Una cita en el altar para imprimir(1)

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Una cita en el altar para imprimir(1)

  1. 1. UNA CITA EN EL ALTARHola Iglesia!. Hoy salimos a la luz con una nota semanal para invitarte a entrar en la presencia de Dios, porque enmedio de los ruidos que produce la vida necesitamos escuchar su voz, y -lo que es más importante- obedecerla. Nohablamos del altar de incienso donde Zacarías se encontró con un ángel, ni del altar de sacrificio de expiación tan comúnen el Antiguo Testamento.Todos esos lugares físicos son controlados por nuestras formas de religiosidad, las cuales muchas veces pierden suvalor espiritual. No creemos que son lugares inadecuados por sí mismos; pero nunca debemos olvidar la sentenciadivina recogida con estupor por los oídos del profeta Isaías: “…Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mícon su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que unmandamiento de hombres que les ha sido enseñado;…”Isaías 29:13El Señor quiere que nos acerquemos a su presencia por encima de los límites de nuestras formas religiosas; desea queen la intimidad de nuestra vida y en el silencio de nuestra soledad vengamos a Él como lo expresó David en el salmo 5:“…Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré .”La iglesia de Cristo tiene una deuda con el altar. Hay un déficit moral en nuestra alma, un vacío, y si me permiten eltérmino, un hueco, que no se puede satisfacer en los escarceos de lo que “hacemos” muchas veces distraídamente eneso que llamamos “culto o servicio”. ¡Por supuesto que estamos hablando de oración!; hablamos de “estar” en lapresencia de Dios. Eso es diferente a traer una lista de peticiones para que Dios las resuelva La honestidad nos imponereconocer que pasar tiempo en el altar es una tarea supremamente difícil, básicamente, porque atenta contra las puertasdel mismísimo infierno.Esta columna será desde hoy una escuela. La vida de oración de Jesús será nuestro punto de partida. Sus discípulos lepidieron: “Enséñanos a orar”. Aprenderemos con el Maestro y su presencia nos llevará al corolario necesario de estarcon Él; nos llevará a ser santos, que es el primer fruto de ser cristianos. ¡Bienvenidos a la Escuela Dominical del Altar!Cuando leemos el capítulo 11 del evangelio de Lucas nos sorprende la narración de un feliz encuentro entre uno de losdiscípulos y Jesús. El Hijo de Dios, -como era su costumbre-, se había apartado a orar en un lugar solitario, y eldiscípulo, en nombre de un grupo mayor le hace una curiosa petición a Jesús: Señor, ENSÉÑANOS A ORAR como Juanenseñó a los suyos.Este es un incidente demasiado serio, con un valor sustantivo muy denso, el cual merece nuestra máxima atención,porque pone en boca de una persona que tiene, al menos, tres características: a) es un adulto, b) es un judío y c) es undiscípulo de Cristo; que está manifestando claramente que él, junto con el grupo que representa, (enséñanos) no sabenorar.Si una persona con esas credenciales declara que no sabe orar, entonces eso nos plantea preguntarnos qué era lo quesabía y que era lo que ignoraba acerca de la oración. Evidentemente, como judío había aprendido largas oraciones dememoria que se hacían en horas fijas y con la mirada hacia Jerusalén. Eso representaba el entorno social y religioso,más no la esencia de la oración. Eso era la religión de la oración.Justamente, ese es el sentido de la petición de los discípulos. Saben hacer oraciones con rígido respeto a formasreligiosas, pero sólo cuando vieron orando a Jesús sienten que lo que tenían como forma de orar, sencillamente nofuncionaba, y por eso le piden ayuda.
  2. 2. 2¿Qué fue lo que impactó a los discípulos de la oración de Jesús?, ¿Fue su contenido, o fue acaso su disciplina? Estonos permite hacer una diferenciación pedagógica de primer orden. Hay una diferencia sustancial entre orar (a secas) ytener vida de oración. Muchísimas personas en el mundo pueden orar, pero pocos, en realidad, tienen vida de oración.Nadie exhibió jamás un reverente respeto por la disciplina de la oración como Jesús de Nazareth. Cristo apartabaconsuetudinariamente tiempo de su apretada y exitosa agenda para pasarlo en la presencia del Padre. Siempre tuvo elcuidado de ubicar a la oración en el lugar que le correspondía. Comprendía que la oración utilitaria cuyo sentido esobtener favores del cielo no es suficiente para ser un creyente victorioso. De manera que pasaba noches enteras orando,o se levantaba en las oscuras madrugadas antes de que las exigencias del día lo ocuparan. Naturalmente que esapráctica espiritual producía un nivel ministerial particular. Jesús creyó que Él necesitaba orar intensamente. Entendíaque el hecho de ser Dios mismo no lo eximía de esa búsqueda. Él, al venir a la tierra, se había despojado de su gloria.No podía usar su divinidad para facilitar su ministerio, porque su santidad inherente no se lo permitía.Si el Hijo de Dios tenía vida de oración, ¿Será que nosotros podremos sacar de su ejemplo alguna lección?Los discípulos se dieron cuenta de que tenían una crisis existencial con su forma de orar, sólo cuando vieron orando aJesús. Es decir, les impresionó que Cristo ubicaba a la oración en un pedestal muy alto, mientras que ellos orabandominados por la rutina de una religiosidad tradicional. La respuesta del Maestro fue sencillamente impresionante. Noles dijo –por ejemplo- lo que nosotros tenemos años enseñándolo a la gente: “orar es hablar con Dios”. Eso es tansuperficial como decir que comer es abrir la boca.El relato consolidado de Mateo 6 y Lucas 11 es cuidadoso al entregarnos la respuesta de Cristo ante la importantepetición de sus seguidores: El Hijo de Dios no se fue por las ramas. Antes de enseñarles propiamente a orar les hacetres advertencias: 1ª. “…Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está ensecreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Con esta expresión lapidaria el Señor hace unacuidadosa división para diferenciar aquellas oraciones distraídas y memorizadas que hacemos como marcas de unareligiosidad, pero que no siempre significan intimidad con Dios. Oramos antes de comer, al ir a la cama, al salir de viaje,para pedir sanidad, etc. Son, pues, oraciones signadas por lo utilitario, sin que haya necesariamente entrega de lavida.Jesús habla de oración privada, íntima, no habla de oración casual o impuesta, habla de oración voluntaria. Hablade un tiempo (no importa si es mucho a poco) que separamos para estar en la presencia de Dios. Con toda seguridadque Él también oraba en las ocasiones tradicionales ya referidas, pero siempre tuvo el especial cuidado de hallar unespacio en su apretada y exitosa agenda para apartarse y así pasar un tiempo en la presencia de su Padre. Nuncapermitió que el éxito de su ministerio le restara tiempo para estar en oración.2ª.“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de loshombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”. Es supremamente importante que tengamos en cuenta que el Señorconsidera seriamente la motivación de nuestra oración. No oramos para que la gente crea o se convenza de que somosmás “espirituales” Toda intención que no sea la de humillarnos ante su augusta señoría estará contaminada y seconvertirá en cualquier otra cosa menos en oración. Nunca debemos orar para impresionar a la gente.3ª.Y orando, nouséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. Es decir, para Dios, lo importante de nuestraoración no está referido a la elegancia de nuestras palabras. De hecho, las palabras elegantes casi nunca son sinceras ylas palabras sinceras casi nunca son elegantes. Él considera más nuestro corazón que nuestra capacidad de hacer undiscurso. Cuan ores, deja que tu corazón hable, porque tu Dios es experto en traducirlo.Los discípulos habían oradodurante toda su vida, pero la vida de oración de Jesús les hizo entender que ellos tenían que comenzar de nuevo. ¡Nohay que angustiarse por eso!; a nosotros nos puede ocurrir lo mismo. Hay gente que se ha pasado toda la vida en la
  3. 3. 3iglesia y descubren, después de mucha práctica religiosa, que tampoco saben orar. Con el fin de enseñarlos, Cristo leindicó a sus seguidores que había tres valores que debían considerar: A.- El entorno de la oración, B.- La motivación dela oración, y C.- La Esencia de la oración. El entorno se refiere al lugar de intimidad en búsqueda de su presencia y a laidea de apartarnos a solas con Él. La motivación tiene que ver con lo que nos mueve realmente a orar. Nos advierte deno orar afectados por la hipocresía porque, en ese caso, la oración estaría mediatizada por un pecado. La esencia es elcontenido de nuestra plegaria. En ese sentido, Jesús dijo “Vosotros, pues oraréis así”:. De manera que asombra que la iglesiacristiana haya concedido tan poca importancia al deseo del Señor, El Padrenuestro fue reducido a una repetición vacía.¿Cuánto tiempo apartamos durante nuestro día para estar en la presencia de Dios?; ¿Qué lugar tiene la oración ennuestra vida?. Cristo nos habló de tres dimensiones en las cuales podemos articular nuestra oración: Pedir, llamar ybuscar (Lucas 11:9). Es impresionantemente triste cómo hemos relacionado la oración sólo con pedir. Pedir siempre esmás fácil. El problema con esa postura es que ignora los elementos más sublimes de la vida de oración, como lo son,llamar y buscar. El salmista nos lo recuerda: “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz, de mañana me presentaré delante de ti y esperaré…”Salmo 5:3.Tenga la absoluta seguridad de que cuando se acerque a la presencia de Dios en oración usted va a ser cambiado,porque nadie se acerca a Él para permanecer igual. Permítame decirle esto con un ejemplo ordinario: ¿Sabe Ud. porqué la grasa se derrite cuando se acerca al fuego? Se derrite porque ante el fuego ella no tiene opciones. Cuando seacerca al calor, la grasa pierde su propia naturaleza. El fuego la domina. Lo único que puede hacer para no sertransformada es no acercarse. Si te acercas a la presencia de Dios en oración vas a ser cambiado. Ningún ser humanopuede acercarse a Dios y permanecer igual. No te preocupes por el discurso en la oración; no te angusties por laspalabras; no midas el tiempo. Orar no es competir con nadie. Si no tienes nada que decir, ¡Por Dios!, No digas nada!.Quédate en el silencio de su augusta presencia y deja que su Espíritu te toque. Tu sollozo, tu silencio, tu llanto, tu gemir,tu humillación; tu reverencia; todo eso junto es oración!Nuestro Padre está esperándonos en el altar. Después de estar con Él nunca seremos iguales “…porque los ojos delSeñor están sobre los justos y sus oídos atentos a sus oraciones…” 1ª Pedro 3:12. Separa tiempo para estar en oracióny descubrirás la verdadera vida de un cristiano. Nadie sale de la presencia de Dios igual que como llegó. Entra en elLugar Santísimo. Hace mucho que Él te espera.Hay muchos creyentes que desean tener un tiempo de intimidad con Dios porque intuyen que eso es bueno y agrada alSeñor, pero pronto se desaniman y lo abandonan porque descubren que la práctica de la oración tiene evidentesdificultades naturales que no se experimentan en ninguna otra de las disciplinas devocionales. Cuando alguien decidetener un encuentro en oración, surgen de inmediato una o varias de estas dificultades: Sueño, cansancio, falta deconcentración, diversas interrupciones, (llaman a la puerta, timbra el teléfono…) miedo, dolores, visitas inesperadas,etc.Sin embargo, si Ud. decide que va a ver una película, leer la prensa, disfrutar de su programa favorito en TV., odescansar en una playa; no aparece ninguno de estos accidentes. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué ocurre eso?Se lo diré en términos coloquiales: ¡Porque su oración causa terror en el infierno!. Un gran hombre de oración lo expresóasí: “La preocupación principal del diablo es impedir la oración de los cristianos. Él no le teme gran cosa a los estudios;tampoco hace caso a nuestros programas, ni a la religión que se caracteriza por la falta de oración. Él se ríe de nuestrotrabajo, se burla de nuestra sabiduría,... ¡Pero ¡TIEMBLA! cuando oramos!”La oración desencadena la presencia de Diosde una forma sobrenatural, porque la verdadera oración no es una actividad normal; es un acto de guerra espiritual. LaPalabra de Dios nos reseña el momento cuando Salomón oró durante la consagración del Templo: “…Cuando Salomónacabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la
  4. 4. 4casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa deJehová.” 1ª de Cron. 7: 1-2. La disciplina de la oración produce por sí misma una reacción en el mundo espiritual, que lasfuerzas de las tinieblas no soportan. Por eso es que responden con violencia tratando de anularla. Un cristiano tiene quesaber eso; debe entender cómo funcionan Dios y Satanás durante el proceso de la oración.Tenemos que aprender que laoración no es meramente una “actividad religiosa”, sino una relación con Dios que tiene que ser cultivada, porque es lavida misma de un hijo de Dios.La vida de oración va a producir cambios en tu vida que tú a veces no buscas ni esperas,por la sencilla razón de que todo el que se acerca a Dios se llena de Dios, a la manera de Dios. Acercaos a Dios, y élse acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestroscorazones.Sant. 4:8. Cornelio, un centurión romano, fue un militar invasor de Israel en la Palestina del siglo uno. Era deesperarse que fuera malvado y pagano, pero la Biblia dice que “oraba a Dios siempre”. No sabemos cuándo, cómo ydónde ocurrió su conversión; lo que sí sabemos es que “oraba” y esa vida de oración convirtió a un pagano enemigo delpueblo de Dios en un instrumento para que el glorioso Evangelio de Cristo afectara a todo el mundo gentil. ¿No le pareceeso maravilloso? El gran apóstol Pedro vio con sus propios ojos cómo el Espíritu Santo cayó sobre una congregación de“odiosos gentiles” que Cornelio había reunido.No te desanimes porque orar sea con frecuencia una tarea difícil. No puede ser de otra manera. Nunca te sientasderrotado aun cuando no puedas realizar la oración. No te angusties si no sientes gozo. Él ha dicho que estará connosotros “Todos los Días hasta el fin”. Nunca te rindas. Detrás de una montaña siempre habrá un valle.Tengo laabsoluta convicción de que la vida de oración es, sin lugar a dudas, la práctica que produce más transformaciones encualquier persona. Cuando alguien descubre esa verdad está a punto de asistir al escenario donde van a ocurrir los másimportantes cambios de su vida. Orar, ciertamente nunca ha sido, no es, y jamás será algo ligero o fácil. En la prácticade la oración siempre habrá: 1.- Un hombre finito que se acerca al trono de la gracia. 2.- Un Dios infinito que ama alhombre y siempre le responde, y 3.- Un enemigo de Dios y del hombre, cuyo esfuerzo fundamental es anular la oracióncomo sistema.Tenemos muchas dudas acerca de la oración. Nos sorprenderíamos cómo ellas serían resueltas simplemente sioráramos. Así de simple. Porque lo más difícil de la oración, es orar. Es curioso que la mayoría de las dudas que lagente manifiesta acerca de este tema tengan que ver con las “formas externas”; que son -justamente- las que a Diosmenos le interesan.Cuando hablábamos de la esencia de la oración en entregas anteriores nos referíamos a lo que la tradición cristiana hadenominado “el padrenuestro”; que no es otra cosa que un bosquejo para orar concebido en el corazón de Jesús. Demanera que no hay especial virtud en repetirlo porque ese no fue su diseño. Si examinamos con detenimiento el modelode Jesús, descubriremos que esa estructura es una verdadera revisión de la vida. Debe preocuparnos que la iglesiauniversal no ha obedecido la indicación del Hijo de Dios cuando nos exhortó: “…vosotros, pues, oraréis así”.En un intento de obediencia por rescatar el mandato divino vamos a analizar el padrenuestro para introducirnos en loselementos constitutivos de lo que debe ser la oración de un cristiano. “Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado seatu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Yperdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos delmal. Mat 6:9-13. Lo primero que nos impresiona es la palabra “Padre” al comenzar la oración. Eso es un novedoso aporteque hace Jesús. La tradición judía hasta había olvidado el sonido original del nombre de Dios en un esfuerzo “reverente”por no tomar en vano el nombre del Altísimo. Lo más interesante de esto es que la palabra que propone Jesús en la
  5. 5. 5entrada de la oración es “padre”, que usada en el Getsemaní, la cambió por “abba”, un vocablo arameo querepresentaba la forma más pura e inocente con la que los niños llamaban a su padre. Es decir, Dios; quien es Rey dereyes y Creador y sustentador de cuánto hay, es, al mismo tiempo y sin contradicciones, no sólo nuestro Padre, sino queademás nos invita a poner a un lado el miedo natural que todos le tenemos a Dios.De manera que la primera lección que Jesús nos da en cuanto al contenido de nuestra oración es: No hay ninguna razónpara tu miedo. Él es todo lo que es sin disminuir nada y además de todo eso es también tu papá. Él te abraza, y teacoge, te da seguridad en su regazo, cualquiera que sea tu condición. Por favor, ¡Nunca le tengas miedo a Dios, porquesin dejar de ser tu Dios, es tu papá.Es hermoso y gratificante saber que mi Dios es también mi Padre y que como tal me trata. No tenemos que venir a lapresencia del Altísimo como si nos estuviera esperando para castigarnos. Ese no es el carácter de Dios. Si es ciertoque el padrenuestro es una invitación divina a revisar nuestra relación con Dios, no debemos temer abandonarnos en susmanos. La figura del padre significa, protección, compañía, afecto, seguridad, provisión. Sin embargo, puede ser quenuestra relación con nuestro padre biológico no evoque precisamente esas emociones. En ese caso, debemos confiaren que Dios no es culpable de los errores humanos. Aprovechemos, pues, nuestra relación con Él para sanar todorecuerdo que nos cause dolor.Esta sanidad es un proceso y debemos insistir en oración hasta que seamos curados; pues no se trata de una carrera develocidad sino de resistencia.Inmediatamente, la oración de Jesús nos invita a considerar al Padre como “Nuestro”. Estapalabra es interesante porque implica necesariamente relación. No podemos negar que las relaciones humanas son, pornaturaleza, especialmente difíciles. A los seres humanos nos es medianamente fácil interactuar con Dios, pero se creanmuchos ruidos cuando se produce el fenómeno de comunicación entre nosotros. Nos cuesta aceptar a los demás comoellos son y tampoco es sencillo mirar dentro de nosotros mismos y ser objetivos. El servicio que prestamos a la obra deDios se ve obstaculizado cuando no entendemos cómo funciona el Reino de los Cielos en ese sentido. Al respecto, elSeñor enseña: “… Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tuofrenda”.Mat. 5:23-24. Es claro que la oración se ve afectada cuando intentamos comunicarnos con Dios sin antesresolver nuestro asunto con los hombres.El “nuestro” del padrenuestro está muy lejos de ser una palabra hueca. Ladirección que tenemos en la Palabra de Dios es que quien ora tiene la carga de la prueba al momento de resolver elconflicto. Hay muchas razones que nos separan y muchas las causas que nos dividen y nos enfrentan; pero cuandooramos tenemos que considerar seriamente que Dios está esperando que podamos tener relaciones sanas entrenosotros ANTES de pretender tenerlas con Él.Nosotros somos hábiles en adelantarnos con el argumento más universal que existe: “la culpa no es mía”. Aunque asísea, la norma bíblica está expresada con un verbo en forma de mandato: “DEJA ahí tu ofrenda…y reconcíliate con tuhermano”. Pedir perdón nunca es fácil y menos cuando tenemos la convicción de que no comenzamos el conflicto. Siqueremos tener comunión con Dios debemos estar dispuestos a imitar a Cristo, quien nunca pecó, pero fue quien pagópor todos nuestros pecados. Imagínate que Cristo hubiese dicho: ¿Por qué tengo que morir?, ¡yo no tengo la culpa!. Laculpa era nuestra, los pecadores somos nosotros, pero si Él no se hubiese humillado estaríamos sin esperanza y sinDios. No esperes que vengan a ti; ve tú al lugar donde está el ofensor. Si te cuesta hacer eso, la solución está en laoración. De eso se trata.La Palabra de Dios es absolutamente clara cuando nos advierte, a través de cinco verbos en forma imperativa, lanecesidad de revisar nuestra vida interior antes de esperar que nuestra adoración sea aceptada por Él. De manera que
  6. 6. 6las expresiones: “deja, anda, reconcíliate, ven y presenta”, marcan el orden divino de actuación, que, de acuerdo aMateo 5:23 debe preceder a nuestra oración en caso de que no hayamos resuelto nuestros conflictos humanos. Todoeso está implícito en la palabra nuestro del “padrenuestro”Es sano que nos acostumbremos a leer la Biblia con atención, en quietud de corazón, y no como si estamos compitiendocon alguien o nos vienen persiguiendo. Sólo un corazón en paz podrá percibir toda la belleza ¡y toda la exhortación quelas Sagradas Escrituras tienen para nosotros!“Padre nuestro “que estás en los cielos…”. Muchísimas personas han repetido esta frase sin tener la más remota ideade su significado. ¿Cuál es la idea que tenemos de eso que llamamos cielo? En la Biblia se usa esa expresión parareferirse a tres esferas marcadamente diferenciadas: En primer lugar está referida a la atmósfera terrestre inmediata denuestra tierra; “desciende de los cielos la lluvia y la nieve…” Isaías 55:10. En segundo lugar y en un sentido másamplio, se refiere al espacio exterior (el ambiente del sol, luna, estrellas, firmamento, etc.). “Los cielos cuentan la gloriade Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” Salmo 119:1. Finalmente, hay un tercer cielo, el Reino de Dios,un hogar preparado para nosotros, del cual el apóstol Pablo dice: “…Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorceaños (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo…” 2ªCor. 12:2.Esta variedad de “cielos” puede producir un natural desconcierto acerca de qué es verdaderamente el “cielo”. Sinembargo, a la luz de la oración del “padrenuestro” se nos permite preguntarnos: ¿Será posible que nuestro Dios esté enlos campos, en la lluvia, en el sol, en las flores, en las montañas, en el aire que respiramos y en la mirada inocente de losniños? ¿No dice acaso la Escritura que “Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto, del Padre de lasluces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación?”. Santiago 1:17. La verdad verdadera es que ¡DIOSSIEMPRE ESTÁ PRESENTE EN TODAS PARTES!La expresión “que estás en los cielos” es un recordatorio de que Dios está verdadera y realmente en todas lascircunstancias materiales inmediatas de nuestra vida. Somos muy dados a magnificar la presencia “espiritual” de Dios,pero nos olvidamos que vivimos en un mundo prestado por Él a través de un cordón umbilical de oxígeno y de luz solarsin los cuales sería imposible vivir. ¿Cuándo fue la ultima vez que Ud. le Dios gracias a Dios por una salida o puesta desol, o por llenar sus pulmones de aire puro en una montaña, o por admirar la grandeza que hay en la arquitectura divinade un hermoso árbol, o cuando la oscuridad natural de la noche nos indica que llegó el descanso para el cuerpo? ¿Sabeque?, según el salmo 104, esas y muchas otras son bendiciones materiales que podemos TOCAR. ¡Aleluya!Tenemos que pedirle perdón al Señor porque la mayoría de nosotros estamos tan preocupados por nuestros propiosasuntos y nuestro grosero materialismo como para detenernos un poco para percibir la mano de Dios que nos tocarealmente a través de su creación. Si Dios ciertamente nos puede visitar con su presencia y satisfacer las demandas mássublimes de nuestro espíritu; no menos cierto es que lo podemos “tocar” a través de la maravillosa manifestación de susbendiciones manifestadas en un universo de favores que percibimos cada día con nuestros sentidos físicos.Después de considerar el padre y el nuestro, vengamos ante la presencia sublime del Creador para decirle algo asícomo: Señor, perdóname, porque he estado tan ocupado en mis cosas y tan angustiado por mis problemas que no mehabía dado cuenta de que yo vivo en tu mundo. Sin tu aire no tendría oxígeno; sin tu sol no sería posible la vida, sin lanoche no habría descanso. Gracias porque cuando veo a los niños correr y jugar y cuando sus ojos se encuentran conlos míos, me acuerdo de la inocencia del Edén antes del pecado. Gracias por el canto de los pájaros, gracias por los
  7. 7. 7hijos que nos diste, porque ellos son la prolongación de la existencia. Gracias por entender lo que significa que túestás presente en este cielo que puedo ver con los ojos que tú, también, me diste. Gracias por la insondablesabiduría y el poder que se manifiestan en el diseño y la providencia de tu creación. AménJesús quiso dejar en su modelo de oración una expresión que, por fuerza, nos invita a introducirnos en el conocimientode uno de los atributos más hermosos de Dios: Su Santidad. Si consideramos al “padrenuestro” como una revisión denuestra vida, se hace evidente entonces que Cristo quiere que nosotros pasemos por el filtro de una categoría que, nosólo marcó su vida, sino que hizo posible nuestra salvación, pues, durante su ministerio terrenal el Hijo de Dios, no sólofue santo, -como lo podemos ser nosotros- sino absolutamente santo.De manera que “santificado sea tu nombre” no es otra cosa que una invitación a que consideremos con muchaseriedad nuestra santidad personal. Cuando Dios se reveló a Moisés en el Sinaí fue bien claro y enfático en lo que serefiere a la naturaleza moral de la nación que estaba formando: “ Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gentesanta. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo,y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado” Éxodo 19:6-7.La santidad se convirtió pues, en una constante divina que llena absolutamente todo el concierto doctrinal de la Bibliadesde Abraham en Ur de los caldeos, hasta Juan en la isla de Patmos.La oración que enseñó Jesús incluye una consideración de la santidad porque la pureza es y debe ser la consecuencianatural obligada de nuestra condición de cristianos. En otras palabras; si no somos santos, tampoco somos cristianos,porque ser santo es consustancial con la condición de ser cristiano.Para entender con propiedad qué es ser santo tenemos que definir el término a la luz de la Biblia, la Palabra de Dios. Enel hebreo se usa el vocablo kadosh, que significa puro en el orden físico, moral y espiritual y separado, puesto aparte oconsagrado. En el griego neotestamentario el término usado es hagios, con los mismos significados que en el hebreo.Es entendido que cuando hablamos de la santidad de Dios nos referimos a una dimensión absoluta y por lo tantoperfecta. No así cuando tratamos la santidad de los hombres, pues ésta nunca podrá ser absoluta sino relativa. Nuestrasantidad, pues está referida a una decisión de separar nuestra vida de los valores perversos del mundo, para agradar aDios.La santidad ciertamente es un tema muy importante, poco entendido y poco estudiado. Nuestra cultura cristiana leda más importancia a la teoría doctrinaria que a la conducta; por eso es más fácil hablar de visión, guerra espiritual,iglecrecimiento, liberación, adoración, finanzas, etc. Lamentablemente, la santidad no es una postura prioritaria para laiglesia de hoy.Un sentido de honestidad nos impone reconocer que históricamente hemos lastimado la verdaderasantidad al confundirla con nuestros gustos y disgustos en lo atinente a usos y costumbres. El apóstol Pablo lo explicaasí a los griegos de Colosas: “…Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué,como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (enconformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienena la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero notienen valor alguno contra los apetitos de la carne”. Col. 2: 20-23.Ese tratamiento antibíblico no debe ser obstáculo para que miremos de frente lo que Dios, en su palabra nos enseña. Deno ser así, Jesús no se hubiera ocupado de dejar bien sentado el lugar de la santidad en la vida del cristiano cuando nosentregó el “padrenuestro” con la orden: “vosotros, pues, oraréis así”. Mateo. 6:9
  8. 8. 8Dios empezó hablando a Moisés de la santidad de las cosas: “…quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que túestás, tierra santa es.” Éxodo 3:5. Más tarde se ocupó de la santidad de las personas: “…Porque yo soy Jehová vuestroDios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo.” Lev. 11:44. Luego, el mismo Dios deMoisés, en una prueba de la revelación progresiva de su moral, inspira al apóstol Pedro: “…como hijos obedientes, no osconforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sedtambién vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” IªPedro 1:16.Santidad, en el lenguaje del Nuevo Testamento es: “vuestra manera de vivir”. ¡Que definición tan hermosa e interesante!Una manera de vivir es la sumatoria de todos los escenarios que mi vida ofrece. Una manera de vivir es la forma deexhibir mi carácter cristiano. Esa fue la pregunta que el padre de Sansón le hizo al Ángel de Jehová cuando Éste leanunció el nacimiento de su hijo: “Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera devivir del niño, y qué debemos hacer con él?Jueces 13:12.La santidad, finalmente (y esto sea lo que más angustia a lagente) es un requisito bíblico para poder “ver” al Señor: “ Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá alSeñor. Hebreos 12:14Nos interesa si alguien es un gran músico, pastor, evangelista, maestro, cantante, pero, ¿Por qué no preguntamos si essanto? ¿Por qué Jesús consideró importante tomar en cuenta la santidad personal cuando nos enseñó a orar? ¿Eraacaso un matiz superficial de religiosidad?; ¡Por supuesto que no! El corazón de Jesús demostraba un mundo derespeto, reverencia, temor y aprecio por la persona del Padre en términos de pureza. En las palabras santificado sea tunombre está en juego la naturaleza, la persona, el carácter y la reputación de Dios.Hay que reconocer que nuestra condición de pecadores nos dificulta para entender la santidad de Dios. Dios es puro,amoroso, justo, misericordioso, honesto y fiel al mismo tiempo. La santidad inmanente de Dios tiene que producir ennosotros un sentimiento de pequeñez y de adoración que nos lleven a considerar cuán santos realmente somos. Esa fuela experiencia del profeta Isaías: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto ysublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubríansus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo,Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con lavoz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombreinmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová delos ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar conunas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpiotu pecado.” Isaías 6: 1-7El profeta fue consciente de su pecaminosidad cuando se encontró de frente con la santidad de Dios. La santidad no esun producto que viene en el paquete de la Salvación; tampoco es perfección absoluta. (Fil 3:13; Iª de Juan 1:8). No es elefecto de un milagro; no es el atributo de una minoría privilegiada. (Iª de Tes. 4:3). No es aislarse del mundo. No es unmodelo humano con atajos, ni menos un logro terminado.
  9. 9. 9No nos hacemos santos por accidente sino por decisión. No nos convertimos en santos instantáneamente, sino a travésde un proceso. No somos santos porque tenemos una sana doctrina o firmes convicciones bíblicas. Las conviccionesson como los termómetros; miden la fiebre, pero no la pueden quitar porque esa no es su función. La santidad es comoun termostato que desconecta la corriente para que no haya accidentes. Las convicciones funcionan en el plano delintelecto, pero no son eficaces para producir una vida santa. La vida de santidad que tanto preocupó al autor del“padrenuestro” surge como consecuencia natural de la vida devocional. No hay ni puede haber santidad sin vida deoración.Revisar nuestra vida. Ese es el ejercicio fundamental que estuvo en la mente de Jesús cuando sus discípulos le dijeron“enséñanos a orar” Luc. 11:1. Los médicos usan diversas técnicas para “revisar” nuestro cuerpo cuando estamosenfermos. Es así como ellos determinan cuál es el origen del mal; hacen un diagnóstico y proponen una forma pararestablecer la salud. La decisión de seguir el tratamiento corresponde exclusivamente a la voluntad del paciente.“Santificado sea tu nombre” es una invitación a revisar el nivel de santidad en nuestra vida cristiana. ¿Es posible medirnuestra santidad? Pues sí lo es; en este sentido nos vamos a encontrar con cuatro grupos de personas:1º. Sin santidad: Son aquellos que viven sin Cristo, practicando toda suerte de pecado, y, en todo caso, alejados deDios; no tienen relación con Él, no conocen su Palabra y no se plantean la tentación como un problema. Viven “sin Dios”porque para ellos, pecar es “una manera de vivir.”2º. CristianosNominales: Éstos hacen una vida “religiosa” en la iglesia; tienen algún conocimiento de la Palabra deDios, saben lo que es una tentación, pero por carecer de vida devocional no tienen la fortaleza para rechazarla y viven enun proceso recurrente de pecado y arrepentimiento.3º. Cristianos en comunión. Son los creyentes, quienes por tener una relación de devoción normal, generalmentelogran identificar al enemigo, conocen sus debilidades y vigilan para vencer y generalmente vencen la tentación.4º. Cristianos Santificados. Son aquellos cristianos que cultivan una intensa relación con Dios que les permite, nosolamente rechazar con relativa facilidad la oferta de pecar durante la tentación, sino que, además, sienten un profundodesprecio y malestar por todo aquello que signifique ofender a Dios y en consecuencia, pecar. Son personan victoriosas."Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación,y como fin, la vida eterna” Rom. 6:22La humanidad se mueve cíclicamente en medio de dos reinos, y uno de ellos está contaminado; es el reino de satanás,donde hay campos minados que requieren pericia en el manejo. Es mejor que lo llamemos por su nombre. Es un reinodiseñado para destruirnos eternamente. Si decidimos ser santos y vivimos en consecuencia, ¡no hay poder que puedavencernos!. El único daño que Satanás nos puede hacer es aquel que nosotros le permitimos. Estemos claros, Nadiepuede obligarnos a pecar.Algunas pautas para mejorar su santidad: * La vida de santidad es una elección unilateral. * En la vida No haycampos neutrales, todo lo que hacemos a dejamos de hacer, afecta al Reino de Dios o al reino de las tinieblas. * Cuandouno es bueno y débil al mismo tiempo, produce cosas buenas y cosas malas. * La vida de santidad es una vida deseparación constante;es un logro diario que se perfecciona.* Las mezclas morales (algo bueno y algo malo) afectan la santidad. * Estar en la presencia de Dios (Isaías 6) descubrenuestro nivel de santidad. * La santidad produce reacción rápida contra la tentación. * Nadie se hace santo de repente; lasantidad no es un evento, es un proceso al que se llega poco a poco.Consejos:
  10. 10. 10 Establezca quién tiene el control de su vida. ¡Conózcase! … Hable con Dios acerca de su debilidad. No Racionalice la culpa. Reconozca el problema y llámelo por su nombre. No busque resultados rápidos y fáciles. Sea perseverante. Cuídese de los patrones persistentes de pecado. Procure siempre relaciones transparentes con las personas. Busque mecanismos de evaluación y cobertura. Rinda cuentas. Cuide la puerta de entrada de su mente. ¿Cuánto tiempo de TV, videos, cine se permite? ¿Hace uso explícito de literatura sexual? ¿Tiene Ud. el control en el uso de la Internet? ¿Mantiene Ud. relaciones peligrosas con personas atractivas? Asuma posiciones de compromiso. Daniel 1:8 y Job 31:1,9. Confiese todo pecado conocido y pida iluminación por los desconocidos. Repare los daños de su pecado. No trabaje tanto para Dios que no tenga tiempo para Ud. Comience siempre su día en oración y lectura devocional Todo lo antes dicho está contenido en la expresión Santificado sea tu nombre de la oración enseñada porJesús. Jamás olvide que no puede haber santidad sin oración, porque vivir sin orar es vivir sin DiosEl valor sustantivo del “padrenuestro” nos conduce a entenderlo como un bosquejo de oración que sólo puede hacerlaquien es esencialmente un discípulo de Cristo. “venga tu Reino” es uno de los peldaños de esta hermosa escalera. Nopuede ser una expresión vaga, pues alude nada menos que al Reino de Dios. El Reino de los cielos o el Reino de Dioses la manifestación de su eterna sabiduría y voluntad que se realizó en el establecimiento dinámico con la venidahistórica de Jesucristo a este mundo. El Reino de Dios es el gobierno de Dios en la tierra; es el carácter divino que buscauna restauración total de un mundo que estaba “sin Dios”.No hay que olvidar que el “padrenuestro” es una propuesta celestial de comunión con Dios. De manera que se imponeinterpretar la frase desde la perspectiva de una persona que ora en la presencia del Señor. Que el Reino de Dios hayavenido a la tierra fue una decisión soberana de la divinidad; “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en eldesierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 3:1-2. Vino porquetuvo que restaurar; lo contrario hubiera sido una crisis de esperanza y un profundo caos moral.La petición “venga tu Reino”, al ser un mandato de Cristo al orante, se refiere, no al Reino que ya vino, sino al gobiernode Dios en una vida particular. No tendría sentido pedir que venga lo que ya vino, a menos que haya una diferencia –como realmente la hay- entre el Reino de Dios en la tierra y el Reino de Dios en mi vida.Una manera práctica de entender esto sería preguntándonos: ¿Cuánto dominio le permito yo a Dios sobre mis asuntos?;¿Cuántas áreas de mi naturaleza he puesto bajo su gobierno?, ¿En cuáles no le he permitido que intervenga? ¿Cuántaspuertas de mi corazón están cerradas para Él?“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser,espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1ª de Tes. 5:23.Cuando Jesús propone la frase “venga tu Reino” no está pensando en su gobierno mesiánico, sino que estáinvitándonos implícitamente a establecer su Reino en la esfera del corazón de los hombres. De manera que si la oraciónse hace con sinceridad, se convierte en una petición para que la soberanía divina, el gobierno de Dios se haga cargo denuestra vida.
  11. 11. 11 Hemos vivido por mucho tiempo gobernando el timón de nuestro barco. El saldo no ha sido bueno, hemos fracasado muchas veces, y como dijo el poeta José Santos Chocano: He andado poco, me he cansado mucho. Son muchas las veces que hemos tomado decisiones importantes y luego venimos a Dios pidiéndole que arregle el desastre que hemos hecho. Afortunadamente, Él es inmensamente misericordioso y…milagroso. El Reino del los cielos del que aquí se habla no está conformado por un imperio político gobernado por emociones egoístas, no. Es una condición interior de la mente y del espíritu en la cual permito que la voluntad de Dios se convierta en mi voluntad. . “…el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. ” Romanos 14:17. Es un honor inmensamente noble y elevado que se nos cuente como ciudadanos del Reino. Hay que tener presente quién es la persona que nos concedió la delicada distinción de ser el pueblo del Señor. La equivocada conducción de la forma de vivir que hemos exhibido debe hacernos pensar en que es hora de que nos sintonicemos con el programa de Dios, es decir, con su Reino. “Venga tu Reino” es una forma de orar diciendo: “Señor, Tú que eres gobernador del cielo y de la tierra. Tú, cuya autoridad es absolutamente suprema en el universo; ven a establecer tu soberanía también en mi corazón. Renuncio al riesgo de seguir equivocándome y te suplico humildemente que tomes el rumbo de mi vida. Amén.Hágase tu voluntad” es una de las frases más conocidas del “padrenuestro”. Las Escrituras son cuidadosas al exhortarnosque el respeto a la voluntad divina es determinante para ser salvos. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en elreino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.Una cosa es pedir que se haga su voluntad en el mundo y otra es desear que ella se haga realidad en nuestra vidapersonal. Hay muchos creyentes que cuando manifiestan sus deseos confunden a Dios con el genio de la lámpara deAladino, en el cuento de “Las mil y una noches”. Piensan ingenuamente que pueden ordenarle al Señor que satisfaga susansias. Es claro que la soberanía de Dios no requiere del concurso humano.Es verdad que como seres libres tenemos un rango de acción para determinar unilateralmente qué haremos y qué no. Sinembargo, sería deshonesto negar que hay circunstancias en las cuales necesitamos ayuda superior para decidir qué rumbotomar. “…Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no losabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26.Debemos de reconocer la importancia de que nuestra voluntad sea sometida a la opinión de Dios. La suya es, en ellenguaje de Pablo, “agradable y perfecta”. Rom 12:2. Por eso, en algunas ocasiones, obedecer al Señor puede significarnadar en contra de la corriente del mundo.¿Cómo hacemos para conocer particularmente la voluntad de Dios en nuestra vida? La gente formula esta pregunta comosi la respuesta fuese supremamente complicada o misteriosa. Debe quedarnos bien claro que lo más difícil que hay en elproceso de saber cuál es la opinión de Dios, consiste en que ¡antes de conocerla! estemos dispuestos a obedecerla. “…Yesta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.” 1ª de Juan 5:14.No podemos pretender que una vez que tengamos nuestros planes ya predeterminados vayamos a pedirle a Dios que losbendiga. Tenemos que aprender a preguntarle al Señor y esperar su contestación, en el entendido de que su respuestapuede no gustarnos; pero esa es su respuesta. Eso fue exactamente lo que hizo el Hijo de Dios con su Padre en el
  12. 12. 12momento crucial de su ministerio: “…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino latuya”. Lucas 22:42La voluntad de Dios representa su propósito; lo que Él quiere que hagamos para nuestro bien en todas las áreas posiblesde la vida. Siempre nos encontraremos en circunstancias en las cuales no sabremos qué hacer. Ese justamente es elmomento cuando debemos consultar con Dios y esperar que nos responda. Nunca dejará de hacerlo, pero siempre lo harácomo Él quiera y con toda seguridad, tendremos su mejor respuesta.Cuando oras “hágase tu voluntad” no le estás pidiendo a Dios que bendiga la tuya, sino que te ayude a someterse a lasuya. Le estás diciendo: Señor: Ayúdame a encontrar tu plan para mi vida; permite que yo pueda comprenderlo,someterme a él y cumplirlo; y si no pudiera entenderlo, dame la gracia y la humildad para aceptar en fe que eso es lo mejorque tienes para mí. Amén. Todo eso y mucho más estaba en el corazón de Cristo cuando nos enseñó a pedir “hágase tuvoluntad” El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Esta curiosa frase representa, por extensión, a las peticiones, generalmente, de cosas materiales que siempre hacemos. “Pan”, en este contexto, es una palabra simbólica que representa todas nuestras necesidades físicas. Es importante tener presente que Dios no nos da siempre lo que pedimos sino lo que necesitamos. Ese es precisamente uno de los ingentes problemas que tenemos con la oración. Parece que para nosotros, la circunstancia de orar no tiene otra razón que la de pedir algo. Orar, ciertamente incluye pedir, pero también es buscar y llamar. “…Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” Lucas 11:9. Una vez escuché una sencilla canción que impactó mi vida:Sólo he venido para darte adoración (bis)/ Hoy no he venido para pedirte un favor/ Sólo he venido para darte adoración. Hay gente que piensa que las oraciones son como esas maquinitas automáticas que uno le echa una moneda y le dan un refresco o una bolsita de maní. Dios nos concederá sólo aquellas peticiones que satisfagan su voluntad. Pedirle algo a Dios es relativamente fácil. Una impresionante mayoría de cristianos cree que tenemos el derecho inalienable de recibir todo lo que le pedimos a Dios porque la Biblia dice “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.”Mateo 7:7. Nadie está negando que la Palabra de Dios enseñe eso; pero en ejercicio de sana interpretación bíblica, toda doctrina a ser creída debe descansar en el testimonio veraz y total de la Biblia. Un cristiano serio debe considerar todo lo que la Palabra de Dios dice acerca de cualquier tema que se considere, antes de poderlo asumirlo como una verdad final. Las Escrituras dicen muchas cosas acerca del pecado, de la fe, de la salvación, de dar, de pedir, etc.; pero la doctrina final debe tomar en cuenta TODA la información escritural. Debemos recordar que la Palabra de Dios también nos dice: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Juan 15:7.Juan lo precisa de otra manera: “…Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 1ª de Juan 5:14. De manera que lo que dice Mateo 7:7 es sólo una parte de la información en lo que tiene que ver con pedir. Es muy preocupante que la iglesia no haya comprendido la manera cómo Dios suele responder a nuestras demandas. El Señor no nos concede todo lo que pedimos porque con frecuencia exhibimos un desconocimiento supino de cómo funcionan los principios del su reino: “…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mat. 6:33
  13. 13. 13.En Deuteronomio 3:26 nos dice que cuando Moisés, al final de sus días le pidió al Señor que le concediera “ver” latierra prometida, la respuesta fue demoledora:”Basta, no me hables más de este asunto”. Cuando Pablole rogó variasveces a para que lo liberara de un aguijón que lo molestaba, Dios simplemente le dijo: “…Bástate mi gracia…”Hoy estamos contaminados con el espíritu de pedir cosas en función de lo que declaramos. Se ha desdibujado al Diosde la Biblia y se lo ha confundido con un mercenario que intercambia sus favores con dinero y otras bisuterías callejeras.Digamos con Jerónimo Savonarola, precursor de la Reforma del siglo XVI: “… ¡Ese no es Dios!, el Dios en quien yo creo/tener no puede el interés del oro/ El Dios verdad, el Dios a quien yo adoro/ no cambia sus bondades por metal/ Su espíritu gigante nose oculta/ en el recinto estrecho de un sagrario/ el universo entero es su santuario/ porque es la providencia universal…” Señor, elpan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Amén.Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Mateo 6:12. El perdón esuna categoría espiritual que está en la base de la pirámide teológica; es, sin duda alguna, la doctrina capital y distintivadel pensamiento cristiano. Sin él, no hay paz, ni esperanza, ni salvación, ni cielo, ni vida eterna, ¡ni nada!. La SagradaEscritura es especialmente hermosa cuando lo describe: “ Y a vosotros, estando muertos en pecados y en laincircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta delos decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,…” Col.2: 13-16.Siendo que el perdón tiene un profundo valor sustantivo, merece que su tratamiento comience por una rigurosadefinición, que tiene que venir, obviamente de la Palabra de Dios. “El perdón viene a ser, entonces la fuerza poderosaque remueve el obstáculo espiritual y hace posible que la criatura humana se reconcilie y restablezca su amistad conDios.”El perdón como doctrina presupone tres situaciones básicas: 1.- Que somos pecadores y hemos infringido la ley deDios; 2.- Que hemos reconocido la falta y estamos arrepentidos, y 3.- Que Dios, en su amor y en su gracia haremitido la nuestra culpa y ha provisto el medio (Cristo) para que recibamos ese perdón.La fraseología del perdón que se encuentra en el “padrenuestro” tiene dos aristas. La primera tiene que ver con la actitudde Dios hacia el pecador ( Y perdónanos nuestras deudas), la segunda es la actitud de un pecador hacia otro pecador,(como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. ). Dios no tiene ninguna dificultad para perdonarnos;nosotros, en cambio, sí las tenemos y eso es, precisamente lo que exige una comprensión cabal de esta doctrina.El evangelista Marcos recoge una sentencia lapidaria de Jesús: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algocontra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.Marcos 11:25-26. Esa es una declaración demasiado densa. Dios nos está diciendo con absoluta claridad que cuandose trata de perdonar NO tenemos opciones, a menos que decidamos renunciar a nuestra salvación. Es decir, si nopodemos perdonar a otros, Dios tampoco nos perdonará.A las personas les cuesta perdonar a otros porque perdonar significa No Cobrar. Ahora bien, es necesario corregir unapostura antibíblica que pregona que perdonar es olvidar. El olvido no es un acto que el hombre pueda manejarvoluntariamente; el perdón sí lo es. Por otra parte, no es preciso olvidar la ofensa para que el perdón se verifique. Lonecesario es comportarse con el ofensor como si hubiéramos olvidado el agravio.
  14. 14. 14El olvido es un accidente, el perdón es un acto de la voluntad, es una decisión. El perdón es algo que nosotros nomerecemos. Fluye del amor de Dios y no lo podemos ganar. Un cristiano que no perdona No ha entendido el Evangelio.No hay que “sentir” algo especial para perdonar; sólo hay que “pasar por alto” la ofensa sin olvidarnos que tambiénhemos pecado muchas veces contra otros.Si tenemos dificultades para perdonar a otros, vengamos con humildad y temor en oración y roguemos por esaspersonas aunque no sintamos hacerlo, aunque no las amemos. Digámosle al Señor con nuestras propias palabras quées lo que nos molesta y seamos perseverantes en el altar hasta que las cadenas sean rotas. Tal es el significado de lafrase “…y perdónanos nuestras deudas…”. El milagro se realizará después que vengas a su presencia, porque allí, todoes más fácil.Para los oídos de personas occidentales del tercer milenio la palabra tentación en el “padrenuestro”, tiene unaconnotación negativa. Nos hace ruido que esa expresión aparezca allí porque es dificultoso imaginarnos a Dios tratandode que sus hijos caigan en una trampa. La verdad es que en los tiempos bíblicos el término “tentación” se traducía máscomo “poner a prueba para demostrar fortaleza espiritual”, que como “tratar de seducir para el mal”; en principio porqueDios, en atención a su carácter, jamás haría eso. “…Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte deDios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de supropia concupiscencia es atraído y seducido”. Santiago 1:13-14La Biblia es categórica cuando señala a satanás como la fuente de la tentación, de hecho, “el tentador” es uno de susnombres: “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que oshubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano”. 1ª de Tes. 3:5. De manera que la tentación esun mal necesario que ocurre cuando Dios simplemente permite que el enemigo de nuestras almas nos invite a pecar. Nopuede ser de otra manera porque el hombre, al ser dueño de un libre albedrío tiene que decidir a cuál de los dos reinosse somete, en el entendido de que tiene que someterse a uno de los dos.La tentación, de este modo, no es un fatalismo, simplemente es la prueba de la libertad. Además, el hombre no estádesarmado ante ella, Dios le ha dado herramientas naturales para vencerla “No os ha sobrevenido ninguna tentaciónque no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que darátambién juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 1ª de Cor. 10:13. El único poder que tiene eldiablo cuando nos tienta es el que nosotros le damos, pues jamás nos podrá obligar a pecar; porque definitivamente, notiene ese poder.Es absolutamente necesario que no olvidemos que el Señor nos enseñó la estrategia fundamental para no salirderrotados en ese conflicto: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto,pero la carne es débil”. Marcos 10:34. Con meridiana claridad La Biblia nos está diciendo que cuando usemos lasarmas adecuadas siempre obtendremos la victoria. Si no hay disciplina devocional de oración no puede haber victoriacontra la tentación.Cuando Jesús incorpora el hecho de la tentación en su oración quiere que roguemos al Padre que nos libre, no de latentación como sistema, porque eso no es posible, sino que nos guarde de pecar durante el proceso de la tentación. Lasposibilidades de vencer son directamente proporcionales a la vida de oración.
  15. 15. 15Un cristiano serio tiene que poner en el presupuesto de su vida la ocurrencia de la tentación. Si hay una debilidadcrónica en un área de nuestra vida que nos ha producido caídas recurrentes, el “padrenuestro” de Jesús nos recuerdaque hay que traer esa carga a la presencia de Dios en el altar devocional para llenarnos de su poder. Cuando uncristiano ora, de hecho está declarándole la guerra al diablo, porque él tiembla cuando tú oras.Cuando en nuestra vida persisten situaciones de pecaminosidad, es porque el yo y las viejas pasiones, la viejanaturaleza, los antiguos deseos ejercen el control antes que el Espíritu de Gracia. Por eso debemos entregarle a Dios,mediante un acto consciente de nuestra voluntad todas las aristas de nuestra vida. Si no lo hacemos estamospermitiendo a nuestro enemigo que establezca una cabecera de playa desde donde nos atacará con ventaja. Si laoración no acaba con los pecados, los pecados acabarán con la oración. No lo permitas. Tú puedes, no estás solo.Señor: No nos dejes caer. Amén.Pecar” es el título de un hermoso poema del mexicano Francisco Estrello: oigámoslo: En la armonía eterna, pecar esdisonancia, pecar proyecta sombras en la blancura astral/ El justo es una música y un verso, una fragancia y uncristal. /En la madeja santa de luz de los destinos, pecar es negro nudo, tosco nudo aislador./ Pecar es una piedratirada en los caminos del amor… Es evidente que entre las expresiones del padrenuestro, líbranos del mal ha sido unade las menos estudiadas. Acaso sea porque está referido a un problema medular del corazón humano como es lacomisión de pecados.El idioma original del Nuevo Testamento, así como el contexto en que se encuentra la expresión abonan la idea de que,sin violentar el mensaje bíblico, se puede traducir líbranos del maligno; con lo cual se configura a la persona de satanáscomo el principal instigador cada vez que el pecado tiene lugar.En todo hecho de pecado concurren inexorablemente tres elementos tan íntimamente entrelazados que es muy difícilsepararlos: *Satanás, *nuestro yo y *el hecho pecaminoso en sí mismo. Dicho de otra manera: El enemigo, apelando anuestra propia concupiscencia, influye sobre nosotros para hacernos pecar.Es necesario que seamos conscientes que el pecado sólo ocurre cuando, de una manera triangular, una persona, viola laley de Dios. Es decir; para que eso que llamamos pecado sea realmente pecado, tiene que estar afectado Dios, por unhombre que irrespeta su Palabra.El Señor Jesús dejó en su plegaria la posibilidad de que clamemos a Dios para que nos libre del maligno. No que noslibre de la ocurrencia de la tentación, porque la tentación es la prueba de la libertad, sino que nos libre de la posibilidadde caer en ella Hay una diferencia sustancial entre las dos situaciones. Jesucristo jamás hablaba con ambigüedades. ElSeñor nos puede librar del maligno porque Él siempre está con nosotros. Él nos puede librar del maligno porque nos hadotado de las capacidades en términos de sentido común para evitar que caigamos en pecados. No tenemos porquéexponernos innecesariamente a situaciones peligrosas o a elegir compañías inadecuadas o a prestar oídos asugerencias pecaminosas.El Señor nos puede librar del maligno porque nos ha dado la capacidad de luchar. Es muy importante que la gente sepaque satanás no tiene el poder de obligarnos a pecar. El creyente siempre va a disponer de su libertad de acción, la cualno puede ser enajenada. El ejercicio de la libertad, que es potestativo de cada persona nunca va a ser violado por Dios.Pecar o no pecar siempre serán decisiones unilaterales e inalienables, y en consecuencia, responsables. En ese sentidola Palabra de Dios es monumentalmente contundente: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana;
  16. 16. 16pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamentecon la tentación la salida, para que podáis soportar” . Iª Cor. 10:13En 2ª a Tim 4:18se nos advierte que hay ocasiones en que nuestro enemigo nos ataca sin que se trate de una tentaciónen el orden moral. Es cuando satanás trata de hacernos daño gratuitamente en atención a su naturaleza de malignidad:“…Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos delos siglos. Amén”. En 2ª de Pedro 2:7 se reafirma lo mismo: “…y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conductade los malvados”.Ciertamente el Señor nos puede librar del maligno; siempre y cuando respetemos las reglas del Reino de Dios. Nodebemos jugar con el pecado, porque quien juega con la candela… se quema. Las escrituras son inalterables: “… Y aaquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, alúnico y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” .Judas 1: 23-24Con el capítulo anterior concluimos una sucinta y apretada síntesis de la oración enseñada por Jesús, que la tradicióncristiana denominó el “padrenuestro”. Es necesario hacer un resumen pedagógico que nos permita apreciar, en una solaentrega, todo el panorama de esa hermosa enseñanza que salió del mismo corazón del Hijo de Dios.Llamar “Padre” a Dios en una oración era una innovación inconceblible por irreverente para el pensamiento judío. Esprecisamente Jesús quien incorpora esta posibilidad al colocar la esencia por encima de las formas culturales cuando seora. El nazareno va más allá y propone una palabra aramea y muy familiar, “abba” para restaurar la confianza sinlastimar la reverencia. Dios es nuestro papá.Si es bueno tratar a Dios como papá, mejor es entender que no somos hijos únicos. El Padre es “nuestro”. Eso habla derelaciones colaterales; justamente donde los humanos tenemos serios conflictos. Desde el punto de vista de la oraciónDios es el Padre de todos y en consecuencia, somos hermanos. Necesario es resolver nuestros conflictos para seraceptos ante nuestro Padre común.Dios está en los cielos. Él está “en” su creación. Toda la maravilla de la naturaleza que nos rodea y nos bendice porquehace posible nuestra vida física forma parte de ese cielo donde Él está. Sin Él no podríamos ni respirar. ¿No eshermoso?La santidad de Dios es uno de sus más preciosos atributos. Él es absolutamente santo y quiere que nosotros también loseamos. Nunca podremos igualarlo porque estamos signados por la herencia pecaminosa de Adán. Sin embargo “…sedsantos porque yo soy santo” es un mandato que habla de la necesidad de vivir separados del pecado.Que su reino, su dominio, su gobierno, venga a nosotros, debe significar que toda nuestra vida, todas las aristas denuestra existencia se sometan a su dirección. Que no haya áreas de nuestro corazón manejadas sólo a nuestro arbitrio.Que Él sea el Señor de “toda” nuestra vida.Hágase tu voluntad es un recurso a nuestra disposición para estar seguros de ser asertivos en las momentos difíciles denuestra vida. Con frecuencia tomamos decisiones equivocadas. Si buscamos conocer su voluntad en cualquier asuntocomplejo y nos disponemos a obedecerla aunque no la comprendamos; tendremos asegurado el éxito.Pedir el pan nuestro de la cotidianidad es muy fácil, porque pedir es fácil. Sin embargo pedir no es simple. Pedir es underecho que tenemos; pero ese derecho está condicionado en la palabra de Dios, en el sentido de que Dios sólo nos va
  17. 17. 17a conceder las peticiones con son agradables a su voluntad. Solemos pedir mal. Los cristianos adultos debemospedir con la fe de un niño, pero sin su inmadurez.El perdón es la doctrina capital del pensamiento cristiano. Sin perdón no hay cielo. Nuestra salvación se hizo posibleporque Cristo proveyó nuestro perdón. En consecuencia; no tenemos razón para retener o negar el perdón a nuestrosofensores. Si no perdonamos, tampoco podremos ser perdonados.No podemos prohibir que los pájaros vuelen sobre nosotros, pero si podemos evitar que nos construyan un nido en lacabeza. La tentación es la prueba de nuestra libertad, y sólo es una invitación. Dios no la produce; sólo la permite.Todas las posibilidades de ser vencedores están a nuestra disposición. Sólo tenemos que usarlas.En el orden de nuestra relación con Dios hay tres cosas que nunca debemos olvidar: 1.Quién es Dios; 2.Quién esnuestro enemigo; y 3. Quiénes somos nosotros. Dios es esencialmente bueno y justo. No anda haciendo cacería depecadores. El ámbito de su amor y su justicia tienen su tiempo y en eso Él es irremediablemente soberano. Nuestroenemigo es malo sin retorno. “Vino a matar a hurtar y a destruir”. Seríamos insensatos si esperamos otra cosa de él. Ynosotros, ¿acaso nos conocemos?. Usted sabe cuál es la debilidad que lo ha derrotado de manera recurrente. Pues bienamigos: En esas condiciones nuestro Dios nos puede librar del maligno. ¡Claro que puede!.En nuestra última reflexión entregamos una síntesis apretada del contenido de lo que hemos llamado tradicionalmente elpadrenuestro. En este estudio hemos tenido que luchar tenazmente con la idea de que cuando estamos orandorealizamos una “actividad religiosa”, por decirlo de alguna manera. Es impresionante cómo las formalidades externashan incidido negativamente para desarmar la oración y convertirla en una “cosa” que nosotros “hacemos”Ese fue, justamente, el cambio colosal que introdujo Jesús y que provocó que sus seguidores entendieran que, a pesarde que manejaban la tradición de las formalidades del judaísmo, éstas no eran otra cosa que el “envoltorio cultural” de laoración. Esa equivocación sigue presente en la iglesia de hoy. Las preguntas más frecuentes de la gente acerca de laoración tienen que ver con esas formas: Cuántas veces; cuál postura física, qué tono de voz, cuánto tiempo, en cuállugar, etc.Todas éstas son variables de las cuales disponemos, pero no son la esencia de la oración. Tienen su importancia en elconcierto de la vida religiosa de la iglesia; pero si sustituyen la esencia medular de lo que es realmente oracióncometeríamos el mismo error de una persona que se alimenta con “comida chatarra” y cree que está bien alimentadaporque se “siente” llena. Por favor, ¡No nos equivoquemos con las apariencias!, el estuche jamás podrá ser másimportante que la prenda.Jesús, sin hacer mucho alarde, nos enseñó con su vida que, más que una actividad, orar era establecer una relacióníntima y personal con Dios. “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, yallí oraba.” Marcos 1:35. Surge entonces así el concepto natural de vida de oración, en el cual hemos insistido tanto, parasepararlo de orar, a secas, que es lo que equivocadamente hemos manejado siempre.El Hijo de Dios ha decidido elevar la oración a un nivel que pueda reparar la razón de la queja del Dios Padre al profetaIsaías: “…Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero sucorazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”.Isaías 29:13. Por eso, sin irrespetar las formas externas de la tradición, Cristo entiende que más que una prácticareligiosa, orar es una forma de vivir que produce e incorpora cambios en la vida de quien lo hace. Es vital que nos demoscuenta con agudeza de que Jesús comienza a enseñar la oración con su vida, más que con su discurso. Por eso, ellossintieron que necesitaban aprender a orar, no cuando lo vieron hablando, sino cuando lo vieron orando.
  18. 18. 18Tenemos que sacar de la maleta de nuestro equipaje cultural religioso la idea simplista y equivocada de que la oraciónexiste para obtener “cosas de Dios”. Esa es una concepción superficialmente materialista.De manera que cuando hablamos de aprender a orar no estamos haciendo énfasis en las formas, que al fin y al cabo noson más que expresiones de la cultura. Estamos hablando de la “disciplina” de venir a la presencia de Dios en laexperiencia del salmista: “Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor,Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, yesperaré”. Salmo 5:1-3.Antes de seguir en propiedad con el análisis de la oración y la vida de oración, es necesario que consideremos cómoésta incidió notablemente para transformar las vidas y los ministerios de personas que cambiaron al mundo. Teníamosnecesidad de saber por qué esos hombres pudieron realizar obras gigantescas. A ellos los llamamos hoy “los grandeshombres de Dios”. Pero, ¿Por qué razón fueron grandes?.No eran más inteligentes que nosotros. No tenían más información de la que disponemos; de hecho, tenían menos. Nocontaban con la colosal tecnología de comunicación de nuestros días. Cuando buscamos las razones, encontramos,para bendición de nuestra alma, que el patrón común entre estos cristianos de excepción no era otra cosa que elabsoluto respeto por la vida de oración.Hablamos -entre otros- de Martín Lutero, Juan Bunyan, y Juan Wesley, por mencionar sólo tres. Dejemos que sea elhistoriador Orlando Boyer quien nos introduzca en la vida de cada uno de estos apóstoles de la oración:LUTERO: “Generalmente se atribuye el gran éxito de Lutero a su extraordinaria inteligencia y a sus destacados dotes. Elhecho es que tenía la costumbre de orar durante horas. „fui guiado a orar, a pedirle a Dios que me fortaleciese. Nuncaoré sin que la Escritura estuviese en mi mente. Resolví, como Pablo, no mirar las cosas que se ven, sino las que no seven‟. “Decía que si no pasaba dos horas orando por la mañana se exponía a que satanás ganase la victoria sobre éldurante ese día, uno de sus biógrafos escribió: „el tiempo que él pasa orando, produce el tiempo para todo lo que élhace, el tiempo que pasa escudriñando la Palabra vivificante le llena el corazón que luego se desborda en sus sermones,en su correspondencia y en sus enseñanzasBUNYAN: “¿Cómo se explica el éxito de Juan Bunyan, el orador, el escritor, el predicador, el maestro, el padre de familia,el humilde latonero sin ninguna instrucción?. ¿Cómo puede una persona inculta predicar como él predicaba?. La únicaexplicación de su éxito es que era un hombre que estaba en constante comunión con Dios.“Hay en la oración –decía- el momento de dejar al descubierto la propia persona, de abrir el corazón delante de Dios, dederramar el alma afectuosamente en peticiones, suspiros y gemidos como los del salmista: „¿Cuándo vendré y mepresentaré delante de ti?; me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí‟ (Salmo 42:2,4). A veces, lasmejores oraciones consisten más en gemidos que en palabras, y esas palabras no son más que la mera representacióndel corazón, la vida y el espíritu de tales oraciones.WESLEY: “Así se expresó: „comencé a reconocer que el corazón es la fuente de la religión verdadera,...reservé doshoras cada día para quedarme a solas con Dios‟. Juan se esforzaba por levantarse diariamente a las cuatro de lamañana. Por medio de las notas que escribió dejaba constancia de todo lo que hacía durante el día. Conseguía asícontrolar su tiempo a fin de no desperdiciar ni un solo momento. “Tenía una sed insaciable de la presencia de Dios. Asílo relata él mismo: „Eran cerca de las tres de la mañana y nosotros continuábamos perseverando en nuestras oraciones,cuando nos sobrevino el poder de Dios, de tal manera que exclamamos impulsados por un gozo. Muchos de los
  19. 19. 19presentes cayeron al suelo. Luego, cuando pasó un poco el temor y la sorpresa que sentimos en presencia de lamajestad de Dios exclamamos a una sola voz: ¡Te alabamos Oh, Dios, te aceptamos como nuestro Señor!.Creo que el testimonio de estos padres de la iglesia contemporánea se forjó en el ejemplo dado por Jesús, la personaque más amó la vida de oración: …Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allíoraba. Marcos 1:35En la última entrega quisimos traer a colación el testimonio de tres de los hombres que más han contribuido aenseñarnos con su vida la categoría de la oración. Obviamente hay muchos más, y es necesario que estudiemos su viday su obra; lo cual haremos desde esta tribuna a su debido tiempo. Para nosotros es un punto de honor dejar claro que loque los hizo sobresalientes no fue otra cosa que su absoluto respeto y entrega por una práctica que cada día se ve másamenazada en la iglesia contemporánea: La vida de oración.La vida de oración es afectada por nuestro intelecto y por nuestras emociones.Todo el mundo sabe que “debe” orar. Escasi imposible encontrar un creyente que no tenga un concepto honroso de la oración. Entonces, ¿por qué nos cuestatanto hacerlo?. Es lógico que la oración ocupa con fuerza un lugar en el mundo espiritual. “Vino luego y los hallódurmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis ententación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Marcos 14: 37-38Debemos ser lo suficientemente humildes para aceptar sin ambages que cuando se trata de orar, ciertamente tenemosun “problema” que está más allá de lo normal. Estamos hablando de una resistencia de orden espiritual, quegeneralmente es solapada por “actividades” de oración que responden a nuestros programas e intereses y no a los deDios. El apóstol Santiago lo explicó muy bien:“Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar;combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastaren vuestros deleites”. Santiago 4: 2-3El Espíritu Santo nos está diciendo a través de esta palabra que sencillamente tenemos un problema conceptual con laoración. No nos hemos dado cuenta que sacamos a la luz nuestra pobre relación con Dios, cuando no advertimos quemezclamos obras de la carne como la codicia y la envidia con el pedir a través de la oración, (que se supone que unaobra del espíritu), con el agravante de que hasta pedimos mal por la motivación equivocada que tenemos al hacerlo.Lo primero que tenemos que corregir es el concepto errado de que orar es sinónimo de pedir. Pedir ocupa un lugar en laoración, pero no lo es todo: Jesús lo explicó de una manera muy pedagógica: “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad,y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se leabrirá.” Lucas 11:9-10. Cristo habla además de buscar y de llamar como elementos componentes de la oración y tiene el cuidado deubicar el pedir dentro de condiciones muy concretas que solemos olvidar: “Si permanecéis en mí, y mis palabraspermanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Juan 15:7El Señor nos está esperando en el altar devocional. Allí lo más importante no es pedirle cosas a Él sin antes considerarsus condiciones. Necesario es, entonces hacernos dos preguntas de control: ¿Permanezco yo en Él?; ¿Permanecen suspalabras en mí?. Sólo si podemos responder con honesta afirmación a esas dos interrogantes tendremos luz verde parapedir en el proceso de nuestra oración.
  20. 20. 20No aceptar las condiciones de Jesús es lo que explica la frustración de mucha gente que no entiende por qué -a sujuicio- Dios no les responde como ellos quieren. Él no nos concede siempre lo que le pedimos sino lo que necesitamos.Amigos: No nos confundamos; aunque el Señor siempre nos bendice, es vital que entendamos con absoluta claridad queDios no existe para complacernos. Nosotros existimos para complacerlo a Él.En nuestro enfoque del tema de la oración estamos obligados a llegar al fondo del problema. No es tarea de fácilsolución porque, en principio, nos enfrentamos con una pared de ideas preconcebidas y reforzadas por nuestra tradiciónevangélica. Estamos hablando del concepto utilitario que desafortunadamente ha marcado todo lo que entendemos por“oración”Para millones de cristianos Dios sólo es “…quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; Elque rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca, de modo quete rejuvenezcas como el águila. Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia”. Salmo103: 3-6. Obviamente no estamos negando a ese Dios; pero no es una actitud correcta que veamos esa sola cara de lamoneda. Durante su ministerio terrenal el Señor Jesús tuvo que ser punzante en su juicio, porque el alto liderazgoespiritual de la nación judía había perdido el rumbo espiritual. Oigámoslo: ” …¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréismayor condenación. Mateo 23:14Es evidente que para Cristo esas “oraciones” no eran genuinas, porque se comportaban como mamparas para encubrirlas verdaderas intenciones, que no eran nada sanas. La oración tiene un orden en la mente de Dios, y es necesario queentendamos que está diseñada fundamentalmente como una relación. Esa relación cambiará nuestra manera de vivir,porque transformará todas las aristas de nuestro ser. Eso ocurrirá porque ¡nadie puede acercarse a Dios sin sercambiado!. Dios está esperando que vengamos a Él como lo hizo el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce micorazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el caminoeterno. Salmo 139: 23-24Tenemos que aprender a dejar de darle órdenes a Dios como si Él fuera nuestro subalterno. Permítame hacerle unapregunta: ¿Cómo es su vida de Oración?. Observe que no estoy interesado en saber cuál es el contenido de su plegaria.Estoy preguntándole por su motivación, porque eso, finalmente, es lo que al Señor le interesa más.Ud. debe aprender a venir a la presencia de Dios en oración con la disciplina de pasar tiempo con Él. No se preocupepor “medir” ese tiempo. No se angustie si ese tiempo no es “largo”; no se trata de una competencia. Venga a Él sinimportarle si lo siente o no; si tienes deseos o no; si tiene fe o no; si tiene necesidad o no. ¡Por Dios, simplemente, venga!¿Podría acaso Ud. escuchar silenciosamente esta voz?: “…Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi almatiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, 2 Para ver tu poder y tu gloria, Asícomo te he mirado en el santuario. 3 Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. 4 Así tebendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. 5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y conlabios de júbilo te alabará mi boca, 6 Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de lanoche. 7 Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. 8 Está mi alma apegada a ti; Tudiestra me ha sostenido”.Salmo 63:1-8. ¿Puedes sentir su presencia.
  21. 21. 21Lo más importante de la oración es “orar”. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Al Señor le importa más supersona (usted), que lo que Ud. sabe o ignora. Toda una gama de conocimientos técnicos y teológicos acerca de laoración serían inútiles si no realizamos el acto de venir y estar en la presencia del Altísimo en oración. Es absolutamentenecesario que tomemos en cuenta que el primer cambio que se produce con motivo de nuestra oración, es EN nosotrosmismos, Más que en nuestro entorno. En otras palabras, la oración me cambia por lo que ella en esencia es.El libro de Los Hechos nos relata la historia de un oficial romano que produjo inesperadamente una revolución en laiglesia naciente: “…Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana,piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre”. Hechos10:1-2.Cornelio era un militar, invasor y pagano. Como tal era enemigo del pueblo judío. Esa es la impresión natural quetenemos que tener de él. El problema es que la gente no es siempre lo que parece ser; y nosotros no tenemos lacapacidad para mirar como mira Dios.¿Cómo un hombre educado para la guerra feroz y para acabar con naciones y pueblos puede ser al mismo tiempo“piadoso y temeroso de Dios?. Toda esa contradictoria información acerca de su vida se explica con una frase lapidariade las Sagradas Escrituras: “…oraba a Dios siempre”.Cornelio no era “cristiano”, no se congregaba, no había sido discipulado, no formaba parte integral de lo que conocemoscomo “iglesia local”. ¡Sin embargo!, hacía algo que mucha gente de la iglesia no hace: “…oraba a Dios siempre”.Por alguna razón que desconocemos este hombre se conectó con Dios a través de la práctica de venir a su presencia enoración y fue en esa circunstancia cuando el Señor lo escogió para provocar el más colosal cambio que la iglesia iba aexperimentar en el siglo 1; es decir, que la salvación era, no sólo para Israel sino para toda la humanidad. “…EntoncesPedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda naciónse agrada del que le teme y hace justicia.Hechos 10: 34-35El meollo de la oración está en dejar lo otro, lo que nos quita tiempo, lo que parece más importante, lo que nos distrae, loque nos preocupa. Con frecuencia, el tiempo para orar hay que “asaltarlo”, porque la vida humana conspira naturalmentecontra la oración. Después que vengamos a la presencia de Dios podemos usar el manual de instrucciones delpadrenuestro y toda la ayuda pedagógica que la iglesia ha producido en dos milenios; usarlo antes de venir, no tienemucho sentido.¿Sabes por qué es difícil tener vida de oración? Porque hay un ejército enemigo de la iglesia que está activo sin cesarusando todo su arsenal para que no vengas al altar o para que te salgas de él. La iglesia jamás podrá ser vencedora sinoración. “…orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia ysúplica por todos los santos”. Efesios 6:18. Ningún creyente por más preparación que tenga tampoco podrá ser victoriososi no dedica tiempo para orar.Nuestro trabajo de campo nos ha enseñado que -al menos teóricamente- la oración como estructura religiosa goza degran estimación por parte de la gente de la iglesia. Todos “hablamos bien” de ella, y es obvio que ocupa un lugarprivilegiado en nuestra cultura. Es decir, estamos hablando de algo supremamente “espiritual”, que es bueno, que nosgusta, que sirve para muchas cosas; pero que nos cuesta mucho realizar. ¿Recuerdan la experiencia de Señor con sus
  22. 22. 22discípulos en la hora final? “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Asíque no habéis podido velar conmigo una hora?.”Mateo 26:40.En toda oración siempre habrá: I. Un hombre que se acerca a Dios; II. El Dios infinito que se acerca al hombre; y III.Satanás, un enemigo de Dios y del hombre que hace lo imposible por bloquear esa relación. De manera que, cuandooramos estamos involucrados, aunque no sea nuestro deseo, en un acto de guerra espiritual. Necesitamos entender acabalidad que la oración no es simplemente una parte de nuestra liturgia, sino el reservorio de un enorme poder quetenemos que aprender a liberar.En nuestra cultura predomina con mucha fuerza la idea de que la oración es una “actividad” más. Ese sentimiento haceque menoscabemos la importancia de la oración practicándola apresuradamente, como para “salir del paso” o “cumplircon Dios”, como si el Altísimo necesitara de nuestra de nuestro concurso. Nuestra preocupación está centrada en quecuando oremos alguien en la tierra pueda medirlo y aceptarlo. En otras palabras, nos preocupa más el juicio de la genteque la opinión de Dios.La parábola alusiva de Jesús debe retumbar en nuestros oídos y cambiar definitivamente esa perversa manera depensar: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo,puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como losotros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a lasemana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzarlos ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digoque éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece,será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Lucas 18: 10-14Si nos tocara medir con la óptica humana la actitud de estos dos hombres tenemos que concluir que estaban haciendo locorrecto en el lugar correcto: Estaban “orando en el templo”. Uno era un erudito de la religión y el otro era un ignoranteespiritual. Los dos se acercaron a Dios; pero las intenciones del corazón, que sólo las puede percibir el Señor, hicieron ladiferencia cuando el juicio divino acerca de los dos tuvo que ser revelado, porque la verdad finalmente triunfa: Sólo elpublicano fue justificado. Corolario: Ni orando podemos engañar a Dios. Abandone todas las posturas cosméticas yartificiales que solemos usar para impresionar a nuestro Padre y a los hombres. Jamás olvidemos que “Lossacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarástú, oh Dios”. Salmo 51:17.Nuestro enemigo jamás toma vacaciones; y nuestro Señor tampoco lo hace. De hecho su promesa es tan real hoy quecuando se despidió de sus discípulos:“…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin delmundo”. Amén. Mateo 28:20.La ocasión de un año siempre se presta para evaluar. Es un alto en la carrera que nos permite mirar con calma hacia elinterior de nuestro corazón. Con meridiana honestidad debemos medirnos espiritualmente: Cuánto logré, cuánto pudehaber logrado y cuánto falta. El poeta peruano José Santos Chocano lo expresó con tristeza: Hace ya diez años querecorro el mundo/ ¡He vivido poco!/ ¡Me he cansado mucho!. Acaso la poesía del bardo español Antonio Machado
  23. 23. 23pueda dibujarnos con un poco más gracia la imagen: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. El granapóstol de los gentiles lo expresó con la elocuencia y la sabiduría que da el lenguaje del espíritu: “…He peleado la buenabatalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” . 2ª Tim. 4:7Son, pues, las diferentes aristas desde las cuales podemos ver hacia el atrás de nuestras vidas. Nos ponemossentimentales cuando el año termina, porque al fin y al cabo medimos que estamos más cerca del fin y no hay manera deregresar. Es, entonces el momento propicio para las promesas. Justamente de eso se trata nuestra cita hoy, de hacerun pacto, porque los pactos nos ayudan pedagógicamente a lograr metas espirituales.No escogimos hablar de la oración porque sea un tema fácil o popular. Creemos, con fe de carbonero, que es un temanecesario y lo vamos a repetir hasta la saciedad. Nos sentimos como Pablo cuando, bajo el rigor de la guardia pretorianaque lo custodiaba en la cárcel le escribió a la iglesia más antigua de Europa, los filipenses” “…A mí no me esmolesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”. Fil. 3:1. O sea,Tengo una gran cargaen el corazón que me impele a decirles esto, y eso a Uds. definitivamente les conviene.Nos conviene decidir la disciplina del pacto. Hablamos de prometernos e involucrar a Dios en una decisión que nospermita separar cada día un momento sagrado, a la hora que Ud. pueda, los minutos que Ud. pueda y en el lugar queUd. pueda para pasar tiempo con Dios.Saque de este esquema las “oraciones” marcadas por nuestra etiqueta social-religiosa. No estamos hablando de orarpara comer, para dormir, para viajar. Eso es otra cosa. Estamos hablando de derramar el alma en la presencia delEterno, sin modelaje; ¡sin ocultar la verdad con palabras¡Haga un pacto por un tiempo razonable. No compita en “cantidad” con nadie. No se trata de un concurso sino de salir deuna crisis. Imite a Jesús y apártese para estar en su presencia, sin preocuparse si la oración es larga o corta. Nopermita que ninguna actividad, ¡Ni siquiera las obligaciones eclesiásticas! lo aparten del altar de su presencia. ¡Nada delo que Ud. hace es más importante que orar!.“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre esinvocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yooiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. 2ª Cron. 7:14Que el espíritu que envolvió al mundo con el milagro de la natividad de Jesús el Salvador, nos sumerja en su presencia, yque este año sí sea un punto de partida para transformarnos en las manos de nuestro Sumo Sacerdote.“Mirad, velady orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. Marcos 13:33.La mayor parte de las oraciones que hacen las personas están presididas por un sentido utilitario. Al hacer oraciones,generalmente buscamos un beneficio material o de alguna otra naturaleza. Parece que creemos que Dios está en elcielo sólo para complacernos. Lo que pasa con esto es que la oración tiene una fama en la tradición de la humanidad.La gente sabe que la oración es “buena”; y muchos de nuestros amigos no creyentes nos piden oración pos susnecesidades. Dios es tan bueno que las suple. Él no lo hace porque la gente es buena sino porque Él es bueno. Sinembargo, algunos creyentes se sienten frustrados cuando no reciben lo que desean. “Pedís, y no recibís, porque pedísmal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3. Es entonces cuando percibimos que la oración es algo más quedisparar peticiones al Reino de los CielosUn creyente serio y maduro debe entender el verdadero sentido de la oración. Jesús fue muy preciso cuando loenseñó:Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Lucas 11:9. Hemos desestimado el
  24. 24. 24Buscary el llamar y hemos potenciado el pedir porque es más fácil recibir que darse. Si nuestra oración secircunscribe sólo a una “actividad” en la cual venimos a pedirle “algo” a Dios, tenemos que concluir dolorosamente, queno hemos entendido lo que es orar.La primera lección que Jesús les dio a sus discípulos cuando le pidieron que los enseñara a orar fue precisamenteincorporar el sentido de la devoción privada, para la cual hay que apartar un tiempo que debe ser sagrado. No es unapetición pasajera, materialista y superficial. Es contemplación íntima y profunda. Más que recibir “un favor” es percibir su“presencia”: “…Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; ytu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Mateo 6:6“Esa” oración requiere del sentido de la disciplina. Todas las fuerzas del mal se activarán para que tú no ores así.Ninguna actividad de tu vida va a ser bombardeada espiritualmente por las tinieblas de este mundo como lo es elmomento del altar. Eso ocurre porque la oración es, en esencia un acto de guerra espiritual. Cuando separas, comopidió Jesús, tiempo para estar en oración, te conviertes en una amenaza para Satanás. Su reino retrocede y empiezas aconvertirte en vencedor. Si mantienes ese ritmo, la vida del espíritu gobernará tu corazón y todo lo que significa elpecado y la vida de la carne cederán su lugar al gobierno de Dios en ti.El historiador Orlando Boyer recoge una hermosa experiencia de oración narrada por el joven misionero David Brainercuando tenía sólo 20 años· “Dediqué un día para ayunar y orar y me pasé el día clamando a Dios casiincesantemente, pidiéndole misericordia y que me abriese los ojos para ver la realidad de mi pecado’. Tenía unalucha existencial por la santidad. ....cierto día estaba completamente solo en el campo y sentí de una manerasobrenatural un gran gozo y dulzura en Dios. Experimenté un profundo y ardiente amor por mis semejantes yanhelaba que ellos pudiesen gozar de lo que yo gozaba. Anhelaba tanto la presencia de Dios, así como liberarme delpecado. Para mí una hora con Dios excede, infinitamente a todos los placeres del mundo” Es la hora del altar deDios. Él siempre nos está esperando, para bendecirnos, para cambiarnos.El contacto con la gente en los escarceos ministeriales nos ha enseñado algunas verdades interesantes con respecto ala oración. Veamos: Casi toda las personas saben que orar es bueno, pero NO oran. Esa antinomia se explicaentendiendo que creer las cosas NO es hacer las cosas. Tener un buen concepto del Evangelio no hace a una personacristiana; hace falta compromiso. Tener un buen conocimiento de la Biblia no hace necesariamente “santo” a nadie. Hacefalta algo más. Hace falta vida.Los líderes espirituales de Israel en los días de Cristo fueron reprendidos por el Maestro por el “uso” que le dabana la oración “Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, ylas primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y porpretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación”. Lucas 20: 46-47Esta desviación acerca de la oración es tan antigua como contemporánea. Orar es esencialmente bueno; pero esinnegable que las Sagradas Escrituras nos enseñan que las intenciones del corazón, si no son sanas, pueden teñir aunlo bueno que hagamos. “ Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogasy en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.” Mateo6:5La oración tiene que dejar de ser una actividad religiosa que llena la liturgia tradicional de la congregación. No podemosseguir conformándonos con hacer oracioncitas de emergencia como cuando llamamos a los bomberos para que nos

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