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Misericordia tolerancia

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  • 1. La tolerancia. Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de ladiversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa.Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás,valorando las distintas formas de entender yposicionarse en la vida, siempre que no atenten contralos derechos fundamentales de la persona...La tolerancia si es entendida como respeto yconsideración hacia la diferencia, como una disposición aadmitir en los demás una manera de ser y de obrardistinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtudde enorme importancia.El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla ala vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil depracticar, y muy difícil de explicar.Hay una tolerancia propia del que exige sus derechos: La oposición de Gandhi al gobierno británico de laIndia no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetiráincansablemente que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenerse de todaviolencia”. Y que, “si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en unaescuela de terrorismo”. ¿Les suena esto en la actualidad mundial?. Además, “si respondemos ojo porojo, lo único que conseguiremos será un país de ciegos”.¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha deser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirloprovocará un mal mayor o impedirá un bien superior. Ahí entra en juego nuestro discernimiento. Defenderuna doctrina, una costumbre, un dogma, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Con esteconcepto entendemos claramente que la verdad siempre surge desde la individualidad y que las verdadesgeneralistas solo nos llevan a un camino de confusión. De todas formas, hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema. Todos los análisis realizados por filósofos y estudiosos de la materia al respecto a la tolerancia aprecian la dificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos nuestros acontecimientos diarios, debemos beber en la fuente de la sencillez, ella será la encargada deotorgarnos el discernimiento que nos de la inspiración para el obrar.
  • 2. Hemos empezado hablando de la tolerancia como parte del “respeto a la diversidad”. Se trata de unaactitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de sery de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptarpuntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos ylas violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que es muy necesario y urgentemente hayque promover.Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive ydeja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad,una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben estimarsecomo hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propianaturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de losmismos elementos y para un mismo fin”. Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramarsangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manoshan de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante alabovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyomutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debeservirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos ysentimientos.La tolerancia es un regalo desde los primeros años de la vida.La tolerancia (I) En un arrebato de optimismo, Confucio soñó con una época de tolerancia universal en la que losancianos vivirían tranquilos sus últimos días; los niños crecerían sanos; los viudos, las viudas, loshuérfanos, los desamparados, los débiles y los enfermos encontrarían amparo; los hombres tendríantrabajo, y las mujeres hogar; no harían falta cerraduras, pues no habría bandidos ni ladrones, y sedejarían abiertas las puertas exteriores. Esto se llamaría la gran comunidad. El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista quebrilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícilde practicar, y muy difícil de explicar. Aparece como una noción escurridiza que, ya de entrada, presentados significados bien distintos: permitir el mal y respetar la diversidad. Su significado clásico hasido «permitir el mal sin aprobarlo». ¿Qué tipo de mal? El que supone no respetar las reglas de juego quehacen posible la sociedad. Si algunos no respetan esas reglas comunes, la convivencia se deteriora ytodos salen perdiendo. Por ello, quien ejerce la autoridad -el gobernante, el padre de familia, el profesor, el policía,el árbitro- está obligado a defender el cumplimiento de lanorma común. Defender una ley, una norma o costumbre, implicacasi siempre no tolerar su incumplimiento. Pero haysituaciones que hacen aconsejable permitir la posición de
  • 3. fuera de juego y«hacer la vista gorda». Esas situaciones constituyen la justificación y el ámbito de latolerancia entendida como permisión del mal. Hacer la vista gorda es un giro insuperable, porque expresaalgo tan complejo como disimular sin disimular, darse y no darse por enterado. Esa es precisamente laprimera acepción de tolerancia, prerrogativa del que tiene la sartén por el mango, que libremente moderael ejercido del poder. Los clásicos llamaron clemencia a la tolerancia política. Séneca escribió el tratado De clementia parainfluir sobre un Nerón que empezaba a mostrar su cara intolerante. El filósofo estoico profundiza en lanaturaleza del poder y presenta un verdadero programa de gobierno: el príncipe, corno alma que informay vivifica el cuerpo del Estado, debe gobernar con una justicia atemperada por la clemencia, que esmoderación y condescendencia del poderoso. En El mercader de Venecia , Shakespeare hace un elogioinsuperable de la clemencia: bendice al que la concede y al que la recibe; es el semblante más hermosodel poder, porque tiene su trono en los corazones de los reyes; sienta al monarca mejor que la corona, yes un atributo del mismo Dios. De forma parecida,Cervantes hace decir a don Quijote que se debe frenarel rigor de la ley, pues «no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo». Y da este sabioconsejo a Sancho, Gobernador de la ínsula Barataria: «Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea conel peso de la dádiva, sino con el de la misericordia». Decidir cuándo y cómo conviene hacer la vista gorda es un arte difícil, que exige conocer a fondo lasituación, evaluar lo que está en juego, sopesar los pros y los contras, anticipar las consecuencias, pedirconsejo y tomar una decisión. Está en juego el propio prestigio de la autoridad, la posible interpretaciónde la tolerancia como debilidad o indiferencia, la creación de precedentes peligrosos. Por ello, el ejerciciode la tolerancia se ha considerado siempre como una manifestación muy difícil de prudencia en el arte degobernar. Marco Aurelio reconoce que recibió de su antecesor, el emperador Antonino Pío, la experienciapara distinguir cuándo hay necesidad de apretar y cuándo de aflojar.La tolerancia (II) Hay una tolerancia propia del que exige sus derechos. La oposición de Gandhi al gobierno británicode la India no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetiráincansable que, «dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenernos de todaviolencia». Y que, «si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en unaescuela de terrorismo». Además, «si respondemos ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un paísde ciegos». ¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior. La tolerancia se aplica a la luz de la jerarquía de bienes. Ya en la Edad Media se sabia que «es propio del sabio legislador permitir las transgresiones menores para evitar las mayores». Pero la aplicación de este criterio no es nada fácil. Hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y
  • 4. que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema. ¿Deben tolerarse laproducción y el tráfico de drogas, la producción y el tráfico de armas, la producción y el tráfico deproductos radiactivos? ¿Es intolerante el Gobierno alemán cuando prohibe actos públicos de gruposneozazis? ¿Y el Gobierno francés cuando clausura dos periódicos musulmanes ligados al terrorismoargelino? ¿Son intolerantes las legislaciones que prohiben el aborto? Todos los análisis realizados con ocasión del Año Internacional de la Tolerancia aprecian ladificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. John Locke, en su Carta sobre la tolerancia, asegura que «el magistrado no debe tolerar ningún dogma adverso y contrario a la sociedad humana o a las buenas costumbres necesarias para conservar la sociedad civil».Un límite tan expreso como impreciso, pero quizá el único posible. Hoy lo traducimos por el respeto escrupuloso a losDerechos Humanos, pomposo nombre para un cajón de sastre donde también caben, si nos empeñamos, interpretaciones dispares. Ante una realidad con tantas lecturas y conflictos como individuos, no queda más remedio queconfiar a la ley el trazado de la frontera entre lo tolerable y lo intolerable. Y aceptar la interpretación deljuez. En todo lo que la ley permite, hay que ser tolerante. En lo que la ley no permite, el juez y elgobernante pueden ejercer la tolerancia con prudencia. Pero hay leyes injustas que toleran la injusticia, yjueces y gobernantes que juegan con las leyes justas. En ese caso, mientras se espera y se lucha portiempos mejores, conviene recordar que ya Platón consideraba la corrupción del gobernante como lo másdesesperanzador que puede lamentarse en una sociedad. La violación de la justicia por el máximoresponsable de protegerla no es una sorpresa para nadie, y sólo cabe evitarla si el gobernante es capazde encarnar el consejo de Caro Baroja: «mientras no haya una conducta moral individual estrictamentelimpia, todo lo demás son mandangas». La segunda acepción de tolerancia es «respeto a la diversidad». Se trata de una actitud deconsideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrardistinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos devista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos y lasviolencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que necesaria y urgentemente hay quepromover. Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. Latolerancia pasiva equivaldría al «vive y deja vivir», y también a ciertaindiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, unaactitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres,dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque «elhombre es cosa sagrada para el hombre». Su propia naturaleza pide elrespeto mutuo, porque «ella nos ha constituido parientes al engendrarnos delos mismos elementos y para un mismo fin». Séneca no se conforma con la
  • 5. indiferencia: «¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!».Por naturaleza, «las manos han de estar dispuestas a ayudar», pues sólo nos es posible vivir en sociedad:algo «muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, seaguanta por este apoyo mutuo». La benevolencia nos prohibe ser altaneros y ásperos, nos enseña que unhombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales enpalabras, hechos y sentimientos. (Cartas a Lucilio)La tolerancia (III) y final En sus Pensamientos, el emperador Marco Aurelio nos confía que «hemos nacido para una tareacomún, como los pies, como las manos, como los párpados, como las hileras de dientes superiores einferiores. De modo que obrar unos contra otros va contra la naturaleza». Igual que nuestros cuerposestán formados por miembros diferentes, la sociedad está integrada por muchas personas diferentes,pero todas llamadas a una misma colaboración. Por eso, «a los hombres con los que te ha tocado vivir,estímalos, pero de verdad». Esta comprensión hacia todos debe llevarnos a pasar por alto lo molesto ydesagradable, no con desprecio, sino con intención positiva: «Si puedes, corrígele con tu enseñanza; sino, recuerda que para ello se te ha dado la benevolencia. También los dioses son benevolentes con losincorregibles». Con resonancias socráticas, Marco Aurelio también dirá que «se ultraja a sí mismo elhombre que se irrita con otro, el que vuelve las espaldas o es hostil a alguien». Voltaire, al finalizar su Tratado sobre la tolerancia, eleva una oración en la que pide a Dios que nosayudemos unos a otros a soportar la carga de una existencia penosa y pasajera; que las pequeñasdiversidades entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todas nuestras insuficienteslenguas, entre todos nuestros ridículos usos, entre todas nuestras imperfectas leyes, entre todasnuestras insensatas opiniones, no sean motivo de odio y de persecución. En la misma estela de los grandes clásicos, eldiscurso final de Charles Chaplin en El Gran Dictador,es un canto a la tolerancia donde parece que oímos lavieja melodía de Confucio:-Me gustaría ayudar a todo el mundo si fuese posible:a los judíos y a los gentiles, a los negros y a losblancos ( ... ). La vida puede ser libre y bella, peronecesitamos humanidad antes que máquinas, bondad y dulzura antes que inteligencia ( ... ). No tenemosganas de odiarnos y despreciarnos: en este mundo hay sitio para todos ( ... ). Luchemos por abolir lasbarreras entre las naciones, por terminar con la rapacidad, el odio y la intolerancia ( ... ). Las nubes sedisipan, el sol asoma, surgimos de las tinieblas a la luz, penetramos en un mundo nuevo, un mundo mejor,en el que los hombres vencerán su rapacidad, su odio y su brutalidad. Las profecías de Confucio y de Charles Chaplin no se han cumplido. Al contrario:Naciones Unidas haproclamado 1995 Año Internacional de la Tolerancia, después de medio siglo de Auschwitz e Hiroshima,porque se ha roto el consenso del «nunca más». La condición de toda «educación tras Auschwitz»,propuesta por Theodor Adorno, ha fracasado. ¿«Nunca más» campos de concentración en Alemania cuando
  • 6. otros se han llenado en Bosnia? ¿«Nunca más» genocidios cuando el mundo sabe y tolera que mujeres,ancianos y niños hayan sido de nuevo vejados, torturados, violados o deportados en vagones de ganado?«se ultraja a sí mismo el hombre que se irrita con otro, el que vuelve las espaldas o es hostil a alguien»En estos años de fervor tolerante apreciamos en la tolerancia tres patologías. Primera patología: el abusode la palabra. Dicen los pedagogos que el grado de eficacia de un consejo paterno está en relación inversaal número de veces que se repite. La tolerancia también puede aburrir por saturación, devaluarse portanta repetición y manoseo. La sensibilidad humana crece salvaje si no se cultiva, pero también puedeestragarse por sobredosis. Además, en la tolerancia se cumple el refrán «del dicho al hecho hay untrecho». Es decir, si sólo hay declaración de buenas intenciones, sólo habrá palabrería ineficaz. Segunda patología: la intolerancia enmascarada. Debajo de muchas exhibiciones de tolerancia seesconde la paradoja del «dime de qué presumes y te diré de qué careces».Voltaire se pasó media vidaescribiendo sobre la tolerancia y avivando los odios contra judíos y cristianos. Se veía a sí mismo comopatriarca de la tolerancia, pero su amigo,Diderot lo retrató como el Anticristo, y media Europa le rechazópor no ver en él más que el genio del odio. En una de sus perlas más conocidas asegura quesi «Jesucristo necesitó doce apóstoles para propagar el Cristianismo, yo voy a demostrar que basta unosolo para destruirlo». Por último, en el deslizamiento de la tolerancia hacia el permisivismoencontramos latercera patología. Las consecuencias de este falseamiento son más graves en el ámbito de la educaciónescolar. Cuando en una tragedia de Eurípides se dijo que en materia de virtud lo mejor era mirar todocon indulgencia, Sócrates se puso en pie, interrumpió a los actores y dijo que le parecía ridículoconsentir que se corrompiera así la educación.MisericordiaDel latín: MisericordiaMisericordia: La disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas. Se manifiesta enamabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es mas que un sentido desimpatía, es una práctica.La misericordia es el amor en práctica: Historia del Buen Samaritano, Lc 10, 27-37La misericordia es la razón de la Encarnación de Jesucristo.La misericordia es un atributo de Dios. El es la fuente de la misericordia:Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Lucas 1:50Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura. Lucas1:78Todos dependemos de la misericordia de Dios. Reconocerlo y responder con misericordia es el camino dela salvación.
  • 7. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia. Romanos11:32La misericordia mueve a la entrega de alma y cuerpo según el amor divino.Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como unavíctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Romanos 12:1Jesús exige la misericordia como requisito para que el culto sea auténtico:Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venidoa llamar a justos, sino a pecadores.» Mateo 9:13La práctica de la misericordia es necesaria para obtener misericordia de Dios.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mateo 5:7Ver también: Obras de Misericordia Amor Encíclica: Rico en Misericordia, Juan Pablo II. Excelente estudio sobre la misericordia de Dios. Devoción a La Divina Misericordia. Según las revelaciones a Santa Faustina. Misericordia Dei -Sobre la confesión, JPII.Los Padres de la Iglesia sobre la Misericordia A todos alcanzó la misericordia divina -San Cirilo de Alejandría, S. V La misericordia divina y la misericordia humana -San Cesáreo de Arlés

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