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Artículo de Juan Rivera publicado en la Revista Ekos

  1. 1. [pág. 166] Por: Juan Rivera. Socio y Director General LLORENTE & CUENCA México jrivera@llorenteycuenca.com La adhesión y ejercicio de buenas prácticas de gobierno corporativo es una fuente de reputación para las empresas. Encaja en la esfera de los atributos “blandos” de la reputación, aquellos que se sus- tentan sobre principios como el de ciudadanía o el de mejor lugar para trabajar, y contrastan con los atributos “duros”, sustancia- dos en el rendimiento financiero o la competitividad. Esto, de acuerdo a las siete di- mensiones establecidas por el Reputation Institute y aceptadas globalmente por el mercado. El gobierno responsable de las sociedades está conquistando al- gunos de los atributos duros. Es- tudios académicos constatan que la elección de valores que priman el buen gobierno permite obte- ner mejores resultados en cuanto a rentabilidad y retorno sobre la inversión, que si apostamos por cestas de valores o índices. Esta ya es una práctica habitual de algunos actores y analistas que incorporan en sus modelos este criterio, a pesar de que los precios tarden en reconocer al- gunas de las virtudes inmersas. El feudalismo corporativo ha pa- sado a la historia y hoy muchas compañías, y no necesariamente aquellas con niveles altos de free float, han decidido optar por un gobierno responsable de la socie- dad, comprometido con todos y cada uno de los accionistas, sin privilegiar las posiciones de con- trol o los intereses de algún gru- po, algo especialmente loable en casos donde un accionista con- centra más del 50% de los títu- los de propiedad y por lo tanto tendría todo el derecho -a priori- a gestionar la sociedad según su Un buen gobierno corporativo brinda incentivos para sostener la filosofía empresarial. criterio y sin someterse a la opi- nión del resto de la junta. Mucho se ha discutido sobre si los núcleos duros accionariales eran una ventaja o un obstácu- lo para las compañías en sus es- trategias de creación de valor pa- ra los accionistas. Unos debates éticos hablaban sobre el derecho de los accionistas para ejercer el control aunque no contaran con un paquete mayoritario y signifi- cativo del capital. Pero algunas voces condenaban este tipo de prácticas: decían que era algo parecido a conducir un coche siendo solo dueños del volante. Otros más críticos en- contraban en este tipo de prác- tica un blindaje recíproco de ac- < Propiedad, buen gobierno y reputación: bases para for- talecer a la organización. responsabilidadsocial
  2. 2. [pág. 167] cionistas interesados y gestores complacientes que ofrecían una receta de pan y circo a los inver- sores que apostaban sus ahorros confiando en un retorno razona- ble y donde al final del camino no hallaban valor alguno. La Ley de Sociedades de Capital española posibilita la asociación de los accionistas en cada socie- dad “para el ejercicio de sus de- rechos y la mejor defensa de sus intereses comunes”. Esta nor- ma nació como respuesta a una demanda del mercado y se sus- tancia en la existencia de figuras como el Núcleo Estable de Mino- ritarios y los Comités Consultivos de Accionistas. Este cooperativis- mo de accionistas minoritarios propicia un equilibrio de poderes que facilita la interlocución de la sociedad y sus gestores. En el otro lado, los inversores institucionales también pueden jugar un papel muy destacado en contextos donde la propiedad de la sociedad está dispersa o con- centrada y que implican acción por parte del regulador o de los propios accionistas. Por ejem- plo, en Australia existe una Aso- ciación de Fondos de Pensiones que desarrolla investigación so- bre prácticas de gobierno en las compañías y ofrece asesoramien- to a la hora de delegar el voto. El accionista institucional en- tiende y reconoce la existencia de una relación estrecha entre el go- bierno corporativo que promueve eficacia y eficiencia en la gestión, y su capacidad para influir en asuntos más amplios como esti- mular la acción en materia social o medioambiental. Esta capaci- dad de actuación también está determinada por la estructura de incentivos que rige la industria de los fondos de inversión (alter- nativos o no) y, por ende, de la capacidad que tienen para ante- poner unos criterios a otros. La reputación es fruto de una relación profunda y de una co- municación fluida con todos los stakeholders. Este vínculo se es- tablece a través del diálogo don- de entendemos sus expectativas gracias a sistemas de escucha precisos, y ofrecemos respues- tas claras a sus inquietudes. Los accionistas, minoritarios o no, son parte de ese colectivo y hay que hacerles partícipes de nues- tra vida societaria. Las comunidades virtuales brindan un escenario dinámico a los accionistas.

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