Al este del Edén
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Al este del Edén Al este del Edén Document Transcript

  • CUADRO SINÓPTICO DE AL ESTE DEL EDÉN<br />TÍTULOAl Este del EdénDIRECCIÓNElia KazanPAÍSUSAAÑO1955DURACIÓN113 min.GÉNERODrama.REPARTOJames Dean (Cal Trask); Julie Harris (Abra); Raymond Massey (Adam Trask); Burl Ives (El sheriff Sam); Richard Davalos (Aron Trask); Jo Van Fleet (Kate); Albert Dekker (Will Hamilton); Lois Smith (Anne); Harold Gordon (Gustav Albrecht); Nick Dennis (Rantani); Timothy Carey (Joe); Lonny Chapman (Roy); Richard Garrick (Doctor Edwards); Mario Siletti (Mr. Picora).GUIÓNPaul Osborn, basado en la novela de John Steinbeck.PRODUCTORAWarner Bros.PRODUCTORElia Kazan.FOTOGRAFÍATed D. McCorn.MÚSICALeonard Rosenman.MONTAJEOwen MarksDIRECCIÓN ARTÍSTICAJames Basevi, Malcolm C. Bert.SONIDOStanley JonesDECORADOSGeorge James HopkinsVESTUARIOAnna Hill JohnstoneCONSULTOR DE COLORJohn HambletonMAQUILLAJE Y PELUQUERÍAGordon BauPREMIOSGanadora de un Oscar a Mejor Actriz de reparto Jo Van Fleet; candidata a tres Oscar: Mejor Actor Protagonista (James Dean), Mejor Director, Mejor guión adaptado; ganadora de un premio en Cannes a Mejor filme dramático; ganadora de un Globo de Oro por Mejor filme dramático.ESTRENO9 de marzo de 1955 en New York.<br />ARGUMENTOSalinas y Monterrey, 1917. Un chico de Salinas, Cal Trask, encuentra a su madre que regenta un prostíbulo en Monterrey. Adam, su padre, la cree desaparecida. Para sus hijos Aron y Cal su madre había muerto. Ambos son completamente diferentes: Cal es desaliñado, impulsivo, insociable, mujeriego; Aron es el que está llamado a suceder a su padre en el negocio familiar, estudioso, atento, conciliador, pacifista con novia formal: Abra con quien se piensa casar y formar una familia. El padre ha comprado una factoría de hielo, pretende transportar lechugas de Salinas a Nueva York en trenes frigoríficos. El negocio se va al traste cuando un alud de nieve a 160 Km, en las montañas, impide el paso del convoy y el calor hace que el hielo se derrita y las lechugas se pudran. La guerra en Europa es inminente. Cal aconseja a su padre que invierta en el negocio de las judías, pues si EEUU entra en guerra, será un negocio rentable pero su padre lo ignora. Anticipándose a la entrada de EEUU en la guerra, Cal desea resarcir a su padre y pide a su madre una inversión de 5000 dólares para comprar una cosecha de judías. El chico no se equivoca. EEUU declara la guerra a Alemania el 6 de abril de 1917. Con la subida exponencial de las judías, gana el dinero suficiente para reparar la pérdida de su padre pero a éste no le parece un dinero ganado honradamente.<br />EL TEMAUna recreación del mito de Abel y Caín, el hijo bueno y el hijo malo. Caín mató a su hermano Abel por celos ya que Dios aceptó el regalo de Abel pero no el de Caín (exactamente como ocurre en la película). Jahvé castigó a Caín a vivir a este del Edén pero le hizo una marca para que los demás seres supieran que era un ser protegido y no le atacasen. Lo fundamental de esta historia es que descendemos simbólicamente de Caín, o sea, del pecado, de los celos, del crimen. Cal Trask saca el lado malo de su madre. Aron Trask, por su parte, representa el lado bueno del padre. Cal y Trask dos caras de una misma moneda. La naturaleza humana que como Jano tiene dos caras es bifronte. Es la recreación del viejo mito de Dr. Jekill y Mr, Hyde. Al Este de Salinas está Monterrey. Frente al pueblo agrícola y ganadero, el pueblo pesquero. Kate vive al este de Salinas regentado su negocio de lujuria y sexo. Es el lado malo, al este del Edén.<br />¿CÓMO SURGE LA PELÍCULA?<br />1954 es el año de Elia Kazan. Había enviado al estrellato a Marlon Brando con Un tranvía llamado deseo, había participado activamente en las delaciones ante el Comité de Actividades Antiamericanas y estaba en esos momentos arrasando por La ley del silencio, su defensa ante los ataques que le acusaban de chivato. Kazan estaba arrasando en las salas. Entró solo, sin la compañía de su representante, en la oficina de Jack Warner, le hizo la pelota, le río un par de chistes y le soltó que quería hacer una película basada en la novela de John Steinbeck. Kazan había leído las galeradas de Al Este del Edén que era el libro con el que se presentaba delante de la Warner –ya habían colaborado en ¡Viva Zapata!, además, Steinbeck había visto adaptadas en pantalla novelas suyas como De ratones y hombres, El poni rojo, La perla y Las uvas de la ira. Por supuesto, Jack Warner no había leído ningún adelanto de Al Este del Edén, ni leería jamás la novela, ni le preguntó a Kazan de qué iba, ni los actores que la protagonizarían. Sólo tuvo una duda: “¿Cuánto costaría?”. “Alrededor de 1.600.000 dólares”, respondió el cineasta. “Concedidos”. El director comentó que tal vez utilizaría actores noveles. “Ven a comer conmigo. Da los papeles a quien te parezca”. Fue la última frase de negociación. Así se cerró el rodaje del primer filme de en color y en Cinemascope de Elia Kazan.<br />EL MAcCARTHISMO EN HOLLYWOOD<br />Toda la carrera de Elia Kazan y todo su talento se fueron por el agujero del wáter el día en que empezó a colaborar con el Comité de Actividades Antiamericanas y a señalar con el dedo a sus antiguos colegas del Partido Comunista. Kazan ayudó a la confección de las listas negras de Hollywood y ese detalle jamás se les olvidó a sus compañeros de profesión, como prueba que en el año 1999, en que recibió un Oscar honorífico por toda su carrera, muchos cineastas ni le aplaudieron ni se levantaron cuando subió al escenario. En marzo de 1947, en plena guerra fría y en un clima de anticomunismo colectivo, El Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC), presidido por J. Parnell Thomas comunicó su intención de poner en marcha una investigación sobre la infiltración comunista en Hollywood. En Mayo de ese mismo año, en el hotel Baltimore de Los Ángeles tuvieron lugar unas conversaciones secretas entre la comisión investigadora designadas y grandes dirigentes de la industria cinematográfica. De ese encuentro salieron, más o menos elaboradas, las primeras listas negras de posibles comunistas. En septiembre, Parnell Thomas envió 41 citaciones a declarar ante el Comité a profesionales del cine. De entre todos ellos, 19 se opusieron a dicho comité, amparándose en la constitución americana: Bertolt Brecht, Alvah Bessie, Herbert J. Biberman, Lester Cole, Richard Collins, Gordon Kahn, Howard Koch, Ring Lardner Jr., Howard Lawson, Albert Maltz, Lewis Milestone, Samuel Ornitz, Larry Parks, Irving Pichel, Robert Rossen, Waldo Salt, Adrian Scott, Dalton Trumbo y Edward Dmytryk. A partir de este momento, fueron conocidos como los “diecinueve hostiles” (The unfriendly nineteen). Hablando entre ellos y pensando cómo actuar ante el Comité, se pusieron de acuerdo en que, amparados por la quinta enmienda de la Constitución americana (según el Bill of Rights de 1791), todos ellos se negarían a responder ante la comisión puesto que ningún ciudadano puede ser obligado a testificar en contra suya. Gran parte de la comunidad de Hollywood apoyó al grupo, y así se creó el Comité de la Primera Enmienda, formado por más de 500 personalidades del mundo del cine –Humphrey Bogart, Lauren Bacall, John Huston, Kirk Douglas, George Stevens, Elia Kazan, Billy Wilder y David O. Selznick, entre otros- con William Wyler y Phillip Dunne a la cabeza, y que contaba con el apoyo de cuatro senadores. La noche antes de que “los diecinueve de Hollywood” declararan ante la comisión en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, el Comité para la Primera Enmienda dio un mitin, presentado por Gene Kelly en el que, además de su total apoyo a los acusados, hizo pública su intención de viajar a Washington como observador de los interrogatorios. Sin embargo, las presiones de los grandes magnates de la industria dieron pronto resultado: el productor David O. Selznick se dio de baja del Comité por miedo a las represalias de la industria y esto provocó un efecto dominó que desinfló el ánimo de la Primera Enmienda. Las sesiones ante la comisión –uno de cuyos miembros era un joven Richard Nixon, representante del Estado de California- comenzaron el 20 de octubre de 1947 y duraron los siguientes diez días. Los primeros en declarar fueron testigos voluntarios, entre los que se encontraban los productores Jack L. Warner y Louis B. Mayer. En prueba de su buena voluntad, los dos testificaron en contra de la infiltración comunista en las películas de sus estudios, aunque dando los nombres de aquellos que consideraban responsables de introducir propaganda, guionistas preferentemente. Después testificaron unos presuntos expertos -como Lela E. Rogers, madre de la actriz Ginger Rogers, o la autora de El manantial, Ayn Rand- y algunos testigos voluntarios como los actores Adolph Menjou, Robert Taylor y Gary Cooper o el director Sam Wood. Cuando les llegó el turno a “los diecinueve de Hollywood” –aunque sólo once llegaron a declarar ante la comisión-, su estrategia fue común, con la excepción de Bertolt Brecht, que como extranjero afrontaba la extradición del país, el resto –los famosos “diez de Hollywood-, se negó a responder a las preguntas del Tribunal. Como recordaría el guionista Alva Bessie: “Ni yo ni ninguno de los otros escritores, directores de cine o productores que íbamos a ser conocidos como “los diez de Hollywood” nos habíamos negado verdaderamente a testimoniar ante el Comité de Actividades Antiamericanas cuando, en 1947, esa comisión acusó a la industria cinematográfica de infiltración comunista. La verdad es que estábamos deseosos de hablar, pero a la comisión no le interesaba el tipo de declaración que nosotros queríamos formular. Nuestro argumento era que la comisión en sí misma era anticonstitucional, porque no podía inmiscuirse en el terreno de las ideas, opiniones o derechos de asociación. Por lo tanto, uno por uno nos negamos individualmente a responder las únicas preguntas planteadas por la comisión, preguntas que presuponían de antemano la respuesta: ¿A qué sindicato está usted afiliado? ¿A qué partido?”. Como primer resultado de esta negativa, el 24 de noviembre en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York se inició la reunión secreta que duró los dos días siguientes y que congregó al estado mayor de la industria cinematográfica. A continuación, éste hizo público un comunicado con la resolución final tomada en aquella reunión: la industria cinematográfica, como gesto de desaprobación de “la actuación de los diez de Hollywood”, había decidido “no darles empleo, o suspenderles de empleo sin compensación”, además de comprometerse a no contratar a simpatizantes comunistas ni a cualquier otro enemigo de la nación americana. La era de las listas negras había comenzado: todo el mundo estaba bajo sospecha. Esa misma semana la Cámara de Representantes de Estados Unidos decidió abrir la causa legal contra “los diez de Hollywood” –es decir, contra Bessie, Biberman, Cole, Lardner, Lawson, Maltz, Salt, Scott, Trumbo y Dmytryk que habían sido ya despedidos de sus puestos de trabajo- con el resultado final salvo en los casos de Dmytryk y el guionista y director Herbert J. Biberman, de una condena de un año de prisión y una multa de mil dólares cada uno. Edward Dmytryk condenado a seis meses de cárcel, fue internado junto a Maltz en la penitenciaría de Virginia Occidental. Luego, a finales del verano de 1950, difundió un comunicado en el que reconocía haber cometido un error y solicitaba volver a declarar ante la comisión. El 25 de abril de 1950, justificando su cambio de actitud por la entrada de Estados Unidos en la Guerra de Corea y alegando motivos familiares, Dmytryk confesó al tribunal haber pertenecido al Partido Comunista y dio los nombres de algunos de sus camaradas comunistas: los directores Jules Dassin, John Berry y Michael Gordon, y los guionistas John Howard Lawson, Alvah Bessie y Gordon Kahn, entro otros muchos. Fue un golpe definitivo. La delación se convirtió en cotidiana: Robert Rossen, Richard Collins, Elia Kazan, Budd Schulberg, Carl Foreman, Leo Townsed, Stanley Roberts –posterior guionista de El motín del Caine- y otros muchos pasaron seguidamente por careos similares por la comisión. Y así se abría uno de los períodos más oscuros y ominosos de toda la historia norteamericana. Inmediatamente surgió el ciclo de películas anticomunista –Telón de acero (1947, William Al Wellman), Fugitivos del terror rojo (1953, Elia Kazan), Manos peligrosas (1954, Samuel Fuller)- y las listas negras provocaron la obligatoriedad de emigrar (Charles Chaplin, Jules Dassin, Joseph Losey, Cy Endfield se marcharon a Europa), o crearon la necesidad de cambiar de nombre para poder encontrar trabajo. Proliferaron seudónimos y tapaderas, algo que Woody Allen interpretó muy bien en La tapadera (1976, Martin Ritt), película en la que intervinieron numerosos represaliados por la comisión.<br />ELIA KAZAN Y JOHN STEINBECK<br />Estamos en 1954, esta es la temporada de Kazan. El cineasta habló con Steinbeck, le encantaba su libro, pero en él había varios puntos de vista y Kazan sólo creía aprovechables para el cine sus últimas 80 páginas y una narración que se centrase en el personaje de Cal. Así que buscó un guionista que le ayudara en esa labor de desmontaje y mejora y contrató a Paul Osborn (El despertar, Madame Curie). La novela es un relato autobiográfico: su infancia y adolescencia en el valle californiano de Salinas y su crianza bajo la mirada de un padre severo. Supongo que Kazan identificó en el libro señales de su propia experiencia, de igual modo. Divorciado en 1948 de su segunda esposa, Steinbeck usó parte de los sentimientos provocados por esa ruptura en el personaje de Kate, la madre huida. “Lo que me atrajo de Al este del Edén no es nada misterioso. La historia de un hijo que trata de complacer a un padre que lo desaprueba era una parte. Otra parte era la oportunidad de atacar el puritanismo absoluto de ‘esto está bien y esto está mal’. Yo trataba de demostrar que el bien y el mal pueden mezclarse y que hay valores que tienen que mirarse más profundamente que con ese síndrome absoluto de aprobación o desaprobación de mis amigos de izquierdas” –confesó el cineasta.<br />LA GENERACIÓN PERDIDA<br />Los escritores que nacieron a final del siglo XIX, experimentaron un proceso de transformación del mundo como nunca antes. Con ellos, como indica Susana Lozano Moreno, nació el cine en 1895 y también maduraron juntos. Este crecer juntos hizo que compartieran también mucho. El epíteto perdida se lo debemos a Gertrude Stein, Hemingway lo cuenta en el capítulo 3 de su libro A Moveable Feast titulado “Une Genértion Perdue”. “Miss Stein y yo éramos tan buenos amigos que me hizo la siguiente observación sobre la generación perdida: tuvo un problema con el motor de arranque de su viejo Ford Modelo T, condujo su Ford y el joven mecánico que la había atendido el último año de la guerra, no puso el mismo interés que lo hizo con otros, en el vehículo de Miss Stein. Hizo una chapuza y fue amonestado severamente por su jefe después de que Miss Stein protestara. El jefe le dijo: “formas parte de una generación perdida”. Miss Stein añadió: “Esto es lo que tú eres. Sí es lo que eres del todo (…). Todos los jóvenes que servisteis en la guerra, sois una generación perdida”. “¿De veras?” –pregunté yo. “¿Tu eres…?” –insistió ella; “No tienes respeto por nada. Bebes hasta la inconsciencia…”. “¿Era un borracho el joven mecánico?” –pregunté. “Por supuesto que no” –respondió. Un fragmento que expresa lo que la generación precedente a la generación perdida pensaba de ellos. Gertrude Stein nació en 1874 y Hemingway en 1899. La generación precedente y la generación perdida. Más tarde Hemingway escribió: “Pensé en Miss Stein y en Sherwood Anderson, en su egotismo y pereza mental y me pregunté ¿quién llama a quién una generación perdida?”. Libros como Las uvas de la ira, El gran Gastby o Tener y no tener, The Sound and the Fury, libros terribles que ponían de manifiesto que aquella generación no lo tuvo fácil en el país en el que el hombre se hacía a sí mismo y cualquiera podía llegar a ser presidente. Todo era mentira. Una tierra de perdedores. De entre todos ellos destacan cuatro: William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, y John Steinbeck. La guerra, a parte de una realidad, se convirtió en un símbolo: antes de la guerra eran jóvenes esperanzados, después ya no eran jóvenes, en pocos años habían envejecido mucho. Después de la guerra tuvieron que lidiar contra sí mismos, contra sus propias experiencias. Como señala Antonio Drove: “aparecen escritores, soldados, borrachos, putas, maestras de escuela, hermanos filisteos… personajes típicos de las novelas de la generación perdida. Frank Sinatra al volver de su pueblo natal, saca unos libros de su saco de soldado: Faulkner, Steinbeck, Hemingway, Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe… son “la generación perdida norteamericana”, por lo menos la reconocida académicamente tanto por la cultura yanqui como por la academia sueca. Pero habría que añadir tanto por calidad como por afinidades éticas, vitales y estilísticas a los escritores hard boiled, los duros de la escuela negra procedentes de la escuela Black Mask: Dassiel Hammett, James M. Cain, Raymond Chandler, Jim Thomson, Horace McCoy”. También añadimos algunas escritoras como Lilliam Hellman o Margaret Mitchell, nacidas en 1905 y 1900, respectivamente.<br />JOHN STEINBECK<br />Steinbeck nació el 27 de febrero de 1902 en Salinas, California. Estudio en la Salinas High School y más tarde en la Stanford University, en la que no consiguió licenciarse. En 1925 se trasladó a New York, donde desempeñó los oficios más diversos: obrero de la construcción, operario en una factoría. Su primera novela The Cup of Gold, apareció en 1929 y en el transcurso de las tres décadas siguientes publicó la mayoría de sus obras más conocidas: Tortilla Flat (1935), De ratones y hombres (1937), Las uvas de la ira (1939) –premio Pulitzer-, La luna se ha puesto (1942), La perla (1948), Al este del Edén (1952)… 17 adaptaciones, Steinbeck es uno de los autores norteamericanos más llevados a la pantalla. Versiones entre las que cabe citas De ratones y hombres (1939, Lewis Milestone), Las uvas de la ira (1940, John Ford), Tortilla flat (1942, Víctor Fleming), La luna se ha puesto (1944, Irving Pichel), y Al este del Edén (1955, Elia Kazan). Respecto a la actividad del propio director como guionista, Steinbeck fue candidato en tres ocasiones al Oscar por su trabajo en Náufragos (1944, Alfred Hitchcock), A Medal for Benny (1945, Irving Pichel) y ¡Viva Zapata! (1952, Elia Kazan); escribió además los guiones para La perla (1948, Emilio indio Fernández) y El poni rojo (1949, Lewis Milestone). Su única aparición en la pantalla fue como presentador y narrador de la película de episodios Cuatro páginas de la vida (1952, Koster-Hathaway-Negulesco-Hawks) basada en los relatos de O´Henry. En 1962 obtuvo el Premio Nobel de Literatura y dos años más tarde la American Medal of Freedom de manos del presidente Lindon B. Johnson. Falleció en Nueva York el 20 de octubre de 1968.<br />EL DECUBRIMIENTO DE UN MITO JAMES DEAN<br />Osborn fue el primero en descubrir en Nueva York a James Dean. El guionista aconsejó al director que se acercara al John Golden Theatre a ver a un chico joven que tenía un pequeño papel árabe en la obra El inmoralista. A Kazan el rostro de Dean le sonaba: le había visto en algunas clases de Actors Studio. El actor no le impresionó, Kazan estaba pensando en Brando. Pero le citó en una entrevista en las oficinas de Warner en Nueva York. “Cuando llegué Dean estaba repantigado en el extremo de un sofá de la sala de espera; era un montón de piernas retorcidas y harapos vaqueros, con una expresión de resentimiento hacia nada en particular. No me gustó su expresión y decidí hacerle esperar. Además, quería ver cómo reaccionaba. Parecía que había ganado la partida porque cuando le hice entrar, había perdido su pose beligerante. Intentamos hablar, pero la conversación no era su fuerte, así que nos quedamos sentados mirándonos mutuamente. Me invitó a dar una vuelta en su moto; esa vuelta no me divirtió mucho. Dean se exhibió: era un chico de pueblo demostrando que no le gustaba el tráfico de la ciudad”. Al volver a la oficina y tras despedirse de Dean, Kazan llamó a Osborn: el chico era el Cal de Al este del Edén, no necesitaba interpretar, ni hacía falta seguir buscando, ni tampoco tenía sentido someterlo a una lectura de guión. Para confirmar sus intuiciones, el cineasta envió a Dean a casa de Steinbeck, que entonces vivía en la calle 72. “A John le pareció que era un mocoso tonto. Le dije que eso era irrelevante; ¿no era cal? John contestó que estaba claro que sí. Eso era todo lo que había que hablar”.<br />EL REPARTO<br />El director construyó alrededor del debutante Dean el resto del reparto. Febrero de 1954. Dean dejará la obra El inmoralista el día 20. Antes, simultanea las representaciones con la selección del reparto de Al este del Edén. Para su hermano vieron a diversos actores, incluido un estudiante del Actors Studio, Paul Newman. Para el personaje de Abra, Kazan no tuvo dudas interpretativas y reclamó Julie Harris, otra excepcional artista salida del Actors Studio, aunque también ojearon a Joanne Woodward. En cuanto a los dos padres, Kazan se arriesgó apostando por el talento de Jo Van Fleet en el papel de Kate (un acierto, la actriz debutaba en la gran pantalla con este filme y se llevó el Óscar) y fue a tiro hecho con Raymond Massey en el de Adam, el severo padre. Massey recordaba físicamente tanto al padre de Kazan como al de Steinbeck y seguramente ese hecho pesó en su favor. De hermano bueno, de Aron, Richard Davalos, otro joven prometedor que sin embargo, no logró cimentar su carrera profesional. Y de Sheriff, un cantante que hacía sus pinitos como actor, Burl Ives que trabajó tan bien que Kazan no dudó en recurrir a él en su estreno teatral de La gata sobre el tejado de cinc. Todos eran actores de teatro, y la mayor parte de ellos debutaba en el cine, un riesgo que atraía a Kazan. El 6 de marzo, The New York Times anuncia que James Dean ha firmado su contrato definitivo. Cobraría 18.000 dólares. El actor anunció al estudio Warner que iría a Hollywood en su moto Triumph, un viaje que suponía 6.000 Kms. Una caída importante a finales de marzo llevó a Kazan a prohibirle subirse de nuevo en ella hasta el fin de la producción.<br />EL RODAJE<br />El rodaje se inició el 27 de mayo de 1954 en Mendocino, un pueblo a 200 kilómetros al norte de San Francisco. Podía pasar por Monterrey de 1917. Allí filmaron el inicio de la película, cuando Cal persigue a su madre. El 3 de junio fueron hasta Salinas para rodar los valles de lechugas. Y el 12 de junio se trasladaron a los estudios Warner en Burbank, donde estuvieron hasta el final del rodaje, el 13 de agosto. Kazan no escatimó gastos hizo construir un enorme decorado imitando el pueblo de Salinas y su feria de atracciones, incluida la noria. Para la toma en la barquilla de la noria, cuando Cal y Abra charlan amistosamente y se dan el primer beso, Kazan se trajo una grúa de las usadas en 20.000 leguas de viaje submarino, izó las luces, el quipo de sonido y la cámara, y rodó a la altura natural todo el diálogo. <br />CONCLUSIÓN<br />Finalizado el rodaje, Dean hizo algo de televisión en Los Ángeles (así conoció a Natalie Wood, su futura compañera en Rebelde sin causa), fue desalojado por el mismo Jack Warner de su camerino en los estudios (aunque amplió su contrato con él y el 7 de octubre anunció que su siguiente película sería Rebelde sin causa, con Nicholas Ray), visionó con el resto del equipo el 4 de diciembre el primer montaje que había realizado Elia Kazan de la película y viajó a Nueva York a pasar allí las Navidades (momento en que le realizaron las famosas fotografías con el suéter roto). Por su parte, Kazan comenzó a mitad de diciembre a proyectar Al este del Edén en preestrenos en pueblos cercanos a Los Ángeles: así confirmó que tenía una bomba en las manos. “Maldito chico, se convirtió en una leyenda de la noche a la mañana, y su leyenda crecía con cada proyección”. 13 días después de finalizar el rodaje de Gigante, al volante de su Porche 550 Spyder, al que había bautizado como Pequeño bastardo, en Cholame (California), camino de las carreras de Salinas. No iba a gran velocidad pero sí por el carril contrario, y se empotró contra otro coche. Dean reflejó mejor que nadie los años de soledad, incomprensión, rebeldía, inconformismo, irreverencia, de su generación. Su imagen forma parte del inconsciente colectivo: descuidado, desaliñado, tímido, descarado, su amor por las carreras de coches y la velocidad. Tras su muerte, Dean fue doble candidato póstumo al Oscar: en 1956 como actor protagonista por Al este del Edén, y en la misma categoría al año siguiente por Gigante. Alec Guiness le vio el mismo mediodía de su muerte y le avisó de las malas vibraciones que sentía sobre su coche. Cumplió la frase: “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”.<br />