28-53 IE17 - Hígado plus
El hígado
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Sin embargo, el hígado no se limita a la distribución de estos mate...
Gracias al hígado y a sus secreciones se puede descargar el ácido úrico en la
orina después de su transformación en urea. ...
por las secreciones gástricas, la sangre la transporta hasta el hígado, donde
permanece almacenada. Una vez transformada, ...
síntomas variados, como urticaria, asma, etc.
Prevenir la hepatitis
La gravedad de estas manifestaciones se deriva del hec...
hidratos de carbono y a la síntesis de las proteínas. Regula el nivel de hierro de
la masa sanguínea y ayuda a mantener un...
La intolerancia gástrica se ve muy marcada, son frecuentes los vómitos y las
náuseas y se produce una pérdida total del ap...
a formar “cálculos” o “piedras”, es decir, masas solidificadas de elementos
habitualmente presentes en la bilis, como dive...
forma de manchas oscuras en el rostro y dorso de las manos. La presencia de
un exceso de colesterol se revela en forma de ...
conductos. Cuando así ocurre, se experimenta un agudo dolor debajo de las
costillas del costado derecho. Algunas veces, es...
de un mal funcionamiento del hígado
Mala digestión. Al cabo de unas tres horas de permanencia en el estómago, los
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condicionando así el estado de equilibrio. Cuando falta en ella algún
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las cuales aparecen alrededor del ano, provocando molestos picores.
Cuando el estado de toxicidad afecta esta zona es seña...
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sinfín de trastornos y enfermedades. Este es un resumen de las más
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- Defectos de visión
- Piernas hinchadas
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través de la nariz o la garganta.
Para librarse de la sinusitis o los resfriados no basta con limpiar los conductos
nasale...
La carne no sólo contiene proteínas parcialmente utilizadas por el organismo al
que pertenecía, sino también otras sustanc...
La perturbación de la flora digestiva derivada del empleo de productos
antinaturales puede estimular la proliferación de l...
su olor no le resulte molesto al consumidor.
Los restos del catalizador empleado para fijar el hidrógeno ejercen efectos
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el azúcar blanco industrial, aunque lo extraigan de la remolacha, es un
producto desequilibrado, incapaz de sostener ningu...
Malos hábitos que afectan al hígado
Fatiga. Tanto si es de carácter físico como intelectual, el exceso de trabajo
lleva a ...
somnolencia (en los niños), o un estado de nerviosismo que puede llevar a una
crisis.
La vida sedentaria. La falta de ejer...
Crudos. Siempre que sea posible deben tomarse los alimentos crudos. Si no se
toleran bien las verduras y hortalizas crudas...
obligue a tomarlo. En lugar de ello, vaya introduciendo cantidades pequeñas en
las salsas y aliños, preferentemente mezcla...
asimismo uno de los mejores laxantes naturales.
El aceite de oliva resulta especialmente beneficioso si se mezcla con una
...
personas aquejadas de problemas hepáticos que no pueden tolerar los
remedios a base de plantas y hierbas y que se sienten ...
Existen numerosas verduras y hortalizas que actúan como agentes protectores
y fuentes de energía. Al igual que la fruta, l...
En general la leche cruda no es buena para el hígado, especialmente cuando
se trata de adultos, porque a esa edad el estóm...
fijación, neutralización de las sustancias residuales y eliminación. Nos ayudan a
mantener los intestinos limpios y favore...
Alimentos que conviene utilizar con moderación
- Proteína vegetal: tofu, tempeh y otros derivados de la soja, así como el ...
Siguen otros posibles recuadros
Ejemplo de menú para un día
El menú que proponemos está orientado a la recuperación de per...
85% o bien harinas y pan de centeno.
Tomar queso o leche agria una vez al día como mucho.
Fin posible recuadro
Algunas rec...
cortadas en trocitos, champiñones (opcional), tomates del tiempo, y luego un
cereal a elegir, puede ser arroz integral, ce...
Siempre que pueda, emplee agua mineral o de manantial.
Cuando prepare un té o infusión para fines medicinales, evitaremos ...
Esta dosis se vierte en una taza de agua hirviendo y se deja reposar unos 10
minutos. Tómese una taza antes o después de l...
2 minutos y reposar otros 5. Tómese una tacita antes de cada comida.
Boj (Buxus sempervirens). Las hojas de boj son sumame...
comida 3-4 tazas al día.
La manzanilla (Matricaria chamomilla) es excelente para los casos de
destrucción o de los canales...
reposar otros 10.
La saponaria (Saponaria officinalis) excelente para los casos de obstrucción del
hígado. Viértase una cu...
necesario puede tomarse otra por la mañana, en ayunas.
El ruibarbo (Rheum rhabarbarum) es un magnífico laxante, y sirve ta...
Raíz de regaliz 30 g
Romero (flores) 30 g
Caléndula (flores) 20 g
Aspérula (flores) 30 g
Hojas de menta 20 g
Viértanse 2 c...
reposar durante otros 10. Tómese una taza 15 minutos antes de cada comida.
Infusión para los casos de estreñimiento
deriva...
Puede ocurrir que, de entrada, un hígado enfermo o insuficiente no tolere la
arcilla. En este caso, después de mezclarla c...
Tras el período de aplicación del emplasto de salvado-coles-cebolla o de hojas
de col, que puede durar entre 1 y 4 semanas...
insuficientes, no dude en aplicarse un emplasto bien caliente.
El emplasto o cataplasma debe permanecer en su sitio 2 hora...
una o varias hojas de col entre el cuerpo y el objeto caliente. En caso de
emergencia, y si no se dispone de coles, aplíqu...
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  1. 1. 28-53 IE17 - Hígado plus El hígado un gran regulador del organismo En relación a la importancia que tiene sobre el organismo, el hígado es un gran desconocido, y todavía más si tenemos en cuenta que se trata de un elemento esencial para el mantenimiento de la salud. Por eso vale la pena repasar un poco la tarea que el hígado lleva a cabo y cómo lo podemos perjudicar o beneficiar, sobre todo a través de los cuidados de la medicina natural. Como explicamos en las páginas de presentación de esta revista, entre las terapias eficaces y no agresivas en estos momentos contamos con otras técnicas que suponen una ayuda importante para la medicina natural, como son la Homeopatía, la Aromaterapia y las Flores de Bach, la Medicina Ayurvédica tradicional de la India y la Medicina China y Acupuntura, entre otras terapias eficaces: medicina ortomolecular, o el uso de adaptógenos y suplementos dietéticos, o la “limpieza de hígado” de Andreas Moritz. Hemos elegido esta vez el hígado para ver, en la práctica, cómo funcionan los recursos de la medicina natural. Esperamos abordar próximamente otros órganos, como los riñones, otra gran y misteriosa fuente de energía para todos. Salud y enfermedad Hay que recordar que en medicina natural, las dolencias y enfermedades no se atribuyen a misteriosos agentes bacterianos, sino que, más allá de teorías microbianas, se considera decisivo el estado de salud de la misma persona, es decir, el terreno, nuestra forma de vida y hábitos alimenticios. Prestar cuidados al hígado, por ejemplo, es el mejor modo de asegurarse una buena salud, ya que tanto el corazón como otros órganos importantes dependen de él para
  2. 2. obtener la sangre de primera calidad que necesitan para su nutrición y fortalecimiento. Para lograrlo podemos poner en marcha una serie de recursos curativos naturales: la buena salud… ¡está al alcance de todos, de cada uno de nosotros! Un hígado que funcione mal desempeña un importante papel en prácticamente todas las enfermedades del organismo. Recordaremos aquí muchas de ellas para mostrar esta estrecha relación. Órgano importante El hígado es mucho más importante de lo que pueda parecer: no hay cura para ninguna enfermedad ni verdadera salud sin un hígado sano y en perfecto funcionamiento. La importancia del hígado y su trascendental papel en el origen de todas las enfermedades siguen siendo poco conocidos, sobre todo porque casi nunca duele, salvo en los casos de inflamación de la vesícula biliar; y, por tanto, nadie le hace el menor caso. No obstante, la persona dotada de un hígado sano y que funciona bien es más bien excepcional; el hígado moderno es víctima de la mala alimentación y de los productos químicos, y, con frecuencia, es ya insuficiente en el mismo momento del nacimiento. El hígado pesa aproximadamente lo mismo que el cerebro: unos 1.500 ó 1.900 gramos, según la cantidad de sangre que contenga. Es la mayor glándula de todas y participa en varias funciones. Junto con el estómago, el intestino delgado, las glándulas salivales y gástricas, el páncreas y el duodeno, el hígado forma parte del aparato digestivo. Algunas de sus secreciones entran en los conductos digestivos, mientras que otras lo hacen directamente en la sangre. Pero el hígado no es simplemente una especie de filtro situado entre los intestinos y el corazón, sino un órgano biliar y una glándula endocrina, y desempeña un papel de la mayor importancia, pues mantiene o restablece el equilibrio general. La función básica del hígado es producir sangre, pero entre las otras muchas que desempeña destacan la transformación de las proteínas y grasas, la fijación de sustancias para el crecimiento y conservación de los tejidos, la neutralización de determinados venenos, la producción de diversas
  3. 3. enzimas y el cumplimiento de las tareas de regulación. Sin embargo, el hígado no se limita a la distribución de estos materiales o sustancias, sino que cumple la importante misión biológica de transformarlos, de “humanizarlos” antes de que puedan ser utilizados. Sin este proceso, incluso el mejor alimento puede convertirse en veneno para el organismo. El hígado produce también determinadas sustancias necesarias para crear y mantener unas defensas corporales básicas contra las infecciones. La ausencia o insuficiencia de dichas sustancias favorece la aparición o persistencia de la infección. ¿QUÉ ES LO QUE EL HÍGADO HACE POR NOSOTROS? Digestión Cada dos horas, el hígado segrega entre 500 y 1.000 cc de bilis, destinada fundamentalmente a la digestión y asimilación de grasas. Las sales biliares emulsifican las grasas, favoreciendo la acción de las enzimas y de la lipasa pancreática. Las sustancias nutritivas sólo resultan definitivamente “humanizadas” y metabolizadas después de haber pasado por la acción de las secreciones hepáticas. Sin esa transformación, casi todos los alimentos serían tóxicos. Por otra parte, la toxicidad de un medicamento químico se atenuará tomándolo por vía oral o incluso a través del recto, en lugar de inyectarlo directamente en la sangre. No obstante, el abuso de los fármacos conducirá antes o después a un agotamiento del hígado e incluso a la destrucción de sus células. Por si todo eso fuese poco, el hígado es además el órgano encargado de transformar, fijar o eliminar sustancias tóxicas y nocivas, tales como las tomaínas de la carne, la nicotina, la cafeína, etc., así como los productos residuales y toxinas transportados por la sangre. La bilis completa el proceso de digestión y asimilación de las grasas, que sólo pueden utilizarse después de haber sido emulsificadas por la bilis. También a través del hígado se filtra y transforma la albúmina, los azúcares, las vitaminas, etc., antes de su uso o almacenamiento. Los hidratos de carbono que no se utilizan de inmediato se convierten en grasas y almacenan. Los venenos que proceden del interior o el exterior se neutralizan, se transforma el colesterol, se fija el hierro y se procede a la oxidación del azufre.
  4. 4. Gracias al hígado y a sus secreciones se puede descargar el ácido úrico en la orina después de su transformación en urea. Lo mismo ocurre con las sales amoniacales y con los aminoácidos sobrantes, que también se descargan o eliminan a través del hígado; pues de lo contrario resultarían dañinos para el organismo, ya que lo convertirían en excesivamente sensible a cualquier mecanismo. Las insuficiencias en cualquiera de estas funciones del hígado conducen a un estado de toxicidad e hipersensibilidad expresado por ataques de reumatismo, asma o urticaria. Tan pronto como una sustancia tóxica es absorbida, el hígado la intercepta, neutraliza y rechaza con la ayuda de la bilis. Lo cansa incluso una cantidad mínima (y puede provocar su mal funcionamiento). Un hígado deficiente o sobrecargado no podrá desempeñar correctamente sus funciones de defensa. Si eso ocurre, una parte de las sustancias tóxicas ingeridas va a parar directamente a la sangre, contribuyendo a degenerar los órganos y centros nerviosos. La sangre y su formación El hígado no es el responsable de producir glóbulos rojos, pero desempeña un papel básico en el mantenimiento del equilibrio de la sangre, gracias sobre todo a su función anti anémica. Al regularizar la cantidad de hierro presente en los glóbulos rojos y el índice de coagulación de la sangre, previene tanto contra la hemofilia como contra la excesiva coagulación. Siempre que haya que movilizar las defensas del cuerpo, el hígado suministra las proteínas necesarias para la fabricación de los glóbulos blancos. Los científicos nos dicen que sintetiza determinadas proteínas, incluyendo la fibrina y la protrombina, indispensables para la coagulación de la sangre. Las sales biliares juegan también un importante papel impidiendo que la sangre se vuelva excesivamente fluida. Contribuyen asimismo a absorber las vitaminas liposolubles, como la K, que sirven para espesar la sangre. Ni las grasas ni las vitaminas liposolubles se absorberán en caso de deficiencia de sales biliares. Cuando no se produce ni la síntesis de la protrombina ni se ingiere suficiente vitamina K, aparece la tendencia a la hemofilia. Tras la absorción de una sustancia compuesta de la combinación de dos factores: uno externo suministrado por los alimentos, y otro interno constituido
  5. 5. por las secreciones gástricas, la sangre la transporta hasta el hígado, donde permanece almacenada. Una vez transformada, se convierte en un factor hepático que, tras ser liberado por el hígado, se dirige a la médula o tuétano de los huesos, donde se fabrican los glóbulos rojos. Cuando algo va mal En un hígado ya congestionado puede resultar imposible llegar a almacenar estas sustancias, mientras que un hígado insuficiente es incapaz de transformarlas. La cirrosis, por ejemplo, es una enfermedad que se caracteriza por no permitir estas funciones esenciales. Y la anemia no es sino una consecuencia de estos fallos y anormalidades. La razón de que se combata la anemia comiendo hígado de animales (o extractos de los mismos) consiste en que así se obtiene una hormona hepática que el hígado es algunas veces incapaz de producir. No obstante, para conseguir una minúscula cantidad de esta hormona hace falta ingerir (o inyectar) una gigantesca cantidad de sustancias tóxicas inevitablemente presentes en el hígado del animal cuando éste fue sacrificado; y, lo que es aún más grave, este suplemento tóxico está todavía menos justificado, ya que la dolencia sólo se alivia momentáneamente, pero sin solucionar o enmendar una anormalidad que sólo se corregirá con el restablecimiento de un funcionamiento correcto. Una gran parte de los glóbulos rojos se emplea para producir dicha hormona anteriormente mencionada. Los pigmentos y las hormonas combinados dan lugar a una sustancia que se envía a la médula, donde contribuirá a estimular la producción de glóbulos rojos. Lo mismo puede decirse de las transfusiones de sangre. En el mismo momento en que entra en el cuerpo la sangre donada, los glóbulos rojos se ven detenidos por determinadas células del hígado que trasladan su pigmento férreo a otras células hepáticas, que son las responsables de la transformación de la hemoglobina en pigmentos biliares. Sólo a través de este proceso favorecerá la introducción de sangre donada la producción de sangre nueva, ya que la sangre procedente de la transfusión se verá inmediatamente atacada por los anticuerpos que se encuentran en el plasma sanguíneo. La consecuencia de todo ello es la fiebre, seguida de otros
  6. 6. síntomas variados, como urticaria, asma, etc. Prevenir la hepatitis La gravedad de estas manifestaciones se deriva del hecho de que, en el momento de la destrucción de los glóbulos rojos extraños, las sustancias resultantes de su transformación se aglomeran algunas veces en los finos conductos de los riñones, contribuyendo por tanto a obstruirlos. Esta es la llamada hepatitis o crisis hepática de las transfusiones, que puede llegar a ser mortal. Si la transfusión provoca una formación excesiva de pigmento biliar, se producirá la ictericia. Junto con esta función de asegurar la coagulación de la sangre, el hígado desempeña también la contraria; es decir, la de hacerla más fluida, lo que contribuye asimismo a mantener el equilibrio orgánico. De hecho, sin la intervención de la secreción hepática, la sangre se coagularía en las venas (como ocurre en las flebitis). Es el hígado el órgano que mantiene su fluidez aun en los capilares más finos. Las hormonas Además de producir sus propias hormonas, cuyo papel sigue estudiándose, el hígado lleva a cabo la transformación de los esteroides (hormonas fundamentalmente sexuales) y regula la producción de foliculina. Cuando hay exceso de foliculina, disminuye el contenido de calcio de la sangre, lo que provoca angustia e hipersensibilidad. Su insuficiencia es por tanto un factor a considerar siempre que se den estos síntomas. Pero el exceso de foliculina provoca también otros problemas que tienen también su origen en una insuficiencia o perturbación de las funciones del hígado. Pueden hacer su aparición fenómenos tales como el estreñimiento, una orina oscura o insuficiente y las hemorroides. Para el buen cumplimiento de todas estas funciones es, pues, importante que el hígado se encuentre en el mejor estado posible, ya que sus fallos pueden tener gravísimas consecuencias. El gran regulador El hígado contribuye al metabolismo de las grasas, a la regulación de los
  7. 7. hidratos de carbono y a la síntesis de las proteínas. Regula el nivel de hierro de la masa sanguínea y ayuda a mantener una temperatura constante dentro del organismo. Siempre que alguna parte del cuerpo muestre tendencia a congestionarse, el hígado acude en su ayuda regulando la circulación. Estas funciones reguladoras del hígado ejercen un importante papel en el proceso de transformación y síntesis. Ayudan a la eliminación de sustancias cuando hay exceso. Así, en el caso del colesterol, que es indispensable para un funcionamiento normal del organismo, pero peligroso cuando se acumula, el hígado lo reparte y administra según las necesidades del cuerpo y neutraliza sus posibles excedentes. El hígado es también responsable del equilibrio homeotérmico. Su deficiencia conduce a una baja anormal de la temperatura, mientras que su hiperactividad o congestión pueden ser las causas de una fiebre constante. Una persona con un hígado hiperactivo se resiente mucho del calor del verano, mientras que otra con un hígado deficiente apenas tolerará el calor y se sentirá sumamente incómoda en invierno. Cuando, debido a algún trastorno hepático, cambia la composición o densidad de la sangre, en distintos lugares del cuerpo aparecen y reaparecen manchitas de color rojo intenso del tamaño de una cabeza de alfiler. SI EL HÍGADO NO FUNCIONA BIEN… Trastornos hepáticos en general. Ictericia Existen muchos posibles trastornos y lesiones del hígado, y todos ellos conllevan graves consecuencias. En caso de ictericia (aguda o crónica), el color amarillento de la piel y de las membranas mucosas indica una impregnación de los tejidos por el exceso de pigmentos biliares en la sangre. Existen numerosos tipos de ictericia, cada uno de ellos con sus propios síntomas y complicaciones. La ictericia hemolítica, por ejemplo, indica que la destrucción excesiva de glóbulos rojos va acompañada de anemia y de un aumento del tamaño del bazo. En la ictericia clásica, la más conocida, el paso de bilis a la sangre provoca el típico color amarillento de la piel y las membranas mucosas. La orina se ve también oscurecida por la descarga de pigmentos biliares.
  8. 8. La intolerancia gástrica se ve muy marcada, son frecuentes los vómitos y las náuseas y se produce una pérdida total del apetito, lo que, en cierto sentido, es positivo, ya que, en una situación así, la comida hace más mal que bien. El paciente se pasa el tiempo temblando a pesar de alcanzar temperaturas de casi 40 grados. La orina puede ser oscura, pero las heces pierden su habitual color marrón y se vuelven más claras. En este caso faltan en los intestinos los pigmentos eliminados masivamente a través de la vía urinaria. Estos síntomas pueden ir acompañados de dolores de cabeza, dolores de las articulaciones o urticaria. “Si el hígado cambia de tamaño”: cirrosis La cirrosis se suele caracterizar por una gran proliferación de células, que provoca un aumento de tamaño del hígado. Reseñamos aquí sólo las principales modalidades. La hepatitis se deriva por lo general del contagio tras una vacuna, transfusión de sangre, u otra inyección en la sangre. La cura para la hepatitis es la misma que para la ictericia. En el caso de la cirrosis atrófica, la reducción de tamaño del hígado va acompañada de un endurecimiento y envejecimiento prematuro de los tejidos; es por lo general la última fase de todos los tipos de cirrosis. Una de las modalidades más comunes de cirrosis es la famosa cirrosis alcohólica, caracterizada por la abundancia de líquido en el abdomen. A pesar de que el cuerpo adelgaza, el abdomen sigue siendo muy voluminoso. Las piernas se hinchan; si se las aprieta con el dedo, permanece el hoyo causado por la presión. Los tejidos se muestran blandos e insensibles, entre otros síntomas como la boca reseca y una coloración rojo intenso de la lengua. La piel se vuelve seca y escamosa. Muchas veces se orina sólo muy de tarde en tarde, y es probable que se produzcan hemorragias. Otro tipo de cirrosis es aquel en el que, en lugar de líquido, se acumula grasa en los tejidos del hígado. Por otra parte, en la cirrosis biliar el hígado suele hincharse y se producen edemas e hidropesía. Cálculos o piedras En la vesícula biliar puede ir acumulándose una especie de «barrillo» que llega
  9. 9. a formar “cálculos” o “piedras”, es decir, masas solidificadas de elementos habitualmente presentes en la bilis, como diversos pigmentos o colesterol, pero mal asimilados o no eliminados. A la presencia de estos cálculos o piedras en los conductos biliares se la denomina litiasis biliar. El cólico hepático se presenta cuando comienza su eliminación (siendo bastante frecuente en las mujeres). Los síntomas consisten en un dolor intenso en la zona de la vesícula biliar; es decir, debajo del borde costal derecho, que se hace más agudo a la altura del pecho derecho, con irradiaciones hacia el hombro y los omoplatos. Este dolor es más fácilmente perceptible hacia las tres de la tarde. Algunas veces resulta imposible inhalar a fondo, pudiendo hacer también su aparición los vómitos y la sensación de náusea. La boca se vuelve pegajosa y sabe amarga. Al segundo día de un ataque de cólico hepático la temperatura puede llegar hasta los 40 grados, lo que indica el alcance de los esfuerzos de defensa por parte del organismo, reduciéndose al cabo de unas cuantas horas. En total, la crisis dura aproximadamente tres días. Una temperatura constante indica la persistencia del estado anormal. En este caso hará falta una cura prolongada. Finalmente, la insuficiencia hepática puede deberse a una obstrucción parcial de los conductos biliares por cálculos o piedras en la vesícula, o estar provocada por un fallo en el funcionamiento normal del hígado. Un órgano degenerado no muestra siempre lesiones o anormalidades aparentes, pero sigue siendo incapaz de desempeñar sus funciones normales. El comer con exceso provoca una desaceleración y ritmo lento de las funciones del hígado, lo que se debe a la congestión de los conductos. El resultado es el famoso “ataque hepático”, que se manifiesta en forma de náuseas, vómitos, estreñimiento o diarrea, dolores de cabeza, mareos, temblores, y una piel de aspecto poco sano. Esta clase de ataque va algunas veces precedido de síntomas distintos, como, por ejemplo, la aversión a la comida. Cómo podemos saber si el hígado no va bien Síntomas de mal funcionamiento del hígado Piel amarillenta. La piel se vuelve amarillenta, así como la córnea de los ojos. Manchas. Algunas veces la coloración no es uniforme, sino que se presenta en
  10. 10. forma de manchas oscuras en el rostro y dorso de las manos. La presencia de un exceso de colesterol se revela en forma de pequeñas protuberancias en los párpados. Esos pequeños “bulbos” no tienen la misma coloración que los tejidos próximos a ellos. También aparecen manchas en la frente y alrededor de la nariz. La piel muestra con frecuencia un aspecto de sucia. Nariz enrojecida. Suele deberse a la influencia negativa de una deficiencia en las funciones biliares durante la digestión. La boca. La boca está frecuentemente “pegajosa”, especialmente al despertarse, y tiene también un sabor amargo. El aliento huele algunas veces tan mal que llega a resultar insoportable. La lengua se hincha y se ve recubierta por una capa blancuzca, amarillenta o incluso verdosa. La exagerada insalivación puede deberse a una inflamación de la vesícula biliar. Náuseas. Las náuseas y la subida de la bilis hasta la boca se deben la mayoría de las veces a trastornos hepáticos. Algunas veces se termina vomitando. El sujeto no siente el menor apetito, ni tan siquiera por los platos que más le gustan. Pueden llegar a experimentar palpitaciones o trastornos cardiacos. Gases. La presencia de gases en los intestinos es normal, siempre que el fenómeno no sea demasiado frecuente, se evacúen a través de los canales normales y no huelan mal. En su camino de salida, esos gases ejercen un beneficioso efecto de masaje sobre los intestinos y ayudan al movimiento peristáltico. No obstante, muchas veces la cantidad y calidad de dichos gases no son las ideales; se forman y acumulan gases pútridos, que provocan una dolorosa hinchazón del abdomen. Esos gases pueden expandirse en el organismo y asentarse en “bolsas” previamente existentes entre los órganos o crear bolsas artificiales. Este estado se debe a una secreción insuficiente de bilis. Cuando llegan al duodeno privados de bilis, los alimentos se pudren, dando origen a la aparición de gases putrefactos que, antes de pasar a los intestinos, provocan una hinchazón, así como temblores, sensación de dolor en las uñas e incapacidad por parte de los ojos de soportar cualquier luz intensa. Puntos dolorosos. Se ha dicho que el cólico hepático se debe normalmente al inicio de la evacuación de piedras de la vesícula, o del “barrillo” que se ha ido acumulando en la misma. Esas piedras o “barrillo” pueden provocar una inflamación permanente, o incluso la infección de la vesícula biliar y de sus
  11. 11. conductos. Cuando así ocurre, se experimenta un agudo dolor debajo de las costillas del costado derecho. Algunas veces, este intenso dolor sólo se siente cuando se presiona con los dedos sobre la zona. La inflamación de la vesícula biliar y de sus conductos, así como la congestión del hígado, provocan con frecuencia una sensación de dolor alrededor del omoplato y hombro derechos. Algunas veces la deficiencia biliar se manifestará en el costado izquierdo, justo enfrente de la vesícula. Esto no es sino la consecuencia de la formación de gases. La presencia de gas en esta parte del cuerpo es relativamente frecuente, y provoca dolores, palpitaciones y otros síntomas desagradables. Dolores de cabeza. Los trastornos hepáticos que originan estreñimiento son casi siempre la causa de los dolores de cabeza. Se experimenta una sensación de pesadez en toda la cabeza; el dolor forma una especie de “círculo” alrededor de la parte superior de la misma. Se siente opresión a la altura de las sienes. Los desórdenes hepáticos también pueden provocar mareos e incluso cegueras momentáneas, fatiga mental y depresión nerviosa. El sueño. Si el hígado está congestionado resulta difícil conciliar el sueño, especialmente alrededor de la una a las dos de la madrugada. Algunas veces el sujeto no se duerme hasta la madrugada. Durante estas horas de insomnio resulta imposible relajarse, debido a las molestias provocadas por los trastornos digestivos y a los pensamientos sombríos que son su consecuencia natural (¡un hecho frecuente, en los tiempos que corren!). No obstante, a lo largo de todo el día, y sobre todo después de las comidas, se experimentarán deseos de dormir (somnolencia, sopor). La orina. La gente que padece del hígado orina más de noche que durante el día; pero en general no mucho, ya que los riñones no reciben los necesarios estimulantes. La orina no suele ser clara y transparente, sino más bien turbia. No obstante, si es excesivamente clara, revela la ausencia de pigmentos biliares y que las funciones que se ocupan de los procesos naturales de alimentación se han visto perturbadas. Consecuencias directas
  12. 12. de un mal funcionamiento del hígado Mala digestión. Al cabo de unas tres horas de permanencia en el estómago, los alimentos van a parar al duodeno, donde permanecen otras 6-7 horas más; después se desplazan al intestino grueso, donde permanecen entre 10 y 20 horas. Así pues, los alimentos se encuentran sometidos a la influencia de la bilis todo el tiempo que dura el proceso digestivo (19-30 horas), salvo tres horas. La falta o deficiencia de bilis imposibilita estas tres fases de la digestión. Bilis y mala evacuación. Un flujo deficiente de bilis, la ausencia en ella de uno o varios de sus elementos esenciales o una composición imperfecta son todos factores que influyen negativamente sobre la evacuación. Cada 24 horas se segrega aproximadamente un litro de bilis, lo que asegura la lubricación de los intestinos gracias a su viscosidad. Por eso un desequilibrio en las funciones biliares puede dar lugar al estreñimiento por ausencia de sales biliares que normalmente estimulan la peristalsis de los intestinos. El estreñimiento crónico alternado con rachas de diarrea es uno de los síntomas más claros de trastornos hepáticos. Las heces (y también la orina) pueden, o bien perder color, o bien aparecer intensamente coloreadas. En ocasiones carecen de consistencia, son muy delgadas o poseen una dureza excesiva. Espasmos intestinales. La ausencia de sales biliares en los intestinos o cualquier deficiencia en la composición de la bilis pueden ser la causa de un exceso de calor en las paredes intestinales. Esta irritación repercute sobre los extremos nerviosos de las mismas, lo que provoca en ocasiones contracciones espasmódicas de las vísceras. Se ha comprobado con frecuencia que la vuelta del hígado a un estado normal conlleva la desaparición de los espasmos intestinales, que pueden no haber sido sino una manifestación de los intestinos de defensa de un colon ulcerado. Colibacilosis. La proliferación anormal de bacilos intestinales lleva a graves trastornos intestinales o urinarios, dependiendo siempre de la cantidad de los mismos que haya en los intestinos o en los conductos urinarios. En los intestinos existe por lo general una flora rica y variada, que, si se mantiene debidamente equilibrada, ejerce un efecto beneficioso durante el proceso terminal de la digestión. Pero si se rompe el equilibrio, cualquiera de ellos puede llegar a resultar peligroso. Es la bilis la que regulariza este medio,
  13. 13. condicionando así el estado de equilibrio. Cuando falta en ella algún componente, se crea un desorden en la flora intestinal. Pueden desaparecer determinadas especies de flora, mientras que otras se multiplican en proporciones alarmantes. Ni que decir tiene que la mejor forma de volver a un estado normal no consiste en destruir las especies indeseadas, sino en restablecer un medio normal. Lombrices intestinales. Lo que conviene hacer no es sólo destruir las lombrices, sino crear un medio que no les permita sobrevivir. Cuando existe suficiente cantidad de bilis en los intestinos, y ésta contiene todos los elementos normales y necesarios, las lombrices no pueden seguir prosperando, y ni tan siquiera vivir. Si se introduce larvas con los alimentos, se las canalizará rápidamente hacia los intestinos, donde la presencia de dosis suficientes de bilis será un obstáculo casi insalvable para su supervivencia. Cuando todo funciona normalmente, las lombrices y las larvas se neutralizan y evacúan rápidamente. Muchas veces, la gente considera necesario adoptar medidas directas contra las lombrices y otros parásitos del cuerpo, pero éstas sólo pueden tener un carácter secundario. Tal como se ha señalado, la medida básica y primera será hacer que el hígado y otros órganos relacionados con él vuelvan a funcionar correctamente. Inflamaciones, infecciones, fermentaciones. Cuando determinados alimentos no son perfectamente transformados en el transcurso del proceso de la digestión, pueden provocar una irritación de las mucosas de los intestinos, creando así una inflamación que puede llegar a convertirse en una infección. Las inflamaciones e infecciones se presentan cuando los elementos imperfectamente transformados e insuficientemente impregnados de sales biliares comienzan a fermentar de manera peligrosa. Lo que favorece la aparición de un peligroso estado de irritación, de sobra conocido por las personas aquejadas de colitis, es tanto los elementos en sí como los subproductos de esta propia fermentación que se pudre. Picores anales. Durante la fermentación, y al pasar por el recto y el ano, los productos residuales provocan una sensación de calor. Por otro lado, los alimentos deficientemente digeridos liberan toxinas en los intestinos, que penetran en la sangre y provocan un peligroso estado de toxicidad. El organismo se libera de esas toxinas mediante erupciones cutáneas, algunas de
  14. 14. las cuales aparecen alrededor del ano, provocando molestos picores. Cuando el estado de toxicidad afecta esta zona es señal de que ha llegado a una fase avanzada y de que hará falta mucho tiempo y esfuerzo para curarlo, ya que primero habrá que conseguir que el hígado funcione correctamente. La causa de los picores pueden ser las lombrices; pero, también en este caso, habría que devolver el hígado a su estado normal. Escalofríos. Las personas que padecen escalofríos habrán observado que los momentos desagradables son normalmente los que siguen a las comidas; es decir, durante las primeras horas de la digestión. Puede ser una clave importante para averiguar su causa. El gran esfuerzo que tiene que realizar un hígado sobrecargado para producir bilis le impide cumplir otras importantes funciones. La circulación de la sangre puede volverse lenta, lo que dificulta la oxidación, disolución, coagulación, reducción e hidratación, ya que el hígado ejerce un importante papel en todas estas funciones. Debido a esta desaceleración se producen a veces escalofríos; es decir, una sensación de frío dentro del cuerpo. Cuando el hígado funciona bien y realiza correctamente todas sus tareas, esos desagradables momentos se van reduciendo y llegan a desaparecer. Pirosis. Se experimenta una sensación de quemazón, que nace en el estómago y sube hasta la garganta. Los eructos sólo sirven para empeorar nuestro estado, ya que elevan consigo un líquido ácido que nos quema la garganta. Estos fenómenos constituyen con frecuencia el preludio de una úlcera de estómago, pero podrían interpretarse también como una señal de hipoglucemia. Cuando el metabolismo del azúcar es defectuoso, la composición de la sangre se ve desequilibrada y pueden producirse accidentes. Esta es la razón de que las úlceras de estómago vayan siempre precedidas de trastornos hepáticos. La sensación de quemazón en la zona del corazón y el movimiento ascendente del líquido pueden indicar con frecuencia la congestión de los conductos digestivos, causada por una secreción insuficiente de bilis. Así, cualquiera que sea el problema denunciado por la pirosis, el remedio consiste en aliviar la sobrecarga del hígado eliminando de nuestra alimentación los productos contraproducentes y estimulando las funciones hepáticas por medios naturales. Desmineralización. La secreción insuficiente de determinadas sustancias (sales
  15. 15. biliares, enzimas, etc.) por parte del hígado dificulta la transformación de los diversos elementos contenidos en los alimentos. Dichos elementos no son ni correctamente aprovechados ni eliminados. El resultado de todo ello es un estado de desnutrición que se reflejará posteriormente en anormalidades de la constitución del cuerpo e incapacidad para desempeñar las funciones normales del organismo. Una reacción muy frecuente en esos casos es preocuparse por la posible carencia de minerales importantes: calcio, potasio, magnesio, fósforo, yodo, hierro, etc., e imaginarse que el remedio adecuado consiste en limitarse a tomar suplementos de los mismos. No obstante, en la realidad no basta con introducir estos suplementos, pues el organismo debe encontrarse en disposición de extraer lo que necesita de los alimentos en forma natural. Y, una vez más, esto dependerá de que el hígado sea capaz de funcionar correctamente. Cuando los alimentos son naturales y el hígado realiza sus funciones normales, las deficiencias se corrigen sin necesidad de intervención alguna. Sobre los suplementos dietéticos hay que decir que pueden ser una buena ayuda inicial en caso de alimentación desnaturalizada, o como ayuda adicional en muchos casos. Pero una alimentación sistemáticamente reforzada con suplementaciones (exceso de proteína animal, por ejemplo) hace que el hígado tenga que trabajar aún más y a menudo agravará la situación. Anemia. Se ha señalado ya como una de las funciones del hígado el destruir los glóbulos rojos viejos y segregar una sustancia que ayuda a producir los nuevos. El incumplimiento de esta función, junto con la incapacidad del hígado de fijar las proteínas cuando transforma imperfectamente los alimentos que contienen hierro, y no asegura por tanto el almacenamiento de este mineral, pueden dar lugar a la aparición de una anemia. El mal funcionamiento del hígado puede llevar a la destrucción de los glóbulos rojos tanto viejos como nuevos. Así, antes de pensar siquiera en la introducción en la dieta de alimentos que reconstituyan la sangre, es fundamental someter el hígado a un tratamiento que le permita desempeñar correctamente sus funciones. Diabetes. El hígado produce glucógeno. Este glucógeno se ve sometido a la acción de los jugos pancreáticos, y se transforma luego en glucosa (azúcar), gracias a otra función del hígado, cuyas células segregan una diastasa
  16. 16. (enzima) especialmente destinada a este fin. Este azúcar pasa luego a la sangre si es necesario o, de lo contrario, permanece almacenada. En caso de que el hígado produjera demasiado azúcar o no fuese capaz de manejar adecuadamente la procedente de los intestinos, la sangre absorbería parte de los excedentes y los filtraría a los riñones para su eliminación a través de la orina. Habría de este modo un exceso de azúcar tanto en la sangre como en la orina; es decir, diabetes. Personas obesas y personas delgadas. El hígado produce, retiene o destruye las grasas según las necesidades del organismo. Un trastorno o desorden en esta función da lugar, bien a la retención de demasiada grasa por no ser capaz de destruir los excedentes, bien a la incapacidad de producir todas las grasas que el cuerpo necesita. La neutralización y eliminación de los alimentos sobrantes puede no ser tampoco satisfactoria, en cuyo caso se acumularán residuos en los órganos o en los tejidos. Esta sobrecarga puede acentuar el desequilibrio del metabolismo (asimilación y desasimilación); el resultado será, bien la obesidad, bien la delgadez excesiva. La producción insuficiente de sustancias protectoras constituye el preludio a la invasión del organismo por parte de las toxinas. Otra causa de desnutrición la constituye la secreción insuficiente de enzimas y otros elementos que ayudan a transformar los alimentos ingeridos, lo cual puede llevar también a una pérdida de peso o a la obesidad; la primera debida a una deficiencia y la segunda a la acumulación de residuos alimenticios no metabolizados. La misma causa puede provocar efectos aparentemente distintos; todo dependerá del estado y circunstancias de cada individuo. Apendicitis. Muchos casos de supuesta apendicitis no son sino ejemplos de hígado congestionado. Pero aun en el caso de que la apendicitis sea verdadera, no debemos olvidarnos del papel desempeñado por el hígado, sobre todo si tenemos en cuenta las propiedades antisépticas de la bilis. El apéndice sólo puede inflamarse y posteriormente infectarse cuando la bilis no se produce regularmente y en cantidad suficiente. …Y las consecuencias indirectas Un mal funcionamiento del hígado suele estar relacionado, o es el origen, de un
  17. 17. sinfín de trastornos y enfermedades. Este es un resumen de las más destacables: - Defectos de visión - Piernas hinchadas - Enfermedades cutáneas - Reumatismo - Desequilibrios hormonales - Molestias durante la menstruación - Neurastenia - Pies planos - Vegetaciones y amigdalitis - Parálisis derivada de la esclerosis - Bronquitis crónica - Picaduras de insectos. - Tuberculosis. - Algunos tipos de cáncer. Sinusitis y resfriados.– Intentar curar estas dolencias sin ocuparse al mismo tiempo del hígado es una pérdida de tiempo. La experiencia ha demostrado ampliamente la relación existente en trastornos de las vías respiratorias superiores. Los resfriados suelen seguir casi siempre a un período de excesos gastronómicos, como las Navidades y otras fiestas. Se le echa la culpa al frío, pero se debe únicamente a que no tenemos en cuenta el factor del exceso de calor. ¿Por qué se dan los resfriados con más frecuencia durante determinados períodos de las estaciones frías? Porque el hígado se encuentra tan sobrecargado que es incapaz de filtrar correctamente las toxinas, obligando así al organismo a intentar liberarse de ellas por otros medios. Cuando existe al mismo tiempo una debilidad orgánica que ayuda a las toxinas a obstruir diversos canales, lo más probable es que se produzcan inflamaciones e infecciones. Un hígado que funcione correctamente vierte en la sangre sustancias protectoras que neutralizan los residuos peligrosos. Si el hígado no logra drenar bien el organismo, se producirán descargas sustitutorias; por ejemplo, a
  18. 18. través de la nariz o la garganta. Para librarse de la sinusitis o los resfriados no basta con limpiar los conductos nasales con agua salada o arcillosa o con echarse gotas de limón en la nariz; se ha de tratar también el hígado. Tendencia a las hemorragias.– La vitamina K, de efectos antihemorrágicos, sólo se muestra activa en presencia de bilis. Por tanto, una secreción insuficiente de bilis predispone a las hemorragias . Se ha señalado ya que el hígado produce una sustancia denominada fibrinógeno, que contribuye a la coagulación de la sangre. Esta sustancia se transforma en fibrina con la ayuda de la enzima trombina. La carencia de la misma puede llevar a la hemofilia. Esterilidad e impotencia.– La interacción entre el hígado y las secreciones genitales es de sobra conocida, y está claro que cualquier trastorno del primero provocará desórdenes en dichas secreciones. Es interesante saber que, para ejercer plenamente sus efectos , y al igual que la vitamina K, la E (llamada “Vitamina de la fertilidad”) necesita una bilis adecuada y suficiente. Lo que hace daño al hígado Aceite de hígado de bacalao. Junto con el alcohol y las grasas, el aceite de hígado de bacalao se caracteriza por provocar cirrosis e incluso necrosis (muerte) de las células del hígado. Alcohol. No nos detendremos demasiado en este tema: las observaciones científicas han demostrado sin lugar a dudas el peligroso efecto debilitador que el alcohol ejerce en todos los órganos en general y sobre el hígado en particular, pues disminuye la capacidad de purificar la sangre y de suministrar al organismo sustancias protectoras de esta valiosa víscera. Aparte de provocar cirrosis hepática, el alcohol eleva el nivel de colesterol de la sangre y contribuye por tanto a un estado general de intoxicación. También hace perder vitalidad a las vitaminas contenidas en los alimentos, provocando así una insuficiencia vitamínica. Como decía el médico naturista Dr. Eduardo Alfonso: “el alcohol mata los tejidos vivos y conserva los tejidos muertos”. Carne y grasas animales. Es un error creer que la carne es indispensable como fuente de proteínas. En el reino vegetal existe toda una variedad de productos alimenticios tan ricos o más que la carne en lo que a proteínas se refiere.
  19. 19. La carne no sólo contiene proteínas parcialmente utilizadas por el organismo al que pertenecía, sino también otras sustancias derivadas de la desasimilación y los residuos, presentes en el cuerpo del animal en el momento de su muerte. Dichos residuos son venenos muy dañinos para el hígado, al que le resulta extremadamente difícil neutralizarlos. Sorprende, de todas formas, que al dar un vistazo a las entradas “cadaverina” o “putrescina”, fuentes de referencia como wikipedia les concedan tan sólo unas breves líneas. Medicamentos y alimentos químicos. Cualquier sustancia química es ajena al organismo humano y, por tanto, puede considerarse dañina. Una vez introducido directamente en la sangre o a través del aparato digestivo, el producto químico llega inevitablemente al hígado, que debe “humanizarlo” en la medida de lo posible; es decir, neutralizar sus elementos inaceptables y eliminar los residuos de esa síntesis. También debe ocuparse de la evacuación de las células dañadas. Los científicos han inventado productos que denominan “antisépticos”, y cuyo objetivo es destruir lo que consideran dañino para el cuerpo humano. Pero esos productos sintéticos son inertes, carecen de vida, lo que quiere decir que carecen de inteligencia y memoria, y que destruyen indiscriminadamente tanto las propiedades dañinas como las útiles. Sin embargo, los verdaderos “antisépticos” naturales actúan de manera muy distinta. No destruyen. Evitan el nacimiento y proliferación de los elementos dañinos y, al mismo tiempo, fortalecen el organismo. Las sustancias químicas, que contribuyen a corromper el entorno natural, son causa de enfermedades y de desequilibrio generalizado, cuyas evidencias se estudian por fin en todas partes. Debilitan las defensas naturales destruyendo las sustancias protectoras o provocando la inhibición de los centros que controlan el mecanismo de inmunización. A esto se debe el que, al absorberse por vía oral, algunos antisépticos y antibióticos creen una importante cantidad de microbios, que perturban y provocan desórdenes en la flora intestinal. Resultan destruidos casi todos los microbios intestinales, salvo los especialmente resistentes, que se reproducirán prolíficamente, invadiendo los órganos digestivos. El organismo intentará defenderse por medio de la diarrea, pero esto no servirá de nada, a menos que vuelvan las variedades originales y se recobre el equilibrio.
  20. 20. La perturbación de la flora digestiva derivada del empleo de productos antinaturales puede estimular la proliferación de los bacilos y volverlos virulentos. Si no se produce suficiente bilis, no se neutralizarán dichos bacilos en los intestinos y entrarán en la sangre, que los conducirá hasta los riñones o los conductos hepáticos. Su acción hará que la bilis no esté completa. Como carecerá aún de los elementos protectores que debería acarrear luego a los intestinos, la bilis resulta fácilmente corruptible por esos elementos indeseables. Todo esto conduce a una inflamación, que puede provocar la formación de piedras o cálculos. La secreción de bilis disminuye, de manera que se reduce aún más la purificación de los intestinos. Es el comienzo de un diabólico círculo vicioso. La corrupción de la bilis por los alimentos o medicamentos químicos y la consiguiente degeneración contribuye a la putrefacción de los intestinos y a la creación de residuos extremadamente tóxicos. Esos venenos atacan a la bilis ya corrupta, que a su vez infecta los conductos intestinales y aumenta la putrefacción. La experiencia naturista clásica nos dice que, para permitir la reconstitución de un medio normal, es imprescindible excluir todos esos alimentos químicos y medicamentos artificiales. Vacunas. Siempre que se introduce directamente en la sangre una sustancia extraña se canaliza hacia el hígado, que tiene como misión neutralizar a los invasores. El sistema hepático emite anticuerpos y otras sustancias protectoras, pero a la inoculación de vacunas le suele seguir diversos trastornos. ¿Por qué? Porque contribuyen a esclerotizar los tejidos, especialmente los del hígado. Toda sustancia extraña es venenosa para el cuerpo, y cualquier veneno pudre la bilis, que debería permanecer en todo momento pura para poder responder a las necesidades digestivas. Margarinas y aceites procesados. La mayoría de las margarinas existentes en el mercado están hechas a base de grasa. Para que esos aceites se solidifiquen después de licuarse a determinada temperatura tienen que fijar hidrógeno. Para ese fin se les trata con un catalizador, casi siempre níquel, del que quedan algunos restos en el producto acabado. Esta hidrogenación catalítica tiene también como misión desodorizar las grasas animales para que
  21. 21. su olor no le resulte molesto al consumidor. Los restos del catalizador empleado para fijar el hidrógeno ejercen efectos negativos sobre el hígado, que tiene que realizar grandes esfuerzos para neutralizarlos. Este proceso de hidrogenación de las grasas se realiza a costa de destruir determinados ácidos indispensables para la formación de los tejidos. Incluso cuando la margarina está hecha a base de grasas vegetales, no existía la menor posibilidad de evitar el proceso de hidrogenación catalítica. El principal problema radica en que en los procesos de extracción se emplean disolventes químicos y temperaturas lo suficientemente elevadas como para destruir la mayoría de los elementos vivos. Asimismo, a la sustancia oleaginosa empleada en su producción se la suele despojar de su vaina o cáscara para reducir el volumen y, por tanto, los costes del transporte. Esto hace que resulte más ácida y, en consecuencia, que contribuya a aumentar la acidez del aceite o grasa que de ella se extraiga. Como el hígado es parcialmente responsable de mantener el equilibrio acido- básico, lo más seguro es que se vea perturbado por una preponderancia de los elementos acidificantes. Y, lo que es más grave, tanto las margarinas como los aceites industrialmente producidos resultan difíciles de digerir, por lo que el hígado se verá aún más sobrecargado. Pero tenemos una buena noticia: han aparecido por fin margarinas vegetales no hidrogenadas en el mercado… Café y leche. Aún separados, el café y la leche son dañinos para el hígado. Sí es cierto que nadie puede negar el poder nutritivo de los lácteos, pero hay que tener en cuenta que “no es lo que comemos, sino lo que nuestro cuerpo asimila, lo que nos hace fuertes”, y no es éste el caso de la leche, en las personas adultas. Combinados, leche y café resultan doblemente destructivos para el hígado. El café y la leche entran en los intestinos sin digerir y ponen en marcha putrefacciones que la bilis no siempre es capaz de neutralizar. Esta corrupción de los intestinos llega hasta el hígado; la bilis se ha visto tan negativamente afectada que no puede hacer nada para combatir la fermentación pútrida, que llega hasta los órganos vecinos. Azúcar refinado. Al igual que casi todos los elementos aislados artificialmente,
  22. 22. el azúcar blanco industrial, aunque lo extraigan de la remolacha, es un producto desequilibrado, incapaz de sostener ninguna forma de vida. El azúcar refinado no contiene ni elementos protectores ni fermentos necesarios para el organismo, por lo que el hígado se ve obligado a compensar esta deficiencia proporcionando las sustancias que faltan. El ácido oxálico se produce como resultado de la acidificación de los intestinos exigida por la presencia de azúcar. Oxidado en los músculos, el ácido oxálico debe verse neutralizado por el hígado, que se ve así obligado a realizar todavía más trabajos extra. La menor cantidad que escape al hígado entra en la circulación, invade los tejidos y tiene que verse posteriormente eliminada por los riñones. Esto hace que el ácido oxálico sea la causa de los dolores de riñones y de la aparición de sangre en la orina. Cabe asimismo señalar que, al igual que el ácido úrico, se encuentra presente en la mayoría de los casos de reumatismo, migraña, trastornos nerviosos y fatiga. Pan blanco. Dado que se compone en gran medida de almidón y está saturado de levadura química, el pan blanco (o “no integral”) está totalmente desvitalizado y carece del mínimo valor nutritivo, sirviendo fundamentalmente para formar gases. Al eliminar el salvado se tira un 80% del fósforo y el calcio, así como muchos fermentos necesarios para la digestión de los elementos nutritivos del trigo. La cáscara de los cereales es además la parte más vital de los mismos , ya que es la que permanece más tiempo expuesta a las radiaciones solares. Pero aún más negativa para la salud es la extracción del germen, en donde se encuentra la totalidad de las vitaminas del grupo B. Estas insuficiencias de fermentos y vitaminas obligan al hígado a realizar un gigantesco esfuerzo para suplir dichos elementos esenciales. La tarea es tan desproporcionada que, antes o después, llegan a producirse lesiones internas e incluso accidentes mucho más graves. Tabaco. El número de complicaciones debidas a envenenamiento por causa del tabaco es tan elevado que resulta incluso difícil de creer. Y produce un trabajo extra en el hígado, sobre el que no nos extenderemos: todo el mundo sabe que es un producto a eliminar.
  23. 23. Malos hábitos que afectan al hígado Fatiga. Tanto si es de carácter físico como intelectual, el exceso de trabajo lleva a la producción de toxinas peligrosas para el organismo. El hígado realiza un gigantesco esfuerzo intentando neutralizarlas. Si se trata de una situación puramente temporal, los trastornos no serán muy pronunciados; pero si la actividad desarrollada supera las posibilidades del organismo, las consecuencias pueden llegar a ser muy serias. Las toxinas de los músculos o los nervios impregnarán los tejidos, a menos que se neutralicen y eliminen enseguida, ya que su acumulación provocará enfermedades como una parálisis derivada de la esclerosis de los tejidos nerviosos o del endurecimiento de la médula o tuétano, que son de temer cuando se sobrecarga a un hígado hiperactivo por encima de unos límites razonables. Los guisos elaborados. La fermentación es necesaria para asegurar la transformación de los alimentos. Pero éstos contienen ya algunos de los elementos fermentadores que, juntos con las enzimas, pueden resultar destruidos por métodos de cocinado largos y complicados. Cuando la dieta se compone fundamentalmente de alimentos muy cocinados, el hígado tiene que ampliar aún más sus esfuerzos habituales para producir los fermentos que faltan y mantener sus intentos de neutralizar sustancias que, debido a la falta de fermentación, no se están digiriendo bien. Elegir un buen tipo de cocción. En la revista insistimos en descartar el uso de microondas (ver bibliografía) y reducir en lo posible el uso de ollas a presión. El usar ollas a presión significa el empleo de temperaturas muy elevadas, lo que anula el valor de algunos aminoácidos indispensables para el funcionamiento correcto del hígado. Exceso de comida. Comer demasiado pone en tensión al hígado por el constante esfuerzo que ha de hacer para librarse del exceso de alimentos. Para neutralizar la comida nitrogenizada, el hígado la transforma en ácido; y este exceso de ácido puede destruir el equilibrio acido-básico si los riñones no lo eliminan rápidamente. El hígado tendrá que intervenir una vez más y hacer un esfuerzo extra para restablecer el equilibrio en peligro. Eso hace que se agote; algunos de los síntomas o manifestaciones de este fenómeno son la
  24. 24. somnolencia (en los niños), o un estado de nerviosismo que puede llevar a una crisis. La vida sedentaria. La falta de ejercicio es negativa para el organismo y pone en peligro su equilibrio. El hígado es uno de los órganos más perjudicados. Como los pulmones no están estimulados a eliminar adecuadamente, se canaliza hacia el hígado todo lo que no eliminan, y el hígado ¡también! se ve obligado a compensar esta deficiencia imprevista. La falta de ejercicio es especialmente dañina para las personas que padecen de estreñimiento, lo que, una vez más, significa más trabajo para el hígado, ya que tiene que reciclar los residuos no evacuados. El ejercicio regular facilita y acelera la eliminación, reduciendo la masa de los residuos a neutralizar. El cuidado del hígado con métodos naturales La curación de un hígado dañado puede exigir semanas, meses o incluso años de atenciones constantes. Para ello, conviene poner en práctica unas cuantas cosas, siendo la primera y más importante el llevar una vida sana. Se debe cuidar sobre todo la alimentación. También nos serán muy importantes y útiles el sol y otros recursos naturales, y el ejercicio. La alimentación Cambio de los hábitos alimenticios. El cambio de alimentación debe ser gradual, pues no siempre es conveniente renunciar a los malos hábitos alimenticios de golpe. No obstante, esto excluye elementos destructores tales como el alcohol, la carne, las grasas animales y los alimentos enlatados, que se deben eliminar de la dieta lo antes posible. La idea de “hacer régimen” no favorece en nada la recuperación de un estado de ánimo tranquilo y relajado. Todo aquel que “siga un régimen” seguirá siendo una persona física y mentalmente enferma. No hay muchas formas de alimentarse, sino sólo dos, la buena y la mala, lo que es aplicable a todo el mundo, tanto a los sanos como a los enfermos. Por descontado, tanto la preparación de los alimentos como su presentación son de la máxima importancia. En el comer deben tenerse en cuenta no sólo las demandas o exigencias del entorno y el estado físico de la persona en cuestión, sino también sus necesidades emocionales y espirituales.
  25. 25. Crudos. Siempre que sea posible deben tomarse los alimentos crudos. Si no se toleran bien las verduras y hortalizas crudas, se empezará con una cantidad pequeña, que se irá incrementando gradualmente. Los intestinos irritados tienen dificultad para asimilar los alimentos crudos; no obstante, ese estado se mejorará recurriendo a un tratamiento natural. Mientras tanto, cabe acelerar el proceso curativo mediante el empleo de zumos y verduras suaves. El zumo de zanahoria es beneficioso para la función secretora del hígado, pues hace que la bilis sea más fluida. Tómese un vaso en ayunas y/o antes de las comidas. Cuando sea la época, tómese un vaso de zumo de fresas, grosella, uvas o medio de zumo de coles. Hay excelentes combinaciones de estos zumos con manzana, por ejemplo. También se pueden comer verduras y cereales hervidos, pan integral y pequeñas cantidades de productos lácteos, teniendo cuidado de su preparación y de combinarlos bien con otros alimentos. Hemos puesto un ejemplo de menú en la pág. 00. Tipos de cocción. En sus libros y artículos sobre cocina energética (ver pág. 98 y cada mes la revista “Cocina vegetariana”), Montse Bradford recomienda los estilos y tipos de cocción más saludables, y a ellos os remitimos. Bradford recomienda también eliminar por completo de nuestra cocina el horno microondas, un artilugio que desnaturaliza por completo el valor nutritivo de los alimentos. ALIMENTOS BENEFICIOSOS PARA EL HIGADO Alimentos naturales Determinados alimentos son beneficiosos para el hígado en particular y para la salud en general. No obstante, algunas veces provocan reacciones negativas en un principio. Los aparentes trastornos derivados de comer verduras y hortalizas como las espinacas, guisantes, cebollas, alcachofas y otras no nos indica que sean enemigas del hígado, sino más bien que no lo tenemos en disposición de recibir algunos de los elementos que contienen. Se puede ir uno acostumbrando poco a poco a hortalizas y verduras que antes no toleraba. Si, por ejemplo, el aceite de oliva le provoca náuseas, no se
  26. 26. obligue a tomarlo. En lugar de ello, vaya introduciendo cantidades pequeñas en las salsas y aliños, preferentemente mezcladas con otro aceite que sí sea de su agrado. Luego vaya aumentando poco a poco la cantidad de aceite de oliva hasta llegar a poder tomarlo solo. Aquellos a quienes no les gusten las aceitunas negras pueden irlas introduciendo en pequeñas cantidades en platos guisados o tomarlas con pan untando con un poco de mantequilla fresca. Algunas personas no toleran bien las espinacas, algunos frutos secos, las cebollas u otras verduras y hortalizas. En ese caso se irán introduciendo gradualmente en las comidas. Un buen método es echar espinacas crudas a las ensaladas; la reacción será menor debido a que la cantidad inicial es relativamente pequeña, y al poco tiempo se tolerará perfectamente las espinacas que al principio parecerían repulsivas. Los zumos de frutas y verduras constituyen un magnífico medio de ir introduciendo poco a poco los alimentos crudos. No obstante, cuando el intento de introducir un alimento natural haya fracasado, lo mejor será esperar y, antes de volver a probar, asegurarse de que el tratamiento a base del mismo ha dado buenos resultados. Sin embargo, algunas personas no llegan a tolerar nunca determinados alimentos. Si, por ejemplo, una cucharada de miel o un bocadito de queso provocan náuseas, lo mejor es no insistir y renunciar a su empleo. Aceite de oliva como remedio De todos los aceites, el de oliva es sin duda alguna el más beneficioso para el hígado; no obstante, debería extraerse a presión y en frío, sin utilizar calor ni disolventes químicos. La mayoría de aceites de oliva que no lleven la etiqueta de “garantizada su extracción en frío” se elaboran utilizando calor y disolventes químicos. Luego se refinan, lo que disminuye aún más su valor nutritivo, ya que el proceso de refinado provoca la pérdida de vitaminas A y E y otras valiosas sustancias. Además, el auténtico aceite de oliva natural no se pone rancio. El aceite de oliva extraído por presión y en frío conserva todos sus fermentos naturales, se digiere perfectamente y es la mejor fuente posible de grasas y colesteroles sanos para el organismo. Es un excelente estimulante y un magnífico remedio para el hígado, especialmente en casos de piedras o cálculos en la vesícula y de otras manifestaciones de congestión hepática. Es
  27. 27. asimismo uno de los mejores laxantes naturales. El aceite de oliva resulta especialmente beneficioso si se mezcla con una cantidad igual de zumo de limón y se toma por la mañana en ayunas. Según la edad y grado de tolerancia, se puede tomar entre una y tres cucharadas. El principio básico de todo método natural es la no violencia, lo que equivale a una vuelta al viejo precepto de Hipócrates: “Ante todo, no hacer daño.” En algunos casos se puede ir aumentando poco a poco la ingestión de la mezcla de aceite de oliva y limón, pero siempre asegurándose de que la cantidad se mantiene dentro de los límites de lo tolerable. Al cabo de tres semanas, interrumpa el tratamiento durante una entera y vuelva a reanudarlo una semana sí y otra no a lo largo de tres meses. El pan integral El verdadero pan integral debe hacerse con levadura madre (sin química de síntesis) y, sobre todo, con harina integral; es decir, con una harina que no haya sufrido procesamiento alguno, nada que implique añadirle o sustraerle algo y sin puratos ni aditivos T500. Ni que decir tiene que el trigo del que procede será de la agricultura biológica (ecológica). Algunas veces, sobre todo al principio de una alimentación natural, se puede tolerar un ligero cribado, pero éste no debería despojar a la harina de más del 10-15 % del salvado. El pan “integral” elaborado con harina refinada, salvado, germen de trigo, y ocasionalmente “enriquecido” con sustancias químicas, no se diferencia del pan blanco normal y corriente, excepto en el precio. Finalmente, ha de cocerse en un horno equipado con un sistema de calentamiento exterior; los sistemas de calentamiento directo, como el gas, pueden dejar en el pan residuos nocivos. La fruta La fruta es más que favorable para el hígado; si algún tipo de fruta, como las fresas, provoca reacciones inusuales, es normal que se trate de una señal curativa y que cualquier trastorno sea puramente temporal. Algunos frutos son especialmente beneficiosos. Ante todo conviene valorar y administrar limón, que estimula, alivia la congestión y purifica el hígado. Hay
  28. 28. personas aquejadas de problemas hepáticos que no pueden tolerar los remedios a base de plantas y hierbas y que se sienten sin embargo perfectamente a gusto con las curas de limón. El limón ayuda sobre todo a la digestión, debido a la reacción biliar que provoca y puede tomarse de mil maneras, mézclese por ejemplo el zumo de medio limón en una taza de agua caliente con o sin miel. Tómese durante el día zumo de limón mezclado con agua; la cantidad que se beba diariamente dependerá del grado de tolerancia. El limón debe sustituir al vinagre en toda clase de aliños. Incluso la cáscara de este fruto maravilloso constituye un magnífico remedio para los casos de insuficiencia hepática, pudiendo rayarse y añadirse a las ensaladas… a condición de que sea bio y esté bien limpia. Las naranjas que hayan madurado de manera natural estimulan todas las funciones hepáticas; igual que las uvas, que ayudan a la eliminación de las piedras o cálculos, al tiempo que estimulan la evacuación. Elegiremos las aceitunas negras, que se pueden comer sin necesidad de preparación alguna. Su conservación en salmuera no altera sus propiedades, pero se pueden enjuagar brevemente con agua para que pierdan la sal y servir aliñadas con aceite de oliva. Todas las bayas frescas son un excelente alimento. Grosellas, la laxante uva espina, las depurativas fresas… Y cuando es temporada, las castañas son de especial utilidad para todos los que padezcan de bilis en la sangre. La frambuesa se recomienda en los casos de fiebre provocada por trastornos biliares o gastrointestinales. El arándano es inigualable como desinfectante de los intestinos. Es astringente, pero no provoca estreñimiento, sino que regula la frecuencia y consistencia de las deposiciones. Casi todas las demás frutas son excelentes, salvo los plátanos madurados artificialmente (o cogidos antes de estar del todo maduros), que tienen muy poco que ver con el fruto que haya madurado de manera natural. Incluso el tomate, a medio camino entre la fruta y la hortaliza, ayuda al hígado a realizar su función de neutralización de los venenos y de encauzamiento correcto de las sustancias residuales. Hortalizas y verduras
  29. 29. Existen numerosas verduras y hortalizas que actúan como agentes protectores y fuentes de energía. Al igual que la fruta, las hortalizas deberían tomarse crudas siempre que se pueda: es el mejor medio posible de conservar sus elementos vivos. La alcachofa se recomienda sobre todo como tónico para la membrana mucosa que recubre el hígado, y también contribuye a reforzar la función antitóxica de éste. El diente de león es excelente para estimular todas las funciones del hígado. Incrementa la producción de bilis y participa en la eliminación del colesterol y de las impurezas de la sangre. Gracias al manganeso que contiene, es también un activo remedio contra las piedras o cálculos de vesícula. Como los rábanos son muy eficaces en la tarea de liberar las toxinas presentes en el hígado, resultan especialmente adecuados para curar la ictericia. Al igual que los puerros, las cebollas son muy ricas en sales minerales, que ayudan a aumentar la secreción glandular. También contienen diversos elementos protectores y ayudan a curar la diabetes. Tanto el ajo como las coles y las cebollas son muy ricos en azufre, mineral necesario para que el hígado pueda realizar su operación de síntesis. El espárrago, que contiene nitratos, ayuda a reducir las inflamaciones, mientras que, gracias a su manganeso, contribuye asimismo a purificar el hígado. La remolacha es un excelente tónico. Las zanahorias ayudan a formar la sangre y también a hacer la bilis más fluida, incrementando así la cantidad segregada. Su caroteno presta asistencia al hígado en la tarea de aislar la vitamina A. La achicoria estimula también la secreción de bilis. El apio sirve para purificar el hígado; sus hojas ayudan a curar la ictericia. Los puerros son ricos en sales minerales y ayudan a regenerar las células del hígado. Sus virtudes antisépticas prestan asistencia a la bilis en la tarea de conservar los intestinos limpios. Todas las demás verduras y hortalizas pueden utilizarse sin limitación alguna, salvo cuando desencadenan reacciones muy intensas, en cuyo caso habrá que irlas introduciendo poco a poco en las comidas. Productos lácteos y animales
  30. 30. En general la leche cruda no es buena para el hígado, especialmente cuando se trata de adultos, porque a esa edad el estómago no segrega ya el fermento necesario para una rápida predigestión de la leche. Si se desea tomarla sin problemas, lo mejor es beber, un poco después de su ingestión, unos sorbitos de zumo de limón, porque contribuirá a activar el proceso de coagulación. Una vez coagulada, la leche es saludable y fácil de digerir. El yogur, si está bien elaborado, es favorable y equiparable a la leche agria, que sirve para combatir el estreñimiento. Cuidado: si se consume leche agria con regularidad, lo mejor será colar el líquido ácido y tomar sólo la parte coagulada. Los quesos pueden tomarse, en cantidades moderadas, por ejemplo día sí y día no, y sólo si han sido naturalmente fermentados. Conviene huir de los quesos industriales, tan extendidos en el mercado. La mantequilla cruda puede tomarse con pan muy de vez en cuando, pero sólo si es natural y no ha estado almacenada en el frigorífico del expendedor durante meses y meses. La mejor mantequilla es la procedente de explotaciones agrícolas que no empleen ni antibióticos ni pesticidas. El valor nutritivo de los huevos es muy alto; por ejemplo, en relación a las proteínas, son las únicas que contienen todos los aminoácidos. Consumiremos sólo huevos bio de granjas ecológicas, que provengan de gallinas criadas en libertad y con buen alimento. ¿Son desaconsejables los huevos procedentes de gallinas enjauladas? Juzgad vosotros mismos: están sometidas a una luz artificial constante y alimentadas con productos artificiales y antinaturales como las harinas de pescado, piensos compuestos y sobras, a menudo mezclados con antibióticos. En todo caso los huevos son un alimento muy fuerte, que ha de tomarse con moderación (unos 3-4 a la semana como máximo). La miel estimula y rehabilita el hígado con excelentes resultados. La miel de romero es preferible a todas las demás, y se recomienda en todos los trastornos hepáticos. Las plantas aromáticas Contribuyen a estimular los sentidos y participan activamente en las distintas etapas del proceso nutritivo: digestión, transformación, síntesis, distribución,
  31. 31. fijación, neutralización de las sustancias residuales y eliminación. Nos ayudan a mantener los intestinos limpios y favorecen la flora digestiva; también estimulan las glándulas endocrinas y salivales. Algunas son especialmente recomendables en lo que al hígado se refiere, como el romero, seguido del tomillo, el perifollo, el apio, el estragón y la cebolla. Hay bastantes más que dan también excelentes resultados, como puerros, cebolletas, hinojos, el comino, las alcaparras (no en vinagre), la nuez moscada, el clavo, los rábanos, el tomillo silvestre y el azafrán. (puede ser un recuadro resumen) El hígado y los alimentos Alimentos recomendados - Todas las frutas del tiempo, sean dulces o ácidas. - Todos los frutos secos, siempre que hayan sido desecados al sol. - Todos los cereales: trigo integral, cebada con cáscara, arroz integral , mijo, centeno, avena, maíz, alforfón, pan de trigo integral hecho con levadura natural, fideos de harina integral, crema de cereales, galletas hechas con harina integral, pan de centeno. Incluimos aquí también la quinoa, aunque propiamente no sea un cereal. - Todas las verduras y hortalizas, tanto crudas como hervidas, en sopas , caldos, etc. - Las plantas aromáticas. - Las aceitunas negras. - El aceite, preferentemente de oliva y en cualquier caso vegetal, extraído en frío y que sea lo más puro posible (de primera presión). - La sal. - La miel, a ser posible de montaña, o miel de romero. - Los zumos y jugos de frutas, frescos y naturales (hechos al momento), y tomarlos, siempre bebidos a pequeños sorbos y lentamente, mejor en ayunas o fuera de las comidas. El zumo de zanahorias (o mixto, con manzana) es muy adecuado; el zumo de limón, también un gran benefactor del hígado, es preferible no diluirlo con agua. - Las tisanas de plantas medicinales, como el tomillo o el romero. Hay una receta para cada caso, hemos elegido algunas (ver págs. 00-00).
  32. 32. Alimentos que conviene utilizar con moderación - Proteína vegetal: tofu, tempeh y otros derivados de la soja, así como el seitán de trigo. - Los huevos frescos: 2-3 a la semana; procedentes siempre de granjas ecológicas, con gallinas criadas de manera natural y a base de grano. - Lentejas, guisantes y judías, preferentemente frescos. Si están secos, conviene que no tengan más de un año. - Cuscús, sémola y el trigo bulgur. - La repostería hecha en casa, endulzada de manera natural, con productos de absorción lenta: siropes de cereales o de frutas, melazas, ágave, arce. - Los productos lácteos: la leche agria, los quesos, la mantequilla fresca (en pequeñas cantidades, extendida sobre el pan o acompañando a un plato de verduras). - Los sustitutos del café, como la malta de cebada o los preparados con achicoria. - Las mermeladas, siempre que no hayan sido elaboradas con azúcar. Alimentos perjudiciales para el hígado - Toda clase de carnes, incluidos los caldos de carne. - Todos los tipos de grasas animales o fabricadas industrialmente. - La mantequilla pasteurizada y los aceites no extraídos en frío. - El pescado. - Los alimentos enlatados o guisados en olla a presión. - El pan no integral y todos los productos elaborados con harina refinada. - El arroz sin cáscara y los cereales no integrales. - Los azúcares y edulcorantes industriales. - La sal refinada, y la pimienta. - La leche (ver comentario). - Las verduras, hortalizas y frutos deshidratados o desecados artificialmente. - Todas las bebidas alcohólicas, las sustancias químicas y el tabaco. Fin posible recuadro
  33. 33. Siguen otros posibles recuadros Ejemplo de menú para un día El menú que proponemos está orientado a la recuperación de personas con trastornos de hígado, convalecientes, o en caso de personas sanas que hayan elegido unos días de dieta un poco más estricta. Desayuno. Elegir entre: - fruta fresca o frutos secos - pan integral con miel o mantequilla - sopa de verduras, acompañado de una tisana de tomillo o romero, o de un vaso de agua y una cucharada de aceite de oliva con un poquito de zumo de limón. En su momento, Raymond Dextreit recomendaba tomar el vaso de agua con un poquito de arcilla terapéutica; resultaba muy útil, gracias a las asombrosas propiedades de la arcilla, si bien hoy podemos lograr muy buenos resultados, de forma equivalente, con medio vaso de zumo de manzana con aloe vera. Almuerzo de mediodía - fruta del tiempo - ensalada combinada de verduras y hortalizas (ver receta), seguida de: - plato de cereales o bien verduras hervidas (ver recetas), acompañado de alguno de estos alimentos: queso, leche agria, frutos secos, miel o pastas hechas en casa. Cena (siempre dos horas antes de acostarnos) - fruta del tiempo - sopa de verduras (opcional) - verduras y hortalizas hervidas (opcional) - verduras y hortalizas frescas con cereales - leche agria o miel Emplearemos siempre harina integral, con un buen grado de molienda y obtenida de forma natural, con el germen y sin adición posterior de salvado. Para el pan, siempre elaborado con levadura madre, descartando por completo los panes a base de masas congeladas, omnipresentes en hipermercados y gasolineras. En caso de trastornos hepáticos o digestivos, podemos elegir harina integral
  34. 34. 85% o bien harinas y pan de centeno. Tomar queso o leche agria una vez al día como mucho. Fin posible recuadro Algunas recetas básicas Crema de trigo Utilizaremos un trigo que no haya sido molido demasiado. Lo mejor sería molerlo uno mismo con un molinillo eléctrico de café o un molinillo de mano; comienzan a verse bastantes equipos en el mercado. Siempre que pueda, hágalo justo antes de cocinarlo, porque cuanto más fresco esté mejor será. Échelo en una cacerola, añada un pellizquito de sal y agua suficiente (pruebe con 1 parte de trigo por cada 3 de agua). Ponga la cacerola a fuego alto y agite continuamente el contenido con una cuchara de palo, para evitar que se pegue. Estará listo tan pronto como la crema cambie de color y aparezcan burbujas en la superficie. Vierta la masa en un cuenco y añada una cucharadita de miel y otra de almendras machacadas. En caso de estreñimiento, este plato es adecuado para combatirlo. Ensalada combinada de verduras y hortalizas Es el plato clásico con un gran surtido de verduras y hortalizas crudas: zanahorias, nabos, remolacha, rábanos y salsifí rallados; champiñones, cebollas, tomates y rabanitos en rodajas; y verduras de hoja verde: coles, espinacas y acelgas cortadas a tiras. Se aliña todo junto o por separado con: aceite de oliva, sal (preferiblemente gomasio con algas molidas), zumo de limón, aceitunas negras, unas gotitas de shoyu o tamari (diluidos con un poco de agua), ajo machacado y perejil, adornado con perifollo, rodajas de cebolla y hojas de romero y estragón. Conviene poner cada vez el acento en una verdura u hortaliza diferente y de esta forma podemos obtener una variedad de platos casi ilimitada. Plato de cereales Vierta un poquito de aceite de oliva en una olla de porcelana y añada cebollas
  35. 35. cortadas en trocitos, champiñones (opcional), tomates del tiempo, y luego un cereal a elegir, puede ser arroz integral, cebada con cáscara, trigo, alforfón, mijo o cuscús. Se añade agua (pruebe con 1 parte de cereal por cada 1 y ½ de agua, o ligeramente más), sal, alguna planta aromática (tomillo, laurel, nuez moscada, etc.). Se deja todo a fuego lento hasta que esté hecho. Verduras hervidas Emplearemos preferentemente verduras del tiempo. Guíselas con muy poca agua en un recipiente de porcelana o barro (evitar la olla a presión). Eche en él algo de aceite o añádalo antes de servir. Si no hay verduras del tiempo, sustitúyalas por fideos de harina integral, patatas o algún preparado a base de cereales. Hierbas y plantas medicinales recomendadas Recuadro general Preparación de tisanas con fines curativos En la revista damos numerosas recetas y consejos recetas para la preparación de tisanas (“tés de hierbas”) e infusiones muy variadas. Precisamente por ello hay que tener en cuenta que las plantas varían mucho entre sí y el método indicado para cada una de ellas en particular es el más adecuado para extraer y proteger sus activas virtudes curativas. Las decocciones se preparan depositando los ingredientes en un recipiente con agua fría y calentándolo luego hasta que hierva. Si no se especifica plazo de tiempo, habrá que retirarlo de/fuego tan pronto como el agua rompa a hervir y dejarlo todo reposar durante un determinado período de tiempo. En las infusiones se espera a que el agua rompa a hervir, agregando las plantas inmediatamente después de retirar el recipiente del fuego. El principio general es que las raíces se hierven brevemente; la planta entera y las semillas se retiran en cuanto el agua rompe a hervir y las hojas y flores se preparan en infusión. Lo mejor es utilizar una sólida tetera de porcelana o vidrio (pyrex, o alguna otra marca resistente al fuego). El acero inoxidable es también aceptable, pero nunca el aluminio, y en cuanto a los recubrimientos tipo teflón sólo serán aceptables los de tipo ecológico (libres de PFOA o materiales químicos peligrosos). Si no logra encontrar alguna de las plantas recomendadas, puede consultar un buen libro de plantas medicinales (como el del P. Font i Quer, o los del Dr. J.L. Berdonces) y sustitúyala por otra con propiedades similares.
  36. 36. Siempre que pueda, emplee agua mineral o de manantial. Cuando prepare un té o infusión para fines medicinales, evitaremos endulzarlo; como mucho se le puede añadir un poquito de sirope o melaza. En general, la dosis será siempre la misma tanto si la planta está seca como si no. Las plantas recién cortadas abultan más que las secas y, por tanto, en la misma medida (cucharadita, puñado, etc.) habrá menos cantidad. En cambio, sus virtudes vitales serán mucho más activas que en las plantas secas. Medidas para niños y para adultos Las dosis que indicamos son para adultos. En el caso de los niños, habrá que diluir la infusión ya preparada, añadiéndole algo de agua. Para un niño de menos de 1 año, utilice 1 parte de tisana por cada 4 de agua. Para un niño de 1 a 3 años, 2 partes de tisana por cada 3 de agua. Para un niño de 3 a 5 años, 2 partes de tisana por cada 2 de agua. Para un niño de 5 a 10 años, 4 partes de tisana por cada 1 de agua. Para niños mayores de 10 años no hay por qué diluir la preparación, pero sí suministrársela en una tacita pequeña. En el caso de algunas personas adultas, y según sea su sensibilidad, puede haber también necesidad de reducir la dosis. El método básico es empezar con media dosis e ir aumentándola gradualmente de acuerdo con su grado de tolerancia. Pueden prepararse cantidades inferiores a las especificadas en las recetas; pero cuando reduzca las cantidades de plantas y de agua, asegúrese de que las proporciones respectivas siguen siendo las mismas. un pellizquito = 2 o 3 g una cucharadita = 5 g una cucharada = 10 g una cucharada colmada 15 g un puñado = 30-40 g 25-30 g fin recuadro Romero (Rosmarinus officinalis) El romero es uno de los mejores remedios para toda clase de trastornos hepáticos. Su acción suave y su agradable sabor hacen que incluso los niños lo tomen con gusto. Como estimula el hígado e incrementa y hace más fluida la bilis, el romero se recomienda sobre todo para combatir los casos de congestión del hígado, insuficiencia biliar, ictericia obstructiva, cirrosis e hidropesía común, acompañada de un aumento del tamaño de esta víscera. La parte utilizada es el tallo completo, incluyendo la flor; y la dosis oscila entre una cucharadita o una ramita entera, dependiendo de la edad y gusto personal.
  37. 37. Esta dosis se vierte en una taza de agua hirviendo y se deja reposar unos 10 minutos. Tómese una taza antes o después de las comidas. Siempre que sea posible, endúlcela con un poquito de miel de romero. Esta infusión es agradable al paladar y ayuda a la digestión. También utilizaremos el romero como planta aromática en las recetas de cocina. Tomillo (Thymus vulgaris) Con el tomillo podemos preparar también una agradable infusión, que favorece tanto la digestión como la asimilación de los alimentos, al estimular la secreción de bilis y prevenir la formación de fermentaciones pútridas. Se prepara y toma exactamente igual que el romero. Alcachofa (Cynara scolymus) Las hojas de alcachofa estimulan el hígado y tonifican sus células. Permiten que el colesterol natural producido por el organismo se vaya acumulando en la sangre. Se recomiendan sobre todo para enfermedades tales como la ictericia, la hidropesía y los trastornos renales derivados de una insuficiencia hepática o biliar. Se las dejará reposar durante 10 minutos en una taza de agua hirviendo (dos o tres hojas), y se tomará la infusión resultante antes de las comidas. Raíz de espárrago (Asparagus officinalis) La raíz del espárrago puede utilizarse con éxito en los casos de ictericia y de cualquier otra dolencia del hígado. Viértase 30 g de la raíz en un litro de agua. Déjese a fuego lento durante 10 minutos y bébase la infusión resultante a lo largo de un período de uno o dos días. Las flores de caléndula (Calendula officinalis) son especialmente recomendables para combatir la ictericia y la congestión hepática. Purifican la sangre y estimulan las funciones del hígado. Viértase una cucharadita en una taza de agua hirviendo y déjese reposar unos 10 minutos. Se deberá tomar una tacita antes de cada comida. La flor fresca puede mezclarse con las ensaladas. Las flores de la lila (Syringa vulgaris) son de gran utilidad para aliviar un hígado congestionado. Viértase de 3 a 6 hojas en una taza de agua, que deberá hervir
  38. 38. 2 minutos y reposar otros 5. Tómese una tacita antes de cada comida. Boj (Buxus sempervirens). Las hojas de boj son sumamente eficaces en todos los casos de trastornos hepáticos acompañados de fiebre intermitente. Viértase l cucharadita en una taza de agua, haciéndola luego hervir durante 2-3 minutos y reposar otros 10. Deberá tomarse una tacita antes de cada comida; es decir, 2 ó 3 veces al día. Fumaria (Fumaria officinalis). Se utiliza la planta entera; esto es, el tallo y la flor. Es un excelente remedio contra la ictericia y para descongestionar el hígado. Viértase una cucharadita en una taza de agua hirviendo. Déjese reposar 10 minutos y tómese antes de las comidas o en el momento de acostarse. La aspérula (Asperula odorata) estimula el hígado y aumenta la secreción de orina. Se recomienda sobre todo para combatir la ictericia y las infecciones renales relacionadas con el hígado. Viértase 1 cucharadita en una taza de agua hirviendo; déjese reposar 10 minutos. Se tomará 3-4 veces al día. El poleo (Mentha pulegium) es una variedad de menta silvestre que estimula las funciones biliares. Tómese 2 ó 3 tazas diarias entre, antes o después de las comidas. La dosis es de una cucharadita por cada taza de agua hirviendo. Se dejará reposar unos cuantos minutos. Las hojas de olivo (Olea europaea) favorecen las funciones hepáticas y facilitan la eliminación de los cálculos o piedras de la vesícula. Viértase un puñadito en un cazo con agua, que se calentará hasta que rompa a hervir. Luego se dejará reposar unos 10 minutos y se tomará todas las veces que se desee. Pan y quesillo (Capsella bursa-pastoris). Esta planta ayuda a disolver y a eliminar los cálculos de vesícula. Se recomienda sobre todo para frenar las hemorragias de los canales biliares. Viértase un puñadito en un cazo de agua. Caliéntese hasta que rompa a hervir y, al cabo de un minuto o dos, retírese del fuego. Se deberá dejar reposar durante 10 minutos. Tómese entre comida y
  39. 39. comida 3-4 tazas al día. La manzanilla (Matricaria chamomilla) es excelente para los casos de destrucción o de los canales biliares acompañados de una hinchazón del hígado y de un aumento de tamaño del bazo. Viértase de 3 a 4 flores en una taza de agua hirviendo y tómese antes de las comidas o bastante tiempo después de haber comido. Diente de león (Taraxacum officinale). Esta planta tiene un sabor bastante amargo, pero merece la pena utilizarla ampliamente, tanto su raíz como sus hojas. Viértanse 30-60 g en un litro de agua, que se calentará hasta que rompa a hervir y se dejará luego al fuego unos cuantos minutos más. Tómese 3 veces al día antes de las comidas. El diente de león se recomienda sobre todo en casos de congestión e inflamación del hígado, atonía de los canales biliares o insuficiencia hepática. Ejerce también un adecuado efecto diurético. Si se trata de la planta fresca, podemos incluso añadirlo a las ensaladas con moderación. Centaura menor (Centaurium umbellatum). Existen dos variedades recomendables de esta planta, la centaura americana y la europea. Ambas dan excelentes resultados en el tratamiento de las congestiones hepáticas. Viértase un puñadito de raíz de centaura americana en una olla de agua. Hiérvase durante 2 minutos y déjese reposar otros 10. Se deberá tomar una taza por las mañanas antes del desayuno y otra antes de las otras dos comidas diarias. Si se emplea centaura europea, viértase un puñadito de hojas en agua hirviendo. Déjese reposar entre 10 y 15 minutos. Se deberán tomar 3 tazas al día, siempre antes de las comidas. Agrimonia (agrimonia eupatoria). Se emplea sobre todo para combatir las dolencias crónicas del hígado. Tómese de 3 a 5 tazas diarias, entre comida y comida. Para preparar la correspondiente infusión, se vierte una cucharadita de las hojas en trocitos en una taza de agua, que se calentará hasta que rompa a hervir y se dejará 2 minutos más al fuego. Luego se deberá apartar y dejar
  40. 40. reposar otros 10. La saponaria (Saponaria officinalis) excelente para los casos de obstrucción del hígado. Viértase una cucharadita de hojas o raíces de esta planta en una taza de agua. Caliéntese hasta que rompa a hervir, tras lo cual se dejará 2 minutos al fuego y se colará inmediatamente a través de un filtro. Tómese una tacita de esta infusión antes de cada comida (3 veces al día). La verónica (Veronica officinalis) se utiliza cuando el hígado está congestionado, en casos de ictericia o cuando la bilis se mezcla con la sangre. Viértase 1 cucharadita en una taza de agua hirviendo y déjese reposar breves momentos. Se deberá tomar 3 veces al día. La ulmaria o reina de los prados (Filipendula ulmaria) está especialmente indicada para los casos de insuficiencia hepática en pacientes nerviosos. Hiérvase una taza de agua y añádase una cucharadita de las hojas en trocitos. Luego se dejará reposar durante 10 minutos. Tómese de 3 a 5 veces al día. La achicoria (Chichorium intybus) es recomendable sobre todo para las personas dotadas de un temperamento “bilioso” y también para las aquejadas de presencia de bilis en la sangre. Viértase una cucharada de las hojas o raíces de esta planta (cortadas en trocitos pequeños) en una taza de agua. Caliéntese hasta que rompa a hervir y déjese otros 5 minutos al fuego. Se tomará una taza antes de cada comida. Para casos de estreñimiento derivados de una insuficiencia hepática Espino albar (Crataegus oxyacantha). Esta planta es uno de los estimulantes más sencillos y activos para el hígado y los intestinos. Utilizaremos 1-2 cucharaditas (según la persona) por cada taza de agua. La ponemos a hervir y dejamos a fuego lento unos 15 minutos. Añadimos un pellizquito de anís verde para impedir la formación de gases. Una taza de esta decocción antes de acostarnos debería ser suficiente para lograr buenos resultados, pero si es
  41. 41. necesario puede tomarse otra por la mañana, en ayunas. El ruibarbo (Rheum rhabarbarum) es un magnífico laxante, y sirve también para estimular los intestinos y el hígado. Agracejo (Berberis vulgaris). Su raíz y corteza son laxantes y ejercen un efecto estimulante sobre el hígado. Viértase un puñadito en un cazo de agua. que se calentará hasta que rompa a hervir y se dejará reposar durante 10 minutos . Utilícese como cualquier otra infusión. Diente de león (Taraxacum officinale). Ya comentada anteriormente, esta planta es una de las grandes plantas benefactoras del hígado, se prepara vertiendo un puñadito en un cazo de agua, que se calentará hasta que rompa a hervir y se dejará a fuego lento durante 20 minutos, y luego otros 10 reposando. El líquido resultante se podrá beber a lo largo de un período de dos días, siempre que se desee. Tisanas preparadas con combinaciones de hierbas y plantas medicinales A veces una combinación de plantas medicinales combate más eficazmente las dolencias hepáticas que una sola. No obstante, se debe tener mucho cuidado al mezclarlas. En las combinaciones que proponemos destacan otras plantas que, combinadas ayudan a lograr efectos complementarios sobre órganos relacionados con el hígado, como por ejemplo los riñones. Si no se encuentra un ingrediente determinado, puede consultarse un buen libro sobre plantas medicinales y reemplazarlo por otro parecido o equivalente. Los mejores tratamientos son siempre los que actúan sobre todo el organismo. Si desea probar a combinar las plantas usted mismo, empiece con sólo dos o tres, número que solamente se debe incrementar cuando se posea cierta experiencia. Recordemos los detalles sobre tablas de conversión y preparaciones (ver recuadro). Infusión para estimular el hígado Cola de caballo 30 g, Amor de hortelano (la parte florida) 30 g
  42. 42. Raíz de regaliz 30 g Romero (flores) 30 g Caléndula (flores) 20 g Aspérula (flores) 30 g Hojas de menta 20 g Viértanse 2 cucharaditas ó 2 cucharadas (según la edad) en una taza de agua hirviendo. Déjese reposar de 10 a 20 minutos. Tómese una taza después de cada comida. En caso necesario, endúlcese con un poquito de miel. Infusión para el hígado y la vesícula biliar Granos de amor (Lithospermum officinale) 20 g Retama 10 g Cola de caballo 20 g Diente de león Regaliz 20 g Raíz de helecho 10 g Aspérula 20 g Raíz de espárrago 10 g Caléndula 10 g Dos cucharadas por cada taza de agua hirviendo. Déjese reposar 10 minutos. Decocción para la obstrucción o congestión del hígado Raíz de regaliz 30 g Aspérula (la parte florecida) 30 g Hojas de alcachofa 20 g Hojas de gayuba 10 g Flores de caléndula 10 g Amor de hortelano (la parte florida) 10 g Grosella negra (hojas) 10 g Cola de caballo 10 g Romero (la parte florida) 10 g Centaura menor 10 g Viértase una cucharada colmada de la mezcla en una taza de agua. Póngase al fuego hasta que rompa a hervir, déjese a fuego lento durante 2 minutos y
  43. 43. reposar durante otros 10. Tómese una taza 15 minutos antes de cada comida. Infusión para los casos de estreñimiento derivados de una insuficiencia hepática Baya de saúco 30 g Raíz de ruibarbo 25 g Espino 20 g Raíz de helecho 15 g Semillas de lino 15 g Boldo 10 g Una cucharada de la mezcla por cada taza de agua. Ponga al fuego hasta que rompa a hervir. viértase en ella la mezcla, apague el fuego y déjelo reposar durante 10 minutos. Tómese una taza antes de acostarse, o por la mañana en ayunas. Infusión para la obstrucción de los conductos biliares Aspérula (flores) 40 g Flores de caléndula 20 g Boldo 30 g Hojas de romero 20 g Raíz de regaliz 30 g Amor de hortelano (la parte florida) 20 g Cola de caballo (la parte florida, preferiblemente) 25 g Menta 15 g Raíz de espárrago 20 g Viértanse 1 ó 2 cucharadas en una taza de agua hirviendo. Déjese reposar unos 20 minutos. Tómese una taza después de cada comida, 2 ó 3 veces al día. En caso necesario. añada algo de miel. Curar el hígado con la arcilla Absorbe las impurezas, revitaliza el organismo y estimula las funciones glandulares. Raymond Dextreit la recomendaba siempre como un excelente medio de curar el hígado, que deberíamos incluir en todo tratamiento natural.
  44. 44. Puede ocurrir que, de entrada, un hígado enfermo o insuficiente no tolere la arcilla. En este caso, después de mezclarla con agua (1 cucharadita de arcilla por cada media taza de agua), se dejará reposar la mezcla durante unos instantes, luego se colocará la arcilla y se beberá sólo el agua arcillosa. También es posible que la arcilla provoque un estreñimiento; aunque en algunas personas el efecto es precisamente el contrario. Si no obstante se da el estreñimiento, tómese únicamente el agua arcillosa y complétese el proceso curativo con una decocción laxante, que se beberá todas las noches o de vez en cuando, según el estado en que nos encontremos. En la revista hemos publicado alguna vez abundante información sobre la arcilla como elemento curativo; os remitimos a ella, y a los libros y textos que existen sobre arcilla curativa (ver pág. 98). Hígado: el tratamiento externo Junto con un cambio de dieta y el empleo de plantas, podemos recurrir con frecuencia a remedios externos, adaptados a cada situación concreta. Para casi todos los trastornos hepáticos “directos", como los dolores en la zona del hígado o que abarquen grandes áreas (desde el costado derecho al izquierdo), la colitis hepática y la hinchazón del abdomen, se recomienda empezar el tratamiento aplicando alguno de los siguientes preparados. Emplasto de salvado-coles-cebolla Prepare una cantidad suficiente como para cubrir una superficie mayor que la afectada por los dolores. Emplee entre 3 y 5 puñados de salvado, dependiendo de la extensión que haya que cubrir. Trocee 2 ó 3 hojas de col (de cualquier tipo) y 2 cebollas. Ponga todo en un cazo, añada agua hasta formar una pasta y hiérvalo a fuego alto, dejándolo hasta que el agua se haya evaporado totalmente (5-10 minutos). Extienda el emplasto sobre una estopilla. Lo ideal sería que su grosor no fuese en ningún caso superior a 18 cm. Pliegue la estopilla y aplíquelo bien caliente (pero sin llegar a quemar). Déjelo sobre la zona afectada durante unas dos horas. Este emplasto o cataplasma puede aplicarse en cualquier momento del día, y debería utilizarse sólo una vez.
  45. 45. Tras el período de aplicación del emplasto de salvado-coles-cebolla o de hojas de col, que puede durar entre 1 y 4 semanas, inicie las aplicaciones de arcilla para una acción más profunda sobre el hígado. No obstante, no se recomienda empezar demasiado pronto con estas aplicaciones de arcilla, pues su rápida acción puede contribuir a trasladar los cálculos de vesícula que pudieran existir a los conductos hepáticos. Lo mejor es resolver primero el problema de los cálculos o piedras bebiendo decocciones, aceite de oliva mezclado con zumo de limón y aplicando emplastos, y no intentar disolverlos con arcilla. Pero, en último extremo, ésta será la única capaz de completar la tarea iniciada. Emplasto de repollo A veces el repollo da buenos resultados por sí solo, especialmente en los niños. Se prepara de la manera siguiente: Córtese la fibra de las hojas y aplástense con un rodillo de cocina. Aplíquese las hojas (tres, una encima de otra), bien frescas o calentadas durante unos cuantos segundos sobre un radiador. Tápense con lana o una toalla para retener el calor y sujétense sobre la zona afectada con ayuda de un vendaje antes de acostarse. Déjense toda la noche. Emplasto de arcilla Uno de los mejores métodos para estimular el hígado consiste en aplicarse un emplasto de arcilla todas las noches. Al principio deberá esperar entre hora y media y dos horas después de comer. Pero una vez que el cuerpo se haya acostumbrado a la arcilla, se podrá aplicar inmediatamente después de las comidas; aunque, en este caso, habrá que calentar el emplasto ligeramente. La arcilla se suele aplicar fría, pero cuando se trata del hígado es muchas veces preferible que esté caliente, especialmente al principio del tratamiento. Así que comenzaremos con un emplasto frío que se pueda dejar en su sitio mientras no dé señales de provocar un enfriamiento; ni tan siquiera debe dar la impresión de que ha sido aplicado en frío. A la menor sensación de frío, incomodidad, aumento de los dolores o aparición de otros nuevos, deberemos quitamos el emplasto y calentar la arcilla poniéndola sobre el radiador o, aún mejor, al baño de María; aplíquese tibio. Si estas medidas resultan
  46. 46. insuficientes, no dude en aplicarse un emplasto bien caliente. El emplasto o cataplasma debe permanecer en su sitio 2 horas o más. Siempre que no se seque o enfríe, se podrá mantener toda la noche, pero sólo si no provoca reacciones tales como aumento de los dolores, nerviosismo, sensación interna de frío, excesivo calor… Algunas veces se puede aplicar un emplasto por la mañana y otro por la noche, espaciados entre las comidas, y sobre todo si la arcilla está fría. Una vez determinado el grado apropiado de temperatura de la arcilla, aplíquese emplastos o cataplasmas gruesos (de 18 a 24 milímetros). No obstante, algunas veces hay que empezar con otros más finos (de menos de 12 mm), que se dejan en su sitio sólo durante una hora y media, con el fin de ir acostumbrando el organismo a la arcilla. Podemos llevar a cabo una serie de aplicaciones diarias a lo largo de tres semanas o un mes. En algunos casos, especialmente en el de cálculos o piedras en la vesícula, el tratamiento puede durar varios meses. No vacilaremos en interrumpirlo durante algún tiempo en cuanto aparezcan los primeros síntomas de cansancio. No obstante reanúdelo tan pronto como recupere fuerzas. Algunas veces ocurre exactamente lo contrario; es decir, que la arcilla proporciona mayor vigor; si es así, continúe las aplicaciones, o incluso increméntelas (3 emplastos o cataplasmas en cada periodo de 24 horas). Se recomienda que el tratamiento a base de arcilla vaya seguido de masajes con aceite de oliva. Tratamiento a base de masajes y calor La aplicación de masajes sobre la zona del hígado con aceite de oliva contribuye a acelerar sus funciones. Mueva los dedos en la dirección de las agujas del reloj. Este masaje deberá completarse mediante la aplicación de hojas de repollo, como hemos explicado antes. Si aparecen periodos de crisis hepáticas, evite la aplicación de bolsas de agua caliente, planchas calientes, etc. encima del hígado. Lo único que se consigue con estos procedimientos es un alivio momentáneo del dolor, pero no sólo no eliminan la congestión, sino que favorecen la aparición de infecciones. No obstante, el mismo método puede dar excelentes resultados si se coloca
  47. 47. una o varias hojas de col entre el cuerpo y el objeto caliente. En caso de emergencia, y si no se dispone de coles, aplíquese compresas bien calientes, denominadas fomentos. Renueve dichas aplicaciones (que duran entre 20 y 30 minutos) cada dos horas. (puede ser recuadro) Baño de caderas Al activar todos los procesos, acelerar la circulación de la sangre y precipitar la descarga de sustancias residuales, el baño frío de caderas constituye una medida preventiva y curativa de la mayor importancia. Basta con tomar un baño frío de caderas de unos cuantos minutos para que el organismo se sienta vivo y alerta, dispuesto a responder a cualquier clase de estímulo, tales como las múltiples agresiones de la vida cotidiana. Es como una vacuna natural, eficiente y sin peligrosas contraindicaciones. Se toma en un recipiente grande, de forma que, una vez dentro, el agua llegue a la altura de las ingles, pero no más alta. Se puede rociar el agua sobre la zona del bajo abdomen y los riñones. Este baño se puede tomar también en una bañera normal y corriente; pero en ese caso apoyaremos los pies en algo, ya que no deberían permanecer dentro del agua. Sirve cualquier tipo de agua limpia, del grifo, de un pozo, de lluvia, de río…, mientras no haya sido previamente hervida. Si está muy fría, cabe el recurso de calentar de antemano la parte del cuerpo que se va a sumergir. Pero en lugar de empezar de inmediato con el baño de agua fría, sería mejor irse acostumbrando gradualmente a ella. - Comience con una pequeña cantidad de agua tibia (que alcance linos 5 cm de profundidad) a 25 °C, y permanezca sentado en ella durante un minuto o dos, aumentando gradualmente ese plazo de tiempo hasta llegar a los cinco minutos. Simultáneamente, vaya añadiendo agua todos los días (unos 2,5 cm. sobre los 5 iniciales, hasta que el agua le llegue hasta las ingles). - Una vez alcanzados los cinco minutos, continúe, empleando cada vez agua más fría. Vaya reduciendo la temperatura uno o dos grados cada día, hasta llegar al límite de los 8 °C. Como es lógico, el ritmo ideal para ir reduciendo poco a poco la temperatura del agua variará de un individuo a otro. Pero la regla básica es que si, en cualquier momento, se produce una reacción

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