Extracto El último papa.

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Los invitamos a disfrutar de un extracto de "El último papa" de Michael Travis.

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Extracto El último papa.

  1. 1. ELULTIMO APA
  2. 2. MICHAEL TRAVIS ELULTIMO APA
  3. 3. Título original: L’ultimo papaPrimera edición: 2012© 2009 Edizioni Piemme Spa 20145 Milano - Via Tiziano, 32www.edizpiemme.it© traducción: M.P.V., 2012© de esta edición: Bóveda, 2012Avda. San Francisco Javier 2241018 SevillaTeléfono 95 465 23 11. Telefax 95 465 62 54www.editorialboveda.comISBN: 978-84-939398-9-2Depósito legal: M-XXXXXX-2012Impresión: Dédalo Offset, S. L.Impreso en España-Printed in SpainReservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establecepenas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios,para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte,una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijadaen cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.
  4. 4. ÍndiceCapítulo I .............................................................. 9Capítulo II ............................................................. 19Capítulo III ........................................................... 27Capítulo IV ........................................................... 35Capítulo V ............................................................. 43Capítulo VI ........................................................... 51Capítulo VII .......................................................... 57Capítulo VIII . ....................................................... 65Capítulo IX ........................................................... 73Capítulo X ............................................................. 79Capítulo XI ........................................................... 89Capítulo XII .......................................................... 97Capítulo XIII ........................................................ 105Capítulo XIV . ....................................................... 113Capítulo XV .......................................................... 123Capítulo XVI . ....................................................... 133Capítulo XVII ....................................................... 141Capítulo XVIII . .................................................... 147Capítulo XIX ........................................................ 155Capítulo XX .......................................................... 163
  5. 5. Capítulo XXI ........................................................ 171Capítulo XXII ....................................................... 181Capítulo XXIII ..................................................... 193Capítulo XXIV . .................................................... 203Capítulo XXV ....................................................... 219Capítulo XXVI . .................................................... 231Capítulo XXVII .................................................... 245Capítulo XXVIII . ................................................. 253Capítulo XXIX ..................................................... 263Capítulo XXX ....................................................... 269Capítulo XXXI ..................................................... 275Capítulo XXXII .................................................... 289Capítulo XXXIII .................................................. 297Capítulo XXXIV . ................................................. 305Capítulo XXXV .................................................... 313Capítulo XXXVI . ................................................. 319Capítulo XXXVII ................................................. 327Capítulo XXXVIII . .............................................. 335Capítulo XXXIX .................................................. 343Capítulo XL .......................................................... 351Capítulo XLI ......................................................... 359Capítulo XLII ....................................................... 367Capítulo XLIII ...................................................... 375Capítulo XLIV ...................................................... 383Capítulo XLV ........................................................ 389Capítulo XLVI . ..................................................... 399Capítulo XLVII ..................................................... 407Capítulo XLVIII . .................................................. 415
  6. 6. CAPÍTULO I–E STAS SON MIS DECISIONES. ESPERO QUE TODO SE concluya de la forma más rápida y discreta posi- ble. ¿Alguna objeción? El hombre, vestido con un traje oscuro quizás demasiadoajustado para su cuerpo robusto, se dio la media vuelta. Pare-cía que contemplaba con la máxima concentración el panora-ma a través del cristal de la ventana. —¿Está completamente seguro que éste sea el mejor ca-mino a seguir? —preguntó su interlocutor, un individuo conun físico claramente más delgado y atlético. El rostro anguloso,con unos rasgos muy corrientes, quedaba iluminado gracias asus dos ojos clarísimos. —Este asunto sigue coleando desde hace ya mucho tiem-po. Estamos a punto de un resultado crucial en nuestro pro-yecto. No podemos correr el riesgo de que todos nuestros es-fuerzos se evaporen por un exceso de prudencia. La cuestióntiene que quedar resuelta. E inmediatamente. El hombre delgado se peinó su pelo rubio, con un gestoque era habitual cuando tenía que hacer frente a algún argu-mento importante. 9
  7. 7. MICHAEL TRAVIS —No sería mejor esperar la vuelta… —¡No tenemos tiempo! —le interrumpió el hombre ves-tido de oscuro, con una mirada llena de ira en los ojos peque-ños y hundidos—. ¡Mañana puede ser demasiado tarde! Estoyharto de sus dudas, Gabor, y sobre todo de su tendencia a apla-zar las decisiones delicadas. He consultado al consejo: todos sehan declarado de acuerdo conmigo. —Ha obtenido la mayoría por un solo voto. El consejoestá dividido, lo sabe mejor que yo. Un motivo más para notomar decisiones apresuradas. —¡Su actitud está degenerando en una insubordinaciónclara! No desafíe mi paciencia. —Él no estará en absoluto contento cuando sepa cómoha decidido proceder. ¿Se da cuenta? —Él está en otra parte, en este momento. Sabe muy bienque no podemos preguntar su opinión, Gabor. En su ausencia,estoy plenamente legitimado a asumir cualquier decisión necesa-ria para el buen éxito del proyecto. Cuando vuelva no le quedaráotra cosa que aceptar el hecho consumado. ¿De qué se preocupaentonces? El problema tiene que resolverse en el menor tiempoposible. ¿Qué me responde? ¿Tiene intención de acatar las ór-denes? —Obedeceré, pero no estoy en absoluto de acuerdo. Cuan-do regrese le informaré de esta discusión y del obstinado rechazoa tomar en consideración una solución alternativa. —Haga como quiera. Lo único que me interesa es que délas órdenes necesarias para concluir la operación en los tiem-pos y en los modos que he indicado. Pero sepa que no todotermina aquí. Comentaré en el consejo su comportamiento in-descriptible. Tendrá sus consecuencias. —Las consecuencias que comenta no me preocupan. Loque me preocupa es la posible recaída de su decisión. Acciones 10
  8. 8. EL ÚLTIMO PAPAcomo la que sugiere están supeditadas a una serie de variablesdifíciles de prever. Dios no quiera que algo salga mal, porqueen ese caso nos encontraremos en una situación mucho máscomplicada, que llevará necesariamente a otras decisionesapresuradas. Tengo una cierta experiencia en este tipo de cosasy sé reconocer el momento en que todo está colgado de un hilomuy sutil. —El único hilo sutil es aquel en el que está colgada mipaciencia. No tengo intención de seguir discutiendo. Exijo quemis órdenes sean ejecutadas al pie de la letra. Nuestra conver-sación ha terminado, Gabor. Puede marcharse. —Se ruega a los señores pasajeros que cierren las mesas,se abrochen el cinturón, y pongan el respaldo en posición ver-tical. Aterrizaremos en el aeropuerto de Nápoles dentro dequince minutos aproximadamente... Konrad se despertó sobresaltado, gracias a la voz metáli-ca que anunciaba el inmediato aterrizaje. El libro que se estaba esforzando en leer mientras el aviónsobrevolaba los Alpes se le había caído de la mano y se habíacolado entre su asiento y el de al lado. Para recuperarlo tuvoque girar la muñeca y alargar los dedos, intentando agarrar unaesquina de la cubierta de tapa dura entre el índice y el dedomedio. Religio Medici de Sir Thomas Browne: una lectura de-cididamente complicada para un viaje que había comenzado auna hora para su gusto bastante avanzada al amanecer. Una vez que entró en posesión del volumen, no sin mu-cho esfuerzo, ojeó fuera de la ventanilla. El cielo estaba sereno y luminoso, la visibilidad tan per-fecta que transmitía la ilusión que se podía llevar la mirada másallá del límite del mundo. El avión dio la vuelta, comenzandola maniobra de acercamiento a la pista. La inclinación le permi- 11
  9. 9. MICHAEL TRAVIStió captar una espléndida vista del conjunto del golfo. El refle-jo del sol sobre el mar, llano como una mesa, era tan intensoque resultaba deslumbrante. Un bonito cambio respecto a losdiez grados del lluvioso mayo berlinés que había dejado a suespalda. Retiró el equipaje rápidamente y sin grandes problemas,circunstancia que lo dejó más bien asombrado. Había supuestola posibilidad de algún problema, además de la lentitud pro-verbial típica de los aeropuertos italianos. Mucho menos estupendo fue el retraso del minibús haciael andén Beverello, sin lugar a dudas atrapado en el caóticotráfico de mitad de la mañana. Aquello le permitía gozar delatasco de forma anticipada, observando el río de coches que seconcentraban hasta bloquear el área situada delante de la ter-minal. En otros tiempos no hubiera prestado atención a un con-tratiempo parecido. Habría sido suficiente con saltar en uno delos numerosos taxis que se encontraban delante de la acera. Pero aquellos tiempos habían pasado. ¡El presupuesto! ¡El presupuesto! Parecía que la voz na-sal del director le retumbara todavía en los oídos. Necesitabarespetar el presupuesto previsto, no pasarse con los extras, do-cumentar cualquier salida con tickets y recibos. ¡Una letaníaagotadora! Así, pues, Konrad se puso a esperar pacientemente la lle-gada del autobús, mientras los taxis pasaban delante de susojos y llevaban de un lado para otro a los afortunados que po-dían disponer de un margen de gasto superior. Pero, en realidad, a pesar de lo aburrido de la espera,Konrad tenía más de un motivo para sentirse satisfecho. Paraconseguir obtener aquel encargo había trabajado junto al di-rector de la revista, de la que era redactor, desde antes de las 12
  10. 10. EL ÚLTIMO PAPAfiestas de Navidad, con feroz determinación. La respuesta po-sitiva había llegado sólo un par de semanas antes, cuando HerrDirektor se había finalmente decidido a conceder el tan suspi-rado ascenso. Como era previsible, Konrad había tenido que aceptaruna serie más bien interminable de condiciones, algunas de lascuales eran francamente humillantes. Pero el joven habría con-seguido pactar hasta con el diablo en persona con tal de conse-guir su propio sueño. Ahora, después de meses de nerviosismos, medias pro-mesas e inesperados cambios, se encontraba por fin en Nápo-les, con la maleta que contenía su ropa y sus efectos personalesapoyada contra la pierna derecha y el voluminoso bolso de piel—lleno de libros y apuntes— colgado del hombro, en esperade realizar el último salto que lo separaba de la meta. Eran las diez de la mañana, el barco hacia Ischia no par-tiría antes de las doce y media. Tenía todo el tiempo para llegarhasta el muelle para el embarque. Con un poco de suerte con-seguiría incluso tomar uno de los famosos cafés espresso en al-gún bar frente al muelle. Si al final no podía ser, paciencia.Tendría toda una semana para saborear las especialidades de laregión. A pesar del trabajo que le quedaba por hacer, aquel viajeitaliano se podía considerar también una especie de vacacio-nes, ¡y sólo Dios sabía cuánto había trabajado para ganárselas! El minibús llegó al muelle pasadas las doce. En teoríahabría tenido tiempo para tomar el famoso café. En la práctica,la larga fila delante de la ventanilla convenció a Konrad de queera mejor dejarlo para otro momento más favorable. Subió a bordo. El alíscafo se deslizaba sobre el mar cal-mo como un inmenso insecto acuático, casi sin un sobresalto.Decidió que valía la pena aprovechar el trayecto para dar un 13
  11. 11. MICHAEL TRAVISvistazo a los apuntes, de forma que pudiera organizar los si-guientes días. Una planificación es el mayor secreto del éxito. Esto le ha-bía enseñado el jefe de redacción que se había ocupado de suformación cuando había sido contratado en la revista. Y sus con-sejos se habían revelado siempre válidos. Si bien es verdad que no era fácil concentrarse. Un nutri-do grupo de turistas españoles, que había tomado asiento en sumisma fila, parecía intencionado en matar el tiempo entre char-las, risas y una interminable serie de fotografías. La mayor par-te de ellos eran bastante mayores, algunos caminaban con difi-cultad. Tenían que haber hecho un largo y fatigoso viaje parallegar a tomar la nave, pero aquello no les impedía moversecontinuamente entre las filas de los asientos, amontonarse enlos pasillos estrechos y posar por turnos para hacerse las foto-grafías. En aquella confusión, Konrad tuvo que abandonar casienseguida cualquier esperanza de poder trabajar. Con un sus-piro guardó los apuntes y las libretas dentro de la amplia carte-ra de cuero, y se resignó a dejarlo todo para primera hora de latarde. Faltaba menos de una hora para llegar, por lo que acogiócon un filosófico fatalismo aquel inconveniente, que en otrascircunstancias le habría provocado una cierta irritación. Porotro lado, Ischia era célebre desde la antigüedad por sus aguascurativas, por lo que era lógico que el alíscafo se encontraralleno de ancianos atraídos por los numerosos establecimientostermales esparcidos por toda la isla y en perfecto funciona-miento. Se prometió, asimismo, experimentar sus beneficios. Una vez desembarcado se puso a la cola de una variadacomitiva que se dirigía hacia la parada del autobús, a pocas de-cenas de metros del atraque. Compró el billete y subió al auto-bús que debía llevarlo a Casamicciola. 14
  12. 12. EL ÚLTIMO PAPA Su destino final, el hotel Termas de Tiberio, se encontra-ba a sólo unos pocos centenares de metros del centro del paísy de la parada del autobús. Konrad decidió que un breve pa-seo podría sentarle bien después de las largas horas de inmo-vilidad. Pero, por breve que fuera, la carretera costera —quedaba la vuelta alrededor de un pequeño promontorio— se en-contraba completamente expuesta al sol. Cuando finalmentellegó delante del mostrador de recepción, se encontraba suda-do y deseaba únicamente ducharse y cambiarse de ropa. —Herr Polidori… —dijo el recepcionista, dirigiéndoseal alemán después de haberle entregado la llave de la habita-ción. —No es necesario que hable en alemán —le interrumpióKonrad—. Entiendo bien vuestro idioma. —Señor Polidori —retomó el jovencito—, hay una per-sona que le está esperando en el saloncito verde. Konrad suspiró. Por lo que parecía, la tan soñada duchatendría que esperar. Era joven, no más mayor que una muchacha. Llevaba za-patillas de deporte negras con los cordones atados, pantalonesde uniforme de corte militar, de aquellos con bolsillos laterales,y una camiseta negra, desteñida y al menos tres tallas más gran-de. Su cabeza estaba cubierta con una melena muy rizada. Eradelgada, pero no demasiado. Los brazos al descubierto, delga-dos y bien formados, transmitían una sensación de fuerza. Junto al sillón, un bolso de nilón lleno de bolsillos y crema-lleras permitió a Konrad entender quién era aquella joven inmer-sa en la lectura de una revista ilustrada. Herr Direktor, en la óp-tica de contener los gastos, en lugar de ponerle de ayudante altípico Karl Otto, su fotógrafo de confianza, había consideradomás conveniente dirigirse a una agencia de Nápoles para que 15
  13. 13. MICHAEL TRAVISenviara a Ischia a uno de sus profesionales. Aquello le permitíaahorrar tanto en el viaje como en los gastos por el traslado. El respeto del presupuesto. Al escuchar los pasos que se acercaban, la joven abando-nó la lectura y analizó el rostro sudado de Konrad, con un bri-llo de desconfianza en los ojos oscuros y profundos que noconsiguió del todo desenmascarar. —¿El doctor Polidori? —preguntó con voz baja y ronca. Konrad tardó un poco en entender. Luego recordó la cos-tumbre italiana de anteponer al apellido de la persona con la quese habla el título profesional, ya fuese verdadero o presunto: in-geniero Fulano, profesor Mengano, comendador Zutano… —Ja… sí, soy Konrad Polidori. Y usted… —Senese, Clara Senese, de la Global Photo Service. Mehan enviado para que realice el servicio de su revista. —Sí, sí, el director me ha advertido que encontraría a unfotógrafo esperándome. Con mucho placer. El apretón de Clara se reveló fuerte y seco, tal y como lohabía imaginado. —Bien, Polidori, ¿cómo procedemos? —Perdone, ¿en qué sentido? —En relación con el trabajo… el servicio. ¿Qué es lo quetengo que hacer exactamente? —Pues no sé… acabo de llegar. No he tenido todavíatiempo ni de dar un vistazo a la sala de las conferencias. Si ten-go que ser sincero, necesitaría pasar por el cuarto para duchar-me y cambiarme… —Ah, sí, sí, claro, claro… ¿Has comido? Clara había pasado del «doctor» al «tú». —No, a decir verdad, no. Sólo un bocadillo a media ma-ñana, en el avión. Y ya sabes cómo son los bocadillos en losaviones, en particular si son low cost. 16
  14. 14. EL ÚLTIMO PAPA —Bien —dijo la joven, levantándose del sillón—. Sube ala sala, dúchate y luego nos vemos delante de la recepción. Di-gamos… en un cuarto de hora. Te llevo a un local que está aquícerca. —A esta hora habrán cerrado ya la cocina. —No, no, con la temporada turística no cierran hasta me-dia tarde. La gente que vuelve de las termas a menudo va a to-mar algo. Podremos hablar del servicio delante de un plato depasta. Konrad parpadeó varias veces, desorientado por aqueltono imperativo. Consiguió únicamente tartamudear un con-fundido asentimiento. 17

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