. Recién en el año 2002 Skopus realiza un estudio acerca de la magnituddel consumo y factores asociados en población en estas características, encontrándose unaprevalencia del 70% de consumo de drogas ilícitas. En el año 2003 se inician las primerasexperiencias en Chile que buscan abordar el consumo de drogas con infractores de ley, las quecaracterizan por ser experiencias aisladas, particulares e insuficientes. En el año 2005 se constituyeuna mesa técnico-política conformada por el Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes(CONACE), el Servicio Nacional de Menores (SENAME) y el Ministerio de Salud (MINSAL), espacioque permite elaborar una norma técnica para a la atención de adolescentes infractores de ley queconstituye el soporte para la implementación de los futuros programas de tratamiento para estapoblación. En el año 2005 se ejecutan programas de carácter piloto que permiten profundizar en eldiseño de planes de tratamiento ambulatorios y residenciales que buscaban apoyar laimplementación de la ley penal juvenil.La Ley 20.084 entra en vigencia en junio de 2007, un año mas tarde de lo presupuestado. Dicha leyestablece dentro de sus penas posibles, la Sanción Accesoria a tratamiento por adicción a las drogasque faculta a un juez de garantía o de tribunal oral a someter a un adolescente entre 14 y 18 años aun proceso de tratamiento y rehabilitación, para lo cual el Conace en coordinación con el Ministerio deSalud y Sename, diseñan un “programa especializado de tratamiento y rehabilitación para dichapoblación para dar cumplimiento a la sanción accesoria que determine el juez y como un recurso paraaquellos jóvenes que voluntariamente deseen acceder a un tratamiento, tanto en sistemas privativoscomo no privativos de libertad”. (Norma Técnica N°85, Minsal, 2006: ).El tratamiento o rehabilitación de personas con consumo abusivo o dependientes de drogas poseeuna gran diversidad en cuanto a los modelos, enfoques y énfasis tanto para explicar como paradesarrollar estrategias de intervención terapéutica. De manera esquemática Hourmilougue (1998: 02-03) identificar los siguientes modelos: Modelo Jurídico, donde el marco legal es el sustento
    • 2fundamental de este abordaje, es decir, considera como eje la vigencia y aplicación de leyes paraimpedir el uso de sustancias. Generalmente este modelo sitúa al "drogadicto" en el margen de ladelincuencia y en tal sentido se inspira en la ley para su tratamiento. Por su parte el Modelo Médico-Sanitarista posee como sustento la salud-enfermedad y considera que la persona que consumeabusivamente sustancias y/o depende de ellas, lo hace porque padece de una enfermedad contraídao genética. Esta enfermedad podría ser biológica y/o mental. ("enfermo", "toxicómano"). El ModeloPsico-Cultural: visualiza la problemática desde el marco psicológico, considerando elcomportamiento del "drogodependiente" como una consecuencia de sus experiencias de vida en lascuales incidieron fundamentalmente su entorno familiar y el contexto sociocultural. Finalmente, elModelo Social aborda la problemática considerando al "usador/abusador de drogas" como unaconsecuencia o síntoma del funcionamiento de una determinada sociedad. La familia estaría implícitaen esa sociedad ya que es parte de la misma, y de la misma forma que el adicto puede ser elemergente de una familia. La problemática en sí, lo sería de una sociedad.A los modelos anteriormente señalados se le añade de manera transversal la discusión de enfrentarel proceso terapéutico desde la mirada de la Abstinencia o de Reducción del Daño. Esta última seposiciona según Marlatt (1997) como una alternativa de salud pública, frente a los modelos“moralista/criminalista” y “de enfermedad” del consumo y adicción de drogas. La reducción del dañoreconoce la abstinencia como resultado ideal pero acepta las alternativas que reducen el daño, hasurgido principalmente como un abordaje de “abajo –arriba” basado en la defensa del adicto ypromueve el acceso a servicios de bajo umbral como alternativa a los tradicionales enfoques de altaexigencia.En cuanto al abordaje terapéutico del consumo de drogas en adolescentes infractores de ley, Conace(2007: 21-23), en sus Orientaciones Técnicas para el tratamiento del consumo problemático para estapoblación, desarrolla una propuesta que recoge características particulares del perfil del consumo dedrogas en adolescentes infractores de ley, sus complejas problemáticas biopsicosociales, y la etapa delciclo vital en que se encuentra la persona, donde se manifiestan importantes cambios físicos,cognitivos, emocionales, y sociales, los que cobran mayor relevancia en el contexto de vulnerabilidadsocial y conflicto con la justicia.Los principios orientadores del modelo de intervención suponen una integralidad de la atención referidaa concebir el proceso desde una mirada que recoja y busque comprender el conjunto de factores ocondiciones que impulsan el consumo de drogas. La atención personalizada se refiere a trabajarterapéuticamente desde las necesidades y capacidades de cada sujeto, ayudándole a visualizar suproceso de maduración personal y evaluar los avances alcanzados. La Flexibilidad de la atenciónconstituye un importante elemento, referido a ajustar el abordaje de la intervención a los requerimientosdel adolescente, su familia y otros equipos de salud o psicosociales intervinientes. Es indispensable encualquier nivel de intervención relacionado con el consumo de drogas con adolescentes, considerar lascaracterísticas que surgen de su condición etaria y de ser personas en desarrollo cuya tarea evolutivacentral es la construcción de su identidad. En este sentido, es importante tener presente el significadodel delito como parte de la construcción de la identidad. Se busca promover el desarrollo y resiliencia,enfatizando en las capacidades y potencialidades de la persona, más que en sus perturbaciones,carencias o déficits. Por esto, las experiencias de logro serán consideradas como centrales en lametodología de trabajo, las que buscan contribuir en la construcción de identidad valorada ysocialmente integrada y superar una baja autoestima. Se requiere por lo tanto de un modelo abierto alos contextos o a lo comunitario para evitar los riesgos de patologizar la situación del adolescente, loque añadiría nuevos estigmas y desvalorizaciones. Esto va acompañado del desarrollo y/o generaciónde estrategias de rearticulación y fortalecimiento de los vínculos entre los adolescentes con lasinstituciones sociales básicas (familia, escuela) y otras redes sociales, con seguimientos y coordinación,que potencien acciones sinérgicas y no contradictorias entre las diversas instituciones que suelenintervenir en el proceso.
    • 32. Reflexión CríticaLa problemática asociada a la infracción de ley en adolescentes es la expresión de una complejatrama de factores sociales, culturales, económicos y personales que, en el transcurso de latrayectoria de vida de estos adolescentes, se configuran para dar paso a experiencias devulnerabilidad social que, desde el nacimiento, marcan la existencia individual y social de estos niñosy jóvenes pertenecientes a sectores empobrecidos. La infracción de ley, el consumo de drogas, elejercicio de la violencia, entre otros rasgos, constituyen formas de interacción con el entorno queseñalan una forma de subsistir y habitar la marginalidad social y que son el resultado de aprendizajesobtenidos a lo largo de la vida y que hablan de las profundas contradicciones que las institucionessociales que regulan la integración social, muestran en las últimas décadas, especialmente, en lassociedades urbanas latinoamericanas.En este contexto, las condiciones de vida de los niños, niñas y jóvenes se complejizan por lasrelaciones que se producen entre factores objetivos y subjetivos presentes en sus experiencias devida. Como señala De Gaulejac (2002) resulta habitual reconocer en el relato de los niños y jóvenes,subjetividades en que se asumen como productores de aquello que los ha producido. Hay aquí unproceso de interiorización que conduce al niño a convertirse “desde el interior” en eso que él haestado obligado a convertirse “desde el exterior”, y así adaptarse a las condiciones concretas de suexistencia. Lo que han hecho de él o ella se convierte en lo que él o ella ha hecho de sí mismo(a):porque es un niño turbulento es que le expulsan de todas partes; porque no quiere hacer nada, esque no logra tener éxito en la escuela. El efecto es la inversión de la relación causa-efecto quecaracteriza la historia y la realidad de estos niños y jóvenes. De esta forma, se asume la conductadelictiva juvenil como responsabilidad no solo de quien ejerce dicha conducta, sino que de lasociedad en su conjunto, por lo que el marco interpretativo del problema de estos adolescentes, sepuede plantear desde dos ámbitos o niveles de análisis interrelacionados: las condiciones sociales ylas condiciones subjetivas.a) Condiciones de exclusión / expulsión social: La crisis de la llamada sociedad salarial haimplicado el surgimiento e intensificación de nuevas formas de vulnerabilidad. El incremento de lapoblación no salarial y la crisis del Estado Social, han hecho emerger especialmente desde los añosnoventa en adelante, un fenómeno de desafiliación y pobreza que se ha conocido como “nuevacuestión social”. Diversos teóricos sociales, entre ellos, Robert Castel (1997), han desarrollado losconceptos de Exclusión y Vulnerabilidad para dar cuenta de estos procesos, relevando el problemade la cohesión social que es observada como una profunda grieta estructural de las sociedadesmodernas contemporáneas. Estas transformaciones societales no hacen sino desestabilizar un ordensocial ligado al progreso, a la inscripción de las personas en espacios de pertenencia y status (estoes, la sujeción a la condición de Ciudadanía) que fundaban la cohesión social del Estado-Nación.Duschatzky y Correa (2005) plantean que “estar alfabetizado, ser ciudadano y tener trabajo,nombraba a un sujeto anclado en un lazo social y filiado a una genealogía cultural”; de este modo, lasactuales generaciones (especialmente, empobrecidas) no conectan sus trayectorias de vida “endiscursos que interpelen, nombren, convoquen a los sujetos, les asignen un lugar en la trama social ylos habiliten para la constitución de sus propios discursos”. Una de las principales expresiones deeste fenómeno, es la crisis de las instituciones que en el marco del Estado-Nación, estuvieronconvocadas a socializar e integrar socioculturalmente a los niños y jóvenes: familia y escuela (entrelas más significativas). La crisis consiste en una impotencia instituyente para moldear la subjetividadde los niños y jóvenes a causa de la pérdida de la autoridad simbólica de la cual estas institucioneseran portadoras. En este contexto de declive de las instituciones, “la expulsión social señala unarelación entre un estado de exclusión y lo que lo hizo posible; mientras el excluido es un producto, undato, un resultado de la imposibilidad de integración, el expulsado es el resultado de una operaciónsocial, una producción, que tiene un carácter móvil” (Duschatzky & Correa, 2005: 59).
    • 4b) Condiciones subjetivas: La trayectoria de vida de los niños, niñas y jóvenes de sectoresaltamente vulnerables, precisamente se inscribe en una dinámica de alta conflictividad y desafiliacióncon los dispositivos institucionales que tienen la responsabilidad de habilitar la ciudadanía de laspersonas y de proteger los derechos y el desarrollo integral de estos niños. Desde este marco, lasituación de infracción de ley, el consumo de drogas, las conductas de violencia, entre otrassituaciones, son el resultado de una operación social compleja, macro y microsocial, que generacontextos para el aprendizaje de códigos de interacción con el entorno (y que muchas veces estánreñidos con códigos de moral social), de despliegue de estrategias y mecanismos de sobrevivenciapara construir un espacio propio legítimo y reconocible, que configuran formas subjetivas de habitar laexclusión. Esto significa que, aún a pesar de la impotencia instituyente que caracteriza a lasinstituciones modernas para modular la subjetividad, los niños y jóvenes construyen su identidad enespacios y experiencias de conflicto con ellas y al margen de las mismas. La base de este supuesto,es que entendemos que el niño y el joven son, aún en contextos de extrema marginalidad, un Sujeto,indistintamente de lo que la norma social defina como patrón de identidad (que, dicho sea de paso,también se encuentra altamente vulnerada).La implementación de los programas de tratamiento para adolescentes infractores de ley no debenposeer solo un carácter clínico-terapéutico, sino que constituyen programas con un fuertecomponente de reinserción social, trabajo en red, intervención psicosocial, comunitaria y familiar. Esteproceso de intervención posee un contexto político, jurídico y cultural particular: se trata de unaintervención terapéutica, en un contexto jurídico como dispositivo de control social, disciplinamiento yjudicialización del consumo de drogas; un contexto político referido al tema de la seguridadciudadana y el “combate a la delincuencia”; y un contexto sociocultural referido a una poblaciónespecífica, con códigos y pautas culturales determinadas como lo son los adolescentes con consumode drogas y compromiso delictivo. Esto permite destacar la relevancia del aporte de la PsicologíaComunitaria al ser esta una rama de la Psicología que integra los factores sociales y comunitarios conmiras a dotar de poder a las personas con el objeto de lograr cambios en su ambiente inmediato,elementos que están estrechamente ligados al éxito de un proceso terapéutico de este tipo.En este sentido, el rol Psicología Comunitaria permite incluir explicaciones y responsabilidades en elproceso terapéutico que van más allá de las explicaciones centradas solo en las característicaspersonales y familiares de los adolescentes. Como se analiza anteriormente, hay una sociedadexpulsiva y excluyente, que desde esta mirada no puede ser excluida del proceso terapéutico(paradójicamente). Esta mirada se transforma en un desafío a la hora de implementar estrategiasterapéuticas que sean coherentes con ella, y que sean validadas desde la institucionalidad técnico-política que supervisa y vela por el cumplimiento de normas técnicas y convenciones que valoran loclínico, lo médico, lo individual, como centro de la intervención.3. ConclusionesLa judicialización de los problemas sociales es una de las lógicas que se encuentran tras laimplementación de la ley penal juvenil y los centros de tratamiento para infractores de ley; una miradaque busca desligar a la institucionalidad pública, las políticas sociales de infancia y el sistemaeconómico chileno de la responsabilidad que les corresponde en los fenómenos sociales de laconducta delictiva juvenil y el consumo de drogas. La experiencia cercana y profunda hablaclaramente de que los adolescentes preferirían no delinquir. El estudiar, “ser alguien en la vida” o“que no te apunten con el dedo” no son solo frases de los adolescentes, son vivencias, sentimientos ysueños genuinos de un sector de nosotros mismos – la sociedad chilena – que espera sentirse partede algo que miran desde la vereda de al frente. En ese sentido, el delinquir los acerca (y alejaparadójicamente) de esos sueños, el consumo los anestesia y les entrega un momento de placer.Cabe preguntarse por la responsabilidad de estas políticas y programas en el mantenimiento de estosprocesos de exclusión y expulsión social, donde los psicólogos “comunitarios” estamos presentes. Lavaloración de estrategias que buscan solo responsabilizar a los adolescentes de los delitos y
    • 5conductas transgresoras con escasa consideración de aquellos elementos que posibiliten suintegración social en diferentes esferas de la vida, como educación, salud, trabajo, vivienda entreotros, atentan contra los principios mismos de la institucionalidad. En psicologizar y patologizar laconducta delictiva, buscando explicaciones individuales y familiares principalmente, se traducen enacciones terapéuticas que escasamente permiten abordar integralmente este problema social.Esto se potencia con el desfase y tensión, como plantea Alfaro (2007), entre el plano disciplinar de laPsicología Comunitaria desde el cual se ha delimitado e identificado académicamente este quehacerprofesional, y el plano de las estrategias y directrices que organizan los programas de intervenciónenmarcados institucional y técnicamente en las políticas sociales vigentes. La ausencia y falta de unamirada de conjunto e integrada respecto de estas prácticas, que recoja, ordene y analice la escasa,pero existente evidencia y datos sobre el estado de situación de estas formas nuevas de desempeñoprofesional de los psicólogos en el marco de los programas sociales, como lo plantean Zambrano yAlfaro (2006, en Alfaro y Otros, 2007). Un factor obstaculizador del desarrollo de la especialidad, yque limita la efectividad e impacto de las intervenciones, lo constituye la ausencia de unacomprensión acabada de los procesos implicados en la articulación y elaboración metodológica delquehacer que realizan los profesionales frente a las demandas técnicas formuladas desde lasorientaciones programáticas de estas políticas. Saavedra (2000, en Alfaro y Otros, 2007) señala quela definición que los interventores psicólogos realizan de su ejercicio profesional ponen el focoprincipal en las demandas provenientes desde el Estado y las instituciones, por sobre las demandasprovenientes desde los destinatarios. La utilización de lógicas interventivas lejanas del focoparticipativo y centrado en la comunidad (sellos característicos de la Ps. Comunitaria) van dandocuenta de una lógica centrada más en el saber “experto”.Esto posibilita peligrosamente que la Psicología Comunitaria – los Psicólogos Comunitarios – seestablezcan una vez mas como dispositivos de control social y reproduciendo lógicas desequilibradasde poder, enfatizando nuestro saber experto y utilizando nuestros instrumentos para explicar los actosdelictivos juveniles como conductas personales y aisladas del contexto, y el consumo de drogas comoenfermedad.Recordar las palabras de Ignacio Martín Baró, dichas en una entrevista realizada por nuestracompatriota Elizabeth Lira a meses de morir asesinado en 1989, se presentan como un llamado deatención al respecto: “Creo que nuestros conocimientos, nuestra preparación, nuestras técnicas constituyen un poder en la medida que te involucras en unidades organizadas mas amplias, con todo lo que eso supone de desgaste por tener que interactuar, de rebajarte de los ideales a las realidades, en la medida que eso hacemos nuestro conocimiento empieza a constituir un poder útil.”Bibliografía Alfaro, A y otros (2007) Estado actual de las prácticas comunitarias y psicosociales depsicólogos que trabajan en el marco de los programas y políticas sociales chilenas. Trayectorias de laPsicología Comunitaria en Chile. Universidad de Valparaíso: Chile (pp.215 – 242) Castell, R. (1997) Las Metamorfosis de la Cuestión Social Ed. Paidós, 1º Edición. BuenosAires De Gaulejac, V. (2002) Ser sujeto a pesar de todo. Revista Propociones N°34, Pobreza yDesigualdades en América Latina, Sur Profesionales, Santiago de Chile. Duschatzky, S. & Correa, C. (2005) Chicos en banda, Los caminos de la subjetividad en eldeclive de las instituciones. Editorial Paidós, Buenos Aires Hourmilougue, M. (1998). Uso indebido de Drogas, Enfoques del problema.http://usuarios.iponet.es/casinada/19dgenfo.htm
    • 6 Marlatt, A. (1997), Reducción del daño: Principios y estrategias básicas. V Encuentro Nacionalsobre Drogodependencias y su Enfoque Comunitario Ministerio del Interior de Chile (2007) Orientaciones Técnicas para el Tratamiento delConsumo Problemático de Alcohol y Drogas y Otros Trastornos de Salud Mental. Conace, Chile. Ministerio de Justicia de Chile (2005). Ley 20.084, Justicia Penal Adolescente. Santiago, Chile. Ministerio de Salud de Chile (2006). Norma Técnica N°85 “Tratamiento integral deadolescentes infractores de ley con consumo problemático de alcohol, drogas y otros trastornos desalud mental”. Subsecretaría de salud Pública, Departamento de salud mental, Santiago, Chile. Usher, R. y Bryant, I. (s/f) La Educación de Adultos como Teoría, Práctica e Investigación. Eltriángulo cautivo. Editorial Morata, Madrid