Your SlideShare is downloading. ×
S la vida del cristiano
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×

Thanks for flagging this SlideShare!

Oops! An error has occurred.

×
Saving this for later? Get the SlideShare app to save on your phone or tablet. Read anywhere, anytime – even offline.
Text the download link to your phone
Standard text messaging rates apply

S la vida del cristiano

36
views

Published on


0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total Views
36
On Slideshare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
1
Actions
Shares
0
Downloads
3
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

Report content
Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
No notes for slide

Transcript

  • 1. Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO VII
  • 2. CAPÍTULO VIILA VIDA DEL CRISTIANO7.1.- El ser humano, buscador de felicidad, la alcanza en Cristo“Todos los hombres… quieren vivir felices”1, escribió Séneca. Este anhelo, que implica una plenitudsin fin, se ve cumplido en Jesús: “Os anuncio una gran alegría –dice el ángel a los pastores–: os hanacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2, 10). En efecto, lafelicidad resulta del encuentro con Dios que, hecho uno de nosotros, rescata a la humanidad delpecado y la conduce a una vida plena y eterna. Él nos tiende su mano; a nosotros toca estrecharlaa través de la respuesta libre de la “fe”, que es a la vez don divino y acto humano. Dios nos da sugracia, con la que nos toca cooperar mediante nuestra inteligencia y nuestra voluntad, como loexpresa Isabel cuando dice a María, modelo de fe: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían lascosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1, 45).En Jesús, Dios nos dice lo que debemos hacer para alcanzar la dicha. Por eso, al jovenque le pregunta “Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?”, le responde:“Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos”, y después añade: “Ven y sígueme” (Mt 19,16). Seguir a Jesús, que nos lleva a una vida por siempre plena, implica cumplir los Mandamientos,que Él lleva a su culmen en las bienaventuranzas (cfr. Lc 6, 19-23), en las que “responde al deseonatural de felicidad que el Creador ha puesto en el corazón humano, y que sólo Él puedesatisfacer”2.7.2.- La ley moral, natural y reveladaDios ha inscrito en el ser humano una La ley moral que le orienta, a través de la conciencia, a finde que conozca los caminos que ha de seguir conforme a su naturaleza y a su dignidad, parallegar a la plena realización y a la bienaventuranza eterna. Esta Ley natural, que es universal einmutable, permite al hombre y a la mujer discernir el bien y el mal, mediante la razón, y es la basede los deberes y derechos fundamentales de la persona, de la comunidad humana y de la ley civil.Sin embargo, a causa del pecado, no siempre ni todos son capaces de percibir en modoinmediato y con igual claridad la ley natural. Por esto, Dios la escribió en las tablas de la Ley, dadaa Moisés, la cual expresa muchas verdades naturalmente accesibles a la razón. Sus prescripcionesmorales, recogidas en los Mandamientos del Decálogo, indican el camino que debemos seguir ylos males que hemos de evitar. Jesús ha llevado a plenitud la ley divina, natural y revelada, que seresume en el doble Mandamiento del amor a Dios y al prójimo, como Él nos ha amado3.7.3.- El Espíritu Santo, guía de la verdadera libertad1SÉNECA Lucio Anneo, “Sobre la felicidad”, Ed. Alianza, S.A., Madrid, 1999, Cap I.1.2Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1718.3Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, nn. 418-420.
  • 3. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos”4.Con estas palabras, Cervantes expresa una convicción nacida en la civilización cristiana: que lalibertad es un regalo que Dios otorga al ser humano, por el que éste puede ejecutar accionesdeliberadas, a fin de alcanzar su realización plena, actual y trascendente, para lo cual requiereconocer y seguir la verdad. Por eso, para ser perfecta, la libertad debe estar ordenada a Dios,Verdad absoluta y Bien supremo, como lo expresa san Agustín: “...al buscarte Dios mío, busco lavida feliz”5. Sin embargo, nuestra libertad se halla debilitada a causa del pecado original; y estedebilitamiento se agrava por los pecados sucesivos. Pero Cristo nos ha liberado para que seamoslibres (cfr. Ga 5, 1), y nos da al Espíritu Santo, cuya gracia obra en aquel que, siguiendo la rectaconciencia, busca y sigue la verdad y el bien, y evita el mal6.7.4.- La conciencia, juicio de la razón que impulsa a hacer el bien y a evitar el malLa conciencia moral, presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón, que en elmomento oportuno, orienta a hacer el bien y a evitar el mal, permitiéndole ser libre y asumir laresponsabilidad de sí misma7. Esto requiere educación y la asistencia del Espíritu Santo8. Laresponsabilidad de una acción (imputabilidad) puede quedar disminuida o incluso anulada a causade la ignorancia, la inadvertencia, la violencia soportada, el miedo, los afectos desordenados y loshábitos9. Por respeto a la dignidad humana, ninguna persona puede ser forzada a obrar contra suconciencia, la cual siempre debe seguir tres normas generales: 1) Nunca está permitido hacer elmal para obtener un bien. 2) Hacer a los otros lo que quisiéramos que hicieran con nosotros (cfr. Mt7, 12). 3) Respetar al prójimo y su conciencia, lo que no significa aceptar como bueno lo queobjetivamente es malo10.7.5.- La moralidad de los actos humanosLa moralidad de los actos humanos depende del objeto elegido, de la intención del sujeto queactúa, y de las circunstancias de la acción, incluidas sus consecuencias. El acto es moralmentebueno sólo cuando se da al mismo tiempo la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Lascircunstancias pueden atenuar o incrementar la responsabilidad de quien actúa, pero no puedenmodificar la calidad moral de los actos mismos, porque no convierten nunca en buena una acciónmala en sí misma. Hay actos cuya elección es siempre ilícita en razón de su objeto, como, porejemplo, cometer una injusticia11.4CERVANTES Miguel de, “Don Quijote de la Mancha”, Ed. del IV Centenario, Ed. Santillana, México, 2005, 2ª Parte,Capítulo LVIII.5SAN AGUSTÍN, “De vita beata”, en “Obras completas”, Tomo I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1979, Cap. II,264-267.6Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1739-1748.7Ibíd., nn. 1776-1797.8Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, nn. 373-374.9Ibíd., n. 364.10Ibíd., n.375.11Ibíd., nn. 367-369.
  • 4. 7.6.- La dimensión social del ser humano y el bien comúnDios nos ha creado para la comunión entre personas; por eso, junto a la llamada personal a labienaventuranza divina, el ser humano posee una dimensión social, que es parte esencial de sunaturaleza y de su vocación. Esto le hace comprender que la persona humana es principio, sujetoy fin de todas las instituciones sociales, como la familia y la comunidad civil, que le son necesarias.Una auténtica convivencia humana requiere respetar la naturaleza integral de la persona, su vida ysus derechos fundamentales12.Por eso, para asegurar el orden y la realización del bien común, que es el conjunto decondiciones de la vida social que hacen posible, a los grupos y a cada uno de sus miembros, ellogro de la propia perfección, es necesaria una autoridad legítima, que, elegida libremente por losciudadanos, vele por la justicia. Las leyes injustas y las medidas contrarias al orden moral noobligan en conciencia13.Todos debemos empeñarnos por el bien común, según nuestro ámbito de responsabilidad,respetando y promoviendo la vida y los derechos fundamentales de la persona, así como eldesarrollo de los bienes espirituales y temporales del individuo y de la sociedad, trabajando por lapaz y la seguridad de todos. Esto exige observar los derechos y deberes con la propia familia, eltrabajo, la vida pública, y el medio ambiente14.7.7.- ¿Qué es el pecado?El pecado es un deseo, una palabra o una acción que ofende a Dios, que hiere nuestra naturaleza,y que atenta contra la solidaridad humana15. Por su gravedad, puede ser mortal o venial. El pecadomortal se comete cuando se dan, al mismo tiempo, materia grave (contra la Ley natural, recogidaen los Diez Mandamientos), plena advertencia y deliberado consentimiento. Por eso destruyenuestra unión con Dios y, a menos que nos arrepintamos, nos conduce a la condenación eterna.Se perdona, por vía ordinaria, mediante los sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación. Porsu parte, el pecado venial se comete cuando la materia es leve (es decir, no atenta contra los DiezMandamientos); o bien cuando, siendo grave la materia, no se da plena advertencia o perfectoconsentimiento. Este pecado, aunque no rompe la alianza con Dios, debilita al alma, impide superfeccionamiento, y la hace acreedora de penas temporales de purificación16. Se perdona12Ibíd., n. 404.13Ibíd., nn. 405-407.14Ibíd., nn. 408-410.15Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 393.16Ibíd., n. 396.
  • 5. rezando el acto de contrición u ofreciendo otras oraciones u obras. La Iglesia recomienda laconfesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formaruna recta conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, y a progresar en la vida espiritual17.17Ibíd., n. 306.