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Hacia una clínica de lo psicosomático [Javier J. León]
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Hacia una clínica de lo psicosomático [Javier J. León] Presentation Transcript

  • 1. Hacia una Clínica de lo Psicosomático Psic. Javier J. León
  • 2. ¿Dualismo? Ya en los 1700, se tiene noticia del uso de este término, al menos en teología (Historia religionis veterum Persarum de Thomas Hyde). En este sentido, se aludía a la doctrina de Zoroastro, misma que admitía la existencia de dos principios o divinidades, bien y mal. Bayle y Leibniz la adoptaron con idéntica adscripción (Abbagnano, 1963).
  • 3. Por su parte, Christian Wolff señala que dualista es el que admite la existencia de sustancia material y espiritual. Esta concepción es la mayormente aceptada y, dentro de ella, se considera a Descartes como padre fundador.
  • 4. Ego cogito, ergo sum sive existo (Yo pienso, luego soy y existo), diría Descartes en 1642. Empero, ¿a qué apuntaba con tan ingeniosa máxima? En principio, a un acto que constata la existencia: en tanto dudo sobre mi existencia, sé que pienso, y si pienso, por lo tanto, sé que existo. Trátase aquí de un sujeto de la certeza.
  • 5. Hago énfasis en el Ego pues, a partir de Ello, damos cuenta de una cierta división entre enunciado y enunciante. El Yo enuncia, ¿pero qué enuncia? Enuncia una eksistencia, un ser fuera a partir de un Otro, tachado; un sujeto de la certeza, certeza de que, si la duda se presenta (CC), por definición hay un saber detrás que el sujeto no sabe que “sabe”, esto es el inconsciente.
  • 6. Sujeto de la estructura Así, mientras que en filosofía se dice pienso y luego existo, en psicoanálisis más bien se trata de un ser pensado, luego ser. Diríamos, pues, que si Dudo, existo (Descartes) y Donde dudo, el inconsciente existe (Freud) (Morales, 2008).
  • 7. De esto dio cuenta Lacan (1964) al postular, no a un sujeto de la certeza, sino a un sujeto de la duda, por tanto, un sujeto del inconsciente, un sujeto dividido (Spaltung) entre la enunciación (ICC) y el enunciado (CC), no propiamente entre la percepción y la reflexión.
  • 8. Ya Aristóteles notaba esto al conceptualizar un ὄνομα [ónoma] (nombre  sustantivo  sujeto) y un ῥῆμα [rhêma] (verbo  enunciado  predicado), del referirse a y del referirse como. Por sí mismos, ónoma y rhêma no dicen nada, pero su articulación implícita es lo que le da un cierto sentido al sinsentido.
  • 9. ¡Constituyen estructura! Señala Ulises Rodríguez (s/f): “rhêma es signo de aquellas cosas de las que son dichas acerca de otro” (p. 4), ¿y qué es el significante sino lo que representa a un sujeto para otro significante? (Lacan, 1961-62).
  • 10. Contrariando a la noción platónica de cuerpo (mortal, imperfecto) y alma (perfecta, inmortal) como entidades separadas, Aristóteles da cuenta de una relación entre ambas, por tanto, de una realidad psicosomática (Lemos Hoyos, Restrepo Ochoa & Richard Londoño, 2008).
  • 11. En Aristóteles y en Descartes se habla de mente, en psicoanálisis, de inconsciente. No obstante, ya sea que nos refiramos al hipokeímenon griego o al sujeto latino, persiste en ambos casos la función articular, ya sea de la cadena significante o como percutor del ónoma y del rhêma. Así pues, la primera tradición – y así a lo largo de los siglos, desde Kant y Hegel hasta la psicología de Hartmann, Kris y Lowenstein – apela, no al sujeto como efecto del significante sino como signo, como objeto (obiectum) o representación en tanto tal.
  • 12. En cambio, la visión psicoanalítica nos habla del sujeto de la estructura, un sujeto que, en palabras de Paul-Laurent Assoun (1992), no puede ser objetivado sino por el síntoma; un sujeto cuya verdad no se encuentra en el plano yoico consciente sino en la ficción, una ficción cuyo garante es el deseo, deseo que pareciera estar en duda en la afección psicosomática.
  • 13. Diría Lacan en el „64 que “…con el término sujeto – por ello lo he recordado en un principio – no designamos el substrato viviente que es preciso al fenómeno subjetivo, ni ninguna clase de substancia, ni ningún ser del conocimiento en su pathía, secundaria o primitiva, ni siquiera el logos que se encarnaría en algún lugar, sino el sujeto cartesiano, que aparece en el momento que la duda se reconoce como certeza, excepto que, por nuestro abordaje, los cimientos de ese sujeto se revelan mucho más amplios, pero a la vez mucho más serviles, en cuanto a la certeza que pierde, ahí se da lo que es el inconsciente” (p. 126).
  • 14. Problemática actual Ya sea que hablemos del dualismo cartesiano, spinoziano o leibniziano, no cabe duda de que las teorías causalistas continúan en boga hasta en los círculos que admiten una relación entre lo psíquico y lo somático. Las famosas teorías de la especificidad de Florence Dunbar y Franz Alexander son perfecto ejemplo.
  • 15. Por otra parte, Lemos Hoyos et al. (2008) vislumbran otro peligro, “la pérdida de las distinciones necesarias entre lo físico y lo psicológico, en aras de un holismo que da lugar a la emergencia de una metacategoría (lo psicosomático)” (p. 140).
  • 16. Lo anterior, conduce a una interesante paradoja: Que el médico recete y perpetúe los síntomas somáticos por desconocimiento del factor psi, o que el psicólogo – también psiquiatras y psicoanalistas – se aferre a un tal diagnóstico de causalidad predominantemente psíquica.
  • 17. El Secreto y otras consideraciones de empoderamiento individual, conducen con mayor frecuencia a nuestra sociedad a una escisión tajante entre lo físico y lo psicológico. O bien solicitamos nuestros síntomas sean suprimidos vía psicofarmacológica, o creemos que con sólo pensarlo nos podemos deshacer de ellos. Yo diría más bien que los negamos pues, me atrevo a sostener, creer no necesariamente es poder.
  • 18. Foucault, Lacan y muchos otros pensadores han hablado de esta centralización en la causalidad concreta como síntoma social, propio de la postmodernidad. Empero, no es motivo de este breviario el abordar cada trabajo en particular.
  • 19. ¿Realidad fáctica o Realidad psíquica? Si bien Freud, al desconfiar de su neurotica, renuncia a su teoría de la seducción, cediendo su respectivo lugar a lo que en psicoanálisis se entiende por realidad psíquica, no podemos olvidar que, en dicha concepción también el cuerpo tiene su lugar, no sólo la imagen inconsciente sino el esquema orgánico como tal.
  • 20. Aunque muchos teóricos se olvidan de esto, Lemos Hoyos et al. (2008), muy a pesar de renegar de la importancia de la perspectiva psicoanalítica, rescatan la necesidad de estar siempre conscientes de la relación bilateral que existe entre lo psíquico y lo somático en la formación de síntoma. Psíquico Psicosomático / Somatopsíquico Somático
  • 21. A este respecto, es importante rescatar los postulados de la nominada psiconeuro-inmunoendocrinología, haciendo hincapié en su errata al descartar, nuevamente, la importancia del sujeto en tanto diferencia. Psicología Neurología Sujeto Inmunología Endocrinología
  • 22. Sumado a lo anterior, Lemos Hoyos et al. (2008) indican que el diagnóstico debiera estar basado en la consideración del individuo en tanto indiviso, noción rescatable si, de nuevo, descartamos al sujeto en tanto diferencia, ubicándonos en el plano de lo netamente consciente.
  • 23. Agregan que, tomar en cuenta la etimología de salud, salus (salvación, saludar), es importante en tanto apela al funcionamiento psicobiológico ¿normal? de la persona, lo que del término psicosomática haría una redundancia clara. No obstante, hablar de normalidad o anormalidad, sabemos, es sobremanera peligroso en nuestro ramo.
  • 24. En contraste, la teoría de la complejidad de Edgar Morin es importante, pues la enfermedad y otros conceptos son planteados desde un enfoque no lineal, multicausal, semejante a lo que Deleuze y Guattari (1988) plantean como unidad rizomática, anteriormente esbozada por Boutroux en 1874 al hablar de los estratos que conforman el universo: el mundo de las causas, el mundo de las nociones, el mundo físico, el mundo viviente y el mundo pensante (Abbagnano, 1963).
  • 25. Desde esta perspectiva, lo psíquico y lo somático constituirían nodos de un mismo núcleo, desde los cuales es posible el planteamiento de hipótesis más amplias, dialécticas en tanto su complejidad. Toda enfermedad, por tanto, es psicosomática por definición, idea con la que concuerdo ampliamente.
  • 26. Ya Hipócrates señalaba que no hay enfermedades sino enfermos, por lo que, repito, es necesario ver el caso por caso, desechando la teoría en nuestro trabajo diario o, por lo menos, permitirle trabajar desde lo preconsciente.
  • 27. Consideraciones clínicas generales Siguiendo a las escuelas psicoanalíticas francesa y argentina, nos arriesgaremos al hacer listado de las características más frecuentes del paciente nominado psicosomático: 1) Utilización del pensamiento operatorio y la descarga en acción como medio para “significar” eso que internamente no pueden procesar. 2) No llegan a consulta por iniciativa propia. 3) Generosidad patológica y ganancia secundaria implícita. 4) Sienten que no se los quiere por sí mismos sino por lo que dan a los otros. 5) Suelen ser exitosos, a precio de una cierta adicción al trabajo (sobreadaptación).
  • 28. 6) Aunque parecen sublimar, lo que hacen son constantes formaciones reactivas con respecto a su pasividad estructural. 7) Al no disponer de un espacio psíquico interno continente, establecen una “adicción a la realidad externa” o sobreadaptación. 8) Así, viven su cuerpo como algo ajeno o molesto. 9) La somatización es una denuncia de sus necesidades renegadas. 10) Madre muerta o excesivamente narcisista, incontinente. * Si bien estas nociones pueden sernos útiles a modo de esquema, recordemos que se trata sólo de eso, de un esquema desde el que podemos ejemplificar, no asegurar causalidades concretas.
  • 29. Aportaciones de la clínica y teoría winnicottianas En este punto, me parece imperativo señalar que, a pesar de estar de acuerdo en que el desorden tiene su raíz en etapas tempranas del desarrollo, Winnicott jamás habla de una madre tipo como promotora del mismo, sólo sostiene que existió una falla en el sostenimiento o maternaje en diferentes momentos del desarrollo del infante.
  • 30. La posición de Winnicott es sumamente interesante en tanto se descarta la psicosomática como estructura o un fenómeno particular. Toda estructura es susceptible de experimentar, en algún momento de su vida, alguna alteración difícil de nombrar o de simbolizar.
  • 31. A este respecto, me parece indispensable recordar la noción de psiquesoma según Winnicott (1949 en Winnicott 1979), ubicado como un nódulo- raíz diferenciado de la mente, mediador entre la frustración del medio (extrema o no) y la continuidad del self. De aquí es que surgen los diferentes niveles de falso self propuestos por el mismo autor algunos años más tarde.
  • 32. Salud Enfermedad Niveles del falso self (Winnicott, 1960 en Winnicott, 1975): 1) Asunción del lugar del verdadero self, camuflado como la persona “real”. 2) Defensor del verdadero self de un tal peligro externo (abuso, traumas). 3) Búsqueda de condiciones para que el verdadero self posea lo suyo. Al no hallarlas, la defensa puede derivar en suicidio como evitación, paradójicamente, del self en su totalidad. 4) Se alimenta de identificaciones para ser más adaptable y flexible. 5) Se erige como el precursor del contrato social sano. Tolerar la frustración instintiva del verdadero self.
  • 33. La mente tendrá por objetivo auxiliar en la conformación de la tolerancia a la frustración, pero existen situaciones (mal sostenimiento o poca receptividad constitutiva del niño) que conducen a una falla en la continuidad psique-soma, por lo que la mente es convertida en sustituto de la madre-ambiente, apareciendo así un funcionamiento mente-psique en cierto “desconocimiento” del cuerpo, carente de imagen ICC.
  • 34. Esto es observable en aquellos niños con hospitalismo o depresión anaclítica con los que trabajara Spitz (1965): no te necesito pero, por favor, mírame, ¡catectízame! El sí mismo, en este sentido, es inexistente (no existe desde un Otro, suele ser del Otro) excepto en el plano de la concreción, un falso self predominantemente doloroso.
  • 35. La reacción contra el ambiente en tanto inexistente, por lo tanto, es imposible, lo que desemboca en la descarga desbordada del afecto en el propio cuerpo o vía acting out (Winnicott, 1949 en Winnicott, 1979). En síntesis, el psiquesoma enuncia un sí mismo psíquico y un sí mismo físico, cuya continuidad se ve comprometida por la ausencia de la introducción del símbolo.
  • 36. Así pues, podemos ubicar estas desviaciones en la etapa de Personalización según el mismo autor (1945 en Winnicott, 1979): Holding Dependencia total Integración (0-6 meses) Handing Dependencia relativa Personificación (5-6 meses) Object Presenting Independencia Realización (3 años)
  • 37. En este mismo sentido, Renata Gaddini (1965 en Gaddini et al., 1996) observó que algunos niños con asma no dan noticia de un objeto transicional que, como sabemos, tiende un puente entre la realidad psíquica y la realidad externa. Concuerdo con ella pues, objetos y fenómenos transicionales, guardan íntima relación con la inscripción del símbolo en etapas tempranas del desarrollo del infante. Eso es el fortda freudiano.
  • 38. Conclusiones Ya sea que nos adscribamos a la perspectiva lacaniana, freudiana, winnicottiana o cualesquiera otra, no podemos descartar la necesidad de dar cuenta de la complejidad en toda manifestación sintomática, misma que en ningún momento debe ser tildada como patológica o desadaptativa, a no ser que el paciente enuncie, por su propia cuenta, una inconformidad tal. Tener en cuenta los diferentes postulados integrados por el psicoanálisis es más que fundamental si, como yo asumo es deseo de muchos, pretendemos dar cabida a un tal sujeto descentrado, más allá de lo consciente y lo real fáctico aunque, por supuesto, son vectores que también se tienen que tener en cuenta. Una teoría más amplia en torno al tema que hoy nos ocupó aún parece alejada de nuestras teorizaciones. No podría estar más feliz al respecto pues, la duda, es lo que empuja a construir y refutar constantemente paradigmas nuevos, invenciones necesarias en un mundo contenido en lo concreto.
  • 39. Referencias • • • • • • • • Abbagnano, N. (1963). Diccionario de Filosofía. México: FCE. Aristóteles (1969). Metafísica. México: Porrúa. Assoun, P.L. (1992). El sujeto del psicoanálisis. Anamorfosis 1: 51-64. Deleuze, G. & Guattari, F. (1988). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. España: Pre-Textos. Gaddini, R.; Kutter, P.; Marty, P.; McDougall, J.; Pankow, G.; Pollock, G.; Sami-Ali; Calatroni, C.; Chevnik, M.; D'Alvia, R.; Maladesky, A. & Békei, M. (1996). Lecturas de lo psicosomático. Buenos Aires: Lugar Editorial. Lacan, J.J. (1961-62). El Seminario [Libro 9]. La identificación. Buenos Aires: Paidós. _________ (1964). El Seminario [Libro 11]. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. Lemos Hoyos, M.; Restrepo Ochoa, D.A. & Richard Lontoño, C. (2008). Revisión crítica del concepto “psicosomático” a la luz del dualismo mentecuerpo. Pensamiento psicológico 10: 137-147.
  • 40. • Morales, H. (2008). Sujeto y estructura. México: Ediciones de la Noche. • Rodríguez, U. (s/f). El concepto de “Sujeto” en Aristóteles y Descartes. A Parte Rei. Revista de Filosofía Núm. 35. Recuperado el 25-06-2013. • Spitz, R.A. (1965). El primer año de vida del niño. México: FCE. • Winnicott, D.W. (1975). El proceso de maduración en el niño. Barcelona: Laia. • _____________ (1979). Escritos en pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Laia.