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Filosofía antigua II: Los sofistas y falacias; Sócrates y las escuelas socráticas menores

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  • 1. FILOSOFIA ANTIGUA II • Los Sofistas, tipos de falacias • Sócrates y las escuelas Socráticas Menores
  • 2. Período Antropológico: Los Sofistas y la escuela Socrática
  • 3. Los Sofistas: El término sofista, del griego sophía, "sabiduría" y sophós, "sabio“. Más tarde se atribuía a quien disponía de "inteligencia práctica“. Al transcurrir el tiempo hubo diferencias en cuanto al significado de sophós: por una parte, se les denominaba así a los que dan utilidad a lo sabido, mientras por otra parte es quien conoce las cosas por naturaleza. En el siglo V a. C. Surgen los Sofistas como Gorgias y Protágoras, preocupados por el hombre y la sociedad, en la Atenas de Pericles y su siglo de oro. No fueron filósofos en sí, sino un movimiento sociocultiral. Se les puede resumir en estas características: 1. Abandonaron el estudio de la physis y se dedicaron al estudio del hombre, sus costumbres, su organización social y sus leyes. 2. Utilizaron magistralmente el método dialéctico, para mostrar, no la verdad, sino las incoherencias de su adversario. La elocuencia se utilizaba para coseguir cualquier fin (utilitarismo). 3. Fueron los primeros “Positivistas Jurídicos” pues opinaban que ni la moral ni las leyes proceden de la naturaleza o physis sino que son puras normas o convenciones humanas. 4. Cobraban por sus enseñanzas lo que se les criticaba pues chocaba con la concepción de filósofo como amante de la sabiduría, desocupado de los bienes materiales.
  • 4. De la Physis al Nomos: Physis: Palabra griega que se traduce por naturaleza y que procede etimológicamente del verbo phyo, que significa brotar, crecer, hacer salir. Para los griegos, el término physis tiene un sentido dinámico y hace referencia a aquella fuerza o fuente de donde nacen los entes. Con este término, denominaban a la naturaleza como principio que no depende de los acontecimientos humanos. Nomos: 1. Se puede traducir por ley, y más en particular la ley de la ciudad. 2. Nómos significa ley moral y política. La cuestión del fundamento de la ley de la ciudad, y en general de la ley moral y política, es una preocupación que ya se encuentra en los primeros filósofos, pero con los sofistas se hace más consciente y explícita. Las distintas soluciones más comunes a esta cuestión son las siguientes: 1. la ley tiene como fundamento lo sobrenatural 2. la ley tiene como fundamento la naturaleza 3. la ley descansa en los avatares humanos, en su historia y situaciones vitales concretas y contingentes. A partir de los sofistas (que oponen la physis al nomos) y sobre todo de Aristóteles (que entiende la naturaleza como esencia de las cosas y como principio interno de movimiento), esta idea adquirió un sentido metafísico en el mundo griego.
  • 5. Carácterísticas del pensamiento de los Sofistas: Relativismo: No hay verdad o falsedad. No hay verdad única y absoluta, cada uno interpreta a su manera la realidad, En lugar de buscar la verdad, busca la felicidad. Escepticismo: Dado que no se puede tener conocimiento de la realidad, cualquier cosa que se dega sobre ella no puede ser creído. Convencionalismo: Las leyes qu erigen al hombreno son naturales sino construcciones del hombre mismo. La verdad es consenso, acuerdo, relaciones políticas. Retórica: Utilizar el lenguaje como instrumento de dominio y persuación, se busca convencer al otro, no se busca la verdad. Apaición de las falacias.
  • 6. Los Sofistas:
  • 7. Protágoras: Nació en Abdera aproximadamente en el año 490 a.C. Elaboró un código penal para Turios. Sus mayores oponentes eran Platón y Aristóteles. Protágoras negó que existieran valores y verdades universales para todos los hombres. Protágoras fue acusado de impío (no honrar a los dioses de la ciudad) y obligado a dejar Atenas por ese motivo. Admirado experto en retórica que recorría el mundo griego cobrando elevadas tarifas por sus conocimientos acerca del correcto uso de las palabras u ortoepeia. Platón le acredita como el inventor del papel del sofista profesional o profesor de "virtud" (entendida no como "bondad" sino como conocimiento y habilidad para tener éxito mundano).
  • 8. “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto a que son y de las que no son en cuanto a que no son”. “La verdad sobre lo que es real no depende de la realidad sino del hombre mismo”. Protágoras fue un pensador viajero, celebrado y necesitado allí donde fuera. Vivió durante largas temporadas en Atenas, donde fue conocido de Sócrates y amigo de Pericles, quien le encargó la constitución para la nueva colonia de Turios, que redactó hacia 444 o 443 a. C. y en donde por primera vez en la historia, se estableció la educación pública y obligatoria. También viajó a Sicilia y a otras ciudades de Asia Menor en funciones de maestro de retórica y conducta, recibiendo a cambio cantidades notables de dinero, como el resto de sofistas. El magisterio que llegó a ejercer en el área de influencia griega se extendió en el tiempo durante cuarenta años, según nos cuenta Platón. Platón le dedicó uno de sus diálogos, el Protágoras, que aún hoy puede leerse como un cuadro vivo, animado y colorido, aunque con escaso rigor histórico, sobre los distintos tipos de sofistas que habitaban en la mansión de Calias –rico ateniense y mecenas, rodeado de intereses comerciales, políticos, artísticos y militares-. Junto a Gorgias, fueron los únicos sofistas en ser considerados en calidad de filósofos por Platón y Aristóteles. Sócrates guardaba gran estima de ellos por sus cualidades retóricas y la profundidad de sus predicados, a pesar del uso que podían hacer de ellos.
  • 9. Gorgias de Leontinos Nació en Leontinos aproximadamente en el 490 a.C. Murió sobrepasando los cien años de edad. Fue un orador famoso y sutil. Compartió el presupuesto básico de la filosofía de Protágoras: el relativismo. Sus tres tesis son las siguientes: a. Nada es (existe). b. Si algo existiera, sería incognoscible. c. Si fuera conocible, sería incomunicable. “Lo que es, no existe. Existiría y no existiría, al mismo tiempo. Lo que no es, no existe; lo que es, tampoco existe. Si lo que es existiese, o es eterno o engendrado. Si es eterno, es infinito y si es infinito no está en ninguna parte, por lo tanto no existe. Si lo que es, es eterno, no ha nacido, y si ha nacido, no es eterno. Y por las mismas razones, tampoco son posibles las dos alternativas, que sea, al tiempo, eterno y engendrado, pues ambas alternativas se destruyen mutuamente.”
  • 10. Pródico: Nació en la ciudad jónica de Yulis aproximadamente en el 460. Fue un sofista educador en el arte de triunfar en la política, y un maestro del lenguaje. A este sofista se le atribuye una teoría naturalista sobre el origen de la religión.
  • 11. Hipias: Nació en Élide. Sus enseñanzas abarcaron una amplia gama de saberes: matemáticas, geometría, astronomía, historia, poesía y filosofía. Su gran obra fue “Synagogé” Su defensa de la naturaleza dió origen a la idea de la unidad de la especie humana. Las leyes son convenciones hechas por los hombres. Hipias aceptó también la existencia de leyes divinas.
  • 12. Antifonte Nació en Ramnunte, aproximadamente en el año 411 a.C. Antifonte fue un refinado y culto intelectual, defensor de la physis frente al nómos. Las leyes no se fundan en la naturaleza. La naturaleza nos empuja a evitar el dolor y buscar el placer. Murió cerca del 480.
  • 13. Trasímaco: Trasímaco: Nació en Calcedonia de Bitinia en el año 450 a.C. Era un excelente retórico y orador. Mantuvo una postura realista que afirmaba que la justicia es el interés del más fuerte. A Trasímaco no le interesa lo que debería ser la justicia sino lo que realmente es. Posiblemente se suicidó, pasado el año 339 a.C.
  • 14. Falacias En lógica, una falacia (del latín fallacia, «engaño») es un argumento que parece válido, pero no lo es. Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuadir o manipular a los demás, mientras que otras se cometen sin intención debido a descuidos o ignorancia. En ocasiones las falacias pueden ser muy sutiles y persuasivas, por lo que se debe poner mucha atención para detectarlas. En los diálogos platónicos aparecen ejemplos de diversas falacias, si bien no se hace una clasificación. El primer estudio más elaborado sobre las falacias se remonta a Aristóteles, quien en sus “Refutaciones sofísticas” identificó y clasificó trece clases de falacias. Desde entonces, cientos de otras falacias se han agregado a la lista y se han propuesto varios sistemas de clasificación. Las falacias son de interés no solo para la lógica, sino también para la política, la retórica, el derecho, la ciencia, la religión, el periodismo, la mercadotecnia, el cine y, en general, cualquier área en la cual la argumentación y la persuasión sean de especial relevancia.
  • 15. Refutaciones sofísticas: “Refutaciones sofísticas” es un texto escrito por Aristóteles que forma parte del Órganon aristotéltico y que trata sobre las falacias. Aristóteles identifica trece falacias distintas, que clasifica en dos grupos: Las que dependen del lenguaje y las que no. En el primer grupo incluye los argumentos cuya invalidez depende de uno de los siguientes seis factores: 1 Acento o énfasis: 2 Anfibología: empleo de frases o palabras con más de una interpretación 3 Equivocación: todo juicio o valoración que contraviene el criterio que se reconoce como válido 4 Composición:consiste en inferir que algo es verdadero acerca de un todo solo porque es verdadero acerca de una o varias de sus partes. 5 División:consiste en inferir que algo es verdadero acerca de una o varias de las partes de un todo, porque es verdadero acerca del compuesto del que forma parte. 6 Figuras literarias: formas no convencionales de utilizar las palabras, de manera que, aunque se emplean con sus acepciones habituales (aspectos que las diferencia de los tropos), se acompañan de algunas particularidades fónicas, gramaticales o semánticas, que las alejan de ese uso habitual, por lo que terminan por resultar especialmente expresivas. Debido a esto, su uso es característico, aunque en modo alguno exclusivo, de las obras literarias.
  • 16. En el segundo grupo están los argumentos cuya invalidez no depende del lenguaje, sino de uno de los siguientes siete factores: 1. Accidente: el accidente, o falacia dicto simpliciter, es una falacia que se comete al olvidar o ignorar que algo que se presenta como una generalización estricta puede no ser tal y tener excepciones. Por ejemplo, considérese el siguiente argumento: Cortar a una persona con un cuchillo es un crimen. Los cirujanos cortan personas con cuchillos.Por lo tanto, los cirujanos son criminales. 2. Afirmación del consecuente: también llamado error inverso, es una falacia formal que se comete al razonar según la siguiente forma argumental: Si A, entonces B (Si está nevando, entonces hace frío.) B (Hace frío) Por lo tanto, A (Por lo tanto, está nevando) 3. Accidente converso: 4. Conclusión irrelevante: o eludir la cuestión es una falacia en la que se presenta un argumento que puede ser por sí mismo válido, pero que prueba o concluye una proposición diferente a que la que debería probar o concluir. Ejemplo: «Pablo es un buen deportista y debe ganar la copa. Después de todo, es un buen tipo, ha donado mucho dinero y es miembro de una ONG.»  Las donaciones o preferencias solidarias no tienen que ver con el merecimiento deportivo de una copa. 5. Petición de principio: ocurre cuando la proposición por ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas. Veamos un intento de probar que Juan Pérez dice la verdad:  Supongamos que Juan Pérez no miente cuando habla.  Juan Pérez está hablando.  Por lo tanto, Juan Pérez está diciendo la verdad. = p implica q; q implica r;  r implica p.
  • 17. 6. Causa cuestionable: También conocidas como falacias causales o non causa pro causa son falacias informales donde una causa es identificada de manera incorrecta. Tiene varias vertientes, entre ellas la de circularidad o también llamada como la “falacia del huevo o la gallina”. También se da la que supone que la correlación de dos significa que una es su causa; que un efecto tenga una sola causa, o que se vea un efecto como la causa principal del problema. Se da en el pensamiento mágico, supersticiones, 7. Falacia de las muchas preguntas: También llamada pregunta compleja o plurium interrogationum, es una falacia que ocurre cuando alguien hace una pregunta que presupone algo que no ha sido probado, o que no ha sido aceptado por todas las personas implicadas.1 Esta falacia es con frecuencia usada retóricamente para dar a entender la presunción o conocimiento de la respuesta a la pregunta por parte del que la realiza. Por ejemplo, en la pregunta «¿sigues saliendo a comer con tu mujer?», una respuesta tanto afirmativa como negativa admitiría que la persona tiene mujer y que al menos antes salía a comer con ella. Estos hechos son presupuestos por la pregunta. Se trata de una falacia porque se asume la verdad o se presuponen algunos hechos a la hora de hacer la pregunta compleja. Otros tipos de falacias: Hasta hoy se siguen clasificando muchos tipos de falacias: Falacia del hombre de paja: Consiste en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando sus palabras o cambiando su significado para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico. Generalización apresurada: (Se llega a una generalización inducida basada en muy pocas pruebas. Ejemplo: «Me encanta esta canción, por lo tanto me gustará también todo el álbum en el que está». Argumento ad hominem: Ridiculizar al contrincante. Ej.: Caricatura de Darwin como un mono. Argumento ad populum: La tesis sería cierta porque la mayoría así lo cree Argumento ad nauseam: Mientras mas se difunde la tesis, mas verdadera se hace Argumento ad conditionallis: El fundamento o prueba del argumento está condicionado. Sin embargo, el argumento no puede ser probado, ya que el hecho no existe.  Ej.: “estaríamos mejor con otro gobierno” . Argumento ad antiquitatem: La tesis es correcta porque tradicionalmente se ha creido así.
  • 18. “Post hoc ergo propter hoc”: Expresión latina que significa «después de esto, luego a consecuencia de esto» es un tipo de falacia que asume que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero. Falacia del francotirador: Es una falacia lógica donde la información que no tiene relación alguna es interpretada, manipulada o maquillada hasta que ésta parezca tener un sentido. El nombre viene de un tirador que disparó aleatoriamente varios tiros a un granero y después pintó una diana centrada en cada uno de los tiros para autoproclamarse francotirador. Falacia del alegato especial: Cuando alguien, en su argumentación, recurre o hace alusión a una visión o sensibilidad especial del tema objeto de debate y, bien sea de manera implícita o explícita, esta persona mantiene que el oponente posiblemente no puede comprender las sutilezas o complejidades del tema en cuestión, porque no alcanza el nivel de conocimiento o la empatía que supuestamente se requiere Argumento a silentio: Consiste en considerar que el silencio de un ponente o interlocutor sobre un asunto X prueba o sugiere que el ponente es un ignorante sobre X o tiene un motivo para mantenerse en silencio respecto a X. Argumento ad consequentiam: concluye que una premisa (típicamente una creencia) es verdadera o falsa basándose en si esta conduce a una consecuencia deseable o indeseable: «El jugador hizo todo lo que pudo, porque, si no, no hubiéramos ganado el partido». Argumento ad baculum: Es un argumento donde la fuerza, coacción o amenaza de fuerza es dada como justificación para una conclusión. «Debes creer en Dios, porque si no lo haces irás al infierno». Argumento ad ignorantiam: Consiste en sostener la verdad o falsedad de una afirmación alegando que no existe evidencia o prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario. Argumento ad verecundiam: Utilizar a una persona con credibilidad para que la tesis se considere correcta.
  • 19. Escuela Socrática
  • 20. Sócrates (470-399 a. C.): Sócrates es punto nuevo de partida de la filosofía. Criticó severamente a los Sofistas por cobrar por sus enseñanzas, por su relativismo y escepticismo, -que llevó a la ruina la vida política de Atenas-. Sócrates buscó en el interior del hombre los conceptos objetivos de todas las cosas. Desde muy joven, llamó la atención por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos jóvenes aristocráticos de Atenas, a quienes les preguntaba sobre su confianza en opiniones populares, aunque muy a menudo él no les ofrecía ninguna enseñanza. Fué el maestro de Platón, quien tuvo a Aristóteles como discípulo; estos tres son los representantes fundamentales de la filosofía griega. Vivió durante la época más espléndida de Atenas y de toda la antigua Grecia.
  • 21. «Yo sólo sé que nada sé» Su inconformismo lo impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios (sofistas), aunque él mismo no se consideraba un sabio, en cambio era consciente, tanto de la ignorancia que le rodeaba como de la suya propia. Asumiendo una postura de ignorancia, interrogaba a la gente para luego poner en evidencia la incongruencia de sus afirmaciones. A esto se le denominó «ironía socrática», la cual queda expresada con su célebre frase «Yo sólo sé que nada sé» La sabiduría de Sócrates no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí construir conocimientos más sólidos. Esto le convierte en una de las figuras más extraordinarias y decisivas de toda la historia; representa la reacción contra el relativismo y subjetivismo sofista, y es un singular ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. A la vez, fue capaz de llevar tal unidad al plano del conocimiento, al sostener que la virtud es conocimiento y el vicio ignorancia.
  • 22. Fue maestro del Diálogo y la Ironía; Su más grande mérito fue crear la Mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento. Según pensaba, el conocimiento y el autodominio habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza. La sabiduría de Sócrates no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí construir conocimientos más sólidos. Se opuso a la dictadura, pero la democracia subsiguiente le condenó a muerte, por mantenerse firme en sus convicciones morales, al no honrar a los dioses de su ciudad. Murió a los 70 años de edad, aceptando serenamente una condena, que le ofrecía retractarse de sus ideas o morir, por no reconocer a los dioses atenienses y corromper a la juventud. Según relata Platón, éste pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir, defendiendo sus ideas. La forma con que afronta la muerte es ejemplar, y signo de su grandeza pues prefiere defender sus creencias a salvar su vida, y afronta la muerte de manera que es otra gran esnseñanza filosófica. Se dice que el oráculo de Delfos proclamó a Sócrates como el hombre mas sabio de Grecias pues era el único en aceptar su propia ignorancia. Que el pensamiento de Sócrates haya tenido tan diversas interpretaciones demuestra que fue una persona abierta y profunda que no imponía doctrinas sino impulsaba la búsqueda libre de la virtud y la sabiduría, pero se puede decir que la auténtica escuela socrática encontró su continuidad en Platón.
  • 23. DE LA SABIDURÍA DE SÓCRATES “Sabed bien que os voy a decir toda la verdad. En efecto, atenienses, yo no he adquirido este renombre por otra razón que por cierta sabiduría. ¿Qué sabiduría es esa? La que, tal vez, es sabiduría propia del hombre; pues en realidad es probable que yo sea sabio respecto a ésta. Éstos, de los que hablaba hace un momento, quizá sean sabios respecto a una sabiduría mayor que la propia de un hombre o no sé cómo calificarla. Hablo así, porque yo no conozco esa sabiduría, y el que lo afirme miente y habla en favor de mi falsa reputación. Las palabras que voy a decir no son mías, sino que voy a remitir al que las dijo, digno de crédito para vosotros. De mi sabiduría, si hay alguna y cuál es, os voy a presentar como testigo al dios que está en Delfos. En efecto, conocíais sin duda a Querefonte. Y ya sabéis cómo era Querefonte, qué vehemente para lo que emprendía. Pues bien, una vez fue a Delfos y tuvo la audacia de preguntar al oráculo esto, preguntó si había alguien más sabio que yo. La Pitia le respondió que nadie era más sabio. Pensad por qué digo estas cosas; voy a mostraros de dónde ha salido esta falsa opinión sobre mí. Así pues, tras oír yo estas palabras reflexionaba así: «¿Qué dice realmente el dios y qué indica en enigma? Yo tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho. ¿Qué es lo que realmente dice al afirmar que yo soy muy sabio? Sin duda, no miente; no le es lícito.» Y durante mucho tiempo estuve yo confuso sobre lo que en verdad quería decir. Más tarde, a regañadientes me incliné a una investigación del oráculo del modo siguiente. Me dirigí a uno de los que parecían ser sabios, en la idea de que, si en alguna parte era posible, allí refutaría el vaticinio y demostraría al oráculo: «Éste es más sabio que yo y tú decías que lo era yo.» Ahora bien, al examinar a éste, experimenté lo siguiente, atenienses: me pareció que otras muchas personas creían que ese hombre era sabio y, especialmente, lo creía él mismo, pero que no lo era. A continuación intentaba yo demostrarle que él creía ser sabio, pero que no lo era. A consecuencia de ello, me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes. Al retirarme de allí razonaba a solas que yo era más sabio que aquel hombre. Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy más sabio que él en esta misma pequeñez, en que lo que no sé tampoco creo saberlo. A continuación me encaminé hacia otro de los que parecían ser más sabios que aquél y saqué la misma impresión, y también allí me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes.”
  • 24. LA SABIDURÍA DE SÓCRATES “Después de esto, iba ya uno tras otro, sintiéndome disgustado y temiendo que me ganaba enemistades, sin embargo, me parecía necesario dar la mayor importancia al dios. Debía yo, en efecto, encaminarme, indagando qué quería decir el oráculo, hacia todos los que parecieran saber algo. Y tuve la siguiente impresión: me pareció que los de mayor reputación estaban casi carentes de lo más importante para el que investiga según el dios; en cambio, otros que parecían inferiores estaban mejor dotados para el buen juicio. Sin duda, es necesario que os haga ver mi camino errante, como condenado a ciertos trabajos, a fin de que el oráculo fuera irrefutable para mí.” En efecto, tras los políticos me encaminé hacia los poetas, los de tragedias, los de ditirambos y los demás, en la idea de que allí me encontraría manifiestamente más ignorante que aquéllos. Así pues, tomando los poemas suyos que me parecían mejor realizados, les iba preguntando qué querían decir, para, al mismo tiempo, aprender yo también algo de ellos. Pues bien, me resisto por vergüenza a deciros la verdad, atenienses. Sin embargo, hay que decirla. Por así decir, casi todos los presentes podían hablar mejor que ellos sobre los poemas que ellos habían compuesto. Así pues, también respecto a los poetas me di cuenta, en poco tiempo, de que no hacían por sabiduría lo que hacían, sino por ciertas dotes naturales y en estado de inspiración como los adivinos y los que recitan los oráculos. En efecto, también éstos dicen muchas cosas hermosas, pero no saben nada de lo que dicen. Una inspiración semejante me pareció a mí que experimentaban también los poetas, y al mismo tiempo me di cuenta de que ellos, a causa de la poesía, creían también ser sabios respecto a las demás cosas sobre las que no lo eran. Así pues, me alejé también de allí creyendo que les superaba en lo mismo que a los políticos.”
  • 25. “En último lugar, me encaminé hacia los artesanos. Era consciente de que yo, por así decirlo, no sabía nada, en cambio estaba seguro de que encontraría a éstos con muchos y bellos conocimientos. Y en esto no me equivoqué, pues sabían cosas que yo no sabía y, en ello, eran más sabios que yo. Pero, atenienses, me pareció a mí que también los buenos artesanos incurrían en el mismo error que los poetas: por el hecho de que realizaban adecuadamente su arte, cada uno de ellos estimaba que era muy sabio también respecto a las demás cosas, incluso las más importantes, y ese error velaba su sabiduría. De modo que me preguntaba yo mismo, en nombre del oráculo, si preferiría estar así, como estoy, no siendo sabio en la sabiduría de aquellos ni ignorante en su ignorancia o tener estas dos cosas que ellos tienen. Así pues, me contesté a mí mismo y al oráculo que era ventajoso para mí estar como estoy. A causa de esta investigación, atenienses, me he creado muchas enemistades, muy duras y pesadas, de tal modo que de ellas han surgido muchas tergiversaciones y el renombre éste de que soy sabio. En efecto, en cada ocasión los presentes creen que yo soy sabio respecto a aquello que refuto a otro. Es probable, atenienses, que el dios sea en realidad sabio y que, en este oráculo, diga que la sabiduría humana es digna de poco o de nada. Y parece que éste habla de Sócrates -se sirve de mi nombre poniéndome como ejemplo, como si dijera: «Es el más sabio, el que, de entre vosotros, hombres, conoce, como Sócrates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabiduría.» Así pues, incluso ahora, voy de un lado. a otro investigando y averiguando en el sentido del dios, si creo que alguno de los ciudadanos o de los forasteros es sabio. Y cuando me parece que no lo es, prestando mi auxilio al dios, le demuestro que no es sabio. Por esa ocupación no he tenido tiempo de realizar ningún asunto de la ciudad digno de citar ni tampoco mío particular, sino que me encuentro en gran pobreza a causa del servicio del dios.” PLATÓN, EXTRACTOS DE “APOLOGIA DE SÓCRATES”
  • 26. APOLOGIA DE SÓCRATES “Lo que yo decía antes, a saber, que se ha producido gran enemistad hacia mí por parte de muchos, sabed bien que es verdad. Y es esto lo que me va a condenar, si me condena, no Meleto ni Anito sino la calumnia y la envidia de muchos. Es lo que ya ha condenado a otros muchos hombres buenos y los seguirá condenando. No hay que esperar que se detenga en mí. Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo”. “Pues la verdad es lo que voy a decir, atenienses. En el puesto en el que uno se coloca porque considera que es el mejor, o en el que es colocado por un superior, allí debe, según creo, permanecer y arriesgarse sin tener en cuenta ni la muerte ni cosa alguna,- más que la deshonra. En efecto, atenienses, obraría yo indignamente, si, al asignarme un puesto los jefes que vosotros elegisteis para mandarme en (las batallas de) Potidea, en Anfípolis y en Delion, decidí permanecer como otro cualquiera allí donde ellos me colocaron y corrí, entonces, el riesgo de morir, y en cambio ahora, al ordenarme el dios, según he creído y aceptado, que debo vivir filosofando y examinándome a mí mismo y a los demás, abandonara mi puesto por temor a la muerte o a cualquier otra cosa. Sería indigno y realmente alguien podría con justicia traerme ante el tribunal diciendo que no creo que hay dioses, por desobedecer al oráculo, temer la muerte y creerme sabio sin serlo. En efecto, atenienses, temer la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes para el hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males.” PLATÓN, EXTRACTOS DE “APOLOGIA DE SÓCRATES”
  • 27. El diálogo Socrático: Sócrates piensa que en el alma de cada hombre se encuentran de manera innata todos los conceptos verdaderos de todas las cosas, y para darlas a luz debe ejercerse una buena introspección y ayudar a los demás a que descubran la verdad que habita en su interior. Para esto ideó el Método Mayéutico, que se compone de tres pasos:
  • 28. La Ironía: Sócrates comenzaba elogiando la sabiduría de su interlocutor y le pedía que definiera el objeto del diálogo, puesto que él afirma ignorarlo. Logra luego reducir las definiciones del contrincante a contradiccion, de manera que el interlocutor confiese que ignora lo que creía saber y solicite a Sócrates definirlo. Socrates insiste en su ignorancia pero lo invita a emprender la búsqueda de la verdad juntos. La finalidad de reducir al contrincante a la ignorancia es porque así entonces estará dispuesto a adquirir saber e internarse en el diálogo mayéutico.
  • 29. La Mayéutica: Sócrates intenta dar a luz las ideas que se encuentran en el alma. Le llama así pues confiesa que aprendió ese arte de su madre que era comadrona, y que de l amisma manera las ideas se dan a luz, descubriendo la verdad por medio de preguntas y respuestas.
  • 30. El Descubrimiento: Mediante este diálogo mayéutico se discierne lo variable de lo permanente; lo confuso de lo claro, lo accidental de lo escencial; y el resultado es el descubrimiento del concepto Universal que logra la definición. En el diálogo socrático, el maestro es solamente guía y deja que el interlocutor descubra la verdad que habita en su interior. La ironía no fuerza sino prepara, y la mayéutica no impone, sino conduce y despierta. De allí el valor tan grande del método socrático de enseñanza.
  • 31. El Descubrimiento: El punto nuclear de Sócrates es haber descubierto que el ser humano es escencialmente el alma, la cual es inmortal. De aquí también deduce la existencia de un Creador único y bondadoso que le habla directa y personalmente, y que podríamos definir hoy como conciencia. Socrates pone también de manifiesto el poder de la razón y la divide en razón humana y razón universal. Sócrates convirtió la filosofía en un modo de vida.
  • 32. Escuelas Socráticas Menores:
  • 33. Los Cínicos: También conocidos como “los perros”. La filosofía de los cínicos fue fundamentalmente destructiva. Predicaban el abandono de la teoría y el retorno a un estado de naturaleza, sin deberes ni instituciones. “El hombre virtuoso es el que menos necesita; autosificiente, independiente, cosmopolita y capaz de dominarse a sí mismo”.
  • 34. El fundador los Cínicos fue Antístenes de Atenas (445-365 a.C.) y se le conocía como el Sócrates demente, por hacer una imitación del maestro hasta extremos ridículos. Su mayor exponente fue Diógenes de Sínope, que vivía en un tonel, sucio y mal vestido, sin patria, sin obligaciones, deambulando con su linterna en busca de el “hombre”. Se cuenta que Alejandro Magno, pensando ser él a quien Diógenes buscaba, se presentó ante él preguntandole lo que quería, a lo que diógenes pidió, cínicamente, “…que te apartes pues me quitas el sol”. Otro cínico fue Crates de Tebas, uno de los hombres mas ricos de su ciudad, quien arrojó sus riquezas al mar y llevó una vida de vagabundo.
  • 35. Los Cirenáicos: Su fundador fue Aristipo de Cirene, quien ejerció como sofista, luego conoció a Sócrates a quien siguió hasta su muerte. Fue enemigo de Platón y Antístenes y siguió una línea parecida a los sofistas. Mantuvieron un relativismo materialista: Para el conocimiento solo se cuenta con los sentidos. Su ideal era un hedonismo radical controlado por la prudencia, buscando placeres útiles y evitando los dañinos. Algunos como Hegesías se defraudaron del Hedonismo y evolucionaron hacia el Pesimismo, y exortaban al suicidio.
  • 36. Los Megáricos: Seguidores de Euclides de Megara, proponían como ser Uno e Inmutable al Bien del que hablaba el maestro. Eubúlides negaba la potencialidad, decía que las cosas son o no son, pero no pueden ser, fue creador del sofisma del mentiroso: (Epímenides dice que los cretenses son mentirosos, pero él es cretense…) Otros sofismas son el de Electra, (conoció a su hermano pero no lo conoció pues tenía disfraz); el del cornudo, (Tú tienes lo que no has perdido, pero no has perdido los cuernos, asi que los tienes) o el de Sórites (no se sabe cuantos granos son un montón). Tilpón siguió a Sóctrates, afirmando que sólo basta la sabiduría y la virtud para alcanzar la felicidad.
  • 37. Las escuelas de Elis y Eretria: Una fue fundada por Fedón, quien fue esclavo pero alcanzó la libertad gracias a Sócrates. Mantenían que la filosofía era la salud del alma y el camino hacia la auténtica libertad
  • 38. Referencias: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA: I Filosofía Antigua, Carlos Goñi Zubieta Editorial Palabra, Madrid, 2004 HISTORIA DE LA FILOSOFÍA Julián Marías 32.a Edición Biblioteca de la Revista de Calle Milán, 38. Madrid 1a edición: 1941; 32ª. edición: 1980 COSMOS Carl Sagan Editorial Planeta, Barcelona, España 7a edición: 1980 Presentación realizada por Gerardo Viau, Guatemala 20 de septiembre de 2012 http://es.wikipedia.org/wiki/Falacia http://es.wikipedia.org/wiki/Refutaciones_sof%C3%ADsticas 18 de abril 2014