DOGMAS MARIANOS
Síntesis elaborada por: Diana Elizabeth Núñez Linares

DOGMA
El dogma es una verdad que pertenece a la rev...
decir que Dios tiene su origen en María, sino que de María salió una persona que es Dios. Ella
dio a luz a alguien que es ...
comienzo del antiguo testamento marcaron el camino extraordinario de Dios, como es el caso
de la esterilidad de Sara y tan...
San Efrén y San Basilio fueron los primeros en llamarla con el título de “Virgen siempre pura,
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“Virge...
La madre pura va a tener los hijos puros. La antigua maldición del origen, donde el ser humano
quedaba sometido al yugo de...
La Asunción de María significa que ella fue llevada la cielo en cuerpo y alma, lo que implica que
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Dogmas Marianos

  1. 1. DOGMAS MARIANOS Síntesis elaborada por: Diana Elizabeth Núñez Linares DOGMA El dogma es una verdad que pertenece a la revelación cristiana, que ha de encontrarse por consiguiente en la Sagrada Tradición o en la Sagrada Escritura, las que tomadas en conjunto constituyen el depositum fidei que contiene todas las verdades comprendidas en la revelación cristiana. Los dogmas son verdades recibidas de Dios que se exponen en palabras adecuadas y precisas y se definen en el momento oportuno de la historia, según los designios de Dios que guía y gobierna a la Iglesia. DOGMAS MARIANOS Hasta ahora la Iglesia ha declarado cuatro verdades sobre María en forma dogmática: María Madre de Dios, María Siempre Virgen, La Inmaculada Concepción de María y la Asunción de María. La Iglesia se fijó en María por causa de Jesús; desde la Biblia vemos aparecer a María relacionada con Jesús. Ella es nombrada en el evangelio de Lucas, el nombre de la virgen era María (Lc 1,27), porque Jesús al encarnarse tuvo que hacerlo en una persona concreta de carne y hueso, con nombre y apellido, perteneciente a una familia y un pueblo concretos. MARÍA MADRE DE DIOS Instalado el Concilio de Éfeso el primer día de reuniones, el 22 de junio de 431 se leyó la carta doctrinal escrita por San Cirilo de Alejandría, dirigida a Nestorio, que aprobada unánimemente definió a la Theotókos. La parte principal de la declaración fue dada en estos términos: “No decimos que la naturaleza del Verbo, transformada se hizo carne; ni tampoco que se transmutó en el hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; afirmamos, más bien, que el Verbo, habiendo unido consigo, según hipóstasis o persona, la carne animada del alma racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible y fue llamado Hijo del hombre, no por sola voluntad o por la sola asunción de persona. Y aunque las naturalezas sean diversas, juntándose en verdadera unión, hicieron un sólo Cristo e hijo, no porque la diferencia de naturalezas fuese suprimida por la unión, sino porque la divinidad y humanidad, por misteriosa e inefable unión en una sola persona, constituyeron un solo Jesucristo e Hijo. Porque no nació primeramente un hombre cualquiera de la Virgen María, sobre el cual descendiera después el Verbo, sino que, unido a la carne en el mismo seno materno, se dice engendrado según la carne, en cuanto que vindicó para sí como propia la generación de su carne... Por eso (los santos Padres) no dudaron en llamar Madre de Dios a la Santísima Virgen”. El Papa Pío XI, en 1931, al conmemorarse el XV Centenario del Concilio de Éfeso instituyó en su honor la fiesta de María, Madre de Dios y determinó que su celebración sea el 11 de octubre. Posteriormente esta fiesta volvió a celebrarse en su fecha de origen: el 1ro de enero, bajo el nombre de Santa María Madre de Dios. Siglos atrás se celebraba esta fiesta en la antigua liturgia Romana. Significa básicamente que María es Madre de Dios. La palabra utilizada en griego fue Theotokos, que significa: la que dio a luz a Dios, la paridora de Dios. Esta afirmación no quiere
  2. 2. decir que Dios tiene su origen en María, sino que de María salió una persona que es Dios. Ella dio a luz a alguien que es Dios; hombre verdadero y Dios verdadero. El origen de Jesucristo es divino; engendrado del Padre antes de los siglos, desde la eternidad, pero hecho hombre por la encarnación en María. Ella es su madre, y por lo mismo es Madre de Dios, puesto que Jesucristo es Dios. En la Biblia encontramos varias citas que apuntan a esta realidad mariana. El evangelio de Mateo nos dice refiriéndose a la reacción de José ante el embarazo de María: Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: = Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, = que traducido significa: «Dios con nosotros.» (Mt 1,20-23), lo cual indica que ese hijo de María viene de Dios y no viene por intervención de varón, puesto que José era el prometido de María y él no tuvo que ver en eso. Al final Mateo resalta que se está cumpliendo la profecía del Emmanuel, Dios con nosotros; Dios ha llegado; Jesús es Dios; la madre de Jesús es madre de Dios. LA VIRGINIDAD PERPETUA DE LA MADRE DE DIOS En el Concilio de Letrán celebrado en el año 649 se efectuó la solemne definición dogmática de la VIRGINIDAD PERPETUA DE LA MADRE DE DIOS. Los Padres del Concilio inspirados por el Espíritu Santo compusieron el canon tercero que declaraba este dogma: “Si alguno, de acuerdo con los Santos Padres, no confiesa que María Inmaculada es real y verdaderamente Madre de Dios y siempre Virgen, en cuanto concibió al que es Dios único y verdadero -el Verbo engendrado por Dios Padre desde toda la eternidad- en estos últimos tiempos, sin semilla humana y nacido sin corrupción de su virginidad, que permaneció intacta después de su nacimiento, sea anatema”. Hay un personaje que resaltar y hacer justicia respecto a esta definición. Se trata de Máximo de Turín, obispo de Turín ya en el año 398, (se cree que murió entre el 408 y el 423). Fue uno de los que prácticamente se anticipó a la definición del dogma de la Perpetua Virginidad. En uno de sus sermones (5: PL 57, 235) se expresó en estos términos: “La Virgen concibe sin la intervención de varón; el vientre se llena sin el contacto de ningún abrazo; y el casto seno se acogió al Espíritu Santo, que los miembros puros custodiaron y el cuerpo inocente albergó. Contemplad el milagro de la Madre del Señor: es virgen cuando concibe, virgen cuando da a luz, virgen después del parto. ¡Gloriosa virginidad y preclara fecundidad!”. La Biblia enfatiza la virginidad de María; el evangelio de Mateo expresamente recuerda la profecía de Isaías 7,14: He aquí que una doncella (joven virgen) va a concebir y dará a luz un hijo a quien le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros. (Cf Mt 1,23). La virginidad de María fue profecía esperada por el pueblo de Israel y al mismo tiempo requisito para que ese Hijo fuese realmente el Hijo de Dios y no el hijo de cualquier hombre. Lucas en su evangelio insiste también en este aspecto. La doctrina de la Iglesia desde el comienzo mantuvo la virginidad de María, que está entrelazada con la maternidad divina de María, una cosa va con la otra. La señal prodigiosa de que una virgen iba a dar a luz sin concurso de varón supera todas las señales que desde el
  3. 3. comienzo del antiguo testamento marcaron el camino extraordinario de Dios, como es el caso de la esterilidad de Sara y tantas otras mujeres importantes de la Biblia, que por intervención de Dios quedan embarazadas; la misma Isabel, esposa de Zacarías, queda embarazada después de mayor por una gracia especial de Dios, quien de esta manera estaba marcando la era mesiánica, la llegada del Salvador, puesto que Juan, el más grande de los profetas, fue el encargado de prepararle el camino. El signo de la virgen que da a luz sin intervención de varón supera infinitamente los milagros de quedar embarazadas las mujeres estériles. De Sara sale el pueblo de Israel, el pueblo de la fe del Antiguo Testamento; de María sale el Mesías, el Verbo de Dios encarnado, cabeza del nuevo pueblo de Dios la Iglesia. LA INMACULADA CONCEPCIÓN El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, en la Bula Ineffabilis Deus, proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María. En su parte medular manifiesta lo siguiente: “... Para honor de la santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y acrecentamiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles”. Anteriormente el Papa Alejandro VII en la Bula Sollicitudo omnium Eccl., del 8 de diciembre de 1661, dejó consignado lo siguiente: Existe un antiguo y piadoso sentir de los fieles de Cristo hacia su madre beatísima, la Virgen María, según el cual el alma de ella fue preservada inmune de la mancha del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, por especial gracia y privilegio de Dios, en vista de los méritos de Jesucristo Hijo suyo, Redentor del género humano, y en este sentido dan culto y celebran con solemne rito la festividad de su concepción; y el número de ellos ha crecido… de suerte que… ya casi todos los católicos la abrazan... Renovamos las constituciones y decretos… publicados por los Romanos Pontífices en favor de la sentencia que afirma que el alma de la bienaventurada Virgen María en su creación e infusión en el cuerpo fue dotada de la gracia del Espíritu Santo y preservada del pecado original… Las Santas Escrituras lo señalan: “Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti”. (Ct 4, 7) “Es un hábito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla”. (Sb 5, 25) “Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado,...”. (Sb 7, 22) En la Anunciación, cuando el ángel San Gabriel enviado por el Altísimo saluda a la Virgen de parte del Señor: “Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo”. (Lc 1, 28) Desde los comienzos de la Iglesia, los Santos Padres se pronunciaron sobre tan admirable privilegio:
  4. 4. San Efrén y San Basilio fueron los primeros en llamarla con el título de “Virgen siempre pura, siempre inmaculada”. “Virgen preservada por gracia de toda mancha de pecado”. (San Ambrosio) “En lugar de Eva, instrumento de muerte, se eligió a una virgen agradable a Dios y llena de su gracia, como instrumento de vida. Una Virgen parecida en todo a las demás mujeres pero sin participar en sus defectos: inmaculada, libre de culpa, limpísima, sin mancilla, santa en cuerpo y alma, una azucena entre espinas”. (Teodoto de Oriente † 430) “Santa, Inmaculada de alma y cuerpo y libre completamente de todo contagio”. (San Sofronio) “Oh hija santísima de Joaquín y Ana..., fuiste conservada sin mancha, como esposa de Dios, para que por tu naturaleza fueses la madre de Dios”. (San Juan Damasceno) “Desde su concepción fue prevenida en bendiciones de dulzura y ajena al decreto o escritura de condenación. Era totalmente inmune de la corrupción de la carne y extraña también a toda mancha de pecado”. (San Lorenzo Justiniano) “Era necesario que la Madre de Dios fuese también purísima, sin mancha, sin pecado. Y así, no sólo de doncella, sino también de niña fue santísima, y santísima en el seno de su madre, y santísima en su concepción; pues no convenía que el santuario de Dios, la mansión de la Sabiduría, el relicario del Espíritu Santo, la urna del maná celestial, tuviera en sí la más mínima tacha. Por aquel alma santísima, fue completamente purificada la carne hasta del residuo de toda mancha, y así, al ser infundida el alma, ni heredó ni contrajo por la carne mancha alguna de pecado, como está escrito: “Fijó su habitación en la paz” (Sal 75, 3), es decir, la mansión de la divina sabiduría fue construida sin el fomes del pecado”. (Santo Tomás de Villanueva) El Papa San Pío X con motivo del 50º Aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción (1904) escribió la Encíclica “AD DIEM ILLUM LAETISSIMUN” y proclamó un Jubileo extraordinario por este hecho. En esta Encíclica afirmó el Papa que “el dogma de la Concepción Inmaculada ayuda a conservar y aumentar las virtudes”, y más adelante: “por la Concepción Inmaculada se confirma la fe, se excitan la esperanza y la caridad”. Lo que significa este dogma es exactamente lo siguiente: que la Virgen María, desde el momento que fue concebida ella, es decir, que las dos células que formaron su ser, la del papá y la de la mamá, se unieron en una sola en el útero de su madre, fue preservada de toda mancha de pecado original. Además implica que ella permaneció sin pecado durante toda su vida, lo cual los ortodoxos llaman la panagia, la toda santa. Esta definición dogmática tiene entonces dos aspectos fundamentales, uno que es de contraste; la Virgen María no tuvo pecado y el otro es de afirmación; la Virgen María por lo tanto estuvo llena de la gracia de Dios y siempre mantuvo esa gracia. En la visión ortodoxa, de las iglesias orientales, se enfatiza más sobre el segundo aspecto, el de la gracia; en la visión occidental, católica, se resalta la ausencia del pecado original. La visión protestante es más negativa aún y ellos no aceptan este dogma, en realidad no definen si la virgen tuvo pecado, pero tienen tendencia a minimizar a la Virgen María y por lo tanto a considerarla en todo igual a los demás. La Iglesia siempre ha considerado algo especial en la Virgen, y por eso el culto de veneración que se hace a los santos (dulía) en el caso de la Virgen se llama hiperdulía, porque es un culto especial. En el rito ortodoxo, que prácticamente mantiene las mismas creencias que los católicos, se nombra a la Virgen a lo largo de toda la liturgia, a cada momento que se hace una oración; en la Iglesia católica se nombra varias veces durante la misa, como en el “yo confieso”, cuando dice “y por eso ruego a María Siempre Virgen”; también se nombra en la plegaria eucarística cuando se hace memoria de los santos, y en el credo se nombra siempre a la Virgen.
  5. 5. La madre pura va a tener los hijos puros. La antigua maldición del origen, donde el ser humano quedaba sometido al yugo del pecado y de la muerte, queda abolida en María, y ella se entrega en cuerpo y alma a su vocación de Madre; primero la madre de Cristo y luego la madre de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. María recibió este privilegio de quedar libre del pecado original en vista a su maternidad divina, y por los méritos de su Hijo Jesús, no por los suyos propios. Fue una gracia de Dios, totalmente gratuita, en vista a que ella iba a ser la tierra virgen que recibiría al Verbo y le daría su propia carne. Ella no podía estar sometida al pecado siendo la madre del Todo Santo; fue una cuestión de la justicia de Dios, de su plan de salvación; Él preparó el vientre que iba a recibir a su Hijo, el primer sagrario, puro, inmaculado y santo. LA ASUNCIÓN A LOS CIELOS El 1 de noviembre de 1950, día de todos los Santos, en la Plaza de San Pedro en Roma, el Papa Pío XII, mediante la constitución apostólica “Munificentissi Deus”, hizo la proclamación dogmática de LA ASUNCIÓN A LOS CIELOS con estas emotivas palabras: “Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la inmaculada madre de dios, siempre virgen maría, acabado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. De todo lo que se ha escrito sobre la Asunción de la Virgen a los cielos, antes de la proclamación del dogma, impresiona leer un párrafo de San Antonio de Padua, en un sermón que dirige en la festividad de la Asunción. Guiado por el Espíritu Santo, con un discernimiento asombroso y apoyado en las Escrituras, manifiesta con autoridad reverente: “La Bienaventurada Virgen María fue asunta con el cuerpo que había sido tabernáculo del Señor. Por eso dice el salmista: ¨Ven, Señor a tu reposo. Tú y el Arca de tu santificación¨. Como Jesucristo resurgió de la muerte de la muerte vencida y subió a la diestra del Padre, así también resurgió el arca de su santificación, porque en este día la Virgen Madre fue asunta al tálamo celestial” Si bien es cierto, no está claramente explícito en las Sagradas Escrituras, que la Virgen fue “ASUNTA, EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA CELESTE”, sin embargo, fue un sentir general de toda la iglesia (desde los primeros siglos), su creencia y aceptación, como claramente lo expone el Papa Pío XII, en la Bula Dogmática, al argumentar el ¿por qué? tenía razones suficientes y había llegado el momento propicio de definir como Dogma este santo privilegio. “Por consiguiente, pues la universal Iglesia, en la cual rige el Espíritu de la Verdad, que infaliblemente la dirige en orden a perfeccionar el conocimiento de las verdades reveladas, ha manifestado su fe de múltiples maneras en el decurso de los siglos; y, pues los Obispos de todo el orbe, con casi unánime consentimiento, solicitan que sea definida como dogma de fe divina y católica la verdad de la Asunción corporal de la Beatísima Virgen María a los cielos –verdad que se apoya en la Sagrada Escritura, está hondamente arraigadas en el alma de los fieles cristianos, comprobada por el culto eclesiástico ya desde tiempos antiquísimos, sumamente acorde con las demás verdades reveladas, espléndidamente desarrollada y aclarada por el estudio, ciencia y sabiduría de los teólogos-, creemos llegado ya el momento, predeterminado por los designios de Dios providente, en que solemnemente proclamemos este insigne privilegio de la Virgen María”.
  6. 6. La Asunción de María significa que ella fue llevada la cielo en cuerpo y alma, lo que implica que su cuerpo no se corrompió en la tumba, y que ella goza de la plena gloria de Dios junto con su Hijo. Los escritos apócrifos, que proliferaron desde el siglo II, y no fueron aceptados dentro del canon de la Biblia, hablan de la asunción de María. Muchos textos nos han llegado de los primeros siglos en griego, siríaco, copto, armenios, unos sesenta por lo menos, todos ellos tienen en común el tema general del fin de la vida de María, su pasaje (Transitus) o dormición y su asunción al cielo. María goza de la plenitud de la vida y de la libertad; ella puede actuar de muchas maneras e interactuar con los seres humanos. Ella sigue realizando su labor en la historia de la salvación de diversas maneras, sobre todo intercediendo por nosotros, orando, animándonos al camino de la fe y protegiéndonos en el camino. El cuerpo de María no sufrió la corrupción porque fue llevado al cielo y ella resucitó para la vida eterna en cuerpo y alma. La discusión de si ella murió o no, o simplemente se durmió, en realidad no es muy importante; lo que la Iglesia considera más plausible es que ella murió y luego sin pasar mucho tiempo, resucitó en el reino de Dios. La Asunción es el punto de llegada de la lucha que comprometió el amor generoso de María en la redención de la humanidad y es fruto de su participación única en la victoria de la cruz. María recibe el reino prometido a todos los cristianos y a toda la humanidad; ella es la primera, después de Cristo, en quien se cumplen las promesas de vida eterna de parte de Dios; ella es nuestra esperanza cierta de que esas promesas son verdad, ella es la primera de todos nosotros. María vive perfectamente el camino de la Iglesia; en su vida, es fiel, sirve a Cristo, se entrega a la voluntad del Padre, nunca comete pecado. Y luego llega a su destino final, que es el mismo de la Iglesia. Todos seguimos el camino de María hacia Dios, y en ella se cumple de manera eminente esta gracia de la salvación, que por ser la madre de Cristo, inmaculada y siempre virgen, es llevada al cielo de una vez, en cuerpo y alma, para seguir desde allí su labor como madre espiritual de la humanidad, para seguir realizando la obra de Dios, para seguir llevando la Iglesia a su plenitud de gracia. BIBLIOGRAFÍA IGLESIA CATÓLICA. “Catecismo de la Iglesia Católica”. JIMÉNEZ HERNÁNDEZ, EMILIANO. “María Madre del Redentor”. España 1995. LORING, JORGE. “Para Salvarte”. México 2004. PEÑA. ANGEL. “María Madre Nuestra”. Perú 2008. SERNANI, GIORGIO. “Los Dogmas de María”. Argentina 2002. WEBGRAFÍA http://es.catholic.net/mariologiatodoacercademaria/570/ http://campus.udayton.edu/mary/Spanish/Los_Dogmas.html http://www.ewtn.com/spanish/maria/dogmas_marianos.htm http://www.evangelizarconelarte.com/una-ventana-abierta-a-mar%C3%ADa-luz-de-esperanza/loscuatro-dogmas-marianos/ http://www.aciprensa.com/Maria/index.html http://www.medjugorje.es/dogmas.php http://www.idyanunciad.net/reina/tema14.htm http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1997/documents/hf_jpii_aud_02071997_sp.html

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