www.artnovela.com.arJEAN-PAUL SARTRELA NÁUSEA9a. EDICIÓN
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www.artnovela.com.arEDITORIALÉPOCA, S.A.Emperadores No. 185 México 13, D. F.Título original francésLa NauséeTraducción deA...
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www.artnovela.com.arde la estación, una mujercita de celeste corría haciaatrás, riendo, agitando un pañuelo.Al mismo tiemp...
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www.artnovela.com.artenía ocho años y jugaba en el Luxemburgo, habíauno que iba a sentarse en una silla junto a la verja q...
www.artnovela.com.arnegaba a salir. “Nada nuevo”. Me admira cómo sepuede mentir poniendo a la razón de parte de uno.Eviden...
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www.artnovela.com.ardedos bolitas grises... No pude.Me quedé agachado un segundo; leí: “Dictado:El búho blanco”, después m...
www.artnovela.com.armaravilloso, ajustador en las fábricas Lecointe. Esdesgraciada en el matrimonio. Su marido no le pega,...
www.artnovela.com.arporque hiciera bufonadas, como Voisenan, el macaco,sino por un magnetismo que impulsaba a sus bellasco...
www.artnovela.com.arera castellano de Marommes.Antes de la guerra aúnquedaba en este villorrio uno de sus descendientes,un...
www.artnovela.com.arasunto me deja completamente frió. En el fondo, ¿québusco? No sé. Durante mucho tiempo el hombre,Rolle...
www.artnovela.com.arverdaderos; en todo caso, serían más agradables.Viernes.Las tres. Las tres, siempre es demasiado tarde...
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www.artnovela.com.arAsí inculcó o desarrolló en ellos la locura del crimen.”Pero desconfío de Tcherkoff. No es un testigor...
www.artnovela.com.arperdió: la tarea empezó a las tres de la mañana, elenfermo se confesó a las cinco y murió a las siete....
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www.artnovela.com.armundo vegetal, al nivel de los pólipos. Vive, no digoque no; pero no es la vida en que pensabaAnny; ve...
www.artnovela.com.arelequilibrio.Meencuentroahorcajadassobreunasilla,aturdido todavía. ¿A los otros hombres les cuesta tan...
www.artnovela.com.arla Náusea. Y una novedad: me dio en un café. Loscafés eran hasta ahora mi único refugio porque estánll...
www.artnovela.com.arasiento, ni siquiera sabía dónde estaba; veía girarlentamente los colores a mi alrededor; tenía ganas ...
www.artnovela.com.arirritan con su terquedad de carneros como si,dirigiéndose al violeta, se hubieran detenido en elcamino...
www.artnovela.com.ar—Ah, bueno, entonces, triunfo de corazones—.Canturrea: —Triunfo de corazones, triunfo decorazones, tri...
www.artnovela.com.arnegros. El tipo de los bigotes posee una nariz deagujeros inmensos, que podrían bombear aire paratoda ...
www.artnovela.com.argusta, sobre todo la manera abrupta de arrojarse haciaadelante, como un acantilado contra el mar. Por ...
www.artnovela.com.arhorada esas formas vagas y las traspasa. No bien sesienta, la niña queda suspensa; permanece rígida, c...
www.artnovela.com.armúsica se dilataba, se hinchaba como una bomba.Llenaba la sala con su transparencia metálica,aplastand...
www.artnovela.com.argordo colorado salta por el aire:—¡Mierda! Éste alza.La silueta del rey de corazones aparece entrededo...
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www.artnovela.com.arParamount, al Imperial, a las grandes tiendas Jahan.No me tienta nada: es la hora del aperitivo; por e...
www.artnovela.com.arclima es demasiado riguroso, el suelo demasiadoingrato para que la vida se instale y desarrolle aquí.L...
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www.artnovela.com.aren cuando, por los viajeros. Pero en seguida loabandonan, y corre derecho, ciego, para chocar conla av...
www.artnovela.com.arlo que dice, por el viento.—¿Quieres cerrar la boca, eh? —dice el hombre.Ella signe hablando. Bruscame...
www.artnovela.com.arsoportar este dolor insólito. Pero no se mueve; parecemineralizada, como todo lo que la rodea. Por unm...
www.artnovela.com.archistera, que perteneció al gran mundo. Tiene elsombrero en la mano izquierda y apoya la derecha enuna...
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www.artnovela.com.arHe descendido ligeramente en su estima. Lepregunto qué hace aquí a esta hora. Me explica quesu patrón ...
www.artnovela.com.arLas tres.He dejado Eugénie Grandet. Me he puesto atrabajar, pero sin entusiasmo. ElAutodidacto, que me...
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www.artnovela.com.arahora la veo de espaldas. ¡Vieja cochinilla! Supongoque doblará a la derecha, en el bulevar Noir. Le f...
www.artnovela.com.arroces del tiempo. Veo imágenes en el techo. Manoredondeles de luz, luego cruces. Mariposean. Ydespués ...
www.artnovela.com.arizquierda.Ese sol y ese cielo eran un engaño. Es lacentésima vez que me dejo atrapar. Mis recuerdos so...
www.artnovela.com.ara los oficiales de marina y a los profesionales), peroson esqueletos. Se trata de un tipo que hace est...
www.artnovela.com.ardedimensionessecretas,deestarlimitadoamicuerpo,a los pensamientos ligeros que suben de él comoburbujas...
www.artnovela.com.arlo mismo, señor?Hago un gesto vago. Afortunadamente no haterminado.—Hadeserunaconmocióntangrande.Mepar...
www.artnovela.com.arasno. Huele a tabaco y a agua estancada. Sushermosos ojos extraviados brillan como globos defuego,ysus...
www.artnovela.com.arLamento en seguida mis palabras; después detodo nunca me habló de este método de lectura; ha deser un ...
www.artnovela.com.ar—No importa, diga.Se inclina hacia mí y pregunta, con los ojosentrecerrados:—¿Ha tenido usted muchas a...
www.artnovela.com.arAcompañoalAutodidactohastalapuerta,despuésde atiborrar sus bolsillos de tarjetas postales, grabadosy f...
www.artnovela.com.arcomprender. Hay algo que, sin darme cuenta, meinteresaba más que nada. No era el amor, Dios mío,no, ni...
www.artnovela.com.arforma cuyo dibujo se pierde en la bruma, y entoncesnos decimos: “Algo comienza”.Algo comienza para ter...
www.artnovela.com.arSí, eso es lo que yo quería, ay, eso es lo quetodavía quiero. Siento tanta dicha cuando una negracanta...
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www.artnovela.com.arquince días son iguales. Por momentos —rara vez—se hace el balance, uno advierte que está pegado auna ...
www.artnovela.com.arotros, el fin de la historia los atrae, los atrapa, y a suvez cada uno de ellos atrae al instante que ...
www.artnovela.com.arburguesas, y dije a media, voz: “Es domingo”.Es domingo; detrás de las dársenas, a lo largodel mar, ce...
www.artnovela.com.arLa callecita Joséphin-Soulary está muerta, huelea sótano. Pero, como todos los domingos, la llena unru...
www.artnovela.com.aracción de gracias al Señor?Estas visiones fueron bien recibidas; el Consejomunicipal realizó una sesió...
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Sartre,+jean+paul+ +la+náusea

  1. 1. www.artnovela.com.arJEAN-PAUL SARTRELA NÁUSEA9a. EDICIÓN
  2. 2. www.artnovela.com.arBienvenido. Su pantalla es ahora comola sala de lectura de una biblioteca.Pero recuerde que siempre es mejorcomprar y guardar el libro impreso enpapel. Use la copia electrónica como unasimple referencia para conocer la obra.Consultar más libros de Jean P.Sartre. Pinche aquí:Buscar | Comprar
  3. 3. www.artnovela.com.arEDITORIALÉPOCA, S.A.Emperadores No. 185 México 13, D. F.Título original francésLa NauséeTraducción deAURORABERNÁRDEZImpreso en México Printed in México
  4. 4. www.artnovela.com.arHOJA SIN FECHALo mejor sería escribir los acontecimientoscotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos.No dejar escapar los matices, los hechos menudos,aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos.Es preciso decir cómo veo esta mesa, la calle, la gente,mi paquete de tabaco, ya que es esto lo que hacambiado. Es preciso determinar exactamente elalcance y la naturaleza de este cambio.Por ejemplo, ésta es una caja de cartón quecontiene la botella de tinta. Habría que tratar de decircómo la veía antes y cómo la ahora. ¡Bueno! Es unparalelepípedo rectángulo; se recorta sobre... esestúpido, no hay nada que decir. Pienso qué éste es elpeligro de llevar un diario: se exagera todo, uno está alacecho, forzando continuamente la verdad. Por otraparte, es cierto que de un momento a otro —yprecisamente a propósito de esta caja o de otro objetocualquiera—, puedo recuperar la impresión de anteayer. Debo estar siempre preparado, o se me escurriráuna vez más entre los dedos. No nada, sino anotarcon cuidado y prolijo detalle todo lo que se produce.
  5. 5. www.artnovela.com.arNaturalmente, ya no puedo escribir nada clarosobre las cuestiones del miércoles y de anteayer; estoydemasiado lejos; lo único que puedo decir es que enninguno de los dos casos hubo nada de lo que deordinario se llama un acontecimiento. El sábado loschicos jugaban a las tagüitas y yo quise tirar, comoellos, un guijarro al agua. En ese momento me detuve,dejé caer el guijarro y me fui. Debí de parecer chiflado,probablemente, pues los chicos se rieron a misespaldas.Esto en cuanto a lo exterior. Lo que sucedió enmí no ha dejado huellas. Había algo que vi y que medisgustó, pero ya no sé si miraba el mar o la piedrecita.La piedra era chata, seca de un lado, húmeda yfangosa del otro. Yo la tenía por los bordes, con losdedos muy separados para no ensuciarme.Anteayer fue mucho más complicado. Y huboademás esa serie de coincidencias y de quid pro quoque no me explico. Pero no me entretendré poniendotodo esto por escrito. En fin; lo cierto es que tuve miedoo algo por el estilo. Si por lo menos supiera de quétuve miedo, ya sería un gran paso.Lo curioso es que no estoy nada dispuesto acreerme loco; hasta veo con evidencia que no lo estoy:todos los cambios conciernen a los objetos. Por lomenos quisiera estar seguro de esto.Las diez y mediaAcaso después de todo, fue una ligera crisis delocura. Ya no quedan rastros. Hoy los extrañossentimientos de la otra semana me parecen muy
  6. 6. www.artnovela.com.arridículos: ya no me convencen. Esta noche estoy muya mis anchas, burguesamente, en el mundo. Éste esmi cuarto, orientado hacia el noreste. Abajo la calledes Mutilés y el depósito de la nueva estación. Desdemi ventana veo, en la esquina del bulevar Victor-Noir,la luz roja y blanca del Rendez-vous des Cheminots.Acaba de llegar el tren de París. La gente sale de laantigua estación y se desparrama por las calles. Oigopasos y voces. Muchas personas esperan el últimotranvía. Han de formar un grupito triste alrededor delpicodegas,justodebajodemiventana.Bueno,todavíatienen que esperar unos minutos: el tranvía no pasaráantes de las diez y cuarenta y cinco. Con tal de queesta noche no lleguen viajantes de comercio; tengotantas ganas de dormir y tanto sueño atrasado. Unabuena noche, una sola, barrerá con todas estashistorias.Las once menos cuarto; no hay nada que temer,ya estarían aquí.Amenos que sea el día del señor deRouen. Viene todas las semanas; le reservan el cuartoNº2delprimero,elquetienebidé.Todavíapuedellegar;muchas veces toma un bock en el Rendez-vous desCheminots antes de acostarse. Por otra parte, no hacedemasiado ruido. Es muy bajito, y muy limpio, conbigote negro, encerado, y peluca.Aquí está.Bueno; era tan tranquilizador oírlo subir laescalera, que el corazón me dio un saltito: ¿qué puedetemerse de un mundo tan regular? Creo que estoycurado.Y ahí viene el tranvía 7 “Mataderos-Grandes
  7. 7. www.artnovela.com.arDiques”. Llega con gran ruido de hierro viejo.Arranca.Ahora se hunde, cargado de valijas y niños dormidos,en dirección a los grandes diques, a las fábricas, aleste negro. Es el penúltimo tranvía; el último pasarádentro de una hora.Voy a acostarme. Estoy curado, renuncio aescribir mis impresiones día por día, como las niñas,en un lindo cuaderno nuevo.En un solo caso podría ser interesante llevar undiario: si
  8. 8. www.artnovela.com.arDIARIOLunes 29 de enero de 1932.Algomehasucedido,nopuedoseguirdudándolo.Vino como una enfermedad, no como una certezaordinaria, o una evidencia. Se instaló solapadamentepoco a poco; yo me sentí algo raro, algo molesto, nadamás. Una vez en su sitio, aquello no se movió,permaneció tranquilo, y pude persuadirme de que noteníanada,dequeeraunafalsaalarma.Yahoracrece.No creo que el oficio de historiador predispongaalanálisispsicológico.Ennuestrotrabajosólotenemosque habérnoslas con sentimientos a los cuales seaplican nombres genéricos, comoAmbición, Interés.Sin embargo, si tuviera una sombra de conocimientode mí mismo, ahora debería utilizarlo.Por ejemplo, en mis manos hay algo nuevo, ciertamanera de tomar la pipa o el tenedor. O es el tenedorel que ahora tiene cierta manera de hacerse tomar; nosé. Hace un instante, cuando iba a entrar en mi cuarto,me detuve en seco al sentir en la mano un objeto fríoque retenía mi atención con una especie depersonalidad.Abrí la mano, miré: era simplemente elpicaporte. Esta mañana en la biblioteca, cuando el
  9. 9. www.artnovela.com.arAutodidacto vino a darme los buenos días, tardé diezsegundos en reconocerlo. Veía un rostro desconocido,apenas un rostro. Y además su mano era como ungrueso gusano blanco en la mía. La solté en seguida yel brazo cayó blandamente.También en la calle hay una cantidad de ruidosturbios que se arrastran.Por lo tanto se ha producido un cambio duranteestas últimas semanas. ¿Pero dónde? Es un cambioabstracto que no se apoya en nada. ¿Soy yo quien hacambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, estaciudad, esta naturaleza; hay que elegir.Creo que soy yo quien ha cambiado; es lasolución más simple. También la más desagradable.Pero debo reconocer que estoy sujeto a estas súbitastransformaciones. Lo que pasa es que rara vez pienso;entonces sin darme cuenta, se acumula en mí unamultitud de pequeñas metamorfosis, y un buen día seproduce una verdadera revolución. Es lo que ha dadoa mi vida este aspecto desconcertante, incoherente.Cuando salí de Francia, por ejemplo, muchos dijeronque había partido por capricho. Y cuando regresébruscamente después de seis años de viaje, todavíase hubiera podido hablar muy bien de capricho. Aúnme veo en la oficina de aquel funcionario francés querenunció el año pasado a consecuencia del asuntoPétrou. Marcel se dirigía a Bengala con una misiónarqueológica. Yo siempre había deseado ir a Bengalay Marcel me apremiaba para que me uniera a él.Ahorame pregunto por qué. Pienso que no estaba seguro
  10. 10. www.artnovela.com.ardel Portal y contaba conmigo para no perderlo de vista.Yo no tenía ningún motivo para negarme.Yaunque enaquella época hubiese presentido la pequeña tramoyacontra Portal, era una razón más para aceptar conentusiasmo. Bueno, pues estaba paralizado y no podíadecir una palabra. Miraba fijo una pequeña estatuitakmer, sobre una carpeta verde, al lado de un aparatotelefónico. Me sentía lleno de linfa o leche tibia. Mercierme decía, con cierta irritación velada por una pacienciaangélica:—Claro, yo necesito estar seguro oficialmente.Sé que acabará usted por decir que sí; sería preferibleaceptar en seguida.Marcel tiene una barba de un negro rojizo, muyperfumada. A cada movimiento de su cabeza, yorespiraba una bocanada de perfume. Y de pronto medesperté de un sueño de seis años.La estatua me pareció desagradable y estúpida,y sentí que me aburría profundamente. No lograbacomprender por qué estaba yo en Indochina. ¿Quéhacía allí? ¿Por qué hablaba con esa gente? ¿Por quéiba vestido de una manera tan rara? Mi pasión estabamuerta. Me había arrebatado y arrastrado: en laactualidad me sentía vacío. Pero esto no era lo peor;delante de mí, plantada con una especie de indolencia,había una idea voluminosa e insípida. No sé muy bienqué era, pero no podía mirarla, tanto me repugnaba.Todo esto se confundía para mí con el perfume de labarba de Mercier.Me sacudí, exasperado y colérico contra él;
  11. 11. www.artnovela.com.arrespondí secamente:—Se lo agradezco, pero creo que be viajadobastante; ahora tengo que volver a Francia.A los dos días tomaba el barco para Marsella.Si no me equivoco, si todos los signos que seacumulan son precursores de una nueva conmociónen mi vida, bueno, tengo miedo. No es que mi vida searica, ni densa, ni preciosa.Pero tengo miedo de lo que va a nacer, de lo queva a apoderarse de mí, ¿y arrastrarme a dónde? ¿Seránecesario una vez más que me vaya, que deje todo loproyectado, mis investigaciones, mi libro? ¿Medespertarédentrodealgunosmeses,dentrodealgunosaños, roto, decepcionado, en medio de nuevas ruinas?Quisiera ver claro en mí antes de que sea demasiadotarde.Martes 30 de enero.Nadanuevo.Hetrabajadodenueveaunaenlabiblioteca.Dejélisto el capítulo XII y todo lo concerniente a la estadíade Rollebon en Rusia, hasta la muerte de Pablo I. Estrabajo terminado; queda así hasta pasarlo en limpio.Es la una y media. Estoy en el café Mably, comounsandwich,todoescasinormal.Además,enloscaféstodo es siempre normal, y especialmente en el caféMably, gracias al encargado, M. Fasquelle, que ostentaen su cara un aire canallesco muy positivo ytranquilizador. Pronto será la hora de la siesta y tienelos ojos rosados, pero su porte sigue siendo vivo ydecidido. Se pasea entre las mesas y se acerca
  12. 12. www.artnovela.com.arconfidencialmente a los parroquianos:—¿Está bien así, señor?Sonrío al verlo tan vivaz; a las horas en que suestablecimiento se vacía, también su cabeza se vacía.De dos a cuatro el café queda desierto; entonces M.Fasquelle da unos pasos con aire estúpido, los mozosapagan las luces y él se desliza en la inconsciencia;cuando este hombre está solo, se duerme.Todavía hay unos veinte clientes, célibes,modestos ingenieros, empleados. Almuerzanrápidamente en pensiones de familia que ellos llamanranchos, y como necesitan un poco de lujo, vienenaquí, después de la comida, toman un café y juegan alpoker de ases; hacen un poco de ruido, un ruidoinconsistente que no me molesta. También ellosnecesitan ser muchos para existir.Yo vivo solo, completamente solo. Nunca hablocon nadie; no recibo nada, no doy nada. ElAutodidactono cuenta. Está Françoise, la patrona del Rendez-vousdes Cheminots. ¿Pero acaso le hablo? A veces,después de la cena, cuando me sirve un bock, lepregunto:—¿Tiene usted tiempo esta noche?Nunca dice que no, y la sigo a una de las grandeshabitaciones del primer piso, que alquila por hora opor día. No le pago; hacemos el amor de igual a igual.A ella le gusta (necesita un hombre diariamente, y tienemuchos otros, además de mí), y yo me purgo así deciertas melancolías cuya causa conozco demasiadobien.Perocambiamosapenasunaspalabras.¿Asanto
  13. 13. www.artnovela.com.arde qué? Cada uno para sí; por lo demás, a sus ojoscontinúo siendo ante todo un cliente del café. Me dice,quitándose el vestido:—Dígame, ¿conoce usted el aperitivo Bricot?Porque dos clientes lo han pedido esta semana. Lachicanosabía,vinoaavisarme.Eranviajeros;lohabránbebido en París. Pero no me gusta comprar sin saber.Si no le molesta, me dejaré las medias.En otra época —aun mucho después de que medejó— pensaba enAnny.Ahora ya no pienso en nadie;ni siquiera me cuido de buscar palabras. La cosa sedesliza en mí más o menos rápido; no fijo nada, la dejocorrer. La mayor parte del tiempo, al no unirse apalabras,mispensamientosquedanennieblas.Dibujanformas vagas y agradables, se disipan; enseguida losolvido.Esos jóvenes me maravillan; mientras beben elcafé cuentan historias claras y verosímiles. Si se lespregunta qué han hecho ayer, no se turban: os enteranen dos palabras. En su lugar, yo farfullaría. Es ciertoquedesdehacemuchonadieseocupadecómoempleoel tiempo. El que vive solo ni siquiera sabe qué escontar; lo verosímil desaparece al mismo tiempo quelos amigos. También deja correr los acontecimientos;ve surgir bruscamente gentes que hablan y se van; sesumerge en historias sin pies ni cabeza; sería unexecrable testigo. Pero, en compensación, no pasapor alto todo lo inverosímil, todo lo que nadie creeríaen los cafés. Por ejemplo, el sábado, a eso de lascuatro de la tarde, en el caminito de tablas del depósito
  14. 14. www.artnovela.com.arde la estación, una mujercita de celeste corría haciaatrás, riendo, agitando un pañuelo.Al mismo tiempo,un negro con impermeable crema, zapatos amarillos ysombreroverde,doblabalaesquinaysilbaba.Lamujertropezóconél,siempreretrocediendo,bajounalinternasuspendida en la empalizada, que se enciende a lanoche. Había, pues, allí, al mismo tiempo, el cercoque huele a madera mojada, la linterna, la mujercitarubia en los brazos del negro, bajo un cielo de fuego.Dehabersidocuatroocinco,supongoquehubiéramosnotado el choque, todos aquellos colores tiernos, elhermoso abrigo azul que parecía un edredón, elimpermeable claro, los vidrios rojos de la linterna; noshubiéramosreídodelaestupefacciónquemanifestabanesos dos rostros de niños.Es raro que un hombre solo tenga ganas de reír;el conjunto se animó para mí de un sentido muy fuertey hasta hosco, pero puro. Después se dislocó; sóloquedó la linterna, la empalizada, el cielo; todavía erabastante bello. Una hora después la linterna estabaencendida, soplaba el viento, el cielo en negro; ya norestabaabsolutamentenada.Todo esto no es muy nuevo; nunca he negadoestasemocionesinofensivas;alcontrario.Parasentirlasbasta estar un poquitito solo, justo lo necesario paradesembarazarse de la verosimilitud en el momentooportuno. Pero me quedaba cerca de las gentes, en lasuperficie de la soledad, decidido a refugiarme, encaso de alarma, en medio de ellas; en el fondo erahasta entonces un aficionado.
  15. 15. www.artnovela.com.arAhora, en todas partes hay cosas como este vasode cerveza, aquí, sobre la mesa. Cuando lo veo medan ganas de decir: pido, no juego más. Comprendomuy bien que he ido demasiado lejos. Supongo queuno no puede prever los inconvenientes de la soledad.Esto no quiere decir que mire debajo de la cama antesde acostarme, ni que tema ver abrirse bruscamente lapuerta de mi cuarto en mitad de la noche. Pero detodos modos, estoy inquieto; hace una media hora queevito mirar este vaso de cerveza. Miro encima, debajo,a derecha, a izquierda; pero a él no quiero verlo. Y sémuy bien que todos los célibes que me rodean nopueden ayudarme en nada; es demasiado tarde, yanopuedorefugiarmeentreellos.Vendríanapalmearmeel hombro, me dirían: “Bueno, ¿qué tiene este vaso decerveza? Es como los otros. Es biselado, con un asa,lleva un escudito con una pala y sobre el escudo unainscripción: Spatenbräu. Sé todo esto, pero sé quehay otra cosa. Casi nada. Pero ya no puedo explicarlo que veo. A nadie. Ahora me deslizo despacito alfondo del agua, hacia el miedo.Estoy solo en medio de estas voces alegres yrazonables. Todos esos tipos se pasan el tiempoexplicándose, reconociendo con felicidad quecomparten las mismas opiniones. Qué importanciaconceden, Dios mío, al hecho de pensar todos juntoslas mismas cosas. Basta ver la cara que ponen cuandopasa entre ellos uno de esos hombres con ojos depescado que parecen mirar hacia adentro, y con loscuales nunca pueden ponerse de acuerdo. Cuando yo
  16. 16. www.artnovela.com.artenía ocho años y jugaba en el Luxemburgo, habíauno que iba a sentarse en una silla junto a la verja quecostea la calle Auguste Comte. No hablaba, pero devez en cuando extendía la pierna y se miraba el piecon aire espantado. En ese pie llevaba un botín, en elotro una pantufla. El guardián dijo a mi tía que era unantiguo celador. Lo habían jubilado porque fue a clasea leer las notas trimestrales con frac de académico. Leteníamos un miedo horrible porque sabíamos queestaba solo. Un día sonrió a Robert tendiéndole losbrazos desde lejos; Robert estuvo a punto dedesvanecerse. No era el aire miserable de aquel tipo loque nos daba miedo, ni el tumor que tenía en elpescuezo y que el borde del cuello postizo rozaba;sentíamos que elaboraba en su cabeza pensamientosdecangrejoolangosta.Ynosaterrorizabaquepudieranconcebirse pensamientos de langosta sobre la silla,sobre nuestros aros, sobre los arbustos.¿Es eso lo que me espera? Por primera vez mehastía estar solo. Quisiera hablar a alguien de lo queme pasa, antes de que sea demasiado tarde, antes deinspirar miedo a los chiquillos. Quisiera que Annyestuviese aquí.Es curioso: acabo de llenar diez páginas y no hedicholaverdad,porlomenosnotodalaverdad.Cuandoescribí, debajo de la fecha: “Nada nuevo”, tenía laconcienciaintranquilaporesto:enrealidadunapequeñahistoria, que no es ni vergonzosa ni extraordinaria, se
  17. 17. www.artnovela.com.arnegaba a salir. “Nada nuevo”. Me admira cómo sepuede mentir poniendo a la razón de parte de uno.Evidentemente,noseprodujonadanuevo,sisequiere:esta mañana, a las ocho y cuarto, cuando salí del hotelPrintania para ir a la biblioteca, quise levantar un papelque había en el suelo y no pude. Esto es todo, y nisiquiera es un acontecimiento. Sí, pero para decir todala verdad, me impresionó profundamente: pensé queya no era libre. En la biblioteca traté de librarme deestaidea,sinconseguirlo.QuisehuirleenelcaféMably.Esperabaquesedisiparíaconlasluces.Perosequedóallí, en mi interior, pesada y dolorosa. Ella me dictó laspáginas anteriores.¿Por qué no la mencioné? Ha de ser por orgulloy también un poco por torpeza. No tengo costumbrede contarme lo que me sucede, por eso me resultadifícil encontrar la sucesión de los acontecimientos,no distingo lo que es importante. Pero ahora se acabó;he releído lo escrito en el café Mably y me ha dadovergüenza; no quiero secretos, ni estados de alma, nicosas indecibles; no soy ni virgen ni sacerdote parajugar a la vida interior.No hay gran cosa que decir: no pude levantar elpapel, eso es todo.Me gusta mucho recoger las castañas, los traposviejos, sobre todo los papeles. Me resulta agradablecogerlos, cerrar mi mano sobre ellos; por poco me losllevaría a la boca como los niños. Anny montaba encólera cuando me veía levantar por una punta papelespesados y untuosos, pero probablemente sucios de
  18. 18. www.artnovela.com.arexcrementos. En verano o a comienzos del otoño seencuentran en los jardines pedazos de periódicos queel sol ha cocinado, secos y quebradizos como hojasmuertas, tan amarillos que se dirían pasados por ácidopícrico. En invierno hay montones de papelesaplastados, sucios; vuelven a la tierra. Otros nuevos, yhasta lustrosos, blancos, palpitantes, se posan comocisnes, pero la tierra ya los deshace por debajo. Seretuercen, escapan al fango, para ir á aplastarse unpoco más lejos, definitivamente. Es lindo recoger todoeso.Aveceslospalposimplemente,mirándolosdemuycerca; otras los rompo para oír su larga crepitación, obien, si están muy húmedos, les prendo fuego con nopoco trabajo; después me limpio las palmas de lasmanos embarradas en una pared o en el tronco de unárbol.Puesbien,hoyestabamirandolasbotasleonadasde un oficial de caballería que salía del cuartel. Alseguirlas con la mirada, vi un papel junto a un charco.Creí que el oficial iba a hundir con el tacón el papel enel barro; pero no: de un tranco pasó por encima delpapel y del charco. Me acerqué: era una hoja rayada,sin duda de un cuaderno de escuela. La lluvia la habíaempapado y retorcido; estaba llena de granitos ehinchazones como una mano quemada. La línea rojadel margen, desteñida, había dejado una sombra colorde rosa; la tinta estaba corrida en algunos lugares. Laparte inferior de la hoja desaparecía bajo una costrade barro. Me incliné; ya me regocijaba pensando entocar la pasta tierna y fresca que formaría entre mis
  19. 19. www.artnovela.com.ardedos bolitas grises... No pude.Me quedé agachado un segundo; leí: “Dictado:El búho blanco”, después me incorporé con las manosvacías. Ya no soy libre, ya no puedo hacer lo quequiero.Losobjetosnodeberíantocar,puestoquenoviven.Uno los usa, los pone en su sitio, vive entre ellos; sonútiles, nada más. Y a mí me tocan; es insoportable.Tengo miedo de entrar en contacto con ellos como sifueran animales vivos.Ahora veo; recuerdo mejor lo que sentí el otrodía, a la orilla del mar, cuando tenía el guijarro. Erauna especie de repugnancia dulzona. ¡Quédesagradable era! Y procedía del guijarro, estoyseguro; pasaba del guijarro a mis manos. Sí, es eso,es eso; una especie de náusea en las manos.Jueves por la mañana, en la biblioteca.Hace un rato, al bajar la escalera del hotel, oí aLucie que por centésima vez se quejaba a la patronamientras enceraba los peldaños. La patrona hablabacon esfuerzo, usando frases cortas porque aún no sehabíapuestoladentadurapostiza;estabacasidesnuda,con una bata rosada y babuchas. Lucie sucia, comode costumbre; de vez en cuando dejaba de frotar y seerguíasobrelasrodillasparamiraralapatrona.Hablabasin interrupción, con aire razonable.—Preferiría mil veces que la corriera —decía—;a mí me daría lo mismo puesto que no le haría daño.Hablaba de su marido: al frisar los cuarenta añosesta negrita consiguió, con sus economías, un joven
  20. 20. www.artnovela.com.armaravilloso, ajustador en las fábricas Lecointe. Esdesgraciada en el matrimonio. Su marido no le pega,no la engaña; bebe, vuelve borracho todas las noches.Andademalenpeor;entresmeseslohevistoponerseamarillo y consumido. Lucie piensa que es la bebida.Yo creo más bien que está tuberculoso.—Hay que tomarlo con calma —decía Lucie.Esto la corroe, estoy seguro, pero lenta,pacientemente; ella lo toma con calma, no es capaz deconsolarse ni de abandonarse a su mal. Piensa en élun poquitito, muy poquitito, de vez en cuando. Sobretodo cuando está acompañada, porque la consuelan,y también porque le alivia Un poco poder hablar delasunto en tono pausado, como si diera consejos.Cuando está sola en las habitaciones oigo cómocanturrea para no pensar. Pero vive todo el díataciturna; en seguida se cansa y se enfada:—Es aquí—dice, tocándose la garganta—, nopasa.Parececomounaavara.Tambiénhadeseravaracon sus placeres. Me pregunto si a veces no deseaverse libre de ese dolor monótono, de ese masculleoque vuelve no bien deja de cantar; me pregunto si nodesea sufrir un buen golpe, hundirse en ladesesperación. Pero de todos modos, sería imposible:estáatadaJueves por la tarde.“M. de Rollebon era muy feo. La reina MaríaAntonieta lo llamaba por lo general su “querida mona”.Sin embargo, tenía todas las mujeres de la corte, no
  21. 21. www.artnovela.com.arporque hiciera bufonadas, como Voisenan, el macaco,sino por un magnetismo que impulsaba a sus bellasconquistasalospeoresexcesosdelapasión.Rollebonintriga,desempeñaunpapelbastanteturbioenelasuntodel collar y desaparece en 1790, después de mantenerrelaciones continuas con Mirabeau-Tonneau y Nerciat.Aparece en Rusia, donde asesina en cierto modo aPablo I, y desde allí viaja a los países más lejanos, alas Indias, a China, al Turquestán. Trafica, maquina,espía. En 1813 vuelve a París. En 1816 ha alcanzadotodo su poder: es el único confidente de la duquesa deAngulema.Estaviejacaprichosa,obstinadaenhorriblesrecuerdos de infancia, se apacigua y sonríe cuandolo ve. Gracias a ella Rollebon hace y deshace en lacorte.Enmarzode1820casaconMlle.deRoquelaure,muy bella, de dieciocho años. M. de Rollebon tienesetenta; ha llegado a la cumbre de, los honores, alapogeo de su vida. Siete meses más tarde, acusadodetraición,esapresadoyarrojadoauncalabozodondemuere después de cinco años de cautiverio, sinhabérsele instruido proceso.”He releído con melancolía esta nota de GermainBerger.Através de estas escasas líneas conocí a M.de Rollebon. ¡Qué seductor me pareció, y cómo megustó en seguida por estas pocas palabras! Por él, porestebuenhombreestoyaquí.Cuandoregresédeviaje,hubiera podido igualmente radicarme en París oMarsella. Pero la mayoría de los documentos queconciernenalaslargasestadasdelmarquésenFrancia,figuran en la biblioteca municipal de Bouville. Rollebon
  22. 22. www.artnovela.com.arera castellano de Marommes.Antes de la guerra aúnquedaba en este villorrio uno de sus descendientes,un arquitecto llamado Rollebon-Campouyré, quien, asu muerte, en 1912, hizo un importante legado a labibliotecadeBouville:cartasdelmarqués,unfragmentode diario, papeles de todas clases.Aún no lo hurguétodo.Me alegra haber encontrado estas notas. Hacediez años que no las releo. Me parece que mi letra hacambiado; antes escribía más prieto. ¡Cómo megustabaM.deRollebonaquelaño!Recuerdounanoche,un martes a la noche; había trabajado todo el día en laMazarine;acababadeadivinar,porsucorrespondenciade 1789-1790, su manera magistral de envolver aNerciat. Estaba oscuro; yo descendía por la avenidadelMaineyen laesquinadelacallede laGaîtécomprécastañas. ¡Qué feliz era! Me reía solo pensando en lacara de Nerciat cuando regresó deAlemania. El rostrodel marqués es como esta tinta; ha palidecido muchodesde que me ocupo de él.Ante todo, a partir de 1801 no comprendo nadamásdesuconducta.Noesqueescaseendocumentos:cartas,trozosdememorias,informessecretos,archivosde policía.Al contrario, casi tengo demasiados. Lo quefaltaentodosesostestimoniosesfirmeza,consistencia.No se contradicen, no, pero tampoco concuerdan; noparecen concernir a la misma persona.Y, sin embargo,losotroshistoriadorestrabajansobrenoticiasdelmismotipo. ¿Cómo hacen? ¿Soy más escrupuloso o menosinteligente? Además, planteado de esta manera, el
  23. 23. www.artnovela.com.arasunto me deja completamente frió. En el fondo, ¿québusco? No sé. Durante mucho tiempo el hombre,Rollebon, me interesó más que el libro por escribir.Pero ahora el hombre... el hombre comienza aaburrirme. Me apego al libro, siento una necesidadcada vez más fuerte de escribirlo —a medida queenvejezco, se diría—.Evidentemente,puedeadmitirsequeRollebontomóparte activa en el asesinato de Pablo I; que aceptó enseguida una misión de alto espionaje en Oriente porcuenta del zar, y traicionó constantemente aAlejandroen provecho de Napoleón. Al mismo tiempo pudomantener una activa correspondencia con el conde deArtois, enviándole informes de poca importancia paraconvencerlo de su fidelidad; nada de todo esto esinverosímil; en la misma época Foucbé representabauna comedia mucho más compleja y peligrosa.Acasotambién el marqués hiciera por su cuenta tráfico defusiles con los principados asiáticos.Bueno, sí, pudo hacer todo esto, pero no estáprobado; comienzo a creer que nunca se puede probarnada. Estas son hipótesis juiciosas que explican loshechos; pero veo tan bien que proceden de mí, queson simplemente una manera de unificar misconocimientos.NiunachispavienedelladodeRollebon.Lentos,perezosos,fastidiados,loshechosseacomodanen rigor al orden que yo quiero darles; pero éste siguesiendo exterior a ellos. Tengo la impresión de hacer untrabajo puramente imaginativo.Además estoy segurode que los personajes de una novela parecerían más
  24. 24. www.artnovela.com.arverdaderos; en todo caso, serían más agradables.Viernes.Las tres. Las tres, siempre es demasiado tarde odemasiado temprano para lo que uno quiere hacer.Momento absurdo de la tarde. Hoy es intolerable.Un sol frío blanquea el polvo de los vidrios. Cielopálido, borroneado de blanco. El agua de lasalcantarillas estaba helada esta mañana.Digiero con pesadez, cerca del calorífero; sé deantemano que es un día perdido. No haré nada bueno,salvo, quizá, cuando haya caído la noche. Es por elsol; dora vagamente sucias brumas blancas,suspendidas en el aire sobre el depósito; se escurreen mi cuarto, muy rubio, muy pálido; pone sobre mimesa cuatro reflejos desteñidos y falsos.Mi pipa está embadurnada con un barniz doradoque primero atrae la mirada por su aparente alegría;uno la mira, el barniz se derrite, sólo queda una granhuella descolorida sobre un pedazo de madera. Y todoes así, todo, hasta mis manos. Cuando hay este sol, lomejor sería ir a acostarse. Sólo que dormí como unabestia anoche y no tengo sueño.Me gustaba tanto el cielo de ayer, un cieloestrecho, negro de lluvia, que se apretaba contra losvidrios como un rostro ridículo y conmovedor. Este solno es ridículo, al contrario. Sobre todas las cosas queme gustan, sobre la herrumbre del depósito, sobre lastablas podridas de la empalizada, cae una luz avara yrazonable, semejante a la mirada que, después de unanoche insomne, echamos a las decisiones tomadas
  25. 25. www.artnovela.com.arcon entusiasmo la víspera, a las páginas escritas sintachaduras, de un tirón. Los cuatro cafés del bulevarVictor-Noir, que resplandecen de noche, juntos, y quesonmuchomásquecafés—acuarios,navíos,estrellaso grandes ojos blancos—, han perdido su graciaambigua.Día perfecto para volver sobre uno mismo: lasfrías claridades que el sol proyecta, como un juicio sinindulgencia, sobre las criaturas, entran en mí por losojos; me ilumina por dentro una luz empobrecedora.Me bastarían quince minutos, estoy seguro, para llegaral supremo hastío de mí mismo. Muchas gracias, nohay interés. Tampoco releeré lo que escribí ayer sobrela estada de Rollebon en San Petersburgo. Me quedosentado, con los brazos colgando, o bien trazo algunaspalabras, sin ánimo; bostezo, espero que caiga lanoche.Cuandoestéoscuro,losobjetosyyosaldremosdel limbo.¿Participó o no Rollebon en el asesinato de PabloI? Ésta es la pregunta del día; he llegado hasta aquí yno puedo continuar sin decidirlo.Según Tcherkoff, estaba pagado por el conde dePablen. La mayoría de los conjurados, dice Tcherkoff,sehubieran contentadocondeponeralzaryencerrarlo(dicen queAlejandro era, en efecto, partidario de estasolución). Pero parece que Pahlen quiso concluir conPablo I. Rollebon habría sido el encargado de inducirindividualmente a los conjurados al asesinato.“Hizo una visita a cada uno de ellos y mimó laescenaqueseproduciríaconunasolturaincomparable.
  26. 26. www.artnovela.com.arAsí inculcó o desarrolló en ellos la locura del crimen.”Pero desconfío de Tcherkoff. No es un testigorazonable; es un mago sádico y medio loco; todo lovuelve demoníaco. No veo para nada a M. de Rollebonenestepapelmelodramático.¿Habrámimadolaescenadel asesinato? ¡Vamos, hombre! Es frío; de ordinariono arrebata a nadie; no muestra: insinúa, y su método,pálido y sin colores, sólo puede dar resultado conhombres de su especie, intrigantes accesibles a lasrazones, políticos.“Adhémar de Rollebon” escribe Mme. deCharrières, “no accionaba al hablar, no hacía gestos,no cambiaba de entonación. Mantenía los ojossemicerrados, y apenas si sorprendía uno entre suspestañas, el borde de las pupilas grises. Hace pocosaños me atrevo a confesar que me aburría más allá delo posible. Hablaba un poco como escribía el padreMably.”Y este hombre, con su talento de mimo... Peroentonces, ¿cómo seducía a las mujeres? Y además,hay esta curiosa historia que cuenta Segur, y que meparece cierta:“En 1787, en una posada cerca de Moulins, moríaun viejo amigo de Diderot, formado por los filósofos.Lossacerdotesdelosalrededoresestabanextenuados:lo habían intentado todo en vano; el buen hombre noquería últimos sacramentos, era panteísta. M. deRollebon, que pasaba por allí y no creía en nada,apostó al cura de Moulins que le bastarían dos horaspara convertir al enfermo. El cura aceptó la apuesta, y
  27. 27. www.artnovela.com.arperdió: la tarea empezó a las tres de la mañana, elenfermo se confesó a las cinco y murió a las siete. —¿Esustedtanhábil enel artedeladisputa?—preguntóel cura—. ¡Aventaja a los nuestros! —No he disputado—respondió M. de Rollebon—. Le he hecho temer elinfierno.”Ahora bien, ¿participó efectivamente en elasesinato?Aquella noche, a eso de las ocho, un oficialamigo suyo lo acompañó hasta la puerta. Si volvió asalir, ¿cómo pudo cruzar San Petersburgo sinmolestias? Pablo, medio loco, había dado orden dedetener, después de las nueve de la noche, a todos lostranseúntes, salvo las parteras y los médicos. ¿Hayque creer la absurda leyenda según la cual Rollebontuvo que disfrazarse de partera para llegar al palacio?Después de todo, era muy capaz. En fin, no estaba ensu casa la noche del asesinato; esto parece probado.Alejandro debía de tener fuertes sospechas, pues unode los primeros actos de su reinado fue alejar almarquésconelvagopretextodeunamisiónenExtremoOriente.M. de Rollebon me harta. Me levanto. Me muevoen esta luz pálida; la veo cambiar sobre mis manos ysobrelasmangasdemichaqueta;nopuedodecirhastaqué punto me disgusta. Bostezo. Enciendo la lámparasobre la mesa; quizá su claridad pueda combatir la deldía. Pero no: la lámpara forma alrededor de su pie uncharco lastimoso.Apago; me levanto. En la pared hayun agujero blanco, el espejo. Es una trampa. Sé quevoy a dejarme atrapar. Ya está. La cosa gris acaba de
  28. 28. www.artnovela.com.araparecer en el espejo. Me acerco y la miro; ya nopuedo irme.Es el reflejo de mi rostro.Amenudo en estos díasperdidos, me quedo contemplándolo. No comprendonada en este rostro. Los de los otros tienen un sentido.El mío, no. Ni siquiera puedo decidir si es lindo o feo.Pienso que es feo, porque me lo han dicho. Pero nome sorprende. En el fondo, a mí mismo me choca quepuedan atribuirle cualidades de ese tipo, como sillamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloquede piedra.Sinembargohayalgoagradablealavista,encimade las regiones blandas de las mejillas, sobre la frente:la hermosa llamarada roja que me dora el cráneo, mipelo. Es agradable de mirar. Por lo menos es un colordefinido: estoy contento de ser pelirrojo. Ahí, en elespejo, se hace ver, resplandece. Tengo suerte: si mifrente llevara una de esas cabelleras que no llegan adecidirseentreelcastañoyelrubio,micaraseperderíaen el vacío, me daría vértigo.Mi mirada desciende lenta, hastiada, por la frente,por las mejillas; no encuentra nada firme, se hunde.Evidentemente, hay una nariz, ojos, boca, pero todoeso no tiene sentido, ni siquiera expresión humana.Sin embargoAnny y Vélines opinaban que tenía unaexpresión vivaz; es posible que esté demasiadoacostumbrado a mi cara. Cuando era chico, mi tíaBigeois me decía: “Si te miras largo rato en el espejo,verás un mono”. Debí de mirarme más todavía: lo queveo está muy por debajo del mono, en los lindes del
  29. 29. www.artnovela.com.armundo vegetal, al nivel de los pólipos. Vive, no digoque no; pero no es la vida en que pensabaAnny; veoligeros estremecimientos, veo una carne insulsa quese expande y palpita con abandono. Sobre todo losojos, de tan cerca, son horribles.Algo vidrioso, blando,ciego, bordeado de rojo; como escamas de pescado.Me apoyo con todo mi peso en el borde de loza,acerco mi cara al espejo hasta tocarlo. Los ojos, lanariz y la boca desaparecen, ya no queda nadahumano.Arrugasmorenasacadaladodelabultamientofebril de los labios, grietas, toperas. Un sedoso velloblanco corre por los grandes declives de las mejillas;dos pelos salen por los agujeros de la nariz; es unmapa geológico en relieve. Y a pesar de todo, estemundo lunar me resulta familiar. No puede decir quereconozco sus detalles. Pero el conjunto me da unaimpresión de algo ya visto que me embota: me deslizodulcemente hacia el sueño.Quisiera recobrarme: una sensación viva ydecidida me libertaría.Aplico mi mano derecha contrala mejilla, tiro de la piel; me hago una mueca.Toda unamitad del rostro cede, la mitad izquierda de la boca setuerce y se hincha descubriendo un diente, la órbitase abre sobre un globo blanco, sobre una carne rosaday sanguinolenta. No es lo que yo buscaba; nada fuerte,nada nuevo; ¡es algo suave, esfumado, ya visto! Meduermo con los ojos abiertos, el rostro crece, crece enel espejo, es un inmenso halo pálido que se desliza enla luz ...Lo que me despierta bruscamente es que pierdo
  30. 30. www.artnovela.com.arelequilibrio.Meencuentroahorcajadassobreunasilla,aturdido todavía. ¿A los otros hombres les cuesta tantotrabajo juzgar sus rostros? Me parece que veo el míocomo siento mi cuerpo, mediante una sensación sorday orgánica. Pero ¿y los demás? ¿Rollebon, porejemplo? ¿También se dormía mirando en los espejoslo que Mme. de Genlis llama “su carita arrugada, limpiay definida, picada de viruelas, donde había una maliciasingularquesaltabaalosojos,poresfuerzosquehicierapara disimularla”? “Cuidaba mucho” dice Mme. deGenlis, “de su peinado, y nunca lo vi sin peluca. Perosus mejillas eran de un azul tirando a negro porquetenía la barba espesa y quería afeitarse solo, cosaque hacía muy mal.Acostumbraba embadurnarse conalbayalde, a la manera de Grimm. M. de Dangevilledecía que con todo ese blanco y azul, semejaba unqueso Roquefort.”Me parece que debía de ser muy agradable. Perodespués de todo, no fue así como lo vio Mme. deCharrières.Creoqueloencontrabamásbienapagado.Tal vez sea imposible comprender el propio rostro. ¿Oacaso es porque soy un hombre solo? Los que vivenen sociedad han aprendido a mirarse en los espejos,tal como los ven sus amigos.Yo no tengo amigos; ¿poresoesmicarnetandesnuda?Sí,escomolanaturalezasin los hombres.Ya no tengo ganas de trabajar; lo único que meresta es aguardar la noche.Las cinco y media.¡Lacosaandamal,muymal!Otravezlasuciedad,
  31. 31. www.artnovela.com.arla Náusea. Y una novedad: me dio en un café. Loscafés eran hasta ahora mi único refugio porque estánllenos de gente y bien iluminados; ni siquiera mequedará este recurso; cuando me vea acosado en micuarto, no sabré adónde ir.Ibaahacerelamor,peroapenasempujélapuerta,Madeleine, la sirvienta, me gritó:—La patrona no está; salió por unas diligencias.Sentí una viva decepción en el sexo, un largocosquilleo desagradable.Al mismo tiempo, sentía quela camisa me rozaba la punta de los pechos, y laimpresión de que un lento torbellino encendido merodeaba, me llevaba, un torbellino de bruma, de luces,en el humo, en los espejos, en las banquetas quebrillaban en el fondo, y no veía por qué estaba allí, nipor qué pasaba eso. Me había detenido en la puerta,no sabía si entrar, y entonces se produjo un remolino,pasó una sombra por el techo y me sentí empujadohacia adelante. Flotaba, me aturdían las brumasluminosas que me penetraban por todas partes a lavez. Madeleine vino flotando a quitarme el sobretodo, yobservé que se había estirado el pelo y llevabapendientes: no la reconocí. Yo miraba sus grandesmejillas, que corrían interminables hacia las orejas. Enel hueco de las mejillas, bajo los pómulos, había dosmanchas color de rosa, bien aisladas, que parecíanaburrirse en esa carne pobre. Las mejillas corrían,corrían hacia las orejas, y Madeleine sonreía:—¿Qué toma usted, señorAntoine?Entonces me dio la Náusea: me dejé caer en el
  32. 32. www.artnovela.com.arasiento, ni siquiera sabía dónde estaba; veía girarlentamente los colores a mi alrededor; tenía ganas devomitar. Y desde entonces la Náusea no me haabandonado, me posee.He pagado. Madeleine se llevó el platillo. Mi vasoaplasta contra el mármol un charco de cerveza amarilladonde flota una burbuja. La banqueta se hunde en elsitio donde estoy sentado, y para no resbalarme deboapoyar fuertemente las suelas contra el piso; hace frío.A la derecha, algunos juegan a las cartas sobre untapete de lana. No los vi al entrar; sentí simplementeque había un paquete tibio, mitad sobre la banqueta,mitad sobre la mesa del fondo, con pares de brazosque se agitaban. Después Madeleine les llevó naipes,el tapete y fichas en una escudilla. Son tres o cinco,no sé, me falta ánimo para mirarlos. Tengo un resorteroto: puedo mover los ojos, pero no la cabeza. Lacabeza es blanda, elástica; parece puesta justo sobreel cuello; si la muevo se me caerá. A pesar de todo,oigo un aliento corto, y de vez en cuando veo, con elrabillo del ojo, como un relámpago, una cosa colorada,cubierta de pelos blancos. Es una mano.Cuando la patrona hace diligencias, su primo lareemplaza en el mostrador. Se llama Adolphe. Alsentarme, comencé a mirarlo, y seguí haciéndoloporque no podía volver la cabeza. Está en mangas decamisa, con tirantes malva; se arremangó hasta arribadel codo. Los tirantes apenas se ven sobre la camisaazul; están borrados, hundidos en el azul, pero es unafalsa humildad; en realidad no permiten el olvido, me
  33. 33. www.artnovela.com.arirritan con su terquedad de carneros como si,dirigiéndose al violeta, se hubieran detenido en elcamino sin abandonar sus pretensiones. Dan ganasde decirles: “Vamos, vuélvanse violeta, y no se hablemás” Pero no, permanecen en suspenso, obstinadosen su esfuerzo inconcluso. A veces el azul que losrodea se desliza sobre ellos y los cubre del todo; meestoy un instante sin verlos. Pero es una ola; pronto elazul palidece por partes y veo reaparecer islotes de unmalva vacilante, que se agrandan, se juntan yreconstruyen los tirantes. El primo Adolphe no tieneojos; sus párpados hinchados y recogidos se abrenapenas un poco sobre el blanco. Sonríe con airedormido; de vez en cuando resopla, gañe y se debatedébilmente, como un perro soñando.Su camisa de algodón azul se destacagozosamentesobreunaparedchocolate.Tambiénesoda la Náusea. O más bien es la Náusea. La Náusea noestá en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, entodas partes a mi alrededor. Es una sola cosa con elcafé, soy yo quien está en ella.Ami derecha el paquete tibio se pone a zumbar,agita sus pares de brazos.—Toma, ahí tienes tu triunfo.—¿Qué triunfo?Gran espinazo negro curvado sobre el juego:—¡Ja, ja, ja!—¿Qué?Ahí está el triunfo, acaba de jugarlo.—No sé, no he visto ...—Sí, ahora acabo de jugar triunfo.
  34. 34. www.artnovela.com.ar—Ah, bueno, entonces, triunfo de corazones—.Canturrea: —Triunfo de corazones, triunfo decorazones, triun-fo-de-co-ra-zo-nes—. Hablando: —¿Qué pasa, señor? ¿Qué pasa, señor? ¡Alzo!De nuevo el silencio en la faringe —el gusto aazúcar en el aire—. Los olores. Los tirantes.El primo se levanta, da unos pasos, pone lasmanos detrás de la espalda, sonríe, alza la cabeza yse echa hacia atrás, sobre las puntas de los talones.En esa posición se duerme. Está allí, oscilante, y siguesonriendo; le tiemblan las mejillas. Se va a caer. Seinclina hacia atrás, se inclina, se inclina dando la caraal techo, y en el momento de caer, se agarradiestramente del borde del mostrador y restablece elequilibrio. Después de lo cual vuelve a empezar. Yaestoy harto; llamo a la sirvienta:—Madeleine, ponga algo en el fonógrafo, seabuena. Eso que me gusta, ¿sabe?: Some of thesedays.—Sí, pero tal vez moleste a los señores; no lesagrada la música cuando están jugando. Ah, voy apreguntarles.Hago un gran esfuerzo y vuelvo la cabeza. Soncuatro. Ella se inclina sobre un viejo color púrpura quelleva en la punta de la nariz lentes de aro negro. Elviejo oculta el juego contra el pecho y me echa unamirada desde abajo.—Cómo no, señor.Sonrisas. Tiene los dientes podridos. No es él eldueñodelamanoroja,sinosuvecino,untipodebigotes
  35. 35. www.artnovela.com.arnegros. El tipo de los bigotes posee una nariz deagujeros inmensos, que podrían bombear aire paratoda una familia, y que le comen la mitad de la cara,pero sin embargo, respira por la boca jadeando unpoco. También está con ellos un muchacho de cabezaperruna. No distingo al cuarto jugador.Las cartas caen sobre el tapete de lana, girando.Luego manos de dedos enjoyados las recogen,raspando el tapete con las uñas. Las manos ponenmanchas blancas en el tapete, parecen infladas ypolvorientas. Siguen cayendo otras cartas, las manosvan y vienen. Qué ocupación absurda: no parece unjuego, ni un rito, ni una costumbre. Creo que lo hacenpara llenar el tiempo, simplemente. Pero el tiempo esdemasiado ancho, no se deja llenar. Todo lo que unosumerge en él se ablanda y se estira. Por ejemplo, eseademán de la mano roja que recoge las cartastropezando, es flojo. Habría que descoserlo y cortarpor dentro.Madeleine mueve la manivela del fonógrafo. Contal de que no se haya equivocado, con tal de que nohaya puesto, como el otro día, el aria de CaballeríaRusticana. Pero no, está bien, lo reconozco desde losprimeros compases. Es un viejo rag-time con estribillocantado. Lo oí en 1917 a soldados americanos en lascalles de La Rochelle. Ha de ser anterior a la guerra.Pero el registro es mucho más reciente. Con todo, esel disco más viejo de la colección, un disco Pathé parapúa de zafiro.En seguida vendrá el estribillo: es lo que más me
  36. 36. www.artnovela.com.argusta, sobre todo la manera abrupta de arrojarse haciaadelante, como un acantilado contra el mar. Por elmomento, toca el jazz; no hay melodía, sólo notas, unamiríada de breves sacudidas. No conocen reposo; unorden inflexible las genera y destruye; sin dejarlesnunca tiempo para recobrarse, para existir por sí.Corren, se apiñan, me dan al pasar un golpe seco y seaniquilan.Megustaríaretenerlas,peroséquesillegaraadeteneruna,sóloquedaríaentremisdedosunsonidocanallesco y languideciente. Tengo que aceptar sumuerte;hastadeboquererestamuerte;conozcopocasimpresiones más ásperas o más fuertes.Comienzo a calentarme, a sentirme feliz.Todavíano es nada extraordinario, es una pequeña dicha deNáusea: se despliega en el fondo del charco viscoso,enelfondodenuestrotiempo—eltiempodelostirantesmalva y de las banquetas desfondadas—; está hechade instantes amplios y blandos, que se agrandan porlosbordescomounamanchadeaceite.Apenasnacida,es vieja; me parece que la conozco desde hace veinteaños.Hay otra dicha: afuera está esa banda de acero,laestrechaduracióndelamúsica,queatraviesanuestrotiempo de lado a lado, y lo rechaza y lo desgarra consus pumitas secas; hay otro tiempo.—El señor Randu juega corazón; tú echas el as.La voz se desliza y desaparece. Nada hace mellaen la cinta de acero: ni la puerta que se abre, ni labocanada de aire frío que se cuela sobre mis rodillas,ni la llegada del veterinario con su nieta: la música
  37. 37. www.artnovela.com.arhorada esas formas vagas y las traspasa. No bien sesienta, la niña queda suspensa; permanece rígida, conlos ojos muy abiertos; escucha frotando la mesa con elpuño.Unos segundos más y cantará la negra. Pareceinevitable, tan fuerte es la necesidad de esta música;nada puede interrumpirla, nada que venga del tiempodonde está varado el mundo; cesará sola, por orden.Esta hermosa voz me gusta sobre todo, no por suamplitudnisutristeza,sinoporqueeselacontecimientoque tantas notas han preparado desde lejos, muriendopara que ella nazca. Y sin embargo, estoy inquieto;bastaría tan poco para que el disco se detuviera: unresorte roto, un capricho del primo Adolphe. Quéextraño, qué conmovedor que esta duración sea tanfrágil. Nada puede interrumpirla y todo puedequebrantarla.El último acorde se ha aniquilado. En el brevesilencio que sigue, siento fuertemente que ya está, quealgo ha sucedido.Silencio.Some of these daysYou’ll miss me honey.Lo que acaba de suceder es que la Náusea hadesaparecido. Cuando la voz se elevó en el silencio,sentí que mi cuerpo se endurecía; y la Náusea sedesvaneció. De golpe; era casi penoso ponerse así deduro, de rutilante. Al mismo tiempo la duración de la
  38. 38. www.artnovela.com.armúsica se dilataba, se hinchaba como una bomba.Llenaba la sala con su transparencia metálica,aplastando contra las paredes nuestro tiempomiserable. Estoy en la Náusea. En los espejos ruedanglobos de fuego; anillos de humo los circundan, y giran,velando y descubriendo la dura sonrisa de la luz. Mivaso de cerveza se ha empequeñecido, se aplastasobre la mesa; parece denso, indispensable. Quierotomarloysopesarlo,extiendolamano...¡Diosmío!Estoes, sobre todo, lo que ha cambiado: mis ademanes.Este movimiento de mi brazo se ha desarrollado comoun tema majestuoso, se ha deslizado a lo largo delcanto de la negra; me pareció que yo bailaba.El rostro deAdolphe está ahí, apoyado contra lapared chocolate; parece muy próximo. En el momentoen que mi mano se cerraba, vi su cabeza; tenía laevidencia, la necesidad de una conclusión. Oprimo misdedos contra el vidrio, miro aAdolphe: soy feliz.—¡Ahí está!Una voz se lanza sobre un fondo de rumores. Esque habla mi vecino, el viejo. Sus mejillas ponen unamancha violeta sobre el cuero pardo de la banqueta.Una carta restalla contra la mesa. Malilla de oros.Pero el muchacho de cabeza perruna sonríe. Eljugador coloradote, curvado sobre la mesa, lo acechade soslayo, pronto a asaltar.—¡Y ahí tiene!La mano del muchacho sale de la sombra, planeaun instante, blanca, indolente; luego cae de improvisocomo un milano y aprieta un naipe contra el tapete. El
  39. 39. www.artnovela.com.argordo colorado salta por el aire:—¡Mierda! Éste alza.La silueta del rey de corazones aparece entrededos crispados después alguien la vuelve de naricesy el juego continúa. Hermoso rey, venido de tan lejos,preparadoportantascombinaciones,portantosgestosdesaparecidos.Ahora desaparece a su vez, para quenazcan otras combinaciones y otros gestos, ataques,réplicas, vueltas de la fortuna, multitud de pequeñasaventuras.Estoy emocionado, siento mi cuerpo como unamáquina de precisión en reposo. Yo he tenidoverdaderasaventuras.Norecuerdoningúndetalle,peroveo el encadenamiento riguroso de las circunstancias.He cruzado mares, he dejado atrás ciudades y beremontado ríos; me interné en las selvas buscandosiempre nuevas ciudades. He tenido mujeres, hepeleadoconindividuos,ynuncapudevolveratrás,comonopuedeundiscogiraralrevés.¿Yadóndemellevabatodo aquello?Aeste instante, a esta banqueta, a estaburbuja de claridad rumorosa de música.And when you leave meSí, yo que tanto gusté de sentarme en Roma aorillas del Tíber; de bajar y remontar cien veces lasRamblas de Barcelona, a la noche; yo que cerca deAngkor, en el islote de Baray de Prah-Kan vi unabanianaqueanudabasusraícesalrededordelacapillade los nagas, estoy aquí, vivo en el mismo instante que
  40. 40. www.artnovela.com.arlos jugadores de malilla, escucho a una negra quecanta mientras afuera vagabundea la noche débil.El disco se ha detenido.La noche entra dulzona, vacilante. Es invisible,pero está ahí, vela las lámparas; en el aire se respiraalgo espeso: es ella. Hace frío. Uno de los jugadoresempuja las cartas en desorden hacia otro que lasrecoge. Un naipe ha quedado atrás. ¿No lo ven? Es elnueve de corazones. Por fin alguien lo entrega al jovende cabeza perruna.—¡Ah! Es el nueve de corazones.Está bien. Voy a irme. El viejo violáceo se inclinasobre ana hoja chupando la punta de un lápiz.Madeleine lo mira con ojos claros y vacíos. Elmuchacho da vueltas entre sus dedos al nueve decorazones. ¡Dios mío ...!Me levanto penosamente; en el espejo, sobre elcráneo del veterinario, veo deslizarse un rostroinhumano.Dentro de un rato iré al cinematógrafo.El aire me hace bien; no tiene el gusto a azúcarni el olor vinoso del vermut. Pero Dios mío, qué fríohace.Son las siete y media, no tengo hambre y el cineno empieza hasta las nueve; ¿qué haré? Necesitocaminar ligero para calentarme. Dudo; a mis espaldas,el bulevar lleva al corazón de la ciudad, a los grandesaderezos de luces, de las calles centrales, al palacio
  41. 41. www.artnovela.com.arParamount, al Imperial, a las grandes tiendas Jahan.No me tienta nada: es la hora del aperitivo; por elmomento ya he visto bastantes cosas vivas, perros,hombres, todas las masas blandas que se muevenespontáneamente.Doblo hacia la izquierda, voy a hundirme en aquelagujero, allá, al final de la hilera de picos de gas;caminaré por el bulevar Noir hasta la avenida Galvani.Por el agujero sopla un viento glacial: allí sólo haypiedras y tierra. Las piedras son algo duro, y que nosemueve.Hay una parte aburrida del camino: en la acerade la derecha, una masa gaseosa con regueros defuego hace un ruido de caracola: es la vieja estación.Su presencia ha fecundado los cien primeros metrosdelbulevarNoir—desdeelbulevardelaRedoutehastalacalleParadis—,haengendradounosdiezreverberos,y cuatro cafés juntos, el Rendez-vous des Cheminotsy otros tres que languidecen todo el día, pero seiluminan de noche y proyectan rectángulos luminososen la calzada. Tomo tres baños más de luz amarilla,veo salir de la tienda y mercería Rabache a una viejaque se levanta la pañoleta sobre la cabeza y echa acorrer; ahora se acabó. Estoy en el borde de la acerade la calle Paradis, junto al último farol. La cinta deasfalto se interrumpe en seco. Del otro lado de la calleestán la oscuridad y el barro. Cruzo la calle Paradis.Meto el pie derecho en un charco de agua, me empapoel calcetín; el paseo comienza.Esta región del bulevar Noir no está habitada. El
  42. 42. www.artnovela.com.arclima es demasiado riguroso, el suelo demasiadoingrato para que la vida se instale y desarrolle aquí.Los tres aserraderos de los Hermanos Soleil (losHermanos Soleil hicieron la bóveda artesonada de laiglesia Sainte-Cécile-de-la-Mer, que costó cien milfrancos) se abren al oeste, con todas sus puertas yventanas, sobre la dulce calle Jeanne-Berthe-Coeuroy,llenándola de rumores. En el bulevar Victor-Noirpresentasustresespaldasunidasporunapared.Estosedificios bordean la acera izquierda durantecuatrocientos metros: ni la ventana más pequeña, nisiquiera un tragaluz.Esta vez metí los dos pies en el agua. Crucé lacalzada; en la otra acera un solo pico de gas como unfaro en el confín de la tierra, ilumina un cerco hundido,arruinado en parte.Fragmentos de carteles se adhieren aún a lastablas. Un hermoso rostro lleno de odio gesticula sobreun fondo verde, con un desgarrón en forma de estrella;debajo de la nariz alguien ha dibujado un bigoteretorcido. En otro girón todavía puede descifrarse lapalabra “depurador” en caracteres blancos de los quecaen gotas rojas, quizá gotas de sangre. Puede que elrostro y la palabra hayan formado parte del mismocartel. Ahora el cartel está roto, los lazos simples ydeliberados que los unían desaparecieron, pero se haestablecidoespontáneamenteotraunidadentrelabocatorcida, las gotas de sangre, las letras blancas, ladesinencia “dor”; se diría que una pasión criminal einfatigable trata de expresarse mediante estos signos
  43. 43. www.artnovela.com.armisteriosos. Entre las tablas pueden verse brillar lasluces de la vía férrea. Un largo muro continúa laempalizada. Un muro sin aberturas, sin puertas, sinventanas, que se detiene doscientos metros más lejos,contra una casa. He dejado atrás el campo de accióndel farol; entro en el agujero negro. Al ver mi sombraque se funde a mis pies en las tinieblas, tengo laimpresión de hundirme en un agua helada. Delante demí,enelfondo,atravésdeespesoresdenegro,distingouna palidez rosada: es la avenida Galvani. Me vuelvo;detrás del reverbero, muy lejos, hay un atisbo declaridad: la estación con los cuatro cafés. Detrás demí, delante de mí, gentes que beben y juegan a lascartas en las cervecerías. Aquí sólo hay negrura. Elviento me trae con intermitencias un campanilleosolitario que viene de lejos. Los ruidos domésticos, elronquido de los autos, los gritos, los ladridos, no sealejandelascallesiluminadas,permanecenenelcalor.Pero ese campanilleo horada las tinieblas y llega hastaaquí:esmásduro,menoshumanoquelosotrosruidos.Me paro a escucharlo. Tengo frío, me duelen lasorejas; han de estar rojas. Pero yo no me siento; meha ganado la pureza de lo que me rodea; nada vive; elvientosilba,líneasrígidashuyenenlanoche.ElbulevarNoirnotienelafachaindecentedelascallesburguesas,que hacen gracias a los transeúntes. Nadie se hapreocupado de adornarlo; es exactamente un revés. ElrevésdelacalleJeanne-Berthe-Coeuroy,delaavenidaGalvani. En los alrededores de la estación, losBouvilleses todavía lo vigilan un poco; lo limpian de vez
  44. 44. www.artnovela.com.aren cuando, por los viajeros. Pero en seguida loabandonan, y corre derecho, ciego, para chocar conla avenida Galvani. La ciudad lo ha olvidado.Avecesun camión grande, de color terroso, lo cruza a todavelocidad, con ruido atronador. Ni siquiera hayasesinatos, por falta de asesinos y de víctimas. Elbulevar Noir es inhumano. Como un mineral. Como untriángulo. Es una suerte que haya un bulevar así enBouville. Por lo general sólo se los encuentra en lascapitales,enBerlíndelladodeNeuköllnotodavíahaciaFriedrichshain, en Londres detrás de Greenwich.Corredores rectos y sucios, en plena corriente de aire,con anchas aceras sin árboles. Casi siempre están enlos alrededores, en esos barrios extraños donde sefabrican las ciudades, cerca de los depósitos demercancías, de las estaciones tranviarias, de losmataderos, de los gasómetros. Dos días después delchaparrón, cuando toda la ciudad está mojada bajo elsol e irradia calor húmedo, aún siguen fríos, aúnconservan el barro y los charcos. Hasta tienen charcosquenuncasesecan,salvounmesenelaño,enagosto.La Náusea se ha quedado allá, en la luz amarilla.Soy feliz, este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿nosoy yo mismo una onda de aire helado? No tener nisangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largocanal hacia aquella palidez. Ser sólo frío.Llegagente.Dossombras.¿Quénecesidadteníande venir aquí?Es una mujercita que tira a un hombre de lamanga. Habla en voz rápida y menuda. No comprendo
  45. 45. www.artnovela.com.arlo que dice, por el viento.—¿Quieres cerrar la boca, eh? —dice el hombre.Ella signe hablando. Bruscamente, el hombre larechaza. Se miran, vacilantes; después él hunde lasmanos en los bolsillos y se va sin volverse.El hombre ha desaparecido.Apenas tres metrosme separan ahora de la mujer. De pronto unos sonidosroncos y graves la desgarran, arrancan de ella y llenantoda la calle con una violencia extraordinaria:—Charles, por favor, ¿sabes lo que te he dicho?¡Charles, ven, estoy harta, soy muy desgraciada!Paso tan cerca de ella que podría tocarla. Es...¿pero cómo creer que esa carne ardida, ese rostroresplandeciente de dolor...? Sin embargo, reconozcola pañoleta, el abrigo y el gran antojo borra de vino quetiene en la mano derecha; es ella, Lucie, la criada. Nome atrevo a ofrecerle mi ayuda, pero conviene quepueda pedirla en caso de necesidad; paso delante deella lentamente, mirándola. Sus ojos se clavan en mí,pero no demuestra verme; es como si suspadecimientos le hubieran hecho perder el juicio. Doyunos pasos, me vuelvo...Sí, es ella, Lucie. Pero transfigurada, fuera desí, sufriendo con loca generosidad. La envidio. Estáallí, erguida, con los brazos separados, como siesperara los estigmas; abre la boca, se ahoga. Tengola impresión de que las paredes han crecido a cadalado de la calle, de que se han acercado, de que ellaestá en el fondo de un pozo. Espero unos instantes;temo que caiga rígida; es demasiado enclenque para
  46. 46. www.artnovela.com.arsoportar este dolor insólito. Pero no se mueve; parecemineralizada, como todo lo que la rodea. Por unmomento me pregunto si no me habré equivocado, sinoessuverdaderanaturalezalaquesemehareveladode improviso...Lucie lanza un leve gemido. Se lleva la mano a lagarganta abriendo grandes ojos asombrados. No, nohay en ella fuerzas para padecer tanto. Le vienen deafuera... de este bulevar. Habría que tomarla por loshombros, llevarla a las luces, entre la gente, a las callesdulces y rosadas; allá no se puede sufrir tanto; seablandaría, recuperaría su aire positivo y el nivelordinario de sus padecimientos.Le vuelvo la espalda. Después de todo, tienesuerte. Yo estoy demasiado tranquilo desde hace tresaños. Ya no puedo recibir de estas soledades trágicashada más que un poco de pureza vacía. Me voy.Jueves, once y media.Trabajé dos horas en la sala de lectura. Bajé alpatio de las Hipotecas para fumar una pipa. Plazapavimentada con ladrillos rosados. Los bouvilleses seenorgullecen de ella porque data del siglo XVIII. A laentrada de la calle Chamade y de la calle Suspédart,viejascadenasimpidenelaccesoaloscoches.Señorasde negro, que sacan a pasear a sus perros, se deslizanbajo las arcadas, a lo largo de las paredes. Rara vezse adelantan hasta la luz del día, pero echan juvenilesmiradas, de soslayo, furtivas y satisfechas, a la estatuade Gustave Impétraz. No han de saber el nombre deese gigante de bronce, pero bien ven por su levita y su
  47. 47. www.artnovela.com.archistera, que perteneció al gran mundo. Tiene elsombrero en la mano izquierda y apoya la derecha enuna pila de infolios; es en cierto modo como si el abueloestuviera allí, sobre ese zócalo, modelado en bronce.No necesitan mirarlo largo rato para comprender quepensaba como ellas, exactamente como ellas sobretodos los asuntos. Ha puesto su autoridad y la inmensaerudición extraída de los infolios que aplasta con sumano pesada, al servicio de sus pequeñas ideasestrechas y sólidas. Las señoras de negro se sientenaliviadas, pueden entregarse tranquilamente a laspreocupaciones de la casa, a pasear el perro; ya notienen la responsabilidad de defender las santas ideas,las buenas ideas de sus padres; un hombre de broncese ha erigido en defensor de ellas.La gran Enciclopedia dedica unas líneas a estepersonaje; las leí el año pasado. Había apoyado elvolumen en el alféizar de la ventana; a través del vidriopodía ver el cráneo verde de Impétraz. Supe quefloreció hacia 1890. Fue inspector de academia.Pintaba exquisitas bagatelas y escribió tres libros: Dela popularidad entre los antiguos griegos (1887), Lapedagogía de Rollin (1891) y un Testamento poéticoen 1899. Murió en 1902, en medio del pesaremocionado de sus subordinados y de la gente degusto.Me he apoyado en la fachada de la biblioteca.Chupo la pipa que amenaza apagarse. Veo a una viejaseñora que sale temerosa de la galería con arcadas ymiraaImpétrazfinayobstinadamente.Deprontocobra
  48. 48. www.artnovela.com.aránimos,cruzaelpatioatodalavelocidaddesuspiernasysedetieneunmomentodelantedelaestatuamoviendolas mandíbulas. Después huye, negra sobre elpavimento rosado, y desaparece en una grieta de lapared.Tal vez esta plaza era alegre hacia el 1800, consus ladrillos rosa y sus casas. En la actualidad hay enella algo seco y maligno, una delicada pizca de horror.Procede del monigote que está ahí arriba, sobre elzócalo.Al vaciar en bronce a ese universitario, lo hanconvertido en un brujo.Miro a Impétraz de frente. No tiene ojos, apenasnariz, una barba carcomida por esa lepra extraña quecae a veces, como una epidemia, sobre todas lasestatuas de un barrio. Saluda; el chaleco luce unamancha verde claro en el lugar del corazón. Tiene unaspecto dolorido y malo. No vive, no, pero tampoco esinanimado. Una sorda potencia emana de él: es comoun viento que le rechaza; Impétraz quisiera echarmedel patio de las Hipotecas. No me iré antes de acabaresta pipa.Unaaltasombramagrasurgebruscamentedetrásde mí. Me sobresalto.—Perdóneme,señor,noqueríamolestarlo.Viquemovía usted los labios. Sin duda repetía frases de sulibro. — Ríe—. ¿Andaba a la caza de alejandrinos?Miro alAutodidacto con estupor. Pero él parecesorprendido de mi sorpresa:—¿No hay que evitar cuidadosamente losalejandrinos en la prosa, señor?
  49. 49. www.artnovela.com.arHe descendido ligeramente en su estima. Lepregunto qué hace aquí a esta hora. Me explica quesu patrón le ha dado permiso, y que ha venidodirectamente a la biblioteca; no almorzará y leerá hastaque cierren. Ya no lo escucho, pero ha de haberseapartado de su tema primitivo pues oigo de pronto:—...tener como usted la dicha de escribir un libro.Debo decir algo.—Dicha... —digo con aire dubitativo. No entiendeel sentido de mi respuesta y corrige rápidamente:—Señor, hubiera debido decir: mérito.Subimoslaescalera.Nomedanganasdetrabajar.Alguien ha dejado Eugénie Grandet sobre la mesa; ellibro está abierto en la página veintisiete. Lo tomomaquinalmente, me pongo a leer la página veintisiete,luego la veintiocho; no tengo ánimos para empezar porel principio. ElAutodidacto se dirige a los estantes dela pared con paso vivo; trae dos volúmenes que dejasobre la mesa, con la expresión del perro que haencontrado un hueso.—¿Quéleeusted?Me parece que le repugna decírmelo; vacila unpoco,revuelvesusgrandesojosextraviados,ymetiendelos libros como con violencia. Son: La turba y lasturberas de Larbalétrier, e Hitopadesa o la instrucciónútil de Lastex. ¿Pues bien? No veo qué es lo que lemolesta;estaslecturasmeparecenmuydecentes.Paratranquilizar mi conciencia hojeo Hitopadesa, y sóloveocosaselevadas.
  50. 50. www.artnovela.com.arLas tres.He dejado Eugénie Grandet. Me he puesto atrabajar, pero sin entusiasmo. ElAutodidacto, que meveescribir,meobservaconrespetuosaconcupiscencia.De vez en cuando levanto un poco la cabeza, veo elinmenso cuello postizo, recto, de donde sale supescuezodegallina.Llevauntrajeraídoperolacamisaes de una blancura deslumbradora. Acaba de sacardelmismoestanteotrolibrocuyotítulodescifroalrevés:La flecha de Caudebec, crónica normanda de Mlle.Julie Lavergne. Las lecturas delAutodidacto siempreme desconciertan.De pronto me vuelven a la memoria los nombresde los últimos autores cuyas obras ha consultado:Lambert, Langlois, Larbalétrier, Lastev, Lavergne. Meiluminé; comprendo el método del Autodidacto: seinstruye por orden alfabético.Lo contemplo con una especie de admiración.¡Qué voluntad necesita para realizar lenta,obstinadamente, un plan de tan vasta envergadura! Undía, hace siete años (me ha dicho que estudia desdehace siete años), entró con gran pompa en esta sala.Recorrió con la mirada los innumerables libros quetapizan las paredes y debió de decirse, poco más omenos como Rastignac: “Manos a la obra, Cienciahumana”. Después tomó el primer libro del primerestante del extremo derecho; lo abrió en la primerapágina con un sentimiento de respeto y espanto unidoa una decisión inquebrantable. Hoy está en la L. Kdespués de J, L después de K. Pasó brutalmente del
  51. 51. www.artnovela.com.arestudiodeloscoleópterosaldelateoríadeloscuantas,deunaobrasobreTamerlanaunpanfletocatólicosobreel darwinismo, sin desconcertarse ni un instante. Loleyó todo; ha almacenado en su cabeza la mitad de loque se sabe sobre la partenogénesis, la mitad de losargumentos contra la vivisección. Detrás, delante deél, hay un universo. Y se acerca el día en que se dirá,cerrandoelúltimovolumendelúltimoestantedelextremoizquierdo: “¿Y ahora?”.Es el momento de la merienda; come con airecándido, pan y una tableta de Gala Peter. Tiene lospárpados bajos y puedo contemplar a gusto sushermosas pestañas arqueadas, pestañas de mujer.Despide un olor a tabaco viejo, al que se mezcla,cuando respira, el perfume dulce del chocolate.Viernes, las tres.Un poco más y caigo en la trampa del espejo. Laevito, para caer en la trampa del vidrio: ocioso, con losbrazos colgando, me acerco a la ventana. El Depósito,la Empalizada, la Vieja Estación —la Vieja Estación, laEmpalizada, el Depósito—. Bostezo tan fuerte que measoma una lágrima a los ojos.Tengo la pipa en la manoderecha y el paquete de tabaco en la izquierda. Habríaque llenar la pipa. Pero me faltan fuerzas. Mis brazospenden; apoyo la frente en el cristal.Aquella vieja meirrita. Corretea obstinadamente, con la vista perdida.Aveces se detiene, temerosa, como si la hubiera rozadoun peligro invisible.Ahí está bajo mi ventana; el vientole pega la falda a las rodillas. Se detiene, se arregla lapañoleta. Le tiemblan las manos. Reanuda la marcha;
  52. 52. www.artnovela.com.arahora la veo de espaldas. ¡Vieja cochinilla! Supongoque doblará a la derecha, en el bulevar Noir. Le faltanunos cien metros por recorrer; al paso que va, tardarálo menos diez minutos, diez minutos durante los cualesme quedaré así, mirándola, con la frente pegada alvidrio.Sedetendráveinteveces,seguirá,sedetendrá...Veo el porvenir. Está allí, en la calle, apenas máspálido que el presente. ¿Qué necesidad tiene derealizarse? ¿Qué ganará con ello? La vieja se vacojeando, se detiene, tira de una mecha gris que leasoma por debajo de la pañoleta. Camina; estaba allá,ahora está aquí... No sé dónde ando: ¿veo sus gestoso los preveo? Ya no distingo el presente del futuro, ysin embargo esto dura, se realiza poco a poco; la viejaavanza por la calle desierta, desplaza sus grandeszapatosdehombre.Asíeseltiempo,eltiempodesnudo;viene lentamente a la existencia, se hace esperar ycuando llega uno siente asco porque cae en la cuentade que hacía mucho que estaba allí. La vieja se acercaa la esquina de la calle, ahora sólo es un montoncitode trapos negros. Bueno, sí, lo acepto, esto es nuevo,no estaba ahí hace un instante. Pero es una novedaddescolorida, desflorada, que nunca puede sorprender.Va a doblar la esquina, dobla... durante una eternidad.Me arranco a la ventana y recorro el cuartovacilando; me quedo pegado al espejo, me miro, mehastío: otra eternidad. Finalmente escapo a mi imageny me desplomo sobre la cama. Miro el techo, quisieradormir.Calma. Calma. Ya no siento el deslizamiento, los
  53. 53. www.artnovela.com.arroces del tiempo. Veo imágenes en el techo. Manoredondeles de luz, luego cruces. Mariposean. Ydespués se forma otra imagen; ésta, en el fondo demis ojos. Es un animal grande, arrodillado. Veo suspatas delanteras y su albarda. El resto es borroso. Sinembargo lo reconozco: es un camello que vi enMarruecos, atado a una piedra. Se había arrodillado eincorporado seis veces seguidas; los chicos reían y loexcitaban con la voz.Hacedosañoseramaravilloso:mebastabacerrarlos ojos; en seguida me zumbaba la cabeza como unacolmena, veía rostros, árboles, casas, una japonesadesnuda lavándose en un tonel, un ruso muerto, juntoa un charco de sangre, brotada de una ancha heridaabierta. Recuperaba el gusto del alcuzcuz, el olor aaceite que llena a mediodía las calles de Burgos, elolor a hinojo que flota en las de Tetuán, los silbidos delos pastores griegos; me sentía conmovido. Hacemucho tiempo que se ha gastado esta alegría.¿Renacerá hoy?Unsoltórridosedeslizarígidamenteenmicabezacomo una placa de linterna mágica. Le sigue un trozode cielo azul; después de algunas sacudidas seinmoviliza, estoy todo dorado por dentro. ¿De qué díamarroquí (o argelino, o sirio) se desprendió deimproviso este esplendor? Me dejo caer en el pasado.Meknes. ¿Cómo era aquel montañés que nosasustó en una callejuela, entre la mezquita berdana yla plaza encantadora sombreada por una morera? Senos acercó, Anny estaba a mi derecha. O a mi
  54. 54. www.artnovela.com.arizquierda.Ese sol y ese cielo eran un engaño. Es lacentésima vez que me dejo atrapar. Mis recuerdos soncomo las monedas en la bolsa del diablo: cuando unola abre, sólo encuentra hojas secas.Del montañés no veo sino un gran ojo reventado,lechoso. ¿Y era de él ese ojo? El médico que meexponía en Bakú el principio de los abortaderos delEstado, también era tuerto, y cuando quiero recordarsurostro,aparecedenuevoesegloboblancuzco.Esosdos hombres, como los nornes, sólo tienen un ojo quese pasan por turno.ElcasodelaplazadeMeknes,dondesinembargoiba todos los días, es aún más simple: ya no la veo. Mequeda la vaga sensación de que era encantadora, yestas cinco palabras indisolublemente unidas: unaplaza encantadora de Meknes. Sin duda, si cierro losojos o miro vagamente el techo, puedo reconstruir laescena: un árbol a lo lejos, una forma oscura yrechoncha se precipita hacia mí. Pero estoyinventándolo todo a mi gusto. El marroquí era alto yseco: ciertos conocimientos abreviados permanecenen mi memoria. Pero ya no veo nada; es inútil quehurgue en el pasado, sólo saco restos de imágenes yno sé muy bien lo que representan, ni si son recuerdoso ficciones.Además,haymuchoscasosenqueestosmismosrestos han desaparecido: no quedan sino palabras;aun podría contar las historias, y contarlas demasiadobien (en cuanto a la anécdota, no temo a nadie, salvo
  55. 55. www.artnovela.com.ara los oficiales de marina y a los profesionales), peroson esqueletos. Se trata de un tipo que hace esto oaquello, pero no soy yo, no tengo nada de común conél. El individuo recorre países que no conozco mejorque si nunca hubiese ido.Aveces acierto a pronunciaren mi relato esos hermosos nombres que se leen enlos atlas: Aranjuez o Canterbury. Provocan en míimágenes nuevas, como las que conciben, según suslecturas, las personas que nunca han viajado; sueñobasándome en palabras, eso es todo.Para cien historias muertas quedan, sin embargo,una o dos historias vivas. Las evoco con precaución, aveces, no con demasiada frecuencia, por temor degastarlas. Pesco una, vuelvo a ver la decoración, lospersonajes, las actitudes. De pronto me detengo: sentíel deterioro, vi apuntar una palabra bajo la trama de lassensaciones.Adivino que esta palabra pronto ocuparáellugardevariasimágenesquemegustan.Enseguidame detengo, pienso rápido en otra cosa; no quierofatigar mis recuerdos. Es inútil; la próxima vez que losevoque, una buena, parte se habrá cuajado.Insinúounvagomovimientoparalevantarme,parair a buscar mis fotos de Meknes, en la caja que metídebajo de la mesa. ¿Para qué? Esos afrodisíacos yanotienenefectosobremimemoria.Elotrodíaencontré,bajo un secante, una pequeña foto empalidecida. Unamujer sonreía junto a un estanque. Contemplé unmomento a esta persona sin reconocerla. Después leí,en el reverso: “Anny, Portsmouth, abril 7, 27”.Nunca sentí como hoy la impresión de carecer
  56. 56. www.artnovela.com.ardedimensionessecretas,deestarlimitadoamicuerpo,a los pensamientos ligeros que suben de él comoburbujas. Construyo mis recuerdos con el presente.Estoydesechado,abandonadoenelpresente.Envanotrato de alcanzar el pasado; no puedo escaparme.Llaman. Es elAutodidacto; lo había olvidado. Leprometí mostrarle mis fotos de viaje. Que el diablo se lolleve.Se sienta en una silla; sus nalgas tensas tocan elrespaldo, y el busto rígido se inclina hacia adelante.Salto de la cama y enciendo la luz.—¿Por qué, señor? Estábamos muy bien..—No para ver fotografías...No sabe qué hacer con el sombrero; se lo quito.—¿Es verdad, señor? ¿Quiere ustedmostrármelas?—Peronaturalmente.Esto es calculado: espero que se callará mientraslas mire. Me meto debajo de la mesa, empajo la cajacontra sus zapatos lustrados, deposito en sus rodillasuna brazada de tarjetas postales y fotos: España y elMarruecos español.Pero bien veo en su semblante risueño y abiertoque me equivoqué al contar con reducirlo a silencio.EchaunaojeadaaunavistadeSanSebastián,tomadadesde el monte Igueldo, la deja con precaución sobrela mesa, y permanece silencioso un instante. Despuéssuspira:—¡Ah, señor! Qué suerte la suya. Si es cierto loquedicen,losviajessonlamejorescuela.¿Opinausted
  57. 57. www.artnovela.com.arlo mismo, señor?Hago un gesto vago. Afortunadamente no haterminado.—Hadeserunaconmocióntangrande.Mepareceque si alguna vez tuviera que hacer un viaje, antes departir consignaría por escrito los menores rasgos demi carácter, para poder comparar, a la vuelta, lo queera y lo que he llegado a ser. He leído que algunosviajeros habían cambiado tanto, en lo físico y en lomoral, que a su regreso los parientes más cercanosno los reconocían.Manosea distraído un gran paquete defotografías. Toma una y la pone sobre la mesa sinmirarla; después contempla con intensidad la fotosiguiente, que representa un San Jerónimo esculpidoen un pulpito de la catedral de Burgos.—¿Vio usted ese Cristo en piel de animal queestá en Burgos?. Hay un libro muy curioso, señor,sobre esas estatuas en piel de animal, y hasta en pielhumana. ¿Y la Virgen negra? ¿No está en Burgos?¿Está en Zaragoza? ¿Pero no hay acaso una enBurgos?Losperegrinoslabesan,¿noescierto?Quierodecir, la de Zaragoza. ¿Y hay una huella de su pie enuna losa? ¿Que está en un agujero? ¿Y las madresempujan allí a sus hijos?Rígido, empuja con las dos manos a un niñoimaginario. Se diría que rechaza los presentes deArtajerjes.—Ah, las costumbres, señor, qué... qué curioso.Un poco sofocado, me apunta con su quijada de
  58. 58. www.artnovela.com.arasno. Huele a tabaco y a agua estancada. Sushermosos ojos extraviados brillan como globos defuego,ysusescasoscabelloslenimbanelcráneocomode vapor. Bajo ese cráneo, samoyedos, niam-niams,malgaches, fueguinos, celebran las más extrañassolemnidades, comen a sus ancianos padres, a sushijos, giran sobre sí mismos al son del tamtam hastadesvanecerse,seentreganalfrenesídelamok,quemana sus muertos, los exponen sobre los techos, losabandonan a la corriente en barcas iluminadas porantorchas, se acoplan al azar, madre e hijo, padre ehija, hermano y hermana, se mutilan, se castran, sedistienden los labios con platos, se hacen tatuar en losriñones animales monstruosos.—¿Puede decirse, con Pascal, que la costumbrees una segunda naturaleza?Clavasusojosenlosmíos,imploraunarespuesta:—Según —digo.Respira.—Es lo que yo me decía, señor. Pero desconfíode mí mismo; se necesitaría haberlo leído todo.Pero a la fotografía siguiente, es el delirio. Lanzaun grito de gozo.—¡Segovia! ¡Segovia! Yo he leído un libro sobreSegovia.Agrega, con cierta nobleza:—Señor, ya no recuerdo el nombre del autor. Aveces tengo distracciones. Na... No... Nod...—Imposible —le digo vivamente —, está usteden Lavergne.
  59. 59. www.artnovela.com.arLamento en seguida mis palabras; después detodo nunca me habló de este método de lectura; ha deser un delirio secreto. En efecto, queda desconcertado,y se le hinchan los gruesos labios, con aire llorón.Luego baja la cabeza y mira unas diez postales sindecir palabra.Pero al cabo de treinta segundos, veo que unpoderoso entusiasmo lo colma y que va a reventar sino habla:—Cuando termine mi instrucción (todavía calculoseis años más), me uniré, si me lo permiten, a losestudiantes y profesores que hacen un crucero anualal Cercano Oriente. Quisiera aclarar ciertosconocimientos —dice con unción— y además, megustaría que me sucedieran cosas inesperadas,nuevas, aventuras, para decirlo de una vez.Ha bajado la voz; tiene un gesto pícaro.—¿Qué clase de aventuras?—le pregunto,asombrado.—De todas clases, señor. Usted se equivoca detren. Baja en una ciudad desconocida. Pierde la valija,lo detienen por error, pasa la noche en la cárcel. Señor,creo que la aventura puede definirse así: unacontecimiento que sale de lo ordinario sin serforzosamente extraordinario. Se habla de la magia delasaventuras.¿Leparecejustaestaexpresión?Quisierahacerle una pregunta, señor.—¿Qué?Se ruboriza y sonríe.—Tal vez sea indiscreta.
  60. 60. www.artnovela.com.ar—No importa, diga.Se inclina hacia mí y pregunta, con los ojosentrecerrados:—¿Ha tenido usted muchas aventuras, señor?Respondomaquinalmente:—Algunas—, echándome hacia atrás, para evitarsu aliento pestífero.Sí,lodije maquinalmente,sinpensarlo. Enefecto,porlogeneralmásbienmeenorgullezcodehabertenidotantas aventuras. Pero hoy, en cuanto pronuncio estaspalabras,sientounagranindignacióncontramímismo:me parece que miento, que en mi vida he tenido lamenoraventura,omejor,nisiquieraséquéquieredeciresa palabra.Al mismo tiempo pesa sobre mis hombroselmismodesalientoquemeasaltóenHanoi,hacecercade cuatro años, cuando Mercier me apremiaba paraque me uniera a él, y yo, sin contestar, miraba fijo unaestatuita kmer. Y la IDEA, esa gran masa blanca quetantomedesagradóentonces,estáahí;nohabíavueltoa verla durante estos cuatro años.—¿Podría preguntarle...?—dice elAutodidacto.¡Diantre! Que le cuente una de esas famosasaventuras. Pero ya no quiero decir una palabra sobreel tema.—Ahí —digo inclinado sobre sus hombrosestrechos, y apoyando el dedo en una foto—, ahí estáSantillana, el pueblo más lindo de España.—¿Santillana, el pueblo de Gil Blas? No creí queexistiera. ¡Ah, señor, qué provechosa es suconversación! Bien se ve que usted ha viajado.
  61. 61. www.artnovela.com.arAcompañoalAutodidactohastalapuerta,despuésde atiborrar sus bolsillos de tarjetas postales, grabadosy fotos. Se fue encantado; apagué la luz.Ahora estoysolo. Completamente solo, no. Todavía delante de míestá esa idea que aguarda. Permanece ahí, hecha unovillocomoungrangato;noexplicanada,nosemueve,se contenta con decir que no. No, no he tenidoaventuras.Llenolapipa,laenciendo,merecuestoenlacamacon un abrigo sobre las piernas. Lo que me asombraessentirmetantristeytancansado.Aunquefueraciertoque nunca tuve aventuras, ¿qué puede importarme?Antetodo,meparecequeespuracuestióndepalabras.El asunto de Meknes, por ejemplo, en el que pensabahace un rato: un marroquí me saltó encima y quisoatacarme con una gran navaja. Pero yo le asesté unpuñetazo debajo de la sien... Empezó a gritar en árabeyaparecióunacatervadepiojososquenospersiguieronhasta el soukAttarin. Bueno, puede dársele el nombreque se quiera, pero de todos modos es un hecho queme sucedió.Está completamente oscuro y no sé muy bien simi pipa sigue encendida. Pasa un tranvía: relámpagorojo en el cielo raso. Después, un coche pesado quehace temblar la casa. Han de ser las seis.No he tenido aventuras. Me sucedieron historias,acontecimientos,incidentes,todoloquesequiera.Perono aventuras. No es cuestión de palabras; comienzo a
  62. 62. www.artnovela.com.arcomprender. Hay algo que, sin darme cuenta, meinteresaba más que nada. No era el amor, Dios mío,no, ni la gloria, ni la riqueza... Era... En fin, me imaginéque en ciertos momentos mi vida podía adquirir unacualidad rara y preciosa. No se necesitabancircunstancias extraordinarias; yo pedía exactamenteun poco de rigor. Mi vida actual nada tiene de muybrillante; pero de vez en cuando, por ejemplo alescuchar música en los cafés, yo miraba hacia atrásy me decía; en otros tiempos, en Londres, en Meknes,enTokioconocímomentosadmirables,tuveaventuras.Esto es lo que me quitan. Acabo de saber de pronto,sin razón aparente, que me he mentido durante diezaños.Lasaventurasestánenloslibros.Ynaturalmente,todo lo que se cuenta en los libros puede suceder deveras, pero no de la misma manera. Era esa manerade suceder lo que me interesaba tanto.Ante todo, los comienzos deberían haber sidoverdaderos comienzos. ¡Ay!Ahora veo tan bien lo quequise. Verdaderos comienzos, que aparecieran comosones de trompeta, como las primeras notas de unamúsica de jazz, bruscamente, cortando de golpe elhastío, consolidando la duración; esas nochesexcepcionales en que uno dice: “Pasearía si fuera unanoche de mayo”. Salimos, acaba de aparecer la luna,estamosociosos,vacantes,unpocovacíos.Ydegolpe,pensamos: “Algo ha sucedido”. Cualquier cosa: unligero crujido en la sombra, una silueta ligera que cruzala calle. Pero ese acontecimiento fútil no se asemeja alos otros; en seguida vemos que precede una gran
  63. 63. www.artnovela.com.arforma cuyo dibujo se pierde en la bruma, y entoncesnos decimos: “Algo comienza”.Algo comienza para terminar: la aventura noadmite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte.Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, meveoarrastradoirremisiblemente.Cadainstanteaparecepara traer los siguientes. Me aferró a cada instantecon toda el alma; sé que es único, irreemplazable, ysin embargo no movería un dedo para impedir suaniquilación. El último minuto que paso —en Berlín, enLondres —en brazos de una mujer conocida laantevíspera—minutoqueamoapasionadamente,mujerque estoy a punto de amar—, terminará, lo sé. Enseguida partiré a otro país. Nunca recuperaré estamujer, ni esta noche. Me inclino sobre cada segundo,trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar parasiempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esoshermosos ojos, ni los ruidos de la calle, ni la falsaclaridad del alba; y sin embargo, el minuto transcurrey no lo retengo; me gusta que pase.Y entonces de pronto algo se rompe. La aventuraha terminado, el tiempo recobra su blandura cotidiana.Me vuelvo; detrás de mí, la hermosa forma melódicase hunde entera en el pasado. Disminuye; al declinarse contrae, ahora el fin y el comienzo son una solacosa. Al seguir con los ojos ese punto de oro, piensoque —aunque hubiese estado a punto de morir, deperderunafortuna,unamigo—aceptaríarevivirlotodo,en las mismas circunstancias, de cabo a rabo. Perouna aventura no se empieza de nuevo, ni se prolonga.
  64. 64. www.artnovela.com.arSí, eso es lo que yo quería, ay, eso es lo quetodavía quiero. Siento tanta dicha cuando una negracanta; qué cimas alcanzaría si mi propia vidaconstituyera la materia de la melodía.La Idea, la innominable, sigue ahí. Aguardaapaciblemente.Ahora parece decir:“¿Sí? ¿Eso es lo que querías? Bueno, es eso,precisamente, lo que nunca has tenido (recuerda: teengañabas con palabras; llamabas aventuras al oropelde viajes, amores de prostitutas, riñas, baratijas), y loque nunca tendrás, ni tú ni nadie”.¿Pero por qué? ¿POR QUÉ?Sábado, mediodía.ElAutodidacto no me ha visto entrar en la sala delectura.Estabasentadoalapuntadelamesadelfondo;tenía un libro delante, pero no leía. Miraba sonriendo asu vecino de la derecha, un colegial grasiento quefrecuenta la biblioteca. El otro se dejó contemplar unmomento, y bruscamente le sacó la lengua haciendouna mueca horrible. El Autodidacto enrojeció, metióprecipitadamente la nariz en el libro y se absorbió enla lectura.He vuelto a mis reflexiones de ayer. Estabaagostado;medabalomismoquenohubieraaventuras.Mi única curiosidad era saber si no podía haberlas.He pensado lo siguiente: para que el suceso mástrivialseconviertaenaventura,esnecesarioysuficientecontarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre
  65. 65. www.artnovela.com.ares siempre un narrador de historias; vive rodeado desus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todolo que le sucede; y trata de vivir su vida como si lacontara.Pero hay que escoger: o vivir o contar. Porejemplo,cuandoestuveenHamburgoconaquellaErnade quien yo desconfiaba y que me temía, llevé unavida extraña. Pero estaba metido, y no lo pensaba. Yuna noche, en un pequeño café de San Pauli, Ername dejó para ir al lavabo. Me quedé solo; un fonógrafotocaba Blue Sky. Empecé a contarme lo que habíapasado desde mi desembarco. Me dije: “La terceranoche, al entrar en un dancing llamado la GrutaAzul,vi a una mujer alta, medio borracha. Y a esa mujerestoy esperando, y vendrá a sentarse a mi derecha, yrodeará mi cuello con sus brazos”. Entonces sentí conviolencia que tenía una aventura. Pero Erna volvió, sesentó a mi lado, rodeó mi cuello con sus brazos y ladetestésinsaberbienporqué.Ahoracomprendo:habíaqueempezaravivirdenuevo,ylaimpresióndeaventuraacababa de desvanecerse.Cuandounovive,nosucedenada.Losdecoradoscambian, la gente entra y sale, ¿o es todo? Nunca haycomienzos. Los días se añaden a los días sin ton nison, en una suma interminable y monótona. De vez encuando, se saca un resultado parcial; uno dice: hacetres años que viajo, tres años que estoy en Bouville.Tampoco hay fin: nunca nos abandonamos de una veza una mujer, a un amigo, a una ciudad. Y además,todo se parece: Shangai, Moscú, Argel, al cabo de
  66. 66. www.artnovela.com.arquince días son iguales. Por momentos —rara vez—se hace el balance, uno advierte que está pegado auna mujer, que se ha metido en una historia sucia.Dura lo que un relámpago. Después de esto, empiezade nuevo el desfile, prosigue la suma de horas y días.Lunes, martes, miércoles. Abril, mayo, junio. 1924,1925, 1926.Esto es vivir. Pero al contar la vida, todo cambia;sólo que es un cambio que nadie nota; la prueba esque se habla de historias verdaderas. Como si pudierahaber historias verdaderas; los acontecimientos seproducen en un sentido, y nosotros los contamos ensentido inverso. En apariencia se empieza por elcomienzo: “Era una hermosa noche de otoño de 1922.Yo trabajaba con un notario en Marommes”. Y enrealidad se ha empezado por el fin. El fin está allí,invisibleypresente;eselquedaaesaspocaspalabraslapompayelvalordeuncomienzo.“Estabapaseando;había salido del pueblo sin darme cuenta; pensaba enmis dificultades económicas”. Esta frase, tomadasimplemente por lo que es, quiere decir que el tipoestaba absorbido, taciturno, a mil leguas de unaaventura, precisamente con esa clase de humor enqueunodejapasarlosacontecimientossinverlos.Peroahí está el fin que lo transforma todo. Para nosotros eltipo es ya el héroe de la historia. Su taciturnidad, susdificultades económicas son más preciosas que lasnuestras: están doradas por la luz de las pasionesfuturas. Y el relato prosigue al revés: los instantes hancesado de apilarse a la buena de Dios unos sobre
  67. 67. www.artnovela.com.arotros, el fin de la historia los atrae, los atrapa, y a suvez cada uno de ellos atrae al instante que lo precede.“Era de noche, la calle estaba desierta”. La frase caenegligentemente,parecesuperfina;perononosdejamosengañar y la ponemos a un lado; es un dato cuyo valorcomprenderemos después. Y sentimos que el héroeha vivido todos los detalles de esa noche comoanunciaciones, como promesas, y que sólo vivía laspromesas, ciego y sordo a todo lo que no anunciara laaventura. Olvidamos que el porvenir todavía no estabaallí; el individuo paseaba en una noche sin presagios,que le ofrecía en desorden sus riquezas monótonas;él no escogía. He querido que los momentos de mivida se sucedieran y ordenaran como los de una vidarecordada. Tanto valdría querer agarrar al tiempo porla cola.Domingo.Esta mañana había olvidado que era domingo.Salí y recorrí las calles como de costumbre. Habíallevado Eugénie Grandet. Y de pronto, al empujar laverja del jardín público, tuve la impresión de que algomehacíaunaseña.Eljardínestabasolitarioydesnudo.Pero... ¿cómo decirlo? No tenía su aspecto ordinario;me sonreía. Permanecí un momento apoyado en laverja y bruscamente comprendí que era domingo.Estaba allí, en los árboles, en el césped, como unaligerasonrisa.Eraindescriptible;hubierasidonecesariopronunciar muy rápido: “Es un jardín público, eninvierno, una mañana de domingo”.Solté la verja, me volví hacia las casas y calles
  68. 68. www.artnovela.com.arburguesas, y dije a media, voz: “Es domingo”.Es domingo; detrás de las dársenas, a lo largodel mar, cerca del depósito de mercancías, en torno ala ciudad hay cobertizos vacíos y máquinas inmóvilesen la sombra. En todas las casas, los hombres seafeitan detrás de las ventanas; echan la cabeza haciaatrás, miran ya el espejo, ya el cielo frío para saber siharábuentiempo.Losburdelesseabrenalosprimerosclientes, campesinos y soldados. En las iglesias, a laluz de los cirios, un hombre bebe vino delante demujeres arrodilladas. En todos los suburbios, entre lasparedes interminables de las fábricas, largas filasnegras se han puesto en marcha, avanzan lentamenteal centro de la ciudad. Para recibirlas, las calles hanadquirido el aspecto de los días de motín: todos loscomercios,salvolosdelacalleTournebride,hanbajadolas cortinas metálicas. Pronto las columnas invadiránen silencio esas calles que se fingen muertas: primerovendrán los ferroviarios deTourville y sus mujeres, quetrabajanenlasjaboneríasdeSaintSymphorin;despuéslospequeñosburguesesdeJouxtebouville;despuéslosobreros de las hilanderías Pinot; después todos loscambalacheros del barrio Saint Maxence; los hombresde Thiérache llegarán últimos en el tranvía de las once.Pronto va a nacer la multitud de los domingos, entrecomercios acerrojados y puertas cerradas.Unrelojdalasdiezymediaymepongoencamino;eldomingoaestahoraBouvillepresentaunespectáculode calidad, pero no hay que llegar demasiado tardedespués de la salida de la misa mayor.
  69. 69. www.artnovela.com.arLa callecita Joséphin-Soulary está muerta, huelea sótano. Pero, como todos los domingos, la llena unruido suntuoso, un ruido de marea. Doblo en la callePrésident Chaman, con casas de tres pisos y largaspersianas blancas. Esta calle de notarios está poseídaporelvoluminosorumordeldomingo.EnelpasajeGilletel ruido crece aún más y lo reconozco: es un ruido dehombres. Luego, de improviso, a la izquierda, seproduce como un estallido de luz y sones. He llegado:ésta es la calle Tournebride; me basta situarme entremis semejantes y veré cómo cambian sombrerazos losseñores.Hace apenas sesenta años nadie se hubieraatrevido a prever el milagroso destino de la calleTournebride, llamada hoy el pequeño Prado por loshabitantes de Bouville. He visto un plano con fecha de1847,dondenisiquierafiguraba.Debíadeserentoncesun callejón negro y hediondo, con una zanja por dondecorrían cabezas y tripas de pescado entre las piedras.Pero a fines de 1873, laAsamblea nacional declaró deutilidad pública la construcción de una iglesia en lacolina de Montmartre. Pocos meses después, la mujerdelalcaldedeBouvilletuvounaaparición;SantaCecilia,su patrona, la amonestó. ¿Era tolerable que la flor ynata de Bouville se enlodara todos los domingos parair a Saint-René o Saint-Claudien a oír misa con lostenderos? ¿No había dado el ejemplo la Asambleanacional? Bouville tenía, en la actualidad, por causade la protección celestial una situación económica deprimer orden; ¿no convenía edificar una iglesia en
  70. 70. www.artnovela.com.aracción de gracias al Señor?Estas visiones fueron bien recibidas; el Consejomunicipal realizó una sesión y el obispo aceptóencargarse de las suscripciones. Faltaba escoger elemplazamiento. Las viejas familias de comerciantes yarmadores opinaban que el edificio debía levantarseen la cima del Coteau Vert, donde ellos vivían, “paraqueSantaCeciliavelarasobreBouvillecomoelSagradoCorazón de Jesús sobre París”. Los nuevos señoresdel bulevar Maritime, poco numerosos todavía, peromuy ricos, se hicieron rogar: darían lo necesario, perolaiglesiaseconstruiríaenlaplazaMarignan;sipagabanuna iglesia, creían tener derecho a usarla; no lesimportabahacersentirsupoderíoaesaaltivaburguesíaque los trataba como si fueran advenedizos. El obispoimaginó un arreglo: la iglesia fue construida a mediocamino del Coteau Vert y del bulevar Maritime, en laplazadelaHalle-aux-Mornes,alacualbautizaronplazaSainte-Cécile-de-la-Mer. El monstruoso edificio,terminado en 1887, costó nada menos que catorcemillones.LacalleTournebride,ancha,perosucia,ydemalareputación, hubo de ser enteramente reconstruida, ysus habitantes fueron firmemente rechazados detrásde la plaza Sainte-Cécile; el pequeño Prado se haconvertido—sobretodolosdomingosporlamañana—en lugar de reunión de los elegantes y notables.Hermososcomerciossehanidoabriendo,unoporuno,al paso del gran mundo. Permanecen abiertos el lunesde Pascua, toda la noche de Navidad los domingos

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