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Absolucion abuso sexual hector correa
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Absolucion abuso sexual hector correa

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  • 1. Individualización de Audiencia de lectura de sentencia.. Fecha Puente Alto., tres de enero de dos mil siete Magistrado ALESSANDRA TUBINO TASSARA Fiscal MICHAEL FLORES Defensor JUAN GO MEZ CONCHA Hora inicio 05:30PM Hora termino 05:35PM Sala sala 1 Tribunal TRIBUNAL DE JUICIO ORAL EN LO PENAL PUENTE ALTO RUC 0500466992-6 RIT 63 - 2006 Actuaciones efectuadas 0500466992-6-1322-070103-03-01- Anuncio Sentencia Rit 63-2006 0500466992-6-1322-070103-03-02- Sentencia Lectura de sentencia.: RUC RIT Ambito afectado Detalle del Hito Valor 0500466992-6 63-2006 RELACIONES.: - - CORREA TORRES HECTOR ENRIQUE / PARTICIPANTES.: - - Denunciante. - MINISTERIO PUBLICO PARTICIPANTES.: - - Denunciado. - CORREA TORRES HECTOR ENRIQUE PARTICIPANTES.: - - Fiscal. - GENERICO TRIBUNAL 1236 FISCAL PARTICIPANTES.: - - Fiscal. - FLORES ALVAREZ MICHAEL PARTICIPANTES.: - - Fiscal. - HERRERA HOYUELA RODOLFO ALEJANDRO PARTICIPANTES.: - - Defensor. - GOMEZ CONCHA JUAN PABLO PARTICIPANTES.: - - Abogado patrocinante. - MIRES BARRUETO CRISTIAN
  • 2. CAUSA.: - - R.U.C=0500466992-6 R.U.I.=63-2006 0500264409-8-1322-070103-02-02- Sentencia 0500264409-8-1322-070103-02-02- Sentencia Dirigió la audiencia y resolvió – ALESSANDRA TUBINO TASSARA
  • 3. R.U.C.: 0500466992-6 R.I.T.: 63-2006 Puente Alto, tres de enero dos mil siete.- VISTOS: Que, con fechas veintisiete, veintiocho, y veintinueve de diciembre de dos mil seis, ante esta Sala Única del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Puente Alto, presidida por la juez Marcela Patricia Erazo Rivera, e integrada por los magistrados Juan Patricio Madrid Pozas, ambos subrogando legalmente, y Alessandra Tubino Tassara, se llevó a efecto, la audiencia de juicio oral seguido en contra de Héctor Enrique Correa Torres, chileno, 43 años de edad, Cédula Nacional de Identidad N° 9.928.252-5, minero, domiciliado en Campamento Minero El Volcán, casa N° 14, comuna de San José de Maipo, Región Metropolitana, y actualmente recluido en el Centro de Detención Preventiva de Puente Alto. Sostuvo la acusación el Ministerio Público, con domicilio en calle Irarrázabal Nº 0283, Puente Alto, representado por los Fiscales Michael Flores Álvarez y Rodolfo Herrera Hoyuelas. A ella, adhirió como querellante el Servicio Nacional de Menores, representado por el abogado señor Cristián Mires Barrueto, con domicilio en calle Huérfanos Nº 587, oficina 503, Santiago. La Defensa del acusado estuvo a cargo del Defensor Penal Público, abogado Juan Pablo Gómez Concha, domiciliado en calle José Luis Coo Nº 0998, Puente Alto. CONSIDERANDO: PRIMERO: Que, de acuerdo al auto de apertura de juicio oral, la acusación fiscal es del siguiente tenor: Hecho N° 1: “En fechas indeterminadas durante los meses de agosto y septiembre del año 2005, al interior del inmueble ubicado en Campamento El Volcán, Calle Mustafá, casa N° 14, comuna de San José de Maipo, domicilio del grupo familiar de la víctima menor de edad de iniciales T.A.C.S. nacida el 10 de diciembre del año 1990, el acusado HÉCTOR ENRIQUE CORREA TORRES, padre de la afectada, procedió reiteradamente a efectuar a ésta diversos actos de significación sexual y de relevancia jurídica, mediante contacto corporal con la víctima, consistentes en besar a la víctima en la boca, vagina y demás partes de su cuerpo y a efectuarle con sus manos tocaciones impúdicas en los pechos, vagina y trasero, además de tratar de penetrarla con su pene vaginalmente. Todas estas acciones sexuales las desplegaba el imputado valiéndose de amenazas que formulaba en contra de la víctima, las cuales consistían en que si ella contaba estos hechos a terceros atentaría contra la vida de su madre doña María Santibáñez Pino, cónyuge del imputado”. Hecho N° 2: “Que en una fecha indeterminada durante el mes de julio del año 2005, al interior del inmueble ubicado en Campamento El Volcán, Calle Mustafá, casa N° 14, comuna de San José de Maipo, domicilio del grupo familiar de la víctima menor de edad de iniciales P.W.C.S. nacida el 07 de octubre del año 1988, el acusado HÉCTOR ENRIQUE CORREA TORRES, padre de la afectada, procedió a realizarle a ésta diversos actos de significación sexual y de relevancia jurídica, mediante contacto corporal
  • 4. consistentes en tocaciones impúdicas que el imputado realizó con sus manos en los pechos y vagina de la víctima. Todas estas acciones sexuales las desplegaba el acusado abusando de la relación de dependencia de la victima, hija del agresor, quién estaba encargado de la custodia, educación y cuidado de la afectada menor de edad”. Estima la Fiscalía que los hechos descritos bajo el acápite de Hecho N° 1, son constitutivos del delito de abuso sexual reiterado, ilícito previsto y sancionado en el artículo 366, inciso 1°, del Código Penal, en relación a los artículos 361 N° 1 y 351, ambos preceptos del mismo cuerpo normativo, en grado de consumado, correspondiéndole al encartado participación en calidad de autor. Por su parte, los hechos signados en el numeral segundo, configuran el delito de abuso sexual, previsto y sancionado en el artículo 366, inciso 2°, del Código Penal, relacionado con el artículo 363 N° 2 del mismo código, en grado de consumado, y cometido por el acusado en calidad de autor. Respecto de las circunstancias modificatorias de responsabilidad penal, el órgano persecutor señala en su libelo acusatorio, que en el hecho N° 1, perjudica al encartado, la agravante de responsabilidad penal prevista en el artículo 13 del Código Penal, requiriendo respecto de este ilícito, que se condene al acusado a la pena de diez años de presidio mayor en su grado mínimo, las penas accesorias establecidas en el artículo 28 del Código Penal, la pena accesoria prevista en el artículo 370 Bis del Código Penal, y la pena accesoria del artículo 372 inciso primero del Código Penal. Asimismo se solicita, la pena del artículo 372, inciso segundo del Código Penal, y la expresa condena en costas del acusado. Por su parte, y en lo que atañe al hecho signado en el N° 2, solicita se imponga a Héctor Correa Torres, la pena de la pena de cinco años de presidio menor en su grado máximo, las penas accesorias establecidas en el artículo 29 del Código Penal, la pena accesoria prevista en el artículo 370 bis del Código Penal, la pena accesoria del artículo 372 inciso primero del Código Penal y, finalmente, la pena accesoria del artículo 372, inciso segundo del Código Penal, con expresa condena en costas. Segundo: En su alegato de inicio, la Fiscalía indica que quedará de manifiesto en el presente juicio, el efecto que provoca en nuestra sociedad la falta de eficiencia y oportunidad de la justicia, pues el acusado, durante la vigencia del sistema procesal penal antiguo, fue sometido a proceso por hechos de similares características, pero al poco tiempo recobró su libertad, retomando así su senda delictiva, atacando, ahora, a sus hijas menores de edad en su propia casa y mientras dormían. Todo actuar delictivo es reprochable, más aún cuando ese trata de delitos sexuales en contra de menores de edad, y cometidos por aquel quien por naturaleza es el llamado a protegerlas; su padre. El daño a las menores no se agota con los episodios denunciados, sino que ha generado en ellas serios efectos que han truncado su normal desarrollo de mujeres, ambas han intentado suicidarse, y ello ha motivado a las autoridades a tomar conocimiento de estos hechos, y así terminar con su pesadilla. Enumera las pruebas que se rendirán durante la audiencia, agregando que éstas acreditarán, más allá de toda duda razonable, los abusos sexuales acusados, resultando indispensable una decisión de condena para el reestablecer de la paz y armonía de dicho hogar, insistiendo en su pretensión punitiva contenida en el libelo acusatorio. En su discurso final, el Ministerio Público estima que con las pruebas testimoniales, periciales, materiales y documentales ofrecidas, ha quedado acreditada la existencia de los dos hechos típicos y antijurídicos acusados, y la participación del encausado. De este modo, los hechos impúdicos que ha realizado éste a sus hijas menores mediante tocaciones en sus senos y vagina, se han establecido mediante
  • 5. las declaraciones contestes de todos los testigos que depusieron en estrados, y particularmente de las menores ofendidas. Es así como Paulina, su hija predilecta, señala los abusos que su padre ha realizado a su hermana y a ella, dando cuenta de la grave afectación emocional de que “su adorado padre es el autor de la agresión sexual”, está dolida, pero igualmente lo quiere y obedece a él, reconociendo que su padre ha hecho algo malo. Por otra parte, la prueba documental consistente el manuscrito suscrito por Tamara, da cuenta de la afectación de la niña, quien tuvo varios intentos de suicidio. Adelantándose a los argumentos de la Defensa, indica que su tesis se funda en las dos cartas presentadas por éste y a las que se les ha dado lectura, documentos que no hace más que reafirmar la manipulación que el encausado ejerce sobre sus hijas. Estima el señor Fiscal, que los dichos de Carolina Marión son certeros en cuanto conoce a sus hermanas, les cree, no son niñas influenciables ni mentirosas, descartando cualquier ficción para ayudar a su madre, agregando su relato un elemento de suma fuerza al indicar haber sido víctima, también, de abusos por su padrastro a través del mismo modus operandi; esto es, ingresando subrepticiamente a la cama de su hijas y, a punta de amenazas y de violencia sicológica, abusar de ellas, no vislumbrando qué interés puede tener dicha deponente en mentir en contra de él. Indica el Fiscal, que si hubiese sido una colusión de la familia en contra del acusado, claramente en enero de 2004 cuando denunciaron los hechos de violencia intrafamiliar, podrían haber inventado los abusos, y si hay algún cabo suelto en la prueba de cargo, tal no genera una duda razonable. Los abusos a Tamara se cometieron mediando amenazas, y el hecho que afectó a Paulina se fundó en la dependencia de ésta hacia su padre. Tan cierto es que las deponentes no mienten, que Carolina no odia a su padre, sólo solicita justicia y si hubiese sido escuchada antes, esto no habría ocurrido. Tamara dice que trató de tener relaciones sexuales para evitar que su padre la desflorara y su vida sexual no es normal. Carolina Marión le agradece al imputado que el hijo que tiene, y que no fue más que su intento desesperado por salir de su casa. La madre de las menores no es más que víctima del imputado, y se le trató de mostrar como una mujer borracha, y capaz de inducir a sus hijas a mentir para sacar a su marido del hogar, cosa que no es así, y que queda de manifiesto, porque esta testigo no sabía los hechos que afectaban a Tamara, y la denuncia la hizo la directora del colegio de la niña, última quien indicó que la mujer jamás pensó que su marido pudiese atacar a sus propias hijas. Tamara estaba atemorizada, pues vivía y veía la situación de violencia en su casa, y en un primer momento no quiso denunciar, sino su intención era sólo morir. Por su parte, Carolina Prado, dio cuenta de las amenazas y de naturaleza violenta del imputado, y de la confianza que le tiene a sus hermanas, agregando la Fiscalía que ni siquiera el acusado ha dicho que las imputaciones son falsas. Señala, que hay imposibilidad de ganancia secundaria con el relato de las menores, cosa que deja claro el informe pericial, y que no pudo ser desvirtuado por la Defensa. Jorge Moreno llega a la conclusión científica que los relatos son creíbles y que las niñas presentan stress postraumático que se vincula con los hechos abusivos sufridos, profesional que de manera independiente llega a la conclusión que ambas menores padecen de serias consecuencias a raíz del evento abusivo, afectando ello el desarrollo sexual de las mismas. Por su parte, corrobora la veracidad de los dichos de Tamara, la declaración de la directora del colegio, quien es una mujer con experiencia y dice sólo lo que ve; no es normal que una niña de 7° básico se quiera suicidar, y que luego de un tiempo de conversación con ella, la niña devela lo que realmente le sucedía. Esta señora llamó a Carabineros, dando cuenta de la impresión de la madre de la menor al imponerse en la escuela de lo que pasaba con su hija, resultando los hechos un
  • 6. golpe emocional fuerte al enterarse que la historia se ha vuelto a repetir. Tamara no quería denuncia, sólo morir, antecedente que reafirma, aún más, la inverosimilitud de la colusión entre ella y su madre. El informe pericial psiquiátrico, claramente da cuenta de una característica del acusado que hemos presenciado en audiencia, asume una conducta heteroculpabilizadora: la culpa es de todos. Además, tiene capacidad manipuladora a tal punto, que acompaña esquelas escritas por Tamara para el día del padre con las que se pretende desvirtuar cualquier relación abusiva. La veracidad de los dichos de las menores, además, se acentúa con los dichos de los funcionarios de la Brisexme, todos quienes llegan a la conclusión que son efectivos los relatos de las niñas al ser éstos contestes. En cuanto a la participación del imputado, nadie señala la posibilidad que sea otra personas más que él, y la sindicación a un tercero en el puente El Yeso no tiene asidera más que en la mente del acusado. Los funcionarios que detienen al acusado notan su agresividad, por lo que no hay razón para pensar que no fuese violento con sus propios hijos. Miguel Burgos participa en la declaración que se le toma a Paulina, y está cierto que se trata de un relato veraz. Prosigue el señor Fiscal, señalando que la intimidación no es algo objetivo entre padre e hija menor, sino en este caso estamos frente a una situación en que el abuso se comete en contra de su descendencia, de noche, insertos en un clima de violencia intrafamiliar, en el que la menor se hallaba afectada emocionalmente, y con el temor que este sujeto fuese a matar a su madre, y es ese contexto su voluntad se encuentra vulnerada. La reiteración está dada por los dichos de los testigos, mínimamente fueron seis domingos. En lo que respecta a la relación de dependencia de Paulina hacia su padre y requerida por el tipo penal, ésta dice relación con la subordinación de una voluntad a la otra, y cuando estaba su padre en la casa, ella obedecía a él, y cuando los padres viven juntos, la obligación de cuidado recae sobre ambos. Insiste la Fiscalía en que los cinco miembros de la familia que han depuesto, se hallan realmente afectados, generando esto una desgracia familiar. Si bien es cierto el acusado tiene derecho a guardar silencio, claramente éste no es un medio de impunidad, resultando patente su ánimo frío que demostró durante la audiencia, quién mientras sus hijas lloraban, él reía. La prueba ha de valorarse armónicamente, y los intentos de suicidio no son denuncias, sino deseos silenciosos de ser escuchados. Finaliza su discurso, sosteniendo su pretensión punitiva en los mismo términos del libelo acusatorio. Tercero: Por su parte, el Servicio Nacional de Menores, adhirió a la acusación en los mismos términos planteados por el Ministerio Público, expresando que con las pruebas que se aportarán a juicio, se arribará a la convicción, más allá de toda duda razonable, de la ocurrencia de los hechos y de la participación que en estos cupo al encartado, justificando tan alta penalidad requerida, en el hecho que no sólo se trata de una atentado en contra la indemnidad de las menores, sino que fue cometido por aquel quien tenía el rol de protector de las mismas y sostenedor del hogar. Las víctimas han sido gravemente vulneradas en sus derechos, y se ha abusado de la relación de dependencia que se tenía a su respecto, provocándoseles graves daños sicológicos, resultando ser mandato del Servicio Nacional de Menores el resguardo de sus intereses. En su alegato de cierre, el querellante estima haber cumplido a cabalidad con los lineamientos expuestos al comienzo de la audiencia, pues se ha logrado acreditar más allá de toda duda razonable la existencia del delito reiterado de abuso sexual cometido por el acusado Héctor Correa Torres en perjuicio de su hija, la menor de iniciales T.A.C.S., lo cual ha quedado de manifiesto con las declaraciones de las propias víctimas, del perito psicólogo forense Jorge Moreno Contreras, de los carabineros Pérez Cabrera,
  • 7. Zuloaga Núñez, Gutiérrez Valdés y Burgos Vergara, así como con los dichos de Carolina Correa Santibañez, que señala haber sido abusada por parte del acusado, de María Luzmira Santibáñez, madre de las víctimas y de Carolina Prado, hermana de las víctimas, de la directora del colegio Melocotón, doña Verónica Ordenes Vergara y, finalmente, con las declaraciones de los funcionarios de la Policía de Investigaciones. Insiste el abogado en la concurrencia de la agravante del artículo 13 del Código Penal, acreditada por el certificado de nacimiento de la menor, y en la reiteración del delito, toda vez que se encuentra acreditado que éste se perpetró entre los meses de agosto a septiembre del año 2005. En lo que respecta a la intimidación, aludida en el artículo 361 Nº 1 del Código Penal y al cual se remite el artículo 366 del mismo cuerpo normativo, don Mario Garrido Montt, la define la intimidación como “la presión psicológica de obra o de palabra que se ejerce sobre la víctima, mediante la amenaza de verse expuesta a sufrir un mal próximo, sea que éste recaiga en ella misma o en una persona distinta de relevancia para ella”, elemento que para configurarse, como lo señala don Luis Rodríguez Collao en su Tratado sobre Delitos Sexuales, requiere que se tome en consideración las circunstancias personales del agresor y de la víctima, en especial el grado de impresionabilidad de esta última, todas circunstancias que concurren en autos, dado que se encuentra acreditado que la menor Tamara, sufría de amenazas de muerte dirigidas hacia su madre si contaba lo sucedido, debiendo tenerse en consideración la causa de violencia intrafamiliar acompañada por la Fiscalía y los dichos de la familia del encausado, y que dan cuenta de su reiterado actuar violento. Respecto al delito señalado como hecho Nº 2, éste se encuentra acreditado, atendido que con la prueba allegadas se ha podido establecer que el acusado desplegaba estas acciones sexuales, abusando de la relación de dependencia que existía entre éste y sus hijas, ya que como su padre era el encargado de la custodia, educación y cuidado de las afectadas, citando para ello a don Luis Rodríguez Collao, quien señala que las situaciones que menciona el tipo, es decir, el artículo 363, poseen un carácter meramente ejemplar, lo que en verdad interesa es que haya una efectiva relación de dominio de una voluntad sobre otra, y que reste a la segunda la libertad necesaria para expresarse y autodeterminarse en el ámbito de las conductas sexuales, circunstancias que concurren en autos, puesto que Héctor Correa, se preocupaba de las conductas de sus hijas, en especial de Paulina. Solicita, en definitiva que el acusado sea condenado en los mismos términos y a iguales penas que las contenidas en la acusación. Cuarto: En su discurso inicial, el abogado Defensor indica ser deber el ente acusador y del querellante, probar, más allá de toda duda razonable, las imputaciones realizadas a su representado. Señala que la prueba de cargo ha de bastarse a sí misma, y debe analizarse si, a través de ella, es posible determinar las figuras penales acusadas y los medios de comisión a que se hace alusión en el artículo 361 del Código Penal, solicitando desde ya, la absolución del encartado toda vez que no será posible acreditar estas dos últimas situaciones. En su discurso de cierre, la Defensa señala que si este fuera un juicio de violencia intrafamiliar ventilado en un tribunal de familia, quizá la resolución sería de igual naturaleza de la que se libró el día 21 de enero de 2005, y en que no sólo se condenaba al acusado a salir del hogar, sino la comparecencia obligatoria de su mujer a un programa terapéutico, lo cual tiene su origen en que, dicho tribunal, estableció el clima de violencia en el que ambas partes se han agredido recíprocamente, física y sicológicamente, y han agredido indirectamente y de modo psicológico a Paulina y Tamara; pero esta
  • 8. causa que ha traído la Fiscalía, es de naturaleza criminal. Indica el abogado, que resulta necesario hacer una precisión previa a sus alegaciones de fondo, puesto que una cosa es acreditar los presupuestos fácticos de la imputación, y otra cosa diversa es la teoría alterna de la defensa. La defensa, obviamente, busca dar una explicación coherente a la prueba rendida y, en ese orden de cosas, puede generar una duda; pero el tema de los cabos sueltos, se presenta cuando la Fiscalía no logra acreditar los presupuestos fácticos de su acusación. Por ello es que como primera línea argumental, su defensa se centra en el análisis de los presupuestos fácticos de la acusación, y como segunda, plantea la teoría alterna que de algún modo da explicación a estos hechos. Así las cosas, y respecto de los hechos que afectaron a Tamara, se invoca el artículo 366, inciso 1°, en relación con el numeral 1° del artículo 361 del Código Penal, por haber “mediante amenazas”, en concepto de la imputación, abusado sexualmente de su hija. Lo primero a determinar, es qué debe entenderse por abuso, y vincularlo con la noción que da el artículo 366 ter del Código Penal de lo que debe concebirse como acción sexual, y que es cualquier acto de significación sexual y relevancia, de manera tal que abuso no es lo mismo que acción sexual, y el artículo 366 castiga la acción sexual abusiva, y ese abuso debe ser cometido de acuerdo al artículo 361 mediante la fuerza o intimidación. El abuso es obtener algo de otro sin su aprobación o consentimiento, y la sola acción sexual no es típica, sino debe ser acompañada del calificativo abuso. Entonces, acá se tiene la siguiente situación: en las cartas que se acompañaron como prueba de descargo, la menor habla de su actuar sexual, de un domingo siete, y de la aceptación a su padre, lo cual que no se condice con los dichos del Ministerio Público en cuanto ella lo rechazaba, desvirtuándose la hipótesis abusiva. El manuscrito acompañado por la Fiscalía, sólo da cuenta de la intención de matarse que tiene Tamara, pero nada dice de un abuso, y consultada la menor por esa carta, dijo que estaba aburrida de los problemas de violencia intrafamiliar en su casa, y que, ciertamente, la afectaban. Tamara era muy allegada a su madre, y verla agredida por su padre le afectaba. Además, veía que él tenía una relación cordial con su otra hermana, por lo que se vio desplazada, hecho que genera un daño psicológico y que no es más que un tipo de violencia intrafamiliar. Paulina no le creía a su hermana, porque ella siempre hacía cosas para llamar la atención, y ella misma relató el evento del puente El Yeso, y si bien su madre no lo sabía, sí indicó que fueron a una fiesta en ese lugar. De este modo, y conforme a la prueba documental por él acompañada, se desacredita esta relación abusiva. En lo que respecta al uso de la fuerza o intimidación, esta última hipótesis conforme al artículo 361 del Código Penal, no es lo mismo que amenazas, y una luz de lo que debe entenderse por tal nos la da el artículo 439 del código punitivo, y referido a los maltratos de obra directos, actuales y de entidad o fuerza. El único hecho amenazante que doblegaba la voluntad de Tamara era lo que el imputado le decía: “que se quedara callada de lo ocurrido, o si no iba a matar a su mamá”, pero no eran siquiera amenazas directas que se le proferían, sino más bien ella las imaginaba. Además, estas amenazas no eran el medio para doblegar su voluntad, sino eran proferidas de manera posterior, y no era de tal entidad que resultaran plausibles. Prosigue la Defensa, indicando que el Ministerio ha pretendido a decir que sí eran de entidad las amenazas, producto del historial de abuso del imputado, pues existían causa de violencia y detenciones por abusos, y que eso hace verosímil dichas amenazas, sin embargo, no es una persona violenta alguien que reconoce a una menor como una hija suya. Además se dice que era violento y que tomaba, pero ambos bebían y se agredían, siendo relevante en este aspecto, la declaración del imputado en la causa de
  • 9. violencia intrafamiliar, en donde reconoce tomar menos que su señora y ser agredido por ésta, no siendo muy lógico decir que violento es aquel que se deja pegar, o a quien le basta que su hija lo mire feo para dejar de golpear a su madre. Por otra parte, Paulina se encontraba muy afectada por las labores de casa que su papá le mandaba a hacer, lo cual parece obvio si su madre no estaba en su casa; además, él reclamaba cuando las niñas llegaban tarde. Lo único violento en esta causa, es el clima imperante en la casa, pero de eso no puede ser responsable solamente el imputado. En otro orden de ideas, cuestiona la credibilidad de Tamara y que se funda en la pericia de Jorge Moreno, por cuanto ésta deja mucho que desear, no demostrando dominio de la ciencia que profesa. Éste no indicó la puntuación obtenida por las niñas, sólo algunos de los paramentos observados y no todos, desconocía el estándar del Servicio Médico Legal en torno a quiénes se aplica el test de veracidad, y ocupó el mismo formato de informe para Tamara y Paulina, a tal punto que respecto de ambas concluyó lo mismo. Señaló que Paulina obtuvo 7 puntos, agregando que en la escala usada, de 0 a 5 puntos es un relato no creíble, después viene un parámetro que se define como probablemente creíble, y teniendo Paulina una evaluación de 7, igualmente para él es creíble. Tamara denuncia después de la pelea de su padre con su pololo, y le dice que “lo iba a pagar caro por ella y por su hermana”, por lo que nos da a entender que sabía lo de Carolina, y asumió un rol protector de la misma y de su madre. La menor observó que las medidas adoptadas por violencia intrafamiliar no funcionaban, y lo único efectivo era el arresto, amenazado a su padre con dejarlo preso y así ayudar a su madre. Paulina, no le creyó, ya que siempre hacía cosas para llamar la atención, lo cual era lógico, porque se sentía desplazada por su hermana. Tamara, dijo haber sido víctima de una agresión sexual por desconocidos, y su propia hermana atribuyó dicho hecho a querer llamar la atención. Indica que las cartas escritas por la niña, no son más que reflejo del “mal de Edipo”. El psicólogo concuerda que el daño observado es compatible con la violencia sufrida, y si bien vincula el stress postraumático a una agresión sexual, lo claro es que él no sabía que la menor había sido antes atacada por un tercero. La ganancia que obtenía Tamara era clara, puesto que es lógico que aquel que golpea a su madre y altera la tranquilidad del hogar deba ser castigado. Además, cuestiona el señor defensor que estemos frente a un delito reiterado si no tenemos fechas concretas de cada acto; más bien es este caso existe una unidad de propósito. Respecto de la agravante del parentesco, indica que ésta se sustenta en el hecho que el ser pariente, debilita las posibilidades de defensa, cosa que no se da en el caso concreto. En lo que respecta a Paulina, la acciones sexuales no se castigan per sé, ya que lo que se sanciona es que se abuse mediante un medio, y en este caso sería la relación de dependencia, resultando difícil poder afirmar que el padre abusó de la relación de dependencia por haberla tocado cuando él dormía en su cama y ella se le acostó al lado. Ella se cambió de cama a las 4 de la madrugada, y las tocaciones fueron por segundos, por lo que no existe certeza que tales sean abusivas, ni que haya sabido que se trataba de su hija. Tampoco se puede atribuir a su conducta el carácter de intencionada, ya que existen los sueños eróticos. La niña no le da importancia a las tocaciones, y sólo le da otra connotación cuando ve la victimización de su hermana. A mayor abundamiento, el acusado no abusó de su relación de poderío sobre ella, y más aún, ésta no existía, pues la custodia la tenía la madre, y era quien se preocupaba del cuidado y educación de sus hijas. Paulina en un principio dijo no haber sido víctima de
  • 10. agresiones sexuales por parte de su padre, y después cambió su versión. Cuando se hicieron los desplazamientos del hospital al Servicio Médico Legal, las niñas iban juntas, por lo que Paulina pudo haberse visto influenciada por Tamara para confesar algo a lo cual no le había dado importancia. Además, el intento de suicidio de Paulina fue por otra causa ajena al supuesto abuso. Finalmente, y en razón de todo lo antes señalado, solicita la absolución de su defendido, pues no se han acreditado los ilícitos. Quinto: Que, los intervinientes acordaron las siguientes convenciones probatorias: 1.- Que Pablo Miranda Cornejo técnico custodio de la Fiscalía Local de Puente Alto, tomó personalmente la fotografía de la bolsa plástica con fármacos en su interior que se acompaña en otros medios de prueba N° 2. 2.- Que Javier Varela Torres, Subcomisario de BRISEXME, tomó personalmente la fotografía del sitio del suceso consignada en el N° 3 de otros medios de prueba. 3.- Que el perito Andrés Rosmanich Poduje realizó personalmente el informe pericial ginecológico forense N° 3017-2005 a la víctima T.A.C.S. de fecha 28 de noviembre de 2005, en dependencias del Servicio Médico Legal. 4.- Que el perito David Montoya Squifi realizó personalmente el informe pericial ginecológico forense N° 2132-2006 a la víctima P.W.C.S. de fecha 31 de agosto de 2006, en dependencias del Servicio Médico Legal. 5.- Que el médico cirujano Federico Bravo realizó personalmente el certificado del complejo Hospitalario del Sanatorio San José de Maipo - Salud Mental con fecha 22 de noviembre de 2005. 6.- Que doña Virginia Tabe Arenas, personalmente realizó el informe presentencial del acusado oficio 1742 de fecha 10 de marzo del año 2006, emitido por el C.R.S. Santiago Sur. 7.- Que el examen de facultades mentales N° 2546-2006 del acusado, elaborado por el Servicio Médico Legal de fecha 31 de agosto de 2006, por el perito médico psiquiatra Italo Sigala, fue realizado con autorización prestada voluntariamente por el acusado en audiencia 30 de marzo de 2006, en presencia de su abogado defensor Andrés Piñeiro Santis. Sexto: Que, los delitos materia de la acusación fiscal a la cual ha adherido la parte querellante, requieren para su configuración que el hechor haya realizado abusivamente una acción sexual distinta del acceso carnal con una persona mayor de catorce años, cuando el abuso consistiere en algunas de las circunstancias enumeradas en el artículo 361 del Código Penal, o bien cuando consistiere en la concurrencia de de las circunstancias enumeradas en el artículo 363 del mismo cuerpo legal. Séptimo: Que, a fin de acreditar los hechos punibles materia de la acusación y la participación que en éstos cupo al encartado, el Ministerio Público contó con el testimonio de la víctima Tamara Alejandra Correa Santibáñez, menor de dieciséis años de edad, quien consultada por los hechos que motivan su presencia en estrados, manifestó que a fines del mes de septiembre del año pasado, específicamente el dieciséis de dicho mes, estando en su colegio, intentó matarse y para ello quiso tomar pastillas, las cuales le fueron quitadas por una compañera de colegio. Dado lo ocurrido, se vio en la obligación de hablar con su profesora jefe y con la directora del colegio, y a ellas les contó que su papá abusaba de ella, y que le daba miedo contarle a alguien lo que estaba sucediendo. Refiriéndose a dicha
  • 11. situación, la menor indica que cuando su progenitor llegaba de su trabajo los días viernes o sábados, él se pasaba a su cama y la comenzaba a tocar por todo su cuerpo, especialmente sus pechos y vagina, además, de besarle su vagina. Estas tocaciones y besos le molestaban, y ocurrían cuando todos los de la casa estaban durmiendo, por lo que nada podía hacer. Le tocaba todo su cuerpo, y la obligaba a que le diera besos en la boca. Todos los domingos su padre se metía en su cama y le efectuaba tocaciones. Consultada por las labores de su padre Héctor Correa Torres, indica que éste trabajaba en la mina, específicamente en la Volcanita, y no se hallaba en la casa durante la semana, sólo llegaba los viernes o sábados, y se iba los lunes en la mañana. Estos eventos abusivos a que ha aludido, comenzaron desde que ella era muy pequeña, como a los seis años de edad, pero a medida que comenzó a pasar el tiempo y a crecer, se dio cuenta que lo que ocurría eran más que cariños. Su papá la tocaba con sus manos, y en una ocasión en la que no se hallaba nadie en la casa, le quitó la ropa e intentó penetrarla, rozándola en la zona de su vagina con el pene, pero no logró penetrarla. Frente a ese ataque, ella lo rasguñó. Todos los episodios abusivos ocurrieron en su casa, ubicada en calle Mustafá, casa N° 14, campamento la Volcanita, San José de Maipo, y específicamente en su pieza. En su dormitorio había dos camas, y su padre dormía en una de ellas. Él cerraba la puerta de la pieza, y se metía a su cama, ahí la hacía callar, y ella no se atrevía a gritar por temor a que su madre se diera cuenta. Él la tocaba por encima de la ropa, y a veces le quería quitar el pijama. La amenazaba que si decía algo, iba a matar a su madre y hermana, lo cual a ella le parecía factible, porque a su madre siempre le pegaba. Esto ocurrió en los meses de agosto y septiembre, en esa época él fue más impulsivo. Esto ocurría los fines de semana, a veces los viernes y sábados, y siempre los domingos, antes de irse a trabajar. Se sentía asquerosa, sucia, e incapaz de hablar, y no lo hacía porque temía a su padre. Se intentó suicidar, porque tenía vergüenza, estaba cansada y ya no quería más, pensaba que si se mataba no iba a tener que seguir soportando esto, si moría iba a estar tranquila. Sabe que su padre le hizo algo similar a sus dos hermanas. Cuando Carola tenía 9 años, su papá la violó analmente y estuvo preso un mes, actualmente ella tiene 27 años de edad. A su otra hermana, Paulina, sólo sabe que le hizo algo parecido a ella, pero no le quisieron contar qué para evitar que se alterara. Sabe lo que es una relación sexual, y actualmente, tiene relaciones sexuales. En agosto y septiembre del año pasado, cuando ocurrieron los hechos, intentó tener relaciones, porque temía mucho que su papá la violara, ante lo cual prefería perder la virginidad con un pololo que con su propio padre. Exhibido por la Fiscalía un manuscrito incorporado como prueba documental, lo reconoce como suyo, leyendo “Me odio por todo lo que hago”, agregando no recordar cuando lo escribió. Además, se le exhibe una bolsa plástica transparente con pastillas en su interior, indicando que con aquellas intentó matarse. Las quería utilizar para intoxicarse y morir, porque ya estaba cansada que su padre abusara de ella, que le pegara a su madre delante de ellas, que las gritoneara, que no podían estar tranquilas. Además, se incorpora por la Fiscalía, una fotografía de las píldoras aludidas. Entre agosto y septiembre, esto ocurrió todos los días domingos antes que su padre se fuera a su trabajo. Su padre la tocaba desde hace mucho tiempo, y no lo denunció por temor. Al 28 de septiembre del año 2005, sólo intentó tener relaciones sexuales con su pololo, pero no las tuvo, porque le dio miedo, sólo tuvo su primera relación sexual completa por primera vez en junio o julio de este año. Jamás mentiría por rabia o por ayudar a su madre. No odia a su padre, ni quiere que le den muchos años de cárcel, pero ello depende de los jueces y no de ella. Aludiendo a una pelea que su padre tuvo con un amigo de ella en casa del joven, señala haber amenazado a su padre con que se las iba a
  • 12. pagar todas, pero no lo denunció. El día domingo después de la pelea, él le dijo que si intentaba hacer algo, se las iba a pagar, entonces le dio miedo, por ello sólo quiso quitarse la vida. Cuando su padre fue a Vallenar a trabajar dormía bien, pero cuando estaba en casa sentía incómoda, porque en cualquier momento la podía tocar. Ella hizo la denuncia de abuso sexual porque si no le resultó matarse, no le quedaba más que hablar. Al contra interrogatorio de la Defensa, en lo que respecta al manuscrito leído, indica haberlo escrito. En ese momento, se odiaba por quedarse callada y guardarse “todo lo que estaba pasando”. Con “todo lo que estaba pasando”, no sólo se refería a las agresiones hacia su madre, sino a que ella no era capaz de decir lo que estaba padeciendo, se odiaba por ser cobarde. A su madre la veía sufrir por los maltratos físicos y verbales de su padre, y ello le afectaba. Frente a esas agresiones, su madre le respondía a su padre, le decía cosas y lo agredía, también le pegaba, pero “él la dejaba más morada”. Las peleas en la casa eran de ambos, y era triste presenciarlas. En la época de ocurrencia de los hechos denunciados, tenía un pololo, y con él pensaba tener relaciones sexuales, pero su padre peleó con él, porque no le gustaba verla con nadie. Un día estaban tomando once en casa de su pololo con una compañera, conversando de los estudios, y llegó su papá pasado de copas, y le dijo a su pololo que lo iba a matar y cosas así, que no lo quería ver cerca de ella. En ese momento, su madre estaba en la casa enferma. Don Héctor fue donde su amigo, y lo retó, no sabe porqué fue “si todavía no había nada, no pasaba nada malo”. Allí hizo un escándalo, “fue de supuesto papá lindo que cuidaba a su hijita”, y la dejó mal frente a sus amigos, estaba ebrio y no tenía motivo alguno para reaccionar así. En ese momento, le dio rabia, reventó y lo amenazó después salieron de la casa de su amigo, diciéndole “que se las iba a pagar todas” a ella, a su madre y a su hermana, y “que se iba a arrepentir de todo lo que le había hecho a ella”. Él se asustó, y ella estaba tan alterada, que se “tiró a pegarle” y cuando se abalanzó sobre él, él la tiró lejos a una poza de barro. Además, le dijo que lo “iba a dejar encerrado, preso”, y que estaba aburrida de todo lo que estaba haciendo, indicándole “ahora no te la perdono y voy a hablar”. Las amenazas las profirió frente a su compañera y a otra niña, ellas escucharon pero no entendieron. En la calle camino a su casa, iban peleando y él la tiró a una poza de barro. Ella iba muy alterada, y él puso cara de bonito y arrepentido. No era la primera vez que le pegaba a su padre, porque una vez que él le estaba pegando a su madre, ella se metió y le dio un charchazo. En otra ocasión, cuando trató de violarla y quitarle la ropa, lo rasguño. En la pelea con su madre, se metió a defenderla porque ella estaba muy débil. Su padre es un poco más alto que ella, lo empujó, se fue hacia atrás y ahí le pegó un charchazo en la cara. Él la miró feo, dijo un par de garabatos y se fue. Lo enfrentó porque estaba aburrida que le pegara a la mamá, y lo miró feo como queriéndole decir que si seguía pegándole a su mamá le iba a ir mal. La última vez que lo enfrentó en casa de su amigo, ya estaba cansada, y le pegó un puñete fuerte. Siempre llegaba cuando las peleas entre sus padres habían comenzado, no sabe quién empezaba, pero siempre eran por cosas estúpidas. No le gustaba estar en su casa y, algunos fines de semana, salía con sus amigas para no estar allí. Cuando sus padres no estaban, llevaba amigas a la casa. Las pastillas las sacó de la casa el domingo en la noche, no sabía qué pastillas eran. En su casa había mucha violencia, y los fines de semana no podía estar tranquila, siempre garabatos, peleas y amenazas. Cuando él la tocaba, temía que la matara o que le hiciera algo a su madre, por eso lo dejaba. No le pegaba, y siempre que se enfrentaba a él lo hacía con alguien presente. Lo rasguñó en una ocasión, porque ya era mucho, estaba demasiado asustada y
  • 13. demasiado alterada. Si “no era mucho, no lo enfrentaba”. A veces él le decía indirectas amenazándola, y no lo tomaba mucho en cuenta; tales las profería mucho antes de efectuar las tocaciones. Decía cosas para que en el momento en que efectuaba las tocaciones, ella no hiciera nada y se dejara. Cuando se le acercaba, no la amenazaba directamente ni le pegaba, sí ella imaginaba que le podía pasar algo, porque habitualmente él le pegaba a su madre y lo veía como un tipo violento, al igual que su madre. Desde pequeña que vio peleas y discusiones. Cuando su padre peleó con su pololo, ella explotó, ya no daba más de todo lo que le estaba haciendo. Sabe que su madre denunció a su padre, y le prohibieron acercarse a su mamá, pero igualmente lo dejaba que llegara a su casa, por lo que ello ya no surtía ningún efecto. Siempre le enrostraba a su madre la razón por la que lo dejaba entrar nuevamente a la casa. Ella le tenía miedo a su padre, por eso lo dejaba volver. Su padre peleó con su pololo un día sábado en la noche, y el día lunes ella decidió contar todo, específicamente, que su padre abusaba de ella. El día domingo en la tarde, y previo al lunes que realizó la denuncia, su padre la amenazó, y le dijo “sí, si vai a hablar, habla, y después vai a ver lo que te va a pasar a ti”, refiriéndose a algo más que un golpe, dándole a entender que la iba a matar, o bien que mataría a su madre o hermana, se imaginó que podía ser aquello, porque era lo que siempre su padre le decía, es decir la amenaza de muerte no fue explícita en aquella ocasión. Una vez le dijo que si ella llegaba a hacer algo, la iba a buscar y encontrar donde estuviera, porque una vez hizo igual amenaza a su madre, hasta que la encontró. Las cosas que su madre hacía no daban resultados, porque ella se vino de la Unión, escapando de él, e igualmente la encontró. Ya su mamá no sacaba nada con acusarlo, porque no se lo llevaban ni detenido, y cuando se lo llevaban por un rato, volvía luego a pegarle, es decir, nada sacaba con denunciarlo por la violencia intrafamiliar, porque era en vano. La denuncia por los golpes era en vano, la única manera que la denuncia diera resultados y se alejara de la casa, era contar que él la tocaba, y después de la pelea con su pololo no lo pensaba hacer, sólo iba a matarse. La amenaza a su padre, fue sólo para que se asustara. No sacaba nada con matarse en la casa porque la iban a pillar. En el 2005 no estaba en el internado, y en la semana pasaba sola en la casa, con su mamá. Las pastillas las tomó en la colegio, en un baño, porque a la casa a cada rato iban las vecinas. Su mamá ahora no bebe alcohol, antes tomaba y de manera frecuente. Decía que tomando se liberaba de los problemas, pero ella se sentía mal al verla bebiendo, porque en el barrio decían que su madre era borracha. Le molestaba que dijeran una cosa así, porque no sabían el motivo. No sabe de quién eran las pastillas. Una vez enfrentó a su madre por el alcohol y la retó, pero ella le dijo que con el trago olvidaba todos los problemas que tenía con su padre. Cuando su padre no estaba en casa, era todo diverso, su madre estaba bien y los problemas terminaban, se podía conversar; pero cuando su padre llegaba el fin de semana, a su madre le venía los dolores de cabeza, de “guata”, etc., y quería ayudar a su madre para que no tomara más, pero no sabía cómo hacerlo. Ahora que su padre está preso, se han solucionado los problemas con su madre, y todas están mejor. Su papá trabajaba en la minería, y los fines de semana bajaba de la mina a su domicilio. Un tiempo se fue a Vallenar a trabajar, y en aquella época ella estaba tranquila y dormía bien, pero cuando regresó, todo volvió a ser como antes. Luego, trabajó en el Volcán, desconoce cuando comenzó a trabajar allí. La cama de su papá estaba en su pieza, y su madre dormía en otra habitación con su hermana Paulina, en la cama de dos plazas. A su mamá le gusta dormir con él. Él se fue de “patúo” para su pieza, porque sí había otras dependencias dentro de la casa, pero quiso irse a su pieza porque era más fácil meterse a su cama. Se le tomó un examen en sus genitales después de salir de
  • 14. hospital, y le dijeron que tenía el himen roto, mas no entiende la razón, porque en aquella “nadie entró en ella”. Sabe qué son los condones y los anticonceptivos, y actualmente los toma. Este amigo del que ha aludido, era un candidato a pololo, e intentó tener relaciones con él cuando su padre trató de violarla. En esa ocasión, cuando quiso tener sexo con ese amigo, sólo hubo acercamiento de cuerpos, y no llegaron a estar completamente desnudos. Este acercamiento fue antes del 18 de septiembre del año pasado, y antes que su papá se peleara con su amigo. Él no sabía que estaba saliendo con este muchacho, parece que su mamá le dijo. En el año 2005 tenía 14 años de edad, y fue su primer acercamiento sexual. Este niño era un poco más mayor, y estudiaba en el liceo. No hizo la denuncia inmediatamente después de la pelea que hubo entre su padre y amigo, porque tenía miedo. Además, el día preciso del conflicto fue un sábado en la noche, y al día domingo su papa seguía en la casa. Las pastillas las iba a ocupar el lunes, y se las encontraron en el colegio. Cuando se las pillaron, su padre ya se había ido a trabajar a la mina. Su padre la amenazó el domingo con que le iba a ir mal si hablaba, por lo que prefirió matarse. Requerida por el Tribunal, indica que no quería que su padre le quitara su virginidad, y en la época de los abusos, no tuvo relaciones sexuales con su pololo, sólo fue una intención, ya que la primera relación sexual fue a mitad de este año. Su papá llegó medio pasado de copas a buscarla a la casa de su amigo el día sábado 24 o 25 de septiembre, le molestaba y no le gustara verla con nadie, no se lo decía directamente, sino que se lo daba a entender con sus reacciones. Amenazó de muerte a su amigo, si la llegaba a tocar o hacer algo. Salió con su amiga de esa casa, y él iba detrás. Ella lo amenazó en una plaza y frente a su amiga y a otra niña que allí se hallaba, y lo golpeó. Llevó las pastillas al colegio, pero no alcanzó a tomarlas. El 2005, fue la primera vez que tuvo relaciones sexuales. El día en que su padre la fue a buscar a la casa de su amigo, ya había tenido relaciones sexuales con su pololo. Estos abusos sucedían desde hace mucho tiempo, y ello generó que se tornara muy agresiva con su padre. Temor es miedo y no se es capaz de decir las cosas en la cara. Rabia es cuando dan gana de matar a alguien y decirle un par de cosas, y las veces en las que ella reaccionó fuero siempre con rabia. Cuando su papá le realizaba esa tocaciones, sentía rabia y asco. Depuso en estrados Paulina Waleska Correa Santibáñez, 18 años de edad, quien manifestó saber lo que le ocurrió a su hermana Tamara, a quien su papá “intentó abusar de ella en varias ocasiones”, en su casa de calle Mustafá N° 14, campamento la Volcanita, Cajón del Maipo. Tamara le contó que en la noche, su papá se cambiaba de cama en reiteradas oportunidades, y la manoseaba. En una pieza dormía Tamara y su padre, y en la otra ella sola; a veces, y cuando se madre se encontraba en la casa, ambas compartían su cama. No sabe cuándo ocurrieron los hechos. Su padre es minero, y estaba en casa casi todos los días, porque le tocaba turnos de noche. La mayoría de los fines de semana se hallaba en casa, llegaba los sábados al mediodía y se iba los lunes de madrugada. Su padre se llama Héctor Correa, y se enteró de lo sucedido, porque una vez que fue junto a Tamara al sicólogo, ella le contó a dicho profesional que su padre la manoseaba, por lo que la llamaron para que la menor le narrara frente a ella lo ocurrido. Le cree a Tamara, porque ella también pasó por una situación similar. En las vacaciones de invierno de 2005, su padre la tocó estando en la casa, en el comedor. Había visitas en el hogar y faltaban camas, por lo que hicieron una en el suelo y otra en el sillón. Mientras ella dormía, se cambió del sillón a la cama de su padre a dormir con él, y ahí sintió que la manoseó, con sus manos le tocó desde los pechos y hasta la vagina por debajo de la ropa, lo cual fue desagradable. No hizo nada frente a ello, se
  • 15. cambió de posición y no reaccionó, porque no podía creer lo que estaba pasando. Antes de que ocurriera esto, la relación con su padre era buena, él daba dinero, y aún lo quiere. Se siente decepcionada de él, porque siempre le creyó que iba a cambiar Tiene tres hermanas más, Tamara Correa, Carolina Correa, y Carolina Prado. Sabe que su padre “intentó abusar” de Carolina Correa cuando era más chica. Esa vez fue denunciado por su madre, no sabe si estuvo privado de libertad. Su padre era violento, y se ponía así cuando su madre le llamaba la atención por alguna cosa, cuando ellas hacían algo mal, o cuando su mamá llegaba en mal estado después de una semana. Su padre nunca la amenazó. Vivía con su padre, y él la mantenía económicamente. El evento abusivo ocurrió sólo una sola vez, y jamás lo hablo con él. A comienzos de este año, reconoce haberse intoxicado con pastillas, porque se sentía sola. Que su padre la haya tocado, no tuvo mucho que ver con que su idea suicida. No sabe por qué lo hizo, si para llamar la atención, o porque quería desaparecer. No le tiene rencor a su papá. Al contra examen del abogado Defensor, indica que su padre se ponía violento, cuando su mamá la reprendía por algo, o bien cuando esta última llegaba en malas condiciones, “no curada”, es decir, cuando llegaba bebida. Esto no ocurría con mucha frecuencia. Ella le llamaba siempre la atención a su padre cuando llegaba bebida, le gritaba, y discutía con él por cosas muy pequeñas. Reconoce haber tenido problemas con su madre, ambas discutían, a diferencia de lo que ocurría con Tamara. Las peleas entre sus padre eran vistas por Tamara, y defendía a su madre y, a veces, a su papá cuando su madre tomaba alcohol. Tamara estaba aburrida de la situación, estaba cansada de que su padre estuviera viviendo con ellas, y quería que su padre se fuera. Lo decía a viva voz, lo gritaba y le decía que las dejara en paz, que no las persiguiera nunca más. A diferencia de Tamara, indica que quería que su padre estuviera con ella, porque ella era más apegada a su padre. Tamara quería echarlo para que no peleara más con su mamá. Su papá no era exigente con ellas, con ninguna de las dos, sólo le gustaba saber dónde iban y dónde estaban, y les tenía confianza. Él era igual con ambas, las dejaba salir, pero siempre con responsabilidad. Si le decían que llegarían a tal hora del día siguiente a la casa de vuelta, debían cumplir con tal norma. Casi siempre, ambas cumplían con dicha regla, pero la Tamara era más rebelde, a su padre no le gustaban sus juntas. Tamara nunca se escapó de la casa, sí, no le hacía caso a sus padres, les gritaba y era rebelde con ambos cuando se enojaba. Una vez, su padre le pegó a las dos, porque no le quisieron contar donde se hallaba su madre. Cuando su papá le pegaba a ella, ésta se ponía agresiva con él y le respondía con golpes, al igual que Tamara. En la familia, había muchas agresiones recíprocas, y, lógicamente, a nadie le gustaba aquello. Cuando su padre no estaba en la casa, disminuían las peleas, pero su mama igual seguía bebiendo. Constantemente, su madre echaba a su padre, le ordenaba que tomara sus cosas y se fuera, porque él le ponía muchas restricciones. Además, quería que se fuera por el maltrato sicológico que él le daba. Su padre insultaba y gritoneaba a su madre y a Tamara. Su papá trabajaba en una minera, y dada dichas faenas, sólo bajaba los fines de semana a la casa. No bebía casi nada de alcohol, y prácticamente no pasaba en la casa, porque iba donde los vecinos a trabajar o compartir. Siempre llegaba cansado. El día en que su padre la tocó, se quedó conversando con unas primas hasta las doce o una de la mañana, y su padre no estaba en casa. Había estado trabajando y tomando con los amigos, por lo que llegó cansado. Preparó las camas, y se acostó primero que ella. Como había tomado y había bulla, no se quedó dormido de inmediato. Ella se acostó en el sillón, y su padre se acostó con una sobrina en la misma cama. Indica la deponente, que le dio frío en la madrugada, y se fue a acostar a la cama de su padre, entonces, su sobrina
  • 16. se cambió. Él había despertado recién, y cuando ella se estaba quedando dormida, sintió que su padre la tocó, fue como media hora después de haber llegado a su cama. Luego, él siguió durmiendo. Ese día su madre estaba en la casa. Su papá cuando se queda en la casa duerme en una cama diversa de aquella en la que descansa su madre, sólo a veces acuestan juntos. Cuando su papá la tocó, ella sólo cambió de posición y se terminó el tema. Conversa poco con su hermana Tamara, y no se cuentan cosas íntimas. Sabe que ella pololea. El año pasado no pololeaba, pero salía con dos diversos muchachos de San José de Maipo, eran amigos con ventaja, es decir, se besaba con uno un día y al otro día podía estar con el otro, sin mayores compromisos. Describe a Tamara como una chica inmadura, entendiendo por tal el hecho de ser irresponsable y también inocente. Sí, representa más edad que ella desde el punto de físico. Consultada respecto de las labores del hogar, la testigo indica que ella se hacía cargo de la casa, incluso su padre le pasaba el dinero para que lo administrara, y no a su madre, porque desaparecía y no sabían qué hacía ella con la plata. Cuando le pasaba dinero su padre, compraba cosas para Tamara, para ella y para el hogar. Esta situación, generaba celos en su hermana y en su madre, porque lo lógico era que manejara los dineros la madre. Además, Tamara le tenía celos porque, a veces, su padre le pasaba dinero a ella y a Tamara no le compraba nada. En lo que atañe a su intento de suicidio, refiere que éste no se debió “tanto por lo que le hizo su padre, sino porque con la persona con la que está ahora supo que lo había engañado”, fue porque se sentía sola, ya que su pareja le recriminó su infidelidad. No atribuye dicha conducta al problema con su padre, pues “no podía creer lo que hizo, y no podía reaccionar a saber si era verdad o mentira”. Él la toco en julio del año pasado, y al otro día ella “lo tomó como un olvido, no se acordaba al otro día lo que había pasado”. No reaccionó, ni le tomó importancia, fue algo rápido, muy pasajero, en la noche y cuando dormían. Quizás con el sueño se le olvidó. Sólo le tomó el peso a lo sucedido, cuando debieron ir a Investigaciones a dejar constancia, ahí le contó un policía que a su hermana Carola le había pasado lo mismo, ahí le explicaron mejor lo que le había echo a su otra hermana. Tampoco le tomó importancia cuando se enteró de lo ocurrido a Tamara. Fue después de ocurrido el suceso a ella. Sabe que su hermana tomó unas pastillas, pero no recuerda cuándo. No sabe cuándo fue a Investigaciones. Carabineros fue a su casa y le tomaron una declaración, ahí le preguntaron si su padre la había tocado alguna vez, y ella dijo que no. Luego, fue a declarar a la Fiscalía, y ahí nuevamente dijo que no había sido abusada por su padre. Tal negativa se debió a que hasta ese momento no le había dado importancia a lo sucedido, y tal la asumió cuando vio a su hermana Tamara afectada. No sabe si la Tamara había hecho otra denuncia de esta naturaleza en contra de otra persona. Desconoce si ella ingería alcohol, y muy pocas veces salían juntas. Sí recuerda que una vez salieron y Tamara estaba en una fiesta de una amiga, por su parte, ella estaba en casa de otra amiga, y la iban a ir a dejar No sabe a qué hora llegó pero llegó gritando y llorando que la venían persiguiendo y que alguien la había agarrado y tirado en el puente El Yeso. Todos salieron asustados y preocupados, fueron a ver y no había nadie. Hicieron la denuncia a Carabineros pero ella nunca creyó. Con carabineros en el furgón policial fueron al lugar y no encontraron a nadie. Cree que ella hace cosas para llamar la atención, para que la compadecieran y la trataran como víctima. Requerida por estos jueces, indica que fue a Investigaciones a dejar constancia de los abusos que había hecho su padre en contra de su hermana Tamara y con ella, las llamaron de la Fiscalía que debían hacerlo. De Investigaciones las llevaron a la Fiscalía. Tamara hizo la denuncia. Se enteró de lo Tamara
  • 17. cuando fue al sicólogo, porque sicológicamente estaban mal por los tratos de su padre y madre. Siempre han ido al sicólogo, producto de los malos tratos dentro de la familia, pero no tiene nada que ver el abuso sexual de su padre. Su padre la decepcionó, porque creyó que iba a cambiar, siempre les decía que se iba a ir y no iba a volver, y que siempre estaría con ellas, su cambio se refería a su carácter. Pensaba que cambiaría su carácter, sus gritos, las cosas que la mandaba a hacer, porque ella debía hacer todo lo que hace una dueña de casa. Lo de Carolina se lo contó su mamá, sabía una parte de esa historia, pero le quedó claro cuando tuvieron que hablar con un policía. Lo supo hace unos cinco años atrás. Su papá la maltrataba sicológicamente, con garabatos, gritos, etc. Estaba quedándose dormida cuando él la tocó, no estaba dormida completamente, y sintió el actuar de su padre, duró diez segundo, sólo fue una vez, sólo cambio de postura. Respecto al hecho que la afectó, nadie se enteró y no lo quiso contar, porque lo tomó como un olvido, lo contó por primera vez en Investigaciones, y Tamara no lo sabía. Asimismo, compareció Jorge Luis Pérez Cabrera, cabo primero de carabineros, dando cuenta de su intervención en un procedimiento policial que se gestó mientras de encontraba de servicio de patrullaje, indicó que el 16 de septiembre del año pasado, se le ordenó que se dirigiera al colegio del Melocotón en San José de Maipo. Allí, se entrevistó con doña Verónica Órdenes, directora del establecimiento, quien le manifestó que a eso de la diez de la mañana, una menor de iniciales T.A.C.S había intentado tomarse unas pastillas, agregando que su padre durante el transcurso de la noche, se levantaba e ingresaba a su cama, tocándola en sus senos, vagina y trasero. La madre de la menor, no llegó de inmediato, sino cuando ya se le había tomando la denuncia a ésta. Nada señaló, pues indicó no tener conocimiento de los abusos de su marido hacia su hija, sólo refirió agresiones físicas hacia ellas - madre e hijas - por parte de él. La madre no influenció a la niña para efectuar la denuncia, y la señora directora le entregó una cantidad de pastillas de diversos colores y que habría tratado de ingerir la afectada. Exhibida una bolsa plástica transparente con una serie de píldoras en su interior, las reconoce agregando que aquellas se le quitaron a la niña. Al contra examen de la Defensa, indica que el cabo Colihuinca trabaja junto al cabo Paredes en el retén San Gabriel. Desconoce si ellos tomaron una denuncia de una menor por abuso sexual ocurrida meses antes. Tampoco supo que la señora María Santibáñez agredió a este carabinero. La madre de la menor cuando fue al colegio, se veía normal. Igualmente, testificó dando fe de los hechos que afectaron a sus hermanas Carolina Marión Correa Santibáñez, quien consultada respecto de los motivos que convocan su presencia en el presente juicio, indica que su hermana Tamara le confesó aquella ocasión en la que intentó suicidarse, que su padre - y padrastro de la deponente - abusaba de ella desde que era pequeña, específicamente todas las noches se metía a su cama, le sacaba su ropa, y la tocaba en sus partes íntimas. Se lo contó el día que la fue a ver hospital, y entre los meses de agosto y septiembre del año pasado, los abusos habían sido más intensos. Respecto de Paulina, sabe que ésta intentó suicidarse, y que su padre abusó de ella en el mes de julio de ese mismo año, pero aquello sólo lo supo por su madre. Tamara, le indicó que su padre - padrastro de Carolina - abusaba de ella, y que los hechos consistían que éste, en las noches y mientras todos dormían, se metía suavemente en su cama, le bajaba la ropa interior y la besaba en sus senos y vagina, incluso una vez fue muy violento con ella y la dejó sin ropa interior. Su padrastro trabajaba durante la semana, y llegaba los fines de semana, y en esas ocasiones cometía “esa maldad”, le tocaba sus
  • 18. pechos, vagina y la besaba en aquellas partes, además, intentaba meterle su pene en la vagina. Todo ello lo hacía bajo amenaza que iba a matar a su madre, y ella creía que iba a cumplir sus promesas, porque ellos peleaban constantemente. Su padrastro es una persona muy violenta, golpeaba constantemente a su madre, y recuerda que una vez trató de cortarle el cuello con un cortacartones. Tamara le dijo que todo esto comenzó cuando era pequeña, pero únicamente lo confesó en septiembre ya que en ese período - agosto, septiembre - se tornó más incontrolable, y en aquella ocasión le sacó la ropa. Estos episodios ocurrían entre el viernes y lunes, cuando él llegaba del trabajo, y mientras todos dormían. En esa casa vivía su madre, Paulina, Tamara, y su padrastro. Allí hay sólo dos dormitorios, y Héctor Correa “sacó una orden de poner una cama en la misma pieza de la Tamara”, y si no se le hacía caso, se enojaba. Paulina dormía con su madre en una pieza diversa de la de Tamara. Su mamá mantenía económicamente el hogar, porque su padrastro le pasaba toda su plata a Paulina, y siempre le decía a Tamara que si le hacía caso, le iba a dar plata, o le iba a comprar algo. Con Paulina el trato era diferente, pero últimamente, ella se había alejado de él; cuando ella intentó suicidarse en febrero de 2006, lo único que su madre le contó fue que fue abusada en julio de 2005 en El Volcán, pero desconoce en qué consistió tal, sólo su madre le dijo que este maldito le había hecho lo mismo que a ella, refiriéndose a un episodio de abuso sufrido por la testigo cuando vivían en la Unión. Su relación con Tamara es buena, y la quiere mucho; con Paulina el vínculo es más distante, porque su padrastro desde que eran chicas, trató que se tuvieran distancia. Le cree a sus dos hermanas, y le es imposible pensar que su madre haya influenciado a las dos menores para echar al papá de su casa. Tamara ha sufrido mucho esto, ya no es como antes, y últimamente bajó sus notas. A Paulina la nota afectada, porque no es la misma niña, y siendo tan regalona como lo era de su padre, no podría haber inventado todo esto, además, intentó suicidarse. Además, le parece plenamente factible todo esto, porque cuando ella tenía 11 años, su padrastro abusó de ella, y lo mismo que le hizo a ella, se lo hizo a Tamara. Tamara le contó que su padre discutió con un amigo de ella, situación que le generó mucha rabia, pero le asiste la convicción que no por ello inventó todo esto. Su padre se comportaba celoso con Tamara, no la dejaba tener amigos, y ni siquiera salir a la calle. Esos mismos celos sintió una vez con ella - deponente -, porque tenía igual comportamiento. A pesar de todo el daño, no odia a su padrastro, sí le duele mucho lo que le hizo a sus hermanas, y sólo clama justicia para que algún día pare todo esto, agregando que teme que él le vaya a hacer algo a su hija o su sobrina pequeña. Sabe que una vez que se da la orden de investigar por los hechos que afectaron a Tamara, Paulina develó los hechos en contra de su padre. Cuando Tamara intentó suicidarse, Paulina negó cualquier situación de abuso, porque era muy regalona de su padre, y para ella la única explicación que encuentra al intento de suicidio de Paulina en febrero, es que él la tenía amenazada cuando Tamara habló y con el tiempo se atrevió a hablar. Paulina era como la esposa de su padrastro, a ella le pasaba todo el dinero y, claramente, era a quien más le convenía que su padre estuviera libre. Su mamá en el 2004 lo denunció por violencia intrafamiliar, fue condenado, y no podía acercarse a la casa. Paulina obedecía todas la órdenes de su padre, y no le hacia caso a su madre. Consultada por la parte querellante, indica que la familia era sostenida por su madre, y que Héctor Correa nunca se preocupó mucho de las niñas; a Tamara no le daba nada, ni plata para comprar cuadernos. Con sus hermanas era muy celoso, sobre todo con Paulina, y con ella también lo fue.
  • 19. Al contra interrogatorio de la Defensa, refiere haber estado grande cuando su mamá conoció a su padrastro, y él la reconoció. Tamara le comentó lo ocurrido sólo después que intentó suicidarse, lo cual sucedió con posterioridad a haber tenido su padre una pelea con un amigo de ella. Su mamá no padecía de alcoholismo, sólo en fiestas bebía un par de copas. Su madre no siempre estaba en casa, salía a trabajar durante el día y llegaba en las noches, salvo que saliera a regiones. Los días de semana, las niñas quedaban en el internado o en la casa, y en el año 2005, Tamara ya no estaba en el internado, porque se había cambiado de colegio. Ya desde hace ocho años que no vive en la casa, pero iba a ayudar a su madre, y se quedaba en la casa dos, cuatro días o una semana completa, y nunca vio a su madre alcohólica; tampoco sus hermanas le comentaron que bebía. Confrontada con los dichos de Tamara quien indicó que su madre bebía, la deponente señala que la niña pasaba más tiempo con su madre que ella. Su padrastro nunca le pasó nada a su mamá, no la ayudaba económicamente, y luego, como tenía más interés en Paulina, le pasaba el dinero a ella. Sabe que es verdad lo que dijo Tamara, pues prueba de ello es lo que pasó con Paulina, ya que porqué ella si era la regalona de su padre. Una de las cosas que le motivó dudas, fue el intento de suicidio de Paulina, y piensa que éste se debió a que su padrastro, continuó con los abusos hacia ella, y si bien su madre le dijo que había sido una sola vez, piensa que fue una situación reiterada, porque de ella abusó un año y medio. Cree que con Paulina esto siguió durante el año, y en diciembre y enero, no obstante ello, representarle el abogado defensor que el acusado está preso desde noviembre. Paulina tenía un novio, y su papa le hacia los mismos escándalos que a Tamara. Los abusos que ella sufrió, sólo los comentó en el tribunal donde debió concurrir, y Tamara no tenía cómo enterarse de lo que a ella le había ocurrido. Sabe que se hizo una denuncia de violencia intrafamiliar, se le prohibió a su padrastro acercarse al hogar, además, de ordenársele a toda la familia que asistiera a terapia sicológica, a la cual también asistían las niñas. Desconoce si la sicóloga les comentó a ellas, del abuso del que fue víctima. Hay detalles en el relato de Tamara que coinciden con las situaciones por ella sufrida, y Tamara no tenía como enterarse. No cree que su madre lo haya contado en la denuncia de violencia intrafamiliar, y si lo hizo, no pudo dar mayores detalles, porque ella no le contó las cosas íntimas, sólo sabe que la penetró. Tamara relata lo mismo que el acusado le hacía a ella, y siempre amparado en el silencio de la noche. El acusado abusó de ella cuando vivían en la Unión, y lo denunció cuando ya no aguantó más. Nunca le practicaron ningún examen, y a ella y a su hermana las llevaron a vivir a un hogar, mientras que a su madre la internaron en un hospital psiquiátrico. Una vez que llegaron a Santiago, y dos años más tarde, la revisaron en el Servicio Médico Legal, pero sólo “por delante y no por detrás”. En la Unión no estuvo preso, y en Pedro Aguirre Cerda sólo lo estuvo tres meses. Cuando esto le ocurrió, sufrió mucho, y lo que le hizo a sus hermanas es como si se lo hubiese hecho nuevamente a ella. Los abusos fueron a partir de los 10 u 11 años, y cuando su padrastro la intentó violar, se resistió y se puso rebelde, prefirió a salir a la calle, y se embarazó a los 14 años, y le agradece, en términos irónicos, a Héctor Correa el hecho de haber sido madre tan joven. Tamara no le contó nunca haber sufrido un intento de violación por un desconocido en un puente en el sector del Yeso. Su padrastro llegaba los fines de semana, y la custodia de las niñas la tenía su madre. Cuando alguna se enfermaba, era su madre quien las cuidaba, el padre nada aportaba. Tamara le comentó las agresiones sufridas, y le contó que él le bajaba la ropa, pero una vez y ahora último, como ella se opuso, él la golpeó y le saco toda la ropa y la dejó sin nada en la cama. Al parecer a Tamara le tenía odio, en cambio Paulina era su reina. En su casa siempre hubo mucha
  • 20. violencia, su padrastro golpeaba a su madre, golpeaba delante de sus hermanas, y su madre se defendía de las agresiones. Paulina con la plata que le daba el papá, se compraba cosas para ella, y, a veces le compraba un saco de harina a su mamá cuando ella le pedía que le comprara cosas. Le pasaba la plata a ella, porque el papá no estaba toda la semana en la casa. Su madre era la responsable de la casa, ella era la dueña de casa. Requerida por el Tribunal, indica que las tocaciones a Tamara, eran por debajo de la ropa de la niña, y que en varias ocasiones la intentó violar. Tamara estuvo hospitalizada luego del intento de suicidio bastante tiempo, hasta como noviembre o diciembre, y de allí se intentó fugar y suicidar tirándose al río, porque no soportaba que su padre se paseara por las afueras del hospital. Además, la Fiscalía contó con el atestado de María Luzmira Santibáñez Pino, madre de las menores ofendidas, quien indicó que su hija Tamara, en el mes de septiembre de 2005, intentó suicidarse, oportunidad en la que le contó que su padre en ciertas ocasiones y cuando vivían en San José de Maipo, le hacia tocaciones en sus pechos, cuerpo, y vagina, besándole el cuerpo y dichas zonas; incluso, en cierta ocasión, intentó penetrarla y le sacó su pijama a tirones. No había contado nada hasta ese momento, porque él la amenazaba y le tenía mucho temor, ya que veía las reacciones violentas que él tenía hacia ella - madre -, a quien golpeaba con frecuencia, por lo que le asistía la certeza que dichas amenazas se concretarían si hablaba. Indica que en septiembre, la menor no pudo superar lo que sucedía, e intentó el suicidio. Las amenazas consistían en que si hablaba, la iba a matar a ella - testigo -, porque él la golpeaba constantemente, e incluso en ciertas ocasiones intentó matarla. Recuerda la declarante, que su marido en el año 1994, intentó cortarle el cuello con un cortacartones. El hecho que afectó a Tamara, ocurrió en calle Mustafá, casa N° 14, campamento minero. Como madre, jamás se dio cuenta de lo que ocurría, y, generalmente, estos abusos ocurrían en el mismo dormitorio de su hija. En la casa vivían Tamara, Paulina, su marido y ella, y sólo había dos dormitorios; uno con una cama de dos plazas donde dormía Paulina, y el otro con dos camas: una de ella y la otra de Tamara. Cuando su marido llegaba los fines de semana, ella le cedía su cama, así es que dormía en el mismo dormitorio que Tamara. En ciertas ocasiones, y mientras dormía en la pieza de Tamara, su marido llegaba por la noche, le levantaba la ropa, y la comenzaba a tocar en todo el cuerpo, y para evitar aquello, dormía con Paulina. A veces tenían relaciones sexuales, pero siempre de manera forzada, y si accedía y se acostaba con su marido, era para evitar que las niñas se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo. A veces la violaba, y la situación conyugal era insostenible. Lo de Tamara ocurrió en agosto y septiembre de 2005, aunque los abusos habían comenzado cuando era pequeña. Paulina, también intentó suicidarse en febrero de 2006. En aquella ocasión, ella se hallaba en la Unión, y cuando llegó a su hogar, se enteró por vecinas que su hija estaba internada en el hospital de San José Maipo, informándosele allí que la habían derivado al Sótero del Río con pocas posibilidades de vida. A los pocos días que la niña salió del hospital, llegó una citación de Investigaciones, y pensaron que se debía al intento de suicidio de Paulina. Ese día, fueron a Investigaciones y cuando salieron a tomar un colectivo, Paulina la abrazó y le dijo “mama estás preparada para otra noticia”, y le dice: “es que mamita, a mi me pasó algo igual que a la Tamara”. Frente a tal confesión, quedó muda, y luego le dijo: “hija, pensé que a ti también te había pasado”. En Investigaciones, ella le dijo al policía que tenía el presentimiento que su hija Paulina también había pasado por lo mismo que de Tamara y Carolina. En esa ocasión, Paulina contó en Investigaciones, que en
  • 21. el mes de julio de 2005, su padre se había metido a su cama, y la había tocado en su cuerpo, pechos y vagina. La relación entre él y Paulina era buena, pero también había momentos de mucha violencia, incluso la amenazaba, y le decía que si se ponía insolente con él, no le iba a dar plata para zapatos o para el colegio. Su marido le daba dinero a Paulina. Él trabajaba en las minas, y no estaba en la casa durante la semana. Paulina cuando él estaba, le obedecía. Nunca ha influenciado a sus hijas para que mientan por ella, ni tampoco mentiría ella o sus hijas, exponiendo a las niñas al tribunal. Han sufrido mucho con esto. Tamara era testigo de la constante violencia que había en el hogar, y está segura que no ha mentido, porque la conoce bien. Ellas crecieron en un ambiente de violencia, y no mentirían a estas alturas para ayudarla. Su hija Carolina, fue abusada en el año 1993, y en aquella ocasión su marido estuvo preso 3 meses. Buscó un lugar donde huir de él, y desde que se vino del sur ha vivido en 4 casas diferentes; la última fue la del Volcán, lugar donde su marido también llegó. No cree que el relato de Carolina haya influido en sus otras hijas. De los hechos que afectaron a Tamara, se enteró en septiembre de 2005, el intento de suicidio ocurrió en el colegio el Melocotón. Su hija sacó de la casa medicamentos, e intentó tomárselos en día siguiente en el colegio, una amiga la sorprendió, y dieron aviso a los profesores de lo que estaba sucediendo. Tamara contó en el colegio a sus profesores y a carabineros que llegaron al lugar lo que estaba sucediendo, ella estaba aburrida y había tomado la determinación de no vivir más. Tamara después de develar los hechos, estuvo un mes y medio en el hospital de San José de Maipo sumida en una fuerte depresión. Héctor Correa no fue detenido de inmediato y luego de la denuncia, sino sólo en noviembre y cuando Tamara se escapó del hospital para tirarse al río, porque no podía pensar cómo no era escuchada por la justicia. En ese momento, recién detuvieron a su marido, y llevaron a la niña al Servicio Médico Legal. Luego, la llevaron al Hospital Barros Luco, porque estaba con una crisis producto de su depresión, pero allí no la pudieron internar. Tamara dijo que el día anterior había habido un problema entre su papá y un amigo, y sintió rabia luego de ello. Tamara no es mentirosa, ni rencorosa, y no habría inventado una cosa así por rabia. Paulina tampoco es así. Héctor Correa es una persona violenta, la golpeaba frente a las niñas, e incluso fue agresivo con sus jefes, compañero de labores, y vecinos; pero más bien la agresividad la descargaba hacia ella. Hay varios reclamos de esta naturaleza en tribunales, muchos años le estaba pidiendo que se fuera de su casa, pero jamás mentiría con una cosa como esta para lograr echarlo del hogar. Siempre donde ella huyó, él llegó. No le tiene odio, sólo siente pena de lo que han significado todos estos años, y tiene la plena seguridad que él ha cometido todos estos delitos. Si se hubiera dado cuenta antes, habría acudido de inmediato a carabineros para denunciarlo, y no habría esperado que sus hijas intentaran suicidarse para reaccionar. Es un hombre que la ha golpeado toda la vida, pero jamás les pediría a sus hijas que mintieran para terminar con esta situación. Reconoce haber bebido alcohol en ciertas ocasiones, pero nunca grandes cantidades, siempre fue compartiendo con vecinos y amigos. En el año 1991, estuvo internada en el psiquiátrico, por una crisis depresiva crepuscular, puesto que cuando estaba embarazada su marido la maltrataba sicológicamente, y estaba desnutrida. Él en un comienzo le dio dinero, pero últimamente nada le daba. Tomó durante un tiempo pastillas antidepresivas, pero ya no los necesita desde hace mucho tiempo, jamás ingirió medicamentos con alcohol. Exhibido por la Fiscalía un set fotográfico compuesto de veinte fotografías del sitio del suceso, las reconoce indicando que en la N° 1: se ve la entrada de la calle Mustafá donde vivían, y desde allí se
  • 22. aprecia el cerco de su casa, N° 2: es una parte del patio de su casa ; N° 3: su casa, la chimenea, la puerta principal y el cerco que da al parrón; N° 4: puerta de la casa, y la reja exterior con un candado, que él nunca respetó, el lugar era de fácil acceso; N° 6: cerco de la casa; N° 7: el cerco; N° 8: otro antejardín y frente de la casa y N° 9: sector del antejardín de su hogar; N° 9 igual tomada de la misma posición ; N° 10: la otra puerta del patio; N° 11 puerta del portón de la casa. Nº 12: ventanas de los dormitorios; Nº 13: parte que da al jardín; N° 14: otra vista de la casa y de las ventana de atrás; N° 15: puerta que da hacia el gallinero; N° 16: costado de la casa; N° 17: costado de la casa que colinda con el sitio; N° 18: salida de atrás que da al gallinero de la casa; N° 19: parte del patio donde se halla un cerezo y el parrón; y N° 20: costado del parrón. Contra examinada por el abogado del encausado, no se define como una persona alcohólica, sí reconoce haber bebido en ciertas oportunidades, pero jamás lo hizo a escondidas; no recuerda haber llegado bebida a su casa, y nunca se desaparecía por noches para salir a beber. Siempre sus hijas sabían donde se hallaba. Confrontada con los dichos de Paulina en cuanto señaló que su madre abandonaba la casa y no sabía dónde estaba, la deponente indica que si esto ocurrió en alguna oportunidad, no lo recuerda. Durante la semana sus hijas estaban con ella en su domicilio, y no recuerda haberlas dejado solas por la noche. Consultada por don Belarmino Jara Alonso, refiere que es conocido de ella, y que visitaba la casa de él frecuentemente. En dueño de un campamento, y le daba trabajo a ella y a Héctor Correa cuando estaba cesante. Era una persona muy cercana a su familia, y se visitaban. No iba a tomar con él, y las veces que bebían, también lo hacía Héctor Correa con ellos. En ese camping no venden bebidas alcohólicas. La casa donde ocurrieron los hechos, si bien tenía más piezas, sólo tres camas. Hace tiempo que no dormía con su marido, y en la cama de dos plazas dormía Paulina. En la otra habitación, dormía ella con Tamara. Cuando Héctor Correa llegaba, ella se cambiaba al dormitorio a dormir con Paulina, y le dejaba esa cama junto a Tamara. Las niñas supieron que ella había hecho una denuncia por violencia intrafamiliar, y sabían que su padre no podía acercarse a la casa, pero igual entraba. Otra medida que se dispuso en dicha causa, fue una terapia sicológica para todo el núcleo familiar, pero él no quiso ir, porque no era un loco. En dicha terapia, ella hizo referencia a la violación de Carolina, sin mayores detalles. Desconoce si el sicólogo les contó a sus hijas lo que le había ocurrido a Carolina; sí Tamara supo que su padre había estado detenido. Cuando Héctor Correa estuvo detenido, el ambiente en la casa era calmado, no habían peleas, nadie gritaba, se dormía tranquila, no había sobresaltos, y por eso cuando él estuvo preso, ella buscó refugio en otro lugar; la denuncia de violencia intrafamiliar no dio resultados. Tamara tenía confianza con ella, pero nunca le contó que había sido tratada de violar por un desconocido en el sector del puente El Yeso. Don Héctor no le entregaba dinero, en pocas ocasiones algo le daba. Actualmente, y al estar detenido, sus hijas la ayudan con parte del presupuesto, y el resto es de lo que obtiene con su trabajo. Fue a hablar con el jefe de su marido, para que conversaran con él y le hicieran ver que no volviera más a la casa por los problemas que tenían, no fue a pedir que lo despidieran. Paulina tenía pololo hace más de un año, y nunca le contó con detalles la razón por la que se intentó suicidar. Consultada en orden a haber sido denunciada por maltrato a Carabineros, indica que ella fue quien denunció al carabinero José Antonio Muñoz Soto por agresivo. Aquello fue porque Héctor Correa le hizo un trabajo a él, y éste no se lo pagó. Héctor la mandó a ella a cobrar y el carabinero le contestó de
  • 23. manera prepotente, entonces ella le dijo que era un corrupto, y él le pegó un codazo en la boca, por eso es que tiene incluso una prótesis. Él la mandaba a ella a cobrar si quería plata, ella debía enfrentarse con la gente si quería conseguir el dinero para sus niñas. Su marido es un mentiroso. Reconoce que Tamara y Paulina la reprendían beber, pero nunca ha sido alcohólica. Lo que a las niñas les molestaba era el olor a trago, y le pedían que no tomara más. Cuando Héctor le pasaba la plata a Paulina, lo hacía porque ella distribuía mejor la plata, y que él sabía lo que hacía con su dinero. La testigo indica haber mantenido el hogar, y de una u otra forma se las rebuscaba para conseguir dinero. En lo que respecta a los cuidados físicos de sus hijas, ella se encargaba, y era quien andaba detrás de las niñas para que hicieran las tareas. En la sentencia de violencia intrafamiliar, además, se le entregó la tuición de las niñas. Se condujo a estrados, a Verónica del Carmen Órdenes Vergara, directora del colegio del Melocotón al cual asistía la menor de iniciales T.A.C.S., quien refirió que en el mes de septiembre del año pasado, aproximadamente el 25 y de vuelta de vacaciones, una alumna de 7° básico fue sorprendida con muchas pastillas en su poder que intentó tomárselas. La profesora de su curso intervino, y la llevó a su oficina. Se entrevistó con Tamara Correa Santibáñez, quien estaba en muy mal estado, lloraba mucho y se veía muy afectada. Conversó con ella, y le preguntó la razón por la que había intentado hacer eso, indicándole la niña que estaba aburrida, que no quería vivir y se quería matar. Le pidió que le contara lo que pasaba, y ella le dijo que en su familia había mucha violencia intrafamiliar, mientras continuaba llorando. Le indicó que no quería volver más a su casa, y no quería volver a ver a su padre. Frente a tal aseveración, ella le preguntó si tenía algún problema puntual con él, y ella responde que hay muchos problemas. Nuevamente, le pregunta si su padre le había faltado alguna vez el respecto, y ella responde que sí, que le tocaba la vagina, y el pecho, insistiendo en que no quería volver a verlo. Además, le contó que él la amenazaba con matar a su mamá. Frente a tal situación, la deponente decidió realizar la denuncia y llamó a carabineros para que concurrieran a la escuela, narrándoles lo sucedido. Trató de ubicar a la mamá, y demoró en llegar, porque viven en un sector más aislado. La denuncia fue tomada en el colegio, y la madre de la niña llegó como a las tres o cuatro de la tarde. No sabía lo sucedido, y el carabinero le narró lo ocurrido, encontrándose Tamara y ella presentes. Lleva 33 años de servicio, y sabe que un niño miente, en otras cosas, y no en éstas. Notó un dolor muy grande en la menor, y le creyó. Además, habló con la profesora jefa de su curso, y le informó que Tamara se hallaba en tratamiento sicológico y se veía muy dolida. Cuando la madre se enteró, fue terrible e impactante, gritaba, y se tendió a desvanecer, se recriminaba y aludía a cosas del pasado. Le decía a Tamara “no, porqué no me lo dijiste hija si este infame ya lo hizo una vez”. Prosigue la declarante, indicando haberle preguntado a Tamara el motivo por el que no le había contado a su madre, y ella le dijo que tenía mucho miedo de la violencia y de los conflictos que habían en su casa. Cuando vio a Tamara como a las 10:00 horas de la mañana, ella se presentó ante ella llorando y muy reprimida, lloraba con desesperación y suspiros. Lloró por mucho rato y no quería hablar. En esa mañana no le cuenta de inmediato del abuso, y quizás si ella no le hubiera dado la confianza e insistido, tal vez ella no habría contado. La menor sindicaba como responsable a su papá, y le costó decirlo. Los abusos ocurrían en su casa, y en su pieza. En la casa había dos dormitorios, en uno, una cama de dos plazas, en el otro, dos camas más. Su mamá dormía en la cama de dos plazas con su hermana, y su papá con ella cuando llegaba. Él se pasaba a la cama de ella por las noches. Dijo que le había pedido a su hermana que le permita dormir en la cama de dos plazas, y accedía al principio, pero
  • 24. después se retractaba ya que dormían muy incómodas. El padre la manoseaba, le tocaba la vagina, el trasero, y sus senos por debajo de la ropa, y ella despertaba cuando estaba dormida. Contra examinada por la Defensa, refiere que la niña le indicó que su padre la manoseaba, y que en la noche mientras dormía, se metía debajo de la ropa de cama. Ella no insistió para saber qué pasaba en la vida familiar de la menor, lo que realmente le preocupó fue el estado emocional de ella, no era su afán indagar en cosas familiares, sino que salió a raíz de ello. Le insistió varias veces si se trataba de su papá o de su padrastro. Sólo tenía conocimiento por referencias de la apoderada, que tenían problemas de violencia intrafamiliar. Tamara estuvo menos de un año como alumna. No sabe porqué Tamara abandonó el internado donde antes se hallaba, la madre dijo que tenía conflictos con sus compañeras, mas no está segura. Por su parte, se contó con al presencia de Carolina Helena Prado Santibáñez, hermanastra de las menores ofendidas, quien manifestó en estrados haberse enterado que en el mes de septiembre del año pasado, su hermana Tamara intentó suicidarse, y que ella y su madre quedaron hospitalizadas por dicha situación. Llegó al lugar donde se hallaban internadas, y le preguntó a Tamara qué pasaba, ella le dijo que su padre abusó de ella en los meses de agosto y septiembre de dicho año, agregando que desde que tenía ocho años le hacía esto, pero que en agosto y septiembre se había tornado más seguido. En ese momento, ella le pidió que no le contara nada más, y fue a ver a su madre que estaba con sedantes, pidiéndole la doctora que las atendió, hacerse cargo de ellas. Su madre se fue con ella para su casa, y después de un tiempo dieron de alta a Tamara; pasaron un par de meses, y en febrero Paulina intentó suicidarse. De dicho suceso, se enteró por un llamado telefónico dos días después de ocurrido. Fue al hospital, y su hermana no reaccionaba. Sintió que algo pasaba, y sólo le dijo que estuviera tranquila, la tomó de la mano y le dijo que la quería. La dieron de alta y se fue con ella fue para su casa. A los días, las llamaron de la Brigada de delitos sexuales a declarar. Paulina pensó que se trataba del intento de suicidio, y cuando iban entrando, ella le preguntó a la niña si tenía que decirle algo y ésta respondió que no. Salió complicada luego de declarar, y cuando le tocó entrar a ella, le preguntó al policía que la estaba interrogando, si su hermana Paulina había dicho si su padre abusaba de ella, respondiéndosele que sí. Su mamá y hermanas se fueron a su casa. A Paulina no le preguntó nada, y ese día sólo conversaron del asunto de Tamara, y todas estaban sicológicamente muy afectadas, por lo que no quisieron ahondar en más cosas dolorosas. Luego, cuando las llamaron nuevamente a declarar, sólo les dijo a sus hermanas que estuvieran tranquilas y que dijeran la verdad. Sabe que Carolina fue abusada y Héctor Correa estuvo preso. Tamara le contó que esto ocurría en la casa de calle Mustafá, N° 14, pueblo El Volcán. Los abusos ocurrieron varias veces, y los fines de semana que Héctor Correa bajaba, los aprovechaba para pasarse a la cama de su hermana mientras todos dormían. Le tocaba los pechos, vagina, trasero, y le decía que le hacía que le hiciera sexo oral. Lo de Paulina fue sólo una vez en julio de 2005, en la misma casa. Constantemente este sujeto peleaba con su mamá, la golpeaba, y ella en varias ocasiones conversó con Héctor Correa sobre el asunto. Tamara dejaba que su papá la tocara, porque él la amenazaba que si decía algo iba a matar a su madre o a ella misma. Héctor y Paulina tenían muy buena relación, él la protegía, y todo giraba en torno a ella, razón por la que ella - testigo - se enfrentó varias veces con él por las diferencias económicas que éste hacía entre las niñas. Paulina siempre obedecía a su papá, y él le daba dinero. No es probable que su madre haya inventado esto para sacarse a Héctor Correa de encima, porque no expondría a sus hijas a este
  • 25. sufrimiento que afecta a toda la familia. Ni Tamara ni Paulina son mentirosas, y les cree lo dicho, porque ellas no se mezclarían en los problemas de sus padres. Paulina nunca habría mentido con algo así, porque ella era todo para él. Sabe que Carolina fue abusada por su padre, y su madre huyó de la Unión por ello; él estuvo preso en San Miguel un tiempo, y luego las buscó hasta encontrarlas. Contra examinada, refiere que Paulina y su papá eran muy cercanos, era muy evidente que ella era su regalona, y eran claras, para todos, las diferencias que se hacían entre las dos niñas, pese a lo cual Tamara no le tenía envidia. Tamara es sana, en el colegio tiene buena conducta, pero nunca ha sido muy buena para los estudios. Estuvo en un internado y no sabe la razón por la cual se retiró. No supo que Tamara había sufrido un intento de violación en el sector del puente el Yeso. Le cree a Paulina, pero nunca le preguntó a ello lo ocurrido, debido a lo mucho que veía sufrir a Tamara con esto. Sí le preguntó porqué se intentó suicidar y le dijo que por problemas que ella tenía. Tenía un pololo, y sabe que en algo tuvieron que ver en el suicidio los problemas con su pololo. Dando cuenta de procedimiento adoptado luego de la denuncia recibida, de las diligencias efectuadas con posterioridad a ésta, así como de la detención del acusado, se contó con los dichos de los siguientes policías: a) Pedro Alejandro Zuloaga Núñez, cabo primero de carabineros, quién refiriéndose a una orden de investigar por abuso sexual recibida el año pasado, expuso haber concurrido al Cajón de Maipo a realizar diligencias tales como empadronamiento de personas del sector a fin de recabar información. Allí se entrevistaron con una vecina de la víctima, pero no fue posible obtener muchos datos más, que el dueño de casa viajaba de lunes a viernes y los fines de semana permanecía en su domicilio, bebía bastante y toda la población sabía que era agresivo, corroborando dichos antecedentes la hija de la declarante. Asimismo, y una vez que las niñas se encontraban de alta, le ordenaron el día 21 de noviembre que trasladara a una de ellas al Servicio Médico Legal. Ese mismo día y previo a llegar al Servicio Médico Legal, la menor Tamara había sido dada de alta, e intentó fugarse del hospital para suicidarse y tirarse al río. Ese día en la tarde, se obtuvo la orden de detención en contra del acusado Héctor Correa, y se le detuvo en la madrugada del día 22 de noviembre en el sector de las minas durante la noche. El Volcán es un lugar montañoso, de campo, y con pocos habitantes. En un primer momento no fue agresivo, pero luego al ver que su señora estaba cerca, se puso violento y le dio un golpe fuerte en la muñeca, por lo que su acompañante tuvo que reducirlo. Era un lugar oscuro, apenas se veía y el golpe que le dio fue certero. Señala conforme a su experticia, que en este tipo de ilícitos, normalmente los detenidos son pacíficos, y esta es la primera vez que le toca un imputado violento. Dentro de las diligencias, se le tomó declaración a Paulina, hermana de la víctima, quien señala que semanas antes la sicóloga del consultorio donde se atendía su hermana, le indico que la cuidara y que no la dejara sola, porque estaba siendo víctima de abusos sexuales por parte de su padre, y que en más de una ocasión le hizo sexo oral. Además, le señaló que otra de sus hermanas había sido abusada por su padre. Asimismo, la directora del colegio de Tamara, le dio cuenta de la situación producto de que la niña intentó suicidarse con pastillas. Con Tamara no fue mucho lo que conversó, ya que se veía muy afectada. Sólo les dijo que era verdad, y que el padre abusaba de ella. Siempre lo sindicó a él, y permitía que él la tocara, porque era violento y si contaba algo, la única que iba a pasar un mal rato era su madre ya que la iba a matar.
  • 26. Contra examinado, indica haberle tomado declaración a Paulina, y ella manifestó que su padre no había abusado de ella, cosa que los dejó preocupados, porque ella en un primer minuto dice que no saber nada de lo de su hermana, y luego reconoce que la sicóloga le había contado lo que su padre le hacía a su hermana. A Paulina le tomó declaración el 21 de noviembre, y no se enteró directamente por su hermana. En el Servicio Médico Legal, les sugirieron atención sicológica para Tamara, y la derivaron al hospital Barros Luco, pero no la dejaron internada, porque no había unidad psiquiátrica infantil por lo que la llevaron a casa de una hermana. No recuerda si dentro de estos traslados andaba Paulina. El imputado cuando se dio cuanta que la esposa estaba con un carabinero en otro dispositivo, se puso muy agresivo. La menor permitió los abusos por parte de su padre, por las amenazas dirigidas en contra de su madre, y estaba asustada porque él era muy agresivo dentro del hogar. b) José Vicente Gutiérrez Valdés, carabinero, quien manifestó haber realizado diligencias relativas a la detención del imputado el día 22 de noviembre de 2005, a las 00:40 horas aproximadamente. Primeramente, en compañía de cabo Zuloaga y Campos, se dirigieron al domicilio de éste, y no se encontraba, razón por la que se le fue a buscar a su lugar de trabajo en El Volcán, San José de Maipo. Allí lo ubicaron y se le intimó la orden de detención, y se le trasladó a la unidad policial en Santiago. Como no portaba cédula de identidad, pasaron por su domicilio a buscarla, percatándose éste que su esposa se encontraba en las cercanías del hogar con carabineros, momento en el que comienza a gritar improperios en contra de ella y del personal de carabineros. Se colocó violento y lesionó al jefe de patrulla, siendo finalmente detenido. Asimismo, se empadronó a testigos vecinos del imputado, a su esposa, y a una de sus hijas. Paulina Correa señala en relación al delito sexual en contra de su hermana, que tenía conocimiento, porque una sicóloga le indicó que cuidara a Tamara de su padre, porque éste estaba abusando sexualmente de éste. La madre de la víctima, indicó haberse enterado de esto el 26 de septiembre, cuando la mandan a buscar del colegio de Tamara, porque ésta se había tratado de suicidar con pastillas ya que su padre abusaba de ella con tocaciones en los pechos, vagina, la besaba en dichas partes, e incluso le practicó sexo oral, todo a lo cual la menor accedía bajo constante amenazas de muerte en contra de su madre. Los vecinos relataron conocer por cerca de diez años a la familia, agregando que el imputado bebía alcohol, y había violencia en el hogar. El día 21 de noviembre, y luego de que Tamara intentara fugarse del hospital San José a fin de atentar en contra de su vida, fue dada de alta y llevada al Servicio Médico Legal para la realización de exámenes ginecológicos La niña se sentía muy afectada, guardaba silencio, y estaba triste. El imputado en un primer momento se mostró tranquilo, pero una vez en su domicilio, cambió rotundamente de actitud, y se puso violento. Contra interrogado señala que cuando a la menor la dieron de alta, la llevaron al Servicio Médico Legal, y allí les sugirieron que le fuera brindada asistencia, pero no fue aceptada en la unidad de psiquiatría del hospital Barros Luco, pues no admitían menores. Paulina le señala que la sicóloga le había informado lo de Tamara y de Carolina. Paulina no señala haber sido abusada, más bien su declaración iba dirigida al hecho de su hermana, y si lo dijo no lo recuerda. Asimismo, Paulina hace mención a que su padre le entregaba el dinero a ella, porque su madre no era responsable con la plata. Tamara siempre en los traslados estuvo callada, y en estos traslados Paulina estuvo con su hermana. c) Víctor Ulises Bravo Núñez, detective de la Brigada de delitos sexuales de la policía de Investigaciones, quien refiriéndose a una orden de investigar recepcionada el día 5 de diciembre de 2005,
  • 27. indica que se ubicaron a los partícipes de los hechos, tomándoseles declaración, primeramente, a Tamara. Ésta la prestó frente al Fiscal y al carabinero Alarcón, señalando haber sido abusada sexualmente entre los meses de agosto y septiembre de ese año por su padre, época en que los abusos se acentuaron. Tenía catorce años a la fecha de ocurrencia de los hechos, e indicó jamás haber dicho nada pues recibía amenazas de muerte hacia su madre. Esto se supo cuando se intentó suicidar, y en ese momento manifestó haber sido tocada por su padre en sus pechos, vagina y trasero, e incluso hubo un intento de penetración y no pudo. Le contó a Paulina, pero nunca hicieron nada. Además indicó que con los constantes abusos de su padre y antes de perder la virginidad con su propio padre, prefirió tener relaciones sexuales antes de agosto con un pololo y no pudo. Por su parte, Paulina dijo que su hermana le había contado lo sucedido, y mientras se le estaba tomando declaración, libre y espontáneamente, confesó haber sido abusada en una oportunidad por su padre. Ello fue en las vacaciones de invierno y en su casa. Se pasó a la cama de su papá en la noche, siente que le efectuó tocaciones en sus pechos y vagina, opone resistencia y se acaba el abuso. Nada dijo respecto a haber sentido temor a la violencia de su padre, pues era su regalona de él. Además, indicó que su hermana Carolina Marión también fue abusada. De igual forma, se entrevistó a la madre de las niñas, e indicó que siempre existió violencia intrafamiliar entre ellos, y que lo denunció, siendo obligatorio para el grupo familiar asistir a terapias. Carolina Marión, indicó que el año 1993, su padre abusó sexualmente de ella, agregando que las tres habían pasado por lo mismo. Cuando concurrieron al colegio, se entrevistaron con una enfermera y la directora del establecimiento. La enfermera dijo conocer a la familia y el clima de violencia en que viven, lo cual fue ratificado por vecinos del lugar. Los hechos narrados por Tamara ocurren en su domicilio, los fines de semana, y cuando su padre minero bajaba. Consistían en tocaciones en pechos, vagina, trasero, y le efectuaba sexo oral. Desde pequeña que los sufría, pero se acentuaron en los meses indicados. Paulina entró como testigo a su oficina, y salió como afectada. En su declaración se le consultó por su hermana, y libre y espontáneamente indicó ser también víctima. La apreciación que tiene conforme a su experticia en delitos sexuales, es que con las declaraciones tenidas se acreditan los dos hechos típicos, resultando que en las tres hermanas el modus operandi se repite. Contra interrogado por la Defensa, indica tener 5 años en la Brigada de delitos sexuales. Lo de Paulina lo supo por su declaración prestada en febrero, y que luego repitió en la Fiscalía hace dos meses. d) Jorge Esteban Alarcón Castillo, inspector de la Brigada de delitos sexuales de la Policía de Investigaciones, quién tras de dar cuenta de su experticia en dicha unidad, indicó haber asesorado al detective Bravo en la investigación que motiva esta causa, supervisando las declaraciones que éste tomó, y presenciado dos de ellas. Tamara, dijo que entre los meses de agosto y septiembre de 2005, había sido víctima de abusos sexuales por parte de su padre, quien durante los fines de semana, por las noches, y mientras la familia dormía, le efectuaba tocaciones en sus partes íntimas y por debajo de la ropa, intentando en más de una oportunidad penetrarla vaginalmente, hecho que no logró, porque la menor opuso. Estaba muy afectada, y el intento de suicidio, fue por la presión a la que se hallaba sometida. En esa fecha, y a raíz de tal, toma conocimiento de los hechos y hace la denuncia. Asimismo, Paulina manifestó haber sido víctima de abusos sexuales por parte de su padre, una vez en la noche, y mientras ella dormía, le dio frío y se recostó al lado de su padre, despertándose cuando él la tocaba por todo su cuerpo, especialmente, en sus senos y vagina, no hubo penetración. Manifestó estar muy afectada por ser
  • 28. la regalona de su padre, y en ese momento le provocó un shock todo esto y por ello no lo contó. La madre dijo que su marido era muy agresivo, y que había sido condenado a un tratamiento sicológico, además, de haber sido sometido a proceso en el año 1993 por abusos deshonestos en contra de Carolina Marión, información que fue corroborada con el gabinete de identificaciones. Como ya lo indicara el deponente, supervisó las declaraciones de Carolina Marión, quién en lo medular dijo creerles a sus hermanas, y haber sido víctima de tocaciones y penetración anal por su padrastro. Los abusos a Tamara consistían en tocaciones a nivel corporal, senos, vagina, y sexo oral que él le practicaba a la niña, además de un intento de penetración. Esto ocurría en la casa, los fines de semana y cuando el acusado bajaba de la mina. Respecto de lo oído a Tamara, ésta señaló haber tenido una relación de confianza con padre, y sentía mucho miedo, ya que manifestó haber sido golpeada por él en alguna ocasión. El padre la amenazó con matar a su propia madre si esto llegaba a salir a la luz pública. La menor emocionalmente estaba muy afectada, un poco reticente a hablar del tema, casi en llanto contó lo que había sucedido. Dada su experticia, el modus operandi de las dos hermanas es similar y, además, coincide con el de Carolina Marión. Al contra interrogatorio, insiste en que la modalidad comisiva de los ilícitos es muy similar, no obstante saber que en el caso de Tamara su padre se le iba a meter a la cama, y en el caso de Paulina, ella fue quien se cambió de cama, y se acostó con su padre en la madrugada. Lo anterior lo sostiene no sólo en la coincidencia que existe entre estos relatos y el de Carolina, sino porque hay similitudes toda vez que el hechor se oculta en la nocturnidad y mientras todos están durmiendo, que se cambie o no de cama no tiene mayor trascendencia. Desconoce si el imputado dormía cuando Paulina se cambió de cama. Paulina cuando declaró sobre el hecho que la afectó, indicó que no hizo la denuncia en aquella ocasión porque quedó en estado de schok, de impresión porque su padre era quien trató de abusar y más encima ella era la regalona. Paulina no señaló nada de lo que la afectó, hasta que su hermana intentó suicidarse, y ahí sacó a la luz lo sucedido a ella. Paulina manifestó que rechazó las tocaciones y opuso resistencia física, y ahí cesó de la acción. No manifestó que le pegó, sólo que se resistió. e) Miguel Burgos Vergara, carabinero de la sección de investigación policial, quien expuso haber presenciado el día 6 de marzo, la declaración de una menor de edad de iniciales P.C.S. en la Fiscalía. Señaló que fue la primera en saber que su padre abusaba sexualmente de su hermana, y que esto ocurrió entre los meses de agosto y septiembre al interior del domicilio de calle Mustafá, campamento El Volcán, durante las noches y mientras todos dormían. Su padre se metía a la cama y tocaba a su hermana por debajo de las ropas, en sus pechos trasero, vagina, y la besaba en la boca y la vagina. Paulina señaló que Tamara permitía estos, porque lo hacía bajo la amenaza que mataría a su madre y a ella. Paulina lo supo cuando Tamara era asistida por una sicóloga, en ese momento, Tamara se lo confesó. Con respecto a los hechos por ella sufridos, Paulina manifestó haber sido víctima de abuso por su padre en unas vacaciones de invierno Había visitas en su domicilio de calle Mustafá N° 14, y ella durmió en un sofá; sintió frío y se recostó al lado de su padre, en ese momento, él le tocó pechos y vagina. Se sentía muy mal por ese hecho, y manifestó que el día 15 febrero, intentó quitarse la vida. Dicha declaración la prestó de manera espontánea, y se encontraba emocionalmente afectada. Paulina dijo que Tamara le había confesado el hecho en presencia de la sicóloga.
  • 29. Al contra interrogatorio, refiere haber estado presente en la declaración de Paulina, por lo que los hechos de Tamara lo sabe por los dichos de Paulina. Y Paulina supo de Tamara por una sicóloga. Allí Tamara habló en presencia de su hermana, no sabe en qué fecha. Como prueba pericial y a fin de acreditar la imputabilidad del encausado, depuso el médico psiquiatra del Servicio Médico Legal Italo Sigala Romele quien refiriéndose a las conclusiones de su informe, indicó que el sujeto periciado presenta consumo abusivo intermitente de alcohol que no indica adicción alcohólica, y personalidad con rasgos fríos de ánimo. Sin alteraciones sicopatológicas que disminuyan su imputabilidad, y sin trastornos del control de impulsos, además, presenta buen manejo y control cognitivo de sus impulsos, sentimientos y emociones por lo que es plenamente imputable. Indica el facultativo, que arribó a dichas conclusiones conforme a los antecedentes biográficos dados por el examinado, por el examen mental que le practicó, por los datos que se hallaban en la carpeta investigativa, y del relato que dio de los hechos, que si bien los negó, aportó datos anexos a lo que se le acusa. Dentro de los antecedentes biográficos de éste, se destaca que proviene de una familia semi rural cercana a la Unión. Su padre fue minero y alcohólico, y refirió haber presenciado modelos de violencia intrafamiliar en su hogar. Su escolaridad la desarrolla en una escuela rural del sector, y llega hasta 7° básico con repitencia en 4° o 5° básico. Deserta a temprana edad de la escuela, y comienza su vida laboral, desempeñándose como obrero forestal, y minero. Cuando llega a Santiago, ejerce como carpintero y obrero. A los 27 años se casó con María Santibáñez, quien aportó al matrimonio dos hijas, y tuvieron dos más de la unión conyugal; Tamara y Paulina. Las tres hijas mayores tienen aproximadamente 24 años. En la entrevista, indicó saber que se hallaba acusado por abuso sexual, agregando que tal imputación no sólo la realizó Tamara sino también Paulina, desconociendo los términos en los que tales sindicaciones se efectuaron. Admitió un problema de violencia intrafamiliar con su mujer, a quien le pegó unos palmazos, y también lo habrían acusado de abusar de una hijastra. Niega el abuso sexual acusado, e indica que todo esto se debe a que Tamara y su madre se coludieron en su contra y urdieron un plan, porque querían echarlo del hogar. Además, agregó que Tamara una vez acusó a unos compañeros de carrete de haberla violado, y atribuye el abuso sexual por el que se halla detenido a intrigas familiares, ya que su mujer supo de una relación amorosa que mantenía con una vecina. Es heteroculpabilizador, tiende a proyectar sus culpas en los demás, no cuestiona su conducta, no hay autocrítica. Es asertivo, no se interfiere por emociones cuando refiere datos biográficos duros, siempre frío e impertérrito, incluso cuando cae en contradicciones, sin inhibiciones, y con control de emociones, su razonamiento intelectual es adecuado y normal. La heteroculpabilización, es un mecanismo de defensa en el que se atribuye las culpas a los demás como tendencia, no es un diagnóstico. El imputado le señaló haber golpeado sólo una vez a su mujer. Nunca se afectó emocionalmente al relatar los diversos episodios de su vida. Respecto de la vida sexual, dijo que ésta era muy esporádica con su cónyuge, cada quince días en dos o tres meses, pues ella no le perdonaba su infidelidad con la vecina. Que tenga un discurso dirigido y de manera ganancial, importa que lo que él dice y habla está dirigido a una orientación, con el objeto que el interlocutor saque una conclusión determinada de su discurso, éste no es espontáneo, sino que él mismo lo dirige hacia una meta, o determinada conclusión. Que posea una capacidad manipulatoria, se vincula con su capacidad para dirigir el discurso, y provocar en el examinador una determinada impresión, y que puede ser ajena a los hechos reales. Tiene baja empatía, es decir, no se pone en el lugar
  • 30. de otro. Durante su discurso, y al hacer referencia a los hechos por los que se le acusa, no hace consideraciones respecto de su mujer y de sus hijas, no se preocupa de ellas y de cómo lo podrían estar pasando y del sufrimiento de éstas. Cuando relata que su hija fue violada por compañeros de carrete, no refleja preocupación por el hecho de la violación misma que pudo afectar a la menor. Tiene conductas disociales, pero no tiene personalidad antisocial, ya que ella debería ir acompañada de un currículum de conductas antisociales, y no es así. Finalmente, se incorpora con arreglo al artículo 315 del Código Procesal Penal, e informe escrito del perito, quién reconoce su firma en el mismo. Contra interrogado por la Defensa, indica que el objetivo de su peritaje, fue determinar la imputabilidad del sujeto, y no que éste sirva de elemento para la configuración del ilícito por el que se le acusa, pues tal es una cuestión que toca a los jueces resolver, ni generar una impresión negativa de él. La entrevista fue pericial, lo cual engloba a lo clínico. La entrevista clínica es de diagnóstico, no de tratamiento y generalmente se sugiere tratamiento cuando es conveniente. No consideró que era necesario tal. En la entrevista clínica tiene el deber del secreto profesional, en cambio en el ámbito pericial no tiene tal obligación. Este periciado nunca tuvo una actitud de acercamiento, sino siempre tuvo una actitud de defensa, fría, de negar cosas, de estar frente a un funcionario judicial, y en ese contexto se realizó el informe. Cuando le hizo las consultas, él no le advirtió al acusado su derecho a guardar silencio, pues no hubo un contexto médico, ni de entrevista clínico o médico, sino lo contó como si lo hubiese hecho frente a una Fiscal. Que tenga una actitud ganancial es sólo para describir la personalidad manipuladora. Si una persona guarda silencio de los hechos que se le imputan, decir que es manipulador, depende de la capacidad del perito. No hay alteraciones sicopatológicas que disminuyan su imputabilidad. Tiene algunos problemas sicopatológicos, tales como rasgos fríos de ánimo, o consumo de alcohol, pero no tiene trastornos de personalidad. La personalidad puede tener rasgos que no son desórdenes. En el caso del periciado, le faltaron datos para decir que padece de un desorden de personalidad, sólo observó ciertos rasgos antisociales. Con el objeto de dar cuenta de la veracidad de los relatos de las dos menores ofendidas y las consecuencias sufridas a raíz de los eventos abusivos, se contó con los dichos del perito sicólogo Jorge Ricardo Moreno Contreras, quién dando cuenta de las conclusiones de su informe, indicó que con fecha 19 de enero del presente año, la Fiscalía le solicitó efectuar una evaluación pericial de veracidad de relato, estado emocional, determinar la presencia de indicadores de abuso, y derivación a terapia reparatoria, si era necesario, de una menor de edad llamada Tamara Correa Santibáñez. La metodología que se utilizó fue entrevista con la madre, para evaluar el estado global de la menor, y en lo que respecta al desarrollo de ésta, indagar acerca de las conductas observadas que pudieran estar relacionadas con los hechos que se investigaban, y la aplicación de prueba proyectiva. Los resultados que arrojó la evaluación, fueron que la sintomatología observada permiten determinar que presenta un trastorno de estrés postraumático congruente con la situación de abuso, con factores fuertes de depresión, aislamiento, irritabilidad, sentimientos de culpa, sensación de estar en un medio hostil, sin mecanismos de defensa, elementos de daño que se consideran graves y coherentes con una situación de abuso y que tienen que ver con conductas suicidas de Tamara. A su juicio, es un relato creíble y cumple con varios de los criterios de CBCA, tales como ser consistente y coherente, la producción es inestructurada, es decir, parte de un hecho reciente y así reordena su relato, no pierde la lógica, da detalles importantes de personas, lugares,
  • 31. tiempo, de interacciones, conversaciones, sentimientos de desaprobación o de auto desaprobación, da cuenta de su estado emocional subjetivo al momento en que ocurrieron los hechos, y perdona al autor del delito. Requerido por la Fiscalía, indica haber realizado 77 pericias de este tipo, de las cuales 40 se vinculan al tema de veracidad del testimonio. Observó en Tamara, un daño emocional grave. El CBCA contiene 19 criterios de realidad, agrupados en cinco categorías que tienen que ver con estructura del relato, contenido, motivaciones, características específicas de la agresión y es utilizado hace 30 años, cumpliendo el relato de Tamara con muchos de los criterios señalados. La evaluación se llevó a cabo mediante una entrevista con la madre, dos sesiones con ella mediante entrevistas semi-estructuradas a fin de obtener un relato, y evaluar las capacidades lingüísticas, cognoscitivas de la menor, otra sesión, para efectuar el test proyectivo, y una última para efectuar el cierre. No es probable que la menor haya fabulado para sacar a su padre de la casa, tampoco se observa una ganancia secundaria. La niña presentaba un trastorno postraumático, el cual implica sentirse en situación de riesgo vital grande, y frente al fenómeno sufrido presenta desesperanza, temor, estado de alerta, irritabilidad, angustia, etc. En ella, atisbó hipervigilancia, irritabilidad, y angustia. Indica que en la literatura, se señala que dentro de los probables daños que pueden ser producto de los abusos sexuales, es la producción del stress postraumático. Tamara viene con esta situación de suicidio que la pone en un riesgo muy alto, y el intento de suicidio se ha ido incrementado en el tiempo, puesto que, posteriormente a su evaluación se enteró que ella había tenido un cuarto episodio. El daño observado en un daño crónico y permanente en el tiempo. Dentro de su relato, se observa erotización en cuanto a la imagen corporal que ella integra una imagen de sí misma como de una mujer mayor. Respecto de la otra menor, Paulina, la pericia se realizó el 16 de marzo de 2006, y en la que se le solicita su evaluación en los mismos términos que Tamara, utilizando la metodología ya referida. El relato resultó creíble, a pesar de cumplir con 7 de los 19 criterios, dado que la fuerza de aquellos presentes puntuó bastante alto. Existe un daño grave presente, ideación y conductas suicidas al extremo de llegar al Hospital Sótero del Río por intoxicación grave. Todo ello, se agrava con el hecho de ser víctima de abuso por su padre. Presenta stress agudo, y si bien el abuso ocurrió una sola vez, el vínculo con su padre era muy estrecho, a tal punto que se volcó en contra de su madre y hermana. No entiende porqué éste le realiza tocaciones. A nivel estructural, se encuentra muy descompensada, porque se quebraron todos sus esquemas, presenta mucha rabia, miedo y angustia, labilidad emocional hacia su padre, y dice que lo quiere pero no entiende porqué lo que hizo. El relato es consistente y posee lógica, la cantidad de detalles que da son bastante enriquecedores, y da cuenta de las personas que estuvieron en la oportunidad que fue abusa, lugar, contexto, espacio físico, del estado subjetivo del padre - borracho -, y de auto desaprobación, muy fuerte, se siente muy responsable por lo ocurrido y da bastantes detalles. No detectó ningún elemento para sospechar que estuviera en una situación gananciosa. Paulina en el hogar, asumió el lugar de la cónyuge, y su padre, mensualmente, le daba su sueldo para que ella administrara los gastos de la casa, y la coloca por sobre su hermana, por lo que fabular implica perder toda esa situación que le beneficiaba. Si bien la menor en estrados indica que prefería olvidar, tal explicación es propia de un mecanismo de defensa básico cual es la negación, y Paulina, negó lo que estaba sucediendo en su casa,
  • 32. porque si se confronta con el relato de su hermana, el padre hacía comparaciones entre el cuerpo de una y de otra. Con respecto al daño emocional de dicha niña, el trastorno por estrés agudo es un daño grave, si consideramos como elemento que complejiza el cuadro, porque ella estableció una alianza o triangulación con su padre, y la descoloca la situación, lo que hace que se comporte en forma disasociativa, es decir, que a veces está acá pero su mente divaga en otros lugares, elementos que tendrían que ver con la rabia, con la ambivalencia de este padre que la ama pero también la toca, siendo que ella señala que nunca nadie la había tocado de esa forma. Puede ser parte del fenómeno de la negación el hecho que le quite valor al ataque sexual y señale otras causas para ello y no el ataque sexual. Indica que el hecho de haber realizado las dos pericias, no afecta su objetividad, y no estima haberse contaminado por el hecho de haber atendido a dos personas que pertenezcan a la misma familia, que vivían bajo el mismo techo, y fueron violentadas por la misma persona. En los parámetros de la credibilidad del relato, uno de los más potentes es el sensorial y las dos hicieron fe de ese parámetro y cree que lo dejó consignado en su informe. Tamara siente la respiración de su padre y siente el pene erecto sobre su ropa interior y lo siente muy agitado por los movimientos que él hace. En Paulina habla que estaba su padre curado, y precisa que siente el olor a alcohol. Al contra examen de la Defensa, señala que primero realizó el informe pericial de Tamara, y luego el de Paulina. Cuando efectúa la pericia de Tamara, no había ocurrido la develación del abuso de Paulina, y cuando cita a la madre, ésta le indicó que sospechaba que Paulina también estaba siendo agredida. Cuando evaluó a Paulina, la actitud de ella al iniciar el proceso pericial, no tiene nada que ver con la influencia de Tamara. Al contrario Paulina quería olvidar lo ocurrido y evidenciaba notoria incomodidad por ello. El método para verificar la veracidad del relato es el CBCA, es un método aceptado desde hace treinta años. En el Servicio Médico Legal no sabe si se utiliza, sólo sabe que se ocupa en el Cavas y en el CTD. Desconoce que no es aplicable en adultos. Tampoco conoce los términos en los que opera el Servicio en estas materias, porque son otro tipo de análisis los que allí se realizan. Lo relevante allí, tiene que ver con una pericia en donde se intenta descubrir signos, señales físicas de abusos, y esa es la información que maneja, porque los informes que ha visto tienen que ver con la detección de daños en la zona genital, perianal, si existe algún tipo de signo de desfloración, si existe distonía muscular del esfínter etc. Si el Servicio Médico Legal en su área de salud mental aplica el CBCA, señala que está bien, es lo mismo que aplica él. Indica que Paulina tenía 17 años con 8 meses, y es menor de edad, insistiendo desconocer que a los mayores no se les aplican estos tests. A la consulta sobre si estos test son validables en la medida en que menor madurez intelectual exista en los periciados, y por ello que son efectivos en los menores de edad, señala que no. No conoce el libro sobre validación de los peritajes clínicos psicológicos en materia de delito sexual de Patricia Condemarin, Greten Macuran, Andrés Antivilo y otro, conoce extractos del libro por haber tenido clases con ellas, pero que no dicen relación con el tema de los tests de veracidad en adultos. La entidad donde trabaja es una entidad cooperadora del Sename, lo que no significa afectación de sus peritajes. Consultado sobre las sugerencias de su informe, señala que son las mismas para ambas menores, porque ambas han intentado suicidarse.
  • 33. En cuanto al daño emocional de Tamara, se identifican una serie de elementos - situación de riesgo, desesperanza, estado de hipervigilancia, irritabilidad, angustia -, que podrían ser compatibles con una situación de violencia intrafamiliar. De los cinco parámetros indicados, sólo uno no se cumple en la violencia intrafamiliar, que es el estado de hipervigilancia. En cuanto al estrés postraumático, hay una alta probabilidad que derive de ello y no en la violencia intrafamiliar. Si ella refiere una agresión sexual anterior a lo del padre, ese stress puede deberse a una situación anterior. Paulina no le comentó de una supuesta agresión en un contexto de una fiesta a su hermana, ni ella tampoco. El stress no determina directamente a la persona, sino el ser compatible con agresión efectuada por un tercero. En cuanto al daño emocional que señala, es un daño crónico, y que podría generarle problemas en su relación sexual con otras personas. Puede o no ser compatible la existencia de dicho daño, con el hecho que la persona ocho meses después tenga relaciones sexuales. Es plenamente justificable que la persona indique que prefiere vincularse sexualmente con otro, de manera que no sea el padre quien la desflore, pues ella podría ser deseo de objeto sexual de su padre por ser virgen. La ideación y conducta suicida de Paulina, correspondía y es coherente, con evaluación del daño que se verifica en una agresión. Darle una justificación diversa a la conducta suicida, cual es los problemas con su pareja, formaba parte de la evidencia de daño, porque estaba actuando a la defensiva. No supo que Paulina haya intentado suicidarse por un problema con su pareja, no le preguntó porqué intentó suicidarse, agrega ella que comete el intento de suicidio y ahí decide hablar, eso es lo que ella le señaló. El intento suicida fue en febrero de 2006. A Paulina le resultaba compleja la situación porque no concebía o no creía las conductas de su padre. Respecto de Tamara, el CVCA, se utiliza internacionalmente. Se recomienda este test, pero no puede sostener que se halle avalado internacionalmente, se recomienda y se sugiere como método a utilizar en este tipo de pericias. Tiene que ver con la credibilidad del relato, no con la veracidad. En el relato de Tamara, fueron “como once criterios”. Indica que notó a Tamara con mucha rabia, emocionalmente muy afectada al relatar los hechos, le pareció rebelde por la situación sufrida, y no manipuladora. Habló que Tamara tiene 4 intentos de suicidio, y eso lo refiere la madre cuando la entrevista. Aparte de la situación del colegio, Tamara le dijo un intento de tirarse a una laguna o a un canal. En el colegio, se presenta la ideación suicida de consumir pastillas que llevaba en una bolsa, no sabe si éstas podrían generarle algún efecto. Tamara se siente responsable en parte de lo ocurrido, en su relato que aparece esta auto desaprobación por haber aceptado plata del padre, por haberse vendido, piensa que su manera de vestir es un poco coqueta y puede provocar al padre, y por el hecho de ser virgen podría generar en el padre ese deseo. Ella le relató el abuso y que su reacción inmediata fue callar. A la consulta del Tribunal en orden a los diversos criterios cualitativos y cuantitativos dentro del análisis realizado, señala que si una persona obtiene cuatro o cinco criterios es no creíble, si obtiene más de cinco, existe una escala de credibilidad que no recuerda, pero los conceptos son: no creíble, probablemente creíble, creíble y altamente creíble, y Tamara, igualmente, con 7 fue ubicada en creíble. Consultado sobre si Tamara refiere temor por haber sido amenazada, señala que, en un momento del relato, cuenta que el padre le describe lo que le va a hacer y le dice que si no, dejando una pausa lo que él entiende como una amenaza. Tamara no le comentó nada de perder la virginidad con alguien. Ella estaba en un evidente estado de estrés postraumático, la data se puede presumir porque el abuso viene ocurriendo desde que Tamara tiene 9 años.
  • 34. Finalmente, la Fiscalía incorporó mediante su lectura resumida, los siguientes documentos: 1) Certificado emitido por el hospital de San José de Maipo, que da cuenta de la atención médica prestada el día 26 de septiembre de 2005 a la menor Tamara Correa Santibáñez, suscrito por el médico Federico Bravo y que da cuenta de una serie de sintomatologías observadas en ella. 2) Informe de ginecología forense de Tamara Correa Santibáñez, de fecha 28 de noviembre de 2005, suscrito por el médico Andrés Rosmanich Poduje, y que en su parte pertinente da cuenta de la anamnesis practicada a la niña, quien da cuenta que su padre le comenzó a tocar todo el cuerpo y le hacía sexo oral hasta septiembre de 2005, señalando que la niña presenta un desgarro del himen y otro de la horquilla vulvar, se encuentra desflorada, no es posible determinar la fecha en la que se produjo la desfloración. Un desgarro del himen demora entre 8 a 9 días en cicatrizar, en el ano no hay lesiones sospechosas de penetración anal, sugiriendo un peritaje sicológico de la periciada. 3). Informe ginecológico forense de Paulina Correa Santibáñez, de 31 de agosto de 2006, suscrito por David Montoya Squiffi, y que da cuenta de haber sido abusada por su padre en la vacaciones de invierno de 2005, y presentar himen intacto complaciente que permite relaciones sexuales sin dañarse, y que la niña da cuenta de haberlas tenido con su pololo. 4) Informe de Facultades mentales del acusado emanado del Servicio Médico Legal elaborado por el perito psiquiatra Italo Sigala Romele, de fecha 31 de agosto de 2006, y que da cuenta de la imputabilidad del acusado. 4) Certificado de nacimiento de Tamara Alejandra Correa Santibáñez. 6) Certificado de nacimiento de Paulina Walesca Correa Santibáñez. 7) Certificado de nacimiento de Carolina Marión Correa Santibáñez. 8) Certificado de matrimonio del acusado. 9) Copia autorizada de la causa rol N° 7383, caratulada Santibáñez con Correa, por actos de violencia intrafamiliar del Primer Juzgado de Letras de Puente Alto. Octavo: Que, los antecedentes reseñados precedentemente - testimonios, prueba pericial, otros medios de prueba, evidencias materiales, documentos y convenciones probatorias -, apreciados libremente de conformidad a lo dispuesto en el artículo 297 del Código Procesal Penal, sin contradecir los principios de la lógica, las máximas de experiencia y los conocimientos científicamente afianzados, permiten dar por establecido los siguientes hechos: Hecho N° 1: En fechas no precisadas y entre los meses de agosto y septiembre del año 2005, al interior del inmueble ubicado en Campamento El Volcán, Calle Mustafá, casa N° 14, comuna de San José de Maipo, domicilio del grupo familiar de la víctima menor de edad de iniciales T.A.C.S., el acusado Héctor Enrique Correa Torres, padre de la ofendida, procedió a efectuarle en reiteradas y diversas ocasiones, todos los domingos de cada semana, actos de significación sexual y relevancia, consistentes en besar su la boca y vagina, y efectuarle tocaciones en los pechos, vagina y trasero, además de tratar de penetrarla vaginalmente con su pene, situación que verificó valiéndose de amenazas que formulaba en su contra, y que consistían en que si develaba los hechos, atentaría contra la vida de su madre doña María Santibáñez Pino, cónyuge del imputado. Hecho 2:
  • 35. Que en fecha no precisada del mes de julio del año 2005, en horas de la madrugada y al interior del inmueble ubicado en Campamento El Volcán, Calle Mustafá, casa N° 14, comuna de San José de Maipo, domicilio del grupo familiar de la menor de edad de iniciales P.W.C.S., ésta sintió frío y se acostó en la cama de su padre Héctor Enrique Correa Torres, quien se encontraba durmiendo. En un momento no precisado, éste tocó los genitales y senos de su hija, oportunidad en que la menor cambió la posición física en la que se hallaba, cesando tales acciones. Noveno: Que, tal como lo señaláramos al momento de dar a conocer el veredicto al término de este juicio, en opinión de estos sentenciadores, los hechos descritos bajo el acápite de Hecho N° 1 del considerando precedente, configuran el delito consumado de abuso sexual reiterado en perjuicio de la menor de iniciales T.A.C.S., ilícito previsto y sancionado en el artículo 366, inciso 1°, en relación a los artículo 361 N° 1 y 351, todos preceptos del Código Penal, toda vez que el acusado y padre de la menor, Héctor Correa Torres, realizó actos de significación sexual y de relevancia, mediante el contacto corporal con ella, que afectaron sus genitales y boca, mediante intimidación. Por su parte, y en lo que respecta al Hecho N° 2, estos jueces son del parecer que, tal como se explicitará más adelante, éste no es constitutivo de delito. De esta forma, y a fin de efectuar un adecuado análisis de los dos hechos acusados, primeramente, nos abocaremos al primero de ellos, único que a juicio de estos sentenciadores es constitutivo de un hecho típico, antijurídico y culpable. Así las cosas, la acción sexual abusiva y reiterada realizada mediante el contacto corporal con la víctima, y que afectó sus genitales y boca, ha quedado establecida, primeramente, con el mérito de la declaración de la propia ofendida Tamara Alejandra Correa Santibáñez, quien relató pormenorizada y coherentemente en estrados, el modo como su padre, Héctor Correa Torres, durante las noches que pernoctaba en el hogar común, que eran los fines de semana y, especialmente, los días domingos, mientras los demás miembros de su familia dormían, se pasaba a su cama y le efectuaba tocaciones con sus manos en todo su cuerpo, especialmente en sus senos y vagina, besándole su boca y vagina, y obligándola a besarlo en su boca; situación que comenzó cuando ella era muy pequeña - seis años - y que a la largo de los años comprendió que eran más que simples cariños de padre, y que éste se permitía realizar bajo amenazas de dar muerte a su madre si develaba la situación, agregando que a ella le era plenamente factible que se concretara la amenaza, dada la violencia intrafamiliar en la que creció y de la cual era testigo en su hogar. Cuando su padre se metía a su cama, la hacía callar, y ella por temor a él y a que su madre se enterara, guardaba silencio; agregando que la situación se hizo insostenible y más intensa durante los meses de agosto y septiembre del año pasado, oportunidad en la que éste intentó penetrarla vaginalmente, y frente a la cual ella se defendió a rasguños. Frente a la angustia que le generaba toda esta situación, la niña intentó suicidarse a fines de septiembre de ese año en su colegio, para lo cual llevó a dicho establecimiento una serie de fármacos que pretendía tomar cuando fue descubierta. Dando cuenta del relato de la menor, y corroborando la veracidad de sus dichos, depuso la doña Verónica Órdenes Vergara, directora del establecimiento educacional al cual asistía la niña, y primera en imponerse de la real causa del tentado suicidio, quien luego de calmarla y conversar detenidamente con ella, y ante la insistencia de ésta que estaba aburrida de la situación, que no quería seguir viviendo y que no quería ver más a su padre, fue testigo, entre llantos, de la confesión que ella le realizó en contra de su progenitor, percibiendo su gran afectación emocional. Asimismo, dicha deponente dio cuenta que la menor en un
  • 36. primer momento se resistía a contar lo que realmente sucedía, y luego de generar un clima de confianza con ella, ésta le indicó que era abusada por su padre, dando fe la maestra de la reacción que su madre tuvo luego de llegar al colegio y enterarse de lo sucedido, oportunidad en que se recriminaba y aludía a situaciones del pasado, siendo éste un antecedente de peso al momento de desvirtuar, como se hará más adelante, la posibilidad de colusión entre la menor y su madre para sacar a su padre de la casa. En armonía con los dichos de la señora Órdenes, declaró el funcionario de carabinero José Luis Pérez Cabrera, quien concurrió al colegio El Melocotón, y tomó la denuncia por abuso sexual conforme a los hechos relatados por la directora del establecimiento educacional y la menor ofendida. En igual sentido, Carolina Marión Correa Santibáñez y Carolina Prado Santibáñez, narraron en estrados haberse impuesto de los hechos por los dichos de su propia hermana, quien estando internada en el hospital de San José de Maipo, les confesó que su padre abusaba de ella en su propia casa, indicándoles que la situación se había tornado más intensa en los meses de agosto y septiembre de ese año, dando éstas plena credibilidad a dicha imputación, pues conocen a su hermana, confían en ella y la han visto muy afectada, agregando que esta situación ha generado gran dolor en su familia. La primera de las hermanas individualizadas, reprodujo con mayor detalle los hechos de los que se enteró, resultando éstos coincidentes con los que la menor relató en estrados, en su colegio, ante los funcionarios de la Brisexme Bravo Núñez y Alarcón Castillo, e incluso ante el médico legista que le practicó una pericia ginecológica y que se halla consignado informe escrito acompañado como prueba documental de la Fiscalía - anamnesis -. En concordancia con ello, Paulina Correa Santibáñez relató los eventos abusivos sufridos por su hermana menor en su casa de calle Mustafá N° 14, durante los fines de semana y en los mismos términos que ésta, precisando haberse enterado de ellos pues cuando asistían ambas a terapia sicológica por violencia intrafamiliar, la profesional que las atendía le advirtió que cuidara a su hermana pues estaba siendo abusada por su padre, narrando la menor frente a ella lo sucedido. Por su parte, los dichos de Carolina Marión quien en estrados no sólo dio cuenta de lo que se impuso a través de su hermana, sino de los abusos reiterados de los que fue víctima por parte de su padrastro cuando era pequeña, constituyen un indicio al momento de determinar la existencia de las agresiones de que fue víctima Tamara, toda vez que refiere ciertos detalles que revelan el mismo modus operandi que el acusado utilizaba respecto de sus víctimas, y que no sólo se fundaban en amenazas, y siempre amparado en la nocturnidad para no ser descubierto. La connotación sexual de los actos denunciados, se encuentra acreditada con los dichos de la ofendida, quien señaló que su padre le tocaba el cuerpo, especialmente la zona de sus senos y vagina, además de besarla en dichos lugares; toda vez que con arreglo a parámetros objetivos, las tocaciones y besos en los pechos y región vulvar de una mujer, claramente constituyen actos de aquellos que los seres humanos, generalmente, realizan motivados por el instinto sexual. Ahora bien, en lo que respecta a la relevancia de tales conductas, tal se halla establecida no solamente por la índole del comportamiento sexual ejecutado por el acusado, el cual reviste cierta gravedad dentro de tales conductas y que constituye un atentado en contra la indemnidad sexual, sino, además, por la relación existente entre los sujetos intervinientes - padre e hija - , así como el lugar donde éstas se realizaron - en el hogar común, de noche, mientras todos dormían y en la cama de la afectada -, la intensidad y duración de las mismas – reiteradas y constantes en el tiempo - . En lo que respecta al contacto corporal entre el hechor y su víctima, con las
  • 37. mismas pruebas antes indicadas, ha quedado fehacientemente probado que el acusado tocó con sus manos a su hija en zonas erógenas de su cuerpo. Con el certificado de nacimiento de la menor T.A.C.S, incorporado por la Fiscalía como prueba documental, estos sentenciadores han tenido por establecido que a la época de ocurrencia de los hechos - agosto, septiembre de dos mil cinco - la ofendida era mayor de catorce años y menor de dieciocho; teniendo, aproximadamente, 14 años y ocho meses de edad. En cuanto a la intimidación exigida por el tipo penal, y ejercida por el acusado para concretar las reiteradas agresiones sexuales, tal se tradujo en las constantes amenazas recibidas por la ofendida, las que quedaron establecidas con la prueba testimonial allegada a juicio. De este modo, la “intimidación” consistía en “amenazas que mataría a su madre y hermana si no guardaba silencio de lo que estaba ocurriendo”. Asimismo, y tal como lo refiere la niña, muchas de éstas no sólo eran explícitas, sino implícitas, y a través de “indirectas” que su padre le formulaba de manera previa a los eventos abusivos, y destinadas a que ella nada dijera y se dejara tocar. Gráfica fue la niña al indicar que con posterioridad a la pelea que su padre tuvo con su pololo, ella lo amenazó con contar toda la verdad, y el día domingo en la tarde previo al lunes que realizó la denuncia en su escuela, su padre le dijo “sí, si vai a hablar, habla, y después vai a ver lo que te va a pasar a ti”, refiriéndose a algo más que un simple golpe. De tales, dieron cuenta los testigos que de uno u otro modo se impusieron del relato de Tamara, muchos quienes indicaron en este tribunal el estado emocional de la menor, quien se hallaba muy afectada y dañada por la situación, hecho del cual también nos pudimos percatar en el momento en que ella deponía. En cuanto a las exigencias requeridas para la concurrencia de la intimidación en el delito de violación a que alude el artículo 361 N° 1 del Código Penal, y al que hace remisión el inciso 1° del artículo 366 del mismo cuerpo normativo, es necesario que el mal con que se intimida signifique causar un inminente daño físico en el cuerpo, en la vida o en la salud de la propia persona afectada o de otra con la que se encuentre ligada por vínculos afectivos que sean de tal naturaleza que hacen posible su intimidación. Asimismo, en esta clase de ilícitos, las amenazas constitutivas de intimidación, deben ser algo más que las del simple delito de amenazas, requiriéndose, además de su seriedad y verosimilitud, la gravedad e inmediatez. Consideramos que con la prueba vertida en audiencia, se han acreditado tales requisitos, puesto que la ofendida consideró como ciertas, serias e inmediatas las amenazas de muerte que iban dirigidas en contra de su madre, y que claramente se hallaban insertas dentro de un clima constante de violencia intrafamiliar en el cual su padre agredía físicamente a su madre, y que la menor no podía soslayar; corroborando tal los documentos acompañados por la Fiscalía y que aluden a la causa de violencia intrafamiliar por la que fue condenado el acusado. Por su parte, nuestra Corte Suprema, ha señalado “que el temor de sufrir el mal debe ser serio, grave y efectivo, y basado en actos concretos de amenaza hacia la integridad física de la víctima”, situación que se da en la especie ya que tales fueron expresadas por el ofensor hacia su víctima, y no fueron meras suposiciones o creencias de la ofendida como lo ha pretendido la defensa. En lo que respecta a la inmediatez exigida, se refiere al carácter actual o inminente del mal con el que se amenaza, el cual seguirá directamente a la amenaza que se trata en caso de no conseguirse el propósito del autor. Igualmente, y pese a la extemporaneidad de las amenazas alegadas por la defensa, consideramos que se cumple este requisito, toda vez que las tocaciones realizadas
  • 38. por el acusado, lo fueron de manera reiterada en el tiempo, accediendo su hija a tales sin denunciar nada, por el temor que tenía que su padre agrediera de muerte a su madre o hermana. Asimismo, y no obstante la existencia de actos intimidatorios concretos, consideramos que los antecedentes del agresor y su comportamiento violento y, a veces, vejatorio del cual dieron cuenta su cónyuge, hijas e hijastra, corroborado por documentos objetivos, contribuyen a generar esta fuerza moral sobre la víctima. De este modo, el sometimiento de la voluntad de la víctima no deriva directamente del hecho de ser su hija, sino más bien del profundo temor que éste le generaba al proferir amenazas de violencia física en contra de su madre - muerte - y que, en parte, ya había presenciado a través de agresiones físicas dentro de la dinámica de violencia crónica en el hogar, resultándole plenamente creíbles y factible tales. A mayor abundamiento, parte de la doctrina sostiene, incluso, que la intimidación es un concepto estrictamente subjetivo que alude a un estado de conmoción sicológica que se da en el sujeto pasivo, y que si bien es cierto, normalmente, es consecuencia de haberse ejercido una amenaza en contra de la víctima, es perfectamente factible que esa conmoción sicológica provenga de un hecho anterior (que el delincuente simplemente aprovecha); de la sola presencia del agresor; de su apariencia física o de los antecedentes suyos que fueron conocidos por la víctima; de comportamiento vejatorios de que ésta fue objeto anteriormente por parte del mismo agresor, y hasta de la propias circunstancia de tiempo y lugar; últimas situaciones que consideramos, igualmente, concurrentes en la víctima y que pudieron generar dicho estado de temor al que alude. La Defensa indica en su discurso de cierre, que no cualquier acción sexual ha de ser sancionada, sino sólo en la medida que sea abusiva, agregando que tal abuso ha de cometerse a través de la intimidación y que corresponde al numeral primero del artículo 361 del Código Penal invocado por la Fiscalía, agregando que a la luz de las cartas incorporadas como prueba de descargo, se descarta todo tipo de relación abusiva, dándonos a entender así, una cierta complacencia en términos sexuales de la menor hacia su padre, o como lo indica él; “mal de Edipo”. Como lo señala el profesor Rodríguez Collao, “el término abuso es sinónimo de aprovechamiento - en este caso de un individuo sobre otro - y esta situación obviamente se da cada vez que una persona involucra a otra en un contexto sexual, sin importar los actos concretos en los que se materialice esta forma de sometimiento, ni el papel que, en definitiva, asuma la víctima. Así pues, desde una perspectiva semántica, es abuso sexual tanto el hecho de hacer intervenir a un individuo en una conducta de acceso carnal, como también el hecho de imponerle la realización de otros actos de significación venérea…” “Desde otro punto de vista, aunque siempre dentro de un plano semántico, una actuación es abusiva sin importar la motivación que anime al autor del hecho delictivo ni tampoco los efectos que pueda traer consigo la realización del acto ilícito, porque el carácter abusivo de una acción puede emanar tanto del hecho de ejecutarse contra o sin la voluntad de la víctima, como también de su capacidad para lesionar o poner en peligro la integridad física, psíquica o emocional de la persona en contra de quien se dirige”.(Rodríguez Collao. Delitos Sexuales, pp.191 y 192). De esta forma, consideramos que las acciones realizadas por el acusado son abusivas, puesto que éste impuso a su hija la realización de actos de connotación y relevancia sexual, sometiendo de esta forma su voluntad y vulnerado su determinación sexual. En caso alguno, resta credibilidad al relato de la menor, las cartas incorporadas por la Defensa, pues de ellas no puede inferirse la aquiescencia de ésta para llevar a cabo estos actos, o como se ha pretendido demostrar, una hija
  • 39. enamorada de su padre; “complejo de Electra”. Del examen de las mismas, se colige que fueron escritas bajo un determinado contexto, cual era desearle a su padre muchas felicidades en su día - día del padre -, y declararle que lo amaba: “Papá te amo…te quiero mucho, si te gustan las guaguas yo te voy a dar un nieto ya, claro cuando salga con mi domingo 7. Te doy toda la suerte del mundo en el trabajo, tu hija que te quiere, la más pulenta y top. Tamara.”, hecho que no por ello resulta incongruente con la develación que la menor realiza, ni contraria a la hipótesis intimidatoria esgrimida por la Fiscalía, pues de sus propios dichos se desprende que pese al dolor que le genera esta situación, no odia a su padre ni quiere que le den muchos años en prisión, sólo que se haga justicia y se le sancione si los jueces determinan su responsabilidad. Por su parte, el diccionario de la Real Academia Española, define el abuso como “Acción y efecto de abusar//s.sexuales m.pl. Der Delitos consistentes en la realización de actos atentatorios en contra la libertad sexual de una persona sin violencia ni intimidación y sin que medie consentimiento”. Finalmente, y en lo que respecta a la reiteración, los dichos de la víctima han sido claros para poder determinar que si bien es cierto desde hace años que estaba siendo abusada por su padre, esta situación se volvió crítica entre los meses de agosto y septiembre del año 2005 y siempre los fines de semanas, período del cual dan cuenta en los mismo términos el resto de los declarantes, ocurriendo siempre éstos los domingos previos a que su padre saliera la madrugada del lunes a trabajar en la mina, y, en ciertas ocasiones los viernes y sábados. De lo anterior, se colige entonces que, a lo menos, hubo cinco eventos abusivos. De este modo, el testimonio de la menor ofendida ha resultado primordial para establecer el hecho imputado, dado que tal presentó la aptitud y suficiencia para ser un elemento de plena prueba respecto de los mismo, no existiendo a juicio de estos sentenciadores, razones objetivas ni subjetivas que permitan fundar duda alguna respecto de su credibilidad, situación que la Defensa ha pretendido evidenciar a lo largo del juicio, no apreciándose en las afirmaciones de la afectada, algún motivo espurio que la ponga en entredicho. Ésta al momento de relatar los eventos abusivos, se encontraba muy afectada, sollozando en algunos instantes y en otros llorando, mostrándose acongojada por la situación que aflige a su padre, y respecto de quien no quiere que le impongan muchos años de cárcel, sino sólo se allana a la determinación que adopten a su respecto los juzgadores. En sus narraciones hubo silencios, emocionándose cuando fue consultada respecto de la forma en cómo su padre abusaba de ella. Además, el contenido de su declaración nos resultó lógico, persistente en el tiempo y concreto, razón por la que su versión está dotada de la credibilidad y verosimilitud suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia que ampara al encausado; convicción que, además, se halla sustentada en la demás prueba aportada. Mientras la menor declaraba en estrados, no sólo nos impusimos de su relato, sino apreciamos visualmente sus reacciones y demás expresiones corporales que alguien tiene respecto de su examinador, y que no es más ni menos que el principio de la inmediación, sustento de la nueva oralidad del proceso penal. Asimismo, el perito sicólogo y el resto de los testigos que han depuesto en audiencia y que hemos considerado para dar por establecidos los hechos que afectaron a Tamara, han dado suficiente razón de sus dichos, explicando cada uno de ellos de manera lógica, coherente y clara, el modo por el que tomaron conocimiento de éstos, sin que sus testimonios hayan sido desvirtuados por prueba alguna, y resultando
  • 40. éstos verosímiles y concordantes los unos con los otros, razón por la que han permitido a este Tribunal arribar a la convicción que éstos efectivamente acaecieron. Si bien es cierto no se ha cuestionado la imputabilidad del acusado en el presente juicio, ésta se tiene por corroborada con los dichos del perito psiquiatra Italo Sigala Romele, corroborados por su informe escrito acompañado como prueba documental. Finalmente, las veinte fotografías del sitio del suceso incorporadas mediante su exhibición, reconocidas por doña María Santibáñez Pino y que fueron tomadas por el Varela Torres, subcomisario de la Brisexme conforme se ha establecido en una de las convenciones probatorias, nos han permitido ilustrarnos respecto de las condiciones del mismo; un lugar bastante rural, aislado y económicamente deprimido. Décimo: Que, la participación del encartado se encuentra acreditada, más allá de toda duda razonable, con la imputación directa que las menor ofendida realizó en juicio, al indicar en todo momento a su padre, don Héctor Correa Torres, como la persona que en las noches y mientras todos dormían, se introducía a su cama y le efectuaba tocaciones en su cuerpo y genitales; imputación sostenida a la largo de toda la fase investigativa y frente a los diversos testigos que depusieron en estrados, y que resultó veraz y no desvirtuada por medio de prueba alguna, razón por la que resulta apta para formar plena convicción respecto de la autoría culpable que ha correspondido al encartado en el delito de abuso sexual reiterado, todo ello conforme a lo prescrito en el artículo 15 Nº 1 del Código Penal. Undécimo: Haciéndonos cargo de las alegaciones del señor defensor en torno a la credibilidad de la menor, y al móvil que ésta habría tenido para inventar los eventos abusivos, y que no era más que sacar, definitivamente, a su padre de la casa y así librarse ella y su madre de la violencia intrafamiliar que por años había reinado en su hogar, urdiendo junto a ésta un plan efectivo y radical, y no soluciones temporales como lo fueron las medidas adoptadas, en su oportunidad, por los tribunales en materia de violencia intrafamiliar, necesario es indicar lo siguiente: Ninguna prueba se ha rendido más que los dichos del encausado que se consignaron en torno a este punto en la pericia psiquiátrica que se le realizó, no resultándonos su hipótesis coherente con la develación tardía que la menor realizó de los hechos. Tamara indicó haber sido abusada por su progenitor desde los seis años, y durante el último tiempo, específicamente en los meses de agosto y septiembre del año pasado, la situación se tornó crítica, existiendo incluso intentos de penetración. Por su parte, tanto la causa de violencia intrafamiliar acompañada, como la niña y las demás miembros de su familia, y en especial su madre, dieron cuenta de la constante violencia que desde años han debido soportar, entonces nos surge la siguiente inquietud ¿por qué Tamara esperó tanto tiempo para decidirse a hablar, cuando bastaba con haberlo hecho antes si quería que su padre desapareciera? Asimismo, Tamara pensaba tomar en el colegio una serie de pastillas con el objeto de suicidarse, pues la única forma de estar en paz era muriendo, sin que haya sido su intención primera confesar los ilícitos de que estaba siendo víctima. La señora Órdenes indicó que la niña lloraba, se encontraba muy afligida y afectada, y decía que ya estaba cansada y que no quería volver a ver a su padre, última afirmación que le llamó a ella profundamente la atención. Luego de insistir, transmitirle confianza a la niña, y hacerla sentir segura, ésta le indicó al rato después, que su padre abusaba de ella. Corrobora ese estado emocional crítico percibido por la directora de su colegio, el certificado de ingreso de la menor
  • 41. emitido por el hospital San José de Maipú, suscrito por el médico Federico Bravo, al cual se ha hecho referencia en una convención probatoria, y que da cuenta que ella presentaba los siguientes síntomas: nerviosismo, inquietud motora, taquicardia, tensión muscular, dificultades en la concentración y memoria, insomnio, anhedónica, anorexia, desmotivación, sensación de tristeza la mayor parte del día, ideación suicida, presencia de pesadillas recurrentes, malestar sicológico intenso al exponerse a situaciones que simbolicen los acontecimientos de violencia, conductas de evitación persistentes a estímulos asociados al evento, afecto restringido, irritabilidad, malestar físico. De esta forma, difícilmente nos resulta pensar que tan buena actriz fuese la menor a tal punto de fingir síntomas para dar mayor credibilidad a su estado emocional, máxime cuando muchos de ellos son reacciones del organismo que van más allá de una cuestión meramente sicológica. Se indica que Tamara se hallaba coludida con su madre y que esto no sería más que una intriga, no obstante lo anterior, ésta no se enteró de los hechos sino una vez que arribó al colegio de la niña y le fue señalado por la directora y el carabinero que tomó la denuncia de lo sucedido, refiriendo la primera que la reacción de la mujer le resultó terrible e impactante, dando gritos y recriminándose por situaciones del pasado, e incluso, sufriendo un desvanecimiento, situación última corroborado por Carolina Prado quien al enterarse del intento de suicido de Tamara e ir al hospital donde se hallaba internada, se impuso que su madre había sido tratada con sedantes pues se hallaba en un estado de shock. Por otra parte, si esto hubiese sido un plan; ¿para qué involucrar a la directora del establecimiento educacional de la niña y profesores, si les bastaba con hacer la denuncia en una comisaría? Paulina jamás mencionó la colusión entre su hermana y su madre, sólo indicó que ellas querían que su padre se fuera del hogar por los constantes maltratos, cosa que gritaban a viva voz. No obstante ello, debemos tener presente que de su relato de desprende una cierta ambivalencia afectiva hacia su progenitor, pues se trataba de su hija predilecta a quien entregaba sus ingresos. Se señala que Tamara habría obrado motivada por venganza, toda vez que su padre le había hecho un escándalo frente a un amigo, amenazándolo con que si tocaba a su hija o le hacía algo, iba a tener que arreglárselas con él. Frente a ello, la menor sintió gran vergüenza y amenazó a su padre con meterlo preso y con hablar - “ahora no te la perdono, y voy a hablar” - , dándole incluso un golpe que fue devuelto por él, quien la lanzó a una poza de barro. Al día siguiente, su padre la amenazó “sí, si vai a hablar habla, y vai a ver lo que te va a pasar a ti”, por lo que se disuadió su intención primera, y prefirió guardar silencio y evadir su realidad mediante el suicido que intentaba cometer al día siguiente. Tamara no le dijo a su padre aquel día que se las iba a pagar por ella y por su hermana, expresión con la cual el señor defensor intenta indicar que la menor se hallaba influenciada por los dichos de Carolina respecto de los abusos de que fue víctima cuando pequeña y que, probablemente, reprodujo como por ella vivenciados para perjudicarlo, asumiendo de esta forma un rol protector respecto de su hermanastra y su madre. Lo cierto es que revisado el audio, Tamara no señaló eso. Se ha sostenido que tan inverosímil es el relato de la afectada, que su hermana Paulina no le creyó lo sucedido, pues siempre hacía cosas para llamar la atención. Como primera cuestión, Paulina no señaló en estrados no haber dado fe a los dichos de su hermana, sino simplemente y ante la insistencia del abogado defensor, señaló no haberle dado importancia. Sin perjuicio de ello, y aún en el evento que no le hubiese creído, tal aspecto nos resulta irrelevante, dado que la convicción es, en este caso particular, el
  • 42. convencimiento - o bien, falta de certeza - a que deben arribar estos juzgadores luego de apreciar las pruebas ventiladas en juicio, y lo relevante en el caso sub lite, no es si Paulina le creyó a Tamara, sino más bien si el Tribunal luego de oír y ver a Tamara, le creyó a ésta. Duda se nos ha pretendido introducir acerca de la conducta de Tamara, de su carácter rebelde y de las cosas que constantemente hacía para llamar la atención, como los intentos de suicidio o una denuncia que efectuó anteriormente por agresión sexual en el sector del puente del Yeso. Respecto al episodio del puente El Yeso, Tamara nada dijo, y su hermana, únicamente, indicó que supuestamente la venían persiguiendo y que alguien la habría agarrado y tirado en el puente, mas la connotación de una presunta agresión sexual por un tercero, sólo se la da el acusado cuando fue entrevistado por el perito psiquiatra, sin que dicha información se halle corroborada por otro antecedente. Así las cosas, conforme a los argumentos antes expuestos, consideramos que sí se han cumplido los presupuestos fácticos de este ilícito acusado, y no se ha podido establecer como lo ha pretendido la Defensa, su teoría alterna de los hechos. Duodécimo: Que, en lo que respecta la segundo ilícito perseguido y en perjuicio de P.W.C.S, a la sazón menor de edad a la fecha de ocurrencia del suceso, estos sentenciadores, tal como lo han resuelto al momento de emitir el veredicto, han decidido absolver al acusado de tal imputación, toda vez que si bien es cierto la declaración de dicha menor nos resultó plenamente veraz y permite acreditar el hecho consignado en el considerando octavo, numeral segundo, éste es atípico por cuanto la conducta desplegada por el hechor, y que constituye un acto de significación sexual, no está dotada de la relevancia exigida por el tipo penal. De esta forma, “la relevancia del acto va a determinar el umbral mínimo de punición, que creemos que debe dar un margen de acción al juez, pues es sumamente difícil entregar un criterio único, general y apriorístico en esta materia. Será preciso, en todo caso, que la normativa entregue pautas claras al respecto a fin de evitar la proliferación de leyes penales en blanco”. (Juan Pablo Cox Leixelard. Los Abusos Sexuales, Aproximación Dogmática, pp. 138). De esta forma, se requiere que la conducta desplegada por el sujeto activo, sea apta para menoscabar el bien jurídico protegido, lo que se consigue mediante una actuación de cierta intensidad o gravedad mínima, no debiendo sólo considerarse en dicho juicio de relevancia la materialidad misma de la conducta, sino todas las circunstancias que rodearon el hecho. La menor indicó que ese día, había visitas en su hogar, y como faltaban camas, hicieron una en el suelo y otra en el sillón. Su padre había estado trabajando y bebiendo con sus amigos, por lo que había llegado en la noche cansado al hogar, preparó las camas y se acostó antes que ella. Durante la madrugada, a la niña le dio frío y se cambió a la cama donde dormía su padre con una sobrina, y a quien sacó de dicho lugar. Media hora después de haber llegado junto a su padre, sintió que éste la tocó por debajo de la ropa, en sus senos y vagina, ante lo cual ella de inmediato cambió de posición y cesaron tales. La menor refiere no haber dado mayor importancia al hecho por cuanto fue algo muy rápido, pasajero, ocurrido durante la madrugada y mientras dormían. Los dichos de la afectada son bastante imprecisos a la hora de determinar cuál fue la real intensidad del hecho por ella vivenciado, ello dado el contexto en el que ocurrieron - era de madrugada, ella fue quien se levantó y se metió a la cama de su padre, desconoce si éste estaba dormido o despierto al momento de sentirlo, no precisa si él despertó al sentir su presencia en la cama, ella no da cuenta de su propio estado de somnolencia, sólo puede indicar que la duración fueron segundos y esto cesó de inmediato cuando se cambió de posición y
  • 43. sin necesidad de oponer algún tipo de resistencia más que sólo mover su cuerpo, siguieron durmiendo los dos el resto de la noche en la misma cama, al otro día nada le dijo a su progenitor, no sabemos si sólo fue un deslizamiento de su manos por su cuerpo o fue más que aquello, si se produjo por debajo de la ropa de cama o por debajo de su ropa de dormir, si cuanto se produjo esto, su padre se hallaba durmiendo frente a ella o de espaldas; datos que estimamos que son necesarios, además, para determinar la intencionalidad del hecho. - . Asimismo, la propia ofendida no le dio mayor importancia al hecho, indicando incluso ante este tribunal, que quizás con el sueño al otro día se le olvidó, otorgándole a éste la connotación que hoy se pretende bastante tiempo después de ocurrido, cuando su padre ya había sido detenido por los hechos que afectaron a su hermana, y le era patente el sufrimiento y la angustia de ésta. Sin perjuicio de lo que señalaremos al momento de valorar los dichos del perito sicólogo y adelantándonos a ello, no compartimos la opinión de éste en cuanto vincula tal olvido, necesariamente, a un mecanismo defensivo destinado a bloquear un evento abusivo, pues perfectamente éste pudo deberse al estado de somnolencia en el que se hallaba la menor de edad a la época de ocurrencia del hecho. Tampoco podemos afirmar que la sintomatología por ella presentada, obedecía directamente al hecho narrado, toda vez que no sólo tal podía deberse al clima de violencia intrafamiliar en el que se desenvolvía, sino tal como ella misma lo indicó, a problemas con su pareja y que la llevaron al borde del suicidio. Sin perjuicio de lo antes indicado, el delito de abuso sexual no admite ejecución culposa sino sólo dolosa, y para que dicho elemento se configure, es necesario que el sujeto activo tenga la voluntad de realizar una acción sexual en los términos exigidos por el tipo penal del inciso 2° del artículo 366 del Código Penal, intencionalidad que no podemos colegir de los dichos de Paulina prestados en estrados, pues ella misma le quita relevancia a éstos. Decimotercero: Que, si bien es cierto hemos dado plena credibilidad a los relatos de las menores al momento del establecimiento de los hechos, no hemos tenido en consideración para tal, los dichos del perito sicólogo Jorge Moreno Contreras; lo anterior con arreglo a las siguientes consideraciones: - El perito indica que de la evaluación practicada a Tamara, la sintomatología en ella observada, permite determinar que presenta un trastorno de stress postraumático congruente con la situación de abuso, con factores de depresión, aislamiento, irritabilidad, sentimientos de culpa, etc; elementos todos que se consideran coherentes y graves con una situación de abuso y que se vinculan con su conducta suicida. A este respecto, debemos indicar que la literatura especializada en peritajes sicológicos en materia de delitos sexuales, indica que la sintomatología como elemento de prueba de la existencia de un delito sexual, no es adecuada. Bástenos para ello con indicar que ante la consulta de la Defensa respecto a la posibilidad que el daño emocional de Tamara, se pueda deber a una situación de violencia intrafamiliar, el experto indicó que de los cinco parámetros observados, sólo el estado de hipervigilancia no es compatible con la violencia intrafamiliar. - El perito indica que el relato de Tamara es veraz por cuanto cumple con varios de los criterios del CBCA, mencionado algunos de los que estima concurrentes. A este respecto, nos parece un tanto liviana la afirmación del experto en la materia, por cuanto para determinar la veracidad de un testimonio, se requiere de un proceso un poco más complejo que la simple concurrencia de ciertos criterios. Greten Macuran Nordase y Patricia Condemarín Bustos, en su libro sobre peritajes sicológicos sobre los delitos sexuales, indican, en términos bastante simples, que el SVA es un instrumento que permite respaldar la
  • 44. validez de las afirmaciones de un sujeto a través de una serie de criterios predefinidos y respaldados por la investigación. Los ítems que esta prueba contempla, permiten fundar la veracidad o falsedad del relato de un sujeto. El SVA, comprende tres elementos interrelacionados: 1.- Entrevista semi estructurada; 2.- análisis de contenido basados en criterios (CBCA), el cual contiene 5 categorías y 19 criterios; 3.- análisis de la validez del testimonio que consta de cuatro pasos, y que dicen relación con el análisis de la personalidad del sujeto, análisis de la entrevista con la que fue obtenida el relato para respaldar la objetividad de la misma, análisis de las motivaciones vinculadas a la declaración y que permiten discriminar entre declaraciones creíble y no creíble conforme a los motivos que están detrás de la denuncia, y análisis de los antecedentes que obran en la carpeta de investigación. Con arreglo a lo antes indicado, y de los dichos del perito, la conclusión a la que ha arribado nos merece ciertos reparos en orden a la metodología y al cumplimiento de cada uno de los pasos requeridos para afirmar que un relato es veraz. Al parecer, no basta con cumplir con muchos de los criterios del CBCA, sino más bien se requiere cumplir con una serie de pasos, alguno de los cuales el perito no ha referido. - Asimismo se habla de la aplicación de un test proyectivo, sin indicar qué tipo y cuáles fueron los resultados concretos del mismo, bastándonos con señalar a este respecto y, haciendo mención nuevamente al texto ya indicado, que en materia de veracidad del testimonio, los tests proyectivos tienden a tener problemas de confiabilidad, validación y estar influenciados por varios factores contextuales. La lógica y las máximas de la experiencia, nos indican que un test proyectivo supone exhibición de imágenes y a la luz de las respuestas otorgadas, se requiere de la interpretación por parte del evaluador, por lo que en esta materia es fundamental la experticia que éste tenga dado que en ella se puede plasmar el sesgo del mismo. - Nos extraña, por decir lo menos, que el perito habiendo efectuado a las menores una entrevista, no haya indagado acerca de la situación de violencia intrafamiliar en la que vivían insertas, hecho que no es menor al momento de determinar que la sintomatología observada permite afirmar que se debe a la vivencia de los abusos sexuales. - Paulina presenta 7 de los 19 criterios del CBCA, pero ni siquiera se indicaron por el experto. Finalmente, un perito como opinión calificada, debe haber adquirido un conocimiento especial o peculiar a través del estudio o de la experiencia respecto de los temas sobre los que va a declarar - veracidad de testimonio -, situación que no nos ha quedado clara respecto de éste. Si bien el sicólogo dejó claro que su labor era diversa de aquella realizada por el Servicio Médico Legal, desconocía los parámetros y pautas dadas por este organismo en lo que respecta a la materia - veracidad de testimonio -, cuestión que no es menor si debemos exigir de aquel quién se dice experto, que sea especializado e informado en la materia. Sin perjuicio de lo antes indicado, los juicios de credibilidad, son trabajos propios de un juez, razón por la que, en esta oportunidad, hemos prescindido de las opiniones de éste. Decimocuarto: Que, la Defensa acompañó como prueba documental, los siguientes antecedentes, los cuales se tuvieron por incorporados mediante su lectura resumida, y consistentes en: 1.- Finiquito de trabajador Héctor Correa Torres, de fecha 30 de diciembre de 2006, y que da cuenta que éste prestó servicios en la Minera Lo Valdés Ltda., en calidad de ayudante de la empresa, desde el 20 de septiembre de 2005 hasta el 30 de septiembre de 2005, por necesidades de la empresa.
  • 45. 2.- Liquidación de remuneraciones del acusado del mes de noviembre de 2005. 3.- Carta aviso término de contrato de fecha 2 de enero de 2006, y remitida por Correos Chile. 4.- Fotocopia de certificado de cesantía de fecha 2 de enero de 2006, con fecha de aviso de 27 de septiembre de 2005 y la fecha y que da cuenta de la iniciación de sus labores con fecha 20 de septiembre de 2005, horas de trabajos semanales 45 horas. 5.- Copia de contrato de trabajo jornada de trabajo suscrito con fecha 20 de septiembre de 2005, en la que se fija una jornada de trabajo de lunes a domingo 45 horas semanales entre Minera Lo Valdés y Héctor Correa Torres, como ayudante de Planta de Minera Lo Valdés. 6.- Declaración de doña María Santibáñez Pino que se halla consignada en el proceso rol 7383 de violencia intrafamiliar acompañado por el ente persecutor, y que da cuenta que se encuentra casada desde hace 16 años a la fecha, relata violencia y maltratos físicos. 7.- Dos posters con manuscritos efectuados por Tamara. Decimoquinto: Al final del presente juicio, el acusado indicó, en términos generales, que siempre ha trabajo para su familia, y que no es un hombre violento como se le ha pretendido mostrar. A este respecto, sus dichos no tienen mayor relevancia para la determinación no del hecho ni de su intervención culpable en los mismos. Decimosexto: Que, beneficia al acusado Héctor Enrique Correa Torres, la aminorante de responsabilidad penal de su irreprochable conducta anterior, contemplada en el artículo 11 Nº 6 del Código Penal, y acreditada en juicio con el respectivo extracto de filiación y antecedentes exento de anotaciones prontuariales pretéritas incorporado por la Fiscalía como prueba documental. Que, a juicio de estos sentenciadores, en nada altera la conclusión a que se ha arribado, lo alegado por el Ministerio Público en el sentido que la conducta anterior del encartado no se encuentra exenta de reproche dado que con anterioridad a la ocurrencia de estos hechos, fue sometido con fecha 25 de septiembre de 1993 a proceso por el Ex 9º Juzgado del Crimen de San Miguel por un delito de abuso sexual, y por el cual conforme a la certificación efectuada por el secretario subrogante de dicho Tribunal, documento acompañado por la Fiscalía, fue detenido con fecha 2 de octubre de 2002 y puesto en libertad por falta de méritos son esa fecha, puesto que considerar dicha circunstancia para excluir su irreprochable conducta anterior sin que exista una sentencia condenatoria ejecutoriada a su respecto y más aún como lo indica el mismo documento respecto del proceso: “no fue posible ubicarlo físicamente ya que se encuentra extraviado, por lo que no es posible dar mayores antecedentes por ahora de la situación procesal y estado definitivo de la causa”, vulnera la presunción de inocencia que ampara al acusado, y consagrada en el artículo 4° del Código Procesal Penal. Tampoco podemos excluir dicha atenuante fundada en la condena por violencia intrafamiliar invocada por la Fiscalía y cuyo proceso fue allegado a juicio como documento, pues tal como lo plantea la Defensa, ésta en una causa de naturaleza civil, sin que haya sido sentenciado el acusado por un crimen o simple delito. Decimoséptimo: Que, en sus alegaciones finales, la Defensa invocó a favor de su representado, la circunstancia atenuante del artículo 11 N° 9 del Código Penal, fundándola en la convención probatoria referida en el auto de apertura, y por la que se establece como hecho de la causa que el examen de facultades mentales N° 2546-2006 del acusado, elaborado por el Servicio Médico Legal de fecha 31 de
  • 46. agosto de 2006, por el perito médico psiquiatra Italo Sigala, y fue realizado con autorización prestada voluntariamente por el acusado en audiencia 30 de marzo de 2006, en presencia de su abogado defensor Andrés Piñeiro Santis. Asimismo, se indica que tanto el manuscrito acompañado por la Fiscalía y en el que la menor de iniciales T.S.C.S., indicaba odiarse por todo lo que hace, fue entregado voluntariamente por éste al ente persecutor, denotando con ello su intención de colaborar. Si bien es cierto dicha aminorante no necesariamente ha de decir relación con la renuncia del encausado a su derecho a guardar silencio, lo esencial de toda investigación, son los fines de la misma, los cuales se traducen en la acreditación del hecho punible, así como la identificación de los partícipes y responsabilidad de los mismos. Los dos antecedentes invocados, en caso alguno han sido esenciales para el esclarecimiento de los hechos, toda vez que nada aportan ni al establecimiento de éstos, ni a determinar la responsabilidad que en ellos cupo a Correa Torres. Decimoctavo: Que, el órgano persecutor alegó en estrados, al igual que el querellante, la circunstancia del artículo 13 del Código Penal, cual es la agravante de parentesco. Doctrinariamente, para que el parentesco se constituya como una agravante de responsabilidad penal, debe atenderse a la “naturaleza” del ilícito, que viene determinada por el carácter del bien jurídico tutelado por la norma, que en el caso concreto resulta ser la indemnidad sexual de la menor ofendida, y a los “accidentes” del mismo, que se traducen en las modalidades del caso particular en relación a su ejecución concreta. Analizados esos elementos, deberá evaluarse si el vínculo parental tiene el mérito de incrementar el disvalor del resultado. Así las cosas, estos sentenciadores al debatir y analizar la concurrencia de la agravante en cuestión, han tenido en consideración, que los hechos se desarrollaron en la forma y lugar en que se expusieron y acreditaron en audiencia, por la calidad y relevancia que la persona del acusado representa para la víctima: “su padre”, a quien, de algún modo, debía respeto y quien por naturaleza es el encargado de velar por su cuidado y protección. Que el parentesco de la menor con el acusado, se encuentra acreditado con el certificado de nacimiento, incorporado a juicio como prueba de documental de la Fiscalía, y con el de matrimonio de éste. Además, éste se desprende de los propios dichos de las menores que depusieron en estrados, de su madre y hermanas. Conforme a lo anterior, disentimos de los planteamientos de la Defensa invocados en su alegato final. Decimonono: Que, el delito acreditado tiene asignada por ley la pena de presidio menor en su grado máximo. Sin embargo, y habiéndose establecido que la conducta desplegada por el hechor corresponde a la de delitos reiterados de abuso sexual, conforme a la regla procesal establecida en el artículo 351, inciso 1º, del Código Procesal Penal, se aumentará la pena en un grado. Dado que ésta deviene en presidio mayor en su grado mínimo y concurriendo respecto del encartado una atenuante y una agravante, luego de la compensación racional de las mismas, este Tribunal queda facultado para recorrer la pena en toda su extensión, quántum que se fijará en la parte resolutiva de esta sentencia, teniendo para ello presente lo preceptuado en el artículo 69 del código punitivo. Disentimos sobre este punto de la opinión del señor Defensor de considerar que estamos frente a un solo delito continuado y no reiterado, resultando, lógicamente, más beneficioso para su representado lo prescrito en el artículo 74 del Código Penal que la regla punitiva del artículo 351 del Código Procesal Penal, puesto que consideramos que el acusado no realizó sólo un tipo penal, sino diversas acciones de abuso sexual propio en contra de su hija,
  • 47. existiendo elementos bastantes para poder precisar que éstas acciones fueron varias y distantes en el tiempo, a lo menos una semana entre una y otra. Vigésimo: Que, los documentos acompañados por la Defensa como prueba y singularizados en los números 1 a 5 del considerando decimocuarto de la presente sentencia, acreditan que éste prestó servicios en Minera Lo Valdés desde el 20 de septiembre de 2005 al 30 de diciembre de ese año, con un horario de trabajo de 45 horas semanales, y de lunes a viernes. Al parecer, se nos ha pretendido con ellos generar alguna duda respecto de la permanencia del acusado en su hogar puesto que éste se hallaba toda la semana en sus faenas en la mina; no obstante lo anterior, sus servicios los comenzó a prestar en una fecha posterior a la época en la que habrían ocurrido los eventos abusivos y que quedó determinada conforme al relato de Tamara, entre los meses de agosto y septiembre de 2005. Por su parte, analizada la declaración de la denunciante en el proceso de violencia intrafamiliar, ésta da cuenta de eventos tales como los abusos sufridos por su hija Carolina Marión y el hecho de haber sido su cónyuge detenido y puesto en libertad por cuanto tales imputaciones no pudieron acreditarse, los golpes y privaciones alimenticias que el denunciado le daba, el hecho de haberse venido del sur a Santiago, lugar donde consiguió una casa para arrendar en el sector del Volcán, sitio donde el acusado la encontró y prometió cambiar su conducta violenta, por lo que luego de estar separado de hecho de él volvió al hogar. Que, tal antecedente no hace sino que corroborar, en parte lo depuesto por la señora Santibáñez en estrados, y que no tiene relevancia alguna en la determinación del hecho punible ni la participación que cupo al encartado en los mismos. Vigesimoprimero: Que, atendida la extensión de la pena corporal que se impondrá en lo resolutivo de esta sentencia, no resulta necesario referirnos al informe presentencial acompañado por la Fiscalía como documento en la oportunidad prevista en el artículo 343 del Código Procesal Penal. Que, por no guardar relación con los hechos relevantes del presente juicio, así como no ser de utilidad para establecer la responsabilidad penal del encartado, no se ha dado valor probatorio a los documentos incorporados por la Fiscalía y referidos en los números 3, 6, y 7 del considerando séptimo. Tampoco han servido a la convicción de estos jueces, las convenciones probatorias de los N° 4 y 6 del considerando quinto. Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en los artículos 1, 3, 7, 11 Nº 6, 13, 14 N° 1, 15 N° 1, 18, 24, 26, 28, 67, 69, 361 Nº 1, 366, 366 ter, 370 bis, y 372 del Código Penal; 1, 4, 47, 295, 296, 297, 298 y siguientes, 314 y siguientes, 323, 325, 339, 340, 341, 342, 344, 346, 348, 468 y 351 del Código Procesal Penal, y demás normas sustantivas y procesales que resulten pertinentes, SE DECLARA: I.- Que se absuelve al acusado HÉCTOR ENRIQUE CORREA TORRES, ya individualizado, de los hechos signados como Nº 2 en auto de apertura, contenidos en la acusación deducida en su contra por el Ministerio Público y querellante, en los que se le imputaba la calidad de autor del delito de abuso sexual, ilícito previsto y sancionado en el artículo 366, inciso 2º del Código Penal en relación al artículo 363 Nº 2 del mismo cuerpo normativo, y que habría perpetrado durante el mes de julio del año 2005, en menoscabo de la menor de edad en aquella época, de iniciales P.W.C.S. II..- Que se condena al acusado ya individualizado, a sufrir la pena de CINCO AÑOS y UN DÍA de presidio mayor en su grado mínimo, y a las penas accesorias legales de INHABILITACIÓN ABSOLUTA PERPETUA
  • 48. PARA CARGOS Y OFICIOS PÚBLICOS Y DERECHOS POLÍTICOS Y LA DE INHABILITACIÓN ABSOLUTA PARA PROFESIONES TITULARES MIENTRAS DURE LA CONDENA, por su responsabilidad como autor del delito de abusos sexuales reiterados en menoscabo de la menor de edad de iniciales T.A.C.S., previsto y sancionado en el artículo 366, inciso 1º, del Código Penal en relación al artículo 361 Nº 1 del mismo código, y perpetrado en la comuna de San José de Maipo en fechas no precisadas y entre los meses de agosto y septiembre del año 2005. III.- Se le condena además, a la PRIVACIÓN DE LA PATRIA POTESTAD respecto de su hija antes individualizada por las iniciales T.A.C.S., y a la INHABILIDAD para obtenerla, así como de todos los DERECHOS que por el ministerio de la ley se le CONFIEREN RESPECTO DE LA PERSONA Y BIENES DE LA MENOR OFENDIDA, así como de sus descendientes y ascendientes. IV.- Asimismo, se condena al sentenciado a las penas accesorias DE INTERDICCIÓN DEL DERECHO DE EJERCER LA GUARDA y ser OÍDO COMO PARIENTE en los casos que la ley designa; y de sujeción a la vigilancia de Carabineros de Chile durante los diez años siguientes al cumplimiento de la pena principal, debiendo informar, cada tres meses, su domicilio actual. Ofíciese. V.- Que, atendida la extensión de la pena corporal impuesta, no se concede al sentenciado ninguno de los beneficios establecidos en la Ley N°18.216, debiendo en consecuencia cumplir real y efectivamente la pena privativa de libertad que por esta resolución se le impone, y que se deberá contar desde el día 22 de noviembre de 2005, fecha desde la cual han permanecido ininterrumpidamente privado de libertad en esta causa conforme consta del respectivo auto de apertura. VI.- Que, se exime al sentenciado del pago de las costas de la causa, por encontrarse patrocinado y representado por la Defensoría Penal Pública, conforme a lo dispuesto en el artículo 600 del Código Orgánico de Tribunales. Devuélvase al Ministerio Público y a la Defensa, en su oportunidad, los elementos de prueba incorporados en la audiencia. Una vez ejecutoriado el presente fallo, dése cumplimiento al artículo 468 del Código Procesal Penal, y remítase la presente sentencia al Juzgado de Garantía de Puente Alto para los efectos de la ejecución de la pena. Regístrese, comuníquese en su oportunidad al Juzgado de Garantía de Puente Alto para su cumplimiento, hecho archívese. Redacción de la Juez doña Alessandra Tubino Tassara. R.U.C.: 0500466992-6 R.I.T.: 63-2006 PRONUNCIADA POR LA SALA ÚNICA DEL TRIBUNAL DE JUICIO ORAL EN LO PENAL DE PUENTE ALTO, PRESIDIDA POR LA MAGISTRADO MARCELA PATRICIA ERAZO RIVERA, E INTEGRADA POR LOS JUECES JUAN PATRICIO MADRID POZAS Y ALESSANDRA TUBINO TASSARA, ÚNICA TITULAR DE ESTE TRIBUNAL. SE DEJA CONSTANCIA QUE NO FIRMA LA MAGISTRADO ERAZO POR ENCONTRARSE EJERCIENDO FUNCIONES EN SU TRIBUNAL DE ORIGEN,
  • 49. Y EL JUEZ MADRID POR HALLARSE HACIENDO USO DE SU FERIADO LEGAL, ELLO CONFORME LO PREVIENE EL ARTÍCULO 37 DEL CÓDIGO PROCESAL PENAL.