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Endesa hace un par de años publicó el libro Lima y sus pregones. La ciudad de Lima no solo se le recuerda a través de sus plazas, balcones y paisajes, sino también a través de sus palabras y canciones.

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  1. 1. 4 5 Índice “Hacer Luz”. Presentación por Ignacio Blanco 7 Prólogo por Luis Enrique Tord 9 Lima Antigua 11 Monumentos de Lima 31 Basílica Catedral de Lima 33 Iglesia San Francisco 34 Iglesia San Pedro 37 Convento de Los Descalzos 41 Iglesia Las Nazarenas 43 Basílica Santa Rosa 46 Estación de Desamparados 48 Palacio Legislativo 51 Palacio de Gobierno 53 Rosa Mercedes Ayarza de Morales 57 Los Pregones de Lima 69 Revolución caliente 75 El negro frutero 76 El cholo frutero 78 El chino frutero 81 La ramilletera 83 La causera 84 La tamalera 87 La sanguera 91 La picaronera 92 La tisanera 95 El listín de toros 96 El sereno 99 Los que conocieron a Rosa Mercedes 101 Clemencia Morales de Cedrón. La hija de la artista 102 Luis Alva. Tenor del Perú para el mundo 104 Armando Villanueva. El discípulo entrañable 108 Bibliografía 113 Agradecimientos 116 Pancho Fierro, Vendedora de aves, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima, 1975. Lám. 31 - Pág. 95.
  2. 2. 6 7 hacer luz Por Ignacio Blanco Nuestra principal labor es HACER LUZ. La entregamos cada día en todos los rincones de Lima. Con perseverancia y con ilusión, pues sabemos que nuestro trabajo contribuye de forma sustancial al desarrollo de la sociedad de la que forma- mos parte. Ésa es la esencia de Edelnor. Y por eso vinculamos nuestras gestiones con el desarrollo sostenible del entorno en el que trabajamos. Una tarea en la que la preservación del patrimonio histórico, religioso y cultural de la capital ocupa un lugar preponderante. Había muchos motivos para trabajar en la recuperación de Lima. No en vano su centro histórico fue declarado Pa- trimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en 1988. La Ciudad de los Reyes es una sobreviviente heroica de no pocos terremotos que, a pesar de las vicisitudes que ha debido atravesar a lo largo de los siglos, nos ofrece hoy su mejor sonrisa a través del valioso legado que constituyen sus singulares iglesias y monumentos civiles, en los que artesanos locales y del Viejo Mundo fusionaron su arte creando así un estilo arquitectónico único. Conscientes de la riqueza cultural que alberga Lima, Edelnor lleva varios años colaborando para resaltar la belleza de esta ciudad singular. Una labor que comenzó en agosto de 2001, cuando se oficializó “Iluminando Nuestra Fe”, programa con el que se ha renovado la iluminación de emblemáticas joyas de la arquitectura capitalina. Y que dura hasta nuestros días con la recuperación del patrimonio musical de la vieja Lima. Así, sus viejos pregones retocados y acariciados por el iniguala- ble talento de Rosa Mercedes Ayarza de Morales, suenan hoy en la voz de destacados intérpretes de la lírica nacional, gracias al incondicional apoyo de Luis Alva, a la sazón, discípulo de la compositora. Con HACER LUZ se han iluminado monumentos civiles de gran importancia histórica, como la Estación de Des- amparados, el Palacio de Gobierno del Perú y más recientemente el Palacio Legislativo, donde sesiona el Congreso de la República. También se han enaltecido las bondades de nuestra arquitectura religiosa, tales como las iglesias San Francisco, Las Nazarenas, San Pedro, Santa Rosa, el Convento de Los Descalzos y la Catedral de Lima, además de otros monumentos religiosos al interior del país. Pero si con la luz Edelnor destacó el alma de todas y cada una de estas edificaciones, con la recopilación de los Prego- nes de Lima, sin duda, el corazón de la ciudad volvió a latir. Y hoy, en cada esquina y en cada jirón, la música de esos cantos callejeros de los primeros vendedores ambulantes de Lima nos hace más fácil evocar a la Revolución Caliente, al alegre Ne- gro Frutero, a la sensual Ramilletera o a la siempre dulce Picaronera. Porque Lima está más viva que nunca. Juan Mauricio Rugendas, El mercado principal de Lima (1843). Fragmento. Col. Baring Brothers, Londres, en Juan Mauricio Rugendas. El Perú Romántico del siglo XIX. Editor Carlos Milla Batres. Lima, 1975. Lám 74 - Pág. 164.
  3. 3. 8 9 prÓlogo Por Luis Enrique Tord El centro histórico de Lima es uno de los referentes fundamentales de la identidad tanto de la ciudad como de la nación. Ya antes de la fundación de la urbe española, el lugar era un espacio notable en el que se levantaban importantes edificios prehispánicos, como las huacas para los cultos practicados a la vera del río Rímac. La proximidad del santuario de Pachacámac, además, sumada a la fertilidad de sus tres valles (el Rímac, el Chillón y el Lurín), la benignidad de su clima y su proximidad al mar, hicieron de ella un lugar grato para vivir. Y el enclave era un paraje de natural importancia estraté- gica, por su ubicación entre el océano y las estribaciones de la cordillera andina occidental. Una privilegiada situación que se acentuó cuando don Francisco Pizarro decidió ubicar en ella el centro de su gobernación, y que se consolidó cuando en 1542 la Corona creó el Virreinato del Perú y designó a Lima como su capital. Fue entonces que alrededor de su Plaza Mayor se extendieron los solares en los que se levantaron primero la Casa de Pizarro y, más tarde, el Palacio de los Virreyes, el Palacio Presidencial Republicano, la Catedral, el Arzobispado, el Ayunta- miento y sus soportales. En las islas o manzanas aledañas, asimismo, se construyeron las moradas de los limeños, y los templos y conventos que harían de Lima una ciudad elogiada por los más distinguidos escritores. Ya en 1550 Pedro de Cieza de León dijo de Lima que “...para pasar la vida humana, cesados los escándalos y alborotos y no habiendo guerra, verdaderamente es de las buenas tierras del mundo, pues vemos que en ella no hay hambre, ni pestilencias, ni llueve, ni caen rayos ni relámpagos, ni se oyen truenos; antes siempre está el cielo sereno y muy hermoso”. En el conjunto de la Lima antigua se levantan de manera predominante, tanto por su belleza arquitectónica, como por sus dimensiones, monumentos de singular belleza, algunos de los cuales constituyen verdaderas joyas de la herencia virreinal limeña como la Basílica Catedral de Lima, la iglesia San Francisco y sus amplios claustros conventuales, el convento de Los Descalzos, la iglesia San Pedro, la iglesia de Las Nazarenas y la Basílica Santa Rosa de Lima, entre otros. En un esfuerzo mancomunado, Endesa, a través de las empresas del Grupo que operan en el Perú, se ha abocado a preservarlos, dotándolos de modernos sistemas de iluminación que resaltan la armonía de sus conjuntos arquitectónicos, según la jerarquía de sus partes, enfatizando en el volumen y la composición. Estos monumentos, que hoy recobran vida gracias a la luz, fueron testigos privilegiados de aquella vida cotidiana del virreinato y la primera época republicana en la que los ambulantes que ofrecían sus mercaderías eran parte esencial del paisaje urbano. En ese sentido, Endesa ha comprendido que su trabajo va más allá del rescate del valioso patrimonio que alberga Lima. Su compromiso es también con la historia, costumbres y riqueza cultural de nuestra ciudad. Y para realizar esta tarea ha encontrado a valiosos aliados como Luis Alva y Prolírica. Es así que, gracias a Endesa, en octubre del año 2005 volvimos a escuchar en el atrio de la iglesia San Francisco los pregones rescatados por el genio de esa gran limeña que fue Rosa Mercedes Ayarza de Morales. Hoy esas voces retornan a nosotros para devolvernos el encanto y el color de una Lima cuyo recuerdo late firmemente en esas festivas composiciones plenas de vivacidad, en donde la alegría no deja de preservarle un discreto espacio a la melancolía. Los pregones de Lima quedan así registrados en un disco compacto editado y grabado con las mejores voces de la lírica peruana y en el trabajo de difusión de la historia y el arte de la capital antigua, que presentamos en este libro. De este modo el artista, con su amor e inspiración, impide que nada desaparezca, pues la música es capaz de recrear mágicamente el pasado, al propio tiempo que los principales monumentos de nuestro centro histórico, hoy bellamente iluminados, afirman con orgullo que en ellos subsiste el testimonio de una tradición que, a pesar de los grandes cambios contemporáneos, anida fina y discretamente en el alma inmortal de la ciudad. Pancho Fierro, Mujer a caballo adornada con flores de amancaes tomando chicha, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima, 1975. Lám. 28 - Pág. 92.
  4. 4. 10 11 LIMA ANTIGUA Juan Mauricio Rugendas, El río y el puente de Lima. Lápiz 18.8 x 32.7 cm. “Lima Dec 20 de 1842”. M.- n/i 16835. en Juan Mauricio Rugendas, El Perú Romántico del siglo XIX. Editor Carlos Milla Batres. Lima, 1975. Lám 8 - Pág. 96.
  5. 5. 12 13 LIMA ANTIGUA Desde la época prehispánica la comarca de Lima ya ejerció una especial predominancia, tal y como atestiguan las diferentes aldeas y adoratorios que a lo largo de diferentes periodos culturales se levantaron en sus tres valles: el Chillón, el Rímac y el Lurín. El lugar en aquella época se caracteri- zaba por sus verdes campos de cultivo, regados por extensas acequias que los pueblos yungas habían abierto desde antiguo. Los yungas fueron remotos descendientes de los primeros cazadores y recolectores que reco- rrieron la zona diez mil años atrás, dejando tras de sí vestigios de su presencia en Chivateros y en la Tablada de Lurín. De ellos se sabe que en una primera época se alimentaban de peces y mariscos del litoral, y de la fauna y la flora presente en las quebradas, hondonadas y contrafuertes de la cordillera andina occidental, como lo atestiguan las puntas de flechas y los restos de redes encontrados. Con el tiempo, no obstante, los yungas fueron evolucionando y llegaron a periodos de elevado desarrollo, con una agricultura no sólo de subsistencia, sino con edificaciones, pinturas murales, textiles y cerá- micas altamente elaboradas, como las encontradas en Garagay, Cieneguilla y Ancón. Importantes culturas como la huari y la inca también estuvieron asentadas en esta comarca privilegiada que es Lima. Pero sin duda alguna el símbolo indiscutible que nos da idea de la im- portancia de la región es la presencia en su territorio del oráculo de Pachacámac, divinidad a la que se rindió culto en todo el universo andino. El santuario no fue sólo destino de peregrinación de los pueblos de la costa y la sierra central. También fue respetado por sociedades invasoras como la del poderoso Imperio cusqueño del Tahuantinsuyo, que bajo el Inca Yupanqui elevó a pocos pasos de aquel respetado adoratorio oracular un imponente Templo del Sol. Éste es aún hoy el edificio más prominente de los que todavía se levantan sobre las calientes arenas de este desierto al sur de la capital. Juan Mauricio Rugendas, Escena en la calle de San Pedro. Óleo en tela 41 x 34 cm. “MR. Lima 1843”. Paradero desconocido, en Juan Mauricio Rugendas, El Perú Romántico del siglo XIX. Editor Carlos Milla Batres. Lima, 1975. Lám. 55 - Pág. 135.
  6. 6. 30 31 monumentos de lima
  7. 7. 32 33 Vista panorámica de la Catedral de Lima. BASÍLICA CATEDRAL DE LIMA El templo mayor de la ciudad de Lima se levanta en un espacio privilegiado, exactamente al noreste de la Plaza Mayor, sobre el emplazamiento de unas antiguas huacas prehispánicas. Un lugar preeminente, tal y como lo ordenaban las Leyes de Indias, que obligaban a los fundadores de ciudades españolas a disponer para la iglesia principal de un amplio solar en el que proceder a su edificación. Y en acatamiento de aquella disposición, luego de que se trazara a cordel la división de las islas o manzanas en que se dividiría la capital, el 18 de enero de 1535 (día de la fundación de la Ciudad de los Reyes), don Francisco Pizarro procedió a colocar la primera piedra de la Catedral, así como cargó sobre sus hombros el madero inicial para la construcción del templo que sólo seis años después sería su sepulcro, luego de su asesinato por los almagristas en junio de 1541. La Catedral de Lima, no obstante, no fue siempre igual. A la traza primitiva de 1540 le sucedió una segunda de mayores dimensiones, en 1551, que fue puesta bajo la advocación de San Juan Evangelista. Esta construcción de adobe fue desmontada en 1565 por el alarife Alonso Beltrán, proyectándose entonces la construcción de un templo de ladrillo más grande todavía, que incluía tres naves fuera de las capillas. El proyecto, sin embargo, y dada la falta de recursos, no se empezó definitivamente hasta el periodo de gobierno del virrey Francisco de Toledo (1569-1581), pero nunca se terminó, pues el arzobispo Francisco de Loayza fue contrario a la edificación del grandioso proyecto de Beltrán, y el Cabildo de Lima debió revocar el acuerdo adoptado años atrás y se pro- cedió a la demolición de los cimientos que ya habían comenzado a abrirse. No fue hasta finales del siglo XVI que se emprendió la iglesia definitiva, cuya planta es la que se aprecia hoy, a pesar de las modificaciones que la catedral ha sufrido en los últimos cuatro siglos. La traza definitiva de la Catedral de Lima fue iniciada por el arquitecto Francisco Becerra en 1598. En aquel entonces Becerra, natural de Trujillo (Extremadura, España) ya era un profesional de renombre, pues había intervenido en la Catedral de Puebla en el Virreinato de México, y en la Catedral de la Audiencia de Quito. Después de la Catedral de Lima, además, Becerra también dise- ñaría la magnífica Catedral del Cusco. De hecho la planta de distribución de ambas construcciones es similar, pues tanto la Catedral de Lima como la Catedral de la Ciudad Imperial tienen planta de salón, tres amplias naves, capillas laterales, carecen de cúpula en el crucero, están cubiertas por bóve- das de crucería y sus torres se hallan fuera del eje de las naves laterales. El edificio definitivo de Lima se concluyó hacia 1622, mientras que las capillas laterales y las criptas fueron terminadas en 1635. La fachada principal de la Catedral es obra del alarife Juan Martínez de Arrona y del escultor Pedro de Noguera. Se labró en piedra de Panamá y constituye el primer ejemplo de fachada retablo,
  8. 8. 56 57 ROSA MERCEDES AYARZA DE MORALES Juan Mauricio Rugendas, La Plaza Mayor de Lima. Gouache sobre papel. 24,5 x 29 cm. Colección Museo de Arte de Lima. Donación Manuel Cisneros Sánchez.
  9. 9. 58 59 LA GRAN COMPOSITORA DE LIMA La gran compositora peruana nació en Lima el 8 de julio de 1881, en uno de los periodos A los ocho años hizo más dramáticos de la historia republicana nacional. En enero de ese mismo año (el tercero de la Rosa Mercedes su primera aparición Guerra del Pacífico) se habían librado los combates por la defensa de Lima, los pueblos de Chorri- pública interpretando llos, Barranco y Miraflores habían sido saqueados e incendiados, y las tropas enemigas ocupaban la una pieza al piano. capital. Eran días trágicos en los que la ciudad guardaba luto por los caídos, la resistencia comenzaba Su fama precoz se a organizarse en la sierra central bajo la dirección del coronel Andrés A. Cáceres, y el gobierno de afirmaría a los catorce años, al actuar como Nicolás de Piérola se había instalado en Ayacucho. cantante y directora de coros de iglesia Lima, sin embargo, aún debía sufrir por largo tiempo las secuelas de aquel desgraciado con- integrados por personas flicto y el castigo a su heroica resistencia, cobrado con el botín de su rica Biblioteca Nacional y el adultas a las que dirigía con firme disciplina. despojo de numerosas obras de arte y de ornato público. La ciudad sólo fue desocupada militarmen- te en agosto de 1884, a raíz de la ratificación en una Asamblea Constituyente del Tratado de Ancón que dio por concluida la guerra. Y fue en esa sombría atmósfera que transcurrieron los primeros balbuceos de quien iba a cantar, con tanto amor e inspiración, a la ciudad que durante los tres siglos virreinales había sido el centro del poder español en la América meridional, y la urbe más bella del Pacífico hasta aquel conflicto con Chile. La histórica línea divisoria que marcó aquella guerra tiene una importancia decisiva, pues ese acontecimiento canceló un largo periodo de predominancia política, económica y cultural de un Perú, que se había mecido desde la Independencia en el engreimiento de su legendario pasado incaico, y en la dorada aureola colonial que aún impregnaba de un carácter particularmente hispano a la capital en los dos primeros tercios del siglo XIX. En efecto, la República vieja había heredado del virreinato mentalidad, formas y costumbres que no la hacían muy diferente del aspecto que había tenido en las décadas finales del siglo XVIII y en los primeros lustros del siglo XIX. Una aseveración vivamente evidenciada por las fotografías decimonónicas anteriores al conflicto, y los dibujos, óleos y acuarelas de artistas como el mulato capitalino Pancho Fierro (1807-1879), el cónsul francés Leonce Angrand (que vivió en Lima entre 1834 y 1838) y el artista alemán Juan Mauricio Rugendas (que vivió en Perú entre 1842 y 1845). Sus obras recogieron con excepcional realismo el aspecto de los habitantes y las costumbres de la ciudad, así como el de sus plazas, iglesias, conventos, casonas, huertos, calles y paseos.
  10. 10. 68 69 LOS PREGONES DE LIMA Juan Mauricio Rugendas, “Ño Toribio”, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima, 1975. Lám. 58 - Pág. 124.
  11. 11. 70 71 LOS PREGONES DE LIMA Nadie mejor que don Ricardo Palma para introducirnos en el significado de los pregones capitalinos y el orden que estos seguían en Lima. Ya lo dijo en su tradición “Con días y ollas vence- remos”: “...hasta pocos años, los vendedores de Lima podían dar tema para un libro por la especiali- dad de sus pregones. Algo más. Casas había en que para saber la hora no se consultaba reloj, sino el pregón de los vendedores ambulantes. Lima ha ganado en civilización, pero se ha despoetizado, y día por día pierde todo lo que de original y típico tuvo en sus costumbres...”. Y continúa: “Yo he alcanzado esos tiempos en los que parece que, en Lima, la ocupación de los vecinos hubiera sido tener en continuo ejercicio los molinos de masticación, llamados dientes y muelas. Juzgue el lector por el siguiente cuadrito de cómo distribuían las horas en mi barrio, allá cuando yo andaba haciendo novillos por huertas y murallas, y muy distante de escribir tradiciones y dragonear de poeta, que es otra forma de matar el tiempo o hacer novillos. La lechera indicaba las seis de la mañana. La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregón a las siete en punto. El bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba “¡a la cuajadita!”, designaban las ocho, ni minuto más ni minuto menos. La vendedora de sanguito de ñajú y choncholíes marcaba las nueve, hora de canónigos. La tamalera era anuncio de las diez. A las once pasaban la melonera y la mulata del convento vendiendo ranfañote, cocada, bocado de rey, chancaquitas de cancha y de maní, y frejoles colados. A las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor de empanaditas de picadillo. La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero. A las dos de la tarde la picaronera, el humitero y el de la rica causa de Trujillo atronaban con sus pregones. Pancho Fierro, Arriero con carga de pisco, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima, 1975. Lám. 32 - Pág. 96.
  12. 12. 100 101 LOS QUE CONOCIERON A ROSA MERCEDES Leonce Angrand, Vendedoras de bizcochuelos y de flores. Acuarela de 1837. 0,21 x 0,30.7 m., en Leonce Angrand, Imagen del Perú en el siglo XIX. Lima, 1972. Lám. 11 - Pág. 47.
  13. 13. 102 103 CLEMENCIA MORALES DE CEDRÓN braba. Todos morían por la voz de ese chico. En carretera. Y como además siempre llegaron LA HIJA DE LA ARTISTA esa época yo sólo tenía 5 años, pero recuerdo muchas personas extranjeras a mi casa quizás mucho que tenía una voz tan potente que a ve- nunca sintió la necesidad de pasar las fronteras. Clemencia Morales de Cedrón, hija de la genial Rosa Mercedes Ayarza, ces me tenía que tapar los oídos. Impresionaba Pero una vez tuvo un gesto que fue la mejor también fue cantante y a lo largo de su vida participó en diversas repre- a todos con esa voz que era lindísima, tanto es prueba de amor para mí, cuando tomó un carro sentaciones de los Pregones de Lima, en los que interpretaba a la Causera. así que llegó a ser el primer tenor peruano que para ir a Pisco a visitarme, ya que me extraña- Doña Clemencia Morales de Cedrón De su madre, recuerda el temperamento alegre, su don y esa inmensa ge- triunfó en Italia. Y eso nos llenó de orgullo. Mi ba a mí tanto como yo a ella. Para mí eso fue como “La Causera”, nerosidad que le permitió descubrir y apoyar a talentos peruanos de talla mamá lo quería muchísimo y por ello le pidió lindo. Mi madre dejó por unos días lo que para en la primera internacional como Alejandro Granda y Luis Alva. una entrevista al Presidente Leguía para llevarlo ella era su vida: la música, el piano y la casa representación de los a Palacio de Gobierno. Y cuando el Presidente llena de gente. pregones de Lima. ¿Cuál es el primer recuerdo que le viene cuando se le pregunta sobre su madre? lo escuchó, lo único que pudo decir fue: “Este Que fue la primera mujer que dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional. Yo muchacho es un tesoro, no se puede quedar, participé con esa orquesta en un segundo papel de “El Rey que rabió”, tiene que irse”. Y lo mandó a Italia a estudiar. obra dirigida por mi madre. Para ella la música era lo primero, por lo que Yo hasta la fecha conservo algunas cartas de en mi casa nunca faltaba. Los sábados siempre había reuniones y éstas eran agradecimiento de Alejandro a mi madre en muy bonitas porque iba gente muy simpática, muchos artistas. Un día llegó las que él le decía “madrina”. Lo mismo puedo Plácido Domingo con su mamá y ella le dijo: “Señora Mercedes, quisiera comentar de Luis Alva. Él llegó a mi casa sien- que oiga usted a mi hijo cantar”. Y mi madre le respondió: “Claro, tráiga- do sólo un muchachito. Participó en las zar- lo”. Y es así que tengo una fotografía en la que está Plácido, mi mamá y mi zuelas con mi mamá. Hizo “Luisa Fernanda” hermana Graciela, que le acompañaba al piano mientras cantaba. y otras. Siempre ensayaban en la casa. Lucho es muy cariñoso y sencillo, con una maravillosa Es decir que usted tuvo una niñez absolutamente musical. voz. Lo mismo que Edmundo Pizarro, que fue Efectivamente. Mi hermano tocaba el violín muy bien y mi hermana era como un hermano para nosotros. una maravilla en el piano. Yo, que era bastante menor que ellos, viví mi niñez escuchando música, gracias a mis hermanos y a mi madre. Nosotros ¿Qué recuerda de la época en que su madre compuso hemos pasado momentos muy lindos y alegres. De niña escuchaba todos los Pregones de Lima? los conciertos en mi casa. Teníamos tres pianos. Y siempre, por las noches, Que a medianoche se levantaba y le decía a mi venían amigos y amigas que gustaban de la música, tocaban conciertos papá: “Viejito, prende la luz, se me ha ocurri- enteros y yo prácticamente dormía oyendo tocar el piano. Mi familia fue y do esta letra”. Y así componía a cualquier hora. sigue siendo muy musical. Mis tres hijos: Rita, Jorge y Marita Cedrón han Ella había escuchado de niña los verdaderos sido campeones de marinera en Trujillo. Esto fue algo que yo no esperaba. pregones a los que les puso letra y música. La Por otro lado, a mis nietos también les encanta la música. Somos realmente presentación de los Pregones de Lima que En- una familia de músicos. desa realizó en el atrio de San Francisco me emocionó muchísimo. Yo estaba feliz, encanta- ¿Qué es lo que más admiraba de su mamá? da. Disfruté mucho viendo a Lucho Alva junto Admiraba su fortaleza, también la forma en que dirigía la Orquesta Sinfónica. Era única y buenísima a Armando Villanueva, conversando y recor- en lo que hacía. Me gustaba verla siempre tan alegre y tan llena de vida. Era una mujer que estaba dando los pregones y las tertulias en nuestra siempre dispuesta a dar consejos y mucho cariño. Y conmigo era muy engreída y, la verdad, a mí casa del Jirón Moquegua. me encantaba engreírla. Mi mamá era muy cariñosa, amiguera, alborotada e inquieta, no aparentaba su edad y hasta el final fue igual. Además de su temperamento especial, ella era admirable por su A Armando Villanueva le compuso el pregón del talento innato. “La Concheperla” la escribió siendo muy pequeñita todavía. Su primera maestra de Chino Frutero. piano fue una tía suya, pero posteriormente ella continuó su formación de manera autodidacta. Sin Armando Villanueva era como un hijo para mi duda tenía un don y ésa es la única explicación que encuentro para entender el porqué de todas las madre, toda la vida estuvo en mi casa, acompa- cosas hermosas que compuso. ñando a mis padres. Jugaban y se palomillaban como chicos. Se querían mucho y siempre fue ¿Qué presentaciones de su madre fueron sus favoritas? como un hermano para nosotros. Bueno, siempre me gustaron las presentaciones a cappella en el Teatro Municipal, eran muy emo- tivas. Lo que siempre rescaté de todas sus presentaciones, eso sí, fue la emotividad, belleza y alegría ¿Es verdad que su madre nunca quiso salir al ex- con las que las hacía. tranjero? Así es. A ella no le gustaba viajar por nada. ¿Qué artistas fueron descubiertos por su madre? Siempre nos decía: “A mí no me metan en un El primero de todos fue Alejandro Granda. Él era un tenor maravilloso que cuando cantaba deslum- avión”. Y por nada del mundo viajaba, ni por
  14. 14. 110 111 Presentación de los Pregones de Lima en el atrio de la iglesia San Francisco. De izquierda a derecha: Armando Villanueva, “El Chino Frutero”; Luis Alva; Ximena Agurto, “La Picaronera”; Jacqueline Terry, “La Ramilletera”; Mariella Monzón, “La Tisanera”; Josefina Brivio, “La Tamalera”; Pilar Ciruelos, “La Causera”; Mónica Canales, “La Sanguera”; Alvaro López, “Revolución Caliente”; Zenón García, “El Cholo Frutero”; Xavier Fernández,“Listín de Toros”; Carlos Martínez, “El Negro Frutero”.
  15. 15. 112 113 BIBLIOGRAFÍA ACOSTA OJEDA, Manuel. El vals criollo del Perú. Lima, 1989. AYARZA DE MORALES, Rosa Mercedes. Antiguos pregones de Lima. Lima, 1944. BASADRE, Jorge. Historia de la República del Perú. Vol 6. Lima, 1970. CANCIONERO DE LIMA. Lima, 1910-1940. CIEZA DE LEÓN, Pedro de. La crónica del Perú. Lima, 1985. CISNEROS, Niko. Nuestra música. Tomo I. 1821-1949. Lima, 1972. COBO, Bernabé. Historia de la Fundación de Lima. Lima, 1882. COLLANTES, Aurelio. Historia de la canción criolla. Lima, 1956. COLLANTES, Aurelio. Pregones limeños. Lima, 1958. CONTRERAS Y LÓPEZ DE AYALA, Marqués de Lozoya, Juan de. Zurbarán en el Perú. En El Mercurio Peruano. Lima, 1942. DIARIO “EL COMERCIO”. Historia de la música peruana. Lima, 2000. FUENTES, Manuel Atanasio. Estadística general de Lima. París, 1866. FUENTES, Manuel Atanasio. Lima, apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres. París, 1867. GÁLVEZ BARRENECHEA, José. Palabras de presentación en la Sociedad “Entre Nous”. En La Tarde de los Pregones. Lima, 30 de noviembre de 1937. GENTO SANZ, Benjamín. San Francisco de Lima. Lima, 1945. LEGUÍA, Jorge Guillermo. Lima en el siglo XVI. En Monografías históricas sobre la ciudad de Lima. Lima, 1935. LEÓN PORTOCARRERO, Pedro de, Descripción del Virreinato del Perú. Crónica inédita de comien- zos del siglo XVII. Rosario-Argentina, 1958. LIZÁRRAGA, Reginaldo de. Descripción y población de las Indias. Lima, 1908. LÓPEZ DE CARAVANTES, Francisco. Noticia general del Perú, Tierra Firme y Chile. Madrid, 1985. MIRANDA TARRILLO, Ricardo. Música criolla del Perú. Lima, 1989. MORALES MACCHIAVELLO, Carlos. San Francisco de Lima, su iglesia y su convento. El arquitecto peruano. Lima, 1941. PALMA, Ricardo. Tradiciones peruanas completas. Madrid, 1961. Pancho Fierro, Vendedor de velas, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima, 1975. Lám. 35 - Pág. 99.
  16. 16. 114 115 PINILLA, Enrique. Informe sobre la música en el Perú. En Historia del Perú. Tomo IX. Lima, 1980. RAYGADA, Carlos. Guía musical del Perú. En Fénix, Nos. 12, 13 y 14. Lima, 1963 y 1964. RAMÍREZ DEL VILLAR, Roberto. San Francisco de Lima. Lima, 1974. RODRÍGUEZ CAMILLONI, Humberto. El conjunto monumental de San Francisco de Lima en los siglos XVII y XVIII. En Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas. Caracas, 1972. SAN CRISTOBAL, Antonio. Arquitectura virreinal religiosa de Lima. Lima, 1988. SÁNCHEZ, Luis Alberto. La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del Perú. Lima, 1981. SANTA CRUZ, César. El waltz y el valse criollo. Lima, 1977. SARMIENTO, Ernesto. El arte virreinal en Lima. Lima, s/f. SERRANO CASTRILLÓN, Raúl y VALVERDE, Eleazar. El libro de oro del vals peruano. Lima, 2000. TAMAYO VARGAS, Augusto. Literatura peruana. Lima, 1992. TORD, Luis Enrique. Historia de las artes plásticas en el Perú. En Historia del Perú, t. XIX, Lima, 1980. TORD, Luis Enrique. El palacio de Torre Tagle y las casonas de Lima, 2001. VARGAS UGARTE, Rubén. Itinerarios por las iglesias del Perú. Lima, 1972. VELARDE, Héctor. Itinerarios de Lima. Lima, 1990. VILLANUEVA, Lorenzo y DONAYRE BELAUNDE, Jorge. Antología de la música peruana. Canción criolla. Lima, 1987. ZANUTELLI ROSAS, Manuel. Canción criolla, memoria de lo nuestro. Lima, 1999. WETHEY, Harold E. Colonial architecture and sculpture in Peru. Harvard, 1949. Juan Mauricio Rugendas, Tapadas en la alameda. Óleo sobre papel, 25 x 36.5 cm. M.- n/i 17012,en Juan Mauricio Rugendas, El Perú Romántico del siglo XIX. Lima, 1975. Lám. 66 - Pág. 144.
  17. 17. 116 117 AGRADECIMIENTOS Endesa agradece especialmente la colaboración de las siguientes personas e instituciones: Municipalidad Metropolitana de Lima, por invitarnos a participar de La Gran Semana de Lima 2005 y 2006 y brindarnos las facilidades para presentar los Pregones de Lima de Rosa Mer- cedes Ayarza de Morales, en el atrio de la Iglesia San Francisco y la Plaza de Armas. Agradecemos también a la Dirección de Educación y Cultura del municipio por permitirnos reproducir parte de la colección de acuarelas de Pancho Fierro. Luis Alva, por su generosa participación y compromiso con la cultura peruana. Armando Villanueva y Clemencia Morales de Cedrón, quienes nos abrieron las puertas de la vida y obra de la gran Rosa Mercedes Ayarza de Morales. Museo de Arte de Lima, por permitirnos reproducir la acuarela “Plaza de Armas de Lima”, de Juan Mauricio Rugendas, que forma parte de la colección del museo. Pancho Fierro, Vendedor de canastas, en Manuel Cisneros Sánchez, Pancho Fierro y la Lima del 800. Lima 1975. Lám. 33 - Pág. 97.

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