Vanguardias y generación del 27
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    Vanguardias y generación del 27 Vanguardias y generación del 27 Document Transcript

    • Sociedad y cultura En los primeros años del siglo XX, el enfrentamiento entre los países por el dominio de los territorios coloniales provocará, en 1914, la Primera Guerra Mundial. También aumentan por toda Europa los movimientos sociales reivindicativos que culminarán en la Revolución rusa y la creación de la Unión Soviética (1917). Ambos acontecimientos favorecerán el cambio de mentalidad con el que se inicia el siglo XX. En España, la Institución Libre de Enseñanza, que reivindica un nuevo modelo de educación, favorecido por los gobiernos de la II República, promueve la ciencia con conferencias y divulga el arte. El golpe de Estado del general Franco, en 1936, sumirá a España en una Guerra Civil que no verá su fin hasta 1939. Novecentismo Con el nombre de Novecentismo (o Generación del 14) se conoce al grupo de escritores que, lejos de la bohemia de fin de siglo y del autodidactismo, poseían una rigurosa formación intelectual. Defendieron la pulcritud de la obra bien hecha y el placer estético en el arte. Sus representantes prefirieron el ensayo, aunque también hay novelistas como Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró. En general, se trata de una literatura minoritaria y elitista. Ortega y Gasset José Ortega y Gasset (1883-1955) se licenció en Filosofía y amplió su formación en diversas universidades alemanas. En 1923 fundó la Revista de Occidente, que introduce las nuevas corrientes artísticas y filosóficas. Ortega y Gasset es el más influyente filósofo español del siglo XX. Sus teorías, recogidas en ensayos y artículos con un estilo elegante y pulcro, abarcan los más variados temas: filosofía, sociología, pintura, literatura... Entre sus obras destacan España invertebrada (1921), La deshumanización del arte (1925), cuyos postulados serán asumidos por la Generación del 27, y La rebelión de las masas (1930), donde expone su teoría de que la sociedad está formada por una gran masa que debe ser dirigida por una minoría selecta. En los ensayos de El Espectador, Ortega aparece como un verdadero espectador ante todos los aspectos de la vida. Las vanguardias A comienzos del siglo XX y durante el periodo de entreguerras, surgieron en Europa diversos movimientos que rompieron con la concepción del arte y la literatura existentes, reflejo de una forma de vida que juzgaban superada. Agrupados bajo el nombre de vanguardia, todos ellos coinciden en la pretensión de originalidad y el irracionalismo de sus propuestas, que las hace difíciles de comprender por el gran público. Sus integrantes experimentan con nuevas técnicas expresivas sobre la forma más adecuada de reflejar la realidad, que es cambiante. Formaron grupos cerrados y elaboraron manifiestos teóricos, en los que exponían su concepción del arte y de la vida, conscientes de la novedad de sus propuestas. La mayoría de ellos tuvieron una vida tan fugaz como la realidad que pretendían mostrar.
    • Expresionismo, futurismo, cubismo De entre las decenas de movimientos vanguardistas (los ismos), unos cuantos sí han sido decisivos en el desarrollo de las artes. El expresionismo introdujo la subjetividad del artista necesaria para percibir la tensión interior de los objetos o de las personas: de ahí la deformación de las imágenes, que intentan plasmar estados emocionales de los personajes. El futurista Marinetti publicó su Primer manifiesto en 1909. En él reivindicaba lo moderno: la técnica, el movimiento, el deporte, la máquina... Propusieron un nuevo lenguaje poético: las palabras en libertad. El cubismo pictórico (simultaneidad, planos yuxtapuestos, collages) de Picasso precedió al literario, que proponía la autonomía absoluta de la obra de arte. Dadaísmo El dadaísmo fue creado en Zúrich por Tristán Tzara en 1916. Sus propuestas radicales van más allá del arte: intentan «liberar la fantasía del individuo», lo que logran recuperando el mundo infantil, lúdico y espontáneo, incoherente y absurdo. Reivindican los objetos prefabricados fuera de su contexto utilitario, que llaman poemas objeto, y los materiales cotidianos y prosaicos: periódicos, collages... Fue el movimiento precursor del surrealismo. Surrealismo El surrealismo fue un gran movimiento artístico revolucionario que pretendía transformar la vida. Su creador, André Breton, que había estudiado desde 1916 las teorías sobre el sueño de Freud, defiende en el Primer manifiesto surrealista (1924) la liberación total del hombre y de la creación artística, que debe surgir del subconsciente, liberada de la razón y de las cargas sociales. Una de sus propuestas es la escritura automática, en la que se escribe todo lo que surge de la mente sin ninguna censura moral ni lógica, y la recuperación del mundo de los sueños como fuente artística. La libertad de creación y el nuevo mundo del subconsciente facilitan la creación de imágenes y metáforas sorprendentes e ilógicas que transmiten nuevas emociones. Las vanguardias en España Los movimientos vanguardistas fueron conocidos muy pronto por los artistas españoles. La traducción al castellano de los manifiestos futurista y surrealista el mismo año de su publicación en francés, la llegada a España de Vicente Huidobro, fundador del creacionismo, la estancia en París de artistas españoles (Picasso, Buñuel, Larrea, Dalí...) y las tertulias facilitaron la divulgación de las vanguardias y su asimilación. Ultraísmo, creacionismo, surrealismo (en España) Para Guillermo de Torre y Rafael Cansinos-Assens, los principales impulsores del ultraísmo, movimiento netamente español, la literatura debe estar alejada del sentimiento. Sus poemas visuales pronto se acercaron a los caligramas. Con el creacionismo, Huidobro pretendía la autonomía del poema: «Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol». Gerardo Diego vivió una intensa etapa creacionista. Pero fue el surrealismo el movimiento que más influyó en España. Desde Gómez de la Serna a toda la Generación del 27, el surrealismo estuvo presente en España hasta el final de la Guerra Civil.
    • Ramón Gómez de la Serna Ramón (1888-1963) es la figura clave del vanguardismo español. Su actitud vital le hizo vivir en continua ruptura con los convencionalismos sociales. Divulgó el arte vanguardista en Prometeo, revista que dirigió de 1908 a 1912, y en su famosa tertulia en el café Pombo. En sus obras experimentó con nuevas formas, pero su gran hallazgo fueron las Greguerías, una frase feliz sobre algún aspecto de la realidad que transforma con sorprendente ingenio, generalmente a través de una metáfora. Él mismo la definió con esta especie de ecuación: humorismo + metáfora = greguería. La Generación del 27 En los años veinte surgió un grupo de poetas excepcionales que renovó la poesía española del siglo XX. Todos vivieron o frecuentaron la Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza, en donde trabaron amistad entre ellos y con otros jóvenes artistas, como Buñuel o Dalí, y con Juan Ramón Jiménez, quien residió en ella largas temporadas. Fue el homenaje a Góngora con motivo del tercer centenario de su muerte, organizado por el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927, el que dará nombre a la Generación del 27. Características: tradición y vanguardia Gerardo Diego publicó, en pleno auge de las vanguardias, una Antología de estos poetas que recoge, junto a los poemas, su idea de la poesía, su poética: todos pretendían renovar el lenguaje poético; utilizaban con frecuencia el verso libre y daban mucha importancia a la metáfora. Reciben múltiples influencias: de la tradición, la literatura popular (romances, cancioneros, cante jondo) y la culta (Manrique, Garcilaso, Góngora...); de lo moderno, Bécquer, el modernismo, Juan Ramón (a quien muchos ven como un maestro)... Y las vanguardias, muchas de cuyas características habían sido recogidas por Ortega en La deshumanización del arte y fueron adoptadas por la Generación del 27: poesía intelectual, hermética, minoritaria; afán de originalidad; autosuficiencia del arte, que proclama que la obra de arte no depende de la realidad para ser comprendida. Evolución Se suele hablar de tres etapas en la evolución de esta generación: •Hasta 1927 se aprecia la influencia de Juan Ramón y la poesía pura, con ideales esteticistas y presencia de las vanguardias. •Hasta 1939 (fin de la Guerra Civil) es la etapa de madurez: hay un proceso de rehumanización de la poesía, abierta a temas sociales y políticos, así como una fuerte influencia del surrealismo. •Tras la Guerra Civil, la mayoría de los poetas del 27 sale al exilio y el grupo, como tal, desaparece. Su creación literaria, que se mantiene durante muchos años, incorpora con frecuencia el tema del dolor del exilio y la añoranza por la patria perdida.
    • Dámaso Alonso Dámaso Alonso (1898-1990) nació en Madrid. Fue profesor de Lengua y Literatura en varias universidades europeas y norteamericanas y, tras la Guerra Civil, catedrático de Filología Románica en Madrid. Fue elegido director de la Real Academia Española (1968-1982) y en 1978 recibió el Premio Cervantes. La poesía de Dámaso Alonso evoluciona desde la estética de la Generación del 27, en la que recibe la influencia de la poesía pura y reivindica la de Góngora (en Poemas puros. Poemillas de la ciudad, El viento y el verso), hacia una poesía existencial. Su libro Hijos de la ira (1944) supondrá un cambio en el panorama de la posguerra que conectará con los poetas jóvenes y, como veremos en la siguiente Unidad, originará el movimiento de la poesía desarraigada. Gerardo Diego Gerardo Diego (1896-1987) nació en Santander. En 1925 ganó, con Versos humanos, el Premio Nacional de Literatura exaequo con Alberti. Fue académico de la RAE y en 1979 obtuvo, compartido con Jorge Luis Borges, el premio Cervantes. Su poesía se caracteriza por su variedad deformas y tennos. En 1922 conoció, en París, a Vicente Huidobro y el creacionismo, movimiento vanguardista que pretendía crear sin imitar la realidad, con imágenes sin referentes claros. A este movimiento pertenecen Imagen (1922) y Manual de espumas (1924). A la vez, Gerardo Diego escribe en formas tradicionales y clásicas (Soria, Versos humanos). Especial-mente atractivo es el conjunto de sonetos de Alondra de verdad (1941). Vicente Aleixandre Vicente Aleixandre (1898-1984) nació en Sevilla, pero vivió su niñez en Málaga. En 1909 se trasladó a Madrid, donde permaneció tras la Guerra Civil. Su casa fue lugar de tertulia y encuentro de los jóvenes poetas. En 1977 recibió el Premio Nobel de Literatura. Aleixandre veía la poesía, más que como belleza, como comunicación con otros seres humanos o con el universo. Su estilo se caracteriza por el verso libre con rimas internas y aliteraciones, así como por la abundancia de metáforas e imágenes (muy personales e influidas por el surrealismo) y de juegos de palabras. Su abundante obra se divide en cuatro etapas, entre las que destacan dos: •Tras una corta etapa de poesía pura (Ámbito, 1928), la segunda es surrealista. En ella aparece el pesimismo del poeta que aspira a ser insensible y volver a la Naturaleza fundiéndose con ella. En La destrucción o el amor (1935), identifica la pasión amorosa con una fuerza liberadora, como lo es también la muerte, y se plantea el cosmos como unidad de elementos inter-cambiables. En Sombra del paraíso (1944), libro básico en la poesía de posguerra, el cosmos aparece como un reino paradisíaco antes o después del ser humano, lejos del dolor y la muerte. •La etapa humanista, en la que aparece el hombre de forma positiva y solidaria, da paso a la última, filosófica y cognitiva, cuyos libros, Poemas de la consumación y Diálogos del conocimiento, forman una unidad y culminan su obra. El poeta vuelve al surrealismo para plantearse el sentido del mundo desde la vejez. Es una poesía de difícil lectura, con aforismos ambiguos (sentencias breves) y con referencias a sus libros anteriores (intertextualidad).
    • Pedro Salinas Pedro Salinas (1892-1951) nació en Madrid. La Guerra Civil le sorprendió en EE UU y ya no regresó. Salinas comenzó bajo la influencia de la poesía pura de Juan Ramón (Presagios, 1923) y posteriormente de la vanguardia futurista (Fábula y signo, 1931). Es conocido como un poeta amoroso por La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). La voz..., título tomado de la égloga III de Garcilaso, son poemas dialogados en los que el poeta habla del amor de forma real, un amor correspondido. El poeta se dirige a la amada y ensalza alguno de sus rasgos o la plenitud de sentirse amado, una relación tú / yo que elimina todo lo circunstancial. En La voz... y en Razón de amor; Salinas utiliza un lenguaje muy conceptual con construcciones nominales (ausencia de verbos), de escasos adjetivos y verso libre. Jorge Guillén Jorge Guillén (1893-1984) nació en Valladolid. Exiliado en EE UU, a la muerte de Franco, se instaló en Málaga, donde murió. Obtuvo el premio Cervantes en 1976. Guillén es el máximo representante de la poesía pura. Es una poesía intelectual y estilizada que busca la esencia de las cosas, como Juan Ramón Jiménez, y como él, concibió su obra como una unidad. Agrupó en Aire nuestro su dilatada obra: Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros poemas y Final. Cántico recoge su producción poética desde 1928 hasta 1950, y es un grito apasionado a la vida, como indica el subtítulo Fe de vida. A menudo parte de la anécdota (un ruido, un objeto, un paisaje...) para llegar a la esencia a través de un estilo muy elaborado con abundancia de nombres, exclamaciones, infinitivos y frases cortas. A pesar de su dificultad, los poemas, que con frecuencia están en estrofas clásicas como el soneto o la décima, transmiten una actitud vital y positiva ante el mundo y la propia existencia. Federico García Lorca Federico García Lorca (1898-1936) nació en Fuentevaqueros (Granada). En 1919 fue a estudiar a Madrid y se alojó en la Residencia de Estudiantes hasta 1928. Allí conoció a Juan Ramón y a todos los artistas del momento (Alberti, Buñuel, Dalí...), con quienes trabó una fuerte amistad. En 1929 fue como becario a la Universidad de Columbia, en Nueva York, viaje que le dejaría una profunda huella. En 1932, ya en España, fundó La Barraca, grupo de teatro universitario que difundió el teatro clásico por los pueblos, como ha-cían también las Misiones pedagógicas de la II República. En agosto de 1936, al comienzo de la Guerra Civil, fue asesinado en Granada. Poesía En sus primeros libros de poesía, Lorca une la inspiración popular y tradicional con las influencias cultas y vanguardistas, como en Poema del cante jondo, escrito en 1921. Con frecuencia su poesía es dramática en los dos sentidos: por la nota triste y trágica que aparece en sus poemas y por la teatralización del diálogo que recoge la voz de los personajes. Aunque en Romancero gitano (1928) los romances cuentan historias, el libro transmite la angustia del poeta ante un mundo agresivo que impide la libertad del individuo. Utiliza imágenes y metáforas vanguardistas y una adjetivación muy sensorial, -de cuyo sentido imposible de explicar avisó el propio poeta: «el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora».
    • En Poeta en Nueva York, Lorca necesita un nuevo lenguaje de fuerte influencia surrealista y verso libre para transmitir la experiencia que vivió: una ciudad deshumanizada, sin raíces, anónima y violenta, como un monstruo de las finanzas, llena de contrastes, donde abundaban situaciones de miseria y esclavitud. Teatro Lorca escribió obras de teatro desde muy joven y su producción dramática se sitúa al mismo nivel que su poesía. Comenzó con un teatro poético y modernista y con obras influidas por los guiñoles populares (El maleficio de la mariposa, 1919; La zapatera prodigiosa, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, 1929). Evoluciona de un teatro en verso a otro en prosa, en el que intenta transformar la vida en literatura, lo que lo convierte en asombrosamente poético. Pero su propia trayectoria y la experiencia de Nueva York le hicieron replantearse también su estética teatral y experimentar en obras vanguardistas (Así que pasen cinco años, 1931; El público, 1933). Un tema sobresale en sus obras: el enfrentamiento del individuo con la sociedad, pues someter el instinto a las normas sociales solo puede tener consecuencias trágicas. Así sucede en sus tres últimas obras, Bodas de sangre (1933), en la que la -novia recién casada huye con su primo, a quien ama, pero con quien no se pudo casar; Yerma (1934) en la que la esterilidad, maldita por la sociedad, marca a la protagonista y La casa de Bernarda Alba (1936), que representa la lucha entre la autoridad (Bernarda) y la libertad (Adela, la menor de las hijas). Rafael Alberti Rafael Alberti (1902-1999) nació en el Puerto de Santa María (Cádiz). Se trasladó con su familia a Madrid en 1917. En 1925, recibió el Premio Nacional de Literatura (compartido con Gerardo Diego) por Marinero en tierra. Apoyó a la República durante la Guerra Civil y a su fin se exilió a Buenos Aires y, posteriormente, se instaló en Roma. En 1977 volvió a España y en 1983 recibió el Premio Cervantes. La poesía de Alberti es muy variada. Sus primeros libros son neopopulares: tienen influencia de la poesía tradicional y popular. A esta época pertenece Marinero en tierra (1924), en el que utiliza versos octosílabos y asonancias, diminutivos, paralelismos y exclamaciones para expresar la nostalgia por la infancia y el mar perdidos. La vanguardia (ultraísmo y futurismo) y la influencia de Góngora se aprecian en Cal y canto. Con Sobre los ángeles (1929) deja atrás la crisis definitiva de su juventud. El lenguaje y la técnica surrealistas, que en algunos poemas se asemejan a la escritura automática, le ayudan a expresar su angustia: el poeta, expulsado del Paraíso, vaga por un mundo sin sentido dominado por fuerzas espirituales enfrentadas que representan lo positivo y lo negativo. A raíz de su ingreso en el PCE, pasó por un período revolucionario y compro-metido (Con los zapatos puestos tengo que morir, El poeta en la calle) que alterna, ya en el exilio, con poemas dedicados a la pintura, afición que nunca abandonó (A la pintura); que añoran la infancia y la patria (Retornos de lo vivo lejano, Baladas y canciones del Paraná) o hablan de recuerdos más recientes (Canciones del alto valle del Aniene) en textos en los que mezcla prosa y verso.
    • Luis Cernuda Luis Cernuda, (1902-1963) nació en Sevilla, en donde estudió Derecho. Fue alumno de Pedro Salinas. Conoció a Juan Ramón en 1925 y, en 1927, a Lorca y Aleixandre, con quienes hizo amistad, a pesar de su temperamento solitario, tímido e introvertido. En 1928 fue lector de español en Toulouse. Militante del PC y defensor de la República en la Guerra Civil, se exilió en 1938 a Inglaterra y, en 1947, a Estados Unidos. En 1952 se instaló definitivamente en México, donde murió. El título de sus obras completas, La realidad y el deseo, muestra la esencia de su poesía: el intento de armonizar la vida con sus anhelos. Sus poemas son la expresión trágica de esos dos extremos que limitan el mundo. Del contraste (y de la lucha) entre la existencia real y los deseos del poeta, surgen los sentimientos de frustración y soledad, no solo física, sino existencial. Cernuda comienza influido por la poesía pura en Perfil del aire (1924-1927), para utilizar el surrealismo en Un río, un amor (1929). Su poesía es, sobre todo, intimista, de una gran fuerza y hondura expresivas, utilice o no nuevas técnicas. Así sucede en Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1933). A partir del exilio, junto al intimismo y al amor, se acentúa el tema de la soledad y aparece el del destierro. Ocnos (1942-1963), libro de poemas en prosa, evoca Andalucía. En Desolación de la Quimera (1956-1962), título ya desgarrador, muestra su desengaño del mundo y un cierto resentimiento hacia lo español. Miguel Hernández Con El rayo que no cesa (1936), su segunda obra, alcanzó ya su plenitud. En ella trata, utilizando mayoritariamente el soneto, los temas esenciales del ser humano (la vida, la muerte, el amor...). Durante la Guerra Civil escribió una poesía solidaria con el dolor por la tragedia (Viento del pueblo, El hombre acecha). Sus libros desde la cárcel (Cancionero y romancero de ausencias, Poemas últimos) muestran el dolor por la separación de su mujer y su hijo. Dámaso Alonso vio en Miguel Hernández el puente entre la Generación del 27 y la primera poesía de posguerra.