Revista BÍBLICO - TEOLÓGICA: Didajé vol.2 / N°1- 2013

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Revista BÍBLICO - TEOLÓGICA: Didajé vol.2 / N°1- 2013

  1. 1. DIDAJÉ DANIEL Y APOCALIPSIS DIDAJÉ, Ministerio de Investigación Adventista Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta revista sin la autorización previa de los editores. Lima - Perú
  2. 2. REVISTA BÍBLICO-TEOLÓGICA ISSN: 2308-0582 VOLUMEN 2 NÚMERO 1 2013 MINISTERIO DE INVESTIGACIÓN ADVENTISTA Director: Oscar Mendoza Orbegoso Secretario: Daniel Mora Castañeda Consejeros: Joel Iparraguirre Maguiña Rafael Montesinos Martínez Gerson Bejarano Cajachagua ___________________________________ COMITÉ EDITORIAL Director: Joel Iparraguirre Maguiña Editor: Oscar Mendoza Orbegoso Jefe de redacción: Johanns Curisinche Cánez Traductores: Joel Iparraguirre Maguiña Azenilto G. Brito Consejo editorial: Merling Alomía Bartra Raúl A. Quiroga ___________________________________ COMITÉ ASESOR INTERNACIONAL Fernando L. Canale, Andrews University, EE. UU. Teófilo Correa Calva, Universidad Advenista de Bolivia, Bolivia. Efraín Velázquez, Seminario Teológico Interamericano, Puerto Rico. Glúder Quispe Huanca, Universidad Peruana Unión, Perú. Marcos G. Blanco, Adventist International Institute of Advanced Studies, Filipinas. Felipe Esteban Silva, Universidad Peruana Unión, Perú. Cristhian Álvarez Zaldúa, Instituto Tecnológico Superior Adventista del Ecuador, Ecuador. Héctor Urrutia Fernández, Universidad Adventista del Plata, Argentina. Pedro Nunura Figueroa, Institución Educativa Adventista “Pimentel”, Chichayo, Perú. DIDAJÉ es una revista bíblico-teológica de tirada semestral publicada en formato PDF por el Ministerio de Investigación Adventista (MIADV). Cuenta con referato anónimo internacional que provee un foro académico, de acuerdo al contexto bíblico, promoviendo la publicación de investigaciones relacionados con: • Teología bíblica • Teología histórica • Teología sistemática • Estudios adventistas DIDAJÉ está dirigida a teólogos, pastores, líderes eclesíasticos y líderes de la iglesia. Los puntos expresados en cada uno de los artículos y recensiones, reflejan el pensamiento de sus respectivos autores y no necesariamente del comité editorial de DIDAJÉ ni del MIADV. Para cualquier asunto relacionado con la revista (suscripción o contribución), puede dirigirse a: Teléfono: (0051) 974-612-397 E-mail: didaje@investigacionadventista.org Website: http://investigacionadventista.org Copyright® 2012-2013 Ministerio de Investigación Adventista “Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra” (Hch 6:4)
  3. 3. Contenido La paternidad literaria del libro de Daniel: Breve análisis comparativo entre los siglos II AC y VI AC – Parte I Joel Iparraguirre . ..............................................................4-21 ¿Cuándo comenzaron las setenta semanas de Daniel 9:24? William H. Shea . ............................................................. 22-40 Daniel 10: Una interpretación teológica desde una perspectiva apocalíptica Raúl Quiroga . ................................................................. 41-54 Restaurando la verdadera adoración Heyssen Cordero ............................................................55-60 Problemas en la interpretación de las siete trompetas de Apocalipsis Ángel M. Rodríguez........................................................ 61-68 La visión de la gran ramera: La sentencia contra Babilonia – Parte I Héctor A. Delgado . ........................................................69-82 La relevancia de la apocalíptica bíblica en la educación adventista: Una reflexión Oscar Mendoza...............................................................83-90 RECENSIONES.......................................................................... 91-94
  4. 4. RESUMEN “La paternidad literaria del libro de Daniel: Breve análisis comparativo entre los siglos II AC y VI AC – Parte I”— Este es el primer artículo de dos en el que el autor discute sobre la paternidad literaria del libro de Daniel a través de un análisis comparativo entre la crítica moderna (siglo II AC) y la tradición judeo-cristiana (siglo VI AC). En este artículo, el autor se centra en tres puntos principales: (1) aspectos cronológicos e históricos; (2) aspectos lingüísticos; y (3) la angelología que, a menudo, son citados por los críticos como “errores” para alegar que el libro de Daniel es un mero panfleto apocalíptico sin valor alguno. El autor, desde la perspectiva judeo-cristiana, busca demostrar si las evidencias que usan los críticos son correctas, o si la tradición judeo-cristiana ha logrado responder sin vacilación los argumentos en que los críticos se apoyan. Palabras clave: Paternidad literaria, libro de Daniel, Qumrán, angelología, tesis macabea. ABSTRACT “The literary parternity of the book of Daniel: Short comparative analysis between the 2nd and 6th centuries BC – Part I”— This is the first article from two in which the author discusses about the authorship of the book of Daniel through a comparative analysis of modern criticism (second century BC) and the Judeo-Christian tradition (VI century BC). In this article, the author focuses on three principal points: (1) chronological and historical aspects; (2) linguistic aspects; and (3) the angelology, often cited by critics as “errors”, to argue that the book of Daniel is a mere apocalyptic and worthless pamphlet. The author seeks to demonstrate, from the Judeo-Christian perspective, whether the evidence used by the critics is correct, or whether the Judeo-Christian tradition has confronted without hesitation the arguments are supported by critics. Keywords: Literary paternity, book of Daniel, Qumran, angelology, maccabean thesis. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  5. 5. La paternidad literaria del libro de Daniel: Breve análisis comparativo entre los siglos II AC y VI AC Parte I  Joel Iparraguirre Centro de Investigación White - Perú Universidad Peruana Unión, Lima, Perú Didajé 2:1 (2013): 4-22 _______________________________________________________ E Introducción l libro de Daniel se destaca entre todos los libros del Antiguo Testamento1 por su (1) contenido histórico y eminentemente profético,2 (2) su relevancia cristológico-mesiánica3 y (3) por su estrecha relación con el último libro de la Biblia, el Apocalipsis;4 sin embargo, en lo que conscierne al contexto histórico, 1 En adelante AT. Para el Nuevo Testamento será NT. A no ser que se muestre lo contrario, todas las citas bíblicas fueron tomadas de la versión Reina-Valera de 1960, versión revisada. 2 Para un comentario histórico, teológico y exegético a todo el libro de Daniel, puede verse Merling Alomía, Daniel: El varón muy amado por Dios, vol. 1, 2da ed. (Lima: Universidad Peruana Unión – Ediciones Theologika, 2010); ídem, Daniel: El profeta mesiánico, vol. 2, 3ra ed. (Lima: Universidad Peruana Unión – Ediciones Theologika, 2010); Zdravko Stefanovic, Daniel, Widson to the Wise: Commentary on the Book of Daniel (Nampa, ID: Pacific Press, 2007); William H. Shea, Daniel 1-7: Prophecy as History, en The Abundant Life Bible Amplifier (Nampa, ID: Pacific Press, 1996); ídem, Daniel 7-12: Prophecies of the End Time, en The Abundant Life Bible Amplifier (Nampa, ID: Pacific Press, 1996). 3 Alomía recalca siete puntos: (1) El Mesías libertador de la Babilonia mística; (2) el reino mesíanico de Cristo; (3) El Mesías frente a Babilonia la usurpadora de la verdadera adoración; (4) el Mesías en el juicio de Dios; (5) el Mesías en su Santuario; (6) el Mesías atacado por la “abominación desoladora”; y (7) el Mesías triunfante como el Señor de la resurrección y la vida (“Realidades cristológicas en el libro de Daniel”, Theologika 23:1 [2008]: 2-29), en adelante Theo; ídem, “El Cristo de Daniel”, en VII Simposio Bíblico Teológico Sudamericano “Cristología”, ed. Heber Pinheiro ét al. (Cochabamba, Bolivia: Universidad Adventista de Bolivia, 2007), 3-18; Hans K. LaRondelle, “Christ or Antichrist: The Mysterious Gap in Daniel 9”, Ministry 55:5 (1982): 14-17, en edalente Min; Elbio Pereyra, “Jesus: God’s Supreme Revelation” Min 56:9 (1983): 18-19, 28. 4 Por ejemplo, “la adoración a la imagen de oro en Daniel 3 y la imagen de la bestia en Apocalipsis 13, la visión de Cristo en Daniel 10 y en Apocalipsis 1, la caída de Babilonia en Daniel 5 y en Apocalipsis 14, la Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 5
  6. 6. Joel Iparraguirre existen dos tesis principales que difirieren diametralmente con respecto al contexto en que este libro fue escrito. [1] Tesis macabea. Basándose el método histórico-crítico,5 conocido también como “crítica moderna”, se apoyan parcialmente en la posición de Porfirio.6 Estos creen que el libro de Daniel fue escrito en el siglo II AC (167-165 6 bestia de Daniel 7 y la bestia de Apocalipsis 13 y 17, los tiempos de Daniel 7 y Apocalipsis 11 y 12, etc” (Richard Lehmann, “Relaciones entre Daniel y Apocalipsis”, en Simposio sobre Apocalipsis – I, ed. Frank B. Holbrook, trad. Cantábriga, SC., 1ra ed. [Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2010], 6:157-172). Por otro lado, Smith afirmó que “Los libros de Daniel y Apocalipsis son homólogos entre sí. Ellos, naturalmente, están de lado a lado y deben estudiarse en conjunto”. Ver Urías Smith, Daniel and the Revelation: The Response of History to the Voice of Prophecy A Verse by Verse Study of These Important Books of the Bible (Battle Creek, MI: Review and Herald, 1897), 3. También, puede consultarse, W. W. Prescott, “The Gospel Message in the Books of Daniel and the Revelation”, Min 2:3 (1929): 15-20; ídem, “The Gospel Message in the Book of Daniel — No. 2”, Min 2:4 (1929): 15-19; ídem, “The Gospel Message in the Book of Daniel — (Continued)”, Min 2:5 (1929): 15-20, 31; ídem, “The Gospel Message in the Book of Revelation”, Min 2:6 (1929): 15-18 ; ídem, “The Gospel Message in the Book of Revelation”, Min 2:7 (1929): 15-19; ídem, “The Gospel Message in the Book of Revelation — No. 3”, Min 2:8 (1929): 15-19; ídem, “The Gospel Message in the Book of Revelation — No. 4”, Min 2:9 (1929): 15-17; Robert F. Correia, “Panoramic Display of Majors Beasts of Prophecy”, Min 17:11 (1944): 16-18, 30; ídem, “Prophetic Illustration (Concluded)”, Min 17:12 (1944): 8-9; Desmond Ford, “Unfolding the Mysteries of Daniel the Prophet”, Min 47:1 (1974): 8-11; ídem, “Tragedy & Triumph”, Min 47:8 (1974): 19-21; Ministry’s Staff, “Applying the Apocalyptic”, Min 49:11 (1979): 3-10; John F. Duge, “The judgment: An Adventist perspective”, Min 82:2 (2010): 23-26; Robert Surridge, “The Beast From the Earth”, Min 64:6 (1991): 17-19; Hans K. LaRondelle, “The End-Time Message in Historical Perspective”, Min 69:12 (1996): 10-13; ídem, “Understanding the book of Revelation: Three Interpretative Keys (Part I)”, Min 75:1 (2003): 14-17; ídem, “The Apostolic Gospel: The Master Key to Revelation’s Code (Part II)”, Min 75:3 (2003): 21-23, 29; ídem, “The Word of God and the Testimony of Jesus”, Min 75:5 (2003): 13-16; ídem, Las profecías del fin, trad. David P. Gullón (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 65-496; Joel Iparraguirre Maguiña, “La importancia de estudiar los libros de Daniel y Apocalipsis” (Monografía, Centro de Investigación White – Perú, 2013); Norman Gulley, ¡Cristo viene! Un enfoque cristocéntrico de los eventos de los últimos días, trad. David P. Gullón, 1ra ed. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2003), 66-70. 5 Al método histórico-crítico también se le conoce como “alta crítica, crítica liberal, crítica moderna” (Raoul Dederen, ed., Teología: Fundamentos bíblicos de nuestra fe, trads. Tulio N. Peverini y Miguel A. Valdivia [Miami, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2005], 1:27, 28). Para un análisis de las bases y postulados del método histórico-crítico, véase Archie Nations, “Historical Criticism and the Current Methodological Crisis”, Scottish Journal of Theology 36 (1983): 60; Gerhard F. Hasel, Understanding the Living Word of God (Mountain View, CA: Pacific Press, 1980), 92-95, 146-178; ídem, Biblical Interpretation Today: An Analysis of Modern Methods of Biblical Interpretation and Proposals for the Interpretation of the Bible as the Word of God (Lincoln, NB: College View Printers/Biblical Research Institute, 1985); Ángel Manuel Rodríguez, “El uso de la versión modificada del método histórico-crítico por parte de los eruditos adventistas”, en Entender las Sagradas Escrituras: El enfoque adventista, trad. Cantábriga, SC., ed. George W. Reid, 1ra ed. (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2009), 4:415430; Richard M. Davidson, “Interpretación bíblica” en Tratado de Teología Adventista, trads. Tulio N. Peverini, Miguel A. Valdivia, Silvia González y David P. Gullón (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 9:109-110; Raúl Kerbs, “El método histórico-crítico en teología: En busca de su estructura básica y de las interpretaciones subyacentes – Parte I”, DavarLogos 1:2 (2002): 105-123; y la Parte II en DavarLogos 2:1 (2003):127. Kerbs señala que “no existe el método histórico-crítico sino una pluralidad de métodos históricos (crítica literaria o de las fuentes, crítica de las formas, de la tradición, de la redacción) y que en el concepto de ‘método histórico-crítico’ se reúnen ciertos requisitos como el compromiso de investigar sin presuposiciones dogmáticas, mantener un alto grado de objetividad, evitar controles eclesiásticos y aceptar las nociones históricas seculares de homogeneidad histórica, causa y efecto y crítica de las fuentes” (Kerbs, “El método histórico-crítico en teología – Parte I”, 105-106). 6 P. M. Casey, “Porphyry and the Origin of the Book of Daniel”, Journal of Theological Studies 27:1 (1976): 15-33; en adelante JTS. Además, este propugnó un marco macabeo para el libro de Daniel y elaboró un cumplimiento de la mayor parte de sus profecías en la persona de Antíoco Epífanes. No solo afirmó que Antíoco era el cuerno pequeño de Daniel 8, sino que fue el primero en expresar el punto de vista de que Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  7. 7. La paternidad literaria de Daniel - Parte I AC aprox.)7 ya sea un autor anónimo, seudónimo8 o por varios autores,9 lo cual tomaría lugar durante la persecución religiosa desatada por Antíoco IV Epífanes10. Dicho en otras palabras, este enfoque entiende que el libro de Daniel es un mero panfleto apocalíptico que buscaba dar ánimo al pueblo hebreo en “tiempos difíciles” de la persecución helenística que sufrían.11 Dado este contexto, los críticos modernos presuponen la no inspiración del libro de Daniel de forma categórica por supuestos “errores” que este presenta, concluyendo que su contenido no puede tomarse como “historia estricta”.12 [2] Tesis exílica. Apoyándose en la tradición judeo-cristiana,13 creen que el libro de Daniel fue escrito por el mismo Daniel que fue llevado cautivo a Babilonia en el siglo VI AC.14 Basándose en las Escrituras y en la evidencia extrabíblica, señalan que todos los “errores” que presentan los críticos ya han sido solucionados a través de la historia. Si el Dios de Daniel tenía la capacidad de predecir el futuro, entonces no hay razón para mostrarnos indiferentes ante su soberanía a través Antíoco estaba representado también por el cuerno pequeño de Daniel 7. Asimismo, defendió que Antíoco cumplía una parte de Daniel 11 mayor que la propuesta por Hipólito, y extendió la presencia de Antíoco hasta el capítulo 12. Para ver una ampliación de la interpretación de Porfirio y de los primeros autores cristianos, véase Arthur J. Ferch, “Porphyry, An Heir to Christian Exegesis?”, Zeitschrift für die Neutestamentliche Wissenschaft 73 (1982): 141-147; Brian Croke, “Porphyry’s anti-Christian Chronology”, JTS 34:1 (1983): 168-185; George A. Barton, “The Composition of the Book of Daniel”, Journal of Biblical Literature 17:1 (1898): 62-86; en adelante JBL. Mary Reaburn, “St Jerome and Porphyry Interpret the Book of Daniel”, Australian Biblical Review 52 (2004): 1–18; Aryeh Kofsky, Eusebius Caesarea Against Paganism (Danvers, MA: Brill Academic, 2002), 17-36, 71-73; R. J. Hoffmann, ed., Porphyry’s “Against the Christians”: The Literary Remains (Amherst, NY: Prometheus Books, 1994). Helmer Ringgren, Israelite Religion, trad. David E. Green (Philadelphia, PA: Fortress Press, 1966), 333. 7 H. H. Rowley, “The Meaning of Daniel for Today”, Interpretation 15 (1961): 388. En adelante Int. 8 Martin Noth, The Laws of the Pentateuch and Other Studies (Philadelphia, PA: Fortress Press, 1967), 207- 9 213. 10 Emil Schürer, Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús 175 a.C. – 135 d.C. (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1985), 2:643; W. Lee Humpreys, “A Life Style for Diaspora: A Studie of the Tales of Esther and Daniel”, JBL 92 (1973): 218. En adelante solo será llamado “Antíoco Epífanes”. André Lacocque, The Book of Daniel (Atlanta, GA: John Knox, 1976), 1-16; Alexander A. Di Lella, Daniel: A Book for Troubling Times (Hyde Park, NH: New City, 1997); Paul L. Redditt, Daniel: New Century Bible Commentary (Sheffield: Sheffield Academic, 1999); C. L. Seow, Daniel: Westminster Bible Corporation (Louisville, KY: Westminster John Knox, 2003), 6, 12; John F. Walvoord, Roy B. Zuck, The Book of Daniel: A New Translation with Notes and Commentary on Chapters 1-9. CD-ROM, Biblioteca Digital Libronix 3.0g (London: Yale University, 2008), 23:9-17; W. L. Humpreys, “A Life Style for Diaspora: A Study of the Tales of Esther and Daniel”, JBL 92 (1973): 218; Jesús Asurmendi, “El libro de Daniel en la investigación reciente”, Estudios Bíblicos 55 (1997): 509-540. 11 12 Louis F. Hartman, “Daniel”, en Comentario bíblico San Jerónimo, trad. Alonso de la fuente Adanez y Jesús Valiente Maya (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1971), 2:292; Bernhard W. Anderson, “Daniel”, en Understanding the Old Testament, 4ta ed. (Englewood Cliffs, NJ: Prentice - Hall, 1986), 618; Samuel R. Driver, The Book of Daniel (Cambrigde: Cambrigde University, 1900). Siegfried J. Schwantes, “La fecha del libro de Daniel”, Theo 8:2 (1993): 90. 13 14 Charles F. Pfeiffer, “Daniel”, en El comentario bíblico Moody: Antiguo Testamento (El Paso, TX: Mundo Hispano, 2004), 756; Paul N. Benware, “Daniel”, en Panorama del Antiguo Testamento, 5ta ed. (Grand Rapids, MI: Portavoz, 1994), 226; Mario Riveros, “Relevancia histórica y vigencia del libro de Daniel”, en Profecías del libro de Daniel, eds. Mario Riveros y Álvaro Rodríguez, 1ra ed. (Lima: Centro de Investigación White, 2011), 13. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 7
  8. 8. Joel Iparraguirre de la historia;15 pero, si las predicciones son fraudalentas, deberíamos mantener cierta postura agnóstica en cuanto al Dios de Daniel.16 Dado que la postura que uno asuma con respecto al contexto histórico tiene una relación directa con la interpretación del libro, es importante preguntar: Los argumentos que presenta la crítica moderna para desacreditar la autenticidad de Daniel, ¿corresponde con las evidencias internas y externas del libro acerca de su autoría y su contexto histórico?, ¿son todavía válidas sus propuestas? El propósito de este trabajo —mediante la evidencia escriturística y extrabíblica— es comparar los argumentos que presenta la crítica moderna para desacreditar la autenticidad de Daniel, con los argumentos y evidencias que presenta la tradición judeo-cristiana para creer que Daniel fue quien escribió el libro. En base a esto, el presente trabajo estará dividido en cinco secciones principales: (1) Aspectos cronológicas e históricas; (2) supuestos problemas lingüísticos; (3) la angelología en Daniel; (4) Daniel 11, la historia de Antíoco Epífanes y el cuerno pequeño; y (5) las Escrituras y la autoría de Daniel. En esta primera parte, el objetivo es desarrollar los tres primeros puntos, dejando los dos últimos para la segunda parte. 8 1. Aspectos cronológicos e históricos Entre los cientos de investigadores y reconocidos comentarios del libro de Daniel que sostienen el método histórico-crítico, se ha alegado que este libro presenta discrepancias y “errores” abrumadores lo que lo hacen poco fiable y cronológica e históricamente incorrecto. En esta parte analizaremos (1) Daniel 1:1 cf. Jeremías 25:1; 46:2; (2) Nabucodonosor, ¿constructor de Babilonia?; y (3) Belsasar, “rey” de Babilonia e “hijo” de Nabucodonosor. Daniel 1:1 y Jeremías 25:1; 46:2 Al momento de revisar y comparar el libro de Daniel con el libro de Jeremías, según los críticos; es notorio que Daniel empezaría con una aparente contradicción cronológica,17 aunque no exista un estudio concienzudo del tema. 15 Paul Z. Gregor, “Daniel´s Message to a Modern Man”, Journal of the Adventist Theological Society 21:12 (2010): 99-113; en adelante JATS; Luis Santa Cruz, “El mensaje de las profecías de Daniel”, Theo 17:2 (2002): 210-222; Merling Alomía, “El mensaje de Daniel”, Didajé 1:2 (2013): 15-43; G. Arthur Keough, El mensaje de Daniel (Buenos Aires: Asociación Casa Publicadora Interamericana, 1987); Joel N. Musvosvi, “God’s in control: Daniel’s Message of Hope”, Min 78:2 (2006): 23-26. B. K. Waltke, “The Date of the Book of Daniel”, Bibliotheca Sacra 133 (1976): 320. En adelante BSac. 16 Lacocque, The Book of Daniel, 24. 17 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  9. 9. La paternidad literaria de Daniel - Parte I DANIEL 1:1 JEREMÍAS 25:1 “En el año tercero del reinado del rey “. . . La recibió en el año cuarto del Joacim de Judá, el rey Nabucodonosor reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Babilonia vino a Jerusalén y la sitió”. de Judá. . .”. Tabla 1: Comparación entre Daniel y Jeremías Pareciera que ambos textos se contradicen. Por un lado, Jeremías señala que en el tercer año del reinado de Joacim, Nabucodonosor invadió Judá. Por otro lado, Daniel indica que esta invasión ocurrió en el año cuarto. Teniendo en cuenta que Nabucodonosor conquistó Judá en el año 605 AC,18 ¿cuál fue, en realidad, el año del rey Joacim?, ¿será posible que haya sido el tercero y cuarto año al mismo tiempo o son completamente distintos? Felizmente, existe argumento para responder a todas estas preguntas. Definitivamente, los críticos no tuvieron en cuenta los distintos sistemas de cómputo empleados en los años de reinado en Babilonia y en Judá. El argumento a favor es la existencia del “el año ascensional y no ascensional”,19 o el también llamado año 0.20 Esta opinión la refuerza el erudito E. R. Thiele,21 en su libro The Mysterious Numbers of the Hebrew King, donde afirma que se empleaba dos sistemas de cómputo para los reyes: el cómputo ascensional (postdatación) y el cómputo sin año ascensional (antedatación), como se muestra en la siguienta tabla: MÉTODO CON AÑO ASCENSIONAL BABILONIA MÉTODO SIN AÑO ASCENSIONAL JUDÁ Año ascensional 1° año 1° año 2° año 2° año 3° año 3° año 4° año Daniel 1:1 Jeremías 25:1 cf. 46:2 Tabla 2. Comparación entre los sistemas de cómputo de Babilonia y Judá Claramente podemos ver la diferencia de los dos sistemas de cómputo empleados. Según el libro Crónica babilónica de los reyes caldeos publicado en 713. Véase Antolín Diestre Gil, El sentido de la historia y la palabra profética (Barcelona: Clie, 1995), 2:709- 18 19 J. Dwight Pentecost, “Daniel”, en The Bible Knowledge Commentary: An Exposition of the Scriptures, eds. John F. Walvoord y Roy B. Zuck (Wheaton, IL: Victor Books, 1985), 1:1328; Stefanovic, Daniel, 45-46. 20 William H. Shea, Daniel: Una guía para el estudioso, trad. Raúl Lozano Rivera (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2010), 23. E. R. Thiele, The Mysterious Numbers of the Hebrew King, ed. rev. (Grand Rapids, MI: Kregel Publications, 1994), 43-44; Stefanovic, Daniel, 46. 21 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 9
  10. 10. Joel Iparraguirre 1956, en Babilonia se empleaba el método con año ascensional,22 mientras que en Judá se usó el método sin año ascensional, que era una costumbre en Canaán y de los judíos.23 Por consiguiente, dado al trasfondo cronológico que es evidente, “es bueno concluir que esta discusión resulta estar sin valor”,24 ya que no hay ningún “error” cronológico como sostiene la crítica moderna. Nabucodonosor, ¿constructor de Babilonia? La crítica moderna, basándose principalmente en Heródoto,25 se niega en reconocer a Nabucodonosor como constructor de Babilonia debido a que él no lo menciona directamente como su arquitecto en sus escritos. Empero, la evidencia bíblica muestra algo distinto: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? (Dn 4:30).26 Además, hay evidencia extrabíblica que se encarga de corroborar dicha afirmación, como lo es el cilindro de Grotefend;27 y también otros documentos y hallazgos arqueológicos importantes que llevan la inscripción de Nabucodonosor.28 El famoso historiador R. H. Pfeiffer, de Harvard University, admitió que “Presumiblemente, jamás sabremos cómo supo nuestro autor que la nueva Babilonia era creación Nabucodonosor. . . como lo han demostrado las 10 22 D. J. Wiseman, Chronicles of the Chaldaean King (626-556 B.C.) in the British Museum (London: British Museum, 1956), 25, 46-47, 65-69. 23 Ibíd., “Some Historical Problems in the Book of Daniel”, en Notes on some Problems in the Book of Daniel (London: Tyndale Press, 1965), 17. Gleason L. Archer, Jr., “Daniel”, en The Expositor Bible Commentary: Daniel and the Minor Prophets, ed. Frank E. Gaebelein (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1985), 7:13. 24 25 Para saber su vida y obra de este historiador griego, véase Heródoto, Historias: Libros I-IV, ed. Antonio González Caballo (Fuenlabrada, Madrid: Ediciones Akal, 1994); Jaume Aurell, Catalina Balmaceda, Peter Burke y Felipe Soza, Comprender el pasado: Una historia de la escritura y el pensamiento histórico (Madird: Ediciones Akal, 2013), 31. Por otro lado, Montero Fenollós menciona que Heródoto ”fue el primer historiador griego que nos dejó un relato de interés sobre Babilonia, casi cien años después de ser tomada por el rey Ciro. . .” (Juan Luis Montero Fenollós, Breve historia de Babilonia, [Madrid: Ediciones Nowtilus, 2012], 63-66). Véase también la obra completa de John Burrow, Historia de las historias: De Heródoto al siglo XX (Barcelona, Crítica, S.L., 2009). Para una descripción rápida, véase las páginas19-28. Énfasis añadido. 26 En el cilindro de Grotefend, KB iii, 2, 39; se encontró la siguiente inscripción: “Entonces, yo [Nabucodonosor] construí el palacio y sitio de mi realeza, vínculo de la raza humana, morada de alegría y regocijo”. Citado en J. A. Montgomery, The Book of Daniel: The International Critical Commentary (Edinburg: T & T Clark, 1927), 242. 27 En 1899, Roberto Koldewey inició las excavaciones arqueológicas en Babilonia encontrando desde murallas de la ciudad, palacios, templos, hasta documentos cuneiformes que verifican que Nabucodonosor fue constructor de Babilonia (Hasel,“El establecimiento”, 5:104). Para ver otros documentos, véase G. Rawlinson, The Seven Great Monarchies of the Ancient Eastern World (New York: J. W. Lovell, 1875), 2:261, 607, n.110; W. H. Lane, Babylon Problems (London: John Murray, 1923), 179. 28 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  11. 11. La paternidad literaria de Daniel - Parte I excavaciones”.29 Creer que Nabucodonosor no construyó la ciudad de Babilonia, es ser indiferente no solo a los registros extrabíblicos, sino también al registro inspirando, la Biblia. Con esto, no habría problema para creer que Nabucodonosor30 es reconocido como rey y constructor del imperio babilónico, cuya ciudad principal era Babilonia,31 ubicada a orillas del río Éufrates en la región conocida como Mesopotamia, actualmente Irak. Este fue el rey que llevó a Babilonia a su máxima expresión militar y arquitectónica.32 Belsasar, “rey” de Babilonia e “hijo” de Nabucodonosor Mucho se ha discutido sobre el tema. Desde la perspectiva de la crítica moderna, “se ha afirmado que no hay prueba histórica que apoye el punto de vista de que Belsasar fuese ‘rey’. En consecuencia, se ha dicho que el libro de Daniel (5:1-30; 7:1; 8:1) contiene un ‘grave error histórico’”.33 Hartman menciona que “si bien este [Belsasar] era hijo del último monarca babilónico, Nabonid, [sic] y en calidad de príncipe heredero asistió en el gobierno del país a su padre, nunca llegó a ostentar el título de rey”.34 Una observación más, es el hecho de que a Belsasar se le llame “hijo de Nabucodonosor”,35 por lo tanto; aquí se habría cometido un error múltiple. Los documentos cuneiformes, no obstante, se han encargado de corregir la imprecisión griega “presentando a Belsasar como hijo de Nabonido desde R. H. Pfeiffer, Introduction to the Old Testament (New York: Harper and Brothers, 1948), 758-759. 29 Para ver un comentario más detallado sobre la vida e historia de este rey, véase D. J. Wiseman, Nebuchadrezzar and Babylon (Oxford: Oxford University, 1985); J. Philip Hyatt, “New Light on Nebuchadrezzar and Judean History”, JBL 75 (1956): 277-284; Gerhard F. Hasel, “The Book of Daniel: Evidences Relating to Persons and Chronology”, Andrews University Seminary Studies 19 (1981): 37-42. En adelante AUSS. Alomía, Daniel: El varón muy amado por Dios, 1:43-68. 30 Charles F. Pfeiffer, ed., “Babylon”, en The Biblical World: A Dictionary of Biblical Archaeology (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1966), 124-133; Siegfried J. Schwantes, “The Neo-Babylon Empire”, en A Short History of the Ancient Near East (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1965), 134-139; J. Paul Tanner, “Ancient Babylon: From Gradual Demise to Archaeological Rediscovery”, Near East Archaeological Society Bulletin 47 (2002): 11-20. 31 Georges Roux, “The Splendour of Babylon”, en Ancient Iraq (New York: World Publishing, 1964), 325- 32 338. H. H. Rowley, “The Historicity of the Fifth Chapter of Daniel”, JTS 32 (1930): 32. 33 34 35 Hartman, “Daniel”, 307-308. La cursiva es para énfasis. Redditt, Daniel: New Century Bible Commentary, 2. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 11
  12. 12. Joel Iparraguirre 1861”,36 y como rey desde 1882,37 a través de cuatro argumentos. En primer lugar, se reconoce que Belsasar fue hijo primogénito de Nabonido, y como prueba más que suficiente es el hallazgo del cilindro n° 91125 en las ruinas del zigurat de Ur, que relata cómo Nabonido —a través de una oración— menciona a Belsasar como su hijo a quien amaba mucho.38 Así, este cilindro establece con claridad la relación: Padre-hijo entre Nabonido y Belsasar, los cuales, al igual que en las Crónicas Babilónicas, certifican la veracidad de lo registrado por Daniel al mencionar que la noche de la toma de Babilonia por los persas, Belsasar era el último rey que estaba en Babilonia.39 12 En segundo lugar, la noche en que cayó Babilonia, el 12 de octubre del 539 AC,40 Belsasar fue quien reinaba en Babilonia como “corregente” con su padre Nabonido, y que a su vez fue muerto en la misma noche (Dn 5:30).41 Shea42 menciona que dentro de la política familiar, la práctica de la corregencia era el sentido de otorgar el título de rey, a pesar de la existencia del padre como rey también; así, esta era una costumbre que Daniel aplicaría a Belsasar, “a sabiendas de que Nabonido le había ofrecido el reinado de Babilonia”.43 En tercer lugar, la mención de Belsasar como hijo de Nabucodonosor, no tiene nada de extraño.44 Wiseman menciona que: El nombrar a Nabucodonosor como “padre” en realidad “no contradice los textos babilónicos que mencionan a Belsasar como hijo de Nabonido, puesto que este último era un descendiente W. H. Talbot, “Translation of Some Assyrian Inscriptions”, Journal of the Royal Asiactic Society 18 (1861): 195. 36 37 Alomía, Daniel: El varón, 1:174. Paul Alain Beaulieu, “Nabonidus’ Rebuilding of E-Lugal-galga-sisa, the Ziggurat of Ur”, en The Context of Scripture, eds. William W. Hallo y R. Lawson (Leiden: E. J. Brill, 1992-2002), 2:123, 314. 38 Alomía, Daniel: El varón, 1:176. 39 40 Ibíd. 41 James B. Pritchard, ed., Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament (Pricenton: Pricenton University Press, 1955), 313. En adelante ANET. 42 Shea, además, señala que el título de rey pudo ser aplicado en el texto de Daniel 5 como consecuencia de la asunción al trono y al título de rey por Belsasar, cuando se enterara de la batalla librada en Opis, con victoria de Ciro sobre Nabonido (William Shea, “Nabonidus, Belshazzar, and the Book of Daniel: An Update”, AUSS 20:2 (1982): 133-149). Diestre, El sentido de la historia, 2:723. 43 44 El registro veterotestamentario muestra que esta denominación era legímita y común en los días de Daniel pues de manera repetida se llama a un rey importante padre de todos sus descendientes tal como consigna el linaje de David. Así, David es llamado padre no solo de Salomón sino de Abia (1 R 15:3); de Josafat (22:15), de Jotam (2 R 15:38), de Acaz (16:2), de Ezequías (18:3 y 20:5), y de Josías (22:3). Esta costumbre no es exclusiva al linaje real sino también a la descendencia reconocida de un determinado linaje. Tal es el caso de Jonadab con los recabitas a los cuales Jeremías los reconoce en sus días (Jer 35:6, 8, 10). Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  13. 13. La paternidad literaria de Daniel - Parte I en la línea de Nabucodonosor y podría muy bien haber estado emparentado con él mediante su esposa”.45 Esta era una práctica común en la literatura cuneiforme.46 La mención o reconocimiento de filiación a algún antepasado lejano era una costumbre muy aceptada y común en el ámbito semítico del Antiguo Cercano Oriente,47 registrando esta práctica en los anales asirios.48 En cuarto lugar, el hecho de que Belsasar le ofrezca a Daniel ser el “tercer señor en el reino” (Dn 5:7), tiene una connotación tremenda porque con esto entendemos que, además de la persona que descifre la escritura en la pared (Dn 5:25) —el tercero—, y Belsasar siendo el segundo, existe otro, que sin duda alguna, no puede ser más que Nabonido —el primero.49 Millard lo expresa de la siguiente manera: Si Belsasar era el rey, ¿por qué Daniel no podía convertirse en segundo después de él, tal como aconteció en el caso de José con el Faraón en Egipto (Gn 41:40,44)? La respuesta podría ser que Belsasar mismo era el segundo gobernante en el reino. Si el padre de Belsasar, Nabonido, era en realidad el rey, entonces Belsasar era el segundo a él. Resulta pues obvi| o que Belsasar podía ofrecer únicamente el tercer lugar a Daniel.50 De este modo, Daniel consignó correctamente los datos de acuerdo a la situación política de sus días. Él conoció de cerca a la familia real caldea y, 45 J. D. Wiseman, “Belshazzar”, en The Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Biblie, ed. Merril C. Tenney (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1975), 1:151. Adicionalmente, Hasel señala que “la clave de la situación está en que la palabra ‘padre’ en las lenguas semíticas puede significar también ‘abuelo’, o un antepasado físico más remoto, o incluso un predecesor en el cargo. . . Nabucodonosor fue padre de Belsasar, y Belsasar fue hijo de Nabucodonosor en su relación de abuelo y nieto” (Hasel, “El establecimiento”, 5:113). Alomía, Daniel: El varón, 1:177. 46 47 En adelante ACO. 48 Por ejemplo, Tiglat-pileser I (1114-1074 AC) aduce en una tableta de fundación del templo de Anu-Adad que es “hijo de Ashur-reshi, rey de Asiria, hijo de Mutakil-Nushur, también rey de Asiria” (A. Scharff y A. Moortgat, Ägypten und Vorderasien im Alertum [1950], 152), y también Salmanasar III (859-824 AC) en la denominada “inscripción del trono”, se autoproclama “hijo de Ashurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria, hijo de Tukulti-Ninurta I, igualmente rey del mundo, rey de Asiria (ANET, 275). Diestre, 2:722. 49 50 A. R. Millard, “Daniel and Belshazzar in History”, Biblical Archaeology Review 11 (1985): 78. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 13
  14. 14. Joel Iparraguirre como ministro, estaba al tanto de la corregencia entre Nabonido y Belsasar, como también de nombrar a los “reyes” como descendientes del linaje real. Además, le fue natural mencionar a Belsasar como hijo de Nabucodonosor, tal como el mismo rey incluso acostumbraba llamarse (Dn 5:13).51 2. Aspectos lingüísticos En esta parte analizaremos: (1) el hebreo de Daniel, (2) el arameo de Daniel, (3) El término “caldeo” en Daniel, y (4) las palabras “persas” y “griegas” en Daniel. El hebreo de Daniel 14 La parte hebrea de Daniel corresponde a 1:1–2:4a y 8:1–12:13. Según los críticos, como Driver, el hebreo de Daniel “no se parece al hebreo de Ezequiel, ni siquiera al de Hageo y Zacarías, si no al subsiguiente a Nehemías”.52 Montgomery señaló que el hebreo de Daniel podría “señalar una fecha tardía en comparación con la literatura bíblica conocida. . . asignándose a este el siglo II AC”.53 Del mismo modo, Davies, que para su desgracia había afirmado que el arameo de Daniel es un arameo imperial, esencia de un dialecto oriental, reconocido generalmente como el dialecto del arameo bíblico de Daniel,54 certificaba negativamente que el hebreo de Daniel “no es el hebreo de un exiliado del siglo VI AC”.55 Esta postura, no obstante, ha sido rechazada incluso por eruditos histórico-críticos por falta de un estudio concienzudo y falta de evidencia.56 Si Daniel tiene un origen en Israel del siglo II AC, “cabría esperar algunos rasgos en común con el hebreo de esa época. La carencia de tales rasgos comunes parece apoyar una fecha distinta al siglo II AC; concretamente, un 51 Lester L. Grabbe, “The Belshazzar of Daniel and the Belshazzar of History”, AUSS 26:1 (1988): 59-66; W. W. Prescott, “The Historicity of Belshazzar”, Min 5:9 (1932): 15-18. S. R. Driver, An Introduction to the Literature of the Old Testament (New York: Oxford University Press, 1965), 473, 476. Driver, además, señaló que “desde luego, el hebreo de Daniel no es el hebreo de un exiliado judío del siglo VI AC” (Ibíd., 476). 52 J. A. Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Daniel, en International Critical Commentary (Edinburgh: T.& T. Clark, 1927), 15. 53 P. R. Davies, Daniel (Sheffield: JSOT Press,1985), 38. 54 Ibíd., 38. 55 artículo. Véase los trabajos de O. Ploger, D. S. Russell, A. Lacocque, J. J. Collins y W. S. Towner citados en este 56 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  15. 15. La paternidad literaria de Daniel - Parte I periodo anterior a ese siglo”.57 El hebreo de Ezequiel comprueba esta afirmación. Ezequiel y Daniel comparten una similitud de lenguaje (aunque no de estilo),58 reforzando el argumento de que estos escribieron en el mismo periodo “por el uso común de términos y vocablos idiomáticos peculiares de aquel tiempo”.59 Además, si se hace una comparación del hebreo de Daniel con el hebreo empleado en los rollos del Mar Muerto del siglo II AC, estos revelan que “ninguno de los documentos sectarios compuestos en hebreo [. . .] muestran ninguna característica en común con los capítulos hebreos de Daniel”.60 Con certeza, podemos decir que no hay nada en el hebreo de Daniel que sugiera darle una datación en el siglo II AC. W. J. Martin lo expresa de la siguiente manera: “no hay nada en el hebreo que Daniel pudiera considerarse extraordinario para un hablante bilingüe o, quizás en este caso, trilingüe del idioma en el siglo VI AC”.61 El arameo de Daniel Daniel no es el único que tiene una porción escrita en hebreo y arameo62 al mismo tiempo. Aunque el AT está escrito en la lengua de los antiguos israelitas (hebreo), este también presenta porciones que están escritos en arameo (Esd 4:8– 6:18; 7:12-26; Dn 2:4b-7:28; y Jer 10:11).63 Los críticos alegan que el arameo presente en Daniel es un “arameo medio”, usado a finales de los siglos “de la era precristiana y los primeros de la era cristiana”.64 A saber, el arameo empleado en Daniel indica que él podría haber Hasel, “El establecimiento”, 5:143. 57 Diestre, 2:744. 58 Ibíd. Véase, también, Erwin Jenkins, “The Authorship of Daniel” (Tesis doctoral, Talbot Theological Seminary, 1995), 81. 59 60 F. F. Bruce, “The Book of Daniel and the Qumran Community”, en Neotestamentica et Semitica: Studies in Honour of Matthew Black, eds. E. Earle Ellis y Max Wilcox (Edinburgh: T. & T. Clark, 1969), 221-235. Véase, también, Hasel, Understanding, 86-90; ídem, “The Book of Daniel Confirmed by the Dead Sea Scrolls”, JATS 1 (1990): 37-49; ídem, “New Light on the Book of Daniel From the Dead Sea Scrolls”, Min 65 (1992): 10-13; Randall Price, Secrets of the Dead Sea Scrolls (Eugene, OR: Harvest House, 1996), 151-153; ídem, “When Was Daniel Written”, en Secrets of the Dead Sea Scrolls, 157-163; John C. Trever, “The Book of Daniel and the Origin of the Qumran Community”, Biblical Archaeologist 48 (1985): 89-102; Merling Alomía, “Daniel y los descubrimientos de Qumrán”, Didajé 1:1 (2012): 13-26. W. J. Martin, “The Hebrew of Daniel”, en Notes on Some Problems in the Book of Daniel, 30. 61 Es la lengua de los antiguos arameos, que son mencionados por primera vez en textos cuneiformes en el siglo XII AC. “Con el tiempo, el arameo suplantó las diversas lenguas de las tierras conquistadas. A partir del siglo VIII AC, el arameo se convirtió en una lengua internacional, la lengua franca, del Próximo Oriente” (Hasel, “El establecimiento”, 5:132). 62 La Escritura registra que el pueblo de Israel tuvo contactos arameos temprano (Gn 31:24), adoptando el hebreo como su lengua propia. Sin embargo, durante el exilio, el arameo casi desplazó al hebreo. 63 64 Los máximos defensores de esta postura fueron S. R. Driver, C. Torrey y H. H. Rowley. Parece ser que en 1897, Driver abrió el debate presentando información sobre la fecha y la naturaleza del arameo de Daniel, concluyendo que el arameo “‘permite’ una fecha ‘posterior’ a la conquista de Palestina por Alejandro Magno Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 15
  16. 16. Joel Iparraguirre escrito su libro en el siglo II AC, en los días de los macabeos y no antes. Tras los descubrimientos de los papiros de Elefantina,65 sin embargo, Rosenthal, tras un importante estudio realizado en 1939, concluyó que la antigua evidencia lingüística —para una fecha tardía de Daniel— tenía que ser olvidarla.66 En 1965, Kitchen, uno de los eruditos más reconocidos en este campo, al estudiar cuidadosamente el vocabulario, la ortografía y la fonética juntamente con la morfología y la sintaxis del arameo de Daniel, concluyó que: El arameo de Daniel (y de Esdras) es, sencillamente, parte del arameo imperial (oficial) —por sí mismo, no susceptible de datación convincente dentro del lapso que va de ca. 600 a 300 AC. Siendo ello así, no hay base en el arameo para imponer una datación para el libro de Daniel en el periodo macabeo. En lo que al arameo se refiere, una fecha en los siglo VI/V AC es perfectamente posible.67 16 Aunque Rowley criticó los descubrimientos de Kitchen,68 sus críticas fueron sometidas a un escrutinio por Kutscher, donde señaló que el arameo de Daniel indicaba un origen oriental y no un occidental, como requería si este fuese del siglo II AC.69 Por otro lado, Teixidor, haciendo un estudio epigráfico literario de Daniel y Esdras, concluyó que la parte aramea “data de la época persa y no macabaica”.70 Finalmente, Coxon fue quien dio la estocada final, cuando, en 1977, presentó el resultado de sus investigaciones sobre la frase “ellos bebieron (Dn 5:3)”, concluyendo que “la lengua de Daniel corresponde a una morfología del arameo imperial del este (oriental), y por lo tanto muy anterior al siglo II (332 AC). S. R. Driver, An Introduction, 502-504, 508. La cursiva es del original. Luego, fue Torrey quien dató el arameo de Daniel entre los siglos III/II AC (C. C. Torrey, “Notes on the Aramaic Part of Daniel”, Transactions of the Connecticut Academy of Arts and Sciences 15 [1909]: 239-282; ídem., “Stray Notes on the Aramaic of Daniel an Ezra”, Journal of American Oriental Society 43 [1923]: 229-238) y finalmente en 1929, Rowley publicó un estudio sobre el arameo bíblico en el cuál llegó a la conclusión de que el arameo de Daniel se “posicionaba en algún punto entre el arameo de los papiros nabateanos y las inscripciones de Palmira, es decir, en el siglo II AC” (H. H. Rowley, The Aramaic of the Old Testament [London: Oxford University, 1929]), 11). Descubiertos en el Alto Egipto, escritos en arameo y aceptados como provenientes del siglo V AC. Estos papiros coinciden con el arameo de Daniel. Ver P. W. Coxon, “The Syntax of the Aramaic of Daniel: A Dialectical Study”, Hebrew Union College Anual 47 (1977): 107-122. 65 F. Rosenthal, Die Aramäistische Forschung (Leiden: E. J. Brill, 1964), 60-71; ídem, “Aramaic Studies During the Past Thirty Years”, Journal of Near Eastern Studies 37 (1978): 81-91. Énfasis añadido. 66 K. A. Kitchen, “The Aramaic of Daniel”, en Notes on Some Problems in the Book of Daniel, ed. D. J. Wiseman, ét al. (London: Tyndale Press, 1965), 31, 37, 75-79. 67 H. H. Rowley, “Review of D. J. Wiseman, ét al., Notes on Some Problems in the Book of Daniel”, Journal of Semitic Studies 11 (1966): 112-116. 68 E. Y. Kutscher, “HaAmarait HaMiqrait-Amarit Mizrahit hi o Maoravit?”, First World Congress of Jewish Studies 1 (1952): 123-127. 69 70 Javier Teixidor, “Contexto epígrafo y literario de Esdras y Daniel”, en Simposio Bíblico Español, eds. N. Fernández Marcos, J. Trebolle Barrera y J. Fernández Vallina (Madrid: Universidad Complutense, 1984), 139. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  17. 17. La paternidad literaria de Daniel - Parte I AC”.71 Al igual lo hace Stefanovic, a través de un estudio comparativo entre las inscripciones arameas del siglo IX-VII AC y el arameo de Daniel, llegando a la conclusión de que el arameo de Daniel corrobora su antigüedad, es decir, el siglo VI AC.72 El término “caldeo” en Daniel Según los críticos, el término “caldeo”, para la época de Nabucodonosor, fue empleado en los periodos persas y posteriores, pero no antes.73 Además, en la primera parte del reinado de Nabucodonosor, la palabra “caldeo” solo tenía una connotación racial, mientras que el escritor de Daniel le asigna el significado de “casta religiosa u hombres sabios”,74 algo que no se hizo sino mucho más tarde del reinado de Nabucodonosor. Por lo tanto, estos concluyen en que el autor del libro de Daniel tuvo que haber escrito su libro muchos años, tal vez siglos, después del colapso del imperio neo-babilónico, y a eso de debe su error.75 El término “caldeo”76 [heb. ‫ ,]םיִּֽדְׂשַּכ‬sin embargo, ha sido comprobado arqueológicamente —en sentido étnico—77 y también como una referencia profesional “vigente incluso en los días previos al imperio neo-caldeo”,78 como lo demuestra una tableta fechada proveniente del décimo cuarto año de Shamashshum-ukin de Babilonia (668-648 AC).79 La actividad de estos ”caldeos” estaba vinculada con los demás dignatarios en las “artes mágicas” de la corte de Nabucodonosor — especialmente los asipu cuya actividad tenía que ver con la magia, la hechicería 71 P. W. Coxon, “A Philological Note on Daniel 5:3f”, Zeitschrift für die alttestamentliche Wissenschaft 89:2 (1977): 275. 72 Zdravko Stefanovic, The Aramaic of Daniel in the Light of Old Aramaic – JSOTS 192 (Sheffield: Sheffield Academic Press, 1992). Véase, también, J. Linder, “Das Aramäische im Buche Daniel”, Zeitschrift für Katholische Theologie 59 (1935): 503-545. Linder concluye que la fecha del siglo III al II AC para el libro de Daniel ya no puede sostenerse. De esta forma, no habría fundamento lingüístico contra una fecha temprana para Daniel (Ibíd., 544545). 73 Hasel, “El establecimiento”, 5:126-127. 74 Evis. L. Carballosa, Daniel y el reino mesiánico, 3ra ed. rev. (Grand Rapids, MI: Portavoz, 1999), 21. Ibíd. 75 Daniel 2:2, 4, 5, 10; 4:7; 5:7-11; fuera del significado étnico que tiene 1:4; 3:8; 9:1. 76 77 E. M. Yamauchi, “The Archaeology Background of Daniel”, Evangelical Quarterly 137 (1980): 5-6. En adelante EvQ. A. R. Millard, “Daniel 1-6 and History”, EvQ 49 (1979): 69-71; J. G. Baldwin, “Some Literary Affinities of the Book of Daniel”, Tyndale Bulletin 30 (1979): 29; J. McDowell, Daniel in the Critics’ Den. Historical Evidence for the Authenticity of the Book of Daniel (San Bernardino, CA: Here’s Life Publishers, 1979), 55-59. 78 Alomía, Daniel: el varón, 1:187. 79 G. L. Archer, “Daniel”, en Encyclopedia of Bible Difficulties (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1982), 282- 293. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 17
  18. 18. Joel Iparraguirre y la recitación de literatura exorcista.80 Además, esto no es nada nuevo. En la época de Nabunasir (747 AC) se presenta una tradición caldea en la que se hacen observaciones a astros muy exactas, reconociendo a los caldeos como hombres de ciencia (sabios), y por esto, es razonable pensar que esta tradición fue muy bien conocida por Daniel, ya que para la época en la cual él vivía, era el momento más floreciente de los caldeos.81 Las palabras persas y griegas en Daniel 18 Existen aproximadamente diecinueve palabras de origen persa en la parte aramea del libro de Daniel. Rowley “defendió que ello es indicación de que el arameo bíblico de Daniel es mucho más cercano al arameo de los targúmes de los siglos II y I AC que a los papiros arameos del siglo V AC”.82 Asimismo, con las tres palabras griegas, que son instrumentos musicales: el arpa’ [conocido antiguamente como cítara], ‘el salterio’ y ‘la zampoña’ (3:5 cf. vv. 7, 10, 15),83 no habría excusa para no fijar la fecha en el siglo II AC. Tal como lo menciona Driver, “las palabras persas presuponen un periodo después de que el imperio persa estaba bien establecido, las palabras griegas demandan [. . .] una fecha posterior a la conquista de Palestina por Alejandro Magno (332 AC)”.84 Coxon, sin embargo, haciendo un estudio más detallado sobre las palabras griegas en su contexto histórico, lingüístico y cultural, llegó a la conclusión de que estas palabras no son obstáculo para una fecha prehelenística para la composición del libro de Daniel, —como también lo hace Yamauchi—85 porque: (1) el primer instrumento fue adoptado en el arameo en el periodo prehelenístico;86 (2) el segundo instrumento, basándose en un estudio realizado por A. Sendry,87 es un instrumento musical importado del Oriente a Grecia, con la única diferencia de que los griegos mejoraban los instrumentos, y nuevamente eran exportados al Oriente;88 y (3) aunque, antiguamente el término griego para el tercer instrumento significaba “melodía en conjunto”, más tarde, posiblemente, puede haber llegado a tener el significado de un solo Ida Fröhlich, “Les enseignements des Veilleurs dans la tradition de Qumrân”, Revue de Qumran 49-52 (1988), 181-183. 80 Diestre, 2:721. 81 82 H. H. Rowley, The Aramaic of the Old Testament (London: Oxford University, 1929), 139. 83 Hasel, “El establecimiento”, 5:130. 84 Driver, An Introduction, 508. 85 Yamauchi, “Archaeological Background of Daniel”, 13. 86 P. W. Coxon, “Greek Loan-Words and Alleged Greek Loan Translations in the Book of Daniel”, Glasgow University Oriental Society Transactions 25 (1976): 24. A. Sendrey, Music in Ancient Israel (New York: Philosophical Library, 1969), 297. 87 88 Coxon, 32-36. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  19. 19. La paternidad literaria de Daniel - Parte I instrumento musical.89 Finalmente, con los trabajos que presentaron Montgomery,90 Albright91 y Yamauchi,92 se demostró la debilidad de los argumento de Driver, señalando con evidencia abrumadora la influencia de la cultura griega en el ACO, y sobretodo; en Babilonia. 3. La angelología en Daniel Una razón más que la crítica moderna presenta contra el libro de Daniel, es la creencia de una angelología93 demasiada avanzada para su época.94 Si bien es cierto que en el AT los ángeles actúan como portadores de mensajes,95 ya en la parte del Pentateuco los ángeles (1) protegen al pueblo de Dios, (2) destruyen a sus enemigos, y (3) revelan la voluntad de Dios.96 La evidencia textual presenta la existencia de profetas que pertenecen “a la misma época, a saber el periodo del exilio”97 que hicieron uso del estilo apocalíptico,98 aunque en distintas proporciones. Por ejemplo, en el libro de Ezequiel hay “seres vivientes” (1:22, [heb. ‫־לע‬ ַ ‫ )]יׁשא ָר‬dotados de alas que sostienen el trono de Dios, identificados como los ֵ֤ ְ “querubines”99 (10:20; 11-22-25, [heb. ‫ .)]םי ִ֖בּורכ‬En el capítulo 9, el profeta hace 19 Ibíd. 89 Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Daniel, 22. 90 91 W. F. Albright, From the Stone Age to Christianity (Garden City, NY: Doubleday, 1957), 337. E. M. Yamauchi, Greece and Babylon (Grand Rapids, MI: Baker, 1967), 94. 92 La angelología es la ciencia que estudia a los ángeles. En Teología, es la rama que intenta explicar el origen y cualidades de los seres espirituales llamados ángeles. 93 F. Dexinger, Das Buch Daniel und seïne Probleme (Stuttgart, Katholischee Bibelwerk, 1969), 16; W. Baugartnet, Das Buch Daniel (Giessen: Topelmann, 1926), 70, 136-137. 94 Un estudio detallado sobre el papel de los ángeles en el contexto bíblico veterotestamentario y extrabíblico, lo hace Merling Alomía en su tesis doctoral publicado en español en siete partes por la revista Theologika de la Facultad de Teología de la Universidad Peruana Unión. Véase Merling Alomía, “Los ángeles en el contexto extrabíblico veterotestamentario: Un estudio exegético comparativo – Parte I”, Theo 3:2 (1988): 166183; ídem, “Parte II”, Theo 4:1 (1989): 44-99; ídem, “Parte III”, Theo 4:2 (1989): 118-205; ídem, “Parte IV”, Theo 5:1 (1990): 2-91; ídem, “Parte V”, Theo 5:2 (1990): 168-227; ídem, “Parte VI”, Theo 6:1 (1991): 2-75; ídem, “Parte VII”, Theo 6:2 (1991): 208-269. 95 Hasel, “El establecimiento”, 5:156. 96 Schwantes, “La fecha”, 98. 97 98 Véase Johnsson, “Apocalíptica bíblica”, en Tratado de Teología, 9:884-917. La primera mención de los “querubines” está registrada en Génesis 3:24, donde se les encomendó cuidar el árbol de la vida del huerto del Edén (J. D. Douglas, “Querubines”, en Nuevo diccionario bíblico Certeza, 1ra ed. CD-ROM, Biblioteca Digital Libronix 3.0g [s.l: Sociedades Bíblicas Unidas, 2000]). Los arqueólogos han descubierto varios artefactos que pueden tener semejanza con los querubines, pues en el ACO, las representaciones de seres alados eran comunes. Para más información, véase Merling Alomía “Lesser Gods of the Ancient Near East and Some Comparisons with Heavenly Beings of the Old Testament (Tesis doctoral, Andrews University, 1987). 99 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  20. 20. Joel Iparraguirre referencia a un “varón vestido de lino”,100 junto a otros cinco más, quienes son ejecutores de los juicios divinos.101 En la última visión de Ezequiel (40-48), se hace referencia a un hombre de apariencia “como de bronce” (40:3), el cual actúa como mediador entre la divinidad y el profeta. Por otro lado, las visiones del libro de Zacarías se asemejan también a las de Daniel. En ambos libros un ángel intérprete es quien desempeña un papel de suma importancia. Este ángel mencionado en Daniel (caps. 7, 8, 9, 10-12) —al que se le da el nombre de Gabriel en 8:16; 9:21—, “es cercano, si no idéntico al papel interpretativo de los ángeles de Zacarías (1:9, 14, 19; 2:1-3; 4:4-6, 11-14; 5:5-11; 6:4-8)”.102 Es preciso admitir que, aún en el dominio de la angelología, el libro de Daniel tiene más afinidad con los libros de Ezequiel y de Zacarías, que con los libros apocalípticos que surgieron a partir del siglo II AC,103 siendo la diferencia que en el libro de Daniel el ángel es identificado por su nombre. Además, si uno hace una comparación con la evidencia arqueológica hallada en Qumrán, en relación a los ángeles de Daniel y al siglo II AC, se dará cuenta que hay indicadores de que Daniel es más antiguo que las “invocaciones” de Qumrán,104 y es más significativo que los que “lo ligan con la literatura apocalíptica que intentó imitarlo”.105 20 100 El hombre vestido de lino (vestido de los sacerdotes [cf. Éx 28:29-42] y de los ángeles [cf. Dn 10:5; 12:6-7]) mencionado aquí, es sin lugar a dudas el mismo ser que aparece en Daniel 10:5 y 12:6-7. Se dice que este es un “increíble ser celestial” (cf. Ap 1:13-16; el mismo ser que se le apareció a Juan), que apareció en “forma humana” y vino para auxiliar a Daniel, como también lo había hecho Gabriel anteriormente (Dn 9:20-27). Véase “‘man clothed in linen’[Dn 10:5]”, en Andrews Study Bible, ed. Jon L. Dybdahl (Berrien Spring, MI: Andrews University Press, 2010), 1131. Por su parte, Schawantes señala que “La semejanza con el ser celestial de Daniel 10:[5]6 es evidente. Es este ser celestial que le servirá de guía, que le mostrará el templo y la nueva Jerusalén, que medirá lo que deberá ser y que anunciaría las leyes que deben regular el nuevo ritual en el servicio del templo. El desempeña la función de ángel intérprete” (Schawantes, “La fecha”, 99). Véase, también, “Daniel 10: Una interpretación teológica desde una perspectiva apocalíptica”, en este número. Para una identificación de quién es este ser celestial, véase Gerhard Pfandl, “¿Quién es Miguel es Daniel 12:1?”, en Interpretación de las Escrituras: Preguntas y respuestas bíblicas, ed. Gerhard Pfandl, trad. Aecio Cairus y Néstor Alberro, 1ra ed. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2012), 250-254. Para Eichrodt, estos son llamados como “ángeles de venganza” (W. Eichrodt, Der Prophet Ezechiel [Gottingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1959], 1:382) mientras que Cooke los denomina “seres celestiales en forma humana” (G. A. Cooke, Ezekiel, en International Critical Commentary [Edinburg: T. & T. Clark, 1936], 104). 101 102 Hasel, “El establecimiento”, 5:157. 103 Schwantes, “La fecha”, 101. 104 A. Mertens, Das Buch Daniel im Lichte der Texte vom Toten Meer (Stuttgart: Würzburg, 1971), 112-113. Schwantes, “La fecha”, 101. Por otro lado, A. C. Welch afirma que “el libro de Daniel es mejor comprendido desde el punto de vista de aquellos que le precedieron que de aquellos que lo siguieron, indicando así que él tiene más afinidad con Ezequiel 38 y 39; Zacarías 1-8 e Isaías 24, que con Enoc, Oráculos Sibilinos, etc” (Vision of the End: A Study in Daniel and Revelation [London: James Clarke, 1958], 129). 105 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  21. 21. La paternidad literaria de Daniel - Parte I Conclusión En esta primera parte de nuestro estudio, hemos visto el empeño de los críticos para desacreditar la autenticidad del libro de Daniel en tres secciones principales que tienen que ver con (1) aspectos cronológicos e históricos: la existancia de dos sistemas de cómputo para calcular los años de reinado de los reyes, la presentación de Nabucodonosor como constructor de Babilonia y de Belsasar como hijo de Nabucodonosor y rey de Babilonia; (2) aspectos lingüísticos: el hebreo, arameo y las palabras persas y griegas; y (3) la existencia de una angelología avanzada en el libro de Daniel. Sin embargo, la evidencia escriturística y extrabíblica, como los descubrimientos arqueológicos, han demostrado que los argumentos expuestos por los críticos tienen que ser abandonados definitivamente. Por ende, es imposible creer que el libro de Daniel haya sido escrito en el siglo II AC, quedando como alternativa lo que propone la tradición judeo-cristiana, que el libro de Daniel realmente fue escrito en el siglo VI AC, época en que Daniel fue llevado en cautiverio. En la segunda parte de este trabajo se analizará el punto cuatro desde una perspectiva histórico-bíblica para ver quién es el que realmente cumple con los requisitos proféticos para ser el "poder" o "individuo" mencionado en Daniel 11, y el punto cinco será analizado a través de la Sola Scriptura, es decir, qué dice la Biblia en cuanto a la autoría de Daniel. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 21
  22. 22. RESUMEN “¿Cuándo comenzaron las setenta semanas de Daniel 9:24?”— La profecía de las setenta semanas de Daniel 9:24-27 es parte del periodo profético más extenso de las Escrituras. Ella tiene la virtud de proporcionar la identificación del verdadero Mesías. Esta identificación está en relación con la venida de él. De allí que resulta crucial la determinación del punto inicial de las setenta semanas como una división de las 2300 “tardes-mañanas” anunciadas en el 8:14. El presente artículo detalla con precisión el inicio de las setenta semanas mostrando que hay abundantes pruebas históricas y arqueológicas para determinar más allá de toda duda el año preciso de su inicio. Con ello al mismo tiempo establece que el único que puede ser señalado como verdadero Mesías es Jesucristo ya que la profecía de las setenta semanas establece la explícita misión anunciada en la profecía y cumplida únicamente por él en su ministerio redentor. Palabras clave: Daniel 9:24, Setenta semanas, 2300 tardes-mañanas, Daniel 8:14, 457 AC. ABSTRACT “When did the seventy weeks of Daniel 9:24 begin?”— The prophecy of the seventy weeks of Daniel 9:24-27 is part of the longest prophetic period recorded Scripture. It is important inasmuch as it identifies the true Messiah. This identification is connected to the specific time and period of his coming. Based on these presuppositions it is crucial to determine correctly the initial point of the seventy weeks as part of the larger period of the 2300 evenings and mornings announced in the 8:14. The present article details accurately the beginning of the seventy weeks, showing that are abundant historical and archaeological tests to determine be-yond all doubt the precise year of its beginning. At the same time it establishes that the only one that can be indicated as true Messiah is Jesus Christ, since the prophecy of the seventy weeks establishes the explicit mission announced in the prophecy and fulfilled only by Him in His ministry. Keywords: Daniel 9:24, Seventy weeks, 2300 evenings and mornings, Daniel 8:14, 457 BC. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  23. 23. ¿Cuándo comenzaron las setenta semanas de Daniel 9:24?  Wililiam H. Shea Biblical Research Institute Silver Spring, Maryland, EE. UU. Didajé 2:1 (2013): 22-40 _______________________________________________________ E Introducción n el primer año de Darío el medo (538 AC), Daniel, el profeta y oficial de la corte babilónica, decidió ofrecer las más fervientes oraciones en favor de los exiliados de Judá. En su oración (Dn 9:1-19) Daniel suplicó al Señor que perdonase a su pueblo rebelde y lo restaurara a su tierra y ciudad capital. El suplicó al Señor que cumpliera sus promesas hechas a los profetas de que Jerusalén y su templo serían reedificados después de la destrucción sufrida. Dios contestó la oración de Daniel. Se encargó de que Ciro devolviese a su pueblo a su patria (Esd 1, 2), reconstruyese el templo (Esd 5, 6), y acabase reconstruyendo la ciudad de Jerusalén (Neh 1-5, 6:15-16). Y Dios fue todavía más allá de las súplicas de Daniel. Mediante la palabra profética transmitida por Gabriel (Dn 9:21-23), Dios instruyó a Daniel acerca del Mesías que iba a venir a su pueblo después que la ciudad y el templo fueran reconstruidos. En esta profecía el Señor designó el tiempo cuando el Mesías vendría. La profecía iba a estar marcada desde el tiempo del evento por el cual Daniel había estado orando: la reconstrucción de Jerusalén. Gabriel le dijo a Daniel, “Por lo tanto, sabe y entiende que, desde la salida de la palabra para restaurar y edificar Jerusalén hasta el Mesías Príncipe habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas: a calle se volverá a edificar, y el muro, incluso en tiempos turbulentos” (9:25, traducción del autor). Evidentemente, esta profecía extraordinaria es un gran hito profético. Ella ofrece un criterio valioso mediante el cual el verdadero Mesías podría ser distinguido de los falsos. Si una persona que alegaba ser el Mesías no llegaba en el tiempo indicado, él no podía ser el verdadero Mesías. Debido a esta significancia mayor Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 23
  24. 24. William H. Shea de esta profecía, haremos bien en prestar una cuidadosa atención a sus detalles. El foco menor de nuestro estudio en esta profecía abarcará la longitud de tiempo involucrado; nuestra mayor concentración estará en su punto de inicio. Trataremos primero brevemente con la longitud del tiempo. El periodo de tiempo 24 A. La longitud. El primer asunto a tratar en términos de longitud del periodo tiene que ver con las unidades mediante las cuales tiene que ser medido. Las traducciones más antiguas, tales como la KJV inglesa, o la RV española, traducen la palabra aquí involucrada como “semanas”, en tanto que algunas recientes, como la NIV, prefieren la traducción de “septenas”. El efecto real de ambas traducciones implica la misma longitud de tiempo, para aquellos comentadores que prefieren la traducción de “septenas”, sabiendo que estas son septenas de años.1 Para aquellos que retienen la traducción más antigua de “semanas”, cada una de las semanas está hecha de siete días proféticos, y cada día profético es considerado como un año histórico de acuerdo con el principio hermenéutico apocalíptico de un día por año (Ver Ez 4:6; Nm 14:34).2 Así, la única diferencia real entre las dos escuelas de pensamiento es si el principio día-año necesita ser invocado aquí. En ambos casos el número total de años llega a 483 años (7 + 62 x 7 = 483). Aun cuando la traducción literal de la crucial palabra es de interés, no necesitamos detenernos, ya que la evidencia lingüística relevante al asunto todavía favorece la traducción “semanas”.3 Incluso la NVI pone “semanas” en el margen. B. La puntuación. La otra cuestión involucrada con la longitud de tiempo delante del Mesías tendría que ver con la puntuación. ¿Debería ser traducido el pasaje de manera tal que indique que las 7 semanas y las 62 semanas son parte de un solo conjunto dispuesto en forma tal que juntas interactúan como una unidad compuesta, o son más bien aplicables a dos eventos separados? Algunas traducciones modernas las separan, en tanto que las traducciones más antiguas las mantienen juntas. La RSV inglesa y la NVI española, al hablar del príncipe, dicen que habría “siete semanas”. Después, estableciendo un periodo al término de la oración, comienza una nueva oración, “Después de eso, habrá setenta y dos semanas más. Entonces será reconstruida Jesuralén, con sus calles y murallas” (NVI). Esta puntuación da las siete semanas al príncipe y adjudica sesenta y dos semanas para la reconstrucción de la ciudad. Pero si las dos unidades de tiempo 1 L. Wood, Commentaty on Daniel (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1973), 247. Wood provee cuatro razones principales por las que él sostiene que cada unidad de las “septenas” debería ser interpretada como un año literal e histórico. 2 Para una discusión extensa del principio de día por año aplicado a las profecías de tiempo apocalípticas, ver mi estudio en el capítulo tres de Selected Studies on Prophetic Interpretation, Daniel and Revelation Commitee Series, Washington, DC: Biblical Research Institute, 1982), 1:56-58. Ibíd., 74-77. 3 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  25. 25. Las setenta semanas de Daniel 9:24 son mantenidas juntas, entonces tanto las siete semanas como las sesenta y dos semanas deben cumplirse antes que el Príncipe haya venido. La razón principal por la cual estas unidades de tiempo han sido separadas en las traducciones, tales como la RSV inglesa o la NVI española, implica la cantidad de tensión y peso puesta sobre el signo de puntuación, ‘athnah, del texto hebreo tal como lo escribieron los masoretas. Hay ciertos problemas al tomarlo de esta manera. En primer lugar, un ‘athnah no es un soph pasuq, exactamente como una coma no es un punto. Un soph pasuq indica la conclusión de los versículos del texto hebreo tal como un punto finaliza una oración en español, pero el ‘athnah es usado únicamente más o menos a la mitad de la oración hebrea, contrastando con la coma, que divide las frases. Dividir la oración hebrea en dos oraciones con un punto como un divisor en español simplemente porque existe solamente un ‘athnah en medio de ella, va más allá del significado del ‘athnah, tornándolo en un soph pasuq. Semejante proceder no está garantizado por la acentuación hebrea y no es una buena traducción. La naturaleza arbitraria de la puntuación asumida por la RSV aquí puede ser sacada mediante una comparación con lo que ha sido hecho con el resto de Daniel 9. Ningún otro ejemplo de semejante tratamiento ocurre en el texto de la RSV de Daniel 9 en el cual un ‘athnah esté representado por un punto. Aún más, hay cuatro casos en los cuales la RSV no representa incluso un soph pasuq con un punto. En Daniel 9:1 se trata a un soph pasuq como si fuera un guión, el versículo 4 como una coma, y los versículos 5 y 20 como si fuera un punto y coma. Al ser tratado el ‘athnah en Daniel 9:25 contra su propio uso, lo que ha hecho la RSV con este versículo, no solamente es una traducción mala sino también es un caso de especial alegato muy arbitrario. Incluso, la LXX sustenta la traducción pareada en este caso. El punto de inicio Por tanto, nuestra conclusión hasta aquí es que las 7 y las 62 semanas en Daniel 9:25 se pertenecen como un compuesto formando sesenta y nueve semanas o 483 años históricos hasta la venida del Mesías. Si el punto inicial para este periodo puede ser encontrado, entonces puede ser fijada la fecha para su venida 483 años más tarde. De manera que lo siguiente es tratar el importante punto de partida. Daniel 9:25 afirma que el punto de partida había de ser la salida de una “palabra” (heb. dabar) para restaurar Jerusalén. Antes de buscar decretos específicos y la reconstrucción real, debiéramos de hacer algunas preguntas acerca del término “palabra”. A. El decreto. La razón por la cual viene el término es porque se ha hecho un esfuerzo por algunos eruditos histórico-críticos de igualar este término Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 25
  26. 26. William H. Shea 26 “palabra” en Daniel 9:25 con la “palabra del Señor a Jeremías” a la cual Daniel se refiere en el versículo 2 de este capítulo.4 Daniel estaba estudiando el rollo de Jeremías acerca de la profecía de la desolación de Jerusalén por setenta años. Jerusalén iba a ser restaurada al final de ese periodo. Debido a que el mensaje que vino a Jeremías fue denominado como una “palabra” y el mismo término hebreo fue usado en Daniel 9:25, deberían ser igualados? Haciéndolo así se situaría el comienzo de las setenta semanas de Daniel hacia atrás en el tiempo de Jeremías, alrededor del 593 AC. Este tipo de interpretación pasa por alto el hecho de que el término “palabra” es usado de nuevo dos veces en Daniel 9:23. Si uno busca las conexiones lingüísticas, aquí en el versículo 23 hay una mucho más razonable para ser utilizada durante el tiempo de Jeremías que la referencia en el versículo 2. Pero incluso aquí hay una diferencia entre la “palabra” de la introducción de Gabriel en la misma profecía. En la primera parte del versículo 23, Gabriel dijo a Daniel que una palabra había salido (heb. yasa’) , obviamente de Dios, quien envió el mensaje a Daniel. El hecho de que es usada la forma perfecta del verbo indica que la palabra ya había salido, y habiendo salido había llegado a Gabriel, quien iba a dársela ahora a Daniel. La referencia es una acción pasada o comunicación que Daniel está ahora por entender. Pero la palabra que Daniel está por entender no es el decreto para la reedificación de Jerusalén. Es la profecía entera, la cual en su totalidad constituye esta “palabra” en particular. De esta manera la “palabra” acerca de la reconstrucción de Jerusalén estaba contenida en la palabra profética total o el mensaje que Gabriel trajo a Daniel. Esa palabra era una descripción de eventos futuros. Y uno de esos futuros eventos iba a ser la salida de la “palabra” o decreto para reconstruir Jerusalén. Así, la “palabra” del versículo 25 no es la palabra del Señor a Jeremías en el versículo 2 ni la palabra del Señor mediante Gabriel a Daniel en el versículo 23. Es algo a ser cumplido en el futuro. Para corroborar notamos que el término para “salir” (heb. mosa’) que es usado en el versículo, no es el término que es usado para “la palabra” en el versículo 2 (heb. hayan) ni es el verbo usado en el versículo 23 (heb. yasa’). Un contraste posterior entre el versículo 2 y el 25 es que el primero es especialmente “la palabra del Señor”, en una cadena constructa con el nombre de Dios en la relación genitiva, en tanto que en el versículo 25 es simplemente “una palabra” sin ningún nombre divino ni ningún artículo definido usado con él. B. El rey del decreto. El siguiente punto a ser tratado aquí es, qué es lo que el profeta predijo que iba a ser reconstruido. El versículo en cuestión usa el nombre específico de la ciudad, Jerusalén. No puede haber duda, por lo tanto, de que nosotros debemos buscar las circunstancias bajo las cuales la ciudad fue reconstruida. La mención específica del nombre “Jerusalén” ayuda a evitar confusión con la reedificación del templo dentro de Jerusalén. Una ciudad no es J. A. Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Daniel (Edinburgh: T. & T. Clark, 4 1927), 378. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  27. 27. Las setenta semanas de Daniel 9:24 un templo y un templo no es una ciudad, aunque una ciudad puede contener un templo o estar localizado cerca de una. Esta distinción es muy importante porque el decreto de Ciro en Esdras 1:2-4 menciona específicamente la autorización para la reconstrucción del templo pero no menciona la ciudad. En respuesta a ese decreto, y a un decreto suplementario dado por Darío I, el templo fue de hecho reconstruido (Esd 6:14-16); pero aun después de su reconstrucción, la ciudad de Jerusalén todavía estaba en ruinas, y ésta fue la condición en la cual Nehemías la encontró en el vigésimo año de Artajerjes I, unos 70 años después. El templo fue terminado en el sexto año del rey Darío I, el año 515 AC, pero la ciudad aún estaba en el tiempo de Artajerjes a mitad del siguiente siglo. Ahora, debemos intentar de descubrir el decreto que condujo a la reconstrucción de la ciudad. No fue el decreto de Ciro en Esdras 1; tampoco fue el decreto de Darío en Esdras 6, que fue en realidad una autorización para ejecutar las estipulaciones del decreto original de Ciro. Ambos decretos tienen que ver con el templo y ambos fueron llevados hasta su ejecución final cuando el templo fue terminado. Debemos mirar más allá de la reconstrucción del templo hacia el proyecto de construcción mayor relacionado con Jerusalén. En realidad fueron dos decretos, o más bien un decreto y una autorización, que estuvieron involucrados en este posterior evento, muy parecido a los dos decretos previos centrados en el templo. Este nuevo par de decisiones oficiales se encuentra en Esdras 7 y Nehemías 2. Las circunstancias y contenido de esos decretos requieren un examen detenido en nuestra búsqueda del punto de inicio del tiempo de la profecía de Daniel. C. La naturaleza del decreto. El decreto dado a Esdras está registrado en Esdras 7:12-16 como un decreto oficial de Artajerjes. Está citado en el texto como una copia del decreto en el idioma arameo original. Debido a que el decreto de Darío en Esdras 6 en realidad contiene una reiteración del decreto precedente de Ciro, el decreto de Artajerjes es más largo que el de Darío. Los decretos se alargan a medida que uno avanza en el libro. El decreto de Ciro en el capítulo 1 es el más corto, el decreto de Darío en el capítulo 6 es de longitud media y el decreto de Artajerjes en el capítulo 7 es el más largo y debería, por lo tanto, dársele una medida de especial importancia. Contribuyendo a esta importancia está la autoridad abarcante concedida a Esdras en este decreto. Mediante este decreto él no solo recibió privilegios de pagar y ofrecer sacrificios en el templo de Jerusalén, sino que se le otorgó poder para establecer magistrados y jueces en la provincia más allá del Río. La provincia más allá del Río incluía más que Judea. Ella incluía toda Siria y estaba situada al oeste y sur de la región del alto Éufrates. De acuerdo con este decreto, a Esdras se le concedió autoridad no solamente sobre los judíos, sino sobre las personas y el territorio fuera de Judea (Esd 7:25). También se le concedió permiso para tomar del tesoro de esa provincia la suma de 100 talentos de plata (ver Esd 7:21-22). Como parte de las responsabilidades bajo este decreto de Artajerjes Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 27
  28. 28. William H. Shea 28 estaba la autorización de enseñar la ley de su Dios a judíos y no judíos en la misma jurisdicción del extenso territorio. Para cualquiera que no obedeciera sus enseñanzas en estos asuntos él estaba autorizado a ejecutar castigos incluyendo la pena de muerte (ver Esd 7:25-26). Tal vez el rasgo más destacado de este decreto era su autoridad sobre los que no eran judíos. El grado e importancia de la posición de Esdras debería notarse cuidadosamente a fin de entender la naturaleza de su acción realizada al llegar a Jerusalén. Un segundo regreso mayor de los judíos (Esd 8) ocurrió bajo este mismo decreto. Este fue solamente el segundo retorno oficial a mayor escala de los judíos de Babilonia, el primero sucedió bajo Ciro (ver Esd 1-2). En tanto que un puñado de judíos debe haber regresado entre estos dos eventos, debe notarse la naturaleza completa y oficial de este retorno autorizado (ver Esd 7:13). De la misma manera que un retorno decretado oficialmente sirvió como estímulo para iniciar la reconstrucción de Jerusalén. D. Los resultados del decreto. Ahora llegamos al asunto de lo que hizo Esdras a su llegada a Jerusalén. Sabemos que tuvo que hacer con el problema de los matrimonios mixtos o los matrimonios con extranjeros (ver Esd 9,10), pero ¿qué más hizo? Su otra actividad principal está registrada en Esdras 4:7-16, en una carta de los gobernadores occidentales escrita a Artajerjes, el rey que había dado el decreto. Los gobernadores pusieron una nota de alarma, informando, “sea notorio al rey, que los judíos que subieron de ti a nosotros a Jerusalén, ellos están reconstruyendo esa ciudad rebelde e impía; ellos están terminando las murallas y reparando los fundamentos” (Esd 4:12, RSV). Luego los gobernadores procedieron a amenazar al rey donde más lo pudiera herir, en la tesorería o el bolsillo: “si esta ciudad es reconstruida y las murallas concluidas, ellos no pagarán tributo, impuesto, o rentas, y el erario real será menoscabado” (v. 13, RSV). Algunos aspectos importantes de este informe dado al rey necesitan ser considerados. Primero, el informe está registrado en una carta de los gobernadores occidentales. Este se encuentra en arameo en el libro de Esdras como un documento oficial de los archivos persas (vv. 7-11). No hay duda acerca de la identidad del rey a quien está dirigida. El encabezamiento de la carta lleva el nombre de Artajerje|s (v. 11), quien permitió a un grupo de judíos retomar a Judea. Los judíos habían parado para ver a los gobernadores en su camino hacia Jerusalén (cf. Esd 4:12 y 8:36). Esta información concuerda bien con la autorización dada a Esdras para tomar de la tesorería de las provincias occidentales. Indudablemente, los gobernadores occidentales estaban apenados de que sus recursos habían sido reducidos por la autorización del rey. Cuando ellos escribieron, sus cartas financieras estaban en primer lugar en sus mentes. Después de parar durante su visita oficial a los gobernadores, los judíos que retornaban siguieron hacia Jerusalén. La ciudad de Jerusalén es mencionada por nombre en Esdras 4:12 y es descrito el carácter de ella en forma extensa por Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  29. 29. Las setenta semanas de Daniel 9:24 los gobernadores en su informe. La única pregunta es, ¿qué grupo de judíos está bajo discusión? El libro de Esdras provee la respuesta. Esdras trajo un grupo de judíos de regreso a Babilonia con autorización de Artajerjes. Los gobernadores informaron entonces al rey de que un grupo de judíos que retornaban habían venido a ellos y se marcharon a Jerusalén. Debido a que no se conoce otro retorno de los judíos oficialmente autorizado en el periodo persa desde los días de Ciro, y ciertamente ningún otro es conocido que haya sucedido en el reinado de Artajerjes, este grupo es incuestionablemente el de los judíos que retomaron con Esdras. La única manera que uno puede evitar tal conclusión es colocar a alguien justamente como Esdras haciendo la misma tarea que hizo Esdras. Semejante conjetura es innecesaria. La conclusión lógica de que Esdras y su grupo de exiliados en retorno referido aquí ha sido sugerido por otros eruditos. Por ejemplo, L. B. Batten declara: Notamos que los judíos denunciados aquí son recientemente llegados. Por lo tanto debe haber existido una migración extensa en el tiempo de Artajerjes, de la cual no tenemos otro registro [sic]. De acuerdo con sus empresas realizadas el grupo debe haber sido bastante numeroso.5 E C. Fensham nota que “la referencia a una migración en el verso 12 se refiere probablemente al retorno de ciertos judíos antes de Nehemías”.6 Una de las razones por la cual algunos eruditos han sido renuentes en aceptar a Esdras como líder de este grupo de exiliados en retorno tiene que ver con la cuestión muy discutida de la secuencia de Esdras y Nehemías. ¿Precede Esdras a Nehemías o Nehemías precede a Esdras? Por supuesto, los eruditos no están seguros de la respuesta a esta pregunta, pues están inseguros de la identidad del grupo que precedió a Nehemías regresando a Jerusalén durante el reinado de Artajerjes. Pero si uno concuerda con la idea de que Esdras precedió a Nehemías, entonces Esdras y sus compañeros de retorno son los únicos candidatos lógicos que armonizan con este texto. La secuencia de Esdras y Nehemías es además un asunto muy abarcante para ser tratado aquí.7 Basta decir que el orden tradicional, clásico y canónico de Esdras seguido por Nehemías discute solamente sus experiencias propias durante el reinado de un Artajerjes, el mismo nombre de un rey con el cual termina el libro de Esdras. Y Nehemías usa una fecha posterior en el reino de ese rey de acuerdo con el número de sus años de reinado. Esto, también, es evidente de las referencias a Esdras en el libro de Nehemías (8:1, 2, 4, 5, 6, 13, 5 L. B. Batten, A Critical and Exegetical Commentary on the Books of Ezra and Nehemiah (Edinburgh: T. &. T. Clark, 1913), 173. F. C. Fensham, The Books of Ezra and Nehemiah (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982), 73. 6 Ibíd., 6-9. La literatura sobre este asunto es extensa y no puede ser citada en detalle. Para un estudio entre los muchos que sostienen el orden tradicional de Esdras-Nehemías, ver C. G. Tuland, “Ezra-Nehemiah or Nehemiah-Ezra?”, Andrews University Seminary Studies 12 (1974): 47-62. En adelante AUSS. 7 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 29
  30. 30. William H. Shea 30 RV95 y 9:6, LXX). Si uno invierte el orden de esos dos hombres, estas referencias y esta narración necesitan ser enmendadas o cambiadas de alguna otra manera. La interpretación lógica y directa de los datos es que Esdras retornó antes que Nehemías lo hiciera y él estuvo presente para los eventos de Esdras 8 y 9. El libro de Esdras relata cómo llegó él a estar con anticipación. Con este orden aplicado a los eventos descritos en Esdras 4:12-23 (pero sin incluir el v. 24), Esdras ahora se torna en la persona que condujo la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén con el retorno de los grupos de exiliados que vinieron con él durante el reinado de Artajerjes I, antes del tiempo de Nehemías. Reconstruyendo estos eventos de esta manera, sin embargo, crea una especie de problema en el orden del texto. El regreso de los judíos bajo Esdras es descrito en los capítulos 7 y 8 pero la reconstrucción que hicieron de la ciudad es descrita en el capítulo 4. ¿Por qué aparecen las cosas desordenadas de esta manera? Debe de señalarse que hay más de una manera de organizar un libro, sea bíblico o de otra naturaleza, y un autor no siempre tiene que suscribirse al estricto planteamiento cronológico. Él podría también haber seguido un planteamiento temático. Y esto es lo que aquí ha ocurrido. Hay un paréntesis entre Esdras 4:5 y 4:245:1. El paréntesis continúa su propio recital junto con líneas cronológicas, siendo el tema o subtema la oposición a los judíos. Esta oposición es primero citada durante el reinado de Ciro en Esdras 4:1-5, luego durante el reinado de Artajerjes en Esdras 4:7-23. Luego con Esdras 4:24 la narración retorna al tiempo de Darío —entre los tiempos de Darío y Asuero. El tema tratado en esta subsección (Esd 4) es la oposición a los judíos. La oposición es en el primer caso a la reconstrucción del tiempo (tiempo de Ciro), luego una oposición más general (tiempo de Jerjes), y finalmente una oposición a la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén (tiempo de Artajerjes). Fensham ha provisto una evaluación apropiada de este problema, al establecer que: A pesar de esto [el orden cronológico de los reyes persas en el capítulo 4], Rudolph presume que el cronista no tuvo idea de la secuencia de los reyes persas y mencionó nombres típicos que son accidentalmente correctos cronológicamente. Rudolph llega a esta conclusión debido al repentino cambio a Darío en el 4:24. . . De esta manera es comprensible que los eruditos modernos, al razonar desde su propia lógica, puedan considerar la fiabilidad histórica de este capítulo con recelo. Pero hay otra clase de lógica perfectamente legítima para el razonamiento del autor de este capítulo: él se está refiriendo en este capítulo en orden cronológico a los obstáculos puestos en el camino de los judíos para la reconstrucción del templo y la muralla de Jerusalén. Cuando él discute los problemas de la reconstrucción del templo en el 4:1-5, le recuerda a él obstáculos similares con la reconstrucción de la muralla de Jerusalén, y de esta manera el 4:6-23 ha sido insertado, casi parentéticamente, antes que el argumento de la construcción del templo haya sido tomado de nuevo en el 4:24ss (ya notado con anterioridad por C. F Keil).8 Fensham, Ezra and Nehemiah, 69-70. 8 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  31. 31. Las setenta semanas de Daniel 9:24 Así, hay una explicación perféctamente válida en cuando al motivo por el que el decreto y el regreso se describen en los capítulos 7 y 8, pero la reconstrucción acometida por las mismísimas personas que regresaron en esos capítulos se describe en el capítulo . No hay conflicto alguno. La estructura del capítulo simplemente refleja la decisión del autor de tratar su material de forma temática y no estríctamente cronológica. Antes de pasar a asuntos específicamente cronológicos, surgen dos preguntas finales sobre estos acontecimientos. La primera es: ¿Por qué acometió Esdras la reconstrucción de la ciudad cuando no es mencionada específicamente en el decreto de autorización de Artajerjes? La segunda es: ¿Por qué detuvo Artajerjes la reconstrucción si la autorizó y era favorable a Esdras? Para responder la primera pregunta, podemos, sencillamente, aportar la prueba histórica. Esdras 4:12, 13 indica que Esdras, en efecto, fue adelante y acometió la reconstrucción. No parece haberse esforzado en ocultar lo que hacía. No lo hizo clandestinamente, sino a la vista de los gobernadores occidentales. Dada la naturaleza abierta del proyecto, solo se puede decir que Esdras entendió que la reconstrucción caía dentro de la juridicción de la autoridad que se le había otorgado. Observador meticuloso de la ley de Dios como era —y hasta Artajerjes reparó en ello—, no intentó en modo alguno engañar a nadie en cuanto a lo que hacía. A Esdras se le había otorgado autoridad legar y en las salas de juicio (Esd 7:25, 26). Típicamente, tales lugares estaban en las “puertas” de la ciudad, en las que los jueces se reunían para llevar a cabo sus actividades judiciales. Parace haber aquí una clara indicación de que Esdras debe de haber facilitado los locales en los que debían realizarse las actividades judiciales civiles regladas. Jerusalén era también un reciento religioso que, en cierto sentido, rodeaba la zona del templo y la autoridad de Esdras en asuntos religiosos legales parece haber incluído también en la reconstrucción de Jerusalén. E. La respuesta del rey. ¿Qué clase de rey era Artajerjes, quien contradijo su propio decreto? Los historiadores lo describen como de dos caras. Probablemente el clásico ejemplo de su duplicidad ocurrió en la disposición de Inaro, quien se rebeló contra él en Egipto. Después que Inaro fue derrotado y capturado por Megabizo el general de Artajerjes en el 454 AC, Artajerjes le prometió que lo conduciría salvo a Persia y le aseguró que no sería ejecutado. Artajerjes honró su promesa por cinco años pero eventualmente, a petición de la reina madre Amestris, empaló a Inaro. Megabizo quedó tan disgustado con la perfidia del rey que levantó una revuelta en Siria.9 A. T. Olmstead, History of the Persian Empire (Chicago: University of Chi­ ago Press, 1948), 308-312. c 9 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 31
  32. 32. William H. Shea Cronología Ahora nos volvemos a la cuestión de la cronología de los eventos involucrados. Una vez que los puntos cronológicos sean establecidos se puede proponer un cálculo directo de la fecha para el Mesías y se puede examinar la historia para ver si coincide. La fecha para el comienzo de este periodo de la profecía debe coincidir con la salida o la emisión del decreto que condujo al comienzo de la reconstrucción de Jerusalén. De acuerdo con las interpretaciones discutidas arriba, el decreto que condujo a ese inicio puede ser identificado como el decreto que Artajerjes I dio a Esdras. Pues bien ese decreto necesita ser fechado. La narración conectada con él indica que Esdras y los que retornaron con él dejaron Babilonia el primer día del primer mes del séptimo año del rey Artajerjes (Esds 7:9), o el 1/1/7. Después de un viaje de cuatro meses ellos llegaron a Jerusalén en el primer día del quinto mes del séptimo año (v. 10), o el 1/5/7. Dos puntos principales están involucrados aquí: (1) las fechas absolutas para el reinado de Artajerjes y (2) la clase de calendario según el cual estas fechas fueron reconocidas. 32 A. Los años de reinado de Artajerjes. Las fechas absolutas para el reinado de Artajerjes I pueden ser establecidas conociendo las fechas de los dos reyes que le precedieron, Darío I y Jerjes. Las fechas de esos reyes son bien conocidas debido a que ambos hombres condujeron invasiones a Grecia y los historiadores griegos fecharon sus reinados en términos del sistema muy conocido de las Olimpiadas. Además tenemos las fuentes del antiguo Cercano Oriente (ACO) que incluyen papiros de Egipto fechados durante el reinado de Artajerjes y un flujo constante de tablillas de contrato escritas en cuneiforme cuando Babilonia estaba bajo el control persa. Tenemos también el canon de Ptolomeo, según el cual los reinados de los antiguos reyes se remontan hasta mediados del siglo VIII AC fueron fechados y fijados mediante eclipses y cálculos matemático-astronómicos. En otras palabras, estamos en una posición muy buena para fijar con mucha precisión las fechas para Jerjes y su hijo Artajerjes, quien le sucedió. 1. Las fuentes históricas clásicas. Comenzaremos con algunas de las fuentes más posteriores y luego iremos retrocediendo. Por lo menos media docena de historiadores (greco-romanos) clásicos mencionan algo acerca del tiempo o circunstancias que rodearon la muerte de Jerjes. El historiador griego Ctesias nos dice la mayoría de las circunstancias que rodearon el asesinato de Jerjes por Artabano, aunque él no proporciona la fecha de manera precisa para el evento.10 Diodoro de Sicilia nos da datos más precisos para esos eventos, fechando tanto la gobernación ateniense y el año consular romano. Estos dos tipos de año se Persica, 29-30 10 Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013
  33. 33. Las setenta semanas de Daniel 9:24 sobreponen para indicar que Jerjes fue asesinado en algún momento durante la primera mitad del año juliano 465 AC.11 2. Una fuente astronómica egipcia. Debido a que el calendario solar egipcio era 1/4 de día más corto que el verdadero año solar avanzaba regularmente en relación a los años julianos usados para calcular las fechas AC. Este rasgo ha sido usado por los historiadores modernos al calcular las fechas egipcias antiguas yendo en retroceso en el calendario egipcio. Fue usado también por el astrónomo Ptolomeo en su Almagesto.12 Para el año en que murió Jerjes, 465 AC, el día de año nuevo egipcio, el 1 de Thoth, coincidía con nuestro 17 de diciembre. Si Jerjes murió antes del 17 de diciembre; entonces, el segundo año del reinado de Artajerjes podría haber comenzado en ese día; sin embargo en vez de eso, el primer año de Artajerjes comenzó el 17 de diciembre, y esto significa —según el sistema egipcio— que Jerjes murió entre el 17 de diciembre y la primavera del año nuevo pérsico, 1 de Nisanu, durante la primavera. 3. Una fuente astronómica babilónica. Los babilonios eran conscientes de que los eclipses lunares y solares se repetían casi exactamente en ciclos de dieciocho años. Los astrónomos antiguos le llamaron a esos periodos “ciclos saros”. Existen tablillas cuneiformes que registraron los ciclos saros en términos de los años de gobierno de los reyes las cuales se conocen desde el periodo helenístico.13 Las tablas derivadas de esas tablillas cuentan esos ciclos desde el noveno año de Jerjes, pasando por el sexto año de Artajerjes, hasta el vigésimo año de Artajerjes. Aparte del hecho de que los astrónomos modernos pueden determinar cuándo ocurrieron esos fenómenos astronómicos, ellos también calculan para nosotros el número de años entre estas fechas de reinado. De esta manera este ciclo data los 18 años entre el noveno año de Jerjes y el sexto año de Artajerjes para el espacio entre el 477 AC y el 459 AC. Esto fija el año de la muerte de Jerjes y la ascensión de Artajerjes en el 465 AC. 4. Fuentes históricas egipcio-judías. Papiros desde el siglo V AC escritos en arameo por militares mercenarios judíos bajo contratos persas en la isla de Elefantina, Egipto; nos proveen de valiosa información cronológica e histórica. Estos documentos llevan fechas de ambas formas sobreponiendo los calendarios egipcios y persa-babilónicos. Las uniones matemáticas en las cuales estos dos calendarios se entrecruzan con fechas dobles ayudan a fijar las fechas para los reinados de los reyes bajo quienes estos documentos fueron escritos. Un caso de importancia especial aquí es el Papiro Cowley No. 6, que fue datado para ambos el 21 (y último) año de Jerjes y para el año de ascensión Diodorus Siculus, xi. 69.1-6. 11 Para un tratamiento de Ptolomeo y otras obras en relación a este problema, ver J. Neuffer, “The Accession of Artaxerxes”, AUSS 6 (1968): 60-67. 12 13 Estudios básicos de las tablillas saros pueden encontrarse en J. N. Strassmaier, “Einige chronologische Daten aus Astronomischen Rechnungen”, Zeitscrift ¡ür Assyriologie 1 (1892): 194-204, en adelante ZA; Ibíd., “Zur Chronologie der Seleuciden”, ZA 8 (1893): 106-113. Revista bíblico-teológica Didajé | Volumen 2 | Número 1 | 2013 33

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