De máscaras y errancia: A-dicción, Sujeto e Internet [Javier J. León]

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¿Es el sujeto un habitante potencial de los dominios "alienantes" de internet? Ésta, y otras preguntas, motivaron la presentación de este trabajo, formulado en texto.

¿Es el sujeto un habitante potencial de los dominios "alienantes" de internet? Ésta, y otras preguntas, motivaron la presentación de este trabajo, formulado en texto.

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  • Usar el ejemplo complementario de las tarjetas perforadas.
  • Imagen: «En la adolescencia es mejor estar encerrado» [Brian Tortora].
  • Desde aquí, podríamos entender a la sustancia en tanto hiancia.
  • Plantear la problemática presente al distinguir autoerotismo de narcisismo en la teoría freudiana, lo que Jacques Lacan solventa con su propuesta en torno al estadio del espejo.
  • Sostener la hipótesis en las publicaciones sarcásticas de Eréndira, “interpretadas” por ciertas personas como aseveraciones reales.
  • Resaltar la influencia de los trabajos de Le Bon y McDougall en Freud y, posteriormente, en estos autores.
  • Como El hombre unidimensional de Marcuse.

Transcript

  • 1. De máscaras y errancia: A-dicción, Sujeto e Internet Javier Jiménez León
  • 2. Nuestros días parecen caracterizarse por un marcado taponamiento de los agujeros del organismo con consecuencias legibles en el cuerpo del sujeto. Los ojos llenos de imágenes; los oídos, de música; la boca, de comida, de alcohol, de drogas, de psicofármacos así lo demuestran. Día a día constatamos las desorientaciones del cuerpo taponado e impedido para seguir la ruta al encuentro del deseo […] Bien lo sabemos: el síntoma es una oportunidad para el sujeto. Sin embargo, la dignidad del síntoma corre el riesgo de perderse… Alba Flesler
  • 3. INTRODUCCIÓN Cuentan las malas lenguas que, en la antigua Atenas, un filósofo increpaba contra ciertas improvisaciones tecnológicas que, a su parecer, no hacían sino romper con los relictos de una tradición formada en la dialéctica y las artes puras. Platón, filósofo al que aquí hoy invoco, era muy claro al señalar que introducir un artefacto tal como la pluma no apuntaba sino a producir y fomentar olvido en toda alma que se atreviera a utilizar la novedad como herramienta absoluta.
  • 4. La pluma puede ser más peligrosa que la espada, empero, a muchos nos embriaga...
  • 5. De una u otra forma, pienso que estos son caminos por los que invariablemente erramos – transitamos, nos equivocamos – a lo largo de la vida, y es mi caso, por supuesto. Empero, y a pesar de los varios caminos andados, la pregunta insiste: ¿Qué es eso a lo que tantos llaman adicción al internet?
  • 6. El tema ya se ha convertido, desde hace muchos años, en motivo para sátiras y humor que, no obstante, también cuestionan.
  • 7. Teniendo en claro el reto que se nos presenta, tentaremos a la suerte, en consecuencia, al trabajar un tema que, por definición, se niega a alzar la voz y compartirnos sus más íntimos secretos, la a- dicción y su mutismo en relación con la navaja suiza universal que es internet.
  • 8. CAPÍTULO 1. CUESTIONES PRELIMINARES Antecedentes Internet surge, en principio, como un privado medio de intercambio entre agencias gubernamentales de los Estados Unidos de Norteamérica. Posteriormente, éste pasa de las manos del gobierno a manos de las Universidades y otros poderosos personajes, líderes de empresas como Sprint, American y Pacific Bell.
  • 9. Empero, ¿qué hace de internet, no sólo un sistema de intercambio sino, incluso, el último representante de una nueva forma de lenguaje? Críptico y complejo, el «lenguaje» de internet – así como el del ser humano – apela a un sistema de secuencias, signos, símbolos, conjuntos y subconjuntos que lo dotan de una cierta lógica, posibilitando su “desciframiento” (decodificación), haciéndolo asequible al mundo de los objetos, pero contenidos, en este sentido, dentro de una oscura y «mágica» pantalla.
  • 10. Pero la posibilidad de “intercambio” no equivale a posibilidad de diálogo. Señala Helí Morales: “La máquina puede ganar o perder, pero no realiza sus jugadas a partir de los reflejos dialécticos del otro, sino en las posibilidades de una memoria basada en la repetición”. En síntesis, la máquina registra, hasta se podría decir que “aprende”, pero no responde.
  • 11. Para establecer un intercambio verdadero, haría falta la intervención, en otra medida, del sistema simbólico en lo meramente imaginario, no como dimensión de puro conocimiento sino de reconocimiento. Si bien la máquina puede informar, registrar… jamás podrá decir: deseo.
  • 12. Igual que con la máquina, el inconsciente responde a un encadenamiento «lógico» de elementos (significantes) contrapuestos, pero dependientes unos de otros, mismos que gobiernan, determinan al sujeto en tanto que habitante del lenguaje. De aquí que esa famosa frase “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” cobre sentido, mas no un único sentido.
  • 13. No obstante, el encadenamiento elemental de la internet es, simplemente, binario, es decir, responde únicamente a una razón de 0 y 1, cifras que, correctamente combinadas, pueden convertirse en un programa, en una imagen, una letra, una función… Resulta muy curioso que, al igual que con la cadena significante, se juegue con la ausencia y la presencia (fort- da) para así erigirse en estructura.
  • 14. Mas la lógica significante no sólo responde a 0 y 1, a saber: la computadora se sirve de éstas cifras repetidamente (0010100001), mientras que a nivel de lo inconsciente no hay significante alguno que repita (aunque a veces así lo parezca). De hecho, es precisamente esa constante diferencia la que da cuenta de lo complejo de este sistema.
  • 15. Sin embargo, es sumamente interesante, si no siniestro (ominoso) que, actualmente, se construyan máquinas cuyo sistema lógico es más próximo al de los significantes de lo que hace algunos años nos podríamos haber imaginado. Me refiero a las no tan famosas computadoras cuánticas, cuya unidad básica funcional es el qubit (quantum bit).
  • 16. Mientras que una cadena de bits clásicos (computadores analógicos o digitales) puede ubicarse en uno u otro estado de información, uno por vez, una cadena de qubits (computador cuántico) puede ubicarse en cualquier estado, a saber, 0 y 1 son interdependientes uno de otro, se determinan, pero no son el mismo. Señalan Charles Bennett y David Di Vincenzo: “Un sistema cuántico aislado evoluciona de manera que se preservan las superposiciones y la distinguibilidad”, vale decir, la diferencia. Pero estas son cuestiones en las que no abundaremos, de momento, por cuestión de tiempo.
  • 17. Habiendo atravesado las cuestiones básicas, podemos ahora preguntarnos: Si internet es un «lenguaje», ¿es el sujeto un habitante potencial de sus dominios alienantes? ¿Quién es ese tal sujeto? ¿Hay un lugar para ese sujeto?
  • 18. CAPÍTULO 2. A-DICCIÓN, SUJETO E INTERNET Con base en lo anterior, parece clara la innegable semejanza entre los sistemas mencionados: uno artificial, el otro, humano, cuestión que nos concedería afirmar – no sin dudar – la posibilidad de “habitación” en internet (¿a qué precio?), mas resulta desafortunadamente simple una aseveración como ésta sin los fundamentos teóricos necesarios que lo “confirmen”, si es que eso es posible.
  • 19. ¿Sujeto? Según Nicola Abbagnano, la primera referencia a sujeto la encontramos en Protágoras o los sofistas, diálogo centrado en el encuentro de Protágoras con Sócrates, quienes discuten la naturaleza de la virtud (areté), así como la posibilidad, o no, de transmitirla vía institucional: familiar, estatal o educativa.
  • 20. Protágoras apela al mito de Prometeo y Epimeteo, legados de los dioses encargados de distribuir a los recién creados hombres cualidades útiles a su supervivencia en proporción equitativa. Empero, Epimeteo era descuidado y terminó gastando todos estos dones en favor de los animales, de tal suerte que Prometeo interviene y roba a Atenea el secreto de las artes, y a Hefestos el del fuego, proveyendo al hombre con éstos.
  • 21. Zeus, por supuesto, no tolera esto, por lo que, en castigo, envía a los hombres una bella calamidad, Pandora, primera mujer – genos gynaikon – según la Teogonía de Hesíodo. Lo anterior, sin mencionar que Prometeo se ve en la imposibilidad de hurtar el don de la Política, pues se trataba de un derecho que se hallaba en exclusiva posesión de Zeus. Frente a la impotencia, el hombre se dispersa por los diferentes rincones del orbe, incapaz de sostener acuerdo alguno con sus semejantes.
  • 22. Es entonces que Zeus – después de perdonar y liberar a los Titanes y, también, reconciliarse con su padre, Cronos – interviene, encomendando a Hermes el reparto de pudor y de justicia entre la humanidad, no de un modo desigual como las otras artes, sino a manera de que todos y cada uno tuviesen la porción que, por derecho, les correspondía.
  • 23. Ante la brillante exposición de su interlocutor, Sócrates pregunta, con su ironía característica, si la virtud es un todo único del cual no son sino sus partes la justicia, la sabiduría, la sensatez, el valor y la piedad, o si sólo son nombres distintos de un mismo todo. Sócrates consigue que el sofista admita que justicia y piedad son iguales, que una cosa injusta puede ser santa, que cada cosa tiene una contraria, que todo lo bueno es útil, pero que también existen cosas buenas que son inútiles. Ya decíamos antes que toda diferencia es una relación, una articulación que permite el libre desplazamiento de “contrarios” al interior de la cadena significante. De aquí que se desprenda una primera noción de lo que hoy entendemos por sujeto (gr. hypokeímenon: lo subyacente; lat. subiectum).
  • 24. Aristóteles, por su parte, apunta a la naturaleza hablante de la sustancia (ohysía) en tanto esencia necesaria, aquello que el ser era, imperfección o falla que indica la continuidad o estabilidad del ser mismo. En este sentido, la sustancia es entendida como relación constante y estructura necesaria. Sin embargo, la sustancia no es el ser, ni el ser es la sustancia.
  • 25. Según Aristóteles, sólo puede darse cuenta de lo que “es” sustancia a través de la esencia, el universal, el género y el sujeto, entendido éste último como materia o forma de la que se compone una cosa, habiendo una tercera posibilidad en su naturaleza, ser materia y forma a la vez. A manera de exposición, se refiere al bronce como materia, a la figura visible como forma y a la estatua como el amasijo de ambas.
  • 26. “[…] el sujeto es aquello de lo que se dicen las demás cosas, sin que él, por su parte, se diga de otra”. Aristóteles Para Aristóteles, hablar de sujeto implica hablar también de ὄνομα [ónoma] (nombre  enunciación sujeto) y de ῥῆμα [rhêma] (verbo  enunciado  predicado), del referirse a y del referirse como, conceptos que, por sí mismos, no dicen nada, pero su articulación implícita es lo que le da un cierto sentido al sinsentido, ¡constituyen estructura!
  • 27. Siglos después, entra en escena el físico y matemático francés, René Descartes, quien, partiendo de la metafísica aristotélica, comenzaba a preguntarse acerca de la legitimidad ¿presente? en afirmar o negar algo. Lo anterior, llevó a Descartes a dudar de todo: dudar del mundo, dudar de sus sentidos, dudar, incluso, de la realidad misma. Empero, si en sus facultades estaba implícito el dudar, ¿cómo dudar que él mismo, como entidad, era también el que dudaba? … ego cogito, ergo sum sive existo (Yo pienso, luego soy y existo).
  • 28. De aquí que hablemos de un sujeto de la certeza presente, no sólo en las Meditaciones cartesianas, sino en la totalidad de la obra freudiana, un sujeto escindido (Spaltung) entre la enunciación (el decir) y el enunciado (lo dicho), no propiamente entre un “sujeto” perceptivo y otro reflexivo. Freud, dirá Lacan en varias oportunidades, observa que en la duda habita un pensamiento inconsciente, revelado como ausencia y continente de un sujeto a develar, toda vez que éste se encuentre en otredad.
  • 29. “[…] con el término sujeto – por ello lo he recordado en un principio – no designamos el substrato viviente que es preciso al fenómeno subjetivo, ni ninguna clase de substancia, ni ningún ser del conocimiento en su pathía, secundaria o primitiva, ni siquiera el logos que se encarnaría en algún lugar, sino el sujeto cartesiano, que aparece en el momento que la duda se reconoce como certeza, excepto que, por nuestro abordaje, los cimientos de ese sujeto se revelan mucho más amplios, pero a la vez mucho más serviles, en cuanto a la certeza que pierde, ahí se da lo que es el inconsciente”. Jacques Lacan
  • 30. Pero la duda aquí es si existe duda en la llamada adicción al internet. Es más, ¿será posible hablar de un tal sujeto de internet? De ser posible, ¿cómo hacerlo sin tener en cuenta que otredad no existe, en estos casos, como tal?
  • 31. Para entender esto, resumamos eso que Lacan, basado en los trabajos de Wallon, Khöler y Baldwin, llamó estadio del espejo: •En un primer momento, el niño percibe la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse y atrapar, en una suerte de confusión primera entre él y el otro, sumado a la vivencia de localizarse imaginariamente en ese otro. •Posteriormente, el niño llega a descubrir que el otro en el espejo no es un ser real sino una imagen, permitiéndole saber, a partir de este momento, que la imagen del otro es diferente a la realidad del otro. •Finalmente, la convicción de que eso que ve reflejado es sólo una imagen, y es la suya, momento de júbilo para el infante.
  • 32. Resulta imperativo recordar que, al reconocerse jubilosamente ante el espejo, el extasiado infans voltea un momento, como si buscara en ese que lo sostiene la confirmación de su descubrimiento. Sin su presencia y “confirmación” (asentimiento, dirá Lacan), no existe posibilidad de entrada de ese Otro al campo del significante. En síntesis, el infans no sólo observa su imagen, registrándose en el espejo como imagen virtual, sino que también ve la impronta de uno de sus padres reflejada, estableciendo así una suerte de “identidad virtual” conjunta, causa de júbilo por la vía del absurdo en tanto uno como otro se hallan en la misma dimensión virtual que los une. En este sentido, el partenaire funge como soporte y representante, también, de la dimensión simbólica.
  • 33. De aquí que no aparezca extraño que se haya pensado en la adicción (en general) desde un enfoque netamente narcisista. Ejemplo de ello nos lo dan los desarrollos postkleinianos, en los que ésta es vista en tanto organización interna plena de objetos destruidos, muertos, misma de la que se excluye todo intento de participación de objetos buenos. Parafraseando a Donald Meltzer, la adicción funcionaría en tanto estructura en que la dependencia es desplazada de esas partes “buenas” a las “malas”, como mecanismo de defensa ante el terror y el sufrimiento depresivo propios de la posición esquizo-paranoide, teorizada ésta última por Melanie Klein.
  • 34. Por su parte, la psicología del self sostiene la existencia de una falla narcisista, cuya “etiología” podría encontrarse en los cuidados deficitarios de una madre ausente, física o psíquicamente, durante el desarrollo del infante en crecimiento. Resulta impresionante, a este respecto, que a la psicoanalista Sherry Turkle, partidaria de esta escuela de pensamiento, haya ocurrídosele, allá por 1984, la existencia de un objeto evocativo, de un segundo self que fungiría de sustituto ante la ausencia de los objetos del self [los padres] durante las etapas antes mencionadas.
  • 35. A pesar de hablar aquí de escuelas divergentes, queda muy en claro una constante coincidencia: la mera ¿ausencia? Luego entonces, ¿cómo hablar de identificación, de narcisismo?
  • 36. La palabra narcisismo fue, en primera instancia, utilizada para designar un tipo de comportamiento “perverso” en el que el individuo se convertiría en su propio objeto sexual. Freud mismo se sirvió del término, en principio, para sustentar su tesis de una desviación sexual en los homosexuales, sin embargo, no pasaron muchos años para que su idea tornara en una concepción del mismo en tanto etapa de la “evolución” sexual.
  • 37. De lo que se desprende la noción de un narcisismo primario y otro secundario. Por narcisismo primario, entiende aquel estado en que las cargas pulsionales, tanto eróticas como thanáticas, se encuentran vueltas por entero sobre el Yo de la persona en tanto objeto continente de amor y agresión indiferenciados. El narcisismo secundario correspondería, pues, con un tiempo posterior en que el infante logra hacer patente la existencia de objetos externos, fuera de él, catectizándolos y así sacrificando una porción del propio narcisismo, no sólo a trueque de ser amado, como diría Freud en algún momento, sino en favor del establecimiento del principio de realidad como contraparte del principio de placer, jamás como un supuesto dominante. A partir de lo anterior, podemos bien pensar en la adicción como un estancamiento en ese tiempo en el que toda carga pulsional se encuentra vuelta sobre la persona, no obstante, el hablar de narcisismo es ya hablar de una “relación de objeto”, de la presencia de otro (partenaire) y una cierta, tal vez pobre aún, distinción Yo – No-Yo.
  • 38. No obstante, la adicción, y en especial la bien llamada adicción virtual, apunta a un tiempo atrás. Freud mismo lo dice así en una de tantas cartas dirigidas a su amigo Wilhelm Fliess: “[…] Se me ha abierto la intelección de que la masturbación es el único gran hábito que cabe designar «adicción primordial», y las otras adicciones sólo cobran vida como sustitutos y relevos de aquella (el alcoholismo, morfinismo, tabaquismo, etc.)”.
  • 39. A partir de lo anterior, y en un genial despliegue de teoría, Fabián Naparstek decide dar consecución a un tema abandonado – ¿implícito? –, en cierta forma, por pluma freudiana. Su propuesta es la siguiente: Teniendo al onanismo (masturbación) como adicción primordial, y al resto de las adicciones como sustitutos selectivos, es posible un trazo temporal entre los tocamientos mecánicos y aquellos ya ligados a uno o más significantes. Autoerotismo puro Descarga de tensión sin correlatos en la representación. Todo el cuerpo es una zona erógena. Narcisismo primario Fusión entre la fantasía y la masturbación. Ya existe un cierto intento de significación. Aparecen los primeros dejos de estratificación de las zonas erógenas. Narcisismo secundario Inscripción de la metáfora y, por tanto, posibilidad de surgimiento del síntoma.
  • 40. “Originariamente la acción era una empresa autoerótica pura destinada a ganar placer de un determinado lugar del cuerpo, que llamamos erógeno. Más tarde, esa acción se fusionó con una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto y sirvió para realizar de una manera parcial la situación en que aquella fantasía culminaba. Cuando luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma, de consciente que era, deviene inconsciente. Y si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido, vale decir, desviar la excitación sexual hacia una meta superior, está dada la condición para que la fantasía inconsciente se refresque, prolifere y se abra paso como síntoma patológico, al menos en una parte de su contenido, con todo el poder del ansia amorosa”. Sigmund Freud
  • 41. Es así que me parece lícito identificar a la a-dicción (sin decir) como un estancamiento, vuelco, o bien, sustitución del Tiempo 0 según Naparstek. No existe una metáfora realmente estructurada sino puro acto desarticulado de la fantasía y la palabra, mas ligado al ámbito de lo pulsional, por tanto, permanece dentro del lenguaje. De tal suerte, me parece que podemos ubicar a la a-dicción como una encrucijada entre la castración edípica y el goce precedente, en especial en la a-dicción al internet en tanto la cuestión con el llamado lazo social es complicada.
  • 42. Agregaría, en relación con nuestra línea de trabajo, que internet es un sistema cuya nomotética responde a una articulación de representaciones cosa (dingvorstellung) desplegadas como representaciones palabra (wortvorstellung), tratadas las segundas como las primeras, así como ocurre con la esquizofrenia. A saber, la palabra no “mata” la cosa, la palabra es la cosa, aventurada hipótesis que parece coincidir con la de León Wurmser, quien piensa a la adicción como un ataque a la realidad, “un ataque a las bases silogísticas de la racionalidad, algo muy similar a la psicosis”.
  • 43. Lacan designa con un neologismo al sujeto del inconsciente, parlêtre, resultante de un apócope entre las locuciones francesas parler (hablar) y être (ser): hablanteser. Señala Flesler que este concepto distingue aquello que del ser se pierde al encontrarse frente a la palabra. El lenguaje nos precede, lo habitamos, ¿existimos? Ex-sistir, siguiendo a Heidegger, remite a un ser fuera, y ¿cómo ser, dejar de- ser si no es en el encuentro con un otro en quien las diferencias – agujeros, fallas – son más que evidentes?
  • 44. Desde nuestra salida al mundo extrauterino, entramos en un juego en que las pérdidas rebasan las ganancias, pérdidas necesarias para la consecución de una ex-sistencia (ser fuera) Real, Simbólica e Imaginaria encadenadas, existencia en la que el cuerpo opera en un nivel preponderante. Primero, órganos y fluidos (Real); luego, la superficie total, el investimiento libidinal y el terror ante la posibilidad de que la completud y perfección puedan verse comprometidas frente a una motricidad y dominio precarios tanto de la imagen como del propio cuerpo (Imaginario); finalmente, el deseo, la exigencia y un cuerpo cuya superficie se prestará a ser continente y receptora de la marca significante (Simbólico). Pero ¿en qué consisten tales pérdidas?
  • 45. En pérdidas de goce, claro, noción equiparable a la pulsión de muerte freudiana, un más allá del principio de placer en que el exceso de satisfacción termina siendo insoportable pero, paradójicamente, aspirado en tanto inaccesible. Ahora bien, y si observamos en el vórtice de la cadena borromeana, nos encontraremos con lo que Lacan, en diferentes momentos de su obra, entiende por pequeño objeto a, ese pequeño otro (autre) que no es propiamente otro puesto que yo es un otro. Y como objeto otro, el objeto a puede erigirse como causa del deseo, en caso de fungir como falta, o como plus de goce, en caso de desempeñarse como objeto tal.
  • 46. “Cuando el objeto falta o está ausente, opera dando causa al deseo; en cambio, cuando está presente, es un plus de gozar que, en caso de mantenerse fijo, obtura, como un tapón, el sitio o hueco necesario para el engendramiento o promoción del movimiento deseante”. Alba Flesler
  • 47. Así llegamos a un punto crucial de nuestra investigación, puesto que el goce es un estado al que constantemente aspira la a- dicción. ¿A-dicción? Sí, en tanto entendamos que hubo una inscripción fallida del Nombre- del-Padre, a saber, no existe forclusión tal cual, mas permanece una demanda inquisitiva por un goce ilimitado, ni siquiera fálico, como volver al vientre de la madre en una forma de incestuosa fusionalidad, sí, incestuosa (perversión) fusionalidad (psicosis) que ubica a la a-dicción, no como estructura clínica per se, sino como un apóstrofe entre dos discursos divergentes. La a-dicción no es síntoma, es un taponamiento en el agujero del deseo, transferencia salvaje que remite al más violento pasaje al acto.
  • 48. No obstante, es también una forma – probablemente la única en su haber – de crear “lazo ¿social?”, así como de producir un cuerpo nuevo – artificial, postorgánico – en la medida en que no se ha engendrado un cuerpo en tanto el heredero de determinadas coordenadas, no sólo simbólicas, sino también real e imaginarias. Así pues, pareciera haber también un cierto intento de llamado a Ley, y que quede muy claro que por Ley no me refiero a imposiciones de orden jurídico – como se hiciera en China apenas hace algunos años –, sino a inscripciones del orden de lo simbólico.
  • 49. “El que dice “no”, acepta el intercambio, arguye, alega, se presta, eventualmente, a ser reintegrado al mundo de los que dicen “sí” o “sí, pero…”, a los objetores de conciencia. Pero los que no dicen… ¡ah! Los que no dicen… ésos sí que son “difíciles”: son los que se sustraen; no hay cómo llegarles. Desconfían de toda palabra que se les dirige, se sienten perseguidos, ¿serán paranoicos?, ¿por qué ese mutismo, esa reserva, ese encierro en un mundo al que no dejan entrar a nadie?, ¿por qué tanta desesperación cuando alguien “con las mejores intenciones” se interesa por ellos?, ¿por qué no aceptan las leyes de los demás que son tan lógicas?, ¿por qué no juegan el juego que todos jugamos?, ¿por qué se automutilan y se autodestruyen? Por supuesto, “todos” los invitan y los conminan a responder, y ellos se encierran cada vez más en un silencio que esos “todos” sienten como amenaza, como impugnación de sus convicciones más acendradas. Pero ellos, los adictos, actúan en vez de decir”. Néstor Braunstein
  • 50. CAPÍTULO 3. INTERNET: LÓGICA DE MASAS Habiendo elucidado, en la medida de lo posible, la injerencia del sujeto en los terrenos de la problemática estudiada, cabe resaltar que el uso de internet no es un “fenómeno” exclusivo del sujeto ni del individuo. La tecnología y algunas otras circunstancias le conciernen a una sociedad arrebolada por estímulos sin límite, más aún, se corresponde con fenómenos de grupo, masa...
  • 51. ¿Grupo? ¿masa? Del italiano gruppo, el término es por vez primera utilizado para describir a un cúmulo de personas representadas en pintura o escultura, cuya data apunta, hasta donde se sabe, al texto De arte graphica de Du Fresnoy (1668) y al Poème du Val-de-Grâce del joven Molière (1669). Empero, no es sino hasta el siglo XVIII que comienza a utilizarse para designar una reunión entre personas. No obstante, la raíz de la palabra gruppo encuentra sus semillas en el provenzal antiguo grop, que significa nudo, y en el germano occidental kruppa, o masa redondeada.
  • 52. No parece haber casualidad en que nos refiramos a nuestros cercanos como nuestro círculo de amigos, conocidos, etc. Así pues, la noción de redondez podría apuntar a una totalidad imaginaria fusional cuando nos encontramos dentro de la masa u otros grupos reducidos, como lo que ocurre con la interiorización de un Ideal del Yo común a todos en la Iglesia o el Ejército, descrita magistralmente en Psicología de las masas y análisis del yo, texto fundamental de la teoría freudiana.
  • 53. Didier Anzieu y Jacques-Yves Martin describen cinco niveles de la agrupación humana: La multitud: Consiste en la reunión de un número muy grande de personas en un mismo lugar y con una misma motivación en general, haya sido ésta organizada o no. En situaciones tales, encontramos manifestaciones psicológicas particulares: a) Búsqueda de satisfacción inmediata y una pasividad exagerada ante cualquier cosa que la interrumpa; b) Poco, si no es que nulo contacto social entre los integrantes de la muchedumbre (la soledad es un común denominador); c) Propagación pandémica de afectos y emociones; d) Interestimulación latente persistente entre los miembros de la multitud que bien puede desembocar en la violencia o apatía extremas.
  • 54. La pandilla: Este modelo surge cuando la reunión es voluntaria, por placer y con la ineluctable intención de hallarse entre personas semejantes. Dentro de la pandilla no existen exigencias moralinas de adaptación al medio social externo, por lo que se tiende a ser como se es pues, en su seno, el individuo encuentra una seguridad y sostén afectivos que en algunas otras circunstancias le han sido negados.
  • 55. La agrupación: El interés común es su característica definitoria, sin embargo, este interés se le atribuye – cede – a un líder, a un pequeño número de representantes o a las circunstancias en las que los miembros puedan verse involucrados, quienes, paradójicamente, no suelen tener ninguna clase de vínculo o contacto más allá su finalidad pasiva. Para ejemplo, estas pequeñas agrupaciones a distancia que a la fecha se han formado – puesto en boga – con motivo de intereses muy particulares: la prohibición de las corridas de toros, la destitución de políticos corruptos, etc. Pero también existen grupos en los que se enseña, entre tantas otras cosas, cómo burlar al ojo vigilante de los padres en el caso de cursar una anorexia, bulimia, cutting…
  • 56. El grupo primario o pequeño: Dentro del pequeño grupo, el número de integrantes es más restringido, puesto que los intereses suelen ser tan divergentes que el sometimiento al escrutinio de los miembros es inevitable si pretenden mantener a todos relativamente satisfechos. Así pues, la solidaridad y manifestaciones afectivas propias de un vínculo estrecho son más que evidentes, llegando al punto de asumir creencias, ritos, signos y hasta códigos lingüísticos exclusivos. Me parece que internet es rico en manifestaciones de esta índole. El cifrado de palabras, frases y emociones representadas gráficamente y que, con el pasar del tiempo, han llegado a universalizarse, me parece un excelente ejemplo: lol, wtf, ttyl, bff, ,  y un interminable número de etcéteras. Curioso que estas claves partan, principalmente, del idioma de nuestros vecinos del norte… En cuanto a la “compresión” de las palabras, esto es un fenómeno que viene ocurriendo desde siempre. Todavía a principios del siglo XX, en México, se utilizaba “vuestra merced” al referirse con educación a un interlocutor, locución que, con los años, cambió por la de “usted”. No obstante, no deja de parecerme cuestionable la existencia de una reducción tan considerable de la lengua a aberraciones como: kE T@l, kMo ZtaSz…? Pero estas son cuestiones que hoy no vengo a cuestionar ni a discutir.
  • 57. El grupo secundario u organización: La organización apela a normas institucionales dentro de un segmento particular de la realidad social. Los intereses de este grupo no necesariamente son los mismos, pero sí tienden a ser complementarios, como en los partidos políticos o las escuelas, por ejemplo, espacios en los que las relaciones se caracterizan, en la mayoría de los casos, por la formalidad y la impersonalidad fuera del fin buscado.
  • 58. Cada una de las categorías antes descritas comparte tres características fundamentales: la emergencia de líderes, la identificación de los miembros unos con otros en diversos grados y la adhesión inconsciente a las representaciones sociales imaginarias, de los clichés y los estereotipos, de tal suerte que, en internet, se juega una constante percusión que puede ir desde lo masivo hasta lo organizado. Los llamados bloggers (Caeli, Werever tu-morro, Yuya…), por ejemplo, son líderes, no sólo de opinión, sino de modas, personajes con los que hoy en día la juventud se identifica. Existe, por lo tanto, una adhesión a lo que tales personajes representan en tanto habitantes de un mundo globalizado, a veces preocupados, otras veces, simplemente indiferentes, pero siempre parte de un contexto sociocultural determinado.
  • 59. Y ¿en qué otros niveles tienen injerencia estos llamados “líderes”? Para responder a ello, me atreví a indagar en torno a lo que Wilfred Bion llamó supuestos básicos, nivel de funcionamiento protomental, mas a nivel grupal, en el que las reacciones afectivas no se diferencian de las físicas (proceso primario  principio de placer).
  • 60. Así pues, Bion distingue tres niveles de supuesto básico que estudiaremos, grosso modo, a continuación: Dependencia: Ocurre cuando el grupo se somete a un miembro idealizado, percibido como deidad y, en cuyo seno, cada personaje anhela protección y nutrimentos tanto materiales como espirituales constantes. Ensoñación y euforia son determinantes, lo que bien puede finalizar en decepción si el líder llega a renegar o hasta abdicar de su papel. De igual manera, pienso en internet como un líder-deidad, satisfactor absolutista al que el a-dicto se remite en su incapacidad de tolerar o de reconocerse en falta.
  • 61. Ataque o Fuga (Fight or Flight): En caso de que el líder del supuesto básico de dependencia no asuma su rol como sus compañeros esperan, el peligro fantaseado es inminente, por lo que éstos suelen recurrir a la agresión o a la graciosa huida para protegerse. El miedo, así como la belicosidad, imperan dentro de esta lógica, en la que los miembros improvisan un líder-caudillo que “permite” el externalizar la hostilidad exacerbada que una u otra circunstancia ha despertado al interior del grupo. Es un juego de proyección extrema y paranoia intensa. Recordaremos dos recientes casos en que la inconformidad con un mundo real caótico llevó a los norteamericanos Amanda Todd y Derek Medina a publicar suicidio y homicidio, respectivamente, en Facebook y YouTube, como si castigaran a ese líder-agresor invisible al colocar huellas de muerte en internet.
  • 62. Emparejamiento: Según Bion, el grupo alcanza un tiempo en el que la atención – y la tensión – se centra en miembros cuyo discurso da la impresión de una atracción sexual llevada al acto; el suspenso y la expectativa inundan dicho clima. Una característica fundamental de este supuesto básico es la ausencia de un líder como tal, sustituido, en cambio, por la espera de una imagen, entidad o fantasía, signadas por el ideal y anhelo exacerbados. Considero a los perfiles dentro de la red (Facebook, Twitter, Instagram…) como una suerte de bebé mesiánico (palabras de Anna Ibarra) en eterna gestación, cuyo aborto cíclico derivaría en el trágico derrumbe de ilusiones y esperanzas que, aceptémoslo, también sostienen, por lo menos temporalmente.
  • 63. Sería reduccionista hablar en términos únicamente de uno u otro tal supuesto básico. La virtud de esta teoría reside en la plasticidad que su ingenioso autor le confiriera, por lo que se observa una continua percusión de aquéllos en contexto. Así uno predomine, sus homólogos subsisten en potencia. Dependencia Ataque o fuga Emparejamiento
  • 64. René Kaës, siguiendo a Freud y su noción de psique de masas, introducida en Tótem y tabú, propone la existencia de un sujeto del grupo, mismo que denuncia el modo en que el sujeto del inconsciente se relaciona y nutre en intersubjetividad. Para Kaës, algunas formaciones del inconsciente se transmiten diacrónicamente a través de las generaciones precedentes, y sincrónicamente, a través de los contemporáneos. Bajo este supuesto, el concepto de sujeto del grupo implicaría al sujeto del inconsciente como “eslabón, heredero, servidor y beneficiario del conjunto intersubjetivo que lo precede, y por esa otra parte que él toma para mantener ciertas formaciones psíquicas propias del conjunto”.
  • 65. A este respecto, es necesario señalar que la primera red le da estructura a la segunda, la cual reacciona históricamente sobre la primera, por tanto, no habría significación alguna si una de estas redes no cumpliera su papel dinámico. Es decir, ambas trabajan dentro del complejo estructural relacional que es el lenguaje. Así, Kaës, siguiendo a un Freud “culturalista” y a un Lacan “lingüista”, se aventura a extrapolar esta mecánica a un espacio más allá del aparato psíquico propio del sujeto Uno, noción que complementaría la idea de un sujeto de internet, visto éste último, no sólo como habitante de un otro lenguaje, sino como un complejo en el que varias entidades se organizan e interactúan dentro del marco de una red ¿social?
  • 66. Señala Wilfred Bion: “En vez de desarrollar el lenguaje como un método de pensamiento, el grupo usa un lenguaje existente, como una forma de acción”. Sumado a esto, no parece haber lugar para el significante sino para el puro signo, la pantalla imaginaria, espejo oscuro en que el sujeto ocupa, tal vez no un lugar de lazo sino de significado y de “sentido” rígidos.
  • 67. Escena tristemente familiar en nuestros días.
  • 68. El sujeto en internet, “Lejos de construir su ser a partir de la conciencia de las determinaciones inconscientes que, desconocidas para él, lo atraviesan, lejos de ser una individualidad biológica, lejos de querer ser un sujeto libre, desprendido de sus raíces y de su colectividad, se imagina como el amo de un destino cuya significación reduce a una reivindicación normativa. Por eso se liga a redes, a grupos, a colectivos, a comunidades sin alcanzar a afirmar su verdadera diferencia”. Élisabeth Roudinesco
  • 69. CAPÍTULO 4. OTROS DISCURSOS En virtud de que nuestro interés no está, ni estuvo únicamente centrado en disciplinas como el psicoanálisis, me pareció prudente y necesario trabajar desde otras perspectivas que pudieran generar en torno al tema más y más preguntas, de tal suerte que reiniciamos con la idea de alienación, especialmente a partir de la teoría marxista.
  • 70. Peter Berger, siguiendo a Marx, entiende por alienación aquel proceso mediante el cual el hombre olvida que él mismo ha producido el mundo en el que vive. Por su parte, Erich Fromm opina que “de ninguna manera estaba Marx interesado únicamente en la enajenación del hombre de su producto, ni tampoco en la enajenación del hombre de su trabajo”. Entonces, ¿qué otro tipo de “valores” podría perder el hombre que sucumbe ante la alienación capitalista, vale decirlo, cada vez más salvaje?
  • 71. La producción en masa y adquisición de “bienes” devienen prioritarios por sobre la propia subjetivación; la alienación no se da en un sentido de encuentro identitario de otredades – como principalmente se entiende en la teoría psicoanalítica – sino ante la puerilidad de la materia inanimada. Pareciera que cedemos gran parte de nuestro deseo a trueque de satisfacción vacía, “ilimitada”, lo anterior, en beneficio del falso – tal vez sólo divergente – encuentro en “otredad” virtual.
  • 72. Al no haber referentes concretos como la religión o nuestra Tierra sostenida por cuatro elefantes colocados sobre la caparazón de una tortuga, el hombre parece perderse en la vorágine de subjetividades tan divergentes y, a la vez, tan idénticas en fundamento y preocupaciones. Entonces, ¿cómo negar una alteridad tan alienada y confundida como la nuestra? No parece fácil…
  • 73. Hedonismo, conformismo y alienación no pueden atribuirse únicamente a la injerencia mediática o a las llamadas crisis de sentido – que bien podrían fungir como razón y consecuencia de esta misma alienación –; las motivaciones fusionales ante los dispositivos de poder que con sigilo privatizan el deseo, e incluso nuestros propios cuerpos, también provienen de nosotros mismos. El sujeto es juez y parte en el complejo metafórico del vacío al que nos enfrentamos como sociedad globalizada, en donde el Yo deviene, ora máquina, ora objeto, pasando tristemente a confundirse con la nada.
  • 74. Todo indica que la propia esencia no hace sino disolverse, evaporarse como el agua ante un intempestivo astro solar representado por principios de moralidad corruptos y la estandarización de la experiencia humana a partir del consumo y la sexualidad desenfrenados. Las pasiones desbordadas y el mercado han erigídose en los nuevos Dioses de esta Era.
  • 75. Somos lienzo y a la vez pintores al auspicio de un debilitado y triste Dios mecenas: “Ahora Eros puede ser hallado en cualquier parte, pero en ninguna se quedará por mucho tiempo. No tiene domicilio permanente: si quieren dar con él, escriban a postre restante y no pierdan la esperanza”. El espectáculo termina y el secreto a develar no es tal pues irrumpimos tras el escenario y masacramos toda originalidad o posibilidad a un anulado cuerpo.
  • 76. Ya lo decía un romántico poeta, “nuestro intelecto entrometido deforma la contextura de las cosas: asesinamos para disecar” . La destrucción en vías de recreación sucumbe ante la confección de oscuras máscaras en cuya superficie la otredad no es susceptible de reflexión. Es éste el dominio de la obscenidad, aquel escarpado lugar en el que “los procesos más íntimos de nuestra vida se convierten en el terreno virtual del que se alimentan los medios de comunicación […] La obscenidad de la mercancía procede del hecho de que es abstracta, formal y ligera en oposición al peso, opacidad y sustancia del objeto”.
  • 77. En el intrincado mundo de las subjetividades, internet se yergue el más común de los dispositivos de intercambio, en que las mismas subjetividades han pasado a ser moneda corriente. No existimos sin la especularidad de la otredad virtual, descubrimos nuestra subordinación a una ridícula cantidad de “amigos” con quienes la relación se encuentra limitada a likes y breves posts. Un día “existimos”, pero al otro, somos suprimidos como si del caracter innecesario de un vaciado texto se tratara. Nada es imposible, ni siquiera incognoscible, dentro de la atemporalidad líquida incontinente que la red provee. Pasamos de habitar – y cohabitar – poéticamente, al habitar en el forclusivo desorden del lenguaje que nosotros mismos, sin saberlo, provocamos.
  • 78. PALABRAS FINALES A MODO DE CONCLUSIÓN Hace poco más de un siglo, prevalecía la creencia de que el éter colmaba toda vacuidad desconocida por el ser humano al interior del vasto universo que habitamos. Sin embargo, y a la llegada de eminencias de la física como fueran Albert Michelson y Edward Morley, la reformulación del mundo y la era del vacío atraerían tanto al científico como al artista, siendo los preceptos de la erudición puestos en duda.
  • 79. Aquí es que el psicoanálisis se abre camino, irguiéndose acto sumergido en lo imposible, interesado por los agujeros que separan al saber de la verdad, colmados por la “exactitud” cientificista de manera artificial. He ahí la diferencia entre el sujeto de la ciencia y el sujeto de la estructura, atravesado, este último, por la fisura de lo incognoscible y de la incertidumbre a la que cada vez negamos más. Teniendo en cuenta estos preceptos, considero que el acercamiento elucubrado en un principio entre sujeto y las llamadas adicciones en internet es muy plausible, al menos desde nuestra perspectiva. No obstante, me rehúso a sostener una verdad basada en consideraciones netamente histeóricas. La intención de este trabajo no fue responder preguntas, sí promoverlas.
  • 80. Si bien la intelectualidad humana convirtió al espacio-tiempo en parte de una misma categoría tetradimensional, los límites de su influencia continúan superando todo intento de resolución científica. Así pues, y a pesar de que las dimensiones de la física amplían cada vez más nuestros horizontes, pareciera ser que el hombre es confinado a un habitáculo incompleto, cuyo muro, en apariencia ausente, es ese mismo en el que nuestro ser es apresado.
  • 81. Rehuimos de la convivencia en un contexto donde el tiempo y el espacio son, en cierta forma, definibles. En contraste, exaltamos la comodidad de “interactuar” en un ciberespacio que es a la computadora lo que el inconsciente es al sujeto, deviniendo cierta alteración de los factores y su resultado subsecuente cuando el primero sustituye al tercero. De aquí que el término propuesto, sujeto de internet, pareciera no quedar como articulación sin fundamento.
  • 82. Así, el llamado a-dicto en internet bien pareciera estar inmerso en un presente perpetuo, sin aspiraciones teleológicas ni respaldo pretérito. La atemporalidad del tiempo es el hogar de este impertérrito sujeto quien, extraditado de su propio ser, cohabita en discontinuidad con plásticas alteridades, promotoras de enajenación y distorsiones tales que su “integridad” no es ya sino un mero supuesto del discurso, como si mutara en un producto cifrado, literalmente, en código binario, eliminando toda posibilidad de lectura o existencia sin mediación de un ordenador sofisticado.
  • 83. “[…] conectados a las sillas y las computadoras por veintenas de horribles cables segmentados que brotaban de ellos... o del aparato; no se podía saber muy bien... y que no sólo los unían a las computadoras sino a sus sillas y por último al suelo, en el cual desaparecían los cables. Sus rostros todavía eran vagamente reconocibles aunque muy alterados, mitad carnes pálidas y mitad metal, con un aspecto un tanto fusionado en ambas partes”. Dean Koontz
  • 84. Si bien nuestra intención no fue, en ningún momento, la de resolver la problemática planteada desde la arbitraria concatenación de teorías presentadas, sí buscamos demostrar que, en dicha sucesión, la cuestión persiste, lo que nos obliga a hacer constantes modificaciones y replanteamientos que permitan el acceso a un diálogo con ella. Después de todo, conceptualizar no es resolver sino acceder a una continua reformulación de nuestro humano acontecer. Así pues, considero este pequeño texto culminado, no sin antes conminar a los que ahora me precio de llamar colegas a indagar en las profundidades de la historia y otras disciplinas que, sin duda, complementan la experiencia y nuestra comprensión del vasto mundo que nos rodea. Sabemos que no hay nada nuevo bajo el sol, pero tampoco hay yeso que nos libre de esos huecos que, de ser llenados, no darían espacio a la creación y la elucubración, oprobios del hastío y el desinterés, cuyas inmundicias padecemos en nuestra afligida actualidad.