Agatha ChristieCITA CON LA MUERTEwww.infotematica.com.ar
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Cita con la Muerte www.infotematica.com.arNadine subió y recorrió el pasillo. Entró en la antesala de su suite. Lennox est...
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Cita con la Muerte www.infotematica.com.arCAPÍTULO XEra la mañana de la partida hacia Petra.Sarah bajó y en la entrada pri...
Cita con-la-muerte
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  1. 1. Agatha ChristieCITA CON LA MUERTEwww.infotematica.com.ar
  2. 2. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arTexto de dominio público.Este texto digital es de DOMINIO PÚBLICO en Argentina por cumplirse más de 30 años dela muerte de su autor (Ley 11.723 de Propiedad Intelectual). Sin embargo, no todas lasleyes de Propiedad Intelectual son iguales en los diferentes países del mundo.Infórmese de la situación de su país antes de la distribución pública de este texto.2
  3. 3. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arGUÍA DEL LECTOREn un orden alfabético convencional relacionamos a continuación los principalespersonajes que intervienen en esta obraBOYNTON (señora): Ex celadora de una cárcel y viuda de Elmer Boynton, que fuegobernador de ese mismo centro.BOYNTON (Raymond): Hijastro de la señora Boynton.BOYNTON (Carol): Hijastra de la señora Boynton y hermana de Raymond.BOYNTON (Lennox): Hermano de Raymond y Carol.BOYNTON (Ginebra): Hija de la señora Boynton y hermanastra de Lennox,Raymond y Carol.BOYNTON (Nadine): Esposa de Lennox.CARBURY (Coronel): Comisario de Amman.COPE (Jefferson): Antiguo amigo de Nadine Boynton.GERARD (Theodore): Eminente especialista en enfermedades mentales.KING (Sarah): Joven doctora en medicina.MAHMOUD: Guía beduino.PIERCE (Annabel): Institutriz, turista y compañera de viaje de lady Westholme.POIROT (Hércules): Famoso detective.WESTHOLME (Lady): Turista y miembro del Parlamento inglés.A Richard y Myra Mallock, como recuerdo de su viaje a Petra.Primera parteCAPÍTULO PRIMERO- Lo ves, ¿verdad? Hay que matarla.La frase flotó en el aire tranquilo de la noche, por un momento pareció mantenerseallí y después, dejándose llevar, se perdió en la oscuridad en dirección al marMuerto.Hércules Poirot permaneció inmóvil durante un minuto con la mano en el tirador dela ventana. Frunciendo el ceño, la cerró con decisión, impidiendo de este modo el pasoa cualquier aire nocturno que pudiese ser nocivo. Hércules Poirot había sido educadoen la convicción de que todo aire procedente del exterior estaba mejor fuera y de que elaire de la noche era especialmente peligroso para la salud.Mientras corría pulcramente las cortinas y se dirigía a la cama, sonrió para símismo con indulgencia.“¿Lo ves, ¿verdad? Hay que matarla.”Era curioso que un detective como Poirot escuchara por casualidad estas palabras3
  4. 4. Cita con la Muerte www.infotematica.com.aren su primera noche en Jerusalén.- ¡Está claro que, dondequiera que vaya, hay algo que me recuerda el crimen! -murmuró para sus adentros.Seguía sonriendo mientras recordaba una historia que había oído una vez acerca deAnthony Trollope, el novelista. En cierta ocasión, Trollope cruzaba el Atlántico y oyópor azar la conversación de otros dos pasajeros que discutían acerca de la últimaentrega publicada de una de sus novelas.- Está muy bien - decía uno de los interlocutores, - pero debería acabar de matar aesa fastidiosa anciana.Con una amplia sonrisa, el novelista se dirigió a ellos:- ¡Caballeros, les estoy muy agradecido! ¡Iré a matarla enseguida!Hércules Poirot se preguntaba a qué habrían obedecido las palabras que acababa deescuchar. Tal vez se trataba de una colaboración en una pieza teatral o en un libro.Todavía sonriente, pensó: “Esas palabras podrían ser recordadas algún día y tenerentonces un significado más siniestro”.En ese momento recordó haber percibido una peculiar y nerviosa intensidad en lavoz, un temblor que hablaba de alguna fuerte tensión emocional. Era la voz de unhombre... o la de un muchacho...Al tiempo que apagaba la lámpara de la mesita de noche, Hércules Poirot pensó:“Podría reconocer esa voz...”.Acodados en el alféizar de la ventana, con las cabezas muy juntas, Raymond y CarolBoynton tenían la mirada fija en las azuladas profundidades de la noche.Nerviosamente, Raymond repitió las palabras que acababa de pronunciar:- Lo ves, ¿verdad? Hay que matarla.Carol Boynton se estremeció ligeramente. Con voz profunda y ronca, contestó:- Es horrible...- ¡No es más horrible que esto!- Supongo que no...Violentamente, Raymond agregó:- ¡Las cosas no pueden seguir así! ¡No puede ser..! Tenemos que hacer algo... y nohay otra cosa que podamos hacer...- Si pudiéramos marcharnos... - dijo Carol, pero su voz delataba su falta deconvicción y ella lo sabía.- No podemos - la voz de Raymond sonaba vacía y desesperanzada -. Tú sabes queno podemos, Carol.La muchacha se estremeció.4
  5. 5. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Lo sé, Ray. Lo sé.De repente, Raymond soltó una breve y amarga carcajada.- La gente dirá que estábamos locos por no ser capaces de irnos y ya está.- A lo mejor estamos locos - dijo Carol lentamente.- Quizá. Sí, quizá lo estemos o, en todo caso, lo estaremos pronto... Supongo quealgunas personas dirían que ya es así. ¡Aquí nos tienes, planeando con todatranquilidad y a sangre fría el asesinato de nuestra madre!- ¡No es nuestra verdadera madre! - replicó Carol con aspereza.- No lo es, es cierto.Hubo una pausa y luego Raymond preguntó en un tono indiferente:- ¿Estás de acuerdo, Carol?Carol respondió con firmeza:- Sí, creo que debe morir...Y entonces estalló de repente:- ¡Está loca! ¡Estoy segura de que está loca! Si no lo estuviese no podría torturarnoscomo lo hace. Durante años hemos estado diciéndonos: “¡Esto no puede seguir así!”. ¡Yha seguido así! Nos hemos dicho: “Algún día se morirá”. ¡Pero no se ha muerto! No creoque muera nunca, a menos que...Raymond terminó la frase con firmeza:- A menos que la matemos...- Sí.La muchacha apoyó fuertemente las manos sobre el alféizar.Su hermano prosiguió en un tono frío e indiferente y lo único que delataba laprofunda excitación que sentía era un ligero temblor:- Te das cuenta de por qué tiene que hacerlo uno de nosotros, ¿verdad? Si contamoscon Lennox, hay que considerar a Nadine. Y no podemos meter a Jinny en esto.Carol se estremeció.- ¡Pobre Jinny! ¡Estoy tan asustada!- Lo sé. Las cosas se ponen cada vez peor, ¿verdad? Por eso hay que hacer algorápido, antes de que pierda totalmente la razón.Carol se enderezó de pronto, echando hacia atrás un mechón de cabellos castañosque caía sobre su frente.- Ray - dijo -, tú no crees que esté realmente mal lo que hacemos, ¿verdad?Con el mismo tono desapasionado de antes, Raymond respondió:- No. Creo que es como matar un perro rabioso. Es algo que hace daño y que debeser parado. No tenemos otro medio de detenerla.5
  6. 6. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arCarol murmuró:- Pero de todas formas nos mandarían a la silla eléctrica... Quiero decir que nopodríamos explicar cómo es ella... Resultaría increíble... ¡En cierto modo, todo está ennuestras imaginaciones!- Nadie lo sabrá jamás - dijo Raymond -. Tengo un plan. Lo he pensado todo muybien. No correremos ningún peligro.Carol se volvió bruscamente hacia su hermano.- Ray, no se por qué, pero eres otro. Algo te ha sucedido... ¿Qué es lo que te ha hechoidear todo esto?- ¿Por qué crees que me ha sucedido algo?Raymond volvió la cabeza y clavó sus ojos en la noche.- Porque es así... Ray, dime, ¿es aquella chica del tren?- No, por supuesto que no. ¿Por qué tendría que ser ella? Por favor, Carol, no digastonterías. Volvamos a...- ¿A tu plan? ¿Estás seguro de que es bueno?- Sí. Creo que sí... Por supuesto debemos esperar a que se presente la ocasión. Y sisale bien, seremos libres, todos nosotros.- ¿Libres? - Carol lanzó un leve suspiro y miró hacia las estrellas. De pronto tuvouna convulsión y rompió a llorar.- ¡Carol! ¿Qué te pasa?Ella habló entrecortadamente entre sollozos:- ¡Es todo tan hermoso! La noche, el azul del cielo, las estrellas... ¡Si pudiésemos sertan sólo una parte de todo eso...! ¡Si pudiésemos ser como los demás en vez de ser comosomos, extraños, pervertidos y malos!- Pero lo seremos, seremos... normales. Cuando ella muera.- ¿Estás seguro? ¿No es demasiado tarde? ¿No seremos siempre retorcidos ydiferentes?- No, no, no.- Me pregunto...- Carol, si prefieres no...La muchacha rechazó el abrazo de su hermano.- No. Estoy contigo. ¡Estoy contigo sin dudarlo! Por los otros, sobre todo por Jinny.¡Tenemos que salvar a Jinny!Raymond hizo una breve pausa.- Entonces, ¿seguiremos adelante? - preguntó.- Sí.6
  7. 7. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Bien. Te diré cuál es mi plan...Inclinó la cabeza hasta la de su hermana y habló en voz baja.CAPÍTULO IILa señorita Sarah King, licenciada en medicina, estaba depie junto a la mesa de la sala de lectura del Hotel Salomón de Jerusalén,removiendo distraídamente los periódicos y revistas. Tenía el ceño fruncido y parecíapreocupada.Un caballero francés, alto y de mediana edad, entró en la sala procedente delvestíbulo y la observó durante un momento antes de acercarse y colocarse al otro ladode la mesa. Cuando sus ojos se encontraron, Sarah esbozó una leve sonrisa, indicandocon ello que lo había reconocido. Recordaba que aquel hombre la había ayudadodurante el viaje desde El Cairo y que, al no aparecer ningún mozo en la estación, habíacargado con una de sus maletas.- ¿Le gusta Jerusalén? - preguntó el doctor Gerard después de que hubieranintercambiado los correspondientes saludos.- En algunos sentidos, me parece terrible - dijo Sarah. Y añadió -: la religión es muyextraña.El francés parecía divertido.- Comprendo lo que quiere decir. - Su inglés era casi perfecto. - ¡Todas las sectasimaginables enzarzadas en luchas y disputas constantes!- ¡Y también los horribles edificios que han levantado! - dijo Sarah.- Sí, es cierto.Sarah suspiró.- Hoy me han echado de un sitio porque llevaba un vestido sin mangas - dijotristemente -. Al Todopoderoso no le gustan mis brazos, a pesar de haberlos creado Élmismo.El doctor Gerard se echó a reír. Luego dijo:- Iba a tomar café. ¿Quiere acompañarme, señorita..?- Mi nombre es King. Sarah King.- Y éste es el mío... Con su permiso - dijo sacando una tarjeta.Sarah la cogió y, al leerla, sus ojos se abrieron con sorpresa y admiración.- ¿El doctor Theodore Gerard? ¡Estoy encantada de conocerle! He leído todos sustrabajos, por supuesto. Sus teorías sobre la esquizofrenia son enormementeinteresantes.- ¿Por supuesto? - Gerard arqueó las cejas inquisitivamente.Sarah se lo explicó con cierta timidez:7
  8. 8. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Es que yo también estoy en camino de ser doctora, ¿sabe? Acabo de licenciarme enmedicina.- ¡Ah! Ya veo.El doctor Gerard encargó que les sirvieran el café y se sentaron en un extremo delcomedor. El francés estaba menos interesado por los conocimientos médicos de Sarahque por los cabellos negros que se le rizaban sobre la frente y por su boca roja ybellamente formada. Le divertía la evidente admiración con que ella lo miraba.- ¿Se va a quedar aquí mucho tiempo? - le preguntó siguiendo las reglasconvencionales de toda conversación.- Unos días solamente. Después quiero ir a Petra.- ¡Vaya! Yo también estaba pensando en ir allí, si no lleva demasiado tiempo llegar.Tengo que estar de vuelta en París el día catorce.- Se necesita aproximadamente una semana, creo. Dos días para ir, dos de estanciay dos para volver.- Tengo que ir a la agencia de viajes esta mañana para ver cómo puedo arreglarlo.Un grupo de personas entró en el comedor y se sentó. Sarah los observó con ciertointerés y bajó la voz.- ¿Se ha fijado en esos que acaban de entrar? ¿No recuerda haberlos visto la otranoche en el tren? Salieron de El Cairo al mismo tiempo que nosotros.El doctor Gerard se ajustó el monóculo y dirigió su mirada al otro lado de la sala.- ¿Americanos?Sarah asintió.- Sí, una familia norteamericana. Pero bastante fuera de lo común, según creo.- ¿Fuera de lo común? ¿En qué sentido?- Bueno, fíjese en ellos, sobre todo en la vieja.El doctor Gerard obedeció. Su aguda y profesional mirada voló rápidamente de unrostro a otro.En primer lugar vio a un hombre alto y un tanto desgarbado, que aparentaba unostreinta años. Tenía una cara agradable, pero sus facciones revelaban debilidad y suexpresión parecía extrañamente apática. Después había dos atractivos jóvenes. EIchico tenía un perfil casi griego. “También le pasa algo - pensó el doctor Gerard -. Sí,está con los nervios en tensión.” La chica es sin duda su hermana, pues el parecidoentre ambos es muy grande. También está nerviosa. Hay otra muchacha, más joven,de cabellos rojos dorados, que forman una especie de halo alrededor de su cabeza. Susmanos no se están quietas: estiran y desgarran el pañuelo que tiene en su regazo. Yaún hay otra mujer, joven, tranquila, de cabello negro y palidez cremosa, cuyo apacible8
  9. 9. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arrostro recuerda el de alguna Madonna de Luigi. Nada hay en ella que denotenerviosismo. Y en el centro del grupo... “¡Cielos! - pensó el doctor Gerard, con ingenuay francesa repulsión -. ¡Qué mujer más horrible!” Vieja, hinchada, abotargada, sentadaen medio de todos ellos con la inmovilidad de un viejo y desfigurado Buda, era comouna gran araña en el centro de su tela.- La maman no es precisamente bonita, ¿eh? - dijo dirigiéndose a Sarah, al tiempoque se encogía de hombros.- Hay algo bastante siniestro en ella, ¿no cree? - preguntó Sarah.El doctor Gerard volvió a examinarla. Esta vez su mirada fue profesional, noestética.- Hidropesía... Cardíaca - y añadió una frase en su jerga médica.- Sí. ¡Eso es! - Sarah prescindió de la parte científica -. Pero hay algo extraño en laactitud de los otros hacia ella, ¿no le parece?- ¿Sabe usted quiénes son?- Se llaman Boynton. La madre, un hijo casado, su mujer, otro hijo más joven y doshijas menores.- La famille Boynton recorre el mundo - murmuró el doctor Gerard.- Sí, pero hay algo muy extraño en la manera que tienen de recorrerlo. Nuncahablan con nadie. Y ninguno de ellos puede hacer nada sin el consentimiento de lavieja.- Es una matriarca - dijo Gerard, pensativo.- Creo que es una completa tirana - dijo Sarah.El doctor Gerard se encogió de hombros y comentó que la mujer americanadominaba la tierra. Era un hecho bien conocido en todo el mundo.- Sí, pero hay algo más - insistió Sarah -. Los tiene a todos acobardados,completamente dominados. ¡Es algo indecente!- Tener demasiado poder es malo para las mujeres - declaró Gerard con repentinaseriedad y meneando la cabeza -. Es difícil para una mujer no abusar de su poder.Miró de reojo a Sarah. Estaba observando a la familia Boynton, o mejor dicho, a unmiembro en particular de dicha familia. El doctor Gerard esbozó una rápida sonrisa degálica comprensión. ¡Ah! ¿Así que era eso? Insinuadoramente, murmuró:- Ha hablado con ellos, ¿verdad?- Sí, al menos con uno de ellos.- ¿Con el hijo más joven?- Sí, en el tren, viniendo de Kantara. Estaba de pie en el pasillo. Le hablé.No había timidez en su manera de afrontar la vida. Estaba interesado en la9
  10. 10. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arhumanidad y tenía un carácter amistoso aunque impaciente.- ¿Qué la impulsó a hablarle? - preguntó Gerard.Sarah se encogió de hombros.- ¿Por qué no iba a hacerlo? Suelo hablar con la gente que me encuentro cuandoviajo. Me interesan las personas. Lo que hacen, lo que piensan o sienten...- En otras palabras, los pone usted bajo el microscopio.- Supongo que se le puede llamar así - admitió la joven.- ¿Y cuáles han sido sus impresiones en este caso?- Bueno... - vaciló -. Fue muy extraño. Para empezar, el chico se puso colorado hastala raíz del pelo.- ¿Es eso tan raro? - preguntó Gerard secamente.Sarah rió.- ¿Cree que pensó que yo era una desvergonzada y que me estaba insinuando? No, amí no me lo parece. Los hombres siempre saben discernir, ¿verdad?Miró interrogativamente y con toda franqueza al doctor Gerard. Éste asintió con lacabeza.- Me dio la impresión - dijo Sarah con lentitud, frunciendo ligeramente el ceño - deque se sentía... ¿Cómo podría decirlo? Se sentía a la vez excitado y aterrado.Enormemente excitado y, al mismo tiempo, asustado de un modo absurdo. Eso es raro,¿no? Siempre me ha parecido que los americanos están muy seguros de sí mismos, másincluso de lo que sería normal. Un chico americano de, por ejemplo, veinte años sabemucho más del mundo y tiene mucho más savoir - faire que un muchacho inglés de lamisma edad. Y ese chico debe de tener más de veinte años.- Yo diría que tiene veintitrés o veinticuatro.- ¿Tantos?- Creo que sí.- Sí... Quizá tenga razón... Es sólo que parece muy joven...- No se ha desarrollado mentalmente. En él persiste la infantilidad.- ¿Entonces tengo razón al pensar que hay algo en él que no es muy normal?El doctor Gerard se encogió de hombros, sonriendo levemente ante la seriedad de lajoven.- Mi querida y joven dama, ¿alguno de nosotros es totalmente normal? Sin embargo,estoy de acuerdo con usted en que probablemente se trata de una neurosis de algúntipo.- Seguramente relacionada con esa horrible anciana.- Parece sentir por ella una gran antipatía - declaró Gerard, mirando curiosamente10
  11. 11. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ara la joven.- Sí, la siento. Tiene una mirada malévola.- Eso les ocurre a muchas madres cuando sus hijos se sienten atraídos pormuchachas fascinadoras - murmuró Gerard.Sarah se encogió de hombros con impaciencia. Los franceses eran todos iguales,pensó, ¡obsesionados por el sexo! Aunque ella, por supuesto, como psicólogaconcienciada que era, estaba predispuesta a admitir que en la mayoría de losfenómenos hay una base sexual subyacente. Los pensamientos de Sarah se desviaronhacia las consideraciones psicológicas usuales.Salió de sus meditaciones con un sobresalto. Raymond Boynton atravesaba en esemomento la sala hacia la mesa central. Eligió una revista y volvió sobre sus pasos. Alpasar junto a Sarah, ésta lo miró y le preguntó:- ¿Ha estado visitando la ciudad?Eligió sus palabras al azar, interesada tan sólo por el modo en que serían recibidas.Raymond casi se detuvo, enrojeció, dio un respingo, como un caballo nervioso, y sumirada se dirigió aprensivamente al centro de su grupo familiar.- ¡Oh! Sí, claro... Sí, por supuesto, yo...Luego, súbitamente, como si hubiera recibido una espoleada, se apresuró a regresarjunto a su familia y ofreció la revista a su madre.La grotesca figura en forma de Buda alargó una mano gruesa y la cogió. Sus ojos,observó el doctor Gerard, estaban clavados fijamente en la cara del muchacho. Lanzóun gruñido y ni siquiera dio las gracias. El doctor notó que luego miraba duramente aSarah. Su rostro, imperturbable, no mostraba expresión alguna. Hubiera sidoimposible saber lo que pasaba por la mente de aquella mujer.Sarah miró su reloj y lanzó una exclamación:- Es más tarde de lo que pensaba.Se levantó y dijo:- Doctor Gerard, muchas gracias por el café. Tengo que escribir unas cartas.El francés se puso en pie y estrechó su mano.- Espero que volvamos a vernos - dijo.- ¡Oh, sí, desde luego! ¿Irá usted a Petra?- Procuraré ir.Sarah le dedicó una sonrisa y salió del comedor. Al hacerlo pasó junto a la familiaBoynton.El doctor Gerard, que los observaba atentamente, vio cómo la mirada de la señoraBoynton se clavaba en su hijo y cómo los ojos del muchacho se encontraban con los de11
  12. 12. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arella. Cuando Sarah pasó, Raymond Boynton volvió la cabeza, no hacia la joven, sinohacia el otro lado. Fue un movimiento lento y forzado; parecía como si la vieja señoraBoynton hubiese tirado de una cuerda invisible.Sarah King se dio cuenta de que él la evitaba y era lo bastante joven y lo bastantehumana para sentirse molesta por ello. ¡Habían mantenido una conversación tanamistosa en aquel pasillo balanceante del tren! Habían comparado sus notas acerca deEgipto y se habían reído del ridículo modo de hablar que tenían los vendedorescallejeros. Sarah le había contado una anécdota acerca de un camellero, que la habíaabordado diciéndole, en un tono esperanzado y a la vez insolente: “¿Tú, dama inglesa oamericana?”, y al que ella había respondido: “No, china”. ¡Y el placer que había sentidoal comprobar el total aturdimiento de aquel hombre cuando la miraba!Sarah pensó que el muchacho se había comportado como un encantador y ansiosocolegial. Incluso podría decirse que había habido algo casi patético en su ansiedad. Yahora, sin ninguna razón, parecía avergonzado y se portaba como si fuera un grosero.Era francamente descortés.- No volveré a preocuparme por él - decidió Sarah indignada.Porque Sarah, sin ser excesivamente vanidosa, tenía un concepto muy alto de símisma. Se sabía muy atractiva para el sexo opuesto y no estaba dispuesta a aceptarun desprecio.Quizá se había mostrado demasiado amable con aquel muchacho. Por alguna razónoscura, había sentido lástima por él.En cambio, en aquel momento resultaba evidente que no era más que el típico jovenamericano descortés, engreído y grosero.En vez de escribir las cartas de las que había hablado, Sarah King se sentó frente altocador, peinó hacia atrás su cabellera y, fijando la vista en aquellos desconcertadosojos color avellana que le devolvían la mirada desde el espejo, se puso a repasar suvida.Acababa de pasar por una difícil crisis emocional. Un mes antes había roto sucompromiso con un joven doctor, cuatro años mayor que ella. Se habían sentidosiempre muy atraídos el uno por el otro, pero sus caracteres eran demasiado parecidos.Sus peleas y desacuerdos habían sido continuos. Sarah tenía un temperamentodemasiado dominante para aguantar las imposiciones de nadie. Sin embargo, comomuchas mujeres cultivadas, había creído admirar la fuerza y siempre se había dicho así misma que deseaba ser sometida. Cuando encontró a un hombre capaz de imponerlesu dominio, se dio cuenta de que aquello no le gustaba en absoluto. El romper sucompromiso le había causado mucho dolor, pero era lo bastante sensata para darse12
  13. 13. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arcuenta de que la mera atracción mutua no era base suficiente sobre la que levantar lafelicidad de toda una vida. De modo que se había recetado a sí misma unasinteresantes vacaciones en el extranjero, un viaje que le ayudase a olvidar, antes deempezar otra vez a trabajar en serio.Los pensamientos de Sarah volvieron del pasado al presente. “Me gustaría hablarcon el doctor Gerard de su trabajo - pensó -. Ha realizado cosas maravillosas. Si almenos me tomara en serio... Quizá si viene a Petra...”Luego pensó nuevamente en aquel extraño y rudo norteamericano.No le cabía duda alguna de que aquel extraño comportamiento se debía a lapresencia de su familia, pero, con todo, sentía cierto desprecio hacia él. ¡Era ridículoque alguien se portara de aquella forma! ¡Especialmente un hombre!No obstante...Una extraña sensación la invadió. En todo aquello había algo raro.De pronto, dijo en voz alta:- Ese muchacho necesita que lo salven. ¡Yo me encargaré de ello!CAPÍTULO IIIDespués de que Sarah abandonara el comedor, el doctor Gerard permaneció unosminutos sentado donde estaba. Luego se acercó a la mesa de las revistas, cogió elúltimo número de Le Matin y fue a sentarse a pocos metros de la familia Boynton. Sucuriosidad se había despertado.Al principio le había divertido el interés de la joven inglesa por aquella familianorteamericana y había deducido sagazmente que aquél se hallaba inspirado por otrointerés, más particular, en uno de los miembros de la misma. Pero en aquel momento,todo lo que aquella familia tenía de poco común aguijoneaba su espíritu imparcial decientífico. Sentía que allí había algo de enorme interés psicológico.Muy discretamente, camuflado detrás del periódico, se dedicó a estudiarlos. Empezópor el joven a quien la atractiva inglesa dedicaba tanta atención. Sí, pensó Gerard, sinduda el tipo que podía atraer a una mujer como ella. Sarah King poseía fuerza,equilibrio, nervios firmes, frialdad de juicio y una voluntad decidida. El doctor Gerardjuzgaba al joven como un ser muy sensible, perceptivo, tímido y fácil de sugestionar.Con ojo clínico descubrió que el muchacho se encontraba en aquellos momentos en unestado de fuerte tensión nerviosa. Era obvio. El doctor Gerard se preguntó por qué.Estaba desconcertado. ¿Por qué un joven que gozaba de evidente buena salud y queestaba disfrutando de un viaje por el extranjero habría de encontrarse a punto desufrir un ataque de nervios?El doctor dirigió su atención hacia los otros componentes del grupo. La joven de13
  14. 14. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arcabellos castaños era indudablemente la hermana de Raymond. Tenían las mismascaracterísticas físicas. Los dos eran de huesos menudos, bien formados y de aspectoaristocrático. Sus manos eran igualmente finas, tenían el mismo mentón, limpiamenteperfilado, y la cabeza de ambos permanecía erguida con la misma elegancia sobre unlargo y esbelto cuello. Y también la chica estaba nerviosa... Hacía leves movimientoscompulsivos, sus ojos brillantes se hallaban subrayados por una profunda sombra. Suvoz, al hablar, era demasiado rápida y parecía falta de aliento. Estaba vigilante,alerta, y se la veía incapaz de relajarse.- Y también está asustada - decidió Gerard -. ¡Sí, tiene miedo!Oyó fragmentos de conversación... Una conversación completamente normal.- ¿Qué os parece si vamos a las Cuadras de Salomón? ¿No será demasiado fatigosopara mamá? ¿El Muro de las Lamentaciones por la mañana? El Templo, porsupuesto... Lo llaman la Mezquita de Omar... no sé por qué... Porque fue convertido enuna mezquita musulmana, Lennox...La charla típica de los turistas. No obstante, por alguna razón, Gerard tenía laextraña convicción de que todos esos fragmentos de diálogo que había captado al azareran irreales. Eran una máscara, una tapadera para cubrir algo que se agitaba yarremolinaba bajo ellos, algo demasiado profundo y vago para convertirlo enpalabras...De nuevo se escudó detrás de Le Matin y dirigió una cautelosa mirada a losnorteamericanos.¿Lennox? Era el hermano mayor. Se advertía el mismo parecido familiar, perohabía una diferencia. Lennox no estaba tan tenso. Gerard decidió que tenía untemperamento menos nervioso. Pero también en él había algo raro. A diferencia de losotros dos, no manifestaba ningún signo de tensión muscular. Estaba sentado con airerelajado, laso. Desconcertado, Gerard buscó entre sus recuerdos a los pacientes quehabía visto sentados así en las salas de los hospitales y pensó: “Está agotado. Sí,vencido por el sufrimiento. Esa mirada en sus ojos, la mirada de un perro herido o deun caballo enfermo... ese aguante bestial y mudo... Es curioso, físicamente no pareceque le pase nada. Y sin embargo no hay duda de que últimamente ha soportado ungran sufrimiento, sufrimiento mental. Ahora ya no sufre, aguanta en silencio,esperando el próximo golpe... ¿Qué golpe? ¿Me estoy dejando llevar por la imaginación?No, ese hombre está esperando algo, está esperando que llegue el final. Así esperan losenfermos de cáncer, agradeciendo cualquier calmante que atenúe sus dolores...”.Lennox Boynton se levantó y recogió un ovillo de lana que la vieja había dejadocaer.14
  15. 15. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Toma, mamá.- Gracias.¿Qué tejía aquella monumental e impasible mujer? Algo grueso y áspero. Gerardpensó: “Mitones para los habitantes de un asilo”. Y sonrió ante su propia fantasía.Dirigió su atención hacia el miembro más joven del grupo: la muchacha de cabellorojo dorado. Debía de tener unos diecinueve años. Su piel tenía la exquisita claridadque suele acompañar al cabello rojo. Aunque muy delgado, su rostro era bello. Estabasentada sonriendo para sí misma... o al espacio. Había algo curioso en aquella sonrisa.Estaba muy lejos del Hotel Salomón, de Jerusalén. Al doctor Gerard le recordabaalgo... De pronto, se acordó. Era la extraña y ultraterrena sonrisa de las doncellas dela Acrópolis de Atenas, algo lejano, encantador y un poco inhumano... La magia de susonrisa, su exquisita fijeza, le hicieron sentir una punzada.Y entonces, con cierto sobresalto, Gerard reparó en sus manos. Las tenía bajo lamesa, ocultas a la vista del grupo que la rodeaba, pero Gerard podía verlas claramentedesde el lugar en el que estaba sentado. Sobre su regazo, destrozaban un pañuelito y loconvertían en finas tiras.Esta visión hizo que se estremeciera. La vaga y lejana sonrisa... el cuerpo inmóvil...y las manos destructoras.CAPÍTULO IVSonó una lenta y asmática tos... Luego la monumental tejedora habló:- Ginebra, estás cansada. Es mejor que te vayas a la cama.La joven se sobresaltó; sus dedos interrumpieron su mecánica acción.- No estoy cansada, mamá.Gerard apreció la musicalidad de su voz. Tenía esa dulce y cantarina tonalidad quepresta encanto a las más convencionales expresiones.- Sí lo estás. Yo lo sé. No creo que mañana puedas salir a visitar nada.- ¡Sí que podré! Estoy perfectamente.Con voz ronca, casi áspera, su madre replicó:- No, no lo estás. Estás a punto de ponerte enferma.- ¡No, no!La muchacha empezó a temblar violentamente.Una voz suave y serena intervino.- Subiré contigo, Jinny.La joven, de grandes y pensativos ojos grises y cabello oscuro, se puso en pie.La anciana señora Boynton dijo:- No. Deja que vaya sola a su habitación.15
  16. 16. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arLa muchacha protestó:- ¡Quiero que Nadine venga conmigo!- Claro que te acompañaré.Dio un paso adelante.- La niña prefiere ir sola, ¿verdad, Jinny? - dijo la vieja.Hubo una pausa, que duró apenas un momento, y entonces Ginebra Boynton, convoz súbitamente apagada, dijo:- Sí, prefiero ir sola. Gracias, Nadine.Se alejó. Su alta y angular figura se movía con una gracia sorprendente.El doctor Gerard bajó el periódico y miró a placer a la señora Boynton. Éstaobservaba cómo su hija salía del comedor y en su rostro se percibía una peculiarsonrisa. Era una vaga caricatura de aquella otra, encantadora y etérea, que unmomento antes había transfigurado el rostro de la muchacha.Después, la vieja miró a Nadine, que había vuelto a sentarse. Ésta elevó los ojos yse encontró con los de su suegra. Su rostro permanecía impasible. La mirada de lavieja estaba cargada de malicia.“¡Qué absurda tiranía!” - pensó el doctor Gerard.De pronto, la mirada de la anciana cayó sobre él y le cortó la respiración. Eran unosojos pequeños, negros y provocadores, de los cuales emanaba una especie de poder, unafuerza, una oleada de maldad. EI doctor Gerard sabía algo acerca del poder de lapersonalidad. Se daba cuenta de que no estaba frente a una inválida consentida ytiránica que buscaba satisfacer sus caprichos. Aquella anciana era una fuerzadefinida. En su mirada maligna halló cierta semejanza con la de una cobra. La señoraBoynton podía ser vieja, inválida y víctima de la enfermedad; pero no estabaindefensa. Era una mujer que conocía el significado del poder, que lo había ejercidodurante toda su vida y que jamás había dudado de su propia fuerza. El doctor Gerardhabía conocido una vez a una mujer que llevaba a cabo un peligrosísimo y espectacularnúmero con tigres. Había visto cómo las enormes y escurridizas bestias se arrastrabanhacia sus lugares y realizaban sus degradantes trucos. Los ojos y los gruñidosacallados de aquellos animales hablaban de odio, un odio fanático y amargo, pero todosellos obedecían y se humillaban. Aquélla era una mujer joven, una mujer de unaoscura y arrogante belleza, pero en sus ojos Gerard había visto la misma mirada.- Une dompteuse* - dijo el doctor Gerard para sus adentros.Y entonces comprendió lo que la inofensiva charla familiar escondía. Era odio, unrío turbulento de odio.“¡Mucha gente me consideraría absurdo y fantasioso! - pensó el doctor Gerard -.16
  17. 17. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar¡Estoy frente a una típica familia americana que se divierte en Palestina y me pongo aconstruir una historia de magia negra alrededor de ella!”Miró con mayor interés a la joven a la que llamaban Nadine. Llevaba una alianzaen la mano izquierda. Mientras Gerard la observaba, Nadine lanzó una rápida miradaal rubio y apático Lennox. Entonces se dio cuenta...* Domadora. (N. del T.)Aquellos dos eran marido y mujer, pero la mirada de ella era más la de una madreque la de una esposa, una mirada protectora y llena de ansiedad. Y se dio cuenta dealgo más: de todos los que formaban aquel grupo, sólo Nadine Boynton era inmune alhechizo de su suegra. Podía sentir repugnancia por la anciana, pero no le tenía miedo.El poder no la tocaba.Era desgraciada, estaba profundamente preocupada por su marido, pero era libre.El doctor Gerard se dijo:- Todo esto es muy interesante.CAPÍTULO VEn medio de estas sombrías meditaciones, un soplo de vulgaridad vino a traer ciertoalivio.Un hombre entró en el comedor y al ver a los Boynton fue hacia ellos. Era unnorteamericano de mediana edad y aspecto agradable del tipo más convencional.Vestía con elegancia, iba completamente afeitado y su voz era un tanto lenta ymonótona.- Les estaba buscando - dijo.Meticulosamente, cambió apretones de manos con toda la familia.- ¿Cómo se encuentra usted, señora Boynton? ¿Cansada del viaje?Casi cortésmente, la vieja replicó:- No, gracias. Como ya sabe, mi salud nunca es buena.- Desde luego... Es una lástima... una lástima.- Pero tampoco me encuentro peor.Y con una sonrisa de reptil, la mujer agregó:- Nadine me cuida muy bien, ¿verdad, Nadine?- Hago lo que puedo - su voz era totalmente inexpresiva.- Estoy seguro de que lo hace - aseguró calurosamente el recién llegado -. Bien,Lennox, ¿qué le parece la ciudad del Rey David?- No sé...Lennox hablaba apáticamente, sin interés.- Le ha decepcionado, ¿verdad? A mí al principio me ocurrió lo mismo. Será que17
  18. 18. Cita con la Muerte www.infotematica.com.artodavía no ha salido usted mucho a pasear.Carol Boynton explicó:- No podemos salir mucho a causa de mamá.Y la señora Boynton corroboró:- Un par de horas de turismo cada día es todo lo que puedo resistir.- Creo que es maravilloso que sea capaz de hacer todo lo que hace, señora Boynton -declaró con entusiasmo el americano.La señora Boynton soltó una carcajada gutural.- ¡No es el cuerpo lo que importa, sino la mente...! Sí, la mente...Su voz se apagó y Gerard notó que Raymond Boynton daba un respingo.- ¿Ha estado usted en el Muro de las Lamentaciones, señor Cope? - preguntó eljoven.- Desde luego. Fue uno de los primeros lugares que visité. Espero terminar de vertodo Jerusalén en un par de días más y ya he encargado a los de la agencia Cook queme preparen un itinerario para recorrer toda Tierra Santa: Belén, Nazaret, elTiberíades, el mar de Galilea. Después visitaré Jerash, donde hay una ruinas romanastambién muy interesantes. Y me encantaría echarle un vistazo a la Ciudad Rosa dePetra; según creo es un fenómeno natural sumamente notable. Queda un poco fuera delas rutas normales. Se necesita casi una semana para ir allí y volver y visitarla comoes debido.- ¡Me gustaría ir! - dijo Carol -. ¡Suena estupendamente!- De veras creo que vale la pena visitarla - el señor Cope hizo una pausa, dirigió unavacilante mirada a la señora Boynton y prosiguió con una voz que al francés le parecióclaramente insegura -. Me encantaría que algunos de ustedes me acompañaran.Naturalmente, comprendo que usted no está en condiciones de hacer ese viaje, señoraBoynton, y que alguien de su familia deseará quedarse a su lado, pero si estuvieradispuesta a dividir las fuerzas, por así decirlo...Guardó silencio. Gerard escuchó el entrechocar de las agujas de tejer de la señoraBoynton. La anciana replicó:- No creo que ninguno de nosotros quiera separarse de los demás. Somos unafamilia muy unida - levantó la vista -. ¿Qué decís, niños?Había un sospechoso tono en su voz. Las respuestas no se hicieron esperar.- ¡No, mamá!- ¡De ninguna manera!- ¡No, por supuesto que no!Siempre con su peculiar sonrisa en los labios, la señora Boynton dijo:18
  19. 19. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- ¿Lo ve? No quieren dejarme. ¿Y tú, Nadine? No has dicho nada.- No, mamá. Gracias. No quiero ir, a menos que Lennox lo desee.Lentamente, la señora Boynton volvió la cabeza hacia su hijo.- ¿Qué contestas, Lennox? ¿Por qué no vais tú y Nadine? Ella parece tener deseos devisitar ese lugar.Lennox se sobresaltó y levantó la vista.- No... no - tartamudeó -. Creo que es preferible que permanezcamos juntos.Afablemente, el señor Cope comentó:- ¡Sí que son ustedes realmente una familia muy unida!Pero en su afabilidad había algo que sonaba hueco y forzado.- Somos muy reservados - dijo la señora Boynton y empezó a enrollar su ovillo -. Porcierto, Raymond, ¿quién era aquella joven que te habló hace un momento?Raymond la miró nerviosamente. Enrojeció primero y palideció después.- No... no sé cómo se llama. Viajaba en el tren... la otra noche.La señora Boynton empezó lentamente a levantarse de su silla.- No creo que nos interese relacionarnos con ella - dijo.Nadine se levantó y ayudó a la anciana a salir de su sillón. Lo hizo con unaprofesional destreza que llamó la atención de Gerard.- Es hora de acostarse - anunció la señora Boynton -. Buenas noches, señor Cope.- Buenas noches, señora Boynton. Buenas noches, señora Lennox.Salieron formando una pequeña procesión. A ninguno de los jóvenes parecióocurrírsele permanecer en el comedor.El señor Cope los miró alejarse. La expresión de su rostro era de extrañeza.Como el doctor Gerard ya sabía por experiencia, los norteamericanos suelen sermuy sociables. No tienen la suspicacia del viajero británico. Para un hombre del tactodel doctor Gerard, trabar conocimiento con el señor Cope no presentaba excesivasdificultades. El americano estaba solo y, como la mayoría de sus compatriotas,dispuesto a ser amistoso. Su tarjeta de presentación precedió de nuevo al doctorGerard.- ¡Sí, claro, el doctor Gerard! Usted estuvo en los Estados Unidos no hace mucho.- El pasado otoño. Di unas conferencias en Harvard.- Desde luego. Es usted uno de los nombres más distinguidos de la profesión médica.El primero de su país.- Protesto, caballero. ¡Es usted demasiado amable!- En absoluto. Es un enorme privilegio para mí el conocerle. Por cierto que en estosmomentos se encuentran en Jerusalén varios personajes distinguidos. Usted, lord19
  20. 20. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arWeildon, sir Gabriel Steinmaum, el financiero. También el veterano arqueólogo inglés,sir Manders Stone. Y lady Westholme, una mujer de gran relieve en la política inglesa.¡Y el famoso detective belga Hércules Poirot!- ¿El pequeño Hércules Poirot? ¿Está aquí?- Leí en el periódico local que había llegado hacía poco. Parece como si el mundoentero se hubiese congregado en el Hotel Salomón. Un hotel excelente, y muy biendecorado.Era indudable que Jefferson Cope estaba disfrutando. El doctor Gerard era unhombre que sabía ser simpático cuando le interesaba. Al cabo de un rato, se dirigieronjuntos al bar.Después de un par de whiskies con soda, Gerard preguntó:- Dígame, ¿esa gente con la que estaba usted hablando es un ejemplo de la típicafamilia americana?Jefferson Cope sorbía pensativo su bebida.- Bueno, yo diría que no exactamente - dijo.- ¿No? Sin embargo, me pareció una familia muy unida.- ¿Quiere usted decir que todos parecen girar alrededor de la vieja? - murmuró Copelentamente. - Es verdad. Es una anciana muy notable, ¿sabe?- ¿De veras?El señor Cope no necesitaba que le empujasen demasiado. La leve invitación fuesuficiente.- Doctor Gerard, no tengo inconveniente en decirle que he pensado bastante en esafamilia últimamente. En realidad he pensado mucho en ellos. Creo que sería undescanso para mi cerebro hablar con usted de este asunto, si no le aburro.El doctor Gerard aseguró que no le aburría en absoluto. El señor Jefferson Copeprosiguió lentamente. Su pulcro y afeitado rostro reflejaba perplejidad.- Le aseguro que estoy un poco preocupado. La señora Boynton, ¿sabe?, es una viejaamiga mía. No me refiero a la anciana señora Boynton, sino a la joven, a la señora deLennox Boynton.- ¡Ah sí! Esa joven encantadora de pelo negro.- Exacto. Ésa es Nadine. Nadine Boynton es una persona encantadora, doctor. Laconocí antes de que se casara. Entonces trabajaba en un hospital, preparándose paraser enfermera. Pasó unas vacaciones con los Boynton y se casó con Lennox.- ¿Sí?El señor Jefferson Cope tomó otro sorbo de whisky con soda y prosiguió:- Quisiera explicarle algo acerca de la historia familiar de los Boynton.20
  21. 21. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Me interesa mucho.- El último Elmer Boynton, un hombre de gran carisma y muy conocido, se casó dosveces. Su primera esposa murió cuando Carol y Raymond eran muy pequeños. Me handicho que la segunda señora Boynton era muy hermosa aunque no demasiado jovencuando él se casó con ella. Resulta casi increíble que alguna vez haya sido hermosa,sobre todo viéndola ahora, pero quien me lo contó lo sabía de muy buena tinta. Encualquier caso, su marido la admiraba mucho y seguía todos sus consejos. Antes demorir estuvo varios años inválido y prácticamente fue ella quien dirigió el cotarro. Esuna mujer muy capaz, con gran talento para los negocios. Y muy concienzuda también.Después de la muerte de Elmer, se entregó por entero al cuidado de los niños. La chicamás joven, Ginebra, es su propia hija. Muy linda, con su pelo rojo dorado, pero algodelicada de salud. Pues bien, como le decía, la señora Boynton se dedicó por completo asu familia. Los apartó completamente del mundo exterior. No sé lo que opinará usted,doctor Gerard, pero no me parece un proceder muy sensato.- Estoy de acuerdo con usted. Es muy perjudicial para el desarrollo mental.- Exacto, yo no lo hubiera expresado mejor. La señora Boynton protegió a esos niñosdel mundo exterior y nunca les permitió ninguna relación externa. El resultado es quehan crecido... bueno, bastante nerviosos. Son asustadizos... ya me entiende. Incapacesde trabar amistad con nadie. Eso es malo.- Sí, muy malo.- Estoy seguro de que la señora Boynton ha obrado de buena fe y de que todo sedebe a un exceso de cariño por su parte.- ¿Viven todos en casa? - preguntó el doctor.- Sí.- ¿Ninguno de los hijos trabaja?- No. Elmer Boynton era un hombre rico. Dejó toda su fortuna a la señora Boyntonmientras viviera, pero se sobreentendía que era para el sostén general de la familia.- Entonces todos dependen económicamente de ella, ¿no es así?- Así es. Ella ha hecho lo posible para que vivan en casa y no busquen ningúnempleo fuera. Quizá sea lo correcto. Son lo bastante ricos para no necesitar trabajar;pero yo opino que, para el hombre al menos, el trabajo es un estímulo. Por otra parte,ninguno de ellos tiene aficiones. No juegan al golf. No pertenecen a ningún club decampo. No van a bailes ni hacen nada con otros jóvenes de su edad. Viven en unaespecie de cuartel lejos de todo lugar habitado, en pleno campo. Le aseguro, doctor, quetodo eso me parece una equivocación.- Estoy de acuerdo con usted - aseguró Gerard.21
  22. 22. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Ninguno de ellos tiene el menor sentido social. El espíritu de comunidad... ¡Eso eslo que les falta! Puede que sean una familia muy unida, pero están totalmenteencerrados en ellos mismos.- ¿Ninguno ha intentado independizarse nunca?- Que yo sepa, no. Simplemente, se dejan llevar.- ¿Cree que la culpa es de ellos o de la señora Boynton?Jefferson Cope se movió, inquieto.- Bueno, en cierto sentido, creo que ella es más o menos responsable. Los haeducado mal. Sin embargo, cuando un joven llega a la madurez, depende de él el obrarsegún sus propios impulsos. Ningún muchacho debería permanecer ligado a las faldasde su madre. Debería elegir ser independiente.- Eso podría resultarle imposible - murmuró pensativo el doctor Gerard.- ¿Imposible por qué?- Existen medios de impedir el crecimiento de un árbol, señor Cope.- Todos están muy sanos, doctor Gerard - Cope lo miró fijamente.- La mente puede estar entorpecida y deformada lo mismo que el cuerpo.- También son inteligentes - continuó Jefferson Cope -. No, doctor Gerard, créame.Un hombre tiene el dominio de su destino en sus propias manos. Un hombre que serespeta a sí mismo se independiza y hace algo con su vida. No se sienta alrededor desu madre a jugar con sus pulgares. Ninguna mujer debería respetar a un hombre quehiciera eso.Gerard miró curiosamente a su compañero.- Creo que se refiere particularmente al señor Lennox Boynton, ¿no es cierto? -preguntó.- Sí, estaba pensando en Lennox. Raymond es sólo un muchacho. Pero Lennox tieneya treinta años. Ya va siendo hora de que se muestre capaz de hacer algo.- ¿Tal vez es una vida difícil para su mujer?- ¡Claro que es una vida difícil para ella! Nadine es una muchacha excelente. Laadmiro mucho más de lo que puedo decir. Nunca se ha quejado ni lo más mínimo. Perono es feliz, doctor Gerard. No podría ser más desgraciada.- Sí, creo que tiene usted razón - asintió Gerard meneando la cabeza.- ¡No sé lo que piensa usted de esto, doctor Gerard, pero yo creo que el aguante deuna mujer debería tener un límite! Si yo fuera Nadine, se lo dejaría claro a Lennox: ose pone a trabajar y demuestra de lo que está hecho o, de lo contrario,...- ¿Cree usted que ella debería abandonarlo?- Tiene derecho a vivir su propia vida, doctor Gerard. Si Lennox no sabe apreciarla22
  23. 23. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arcomo se merece, hay otros hombres que sí sabrían.- ¿Usted, por ejemplo?El americano enrojeció. Después miró directamente al francés con sencilla dignidad.- Es verdad - dijo -. No me avergüenzo de mis sentimientos hacia ella. La respeto yla aprecio profundamente. Todo cuanto deseo es su felicidad. Si fuese feliz con Lennox,yo desaparecería de escena.- Pero tal como están las cosas...- ¡Tal como están las cosas, estoy cerca de ella! ¡Si me quiere, aquí me tiene!- ¡Es usted el parfait gentil caballero andante! - murmuró Gerard.- ¿Cómo dice?- ¡Mi querido amigo, hoy en día la caballería sólo permanece viva en los EstadosUnidos! ¡Usted se siente satisfecho sirviendo a su dama sin esperar recompensa! ¡Esadmirable! ¿Pero qué es exactamente lo que espera usted poder hacer por ella?- Mi intención es permanecer a su lado por si me necesita.- ¿Puedo preguntarle cuál es la actitud de la vieja señora Boynton hacia usted?Lentamente, Jefferson Cope replicó:- Nunca se puede estar seguro de lo que piensa esa vieja dama. Como ya le he dicho,no le gusta mantener relaciones con extraños. Pero conmigo se comporta de maneradiferente. Es siempre muy cordial y me trata casi como a uno de la familia.- ¿De hecho aprueba su amistad con la señora Lennox?- Sí.El doctor Gerard se encogió de hombros.- ¿No le parece un poco raro?Secamente, Jefferson Cope respondió:- Le aseguro, doctor Gerard, que no hay nada deshonesto en nuestra amistad. Espuramente platónica.- Mi querido amigo, estoy completamente seguro de ello. Le repito, sin embargo, quees extraño que la señora Boynton apoye esa amistad. Verá, señor Cope, la señoraBoynton me interesa, me interesa muchísimo.- Sin duda es una mujer notable. Tiene un carácter y una personalidad muy fuertes.Ya le he dicho que Elmer Boynton hacía mucho caso de sus opiniones.- Tanto que le pareció bien dejar a sus hijos a merced de ella desde el punto de vistaeconómico. En mi país, señor Cope, es legalmente imposible hacer una cosa semejante.El señor Cope se levantó.- En América - dijo - creemos ciegamente en la libertad absoluta.El doctor Gerard también se levantó. La observación de Cope no le había causado23
  24. 24. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arninguna impresión. La había oído en labios de otros muchos ciudadanos de distintasnaciones. La ilusión de que la libertad es la prerrogativa de la raza de cada uno estábastante extendida.El doctor Gerard era más sabio. Sabía que no podía considerarse libre a ningunaraza, país o individuo. Pero también sabía que hay grados muy diferentes deesclavitud.Pensativo e interesado, subió a acostarse.CAPÍTULO VISarah King se encontraba en el recinto del templo de Haramesh - Sherif, deespaldas a la Cúpula de la Roca. El chapoteo de las fuentes sonaba en sus oídos.Pequeños grupos de turistas pasaban por allí sin turbar la paz de aquella atmósferaoriental.Resultaba extraño, pensó Sarah, que un jebuseo hubiera hecho de aquella cimarocosa una era y que David la hubiera comprado por seiscientos siclos de oro y lahubiera convenido en un Lugar Santo. Y ahora se escuchaba allí la cháchara devisitantes de todas las nacionalidades.Se volvió para mirar hacia la mezquita que cubría el sepulcro y se preguntó si eltemplo de Salomón habría sido siquiera la mitad de hermoso.Se oyó un ruido de pasos y un pequeño grupo salió del interior de la mezquita. Eranlos Boynton, escoltados por un guía muy locuaz. La señora Boynton caminaba entreLennox y Raymond, que la sostenían. Nadine y el señor Cope iban detrás. Carol veníala última. Mientras se alejaban, ésta se fijó en Sarah. Vaciló. Después, con súbitadecisión, dio media vuelta y atravesó presurosa el patio procurando no hacer ruido.- Perdone - dijo casi sin aliento -. Quiero... Necesito hablar con usted.- ¿Sí? - dijo Sarah.Carol temblaba violentamente. Estaba muy pálida.- Se trata de... mi hermano. Ayer noche, cuando habló con él, debió usted de pensarque era muy grosero. Pero no se comportó así intencionadamente... es que... no pudoevitarlo. Por favor, créame.Sarah tuvo la impresión de que aquella escena era completamente ridícula. Sesentía ofendida en su orgullo y en su buen gusto. ¿Por qué una muchacha desconocidahabría de correr, de pronto, a excusarse tontamente con ella por la descortesía de suhermano?Una seca réplica vacilaba en sus labios... Pero rápidamente su humor cambió.En todo aquello había algo que se salía de lo corriente. Aquella chica hablabacompletamente en serio. El sentimiento que había impulsado a Sarah a seguir la24
  25. 25. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arcarrera de medicina reaccionó ante la necesidad de la muchacha. Su instinto le dijoque ocurría algo muy grave.- Cuénteme lo que pasa - dijo en tono alentador.- Él le habló en el tren, ¿verdad? - empezó Carol.Sarah asintió con la cabeza.- Sí. O, por lo menos, yo le hablé a él.- Sí, claro. Tuvo que ser de ese modo. Pero, ayer noche, ¿sabe?, Ray estabaasustado...Se detuvo.- ¿Asustado?El pálido rostro de Carol enrojeció.- Ya sé que suena absurdo, de locos. Es que mi madre... no está bien y no le gustaque hagamos amistades con gente de fuera. Pero yo sé que a Ray le gustaría ser amigosuyo.Sarah estaba muy interesada por todo aquello. Antes de que pudiera decir nada,Carol prosiguió:- Sé que todo lo que estoy diciendo suena muy tonto... pero es que somos una familiabastante extraña - lanzó una rápida mirada a su alrededor. Era una mirada de temor.- No puedo entretenerme más. Podrían echarme de menos.Sarah se decidió a decirle:- ¿Por qué no ha de quedarse si lo desea? Podemos volver juntas.- ¡Oh, no! - Carol retrocedió -. No puedo hacer eso.- ¿Por qué no? - dijo Sarah.- De verdad, no puedo. Mi madre se...- Ya sé que a veces a los padres les cuesta mucho darse cuenta de que sus hijos hancrecido - dijo pausadamente Sarah -. Por eso siguen intentando dirigir sus vidas. Sinembargo, es una lástima que los hijos se dejen vencer. Uno tiene que luchar por susderechos.- Usted no lo entiende... no lo entiende - murmuró Carol. Sus manos se retorcíannerviosamente.- A veces, uno cede por temor a las peleas - prosiguió Sarah -. Las peleas familiaresson siempre muy desagradables, pero yo creo que la libertad de acción es algo por loque merece la pena luchar.- ¿Libertad? - Carol la miró fijamente -. Ninguno de nosotros ha sido nunca libre.Nunca lo seremos.- ¡Eso es una tontería! - declaró Sarah con sequedad.25
  26. 26. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arCarol se inclinó hacia ella y tocó su brazo.- Óigame. Quiero que comprenda - dijo -. Antes de casarse, mi madre, bueno, enrealidad es mi madrastra, fue celadora en una cárcel. Mi padre era el gobernador y secasó con ella. Desde entonces, todo ha seguido igual. Ella ha continuado siendo unaceladora, la nuestra. Por eso nuestra vida es como la de alguien que está en la cárcel.Carol volvió a mirar a su alrededor.- Se han dado cuenta de mi ausencia. Tengo que irme.Sarah la agarró del brazo cuando se marchaba.- Un momento. Tenemos que vernos otra vez y hablar.- No puedo. Es imposible.- ¡Sí que puede! - dijo Sarah autoritariamente -. Vaya a mi habitación después de lahora de acostarse. Es la trescientos diecinueve. No lo olvide, trescientos diecinueve.Soltó a la muchacha y Carol corrió a reunirse con su familia.Sarah se quedó allí parada mirándola fijamente mientras se alejaba. Cuando salióde sus pensamientos, descubrió al doctor Gerard a su lado.- Buenos días, señorita King. ¿Así que ha estado usted hablando con la señoritaCarol Boynton?- Sí, hemos sostenido la más extraordinaria conversación que pueda imaginarse.Déjeme que le cuente.Repitió lo esencial de su charla con Carol. Al llegar a cierto punto, Gerard sesobresaltó.- ¿Ese viejo hipopótamo era celadora en una cárcel? Podría ser muy significativo.- ¿Quiere decir que de ahí procede su tiranía? - preguntó Sarah -. ¿La costumbre desu antigua profesión?Gerard movió negativamente la cabeza.- No. Eso es abordar la cuestión desde un ángulo equivocado. Esa mujer no ama latiranía por haber sido celadora en una cárcel. Sería mejor decir que se hizo celadoraporque amaba la tiranía. Según mi teoría, fue el secreto deseo de ejercer su podersobre otros seres humanos lo que la empujó a adoptar esa profesión.Con suma gravedad, el doctor continuó:- Hay cosas muy extrañas enterradas en el subconsciente. Ansia de poder, anhelosde crueldad, deseos salvajes de destrucción. Todo ello es la herencia del pasado másancestral de nuestra raza. Todo está ahí, señorita King, la crueldad, el salvajismo, lalujuria... En nuestra vida consciente, cerramos la puerta a esas cosas y las negamos,pero a veces son demasiado fuertes.Sarah se estremeció.26
  27. 27. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Lo sé.- Hoy en día podemos verlo mirando a nuestro alrededor - continuó Gerard -, en loscredos políticos, en la conducta de las naciones. Asistimos a un retroceso, una reaccióncontra el humanitarismo, la piedad, el espíritu de hermandad. Los programas políticossuenan bien a veces, un régimen sabio, un gobierno benéfico, pero se imponen por lafuerza, sobre una base de crueldad y temor. ¡Esos apóstoles de la violencia estánabriendo la puerta, están liberando el antiguo salvajismo, el viejo gusto por la crueldadgratuita! Es enormemente difícil. El hombre es un animal con un equilibrio muyprecario. Tiene una necesidad primordial: sobrevivir. Avanzar con demasiada rapidezes tan fatal como quedarse atrás. ¡Tiene que sobrevivir! ¡Quizá está obligado aconservar algo de su antiguo salvajismo, pero definitivamente no debe divinizarlo!Hizo una pausa. Entonces, Sarah dijo:- ¿Cree que la vieja señora Boynton es una especie de sádica?- Estoy casi seguro de ello. Creo que disfruta haciendo daño. Pero no un daño físico,sino mental. Es un tipo de sadismo mucho más raro y mucho más difícil de tratar. Legusta controlar a otros seres humanos y le gusta hacerles sufrir.- ¡Es detestable! - dijo Sarah.Gerard contó a Sarah su conversación con Jefferson Cope.- ¿Y ese hombre no se da cuenta de lo que sucede? - preguntó pensativa.- ¿Cómo podría? No es un psicólogo.- Cierto. ¡No posee nuestra desagradable inteligencia!- Exactamente. Su temperamento es el propio de un americano normal, agradable,honrado y sentimental. Prefiere creer en el bien y no en el mal. Se da cuenta de que losBoynton viven en un ambiente equivocado, pero supone que la señora Boynton actúaguiada por un cariño mal entendido y no por maldad.- Seguramente, eso la divierte.- ¡No es difícil imaginar que sí!- ¿Y por qué no rompen con ella? - preguntó Sarah con impaciencia -. Podríanhacerlo.Gerard negó con la cabeza.- No, en eso se equivoca. No pueden. ¿No ha visto nunca el viejo experimento delgallo? Se traza una raya en el suelo con tiza y se obliga al gallo a apoyar el pico sobreella. El gallo cree que está atado. No puede levantar la cabeza. Lo mismo les pasa aesos desgraciados. Recuerde que esa mujer los ha manipulado desde que eran niños. Ysu dominio ha sido mental. Los ha hipnotizado y les ha hecho creer que no puedendesobedecerla. Ya sé que muchos dirían que eso es una estupidez, pero usted y yo27
  28. 28. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arsabemos que no lo es. Les ha hecho creer que es inevitable que dependan de ellacompletamente. ¡Hace tanto tiempo que están en la cárcel, que si la puerta estuvieseabierta ni siquiera se darían cuenta! ¡Uno de ellos al menos, ya ni siquiera desea serlibre! Y todos tendrían miedo de la libertad.- ¿Qué ocurrirá cuando ella muera? - preguntó Sarah con un gran sentido práctico.Gerard se encogió de hombros.- Depende de lo que tarde en ocurrir. Si sucediera ahora... quizá no fuese demasiadotarde. El chico y la chica todavía son jóvenes, impresionables. Creo que podrían volvera ser personas normales. Es posible que en el caso de Lennox la cosa haya ido yademasiado lejos. Me parece un hombre que ha perdido ya la esperanza, que vive yaguanta embrutecido como una bestia.Sarah replicó impaciente:- ¡Su mujer debería haber hecho algo! ¡Debería haberle sacado de esto!- Quizá lo probó y fracasó.- ¿Cree usted que también es víctima del mismo hechizo?Gerard movió negativamente la cabeza.- No, no creo que la anciana tenga ningún poder sobre ella, y por ese motivo la odia,un odio amargo. Fíjese en sus ojos.Sarah frunció el ceño.- No acabo de entender a esa joven. ¿Sabe lo que está pasando?- Creo que seguramente se la ha ocurrido pensarlo.- ¡A esa mujer habría que asesinarla! - dijo Sarah -. Yo le recetaría arsénico en el tédel desayuno.Después añadió bruscamente:- ¿Y qué pasa con la más joven? Me refiero a la del cabello rojo dorado y lafascinante y vacía sonrisa.Gerard frunció el ceño.- No sé. Ahí hay algo raro. Por supuesto, Ginebra Boynton es hija de la vieja, supropia hija.- Sí. Eso debería variar las cosas, ¿o no?Muy despacio, Gerard replicó:- No creo que cuando la manía por el poder (y el gusto por la crueldad) se hanapoderado de un ser humano, éste pueda dejar al margen a nadie. Ni siquiera a susmás allegados y queridos.Permaneció en silencio durante un momento y después añadió:- ¿Es usted cristiana, mademoiselle?28
  29. 29. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- No lo sé - respondió Sarah con lentitud -. Solía pensar que no era creyente. Peroahora, no estoy segura. Siento que si pudiera barrer todo esto - gesticulóviolentamente -, todos los templos y las sectas y las iglesias que luchan ferozmente lasunas contra las otras, podría tal vez contemplar la serena figura de Cristo cabalgandosobre un burro hacia Jerusalén... y creer en Él.En tono grave, el doctor Gerard dijo:- Yo creo al menos en uno de los principales dogmas de la fe cristiana: conformarsecon un lugar humilde. Soy doctor y sé que la ambición, el deseo de triunfar, de tenerpoder, es la causa de la mayor parte de los males que afectan al alma humana. Si eldeseo se realiza, conduce a la arrogancia, a la violencia y a la saciedad; y si no serealiza a si no se realiza, entonces basta acudir a todos los asilos para enfermosmentales que existen. ¡Son el mejor testimonio de lo que sucede! Esos lugares estánllenos de seres humanos que no pudieron resistir el saberse mediocres, insignificantes,inútiles, que inventaron vías para escapar de la realidad y ello hizo que los encerrarany los apartaran de la vida para siempre.Abruptamente, Sarah replicó:- Es una lástima que la vieja Boynton no esté en un manicomio.Gerard negó con la cabeza.- No, su lugar no está entre los fracasados. Es mucho peor que eso. Ella hatriunfado. ¿No se da cuenta? Ha cumplido su sueño.Sarah se estremeció y gritó apasionadamente:- ¡Estas cosas no deberían pasar!CAPÍTULO VIISarah estuvo preguntándose todo el día si Carol Boynton acudiría aquella noche asu cita.Sospechaba que no. Temía que Carol reaccionase negativamente después de lasconfidencias que le había hecho por la mañana.Sin embargo, se preparó para recibirla. Se vistió con una bata de satén azul, sacó sulamparilla de alcohol y puso agua a hervir.Pasada la una de la madrugada, cuando estaba ya a punto de desistir de esperarla yde irse a la cama, alguien llamó a la puerta. La abrió y se retiró rápidamente paradejar entrar a Carol.- Temía que se hubiera acostado - dijo la muchacha sin aliento.- ¡Oh, no! La estaba esperando - en su actitud, Sarah mostraba una calculadanaturalidad -. ¿Quiere tomar un poco de té? Es auténtico Lapsang Souchong.Fue a buscar una taza. Carol estaba muy nerviosa e insegura, pero después de29
  30. 30. Cita con la Muerte www.infotematica.com.artomar el té y una galleta se calmó un poco.- Es gracioso - dijo Sarah sonriendo.Carol la miró un poco estupefacta.- Sí - dijo sin gran convencimiento -. Supongo que lo es.- Como las fiestas de medianoche que solíamos celebrar en el colegio - continuóSarah -. Supongo que usted no debe de haber ido al colegio.Carol negó con la cabeza.- No. Nunca hemos salido de casa. Teníamos una institutriz. Varias institutrices.Nunca se quedaban demasiado tiempo.- ¿No salieron nunca para nada?- No. Siempre hemos vivido en el mismo sitio. Este viaje es el primero que he hechoen mi vida.Como sin darle importancia, Sarah aventuró:- Debe de haber sido una aventura muy interesante para ustedes.- ¡Oh, sí! Ha sido todo como un sueño.- ¿Qué fue lo que decidió a su madrastra a venir al extranjero?La sola mención del nombre de la señora Boynton alteró a Carol. Sarah dijorápidamente:- Estoy a punto de empezar a ejercer como médico, ¿sabe? Acabo de licenciarme. Sumadre, o mejor dicho su madrastra, me interesa mucho, desde el punto de vista clínico.Yo diría que es un caso patológico.Carol la miró fijamente. Aquél era sin duda un punto de vista desconcertante paraella. Sarah había hablado como lo hizo con una intención deliberada. Se daba cuentade que para su familia la señora Boynton aparecía como una especie de ídolo obsceno ypoderoso. La finalidad de Sarah era desposeerla de su aspecto más terrorífico.- Sí - dijo -. Se trata de una especie de enfermedad, de delirio de grandeza que seapodera de algunas personas. Se vuelven autócratas e insisten en que todo se haga talcomo ellas dicen. El trato con este tipo de enfermos es muy difícil.Carol dejó la taza sobre la mesa.- ¡Estoy tan contenta de poder hablar con usted! - exclamó -. Realmente, creo queRay y yo nos hemos vuelto un poco raros. Nos hemos resentido mucho de todas estascosas...- Hablar con un extraño es siempre bueno - dijo Sarah -. Dentro del círculo familiarse tiene tendencia a exagerar.Después, como quien no quiere la cosa, preguntó:- Si no son ustedes felices, ¿cómo no han pensado nunca en marcharse de casa?30
  31. 31. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arCarol pareció sobresaltarse.- No. ¿Cómo íbamos a pensarlo? Quiero decir que... mamá nunca nos lo permitiría.- Pero ella no podría impedírselo - dijo Sarah suavemente -. Son ustedes mayores deedad.- Yo tengo veintitrés años.- Exactamente...- Pero, aun así, no sabría cómo... Quiero decir que no sabría adónde ir ni qué hacer.Parecía aturdida.- No tenemos dinero, ¿sabe?- ¿No tienen amigos a quienes recurrir?- ¿Amigos? - Carol movió negativamente la cabeza -. No, no conocemos a nadie.- ¿Ninguno de ustedes ha pensado nunca en abandonar la casa?- No, no lo creo. No podríamos.Sarah cambió de tema. El desconcierto de la muchacha le parecía muy penoso.- ¿Quiere usted a su madrastra? - preguntó.Carol negó lentamente con la cabeza.- La odio - susurró -. Lo mismo que Ray... A menudo hemos... hemos deseado quemuriera.Sarah volvió a cambiar de tema.- Hábleme de su hermano mayor.- ¿Lennox? No sé qué le ocurre. Ahora ya apenas habla. Va por el mundo como siestuviese dormido. Nadine está muy preocupada por él.- ¿Aprecia a su cuñada?- Sí. Nadine es distinta. Siempre es buena. Pero es muy desgraciada.- ¿A causa de su hermano?- Sí.- ¿Hace mucho tiempo que están casados?- Cuatro años.- ¿Y siempre han vivido en la casa?- Sí.- ¿Le gusta eso a su cuñada?- No.Hubo una pausa. Luego Carol explicó:- Hace cuatro años hubo un gran lío. Como ya le he dicho, en casa ninguno denosotros sale para nada. Paseamos por los jardines, pero eso es todo. Sin embargo,Lennox salía de noche. Iba a bailar a un sitio llamado Fountain Springs. Al enterarse31
  32. 32. Cita con la Muerte www.infotematica.com.armamá se enfureció terriblemente. Fue horroroso. Entonces pidió a Nadine que viniesey se quedase con nosotros. Nadine era prima lejana de papá. Era muy pobre yestudiaba para enfermera. Estuvo con nosotros un mes. ¡No puede imaginarse lomucho que nos alegraba tener a alguien de fuera en casa! Ella y Lennox seenamoraron y mamá dijo que era mejor que se casaran en seguida y siguiesen viviendocon la familia.- ¿Y Nadine estuvo de acuerdo?Carol vaciló.- No creo que le entusiasmara la idea, pero en realidad no le importaba demasiado.Más tarde quiso marcharse, con Lennox, por supuesto...- Pero no se fueron - dijo Sarah.- No. Mamá no quiso ni oír hablar de ello.Carol hizo una pausa y luego prosiguió:- No creo que a mamá le siga gustando Nadine. Nadine es... rara. Nunca se sabe loque está pensando. Trata de ayudar a Jinny y a mamá eso le desagrada.- ¿Jinny es su hermana menor?- Sí. Su verdadero nombre es Ginebra.- ¿También ella es... desgraciada?Carol movió dubitativamente la cabeza.- Últimamente Jinny se ha portado de una forma muy rara. Siempre ha estado unpoco delicada de salud y mamá la está fastidiando continuamente; eso empeora lascosas. Y ya le digo, Jinny ha estado muy rara estos últimos tiempos. A veces... measusta. No siempre sabe lo que hace.- ¿La ha visitado algún médico?- No. Nadine lo propuso pero mamá no lo permitió... y Jinny se puso histéricachillando que no quería ver a ningún doctor. Estoy muy preocupada por ella.De pronto Carol se puso en pie.- No quiero entretenerla más. Ha sido usted muy amable dejándome que le hablasede todo esto. Debe de considerarnos una familia muy extraña.- Oh, en realidad, todo el mundo es extraño - replicó Sarah suavemente -. Vuelvaotra noche. Y si quiere, traiga a su hermano.- ¿Me lo permite?- Sí. Hablaremos y urdiremos algún plan secreto. Me gustaría que conocieranustedes a un amigo mío, el doctor Gerard, un francés muy agradable.La sangre afluyó a las mejillas de Carol.- ¡Es fantástico! - exclamó -. ¡Ojalá no se entere mamá de esto!32
  33. 33. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- ¿Por qué habría de enterarse? - dijo Sarah y en seguida añadió : ¿Qué le parecemañana por la noche a la misma hora?- ¡Oh, sí! Seguramente pasado mañana nos marcharemos.- Entonces queda fijada la cita para mañana. Buenas noches.- Buenas noches y muchas gracias.Carol salió de la habitación de Sarah y se deslizó silenciosamente por el pasillo. Sudormitorio estaba situado en el piso superior. Cuando llegó, abrió la puerta y se quedópetrificada en el umbral. La señora Boynton estaba sentada en un sillón junto a lachimenea vestida con una bata roja.Un grito leve se escapó de la garganta de Carol Boynton.- ¡Oh!Dos ojos negros taladraron los suyos.- ¿Dónde has estado, Carol?- Yo...- ¿Dónde has estado?Era una voz ronca y apagada, cargada de aquel tono amenazador que siempre hacíalatir el corazón de Carol con un terror fuera de toda razón.- He ido... a ver a la señorita King... Sarah King.- ¿La joven que habló con Raymond anoche?- Sí, madre.- ¿Tienes intención de volver a verla?Carol movió los labios sin que de ellos brotara ni una sola palabra. Al fin asintió conla cabeza. Era el pánico... verdadero pánico.- ¿Cuándo?- Mañana por la noche.- No irás. ¿Lo comprendes?- Sí, madre.- ¿Lo prometes?- Sí, sí...La señora Boynton se incorporó trabajosamente. Maquinalmente, Carol se acercó aella para ayudarla. La anciana cruzó despacio la habitación, apoyándose en el bastón.Al llegar a la puerta se detuvo y se volvió hacia la aterrorizada muchacha.- A partir de ahora, ya no tienes nada que ver con la señorita King, ¿entendido?- Sí, madre.- Repítelo.- Ya no tengo nada que ver con la señorita King.33
  34. 34. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Bien.La señora Boynton salió de la habitación y cerró la puerta tras ella.Con cierta dificultad, Carol atravesó la habitación. Se sentía muy enferma. Todo sucuerpo parecía como de madera, irreal. Se desplomó sobre la cama y lloróconvulsivamente.Era como si un hermoso paisaje se hubiese abierto ante ella, un paisaje de sol,árboles y flores...Y de nuevo los negros muros se habían cerrado a su alrededor.CAPÍTULO VIII- ¿Puedo hablar con usted un momento?Nadine Boynton se volvió muy sorprendida y miró fijamente a la desconocida jovende rostro bronceado.- Desde luego...Pero mientras lo decía lanzó, casi inconscientemente, una rápida e inquieta miradapor encima de su hombro.- Me llamo Sarah King - continuó la desconocida.- ¡Ah!- Señora Boynton, voy a decirle algo que le parecerá muy extraño. La otra nocheestuve un buen rato hablando con su cuñada.Una ligera sombra pareció alterar la serenidad del rostro de Nadine Boynton.- ¿Habló usted con Ginebra?- No, con Ginebra no. Con Carol.La sombra desapareció.- ¡Oh... Carol!Nadine Boynton pareció complacida, pero extrañada.- ¿Cómo lo consiguió?- Vino a mi habitación - dijo Sarah -. Era bastante tarde.Percibió claramente cómo las finas cejas de Nadine se arqueaban sobre su frenteblanca.- Estoy segura de que todo esto le parece muy raro - dijo Sarah con cierto embarazo.- No - replicó Nadine Boynton -. Me alegra mucho. Mucho, de verdad. Es bueno queCarol tenga una amiga con quien hablar.- Hicimos muy buenas migas - Sarah procuró elegir cuidadosamente las palabras -.De hecho habíamos quedado en vernos otra vez a la noche siguiente.- ¿De veras?- Pero Carol no acudió.34
  35. 35. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- ¿No?La voz de Nadine era fría y reflexiva. Su rostro, suave y sereno, no permitía a Sarahdescubrir nada.- No. Ayer me crucé con ella en el vestíbulo. Le hablé, pero no me contestó. Me miró,pero se fue a toda prisa.- Comprendo.Hubo una pausa. A Sarah le resultaba difícil seguir hablando. Nadine Boyntonagregó:- Lo siento mucho. Carol es una chica bastante... nerviosa.Otra pausa. Sarah hizo acopio de valor.- Verá, señora Boynton, estoy a punto de empezar a ejercer como médico. Creo quesería bueno para su cuñada no encerrarse lejos de la gente.Nadine Boynton miró a Sarah con aire pensativo.- Ya veo - dijo -. Usted es médico. Eso cambia las cosas.- ¿Comprende lo que quiero decir? - la apremió Sarah.Nadine inclinó la cabeza. Continuaba pensativa.- Tiene usted razón, desde luego - dijo al cabo de un par de minutos -. Pero existenalgunas dificultades. Mi suegra está muy enferma y siente lo que podríamos llamaruna repugnancia casi morbosa hacia todos los extraños que intentan introducirse en elcírculo familiar.- ¡Pero Carol ya es una mujer! - protestó Sarah.Nadine Boynton negó con la cabeza.- ¡Oh, no! - dijo -. En cuerpo, sí; pero no mentalmente. Si ha hablado con ella, lohabrá observado. En un caso de apuro, se comportaría siempre como una niñaasustada.- ¿Cree que es eso lo que pasó? ¿Que se sintió asustada?- Sospecho, señorita King, que mi suegra insistió en que Carol no volviera a hablarcon usted.- ¿Y Carol accedió?- ¿La cree realmente capaz de hacer otra cosa? - dijo serenamente Nadine Boynton.Las dos mujeres se miraron. Sarah tuvo la impresión de que tras la máscara de laspalabras convencionales se comprendían muy bien la una a la otra. Nadine se dabacuenta de la situación, pero no estaba dispuesta a discutirla con ella.Sarah se sintió desanimada. La noche anterior había creído que la mitad de labatalla estaba ganada. A través de aquellos encuentros secretos pensaba imbuir enCarol el espíritu de la rebelión. Sí, y también en Raymond. Aunque honradamente,35
  36. 36. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar¿acaso no había sido en Raymond en quien había pensado desde el principio? Y ahora,en el primer asalto del combate, había sido ignominiosamente derrotada por aquellamasa de carne con ojos diabólicos. Carol había capitulado sin luchar.- ¡Todo es un gran error! - gritó Sarah.Nadine no respondió. Algo en su silencio produjo en Sarah una gran aprensión,como si una mano fría se le hubiese posado sobre el corazón. “Esta mujer conoce loirremediable de todo esto mucho mejor que yo - pensó -. Ha vivido con ello.”Las puertas del ascensor se abrieron. La anciana señora Boynton salió. Se apoyabaen un bastón y Raymond la sujetaba por el otro lado.Sarah dio un leve respingo. Observó que la mirada de la vieja iba de ella a Nadine yotra vez a ella. Estaba preparada para encontrar aversión en aquellos ojos, inclusoodio. Pero no lo estaba para lo que vio, una alegría triunfal y maliciosa. Sarah diomedia vuelta y se alejó. Nadine avanzó y se reunió con su suegra y su cuñado.- Así que estabas aquí, Nadine - dijo la señora Boynton -. Me sentaré a descansar unrato antes de salir.La acomodaron en un sillón de respaldo alto. Nadine se sentó a su lado.- ¿Con quién hablabas, Nadine?- Con la señorita King.- ¡Ah, sí! La chica que habló con Raymond la otra noche. ¿Por qué no vas a hablarcon ella ahora, Ray? Está allí, en la mesa escritorio.Al mirar a Raymond, la boca de la anciana se ensanchó en una sonrisa maliciosa. Eljoven enrojeció. Volvió la cabeza y murmuró algo ininteligible.- ¿Qué dices, hijo?- No quiero hablar con ella.- Claro que no. Eso pensaba. No hablarás con ella. ¡No podrías por mucho que lodesearas!Tosió repentina y ruidosamente.- Me estoy divirtiendo mucho en este viaje, Nadine - dijo -. No me lo habría perdidopor nada del mundo.- ¿No? - la voz de Nadine era totalmente inexpresiva.- Ray.- ¿Sí, madre?- Tráeme una hoja de papel para escribir... de aquella mesa de la esquina.Raymond se alejó, obedientemente. Nadine levantó la cabeza. No miraba al chico,sino a la vieja. La señora Boynton se inclinaba hacia delante, con las aletas de la narizdilatadas como si estuviera experimentando un gran placer. Ray pasó junto a Sarah.36
  37. 37. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arÉsta levantó la vista, con una repentina esperanza escrita en su rostro. Pero la ilusiónmurió cuando el joven se apresuró a coger una hoja de papel de la casilla y, sindetenerse, volvió sobre sus pasos atravesando la habitación.Cuando llegó junto a las dos mujeres tenía la frente perlada de sudor y estabapálido como un muerto.Muy suavemente, observando con atención la cara del joven, la señora Boyntonmurmuró:- ¡Ah!Luego vio que los ojos de Nadine estaban fijos en ella. Algo en aquella mirada hizoque la suya brillara con una súbita furia.- ¿Dónde está esta mañana el señor Cope? - le preguntó.Nadine bajó nuevamente los ojos. Respondió con su suave e inexpresiva voz:- No lo sé. No lo he visto.- Me gusta ese hombre - dijo la anciana -. Me gusta mucho. Deberíamos verle amenudo. Eso te agradaría, ¿no?- Sí - replicó Nadine -. También a mí me es muy simpático.- ¿Qué le pasa a Lennox últimamente? Está muy aburrido y apagado. ¿Algúnproblema entre vosotros?- No. ¿Por qué tendría que haber algún problema?- No sé. Los matrimonios no siempre se llevan bien. ¿Quizá seríais más felicesviviendo en vuestra propia casa?Nadine no respondió.- Bueno, ¿qué te parece la idea? ¿No te atrae?Sonriendo y moviendo negativamente la cabeza, Nadine replicó:- No creo que a usted le gustara, madre.La señora Boynton parpadeó. Aguda y venenosamente dijo:- Siempre has estado en mi contra, Nadine.En el mismo tono, la joven replicó:- Lamento que piense eso.La mano de la anciana se cerró sobre el bastón. Su rostro pareció volverse de colorpúrpura. Cambiando el tono, dijo:- He olvidado mis gotas. ¿Quieres hacer el favor de ir a buscarlas?- Claro.Nadine se levantó y cruzó el salón hacia el ascensor. La señora Boynton la siguiócon la mirada. Raymond languidecía sentado en una silla; sus ojos reflejaban un granabatimiento.37
  38. 38. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arNadine subió y recorrió el pasillo. Entró en la antesala de su suite. Lennox estabasentado junto a la ventana. Tenía un libro en las manos, pero no leía. Cuando Nadineentró, el joven se levantó.- Hola, Nadine.- He venido a buscar las gotas de mamá. Se las olvidó.Entró en el dormitorio de su suegra. Tomó una botella que estaba en un estante dellavabo y cuidadosamente vertió en un vasito la dosis adecuada. Después acabó dellenarlo con agua. Al cruzar de nuevo la salita de estar, se detuvo.- Lennox.Pasaron unos instantes antes de que su marido respondiera. Parecía como si elmensaje tuviera que recorrer una larga distancia.- Perdona... ¿Qué dices? - dijo al fin.Nadine Boynton dejó cuidadosamente el vaso sobre la mesa. Después se acercó a sumarido y permaneció de pie junto a él.- Lennox, mira qué sol hace fuera, mira la vida. Es hermosa. Deberíamos estar ahídisfrutando de ella, en vez de estar aquí mirando por la ventana.Hubo una nueva pausa.- Lo siento - murmuró al fin Lennox -. ¿Quieres salir?- ¡Sí! - replicó vivamente su mujer -. Quiero salir, contigo. Salir al sol y a la vida... yvivir, los dos juntos.Lennox se hundió en su sillón. Tenía la mirada inquieta de un animal acosado.- Nadine, cariño... ¿tenemos que volver a empezar otra vez con eso?- Sí, tenemos que hacerlo. Vámonos de aquí y vivamos nuestra propia vida encualquier otra parte.- ¿Cómo vamos a hacerlo? No tenemos dinero.- Podemos ganarlo.- ¿Cómo? ¿Qué podríamos hacer? No tengo ninguna preparación. Miles de hombres,hombres cualificados y más preparados que yo, están sin trabajo. No loconseguiríamos.- Yo ganaría para mantenernos a los dos.- Pero nenita, si ni siquiera has acabado tus estudios. No hay esperanza... Esimposible.- No, donde no hay esperanza es en la vida que llevamos ahora.- No sabes lo que estás diciendo. Mamá se porta bien con nosotros. Nos da todos loslujos.- Excepto la libertad. Lennox, haz un esfuerzo. Ven conmigo ahora... hoy mismo...38
  39. 39. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- ¡Estás loca, Nadine!- No, estoy completamente cuerda. Quiero tener mi propia vida, contigo, a la luz delsol, no aquí ahogados, a la sombra de una vieja tirana que se complace en hacernosdesgraciados.- Quizá mamá sea un poco autocrática...- ¡Tu madre está loca! ¡Completamente desquiciada!Débilmente, Lennox replicó:- No es verdad. Tiene un gran talento para los negocios.- Quizá.- Y tienes que darte cuenta, Nadine, de que no vivirá para siempre. Se estáhaciendo vieja y su salud es muy mala. A su muerte, la fortuna de mi padre serepartirá a partes iguales entre todos. ¿Recuerdas que ella misma nos leyó eltestamento?- Cuando muera - murmuró Nadine -. Tal vez sea demasiado tarde.- ¿Demasiado tarde? ¿Para qué?- Para la felicidad.Lennox murmuró:- Demasiado tarde para la felicidad.Se estremeció de pronto. Nadine se acercó a él y apoyó la mano en su hombro.- Lennox, yo te amo. Es una batalla entre tu madre y yo. ¿Vas a ponerte de su parteo de la mía?- De la tuya... de la tuya.- Entonces, haz lo que te pido.- ¡Es imposible!- No, no es imposible. Piensa, Lennox, que podríamos tener hijos...- Mamá quiere que los tengamos. Nos lo ha dicho muchas veces.- Ya lo sé. Pero yo no traeré hijos al mundo para que vivan en la oscuridad en la quehabéis crecido vosotros. Tu madre podrá tener influencia sobre vosotros, pero no tieneningún poder sobre mí.Lennox murmuró:- A veces la haces enfadar, Nadine. Eso no es muy prudente.- ¡Se enfada porque se da cuenta de que no puede influir en mi mente ni dictar mispensamientos!- Ya sé que eres siempre cortés y amable con ella. Eres maravillosa, demasiadobuena para mí. Siempre lo has sido. Cuando dijiste que te casarías conmigo, fue comoun sueño increíble.39
  40. 40. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Cometí un error casándome contigo - dijo Nadine serenamente.- Sí..., lo cometiste - musitó Lennox desesperanzado.- No me entiendes. Lo que quiero decir es que si entonces me hubiera marchado y tehubiese pedido que me siguieras, lo habrías hecho. Estoy casi segura... No fui lobastante lista para comprender a tu madre y lo que pretendía.Calló un momento y luego prosiguió.- ¿Te niegas a marcharte conmigo? Bien, no te puedo obligar. ¡Pero yo soy libre deirme! Y creo... creo que me iré.Lennox levantó la vista hacia ella y la miró fijamente con incredulidad. Por primeravez, su réplica fue rápida, como si la lenta corriente de sus pensamientos se hubieravisto por fin acelerada.- Pero... pero - tartamudeó -. No puedes hacer eso. Mamá... mamá no querría ni oírhablar de ello.- No podría detenerme.- No tienes dinero.- Puedo ganarlo, mendigarlo, robarlo o pedirlo prestado. ¡Entiéndeme, Lennox! ¡Tumadre no tiene poder sobre mí! Puedo irme o quedarme a mi voluntad. Estoyempezando a pensar que ya he aguantado esta vida demasiado tiempo.- Nadine, no me dejes... no me dejes...Lo miró pensativa, con calma, con una expresión inescrutable.- No me dejes, Nadine.Hablaba como un niño. Nadine volvió la cabeza hacia otro lado, para que él nopudiera ver el súbito dolor que reflejaban sus ojos. Luego se arrodilló a su lado.- Entonces ven conmigo. ¡Ven conmigo! Puedes hacerlo. ¡Puedes hacerlo sólo si túquieres!Él se apartó de ella.- No puedo... no puedo. ¡Te lo juro! No tengo... ¡Oh Dios mío!... No tengo el suficientevalor...CAPÍTULO IXEl doctor Gerard entró en la oficina de los señores Castle, agentes de turismo, yencontró a Sarah King frente al mostrador.La joven lo miró.- Buenos días. Estoy concretando los detalles de mi viaje a Petra. Me han dicho queal final usted viene también.- Sí, he podido arreglarlo.- ¡Cuánto me alegro!40
  41. 41. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- ¿Seremos muchos?- Me han dicho que somos otras dos mujeres, usted y yo. Un coche completo.- Será delicioso - dijo Gerard con una leve reverencia. Luego, a su vez, se dedicó aarreglar sus asuntos.Más tarde, con el correo en su manos, se reunió con Sarah que salía en ese momentode la oficina. Era un día seco y soleado y el aire era un tanto fresco.- ¿Qué hay de nuestros amigos los Boynton? - preguntó el doctor Gerard -. He estadohaciendo un recorrido de tres días por Belén y Nazaret.Lentamente y de mala gana Sarah explicó sus frustrados intentos de estableceralguna relación con ellos.- Así que he fracasado - concluyó -. Y hoy se marchan.- ¿Adónde van?- No tengo ni idea.Sarah continuó con tono de derrota:- Tengo la sensación de haberme comportado como una idiota.- ¿En qué sentido?- Al entrometerme en los asuntos de otras personas.Gerard se encogió de hombros.- Eso es cuestión de opiniones.- ¿Se refiere a si uno debe interferir o no en los problemas ajenos?- Sí.- ¿Usted..?El francés parecía divertido.- ¿Quiere decir si es mi costumbre meterme en la vida de los demás? Francamente,le diré que no.- ¿Entonces cree que he hecho mal al entrometerme?- No, no. Me malinterpreta usted - Gerard hablaba rápida y enérgicamente -. A mimodo de ver, es una cuestión discutible. Si uno ve que se está cometiendo un error,¿debe intervenir para corregirlo? Esta intromisión en los asuntos ajenos puede hacerun gran bien o un daño enorme. No es posible establecer ninguna regla en este sentido.Hay personas que poseen un verdadero sentido de la intromisión. ¡Lo hacen bien!Otras lo hacen con torpeza y, por lo tanto, sería mejor que se abstuvieran. Por otraparte, hay que considerar el tema de la edad. Los jóvenes tienen la valentía que lesdan sus ideales y convicciones. Sus valores son más teóricos que prácticos. ¡Todavía nohan podido comprobar por experiencia que los hechos suelen contradecir la teoría! ¡Siuno tiene confianza en sí mismo y está convencido de que lo que hace es lo correcto,41
  42. 42. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arpuede llegar a lograr cosas que merecen verdaderamente la pena! (¡Y, de maneraaccidental, causar también bastante daño!) Por otra parte, la persona de mediana edadtiene experiencia, ha descubierto ya que, al tratar de interferir en los asuntos ajenos,las consecuencias pueden ser más dañinas que beneficiosas, y que de hecho lo son conmás frecuencia. ¡Prudentemente, reprime su impulso de entrometerse! El resultado esobvio: el joven vehemente causa un daño y un beneficio. ¡La persona de mediana edad,con su cautela, no causa ni una cosa ni la otra!- Todo eso no me es de mucha ayuda - objetó Sarah.- ¿Y cuándo puede una persona ayudar a otra? Es su problema, no el mío.- ¿Quiere decir que usted no piensa hacer nada con relación a los Boynton?- No. No tendría ninguna posibilidad de éxito.- ¿Entonces, yo tampoco?- Usted, tal vez sí.- ¿Por qué?- Porque usted posee cualidades especiales. El atractivo de su juventud y de su sexo.- ¿Sexo? Ya veo.- Siempre se acaba por volver al sexo, ¿verdad? Ha fracasado con la chica. Eso nosignifica que vaya a fracasar también con el hermano. Lo que me acaba de contar (loque Carol le contó a usted) muestra con toda claridad qué es lo que amenaza laautocracia de la señora Boynton. Lennox, el hijo mayor, la desafió con la fuerza de sujuventud y su hombría. Salió a escondidas de casa, fue a bailes. El deseo del hombre detener una compañera fue más fuerte que el hechizo hipnótico. Pero la vieja conocíamuy bien el poder del sexo (sin duda ha visto algo de eso a lo largo de su carrera).Trató el problema con mucha astucia. Llevó a la casa a una muchacha hermosa peropobre, propició un matrimonio y de esa forma adquirió otra esclava.Sarah negó con la cabeza.- No creo que la joven señora Boynton sea una esclava.- Quizá no - admitió Gerard -. Seguramente, como era una muchacha dócil ytranquila, la vieja señora Boynton subestimó su fuerza de voluntad y su carácter.Nadine Boynton era entonces demasiado joven e inexperta para darse cuenta de laverdadera situación. Ahora lo ve claro, pero es demasiado tarde.- ¿Cree usted que ha perdido la esperanza?El doctor Gerard movió dubitativamente la cabeza.- Si tuviera planes, nadie lo sabría. Hay alguna posibilidad y Cope tiene que ver conello. El hombre es por naturaleza un animal celoso. Y los celos son una fuerza muygrande. Lennox Boynton podría aún ser arrancado de la inercia en la que se está42
  43. 43. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arhundiendo.Con un tono deliberadamente neutro y profesional, Sarah preguntó:- ¿Y le parece que hay alguna posibilidad de que yo pudiera hacer algo con relacióna Raymond?- Sí.Sarah suspiró.- Supongo que debería haberlo intentado. En fin, de todos modos, ahora ya esdemasiado tarde... y no me gusta la idea.Gerard la miró divertido.- ¡Eso es porque es usted inglesa! Los ingleses tienen un complejo con relación alsexo. Creen que “no es demasiado agradable”.La indignada respuesta de Sarah lo dejó indiferente.- Sí, sí; ya sé que es usted muy moderna y que usa libremente en público laspalabras más desagradables que puede encontrar en el diccionario, que es usted unaprofesional y que está completamente desinhibida. Tout de même, se lo repito, tienelos mismos rasgos que su madre y su abuela. Todavía es usted la misma señoritainglesa ruborosa. ¡Aunque ya no se ruborice!- ¡Nunca había oído tantas bobadas!Guiñando un ojo y sin turbarse lo más mínimo, el doctor Gerard añadió:- Y eso la hace muy atractiva.Esta vez, Sarah se quedó sin habla.Precipitadamente, el doctor Gerard levantó su sombrero.- Me marcho antes de que pueda empezar a decir todo lo que piensa - dijo, y saliódisparado hacia el hotel.Sarah lo siguió a paso más lento.Había mucha actividad. Varios coches cargados con equipajes estaban a punto departir. Lennox y Nadine Boynton y el señor Cope se encontraban de pie junto a ungran automóvil ultimando los preparativos. Un guía bastante gordo hablaba con Carolen un inglés casi ininteligible.Sarah pasó de largo junto a ellos y entró en el hotel. La señora Boynton, envueltaen un grueso abrigo, estaba sentada en una silla, esperando el momento de partir. Almirarla, Sarah sintió una extraña repugnancia. Aquella mujer se le aparecía como unafigura siniestra, como una encarnación del mal.Sin embargo, de pronto, vio a la vieja como una figura inútil y patética. ¡Habernacido con semejante ansia de poder, semejante deseo de dominio, y haber alcanzadotan sólo una pequeña tiranía doméstica! ¡Si sus hijos pudieran verla como la veía43
  44. 44. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arSarah en aquel momento, como un objeto de compasión, una vieja estúpida, maligna,patética y afectada! Siguiendo un impulso, Sarah se acercó a ella.- Adiós, señora Boynton - dijo -. Le deseo un buen viaje.La anciana la miró. En aquellos ojos, la malicia luchaba con la ofensa.- Ha procurado usted ser lo más grosera posible conmigo - continuó Sarah.(¿Estaba loca? - se preguntó -. ¿Qué demonios era lo que la impulsaba a hablar deaquella manera?)- Ha procurado evitar que su hijo y su hija hicieran amistad conmigo. ¿No le pareceque todo eso es muy estúpido e infantil? Le gusta pasar por un ogro, pero en realidades usted patética y bastante ridícula. Si yo fuera usted, dejaría de hacer todo esteteatro. Supongo que me odiará por decirle todo esto, pero es lo que pienso y tal vez algoquedará. Todavía podría disfrutar de tantas cosas. Le aseguro que es mucho mejor seramistoso y amable. Si lo intentara, podría serlo.Hubo una pausa.La señora Boynton parecía estar congelada, petrificada, inmóvil como un muerto. Alfin, se pasó la lengua por los labios secos y abrió la boca... pero durante unos instantessiguió sin pronunciar palabra.- Hable - instó Sarah -. ¡Dígalo! No importa lo que sea. Tan sólo reflexione acerca delo que yo le he dicho a usted.Por fin, la señora Boynton habló con una voz apagada y ronca, pero penetrante. Susojos de basilisco miraban no a Sarah, sino por encima de su hombro, como si no sedirigiese a la joven, sino a algún espíritu familiar.- Yo nunca olvido - dijo -. Recuérdelo. Nunca he olvidado nada. Ni una acción, ni unnombre, ni una cara...No había nada en las palabras en sí; pero el veneno con el que fueron dichas hizoque Sarah retrocediese un paso. Y entonces, la señora Boynton se echó a reír. Era, sinlugar a dudas, una risa horrible.Sarah se encogió de hombros.- ¡Pobre desgraciada! - dijo.Dio media vuelta. Al dirigirse hacia el ascensor, tropezó con Raymond Boynton.Impulsivamente y con prisa, le habló:- Adiós. Espero que se divierta. Quizá algún día volvamos a encontrarnos - le sonrió,una cálida y amistosa sonrisa, y luego siguió rápidamente su camino.Raymond quedó como transformado en piedra. Estaba tan perdido en suspensamientos que el hombrecillo con bigote negro que intentaba salir del ascensor tuvoque repetirle varias veces:44
  45. 45. Cita con la Muerte www.infotematica.com.ar- Pardon.Al fin, Raymond lo oyó y se hizo a un lado.- Perdone - se excusó -. Estaba... pensando.Carol se acercó a él.- Ray, ve a buscar a Jinny. Subió a su habitación. Estamos a punto de salir.- Bien, le diré que baje enseguida.Raymond entró en el ascensor.Hércules Poirot se quedó parado un momento y lo siguió con la mirada. Tenía lascejas arqueadas y la cabeza ladeada, como si estuviera escuchando.Al fin movió la cabeza como si asintiera y mientras atravesaba el comedor miróatentamente a Carol, que se había reunido con su madre.Luego llamó al jefe de camareros, que pasaba por allí.- Pardon. ¿Podría decirme quiénes son aquellas personas que están allí?- Son los Boynton, señor. Americanos.- Gracias - dijo Hércules Poirot.En el tercer piso, el doctor Gerard, que se dirigía a su habitación, se cruzó conGinebra y Raymond Boynton, que iban hacia el ascensor. Justo en el momento en queiban a entrar, Ginebra dijo:- Un momento, Ray. Espérame en el ascensor.Dio media vuelta y corrió por el pasillo. Al doblar la esquina, alcanzó al médico.- Por favor... tengo que hablar con usted.El doctor Gerard la miró asombrado.La joven se acercó más a él y lo cogió por el brazo.- ¡Se me llevan! Quizá vayan a matarme... Yo no pertenezco a su familia, ¿sabe? Minombre de verdad no es Boynton...Hablaba cada vez más deprisa. Las palabras se apelotonaban unas encima de otras.- Le confiaré mi secreto. Soy... soy de una familia de sangre real. ¡De verdad! Soy laheredera de un trono. Por eso... siempre hay enemigos a mi alrededor. Intentanenvenenarme... por todos los medios. ¡Si usted pudiese ayudarme... a huir!Se interrumpió. Se oyeron pasos.- ¡Jinny!Hermosa, con aquella súbita expresión de sobresalto, la muchacha se llevó un dedoa los labios, lanzó a Gerard una mirada suplicante y se alejó corriendo.- ¡Ya voy, Ray!El doctor Gerard siguió su camino con las cejas muy arqueadas. Lentamente, meneóla cabeza y frunció el ceño.45
  46. 46. Cita con la Muerte www.infotematica.com.arCAPÍTULO XEra la mañana de la partida hacia Petra.Sarah bajó y en la entrada principal se encontró con una corpulenta mujer deaspecto autoritario y cara de caballo, a quien ya había visto anteriormente en el hotel,que protestaba enérgicamente por las dimensiones del auto.- ¡Es demasiado pequeño! ¿Cuatro pasajeros? ¿Y un guía? Entonces, necesitamos uncoche más grande. Tenga la bondad de llevárselo y volver con otro que sea del tamañoadecuado.El representante de los señores Castle intentó en vano alzar su voz para explicarse.Aquél era el tipo de coche que se usaba habitualmente. Era muy cómodo. Un cochemás grande no iba bien para viajar por el desierto. La fornida mujer lo arrolló comouna apisonadora, metafóricamente hablando.Después desvió su atención hacia Sarah.- ¿Es usted la señorita King? Soy lady Westholme. Estoy segura de que ustedtambién opina que este coche es demasiado pequeño.- Bueno - dijo Sarah con cautela -. Creo que efectivamente uno más grande seríamás cómodo.El joven representante de la agencia Castle murmuró que un automóvil de mayoresproporciones supondría un aumento en el precio.- El precio está fijado - replicó lady Westholme -. Y desde luego no estoy dispuesta apagar ningún suplemento. En el folleto dice claramente que el viaje se hará “en uncoche amplio y confortable”. Están obligados a cumplir lo que prometen.Reconociéndose vencido, el empleado de la agencia se retiró murmurando que iba aver si podía hacer algo al respecto.Lady Westholme se volvió hacia Sarah y la miró con una sonrisa triunfante en sucurtido rostro. Las rojas aletas de su nariz de caballo se dilataron exultantes.Lady Westholme era una figura muy conocida en el ambiente político inglés. LordWestholme, noble de mediana edad y notable ingenuidad, cuyos únicos intereses en lavida eran cazar, pescar y tirar al blanco, regresaba de los Estados Unidos y conoció,entre sus compañeros de viaje, a una tal señora Vansittart. Poco después, la señoraVansittart se convertía en lady Westholme. A menudo, aquel matrimonio era puestocomo ejemplo de los peligros que entrañan los viajes transoceánicos. La nueva ladyWestholme vestía siempre trajes de tweed y calzaba zapatones sólidos y fuertes, criabaperros, intimidaba a los lugareños y obligaba, implacable, a su marido a que seocupara de la vida pública. Por fin, dándose cuenta de que la política no eraprecisamente el métier de lord Westholme en esta vida y que nunca lo sería, le46

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