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156185753 el-buscador-de-caminos

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  • 1. El buscador de caminos por Darcy Pattison
  • 2. El buscador de caminos Darcy Pattison 2 Primera parte LA PÉRDIDA
  • 3. El buscador de caminos Darcy Pattison 3 EL F'GIZ La ciudad estaba sumergida en el f'giz, la neblina más densa del año; salía como remolino de la Grieta ubicada en la parte de atrás de la ciudad y cubría todo como una sábana gruesa de bruma. Sin embargo, las preparaciones continuaban para la celebración de los cincuenta años del herrero Cyril Jordan. Las actividades, anunciadas desde hacía varias semanas, incluían maromeros. trovadores y danzarinas. La última caravana proveniente de la ciudad capital Gil Dan había traído carnes y frutas secas a Gil Rim y habían sido guardados en depósitos fríos junto con las más finas aguamieles y cerveza amarga. Por la neblina, los guías se mantenían ocupados durante el día como acompañantes de los mercaderes que traían gigantescas ruedas de quesos, barras de pan de molde aromáticas, y conejos, patos y cabra asada. Nada impediría que el alcalde Augustus Porter o alguien más dejara de asistir a esta fiesta, ni siquiera el f'giz. El líder guía, Eli Eldras, le advirtió a Cyril temprano esa tarde: -Este es el peor f'giz que haya presenciado en veinte años. No sé cómo lograremos que nadie se pierda esta noche -se pasó la mano por su melena color gris hierro-. Para empeorar las cosas, tendremos que usar a los aprendices para aseguramos de que todos los invitados lleguen a tiempo. Yo mismo estaré al frente de todo, pero... -Bien, bien -le dijo Cyril, luego dio media vuelta para hablar de las canciones con los trovadores. A medida que la tarde avanzaba, el f'giz se hacía más intenso, la neblina de la Grieta cubría los techos de piedra, se arrastraba por debajo de las entradas y recorría sigilosa las calles
  • 4. El buscador de caminos Darcy Pattison 4 abandonadas. Una hora antes del inicio de la fiesta, los guías estaban ansiosos, caminaban de un lado a otro por el comedor de la Casa de los guías. Finalmente, llegó el momento decisivo. Se perdieron en la noche, los abrigos rojos y blancos desaparecieron en la neblina y los gritos se apagaron. -¡Que tengan una buena noche! -¡Buen destino! La mano del alcalde pesaba sobre el hombro del aprendiz guía Winchal Eldras. Win se concentraba en no sacudirla. Su hombro dolería mañana, pero ese era el precio de ser un guía: hombros cansados, pies adoloridos y carteras llenas. -¿Estamos perdidos? -preguntó el alcalde por décima vez. Win sentía lástima por él. Dieron dos pasos más y Win dijo: -Mire. Sobre ellos se veía la forja y el martillo, el símbolo del gremio de los herreros. De aquí en adelante linternas inmensas colgaban de espigas de hierro cada tres metros a lo largo de una cerca de hierro, oscuros faros en la neblina sofocante. Más allá de la luz inmediata que los iluminaba, se vislumbraba un armatoste sin forma, la Casa del gremio de los herreros. El alcalde retiró su mano con un suspiro de alivio y enseguida la puso de nuevo sobre el hombro de Win. El gremio de los guías contaba historias de personas que se perdían a unos metros de distancia de su destino y les tocaba esperar durante horas hasta que un guía los encontrara. O peor, caminaban sin rumbo hasta que terminaban fuera de las rejas de la ciudad, inmóviles y llenos de espanto ante el filo de la Grieta. Las nubes se unían logrando formas tan reales que una persona perdida se veía tentada a pararse sobre ellas. Un error fatal. Durante la época seca y sin neblina hasta los cobardes se burlaban de las historias. Pero esta era la época de lluvias. El alcalde no se atrevía a dar un paso solo en el f'giz. Su mano agarró el hombro de Win con una fuerza casi mortal.
  • 5. El buscador de caminos Darcy Pattison 5 Las elaboradas rejas de hierro forjado se abrieron fácilmente ante el contacto de Win. Entraron a un patio y la gran casa de piedra se les presentó como suspendida en el aire. -¿Quién está ahí? -preguntó la voz gruñona del portero. -Aprendiz guía Eldras acompañando al alcalde Porter. -Aprendiz guía Angelus acompañando a la señora Porter. Win gruñó. A Kira también le había ido bien, aun acompañando a la esposa mimada del alcalde. Unos pasos más y las ventanas de la casa se llenaron de vida, con todo y el enrejado de hierro forjado. Brillantes rayos de luz jugaban a unos metros antes de desaparecer en la neblina. La música se filtraba debajo de la puerta. Monedas cayeron en las manos de Win y después en las de Kira. El alcalde y su esposa entraron a tropezones para unirse a la luz y la risa. Eli, el padrastro de Win, fue repentinamente enfocado por la luz. Les dio unas palmadas en la espalda y se protegió mejor de la neblina fría cerrándose su abrigo rojo y blanco de líder guía. -¡Buen encuentro! -¿Ya llegaron todos? -Sí, el alcalde tendrá su entrada triunfal. Y tal vez, sólo tal vez, lograremos sobrevivir esta noche -se cubrió mejor su cara-. El alcalde mostró su confianza en nuestro gremio permitiendo que nuestros mejores aprendices lo acompañaran a él y a su esposa. Dejaron muy bien al gremio al llegar a tiempo. Bien hecho. Los aprendices sonrieron. -Podemos encontrar cualquier cosa, en cualquier sitio, en cualquier momento -dijo Win y Kira estuvo de acuerdo. En la neblina, la mitad blanca de los abrigos de los aprendices desaparecía, dejando sólo las partes rojas con una apariencia de desequilibrio que desorientaba a los extraños. Win era limpio y ordenado, desde su inmaculado abrigo de
  • 6. El buscador de caminos Darcy Pattison 6 aprendiz hasta su pelo perfectamente cortado y sus uñas limpias. La luz intensa de la casa le enfocaba la cara, sobre todo su nariz aristocrática, de manera que su perfil se veía agudo. Con once años, él y Kira eran los aprendices más viejos en la Casa de los guías. Eran igual de competentes, excepto que a Win le aterraban las alturas y eso lo mantenía lejos de la Grieta, mientras que Kira se sentía cómoda en cualquier sitio de la ciudad. Después de cinco años de entrenamiento, ellos confiaban en que el perfecto desarrollo de sus tareas los haría merecer el ascenso a guías. Kira, una niña grande, se soltó su pelo rubio, que sujetaba con un gran moño en la base de la nuca. Eli dijo: -Vamos a la Casa de los guías para descansar unas horas antes de volver a acompañar a todos a sus casas. -Hagamos una carrera -le dijo Kira a Win. Se sacudió la cabeza para terminar de soltar su pelo, que se estaba empezando a encrespar con la humedad del aire. -Listo -dijo Win y empezó a galopar con sus largas piernas hasta desaparecer en la oscuridad. -No vayan tan rápido -les dijo Eli, pero era una amable advertencia. Él también había sido un joven guía, con total convencimiento de que podía correr a través de la neblina, que a muchas personas paralizaba. Win corrió por las calles superiores de Gil Rim. Su sentido de guía le indicaba cuándo evitar un obstáculo o girar en esquinas invisibles. Mientras que corría, mantenía un ojo en la Casa de los guías y el otro en Kira. Ella lo acompañó a través de las calles sin problema hasta que llegaron al Parque de los guías, donde él se dirigió hacia la entrada principal mientras que ella se fue hacia la entrada lateral. ¡Maldición! Él era más rápido, pero no se le ocurrió ese atajo. Cruzó el parque solitario, bajó por una calle y llegó a la puerta de los aprendices en la Casa de los guías. Demasiado tarde. Kira estaba recostada en el umbral de la puerta y le extendió la mano. Los dos estaban ligeramente agitados por la carrera y tenían sus abrigos
  • 7. El buscador de caminos Darcy Pattison 7 empapados por la neblina. Kira le dijo: -¡Tú pierdes! ¡Paga!
  • 8. El buscador de caminos Darcy Pattison 8 LA HERMANA Win se inclinó sobre el tazón, permitiendo que la deliciosa fragancia del estofado le calentara la cara antes de comérselo lo más rápido posible. La carrera montaña arriba hacia la Casa de los guías le había dejado un hueco en el estómago que sólo podía llenar con el estofado de su madre. Su abrigo se secaba en una percha al frente de la chimenea, mezclando el olor de lana mojada con el del estofado. Volvió a llenar su tazón con el contenido de la pequeña olla que colgaba de la chimenea del cuarto de la familia. Win ahora dormía arriba con los aprendices y usualmente comía con ellos. Eli, como líder de los guías, en cam bio prefería la privacidad, de manera que Hazel, madre de Win, le mantenía una pequeña olla en la alcoba de ellos. Cuando Win estaba muy hambriento, visitaba la habitación de sus padres buscando comer algo más. Un ruido constante se oía proveniente de la piedra en el rincón donde Hazel afilaba los cuchillos de la cocina. Zanna, la medio hermana, lanzó una manotada de hojas de té en una caldera de agua hirviendo. A medida que la barriga de Win se llenaba, su cuerpo se calentaba. Él y Kira lo habían hecho bien esta noche y pronto cambiarían sus abrigos de aprendices por la banda que los identificaría como guías. -Buen estofado -dijo. Hazel se levantó de la piedra y con su dedo verificó el filo del cuchillo. -De vegetales otra vez. Cuando la neblina se aclare te mandaré afuera de las puertas de la ciudad para que revises mis trampas -le dijo ella-. Hemos estado tan ocupados esta semana
  • 9. El buscador de caminos Darcy Pattison 9 que no puedo dejar ir a nadie tanto tiempo. Zanna puso una taza de té caliente frente a Win. -Las trampas tendrán conejos adentro, ¿no es cierto? Hazel asintió con la cabeza. -Generalmente cazamos algunos durante el f'giz. Hazel había sido guía durante mucho tiempo antes de irse para la Casa de los guías y convertirse en cocinera, enfermera, confidente y madre de los treinta y tantos aprendices. Su pelo negro tenía sombras de gris y su figura todavía era esbelta, aunque no tan atractiva. Tenía una leve cojera en la pierna izquierda, una vieja herida de un Destino del cual no hablaba jamás. Los aprendices trataban de adivinar qué le había causado la cojera. -Fue atacada por un tigre mientras trataba de encontrar un tesoro. -El Rey la salvó de un lobo. -Se metió en la Grieta y se cayó mientras escalaba las piedras tratando de salir. Aunque se lastimó, logró escapar. Ha sido la única persona que lo ha logrado. Al principio, los aprendices trataron de sacarle información a Win acerca de Hazel. Pero él no pudo añadir nada. Había recuerdos de un hombre alto que iba y venía, trabajos inestables, noches en sitios extraños y finalmente Eli. A Win le gustó cuando Hazel decidió casarse con el fuerte guía. Hazel escuchaba todos los rumores, pero nunca les ponía atención. Se protegía detrás de una pared de reserva total y dejaba que los rumores le dieran una dignidad y una autoridad misteriosas. A pesar de toda su reserva, los aprendices la adoraban y les era totalmente necesaria su voz de aprobación. A su vez, Hazel los atendía con las más deliciosas comidas de Gil Rim y los protegía con la ferocidad del águila de la Grieta. Win volvió a llenar su tazón por tercera vez. -Déjale un poco a Eli -le dijo Hazel. Dio un paso, se detuvo para estirar su pierna izquierda y continuó de prisa hacia la cocina para atender el fuego y la olla grande. La mantendría
  • 10. El buscador de caminos Darcy Pattison 10 caliente, a fuego lento, noche y día, mientras durara el f'giz, para los guías que tuvieran que entrar y salir entre un trabajo y otro. Win seguía concentrado en su estofado. Zanna se acurrucó junto a él mientras se tomaba su té. -Aunque el f'giz esté malo, podrías encontrar las trampas de los conejos mañana. O tal vez consigas conejo o algún otro tipo de carne en el mercado -le movió la cartera para que las monedas le sonaran. Win le dio una suave palmada en las manos. -Deja de molestar. El mercado estará vacío y yo estaré ocupado. Zanna le dio la espalda y cruzó sus delgados brazos sobre su pecho. -Kira estará ocupada, pero tú no. Ella te ganó de nuevo. Win la ignoró y se concentró en su tazón. Eli entró llenando el pequeño salón con su presencia. Al ver a Zanna, la levantó de la banca. Ella gritó emocionada, logrando que la expresión de cansancio se borrara de la cara de Eli. Se sentó en el espacioso asiento de mimbre que estaba al lado de la chimenea y puso a Zanna en sus piernas. A pesar del contraste entre las mejillas ajadas de Eli y las de Zanna, suaves y rosadas, la semejanza familiar se notaba en sus ojos amables y cafés, las cejas dispersas y los pómulos pronunciados. Eli le desordenó los mechones rubios a Zanna y le dijo: -No molestes a tu hermano. Win y Kira han estado buscando el reconocimiento como los mejores aprendices durante todo un año. La próxima vez Win le ganará. -De todas maneras ¿a quién le importan las carreras? -dijo Zanna, de repente convirtiéndose en la aliada de su hermano de nuevo-. Si yo me perdiera, quisiera que Win me encontrara y no Kira. -y no lo dudes que te encontraría, pequeña. -Win llevó su tazón al lavadero, lo limpió y lo secó.
  • 11. El buscador de caminos Darcy Pattison 11 -¿Hay estofado? -preguntó Eli. -Sólo de vegetales -dijo Zanna. -Oh, entonces paso -dijo Eli. Zanna frunció el ceño y empezó a morderse la uña del dedo gordo. Win conocía esa expresión. Zanna estaba planeando algo. Win tenía cinco años cuando nació Zanna. Casi no se acordaba de su vida antes de Zanna, viajando con Hazel, hasta que finalmente se quedaron en Gil Rim, pero la vida parecía más alegre y emocionante cuando incluía a Zanna. Habían crecido contentos y seguros en la Casa de los guías. La felicidad de todos había sido amenazada el mes pasado cuando Zanna cumplió seis años. Su talento como guía era tan escaso que ni siquiera había podido encontrar la Campana de los principiantes por sí misma. Otros niños guías que no mostraban talento ya eran aprendices en otros oficios para cuando tenían seis años. Pero Zanna era la debilidad de Eli. Él había perdido toda esperanza, por su avanzada edad, de tener hijos cuando Hazel lo sorprendió con Zanna y no disimulaba su deseo de malcriarla. -Ella puede ganarse la vida aquí. Deja que sea aprendiz cocinera para la Casa de los guías - le dijo Eli a Hazel. Win se había unido a su padrastro en favor de Zanna: -Espera unos años más. Al final, Hazel accedió a enseñarle a hornear una docena de barras de pan de molde cada mañana y a hacer las compras en el mercado. Eso significaba que Win tenía que llevarla al mercado, porque ella no podía encontrar el camino de regreso a casa. Su primera parada era siempre en el puesto de frutas de Rilla. Win se recostaba contra un poste mientras Zanna lo examinaba todo y preguntaba a Rilla por la procedencia de todo lo que ofrecía. La mayoría de la frutas -higos, dátiles, limones o lo que fuera que estuviera en estación- venían de la finca de la familia de Rilla donde había pozos profundos para la irrigación. Pero a Zanna de todos modos le gustaba preguntar. Finalmente, escogía una fruta,
  • 12. El buscador de caminos Darcy Pattison 12 por la que Win pagaba una moneda de cobre. Ella se sentaba cómodamente en el butaco de Rilla a comérsela, dejando que los jugos le rodaran por la barbilla. Las palomas se acercaban a sus pies, esperando recibir migajas. A menudo les arrojaba pequeños pedazos mordidos y siempre les dejaba el corazón o las semillas. Al terminar, se chupaba los dedos y le agradecía a Win con un beso, dejando en su mejilla los jugos pegajosos. Finalmente, apostaban una carrera hasta la fuente en la mitad del mercado, donde se lavaban. El resto de la compra era rápida y eficiente. Esa tarde del f'giz el puesto de Rilla estaba cerrado, porque le resultaba muy peligroso viajar a la ciudad. Win se molestó cuando Roberto dijo que no tenía conejo y que no tendría hasta que no se aclarara la neblina. Zanna insistió en preguntar en cada uno de los otros puestos, pero la mitad estaban cerrados ya y en el resto decía: -La fiesta del herrero acabó con la poca carne que teníamos. Ahora Zanna estaba recostada contra el amplio pecho de Eli y bostezaba. Pero Win no se engañaba. No se había dicho la última palabra acerca de los conejos para el estofado de Eli. -Hora de dormir -dijo Eli. -Déjame otro rato. Quiero ayudarle a mamá a cocinar. Es una noche agitada para los guías. Eli le acarició la mejilla con un dedo. -Hazel te necesitará mañana para cocinar todo el día también. A no ser que esté equivocado, las neblinas estarán aquí mañana todo el día. -¿Aun al medio día? -Este es el f’giz. ¿Quién sabe? Puede venir e irse sin previo aviso. Pero no creo que el sol del medio día pueda aclarar una neblina tan densa. Hazel entró con un pequeño plato con pan tajado que puso en la mesa cerca al tazón de Eli. Zanna le guiñó el ojo furtivamente a Win y se volteó hacia Hazel. -Mamá, ¿me puedo quedar despierta para ayudarte esta noche? Hazel le dijo a Eli:
  • 13. El buscador de caminos Darcy Pattison 13 -No me importa si se queda conmigo hasta tarde hoy y mañana duerme hasta tarde. -Por favor -Zanna volteó a mirar a su padre con ojos que brillaban. Eli trató de verse molesto, pero su sonrisa lo traicionó. -Sólo quédate adentro esta noche y mañana, a no ser... -... a no ser que vaya con un guía. Ya lo sé. ¡Gracias! Zanna sostuvo la cara de su padre en sus suaves manos, le bajó la cabeza y le besó la frente. Saltó de sus piernas y ocultó a Hazel al ir hacia la cocina. En la puerta se dio media vuelta, los deslumbró con su sonrisa y desapareció.
  • 14. El buscador de caminos Darcy Pattison 14 LAS BRUMAS Win siguió a Zanna entre la bruma, que olía dulcemente. ¿Para dónde iba? Había trabajado toda la noche acompañando a los invitados a sus casas de regreso de la fiesta del herrero. Eli y los otros guías finalmente llegaban a sus camas exhaustos, pero satisfechos. -¡Todos a salvo! La Casa de los guías estaba en silencio excepto por los ronquidos que se prolongaron hasta bien entrada la tarde. Las brumas se habían aclarado gracias al sol del medio día, permitiendo una cuadra o dos de visibilidad. Win pasó la tarde en el Parque de los guías con los otros aprendices, hablando sobre el trabajo de la noche anterior y defendiéndose de las burlas que le hacían por haber perdido la carrera con Kira. A medida que la noche caía, nubes blancas y densas se hinchaban como velas al salir de la Grieta, girando como remolinos, tragándose los edificios y dejando, nuevamente, las casas aisladas en el f'giz. Era el momento para que los guías empezaran a trabajar. Los aprendices tomaron el camino de regreso a la Casa de los guías. Hazel, que sacaba panes de molde del horno, detuvo a Win al verlo pasar. -No he visto a Zanna desde hace rato. Seguramente está en el Dormitorio de los aprendices. Encuéntrala y tráela de vuelta. Win se imaginaba que Zanna estaría en la Casa de los guías o en algún otro sitio en los alrededores. Se concentró en su cara: ojos grandes y cafés, sonrisa alegre y rizos dorados. Encontrar a una persona perdida era muy fácil ahora, especialmente a alguien con quien
  • 15. El buscador de caminos Darcy Pattison 15 estaba tan familiarizado. Win frunció el ceño. El Destino era claro y preciso. Zanna no estaba en la Casa de los guías y tampoco en el Parque. Se hallaba en algún sitio de la ciudad, probablemente en el puesto de Roberto, buscando conejos. Win empezó a sentir un dolor en el estómago, un vacío que ni un estofado podría curar. Sin habilidades para encontrar, Zanna se quedaría inmóvil en algún sitio, con la cara pálida y tensa, esperando que él la encontrara y se la llevara a cenar a la casa. Abrió la puerta de la Casa de los guías y empezó a caminar. Se detuvo, casi con pánico. Zanna se seguía moviendo. ¿Por qué no se detenía y esperaba a que la encontraran? Win cubrió su abrigo con una capa y tomó una linterna. Siguió a su Destino por las calles retorcidas, a través del empalagoso olor a flores que despedían las brumas de la Grieta. Los linderos eran imposibles de identificar en la niebla, pero Win se movía con seguridad. Durante treinta minutos, el Destino lo guio por la parte superior de Gil Rim, pasando por los puestos vacíos del mercado hasta la parte inferior de Gil Rim. Su estómago se apretaba cada vez más. Si ella se hubiera detenido a esperar, él ya la hubiera encontrado. ¿Acaso ella esperaba que las brumas se disiparan tan rápido como habían llegado? Una figura cubierta con una túnica apareció. Era un lobo gigante, distorsionado por la niebla, de manera que parecía tener más de una cabeza flotando sobre su cuerpo. Win saltó a un lado. ¿Qué significaba esto? Pero el lobo de la neblina desapareció tan rápido como había aparecido, dejando la duda en Win de si había sido real o simplemente un fantasma del f'giz. Win respiró hondo y se estremeció. ¿Dónde estaba Zanna? Aceleró el paso, corriendo con cautela paro rápidamente hacia Zanna. Unas puertas grandes de madera aparecieron frente a él. ¡K'il Rus, el portal principal de la ciudad! Todas estaban cerradas, menos una pequeña puerta lateral que estaba entreabierta. -¡Se fue de la ciudad! ¿Acaso no sabe lo peligroso que puede ser? -dijo abruptamente en el silencio. Por un momento, consideró pedirle ayuda a otro guía, pero su Destino todavía era
  • 16. El buscador de caminos Darcy Pattison 16 fuerte. Simplemente, no le gustaba andar sin rumbo afuera de Gil Rim, en medio del f'giz. ¿Qué hacía ella afuera de las puertas? ¿Revisando las trampas de los conejos? Seguramente no. ¿O estaría tan perdida que no se había dado cuenta de que esta era la salida principal de la ciudad? ¿Se habría enloquecida en el f'giz? Win se concentró más en su Destino y empezó a trotar. -No debe estar lejos. Pronto la alcanzaré -se dijo. Sacudió su cabeza con desesperación. ¡No debería estar moviéndose! El Destino se volvía más fuerte a medida que lo guiaba alrededor del borde de las paredes de la ciudad. El fuerte olor de las flores de la Grieta se mezclaba con su propio sudor. La Grieta estaba cada vez más cerca. ¡Zanna se seguía moviendo! Win se alejaba trotando a lo largo de las paredes de la ciudad mientras la tierra arenosa y la sábana de niebla amortiguaba sus pasos. La llama del farol crepitaba en sus manos. El Destino casi lo sofocaba, de una manera tan familiar, que le hacía pensar que ella estaba cerca. -¡Zanna! -llamó él. El grito sonó hueco; la neblina blanca y húmeda se comía sus palabras. El sentido de su Destino le decía dos cosas: Zanna estaba muy cerca, pero también el borde de la Grieta. Win avanzaba lentamente, inseguro de dónde pisaba. Verificaba cada paso, asegurándose de pisar tierra firme antes de dar el siguiente. La luz del farol iluminó la cara de Zanna. Se encontraba a una distancia de dos pasos y la neblina bailaba alrededor de sus pies. Sus rizos colgaban mojados. Gotas de agua condensada brillaban en su cara y en sus pequeñas pestañas. Por un momento, él no estuvo seguro de si ella era real o una ilusión del f'giz. Zanna lo miró sorprendida y cerró por un momento sus ojos. Win supo que era real. Se encontraban en el borde de la Grieta, y su hermana estaba parada sobre una pequeña roca curva que sobresalía por encima de la Grieta. Entre ellos estaba el espacio vacío. De
  • 17. El buscador de caminos Darcy Pattison 17 repente Win sintió corno si la sangre se le subiera a la cabeza y se tambaleó a causa del mareo. El temor lo invadió, paralizándolo. La Casa de los guías había sido construida justo en el borde de la Grieta y las ventanas superiores tenían vista sobre el abismo. Los aprendices pensaban que mostraban valor colgándose de estas y lanzando rocas a las águilas de la Grieta, o retándose los unos a los otros con bromas insensatas. Win había visto estos juegos toda la vida y no les prestaba atención, hasta el día en que él se convirtió en aprendiz. Esa vez, Kira había lanzado sus largas trenzas hacia atrás y le había dicho: -Te reto a que camines por el borde, de una ventana a otra. Luego, le mostró cómo se hacía, bailando con destreza de un lado al otro del borde. Win lo intentó, pero se quedó petrificado cuando su pie atravesó el umbral de la ventana. Nunca le pudo explicar a Kira el pánico que lo dominó esa vez. Olas de terror se levantaron desde algún lugar de su interior. Se sintió inclinado a saltar. Él no quería hacerla; quería vivir. Pero sabía que si ponía el otro pie fuera de la ventana, saltaría a la Grieta. Y caería y caería y caería y caería. Zanna estaba tentando al destino, retando a la muerte. Él trató de moverse. Se tambaleó, avanzando medio paso. Las palabras salían de su boca lentamente: -¡Zaaanna! iNoooo te muuuuevas! Intentó dar otro paso hacia ella. -Win, sabía que vendrías. Con un sollozo, Zanna estiró su mano para alcanzar la suya. Luego dio un solo paso en las nubes ondulantes. Sin emitir sonido alguno, se desplomó. -¡Zanna! -Win soltó el farol y se lanzó hacia donde ella había estado. Cayó, sus brazos colgando en el borde de la Grieta. El barranco de piedra le tallaba el pecho. Miró fijamente la
  • 18. El buscador de caminos Darcy Pattison 18 neblina. Ella se había ido. Sus brazos colgaban en el aire. Win seguía colgado, en shock. Durante varios segundos, el Destino siguió a Zanna mientras caía. Después, el Destino desapareció: simplemente se esfumó. En su lugar, le quedó un sentimiento de vacío. Había fallado. Llegó un segundo tarde. Otro guía habría hecho entender a Zanna que no debía moverse. Pero el temor lo paralizó por un segundo. Había llegado muy tarde.
  • 19. El buscador de caminos Darcy Pattison 19 LA CAMPANA La Campana de los guías condujo a Win a casa. Después de permanecer tendido en el borde de la Grieta entre el frío y la neblina por un largo rato, empezó a congelarse a pesar del abrigo de lana. No quería moverse, pero la Campana seguía repicando y repicando. Le decía que hiciera algo. ¡Déjame solo! La Campana repicó más fuerte. Exigía una respuesta; le ordenaba hacer algo. ¿Dónde estaba Zanna? La Campana no dejaba de repicar. Win se obligó a levantarse y responder a la llamada. Una pared de piedra arenisca de un metro de grosor separaba la sección de los guías del conglomerado de almacenes, calles intrincadas y casas de piedra apretadas abajo en Gil Rim. Como era la parte más vieja de la ciudad, nadie sabía quién había construido la pared o dónde había sido forjada la Campana de los guías. En la Pared de los guías había tres salidas y numerosas puertas. El portal más grande, K'il Bell, tenía puertas carcomidas de madera que oscilaban desvencijadas. Encima de la gran puerta, en un nicho arqueado, colgaba la Campana. Era de bronce, de unos setenta centímetros de diámetro, dorada y polvorienta, pero teñida de verde alrededor del borde. Había una aldaba larga pero ningún lazo amarrado a ella. Algunas veces, algún niño de las afueras -nunca un niño guía-le lanzaba una piedra a la campana, haciéndola repicar con un leve susurro metálico. De haber estado bien colgada, aquel golpe hubiera producido en la campana un sonoro repicar. Pero siempre estaba silenciosa, a no ser que fueras un niño guía. Entonces la oías en tu cabeza.
  • 20. El buscador de caminos Darcy Pattison 20 La Campana de los guías era lo primero que un aprendiz aprendía a encontrar. Los aprendices eran llevados fuera de la ciudad y debían descubrir el camino a casa concentrándose en encontrar la Campana. Ningún guía nacía directamente en el gremio; llegaban a él por su habilidad innata para localizar objetos, un talento que debía ser pulido y desarrollado. Esto generalmente significaba cinco años como aprendiz en la Casa de los guías, con tareas que iban aumentando en dificultad asignadas por Eli. Hazel y el Consejo de los guías. Win no le podía explicar a alguien que no fuera guía cómo sabía la localización de la Campana. Simplemente sabía, como si la campana estuviese repicando y él solamente tuviera que seguir su ruido silencioso. Después de concentrarse en encontrar la Campana, sólo había dos direcciones: dirigirse hacia la campana o alejarse de ella. Las indicaciones normales, como norte, sur, este u oeste perdían todo significado. No podía explicarle a nadie cómo llegar a la Campana, pero por una moneda de cobre podía llevar a cualquiera. Win no se acordaba de haber caminado de vuelta al portal K'il Bell; sólo se acordaba del frío paralizador y el incesante campaneo. ¿Cómo había llegado hasta la Campana? ¿y dónde estaba Zanna? Hazel y Eli lo encontraron acurrucado justo en la gran salida. -¿Dónde está Zanna? -Eli lo sacudía con violencia-. ¡No logro encontrar un Destino que me conduzca hacia ella! ¿Dónde está? Win sólo podía mirar la cara de su padrastro: mejillas deterioradas, melena gris y ojos que se iluminaban sólo cuando Zanna estaba presente. Pero Zanna había… Win dio media vuelta y enterró su cara en los suaves hombros de Hazel. Eli jaló su abrigo y le exigió de nuevo: -¿Dónde está Zanna? Las lágrimas se deslizaban por la cara de Hazel. -Está en shock. No hay Destino para Zanna y tú sabes lo que eso significa. Ya no podemos
  • 21. El buscador de caminos Darcy Pattison 21 ayudarla. Es Win el que nos necesita ahora. Llevémoslo de vuelta a la Casa de los guías. Pero Eli salió corriendo hacia la neblina, dejando que Hazel se encargara de Win. La Campana había salvado a Win esa noche, y deseaba que no lo hubiera hecho.
  • 22. El buscador de caminos Darcy Pattison 22 Segunda parte LA NEGACIÓN
  • 23. El buscador de caminos Darcy Pattison 23 EL POZO Seis semanas más tarde, la época seca azotaba la Madre Tierra. Desde las playas del Lago Munir hasta las Perreras Jamila de los reales perros cazadores en Gil Dan, la ciudad capital, y a través de las montañas Gil Bab hasta la Gran Grieta, la tierra estaba árida. Claro está, cada año tenía su época seca, pero la de este era la peor en dieciocho años, o por lo menos así lo creía Hazel. Las cosechas se secaban, se marchitaban y se momificaban. El nivel del agua en los pozos bajaba y bajaba hasta el punto de que en algunos no quedaba sino arena mojada. El polvo arenoso y sin sabor se metía en todas las ollas de la cocina y cubría todas las superficies. En G’il Rim todos evitaban el calor, permaneciendo adentro de los gruesos edificios de piedra o buscando algún lugar sombreado donde dormir. En la relativa frescura de la tarde, el perezoso tráfico peatonal resurgía, sobretodo con los que iban a sacar agua del pozo. La fila en el Pozo de los guías le daba media vuelta a la Plaza. Win atravesó con dificultad la polvorienta plaza, cargando una yunta con cuatro baldes vacíos. No pesaban, pero debían balancearse para que no tropezaran con sus piernas. Él era alto y musculoso, como los luchadores que llegaban a la ciudad con las caravanas dos veces al año. La última caravana trajo a un joven luchador y Win casi le gana. Después de irse, juró que estaría listo cuando llegara la siguiente caravana. Eso era antes. Ahora Win no tenía otra ambición diferente a la de sobrevivir día a día. Caminaba solo. Nadie le hablaba ni lo miraba a los ojos ni reconocía su existencia. Hacía seis semanas le había fallado, no sólo así mismo, sino también al Gremio de los guías al dejar
  • 24. El buscador de caminos Darcy Pattison 24 caer Zanna a su muerte. Todos sabían de su falla. Todos, excepto Kira y Hazel, lo ignoraban. La fila era larga y Win esperaba, sin mirar a ningún lado, en silencio y lejano. Avanzaba lentamente por la plaza hasta que, justo cuando el sol se ponía, se encontró cerca al pozo. Las cinco personas delante de él se amontonaban, dejando un espacio amplio entre ellos y Win, de manera que él no los pudiera tocar. El torno crujía a medida que el lazo se soltaba y un balde caía dentro del agua. Win se pasaba la yunta de un hombro al otro. Con la manga de su abrigo, se limpiaba el sudor de su frente. Se lamió los labios. Tenía sed. Odiaba el calor, pero al mismo tiempo le estaba agradecido, porque la bruma no se veía salir de la Grieta durante la época seca. La Grieta dominaba la ciudad. Gil Rim estaba en el extremo suroeste de la Madre Tierra y estaba separado del resto de la región por los límites de la pequeña montaña G’il Bab. Desde el límite hasta la Grieta había una inmensa y árida meseta que exigía tres días de camino para cruzarla. La ciudad, encaramada en las montañas encima de la Gran Grieta, servía como primera línea de defensa contra las invasiones de los feroces Zendi desde el sur. Nadie temía invasiones desde el oeste, porque la Grieta era una barrera insuperable. Sin embargo, era la inmensidad de la Grieta, un cañón tan ancho y profundo que nadie se había atrevido a atravesarlo, y su majestuosa grandeza, lo que exigía la máxima atención. En un día soleado, el lado más lejano de la Grieta brillaba, enfocándose y desenfocándose como un espejismo, haciendo señas y después escondiéndose. El fondo de la Grieta era igual de misterioso. Era tan profundo que sólo un hilo de agua se podía ver brillando allá abajo; la existencia de un río era algo que sorprendía a Win, que había vivido siempre en un desierto. Al menos durante la época seca, uno podía contemplar la Grieta y entender el peligro. El calor era mil veces mejor que las brumas. El lazo crujió de nuevo y Win se acercó hacia el pozo de piedra. Hacía poco últimamente, excepto llevar agua a la Casa de los guías. Escuchaba a los otros aprendices hablando sobre sus trabajos. Inclusive se emocionó cuando Kira se graduó de guía y realizó su primer trabajo:
  • 25. El buscador de caminos Darcy Pattison 25 acompañar a la señora Porter, la esposa del alcalde, a ver el nacimiento de su nieto en mitad de la noche. Win quería darle una palmada en la espalda y felicitarla, al igual que lo hacían los otros aprendices, pero no lograba salir de su capullo de silencio. No lograba moverse lo suficientemente rápido como para hacer algo. La fila del pozo se movió de nuevo. Sólo quedaba una persona delante de él. Win se preguntaba si el Pozo de los guías se secaría antes de que llegaran las lluvias. Había escuchado que abajo en la ciudad, un pozo ya estaba seco. Pero los guías tenían el mejor sector de la ciudad y también el pozo más hondo. El hombre delante de Win soltó su balde dentro del pozo. Win se inclinó sobre la pared para que la frescura que salía del pozo invadiera su cara impregnada de polvo. El balde salpicó al llegar abajo y Win pensó que el sonido del agua era más hermoso incluso que la voz de Hazel. Crujidos, chirridos. El torno subió el balde lleno. El hombre hizo una pausa para darse un respiro. Manchas oscuras de sudor manchaban los costados de su túnica bajo las axilas. Después acabó su labor lentamente. Win se lamió sus salados labios de nuevo. Su turno. Eli entró caminando rápido al Parque de los guías. Tenía puesto el abrigo rojo y blanco de rayas que lo identificada como líder guía. Llamó a los guías que estaban más cerca de él agitando sus brazos y se detuvo bajo un delgado roble en el otro lado del parque. Inclusive desde la distancia, Win veía a Eli más viejo, su cara con más arrugas que hacía seis semanas. Un grupo se acercó rápidamente alrededor de Eli, quien con sus dos metros de altura sobrepasaba a todos. Hablaba, enfatizando lo que decía con grandes ademanes y señalando agresivamente con los dedos. Quienes lo escuchaban, gritaban emocionados. Win concentró su mirada en el pozo. Eli no le hablaba desde aquella fatídica noche y sólo se molestaría si llegara a verlo. De todas maneras, Win no quería ser parte de lo que ocurría. Despacio, subió su balde. Un rayo de luz del ocaso brilló en el agua cristalina. La oscura
  • 26. El buscador de caminos Darcy Pattison 26 madera del balde estaba teñida de verde a causa del musgo que crecía en sus grietas. Levantó su mirada de nuevo ante el murmullo de la gente. Los cuatro guías más viejos, usando el mismo tipo de abrigo que Eli, corrían hacia este Eli. El grupo de los cinco eran llamados informalmente el Consejo, los guías que tomaban las decisiones para el parque y para el gremio. Eli levantó su mano pidiendo silencio y habló con una voz que se oía en todo el parque. -Una caravana llegará esta noche. ¡Todos tendrán que trabajar! Un noble viene con ellos también. Me envió una carta. Quiere asegurarse de que yo lo recibiré en el Portal K'il Rus. Win sentía intriga a pesar suyo. ¿Quién era el noble? ¿A qué hora llegaría la caravana? ¿Cuántos vagones? El torno crujía tan duro que Win no pudo escuchar lo que Eli decía. Se quedó quieto. -Necesita un guía para que lo acompañe a la Grieta -dijo Eli. Pasó la mano bruscamente por el pergamino y un pedazo de la cera roja cayo al polvo. ¿Alguien quería ir a la Grieta? ¡Imposible! Win se lamió sus resecos labios y sintió sangre. Zeke, el guía más viejo, se acarició su barba, que estaba café amarillos a causa del polvo. Finalmente, respondió: -No enviaremos a ningún guía a la Grieta. -¿Todos de acuerdo? -preguntó Eli. Su mirada intensa abarcó no sólo a los cuatro miembros del Consejo sino también a todos los guías presentes. Los cuatro miembros del Consejo asintieron solemnemente y hubo un murmullo de aceptación por parte del público. Eli levantó su voz. -La caravana llegará al anochecer. Quiero que todos los guías estén aquí. Reúnanse en el Portal K'il Rus o dentro de la muralla en una hora. Salió de la multitud y desapareció en la esquina. Win se esforzaba por girar el torno de nuevo, tratando de no pensar en las caravanas. Hasta el simple esfuerzo de sacar agua era
  • 27. El buscador de caminos Darcy Pattison 27 difícil. Sacó el balde con el agua y lo vació en el propio. Luego, volvió a soltar el balde dentro del pozo, tratando de escuchar cómo salpicaba el agua. Continuó así hasta que los cuatro baldes estuvieron llenos. Después, se agachó para levantar la yunta, se la colocó sobre los hombros y empezó a atravesar el parque; sus sandalias levantaban polvo. Hazel me evitará trabajar esta noche. Ella sabrá qué hacer, pensó él. En la Casa de los guías, Win intercambió dos baldes llenos de agua por los que estaban vacíos en la chimenea. Hazel estaba inclinada sobre una tabla de madera machacando ajo. Durante la época seca, se lo añadía a todo para evitar las fiebres que causaba el calor. Hazel se enderezó y aprovechó para tomar un respiro. Su cara estaba enrojecida y su pelo formaba crespos alrededor de su cara. -¿Oíste la noticia? ¡Una caravana! Habrá trabajo para todos. Si tenemos suerte, será una larga noche para todos. La época seca es una época difícil para los guías también. -Yo me quedaré y atenderé la chimenea y la olla -dijo Win rápidamente. Luego, levantó una cuchara de madera grande de la mesa. -No, no lo harás -el cuerpo amplio de Eli llenó la puerta-. O trabajas esta noche como cualquier otro aprendiz en la Casa de los guías o no vuelves al Parque. Al tropezar con una banca, Win tuvo que sentarse. Hazel dio un paso hacia Eli, pero él la detuvo con un ademán de su mano. -Ni una palabra, Hazel. Crees que yo soy demasiado duro, pero tu manera de mimarlo no ha funcionado. Sentándose al lado de Win, le tomó la cara entre sus manos: -Hijo, todos cometemos errores. Zanna no fue tu culpa, y no fue una deshonra para los guías. Hazel y yo también hemos sufrido la pérdida -hizo una pausa cuando su voz se quebró. Se aclaró la garganta y continuó-. Pero tienes que superarlo. O trabajas o estás fuera. Los labios de Hazel estaban apretados en una fina línea. Sirvió un tazón de estofado y se lo
  • 28. El buscador de caminos Darcy Pattison 28 pasó a Eli, quien se pasó a otra mesa, se sentó dándole la espalda a Win y empezó a comer. Después, sirvió otro plato para Win. -Come. Necesitarás energías. Win apenas la escuchó. ¿Por qué Zanna se había salido de la ciudad? Ella sabía que no debía. ¿Por qué había dado ese paso? Él le había gritado que se quedara quieta. Nada tenía sentido. Si solamente él supiera por qué. -¡Win! Sorprendido de estar de vuelta en la Casa de los guías, miró a Hazel. Todavía se perdía en sus pensamientos, algunas veces olvidándose dónde estaba por largos ratos. Miró su tazón y se lo devolvió. -Iré por más agua. Todos necesitarán lavarse antes de salir esta noche. Levantó los baldes y salió al intenso calor de la noche. Avanzó con paso pesado hacia el pozo. Antes se hubiera emocionado con la idea de la llegada de una caravana; ahora sólo la veía como una tortura. Significaba que tenía que depender de sus habilidades como guía de nuevo. ¿Podría hacerla? Algo rojo llamó su atención. Se agachó para recoger un pedazo de cera roja; debió haberse caído del pergamino que había llevado Eli. Tenía un perro cazador Tazi y un gerifalte impreso. ¡La insignia real! ¿Era un noble de la casa real o solamente un comerciante real? No importa, pensó. Nunca veré al noble. Botó le cera roja y la enterró en el polvo con el tacón de su zapato. Win se unió a la fila del pozo de nuevo. Cayó en cuenta de que no había tomado agua del último balde. Se lamió los labios y de nuevo sintió la sangre.
  • 29. El buscador de caminos Darcy Pattison 29 LA CARAVANA Comerciantes, guías, mendigos, ladrones, oficiales y civiles curiosos se amontonaron en la pared de arriba del Portal K'il Rus y en la calle principal. Win se unió a los que estaban impacientes en la pared. De vez en cuando miraba ansioso hacia el este. Él seguramente no sería el primero en ver la caravana, pero no podía evitar intentarlo. El cielo estaba falto de color, como si el calor y la sequía se hubieran llevado todo el matiz. En el cielo oscurecido aparecían estrellas, puntos de luz en un desierto de sombras en movimiento. -¿Quién crees que será el noble? -le preguntó Kira. Sostenía un sándwich con salsa café picante que se le regaba. Win sabía que debía comer también, pero desde Zanna, durante las últimas semanas, no había tenido hambre. Win pensó en decirle a Kira acerca de la cera roja que había encontrado. El sello sólo suscitaría en ella más preguntas y él no estaba de ánimo. Realmente, se sentía cansado del esfuerzo de arreglarse y caminar hasta el Portal K'il Rus. -Lo sabrás a la media noche -le respondió. -Tienes razón -dijo ella con la boca llena de sándwich. Una gran nube de polvo se arrastró a través de la meseta hacia las puertas de la ciudad. Dos veces al año, los caminos de la montaña estaban abiertos y libres de nieve, y así las caravanas podían pasar de G’il Dan a G’il Rim. Con el clima tan caliente, debieron haberse derretido más temprano este año. Nadie esperaba la caravana tan temprano, pero ningún guía se quejaba de tener algo de trabajo extra. El Gremio de guías era experto en encontrar de todo: anillos perdidos, el vestido azul más
  • 30. El buscador de caminos Darcy Pattison 30 lindo del mercado, un niño extraviado, el camino a casa. Cada ciudad en la Madre Tierra tenía unos cuantos guías, pero G’il Rim tenía el gremio m{s grande. Durante lo peor de la época seca, los días eran demasiado calientes para que la gente se movilizara, de manera que los negocios se hacían de noche, un momento perfecto para que los guías trabajaran. Aprovechaban el trabajo cuando lo encontraban. Una caravana significaba extraños que no sabían a dónde iban; personas yendo a fiestas que necesitaban guías para volver a casa; comerciantes y conductores yendo de excursión; luchadores y otros visitantes entrando y saliendo de diferentes sitios; en otras palabras, buen trabajo para la siguiente semana. La oscuridad empezó a invadirlos. La caravana estaba lo suficientemente cerca como para que Win pudiera distinguir los vagones individuales, especialmente a medida que les encendían y colgaban lámparas. Había uno grande y rojo, jalado por cuatro mulas, uno pequeño y azul, con flores pintadas en el lado, y uno blanco y polvoriento jalado por una mula igual de sucia. Se detuvieron frente a la puerta, en desorden. Win perdió la cuenta de cuántos había. Kira le tomo los hombros y lo miró a los ojos. -Lo harás bien. Sólo deja que el Destino te lleve y estarás bien. Win le quitó las manos. -Adelante. Voy en un momento. Cuando miró un momento más tarde, Kira entraba y salía de los pozos de luz de las linternas hasta que se detuvo y habló con el dueño de la mula blanca. Tendría una noche ocupada y bien pagada. Win respiró hondo y caminó hacia la calle, pasando por la multitud hasta las caravanas. Los guías se habían encargado de los diferentes vagones, ofreciendo acompañar a los comerciantes a los almacenes, tabernas y hoteles. Los guías más viejos escogerían los primeros vagones. Win y los otros aprendices trabajarían con los últimos vagones, usualmente los más pobres. Confiaba en que nada quedara para él.
  • 31. El buscador de caminos Darcy Pattison 31 Le llamó la atención el vagón verde que estaba iluminado por dos faroles, una en cada lado, que apenas llegaba al sitio. Era jalado por dos corpulentos caballos negros y a los lados dos Borzois, perros cazadores altos y de excelentes cuerpos. Aunque no eran frecuentes en G’il Rim, Win había visto Borzois antes. Pero al lado de quien manejaba estaba... Win se froto los ojos. ¿Estaba soñando? Al lado del que manejaba estaba una Tazi, una perra cazadora grande y de pelo largo. A los Tazis se les veía en todas partes, desde las monedas hasta la cresta real. Win nunca había visto uno de verdad, pero esta era inconfundible. La Tazi tenía el pelo de color marrón con las puntas negras cayendo sedosamente sobre sus peludas patas de color plateado y brillante. Caminaba orgullosa y cuando se movía, su sedoso moño acariciaba su poderoso hocico. Sus caderas estaban recogidas, como listas para la carrera, y su cola de plumas se enroscaba igual que la de un escorpión. Sus ojos en forma de diamante eran una obsidiana transparente. Su porte era orgulloso y recordaba la realeza, el resultado de años de crianza. Tazis eran los perros de la realeza y solamente alguien nacido allí podía tener uno. Sólo alguien perteneciente a la realeza merecía una criatura tan exquisita. Win desvió la mirada de la Tazi al jinete que trotaba hacia el vagón. ¿Era él de la realeza, el noble que le había escrito a Eli la carta? ¿El que quería ir a la Grieta? El jinete tenía unos pantalones bombachos de cuero y un abrigo color verde bosque, de una tela suave que caía delicadamente sobre sus amplios hombros. Tenía pelo negro Y grueso, peinado hacia atrás en una trenza. Agarraba las riendas con manos flacas y fuertes. Es un hombre acostumbrado a controlar a los demás, pensó Win. -¡Tú! -gritó el jinete. Win miró a su alrededor. -¡Tú, oye! -el jinete repitió. Sus ojos verdes brillaban. Win se señaló así mismo. -Sí, tú. ¿Eres un guía?
  • 32. El buscador de caminos Darcy Pattison 32 Win se acercó y le hizo una amplia venia. -Mi señor, permítame ser el primero en darle la bienvenida a G’il Rim. Soy un guía. ¿Puedo ayudarlo en algo? -Sí necesito ver al líder de los guías, alguien llamado Eli Eldras. ¿Me puedes llevar a él? Win gimió. Era el noble. Esta noche ya era lo suficientemente mala con tener que trabajar y ahora tenía que acompañar al noble en persona. ¿Qué pasaría si se equivocaba? Tembló. -Por aquí, mi señor. El noble se bajó con destreza del caballo. Le habló en voz baja al conductor del coche, quien frenó el vagón y empezó a desenganchar las mulas. A una orden del noble, los Borzois se sentaron con rigidez al lado del vagón, como si fueran soldados de la realeza cuidando un tesoro. La Tazi los miró con desprecio y después saltó ágilmente al piso y se unió al noble. Win pensó que nunca había visto una criatura tan hermosa. El noble puso una mano robusta sobre el hombro de Win, asegurándose de no perderse ni en la oscuridad ni entre la gente. Win avanzó entre los vagones, de vuelta hacia el Portal K'il Rus. Al menos no tenía que usar sus habilidades como guía esta vez. Eli estaría esperando con el alcalde, justo dentro de la puerta. Conocimiento, más que habilidades, era lo suficiente para este trabajo. Eli y el alcalde Porter estaban concentrados conversando, pero se interrumpieron al ver que un extraño se acercaba. Win dijo: -Mi señor, le presento a Eli Eldras, líder de los guías de G’il Rim, y Augustus Porter, el alcalde de G’il Rim. -Soy Reynard Ottar Kort, príncipe de la Madre Tierra y hermano del rey Andar. Después, el noble presentó a la Tazi. -Ella es la señora Kala. -Win levantó las cejas. Hazelle había contado que los reyes y príncipes hacían cosas extrañas, ¿pero pre- sentar a una perra como si fuera una persona? Tal vez la etiqueta de la
  • 33. El buscador de caminos Darcy Pattison 33 corte estipulaba que uno siempre debía presentar a los Tazis, pero no dejaba de ser extraño. El alcalde Porter y Eli se inclinaron de modo respetuoso. -Le damos la bienvenida a G’il Rim, mi señor. También se inclinaron ante la Tazi. -A ti también, mi señora. -Necesito audiencia con usted, caballero -le dijo el príncipe Reynard a Eli. Aunque las palabras eran educadas, según la etiqueta de la realeza, la voz firme del príncipe no dejaba espacio para una negativa. -Por aquí - Eli se inclinó de nuevo y con su brazo le indicó que siguiera. Win se deslizó detrás del grupo para seguirlos. Eli lo miró molesto. -Todos trabajan, no te olvides. Vuelve a la caravana. -Sí, señor -Win quedó decepcionado de no poder conocer más sobre el príncipe y su Tazi. La señora Tazi se dio media vuelta y lo observó de arriba abajo. Win no podía decidir si lo miraba a él o, a través de él, a sus propios recuerdos. Después inclinó su cabeza hacia el noble. El príncipe Reynard miró hacia atrás también. -Quiero que él se quede con nosotros -le dijo a Eli. Eli volvió a mirar a Win con intensidad. -El muchacho necesita trabajar. -Yo pagaré por sus servicios para que no pierdas nada. El príncipe le mostró unas monedas. Eli se encogió de hombros: -Como quiera. Win los siguió por las calles y a través del Portal K'il Bell hasta la Casa de los guías. La vieja casa estaba alumbrada con faroles en cada ventana de abajo, dándole a la piedra un brillo entre dorado y rojizo. Win abrió la puerta y en el aire se sintió un olor a ajo. Hazel había dejado el estofado cocinando a fuego lento. El estómago de Win crujió.
  • 34. El buscador de caminos Darcy Pattison 34 El príncipe Reynard se sentó en la piedra del hogar, su figura era alta y elegante. -Permítanme descansar unos momentos antes de que hablemos -le dijo a Eli y al alcalde. -¿Deseas algo de comer o de tomar? -preguntó Eli. El príncipe Reynard negó con la cabeza. Eli sirvió aguamiel para él y para el alcalde Porter, mientras Win, disimuladamente, se sirvió un tazón de estofado y desapareció en una esquina para comer. La señora Kala se dirigió pavoneándose hasta el príncipe y puso su cabeza sobre las piernas de este. El príncipe sacó un cepillo tallado de jade y una peineta de una pequeña bolsa. Ella se acostó en el tapete de la chimenea y permitió que el príncipe le peinara su sedoso pelo. Luego, peinó su pelaje hacia atrás, desde el pie hacia arriba. Después, cubriendo la parte que estaba hacia atrás con una mano, barrió pequeñas capas hacia abajo con el cepillo. Siguió peinando hacia atrás, concentrado primero en la pierna y luego dirigiéndose hacia arriba mientras barría pequeños mechones de nuevo hacia abajo y avanzaba hacia la columna vertebral. Win entendió por qué sólo la nobleza estaba autorizada para tener un Tazi; eran demasiado magníficos para el pueblo. El príncipe Reynard cantaba dulcemente una canción de cuna siguiendo el ritmo con las caricias del cepillo. La perra majestuosa, la devoción del príncipe y el dulce canto eran hipnóticos. La canción de cuna era conocida y pronto Eli y el Alcalde Porter estaban cantando también. El príncipe Reynard tiró suavemente de un nudo de pelo color amarillo y marrón, debajo de la barbilla de Tazi, hasta que el cepillo se deslizó suavemente. A medida que continuaba la canción de cuna, la señora Kala estiraba una elegante pata y bostezaba, mostrando el delicado interior rosado de su boca y sus blancos y brillantes colmillos. Se levantó con elegancia, le dio varias vueltas al tapete de la chimenea y se acomodó para la siesta. El príncipe Reynard se levantó y sacudió su abrigo verde. Sacó otro cepillo blanco de jade,
  • 35. El buscador de caminos Darcy Pattison 35 un objeto de mango largo diferente a todo lo que Win jamás había visto, y se limpió los pelos de la Tazi de su abrigo. Después, convirtió el pelo en una mota y lo lanzó al fuego. Win suspiró. ¡Había sido testigo del peinado ritual de un Tazi realizado por un príncipe! Era un evento que pocos tenían el privilegio de observar. El príncipe Reynard miró a Win. - Tal vez una taza de aguamiel me vendría bien ahora. Win dio un brinco y le llenó un jarro. -¿Estofado también? -Sólo el licor, gracias -dijo el príncipe y vació el contenido de un solo trago. Puso el jarro vacío en la mesa y se levantó para mirar de frente a Eli y al alcalde Porter. -Tengo una triste historia que contarles acerca de sus parientes que viven en G’il Dan. Ojalá pudiera decirles esto suavemente o darles tiempo para que confiaran en mí antes de acometerlos con estas noticias. Pero no hay tiempo. G’il Dan ha sido visitada por la plaga.
  • 36. El buscador de caminos Darcy Pattison 36 LA PLAGA -¡La plaga! -el alcalde gritó las horribles palabras. -Sí, comenzó hace apenas seis semanas con la muerte del alcalde Baldor. -Al pronunciar el nombre, el príncipe Reynard hizo una venia en memoria del alcalde. El alcalde Porter se alejó del príncipe. -¿Has traído la plaga a nuestra ciudad? -Eso es posible. No sé cómo se contagia la enfermedad. Pero aunque supiera que tengo la plaga, de todas maneras hubiera venido. -¿Por qué nos la traes? -Eli le exigió una explicación. -Recorrí las calles un día después de la muerte del alcalde. Los niños que tenían marcas rojas estaban sentados en las puertas de sus casas porque los habían echado. Mujeres y hombres estaban sentados en el polvo azotándose los hombros para tratar de sacarse la plaga de sus cuerpos. Cada calle estaba llena de gente llorando y gimiendo. G’il Dan es mi casa. Quiero la ciudad y a mi gente con una pasión que sólo la aventaja el rey. Yo lloré con ellos. -¿Cuál es el punto? -el ceño fruncido oscureció la cara de Eli. El príncipe Reynard asintió y respiró con dificultad. -Me encerré en mi habitación solamente con la señora Kala para recibir consejo. En la noche del tercer día una lluvia fresca calló sobre la ciudad. Salí a recorrer las calles de nuevo y la Muerte me acompañó mostr{ndome su obra de arte. Fui al Portal G’il Cyra y subí a la torre de guardia. El guardia estaba recostado y silencioso en su puesto, contagiado de la plaga. Mientras miraba la ciudad, escuché una voz que me hablaba: "Ve a buscar el Pozo de la Vida
  • 37. El buscador de caminos Darcy Pattison 37 y trae un poco de su agua para sanar la Madre Tierra". "¿Dónde encuentro el Pozo de la Vida?" exclamé. De repente, las nubes se dividieron y un rayo de luz iluminó la torre. Tuve una visión del Pozo de la Vida. Después la voz me volvió a hablar. “Ve a G’il Rim y ahí encontrar{s un guía que te llevará a través de la Grieta hasta el Pozo de la Vida”. ¡A través de la Grieta! El príncipe no entiende las dificultades, pensó Win. Luego, una luz de esperanza brotó. Si el príncipe va a la Grieta, tal vez pueda encontrar a Zanna y traerla de vuelta. Tonto, se dijo a sí mismo, ella nunca volverá. ¿Pero si de alguna manera estuviera viva sólo esperando a que alguien la encuentre? Win bajó su mirada hacia el estofado. Se concentró en la cara de Zanna y esperó a que su Destino lo llevara. Nada. Pero tal vez está ahí de todas maneras. A lo mejor si él estaba en el fondo de la Grieta, su Destino vendría. No, no había manera de entrar ni de salir de la Grieta. El príncipe simplemente no entendía. El príncipe Reynard habló. -Al amanecer; la señora Kala y yo iremos a la Grieta, con o sin su ayuda. A no ser que encuentre el Pozo de la Vida, todos en G’il Dan morir{n. Y no se detendr{ ahí. Se dispersar{ por toda la Madre Tierra. -¡La has traído a las mismas puertas de G’il Rim! - dijo el alcalde Porter. El príncipe Reynard se pasó una mano sobre sus ojos. -¿Me ayudarán? ¿Permitirán que un guía me acompañe para Encontrar el Pozo? Win miró al escuchar la angustia en la voz del príncipe. Los ojos de este se encontraron con los de él: estaban demasiado brillantes, su cara demasiado encendida. El príncipe se acercó a la chimenea y tiritó un momento antes de estirar sus manos para calentarlas. Win se preguntaba cómo podía estar tan frío siendo que todavía hacía calor afuera.
  • 38. El buscador de caminos Darcy Pattison 38 El alcalde Porter y Eli conversaban en voz baja. El príncipe Reynard se sentó en una banca al frente de Win en la mesa. -Otro jarro de aguamiel, por favor. Win le sirvió el aguamiel y el príncipe se lo tomó despacio, mientras esperaba la decisión. Finalmente, Eli se puso de pie. -Príncipe Reynard, nos halaga que hayas venido a G’il Rim a buscar ayuda. Nuestra devoción a tu hermano, el rey Andar, es muy conocida. Le ofreceremos toda la ayuda que podamos, pero... hizo una pausa y tosió... pero no mandaremos a nadie a la Gran Grieta. Nadie ha ido a la Grieta y ha vuelto para contarlo. No sabemos cómo viajar por ella. El príncipe Reynard asintió. -Me imaginé que esa iba a ser su respuesta. De repente, estiró la mano atravesando la mesa y agarró el hombro de Win con su mano izquierda. Con su mano derecha puso el dedo pulgar en la barbilla y el dedo índice en la frente de Win. Este se quedó quieto, sorprendido por el fuerte agarrón. Después, dio un giro brusco tratando de soltar su hombro. -¡No, no me des el Destino! -¡Detente! -gritó Eli y dio un salto para ayudar a Win. Pero era demasiado tarde. Win vio el Pozo de la Vida: un pozo profundo, con agua latente dentro de una piedra negra de granito. Su olor era puro y limpio. Puso sus manos en forma de tazón para beber, pero se le cerraron en el aire. Anduvo a tientas por un momento mientras sus sentidos se aclaraban. Estaba de nuevo en la Casa de los guías, sofocado por el olor del ajo. Cerró sus ojos de nuevo, dominado de repente por aquel Destino tan fuerte. Era más fuerte que cualquier otro que jamás hubiera sentido y sabía que tenía que encontrar el Pozo... o morir en el intento. Win miró a los ojos al príncipe Reynard. -¿Qué ha hecho? ¿Por qué me escogió a mí?
  • 39. El buscador de caminos Darcy Pattison 39 -Te vi en mi visión. El príncipe trastabilló y se desmayó.
  • 40. El buscador de caminos Darcy Pattison 40 LA SEÑORA Nadie estaba cerca para impedir la caída del príncipe, pero Win corrió hacia él. La señora Kala se paró sobre el príncipe en posición de ataque. Estiró su hocico hacia atrás mientras gruñía y enseñó sus largos colmillos, que brillaron a la luz del farol. Gruñó, protegiendo a su príncipe. -Permítanos ayudar -dijo Win. Estiró una mano. La señora Kala le lanzó un mordisco, pero Win retiró su mano justo a tiempo. -¡Atrévete a tocarlo y mueres! La voz rebotó en la mente de Win. -¿Quién dijo eso? -dio media vuelta para mirar a Eli y al alcalde Porter confundido. Pero no podía ser uno de ellos. Era voz de mujer, no de hombre. -Yo hablé, campesino -desde el cuerpo postrado del príncipe, la perra miró a Win-. No tocarás a su Alteza Real. La señora Kala le hablaba mentalmente. ¡Telepatía! -Pero el príncipe necesita ayuda -Win dijo en voz alta, sin intentar usar la telepatía-. Está enfermo y se golpeó la cabeza. Mira, está sangrando. La cara del príncipe estaba tan dura y blanca como su cepillo de jade. Su respiración era entrecortada y rápida. La señora Kala acarició con la nariz la nuca del príncipe Reynard. -Mi príncipe tiene la plaga -dijo. Está más allá de cualquier ayuda, excepto la del Pozo del la Vida. Prepara una habitación para nosotros, luego, tú buscarás el Pozo.
  • 41. El buscador de caminos Darcy Pattison 41 Eli y el alcalde Porter se ubicaron detrás de Win para observar al príncipe caído. Win le dijo a Eli: -¿La puedes oír? Eli asintió sin palabras, sus ojos cafés inmensos por la sorpresa. Win se habría divertido en cualquier otro momento. Se necesitaba mucho para dejar a Eli sin palabras. -Sabía que había traído la plaga con él. Todos moriremos -dijo el alcalde Porter con amargura. Win ignoró al político. -¿Sabes lo que me hizo a mí? -le preguntó a Eli muy molesto. -Te dio la visión del Pozo de la Vida. ¿Tienes un Destino? -Sí. -No puedo dejarte ir. Nadie ha regresado de la Grieta. Desde la puerta se escuchó una suave voz. -Debes dejarlo ir. Las sombras titilaban detrás de Hazel. En vez de sus colores suaves habituales, tenía puesto su abrigo de rayas rojas y blancas de guía, apenas más gruesas que las de Eli. De alguna manera, el abrigo de los guías la hacía ver ajena y las sombras danzantes la convertían en una mujer con un pasado misterioso. Entró en silencio y estudió a la señora Kala. -Debes ir con Winchal. Él necesitará sus habilidades. -¡No! -la señora Kala se quedó al lado del príncipe-. Yo soy la guardaespaldas del príncipe; yo soy la segunda entre los guardias de la Perrera. Mi responsabilidad es clara. Me quedaré con mi príncipe. Prepara nuestro cuarto. Su discurso mental sonó con fortaleza real. Win quedó maravillado. Ella exigía obediencia, como si fuese una emperatriz. Hazel asumió el liderazgo. Le ordenó al alcalde Porter que convocara a todos los oficiales
  • 42. El buscador de caminos Darcy Pattison 42 de la ciudad y a los guías a una reunión en dos horas. A Eli le dieron instrucciones precisas de mover los muebles de la alcoba de los Eldras, la única habitación en el primer piso de la Casa de los guías, para prepararla para el príncipe. También envió a un aprendiz a buscar a un médico. Los dos Borzois de la caravana llegaron a la puerta de la Casa de los guías y forzaron su entrada. Win se preguntaba si la señora Kala los había llamado telepáticamente para ayudarla a proteger al príncipe Reynard. O si acaso tenían algún sexto sentido que les indicó las necesidades de su amo. Los Borzois se acomodaron al lado de la señora Kala formando un trío temible. Cuando el doctor llegó, pidió un tazón con agua y sacó vendajes de su maletín. De la cabeza del príncipe Reynard todavía salía sangre de la cortada. La señora Kala detuvo al doctor: -¡Atrévete a tocarlo y ellos sabrán a lo que sabe la sangre de tu corazón! Los Borzois gruñeron en señal de aprobación. El tazón tembló en las manos del doctor; pero este habló con firmeza: -Señora Kala, debemos tocarlo para llevarlo a una cama. La señora Kala gruñó. Sin embargo, accedió. -Llévenlo a la cama. ¡Pero usted, doctor, se va! -Necesita ayuda -dijo Hazel. Se arrodilló al lado del príncipe. -Señora Hazel, sólo tú puedes atender sus necesidades. De ti he escuchado mucho. Doctores, ¡bah! Sólo quieren desangrar la vida de los hombres. Contenta de que Hazel cuidaría del príncipe, la cazadora real centró su atención en Win. Sus ojos lo miraron con intensidad. -Partirás al amanecer. He visto muchos hombres enfermarse Y morir por culpa de la plaga. El señor Bennington, responsable de las Perreras Jamila, sobrevivió siete, tal vez ocho días después de que lo invadió la fiebre. Volverás antes de siete días.
  • 43. El buscador de caminos Darcy Pattison 43 -Win no irá a ninguna parte -dijo Eli. -No discutamos eso ahora -dijo Hazel, suavemente. -Pongamos al príncipe en la cama. Nos reuniremos después para decidir qué hacer. Win se sentó en la chimenea a esperar. Sabía cómo iba a ser la discusión. El príncipe Reynard le había dado el Destino de las Fuente de la Vida. Eli le prohibiría que fuera; la señora Kala lo exigiría a su manera real; Kira confiaría en que fuera para que se le quitara su temor a los Destinos. Y Hazel... ella lo confundía. ¿Realmente quería que fuera a la Gran Grieta? ¿Creía realmente que iba a salir vivo? El Destino lo llamó y él quería tomar el agua pura y cristalina. Los guía aprendices tenían que aprender a controlar el Destino o este los podía dominar hasta tal punto que se olvidaran de la comida y la bebida. Win había aprendido muy bien esta lección. Pero este Destino era tan fuerte, que controlarlo era difícil. Muy fuerte. El pozo se encontraba a dos, no, tal vez a tres o inclusie cuatro días de distancia... si le iba bien y no tenía inconvenientes en el camino. Apenas le daba tiempo para salvar al príncipe. El sonido de agua salpicando lo hizo levantarse. Luchó para controlar el Destino y forzó sus músculos para volverse a sentar. No iría a la Grieta.
  • 44. El buscador de caminos Darcy Pattison 44 EL REY ORDENA -Yo he estado en la Gran Grieta -dijo Hazel. Su pelo caía largo y grueso sobre sus hombros y tenía puesto un medallón que Win nunca había visto antes. La oscuridad de una nueva luna cubría la ciudad. La gente todavía se podía mover con faroles, pero si se quería movilizar en secreto -y el alcalde Porter ciertamente no quería que ni una palabra sobre de la plaga se regara por la ciudad y causara pánico- se podía contratar a los guías. Por ello los guías habían estado llegando a cuenta gotas durante las dos últimas horas, la mayoría acompañando a los líderes de los gremios: el alto y musculoso herrero Cyril Jordan; el gordo tejedor, Brent Wattle; Will Karpel, el pastelero, cuyo pelo blanco como la harina hacía juego con sus inmaculadas y limpias manos; otros hombres del gremio y nobles, suficientes para llenar el recinto; en otras palabras, cualquiera que pudiese tener una opinión acerca de lo que pasaba en G’il Rim. Eli le dijo a Hazel preocupado: -Nadie ha ido a la Grieta y ha vuelto para contarlo. El copete de la señora Kala cayó sobre su cara dándole aspecto descuidado. Las puntas negras del pelo le temblaban mientras ella observaba lo que ocurría desde la puerta de la habitación donde el príncipe dormía. Hazel se impuso: -Escúchame. Hace dieciocho años la Madre Tierra estuvo bajo una sequía parecida a esta. Yo era una guía joven, pero a diferencia de la mayoría, aún hoy me encanta explorar las
  • 45. El buscador de caminos Darcy Pattison 45 tierras que se hallan por fuera de las puertas de la ciudad. Win pensó que a Hazel todavía le gustaba explorar. Tres o cuatro veces al año simplemente desaparecía durante una o dos semanas. Nadie sabía a dónde iba, y ella nunca ofrecía explicaciones, permitiendo que las desapariciones misteriosas se añadieran a su reputación frente a los aprendices. Win se inclinó para escuchar cada palabra. ¡Finalmente sabrían la verdad! Hazel continuó: -La sequía había durado cuatro meses cuando me encontré con un hombre afuera del portal. Estaba parado en el borde de la Grieta, mirando el otro lado como si en cualquier momento fuera a salir volando. A su lado estaban dos Borzois. Me dijo que había tenido una visión y necesitaba encontrar un arco mágico y la flecha que le permitirían desatar la lluvia del cielo. Me preguntó si yo sería su guía. -Hazel se encogió de hombros-. ¿Qué podía decir? Me encanta explorar y la Madre Tierra me necesitaba. Le dije que sí. La historia es larga y nunca ha sido contada por completo. Todo lo que necesitan saber es que entramos en la Grieta y la atravesamos hasta el otro lado. Un susurro emocionado salió del grupo: -¡Fue a la Grieta! Hazel continuó: -Encontramos un largo arco y tres cajas para flechas. Cada caja tenía seis flechas, para un total de dieciocho. Dieciocho flechas, dieciocho años de lluvia. Cada primavera hemos hecho el peregrinaje a la montaña K'il Athma, la más alta en la Madre Tierra. Desde la cima, él dispara una flecha del arco mágico hacia las nubes, dejando en libertad las lluvias y trayendo una época de riqueza a nuestra tierra. Dieciocho flechas, dieciocho años de lluvia. Pero la caja está vacía ahora, el arco está silencioso y la sequía ha vuelto. -¿Quién es el hombre que te acompañó? Queremos preguntarle si es verdad -dijo Eli. Su cara se puso estoica y Win sospechaba que él nunca había escuchado esta historia de su
  • 46. El buscador de caminos Darcy Pattison 46 esposa antes. Partes de la vida de Hazel estaban cerradas tanto para él corno para los aprendices. Y para Win. -Fue el rey Andar -el príncipe Reynard se aferró a la puerta de su habitación. Su cara blanca estaba flaca y ojerosa y su trenza desordenada de dormir sobre ella. Sin embargo, aun en su enfermedad, era un hombre de poder. Los Borzois estaban en el suelo, justo afuera de la habitación, y la señora Kala en un tapete en la puerta del cuarto. -Mi hermano me ha contado toda la historia. Win se preguntaba si Eli sabía que Hazel se encontraba con el rey cada año. La boca de Eli era una O. Levantó su barbilla hacia Win. Hazel asintió levemente. Eli miró a Win como si nunca antes lo hubiera visto. Win se encogió de hombros, preguntándose qué era lo que de repente estaba mal. Miró a Hazel, pero ella estaba al lado del príncipe enfermo. El príncipe continuó: -Señora Hazel, la Madre Tierra te debe dieciocho años de prosperidad. Pero como tú misma dices, las cajas están vacías. El rey Andar confiaba en que las lluvias llegarían de todas maneras. En lugar de eso, la plaga ha llegado. Él se quedó en G’il Dan para estimular la esperanza, con el te- mor de que si se iba, la ciudad caería presa del desespero y la miseria. Por donde sea que camine entre su gente, la esperanza vive. Me envía en su lugar. Hazel estuvo de acuerdo: -Fue idea del rey Andar el poner a su gente primero. El Príncipe continuó: -Debemos tener agua del Pozo de la Vida o si no la Madre Tierra morirá. ¿Irás a buscarlo? Hazel negó con la cabeza y su pelo se movió de un lado a otro revelando vetas blancas y grises. -No. Si escuchaste la historia completa, entonces sabrás que me caí al salir de la Grieta. Todavía cojeo por ello. Y dieciocho estaciones de lluvia han venido y se han ido. Ya no puedo viajar muy rápido ni muy lejos.
  • 47. El buscador de caminos Darcy Pattison 47 Debes enviar a otra persona. El príncipe Reynard dio un paso hacia el salón. Trastabilló y casi se cae. El gordo maestro Wattle le ofreció su ayuda, pero la señora Kala inmediatamente se paró entre los dos, gruñendo y mostrando sus dientes. El príncipe dio un paso atrás y se apoyó pesadamente en la puerta. Sonrió tristemente: -Señora, necesito tu ayuda. No puedo caminar solo. La Tazi miraba al príncipe y Win entendió que estaban hablando telepáticamente. Entonces puede escoger hablar con una sola persona, pensó. Por eso nadie la oía antes. Ella habla con los del común sólo cuando le toca. -Winchal. Él miró, sobresaltado. -Winchal, préstame tu fuerza -dijo el príncipe Reynard. Win tragó saliva. Déjame fuera de esto, pensó. -No podemos. Tú eres parte de esto. La señora Kala le respondía el pensamiento. -Salte de mi cabeza -dijo con firmeza. De manera que podía leer sus pensamientos aunque él no quisiera. ¿Qué más podía hacer?, se preguntaba Win. Entonces fue cuando entendió que nadie más entendía que la señora Kala le hablaba telepáticamente. -Winchal -le dijo Eli en tono tajante-, ayuda al príncipe. Win caminó de mala gana entre las bancas y asientos hasta llegar al otro lado del salón. Los hombres del gremio, quienes habían estado haciendo bulla hasta hace un momento, estaban ahora callados, observando al príncipe y a sus cazadores. Win permitió que el príncipe Reynard pusiera un brazo sobre su hombro. El joven quedó sin aliento. El cuerpo del príncipe estaba ardiendo, la plaga recorría su cuerpo enfurecida. Win se hizo hacia atrás, pero la señora Kala le rugió. El joven guía no tenía otra alternativa diferente a la de sostener al príncipe mientras tropezaban atravesando el salón hacia la chimenea. La señora Kala los
  • 48. El buscador de caminos Darcy Pattison 48 siguió detrás, y Win tenía la certeza de que ella estaba lista para despedazarlo si fallaba. Al menos, los Borzois no lo estaban siguiendo. El príncipe Reynard se hundió en un asiento. Dirigió su mirada al alcalde: -Debemos encontrar el Pozo. Gordas arrugas arrugaban la frente del alcalde. -Mi príncipe -dijo e hizo una venia. El príncipe Reynard respiró hondo y le dijo a Eli: -Eli Eldras, líder del Gremio de los guías de G’il Rim, frente a estos testigos, te saludo en nombre del rey Andar. Antes, te pedí como ciudadano de la Madre Tierra que me ayudaras en mi búsqueda. Ahora, te digo que es el mismo rey quien te lo ordena. Eli frunció el ceño. -A pesar de lo que dice Hazel, el viaje a la Gran Grieta es tan peligroso que solamente ella y el rey lo han sobrevivido. No enviaremos a nadie a la Grieta y mucho menos a Winchal, quien es todavía un aprendiz y no ha hecho un trabajo como guía en más de seis semanas. El último encuentro que intentó... su media hermana... mi única hija... ella se cayó en la Grieta. Eli bajó su mirada y pasó su mano sobre su cara cansada y su pelo. Win se acordó cómo Eli pasaba sus largas manos por entre los rizos de Zanna y le acariciaba sus mejillas. Eli levantó la mirada y miró a Hazel molesto. -Winchal no puede ir a la Grieta. Yo lo prohíbo. El príncipe Reynard cerró sus cansado ojos. -No tengo la energía para discutir -su voz era suave, sin embargo Win podía oír el poder de la realeza-. Winchal irá. -No -gritó Win. La cara de Zanna flotaba en su memoria- ¡No! -¡No! -se le unió Eli-. Pásame a mí el Destino y yo mismo iré. -Es demasiado tarde para eso. No tengo más energía para pasar el Destino de nuevo -dijo el príncipe Reynard. Se agarró a los brazos del asiento con tanta fuerza que los nudillos se le
  • 49. El buscador de caminos Darcy Pattison 49 pusieron blancos y se levantó. Tambaleó por un momento antes de poder estabilizarse. Win le ofreció su brazo, pero el príncipe lo rechazó. La señora Kala lo acompañó mientras que avanzaba lentamente hacia la habitación. El silencio se apoderó del salón a medida que el príncipe se esforzaba en mover sus pies sin caerse. Win contuvo el aliento hasta que el príncipe Reynard llegó hasta la puerta de la habitación. Los Borzois se levantaron y le abrieron paso. El Príncipe Reynard se recostó pesadamente contra el marco de la puerta. -Alegarán todo lo que quieran, pero al final harán lo que yo digo. El rey Andar me ha dado autorización en este aspecto. -No -Eli repitió. El príncipe Reynard gimió. -No entiendes. Yo vi a Winchal en mi visión. Él debe ir -dio dos pasos para entrar al cuarto y se derrumbó sobre la cama. La señora Kala cerró la puerta con una pata y los Borzois se acomodaron de nuevo frente a esta. El caos se desató. Todos querían ser escuchados; estaban de acuerdo en que Winchal no era la persona indicada para ir. En medio del desorden, Win se sentó abrumado. El mismo rey Andar había ordenado que él fuera a la Grieta a buscar el Pozo de la Vida. ¿Cómo podía desobedecer al rey? El Destino amenazaba con dominarlo de nuevo, pero Win luchaba por controlarlo. No iría a la Grieta.
  • 50. El buscador de caminos Darcy Pattison 50 LA DESPEDIDA La discusión acerca de cómo manejar la plaga continuó durante toda la noche. El señor Melor, representante de los nobles, insistía en que la orden del rey debía ser obedecida inmediatamente. Brent Wattle, el tejedor, era partidario de conformar una inmensa expedición hacia la Grieta. Proponía usar largas escaleras de lazo que colgaran del borde y a las que se le podían añadir nuevas amarras a medida que los escaladores bajaran. Cyril Iordan, el herrero, sugería una serie de clavos de hierro que se clavarían en la pared para hacer, aunque de manera rudimentaria, una escalera. Sugirieron otras ideas descabelladas, pero al final todos estuvieron de acuerdo: nadie sabía cómo bajar a la Grieta de manera segura. Excepto Hazel. Ella, con determinación, se negaba a mostrarle a nadie el camino a la Grieta. -Sin un Destino que seguir, sería inútil. Debemos esperar a que el príncipe se despierte. Cuando él tenga la suficiente fortaleza para pasamos de nuevo el Destino, entonces podremos decidir a quién enviar. Una nueva discusión empezó. -¿A quién mandaremos? -preguntó Brent Wattle. - Es una misión sólo para un guía. Como líder del Gremio de los guías yo iré -insistió Eli. -Estás demasiado viejo. Envía a un guía joven y robusto -dijo Cyril Jordan. -Te necesitamos aquí -dijo Hazel. -Envía una docena de guías. Seguramente alguno lo logrará -dijo el señor Melor.
  • 51. El buscador de caminos Darcy Pattison 51 Eli se mantenía firme en una cosa: -Win no irá a buscar con los guías. No lo haré pasar por eso. -No es de confiar -dijo el alcalde Porter. Las duras palabras habrían lastimado a Win si no hubiera estado de acuerdo con ellos. Él no era la persona correcta para ir. Ellos necesitaban un guía confiable. Finalmente, todos se acostaron a dormir en el inmenso salón, nadie se quería ir hasta que se tomara una decisión. Win se despertó de un sobresalto. El salón estaba lleno de figuras durmientes cubiertas por cobijas de algodón. Suaves ronquidos y respiración tranquila eran los únicos ruidos. ¿Qué lo había despertado? Win estiró sus piernas entumidas y después abrió los ojos. Cubierta por una capa oscura y sosteniendo una para él, Hazel estaba parada enfrente suyo. Ella puso un dedo en sus labios para indicarle que no hiciera ruido y le hizo señas para que la siguiera. Pasando por entre las quietas figuras, Win caminó a hurtadillas por encima del tejedor gordo y alrededor de las piernas del alto herrero. Pensó que alguien se había movido en la esquina. Hazel agitó sus brazos para que Win se quedara quieto y él obedeció. Por un momento, sólo escuchó los suaves ronquidos del tejedor. Observó todo el salón para comprobar si alguien se movía. Pensó que uno de los Borzois que hacían guardia en el cuarto del príncipe lo estaba mirando. Pero al observarlo, notó que su hocico estaba descansando sobre sus delicadas patas y que los ojos los tenía cerrados. Hazelle indicó con la mano que avanzara de nuevo. La puerta crujió al abrirse y se deslizaron hacia fuera. Sin decir una palabra, ella le entregó una galleta fría y una tajada de queso y lo guio hacia las puertas de la ciudad. Hazel tenía un morral sobre su espalda y él pensó que iban a buscar conejos en las trampas para el estofado del día. Él había ayudado a poner el cebo en las trampas hacía dos días y si no hubiera sido por la emoción de la llegada de las caravanas, las hubieran revisado la noche anterior. La madrugada estaba todavía oscura y algo fresca, pero la arena se sentía caliente bajo sus sandalias. El nuevo día sería caluroso.
  • 52. El buscador de caminos Darcy Pattison 52 Caminaron por las calles polvorientas y silenciosas hasta el portal norte, el único en el lado de los guías que llevaba directo a las afueras de la ciudad. Se deslizaron hacia fuera. Win masticaba la galleta seca. Toda la comida sabía a polvo durante la época seca. Tomó agua de la cantimplora y trato de masticar el queso duro. Siguió el perfil silencioso de Hazel casi por instinto. En su oscura capa ella era sólo una sombra entre las sombras más oscuras. El camino que seguían era una parcela de peras espinosas y no podía evitar sentir las espinas. Estaba pendiente de sus pies, de manera que no vio a Hazel hasta que no se tropezó con ella. Se había detenido al lado de un nudoso árbol de cedro. Se quitó el morral y se lo entregó a Win. -Tu viaje comienza aquí. De repente, Win entendió lo que ella estaba haciendo. Se terminó el queso antes de responder: -No iré. -El príncipe Reynard no despertará. Y si lo hace, no estará lo suficientemente fuerte como para entregar el Destino de nuevo. Tú eres la única esperanza para G’il Rim y la Madre Tierra. Win miraba las estrellas. Cientos brillaban arriba, pero empezaban a desaparecer a medida que el cielo se aclaraba. -Entonces no hay esperanza. Hazel lo jaló para abrazarlo fuerte. - Tú eres un guía. Yo también extraño a Zanna. Ella era mi única hija -lo abrazó más fuerte, como si nunca lo fuera a dejar ir. Como si hubiera perdido una hija no soportara la pérdida de otro hijo. Luego, lo soltó y lo puso frente a ella. Lo miró fijamente. -Pero no puedes dejar que los muertos te manejen. Debes dejarla ir. -¿Cómo? -la angustia de esas últimas seis semanas estaba contenida en esa única palabra. Win quería encontrar la respuesta que lo ayudara. La pérdida ardía en su corazón.
  • 53. El buscador de caminos Darcy Pattison 53 -Haz este viaje. Encontrarás la manera de sanar y traerás agua para aliviar nuestra tierra. - Su voz temblaba-. No quiero perderte a ti también, pero debes ir tú solo. Win quería creer en las palabras de Hazel. ¿Acaso el Pozo de la Vida sanaría su corazón doliente? De nuevo se concentró en la cara de Zanna y trató de encontrar un Destino para ella. Nada. -No puedo creer que esté... ella no... No podía decir "muerta". Ella estaba allá abajo, en algún sitio de la Grieta, esperando a que él la encontrara. Pero por primera vez en seis semanas, Win vio la manera de aliviar su dolor. Iría a la Grieta, siguiendo el Destino para el Pozo. Una vez en el fondo, abandonaría ese Destino y buscaría a Zanna. A pesar del frío, el sudor bajaba por su espalda. ¿Le tenía miedo al viaje? ¿Acaso su temor a las alturas le permitiría bajar por la montaña enfrentando al abismo? ¿Temía fallar y que la Madre Tierra fuese invadida por la plaga? Todas estas cosas lo asustaban, sí. Pero era otro su verdadero temor: ¿qué tal si solamente encontraba el cuerpo de Zanna? Todavía tenía una última esperanza: Zanna estaba viva y esperándolo. Tenía que ir. Tenía que intentarlo. Asintió en silencio a Hazel. Después, cerró sus ojos. El Destino del príncipe Reynard lo invadió y el increíble deseo por el agua pura del pozo de granito lo llenó por completo. El Destino lo empujó. Abrió sus ojos y se encontró en todo el borde del barranco. ¿Sería un Destino verdadero? ¿Podía confiar en este Destino? -¿Dónde está el camino? -Aquí -Hazel caminó alrededor de los pequeños cactus, pasando el árbol de cedro hacia el sitio donde el Destino parecía que empezaba-. El camino es estrecho y peligroso. Te tomará todo el día bajar. El tiempo es corto. No puedo empezar a contarte los peligros que enfrentarás. Sólo puedo darte este amuleto de lobo. Lo robé del clan de los lobos la última vez que estuve en su aldea. Tal vez lo necesites para
  • 54. El buscador de caminos Darcy Pattison 54 negociar con ellos -se quitó el amuleto de su cuello y se lo puso a Win. Luego lo empujó hacia el borde de la Grieta. -Ten cuidado, hijo mío. El cielo estaba más claro todavía; el amanecer estaba cerca. Se acercó más a la Grieta, tratando de ver el otro lado. En la mañana despejada, el borde lejano era visible en la creciente luz, una línea de piedra irregular. Hazel lo abrazó. -Ten cuidado. Confía en tu Destino. Y sé educado con Paz Naamit. El globo de sol se asomaba sobre el horizonte. -Apúrate -lo animó. Debes irte y yo debo regresar con algunos conejos para el estofado antes de que me extrañen. Eli estará furioso. Vamos. Win la miró de nuevo, tratando de guardar en su memoria su cara, luego, dio media vuelta para enfrentar el barranco.
  • 55. El buscador de caminos Darcy Pattison 55 LA GRIETA Win caminó hacia la Grieta con la resignación de un condenado. No importaba que le tuviera pánico a las alturas. No tenía más alternativa que bajar a la Grieta, de donde sólo su madre y el rey habían regresado. Avanzó con cuidado por el cactus hasta el borde del barranco y buscó el camino. Justo cuando pensó que sólo había un abismo y que el Destino era falso, vio un estrecho saliente que abrazaba el borde del barranco. ¿Era ese estrecho pedazo de piedra realmente un camino? Al mirar hacia abajo, lo invadió el mareo. Dio la vuelta hacia el barranco y colgó sus pies hasta sentir el saliente. Sólo tenía de veinte a veinticinco centímetros de ancho. Empezó a avanzar lentamente de lado y hacia abajo hasta que su cabeza estuvo debajo del tope del barranco. Se obligó a mirar de frente a la piedra y no hacia el vacío del cañón. La piedra era ocre, con vetas cafés y rojas. Desde la distancia, la piedra parecía desnuda, pero pequeños baches de pasto y arbustos habían encontrado dónde agarrarse y crecían colgados de los lados de la Grieta. Pedazos de musgo, alimentados por la neblina que se levantaba de la Grieta durante la época de las lluvias, estaban secos y frágiles. Win se maravillaba de todas estas cosas con una parte de su mente, mientras que la otra se concentraba ferozmente en ubicar un lugar dónde dar el siguiente paso y en no mirar hacia abajo. El camino se amplió y él abrazaba la sólida piedra mientras avanzaba lentamente hacia abajo. Después, se congeló. Algo le decía que estirara sus manos y empujara su cuerpo para alejarlo del barranco. El impulso era tan fuerte que era como un tornado que luchaba por
  • 56. El buscador de caminos Darcy Pattison 56 soltarle sus manos. Agarró un pedazo de piedra tan fuerte que sus dedos blancos contrastaron con el amarillo. Cálmate, se dijo así mismo. Sin embargo, el pánico surgió y llenó su cabeza. Tenía que saltar. Jadeaba. No, no te sueltes. Sus manos se entumecieron. En cualquier momento se soltaría y caería en la Grieta. ¡Piensa en alguna otra cosa!, se dijo. Pero lo único que sentía era ese vacío en su espalda seduciéndolo. Cada aliento era un increíble y consciente esfuerzo. -Cien, noventa y nueve, noventa y ocho, noventa y siete, noventa y seis, noventa y cinco... - Win empezó a contar hacia atrás, tratando de llenar su cabeza de números, para opacar cualquier otro pensamiento. Finalmente, su respiración se hizo más fácil. Lentamente giró su cabeza para buscar un nuevo sitio dónde agarrarse. Mordiéndose el labio inferior, movió su pie de nuevo. -Cincuenta y siete, cincuenta y seis, cincuenta y cinco... -centímetro a centímetro, se hundió más en la Grieta. Una docena de veces se detuvo, congelado por el temor, recordando cómo Kira corría ágilmente entre las ventanas de la Casa de los guías. Apretó sus dientes y forzó a sus pensamientos para que se alejaran del abismo a sus espaldas y empezó de nuevo a contar, gritando los números para que invadieran sus sentidos. Únicamente existía la pared que estaba delante de él y sólo pensaba en mover sus manos y pies a lo largo de ella. Tenía algo de consuelo en la sensación familiar del Destino. La visión del príncipe del Pozo de la Vida lo estaba jalando hacia adelante y hacia abajo, siempre hacia abajo. Su lado de la Grieta se mantenía en sombras toda la mañana, mientras que el sol brillaba intensamente en el otro lado. Al principio, Win agradeció la sombra. Después, gimió cuando
  • 57. El buscador de caminos Darcy Pattison 57 cayó en cuenta de que le tocaría recibir todo el sol de la tarde. En algún momento de la mañana, el saliente se amplió hasta alcanzar un metro, y Win aprovechó para sentarse a descansar. Se sentó, dándole la espalda a la pared de la Grieta y se quitó la capa. Abrió su morral y la guardó. Hazel había pensado en todo: comida seca, un yesquero, una manta liviana, una muda para cambiarse y otra cantimplora para el Pozo de la Vida. Sacó un pedazo de carne salada y empezó a comer. Apoyando su espalda firmemente contra la pared, podía mirar hacia el fondo de la Grieta sin sentir mareo o miedo a la altura. El temor estaba todavía ahí, pero aprendía a controlarlo. Win había descendido aproximadamente una cuarta parte de todo el trayecto y el fondo empezaba a verse diferente a medida que se acercaba. La pared brillaba tenuemente con un olor ocre y marrón bajo el calor. El río azul plateado parecía más grande mientras serpenteaba a través de los verdes bosques. Los pájaros volaban muy alto y a veces se clavaban formando espirales hacia las copas de los árboles de abajo. La mañana estaba increíblemente clara y esto animaba su espíritu. Win sacó el amuleto de su túnica y acarició la madera oscura y brillante. La talla imitaba la cabeza de un lobo: orejas puntudas, nariz delgada y dientes largos y afilados. En un ojo había una piedra roja, mientras que el otro estaba vacío. Un tercer ojo se encontraba en la mitad de los otros dos. Un lobo de tres ojos. ¿De dónde había salido? Se acordó de las advertencias de Hazel. ¿Qué era el clan de los lobos y qué o quién era Paz Naamit? ¿Acaso el clan de los lobos vivía cerca al río, abajo? De repente, una piedrita cayó sobre la saliente, a su lado. Win brincó y echó un ojo arriba. No podía asomarse demasiado, de manera que sólo podía ver el barranco directamente encima de él. Estaba vacío. -No fue nada -se dijo así mismo. Su voz sonaba fuerte en el silencio. Se puso la mano sobre la boca para cerrarla y escuchó. Solamente el susurro del viento le contestó. Win cargó el morral sobre sus hombros y reanudó su camino. Aún encontraba pedazos
  • 58. El buscador de caminos Darcy Pattison 58 angostos, pero en su mayoría tenían entre un metro y sesenta centímetros de ancho. Win podía caminar de frente en vez de lateralmente y de esta manera avanzaba más. Varias veces, durante la mañana, escuchó más piedritas caer de nuevo, pero nunca vio nada sobre él. Win empezó a preocuparse. ¿Alguien lo estaba siguiendo? ¿Eli? Solamente un guía podía encontrar y seguir un camino tan oscuro. No puedo permitir que Eli me detenga, pensó. Necesito encontrar a Zanna. Logró avanzar de forma segura durante el resto de la mañana. Finalmente, se detuvo a descansar y a almorzar. El camino de nuevo se había convertido en un corredor amplio. Un peral grande y espinosa había crecido allí, desafiando la pared de piedra sólida. Win arrancó las frutas maduras del cactus y le añadió un pedazo de carne asada a su almuerzo. Estaba tomando agua cuando una pequeña avalancha de guijarros pasó en- frente suyo y cayó silenciosamente a la Grieta. Tengo que hablar con Eli, pensó Win. El sol estaba casi directamente sobre él y el borde de la saliente se veía muy iluminado, mientras que un nicho detrás de la pera espinosa yacía bajo la sombra. Levantó su morral, se protegió dentro del nicho y esperó. Durante quince minutos los únicos ruidos que escuchó fueron su propia respiración y el susurro del viento. Después, hubo un suave tintineo de piedras. Win observaba el camino, esperando a Eli, y preguntándose cómo convencería a su padrastro de permitirle continuar el viaje.
  • 59. El buscador de caminos Darcy Pattison 59 EL COMPAÑERO Por encima del murmullo del viento en la Grieta se sentía un suave crujido, un muy suave ruido de pisadas sobre el camino de piedra desnuda. La señora Kala apareció, su oscuro hocico se levantó corno olfateándolo. -Sal ya, Winchal Eldras -le dijo ella telepáticamente. -¡Tú! ¿Por qué me estás siguiendo? Pensé que no te alejabas del príncipe. -Escuché la discusión. El Destino que tienes es cierto, eso lo sé. Pero tus guías compañeros no confían en ti. Piensan que tú vas a fallar. Mi deber corno guardaespaldas del príncipe es claro: me encargaré de que tengas éxito. La señora Kala dijo esto con arrogancia, luego se sentó y se quedó mirándolo. -No fallaré. Tengo un Destino muy fuerte. Vuelve donde tu príncipe. -¿Quién es Zanna? -Oh-Win se sentó de espaldas a la pared de nuevo. Sus ojos se aguaron y miró hacia el cañón, enfocando los pájaros que volaban. Estaba casi al mismo nivel que ellos y le sorprendió su inmenso tamaño. -Zanna era mi hermana. Se perdió en la bruma hace seis semanas y yo la encontré muy tarde. Se cayó en la Grieta. Lo dijo en voz muy baja, sus palabras eran una recriminación que había atormentado su cabeza durante las últimas seis semanas. ¡Demasiado tarde! La señora Kala también observaba a los pájaros. -¡Has perdido tus habilidades como guía o no?
  • 60. El buscador de caminos Darcy Pattison 60 -No lo sé. -Debo saber por qué ella se cayó. -Vete a casa. No quiero cometer otra equivocación. -¿Cuál equivocación? -Déjame solo. La señora Kala se acercó más a Win. Su piel color marrón brillaba bajo la luz del sol y Win podía oler los aceites perfumados en los que había sido bañada. -Este no es momento para dejarse llevar por el dolor, Winchal Eldras. La plaga está deambulando por la Madre Tierra y la muerte le está pisando los talones. Juntos vamos a encontrar el Pozo de la Vida y traeremos la cura para mi príncipe. Eso lo juro por mi madre, señora Golnar, reina de las Perreras Jamila. Win se quedó sin palabras. La señora Kala, una Tazi de la realeza, una hermosa y noble hembra, le estaba exigiendo hacer un peligroso viaje con él. La idea era tentadora... tenía terror de hacer el viaje solo... pero al mismo tiempo sería responsable de su seguridad. -No puedo permitir que vengas. -No me puedes detener. Iré a la Grieta. -¡No, no puedo tener esa responsabilidad! -dijo Win. No podía cuidar de nadie más. Él fue el guardián de Zanna desde cuando ella apenas había empezado a caminar por las calles detrás suyo y se había caído y lastimado sus rodillas. Ella se sentó, el dedo pulgar en la boca, sus ojos muy abiertos- mirándolo. Él se devolvió... ¿cómo la podía resistir? .. y la cargó en su espalda. La curó ese día y muchos otros. Hazel le había confiado el cuidado de Zanna hasta que... -Ahora debes devolverte -insistió él. -No le tengo temor a los peligros del camino. -¡No aceptaré esa responsabilidad! -le dijo Win. Un manchón oscuro de una sombra se agrandó de repente. Asustado, Win se dio media
  • 61. El buscador de caminos Darcy Pattison 61 vuelta. Una remolino de plumas voló encima de ellos. Win se lanzó al suelo y jaló a la señora Kala a su lado, justo cuando unas garras de dos metros y medio de largo, curvas y muy filudas, pasaron a pocos centímetros de sus cabezas. El pájaro dio la vuelta y con un aleteo de sus alas, se elevó en el viento. -¡Un águila! Se lanzará contra nosotros de nuevo -gritó Win-. Apúrate y escóndete aquí. Sacó el morral del nicho. -No, es demasiado pequeño para los dos. Enfrentaremos el peligro juntos -dijo la señora Kala. Tomó la delantera y Win no tuvo más alternativa que seguirla.
  • 62. El buscador de caminos Darcy Pattison 62 EL ATAQUE El camino se volvió más angosto forzando a la señora Kala y a Win a caminar más lento. Las alas, color miel dorado por encima, caoba por debajo, se estiraron casi seis metros de un extremo del ala al otro hasta que el águila las dobló y cayó en picada. Win se lanzó contra la montaña. Las garras buscaban carne suave. Con un sonido áspero, rasparon la roca al lado de la cara de Win, que contuvo la respiración. -¡Uf! El águila se alejó y dio otra vuelta. La señora Kala gateaba por el camino, Win trataba de seguirla. Como un gigante intentando aplastar a un mosquito, el águila los atacaba con poderosos golpes de las alas. La fuerza de los vientos les hacía perder el equilibrio, pero se aferraban a la pared y seguían hacia adelante. El águila interrumpió su ataque. -Volverá -gritó Win. Corrieron por el camino, la señora Kala en la delantera. Ella dijo: -El camino se ensancha. -¿Puedes ver más allá de la curva? -Todavía no. Win observaba el águila, que seguía dando vueltas. -Tal vez se agrande más. -Necesitamos ir más rápido. -Aquí viene de nuevo.
  • 63. El buscador de caminos Darcy Pattison 63 -Pisa con cuidado. La señora Kala giró su cabeza hacia el águila y le enseñó sus dientes. Win se asombró de su ferocidad. No sabía que los cazadores también peleaban. El águila atacó de nuevo, silenciosa y salvaje. Win trató de defenderse con sus brazos, pero recibió un golpe más abajo. Las garras cortaron su túnica y rasparon su estómago. Win cayó sobre sus rodillas. La señora Kala saltó a la nuca del águila y se encontró con las poderosas alas que bajaron y la rechazaron. Win se lanzó sobre ella. Sus dedos agarraron el pelo de su espalda justo cuando sus patas se resbalaron en el borde. Ambos se resbalaron hacia el vacío. El águila tuvo que aletear con fuerza para mantener su propio equilibrio. Cambio de dirección y se fue. Win enterró sus pies contra la piedra. Se detuvo. El águila había recobrado su equilibrio y estaba preparándose para otro ataque. Sólo tenía unos segundos. La cabeza de la señora Kala y sus patas estaban colgando en el borde. Win sentía como si sus brazos estuviesen siendo arrancados de sus huesos, pero si la soltaba se caería. Igual que Zanna. Ella se sacudía. -Levántame. -Quédate quieta -le ordenó Win a medida que la jalaba hacia él. Cuando sus patas estaban de nuevo en suelo firme, la señora Kala lo sacudió con un grito: -El águila viene. Corrieron por el camino, esta vez a toda velocidad, desesperados por encontrar refugio. Dieron una curva y se quedaron quietos. La saliente se recortaba hasta alcanzar alrededor de nueve metros de ancho. Una masa enredada de palos, largas hojas de hierba y suaves plumas bloqueaba el camino. -Su nido -susurró la señora Kala-. Está protegiendo su nido.
  • 64. El buscador de caminos Darcy Pattison 64 EL ÁGUILA El águila dorada giró en espiral hacia ellos y aterrizó con torpeza. A Win le sorprendió que sus movimientos fueran tan poco elegantes, pero no tenía tiempo para pensar en esos de- talles. Se colocó enfrente de la señora Kala y puso el morral como defensa. El gran ave se alzó imponente sobre él, sus patas más altas que Win. -¿Quién se atreeeeeve a molestar el nido de Paz Naaamit? -tronó el águila. Su voz era magnífica, ampliada cien veces por efecto de su tamaño. Win se tapó sus oídos con las manos. -¡Tú hablas! -He aprendido tu idioma, gusano despreciable -dijo el águila algo más calmada. Sus garras golpeaban la piedra amenazantes, pero se movía con cierta gracia. Sus patas tenían plumas hasta las garras, produciendo la extraña sensación de que usara pantalones. -Ahora, responde. ¿Por qué perturbas mi nido? Win se acordó del enigmático consejo que le dio Hazel: Sé educado con Paz Naamit. Cómo quisiera que ella hubiera tenido más tiempo para explicarle todo. Despacio, retiró las manos de sus oídos y le hizo una venia a la gran ave. -Oh, gran y noble Paz Naamit no es nuestra intención hacerte daño. Telepáticamente le dijo a la señora Kala: -Hazel me dijo que debía ser educado; ella debió pasar por aquí. ¿Qué hacemos? -Entonces den la vuelta y vueeelvan por donde vinieeeeron -dijo Paz Naamit-. Nadie cruza mi nido.
  • 65. El buscador de caminos Darcy Pattison 65 -Oh. gran ave dorada, nuestro viaje es largo y difícil y debemos pasar por este camino para llegar al fondo de la Grieta. -No le digas más de lo que debe saber -le advirtió la señora Kala. -Yo no permito que nadie pase por aquí. Devuélvanse. -Debo encontrar a mi hermana Zanna -gritó Win. No se devolvería, no podía. -¿Zaaanna? ¿Conoces a Hazel? -preguntó Paz Naamit. Se agachó para acercarse más a Win. Sus ojos eran dorados con manchas. El iris del ojo izquierdo estaba parcialmente cubierto por una película blanca. -Hazel es mi madre -le dijo él. -El pichón de Hazel. Entonces has venido a honrar a los muertos. Quieres ver el sitio recordatorio. Es un viaje largo para algo tan triste. Vuelve a casa -dijo Paz Naamit. Un terror frío se apoderó de Win. -¿El sitio recordatorio? ¿A qué te refieres? - Hace más de una luna Haaazel me llamó desde arriba. Los días y las noches estaban llenos de brumas, pero para Hazel... -la voz del águila se suavizó en un chillido-. Haaazel me dijo que su pequeña había caído. Ah, yo conozco ese doooolor demasiado bien. Un pájaro recién nacido fácilmente se podía caer de aquel borde, pensó Win. ¿Cuántos habría perdido el águila? -Busqué durante tres dííías antes de poder encontrar el cuerpo roto de la chiquilla. Por el biiiien de Haaaazel traje piedras y construí un sitio recordatorio encima de la chiquilla. -¡No! -gritó Win-. Zanna está esperando que yo la encuentre. Paz Naamit se sorprendió con su furia, los ojos dorados parpadeaban y semejaban al sol tapado por una nube: -Al final de este camino hay un sitio recordatorio. No estoy mintiendo. Win cayó sobre sus rodillas. Temblaba bajo el sol y miraba sobre el filo del borde. Tal vez
  • 66. El buscador de caminos Darcy Pattison 66 debería unirse a Zanna. Sólo tenía que dar un paso y su dolor acabaría. La señora Kala dijo: -¡No! Necesito que encuentres el Pozo de la Vida. Sentía los ojos calientes y secos. ¿Por qué no podía llorar? La señora Kala acercó su hocico a la cara de Win: -Nos detendremos en el sitio recordatorio de la chiquilla para hacerle honores. Pero debemos irnos y rápido. Nada de tiempo para calmar este dolor, pensó Win. La plaga se estaba regando por la Madre Tierra y muchos morían, no solamente Zanna. Se concentraría en su Destino y nada más. El destino jalaba a Win hacia abajo, pero él no había permitido que lo dominara por completo. Ahora sí dejó que lo invadiera. Si tenía que viajar para encontrar el Pozo, entonces dejaría que lo jalara tan fuerte que no podría pensar; tampoco comer ni dormir ni soñar ni entristecerse. El Destino, desenfrenado, le llegó con tal fuerza que lo puso de pie de un salto. Paz Naamit agitó sus alas en señal de advertencia: -Vete a casa. Nadie pueeede cruzar mi nido. El Destino empujó a Win hacia delante. Paz Naamit chilló y bajó su cabeza, poniendo su pico en la cara de Win. Win trataba de controlar su Destino, pero lo jalaba hacia adelante de nuevo. -¡Vete a casa! -le dijo Paz Naamit pinchando a Win. La señora Kala dijo: -¿Qué es lo que te sucede? Haz las paces con el pájaro antes de dar otro paso. Win forzó sus piernas para que se quedaran quietas. -¿Oh, gran ave, tú sabías que mi madre, Hazel, es un guía? Paz Naamit asintió sin retirar la mirada de los pies de Win. -Yo también soy un guía. Voy en una cruzada para toda la Madre Patria. El Destino me
  • 67. El buscador de caminos Darcy Pattison 67 empuja hacia delante y debemos pasar sobre tu nido. Paz Naamit inclinó su cabeza de un lado al otro. -¿Un guía? ¡Un guía! Si puedes encontrar mi tesoro, entonces pueeedes pasar. -¿Cuál tesoro? -preguntó Win con cautela. -Acércate más. Te daré un Destino -levantó su garra y la acercó a la cabeza de Win. La señora Kala gruño amenazante: -¡Ten cuidado! Pero Win no se preocupó de tener cuidado, no importaba lo que le pasara con él. Las garras filudas se cerraron sobre su cabeza, alrededor de su nuca, muy, muy suavemente.
  • 68. El buscador de caminos Darcy Pattison 68 EL DESTINO DEL ÁGUILA Después de un momento, el águila aflojó gradualmente sus garras. Win se agachó y se alejó. -¿Eso es todo? -le dijo. Ella sólo quería que encontrara una diminuta piedra preciosa, tan pequeña que dudaba que pudiera cogerla con sus garras. Paz Naamit asintió solemnemente. Win cerró sus ojos y se concentró por un momento. -Está ahí, en el nido. ¿Me permites? -Aléééjate de mi huevo -le advirtió Paz Naamit. Win estudió el nido. Palos largos y gruesos, ramitas para la gran águila, estaban torpemente colocados uno encima del otro hasta alcanzar una altura de un metro y medio. Encontró una rama fuerte y empezó a escalar. El nido era poco profundo y olía a carne vieja y podrida. Había algunos huesos regados, todo lo que quedaba de comidas anteriores. En un extremo había un solo huevo con pecas, tan grande como su cabeza. El Destino llevó a Win a la parte trasera del nido, que se apoyaba contra la montaña. En un punto específico, Win se detuvo. -La piedra está debajo de mí, bajo todos los palos. -Retírala -dijo Paz Naamit. -No puedo. Tendría que estropear tu nido. ¿Qué es lo que quieres con una piedra tan pequeña? -Haaazel me la dio. Yo la guaaaardo para ella. Tal vez regrese y me la pida. Tráemela. -¡No puedo!
  • 69. El buscador de caminos Darcy Pattison 69 -Entonces debes regresar arriba. La señora Kala le dijo a Win: -Acá hay un túnel que pasa por debajo del nido. Pregúntale qué es. Win asintió. -Mi compañera dice que hay un túnel debajo de tu nido. Tal vez ella pueda sacar la piedra. -¡Sss! ¡Ratas! -chilló Paz Naamit molesta-. Se meten debajo de mi nido y se alimentan de lo que queda de mis cacerías. Pero si se atreven en poner en peligro mi nido... Con un gran brinco, Paz Naamit cayó al lado del huevo con pecas, sacudiendo el nido y casi tumbando a Win. Giró el huevo una y otra vez, inspeccionándolo de cerca, mientras producía suaves sonidos. Win se alejó lo más que pudo del huevo. Paz giró: -¡Sácala de allí! -le exigió-. Usa el túnel si es necesario. Después, váyanse. Necesito calentar el huevo. La señora Kala se estiró sobre su barriga y se metió en el túnel. -Párate sobre la piedra -ordenó. Win se volvió a colocar en posición, teniendo cuidado de no ubicarse cerca del pico de Paz. Por unos momentos, sólo hubo silencio. Paz todavía estaba inspeccionando el huevo, mientras que Win se paraba sobre la piedra. Continuamente escuchaba a la señora Kala quejarse. -¡Asquerosas! Finalmente, salió con una piedra en su boca, que puso sobre el camino. Su pelo estaba sucio, como si hubiera pasado por una alcantarilla y luego sobre un campo de zarzas. Pero la señora Kala seguía caminando con elegancia y exigiendo cuando hablaba: -Pregúntale a la gran ave si podemos pasar. -Oh, gran ave, ahí está la piedra. ¿Podemos pasar? -Win se bajó por un lado del inmenso nido y se unió a la señora Kala. Observó con
  • 70. El buscador de caminos Darcy Pattison 70 curiosidad la piedra que había causado tanto problema. Por alguna razón, se le hacía familiar. -Pueeeden pasar. Dejen la piedra aquí que yo la cuidaré -sacudió sus plumas y se sentó sobre el huevo. Win levantó la piedra y la miró a la luz. ¡Claro! Sacó el amuleto del lobo de Hazel. La piedra cabía en uno de los ojos. -¡Sss! ¿Qué es eso? -Paz Naamit se levantó de nuevo y se quedó mirándolo. Sus ojos dorados parpadeaban en la brillante luz de la tarde. Win caminó hacia el nido: -¡Mira! Tu piedra es la que falta en el amuleto del lobo que Hazel me entregó. -Eso lo sé -dijo Paz Naamit-. Déjalo y sigue. -Pero Hazel dijo que el amuleto era importante en mi misión. ¿Qué tal si necesito las piedras en los ojos? ¡Oh, gran ave, concédeme la piedra, por el bien de Hazel! Paz Naamit estiró sus alas, levantó las plumas de su cabeza y se recostó sobre su cola para liberar sus patas. -¡Vete! -gritó. Era una visión aterradora. La señora Kala veía al águila con algo diferente al temor. -Winchal Eldras, mira su ojo nublado. Haz lo que te digo. Ofrécele una gota del Pozo de la Vida para sanar su visión. -¿Crees que sea ciega de un ojo? - Win le preguntó a la señora Kala. Repasó su corto encuentro: el águila no aterrizaba bien y cuando atacaba su cálculo no era bueno. Tal vez la señora Kala tenía razón. -Oh, gran ave, te digo que voy en una cruzada por la Madre Tierra. Buscamos el Pozo de la Vida para curar nuestra tierra de la plaga. -¡Váyanse! ¡Mi paciencia se está acabando! -Oh, gran ave, la nube en tu ojo se vuelve cada vez más oscura. Tal vez el agua que busco
  • 71. El buscador de caminos Darcy Pattison 71 pueda curarlo. Dame la piedra, y si nuestra cruzada es exitosa, te traeré agua del Pozo de la Vida -Win contuvo la respiración. ¿Qué pasaría si se habían equivocado? Paz Naamit sacudió sus plumas, se dio media vuelta y se sentó sobre el huevo. Durante varios minutos permaneció en silencio. Win observaba sus párpados parpadear, un ojo a la vez, como si estuviera probando su visión. Varias veces Win quiso decir algo, pero la señora Kala le advertía cada vez: -¡Silencio! Finalmente, Paz Naamit suspiró: -Es cierto, la nube oscura aumenta cada día. Llévense la piedra de Hazel, pero primero escuchen mis palabras. Mi gente vuela sobre muchas tierras y las viejas historias hablan sobre el Pozo de la Vida. Si logran pasar el centinela del Pozo, lleven sólo una o dos cantimploras de agua. Mientras estén en el Pozo, pueden tomar todo lo que quieran, pero cuando se alejen, el Agua de la Vida se volverá cien veces más potente. Tres gotas en un pozo cambiarán todo su líquido en agua que sanará durante diez días. Una sola gota sanará mi ojo. Win no había pensado en cuánta agua de la vida debía llevar a casa. Tampoco sabía cuánta agua se necesitaría para sanar a toda la Madre Tierra. ¡Paz Naamit era un águila con mucha sabiduría! -¿Sabes algo del amuleto del lobo? ¿Para qué es? ¿Cómo lo puedo usar? -Cuídense de aquel que busca poder. -¿Eso qué significa? -¡Vete! -No, espera. Necesito saber... -¡Aléjense de mi nido! -Paz Naamit se sentó de nuevo sobre su cola, levantó una pata y apuntó su garra como un puñal hacia Win. Sus ojos brillaban con Ira. -Cuando regresen, párense en el borde de arriba y digan mi nooombre. Yo los escucharé. ¡Ahora, váyanse!
  • 72. El buscador de caminos Darcy Pattison 72 -Espera... -No pierdas el tiempo. Ella ha hablado y no dirá nada más. Debemos pasar sobre su nido antes de que cambie de opinión -dijo la señora Kala. Win accedió de mala gana. Empujó a la señora Kala al nido y después se impulsó el mismo para quedar al lado de ella. La Tazi se pavoneaba refinadamente por el lado externo con Win detrás, dando cada paso con dificultad a causa de los palos y ramas que se enredaban en sus pies. Paz Naamit los observaba con furia mientras cruzaban el nido. Al llegar al otro extremo, la señora Kala se bajó suavemente mientras que Win cayó pesadamente a su lado. Miró hacia arriba y vio que Paz Naamit se había vuelto a sentar encima de su huevo pecoso. Respiró hondo y soltó el control que tenía sobre el Destino, permitiendo que lo controlara hasta el punto de que ya no pudo pensar en otra cosa. El Destino lo jaló... lo descontroló... hacia la Grieta.
  • 73. El buscador de caminos Darcy Pattison 73 EL SITIO RECORDATORIO El camino bajo el nido de Paz Naamit era más amplio y suave que en la parte de arriba. Un momento después de haber dejado el nido del águila, Win se detuvo de repente y se recostó contra la pared de la montaña. -Señora Kala, el águila interrumpió nuestra conversación. No puedo ser responsable de ti, una cazadora de la realeza. Es demasiado para mí. Te acompañaré de nuevo hasta arriba si lo deseas, pero debes devolverte. La señora Kala se sentó y movió su cabeza de un lado a otro. -No soy tu responsabilidad. Puedo cuidarme sola. Viajo contigo, sólo porque Hazel dice que tienes habilidad para encontrar. Pero si piensas que esas habilidades están fallando, iré sola. Además, no había tenido tantas aventuras en toda mi vida. No te imaginas lo aburridas que pueden ser las perreras. Yo no sabía que podía pelear contra las águilas tan bien su voz tenía un aire de satisfacción y sus ojos brillaban de emoción. Win giró la mirada y observó la Grieta. Veía espacios entre los árboles y curvas en el río. Tenía que arriesgar su vida por la Madre Tierra... eso podía enfrentarlo. Pero su mayor temor era fallar protegiendo a alguien tan hermoso y suave como Zanna... o a la señora Kala. Se congelaría de nuevo y esta vez sería la señora Kala la que sufriría. Enfrentarían demasiados peligros en la Grieta; él no podría protegerla. Fallaría. Ella contestó sus pensamientos. -Yo no necesito tu protección y no me podría detener aunque lo intentara -avanzó por el camino con paso ligero, corno si se tratara de un paseo por las calles de Gil Dan.
  • 74. El buscador de caminos Darcy Pattison 74 Después de un momento, él la siguió, pero el temor lo volvió más lento. Finalmente, se entregó por completo al Destino y ciegamente dejó que lo jalara. Para la media tarde, aquel lado de la montaña estaba cubierto por las sombras: Cerca al fondo del camino, justo después de haber pasado la cima de los árboles, la señora Kala se detuvo y señaló unos arañazos largos en la pared de la montaña. -¿Qué es eso? -preguntó. Win se esforzaba por entender sus palabras. Ella le repitió la pregunta dos veces más antes de que él la pudiera entender. Pasó un dedo sobre la línea. -Cortes profundos hechos por algún tipo de herramienta. Hombres. Pero es demasiado grande y estamos muy cerca para ver el diseño completo. La señora Kala dijo: -Necesitamos bajar y alejarnos para poderlo ver bien. Cuando la señora Kala y Win llegaron al fondo de la Grieta, ya estaba oscureciendo, aunque todavía restaban varias horas de luz. Win se alejó de la montaña hasta que las pinturas en la piedra se vieron claramente. Una figura humana y alta sostenía un conejo sobre la boca abierta de un cocodrilo blanco. El guerrero tenía una lanza en una mano y en la otra el conejo estaba sangrando. El cocodrilo estaba tallado profundamente en la piedra marrón y coloreado con una pasta blanca. Tenebrosos dientes trataban de arrebatar el conejo. Un artista autodidacta había creado un ícono crudo y sugerente. -¿Qué es? -preguntó Win. -Un guerrero Zendi. -¿La tribu que vive hacia el sur, en el desierto? ¿Qué tipo de animal es ese? ¿Por qué está ese dibujo aquí? La señora Kala suspiró inquieta. -Sabemos poco de los Zendi. Tal vez, en algún sitio de la ciudad Zendi existe una manera fácil de llegar a la Grieta. He escuchado historias en las que se afirma que los albinos son
  • 75. El buscador de caminos Darcy Pattison 75 considerados de buena suerte entre los Zendi. Especialmente si el albino acepta un sacrificio, como en este dibujo. Entonces los Zendi sienten que no perderán la batalla. -¿Eso significa que los cocodrilos blancos son de mala suerte para los enemigos de los Zendi? -Si nos encontramos uno, no me quedaré a preguntarle si le gustamos o no -dijo la señora Kala-. Debemos tener cuidado de ahora en adelante. Se pusieron de acuerdo y Win miró el camino que tenían adelante. El piso de la Grieta era hermoso; hojas verde esmeralda, flores de color fucsia, pájaros amarillos y brillantes pasaban rápidamente entre las sombras púrpura. ¿Cómo podía este sitio ser tan verde y respirar tanta vida? ¿Cómo podía ser este el sitio donde murió Zanna? El camino desaparecía bajo la maleza. Obviamente, no había sido usado excepto por algún roedor ocasional que asaltaba el nido de la gran águila. Win quería sumergirse en el bosque y seguir tras el Destino. -¿No quieres visitar primero el sitio recordatorio? -le preguntó la señora Kala. -No. -Necesitas verlo. Encontrarlo -le ordenó. Win se encogió de hombros. -Tú encuéntralo. La señora Kala sacudió su pelo y olfateó el aire. -Quédate aquí. No eres el único que puede encontrar algo. Luego desapareció entre la maleza. Win se sentó sobre un tronco caído y esperó, tratando de no pensar. Los pájaros empezaban su serenata nocturna. Muchas veces trató de imaginarse la Grieta, pero nunca esperó que tuviera tanto verde. Le pareció escuchar un rugido en la distancia y pensó que era el río. Él sabía algo sobre los ríos, pero Gil Rim estaba en el extremo de un desierto y por eso
  • 76. El buscador de caminos Darcy Pattison 76 nunca había visto agua que corriera profunda, día tras día, continuamente, durante todo el año. -Sígueme -la señora Kala salió del bosque y sacó a Win de su estupor. Win se levantó y estiró sus músculos fatigados por la larga jornada. Siguió a la elegante Tazi a lo largo de la base de la montaña hasta que la cazadora se detuvo frente a un montón de piedras. Piedras grandes, tal vez las más grandes que Paz Naamit pudo llevar, estaban amontonadas en un colorido montículo; amarillo, marrón, rojo, café oscuro y blanco. Y blanco, el color de los huesos. Win se arrodilló y levantó una suave piedra color blanca hueso. Una chiquilla caída, así había llamado Paz Naamit a Zanna. Hazel había estado sufriendo en silencio y si Win no hubiera sido tan ciego, se habría dado cuenta. Siempre estaba en silencio, rara vez se reía. Sus tareas las llevaba acabo, pero su corazón estaba lejos de la Casa de los guías y de los aprendices; el corazón de Hazel estaba en la Grieta. La señora Kala gruñía y se frotaba la nariz con su pata. Un gruñido profundo se escuchó en su pecho como si no le gustara la piedra que Win sostenía. Pero no se alejó. -Cuéntame de esta hermana. ¿Qué podía decir de Zanna? Ella era una persona que curaba, no un guía. Cuando se le había enterrado una espina de cactus a través de su sandalia, en su dedo gordo el pie, ella se la había sacado y le había calmado el dolor con una cataplasma. -No puedo hablar de ella. -Te ayudará a calmar el dolor. Win miraba la piedra que tenía en la mano y el montículo de piedras. -Nada calmará el dolor. Ahora sólo vivo para encontrar el Pozo. Cuando lo encuentre, me uniré a Zanna. Los ojos de la señora Kala se achicaron y su boca se convirtió en una delgada línea mientras lo reprendía. -Los muertos muertos están y no los puedes traer de vuelta a la vida. ¿Por qué quieres
  • 77. El buscador de caminos Darcy Pattison 77 unirte a ellos? Win no quiso escuchar. En lugar de eso, buscó el recuerdo de las aguas frescas, su sabor limpio y puro. El Destino lo absorbió, ahogó el dolor del momento, y lo levantó. Se hundió dentro del bosque.
  • 78. El buscador de caminos Darcy Pattison 78 Tercera Parte LA BÚSQUEDA
  • 79. El buscador de caminos Darcy Pattison 79 EL BOSQUE Sólo Hazel y el rey Andar, que no mentían, habían viajado por el bosque virgen en el fondo de la Grieta. Los árboles eran altos pero escasos, dejando suficiente espacio para que la luz penetrara y permitir el crecimiento de maleza, como arbustos, enredaderas y zarzas. Entre más se sumergían en el bosque Win se daba cuenta con más claridad que la sequía había afectado también las plantas en el fondo de la Grieta. Con la ayuda del río, las hojas todavía estaban verdes, pero frágiles, algunas inclusive tan secas como un papel. Las plantas eran casi todas desconocidas para Win o lo habrían sido si se hubiera tomado la molestia de observarlas. En lugar de eso, Win dejó que el Destino lo cegara y lo jalara a través del crepúsculo durante una hora. La señora Kala lo seguía lo mejor que podía. Una vez protestó: -Esto no es un camino; está destruyendo mi pelo. -El Destino me jala y yo obedezco, haya camino o no. Ella había sido entrenada en una perrera y había pasado sus días en un palacio. Nunca había viajado a través de terreno destapado; gastaba energía adicional evitando trampas o retrocediendo en busca de caminos más fáciles. A pesar de esto, Win avanzaba sin permitir que nada lo detuviera. Algunas veces cerraba los ojos y permitía que el Destino simplemente lo llevara por el bosque. Las espinas lo arañaban y las telarañas se enredaban en su pelo, pero su sentido de guía evitaba que se tropezara con ramas o enredaderas. Finalmente, cuando la noche les limitó la visión, llegaron a un camino bastante amplio. -Aquí descansaremos esta noche -dijo la señora Kala.
  • 80. El buscador de caminos Darcy Pattison 80 -La plaga amenaza a Gil Rim. No nos podemos detener -dijo Win. -Debes descansar. Domina el Destino ahora o si no te llevará a la muerte, y eso significará la muerte del príncipe y la Madre Tierra. Permite que el Destino te domine y te guíe durante el día si así lo deseas; pero no permitiré que te lleve al agotamiento y ponga en peligro el éxito de nuestra misión. La voz de Kala retumbaba en su cabeza y por un momento el Destino retrocedió. Él dudó. -El nido de Paz Naamit y tu forma de arrastrarme por entre los arbustos han destrozado mí pelo. Sueltame con el cepillo estos enredos infernales. Tráeme agua y encuentra un sitio para dormir. Win se había prometido ignorarla para así obligarla a volver a casa. Pero su cola se encorvó, su pata trasera derecha cojeaba y su antes elegante pelo estaba casi irreconocible. Se había recostado, jadeante, sobre el suelo sucio. A pesar de su patética apariencia, su cabeza se mantenía en alto. De mala gana, Win descargó el morral y buscó algo con qué peinarla. A la mitad de la búsqueda, encontró el cepillo de jade. -Por lo visto Hazel supuso que me seguirías. La señora Kala dijo: -La señora Hazel es una mujer de mucha sabiduría. Win buscó un sitio para sentarse y encontró una piedra plana bajo un inmenso pino. Sintiéndose nervioso, se sentó de la misma manera como vio al príncipe Reynard hacerlo. La señora Kala se arrastró hasta sus pies y puso su cabeza sobre sus piernas. Win acarició maravillado el sedoso pelo; ¡realmente estaba acicalando a un Tazi de la realeza! Casi se detuvo ante este pensamiento; no iba a cuidar a un cazador de la realeza. Sin embargo, ella suspiró profundamente y estiró sus piernas. Aún exhausta, se movía con elegancia. ¿Cómo podría lastimarla si solamente la iba a peinar? Empezó con las patas delanteras, igual a como vio hacerla al príncipe, y peinó hacia arriba, con cuidado, suavemente. Pero bajo su pata
  • 81. El buscador de caminos Darcy Pattison 81 delantera, donde se topaba con su cuerpo, había un enredo inmenso. Win intentó varias veces deshacerlo. No lo lograba. Jaló con más fuerza. La señora Kala se retorció. -¡Ten más cuidado! -No logro desenredar esto. Tendré que cortarlo. -¡No! -Señora Kala, si lo dejo te lastimará. -Pasas un día en la tierra salvaje con un campesino y él ya quiere destruir tu pelo. ¿Sabes cuánto lleva creciendo este pelaje? En las Perreras Jamila sólo la señora Yasmine tiene un pelo más largo que el mío. El rey y mi príncipe adoran mi pelo largo. ¡Y tú quieres cortarlo! -No hay alternativa. Debemos viajar rápido y esto no deja tiempo para cuidarlo. Si te molesta tanto, entonces devuélvete. Vamos. Vuelve a Gil Rim y espera al lado de tu príncipe. Bajó de sus piernas. -¡No puedes darme órdenes! Yo vaya donde quiera y encontraré el Pozo de la Vida -volvió a poner su cabeza sobre las piernas de Win-. Termina de peinarme. Win intentó soltar el nudo con los dedos. Era imposible; no había manera de desenredarlo. Sacó un cuchillo de su morral y se lo mostró a la señora Kala. -Es sólo un pequeño nudo y volverá a crecer rápido. -¡Muy bien! -le respondió de mala gana. Pero no creas que vaya tolerar esto todos los días. Uno más y tendré vergüenza de que me vean. Se quedó quieta mientras Win cortaba cuidadosamente el nudo y la terminaba de peinar. La luna se asomaba cada vez más y los dos suspiraron, alegres de saber que el trabajo había terminado finalmente. La señora Kala dijo: -¿Tienes mi comida lista? Win apretó más el cepillo. -¿Comida? Yo no tenía planeado que vendrías; tú misma te invitaste. No tengo comida
  • 82. El buscador de caminos Darcy Pattison 82 para ti. Apenas hay para mí. Tendremos que cazar algo mañana. La señora Kala suspiró de nuevo, pero esta vez de desesperación: -Espera aquí y haz una fogata. Cazaré por los dos, aunque has debido advertirme que era necesario cazar antes de peinarme. Antes de que Win pudiera hablar, la Tazi había desaparecido en el bosque. Iba a ser difícil viajar con ella, dando órdenes, desapareciendo sin decir una palabra, culpándolo por todo lo malo que les sucedía durante el trayecto. Aprovechando la luz de la luna, recogió palos y ramas secas, una tarea fácil ya que nadie necesita nunca madera para hacer fogatas de la Grieta. Encontrar piedras fue más complicado. Rebuscó entre la maleza hasta que encontró suficientes piedras para hacer un círculo alrededor de la fogata. Hazel le había empacado un pedernal, de manera que rápidamente tenía la fogata encendida. Se paró, alejado de la llama, esperando a la señora Kala. De repente, ella lo llamó: -¡Un conejo! Está corriendo... Una pausa. Luego: -¡Lo tengo! ¡No he perdido mi estilo! ¡Ah, me encanta cazar! Win se sonrió ante su entusiasmo. -Volveré en un momento -le dijo ella. Ten lista la fogata. Win removió la fogata. El carbón estaba brillante y rojo. La comida se cocinaría rápido. Se sentó en el piso, centrando sus ojos en la maleza y esperó a la señora Kala. Pero ella no regresó.
  • 83. El buscador de caminos Darcy Pattison 83 EL LLAMADO DE LA SELVA La luna llena subió hasta ubicarse justo encima e iluminó la Grieta. ¿Si alguien en la Casa de los guías mirara hacia abajo podría ver su fogata? A Win lo invadió la soledad y extrañó a Zanna, a Hazel, a Kira, incluso a Eli, su padrastro gruñón. El eco de un sonido tenebroso se escuchó de las paredes de la montaña: - Yip, yip, yiiii. ¿Perros salvajes? ¿O coyotes? ¿Dónde estaba la señora Kala? ¿Estaría en peligro? ¿Volvería? No debería importarle, no le importaría... ¿pero qué pasaría si los coyotes la estaban atacando? Win se concentró en la señora Kala y un Destino le llegó. No estaba lejos y tampoco se movía. Siguió el Destino por el camino lleno de sombras hasta que escuchó el murmullo del río. Su sentido de guía le advirtió que se cuidara, que había más bestias además de la señora Kala. Se protegió bajo un inmenso árbol y se detuvo durante un largo rato para escuchar. El río era un suave murmullo, gorgoteos y chapoteos, y por encima, aquellos gruñidos. Win ubicó a la señora Kala; estaba escondida detrás de una gran roca. Se acercó a ella arrastrándose, deteniéndose cuando los gruñidos de los animales se callaban. La señora Kala estaba parada, rígida, con un conejo colgando de su hocico, mirando fijamente el río que brillaba bajo la luz de la luna. Sobre una barrera de piedra, una manada de coyotes se alimentaban. Habían atrapado a un pequeña animal, probablemente un venado que había venido a tomar agua, y lo estaban destrozando, gruñiendo y disputándose violentamente los pedazos más grandes. El coyote jefe hacía guardia sobre una pata trasera mientras dos
  • 84. El buscador de caminos Darcy Pattison 84 cachorros grises aprovechaban la carne fresca a su amparo. El musculoso jefe era tan grande como la señora Kala, con pelo negro, moteado de blanco, una cara oscura y una pequeña barriga. Sus orejas grandes y rojas apuntaban hacia ellos y su hocico estaba levantado, como si pudiera olfatearlos a pesar de que el viento no estaba a su favor. -Sabe que estoy aquí -le dijo la señora Kala-. Nunca había visto toda una manada, pero... - en su voz se escuchaba el deseo. Win puso una mano en su hombro; ella le mostró sus dientes y le gruñó: -¡Déjame sola! Él se alejó sin saber cómo actuar ante aquella faceta violenta de la Tazi. El coyote jefe aulló de nuevo: -¡Yip, yip. yiiii! El sonido rebotó como eco en las paredes de la montaña. Era un llamado. La señora Kala soltó el conejo de su hocico. Sorprendido, Win gritó: -¡No vayas! ¡Recuerda al príncipe Reynard enfermo en su cama! La señora Kala corrió hacia un arbusto más cerca al grupo. De nuevo, el llamado se escuchó: ladridos cortos en staccato, terminados en un aullido que se repetía durante varios segundos. Los músculos de la señora Kala estaban listos para el ataque. Win la llamó desesperado: -¡El Pozo de la Vida! Debemos encontrarlo o el príncipe morirá. La señora Kala temblaba de pies a cabeza, su pelo erizado. Sacudió su cabeza. -¡El Pozo! -Win dijo en voz alta. El último de los aullidos se silenció y el grupo de coyotes se fue hacia el sur, cada cachorro arrastrando un hueso. Win y la señora Kala se quedaron quietos hasta que el último de los coyotes desapareció. Win se acercó al lado de Kala.
  • 85. El buscador de caminos Darcy Pattison 85 La voz de ella temblaba: -Nací en las Perreras de Jamila del rey Andar, un sitio lleno de lujo y alegría. Pero aun en lo profundo de G’il Dan he escuchado a los lobos. ¡Muchas noches he recorrido mi habitación imaginándome cómo se sentiría ser libre y salvaje! Las palabras telepáticas fallaron y en cambio una serie de imágenes llegaron a Win: grandes brincos de la señora Kala mientras ella se veía corriendo con largas zancadas en mitad de la manada, en júbilo desenfrenado, lanzando aullidos a la luna llena, el calor de los otros cuando dormían juntos y apretados. ¡Salvaje! ¡Qué delicia! Win susurró:-¿Qué vas a hacer? Los ojos de la señora Kala se tornaron aún más negros y profundos a la luz de la luna y, por un momento, Win pensó haber visto lágrimas en ellos. -Mi deber es claro: El príncipe debe vivir. Además... -hizo una pausa-, fui entrenada en una perrera y he sido mimada en un palacio. ¿Qué le podría ofrecer a una manada salvaje? Sólo los detendría, hasta los pondría en peligro. La Tazi levantó el conejo, le dio la espalda al río y tomó el camino hacia el campamento.
  • 86. El buscador de caminos Darcy Pattison 86 EL CAMINO Algo le hacía cosquillas en su nariz. ¿Qué era? Somnoliento se lo quitó, pero su suavidad lo hizo despertar. Era el copete de la señora Kala. Seguramente se le había acercado buscando abrigo. Win bostezó y la señora Kala se movió pero no se despertó. Lejos, en el horizonte, el cielo azul mostraba el amanecer que desde hacía rato iluminaba la tierra sobre ellos. Aquí, en lo profundo de la Grieta, el sol no pegaría hasta dentro de varias horas. Cielo azul... aún nada de lluvia. Desde ya el Destino lo llamaba y Win estaba agradecido. Eso le ayudaría a olvidar el sitio recordatorio. -Señora Kala, nos debemos ir. Su cabeza se levantó de pronto y le gruñó en la cara: -¿Quién me llama? -después, recordando dónde estaba, se levantó y se estiró. -¿Por qué me despertaste tan temprano? -No es temprano. Ya pasó la hora del desayuno y debemos movernos. Espero cruzar la Grieta hoy y tratar de encontrar el camino al otro lado para subir. La señora Kala lo miró con rabia. -Hoy hará mucho calor. Debimos haber avanzado anoche para dormir hoy durante el día. La Tazi de nuevo estaba de mal humor y, otra vez, Win agradecía que el Destino le permitiría viajar sin pensar. -Avanzaremos mejor viajando durante el día. Acabaron el conejo de la noche anterior y se lavaron en el río. Win dejó sus sandalias en la
  • 87. El buscador de caminos Darcy Pattison 87 playa y se metió al agua. La baja temperatura lo obligó a respirar hondo. Por el frío, supuso que el río debía alimentarse durante el invierno o la primavera. Grandes sauces y álamos crecían cerca del río y las tortugas disfrutaban del calor posadas sobre ramas parcialmente sumergidas. El agua era transparente y en el fondo se podía ver, ocasionalmente, algún pez. Fascinado por su extensión, aparentemente sin límites, Win se paseaba por los bancos de arena. ¡Tanta agua en un solo sitio! ¡Si sólo pudiera sanar! Entonces no tendría que ir más lejos. Se mojó la cara con el agua y se arrodilló para tomar un buen sorbo. Después volvió a la orilla y examinó su ropa. Las garras de Paz Naamit habían rasgado su túnica a la altura de las costillas. Sacó una camiseta sin mangas y unos pantalones amplios que Hazel le había empacado y rezó para que no le hiciera falta otra muda. Se puso sus sandalias y se peinó el pelo con la mano. Mientras tanto, la señora Kala husmeaba entre las sobras de los coyotes. No quedaba nada, excepto unos cuanto huesos que los carroñeros habían dejado perfectamente limpios. Cuando Kala finalmente llegó al río y empezó a jugar en la orilla, Win se sintió aliviado -¿Necesitas peinarte? -le preguntó Win. -No, me peinarás esta noche cuando nos detengamos. -Entonces continuemos. Win cerró sus ojos y vio el pozo de granito, con su agua pura llamándolo. El Destino era tan fuerte como el día anterior. Lo jaló, pero en vez de atravesar el río, lo llevó a lo largo de la orilla. Win pensaba si debía cruzar el río para avanzar hacia la otra pared de la montaña. -¿Estás seguro de que vamos bien? -le preguntó la señora Kala, haciendo eco de sus pensamientos. -El Destino es fuerte. Me jala, yo obedezco. Pero esta vez trató de encontrar pequeños desvíos en el Destino que los llevaran por caminos más fáciles. No quería arriesgarse de nuevo a que el pelo de Kala se enredara. Podía ver fácilmente dónde había cortado el pelo la noche anterior y se dio cuenta de que había
  • 88. El buscador de caminos Darcy Pattison 88 quitado demasiado y de forma muy dispareja. Se demoraría semanas en volver a crecer. La señora Kala por su parte, aceptaba los rigores del camino con mejor actitud. Empezó cojeando, pues los músculos le dolían, pero para la media mañana el ejercicio del día le permitía caminar bien. No se acobardaba o se quejaba cuando una rama le tocaba la piel. Rápidamente se adelantaba a Win y se devolvía para estimularlo a que se apresurara si veía que se demoraba mucho. Hacia el final de la mañana Win se preguntaba si su compañera no estaría en lo cierto acerca de viajar de noche. El calor era abrumador. La Grieta no permitía que ningún viento los refrescara, y estando tan debajo de la tierra firme era como si una sábana de aire grueso los tratara de envolver. A eso había que añadirle los pesados aromas de las flores que los rodeaban y parecían imposibles de evitar. La señora Kala también se estaba impacientando. -Tu Destino está equivocado. Cruzaremos el río apenas encontremos un sitio lo suficientemente bajo para caminar. Win trato de deshacerse del Destino para poder responder. -El destino es fuerte; debemos seguirlo. Confía en mí. Finalmente llegó la hora del almuerzo... carne seca para los dos... y ella insistió en cruzar el río. -Debemos empezar a escalar la pared pronto o pasaremos otra noche en la Grieta. No tenemos tiempo. El príncipe se muere por la plaga mientras nosotros paseamos por este río. -El Destino nunca se equivoca. Sigue por este lado. -¿Qué tienes en tu mano? Win la abrió y miró con sorpresa la piedra de color blanco. No sabía que frotaba su dedo pulgar alrededor de un pequeño hueco en la pierda. -Esto es del sitio recordatorio. Win la guardó en un bolsillo.
  • 89. El buscador de caminos Darcy Pattison 89 -Es un verdadero Destino el que sigo. -No sabes lo que haces. Debemos cruzar el río ahora. Lo ordeno. Su patas estaban rígidas y su cola estaba tiesa y derecha como una espada. Arrugó su hocico y le mostró sus dientes. Lo estaba retando a que la desobedeciera. Win sabía que era absurdo buscar un atajo, pero se dio cuenta de que ella estaba decidida. Debía abandonarla. Se desesperó. No podía dejarla aunque sabía que el camino que ella quería seguir era el equivocado. Un Destino siempre mostraba el camino más rápido y fácil, pero no el único camino. Cuando ella finalmente admitiera que estaba perdida, retomaría el Destino en cualquier momento. La señora Kala atravesó el río en un sitio de poca profundidad, saltando sin importarle el agua. Win se quitó las sandalias, se enrolló los pantalones y caminó con cuidado, asegurándose de cada paso. Al terminar, se sentó y se puso las sandalias de nuevo. La señora Kala corrió hacia la maleza, volvió donde Win, se fue de nuevo y regresó. -Ven -le dijo. Cuando Win se levantó, ella lo guio directo hacia la pared. Era confuso para Win pues el destino tenía que ajustarse continuamente a las nuevas direcciones. Varias veces él protestó: -El Destino me guía más lejos a lo largo de la pared. No encontraremos nada yendo directo hacia ella. Pero la señora Kala continuó. Win la siguió. El piso se inclinó, volviéndose esponjoso y mojado. Win se detuvo en un pequeño bosque de árboles cipreses. Ante ellos había piscinas de agua estancada, verdes de podredumbre y llena de mosquitos: -¡Señora Kala, me llevas hacia un pantano! Ella le gruñó: -Sé lo que estoy haciendo. Cuando el animal dio el siguiente paso, el piso cedió y se hundió hasta el cuello en un
  • 90. El buscador de caminos Darcy Pattison 90 charco que era más barro que agua. Desde la distancia, Win escuchó un chapoteo, como su una bestia inmensa se hubiera medito al agua.
  • 91. El buscador de caminos Darcy Pattison 91 EL MONSTRUO Win corrió hacia el borde de la piscina y agarró las patas de la Tazi. Se levantaba y la jalaba, pero el barro la succionaba y no lograba sacarla. Se lanzó al piso, a un lado del charco, y sumergió sus manos en el fondo del barro. La tomó bajo el pecho detrás de las patas delanteras, y jaló. Sus patas encontraron piso sólido y logró arrastrar las traseras también. Win y la señora Kala cayeron, cubiertos de barro maloliente. Él se paró de inmediato recordando el chapoteo. -¡Movámonos! La señora Kala levantó su pata y la miró aterrada. -¡Estoy totalmente sucia! ¡Esto es todo culpa tuya! -¡No me culpes a mí! Tú quisiste ser la guía y no me dejaste seguir el Destino. Un sonido de burbujas hizo que Win mirara de nuevo el agua. Un hocico lleno de barro se asomó y luego una boca se abrió mostrando unas hileras de dientes filudos. Unas garras poderosas sacaron aquella criatura del agua hacia la tierra: un cocodrilo albino, con escamas verdes pálidas. Se levantó sobre sus patas y, arrastrando su cola, corrió hacia ellos. La única arma que Win tenía era un pequeño puñal guardado en el fondo de su morral. -¡Corre! -grito. -Primero águilas. Ahora cocodrilos. Con energía, la señora Kala se dio media vuelta para enfrentar al enemigo. Win había escuchado historias de Tazis que solos habían dominado lobos, pero nunca las había creído. Ahora, sin embargo, el pelo embarrado la hacía ver ágil y fuerte, como un gato increíble.
  • 92. El buscador de caminos Darcy Pattison 92 Enfrentó al cocodrilo sin nada de temor. Win pensó que esperaría el ataque. Al contrario, alistó sus patas traseras y brincó hacia delante. Una poderosa mandíbula apuntó hacia la yugular. El cocodrilo giro su cabeza justo a tiempo. Pero no la pudo evitar del todo; ¡ella lo golpeó con toda su fuerza! Ambos cayeron en el agua embarrada. Durante largos momentos, rodaron en el agua, dando vueltas, removiendo todo el agua y levantando espuma. El aire apestaba a los gases del charco. La señora Kala salió a la superficie. Tomó aire, la espuma en su cabeza semejaba un copete, después, desapareció de nuevo. Momentos más tarde, volvió a salir, más débil y lenta esta vez, pero se sumergió de nuevo con determinación. Quedó cubierta por el agua. Win esperaba ansioso. Cada momento parecía una eternidad. El agua seguía revolviéndose, pero más despacio. Después, quedó en calma. ¿Dónde estaba ella? Una cuantas burbujas silenciosas se asomaron a la superficie y la espuma empezó a desaparecer. Win respiró hondo. Él debería tratar de encontrarla, meterse en el agua para sacarla. A lo lejos, un pájaro cantó; un sonido solitario. Aún no salía. Win esperaba. Congelado. Muévete, se dijo. No te demores tanto esta vez. Trató de enfocar a la señora Kala. Un Destino lo envolvió; sin embargo, dudó. Agua café y sucia le ocultaba todo. El Destino lo jaló y se acercó al borde de agua, listo para meterse.
  • 93. El buscador de caminos Darcy Pattison 93 LA CASCADA La cabeza de la señora Kala rompió la superficie de la sucia piscina. Tomó aire y logró decir: -¡Ayúdame! Win la sacó. Agua color chocolate salía de su boca y todavía tenía dificultad para respirar. Se sacudió violentamente, mojando a Win. Él se limpio el agua sucia de la cara. Ella cayó en el pasto suave y mojado. -¿El cocodrilo... qué pasó? -Muerto. La palabra hacía eco en su cabeza. Win cayó al lado de ella. Apretó sus dientes. De nuevo había fallado; había llegado muy tarde. La señora Kala estaba viva, pero sólo por su propio valor y fuerza. No había hecho nada por ayudarla. La señora Kala se levantó y se sacudió con vigor. -Acabo de derrotar a un cocodrilo blanco, la bestia que los Zendi consideran de buena suerte. Apuesto a que podría vencer a un guerrero Zendi- su pecho se hinchó-. Podría unirme a una manada salvaje, segura de que les sería de mucha ayuda. Win seguía sobre su espalda, sin querer mirarla. Lejos, muy lejos, el cielo azul se escondía tras las paredes de la montaña. Puso a prueba el Destino para el Pozo de la Vida. Seguía tan claro como siempre y lo jalaba de nuevo hacia el río y a lo largo de la pared. -Debernos encontrar el Pozo primero; después puedes unirte a una manada. Aún tengo el
  • 94. El buscador de caminos Darcy Pattison 94 Destino, pero ¿estás segura de que quieres seguirme? Yo... -se interrumpió, avergonzado de admitir su cobardía. Pero ella de todas maneras podía leer su mente, ¿no? Lo sabría, no ahora, sino después, porque no siempre podía esconder sus pensamientos. Se apoyó en sus codos: -He debido meterme para salvarte. La señora Kala se sentó y lo fulminó con la mirada: -¿Es eso lo que pasó con tu hermana? ¿Te paralizaste? Win asintió acongojado. -Les dije que había llegado demasiado tarde. Pero no fue así. La encontré. Sólo me paralicé. Me quedé ahí congelado por el terror y deje que ella tratara de venir a mí. Por eso se cayó, cuando dio un paso hacia mí. La señora Kala inclinó su cabeza: -Sí hubieras interferido en mi pelea con el cocodrilo, ¿qué hubieras hecho? -Nada. -No eres responsable de la caída de tu hermana; simplemente llegaste unos segundos tarde. Ella fue muy imprudente al acercarse a la Grieta en una noche tan nublada -La señora Kala suspiró desesperada-. La Madre Tierra y el príncipe dependen de nosotros. Debemos trabajar juntos. Te perdono por no haberme ayudado. -Gracias -el peso en la consciencia de Win disminuyó un poco. -Ahora, ¿hacia dónde vamos? -El Destino me indica que por aquí. El pelo de la señora Kala aún estaba mojado y enredado, y caía desordenadamente. Su olor se mezclaba con el del agua del lago. Cuando atravesaron el río, Win se ofreció a lavarla, pero ella se negó. -Por mi culpa hemos perdido mucho tiempo. Me dejaré el barro como castigo. La tarde se hizo insoportable. El calor y los bichos atraídos por el olor del pantano, volaban alrededor de ellos. El barro de la señora Kala se secó y se convirtió en una costra dura que se
  • 95. El buscador de caminos Darcy Pattison 95 descascaraba mientras caminaba. El sol se sumergió detrás de la montaña y las sombras empezaron a cubrir la región. Aun así, el Destino los guiaba río arriba. No había camino, y la maleza los obligaba a chapotear en el río. Manchas de flores blancas y aromáticas se cerraban al acercarse la noche, escondiendo su polen amarillo a las abejas que zumbaban a su alrededor. Las enredaderas colgaban de los álamos formando una cortina que ocultaba la siguiente curva del río. Win forzaba sus ojos esperando ver la próxima curva del río, con la esperanza de que el Destino finalmente les ordenara atravesar el río y subir la montaña. El sudor le rodaba por la espalda y tenía que acomodar continuamente su morral para que no lastimara sus hombros. De todas maneras, el Destino los conducía río arriba. Tomaron aliento, sentados sobre un banco de arena. De repente, la señora Kala tembló de pies a cabeza. Los mosquitos zumbaban a su alrededor y ella los espantaba con furia. -Lávame -le exigió a Win-. ¿Cómo te atreves a dejarme tan sucia? -Yo traté... -¡Tonto! ¿Crees que puedo soportar esta tarde con humildad? Win quedó sorprendido. Pero a pesar del temperamento voluble de su compañera, sentía alivio de que lo hubiera perdonado y de que no lo hubiera dejado viajar solo dentro de la Grieta. La lavó con la arena limpia y después le desenredó los nudos. Esta vez, ella se rehusó a una limpieza total. -Debemos continuar -dijo. Win tomó la delantera de nuevo y, al poco tiempo, el río finalmente empezó a girar hacia la montaña. Confiaba en que esa noche encontrarían el camino hacia arriba. El río se tornó más angosto y rápido, deslizándose sobre grandes montones de piedra. Se convirtió en una cuenca circular, similar a un tazón estrecho en uno de sus lados. En un extremo un grueso río de agua plateada se precipitaba en una cascada, cayendo y encrespándose con el viento, hasta dar en una piscina negra y continuar su carrera sobre grandes rocas circulares hasta el río que
  • 96. El buscador de caminos Darcy Pattison 96 Win y su compañera habían esta- do siguiendo. Un rugido suave llenaba el lugar producido por el eco de la cascada que reverberaba en las piedras de cal. -El Destino nos lleva directo a la cascada. -¿Debemos atravesar nadando la cascada? -preguntó la señora Kala con desprecio-. Ah, de nuevo dudo de tus habilidades. No estoy acostumbrada a confiar en las habilidades náuticas de un humano cuando mi nariz es más confiable. De todas maneras guíame, aunque no tiene sentido. -Gracias. -Win caminó con decisión hacia el agua negra. Intentó observar su profundidad, pero estaba oscura a causa del crepúsculo. Podía ser de seis metros o apenas de medio; no había manera de saberlo. Para explorar el valle, Win se subió a un pino ubicado al lado de la pared de la montaña. Brincó y se colgó de una rama cercana para después impulsarse, absorbiendo la esencia del pino y confiando en que este le quitara el olor a sudor y el hedor del pantano. Finalmente, se detuvo sobre una rama grande y se sentó de espaldas al tronco. En su recorrido, habían recorrido el lado izquierdo del valle y no habían visto nada extraño. Desde esa altura, podía contemplar el valle entero. Al lado derecho y ubicadas bajo la cara de la montaña, divisó dos tiendas de cuero y el círculo de una fogata rodeado de piedras ennegrecidas por el humo. Win examinó el resto del valle. Nada. Mirando el campamento con más cuidado, observó que el círculo de la fogata estaba vacío y que las tiendas habían sido armadas sin mucho cuidado. Win dudó que estuvieran ocupadas. Probablemente era un campamento de cazadores. ¿Cazadores? ¡Gente en la Grieta! No era un campamento de los Zendi; ellos usaban tiendas de tela y no de cuero. Tal vez era el clan de los lobos, de quienes Hazel se había robado el amuleto del lobo. Pero dos dueños de aquel campamento eran pobladores de la Grieta o venían de arriba. Win había asumido que si la gente de G’il Rim no podía descender, otras personas del otro lado tampoco podían hacerlo. Sin embargo, si el campamento pertenecía a gente de arriba, esta debía conocer alguna manera de bajar.
  • 97. El buscador de caminos Darcy Pattison 97 De repente, estaba emocionado. Casi empezó a dudar del Destino. Si la gente podía bajar a la Grieta, entonces él y la señora Kala podían subir por el mismo camino. El sendero debía estar cerca; el Destino debía estar en lo correcto, como siempre. Se bajó del árbol y le contó a la señora Kala lo que había visto. -Ve a cazar algo. Comeremos y descansaremos, y cuando oscurezca veremos a dónde nos lleva el Destino. -¿Cazar? ¿Debo cazar estando tan cansada? Win dio media vuelta y se arrodilló al lado de la Tazi. -Señora Kala, es tal y como lo has dicho: la Madre Tierra necesita las aguas que la curarán. Podemos estar cansados, sucios, con hambre, con los pies lastimados, tristes, desesperados... nada de eso importa -respiró tembloroso y por un momento acarició la piedra que estaba en su bolsillo-. Lo único que quiero es una cama caliente y un tazón de estofado preparado por Hazel. Pero no podemos detenernos por ningún motivo. Lo más importante ahora es nuestra misión. -Estoy de acuerdo contigo -la señora Kala levantó su cabeza, nuevamente como una princesa. Luego, desapareció entre los arbustos que había alrededor. Win recogió madera y encendió la fogata. La señora Kala trajo un conejo y una perdiz, y Win les sacó las vísceras y los cocinó. Mientras se cocinaban, buscó juncos secos alrededor del estanque y los convirtió en antorchas en caso de que fueran necesarios para el viaje de noche. Las guardó en su morral y se sentó al lado de la fogata mientras la carne acababa de cocinarse. Cayó la noche y las estrellas brillaron. A Win le preocupaba el sendero que los conduciría a la superficie, también aquel campamento con sus tiendas y las piedras ennegrecidas por el humo, y las personas que pudieran encontrarse de este lado de la Grieta, y si quizás... de repente se le ocurrió... si Hazel estuviera en cama, enferma de la plaga al igual que el príncipe.
  • 98. El buscador de caminos Darcy Pattison 98 La grasa se derramaba de la carne y caía en la fogata. Win miró a la señora Kala y le dijo vacilante: -Tú me preguntaste por Zanna. -Sí dime algo sobre ella. -Es algo insignificante, pero la fogata me lo recordó. Una vez estábamos cazando, nos acostamos juntos v en una trinchera que excavamos en la arena y la cubrimos con yute del mismo color para pasar desapercibidos. Esperamos pacientemente a que algún animal pasara por el sendero buscando agua al arroyo. En eso, una inmensa liebre pasó con sus dos crías; Zanna abrió los ojos y no me permitió usar el arco y la flecha. "Una madre no -me susurró. Otras niñas habrían sentido pesar por los' dulces bebes'. Pero no Zanna. Esos ojos desorbitados, llenos de respeto, me obligaron a obedecerla. "Más tarde, atrapamos tres liebres machos, y yo los cociné en nuestra pequeña fogata. Ella se comió su parte, se chupó los dedos y me sonrió, contenta de estar con su hermano mayor". La señora Kala estaba acostada con su cabeza sobre sus patas, escuchando silenciosa. -La extrañas. Win asintió, pero no fue capaz de decir nada más. La fogata crujió y él se sacudió, después giró una pata del conejo para ver si estaba lista. Retiró la carne y la compartió con la señora Kala. Cuando acabaron de comérsela Win se chupó los dedos y quiso más. Pero en vez de pedir más le dijo a la señora Kala: -¿Puedo hacerte una pregunta? Esos coyotes, ¿acaso te...? -¿Me seducen? -la señora Kala se quedó en silencio por unos momentos-. ¿Has escuchado la historia de cómo los Tazis llegaron a las Perreras Jamila? Win negó con su cabeza. -Jamila. Significa "hermoso". Mi antepasada, la gran dama Jamila, era hermosa. El abuelo del rey Andar, el rey Ottar, viajó durante varios años como príncipe antes de convertirse en rey. Viajó lejos de la Madre Tierra y trajo muchos tesoros. Se dice que llegó a un sitio donde el desierto se extiende durante varios días. Una tribu nómada, más brava que los Zendi, vivía
  • 99. El buscador de caminos Darcy Pattison 99 ahí. Se dirigían a una batalla montados sobre elegantes corceles, con un Tazi justo detrás. Los Tazis somos muy apreciados por los guerreros. Escogemos a nuestros guerreros y nos quedamos con ellos de por vida. Algunos nunca eligen a nadie y viven libres entre las dunas. - En vez de las Perreras... -Sí, las perreras. Hace mucho tiempo, Jamila escogió unirse al rey Ottar, aunque eso significó dejar su hogar. Llevaba una camada en su barriga y de ella provienen los cazadores de las Perreras Jamila. Las perreras son lujosas, sin embargo añoro aquella libertad de la que hablan en las historias. Mi entrenamiento para ser guardia de la Perrera ha terminado y ya había llegado el momento de que decidiera mi futuro. Si no fuera por la plaga, ya tendría que haber elegido entre unirme a un hombre de por vida o servir como guardia en las Perreras. Pero todo era un caos en G’il Dan y no hubo tiempo de ceremonias. El príncipe me pidió que fuera su guardaespaldas y yo acepté. Cuando nuestra búsqueda haya terminado, tendré que decidir. -¿Qué escogerás? -¿Cómo voy a saberlo? - ahora la señora Kala caminaba de un lado a otro frente a la fogata. -Ser guardia de la Perrera es una vida fácil. En todos los años de vida de mi madre, el guardia de la Perrera nunca fue llamado a la guerra. Sin embargo, sé que sería una vida aburrida para mí. Es un trabajo vacío, en medio del ocio de la corte. Algunas veces me pregunto si no habrá otra opción. Win se ocupó de la fogata hasta que se sintió seguro para hablar. -Ve con la manada, si así debe ser, pero antes ayúdame a encontrar el Pozo. -Conozco mis responsabilidades. No abandonaré al príncipe Reynard en su enfermedad. -Sí, el príncipe Reynard te necesita -Win cambió de tema bruscamente-. Dormiremos hasta que salga la luna, después trataremos de encontrar el camino hacia arriba. Definitivamente, hay gente arriba, y debemos viajar en la noche y dormir durante el día. -De acuerdo.
  • 100. El buscador de caminos Darcy Pattison 100 La señora Kala se quedó en su lado de la fogata, dando vueltas y vueltas hasta que se logró acomodar, se enroscó y se durmió. Antes de dormirse, Win puso su puñal encima del morral, al alcance de su mano. Soñó que el amuleto del lobo brillaba con sus tres ojos de rubí. Lo miraban hasta que pensó que aquellos tres puntos le iban a quemar el pecho. Se despertó de un salto. ¿Qué había interrumpido su sueño? Su mano sujetaba el amuleto del lobo. Hazel le dijo que se lo había robado al clan del lobo. ¿Dónde vivían? ¿Por qué su madre había robado el amuleto? - Yi, yiiii, yiiiii. Los coyotes aullaban. -¡Señora Kala! ¿Dónde estaba? La luna llena dibujaba su silueta, apoyada sobre una peña, como si fuera un cazador fantasma. A su llamada, ella saltó a su lado: -Vámonos. Sus palabras eran breves. ¿Cuánto esfuerzo tenía que hacer para resistir a los coyotes? No importaba. Win se acomodó el morral y dejó fluir el Destino. Su cuerpo se llenó de alivio y sus emociones se durmieron. Sólo el pozo era importante.
  • 101. El buscador de caminos Darcy Pattison 101 EL OTRO LADO El Destino llevó a Win y a la señora Kala hacia la cara de la montaña. Win temía que el camino fuera un borde aún más angosto que aquel por el que habían descendido. Se sentía una brisa fría. A medida que llegaban al final del estanque, la cascada los mojaba más y más, haciéndolos tiritar en el frío de la noche. El Destino los guiaba lentamente hacia arriba. Las piedras estaban tan resbalosas a causa del agua y el musgo que Win tenía que arrodillarse y usar sus manos para no caerse. Caminando con seguridad, como siempre, la señora Kala seguía a su lado. Gotas pesadas lo apedreaban, tratando de tumbado al estanque Aun así, el Destino lo llevaba más y más arriba, y las rocas eran mas y mas resbalosas, y más peligrosas. Un estruendo turbulento lo rodeaba. El agua le caía sobre su pelo y su cabeza deslizándose por sus ojos y pestañas. Parpadeaba y sacudía su cabeza, pero sábanas de agua reemplazaban el agua que se había quitado. No podía ver. -Tengo que sostenerte para que no te pierdas. Win trataba de agarrar a la señora Kala. Era un cambio extraño en su trabajo, donde siempre era otro el que, se aferraba al hombro del guía para que este le advirtiera dónde había un obstáculo. El Destino lo guiaba, sus ojos estaban cerrados por la fuerza del agua, pero él daba cada paso con seguridad. Cantidades de agua golpeaban sus hombros, empujándolo. Se tambaleaba a través de cortinas de agua. Al cabo de un rato, los golpes fueron cediendo lentamente hasta que de repente se acabaron y empezó a helarse a causa del viento.
  • 102. El buscador de caminos Darcy Pattison 102 Win abrió los ojos. El agua caía estruendosamente a su espalda. Se encontraban en una cámara de techo bajo, con piedras alisadas por el agua; estaban detrás de la cascada. El agua ocultaba la luz de la luna. Win se detuvo y con su pedernal prendió una de las antorchas que había preparado. La señora Kala le dijo: -¿Sabes a dónde vamos? Win dijo: -Sí Allá atrás, donde soplan los vientos. Hay un sendero. -Las paredes me sofocan. Reza para que sea un sendero corto. El camino los guio bruscamente hacia arriba de la montaña. La piedra era suave por efecto del agua, de manera que era fácil caminar. Sólo habían avanzado unos metros cuando la señora Kala se detuvo, levantó su cabeza y olfateó. -¿Qué? -preguntó Win telepáticamente. Antes de que ella pudiera responder, un susurro llenó el túnel y creció hasta convertirse en un silbido. La señora Kala se dio la vuelta y quedó de frente a la abertura que se encontraba a sus espaldas. El ruido se acabó. Win observaba, tratando de ver más allá de la antorcha. Algo revoloteaba en el filo de la luz. Win se acercó hasta que logró ver una extraña criatura. Parecía un lagarto pequeño y regordete de un metro de largo aproximadamente, con unas largas patas delanteras y sin las extremidades traseras. Las escamas cafés de su espalda daban lugar a una cabeza plana de color marrón. Tenía mejillas y ojos hinchados, que no parpadeaban. -¡Cuidado! -gritó la señora Kala-. El doctor del palacio habló de una criatura así. Es venenosa. -Ponte detrás mío -le gritó Win. Con su antorcha le lanzó una estocada a la cosa, que se encogió y silbó. -Ahórrense el trabajo de salir de esssste hueco. Vengan a mí.
  • 103. El buscador de caminos Darcy Pattison 103 Una lengua bifurcada salió, mostrando sus dientes filudos. -Un tatzelwurm -dijo la Señora Kala-. El doctor usa dosis mínimas de su veneno para aliviar el dolor. Los inmensos ojos del tatzelwurm giraron hasta enfocarla a ella. -Ah, sííí. Le asustan los sitiiiios essstrechos. La cabeza marrón se movía de arriba abajo. La señora Kala se paró rígida. La cabeza del wurm se movía más rápido, de arriba abajo. La señora Kala bajó la suya levemente y después la levantó. -Oscuro. Pieeedra encima de ustedes, pieeedra alrededor. Vengan. Les enseñaré la salida. La señora Kala se acercó al tatzelwurm. ¿La estaba hipnotizando? -¡No! -Win le lanzó la antorcha de nuevo a la criatura, interrumpiendo su concentración. -¡Corre! La señora Kala sacudió su cabeza y miró a Win. -Corre -repitió Win- antes de que ataque. Silbando locamente, el tatzelwurm se arrastró hacia adelante con sorprendente velocidad, forzando a Win retroceder. La señora Kala avanzó primero por el túnel y Win la siguió, manteniendo la antorcha al nivel de la rodilla. El progreso era lento, pero lograban avanzar. Win le preguntó: -¿Qué es un tatzelwurm? La señora Kala le dijo: -Una lombriz de la cueva. Algunos dicen que es un dragón infantil. Casi no se ve, excepto en época de sequía, cuando las cuevas se secan -algo en la voz de ella hizo que Win volteara. Su compañera lo miró a los ojos-. No hay cura para su veneno y se dice que nunca se cansan. -Lo lograremos -le insistió Win. Ahora los silbidos del tatzelwurm se habían convertido en insultos: -Nunca lo lograrán... Ssssientense y lloren... Están peeeerdidos... Jamás podrán salir. La señora Kala respiraba fuerte, pero no del esfuerzo. -Túneles y más túneles. ¿Cuándo podremos ver la luna?
  • 104. El buscador de caminos Darcy Pattison 104 -Pronto, pronto -dijo Win con el tono más suave. -Nunca. El silbido del tatzelwurm opacó la voz de Win. Después, empezó a vociferar de nuevo. Al cabo de una hora, Win extrañaba el silencio. ¿Acaso la criatura nunca se callaba? La antorcha se estaba apagando y pronto se extinguiría por completo. ¿Entonces qué pasaría? Se detuvo y llamó a la señora Kala: -Debo encender una nueva antorcha. Ella se detuvo y se devolvió hacia él. Se quitó su morral húmedo justo cuando el tatzelwurm lo atacó de nuevo. Rápidamente le lanzó la antorcha a la lengua y esta vez consiguió arrancarle a la cosa, un horrible grito seguido de zarpazos que lanzaba en su retirada. Win tomó la segunda antorcha del morral y la iluminó con la primera. Sólo les quedaba una más. ¿Lograrían salir del túnel antes de que se apagara? -Vámonos. Win lanzó la primera antorcha hacia el tatzelwurm, corrió unos trescientos y se volvió protegiéndose con la antorcha. Continuaron avanzando con la bestia acosándolos, a veces por la izquierda, para poner a prueba los reflejos de Win, otras veces por la derecha, obligando al chico a permanecer alerta. Win caminaba hacia atrás, sin preocuparse por las partes ásperas o bajas del camino. Una vez se tropezó y el tatzelwurm casi le alcanza los pies antes de que los quitara. Otra vez se golpeó la cabeza y apenas pudo agitar la antorcha desesperadamente antes de recuperarse de nuevo. Aunque no decía nada, Win sabía que la claustrofobia de la señora Kala aumentaba con cada paso. Escuchaba pensamientos pasajeros provenientes de ella: toneladas y toneladas de piedra encima de mí... oscuro, tan oscuro, no puedo respirar. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que el pánico se apoderara de ella? Después de un largo rato, de nuevo tuvieron que reemplazar la antorcha. Esta vez Win
  • 105. El buscador de caminos Darcy Pattison 105 tenía el morral abierto y su mano buscó a tientas hasta encontrar la última. Esperó hasta que la antorcha que tenía en sus manos calentara su mano, a pesar de sostenerla apenas de la punta. Después, acercó la última al fuego. Esta chisporroteó, vaciló y finalmente se apagó. La señora Kala preguntó: -¿Qué ocurre? -Está húmeda por la cascada -dijo Win. Unas cuantas chispas quedaban en la nueva antorcha. Win las sopló. -Están peeerdidos -dijo satisfecho el tatzelwurm. La señora Kala gruñó, el tatzelwurm silbó. Con aquel ruido, Win podía oír que la bestia se acercaba. Sopló más fuerte. ¿Qué tan cerca estaba el lagarto? Las llamas se avivaron y la última antorcha se encendió. Win movió la antorcha formando un arco alrededor de sus pies. Atrapó la cabeza de la lagartija y la volteó boca arriba. -Corre. El eco de sus pies corriendo y las patas del animal sonaba a través del túnel. Luego: -¡Ellos! ¡Atraaaapados por las piedras! -¿Cuánto más lejos? -la mente de la señora Kala estaba tensa. -El Destino nos sigue guiando. Eso es todo lo que sé. Para cuando el tatzelwurm los había alcanzado, habían llegado a un sitio donde el camino era casi vertical. Aunque tenía escalones marcados, estaba tan empinado que Win tenía que subir de espaldas y a la señora Kala se le haría muy incómodo el ascenso. Subieron con dificultad mientras que el tatzelwurm lo hacía fácilmente usando sus garras y enterrándolas en cada escalón para impulsarse hacia arriba. Si no estuvieran tan cansados, la hubieran dejado atrás hace rato. Win obligaba a sus pies a moverse verticalmente hacia atrás mientras mantenía a la raya la bestia con la antorcha. El tatzelwurm no tenía problema en seguirles el paso; esperaba pacientemente a que Win se equivocara.
  • 106. El buscador de caminos Darcy Pattison 106 Win hizo una pausa para tomar aliento. Pasó la mano por la roca y se dio cuenta de que los escalones habían sido hechos por manos humanas. ¿Quién los esperaba arriba? -La gente hizo este camino. Si escapamos de este túnel, tendremos que escondemos durante la noche -le advirtió a la señora Kala. El tatzelwurm les silbó: -No hay essscape. Finalmente, el aire era más fresco, y Win se dio cuenta de que estaba mirando el cielo lleno de estrellas. ¡Estaban cerca de la superficie! El tatzelwurm debió darse cuenta también porque los atacó de nuevo. Golpeó las espinillas de Win y este se cayó. La antorcha también cayó, quebrándose en pedazos. Por un momento, el tatzelwurm se detuvo, tratando de atravesar las cenizas encendidas. -¡Corre! -gritó Win. La señora Kala y Win saltaron las escaleras hacia las estrellas. Las garras se agarraban de la piedra. La criatura saltó y Win le pegó un puño que la hizo caer en el escalón, justo detrás suyo. El animal cayó de espaldas y empezó a lanzar furiosos silbidos y a agitar en el aire las patas y la cola. La señora Kala y Win corrieron hacia arriba. Unos momentos más tarde estaban afuera. -¿Dónde está? -gritó Win. Buscó un palo o una piedra para golpear al animal. Cuando dio la vuelta, la señora Kala miraba al tatzelwurm, que estaba justo en la entrada del túnel. Win se acercó. -No la mires o te hipnotizará y te hará entrar de nuevo al túnel. La Señora Kala gruñó suavemente: -Estamos a salvo ahora. No saldrá del túnel. Los ojos inmensos de la bestia brillaban desde la entrada. -¡Sss! -Busquemos dónde escondemos -dijo Win.
  • 107. El buscador de caminos Darcy Pattison 107 Corrieron hasta un pequeño bosque y allí se escondieron. La luna estaba bajita en el horizonte. Win dijo: -¡Mira! Estamos a unos cuantos metros del río y a unos cincuenta metros del borde de la Grieta. Cuando el río se rebosa, el agua baja por el túnel también. Sólo se puede subir durante la época seca. -¡Mira ahí! -la señora Kala señaló hacia el este. El cielo ya iluminaba el nuevo día. -¡Logramos cruzar la Grieta! Del otro lado, veían G’il Rim como ningún habitante de la Madre Tierra lo había hecho, excepto el rey y Hazel. La luz del sol tocaba las pequeños paredes de la ciudad con un brillo rosado. Se veía tan pequeña, sin embargo, dentro de sus paredes, había miles de personas. Win le sonrió a la señora Kala: -Lo logramos. Se sentaron bajo un árbol, sobre una piedra suave y plana, y observaron la ciudad hasta que el sol se elevó y el brillo se desapareció. Win ansiaba ver a Hazel y hablarle y comer su estofado. La imaginaba ahora, realizando metódicamente sus deberes, mientras Zanna, como lo había hecho siempre, jugaba alrededor de sus faldas. Apartó la mirada de la ciudad para observar la tierra delante de ellos. Desde donde estaban hasta el río no había sino arbustos y pasto corto. En el otro lado del río, el pasto era tan alto como Win. No se veían caminos, sólo pasto que parecía interminable. La sequía también había llegado hasta allí, pero su efecto sobre la pradera apenas se notaba en una inactividad algo más temprano que la habitual. El viento sacudía suavemente el mar de pasto·dorado y traía el olor de la pradera. Esto lo hacía sentir bien: pasto seco, flores y hierba silvestre, todos mezclados en una polvorienta dulzura. Win señaló: -El Destino nos guía hacia allá. La señora Kala protestó:
  • 108. El buscador de caminos Darcy Pattison 108 -Si caminamos por esos pastos, estaremos perdidos. Win se dio media vuelta para mirada. ¿Acaso dudaba de sus habilidades como guía? No, ella odiaba tener que seguir, odiaba su propia ceguera en esta búsqueda. Ella le dio la espalda: -Eso lo escuché. Debemos descansar y después comer antes de seguir. Al menos serviré para cazar. -Mi señora, yo también agradezco tu compañía. Win se sorprendió al darse cuenta de que aquello era cierto. Al principio, había creído que se comportaría como una criatura suave y consentida. Pero no había sido así, ella era fascinante: feroz, terca, temperamental y noble. -Yo también estoy contenta con tu compañía. Nunca antes había tenido que entenderme con campesinos y tú me has sorprendido. Win soltó una carcajada: -Un campesino no; un miembro del gremio, un guía. -Ah, gracias por la aclaración. Lo tendré presente. Después se dio la vuelta y se quedó mirando el paisaje. -¿Dónde descansaremos hoy? Luego de comer carne seca y tomar agua del río, encontraron un sector de azaleas y avellanos que crecían a lo largo del río y allí hicieron sus camas. A pesar de sus músculos adoloridos, Win consideró oportuno hacer guardia en caso de que las personas de aquellas tierras los encontraran. Pero el cansancio les ganó y se durmieron. La sombra de un sauce llegaba hasta la diminuta fogata que Win había encendido. Echó otra rama a las llamas y colocó una olla con agua para calentada. Miró de nuevo la sombra: estaba más cerca. Deberían moverse en vez de estar cazando y comiendo. Pero la señora Kala insistió en que estarían más fuertes y viajarían más rápido si sus barrigas estaban llenas. ¿Cuánto más tardaría? La sombra del árbol ya tocaba las llamas.
  • 109. El buscador de caminos Darcy Pattison 109 El ocaso era de color coral, manchado de morado y al fondo el cielo era color turquesa: el tercer ocaso desde el inicio de la búsqueda, el tercer ocaso desde que el príncipe había sufrido su crisis a causa de la plaga. Vamos, señora Kala. ¡Apresúrate! Win gritó las palabras telepáticamente, confiando en que ella se encontrara lo suficientemente cerca como para oírlo. Ahora la sombra del sauce atravesaba la fogata y tocaba la sandalia de Win. Apretó su puño. -¡Apúrate! -dijo de nuevo. -¡Estoy en camino! -¡Finalmente! ¿Cómo estuvo la caza? -Tendremos un banquete esta noche. Encontré un rebaño de pequeños venados y traje uno para la cena. Win gimió. ¡Un venado! Se demoraría una hora o más limpiarlo y cocinarlo. -Es un venado pequeño, más pequeño que yo. No mucho más grande que la liebre -la Señora Kala parecía ofendida-. Cazar es lo único que puedo ofrecer y lo desprecias. -No, señora Kala. Es sólo el tiempo lo que me preocupa. El Destino me llama. La señora Kala se dirigió al campamento, pavoneándose, con el venado en su hocico. Win sacó el cuchillo de su morral y empezó a abrir al animal. -Win -la voz de la señora Kala le advirtió que algo andaba mal. Él levantó la mirada. -Qué... Cuatro grupos de arcos con flechas apuntaban hacia ellos.
  • 110. El buscador de caminos Darcy Pattison 110 LOS GUERREROS -¿Este animal es tuyo? ¿Qué es? No es un lobo. ¿Dónde lo conseguiste? ¿Dónde puedo encontrar uno? Una mujer con ojos de color azul intenso miraba a la Señora Kala con las ganas de un depredador. Tenía una postura torcida; en su pierna derecha una cicatriz corría desde la pantorrilla hasta el tobillo. Algo le había abierto la pierna y esta no había sanado bien. Ninguno de los guerreros -todos estaban armados con arcos y cuchillos- le prestaban atención a Win. Sólo miraban a la cazadora Tazi. La mujer que hablaba vestía una camisa de hilo, sin mangas, y pantalones bombachos hasta la rodilla de un cuero similar al del venado que Win estaba limpiando. Tiras de cuero adornaban sus trenzas doradas como el pasto seco por el sol y la sequia. Los otros usaban camisas de hilo sin mangas y pantalones de hilo sueltos como el de Win. Win se levantó con cuidado y se paró al lado de la señora Kala. Hazel había estado aquí antes y su nombre había sido una especie de palabra clave con Paz Naamit. Decidió presentarse y confiar en obtener resultados similares. -Permítanme presentar a la señora Kala, cazadora de la realeza de las Perreras Jamila en G’il Dan. Los saludamos de parte del rey Andar de la Madre Tierra, que esta al este de la Gran Grieta. En ese momento, los guerreros miraron a Win. -¿Al otro lado de la Grieta? -¡Imposible! -¡Están mintiendo! -¡Silencio! -la mujer los silenció-. ¿Y tú eres...? -Soy Winchal Eldras, guía y miembro del gremio de G’il Rim, hijo de Hazel y Eli Eldras. Los ojos azules de la mujer se encogieron e intentó enderezar su postura. -¿El rey Andar y la guía Hazel? -Sí. -Definitivamente, este es nuestro día de suerte. Un cazador tan hábil como un lobo y el hijo de un viejo enemigo. -¿Dijo lobo? -gimió Win. ¡Este debía ser el clan del lobo! ¿Hazel era su enemigo? Claro. Hazel dijo que se había robado su amuleto. La mujer señaló con su arco.
  • 111. El buscador de caminos Darcy Pattison 111 -Amárrenle sus manos y tápenle la boca. Lo llevaremos ante el consejo. Win se resistió, al igual que la señora Kala. Un corpulento guerrero se lanzó sobre la señora Kala. Ella hizo lo mismo y se encontraron en el aire. La cazadora rebotó al chocar contra su inmenso pecho y cayó pesadamente, quedando aturdida por un momento. El guerrero apenas se sacudió y fue tras ella de nuevo. -Espera. Hulda. Agarra. La mujer le lanzó una tira de cobre, que el guerrero amarró alrededor del cuello de la Tazi. Win a duras penas pudo ver la pelea de la señora Kala porque los otros dos guerreros lo habían atacado. Sólo tenía su cuchillo, que había estado usando para limpiar al venado. Se arrodilló y esperó el golpe. El primer guerrero era una niña de su edad o algo menor, con el pelo amarillo similar al de la mujer. Se alejó de ella, incapaz de lastimar con su cuchillo a alguien tan joven. Mientras se movía, el otro guerrero, un hombre corpulento con largos brazos, se colocó detrás de él y lo golpeó en el oído. Se cayó, preguntándose si a la señora Kala también la habían golpeado. Cuando se despertó, se encontró tendido sobre su espalda, atado como un cerdo que van a sacrificar. Sus tobillos y muñecas estaban amarrados y habían metido un trapo en su boca como una manzana en el hocico de un cerdo. Estaba en una cabaña, aún cerca de la pradera a Juzgar por el olor del pasto, posiblemente en la ladera del clan de los lobos Además por el fulgor de una fogata; y por el aroma, supuso que estaban cocinando el venado que la señora Kala había cazado. Pero eso era todo lo que él podía adivinar. Estaba solo en la oscuridad.
  • 112. El buscador de caminos Darcy Pattison 112 EL CONSEJO Win se levantó con el ruido de unos tambores siguiendo un ritmo lento. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Estaba amaneciendo, y Hulda y otro guardia vinieron por él. Había dormido por ratos, furioso por su encierro. Habían perdido todo un día de viaje y ¿quién sabía cuánto tiempo pasarla antes de que pudieran escapar? El príncipe necesitaba el agua curativa o pronto ya sería demasiado tarde. Los guardias desamarraron los pies de Win y lo levantaron; en ese momento él se dio cuenta que no tenía el amuleto. Alguien se lo había llevado mientras que él dormía. Le dejaron sus manos amarradas, el harapo en su boca y lo empujaron afuera de la cabaña. En la suave luz de la mañana siguieron el ruido de los tambores y lo guiaron a lo largo de una fila de casas de barro y paja entramada donde gente alta y común y corriente estaban paradas en sus portales. Win olió. Algo no olía bien. ¿Qué estaba mal con la aldea? Finalmente se dio cuenta. No eran los aromas sino la ausencia de ellos. No había fogatas encendidas temprano en la mañana, no había guisados, ni estofados, ni té, ni pan. Esta aldea estaba muy limpia, pero las personas estaban flacas y cada criatura tenía la mirada del hambre. Otra cosa. Win creía que los habitantes le tenían miedo como si él fuera peligroso. Donde su sombra pisaba, ellos retrocedían. Solamente cuando él pasaba, las familias lo seguían detrás de los guardias. Seguían en silencio, como cazadores persiguiendo a su presa. Al final de la fila de casas había un gran quiosco sin paredes. Columnas grandes de madera daban apoyo a un techo de paja. En G’il Rim la mayoría de los edificios eran de piedra, y cualquier columna de madera de gran tamaño tenía que ser traída en caravana desde los bosques al norte de la Madre Tierra. Él se imaginó que la aldea había intercambiado con una tierra distante para poder obtener unas columnas tan grandes. Más allá del quiosco, y creciendo en parches, había espigas de trigo que estaban demasiado cortas para la estación y mal cuidadas parras de fríjol. La planta de calabaza estaba agachada siendo que el día apenas empezaba. Todo necesitaba ser desyerbado y rociado con agua. Entre el quiosco y los jardines, el pozo de la aldea, cuyo borde era de piedra de río, estaba rodeado de varios niños sosteniendo ollas o baldes. Win fue llevado al quiosco y empujado al frente. Sobre dos largos troncos de madera había una tela translúcida estirada a lo largo formando un
  • 113. El buscador de caminos Darcy Pattison 113 tambor. Cuatro mujeres de brazos delgados golpeaban los tambores con largos huesos. En un estrado elevado y acomodadas sobre asientos bajos de cuero, había dos mujeres. La que lo había capturado estaba a la derecha, con sus pantalones de cuero a la altura de la rodilla y un collar grande hecho de filas y filas de conchas. El collar era tan largo que le llegaba hasta la cintura y producía un suave ruido cuando ella se movía. Un pequeño niño corrió y depositó un girasol sobre un montón a sus pies. La mujer le dio una palmadita en la cabeza antes de que el niño saliera corriendo, después se puso el girasol detrás de la oreja. A la izquierda había otra mujer, con pelo de color café oscuro, crespo y corto, como el de una oveja negra. Sus ojos verdes brillaban mientras seguía con la mirada a Win, que era conducido en frente de la asamblea. Al igual que la mayoría de los asistentes, usaba una camisa de hilo sin mangas y pantalones de hilo. Un collar corto de conchas la identificaba como la segunda en mando. La señora Kala estaba entre las dos mujeres. Su cabeza descansaba sobre sus patas delanteras y sus ojos lucían negros y adormecidos. ¿Qué le habían hecho? Win se lanzó adelante, tratando de llegar a donde la Tazi cazadora, pero un guardia le hizo zancadilla y tropezó. Cayó sobre su hombro y habría gritado del dolor, de no ser por el trapo que tapaba su boca. -Señora Kala, ¿te han lastimado? -Win le gritó las palabras telepáticamente. Ella no lo miró y tampoco le respondió. Simplemente lo ignoró. Win se esforzó por arrodillarse. Durante largos minutos, las dos mujeres observaron a Win y este les devolvía la mirada rehusándose a ceder. Finalmente, la mujer de ojos verdes ordenó a un guardia que le quitara el trapo de la boca. El lento sonido de los tambores cesó. Win se pasó la lengua por los labios y movió la mandíbula. Después exigió: -¿Qué le han hecho a la señora Kala? La mujer de ojos verdes habló: -Yo soy Valda y ella es mi hermana Siv, quien actualmente gobierna el clan de los lobos. La Tazi ya no es tuya. Ahora caza para el clan de los lobos. -Debe dejarnos ir. Sólo le ha hecho un mal al clan al capturamos. Un murmullo de sorpresa se escuchó entre la gente. Pero Siv sonrió y levantó la mano: -Permítanle hablar. No me afectan sus mentiras. -No es una mentira. Hace tres días una caravana llegó a nuestra ciudad, G’il Rim. La señora Kala y su amo, el príncipe Reynard, hermano del rey Andar, venían con la caravana. El príncipe nos contó una historia muy triste. G’il Dan, nuestra ciudad capital, est{ asediada por la plaga. -¡La plaga! -Valda gritó-. ¿Has traído la plaga a nuestra ciudad? La multitud clamaba furiosa. -Habría evitado su aldea si me lo hubieran permitido. Pero antes de dejarnos hablar, la señora Kala y yo ya habíamos sido capturados. -¡Hermana! ¿Qué has hecho? -gritó Valda. Siv se sentó derecha y estiró su pierna lastimada, como queriendo recordarles que había luchado por el clan y que Win había sido un enemigo fácil de derrotar.
  • 114. El buscador de caminos Darcy Pattison 114 -Entonces mataremos al hijo de Hazel y listo. Quemaremos su cuerpo y así acabaremos también con la plaga. -También tendrá que matar y quemar a la señora Kala. Se aventuró Win confiando en que no estarían dispuestos a matar a la cazadora, de quien esperaban que llenara sus barrigas de carne. -¡No! -dijo Siv. -Sí, porque la señora Kala vino de G’il Dan y seguramente est{ contagiada -levantó sus manos-. Pero no hay motivo para matarnos. Permítanos buscar el Pozo de la Vida y al regreso le proporcionaremos agua para sus pozos, antes de regresar a nuestra tierra. Win miraba a Valda, que parecía más comprensiva. -¡Mentira! -grito Siv-. La plaga, el Pozo... todo es mentira. Sólo quieres recuperar a la cazadora y no te la devolveré. No hasta que haya cazado para nosotros durante un año. -¿Por qué la necesitan todo ese tiempo? La mujer lo observaba con cuidado, como si estuviera decidiendo cuál arma usar contra su víctima. -Hijo de Hazel, tú deberías saber. Win se levantó con esfuerzo. -No sé de qué estás hablando. -¡Mientes! Valda levantó su mano y dijo suavemente: -Siv, tal vez él no sabe; probablemente su madre nunca le contó. Déjame explicarte. Siv dejó que su mano descansara sobre el copete de la señora Kala. Le rascó detrás de las orejas. La señora Kala gimió, pero no se movió: -Explica entonces, hermana. Valda empezó: -Nuestro padre, Steinolf, era el líder del clan de los lobos. ¡Steinolf era un poderoso lobo hombre! Superaba en altura a tu rey Andar por una cabeza. Tenía ojos penetrantes, una gran cabellera y una voz poderosa. Territoriales, eso es lo que somos, igual a los grandes lobos. Sin embargo, Steinolf era un hombre compasivo. Cuando Hazel y el rey Andar contaron historias acerca de la sequía y las hambrunas en la tierra al otro lado de la Grieta, Steinolf prometió ayudar. El clan de los lobos puso pedazos de carne de venado para los viajeros cansados; les facilitamos guardias para atravesar nuestro territorio; les ayudamos a localizar el arco y las flechas del sueño del rey Andar. ¿Recibimos algo por nuestra generosidad? No -la suave voz se volvió cruel-. Esa mujer, la guía Hazel, mató a mi padre. Oh, no lo hizo con un puñal o una flecha. Nada tan amable como eso. No, sólo se robó su más preciado tesoro. -¿Qué? ¿Por qué? - Win ya sabía que se trataba del amuleto, pero quería averiguar por qué Hazel se lo había robado. -Nosotros éramos cazadores... Siv la interrumpió. -¡Aún somos cazadores!
  • 115. El buscador de caminos Darcy Pattison 115 -Sí, líder. Eso quise decir. -Sí, eso es -las hermanas se miraron con reproche. Atrás, Win podía escuchar los murmullos agitados de la gente, aliándose con una o con otra. No importaba cuáles eran los sentimientos que separaban a las dos hermanas; lo cierto es que estaban dividiendo también al clan de los lobos. -¿Puedo continuar? -preguntó Valda tímidamente. Siv hizo un gesto con la mano y se recostó en el asiento despreocupadamente, dando a entender que nada de lo que se dijera importaría. -Somos cazadores. Durante generaciones, hemos cazado con los grandes lobos de la llanura. Somos el Clan Steinolf, gobernantes de los lobos. La multitud aclamó obediente: -Gobernantes de los lobos. Valda continuó, su voz resonante hipnotizaba a la multitud: -Usamos un collar de cobre, como el que ahora controla a tu cazadora, para lograr que los lobos cumplan nuestra voluntad. Ellos cazan para nosotros y llenan nuestras mesas de carne. Así prospera nuestro clan. Pero los lobos sólo pueden vivir ligados a nosotros con el collar durante un año. De hacerlo más tiempo se debilitan y mueren. Cada año seleccionamos nuevos ejemplares. Para eso necesitamos la cabeza de lobo, un amuleto que ha sido pasado de líder a líder desde la primera generación de nuestro clan. Con ella, podemos llamar a los lobos para que se reúnan en la gruta, donde escogemos a los nuevos para el siguiente año. Win empezaba a entender por qué Hazel se había robado el amuleto. En uno de sus viajes, antes de llegar a G’il Rim, habían pasado por una aldea rodeada de montañas grandes. Necesitaban algo de café y azúcar, pero se encontraron con que allí sólo vendían niños. -Bárbaros -había dicho Hazel. Se gastaron todo lo que tenían en los esclavos: una mujer embarazada, un hombre muy flaco y sus tres hijos desnutridos, quienes habían sido vendidos para pagar sus deudas. Apenas salieron de la aldea, Hazel se quitó las sandalias y les sacudió el polvo de aquel lugar maldito. Luego liberó a los esclavos. -No es suficiente, pero es todo lo que podemos hacer -dijo Hazel. Si el clan de los lobos viajó con Hazel y el Rey Andar durante una semana, obligando a los lobos a cazar para ellos, seguramente ella se molestó mucho. Valda continuó: -Hazel se robó el amuleto y así mató a nuestro padre ya que el sólo comía carne. Durante el año siguiente comimos bien, pero después ya no tuvimos cómo atrapar a los grandes lobos pues no teníamos la cabeza de lobo. Algunos años lográbamos capturar uno o dos. Una vez atrapamos siete cachorros y los alimentamos durante un año antes de ponerles el collar. Ah, ese año fue una fiesta, ¿no fue así hermana? Pero la mayor parte del tiempo veíamos a nuestro padre morir de hambre. Enflaqueció hasta quedar en los huesos y finalmente murió. Ah, pero a ti no te importan nuestras desgracias. Ahora no tenemos cazadores... -con una mirada rápida a Siv, se corrigió-... debemos cazar solos, sin la ayuda de los lobos.
  • 116. El buscador de caminos Darcy Pattison 116 Siv dijo: -Nosotros seguimos la presa; nosotros nos llevamos el trofeo. Valda añadió: -He escuchado a los niños llorar muchos días porque nuestras mesas están vacías. Win preguntó: -¿No pueden comer otra cosa? ¿Plantas? ¿Aprender a pescar? -Mira los sembrados que mi hermana ha intentado cultivar -Siv señaló el triste jardín. Y sus pescadores no consiguen nada que valga la pena. Win trató de aconsejarlos: -Ustedes pueden aprender. Solamente necesitan cuidar mejor los sembrados, rociarlos con agua, desyerbarlos... Siv se levantó de nuevo de su asiento: -¿Ven cómo nos insulta? ¿Somos cazadores! No nos afanamos en el río intentando atrapar un pez maloliente. No cavamos en la tierra para sacar comida sin sabor. ¡Llenamos nuestros fosos para asar y nuestras ollas con carne, y mientras yo sea líder, el clan Steinolf seguirá siendo de cazadores! Win empezó a entender por qué la gente estaba tan flaca y se interesaban tanto en la señora Kala. El clan Steinolf era un grupo de excelentes cazadores sólo cuando tenían un lobo o un perro cazador que hiciera el trabajo por ellos. El orgullo los dividía entre los que apoyaban a Siv y los que estaban con Valda. Valda quería que la gente fuera práctica, que aprendieran a pescar y a cosechar correctamente. Siv y sus seguidores, la mayor parte del clan, se aferraban a sus prácticas de caza y se estaban muriendo de hambre y de orgullo. Separarlas de la señora Kala sería casi imposible. Era su único perro cazador y la cuidarían celosamente. Aunque lograra burlar al guardia, tendría que quitarle el collar o averiguar cómo lograba controlarla. Valda se puso de pie y le habló a la multitud: -Ustedes saben que mis palabras son ciertas. Por su mayor edad, mi hermana ha intentado guiarlos durante los últimos cinco años... pero ya no más. Yo he encontrado la cabeza de lobo. De una bolsa en su cintura sacó el amuleto. Triunfante, lo sostuvo en el aire. Dijo en voz alta: -¡Cabeza de lobo, cabeza de lobo! Los ojos de Valda brillaban a medida que escuchaba los murmullos de la multitud. Win comprendió que la había juzgado mal. A ella no le importaba si su pueblo cazaba o cosechaba. Sólo quería el poder; convertirse en el líder del clan de los lobos. A cualquier precio. Lentamente, la multitud empezó a repetir el cántico; los murmullos crecieron: -¡Cabeza de lobo! ¡Cabeza de lobo! ¡Cabeza de lobo! El cántico envolvió a Siv, que sin embargo se limitó a jugar con el collar de conchas. -¡Cabeza de lobo! ¡Cabeza de lobo! Los gritos aturdían a Win hasta al punto que pensó que su cabeza iba a estallar.
  • 117. El buscador de caminos Darcy Pattison 117 LA ÚLTIMA JOYA -¡Esperen! -Siv se levantó de repente y se ubicó detrás de Valda. Con un movimiento sorpresivo le arrebató el amuleto a Valda, quien, con una sonrisa burlona, dejó que lo tomara. La multitud inmediatamente se silenció, pero la tensión entre las dos hermanas hizo más pesado el silencio. Siv observaba el amuleto. Lo acariciaba con sus dedos, investigando sus secretos. Todos la miraban: -¡Bah! No tiene valor. -¿A qué te refieres? - Valda trató de recuperarlo, pero Siv lo sujetaba con fuerza. -Sólo tiene dos joyas rojas en los ojos. Hace falta una. La multitud gimió. Win pensaba en qué hacer ahora. Todos parecían dispuestos a seguir el mandato de cualquiera de las dos hermanas, dependiendo de cuál era más lista para llenar la olla de la comida. Con razón estaban tan flacos, no tenían un verdadero líder. Nada de eso lo ayudaba ahora. Trató de acordarse cómo había logrado para que Paz Naamit lo dejara continuar. Había encontrado la segunda joya roja. Tal vez la tercera estaba en la aldea y podría encontrarla. Se concentró en la imagen de las piedras rojas. Un Destino lo invadió y se dio cuenta de que la piedra se hallaba muy, muy cerca. Siv la tenía puesta, escondida, en el collar de conchas o en su camisa. ¿Por qué? ¿y por qué no contaba que la tenía puesta? Tal vez esperaba obtener alguna ventaja de ello. O tal vez no sabía que la tenía. De todas maneras, eso significaba que Valda era su única vía de escape. Levantó sus manos atadas pidiendo silencio: -Sé dónde está la última joya. -¿Dónde? -preguntó Valda. Sus dedos flexionados, como si le quisiera arrebatar el amuleto a Siv. Win dijo: -Primero, quítale el collar a la señora Kala. -Liberen al perro cazador -gruñó Valda-. Debemos tener la joya para el amuleto. Hulda se levantó y se acercó a la señora Kala. -Has ido demasiado lejos, hermana -Siv sacó el puñal y se acomodó en frente de la señora Kala. Su mirada desafió a la multitud-. No la toquen. Hulda se detuvo confundido, miró a Valda y a Siv nuevamente, como un cervatillo atrapado entre el lobo y el cazador. Apoyada incómodamente en su pierna herida, Siv apeló a la multitud: -¡Escuchen! Si liberamos al perro cazador, Win Eldras no tendrá motivos para ayudarnos. Primero,
  • 118. El buscador de caminos Darcy Pattison 118 esperen a que encuentre la joya de la cabeza de lobo. Los ojos de Win se achicaron. ¿Siv sabía que la joya estaba escondida en el collar de conchas? ¿Intentaba ganar tiempo? Él no se iría sin la señora Kala. -Hay muchas cosas que considerar aquí -enfrentada a la ferocidad de Siv, Valda de nuevo apelaba a la diplomacia-. Quieres a la señora Kala y también encontrar el Pozo de la Vida. Encuentra nuestra joya y te soltaremos para que continúes tu búsqueda del agua de la vida. Cuando regreses, purificarás nuestro pozo para que la plaga no nos lastime. La señora Kala será nuestro rehén, así garantizaremos tu regreso. La situación era peligrosa, especialmente para la señora Kala, quien no tenía voluntad propia mientras tuviera puesto ese collar de cobre. Sin embargo, Win pensaba que el Pozo estaba, como máximo, a un día de distancia. La señora Kala estaría bien durante ese tiempo. Entendió que no tenía más alternativa que confiar en ellos. Valda le preguntó de nuevo: -¿Dónde está la joya? Win se concentró en la última joya roja. Su mano se dirigió hacia el collar de conchas en el cuello de Siv. Dudó por un momento antes de señalar la concha más grande en el centro de la fila superior. -La joya roja está en esta concha. Los ojos de Siv se desorbitaron. -¿Escondida en mi collar? ¡Todo este tiempo! Se quitó el collar e inspeccionó la concha. Con la punta del puñal sacó la pequeña piedra roja. Antes de que Valda pudiera reaccionar, Siv la insertó en el tercer hueco de los ojos de la cabeza de lobo. -Para ti, padre -susurró y se puso el amuleto alrededor del cuello. Valda dio pisotones desesperados. Después, reconociendo que la habían vencido, se arrodilló frente a su hermana. Un profundo silencio se apoderó de la multitud. Una brisa repentina pasó por el quiosco rozando el techo. Agachándose, los ojos de Siv cambiaron de azul intenso a rojo brillante, como la piedra. Parecía no reconocer a nadie en la choza. Echó la cabeza hacia atrás y su pelo dorado se soltó en una melena desgreñada que bajaba más allá de su cintura. El girasol que se había puesto detrás de la oreja cayó al piso. Sentada, arañó el piso destrozando la flor. Estiró su larga nuca hacia el cielo. Un aullido feroz salió desde el fondo de su pecho: -¡Auuu, auuuuu! Win se estremeció al oír el triste aullido, pero el clan de los lobos enloqueció. Los tamborileros tocaban un ritmo enloquecido, los palos de hueso recorrían de arriba abajo los troncos como un grupo de lobos. El clan bailaba y le aullaba a Siv, pero con una aullido humano, no con aquel ruido extraño de lobo que salía de Siv. Una mujer delgada y vieja se sentó en el piso, y con lágrimas en los ojos, murmuraba: -¡Carne para la olla!
  • 119. El buscador de caminos Darcy Pattison 119 El resto del clan brincaba y abrazaba y celebraba el regreso de la cabeza de lobo al Clan Steinolf, gobernante de los lobos, el regreso a los tiempos de prosperidad. Valda había recuperado su compostura y gritó: -¡Llamaremos a los lobos al anochecer! El clan se unió al llamado. -¡Al anochecer! En medio de la celebración, Win cayó en cuenta de que nadie le prestaba atención. Se deslizó hacia la señora Kala y pasó una mano sobre su copete, todavía bien atado, y por el collar de cobre que la unía a Siv. Lo jaló y este se soltó. Ya pronto quedaría libre. Sintió un puñal en su garganta. Valda dijo: -¿Adónde crees que vas, hijo de Hazel?
  • 120. El buscador de caminos Darcy Pattison 120 EL ESCAPE Win tragó saliva al sentir el cuchillo de Valda sobre su piel. -Voy a buscar el Pozo de la Vida -dijo Win-. Necesito a mi perra cazadora. Valda apenas soltó una carcajada. -Hulda, átalo y enciérralo. Se los daremos a los lobos de comida cuando se encuentren en la gruta. Eso nos librará de la plaga. -¡Espera! Prometiste... -¡Nada! Win forcejeó con Hulda y los otros guardias, pero al final lograron tenderlo en el piso. Intentó llamar a la señora Kala, pero ella seguía acostada sin ver, sin importarle nada. Hulda se sentó sobre él, le amarró los pies y le puso un trapo en su boca. Después, colocó a Win sobre su espalda y lo llevó por todas la aldea hasta la choza que servía de prisión. Lanzó al chico adentro y cerró con llave la puerta. Durante toda la mañana en la aldea sólo hubo risas y canciones. Win se desesperaba de sólo pensar en la posibilidad de no poder regresar a la Madre Tierra con el Agua de la Vida. Todos morirían y las calles de G’il Rim estarían silenciosoas y fantasmales. ¿Y si Hazel estaba enferma? Forzaba los nudos, pero no cedían. ¿Estaría el príncipe vivo todavía? No podía hacer otra cosa diferente a escuchar las celebraciones del clan de los lobos. Hacia el medio día, la aldea se silenció. El clan de los lobos descansaba o dormía, preparándose para el llamado de los lobos esa noche. La choza de Win era caliente y estrecha y él se sentía mareado por el hambre y la sed. Finalmente, se durmió. De repente, una tela cubrió los ojos de Win y enseguida sintió cómo lo amarraban detrás de su cabeza. Una navaja fría, de hierro, se deslizó entre sus tobillos y cortó el lazo. Una mano lo levantó bruscamente y lo empujó hacia delante. Durante algunos minutos avanzaron por caminos destapados, entre el pasto alto que se enredaba en sus piernas y rozaban su cara. Su nariz le rascaba y estornudó, o intentó hacerla porque el trapo apagaba el sonido. La mano le apretó el codo y una voz le gruñó: -¡Silencio! Trató de soltarse, pero la mano le sujetaba el codo y algo... una lanza o un puñal... le chuzaba la espalda. No podía hacer nada mientras sus manos estuvieran amarradas y sus ojos tapados. Su ceguera amplificaba todos los sonidos: el roce del pasto, el zumbido de los mosquitos, la respiración de su raptor y, detrás de aquel, pensó, el movimiento de otra persona. ¿Había alguien más con él? ¿Adónde lo llevaban?
  • 121. El buscador de caminos Darcy Pattison 121 Pronto pasaron del pastizal a un sendero de tránsito más fácil para el ciego Win. Caminaron alrededor de una hora antes de que la mano lo apretara de nuevo y lo obligara a detenerse. Su garganta estaba tan seca como la arena y su estómago se quejaba. No sabía cuánto tiempo podría continuar. La mano lo hizo arrodillarse. Le retiraron la tela alrededor de sus ojos. Arrodillada al lado de Win estaba Siv. La luz del sol se filtraba por entre los tallos del pasto y las sombras se confundían en su pelo. Su compañera casi podía mezclarse con la vegetación y pasar desapercibida, excepto por sus ojos azules, pensó Win. ¿Por qué lo había traído hasta aquí? Siv sacó su puñal. ¿Lo iba a matar? Cortó el lazo de sus manos y le retiró el trapo de la boca. Win se lamió los labios, tratando de que su boca volviera a su normalidad, después se pasó las manos donde el lazo había quemado sus muñecas. ¿Qué se traía entre manos? Siv se levantó y silbó, un sonido como de pájaro. La señora Kala apareció, obedeciendo la orden de Siv. Sus ojos todavía estaban apagados, y su pelo, enredado y andrajoso. Pedazos de pasto colgaban de su piel. Un sollozo se ahogó en la garganta de Win. Se abalanzó sobre ella, pero Siv lo amenazó con el puñal. -Quédate donde estás. La señora Kala se arrastró hacia su nueva dueña con la cola entre las piernas, las orejas aplastadas y la barriga rozando el piso. Siv se arrodilló y suavemente le retiró el collar de cobre. La señora Kala cayó al piso como si estuviera exhausta. Win quería correr hacía ella, pero el puñal de Siv lo obligó a permanecer inmóvil. Win preguntó: -¿Por qué? Siv arrancó un tallo de pasto y lo empezó a masticar. -¿Te llevarás la cabeza de lobo y te asegurarás de que sea destruido? -sacó el amuleto de madera de una bolsa que tenía a su lado. ¿Destruirlo? ¿Sabiendo que tenía tanto poder? -No entiendo -dijo Win. -El clan Steinolf no gobierna a los lobos, es esclavo de ellos. Hemos sufrido mucho durante los últimos años, dependemos demasiado de los lobos. Debemos aprender a cazar solos, a ser fuertes gracias a nuestras propias habilidades Siv dijo esto desafiante, casi asustada de que Win no le fuera a creer. Win parpadeaba, sin acostumbrarse del todo a la luz ahora que no tenía la venda sobre sus ojos: -Esa no es la única razón. Siv apartó la mirada: -Viste lo que me hizo el amuleto. -Casi te convirtió en un lobo.
  • 122. El buscador de caminos Darcy Pattison 122 Siv se estremeció: -En los viejos tiempos, el jefe entrenaba a su hijo mayor para llamar a los lobos a la gruta. El hijo aprendió a usar el amuleto gradualmente y se acostumbró a la... la transformación -le lanzó el amuleto a Win-. No puedo hacer eso de nuevo. Era... salvaje. Horrible. Además, lo que dije era cierto. Necesitamos ser fuertes gracias a nosotros mismos y no depender en otras criaturas y esclavizarlas. Win asintió despacio: -Me llevaré el amuleto, pero no lo destruiré; es posible que algún día necesiten de los lobos. Saca la joya del centro y escóndela como antes. Siv sacó la joya con su puñal. Win le preguntó: -¿Sospechará Valda que me ayudaste a escapar? -Tal vez. Pero no puede probar nada. Se organizará una gran búsqueda, que yo lideraré. Te daré algunas horas de ventaja, pero debes moverte rápido, No dejes señales, Si te encuentro, tendré que matarte -le entregó el amuleto del lobo, ahora inservible sin la tercer piedra. -¿Estás segura de que no quieres esconderlo tú misma? -¡No! Valda lo encontraría y estaría tentada a usarlo; está obsesionada por poder. Mejor que esté lejos de nuestras tierras. Win se acordó de la advertencia de Paz Naamit: “Cuídate de aquel que busque el poder”. Win ejercitó sus rígidos brazos. -Siv, tienes toda la razón al pensar que tu pueblo debe sobrevivir sin los lobos. Pero escucha a Valda y a los demás. Necesitan varias fuentes de alimento para que el clan sobreviva. Deben aprender a cosechar, a pescar, a cazar. Si lo hacen, el clan podrá prosperar Siv sacudió su cabeza y su pelo se ondeo como las olas, como los pastos de la pradera agitados por el viento. -¡No! Somos cazadores. -Entonces practiquen la caza, pero también la pesca y la agricultura. No hay vergüenza en ser pescador o agricultor o cazador, pero sí en esclavizar a los lobos. Siv señaló el camino delante de ellos: -¡Váyanse! Antes de que me enoje y cambie de opinión. Se hizo a un lado y dejó que Win se acercara a la señora Kala. Win se imaginó que dejar libre a la perra cazadora era la parte más difícil para Siv; ella ansiaba tener un perro cazador. Win se arrodilló al lado de la señora Kala y sintió ganas de llorar al ver su apariencia descuidada. Le susurró telepáticamente: -¿Me puedes oír? -Sí -era una voz débil, pero al menos le podía responder. Win miró a Siv: -¿Qué le pasa? ¿En cuánto tiempo recuperará su fuerza? -Uno o dos días después de quitarse el collar. Para mañana en la mañana estará normal. -Será una noche dura si se afanan por buscarnos, pero te aseguro que seremos difíciles de
  • 123. El buscador de caminos Darcy Pattison 123 encontrar. ¿Nos puedes dar agua y comida? -se pasó la lengua por los labios secos; se moría por un trago de agua. Siv le entregó una cantimplora llena de agua y una pequeña bolsa. Win tomó la cantimplora y la puso en la boca de la señora Kala. Después, él también tomó. Miró en la bolsa; estaba llena de carne. Se metió un pedazo en la boca. -Gracias. ¿Cómo te puedo pagar? Siv le entregó dos cantimploras, una grande y una pequeña. -Llena estas con agua del Pozo de la Vida. Deja la pequeña para mí, en la cima de la cascada. La necesitaremos en caso de que hayas traído la plaga. -En la cima de la cascada. Búscala en dos días, tres como máximo. Win volvió donde la señora Kala y le dio un pedazo de carne. Su boca se movía lentamente. Se acordó de una vez que Zanna cayó enferma de fiebre y él la había alimentado con cuchara. Se encontró moviendo su mandíbula arriba y abajo al mismo tiempo que ella. Esta vez apretó los dientes y se limitó a observar a la señora Kala comer. Cuando finalmente terminó, le dijo suavemente: -Debemos irnos. ¿Puedes viajar? Levantó la barriga del piso polvoriento, pero su cabeza permanecía inclinada, con el flequillo de las orejas arrastrándose por el piso: -Vamos. Win se dirigió hacia el mar de vegetación, con la señora Kala detrás, y juntos se perdieron entre las sombras. Siv le dijo por última vez: -Recuerda que yo lidero la búsqueda esta noche. Escóndete bien.
  • 124. El buscador de caminos Darcy Pattison 124 LA VEGETACION Aunque la fatiga intentaba dominarlo. Win trotaba por el camino que se internaba en la vegetación, mientras Kala se tambaleaba detrás en un trote vacilante. No sabía cuánto tiempo podría correr su compañera o hasta dónde. Quería levantarla... estaba seguro de que tenía la suficiente fuerza para cargarla durante un buen rato... pero ella no lo permitiría. -Necesitas tu energía -le dijo ella. Cuando estaban fuera del alcance de Siv, Win se detuvo. -Siv se imagina que seguiremos el camino; tenemos que hacer algo inesperado. Seguiremos mi Destino hacia el Pozo caminando en línea recta. No usaremos los senderos. La señora Kala estuvo de acuerdo. -No deben atrapamos. Ese collar... Win, si alguna vez me lo vuelven a colocar, debes... no puedo vivir de esa manera. Win se arrodilló para mirar a la señora Kala directo a los ojos; retiró un mechón de pelo que caía sobre su ojo izquierdo. -Señora Kala, somos libres, y Siv dijo que mañana estarás bien. Su cabeza se recostó sobre sus patas. -El Destino. Búscalo y continuemos -le susurró. Win se concentró en le pozo. El Destino era fuerte y el pozo estaba a medio día de camino. -Por aquí. ¿Estás bien? La señora Kala se trató de levantar pero se tropezó y cayó. Se sacudió desde la nariz hasta la cola, como tratando de eliminar los efectos del collar. -No, pero debemos seguir. Los cazadores pronto nos buscarán. Trató de levantarse de nuevo, pero no pudo. -No estás en condiciones de viajar. Pero debemos movemos y rápido. -¿Qué podemos hacer? -¿Puedes encontrar el sitio donde los lobos tienen su guarida? Win asintió con su cabeza. -¿Quieres buscar refugio con los grandes lobos? -Sí. Me quedaré con ellos hasta que regreses. Win caminó de un lado a otro por el sendero. -No. Los lobos nos pueden despedazar. -A ti te destrozarían, pero a mí no. Ya tuve puesto el collar. De todas maneras, prefiero enfrentar a
  • 125. El buscador de caminos Darcy Pattison 125 los lobos y no a Valda. Win se acordó del grupo de coyotes en la Grieta y cómo la señora Kala observaba anhelante al coyote más fuerte y a los cachorros que jugaban a sus pies. ¿Quería unirse a ellos ahora? ¿Lo dejaría solo en este inmenso mar de vegetación? -No, no quiero unirme a la manada de lobos -dijo ella, leyendo su mente. En su conversación se empezaba a sentir su habitual arrogancia. -Estoy extenuada y no puedo viajar. Debes encontrar el pozo solo Y volver por mí. -¿Estás segura que no tratarán de matarte? -He tenido puesto el collar... sólo durante unas horas... me ha cambiado. Es el último deber, la orden que no puedes desobedecer. Pude entender la mente de Siv como nunca lo había hecho con los humanos. Estos lobos han cambiado y reconocerán el cambio en mí también. -No estás lo suficientemente fuerte. Además, no sabemos dónde está la guarida. -Hay otras maneras de encontrar -dijo ella-. Ya puedo olerlos. Anoche estuvieron algunos aquí. Win dio la vuelta y buscó sus ojos amarillos y brillantes. Allí abajo las sombras eran más intensas y el viento susurraba a través de los largos tallos. Cualquier cosa podía salir de la profundidad de aquel mar de vegetación. Unas hojas largas le rozaron la cara y él saltó hacia atrás. -De acuerdo, vamos donde los lobos -le dijo él. Por un momento, se preguntó si habría tiempo de peinarla; odiaba verla tan desarreglada. En ese momento se dio cuenta de que su morral, con el cepillo de jade y todos sus suministros, había desaparecido. Todo lo que tenían era el agua y la carne que Siv les había dado. La señora Kala se levantó, aún vacilante: -Por aquí. Detrás de ellos, oían los grandes tambores que resonaban en la creciente oscuridad. Win la apremió: -Apúrate, ya se dieron cuenta de que escapamos. Como si respondiera a los tambores, en la distancia se escuchó el aullido de un lobo. Empezó con una nota alta y bajó melancólicamente un octavo o más antes de que el resto del grupo se uniera. Estaban atrapados entre el grupo de lobos y los guerreros de Siv. Sin dudarlo. la señora Kala tomó ~a delantera hacia la ondeante vegetación ... directo hacía el grupo de los lobos.
  • 126. El buscador de caminos Darcy Pattison 126 EL CLAN La noche era oscura y fría, demasiado para ser época de sequía. El viento había aumentado desde el ocaso, trayendo nubes que ocultaban las estrellas. Win caminaba hacia los aullidos de los lobos, aunque prefería seguir el destino para el pozo. ¿Y si ya era demasiado tarde para salvar la Madre Tierra? Siguió a la señora Kala, confiando en que Siv no hubiera empezado a buscarlos. Un relámpago se divisó en la distancia. Win echó un vistazo a su compañera. La señora Kala lucía mejor, con su cabeza erguida y caminando con más firmeza. -¿Sabes dónde estamos? -le preguntó él. -Sé que estamos en territorio de lobos; su olor es intenso. Pero con un viento tan fuerte, no sé su posición exacta. También huelo agua, tal vez un riachuelo o un lago. Caminaremos contra el viento, descansaré cuando encontremos el agua. Win giró hacia el noroeste, en contra del viento, y avanzó. De repente, los sorprendió un ventarrón que inclinó los tallos de pasto hasta la altura de sus rodillas, como una marea en decadencia. Aunque estaba arrodillado e inmóvil, Win casi no podía sostenerse. Cuando el ventarrón pasó, continuaron, él con la cabeza agachada y parpadeando por el polvo que se había metido en sus ojos. Seguramente iba a llover. Sin previo aviso, un relámpago iluminó el cielo oscuro, partiéndolo como un rompecabezas. Detrás de ellos y a la derecha, vio algunas siluetas: ¡el clan de los lobos! ¡En su búsqueda! Se dejó caer al piso. ¿Los habían visto? -¿Los viste? ¿Por qué no lo advertiste con su olfato? -le reclamó a la señora Kala. Caminan con el viento. Claro. Él debió saber eso. -No creo que nos hayan visto. ¿Se están moviendo? Win levantó la cabeza, pero la oscuridad era absoluta; sin los relámpagos, estaba ciego. Trató de acordarse de la escena exactamente como la había visto. Un grupo de guerreros ubicados a un lado, miraba otras dos siluetas. ¿Qué estaban haciendo? Se enfrentaban y luchaban, pensó él. Las figuras tenían el mismo porte, la misma altura, el mismo perfil. -¿Estarán peleando? -le preguntó a la señora Kala. -Vamos hacia ellos. Necesitamos saber qué está pasando. A regañadientes, Win se concentro en la imagen de las dos hermanas. Ese tipo de Destino era fácil. Puso una mano sobre la señora Kala y se arrastraron entre el pasto hasta estar lo suficientemente cerca
  • 127. El buscador de caminos Darcy Pattison 127 como para escuchar. -¡Los dejaste ir! ¿Después escondiste el amuleto del lobo? -la voz de Valda era fría y triunfante. -¡Lo hice por el bien del clan! ¿Acaso no lo ves? -gritó Siv. -¡Escondiste la cabeza del lobo! -la voz de Valda delataba su deseo de poder-. Luego, exigió: -Hermana, dime dónde está. Entonces Valda aulló con dolor: -¿Adónde se fue? ¡Atrápenla! La voz de un miembro del clan dijo: -Valda, no podemos ver nada en esta oscuridad. Necesitamos antorchas. Otra voz: -Antorchas no. El pasto está demasiado seco. Valda dijo: -Encuentren a Siv. La señora Kala escuchó por un largo rato. -No se preocupan por nosotros. -Dejémoslos que peleen entre ellos. Vamos. Win dio la vuelta para seguir la dirección opuesta del viento nuevamente. Aunque el viento estaba más calmado, todavía inclinaba los tallos de pasto, dificultando su andar. Win y la señora Kala caminaron sin parar durante media hora, escondiéndose varias veces cuando los relámpagos amenazaban con exponerlos. Pero no había signo de que los persiguieran. De pronto, la señora Kala se puso rígida. Se detuvo por completo y levantó la cabeza. Su voz tembló. -Lobos, y cerca.
  • 128. El buscador de caminos Darcy Pattison 128 LOS LOBOS El delgado cuerpo de la señora Kala temblaba. Se paró de nuevo, cabeza levantada, oliendo el aire. -¿Estás asustada? -le preguntó Win. -No asustada, emocionada. Los lobos deambulan por la pradera... ¡Libres! Después del collar... -Recuerda al príncipe Reynard. ¡Nos necesita! -le recordó Win con firmeza, después se detuvo. La señora Kala quería librarse de la vida aburrida que le esperaba en las Perreras Jamila. Esta podía ser su única oportunidad y tenía que dejarla ir. Hacia el este, las nubes se arremolinaban y escondían la luna a medida que salía. -Hay un árbol allá, seguramente al lado del agua. Allí estaré mientras hablas con los lobos. La señora Kala dijo: -Yo te llamaré para contarte lo que me digan Si me dejan quedar, te veré de nuevo en uno o dos días, cuando hayas regresado del Pozo -sin mirar atrás, se alejó. -Ten cuidado -le dijo él. Odiaba dejarla ir sola. La señora Kala caminó en contra del viento, como hipnotizada, guiada por el olor de la manada. Win quería seguirla, para protegerla... La angustia se apoderó de él y se abrazó con fuerza. ¿Protegerla? ¿De la misma manera como había protegido a Zanna? Se recostó contra el tronco del árbol de cara al viento. Tenía un Destino para la señora Kala y sabía cada paso que daba, pero no podía interferir. Sólo tenía que encontrar el Pozo de la Vida y volver donde Hazel. ¿El agua sanaría su dolor, también? De repente, juntó sus rodillas con su pecho y enterró la cara entre sus brazos. El fuerte viento revoloteaba alrededor suyo, trayendo nubes espesas. Sin embargo, la lluvia no caía. El lamento de los vientos coléricos sonaba a través de los largos tallos, azotándolos en una y otra dirección. El aire estaba pesado, pero aún no caía la lluvia. Con gran esfuerzo, se levantó y miró entre la vegetación. ¿Dónde estaba la señora Kala? Se supone que le haría saber cuando encontrara a los lobos. Revisó el Destino. No estaba lejos, pero ya no se movía. Seguramente hablaba con los lobos. Un escalofrío atravesó la espalda de Win. ¿Se quedaría con ellos? Luego, escuchó tambores en la distancia. ¿Dónde estaba el clan de los lobos? Tenía un Destino para Siv; estaba muy cerca de la Señora Kala. ¿Dónde se encontraba Valda? Casi encima de la señora Kala. ¡Algo andaba mal! Win se concentró en la cazadora Tazi y dejó que el Destino lo guiara a lo largo del arroyo,
  • 129. El buscador de caminos Darcy Pattison 129 caminando contra el viento. Se sorprendió al ver que el piso se inclinaba levemente pues había pensado que la llanura era totalmente plana. La inclinación continuaba, pero el Destino seguía la orilla del arroyo. Lentamente, la tierra fue elevándose a su alrededor hasta que se encontró en un valle. El fondo de rocas se elevaba, formando lados casi rectos de roca pura: ¡la gruta! Siv y Valda habían dicho que buscarían a los lobos esa noche en la gruta. ¡La señora Kala iba directo a una trampa! La luna se escapó de una nube y de repente la gruta quedó iluminada con una luz plateada que se reflejaba en las nubes. Win se escondió detrás de un arbusto. La mayoría de los lobos estaban recostados contra las grandes rocas en la parte de atrás de la gruta. Sobre una piedra grande y plana el líder hacía guardia. Era dos veces más grande que el coyote jefe, un verdadero gigante. Sus patas eran inmensas y ni su pelo oscuro .Y grueso podía esconder sus músculos. Sus ojos amarillos brillaban como estrellas distantes y frías mientras observaba a la señora Kala acercarse. ¿Dónde estaban Siv y Valda? El viento silbaba abajo en la gruta, y así la manada no percibía el olor de los intrusos. Siv se había escondido detrás de un arbusto, a la izquierda, y observaba acurrucada y silenciosa. Valda estaba detrás de una roca, a la derecha del río. Estaba sola; aparentemente el resto del clan había sido enviado de vuelta a la aldea. Tenía una ballesta corta y poderosa en la que había asegurado una flecha. Apuntó a un sitio detrás del lobo jefe, donde una magnífica hembra de color plateado estaba parada al lado de su cachorro. ¿La compañera del lobo jefe y el cachorro de ambos? ¿Qué pretendía Valda? Siv corrió agachada hacia el arroyo, lo saltó y se lanzó sobre Valda. El lobo jefe saltó también, pasó por encima de la cabeza de la señora Kala y corrió hacia Siv chapoteando en el agua de la quebrada y a través de la roca desnuda. Valda jaló la cuerda del arco y lanzó la flecha, directo hacia la cabeza de la loba. Siv saltó al aire y gritó: -¡No! La flecha pegó justo debajo de la nuca de Siv, hundiéndose profundamente en su cuerpo. Siv cayó, con su larga cabellera alrededor y brillando a la luz de la luna, como si se tratara de un fantasma. -¡Estúpida! -gritó Valda-. Sólo quería matar a la hembra para atrapar al cachorro. Necesitamos los lobos. Después, el lobo jefe tumbó a Valda y le puso sus inmensas patas sobre su blanca garganta. Gruñó. Pero Win escuchó que la señora Kala le decía: -No, mi señor, no la mate. La manada de lobos se encontraba justo detrás del líder y ahora rodeaba a Siv y a Valda. La señora Kala ignoró sus gruñidos y caminó entre ellos como una reina entre su corte. Se detuvo al lado del lobo mayor, que era algo más alto que ella. Movió su cola y se recostó. Puso su cabeza sobre su patas en signo de sumisión. -Mi señor, estas personas ya no deben preocuparte. La cabeza de lobo ha sido destruida -ella mentía-. Nunca más tendrás que responder a su llamado. Ahora pelean entre ellas. ¡Bah! No valen la
  • 130. El buscador de caminos Darcy Pattison 130 pena. -Casi mata a Grael, mi compañera. -Pero en cambio, esta recibió la flecha. Te lo digo nuevamente: Deja que peleen entre ellas. Piensa. Eres libre, no hay cabeza de lobo que te ate. El lobo pasaba su mirada del rostro aterrado de Valda a la cara fervorosa de la cazadora Tazi. Extendió sus garras, después quitó su pata de la garganta de Valda. La señora Kala dio un paso adelante, bajó su barbilla y rozó su nariz contra la poderosa mandíbula del lobo. Su cola se agitó. Después el lobo dio un paso hacia atrás. Levantó su hocico hacia el cielo, estiró su larga y pálida garganta y aulló: -¡Auuu! ¡Auuuuuu! La señora Kala se sentó junto al resto de la manada y se unió a sus aullidos: -¡Auuu! -Has tenido puesto el collar. ¿Te unirás a nosotros en la cacería? -el lobo le rozó las orejas con el hocico. -Sí. Los lobos y la señora Kala dieron la vuelta y salieron en silencio de la gruta ignorando a las dos hermanas. Aún escondido detrás de los arbustos, Win se preguntaba si los lobos podían olerlo, pero si así era, lo ignoraban. Casi llamó a la señora Kala cuando pasó a su lado, pero se contuvo. Ella había tomado su decisión. Era parte de la manada y dejaba de ser su responsabilidad. No sabía si estar triste o alegre. Ella tenía lo que ningún cazador de la realeza de las Perreras Jamila había tenido por años: una manada con quien correr libremente.
  • 131. El buscador de caminos Darcy Pattison 131 LA BÚSQUEDA Las nubes cubrieron la luna de nuevo, y la tormenta eléctrica resurgió con fuerza. Los relámpagos inundaban el cielo, pero todavía no había lluvia. La electricidad en el ambiente hacía que el pelo de Win se erizara. Valda estaba atendiendo a Siv y él no quería verse envuelto en sus peleas. Sólo tenía una cosa por hacer: encontrar el Pozo de la Vida. Siguió el arroyo de vuelta a la abertura de la gruta en el valle. Se detuvo brevemente para tomar agua y a los lejos, entre el pastizal, escuchó la manada de lobos aullando de nuevo. En poco tiempo habían recorrido una larga distancia. Trató de distinguir la voz de la señora Kala entre los aullidos. ¿Le gustaría la vida de los lobos? Ignoró los sonidos del grupo y se concentró en el Destino impuesto por el príncipe Reynard. El pozo de granito aparecía en su visión y ansiaba sumergir sus manos entre su agua fría y cristalina. ¿Lo sanaría? Cansado, Win avanzó por el pasto hacia el Pozo. Trotaba con desgana, jalado como en hipnosis por el Destino. Un relámpago cayó y el trueno lo asustó. El relámpago debía haber caído muy cerca. El cielo se iluminó de nuevo, llenando de luz los senderos entre la vegetación. Win se dio cuenta de que los relámpagos habían cesado, pero el cielo estaba iluminado. ¿Acaso la mañana ya se acercaba? Un extraño olor lo sacó de su hipnosis. Áspero, amargo, como de algo chamuscado. ¡Humo! Los relámpagos habían iniciado un incendio en el pastizal. Llamas anaranjadas corrían por la seca vegetación. Una línea de fuego lo enviaba hacia el este, donde estaba la aldea. Vientos arremolinados alimentaban las llamas y esparcían el denso humo negro a través de la llanura, amenazando con destruir lo que las llamas no habían cubierto. Desde ya, el humo entorpecía su visión, casi tanto como la neblina del F'giz. Win corrió hacia el arroyo y se metió en el agua, empapando su ropa. Correría hacia el oeste, para alejarse del incendio y dirigirse al pozo. -¡Win! -la voz de la señora Kala venía de tan lejos que apenas si podía escucharla-. ¡Win! Estamos rodeados por el incendio. Win... Win tenía un Destino para la seño- ra Ka a. En un 1 ínstante, l humo negro formaba olas sobre él, pero no -¡Señora Kala! -Win la llamó mentalmente una y otra vez. ¿Por qué no respondía? Luego, se dio cuenta de que el Destino no se movía. ¡La señora Kala estaba en mitad del incendio y no se movía! El Destino estaba más claro; él se estaba acercando. Un lobo de cara blanca salió de pronto del
  • 132. El buscador de caminos Darcy Pattison 132 humo negro y desapareció igual de rápido. Los lobos corrían, escapando del incendio. ¿Por qué la señora Kala no? El humo quemaba la garganta de Win. Tosía buscando aire limpio. Abrió su camisa y se la puso sobre su boca tratando de respirar a través de la tela mojada. No sabía si se sentía abrumado por la falta de aire o porque el Destino estaba tan cerca. Ahora escuchaba el rugido de las llamas, mordiendo, rompiendo y tragándose la vegetación. Frente a él apareció una pared de llamas, mortalmente caliente. -¡Señora Kala! -el grito era curiosamente vacío, el humo grueso y negro se comía sus palabras. El Destino lo jalaba hacia las llamas. Se protegió la cara con sus brazos y dio un paso con cuidado. Luego, lo supo con certeza: la señora Kala estaba al otro lado de las llamas. La podía salvar sólo corriendo a través de ellas. El temor lo paralizó. Su cuerpo quedaría carbonizado si trataba de atravesar la pared de llamas. Trató de respirar hondo y sus pulmones se llenaron de humo. Tosió de nuevo, doblado y temblando. Sólo tenía que dar la vuelta y correr para alejarse de las llamas. Nadie esperaría que él enfrentara un incendio para encontrar a la señora Kala. Pero él sí esperaba eso de sí mismo. Así tuvo que haber sido con Zanna. No le había fallado ni a Hazel, ni a Eli, ni al Gremio de los guías; se había fallado a sí mismo. ¿Enfrentaría sus temores y trataría de salvar a la señora Kala? ¿O daría la vuelta y se iría... y comprobaría que era un cobarde? Cobarde. La palabra lo había atormentado en su conciencia durante las últimas seis semanas. Zanna había muerto porque él era un cobarde. La llamas se le acercaban más y se sentían más calientes. Tenía que decidir. Prefería morir que vivir como un cobarde. Las chispas le caían como cascadas a su alrededor, a medida que las llamas se acercaban. Esforzándose por ver, no podía distinguir si un sitio era más amplio que otro, y el Destino lo guiaba derecho. Win se lanzó hacia las llamas.
  • 133. El buscador de caminos Darcy Pattison 133 Cuarta parte LA CURACIÓN
  • 134. El buscador de caminos Darcy Pattison 134 LA MONTAÑA Win tragó aire caliente y contuvo la respiración. El tiempo se detuvo. El destino lo empujaba hacia delante. Sólo sabía que corría, sentía el ardiente pasto y la urgente necesidad de aire. Flotaba en un baño de fuego, mientras que sus piernas se chamuscaban solas abajo. La llamas se interrumpieron, agonizaron y murieron atrás, donde el fuego se había comido todo su combustible. Win se quedaba sin aliento y respiraba aire hirviendo. Los dobladillos de sus pantalones se quemaban, su pelo se chamuscaba y sentía sus mejillas llenas de ampollas. Pero estaba vivo. ¡Lo había logrado! ¿Dónde estaba la señora Kala? La llanura todavía ardía y sus sandalias no lo protegían del intenso calor. Esquivando pequeños parches de llamas, corría en los dedos de los pies, siguiendo el Destino. Todavía estaba lo suficientemente cerca de las llamas como para que iluminaran su camino con su brillo sobrenatural. Su propia sombra se alargaba mientras saltaba levantando sus pies calientes. El Destino lo abrumaba, pero el humo todavía escondía a la cazadora Tazi. Tanteaba su avance a través del hedor del calor. Una ráfaga de viento aclaró un espacio, mostrando cúmulos que se veían quietos, como inmensos bultos de carbón negro. Win temblaba de sólo pensar en que ya era demasiado tarde. Apretó sus dientes y llamó: -¡Señora Kala! Tenía que estar viva. De alguna manera, tenía que estar viva. Después, entendió que aún había un Destino. Si estuviera muerta, el Destino habría desaparecido. Pasó dos montículos y llegó al tercero. Encontró dos bestias, perros o lobos, no estaba seguro. De un empujón, quitó el que estaba encima. En la luz tenue del incendio, reconoció al lobo jefe. Debajo de él y protegida de la parte más peligrosa de las llamas estaba... sí, oh, sí... ¡La señora Kala! Apenas respiraba; tenía sus patas traseras quemadas y ampolladas, pero seguía con vida. Win puso su mano sobre el lobo pero no sintió su pulso. ¿Se habría lanzado deliberadamente sobre la Señora Kala para salvarla? ¿Había entregado su vida para protegerla? -¡Gracias! -susurro Win. Le jaló las patas delanteras y le dio vuelta para liberarla del cuerpo del lobo. Se quitó la cantimplora y trató de darle agua. -Señora Kala, ¡despierta! El agua rodaba fuera de su boca y caía sobre la tierra hirviendo. Su pulso era lento e inestable y le
  • 135. El buscador de caminos Darcy Pattison 135 costaba trabajo respirar. El humo los invadiría pronto. Tenía que conseguirle ayuda. ¿Dónde? ¡Claro! El Agua del Pozo de la Vida la sanaría. Win la alzó suavemente en sus brazos, enorgulleciéndose de su amplio pecho y sus fuertes músculos. La sentía ligera en sus brazos, como si su espíritu ya se hubiera marchado. ¿Por dónde? El cuerpo de la señora Kala lucía muy quemado y estaba en shock. Moriría si no encontraba el pozo. Win se concentró un momento y el Destino llegó fuerte y seguro. Empezó a correr con largas zancadas y Con un ritmo suave, esperando no molestar demasiado a la señora Kala y mantener el mismo paso. Al principio tuvo que esquivar sectores en llamas, pero pronto cruzó la línea donde el incendio acababa definitivamente. El Pozo de la Vida se encontraba a varias horas de distancia. No podía vacilar; no podía llegar tarde. No miraba al cuerpo quieto que estaba en sus manos. Sus ojos estaban fijos en el pozo y no se detendría ni se desviaría hasta encontrarlo. Corría atravesando el campo, en una carrera por la vida de la cazadora real de las Perreras Jamila. La noche pasó en un instante. La tormenta eléctrica seguía esparciendo relámpagos por todo el cielo negro. Sólo viento y nubes y relámpagos. En los ocasionales momentos de luz, Win sólo veía pasto; ningún lindero. El Destino era un timón que lo conducía hacia el noroeste. En la última hora, las nubes de la tormenta finalmente habían cedido y algunas estrellas lo acompañaban. Win no se daba cuenta de la tormenta ni de las estrellas. Apenas sentía el roce del pasto, el sudor que le rodaba por la espalda, el peso increíblemente liviano de la señora Kala y el dolor en sus pies ampollados. Todo lo que veía, todo lo que sabía se reducía al pozo de granito y sus aguas tranquilas, que sanarían a la señora Kala. Todo lo que importaba era el significado de su búsqueda. El cielo se tornó más claro, y ahora Win podía reconocer los perfiles de las briznas de pasto contra el cielo gris. El Destino era más fuerte. ¿Cuánto más lejos? Parecía que el pasto era más delgado, con más parches, tal vez más corto. Continuó corriendo a medida que el cielo se iluminaba más. El rojo del amanecer teñía de carmesí los cedros que colgaban del borde de la montaña de granito. Antes, Win habría analizado la forma de subir la montaña, pero ahora no tenía tiempo para eso. En cambio, dejó que el Destino lo jalara. Más cerca de la montaña, el pasto se hacía más delgado y les cedía el paso a pequeños arbustos y pinos. En frente suyo, en la pared de la montaña, había una pequeña abertura. Lados suaves y perfectamente derechos se levantaban a su alrededor, a medida que el camino se inclinaba hacia arriba. En vez de continuar derecho, subía y bajaba como en una montaña rusa que lo demoraba. Win, apremiado por la urgencia, corría cuando el camino era recto y maldecía al taparse con una curva. Le costaba trabajo respirar y su boca estaba reseca de correr toda la noche. Ansiaba tomar agua y la visión del pozo le agudizaba su sed. Cuando salió del túnel, esperó encontrarse cerca de la cima. Pero el camino continuaba, esta vez a lo largo de la pared, recordándole a Win el descenso hacia la Grieta. Los senderos todavía eran amplios y no tenía tiempo para asustarse con las alturas. Sólo tenía tiempo de correr, de seguir las curvas del camino.
  • 136. El buscador de caminos Darcy Pattison 136 Finalmente llegó a la cima. Hacia el este, el cielo se encendía en rojos y corales, teñidos de humo negro. -Ya casi llegamos -le dijo a la señora Kala. La respuesta de ella fue un gemido. Y entonces dejó de respirar.
  • 137. El buscador de caminos Darcy Pattison 137 LA PREGUNTA Win sacudió a la Señora Kala: -¡Respira! Por un largo rato sólo hubo silencio. -¡Respira! -Win contuvo su propia respiración. Luego la Tazi respiró largo, hondo y de forma inestable. Asustado de llegar otra vez tarde, Win empezó a correr por el camino. El camino corría hacia el oeste unos trescientos metros antes de girar hacia el norte. Pinos mutilados y torcido escondían el sol. La arena negra estaba llena de hojas de pino y ramas que se habían caído por los vientos de la noche anterior. Esquivaba o saltaba sobre los pedazos grandes pero pisaba el resto. Entre más lejos corría, menos pinos veía, hasta que llegó a un círculo de granito negro y bien cuidado. A lo largo del sendero se encontraban filas de columnas negras que semejaban centinelas. Cada columna tenía una base ovalada que terminaba en punta, y tenía unos treinta metros de largo. Si Win se paraba entre dos de ellas, podía tocarlas al mismo tiempo, separadas apenas por un metro. Podía ver otras filas de columnas que se dirigían hacia el centro desde el este, el oeste y el norte. ¿El Pozo de la Vida estaba en el centro? Creía que había un círculo de columnas pero no podía ver lo que había adentro. Seguramente era el pozo de su visión. El círculo estaba en silencio, no se oían ruidos de pájaros o insectos en la lúgubre y árida grandeza... como si cualquier ruido fuera un sacrilegio. Win se arrodilló respetuosamente y quiso quedarse allí, afuera del círculo de columnas. Pero no podía darse el lujo de perder tiempo: la respiración de la señora Kala empeoraba, ahora convertida en jadeos irregulares. No podría resistir mucho más. Se levantó, cargando a la señora Kala en una posición mucho más cómoda. Dio un paso entre los guardianes de piedra. De repente, un grito agudo rompió el silencio y una figura negra apareció arriba. -¿Por qué buscas el Pozo de la Vida? -una espada en llamas pasó frente a su cara, empuñada por una figura cuya cara estaba oculta por la capucha de una túnica negra. El mango de la espada brillaba a causa de las joyas que tenía incrustadas: rubíes, esmeraldas, diamantes y zafiros. Los dos lados de la espada estaban bien afilados, pero eran las llamas lo que más asustaban a Win. Llamas azules lamían los bordes de plata, cegándolo. No podía proteger los ojos porque sus brazos estaban ocupados cargando a la senara Kala. Entonces, cerró sus ojos, se dio la vuelta y salió por el corredor de las
  • 138. El buscador de caminos Darcy Pattison 138 centinelas. Miró hacia atrás. La centinela negra y la espada en llamas habían desaparecido. Pero Win sabía que volverían si volvía a entrar al corredor. Puso a prueba el Destino. Lo llevaba derecho al centro del círculo. Se preguntaba si podía intentar por uno de los otros corredores. Tal vez sólo había una centinela. Atravesó la arena negra y le dio la vuelta al perímetro del círculo. Sus sandalias producían leves chirridos, el único sonido que escuchaba. Se lamió sus labios resecos. Estaba tan cerca al agua que sanaba y sentía tanta sed. Win se paró delante del corredor del oeste un momento, reuniendo fuerzas. ¿Debía atravesar las columnas corriendo? ¿O sólo dar un paso y detenerse? Le daba miedo correr, ya que la centinela podría intentar detenerlo con la espada en llamas. Levantó su pierna izquierda y dio un cauteloso paso dentro de las sombras de las columnas. Un grito agudo rompió el silencio y una sombra negra apareció arriba. -¿Por qué buscas el Pozo de la Vida? -preguntó la centinela. La espada en llamas se movía ante él, esquivando al enemigo invisible. Win intentó mirar hacia el otro lado, pero la espada dominaba su campo de visión. -Busco una cura para la Madre Tierra, que está dominada por la plaga. -¿Qué traes como pago? Win se congeló, paralizado por la pregunta. -¿Pago? ¿Como oro? No sabía que tendría que pagar algo. No tengo nada. -¡Vete! Una ráfaga de aire caliente lo empujó hacia atrás dejándolo fuera del corredor. Después, la centinela desapareció.
  • 139. El buscador de caminos Darcy Pattison 139 EL PAGO La señora Kala pesaba como una pluma en los brazos de Win. La acostó en la arena y le empezó a sacar espinas diminutas de su barriga; su pelo estaba lleno de ellas. Retiró una docena, dos docenas, pero había cientos. -Lo siento. Lo intenté, pero he fallado - le susurró. Ella no respondió. Su pecho apenas se movía. ¿Estaba aún viva? Win se dobló y apoyó su oreja sobre el pecho de ella. Por un momento no escuchó nada. Luego, un débil pulso, una respiración débil y vacía. La levantó de nuevo y corrió alrededor del perímetro del círculo hacia el corredor del norte. La centinela lo debía dejar pasar, por el bien de ella. Sus pies se resbalaban en la arena, pero le ordenaba a sus músculos que se movieran. Era la última oportunidad para la señora Kala. Se paró delante de las columnas negras, con sus hombros firmes y mirando al frente. Desafiante, entró en el corredor. Un grito agudo rompió el silencio y una sombra apareció arriba. -¿Por qué buscas el Pozo de la Vida? -la espada en llamas bailaba frente a él. Win levantó a la Tazi cazadora y la depositó suavemente en un sector entre las columnas iluminado por el sol. -Deseo curar a la señora Kala, una cazadora real de las Perreras Jamila. -¿Qué traes como pago? -No tengo dinero conmigo, pero después te traeré bolsas de oro. Mírala. Morirá si no llega al pozo. -¡No me interesa el oro! ¡Vete! Una ráfaga de aire caliente empujó a Win hacia atrás. -¡Espera, déjame recoger a la señora Kala! El viento levantó la arena y después a la señora Kala. Ella rozó la arena hasta que también quedó fuera de las columnas. La centinela y la espada en llamas desaparecieron. Win miraba el Pozo de la Vida en el centro del círculo. ¡Tan cerca! ¿Cuál era la respuesta correcta? ¿Había una respuesta correcta? ¿Qué otro tipo de pago podía ofrecer en vez de oro? Su mirada fue atraída hacia el este, donde la bola del sol cubría la mitad del cielo. La piedra negra se estaba calentando y para el medio día caminar sobre ella sería doloroso, como en la llanura quemada. Se lamió los labios.
  • 140. El buscador de caminos Darcy Pattison 140 Cerró los ojos y vio el pozo en su visión. Agua fresca y limpia. Estaba tan sediento, tan cansado por el peso de la tristeza que cargaba, tan cansado de luchar. El descenso a la Grieta, a través de la Grieta misma, subiendo la pared de la Grieta, las garras del clan de los lobos, el incendio, la llanura... ¿Acaso no había un final? El Destino era fuerte y seguro. Win llevó a la señora Kala al corredor del este, el último que le quedaba. El sudor rodaba por su frente. Sus pasos eran débiles. Sólo veía arena negra delante de él, en una visión interminable. Pie derecho, pie izquierdo. El Destino lo guiaba hacia adelante. Labios cuarteados, sangre salada, lengua reseca. Tanta sed. Tanto cansancio. Sin esperanza. Finalmente, Win estaba delante del corredor del este. Puso a la señora Kala en la arena y miró sus pies sucios con ojos desconsolados. Sin esperanza. Había dejado que Zanna muriera. Había dejado que la señora Kala muriera. Había dejado que la Madre Tierra muriera. Metió su mano en el bolsillo y sacó la piedra blanca del sitio recordatorio de Zanna. Su pulgar la acariciaba una y otra vez. Con el sol justo encima, no había sombras de las columnas, ningún sitio dónde esconderse. El Destino lo empujó hacia delante. Un grito agudo rompió el silencio y una sombra negra giró en espiral encima de él. -¿Por qué buscas el Pozo de la Vida? -la centinela tenía el ceño fruncido, la espada en llamas parecía más ardiente que el sol. Sintió un dolor profundo en el pecho. De repente, su nariz se llenó del dulce olor de las flores de la Grieta. No pudo evitar gritar: -¡Zanna! ¿Dónde estas? Las columnas le hicieron eco en una melodiosa armonía. -¡Zanna! Muy adentro, Win no pudo más y empezó a llorar sin control. La centinela repitió: -¿Por qué busca el Pozo de la Vida? -Busco sanar a la Madre Tierra, a la señora Kala y a mí. Los dedos de Win apretaron la columna blanca hasta que sus nudillos estaban tan blancos como las piedras. -No tengo nada que ofrecer más que mi corazón herido. Busco curarme, pero soportaré mi dolor si así ayudo a los demás. -¿Sacrificarás tu propia felicidad por la señora Kala y la Madre Tierra? -Sí. -Eso significa que nunca podrás tomar el agua sanadora. ¿Estás dispuesto a soportar tu dolor por siempre? -sus palabras eran profundas y sombrías. -Sí. -Tu sacrificio es aceptado.
  • 141. El buscador de caminos Darcy Pattison 141 La espada brilló en el sol; después la centinela la enfundó. Señaló el Pozo de la Vida. -Toma la curación que encuentres para tu señora y para tu tierra. En tu sacrificio habrá mucho dolor y mucha satisfacción -después, la centinela desapareció. Una suave brisa proveniente del este cantó dulcemente, animándolo con delicadeza a avanzar. Metió la piedra en el bolsillo, levantó a la señora Kala y avanzó a tropezones por el corredor, al principio dando la venia en cada columna y al final sólo corría hacia el pozo. No se atrevía a revisar el pulso de la señora Kala. La puso suavemente en el agua fresca. Tomaba agua con las manos y se la rociaba en la cara. ¿Era demasiado tarde? -Señora Kala -la llamó-. ¿Me puedes escuchar? -¿Win? -la voz era débil, pero definitivamente era la voz de la señora Kala. Win dio un grito de alegría. ¡Estaba viva!
  • 142. El buscador de caminos Darcy Pattison 142 LA PRADERA Win y la señora Kala pasaron unas horas al lado del pozo, descansando y recuperando su fortaleza para el viaje de regreso. Compartió la carne con ella, pero mientras que ella tomaba del Pozo, él tenía la precaución de tomar de la de la cantimplora que Siv le había entregado. Win le contó sobre su travesía por la pradera y sobre la centinela: -Temía que murieras. -Y eso fue lo que sucedió -dijo la señora Kala. No soy la misma que empezó el viaje. Pero no me contaste ¿por qué la centinela te dejó entrar finalmente? Cuando escuchó la razón, ella dijo: -¡Es un precio demasiado alto! -Mi dolor es lo único que tengo para ofrecer. Win le retiró cuidadosamente las espinas del pelo y le peinó con los dedos lo que una vez fue una hermosa melena. Mientras que la peinaba, se olvidó de la piedra blanca que aún descansaba pesadamente en su bolsillo. Finalmente, ella se dio vuelta y lo miró: -¡Debemos irnos! Ya hemos esperado demasiado. El príncipe Reynard nos espera. ¿Crees que el lobo cachorro esté vivo? Win se concentró en la visión del peludo cachorro. Sonrió. -Está vivo. Tengo un Destino que me lo indica. -¿Puedes saber si está sano o enfermo? -No, pero lo podemos encontrar y aseguramos. Llevaremos una cantimplora con el agua de la vida y podremos echar tres gotas en el pozo de ellos. También quiero encontrar a Siv y asegurarme de que la flecha de su hermana no la lastimó gravemente. Win hundió cuidadosamente las cantimploras en el agua y las llenó con el precioso elemento. Quería chupar las gotas de sus dedos, pero en ese momento la señora Kala ladró. Su cola estaba enroscada y saltaba de una columna a la otra, tratando de morder las motas de polvo que brillaban en el aire. Su pelo no era tan sedoso como la primera vez que la vio, pero su porte seguía siendo orgulloso. Riéndose, sacudió las gotas de las cantimploras y las cerró. -¡Vamos! Siguieron el corredor del sur, a través de las columnas negras, hacia el camino por la montaña y después bajaron a la pradera. Win impuso un paso r{pido, ansioso de volver a Hazel y a G’il Rim. Viajaron hasta que la oscuridad los obligó a descansar. Luego, a la primera luz del amanecer, empezaron de nuevo. Las millas pasaban a medida que la mañana avanzaba. La tarde los encontró
  • 143. El buscador de caminos Darcy Pattison 143 cerca a la pradera quemada. Suaves vientos habían soplado desde el suroeste todo el día, empujando las llamas hacia el noroeste, donde todavía se podía ver el humo negro elevándose al cielo. Win pensaba que pronto llegaría a la Gran Grieta y se extinguiría. Los buitres se habían ocupado de los cuerpos de los lobos. Win y la señora Kala los ahuyentaron. -Fue un lobo noble -dijo Win en voz baja. -Me salvó la vida -dijo la señora Kala -debemos ayudar a su hijo. Win siguió el Destino para el cachorro y encontraron al resto del grupo al final de esa tarde, en un hueco poco profundo cerca de la gruta. Sólo una docena de lobos había logrado escapar. Trataron de acercarse, pero el nuevo lobo jefe, uno grande y blanco, con ojos grises, se paró con las patas tiesas y les gruñó. -Mira al cachorro -Win señaló al cachorro negro de ojos amarillos, iguales a los de su padre. Estaba jugando a "quién se queda con el hueso" con otro cachorro. -No me hablarán -dijo la Señora Kala. Win estaba parado al lado de ella, observando a la manada de lobos. Había algo... -Todos los lobos viejos se han ido. ¿Alguno de estos ha tenido puesto el collar? La señora Kala entendió a lo que se refería inmediatamente. -Han regresado a la vida salvaje. Es la primera generación en muchos años que no ha conocido la esclavitud del clan de los lobos -los ojos de la señora Kala brillaban-. Win, te ayudaré a llevar el agua a G'il Rim; después regreso aquí. -Estás en toda la libertad de elegir -le dijo Win en voz baja. Se tragó los argumentos que se le venían a la mente. En vez de eso, se puso a mirar a los cachorros jugar y correr. Después de un rato, Win siguió el arroyo hasta la fuente del agua en la gruta. Llenó su propia cantimplora con agua para tomar primero y después vertió tres gotas del agua curativa en la fuente. Por lo menos podemos aseguramos de que su grupo estará sano -le dijo a la señora Kala. Al anochecer, se marcharon del territorio de la manada y se dirigieron hacia la aldea del clan de los lobos. A medida que el sol desaparecía, oían que el grupo de lobos aullaba, preparándose para la caza de la noche. La señora Kala se paralizó con los primeros sonidos y se puso a temblar, hasta que ya no pudo escucharlas más. Entre más se acercaban a la aldea, se veían menos rastros del incendio en el pasto... alto y aromático como siempre. Win agradecía que la aldea se hubiera salvado. Decidieron dormir unas horas y tratar de encontrar a Siv en las primeras horas de la mañana. La señora Kala encontró un valle de pasto suave. Win hizo antorchas para usar en la cascada y defenderse del tatzelwurm y las guardó en su morral. Después, recogía plumas doradas del pasto para hacer un nido confortable y durmieron. Win se despertó bajo un cielo llenó de estrellas brillantes. Suavemente, despertó a la Tazi cazadora y se deslizaron silenciosos por la oscuridad, hacia unos techos de paja escasamente iluminados. Win evitó el camino abierto entre las casas y se arrastró entre las sombras siguiendo el Destino para Siv. Se detuvo ante una casa grande y esperó escuchando en una ventana. Cuando sólo hubo silencio, saltó la
  • 144. El buscador de caminos Darcy Pattison 144 ventana y cayó adentro.
  • 145. El buscador de caminos Darcy Pattison 145 EL CLAN DE LOS LOBOS Una pequeña fogata estaba encendida en el centro de la habitación y alrededor del perímetro había plataformas para dormir. Siv dormía en la que estaba más cerca de él, pero Win se tenía que asegurar de que no hubiera nadie más en el cuarto. Se deslizó a lo largo de la ventana, revisando cada cama: todas vacías. Se detuvo de nuevo en la ventana y le dijo telepáticamente a la señora Kala: -Está sola. ¿Quieres entrar? -No. Entiendo por qué se comporta como lo hace, pero la mujer sigue siendo vulgar. Te espero aquí. Win se dirigió hacia la figura dormida. Puso su mano sobre la frente de ella. ¡Estaba hirviendo! Siv se quejó: -¿Quién está ahí? -¡Shh! Te he traído agua curativa. Sacó la cantimplora más pequeña que colgaba de su hombro. Podía colocar sólo una gota sobre la herida, pero pensó que con la fiebre era mejor una trago. Encontró una taza de cerámica cerca de la fogata y la llenó con agua de un balde que encontró cerca de la cama de Siv. Después, tomó la cantimplora y vertió una gota en la taza. Era más que suficiente. Tan sólo tres gotas en un pozo podían curar a toda la aldea. Siv trató de sentarse. -¿Qué haces aquí? -su voz era ronca. -¡Shhh! -Win le advirtió de nuevo. Pero estaba con demasiada fiebre para entender. -Valda, ¿eres tú? -Siv, qué sucede… ¡Tú! La silueta de Win se veía por la ventana abierta y Valda la reconoció. -Vamos, toma esto -Win acercó la taza a la boca de Siv. Valda cruzó el cuarto en un par de zancadas y le tumbó la taza de sus manos, regando el agua en el piso. -¿Qué era eso? ¿Veneno? -No, agua curativa del Pozo de la Vida. -Estás mintiendo. No existe ese pozo. Lo único que nos trajiste fue mentira y muerte. No vivirá otro día, a no ser que la fiebre baje. Win se movió hacia la ventana, pero Valda le bloqueó el paso. -Te necesitamos... como chivo expiatorio -dijo Valda.
  • 146. El buscador de caminos Darcy Pattison 146 -No te he causado problemas -dijo Win-, pero puedo curar a Siv. Déjame darle algo. de agua. La señora Kala lo llamo telepáticamente. -¿Qué está sucediendo? ¿Esté ahí Valda? Win le respondió en silencio: -Sí, necesito distraerla para poder escapar. Valda le arrebató la cantimplora a Win, la destapó y la vació en la fogata. Los carbones ardieron por un momento y después las llamas se apagaron. -¡No! -Win casi llora ante semejante desperdicio. Afuera, la señora Kala aulló como un lobo. -¡Auuuuu! Era tan real que Win tembló y alcanzó a pensar que los lobos habían llegado a la aldea. Voces gritaban: -¡Un lobo! ¡En la aldea! -¿Dónde? -¡Atrapen el lobo! Valda empujó a Win a un lado y miró por la ventana. -¿Qué has traído? Win supo que era esta su oportunidad. La agarró de los tobillos y la empujó hacia afuera por la ventana. Después, tomó las cantimploras y salió corriendo por la puerta, llamando telepáticamente a la señora Kala mientras corría: -Encontrémonos en el pozo, cerca de la choza. -¡Apúrate! -le dijo ella. Se escapó por el cuarto externo de la casa hacia las calles. La aldea era un solo caos: gente corriendo y gritando, llevando antorchas semejando piscinas de luz en movimiento y formando sombras grotescas. Win se escondió detrás de las casas y corrió hacia el pozo. Antorchas iluminadas alumbraban la choza, dejando el pozo justo fuera del alcance de la luz. Win rodeó la choza, escondiéndose entre la hierba y esperando a la señora· Kala. Un rato más tarde, cuando sintió su hocico frío en su mano, Win dio un brinco. -Valda no permitirá que le demos el agua curativa a Siv. Tendremos que echar algunas gotas en su pozo -le dijo Win. La Tazi suspiró: -¿No puedo disuadirte? -No puedo dejar al Clan sin el agua curativa. Me llevo su amuleto; tengo que dejarles algo. Trataré de echar unas gotas en el pozo. Después correremos hacia la cascada y hacia el túnel que lleva a la Grieta. -¿Y si Valda se anticipa y llega antes? -No lo sé. Simplemente tendremos que asegurarnos de llegar antes al túnel. -Ten cuidado. -Si nos separamos, nos vemos en la cascada -le dijo Win.
  • 147. El buscador de caminos Darcy Pattison 147 Se arrastró por el pasto, atento a la ruidosa reunión que se llevaba a cabo en la choza. En lo alto, un grupo de murciélagos perseguía a las polillas atraídos por la luz de las antorchas. Valda venía caminando por el camino de la aldea hacia la casa. -Eran Winchal Eldras y su cazadora. Tienen la cabeza de lobo. ¡Debemos atraparlos! Organizó una búsqueda en la aldea, casa por casa. Cuatro inmensos guardias guiaban a los cuatro grupos, dos en cada extremo y dos en puntos internos de la aldea. Win continuaba moviéndose cautelosamente hacia el pozo. Hasta ahora nadie se le había acercado. Valda guiaba al resto de los aldeanos. -Dispérsense por los pastizales a las afueras de la aldea. Empiecen desde aquí. Caminen despacio y hagan bastante ruido. Si Winchal y su cazadora están escondidos, empújelos hacia la Grieta. Allí los podremos atrapar. Los que tengan armas, búsquenme al otro lado de la aldea. Los aldeanos se dividieron. Algunos corrieron a sus casas en busca de sus armas, otros fueron por cosas que hicieran ruido, como ollas de cobre y palos, y los demás se fueron a campo abierto para presionar al enemigo. Win se petrificó cuando vio a un hombre viejo caminando hacia él. Pero el desdentado guerrero, pasó de largo balbuceando algo sobre su lanza. Win volvió a arrastrarse, hasta que casi llegó a un círculo alrededor del pozo, donde no crecía la vegetación a causa de las numerosas pisadas que recibía constantemente. Hizo una pausa, buscando mejor sitio para protegerse. Un niño flaco, de unos o cinco años, salió trotando de la choza, jalando a su mamá con él. -Tengo sed. -Este no es momento de estar sacando agua del pozo. ¡Debemos atrapar al hombre y a su perra! -Pero, mamá, tengo sed –el niño se detuvo frente al pozo, se puso las manos en la cintura y esperó. La mujer suspiró y se acercó al pozo. Win se acurrucó en un montón de pasto, justo afuera del círculo de luz de la choza. Una figura negra pasó frente a la cara de la mujer, un murciélago buscando una polilla atraída por su antorcha. Ella gritó y empezó a saltar, dándose palmadas para asegurarse de que el murciélago se había ido. Se detuvo justo frente a Win. Sus ojos se desborditaron. -¡Aquí! ¡Aquí está! Win saltó al pozo y volteó la cantimplora hacia abajo, sacudiéndola con fuerza. Cayó una gota, después otra. La mujer intentó arrebatársela. Le golpeó el codo y win casi suelta la cantimplora. Otra preciosa gota cayó al piso. Win gritó con frustración: -¡No! El chico corrió a unirse a su mamá y le dio una parada a Win en las rodillas, doblándoselas. Win se aferró al borde del pozo y sacudió de nuevo la cantimplora. Finalmente, una gota apareció en el borde. Win esperó durante un largo segundo, temeroso de sacudirla de nuevo y hacer que la gota… seguramente la última… cayera por fuera del pozo. Proveniente de todas las direcciones el clan del
  • 148. El buscador de caminos Darcy Pattison 148 lobo empezó a reunirse alrededor del pozo. Win aún esperaba. Tenía que darles el agua curativa aunque no entendieran lo que hacía por ellos. La multitud se acercaba más y más. Tenía que irse o sería capturado. Finalmente, la gota cayó directo en el pozo. ¡Hecho! ¡Ahora podía concentrarse en escapar! Lanzó la cantimplora a la multitud, dio la vuelta y empezó a correr hacia el campo abierto, Un rápido Destino le dijo que la señora Kala ya estaba en camino a la cascada. Condujo a sus perseguidores en dirección opuesta durante algunos minutos, esperando engañarlos, pero conservó un destino para Valda. Esta lo siguió a lo largo de una pequeña distancia pero pronto disminuyó la velocidad y finalmente se detuvo. Win se imaginaba que estaba reuniendo un grupo para ir a la cascada. Win se devolvió hacia la cascada y aumentó la velocidad; el temor lo hacía correr más rápido. Pero a pesar de ello, entendió que no podía llegar a tiempo. Valda le llevaba ventaja y llegaría antes que él.
  • 149. El buscador de caminos Darcy Pattison 149 LA PERSECUCION Amanecía, por séptima vez desde que Win y la señora Kala habían iniciado su viaje. Les tomaría al menos dos días más cruzar la Grieta... si es que lograban escapar del clan de los lobos. ¿Aún estaría vivo el príncipe? Win se reventaba la cabeza pensando en cómo bajar la montaña sin tener que pasar por la cascada y enfrentar al tatzelwurm, pero no se le ocurría nada. La cantimplora grande con el agua curativa estaba amarrada a una tira de cuero que colgaba de su hombro. Tenía que asegurarse de que Valda no vaciara esta también. Si no podía escapar del clan de los lobos, al menos debía hallar la manera de hacerle llegar la cantimplora a Hazel. Corría a lo largo del río y podía escuchar la cascada en la distancia. Encima de la oscura orilla, las briznas blancas sobrevolaban como fantasmas. La señora Kala estaba más adelante, seguramente bajo el sauce donde Siv los había capturado. Pero Valda se dirigía hacia el túnel que conducía a la Grieta. -¡Señora Kala, trata de llegar al túnel antes que Valda! -le dijo telepáticamente. Ella no le respondió, pero por el Destino supo que corría para llegar antes que Valda. Win jadeaba, pero no se atrevía a parar. Siguió el rastro de la señora Kala por el campo y su sentido del peligro se hizo cada vez más intenso: la señora Kala y Valda llegarían al túnel al mismo tiempo. ¡Tenía que apresurarse! El sol se asomaba sobre el horizonte y parecía que Win corría directo hacia él. Estaba a campo abierto y la Grieta aparecía ante él. Se detuvo. Había convivido con la Grieta durante años y esta era la primera vez que había dejado de verla. Su grandeza y su belleza lo dejaron sin palabras. Se veía un cielo casi sin límites, y muy lejos, difusa por la distancia, se veía la montaña del otro lado. Situada en lo alto, tan pequeña y perfecta, estaba G’il Rim, brillando bajo la luz del amanecer. La Campana de los guías sonó, llamándolo a casa. ¡Su casa! Sólo dos días más. ¿Sería demasiado tarde? Sobre la Grieta, los pájaros volaban, sus siluetas contrastaban con el cielo rosado. ¡Claro! ¡Podía pedirle a Paz Naamit que le llevara la cantimplora a Hazel! Se detuvo en el borde y la llamó. -¡Paz Naamit! ¿Lo oiría el águila dorada? Pero el sonido se apagó rápidamente, perdido en la inmensidad de la Grieta. La montaña del otro lado estaba tan lejos que ni siquiera el eco podía escucharse. La desesperación de Win aumentó. De alguna manera, tenía hacer llegar la cantimplora con el agua a casa. Dio media vuelta hacia el túnel y siguió. Detrás de él rugía la cascada y frente a él escuchaba gritos.
  • 150. El buscador de caminos Darcy Pattison 150 Pasó por sector lleno de pasto y flores silvestres de olor dulce. El rocío le mojó los pantalones hasta que se le pegaron a las piernas. La cantimplora había chocado alocadamente contra su pecho, pero ahora golpeaba contra el amuleto de los lobos, que todavía tenía bajo su camisa. Después las vio. Valda y la señora Kala se enfrentaban a la entrada del túnel. Al lado de Valda, había una docena de miembros del clan de los lobos, armados con lanzas, cuchillos y arcos. Cada arma apuntaba a la señora Kala. Win atravesó el campo gritando. A su lado, un grupo de venados del tamaño de liebres, salió de su escondite. Los venados corrieron hacia el túnel antes de voltear abruptamente y alejarse de la Grieta. -¡Venados! -¡Comida! ¡Rápido, dispárenle a alguno! Algunos guerreros del clan corrieron detrás de los venados, disparando sus flechas y lanzas. Win vio saltar a una cierva, tropezarse e intentar levantarse con una flecha en el anca. El clan de los lobos rugía y otros cuantos se unían a la persecución. En la confusión, Win dio la vuelta para ubicarse al lado de la señora Kala. Sólo tres guerreros se habían quedado con Valda. Podían derrotar a un número tan pequeño o sencillamente evitarlos. Llamó telepáticamente a la Señora Kala: -¡Al tunel! Te sigo con la antorcha contra el tatzelwurm. Ella dio un elegante paso en dirección al túnel. Valda la detuvo. -¡No! -Un cuchillo amenazó a la señora Kala. Intentó esquivarla pero la alcanzó en su hombro derecho. La sangre rodaba por el pelaje de su pata. ¡Valda había atacado a una cazadora de la realeza! Una furia intensa se apoderó de Win. Se arrodilló al lado de la Señora Kala y le sacó el cuchillo. -Es una herida superficial -dijo ella. Win retó a Valda con el cuchillo ensangrentado. -¿Quieres pelear? Vamos. Inténtalo conmigo. Se deslizó alrededor del túnel, en el lado más cercano a la Grieta. Valda les indicó a sus compañeros que se quedaran atrás. Sacó otro cuchillo de hoja larga. -Pelearé contigo, pero sólo por la cabeza del lobo. Win sacó el amuleto de debajo de su camisa y lo sostuvo en el aire. Los ojos de piedra roja brillaron en el sol de la mañana. -Aquí esta. Ven por él... ¡si puedes! Al verlo, los ojos verdes de Valda se desorbitaron con deseo desenfrenado. Sus labios se curvaron y aulló: -¡Por el clan de los lobos! Ahora parecía una criatura más depravada que cualquiera de los lobos salvajes que había visto ayer. Destruiría la cabeza de lobo, pensó Win. Ella no podría controlarlo como Siv. Valda brincó hacia Win y lo tumbó. Lucharon cuerpo a cuerpo y rodaro ... hacia el borde de la Grieta.
  • 151. El buscador de caminos Darcy Pattison 151 LA LUCHA Valda era una guerrera, pero Win tenía la ventaja de la experiencia adquirida en luchas con hombres de las caravanas. Agarró los hombros de Valda, se detuvo y lanzó a la mujer sobre su cabeza. Ambos se levantaron, sacudiendo la cabeza como bestias y se enfrentaron de nuevo. -¡Ya voy! -le dijo la señora Kala. -¡No! ¡Mantén a los otros alejados! –dijo Win. Oyó un gruñido y supo que podía concentrarse en Valda sin temor a ser apuñaleado por la espalda. Valda y Win andaban en círculos, uno alrededor del otro, esperando una oportunidad. La mujer lobo se inclinó hacia la derecha, obligando a Win a dar un salto hacia adelante. Ella se retiró aprisa hacia la izquierda. Win casi puede evitar el puñal, pero la punta dio en el cuero de la cantimplora. El precioso líquido caía en gotas hacia el suelo. Win soltó la cabeza de lobo, confiando en que la cuerda de cuero la sostendría. Puso la palma de su mano bajo la cantimplora y colocó esta en una posición donde no goteaba. Pero ahora Win tenía que protegerse él y proteger la cantimplora. Valda se dio cuenta de su ventaja. -Despedazaré esa cantimplora si no me das la cabeza de lobo -avanzó haciendo retroceder a Win hacia el borde la Grieta. Detrás de Valda, Win vio a la señora Kala deslizarse por entre los otros guerreros del clan de los lobos. Se dirigió a él. -Dame la cabeza de lobo. La tiraré al túnel y ella tendrá que luchar con el tatzelwurm. -Sí. No -no había tiempo para pensar. Win dio otro paso atrás, pero se acababa el terreno. Quizá debería darle la cabeza de lobo a Valda. Pero no podía confiar en ella, y ella no los dejaría partir. También había hecho una promesa a Siv. El amuleto destruiría a Valda y a todo el clan. Esclavizaría al cachorro negro y al resto de la manada de la señora Kala. Trató de agacharse para pasar al lado de Valda, pero ella lanzaba puñaladas hacia la cantimplora. Trató de atravesar su guardia pero se tambaleó y otra gota preciosa cayó a sus pies. ¡No podía permitir que se derramara ni una gota de agua más! -¡Dame la cabeza de lobo! -exigió Valda. -¡No! -Win estaba a menos de un metro del borde la Grieta. ¡Hizo como si fuera avanzar por la derecha y saltó hacia la izquierda! Pero Valda no se dejó engañar. Se abalanzó sobre él y con la mano agarró la cuerda del amuleto y la correa de la cantimplora. Win giraba tratando de librarse de ella. Cayeron al suelo, justo al borde, Valda encima de él. Entonces Kala los golpeó, haciendo que la cara de Valda se hundiera en el pecho de Win. Algo de agua salpicó la cara de Valda y ella se lamió los labios. Sus ojos lanzaron una mirada
  • 152. El buscador de caminos Darcy Pattison 152 asombrada. Valda se echó para atrás, sacudiéndose a la señora Kala. La Tazi agarró el amuleto con la boca. Valda agitaba los brazos, tratando de estabilizarse, mientras luchaba con la perra por el amuleto. La cuerda del amuleto se reventó y la señora Kala perdió el equilibrio. Cayó y rodó. Sus patas traseras cayeron hacia el abismo. Valda trató de levantarse de encima de Win y este rodó sobre su estómago y trató de alcanzar a la señora Kala. La cantimplora estaba atrapada debajo de él y el agua sanadora salía en un chorrito hacia la Grieta. Win agarró las patas delanteras de la señora Kala. La fuerza de gravedad los jalaba hacia el fondo. De repente, Valda se movió hacia arriba, dejando a Win y a Kala deslizarse por la Grieta. Win tenía que soltarse o si no los dos, la señora Kala y él caerían. O el agua se derramaría toda. Pero no podía soltar a Kala. No la dejaría caer. Con su mano libre, Win trató de agarrarse del precipicio. No había salientes, sólo rocas sueltas que caían silenciosas al abismo. Win se deslizó más. Valda trataba de agarrarle los pies. Las patas traseras de la señora Kala arañaban la pared del precipicio, tratando de encontrar una pequeña saliente o algo que detuviera su caída. Pero sólo logró que Win perdiera más equilibrio. Los hombros le dolían de sostener el peso muerto de la Tazi. Se deslizó otros centímetros. Ahora la cantimplora se mecía libremente bajo su estómago. Estaban más allá de toda ayuda. Cayeron juntos a la Grieta. Cayendo y cayendo y cayendo. El viento silbaba en sus oídos, y le soplaba el pelo lejos de la cara. Pero aun así. Win no soltó a la señora Kala. Silenciosos, caían a la Grieta. Win sólo lamentaba no haberle podido llevar el agua a Hazel. De algún modo, puso la mano de manera que la cantimplora no siguiera derramando la preciosa agua. Se rio con ironía. ¿Para qué? Caían y caían y caían, en caída libre hacia el fondo de la Grieta.
  • 153. El buscador de caminos Darcy Pattison 153 LA AMIGA Win cerró los ojos, rehusándose a ver cómo el fondo de la Grieta se acercaba más y más. Su mano continuaba sujetando a la señora Kala. De repente chocaron con algo. -¡Oh! -gritó la señora Kala. Todavía tenía la cabeza de lobo en la boca. Cayeron de nuevo, por un momento, antes de levantarse. Win abrió los ojos para ver unos inmensos músculos esforzándose por mover unas alas doradas. ¡Paz Naamit los había recibido! Pero el impacto de dos cuerpos chocando con tanta fuerza casi era demasiado; se esforzaba por mantenerse en el aire. ¿Se caerían todos de nuevo? -¡Quítense de mis alas! Win se apresuró a jalar a la señora Kala hacia el centro del cuerpo del águila, donde se sentaron con cuidado. Win sostenía con una mano la cantimplora, para asegurarse de no regar ni una gota más. Paz Naamit expandió sus alas por completo y dejó que los vientos ascendentes la arrastraran por un momento. Agitó sus alas hasta que finalmente recuperó el control. Win tenía el corazón en la garganta. Paz Naamit se tambaleaba a medida que se acercaban a la montaña. ¿Chocarían? Win cerró sus ojos de nuevo. El águila aterrizó con dificultad sobre el borde. Win se bajó y jaló a la señora Kala. -Oh, gran ave, te debemos la vida -le dijeron al águila. -¡Hijo de Hazel, no podía dejarte caer! Hazeeel salvaría mis polluelos si pudiera -dirigió su mirada hacia la cantimplora. -¿Qué es eso? -Agua del Pozo de la Vida. Si te arrodillas, echaré una gota en tu ojo. Un suspiro carrasposo salió del águila. Se acostó sobre su pecho y bajó la cabeza al nivel de Win. -¿Dolerá? Win soltó una carcajada. -No. Suavemente, destapó la cantimplora. El agua tenía un olor dulce y limpio. Sostuvo la cantimplora sobre el ojo ciego y dejó que una gota cayera adentro. Paz Naamit parpadeó violentamente, y con cada parpadeo, la película blanca se volvía más y más transparente. Finalmente desapareció. El águila se levantó, elevándose sobre Win. Con un grito de júbilo, alzó vuelo sobre la Grieta. Por un minuto, Win se afanó pensando que no volvería y los abandonaría a su suerte. La Señora Kala lo tranquilizó. -Sólo celebra volver a ver. Esta vez, las patas de Paz Naamit aterrizaron con suavidad y perfecta precisión. Agachó su cabeza
  • 154. El buscador de caminos Darcy Pattison 154 hasta que sus ojos dorados lo miraron de frente. -Winchal Eldras, tienes toda mi gratitud. De ahora en adelante, pueeeedes llamarme a mí o a mis hijos y estaremos dispuestos a ayudarte. -Oh gran ave, hoy necesito tu ayuda. ¿Será posible atravesar la Grieta para llevarle esta cantimplora a Hazel? -¿No quieres ir tú también? Puedo llevarte si lo deseas. La Campana de los guías sonó en su mente. Su casa. -Llévanos arriba primero. Tenemos un asunto pendiente. Win tomó el amuleto de la señora Kala, amarró las puntas y se lo volvió a colgar. Luego, el águila dorada los llevó a la cima de la montaña. Los guerreros del clan de los lobos retrocedieron cuando aterrizó con Win. Valda los llamó de nuevo y se acercó para hablar con Win. -No sé qué me hizo el agua, pero sí sé que por primera vez quiero trabajar con Siv, y no en su contra. Pero sería mucho más fácil con los lobos de nuestro lado. -Siv me pidió que le cuidara la cabeza de lobo. Deben aprender otras formas de sobrevivir. Los lobos pueden ser sus amigos, no sus esclavos. Por la expresión de Valda, Win entendió que se esforzaba por aceptar la idea. Él continuó: -Puse agua curativa en su pozo. Durante diez días curará todos los dolores del clan de los lobos. Vuelve para ayudar a Siv. -¡Siv! Tienes razón, ella también necesita el agua curativa. Sin embargo, seguía dudando. Puso el amuleto en el pecho de Win: -¿Si llegara el día en que necesitáramos el amuleto, responderías a nuestra llamada? Win asintió con la cabeza. -Si es importante, sí. Envía a Paz Naamit por él. Valda se dio la vuelta para reunir a sus compañeros y volver a la aldea. Win se arrodilló al lado de la señora Kala. -Tu pierna todavía está sangrando. Permíteme. Win dejó caer una gota sobre la herida y miró cómo se curaba sola; después le arrancó una espina de su pata. Luego, se levantó, dio un paso atrás y miró la Grieta. -Paz Naamit puede ayudarme a cruzar, no hay necesidad de que vengas. Vuelve con tu grupo. -No. -¿Qué? -dio la vuelta para mirarla. La señora Kala levantó sus cejas y su copete se alzó con el viento. -No, Winchal Eldras, decido quedarme contigo. El corazón de Win latía con toda su fuerza. El pelo de la señora Kala estaba destrozado, en un estado lamentable para las Perreras Jamila. Sin embargo, sus ojos brillaban con una felicidad que él no había visto cuando la conoció. Win se arrodilló. -¿Qué hay de tu libertad? -Quedamos unidos en el momento en que decidiste morir conmigo.
  • 155. El buscador de caminos Darcy Pattison 155 -No te puedo ofrecer los lujos de la Perrera Jamila. -Perfecto. Ahora no tendré que preocuparme por envejecer allá. Win enterró su cara en la suavidad del hombro de la señora Kala. Envejecerían juntos. Al lado de ellos, Paz Naamit gritó de alegría. La señora Kala se sacudió y dijo: -El agua de la vida. El príncipe nos espera. -¿Nos podrás llevar a los dos? -Win le preguntó a Paz Naamit. Ella bajó su cabeza. - La vez pasada fue difícil sólo porque me sorprendieron con su llegada. Ambos son livianos y yo soy fuerte. Win se levantó y ayudó a la Señora Kala a subirse a la amplia espalda del águila. Cuando los dos se sentaron, el ave dio un brinco. Sus alas se abrieron majestuosamente y volaron sobre la Grieta. Al fondo, el brillante lazo de agua permanecía bajo la sombra. Mientras que su mano izquierda sostenía la cantimplora, Win metió la mano derecha en el bolsillo y sacó la piedra blanca del sitio recordatorio de Zanna. Había viajado por el fondo de la Grieta y batallado para volver a la cima, atravesado la arena negra del Pozo de la Vida, viajando a través de la pradera y luego de nuevo a la Grieta... y Zanna no se hallaba en ninguno de esos lugares. Ella estaba con él, en su interior. Después, cuando hubiera tiempo, le contaría a Hazel y a Eli sus historias favoritas sobre Zanna y escucharía las de ellos. Al recordarla, Zanna los deslumbraría de nuevo con su sonrisa. Porque mientras tuvieran los recuerdos o las palabras, Zanna viviría. Por un momento levantó la piedra blanca en su mano, después la lanzó a la Grieta, para que volviera a su lugar de origen. Cayó en silencio y Win no la vio aterrizar. Paz Naamit aprovechó un viento ascendente y subió más y más alto. Win puso su mano sobre la espalda caliente de la señora Kala y concentró su mirada en Gil Rim y en su casa.
  • 156. El buscador de caminos Darcy Pattison 156 EL POZO DE NUEVO Vistiendo una túnica nueva, Win se recostó sobre el pozo y cuidadosamente volteó la botella con diseños dorados de Tazis y los gerifaltes, dejando que tres gotas cayeran en el agua. Cerró la botella y se la entregó a Eli. Después, dejó caer el balde dentro del agua. Alrededor, estaban Kira, Hazel y otros guías en túnicas rayadas, los herreros, los panaderos, los tejedores, los nobles y otros miembros del gremio de G’il Rim. Win giró el torno que crujió mientras subía el balde. Un rayó de sol brilló sobre el agua limpia y fría. La madera oscura del balde estaba teñida de verde a causa del musgo que crecía en el borde. Win zafó el balde del gancho y sacó de él un cucharon de plata lleno de agua. El príncipe Reynard yacía sobre una cama al lado del pozo, con los ojos brillantes por la fiebre, mirando, pero sin entender nada. A su lado estaban la señora Kala y los dos Borzois. Win ayudó al príncipe a levantar la cabeza para que bebiera el agua fresca. El príncipe se recostó de nuevo, su cara pálida contrastaba con la sábana oscura. La Señora Kala se acercó. -Príncipe Reynard, ¿me escuchas? La respuesta era débil. -¿Señora Kala? -intentaba sentarse-. Mi amiga fiel, sabía que volverías. Hazel le puso una mano en la frente. -Cálmate. Has estado delirando durante varios días. No tienes fuerzas. -No, señora Hazel. Me siento fuerte y bien - de nuevo preguntó a la señora Kala-. ¿Dónde has estado? Yo te llamé y te llamé y no respondiste. -Crucé la Grieta. Casi me ahogo; me escapé de un tatzelwurm; me capturaron y fui esclava de un grupo de lobos, me quemé, y casi muero dos veces. Pero trajimos el agua de la vida para la Madre Tierra. El Príncipe se quedó mirándola. -Has cambiado. -Mi pelo... Durante la escasa hora que llevaban en la casa, ella había insistido en que Hazel le cortara el pelo tan corto que tardaría un año en crecer de nuevo. Pero su postura continuaba siendo orgullosa y elegante, como siempre. -Eso no. -Sí, he cambiado -dudó-: Y he decidido unirme a Winchal Eldras. El príncipe miró a Win con nuevo interés. -Perfecto. Mis hombres envidiarán a Winchal pero yo valoraré nuestra amistad aún más. Cuando
  • 157. El buscador de caminos Darcy Pattison 157 tengamos tiempo, quisiera escuchar más de tu aventura. Hazel le habló al grupo: -La fiebre ha cesado. El príncipe Reynard está curado. Con una amplia sonrisa, Win sostuvo el balde sobre su cabeza y anunció en voz alta: -El pozo tendrá agua por otros diez días y todos los que de ella tomen estarán curados. La multitud celebró con un gran estruendo. -¡Hurra! ¡Estamos curados! A la señal de quienes observaban desde la pared, las campanas empezaron a sonar por toda la ciudad, anunciando la noticia: la Ciudad estaba curada. Win sumergió de nuevo el cucharón de plata y se lo pasó a Eli, que bebió. Pasó una mano frente a sus ojos, sus miradas se encontraron y Eli le sonrió por primera vez en dos meses. Win le devolvió la sonrisa. Hablarían después. En silencio, Eli le pasó el cucharón al gordo alcalde, quien tomó ávidamente. Eli levantó la mano pidiendo silencio. -¡Mi señor, príncipe Reynard, el Gremio de los guías de G’il Rim te entrega esta botella de agua curativa! ¡Que tu viaje sea rápido para que la lleves a todo a la Madre Tierra! Levantó la botella de oro y esmalte en el aire. Había vaciado casi toda el agua de la cantimplora en la botella, dejando sólo un poco para Gil Rim. La botella resistiría hasta el corte de un cuchillo y sería fácil de trasladar por toda la Madre Tierra. El príncipe se levantó y la recibió en sus manos, pálidas pero fuertes: -¡En nombre del rey Andar y de toda la Madre Tierra, te damos las gracias! Una vez más, la multitud celebró con gran estruendo su aprobación y orgullo de su guía. El príncipe le dijo a Win: -¡Viajarían tú y la señora Kala con nosotros por toda la Madre Tierra llevando agua curativa a los demás? Sería un honor. Win miró a Hazel, quien estaba al lado de Eli. Ella le sonrió y asintió con la cabeza, sus ojos llorosos brillaban recordando los placeres de viajar y explorar. Él estaba ansioso para contarle sus aventuras y tal vez... por primera vez... escucharía las aventuras de ella, de hace tanto tiempo atrás. Eli asintió también. Win le preguntó a la señora Kala: -¿Quieres ir o quieres quedarte? Ella se estremeció, luego sacudió su cola de la manera que Win ya conocía. -La decisión te la dejo a ti. Finalmente, Win se dio la vuelta para mirar la Campana de los guías encima del Portal de K'il Bell. Las campanas sonaban por toda la ciudad, pero Win escuchaba la Campana de los guías por encima de todas las demás. Le había salvado la vida la noche que había perdido a Zanna y ahora, finalmente, se lo agradecía. A donde fuera, la campana sería su guía. -Sí, mi señor, la señora Kala y yo viajaremos contigo recorriendo la Madre Tierra.
  • 158. El buscador de caminos Darcy Pattison 158 La Campana de los guías repicaba alegremente, con la promesa de sin importar a dónde fuera, algún día él encontraría su camino a casa.