ELECCIONES PRESIDENCIALES EN AMÉRICA LATINA: EL ASCENSO DE UNA IZQUIERDA HETEROGÉNEA
Insumisos Latinoamericanos  Cuerpo Académico Internacional e Interinstitucional                          Directores       ...
Ignacio Medina NúñezELECCIONES PRESIDENCIALES   EN AMÉRICA LATINA:          EL ASCENSODE UNA IZQUIERDA HETEROGÉNEA        ...
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copy-right, bajo las sanciones establecida...
ÍNDICEPrólogo de Jorge Alonso Sánchez                         7Introducción                                           13Ca...
Capítulo VPosiciones de centro ideológico                        105  5.1 HONDURAS: continuación del bipartidismo         ...
PRÓLOGO   El presente libro es muy oportuno. Da cuenta detallada delos principales cambios ocurridos en la política de Amé...
salud, el agua potable, las pensiones y jubilaciones, los servi-cios eléctricos y el petróleo1.    Este libro explica por ...
los poderes fácticos, y porque el poder consume no sólo a lasinstituciones sino a las personas, y porque resulta insuficie...
Las izquierdas oscilan entre acomodos a la situación impe-rante y entre sectarismos puristas5. Hay quienes recomiendanno i...
vios que se han ido acumulando. De repente brotan ampliosmovimientos que cuestionan el orden imperante. Por ejemplo,en Chi...
y social actual, el mundo requiere alternativas. Propuso otradefinición de la economía privilegiando el valor de uso sobre...
INTRODUCCIÓN     “El problema es que los ricos se han apoderado de la tierra y no dejan vivir al restode la población”. Jo...
rencia, y llega incluso a mencionar que “izquierda y derechason términos que el lenguaje político ha venido adoptando a lo...
el tránsito al siglo XXI, diversas ideologías de izquierda hanllegado al poder de diversos gobiernos, especialmente en Amé...
Este libro comienza abordando la discusión ideológica ehistórica sobre la derecha y la izquierda política, tratando demost...
manera, tengo que dar las gracias a varios colegas de la Univer-sidad de Guadalajara y del ITESO, que leyeron partes de es...
CAPÍTULO I                   ¿DISOLUCIÓN DE FRONTERAS               O CONFRONTACIÓN IDEOLÓGICA?     “Derecha e izquierda n...
lado izquierdo quienes pretendían tener posiciones revolucio-narias enarbolando los principios de la democracia liberal fr...
empezaron a distinguir otras corrientes para distinguir, porejemplo, la izquierda y la derecha radical (la ultra), la izqu...
blica, Democracia, son instituciones que actualmente ya no sonun principio de división ni fomentan la discordia: no es eso...
quien puede ser libre de profesar sus creencias religiosas sinque el gobierno tenga que imponer una religión y prácticasob...
“la noción de ciudadanía reposa sobre el reconocimiento delos derechos políticos” (Touraine, 2005: 94).    Si todavía se q...
estado benefactor (independientemente de su contenido encualquier país) frente a todos los cambios que la derecha em-pezó ...
Permanencia de la confrontación ideológica    Sin embargo, para no quedarnos con el sentimiento queprovoca uno de los poem...
pobreza y el desempleo, las medidas fiscales, las políticas deseguridad,…    Si bien es cierto que con la crisis de los so...
igualdad social. “El criterio más frecuentemente adoptado paradistinguir la derecha de la izquierda es el de la diferente ...
enfrentamiento al capitalismo hacia las reformas moderadasdentro del sistema. De esta manera, aunque Proudhon fuederrotado...
Hay que señalar también que el acercamiento de posicionesentre izquierda y derecha también ha sido producto de losnuevos p...
que promueve el cambio. Como lo señala el mismo Stiegler(Le nouvel observateur 2007: 26), a propósito del movimientoestudi...
función explícita de los intereses de la mayoría. Desde estaperspectiva, de izquierda eran los hermanos Graco –Tiberio yCa...
“extrema”), hay que reconocer que no es deseable el llegar auna situación permanente e indefinida de dominación de undeter...
ello, pudo darse, por medios democráticos, en Italia, en unmomento el triunfo del empresario Silvio Berlusconi; por ello,e...
CAPÍTULO II       UTOPÍA Y NUEVOS IMAGINARIOS SOCIALES     “Considerada como régimen político, la democracia tiende a apar...
dentro de la época moderna, la racionalidad no necesariamenteestá peleada con la utopía y la imaginación.Racionalidad y ut...
razón o con la inteligencia (en un principio, ambas cosas sonlo mismo), con el pensamiento y con conceptos" (Hirschber-ger...
Sin embargo, fue Spinoza16, de manera particular, quienmás sobresalió con un método racional y matemático al empe-zar a ab...
Si el modelo de la democracia es lo más racional, si el co-nocimiento científico abre innumerables posibilidades para elde...
tarea de empezar a publicar otro texto titulado Proyecto parainstaurar la paz perpetua en Europa (Projet pour rendre la pa...
paz perpetua; él mismo le escribió una carta al abate Saint Pie-rre en 1715, criticándole la visión voluntarista de esa un...
formarla. Puede pasar algo semejante con el concepto de uto-pía: el adjetivo “utópico/a” para cualquier persona puede sera...
les, podríamos apresurar la llegada de esa época tan dichosa para la pos-teridad... La misma guerra, no solo resultará poc...
mismo tiempo, las realidades de la miseria humana durante lasegunda guerra mundial, la bombas atómicas en Hiróshima yNagas...
pueden estarse asentando los principios de acción para unasociedad civil más organizada, con mayores elementos institu-cio...
contactos, aunque siempre en permanente peligro por la inso-ciabilidad humana. La complejidad del mundo al que nos en-fren...
soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”(Ortega y Gasset, 1984), pero también hay que moverse en ...
(Hugo Víctor, 1974: 311). En un momento determinado, loque Maquiavelo denominó la “fortuna”, es capaz de modificarradicalm...
de “fortuna”, como lo señala Maquiavelo en el Príncipe17) queha hecho cambiar coyunturas históricas importantes. Ésta de-b...
cia natural” señalando el fin de la historia como “un efecto dela interpretación económica del cambio histórico, que no co...
Algo nuevo está naciendo en América Latina durante latransición del siglo XX al XXI, especialmente en el tema de lademocra...
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  1. 1. ELECCIONES PRESIDENCIALES EN AMÉRICA LATINA: EL ASCENSO DE UNA IZQUIERDA HETEROGÉNEA
  2. 2. Insumisos Latinoamericanos Cuerpo Académico Internacional e Interinstitucional Directores Robinson Salazar Pérez Nchamah Miller Cuerpo académico y editorial Pablo González Casanova, Jorge Alonso Sánchez, Fernando Mires, Manuel A. Garretón, Martín Shaw, Jorge Rojas Hernández, Gerónimo de Sierra, Alberto Riella, Guido Galafassi, Atilio Borón, Roberto Follari, Eduardo A. Sandoval Forero, Ambrosio Velasco Gómez, Celia Soibelman Melhem, Ana Isla, Oscar Picardo Joao, Carmen Beatriz Fernández, Edgardo Ovidio Garbulsky, Héctor Díaz-Polanco, Rosario Espinal, Sergio Salinas,Lincoln Bizzorero, ˘lvaro Márquez Fernández, Ignacio Medina, Marco A. Gandásegui, Jorge Cadena Roa, Isidro H, Cisneros, Efrén Barrera Restrepo, Robinson Salazar Pérez, Ricardo Pérez Montfort, José Ramón Fabelo, Bernardo Pérez Salazar, María Pilar García, Ricardo Melgar Bao, Norma Fuller, Flabián Nievas, Juan Carlos García Hoyos, José Luis Cisneros, John Saxe Fernández, Gian Carlo Delgado, Dídimo Castillo, Yamandú Acosta. Comité de Redacción Robinson Salazar Pérez Nchamah Miller
  3. 3. Ignacio Medina NúñezELECCIONES PRESIDENCIALES EN AMÉRICA LATINA: EL ASCENSODE UNA IZQUIERDA HETEROGÉNEA Colección Insumisos Latinoamericanos elaleph.com
  4. 4. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copy-right, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial deesta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la fotocopia y eltratamiento informático.© 2008, los autores de los respectivos trabajos.© 2008, ELALEPH.COM S.R.L.contacto@elaleph.comhttp://www.elaleph.comPrimera ediciónEste libro ha sido editado en Argentina.ISBN 978-987-1070-89-3Hecho el depósito que marca la Ley 11.723Impreso en el mes de enero de 2009 enBibliográfika, Elcano 4048,Buenos Aires, Argentina.
  5. 5. ÍNDICEPrólogo de Jorge Alonso Sánchez 7Introducción 13Capítulo I¿Disolución de fronteras o confrontación ideológica? 19 Derecha e izquierda: disolución de fronteras 19 Permanencia de la confrontación ideológica 26 En un mundo plural 31Capítulo IIUtopía y nuevos imaginarios sociales 35 Racionalidad y utopía 36 El Imaginario social 51 De la realidad a la utopía latinoamericana 56Capítulo IIIDerechas e izquierdas en Latinoamérica 63 Un escenario plural 63Capítulo IVHacia la derecha 75 4.1 COLOMBIA: reelección de la mano dura 75 4.2 MÉXICO: ascenso de la izquierda pero triunfo de la derecha 81 –5–
  6. 6. Capítulo VPosiciones de centro ideológico 105 5.1 HONDURAS: continuación del bipartidismo 107 5.2 COSTA RICA: superación del bipartidismo 112 5.3 PERÚ: segunda oportunidad para el APRA 117Capítulo VIUna izquierda heterogénea en ascenso 123 6.1 BOLIVIA: una sorprendente revolución democrática de rasgos indígenas 125 6.2 CHILE: permanencia de la Concertación 132 6.3 BRASIL: la reelección de Lula 139 6.4 ECUADOR: superación de una democracia restringida 176 6.5 NICARAGUA: el regreso del sandinismo 199 6.6 VENEZUELA: el nuevo proyecto bolivariano 231Capítulo VIILa centro izquierda en el 2007: Guatemala y Argentina 271 7.1 GUATEMALA: ¿transición a la socialdemocracia? 272 7.2 ARGENTINA: la continuidad de un proyecto político (Néstor-Cristina) 296Conclusiones 329Bibliografía 335 –6–
  7. 7. PRÓLOGO El presente libro es muy oportuno. Da cuenta detallada delos principales cambios ocurridos en la política de AméricaLatina en los últimos años. Realiza una penetrante discusiónteórica sobre el origen, desarrollo y pertinencia de la dicotomíaderecha-izquierda, la cual es reutilizada innovadoramente paraanalizar lo que acontece en los principales países latinoameri-canos que han experimentado procesos electorales entre 2005y 2007. Otro mérito es que en cada país se ofrece un contextohistórico y social, y se discuten las diferentes interpretacionessobre su devenir. Los datos de Latinobarómetro en 2008 muestran que, pesea que dos de cada diez latinoamericanos no saben o no quierenresponder si son de izquierda o de derecha, y a que cuatro decada diez preferirían ser identificados con un indeterminadocentro político, persisten quienes se reconocen ya de derechaya de izquierda. De 1998 a 2008, los que se confiesan de dere-cha han bajado 14 puntos (de un 36 a un 22 por ciento). Losque se proclaman de izquierda también han descendido cincopuntos (de 22 a 17%). No obstante, hay temas fundamentalesdonde hay proporciones significativas que acercan a una granmayoría a temas propios de la izquierda. De esta forma, antepreguntas de qué actividades deberían estar mayoritariamenteen manos del Estado y no de las empresas privadas las res-puestas son contundentes: 8 de cada diez prefieren que el Es-tado controle desde la educación básica hasta la universidad, la –7–
  8. 8. salud, el agua potable, las pensiones y jubilaciones, los servi-cios eléctricos y el petróleo1. Este libro explica por qué se ha dado un corrimiento lati-noamericano hacia la izquierda. La lucha contra las depredado-ras y pauperizantes medidas de la globalización neoliberal haempujado a una gran cantidad del lado de la izquierda. Pero ellibro no cae en simplificaciones y hace ver que hay muchas ymuy diversas izquierdas. Hay izquierdas partidistas y movi-mientos sociales que impulsan demandas que sólo pueden serrespondidas desde la izquierda. Hay convergencias entre estasdos institucionalizaciones, pero también decepciones, conflic-tos y rompimientos. Hay izquierdas que quieren el poder esta-tal y hacer los cambios desde arriba, y otras izquierdas que seproponen hacer los cambios desde abajo y sin tener que vercon el poder estatal. En la izquierda se presentan tanto mode-rados como radicales. Aunque estos últimos no son necesa-riamente aquellos que gritan más fuerte, sino quienes saben“construir líneas de ruptura profundas”2. Además de las dife-rencias internas de la izquierda, las pugnas por lo que se pro-clamaría “una izquierda legítima” se da en las descalificacionesque se establecen entre los diversos grupos. Hay quienes acu-san a otros de quedarse en una izquierda reformista. El boli-viano Oscar Oliveira, quien se mantiene en la lucha desde aba-jo, ha acusado al gobierno de Evo Morales de incumplirdemandas desprivatizadoras y de seguir con la represión. Sequeja de que un gobierno diga que sus antiguos compañerosde trinchera y de lucha sean “una ultraizquierda” que es finan-ciada por la derecha para desestabilizar al gobierno, cuando loque ha estado haciendo esa izquierda es mantener la lucha y lasdemandas de la gente de abajo. Por esto mismo se ha pensadoque llegar al gobierno “no sirve”, pues se queda a merced de1 Corporación Latinobarómetro, Informe 2008, Santiago de Chile(www.latinoabrometro.org).2 Raúl Arancibia, “La izquierda a debate” en La Fogata Digital, www.lafogata.org(página consultada el 19 de diciembre de 2008). –8–
  9. 9. los poderes fácticos, y porque el poder consume no sólo a lasinstituciones sino a las personas, y porque resulta insuficientenacionalizar lo expropiado como patrimonio público si no sellega a la apropiación social, y al ejercicio de la decisión acercade lo que es asunto público y social3. Hay una izquierda que privilegia la lucha electoral; otra iz-quierda que quiere combinar lo electoral con la lucha social, yuna más que ya no confía en lo que se pueda hacer desde go-biernos ganados por los votos. Varios grupos de esta grangama de la izquierda plantean que la clave para saber si se esverdaderamente de izquierda es si hay una meta anticapitalista.La izquierda italiana en 2008 se vio prácticamente borrada delescenario electoral. Esto impulsó a unos agrupamientos deizquierda a reflexionar sobre la necesidad de constituirse comonueva izquierda anticapitalista apartándose de los viejos gruposdirigentes responsables del fracaso electoral. Hablan no dereconstrucción sino de construcción sobre nuevas bases. Plan-tean colocarse desde la oposición social para construir unaresistencia amplia. Dicen que se debe pensar en una izquierdaanticapitalista, ecologista y feminista. Insisten en que la demo-cracia absoluta deberá ser la práctica para comenzar de nuevo,pues no se puede confiar en líderes carismáticos ni en gruposdirigentes infalibles. Plantean la rotación rigurosa de los cargosen todos los niveles. Son conscientes de que una izquierda deeste tipo no puede impulsarse sino en el seno de las contradic-ciones del conflicto social y no en reuniones de salones. Sabenque el sujeto nuevo no nace de una autoproclamación sino de laconstrucción de un movimiento. Los temas de su lucha debenser ir contra la precariedad, por el empleo dignamente remu-nerado, por la defensa ecológica, contra las grandes obras da-ñinas e inútiles, por la autodeterminación de las mujeres, etc.43 Charla de Oscar Olivera con un colectivo que reflexiona sobre movimien-tos sociales en Guadalajara, 2 de diciembre de 2008.4 Varios: “Once puntos para una nueva izquierda anticapitalista y de clase”en Viento Sur, núm. 98, julio de 2008, pp. 12-15. –9–
  10. 10. Las izquierdas oscilan entre acomodos a la situación impe-rante y entre sectarismos puristas5. Hay quienes recomiendanno ir acumulando derrotas porque esto acaba por desmovilizary desanimar a la gente. También las falsas expectativas a lalarga son desmovilizadoras. Hay que mostrar que la lucha “pa-ga” porque se obtienen victorias, porque no sólo se denuncieninjusticias sino porque se les detenga. También se advierte quehay que tener cuidado de que las luchas sociales no sean recu-peradas por el poder. Entre los que insisten en que la izquierdadebe mostrar que su lucha es verdaderamente anticapitalistahay sectores que no quieren abandonar el campo electoral. Sedice que en la izquierda anticapitalista es posible construir ca-pacidades para competir con la izquierda gestionaria, pero sepuntualiza que se requiere que haya izquierdas con representa-ción parlamentaria para que se amplifique el discurso crítico ypara que se apoyen las luchas sociales de los sectores que laizquierda tradicional ha abandonado6. Ante el auge de la iz-quierda en América Latina se recomienda no olvidar que por lavía electoral puede retornar la derecha. Contra los que sostienenque se debe cambiar el mundo sin tomar el poder se destaca laimposibilidad de eludir la acción estatal, y se hacen acotacionesen cuanto a la gravitación estatal ante las demandas populares7.Sin embargo, otros recalcan que hay muchos elementos caducosde la vieja izquierda y que se tendrían que buscar formas deorganización y estrategia que privilegien una política autónoma8. La autonomía es un elemento clave de la nueva izquierda.Se trata de construir condiciones institucionales pero sobretodo vitales para un marco autogestionario. Hay muchos agra-5 Alex Callinicos: “¿Hacia dónde va la izquierda radical?” en InternationalSocialism, 28 de noviembre de 2008.6 Andreu Coll, “Lucha de clases, izquierda anticapitalista y partido revolucio-nario en Europa”, en www.espacioalternativo.org, 27 de febrero de 2007.7 Claudio Katz, Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, EdicionesLuxemburgo, Buenos Aires, 2008.8 Ezequiel Adamovsky, Más allá de la vieja izquierda. Seis ensayos para un nuevoanticapitalismo, Prometeo, Buenos Aires 2007. – 10 –
  11. 11. vios que se han ido acumulando. De repente brotan ampliosmovimientos que cuestionan el orden imperante. Por ejemplo,en Chile, a mediados de 2006, los estudiantes secundariosocuparon liceos, e hicieron marchas multitudinarias contra lapolítica neoliberal y por una educación pública de calidad. Afinales de 2008, en Grecia, los estudiantes develaron las gravescrisis sociales de gestiones neoliberales. Dijeron: “somos lageneración de los 400 euros, de los programas stage del orga-nismo de empleo, del trabajo flexible, de la eterna capacitaciónsiempre con nuestros gastos, de la precariedad, de la carestía,de los dos diplomas que no sirven para nada, de la eliminaciónde los derechos laborales, de nuestra humillación por parte delos patrones… somos los chavos a los que humillan… somoslos heridos en las marchas… Moriremos prematuramenteporque no estuvimos de acuerdo con las leyes que nos estánrobando la vida… somos muchos y estamos furiosos… notenemos ilusiones, no tenemos esperanzas”9. Estos gruposestán cansados de los políticos de todo el espectro electoral ybuscan otras formas de defenderse y de hacer política. Obvia-mente son otro tipo de izquierda. La izquierda no puede redu-cirse a los partidos ni a las organizaciones que se proclaman deizquierda, sino que se amplía a quienes resisten y se rebelancontra las condiciones capitalistas. En esta nueva izquierda, setrata de horizontalizar las decisiones; se crean pequeños espa-cios autónomos y se convierte en consigna política lo cotidia-no. Se trata de no depender de los tiempos (sobre todo electo-rales) ni de los ritmos de los poderosos, sino de tener elcontrol de la propia vida. Más que enfrentar directamente alEstado y al capital, se les van quitando espacios con prácticasalternativas. El problema es cómo articular esta gran diversi-dad de experiencias como una masa crítica capaz de empujarun cambio sustancial. Como lo expuso Houtart ante la ONU,ante la grave crisis financiera, alimentaria, energética, climática9 Volante que se repartía en las calles de varias ciudades griegas el 15 dediciembre de 2008. – 11 –
  12. 12. y social actual, el mundo requiere alternativas. Propuso otradefinición de la economía privilegiando el valor de uso sobreel valor de cambio. Un punto importante visualizado es la ge-neralización de una democracia no sólo aplicada al sector polí-tico sino dentro del sistema económico y en todas las institu-ciones. Houtart defendió que el actor histórico portador deproyectos alternativos es plural (obreros, campesinos, pueblosindígenas, mujeres, pobres de las ciudades, militantes ecologis-tas, migrantes, etc.). Enfatizó la necesidad de que el génerohumano volviera a encontrar un espacio de vida, y por lo tantoreconstruir la esperanza10. Todas estas perspectivas tienen quever con la nueva izquierda. Al mantener que la distinción entreizquierda y derecha era todavía operativa, Bobbio puntualizóque, en el siglo XX, la derecha había defendido la libertad y laizquierda una igualdad que había privilegiado el autoritarismo(Bobbio 1995). Efectivamente la derecha ha defendido la liber-tad para los mercantilistas que producen pobreza y desigualda-des, pero la nueva izquierda del siglo XXI tiene que buscar lacombinación de la libertad de los hombres con la búsqueda deuna igualdad que implique la democracia civil, política, y sobretodo social, teniendo en cuenta, además, la extensión de lademocracia a la ecología y la cultura. Hay que conjugar paratodos la libertad con la igualdad, y rescatar una profunda soli-daridad, lo cual no puede lograrse en los límites del capitalis-mo. La izquierda, para ser auténtica, debe contribuir a la cons-trucción de otros mundos, más humanos. Jorge Alonso Sánchez jalonso@ciesas.edu.mx10 Participación de F. Houtart en el Panel sobre Crisis Financiera, en laAsamblea General de las Naciones Unidas, 30 de octubre de 2008. – 12 –
  13. 13. INTRODUCCIÓN “El problema es que los ricos se han apoderado de la tierra y no dejan vivir al restode la población”. José Profirio Miranda (1988: 49) ¿Existe todavía una izquierda y una derecha en el campo dela ideología política? Con frecuencia, entre diversos ciudada-nos y líderes de opinión se responde con un rotundo NO. Elconcepto de izquierda y derecha política en muchos de suscontenidos parece haber perdido su sentido. Sobre ello hacereferencia, por ejemplo, Pasquino, quien, aunque reivindicaesta distinción para el mundo de la democracia moderna, seña-la una importante corriente de opinión en el ambiente político:“Es sabido que para algunos la distinción misma es irrelevante:en el mundo de la política contemporánea ya no existiría niuna derecha ni una izquierda. Es la posición de quienes nocreen que la política sea capaz de ofrecer oportunidades deelecciones significativas entre alternativas programáticas”(Pasquino, 2004). Por su parte, Anthony Giddens (1999), consu propuesta de la “tercera vía”, quería superar la dicotomíatradicional entre las izquierdas y las derechas, refiriéndose tan-to a las deficiencias de la socialdemocracia tradicional del sigloXX como al modelo neoliberal de fines de ese mismo siglo. Sin embargo, muchos partidos y grupos políticos que se di-cen de izquierda y derecha, sobre todo en tiempos electorales,se siguen enfrascando en peleas y combates de posiciones deconfrontación bajo esta perspectiva. Bobbio reivindica la dis-tinción, queriendo recuperar el significado político de la dife- – 13 –
  14. 14. rencia, y llega incluso a mencionar que “izquierda y derechason términos que el lenguaje político ha venido adoptando a lolargo del siglo XIX hasta nuestros días, para representar aluniverso conflictivo de la política” (Bobbio, 1995, capítulo 2),mientras que Gómez Barata afirma que “el uso de los térmi-nos derecha e izquierda es un magnifico recurso para identificar yubicar convenientemente a los actores del proceso político”(Gómez B., 2007). La respuesta entonces a la pregunta inicialno tiene una respuesta clara: se puede contestar con un “Sí”con suficientes razones teóricas y prácticas, y se puede contes-tar con un “No” debido al corrimiento ideológico de ambastendencias hacia un centro político indiferenciado. En América Latina, además, hay un fenómeno novedoso:después de la etapa de los múltiples gobiernos dictatoriales ymilitares se pasó a una transición democrática entendida sola-mente desde la perspectiva de realización de elecciones congobiernos civiles, los cuales en su mayoría implementaronmedidas acordes al modelo económico neoliberal; de estaforma se puede hablar, por un lado, de una frágil democratiza-ción, de una “democracia restringida” usando el concepto deAgustín Cueva, de una “democracia precaria” como lo señalaJorge Alonso para el caso de México y el estado de Jalisco,porque las mismas reglas de funcionamiento electoral con unamínima transparencia apenas se pueden estar empezando aconsolidar y, por otro lado, hay que hacer referencia siempre auna situación en donde cambian las élites políticas sin quecambie para nada el modelo económico desigual del capitalis-mo y la globalización salvaje. “En Latinoamérica se tuvo unade las oleadas democratizadoras más importantes del últimotrayecto del siglo XX. La mayor parte de las naciones del sub-continente padecían regímenes dictatoriales y autoritarios quese fueron desgastando y agotando para dar lugar a procesospolíticos que implicaron una mayor liberalización y democrati-zación en la vida de sus sociedades” (Tejeda, 2005: 93). Sinembargo, bajo las mismas reglas de la democracia electoral, en – 14 –
  15. 15. el tránsito al siglo XXI, diversas ideologías de izquierda hanllegado al poder de diversos gobiernos, especialmente en Amé-rica del Sur. La discusión entre la izquierda y la derecha se havuelto a intensificar, teniendo no solamente un escenario dediscusión ideológica sino sobre todo la propuesta de nuevasalternativas al modelo económico dominante e incluso con elimaginario de un socialismo para el siglo XXI, como lo pro-pone Hugo Chávez para Venezuela. Con esta oleada de unaizquierda en ascenso no sólo en el ámbito electoral sino tam-bién en los movimientos sociales, podemos utilizar lo que Ro-binson Salazar (2005) ha llamado la “democracia emancipato-ria”, entendiendo que es necesario profundizar el concepto apartir de mecanismos institucionales establecidos para marcarnuevos senderos de política social para vencer la pobreza y ladesigualdad y aun plantearse opciones alternativas frente alcapitalismo y al modelo neoliberal dominante. Si la democraciay la izquierda pueden ser presentadas como una verdaderaopción para las diversas naciones, no hay que olvidar, más alláde las definiciones ideológicas, cuál es el problema principal acombatir, como bien lo señalaba Porfirio Miranda, uno de losgrandes profesores que he tenido en mi vida y cuyas palabrasson citadas en el epígrafe de esta introducción: el verdaderoproblema es la pobreza y la desigualdad entre los seres huma-nos; combatirlas con eficacia es una tarea posible en estemundo. Ya no se puede negar este ascenso de la llamada izquierdaen nuestra región aunque sea objeto de mucha polémica susignificado: “esta marea de izquierda que parece estar reco-rriendo las naciones americanas al sur del Rio Grande ha le-vantado controversias tanto viejas como de nuevo sabor quevan desde preguntarse sobre si sus políticas son buenas, sonmalas, para dónde se dirigen o qué tan sustentables son y có-mo esta marea se parece o se diferencia de la izquierda o delpopulismo de tiempos pasados” (Tussie and Heidrich, en Cas-tañeda y Morales, 2008). – 15 –
  16. 16. Este libro comienza abordando la discusión ideológica ehistórica sobre la derecha y la izquierda política, tratando demostrar una discusión sustentada a favor y en contra de ladicotomía. Nuestra postura está a favor de seguir manteniendola distinción conceptual y analítica pero con ciertas condicio-nes fundamentales, teniendo en cuenta sobre todo una granpluralidad de izquierdas existentes. Se aborda luego el tema delos nuevos imaginarios sociales surgidos en el subcontinentequeriendo mostrar el cambio cultural que está ocurriendocuando la población está perdiendo el miedo a imaginar y lu-char para que el mundo pueda ser de otra manera. Posterior-mente se aborda el particular escenario electoral latinoameri-cano, focalizando especialmente los países cuyos comiciospresidenciales acontecieron durante el 2006 y 2007, en dondediversos gobiernos obtuvieron la victoria mostrando políticasinnovadoras y aun nuevos idearios post-neoliberales como unimaginario social alternativo para la región. Se puede decirclaramente que en Latinoamérica, “las elecciones en la regióncontinúan siendo un motor de cambio” (Carlsen, 2006), aun-que la democracia puramente electoral tiene ciertamente suspropios límites. En términos declarativos, en la mayoría de losgobernantes se está superando el llamado modelo único delneoliberalismo y se pretende implementar una nueva políticasocial. Por ello, sostenemos que algo nuevo está ocurriendo enAmérica Latina en el comienzo del siglo XXI, no solamente enla superación del autoritarismo sino en la construcción denuevas opciones emergentes dentro de la frágil democracia,aunque todavía no está definido si se trata de una tendenciamás permanente y consolidada. Tengo que agradecer especialmente a varios estudiantes dela carrera de estudios internacionales del ITESO (UniversidadJesuita en Guadalajara) como Alejandra Mendoza, Olivia Zú-ñiga, Miguel Angel Torres y Rafael García, quienes en algúnmomento del proceso me ayudaron en la recolección de datosy en la corrección de varias partes del manuscrito; de la misma – 16 –
  17. 17. manera, tengo que dar las gracias a varios colegas de la Univer-sidad de Guadalajara y del ITESO, que leyeron partes de estetrabajo y que me hicieron valiosos comentarios sobre el con-tenido. Ignacio Medina Núñez11 medina48@yahoo.com11 Ignacio Medina es doctor en Ciencias Sociales y profesor en el ITESO(Universidad jesuita en Guadalajara) y en la Universidad de Guadalajara. – 17 –
  18. 18. CAPÍTULO I ¿DISOLUCIÓN DE FRONTERAS O CONFRONTACIÓN IDEOLÓGICA? “Derecha e izquierda no son conceptos absolutos sino históricamente relativos, o seasólo dos maneras posibles de catalogar los distintos ideales políticos, y por lo tanto ni losúnicos ni siempre los más relevantes... El hombre de derecha es el que se preocupa, antetodo, de salvaguardar la tradición; el hombre de izquierda, en cambio, es el que entiende,por encima de cualquier cosa, liberar a sus semejantes de las cadenas que les han sidoimpuestas por los privilegios de raza, de casta, de clase, etc. Tradición y emancipaciónpueden ser interpretadas también como metas últimas o fundamentales, y como talesirrenunciables, tanto por una parte como por la otra: se pueden alcanzar con distintosmedios según los tiempos y las situaciones”. Bobbio, 1995.Derecha e izquierda: disolución de fronteras Estos conceptos cuya confrontación ha significado tanto enel mundo moderno de la política surgieron a partir de la refe-rencia histórica de la revolución francesa de 178912. Esta refe-rencia ubica en un escenario espacial específico dentro de laasamblea nacional de representantes a quienes, por un lado,defendían el nuevo modelo de la república y a quienes, porotro lado, eran partidarios del modelo monárquico. Se tratabade una clara simplificación en donde se iban a agrupar en el12 En las reuniones de la Asamblea Nacional francesa que tuvieron lugar deagosto a septiembre de 1789, en el momento de la discusión sobre la pro-puesta de veto del depuesto rey Luis XVI, se aglutinaron del lado derecholos diputados partidarios del veto real mientras que los opositores al veto,llamándose patriotas, se ubicaron en el izquierdo. – 19 –
  19. 19. lado izquierdo quienes pretendían tener posiciones revolucio-narias enarbolando los principios de la democracia liberal fren-te a quienes, ubicados en el lado derecho, defendían el estadoabsolutista y en particular al rey Luis XVI. Era una simplifica-ción que aglutinaba solamente dos posiciones porque en lapráctica, la llamada izquierda agrupaba a numerosos gruposmoderados y radicales con diferentes niveles de poder y méto-dos de actuación quienes, a pesar de su común ideología revo-lucionaria, se miraban enfrentados entre ellos13. Estas ideologí-as de izquierda son las que van a triunfar en Francia al lograr ladecapitación de Luis XVI y su esposa María Antonieta peroque provocaron la instauración, con Robespierre, de un régi-men de terror al implantar medidas violentas y destructivasentre los propios líderes revolucionarios. Para el siglo XX, en Francia permanecerá la lucha ideológi-ca entre la izquierda y derecha pero, cada una de ellas, podrátener numerosos partidos y movimientos en su seno. Como ennumerosos países, al igual que cuando se habla de la contra-dicción de las clases sociales14, también la izquierda y la dere-cha no fueron campos rígidamente determinados sino que se13 Los primeros grupos de la izquierda francesa fueron entonces los Jaco-binos, los Cordelianos, los Girondinos, los Montañeses, comunistas, etc.Todos ellos eran partidarios del modelo de la República, un modelo degobierno sin rey, pero todos ellos estuvieron enfrentados también de ma-nera violenta por las particularidades de sus posiciones. En la derechaestuvieron todos los llamados monárquicos, que estaban a favor de la res-tauración del rey o por lo menos de conservarle su derecho de veto sobrelos asuntos de estado.14 Carlos Marx señaló con claridad la contradicción de dos clases funda-mentales (la burguesía y el proletariado, la clase dominante y la clase domi-nada), pero dentro de cada una de ellas, cuando se refiere a coyunturasespecíficas como en “la lucha de clases en Francia” encontraba numerososgrupos a quienes también denominó clases: los terratenientes, los banque-ros, los industriales, los campesinos, los obreros industriales, la pequeñaburguesía, etc. Este análisis coyuntural lo retomaría también Mao Tse-Tungen China para buscar incluso alianzas entre clases sociales contradictoriasdentro de una misma formación social. – 20 –
  20. 20. empezaron a distinguir otras corrientes para distinguir, porejemplo, la izquierda y la derecha radical (la ultra), la izquierday la derecha moderada, e incluso diversas corrientes de centroque tomaban elementos de uno y otro bloque. En casos comoen el Perú de 1978 cuando competían más de 30 partidos en elproceso electoral, había más de 10 partidos de izquierda, otrostantos de derecha, y otros más de centro. Citando también el caso de México en la década de los se-tentas, durante el surgimiento de la propuesta de reforma polí-tica del presidente José López Portillo, se conocieron, porejemplo, numerosas y distintas agrupaciones políticas de dife-rentes tendencias, que se catalogaron con diferentes signosideológicos: Partido Socialista de los Trabajadores (PST), Par-tido Mexicano de los Trabajadores (PMT), Partido ComunistaMexicano (PCM), Partido Socialista Revolucionario (PSR),Partido Popular Socialista (PPS), Partido Acción Nacional(PAN), Partido Demócrata Mexicano (PDM), etc. (Cfr. Medi-na I., 1978). Y empezaron luego a surgir algunos otros quebuscaban representar una ideología más centrista: PartidoVerde Ecologista Mexicano (PVEM), Partido del Trabajo(PT),… y otras agrupaciones más radicales de izquierda comoel Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Por suparte, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se presen-taba siempre como heredero de la revolución mexicana –y portanto, de una izquierda revolucionaria– para distinguirse de laderecha, pero con corrimientos hacia posiciones de un centroideológico moderado. Las investigaciones realizadas por René Rédmond (1993,2005), son muy ilustrativas en la discusión de este mismo pro-blema, preguntándose algo semejante a lo que nosotros hace-mos: ¿tiene sentido esa división tradicional entre la derecha yla izquierda? Para él, por ejemplo, las diferencias fundamenta-les entre derecha e izquierda en Francia han ido desaparecien-do, llegando a ciertos consensos fundamentales sobre lo quees la República, la Democracia, la laicidad: “De esta manera, Repú- – 21 –
  21. 21. blica, Democracia, son instituciones que actualmente ya no sonun principio de división ni fomentan la discordia: no es eso loque divide a la derecha y la izquierda sino que son un elementode consenso entre los franceses” (Rédmond, 1993: 27). En Francia, menciona Rédmond, la revolución de 1789 di-vidió a los franceses en derecha e izquierda: a favor del cambiorevolucionario hacia la república o a favor de la monarquíaabsolutista. En el primer centenario, en 1889, todavía existíaesa división ideológica; sin embargo, 200 años después de latoma de la Batilla, ya no existe esa contradicción; él cita la si-guiente confirmación: “En su introducción general a su estu-penda Histoire des Droites publicada en 1992, Jean-François Siri-nelli hacía referencia a numerosos sondeos de opinión públicarealizados entre 1989 y 1991, que revelaban que entre el 55 y el56% de las personas interrogadas, esto es una mayoría clara,pensaban que esa división ideológica ya estaba superada”(Rédmond, 2005: 46). En cierto paralelismo con la historia política mexicana, fueclaro el cambio en la historia del siglo XX a partir de la revolu-ción de 1910; de hecho el nuevo gobierno con el partidohegemónico que gobernó el país durante 71 años a partir de1929 se apropió de la ideología revolucionaria frente a unaderecha que fue representada por el PAN y otros grupos comoel sinarquismo. Sin embargo, con la alternancia en la presiden-cia de la república en el 2000, el gobierno del presidente Foxnunca cuestionó la revolución revindicando la dictadura deDíaz sino solamente la matizó quitando, por ejemplo, cuadroscon la figura de Zapata sustituyéndolos con la de Francisco IMadero y sus postulados más moderados con respecto al go-bierno anterior. Si aparte de la concepción del modelo republicano, se quie-ren señalar otros puntos fundamentales que antes dividían a laizquierda y la derecha francesa, éstos son los siguientes. Uno era la cuestión religiosa, lo cual también puede ser co-sa del pasado; hay una aceptación generalizada de que cada – 22 –
  22. 22. quien puede ser libre de profesar sus creencias religiosas sinque el gobierno tenga que imponer una religión y prácticasobligatorias a partir de las creencias del jefe de estado. Antes se consideraba que la derecha optaba por el capita-lismo y la izquierda por el socialismo. Pero en todo el sigloXX, la socialdemocracia exitosa en diversos países europeospudo mostrar los grandes beneficios para la sociedad con elestado benefactor de tipo keynesiano, dentro de las reglas fun-damentales de libre empresa y competitividad capitalista. In-cluso la opción más clara durante la preponderancia del mode-lo neoliberal entre izquierda (optando por las empresaspropiedad del estado) y derecha (optando por las privatizacio-nes) ha ido desapareciendo. En la Francia de los años 80s,François Mitterrand se presentó como el candidato que iba acombatir el capitalismo y, sin embargo, toda la época del Par-tido Socialista en el poder siguió las reglas del modelo del capi-talismo europeo, llegando incluso a la realización de privatiza-ciones de empresas que no se habían hecho cuando la derechaestaba en el poder. Sarkozy, en cambio, el nuevo presidente deFrancia a partir de las elecciones de mayo del 2007, acusa a laizquierda de inmovilismo y de haberse vuelto reaccionaria; élmismo, representando un partido al que todos llaman de dere-cha, se dice inspirado en teóricos ligados a la tradición de laizquierda como Antonio Gramsci: “En realidad, yo he hechomío el análisis de Gramsci: el poder se gana por las ideas”(Sarkozy, en Le monde diplomatique, 2007: 8) Se consideraba también –esto en un ámbito mundial– quela izquierda estaba a favor del proletariado, de los trabajadores,mientras que la derecha tenía su opción por el empresariado ylos grandes ricos, considerados éstos como los únicos quepodían hacer crecer la economía. Sin embargo, por diversasrazones, ambas corrientes ahora se refieren conjuntamente alpueblo en general, a los derechos de los ciudadanos, a los de-rechos políticos de todos los habitantes. De alguna manera, ellenguaje es convergente hacia los derechos políticos de todos: – 23 –
  23. 23. “la noción de ciudadanía reposa sobre el reconocimiento delos derechos políticos” (Touraine, 2005: 94). Si todavía se quiere añadir otro punto en la disolución defronteras ideológicas, está el asunto del proyecto de la UniónEuropea. Estar a favor o no de este gran proyecto de integra-ción no ha sido un asunto de ideologías de izquierda o dere-cha; a favor o en contra de este proyecto se encuentran alian-zas de una y de otra ideología; en este tema los que están conel sí o el no, distan mucho de alinearse con la derecha o con laizquierda, como bien se comprobó en el referendum francésdel 2005 sobre la propuesta de constitución europea; inclusogobiernos llamados de derecha como el de Sarkozy en Franciao el de Merkel en Alemania son los principales impulsores dela Unión Europea. Se ha dicho en muchos círculos de opinión, además, queuna de las características permanentes de la izquierda es laopción por el cambio, mientras que la derecha opta por la tra-dición y el conservadurismo. Pero la experiencia histórica delas sociedades revuelve mucho estas características en muchoscasos: la historia del capitalismo ha mostrado claramente cómolos valores de la ganancia se han impuesto para cambiar nume-rosas costumbres tradicionales de los pueblos; los cambiosimpulsados por la globalización económica de finales del sigloXX y representando a los intereses de la industria y grupos depoder de la derecha siguen revolucionando con cambios drás-ticos la vida al interior de las naciones: el mundo en su totali-dad ha cambiado radicalmente de los inicios del siglo XX a losinicios del siglo XXI. Otro caso fue la situación de la antiguaURSS cuando la llamada izquierda gubernamental enarbolandoel socialismo de estado defendía el statu quo frente a quienescriticaban y luchaban por mayor libertad dentro del esquemasoviético: la izquierda se había vuelto conservadora y tachabade derechistas y pro-imperialistas a todos sus críticos. Otroejemplo más podemos citar cuando, a finales del siglo XX, lastendencias de izquierda empezaron a defender el modelo de – 24 –
  24. 24. estado benefactor (independientemente de su contenido encualquier país) frente a todos los cambios que la derecha em-pezó a proponer para achicar el estado y luchar por el librecomercio. Con ello, podemos citar de nuevo a Sarkozy en sucampaña para postularse a la presidencia francesa: “Nuestrafortaleza será un partido en movimiento; los socialistas son losque se han convertido en conservadores” (Le monde diploma-tique, 2007: 8). La conclusión de Rédmond es contundente para Francia:“La distinción entre derecha e izquierda ya no es pertinente;ella no determina las posiciones de una parte u otra ni esclare-ce las motivaciones para elegir una posición específica” (Réd-mond, 2005: 74). Sin embargo, parece claro que la confusiónde posiciones ideológicas ha llegado a ser un fenómeno mun-dial cuando en todos lados vemos los desplazamientos deideas y las alianzas entre partidos y movimientos de distintossignos: partidos de la derecha se acercan a posiciones de cen-tro (postulando demandas típicas de la izquierda sobre losreclamos populares) con el objeto de ganar electores; partidosde la izquierda radical moderan sus posiciones e incluso cam-bian de nombre (quitando, por ejemplo, el nombre del comu-nismo, concepto tan denigrado por los medios de comunica-ción) para no asustar a una población y perder votos. Se puede ver con claridad, además, una serie de temáticaspolíticas muy importantes que se han vuelto comunes paracualquier gobierno, independientemente de su signo ideológi-co: la seguridad para todos los ciudadanos, la lucha contra elterrorismo, el combate a la pobreza, la batalla contra las drogasy el narcotráfico, etc. Esto ha contribuido a que los partidospolíticos de izquierda y de derecha tengan agendas comunesen sus propuestas, diferenciándose en muchas ocasiones nopor sus objetivos sino solamente por la forma de hacer susprogramas, prometiendo solamente mayor eficacia que loscontrincantes. – 25 –
  25. 25. Permanencia de la confrontación ideológica Sin embargo, para no quedarnos con el sentimiento queprovoca uno de los poemas irónicos del antipoeta chileno Ni-canor Parra (“La izquierda y la derecha unidas jamás serán venci-das”), hay que admitir que, aunque se puede probar que la dis-tinción de las ideologías tradicionales está dejando de operar,por lo general, siempre se encuentran presentes en la luchapolítica. Es decir, la diferencia ideológica parece caduca desdecierta perspectiva, pero las fronteras no han desaparecido: lalucha de la llamada izquierda y derecha está más presente quenunca en los debates nacionales. Hay consensos fundamenta-les pero también hay división, separación y combate entreposiciones de poder y puntos de vista. “En los mismos son-deos de opinión en donde una mayoría juzga que la distinciónentre derecha e izquierda está pasada de moda, también hayuna mayoría que acepta situarse en relación a ella: en noviem-bre de 1990, solamente 34% de los franceses aceptaban queesta diferencia de ideologías tenía sentido, pero 38% se reco-nocían como de izquierda y un 28% como de derecha, es de-cir, un total del 66%... Es decir, las diferencias entre la derechay la izquierda no han desaparecido totalmente” (Rédmond,1993: 47-48). Y si vemos la vida política electoral contemporá-nea de Francia en las elecciones de 2007, numerosas discusio-nes y anuncios y reportajes en los medios masivos de comuni-cación colaboran para distinguir con claridad las opciones delelectorado, incluyendo a los candidatos en las siguientes op-ciones: derecha, izquierda, extrema derecha, extrema izquierda,centro y “otros”. La realidad empírica muestra entonces queen Francia –y también en el resto del mundo– hay muchostemas que separan a los grupos de interés de la sociedad que semanifiestan en la vida política en la que se libra un lucha fron-tal, especialmente en los momentos electorales: política social,el aborto, la posición de la mujer en la sociedad, la pena demuerte, la migración, la identidad nacional, la lucha contra la – 26 –
  26. 26. pobreza y el desempleo, las medidas fiscales, las políticas deseguridad,… Si bien es cierto que con la crisis de los socialismos de Eu-ropa del Este y la desaparición de la antigua URSS, numerosasposturas ideológicas de la izquierda ligada a la corriente delmarxismo-leninismo fueron perdiendo credibilidad, se puedeseguir afirmando que sigue habiendo una gran confrontaciónentre quienes postulan la necesidad de cambios urgentes ynecesarios a partir de una situación empírica de enajenación yexplotación de una gran mayoría de los seres humanos delplaneta y quienes aceptan las diferencias y las desigualdades enla sociedad como algo natural, frente a lo cual solamente sepueden hacer reformas menores y ciertos programas asisten-ciales. Con esto, nos podemos sumar a la postura de Bobbio(1995), en el sentido de afirmar que la dicotomía de posicionesentre izquierda y derecha todavía tiene un sentido fundamentalen el modo de hacer política; “se puede incluso afirmar queizquierda y derecha son términos que el lenguaje político havenido adoptando a lo largo del siglo XIX hasta nuestros días,para representar al universo conflictivo de la política” (Bobbio,1995, cap. 2), aunque siempre hay que admitir que son térmi-nos relativos, espaciales y referidos a sociedades determinadasen donde su contenido de postulados puede variar con eltiempo. Se puede decir que la izquierda sigue teniendo sentidoen la medida que postula la necesidad de la liberación y laemancipación de los seres humanos que están sujetos a ciertascadenas impuestas por el poder de grupos que se apropian delos recursos sociales a partir de su posición y privilegios deraza, clase, élite o fuerza económica, política y militar. Sin embargo, la derecha no está alejada tampoco de estospostulados, puesto que no pueden cerrar los ojos a la desigual-dad existente dentro de cualquier sociedad. Por ello, entonces,la principal distinción entre la izquierda y la derecha podríaencontrarse en la manera en cómo se quiere afrontar la des- – 27 –
  27. 27. igualdad social. “El criterio más frecuentemente adoptado paradistinguir la derecha de la izquierda es el de la diferente actitudque asumen los hombres que viven en sociedad frente al idealde la igualdad, que es, junto al de la libertad y al de la paz, unode los fines últimos que se proponen alcanzar y por los cualesestán dispuestos a luchar” (Bobbio, 1995, cap. 6). Por un lado,entonces, hay quienes consideran las desigualdades como frutode un desarrollo histórico de la sociedad, que han sido causa-das precisamente por los propios seres humanos y, por lo tan-to, es un hecho posible de ser transformado a través de lasmismas acciones de individuos y grupos sociales; por otrolado, habría quienes le otorgan a la desigualdad el calificativode “natural” y por ello consecuentemente se enfrentan a laimposibilidad de cambiar de manera drástica ese estado decosas15; propio de la derecha sería entonces la aceptación delas desigualdades fundamentales entre los seres humanos, lascuales no pueden combatirse más que con reformas menores yprogramas de tipo asistencial. Si bien entonces es útil en la política la distinción de estascorrientes ideológicas, ¿por qué la confusión y por qué el acer-camiento de posiciones entre ambas corrientes en cuanto a susprogramas de acción en las distintas sociedades? Hay que aceptar que en el siglo XX proliferaron numerosastendencias de izquierda postulando el socialismo y el comu-nismo, llegando a tener poder efectivo en numerosos gobier-nos. Sin embargo, por un lado, la debacle de los socialismos deEuropa del Este y la desaparición de la antigua URSS ofrecie-ron una idea contundente sobre la imposibilidad a corto plazode la construcción de una sociedad alternativa al capitalismo;de alguna manera, numerosas corrientes de izquierda han teni-do que moderar sus posiciones pasando de la radicalidad del15 Se han adoptado incluso fundamentaciones de tipo religioso al recordarlas palabras de Jesucristo en los evangelios “A los pobres los tendréis siem-pre con vosotros” (Juan 12, 8), queriendo afirmar la diferencia permanentee irremediable entre ricos y pobres a lo largo de toda la historia humana. – 28 –
  28. 28. enfrentamiento al capitalismo hacia las reformas moderadasdentro del sistema. De esta manera, aunque Proudhon fuederrotado ideológica y políticamente por Marx en uno de loscongresos de la Asociación Internacional de Trabajadores, supropuesta decimonónica de colaboración con las fuerzas delgobierno en turno, aceptando la necesidad de impulsar reformamoderadas como camino hacia una sociedad mejor, se ha esta-do reivindicando a finales del siglo XX y comienzos del XXI. Pero, por otro lado, hay que tener en consideración unhecho empírico comprobado: no todos (ni individuos, ni gru-pos, ni partidos ni gobiernos) los que dicen tener una ideologíade izquierda son consecuentes en la práctica de sus accionescon los principios en los que dicen inspirarse. O por lo menos,en numerosos casos puede constatarse que muchas ideologíasde izquierda han sido utilizadas por diversos grupos –sobretodo cuando están en posiciones de poder gubernamental–para beneficio propio (Kuehnelt-Leddihn, 1991). Por ello, hayque aceptar que gobiernos como el de Pol Tot en Camboya, elde Sadam Hussein en Irak, o el partido nacional socialista deHitler, amparados en ideologías que decían luchar por el socia-lismo, no tenían nada que hacer dentro de la izquierda. E in-cluso hubo períodos en la antigua URSS en donde el Stalin dela década de 1920 mandó a la purga a la mayoría de sus anti-guos compañeros líderes que habían acompañado la revolu-ción de octubre de Lenin y, entonces, frente a él como frente aotros líderes de izquierda, han surgido otras izquierdas (comola de Troski frente a la dictadura stalinista), que reclaman ser laverdadera izquierda. Pudo suceder entonces, como lo señalaCastoriadis (1975), que el marxismo mismo (el símbolo degran parte de la izquierda) se convirtió en una ideología escle-rótica que no existía ya más que como discurso de justificaciónde burocracias de poder –y por tanto, de la derecha– aunquese seguían considerando como representantes de las clasespopulares. – 29 –
  29. 29. Hay que señalar también que el acercamiento de posicionesentre izquierda y derecha también ha sido producto de losnuevos procesos del siglo XX. La clase obrera dejó de ser con-siderado el único movimiento revolucionario por la izquierda;lo demostró Mao Tse-Tung al señalar a los trabajadores delcampo (los campesinos a los que Marx había llamado pequeñaburguesía) en China como los principales artífices de un mo-vimiento de guerra popular prolongada que llegó al triunfo en1949. Además, tanto el movimiento estudiantil de Francia enmayo de 1968 como ciertos escritos de Marcuse mostraron elpotencial de los jóvenes estudiantes. Pero fueron sobre todolos llamados “nuevos movimientos sociales” como el femi-nismo y los ecologistas quienes mostraron que dentro de ellospodía estar tanto la izquierda como la derecha. De esta maneraes como se han ido constituyendo los frentes amplios de ciu-dadanos que no quieren pertenecer en muchas ocasiones aningún partido o grupo ideológico determinado. En el movimiento por los derechos de las mujeres, porejemplo, Bernard Stiegles relata el caso ocurrido en 1929:“Edward Barneys, para quien el problema clave de los grandesestados industriales del siglo XX será el dominio de la opinióny el control de los comportamientos individuales y colecti-vos,… propone sus servicios a la compañía Philip Morris engrave dificultad financiera, a la que le hace la oferta siguiente:los Estados Unidos es un país puritano donde las mujeres nofuman, pero se les puede incitar a fumar, a trangredir los tabusgracias a una campaña publicitaria centrada en el inconcientefemenino. La emancipación femenina pasará por el cigarro…Con ello Philipp Morris extiende su mercado y sale de la cri-sis” (Stiegler, en Le nouvel observateur, 2007: 25). De unamanera curiosa, se unieron en un momento determinado in-tereses económicos, liberación femenina y la necesidad deimpulsar cambios de comportamiento en la población. De esta manera, tampoco se podría formular que es la de-recha la que defiende los valores tradicionales, y la izquierda la – 30 –
  30. 30. que promueve el cambio. Como lo señala el mismo Stiegler(Le nouvel observateur 2007: 26), a propósito del movimientoestudiantil de 1968 en Francia, muchos pensaban en la defensadel capitalismo representando a la derecha y los valores tradi-cionales, mientras que los estudiantes eran de izquierda al querersimbólicamente destruir esos valores. Pero el análisis históricopuede mostrar claramente que es el proceso de produccióncapitalista lo que ha subvertido gran parte de los valores de lasociedad, revolucionando radicalmente no solo la economíasino la política, la cultura y los imaginarios sociales antiguos.¿Dónde quedó la izquierda? ¿no estaba más bien representadapor los defensores de numerosos valores tradicionales?En un mundo plural Con los precedentes históricos señalados, ¿no hay suficien-tes razones para seguirse confundiendo entre tantos partidos ymovimientos? ¿Hay una izquierda y una derecha claramentedefinidas? ¿Vale la pena seguir utilizando estas categorías deanálisis político? En la práctica sabemos que no todos los que se confiesanpúblicamente con una ideología específica responden en lapráctica a ella, y que ha habido importantes corrimientos ideo-lógicos cuando se ha aceptado que la toma del poder por ungobierno o un líder revolucionario no necesariamente garanti-za una mejor sociedad. A pesar de todas las confusiones creadas, hay un funda-mento histórico y teórico para seguir sosteniendo la dicotomíatradicional de estas categorías políticas de izquierda y de dere-cha. Lorenzo Meyer afirma que el término de izquierda “seacuñó en el siglo XVIII, durante la Revolución francesa (en laasamblea, los radicales se sentaban a la izquierda), pero suequivalente ha existido desde el inicio de la actividad política.Izquierda es un término que identifica a todos aquellos que endiferentes épocas y circunstancias se han pronunciado o ac-tuado a favor del cambio radical, con un argumento ético y en – 31 –
  31. 31. función explícita de los intereses de la mayoría. Desde estaperspectiva, de izquierda eran los hermanos Graco –Tiberio yCayo, descendientes de Escipión el Africano– que como tri-bunos se propusieron llevar a cabo una reforma agraria paramejorar la condición de las masas plebeyas; también de iz-quierda fue el cura mestizo José María Morelos y Pavón, quienluchó no sólo por la independencia de la Nueva España, sinopor una política de justicia social que disminuyera el abismocreado por tres siglos de colonialismo entre los muy numero-sos pobres y los muy pocos ricos del reino. Y no es coinciden-cia que ellos y tantos otros que optaron por posiciones simila-res hayan encontrado la muerte a manos de los defensores delstatu quo, es decir, de la derecha” (Meyer, 2005: 97) Sin embargo, más allá de las autodefiniciones de cada orga-nización, hay que darle un contenido práctico a la ideología encada localidad, teniendo en cuenta que, dentro de cada espaciolocal, surgen no siempre dos posiciones contrapuestas sinodecenas de movimientos, líderes y partidos entre los cualespueden darse numerosos conflictos y alianzas. El análisis co-yuntural, por tanto, tiene que pesar más que los principiosdeclarados por los líderes y las interpretaciones ideológicassobre los postulados teóricos; se tiene que hacer continuamen-te un análisis histórico coyuntural para ver quién puede ofrecery llevar a la práctica determinadas metas que en algo ayuden amejorar las condiciones de vida de la mayoría de los habitantes. Aparte de la opción por seguir sosteniendo la validez deciertas diferencias fundamentales entre la izquierda y la dere-cha, debido a la persistencia de los corrimientos ideológicos yla delimitación de fronteras, me parece importante asumirademás la propuesta práctica de Pasquino, quien piensa más entérminos de un sistema democrático en donde pueden tenercabida distintas ideologías y programas, según los avatares delos procesos electorales. Aunque cualquier persona pueda re-conocerse con afinidad por una de las dos posturas (o variasmás, cuando se desglosan otros adjetivos como “moderada” o – 32 –
  32. 32. “extrema”), hay que reconocer que no es deseable el llegar auna situación permanente e indefinida de dominación de undeterminado grupo social en cualquier gobierno y por ello, envistas de una gobernabilidad democrática, habría que admitirsiempre la posibilidad de alternancia conforme al sentir de lapoblación, con reglas determinadas y confiables. “Sólo si laderecha y la izquierda tienen perspectivas efectivas de gobier-no y temores igualmente efectivos de perder el gobierno através de procedimientos de alternancia democrática trataránentonces de controlar y conducir los procesos de globaliza-ción” (Pasquino, 2004). Aunque, como él mismo lo señala,habría que poner determinados condicionantes: “Derecha eIzquierda, tanto en el gobierno como en la oposición, tienen lagran oportunidad de garantizar la gobernabilidad democráticasi, primero, actúan de manera responsable, o sea, si aceptan laresponsabilidad por las decisiones que toman; si, segundo, seenfrentan por las políticas y no por los valores y tampoco,salvo excepcionalmente, por las reglas constitucionales; tercero,si no son muy distantes, si no se polarizan; si, cuarto, permane-cen en el terreno estrictamente político y no utilizan ni inten-tan movilizar recursos extras o antipolíticos; si, quinto, puedenalternarse periódicamente en el gobierno y aprovechan esa opor-tunidad..” (Pasquino, 2004). Es muy importante esta perspectiva puesto que en cual-quier contienda democrática con reglas institucionales estable-cidas, tanto los grupos llamados de derecha como los de iz-quierda puede llegar a acceder al poder. Engels planteaba amediados del siglo XIX que con el sufragio universal, la clasetrabajadora accedería al poder del gobierno con medios demo-cráticos por el hecho de ser mayoritaria; sin embargo, en lademocracia no hay determinismos absolutos: los intereses declase (si es que seguimos utilizando el concepto) nunca se ex-presan de manera mecánica en conciencia de clase para votarpor una sola organización; cuenta, además, muchísimo el papelde los medios de comunicación en períodos electorales. Por – 33 –
  33. 33. ello, pudo darse, por medios democráticos, en Italia, en unmomento el triunfo del empresario Silvio Berlusconi; por ello,en Ecuador, en el 2006, el multimillonario Álvaro Noboa tuvotantos votos en las elecciones presidenciales que lo llevaron aganar la primera vuelta; por ello también, en Argentina, enjunio del 2007, pudo ganar el derechista Mauricio Macri, con el60% de los votos, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires,llamando la atención del periodista Horacio Verbitsky de lasiguiente manera: "sería la primera vez en la historia electoralargentina que una representación política de las clases domi-nantes accediera al gobierno de un distrito importante del paíspor medios legales y pacíficos” (La Jornada, 25 junio 2007), De esta manera, resulta razonable que, aunque haya queapasionarse por alguna de las opciones políticas en relación alfuncionamiento de la sociedad, hay que encontrar una manerade gobernar que permita la alternancia, de acuerdo a la volun-tad mayoritaria de una población expresada en los votos: cual-quier gobierno deberá ser transparente y estar supeditado adiversos controles, en especial a los resultados electorales con-fiables, después de ciertos períodos fijados por las leyes decada país. En América Latina, estas reglas de la democraciaelectoral todavía están a debate porque no existen institucionessuficientemente consolidadas en todos lados que garanticenplenamente los resultados. Esto último, ciertamente, es unagran tarea por conquistar; sin embargo, izquierda y derecha,entonces, más allá del ofrecimiento ideológico de sus posturasa partir de sus propios valores, tendrán que ser juzgados porsu práctica política, supeditados a un proceso posible de alter-nancia periódica; nunca podrá ser valedero que un gobierno sesiga imponiendo por tiempo indeterminado, con el pretexto deque la población ignora qué es lo que conviene a sus interesescolectivos y que por ello se quieran justificar los fraudes pa-trióticos. En las reglas básicas del proceso democrático, laizquierda y la derecha deben tener consensos fundamentalespara una gobernabilidad democrática. – 34 –
  34. 34. CAPÍTULO II UTOPÍA Y NUEVOS IMAGINARIOS SOCIALES “Considerada como régimen político, la democracia tiende a aparecer como algo másbien estático. Sin embargo, puede concebírsela como una forma de vida, algo eminente-mente dinámico. Esta idea se desprende en parte de las concepciones republicanas, rema-nentes del imaginario de la intensa participación de la vieja democracia ateniense, tribu-taria también de la concepción de soberanía popular rousseauniana”. (Paez R., enLizcano, 2006) En los últimos siglos de la historia humana se ha hecho unadistinción clara entre dos épocas: el tiempo de la sociedad feu-dal europea y el tiempo de la modernidad. Esta diferencia tienesu fundamento en el tránsito de una sociedad teocéntrica haciauna antropocéntrica con el nacimiento de una filosofía delhumanismo y del racionalismo. La diferencia entre estas dosgrandes épocas se puede ver en múltiples ejemplos, puesto queen el siglo XVI vimos la aparición de numerosos aconteci-mientos que atestiguan dicho tránsito: el surgimiento de lasciencias naturales, el renacimiento, la reforma protestante, elresurgimiento de las ciencias políticas y sociales, la aparicióndel nuevo modo de producción capitalista a través de la fuerzade trabajo asalariada, etc. Fue el tránsito de una sociedad alie-nada en el oscurantismo de una visión teológica que solamentese quería fijar en el más allá hacia una sociedad antropocéntri-ca en donde el ser humano se convertía en el centro del uni-verso, sobre todo con su capacidad de razonar. Sin embargo, – 35 –
  35. 35. dentro de la época moderna, la racionalidad no necesariamenteestá peleada con la utopía y la imaginación.Racionalidad y utopía El racionalismo y la modernidad nacieron en Europa peroluego se extendieron a todo el resto del planeta; el desarrollodel capitalismo en particular trajo consigo la revolución indus-trial del siglo XVIII y XIX con el uso exagerado de los con-ceptos de desarrollo y progreso. Todo esto se producía a partirde una confianza cada vez ilimitada en el uso constante de larazón del ser humano, que no podría sino conducir a mejoresetapas en la vida de la humanidad, particularmente cuando enlos siglos posteriores al renacimiento se experimentaba tam-bién una transición política del estado absolutista hacia unmodelo liberal y democrático. Los más grandes representantes del racionalismo en Euro-pa fueron Descartes, Spinoza y Leibniz; ellos expresaron unaconfianza ilimitada en la razón humana como fuerza motrizuniversal capaz de tender a mejores etapas de desarrollo. Juntocon ellos también se desarrolló el concepto de utopía desdeTomás Moro en el siglo XVIII hasta el socialismo utópico delsiglo XIX (Saint-Simon, Fourier y Owen), incluyendo la aspi-ración de una sociedad sin clases de Marx. En un posible diá-logo entre ambas corrientes, uno puede preguntarse si conbase en la razón puede uno legítimamente aspirar a la utopía,especialmente si uno se pone a analizar las condiciones parti-culares de la existencia humana y las compara con aquello quedebería ser según ciertos conceptos elementales de igualdad,justicia y hermandad. Hirschberger, como un renombrado autor de la historia dela filosofía, señala que "con Descartes (1596-1650) se iniciadefinitivamente la filosofía moderna" (Hirschberger, 1998:163), puesto que él es el iniciador del Racionalismo, una co-rriente que "significa literalmente filosofía de la razón. Enconcreto quiere decir que se trabaja preferentemente con la – 36 –
  36. 36. razón o con la inteligencia (en un principio, ambas cosas sonlo mismo), con el pensamiento y con conceptos" (Hirschber-ger, 1988: 162). Pero un nivel del racionalismo está en la re-flexión sistemática sobre los principios generales del ser y otroes la aplicación a la historia y a la comprensión de los proble-mas sociales y políticos de la sociedad. En este segundo nivelempezaron a brillar en el siglo XVII Joannes Althusius (1557-1638), Hugo Grocio (1583-1645) y Spinoza (1632-1677), quie-nes empezaron a utilizar la razón para el análisis político de lassociedades humanas. El escritor alemán y calvinista Althussius en su tratado so-bre la política (Política methodice digesta, exemplis sacris et profanisillustrata) es de los primeros en oponerse a las ideas absolutis-tas bajo el principio de que si los gobernantes dirigen al pue-blo, el pueblo tiene algo que decir sobre quiénes deban ser susgobernantes y por ello “declaró que la soberanía descansasiempre, necesaria e inalienablemente, en el pueblo... La teoríapolítica de Althusius es notable por su afirmación de la sobe-ranía popular y por el uso que hizo de la idea de contrato"(Copleston, 1988: 311). Por su parte, Grocio, especialmentecon sus textos Mare liberum, De iure belli ac pacis y De iure naturaeet gentium, se ha convertido en uno de los primeros teóricos delas relaciones internacionales, dado que la universalización delcomercio obligaba a regular cada vez más el derecho a la gue-rra propiciando la convivencia pacífica entre las naciones. Deesta manera, puede uno pensar que, con base en la razón, unopuede criticar fuertemente el modo concreto de existir de unasociedad porque contradice a algo que parece ser exigido porla ley natural: en la práctica, se podía empezar a decir que en unestado nación en donde un rey gobierna con postestad absolutasobre todos sus gobernados, se trata de una situación contrariaa la razón puesto que dichos gobernados –los ciudadanos– ten-drían que tener alguna injerencia para definir quién es el que losdebe gobernar. La razón y la utopía podían conectarse paraimpulsar una lucha social en contra de lo establecido. – 37 –
  37. 37. Sin embargo, fue Spinoza16, de manera particular, quienmás sobresalió con un método racional y matemático al empe-zar a abordar los tres modelos de sociedad de Aristóteles (mo-narquía, aristocracia y democracia) y ubicarlos otra vez en ladiscusión moderna, pero señalando, a diferencia de Aristóteles(que parecía preferir la aristocracia), el fundamento racionaldel modelo democrático. Al igual que su contemporáneo enInglaterra Thomas Hobbes, él también creía que los hombresson naturalmente enemigos, pero más que llegar a la conclu-sión sobre la necesidad de un Leviathán, un poder totalitariopor encima de la sociedad, Spinoza se inclinaba por la idea delpacto de una asamblea general. Una vida conforme a la razónjamás podrá justificar un gobierno tiránico. En su TratadoTeológico-Político, afirma que el Estado más racional es elmás libre; “la república más libre es aquella cuyas leyes se fun-dan en la sana razón” (Spinoza, 1999: 361); el fin es vivir conpleno consentimiento bajo la entera guía de la razón, y esaclase de vida se asegura del mejor modo en “una democracia,la cual puede definirse como una asamblea general que poseecomunalmente su derecho soberano sobre todo lo que cae enla esfera de su poder" (Spinoza, 1999: 360). En una democra-cia, las órdenes irracionales son menos de temer que en cual-quier otra forma de constitución, "por ser punto menos queimposible que la mayoría de una asamblea sancione un absur-do” (Spinoza, 1999: 360-1). Con ello llega finalmente a su con-clusión: “He preferido tratar de esta forma de gobierno (lademocracia) por parecerme la más natural y la más propia a lalibertad que la naturaleza da a todos los hombres, porque eneste Estado nadie transfiere a otro su derecho natural, sino quele cede a favor de la mayoría de la sociedad entera de que esuna parte” (Spinoza, 1999: 361).16Juan Carlos Scanone señala que antes de Spinoza fue Francisco Suárez(1548-1617) el padre de la democracia moderna porque en su texto De legibusde 1612 señala que el poder de los reyes está limitado por el favor de la gente;con ello enfrentó la teoría del poder divino que se adjudicaban los reyes. – 38 –
  38. 38. Si el modelo de la democracia es lo más racional, si el co-nocimiento científico abre innumerables posibilidades para eldesarrollo del ser humano y de las sociedades, si el comerciose hace universal extendiéndose más allá de los límites del es-tado-nación, etc. la imaginación y el pensamiento pudieronvolar hacia el futuro imaginándose no solamente el fin delautoritarismo monárquico sino también una época en que lasnaciones pudieran vivir en paz, sin la necesidad de la guerra.La misma racionalidad le daba su fundamento a la utopía, peroya no como algo irrealizable –que es el significado original: loque no tiene lugar– sino como un proyecto histórico con elque lo seres humanos tienen que comprometerse. Hobbes presentaba su “Leviathán” como un poder totalita-rio basado en una necesidad histórica para poder mantener elorden y la estabilidad social entre los seres humanos siempreen pie de guerra; sin embargo, el siglo XVIII en Europa, desdelos albores de la Ilustración, trajo consigo también los deseossobre una sociedad cosmopolita en armonía, producto delcúmulo de conocimientos. Armand Mattelart (2000) nosmuestra en su excelente libro sobre la utopía planetaria cómose fue planteando esta visión por numerosos autores. De esta manera, Bossuet (1627-1704) y Fenelón (1651-1715) elaboraron conceptos como la “sociedad general delgénero humano” y el de la “Gran patria del género humano”,que son “los auspicios bajo los que se sitúa el siglo XVIII”(Mattelart, 2000: 74). Varios de estos escritos estuvieron inspi-rados en la tradición utópica de Tomás Moro y Tomás deCampanela, señalando que era una tendencia necesaria para lahumanidad, pero también muchos de ellos estuvieron inspira-dos tanto en la razón como en el voluntarismo De maneraparticular, por ejemplo, en 1708, el abate de Saint-Pierre escri-bió un texto llamado “Informe sobre la reparación de los ca-minos” donde empezó “a meditar sobre la necesidad de esta-blecer una paz duradera, con el fin de garantizar un comercioperpetuo entre todas las naciones, y él mismo se dedicó a la – 39 –
  39. 39. tarea de empezar a publicar otro texto titulado Proyecto parainstaurar la paz perpetua en Europa (Projet pour rendre la paix perpé-tuelle en Europe), en donde también aclaraba que dicho proyectoabarcaba todos los estados de la tierra” (Mattelart, 2000: 78). Suconsideración fundamental radica en que de manera racionallos soberanos de las grandes naciones formarán una sociedadpermanente de soberanos en donde renuncian a la vía de lasarmas y acuerdan la vía de la conciliación a través del instru-mento de una asamblea general perpetua. Como dice Matte-lart, “quimérica o no, novela inútil o no, la obra del abate deSaint-Pierre representa un jalón en la apertura de la reflexióneconómica, filosófica y diplomática a la dimensión de toda laredondez de la tierra, como medio de bienestar y de progreso,en contra del espíritu de conquista” (Mattelart, 2000: 80) En el siglo XVIII se pueden contar alrededor de veinteproyectos de pacificación general, universal o europea en di-versos pensadores franceses, ingleses, italianos y alemanes, conla intención de formar la república única del género humano.Podríamos hacer referencia también a la obra de Louis Sébas-tien Mercier (1740-1814) publicada en 1771 con el nombre de“El año 2440: sueño si acaso lo hubo” (L´an 2440. Rêve s´il enfut jamais): en ella, el autor sueña en el devenir del mundo, másde dos siglos posteriores a su propia época, en donde nohabría prejuicios religiosos, en donde todos se mirarían comohermanos no importa que fueran chinos o indios, en donde enel mundo solamente existiría una sola familia bajo un padrecomún. La lógica del racionalismo se imponía en la concepciónde la evolución del género humano porque la gente, al duplicarsus conocimientos, llegaría a amarse y a estimarse entre todosellos; de esta manera, como considera Mercier, en todo el mun-do del futuro, “en todas partes, la guerra es considerada comouna extravagancia imbécil y bárbara” (Mattelart, 2000: 83). Sin embargo, Leibniz, uno de los más grandes representan-tes del racionalismo filosófico, es muy escéptico de esta visiónen donde el progreso apunta necesariamente a una sociedad de – 40 –
  40. 40. paz perpetua; él mismo le escribió una carta al abate Saint Pie-rre en 1715, criticándole la visión voluntarista de esa uniónsupranacional; la base de la crítica de Leibniz es el estudio de lahistoria práctica de los pueblos, cuyo desarrollo no se corres-ponde necesariamente a una evolución de fases empíricas pro-gresivas hacia mejores estadios de convivencia humana, a pesarde que tengan mejores conocimientos. Voltaire, por su parte,calificó al abate Saint-Pierre como el “Saint-Pierre d´Utopie”. Hace varias décadas consideré con atención y atracción latentativa ecléctica de Mannheim en su texto Ideología y Utopíade 1929; después Paul Ricoeur publicó otro libro con el mis-mo título pero con diferente interpretación. Mannheim enten-día los conceptos de ideología y de utopía con una relacióníntima pero como desviaciones e incongruencia con respecto ala realidad; Ricoeur les dio, en cambio, una interpretación po-sitiva, considerándolos como discursos necesarios para la vidaa través de una elaboración simbólico narrativa que tipificabala imaginación social y cultural en un momento determinado;de hecho, el proyecto más amplio de Ricoeur sobre la filosofíade la imaginación se conecta de manera profunda con toda lainterpretación sobre el poder del imaginario en las sociedades.De hecho, de acuerdo a una de las frases atribuidas a AlbertEinstein podríamos afirmar que “la imaginación es más importanteque el conocimiento”, porque es lo que nos hace saltar los límitesque nos impone la realidad fáctica para poder luchar por unmejor mundo posible. ¿Podría uno hacer una síntesis entre Mannheim y Ricoeursobre el mismo tema? Me parece que las dos interpretacionessobre ideología y utopía pueden existir en todos nosotros. Hayquienes utilizan constantemente la palabra ideología comosímbolo denigrante: “estás ideologizado”; “sólo piensas enutopías y por eso estás fuera de la realidad”. Y efectivamentees la perspectiva de Mannheim: hemos elaborado ideas que sehan apoderado de nosotros, a las cuales les damos culto, apesar que están alejadas de la realidad empírica o parecen de- – 41 –
  41. 41. formarla. Puede pasar algo semejante con el concepto de uto-pía: el adjetivo “utópico/a” para cualquier persona puede seralgo denigrante porque parece ser sinónimo de un soñadorque ya no tiene los pies en la tierra. Y sin embargo, la utopíatambién puede definirse como un conjunto de ideas-fuerzaque son capaces de mover a un individuo o un grupo socialpara formular y realizar nuevos proyectos; de esta manera, elconcepto deja de ser castrante para convertirse en motor crea-dor de nuevas realidades; el mundo, entonces, no puede vivirsin utopía, sin imaginación creadora. De hecho, tanto Mannheim como Ricoeur pueden ser de-fendidos en su concepción sobre la ideología y la utopía, de-pendiendo de las dos tendencias contradictorias que tiene todoser humano. Utilizando los términos de Edgar Morin, podríaafirmarse que cuando la razón se convierte en racionalización,entonces nos ideologizamos y nos mutilamos al querer encasi-llar de forma necesaria cualquier dato sobre la realidad empíri-ca dentro de los modelos simplificadores ya adoptados; sinembargo, solamente la imaginación y la utopía, que tambiénson capacidades humanas, nos pueden hacer volver a un pen-samiento crítico y creativo en donde también las ideas se con-vierten en fuente de movimiento. Es por ello que tanto Ma-nuel Castells como Alain Touraine le dan un gran valor alanálisis de la identidad en los movimientos sociales; de hecho,así titula Castells el segundo tomo de su excelente obra sobrela Era de la Información: el poder de la identidad. Según Kant, existe una tendencia natural del ser humanohacia la paz duradera (de manera semejante a como existenuestra tendencia hacia la guerra), pero puede modificarse enla vida práctica de acuerdo a las posibilidades de la misma li-bertad humana, la cual puede adelantar o retrasar los objetivosimaginados de acuerdo con las acciones tomadas por indivi-duos y grupos. Kant tiene la esperanza de que las accionesracionales contribuirán con certeza a la construcción de mejo-res sociedades: “…Tomando por nuestra parte disposiciones raciona- – 42 –
  42. 42. les, podríamos apresurar la llegada de esa época tan dichosa para la pos-teridad... La misma guerra, no solo resultará poco a poco una empresaartificiosa, de inseguro desenlace para ambos contrincantes, sino tambiénmuy de sopesar por los dolores que luego siente el Estado con su deudapública en incremento constante… Ya empieza a despertarse un senti-miento en los miembros, interesados en la conservación del todo; lo que nosda esperanza de que, después de muchas revoluciones transformadoras,será a la postre una realidad ese fin supremo de la Naturaleza, un estadode ciudadanía mundial o cosmopolita.” (Kant, 2002: 58-60) La consideración final es la insistencia y la apuesta, no porlas posibilidades destructivas de la insociabilidad –que siemprepodrán actuar tanto dentro de los pueblos nacionales como enla comunidad de naciones independientes– sino por la capaci-dad de sociabilidad de los seres humanos guiados por una ra-zón cada vez más compartida y por su libertad. Es decir, elconocimiento de la “intención” de la naturaleza puede tener unefecto propulsor para acelerar el desarrollo de la humanidadhacia mejores niveles de convivencia mundial. Esta capacidadde las ideas de promover cambios en el mundo real de las so-ciedades se puede expresar así en palabras de Kant: “Un ensayofilosófico que trate de construir la historia universal con arreglo a un plan dela Naturaleza que tiende a la asociación ciudadana completa de la especiehumana, no solo debemos considerarlo como posible, sino que es menestertambién que lo pensemos en su efecto propulsor…” (Kant, 2002: 61) Edgar Morin, por su parte, coincide también con estas dostendencias inherentes al ser humano: por un lado están lasposibilidades del homo sapiens, pero también se encuentra en suinterior la tendencia del homo demens, porque todos los hombresy mujeres experimentamos esa sociabilidad natural de la quehablaba Aristóteles en el siglo IV a.C., pero también la inso-ciabilidad de la que habla Kant y de la tendencia natural a laguerra a la que se refería Hobbes. De esta manera, en las so-ciedades del siglo XX y XXI, por ejemplo, podemos admirarlas grandes posibilidades de progreso y avance que puede tenerla humanidad en la era de la tecnología y la informática y, al – 43 –
  43. 43. mismo tiempo, las realidades de la miseria humana durante lasegunda guerra mundial, la bombas atómicas en Hiróshima yNagasaki, las atrocidades de las guerras del nuevo siglo sobreAfganistán e Irak y los terribles niveles de tortura y genocidioque han sido denunciados en la Corte Internacional de Justiciade La Haya. A la sociedad contemporánea, Ulrik Beck la ha llamado “so-ciedad en riesgo”, porque la actual acumulación de conocimientoen la época de la globalización, por un lado, nos brinda la ma-yor oportunidad de transformación de las condiciones de exis-tencia de los seres humanos y, por otro, nos expone a enormesdestrucciones, a grandes desigualdades crecientes y un granempobrecimiento espiritual; es el propio éxito de la sociedadcontemporánea lo que pone en peligro la propia supervivenciahumana. Al mismo tiempo, en nuestras sociedades asimétricas,él mismo señala que no todos tienen las mismas posibilidadesde influir para su transformación: “Las oportunidades que tienen losdiferentes grupos sociales de constituirse en actores políticos dentro del juegode los grandes poderes están muy mal distribuidas” (Beck, 2002: 186). En este sentido, junto a la mayor capacidad que el mundoha construido para producir alimentos, junto a la gran capaci-dad creciente de gobernabilidad a escala mundial, también hoyse expresa la mayor desigualdad y pobreza de gran parte de lapoblación con una gran cantidad de violencia y exclusión, y losdesposeidos no han tenido las condiciones para convertirse enverdaderos actores sociales de influencia en el mundo de laglobalización. El gran reto de construir una comunidad mun-dial solidaria es muy difícil y no se logrará más que con la crea-ción de nuevos saberes, acciones y movimientos sociales. Por ello, hay que pensar, como Habermas, de manera posi-tiva al señalar que actualmente “en el proceso de globalización,la capacidad de cooperación de los egoístas racionales se en-cuentra rebasada” (Habermas, 1999). Esto puede coincidir concierta “intención” biológica de la naturaleza que nos apuntahacia la construcción de sociedades democráticas, en donde – 44 –
  44. 44. pueden estarse asentando los principios de acción para unasociedad civil más organizada, con mayores elementos institu-cionales de gobernabilidad, con más respeto a los derechoshumanos y mejores leyes de protección sobre una naturalezatan devastada, etc. Sin embargo, la realidad histórica nos muestra lo lejos queestá la guerra de ser desterrada: las guerras comerciales entrelas naciones llegan a enfrentamientos bélicos de gran escala,los fundamentalismos religiosos plantean una guerra de losdioses que se expresa en guerra de razas y culturas; determina-dos países pisotean el multilateralismo para imponer su volun-tad sobre las mismas Naciones Unidas,... El debate, entonces,siempre seguirá estando en la contradicción entre lo sociable einsociable del ser humano, teniendo presente la incertidumbresobre cuál de las dos tendencias puede prevalecer. El mismoHabermas apunta una conclusión importante que tambiénsostenemos: “La cuestión principal es la siguiente: si en las sociedadesciviles y en los espacios públicos de gobiernos más extensos puede surgir laconciencia de una solidaridad cosmopolita. Sólo bajo la presión de uncambio efectivo de la conciencia de los ciudadanos en la política interior,podrán transformarse los actores capaces de una acción global, para que seentiendan a sí mismos como miembros de una comunidad que sólo tieneuna alternativa: la cooperación con los otros y la conciliación de sus inter-eses por contradictorios que sean” (Habermas, 1999). ¿No es seme-jante esta propuesta a la apuesta que hacia Teilhard de Chardinsobre la tendencia natural hacia una convergencia del fenóme-no humano en el punto omega, la cual, sin embargo, siempretendría la alternativa del fracaso con una también inherentetendencia hacia la dispersión negativa a partir de decisioneslibres del mismo ser humano? De alguna manera, la visión de una democracia emancipa-dora solamente puede ser concebida como un hilo conductorde efecto propulsor, y por ello, nuestra historia, con la partici-pación activa de la libertad humana, podrá seguir siendo esaentusiasmante línea de tendencia convergente con elípticos – 45 –
  45. 45. contactos, aunque siempre en permanente peligro por la inso-ciabilidad humana. La complejidad del mundo al que nos en-frentamos, de nuevo, como lo reitera una y otra vez EdgarMorin, no podrá nunca ser simplificada por nuestro conoci-miento como una conclusión universal; el estudio interdisci-plinario de la complejidad de la naturaleza y las sociedades noslleva a mejores acercamientos sobre una realidad siempre inal-canzable; pero, solamente a través de estos esfuerzos, con baseen la apuesta por la prevalencia de la sociabilidad sobre la in-sociabilidad, podremos elaborar mejores estrategias para con-trolar la demencialidad, la bestialidad y la inhumanidad, quetambién son propias del ser humano. Las preguntas con lasque termina Morin su tomo del Método referido a “La huma-nidad de la humanidad” no nos lanzan con seguridad hacia elfuturo: “¿Hay posibilidades de controlar la barbarie y civilizarverdaderamente a los humanos?” Y él mismo responde: “nadaestá asegurado, ni siquiera lo peor” (Morin, 2001: 342). Persis-te, sin embargo, la apuesta y la pasión por la democracia y par-ticipación de los ciudadanos organizados sobre las políticas pú-blicas de los gobiernos, sean estos de izquierda o de derecha. En la interpretación de la historia como movimiento socialsiempre ha fascinado en el mundo de la filosofía política elpapel que puede jugar la visión o imaginario social de una per-sona o grupo de personas que se apasionan por un ideal y porél son capaces de dedicar todos sus esfuerzos, incluso sacrifi-cando la propia vida. Quienes se fijan predominantemente enel peso de las estructuras sociales ven a los seres humanoscomo entes determinados por la historia; quienes enfatizan lasubjetividad, sobrevaloran la potencia de los ideales y el pen-samiento como factor de cambio; y también hay quienes valo-ran tanto las circunstancias impredecibles de un momentodeterminado que todo lo quieren ver predestinado por la suer-te o la fortuna. Sin embargo, nuestros intentos de hacer cienciade lo social deben tomar todos estos elementos, recordandode alguna forma aquel planteamiento de Ortega y Gasset: “yo – 46 –
  46. 46. soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”(Ortega y Gasset, 1984), pero también hay que moverse en unjuego dialéctico, como dice Francisco Lizcano, “entre la utopíay la realidad” (Lizcano, 2006), que es el marco para su intentode reinterpretar histórica y conceptualmente la democracia enAmérica Latina. La utopía ciertamente puede en ocasiones jugar un papel dealienación para aquellos que quieren olvidarse de las condicio-nes terribles que tiene el mundo, llevándolos a refugiarse so-lamente en el pensamiento y en la idea. Sin embargo, hay querevitalizar la utopía como motor de cambio social porque lavisión de un imaginario que contrasta con las malas condicio-nes de un presente impulsa también a las personas a realizaracciones para conseguir determinados fines. Cuando han ocurrido cambios sociales en la historia de lassociedades, nunca han sido producto únicamente de las condi-ciones objetivas de las contradicciones sociales; en muchosmomentos, ha sido la subjetividad de los individuos lo signifi-cativo para modificar el rumbo de acontecimientos importan-tes. Pero junto a lo objetivo y lo subjetivo, también se hay queseñalar la importancia de fenómenos circunstanciales queacontecen y que nadie previó, porque en ocasiones se convier-ten en factores decisivos para fijar un rumbo determinado. Lasuerte o la fortuna también pueden ser elementos deetermi-nantes como lo señala, por ejemplo, Víctor Hugo en su novelaLos Miserables cuando narra la batalla de Napoleón en Water-loo: no nos remite sólo a los condicionamientos macro histó-ricos de transición del absolutismo a las sociedades liberalesdel siglo XIX ni a la determinación subjetiva de los líderes sinoa un detalle que pudiera parecer casi insignificante porque, lanoche anterior a la batalla, había llovido profusamente y loscañones que le pudieron haber otorgado la victoria a Napo-león no pudieron subirse a un lugar de ubicación estratégicacontra los ingleses: “si no hubiera llovido la noche del 17 al 18de junio de 1815, el porvenir de Europa hubiera sido otro” – 47 –
  47. 47. (Hugo Víctor, 1974: 311). En un momento determinado, loque Maquiavelo denominó la “fortuna”, es capaz de modificarradicalmente el curso de los acontecimientos. En una frase queRobert Harris atribuye a Cicerón, se menciona con claridad:“en política uno puede hacer tantos planes como quiera, peroal final es la suerte la que decide” (Harris, 2007: 303). Sin embargo, no se puede estar viviendo solamente de lafortuna, del destino, de la suerte o de una voluntad divina queya tiene todo preestablecido; por ello, tenemos que hacer usode la razón, de la lógica, de la planeación, etc. porque es lo quehace que el hombre sea el creador de su propia historia; lassociedades son producto de los seres humanos y no son obrade la mera casualidad. Lo que existe en una sociedad en undeterminado momento de la historia, es responsabilidad de losciudadanos y sus líderes y también puede ser modificado enuna dirección u otra según la acciones libres de la gente. Dentro de determinado contexto estructural dado, es lasubjetividad de los actores sociales la que se convierte en fac-tor fundamental para impulsar las transformaciones socioeco-nómicas y políticas que se requieren; las mismas experienciasde ensayo-error se convierten en aprendizaje de una transfor-mación constante; lo que nunca hay que abandonar es la pa-sión por la utopía. Es decir, el rumbo de cualquier país y delmundo entero no está determinado mecánicamente por lasestructuras sino que siempre se puede estar a la espera demomentos inesperados en donde el surgimiento de nuevosliderazgos o situaciones puede hacer avanzar un proceso ohacerlo retroceder mediante la acción política. Lo que hemos dicho anteriormente sobre la suerte o la for-tuna, sin embargo, también será un elemento sorpresa siemprea tener en cuenta: más allá de la siempre necesaria planeación acorto y largo plazo que tienen que hacer los dirigentes políti-cos para hacer triunfar sus posiciones, habrá que contar cons-tantemente con ese porcentaje de voluntarismo, de suerte (o – 48 –
  48. 48. de “fortuna”, como lo señala Maquiavelo en el Príncipe17) queha hecho cambiar coyunturas históricas importantes. Ésta de-be ser una nueva manera de hacer política, entendida como elcompromiso del individuo comprometido con los intereses desu comunidad. Esto no necesariamente nos convierte en idea-listas alejados de la realidad sino que nos hace retomar pro-puestas de sociólogos muy realistas como Max Weber, quien alhablar de los políticos señala su principal tarea: “La políticaconsiste en una dura y prolongada penetración a través detenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo,pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba lahistoria, que en este mundo no se consigue nunca lo posible sino se intenta lo imposible una y otra vez” (Weber, 1982). Lafría planeación de la razón pero alimentada por la pasión seránentonces elementos indispensables del quehacer político. En contraparte tuvimos la aparición del “pensamiento úni-co18”, que proponía al modelo neoliberal del libre comerciocomo la única alternativa para la economía mundial a fines delsiglo XX cuando Francis Fukuyama propuso su famoso Fin dela historia, en donde la historia de las sociedades no podía des-embocar más que en un solo modelo de sociedad: el capitalis-mo frente a un socialismo derrotado. Fukuyama se preguntabasi “al final del siglo XX tenía sentido hablar de una historia delgénero humano coherente y direccional”, y se respondía deuna manera afirmativa apelando a “lógica de la moderna cien-17 Así lo señala Maquiavelo: “No ignoro que muchos creen y que han creí-do que las cosas del mundo están regidas por la fortuna y por Dios de talmodo que los hombres más prudentes no pueden modificarlas... Sin em-bargo, y a fin de que no se desvanezca nuestro libre albedrío, acepto porcierto que la fortuna sea juez de la mitad de nuestras acciones, pero quenos deja gobernar la otra mitad, o poco menos” (Maquiavelo, 1999)18 La expresión fue propuesta en 1995 por Ignacio Ramonet, miembro deATTAC y editor de Le Monde Diplomatique, para criticar las propuestasneoliberales de ciertos gobernantes para quienes el libre mercado y la desre-gulación de la economía eran el único camino existente, como lo había men-cionado mucho antes Margaret Thatcher con su frase: There is no alternative. – 49 –
  49. 49. cia natural” señalando el fin de la historia como “un efecto dela interpretación económica del cambio histórico, que no con-duce (a diferencia del marxismo) al socialismo sino al capita-lismo como su último resultado” (Fukuyama, 1992). En lacoyuntura de la debacle del socialismo de Europa del Este y ladesaparición de la antigua URSS, se fortificó una marea neoli-beral que influyó con su línea de pensamiento el actuar denumerosos gobiernos: “La fe absoluta en el mercado, la aper-tura económica propia y la cerrazón ajena, la privatización y ladesregulación en ausencia de un estado de derecho cabalmenteconformado, se han convertido en los nuevos dogmas de losgobernantes latinoamericanos” (Catañeda, 1993: 81). Frente a estas interpretaciones mecánicas, la razón nos in-dica que no hay postulados absolutos; sujetarse a un pensa-miento único se convierte en el intento de una “castraciónintelectual”, como lo señala Edgardo Lander, al mencionar unade la principales demandas que debemos tener los latinoameri-canos: "La reivindicación de que las cosas podrían ser de otramanera” (Lander, 1991: 162). La historia no tiene un fin pre-determinado sino a partir de lo que los hombres decidan hacercon su propia libertad. El peso ideológico de la falta de alter-nativas es brutal y por ello muchos prefieren conformarse conlo actualmente existente, cercenando el poder de la imagina-ción y la búsqueda; “tendemos a creer... que es poco lo quepodemos cambiar –individualmente, en grupos o todos jun-tos– del decurso de los asuntos del mundo, o de la manera enque son manejados, y también creemos que, si fuéramos capa-ces de producir un cambio, sería fútil, e incluso poco razona-ble, reunirnos a pensar un mundo diferente y esforzarnos porhacerlo existir si creemos que podría ser mejor que el que yaexiste... Si la libertad ya ha sido conquistada, ¿cómo es posibleque la capacidad humana de imaginar un mundo mejor y haceralgo para mejorarlo no haya formado parte de esa victoria?”(Bauman, 2006: 9). – 50 –
  50. 50. Algo nuevo está naciendo en América Latina durante latransición del siglo XX al XXI, especialmente en el tema de lademocracia y sus posibilidades emancipatorias. Si antes pesabamás la idea de que la democracia era solamente la forma pacíficaen que las élites económicas se intercambiaban en el gobiernopara seguir el mismo sistema de explotación, ahora se puedepensar en profundizar la democracia para abrir la posibilidad decambiar el mismo modelo económico. “En América Latina, seestá dando una vuelta de página en su historia. Están surgiendonuevos imaginarios y es necesario llegar a comprenderlos”(Corten, 2006: 24). Han surgido nuevos proyectos, utopías yexperiencias novedosas de desarrollo local e incluso a nivel degobiernos surgidos de procesos democráticos. Hay un granpoder en la imaginación creadora sobre las nuevas posibilida-des que se albergan en la realidad actual de este subcontinente;la subjetividad del cambio se ha puesto en movimiento a tra-vés de la creación de nuevos imaginarios sociales19.El Imaginario social Si bien en diversas ocasiones el concepto de utopía se hautilizado en un sentido alienante y peyorativo porque nos alejade la realidad empírica que estamos viviendo, aquí queremosdarle un sentido positivo, como elemento generador de nuevasrealidades en los procesos de transformación social. Con ello,retomamos la concepción que tenía Castoriadis sobre esteconcepto: “La historia humana, y también las diversas formasde sociedad que conocemos en esta historia, se ha definidoesencialmente por un imaginario creador. Este imaginario, eneste contexto, no significa evidentemente algo ficticio, ilusorio,espectacular, sino el posicionamiento de nuevas formas, un19 Diversas ideas sobre los nuevos imaginarios sociales en Latinoaméricafueron publicadas anteriormente en el libro compilado por Alejandra Chá-vez “Diálogo de Saberes” (Edición Elaleph, Argentina, 2008), a partir de laparticipación en un Simposium internacional con sede en la UAM-Xochimilco, realizado del 23 al 25 de enero del 2008 en la ciudad de México. – 51 –

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