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El Reloj Invertido De Liebitz

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Libro de relatos.

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  • 1. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz tapa 1
  • 2. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 2
  • 3. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El reloj invertido de Liebitz Elbio Aparisi Nielsen 3
  • 4. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Aparisi Nielsen, Elbio Fundido en tres partes. Vizcaya, España, 2009. 175 págs. 21x15cm. ISBN 978-987-02-3646-7 1. Narrativa CDD 863 Hecho el depósito que prevé la ley 11.273 2009 Copyright todos los derechos reservados. ISBN 978-768-09-3656-3 4
  • 5. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz A mis padres. 5
  • 6. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 6
  • 7. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Prólogo El tiempo nos engaña, nos da el conocimiento del orden sumido en una burbuja de cristal en medio del caos que reina. Hay seis números que rigen nuestro universo (el real, no el de predicciones astrológicas), de hecho, vivimos en uno (ignoramos otros) que se creó en una singularidad que derivó en una increíble y voraz masa de energía inflacionaria que no se detiene. Estamos sumidos en buscar todas las explicaciones del universo que no tiene respuestas, porque nunca hubo preguntas, y allí vamos leyendo cientos de historias que no son reales para testar nuestro mar de emociones contenidas y recordar lo humanos (sin comillas) que seguimos siendo. Aquí leeremos diversidad, no garantizo calidad, pero sí, a pesar de futuras críticas, diversidad, inflada en caos y orden sin sentido, porque de esto se trata, ¿no?, hay cientos de miles grandes profesores, y de los buenos. Quizás sea mi juventud la que me obligue a justificar mis errores, pero de eso nacen los efectos geniales, de los miles inequívocos, ¿o no pensamos en los fallos anteriores del universo?... abrir los ojos, leer para entretenernos pero no para someternos, yo al menos soy acero cristalino, y no pretendo más que enviarte a mi mundo, ese que me acompaña a todo momento y que embellece mi manera de mirar este gran film diario. 7
  • 8. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 8
  • 9. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Copa de luz. 9
  • 10. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Es verdad lo que dices, pero yo tengo un problema de arritmia que me hace andar algo más lento que el resto, soy la imagen que deplora un capitalista... a menos que quiera rodar un documental lava cerebros o que lo filmen promocionando su imagen social..._ el zumbido es constante, el mapa nos indica que estamos sobre volando África. -No seas tan cruel contigo, es cierto que hay muchos idiotas, en mi empresa tengo nueve enfermos del trabajo, viven donando tiempo para que yo trabaje menos y lo hacen con un objetivo claro, yo los mantengo contentos elevando sus ganancias pero no pienso ceder un puesto a ninguno de ellos, buscaré fuera, conocen demasiado a la empresa, y compiten entre ellos deslealmente. Eso es capitalismo entre iguales._ alguien pasa junto a nosotros con un refresco. -Que duro, yo vivo con una paga mensual, más lo que me llega por los concursos, pero no cuento con ello ya que no tiene una lógica temporal, pueden pasar diez meses sin caer un céntimo... bueno por las reproducciones si, los derechos dejan algo._ me mira, suelta una sonrisa, creo que es un hombre de pocas palabras, detrás de él el ala de nuestro ave de acero se agita demasiado. -Pero te conformas, mis empleados son ratas que matan por su queso, ¿qué miras? ¿tengo algo en la cara?_ tengo hambre, el miedo me ataca el estómago. 10
  • 11. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Eres muy exigente, no me cuentas todo, pero no es nada, es normal, estas conversaciones de avión tienen esto, te haces amigo ante el miedo, creemos en Dios para aliviar la tensión pero al fin estamos enfermos por salir, sabemos que ésta cabina viaja ahora mismo escasos 930 kilómetros por hora en una franja que ronda entre los siete mil a nueve mil metro de altura. No es nada._sonrío forzado por mi vergüenza ajena. -Mira, lo siento, pero voy a descansar algo, mañana tengo una reunión con inversionistas asiáticos y tengo que estar despierto porque son muy listos los pequeños saltamontes._ no me deja contestar, miro su espalda y vuelvo a comprobar el ala agitándose demasiado, creo que más que antes... esto no me gusta nada... acaban de anunciar turbulencias... ahora creo en Dios. Llegaré a mi casa, jugaré con mis dos gatos, París y Leo, luego escribiré algún artículo digital y me leeré toda la correspondencia acumulada, eso me sucede por no llevar mi portátil a las conferencias. -Perdone señorita, ¿puede traerme una copa de whisky?_ seguro piensa que soy un borracho, discapacitado y lamentable anciano, aunque si lo piensa acierta conmigo, no voy a negarme lo que creo. -Aquí tiene señor._ pone los hielos con una pinza que brilla con el reflejo de la luz que ilumina mi asiento y piernas, el resto creo que duerme, no sé cómo hacen, son de otro planeta o nacieron con alas, quizás es el efecto de mi falta de movilidad la que me avisa inconscientemente de que no tengo posibilidades, de las escasas que hay para todos, menos aún para mí. -Gracias señorita._ hace un silencio, no se mueve, con 11
  • 12. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz su mano derecha apoya su mano con la pinza, seguro piensa que la turbulencia se agudizará y espera pasarla apoyada, tiene una bandeja en la otra, se está acordando de toda mi familia. -Señora, y no sea tan formal, que no le pega._ me acabo de quedar con el rostro duro, al final tiene buen humor en medio de una turbulencia y con con un viejo molesto que le pide una copa mientras todos duermen, no salgo de mi asombro. Me pica la barba, me la voy a dejar larga, me da igual, que mis alumnos digan lo que quieran, si llego sano a casa no me afeito por lo menos hasta septiembre. Que pare, por favor no te muevas más, ¿por qué ponen luces en las alas? es de noche y puedo verla perfectamente, se agita mucho, me da la sensación de que en cualquier momento se va a romper en mil pedazos y el avión va a girar en su eje hasta explotar en medio del desierto o el mar. Que manera de caer, por Dios, protégenos, no hagas nada que pueda dañarnos, somos buenas personas y hacemos el bien... bueno mis libros no son sanos, lo sé pero mis clases con los alumnos son leales a la bondad, intento ser imparcial con esas bolas de hormonas... algún día si me pasé un poco, pero quiero vivir, al menos una temporada más, mi nieta tiene una presentación, es un pase de diez minutos en una obra de teatro y me hace ilusión, moriré tranquilo si la veo sonreír al terminar, luego haz lo que quieras de mi cuerpo... mis libros hablarán con toda esa gente durante muchas décadas, eso espero... que sean extensiones de mi tiempo en la tierra. 12
  • 13. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La costa del olor. 13
  • 14. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Llévalo, mañana no tiene nada que hacer y tu necesitas ayuda con el peso, no tienes edad para andar cargando tanto pescado._ lo miró apenado, no quería despertarlo, era de madrugada y la noche no parecía más de invierno que de verano. -Pero, míralo, otro día lo llevo Isabel, hoy no, me de pena levantarlo tan pronto._ su mujer sacudió al niño sin miramientos, tenía muy mal genio cuando le apetecía dormir. -Vamos, despierta Joaquín, ponte los zapatos, un abrigo y acompaña a tu padre... ¡vamos hombre, despierta de una vez!_ el feble cuerpo del niño parecía romperse en pedazos mientras se cambiaba con la insistencia de su madre al oído y con la resignación de su padre frente a sus ojos. -Ya estoy papá, gracias por despertarme mamá._ sonrió y sus dientes brillaron anunciando la luz que en algunas horas volvería. La casa olía a gasolina y lomo ahumado, más cuando tenían hambre, junto con los hermanos creaban platos deliciosos solo con los aromas de la casa cada tarde interminable y sin juegos, ya que su madre no lo dejaba moverse siquiera para no tener más hambre de la que ya padecían. -Muy bien hijo, tu madre ha insistido, lo lamento._ abrió sus brazos esperando el abrazo lento, desganado y quebradizo del infante. -¿Qué dices? me encanta ir contigo papá._ le dijo 14
  • 15. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz mientras se frotaba con la gabardina del padre, su olor lo devolvía a su niñez inmediata, cuando no faltaba nada en la mesa. Se adentraron en el camino por el monte, el pequeño Miguel sabía que si se perdía corría mucho peligro y altas probabilidades de no volver a casa sano y salvo, por eso, no se apartaba de su padre nunca, aferrado a su mano subían el monte hasta la carretera que les llevaría al puerto horas más tarde. La luna escondida iluminaba el firmamento desde el otro lado del monte. -No se ve nada, papá no ve nada. -Tranquilo Miguel, estamos agarrados de las manos, nadie puede hacernos nada, no te preocupes hijo, pronto estaremos en la carretera. -Es mucho viaje... -Es cierto, mira arriba, ¿ves esas estrellas?... brillan mucho, pero su luz en algunas ya no existe, la vemos porque viaja hasta nosotros, pero quizás ya esté muerta. -¿Cómo puede ser eso?_ le pregunta el niño con su voz aguda y entrecortada. -Verás, la luz viaja y tarda tiempo en llegar a nosotros, el universo es luz y energía hijo, es materia y ondas, todo junto y revuelto... por eso miras las estrellas y algunas son viejas y otras jóvenes, no son como nosotros que nuestros cuerpos evidencian el deterioro, ellas brillan para nosotros de igual manera. -Pero algunas titilan y tienen colores, otras brillan menos._ le dice el niño saltando mientras suenan sus huesos de las piernas. 15
  • 16. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Muy cierto hijo, pero no preciso, la distancia es lo que olvidas... lo primero que tienes que saber es que nada en el universo está quieto y por siempre, todo tiene un proceso, como nuestra vida mi amor, nuestras vidas tienen un camino, son rosas repletas de espinas... ¿por qué estás callado Miguel?_ suenan sus pies mientras caminan. -Estoy triste, no me gusta lo que dices... es feo. -Mi amor, no tienes que pensar nada que no quieras, pero tienes que saber bien todo lo que representa estar vivo, saber para algunos es una maldición pero para otros es un don... y tú tienes que obtener todo lo que aprendes como un don, te hará ser una persona rebosante de bondad para tus congéneres, y no de pensamientos con intenciones impropias. -La vida es muy bonita, tú lo dices siempre, mamá no, a mamá parece no gustarle mucho la vida, ¿es por nosotros?_ su padre detiene el paso y se agacha, no se ven, los árboles resuenan, algunos animales aúllan, suenan una piedras desprenderse y rebotar. -Tu madre los ama hijo, es una época muy dura para todos nosotros, suceden hechos muy malos, ella lo hace todo por ustedes, vive por ti y tus hermanos, tienen que ayudarla en todo, y si la ves mal algún día abrazarla. ¿Me lo prometes?, pronto yo me iré de viaje hijo, y no sé cuanto tiempo será. -¿Por qué marchas? ¿a dónde? -Tranquilo, es una temporada, en unas horas cuando volvamos, lo sabrán todos, me han llamado del ejército, debo cumplir con la patria hijo. -No, no quiero que te vayas a ningún sitio, quédate con nosotros, te esconderemos en el sótano, allí no hay ventanas ni puertas, no podrán encontrarte aunque 16
  • 17. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz quisieran, no puedes dejarnos solos... no vas a volver papá, nos vas a dejar solos... lo sé. -Nada de eso mi amor, es una temporada, la guerra terminará pronto, he tenido suerte, lo peor ya ha pasado hijo, vamos camina que debemos llegar al puerto antes del amanecer, esos pescadores lo regalan todo antes de zarpar, si llegamos tarde todo éste viaje será en vano. La carretera tenía barro y agua de la noche anterior, una tormenta no lo había dejado caminar tras la comida, llevaban cinco días a pan y agua. No quitó ojo de sus pasos, observó cada una de las irregularidades del camino, imaginó bombas caer desde su boca, su saliva invadió charcos y huecos de hormigas, piedras de lagartijas e insectos. Sobrevoló simulando ser su padre destruyéndolo todo a su paso, creía que los malos tenían que morir todos, pero no sabía que era la muerte, nunca había tocado la puerta de madera de su casa en medio del bosque. El sol lentamente emergía del agua del mar cantábrico y los barcos comenzaban a advertirse desde el horizonte hasta la orilla del puerto. Miguel respiró tanto como pudo, sentía comer en aquél puerto, todo olía a pescado y sal, se hinchaba de aire creyendo tener cientos de platos asados y bien sazonados en su estómago... al llegar sus pies ardían como el sol que los iluminaba, el pescadero envolvió tres kilogramos exactos de merluza y se los entregó al padre envuelto en un sudor frío. -¿Ya marchas, José?_ tenía treinta personas esperando en una cola de esmirriados seres humanos. -Sí, quiero agradecerte todo lo que hiciste por mi familia, Dios me devuelva a mi tierra para compensar tu 17
  • 18. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz excesiva bondad, Francisco. -Tú vuelve, luego hablaremos, quizás puedas ayudarme en la mar, te harías un dinero, dicen que será más duro que ahora, cerrarán todos los canales de provisiones... nos espera una época muy duro mi amigo. -No puedo pensarlo Fran, debo marchar, es mi deber._ dijo endureciendo su ceño y así demostrando su fortaleza detrás del cuerpo cansado y ojeroso que lo representaba junto a su hijo al borde de la desnutrición. 18
  • 19. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El reloj invertido de Liebitz. 19
  • 20. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Los documentos fueron revisados por Clara hace unas horas, no creo que necesite retoques, nos llevó su tiempo recaudar toda la información, pero lo logramos, supongo que estará alegre con todas las nuevas noticias, llevamos con todo esto unos veintitrés meses._ no paraba de repiquetear el bolígrafo mientras lo miraba fijamente analizando cada una de sus palabras, midiendo uno a uno los pensamientos unidos a ellas, en una celda imaginaria abusó de su fuerza mental propinándole una paliza de gritos. -Pues, estoy conforme, alegre es un estado algo más elevado, y no creo estar a la altura de sus apreciaciones... puedo considerarme... conforme, sí, esa es la palabra que se ajusta, usted supongo que sí estará alegre, ya que completar un trabajo tan laborioso y de un contenido tan suntuoso para su bolsillo no es pequeña empresa, ¿verdad?_ detuvo el movimiento del bolígrafo, su silencio no tuvo otra respuesta, no podía decir nada, tenía dos opciones, contraatacar o eludir, prefirió la segunda ya que no había firma que realmente concluyera su trabajo, pensó en una milésima que no era lo parco y obrero que creía, ni lo bajo e inútil que decía entre sus colegas, estaba asombrado y confuso, el silencio provocó una sonrisa en su cliente, evidenciando su clara disposición por no perder un céntimo. 20
  • 21. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Qué hora es señor Liebitz? -Las seis y cuarenta y dos minutos con tres segundos contando... cuatro segundos contando. -Que lectura exacta del tiempo, no pierde usted ni un segundo, no hacía su visión tan aguda... sepa disculparme pero me asombra. -Las sorpresas nos destrozan el camino de certidumbre que creamos señor Uriarte, nos hacen reconocer nuestras debilidades antes el miedo penetrante y vil que nos gobierna, el futuro suele ser un miedo paralizante o una motivación involuntaria que determina un nuevo camino fundado en los buenos actos... supongo que sus actos de bondad sembrarán un camino de futuras alegrías más reales que las del propio trabajo profesional, esto solo es un guiño, usted merece algo más._ dijo su cliente con una ironía repleta de unas intensas ganas de hacer añicos su despacho, incluso de quemar todos sus cuadros de honor de la universidad de derecho. -¿Hegel?, ¿metafísica?, ¿Marx? o más bien..._ dijo el doctor en derecho mientras sudaba una nueva gota que recorría su pecho hasta dar con un pliegue de grasa acumulada. -Liebitz... son mis reflexiones internas, no hay libros, ni universidad, no hubo sistema educativo en mi infancia, mis padres me enviaron a deshacer mi cuerpo en tareas de agricultura, las bases de este imperio... entre otras... la información vino a mi en forma de luz en medio del esfuerzo ante un calor de mil infiernos trabajando sobre mis pensamientos a plena luz del día. Lamento desilusionarlo pero no hay ideas de otros, son mías, heredadas de la contemplación de la naturaleza y no del artificio asqueroso que lo gobierna aquí mismo día a 21
  • 22. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz día._ su bolígrafo dio vueltas veloces en una sincronía perfecta, su estado de ansiedad lo envió a la práctica obligada de no responder y contener todos los insultos y vejaciones que rumiaba por dentro con tanto goce. -Es un placer tratar con alguien tan inteligente._ devolvió con ironía en un estado involuntario de defensa que no pudo evitar, su genio estaba afectado, ¿cómo un granjero iba a hablarle así?, pensaba en los billetes en su caja fuerte, no había más que dinero en sus símbolos de evocación interna y delirante por momentos. -No, el placer es mío._ devolvió Liebitz con otra. -¿Qué hora es?_preguntó Uriarte nuevamente. -Las seis y cincuenta y un minutos con nueve segundos contando... con diez contando._ se detuvo el movimiento del bolígrafo, los dos esperaban algo del otro, un gesto, una sonrisa que inclinara la balanza a otra tensión menos densa, aunque estaban dispuestos a mantener el estado hasta que el otro lo haga... al final ser cliente le dejaba más opciones a Liebitz que a Uriarte. -Los documentos están preparados.-cedió su orgullo para terminar con el sudor y beber algo al marcharse el inútil presumido del granjero de pueblo que tenía por cliente, pensaba en la gloria de su posición social y en la de él que lo miraba intrigado y pensativo.-solo tiene que firmar en cada una de las hojas, son treinta y dos folios más tres de conformidad, que es el poder para obrar por su madre. -Me gustaría detenerme en unas cláusulas que he leído y no termino de enterarme para que son realmente, son solo unos minutos, creo que no será problema señor Uriarte, o ¿sí? -No, en absoluto, puede seguir todas las cláusulas que crea oportuno, mi mujer sabe que trabajo hasta que el 22
  • 23. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz trabajo me deje volver a casa.-dijo riendo sudando el cuelo, el cabello de su nuca comenzó a evidenciar su humedad juntándose despejando la pelada incipiente de Uriarte. -Muy bien._ dijo Liebitz sin quitar la vista y acercándose para analizar un punto que había marcado en su copia. -Igual no veo motivos para ser tan detallistas, su madre confía en mi desde hace años, lamento el incidente que la llevó sin remedio al estado en que se encuentra hoy en día, pero ella sabía que los poderes que tengo sobre las acciones y propiedades son en beneficio de la familia... -Es suficiente para usted, para mi no lo es, defiendo intereses que desconoce señor Uriarte, por favor debe limitarse a esperar, creo que ya he encontrado algunas anomalías que no corresponden entre la copia y el original..._ su camisa estaba empapada en agua debajo de la chaqueta del traje a rayas finas. -¿Qué hora es señor Liebitz? -Son las siete y seis minutos con dos... sé que viene con punta su pregunta._ Liebitz apuntó con su anular a Uriarte entrecerrando el ojo izquierdo. -Es verdad, porque es una curiosidad... nunca lo había visto._ dijo Uriarte tan astuto como pudo, necesita una señal de desvío. -Lo hago desde que tengo conciencia, es mi manera de leer el mundo._ lo tenía casi apartado. -No creía que fuera capaz de leer el mundo al revés._creyó lograr un distracción de nervios y confusión. -Mi reloj invertido puede ser un detalle que no me apartará de sus intenciones, señor Uriarte desde este preciso instante comenzaré todos los procedimientos 23
  • 24. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz legales para desempañar los cristales de la justicia y devolver a mi familia cada céntimo que le debe desde la última década hasta este último minuto. Llegaré al fondo de sus transacciones, nos pagará con los intereses que prefirió obviar sin contar las inversiones falsas en los tres bancos con los que interactuaba su mujer, hermano y dos hijos... lo lamento señor Uriarte, ¿sorprendido nuevamente?, se lo he dicho, el camino de la certidumbre se derrumba de un coletazo de gigante de un momento a otro, por eso cuento los segundos con tanta precisión, me gusta saber cuando sucede y apuntarlo... el suyo fue a las siete y once minutos con quince segundos, según mi reloj invertido._ soltó una de las hojas del contrato con la hora apuntada y se dispuso a dejar el despacho con una sonrisa que le iluminó el alma. 24
  • 25. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La orilla del Hidrad. 25
  • 26. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -No doy más, te lo digo de verdad, me duele mucho la cabeza, quiero irme solo a caminar, es una hora tranquila, no quiero que me veas así, no me mires así, ¡no quiero que me mires! ¿te parezco débil, eh? ¡no soy un tigre enjaulado!, no pienso quedarme dando tumbos en la cama... no me mires así, ¿te doy pena? ¿es eso?_voy a estar mejor junto a la estatua del museo. -Así lo solucionas todo, en vez de enfrentarte a todo lo que te viene encima, prefieres correr, huir lo más lejos que puedas, si siempre se trata de huir en tus planes. ¡no es así! ¿por qué te miro así?¿crees qué es pena? ¡pues te equivocas!... cómo me vuelvas a gritar así juro que no respondo de mí, me tienes en la línea de la puerta, no me provoques, tu furia repentina no puede afectarnos así Jérome, ¡ahora tú no me mires así! te crees tan listo... no muevas un dedo, aquí te quedas, bajas un vino de la bodega y hablamos, pero si esa puerta se abre, te olvidas de mí Jérome, no miento, y no te amenazo, lo digo porque ya sé lo que viene, es siempre lo mismo, pero hoy no, hoy no puedo permitirme ceder ante tus impulsos...¿qué viene luego?... ¡ve a buscar ese vino a la bodega!, si quieres también unos quesos y hablamos... no tienes opción._ está desesperada, la comprendo, estoy furioso, mi alma me golpea y agita la cabeza es que toda mi energía está en el caos existencial del enredo algorítmico... no puedes marcharte Jérome, no lo hagas, marcha Jérome, 26
  • 27. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz puedo marchar si quiero, eso es ¡vete!, no hay ningún momento ¿en qué no se callen? es que quiero... no quiero... no puedo, no. -Subiré, en unos minutos vuelvo, traeré queso... ya lo sé, no digas nada, y también dos copas... suelo olvidarme las copas... Dadou no me mires por favor, volveré y hablaremos._ las matemáticas complejas, la inteligencia artificial que estás advirtiendo, ya vendrá tranquilo Jérome, el satélite está en órbita, hay tres estrellas oscilantes que albergarán vida, tranquilo, relájate, no hay tiempo para que las conozcas, no tienes la capacidad de controlar el tiempo, eres un trozo existente, durante mi rugido cósmico, no te apenes, sabes que todo vendrá, lo que ves, ¿por qué enfureces Jérome?... no hables de esto, a otros les costó la vida hace quinientos años... vive Jérome, solo vive, esa mujer te ama, pretende solo eso... amor, no la castigues con tu maldición, es un don solo para quienes te extirparán la conducta, no hay seres inteligentes, no hay inteligencia divina, no hay pensamientos mágicos religiosos, tampoco hay ciencias... coge ese vino... voy a gritar desde la azotea, quiero que todos puedan... pero no puedo, no hay pruebas, mis experimentos se han terminado, no soy ese... ¡las copas!, el queso, hay uno que... contener la sensación de un océano vibrante en el cuerpo debe ser... los fluidos, es que no me puedo... las copas, el vino, queso y las... perfecto ahora sí, me siento mejor, no me entenderá, todas son patologías, todos son síntomas, estadística y prueba error, la intuición nos evoluciona más que la lógica, no hay lógica que perpetúe a una especie, contempla todos los errores, todas las manifestaciones del azar, no caigas en el lenguaje externo, parco y lacónico, las sintaxis son obra 27
  • 28. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz del sistema de locomoción humana. -Veo que no te has olvidado nada Jérome, ven aquí, síentate, ¿mejor?_ sus aromas, feromonas, la fricción del aire y las partículas en estado de suspensión... los fluidos... dos tartas a medio cocer en un horno circular y pasajero, cuantas limitaciones pero que placentero. -No lo sé, siento que no hay cambios, no se modifican... sigo oyendo, es que... no quiero, no puedo... Dadou, no me obligues, no es mi intención lastimarte, sabes quién soy, no creas que todo... -No busques excusas, cuéntame, ¿qué se siente? -Es como... similar a... las palomitas cuando estallan..._ no seas tan estúpido Jérome. -No soy una niña, ¿qué sueñas? es que..._ está exhausta, sus ojos me enseñan que ya no me desea, lo hace por compasión. -Algún podré construir ese prototipo que tengo en mente._ no podrás, no tienes los elementos. -¿De qué hablas cariño?, pero nunca me mencionaste un prototipo de nada...¿estás bien?_el vino está algo más frío, en unos once grados Celsius aunque no veo por qué nombrar a la temperatura con su nombre... fue injusto. -Quiero darte un beso..._ es en diamante en el espacio, no es de este lugar, irradia amor, me ama, ¿por qué me ama? no hago más que enredarme en mi cola, sujetarme con mis cuerdas y ahorcarme con mis sueños... el amor por momentos es tan sutil y básico... tan animal. 28
  • 29. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El fin de las palabras. 29
  • 30. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Cuánto va a tardar?, es que no lo aguanto a tu hermano, siempre lo mismo, ¡no puede ser impuntual! ¡hoy no!, no me mires así, yo no soy la culpable, es tu hermano, es el mismo gilipollas de siempre, egoísta y soberbio, tu madre le dio todo, ahora que está metida en el ataúd y bien callada prefiere no venir, para que no escucharnos a nosotros, pero se va a enterar, yo no aguanto más tus silencios, siempre le pones tu carita de perro estúpido. ¿En qué piensas Caleb?, ¡mírame! no todas son sonrisas y abrazos. ¡Tú madre se ha muerto Caleb! ¿me oyes? ¡se ha muerto! y tu hermano no viene a verla... ¿te enteras?_ tengo ganas de golpearle la cara, de verdad, le golpearía su boca para que se hinche y se calle, puede ser tan dura por momentos, nunca lo haría, lo perdería todo por un rasguño, es muy lista, por eso estamos casados. En el taller siempre pienso en que habría sido de mí si hubiera continuado mi viaje, se me cae el cuerpo, tengo mucho sueño, no quiero escuchar lo mismo de siempre, no voy a discutir por dinero con mi hermano, que se lo quede todo. -Tómate el café, así entramos, están todos esperándonos en la iglesia, tengo algo para contar._ están todos, mi madre es una mujer muy querida por su barrio, envidio toda la gente que ha venido a visitarla en su nuevo viaje. -No hay nada que decir, tu madre no va a escucharte, a tu hermano tienes que decirle algo, a él sí, maldito 30
  • 31. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz egoísta, a ese sí, si tienes lo que tienes que tener le dirás todo lo que tienes que decirle de una vez por todas, ¿me oyes Caleb?, John no solo piensa en él._ es curioso, pero el reloj está invertido, tiene en el centro una lata de cerveza, la aguja va en contra del sentido normal y los números igual, invertir las situaciones, controlar el tiempo, es curioso, me encantaría que ese reloj hiciera lo mismo con mi vida, moriría yo en los brazos de mi madre, la ley natural es dolorosa, es solo pasar la posta para perpetuar a una especie débil, limitada y dañina, pero mi madre no es así, nunca tuvo maldad, ni siquiera con los golpes de mi padre. -Mira, deja ese café por favor, están esperando en la iglesia._ estamos a unos doscientos metros, es un día precioso, uno de esos en los que mi madre se dedica a fregar la ropa con sus manos y a colgarla en el jardín. La iglesia no tiene el lujo habitual, es eso lo que atrapó su alma, la gente es solo bondad, se despiden con sonrisas y abrazos. Mi mujer me intenta dar la mano, ¿por qué haría eso? no funciona así, no somos un vínculo, no somos nada, todos los días en el taller encuentro respuestas... Allan no puede perderme, yo no soy un cabrón como mi padre, ese hijo de puta va a morir hoy, así, sin mediar palabras, luego mi hermano, serán muertes limpias, con sonrisas. -Y no va a venir, si no viene ¿qué vamos a hacer?_ me pregunta mi mujer muy preocupada y excesivamente disgustada por todo el año que le hizo perder mi madre con su enfermedad, en un punto puedo comprenderla, pero es injusto. -Cariño, por favor, no me hables, no quiero hablar, no puedo, acaba de morir mi madre, están esperando en la iglesia para que me presente en su nombre y rememore 31
  • 32. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz sus actos, no voy a llegar tarde, John puede estar en Venecia, olvídate de él, quizás esté esquiando... -Pero si le has avisado, no puede ser..._ sigo caminando más rápido, la dejo atrás, me grita, creo que llora, hoy ganaremos todos, solo que no lo sabe. Me sorprende, es que no me imagino el día de mi muerte, ¿cuánta gente estará sentada mirando mi cuerpo quieto?, la señora Revens, los hijos de Clarence, los hermanos Hiddens. Hay otros que no vi en mi vida, seguro devotos de Dios o amigos de sus amigos. Las flores tapan al tecladista, es un niño, le acaba de tocar el hombro el padre Holley, se han parado todos y me miran con sus ojos rojos y cansados, parecen tristes, les sonrío, quizás sea el mejor momento de mi vida, están agonizando en sus cuartos, puedo ver como dejan la vida y se unen a ella, allí no podrán ni mirarla, estará protegida... por su Señor protector. -Buenos días, gracias... por favor no aplaudan, gracias, les agradezco estar aquí hoy honrando la muerte de mi madre... Claire Eccles... una mujer que soportó los golpes de la vida con una entereza envidiable, con la vitalidad de una luz que todo lo iluminaba, estando triste o feliz, una mujer que luchó por los derechos de muchos grupos de exclusión que integró con su tenacidad y protección sin derramar una gota de sangre y odio. Claire Eccles es una mujer, ¡esta mujer! vivió penurias injustas y aberrantes frente a sus hijos, para quienes la igualdad fue su primer mensaje, supo escapar del horror y levantar a este barrio en un grito de unión fraternal, todos aquí somos Eccles, somos hermanos de una mujer colosal de una sonrisa perfecta, con un interior 32
  • 33. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz forjado por el pensamiento y la diversidad cultural, fue un ejemplo para todos nuestros hijos y lo será hasta el día que cierre lo ojos, su nombre estará grabado en cada uno de mis actos, con amor y un respeto unánime... Claire Eccles te despedimos, dejamos que tus sueños se hagan polvo y vuelen sobre nuestros hijos para poder ver el mundo por un segundo como tú lo veías... limpio de impurezas, exclusivamente Blanco... gracias, muchas gracias por estar aquí hoy... ahora celebraremos en nuestra casa... están todos invitados, solo habrá sonrisas y recuerdos gratos... ¡gracias!_ su rostro tiene arrugas que desconocía, nunca la vi detenerse así, incluso hace dos semanas, justo antes de su último desvanecimiento había dibujado un letrero para unos pequeños de la escuela, ¿cómo me veré yo en su mismo descanso?... están acabados, quizás sea impuntual hasta para morir... no es mi problema hoy... las dos pastillas tienen un efecto seguro, no hay nada que pueda detener lo inevitable... merecen dejar de respirar el mismo día que ella... quédate tranquila, no hay nada que me ate a este lugar, tengo un dinero ahorrado, puedo empezar de nuevo, Allan tendrá una buena educación, este barrio sin tu mediación entrará en guerra en días, caerán los pilares que construiste, tu esfuerzo solo deja lágrimas, no hay nadie que pueda suplirte, y yo estoy cansado, John y el cabrón de tu marido están pagando por todo, tengo el dinero... es mucho, no le faltará de nada, no podré visitarte, es mi despedida, estarás en todos mis pensamientos, en mis recuerdos, nada nos separará, solo es tiempo madre, solo eso... Allan dice que te ama, me lo ha dicho hace unas horas, está el primero en la segunda fila, junto a la señora Parsons, lloran por ti, serás una leyenda en poco 33
  • 34. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz tiempo... te amo... adiós. 34
  • 35. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Café y té. 35
  • 36. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -La vida es muy larga Jean-Marc deja de una vez todos esos recuerdos, siempre vivimos de la memoria, irrigamos nuevos pensamientos, procesos y acciones mediante la memoria, no es justo, tienes que olvidar lo que hizo tu madre, no te enojes conmigo, somos amigos, te quiero, pero tienes que focalizar en lo que tienes ahora mismo, viene una niña en camino._ le dijo Emma dando un sorbo a su café con leche. -Son dos días, son dos días... son dos días la vida, no sé que hacer, es que no la soporto a la mujer que va a tener a mi niña._ la miró a los ojos agitando sus manos sin beber nada de su té verde. -¿Cómo puedes ser tan desprendido? es una persona... no " esa mujer que va a tener a mi niña ", por favor Jean-Marc no seas tan estúpido ¿quieres?, es que a veces tienes unas salidas tan extrañas que me molestan mucho, puedo entender que ames el teatro, que sea tu modo de expresión, que le quieras contar tu visiones al mundo y que ellos te animen a más... pero esto es la vida real, no hay interpretaciones, ¿ves esa mujer vendiendo café? seguramente quiere hacer lo mismo que tú, en su disciplina, no eres especial, no eres distinto, no eres de otro planeta, eres humano, eres de mi mismo bloque y barrio, eras tan niño como yo y no me cuentes ninguna de tus aventuras mentales, porque son eso, mentales y tuyas. -¿Por qué te molestas así conmigo?, solo quiero hacer 36
  • 37. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz lo que hago bien, mis mensajes son, aunque no lo creas, distintos... no voy a pactar con la vida que me propone el sistema para que todos seamos felices..._ Emma enfurecida le interrumpió, algo nervioso Jean- Marc bebió dos pequeños sorbos del té verde, lo hizo lentamente para tapar completamente a Emma y oírla, se sintió molesto por tantas palabras juntas y en un lugar tan público como el "Le Doobie´s". -Tus padres te criaron bajo este sistema, tus abuelos fueron sastres bajo este sistema, padecieron y disfrutaron de este orden que desestimas siempre, ¿acaso duermes en la calle con los desfavorecidos?, quiero que seas realista Jean-Marc, puedes dejar atrás todo el pasado, puedes aislar esos fantasmas en un punto negro de tu mente, olvídalo que ya no eres un niño, pronto tu hija va a nacer, y su madre seguirá siendo ella toda la vida, tendrás que lidiar con eso o hacer lo mismo que todos tus amigos artistas... no es justo, eres buena persona._ Emma se cruzó de brazos, cruzó sus piernas y miró por unos momentos de silencio el café con leche que le esperaba ansioso, Jean-Marc miró al boulevard Sébastopol dónde los coches y la gente buscaban hacerse un hueco entre la velocidad frenética e interna que los gobernaba, mordió suavemente sus dedos al menos unas treinta veces y rompió la paz de reflexión dolorosa para explicarle sus razones. -Todos tenemos un propósito en esta vida, el mío es el mensaje que llevo dentro, quizás un mensaje mal escrito y confuso, pero es mi mensaje, el que quiero difundir con todas mis fuerzas, que no logre nada con ello no significa que sea lo que sé que soy y puedo, mi voluntad de poder me hace enorme, pero mi personalidad y la 37
  • 38. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz realidad me hacen un hierro más en esta cuidad de muertómatas, no quiero ejercer de padre, no quise tener sexo con esa mujer, no hablé con ella hasta el día de la noticia, y quiero que sepas que mi viaje no es por egoísmo, tampoco es un desprecio a su vida... pero no puedo condenarme en un hecho tan equívoco y malintencionado... esa mujer hizo todo lo que debía para encarcelarme en su visión de la vida, en su visión de la familia... lamentablemente mi niña será fruto de sus intenciones, por eso me voy lejos... y no quiero que me presiones ni tú, ni mi familia, al final siempre te envían para decirme lo que piensan, ellos son burgueses y yo no lo soy, ellos tienen ahora la excusa perfecta... a mi niña nunca le faltarán ni el dinero ni el amor, pero mi presencia, mi existir en París se ha extinguido ayer cuando decidí marcharme de este agujero turístico. Lo lamento Emma, voy a extrañarte, no quiero que me comprendas, ni quiero que me cuentes tus verdades, las comprendo, y no hago oídos sordos pero amiga, yo hoy ya no existo... hoy soy uno de esos fantasmas de los que según tú debo olvidar... Emma olvídame._ se paró en lágrimas secas y abrió la puerta del bar, dobló en el Boulevard y se esfumó entre la gente, Emma reaccionó minutos después cuando ya era tarde, se apoyó contra el hierro caliente del semáforo y tosió de los nervios, supo que era la última vez, la luz verde le indicó a los transeúntes ansiosos que se echen a andar, la empujaron mientras soltó todo su dolor, abrazó el hierro caliente con sus ojos cerrados, pensó que Jean-Marc no le arrebaría al menos su último abrazo, su último calor, sumida en sus pensamientos de su boca brotó... te amo. 38
  • 39. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Enlace. 39
  • 40. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Como cualquier día común en mi vida, me digné a ingerir una taza caliente de un delicioso café colombiano bien intenso para lograr desprender mis pupilas y así comenzar una nueva jornada de cotidianidad. Luego del primer trago caliente fijé la vista en un punto medio de la taza, justamente en el baricentro de la misma, era el café y sus vueltas eternas que me inspiraron. La semejanza a una galaxia y ésta a un universo, comenzaron a remover viejas ideas del cosmos, de pronto un elefante gigante posaba frente a mi sosteniendo la tierra, tortugas volaban a mis laterales, y personajes deificos danzaban al compás de una música que no distingo entre la anterior. Nuevas teorías refundaron el pasado de la física y la perfección de la acción natural de la borra del café colombiano, estas motivaron aún más a mi maldita mente. A diferencia del cuadro lógico y real que mi vista fijaron como concepto de borra de café miles de años en el pasado de mi raza, quizás antes que exista la semilla del café mismo, antes de Colombia. por estos momentos lo único que aborda mis pensamientos es la asociación directa que existe entre el líquido negro amarronado y el universo. Minutos de ausencia espiritual tranquilizan mi alma, en dos segundos capté la esencia que rondaba en forma de nebulosa, era la duda que bien fundada estaba y no podía repetirse sin ser descartada por una teoría 40
  • 41. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz verdadera o comprobable. En un microsegundo de conocimientos sin límites, divisé la respuesta a las millones de preguntas sin contestar del inicio, esta misma devenía como una propuesta clara… me invitó a recorrer lo inexplorado por un segundo eterno de mi vida, solo para comprender, para morir pleno, no entendí siquiera lo que dijo o pensó (eso) vi que todo a mi alrededor comenzó a ser otro borrador , como si de un dibujo tratara, con los dedos toqué la realidad y la palpé como una pintura fresca, me ensucié de todos esos colores opacos que fueron parte de mi realidad o tiempo. Los minutos, segundos, las horas fueron dejando de ser la importancia inmediata a mis problemas, despojando toda posibilidad de depresión o de enfermedad terminal, todo fue algo interesante, todo fue Van Goth, Picaso, Pollock, Miró, Rivera, Mondrian, o el mismo Leonardo da Vinci. De improviso la voz o el ente o la nada comenzó a regir nuevamente manteniéndome estático, seguramente para que no altere más la realidad visual, tras unas palabras o sonidos accedí a la propuesta definitiva, nadie pide por mí en estos tiempos, todos prescinden de mis facultades para amar , ¿por qué habría de quedarme?, me parece de total acierto ingresar a la historia del universo o a las verdades inconmensurables de la divinidad. Cerré los ojos luego de despedir el cuadro fresco alterado, el negro profundo ingresó gradualmente a mis retinas inundándolas de un continuo vacío, que sin preguntar se revirtió a un blanco puro o etéreo. La sensación de vacío extremo y a su vez de relleno casi aplastante me sulfuró a los gritos desgarradores, pero no tardé en cavilar lo que sucedía y no tardé en dejar de hacerlo, me abrazó un sentimiento de encierro y una alteración en mi 41
  • 42. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz consciente que sabía estar encerrado, me aterró a niveles insospechados pensar solamente en la cantidad de masa pero no en el vacío, mis preguntas surgieron … ¿por qué cuando cierro los ojos no siento el vacío?, esta prueba pareció ser el ingreso a lo prometido, segundos después los matices del azul convergieron de todos los laterales a el punto central de mi visión frontal, luego el rojo y toda su gama, el amarillo con una línea en forma de pincelada terminó con el esplendoroso espectáculo. … si tuviese que explicar lo que siento ahora en este tiempo sería minimizar al máximo la negatividad en el cuarto cuadrante, ni palabras, ni siquiera pensamientos surgieron del todo que presencié, solo voy a hacer lo que debo, necesito recolectar toda la información posible para contar, para que puedan terminar como yo. Una nube densa de color azuláceo asomando al violeta claro me rodeó, me cobijó, sentí la pasividad en todo el ser, haces de luz me rozaron cerca de los brazos, los sentí rasgar la superficie de mi dermis, vi de frente las cantidades incalculables de luces , radiación a mi parecer me calentaron la frente pero no me quemó , dejé ese pesar, no me afectó. La seguridad que nació de mi interior como naturaleza viva, relajó mis miembros al estado de levitación, me situó volando en la desmesura de las alas que no tengo, traté de dominarlas creyendo que eran extensiones de mi cuerpo, dejé de insistir y se calmaron como mis intentos, sentí sin alma, sin alas, sin envase, sin nada, no vi, pero entendí las formas y todas sus geometrías, fui materia, en el centro del protón, bien en lo profundo de la materia , fui vacío espectador del todo. fue … ...fue hermoso, la densidad de todas las estrellas de 42
  • 43. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz todos los planetas, de las rocas que me golpearon corriendo tras una más grande., que se dirigió a la tierra “amigable”. Me hinché de sabiduría, fui parte de las estrellas, de los mundos, las lunas, de las ausencias de energía , del egoísmo, de la ausencia del tiempo y el espacio. Una luz muy imponente se encontró en la grilla universal, frente a mi, iluminando mis facciones que no veo pero siento, siento su calor, no me intimidó en lo absoluto, me regaló radiación al extremo, me alimentó de vitalidad inservible pero vitalidad al fin, pude estar muerto y volver a revivir con solo una fracción de lo que recibí. Ilimitados vientos huracanados me despidieron implorando que conozca más allá de mis ojos y mente, que explore y siga camino en el eterno segundo, lo hice y continué. Testeando poder incrementar la velocidad, divisé una superficie rocosa uniforme, conseguí por el arte del domino que me tiene mal acostumbrado en la vida caer en la punta de un cometa, podría ser Buenos Aires o NYC o el maldito imperio. Viajé a 150.000.000 km según mi memoria en las tardes en que estudiaba a los cuerpos celestes que acompañé como hermanos. No logré discernir si fue realmente la velocidad de el cometa, solo me interesó viajar , saber , entender. En un instante anterior a la desintegración del cuerpo rocoso, salté sin saltar y me alejé todo lo que pude, giré en mi eje y noté la destrucción de un planeta pero no logré ver cual, eran millones de bombas de Hiroshima impactando con todos los desprendimientos que formaban estrellas fugaces, una pintura de destrucción abismal inundó mis ojos que no son ojos en lágrimas secas, saladas pasadas por mar que no eran lágrimas. Armé mis sentires y partí hacia otro destino y en los intentos 43
  • 44. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz nuevamente fallidos por conseguir velocidad de cometas me crucé con un desecho espacial, un satélite mal gastado que no soportó la radiación continua del sol y se dirigió fuera de órbita a los confines de la exploración sin dependimientos, sentí una asociación entre el y yo, me despojó de la soledad y tomó con un abrazo la amistad incondicional de este “Ser”, identifiqué su estructura de vida con la mía y lo acompañé en el arte de conocer. Sin hablar me transmitió toda la historia de los sucesos comunes en la galaxia y en el sistema solar que albergó entre otros, mi mundo, relató con una pasión indefinida todos los acontecimientos. Cuadro tras cuadro que generó en mi “mente” se impregnaron luego de cada relato fantástico que absorbió cada neurona frágil, sin tiempo, sin espacio, todos los retuve hasta el final. Una de las historias inextricables me posicionó como personaje principal. Unos seres de otros planetas fueron juntados en algún tiempo para recorrer como yo el universo en busca de una verdad , pero algún tipo de error en el clasificador de viajeros marcó las vidas comunes de estos diferentes envases que al ver la totalidad, no pudieron asimilarlas,y debido al encierro tan intrínseco como el dominio al que se encontraban sometidos perecieron en la oscuridad brillante del cosmos, tras la fatalidad de su albedrío la masa que dirigía las visitas, comenzó la búsqueda del ser más preparado para el entendimiento, y me encontró a mí. La enseñanza de morir como creo que lo hago en estos momentos es la gracia divina que atenta contra el común de una vida para llenarla del todo, cobra aun más importancia por ser en mi vida, debido al omnipresente o la diosa, guerrero o dios de turno para poder contar lo único y especial que es esto, por eso lo comparto 44
  • 45. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz contigo porque confías en mi. Luego de toda visión de los balances de la especie debí continuar con esto que se me escapó de las manos y es un bien precioso, digno de mi protección. Los colores dejaron de interesarme como belleza y enfoque, toda la concentración posible se derivó al recuerdo , herramienta elemental para relatar mi historia, me encontraba donde nadie, había un mar de estrellas que como semejante al mar de la tierra (cruce vital de la existencia humana y todos sus esquemas vitales) me elevó con solo verlo, este también vital para el buen funcionamiento del universo. Tantas cantidades de estrellas estaban solo para eso para equilibrar la balanza a su medio, solo para ayudar al surgimiento de otras estrellas o planetas con posible vida , así de generosas son las estrellas unas con otras, con obras simples. Tanto esfuerzo de todas, tanta dedicación para la construcción del mismo sistema más complejo, por amor entre ellas. Me invadió el sentimiento de la tristeza absoluta como todo aquí que es absoluto, la desesperación del estado me agobió al extremo de la perturbación símil a la del inicio del viaje, y como gota de lluvia mi realidad de pintura se limpió. Regresé en un suspirar violento a el presente que odio, mis retinas volvieron a entender todo sin pintura y la puerta de la casa se abrió, una señora homónima a mi esposa me hablaba como si me conociese, entró, me dolió la verdad única, deseaba contarle todo, me mataba la inconsciencia, las mentes que no desean salir de la verdad manipulada son molestas y repiten todo. Deseé morir y lo hice, la cuchara en mi mano izquierda cayó por efecto de los 9,81m/seg2, gravedad en esta tierra y generó una velocidad ínfima a la del cometa , los rayos 45
  • 46. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz solares y a todo el universo en sí, no aguanté más la pesadez de un envase orgánico, mi cuerpo se desplomó frente a los ojos de mi supuesta mujer e hijos, vi sus caras, el asombro la instigó junto con el odio, el dolor, la admiración, todo rondó en esa atmósfera y yo morí por mis medios, porque seguí manejando mis energías, porque las quise junto a las estrellas laboriosas. Ya dejé de volar, caminar, ya no recorro la que hubiese querido, integro mi verdad a mi interior y con ella la verdad de un mundo, de un grano de sal en un trozo de carne. El eterno recorrido me extendió a la diversidad, yo me entrego al albedrío de ellas para que puedan hacer una nueva estrella o mundo con nueva vida y con una nueva verdad universal, ya no puedo ser más que una nebulosa viajante... espero volver... ...ojalá resulte en millones de años. 46
  • 47. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Doblegar sin cortar. 47
  • 48. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Parece sonreír como todos, clónicos. -¿Quieres uno o dos billetes? -Uno, solo uno. -¿Estás solo? -Sí, espero a mi mujer, eskerri asko, ¡gero arte! -Berdin. Guardo las vueltas con el gesto de la conservación de un patrimonio, de una seguridad absoluta que me resguarda por si todo sale mal y debemos volver a nuestras casas, lejos, sí, muy lejos. -¡Ven por aquí!, ¿me sigues? -Sí, ¿por qué no? Salimos de la tienda abarrotada de golosinas, revistas y películas en vhs, lo sigo, me ha dicho que lo siga, recuerdo el experimento psicológico del poder, es real, ha causado efecto instantáneo, ¿por qué no seguir a un intruso si lleva la camiseta del sitio? La ría está preciosa el sol la hace destellar y al mirarla me obliga a fruncir mis ojos, me vuelvo chino, es que los reflejos me causan el efecto, como si ardiesen mis retinas. Veo el cielo y respiro la frescura del aire, si, el aire fresco y mis pulmones totalmente abiertos al frescor. Pienso nuevamente mientras subo las escaleras en el poder, lo 48
  • 49. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz que obedezco y dejo de obedecer, me rueda el odio al sistema, el de siempre, el mismo que siento al comprar y notar como todo se eleva por la inflación, cuando guardo esos billetes sintiéndolos como míos. Puedo repetir todo el día la misma sensación de disconformidad con la desigualdad, la justicia y los términos griegos que las respaldan, es que no soy griego y ni me parezco. Subimos al ascensor, lo miro, me mira, tiene cuarenta y dos, no puede pasar de esa edad, está pelado fruncimos los ojos juntos al comenzar a elevarnos, es que el ascensor es todo de cristal y el sol penetra reflectando en nosotros, ya no es cuestión de mi problema ocular por tanto trabajo fino y preciso. Miro bajo mis pies y la altura comienza a preocuparme, no siento seguridad y me ahogo lentamente, mis pulmones ya no están abiertos y receptivos, sudan mis manos, lo miro y el sigue mirando el suelo sin problemas está acostumbrado. Escucho al afinar mis oídos el sonido chirriante del acero guía, pienso en una muerte segura, si caemos no podré ver las vistas de toda la ciudad y el mar, al pensar en esto, llegamos o nos detenemos. -Cuando quieras bajar, junto al botón del ascensor tienes este, lo pulsas y subo a recogerte. -Eskerri asko. -¡Nada hombre!, hasta luego. Es curioso, pero algunos no utilizan nuestro idioma ni siquiera al saludar, por cortesía, no lo entiendo. Puedo ver toda la extensión del mar ante mis ojos entre rejas de acero y madera, a mis pies unos cien metros de altura en un puente colgante de más de doscientos años. Apoyo la mochila negra con betas de azul y la 49
  • 50. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz abro, quito la otra idéntica y pulso el hinchador automático de la pequeña bola de plástico, llego al tamaño de la que reposa en la madera del puente, con sumo cuidado sujeto la primera contra mi pecho, enciendo el móvil. Camino sintiendo el viento agitar mi pelo hacia los lados, me refresca la cabeza, canto una canción, el puente es mío, estoy solo, yo, la mar, el cielo, el acero y los pequeños temblores de los coches al pasar flotando debajo. Apoyo nuevamente la mochila en su posición definitiva, veo los cables de acero que soportan las cargas diarias, pienso en esas familias, en sus hogares, en los setecientos millones de indios que viven en la miseria. Llega el pelado insuficiente, con su gordura de molde, me monto nuevamente en el ascensor, poco miedo me dan los sonidos del acero, ahora me recuerdan a los golpes allí, donde me acusaron por primera vez, mi vida se torció por mi idioma, mis creencias y mis dolores sociales, y hoy, hoy si pienso hacer algo que destroce, al menos por minutos, la pasividad con la que dejan pasar todas las torpezas de la justicia, esta, mi justicia independentista. Hago la llamada. 50
  • 51. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Le écrivain. 51
  • 52. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz - El gravitón, si es posible, se elevará conquistando así un nueva dimensión, es la respuesta Marie, debemos hacer todo lo posible. _ manifestó el joven Julius. - Debemos llegar a la presentación, entiendo tu éxtasis pero perdemos el tiempo detenidos en medio de Winchester. - Somos rápidos, según el último estudio, los londinenses somos los más rápidos de Europa caminando. Y en otras muchas actividades, no lo olvidemos. - Vamos Julius, no voy a esperar más, no podemos, estarán sentados y mirando esos micrófonos solitarios en un cuarto de hora. Es importante que llegues a tiempo. - Clair, un cuarto de hora nos basta, escucha, es que solo quiero contarte lo último, prometo que demoraré tres minutos._ dijo Julius convenciendo a la bella Marie. - Quiero decirte que hay un problema inconcluso, sin contar el de Gödel, en la mecánica cuántica nadie supo explicar hasta hoy como dos electrones a 6.000 kilómetros de distancia reaccionen instantáneamente a dirección contraria con estímulos. Todos estamos muertos pero vivos, hay que asumir las dos variables, era eso simplemente Marie. Es y es a la vez. - No sabes de lo que hablas, pero te apasiona, es impresionante como puedes lograr aparentar poseer 52
  • 53. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz conocimiento. - Nadie posee el conocimiento, está por un tiempo, no olvides la vejez mi querida amiga, todo sistema tiene un equilibrio, entropía, se pueden explicar con las matemáticas, pero lo que es, es._ afirmó el joven Julius Hoyle. La sala estaba repleta de periodistas, ayudantes de cámara, y fotógrafos, Julius se sentó sonriente, parecía un cantante más que un escritor de renombre. - Buenas noches, mi presencia en esta conferencia es debido a los rumores que han alcanzado magnitudes verdaderamente desproporcionadas en la red global, debido a una confusión insustancial. Podrán hacer cualquier pregunta al respecto, no olviden que puedo no contestar a lo que crea ofensivo. - Mi nombre William Trent de el Guardian, ¿puede relatar los sucesos de la tarde del domingo?si es que no le parece ofensivo señor Hoyle._ preguntó el periodista calvo y sin reparo alguno. - William, contestaré, el domingo al terminar la gala de premiación, saben de cual hablo, tuve una visita inesperada en el baño de aquél hotel, alguien intentó matarme con un cuchillo, no pudo, gracias a mi estado físico pude frenar su ataque y posteriormente dar parte a la policía, el resto es pan del día, ¿verdad William?, otra pregunta por favor. - ¿Por qué piensa que fue el ataque?, Ernest del Sun. - Un brote psicótico quizás, alguien con mucha envidia, no puedo precisar su intención, ni quien era, por lo que dice la policía logró pasar todos los controles sin problema alguno, su identidad la desconozco y prefiero 53
  • 54. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz que siga así. - ¿No cree qué fue por su nueva publicación?, circulan versiones de un padre que perdió la cordura por sus declaraciones sobre el Cáncer y las otras enfermedades de las que se habla en su novela. - No puedo evitar volver al mismo discurso, deben aceptar que las enfermedades son parte de la realidad y la ficción, de la actualidad de una civilización enferma, entre otras cosas por el plomo, ¿o nos olvidamos de nuestra exposición prolongada?, seguimos expuestos, me vi en mi deber como escritor hablar de Clair Patterson, lamentablemente fuimos y somos víctimas de algo que está totalmente tapado por las grandes industrias, a ningún directivo lo gusta leer la cruel realidad a la que nos sometieron por décadas y sin aviso alguno. Hablo de todas esas enfermedades, de todos esos casos porque es necesario que se sepa la verdad. Ahora intentan callar mi voz, y no es la primera vez, suelo ser silencioso como ellos, lo peor es la indiferencia, nadie logrará callar a Julius Hoyle, nadie. - ¿Qué hará con el dinero qué recaude de las ventas? - Y usted que hará con el suyo, o acaso ¿usted trabaja gratis?, si habla conmigo gratis, es un placer conocer al primero de una generación de amarillos que hace caridad. - Tiene millones señor Hoyle, podría destinar todas las ganancias a la causa. - No hay causa, es ficción, eso es lo que no puede aceptar la gente, y algunas hacen la estupidez del domingo, no voy a renunciar a mi dinero, en otro momento, más tranquilo miraré quienes necesitan, nadie sabrá cuando, yo moriré con dinero, pero luego se lo quedarán las víctimas, se repartirá por el mundo, todo a 54
  • 55. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz su tiempo. Quiero saber a donde van los millones que ganan con las películas que hablan del dolor ajeno de la segunda guerra, la demagogia es una manifestación de injuria mental y propia, el que se convence logra lo impensable, nadie cuestiona ese dinero, pero el mío si. Hijos de puta. Doy por terminada la conferencia, no volveré a hablar. Marie se acercó rabiosa por su comportamiento, no supo como reprocharle sus últimas palabras. - Vamos Marie, tengo hambre y mucha sed, quedamos en West Kensington en la calle Redan, en ese restaurante caro que fuimos, ¿recuerdas? - Si, pero, ¿no vamos juntos? - En media hora estaré allí, toma algo y reserva la mesa, debo hacer algo. - ¿Qué vas a hacer Julius? - Tranquila, no pienses, debo hablar con alguien. - No vuelvas a cometer alguna locura, nadie sabe que pasó realmente el domingo, no lo mates, no hablará, te lo dijo aquél día. - Acabo de verlo, lo asustaré, tranquila, hablaré con él, en media hora estaré allí. - No lo hagas. - ¡Taxi!,... ¿puede llevar a esta señora a West Kesington?... gracias,... ella le indicará. - ¡No lo hagas Julius! ... 55
  • 56. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 56
  • 57. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Balham. 57
  • 58. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -He visto a tu hermano con su acompañante, parece algo tranquilo, van tranquilos, reunidos como si fuesen uno._ ella es Diana, siempre espía desde su ventana y me llama, hablamos de mi hermano, prefiero desviar la conversación a mi terreno. - Lo intenta todos los días, para eso pago esa cantidad de Libras, su tarea es simplemente ayudarle a encontrar la voluntad para que vuelva a caminar._ este soy yo James Chadwick, suelen confundirme algunos entendidos por el descubridor del neutrón. Es probable que por la repetición de tal similitud, durante mi niñez, terminé estudiando en la universidad de Londres, es donde nos conocimos con Diana Hawes, profesora adjunta de microbiología y nanotecnología. Es una enamorada del conocimiento y una mente brillante, es algo torpe y despistada, desde la ventana de su sala suele observar el trayecto que hace mi hermano con su ayudante, hay veces que me llama para comentar algo que viene a su mente, otras me quedo esperando a escuchar su voz ansioso y sin respuesta, Diana tiene su misterio, y me atrapa constantemente en la red amplia y peligrosa de mi mente, es decir, me atrapo solo. - No es eso, no lo hace por su trabajo, si pudieras verlos ahora me entenderías, empuja su silla de ruedas con fuerza, mira el suelo pensando, no lo sé, creo que ese hombre está más implicado con tu hermano que tú, lo 58
  • 59. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz siento si no esperas oír esto._ Diana suele ser algo cruel. - Es que Thomas no era tal cual lo imaginas ahora, no debería de hablar del pasado de mi hermano mayor, no voy a hacerlo, debo un respeto a mi sangre, por mi padre, cuidaré de él hasta mi santa muerte, pero no haré nada por Thomas, de mí, tendrá dinero, y ese dinero dispensará ayuda para un fin, que no será controlado por mí, sencillamente nunca. Mi dinero será el nexo, el camino que le facilitará un proceso positivo o negativo, ya no dependerá de mi existencia._ le digo a Diana estas palabras porque debe saber desde el primer momento que no hay amor posible que pueda reconstruir mi relación con mi hermano mayor, debe tener claro que es lo que pienso, no sé que va a decir. - Eres muy cruel, es una persona que no habla, no camina, está postrado en una cama todo el día, está solo, ese hombre le ayuda por sí mismo, estoy segura que cobra muy poco dinero y que hace horas extras todos los días. Veo una forma que los une, en esas ruedas y sus piernas, no puedo explicarte la sensación, son colores, nebulosa._ me dice Diana, oírla hablar sin tapujos me da cólera, contengo la rabia, pero la ironía no podré contenerla y le digo. - Es sinestésia, la padeces y prefieres asociarlo a algo bonito y romántico, no eres la única Diana, pero debes entenderme, no te contaré nada de Thomas, es como hablar mal de los muertos, él en cierta forma lo está y debo respetar su condición por honor, pero nunca haré con mis manos y mi tiempo absolutamente nada por ese individuo. - ¿Qué lleva a una persona pensar tan fríamente?_ odio sus preguntas, cree que lo puede solucionar todo, o 59
  • 60. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz simplemente (para ella) estudiarlo. - No pienso fríamente, es que no hay sentimiento alguno que me una a Thomas, me siento solo en el mundo, han muerto todos mis familiares, vivo solo en la casa de nuestros padres y ancestros. No sabes lo que es la verdadera soledad, de querer abrigar tu cuerpo en alguien que sepa quién eres, y no tener más que cuadros antiguos representando rostros inexistentes, es cruel mi vida, Thomas ya no comprende cual es su realidad. _ he abierto solo grietas en mi alma, me costará dormir por la noche, no es la primera vez. - James, tu soledad no existe, tienes un cuerpo donde abrigarte como dices, Thomas es esa persona que espera de ti para enfrentar el miedo de volver a caminar, no desea recuperarse, seguramente por su culpa, sentirá en sus realidades mentales que prefiere dormirse en pensamientos que abrir los ojos y no tenerte cerca, sonriéndole. _ Diana cree que puede, por momentos es algo indiscreta, estoy en silencio, recuerdo como éramos de niños y me estoy preguntando que pasó entre esas sonrisas y nuestras actuales lágrimas, al menos las mías. - Adoraba a mi hermano, era el dibujante de mis caminos, el constructor de mis pequeñas proezas, éramos paja única, mi madre nos decía que unidos nunca nos pasaría nada, que debíamos amarnos y ayudarnos siempre, todavía oigo a mi madre decirlo en el parque mientras nos regañaba por algunas travesuras de Thomas. En mi adolescencia reflexionaba su ausencia, ansioso todos los veranos al volver del colegio soñaba con volver a verlo, los años se pintaron en mi rostro y mi ansiedad se convirtió en desesperación, hasta que un año, a mis veinticinco, volvió, sus ojos, no 60
  • 61. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz lo olvidaré jamás, sus ojos me hablaron cuando lo miré mientras lo abrazaba, sentí que ese no era mi hermano, que la vida lo había golpeado sobremanera, mi alma se destrozó, si es que el alma puede destrozarse, al menos eso fue lo que sentí. Posterior a nuestro encuentro nada volvió a ser igual, murieron uno a uno todos aquellos que amaba, primero mis padres, le siguieron mis primos, tíos y abuelos, quedamos el y yo. No quiero que supongas nada, pero lo que supones puede ser cierto, nunca se probó nada, es un genio, lo supe siempre, lo hizo magistralmente, el escritor que conozca su historia sabrá instantáneamente que es un mar de oro, mis sospechas crearon este ser frío, como dices, el estado actual de Thomas ha sido la consecuencia a lo anterior, pero todas son dudas. Mis certezas ya las conoces, no habrá día que cambie de opinión, mi muerte será un respiro más, Diana no me conoces._ no creí tener las fuerzas para contar todo esto por teléfono a Diana, estoy sorprendido, me siento algo más relajado, ahora no volverá a tocar el tema, puede ser un alivio, ¿de qué hablaremos? - James Chadwick, eres una caja de sorpresas, lo lamento, no he querido inquietarte, no he perdido a nadie, mi soledad es por elección, por miedo a la vida o al motivo verdadero, si es que hay uno. No podré juzgarte, no sentenciaré sobre tus intenciones, solo tú puedes conocer el dolor que provocan esos cuadros o tu hermano a lo lejos. Yo solo veo a una persona esperando, un ser detenido en el tiempo, pero en movimiento, en su silla de ruedas. ¿Hay segundas oportunidades James? - Definitivamente no las hay, ¿crees que perdonaría su mirada al volver?, todos los hechos posteriores no 61
  • 62. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz puedo asegurarlos, hay un juego siniestro que recorre su presencia, no pienso comprobar mi muerte al volver a mirarlo, me niego, Diana esta conversación debe terminar, no quiero enojarme contigo, pero me obligas, eres muy indiscreta, creí que tu educación detendría tanta intromisión. - James, ¿quieres venir a mi sala?, al menos nos miraríamos a los ojos, no volveré a cuestionarte, me refiero a este tema. - Es conveniente._ le digo asegurando que no volverá a intentarlo. - Te espero._ cuelgo ansioso, sonrío revuelto entre la felicidad y el horror, ella sabe demasiado, ¿y si duda de mi?, es tan simple como invertir la historia, me descubriría rápidamente, llevaré unas gotas por si se atreve a descubrirme. 62
  • 63. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Etienne Vallois. 63
  • 64. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Había leído las últimas letras de aquél lúcido y necesitaba seguir leyéndolo. Los libros estaban apilados a su lado formando una torre imperfecta, como la naturaleza. Pensó:- Debo lograr conseguir más libros, al menos artículos, no puede morir tan rápido para mí, algunas personas saben dejar de leer y a su vez dejar morir a sus escritores, a los muertos al menos. Estoy realmente cansado de escuchar la misma entrevista una y otra vez, me halagan sus pensamientos, es amigable, tiene buen tono de voz y la proyecta muy bien, pero no habla como escribe. ¿Qué escritor habla como escribe?, quizás los geólogos o los físicos en sus ensayos, pero mis escritores no hablan como escriben. Me habló Joelle de unos manuscritos que hay guardados en la pequeña casa, a las afueras de Nantes, tengo dos horas en coche, y una imperiosa necesidad de leer más obra, si no lo hago morirá, seguramente lo hará, ya nadie lee sus textos, al menos no lo hacen de principio a fin. Tengo dos opciones, viajar en coche dos horas a Nantes, no ir a la oficina, pensar lo peor al no ir, perder mi única fuente-puente a mis deseos anteriores. La habitación recién pintada olía a plástico, había cajas marrones y juguetes en ellas, no hacía más que guardar juguetes. 64
  • 65. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Pensó:- Voy a extrañarte precioso mío, tu olor, tu ropita, tus abrazos, estoy orgullosa de quién soy, cumplir mis deseos anteriores era tarea de la ambición pero tú has deshecho todo y has magnificado mi felicidad, no puedo perdonarme haber pensado al principio en dejarte antes que nazcas, tu padre no era el futuro que pensaba, poco a poco noto mejorías, serás tú dándole vida. (Sonó el timbre del portal.) Habló: ¡Fabien!, hijo ¿Cómo te ha ido en el colegio?, falta muy poco para leer, podrás compartir con tu padre el don de la lectura, hijo, me miras triste, ¿me has extrañado?, ven, si, lo que quieras, ve a bañarte que mientras preparo la merienda. Las dos horas se hicieron tres y un cuarto, Nantes no era exactamente lo que pensaba, al menos no lo que describió así, su autor en aquellos años. Por el contrario encontró una ciudad industrial y sucia, fue se primera impresión visual. Aparcó su coche en el barrio La Sinière. Pensó: Será difícil encontrar su pequeña casa en este paraje, ¿Quién habitará su habitación?, espero que sea familia suya. Ahora viene lo que no tengo planeado, y si es familiar, ¿aceptarán a un grato desconocido? peor aún, ¿me copiarán algún texto?, no entiendo como puedo ser tan impulsivo, siempre fui exactamente igual, primero impulsivo luego reflexivo, y al final la suerte lo resuelve todo, aunque naturalmente no crea en ella. Están hablando de mí, siento que en la oficina me recuerdan, se preguntarán que hago hoy, puede ser, si vuelvo me quedan tres horas de trabajo, lo que representaría seis horas tarde, si vuelvo en una hora, duermo bien y voy mañana alego un malestar, debería 65
  • 66. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz de ir al hospital a la madrugada a que me firmen un baja de horas, algo es algo, y no, nada, supongo. que hago, que hago, que hago, que digo, que digo, que digo, pero si toco el timbre y sonrío no me abrirán siquiera, que hago, que digo, voy a presentarme como fontanero, tengo una gorra azul, el maletín es marrón y de cuero pero no creo que noten diferencia. Si son ancianos abrirán la puerta y podré investigar, es mi última oportunidad para obtener sus escritos, me da igual si son buenos substanciales o una mierda, los leeré palabra por palabra dilatando el tiempo de lectura, sin falsear mi acción, solo ralentizándola, debo encajar la última palabra con la primera de mi hijo, así vivirá otra vida más, espero que Fabien no la interrumpa en su adolescencia, mi padre hizo lo imposible para que no apartase la mirada de las hojas, su obra es realmente para una vida completa y plena. Perdí horas de amistad, horas de sexo, bueno minutos de sexo, pero también perdí mi obra, me dediqué a leer y comprender su obra, no pretendo lo mismo de Fabien, simplemente que la lea, es un legado, otros dejan relojes de oro, piano con teclas húmedas y desafinadas. (tocó el timbre) (una joven abrió su puerta, detrás un joven sonriente rubio y atlético.) Habló: Nada, perdonen, creí que encontraría a unos ancianos... y ... pensé que... gracias... es que me he equivocado, he venido de San Sebastián conduciendo... una estupidez mía, quizás pierda mi trabajo por esto, lamento molestar, creí que aquí encontraría unos textos que no fueron publicados de un gran escritor, mi gran escritor... debo marchar, perdonen por la molestia. Pensó: Sigo siendo el mismo impulsivo, no gano más que disgustos siempre, ahora dos horas de vuelta, 66
  • 67. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz espero que Joelle no se percate de mi estúpido viaje. Condujo por la carretera una hora hasta que encontró una solución a su problema, sonrió, era vital que Fabien comience la lectura, era tiempo de escribir, una etapa interesante para impregnar su visión entre las hojas y la tinta, aunque eso significa hacer daño al mundo. Llegó sobre la tarde noche, Joelle lo esperó en la sala leyendo una historia breve de un maldito. Hablaron: -Hola cariño, ¿dónde has estado? y no me mientas, no quiero ver tus labios inferiores hacia abajo, mírame a los ojos, ¿Qué has hecho? estoy leyendo el cuarto relato, eso significa que has llegado una hora y unos minutos más tarde de lo habitual. - Ese es el problema, lo habitual, mi amor solo he estado viajando, creí poder conseguir algo muy valioso. - ¿No serán esos benditos textos que comenté el otro día? - Si, he pensado en mi mundo ideal de las teorías, que si los conseguía, podría estirar el tiempo de mi lectura hasta que Fabien comience a leer fluidamente así yo podría continuar con la tradición. - No quise decírtelo, era una sorpresa, ¡pero eres tan impulsivo a veces! - Lo sé. ¿qué?, ¿de qué hablas? - ¡Los textos!, si fueron editados, tu padre no llegó a conocerlos porque fue un tirada de 133 ejemplares de colección, en su momento fueron muy promocionados por el misterio posterior a la muerte, pero creo que no fue más que marketing antiguo. Buscando durante algún tiempo pude dar con una persona en Nantes que había heredado de su abuelo uno de los 133 ejemplares, quizás sea el único que sobreviva. Yo con el uso indebido, por cierto, del aquél marketing antiguo hice lo 67
  • 68. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz mismo, te conté una historia algo verdadera y falsa, no creí que harías tal hazaña, igual no me sorprendes. - Quiere decir que los tienes, ¿qué podré leer unas últimas palabras? - Si, pero hoy no. - Ya no importa, comenzaré con los preparativos de mi novela, llevo tanto tiempo esperando este momento. - Fabien está preparado... ¿cariño? - Si amor. - ¿Qué escribirás? - Lo que dicten mis pensamientos, hoy es un día feliz. - ¿Cariño? - Si amor. - ¿Has ido a la oficina de patentes hoy? 68
  • 69. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz John Badiou. 69
  • 70. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz No puedo terminar de leer la carta que acaba de llegar a mi puerta, oigo a los niños jugar fuera, he llegado de la universidad hace unos momentos; no han pasado ni dos horas. Mis hijas todavía no llegan y mi mujer está de camino, he preparado una infusión que nos gusta compartir, es una infusión que se bebe con una pajita, y el cuenco se rellena y se comparte con amigos, con quién lo desees, nos gusta beberla desde nuestro último viaje a Perú. La carta está deshecha sobre mis zapatos, la brisa revuelve papelitos por el aire, yo estoy escuchando esos niños jugar y pienso en mis niñas, en como serán de adultas, se me hace un nudo en el estómago de pensarlas follando, me duele saberlas incompletas. Acabo de destruir esa carta con odio, me detesto a mi mismo, no puedo soportarme de pie, me arrodillo, me hago una bola deforme sobre el suelo. Pienso, lee mis pensamientos. -Esos hijos de puta no pueden tomar mi cuerpo y hacer lo que quieran, no tienen derecho, mis hijas, ¿Qué les digo?, son tan pequeñas, no comprenderían que una vida puede significar mucho para tanta gente. Isabel me va a odiar si lo hago, va a pensar que las dejo solas en un mundo injusto, y no van a estar felices por mi buena acción, estoy seguro. Mis vecinos van a hablar de mi hasta la muerte, todos sabrán mi apellido pero mi 70
  • 71. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz nombre seguramente será menos repetido, como Bell. En mi clase mis alumnos siempre me escucharon hablar del cambio, de lo nuevo, siempre les recomendé dar todo por mejorar a la humanidad, darle una retribución, un cambio justo. Yo soy ese cambio del que hablé tantas tardes, pero no quiero despojarme de mis días, de mis soles al atardecer con Isabel, relajados, sonriendo, siendo jóvenes. Me rehuso a donar mis pensamientos a quienes no los valoren, no hice nada de mí, todos mis sueños no los cumplí, no soy un ser realizado, y creo que nunca lo seré, pero amo vivir, mi vida es insignificante, imperfecta; Por momentos soy odioso, en otros sonrío por horas, me considero inteligente, dialogo con los ancianos, los escucho y les doy ánimos siempre. Mis amigos me adoran, yo a ellos con igual intensidad, sé que soy el núcleo de toda mi familia y no puedo dejar de existir porque un infortunio del azar me eligió a mi como anomalía reparadora. Los médicos conspiran contra mí desde hace unas semanas, la presión y el estrés me tienen muy agobiado, desespero todos lo días a todas horas, miro el mundo sin pensar más que en verlo desaparecer, a todos aquellos que están enfermos destruirlos para contemplar un mundo sano y repleto de vida rebosante. Mis pensamientos se cierran en mi mente. Estoy tirado en el suelo, llorando, excitado, ansioso y sin saber hacia donde ir, que decir, que hacer, me obligan a entregarme, me dicen que tengo unas horas para hacerlo de forma voluntaria, de lo contrario me espera un acoso horrible, una destrucción pública desmedida, mucho peor que las plazas del medio evo, o de los riscos de matanzas y alabanzas. Sé que pueden 71
  • 72. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz destruirme con los medios, tienen todas las armas para coaccionar en mi contra. La carta se vuela con la brisa, no desaparece el dolor que siento en mi estómago, la desesperación infernal de saber que soy una mierda, un ser que no soporta sentir la envidia de la vida en otros. Odio la simpleza de todos los seres que ahora mismo coexisten devorándose unos a otros, las enfermedades son terribles pero también son parte de la existencia, de la evolución incluso, nos ofrecen oportunidades para elaborar con inteligencia nuevas bases de conocimiento, nos hace mejores y más preparados. No soporto el calor en mi rostro, sudo mucho mis manos, pies y cuello, el cabello se me pega, caen gotas en mis ojos, vomito las verduras que acabo de comer, siento la acidez en mi garganta y en mi nariz, estornudo, siento cachos de verduras que no puedo tragar para deglutirlas como debe ser, o como es normal. Me siento el hombre más desafortunado del planeta, acabo de ensuciar mis manos con mi propio vomito, lloro y veo las palabras de la carta una y otra vez, me pesa la cabeza, me duele dentro, no puedo describir que es lo que siento, es como romperse entero, romper el alma, no hay palabra que describa mi destrucción. Mis pensamientos, se abren. -Hijos de puta, gobierno de mierda, mentiras y mentiras, ¿ Por qué no dan la cura contra el hambre?, hijos de puta, no debería de existir la jet set, es descaradamente infame lo que nos representa todos los días, y nosotros cómodos, con nuestros televisores de plasma, nuestro ordenador con internet y nuestras hijas en el colegio privado. También la cenas que nos damos todos los fines de semana en nuestro restaurante favorito frente al mar. Me avergüenzo de ser humano, de sentir como 72
  • 73. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz humano, de comer como humano, de ser tan insignificante y creerme un universo. Me doy pena por generar ambición en mis alumnos, defendiendo la idea de la creación y la inteligencia como modo de vida. Me doy asco aquí, tirado en el suelo de mi propia casa, oliendo el hedor de mis fluidos corporales. Se cierran mis pensamientos. Tengo una hora, mi reloj se acaba de detener, extrañamente se detienen sus manecillas, voy al baño, mojo mi boca, la enjuago, recuerdo un pasaje del libro Hebreo. Grito asqueado de la ansiedad insoportable, nace una envidia detestable contra mis congéneres, nace odio de donde nació amor, me duele el alma. Veo ojos, sonrisas, ojos, manos pequeñas, abrazos, lágrimas de felicidad, de muerte. Pienso en la maldita carta. Mis hijas no podrán vivir sabiendo que su padre fue una mierda sin sentimientos, no tengo tiempo para escribir lo que me rodea, ni para grabar en video todo lo que ahora siento, sé que no me entenderían, y que corro más peligro de que en los medios utilicen todo lo que tengan para hundirme hasta la muerte. Se me ocurre desaparecer. Abro mis pensamientos. -Puedo coger el coche, la estación de tren está a unos veinte minutos, dejo el coche con las llaves y cruzo la frontera que está a una hora en tren, luego cojo el primer avión que me deje en el lugar más extremo que pueda existir, y hago de mi, otra persona, me olvido de Isabel, de Lourdes y María, destruyo todos mis recuerdos con la nueva información que me atontará, la necesidad de comer y sobrevivir me hará pasar años sin volver a recordar este momento. Cierro mis pensamientos. 73
  • 74. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Vomito nuestra cama, me meo encima, siento el calor en mis pantalones, luego un frío suave y refrigerante. Mis alumnos hablan de mí, oigo como hablarán de mi al escuchar las noticias. Esas palabras no me gustan, pueden ser muy crueles, lo son realmente, dicen todo lo que no puedo soportar, me veo como un asesino. La carta destruida vuela por la sala , desordenada y removida por mí, miro como esos papeles danzan una música que no puedo comprender, la música de la vida, del mundo que se encuentra gobernado por leyes naturales, leyes que en su conjunto controlan el universo. Lloro demasiado fregando con mi mano derecha mi frente, apretando todo lo más fuerte, queriendo quitarme la pena de sufrir un infierno en un lugar tan bonito, mi casa. Quedan unos minutos, Isabel no tardará en llegar, las niñas lo harán luego, lo hacen siempre, por Dios, amo vivir así, secuencialmente, esperando cada día llegar a mis tres amores, lloro en demasía sabiéndome muerto en un breve espacio de tiempo. Recuerdo la carta, releo. Estimado... "Tras los estudios pertinentes... " ... sus "cualidades físicas únicas lo hacen el único candidato..." ... sentimos informarle que tiene el derecho de expresar su opinión, pero creemos oportuno que comprenda que la gloria tras su decisión comenzará a disfrutarla en vida y luego en su muerte fecundará en la historia un mensaje para el futuro, un mensaje de amor y paz, de lucha y entrega, de amor a la humanidad..." " ... sepa usted señor que de lo contrario no podremos controlar los infortunios y malestares futuros que pueda ocasionar la publicación de su historia a todos los medios del mundo..." " lo dijo Sócrates junto a Critón en su celda ..." 74
  • 75. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz "... No hay peor castigo que el... ". Hijos de puta, el desarraigo, la muerte para mí no es la solución, como se puede valorar así la vida de una persona, decido vivir, no pueden condenarme a la muerte, pero si vivo, el calvario será peor. Hay millones de personas que harían con mi cuerpo muchas atrocidades antes de entregarlo a los médicos. No comprendo toda la presión que ejerce el planeta sobre mi, la gravedad es tan ínfimamente angustiosa, el poder de aquellos que desearan mi muerte, me buscarán y querrán capturarme, me utilizarán posiblemente para orquestar nuevos enfrentamientos, nuevos tratados, dinero, mierda, mi cuerpo vendido, comprado, vendido, destruido, sobrevalorado como el oro y el petróleo. Mis pensamientos se abren. -Le digo: Isabel, voy a morir, los médicos me han dado tres meses, no hay nada que hacer, mi cuerpo no podrá aguantar más. Sus ojos seguramente se cerrarán, me abrazará, me dirá que me ama, me acompañará con su mano pegada a la mía, me hará sentir el hombre más afortunado de la tierra y me dará, incluso, ganas de morirme. Cierro mis pensamientos. Isabel se detiene en la puerta, corre hacia mí, mientras ve los papeles, mis vómitos, mi desorden de furia, me pregunta que me sucede, no puedo ni mirarla, he esperado por ella mucho tiempo, llevo dos horas infinitas. No tengo más remedio que contarle. Abro mi diálogo. -Amor, no puedo ocultarte nada, ves esos papeles._ digo mientras señalo la carta destruida, desparramada por toda la sala. 75
  • 76. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Qué sucede cariño?, ¿Por qué lloras tanto?_ me dice dulce, amable, risueña hasta en los peores momentos. -Recuerdas que el año anterior tuve un malestar que duró todo el año. -Pero eso ha pasado, lo has pasado mal, pero ya está superado. -No, no, es que mi malestar, era un Cáncer, debería de estar muerto._ le digo con mi estupor explotar hacia afuera. -¿De qué hablas?, no puede ser, estás equivocado, deja ya de hacer esto, debemos llamar a emergencias. -Ya lo he hecho. Isabel, siéntate, esto es muchísimo más difícil para mí, déjame que te cuente todo. -Está bien, pero rápido por favor, las niñas vienen en camino._ dice sin comprender. -Fui al médico hace seis meses, me dieron chequeos rutinarios, los hice, fue cuando ustedes tres estuvieron en lo de tu madre, no quise alarmarte, realmente había superado todo el trauma y preferí no mencionarte nada. Volví días después a las clases de la universidad, pero algo dentro de mí me hizo recordar el dolor dentro mío, en mis ojos, mis piernas, mis pulmones, mi corazón, mis venas, mi cuello, mis manos, todo mi cuerpo volvió a estremecerse. Supe escapar del malestar y fui a buscar los análisis días de después. Fue realmente el peor momento de mi vida, los médicos me diagnosticaron cáncer fulminante, al principio me resigné, recordé los casos en mi familia y me di por vencido o reinado. Pasé realmente la peor noche de mi vida, solo, extrañándolas, me retorcí de dolor, leí la metamorfosis de Kafka y lloré por horas, pedí por ustedes y por mi mamá. Pensé, no puedo mentirte, en matarme, de cortarme entero, pensé en viajar y morir solo, para que no me vean perecer mis 76
  • 77. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz niñas dejándoles un trauma asqueroso hacia la vida. Me emborraché y toqué el piano toda la noche, mis pensamientos no los recuerdo, solo puedo contarte que al despertar sonó el teléfono de la habitación, era mi móvil y en el se hallaban las voces de los médicos que me habían destrozado la vida. Me dijeron que debía ir urgente al hospital, que habían descubierto algo asombroso, que debía sentirme bien. Lo hice y casi sin creérmelo conduje medio borracho hasta el hospital, donde me comunicaron que era el único ser que había logrado crear un sistema de defensa netamente natural con el cual podía destruir el cáncer en solo unas horas, eso iluminó mi vida en un instante que nunca podré narrar, seguido de esa felicidad desmedida supe que lo peor vendría luego. Los doctores me advirtieron que informarían a la comunidad científica y que eso conllevaría seguramente un acto de caridad con el mundo, según ellos no podían despojar por una vida la solución a millones de enfermos en el mundo. Me explicaron todo el mal que la enfermedad hizo en los últimos siglos, intentaron lavarme el cerebro, convencerme de perder mi vida por eso. Me rehusé y volví a mi vida, volvieron ustedes y pasaron dos meses. Me acosaron, me intimaron, el gobierno comenzó desde aquél día hasta hoy una persecución silenciosa, psicológica, para que me entregue por mi voluntad y puedan estudiarme. ¿Entiendes Isabel?, dejarlas, morirme, mi amor, hace dos horas me ha llegado la última carta, vendrán a por mí, es legal, y no sé que hacer. Odio el momento en que visité a esos médicos, me aborrezco por confiar en el sistema, envidio la vida del resto de las personas, y no sé que hacer, no quiero 77
  • 78. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz morir mi amor, quiero verlas envejecer, quiero que bebamos nuestras infusiones, quiero ver como crecen mis alumnos. -Debes hacer el bien, debes entregarte, te amamos, eres nuestro héroe, dame tu mano. _ acaba de cumplirse mi profecía, no me decepciona, Isabel me hará el hombre más afortunado del planeta, aunque mi muerte no signifique más que un intento en vano por destrozar uno de los tantos males que abarrotan la existencia de la humanidad en este planeta, mis átomos se recompondrán en algo sumamente bonito y perfecto, allí alojaré mis pensamientos, mis deseos y pronto podré volver a ver a mis tres amores. Cierro el diálogo. Nos fundimos en uno, nos quedamos abrazados para recibir a los médicos, policía y prensa de todo el mundo, los sonidos no puedo describirlos, solo sé que mi estómago ha dejado de dolerme, que mi sensación de completitud se ha rehecho, se abren mis fosas nasales y huelo las flores de mi jardín. Alguien se acerca, nosotros no nos desprendemos, preferimos congelarnos, Isabel quizás ya lo sabía,no se lo preguntaré, no tiene importancia la traición, amo a esta mujer. -¿Señor John Badiou?, mi nombre es Allan Conauger, en nombre de su comunidad y del estado, damos las gracias por su coraje y entereza. Puede usted, si lo desea, responder algunas preguntas antes de marchar, no olvide que sus últimas palabras harán historia, sea prudente. Acabo de oirlo, abro los ojos, reconozco su rostro, no logro saber de donde, quizás me siguió. Desde aquí se ven todos los periodistas luchando con la policía, 78
  • 79. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz también el vallado y la furgoneta abierta para llevarme a mi destrucción. Suelto a Isabel cruelmente, me recompongo y no miro hacia atrás, no sé cuales serán mis palabras, veo luces muy fuertes, muy blancas, veo siluetas, sombras, quizás aquellas sombras sean el nuevo mundo que me espera, estoy temblando por dentro. Boston Massachusetts, New Braintree Old Common Rd 123. May 1973. 79
  • 80. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 80
  • 81. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Ne me quitte pas. 81
  • 82. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz No quise dañar sus dedos, es la verdad, confieso haber sido algo grotesco, pero nunca cometí el fallo de mentir, no mentiría sobre lo que amo hacer, es que sus dedos me fascinaron desde el primer día. Esa noche fuimos abrazados, besándonos, mirándonos a los ojos, dentro de los ojos, bajamos en la estación Saint-Ambroise a tres de la nuestra Rue de Boulets. Caminamos juntos y de la mano, apretándolas fuerte, sonreímos y comentamos los últimos libros que habíamos leído. Nos desviamos del trayecto al Café Fusain, solo unos minutos, subimos por Boulevard Voltaire y giramos en Villa marcés, es que llevaba unos días queriendo ver unos discos y la tienda todavía seguía abierta, teníamos tiempo para cenar en el Fusain, incluso no perderíamos ni los aperitivos si me apresuraba en la compra. -Tienes el de Jac Brel, "Ne me quitte pas", y dime cuanto es, gracias _ le dije al de las gafas grandes y oscuras que ocupaba la tienda para vender sus productos, o más claro, el vendedor, mal aseado y de mal humor. Noté sus dientes sucios, le faltaban dos caninos inferiores, tenía muy poco pelo, sudado, pegado a su cuero cabelludo, pensé en golpearle la cara y dejarlo tirado en el suelo, pero no valía la pena, nos trató muy mal, mofó y soltó el aire, esperó a que marchemos para cerrar la persiana de muy malas maneras, incluso escuchamos sus golpes 82
  • 83. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz desde la esquina al doblar, nos reímos mucho, le di la bolsa azul a Marie y ella la guardó en su bolso blanco. Retomamos Boulevard Voltaire y doblamos en Rue Lacharriére hasta Avenue Parmentier, recordamos mientras caminábamos aquél día que burlamos a un payaso que nos molestó en una presentación de una de mis novelas, reímos luego porque ella recordó cuando mientras me preguntaban algo de la novela bebí agua y tosí por un espasmo, de nervios o de estupidez, y mojé a tres personas de la primera fila, a tres ancianos aburridos. Nos reímos hasta que llegamos a la puerta del Fusain. Nos recibieron muy bien, bebimos algunos aperitivos, quizás bebimos algo de más, ella más que yo. Un colega nos entretuvo en una charla algo insustancial sobre un vino Sudamericano, me aburrí bastante, Marie era una apasionada y se interesó por la charla, yo pensé más en comer y beber que en oírle al gordo de marrón caqui contar todo lo que acaba de leer en su casa. Me entretuve yo con su dentadura postiza, algunas de las manchas de su piel me cautivó, luego su boca al moverse, vi sus dedos como garras animales, pensé en nuestra curiosa evolución, miré mis zapatos, recordé una frase de un escritor Vasco Francés, hablaba de un telón negro, y de sus zapatos, que los muertos no usan zapatos, rememoré unas intenciones sobre la muerte, pero no quise ahondar, me hizo ruido el estómago y Marie supo que esa señal no podía evitarla, concluyó con igual pasión su gran desviada charla sobre un viñedo del sur de Toulouse. -Te amo Jean, gracias por traerme otra vez, amo cenar aquí, escribe algo en el mantel_ dijo sonriendo como siempre, abriendo mucho su boca y sus comisuras 83
  • 84. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz superiores enseñando demasiado sus dientes. -Marie, no se agradece esto, no es de educación_ le dije poniendo mi cara más seductora. -Eres mi ángel_ dijo Marie y sacó un paquete de su bolso blanco, donde también estaba mi disco de Jac Brel. - Para ti_dijo convencida. -No hace falta Marie, sabes que no me gustan las sorpresas._ dije algo encolerizado por dentro y feliz por fuera. -Es algo que llevas tiempo buscando. Abrí la bolsa roja, rompí el envoltorio, y miré por unos segundos la caja negra, tenía el símbolo que no lograba encontrar en ninguna tienda de Bruselas en cada uno de mis viajes. -¿Es lo que creo qué es?, no puede ser, ¿Cómo los has conseguido?_ Le dije asustado por dentro y asustado por fuera.-Dime que no es lo que yo creo. -Si Jean, es lo que buscas. -Pero es imposible que sea un original, no es posible que hayas comprado el original, dime que no lo es, no tienes tanto dinero. -Tu no sabes cuanto dinero tengo, no tienes que darle importancia a eso, disfruta de una vez por todas de algo Jean. -Disfruto de ti Marie, pero esto no era el plan, te he dicho que no me gustan las sorpresas. -He comprado el libro de Guinea, su versión original, la única que sobrevivió a la quema. Jean no comprendo tu actitud. -Me ha sentado mal la comida, podemos marchar, por favor, me ha encantado, llevo buscándolo años, no sé como entender que ahora mismo lo tenga en mis manos, quiero marchar a casa y descansar, mañana 84
  • 85. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz hablaremos. -Jean, no es medianoche, no puedes reaccionar así, es un regalo, el más importante de tu vida. -¿Y tu que sabes?, puta ricachona de mierda, crees que me compras con tu dinero puta. -¿Qué? de que hablas Jean, ¿por qué me hablas así?, nunca pensaría en hacerte un regalo para demostrar el poder de mi dinero. Es lo que llevas buscando hace años. -Fue algo que te confié en el hotel de Marsella, pero solo fue un comentario, una curiosidad, para que puedas conocer algo de mi interior, intenté sincerarme, pero me equivoqué. -Jean, no es mi deseo que te sientas así. -Marie nos conocemos algo, llevamos cinco años, pero esto no te da derecho a que deshagas mi sueño, el único que tengo, que tenía. -No hables así, lo tienes en tus manos, no pienses en como ha llegado a tus manos. Perdóname Jean, perdóname, quiero ir contigo a dormir. -Crees que todo se arregla así de fácil, seguramente a tus padres les ponías tu cara de pena y ellos te satisfacían, que estúpidos fueron._ se lo dije porque lo tenía dentro desde el día que la conocí en la playa de Marsella, sentí envidia de su pelo, de su ropa, incluso de sus tetas. Me convenció de quererla, por dentro creo que mi envidia creció día tras día, por fuera la amé desde el primer momento. -No me hables así Jean, no eres así, me amas, yo te amo Jean, por favor entiende, me arrepiento de haber hecho esto, creí que te haría más feliz, que era tu paso a completarte y ser feliz conmigo, te amo Jean, quiero que nos casemos en la playa. Ahora vamos a mi casa, 85
  • 86. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz dormimos y mañana hablamos, si sigues pensando lo mismo, devuelvo el recibo, envío por correo el libro y el museo seguramente estará más feliz de tenerlo en su poder que tú. -Vamos._ le dije determinante, no quise hablar, le entregué el libro e Guinea, en realidad la caja negra con el libro de Guinea dentro, el libro que había perseguido durante toda mi vida. Llegamos a su casa después de caminar largo rato sin hablar, ella tomó mi mano, no me aparté, me dio exactamente igual, me sentí invadido, corrompido, violado, mutilado, sentí mi alma perderse, pensé en la vida, en el sentido que tenían las calles de París. Miré mis zapatos y pensé andar descalzo, quise cruzar el Boulevard a pie y sin mirar. Abrió la primer puerta, luego saludó a los dos guardias que custodiaban su pequeña mansión, cruzamos las tres pequeñas torres del jardín principal, rodeamos la fuente y nos detuvimos en la entrada principal. Me miró, sonrió, le sonreí, creí en ese momento, al mirar sus ojos esperando mi aprobación, pensé que quizás no era tan malo que tener el libro de Guinea en mi poder, primero sería millonario, segundo tendría mi sueño cumplido y podría continuar escribiendo, sin depender de los artículos del periódico. Me costó, pero le devolví la mirada y construí una sonrisa para complacerla, Marie había desarrollado una técnica increíblemente efectiva, me convenció por unos segundos y entré a su pequeño gran mundo. Comimos unas tostadas y preparó un té, charlamos algún tiempo que no puedo determinar, miré sus dientes 86
  • 87. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz y recordé la envidia, por dentro comencé a percibir de mi agujero o de mi alma unas intensas ganas de besarla fuerte, de azotarla y gritarle, de follarla hasta sangrar. Hablamos en ese lapso temporal de algunas trivialidades, subimos a la habitación y nos desnudamos para dormir, al principio creí que ya se me había acabado el dolor de la violación a mi intimidad o a mi mundo interior, por un momento olvidé el libro de Guinea. Nos abrazamos para dormir, nos acomodamos luego hasta llegar a lo de siempre, culo con culo nos dormimos, soñé, creo, con un cíclope, también con el mar, al final seguramente soñé con la cena, y fue cuando desperté apartado de mi alma, enfadado conmigo, con mi reacción. Pensé que debía comprender que su regalo había desatado un mar de dolor en mí, quise despertarla, la sacudí para que lo haga, pero no abrió sus ojos para vivir y escucharme. Recuerdo que me enojé mucho con su boca y la golpee hasta verla sangrar, golpee su estómago dormido y su boca escupió sangre, golpee más fuerte sus manos hasta verlas moradas y salté sobre su cuerpo, sentí en mis pies desnudos como sus huesos se quebraron y luego se rompieron. En su baño encontré un cepillo de dientes, cogí uno rosa, supuse que era el de ella, me senté en su torso y clavé el plástico en sus preciosos ojos verdes, su sangre me llenó por dentro, ese hueco que había desatado se rellenaba de su sangre y sus pérdidas. Recuerdo ver su mirada en un recuerdo mientras golpeaba los más fuerte que podía y escarbaba para llegar a romper todo su rostro. En un momento de lucidez caminé muy despacio y sin hacer el menor ruido hasta llegar a la cocina, tomé prestados algunos cuchillos pequeños, y volví a la 87
  • 88. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz habitación. Me detuve en el umbral ante el cuadro que había creado, su cuerpo abierto, abierto a recibir amor y también a las posibilidades. Me dije lo orgulloso que estaba de hacer lo que hacía, recité un verso de un escritor maldito y di pasos firmes hasta su cuerpo inerte en la cama roja de nosotros, de nuestros cuerpos, estaba pintado con su vida. Corté cada unos de sus dedos, rompí sus dientes con el mango del cuchillo más pequeño y rasgué sus encías. Sentí la brisa de la ventana, respiré y absorbí su alma, o eso me hizo sentir ella. Creí escuchar su voz en mí, diciéndome que me amaba. Recuerdo tirar cada uno de sus dedos y dientes por la ventanilla del autobús, luego no puedo recordar nada más. Le agradecí durante varios años su regalo, supe comprender con los años, que había logrado en un día lo que a mi me habría costado seguramente, varias vidas. Nunca volví a buscar el libro de Guinea, me dediqué a comprenderlo, a investigarlo, palabra por palabra, durante unas 3554 páginas. Recuerdo por último coger de su bolso mi disco de Jac Briel, me recuerdo feliz al recuperar mi vinilo, es a quién estoy escuchando mientras termino, no se si vagará este papel de mente en mente; lo dejaré en la pared lateral de mi habitación de hotel preferida. Si has logrado leerla yo estaré seguramente muerto, y no sé que puede significar eso realmente, no puedo soportar pensarme sin mis pensamientos, sin sentir el calor de mis fluidos. 88
  • 89. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Leicester Square. 89
  • 90. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Tiene el cuello muy largo, como si quisiera tocar el cielo con la nariz. Podría ser de cualquier país europeo, tiene cierta elegancia al sentarse con las piernas cruzadas. Es seguramente una mujer muy limpia, algo retraída, quizás le falten dos muelas, eso nunca se ve. Me gustaría verla reír ahora mismo, pero la gente la miraría extrañada, y no quiero que eso suceda, es muy bonita para sentir vergüenza. No me ha mirado siquiera una vez, tengo mis ojos clavados en su escote cuidado, pero muy sugerente, tiene un lunar en la teta derecha que me gusta muchísimo. Podría decirle algo, pero tendría que pararme, hacer equilibrio y no pienso hacer el ridículo yo tampoco. -¿Me puede dejar sentar?_ dice una señora entrada en la tercera fase de la edad, me sacude para que le conteste rápido. Me hago el dormido, ¡no para esta mujer!, tendré que pararme, estoy algo cansado para ser tan cortés. -¡Sí!, es que estaba dormido, perdone señora._ parece no creerme nadie, estoy haciendo el ridículo, ella me mira y sonríe. –Si claro, déjeme joven de una vez que me duelen las piernas._ me levanto, cargo mi mochila a la espalda, sostengo el libro que he dejado de leer hace unos minutos, por pensar con la mirada, más bien por pensar en follarme a esa tía. Ahora me mira como si quisiese algo conmigo, lo dudo, obviamente no puede ser cierto, mi ridículo ha sido 90
  • 91. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz absurdo pero ha captado cierta atención. Estornudo sin previo aviso de mi cuerpo, ahora estoy rojo y pidiendo perdón, el pobre está lleno de mis gérmenes. Alguien abre la ventanilla, y algunos más repiten la misma acción, es inevitable. Es un día que no tiene más que clonaciones, el clima se repite y continua siendo una mierda, gris, frío y sin sonidos más que el de los coches. Londres hoy es muy aburrido, no suele ser así, quizás yo estoy aburrido y por eso paseo en un autobús turístico, para leer tranquilo. Ahora hay otra mujer, esta habla por el micrófono, es monótona, su tono de voz me duerme los oídos, ella me mira. Me acerco, alguien ha dejado el asiento de la ventanilla para ver algo por el otro lateral del autobús, seguro quiere ver la noria del futuro. Estamos sobre el puente que une dos monumentos, estamos cerca de un parque importante, ya estoy sentado aquí, junto a ella. Me palpita el corazón, igual es una sensación de ansiedad, lo cierto es que tengo calor, me sudan los pies y las manos, se me para el pene y me caliento mucho, ya la imagino desnuda y metiéndosela muy suave, puedo sentir la sensación de calor allí debajo. Me palpita de calor el rostro, y creo que ella también está muy excitada, lo siento, es esa condición animal que nos posee y nos apasiona de una manera casi incontrolable. Estoy calmado, nos mira un niño, creo que hice algún gesto, lo que es peor, estoy con la mano que sostiene el libro raspando constantemente sobre mi sensibilidad, parece que el libro tapa poco, o yo soy muy poco disimulado. Suspiro, y hago un mundo con ella, no puedo evitarlo, hace tiempo que no sentía algo así, se cómo termina 91
  • 92. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz todo, pero tengo una calentura enorme, que me come por dentro. ¿Qué le digo?, siempre que me sucede esto, no hago nada, y soy muy lento, cortejo poco a poco, como si fuera una paloma, y el tiempo es mi peor arma, se me va de las manos, se deshace como el chocolate en verano. Ella toca su cuello de jirafa, solo le faltan las manchas de color, ¡es tan femenina! Creo que es un signo, para avanzar, o algo así. Ahora su mano recorre su falda y no puedo evitar girar mi cuello entero y mirarla directamente al oído, o a su perfil. No se mueve, yo tiemblo, miro hacia delante, estamos pasando por la fachada del National Portrait Gallery. Se avecina una parada, me roza con el codo, se juntan los dos brazos, reunimos calor, esta sensación me encanta, mis pálpitos son aun más rápidos. Yo le pido fuego, aunque no fumo, no, definitivamente no, no fumo y no quiero hacer el ridículo. Bajo la mano izquierda que le roza el brazo para tocarle la mano. Estoy junto a sus dedos y siento que puedo hacer todo, que soy capaz de lo que me propongo, ahora si pienso en un hijo, y el rostro unido de nosotros dos. Soy padre por un instante, me gusta. Se para, se abre la puerta, -¡No!, ¡No te vayas!_ pienso, pero no puedo decirle nada, es lo de siempre, el tiempo, el chocolate derretido en mis manos. El autobús continua, la mujer del micrófono también, me siento un idiota, rápidamente apunto la intersección de las calles, por si vuelvo a verla. Es posible, creo, quiero bajar, pero ya no hay parada. Pienso entonces en 92
  • 93. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz caminar la ciudad, mejor no pienso en nada, leer, menos, este libro es una mierda, solo me gusta la portada. Espero poder cruzarla en alguna intersección, quizás pueda hablarle, contarle que podemos hacer grandes cosas juntos. Soy un imbécil, soy un enamorado de las oportunidades. 93
  • 94. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 94
  • 95. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Nosferatu, Lucifer o Picasso. 95
  • 96. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz En la vida dicen que la realidad continuamente nos trata de aplastar. En los intrincados pensares noto esas fugases y efímeras señales de que la realidad intenta absorberme. Los galopantes de la monoteidad, los jinetes de la continuidad familiar, en su conjunto, no son más que un punto espacial en eso de pervivir, algo tan mínimo que no afecta o no me afecta. Esa maldita mancha me aprieta las ideas del futuro, hay algo que no es la droga, será el amor efímero de cada noche, en cada bar. Y leo Joyce, pero nada sucede. Corrijo textos de Quebec, pero no importa, soy de las personas que no aman. Escuché en alguna pálida noche, por algún pálido habitante, que el amor está compuesto por dos vocales , dos consonantes y dos idiotas. Dejo eso a los débiles. En la pintura dadá no hay nada, en el manifiesto más palabras que en la Biblia. Schwitters me sugiere un perfil en su psiquiatra del siglo XX pero no me interesa el Collage. la inerte (por suerte) imagen de la visión introspectiva del señor influenciador deja un vacío, como en el tiempo derretido, como los gritos desgarradores, el juego de niños y sus crayones, las escaleras en todas direcciones y sentidos. (Suena el timbre en el corredor, algo suena más fuerte 96
  • 97. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz que la campana, algo bulle en la puerta) -Señor Sayers!!! Abra la puerta, ¡¡abra la puerta!!. Maldito ruido, dejen de gritar enfermos. Siempre dejo unas huellas en ellas pero nadie entiende que mi amor deja marcas. Mi pecado es vivir en la singularidad de un símil agujero negro que me dilata y me enseña el tiempo, presentizándolo todo. Se van a ir y voy a morir desangrado en una zanja oscura cerca del río y su puente. … De física entiendo toda la mecánica que todavía ni siquiera existe, eso de los quantos. Mi momento es hoy, mi pasado, recién, justo hace un instante. De la naturaleza debo lo que escribo, algo de muerte y sangre. Lujuria , dolor, espanto, cosas de las que no supere al verles. Ayune 40 días deseando olvidar pero alguien me gano, el artista del hambre que dejo su vida en la desnutrición. De oficios no entiendo, de lectura, venganza y entretenimiento soy experto, igualmente sin vivir de ello. Por culto me amenazaron, me quemaron, cortaron. En fin, torturas de un Poe ensañado conmigo. Mi casa es la luz, es el sol. Las manchas de humedad los cuadros y pinturas La pared, toda la tierra que rodea el cuadrado… -Salga Sayers, ¡¡¡su condena lo espera!!!. (En la entrada, junto al jardín la gente se agolpa como en la miel las abejas. Gritan, piden justicia, dicen que es el disector de las mujeres prostitutas que las viola, 97
  • 98. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz mutila y quema. Entre el tumulto una persona agita fervientemente una botella con un pañuelo en su pico, en su rostro la indignación es su expresión más clara. Agita y sin vacilación algunas lanza la botella _Esta vez, encendida en el cuello de cristal, impacta contra la ventana superior del primer piso de la casona.). … El decorado junto a los instrumentos la cultura, entera y en su esplendor. ¿Quién osa quemar mi vida?. No se dan por vencido. Malditos cobardes, con un solo golpe hubiera bastado, con una golpiza me habría quedado tranquilo, pero tienen que encender la llama en mi lugar, en mi cuarto, donde los vi crecer, morir y hasta matar. Indignos de la venganza, suelen ser ustedes quienes pidieron piedad. De la verdad me guardo el rencor, del pasado un largo suspiro. (la ventana trasera facilita el escape, no posee la articulación normal, se ve algo distinto a lo normal, su pata peluda enseña un leve cicatriz, y su feble talón al elevarse rompe la mampostería, se trata de un animal de ambigua presencia, algo que rosa el limite tolerable de belleza. Salta y con velocidad proporcionalmente acelerada va rumbo al río junto al puente que lo acompaña. ¡Alto ahí!. ¿¡Qué quieres!?. Sayers, hoy no escaparás, la gente te vio sabe de ti. ¿Quién eres acaso?, ¿Dios?, jajaja. El que te ordena frenar la muerte. Nunca, de que viviría toda esa desgraciada e hipócrita gente, todos matan, flagelan. Mira, el único motivo es la vida, no digas cómo solo haz a un lado tu ambigüedad. Nunca, moriré porque lo entiendo así como en mi presente 98
  • 99. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz caída. ¿Caída? Nadie entiende el engranaje, nadie mira la divinidad en el ser, en el cuerpo abierto a mis ojos, no mereces más que la ignorancia. Mira me cansas y te mato, ¿entiende?, mato su presente, lo dejo desangrar. ¡Claro! ¡Rápido que llegan!. (puñal en mano inserta en la altura del corazón el acero quirúrgico, Sayers mira hacia arriba donde el manto oscuro de nubes iluminado por la luna es el fondo en movimiento del rostro del indigno que osa matarlo. Baja su mirada, escupe tierra, sal, observa su mano peluda, comprende con estupor que la muerte ha llegado a él. ¿Pero ese ignorante contiene a la muerte? Su cuerpo reposándose, acomodándose deja derramar toda su sangre. La muchedumbre llega y la visión de rojo intenso es su venganza materializada. Alguien esgrime una palabra. ¡Azótenlo!, nadie duda en golpear el inerte estado del cuerpo que con los golpes desaparece poco a poco de la vegetación, junto al río y su puente. 99
  • 100. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 100
  • 101. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El copista. 101
  • 102. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Mi hermano me había recetado treinta y dos volúmenes sobre tratados médicos, físicos y químicos, también había sumado a esa cantidad unos veinte libros de distintos géneros, obviamente autores malditos, era su gusto por la anarquía moderna. Jean no vivía con nosotros desde hacía seis años cuando decidió recorrer solo Escocia en busca de datos para la medición de la masa terrestre, en esos años muchos científicos buscaban retos, eran épocas muy ricas en descubrimientos y mi hermano quiso ser parte de eso. Mientras yo vivía en la gran casona de mi madre que tenía ocho habitaciones con vistas al campo, dos cocinas, dos comedores, tres salas, cuatro estudios repartidos por las tres plantas y un sin número de baños, sin contar vestidores y un altillo oscuro y muy húmedo. Tenía veintidós años, reconozco que era algo ingenuo para mi edad pero contenía una cierta habilidad para las matemáticas, el principia era uno de mis favoritos, el problema era que mis favoritos solo eran dos libros y no salía nunca de esa lectura, me dedicaba día y noche a releer las notas y apartados propios y de los libros. El año había comenzado agitado en casa, mi madre estaba sumamente concentrada en sus investigaciones y yo solo leía mis dos libros, todas las tardes, domingos 102
  • 103. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz inclusive, se juntaban distintos facultativos de renombre, que realmente eran grandes desconocidos para mi, al principio no hacía caso a sus voces molestas y perturbadoras, pero luego comencé a interesarme por algunas de las frases que se repetían hasta el hartazgo por nuevas y misteriosas. Mes a mes avancé en mi escucha activa hasta llegar al borde la puerta y sentarme sin leer para oír y clasificar sus voces, hacerlas dibujos en el aire, con sus respectivos colores y olores. Una tarde de invierno quise sobrepasar mis limites, mis oídos ya no podían satisfacer mis necesidades, uno de ellos no tenía su plena capacidad, por lo tanto, me vi forzado a espiar desde un sitio más cómodo para mi y mis oídos. Agazapado caminé por la pasarela que daba al salón principal y al secundario hasta llegar donde se juntaban todos los jueves, eran geólogos, casualmente 3 de los 13 geólogos que fundaron luego la sociedad geológica. Junto a mi madre James Hutton y mirando por el gran ventanal Charles Lyell, en ese momento no supe que era realmente el hilo de la conversación ya que sus palabras parecían para mi un nuevo idioma, supe que algo grande se gestaba entre ellos, pero nunca supe que fue. Pasé todo el resto de la tarde hasta llegar a la noche mirándolos, riendo con ellos de comentarios que no comprendía y siendo cómplice de las miradas de Jean ha mi madre. Fue el único día que quise ser parte de ellos, quizás dejé allí mis últimas sonrisas, nunca volví a ser el mismo. Por el punto color ámbar que no cuento ahora, perdí todas mis esperanzas, todos mis deseos por el conocimiento propio, me hundí en la miseria de los anhelos y frustraciones, conocí mi muerte en vida. 103
  • 104. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El altillo o ático no había formado parte del plano de mi enorme hogar, nunca me había visto obligado a visitarlo y menos por las historias que me había contado de niños mi hermano mayor, pero la inesperada visita de los tres a la pasarela en la que yo me hallaba recostado medio dormido, me obligó a subir la pequeña y única escalera que me daría salida, la urgencia era que mi madre me tenía terminantemente prohibido escuchar sus diálogos y mucho menos espiarlos, y mi madre era muy severa, le temía, y la reacción fue instantánea, subí sin mirar siquiera. El golpe en la frente fue una advertencia, podría haberme arrepentido, pero no fue así, volví a golpearme la frente por segunda vez, en la oscuridad busqué mientras caminaba una de las decenas de pequeñas ventanas que componían el tejado. Estuve estático, sin mover un músculo siquiera por unos minutos, solo por el temor de que ella me descubriese, y caminé luego muy suavemente hasta lograr abrir una ventana que rápidamente dio luz parcial. Los pasos de mi madre y ellos y sus voces pasaron debajo mío, no respiré, solo esperé a que marchasen, pero no fue así. -Hijo ven aquí, quiero presentarte a... hijo, ¿dónde te has escondido? _ dijo mi madre dentro de la habitación con sus invitados en la puerta mirando extrañados. Pensé en bajar, decirle que estaba bien, que no era nada, que había dados una vuelta por el ático para ver cosas viejas, pero, pensé mejor y recordé sus azotes diarios, preferí acostarme y dejar que el tiempo me diera claridad, tenía mucho hambre y nervios, me dormí escuchándola por toda la casa desesperada, buscándome. 104
  • 105. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Al despertarme pude oír voces, presumí que eran del salón principal y que había otra reunión, quizás la de los viernes, sobre física, no me importó lo más mínimo, ni quienes estaban, y menos el tema que iban tratar, estaba cansado físicamente, la espalda me dolía muchísimo, los tablones arqueados y húmedos me habían hecho daño. Recompuse mi cuerpo, me puse de pies, y comencé a descubrir el único ambiente de la casona que desconocía, y recordé súbitamente todo el miedo que me generaba está allí, inducido por mi hermano en mi mente recordándome todo lo malo que sucedía allí, fui hacia la ventana, vi la nieve cuajada en el cristal, el tejado y en el campo, el horizonte era blanco. Caminé en linea recta hacia la otra ventana cerrada que apenas se veía y la abrí, repetí lo mismo con todas las siguientes hasta llenas de luz todo el ático completo. No había nada que pudiese darme un susto de muerte, era todo lo contrario, había un sin fin de muebles viejos y húmedos, varias camas deshechas y algunos libros abiertos y arrugados por la transpiración de la casa, la humedad era algo inevitable, era el espacio vacío entre el tejado y la intemperie, era el regulador de temperatura. Algo me llamó poderosamente la atención, se ubicaba en el centro de todos esos deshechos de madera hinchada por el agua y ventanas luminosas, su color marrón muy claro hizo que fije mi mirada en el, me cautivó, estuve unos minutos, creo, estudiando desde mi posición, que tipo de baúl era, intentando descifrar de que año y procedencia venia tanta decoración en oro. Lo primero que vio a mi mente fue la pregunta de porque mi madre había dejado tal elemento de valor en medio de un húmedo y asqueroso ático, no encontré respuesta 105
  • 106. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz sensata, esperé unos minutos más y caminé hacia el, sinceramente no creía nada malo de aquella caja bien decorada, ni menos esperaba un tesoro o un escarabajo de oro, solo tenía curiosidad y ese era el motor que me movía hacia la pieza. Tardé más de lo normal en recorrer esos tres metros de distancia, me vi a mi mismo como un gato mirando de reojo y sentí por un instante la sensación de duda, me planteé incluso desistir de mis inmensos deseos de ver su contenido, pero continué, sin saber muy bien por qué. Tenía una cerradura y junto a ella unas llaves, cogí una de ellas y la inserté en el agujero, pensé por última vez, y en ese pensamiento dudé, una fuerza incontrolable me dijo que abra, no puedo asegurar que hallan sido deseos del baúl, ni tampoco puedo afirmar que fueron mis deseos de descubrir, porque habitualmente no era curioso. La llave hizo un sonido al encajar, sentí en mi corazón otro chasquido, supe que no había vuelta atrás, intenté abrirlo pero me fue imposible, era extremadamente pesado, solo podía dar pequeños saltos de fuerza para que la tapa se eleve solo unos milímetros, agudicé mis intenciones y supe aprovechar todas las maderas que había desparramadas, puse primero una, otra, hasta llegar a un ángulo de abertura que me permitiera dar el ultimo y gran salto de fuerza para terminar, al fin, de abrir el baúl. En el proceso no supe mirar adentro antes de abrir completamente la tapa, cualquier persona hubiese abierto la tapa hasta un punto en que le permita meter la mano y coger su contenido, pero yo no me fiaba de lo que podía contener, y esperé a tener el ángulo y utilizar esa última fuerza para abrir al fin, el baúl de oro. 106
  • 107. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La luz de la mañana era, según pasaban los minutos, más y más fuerte, la nieve ya no cubría todo el paisaje y se oía más actividad fuera, supuse que había dormido toda la noche allí, pensé en mi madre y en sus preocupaciones, luego me respondí las preguntas de siempre, estaba harto de ser un hombre maltratado como a un niño, volví a mí, allí me encontraba, yo y el baúl, la tapa rebotando levemente del golpe. Es importante que vean mi rostro, mis ojos abiertos, mi boca inerte como un trozo de carne muerta, mis manos abiertas y hacia atrás. Es realmente importante que comprendan que ese último gesto, esa última mirada ingenua, la perdería para siempre. Me abalancé como un niño, olí en mi rostro el encierro de muchísimos años, me arrodillé y puse mis manos sobre el canto, junto a la cerradura, y miré los cuadernos que estaban apilados dentro, algo en el color me cautivó, no puedo siquiera precisarlo ahora, una paz interna me envolvió falsamente, supongo ahora que para engañarme, mis pensamientos se fueron, al menos mis pensamientos propios, acto seguido cogí uno de los cuadernos marrones oscuro, fue un acto al azar y sin cavilación alguna, miré su tapa, en la que decía "Historia universal de ...", su fecha Julio 1781. A partir de ese momento no supe ser yo, me vi enfrentado a ciento dos cuadernos que representaban toda la obra de un escritor que había decidido no enseñar al mundo su visión del universo, el planeta, las civilizaciones, y miles de otros advenimientos que no soy siquiera capaz de describir... desde ese momento fui él, soy el escritor y físico que el mundo necesitaba, no seré capaz de ser otro nunca, el soy yo, sus palabras mi universo preciso y caótico, en una horas recibiré un 107
  • 108. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz premio que no merezco y estas son palabras que se adjuntarán al último de los 101 libros restantes, copiados con mi nombre, tipeados por mí, hasta las últimas letras. Esta es mi verdad, la de un copista enamorado de las ideas de otro. Londres 1878. 108
  • 109. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La medalla Fields. 109
  • 110. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Es verdad que vivir fuera de Pouillon es algo más productivo, pero solo por las vistas del bosque y el lago, el resto es asqueroso. Tuve la oportunidad de alojarme en Marolleput, con gastos pagos durante dos años, pero terminé renunciando al deseo de la inercia depresiva para terminar en Brujas, algo más al centro. Sigo siendo escritor, padezco el mal del escritor que nunca crece, es decir, el escritor enano. Me reconozco como tal y se donde están las orillas de mi conocimiento, o de mi sustancia. Repito que vivir fuera de Pouillon es algo más productivo, pero solo por momentos, y vale la repetición para comprender que el estar fuera del amor circular y condicional tiene como consecuencia una sensación de ingravidez mental nunca antes conocida por mí. -¿Puedes quitarte de mi asiento?, puto invalido mental_ siempre me dirijo de la misma forma con los idiotas que ocupan mi sitio en el tren, pero lo digo en castellano para no alarmar a ningún sensible. He olvidado mencionar que me faltan una pierna y un brazo, fruto de una conducción temeraria, o así lo determino el juez y de tanto repetirlo en mis pesadillas, lo cuento. Para el resto de personas, las que me miran cuando estoy leyendo en la biblioteca o las que me intentan ayudar a cruzar la calle, no soy más que un saco de huesos molesto que absorbe del estado, el dinero de 110
  • 111. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz sus contribuyentes. ¿Por qué deberían saber que soy un genio matemático? Lo soy, pero no quiero desarrollar esas atribuciones en este relato, porque me aburre de pensar a mis lectores leyendo sobre la teoría de grupos cuánticos de Vladimir Gershonovich Drinfeld. La ría insensible a las palabras de Heráclito no se inmoviliza para contrariarlo, fluye lentamente mientras los molinos de viento se mueven queriéndose desprenderse cansados, hartos de tantos pintores. Soy una persona muy paciente, se considerar mis estados de profunda tristeza como un camino sin vuelta a la felicidad, pero no soy estúpido, aunque por momentos reconsidere el titulo de genio matemático por uno de invalido inservible, eso se lo dejo a la vejez. Recuerdo al llegar a Bruselas ver una estatua disfrazada de planta, reposada sobre un puente antiquísimo, reí al verle y obviamente le dejé una moneda para que vuelva a hacerlo otro día. Supe que terminar mis días en Brujas era la decisión más acertada entre las miles que había prefabricado durante mis viajes por la roca de agua y magma. Siempre recibo cartas, que por lo general son de estudiantes universitarios que quieren de mí las respuestas, suelo llamar a alguno que me llama la atención por algo y lo que siempre hago es denostar todo el trabajo del que me hablan, para demostrarles la fragilidad de las matemáticas frente a la vida, luego les aconsejo usar el cuerpo de manera útil y disfrutable. Tengo cuidado al decirlo, ahora, porque siempre que hablábamos entre colegas, los enfados eran una constante, nadie podía consentirme decir algo así, pero sigo sosteniendo que las matemáticas contienen estados cíclicos y disonantes que se albergan dentro de 111
  • 112. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz las ciencias exactas no tan exactas. Tendré ahora mismo muchísimas criticas lo sé y me río de mí, al desear ser creíble. Pero el valor universal no es ese pequeño y periódico número harto mencionado. Una gama de colores y sensaciones son la clave del entramado estructural y caótico de nuestros pensamientos, sociedades, países y continentes. Hay una forma evolucionada de conocer el futuro, la clave es el nuevo procesamiento de la información, alejada infinitamente de nuestros pensamientos ancestrales duplicados por la linea de tiempo vital y mal interpretadas como Azar. 112
  • 113. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Gloster Hill. 113
  • 114. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Es curioso como los pensamientos retraen mis retinas y no me dejan ver lo que realmente está sucediendo. Tiene su mano azul intenso de tanto escribir, su pluma gotea y deja sus restos sobre la tela que ahora va a cubrirla. Tengo su sonrisa ahora mismo, siempre nos dijo que cuando suceda simplemente la dejemos en el bosque, recostada y con su música. Siempre reímos de lo mismo cuando íbamos a dormir y hablábamos en la oscuridad con mis hermanos. El día ha llegado y no sé qué es lo que va a suceder. Sus últimas palabras estaban teñidas de partes de nuestro escritor favorito, porque no podía evitar ser ellos mientras terminaba sus libros. Me hablaron de este momento, se que fue hace unos años y fue entre sonrisas también, es que reíamos muchísimo, porque no éramos felices. Éramos Cínicos. La tinta recorre unos centímetros diluyéndose, perdiendo su consistencia hasta llegar al punto, no miro en ella la culpa de todo el mal, sino, comprendo que todos los puntos en que ella me habló fueron exactos y símiles, creo que ella lo tenía planeado hace mucho tiempo. No siento rencor. 114
  • 115. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La campa increíblemente verde refleja toda la luz en la ventana, Gloster Hill sigue despejada como si ella, la ciudad, hubiese pedido a todos los granjeros que no ocupen el gran camino. Suena la puerta, la oigo muy cerca. Son ellos, los granjeros que quieren verle los ojos grises, porque esperaban este momento más que yo, solo vienen a comprobar si su vida se ha extinguido. Uno de ellos habla. -Solo faltan dos personas de Riverside Park. Nuestra intención es darle santa sepultura en el jardín de la capilla de Acklinton Street. -Eso no corresponde a la verdad, yo se lo que quería y pienso llevarlo a cabo hoy mismo. -Tu no la conoces como crees, déjanos llevarla y todo acabara bien, tienes sus tierras y todo su dinero, eres el único que ha sobrevivido a su mala vida. -No es eso. -Es exactamente eso lo que te motivará a dejarnos en paz. Ellos son quienes incendiaron el cuarto de Hitan hace 30 años y ahora se la llevan. Gloster Hill es un pueblo de enfermos y de escritores. Odiaban lo que hacía y siguen odiándola tanto que quieren que su cuerpo se descomponga en el jardín, donde todo comenzó. -No dejare que se la lleven. -Ya lo has hecho. La tinta ha dejado el punto fresco, todo el cuarto se encuentra repleto de líneas iluminadas desvela el movimiento de su cuerpo, no he sabido defenderla, no sé cuando han tomado acción. No hay nadie más que yo y un cúmulo de papeles que me darán vida segura. 115
  • 116. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz No tengo nada que hacer, soy un inútil acomodado, soy un organismo que no genera nada, soy un ser estacionario, soy solo una mirada al monte. 116
  • 117. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El increíble Luc Coutamb. 117
  • 118. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Sobre la ventana había un mundo de imágenes que solo se sostenían gracias a la realidad que invadía a Lou Coutamb. Había glorias literarias arrastradas, maltratadas y deshojadas por el suelo manchado y a cuadros, junto a unas cuantas notas sonando incansables por el aire y sus lagos auditivos. Estaba de rodillas, escribiendo notas en columnas y en tres cuadernos simultáneos, estaba acabando su ópera mientras sus vecinos gritaban delante de la puerta. Vivía en un apartamento en Les Lilas, un suburbio francés con habitantes silenciosos, y Lou Coutamb no era precisamente lo que pretendía el bloque de pisos que cohabitaban lindantes. La construcción no hacía más que comenzar a vivir su niñez, eran viviendas nuevas que estaban destinadas por el gobierno Francés para personas con ingresos mínimos, era un lugar acogedor pero muy pequeño también, Lou vivía, solo, y con su ordenador conectado las veinticuatro horas. No había motivos para salir aquel día de octubre, no tenía siquiera las energías para poder andar sus calles favoritas, ni mucho menos para fotografiar el Sena en sus fastuosos atardeceres, no quería incluso moverse del sitio que durante horas había servido para terminar su ópera, solo de piano y bajos. No planeaba contornear su cuerpo 118
  • 119. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz dibujando aquél amor idílico.-¿Quién habla?_ preguntó cuasi interesado, pensando más en colgar que en dialogar.-Tienes un cuarto de hora para entregarme los papeles._ su voz le hizo temblar por un instante, su estómago volvía a colapsar, llevaba una semana completa con vómitos.-Me faltan terminar dos movimientos, no puedo lograrlo en un cuarto de hora, luego tengo que vestirme, no es posible, siento no terminarlo pero el tiempo no es tan denso como creía y mi mente tan líquida y ágil como esperaba._ Fue convincente al colgar sin mediar palabra alguna, su miedo y fragilidad lo había hecho fuerte solo por ese instante, sabía que tenía unas horas más para la siguiente llamada. Las notas retomaban sus algorítmicas proezas matemáticas, los tres cuadernos se movían próximos a la simultaneidad, escribía todo lo rápido que podía, al pasar dos minutos encontraría la solución más acertada para acortar los tiempos. Serían sus dos manos y su voz las que obrarían en simultaneidad para acabar sus tres obras, sus tres preciados escritos matemáticos o musicales, es que con su ordenador podía dictar cada composición sin perder mirada y acción en su dos manos ejecutoras. Contaba con su velocidad para hacer posteriormente la ejecución de las lagunas creativas y recrear en lo más mínimo sus movimientos. Solo debía incluir a todos los instrumentos en su ordenador, ubicarlos y darle vida a la obra. Lou Coutamb no había sido un músico prolífico y genio matemático desde su niñez, no había sido educado en la Sorbona y no había demostrado talento hasta cumplir los veintinueve años, sus increíbles hazañas nacían con la espontaneidad y ligereza de un idiota. La increíble historia de Lou 119
  • 120. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Coutamb sobrepasaba los límites de la razón humana, incluso contando la evolución de los mil años siguientes. Lou Coutamb, léase bien su nombre, era un agujero negro en la historia moderna del hombre, una gravedad gigantesca que absorbía incluso a Leonardo. Lou Coutamb sabía que cambiaría la historia, el sistema y las normas mentales de la humanidad en un período de 33 años. 120
  • 121. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El bucle. 121
  • 122. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Ráfagas de viento superiores a los 150km/h vuelan tejados, la ría de Londres se encuentra enrarecida, un color muy oscuro la ha convertido en un trazo sobre la cuidad, la gente se esconde en sus hogares, la tormenta no hace más que comenzar, el sonido de alarma despeja las calles, el tráfico ha desaparecido. La biblioteca de la universidad se encuentra frente a ella, un puente las une, el pasado y el futuro, la construcción de 7 siglos y la reciente. Dentro, en el departamento de ciencias situado en la cuarta planta investigan tres escritores, tres generaciones dialogando sobre las cuerdas y la materia oscura. -Señor Keith Puede luchar para que no ocurra, pero es inevitable_ dice el elegante señor Cronwell. -Debemos llamar, no hay tiempo_ grita Keith histérico mientras marca los números. Un avión se desploma sobre la calle Delaware, el horrible estruendo llega a sus oídos. -¿Cómo pueden atacar así?, no tienen piedad, no quiero morir señor Cronwell, haga algo, por favor._ Keith no encuentra consuelo, el viento aumenta su capacidad destructiva, el sonido es insoportable, no pueden 122
  • 123. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz respirar casi, están sofocados, sin fuerzas, llevan tres días sin comer. ... Fragmento de algo que no está escrito y que nunca se escribirá. 123
  • 124. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz En instantes todo llega, como esos baldes de verano en la vereda. 124
  • 125. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Realidades Humanas. 125
  • 126. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Diègesis. Las máquinas móviles pasan, las microhistorias recorren el puente, los conglomerados de humanos caminan y caminan, todo en línea recta ascendente transita mi observar, pensante mi mente, reflexiva por estos segundos, nada sugiere un movimiento siquiera un giro de asombro por alguna maldad de la niñez de alguna casa, nada es como solía ser. los cuadros que corren a 24 por segundo son para mi alma el consuelo a tanto cambio, solo diez años forjaron la personalidad que hoy lidia con la adolescencia que ebulle de mi centro como felino hambriento. Gracias a mi sensato reflejo logro virar mi torso y ver su cara, nunca estuvo allí. Será el punto espacial único que no recorrí nunca con mi mirar, sentado se encuentra sin expresiones, con una manta sobre sus muslos, observando la orquesta monumental de la realidad misma. Altísonos de alguna persona que se quejaba del mundo y las políticas, de los homosexuales y las prostitutas me desorientaron fijando la verdadera mirada en la nada. Cuando reacciono para divisar su figura nuevamente el vehículo publico continua viaje y así mi destino, el estudio universitario. A minutos del encuentro visual no correspondido los cuadros de realidades presentes, corren a solo 16 cuadros por segundo se entrecorta con trazos de 126
  • 127. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz negros, similar a una película de algún David indefenso, que me encanta. Disfruto de la alteración pero recuerdo la perdida de aquel individuo, que siento mío, y no tan. El ingreso al establecimiento de enseñanza pública y el retorno a casa, fueron una misma secuencia, una misma pincelada de azules pasivos. Junto a mi cama luego de comer con mis seres queridos, medito sobre todo mi día, caigo en la cuenta de que nada había pasado solo la visita que fue, con alguien que ni conozco, el ensueño trae consigo la gracia divina del recuerdo y paso de dimensión en dimensión palpando cada día feliz, y en uno de esas dimensiones me instalo solo para revisar cada parte, para no olvidarla. Mis padres son parte de ella y mis hermanos, el sol es la estrella más luminosa como siempre y los rayos solares mis acumulaciones de energías, con los brazos extendidos abrazo lo que viene a destiempo, la luz. Mi padre grita con energía aclamando mi nombre, escucharlo me paraliza al extremo, lloro y corro a el riendo sin sentido, los brazos extendidos me cobijan como a el bebe que fui en una foto y en su inicio de la madurez, tengo 9 años y mi altura es la de un florero, con rosas y lirios resplandecientes, sin un respiro luego del efecto del cariño incondicional surgen mi hermano y hermana, corriendo a mi, lanzándonos al pasto verde, vistas carcajadas inundan de sonidos alegres todo el paisaje y el sonido del viento hacia los tres, es perfecto a mi sentir, tras pasar el rato jugando conociendo nuestros cuerpos dándonos confianza de familia estableciendo el vinculo insoslayable que es la sangre, mi mirada pasa los pastizales y divisa a una persona 127
  • 128. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz que resulta conocida a mis ojos, es el inexpresivo rostro sentado en el paisaje descansando plácidamente como si nada importara. Tantos momentos pasados siendo parte de mi memoria, suerte que nunca dejo a los detalles escapar, con el atardecer de ese recuerdo en esa dimensión de mi cerebro termina, como un sueño, un mero recuerdo o la imaginación misma, las dudas se disipan poco a poco y convivo nuevamente con el presente, mi pecho se dilata y contrae por acción de la alegría o la tristeza, que es lo mismo. Los haces de luz iluminan los poros, siento su calor que no quema, las pupilas no tardan en reaccionar quieren ver la belleza de un nuevo despertar, el cantar de unas aves realzan el humor, con bocanadas de oxigeno logro estirar los brazos como en mis anhelos, invito al sol a la vida a compartir junto a mi mí alegría de volver a despertarme. Los pies caminan no les ordeno nada, ellos solo caminan por la casa, por el piso fresco sintiendo la intensidad del frío alentador, la televisión no me convence de mantenerme estático, ni la pintura, ni los libros, ni el escribir mismo, los impulsos cerebrales son constantes, hoy más de lo normal, las cantidades de endorfinas fluyen en millones, siento al amor pasar, sé que no me hallará, un viejo amor de adolescente me condena o recordar, no me dejo convencer por las locuras que no me dejaron durante años, el hambre toca a mi estomago que desea ingerir para continuar viviendo, planeo la velada con mi familia que se encuentra conmigo o no, no se si ellos comparten la mesa conmigo, yo los veo y solo eso mi importa, mis 128
  • 129. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz hermanos hablan de temas en los que no opino, mis padres se besan y yo los miro, porque miro su amor que no desaparece, ni el tiempo los destruyo, me parecen ángeles, los admiro, lloro y no se dan cuenta, los miro y río con fuerzas desde el estomago. Perdido en la nulidad de los casos comunes, de los asesinatos, los accidentes, encuentro un rostro que me parece familiar, lo es luego de unos minutos, es él, sentado mirando perdido, observando. Y pienso en la vida, y como sobrevivimos gracias a la protección de Júpiter que absorbe con su gran masa (menor al agujero negro) las masa de hielos cósmicas que nos desean para el almuerzo, reflexiono por la amistad, por el amor, la muerte, la soledad y miro alrededor, las paredes albergan cuadros y mas cuadros, y observo la estática en que se encuentran los marcos y veo la energía que emanan los dibujos, los colores , también siento el coraje poseerme y correr, escapando de mi, noto que nadie sabe que hago, no saben de mi estado, los aleje tiempo atrás para meditar, como hoy. Es productivo y es necesidad constante por estor tiempos que dicen lineal. Los pensamientos y las acciones bien moderadas son irrumpidas nuevamente por las facciones de aquél personaje que acapara mi sentir, me mira lo miro, estoy en casa, él la calle, lo noto triste, me llama, parece extrañar algo, noto desarraigo, corro a la puerta, por las calles, espero impaciente un vehículo publico. Cesan las apariciones, igualmente ingreso al vehículo publico que me transporta a los estudios y las realidades, las ventanas sucias generan nuevos aspectos que desconozco de mi persona, un robo, una riña, dos 129
  • 130. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz perros, un gato, todos juntos arremeten, se complotan en contra mía , lloro en publico, me miran raro, me observan, me castigan, comulgan entre ellos, junto mis lagrimas secas gotas de mar, que me queman en el rostro, estiro los músculos contraídos por el dolor, ergir mi cuerpo entero relaja mi cerebro compungido, el sonido de la parada me deja escapar de tal locura, salto con ganas a la calle que no conozco. Estupefacto en el limite de la vereda y la calle, mirando como me mira, llamándome sin palabras, no se de que manera reaccionar como interpretar los sonidos, las facciones, los colores del día, pierdo el conocimiento o eso creo. Negro y más negro ocupan el cuadro inmóvil que genera infinito a mi concepción de tal aberración espacial, me pesan los párpados, las retinas secas me duelen a ciegas, el blanco puro me aterra y comienzo a gritar desesperado, el blanco n me infunde infinito, ni siquiera vacío es un maldito lleno sin matices pero con una realidad de nevera. Extradiègesis. Una voz tranquila pasiva me abriga del frío visual, dice que estoy a salvo, me pregunta mi nombre y no le contesto, ríe. - Eres una persona realmente especial, ¿por qué gritabas, te asusto? - No veo, solo blanco inconmensurable es lo que 130
  • 131. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz tengo en mis retinas, ¿qué me hizo?, ¿qué me pasó? - Nada hijo, nada. Por algo que no entiendo dejo que me contenga como a un hijo, el tiempo es el que me negó la felicidad de un abrazo o una caricia de mi padre, lo dejo, me entrego a su conciencia. No logro discernir donde me encuentro, siento las cálidas caricias que contienen verdadero sentimiento de familia. Mis ojos no dejan más el paso al blanco negro absolutos, necesita la diversidad de colores fluir en todos los rincones, mostrando el esplendor de la verdad de todos, tomando conciencia, sonidos que no reconozco plasman el ultimo momento en la calle, y en la inconsciencia, ahora veo, es mi realidad la que recorro todos los días, la que me agobia al extremo, pero la que me mantiene en pie, pasan los vehículos, personas, carros, caras, mil caras, animales, agua, nubes, pasto y armas, sigo sentado sin sonido emergente, sin expresión. Viro mi cabeza a la izquierda para comprender una milésima de lo que ocurre, me mira, le pregunto. - ¿Qué hago acá? - Nada hijo, solo me acompañas, ¿acaso no lo ves? - Solo recuerdo el escape de las risas y comentarios, y ahora me encuentro en esto. - Solo tienes que esperar a ver más y luego una pregunta será la que te entrego, solo una. - No entiendo por favor, quiero estar con mi 131
  • 132. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz familia, se van a preocupar, dejame ir. - No vas a irte, no tienes familia, ¿acaso la soledad disfraza de recuerdos tu vida? - No es que ellos… - No están se fueron, vos no. Sus últimas palabras sonaron en mis oídos como estruendo fatal, me ensordecieron de dolor. Un torrente de graves escenas que se hicieron carne en la vereda de este lugar, ver la totalidad de ellas todas a destiempo me inmovilizo, trazo en la arteria principal una molestia casi mortal, pido a gritos desgarrados el fin de siniestra película, que real me enseña la cruda verdad. - No es por ti, es para ti, debes entender que no están, dejaron tu hogar, pero no tu corazón. - Es que los extraño. Lágrimas a mares salados desagotan la presión insoportable a la que me someto. Me instiga a dejar las verdades y a aceptar el presente, lo entiendo y no lloro. Cuestiono todo a lo que a él respecta, porque, para que, cual es realmente su vida, y como vive así desamparado, mira mis ojos fijamente, los miro asa a mí una pesadez, mil espadas orgánicas atravesándome, siento ver una ciudad, que me parece griega, unos verdugos matando a un pobre inocente, a la inquisición, un viaje al espacio, un nene juntando arena y una ballena comiendo cardumen. La perplejidad se adueño de mi, y supe quien es él. 132
  • 133. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz - ¿Qué hace en la tierra? - Soy la tierra. - Porque está así, convertido en un vagabundo. - Cualquiera puede ser el omnipresente, ¿quién te ha dicho que a la vuelta de la calle en un callejón no puedes encontrar a Dios? - Yo no creo en dios. - Pues no lo soy. - ¿Entonces? - Soy, lo que quieras que desees. No me interesa más que preguntar supongo que lo es o no, pero logro enseñarme. - ahora hijo puedes preguntarme. - Reflexionar quien sos, me llevaría años o solo un instante, seria fácil entregarme al pensamiento mágico religioso, pero creo en la física y en las energías, siento que sos especial, y me siento especial al conocerte, si sos de otro planeta, o habitante de un Quark o del vacío mismo, o de la materia espacial o un planeta… - Soy. - Claro… puedo verme vivir hasta la muerte, como un observador más como vos, que tenés la realidad de todos en las retinas, en el cotidiano movimiento, quiero verme creyendo compañía, simulando ser feliz, esperando a tu lado la compañía verdadera de todos, en otro espacio, tiempo u otra vida. 133
  • 134. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Diègesis. (el vehículo publico continuó su recorrido y la gente ya no hablaba ni siquiera ría, solo quise continuar mi viaje al estudio continuo y a la “soledad”, pero algo me forzó a mirar a un lado por afuera, y lo vi a él inexpresivo como ayer, y alguien que no logro distinguir, lo acompaña se encuentran en el mismo estado, lloro por ellos a desgarro, que soledad, que inexpresividad, solo pienso en volver a casa a comer en familia.) Extradiègesis. No asintió ni siquiera una expresión emanó de su cara, solo me acomode y el tiempo fluyó como unidad común entre ellos, él y yo. 134
  • 135. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Reconstrucciones: Su adiós. 135
  • 136. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La tarde de Buenos Aires es penumbra, el ultimo claro fue luz de distancias cósmicas. Una bala ingresa directamente en el cráneo de aquél indio del mundo blanco que no desistió nunca de su cultura inicial, cansado de maltratos, decidió correr con su mente al aire, mostrando sus ideales al pueblo rindiendo cuentas a los suyos. Nunca quiso que lo vean y señalen le molestaba terriblemente los estereotipos, las clasificaciones, el mismo lenguaje, todo el exterior de todos, lo martirizaba de forma impecable. Mi vida cambió cuando lo vio pasar aquél día de octubre un 13, maldito martes 13,bendita muestra. Noté en el fugaz movimiento que debía decidir mi destino moral, era una bomba en su punto más alto de temperatura, a segundos de estallar. La exposición de todas las ideas juntas, (de los sueños, de los libros que había ojeado, de las caras de todos nosotros que en algún momento cruzamos, todos estábamos allí, Clara la puta de la esquina de Callao y Corrientes, Roberto Delous el doctor del barrio, y tantos rostros conocidos, como el de mi padre) Son la expresión máxima de cómo los sueños disfrazan la memoria de bellos y armónicos detalles. Vi todo lo que nunca hubiese imaginado en forma de 136
  • 137. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz imágenes estáticas, en movimiento. El desfile de personas manifestándose a favor de la libertad y soberanía continuaba como si no hubiese sentido siquiera la fuerza del estruendo sobre el cráneo color café, yo estático como una roca de mar, sentí los golpes de las olas sobre mí ,una y otra vez azotando mi cuerpo de malestar. Grito al cielo implorando por lo poco que queda de la vida de aquel señor. -¡Respeto! Nadie gira siquiera su cabeza , tengo 7 años y mi voz no es identificada como común en los oídos de todos los malditos adultos, nadie escucha, nadie intercede. El corre, sigue su trayectoria, pero corre lento, se nota el desgano de su cuerpo pidiendo libertad, fuera de todo tumulto defectuoso de cadáveres con vida. Mi padre mira como la gente pasa, quiere participar, decido por la intriga y el deseo correr tras el indio blanco, mis piernas tienen problemas para desarrollar velocidad, no importa no se aleja demasiado, va lento. Noto a lo lejos donde se detiene, pido a mis neuronas, a todo mi cerebro que responda con más estímulos a mis miembros. El está es sus últimos respiros, me alejan 150 metros, lo veo cerca como si tuviese los lentes de mi madre. Por algo etéreo, o lo que sea, corro más rápido, lo tengo a metros de distancia convencional. Tengo miedo de no poder ayudarlo, se que no tengo nada que hacer, vi todo de el, vi a todos. Por sus sueños lo necesito, por sus ganas de vivir lo amo, si tuviese que elegir seria mi hermano. Se que el destino es cruel, una ultima palabra quiero decirle para que viaje ameno a donde vaya. 137
  • 138. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Llamo su atención. -Señor, (gira su cabeza, no veo el hueco de los ideales. es su rostro desesperado, con miedo, tan arrugado como mi codo, esperando algunas palabras.) -Si. (inaudible afirmación) -Vi sus sueños correr con usted ... yo lo entiendo, vaya tranquilo... vaya tranquilo, señor. Con la última vocal que lleva su mote se desploma el cuerpo como si de una marioneta rota se tratase, grito a destiempo, la caída es muy rápida, se fue. Me fui. Yo gritando minutos después... ese tiempo creo yo fue la despedida... mis palabras fruto de todo su potencial... sigo gritando, me rodean, soy blanco... se preocupan por mi. 138
  • 139. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 12 (Mi juego de frases) 139
  • 140. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El profesor y el periodista pasean por el jardín. Él se parece mucho a Artaud, su feble cuerpo transita las baldosas saltadas, que danzan en pleno ataque. Su amplitud frontal deja en claro la similitud. Ella no posee algún parecido o paralelo en el tiempo, se conforma con ser ella misma. Noto que no quiere ser, que por algo se pasea junto a él que si se parece a Artaud. Los dejo pasar como quien mira una paloma y suspira. Algo me otorga la paz sumergida de sentirme a plena vida, entre tanto recuerdo nostálgico vedo por la salud del engominado, que dijeron Francés y Uruguayo, quizás de todos. En eso, Jean-Marie Pelt, el profesor, se detiene, señala con el dedo y dice: Del tango retomo la tristeza y la meto a mi estomago en crisis leves, en esas noches de velos negros, en las que el saludo es abrazo y el abrazo un duelo. En esas oscuras sentencias reconozco una sola y me acerco, por la incertidumbre, -Le presento a nuestras abuelas. No les dirijo nada de mi atención porque conozco la manera de obrar, continúa el profesor. Alguien ingresa a la sala. Y el periodista, Jacques Dirardon, se agacha y descubre una bolita de espuma que asoma entre los pastos. Algo es perturbante, no tiene la textura del vino, perezoso 140
  • 141. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz vuelve a su posición. En las suaves quejas que vuelan o se escapan de sus cuerdas vocales no encuentro una acorde a su posición, dejo que circule en la vida de ese modo. Es un pueblo de microscópicas algas azules, en ella cohabitan las del mar Caspio, alguien diría entonces que la iniciaciones de las naciones cumple su color, el azul de los mares que hoy comparten costa, amor de la destrucción que congrega la conjunción de una unión con uno mismo y no con el otro. En los días de mucha humedad, en las tardes de intenso calor, donde, como, justo como diría Soria. Las algas azules se dejan ver. Así, todas juntas, parecen una escupida, estampida de saliva con piorrea activa, ellos podrán decir que nada de esto ha existido. Mi tango su baile de Cracatoa inmoral, de arlequines morlados, sufuentes, marsinados, orquesados. El periodista frunce la nariz: el origen de la vida no tiene un aspecto muy atractivo que digamos, solo en momentos de madrugadas pasadas en agua y vino. Pero de esa baba, fiel respuesta de nuestras plegarias anteriores de esa porquería, venimos todos los que tenemos piernas, patas, raíces, aletas o alas. Antes del antes, en los tiempos de la infancia del mundo, nace de hecho el día en que muere el que no vive, dicho el hecho de una vida posterior nacida en las penumbras o en la realidad de las actividades volcánicas ¿cuándo no había colores ni sonidos?, ellas, las algas azules, ya existían. Echando oxígeno, dieron color a la mar y al cielo. Y un buen día, un día que duró millones de años (segundos históricos), a muchas algas 141
  • 142. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz azules se les dio por convertirse en algas verdes. Mis mares de intensos violáceos. Y las algas verdes fueron generando, muy poquito a poco, líquenes, hongos, musgos, medusas y todos los colores y los sonidos que después vinieron, vinimos, a alborotar la mar y la tierra. Pero otras algas azules prefirieron seguir siendo como eran.Así siguen estando hoy, azules.Desde el remoto mundo que fue, ellas miran el mundo que es. No se sabe que opinan. 142
  • 143. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La injuria de Antonin. 143
  • 144. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Los aros del hemisferio me absorben, succionan el resto de mi, me hacen pensar que quizás sea yo quién debe sufrir por ellos, pero quien mata no muere y quien sufre no ríe. Los candelabros suenan colgando en las manos de los vigilantes, la sombra no tiene vida en esta oscuridad absoluta, mis sentidos no tienen una nimia referencia de ubicación, aquí la geografía no tiene importancia, los colores no pasan por mis recuerdos, no comprendo si los suelos de Akranes tienen el amarillo brillante que creo que tuvo en aquella ultima visita al alma. Una celda es abierta, un grito de desgarro resuena en las afueras, lo oigo como propio. Imagino un día rodeado de gente en movimiento, toda viva, pero el hedor me devuelve la realidad de muertes recientes y recientes en todas las direcciones posibles. Artaud me había contado de un lugar escabroso en la punta de un témpano de hielo, en un día con palomas y árboles que vestían la plaza de Gales, donde en el banco dual compartíamos imaginarios escenarios repletos de realidades dispares comíamos pollo frío. El sudor surrealista no tenía idea de que sus sueños o delirios me absorberían realmente, murió arañando la pluma, él olvidó en su muerte mi vida futura y mis tormentos ahogados en penas que ya no importan. 144
  • 145. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz ………………………….. Las piedras lloran, la humedad me agobia, sus hedores de descomposición no terminan nunca, y la cantidad excede, de las montañas mentales no obtengo más que la ignorancia interpelada con el dolor extinto, muero solo de a ratos, pero despierto en el arena del domo, y los tigres me arañan, su pluma termina el acto final. Los candelabros resuenan por los movimientos bruscos de los vigilantes vigilando cada celda. El hueco no tiene salida y si la tuviera no saldría, el dolor me envuelve sobremanera, me tiene preso e hijo, lo quiero y me quiere, sobremanera, claro está. El témpano era de los más altos, el hemisferio el más frío de todos y todas las galaxias. Aquí los escritores montan caballos sementales, digo sentimentales. Me duele un ojo, hormiguean mis ojos de un dolor refinado, se entumecen por esa lógica de mercado, me entumecen los recuerdos de aquella vida en la plaza. Me lo repitió infinitas veces, lo hizo una y otra vez, no lo escuche, ahora contemplo su mundo a fiel reflejo del mío (en sueños). Su voz la identifico de la salida, pero como ubico su salida, o la mía, no tengo la nimia respuesta de mis sentidos que agobian y retuercen mi destino. No conozco de salida porque nunca entre, no me muevo ahora porque los cuerpos me oprimen al grado de la inmovilidad, solo cavilo con la tranquilidad del buey. Susurros de salida, pero quien osa molestarme entre la muerte y mi muerte, entre los pensares de mis días y las carreras de caballos. Su voz es familiar, al igual que su olor, pero la muerte me rodea y no huelo como debería. He aquí el triángulo de agua… 145
  • 146. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Su voz me es tan familiar como el sonido del candelabro al pasar en su ronda nocturna. Caminando con su paso de chinche, pero que bajo la chinche ardiente, se a vuelta como un cuchillo. No tengo los colores, ni la imagen pero lo veo sin verlo a él, me mira (supongo), nos miramos por vez primera en el alba de Octubre, en la plaza de Gales el Príncipe. - Muero, morí o vuelvo, ¿quién hace mayor cuestión?, de nada me sirve, y de nada tuve eso. Río de tu sueño, me devora saber que fui yo quien te ha condenado, entiendo de mi condición y comprendo la penumbra, hasta a mí me abruma, no es el fin, no es el comienzo, no es, no lo medites, no lo rechaces, no hagas más que olvidar en el subconsciente eso te podrá ayudar en algún futuro de vegetación de columnas y nudos de espiras_ dice que dice y no dice por que no lo veo, solo lo escucho. La noche me invade, ahora sin sueño, cierro los ojos, lo puedo sentir, es físico y nada lo interpone a mí, eso me da seguridad de que existo. Mis extremidades cuelgan o se oprimen, siempre mantienen esa estática insoportable en los primeros minutos. Todo se desvanece, abro un ojo con algo de miedo, pero recuerdo que no puedo asustarme de lo que solo tengo el tacto y no me fío para nada de él, siempre fui mi visual. Extraño la plaza de Gales donde crecí. - Homero has fuerza, solo quedan unos minutos_ alguien dice. Tierra húmeda me toca el rostro, siento el hedor del caballo y sus restos de residuos, me duelen los ojos y las pera, las piernas no las siento, los brazos cuelgan de 146
  • 147. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz una madera. El bullicio de la gente deja pasmado al propio Homero, es la plaza, no es Gales, no hay Artuad, no hay palomas ni témpanos. No comprendo porque, quien son ellos, porque me estoy así, ¿Qué he hecho?, me miran aplauden, un hijo de alguien clama mi muerte, ¿muerte?. Quedan solo unos segundos, cierra los ojos. Acto voluntario de obediencia, cierro los ojos, siento, siento, siento. ………………………………………………………………… …… Rueda la cabeza de Homero, no hay más que un olvido o suspiro de microsegundo. ………………………………………………………………… Todos miran en el templo, aguardan que despierte, sus simbolismos son algo de lo que fían en Atenas. El ágora aguarda a sus genios. Despierta al fin Zenón luego de movimientos y gritos desgarradores. -Palomas, muchas palomas_ dice Zenón. El pueblo oye sus palabras de anuncio, salen a las calles en busca de las respuestas del oráculo. Él vuelve a su celda, donde aguarda la nueva videncia. Sus candelabros me asustan, los barrotes me instigan a meditar sobre la última videncia, quien mata no vela, no puedo sostener mi presencia en mi propio entierro, no quiero más esta barbarie, veo y solo olvido, recuerdo en alucinaciones por favor a un pueblo ignorante del futuro. ……………………………………………………………….. 147
  • 148. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Una mano sostiene el candelabro, otra una soga. Tu muerte fue anunciada ayer_ es su voz, la reconozco. …………………………………………………………… 148
  • 149. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Unión. 149
  • 150. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Mi furia corre de las venas, de las órbitas oculares, lo veo pasar, se ríe y no me causa gracia. El acero de años de guerra mundial me encierra por sus falacias. Mientras sus amigos “viven”, yo me resisto a la libertad asumiendo el rol asesino serial, pero quien mata por el goce no es cruel, lo haré en cuanto vuelva a la realidad opresora. Su cuello me recuerda como nada puede ser de lo más normal en mí suceder constante de días/horas. En el tatuaje la piel de iguana significa la menos tortuosa de los reptiles. Mi cuarto tiene exactamente 1200 ladrillos irregulares, todo el color interno es un gris oscuro encimado más al negro absoluto. No hay fotos rodeándome, queriendo simular una vista irreal de la realidad de algún instante efímero, solo somos yo y yo y la cama. Si sueño tengo miedo, si hago planos del futuro comprendo mi condición de encierro, si intento volar lejos de mi, me da terror ver lo que no veo, es decir imaginar lo que podría ser, sin serlo, es cuando encuentro sazón en las mil doscientas sumas progresivas de los ladrillos grises casi negros. Las horas intentan no absorberme pero las aspiro yo y yo. El inodoro es el único elemento que me aleja y me da placer, el espejo un enemigo cruel, de los que te matan por la espalda mientras el mundo mira de afuera curiosos por verte morir. 150
  • 151. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Dos menos uno. 151
  • 152. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz EL: (Habla por teléfono), ya hablamos... no puedo dejar que me uses de vuelta y que me tires como si nada, ¿quién te crees que eres?, Dios no existe idiota y todas tus fantasías se esfuman porque no tienes amor., ¡Éramos amor!, hablábamos amor, mirábamos amor, hoy somos tan ciegos como aquellos que viendo no ven. (La luz se apaga y sigue) ...No me llames más, no quiero que me hables más, por favor déjame ir, que me dueles mucho, muchísimo. (corta muy fuerte). Suena el teléfono atiende rápidamente. ..Te dije que no me llames idiota. Ella: ¿Qué pasa amor? El: No, es que, recién me ha llamado... Ella: ¿Otra vez? Esta tipa no tiene límites. El: ¡No!. No aguanto más, me voy, no quiero escuchar más nada. Ella: Pero amor no sigas el juego siempre es lo mismo, míranos como somos juntos, como nos reímos y como lloramos cuando nos delata el alma. El: No. No, pero tengo,... por favor déjame pensar. (se apaga la luz) Suena el teléfono. El: ¿Sí?. te dije que me dueles muchísimo, ¡por favor déjame!, me haces perder, me quieres ver retroceder, siempre es lo mismo. Probamos cien veces, nos lastimamos, nos faltamos el respeto muchísimo, por qué 152
  • 153. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz quieres seguir. Estás enferma no te das cuenta pero estás enferma, yo sé que tengo una adicción a tus olores, a tu boca y tus caricias, pero no es así, no puedo, asomas y solo me pierdo. córrete de mi camino, hazte a un lado, no me hagas paredes imposibles, que quiero salir, y caminar. (Cuelga, mira el teléfono, marca un numero) El: ¿Tienes lo qué te he pedido?, si, la Bersa. Bueno paso en cuarto de hora, tenla preparada... no no te hagas problema, es para asustar a un deudor que me está jodiendo la vida, lo asusto y ya. Por si acaso, dámela cargada. Bien, te la llevo en un sobre. Vale, cuídate, estoy saliendo. (cuelga el teléfono) 153
  • 154. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Texto encarcelado. 154
  • 155. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Cierro los ojos buscando sentirme gaseoso, surcando el oscuro espacio. Pienso en la fuerza que me ata a ser cuerdo en mi mente, y desato mi furia. De pensar que todo se extingue con la velocidad de mis años, que lo he leído todo, Que lo he admirado y sentido todo, con las ganas de un entusiasta. Cierro los ojos que no me dejan concentrarme en la idea de que todo se extingue una y otra vez. Mi aire me recorre los pulmones y no me acerco a mi alma, me despido. Las ideas, las respuestas que creí buscar, las descarto, con todo el dolor del mundo, descarto mi mente y mis pensamientos, los abandono, los desecho y los hago de la tierra y los mares, porque deseo que mi muerte y mi vida sean lo mismo. Quise contestarme porque existía, porque mi cuerpo contenía mi consistencia única. Quise adueñarme de cada vida para olvidarme de quien 155
  • 156. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz soy, y he desistido, lo admito, he desistido siempre, porque me hallo desnudo ante mí y no me reconozco. NO HAY FORMA DE CONOCER LA INFINIDAD, NUNCA HABRÁ FORMA QUE INTERPRETEN NUESTRO CAMINO. ESTAMOS EXTINTOS ANTES DE PENSARLO. NOS DESHACEMOS FACILMENTE. Simple. La vida es apariencia verdadera, según un Borges con rostro de Goethe. Con solo pensar que debemos apreciar en nuestro campo de 20 grados verticales y unos escasos 30 grados horizontales la vida misma, podría llegar a la conclusión que no vemos nada realmente. Que ver, observar y focalizar son gestos de una cámara viva, de un aparato interesante pero no infinito. Me canso de ver, de observar, porque mi cerebro tiene que procesar, dar nombres a cada maqueta que tiene frente a su vista, algo así como la alegoría de la caverna, de ese que fue muy grande en su tiempo. Y establecer un contacto de milisegundos es parte del esfuerzo para que nuestra maquina funcione y elabore una sinapsis neuronal, entonces es cuando elegimos que hacer, si observar o simplemente ver. Me duele la retina y elijo solo meditar sobre los fragmentos de recuerdos, asociar, perpetuar. ¿Qué tiene cómo filosofía la perpetuidad? 156
  • 157. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Elegir el paso constante de un tiempo irremediable, de una variable única con la cual pactar un idilio, un segundo infinito. Podría ser la mirada que se encuentra en tu imagen mental, esa que has creado con tu ser y tu ser con tu otro ser que no se desentiende del primero. ¿Por qué deberíamos sanar a la humanidad? No hay claridad y no debe haberla, estamos sumergidos en un camino que no ofrece tregua alguna con los demás. ¿Podríamos hablar de equivocarnos? Estaría faltando a la gran respuesta, no hay un humanidad colectiva, solo hay focos de algo que es sobre humano, algo así como una molestia en un dedo, pero solo eso. Y utilizamos códigos lingüísticos para comprender que deambula en nuestros lenguajes internos, si hay prácticas de anclaje con el presente o es una mera conversación con el cosmos. Hablar de aquello que no comprendemos, dejar ser teorías modificables con tiempo, solo por saciar la irremediable manera de querer ser responsables de lo que no tiene explicación. Y creer que evolucionamos. Hay pocas maneras de revocar la marea enorme que nos viene encima, y no corresponde a una sentencia de pensamientos o una concatenación de palabras poco creíbles. Es simple, dejar de existir, solo eso acaba con el problema inicial. 157
  • 158. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz La banda magnética. Kurt. 158
  • 159. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¡Quiero mi documentación ahora mismo! ¿No entiendes lo qué digo?_ dice Kurt mientras se apoya en el mobiliario de la embajada. -Ya le hemos dicho que es lo que hace falta, por favor retírese o tendremos que llamar a los oficiales, no tardaran más que un minuto en arrestarlo. -No comprendes, ¡parece que no comprendes!, ¡yo de aquí no me muevo!, sin mi documentación no muevo ni un dedo de este puto lugar, ¡Estoy harto de estos trámites de mierda! ¡Todo son colas interminables bajo la lluvia! ¡Ni siquiera tienen el agrado de dar citas! Los agentes de la ley no tardan más que un instante en aparecer en la escena. -Señor, tendrá que acompañarnos. -Nada de señor, yo me quedo aquí, no me muevo. ¡Soy de este puto país!, me tienen que dar mi nacionalidad nuevamente, no entiendo porque me la han quitado. Soy hecho en este país, es inconstitucional hacer algo así. Así que por las malas me quedare aquí hasta que me den mi identidad. -No puede ser posible, lo sabe muy bien Kurt. 159
  • 160. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -Veo que sabes mi nombre, hijo de puta, ¿Qué mierda te crees?, eres un agente de la ley, y la ley no significa nada, es pura mierda mal escrita, acaso el poder de ese uniforme te hace creer que eres más que yo, ¿es así? -¡Tendrá que acompañarnos!_ el agente lo coge por la muñeca. -¡Suéltame hijo de puta!, ¿qué te han dicho en la academia?, ¡seguramente te pagan una mierda! La gente continua esperando en la cola interminable, bajo una lluvia constante, comienza una pequeña revuelta, algunos hartos se agolpan contra el portal principal. Dentro Kurt continua discutiendo con el agente, este intenta nuevamente llevarlo por la fuerza, kurt suelta un puñetazo certero sobre este y lo deja tirado en el suelo inconsciente. -¿Qué has hecho?_ coge la pistola, se acercan tres agentes. –¡Suelta el arma! -¡No suelto nada! Ahora me escucharan, yo no he hecho lo que dicen, no pueden privarme de mi nombre real, me llaman Kurt desde que sucedió todo, mi nombre no es Kurt, tengo una identidad y solo quiero que me la devuelvan. Una señora comienza a gritar junto con él. –Ya no eres quien quieres ser, tienes que aceptar, el error lo has cometido, y las leyes pagan, justas o injustas las leyes dictan los límites, ¡y tú los has quebrado! 160
  • 161. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Cree más en los juicios públicos del ágora qué en mí? -¡Desde luego! El ágora es el sitio justo donde se encuentra la verdad, ya no es uno de nosotros, tiene que aceptarlo y marchar. -¡De aquí no me muevo! Repito, mi identidad dará algunas de las respuestas que necesitan para el dialogo abierto. Solo tengo mi mente que me dicta lo que debo hacer, ¡y esto es justo para mí! Y para todos. -¡Mátenlo!_ grita un anciano tapando su rostro, por temor a reprimendas. El resto anima la idea. -¡Suelte al arma! -¡Prefiero morir!_ toma con la mano libre algo de su bolsillo, parece ser una cápsula de plástico. -¡Quieto!, ¡Deténgase! La cápsula ingresa a su boca sin mediar palabras, Kurt la mastica muy fuerte, con la mirada puesta en un agente, este mira el techo, niega con la cabeza, negando la injusticia, no habla, solo traga el liquido. Cae desplomado como si las balas invisibles le destrozaran el cuerpo y la vida de inmediato. Los agentes guardan sus armas y piden a gritos ayuda. Kurt ha muerto. Kurt ha dejado de ser el que llamaban, su nombre se ha callado junto a las voces del ágora. 161
  • 162. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 162
  • 163. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz HWW. 163
  • 164. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Ves? - Si, pero como puedes buscar las palabras que quieres encontrar. -Pienso en la palabra y de ahí se busca en la base de datos que me cargaron. puedo tener todo de solo pensarlo, pero no es una versión de las mejores, porque hay más avanzadas ahora, con vídeos y sonido, como un recuerdo, pero fidedigno de lo que realmente pasó sin necesidad de embellecerlo todo con la mente. -¿Te sirve?, yo no lo usaría. -Sí, me sirve, ¡qué pregunta estúpida!, claro simio, estoy conectado a un satélite, si en mi registro no está la información que busco la hallo más tarde en la red, los más avanzados tienen una velocidad de conexión muy alta, si los ves parecen que no tienen más que una mente genial, pero todo engaña a la vista, ¿no? -Sí, pero en tu conciencia sabes que todo lo que posees no es por esfuerzo y ley natural, sino por la artificialidad de los nuevos descubrimientos que te lo facilitan. -Será como quieras pero ¿quién es el que no conoce Europa? -¡Yo!, pero tú tampoco la conoces. -Si claro. tengo fotos vídeos de personas, recuerdos públicos que dejan en la red, recuerdos compartidos, conozco Europa, porque caminé con el Cromme. -No lo sentiste. -No , pero los nanochips más avanzados si, transmiten 164
  • 165. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz onda por todo el cuerpo simulando el alma, incluso hay más energía en ellos para estimular las partes del cuerpo que tienen más contacto con el alma. -Soy de carne y huesos, tú ya no eres parte de nuestra especie. -Esa es la aproximación más verdadera a un pensamiento. Soy de la misma especie, ignorante. -¿Quién te hace tan soberbio?, ¿lo qué tienes dentro de la cabeza?, ¡estás perdido amigo! -¡Yo no soy tu amigo, idiota!, nunca lo fui, ahora deja tus envidias que me tienen muy molesto. -No, ¡no hay envidia!, no conozco ese sentimiento, solo me da lastima ver como te hicieron de otro lugar. Donde quedaron, ¿tus oídos? ¿tus ojos? ¿tu visión del mundo y nuestra especie?. -Solo tengo información sobre eso que puedo bucear cuando lo desee, pero no me interesa ahondar en las irregularidades de tus meditaciones generales. -¡No!, te equivocas, pero esto no lo sostengo más. ¡Me voy!, me he cansado de tus mañas lúdicas, de ver tanta soberbia frente a mí, has cambiado mucho. -Yo, yo y yo, ¿quién más entonces?, los cambios nacen de la indulgencia. -¡Esas no son tus palabras! 165
  • 166. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 166
  • 167. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Un minúsculo cambio de ideas. 167
  • 168. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¿Qué quieres hacer con la revista?_ le digo sentado y desde mi ordenador a 12.000km de distancia. -Denunciar al poder, a los políticos que se cagan en el hambre de la gente, que condenan a sociedades enteras a la miseria. Creo en construir un mundo solidario, creo en ayudar a los trabajadores, en donde y como sea._dice seguro desde su ordenador lejano. -Una de la claves son las cooperativas, desde ese camino la economía puede sufrir un gran y potente cambio económico y social._le digo yo, aún más seguro. -Cooperativas, fabricas autogestionadas, control obrero, revolución._ dice conteniendo algo de ira mientras habla, lo veo. -Exacto, si las personas toman el poder, en su justa medida, se distribuye, y es cuando se renueva un bienestar que puede contribuir a una estabilidad y a un crecimiento intelectual importantísimo, carecemos de lo último._digo ajustando palabras, prefiero leerlo. -Entonces, la tarea hoy en día, pasa por concretizar, ayudar al desarrollo intelectual y moral de las personas._dice. -¿No ves el retroceso de nuestras generaciones?._digo complaciente. -Si, veo la violencia, alcoholismo extremo, la generación estúpida por la televisión, la carencia total de educación 168
  • 169. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz real, nadie se preocupa por el saber, pero si por ver el gran hermano._dice concluyendo. -Quizás en esa utopía mental logres tus intenciones de cambiar eso, entre otras cosas, no olvides que el pensamiento es información compartida, esa es la clave para que vuelvan las revoluciones._ digo aconsejando. -Si pero también se requiere de la elevación exquisita, no solo de la mente, sino también del brazo ejecutor._ dice complacido de si mismo, eufórico por dentro, creyendo en el pequeño gran cambio. 169
  • 170. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 170
  • 171. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Es algo tarde. 171
  • 172. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Es algo tarde, las porciones de sus manos tienen sangre y ya no puede decir perdón. Sus retinas ya no la reflejan a ella, eligieron a fuerza sin voluntad de dejar de ser sus luces furiosas en la oscuridad. El día ya no tiene más que incineraciones en la ciudad, mira desde el balcón como fallecen sus sueños, y como acepta su muerte en una huida más de su propio sendero. Es algo tarde, el reloj no marca su hora, solo mira el balcón y el vacío. ¿Tiene sentido morir?, toma un abrigo, su gorra color beige, abre todas las puertas de salida hasta llegar a la avenida que siempre fue ruta obligada a su hogar. El cielo está tan oscuro, alguien dice al pasar que viene una tormenta muy fuerte, ella solo piensa que lo peor ya había pasado que son solo unas gotas de agua caer con gravedad y caída libre. Camina sin saber bien a donde llegar, su pequeño bolso tiene solamente dinero y algunas fotos, seguro planea volar a algún país distinto, ya Francia no es de su gusto. Las sombras aparecen luego solo se disipan, mientras, 172
  • 173. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz contempla en su caminar una cuenta numérica de las baldosas rotas las sanas, mismo con los coches de color beige, porque es su color. Alguien toma su muñeca izquierda. -Déme su bolso señora. -¡No!, suélteme, ¿qué hace? ¿Qué le hice señor? -¡Nada!, déme su bolso ahora mismo o la golpeo. -¡Pero no puede hacerme esto, señor! -No la conozco señora, claro que puedo hacerle esto y más sino me da su bolso ahora mismo, tengo un revolver en el bolsillo derecho mi mano la apunta bajo el piloto, no sea ingrata y déme su condenado bolso ahora mismo. -¿Condenado?, mi bolso es mío y lo elegí, no hay nada de malo, por favor tome mi gorra pero el bolso no, es muy importante para mí ahora mismo. -Parece que no entiende, ¡démelo ya!_ mueve su piloto, aprieta el fierro sobre su cintura, él no miente, su intención es llevarse el bolso o lastimarla en su defecto. -No, señor. Intenta desengancharse de su mano pero tiene mucha fuerza, sigue jalando, él solo aprieta sin mayor cavilación que la de una paloma en pleno vuelo matinal sin anunciar el verano. Cae sin fuerza alguna, mientras esto sucede él toma su bolso, golpea contra la dureza misma de la realidad. El cielo es muy oscuro, recuerda esa gente al pasar sabiendo la lluvia, ve su rostro, el de su marido en su propia cama, 173
  • 174. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz con el té que tanto amor le preparó antes de clavar la daga en su pecho. Lo merecía el muy hijo de puta, sin ánimos de ofender. La lluvia comienza su trabajo, las gotas son muy grandes y caen enamoradas unas de otras, muy juntas, la gente se agolpa bajo los techos y ven como se desploma. El agua toma su cuerpo, él solo corre sudando sobre el agua, ella pesa menos, sus ideas se desvanecen en energía extinta. 174
  • 175. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Inequívoco azar. 175
  • 176. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz (él y alguien. Quizás yo) En sub grupos nos estamos marchando, la fiesta ya dejó de ser el éxtasis, y las drogas alternativas colapsaron algunos cuerpos nocturnos. Con tres personas más, que no conozco ni recuerdo conocer de estos encuentros, nos vamos alejando de la interna tempestad que nos azota cuando los sonidos y luces nos elevan al quid de consumir. La noche como todas no poseía luz natural, como es en las grandes urbes (un continuo atardecer que se crea por todos los artificios que rodean casas, negocios, edificios y demás componentes útiles en la calle). Es de día siendo una noche típica, ya me olvidé del horizonte, sin contar a las estrellas que deberían ser 35.000 y solo diviso un puñado. Las trivialidades no hacen esperar, no nos conocemos, nunca salimos juntos de ningún lugar, pero siempre hay primeras veces en todo, entre algunas de esas cuestiones surgen caminar en dirección a una avenida, la llaman 9 de julio. -Por aquí, creo que es por aquí. _Añade uno de los tres. A decir verdad es mujer pero su estilo de vestimenta 176
  • 177. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz difiere mucho del que actualmente se usa para mujeres, ni siquiera las vanguardistas lo poseen, es extraño porque encierra un glamour interno, esa ambigüedad entre el trato y sus gestos deparan en las fantasías más insospechadas, creo que ya tuve alguna. Las baldosas no paran de pasar, es casi una obsesión contarlas una a una, luego cometo la misma estupidez en las paredes de los frentes de las casas, una vez caminado unos metros en la calle 9 de julio, cuento automóviles, ventanas. Una presión poco común me abarca toda la frente, los ojos a punto de explotar rodean el cuadro, siento adrenalina pura fluyendo como torrente continuo, dura segundos, todos me miran y giro, los observo perplejo como si fuesen los causantes de todos los males de mi cuerpo, del mundo y sus gobiernos y de porque existan reality shows , televisión y esas trivialidades de las cuales hablamos casi todo el tiempo como el fútbol, la crítica, la sub cultura musical, la violencia como deber adquirido para usar, ellos perplejos también, quizás esperando alguna reacción más, solo atinan a cuestionarme. -¿Por qué nos miras?, ¿te hicimos algún mal?._ Las otras dos personas son dos hombres de 40 y 30 años, creo. Uno viste como un gay estándar, remera negra, jeans y un pañuelo blanco, peinado con gran esmero y un excedido bronceado. El otro sujeto viste de remera, con unas inscripciones delante y detrás con el material de moda en estampados, pantalones cargo verdes y unas gafas plateadas. Sin respuestas intentan nuevamente de 177
  • 178. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz establecer conmigo al menos una comunicación. ¿Cómo te llamas?, escucha no te vamos a hacer nada te queremos ayudar, me parece que la ketamina no era para ti, ten cuidado cuando tomas, ¡no mezcles!._ Suena a centroamericano pero por momentos, su habla resulta desconocida hasta ahora mezcla lunfardo, con argentinismos típicos. ¡Nunca se mezcla!, _dice el treintañero, soltero típico de moda. Creo que no esbozo un mínimo movimiento de la parte inferior de mi rostro, pero algo los motiva a acercarse, me tocan la nariz, miro hacia arriba, el cielo sin estrellas parece comenzar a rebalsarse de ellas, todo el blanco que pueda abarcar mi campo visual comienza a topar esa visión única de las constelaciones, planetas y vía láctea. Un negro agotador es mi campo de movimiento, escucho voces no se sí son ellos, mis hermanos, mis tíos en alguna cena que tomé de más, o mi mamá en la fiesta de casamiento de mi primo Simón llenándome de sermones, de esos que diferían de la mentira. 178
  • 179. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El regreso.(él) Las miradas extrañadas de los tres desconocidos me aterran, por un segundo casi eterno no comprendí sus facciones, todos o ellos tres juntos me provocan movimiento cerebral mucho movimiento, son esos pesares que se sienten cuando sufrís mucho por amor, por celos o por la vida de todos. En apenas esos segundos de inactividad recordé como mirar un cuadro y como observarlo que nada tiene que ver, como me decía mi tutor cuando niño, de Leonardo Da Vinci, florentino, genio particular, me mostró cada faceta de verdades y mentiras, procesado por mi mente como impostor de los grandes talentos del renacimiento, nunca dudó de su genio, que lo abarcaba todo lo terrenal, ficticio, mítico, único en su genero. -¡Basta!, tenemos que irnos, tenemos cosas que hacer._ Con voz particular de enojo en una bella mujer (a su manera). -Bueno , bueno no exijo nada de ustedes, no los conozco siquiera._ Yo, alterado y desbordado por la situación. La cadena de cuadros enlazados a 24 cuadros por segundo, me deja entender parte de la realidad, esos que saltean movimientos son automóviles, a velocidades entrecortadas dictan la sentencia de la filosofía aristotélica de las teorías de los movimientos, “un cuerpo es imagen estática y avanza sin tiempo manteniendo su 179
  • 180. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz unidad física, por lo tanto son millones de cuerpos ocupando todo el recorrido”, millones de autos pasan realmente, yo me percato de unos pocos, igualmente la filosofía en los niveles de credibilidad trastabilla en el abismo con la Biblia y sus contenidos míticos y mágicos religiosos. Ahora solo son escépticos por moda. No hay más que los sonidos comunes en el andar cotidiano de cualquiera, autos, sirenas, aire en movimiento, árboles que agitan suavemente sus hojas, pero ningún comentario sobre mí persona, ni los hechos. Ahora, para mí, bochornosos, algo de remordimiento nace en flor. A mi izquierda la chica ( ahora con lucidez, veo mejor), levemente torna su cuello en mi dirección y me mira, sus ojos no expresan deseo, vida, veo mis ojos nada más. Sacudo la cabeza negando la situación, sigo un poco aturdido. A la derecha un quiebre de sonidos, generan palabras, solo hago oído al pasar de ellas. -Algo lo ha perturbado._ Dictamina el hombre del jopo arreglado, noto la variación en las pronunciaciones. -El sabe lo que hace, no me gustaría que vuelva pasar, me asusta, puede pasar un policía y estamos hasta los codos en pruebas en nuestras contra._ Miedo solo miedo demuestra, parte de la psicosis del coctel. Viro la mirada a la chica, para mi sorpresa esta corre directo al malón de carros móviles. -¡Para!._ Corro a ella directamente sin premeditaciones, 180
  • 181. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz ni entendiendo que todo trae consecuencias. Asombrados los otros dos, adultos no tienen el mismo reflejo, comprendo que estoy solo tras ella y que mi vida en segundos puede marchar. La velocidad de mis piernas no son de lo común, nunca hice deporte alguno pero los asombros continúan estableciéndome más misterios. -Para, ¡por favor!_ no sé por qué lo hago, nunca comprendí el bien como acción, solo fue algo que me contaron en toda mi niñez, ¿por qué hago todo esto?, creo que soy humano y esa respuesta basta. Abalanzo mis 70 kilos contra los probables 40 de ella, no encuentro otra manera de poder rescatarla del azar determinativo, ( mal llamado destino). En la carrera y en el salto mismo, ella frena de improviso, y el vuelo ya no reconoce el retorno y estrello toda mi fisonomía contra el pavimento, acto seguido la avalancha de ruidos inextensibles, diviso un camión y su bocina, alzo la mano implorando ayuda -dicen que en momentos de peligro uno en la cuidad si es asaltado tiene que gritar : FUEGO, FUEGO!, es la única manera de que la gente se acerque, luego por inconsciencia ayuda-. Las facciones de ella se transforman, es una espectadora más, toda su cara se contrae. Comprendo que es el fin de mi vida, y los cuadros ya no pasan a 24 por segundo, tienen la capacidad de viajar con la luz, así es como decido despedirme. Cierro los ojos, se me cierra el estómago muy fuerte, el miedo me aborda, grito con la fuerza de los mil autos, de las personas que sufren, me van a oír morir. ¿Tiene sonidos? 181
  • 182. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz El salto.(uno de ellos) -¡No!_ la última sílaba se suspende, a medida que se suspende mi corazón. No comprendo nada de lo que sucede, un camión se abalanza sobre él, a toda velocidad y no se detiene, el rostro inmediato del conductor ocupa toda mi concentración, el siente la mirada penetrante de todo mi pesar, instantáneo. Rápidamente vuelvo la mirada, la rueda lo aplasta, la chica quien sea, hecha a un lado mira en medio de la avenida el advenimiento del bólido, que ha cometido como pecado mortal, nadie merece ese tipo de incomprensiones físicas. Es arrollado y la piedad de Dios no hace más que esconderse del hecho. Mi compañero de acera, mira el espeluznante espectáculo inerte, perplejo por la cantidad de sucesos incomprensibles para nuestro canon de probabilidades de accidentes, simplemente algo impensado. -Oh Dios, Oh Dios, ¡haz que pare!.¡Por favor ayuda!_ implorando digna muerte. Yace ensangrentado, todo su cuerpo brota en plaquetas y virus despegando al aire en todas direcciones, sus venas centrales emanan a chorros todo su contenido, lo abrazo como a un hijo, el que nunca tuve. -Déjame morir aquí, no quiero vivir, no siento nada... y ni siquiera... te conozco (tose), pero me siento con toda la paz... gracias. 182
  • 183. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz No deja de mirar el cielo no oculta su admiración por eso inabarcable que no lo ayuda en su destino final. Gabriel se acerca, el tiene la fuerza su interior es salvaje, su adultez diferente a la mía, comprende las diversificaciones de los aconteceres. No deja de sostener su cabeza, la agita en forma de negación, muerde sus labios inferiores, no nos mira ni a él que ni siquiera se su nombre, ni a mi que compartió todo el viaje de errores nocturnos. Miro nuevamente no me canso de acariciarlo, lloro por su madre, sus hermanos, y toda esa gente que creo que lo rodea, intento olvidarme de todos los problemas que me enfrenta con la sociedad, trato de salir de mi introspectiva ambulante para realizarme como ente viviente, ante su muerte. Es cuando las palabras sin sonidos producto de mis pensamientos comienzan a instigarme, la muerte es solo el tiempo que pueda sortearla, nadie escapa de su sed, todo futuro se derrumba, extraño a mis primos en los días de veranos, a los familiares y las salidas en conjunto, las peleas con mi padre (fruto de mi gusto sexual), comprendo que no están preparados, pero los amo igual como lo amo a él que dejo de respirar el smock que desequilibra a todos inclusive a esa chica. Ella mira perdida, pero con una distancia, deseo por momento su muerte también, no me atrevo a reflexionar solo la miro con odio, intenso odio. No hace más que mirarme de abajo hacia arriba en sucesivas veces, eleva su mirada al cielo, escupe dos palabras al cielo. -¡Sinecuanon!, ¡Sinecuanon! Se desmorona por faces, arrodillada luego desplomada en 183
  • 184. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz el pavimento, noto que habla sola. Siento lástima por ella, por él en mis brazos, lloro mares, busco la salida a la mar. El trágico renacer. (ella) Me mira, maldito entre todos los vivos, porque me miran todos. No hice nada, mi vida me aburría y decidí morir porque me cuestionan haber corrido, nunca imagine que alguien me seguiría a la muerte segura, no confiaba en nadie que pueda lograr eso, lamento su muerte, ahora confío en él que está ahí despojado injustamente de todos sus principios de sus valores, afectos, locuras y reflexiones, todo pesa sobre mis hombros, pero no quise que muera, quise morir. El reflejo del cuerpo al esquivar y dejarme presenciar todo el accidente fue lo mínimo e indispensable que necesitaba para saber cuanto quiero vivir , a costa de otra vida. No me preocupo por mi futuro el tiempo se la va a pagar, lo sé. Pero necesito saber como llegar a morir así, elegir el momento cuando alguien lo necesite, allí estaré para morir como un héroe, porque así lo dispuso mi camino. 184
  • 185. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Despojo.( el otro). Las palabras como sonidos de mensajes salen incomprensibles de a poco, los receptores ellos y ella, me provocan ira, esta situación no la deseaba, porque habría de vivirla, contemplarla de inicio a fin con todos los problemas de una persona que nunca entendí porque nunca la conocí, nada apunta a que sufra, pero si a que odie del interior, fuertemente. Podría ser el fin de mis días, pero no lo es. Ellos, Él o lo que sea realmente quieren que presencia y establezca la verdadera comprensión. Solo veo oscuridad, muerte, soledad, impurezas de las cuales nadie debe contener en excesos, me sulfura saber de sus acciones, eso desemboca en las personalidades claras a mis ojos. La diversidad de las pensares me ofuscan. La lealtad construye el fin, no me interesa hablar, solo camino a cualquier lado en busca del horizonte, de la luz natural que comienza a resplandecer en los recovecos más inhóspitos de la ciudad, donde nadie acude a los llamados, donde se corre siempre en busca de algo, corriendo tras la zanahoria. La luz evidencia lo ocurrido, mi cuerpo camina lento retirándose, quizás mañana en algún lugar lejano a donde pueda partir tengan las estrellas necesarias y el horizonte claro, aquí la única claridad es funcionar como un eslabón más es esa carrera por el éxito y los fracasos. 185
  • 186. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Ernest Heminway escribió una vez: El mundo es maravilloso y vale la pena luchar por él. Estoy de acuerdo con la segunda parte. (Las sirenas resuenan en los oídos de los amanecidos transeúntes, lo conductores se quejan del mal funcionamiento de la planificación de la ciudad y sus arterias para el mejor desplazamiento del trafico. Todo condice en algo, la muerte juega, maneja y disfruta de sus libres pases en la realidad común. La verdadera visión de un Mesías como cualquier humano descreído velando por la seguridad de un mundo o de una chica ( que es lo mismo), denota en como actúan por nosotros y como manejan nuestras opciones, encadenados en eso que llaman azar., algunas veces inequívoco azar.) 186
  • 187. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Sudor de piedra. 187
  • 188. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Los días continúan. No me gustan ver los días pasar. Martín me dejó la nota pero no se que hacer. La puta costumbre de matar me libera. Maldito pollo vivo. Muerto. Las personas no saben que las miro. El patio. El comedor. La gente que pasa por esta pensión creo que no sabe de mi. La nota en mi regazo. No puedo mover un dedo. Una mano. Nada puedo mover de mi cuerpo. La silla me asila todos los días. Y ellos pasan y no saludan. Mi padre, mi madre. Buenos ellos, si, me saludan y a veces me dan de comer. La silla es de metal y mis pensamientos de acero. Mi sentir entero de acero. Y la mujer que amo no me conoce. No me mira siquiera. Los habitantes comunes pasajeros rondan la casa y me señalan en nimias situaciones. Leo Hawking. Sobre los muslos tengo una notebook. Los pájaros me molestan, son libres. La cama está en el living, pedido expreso mío. No me gustan los lugares poco concurridos. Las langostas y las arañas adornan mi lugarcito en la puntita del living, donde el corredor me ofrece movimiento visual. Una ventana. Odio a las palomas, son libres. Creo que hay tres personas estables, ellos le dan de comer a mi familia, en realidad me alimentan a mi. Soy muy caro. Me duele el dolor. Odio volar. Nunca volé. 188
  • 189. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz ¡Mamá, mamá!, ¡hola!. Ella pasa todas las mañanas y en el mediodía me hace deglutir carne pasada por años. Esa papilla. Me molesta el humo. No me muevo. La chimenea me da calor y sus brazas abrazan el cuarto. Los vidrios parecen mi visual. Internet y las condenadas conjunciones de bits en trailer me conectan a lo que nunca hubiera imaginado poder construir. La vida. La realidad me ata sin moverme. Me comprime y me pone a prueba, con el azar de mi navegación virtual. El ajedrez juega con migo. Y si juego. Si juego un poco. Me aburro. Y la diversidad me condena a aburrirme. ¿Cara o seca? Cara. Uh. Papá, ¡papá!, ¡Hola!. Él está ocupado. La empresa. El viaje. Seguro la mujer que tiene fuera. Un hijo que no habla. No siente. No piensa. Lo comprendo solo por eso. Por la carga no me hago problema. Y si, soy la carga de todos los días. ¿Y si me voy?. El mundo. Internet. La vida. Problemas y más. Me quedo. La condición queda en comer más información. No me hablan. Parece que no existo. Uy, alguien se acerca. ¡Hola!, ¿Cómo andas?, ¡seguro que bien!, que lindo que sos. De que habla. ¡Quiero moverme!, por lo menos tocarte algo. ¿De qué hablas mujer?. No soy bebé. ¿Jugar ajedrez?, bueno a ver. Para que no molestes más. Ahí va. 189
  • 190. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz -¡Juegas bien!... muy bien. Bueno adiós. Y si no valía la pena. Mi amor me quema adentro. Soy el escarabajo de ¿Kafka?. La mejor manera es el viaje al centro de la tierra. Los pensares me agobian. En realidad cavilar es lo que hago de siempre. Me agotaría hablar, como en un trabajo. Odio a las palomas. El mundo gira. el Sol también. Copérnico, Ptolomeo, Darwin. Nadie soporta tanto. 23 años me separan de la natalidad inicial. 23 años y no existiría. Si fuera a 300.000 k/seg no serían nada 23 ¿años?. Vivo. Pienso, luego existo. Nietsche, Hegel, Kant. ¿Existencialismo?, ¿vivo? Mamá, ¡mamá!, ¡hola!. Ahora como. ¿Papilla?. La patata, bueno proteína al fin. 190
  • 191. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Epílogo No deja de ser interesante que el autor hable al final del libro, aunque algo inútil, ya que tus ideas están formadas y no hay nada que te quite de las sensaciones rancias o dulces con las que te has cubierto en tu cerebro y los enlaces del pasado sensorial. Hecho el comentario, me remito a decirte que todas las narraciones nacieron en épocas claramente diferentes pero que no sabrás nunca cuales conforman parte de un pasado enterrado y cuales de uno inmediato. Quiero decir con esto que fueron recuperados de un cajón y devueltos a la vida, este libro es en honor a ese tiempo que doné para elaborarlos, fuera del filtro de la calidad literaria, puedes aceptar los mensajes definidos y usar lo que creas conveniente. En el prólogo digo que hay seis números que rigen el universo (espero que leas... muy bien ya has vuelto) ¡y es cierto!, quizás lo único del libro que valga la pena sea eso, si es este el caso te invito a que leas física teórica y accedas a la verdad científica que domina evolucionando quizás errática y no a un mundo inmaterial y deformable como es la ficción en todos sus géneros... aunque divierte, ¿eh? 191
  • 192. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz Lo que digo al terminar. Has logrado nadar con todos tus enlaces de imágenes interiores y prediseñadas en tu mundo mental logrando realizar toda clase de atmósferas y locaciones. Tu cerebro ha ido a velocidades que hoy no pueden, todavía, ser reproducidas por su increíble velocidad neuronal, ¡eso vale mucho!... y si no te parece suficiente... cuando duermas piensa en crear y harás mundos nuevos y si quieres hacerlo, no entres en algoritmos imposibles sobre cómo, dónde y cuándo, hazlo sin miramientos... que el tiempo corre. ¿¡Cursi!? ... ¡sí!, si, lo sé, pero no puedo evitarlo. ¡No voy a dejar de escribir así de mal! ¡Ey! nada, nada... mejor sigue leyendo otro... ... quizás tengas más suerte. 192
  • 193. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 193
  • 194. Elbio Aparisi Nielsen El reloj invertido de Liebitz 194