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Cuento con vos

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  • 1. Un libro de cuentos sobre tus derechos(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZAPDFaid.Com#1 Pdf Solutions
  • 2. Las siguientes personas trabajan en el Ministerio de Cultura yEducación de la Nación y ayudaron a hacer Cuento con vos:Susana B. Decibe, Ministra de Cultura y EducaciónManuel G. García Solá, Secretario de Programación y EvaluaciónEducativaInés Aguerrondo, Subsecretaria de Programación EducativaCecilia Braslavsky, Directora General de Investigación y DesarrolloEducativoJuan Esteban Belderrain, Coordinador de Programas sobre losContenidos TransversalesGraciela Zaritzky, Coordinadora del Programa “Derechos del Niño ydel Adolescente”Stella Maris Galarza y Estela Grimbank, junto con Graciela Zaritzky,elaboraron el material que acompaña los cuentosGabriela Tenner coordinó la producción editorialTambién participaron en la realización de este libro:Sergio Kern, que hizo todas las ilustracionesLucio Margulis, que trabajó en la etapa de preproducciónEl Estudio de Diseño Sattolo & Colombo, que ideó el diseño gráficoy armó todas las páginasAgradecemos muy especialmente a los escritores que donaron susobras y a las editoriales que cedieron sus derechos por tangenerosa actitudAgradecemos, además, la colaboración de la Asociación por losDerechos de la Infancia (ADI)(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 3. Presentación“Donde los derechos del niño Pirulo chocan con losde la rana Aurelia”, de Ema Wolf“¿Quién le puso el nombre a la luna?”, de MirtaGoldberg“Los sueños del sapo”, de Javier Villafañe“El hombrecito verde y su pájaro”, de LauraDevetach“Los Reyes no se equivocan”, de Graciela BeatrizCabal“Mirar y ver”, de Sergio Kern“Sofía”, de Ruth Kaufman“Un monte para vivir”, de Gustavo Roldán“Cuando sea grande”, de Elsa Bornemann“La abuela electrónica”, de Silvia Schujer“Sobre ruedas”, de Esteban Valentino“El extraño caso del amigo invisible”, de AdelaBasch“Alguien diferente”, de Luis Salinas“Historia de una Princesa, su papá y el PríncipeKinoto Fukasuka”, de María Elena WalshEpílogo5814182428344652626876829298105amor ycomprensiónautonomía yprotecciónpág. 61familia yafectopág. 45respetopág. 7libertad deelecciónnombre ynacionalidadpág. 13pág. 75igualdadpág. 91crecer enlibertadpág. 97cuidadosespecialesidentidadopiniónpág. 27educaciónasociaciónpág. 51juego, diversióny esparcimientopág. 81pág. 17 pág. 23pág. 33pág. 67(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 4. Acerca de los autoresConvención Internacional sobre los Derechos de laInfancia, adaptación de F. Tonucci107115(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 5. 5¡Hola! Esta página es para darte la bienvenida.Y para decirte que el libro que vas a leer relata historias verdaderas.No porque hayan sucedido auténticamente, sino porque desde lafantasía nos hablan de la vida cotidiana.Son catorce cuentos de personajes que nunca existieron pero a losque les pasan cosas reales: sufren cuando se sienten rechazados,disfrutan de los juegos y el amor, buscan protección y respeto.Como vos. Como todos los chicos.Pero a diferencia de vos, casi todos esos personajes ignoran algoimportantísimo: que sus necesidades deben ser consideradas,porque tienen derecho a crecer dignamente.Quizás ya lo sabías, aunque por las dudas te lo contamos: ennuestro país hay una ley para cuidar a todos los chicos. Se llamaConvención sobre los Derechos de la Infancia.Antes de cada cuento, vas a encontrar una página en la que semencionan algunos artículos de esa ley, que a los protagonistas leshubiera gustado mucho conocer.Por eso, porque es necesario que conozcas tus derechos, ahora losDerechos de los chicos y las chicas se enseñan en la escuela. Elcolegio no sólo te educa para resolver problemas matemáticos;ante todo te enseña a resolver tus problemas. ¿Cómo? Ayudando aque aprendas a participar y a opinar, a ser solidario, a tomardecisiones responsables y a elegir, como todos los demásciudadanos. Y como vivimos en democracia, ¡para esto nonecesitás tener 18 años!(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 6. 6Pero también es cierto que a participar se aprende de a poquito. Encasa, charlando, y en la escuela a través de lo que tus maestrosllaman la “Formación Ética y Ciudadana”.Todo esto pasa desde hace poco tiempo, porque... ¿sabés? Cuandonosotros teníamos tu edad, ¡casi no se hablaba de los Derechos delNiño! Ni en el noticiero, ni en el hogar, ni en el colegio... pero, yaque hablamos de nosotros, podríamos también presentarnos,¿verdad?Somos un grupo de personas que trabajamos en el Ministerio deEducación de la Nación, en un programa creado para que todosconozcan y respeten tus derechos. Se llama: Programa Derechosdel Niño y del Adolescente.Estamos convencidos de que leer y pensar son actos que van de lamano. Por eso este libro está en tu aula, para que te acompañe y teayude a crecer, conociendo y valorando no sólo tus derechos sinolos de todas las personas, chicos y grandes, para vivir en unmundo que respete a todos por igual.Para lograrlo... Cuento con vos.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 7. 91igualdadLa Convención Internacional sobre los Derechos de la Infanciaprotege a los bebés con los mismos derechos que a vos y quea todos los chicos y las chicas menores de 18 años. Así lodice en el artículo 1.Aunque los varones y las mujeres sean diferentes, aunquealgunos amigos y amigas tengan un color de piel distinto, yaunque opinemos cosas diferentes de los demás, ante la leysomos todos iguales y tenemos los mismos derechos; loreconoce la Convención en su artículo 2.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 8. 92AlguiendiferenteLuis Salinas(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 9. L os bebés no me gustan. Es decir: muy bebés está bienporque no molestan; duermen todo el tiempo, menos losratitos que lloran, cuando les dan la mamadera y cuando loscambian. Abren los ojos, abren la boca, lo que no quiere decirnada, y los grandes chillan, aplauden y se ríen. Después dicenque el bebé hizo tal o cual cosa. “Me miró, me sonrió”, dicen;pero el bebé no quiso hacer nada. La boca se le abrió sola.Los bebés no piensan, porque no tienen cerebro. Yo sé quetengo cerebro porque siento el ruido de los pensamientos y delos recuerdos, ahí dentro. Lala no tiene cerebro.Tiene los aritos en las orejas, para que se sepa que es unanena, porque es redonda y pelada y se hace caca encima,como cualquier bebé varón. Mi papá y mimamá se pelearon para ponerle los aritos. Osea: mi papá para ponérselos y mi mamá paraque no se los pusieran. Ganó mi papá. Mimamá decía que era una crueldad perforarlelas orejas, y mi papá que no dolía nada, y mimamá que él cómo lo sabía. Pero mi mamáusa aritos, así que papá se salió con lasuya. Ahora la alza, y dice: “¡Mi minón!¡Vas a enloquecer a los hombres!” Estáloco: si no le hubieran puesto aritos, nadiese daría cuenta nunca.93(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 10. Lala está más grande y hace ruido, pero no son palabras.Hace así: ¡¡Pfffss!! ¡¡Prrrr!! También hace unos ruiditos con la“L”; lale, lalelí, una cosa más o menos... por eso le decimos“Lala”, pero se llama Silvana, que nada que ver. Tambiénsonríe y se ríe, se nota que más a propósito, pero conmigono. Sigue sin parecer una nena. A lo que más se parece es aCurly, el gordo de “Los tres chiflados”. Cuando consigueatraparse un pie se pone bizca y seria, como Curly, se lo miraun rato y después hace fuerza para meterse el dedo gordo enla boca. Mamá dice que está enamorada de sus propiaspatitas. No tiene cerebro.Cumple todos los meses. Todos los días 12. Hace rato quepregunto cuándo es mi cumpleaños y me dicen que falta unmontón. Yo tengo un día, el 29, y un mes, junio, o sea queLala cumple un montón de veces por cada cumpleaños mío.Todavía duerme un toco, y si entro en mi pieza mientrasduerme me retan. Claro que mientras estoy dentro no mepueden gritar, o me gritan en silencio. Mamá abre la boca yhace caras de grito, pero sin voz. Quiere decir “Pablo, salí deacá que te voy a matar!”, hago como que no entiendo y lepregunto en voz alta:–¿Qué?Entonces mi mamá enrojece, cierra la boca y me echa conel brazo, como los referís.94(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 11. Mi pieza ya no parece mi pieza. Hay un rincón repleto dehorribles cosas color cremita y rosa y en el medio de todo esoestá Lala. Ahora mismo estoy entrando en mi pieza (mamálava ropa en el lavadero) y veo otra vez, sobre mi espada deGuerrero de las Estrellas, un lacito rosa con un corazón rojoque tiene puntillas blancas. Mamá se lo sacó a un conejo quele regalaron a Lala, porque se metía el corazón entero en laboca y deshilachaba el nailon. El problema es que después nosabe dónde ponerlo –porque desde que nació ésta, mi piezaestá repleta de cachivaches– y termina por dejarlo siempre enel mango de mi espada. El día de mi cumpleaños sacaron aLala de la pieza, pero el corazón estaba ahí y cuando dije dejugar a los Guerreros de las Estrellas, David lo vio y dijo:–Mejor jugamos a la nenita de las estrellas.David es un compañero de segundo. Me dijo que ni Lala nilas demás mujeres tienen nada ahí donde nosotros tenemosel pito. Lo dijo una vez que estábamos en el patio conLuciana. No entendí por qué, pero se pelearon.–¡Sí que tenemos, estúpido! –contestó Luciana. Despuésque se fue David, Luciana lloró un poquito y como a mí nome gusta verla llorar, le dije que no se preocupara, queseguramente cualquiera se puede poner uno en el hospital.Entonces, Luciana se peleó conmigo, que la había tratadobien. Así son las mujeres.95(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 12. Ahora entro muy despacio en la pieza, a buscar misjuguetes. Hoy no tengo ganas de que me griten por despertara la bebé. Pero Lala está despierta, ¡una vez que me estabasaliendo bien caminar como los policías de las películascuando van a capturar a alguien! Está desnuda y juega consus patitas.Hace el ruidito que conté: ¡¡Pfffff!! ¡¡Pprrr!! ¡¡Pplll!! No escierto que no tengan nada. Lala tiene una cosa. No es un pitocomo el mío. Es otra cosa. Quién sabe, capaz que todas ellasson así.–Pppa-lo...–¿Qué? –digo sin pensar. Después lamiro. Sigue agarrándose los pies con lasmanitos, desnuda y boca arriba. ¿Habló?Ahora no dice nada pero sonríe, mesonríe a mí. Debe ser porque no haynadie más cerca.–Pppa-lo...No puedo creerlo. Habla, o sea quealgo piensa.–Palo –dice Lala. Ese soy yo. Grito:–¡Mami! Mi hermana habló. ¡Yadiviná lo que dijo!96(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 13. 75cuidados especialesTenemos que asegurar que los chicos y las chicasdiscapacitados tengan la posibilidad de crecer en un lugar quelos ayude a ser independientes. Para eso necesitan cuidadosespeciales que compensen sus dificultades. Así lo afirma elartículo 23 de la Convención Internacional sobre los Derechosde la Infancia.El mismo artículo dice que las escuelas deben adaptarse a lasnecesidades de los niños y las niñas discapacitados. Porejemplo, deben instalar rampas para aquellos que tienendificultades para movilizarse, de modo que todos en laescuela puedan llegar a los mismos lugares.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 14. 76Sobre ruedasEsteban Valentino“Sobre ruedas”,del libro Sobre ruedas, de Esteban Valentino.©1993, Editorial Sudamericana S.A.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 15. H ay veces que pasan cosas raras. Pero vienen solas yno llaman mucho la atención. Pasan y listo. Sanseacabó. Chaupinela. Pero también hay veces que pasan muchas cosas rarasjuntas. Entonces se hace más difícil mirar para otro lado yhacerse el que no se sabe nada.Ese amanecer, por ejemplo, no prometía demasiado. El sol saliópor el este y empezó a repartir su calorcito por todo el pueblo. Lagente se levantaba de la cama, se lavaba la cara, desayunaba cafécon leche con tostadas y salía. Luis al menos hacía así.Pero esa mañana tomó la leche con más calma que decostumbre, porque tenía tiempo de sobra. Se puso elguardapolvo, le dio un beso a la mamá y se fue.Esperó, como todos los días que iba a laescuela, el colectivo en la esquina de su casa.Pero algo debió de haber pasado, porque nohabía caso: no venía y no venía. Y encima yase le hacía tarde.Entonces pasó la primera cosa rara deesos días. De la casa de enfrente salióCarlitos en su silla de ruedas. Carlitos eslisiado, así que no era eso lo extraño. No.Lo curioso era que esa silla venía con unmotorcito que la hacía andar como sifuera una motoneta. Y encima Carlitos le77(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 16. había puesto un cartel que decía: “Colectivo línea 0: estaunidad dispone de un lugar para personas no discapacitadas.”Paró al lado de Luis.–Voy a la escuela, ¿venís? El boleto es gratis.Luis se subió a la parte de atrás de la silla y ese díafelizmente no llegó tarde. Lo bueno fue que los demás díastampoco llegó tarde, porque la línea 0 los llevaba siempre alos dos a la escuela y los traía de vuelta a casa. Todo andababárbaro.Hasta que pasó la segunda cosa rara de esos días. Fue unviernes. Luis esperó y esperó, pero nada: Carlitos no aparecía.Al fin se cansó y lo fue a buscar.Lo encontró en la cama, y con cara de enojado.–¿Y, viejo? –preguntó.–Andá, salí –dijo Carlitos–. Se me rompió la silla y hubo quemandarla al taller. Tiene para varios días. Chau línea 0 por untiempo.“Chau tres pepinos”, pensó Luis mientras se iba. “Si seacaba la línea 0 hay que crear otra línea.”Y entonces pasó la tercera cosa rara de esos días. Luis fuecorriendo a hablar con el otro compinche, el gordo Barreiro, yese fin de semana se encerraron en el taller del fondo a darlecon todo al serrucho, a los clavos y al martillo. Cuando lamamá y el papá de Luis preguntaban qué estaban fabricando,78(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 17. el gordo ponía su mejor cara de misterio ydecía:–Menos adivina Dios y pregunta.Y se metían de vuelta en el taller a seguircon las herramientas y los ruidos raros. Alrato aparecía de vuelta el gordo.–Señora, este trabajo está a punto dematarnos. Digo yo, ¿no tendría un par depanes con manteca y azúcar o algoparecido?En fin, el caso es que el domingo a lanoche sacaron al patio uno de esos cargadoresque usaban los reyes de antes paraque los llevaran, condos palos largos en cadapunta y una casita sintecho en el medio. Yademás le pusieron uncartel que decía: “Colectivolínea 1000: esta unidaddispone de un lugar. Espara Carlitos.”El lunes se aparecieronbien temprano con el79(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 18. colectivo número 1000, cargaron a su amigo y se lo llevaronentre los dos a la escuela.Poco después, Carlitos volvió a tener el suyo, pero huboque cambiar el cartel, que ahora decía: “Colectivo línea 0: estaunidad dispone de dos lugares para personas nodiscapacitadas”, porque también el gordo viajaba en esa línea.Claro, los tres pasajeros de ahora pesan más que los dospasajeros de antes y entonces el único colectivo de la línea 0se rompe más seguido y tiene que ir al taller. Pero no hayproblema. El único colectivo de la línea 1000 está guardadoen el fondo de la casa de Luis, esperando. Y siempre que lonecesitan entra en servicio.80(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 19. 67amor y comprensiónPara que crezcas sano y contento necesitás vivir rodeado deamor y comprensión. Esto también se reconoce en elpreámbulo de la Convención Internacional sobre los Derechosde la Infancia.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 20. 68La abuelaelectr—nicaSilvia Schujer“La abuela electrónica”,del libro La abuela electrónica y algunos cuentos de su disquete,de Silvia Schujer.©1993, Editorial Sudamericana S.A.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 21. M i abuela funciona a pilas. O con electricidad, depende.Depende de la energía que necesite para lo que haya quehacer.Si la tarea es cuidarme cuando mis padressalen de noche, la dejan enchufada. La sientansobre la mecedora que está al lado de micama y le empalman un cable que llega hastael teléfono por cualquier emergencia.Si en cambio va a prepararme una torta ohacerme la leche cuando vuelvo del colegio,le colocamos las pilas para que se muevacon toda libertad.Mi abuela es igual a las otras. En serio.Sólo que está hecha con alta tecnología. Sinir más lejos, tiene doble casetera y eso es bárbaro porque sele pueden pedir dos cosas al mismo tiempo. Y ella responde.Mi abuela es mía.Me la trajeron a casa apenas salió a la venta. Mis padres lapagaron con tarjeta de crédito a la mañana, y a la tarde yaestaba con nosotros.Es que mi familia es muy moderna. Modernísima. A talpunto mi mamá y mi papá están preocupados por andar a lamoda que no guardan ni el más mínimo recuerdo. De un díapara otro tiran lo que pasó a la basura.69(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 22. A lo mejor es por eso, ahora que lo pienso, que tengo tanmala memoria y no puedo acordarme entera ni siquiera latabla del dos.Desde que la abuela está en casa, sin embargo, las cosasen la escuela no me van tan mal.Para empezar, ella tiene un dispositivo automático quetodas las tardes se pone en marcha a la hora de hacer losdeberes. Es así: se le prende una luz y se acciona unapalanca. Abandona automáticamente lo que está haciendo ysus radares apuntan hacia donde estoy. Entonces me levantapor la cintura y me sienta junto a ella frente al escritorio. Ahíempezamos a resolver las cuentas y los problemas de reglade tres. O a calcar un mapa con tinta china negra.Aunque nadie se lo pida, mi abuela lleva un registro exactode mis útiles escolares. Por otro lado, le aprieto un botón dela espalda y el agujero de su nariz se convierte ensacapuntas. Le muevo un poco la oreja y las yemas de losdedos se vuelven gomas de tinta y lápiz.Tener una abuela como la mía me encanta. Sobre todocuando está enchufada, porque así puede gastar toda laenergía que se le dé la gana y no cuesta demasiadomantenerla, como dice mi papá, que además de moderno esun tacaño y sufre como un perro cada vez que a mi abuela hayque cambiarle las pilas.70(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 23. Casi todas las noches yo la enchufo un rato antes de irmea dormir. Así me cuenta un cuento. O lo hace aparecer en supantalla para que yo lea mientras ella me acaricia la cabeza.Sabe millones. Basta colocarle el disquete correspondiente(porque también viene con disquetera) y en cuestión desegundos empieza con alguna historia. Como escompletamente automática, se apaga sola cuando meduermo.Cuando mi abuela me cuenta un cuento o me cantaalgunas canciones, yo me olvido de que es electrónica.Más que nunca parece una persona común y silvestre. Y esque además tiene una tecla de memoria que le permiteescucharme. Yo puedo contarle cosas y, oprimiendo esa tecla,ella archiva toda la información: al final sabe de mí más queninguno.Me gusta tener a mi abuela. Aunque salir a pasear con ellame traiga algunos inconvenientes: los que no son tan modernoscomo mi familia nos miran mucho en la calle. Y se ríen.O quieren tocarla para ver de qué material es.Ven algo raro en sus movimientos... o en su cara, no sé.Creo que las luces que tiene en los ojos no son cosa fácil dedisimular.A mí me encanta tener esta abuela.71(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 24. Hace unos días, sin embargo, mi mamá dijo que queríacambiarla por un modelo más nuevo. Dice que salieron unasmás chicas, menos aparatosas, con más funciones y a controlremoto.La idea no me gusta para nada. Porque, aunque es ciertoque estoy bastante acostumbrado a loscambios, con esta abuela me siento muy bien.Las habrá mejor equipadas, ya sé. Pero yoquiero a la abuela que tengo. Y es que,aparte, cada vez me convenzo más de queella también está acostumbrada a mí.A decir verdad, desde que en casa estánpensando en cambiar a la abuela, yo estoytramando un plan para retenerla.Sí. De a poquito la estoy entrenandopara que pueda vivir por sus propiosmedios. Para que no deje que la compren y lavendan como si fuera una cosa, un mueble usado.Los otros días le desconecté la luz de los ojos y ahora leestoy enseñando a ver. Vamos bien.También le estoy enseñando a ser cariñosa sin el disquete.Ésa es la parte que me resulta más fácil; a lo mejor porqueme quiere, aunque ella todavía no lo sepa.Pienso seguir trabajando.72(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 25. Mi objetivo es que aprenda a llorar. A llorar como loca. Y lomás pronto posible, así el día que se la quieran llevar comoparte de pago para traer una nueva, el escándalo lo armamosjuntos.73(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 26. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 27. 61autonomía y protecciónEl Derecho de los niños y las niñas al que hace referencia elcuento “Cuando sea grande” no está escrito en la Convención.Creemos que es importante aclararte que en la Convención seredactaron sólo algunos derechos, los que se consideraronmás urgentes, como por ejemplo, que cuiden de tu salud, quegaranticen tu alimentación, que te brinden una educaciónadecuada, que no te maltraten, etcétera.Pero hay muchos otros temas que también son importantes yno aparecen escritos en la Convención, como por ejemplo, elderecho a que la ciudad o el pueblo en donde vivís estépensado para que todos los chicos y las chicas puedanmoverse libremente, lo que los ayudará a crecer más libres.De eso se habla en este cuento.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 28. 62Cuandosea grandeElsa Bornemann“Cuando sea grande”,del libro El niño envuelto, de Elsa Bornemann.© Ediciones Orión(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 29. “À Qué vas a ser cuando seas grande?”, me pregunta todoel mundo. Y aparte de contestarles: “Astrónomo” (o“colectivero del espacio”…, porque nunca se sabe…), tengoganas de agregar otra verdad: “Cuando sea grande voy a tratarde no olvidarme de que una vez fui chico.”Recuerdo que –cuando aún concurría al jardín de infantes–mi tía Ona me contó un cuento de gigantes. Después memostró una lámina en la que aparecían tres y me dijo:–Los gigantes sólo existen en los libros de cuentos.–¡No es cierto! –grité– ¡El mundo está lleno de gigantes!¡Para los nenes como yo, todas las personas mayores songigantes!A mi papá le llego hasta las rodillas. Tieneque alzarme a upa para que yo pueda ver elcolor de sus ojos… Mi mamá se agacha paraque yo le dé un beso en la mejilla… En unzapato de mi abuelo me caben los dospies… ¡Y todavía sobra lugar para los piesde mi hermanita!Además, yo vivo en una casa hechapara gigantes: si me paro junto a la mesade la sala, la tabla me tapa la nariz…63(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 30. Para sentarme en una silla de la cocina debo treparme comoun mono, y una vez sentado, necesito dos almohadonesdebajo de la cola para comer cómodamente.No puedo encender la luz en ningún cuarto, porque noalcanzo los interruptores. Ni siquiera puedo tocar el timbre deentrada. Y por más que me ponga de puntillas, ¡no veo mi caraen el espejo del baño!Por eso, ¡cómo me gusta cuando mi papi melleva montado sobre sus hombros! ¡Hasta puedoarrancar ramitas de los árboles con sólo estirarel brazo!Por eso, ¡cómo me gustaba ir al jardín deinfantes! Allí hay mesas, sillas, armarios,construidos especialmente para los nenes.Las mesas son “mesitas”; las sillas son“sillitas”; los armarios son “armaritos”…¡Hasta los cubiertos son pequeños y mismanos pueden manejarlos fácilmente!También hay una casita edificada de acuerdo con nuestrotamaño. Si me subo a un banco, ¡puedo tocar el techo!Sí. Ya sé que también yo voy a ser un gigante: cuandocrezca. ¡Pero falta tanto tiempo!64(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 31. Entre tanto, quiero que las personas mayoresse den cuenta de que hoy soy chico, chiquito,chiquitito.¡Chico, chiquito, chiquitito, en un mundo tangrande!De gigantes. Hecho por gigantes. Y paragigantes.65(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 32. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 33. 51asociaciónTenés derecho a hacer reuniones pacíficas con quien quieras.Es decir que podés reunirte con otras personas para, porejemplo, entre todos organizarse en defensa de sus intereses.Lo reconoce el artículo 15 de la Convención Internacionalsobre los Derechos de la Infancia.Quizá pienses que eso nadie te lo puede impedir. Sinembargo, durante la dictadura que duró desde 1976 hasta1983, quienes ocuparon ilegalmente el gobierno prohibieron,entre muchas otras cosas, que las personas ejercieran suderecho de reunirse, ya sea para defender sus intereses opara cualquier otra cuestión pacífica.En esa época pasaba algo terrible en nuestro país: ¡no serespetaban los Derechos Humanos!(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 34. 52Un montepara vivirGustavo Roldán“Un monte para vivir”,del libro Cada cual se divierte como puede,de Gustavo Roldán.© Ediciones Colihue(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 35. E l río de aguas marrones corría bordeado por la sombrade los árboles. Pequeños remolinos jugaban con las hojas quecaían bailoteando en el aire. Y un rumor de abejas flotaba enla tarde. En fin, era una buena tarde de verano.Pero el coatí estaba triste.El mono estaba triste.La pulga estaba triste.El quirquincho estaba triste.En realidad, todos estaban tristes. Nadie cantaba, ni jugaba,ni corría, nadie hacía ningún ruido, porque hacía un tiempoque el tigre andaba al acecho.Y cuando no hay ruidos, el monte se vuelve triste.Y un monte triste es un mal lugar para vivir.–Claro –dijo la paloma–, si no puedo decir currucucú, misplumas pierden el brillo.–Y yo –dijo el monito–, cuando no puedo saltar de rama enrama, ando arrastrando la cola.–Si no puedo correr –dijo el coatí–, se me caen las lágrimas,y cuando se me caen las lágrimas me dan ganas de llorar.–Lo peor –dijo la pulga– es que ya no tengo ni ganas de picar.–¡Bah! –dijo la vizcacha–, todo es cuestión deacostumbrarse. Esto tiene muchas ventajas.–Yo no le encuentro ninguna –gritó la pulga medio enojada.53(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 36. –Pero tiene muchas. Todo está muy ordenado. Y eso deque los monos no puedan andar saltando de rama en ramame parece muy bien. ¿Acaso vieron alguna vizcacha que andehaciendo eso?–¡Pero yo no puedo decir currucucú! –dijo la paloma.–Sí, sí –dijo la vizcacha–. Pero, ¿qué tiene de lindo? Yo nodigo nunca currucucú y así estoy muy pero muy bien.–Pero doña vizcacha –dijo el tordo–, todos decían que micanto era muy lindo y ahora no puedo cantar.–Son los excesos, m’hijo, los excesos. Usted silbaba todo eldía. Míreme a mí, yo nunca silbo, y tan contenta.El picaflor, que ahora tenía que estar quietitoen una rama, protestó:–Los picaflores siempre estamos volando.Comemos volando, tomamos agua volando, yvamos como una flecha de un lado para elotro.–Eso es lo que yo digo. ¿Alguien vio queuna vizcacha haga una cosa así? ¿Qué eseso de quedarse parado en el aire? A mínunca se me ocurriría hacerlo. Y meparece muy bien que el tigre hayaprohibido todas esas cosas.54(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 37. –Los que tenemos patas largas necesitamos correr –dijo elpiojo parado en la cabeza del ñandú.–Bueno, bueno –dijo la vizcacha–, pero el tigre prohibiótodo y listo. Es la nueva ley y hay que respetarla.–Pero la mano viene un poco más dura –dijo el tatú–. Y poralgunas cosas que hice, el tigre me anda buscando con malasintenciones. Mejor me voy a vivir al otro lado del río.–Y yo también me voy –dijo el loro–. Parece que estoyentre los primeros de la lista, y me voy al otro lado del río.–A mí me tiene marcado el murciélago orejudo –dijo elhornero–. También es mejor que me vaya.–Y yo también y yo también –dijeron la calandria y laiguana, y mil animales más.Y se fueron a buscar un lugar para vivir.Se fueron, pero no se fueron contentos.–Yo me quedo aquí –dijo la pulga–, y que me encuentren sison brujos.–Yo también –dijo el tordo–. Yo no sé cantar en otro lado, yya veré cómo me las arreglo.–Y yo –dijo el monito–, yo me cuidaré muy bien de lo quehago. O por lo menos delante de quién lo hago.–Y yo y yo y yo –dijeron el coatí y el sapo y la paloma y lacotorrita verde y mil animales más.Se quedaron, pero no se quedaron contentos.55(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 38. Y así pasaron los años. Muchos.A veces había noticias de los unos para los otros.A veces algún encuentro los llenaba de alegría y de tristeza.A veces comenzaban a olvidarse. Pero otras veces, no.En el fondo, todos estaban un poco tristes.Las aguas marrones del río seguían jugueteando con lashojas, cada vez con menos entusiasmo. El piojo, parado en lacabeza del ñandú, miraba el río y pensaba. Después de unrato dijo:–Los que tenemos patas largas ya no aguantamos más.–Sí, pero ¿qué podemos hacer? –preguntó la paloma.–Yo digo ¡punto y coma, el que no se escondió seembroma! –bramó la pulga con bramido de pulga.–Y yo y yo y yo –dijeron el quirquincho y el tordo y el coatíy la cotorrita verde y mil animales más.–Sí, pero ¿qué podemos hacer? –repitió la paloma.–Bueno, bueno –dijo el sapo–. No es que este sapo quierasaber más que nadie, pero ya tenemos la solución.–¿Cuál es? ¿Cuál es?–Ésa que dijo la pulga y que repitieron todos: ¡punto ycoma, el que no se escondió se embroma! ¿Qué les parece sibss bss bss? –y contó en secreto sus planes.El picaflor voló más rápido que nunca para contarles a losque se habían ido.56(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 39. El tordo voló para el otro lado.Y la paloma para el otro.Y la cotorrita verde para el otro.Y el quirquincho. Bueno, el quirquincho no voló, pero sefue al trotecito de quirquincho también para algún lado.El tigre, el zorro, la vizcacha, el carancho, layarará y el murciélago orejudo vieron de lejos lapolvareda que se acercaba.–¿Qué es eso? –rugió el tigre–. ¡Aquí estoycon mis amigos y no me gusta toda esatierra!–¡Y qué ruido, don tigre! ¡Eso le debegustar menos! –dijo la vizcacha, zalamera.–¡Voy corriendo a ordenar silencio! –seofreció el zorro.Y se fue al trote para poner un poco deorden.Pero al ratito estaba de vuelta con lacola entre las patas.–Mire, don tigre, me parece que la cosa se complica...–Bah –dijo el tapir–, dejen todo en mis manos.Y se fue a ver qué pasaba.Al rato volvió con la cabeza gacha. Y la polvareda seguíaacercándose cada vez más.–No y no –dijo la yarará moviendo la cabeza para todoslados–, dejen todo en mis manos... digo, dejen todo a mi cargo.57(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 40. Y se fue arrastrando su veneno hacia la polvareda.Pasó un rato. Pasó otro rato. Cuando al tercer rato la yararáno volvía, el tigre empezó a ponerse nervioso.En eso la vio llegar. Venía chata y arrastrándose conesfuerzo.–Don tigre, don tigre –dijo sacando esa lengua que ya noasustaba a nadie–, vienen todos juntos, los que se fueron ylos que se quedaron.–¿Todos juntos, los que se fueron y los que se quedaron?–Sí, don tigre, y vienen gritando: ¡Punto y coma, el que nose escondió se embroma!–¿Y vienen muchos?–Muchos no, don tigre, ¡vienen todos!–¿Y gritan fuerte?–A grito pelado, don tigre.–¿Y con los ojos brillantes?–Muy brillantes, don tigre.–¡Pero yo soy el tigre!–Sí, sí, eso lo saben...–Ah, me conocen bien...–Sí, lo conocen bien, y por eso vienen gritando: ¡Adóndeestá ese tigre!–Entonces conviene que el murciélago orejudo vaya a ver–dijo el tigre mirando para todos lados.58(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 41. Pero el murciélago orejudo hacía rato que se había borradoy no quedaban ni rastros de él.–Don tigre –dijo la vizcacha temblando–, me parece que yallegan. Ruja don tigre, así se asustan.El tigre respiró hondo, abrió muy grande la boca y largó surugido más fuerte. Pero apenas se oyó un grr de gatito conhambre.Entonces dijo:–¿Y si nos vamos?Dicen que corrieron y corrieron, mientras la gran polvaredalos seguía de cerca.Dicen que se fueron hasta donde el sol sepone.Hasta donde nacen los ríos.Hasta donde se acaba el viento.Dicen que se fueron con un miedo comopara siempre.El monte volvió a llenarse de ruidos, desilbidos de tordo, de monos saltando derama en rama, de palomas que decíancurrucucú.–Juguemos una carrera –le dijo el piojoal picaflor–. Los que tenemos patas largasqueremos correr siempre.59(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 42. 60Y corrieron. Y llegaron juntos hasta el río de aguasmarrones que ahora jugueteaba con las hojas haciendo milremolinos.–Uf –dijo el piojo parado en la cabeza del ñandú–, cuestatrabajo, pero qué lindo es tener un monte para vivir.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 43. 45familia y afectoSi vos no vivís con tu papá o tu mamá, igual tenés derecho amantener una relación personal con él o con ella, salvo queesta relación pueda hacerte daño. Lo reconoce la ConvenciónInternacional sobre los Derechos de la Infancia en el artículo 9.Tenés libertad para expresar tus sentimientos y pensamientosde la manera que más te guste: hablando, escribiendo,dibujando, cantando... Y los demás deben respetarlos. Peroeso no quiere decir que puedas lastimar a otro porque ejercéstu libertad de expresión. Esto está escrito en el artículo 13 dela Convención.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 44. 46Sof’aRuth Kaufman(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 45. 47L os sábados eran días especiales en casade Sofía. La mamá cocinaba galletitas de coco,de chocolate y de miel. Un olor riquísimoinundaba la casa y Sofía se moría de ganas decomerse el aire. Pero cuando sacaban lasgalletitas del horno, apenas si probaban unao dos y enseguida las guardaban en una lataazul y roja para el día siguiente.La mamá planchaba la ropa que sepondrían al otro día, y si le quedabatiempo iba a la peluquería.Sofía, en cambio, se pasaba la tarde entera dibujando. Ala nochecita acomodaba todos los dibujos sobre el piso de lacocina y elegía uno, sólo uno, para el día siguiente.El domingo se levantaban temprano, tan temprano queen invierno todavía era de noche. Sofía se vestía en unsantiamén; su mamá, en cambio, estaba horas arreglándoseel vestido, peinándose, ensayando sonrisas con los labiospintados.Primero tomaban un ómnibus, después un tren, luego otroómnibus y al final caminaban. Por la calle se cruzaban conotras mujeres con niños que iban, como ellas, de visita a lacárcel.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 46. Ese domingo las revisó, como siempre, una mujer policía.Les hizo sacarse la ropa, dio vuelta la cartera de la mamá,abrió la lata, metió los dedos entre las galletitas. Tambiénagarró el dibujo de Sofía. Se quedó unos segundos mirándolo,luego sacó un bolígrafo y tachó, uno por uno, todos lospajaritos que volaban en el papel.–Está prohibido dibujar palomas –dijo y le devolvió a Sofíaun papel lleno de cruces negras.Ellas atravesaron el pasillo de la cárcel y entraron en lapieza donde las esperaba el papá. Se llenaron de besos,charlaron, comieron las galletitas de coco, de chocolate y demiel. Por primera vez, Sofía no llevaba ningún dibujo deregalo.Al sábado siguiente Sofía volvió a dibujartoda la tarde. Esta vez rompió muchos papeleshasta terminar el que le llevaría a su papá.En la cárcel las revisó la misma mujerpolicía. Les hizo sacarse la ropa, husmeó lasgalletitas, dio vuelta la cartera de la mamá.Tomó el dibujo de Sofía y durante un ratolargo, demasiado largo, se quedómirándolo.–Pueden pasar –dijo al fin. Y lesdevolvió el dibujo.48(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 47. Antes de las galletitas, antes de contar nada,Sofía se abalanzó sobre el papá y le regaló eldibujo. El papá se demoró un rato mirando lacasa, los árboles, el cielo con el sol amarilloy las nubes.–¿Qué son esos redondelitos de colores?–le preguntó a Sofía señalando las copas delos árboles.Sonriendo Sofía contestó:–Son los ojos de los pajaritos que estánescondidos.49(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 48. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 49. 27opiniónTus opiniones son muy importantes. Tenés el derecho deexpresarlas libremente, y las personas adultas deben tomarlasen cuenta. Así se reconoce en el artículo 12 de la ConvenciónInternacional sobre los Derechos de la Infancia.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 50. 28Los Reyesno se equivocanGraciela Beatriz Cabal“Los Reyes no se equivocan”,del libro Batata (Historias para nenes y perritos),de Graciela Beatriz Cabal.© 1998, Editorial Sudamericana S. A.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 51. 29J ulieta terminó de lustrar los zapatos de ir a la escuela.Cierto que ella hubiera preferido poner las zapatillas rosascon estrellitas, las que le había regalado su madrina para elcumpleaños número seis.Pero la mamá dijo que esas zapatillas eran una purahilacha y que qué iban a pensar los Reyes Magos.–Ya que estamos, Julieta –aprovechó la mamá–, dámelasque te las tiro de una vez por todas a la basura.Porque a la mamá de Julieta no le gustaban las cosasgastadas o con agujeros. Tampoco le gustaban las cosassucias o desprolijas. Y siempre tenía la casa limpia,reluciente y olorosa a pino. Debía de ser por eso que lamamá de Julieta no podía ni oír hablar de perros.–Perros en esta casa, jamás –decía–. Los perros ensucian,rompen todo y traen pestes. Así que en la casa de Julieta nohabía perros, había tortuga.Y no es que Julieta no le tuviera cariño a la Pancha. Pero laPancha era medio aburrida, y se la pasaba durmiendo en su caja.Lo que Julieta quería –y lo quería con toda el alma– eraun perro. Un perro que le lamiera la mano y la esperaracuando ella volvía de la escuela. Un perro que le saltaraencima para robarle las galletitas. Por eso Julieta le habíapedido un perro a los Reyes. Y los Reyes se lo iban a traer,porque siempre le habían traído lo que ella les pedía.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 52. ¿Y su mamá? ¿Qué diría su mamá del perro?, sepreguntó Julieta y el corazón le hizo tiquitiqui toc toc.Pero enseguida pensó que su mamá no ibaa tener más remedio que aguantarse, porqueuno no puede andar despreciando los regalosde los Reyes.–¡Julieta! –dijo la mamá– Sacá la basura ala calle y vení a comer...A Julieta no le gustaba nada sacar labasura, pero hoy tenía que portarse muybien porque era un día especial. Así queagarró la bolsa de la basura –con suszapatillas adentro, claro– y, sin protestar,atravesó el pasillo y la dejó en la vereda,al lado del arbolito.Mientras hacía esfuerzos por dormirse, Julieta pensó queella, a veces, no la entendía a su mamá. ¿No era, acaso,que los Reyes Magos, tan poderosos y tan ricos, se habíanatravesado el mundo entero para ir a llevarle regalos a unpobrecito bebé que ni cuna tenía? ¿Y esos Reyes se iban aasustar de sus zapatillas gastadas? Pero bueno, mejorpensar en el perro, que a ella le encantaría blanco y mediopetiso.Y Julieta se quedó dormida.30(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 53. A la mañana siguiente, Julieta se despertó tempranísimo.Allí, junto a sus zapatos brillantes, estaba el perro.–¿Viste, nena? –dijo la mamá–. ¡Un perro, como vosquerías! Mirá: si le tirás de acá, mueve la cola y las orejas...¿Estás contenta?No. Julieta no estaba contenta. El perrito que le habíantraído los Reyes era más aburrido que la Pancha. Porque laPancha, por lo menos, estaba viva, aunque a veces muchono se le notara.Este perrito no le lamería la mano a Julieta, ni le robaríalas galletitas, ni nada de nada.... ¿Es que los Reyes sehabían equivocado?Pero cuando, al rato nomás, Julieta salió acomprar la leche, pensó que no, que losReyes Magos nunca se equivocan: al lado delárbol, con una de sus zapatillas entre losdientes y la otra entre las patas, había unperrito blanco y medio petiso.El perrito la miró a Julieta y, sin soltar laszapatillas, le movió la cola. EntoncesJulieta lo agarró en brazos y corrió a sucasa gritando:–¡¡Mamaaaá!! ¡¡Mamaaaá!! ¡¡Los reyesme pusieron uno de verdad en las zapa!!31(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 54. La mamá salió al pasillo y lo único que dijo fue:–¡Ay, mi Dios querido!Pero se ve que no se animó a despreciar un regalo hechopor los mismísimos Reyes, porque después de un rato demirarla a la hija y al perrito, agregó por lo bajo:–Entren nomás, que este perrito necesita un baño depadre y señor mío...32(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 55. 23libertad de elecciónEn el artículo 29 de la Convención Internacional sobre losDerechos de la Infancia dice que la escuela tiene que servirpara ayudarte a crecer en una sociedad libre, donde estés encondiciones de crear, soñar, inventar, descubrir, elegir...Solamente si tenés la oportunidad de elegir, de equivocarte yaprender podrás ser una persona independiente.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 56. 24El hombrecitoverde ysu p‡jaroLaura Devetach“El hombrecito verde y su pájaro”,del libro El hombrecito verde y su pájaro, de Laura Devetach.© Ediciones Colihue(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 57. E l hombrecito verde de la casa verde del país verde teníaun pájaro.Era un pájaro verde de verde vuelo. Vivía enuna jaula verde y picoteaba verdesverdes semillas.El hombrecito verde cultivaba la tierraverde, tocaba verde música en su flauta yabría la puerta verde de la jaula para que supájaro saliera cuando tuviera ganas.El pájaro se iba a picotear semillas yvolaba verde, verde, verdemente.Un día en medio de un verde vuelo, viounos racimos que le hicieron esponjar lasverdes plumas.El pájaro picoteó verdemente los racimos y sintió unagran alegría color naranja.Y voló, y su vuelo fue de otro color. Y cantó, y su canto fuede otro color.Cuando llegó a la casita verde, el hombrecito verde loesperaba con verde sonrisa.–¡Hola, pájaro! –le dijo.Y lo miró revolotear sobre el sillón verde, la verde pava y ellibro verde.Pero en cada vuelo verde y en cada trino, el pájaro dejabamanchitas amarillas, pequeños puntos blancos y violetas.25(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 58. El hombrecito verde vio con asombro cómoel pájaro ponía colores en su sillón verde, ensus cortinas y en su cafetera.–¡Oh, no! –dijo verdemente alarmado.Y miró bien a su pájaro verde y lo encontróun poco lila y un poco verdemar.–¡Oh, no! –dijo, y con verde apuro buscópintura verde y pintó el pico, pintó las patas,pintó las plumas.Pero cuando el pájaro cantó, no pudopintar su canto. Y cuando el pájaro voló,no pudo pintar su vuelo. Todo eraverdemente inútil.Y el hombrecito verde dejó en el suelo el pincel verde y laverde pintura. Se sentó en la alfombraverde sintiendo unburbujeo por todo elcuerpo. Una especiede cosquilla azul.Y se puso a tocarla flauta verdemirando a lo lejos. Yde la flauta salió unamúsica verdeazulrosaque hizo revolotearcelestemente al pájaro.26(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 59. 17identidadTenés derecho a que se respete tu identidad y a sentirte biencon tu color de piel, tu pelo, tus ojos y todos los rasgos de tupersona. A nadie, chico o grande, se debe discriminar por sureligión,su cultura o su origen racial.Así aparece en el artículo 30 de la Convención Internacionalsobre los Derechos de la Infancia.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 60. 18Los sue–osdel sapoJavier Villafañe“Los sueños del sapo”,del libro Los sueños del sapo, de Javier Villafañe.© Editorial Edicial(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 61. U na tarde un sapo dijo:–Esta noche voy a soñar que soy árbol.Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba aser árbol esa noche.Todavía andaba el sol girando en la rueda delmolino. Estuvo un largo rato mirando el cielo.Después bajó a la cueva, cerró los ojos y sequedó dormido.Esa noche el sapo soñó que era árbol.A la mañana siguiente contó su sueño.Más de cien sapos lo escuchaban.–Anoche fui árbol –dijo–, un álamo.Estaba cerca de unos paraísos. Tenía nidos.Tenía raíces hondas y muchos brazoscomo alas, pero no podía volar. Era untronco delgado y alto que subía. Creí quecaminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí quelloraba, pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio,subiendo, con las raíces sedientas y profundas. No me gustóser árbol.El sapo se fue, llegó a la huerta y se quedó descansandodebajo de una hoja de acelga.Esa tarde el sapo dijo:–Esta noche voy a soñar que soy río.19(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 62. Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos saposformaron rueda para oírlo.–Fui río anoche –dijo–. A ambos lados, lejos, tenía lasriberas. No podía escucharme. Iba llevando barcos. Losllevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en elpuerto. La misma prisa por partir, la misma prisa por llegar.Descubrí que los barcos llevan a los que se quedan. Descubrítambién que el río es agua que está quieta, es la espuma queanda; y que el río está siempre callado, es un largo silencioque busca las orillas, la tierra, para descansar. Su música cabeen las manos de un niño; sube y baja por las espirales de uncaracol. Fue una lástima. No vi una sola sirena; siempre vipeces, nada más que peces. No me gustóser río.Y el sapo se fue. Volvió a la huerta ydescansó entre cuatro palitos que señalabanlos límites del perejil.Esa tarde el sapo dijo:–Esta noche voy a soñar que soy caballo.Y al día siguiente contó su sueño. Más detrescientos sapos lo escucharon. Algunosvinieron desde muy lejos para oírlo.–Fui caballo anoche –dijo–. Un hermosocaballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que huía.20(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 63. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda lapampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que mecastigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en elagua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande enel cielo; después el sol; después un pájaro se posó sobre milomo. No me gustó ser caballo.Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente dijo:–No me gustó ser viento.Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente:–No me gustó ser luciérnaga.Después soñó que era nube, y dijo:–No me gustó ser nube.Una mañana los sapos lo vieron muy feliz ala orilla del agua.–¿Por qué estás tan contento? –lepreguntaron.Y el sapo respondió:–Anoche tuve un sueño maravilloso.Soñé que era sapo.21(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 64. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 65. 13nombre y nacionalidadEl artículo 7 de la Convención Internacional sobre losDerechos de la Infancia dice que, en cuanto un nene o unanena nacen, tienen que ser anotados en el Registro Civil. Eneste lugar aparecen registradas con su nombre y apellidotodas las personas.Vos sabés que todos tenemos los mismos derechos; en esosomos iguales. Pero, a la vez, somos todos diferentes: elnombre y el apellido nos identifican. También nos identificanuestra nacionalidad, es decir, el país donde nacemos odonde nacieron nuestros padres.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 66. 14ÀQuiŽn le pusoel nombrea la luna?Mirta Goldberg“Quién le puso el nombre a la luna”,del libro Nuevo Viento en popa I. Taller de la palabra,de Mirta Goldberg y María Inés Bogomolny.© Aique Grupo Editor S.A.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 67. À Quién le puso el nombre a la luna?¿Habrá sido la laguna,que de tanto verla por la nochedecidió llamarla luna?¿Quién le puso el nombre al elefante?¿Habrá sido el vigilante,un día que paseaba muy campante?¿Quién le puso el nombre a las rosas?¿Quién le pone el nombre a las cosas?Yo lo pienso todos los días.¿Habrá un señor que se llama Ponenombresque saca los nombres de la Nombrería?¿O la arena sola decidió llamarse arenay el mar solo decidió llamarse mar?¿Cómo será?(Menos mal que a míme puso el nombremi mamá.)15(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 68. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 69. 7respetoQue conozcas tus derechos es un derecho y es obligación delos adultos hacer lo posible para que así ocurra. Lo afirma elartículo 42 de la Convención Internacional sobre los Derechosde la Infancia.Tu vida privada tiene que ser respetada. Lo reconoce laConvención en el artículo 16.No existe ninguna razón para que te maltraten. Cualquierforma de violencia contra tu persona, como los golpes, o quete descuiden, te insulten, etcétera, es un delito. Nadie tienepermiso para hacerlo. La Convención te protege y lo diceclaramente en el artículo 19.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 70. 8Donde los derechosdel ni–o Pirulochocan con los dela rana AureliaEma Wolf(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 71. A Pirulo le gusta ir a la casa de su abuela porque en eljardín hay un estanque y el estanque está lleno de ranas.Además le gusta ir por otras razones.Porque su abuela nunca le pone pasas de uva a la comida.Y para él, que lo obliguen a comer pasas de uva es unaviolación al artículo 37 de los Derechos del Niño que prohíbelos tratos inhumanos.Porque su abuela no le impide juntarse con los chicos de laferretería para reventar petardos, de modo que goza delibertad para celebrar reuniones pacíficas, como estipula elartículo 15.Porque su abuela no le hace cortar el pasto del jardín, loque sería una forma de explotación, prohibida por el artículo32.Porque su abuela jamás lo lleva de visita a la casa desu prima. Según Pirulo, que lo lleven de prepo a la casa de suprima viola el artículo 11, que prohíbe la retención ilícita de unniño fuera de su domicilio.Porque su abuela nunca limpia la pieza donde él duerme,así que no invade ilegalmente su vida privada. Artículo 16.Porque su abuela jamás atenta contra su libertad deexpresión oral o escrita –artículo 13–, de manera que puededecir todo lo que piensa sobre su maestra Silvina sin que suabuela se enoje.9(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 72. Para hacerla corta: en casa de su abuela él es una personarespetada.Pero lo que más le gusta es el estanque de ranas del jardín.Ahora mismo, amparado por el artículo 31, se dispone agozar de una actividad recreativa apropiada para su edad: va acazar ranas.Prepara la carnada de salchicha, agarra la linterna y la bolsade arpillera. Es de noche. En verano las ranas se cazan denoche. Su abuela duerme.Con mucha mala suerte, la primera rana que saca delestanque es Aurelia.–¡Un momento! –le dice Aurelia– ¿Qué estáshaciendo?–Cazo ranas.–Lo siento, pero los animales tenemosderecho a la existencia.–¿Eso quién lo dice?–El artículo 1 de la Declaración Universalde Derechos del Animal proclamada enParís en 1978.–¿Eso vale en la Argentina?–Sí, vale.10(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 73. –Pero yo tengo derecho a las actividades recreativasapropiadas para mi edad y en este instante mi actividadrecreativa consiste en cazar ranas.Aurelia se impacienta.–Y yo te recuerdo que tenés que respetarnuestra longevidad natural. Así que te vas aquedar sin comer ranas.Pirulo levanta la voz.–¡Yo no las como! ¡No me gustan! ¡Se lasva a comer mi abuela!–¡Entonces peor! ¡Vos las cazás sólo paradivertirte! ¿Con qué derecho? ¿Te gustaríaque te cazaran por diversión?–¡No es lo mismo! ¡Yo soy una persona!–¡Vos sos un animal de otra especie, ypunto!En el estanque se armó una batahola. Todas las ranascroaban y saltaban. Pirulo reculó un poco, pero su indignaciónera grande.–¡No me voy de acá sin ranas!–¡Antes pasarás sobre mi cadáver!En ese momento se abrió la ventana del dormitorio de laabuela. Era ella, asomada, con los pelos parados y una bateríade chancletas en la mano.11(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 74. –¿SE VAN A DEJAR DE ROMPER DE UNA BUENA VEZ? ¿SABEN QUÉHORA ES? ¿CONOCEN EL ARTÍCULO 11 DE LOS PRINCIPIOS EN FAVORDE LAS PERSONAS DE EDAD? ¿SABEN QUE TENGO DERECHO ALBIENESTAR FÍSICO, MENTAL Y EMOCIONAL? ¿Y QUE PARA ESONECESITO DORMIR? ¿LES ENTRA EN LA CABEZA? ¡DORMIIIIIIIIR!¡DORMIIIIIIIR!Con la primera chancleta no acertó. Con lasotras sí.Pirulo estaba muy confundido. Aureliatambién. Se miraron.–Eso fue una agresión por parte de laabuela.–Injusta me parece a mí.–Pará, ¿dónde podemos aclarar todoesto?–En las Naciones Unidas.–Vamos.12(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 75. 97crecer en libertadCuando nacemos, llegamos al mundo sin ropa pero conderechos.No importa que seas así… de chiquito, igual tenés derecho aexpresarte, a jugar, a elegir, de acuerdo con tu edad y con tusposibilidades.Los derechos no son un traje que te dan un día de golpecuando te convertís en grande. Los derechos son la ropa delalma… para toda ocasión y en todo momento.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 76. 98Historia de unaPrincesa, su pap‡y el Pr’ncipeKinoto FukasukaMaría Elena Walsh“Historia de una Princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka”,del libro Cuentopos de Gulubú, de María Elena Walsh.© 1994, María Elena Walsh, Compañía EditoraEspasa Calpe Argentina S.A.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 77. S ukimuki era una princesa japonesa.Vivía en la ciudad de Siu Kiu, hace como dos mil años, tresmeses y media hora.En esa época, las princesas todo lo que tenían que hacerera quedarse quietitas. Nada de ayudarle a la mamá a secarlos platos. Nada de hacer mandados. Nada de bailar conabanico. Nada de tomar naranjada con pajita.Ni siquiera ir a la escuela. Ni siquiera sonarse la nariz. Nisiquiera pelar una ciruela. Ni siquiera cazar una lombriz.Nada, nada, nada.Todo lo hacían los sirvientes del palacio: vestirla, peinarla,estornudar por ella, abanicarla, pelarle lasciruelas.¡Cómo se aburría la pobre Sukimuki!Una tarde estaba, como siempre, sentadaen el jardín papando moscas, cuandoapareció una enorme Mariposa de todos loscolores.Y la Mariposa revoloteaba, y la pobreSukimuki la miraba de reojo porque no leestaba permitido mover la cabeza.–¡Qué linda mariposapa! –murmuró alfin Sukimuki, en correcto japonés.99(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 78. Y la Mariposa contestó, también en correctísimo japonés:–¡Qué linda Princesa! ¡Cómo me gustaría jugar a la manchacon usted, Princesa!–Nopo puepedopo –volvió a responder la Princesa haciendopucheros.–¡Cómo me gustaría bailar con usted, Princesa! –insistió laMariposa.–Eso tampococo puepedopo –contestó la pobre Princesa.Y la Mariposa, ya un poco impaciente, le preguntó:–¿Por qué usted no puede hacer nada?–Porque mi papá, el Emperador, dice que si una Princesano se queda quieta quieta quieta como una galleta, en elimperio habrá una pataleta.–¿Y eso por qué? –preguntó la Mariposa.–Porque sípi –contestó la Princesa–, porque las Princesasdel Japonpón debemos estar quietitas sin hacer nada. Si no,no seríamos Princesas. Seríamos mucamas, colegialas,bailarinas o dentistas, ¿entiendes?–Entiendo –dijo la Mariposa–, pero escápese un ratito yjuguemos. He venido volando de muy lejos nada más quepara jugar con usted. En mi isla, todo el mundo me hablabade su belleza.100(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 79. A la Princesa le gustó la idea y decidió, por una vez,desobedecer a su papá. Salió a correr y bailar por el jardín conla Mariposa.En eso se asomó el Emperador al balcón y al no ver a suhija armó un escándalo de mil demonios.–¡Dónde está la Princesa! –chilló.Y llegaron todos sus sirvientes, sus soldados, sus vigilantes,sus cocineros, sus lustrabotas y sus tías para ver qué lepasaba.–¡Vayan todos a buscar a la Princesa! –rugióel Emperador con voz de trueno y ojos derelámpago.Y allá salieron todos corriendo y elEmperador se quedó solo en el salón.–¡Dónde está la Princesa! –repitió.Y oyó una voz que respondía a susespaldas:–La Princesa está de jarana donde se leda la gana.El Emperador se dio vuelta furioso y novio a nadie. Miró un poquito mejor, y no vio a nadie.Se puso tres pares de anteojos y entonces sí vio a alguien.Vio a una mariposota sentada en su propio trono.101(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 80. –¿Quién eres? –rugió el Emperador con voz de trueno yojos de relámpago.Y agarró un matamoscas, dispuesto a aplastar a la insolenteMariposa.Pero no pudo.¿Por qué?Porque la Mariposa tuvo la ocurrencia detransformarse inmediatamente en un Príncipe.Un Príncipe buen mozo, simpático,inteligente, gordito, estudioso, valiente y conbigotito.El Emperador casi se desmaya de rabia yde susto.–¿Qué quieres? –le preguntó al Príncipecon voz de trueno y ojos de relámpago.–Casarme con la Princesa –dijo el Príncipe valientemente.–¿Pero de dónde diablos has salido con esas pretensiones?–Me metí en tu jardín en forma de mariposa –dijo elPríncipe– y la Princesa jugó y bailó conmigo. Fue feliz porprimera vez en su vida y ahora nos queremos casar.–¡No lo permitiré! –rugió el Emperador con voz de trueno yojos de relámpago.102(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 81. –Si no lo permites, te declaro la guerra –dijo el Príncipesacando la espada.–¡Servidores, vigilantes, tías! –llamó el Emperador.Y todos entraron corriendo, pero al ver al Príncipeempuñando la espada se pegaron un susto terrible.A todo esto, la Princesa Sukimuki espiaba por la ventana.–¡Echen a este Príncipe insolente de mi palacio! –ordenó elEmperador con voz de trueno y ojos de relámpago.Pero el Príncipe no se iba a dejar echar así nomás.Peleó valientemente contra todos. Y los lustrabotasescaparon por una ventana. Y las tías se escondieronaterradas debajo de la alfombra. Y los vigilantesse treparon a la lámpara.Cuando el Príncipe los hubo vencido atodos, preguntó al Emperador:–¿Me dejas casar con tu hija, sí o no?–Está bien –dijo el Emperador con voz delaucha y ojos de lauchita–. Cásate, siempreque la Princesa no se oponga.El Príncipe fue hasta la ventana ypreguntó a la Princesa:–¿Quieres casarte conmigo, Princesa Sukimuki?103(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 82. –Sípi –contestó la Princesa entusiasmada.Y así fue como la Princesa dejó de estarquietita y se casó con el Príncipe KinotoFukasuka. Los dos llegaron al templo enmonopatín y luego dieron una fiesta en eljardín. Una fiesta que duró diez días y unenorme chupetín.Así acaba, como ves,este cuento japonés104(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 83. 105En la Convención Internacional sobre los Derechos de laInfancia están escritos un montón de Derechos. Cada uno deellos se refiere a distintas cosas: a tener un nombre, a no sermaltratado, a jugar, a expresarte, a que cuiden tu salud…Todos tienen valor, y los grandes deben respetarlos.Sin embargo, no alcanza con que esos derechos esténescritos. Para que la Convención sirva, vos, tus amigos, laescuela, la sociedad, el Estado, y todos debemoscomprometernos a comprenderla y defenderla.Defendé siempre tus Derechos y el de los otros chicos: tienenvalidez en todas partes y a cualquier hora.Si los derechos se respetan, vas a poder vivir y crecer en unasociedad más justa, más sana y libre.105(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 84. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 85. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 86. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 87. Nació el 23 de noviembre de 1946, en Buenos Aires.Algunas de sus obras son: Oiga, chamigo Aguará; Abran cancha que aquí vieneDon Quijote de la Mancha; El extraño caso del amigo invisible; Colón agarra viajea toda costa.Es escritora de obras de teatro, además de los cuentos para chicos. Desarrollatalleres y se especializó en técnicas de promoción de la lectura infantil.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Argentores 1982 al mejorespectáculo infantil estrenado; Mención Premio Nacional de Literatura Infantil 1995.Nació el 20 de febrero de 1952, en Capital Federal. Es Profesora en Letras yMaestra Normal Nacional.Algunas de sus obras son: Tinke-Tinke; Un elefante ocupa mucho espacio; La edaddel pavo; El libro de los chicos enamorados; Queridos monstruos; Losdesmaravilladores; Disparatario; Los Grendelines; Sol de noche; Corazonadas; Nohagan olas; Socorro diez; El Último mago; Lisa de los paraguas; No somosirrompibles; ¡Socorro!; El niño envuelto.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Faja de Honor de la SociedadArgentina de Escritores, 1972; Premio San Francisco de Asís 1977; Premio "AliciaMoreau de Justo", 1985; Mención Especial en el Premio Nacional de LiteraturaInfantil, 1986; Cuadro de Honor del Premio Internacional “Hans Christian Andersen”,Suiza, 1976; Premio Konex de Platino 1994.Nació el 11 de noviembre de 1939, en Capital Federal. Algunas de sus obras son:Barbapedro; Carlitos Gardel; Tomasito y las palabras; Cuentos de miedo; de amor yde risa; Las Rositas; La pandilla del ángel; Historieta de amor; Mi amigo el Rey.Coordina talleres y como investigadora se dedicó a recopilar cuentos populares ytradiciones.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Segundo Premio en el ConcursoColihue de novela juvenil por Las Rositas, 1990; Faja de Honor ALIJA al mejor libropublicado en 1991 por Carlitos Gardel (con Delia Contarbio); Premio Lista de Honorde ALIJA, por Tomasito y las palabras 1995.109El extraño caso delamigo invisibleAdela Mónica BaschCuandosea grandeElsa BornemannLos Reyesno se equivocanGraciela Beatriz Cabalpág. 82pág. 62pág. 28(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 88. 110Nació el 5 de octubre de 1936, en Reconquista, provincia de Santa Fe.Algunas de sus obras son: La torre de cubos; Monigote en la arena; Una caja llenade...; Picaflores de cola roja; El hombrecito verde y su pájaro; Colección “Libros delmonigote”; La loma del hombre flaco; Canción y pico; Oficio de palabrera.Se ha dedicado a la recopilación de dichos, rondas, poemas y coplas. Colaborócon las revistas Billiken, Humi y Vivir. Es coordinadora de grupos de escritura, lecturay reflexión.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Casa de las Américas1975; Lista de Honor del IBBY (International Board of Books for Young People) 1986,Premio Estímulo a la Producción Literaria, Fondo Nacional de las Artes 1986; PremioOctogonal, Francia, 1995.Nació el 11 de julio de 1945, en Capital Federal.Algunas de sus obras son: Corchito va por el mundo; Pueblo duende; Zig Zag; LosTrotajuegos; Trampolín; Viento en Popa I, II y III; El Trébol Azul I.Fue asesora y libretista de Pipo Pescador entre 1973 y 1980. Además, coordinótalleres de juego y creatividad con la palabra; fue asesora de UNICEF en el proyectoBibliotecas de Aula, 1995; es conductora y columnista en radio y TV de temaseducativos.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Mención de Honor en elConcurso de Obras Infantiles para TV, Buenos Aires, Canal 7, 1972; MenciónConcurso de Poesía, II Jornada Nacional de Literatura Infantil, Buenos Aires, 1972;Premio Excelencia Educativa otorgado por ADEPRA, Buenos Aires, 1994.Nació el 14 de agosto de 1961, en Buenos Aires. Algunas de sus obras publicadasson: La ciudad de los magos; Nada de Luz; ni siquiera Velas; El ropero.Colabora en la realización de libros de lectura para la Educación General Básica.El hombrecitoverde y su pájaroLaura Devetach¿Quién le puso elnombre a la luna?Mirta GoldbergSofíaRuth Kaufmanpág. 24pág. 14pág. 46(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 89. Nació en 1954, en Rosario.Algunas de sus obras son: ¿Qué tal ratones?; Un tigre de papel; Adriana y el árbol;Había una vez un árbol; Mirar y ver.Como ilustrador, su nombre aparece en otra larga lista de libros infantiles. Tambiénes autor de una tira cómica, Los Luna.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Primer Premio en Humor Gráfico“Coca Cola en las Artes y las Ciencias”, 1990; Lista de Honor ALIJA, por lasilustraciones de Barbanegra y los buñuelos, 1987; de Más chiquito que una arveja,más grande que una ballena, de Graciela Montes, en 1991; y por Adriana y elárbol, sobre texto propio, en 1995. Participó en la bienal de Bratislava y fue elegidopara representar a la Argentina en el Workshop sobre Ilustración Infantil en Moravani,Eslovaquia, en 1995.Nació el 16 de agosto de 1935, en Roque Sáenz Peña, provincia del Chaco.Algunas de sus obras son: El monte era una fiesta; Cada cual se divierte comopuede; Sapo en Buenos Aires; La noche del elefante; Tiempo de mentirosos; Historiade Pajarito Remendado; El carnaval de los sapos; Dragón.Fue profesor de Literatura Hispanoamericana y Argentina. Dirige las colecciones“Libros del Malabarista” y “El pajarito remendado”, de Ediciones Colihue.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Lista de Honor ALIJA 1987; TercerPremio Nacional de Literatura 1992; Segundo Premio Nacional de Literatura1995; Diploma al Mérito Konex 1994; Beca del Fondo Nacional de las Artesen 1995 para realizar la escritura de cuentos y leyendas de los indios tobas,matacos y guaraníes.Nació el 28 de julio de 1954, en San Fernando, provincia de Buenos Aires.Algunas de sus obras son: Ni fu ni fa; Un taxi poco serio; La rebelión de los girasoles;Los colugos y todo lo que la ciencia aún no pudo demostrar. Habitualmente colaboracon publicaciones como Página 30 y Página 12. Coordinó talleres de literatura parachicos y fue secretario de redacción de Encuentro (UNICEF).Obtuvo el Premio Estímulo TEA (categoría revistas) en 1989 por sus publicaciones enEl Porteño.111Mirar y VerSergio KernUn montepara vivirGustavo RoldánAlguien diferenteLuis Salinaspág. 34pág. 52pág. 92(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 90. 112Nació el 28 de diciembre de 1956, en Olivos, un barrio de la provincia de BuenosAires.Algunas de sus obras son: Cuentos y chinventos; Cuentos cortos, medianos y flacos;Historias de un primer fin de semana; A Lucas se le perdió la A; OliverioJuntapreguntas; Abrapalabra; Brujas con poco trabajo; Puro Huesos; Palabras parajugar; El cumpleaños de Lola; Palabras para jugar con los más chicos; Las visitas; Eltren más largo del mundo; Historias del circo; Videoclips.Organizó talleres de juegos con palabras y actividades para chicos en la Secretaríade Derechos Humanos del gremio de prensa.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Casa de las Américas enLiteratura Infantil-Juvenil por Cuentos y Chinventos, 1986; Lista de Honor de ALIJA porOliverio Juntapreguntas y Palabras para jugar, 1991; representación argentina porALIJA en la Lista de Honor IBBY con Las visitas, 1994; Tercer Premio Nacional deLiteratura, rubro Infantil-Juvenil, de la Secretaría de Cultura de la Nación, 1990-1993.Nació el 11 de diciembre de 1956, en Capital Federal.Algunas de sus obras son: El hombre que creía en la luna; Las lágrimas nacen enGrecia; Caperucita Roja II; Sobre ruedas.Fue periodista de El Diario de Neuquén y trambién escribió una obra de títeres: Labalada del pájaro caminador.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Nacional de Poesía,autores inéditos, 1983; Premio de la Universidad del Comahue, 1988; PremioAmnesty International 1995; Caperucita Roja II fue considerado por ALIJA entre lostres mejores libros de 1996.La abuelaelectrónicaSilvia SchujerSobre ruedasEsteban Valentinopág. 68pág. 76(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 91. Nació en 1909, en Buenos Aires, y falleció el 1º de abril de 1996.Algunas de sus obras son: Teatro de Títeres; El gallo Pinto; Libros de cuentos yleyendas; Los sueños del sapo; Don Juan, el zorro. Vida y meditaciones de un pícaro;Maese Trotamundos por el camino del Quijote; La vuelta al mundo;Historiacuentopoema.Fue escritor y titiritero. Recorrió el interior del país y muchos países del mundo, dandofunciones de títeres para los chicos y los grandes.Recibió numerosos premios y distinciones, entre ellos: Faja de Honor de la SADE,1946; Premio Fondo Nacional de las Artes, 1957; Premio de Honor de Literatura,1958; “Premio Ollantay”, Centro Latinoamericano de creación e investigación teatral,Venezuela, 1980; Primer Premio Nacional, Literatura Infantil (producción 1982-1985); “Premio Austral”, editorial Espasa Calpe, España, 1986. Fue distinguidocomo Gloria de la Cultura Nacional por la Municipalidad de Buenos Aires.Nació el 1° de febrero de 1930, en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires.Algunas de sus obras son: Tutú Marambá; El reino del revés; Zoo Loco; Dailan Kifki;Cuentos de Gulubú; Versos tradicionales para cebollitas; El diablo inglés; Chauchay palito; Bisa vuela; La nube traicionera (traducción de La nuage rose, de GeorgeSand).En 1956 comenzó a publicar poemas para niños y en 1962 inició con susespectáculos teatrales para chicos una verdadera revolución en el género. Esreconocida internacionalmente, siendo sus canciones lema de diversos movimientosrelacionados con la infancia.Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Municipal de Poesía1948; Mujer del Año 1968; Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina parala Poesía 1982; Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes 1987;Premio Mundial de Literatura José Martí.113Los sueñosdel sapoJavier VillafañeHistoriade una Princesa,su papá y elPríncipe FukasukaMaría Elena Walshpág. 18pág. 98(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 92. 114Nació el 4 de mayo de 1948, en Carapachay, provincia de Buenos Aires.Algunas de sus obras son: El náufrago de Coco Hueco; Maruja; Perafán de Palos;Los imposibles; La sonada aventura de Ben Malasangüe; Hay que enseñarle a tejeral gato.Es licenciada en Lengua y Literatura Modernas, y periodista independiente (colaboróen Vosotras, Superhumor, Billiken, etc.).Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Banco del Libro de Venezuela, deIBBY, en 1989 y 1991; Lista de Honor del IBBY, 1992 y 1995; finalista en el PremioCasa de las Américas, en 1994, y en el Premio Mundial de la Fundación Martí, deCosta Rica, en 1995.Donde los derechosdel niño Pirulochocan con los dela rana AureliaEma Wolfpág. 8(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 93. sobre los derechos de la infanciaLa Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia es unaley escrita por adultos para proteger a los chicos y las chicas, y usapalabras un poco complicadas.No hace falta que seas abogado para conocer la ley. Y para exigirque se cumpla. Por eso nos pareció excelente la idea que tuvo unamigo al que queremos mucho: se llama Francesco Tonucci y trabajacomo “niñólogo”, es decir que trata de comprender cómo piensan yqué necesitan los chicos y las chicas para ayudarlos a defender susderechos.Francesco reescribió los principales artículos de la ley expresándolosen un lenguaje cotidiano, para que todos los podamos comprender. Esel texto que comienza en la página 117.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 94. 116Francesco Tonucci nació hace 58 años en una pequeña ciudad de lacosta italiana.Desde hace 32 años se desempeña como “niñólogo”. Además, dibujacaricaturas, intentando ver el mundo “con ojos de niño” y las firma con elseudónimo Frato.En los últimos años ha empezado a trabajar con intendentes deciudades, a los que les propone que tomen a las niñas y los niñoscomo modelo y como parámetro para cambiar y salvar la ciudad.(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 95. 117Esta Convención se ocupa de los derechos de todos aquellos que todavía no hancumplido los 18 años.Todos los Estados deben respetar los derechos del niño, sin distinción de raza, decolor, de sexo, de lengua, de religión, de opinión política del niño o de su familia.Los intereses del niño deben ser considerados en primer lugar en todas lasdecisiones que los afecten. El niño tiene el derecho de recibir la protección y lasatenciones necesarias para su bienestar.Todos los gobiernos que firman una ley para hacer valer los Derechos de losNiños deben tomar las medidas necesarias para garantizar que se cumpla.Son los padres o quienes los sustituyen los que deben hacerse cargo del niño.1. El niño tiene derecho a la vida. 2. El niño tiene el derecho a desarrollar demodo completo su propia personalidad.Todos los niños deben ser inscriptos en los registros de las personas desde quenacen. También tienen derecho a tener un nombre y una nacionalidad, así comoa conocer a sus padres y ser cuidados por ellos.El niño tiene el derecho de mantener contacto con sus padres, aunque éstos esténseparados o divorciados.El niño tiene el derecho de reunirse con sus padres o de permanecer en contactocon ellos cuando éstos vivan en el exterior.Los niños no deben ser sacados de su país de manera ilegal.El niño debe ser escuchado cada vez que se toman decisiones que lo afectandirectamente.El niño tiene el derecho de poder decir lo que piensa, con los medios queprefiera.1. El niño tiene el derecho de libertad de pensamiento, de conciencia, dereligión. 2. Los padres tienen el derecho y el deber de guiar a sus hijos, y paratales efectos deben tener la libertad de llevar a cabo las ideas en las que creen.Los niños tienen el derecho de estar junto a los otros.Artículo 1Artículo 2Artículo 3Artículo 4Artículo 5Artículo 6Artículos 7 y 8Artículo 9Artículo 10Artículo 11Artículo 12Artículo 13Artículo 14Artículo 15(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 96. Los niños tienen derecho a que se respete su vida privada.Los diarios, los programas radiofónicos y televisivos son importantes para el niño;por este motivo es conveniente que sean adaptados a él.Si un niño no tiene padres, debe haber alguien que se ocupe de él.Si los padres de un niño trabajan, alguien debe encargarse de él mientras suspadres están trabajando.Nadie puede descuidar, abandonar, maltratar o explotar a un niño, ni ejercerviolencia sobre él.Si un niño no puede permanecer con su familia, debe vivir con alguien que seocupe de él.El niño tiene el derecho a ser adoptado si su familia no se puede ocupar de él.No se puede comerciar con las adopciones.1. El niño refugiado tiene el derecho a ser protegido. 2. El niño refugiado deberecibir ayuda para que se reúna con su familia.1. El niño que tiene problemas mentales o físicos tiene el derecho a vivir como losotros niños y a estar junto a ellos. 2. El niño que tiene problemas mentales o físicostiene el derecho a ser atendido. 3. El niño que tiene problemas mentales o físicostiene el derecho de ir a la escuela, de prepararse para el trabajo, de divertirse.El niño tiene el derecho de alcanzar el máximo nivel de salud física y mental yde ser bien atendido o internado cuando tenga necesidad.Todos los niños tienen derecho a beneficiarse con el servicio de seguridad socialde su país.El niño tiene el derecho de crecer bien física, mental, espiritual y socialmente.El niño tiene el derecho a la educación. La escuela debe ser obligatoria y gratuitapara todos.El niño tiene el derecho a recibir una educación que desarrolle sus capacidadesy que le enseñe acerca de la paz, de la amistad, de la igualdad y del respetopor el ambiente natural.118Artículo 18Artículo 19Artículo 20Artículo 21Artículo 22Artículo 23Artículos 24 y 25Artículo 26Artículo 27Artículo 28Artículo 29Artículo 16Artículo 17(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 97. El niño que pertenece a una minoría tiene el derecho de usar su lengua y de vivirde acuerdo con su cultura y con su religión.El niño tiene el derecho al juego, al reposo, a la diversión y a dedicarse a lasactividades que más le gusten.Ningún niño debe ser explotado. Ningún niño debe realizar trabajos quepuedan ser peligrosos o que le impidan crecer bien o estudiar.El niño debe ser protegido respecto de la droga.Ningún niño debe sufrir violencia sexual o ser explotado sexualmente.Ningún niño puede ser comprado, vendido o explotado de ningún forma.Ningún niño puede ser torturado, condenado a muerte o a prisión. Ningún niñopuede ser privado de su libertad de manera ilegal o arbitraria.Ningún niño menor de 15 años debe ser enrolado en un ejército ni debecombatir en una guerra.El niño que ha sido abandonado, explotado y maltratado tiene el derecho a serayudado a recuperar su salud y su tranquilidad.El niño que es acusado de cometer un delito debe ser considerado inocente hastatanto no se pruebe su culpabilidad en un proceso justo. Y en el caso decomprobarse su culpabilidad, tiene el derecho de recibir un tratamiento acordecon su edad y que lo ayude para poder volver a vivir con los otros.A estos derechos cada Estado puede agregar otros que puedan mejorar lasituación del niño.Es necesario hacer conocer a todos, adultos y niños, lo que dice estaConvención.119Agradecemos a la editorial Losada por su autorización para reproducir la ConvenciónInternacional sobre los Derechos de la Infancia, según aparece en el libro La ciudad de losniños. Un modo nuevo de pensar la ciudad.Nota: los artículos 4; 7 y 8; 12; 16; 24 y 25; 26; 35 y 36 no pertenecen a esa edición.Artículo 32Artículo 33Artículo 34Artículos 35 y 36Artículo 37Artículo 38Artículo 39Artículo 40Artículo 41Artículo 42Artículo 30Artículo 31(c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA
  • 98. (c) MURO DE COSQUILLITAS EN LA PANZA