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Medicina Psicosomática: Un Trazo Histeórico [Javier J. León]
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Medicina Psicosomática: Un Trazo Histeórico [Javier J. León] Medicina Psicosomática: Un Trazo Histeórico [Javier J. León] Presentation Transcript

  • Medicina Psicosomática: Un Trazo Histeórico Psic. Javier J. León
  • Antecedentes Aunque la medicina psicosomática halla sus raíces en las consideraciones hipocráticas sobre mente y cuerpo en relación primordial (Roudinesco & Plon, 1998), es el poeta Samuel Taylor Coleridge (1796 en Taylor, 1987) quien acuña el término psicosomático en primera instancia, incluso antes que Georg Groddeck, Franz Alexander o el mismísimo Pierre Marty, considerados precursores de este campo.
  • Durante los años 40’s, el interés por lo psicosomático se vio aumentado, especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, y a pesar de haber dado un gran paso en la unificación mente-cuerpo dentro del fenómeno estudiado, la noción biologicista gobernaba con mano dura, estableciéndose las 7 de Chicago 24 (úlcera péptica, asma bronquial, hipertensión arterial, tirotoxicosis, rectocolitis hemorrágica, artritis reumatoide y neurodermatitis) como principal objeto de sus elucidaciones teóricas (Zuliani, 2011).
  • No obstante las limitaciones autoimpuestas por los diferentes autores que se interesaron en el tema, queda claro que la mayoría coincide en algo, las enfermedades psicosomáticas tienen que ver ampliamente con una dificultad en la capacidad misma para simbolizar afectos.
  • ¿Déficit…? En un interesante debate transcrito por la Asociación Psicoanalítica Argentina, Marta Békei, importante representante de la escuela psicosomática, parece no creer en la existencia de ninguna clase de lenguaje en este tipo de afecciones.
  • Por su parte, Juan Carlos Gorlero y Luis Chiozza – también reconocidos pensadores dentro del campo –, en este mismo encuentro, sostienen que lo mismo había ocurrido con la histeria en tiempos de Freud. “Ahora bien, lo peculiar de este asunto reside en que cuando nos encontramos frente a un „jeroglífico‟ somático sin la clave que posibilita su lectura, nuestra resistencia „aprovecha‟ la ocasión para negarle el carácter de escritura” (Chiozza en Békei, Chevnik, Chiozza, Gorlero & Kowenski, 1988: 1144).
  • La clave está en dar cuenta que en el caos también hay orden. Que Jean-Françoise Champollion haya tardado más de una década en descifrar la piedra de Rosetta – de 1808 a 1822, específicamente –, no significa que sus inscripciones no hayan contenido un texto que, en algún momento, fue legible para antiguas y gloriosas civilizaciones.
  • Ya en 1890, y más específicamente en Tratamiento psíquico (Tratamiento del alma), Freud señala que “los afectos, y casi con exclusividad los depresivos, pasan a ser con harta frecuencia causas patógenas tanto de enfermedades del sistema nervioso con alteraciones anatómicas registrables, cuanto de enfermedades de otros órganos” (p. 119), si bien nunca se sirvió del término psicosomático para aludir a tales mecanismos.
  • Poco después, distingue entre afecciones cuyas manifestaciones sintomáticas obedecen a exteriorizaciones puramente somáticas, en el caso de las neurosis actuales (neurosis de angustia, hipocondría y neurastenia), y puramente psíquicas, en el caso de las psiconeurosis de defensa (histeria, neurosis obsesiva y paranoia) (Freud, 1895 [1894]), pero esto es arena de otro costal.
  • Entre la década de los 70’s y de los 80’s, la medicina psicosomática perdió casi completa relación con lo psicoanalítico, salvo la permanencia de uno que otro término que evidenciaba sus orígenes, asimilándose a los modelos biopsicosociales tan en boga aún en nuestros días.
  • Las emociones ahora no implicaban causas de la enfermedad sino meras variables a considerar, por lo que la dicotomía entre las enfermedades psicosomáticas y las enfermedades de causa netamente biológica desaparece, al menos dentro de esta perspectiva más biomédica. Ya no se discute de una psicogénesis, sólo de una tal multicausalidad (Taylor, 1987).
  • Así pues, el mismo Taylor (1987) es tajante al señalar que los psicosomaticistas actuales han errado, en gran medida, al no considerar nuevas formulaciones que en la fragua de la epistemología psicoanalítica han tenido lugar. Todo se reduce a una no tan nueva medicina conductual.
  • Durante décadas, la manifestación psicosomática fue explicada mediante una analogía con las psiconeurosis clásicas. Por ejemplo, Melitta Sperling (1978 en Taylor, 1987) habla de neurosis subyacentes, mientras que Groen (1952 en Taylor, 1987) afirma que el paciente psicosomático es un neurótico que pretende estar mentalmente sano y bien adaptado, lo que, por supuesto, choca con lo que anteriormente puntualizara Sigmund Freud, sin mencionar autores como Joyce McDougall (1987, 1989), Pierre Marty (1992) y Sifneos (1975), reconocido artífice del término alexitimia ([ἀλέξω] alexo  rechazo / [θυμός] thumos  afectos y/o pensamientos = rechazo del afecto / sin palabras para los afectos).
  • Florence Dunbar, una de las fundadoras de la Sociedad Americana de Psicosomática piensa que hay una correlación muy fuerte entre los diferentes tipos de personalidad y algunas de las diferentes manifestaciones psicosomáticas, sin mencionar que es la primera en apuntar a un cierto tipo de descarga pulsional masiva en tales afecciones, cuya diana es el sistema neurovegetativo del cuerpo. Teoría de la especificidad de la personalidad
  • Según los perfiles de personalidad creados por Dunbar, es más probable que una persona ambiciosa y controladora sufra de oclusión coronaria, mientras que es más elevada la posibilidad de que personas tímidas, perfeccionistas y reservadas sufran de hipertensión, lo que, a mi parecer, es una perspectiva reduccionista de estas u otras manifestaciones psicosomáticas, opinión que comparto con Grinker y Robbins (1953 en Taylor, 1987).
  • La posición de Dunbar es reproducida por los trabajos de Friedman y Rosenman (1959 en Taylor, 1987) quienes distinguen entre tipo de personalidad A (competitivos, agresivos, impacientes y ávidos de reconocimiento) y B (relajados, pausados, satisfechos y deferentes), con miras a una corrección conductual del primero en aras de disminuir los riesgos físicos asociados: lipoproteínas, triglicéridos y colesterol elevados, por ejemplo.
  • Bahnson (1981, 1982 en Taylor, 1987), por su parte, habla de una predisposición al cáncer en personalidades tendientes a la negación, la racionalización y la represión afectiva, en relación con un Súper Yo inquisitivo, características que reducen la probabilidad de que un individuo tal asista por ayuda médica.
  • Tal como Dunbar y compañía, Franz Alexander, principal representante de la Escuela de Chicago, se negó tajantemente a aceptar la existencia de una representación simbólica en la psicosomásis, curioso caso si tomamos en cuenta que se refería a este tipo de afecciones como neurosis vegetativas (1950 en Taylor, 1987). Teoría de la especificidad del conflicto
  • Modelo de Alexander (1950) de los dos tipos de respuesta neurovegetativa a diferentes estados emocionales.
  • El anterior esquema básicamente ejemplifica la manera en que el paciente psicosomático lucha contra tendencias hostiles y/o necesidad de dependencia. Cuando algo interfiere con la segunda, se produce una sobrecompensación que deriva en una protesta narcisista, misma que resulta en un esfuerzo y agresividad competitiva que termina en ansiedad y/o culpa, produciéndose una regresión a un estado de dependencia infantil. En estos casos, el sistema nervioso parasimpático es activado provocando el asma, por ejemplo. En cambio, si lo que no encuentra un exutorio es la agresividad, se activará el sistema simpático produciendo artritis reumatoide, hipertensión o hipertiroidismo.
  • De esta manera, la hipertensión esencial tendría que ver con una cierta imposibilidad para expresar impulsos hostiles por temor a represalias; el niño asmático reprimiría un deseo por ser protegido y no llora porque teme el rechazo materno; en la neurodermatitis observamos un fuerte deseo de proximidad física y tendencias exhibicionistas; en la tirotoxicosis el conflicto gira en torno al miedo a la muerte y su negación mediante la búsqueda de riesgos contrafóbica; la úlcera péptica tendría que ver con un deseo inconsciente por ser alimentado por la madre primigenia (dependencia oral) (Alexander, 1950 en Taylor, 1987).
  • Aunque estas consideraciones suenan aventuradas y nos representan una sobredeterminación diagnóstica por parte de Alexander, un estudio realizado en comunión con French y Pollock (1968) demostró las “bondades” de tener en cuenta los factores psicológicos al intentar hallar una causalidad concreta de la manifestación psicosomática.
  • En síntesis, la Escuela de Chicago (Alexander, Dunbar, Deutsch, Weiss, English Cobb y Winker) parte de la idea de un estancamiento (estásis) libidinal de origen, evidentemente, inconsciente, lo que implica que el afecto y su componente representacional se encuentran separados en dichas afecciones (Zuliani, 2011).
  • Básicamente, lo anterior se explica desde la noción freudiana de la representación palabra y la representación cosa, mismas que se encontrarían, en cierta forma, desligadas en este tipo de padecimientos. Lo que habla no es el cuerpo, como ocurre con la histeria conversiva, sino el órgano del trágico doliente.
  • Harold Wolff (1950 en Taylor, 1987), prácticamente a la par de Alexander, propone que el cuerpo reacciona ante situaciones de estrés (o distrés) mediante respuestas protectivo- adaptativas, mismas que se corresponderían con cada individuo y dependiendo, en gran medida, del factor herditario. Teorías de la especificidad de la respuesta
  • Así pues, pensaba en la enfermedad psicosomática, no propiamente como una respuesta al estrés, sino como consecuencia de una cierta falla en la capacidad para adaptarse a tales situaciones por parte del individuo.
  • Como hiciera en su momento Florence Dunbar, Wolff le daba mayor peso al contenido manifiesto de la conducta que a la influencia del inconsciente, lo que no excluye el hecho de que su modelo es sumamente similar al de Alexander y su teoría de la especificidad del conflicto, señala Weiner en 1977.
  • Siguiendo a Wolff, Grace y Graham (1952, 1962 en Taylor, 1987) identificaron actitudes conscientes específicas que las personas toman ante situaciones de estrés, lo que, piensan, es un factor precipitante de cualquier enfermedad.
  • Por su parte, Lacey, Bateman y Van Lehn (1953 en Taylor, 1987) señalan que, aunque los patrones de respuesta ante una – o más – situación de estrés pudieran parecer difusos de un individuo a otro, muchos guardan relación con una sola manifestación fisiopatológica específica: reacciones musculares varias suelen devenir migraña; reacciones gástricas, úlcera péptica, etc. Dicho modelo, retomado por Lacey y Lacey en 1962, puede considerarse una ampliación de los trabajos de Alexander, sin embargo, excluyen el factor psicológico de sus postulados básicos.
  • Además de considerar a la manifestación psicosomática como un patrón específico de respuesta, algunos psicoanalistas apuntaron a una cierta regresión, tanto física como psicológica, a modos de funcionamiento arcaicos propios del individuo. El modelo físico se correspondería con la teoría de la recapitulación de Granville Stanley Hall, mientras que el segundo con la teoría psicoanalítica clásica aunque, en cierta forma, desvirtuada. Teorías de la regresión fisiológica
  • En este sentido, Szasz (1952 en Taylor, 1987) habla de una supuesta inervación regresiva que deriva en un aumento de la actividad parasimpática, no sólo concerniente a la temprana infancia sino a un tiempo mucho más arcaico en la evolución humana.
  • Margolin (1953 en Taylor, 1987), por otra parte, relaciona la sintomatología psicosomática con una regresión psicofisiológica íntimamente relacionada con la represión de fantasías de función, aunque su modelo, nuevamente, no permitía una distinción clara entre la histeria y las perturbaciones que nos interesan.
  • Felix Deutsch (1927, 1939, 1953 en Taylor, 1987) piensa en una cierta regresión a puntos de “fijación” fisiológica determinados por alguna disfunción en la temprana infancia, asociada con los conflictos propios de la etapa de desarrollo psíquico en que el individuo se encontrara.
  • Conforme fueron evolucionando las teorías de la regresión fisiológica, muchos psicoanalistas, especialmente dentro del ministerio annafreudiano, empezaron a poner más – y tal vez, excesiva – atención a las funciones del Yo en relación con la conformación de síntomas diversos, lo que llamó la atención de los diversos teóricos de la psicosomática. Teorías de la regresión del Yo
  • Schur (1955 en Taylor, 1987), por ejemplo, desarrolló su teoría del desarrollo de los afectos, según la cual toda respuesta fisiológica de la infancia es progresivamente desomatizada, comenzado a funcionar más al auspicio del proceso secundario, similar a lo que ocurre con la neutralización de los instintos según Hartmann (1939).
  • Schur (1955 en Taylor, 1987) postula una fase de indiferenciación psicosomática – previamente vislumbrada por Donald Winnicott (1949) – por la que todos pasamos al principio de la infancia, mismo al que el paciente regresa si su Yo no es lo suficientemente fuerte para tolerar situaciones estresantes.
  • Partiendo de este supuesto, Schur propone nominar a estos estados regresivos “fronterizos” aunque, contrario a lo que afirma Taylor (1987), no fue en ninguna forma una anticipación al interés en las organizaciones límite de la personalidad, que ya venía cerniéndose desde los años 30’s (MacKinnon, Michels & Buckley, 2008).
  • En esta misma línea teórica, Margolin (1954 en Taylor, 1987), propone un controvertido tratamiento nominado terapia anaclítica, cuyo principio básico es muy similar al new beginning de Michael Balint (1982), aunque varía en cuanto al hecho de que se pretende gratificar el deseo verbal y no verbal de estos pacientes, no propiamente sostener y promover la aceptación de su falta.
  • Aunque Giovacchini (1959, 1963, 1975 en Taylor, 1987) se sirve de estas teorías para entender a la sintomatología psicosomática, apunta más a las vicisitudes de las relaciones interpersonales de pacientes tales, sin mencionar que identifica estados yoicos alterados únicamente en períodos limitados de la regresión.
  • Ya en 1895, Breuer y Freud demostraron que la conflictiva inconsciente podía ser fácilmente expresada, simbólicamente, en sintomatología física vía conversión, aunque previamente apunta a las neurosis de angustia como el equivalente somático de la histeria. Cito: “Hay una suerte de conversión en la neurosis de angustia, igual que en la histeria (de nuevo la semejanza); sólo que en la histeria es una excitación psíquica la que entra por un camino falso, exclusivamente por lo somático, y aquí es una tensión física la que no puede ir por lo psíquico y a raíz de ello permanece en el camino físico. Esto se combina con enorme frecuencia” (Freud, 1894: 234). Teoría de la conversión pregenital
  • Georg Groddeck (1926 en Taylor, 1987), considerado el fundador de la medicina psicosomática, introduce un término “sinónimo” del inconsciente, y más específicamente del ello (id) freudiano, el eso (it), cuya manifestación primordial es la simbolización, con lo que intenta explicar una serie de perturbaciones psicosomáticas.
  • Si bien Freud no habló nunca en términos de conversión previo a la superación del conflicto edípico, Abraham (1927), Fenichel (1945) y Ferenczi (1955) pensaban que existía la posibilidad de que determinados conflictos pregenitales pudieran detonar sintomatología orgánica variada. De aquí surge el concepto de neurosis de órgano (Taylor, 1987), en virtud de la composición teórica entre lo psicosomático y lo conversivo.
  • Así pues, Meng (1934 en Taylor, 1987) atisba mecanismos alejados del símbolo por lo que, en vez del término neurosis de órgano, introduce el concepto de psicosis de órgano, con lo que Ángel Garma (1953, 1958 en Taylor, 1987) y otros teóricos no están de acuerdo por completo.
  • Señala Engel (1968 en Taylor, 1987) que toda experiencia corporal consciente reposa en trazos mnésicos con el potencial de ser asociados con otros tantos contenidos mentales que, al encontrarse, se traducen en lenguaje del cuerpo. Así, los deseos reprimidos pueden exteriorizarse simbólicamente por la reactivación de estos trazos mnésicos originados en determinadas percepciones y ligados, a su vez, con procesos somáticos.
  • De igual manera, diversas manifestaciones popularmente ubicadas dentro de categorías psiquiátricas específicas, son entendidas por algunos teóricos de la psicosomática como perturbaciones tales: adicciones, trastornos de la alimentación, etc. No obstante, sigue sin haber un bien establecido consenso con respecto a la intervención, o no, del símbolo como percutor de las mismas.
  • Partiendo del conocimiento de que el psicoanálisis fue el hilo conductor en la elaboración de un sinnúmero de teorías de la psicosomática, no podemos olvidar que el mismo Sigmund Freud, en un principio, fue neurólogo, por lo que sus trabajos se hallan claramente permeados por una visión biologicista de la vida anímica. Su idea de células excitadoras de funciones simpáticas y parasimpáticas varias contenida en su Proyecto ([1950] 1895) es el mejor ejemplo. Como sea, aún queda mucho por decir con respecto a esta interesantísima escuela, sin embargo, damos por cerrada, al menos de momento, esta pequeña introducción a la era clásica de la psicosomática según Graeme Taylor (1987). Palabras Finales
  • • Alexander, F.; French, T. & Pollock, G. (1968). Psychosomatic specificity [Vol. 1]. Experimental study and results. Chicago: Chicago University Press. • Balint, M. (1982). La Falta Básica. Buenos Aires: Paidós. • Békei, M.; Chevnik, M.; Chiozza, L.; Gorlero, J.C. & Kowenski, L. (coord.) (1988). Lo psicosomático, Mesa de debate. Revista de Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, XLV, 5: 1129-1159. • Breuer, J. & Freud, S. (1893-95). Estudios sobre la histeria [OC, Tomo II]. Buenos Aires: Amorrortu. • Freud, S. (1890). Tratamiento psíquico (Tratamiento del alma) [OC, Tomo I]. Buenos Aires: Amorrortu. • _______ (1894). Manuscrito E. ¿Cómo se genera la angustia? [OC, Tomo I]. Buenos Aires: Amorrortu. • _______ (1895 [1894]). Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de «neurosis de angustia» [OC, Tomo III]. Buenos Aires: Amorrortu. Referencias
  • • _______ ([1950] 1895). Proyecto de psicología [OC, Tomo I]. Buenos Aires: Amorrortu. • Hartmann, H. (1939). La psicología del Yo y el problema de la adaptación. Barcelona: Paidós. • MacKinnon, R.; Michels, R. & Buckley, P. (2008). La Entrevista Psiquiátrica en la Práctica Clínica. Barcelona: Ars Medica. • Marty, P. (1992). La psicosomática del adulto. Buenos Aires: Amorrortu. • McDougall, J. (1987). Teatros de la mente. Ilusión y verdad en el escenario psicoanalítico. Barcelona: Julián Yebenes. • ____________ (1989). Teatros del cuerpo. Barcelona: Julián Yebenes. • Roudinesco, É. & Plon, M. (1998). Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. • Sifneos, P. (1975). Problems of psychotherapy of patients with alexithymic characteristics and physical disease. Psychotherapy and Psychosomatics 26: 65-70.
  • • Taylor, G.J. (1987). Psychosomatic medicine and contemporary psychoanalysis. Connecticut: International Universities Press. • Winnicott, D.W. (1949). “La mente y su relación con el psiquesoma” en El proceso de maduración en el niño (1975). Barcelona: Laia. • Zuliani, C. (2011). Destinos de la simbolización: El fenómeno psicosomático. Saarbrücken: Editorial Académica Española.