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Getsemani

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  • 1. GETSEMANI BENEFICIOS QUE CONLLEVA LA MEDITACION DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTONuestro Señor mismo nos ha enseñado innumerables veces a través de los tiempos pormedio de todos sus Santos, de tantas almas privilegiadas, del Magisterio mismo de la Iglesiay, por supuesto, también por medio de los escritos de Luisa, «La Pequeña Hija de la DivinaVoluntad», la trascendente importancia que tiene el meditar en su Pasión; y no sólo meditarla,sino el vivir interiormente, intensamente y continuamente todo lo que Jesús mismo quisosufrir por amor a cada uno de nosotros. La Pasión de Cristo es una de las fuentes más provechosas que procura y facilitan unaunión más íntima con nuestro Señor y nos traza un camino seguro hacía la Santidad, comonos lo recuerda la Sagrada Escritura: “Sed santos, pues yo soy Santo" (Lv 11, 44). Es poresto que la meditación de la Pasión de Jesús ha sido uno de los temas preferidos pormuchos de los Santos durante el transcurso de toda la Historia de la Iglesia. Incluso elsegundo libro más leído después de la Biblia nos lo recalca: “El cristiano que mediteatentamente en la vida, Pasión y Muerte del Señor, encontrará allí en abundancia, todo lo que le esnecesario para progresar en su vida espiritual, sin necesidad de ir a buscar fuera de Jesús algo que lepueda aprovechar mejor” (Tomas de Kempis. La Imitación de Cristo.)Nos refiere San Luis María Grignon de Montfort en El secreto admirable del SantísimoRosario: « Afirma San Agustín que no hay ejercicio tan fructuoso y útil para la salvación comopensar con frecuencia en los sufrimientos del Señor.San Alberto Magno, maestro de Santo Tomás, supo por revelación que el simple recuerdo o lameditación de la pasión de Jesucristo es más meritorio para el cristiano que ayunar durante todo unaño a pan y agua todos los viernes, o disciplinarse sangrientamente cada semana, o rezar el salteriotodos los días. »Esto es lo que nos dice San Alfonso María de Ligorio sobre la Pasión de Cristo: « Nuestrotiempo no es tiempo de temor ya que somos testigos de un Dios que ofreció la vida paralograr hacerse amar. La pasión de Jesús fue llamada un exceso, por lo cual nadie que lamedite podrá seguirle a medias.Si quieres crecer en la vida del espíritu, piensa todos los días en los padecimientos del Señorporque pensando en ellos es imposible que no te llenes de amor y fortaleza; amor capaz derelativizar los demás efectos en comparación con el suyo, y fortaleza para sobrellevar congozo las pruebas y las cargas inevitables de la vida.¿Quién podrá desesperarse o irritarse por lo injusto de sus sufrimientos viendo a Jesúsherido y despedazado? ¿Quién rehusará sujetarse a las exigencias del bien común alrecordar a Cristo obediente hasta la muerte? ¿Quién podrá temer si se abraza a la cruz denuestro Redentor?Se lamentaba Santa Teresa de que algunos libros le hubieran aconsejado dejar de meditar lapasión, porque la humanidad de Cristo hubiera pudiera impedirle la contemplación de sudivinidad; y consciente del error exclamaba: "Oh Señor y bien mío, Jesús crucificado, meparecía haberte hecho una gran traición, pues ¿de dónde me vinieron todos los bienes sinode vuestra cruz?".Decía San Pablo que solo ambicionaba saber la ciencia de la cruz, es decir, el amor que ellaencierra: "Pues no quise entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Co 11,2). Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…1
  • 2. GETSEMANIPreguntado San Buenaventura de dónde sacaba tan copiosa y excelente doctrina comoponía en sus obras, dijo mostrando un crucifijo: "Este es el libro que me dicta todo lo queescribo. Aquí he aprendido lo poco que sé".¿Dudarías de consagrarte por entero al Redentor si verdaderamente conocieras el misteriode la cruz? ¿Cómo habiéndote amado hasta la locura no ha logrado aún gobernarte elcorazón? Ten presente que "Cristo murió por todos, para que los que viven no vivan para sí,sino para El que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5,15) .»Jesús hizo todo lo que el hombre Vol. 6, 5 de junio de 1905debió hacer de bien; si el almacorresponde, con el pensamiento de «Hija mía, las cruces, las mortificaciones y cualquier tipo desu Pasión, repite lo que el mismoJesús hizo en su humanidad, dándole sufrimiento son cada uno una fuente bautismal; y cualquiergran consuelo a Jesús. especie de cruz que esté como bañada con el pensamiento de mi pasión, pierde la mitad de su aspereza y disminuye la mitad de su peso ... Qué grande es mi consuelo al verte hacer de nuevo lo que hizo mi humanidad hace tantos siglos. Pues, todo lo que yo determiné que cada alma hiciera, fue hecho antes en mi humanidad. Y si el alma me corresponde por lo que yo hice por ella, lo vuelve a hacer en sí misma; de lo contrario, queda hecho sólo por mí mismo y esto me hace sentir una amargura indecible.»Rumiar continuamente los dolores de Vol. 7, 9 de noviembre de 1906la Pasión, hace que Jesús se desclavede la cruz para nacer en nuestro Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando encorazón, convirtiéndose él en nuestro la pasión de Nuestro Señor y mientras hacía esto, él vino yalimento continuo, y nosotros en sualimento. me dijo: «Hija mía, quien está siempre rumiando mi pasión, y siente dolor y me compadece, me agrada tanto que me siento como retribuido por todo lo que sufrí en el curso de mi pasión; el alma, rumiándola siempre, llega a formar un alimento continuo que contiene diferentes condimentos y sabores que producen en ella diferentes efectos. Así que, si durante mi pasión me dieron sogas y cadenas para atarme, el alma me desata y me da la libertad. Ellos me despreciaron, me escupieron y me deshonraron, ella me aprecia, me limpia los salivazos y me honra. Ellos me desnudaron y me flagelaron, ella me cura y me viste. Ellos me coronaron de espinas, tratándome como Rey de burla, me amargaron la boca con hiel y me crucificaron; el alma, rumiando todas mis penas, me corona de gloria y me honra como su Rey, me llana la boca de dulzura, dándome el alimento más exquisito, como es el recordarse de mis mismas obras, y me desclava de la cruz y me hace resucitar en su corazón, y cada vez que lo hace le doy como recompensa una nueva vida de gracia; de manera que ella es mi alimento y yo me hago su alimento continuo. Así pues, lo que más me gusta es que el alma rumie continuamente mi pasión.»María se llenó toda de Dios a fuerza de Vol. 11, 24 de marzo de 1913pensar repetidamente en la Pasión deJesús. «Hija mía, a mi amada Mamá jamás se le escapó el pensamiento de mi pasión, y a fuerza de repetirla, se llenó toda toda de mí. Así Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…2
  • 3. GETSEMANI le sucede al alma: a fuerza de repetir lo que yo sufrí, llega a llenarse de mí.»En cada pensamiento de la Pasión de Vol. 11, 23 de abril de 1916Jesús, en cada compasión, reparación,etc., el alma toma la luz de su «Hija mía, cada pena que sufrí, cada gota de sangre, cada llaga,humanidad, embelleciéndosesemejanza suya. Cada pensamiento de a oración, palabra, acción, paso, etc., produjo una luz en misu Pasión será una luz más que nos humanidad, que me embellecía de tal modo que tenía cautivadosdará un gozo eterno. a todos los bienaventurados. Ahora, el alma, en cada pensamiento de mi pasión, compasión, reparación, etc. que hace, no hace otra cosa que tomar luz de mi humanidad, embelleciéndose a mi semejanza; así que un pensamiento más de mi pasión será una luz más que le traerá un gozo eterno.»Todos los remedios que la humanidad Vol. 13, 21 de octubre de 1921necesita se encuentran en la Vida y enla Pasión de Nuestro Señor, pero las Estaba pensando en la pasión de mi dulce Jesús y él, alcriaturas desprecian la medicina y nose preocupan de los remedios, por eso venir, me dijo: «Hija mía, cada vez que el alma piensa en mise ve que a pesar de todos los bienes pasión, se acuerda de lo que sufrí, o me compadece, se renueva enencerrados en su redención, el hombremuere como afectado por una ella la aplicación de mis penas, surge mi sangre para inundarla yenfermedad incurable. mis llagas se ponen en camino para sanarla si está llagada o para embellecerla si está sana, y todos mis méritos también, para enriquecerla. El negocio que hace es sorprendente, es como si pusiera en un banco todo lo que yo hice y sufrí y ganara el doble. Así que, todo lo que yo hice y sufrí está en acto continuo de darse al hombre, así como el sol está en acto continuo de dar luz y calor a la tierra. Lo que yo hice no está sujeto a agotarse; basta que el alma quiera y cuantas veces quiera recibirá el fruto de mi vida; de manera que si se recuerda veinte, cien o mil veces de mi pasión, tantas veces gozará de sus efectos. Pero, ¡qué pocos son los que hacen tesoro de ella! A pesar de todo el bien que contiene mi pasión se ven almas débiles, ciegas, sordas, mudas, cojas, cadáveres vivientes que dan asco. ¿Y por qué? Porque se han olvidado de mi pasión. Mis penas, mis llagas, mi sangre son fortaleza que quita las debilidades, son luz que les da la vista a los ciegos, son lengua que desata las lenguas y que abre los oídos, son camino que endereza a los cojos, son vida que resucita a los muertos. Todos los remedios que la humanidad necesita se encuentran en mi vida y en mi pasión, pero las criaturas desprecian la medicina y no se preocupan de los remedios, por eso se ve que a pesar de todos los bienes encerrados en mi redención, el hombre perece en su estado como afectado por una enfermedad incurable; pero lo que más me duele es ver a personas religiosas que se fatigan por la adquisición de doctrinas, de especulaciones, de historias, pero de mi pasión nada, de manera que mi pasión muchas veces está lejos de las iglesias, de la boca de los sacerdotes, por lo que sus palabras no infunden luz, de manera que los pueblos se quedan en ayunas más que antes.» Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…3
  • 4. GETSEMANI Promesas de Jesús para quien ore y medite con las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.Cuando la Sierva de Dios Luisa Piccarreta terminó de escribir las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, como lo hemos dicho en otros lugares, le envió a San Aníbal Maríadi Francia el manuscrito final junto con una carta que ya hemos transcrito en otro lugar. En dicha carta, Luisa, entre otras cosas, dice: "...He incluido también otras pocas hojas en las que he escrito los efectos y las hermosas promesas que Jesús ha hecho a todos aquellos que mediten las Horas de la Pasión."Les hemos presentado anteriormente los efectos que produce la meditación de "Las Horas de la Pasión", ahora aquí les presenta mos algunas de las hermosas promesas que le haceNuestro Señor a todos aquellos que mediten las Horas de la Pasión. Vol. 11, 10 de abril de 1913 Y yo: « Dime, mi bien, ¿qué cosa darás en recompensa a los que hagan las Horas de la Pasión como tú me has enseñado? »A quien hace las Horas de la Pasión,Jesús le otorga sus mismos méritos Y él: « Hija mía, estas Horas no las veré como cosas vuestras, sinocomo si él mismo estuviera sufriendosu pasión. como cosas hechas por mí, y les daré mis mismos méritos, como si yo estuviera sufriendo en acto mi pasión, y así les haré obtener los mismos efectos, según la disposición de las almas; esto en la tierra, y por lo cual, mayor bien no podría darles; después, en el cielo, a estas almas las pondré frente a mí, flechándolas con flechas de amor y de felicidad, por cuantas veces hayan hecho las Horas de mi pasión, y ellos también me flecharán. ¡Qué dulce encanto será esto para todos los bienaventurados! »Si quien medita Las Horas de la Vol. 11, octubre de 1914Pasión lo hace junto con Jesús y consu misma Voluntad, Jesús dará un « Hija mía, como recompensa por haberlas escrito, por cadaalma por cada palabra que se repita,pues toda la mayor o menor eficacia palabra que has escrito te daré un alma, un beso. »de estas Horas de la Pasión está en la Y yo: « Amor mío, esto para mí; y a los que las hagan, ¿qué lesmayor o menor unión que tengamoscon Jesús. darás? » Y Jesús: « Si las hacen junto conmigo y con mi misma Voluntad, por cada palabra que repitan les daré un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas Horas de mi Pasiónestá en la mayor o menor unión que tengan conmigo. Y haciéndolas con mi Voluntad, la criatura se esconde en mi Voluntad, y obrando mi Voluntad puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra. Y esto, cada vez que las hagan. » Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…4
  • 5. GETSEMANI Preparación para antes de cada hora.¡Oh, Señor mío Jesucristo!, postrado ante tu divina presencia, suplico a tu amorosísimoCorazón que quiera admitirme a la dolorosa meditación de las 24 Horas de tu Pasión, en lasque por amor nuestro quisiste sufrir tanto en tu cuerpo adorable y en tu alma santísima, hastallegar a la muerte de cruz. ¡Ah!, ayúdame, dame tu gracia, amor, profunda compasión yentendimiento de tus padecimientos, mientras medito la hora ____.Y por aquellas horas que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, yes mi intención meditarlas durante todas aquellas horas en las que estoy obligado aocuparme de mis deberes o a dormir. Acepta, ¡oh misericordioso Jesús mío, Señor!, miamorosa intención, y haz que sea de provecho para mí y para muchos como si efectivamentehiciera santamente todo lo que quisiera practicar.Te doy gracias, ¡oh Jesús mío!, por haberme llamado a unirme a ti por medio de la oración; ypara complacerte todavía más, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu Corazón y con ellosquiero orar, fundiéndome del todo en tu Voluntad y en tu amor; y extendiendo mis brazospara abrazarte, apoyo mi cabeza sobre tu Corazón y empiezo.. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…5
  • 6. GETSEMANI De las 5 a las 6 de la tarde Jesús se despide de su Madre SantísimaOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh Madre mía!, se acerca la hora de la separación y yo quiero estar junto a ti. Dame tu amory tus reparaciones, dame tu dolor, que junto contigo quiero seguir paso a paso a mi adoradoJesús.Ya Jesús viene, y tú, con el alma rebosante de amor, corres a su encuentro, y al verlo tanpálido y triste se te rompe el Corazón por el dolor, las fuerzas te abandonan y estás a puntode desplomarte a sus pies...¡Oh dulce Madre!, ¿sabes para qué ha venido Jesús? Ha venido para decirte por última vez« adiós », para decirte su última palabra, para recibir tu último abrazo. Madre mía, me abrazoa ti con toda la ternura de la que es capaz mi pobre corazón, para que abrazado y unido a ti,pueda yo también recibir los abrazos de mi adorado Jesús. ¿Me desdeñarás acaso o no esmás bien un consuelo para tu Corazón tener un alma a tu lado que comparta contigo tuspenas, tus afectos y tus reparaciones?En esta hora tan desgarradora para tu tiernísimo Corazón, ¡qué lección nos das, oh Jesús,de filial y amorosa obediencia para con tu Madre! ¡Qué dulce armonía la que existe entreustedes dos! ¡Qué suave encanto de amor, que se eleva hasta el trono del Eterno y se dilatapara salvar a todas las criaturas de la tierra!Celestial Madre mía, ¿sabes lo que quiere de ti nuestro adorado Jesús? No otra cosa que tuúltima bendición. Es verdad que de todas las partículas de tu ser no salen más quebendiciones y alabanzas a tu Creador, pero Jesús, al despedirse de ti, quiere oír esa dulcepalabra de tu boca: «Te bendigo, hijo mío». Y ese «te bendigo» apaga en sus oídos lasblasfemias y penetra suavemente y con tanta dulzura dentro de su Corazón; ¡ah, sí!, Jesúsquiere oír de ti ese «te bendigo» para poner como un muro de protección que lo defiendacontra las ofensas que recibe de parte de todas las criaturas.También yo me uno a ti, dulce Madre mía; sobre las alas de los vientos quiero atravesar loscielos para pedirle al Padre y al Espíritu Santo, y a todos los ángeles su bendición, y asípoder traérsela a Jesús; y aquí en la tierra quiero pedirles a todas las criaturas y obtener decada boca, de cada latido y de cada paso, de cada respiro, de cada mirada y de cadapensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús, y si nadie me las quiere dar, yo quierodárselas por ellos.¡Oh dulce Madre!, después de haber recorrido una y otra vez cielos y tierra para pedirle a laSacrosanta Trinidad, a los ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de lasflores, a las olas del mar, a cada soplo del viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que semueve, al parpadear de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza un «te bendigo»para Jesús, vuelvo a ti y uno mis bendiciones a las tuyas. Dulce Madre mía, veo que túrecibes consuelo y alivio y le ofreces a Jesús mis bendiciones para reparar todas lasblasfemias y las maldiciones que recibe de parte de las criaturas, pero mientras yo te ofrezcotodo, oigo tu voz que dice temblando: «¡Hijo, bendíceme tú también a mí!». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…6
  • 7. GETSEMANIDulce Amor mío, bendíceme a mí también al bendecir a tu Madre, bendice mispensamientos, mi corazón, mis manos, mis pasos, mis obras y mientras bendices a tu Madrebendice también a todas las criaturas.Madre mía, al ver el rostro de Jesús pálido, triste y afligido, se despierta en ti el recuerdo delos dolores que dentro de poco tendrá que sufrir. Prevés su rostro cubierto de salivazos y lobendices; su cabeza traspasada por las espinas, sus ojos vendados, su cuerpo destrozadopor la flagelación, sus manos y sus pies atravesados por los clavos, y por todo lo bendices; ypor todos aquellos lugares por los que irá pasando tú lo sigues con tus bendiciones. Yotambién junto contigo lo sigo cuando Jesús será flagelado, clavado en la cruz, abofeteado,coronado de espinas..., en todo hallará junto con tus bendiciones las mías.¡Oh Jesús, Madre mía, los compadezco! Es inmenso su dolor en estos últimos momentos;parece que el Corazón de uno destroce el Corazón del otro.Madre Santísima, arranca mi corazón de la tierra y átalo fuertemente a Jesús, para queabrazado a él pueda tomar parte en tus dolores; y mientras se estrechan y se abrazan el unoal otro, mientras se ven y se besan por última vez, quiero estar entre sus Corazones parapoder recibir yo también sus últimos besos, sus últimos abrazos. ¿No ven que no puedo vivirsin ustedes a pesar de mis miserias y de mi frialdad? Jesús, Madre mía, ténganme abrazadoa ustedes; denme su amor, su Voluntad; hieran mi pobre corazón, estréchenme en susbrazos, y junto contigo, ¡oh dulce Madre mía!, quiero seguir paso a paso a mi adorado Jesúscon la intención de darle consuelo, alivio, amor y reparación por todos.Jesús mío, junto con tu Madre, beso tu pie izquierdo, suplicándote que quieras perdonarme amí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios.Beso tu pie derecho; perdóname y perdónanos a todos por todas las veces que no hemosseguido la perfección que tú querías de nosotros.Beso tu mano izquierda; comunícanos tu pureza.Beso tu mano derecha, y tú bendice todos los latidos de mi corazón, mis pensamientos, misafectos, para que teniendo el mismo valor que tiene tu bendición todos queden santificados;junto conmigo bendice también a todas las criaturas, y que tu bendición sea el sello de lasalvación de sus almas.¡Oh Jesús!, junto con tu Madre te abrazo, y besando tu Corazón, te ruego que pongas entre tuCorazón y el de tu Madre Santísima, el mío, para que se alimente continuamente de su amor, de sudolor, de sus mismos afectos y deseos, y de su misma vida. Así sea.Reflexiones y prácticas.Jesús, antes de dar inicio a su pasión, va con su Madre a pedirle su bendición. En este acto Jesús nosenseña la obediencia, no solamente exterior, sino especialmente la interior, que se necesita paracorresponder a las inspiraciones de la gracia. Muchas veces nosotros no estamos dispuestos a darlecumplimiento a las inspiraciones de la gracia, ya sea porque nuestro amor propio, junto con latentación, nos lo impide, o también por respeto humano, o bien, porque no nos hacemos dulceviolencia a nosotros mismos.Pero rechazar una buena inspiración para ejercitar una virtud, para hacer un acto heroico, parahacer una buena obra, para practicar una devoción..., hace que el Señor se retire, privándonos denuevas inspiraciones. En cambio, correspondiendo prontamente con piedad y con prudencia a lassantas inspiraciones, atraeremos sobre nosotros mayores gracias y luces.En los casos de duda, se echa mano de inmediato y con recta intención, del gran medio de la oracióny de un recto y sabio consejo. De este modo el buen Dios no deja de iluminar nuestra alma parapoder seguir las divinas inspiraciones y hacer que se multipliquen aprovechándolas al máximo. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…7
  • 8. GETSEMANIDebemos hacer todas nuestras acciones, nuestros actos, nuestras oraciones, las Horas de la Pasión,con las mismas intenciones de Jesús, en su Voluntad, y sacrificándonos a nosotros mismos como él lohizo, para gloria del Padre y por el bien de las almas.Debemos estar dispuestos a sacrificarlo todo por amor de nuestro amable Jesús, uniformándonos asu espíritu, obrando con sus mismos sentimientos y abandonándonos a él, no solamente en todosnuestros sufrimientos y contrariedades externas, sino más aún en todo lo que disponga y suceda ennuestro interior; de este modo, cuando la ocasión lo quiera, nos encontraremos dispuestos a aceptarcualquier pena. Haciendo así le daremos a Jesús pequeños sorbos de dulzura; pero si ademáshacemos todo esto en la Voluntad de Dios, que contiene todas las dulzuras y todas las alegrías enmodo inmenso, le daremos entonces a Jesús grandes sorbos de dulzura, de modo tal que podremosmitigar el envenenamiento que le provocan las criaturas y consolar su Corazón Divino.Antes de empezar a hacer cualquier cosa, pidamos siempre la bendición de Dios, para hacer quetodas nuestras acciones tengan el toque de la divinidad y atraigan sobre nosotros y sobre todas lascriaturas las bendiciones del cielo.« Jesús mío, que tu bendición me preceda, me acompañe y me siga, para que todo lo que haga lleve elsello de tu bendición ».Oración de agradecimiento De las 6 a las 7 de la tarde JESÚS SE SEPARA DE SU MADRE SANTÍSIMA Y SE ENCAMINA HACIA EL CENÁCULOOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Adorable Jesús mío, mientras que junto contigo he tomado parte en tus dolores y en los de tuafligida Madre, finalmente te decides a partir para dirigirte a donde la Voluntad del Padre tellama. Es tan grande el dolor de uno y otro que los vuelve inseparables, por lo que tú tequedas en el Corazón de tu Madre, y ella, dulce Reina y Madre, se queda en el tuyo, de locontrario les sería imposible separarse. Luego, bendiciéndose el uno al otro, tú la besas porúltima vez para fortalecerla y para que pueda soportar tantos amargos dolores; te despidesde ella por última vez y te vas.Pero la palidez de tu rostro, tus labios temblorosos, tu voz apagada, que parece como siestuvieras por empezar a llorar al decirle «adiós», ¡ah, todo me dice cuánto la amas y cuántosufres al tener que dejarla! Pero para cumplir la Voluntad del Padre, con sus Corazonesfundidos el uno en el otro, a todo se someten, queriendo reparar por quienes, por no quererrenunciar al cariño de sus familiares y amigos, a los vínculos y los apegos, incluso a lascosas lícitas y santas, no se preocupan de cumplir la santa Voluntad de Dios y decorresponder al estado de santidad al que Dios los llama. ¡Qué dolor te dan estas almas alrechazar de sus corazones el amor que quieres darles contentándose con el amor de lascriaturas! Amable Amor mío, mientras reparo contigo, déjame que me quede junto a tu Madrepara consolarla y sostenerla mientras tú te alejas, después apresuraré mis pasos paraalcanzarte.Pero con sumo dolor veo que mi Madre, angustiada, tiembla, y es tanto su dolor, quemientras trata de decirle «adiós» a su Hijo, la voz se le apaga entre los labios y no puede Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…8
  • 9. GETSEMANIarticular palabra alguna; se siente desfallecer, y en su delirio de amor dice: « ¡Hijo mío, Hijomío, te bendigo! ¡Qué amarga separación, más cruel que la misma muerte! ».Pero el dolor le impide seguir hablando y la enmudece...Desconsolada Reina, déjame que te sostenga, que te seque las lágrimas y que tecompadezca en tu amarguísimo dolor!Madre mía, yo no te dejaré sola. Déjame estar a tu lado y en este momento tan doloroso paraJesús y para ti enséñame lo que debo hacer, cómo debo defenderlo y consolarlo, cómo deboreparar, y si debo dar mi vida para defender la suya... No, no me apartaré, permaneceré bajotu manto; a tu señal volaré hacia Jesús y le llevaré tu amor, tus afectos y tus besos junto conlos míos y los pondré en cada llaga, en cada gota de su sangre, en cada pena e insultorecibido, para que sintiendo en cada pena los besos y el amor de su Madre, sus penasqueden endulzadas; y después volveré bajo tu manto trayéndote sus besos para endulzar tuCorazón traspasado.Madre mía, mi corazón palpita fuertemente; quiero ir en busca de Jesús; y mientras beso tusmanos maternas, bendíceme como bendijiste a Jesús, y deja que me encamine hacia él.Dulce Jesús mío, el amor me señala tus pasos y te alcanzo mientras estás recorriendo lascalles de Jerusalén con tus amados discípulos. Te miro y veo que todavía estás pálido; oigotu voz, dulce, sí, pero triste, y de una tristeza tal que se les parte el corazón a tus discípulos,quienes se encuentran sumamente turbados. Y dices: «Es la última vez que recorro estas callespor mí mismo, mañana las recorreré atado y arrastrado entre mil insultos».Y señalando los lugares en los que serás insultado y maltratado mayormente, siguesdiciendo: «Mi vida está por terminar aquí en la tierra, como el sol está por desaparecer en elhorizonte, y mañana, a esta hora, ya no estaré con ustedes. Pero como sol resucitaré al tercer día».Al oír estas palabras los apóstoles se ponen muy tristes y taciturnos y no saben quéresponder. Pero tú añades: «Ánimo, no se abatan, yo no los dejaré, estaré siempre con ustedes,pero es necesario que yo muera por el bien de todos ustedes».Y diciendo esto te conmueves, pero con tu voz sofocada por el llanto continúasinstruyéndolos, y antes de entrar al Cenáculo miras el sol que está en el ocaso así como túestás en el ocaso de tu vida, y ofreces tus pasos por quienes se encuentran en el ocaso de lavida y les das la gracia para que puedan morir en ti, reparando por quienes a pesar de lossinsabores y de los desengaños de la vida se obstinan en no rendirse a tu amor.Después le das una última mirada a Jerusalén, el centro de tus prodigios y de laspredilecciones de tu Corazón, y que en pago ya te está preparando la cruz y está afilando losclavos para realizar el deicidio; y tú te estremeces, se te rompe el Corazón por el dolor ylloras por su próxima destrucción. De este modo reparas por tantas almas consagradas a ti,almas que con tanto cuidado tratabas de convertirlas en portentos de tu amor y que, ingratas,no te corresponden y te hacen sufrir todavía más amargamente.Quiero reparar contigo para endulzar la herida de tu Corazón. Me doy cuenta de que quedashorrorizado a la vista de Jerusalén, y apartando de ella tu mirada, entras en el Cenáculo.Amor mío, estréchame a tu Corazón para que haga mías tus amarguras y las ofrezca juntocontigo, y tú mira piadoso mi alma y derramando tu amor en ella, bendíceme.Reflexiones y prácticas.Jesús prontamente se separa de su Santísima Madre, aunque su Corazón sufre enormemente.Y nosotros, ¿estamos dispuestos a sacrificar prontamente incluso los afectos más legítimos y santospara cumplir la Voluntad de Dios?Examinémonos especialmente en los casos en los que la presencia divina sensible o la devociónsensible nos falta. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…9
  • 10. GETSEMANICuando Jesús daba sus últimos pasos, no los daba en vano, sino que glorificaba al Padre y pedía porla salvación de las almas. Cuando caminamos debemos hacerlo con las mismas intenciones de Jesús,es decir, sacrificándonos por la gloria del Padre y por la salvación de las almas. Además debemosimaginarnos que ponemos nuestros pasos en los pasos de Jesús, y así como Jesús no daba un solopaso en vano, sino que encerraba en sus pasos los pasos de todas las criaturas reparando por todoslos malos pasos, para darle al Padre la gloria que todos le debían, y darles vida a todos los pasos delos pecadores para que pudieran caminar por el camino del bien, así también nosotros haremos lomismo poniendo nuestros pasos en los de Jesús con sus mismas intenciones.Y cuando vamos por la calle, ¿lo hacemos modestamente y con recogimiento, de modo que seamosun ejemplo para los demás? Mientras Jesús caminaba, de cuando en cuando les decía algunaspalabras a sus apóstoles, hablándoles de la inminencia de su pasión; y cuando nosotros hablamos,¿de qué tratan nuestras conversaciones? Cuando se ofrece la ocasión durante nuestrasconversaciones, ¿hablamos sobre la pasión de nuestro Señor Jesucristo?Jesús, al ver que sus apóstoles estaban tristes y desanimados trataba de confortarlos. Y nosotroscuando hablamos, ¿ponemos la intención de confortar a Jesús, haciendo nuestras conversaciones enla Divina Voluntad, infundiendo en los demás el espíritu de Jesucristo?Jesús se encamina hacia el Cenáculo; todos nuestros pensamientos, nuestros afectos, cada latido delcorazón, nuestras oraciones, todas nuestras obras, nuestro alimento y nuestro trabajo debemosencerrarlos en el Corazón de Jesús al momento que lo hacemos, y obrando de este modo, todo lo quehacemos tomará el modo divino. Pero siendo difícil el mantener siempre este modo divino, ya quepor la miseria humana resulta difícil mantener continuamente la intención de fundir todos nuestrosactos en Jesús, puede entonces suplir la intención de nuestra buena voluntad y así Jesús estará muycomplacido; él mismo estará vigilando cada pensamiento, cada palabra, cada latido de nuestrocorazón y todos esos actos los tendrá dentro y fuera de sí mismo y los verá con mucho amor, cualfruto de la buena voluntad de la criatura.Pero cuando el alma, fundiéndose en él, hace todos sus actos inmediatos con Jesús, él se siente tanatraído hacia esta alma, que hará junto con ella lo que ella hace, y hará que todo lo que haga seadivino. Todo esto es efecto de la bondad de Dios, que todo lo toma en cuenta y todo lo premia, hastaun pequeño acto hecho en la Voluntad de Dios, para hacer que la criatura no quede defraudada ennada.« Vida mía, Todo mío, que tus pasos guíen los míos y que mientras piso esta tierra, mis pensamientosestén en el cielo ».Oración de agradecimiento De las 7 a las 8 de la tarde LA CENA LEGALOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh Jesús!, llegando al Cenáculo con tus amados discípulos te pones a cenar con ellos.¡Qué dulzura, qué afabilidad muestras en toda tu divina persona abajándote a tomar porúltima vez el alimento material! ¡Todo en ti es amor! También aquí no solamente reparas lospecados de gula, sino que obtienes además la santificación del alimento, y así como éste se Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…10
  • 11. GETSEMANIconvierte en fuerza para el cuerpo, obtienes también para nosotros la santidad hasta para lascosas más bajas, y comunes y corrientes que hagamos.Jesús, vida mía, tu mirada dulce y penetrante parece indagar a todos tus apóstoles, y hastaen el acto de tomar alimento tu Corazón queda traspasado al ver a tus amados apóstolesdébiles y vacilantes todavía, sobre todo al pérfido Judas que ya ha puesto un pie en elinfierno. Y tú, en el fondo de tu Corazón, dices amargamente: «¿Cuál es la utilidad de misangre? ¡He aquí un alma tan beneficiada por mí, perdida para siempre!».Y con tus ojos resplandecientes de luz lo miras como queriendo hacer que comprenda elgran mal cometido. Pero tu caridad suprema te pide que soportes este dolor y que no se lomanifiestes ni siquiera a tus amados discípulos.Y mientras sufres amargamente por Judas, tu Corazón se llena de alegría al ver a tuizquierda a tu amado discípulo Juan, y no pudiendo contener más tu amor por él, lo atraesdulcemente hacia ti y haces que apoye su cabeza sobre tu Corazón haciéndole sentir elparaíso por adelantado.Es en esta hora solemne en la que en estos dos discípulos están representados los dospueblos: el réprobo y el elegido. El réprobo en Judas que ya siente el infierno en su corazón,y el elegido en Juan que en ti reposa y goza. ¡Oh dulce Bien mío, también yo me pongo a tulado y junto con tu amado discípulo quiero apoyar mi cabeza cansada sobre tu Corazónadorable y pedirte que también a mí me hagas sentir sobre esta tierra las delicias del cielo,para que cautivado por las dulces armonías de tu Corazón, la tierra para mí ya no sea tierra,sino cielo!Pero en medio de esas armonías dulcísimas y divinas siento que se te escapan del Corazóndolorosos latidos: ¡Son las almas perdidas! ¡Oh Jesús, no permitas que se pierdan másalmas! Haz que cada latido de tu Corazón fluya en los suyos y les haga sentir los latidos dela vida del cielo, así como lo siente tu amado discípulo Juan y que atraídas por la suavidad yla dulzura de tu amor puedan rendirse todas a ti.¡Oh Jesús!, mientras me quedo en tu Corazón, dame también a mí, así como les diste a tusapóstoles, el alimento de tu Divina Voluntad, el alimento de tu amor, el alimento de tu divinapalabra, y jamás, ¡oh Jesús mío!, me niegues este alimento que tú mismo tanto deseasdarme, para que puedas formar en mí tu misma vida.Dulce Bien mío, mientras estoy a tu lado, me doy cuenta de que lo que estás comiendo juntocon tus amados apóstoles es un cordero. Sí, es precisamente el cordero que te representa; yasí como en este cordero no queda ningún humor vital por la fuerza del fuego, también tú,que eres el Cordero Místico y que por las criaturas debes consumirte totalmente por la fuerzade tu amor, no te quedarás ni siquiera con una gota de tu sangre, derramándola toda poramor nuestro. De manera que nada de lo que haces deja de representar a lo vivo tudolorosísima pasión, teniéndola siempre presente en tu mente, en tu Corazón, en todo; y esome enseña, que si yo también tuviera siempre presente en mi mente y en mi corazón elrecuerdo de tu pasión, jamás me negarías el alimento de tu amor.¡Cuánto te doy gracias, oh Jesús mío! No pasas por alto ni un solo acto en el que no metengas presente y en el que además no quieras hacerme algún bien especial. Por eso, tesuplico que tu pasión esté siempre en mi mente, en mi corazón, en mis miradas, en mispasos y en mis obras, para que a donde quiera que vaya, dentro y fuera de mí, te encuentresiempre presente para mí, y tú dame la gracia de que yo jamás olvide lo que haz hecho ysufrido por mí, y que ésta sea como un imán que, atrayendo todo mi ser hacía ti, me impidael poder volver a alejarme de ti. Así sea. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…11
  • 12. GETSEMANIReflexiones y prácticas.Antes de empezar a comer, unamos nuestras intenciones a las de nuestro bien amado Jesús,imaginándonos que la boca de Jesús es la nuestra, y que movemos nuestros labios y nuestras mejillasjunto con las suyas.Haciendo esto, no solamente atraeremos a nosotros la vida de Jesús, sino que nos uniremos a él paradarle al Padre toda la gloria, la alabanza, el amor, la acción de gracias y la reparación que todas lascriaturas deberían darle y que Jesús hizo por nosotros en este acto al tomar los alimentos.Imaginémonos también estar a su lado cuando estamos sentados en la mesa, y que cada vez que lomiramos, le pedimos que divida con nosotros un bocado, besamos la orilla de su manto,contemplamos cómo se mueven sus labios, sus ojos celestiales o nos damos cuenta de cómo pormomentos empalidece su amabilísimo rostro al prever tantas ingratitudes humanas.Así como Jesús durante la cena estaba hablando de su pasión, también nosotros, cuando estemoscomiendo haremos alguna reflexión de cómo hemos estado haciendo las Horas de la Pasión. Losángeles están siempre pendientes sobre nosotros para recoger nuestras oraciones y nuestrasreparaciones y llevarlas a la presencia del Padre, tal como hacían cuando Jesús estuvo sobre latierra, para mitigar de algún modo su justa indignación por todas las ofensas que recibe de parte delas criaturas. Y cuando hacemos oración, ¿podemos decir que los ángeles están contentos, quehemos estado recogidos y reverentes, de modo que ellos puedan llevar al cielo con gozo nuestrasoraciones, así como llevaban las de Jesús?, o más bien, ¿los hemos entristecido?Mientras Jesús comía, al ver a Judas que se iba a perder, se le rompía el Corazón por el dolor, y enJudas veía a todas las almas que se iban a perder, y puesto que no hubo cosa que más lo hicierasufrir que la perdición de las almas, no pudiendo contenerse, atrajo hacia su Corazón a Juan para enél hallar alivio. Así también nosotros, como Juan, estaremos siempre cerca de él, compadeciéndoloen todos sus sufrimientos, dándole alivio y haciéndolo reposar en nuestros corazones; tambiénharemos nuestras sus penas, nos fundiremos en él, y así sentiremos los latidos de su Corazón Divinotraspasado por la perdición de las almas. Le daremos los latidos de nuestro corazón para sanar susheridas, y dentro de esas heridas pondremos a las almas que quieren condenarse para que seconviertan y se salven.Cada latido del Corazón de Jesús es un « te amo » que repercute en cada latido del corazón de lascriaturas y que quisiera encerrarlas a todas en su Corazón para sentirse correspondido por suslatidos, pero el buen Jesús no es correspondido por tantas almas y sus latidos quedan comosofocados y amargados. Pidámosle a Jesús que selle nuestros latidos con su « te amo » para quenuestro corazón pueda también vivir la vida de su Corazón y que repercutiendo en el corazón de lascriaturas, las obligue a decir: « ¡Te amo, oh Jesús! ».Es más, nos fundiremos en él y nos hará sentir su « te amo ». Es tan inmenso el « te amo » de Jesús,que los cielos y la tierra están llenos de él, circula en los santos, desciende al purgatorio; todos loscorazones de las criaturas han sido tocados por el « te amo » de Jesús y hasta los mismos elementossienten vida nueva, de modo que todos experimentan sus efectos.Y Jesús, hasta en el respiro se siente como sofocado por la perdición de las almas; así que nosotros ledaremos nuestro respiro de amor para confortarlo, y tomando su respiro, tocaremos a las almas quese apartan de sus brazos para darles la vida de su respiro divino, para que en vez de huir, puedanregresar a él y vivir todavía más unidos a él.Y cuando nos sintamos en pena, sintiendo fatiga al respirar, pensemos entonces en Jesús, que en surespiro contiene el respiro de todas las criaturas: también él, cuando un alma se pierde, siente comoque le falta el respiro; por eso nosotros, pongamos nuestro respiro fatigoso y penante en el respirode Jesús para darle alivio y con nuestro dolor corramos en busca del pecador para obligarlo a que seencierre en el Corazón de Jesús. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…12
  • 13. GETSEMANI« Amado Bien mío, que mi respiro sea un grito constante a cada respiro de las criaturas que lasobligue a encerrarse en tu respiro divino ».La primera palabra que Jesús amante dijo sobre la cruz fue la palabra del perdón, para disculparante el Padre a todas las almas y para hacer que su justicia se transformara en misericordia.Nosotros le ofreceremos todos nuestros actos para pedir disculpa en favor de los pecadores, paraque enternecido por nuestra petición de perdón, ningún alma pueda irse al infierno. Haremos laguardia junto con él a los corazones de las criaturas, para que nadie lo ofenda.Dejaremos que desahogue su amor aceptando de buena gana todo lo que disponga de nosotros:frialdades, durezas, oscuridades, opresiones, tentaciones, distracciones, calumnias, enfermedades ycualquier otra cosa, para confortarlo por todo lo que recibe de parte de las criaturas. No essolamente con el amor que Jesús se desahoga con las almas, sino que también muchas veces, cuandosiente el frío de las criaturas, busca un alma a la cual hacerle sentir su frío y así desahogarse conella, y si el alma lo acepta, se siente reanimado de todas las frialdades de las criaturas y este fríoserá como un guardia que cuide el corazón de las almas para hacer que Jesús sea amado por ellas.Otras veces Jesús siente la dureza de los corazones en el suyo y, no pudiéndola contener, quieredesahogarse y viene a nosotros y con su Corazón toca el nuestro, participándonos parte de su pena ynosotros haciendo nuestra su pena, la pondremos alrededor del corazón del pecador, para ablandarsu dureza de corazón y conducirlo a Jesús.« Mi bien amado Jesús, tú sufres tanto por la perdición de las almas, y yo, para compadecerte, pongoa tu disposición todo mi ser; tomaré sobre mí tus penas y las penas de todos los pecadores y así tedaré un alivio y al pecador lo dejaré abrazado a ti ».« ¡Oh Jesús mío, haz que todo mi ser se derrita de amor, para que se convierta en un alivio continuopara ti y endulce todas tus amarguras! ».Oración de agradecimiento De las 8 a las 9 de la noche LA CENA EUCARÍSTICAOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Dulce Amor mío, incontentable siempre en tu amor, veo que al terminar la cena legal, tepones de pie junto con tus amados discípulos y elevas al Padre el himno de acción degracias por haberles dado el alimento, queriendo así reparar por todas las faltas de gratitud,por todas las veces que las criaturas no te agradecen todos los recursos que nosproporcionas para la conservación de nuestra vida corporal. Es por eso que tú, ¡oh Jesús!, entodo lo que haces, en todo lo que tocas y ves, tienes siempre en tus labios estas palabras:«¡Gracias te sean dadas, oh Padre!».¡Oh Jesús!, también yo, unido a ti, tomaré estas palabras de tus mismos labios y diré siemprey en todo: «Gracias, por mí y por todos», para continuar tu misma reparación por las faltas degratitud de las criaturas. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…13
  • 14. GETSEMANILavatorio de los piesMas parece que tu amor no se da tregua; haces que de nuevo se sienten tus amadosdiscípulos, tomas una palangana con agua, y tomando una toalla blanca, te postras a los piesde los apóstoles, en un acto tan humilde, que llamas la atención de todo el cielo quedandoestático. Hasta los mismos apóstoles se quedan paralizados al verte postrado a sus pies...Pero dime Amor mío, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que pretendes hacer con este actotan humilde? ¡Humildad jamás vista y que jamás se volverá a ver!« ¡Ah, hijo mío! Quiero a todas las almas, y postrado a sus pies como un pobre mendigo, se las pido acada uno con insistencia, y llorando tramo inventos de amor para llegar a hacerlas mías... Con esterecipiente de agua mezclada con mis lágrimas y postrado a sus pies, quiero lavarlas de todaimperfección y prepararlas para recibirme en el sacramento que estoy por instituir. Es tanimportante para mí este acto de recibirme en la Eucaristía, que no quiero confiarle este oficio ni alos ángeles y ni siquiera a mi querida Madre, sino que yo mismo quiero purificar las almas de misapóstoles, hasta las partes más íntimas de su ser, para disponerlos a recibir el fruto del sacramento;y es también mi intención preparar en los apóstoles a todas las almas ».« Quiero reparar todas las obras santas, la administración de los sacramentos, y especialmentetodas las cosas hechas por los sacerdotes con espíritu de soberbia, vacías de espíritu divino y dedesinterés. ¡Ah, cuántas obras buenas llegan a mí más para deshonrarme que para honrarme! ¡Máspara hacerme sufrir que para complacerme! ¡Más para darme muerte que para darme vida! Estasson las ofensas que más me entristecen... ¡Oh alma!, numera todas las ofensas más íntimas que se mehacen, y con mis mismas reparaciones, repara y consuela mi Corazón lleno de amarguras ».Afligido Bien mío, tu vida la hago mía y junto contigo quiero repararte por todas esas ofensas.Quiero entrar en los escondrijos más íntimos de tu Corazón divino y hacer una reparacióncon tu mismo Corazón por las ofensas más íntimas y secretas que recibes de tus hijospredilectos. Jesús mío, quiero seguirte en todo, y unido a ti, quiero hacer un recorrido portodas las almas que te recibirán en la Eucaristía, quiero entrar en sus corazones, y poniendomis manos junto con las tuyas, ¡ah Jesús!, con esas mismas lágrimas tuyas mezcladas en elagua con la que les lavaste los pies a tus apóstoles, lavemos a las almas que te recibirán,purifiquemos sus corazones, prendámosles fuego, sacudamos de ellas el polvo con el que sehan ensuciado para que cuando te reciban puedas hallar en ellas tus complacencias en lugarde amarguras.Afectuoso Bien mío, pero mientras con toda atención les estás lavando los pies a tusapóstoles, te miro y veo que otro dolor traspasa tu Corazón santísimo: los apóstolesrepresentan para ti a todos los futuros hijos de la Iglesia; cada uno de ellos representaba laserie de cada uno de los males que iban a existir en la Iglesia, y por lo tanto, la serie de cadauno de tus dolores: en uno las debilidades, en otro los engaños o las hipocresías o el amordesmedido a los intereses..., en San Pedro, el faltar a los buenos propósitos y todas lasofensas de los jefes de la Iglesia, en San Juan las ofensas de los que te son más fieles, enJudas a todos los apóstatas junto con toda la serie de los graves males cometidos por éstos.Tu Corazón está sofocado por tanto dolor y por tu amor, tanto, que no pudiendo contenerte,te detienes a los pies de cada apóstol y lloras amargamente, oras y reparas por cada una deestas ofensas y pides para todos el remedio oportuno.Jesús mío, también yo me uno a ti: hago mías tus oraciones, tus reparaciones y los remediosoportunos que has solicitado para cada alma. Quiero mezclar mis lágrimas con las tuyas paraque nunca estés solo, sino que siempre me tengas contigo para dividir tus penas.Pero mientras sigues lavando los pies de tus apóstoles, dulce Amor mío, veo que ya estás alos pies de Judas. Puedo oír tu respiro como sofocado... y veo que no solamente estásllorando, sino que sollozas, y que mientras estás lavando esos pies, los besas, te los Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…14
  • 15. GETSEMANIestrechas al Corazón, y no pudiendo emitir palabra alguna porque el llanto te sofoca, lo mirascon tus ojos hinchados por las lágrimas, y con el Corazón le dices: « ¡Hijito mío, ah, te losuplico con la voz de mis lágrimas, no te vayas al infierno! ¡Dame tu alma; postrado a tus pies te lapido! Dime, ¿qué es lo que quieres?, ¿qué es lo que pretendes? Te daré todo con tal de que no tepierdas. ¡Ah, evítame este dolor, a mí, tu Dios! ».Y vuelves a estrechar sus pies a tu Corazón... Pero viendo la dureza de Judas, tu Corazón seve en aprietos, tu amor te sofoca y estás a punto de desfallecer.Corazón mío, Vida mía, déjame que te sostenga entre mis brazos. Me doy cuenta de queestos son los inventos de tu amor que usas con los pecadores obstinados... ¡Ah, Corazónmío!, mientras te compadezco y reparo por las ofensas que recibes de las almas que seobstinan en no querer convertirse, te suplico que recorramos juntos la tierra y en donde hayapecadores obstinados, démosle a cada uno tus lágrimas para enternecerlos, tus besos y tusabrazos de amor para encadenarlos a ti, de manera que ya no puedan huir de ti, y así teconsueles por el dolor que te causó la perdición de Judas.La Institución de la Santísima EucaristíaJesús mío, gozo y delicia mía, veo que tu amor corre, vuela. Con el Corazón lleno de dolor televantas, y como que corres al altar en donde está preparado el pan y el vino para laconsagración. Corazón mío, veo que tomas un aspecto totalmente nuevo y jamás visto; tudivina persona toma un aspecto tierno, amoroso, afectuoso; tus ojos resplandecen de luzmás que si fueran soles, tu rostro encendido brilla, tus labios sonríen y arden de amor, y tusmanos creadoras se disponen a crear. Amor mío, estás totalmente transformado; parececomo si la divinidad se desbordara de tu humanidad. Corazón mío y Vida mía, Jesús, estenuevo aspecto tuyo jamás visto llama la atención de todos los apóstoles que subyugados portan dulce encanto no se atreven ni siquiera a respirar. Tu dulce Madre corre en espíritu a lospies del altar, para contemplar los prodigios de tu amor. Los ángeles bajan del cielo y sepreguntan unos a otros: «¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¡Es una verdadera locura, un exceso inaudito! UnDios que crea, no el cielo o la tierra, sino a sí mismo, ¿y dónde? Dentro de la materia vilísima de pocopan y poco vino».Y mientras que todos están a tu alrededor, ¡oh Amor insaciable!, veo que tomas el pan entretus manos, se lo ofreces al Padre y oigo tu dulcísima voz que dice: «Padre Santo, te doygracias porque siempre escuchas a tu Hijo. Padre mío, concurre conmigo. Tú un día me enviaste delcielo a la tierra para que me encarnara en el seno de mi Madre y viniera a salvar a nuestros hijos;ahora permíteme que me encarne en cada hostia para poder continuar su salvación y ser vida decada uno de mis hijos... ¡Mira, oh Padre!, me quedan pocas horas de vida, ¿quién tendrá corazónpara dejar a mis hijos huérfanos y solos? Sus enemigos son muchos: las tinieblas, las pasiones, lasdebilidades a las que están sujetos... ¿Quién podrá ayudarlos? ¡Ah, te lo suplico, déjame que mequede en cada hostia para ser vida de cada uno de ellos! Para poner en fuga a sus enemigos y serpara ellos luz, fuerza y ayuda en todo. De lo contrario, ¿a dónde irán?, ¿quién los ayudará? Nuestrasobras son eternas, mi amor es irresistible, no puedo ni quiero dejar a mis hijos».Y el Padre, al oír la voz tierna y afectuosa de su Hijo, se enternece, desciende del cielo y seencuentra ya sobre el altar junto con el Espíritu Santo para concurrir con su Hijo. Y Jesús,con voz fuerte y conmovedora, pronuncia las palabras de la consagración, y sin dejarse a símismo, se crea a sí mismo en ese pan y en ese vino... Y después te das en la Comunión atus apóstoles y creo que nuestra querida Madre Celestial no se quedó sin recibirte. ¡Ah,Jesús, los cielos se inclinan reverentes y todos te hacen un acto de adoración en este nuevoestado tuyo de profundo anonadamiento! Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…15
  • 16. GETSEMANIPero mientras tu amor queda complacido y satisfecho, ¡oh dulce Jesús!, no teniendo ya nadamás que hacer, veo, ¡oh Bien mío!, que sobre el altar, entre tus manos, se encuentran todaslas hostias consagradas que se perpetuarán hasta el fin de los siglos, y en cada hostia veoque está desplegada toda tu dolorosa pasión, pues las criaturas, a los excesos de tu amor,preparan excesos de ingratitudes y de enormes delitos. Y yo, Corazón de mi corazón, quieroestar siempre junto contigo en cada sagrario, en todos los copones y en cada hostiaconsagrada que llegará a tener existencia hasta el final del mundo, para poder ofrecerte misactos de reparación conforme a las ofensas que recibes.Por eso, Corazón mío, me pongo junto a ti y beso tu frente majestuosa. Pero al besartesiento en mis labios el dolor de las espinas que coronan tu cabeza, porque en esta hostiasanta, ¡oh Jesús mío!, no es que te evitan ser coronado de espinas como en la pasión. Veoque las criaturas vienen ante tu presencia sacramental, y en vez de ofrecerte el homenaje desus pensamientos, te ofrecen sus malos pensamientos, y tú bajas de nuevo la cabeza comoen la pasión, para recibir las espinas de los malos pensamientos que las criaturas tienen antetu presencia sacramental. ¡Oh Amor mío!, también yo contigo bajo la cabeza para compartirtus penas, y pongo todos mis pensamientos en tu mente para sacarte estas espinas que tecausan tanto dolor, y quiero que cada uno de mis pensamientos fluya en cada uno de lostuyos para hacerte un acto de reparación por cada pensamiento malo de las criaturas yendulzar así tus pensamientos afligidos.Jesús, Bien mío, beso tus hermosos ojos. En esta hostia santa, con esos ojos tuyos llenos deamor, estás en espera de todos aquellos que vienen a tu presencia para mirarlos con tusmiradas de amor y así ser correspondido con el amor de sus miradas amorosas. Pero,¡cuántos vienen ante ti, y en lugar de verte y buscarte a ti, se ponen a ver cosas que losdistraen de ti quitándote el gusto de intercambiar tus miradas con las suyas y tú lloras! Poreso, al besarte, siento que mis labios se mojan con tus lágrimas. ¡Ah, Jesús mío, no llores!,quiero poner mis ojos en los tuyos para compartir tus penas y llorar junto contigo y hacer unareparación por todas las miradas distraídas, ofreciéndote mis miradas teniéndolas siemprefijas en ti.Jesús, Amor mío, beso tus santísimos oídos. Con mucha atención quieres escuchar lo quelas criaturas quieren de ti para consolarlas, y sin embargo, ellas hacen llegar a tus oídosoraciones mal hechas, llenas de aprensiones y sin verdadera confianza; oraciones hechas,en su mayoría, por rutina y sin vida; y tus oídos en esta hostia santa se sienten molestadosmás todavía que durante tu pasión. ¡Oh Jesús mío!, quiero tomar todas las armonías delcielo y ponerlas en tus oídos para repararte por esas molestias; quiero poner mis oídos enlos tuyos, no sólo para compartir estas molestias, sino para estar siempre atento a lo quequieres, a lo que sufres, y ofrecerte inmediatamente mi reparación y consolarte.Jesús, Vida mía, beso tu santísimo rostro y veo que está todo ensangrentado, pálido ehinchado. ¡Ah!, las criaturas vienen ante tu presencia en esta hostia santa y con sus posturasindecentes y las malas conversaciones que hacen ante ti, en vez de honrarte, te danbofetadas y te escupen, y tú, como en la pasión, lleno de paz y con tanta paciencia, lorecibes y lo soportas todo... ¡Oh Jesús mío!, no solamente quiero poner mi rostro junto altuyo para acariciarte y besarte cuando te den de bofetadas y limpiarte los salivazos cuandote escupan, sino que quiero ponerlo en tu mismo rostro, para compartir contigo estas penas;más aún, quiero hacer de mi ser tantos diminutos pedacitos, para ponerlos ante ti comoestatuas arrodilladas incesantemente y repararte tantos deshonores que recibes en tupresencia sacramental.Jesús mío, beso tu dulcísima boca, ¡ah!, veo que al entrar en el corazón de las criaturas, elprimer sitio en el que te apoyas es sobre la lengua. ¡Qué amargura sientes al hallar tantas Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…16
  • 17. GETSEMANIlenguas mordaces, impuras y malas! Sientes como que te sofocas cuando te hallas en esaslenguas, y peor aún cuando desciendes a sus corazones. ¡Oh Jesús!, si me fuera posible,quisiera encontrarme en la boca de cada criatura para endulzarte y repararte cualquierofensa que recibas.Fatigado Bien mío, beso tu santísimo cuello y veo que estás cansado, agotado y del todoocupado en tu quehacer de amor. Dime, ¿qué haces?Y Jesús: «Hijo mío, trabajo desde la mañana hasta la noche formando continuas cadenas de amor,para que cuando las almas vengan a mí, encuentren ya preparada mi cadena de amor que lasencadenará a mi Corazón. Pero, ¿sabes qué es lo que me hacen? Muchos toman a mal mis cadenas yse liberan de ellas por la fuerza y las rompen, y puesto que estas cadenas están atadas a mi Corazón,yo me siento torturado y deliro; y mientras hacen pedazos mis cadenas, haciendo que todo eltrabajo que hago en este sacramento fracase, ellos en cambio buscan las cadenas de las criaturasincluso ante mi presencia, sirviéndose de mí para lograr su intento. Todo esto me causa tanto dolorque me sube la fiebre violentamente al grado que me hace desfallecer y delirar».¡Cuánto te compadezco, oh Jesús! Tu amor se siente extremadamente agobiado, ¡ah!, paraconsolarte por tu trabajo y para hacer una reparación cuando rompen tus cadenas de amor,te suplico que encadenes mi corazón con todas esas cadenas, para poder ofrecerte portodos mi correspondencia de amor.Jesús mío, Arquero Divino, beso tu pecho; es tanto y tan grande el fuego que contiene, quepara darle un poco de desahogo a sus llamas que se elevan demasiado alto, tú, queriendodescansar un poco de tu trabajo, quieres también ponerte a jugar en el sacramento. Y tujuego es hacer flechas, dardos y saetas, para que cuando las criaturas vengan a ti, tú tepongas a jugar con ellas, haciendo salir de tu pecho tus flechas para enamorarlas, y cuandolas reciben te pones de fiesta y tu juego está hecho; pero muchos, ¡oh Jesús!, las rechazan,correspondiéndote con flechas de frialdad, dardos de tibieza y saetas de ingratitud, y túquedas tan afligido que lloras porque las criaturas hacen que tu juego de amor fracase. ¡OhJesús, aquí está mi pecho dispuesto a recibir no solamente las flechas destinadas para mí,sino también las que los demás rechazan, de modo que tus juegos ya no volverán a fracasar,y para corresponderte quiero repararte por todas las frialdades, las tibiezas y las ingratitudesque recibes!¡Oh Jesús!, beso tu mano izquierda y quiero reparar por el uso del tacto ilícito y no santohecho en tu presencia y te ruego que con esta mano me tengas siempre abrazado a tuCorazón.¡Oh Jesús!, beso tu mano derecha, queriendo reparar por todos los sacrilegios, en modoparticular por las Santas Misas mal celebradas. ¡Amor mío, cuántas veces te ves forzado abajar del cielo a las manos del sacerdote, que en virtud de la potestad que le has dado tellama, y al venir encuentras sus manos llenas de fango y de inmundicia, y aunque tú sientesla nausea de estar en esas manos, tu amor te obliga a permanecer en ellas...! Es más, enciertos sacerdotes es peor, porque encuentras en ellos a los sacerdotes de tu pasión, quecon sus enormes delitos y sacrilegios renuevan el deicidio. Jesús mío, es espantoso el sólopensar que una vez más, como en la pasión, te encuentras en esas manos indignas como unmanso corderito aguardando de nuevo tu muerte. ¡Ah Jesús, cuánto sufres! ¡Cómo quisierasuna mano amante que te liberara de esas manos sanguinarias! Te suplico que cuando teencuentres en esas manos hagas que yo también me encuentre presente para hacerte unareparación. Quiero cubrirte con la pureza de los ángeles, quiero perfumarte con tus virtudespara contrarrestar la pestilencia de esas manos y ofrecerte mi corazón para que encuentresayuda y refugio, y mientras estés en mí yo te pediré por los sacerdotes para que sean dignosministros tuyos, y por lo tanto para que no vuelvan a poner en peligro tu vida sacramental. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…17
  • 18. GETSEMANI¡Oh Jesús!, beso tu pie izquierdo y quiero reparar por quienes te reciben por pura rutina y sinlas debidas disposiciones.¡Oh Jesús!, beso tu pie derecho y te reparo por quienes te reciben para ultrajarte. Cuando seatrevan a hacerlo, te suplico que repitas el milagro que hiciste cuando Longinos te atravesóel Corazón con la lanza, que al flujo de aquella sangre que brotó, al tocarle los ojos loconvertiste y lo sanaste; así también, que cuando se acerquen a comulgar, apenas lostoques sacramentalmente, conviertas sus ofensas en amor.¡Oh Jesús!, beso tu Santísimo Corazón, el cual es el centro en el que confluyen todas lasofensas, y quiero repararte por todo y por todos correspondiéndote con mi amor, y estandosiempre unido a ti quiero compartir tus penas. ¡Ah, te suplico, Celestial Arquero de amor, quesi se me escapa ofrecerte mis reparaciones por alguna ofensa, me tomes prisionero en tuCorazón y en tu Voluntad, para que no se me pueda escapar nada! Le pediré a nuestra dulceMadre que me mantenga alerta y junto con ella repararemos por todo y por todos; juntos tebesaremos y te defenderemos alejando de ti todas las oleadas de amarguras que pordesgracia recibes de parte de las criaturas.¡Ah Jesús!, recuerda que yo también soy un pobre encarcelado, aunque es cierto que tucárcel es más estrecha, cual lo es el breve espacio de una hostia; por eso, enciérrame en tuCorazón y con las cadenas de tu amor, quiero que no solamente me encadenes, sino queates uno por uno mis pensamientos, mis afectos, mis deseos; inmovilízame las manos y lospies encadenándolos a tu Corazón, para no tener más manos ni pies que los tuyos. Demanera que mi cárcel ha de ser tu Corazón; mis cadenas, el amor; las rejas queabsolutamente me impedirán salir, tu Voluntad Santísima y sus llamas, mi alimento, mirespiro, mi todo; así que ya no volveré a ver otra cosa que llamas, ni volveré a tocar más quefuego, el cual me dará vida y muerte, tal como tú la sufres en la hostia y así te daré mi vida. Ymientras yo me quedaré prisionero en ti, tú quedarás libre en mí. ¿No ha sido ésta tuintención al haberte encarcelado en la hostia, el ser desencarcelado por las almas que tereciben, recibiendo tú la vida en ellas? Por eso, como muestra de tu amor, bendíceme ydame un beso, y yo te abrazo y me quedo en ti.¡Oh mi dulce Corazón!, veo que después de haber instituido el Santísimo Sacramento y dehaber visto la enorme ingratitud y las ofensas de las criaturas ante los excesos de tu amor, apesar de que quedas herido y amargado, no retrocedes, al contrario, quisieras ahogarlo todoen la inmensidad de tu amor.Te veo, oh Jesús, que te das a ti mismo a tus apóstoles en la Comunión, y después les dicesque lo que tú has hecho ellos también lo deben hacer, dándoles así la potestad de consagrar;de éste modo los ordenas sacerdotes e instituyes otros sacramentos. De manera quepiensas en todo y reparas por todo: por las predicaciones mal hechas, por los sacramentosadministrados y recibidos sin las debidas disposiciones y que por lo tanto quedan sin producirsus efectos, por las vocaciones equivocadas de los sacerdotes, sea por parte de ellos quepor parte de quienes los ordenan sin haber usado todos los medios para conocer lasverdaderas vocaciones. ¡Ah, Jesús, no se te olvida nada y yo quiero seguirte y repararte portodas estas ofensas!Y así, después de haber hecho todo, te encaminas hacia el huerto de Getsemaní encompañía de tus apóstoles, para dar inicio a tu dolorosa pasión. Yo te seguiré en todo parahacerte fiel compañía.Reflexiones y prácticas.Jesús está escondido en la hostia para darle la vida a todos y en su ocultamiento abraza todos lossiglos y da luz a todos. Así también nosotros, escondiéndonos en él, con nuestras reparaciones y Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…18
  • 19. GETSEMANIoraciones daremos luz y vida a todos, incluso a los mismos herejes e infieles, porque Jesús no excluyea nadie.¿Qué hacer mientras nos escondemos? Para hacernos semejantes a Jesucristo debemos escondertodo en él, es decir, pensamientos, miradas, palabras, latidos, afectos, deseos, pasos y obras, y hastanuestras oraciones debemos esconderlas en las de Jesús. Y así como nuestro amante Jesús en laEucaristía abraza todos los siglos, también nosotros los abrazaremos; abrazados a él seremos elpensamiento de cada mente, la palabra de cada lengua, el deseo de cada corazón, el paso de cadapie, el obrar de cada brazo. Haciendo esto apartaremos del Corazón de Jesús el mal que las criaturasquisieran hacerle, tratando de sustituir todo el mal con el bien que podremos hacer, de modo queincitemos a Jesús a darles a todas las almas salvación, santidad y amor. Nuestra vida, paracorresponder a la vida de Jesús, debe estar totalmente uniformada a la suya. El alma, con laintención, debe hallarse en todos los tabernáculos del mundo, para hacerle compañía a Jesúsconstantemente y ofrecerle alivio y reparación incesante y así, con esta intención, debemos hacertodas nuestras acciones del día.El primer tabernáculo somos nosotros, nuestro corazón; por eso es necesario que estemos muyatentos a todo lo que el buen Jesús quiera hacer en nosotros. Muchas veces, Jesús, estando en nuestrocorazón, nos hace sentir la necesidad de la oración. Es él mismo que quiere orar y que quiere queestemos con él, casi fundiéndonos en él, con nuestra voz, con nuestros afectos, con todo nuestrocorazón, para hacer que nuestra oración sea una sola con la suya. Así, para honrar la oración deJesús, estaremos muy atentos en prestarle todo nuestro ser, de manera que pueda elevar al cielo suoración por medio de nosotros para hablar con su Padre y para renovar en el mundo los efectos desu misma oración.También es necesario que estemos atentos a cada movimiento de nuestro interior, porque Jesús aveces nos hace sufrir, otras veces quiere que oremos o nos hace sentir un cierto estado de ánimo yluego otro diferente, todo para poder repetir en nosotros su misma vida.Supongamos que Jesús nos ponga la ocasión de ejercitarnos en la paciencia: él recibe tales y tantasofensas de parte de las criaturas, que se siente obligado a echar mano de los flagelos divinos paracastigar a las criaturas, y es entonces cuando nos da la ocasión de ejercitar la paciencia, de maneraque nosotros debemos honrarlo soportando todo en paz tal como lo soporta Jesús, y así nuestrapaciencia le arrebatará de la mano los flagelos que las demás criaturas atraen sobre sí mismas,porque en nosotros él ejercitará su misma paciencia divina. Y como con la paciencia, así tambiéncon las demás virtudes. Jesús amante, en el Sacramento de la Eucaristía, ejercita todas las virtudes ynosotros obtendremos de él la fortaleza, la mansedumbre, la paciencia, la tolerancia, la humildad, laobediencia, etc.Nuestro buen Jesús nos da su propia carne como alimento y nosotros como alimento le daremosamor, le daremos nuestra voluntad, nuestros deseos, nuestros pensamientos y nuestros afectos; asícompetiremos en amor con Jesús. No dejaremos entrar nada en nosotros sino solamente a él, demanera que todo lo que hagamos debe servir para alimentar a nuestro amado Jesús. Nuestropensamiento debe alimentar el pensamiento divino, es decir, pensando que Jesús está escondido ennosotros y que quiere como alimento nuestros pensamientos; de modo que pensando santamente,alimentaremos el pensamiento divino. La palabra, los latidos del corazón, los afectos, los deseos, lospasos que damos, las obras que hacemos, todo debe servir para alimentar a Jesús y debemos ponerla intención de alimentar en Jesús a todas las criaturas.« ¡Oh dulce Amor mío!, tú en esta hora transubstanciaste el pan y el vino en ti mismo; ¡Ah, haz ohJesús, que todo lo que yo diga y haga, sea una continua consagración tuya en mí y en las almas! ».« Dulce Vida mía, cuando vengas a mí, haz que cada uno de los latidos de mi corazón, cada deseo,cada afecto, cada pensamiento y cada palabra, pueda sentir la potencia de la consagración Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…19
  • 20. GETSEMANIsacramental, de manera que, consagrado todo mi ser, se transforme en hostia viva para darte a lasalmas ».« ¡Oh Jesús, dulce Amor mío!, haz que yo sea tu pequeña hostia para que como hostia viva puedaencerrarte totalmente en mí ». Oración de agradecimiento LAS TRES HORAS DE AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ ORACIÓN DE PREPARACIÓNGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh Divino Redentor mío!, Jesús, te suplico que junto con tus tres amados apóstoles melleves también a mí para asistir a tu agonía en el Huerto de los Olivos. Prevenido por el dulcereproche que le hiciste a Pedro y a los otros dos apóstoles que se encontraban durmiendo,yo quiero velar por lo menos una hora contigo en este huerto de Getsemaní, quiero sentir porlo menos una herida de tu Corazón agonizante, uno de los alientos de tu respiro afanoso.¡Quiero fijar mi mirada sobre tu divino rostro y contemplar cómo empalidece, cómo se turba,cómo se angustia, cómo se encorva hasta la tierra!Ya veo, oh penante Jesús mío, cómo tu divina persona vacila y cae, cómo tus manosentumecidas se unen. ¡Comienzo a oír tus gemidos, tus gritos de amor y de incomprensibledolor que elevas al cielo! ¡Oh Jesús mío, agonizante en este lúgubre huerto de Getsemaní,haz correr en mí, en esta hora en que te acompañaré, un río, unas gotas de tu adorabilísimasangre que ya de todos tus adorables miembros estás sudando como a torrentes! ¡Oh bañopreciosísimo de mi Sumo Bien que por mí agoniza, ah, haz que yo te beba hasta la últimagota, que contigo beba al menos un sorbo del amargo cáliz de mi amadísimo Jesús, y quesienta dentro de mí las penas de su Divino Corazón; es más, haz que sienta que se merompe el corazón por el arrepentimiento de haber ofendido a mi Señor, que por mí seencuentra reducido a una agonía mortal!¡Ah, Jesús mío, dame la gracia, ayúdame para poder penar, suspirar y llorar junto contigo,por lo menos una sola hora en el Huerto de los Olivos!¡Oh Madre Dolorosa, haz que yo sienta la compasión de tu Corazón traspasado por la agoníade Jesús en este huerto! Así sea. De las 9 a las 10 de la noche LA PRIMERA HORA DE AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍOración de preparaciónOración de preparación antes de cada hora del HuertoGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…20
  • 21. GETSEMANIAfligido Jesús mío, me siento atraído como por una corriente eléctrica a este huerto...Comprendo que tú me llamas, cual potente imán sobre mi corazón herido y yo corro,pensando dentro de mí: ¿Qué es lo que siento en mí que me atrae con tanto amor? Ah, tal vez miperseguido Jesús se halla en tal estado de amargura, que siente necesidad de mi compañía.Y yo vuelo. Mas... me siento aterrorizado al entrar en este huerto. La oscuridad de la noche,la intensidad del frío, el movimiento lento de las hojas, que como voces de lamento anuncianpenas, tristezas y muerte para mi afligido Jesús. Las estrellas, con su dulce centelleo comoojos llorosos, están atentas a mirarlo, y haciendo eco a las lágrimas de Jesús, me reprochamis ingratitudes. Y yo tiemblo y a tientas lo busco y lo llamo: Jesús, ¿dónde estás? Me llamas, ¿yno te dejas ver? Me llamas, ¿y te escondes?Todo es terror; todo es espanto y silencio profundo... Pero poniendo atención para ver quéoigo, puedo percibir un respiro afanoso, y es precisamente a Jesús a quien encuentro. Pero,¡qué cambio tan terrible! Ya no es el dulce Jesús de la cena Eucarística, cuyo rostroresplandecía con una hermosura arrebatadora y deslumbrante, sino que ahora se encuentratriste y de una tristeza mortal que desfigura su belleza natural. Ya agoniza y yo me sientoturbado al pensar que tal vez no vuelva a escuchar su voz, porque parece que muere. Poreso me abrazo a sus pies y haciéndome más audaz, me acerco a sus brazos, le pongo mimano en la frente para sostenerlo y en voz baja lo llamo: « ¡Jesús, Jesús! ».Y él, sacudido por mi voz, me mira y me dice: « Hijo, ¿estás aquí? Te estaba esperando y ésta erala tristeza que más me oprimía: el completo abandono de todos; y te estaba esperando a ti parahacer que fueras espectador de mis penas y que bebieras junto conmigo el cáliz de las amargurasque mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio del Ángel; lo tomaremos juntos, poco apoco, porque no será un cáliz de consuelo sino de intensa amargura, y siento la necesidad de quealgún alma que verdaderamente me ame beba de él por lo menos alguna gota... Es por eso que te hellamado, para que tú la aceptes y compartas conmigo mis penas y para que me asegures que no mevas a dejar solo en tanto abandono ».¡Ah, sí, mi afligido Jesús, beberemos juntos el cáliz de tus amarguras, sufriremos tus penas yjamás me separaré de tu lado!Y mi afligido Jesús, ya seguro de mí, entra en agonía mortal y sufre penas jamás vistas uoídas. Y yo, no pudiendo resistir y queriendo compadecerlo y darle un alivio, le digo: ¡OhJesús mío, amor mío!, dime, ¿por qué estás tan triste, tan afligido y solo en este huerto y enesta noche? Es la última noche de tu vida sobre la tierra; pocas horas te quedan para darinicio a tu pasión... Pensaba encontrar por lo menos a tu Madre Celestial, a la apasionadaMagdalena, a tus fieles apóstoles, mas por el contrario, te encuentro solo, solo, agobiado poruna tristeza que te hace morir despiadadamente, sin hacerte morir. ¡Oh, Bien mío y Todomío!, ¿no me respondes? ¡Háblame! Pero parece que te falta la palabra, tanta es la tristezaque te oprime... ¡Oh, Jesús mío!, esa mirada tuya, llena de luz, sí, pero afligida e indagadora,que tal parece que busque ayuda, tu rostro tan pálido, tus labios abrasados por el amor, tudivina persona que tiembla de pies a cabeza, tu Corazón que late fuertemente, y cada uno deestos latidos tuyos que busca almas con tanto afán que parece que de un momento a otrovas a expirar, todo, todo me dice que tú estás solo y que quieres mi compañía...Aquí me tienes, oh Jesús, junto a ti, soy todo tuyo. Pero mi corazón no resiste al verte tiradopor tierra; te tomo en mis brazos y te abrazo a mi corazón; quiero contar uno por uno todostus afanes; una por una todas las ofensas que se presentan ante ti, para ofrecerte por cadauna un alivio, una reparación y por lo menos para ofrecerte mi compañía.Pero, ¡oh Jesús mío!, mientras te tengo entre mis brazos tus sufrimientos aumentan. Sientoque corre por tus venas un fuego, siento cómo hierve tu sangre queriendo romper las venaspara salir. Dime, Amor mío, ¿qué tienes? No veo azotes, ni espinas, ni clavos, ni cruz y sin Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…21
  • 22. GETSEMANIembargo, apoyando mi cabeza sobre tu Corazón, siento clavadas en tu cabeza terriblesespinas, flagelos despiadados que no dejan a salvo ni una sola parte ni dentro ni fuera de tudivina persona, y tus manos retorcidas y desfiguradas peor que si estuvieran clavadas...Dime, dulce Bien mío, ¿quién es el que tiene tanto poder, incluso en tu interior, para poderatormentarte tanto y hacerte sufrir tantas muertes por cuantos tormentos te hace sufrir?Ah, me parece que el bendito Jesús, abriendo sus labios débiles y moribundos, me dice:« Hijo mío, ¿quieres saber quién es el que me atormenta mucho más que los mismos verdugos? Esmás, ¡ellos no harán nada en comparación con lo que ahora sufro! Es el Amor Eterno, que queriendotener la supremacía sobre todo, me está haciendo sufrir todo junto y hasta en lo más íntimo de miser, lo que los verdugos me harán sufrir poco a poco. ¡Ah, hijo mío! Es el amor que prevalecetotalmente sobre mí y en mí: el amor es para mí clavo, flagelo y corona de espinas; el amor es paramí todo; el amor es mi pasión perenne, mientras que la de los hombres será temporal... Hijo mío,entra en mi Corazón, ven y piérdete en los abismos de mi amor: solamente en mi amor llegarás acomprender cuánto he sufrido y cuánto te he amado, y aprenderás a amarme y a sufrir sólo poramor ».¡Oh Jesús mío!, puesto que me llamas a entrar en tu Corazón para ver todo lo que el amor tehizo sufrir, yo entro, y entrando veo las maravillas del amor, el cual te corona la cabeza nocon espinas materiales, sino con espinas de fuego; te flagela no con cuerdas, sino conflagelos de fuego; te crucifica no con clavos de hierro, sino de fuego... Todo es fuego quepenetra hasta en la médula de tus huesos y que convirtiendo toda tu santísima humanidad enfuego, te causa penas mortales, ciertamente más que durante toda tu pasión y, al mismotiempo, prepara un baño de amor para todas las almas que quieran lavarse de cualquiermancha y obtener el derecho de ser hijos del amor.¡Oh Amor infinito, me siento retroceder ante tal inmensidad de amor y veo que para poderentrar en el amor y comprenderlo, debería ser todo amor; mas no lo soy, oh Jesús mío! Perocomo de todas maneras quieres mi compañía y quieres que entre en ti, te suplico que metransformes totalmente en amor.Por eso, te suplico que corones mi cabeza y cada uno de mis pensamientos con la coronadel amor. Te pido, oh Jesús, que con el flagelo del amor flageles mi alma, mi cuerpo, mispotencias, mis sentimientos, mis deseos, mis afectos, en fin, que todo en mí quede flageladoy marcado por tu amor. Haz, oh Amor interminable, que no haya cosa alguna en mí que notome vida del amor... ¡Oh Jesús!, centro de todos los amores, te suplico que claves mismanos y mis pies con los clavos del amor, para que clavado del todo en el amor, en amor meconvierta, el amor comprenda, de amor me vista, de amor me alimente y el amor me tengaclavado en ti totalmente, para que ninguna cosa, dentro y fuera de mí, se atreva a desviarmeo a apartarme del amor, oh Jesús.Reflexiones y prácticas.En esta hora, Jesucristo, abandonado por el Padre Eterno sufrió un tal incendio de ardientísimoamor, que habría podido destruir todos los pecados, incluyendo los imaginables y posibles, habríapodido inflamar de amor a todas las criaturas de mil mundos y a todos los que están en el infierno sino se hubieran obstinado en su propio capricho.Entremos en Jesús y después de haber penetrado hasta en las partes más íntimas de su ser, en suslatidos de fuego, en su inteligencia encendida, tomemos este amor y revistámonos dentro y fuera conel fuego que encendía a Jesús. Luego, saliendo fuera de él y fundiéndonos en su Voluntad,encontraremos a todas las criaturas; démosle a cada una el amor de Jesús y tocando sus mentes ysus corazones con este amor, tratemos de transformarlas a todas en amor; y del mismo modo con Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…22
  • 23. GETSEMANIcada deseo, con cada latido del corazón, con cada pensamiento de Jesús: démosle vida a Jesús en elcorazón de cada criatura.Luego le llevaremos a Jesús a todas las criaturas en las que él mismo vive en su corazón ypresentándoselas a él le diremos: « ¡Oh Jesús, te traemos a todas las criaturas que te tienen en sucorazón, para que halles alivio y consuelo; no sabemos de qué otro modo poder darle un alivio a tuamor, sino sólo poniendo a todas las criaturas en tu Corazón! ». Haciendo así, le ofreceremos unverdadero alivio a Jesús, pues es muy grande el fuego que lo consume y que lo hace decirincesantemente: « Me consumo de amor y no hay quién lo haga suyo. ¡Ah, déjenme descansar unpoco, reciban mi amor y denme amor! ».Para conformar toda nuestra vida a la de Jesús debemos entrar en nosotros mismos para aplicarnosestas reflexiones: ¿Podemos decir que en todo lo que hacemos fluye en nosotros continuamente elamor que corre entre Dios y nosotros? Nuestra vida es un flujo continuo de amor que recibimos deDios; si nos ponemos a pensar, todo es un flujo de su amor, cada latido del corazón es amor, lapalabra es amor, todo lo que hacemos es amor, todo lo recibimos de Dios, y todo, es amor; pero,¿vuelven a Dios todas nuestras acciones? ¿Puede hallar Jesús en nosotros el dulce encanto de suamor que fluye hacia él, para que extasiado por este encanto nos colme de su amor con mucho másabundancia?Si en todo lo que hemos hecho, no hemos puesto la intención de fluir junto al amor de Jesús,entrando en nosotros mismos le pediremos perdón por haber hecho que perdiera el dulce encanto desu amor hacia nosotros.¿Hemos dejado que las manos divinas nos modelen como a la humanidad de Cristo? Todo lo quesucede en nosotros, excepto el pecado, debemos tomarlo como parte de la obra divina en nosotros,de lo contrario negamos la gloria del Padre, hacemos que se aleje de nosotros la vida divina yperdemos la santidad. Todo lo que sentimos en nosotros, inspiraciones, mortificaciones y gracias, noes más que la obra del amor; y nosotros ¿lo tomamos todo así como Dios lo quiere? ¿Le damos aJesús la libertad de hacer lo que quiera en nosotros o por el contrario, todo lo vemos en modohumano, o como si fueran cosas indiferentes rechazamos la obra divina, y de este modo, obligamos aDios a estarse cruzado de brazos? ¿Nos abandonamos en sus brazos como si estuviéramos muertospara recibir todos los flagelos que él quiera mandarnos para nuestra santificación?« Amor mío, que tu amor me inunde por todos lados y queme en mí todo lo que no es tuyo, y hazque mi amor fluya siempre hacia ti para quemar todo lo que pueda entristecer tu Corazón ». Oración de agradecimiento para después de cada hora del HuertoOración de agradecimiento De las 10 a las 11 de la noche LA SEGUNDA HORA DE AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍOración de preparaciónOración de preparación antes de cada hora del HuertoGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh dulce Jesús mío!, ya desde hace una hora estás en este huerto. El amor ha tomado lasupremacía sobre todo, haciéndote sufrir todo junto lo que los verdugos te harán sufrir en el Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…23
  • 24. GETSEMANIcurso de tu amarguísima pasión; es más, ha llegado a suplir y a hacerte sufrir todo lo queellos no podrán hacer en las partes más íntimas de tu divina persona.¡Oh Jesús mío!, veo que tus pasos vacilan, mas sin embargo, quieres caminar. Dime, Bienmío, ¿a dónde quieres ir? ¡Ah!, ya comprendo, vas en busca de tus amados discípulos; yoquiero acompañarte para sostenerte por si tú vacilas. Pero, ¡oh Jesús mío, tu Corazón seencuentra con otra triste amargura!, ellos duermen, y tú, siempre piadoso, los llamas, losdespiertas y con amor paternal los reprendes y les recomiendas la vela y la oración; y alregresar al huerto llevas ya otra herida en el Corazón, y en esta herida, oh Amor mío, veotodas las heridas que recibes de las almas consagradas, que por tentación, por el estado deánimo en que se encuentran o por la falta de mortificación, en vez de abrazarse a ti, en vezde velar y orar, se abandonan a sí mismas, y por el sueño, en vez de progresar en el amor yunirse más a ti, retroceden... ¡Cuánto te compadezco, oh Amor apasionado!, y te reparo portodas las ingratitudes de quienes te son más fieles. Estas son las ofensas que másentristecen tu Corazón adorable y es tal y tanta la amargura, que te hacen delirar.Pero, ¡oh Amor infinito!, tu amor, que ya hierve entre tus venas, triunfa sobre todo y olvidatodo. Te veo postrado por tierra y oras, te ofreces, reparas y tratas de glorificar al Padre entodo, por todas las ofensas que recibe de parte de todas las criaturas. También yo, ¡oh Jesúsmío!, me postro junto contigo y unido a ti quiero hacer lo mismo que tú haces.¡Oh Jesús, delicia de mi corazón!, veo que toda la multitud de nuestros pecados, de nuestrasmiserias, de nuestras debilidades, de los más enormes delitos y de las más negrasingratitudes, te salen al encuentro y se arrojan sobre ti, te aplastan, te hieren, te muerden; ytú, ¿qué haces? La sangre que te hierve entre las venas hace frente a todas estas ofensas,rompe las venas y empieza a salir abundantemente, hasta bañar todo tu cuerpo y correr portierra, dando sangre por cada ofensa, vida por cada muerte... ¡Ah, Amor mío, hasta quéestado has quedado reducido! ¡Estás por expirar! ¡Oh Bien mío, dulce Vida mía, no temueras!, levanta tu rostro de esa tierra bañada con tu preciosísima sangre; ven a mis brazosy haz que yo muera en tu lugar... Pero, oigo la voz temblorosa y moribunda de mi dulceJesús que dice: «Padre, si es posible, pase de mí este cáliz; mas, hágase, no mi voluntad, sino latuya».Es la segunda vez que oigo estas palabras de mi dulce Jesús. Pero, ¿qué es lo que mequieres dar a entender al decir: « Padre, si es posible pase de mí este cáliz »? ¡Oh Jesús!, sepresentan ante ti todas las rebeliones de las criaturas; ves rechazado por casi todos ese« hágase tu Voluntad » que debía ser la vida de cada criatura, quienes en vez de encontrar lavida, hallan la muerte; y tú, queriendo darles la vida a todos y hacer una solemne reparaciónal Padre por todas las rebeliones de las criaturas, por tres veces repites: « Padre, si es posible,pase de mí este cáliz », es decir, que las almas al apartarse de nuestra Voluntad se pierdan; este cálizes para mí muy amargo, mas sin embargo, « Non mea voluntas sed tua Fiat ».Pero mientras dices esto, es tal y tan grande tu dolor, que te reduce hasta el extremo, tehace agonizar y estás a punto de dar el último respiro...¡Oh Jesús mío, Bien mío!, ya que estás entre mis brazos, también yo quiero unirme a ti;quiero repararte y compadecerte por todas las faltas y los pecados que se cometen contra tuSantísima Voluntad y al mismo tiempo quiero suplicarte que yo siempre haga en todo tuVoluntad. Que tu Voluntad sea mi respiro, mi aire, mi palpitar, mi corazón, mi pensamiento,mi vida y mi muerte... Pero, ¡no te mueras, oh Jesús mío! ¿A dónde podría ir sin ti? ¿A quiénrecurriría, quién podría ayudarme? Todo acabaría para mí. ¡Ah, no me dejes!, tenme comoquieras, como a ti más te guste, pero tenme siempre, siempre contigo; que jamás vaya asuceder ni por un instante que me quede separado de ti. Déjame mejor endulzar tus Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…24
  • 25. GETSEMANIamarguras, repararte y compadecerte por todos, porque veo que todos los pecados de todaclase pesan sobre ti.Por eso, Amor mío, beso tu santísima cabeza, pero, ¿qué es lo que veo? ¡Ah!, son todos losmalos pensamientos, y tú sientes horror por cada uno de ellos. Cada pensamiento malo esuna espina que hiere cruelmente tu sacratísima cabeza y que no se podrá comparar con lacorona de espinas que te pondrán los judíos. ¡Cuántas coronas de espinas ponen en tucabeza los malos pensamientos de las criaturas! Tanto, que te sigue saliendo sangre portodas partes, por la frente y hasta por los cabellos. ¡Oh Jesús mío!, quisiera ponerte unacorona de gloria por cada pensamiento malo y, para darte alivio, te ofrezco todas lasinteligencias angélicas y tu misma inteligencia divina para ofrecerte compasión y reparaciónpor todos.¡Oh Jesús!, beso tus ojos piadosos, y en ellos veo todas las malas miradas de las criaturas,las cuales hacen correr sobre tu rostro lágrimas de sangre; te compadezco y quisiera daralivio a tu vista poniéndote delante todos los gustos que se pueden encontrar en el cielo y enla tierra.Jesús, Bien mío, beso tus sacratísimos oídos, pero, ¿qué es lo que oigo? ¡Ah!, es el eco delas horribles blasfemias, de los gritos de venganza y de las calumnias; no hay una sola vozque no haga eco en tus castísimos oídos. ¡Oh Amor insaciable!, te compadezco y quieroconsolarte haciendo repercutir en tus oídos el eco de todas las armonías del cielo, ladulcísima voz de tu querida Madre Santísima, el tono encendido de amor de la Magdalena yel de todas las almas que te aman.Jesús, Vida mía, quiero darte un beso aún más ferviente en tu divino rostro, cuya belleza notiene par. ¡Ah!, este es el rostro ante el cual los ángeles no se atreven a levantar la mirada,siendo tal y tanta su belleza que los extasía. Y sin embargo, las criaturas lo cubren desalivazos, lo colman de bofetadas y lo pisotean. ¡Amor mío, qué osadía! Quisiera gritar tantohasta llegar a hacerlos huir. Te compadezco y, para reparar por todos estos insultos, medirijo a la Sacrosanta Trinidad, para pedirle al Padre y al Espíritu Santo sus besos y lasinimitables caricias de sus manos creadoras. Me dirijo también a tu Madre Celestial para queme dé sus besos, las caricias de sus manos maternas y sus profundas adoraciones, y todaslas adoraciones de las almas consagradas a ti, y te lo ofrezco todo para repararte por lasofensas hechas a tu santísimo rostro.¡Dulce Bien mío!, beso tu dulcísima boca, pero, ¿qué veo? ¡Ah!, veo que tú sientes laamargura de las blasfemias, la náusea de las borracheras y de la glotonería, de lasmurmuraciones, de las conversaciones obscenas, de las oraciones mal hechas, de las malasenseñanzas y de todo el mal que hace el hombre con su lengua. Jesús, te compadezco, yquiero endulzar tu boca ofreciéndote todas las alabanzas angélicas y el buen uso que hacentantas criaturas de la lengua.Oprimido Amor mío, beso tu cuello; lo veo cargado de cuerdas y de cadenas por los apegosy los pecados de las criaturas; te compadezco y para darte alivio te ofrezco la unióninseparable de las Divinas Personas; y fundiéndome en esta unión, te abrazo por el cuello yformando una dulce cadena de amor quiero alejar de ti las ataduras de todos los apegos quecasi te sofocan, y para endulzar tu amargura te estrecho fuertemente a mi corazón.Fortaleza Divina, beso tus santísimos hombros y veo que están todos lacerados, y hasta tuscarnes arrancadas a pedazos a causa de los escándalos y de los malos ejemplos de lascriaturas. Te compadezco y para darte alivio te ofrezco tus santos ejemplos, los de tu Madrey Reina y los de todos tus santos; y yo, Jesús mío, recorriendo con mis besos cada una deestas llagas, quiero encerrar en ellas a todas las almas que, por motivo de algún escándalo,han sido arrancadas de tu Corazón, y sanar así las carnes de tu santísima humanidad. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…25
  • 26. GETSEMANIFatigado Jesús mío, beso tu pecho herido por las frialdades, las tibiezas, las faltas decorrespondencia y las ingratitudes de las criaturas. Te compadezco y para darte alivio teofrezco el amor recíproco del Padre y del Espíritu Santo y la perfecta correspondencia queexiste entre las tres Divinas Personas; y yo, oh Jesús mío, sumergiéndome en tu amor,quiero protegerte, para poder impedir que las criaturas te sigan hiriendo con estos pecados yhaciendo mío todo tu amor quiero herirlas con él, para que jamás vuelvan a tener la osadíade ofenderte, y también quiero depositarlo en tu pecho para consolarte y sanarte.¡Oh Jesús mío!, beso tus manos creadoras, en ellas veo todas las malas acciones de lascriaturas que, como si fueran clavos, traspasan tus manos santísimas, de modo que noquedas crucificado sólo con tres clavos, como en la cruz, sino con tantos clavos por cuantasmalas acciones hacen las criaturas. Te compadezco y para darte alivio te ofrezco todas lasobras santas, el valor de los mártires al dar su sangre y su vida por amor a ti. Quisiera, en fin,Jesús mío, ofrecerte todas las buenas obras, para quitarte todos los clavos de las obrasmalas.Jesús, beso tus santísimos pies siempre incansables en busca de almas; en ellos encierrastodos los pasos de las criaturas, pero sientes que se te escapan muchas y tú quisierasdetenerlas; por cada uno de sus malos pasos sientes un clavo y tú quieres servirte de esosmismos clavos para clavarlas a tu amor; y es tal y tan intenso el dolor que sientes y elesfuerzo que haces por clavarlas a ti, que tiemblas de pies a cabeza. Jesús, mi todo y mialegría, te compadezco, y para consolarte te ofrezco los pasos de los religiosos buenos queexponen su vida para salvar almas.¡Oh Jesús!, beso tu Corazón; tú sigues en agonía y no por lo que te harán sufrir los judíos,sino por el dolor que te causan todas las ofensas de las criaturas. En esta hora tú quieresdarle la supremacía al amor, el segundo lugar a todos los pecados por los cuales expías,reparas, glorificas al Padre y aplacas a la divina justicia, y el tercer lugar a los judíos. Conesto das a entender que la pasión que te harán sufrir los judíos no será más que unarepresentación de la doble amarguísima pasión que te hacen sufrir el amor y el pecado; y espor eso que veo todo concentrado en tu Corazón: la lanza del amor, la del pecado y esperasla tercera, la de los judíos... Y tu Corazón, sofocado por el amor, sufre dolores inauditos,impacientes anhelos de amor, deseos que te consumen, pálpitos de fuego que quisierandarle vida a cada corazón. Es precisamente aquí, en tu Corazón, en donde sientes todo eldolor que te causan las criaturas, que con sus malos deseos, sus afectos desordenados y loslatidos de su corazón profanados, en vez de buscar tu amor, buscan otros amores.¡Jesús mío, cuánto sufres! Desfalleces sumergido por los mares de nuestras iniquidades; tecompadezco y quiero endulzar la amargura de tu Corazón traspasado por tres veces,ofreciéndote las dulzuras eternas y el dulcísimo amor de tu querida Madre Santísima.Y ahora, oh Jesús mío, haz que mi pobre corazón tome vida de tu Corazón, para que ya noviva más que con tu Corazón y para que en cada ofensa que recibas, mi corazón seencuentre siempre preparado para consolarte, para darte alivio y para ofrecerte un acto deamor ininterrumpido.Reflexiones y prácticas.Durante la segunda hora en el huerto de Getsemaní se presentan ante Jesús todos los pecados detodos los tiempos: presentes, pasados y futuros, y él toma sobre de sí todos estos pecados para darleal Padre gloria completa. Así que, Jesucristo expió y lloró, y sintió en su Corazón todos nuestrosestados de ánimo sin que jamás haya dejado la oración. Y nosotros, en cualquier estado de ánimo enque nos encontramos, ya sea fríos o duros, o tentados, ¿hacemos siempre oración? ¿Le ofrecemos aJesús todos los sufrimientos de nuestra alma para reparar y darle alivio, y así reproducir su vida en Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…26
  • 27. GETSEMANInosotros, pensando que cualquier estado de ánimo es un sufrimiento suyo? Siendo un sufrimiento deJesús debemos ofrecérselo para compadecerlo y darle alivio; y si fuera posible, debemos decirle: « Túhas sufrido demasiado, descansa, nosotros sufriremos en tu lugar ».¿Nos desalentamos, o con buen ánimo estamos a los pies de Jesús ofreciéndole todo lo que sufrimospara que pueda hallar en nosotros su misma humanidad? Es decir, ¿le servimos a Jesús dehumanidad? ¿Qué es lo que hacía la humanidad de Jesús? Glorificaba a su Padre, expiaba, pedía lasalvación de las almas, y nosotros, ¿en todo lo que hacemos tenemos estas tres intenciones de Jesús,de manera que podamos encerrar en nosotros toda su humanidad? Cuando nos encontramos enalguna oscuridad, ¿ponemos la intención de hacer que la luz de la verdad ilumine a otros? Y cuandooramos con fervor, ¿ponemos la intención de derretir el hielo de tantos corazones endurecidos por laculpa?« Jesús mío, para compadecerte y poder darte alivio por el abatimiento total en el que te encuentras,me elevo hasta el cielo y hago mía tu misma Divinidad, y poniéndola a tu alrededor, quiero alejar deti todas las ofensas de las criaturas. Quiero ofrecerte tu misma belleza para alejar de ti lamonstruosidad del pecado; tu santidad para alejar el horror de todas esas almas que por estarmuertas a la gracia te hacen sentir tanta repugnancia; tu paz para alejar de ti todas las discordias,las rebeliones y las perturbaciones de todas las criaturas; tus armonías para hacer descansar tuoído por la multitud de las malas palabras ».« Jesús mío, es mi intención ofrecerte tantos actos divinos de reparación por cuantas ofensas teasaltan como si quisieran darte muerte; y yo, con tus mismos actos quiero darte vida. Y luego, ohJesús mío, quiero arrojar una oleada de tu Divinidad sobre todas las criaturas, para que apenas lastoque ya no vuelvan a tener la osadía de ofenderte. Solamente así podré compadecerte por todas lasofensas que recibes de parte de todas las criaturas ».« ¡Oh Jesús, dulce Vida mía!, que mis oraciones y mis sufrimientos se eleven siempre hacia el cielo,para hacer que llueva sobre todos la luz de la gracia y para que pueda absorber en mí tu mismavida ». Oración de agradecimiento para después de cada hora del HuertoOración de agradecimiento De las 11 a la Medianoche LA TERCERA HORA DE AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍOración de preparaciónOración de preparación antes de cada hora del HuertoGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Dulce Bien mío!, mi corazón ya no resiste al ver que sigues agonizando... Tu sangre,formando arroyos, chorrea por todo tu cuerpo y tan abundantemente, que no pudiendomantenerte en pie caes en un charco de sangre.¡Oh Jesús mío, se me rompe el corazón al verte tan débil y agotado! Tu adorable rostro y tusmanos creadoras apoyándose sobre la tierra se llenan de sangre... Me parece como quequisieras dar ríos de sangre a cambio de los ríos de iniquidad que recibes de parte de las Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…27
  • 28. GETSEMANIcriaturas, para hacer que todas las culpas se ahoguen en estos ríos, y así, con tu sangre,darle a cada criatura tu perdón.¡Oh Jesús mío, reanímate, ya es demasiado lo que sufres! ¡Que ya se detenga tu amor! Ymientras parece que mi amable Jesús está muriendo en su propia sangre, el amor le danueva vida..., veo que se mueve penosamente, se pone de pie y así, cubierto de sangre y delodo, parece que quiere caminar, pero no teniendo fuerzas, se arrastra fatigosamente.Dulce Vida mía, deja que te lleve en mis brazos. ¿Es que vas en busca de tus amadosdiscípulos? Pero, ¡qué dolor para tu Corazón adorable el encontrarlos una vez más dormidos!Y tú, con tu voz apagada y temblorosa, los llamas: « Hijos míos, no duerman, se acerca la hora,¿no ven a qué estado me he reducido? ¡Ah, ayúdenme, no me abandonen en estas horas extremas! ».Y vacilando estás a punto de caer a su lado, pero Juan extiende sus brazos para sostenerte.Estás tan irreconocible, que de no haber sido por la suavidad y la dulzura de tu voz, no tehabrían reconocido. Después, recomendándoles que no duerman y que permanezcan enoración, vuelves al huerto, pero con una segunda herida en el Corazón.En esta herida se ven todas las culpas de aquellas almas que, a pesar de tantasmanifestaciones de tu amor en dones, caricias y besos, durante las noches de la prueba sehan quedado como adormecidas y somnolientas, perdiendo así el espíritu de oración y devela.Jesús mío, es cierto que después de haberte visto y de haber gustado de tus dones, senecesita mucha fuerza para poder resistir cuando se encuentra uno privado de ti: sólo unmilagro puede hacer que estas almas resistan a la prueba. Por eso, mientras te compadezcopor esas almas, cuyas negligencias, ligerezas y ofensas son las más amargas para tuCorazón, te suplico que en el momento en que estén por dar un solo paso que puedaentristecerte en lo más mínimo, las rodees de tanta gracia que se detengan, para que nopierdan el espíritu de oración continua.Dulce Jesús mío, mientras regresas al huerto parece que ya no puedes más; levantas al cielotu rostro cubierto de sangre y de tierra, y por tercera vez repites: « Padre, si es posible, pase demí este cáliz... Padre Santo, ayúdame, tengo necesidad de consuelo. Es cierto que a causa de lasculpas que he tomado sobre mí, soy repugnante, despreciable, el último entre los hombres ante tumajestad infinita: tu justicia está indignada contra mí. ¡Pero mírame, oh Padre! Sigo siendo siempretu Hijo que contigo forma una sola cosa. ¡Ah, ayúdame, ten piedad, oh Padre; no me dejes sinconsuelo! ».Y luego, oh mi bien amado Jesús, me parece escuchar que le pides ayuda a tu queridaMadre: « Dulce Madre mía, estréchame entre tus brazos como cuando yo era niño; dame de tu lechecomo entonces, para darme fuerzas y endulzar las amarguras de mi agonía. Dame tu Corazón queera toda mi alegría ». « Madre mía, Magdalena, mis amados apóstoles, todos ustedes que me aman,ayúdenme, confórtenme, no me dejen solo en estos momentos extremos, pónganse junto a mí yháganme corona, denme consuelo con su compañía y con su amor ».Jesús, Amor mío, ¿quién puede resistir viéndote en esos extremos? ¿Qué corazón será tanduro que no se rompa por el dolor al verte como ahogado en tu misma sangre? ¿Quién noderramará a torrentes amargas lágrimas al escuchar tu voz tan llena de dolor pidiendo ayuday consuelo? Jesús mío, consuélate; ya el Padre te manda un ángel para confortarte y darteayuda, para que puedas salir de este estado de agonía y puedas entregarte en manos de losjudíos. Y mientras tú estás con el Ángel, yo recorreré cielos y tierra: me permitirás tomar lasangre que has derramado, para que pueda dársela a todos los hombres como prenda desalvación para cada uno y traerte el consuelo y la correspondencia de cada uno de susafectos, de los latidos de sus corazones, de sus pensamientos, de sus pasos y de todas susobras. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…28
  • 29. GETSEMANICelestial Madre mía, vengo a ti para que juntos vayamos en busca de todas las almas y lesdemos la sangre de Jesús. Dulce Madre mía, Jesús quiere consuelo y el mayor consuelo quepodemos darle son las almas.Magdalena, acompáñanos; ángeles todos, vengan a ver en qué estado ha quedado reducidoJesús. El quiere que todos lo consuelen y es tal y tan grande el abatimiento en que seencuentra, que a nadie rechaza.Jesús mío, mientras bebes el cáliz colmo de intensas amarguras que el Padre te ha enviado,siento que suspiras más fuerte todavía, lloras y deliras, y con tu voz apagada, dices: « ¡Almas,almas, vengan a mí, consuélenme, tomen lugar en mi humanidad! ¡Las quiero, las anhelo! ¡Nopermanezcan sordas a mi voz, no hagan vanos mis ardientes deseos, mi sangre, mi amor, mis penas!¡Vengan, vengan a mí! ».Delirante Jesús mío, cada uno de tus gemidos y de tus suspiros es una herida para micorazón que no me da paz; por eso, hago mía tu sangre, tu Voluntad, tu celo ardiente, tuamor, y recorriendo cielos y tierra, quiero ir a darles a todas las almas tu sangre como prendade su salvación y traerlas a ti para calmar tus anhelos, tu delirio, y endulzar las amarguras detu agonía, y mientras lo hago, acompáñame con tu mirada.Madre mía, vengo a ti porque Jesús quiere almas, quiere consuelo; dame tu mano materna yrecorramos juntos el mundo entero en busca de almas. Encerremos en su sangre, losafectos, los deseos, los pensamientos, las obras y los pasos de todas las criaturas, ypongamos en sus almas las llamas de su Corazón, para que se rindan; y así, bañadas en susangre y transformadas en sus llamas, las conduciremos a Jesús para mitigar las penas desu amarguísima agonía.Ángel de mi guarda, precédenos tú y prepáranos las almas que han de recibir esta sangre,para que ni una sola gota se quede sin producir todo su efecto.Madre Mía, démonos prisa, pongámonos en camino; Jesús nos sigue con su mirada y sigosintiendo sus repetidos sollozos que nos incitan a apresurar nuestra labor.A los primeros pasos nos encontramos a las puertas de las casas en donde yacen losenfermos. Cuántos miembros llagados; cuantos, bajo la atrocidad de los dolores, se ponen ablasfemar e intentan quitarse la vida; otros se ven abandonados por todos y no tienen quienles dirija una palabra de consuelo y ni siquiera quien les preste los auxilios más necesarios ypor eso se lamentan aún más contra Dios y se desesperan. ¡Ah, Madre mía!, oigo loslamentos de Jesús, que ve correspondidas con ofensas sus más tiernas predilecciones deamor, las cuales son el hacer padecer a las almas para hacerlas semejantes a sí mismo.¡Ah!, démosles su sangre, para que les procure la ayuda necesaria y les haga comprendercon su luz el bien que hay en el sufrir y cómo éste las hace más semejantes a Jesús. Y tú,Madre mía, ponte al lado de ellos y cual afectuosa Madre, toca con tus manos maternas susmiembros enfermos, alivia sus dolores, tómalas entre tus brazos y de tu Corazón derramatorrentes de gracias sobre todas sus penas. Hazle compañía a los abandonados, consuela alos afligidos, y para quienes carecen de los medios necesarios, dispón tú misma almasgenerosas que los socorran; a quienes se encuentran bajo la atrocidad de los dolores,obtenles tregua y reposo, para que reanimados, puedan con mayor paciencia soportar todolo que Jesús disponga de ellos.Sigamos nuestro recorrido y entremos en las estancias de los moribundos. ¡Oh Madre mía,qué terror! ¡Cuántas almas a punto de caer en el infierno! ¡Cuántas, después de una vida depecado, quieren darle el último dolor a ese Corazón tan repetidamente traspasado,coronando su último respiro con un acto de desesperación! Cantidad de demonios seencuentran a su alrededor poniendo en su corazón terror y espanto de los divinos juicios,para dar el último asalto y llevárselas al infierno; quisieran envolverlas ya en las llamas del Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…29
  • 30. GETSEMANIinfierno para ya no darle espacio a la esperanza. Otros, atados por vínculos terrenos, noquieren resignarse a dar el último paso. Ah, Madre mía, son los últimos momentos, tienentanta necesidad de ayuda. ¿No ves cómo tiemblan, cómo se debaten entre la atrocidad de laagonía, cómo piden ayuda y piedad? Ya la tierra ha desaparecido para ellos. Madre Santa,pon tu mano materna sobre sus frentes heladas, acoge tú sus últimos suspiros. Démosle acada moribundo la sangre de Jesús, para que haciendo huir a todos los demonios, losdisponga a recibir los últimos sacramentos y los prepare a una buena y santa muerte.Démosles el consuelo de la agonía de Jesús, de sus besos, sus lágrimas y sus llagas;rompamos las cadenas que los tienen atados; hagamos que todos se sientan perdonados ycon una confianza tan grande en el corazón que lleguen a arrojarse a los brazos de Jesús; yél, cuando los juzgue, los hallará cubiertos de su sangre y abandonados en sus brazos, porlo que perdonará a todos.Sigamos adelante, oh Madre; que tu mirada materna mire con amor la tierra y se mueva acompasión por tantas pobres criaturas que tienen tanta necesidad de la sangre de Jesús. Lamirada indagadora de Jesús me incita a correr, porque quiere almas, siento en el fondo de miCorazón sus lamentos que me repiten: « ¡Hijo mío, ayúdame, dame almas! ».Pero, ¡mira oh Madre mía, cómo la tierra está llena de almas que están a punto de caer en elpecado, y cómo Jesús se pone a llorar al ver que su sangre sufre nuevas profanaciones! Senecesitaría un milagro para hacer que no cayeran en la culpa; démosles la sangre de Jesús,para que hallen en ella la fuerza y la gracia para no caer en el pecado.Un paso más, Madre mía, y hallamos en cambio a otras almas que ya han caído en elpecado y que quisieran una mano que las ayudara a levantarse. Jesús las ama, pero las mirahorrorizado porque se encuentran enfangadas y su agonía se hace aún más intensa.Démosles su sangre, para que encuentren así esa mano que las ayude a levantarse. Sonalmas que tienen necesidad de esta sangre, almas muertas a la gracia, ¡oh, en quélamentable estado se encuentran! El cielo las mira y llora de puro dolor; la tierra las mira conrepugnancia; todos los elementos están en contra de ellas y como que quisieran destruirlas,porque se han vuelto enemigas del Creador. ¡Oh Madre!, la sangre de Jesús contiene la vida;démosela, para que apenas toque sus almas puedan resucitar más bellas aún y así el cielo yla tierra les sonrían.Más adelante hay almas que llevan el sello de la perdición, almas que pecan y huyen deJesús, que lo ofenden y no esperan ya en su perdón... Son los nuevos Judas dispersos por latierra que traspasan su Corazón tan amargado. Démosles la sangre de Jesús, para que borreen ellos el sello de la perdición y les dé el de la salvación; para que ponga en sus corazonestanta confianza y amor después de la culpa, que los haga correr para ir a abrazarse a lospies de Jesús, y así jamás volver a separarse de él. Mira, oh Madre, hay almas que correncomo desesperadas hacia la perdición y no hay quien las pueda detener; ¡ah!, pongamos lasangre de Jesús ante sus pies, para que al tocarla, sintiendo su luz y sus súplicas, puedanretroceder y emprender el camino de la salvación.Continuemos nuestro recorrido, ¡oh Madre mía! Hay almas buenas, almas inocentes en lasque Jesús halla sus complacencias y el descanso de la creación, pero las criaturas que estána su alrededor les tienden insidias y las escandalizan para quitarles la inocencia, y convertirlas complacencias y el descanso de Jesús en lágrimas y amargura, como si no tuvieran otrafinalidad que la de hacer sufrir constantemente a ese Corazón Divino. Sellemos ycircundemos su inocencia con la sangre de Jesús, como un muro que las defienda, para queno entre en ellas la culpa; haz huir con su sangre a quienes quisieran contaminarlas;consérvalas puras y sin mancha, para que Jesús pueda hallar en ellas el descanso de sucreación y todas sus complacencias, y para que por amor a ellas se mueva a piedad por Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…30
  • 31. GETSEMANItantas otras pobres criaturas. Madre mía, pongamos a estas almas en la sangre de Jesús,atémoslas una y otra vez a la Voluntad de Dios, llevémoslas a sus brazos y con las dulcescadenas de su amor atémoslas a su Corazón para mitigar las amarguras de su agoníamortal.¡Oh Madre, oye cómo grita la sangre de Jesús pidiendo más almas! Corramos juntos yvayamos a las regiones en las que habitan los herejes y los infieles. ¡Qué dolor siente Jesúsen esas regiones! El, que es vida de todos, no recibe como correspondencia ni siquiera unacto de amor: sus mismas criaturas no lo conocen. Ah Madre mía, démosles su sangre, paraque disipe las tinieblas de la ignorancia y de la herejía, y les haga comprender que tienen unalma; ¡Ábreles el Cielo! Y después pongámoslas a todas en la sangre de Jesús; llevémoselasa él como hijos huérfanos y desterrados que finalmente se encuentran con su padre y asíJesús se sentirá confortado en su amarguísima agonía.Pero parece que Jesús todavía no está contento, pues quiere todavía más almas. En estasregiones siente que se le arrancan de sus brazos las almas de los moribundos que van aprecipitarse al infierno. Estas almas están a punto de expirar y de caer en el abismo; no haynadie a su lado para salvarlas. ¡El tiempo falta, son los últimos momentos, se perderán sinduda! ¡No! Madre mía, que la sangre de Jesús no sea derramada inútilmente por ellas;volemos inmediatamente hacia ellas, derramemos sobre sus cabezas esta sangre para queles sirva de Bautismo e infunda en ellas la fe, la esperanza y la caridad. Ponte a su lado, ohMadre, haz tú por ellas todo lo que les falta; más aún, deja que te vean: en tu rostroresplandece la belleza de Jesús, tus modos son totalmente semejantes a los suyos, así queal verte podrán conocer con toda certeza a Jesús. Después, abrázalas a tu Corazón materno,infunde en ellas la vida de Jesús que tú posees; diles que siendo su Madre las quieres felicespara siempre junto a ti en el cielo; mientras expiran, recíbelas en tus brazos, para que de ahípasen a los brazos de Jesús. Y si Jesús, conforme a los derechos de su justicia, se mostrarareacio a recibirlas, recuérdale el amor con que te las confió bajo la cruz y reclama tusderechos de Madre; de manera que viendo tu amor y tus súplicas no podrá poner resistencia,y mientras complacerá tu Corazón, al mismo tiempo sus ardientes deseos quedaránsatisfechos.Y ahora, oh Madre, tomemos esta sangre de Jesús y démosela a todos; a los afligidos paraque sean consolados; a los pobres para que sufran su pobreza con resignación; a los queson tentados para que obtengan victoria; a los incrédulos para que triunfe en ellos la fe; a losque blasfeman para que cambien sus blasfemias en bendiciones; a los sacerdotes, para quecomprendan su misión y sean dignos ministros de Jesús: toca sus labios con su sangre, paraque no salga de su boca palabra alguna que no sea para gloria de Dios; toca sus pies, paraque corran y vuelen en busca de almas para conducirlas a Jesús. Démosles también estasangre a los gobernantes, para que se mantengan unidos unos a otros y para que semuestren llenos de mansedumbre y amor hacia sus súbditos.Vayamos ahora al purgatorio y démosles también esta sangre a las almas que ahí penan,pues están siempre llorando y pidiendo con insistencia su liberación por medio de la sangrede Jesús. ¿No oyes cómo se lamentan, no ves sus delirios de amor, sus torturas y cómo sesienten insistentemente atraídas hacia el Sumo Bien? ¡Mira cómo Jesús mismo quierepurificarlas para que cuanto antes estén junto a él! Jesús las atrae con su amor y ellas lecorresponden con continuos ímpetus de amor; pero al estar en su presencia, no pudiendotodavía sostener la pureza de la mirada divina, se sienten obligadas a retroceder cayendo denuevo en las llamas del purgatorio.Madre mía, descendamos a las profundidades de esta cárcel y derramando sobre estasalmas la sangre de Jesús, llevémosles la luz, mitiguemos sus delirios de amor, extingamos el Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…31
  • 32. GETSEMANIfuego que las quema, purifiquémoslas de todas sus manchas, para que libres de toda pena,vuelen a los brazos de nuestro Sumo Bien. Démosles esta sangre a las almas másabandonadas, para que encuentren en ella todos los sufragios que las criaturas les niegan.Demos a todos, oh Madre, esta sangre; no dejemos que nadie se quede sin recibirla, paraque en virtud de ella todas hallen alivio y sean liberadas. Tú que eres Reina, cumple tu oficioen estas regiones de llanto y de lamento; extiende tus manos y sácalas, una por una, deestas llamas ardientes para que todas emprendan su vuelo hacia el cielo.Y ahora hagamos también nosotros un vuelo hacia el cielo, pongámonos a sus puertaseternas y permíteme, oh Madre, que también a ti te dé esta sangre para tu mayor gloria: queesta sangre inunde de nueva luz y de nuevos gozos tu alma y te pido que hagas descenderesta luz divina en favor de todas las criaturas, para darles gracias de salvación a todas.Madre mía, también tú dame a mí esta sangre; tú sabes cuanto la necesito. Con tus manosmaternas retoca todo mi ser con esta sangre y mientras lo haces purifícame de todas mismanchas, cura mis llagas, enriquece mi pobreza; haz que esta sangre circule por mis venas yme dé toda la vida de Jesús; que penetre en mi corazón y lo transforme en su propioCorazón; que me embellezca tanto, que Jesús pueda llegar a encontrar en mí todas suscomplacencias.Finalmente, oh Madre, entremos en las regiones del cielo y démosles esta sangre a todos lossantos y a todos los ángeles, para que puedan tener mayor gloria; para que exulten en unhimno de agradecimiento a Jesús y rueguen por nosotros; para que en virtud de esta sangrebendita podamos reunirnos con ellos.Y después de haberles dado a todos esta sangre, vamos otra vez a donde se encuentraJesús. Ángeles y santos, vengan con nosotros; ¡ah!, él quiere almas, quiere hacer que todasentren en su santísima humanidad, para darles a todas los frutos de su sangre; pongámoslasa su alrededor y así sentirá que la vida le vuelve y que lo que ha sufrido en esta amarguísimaagonía ha hallado su recompensa.Y ahora, Madre Santa, llamemos a todos los elementos para que le hagan compañía a Jesúsy para que también de parte de ellos reciba gloria. ¡Oh luz del sol!, ven a disipar las tinieblasde esta noche para darle consuelo a Jesús; oh estrellas, vengan, bajen del cielo a consolar aJesús con sus rayos de luz; flores de la tierra, vengan con sus perfumes; pajarillos de losaires, vengan con sus cantos; elementos de la tierra, vengan todos a confortar a Jesús; ven,oh mar, a refrescar y a lavar a Jesús: él es nuestro Creador, nuestra vida, nuestro todo;vengan todos a confortarlo, a rendirle homenaje como a nuestro Soberano Señor...Pero Jesús no busca luz, ni estrellas, ni flores, ni pájaros... ¡El quiere almas, almas!¡Dulce Bien mío!, aquí están todos junto conmigo. A tu lado está tu querida Madre, descansaen sus brazos, también ella se sentirá consolada estrechándote a su regazo materno, porquebastante ha participado de tu agonía... También está aquí la Magdalena, está Marta y estántodas las almas de todos los siglos que te aman. ¡Oh Jesús!, acéptalas, dales a todas tuperdón y háblales de tu amor; átalas a todas a tu amor, para que nunca más vuelva a huir deti alma alguna. Pero parece que me dices: « ¡Ah hijo mío, cuántas almas huyen de mí a la fuerzay se precipitan en el fuego eterno! ¿Cómo podrá pues calmarse mi dolor si amo tanto a un almacuanto amo a todas juntas? ».Conclusión de la agoníaAgonizante Jesús mío, mientras parece que se te va la vida, siento ya el estertor de tuagonía; tus ojos están apagados por la cercanía de la muerte, todo tu cuerpo se encuentraabandonado a sí mismo y el respiro frecuentemente te falta; y yo siento que se me rompe elcorazón por el dolor; te abrazo y siento que estás helado; te sacudo y no das señales de Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…32
  • 33. GETSEMANIvida... ¡Jesús! ¿Has muerto ya? Afligidísima Madre mía, ángeles del cielo, vengan todos allorar por Jesús y no permitan que yo siga viviendo sin él, porque no puedo. Lo abrazo másfuerte y siento que da otro respiro y que de nuevo vuelve a no dar señales de vida... Lollamo: « ¡Jesús, Jesús, Vida mía, no te mueras! Oigo ya el alboroto que hacen tus enemigos que yavienen a arrestarte. ¿Quién te defenderá en este estado en que te encuentras? ».Y él, sacudido, parece resucitar de la muerte a la vida. Me mira y me dice: « Hijo, ¿estás aquí?¿Has sido entonces espectador de todas mis penas y de las tantas muertes que he sufrido? Pues bien,debes saber, oh hijo, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en mí todas las vidasde las criaturas y he sufrido todas sus penas y hasta sus mismas muertes, dándole a cada una mimisma vida. Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se cambiarán para ellasen fuentes de dulzura y de vida. ¡Cuánto me cuestan las almas! ¡Si por lo menos fuera correspondido!Es por eso que tú has visto que por momentos moría para luego volver a respirar: eran las muertesde las criaturas que sentía en mí».Fatigado Jesús mío, ya que has querido encerrar también mi vida en ti y por lo tanto tambiénmi muerte, te suplico que por tu amarguísima agonía vengas a asistirme a la hora de mimuerte. Yo te he dado mi corazón para que te refugies en él y descanses, mis brazos parasostenerte, he puesto todo mi ser a tu disposición y sabes bien con qué ganas me entregaríaen manos de tus enemigos para poder morir yo en tu lugar. Ven, oh vida de mi corazón, adarme lo que te he dado en el momento extremo de mi vida, dame tu compañía, tu Corazóncual lecho y descanso, tus brazos para sostenerme, tu respiro afanoso para aliviar misafanes, de manera que cuando respire sea por medio de tu respiro, que como airepurificador, me purificarán de toda mancha y me prepararán la entrada a la felicidad eterna.Más aún, dulce Jesús mío, aplicarás a mi alma toda tu humanidad santísima, de modo quecuando me veas, me verás a través de ti mismo y viéndote a ti mismo no podrás encontrarnada de qué juzgarme; y luego me bañarás en tu sangre, me vestirás con la vestidura blancade tu Santísima Voluntad, me adornarás con tu amor y dándome por última vez tu beso, meharás emprender el vuelo de la tierra hacia el cielo.Y ahora, te ruego que lo mismo que te he pedido que me hagas a la hora de mi muerte, se lohagas a todos los agonizantes; abrázalos a todos con el abrazo de tu amor y dándoles elbeso de la unión, sálvalos a todos y no permitas que nadie se pierda.Afligido Bien mío, te ofrezco esta hora en memoria de tu pasión y de tu muerte, paradesarmar la justa cólera de Dios por tantos pecados y por la conversión de los pecadores,por la paz de los pueblos, por nuestra santificación y en sufragio por las almas del purgatorio.Pero veo que tus enemigos ya están cerca y tú quieres dejarme para ir a su encuentro.Jesús, déjame darte un beso sobre esos labios que Judas osará besar con su beso infernal;déjame limpiar tu rostro todo bañado de sangre, sobre el cual lloverán bofetadas y salivazos;y tú, estréchame fuertemente a tu Corazón y no dejes que jamás me aparte de ti. Te sigo y túbendíceme.Reflexiones y prácticas.Jesús en esta tercera hora de agonía en el huerto de Getsemaní pidió ayuda del cielo y sus penaseran tantas que les pidió a sus apóstoles que lo confortaran. Y nosotros, en cualquier clase decircunstancia, dolor o desgracia, ¿pedimos siempre ayuda del cielo? Y si nos dirigimos también hacialas criaturas, ¿lo hacemos ordenadamente y con quien puede santamente confortarnos? ¿Nosresignamos al menos, si no hemos podido hallar la ayuda que esperábamos recibir, olvidándonos delas criaturas, para abandonarnos siempre más en los brazos de Jesús? Jesús recibió consuelo pormedio de un ángel, ¿podemos nosotros decir que somos el ángel de Jesús, que permaneciendo junto aél lo confortamos y participamos de sus amarguras? Pero para poder verdaderamente ser el ángel Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…33
  • 34. GETSEMANIde Jesús, es necesario que veamos nuestros sufrimientos como si él nos los hubiera mandado y por lotanto como sufrimientos divinos; sólo entonces podremos tener la osadía de confortar a un Dios tanlleno de amarguras; de lo contrario, si los sufrimientos los tomamos humanamente, no podremosservirnos de ellos para confortar a Jesús y por lo tanto, no podremos ser ángeles de Jesús.En los sufrimientos que Jesús nos envía, parece como que por medio de ellos nos manda también elcáliz en el que debemos vaciar el fruto de dichos sufrimientos y éstos, llevados con amor yresignación, se convertirán en un dulcísimo néctar para Jesús. Así que en cada pena diremos: Jesúsme llama a ser ángel pues quiere que lo conforte y por eso me participa sus penas.« Amor mío, Jesús, en mis penas busco tu Corazón para descansar y es mi intención reparar con ellastus penas, para que yo te dé mis penas y tú me des las tuyas y así yo sea el ángel que te consuela ». Oración de agradecimiento para después de cada hora del HuertoOración de agradecimiento ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA DE LA AGONÍA EN EL HUERTOGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh dulcísimo Señor mío!, te doy gracias por haberte dignado a tenerme por compañíadurante al menos una hora de tu tremenda agonía en el huerto de Getsemaní. ¡Ah,demasiado poco consuelo has hallado en mí, oh mi buen Jesús!, pero tu infinito amor y lasobreabundante caridad de tu piadosísimo Corazón, hace que hasta en el más pequeño actode compasión que la criatura te ofrezca encuentres alivio. ¡Ah, jamás podré olvidar la vista detu adorable persona cuando se encontraba temblando, abatida, abrumada, humillada hasta elpolvo y toda llena de sudor de sangre en la terrible oscuridad del huerto! ¡Oh Jesús, hepodido experimentar que el estar contigo en tus sufrimientos, el sentir aunque sea una solagota de la amargura llena de angustia de tu Corazón Divino, es la suerte más grande que sepuede llegar a tener sobre la tierra!¡Oh Jesús, renuncio generosamente a todas las cosas terrenas y fáciles! ¡Te quierosolamente a ti, oprimido, penante y afligido Señor mío, y quiero acompañarte fielmente desdeeste huerto hasta el Calvario!¡Oh Jesús!, haz que yo también sea capturado junto contigo; arrastrado contigo de tribunalen tribunal; hazme partícipe de los ultrajes, los insultos, los salivazos y las bofetadas que tusenemigos te harán sufrir; condúceme contigo de Pilato a Herodes y de Herodes a Pilato;átame junto contigo a la columna y haz que yo sienta parte de la flagelación; dame algunasde tus espinas; haz que yo también sea condenado a morir crucificado junto contigo: tú cualvíctima de amor por mí y yo cual víctima expiatoria por mis pecados; concédeme tener lamisma suerte del Cirineo para seguirte hasta el Calvario y que junto a ti yo sea clavado sobrela cruz, agonice y muera contigo.¡Oh Madre Dolorosa!, tú que me has ayudado a tener compasión de Jesús agonizante en elhuerto, ayúdame a estar junto contigo crucificado sobre la misma cruz de Jesús y a saber Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…34
  • 35. GETSEMANIofrecerle las reparaciones más dignas, junto con los mismos méritos de su pasión y muertede cruz. Amén. DE LA MEDIANOCHE A LA UNA DE LA MAÑANA LA CAPTURA DE JESÚS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La traición de Judas¡Oh Jesús mío!, es ya medianoche y sientes que tus enemigos se aproximan; y tú,limpiándote la sangre y reanimado por los consuelos recibidos, vas de nuevo en busca de tusdiscípulos, los llamas, los reprendes y te los llevas contigo; sales al encuentro de tusenemigos, queriendo reparar con tu prontitud, mi lentitud, mi malagana y mi pereza en elobrar y en el sufrir por amor a ti.Mas, ¡oh Jesús mío!, ¡qué escena tan conmovedora veo! Al primero que encuentras es alpérfido Judas, que acercándose a ti y echándote los brazos al cuello, te saluda y te besa; ytú, Amor sin confines, no desdeñas el beso de esos labios infernales; es más, lo abrazas y telo estrechas al Corazón, dándole muestras de renovado amor, queriendo arrancárselo alinfierno.Jesús mío, ¿cómo puede ser posible no amarte? La ternura de tu amor es tanta, que todocorazón debería sentirse obligado a amarte, mas sin embargo no eres amado. Pero, ¡ohJesús mío!, mientras que en este beso de Judas tú reparas por todas las traiciones, losfingimientos, los engaños bajo aspecto de amistad y de santidad, sobre todo en lossacerdotes, con tu beso además confirmabas que jamás le habrías rehusado el perdón aningún pecador, con tal de que humillado volviera a ti.Tiernísimo Jesús mío, ya que te entregas a merced de tus enemigos, dándoles la potestadde hacerte sufrir todo lo que quieran, yo también me entrego en tus manos, para que contoda libertad puedas hacer de mí lo que más te plazca; y junto contigo quiero seguir tuVoluntad, tus reparaciones, quiero sufrir tus penas, quiero estar siempre cerca de ti, para queno haya ofensa por la que yo no te ofrezca una reparación; amargura que no endulce,salivazos y bofetadas que no vayan seguidas por un beso y una caricia mías; cuando caigas,mis manos estarán siempre dispuestas para ayudarte a que te levantes. Quiero estarsiempre contigo, oh Jesús mío, y ni siquiera por un instante quiero dejarte solo; y para estarmás seguro, introdúceme dentro de ti, y así yo me encontraré en tu mente, en tus miradas,en tu Corazón y en todo tu ser, para que todo lo que tú hagas pueda hacerlo también yo; deeste modo podré hacerte fiel compañía y no pasar por alto ninguna de tus penas, para queseas correspondido por todo con mi amor. Dulce Bien mío, yo estaré a tu lado paradefenderte, para aprender tus enseñanzas y para enumerar una por una todas tus palabras...¡Ah!, con qué dulzura penetra en mi corazón esa palabra que le dirigiste a Judas: « Amico, adquid venisti? ».[1]Y me parece que también a mí me diriges esas mismas palabras, pero no llamándomeamigo, sino con el dulce nombre de hijo, [diciéndome]: « ¿Ad quid venisti? »; para que así tupuedas escuchar mi respuesta: « Jesús, he venido para amarte ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…35
  • 36. GETSEMANI« ¿A qué has venido? ». Me preguntas cuando hago oración. « ¿A qué has venido? ». Me lovuelves a preguntar desde la Eucaristía o cuando trabajo, cuando estoy cómodo o sufriendo,o cuando estoy durmiendo... ¡Qué modo tan bello de llamarnos la atención a todos!Pero cuántos, cuando les preguntas « ¿A qué has venido? », te responden: « ¡Vengo aofenderte! ». Otros, fingiendo que no te oyen, se entregan a toda clase de pecados y cuandoles preguntas « ¿A qué has venido? », responden yéndose al infierno... ¡Cuánto tecompadezco, oh Jesús! Quisiera tomar esas mismas sogas con las que tus enemigos te vana atar, para atar a estas almas y evitarte este dolor.Y mientras sales al encuentro de tus enemigos, oigo de nuevo tu voz llena de ternura que lesdice: « ¿A quién buscan? ».Y ellos responden: « A Jesús Nazareno ».Y tú les dices: « Ego Sum »[2] .Con esta sola palabra tú dices todo y te das a conocer por lo que eres, tanto que tusenemigos caen por tierra como si estuvieran muertos. Y tú, Amor sin par, diciendo de nuevo« Ego Sum », los llamas a vida y te entregas tú mismo en manos de tus enemigos.Jesús es atado y encadenadoEllos, pérfidos e ingratos, en vez de humillarse y de echarse a tus pies para pedirte perdón,abusando de tu bondad y despreciando gracias y prodigios, te ponen las manos encima ycon sogas y cadenas te atan, te inmovilizan, te tiran al suelo, te pisotean, te jalan de loscabellos y tú, con paciencia inaudita, callas, sufres y reparas las ofensas de los que, a pesarde los milagros no se rinden, sino que cada vez se vuelven más obstinados. Con tus sogas ytus cadenas suplicas que se rompan las cadenas de nuestras culpas y nos atas con la dulcecadena de tu amor.Y a Pedro, que quiere defenderte y llega hasta cortarle una oreja a Malco, lo corrigesamorosamente; de este modo quieres reparar las obras buenas que no son hechas consanta prudencia y por quienes a causa de su excesivo celo caen en la culpa.Pacientísimo Jesús mío, estas cuerdas y estas cadenas parecen añadirle algo aún máshermoso a tu divina persona. Tu frente se llena de majestad como nunca, tanto que atrae laatención de tus mismos enemigos; tus ojos resplandecen de más luz; tu divino rostromanifiesta una paz y una dulzura suprema, capaz de enamorar a tus mismos verdugos; conel tono de tu voz suave y penetrante, aunque sólo con pocas palabras, los haces temblar,tanto que si tienen la osadía de ofenderte es porque tú mismo se los permites.¡Oh Amor encadenado y atado!, ¿es que vas a permitir que estando tú atado por mí paradarme pruebas aún más grandes de tu amor, yo, que soy tu pequeño hijo, me voy a quedarsin cadenas? ¡No, no! Átame con tus mismas santísimas manos, con tus mismas sogas y tusmismas cadenas. Por eso, te suplico que mientras beso tu frente divina, ates todos mispensamientos, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, mis afectos y todo mi ser, ytambién que juntamente ates a todas las criaturas, para que sintiendo las dulzuras de tusamorosas cadenas, jamás vuelvan a tener la osadía de ofenderte.¡Oh, dulce Bien mío!, ya es la una de la madrugada y mi mente está cargada de sueño; voy aponer todo lo que está de mi parte para mantenerme despierto, pero si el sueño mesorprende, me quedo en ti para seguirte en todo lo que haces, es más, tú mismo lo harás pormí; así que, ¡oh Jesús mío!, pongo mis pensamientos en ti para defenderte de tus enemigos,mi respiración para hacerte compañía, los latidos de mi corazón para que en todo momentote digan que te amo y para amarte por quienes no te aman, las gotas de mi sangre pararepararte y restituirte todo el honor y la estima que te quitarán con los insultos, los salivazos ylas bofetadas que recibirás. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…36
  • 37. GETSEMANI¡Ah, Jesús mío!, dame un beso, abrázame y bendíceme, y si tú quieres que duerma, haz queduerma en tu Corazón adorable, para que tus latidos acelerados por el amor y por elsufrimiento me despierten frecuentemente y así no se interrumpa jamás nuestra compañía;de modo que quedamos en este acuerdo, oh Jesús.Reflexiones y prácticas.Jesús se entregó con prontitud en manos de sus enemigos viendo en ellos la Voluntad de su Padre.Cuando las criaturas nos engañan o nos traicionan, ¿las llegamos a perdonar prontamente como lohizo Jesús? ¿Recibimos de las manos de Dios todo el mal que nos viene por medio de las criaturas?¿Estamos dispuestos a hacer todo lo que Jesús nos pida? Cuando cargamos nuestras cruces, cuandonos maltratan, ¿podemos decir que nuestra paciencia es como la de Jesús?« Encadenado Jesús mío, que tus cadenas encadenen mi corazón, para que lo tengan quieto, demodo que pueda estar dispuesto a sufrir todo lo que tú quieras ».[1]« Amigo, ¿a qué has venido? »[2]« Soy Yo »Oración de agradecimiento De la 1 a las 2 de la mañana JESÚS, ATADO, ES HECHO CAER EN EL TORRENTE CEDRÓNOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Amado Bien mío, mi pobre mente te sigue entre la vela y el sueño. ¿Cómo podríaabandonarme del todo al sueño viendo que todos te dejan solo y huyen de ti? Hasta losmismos apóstoles, el ferviente Pedro que acababa de decirte que quería dar su vida por ti, tudiscípulo predilecto que con tanto amor lo hiciste reposar sobre tu Corazón; ¡ah, todos te handejado abandonado a merced de tus crueles enemigos!¡Jesús mío, te encuentras solo! Tus purísimos ojos buscan a tu alrededor para ver si almenos te está siguiendo alguno de aquellos a quienes hiciste tanto bien, para demostrarte suamor y para defenderte... Y cuando descubres que ni uno solo te ha sido fiel, sientes que sete rompe el Corazón y te pones a llorar amargamente, pues el dolor que te causa elabandono de tus más fieles amigos es mucho mayor del que tus mismos enemigos teprocuran. No llores, oh Jesús mío, o más bien, haz que yo llore contigo. Pero parece que miamable Jesús me dice: « ¡Ah, hijo mío!, lloremos juntos la suerte de tantas almas consagradas amí, que por pequeñas pruebas o por incidentes de la vida ya no se preocupan de mí y me dejan solo;por tantas otras almas tímidas y cobardes, que por falta de valor y de confianza me abandonan; portantos sacerdotes que al no sentir su propio gusto en las cosas santas, en la administración de lossacramentos, no se ocupan de mí; por otros que predican, que celebran o que confiesan por suspropios intereses y su propia gloria, y que mientras parece que están cerca de mí, siempre me dejansolo. ¡Ah, hijo mío!, ¡qué duro es para mí este abandono! No solamente me lloran los ojos, sino queme sangra el Corazón. ¡Ah!, te suplico que repares mi amargo dolor, prometiéndome que nunca mevas a dejar solo ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…37
  • 38. GETSEMANISí, ¡oh Jesús mío!, te lo prometo con la ayuda de la gracia y en la firmeza de tu DivinaVoluntad.Pero mientras lloras por el abandono de los tuyos, ¡oh Jesús!, tus enemigos no te evitanningún ultraje que puedan hacerte. Estando así, fuertemente atado, tanto que por ti mismo nopuedes dar ni un paso, te pisotean y te arrastran por aquellos caminos llenos de piedras yespinas, al grado que cualquier movimiento que te obligan a hacer, hace que te tropieces conlas piedras y que te hieras con las espinas.¡Ah, Jesús mío!, me doy cuenta que por donde te van arrastrando vas dejando las huellas detu preciosísima sangre y de tus cabellos dorados que te arrancan de la cabeza. Vida mía yTodo mío, déjame recogerlos, para con ellos poder atar todos los pasos de las criaturas queni siquiera de noche dejan de herirte, es más se aprovechan de la noche para herirte aúnmás: unos con sus reuniones, otros con sus placeres, con teatros y diversiones, y otrossirviéndose de la noche hasta para llevar a cabo robos sacrílegos. Jesús mío, me uno a tipara reparar todas estas ofensas.Pero ya estamos en el Torrente Cedrón y los perversos judíos te empujan en él y alempujarte hacen que te golpees en una piedra que ahí se encuentra, pero con tanta fuerza,que empiezas a derramar de tu boca tu preciosísima sangre, dejando marcada aquellapiedra. Y después, jalándote, te arrastran por debajo de aquellas aguas llenas depodredumbre, nauseabundas y frías. En este estado representas a lo vivo el estadodeplorable de las criaturas cuando caen en el pecado. ¡Oh, cómo quedan cubiertas pordentro y por fuera con un manto de inmundicia que da asco al cielo y a cualquiera quepudiera verlas, de modo que atraen sobre ellas los rayos de la divina justicia!¡Oh Vida de mi vida!, ¿puede haber un amor más grande? Para quitarnos este manto deinmundicia tú permites que tus enemigos te hagan caer en este torrente, y para reparar porlos sacrilegios y las frialdades de las almas que te reciben sacrílegamente obligándote aentrar en sus corazones, haciéndote sentir, más que en el torrente, toda la nausea de susalmas, permites por eso que esas aguas penetren hasta en tus entrañas, al grado que tusenemigos, temiendo que vayas a ahogarte y queriendo reservarte aún mayores tormentos, tesacan de ahí, pero les causas tanta repugnancia a ellos mismos que les da asco tocarte.Mansísimo Jesús mío, ya estás fuera del torrente. Mi corazón no resiste al verte tan bañadopor estas aguas tan repugnantes. Estás temblando de pies a cabeza por el frío y mirando atu alrededor, haciendo con los ojos lo que no haces con la voz, buscas al menos a uno sóloque te seque, que te limpie y que te caliente, pero en vano, no hallas a nadie que se mueva acompasión por ti. Tus enemigos se burlan y se ríen de ti, los tuyos te han abandonado, y tudulce Madre se encuentra lejos de ti porque así lo ha dispuesto el Padre.Aquí me tienes a mí, ¡oh Jesús!; ven a mis brazos pues quiero llorar hasta poderte bañarpara lavarte, limpiarte y reordenarte con mis propias manos todos tus cabellosdesordenados. Amor mío, quiero encerrarte en mi corazón, para calentarte con el calor demis afectos; quiero perfumarte con mis insistentes anhelos; quiero reparar todas estasofensas y ofrecer toda mi vida junto a la tuya para salvar a todas las almas; quiero ofrecertemi corazón para que encuentres en él donde descansar, para poder darte algún consuelo porlas penas que has sufrido hasta este momento; y después proseguiremos nuevamente elcamino de tu pasión.Reflexiones y prácticas.En esta hora Jesús se puso a merced de sus enemigos, los cuales llegaron a tener la osadía dearrojarlo al Torrente Cedrón, pero Jesús los miraba a todos con amor, soportando todo por amor aellos. Y nosotros, ¿nos ponemos a merced de la Voluntad de Dios? Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…38
  • 39. GETSEMANICuando nos sentimos débiles o tenemos la desgracia de caer en el pecado, ¿nos levantamosrápidamente para arrojarnos en los brazos de Jesús? Jesús, atormentado, fue arrojado en elTorrente Cedrón sintiendo que se ahogaba, con mucho asco y ganas de vomitar; y nosotros,¿aborrecemos hasta la más mínima mancha y sombra de pecado? ¿Estamos dispuestos a darle unlugar a Jesús en nuestros corazones para hacer que ya no sienta las ganas de vomitar a causa de lospecados de tantas almas y para compensarlo por todas las veces que fuimos nosotros mismos lacausa?« Atormentado Jesús mío, no tengas ninguna clase de miramientos conmigo y haz que yo pueda serobjeto de tus divinas y amorosas miradas ». Oración de agradecimiento De las 2 a las 3 de la mañana JESÚS ES PRESENTADO A ANÁS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh Jesús, quédate siempre conmigo! Madre dulcísima, sigamos juntos a Jesús.Jesús mío, centinela divino, tú que en mi corazón velas y que no quieres seguir estando solosin mí, me despiertas y haces que me encuentre junto contigo en la casa de Anás.Es precisamente ese momento en el que Anás te interroga acerca de tu doctrina y de tusdiscípulos, y tú, ¡oh Jesús!, para defender la gloria del Padre, abres tu sacratísima boca ycon voz sonora y llena de dignidad, respondes: « Yo he hablado en público y todos los que estánaquí me han escuchado ».Al oír estas palabras tuyas llenas de dignidad, todos tiemblan; pero es tanta la perfidia, queun siervo, queriendo honrar a Anás, se acerca a ti y con mano de hierro te da una bofetadatan fuerte, que hace que te tambalees, mientras que tu rostro santísimo se pone pálido.Ahora comprendo por qué me has despertado, dulce Vida mía. Tenías razón: ¿Quién iba asostenerte en este momento en que estás por caer?Tus enemigos se ríen a carcajadas satánicamente, silban y aplauden un acto tan injusto,mientras que tú, tambaleándote, no tienes a nadie en quien apoyarte.Jesús mío, te abrazo; más aún, quiero hacer un muro con mi ser, te ofrezco mi mejillagenerosamente, dispuesta a soportar cualquier pena por amor a ti. Te compadezco por esteultraje y unido a ti te reparo por la timidez de tantas almas que se desaniman fácilmente; porquienes a causa del miedo no dicen la verdad; por las faltas hacia el respeto que se le debea los sacerdotes; y por todas las faltas que se hacen con las murmuraciones.Pero veo afligido Jesús mío que Anás te envía a Caifás. Tus enemigos te empujan por lasescaleras para que te caigas, y tú, Amor mío, en esta dolorosa caída reparas por todosaquellos que de noche caen en la culpa aprovechando la obscuridad, y también llamas a losherejes y a los infieles a la luz de la fe. Yo también quiero seguirte en tus reparaciones ymientras llegas a donde está Caifás te mando mis suspiros para defenderte de tus enemigos.Y tú, sigue haciéndome de centinela mientras duerma y despiértame cuando tengas Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…39
  • 40. GETSEMANInecesidad de mí. Por eso, dame un beso y bendíceme. Adiós, beso tu Corazón y en élcontinúo mi sueño. Reflexiones y prácticas.Cuando Jesús estuvo ante Anás, éste le preguntó acerca de su doctrina y de sus discípulos; Jesús, paraglorificar a su Padre, responde lo referente a su doctrina, pero no dice nada de sus discípulos parano faltar a la caridad.Y nosotros, cuando se trata de glorificar a Dios, ¿lo hacemos con intrepidez y valor o más bien nosdejamos vencer por el respeto humano? Debemos decir siempre la verdad aunque sea delante depersonas importantes. Cuando hablamos, ¿buscamos siempre hacerlo para gloria de Dios?¿Soportamos todo con paciencia, así como Jesús, para exaltar la gloria de Dios? ¿Evitamos siempreel hablar mal del prójimo y lo disculpamos si escuchamos que alguien lo hace?Jesús vigila nuestro corazón y nosotros, ¿vigilamos siempre su Corazón para que no haya ofensa quereciba que no sea reparada por nosotros? ¿Estamos siempre vigilando sobre nosotros mismos, paraque cada pensamiento, mirada, palabra y afecto, cada latido de nuestro corazón y cada uno denuestros deseos sean todos y cada uno, centinelas que se encuentren alrededor de Jesús para quevigilen su Corazón y le ofrezcan una reparación por cada ofensa? Y para lograr esto, ¿le pedimos aJesús que vigile cada uno de nuestros actos y que nos ayude él mismo a vigilar nuestro corazón?Cuando Jesús nos llama, ¿nos encontramos listos para responder a su llamada? La llamada de Diospuede hacerse sentir de diferentes maneras: con inspiraciones, con la lectura de buenos libros, con elejemplo; puede también hacerse sentir sensiblemente con los atractivos de la gracia e incluso bajocualquier circunstancia.« Dulce Jesús mío, que tu voz haga eco siempre en mi corazón y que todo lo que me rodea por dentroy por fuera sea tu voz que continuamente me llame a amarte siempre, y que la armonía de tu divinavoz me impida escuchar cualquier otra voz humana que me disipe ».Oración de agradecimiento De las 3 a las 4 de la mañana JESÚS EN LA CASA DE CAIFÁS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Afligido y abandonado Bien mío, mientras mi débil naturaleza duerme en tu Corazónadolorido, mi sueño se interrumpe frecuentemente por los latidos de amor y de dolor de tudivino Corazón, entre la vela y el sueño siento los golpes que te dan; y despertándome, digo:¡Pobre Jesús mío, abandonado por todos, sin nadie que te defienda! Pero desde adentro detu Corazón yo te ofrezco mi vida para que te sirva de apoyo cuando te hagan tropezar. Y asíme vuelvo a dormir.Pero otra sacudida de amor de tu Corazón divino me despierta y me siento aturdido por losinsultos que recibes, por los murmullos, los gritos y el correr de la gente.Amor mío, ¿cómo es que todos están contra ti? ¿Qué es lo que has hecho que como lobosferoces te quieren despedazar? Siento que la sangre se me hiela al oír todos los preparativosque están haciendo tus enemigos; me siento triste y estoy temblando mientras pienso quépuedo hacer para defenderte. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…40
  • 41. GETSEMANIPero mi afligido Jesús, teniéndome en su Corazón, me estrecha aún más fuerte y me dice:« Hijo mío, no he hecho nada malo y al mismo tiempo he hecho todo. Mi delito es el amor; el amorque contiene todos los sacrificios, el amor que tiene un precio inconmensurable. No obstante,estamos todavía al inicio; tú sigue quedándote dentro de mi Corazón, observa todo, ámame, calla yaprende. Haz que tu sangre helada corra entre mis venas para darle un descanso a mi sangre queestá totalmente ardiendo en llamas. Haz que tu temblor corra por mis miembros, para que fundidoen mí puedas mantenerte firme, calentarte, puedas sentir parte de mis penas, y a la vez adquirirfuerza al verme sufrir tanto. Este será el modo en que podrás defenderme como a mí más me gusta:séme fiel y pon atención ».Dulce Amor mío, el ruido que hacen tus enemigos es tal y tanto que ya no me deja dormir;los golpes se hacen cada vez más violentos; oigo el ruido que hacen las cadenas con las quete han encadenado tan estrechamente que estás sangrando por las muñecas, dejando poraquellas calles las huellas de tu sangre. Recuerda que mi sangre fluye en la tuya y queconforme la vas derramando, mi sangre besa la tuya, la adora y la repara; haz que mi sangresea luz para quienes te ofenden de noche y un imán que atraiga a todos los corazones haciati.Amor mío y todo mío, mientras te arrastran y el aire parece ensordecer por los gritos y lossilbidos llegas ante Caifás. Tú te muestras lleno de mansedumbre, de modestia y humildad;tu dulzura y tu paciencia es tanta, que tus mismos enemigos quedan aterrorizados, y Caifás,furioso, quisiera devorarte. ¡Ah, qué bien se distingue a la inocencia del pecado!Amor mío, tú te encuentras ante Caifás cómo si fueras el hombre más culpable a punto deser condenado. Y Caifás les pregunta a los testigos cuáles son tus delitos. ¡Ah, hubiera sidomejor que preguntara cuál es tu amor! Hay quien te acusa de una cosa y quien de otra,diciendo insensateces y contradiciéndose entre ellos mismos; y mientras todos te acusan, lossoldados que están a tu lado te jalan de los cabellos y descargan sobre tu rostro santísimohorribles bofetadas que retumban por toda la sala, te hacen muecas con los labios, tegolpean..., y tú callas, sufres, y si los miras, la luz de tus ojos penetra dentro de suscorazones y no pudiendo sostener tu mirada, se alejan de ti; pero otros intervienen parahacerte sufrir más.Las negaciones de PedroPero en medio de tantas acusaciones y ultrajes, veo que pones atención con tus oídos y quetu Corazón late con violencia como si estuviera por estallar a causa del dolor. Dime, afligidoBien mío, y ahora, ¿qué sucede? Pues me doy cuenta de que en todo lo que te estánhaciendo tus enemigos, es tan grande tu amor, que tú con ansia lo esperas y todo lo ofrecespor nuestra salvación. Y tu Corazón, con toda calma, repara las calumnias, los odios, losfalsos testimonios, el mal que se le hace con premeditación a quien es inocente, y reparastambién por quienes te ofenden instigados por sus superiores y por todas las ofensas de loseclesiásticos. Pero ahora, mientras unido a ti sigo tus mismas reparaciones, siento en ti uncambio, un dolor nuevo que jamás había sentido hasta ahora. Dime, dime, ¿qué pasa?¡Particípame todo, oh Jesús mío!« Hijo mío, ¿quieres saber qué es lo que me pasa? Oigo la voz de Pedro que dice que no me conoce, yluego ha llegado a jurarlo y hasta por tercera vez ha maldecido y perjurado que no me conoce... ¡Oh,Pedro!, ¿cómo no me conoces? ¿No recuerdas de cuántos bienes te he colmado? ¡Oh, si los demás mehacen morir de penas, tú me haces morir de dolor! ¡Cuánto mal has hecho siguiéndome desde lejos yexponiéndote después a la ocasión! ».Negado Bien mío, cómo se reconocen inmediatamente las ofensas de las almas a las quemás quieres. ¡Oh Jesús!, quiero hacer fluir los latidos de mi corazón en los tuyos para mitigar Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…41
  • 42. GETSEMANIel dolor tan terrible y atroz que sufres, y mi latido en el tuyo te jura fidelidad, amor, y mil y milveces repite y jura que te conozco... Pero tu corazón todavía no se calma y buscas con lamirada a Pedro, y al ver él tu mirada llena de amor, rebosante de lágrimas por su negación,Pedro se enternece y llora y se retira de allí; y tú, habiéndolo ya puesto a salvo, te calmas yreparas las ofensas de los Papas y de los jefes de la Iglesia, sobre todo de quienes seexponen a las ocasiones.Pero tus enemigos siguen acusándote, y Caifás viendo que no respondes a sus acusaciones,te dice: « Te conjuro por el Dios vivo: dime, ¿eres tú verdaderamente el Hijo de Dios? ».Y tú, Amor mío, teniendo siempre en tus labios la palabra de la verdad, con majestadsuprema y con voz sonora y suave a la vez, ante la cual todos quedan impresionados y hastalos mismos demonios se hunden todavía más en el abismo, respondes: « Tú lo has dicho, yosoy el verdadero Hijo de Dios y un día descenderé sobre las nubes del cielo para juzgar a todas lasnaciones ».Al escuchar tus palabras creadoras, todos se quedan callados en un profundo silencio,sintiendo un escalofrío por el susto... Pero Caifás, después de algunos instantes de espanto,recobrándose, furioso más que una bestia feroz, proclama en voz alta: « ¿Qué necesidadtenemos ya de testigos? ¡Ha dicho una grande blasfemia! ¿Qué esperamos para condenarlo? ¡Es reode muerte! ».Y para darle mayor fuerza a sus palabras se rasga las vestiduras, pero con tanta rabia yfuror, que todos, como si fueran uno sólo, se lanzan contra ti. Bien mío, hay quien te dapuñetazos en la cabeza, quien te jala de los cabellos, te abofetean y te escupen en la cara, tepisotean...; son tantos y tales los tormentos que te hacen sufrir, que la tierra tiembla y loscielos se estremecen.Amor mío y Vida mía, mientras te están atormentando yo siento que se me rompe el corazónpor el dolor. ¡Ah!, permíteme que salga de tu Corazón adolorido y que yo afronte en tu lugartodos estos ultrajes. ¡Ah!, si me fuera posible, quisiera liberarte de tus enemigos; pero tú noquieres, porque todo esto lo requiere la salvación de todos y yo me veo obligado aresignarme.Pero déjame limpiarte, dulce Amor mío, déjame arreglarte los cabellos, quitarte los salivazos,limpiarte y secarte la sangre para encerrarme en tu Corazón, pues veo que Caifás ya estácansado y quiere retirarse entregándote en manos de los soldados.Por lo tanto, te bendigo y tú también bendíceme a mí. Y dándome el beso de tu amor, meencierro en el horno ardiente de tu Corazón Divino para conciliar el sueño, poniendo mi bocasobre tu Corazón, para que en cada uno de mis respiros te dé un beso; y conforme a ladiversidad de tus latidos, más o menos penantes, podré darme cuenta si tú estás sufriendo odescansando. Por eso, protegiéndote con mis brazos para defenderte, te abrazo y meestrecho fuertemente a tu Corazón y así me duermo.Reflexiones y prácticas.Jesús, al ser presentado ante Caifás, es acusado injustamente y sometido a torturas inauditas, ycuando se le interroga dice siempre la verdad.Y nosotros, cuando nuestro Señor permite que nos calumnien y que nos acusen injustamente,¿buscamos únicamente a Dios que conoce nuestra inocencia o más bien mendigamos la estima y elhonor de las criaturas? ¿Se encuentra siempre sobre nuestros labios la verdad? ¿Somos enemigos detoda clase de mañas y mentiras? ¿Soportamos pacientemente los desprecios y las confusiones quenos causan las criaturas? ¿Estamos dispuestos a dar la vida por su salvación? Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…42
  • 43. GETSEMANI« ¡Oh Dulce Jesús mío!, ¡qué diferencia tan grande hay entre tú y yo! ¡Ah!, haz que de mis labios salgasiempre la verdad para que pueda herir el corazón de quien me escucha y conducir a todos haciati ».Oración de agradecimiento De las 4 a las 5 de la mañana JESÚS ENTRE LOS SOLDADOS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Vida mía, dulcísimo Jesús, mientras duermo abrazado a tu Corazón, siento frecuentementelas punzadas de las espinas que hieren tu Sacratísimo Corazón; y queriéndome despertar,para que haya al menos uno que se dé cuenta de todas tus penas y que te compadezca, meestrecho aún más fuertemente a tu Corazón, y sintiendo más a lo vivo tus punzadas, medespierto; pero, ¿qué veo?, ¿qué siento? Quisiera esconderte dentro de mi corazón paraponerme yo en tu lugar y recibir sobre mí penas tan dolorosas, insultos y humillaciones tanincreíbles. ¡Sólo tu amor podía soportar tantos ultrajes! Pacientísimo Jesús mío, ¿qué podíasesperar de gente tan inhumana?Se divierten contigo y te cubren el rostro de salivazos. La luz de tus bellísimos ojos quedaeclipsada por los salivazos, y llorando a cataratas por nuestra salvación, se te limpian losojos de aquellos salivazos; pero aquellos malvados, no soportando su corazón el ver la luzde tus ojos, vuelven otra vez a cubrirlos de salivazos... Otros, volviéndose más atrevidos enel mal, te abren tu dulcísima boca y te la llenan de repugnantes salivazos, tanto que hastaellos mismos sienten la nausea; y puesto que esos salivazos, escurriendo en parte, muestranun poco la majestad de tu rostro santísimo y de tu sobrehumana dulzura, se estremecen y seavergüenzan de sí mismos... Y para sentirse más libres te vendan los ojos con un traporepugnante, para así poder desenfrenarse del todo sobre tu adorable persona; de maneraque te golpean sin piedad, te arrastran, te pisotean, vuelven a descargar puñetazos ybofetadas sobre tu rostro y por toda la cabeza, arañándote y jalándote de los cabellos,empujándote de un lado para otro...Jesús, Amor mío, mi corazón no resiste al verte en medio de tantos tormentos. Tú quieresque ponga atención a todo, pero yo siento que quisiera cubrirme los ojos para no verescenas tan dolorosas que hacen arrancar el corazón del pecho; pero me siento obligado portu amor a seguir viendo lo que te sucede.Y veo que no abres la boca, no dices una sola palabra para defenderte, estás en las manosde estos soldados como si fueras un trapo con el que pueden hacer todo lo que quieren; y alverlos arrojarse sobre ti, temo que mueras bajo sus pies.Bien mío y todo mío, es tanto el dolor que siento por tus penas, que quisiera gritar tan fuerteque mis gritos llegaran hasta el cielo, para llamar al Padre y al Espíritu Santo y a todos losángeles; y aquí, de un extremo a otro de la tierra, llamaré primero a nuestra dulce Madre yluego a todas las almas que te aman, para que haciendo un cerco a tu alrededor, impidamosque puedan pasar estos insolentes soldados para insultarte y atormentarte; y junto contigoreparemos todos los pecados nocturnos de toda clase, especialmente los que cometen lossectarios sobre tu persona sacramental durante las horas de la noche y todas las ofensas delas almas que no se mantienen fieles en la noche de la prueba. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…43
  • 44. GETSEMANIPero veo, ¡oh insultado Bien mío!, que los soldados, cansados y borrachos, quierendescansar, y mi pobre corazón, oprimido y lacerado por tantas penas tuyas, no quierequedarse solo contigo, siente necesidad de otra compañía: « ¡Ah, dulce Madre mía!, sé tú miinseparable compañía. Me estrecho fuertemente a tu mano materna y te la beso, y tú,fortaléceme con tu bendición, y abrazándonos a Jesús apoyemos nuestra cabeza sobre suCorazón tan adolorido para consolarlo ».¡Oh Jesús!, te beso y te bendigo junto con tu Madre Santísima y unido a ella dormiremos elsueño del amor sobre tu adorable Corazón.Reflexiones y prácticas.Jesús en esta hora se encuentra en medio de los soldados con ánimo imperturbable y con unaconstancia de hierro. Como el Dios que es, sufre toda clase de abusos de parte de los soldados y él, encambio, los mira con tanto amor, que parece como que los invita a que lo hagan sufrir aún más.Y nosotros, cuando sufrimos constantemente, ¿somos constantes o más bien nos lamentamos, nosfastidiamos, perdemos la paz, esa paz del corazón que se necesita para que Jesús pueda hallar ennosotros su feliz morada?La firmeza es esa virtud que nos da a conocer si es Dios quien verdaderamente reina en nosotros; sila nuestra es verdadera virtud, nos mantendremos firmes durante la prueba y no periódicamente,sino constantemente: solamente la cruz nos puede proporcionar esta firmeza. Conforme crecenuestra firmeza en el bien, en el sufrir, en el obrar, va creciendo también en nosotros el lugar endonde Jesús podrá hacer crecer sus gracias. Así que si somos inconstantes no habrá lugar ennosotros en donde Jesús pueda extender sus gracias; si en cambio nos mantenemos firmes yconstantes, hallando Jesús un gran espacio en nosotros, hallará dónde apoyarse y sostenerse, ydónde multiplicar sus gracias.Si queremos que nuestro amado Jesús descanse en nosotros, circundémoslo con esa misma firmezacon la que él mismo hizo todo por la salvación de nuestras almas. Estando así defendido, podrápermanecer en nuestro corazón en un dulce reposo.Jesús miraba con amor a quienes lo maltrataban; y nosotros, ¿miramos con ese mismo amor aquienes nos ofenden? ¿El amor que les mostramos es tanto que llega a ser una potente voz para suscorazones y que hace que se conviertan y que vuelvan a Jesús?« Jesús mío, Amor sin límites, dame tu amor y haz que cada pena que yo sufra sea una llamada a lasalmas para que vuelvan a ti ».Oración de agradecimiento De las 5 a las 6 de la mañana JESÚS EN LA PRISIÓN.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Prisionero Jesús mío, me despierto y no te encuentro; mi corazón late fuertemente y delira deamor. Dime, ¿dónde estás? Ángel mío, llévame a casa de Caifás. Busco por todos lados ypor más que doy vueltas no te encuentro. Amor mío, date prisa, mueve con tus manos las Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…44
  • 45. GETSEMANIcadenas con las que tienes atado mi corazón al tuyo para atraerme a ti y poder emprender elvuelo para ir a arrojarme a tus brazos. Herido por mi voz y queriendo mi compañía, sientoque me atraes y me doy cuenta de que te han puesto en la prisión... Mi corazón, mientras poruna parte exulta de alegría por haberte encontrado, por otra parte se siente herido por eldolor de ver hasta qué estado te han reducido.Te veo con las manos atadas por atrás en una columna; los pies inmovilizados y atados; tusantísimo rostro todo golpeado, hinchado y ensangrentado por las terribles bofetadas quehas recibido; tus ojos santísimos amoratados, con la mirada cansada y apagada por la vela;tus cabellos todos desordenados; tu santísima persona toda golpeada...; y a todo esto hayque añadir que no puedes hacer nada para ayudarte y limpiarte porque estás atado. Y yo,¡oh Jesús mío!, llorando y abrazándome a tus pies, digo: ¡Ay, a qué estado te han reducido,oh Jesús mío!Y Jesús, mirándome, me responde: « Ven, hijo mío, y pon atención a todo lo que ves que yo hago,para que tú también lo hagas junto conmigo y así yo pueda continuar mi vida en ti ».Y con grande asombro, me doy cuenta de que en vez de ocuparte de tus penas, con un amorindescriptible, piensas en darle gloria a tu Padre, para darle satisfacción por todo lo quenosotros estamos obligados a hacer, y llamas a todas las almas para tomar sobre ti todossus males y darles en cambio todos tus bienes. Y puesto que hemos llegado al alba delnuevo día, puedo oír tu dulcísima voz que dice: « Padre Santo, te doy gracias por todo lo que hesufrido y por todo lo que todavía tengo que sufrir; y como el alba que se asoma llama al día y el díahace que el sol surja en el horizonte, quiero que del mismo modo el alba de la gracia se asome entodos los corazones, para que al amanecer el día en ellos, yo, Sol Divino, pueda surgir en todos loscorazones y reinar en ellos. Mira a estas almas, oh Padre; yo quiero responderte por todos, por suspensamientos, sus palabras, sus obras y sus pasos, a costa de mi sangre y de mi muerte ».Jesús mío, Amor sin límites, me uno a ti y también yo te doy gracias por todo lo que me hashecho sufrir y por lo que todavía tengo que sufrir, y te suplico que hagas nacer en todos loscorazones el alba de la gracia, para que tú, Sol Divino, puedas surgir en todos los corazonesy reinar en ellos.Pero veo que tú, dulce Jesús mío, reparas también todos los primeros pensamientos, afectosy palabras que desde el inicio del día no han sido ofrecidos a ti para honrarte, y reúnes en ti,como si fueran uno sólo, los pensamientos, los afectos y las palabras de todas las criaturas,para darle al Padre la reparación y la gloria que se le debe.Jesús mío, Divino Maestro, ya que disponemos de una hora libre en esta prisión y estamos asolas, no solamente quiero hacer lo que tú haces, sino también quiero limpiarte, reordenartelos cabellos y fundirme totalmente en ti... Así que me acerco a tu santísima cabeza, yreordenándote los cabellos, quiero hacer una reparación por tantas mentes trastornadas yllenas de tierra, que no tienen ni siquiera un pensamiento para ti, y fundiéndome en tu mente,quiero reunir en ti todos los pensamientos de todas las criaturas y fundirlos en tuspensamientos, para poder hallar suficiente reparación por todos los malos pensamientos ypor tantas luces e inspiraciones sofocadas. Quiero hacer de todos los pensamientos uno sólocon los tuyos, para ofrecerte verdadera reparación y gloria perfecta.Afligido Jesús mío, beso tus ojos llenos de lágrimas y de tristeza, y teniendo atadas lasmanos a la columna no puedes secártelos ni limpiarte los salivazos que te cubren el rostro;además, siendo insoportable la postura en la que te han dejado, no puedes cerrar los ojospara descansar al menos por un poco. ¡Amor mío, cómo quisiera hacerte con mis brazos unlecho para que pudieras reposar! Quiero secarte los ojos y pedirte perdón, ofreciéndote unareparación por todas las veces que no hemos tenido la intención de agradarte y de mirartepara ver qué es lo que querías de nosotros, qué es lo que debíamos hacer y a dónde querías Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…45
  • 46. GETSEMANIque fuéramos; y en tus ojos quiero fundir los míos y los de todas las criaturas, para poderreparar con tus mismos ojos todo el mal que hemos hecho con la vista.Piadoso Jesús mío, beso tus oídos santísimos para repararte los insultos que has recibidodurante toda la noche, y más aún por el eco que resuena en tus oídos de todas las ofensasde las criaturas. Te pido perdón y te reparo por todas las veces que nos has llamado y quenosotros nos hemos hecho los sordos fingiendo que no te escuchábamos, mientras que tú,cansado, nos has llamado repetidamente, pero en vano. Quiero fundir en tus oídos los míos ylos de todas las criaturas para darte continua y completa reparación.Enamorado Jesús mío, beso tu rostro santísimo, lívido totalmente a causa de los golpes. Tepido perdón y te reparo por cuantas veces nos has llamado a ser víctimas de reparación ynosotros, uniéndonos a tus enemigos, te hemos dado bofetadas y te hemos escupido. Jesúsmío, quiero fundir mi rostro en el tuyo, para restituirte tu hermosura original y ofrecerte unareparación completa por todos los desprecios que le han hecho a tu santísima Majestad.Amargado Bien mío, beso tu dulcísima boca, colmada de dolor por los puñetazos recibidos, yardiente de amor. Quiero fundir en tu lengua la mía y la de todas las criaturas, para repararcon tu misma lengua todos los pecados y las malas conversaciones que se tienen. Quiero,sediento Jesús mío, hacer de todas las voces una sola con la tuya, para hacer que, cuandoestén a punto de ofenderte, tu voz, circulando por las voces de las criaturas, sofoque esasvoces de pecado y las transforme en voces de alabanzas y de amor.Encadenado Jesús mío, beso tu cuello oprimido por pesadas cadenas y cuerdas, las cuales,pasando por el pecho hasta por detrás de los hombros y llegándote hasta los brazos tetienen fuertemente atado a la columna. Tus manos ya están hinchadas y moradas por lofuerte que te han atado, tanto que de ellas te está saliendo sangre. ¡Ah, Jesús!, déjame quete desate, y si te gusta estar atado, quiero atarte con las cadenas del amor que, siendodulces, te procurarán alivio en vez de hacerte sufrir. Y mientras te desato, quiero fundirme entu cuello, en tu pecho, en tus hombros, en tus manos y en tus pies, para poder reparar juntocontigo por todos los apegos de las criaturas y para darles a todos las cadenas de tu amor;para reparar por todas las frialdades y llenar los pechos de todas las criaturas con tu fuego,pues veo que el que tú tienes, es tanto, que no puedes contenerlo; para reparar por todos losplaceres ilícitos y el amor a las comodidades y darles a todos el espíritu de sacrificio y elamor al sufrimiento... Quiero fundirme en tus manos para reparar por todas las malas obras yel bien hecho malamente y con espíritu de presunción, y darles a todos el perfume de tusobras; fundiéndome en tus pies, encierro todos los pasos de las criaturas para reparar porellos y darles a todos tus pasos para hacer que caminen santamente.Y ahora, dulce Vida mía, permíteme que fundiéndome en tu Corazón, encierre todos losafectos, los latidos y los deseos de todas las criaturas para repararlos contigo y darles atodos tus afectos, los latidos de tu Corazón y tus deseos, para que nadie vuelva a ofenderte.Pero siento en mis oídos el ruido de unas llaves, son tus enemigos que vienen a sacarte dela cárcel. Jesús, yo tiemblo, me siento horrorizada ya que estarás de nuevo en manos de tusenemigos. ¿Qué va a ser de ti? Me parece oír también el ruido de las llaves que abren losSagrarios. ¡Cuántas manos profanadoras los abren y tal vez para hacerte descender encorazones sacrílegos! ¡En cuántas manos indignas te ves forzado a estar! Prisionero Jesúsmío, quiero encontrarme en todas tus prisiones de amor, para poder estar ahí cuando tusministros te sacan y hacerte compañía y repararte por todas las ofensas que puedas recibir.Veo que tus enemigos están llegando. Y tú, saludas al sol que amanece en el último día detu vida; y ellos, al desatarte, viéndote lleno de majestad y sintiendo tu mirada llena de amor,en pago te cubren el rostro de bofetadas tan fuertes que de inmediato se enrojece con tupreciosísima sangre. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…46
  • 47. GETSEMANIAmor mío, antes de que salgas de la prisión, en mi dolor, te suplico que me bendigas parapoder tener la fuerza de seguirte en todo lo que falta de tu pasión.Reflexiones y prácticas.Jesús en la prisión, atado e inmovilizado a una columna, se encuentra cubierto de salivazos y defango, y él busca nuestras almas para que le hagamos compañía. Y nosotros, ¿nos ponemos felices depoder estar a solas con Jesús o preferimos la compañía de las criaturas? ¿Es sólo Jesús nuestro únicorespiro, el único latido de nuestro corazón?Nuestro amado Jesús, para hacernos semejantes a él, ata nuestras almas con arideces, conopresiones, con sufrimientos y con tantas otras clases de mortificaciones; y nosotros, ¿nos ponemosfelices cuando Jesús nos ata dentro de la prisión en la que su amor nos pone, es decir: oscuridades,opresiones, etc.?Jesús está en la prisión, ¿sentimos en nosotros la fuerza y la prontitud para encerrarnos en Jesús poramor a él?Jesús, afligido, anhelaba nuestras almas para ser desatado y para poder apoyarse en nosotros acausa de la posición tan dolorosa en la que se hallaba; y nosotros, ¿anhelamos que sólo Jesús vengaa hacernos compañía, a desencadenarnos de toda pasión y a encadenarnos con cadenas más fuertesa su Corazón? ¿Ponemos nuestras penas alrededor de Jesús para rechazar los salivazos y el fangoque los pecadores le arrojan?Jesús en la prisión hace oración, y nuestra oración junto a él, ¿es constante?« Encadenado Jesús mío, tú te hiciste prisionero por amor a mí; yo te pido que encierres en ti mimente, mi lengua, mi corazón y todo mi ser, para que yo ya no tenga libertad alguna y tú puedastener el dominio absoluto sobre mí ».Oración de agradecimiento De las 6 a las 7 de la mañana JESÚS DE NUEVO ANTE CAIFÁS Y DESPUÉS ES CONDUCIDO A PILATO.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Adolorido Jesús mío, ya estás fuera de la prisión; estás tan agotado que a cada paso quedas parece que te vas a caer. Quiero ponerme a tu lado para sostenerte cuando vea queestés a punto de caer.Pero veo que los soldados te presentan ante Caifás, y tú, ¡oh Jesús mío!, apareces de nuevoen medio a ellos cual sol radiante y aunque estás tan desfigurado, tu luz se difunde pordoquier. Caifás se regocija al verte tan malamente reducido, y al ver el reflejo de tu luz seciega aún más y lleno de cólera te pregunta de nuevo: « ¿Así que tú eres verdaderamente el Hijode Dios? ».Y tú, Amor mío, con majestad suprema, con tu voz llena de gracia y tu habitual acento dulcey conmovedor, capaz de cautivar los corazones de todos, respondes: « Sí, yo soy el verdaderoHijo de Dios ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…47
  • 48. GETSEMANIY ellos, a pesar de que sienten en sí mismos toda la fuerza de tu palabra, sofocando todo ysin querer saber más, a una sola voz, gritan todos: « ¡Es reo de muerte, es reo de muerte! ».Caifás confirma la sentencia de muerte y te envía a Pilato, y tú, condenado Jesús mío,aceptas esta sentencia con tanto amor y resignación, que parece que se la arrebatas alinicuo pontífice, y de este modo reparas todos los pecados hechos deliberadamente y contoda malicia, y por todos aquellos que en vez de afligirse por el mal, se alegran y gozan delpecado, y esto los lleva a la ceguera y a sofocar en ellos toda luz y gracia.Vida mía, tus reparaciones y tus oraciones hacen eco en mi corazón y yo reparo y ruegounido a ti.Dulce Amor mío, veo que los soldados, habiendo perdido la poca estima que les quedaba deti, al verte condenado a muerte, te agarran y te ponen más cuerdas y más cadenas, tesujetan tan fuertemente que casi le impiden todo movimiento a tu divina persona, yempujándote y arrastrándote te sacan del palacio de Caifás. Te espera la multitud del pueblo,mas nadie para defenderte; y tú, Divino Sol mío, sales en medio de ellos queriendoenvolverlos a todos con tu luz.Al dar los primeros pasos, queriendo encerrar en los tuyos todos los pasos de las criaturas,suplicas y reparas por quienes usan sus primeros pasos para obrar con malos fines: unospara vengarse, otros para matar, para traicionar, para robar y para tantas otras cosas. ¡Oh,cómo te hieren el Corazón con todas estas ofensas! Y para impedir tanto mal, oras, reparas yte ofreces todo tú mismo.Pero mientras te sigo, veo que tú, Sol mío, Jesús, apenas empiezas a bajar las escaleras delpalacio de Caifás, te encuentras con María Santísima, nuestra hermosa y dulce Madre. Tumirada se encuentra con la suya, se hieren el uno al otro y, aunque al verse hallan alivio,nacen de ahí nuevos dolores: en ti, al ver a tu dulce Madre traspasada, pálida y de luto; y entu querida Madre, al verte a ti, Sol Divino, eclipsado, cubierto de ultrajes, llorando y en un marde sangre. Pero no pueden disfrutar por mucho ese intercambio de miradas y sin embargo,sólo con el dolor de no poderse decir ni siquiera una sola palabra, sus Corazones se dicentodo, y fundidos el uno en el otro dejan de mirarse porque los soldados te empujan; y así,pisoteado y arrastrado, te hacen llegar a Pilato.Jesús mío, me uno a mi traspasada Madre para seguirte y para fundirme junto con ella en ti ytú dirigiéndome una mirada de amor, me bendices.Reflexiones y prácticas.Jesús sale a la luz del día y es llevado ante Caifás y con ánimo firme confirma que él es el Hijo deDios.Y nosotros, ¿dejamos que Jesús nos guíe cuando salimos a algún lado? ¿Nuestro modo decomportarnos es un ejemplo para los demás? ¿Nuestros pasos, como si fueran imanes, son unallamada a las almas para que se acerquen a Jesús? Toda la vida de Jesús es una continua llamadapara cada alma. Si nosotros nos uniformamos a su Voluntad, es decir, si nuestros pies cuandocaminan son una llamada para las almas, si los latidos de nuestro corazón haciendo eco a los latidosdel Corazón Divino se armonizan el uno al otro y piden almas, y lo mismo de todo el resto, conformesigamos obrando de este modo estaremos formando en nosotros la misma humanidad santísima deCristo. Así que, cada llamada más que hagamos será una semejanza más que recibiremos de Jesúsmismo.¿Nuestra vida es siempre la misma o empeora conforme van cambiando las circunstancias?« Jesús mío, Santidad sin igual, sé tú mi guía, haz que también en mi modo de comportarmeexternamente yo dé a conocer toda tu vida divina ».Oración de agradecimiento Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…48
  • 49. GETSEMANI De las 7 a las 8 de la mañana JESÚS ANTE PILATO Y PILATO LO MANDA A HERODES.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Encadenado Bien mío, tus enemigos unidos a los sacerdotes, te presentan ante Pilato yfingiendo santidad y escrupulosidad, ya que están por celebrar la Pascua, permanecen fueraen el atrio. Y tú, Amor mío, viendo el fondo de su malicia, reparas por todas las hipocresíasde quienes son religiosos. También yo reparo contigo.Pero mientras tú te ocupas de hacerles bien, ellos por el contrario dan inicio a susacusaciones ante Pilato, vomitando todo el veneno que tienen contra ti. Pero Pilato,mostrándose insatisfecho por las acusaciones que te hacen y para poder condenarte conmotivo, te llama aparte y a solas te examina y te pregunta: « ¿Eres tú el Rey de los Judíos? ».Y tú, Jesús mío, verdadero Rey mío, respondes: « Mi Reino no es de este mundo, de lo contrario,miles de legiones de ángeles me defenderían ».Y Pilato, conmovido por la suavidad y la dignidad de tus palabras, sorprendido, te dice:« ¿Cómo, tú eres Rey? ».Y tú: « Yo lo soy, como tú dices, y he venido al mundo para enseñar la verdad ».Y Pilato, sin querer saber más y convencido de tu inocencia, sale a la terraza y dice: « Yo noencuentro culpa alguna en este hombre ».Los judíos, enfurecidos, te acusan de tantas otras cosas y tú callas, no te defiendes, yreparas las debilidades y las injusticias de los jueces cuando se hallan ante los poderosos dela tierra, y ruegas por los oprimidos y los abandonados.Entonces, viendo Pilato la rabia de tus enemigos, para desentenderse, te envía a Herodes.Divino Rey mío, quiero repetir tus oraciones, tus reparaciones y quiero acompañarte hastadonde se encuentra Herodes. Tus enemigos enfurecidos quisieran devorarte vivo, y en mediode insultos, de burlas y risas te hacen llegar ante Herodes.Herodes se llena de orgullo y te hace muchas preguntas, pero tú no respondes y ni siquieralo miras. Y Herodes irritado por no poder satisfacer su curiosidad y sintiéndose humillado portu prolongado silencio, declara públicamente que tú eres un loco sin juicio, y ordena quecomo tal seas tratado, y para burlarse de ti, manda que te pongan una vestidura blanca y teentrega a los soldados para que te maltraten del peor modo posible.Inocente Jesús mío, nadie puede hallar culpa alguna en ti, solamente los Judíos, porque suafectada religiosidad no merece que resplandezca en sus mentes la luz de la verdad.Jesús mío, Sabiduría infinita, ¡cuánto te cuesta haber sido declarado loco! Los soldadosabusando de ti, te arrojan al suelo, te pisotean, te escupen, se burlan de ti, te dan bastonazosy recibes tantos golpes que te sientes morir. Son tantas y tales las penas, los oprobios y lashumillaciones que recibes, que los ángeles lloran y con sus alas se cubren el rostro para noseguir viendo.Yo también, mi loco Jesús, quiero decirte loco, pero loco de amor. Y es tan grande tu locurade amor, que en vez de ofenderte, oras y reparas por las ambiciones de los reyes quedesean poseer más reinos para ruina de los pueblos; por las destrucciones que provocan, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…49
  • 50. GETSEMANIpor toda la sangre que se derrama por su causa, por sus caprichos, por todos sus pecadosde curiosidad y por todos los pecados que se cometen en las cortes y en la milicia.¡Oh Jesús mío, qué impresión causa el verte orar y reparar en medio de tantos ultrajes! Tuspalabras hacen eco en mi corazón y voy siguiendo lo que tú haces. Y ahora deja que meponga a tu lado, que tome parte en tus penas y que te consuele con mi amor; y alejando de tia tus enemigos, te tomo entre mis brazos para darte fuerzas y besarte la frente.Dulce Amor mío, veo que no te dejan en paz y Herodes te envía de nuevo a Pilato. Si lavenida ha sido dolorosa, el regreso es aún más trágico, pues los judíos se encuentran másenfurecidos que antes y están resueltos a hacerte morir a cualquier precio.Por eso, antes de que salgas del palacio de Herodes quiero besarte en señal de mi amor enmedio de tantas penas; y tú fortifícame con tu beso y con tu bendición y así te seguiré antePilato.Reflexiones y prácticas.Cuando Jesús es presentado a Pilato, aún hallándose en medio a tantos insultos y desprecios, essiempre dulce, no desdeña a nadie y quiere que en todos resplandezca la luz de la verdad. Ynosotros, ¿sentimos que nos comportamos del mismo modo con todos? ¿Tratamos de vencernuestras malas inclinaciones cuando alguien no nos simpatiza? Cuando tratamos con los demás,¿hacemos lo posible por dar a conocer a Jesús y hacer que resplandezca en ellos la luz de la verdad?« ¡Oh Jesús, dulce vida mía!, pon sobre mis labios tu palabra y haz que yo siempre hable con tumisma boca ».Cuando Jesús se hallaba ante Herodes, estaba en silencio y vestido como si fuera un loco, sufriendopenas inauditas. Y nosotros, cuando recibimos alguna calumnia o burla, algún insulto o desprecio,¿nos ponemos a pensar que Jesús quiere hacernos semejantes a él? Cuando sufrimos, cuando noshacen algo y en todo lo que siente nuestro corazón, ¿nos damos cuenta de que es Jesús quetocándonos nos hace sufrir y que nos está transformando en sí mismo dándonos su semejanza? Ycuando el sufrimiento vuelve a nosotros, ¿pensamos que Jesús al vernos, todavía no está contentocon nosotros y por eso nos abraza para poder asemejarnos totalmente a sí mismo? Siguiendo elejemplo de Jesús ¿podemos decir que poseemos el dominio sobre nosotros mismos? ¿Que en lascontrariedades en vez de responder preferimos callar? ¿Nos dejamos vencer alguna vez por lacuriosidad?En cada pena que podamos sufrir, es necesario que pongamos la intención de que ésta es una vidaque le damos a Jesús para pedir almas; y poniendo a las almas en la Voluntad de Dios, nuestro dolorcrea como un cerco en el que encerramos a Dios y a las almas para unirlas todas a Jesús.« Amor mío y Todo mío, toma tú mismo posesión de mi corazón y tenlo siempre entre tus manos,para que en toda circunstancia pueda copiar en mí tu gran paciencia ».Oración de agradecimiento De las 8 a las 9 de la mañana JESÚS DE NUEVO ANTE PILATO, ES POSPUESTO A BARRABÁS. LA FLAGELACIÓN DE JESÚS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…50
  • 51. GETSEMANIAtormentado Jesús mío, mi pobre corazón te sigue entre ansias y penas, y al verte vestidocomo un loco, sabiendo quién eres tú, sabiduría infinita que a todos les das el juicio, sientoque estoy por delirar y digo: ¡Cómo! ¿Jesús loco? ¿Jesús malhechor? ¡Y ahora seráspospuesto al criminal más grande, a Barrabás!Jesús mío, santidad sin igual, ya estás otra vez ante Pilato, quien al verte tan mal reducido yvestido de loco y viendo que tampoco Herodes te ha condenado, se indigna todavía más encontra los judíos, queda convencido de tu inocencia y confirma el no querer condenarte; sinembargo, deseando darle alguna satisfacción a los judíos, y como para aplacar el odio, lafuria, la rabia y la sed ardiente que tienen de tu sangre, junto con Barrabás te presenta alpueblo, pero los judíos gritan: « ¡No queremos libre a Jesús, sino a Barrabás! ».Entonces, Pilato, ya no sabiendo qué hacer para calmarlos, te condena a la flagelación.Jesús mío, se me hace pedazos el corazón al ver que mientras los judíos se ocupan de tipara hacerte morir, tú, concentrado en ti mismo, piensas en darles a todos la vida, yponiendo atención, oigo que dices: « Padre Santo, mira a tu Hijo vestido de loco. Esto te reparapor la locura de tantas criaturas que han caído en el pecado; esta vestidura blanca sea en tupresencia como la disculpa por tantas almas que se visten con la lúgubre vestidura de la culpa. ¡OhPadre, mira su odio, la furia, la rabia que tienen contra de mí y que casi les hace perder la luz de larazón...!, ¡mira la sed que tienen de mi sangre! Por eso, yo quiero reparar por todos los odios, lasvenganzas, las iras, los homicidios y pedir para todos la luz de la razón ».« Padre mío, mírame de nuevo, ¿puede haber insulto mayor? Me han pospuesto al criminal másgrande; quiero por eso repararte por todas las posposiciones que se hacen. ¡Ah, todo el mundo estálleno de posposiciones! Hay quien nos pospone a un vil interés, otro al honor, otros a la vanidad, alos placeres, a los apegos, a las dignidades, a comilonas y embriagueces y hasta al mismo pecado; ypor unanimidad todas las criaturas nos posponen hasta por cualquier tontería. Y yo estoy dispuestoa aceptar ser pospuesto a Barrabás, para reparar por las posposiciones que hacen las criaturas ».Jesús mío, siento que me muero por el dolor y la confusión al ver tu gran amor aun en mediode tantas penas, al ver el heroísmo de tus virtudes en medio de tantos sufrimientos einsultos. Tus palabras y tus reparaciones repercuten en mi corazón como si cada una deellas fuera una herida, y en mi dolor repito tus mismas oraciones y tus mismas reparaciones;ni siquiera por un instante puedo separarme de ti, porque de lo contrario se me escaparíanmuchas cosas de todo lo que tú haces.Pero ahora, ¿qué es lo que veo? Los soldados te conducen hacia una columna paraflagelarte. Amor mío, te sigo y con tu mirada de amor, mírame y dame fuerzas para poderasistir a la dolorosa carnicería que harán contigo.La Flagelación de JesúsPurísimo Jesús mío, ya estás junto a la columna. Los soldados te desatan despiadadamentepara poder atarte a la columna; pero no es suficiente: te despojan de tus vestiduras para asípoder hacer cruel carnicería de tu santísimo cuerpo. Amor mío y Vida mía, me sientodesfallecer por el dolor al verte desnudo. Tú tiemblas de pies a cabeza y tu santísimo rostrose tiñe de virginal pudor, y es tan grande tu confusión y tu agotamiento, que no pudiendoseguir estando de pie estás a punto de desplomarte a los pies de la columna. Pero lossoldados te sostienen y no dejan que te caigas, mas no por ayudarte, sino para poder atarte.Toman las cuerdas y te amarran los brazos, pero con tanta fuerza, que enseguida se hinchany de la punta de tus dedos empieza a salir sangre. Después, te atan en torno a la columna,pasan sogas y cadenas alrededor de tu divina persona hasta los pies, y te amarran tanestrechamente que no puedes hacer ni siquiera un movimiento, para así poderdesenfrenarse libremente sobre ti. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…51
  • 52. GETSEMANIDesnudado Jesús mío, deja que me desahogue, de lo contrario no podré seguir viéndotesufrir tanto: ¡Cómo! Tú que vistes a todas las cosas creadas: al sol de luz, al cielo deestrellas, a las plantas de hojas, a los pájaros de plumas; tú, ¿desnudo? ¡Qué osadía tangrande! Pero mi amantísimo Jesús, con la luz que irradia de sus ojos, me dice: « Calla, hijomío, era necesario que yo fuera desnudado para reparar por tantos que se despojan de todo pudor,candor e inocencia; que se desnudan de todo bien y virtud, de mi gracia, y que se visten de todabrutalidad, viviendo a la manera de las bestias. En mi virginal confusión quise reparar por tantasdeshonestidades, deleites y placeres bestiales. Por eso sigue con atención todo lo que hago, ora yrepara junto conmigo, y cálmate ».Flagelado Jesús mío, tu amor pasa de un exceso a otro. Los verdugos toman las cuerdas ycomienzan a azotarte sin piedad, tanto que todo tu santísimo cuerpo, se pone lívido; y estanta la crueldad y el furor con que te golpean, que ya están cansados... Pero otros dos lossustituyen; agarran unas varas espinosas y te azotan tanto, que de inmediato empieza a salirsangre a torrentes de tu santísimo cuerpo y lo siguen golpeando por todos la dos, abriendosurcos y convirtiéndolo totalmente en una llaga... Pero aún no basta, otros dos continúan ycon cadenas de hierro puntiagudas prosiguen la dolorosa carnicería. Bajo los primerosgolpes, esas carnes golpeadas y llagadas se abren y se desgarran aún más y a pedazos vancayendo por tierra; los huesos quedan al descubierto y tu sangre diluvia y forma un lagoalrededor de la columna...Jesús, desnudado Amor mío, mientras te encuentras bajo esta tempestad de golpes, meabrazo a tus pies para poder tomar parte en tus penas y quedar cubierto totalmente con tupreciosísima sangre. Cada herida que recibes es una herida para mi corazón, a mayor razónque poniendo atención en mis oídos, percibo tus gemidos, pero éstos no son escuchados,porque la tempestad de los golpes ensordece el aire a tu alrededor; y en esos gemidos dices:« Todo aquél que me ama venga a aprender el heroísmo del verdadero amor; venga a apagar en misangre la sed de sus pasiones, la sed de tantas ambiciones, de tantas vanidades y placeres, de tantasensualidad. En mi sangre hallarán el remedio para todos sus males ».Y tus gemidos siguen diciendo: « ¡Mírame, oh Padre, bajo esta tempestad de golpes todo llagado!,pero no basta, quiero formar en mi cuerpo tantas llagas, que en el cielo de mi humanidad seansuficientes moradas para todas las almas, de modo que forme en mí mismo su salvación, para hacerque luego pasen al cielo de mi Divinidad. Padre mío, cada golpe de flagelo repare ante ti, uno poruno, cada clase de pecado, y que al golpearme a mí sea una excusa para quienes los cometen; queestos golpes hieran los corazones de las criaturas y les hablen de mi amor, hasta que las obliguen arendirse a mí ».Y mientras dices esto, es tan grande tu amor, que parece que incitas a los verdugos a que teazoten todavía más. Destrozado Jesús mío, tu amor me aplasta y me hace enloquecer.Aunque tu amor todavía no está cansado, los verdugos ya no tienen fuerzas y no puedenproseguir tan dolorosa carnicería. Te cortan las cuerdas y tú, casi muerto, caes en tu propiasangre, y al ver los pedazos de tus carnes por tierra sientes que te mueres por el dolor,viendo en esas carnes separadas de ti a las almas condenadas, y es tan intenso tu dolor queestás agonizando en tu propia sangre.Jesús mío, déjame que te tome entre mis brazos para confortarte un poco con mi amor. Tebeso, y con mi beso encierro a todas las almas en ti, así ninguna se perderá, y mientras tantobendíceme tú.Reflexiones y prácticas.Jesús es despojado de sus vestiduras y flagelado cruelmente; y nosotros, ¿nos hemos despojado ya detodo? Jesús está atado a la columna, y nosotros, ¿dejamos que el amor nos ate? Jesús está atado a la Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…52
  • 53. GETSEMANIcolumna mientras que nosotros con nuestros pecados y apegos, muchas veces a las cosas másindiferentes o hasta buenas en sí mismas, agregamos más cuerdas, no estando satisfechos con lasque los judíos lo han atado.Jesús, en tanto, con su mirada piadosa nos llama para que lo desatemos. ¿No vemos también en sumirada como un reproche hacia nosotros, habiendo contribuido también nosotros a atarlo? Parapoder darle alivio a Jesús debemos quitarnos primero de encima las cadenas que nos atan, para asípoderles quitar sus cadenas a las demás criaturas; estas pequeñas cadenas nuestras muchas vecesno son más que pequeños apegos a nuestra voluntad, a nuestro amor propio un poco resentido y anuestras pequeñas vanidades, las cuales, entretejiéndose unas con otras, atan dolorosamente aJesús.Algunas veces, Jesús, colmado de amor por nuestra pobre alma quiere él mismo quitarnos estascadenas para que no lo volvamos a atar. ¡Ah, y cuando nos lamentamos porque no queremos queJesús nos ate, lo obligamos, casi contristado, a retirarse de nosotros!Jesús despedazado, mientras está sufriendo, repara todos los pecados contra la modestia, y nosotros,¿somos puros de mente en nuestras miradas, palabras y afectos, de modo que no le damos másgolpes a su inocente cuerpo? ¿Estamos siempre atados a Jesús de tal manera que nos encontramoslistos para defenderlo cuando las criaturas lo golpean con sus ofensas?« Encadenado Jesús mío, que tus cadenas sean también las mías de modo que yo pueda sentirtesiempre en mí y tú siempre puedas sentirme en ti ».Oración de agradecimiento De las 9 a las 10 de la mañana LA CORONACIÓN DE ESPINAS DE JESÚS. « ECCE HOMO! »[1].Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús es condenado a Muerte¡Jesús mío, Amor infinito, más te miro y más comprendo cuánto sufres! Te encuentras de talforma lacerado que no queda parte sana en ti. Los verdugos, volviéndose todavía másferoces, al ver que tú, en medio de tantas penas, los miras con tanto amor que tu miradallena de amor forma un dulce encanto, casi como si hablara rogando y suplicando más y máspenas, aunque son inhumanos, de todos modos se sienten forzados por tu amor a ponertede pie; pero tú, no pudiendo mantenerte parado, caes de nuevo en tu sangre, y ellos,irritados, a patadas y a empujones te hacen llegar al sitio en donde te coronarán de espinas.Amor mío, si tú no me sostienes con tu mirada de amor, yo no podré seguir viéndote sufrir;siento ya un escalofrío que me llega hasta los huesos, mi corazón salta, me siento morir...¡Jesús, Jesús, ayúdame!Y mi amable Jesús me dice: « Ánimo, hijo mío, no vayas a perderte nada de lo que he sufrido; ponatención a mis enseñanzas. Yo debo rehacer al hombre en todo; la culpa le ha quitado su corona y loha coronado de oprobios y de confusión, de modo que no puede comparecer ante mi majestad. Laculpa lo ha deshonrado, haciéndole perder cualquier derecho a los honores y a la gloria, es por esoque quiero ser coronado de espinas, para volver a ponerle al hombre sobre la frente su corona, y Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…53
  • 54. GETSEMANIpara devolverle todos los derechos a toda clase de honor y gloria. Y mis espinas serán ante mi Padrereparaciones y voces de disculpa por tantos pecados de pensamiento, especialmente de soberbia, yserán también voces de luz para cada mente creada con las que les suplicaré que no me ofendan.Por eso, únete a mí, ora y repara junto conmigo ».Coronado Jesús mío, tus crueles enemigos hacen que te sientes, te echan encima un trapoviejo de púrpura, toman la corona de espinas, y con furia infernal te la ponen sobre tuadorable cabeza; y con un palo, a base de golpes, hacen que las espinas penetren sobre tufrente y parte de ellas se te clavan hasta en los ojos, en los oídos, en el cráneo y hasta pordetrás de la nuca.Amor mío, ¡qué penas tan desgarradoras e indescriptibles! ¡Cuántas muertes tan cruelessufres! Tu sangre corre sobre tu rostro, de manera que ya no se ve más que sangre; perobajo esas espinas y esa sangre se puede ver todavía tu rostro santísimo, radiante de dulzura,de paz y de amor. Y los verdugos, queriendo concluir la tragedia, te vendan los ojos, teponen en la mano una caña como si fuera un cetro y dan inicio a sus burlas. Te saludan cualRey de los judíos, te golpean la corona, te dan bofetadas y dicen: « Adivina, ¿quién te hagolpeado? ».Y tú callas y respondes reparando las ambiciones de quienes aspiran a los reinos, a lasdignidades, a los honores, y por quienes ocupando estos puestos, no comportándosedebidamente, forman la ruina de los pueblos y de las almas confiadas a ellos y que, por susmalos ejemplos, incitan al mal y a que las almas se pierdan.Y con esa caña que tienes en la mano, tú reparas por tantas obras buenas, vacías de espírituinterior o incluso hechas con malas intenciones. Con los insultos y esa venda, reparas porquienes ponen en ridículo las cosas más santas, desacreditándolas y profanándolas; reparastambién por quienes se vendan la vista de la inteligencia para no ver la luz de la verdad.Y con la venda ruegas por nosotros para que nos quitemos las vendas de las pasiones, delas riquezas y de los placeres.Jesús, Rey mío, tus enemigos te siguen insultando; tu sangre chorrea tanto de tu santísimacabeza que llegándote hasta la boca te impide hacerme oír claramente tu dulcísima voz, porlo que no puedo hacer lo que tú estás haciendo; por eso me arrojo a tus brazos y quierosostener tu cabeza traspasada y adolorida y poner la mía debajo de tus espinas, para sentirsus punzadas...Pero mientras estoy diciendo esto, Jesús me llama con su mirada de amor y yo corro, meabrazo a su Corazón y trato de sostener su cabeza. ¡Oh, qué gusto da estar con Jesús, aúnen medio de mil tormentos!Y él me dice: « Hijo mío, estas espinas proclaman que quiero ser constituido Rey de cada corazón;a mí me corresponde todo dominio; y tú, toma estas espinas y atraviesa con ellas tu corazón y hazque salga de él todo lo que a mí no me pertenece; deja dentro de tu corazón una espina, como señalde que yo soy tu Rey y para impedir que ninguna otra cosa entre en ti; luego recorre todos loscorazones de las criaturas y traspasándolos con mis espinas haz que salgan de ellos todos los humosde soberbia, la podredumbre que tienen, y constitúyeme Rey de todos ».Amor mío, el corazón se me oprime cuando te dejo. Por eso te suplico: que ensordezcas misoídos con tus espinas, para que ya no pueda oír alguna otra voz que no sea la tuya; quecubras con tus espinas mis ojos, para tener ojos solamente para mirarte a ti; que me llenescon tus espinas la boca, para que mi lengua permanezca muda a todo lo que puedaofenderte y se encuentre libre para alabarte y bendecirte en todo. ¡Oh Jesús, Rey mío!,rodéame de espinas y que estas espinas me cuiden, me defiendan y me tengan abismadototalmente en ti. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…54
  • 55. GETSEMANIY ahora quiero limpiarte la sangre y besarte, pues veo que tus enemigos te conducen antePilato, quien te condenará a muerte. Amor mío, ayúdame a seguir tu doloroso camino ybendíceme.Jesús de nuevo ante PilatoCoronado Jesús mío, mi pobre corazón, herido por tu amor y traspasado por tus penas, nopuede vivir sin ti y por eso te busco y te encuentro nuevamente ante Pilato.Pero, ¡qué espectáculo tan conmovedor! ¡Los cielos quedan horrorizados y el infierno tiemblade espanto y de rabia! Vida de mi corazón, yo no puedo seguir viéndote sin que me sientamorir. Mas la fuerza de tu amor me obliga a mirarte, para hacer que comprenda bien tuspenas; así que, entre lágrimas y suspiros, te contemplo.Jesús mío, te encuentras desnudo y en vez de llevar ropa, estás vestido de sangre; todo tucuerpo está destrozado, tus huesos han quedado al descubierto, tu rostro santísimo estáirreconocible, las espinas clavadas en tu cabeza te llegan hasta los ojos; y por todo tu rostro,yo ya no veo más que sangre que corriendo por el suelo forma un arroyo bajo tus pies.¡Oh Jesús mío, ya no te reconozco! ¡A qué estado te han reducido! ¡Has llegado a losexcesos más profundos de las humillaciones y de los dolores! ¡Ah, no puedo soportar seguirviéndote en ese estado tan doloroso! ¡Me siento morir! Quisiera arrebatarte de la presenciade Pilato, para encerrarte en mi corazón y darte descanso; quisiera sanar tus llagas con miamor; quisiera inundar el mundo entero con tu sangre para encerrar en ella a todas las almasy conducirlas a ti como conquista de tus penas.Y tú, paciente Jesús mío, a duras penas, parece que me miras a través de las espinas y medices: « Hijo mío, ven a mis brazos atados, apoya tu cabeza sobre mi Corazón y sentirás dolorestodavía más intensos y amargos, porque todo lo que ves por fuera de mi humanidad, no es sino loque rebosa de todo lo que estoy sufriendo en mi interior. Pon atención a los latidos de mi Corazón ysentirás que reparo las injusticias de los que mandan, la opresión de los pobres, de los inocentespospuestos a los malhechores, la soberbia de quienes para conservar sus dignidades, cargos oriquezas, no titubean en transgredir cualquier ley y hacerle mal al prójimo, cerrando los ojos a laluz de la verdad. Con estas espinas quiero hacer pedazos el espíritu de soberbia de sus señorías y,con los agujeros que hacen en mi cabeza, quiero abrirme camino en sus mentes, para reordenar enellas todas las cosas a la luz de la verdad. Y estando así humillado ante este juez injusto, quierohacerles comprender a todos que solamente la virtud es la que constituye al hombre rey de sí mismo,y les enseño a los que mandan que sólo la virtud, unida al recto saber, es la única digna y capaz deregir y gobernar a los demás, mientras que todas las demás dignidades, sin la virtud, son cosaspeligrosas y deplorables ».« Hijo mío, haz eco a mis reparaciones y sigue poniendo atención a todas mis penas ».Amor mío, veo que Pilato, viéndote reducido a tal extremo se estremece, y sumamenteimpresionado exclama: « ¿Cómo puede ser posible tanta crueldad en el corazón del hombre? ¡Ah,no era esta mi intención al condenarlo a la flagelación! ».Y queriendo liberarte de las manos de tus enemigos, para poder hallar razones másconvincentes, casi arrepentido y apartando la mirada de ti, no pudiendo seguir soportando elverte en ese estado tan doloroso, vuelve a preguntarte: « Pero dime, ¿qué has hecho? Tu gentete ha entregado en mis manos. Dime, ¿tú eres Rey? ¿Cuál es tu Reino? ».A la tempestad de preguntas que te hace Pilato, tú, ¡oh Jesús mío!, no respondes, y metidoen ti mismo piensas en salvar mi pobre alma a costa de tantas penas.Y Pilato, viendo que no le respondes, añade: « ¿No te das cuenta de que está en mi poderponerte en libertad o condenarte? ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…55
  • 56. GETSEMANIPero tú, Amor mío, queriendo hacer que resplandezca en Pilato la luz de la verdad,respondes: « No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto; pero quienesme han entregado en tus manos han cometido un pecado aún más grave que el tuyo ».« Ecce Homo ». Jesús es condenado a muerte.Entonces, Pilato, casi movido por la dulzura de tu voz, indeciso y con el corazón entempestad, creyendo que el corazón de los judíos era más piadoso, se decide a mostrarte aellos desde la terraza, esperando que se muevan a compasión al verte tan destrozado, paraasí poder ponerte en libertad.Adolorido Jesús mío, mi corazón desfallece al verte seguir a Pilato. Caminas fatigosamente,encorvado bajo esa horrible corona de espinas, la sangre señala tus pasos y apenas sales,escuchas a la multitud alborotada que aguarda con ansiedad tu condena. Y Pilato,imponiendo silencio para obtener la atención de todos y así poder ser escuchado, con visiblerepugnancia, toma los dos extremos de la púrpura que te cubre el pecho y los hombros, y lalevanta para hacer que todos puedan ver en qué estado has quedado reducido, y dice en vozalta: « ¡Ecce Homo! ¡Mírenlo, ya no tiene aspecto de hombre! ¡Observen sus llagas: ya no se lereconoce! Si ha hecho mal, ya ha sufrido bastante, mejor dicho, demasiado; yo ya estoy arrepentidode haberlo hecho sufrir tanto; por eso, pongámoslo en libertad ».Jesús, Amor mío, déjame que te sostenga, pues veo que vacilas al no poder mantenerte depie bajo el peso de tantas penas. ¡Ah, en este momento solemne se va a decidir tu suerte!Inmediatamente después de las palabras dichas por Pilato, se hace un profundo silencio enel cielo, en la tierra y en el infierno; y luego, como a una sola voz, oigo el grito de todos:« ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¡Lo queremos muerto a cualquier costo! ».Vida mía, Jesús, veo que estás temblando. El grito de muerte, penetra hasta lo más profundode tu Corazón, y en estas voces percibes la voz de tu amado Padre que dice: « ¡Hijo mío, tequiero muerto y muerto crucificado! ».¡Ah!, oyes también a tu querida Madre, que, aunque llena de dolor y desolada, hace eco, a tuamado Padre: « ¡Hijo, te quiero muerto! ».Los ángeles y los santos, como también el infierno, gritan todos a una voz: « ¡Crucifícalo,Crucifícalo! ».De manera que no hay quien te quiera vivo. Y, ¡ay de mí! Lleno de vergüenza, de dolor y deasombro, también yo me veo forzado por una fuerza suprema a gritar: « ¡Crucifícalo! ».Jesús mío, perdóname si yo también, miserable alma pecadora, te quiero muerto, pero tesuplico que me hagas morir junto contigo.Y entre tanto tú, destrozado Jesús mío, movido por mi dolor, parece que me dices: « Hijo mío,estréchate a mi Corazón y toma parte en mis penas y en mis reparaciones. El momento es solemne:se debe decidir entre mi muerte y la muerte de todas las criaturas. En este momento dos corrientesdesembocan en mi Corazón: en una están todas las almas que si me quieren muerto, es porquequieren hallar en mí la vida y aceptando yo la muerte por ellas, son absueltas de la condenacióneterna y las puertas del cielo se abren para recibirlas; en la otra corriente están las almas que mequieren muerto por odio y para confirmar su condena, por lo que mi Corazón queda destrozado ysiente la muerte de cada una de ellas y hasta las mismas penas del infierno ».« Mi Corazón no soporta estos dolores tan amargos; siento la muerte en cada latido, en cada respiro,y me repito una y otra vez: ¿Por qué tanta sangre será derramada en vano? ¿Por qué mis penasserán inútiles para tantos? ».« ¡Ah, hijo mío, sostenme que ya no puedo más! Toma parte en mis penas y que tu vida seauna continua ofrenda para salvar almas y para mitigar mis penas tan desgarradoras ».Corazón mío, Jesús, tus penas son mías, por lo que quiero hacer eco a tus reparaciones. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…56
  • 57. GETSEMANIPero Pilato queda atónito y se apresura a decir: « ¡Cómo! ¿Debo crucificar a su Rey? ¡Yo noencuentro culpa alguna en él para condenarlo! ».Y los judíos gritan, ensordeciendo el aire: « ¡No tenemos más rey que el César! ¡Quita, quita!¡Crucifícalo, crucifícalo! ».Y Pilato, ya no sabiendo qué hacer, por temor a ser destituido, hace que le traigan unrecipiente con agua y lavándose las manos, dice: « Soy inocente de la sangre de este justo ».Y te condena a muerte. Pero los judíos gritan: « ¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestroshijos! ».Y al verte condenado, se ponen de fiesta, aplauden, silban y gritan. Y mientras, tú, oh Jesús,reparas por quienes hallándose en el poder, por vano temor o por no perder su puesto,pisotean las leyes más sagradas, no teniendo cuidado alguno de la ruina de pueblos enteros,favoreciendo a los malvados y condenando a los inocentes. Reparas también, por quienesdespués de la culpa, incitan la cólera de Dios a castigarlos.Pero mientras reparas esto, el Corazón te sangra por el dolor de ver a tu pueblo escogidofulminado por la maldición del cielo, que ellos mismos, con plena voluntad, han pedidosellándola con tu sangre. ¡Ah, el Corazón se te deshace! Déjame que lo sostenga entre mismanos haciendo mías tus reparaciones y tus penas. Pero el amor te empuja hasta el másalto grado y ya con impaciencia buscas la cruz.Reflexiones y prácticas.Jesús, coronado de espinas, es tratado cual rey de burla y debe soportar insultos y penas inauditas;repara de manera especial los pecados de soberbia; y nosotros, ¿evitamos todo sentimiento deorgullo? ¿Atribuimos a Dios todo el bien que hacemos? ¿Nos sentimos inferiores a los demás? ¿Estásiempre vacía nuestra mente de cualquier otro pensamiento para poder darle lugar a la gracia?Muchas veces no le damos lugar a la gracia por tener nuestra mente llena de otros pensamientos;así que no estando nuestra mente llena de Dios, somos nosotros mismos la causa de que el demonionos moleste, y casi que somos nosotros mismos quienes fomentamos las tentaciones. En cambio,cuando nuestra mente está llena de Dios, si el demonio quiere acercarse a nosotros, no encontrandolugar en dónde sugerirnos sus tentaciones, se aleja lleno de confusión, porque los pensamientossantos tienen tanta fuerza contra el demonio, que mientras él hace como que quiere acercarse alalma, dichos pensamientos son como espadas que lo hieren y lo alejan.Por eso en vano nos lamentamos cuando el enemigo nos está molestando; es nuestra poca vigilanciala que incita al enemigo a atacarnos, pues está siempre espiando nuestra mente para poderencontrar pequeños vacíos y poder lanzar su ataque. Y entonces, en vez de darle alivio a Jesús connuestros santos pensamientos y así quitarle las espinas de la cabeza, con suma ingratitud se lasenterramos aún más haciéndole sentir dolores más amargos; y así la gracia queda frustrada y nopuede desarrollar en nuestras mentes su trabajo dándonos santas inspiraciones.Muchas veces es peor todavía: mientras sentimos el peso de las tentaciones, en vez de ofrecérselas aJesús para consumarlas en el fuego de su amor, nos ponemos a pensar, nos entristecemos, hacemoscálculos sobre las mismas tentaciones, por lo que no solamente nuestra mente está ocupada en estosmalos pensamientos, sino que también todo nuestro ser queda envuelto en ellos y entonces sí quecasi se necesitaría un milagro de Jesús para desatarnos. Y Jesús, a través de esas espinas parece quenos mira y nos dice: « ¡Ah, hijo mío, eres tú mismo quien no quiere mantenerse unido a mí!, si tú tehubieras acercado de inmediato a mí, yo mismo te habría ayudado a liberarte de las molestiasque el enemigo te ha puesto en la mente y no me habrías hecho anhelar tanto tu regreso a mí.Estuve buscando ayuda de tu parte para que me quitaras estas espinas tan dolorosas, pero heesperado en vano, porque tú te hallabas ocupado con el trabajo que el enemigo te había Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…57
  • 58. GETSEMANIprocurado. ¡Oh, cuánto menos serías tentado si te arrojaras de inmediato a mis brazos! Elenemigo, teniendo miedo, no de ti sino de mí, te dejaría ».« Jesús mío, que tus espinas sellen mis pensamientos en tu mente y le impidan al enemigocualquier clase de tentación ».Cuando Jesús se hace sentir en nuestra mente o en nuestro corazón, ¿correspondemos a susinspiraciones o nos olvidamos de ellas? Jesús es tratado cual rey de burla y nosotros, ¿respetamostodas las cosas santas? ¿Hacemos uso de todo el respeto debido hacia ellas como si estuviéramostocando a Jesús mismo?« Coronado Jesús mío, hazme sentir tus espinas para que al sentir sus punzadas puedacomprender cuánto sufres y así te constituya Rey de todo mi ser ».Jesús fue presentado para ser condenado a muerte por ese pueblo que él tanto había amado ybeneficiado.Nuestro amante Jesús, para darnos la vida, acepta morir por nosotros. ¿Estamos dispuestos aaceptar cualquier pena para que Jesús ya no sea ofendido y no sufra? Nuestros sufrimientosdebemos aceptarlos para no hacer sufrir a Jesús; y puesto que su humanidad sufrió infinitamente,siendo que nosotros debemos continuar su vida sobre la tierra, debemos corresponder con nuestraspenas a las penas de la humanidad de nuestro amado Jesús.¿De qué manera compadecemos las penas que Jesús sufre al ver tantas almas arrancadas de suCorazón? ¿Hacemos nuestras sus penas para darle alivio en todo lo que sufre?Los judíos lo quieren muerto para hacer que él muera como un infame y su nombre sea cancelado dela faz de la tierra. Y nosotros, ¿hacemos lo posible porque Jesús viva sobre la tierra? Con nuestrosactos, con nuestros ejemplos, con nuestros pasos debemos dejar una huella divina en el mundo parahacer que Jesús sea conocido por todos y que su vida tenga un eco divino en nosotros que se oiga deun extremo al otro de la tierra. ¿Estamos dispuestos a dar nuestra vida para hacer que Jesúsencuentre un alivio en nosotros por todas las ofensas que recibe, o más bien imitamos a los judíos,un pueblo tan favorecido por él, casi igual que nuestra pobre alma tan amada por Jesús, y gritamoscomo ellos « Crucifícalo »?« Condenado Jesús mío, que tu condena sea también la mía que acepto por amor a ti; y paraconsolarte me fundiré continuamente en ti, para llevarte a todos los corazones de las criaturas,hacer que todos te conozcan y darles a todos tu vida ».[1]« He aquí al Hombre »Oración de agradecimiento De las 10 a las 11 de la mañana JESÚS ABRAZA LA CRUZ. « EL VÍA CRUCIS » HASTA EL CALVARIO, DONDE JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús mío, Amor insaciable, veo que no te das tregua; siento tus delirios de amor y tusdolores; tu Corazón late fuertemente y en cada uno de sus latidos siento explosiones,torturas y violencias de amor; y tú, no pudiendo contener el fuego que te devora, te afanas,gimes, suspiras y oigo que en cada gemido dices: « ¡Cruz! »; cada gota de tu sangre repite:« ¡Cruz! ». Todas tus penas, en las que te encuentras nadando como en un mar interminable, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…58
  • 59. GETSEMANIse repiten unas a otras: « ¡Cruz! ». Y exclamas: « ¡Oh cruz amada y suspirada, sólo tú salvarás amis hijos; en ti yo concentro todo mi amor! ».Segunda coronación de espinasEntre tanto, tus enemigos hacen que entres de nuevo en el pretorio y te quitan el manto depúrpura, queriendo ponerte otra vez tus vestiduras. Pero, ¡ay, cuánto dolor! ¡Más dulce mesería morir que verte sufrir tanto! El manto se te atora en la corona de espinas y no puedensacártelo por la cabeza, así que, con una crueldad jamás vista, te arrancan al mismo tiempola púrpura y la corona de espinas, y por el modo tan brutal en que lo hacen, se rompenmuchas espinas quedando clavadas en tu cabeza; tu sangre diluvia y es tan intenso el dolor,que gimes; pero tus enemigos sin preocuparse para nada de tantas torturas, te ponen tusvestiduras y otra vez vuelven a ponerte la corona de espinas, apretándola fuertemente sobretu cabeza y las espinas se te clavan en los ojos, en los oídos, etc., de manera que no hayparte de tu santísima cabeza en la que no sientas sus punzadas. Es tan intenso el dolor, quevacilas estando bajo esas manos tan crueles, tiemblas de pies a cabeza, estás a punto demorir en medio de penas tan agudas y, con tus ojos apagados y llenos de sangre, me miraspara pedirme ayuda en medio de tanto dolor.¡Jesús mío, Rey de los dolores, déjame sostenerte y estrecharte a mi corazón! Quisierahacer mío el fuego que te devora para hacer cenizas a tus enemigos y ponerte a salvo, perotú no quieres porque tus ansias de cruz se hacen cada vez más intensas y quieres inmolartesobre ella lo más pronto posible, incluso por manos de tus enemigos. Pero mientras teestrecho a mi corazón, tú, estrechándome al tuyo, me dices: « Hijo mío, déjame desahogar miamor, y repara conmigo por quienes haciendo el bien me deshonran. Estos judíos me vuelven aponer mis vestiduras para desacreditarme aún más ante el pueblo y para convencerlo de que soy unmalhechor. Aparentemente el acto de vestirme era bueno, pero en sí mismo llevaba mucha malicia.¡Ah, cuántos hacen obras buenas, administran sacramentos o los frecuentan, pero con fineshumanos e incluso hasta malos!; pero el bien mal hecho conduce a la dureza y yo quiero sercoronado por segunda vez con dolores más atroces que la primera, para romper esta dureza y así,con mis espinas, atraer a las criaturas hacia mí ».« Ah, hijo mío, esta segunda coronación me es todavía más dolorosa; siento que mi cabeza está comonadando entre espinas y cada movimiento que hago o cada golpe que me dan, me hace sufrircruelmente la muerte una y otra vez. De este modo reparo por la malicia con la que se me ofende,reparo por quienes, hallándose en cualquier estado de ánimo, en lugar de ocuparse de su propiasantificación, se disipan y rechazan mi gracia procurándome una vez más espinas aún másdolorosas, mientras yo me veo obligado a llorar con lágrimas de sangre y a suspirar por susalvación ».« ¡Ah, yo hago de todo por amar a las criaturas y ellas hacen de todo por ofenderme! Al menos tú nome dejes solo en mis penas y en mis reparaciones ».Jesús toma la cruzDestrozado Bien mío, contigo reparo, contigo sufro; mas veo que tus enemigos te empujanpor la escalera; la multitud te espera con ansia y furor; hacen que encuentres ya preparada lacruz que con tantos suspiros buscas, la miras con amor, y con paso decidido te acercas aella para abrazarla. Pero antes la besas y sientes como un escalofrío de alegría por toda tusantísima humanidad, y con un gozo supremo, vuelves a mirarla y mides su longitud y suanchura; en ella estableces ya una porción para todas las criaturas y les das la dotesuficiente para vincularlas a la Divinidad con el vínculo nupcial y para hacerlas herederas delReino de los Cielos. Y luego, no pudiendo contener tu amor por las criaturas, vuelves a besar Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…59
  • 60. GETSEMANIla cruz y le dices: « ¡Cruz adorada, finalmente te abrazo! Tú eras el suspiro de mi Corazón, elmartirio de mi amor; pero tú, oh cruz, has tardado tanto, mientras que mis pasos siempre hacia ti sedirigían. Cruz santa, tú eras la meta de mis deseos, la finalidad de mi existencia sobre la tierra. En tiyo concentro todo mi ser, en ti pongo a todos mis hijos, tú serás su vida, su luz, su defensa, tú serásquien me los cuide y les des fuerza, tú los sostendrás en todo y me los conducirás gloriosos al cielo.¡Oh cruz, cátedra de sabiduría, sólo tú enseñarás la verdadera santidad, tú formarás los héroes, losatletas, los mártires, los santos! Cruz hermosa, tú eres mi trono, y teniendo yo que abandonar latierra, te quedarás tú en mi lugar; a ti te doy como dote a todas las almas. ¡Cuídamelas, sálvamelas,a ti te las confío! ».Y diciendo esto, lleno de ansiedad haces que te la pongan sobre los hombros. ¡Ah, Jesúsmío!, la cruz para tu amor es demasiado ligera, pero al peso de la cruz se une el de nuestrasenormes e inmensas culpas que se extienden tanto cuanto el cielo; y tú, triturado Bien mío,sientes que el peso de tantas culpas te aplasta. Tu alma se horroriza ante su vista y sientesla pena propia de cada culpa; tu santidad queda sacudida ante tanta monstruosidad. Por eso,sosteniendo la cruz sobre tus hombros, vacilas, respiras afanosamente y de tu santísimahumanidad empieza a brotar un sudor mortal.¡Ah, Amor mío, no me animo a dejarte solo!; quiero dividir contigo el peso de la cruz, y paradarte alivio por el peso de tantas culpas, me estrecho a tus pies. Quiero darte a nombre detodas las criaturas amor por quien no te ama; alabanzas por quien te desprecia; bendiciones,gratitud y obediencia por todos. Es mi intención solemne ofrecerte todo mi ser en reparaciónpor cualquier ofensa que recibas, hacer el acto opuesto a las ofensas que las criaturas tehagan y consolarte con mis besos y mis continuos actos de amor. Pero veo que yo soydemasiado miserable y tengo necesidad de ti para poder darte verdadera reparación; poreso, me uno a tu santísima humanidad y junto contigo uno mis pensamientos a los tuyospara reparar los malos pensamientos míos y de todos; uno mis ojos a los tuyos para repararlas malas miradas; uno mi boca a la tuya para reparar por las blasfemias y las malasconversaciones; uno mi corazón al tuyo, para reparar las malas inclinaciones, los malosdeseos y los malos afectos; en una palabra, quiero reparar por todo lo que repara tusantísima humanidad, uniéndome a la inmensidad de tu amor por todos y al inmenso bienque les haces a todos. Pero no me contento todavía; quiero unirme a tu Divinidad, para hacerque mi vida se pierda en ella y así pueda darte todo.Jesús se encamina hacia el CalvarioPacientísimo Jesús mío, veo que ya das los primeros pasos bajo el peso enorme de la cruz.Uno mis pasos a los tuyos y cuando tú, por la debilidad, desangrado y vacilante, estés porcaer, a tu lado estaré yo para sostenerte y pondré mis hombros bajo la cruz para compartircontigo su peso. No me desdeñes, acéptame cual fiel compañero tuyo.¡Oh Jesús!, me miras y veo que reparas por quienes no llevan con resignación su propiacruz, sino que reniegan, se irritan, se suicidan o cometen homicidios; y tú pides para todosresignación y amor a la propia cruz.Jesús cae por primera vezPero es tanto tu dolor, que sientes que el peso de la cruz te aplasta. Apenas has dado losprimeros pasos y ya caes bajo su peso y al caer te golpeas en las piedras, las espinas seclavan todavía más en tu cabeza, mientras que todas tus heridas se te vuelven a abrir yempiezan a sangrar de nuevo; y no teniendo fuerzas para levantarte, tus enemigos, irritados,a puntapiés y a empujones tratan de ponerte de pie. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…60
  • 61. GETSEMANICaído Amor mío, déjame ayudarte a ponerte de pie, déjame que te bese, que te limpie lasangre y que repare junto contigo por quienes pecan por ignorancia, por fragilidad y pordebilidad, y te suplico que ayudes a estas almas.Jesús se encuentra con su Madre SantísimaVida mía, Jesús, tus enemigos, haciéndote sufrir penas inauditas, han logrado ponerte de piey mientras vacilante caminas, siento tus afanosos respiros; tu Corazón late con más fuerza ynuevas penas lo traspasan cruelmente; sacudes la cabeza para liberar tus ojos de la sangreque los cubre y buscas con ansiedad... ¡Ah, Jesús mío, ahora comprendo todo! Es tu Madre,que cual paloma herida te está buscando. Quiere decirte su última palabra y recibir tu últimamirada; tú sientes sus penas, su Corazón lacerado en el tuyo, enternecido y herido por elamor mutuo. La encuentras abriéndose paso a través del gentío queriendo a toda costaverte, abrazarte y decirte por última vez: « Adiós ». Pero tú quedas aún más adolorido al versu palidez mortal y todas tus penas reproducidas en ella por la fuerza del amor. Si ella siguecon vida es solamente por un milagro de tu omnipotencia divina. Diriges tus pasos hacia ella,pero a duras penas pueden cruzarse la mirada.¡Oh dolor del Corazón de ambos! Los soldados se han dado cuenta y a golpes y empujonesimpiden que Madre e Hijo se despidan por última vez.Jesús cae por segunda vezEs tan grande la angustia de ambos, que tu Madre queda petrificada por el dolor y está apunto de desvanecerse; el fiel Juan y las piadosas mujeres la sostienen, mientras que túvuelves a caer bajo la cruz. Y entonces, tu dolorosa Madre, lo que no puede hacer con elcuerpo al verse imposibilitada, lo hace con el alma. Entra dentro de ti, hace suya la VoluntadDivina del Padre y asociándose a todas tus penas, hace su oficio de Madre: te besa, terepara, te cura y derrama sobre todas tus llagas el bálsamo de su doloroso amor.Penante Jesús mío, yo también me uno a tu dolorosa Madre; hago mías todas tus penas y encada gota de tu sangre, en cada llaga, quiero serte madre y junto contigo y con tu Madrequiero reparar por todos los encuentros peligrosos y por quienes se exponen a las ocasionesde pecado o que forzados a exponerse por necesidad quedan atrapados por el pecado.Y tú, mientras tanto, gimes caído bajo la cruz. Los soldados temen que vayas a morir bajo elpeso de tantos tormentos y por la pérdida de tanta sangre; es por eso que a fuerza delatigazos y puntapiés tratan de ponerte de pie a duras penas. De este modo reparas lasrepetidas caídas en el pecado, los pecados graves cometidos por toda clase de personas yruegas por los pecadores obstinados, llorando con lágrimas de sangre por su conversión.La profundísima llaga del hombro de JesúsQuebrantado Amor mío, mientras te sigo en tus reparaciones, veo que ya no puedessostenerte de pie bajo el peso enorme de la cruz. Tiemblas de pies a cabeza; las espinaspenetran cada vez más en tú santísima cabeza por los continuos golpes que recibes; la cruz,por su peso tan grave, va penetrando en tu hombro formando una llaga tan profunda que tedescubre los huesos; y a cada paso que das me parece que mueres, por lo que te vesimposibilitado a seguir adelante. Pero tu Amor, que todo lo puede, te da fuerzas, y al sentirque la cruz va penetrando en tu hombro, reparas por los pecados ocultos, que por no serreparados acrecientan la crudeza de tus dolores. Jesús mío, deja que ponga mi hombro bajola cruz para darte alivio y para que repare contigo por todos los pecados ocultos. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…61
  • 62. GETSEMANIEl Cirineo es obligado a cargar la cruz de JesúsTus enemigos, entonces, por temor a que mueras bajo la cruz, obligan al Cirineo a ayudartea llevar la cruz y él te ayuda, pero de mala gana y a regañadientes, no por amor, sino por lafuerza. Entonces, en tu Corazón hacen eco todos los lamentos de quienes sufren las faltasde resignación, las rebeliones, los enojos y los desprecios en el sufrir. Pero quedas muchomás adolorido al ver que las almas consagradas a ti, cuando las llamas para que teacompañen y te ayuden en tu dolor, huyen de ti; y si tú con el dolor las quieres estrechar a ti,¡ah!, ellas se zafan de tus brazos para ir en busca de placeres, dejándote así sufriendo solo.Jesús mío, mientras reparo contigo, te ruego que me estreches entre tus brazos tanfuertemente, que no llegue a haber ninguna pena que tú sufras en la que yo no tome parte,para transformarme en ellas y para compensarte por el abandono de todas las criaturas.La Verónica enjuga el rostro de JesúsQuebrantado Jesús mío, a duras penas caminas encorvado totalmente. Pero te detienes ybuscas con la mirada. Corazón mío, ¿qué pasa, qué quieres? ¡Ah!, es la Verónica, quevalientemente, sin ningún temor, enjuga con un paño tu rostro cubierto totalmente de sangre,y tú se lo dejas impreso en señal de gratitud.Generoso Jesús mío, también yo quiero enjugarte, y no con un paño, sino que quieroofrecerte todo mi ser para darte alivio; quiero entrar en tu interior, ¡oh Jesús!, y darte latidospor latidos, respiros por respiros, afectos por afectos, deseos por deseos; quiero arrojarmeen tu santísima inteligencia y haciendo correr todos esos latidos, respiros, afectos y deseosen la inmensidad de tu Voluntad, quiero multiplicarlos al infinito. Quiero, ¡oh Jesús mío!,formar olas de latidos, para hacer que ningún latido malo repercuta en tu Corazón y así poderdar alivio a todas tus íntimas amarguras; quiero formar olas de afectos y de deseos, paraalejar de ti todos los malos afectos y los malos deseos que pudieran entristecer en lo másmínimo tu Corazón; y también, quiero formar olas de respiros y de pensamientos que ponganen fuga cualquier respiro y pensamiento que pudiera desagradarte en lo más mínimo. Pondrémucha atención, ¡oh Jesús!, para hacer que ya nada te aflija o añada otras amarguras a tuspenas íntimas.¡Oh Jesús mío!, ¡ah!, haz que todo mi interior nade en la inmensidad del tuyo, así podréhallar amor suficiente y voluntad capaz de hacer que no entre en tu interior un amor malo niuna voluntad que pueda desagradarte.Mientras tanto, tus enemigos, viendo mal este acto de la Verónica, te fustigan, te empujan yhacen que prosigas tu camino.Jesús consuela a las mujeres piadosasOtros pocos pasos y te vuelves a detener. Tu amor, bajo el peso de tantas penas, no sedetiene y viendo a las mujeres piadosas que lloran a causa de tus penas, te olvidas de timismo y las consuelas, diciéndoles: « ¡Hijas, no lloréis por mis penas, sino por vuestros pecados ypor los de vuestros hijos! ».¡Qué sublime enseñanza! ¡Qué dulce es tu palabra! ¡Oh Jesús!, reparo junto contigo todaslas faltas de caridad y te pido que me concedas la gracia de olvidarme de mí mismo, paraque no me acuerde sino de ti solamente.Jesús cae por tercera vezPero tus enemigos, al oírte hablar se ponen furiosos y te jalan de las cuerdas y te empujancon tanta rabia, que te hacen caer y cayendo te golpeas en las piedras; el peso de la cruz tetortura y tú te sientes morir. Déjame que te sostenga y que proteja con mis manos tu Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…62
  • 63. GETSEMANIsantísimo rostro. Veo que tocas la tierra y estás agonizando en tu propia sangre; pero tusenemigos te quieren poner de pie jalándote de las cuerdas, levantándote por los cabellos,dándote de puntapiés..., pero todo es en vano. ¡Te estás muriendo, oh Jesús mío! ¡Quépena! ¡Se me rompe el corazón por el dolor! Casi arrastrándote, te llevan al monte Calvario; ymientras te arrastran, siento que reparas por todas las ofensas de las almas consagradas ati, que te dan tanto peso, que por más que te esfuerzas para levantarte, te resulta imposible...Y así, arrastrado y pisoteado, llegas al Calvario dejando por donde pasas las rojas huellas detú preciosísima sangre.Jesús es despojado de sus vestidurasY aquí te esperan nuevos dolores. Te vuelven a desvestir arrancándote de nuevo tusvestiduras junto con la corona de espinas. ¡Ah!, tú gimes al sentir que te arrancan de lacabeza las espinas; y al arrancarte tus ropas, te arrancan también tus carnes laceradas quese encuentran pegadas a ellas. Tus llagas se vuelven a abrir, la sangre diluvia corriendohasta el suelo y es tan grande tu dolor, que casi muerto, caes. Pero nadie se mueve acompasión por ti, mi Bien. Al contrario, con rabia bestial te ponen de nuevo la corona deespinas a fuerza de golpes; y es tan insoportable tanto dolor por las laceraciones y por loscabellos que pegados a tu sangre coagulada te han arrancado, que solamente los ángelespodrían decir todo lo que sufres, mientras que ellos horrorizados y llorando retiran susmiradas celestiales.Desnudado Jesús mío, déjame que te estreche a mi corazón para calentarte, porque veo quetiemblas y que un sudor mortal friísimo invade toda tu santísima humanidad. ¡Cuánto quisieradarte mi vida y mi sangre para sustituir la tuya que has perdido para darme vida!Y mientras tanto, Jesús, mirándome con sus ojos llorosos y moribundos, parece que me dice:« ¡Hijo mío, cuánto me cuestan las almas! Este es el lugar en donde espero a todos para salvarlos ydonde quiero reparar los pecados de quienes llegan a degradarse hasta por debajo de las bestias yque se obstinan tanto en ofenderme, que llegan a no saber vivir sin estar pecando. Su razón quedaciega y pecan frenéticamente; por eso me vuelven a poner la corona de espinas por tercera vez. Y alser desnudado reparo por quienes se visten lujosamente y con indecencia, por los pecados contra lamodestia y por quienes están tan atados a las riquezas, a los honores y a los placeres, que de todoeso se hacen un dios para sus corazones. ¡Ah, sí!, cada una de estas ofensas es una muerte que siento,y si no muero, es porque la Voluntad de mi Eterno Padre aún no ha decretado el momento de mimuerte ».Desnudado Bien mío, mientras reparo contigo, te suplico que con tus santísimas manos medespojes de todo y que no permitas que ningún afecto malo entre en mi corazón; vigílamelo,rodéalo con tus penas y llénalo con tu amor. Haz que mi vida no sea más que la repetición detu vida y confirma este despojo con tu bendición.¡Oh Jesús!, bendíceme de corazón y dame la fuerza para asistir a tu dolorosa crucifixión,para quedar crucificado junto contigo.Reflexiones y prácticas.El amor de Jesús por la cruz, las ansias de su amor que quiere morir sobre la cruz para salvar atodas las almas, son inmensas. Y nosotros, ¿amamos el sufrimiento como Jesús? ¿Podemos decir quelos latidos de nuestro corazón hacen eco a los suyos y que también nosotros pedimos nuestra cruz?Cuando sufrimos, ¿lo hacemos con la intención de acompañar a Jesús para quitarle el peso a sucruz? ¿Cómo lo acompañamos? Y cuando lo insultan, ¿estamos siempre dispuestos a ofrecerlenuestras pequeñas penas para aliviar las suyas? Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…63
  • 64. GETSEMANICuando hacemos algo, cuando oramos y cuando bajo el peso de nuestros sufrimientos íntimossentimos lo crudo de nuestro sufrir, ¿le ofrecemos nuestras penas a Jesús, cual paño que enjugue susudor y lo reanime, haciendo nuestra la crudeza de sus sufrimientos?¡Oh Jesús mío!, llámame siempre a que esté cerca de ti y haz que tú siempre estés cerca de mí,para que siempre te conforte con mis penas.Oración de agradecimiento De las 11 a las 12 de la mañana LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús, Madre mía, vengan a escribir junto conmigo, préstenme sus manos santísimas paraque escriba únicamente lo que a ustedes más les agrade y lo que ustedes quieran.Jesús, Amor mío, te encuentras despojado de tus vestiduras; tu cuerpo santísimo está tandestrozado, que pareces un cordero desollado. Veo que tiemblas de los pies a la cabeza y nopudiendo mantenerte en pie, mientras tus enemigos te están preparando la cruz, tú caes portierra sobre ese monte. Bien mío y Todo mío, siento que se me rompe el corazón por el doloral ver cómo tu sangre diluvia por todo tu santísimo cuerpo y cómo estás cubierto de llagas dela cabeza a los pies.Jesús es coronado de espinas por tercera vezTus enemigos, cansados, pero no satisfechos, al despojarte de tus vestiduras te hanarrancado la corona de espinas de tu santísima cabeza con indecible dolor, y luego te la hanvuelto a clavar causándote dolores inauditos traspasando con nuevas heridas tu santísimacabeza. ¡Ah!, tú reparas la perfidia y la obstinación del pecado especialmente de soberbia.Jesús, me doy cuenta que si el amor no te hiciera querer llegar hasta lo más alto, tú yahubieras muerto por la atrocidad del dolor que sufriste en esta tercera coronación de espinas.Mas veo que ya no puedes soportar el dolor y con tus ojos cubiertos de sangre buscas paraver si al menos hay uno que se acerque a ti para sostenerte en tanto dolor y confusión.Dulce Bien mío, Vida mía, aquí no estás solo como en la noche de tu pasión en el huerto; seencuentra aquí tu Madre Santísima, que con el Corazón deshecho sufre tantas muertes porcuantas son tus penas. ¡Oh Jesús!, también está aquí la amante Magdalena, que pareceenloquecida por motivo de tus penas y el fiel Juan que parece que se ha quedado mudo porla fuerza del dolor de tu pasión. Este es el monte de los amantes, no podías estar aquí solo.Pero dime, Amor mío, ¿quién quisieras tú que te sostuviera en tanto dolor? ¡Ah!, permítemeque sea yo quien te sostenga. Soy yo quien tiene más necesidad que todos. Tu queridaMadre y los demás me ceden el puesto y yo, ¡oh Jesús!, me acerco a ti, te abrazo y te pidoque apoyes tu cabeza sobre mi hombro y que me hagas sentir tus espinas. Quiero poner micabeza junto a la tuya, no solamente para sentir tus espinas, sino también para lavar con tupreciosísima sangre todos mis pensamientos, para que puedan estar todos en acto derepararte cualquier ofensa de pensamiento que cometan las criaturas. ¡Oh Amor mío!,estréchate a mí que quiero besar una por una todas las gotas de sangre que diluvian sobre tu Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…64
  • 65. GETSEMANIrostro santísimo; y mientras una por una las adoro, te suplico que cada gota de tu sangre sealuz para cada mente creada, para hacer que ni una de ellas te ofenda con malospensamientos.Pero mientras te tengo abrazado y apoyado a mí, te miro, oh Jesús, y veo que estás viendola cruz que tus enemigos te están preparando, y oyes los golpes que le dan para hacer losagujeros en los que te clavarán. ¡Oh Jesús!, siento que tu Corazón late violentamente y casicon gozo, anhelando ardientemente ese lecho, para ti el más deseado, aunque con dolorindescriptible, por medio del cual sellarás en ti la salvación de nuestras almas; y te oigo decir:« Amor mío, cruz amada, mi precioso lecho: tú has sido durante toda mi vida mi martirio y ahoraeres mi descanso; ¡oh cruz, recíbeme pronto en tus brazos! Estoy esperando con impaciencia. Cruzsanta, en ti le daré cumplimiento a todo. ¡De prisa, de prisa, haz que se cumplan mis ardientesdeseos que hacen que me consuma por darles vida a las almas, vida que llevará tu sello, oh cruz! ¡Ah,no tardes más, que con ansia espero extenderme sobre ti, para abrirles el cielo a todos mis hijos ycerrar el infierno! ¡Oh cruz, es cierto que tú eres mi batalla, pero también eres mi victoria y mitriunfo completo, y en ti les concederé a mis hijos abundantes herencias, victorias, triunfos ycoronas! ».Pero, ¿quién podría decir todo lo que Jesús le dice a la cruz? Y mientras Jesús se desahogacon la cruz, sus enemigos le mandan que se extienda sobre ella y él obedeceinmediatamente, para reparar por nuestras desobediencias.Amor mío, antes de que te extiendas sobre la cruz, déjame que te estreche más fuerte a micorazón y que te dé, y tú también a mí, un beso. Mira Jesús, yo no quiero dejarte; quieroextenderme yo también sobre la cruz para quedar clavado junto contigo. El verdadero amorno puede soportar ninguna clase de separación. Tú perdonarás la audacia de mi amor y meconcederás quedarme crucificado contigo.Mira, tierno Amor mío, no solamente soy yo quien te lo pide, sino también tu dolorosa Madre,la inseparable Magdalena, tu predilecto Juan; todos te dicen que les sería más fácil soportarel quedar crucificados contigo, que solamente asistir y verte crucificado a ti solo. Por eso,unido a ti, me ofrezco al Eterno Padre, unificado a tu Voluntad, a tu mismo amor, a tusreparaciones, a tu Corazón y a todas tus penas.¡Ah!, parece que mi adolorido Jesús me dice: « Hijo mío, has previsto mi amor; esta es miVoluntad: ¡Que todos los que me aman queden crucificados conmigo! ¡Ah, sí, ven tú también aextenderte junto conmigo sobre la cruz; te haré vida de mi vida y serás para mí el predilecto de miCorazón! ».La crucifixiónDulce Bien mío, ya te extiendes sobre la cruz, miras a los verdugos, quienes tienen en susmanos los clavos y el martillo que usarán para clavarte, pero los miras con tanto amor ydulzura, que como que los invitas dulcemente a que te crucifiquen de inmediato. Y ellos,aunque con gran repugnancia, te sujetan con ferocidad inhumana la mano derecha, ponen elclavo y a golpes de martillo hacen que salga por el otro lado de la cruz; pero es tanto y tantremendo el dolor que sufres, ¡oh Jesús mío!, que estás temblando: la luz de tus ojos seeclipsa, tu rostro santísimo se pone lívido y pálido...Diestra bendita, te beso, te compadezco, te adoro y te doy gracias por mí y por todos. Porcuantos fueron los golpes que recibiste, tantas almas te pido que liberes en este momento dela condena del infierno; por cuantas gotas de sangre derramaste, tantas almas te ruego quelaves en tu preciosísima sangre; y por el dolor atroz que sufriste, sobre todo cuando teclavaron sobre la cruz estirándote los nervios de los brazos, te ruego que les abras a todos el Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…65
  • 66. GETSEMANIcielo y que bendigas a todos; que tu bendición llame a la conversión a todos los pecadores ya la luz de la fe a los herejes e infieles.¡Oh Jesús mío, dulce Vida mía!, habiéndote crucificado ya la mano derecha, tus enemigos,con inaudita crueldad, toman la mano izquierda y te la jalan tanto, para hacer que llegue alagujero que ya habían empezado, que sientes que se te dislocan las articulaciones de losbrazos y de los hombros, y por la violencia del dolor tus piernas convulsionan y se contraen.Mano izquierda de mi Jesús, te beso, te compadezco, te adoro y te doy gracias; te ruego quepor esos golpes y por los dolores que sufriste cuando te la atravesaron con el clavo, meconcedas en este momento que tantas almas puedan emprender el vuelo del purgatorio alcielo; y por la sangre que derramaste te suplico que extingas las llamas que atormentan aestas almas y que sea para todas refrigerio y baño saludable que las purifique de todamancha disponiéndolas a la visión beatífica.Amor mío y Todo mío, por el agudo dolor que sufriste cuando te clavaron la mano izquierda,te ruego que les cierres el infierno a todas las almas y que contengas los rayos de la divinajusticia, que por desgracia está tan irritada a causa de nuestras culpas. ¡Ah, Jesús!, haz queeste clavo sea en tu mano izquierda la llave que le cierre para siempre la puerta a la divinajusticia, para hacer que ya no lluevan sus flagelos sobre la tierra y que al mismo tiempo abralos tesoros de tu divina misericordia en favor de todos. Por eso te suplico que nos estrechesentre tus brazos.Parece que ya has quedado inmóvil para todo, quedando nosotros libres para poder hacertetodo lo que queramos. Por eso pongo en tus manos el mundo entero y a todas lasgeneraciones humanas, y te ruego Amor mío, con la voz de tu misma sangre, que no leniegues a nadie el perdón y, por los méritos de tu preciosísima sangre, te pido la salvación yla gracia divina para todos, sin excluir a nadie, ¡oh Jesús mío! Amor mío, Jesús, tusenemigos no están satisfechos todavía; con ferocidad diabólica cogen tus santísimos pies,siempre incansables en busca de almas y, así como estaban, contraídos por la fuerza deldolor de las manos, tiran de ellos tan fuertemente que quedan descoyuntadas las rodillas, lascostillas y todos los huesos de tu pecho. Mi corazón no puede resistir, oh Bien mío, al verque por la vehemencia del dolor, tus hermosos ojos eclipsados y cubiertos de sangre seponen en blanco, tus labios lívidos e hinchados por los golpes se tuercen, tus mejillas sehunden, tus dientes tiemblan terriblemente, el pecho te sofoca, y tu Corazón, por la tensióntan grande con la que han sido estirados tus manos y tus pies, sufre violentas convulsiones...¡Amor mío, con cuántas ganas me pondría yo en tu lugar para evitarte tanto dolor! Quieroextenderme sobre todos tus miembros, para darte por todos alivio, para darte un beso, unconsuelo, una reparación por todo.Jesús mío, veo que te colocan un pie sobre el otro y te los atraviesan con un clavo, porañadidura sin punta. ¡Ah!, permíteme que mientras el clavo te atraviesa los pies, te ponga enel pie derecho a todos los sacerdotes para que sean luz de los pueblos, especialmente aquienes no conducen una vida buena y santa; y en tu pie izquierdo déjame poner a todos lospueblos, para que reciban la luz de parte de los sacerdotes, los respeten y les seanobedientes; y que así como te atraviesa los dos pies, traspase a los sacerdotes y a lospueblos, para que unos y otros no puedan separarse de ti.¡Oh Jesús!, beso tus pies santísimos, los compadezco, los adoro y les doy gracias por losdolores tan atroces que sufriste cuando fuiste estirado, descoyuntándose todos tus huesos; ypor la sangre que derramaste, te suplico que encierres a todas las almas en tus llagas. Nodesdeñes a nadie, ¡oh Jesús! Que tus clavos crucifiquen nuestras potencias para que no seseparen de ti; nuestro corazón, para que quede siempre y solamente fijo en ti; que todos Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…66
  • 67. GETSEMANInuestros sentimientos queden clavados con tus clavos para que no tomen gusto alguno queno provenga de ti.¡Oh crucificado Jesús mío!, te veo todo ensangrentado como nadando en un mar de sangre,y estas gotas de sangre no hablan más que de almas; es más, en cada una de estas gotasde sangre veo presentes a las almas de todos los siglos; así que a todos nos contenías en ti,¡oh Jesús! Por eso, por la potencia de esta sangre te pido que jamás vuelva a huir nadie deti.¡Oh Jesús mío!, terminando los verdugos de clavarte los pies, yo me acerco a tu Corazón;me doy cuenta de que ya no puedes más, pero tu amor grita más fuerte: « ¡Quiero máspenas! ».Jesús mío, abrazo tu Corazón, te beso, te compadezco, te adoro y te doy gracias por mí ypor todos. ¡Oh Jesús!, quiero apoyar mi cabeza sobre tu Corazón para sentir lo que sufres entu crucifixión. ¡Ah!, siento que cada golpe de martillo repercute en tu Corazón, que es elcentro de todo: por él empiezan todos tus dolores y en él terminan. ¡Ah!, si no fuera porqueesperas la lanza que debe traspasarte el Corazón, ya las llamas de tu amor y tu sangre quehierve en torno a él se hubieran hecho camino y ellas mismas te lo habrían traspasado. Estasangre y estas llamas llaman a las almas amantes para que hagan su feliz morada en tuCorazón; y yo, ¡oh Jesús!, por amor a este Corazón y por tu sacratísima sangre, te pido, tesuplico por la santidad de las almas que te aman. ¡Oh Jesús, no las dejes salir jamás de tuCorazón! Y con tu gracia, multiplica las vocaciones de almas víctimas que continúen tu vidasobre la tierra. Tú quisieras darles un lugar especial en tu Corazón a estas almas amantes:haz que jamás vayan a perderlo.¡Oh Jesús!, que las llamas de tu Corazón me abrasen y me consuman, que tu sangre meembellezca, que tu amor me tenga siempre clavado al amor con el dolor y la reparación.¡Oh Jesús mío!, los verdugos, después de haberte clavado las manos y los pies en la cruz, lavoltean para remachar los clavos y te obligan a que toques con tu divino rostro la tierraensangrentada con tu propia sangre y con tu boca divina le das un beso. Con este beso, ¡ohAmor mío!, quieres besar a todas las almas y vincularlas a tu amor, sellando su salvación.¡Oh Jesús!, déjame tomar tu lugar, y mientras los verdugos remachan los clavos, haz queestos golpes me hieran también a mí y que me crucifiquen totalmente a tu Amor.Jesús mío, pongo mi cabeza en la tuya y mientras las espinas se van hundiendo cada vezmás en tu cabeza, quiero ofrecerte, dulce Bien mío, todos mis pensamientos, para que comobesos llenos de amor te consuelen y mitiguen el dolor que te causan las espinas.¡Oh Jesús!, pongo mis ojos en los tuyos y veo que tus enemigos todavía no están satisfechosde tantos insultos y burlas, y yo quiero consolar tus miradas divinas con mis miradas deamor.Pongo mi boca en la tuya, ¡oh Jesús! Tu lengua ya casi está pegada al paladar por laamargura de la hiel y por la sed abrasadora; y para aplacar tu sed, ¡oh Jesús mío!, quisierasque todos los corazones de las criaturas estuvieran rebosantes de amor; y no teniéndolos teconsumes cada vez más por ellos. Dulce Amor mío, quiero ofrecerte ríos de amor, paramitigar de algún modo la amargura de tu sed ardiente.¡Oh Jesús mío!, pongo mis manos en las tuyas; veo que en cada movimiento que haces, lasllagas de tus manos se van abriendo cada vez más y más, y el dolor se hace más intenso yamargo. Amado Bien mío, quiero ofrecerte todas las obras santas de las criaturas paraconfortar y endulzar de algún modo la amargura de tus llagas.¡Oh Jesús!, pongo mis pies en los tuyos. ¡Cuánto sufres! Todos los movimientos de tusacratísimo cuerpo parecen repercutir en los pies y nadie está cerca de ti para socorrerte ymitigar de algún modo la acerbidad de tus dolores. ¡Oh Jesús mío!, quisiera girar por todas Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…67
  • 68. GETSEMANIlas generaciones pasadas, presentes y futuras, tomar todos los pasos de las criaturas yponerlos en los tuyos para sostenerte y darte alivio, antes bien oh Jesús mío, quiero ponertodos los pasos del Eterno en los tuyos para así poder darle un verdadero alivio a tu divinapersona.¡Oh Jesús mío!, pongo mi corazón en el tuyo. ¡Pobre Corazón, cómo está destrozado! Simueves los pies, sientes como que te arrancan los nervios de la punta de tu Corazón; simueves las manos, los nervios de los dos lados de tu Corazón quedan peor que si te losjalaran con clavos; oh Jesús, si mueves la cabeza, la boca del Corazón te sangra y vuelves asentir toda la crucifixión. ¡Oh Jesús mío!, ¿cómo podré confortar tanto dolor? Me difundiré enti, pondré mi corazón en el tuyo, mis deseos en los tuyos que son ardientísimos, para destruirlos malos deseos de las criaturas; difundiré mi amor en el tuyo, para que con tu fuego seenciendan todos los corazones de las criaturas y se destruyan los amores profanos; medifundiré en tu Santísima Voluntad para poder aniquilar todo acto maligno; y es así que tuCorazón queda confortado y yo te prometo, ¡oh Jesús!, que de ahora en adelante mequedaré siempre clavado a tu Corazón con los clavos de tus deseos, de tu amor y de tuVoluntad.¡Oh Jesús mío!, crucificado tú, crucificado yo en ti. No permitas que me desclave en lo másmínimo de ti, sino que quede siempre clavado, para poder amarte y repararte por todos, ymitigar así [el dolor] que te causan las criaturas con las ofensas.Jesús es levantado sobre la cruzJesús mío, veo que tus enemigos levantan el pesado leño de la cruz y lo dejan caer en elhoyo que han hecho; y tú, dulce Amor mío, quedas suspendido entre el cielo y la tierra. Y,¡oh!, en este solemne momento te diriges al Padre y con voz débil y apagada le dices:« Padre Santo, aquí estoy, cargado de todos los pecados del mundo; no hay culpa que no recaigasobre mí. Por eso, ya no descargues sobre los hombres los flagelos de tu divina justicia, sino sobre mí,tu Hijo. ¡Oh Padre!, permíteme vincular a esta cruz a todas las almas y que implore perdón paratodas ellas con las voces de mi sangre y de mis llagas. ¡Oh Padre!, ¿no ves a qué estado me hereducido? Por esta cruz y en virtud de estos dolores, concédeles a todos verdadera conversión, paz,perdón y santidad ».Oración para desarmar a la Divina Justicia¡Oh Jesús![1], mientras traspasado te encuentras sobre la cruz, tu alma ya no se halla sobrela tierra, sino en el cielo, con tu Divino Padre, para defender y sostener la causa de nuestrasalmas.Crucificado Amor mío, yo también quiero seguirte ante el trono del Eterno y junto contigoquiero desarmar a la divina justicia. Hago mía tu santísima humanidad, unida a tu Voluntad yjunto contigo quiero hacer lo que tú haces. Es más, permíteme Vida mía, que mispensamientos corran en los tuyos, mis latidos en tu Corazón y todo mi ser en ti, para que novaya a dejar de hacer nada y repita todo lo que tú haces, acto por acto, palabra por palabra.Pero veo, crucificado Bien mío, que tú, viendo a tu Divino Padre sumamente indignado contralas criaturas, te postras ante él y las escondes a todas dentro de tu santísima humanidad,poniéndonos al seguro, para que el Padre, mirándonos a todos en ti, por amor a ti, no nosarroje de sí mismo. Y si nos mira indignado, es porque tantas almas han desfigurado la bellaimagen que él creó y no tienen otro pensamiento que el de ofenderlo; y su inteligencia quedebería ocuparse en comprenderlo, la han convertido en una guarida en donde anidan todassus culpas. Y tú, oh Jesús mío, para aplacarlo, atraes la atención de tu Divino Padre paraque mire tu santísima cabeza coronada de espinas en medio de los más atroces dolores, las Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…68
  • 69. GETSEMANIcuales tienen en tu mente como clavadas a todas las inteligencias de las criaturas, por lasque una por una expías para satisfacer a la divina justicia. ¡Oh, cómo todas estas espinasson como voces piadosas que, ante la Majestad Divina, excusan todos los malospensamientos de las criaturas!Jesús mío, mis pensamientos son uno sólo con los tuyos; por eso, junto contigo, ruego,imploro, reparo y excuso ante la Majestad Divina por todo el mal que hacen todas lascriaturas con la inteligencia. Permíteme que tome tus espinas y tu misma inteligencia y quevaya recorriendo contigo las inteligencias de todas las criaturas uniendo tu inteligencia a lassuyas, y que con la santidad de tu inteligencia les devuelva su inteligencia original, tal comofue creada por ti; que con la santidad de tus pensamientos reordene todos los pensamientosde todas las criaturas y te devuelva el dominio y el gobierno sobre todos. ¡Ah, sí, oh Jesúsmío, sé únicamente tú quién domine cada pensamiento, cada afecto y a todos los pueblos!Rige únicamente tú todas las cosas, solamente así la faz de la tierra, que causa horror yespanto, se renovará.Crucificado Jesús mío, me doy cuenta de que ves que tu Divino Padre sigue indignado, quemira a las pobres criaturas y las ve a todas enfangadas de culpas y cubiertas con las másrepugnantes asquerosidades, tanto que hasta le da asco a todo el cielo. ¡Oh, cómo quedahorrorizada la pureza de la mirada divina, tanto que casi ya no puede reconocer a la pobrecriatura como obra de sus santísimas manos! Es más, parece como si fueran monstruos losque ocupan la tierra, los cuales atraen la indignación de la mirada del Padre. Pero tú, ¡ohJesús mío!, para aplacarlo, tratas de endulzar su mirada cambiando sus ojos por los tuyos,haciéndoselos ver cubiertos de sangre y de lágrimas; y lloras ante su Majestad Divina paramoverlo a compasión por la desventura de tantas pobres criaturas; y oigo tu voz que dice:« Padre mío, es cierto que la ingrata criatura se va enlodando cada vez más con sus culpas, hasta yano merecer tu mirada paterna; pero mírame, ¡oh Padre!, yo quiero llorar tanto ante ti que llegue aformar un baño de lágrimas y de sangre para lavar todas las inmundicias con las que se hancubierto las criaturas. Padre mío, ¿quieres acaso rechazarme? No, no puedes; soy tu Hijo y al mismotiempo soy también la cabeza de todas las criaturas y ellas son mis miembros; ¡salvémoslas, Padremío, salvémoslas! ».Jesús mío, Amor sin fin, quisiera tener tus ojos para llorar ante la Majestad Suprema por laperdición de tantas pobres criaturas y por estos tiempos tan tristes. Permíteme que tome tuslágrimas y tus mismas miradas, que son una sola cosa con las mías y que vaya en busca detodas las criaturas. Y para moverlas a compasión por sus propias almas y por tu amor, lesharé ver que tú lloras por causa de ellas y que mientras ellas se enfangan tú les tienes yapreparadas tus lágrimas y tu sangre para lavarlas y así, al verte llorar, se rendirán a ti. ¡Ah!,con estas lágrimas tuyas, déjame lavar todas las inmundicias de las criaturas; déjame hacerque estas lágrimas entren dentro de sus corazones y ablanden a tantas almas endurecidasen la culpa, que obtenga victoria sobre la obstinación de todos los corazones y que hagapenetrar en ellos tus miradas, haciéndoles levantar su mirada al cielo para que te amen y nolas dejen seguir vagando sobre la tierra para ofenderte. De este modo, tu Divino Padre ya nodesdeñará mirar a la pobre humanidad.Crucificado Bien mío, veo que el Padre está tan indignado que todavía no se aplaca, porquesu paternal bondad, movida por tanto amor hacia la pobre criatura, ha llenado cielos y tierrade tantas pruebas de amor y de beneficios hacia ella, que muy bien se puede decir que acada paso y en cada acto debería sentir fluir en sí misma el amor y las gracias de eseCorazón paterno, y en cambio, la criatura siempre ingrata, despreciando este amor, no quierereconocerlo, sino que hace frente a tanto amor, llenando cielos y tierra de insultos, dedesprecios y ultrajes, llegando al grado de pisotearlo bajo sus inmundos pies, y hasta Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…69
  • 70. GETSEMANIqueriendo destruirlo idolatrándose a sí misma. ¡Ah, todas estas ofensas se elevan hasta elcielo y llegan ante la Majestad Divina, que se indigna sumamente al ver la villanía de lacriatura que llega a insultarla y a ofenderla de mil modos!Pero tú, ¡oh Jesús mío!, siempre atento para defendernos con la fuerza arrebatadora de tuamor, obligas al Padre a que mire tu santísimo rostro, cubierto de todos estos insultos ydesprecios y le dices: « Padre mío, no desdeñes a la pobre criatura; si los desdeñas a ellos es a mí aquien desdeñas. ¡Ah, aplácate! Todas estas ofensas las tengo sobre mi rostro que te responde portodos. Padre mío, detén tu furor contra la pobre humanidad; están ciegos y no saben lo que hacen.Por eso, obsérvame bien y mira cómo he quedado reducido. Si no te mueves a compasión por lamísera humanidad, que te enternezca al menos mi rostro cubierto de salivazos y sangre, amoratadoe hinchado por tantas bofetadas y golpes recibidos. ¡Piedad, Padre mío! Yo era el más bello de loshijos de los hombres, y ahora estoy tan desfigurado que ya no me reconozco, me he convertido en elúltimo de todos los hombres. Por eso, ¡a cualquier precio quiero salvar a la criatura! ».Jesús mío, pero, ¿es posible que nos ames tanto? Tu amor tritura mi pobre corazón yqueriendo seguirte en todo, déjame hacer mío tu rostro santísimo para tenerlo en mi poder demodo que pueda mostrárselo continuamente al Padre, así, desfigurado, para hacer que semueva a compasión por la pobre humanidad que se encuentra tan oprimida bajo el látigo dela divina justicia y que yace como moribunda.Permíteme ir a mostrarles a las criaturas tu rostro tan desfigurado por causa suya, para hacerque se muevan a compasión por sus propias almas y por tu amor; que la luz que emana detu rostro y la fuerza arrebatadora de tu amor, les haga comprender quién eres tú y quienesson ellas que se atreven a ofenderte, para que sus almas, que viven muertas a la gracia acausa de tantos pecados, resurjan, y así todas se postren ante ti, adorándote y glorificándote.Jesús mío, Crucificado adorable, la criatura continúa sin cesar irritando a la divina justicia yde su lengua resuena el eco de tantas horribles blasfemias, imprecaciones y maldiciones,malas conversaciones, tramas para prepararse a destrozarse, del peor modo posible, entreellos mismos y llevar a cabo matanzas terribles. ¡Ah!, todos estos ecos ensordecen la tierra yelevándose hasta el cielo ensordecen los oídos divinos. El Padre, cansado de oír estos ecosllenos de veneno que recibe de parte de las criaturas, quisiera deshacerse de ellas,apartándolas de sí mismo, porque todas estas voces llenas de veneno imprecan y pidenvenganza y justicia contra sí mismas. ¡Ah, cómo la divina justicia se siente obligada adescargar sus flagelos! ¡Cómo tantas blasfemias encienden su ira contra la criatura! Pero tú,¡oh Jesús mío!, amándonos con tu amor supremo, haces frente a todas estas voces mortalescon tu voz omnipotente y creadora, haciendo resonar el eco de tu dulcísima voz en los oídosde tu Padre, para reparar por todas las molestias que le causan las criaturas con el eco detus bendiciones y alabanzas; y gritas: « ¡Misericordia! ¡Gracias! ¡Amor para la pobre criatura! ».Y para aplacarlo todavía más, le muestras tu santísima boca, diciéndole: « ¡Padre mío, vuelve amirarme; no escuches las voces de las criaturas, sino la mía; soy yo quién te da Satisfacción portodos! Por eso, te ruego que mires a las criaturas, pero que las mires en mí; si las miras fuera de mí,¿qué sería de ellas? Son débiles, ignorantes, capaces sólo de hacer el mal, llenas de toda clase demiserias. ¡Piedad, Padre mío! ¡Ten piedad de las pobres criaturas! Yo te respondo por ellas con milengua amargada por la hiel, reseca por la sed, abrasada y consumada por el amor ».Amargado Jesús mío, mi voz en la tuya quiere hacer frente a todas estas ofensas. Déjameque tome tu lengua, tus labios y que haga un recorrido sobre todas las criaturas tocando suslenguas con la tuya, para que cuando estén por ofenderte, al sentir ellos la amargura de tulengua, no vuelvan a blasfemar, si no por amor, al menos por la amargura que sientan.Déjame que toque sus labios con los tuyos, y con tu voz omnipotente haz que el fuego de laculpa que está sobre los labios de todos penetre hasta su pecho, y así pueda detener en Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…70
  • 71. GETSEMANIellos la corriente de todas las malas palabras transformando sus voces humanas en voces debendición y alabanzas.Crucificado Bien mío, ante tanto amor y dolor tuyo, la criatura todavía no se rinde; alcontrario, despreciándote sigue añadiendo culpas a más culpas, cometiendo enormessacrilegios, homicidios, suicidios, duelos, fraudes, engaños, crueldades y traiciones. ¡Ah!,todas estas malas obras, hacen que los brazos del Padre se vuelvan más pesados, quien nopudiendo ya sostener su peso, está a punto de dejarlos caer derramando sobre la tierracólera y destrucción. Y tú, ¡oh Jesús mío!, para liberar a la criatura de la cólera divina,temiendo verla destruida, tiendes tus brazos al Padre para que no deje caer los suyos ydestruya a las criaturas, y ayudándolo con los tuyos a sostener el peso de tantas culpas, lodesarmas y le impides a la justicia que actúe. Y para moverlo a compasión por la míserahumanidad y enternecerlo, con tu voz más conmovedora, le dices: « Padre mío, mira mismanos destrozadas y estos clavos que me las traspasan y que me tienen clavado junto a todas lasobras malas. ¡Ah!, en estas manos siento todos los terribles dolores que me causan todas estas obrasmalas. ¿No estás contento, oh Padre mío, con mis dolores? ¿Acaso no son capaces de satisfacerte?¡Ah!, estos brazos míos descoyuntados, serán para siempre cadenas que tendrán a la pobre criaturaabrazada a mí, para que no huya de mí, a no ser que alguna quisiera apartarse por la fuerza; ytambién, estos brazos míos serán las cadenas amorosas que te atarán, Padre mío, para impedirteque destruyas a la pobre criatura; más aún, te atraeré siempre hacia ella para que las llenes de tusgracias y de tu misericordia ».Jesús mío, tu amor es un dulce encanto para mí y me impulsa a que yo también haga todo loque haces tú. Por eso, dame tus brazos, que junto contigo quiero impedir que intervenga ladivina justicia contra la pobre humanidad, a costa de cualquier sacrificio. Con la sangre queabundantemente sale de tus manos quiero extinguir el fuego de la culpa que enciende su iray aplacar su furor; y para hacer que el Padre tenga piedad de las pobres criaturas,permíteme que ponga en tus brazos a tantos miembros destrozados, los gemidos de tantosheridos, los corazones adoloridos y oprimidos. Déjame que haga un recorrido por todas lascriaturas y que las abrace a todas entre tus brazos, para que todas regresen a tu Corazón.Permíteme que con la potencia de tus manos creadoras detenga la corriente de tantas obrasllenas de maldad e impida a todos hacer el mal.Amable Jesús mío crucificado, la criatura todavía no está satisfecha de ofenderte tanto,quiere beber hasta el fondo las heces de la culpa y corre como enloquecida por el camino delmal. Se precipita de culpa en culpa, desobedece tus leyes y, desconociéndote, se rebelacontra ti y casi, sólo para hacerte sufrir, quiere irse al infierno. ¡Oh, cómo se indigna laMajestad Suprema! Y tú, ¡oh Jesús mío!, triunfando sobre todo, incluso sobre la obstinaciónde las criaturas, para aplacar a tu Divino Padre, le muestras toda tu santísima humanidadlacerada, destrozada horriblemente, y tus santísimos pies traspasados en los que estánencerrados todos los pasos de las criaturas, los cuales te causan dolores mortales, tanto quese contorsionan por la atrocidad de los dolores. Y oigo tu voz, más que nunca conmovedora,como si estuvieras por expirar, que a fuerza de amor y de dolor quiere vencer a la criatura ytriunfar sobre el Corazón de tu Padre: « Padre mío, mírame, obsérvame bien de la cabeza a lospies: ¡No se encuentra ya alguna parte sana en mí, no tengo en dónde hacerme abrir nuevas llagas yprocurarme más sufrimientos! Si no te aplacas ante este espectáculo de amor y de dolor, ¿quién va apoder aplacarte? ».« Hijos míos, si ustedes no se rinden a tanto amor, ¿qué esperanza quedará para que se conviertan?Mis llagas y mi sangre serán siempre súplicas, las cuales harán que desciendan del cielo a la tierragracias de arrepentimiento, de perdón y de compasión hacia la pobre humanidad ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…71
  • 72. GETSEMANIJesús mío, me doy cuenta que te haces violencia para aplacar al Padre y vencer a la pobrecriatura; por eso, permíteme que tome tus santísimos pies y que vaya en busca de todas lascriaturas y ate sus pasos a tus pies, para que si quieren caminar por el camino del mal, alsentir las cadenas con las que los has atado a ti, no puedan ni dar un paso. ¡Ah!, con tus pieshaz que retrocedan del camino del mal y ponlas en el sendero del bien, haciéndolas másdóciles a tus leyes; y con tus clavos cierra el infierno, para que nadie más caiga en él. Jesúsmío, Amante Crucificado, veo que ya no puedes más. La tensión terrible que sufres sobre lacruz, el continuo rechinar de tus huesos que a cada pequeño movimiento se dislocan cadavez más, tus carnes que se siguen abriendo más y más, las repetidas ofensas que recibes,que cada una te procura una pasión y muerte aún más dolorosa, la sed ardiente que teconsume, las penas interiores que te sofocan de tanta amargura, de tanto dolor y amor, y laingratitud humana, que aún en medio de tantos martirios, te hace frente y penetra como unaola impetuosa dentro de tu Corazón traspasado, ¡ay!, te aniquilan de tal manera, que tusantísima humanidad, no pudiendo resistir el peso de tantos martirios, está a punto desucumbir y delirando por tanto amor y tantos sufrimientos suplica ayuda y piedad.Crucificado Jesús mío, ¿será posible que tú que lo riges todo y a todo le das vida tengas quepedir ayuda? ¡Ah!, quiero penetrar en cada gota de tu sangre y derramar la mía paraendulzar cada una de tus llagas santísimas, para mitigar el dolor que te causa cada espina yhacer menos dolorosas sus punzadas; y para darle alivio a la intensidad de las amarguras decada pena interior de tu Corazón, quiero darte vida por vida y, si me fuera posible, quisieradesclavarte de la cruz para ponerme yo en tu lugar. Pero me doy cuenta de que soy nada ynada puedo, de que soy demasiado insignificante, por eso, date totalmente a mí y yo tomarétu vida y en ti te daré a ti mismo; sólo así mis ansias quedarán satisfechas.Destrozado Jesús mío, tu santísima humanidad se acaba y no por ti, sino por darletotalmente cumplimiento a nuestra redención. Necesitas ayuda divina y por eso te arrojas enlos brazos del Padre y le pides ayuda y piedad. ¡Oh, cómo se enternece el Padre al mirarcómo han destrozado terriblemente tu santísima humanidad, la tremenda obra que ha hechoel pecado en tus sagrados miembros! Y para contentar tus ansias de amor, te estrecha a suCorazón paterno y te da los auxilios necesarios para que le des cumplimiento a nuestraredención; y mientras te estrecha, sientes en tu Corazón que se repiten con más fuerza losmartillazos de los clavos, los golpes de los flagelos, las heridas de tus llagas y las punzadasde las espinas. ¡Oh, cómo se conmueve el Padre! ¡Cómo se indigna al ver que todas estaspenas llegan hasta tu Corazón por obra de las almas consagradas a ti!Y en su dolor, te dice: « Pero, ¿es posible, Hijo mío, que ni siquiera la parte escogida por ti estétoda contigo? Antes al contrario, parece que estas almas piden refugio en tu Corazón sólo paraamargarte y darte una muerte más dolorosa, y lo que es peor, todos estos dolores que recibes departe de ellos van escondidos y cubiertos de hipocresías. ¡Ah, Hijo mío, no puedo seguir conteniendomi indignación por la ingratitud de estas almas, las cuales me causan más dolor que todas lasdemás criaturas juntas! ».Pero tú, ¡oh Jesús mío!, triunfando sobre todo, defiendes a estas almas y con el amorinmenso de tu Corazón haces una reparación por las oleadas de amarguras y las heridasmortales que estas almas te procuran; y para aplacar a tu Padre, le dices: « Padre mío, mirami Corazón. Que todos estos dolores te satisfagan y cuanto más amargos, tanto más potentes seansobre tu Corazón de Padre, para obtener gracias, luz y perdón para todos ellos. Padre mío, no losrechaces: ellos serán los que me defenderán y continuarán mi vida sobre la tierra ».« ¡Oh amorosísimo Padre mío!, considera que si bien mi humanidad ha llegado ahora al colmo desus padecimientos, también mi Corazón está por estallar a causa de tantas amarguras y de todas laspenas íntimas y de los inauditos tormentos que he sufrido a lo largo de 34 años a partir del primer Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…72
  • 73. GETSEMANIinstante de mi encarnación. Tú conoces bien, oh Padre, la intensidad de estas amarguras interiores,que hubieran sido capaces de hacerme morir a cada momento de puro dolor si nuestraomnipotencia no me hubiera sostenido para poder prolongar mis sufrimientos hasta llegar a estaextrema agonía. ¡Ah!, si no te bastan todas las penas de mi santísima humanidad que te he ofrecidohasta ahora para aplacar tu justicia sobre todos los hombres y para atraer en cambio tumisericordia triunfadora sobre ellos, ahora, especialmente por los extravíos de las almasconsagradas a nosotros, yo te presento mi Corazón destrozado, oprimido y quebrantado, pisado enel lagar de cada instante de mi vida mortal ».« ¡Ah, mírame Padre mío!, este es el Corazón que te ha amado con amor infinito, que siempre haestado ardiendo de amor por todos mis hermanos, hijos tuyos en mí; este es el Corazón con el quecon tanta generosidad he anhelado padecer, para darte la satisfacción completa por todos lospecados de los hombres. ¡Ah, te lo suplico, ten piedad de sus desolaciones, de su continuo penar, desus tedios, de sus angustias, de sus tristezas ante la muerte! ».« ¿Acaso ha habido, ¡oh Padre mío!, un solo latido de mi Corazón que no haya buscado tu gloria y lasalvación de mis hermanos aun a costa de penas y hasta de mi sangre? ¿No han salido de miCorazón siempre oprimido ardientes súplicas, gemidos, suspiros y clamores válidos, con los quedurante 34 años he llorado y gritado pidiendo misericordia en tu presencia? ».« Tú me has escuchado, ¡oh Padre mío!, una infinidad de veces y por una infinidad de almas, y te loagradezco infinitamente; pero ahora, ¡oh Padre!, mira cómo mi Corazón no puede calmarse enmedio de tantas penas ni por una sola alma que se le vaya a escapar a su amor, porque nosotrosamamos a una sola alma cuanto a todas las almas juntas. ¿Y se dirá que tendré que dar mi últimosuspiro sobre este doloroso patíbulo viendo perecer miserablemente incluso a almas consagradas anosotros? Yo me estoy muriendo en un mar de angustias por la iniquidad y la perdición eterna delpérfido Judas, que se comportó tan dura e ingratamente conmigo, que rechazó todos mis másdelicados y amorosos detalles, y que además le llegué a hacer tanto bien que hasta lo hice sacerdotey obispo como a los demás apóstoles. ¡Ah Padre mío, que ya termine este abismo de penas! ¡Cuántasalmas escogidas por nosotros para esta doble vocación sagrada veo que quieren imitar a Judas,quién más y quién menos! ».« ¡Ayúdame Padre mío, ayúdame! ¡Yo no puedo soportar todas estas penas! ¡Mira si en mi Corazónpuedes hallar alguna fibra que no esté más atormentada que todas las llagas que tengo en micuerpo! ¡Mira si toda mi sangre no está brotando, más que de mis llagas, de mi Corazón, que sedeshace de amor y de dolor! ¡Piedad, Padre mío, piedad, no para mí que quiero sufrir hasta elinfinito por las pobres almas, sino de todas ellas y especialmente de las que han sido llamadas adesposarse con mi amor y a mi santo servicio! ¡Oh Padre!, escucha cómo mi Corazón, próximo a lamuerte, acelera sus latidos de fuego y grita: ¡Padre mío, por mis innumerables penas te pido graciaseficaces de arrepentimiento y de verdadera conversión para todas estas infelices almas! ¡Queninguna de estas almas se nos pierda! ».« ¡Tengo sed, Padre mío, tengo sed de todas las almas y especialmente de éstas! ¡Tengo sed de sufrirmás y más por cada una de estas almas! Siempre he hecho tu Voluntad, Padre mío; que ahora estaVoluntad mía, que es también la tuya, se cumpla perfectamente por amor a mí, tu amadísimo Hijo,en quien has hallado todas tus complacencias ».¡Oh Jesús mío, ya no resisto más! ¡Me uno a tus súplicas, a tus sufrimientos, a tu amorpenante! Dame tu Corazón para que pueda sentir tu misma sed de almas consagradas a ti ypara que con los latidos de mi corazón te devuelva el amor y los afectos que ellas te deben.Permíteme que haga un recorrido por todas estas almas y que ponga tu Corazón en ellas,para que cuando apenas los toque puedan calentarse las que están frías, sacudirse las queestán tibias, encaminarse de nuevo las que están extraviadas, de modo que puedan volver a Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…73
  • 74. GETSEMANIrecibir todas aquellas gracias que han rechazado. Tu Corazón está sofocado de dolor y deamargura al constatar que por su falta de correspondencia no se han llegado a realizar losplanes que habías hecho para ellas, y por lo tanto, que tantas almas que por medio de ellasdebían obtener vida y salvación han sufrido las tristes consecuencias. Pero yo les mostrarétu Corazón tan amargado, por su causa; desde tu Corazón las heriré con tus flechas defuego, presentándoles todas tus súplicas y todos tus sufrimientos por ellas, de modo que noserá posible que no se rindan a ti; así regresarán contritas a ti, se verán restablecidos tusamorosos designios sobre ellas y ya no estarán en ti y cerca de ti para ofenderte, sino pararepararte, consolarte y defenderte.Vida mía, crucificado Jesús mío, veo que sigues agonizando en la cruz sin que tu amorquede todavía satisfecho para darle cumplimiento a todo. ¡Yo también agonizo contigo!Quiero llamar a todos los ángeles y a los santos: ¡Vengan, vengan todos al monte Calvario acontemplar los excesos y las locuras de amor de un Dios! Besemos sus llagasensangrentadas, adorémoslas; sostengamos esos miembros lacerados; démosle gracias aJesús por haberle dado cumplimiento a nuestra redención.Démosle también una mirada a nuestra Madre Santísima traspasada por tantas penas ymuertes que siente en su Corazón Inmaculado, tantas cuantas ve que su HijoDios estásufriendo; hasta sus mismos vestidos están cubiertos de sangre, como también por todo elmonte Calvario se puede ver la sangre de Jesús. Así que, tomemos todos juntos esta sangrey pidámosle a nuestra dolorosa Madre que se una a nosotros; dividámonos por todo elmundo y ayudemos a todos; socorramos a quienes están en peligro para que no perezcan, alos que han caído para que se levanten de nuevo, a los que están a punto de caer para queno caigan. Démosles esta sangre a tantas pobres almas que están ciegas, para queresplandezca en ellas la luz de la verdad; vayamos a donde se encuentran quienes estáncombatiendo, seamos para ellos vigilantes centinelas, y si están por caer alcanzados por lasbalas, recibámoslos en nuestros brazos para confortarlos y si se ven abandonados por todoso están impacientes por su triste suerte, démosles esta sangre, para que se resignen y semitigue la atrocidad de sus dolores. Y si vemos almas que están a punto de caer en elinfierno, démosles esta sangre divina que contiene el precio de su redención, paraarrebatárselas a Satanás.Y mientras tendré a Jesús abrazado a mi corazón para defenderlo y reparar por todo,abrazaré a todos a su Corazón, para que todos puedan obtener gracias eficaces deconversión, fortaleza y salvación.¡Oh Jesús!, tu sangre diluvia de tus manos y de tus pies. Los ángeles haciéndote coronaadmiran los portentos de tu inmenso amor. Veo a tu Madre al pie de la Cruz traspasada porel dolor, a tu amada Magdalena y al predilecto Juan, y todos como petrificados en un éxtasisde estupor, de amor y de dolor.¡Oh Jesús!, me uno a ti y me abrazo a tu cruz y hago mías todas las gotas de tu sangre paradepositarlas en mi corazón. Y cuando vea irritada a tu divina justicia contra los pecadores, temostraré esta sangre para aplacarte. Y cuando vea almas obstinadas en la culpa te mostraréesta sangre y en virtud de ella no rechazarás mi plegaria, porque en mis manos tengo laprenda con la que puedo obtenerlo todo.Por eso, ¡oh Jesús!, a nombre de todas las generaciones pasadas, presentes y futuras, juntoa tu Madre Santísima y a todos los ángeles, me postro ante ti crucificado Bien mío y te digo:« Te adoramos, ¡oh Cristo!, y te bendecimos, porque por tu santa cruz has redimido al mundo ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…74
  • 75. GETSEMANIReflexiones y prácticas.Jesús crucificado obedece a sus verdugos, acepta con amor todos los insultos y las penas que recibe.Por el grande amor que le tenía a nuestra pobre alma, halló en la cruz su lecho para reposar, ynosotros, ¿reposamos en él en todas nuestras penas? ¿Podemos decir que con nuestra paciencia ycon nuestro amor le preparamos a Jesús un lecho en nuestro corazón para que repose?Mientras Jesús está crucificado, no hay parte interna o externa en él que no sienta una penaparticular, y nosotros, ¿estamos crucificados totalmente en él, al menos en lo que respecta anuestros sentidos? Cuando en una vana conversación o alguna otra diversión similar hallamosnuestro propio gusto, es entonces que Jesús queda clavado en la cruz, pero si sacrificamos este gusto,desclavamos a Jesús y quedamos clavados nosotros.¿Tenemos siempre clavados con los clavos de su Santísima Voluntad nuestra mente, nuestro corazóny todo nuestro ser? Cuando estaban crucificando a Jesús, él miraba con amor a sus verdugos; ynosotros, ¿por amor a Jesús miramos con amor a quien nos ofende?« Crucificado Jesús mío, que tus clavos traspasen mi corazón, para que no haya ni un solo latido,afecto y deseo que no sienta tus heridas y que la sangre que derrame mi corazón sea el bálsamo quecure todas tus llagas ». [1] Después de la primera edición de Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en 1915, Luisa le escribió a San Annibale di Francia que sesentía movida a añadir algunas cosas en esta hora de la crucifixión.La carta que le escribió decía así: « ...En la hora de la crucifixión, casi al final, se dice que Jesús,mientras estaba sobre la cruz, su alma estaba en el cielo con su Divino Padre, y yo lo sigo con elpensamiento hasta el cielo y junto con él trato de desarmar a la divina justicia, tan irritada en estostiempos; (...) por lo que a mí me parece que Jesús, mi Señor, me mueve a escribir dicho ejercicio... »Ella misma explica lo añadido: « En esta hora, Jesús sobre la cruz, resume toda su vida, desde elprimer instante de su encarnación hasta su último respiro; le da cumplimiento a todo dándole lasgracias a su Divino Padre por todo el bien que ha podido hacer por todas las criaturas, comotambién por todos sus sufrimientos. Lo glorifica, implora, repara; en una palabra, vuelve a hacertodo junto lo que había hecho durante su vida. Ahora bien, el alma, haciendo eco a todo lo que haceJesús, comienza también ella, desde el primer instante de la encarnación de Jesús, hasta el últimomomento de su vida, a darle gracias por todo lo que ha hecho; y puesto que la ingratitud de lacriatura es tanta y más que nunca se muestra ingrata al recibir los beneficios que Dios le da, el almatrata también de hacer todo en modo completo. Es por esto que en esta hora se repite toda la vidade Jesucristo y se trata de reunir toda clase de reparaciones ».« Entre tantas almas ¿no podrá haber alguna que quiera mostrar este heroísmo de amor a Jesús? »Y en otra carta del 7 de octubre de 1915 añade: « La finalidad de esta hora es la de desarmar a ladivina justicia. Si en las otras horas se repara, se bendice, se pide perdón, etc., en ésta se le desarma yse le aplaca. Y el alma, elevándose entre el cielo y la tierra, tal como lo hizo Jesús mismo, mira a ladivina justicia y trata de aplacarla, y mira a la criatura y trata de conducirla nuevamente a Dios,haciendo exactamente lo que hace Jesús; y es tan grande la complacencia divina, que Jesús esperacomo con ansia que se haga, porque siente como un alivio al ver que una criatura, elevándose de latierra, está llena de interés por salvar a sus propios hermanos; de manera que cuando su justicia seenciende, busca un refugio, un lugar donde protegerse en esta alma que quiere hacer suyas suspenas e incluso a las mismas almas y que lo invita y lo fuerza a no destruir a la pobre humanidad… »Oración de agradecimiento Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…75
  • 76. GETSEMANI De las 12 a la 1 de la tarde LA PRIMERA HORA DE AGONÍA SOBRE LA CRUZ.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La primera palabra: « ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen! »Crucificado Bien mío, te veo sobre la cruz como en tu trono triunfal, en acto de conquistar atodos los corazones y de atraerlos tanto hacia ti, que todos puedan sentir tu sobrehumanopoder. La naturaleza, horrorizada ante tan gran delito, se postra ante ti y espera silenciosauna palabra tuya para rendirte homenaje y hacer que tu dominio sea reconocido. El solllorando retira su luz, no pudiendo sostener su mirada ante tanto dolor. El infierno,aterrorizado, espera en silencio. De manera que todo es silencio.Tu traspasada Madre y los que te han sido fieles, permanecen todos mudos y petrificados ala vista demasiado dolorosa de tu destrozada y descoyuntada humanidad, y silenciososesperan una palabra tuya. Tu misma humanidad que yace en un mar de dolores entre losatroces espasmos de la agonía, permanece en silencio, tanto que se teme que de un respiroa otro tú mueras. Y, ¿qué más? Los mismos pérfidos judíos, tus despiadados verdugos, quehasta hace poco te ultrajaban, te despreciaban, te llamaban impostor y malhechor, y hastalos mismos ladrones que te blasfemaban, todos callan y enmudecen. El remordimiento losinvade y si se esfuerzan para poder insultarte otra vez, se les muere sobre los labios elinsulto.Pero penetrando en tu interior, veo que tu amor crece, te sofoca y no puedes contenerlo; yforzado por tu amor, que te atormenta más que las mismas penas, con voz fuerte yconmovedora, hablas como el Dios que eres, levantas tus ojos moribundos al Cielo yexclamas: « ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen! ».Y de nuevo te encierras en el silencio, sumergido en penas inauditas.Crucificado Bien mío, pero, ¿es que puede ser posible tanto amor? ¡Ah, después de tantaspenas e insultos recibidos, tu primera palabra es el perdón y nos excusas ante tu Padre portantos pecados! Esta palabra haces que penetre en cada corazón después de la culpa y túeres el primero en ofrecer el perdón. Pero cuántos la rechazan y no la aceptan; y tu amorentonces delira, porque tú, en tu delirio, quieres perdonar a todos y darles el beso de la paz.Y al oír esta palabra tuya, el infierno tiembla y reconoce que tú eres Dios. La naturaleza ytodos quedan atónitos y reconocen tu Divinidad, tu amor inextinguible, y silenciosos esperanpara ver hasta dónde llega.Y no solamente tu voz, sino también tu sangre y tus llagas le gritan a cada corazón despuésdel pecado: « ¡Ven a mis brazos, que te perdono; y la prueba de mi perdón es el precio de misangre! ».¡Oh amable Jesús mío!, repíteles de nuevo esta palabra a todos los pecadores que hay en elmundo; implora misericordia para todos, aplica los infinitos méritos de tu preciosísima sangrepara todos; ¡oh buen Jesús!, continúa aplacando la divina justicia en favor de todos yconcédele la gracia de perdonar a quien hallándose en la ocasión de tener que perdonar nosiente la fuerza para hacerlo.Jesús mío, Crucificado adorado, en estas tres horas de amarguísima agonía tú quieres darlecumplimiento a todo, y mientras permaneces silencioso sobre la cruz, veo que en tu interior Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…76
  • 77. GETSEMANIquieres satisfacer en todo al Padre. Le das gracias por todos, por todos satisfaces, por todospides perdón y para todos pides la gracia de que jamás vuelvan a ofenderte. Jesús mío,Amor interminable, deja que también yo recapitule toda tu Vida contigo, con tu inconsolableMadre, con San Juan y con las piadosas mujeres.Dulce Jesús mío, te doy gracias por todas las espinas que han traspasado tu adorablecabeza, por cada gota de sangre que has derramado, por los golpes que has recibido en ellay por los cabellos que te han arrancado. Te doy gracias por todo el bien que has hecho eimpetrado en favor nuestro, por las luces y las buenas inspiraciones que nos has dado, y portodas las veces que nos has perdonado todos nuestros pecados de malos pensamientos, desoberbia, de orgullo y de estima propia. Te pido perdón a nombre de todos, ¡oh Jesús mío!,por cuantas veces te hemos coronado de espinas, por cuantas gotas de sangre te hemoshecho derramar de tu santísima cabeza y por todas las veces que no hemos correspondido atus inspiraciones. Por todos estos dolores que has sufrido, te suplico, ¡oh Jesús!, que nosconcedas la gracia de jamás volver a cometer pecado alguno de pensamiento. Quieroademás ofrecerte todo lo que tú sufriste en tu santísima cabeza, para darte toda la gloria quelas criaturas te hubieran dado si hubieran hecho buen uso de su propia inteligencia.Adoro, ¡oh Jesús mío!, tus sacratísimos ojos y te doy gracias por todas las lágrimas y lasangre que han derramado, por las crueles punzadas de las espinas, por los insultos, lasburlas y los desprecios que has soportado durante toda tu pasión. Te pido perdón por todosaquellos que se sirven de la vista para ofenderte y ultrajarte, suplicándote que por los dolorespadecidos en tus santísimos ojos, nos concedas la gracia de que nadie más vuelva aofenderte con alguna mala mirada. Así mismo, quiero ofrecerte todo lo que tú mismopadeciste en tus ojos santísimos, para darte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado,si sus miradas hubieran estado siempre fijas al cielo, a la Divinidad y a ti, Jesús mío.Adoro tus santísimos oídos y te doy gracias por todo lo que sufriste mientras aquellosmalvados te ensordecían con sus gritos e injurias estando sobre el Calvario. Te pido perdóna nombre de todos por cuantas malas conversaciones se escuchan; y te ruego que todos losoídos de todos los hombres se abran a la verdad eterna, a la voz de la gracia y que nadiemás te ofenda con el sentido del oído. También quiero ofrecerte todo lo que sufriste en tussacratísimos oídos, para darte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado si de esteórgano hubieran hecho buen uso.Adoro y beso tu santísimo rostro, ¡oh Jesús mío!, y te doy gracias por todo lo que sufriste acausa de los salivazos, de las bofetadas y de las burlas recibidas, y por todas las veces quete dejaste golpear y pisotear por tus enemigos. A nombre de todos te pido perdón, porcuantas veces se tiene la osadía de ofenderte, suplicándote por todas estas bofetadas ysalivazos recibidos, que hagas que tu Divinidad sea reconocida, alabada y glorificada portodos. Es más, ¡oh Jesús mío!, quiero ir yo mismo por todo el mundo, de oriente a occidente,de norte a sur, para unir todas las voces de las criaturas y convertirlas en himnos dealabanza, de amor y de adoración. ¡Oh Jesús!, quiero también traerte todos los corazones delas criaturas, para que puedas darles a todos luz, verdad, amor y compasión por ti. Ymientras perdonas a todos, te ruego que no permitas que nadie vuelva a ofenderte, y si fueraposible, aún a costa de mi sangre. Quiero ofrecerte también todo lo que tú sufriste en tusantísimo rostro, para darte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado si ni una de ellashubiera tenido la osadía de ofenderte.Adoro tu santísima boca y te doy gracias por tus primeros llantos, por la leche que mamaste,por las palabras que dijiste, por todos los besos que le diste a tu Santísima Madre, por elalimento que tomaste, por la amargura de la hiel, por la sed ardiente que padeciste sobre lacruz y por todas las oraciones que elevaste a tu Padre. Y te pido perdón por todas las Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…77
  • 78. GETSEMANImurmuraciones, las conversaciones malas y mundanas que se hacen y por todas lasblasfemias que dicen las criaturas. Quiero además ofrecerte tus santas conversaciones enreparación de todas las malas conversaciones; la mortificación de tu gusto para reparar lasgulas y todas las ofensas que se hacen con el mal uso de la lengua. Y quiero ofrecerte todolo que sufriste en tu santísima boca, para darte toda la gloria que todas las criaturas tehubieran dado si ninguna hubiera osado ofenderte con el sentido del gusto y el abuso de lalengua.¡Oh Jesús!, te doy gracias por todo, y a nombre de todos elevo hacia ti un himno deagradecimiento eterno e infinito. Quiero ofrecerte, ¡oh Jesús mío!, todo lo que has sufrido entu sacratísima persona, para darte toda la gloria que te hubieran dado todas las criaturas sihubieran uniformado toda su vida a la tuya.Jesús, te doy gracias por todo lo que has sufrido en tus santísimos hombros, por cuantosgolpes has recibido, por cuantas llagas te has dejado abrir en todo tu santísimo cuerpo y porcuantas gotas de sangre has derramado. Te pido perdón en nombre de todos por todas lasveces que se te ha ofendido con placeres ilícitos y malos por amor a las comodidades. Teofrezco tu dolorosa flagelación para reparar por todos los pecados cometidos con todos lossentidos, por amor a los propios gustos, a los placeres sensibles, al propio yo, a todas lassatisfacciones naturales; y quiero ofrecerte todo lo que has sufrido en tus hombros, paradarte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado si en todo hubieran tratado deagradarte solamente a ti y de refugiarse a la sombra de tu divina protección.Jesús mío, beso tu pie izquierdo; te doy gracias por todos los pasos que diste durante tu vidamortal y por todas las veces que cansaste tus pobres miembros por haber ido en busca dealmas para conducir a tu Corazón. Por eso, ¡oh Jesús mío!, te ofrezco todas mis acciones,mis pasos y mis movimientos, con la intención de ofrecerte una reparación constante portodo y por todos. Te pido perdón por quienes no obran con recta intención. Uno mis accionesa las tuyas para que se divinicen, y te las ofrezco unidas a todas las obras que hiciste con tusantísima humanidad, para darte toda la gloria que te hubieran dado todas las criaturas sihubieran obrado santamente y con fines rectos.Te beso, ¡oh Jesús mío!, el pie derecho, y te doy gracias por todo lo que has sufrido y sufrespor mí, especialmente en esta hora en la que te encuentras suspendido sobre la cruz. Te doygracias por el desgarrador trabajo que hacen los clavos en tus llagas, las cuales se abrencada vez más con el peso de tu santísimo cuerpo. Te pido perdón por todas las rebeliones ydesobediencias de las criaturas, ofreciéndote todos los dolores de tus santísimos pies enreparación por estas ofensas, para darte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado sien todo se hubieran mantenido sujetas a ti.¡Oh Jesús mío!, beso tu santísima mano izquierda, y te doy gracias por todo lo que hassufrido por mí y por todas las veces que has aplacado a la divina justicia satisfaciendo portodos. Beso tu mano derecha y te doy gracias por todo el bien que has obrado y que obraspor todos y te doy gracias especialmente por las obras de la creación, de la redención y de lasantificación. A nombre de todos te pido perdón por cuantas veces hemos sido ingratos a tusbeneficios y por todas las cosas que hemos hecho sin haber tenido recta intención. Enreparación por todas estas ofensas quiero ofrecerte toda la perfección y la santidad de tusobras, para darte toda la gloria que las criaturas te hubieran dado si hubieran correspondidoa todos esos beneficios.¡Oh Jesús mío!, beso tu Sacratísimo Corazón, y te doy gracias por todo lo que has sufrido,deseado y celosamente anhelado, por amor a todos y a cada uno en particular. Te pidoperdón por tantos malos deseos; por tantos malos afectos y no buenas tendencias. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…78
  • 79. GETSEMANIPerdón, ¡oh Jesús!, por tantos que posponen tu amor al amor de las criaturas. Y para dartetoda la gloria que te han negado, te ofrezco todo lo que ha hecho y sigue haciendo tuadorabilísimo Corazón.Reflexiones y prácticas.Jesús queda suspendido sobre la cruz sin tocar la tierra, y nosotros, ¿tratamos de vivir desapegadosdel mundo, de las criaturas y de todo lo que sabe a tierra? Todo debe concurrir para formar la cruzsobre la que debemos extendernos para quedar suspendidos como Jesús, alejados de todo lo quesabe a tierra, para que las criaturas no se apeguen a nosotros.Jesús no tiene otro lecho que la cruz, otro refrigerio que sus llagas y los insultos que recibe: ¿Nuestroamor por Jesús llega a ser tanto que hallamos descanso en nuestros sufrimientos? Todo lo quehacemos: oraciones, sufrimientos o cualquier otra cosa, encerrémoslo dentro de sus llagas,bañémoslo con su sangre y así ya no hallaremos consuelo alguno sino en las penas de Jesús. Demanera que sus llagas serán nuestras y su sangre estará trabajando continuamente en nosotrospara lavarnos y embellecernos: de este modo alcanzaremos cualquier gracia para nosotros y para lasalvación de las almas.Estando la sangre de Jesús en nuestros corazones, si cometemos alguna falta, le pediremos a Jesúsque no nos deje estar sucios ante su presencia en nosotros, sino que nos lave y nos tenga siemprejunto a él. Si nos sentimos débiles, le pediremos a Jesús que nos haga beber un poco de su sangre,para que nos fortalezca.Jesús, lleno de dulzura, ora por sus verdugos, es más, los excusa ante su Padre; y nosotros, ¿hacemosnuestra la oración de Jesús para excusar continuamente a todos los pecadores ante el Padre y parapedir misericordia también por quienes nos ofenden?Mientras oramos, hacemos algo o caminamos, no nos olvidemos de las pobres almas que están pordar su último respiro. Llevémosles, para ayudarlas y confortarlas, las oraciones y los besos de Jesús,para que su preciosísima sangre las purifique y haga que emprendan el vuelo hacia el cielo.« Jesús mío, quiero obtener la fuerza para poder repetir en mí tu misma vida por medio de tussantas llagas y de tu preciosísima sangre, para poder impetrar para todos, todo el bien que túmismo hiciste ».Oración de agradecimiento De la 1 a las 2 de la tarde LA SEGUNDA HORA DE AGONÍA EN LA CRUZ.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La segunda palabra: « ¡Hoy estarás conmigo en el Paraíso! »Crucificado Amor mío, mientras contigo hago oración, la fuerza arrebatadora de tu amor y detus penas mantiene mi mirada fija en ti; pero siento que se me rompe el corazón por el doloral verte sufrir tanto. Tú estás delirando de amor y de dolor y las llamas que abrasan tuCorazón se elevan tanto que están a punto de hacerte cenizas; tu amor reprimido es másfuerte que la misma muerte y tú, queriendo darle desahogo a tu amor, mirando al ladrón quese encuentra a tu derecha, se lo robas al infierno; le tocas el corazón con tu gracia y cambia Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…79
  • 80. GETSEMANItotalmente; te reconoce, confiesa que tú eres Dios, y lleno de contrición dice: « ¡Señor,acuérdate de mí cuando estés en tu Reino! ».Y tú no vacilas en responderle: « ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso! ».Y se convierte así en el primer triunfo de tu amor. Pero me doy cuenta que tu amor nosolamente le roba el corazón a este ladrón, sino también a tantos moribundos. ¡Ah!, tú ponesa su disposición tu sangre, tu amor, tus méritos y haces uso de todos tus artificios yestratagemas divinos para tocarles el corazón y cautivarlos a todos para ti. ¡Pero tambiénaquí tu amor se ve obstaculizado! ¡Cuántos rechazos, cuántas desconfianzas, cuántasdesesperaciones! ¡Es tan grande tu dolor que de nuevo te reduce al silencio!¡Oh Jesús mío!, quiero reparar por todos aquellos que se desesperan despreciando tu divinamisericordia en el momento de su muerte. Dulce Amor mío, inspírales a todos fe y confianzailimitada en ti, especialmente a quienes se hallan angustiados en su agonía, y en virtud deesta palabra tuya concédeles luz, fuerza y ayuda para poder morir santamente y volar de latierra al cielo. En tu santísimo cuerpo, en tu sangre, en tus llagas, contienes a todas lasalmas, ¡oh Jesús!, así pues, por los méritos de tu preciosísima sangre, no permitas que nisiquiera una sola alma se pierda. Que también hoy tu sangre unida a tu voz les grite a todos:« ¡Hoy estaréis conmigo en el paraíso! ».La tercera palabra: A María Santísima: « Mujer, he ahí a tu hijo ». A Juan: « He ahí a tuMadre ».Crucificado Jesús mío, tus penas aumentan cada vez más. ¡Ah, sobre esta cruz tú eres elverdadero Rey de los dolores! No se te escapa ni una sola alma en medio de tantas penas,más aún, a cada una le das tu misma vida. Pero las criaturas se resisten a recibir tu amor, lodesprecian y no lo toman en consideración; y tu amor, no pudiendo desahogarse, se hacecada vez más intenso y te tortura en modo inaudito; y en medio de estas torturas se pone ainvestigar para ver qué más le puede dar al hombre para vencerlo, y te hace decir: « ¡Oh alma,mira cuánto te he amado! ¡Si no quieres tener piedad de ti misma, ten piedad al menos de miamor! ».Mientras tanto, viendo que ya no tienes nada que darle, habiéndole dado todo, vuelves tudébil mirada hacia tu Madre. También ella está más que moribunda a causa de tus penas yes tan grande el amor que la tortura, que la tiene crucificada junto contigo. Madre e Hijo secomprenden; y tú das un suspiro de satisfacción y te consuelas al ver que todavía puedesdarles a las criaturas a tu Madre; y viendo en Juan a todo el género humano, con una voz tantierna que enternece a todos los corazones, le dices a tu Madre: « ¡Mujer, he ahí a tu hijo! ».Y a Juan: « ¡He ahí a tu Madre! ».Tu voz penetra en su Corazón materno y junto con la voz de tu sangre sigues diciendo:« Madre mía, a ti te confío todos mis hijos. ¡Así como me amas a mí, ámalos también a ellos! Quetodos tus cuidados y ternuras maternas sean para mis hijos. Tú me los salvarás a todos ».Tu Madre Santísima acepta. Y mientras tanto, son tan intensas tus penas, que de nuevo tereducen al silencio.¡Oh Jesús mío!, quiero reparar todas las ofensas que se le hacen a la Santísima Virgen, lasblasfemias y las ingratitudes de tantos que no quieren reconocer los inmensos beneficios quenos has dado dándonosla por Madre. ¿Cómo podremos agradecerte este beneficio tangrande?Recurro a tu misma fuente, ¡oh Jesús!, y te ofrezco tu sangre, tus llagas y el amor infinito detu Corazón. ¡Oh Virgen Santísima, qué conmoción tan grande sientes al oír la voz de tuamado Jesús que te deja como Madre de todos nosotros! Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…80
  • 81. GETSEMANITe doy gracias, Virgen bendita, y para darte gracias como mereces te ofrezco la mismagratitud de tu Jesús. ¡Oh dulce Madre!, protégenos, cuídanos, no dejes que jamás teofendamos en lo más mínimo, tennos siempre abrazados a Jesús y con tus manos átanos aél, de manera que nunca más podamos volver a huir de él. Quiero reparar con tus mismasintenciones todas las ofensas que le hacen a Jesús y las que te hacen a ti también, ¡oh dulceMadre mía!¡Oh Jesús mío!, mientras sigues sumergido en tantas penas, tú abogas aún más por la causade la salvación de las almas. Pero yo no me quedaré indiferente; quiero levantar el vuelohacia tus llagas como una paloma y besarlas, curarlas y arrojarme dentro de tu sangre, parapoder decir contigo: « ¡Almas, almas! ». Quiero sostener tu cabeza traspasada y adolorida,para repararte y pedirte misericordia, amor y perdón para todos.¡Oh Jesús mío!, reina en mi mente y sánala por medio de las espinas que traspasan tucabeza y no permitas que penetre ninguna turbación en mí. Frente majestuosa de mi Jesús,te beso: atrae todos mis pensamientos a que te contemplen y te comprendan. Ojosdulcísimos de mi Sumo Bien, mírenme, aunque estén cubiertos de sangre: miren mi miseria,mi debilidad, mi pobre corazón y háganme experimentar los maravillosos efectos de sumirada divina. Oídos de mi Jesús ensordecidos por los insultos y las blasfemias de losimpíos, pero también siempre atentos para escucharnos, ¡ah!, escuchen esta oración y nodesprecien mis reparaciones. ¡Sí, oh Jesús, escucha el grito de mi corazón, que sólo secalmará cuando me lo hayas colmado de tu amor!Rostro hermosísimo de mi Jesús, muéstrate, haz que te vea, para que pueda separar micorazón de todo y de todos; que tu belleza me enamore continuamente y me tenga parasiempre arrobado en ti. Boca dulcísima de mi Jesús, háblame, haz que tu voz haga ecosiempre en mí y que la potencia de tu palabra destruya en mí todo lo que no es Voluntad deDios, todo lo que no es amor.¡Oh Jesús!, extiendo mis brazos para abrazarte y tú extiende los tuyos para abrazarme. ¡Ohmi Bien!, haz que sea tan fuerte este abrazo de amor que ninguna fuerza humana puedasepararnos, y así abrazados, apoyaré mi rostro sobre tu Corazón, y luego, lleno deconfianza, te besaré y tú me darás el beso de tu amor. De este modo, harás que respire tualiento dulcísimo, tu amor, tu Voluntad, tus penas y toda tu vida divina.Hombros santísimos de mi Jesús, siempre fuertes y constantes en el sufrir por amor a mí,denme fuerza, constancia y heroísmo para sufrir por amor a ti, oh Jesús. No permitas, midulce Bien, que yo sea inconstante en el amor, antes bien, dame tu inmutabilidad.Pecho incendiado de mi Jesús, dame tus llamas, tú ya no puedes contenerlas y mi corazónlas busca con ansia a través de esa sangre y de esas llagas. Son las llamas de tu amor loque más te atormenta, ¡oh Jesús! ¡Oh mi dulce Bien!, dame tus llamas: ¿No te mueve acompasión un alma tan fría y tan pobre en el amor?Manos santísimas de mi Jesús que han creado el Cielo y la tierra, reducidas ya al grado deno poder moverse más. ¡Oh Jesús mío!, continúa tu creación, la creación del amor. Crea entodo mi ser vida nueva, vida divina; pronuncia tus palabras sobre mi corazón y transfórmalocompletamente en el tuyo.Pies santísimos de mi Jesús, no me dejen nunca solo; háganme correr siempre con ustedesy que no vaya yo a dar ni un solo paso lejos de ustedes. Jesús, con mi amor y con misreparaciones quiero darte alivio por todos los dolores que sufres en tus santísimos pies.Crucificado Jesús mío, adoro tu preciosísima sangre y beso una por una tus llagas,queriendo sepultar en ellas todo mi amor, mis adoraciones y mis más fervientesreparaciones. Que tu sangre sea para todas las almas luz en las tinieblas, consuelo en suspenas, fuerza en su debilidad, perdón en la culpa, ayuda en las tentaciones, defensa en los Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…81
  • 82. GETSEMANIpeligros, apoyo a la hora de su muerte y alas que las conduzcan de este mundo al cielo.¡Oh Jesús!, vengo a ti y hago de tu Corazón mi nido y mi morada. Desde tu Corazón, dulceAmor mío, llamaré a todos para que vengan a ti; y si alguno quisiera acercarse paraofenderte, yo expondré mi pecho y no permitiré que te hiera; es más, lo encerraré en tuCorazón, le hablaré de tu amor y haré que sus ofensas se conviertan en amor.¡Oh Jesús!, jamás dejes que yo vuelva a salir de tu Corazón; aliméntame con las llamas de tuamor y dame vida con tu vida, para poder amarte como tú mismo anhelas ser amado.La cuarta palabra: « Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ».Penante Jesús mío, mientras estoy abrazado fuertemente a tu Corazón y abandonado deltodo en él, contando tus penas, veo que tu santísima humanidad se ve invadida por unaterrible convulsión; tus miembros tiemblan como si quisieran separarse unos de otros, y enmedio de las contorsiones que sufres por los atroces espasmos de tu agonía, gritasfuertemente: « ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? ».Y al oír este grito todos tiemblan, las tinieblas se hacen más densas y tu Madre Santísima,petrificada, se pone pálida y se desmaya. ¡Vida mía y Todo mío! ¡Oh Jesús!, pero, ¿qué es loque veo? ¡Ah!, tu muerte está cerca y tus mismas penas, siempre fieles a ti, están porabandonarte. Y entre tanto, después de tanto sufrir, con sumo dolor te das cuenta de que notodas las almas están incorporadas a ti, sino por el contrario, ves que muchas se perderán ysientes su dolorosa separación como si ellas mismas se arrancaran de tus miembros. Y tú,debiendo darle satisfacción a la divina justicia también por ellas, sientes la muerte de cadauna, sientes las mismas penas que ellas deberán sufrir en el infierno, y les gritas con fuerza atodos esos corazones: « ¡No me abandonen! Si quieren que yo sufra más todavía, estoy dispuesto,pero no se separen de mi humanidad. ¡Este es el dolor de los dolores, ésta es la muerte de lasmuertes! ¡Todo lo demás sería nada para mí si no tuviera que sufrir esta separación! ¡Ah, piedad demi sangre, de mis llagas, de mi muerte! Este grito será continuo en su corazón: ¡Ah, no meabandonen! ».¡Amor mío, cuánto te compadezco! Te estás sofocando; tu santísima cabeza ha caído yasobre tu pecho; la vida te está abandonando...Amor mío, me siento morir; también yo quiero gritar contigo: « ¡Almas, almas! ». No mesepararé de tu cruz y de tus llagas para pedirte almas; y si tú quieres, entraré en loscorazones de las criaturas, los rodearé con tus penas para que no se me escapen y si mefuera posible quisiera ponerme a la puerta del infierno para hacer que retrocedan las almasque están destinadas a este puesto y conducirlas a tu Corazón.Pero tú agonizas y callas, y yo lloro porque veo que estás por morir. ¡Oh Jesús mío!, tecompadezco, estrecho tu Corazón fuertemente al mío, lo beso y lo miro con toda la ternurade la que ahora soy capaz, y para procurarte un mayor alivio, hago mía la ternura divina ycon ella quiero compadecerte, quiero convertir mi corazón en un río de dulzura y derramarloen el tuyo, para endulzar la amargura que sientes por la perdición de tantas almas.Verdaderamente es muy doloroso este grito, ¡oh Jesús mío!; más que el abandono delPadre, es la perdición de las almas que se alejan de ti lo que hace que se te escape delCorazón este doloroso lamento.¡Oh Jesús mío!, aumenta en todos tu gracia para que nadie se pierda; y que mi reparaciónsea a favor de aquellas almas que deberían perderse, para que no se pierdan. Te ruegoademás, ¡oh Jesús mío!, por este extremo abandono, que ayudes a tantas almas que teaman y que tú, para hacer que te acompañen en tu abandono, parece que las privas de tidejándolas en las tinieblas; que sus penas sean, ¡oh Jesús!, como plegarias que llamen atodas las almas a tu lado y que conforten tu dolor. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…82
  • 83. GETSEMANI Reflexiones y prácticas.Jesús perdona al buen ladrón y con tanto amor, que de inmediato se lo lleva consigo al cielo ynosotros, ¿pedimos siempre por las almas de los moribundos que tienen necesidad de una oraciónpara que se cierre el infierno y se abran las puertas del cielo para ellos?Las penas de Jesús sobre la cruz crecen, van en aumento, pero él, olvidándose de sí mismo, ruegasiempre por nosotros; no se queda con nada para sí mismo, sino que nos lo da todo, incluyendo a suMadre Santísima, como el don más preciado de su Corazón. Y nosotros, ¿le damos todo a Jesús?En todo lo que hacemos, en nuestras oraciones, en nuestras acciones y en todo, ¿ponemos siempre laintención de absorber nuevo amor en nosotros, para que luego se lo podamos devolver a Jesús?Debemos hacerlo nuestro para darlo, para que todo lo que hagamos lleve el sello de lo que haceJesús.Cuando el Señor nos da fervor, luz y amor, ¿nos servimos de ello para el bien de los demás?¿Tratamos de encerrar a las almas en esta luz y en este fervor para inducir al Corazón de Jesús aamarlas? O bien, llenos de egoísmo, ¿nos quedamos con sus gracias solamente para nosotros?« ¡Oh Jesús mío!, que cada pequeña chispa de amor que sienta en mi corazón se transforme en unincendio que incendie todos los corazones de las criaturas y los encierre en tu Corazón ».¿Cómo aprovechamos el gran don que nos dio al darnos a su Madre Santísima? ¿Hacemos nuestro elamor de Jesús, sus ternuras y todo lo que él hacía, para contentar a su Madre? ¿Podemos decir quenuestra divina Madre puede hallar en nosotros la alegría que hallaba en su hijo Jesús? ¿Estamossiempre cerca de ella como hijos fieles, le obedecemos e imitamos sus virtudes? ¿Hacemos todo loque está de nuestra parte para no huir de sus miradas a fin de que nos tenga siempre abrazadoscomo a Jesús? ¿Le pedimos a nuestra Madre Santísima que nos guíe en todo lo que hacemos, parapoder obrar santamente como verdaderos hijos suyos bajo su mirada piadosa?Y para poder darle la alegría que le daba su Hijo, ¿le pedimos a Jesús que nos dé todo ese amor conel que él mismo amaba a su Madre Santísima, la gloria que le daba continuamente, su ternura ytodas sus finezas de amor? Hagamos nuestro todo esto y digámosle a nuestra amadísima MadreCelestial: « Dentro de nosotros tenemos a Jesús, y para hacerte feliz y para que puedas hallar ennosotros lo mismo que hallabas en Jesús, te lo damos todo. Además, ¡oh dulce Madre!, queremosdarle a Jesús todas las alegrías que él hallaba en ti, por eso queremos entrar en tu Corazón y tomartu amor, todas tus alegrías, todas tus ternuras y cuidados maternos, para dárselos a Jesús. MadreSanta, que tus manos sean las cadenas que nos tengan encadenados a ti y a Jesús ».Jesús no se detiene ante nada: amándonos sumamente, quiere salvarnos a todos y si le fuera posible,quisiera arrancarle todas las almas al infierno a costa de cualquier pena. Pero a pesar de todo se dacuenta de que hay almas que quieren zafarse de sus brazos y no pudiendo contener su dolor,exclama: « Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado? ». ¿Podemos decir que nuestro amorpor las almas es semejante al de Jesús? Nuestras oraciones, nuestras penas, nuestros más pequeñosactos, ¿están todos unidos a los actos y a las oraciones de Jesús para arrancarle almas al infierno?¿De qué manera compadecemos a Jesús en este inmenso dolor? Si nuestra vida se pudiera consumaren un holocausto continuo no sería suficiente para compadecer este dolor. Cada pequeño acto, cadapena, cada pensamiento que unimos a Jesús, puede servir para que le arranquemos almas al infiernoy así no caigan en él. Unidos a Jesús, tendremos en nuestras manos su mismo poder; si en cambio nohacemos todos nuestros actos unidos a él, no podrán servir ni siquiera para salvar a una sola almadel infierno.« Amor mío y Todo mío, tenme abrazado fuertemente a tu Corazón, para poder sentir deinmediato cuando un pecador está por darte el dolor de apartarse de ti y así poder hacer mi parteinmediatamente ». Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…83
  • 84. GETSEMANI« ¡Oh Jesús mío!, que tu amor tenga atado mi corazón, para que, encendido por tu fuego, puedasentir el amor con el que tú mismo amas a las almas. Cuando yo sufra algún dolor, alguna pena oamargura, ¡oh Jesús!, haz entonces que tu justicia se desahogue sobre mí y toma de mí lasatisfacción que quieres; pero, ¡oh Jesús!, que el pecador se salve y que mis penas sean el vínculoque las tenga atadas a ti y que mi alma tenga el consuelo de ver que tu justicia está satisfecha ». Oración de agradecimiento De las 2 a las 3 de la tarde TERCERA HORA DE AGONÍA EN LA CRUZ. LA MUERTE DE JESÚS.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La quinta palabra: « ¡Tengo Sed! ».Jesús mío, crucificado y moribundo, abrazado a tu cruz, siento el fuego que devora toda tudivina persona; tu Corazón late con tanta violencia que levantándote las costillas teatormenta de un modo tan desgarrador y horrible, que toda tu santísima humanidad sufreuna transformación tal que te deja irreconocible. El amor que arde en tu Corazón te seca y tequema totalmente, y tú, no pudiendo contenerlo, sientes la fuerza de su tormento; nosolamente de la sed corporal, por haber derramado toda tu sangre, sino mucho más todavíade la sed ardiente que tienes por la salud de nuestras almas. Y tú quisieras bebernos a todoscual si fuéramos agua, para ponernos a salvo dentro de ti. Por eso, reuniendo tus fuerzas yademasiado debilitadas, gritas: « ¡Tengo Sed! ».¡Ah!, esta palabra se la repites a cada corazón: « Tengo sed de tu voluntad, de tus afectos, de tusdeseos, de tu amor; no podrías darme un agua más fresca que tu alma. ¡Ah, no dejes que meconsuma! Tengo sed ardiente y no solamente siento que se me quema la lengua y la garganta, algrado que ya no puedo ni decir una palabra, sino que también siento que mi Corazón se seca juntocon todas mis entrañas. ¡Piedad de mi sed, piedad! ».Y como delirando por la ardiente sed que te devora, te abandonas a la Voluntad del Padre.¡Ah!, mi corazón ya no puede vivir viendo la impiedad de tus enemigos, que en vez de darteagua, te dan hiel y vinagre y tú no los rehúsas. ¡Ah!, ya entiendo, es la hiel de tantas culpas yel vinagre de las pasiones que no hemos domado, lo que quieren darte y que en vez desatisfacer tu sed hacen que aumente. ¡Oh Jesús mío!, aquí está mi corazón, mispensamientos, mis afectos, aquí está todo mi ser para que calmes tu sed y para darle alivio atu boca quemada y amargada. Todo lo que tengo, todo lo que soy, es para ti, ¡oh Jesús mío!Si fueran necesarias mis penas para poder salvar aunque fuera una sola alma, aquí metienes: estoy dispuesto a sufrirlo todo; me ofrezco totalmente a ti: haz de mí lo que a ti más teagrade.Quiero reparar el dolor que tú sufres por todas las almas que se pierden y la pena que te danaquellas que, cuando permites que las tristezas o los abandonos las toquen, ellas, en vez deofrecerte todo para aplacar la sed devoradora que te consume, se abandonan a sí mismas,haciéndote sufrir aún más. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…84
  • 85. GETSEMANILa sexta palabra: « ¡Todo está Consumado! ».Moribundo Bien mío, el mar inacabable de tus penas, el fuego que te consume y más quenada la Voluntad Suprema del Padre, que quiere que tú mueras, no nos dejan esperanzaalguna de que tú puedas seguir viviendo. Y yo, ¿cómo voy a poder vivir sin ti? Te faltan lasfuerzas, los ojos se te apagan, tu rostro santísimo se transforma y se cubre de una palidezmortal, tu boca entreabierta, tu respiración es afanosa e interrumpida, todo nos dice que yano hay esperanzas de que tú te puedas reanimar. Al fuego que te abrasa lo substituye un fríomortal y un sudor helado que te baña la frente. Los músculos y los nervios se contraen cadavez más por la atrocidad de los dolores, tus llagas se siguen haciendo más grandes por lasheridas que los clavos siguen abriendo, y yo tiemblo y me siento morir.Te miro, oh Bien mío, y veo que de tus ojos descienden las últimas lágrimas, mensajeras detu cercana muerte, mientras que fatigosamente haces oír todavía otra palabra: « ¡Todo estáConsumado! ».¡Oh Jesús mío!, ya has agotado todo y ya no te queda nada más; el amor ha llegado a sutérmino. Y yo, ¿me he consumido totalmente por amor a ti? ¡Cuál no debería ser mi gratitudhacia ti! ¡Oh Jesús mío!, quiero reparar por todos, reparar por las faltas de correspondencia atu amor y consolarte por todas las afrentas que recibes de parte de las criaturas mientras teestás consumiendo en la cruz.La séptima palabra: « ¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu! ».Jesús mío, Crucificado agonizante, ya estás a punto de dar el último respiro de tu vidamortal. Tu santísima humanidad ya está toda rígida; tu Corazón parece que ya no late.¡Oh Jesús!, junto con la Magdalena me abrazo a tus pies y si me fuera posible quisiera darmi vida para reanimar la tuya.Mientras tanto, ¡oh Jesús!, me doy cuenta de que vuelves a abrir tus ojos moribundos y mirasalrededor de la cruz, como si quisieras despedirte de todos por última vez; miras a tu Madreagonizante que ya no puede ni siquiera moverse ni hablar a causa de las tremendas penasque está sufriendo y dices: « ¡Madre mía, adiós, yo me voy, pero te tendré en mi Corazón, y tú,cuida a nuestros hijos! ».Miras a la Magdalena deshecha en lágrimas, a tu fiel Juan y con tu mirada les dices:« ¡Adiós! ».Miras con amor a tus mismos enemigos y con tu mirada les dices: « Los perdono a todos y lesdoy el beso de la paz ».Nada escapa a tu mirada; te despides de todos y a todos perdonas. Y después, reuniendotodas tus fuerzas, con voz potente y sonora, gritas: « ¡Padre, en tus manos encomiendo miespíritu! ».E inclinando la cabeza, expiras.La Muerte de JesúsJesús mío, este grito hace que toda la naturaleza trastornada llore tu muerte, la muerte de suCreador. La tierra tiembla fuertemente y con su vibración parece que llora y que quieresacudir el ánimo de todos para que te reconozcan como verdadero Dios. El velo del Templose rasga; los muertos resucitan; el sol que hasta ahora ha estado llorando por tus penas,horrorizado, retira su luz. Tus mismos enemigos, al oír este grito, caen de rodillas ygolpeándose el pecho dicen: « Verdaderamente éste es el Hijo de Dios ».Y tu Madre, petrificada y moribunda, sufre penas mucho más crueles que la misma muerte. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…85
  • 86. GETSEMANIMuerto Jesús mío, con este grito también a nosotros nos has puesto en las manos del Padrepara que no nos rechace. Por eso has gritado fuertemente y no solamente con tu voz, sinocon la voz de todas tus penas y con la voz de tu sangre: « ¡Padre en tus manos pongo miespíritu y a todas las almas! ».Jesús mío, también yo me abandono en ti; dame la gracia de morir totalmente en tu amor yen tu Voluntad; te suplico que jamás vayas a permitir, ni en la vida ni en la muerte, que yo meaparte de tu Santísima Voluntad.Quiero reparar por todos aquellos que no se abandonan perfectamente a la Voluntad de Diosy así pierden o, cuando menos, reducen el precioso fruto de la redención. ¿Cuál no será eldolor de tu Corazón, ¡oh Jesús mío!, al ver a tantas criaturas que huyen de tus brazos y seabandonan a sí mismas? ¡Oh Jesús mío, piedad para todos!Beso tu cabeza coronada de espinas y te pido perdón por tantos pensamientos de soberbia,de ambición o de propia estima; te prometo que cada vez que me venga un pensamiento queno sea totalmente para ti, ¡oh Jesús!, o que me encuentre en ocasión de ofenderte, gritaréinmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».¡Oh Jesús!, beso tus hermosísimos ojos bañados todavía por las lágrimas y cubiertos decoágulos de sangre; te pido perdón por todas las veces que te he ofendido con miradasinmodestas y malas; te prometo que cada vez que mis ojos se sientan impulsados a mirar lascosas de la tierra gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».¡Oh Jesús mío!, beso tus sacratísimos oídos ensordecidos hasta el último momento por losinsultos y las horribles blasfemias y te pido perdón por todas las veces que he escuchado ohe hecho escuchar conversaciones que nos alejan de ti y por todas las malasconversaciones de las criaturas; te prometo que cada vez que me encuentre en la ocasión deoír algo que no me conviene, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el almamía! ».¡Oh Jesús mío!, beso tu rostro santísimo, pálido, lívido y ensangrentado; te pido perdón portodos los desprecios, los insultos y las afrentas que has recibido de parte de nosotros,vilísimas criaturas, con nuestros pecados; te prometo que cada vez que me venga latentación de no darte toda la gloria, el amor y la adoración que debo darte, gritaréinmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».¡Oh Jesús mío!, beso tu santísima boca ardiente y amargada; te pido perdón por todas lasveces que te he ofendido con malas conversaciones y por cuantas veces he cooperado enamargarte y en acrecentar tu sed; te prometo que cada vez que me venga el pensamiento dedecir cualquier cosa que pudiera ofenderte, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, osencomiendo el alma mía! ».¡Oh Jesús!, beso tu cuello santísimo; en él veo todavía las señales de las cadenas y de lassogas que te han oprimido; te pido perdón por tantos vínculos y por tantos apegos de lascriaturas, las cuales han añadido nuevas sogas y cadenas a tu santísimo cuello; te prometoque cada vez que me sienta turbado por algún apego, deseo o afecto que no sea solamentepara ti, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».Jesús mío, beso tus hombros santísimos y te suplico que nos perdones tantas satisfaccionesilícitas, tantos pecados que hemos cometido con los cinco sentidos de nuestro cuerpo; teprometo que cada vez que me venga el pensamiento de tomarme algún placer o algunasatisfacción que no sea para tu gloria, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo elalma mía! ».Jesús mío, beso tu pecho santísimo y te pido perdón por tantas frialdades, indiferencias,tibiezas e ingratitudes horribles que recibes de parte de las criaturas; te prometo que cada Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…86
  • 87. GETSEMANIvez que sienta que me estoy enfriando en el amor, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, osencomiendo el alma mía! ».Jesús mío, beso tus sacratísimas manos; te pido perdón por todas las obras malas oindiferentes, por tantos actos envenenados por el amor propio y la propia estima; te prometoque cada vez que me venga el pensamiento de no obrar solamente por amor a ti, gritaréinmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».Jesús mío, beso tus santísimos pies y te suplico que nos perdones por tantos pasos y tantoscaminos recorridos sin haber tenido una recta intención, por tantos que se alejan de ti para iren busca de placeres mundanos; te prometo que cada vez que me venga el pensamiento desepararme de ti, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os encomiendo el alma mía! ».¡Oh Jesús!, beso tu Sacratísimo Corazón y quiero encerrar en él junto con mi alma a todaslas almas redimidas por ti, para que todas se salven, sin excluir a ninguna.¡Oh Jesús!, enciérrame en tu Corazón y cierra sus puertas, de manera que ya no pueda vernada fuera de ti; te prometo que cada vez que me venga el pensamiento de querer salirmede tu Corazón, gritaré inmediatamente: « ¡Jesús, María, os entrego mi corazón y mi alma! ».Reflexiones y prácticas.Jesús está ardiendo de sed, y nosotros, ¿ardemos también de amor por él? Nuestros pensamientos,nuestros afectos, ¿tienen siempre la finalidad de quitarle su sed ardiente?No pudiendo Jesús seguir aguantando la sed que lo consumó, dijo: « ¡Todo está consumado! ». Demanera que Jesús se consumó totalmente por nosotros, y nosotros, ¿tratamos de consumarnos poramor a Jesús en todo? Cada acto, cada palabra y cada pensamiento conducían a Jesús hacia laconsumación, y así cada uno de nuestros actos, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos,¿nos impulsan a consumarnos por amor a Jesús?« ¡Oh Jesús!, dulce Vida mía, que tu aliento consumado sople siempre en mi corazón para poderrecibir el sello de tu consumación ».Jesús sobre la cruz, le da cumplimiento en todo a la Voluntad del Padre y expira en un acto perfectode abandono a su Santísima Voluntad. Y nosotros, ¿cumplimos en todo la Voluntad de Dios? ¿Nosabandonamos perfectamente a su Voluntad sin mirar si recibimos bien o mal, felices únicamente dehallarnos abandonados en sus brazos santísimos? ¿Morimos continuamente a nosotros mismos poramor a Jesús? ¿Podemos decir que aunque estemos viviendo ya no vivimos, que estamos muertospara todo, vivos solamente para vivir, no nuestra vida, sino la de Jesús mismo? Es decir, todo lo quehacemos, lo que pensamos, lo que deseamos y lo que amamos, ¿es una llamada a vivir la vida deJesús, para hacer que mueran nuestras palabras, nuestros pasos, nuestros deseos y nuestrospensamientos totalmente en Jesús?« ¡Oh Jesús mío!, que mi muerte sea una muerte continua por amor a ti y que cada muerte quesufra sea una vida que pueda darle a todas las almas ». Oración de agradecimiento De las 3 a las 4 de la tarde JESÚS, MUERTO, ES TRASPASADO POR LA LANZA. EL DESCENDIMIENTO DE LA CRUZOración de preparación Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…87
  • 88. GETSEMANIGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:¡Oh Jesús mío!, ya estás muerto. Y yo, estando en tu Corazón, empiezo a gozar ya de loscopiosos frutos de la redención.Los más incrédulos, reverentes, se doblegan ante ti golpeándose el pecho; lo que no hicieronante tu cuerpo viviente, lo hacen ahora ante tu cuerpo ya inerte. La naturaleza se estremece,el sol se eclipsa, la tierra tiembla, los elementos se conmueven y parece como si tomaranparte en tu dolorosísima muerte. Los ángeles, sobrecogidos de admiración y de amor,descienden del cielo a millares, te adoran y te rinden homenaje reconociéndote yconfesándote verdadero Dios nuestro. ¡Oh Jesús mío!, también yo uno mis adoraciones a lassuyas y te ofrezco mi gratitud y todo el amor de mi pobre corazón.Pero veo que tu amor todavía no está contento, y para darnos una señal más cierta de tuamor, permites que un soldado se acerque a ti y que con una lanza te atraviese el Corazónhaciéndote derramar las últimas gotas de sangre y agua que todavía quedaban en él.¡Oh Jesús mío!, ¿no pudieras permitir que esta lanza hiriera también mi corazón? ¡Oh, sí!¡Que esta lanza sea la que hiera mis deseos, mis pensamientos, los latidos de mi corazón ymi voluntad, y que me dé tu Voluntad, tus pensamientos y toda tu vida de amor y deinmolación!¡Oh Corazón de mi Jesús herido por esta lanza!, ¡ah!, prepara un baño, un refugio para todaslas almas, para todos los corazones, un descanso para todos los atribulados. De esta heridaes de donde das a la luz a tu amada esposa, la Iglesia; de ahí es de donde haces salir lossacramentos y la vida de las almas; y yo, junto con tu Madre Santísima, cruelmente herida ensu Corazón, quiero reparar por todas las ofensas, los abusos y las profanaciones que se lehacen a tu Santa Iglesia; y por los méritos de esta herida y de tu Santísima Madre ydulcísima Madre nuestra, te suplico que nos encierres a todos en tu amantísimo Corazón yque protejas, defiendas e ilumines a quienes rigen la Iglesia.¡Oh Jesús mío!, después de tu desgarradora y dolorosísima muerte, yo ya no debería tenervida propia, pero en tu Corazón herido hallaré mi vida; de manera que cualquier cosa queesté a punto de hacer, la tomaré siempre de tu Corazón Divino. No volveré a darle vida a mispensamientos, mas si quisieran vida, tomaré tus pensamientos. Mi voluntad no volverá atener vida, mas si vida quisiera, tomaré la de tu Santísima Voluntad. Mi amor no volverá atener vida, mas si quisiera amar, tomaré vida de tu amor. ¡Oh Jesús mío!, toda tu Voluntad esmía, ésta es tu Voluntad y esto es lo que yo quiero.El descendimiento de la cruzJesús mío, nos has dado la última prueba de tu amor: tu Corazón traspasado. Ya no tequeda nada más que hacer por nosotros y ahora ya se están preparando para bajarte de lacruz; y yo, después de haber depositado todo mi ser en ti, salgo fuera y con tus amadosdiscípulos quiero quitar los clavos de tus sacratísimos pies y de tus sagradas manos, ymientras yo te desclavo tú clávame totalmente a ti.Jesús mío, apenas te bajan de la cruz, la primera en recibirte en su regazo es tu MadreDolorosa y tu cabeza traspasada reposa dulcemente en sus brazos.¡Oh dulce Madre!, no desdeñes mi compañía y haz que también yo, junto contigo, puedaprestarle los últimos servicios a mi amado Jesús. Dulcísima Madre mía, es cierto que tú mesuperas en amor y en delicadeza al tocar a mi Jesús, pero yo trataré de imitarte del mejormodo posible, para complacer en todo a mi adorado Jesús. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…88
  • 89. GETSEMANIPor eso, junto con tus manos pongo las mías y le extraigo todas las espinas que rodean sucabeza adorada, con la intención de unir a tus profundas adoraciones las mías.Celestial Madre mía, ya tus manos llegan a los ojos de mi Jesús y se disponen a quitar lasangre coagulada de esos ojos que un día daban luz a todo el mundo y que ahora estánoscurecidos y apagados. ¡Oh Madre!, me uno a ti; besémoslos juntos y adorémoslosprofundamente.Veo los oídos de Jesús llenos de sangre, lacerados totalmente por las bofetadas y lasespinas; ¡oh Madre!, hagamos que nuestras adoraciones penetren en esos oídos que ya nooyen y que han sufrido tanto llamando a tantas almas obstinadas y sordas a las voces de lagracia.¡Oh dulce Madre mía!, veo que estás empapada en lágrimas y llena de dolor al mirar el rostroadorable de Jesús; uno mi dolor al tuyo y juntos limpiémosle el fango y los salivazos que lohan deformado tanto; adoremos su rostro lleno de Majestad Divina que enamoraba cielos ytierra, y que ahora ya no da ninguna señal de vida.Besemos juntos su boca, dulce Madre mía, esa boca divina que con la suavidad de supalabra ha atraído a tantas almas a su Corazón. ¡Oh Madre!, quiero besar con tu misma bocaesos labios lívidos y ensangrentados y adorarlos profundamente.¡Oh dulce Madre mía!, junto contigo quiero besar una y otra vez el cuerpo adorable de miJesús, hecho todo una llaga; pongo mis manos junto a las tuyas para unir esos pedazos decarne que cuelgan de él y adorarlo profundamente junto contigo.Besemos, ¡oh Madre!, esas manos creadoras que han obrado en nosotros tantos prodigios,esas manos taladradas y desfiguradas, ya frías y con la rigidez de la muerte.¡Oh dulce Madre!, encerremos en estas sacrosantas heridas a toda clase de almas. CuandoJesús resucite las hallará en sí mismo depositadas por ti y así no se perderá ninguna. ¡OhMadre!, adoremos juntos estas profundas heridas, en nombre de todos y junto con todos.Celestial Madre mía, veo que te acercas a besar los pies del pobre Jesús. ¡Quédesgarradoras heridas! Los clavos se han llevado parte de la carne y de la piel y el peso desu sacratísimo cuerpo los ha abierto horriblemente. Besémoslos juntos, adorémoslosprofundamente y encerremos en estas heridas los pasos de todos los pecadores, para quecuando caminen sientan los pasos de Jesús que los sigue de cerca y así ya no se atrevan aseguir ofendiéndolo.¡Oh dulce Madre!, veo que tu mirada se detiene en el Corazón de tu adorado Jesús. ¿Qué eslo que haremos en este Corazón? Tú me lo mostrarás, ¡oh Madre!, y me sepultarás en él, locerrarás con la piedra, lo sellarás y aquí adentro, depositando en él mi corazón y mi vida, mequedaré escondido para toda la eternidad. ¡Oh Madre, dame tu amor para que ame a Jesús ydame tu dolor para interceder por todos y reparar cualquier ofensa a su Corazón Divino!Acuérdate, ¡oh Madre!, que al sepultar a Jesús quiero que con tus mismas manos mesepultes también a mí, para que después de haber sido sepultado con Jesús, pueda resucitarcon él y con todo lo que es suyo.Y ahora, una palabra a ti, ¡oh dulce Madre mía!: ¡Cuánto te compadezco! Con toda la efusiónde mi pobre corazón quiero reunir todos los latidos de los corazones de las criaturas, todossus deseos y todas sus vidas y postrarlas ante ti, en el acto más ferviente de compasión y deamor por ti. Te compadezco por el extremo dolor que has sufrido al ver a Jesús muerto,coronado de espinas, destrozado por los azotes y por los clavos; por el dolor de ver esosojos que ya no te miran, esos oídos que ya no escuchan tu voz, esa boca que ya no te habla,esas manos que ya no te abrazan, esos pies que nunca te dejaban y que hasta desde lejosseguían tus pasos. Quiero ofrecerte el Corazón mismo de Jesús rebosante de amor, paracompadecerte como mereces y para darle un consuelo a tus amarguísimos dolores. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…89
  • 90. GETSEMANIReflexiones y prácticas.Jesús, después de su muerte, por amor a nosotros, quiso ser traspasado por la lanza; y nosotros,¿dejamos que el amor de Jesús nos traspase en todo o más bien nos dejamos traspasar por el amorde las criaturas, por los placeres y por el apego a nosotros mismos? También las frialdades, lasoscuridades y las mortificaciones internas y externas son algunos modos en los que Dios hiere alalma; y si no las recibimos de las manos de Dios nos herimos nosotros mismos y nuestras debilidadesacrecientan nuestras pasiones, la debilidad misma, la propia estima y, en una palabra, el mal. Encambio, si las recibimos de las manos de Jesús, en estas heridas él pondrá su amor, sus virtudes, susemejanza y éstas harán que merezcamos sus besos, sus caricias y todos los estratagemas de sudivino amor. Estas heridas serán voces que continuamente lo llamen y lo obliguen a habitar ennosotros constantemente.« ¡Oh Jesús mío!, que tu lanza sea la que me cuide de cualquier herida que pueda recibir de partede las criaturas ».Jesús hace que lo bajen de la cruz y que lo pongan en los brazos de su Madre Santísima; y nosotros,¿ponemos en las manos de nuestra dulce Madre todos nuestros temores, nuestras dudas y nuestrasansias? Jesús reposó en el regazo de su divina Madre, y nosotros, ¿hacemos reposar a Jesús alejandode nosotros mismos todo temor y agitación?« Celestial Madre mía, con tus manos maternas quita de mi corazón todo lo que pueda impedirque Jesús repose en mí ». Oración de agradecimiento De las 4 a las 5 de la tarde LA SEPULTURA DE JESÚS Y LA SOLEDAD DE MARÍA SANTÍSIMA.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Dolorosa Madre mía, veo que ya te dispones a realizar tu último sacrificio: tener que darlesepultura a tu hijo Jesús, muerto. Y resignadísima a la Voluntad del Cielo, lo acompañas ycon tus mismas manos lo pones en el sepulcro. Y mientras compones sus miembros, tratasde decirle por última vez « adiós » y de darle tu último beso, mientras que por el dolor sientesque te arrancan el corazón del pecho. El amor te clava sobre esos miembros y por la fuerzadel amor y del dolor, tu vida está por extinguirse junto con la de tu hijo Jesús ya muerto.Pobre de ti, ¡oh Madre mía!, ¿qué vas a hacer sin Jesús? El es tu Vida, tu Todo y sinembargo es la Voluntad del Eterno que así lo quiere. Tendrás que combatir con dospotencias insuperables: el amor y la Voluntad Divina. El amor te tiene clavada de tal maneraque no puedes separarte de él; la Voluntad Divina se impone y te pide este sacrificio. Pobrede ti, ¡oh Madre!, ¿cómo vas a hacer? ¡Cuánto te compadezco! ¡Ah, ángeles del cielo,vengan a ayudarla a que se levante de encima de los miembros rígidos de Jesús, pues de locontrario morirá!Pero ¡qué prodigio! Mientras parecía extinguida junto con Jesús, oigo su voz temblorosa queinterrumpida por el llanto dice: « ¡Hijo, querido Hijo mío! Este era el único consuelo que mequedaba y que hacía que mis penas se redujeran hasta la mitad de su peso: tu santísima humanidad; Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…90
  • 91. GETSEMANIel poder desahogarme sobre estas llagas, adorarlas y besarlas. Mas ahora también esto se me quita,porque la Divina Voluntad así lo quiere; y yo me resigno, pero sabes, ¡oh Hijo!, quiero y no puedo;con sólo pensar que debo hacerlo se me van las fuerzas y la vida me abandona. ¡Ah, Hijo mío!, parapoder tener la fuerza y la vida necesarias para hacer esta separación, permíteme que me quedesepultada totalmente en ti y que para mí tome tu vida, tus penas, tus reparaciones y todo lo que túeres. ¡Ah!, solamente un intercambio entre tu vida y la mía puede darme la fuerza necesaria paracumplir el sacrificio de separarme de ti ».Y con decisión, afligida Madre mía, veo que de nuevo vuelves a recorrer todos los miembrosde Jesús y poniendo tu cabeza sobre la suya, la besas y encierras tus pensamientos en lacabeza de Jesús, tomando para ti sus espinas, sus afligidos y ofendidos pensamientos y todolo que ha sufrido en su sacratísima cabeza. ¡Oh, cómo quisieras reanimar la inteligencia deJesús con la tuya, para poder darle vida por vida! Ya empiezas a sentir que vuelve la vida a tihabiendo tomado en tu mente los pensamientos y las espinas de Jesús.Dolorosa Madre mía, veo que besas los ojos apagados de Jesús y se me parte el corazón alpensar que Jesús ya no te mira. ¡Cuántas veces esos ojos divinos al mirarte te extasiaban yte resucitaban de muerte a vida! Pero ahora, al ver que ya no te miran, te sientes morir. Poreso veo que dejas tus ojos en los de Jesús y tomas para ti los suyos, sus lágrimas, laamargura de esa mirada que ha sufrido tanto al ver las ofensas de las criaturas y al vertantos insultos y desprecios.Pero veo, traspasada Madre mía, que besas sus santísimos oídos y lo llamas y lo vueles allamar; y le dices: « Hijo mío, pero, ¿puede ser posible que ya no me escuches, tú que al más mínimogesto mío siempre me escuchabas, y ahora lloro y te llamo y ya no me escuchas? ¡Ah, el verdaderoamor es el más cruel tirano! Tú eres para mí más que mi propia vida, ¿y ahora tendré que sobrevivira tan grande dolor? Por eso, ¡oh Hijo!, dejo mis oídos en los tuyos y tomo para mí todo lo que hansufrido tus santísimos oídos, el eco de todas las ofensas que resonaban en los tuyos. Sólo esto puededarme la vida: tus penas y tus dolores ».Y mientras dices esto, es tan intenso el dolor, la angustia de tu Corazón, que pierdes la voz yquedas petrificada. ¡Pobre Madre mía, pobre Madre mía, cuánto te compadezco! ¡Cuántasmuertes atroces estás sufriendo!Adolorida Madre, la Voluntad Divina se impone y te pone en movimiento. Miras el rostrosantísimo de Jesús, lo besas y exclamas: « Hijo adorado, ¡qué desfigurado estás! ¡Ah, si el amorno me dijera que eres mi Hijo, mi Vida, mi Todo, no sabría cómo reconocerte! ¡A tal punto hasquedado irreconocible! Tu belleza natural se ha transformado en deformidad; tus mejillas coloradasahora se ven pálidas; la luz, la gracia que irradiaba tu hermoso rostro, que mirarte y quedar enéxtasis era una misma cosa, ha tomado la palidez de la muerte, ¡oh Hijo amado! ».« ¡Hijo mío, a qué estado has quedado reducido! ¡Qué labor tan terrible ha realizado el pecado entus sacratísimos miembros! ¡Oh, cómo tu inseparable Madre quisiera devolverte tu belleza original!Quiero fundir mi rostro en el tuyo y tomar para mí el tuyo, las bofetadas, los salivazos, los despreciosy todo lo que has sufrido en tu rostro santísimo. ¡Ah, Hijo mío, si me quieres viva, dame tus penas,porque de lo contrario moriré! ».Y es tan grande tu dolor que te sofoca, te corta la palabra y caes como muerta sobre el rostrode Jesús, ¡Pobre Madre, cuánto te compadezco! ¡Ángeles míos, vengan a sostener a miMadre; su dolor es inmenso, la inunda, la sofoca y ya no le queda más vida ni fuerza! Pero laDivina Voluntad, rompiendo estas olas, le restituye la vida.Y llegas ya a su boca y al besarla sientes que se amargan tus labios por la amargura de lahiel que ha amargado tanto la boca de Jesús, y sollozando continúas: « Hijo mío, dile unaúltima palabra a tu Madre. ¿Es posible que no vaya a volver a escuchar tu voz? Todas tus palabrasque me dijiste cuando vivías, como si fueran flechas, hieren mi Corazón de dolor y de amor. Y ahora, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…91
  • 92. GETSEMANIal verte mudo, estas flechas se ponen en movimiento en mi Corazón lacerado dándomeinnumerables muertes, y parece como si quisieran arrancarte una última palabra a viva fuerza,pero no pudiendo obtenerla, me desgarran y me dicen: “Así que ya no lo vas a volver a escuchar, novolverás a oír su dulce voz, la melodía de su palabra creadora, que por cada palabra que decíacreaba un nuevo paraíso en ti...” ¡Ah, mi paraíso se acabó, de ahora en adelante ya no tendré másque amarguras! ¡Ah, Hijo, quiero darte mi lengua para animar la tuya! Dame todo lo que has sufridoen tu santísima boca, la amargura de la hiel, tu sed ardiente, tus reparaciones y tus oraciones; así,sintiendo por medio de ellas tu voz, mi dolor podrá ser más soportable y tu Madre podrá seguirviviendo por medio de tus penas ».Destrozada Madre mía, veo que te apresuras porque quienes están a tu alrededor quierencerrar el sepulcro y casi volando pasas sobre las manos de Jesús las tomas entre las tuyas,las besas, te las estrechas al Corazón y dejando tus manos en las suyas, tomas todos losdolores y las heridas que han traspasado aquellas manos santísimas. Y llegando a los piesde Jesús, al ver la cruel destrucción que los clavos han hecho en sus pies y mientras ponesen ellos los tuyos, tomas para ti sus llagas, ofreciéndote tú a correr en lugar de Jesús, para iren busca de todos los pecadores para arrancárselos al infierno.Angustiada Madre mía, ya te veo dar el último « adiós » al Corazón traspasado de Jesús. Yaquí te detienes; es el último asalto que recibe tu Corazón materno y sientes que lavehemencia del amor y del dolor te lo arranca del pecho y se te escapa por sí mismo para ira encerrarse en el Corazón Sacratísimo de Jesús; y tú, viéndote sin Corazón, te apresuras atomar el suyo, su amor rechazado por tantas criaturas, tantos ardientísimos deseos suyos norealizados a causa de la ingratitud, y los dolores y las heridas de aquel Sagrado Corazón,que te tendrán crucificada durante toda tu vida. Al ver esa herida tan ancha, la besas y tomasen tus labios su sangre, y sintiendo ya en ti la vida de Jesús, sientes la fuerza necesaria parapoder hacer esa amarga separación. Así que te lo abrazas y permites que la piedra sepulcrallo encierre.Dolorosa Madre mía, llorando te suplico que por ahora no permitas que nos quiten a Jesúsde nuestra mirada; espera que primero me encierre en Jesús para tomar su vida en mí. Si tú,que eres la Inmaculada, la Santa, la Llena de Gracia, no puedes vivir sin Jesús, muchomenos podré yo, que soy la debilidad, la miseria, la llena de pecados; ¿cómo voy a podervivir sin Jesús? ¡Ah, Dolorosa Madre mía!, no me dejes sola, llévame contigo; pero antessepúltame totalmente en Jesús, vacíame de todo para que puedas poner totalmente a Jesúsen mí, así como lo has puesto en ti. Comienza conmigo a cumplir el oficio de Madre queJesús te dio estando en la cruz y abriendo mi extrema pobreza una brecha en tu Corazónmaterno, enciérrame totalmente en Jesús con tus propias manos maternas. Encierra lospensamientos de Jesús en mi mente para que no entre en mí ningún otro pensamiento;encierra los ojos de Jesús en los míos, para que jamás pueda escapar de mi mirada; pon susoídos en los míos, para que siempre lo escuche y cumpla en todo su Santísima Voluntad;pon su rostro en el mío, para que contemplando ese rostro tan desfigurado por amor a mí, loame, lo compadezca y lo repare; pon su lengua en la mía para que hable, ore y enseñe sólocon la lengua de Jesús; pon sus manos en las mías, para que cada movimiento que yo hagay cada obra que realice, tome vida de las obras y de los movimientos de Jesús; pon sus piesen los míos, para que cada paso que yo dé sea vida, salvación, fuerza y celo para las demáscriaturas.Y ahora, afligida Madre mía, permíteme que bese su Corazón y que beba de su preciosísimasangre; y encerrando tú su Corazón en el mío, haz que yo pueda vivir de su amor, de susdeseos y de sus penas. Y ahora toma la mano derecha de Jesús, ya rígida, para que me dessu última bendición. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…92
  • 93. GETSEMANIFinalmente permites que la piedra cierre el sepulcro; y tú, destrozada, besas el sepulcro, yllorando le das el último adiós y te alejas del sepulcro.La Soledad de María SantísimaEs tanto tu dolor que quedas petrificada y helada. Traspasada Madre mía, junto contigo doyel adiós a Jesús, y llorando quiero compadecerte y hacerte compañía en tu amarga soledad.Quiero ponerme a tu lado para darte en cada suspiro, de afán y de dolor, una palabra deconsuelo y darte una mirada de compasión; recogeré también tus lágrimas, y si veo queestás por desmayarte, te sostendré con mis brazos.Pero veo que te ves obligada a regresar a Jerusalén por el mismo camino por el que viniste.Apenas das unos pasos y te encuentras ante la cruz sobre la que Jesús ha sufrido tantohasta morir sobre ella y tú corres hacia ella, la abrazas y viéndola bañada de sangre, serenuevan en tu Corazón uno por uno los dolores que Jesús sufrió en ella; y no pudiendocontener tu dolor, entre sollozos exclamas: « ¡Oh cruz! ¿Cómo es que has sido tan cruel con miHijo? ¡Ah, en nada lo has perdonado! ¿Qué mal te había hecho? Ni siquiera a mí, su Dolorosa Madre,me permitiste que le diera al menos un sorbo de agua cuando la pedía y en cambio le diste hiel yvinagre a su boca ardiente de sed. Sentía que mi Corazón traspasado se me derretía y hubieraquerido darle a sus labios mi Corazón derretido para calmar su sed, pero tuve el dolor de vermerechazada. ¡Oh cruz, cruel, sí, pero santa, porque haz quedado divinizada y santificada por elcontacto de mi Hijo! Esa crueldad que usaste con él, transfórmala en compasión hacia losmiserables mortales y por las penas que él ha sufrido sobre ti, impetra gracia y fortaleza a las almasque sufren, para que ninguna se pierda a causa de las cruces y de las tribulaciones. Demasiado mecuestan las almas, me cuestan la vida de un Hijo Dios; y yo, cual corredentora y Madre, ¡a ti te lasconfío, oh cruz! ».Y besándola y volviéndola a besar, te alejas de ella. ¡Pobre Madre, cuánto te compadezco! Acada paso y encuentro surgen nuevos dolores que creciendo en intensidad y haciéndosecada vez más amargos, como si fueran olas, te inundan, te ahogan y te sientes morir a cadainstante.Das unos pasos más y llegas al sitio en donde esta mañana te encontraste con él bajo elenorme peso de la cruz, agotado, chorreando sangre y con la corona de espinas sobre lacabeza, las cuales, cada vez que la cruz golpeaba con la cabeza penetraban más y más,dándole en cada golpe dolores de muerte. Las miradas de Jesús cruzándose con las tuyas,buscaban piedad, pero los soldados, para quitarles este consuelo a Jesús y a ti, empujaron aJesús haciendo que se cayera derramando así más sangre; y ahora, viendo la tierraempapada de su sangre, te postras por tierra y mientras la besas te oigo decir: « Ángeles míos,vengan a hacerle guardia a esta sangre para que ninguna gota sea pisoteada y profanada ».Madre Dolorosa, déjame que te dé la mano, para ayudarte a que te levantes y sostenerte,porque veo que estás agonizando en la sangre de Jesús. Conforme caminas te encuentrascon nuevos dolores; por todos lados te tropiezas con las huellas de su sangre y recuerdas losdolores de Jesús. Por eso, apresuras tus pasos y te encierras en el cenáculo. También yome encierro en el cenáculo, pero mi cenáculo es el Corazón Sacratísimo de Jesús; y desdedentro de su Corazón quiero ir a tus rodillas maternas para hacerte compañía en esta horade amarga soledad. Mi corazón no podría resistir si te dejara sola en tanto dolor.Desolada Madre mía, mira a tu pequeño hijo, soy demasiado pequeño y por mí solo nopuedo ni quiero vivir. Por eso, tómame sobre tus rodillas y estréchame entre tus brazosmaternos, sé mi Madre, porque tengo necesidad de quien me guíe, me ayude y me sostenga; Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…93
  • 94. GETSEMANImira mi miseria y derrama sobre mis llagas una lágrima tuya, y cuando me veas distraído,estréchame a tu Corazón materno y dame de nuevo la vida de Jesús.Pero mientras te pido esto, me veo obligado a detenerme para poner atención a tus dolorestan amargos, y siento que se me rompe el corazón al ver que al mover la cabeza, sientes quelas espinas que has tomado de Jesús penetran más y más en ti junto con las punzadas detodos nuestros pecados de pensamiento, y que, penetrándote hasta en los ojos, te hacenderramar lágrimas de sangre. Y mientras lloras, teniendo en los ojos la mirada de Jesús,desfilan ante tu vista todas las ofensas de todas las criaturas. ¡Oh, qué amargura sientes!¡Qué bien comprendes todo lo que Jesús ha sufrido teniendo en ti sus mismas penas!Pero un dolor no espera al otro; y poniendo atención en tus oídos, te sientes ensordecer porel eco de las voces de las criaturas. Cada especie de voz de criatura, penetra, a través de tusoídos a tu Corazón y te lo traspasan y repites una vez más: « ¡Hijo, cuánto has sufrido! ».Desolada Madre mía, ¡cuánto te compadezco! Déjame secar tu rostro bañado de lágrimas ysangre; pero me siento retroceder al verlo amoratado, irreconocible y pálido de una palidezmortal. ¡Ah, comprendo! Son todos los malos tratos que Jesús ha sufrido y que tú hastomado sobre ti, los cuales te hacen sufrir tanto, que al mover tus labios para orar o paraemitir suspiros de tu ardiente pecho, sientes tu aliento amarguísimo y tus labios consumidospor causa de la sed de Jesús.¡Pobre de ti, oh Madre, cuánto te compadezco! Tus dolores crecen cada vez más, mientrasparece que se dan la mano unos a otros. Y tomando tus manos entre las mías, veo queestán traspasadas por los clavos. Es precisamente en ellas donde sientes el dolor de vertantos homicidios, traiciones y sacrilegios y todas las malas obras, que hace que se repitanlos golpes de martillo, agrandando tus llagas y haciéndolas cada vez más crueles.¡Cuánto te compadezco! Tú eres la verdadera Madre crucificada, tanto que ni siquiera tuspies quedan sin clavos; más aún, no solamente sientes que te los clavan, sino como que telos arrancan por tantos pasos inicuos y por las almas que se van al infierno, tras las cuales túcorres para que no se precipiten en las llamas infernales.Pero eso todavía no es todo, clavada Madre mía: todas tus penas, haciéndose una solahacen eco en tu Corazón y te lo traspasan no con siete espadas, sino con miles y miles deespadas, y más todavía, porque teniendo el Corazón de Jesús en ti, el cual contiene todoslos corazones y envuelve en su palpitar los latidos de cada uno de ellos, ese palpito divinoconforme palpita va diciendo: « ¡Almas, Amor! ». Y tú, del pálpito « almas » sientes quefluyen en tu palpito todos los pecados sintiendo que te dan muerte; mientras que en el pálpito« amor », te sientes dar vida; de manera que te encuentras en acto continuo de morir y devivir.Crucificada Madre mía, mirándote, compadezco tus dolores, ¡son indescriptibles! Quisieratransformar todo mi ser en lengua, en voz, para compadecerte; pero ante tantos dolores, miscompasiones son nada; por eso, llamo a los ángeles, a la Sacrosanta Trinidad y les ruegoque pongan a tu alrededor sus armonías, sus alegrías y sus bellezas, para endulzar ycompadecer tus intensos dolores, para que te sostengan en sus brazos y te devuelvan todastus penas convertidas en amor.Y ahora, Desolada Madre, te doy gracias en nombre de todos por todo lo que has sufrido y teruego que por esta amarga soledad que has sufrido, me vengas a asistir a la hora de mimuerte, cuando mi pobre alma se encuentre sola y abandonada por todos, en medio de milansias y temores; ven tú entonces a devolverme la compañía que tantas veces te he hechoen vida; ven a asistirme, ponte a mi lado y ahuyenta al enemigo; lava mi alma con tuslágrimas, cúbreme con la sangre de Jesús, revísteme con sus méritos, embelléceme con tusdolores y con todas las penas y las obras de Jesús, y en virtud de sus penas y de tus Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…94
  • 95. GETSEMANIdolores, haz que desaparezcan de mí todos mis pecados, perdonándome totalmente. Y alexpirar mi alma, recíbeme entre tus brazos y poniéndome bajo tu manto, ocúltame a lamirada del enemigo, llévame volando al cielo y ponme en los brazos de Jesús. Así quequedamos en este acuerdo, ¿no es así, Madre mía?Y ahora te ruego que les hagas la compañía que yo te he hecho hoy a todos los moribundospresentes; sé Madre de todos; son los momentos extremos y les hacen falta grandes ayudas.Por eso, no le niegues a nadie tu oficio materno.Por último, una palabra más mientras te dejo: te ruego que me encierres en el CorazónSacratísimo de Jesús y tú, adolorida Madre mía, cuídame, para que Jesús no me tenga queexpulsar de su Corazón y para que yo, ni siquiera queriéndolo, pueda jamás volver a salir deél. Te beso tu mano materna y tú dame tu bendición. Nos cum prole pia, benedicat Virgo Maria.Reflexiones y prácticas.Jesús es sepultado, una piedra cierra el sepulcro y le impide a su Madre Santísima volver a ver a suHijo. Y nosotros, ¿tratamos de ocultarnos a los ojos de las criaturas? ¿Nos es indiferente que todos seolviden de nosotros? ¿En las cosas santas quedamos indiferentes con esa santa indiferencia que haceque no faltemos en nada? Cuando Jesús nos abandona, ¿vencemos en todo con esa santa indiferenciaque nos lleva siempre a él? ¿Formamos con nuestra constancia una dulce cadena que lo atraigasiempre hacia nosotros? ¿Está nuestra mirada siempre sepultada en la de Jesús de manera que nadamiremos sino sólo lo que él quiere? ¿Está nuestra voz sepultada en la voz de Jesús? ¿Están nuestrospasos sepultados de tal manera en los de Jesús, que cuando caminamos vamos dejando la huella deJesús y no la nuestra? ¿Está nuestro corazón sepultado en el suyo para poder amar y desear comoama y desea su Corazón mismo?« Madre mía, cuando Jesús se esconda, por mi bien, dame la gracia que tu obtuviste cuando teviste privada de él para que yo pueda darle toda la gloria que tú misma le diste cuando lo pusisteen el sepulcro. ¡Oh Jesús!, quiero rogarte con tu misma voz, y que así como tu voz penetraba hastael cielo y repercutía en las voces de todos, que también la mía, en honor de la tuya, penetre hastael cielo para darte la gloria y el amor de tu misma palabra. Jesús mío, mi corazón late, pero noestaré contento si no haces que sea tu latido el que viva en mi corazón, y así con los mismoslatidos de tu Corazón, amaré como tú amas. Te amaré por todas las criaturas y será uno sólonuestro grito: ¡Amor, amor! ».« ¡Oh Jesús mío!, dale honra a tu nombre y haz que en todo lo que yo haga se encuentre la huellade tu misma potencia, de tu amor y de tu gloria ».Oración de agradecimiento ACCIÓN DE GRACIAS PARA DESPUÉS DE CADA HORA.¡Amable Jesús mío!, tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión para hacerte compañía yyo he venido. Me parecía sentirte lleno de angustia y de dolor, orando, reparando y sufriendo,y que con tus palabras más conmovedoras y elocuentes suplicabas por la salvación de todaslas almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte para cumplir con mishabituales obligaciones, siento el deber de decirte « gracias » y « te bendigo ».¡Sí, oh Jesús!, gracias, te lo repito mil y mil veces, y te bendigo por todo lo que has hecho ypadecido por mí y por todos. Gracias y te bendigo por cada gota de sangre que has Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…95
  • 96. GETSEMANIderramado, por cada respiro, por cada pálpito, por cada paso, palabra, mirada, amarguras yofensas que has soportado. Por todo, ¡oh Jesús mío!, quiero sellarte con un gracias y tebendigo. ¡Ah, Jesús!, haz que de todo mi ser salga hacia ti una corriente continua de gratitudy de bendiciones, para atraer sobre mí y sobre todos la fuente de tus bendiciones y de tusgracias.¡Ah Jesús mío!, estréchame a tu Corazón y con tus santísimas manos sella todas laspartículas de mi ser con tu bendición, para que así no pueda salir de mí más que un himnocontinuo de amor hacia ti.Por eso me quedo en ti para seguirte en lo que haces, antes bien, obrarás tú mismo en mí. Yyo desde ahora dejo mis pensamientos en ti para defenderte de tus enemigos, el respiro paracortejarte y hacerte compañía, el pálpito para decirte siempre Te amo y repararte por el amorque no te dan los demás; las gotas de mi sangre para repararte y para restituirte los honoresy la estima que te quitarán con los insultos, salivazos y bofetadas, y dejo mi ser para hacerteguardia.Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones quiero quedarme en tu Corazón.Tengo miedo de salirme de él, pero tú me tendrás en ti, ¿no es así? Nuestros latidos setocarán sin cesar, de modo que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión contigo.¡Ah, te suplico, oh Jesús mío!, si ves que alguna vez estoy por apartarme de ti, que tuslatidos se hagan más fuertes en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tuCorazón, que tus ojos me miren y me hieran con sus saetas de fuego, para que al sentirte,de inmediato yo me deje atraer hacia ti y así no se rompa nuestra íntima unión. ¡Oh Jesúsmío!, hazme la guardia para que no vaya a hacer alguna de las mías. Bésame, abrázame,bendíceme y haz junto conmigo todo lo que yo debo hacer. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…96
  • 97. GETSEMANI La Amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Ana Catalina Emmerich REFLEXIÓN No 1Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Ayer tarde fue cuando tuvo lugar la última gran comida del Señor y sus amigos, en casa deSimón el Leproso, en Betania, en donde María Magdalena derramó por la última vez losperfumes sobre Jesús. Los discípulos habían preguntado ya a Jesús dónde quería celebrarla Pascua. Hoy, antes de amanecer, llamó el Señor a Pedro, a Santiago y a Juan: les hablómucho de todo lo que debían preparar y ordenar en Jerusalén, y les dijo que cuandosubieran al monte de Sión, encontrarían al hombre con el cántaro de agua. Ellos conocían yaa este hombre, pues en la última Pascua, en Betania, él había preparado la comida de Jesús:por eso San Mateo dice: cierto hombre. Debían seguirle hasta su casa y decirle: "El Maestroos manda decir que su tiempo se acerca, y que quiere celebrar la Pascua en vuestra casa".Después debían ser conducidos al Cenáculo, y ejecutar todas las disposiciones necesarias.Yo vi los dos Apóstoles subir a Jerusalén; y encontraron al principio de una pequeña subida,cerca de una casa vieja con muchos patios, al hombre que el Señor les había designado: lesiguieron y le dijeron lo que Jesús les había mandado. Se alegró mucho de esta noticia, y lesrespondió que la comida estaba ya dispuesta en su casa (probablemente por Nicodemus);que no sabía para quién, y que se alegraba de saber que era para Jesús. Este hombre eraElí, cuñado de Zacarías de Hebrón, en cuya casa el año anterior había Jesús anunciado lamuerte de Juan Bautista. Iba todos los años a la fiesta de la Pascua con sus criados,alquilaba una sala, y preparaba la Pascua para las personas que no tenían hospedaje en laciudad. Ese año había alquilado un Cenáculo que pertenecía a Nicodemus y a José deArimatea. Enseñó a los dos Apóstoles su posición y su distribución interior.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 2Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Sobre el lado meridional de la montaña de Sión, se halla una antigua y sólida casa, entre dosfilas de árboles copudos, en medio de un patio espacioso cercado de buenas paredes. Al Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…97
  • 98. GETSEMANIlado izquierdo de la entrada se ven otras habitaciones contiguas a la pared; a la derecha, lahabitación del mayordomo, y al lado, la que la Virgen y las santas mujeres ocuparon con másfrecuencia después de la muerte de Jesús. El Cenáculo, antiguamente más espacioso, habíaservido entonces de habitación a los audaces capitanes de David: en él se ejercitaban enmanejar las armas. Antes de la fundación del templo, el Arca de la Alianza había sidodepositada allí bastante tiempo, y aún hay vestigios de su permanencia en un lugarsubterráneo. Yo he visto también al profeta Malaquías escondido debajo de las mismasbóvedas; allí escribió sus profecías sobre el Santísimo Sacramento y el sacrificio de la NuevaAlianza.Cuando una gran parte de Jerusalén fue destruida por los babilonios, esta casa fuerespetada: he visto otras muchas cosas de ella; pero no tengo presente más que lo que hecontado. Este edificio estaba en muy mal estado cuando vino a ser propiedad de Nicodemusy de José de Arimatea: habían dispuesto el cuerpo principal muy cómodamente y loalquilaban para servir de Cenáculo a los extranjeros, que la Pascua atraía a Jerusalén. Así elSeñor lo había usado en la última Pascua. El Cenáculo, propiamente, está casi en medio delpatio; es cuadrilongo, rodeado de columnas poco elevadas. Al entrar, se halla primero unvestíbulo, adonde conducen tres puertas; después de entra en la sala interior, en cuyo techohay colgadas muchas lámparas; las paredes están adornadas, para la fiesta, hasta mediaaltura, de hermosos tapices y de colgaduras. La parte posterior de la sala está separada delresto por una cortina. Esta división en tres partes da al Cenáculo cierta similitud con eltemplo. En la última parte están dispuestos, a derecha e izquierda, los vestidos necesariospara la celebración de la fiesta. En el medio hay una especie de altar; en esta parte de la salaestán haciendo grandes preparativos para la comida pascual. En el nicho de la pared haytres armarios de diversos colores, que se vuelven como nuestros tabernáculos para abrirlos ycerrarlos; vi toda clase de vasos para la Pascua; más tarde, el Santísimo Sacramento reposóallí. En las salas laterales del Cenáculo hay camas en donde se puede pasar la noche.Debajo de todo el edificio hay bodegas hermosas. El Arca de la Alianza fue depositada enalgún tiempo bajo el sitio donde se ha construido el hogar. Yo he visto allí a Jesús curar yenseñar; los discípulos también pasaban con frecuencia las noches en las laterales.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 3Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Vi a Pedro y a Juan en Jerusalén entrar en una casa que pertenecía a Serafia (tal era elnombre de la que después fue llamada Verónica). Su marido, miembro del Consejo, estabala mayor parte del tiempo fuera de la casa atareado con sus negocios; y aun cuando estabaen casa, ella lo veía poco. Era una mujer de la edad de María Santísima, y que estaba enrelaciones con la Sagrada Familia desde mucho tiempo antes: pues cuando el niño se quedóen el templo después de la fiesta, ella le dio de comer. Los dos apóstoles tomaron allí, entreotras cosas, el cáliz de que se sirvió el Señor para la institución de la Sagrada Eucaristía. Elcáliz que los apóstoles llevaron de la casa de Verónica, es un vaso maravilloso y misterioso.Había estado mucho tiempo en el templo entre otros objetos preciosos y de gran antigüedad,cuyo origen y uso se había olvidado. Había sido vendido a un aficionado de antigüedades. Y Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…98
  • 99. GETSEMANIcomprado por Serafia había servido ya muchas veces a Jesús para la celebración de lasfiestas, y desde ese día fue propiedad constante de la santa comunidad cristiana.El gran cáliz estaba puesto en una azafata, y alrededor había seis copas. Dentro de él habíaotro vaso pequeño, y encima un plato con una tapadera redonda. En su pie estaba embutidauna cuchara, que se sacaba con facilidad. El gran cáliz se ha quedado en la iglesia deJerusalén, cerca de Santiago el Menor, y lo veo todavía conservado en esta villa: ¡apareceráa la luz como ha aparecido esta vez! Otras iglesias se han repartido las copas que lorodeaban; una de ellas está en Antioquía; otra en Efeso: pertenecían a los Patriarcas, quebebían en ellas una bebida misteriosa cuando recibían y daban la bendición, como lo he vistomuchas veces. El gran cáliz estaba en casa de Abraham: Melquisedec lo trajo consigo delpaís de Semíramis a la tierra de Canaán cuando comenzó a fundar algunos establecimientosen el mismo sitio donde se edificó después Jerusalén: él lo usó en el sacrificio, cuandoofreció el pan y el vino en presencia de Abraham, y se lo dejó a este Patriarca.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 4Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Por la mañana, mientras los dos Apóstoles se ocupaban en Jerusalén en hacer lospreparativos de la Pascua, Jesús, que se había quedado en Betania, hizo una despedidatierna a las santas mujeres, a Lázaro y a su Madre, y les dio algunas instrucciones. Yo vi alSeñor hablar solo con su Madre; le dijo, entre otras cosas, que había enviado a Pedro, elApóstol de la fe, y a Juan, el Apóstol del amor, para preparar la Pascua en Jerusalén. Dijoque María Magdalena, cuyo dolor era muy violento, que su amor era grande, pero quetodavía era un poco según la carne, y que por ese motivo el dolor la ponía fuera de sí. Hablótambién del proyecto de Judas, y la Virgen Santísima rogó por él. Judas había ido otra vez deBetania a Jerusalén con pretexto de hacer un pago. Corrió todo el día a casa de los fariseos,y arregló la venta con ellos. Le enseñaron los soldados encargados de prender al Salvador.Calculó sus idas y venidas de modo que pudiera explicar su ausencia. Volvió al lado delSeñor poco antes de la cena. Yo he visto todas sus tramas y todos sus pensamientos. Eraactivo y servicial; pero lleno de avaricia, de ambición y de envidia, y no combatía estaspasiones. Había hecho milagros y curaba enfermos en la ausencia de Jesús.Cuando el Señor anunció a la Virgen lo que iba a suceder, Ella le pidió de la manera mástierna que la dejase morir con Él. Pero Él le recomendó que tuviera más resignación que lasotras mujeres; le dijo también que resucitaría, y el sitio donde se le aparecería. Ella no llorómucho, pero estaba profundamente triste. El Señor le dio las gracias, como un hijo piadoso,por todo el amor que le tenía. Se despidió otra vez de todos, dando todavía diversasinstrucciones. Jesús y los nueve Apóstoles salieron a las doce de Betania para Jerusalén;anduvieron al pie del monte de los Olivos, en el valle de Josafat y hasta el Calvario. En elcamino no cesaba de instruirlos. Dijo a los Apóstoles, entre otras cosas, que hasta entoncesles había dado su pan y su vino, pero que hoy quería darles su carne y su sangre, y que lesdejaría todo lo que tenía. Decía esto el Señor con una expresión tan dulce en su cara, que sualma parecía salirse por todas partes, y que se deshacía en amor, esperando el momento dedarse a los hombres. Sus discípulos no lo comprendieron: creyeron que hablaba del corderopascual. No se puede expresar todo el amor y toda la resignación que encierran los últimos Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…99
  • 100. GETSEMANIdiscursos que pronunció en Betania y aquí. Cuando Pedro y Juan vinieron al Cenáculo con elcáliz, todos los vestidos de la ceremonia estaban ya en el vestíbulo. Enseguida se fueron alvalle de Josafat y llamaron al Señor y a los nueve Apóstoles. Los discípulos y los amigos quedebían celebrar la Pascua en el Cenáculo vinieron después.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 5Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús y los suyos comieron el cordero pascual en el Cenáculo, divididos en tres grupos: elSalvador con los doce Apóstoles en la sala del Cenáculo; Natanael con otros doce discípulosen una de las salas laterales; otros doce tenían a su cabeza a Eliazim, hijo de Cleofás y deMaría, hija de Helí: había sido discípulo de San Juan Bautista. Se mataron para ellos trescorderos en el templo. Había allí un cuarto cordero, que fue sacrificado en el Cenáculo: éstees el que comió Jesús con los Apóstoles. Judas ignoraba esta circunstancia; continuamenteocupado en su trama, no había vuelto cuando el sacrificio del cordero; vino pocos instantesantes de la comida.El sacrificio del cordero destinado a Jesús y a los Apóstoles fue muy tierno; se hizo en elvestíbulo del Cenáculo. Los Apóstoles y los discípulos estaban allí cantando el salmo CXVIII.Jesús habló de una nueva época que comenzaba. Dijo que los sacrificios de Moisés y lafigura del Cordero pascual iban a cumplirse; pero que, por esta razón, el cordero debía sersacrificado como antiguamente en Egipto, y que iban a salir verdaderamente de la casa deservidumbre. Los vasos y los instrumentos necesarios fueron preparados. Trajeron uncordero pequeñito, adornado con una corona, que fue enviada a la Virgen Santísima al sitiodonde estaba con las santas mujeres. El cordero estaba atado, con la espalda sobre unatabla, por el medio del cuerpo: me recordó a Jesús atado a la columna y azotado. El hijo deSimeón tenía la cabeza del cordero. El Señor lo picó con la punta de un cuchillo en el cuello,y el hijo de Simeón acabó de matarlo. Jesús parecía tener repugnancia de herirlo: lo hizorápidamente, pero con gravedad; la sangre fue recogida en un baño, y le trajeron un ramo dehisopo que mojó en la sangre. En seguida fue a la puerta de la sala, tiñó de sangre los dospilares y la cerradura, y fijó sobre la puerta el ramo teñido de sangre.Después hizo una instrucción, y dijo, entre otras cosas, que el ángel exterminador pasaríamás lejos; que debían adorar en ese sitio sin temor y sin inquietud cuando Él fuerasacrificado, a Él mismo, el verdadero Cordero pascual; que un nuevo tiempo y un nuevosacrificio iban a comenzar, y que durarían hasta el fin del mundo. Después se fueron a laextremidad de la sala, cerca del hogar donde había estado en otro tiempo el Arca de laAlianza. Jesús vertió la sangre sobre el hogar, y lo consagró como un altar; seguido de susApóstoles, dio la vuelta al Cenáculo y lo consagró como un nuevo templo. Todas las puertasestaban cerradas mientras tanto. El hijo de Simeón había ya preparado el cordero. Lo pusoen una tabla: las patas de adelante estaban atadas a un palo puesto al revés; las de atrásestaban extendidas a lo largo de la tabla. Se parecía a Jesús sobre la cruz, y fue metido en elhorno para ser asado con los otros tres corderos traídos del templo. Los convidados sepusieron los vestidos de viaje que estaban en el vestíbulo, otros zapatos, un vestido blancoparecido a una camisa, y una capa más corta de adelante que de atrás; se arremangaron losvestidos hasta la cintura; tenían también unas mangas anchas arremangadas. Cada grupo Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…100
  • 101. GETSEMANIfue a la mesa que le estaba reservada: los discípulos en las salas laterales, el Señor con losApóstoles en la del Cenáculo. Según puedo acordarme, a la derecha de Jesús estaban Juan,Santiago el Mayor y Santiago el Menor; al extremo de la mesa, Bartolomé; y a la vuelta,Tomás y Judas Iscariote. A la izquierda de Jesús estaban Pedro, Andrés y Tadeo; al extremode la izquierda, Simón, y a la vuelta, Mateo y Felipe. Después de la oración, el mayordomopuso delante de Jesús, sobre la mesa, el cuchillo para cortar el cordero, una copa de vinodelante del Señor, y llenó seis copas, que estaban cada una entre dos Apóstoles. Jesúsbendijo el vino y lo bebió; los Apóstoles bebían dos en la misma copa. El Señor partió elcordero; los Apóstoles presentaron cada uno su pan, y recibieron su parte. La comieron muydeprisa, con ajos y yerbas verdes que mojaban en la salsa. Todo esto lo hicieron de pie,apoyándose sólo un poco sobre el respaldo de su silla. Jesús rompió uno de los panesázimos, guardó una parte, y distribuyó la otra. Trajeron otra copa de vino; y Jesús decía:"Tomad este vino hasta que venga el reino de Dios". Después de comer, cantaron; Jesúsrezó o enseñó, y habiéndose lavado otra vez las manos, se sentaron en las sillas. Al principioestuvo muy afectuoso con sus Apóstoles; después se puso serio y melancólico, y les dijo:"Uno de vosotros me venderá; uno de vosotros, cuya mano está conmigo en esta mesa".Había sólo un plato de lechuga; Jesús la repartía a los que estaban a su lado, y encargó aJudas, sentado enfrente, que la distribuyera por su lado. Cuando Jesús habló de un traidor,cosa que espantó a todos los Apóstoles, dijo: "Un hombre cuya mano está en la misma mesao en el mismo plato que la mía", lo que significa: "Uno de los doce que comen y bebenconmigo; uno de los que participan de mi pan". No designó claramente a Judas a los otros,pues meter la mano en el mismo plato era una expresión que indicaba la mayor intimidad.Sin embargo, quería darle un aviso, pues, que metía la mano en el mismo plato que el Señorpara repartir lechuga. Jesús añadió: "El hijo del hombre se va, según esta escrito de Él; perodesgraciado el hombre que venderá al Hijo del hombre: más le valdría no haber nacido". LosApóstoles, agitados, le preguntaban cada uno: "Señor, ¿soy yo?", pues todos sabían que nocomprendían del todo estas palabras. Pedro se recostó sobre Juan por detrás de Jesús, ypor señas le dijo que preguntara al Señor quién era, pues habiendo recibido algunasreconvenciones de Jesús, tenía miedo que le hubiera querido designar. Juan estaba a laderecha de Jesús, y, como todos, apoyándose sobre el brazo izquierdo, comía con la manoderecha: su cabeza estaba cerca del pecho de Jesús. Se recostó sobre su seno, y le dijo:"Señor, ¿quién es?". Entonces tuvo aviso que quería designar a Judas. Yo no vi que Jesússe lo dijera con los labios: "Este a quien le doy el pan que he mojado".Yo no sé si se lo dijo bajo; pero Juan lo supo cuando el Señor mojó el pedazo de pan con lalechuga, y lo presentó afectuosamente a Judas, que preguntó también: "Señor, ¿soy yo?".Jesús lo miró con amor y le dio una respuesta en términos generales. Era para los judíos unaprueba de amistad y de confianza. Jesús lo hizo con una afección cordial, para avisar aJudas, sin denunciarlo a los otros; pero éste estaba interiormente lleno de rabia. Yo vi,durante la comida, una figura horrenda, sentada a sus pies, y que subía algunas veces hastasu corazón. Yo no vi que Juan dijera a Pedro lo que le había dicho Jesús; pero lo tranquilizócon los ojos.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 6Oración de preparación Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…101
  • 102. GETSEMANIGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Se levantaron de la mesa, y mientras arreglaban sus vestidos, según costumbre, para eloficio solemne, el mayordomo entró con dos criados para quitar la mesa. Jesús le pidió quetrajera agua al vestíbulo, y salió de la sala con sus criados. De pie en medio de losApóstoles, les habló algún tiempo con solemnidad. No puedo decir con exactitud el contenidode su discurso. Me acuerdo que habló de su reino, de su vuelta hacia su Padre, de lo que lesdejaría al separarse de ellos. Enseñó también sobre la penitencia, la confesión de las culpas,el arrepentimiento y la justificación. Yo comprendí que esta instrucción se refería al lavatoriode los pies; vi también que todos reconocían sus pecados y se arrepentían, excepto Judas.Este discurso fue largo y solemne. Al acabar Jesús, envió a Juan y a Santiago el Menor abuscar agua al vestíbulo, y dijo a los Apóstoles que arreglaran las sillas en semicírculo. Él sefue al vestíbulo, y se puso y ciñó una toalla alrededor del cuerpo. Mientras tanto, losApóstoles se decían algunas palabras, y se preguntaban entre sí cuál sería el primero entreellos; pues el Señor les había anunciado expresamente que iba a dejarlos y que su reinoestaba próximo; y se fortificaban más en la opinión de que el Señor tenía un pensamientosecreto, y que quería hablar de un triunfo terrestre que estallaría en el último momento.Estando Jesús en el vestíbulo, mandó a Juan que llevara un baño y a Santiago un cántarolleno de agua; enseguida fueron detrás de él a la sala en donde el mayordomo había puestootro baño vacío. Entró Jesús de un modo muy humilde, reprochando a los Apóstoles conalgunas palabras la disputa que se había suscitado entre ellos: les dijo, entre otras cosas,que Él mismo era su servidor; que debían sentarse para que les lavara los pies. Se sentaronen el mismo orden en que estaban en la mesa. Jesús iba del uno al otro, y les echaba sobrelos pies agua del baño que llevaba Juan; con la extremidad de la toalla que lo ceñía, loslimpiaba; estaba lleno de afección mientras hacía este acto de humildad. Cuando llegó aPedro, éste quiso detenerlo por humildad, y le dijo: "Señor, ¿Vos lavarme los pies?". El Señorle respondió: "Tú no sabes ahora lo que hago, pero lo sabrás mas tarde". Me pareció que ledecía aparte: "Simón, has merecido saber de mi Padre quién soy yo, de dónde vengo yadónde voy; tú solo lo has confesado expresamente, y por eso edificaré sobre ti mi Iglesia, ylas puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Mi fuerza acompañará a tus sucesoreshasta el fin del mundo". Jesús lo mostró a los Apóstoles, diciendo: "Cuando yo me vaya, élocupará mi lugar". Pedro le dijo: "Vos no me lavaréis jamás los pies". El Señor le respondió:"Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo". Entonces Pedro añadió: "Señor, lavadmeno sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús respondió: "El que ha sido yalavado, no necesita lavarse más que los pies; está purificado en todo el resto; vosotros, pues,estáis purificados, pero no todos". Estas palabras se dirigían a Judas. Había hablado dellavatorio de los pies como de una purificación de las culpas diarias, porque los pies, estandosin cesar en contacto con la tierra, se ensucian constantemente si no se tiene una grandevigilancia. Este lavatorio de los pies fue espiritual, y como una especie de absolución. Pedro,en medio de su celo, no vio más que una humillación demasiado grande de su Maestro: nosabía que Jesús al día siguiente, para salvarlo, se humillaría hasta la muerte ignominiosa dela cruz. Cuando Jesús lavó los pies a Judas, fue del modo más cordial y más afectuoso:acercó la cara a sus pies; le dijo en voz baja, que debía entrar en sí mismo; que hacía un añoque era traidor e infiel. Judas hacía como que no le oía, y hablaba con Juan. Pedro se irritó yle dijo: "Judas, el Maestro te habla". Entonces Judas dio a Jesús una respuesta vaga yevasiva, como: "Señor, ¡Dios me libre!". Los otros no habían advertido que Jesús hablabacon Judas, pues hablaba bastante bajo para que no le oyeran, y además, estaban ocupados Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…102
  • 103. GETSEMANIen ponerse su calzado. En toda la pasión nada afligió más al Salvador que la traición deJudas. Jesús lavó también los pies a Juan y a Santiago. Enseñó sobre la humildad: les dijoque el que servía a los otros era el mayor de todos; y que desde entones debían lavarse conhumildad los pies los unos a los otros; enseguida se puso sus vestidos.Los Apóstoles desataron los suyos, que los habían levantado para comer el cordero pascual.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 7Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Por orden del Señor, el mayordomo puso de nuevo la mesa, que había lazado un poco:habiéndola puesto en medio de la sala, colocó sobre ella un jarro lleno de agua y otro llenode vino. Pedro y Juan fueron a buscar al cáliz que habían traído de la casa de Serafia. Lotrajeron entre los dos como un Tabernáculo, y lo pusieron sobre la mesa delante de Jesús.Había sobre ella una fuente ovalada con tres panes ázimos blancos y delgados; los panesfueron puestos en un paño con el medio pan que Jesús había guardado de la Cena pascual:había también un vaso de agua y de vino, y tres cajas: la una de aceite espeso, la otra deaceite líquido y la tercera vacía. Desde tiempo antiguo había la costumbre de repartir el pan yde beber en el mismo cáliz al fin de la comida; era un signo de fraternidad y de amor que seusaba para dar la bienvenida o para despedirse. Jesús elevó hoy este uso a la dignidad delmás santo Sacramento: hasta entonces había sido un rito simbólico y figurativo. El Señorestaba entre Pedro y Juan; las puertas estaban cerradas; todo se hacía con misterio ysolemnidad. Cuando el cáliz fue sacado de su bolsa, Jesús oró, y habló muy solemnemente.Yo le vi explicando la Cena y toda la ceremonia: me pareció un sacerdote enseñando a losotros a decir misa. Sacó del azafate, en el cual estaban los vasos, una tablita; tomó un pañoblanco que cubría el cáliz, y lo tendió sobre el azafate y la tablita. Luego sacó los panesázimos del paño que los cubría, y los puso sobre esta tapa; sacó también de dentro del cálizun vaso más pequeño, y puso a derecha y a izquierda las seis copas de que estaba rodeado.Entonces bendijo el pan y los óleos, según yo creo: elevó con sus dos manos la patena, conlos panes, levantó los ojos, rezó, ofreció, puso de nuevo la patena sobre la mesa, y la cubrió.Tomó después el cáliz, hizo que Pedro echara vino en él y que Juan echara el agua quehabía bendecido antes; añadió un poco de agua, que echó con una cucharita: entoncesbendijo el cáliz, lo elevó orando, hizo el ofertorio, y lo puso sobre la mesa. Juan y Pedro leecharon agua sobre las manos. No me acuerdo si este fue el orden exacto de lasceremonias: lo que sé es que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificiode la Misa. Jesús se mostraba cada vez más afectuoso; les dijo que les iba a dar todo lo quetenía, es decir, a Sí mismo; y fue como si se hubiera derretido todo en amor. Le vi volversetransparente; se parecía a una sombra luminosa. Rompió el pan en muchos pedazos, y lospuso sobre la patena; tomó un poco del primer pedazo y lo echó en el cáliz. Oró y enseñótodavía: todas sus palabras salían de su boca como el fuego de la luz, y entraban en losApóstoles, excepto en Judas. Tomó la patena con los pedazos de pan y dijo: Tomad ycomed; este es mi Cuerpo, que será dado por vosotros. Extendió su mano derecha comopara bendecir, y mientras lo hacía, un resplandor salía de Él: sus palabras eran luminosas, yel pan entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente: yo los vi a todospenetrados de luz; Judas solo estaba tenebroso. Jesús presentó primero el pan a Pedro, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…103
  • 104. GETSEMANIdespués a Juan; enseguida hizo señas a Judas que se acercara: éste fue el tercero a quienpresentó el Sacramento, pero fue como si las palabras del Señor se apartasen de la boca deltraidor, y volviesen a Él. Yo estaba tan agitada, que no puedo expresar lo que sentía.Jesús le dijo: "Haz pronto lo que quieres hacer". Después dio el Sacramento a los otrosApóstoles. Elevó el cáliz por sus dos asas hasta la altura de su cara, y pronunció las palabrasde la consagración: mientras las decía, estaba transfigurado y transparente: parecía quepasaba todo entero en lo que les iba a dar. Dio de beber a Pedro y a Juan en el cáliz quetenía en la mano, y lo puso sobre la mesa. Juan echó la sangre divina del cáliz en las copas,y Pedro las presentó a los Apóstoles, que bebieron dos a dos en la misma copa. Yo creo, sinestar bien segura de ello, que Judas tuvo también su parte en el cáliz. No volvió a su sitio,sino que salió enseguida del Cenáculo. Los otros creyeron que Jesús le había encargadoalgo. El Señor echó en un vasito un resto de sangre divina que quedó en el fondo del cáliz;después puso sus dedos en el cáliz, y Pedro y Juan le echaron otra vez agua y vino.Después les dio a beber de nuevo en el cáliz, y el resto lo echó en las copas y lo distribuyó alos otros Apóstoles. Enseguida limpió el cáliz, metió dentro el vasito donde estaba el resto dela sangre divina, puso encima la patena con el resto del pan consagrado, le puso la tapadera,envolvió el cáliz, y lo colocó en medio de las seis copas. Después de la Resurrección, vi a losApóstoles comulgar con el resto del Santísimo Sacramento.Había en todo lo que Jesús hizo durante la institución de la Sagrada Eucaristía, ciertaregularidad y cierta solemnidad: sus movimientos a un lado y a otro estaban llenos demajestad. Vi a los Apóstoles anotar alguna cosa en unos pedacitos de pergamino que traíanconsigo.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 8Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús hizo una instrucción particular. Les dijo que debían conservar el Santísimo Sacramentoen memoria suya hasta el fin del mundo; les enseñó las formas esenciales para hacer uso deél y comunicarlo, y de qué modo debían, por grados, enseñar y publicar este misterio. Lesenseñó cuándo debían comer el resto de las especies consagradas, cuándo debían dar deellas a la Virgen Santísima, cómo debían consagrar ellos mismos cuando les hubieseenviado el Consolador. Les habló después del sacerdocio, de la unción, de la preparación delcrisma, de los santos óleos. Había tres cajas: dos contenían una mezcla de aceite y debálsamo. Enseñó cómo se debía hacer esa mezcla, a qué partes del cuerpo se debía aplicar,y en qué ocasiones. Me acuerdo que citó un caso en que la Sagrada Eucaristía no eraaplicable: puede ser que fuera la Extremaunción; mis recuerdos no están fijos sobre esepunto. Habló de diversas unciones, sobre todo de las de los Reyes, y dijo que aun los Reyesinicuos que estaban ungidos, recibían de la unción una fuerza particular. Después vi a Jesúsungir a Pedro y a Juan: les impuso las manos sobre la cabeza y sobre los hombros.Ellos juntaron las manos poniendo el dedo pulgar en cruz, y se inclinaron profundamentedelante de Él, hasta ponerse casi de rodillas. Les ungió el dedo pulgar y el índice de cadamano, y les hizo una cruz sobre la cabeza con el crisma. Les dijo también que aquellopermanecería hasta el fin del mundo. Santiago el Menor, Andrés, Santiago el Mayor yBartolomé recibieron asimismo la consagración. Vi que puso en cruz sobre el pecho de Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…104
  • 105. GETSEMANIPedro una especie de estola que llevaba al cuello, y a los otros se la colocó sobre el hombroderecho. Yo vi que Jesús les comunicaba por esta unción algo esencial y sobrenatural queno sé explicar. Les dijo que en recibiendo el Espíritu Santo consagrarían el pan y el vino ydarían la unción a los Apóstoles. Me fue mostrado aquí que el día de Pentecostés, antes delgran bautismo, Pedro y Juan impusieron las anos a los otros Apóstoles, y ocho días despuésa muchos discípulos.Juan, después de la Resurrección, presentó por primera vez el Santísimo Sacramento a laVirgen Santísima. Esta circunstancia fue celebrada entre los Apóstoles. La Iglesia no celebraya esta fiesta; pero la veo celebrar en la Iglesia triunfante. Los primeros días después dePentecostés yo vi a Pedro y a Juan consagrar solos la Sagrada Eucaristía: más tarde, losotros hicieron lo mismo. El Señor consagró también el fuego en una copa de hierro, ytuvieron cuidado de no dejarlo apagar jamás: fue conservado al lado del sitio donde estabapuesto el Santísimo Sacramento, en una parte del antiguo hornillo pascual, y de allí iban asacarlo siempre para los usos espirituales. Todo lo que hizo entonces Jesús estuvo muysecreto y fue enseñado sólo en secreto. La Iglesia ha conservado lo esencial, extendiéndolobajo la inspiración del Espíritu Santo para acomodarlo a sus necesidades. Cuando estassantas ceremonias se acabaron, el cáliz que estaba al lado del crisma fue cubierto, y Pedro yJuan llevaron el Santísimo Sacramento a la parte mas retirada de la sala, que estabaseparada del resto por una cortina, y desde entonces fue el santuario. José de Arimatea yNicodemus cuidaron el Santuario y el Cenáculo en la ausencia de los Apóstoles.Jesús hizo todavía una larga instrucción, y rezó algunas veces. Con frecuencia parecíaconversar con su Padre celestial: estaba lleno de entusiasmo y de amor. Los Apóstoles,llenos de gozo y de celo, le hacían diversas preguntas, a las cuales respondía. La mayorparte de todo esto debe estar en la Sagrada Escritura. El Señor dijo a Pedro y a Juandiferentes cosas que debían comunicar después a los otros Apóstoles, y estos a losdiscípulos y a las santas mujeres, según la capacidad de cada uno para estos conocimientos.Yo he visto siempre así la Pascua y la institución de la Sagrada Eucaristía. Pero mi emociónantes era tan grande, que mis percepciones no podían ser bien distintas: ahora lo he vistocon más claridad. Se ve el interior de los corazones; se ve el amor y la fidelidad del Salvador:se sabe todo lo que va a suceder.Como sería posible observar exactamente todo lo que no es más que exterior, se inflama unode gratitud y de amor, no se puede comprender la ceguedad de los hombres, la ingratitud delmundo entero y sus pecados. La Pascua de Jesús fue pronta, y en todo conforme a lasprescripciones legales. Los fariseos añadían algunas observaciones minuciosas.Oración de agradecimiento EN EL MONTE DE LOS OLIVOSREFLEXIÓN No 1Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando Jesús, después de instituido el Santísimo Sacramento del altar, salió del Cenáculocon los once Apóstoles, su alma estaba turbada, y su tristeza se iba aumentando. Condujo alos once por un sendero apartado en el valle de Josafat. El Señor, andando con ellos, les dijoque volvería a este sitio a juzgar al mundo; que entonces los hombres temblarían y gritarían: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…105
  • 106. GETSEMANI"¡Montes, cubridnos!". Les dijo también: "Esta noche seréis escandalizados por causa mía;pues está escrito: Yo heriré al Pastor, y las ovejas serán dispersadas. Pero cuando resucite,os precederé en Galilea". Los Apóstoles conservaban aún algo del entusiasmo y delrecogimiento que les había comunicado la santa comunión y los discursos solemnes yafectuosos de Jesús. Lo rodeaban, pues, y le expresaban su amor de diversos modos,protestando que jamás lo abandonarían; pero Jesús continuó hablándoles en el mismosentido, y entonces dijo Pedro: "Aunque todos se escandalizaren por vuestra causa, yojamás me escandalizaré". El Señor le predijo que antes que el gallo cantare le negaría tresveces, y Pedro insistió de nuevo, y le dijo: "Aunque tenga que morir con Vos, nunca osnegaré". Así hablaron también los demás. Andaban y se paseaban alternativamente, y latristeza de Jesús se aumentaba cada vez más. Querían ellos consolarlo de un modopuramente humano, asegurándole que lo que preveía no sucedería. Se cansaron en estavana tentativa, comenzaron a sudar, y vino sobre ellos la tentación. Atravesaron el torrentede Cedrón, no por el puente donde fue conducido preso Jesús más tarde, sino por otro, pueshabían dado un rodeo. Getsemaní, adonde se dirigían, está a media legua del Cenáculo.Desde el Cenáculo hasta la puerta del valle de Josafat, hay un cuarto de legua, y otro tantodesde allí hasta Getsemaní. Este sitio, donde Jesús en los últimos días había pasadoalgunas noches con sus discípulos, se componía de varias casas vacías y abiertas, y de ungran jardín rodeado de un seto, adonde no había más que plantas de adorno y árbolesfrutales. Los Apóstoles y algunas otras personas tenían una llave de este jardín, que era unlugar de recreo y de oración. El jardín de los Olivos estaba separado del de Getsemaní porun camino; estaba abierto, cercado sólo por una tapia baja, y era más pequeño que el jardínde Getsemaní. Había en él grutas, terraplenes y muchos olivos, y fácilmente se encontrabansitios a propósito para la oración y para la meditación. Jesús fue a orar al más retirado detodos.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 2Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Eran cerca de las nueve cuando Jesús llegó a Getsemaní con sus discípulos. La tierraestaba todavía oscura; pero la luna esparcía ya su luz en el cielo. El Señor estaba triste yanunciaba la proximidad del peligro. Los discípulos estaban sobrecogidos, y Jesús dijo aocho de los que le acompañaban que se quedasen en el jardín de Getsemaní, mientras él ibaa orar. Llevó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y entró en el jardín de los Olivos. Estabasumamente triste, pues el tiempo de la prueba se acercaba. Juan le preguntó cómo Él, quesiempre los había consolado, podía estar tan abatido. "Mi alma está triste hasta la muerte",respondió Jesús; y veía por todos lados la angustia y la tentación acercarse como nubescargadas de figuras terribles.Entonces dijo a los tres Apóstoles: "Quedaos ahí: velad y orad conmigo para no caer ententación". Jesús bajó un poco a la izquierda, y se ocultó debajo de un peñasco en una grutade seis pies de profundidad, encima de la cual estaban los Apóstoles en una especie dehoyo. El terreno se inclinaba poco a poco en esta gruta, y las plantas asidas al peñascoformaban una especie de cortina a la entrada, de modo que no podía ser visto. CuandoJesús se separó de los discípulos, yo vi a su alrededor un círculo de figuras horrendas, que Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…106
  • 107. GETSEMANIlo estrechaban cada vez más. Su tristeza y su angustia se aumentaban; penetró temblandoen la gruta para orar, como un hombre que busca un abrigo contra la tempestad; pero lasvisiones amenazadoras le seguían, y cada vez eran más fuertes. Esta estrecha cavernaparecía presentar el horrible espectáculo de todos los pecados cometidos desde la caída delprimer hombre hasta el fin del mundo, y su castigo. A este mismo sitio, al monte de losOlivos, habían venido Adán y Eva, expulsados del Paraíso, sobre una tierra ingrata; en estamisma gruta habían gemido y llorado. Me pareció que Jesús, al entregarse a la divina justiciaen satisfacción de nuestros pecados, hacía volver su Divinidad al seno de la TrinidadSantísima; así, concentrado en su pura, amante e inocente humanidad, y armado sólo de suamor inefable, la sacrificaba a las angustias y a los padecimientos. Postrado en tierra,inclinado su rostro ya anegado en un mar de tristeza, todos los pecados del mundo se leaparecieron bajo infinitas formas en toda su fealdad interior; los tomó todos sobre sí, y seofreció en la oración, a la justicia de su Padre celestial para pagar esta terrible deuda. PeroSatanás, que se agitaba en medio de todos estos horrores con una sonrisa infernal, seenfurecía contra Jesús; y haciendo pasar ante sus ojos pinturas cada vez más horribles,gritaba a su santa humanidad: "¡Como!, ¿tomarás tú éste también sobre ti?, ¿sufrirás sucastigo?, ¿quieres satisfacer por todo esto?". Entre los pecados del mundo que pesabansobre el Salvador, yo vi también los míos; y del círculo de tentaciones que lo rodeaban vi salirhacia mí como un río en donde todas mis culpas me fueron presentadas. Al principio Jesúsestaba arrodillado, y oraba con serenidad; pero después su alma se horrorizó al aspecto delos crímenes innumerables de los hombres y de su ingratitud para con Dios: sintió un dolortan vehemente, que exclamó diciendo: "¡Padre mío, todo os es posible: alejad este cáliz!".Después se recogió y dijo: "Que vuestra voluntad se haga y no la mía". Su voluntad era la desu Padre; pero abandonado por su amor a las debilidades de la humanidad temblaba alaspecto de la muerte. Yo vi la caverna llena de formas espantosas; vi todos los pecados,toda la malicia, todos los vicios, todos los tormentos, todas las ingratitudes que le oprimían: elespanto de la muerte, el terror que sentía como hombre al aspecto de los padecimientosexpiatorios, le asaltaban bajo la figura de espectros horrendos.Sus rodillas vacilaban; juntaba las manos; inundábalo el sudor, y se estremecía de horror.Por fin se levantó, temblaban sus rodillas, apenas podían sostenerlo; tenía la fisonomíadescompuesta, y estaba desconocido, pálido y erizados los cabellos sobre la cabeza. Erancerca de las diez cuando se levantó, y cayendo a cada paso, bañado de sudor frío, fue adonde estaban los tres Apóstoles, subió a la izquierda de la gruta, al sitio donde esto sehabían dormido, rendidos, fatigados de tristeza y de inquietud.Jesús vino a ellos como un hombre cercado de angustias que el terror le hace recurrir a susamigos, y semejante a un buen pastor que, avisado de un peligro próximo, viene a visitar asu rebaño amenazado, pues no ignoraba que ellos también estaban en la angustia y en latentación. Las terribles visiones le rodeaban también en este corto camino. Hallándolosdormidos, juntó las manos, cayó junto a ellos lleno de tristeza y de inquietud, y dijo: "Simón,¿duermes?". Despertáronse al punto; se levantaron y díjoles en su abandono: "¿No podíaisvelar una hora conmigo?". Cuando le vieron descompuesto, pálido, temblando, empapado ensudor; cuando oyeron su voz alterada y casi extinguida, no supieron qué pensar; y si no seles hubiera aparecido rodeado de una luz radiante, lo hubiesen desconocido. Juan le dijo:"Maestro, ¿qué tenéis? ¿Debo llamar a los otros discípulos? ¿Debemos huir?". Jesúsrespondió: "Si viviera, enseñara y curara todavía treinta y tres años, no bastaría para cumplirlo que tengo que hacer de aquí a mañana. No llames a los otros ocho; helos dejados allí,porque no podrían verme en esta miseria sin escandalizarse: caerían en tentación, olvidarían Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…107
  • 108. GETSEMANImucho, y dudarían de Mí, porque verían al Hijo del hombre transfigurado, y también en suoscuridad y abandono; pero vela y ora para no caer en la tentación, porque el espíritu espronto, pero la carne es débil". Quería así excitarlos a la perseverancia, y anunciarles lalucha de su naturaleza humana contra la muerte, y la causa de su debilidad. Les hablótodavía de su tristeza, y estuvo cerca de un cuarto de hora con ellos. Se volvió a la gruta,creciendo siempre su angustia: ellos extendían las manos hacia Él, lloraban, se echaban enlos brazos los unos a los otros, y se preguntaban: "¿Qué tiene?, ¿qué le ha sucedido?, ¿estáen un abandono completo?". Comenzaron a orar con la cabeza cubierta, llenos de ansiedady de tristeza. Todo lo que acabo de decir ocupó el espacio de hora y media, desde que Jesúsentró en el jardín de los Olivos. En efecto, dice en la Escritura: "¿No habéis podido velar unahora conmigo?".Pero esto no debe entenderse a la letra y según nuestro modo de contar. Los tres Apóstolesque estaban con Jesús habían orado primero, después se habían dormido, porque habíancaído en tentación por falta de confianza. Los otros ocho, que se habían quedado a laentrada, no dormían: la tristeza que encerraban los últimos discursos de Jesús los habíadejado muy inquietos; erraban por el monte de los Olivos para buscar algún refugio en casode peligro.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 3Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Había poco ruido en Jerusalén; los judíos estaban en sus casas ocupados en lospreparativos de la fiesta; yo vi acá y allá amigos y discípulos de Jesús, que andaban yhablaban juntos; parecían inquietos y como si esperasen algún acontecimiento. La Madre delSeñor, Magdalena, Marta, María hija de Cleofás, María Salomé, y Salomé, habían ido desdeel Cenáculo a la casa de María, madre de Marcos. María asustada de lo que decían sobreJesús, quiso venir al pueblo para saber noticias suyas. Lázaro, Nicodemus, José deArimatea, y algunos parientes de Hebrón, vinieron a velar para tranquilizarla. Pues habiendotenido conocimiento de las tristes predicciones de Jesús en el Cenáculo, habían ido ainformarse a casa de los fariseos conocidos suyos, y no habían oído que se preparaseninguna tentativa contra Jesús: decían que el peligro no debía ser tan grande; que noatacarían al Señor tan cerca de la fiesta; ellos no sabían nada de la traición de Judas. Maríales habló de la agitación de éste en los últimos días; de qué manera había salido delCenáculo; seguramente había ido a denunciar a Aquél: Ella le había dicho con frecuenciaque era un hijo de perdición. Las santas mujeres se volvieron a casa de María, madre deMarcos.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 4Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…108
  • 109. GETSEMANICuando Jesús volvió a la gruta y con Él todos sus dolores, se prosternó con el rostro contrala tierra y los brazos extendidos, y en esta actitud rogó a su Padre celestial; pero hubo unanueva lucha en su alma, que duró tres cuartos de hora. Vinieron ángeles a mostrarle en unaserie de visiones todos los dolores que había de padecer para expiar el pecado. Mostráronlecuál era la belleza del hombre antes de su caída, y cuánto lo había desfigurado y alteradoésta. Vio el origen de todos los pecados en el primer pecado; la significación y la esencia dela concupiscencia; sus terribles efectos sobre las fuerzas del alma humana, y también laesencia y la significación de todas las penas correspondientes a la concupiscencia. Lemostraron, en la satisfacción que debía de dar a la divina Justicia, un padecimiento decuerpo y alma que comprendía todas las penas debidas a la concupiscencia de toda lahumanidad; la deuda del género humano debía ser satisfecha por la naturaleza humana,exenta de pecado, del Hijo de Dios. Los ángeles le presentaban todo esto bajo diversasformas, y yo percibía lo que decían, a pesar de que no oía su voz. Ningún lenguaje puedeexpresar el dolor y el espanto que sobresaltaron el alma de Jesús a la vista de estas terriblesexpiaciones; el dolor de esta visión fue tal, que un sudor de sangre salió de todo su cuerpo.Mientras la humanidad de Jesucristo estaba sumergida en esta inmensidad depadecimientos, yo noté en los ángeles un movimiento de compasión; hubo un momento desilencio; me pareció que deseaban ardientemente consolarle, y que por eso oraban ante eltrono de Dios. Hubo como una lucha de un instante entre la misericordia y la justicia de Dios,y el amor que se sacrificaba. Me pareció que la voluntad divina del Hijo se retiraba al Padre,para dejar caer sobre su humanidad todos los padecimientos que la voluntad humana deJesús pedía a su Padre que alejara de Él. Vi esto en el momento de consolar a Jesús, y enefecto, recibió en ese instante algún alivio. Entonces todo desapareció, y los ángelesabandonaron al Señor cuya alma iba a sufrir nuevos ataques.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 5Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Habiendo resistido victoriosamente Jesús a todos estos combates por su abandono completoa la voluntad de su Padre celestial, le fue presentado un nuevo círculo de horribles visiones.La duda y la inquietud que preceden al sacrificio en el hombre que se sacrifica, asaltaron elalma del Señor, que se hizo esta terrible pregunta: "¿Cuál será el fruto de este sacrificio?". Yel cuadro más terrible vino a oprimir su amante corazón. Apareciéronse a los ojos de Jesústodos los padecimientos futuros de sus Apóstoles, de sus discípulos y de sus amigos; vio a laIglesia primitiva tan pequeña, y a medida que iba creciendo vio las herejías y los cismashacer irrupción, y renovar la primera caída del hombre por el orgullo y la desobediencia; viola frialdad, la corrupción y la malicia de un número infinito de cristianos; la mentira y la maliciade todos los doctores orgullosos, los sacrilegios de todos los sacerdotes viciosos, lasfunestas consecuencias de todos estos actos, la abominación y la desolación en el reino deDios en el santuario de esta ingrata humanidad, que Él quería rescatar con su sangre alprecio de padecimientos indecibles. Vio los escándalos de todos los siglos hasta nuestrotiempo y hasta el fin del mundo, todas las formas del error, del fanatismo furioso y de lamalicia; todos los apóstatas, los herejes, los reformadores con la apariencia de Santos; loscorruptores y los corrompidos lo ultrajaban y lo atormentaban como si a sus ojos no hubiera Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…109
  • 110. GETSEMANIsido bien crucificado, no habiendo sufrido como ellos lo entendían o se lo imaginaban, ytodos rasgaban el vestido sin costura de la Iglesia; muchos lo maltrataban, lo insultaban, lorenegaban: muchos al oír su nombre alzaban los hombros y meneaban la cabeza en señalde desprecio; evitaban la mano que les tendía, y se volvían al abismo donde estabansumergidos.Vio una infinidad de otros que no se atrevían a dejarlo abiertamente, pero que se alejabancon disgusto de las llagas de su Iglesia, como el levita se alejó del pobre asesinado por losladrones. Se alejaban de su esposa herida, como hijos cobardes y sin fe abandonan a sumadre cuando llega la noche, cuando vienen los ladrones, a los cuales, la negligencia o lamalicia ha abierto la puerta. El Salvador vio con amargo dolor toda la ingratitud, toda lacorrupción de los cristianos de todos los tiempos; juntaba las manos, caía como abrumadosobre sus rodillas, y su voluntad humana libraba un combate tan terrible contra larepugnancia de sufrir tanto por una raza tan ingrata, que el sudor de sangre caía de sucuerpo a gotas sobre el suelo. En medio de su abandono, miraba alrededor como para hallarsocorro, y parecía tomar el cielo, la tierra y los astros del firmamento por testigos de suspadecimientos. Como elevaba la voz los tres Apóstoles se despertaron, escucharon yquisieron ir hacia Él; pero Pedro detuvo a los otros dos, y dijo: "Estad quietos: yo voy a Él".Lo vi correr y entrar en la gruta, exclamando: "Maestro, ¿qué tenéis?" . Y se quedótemblando a la vista de Jesús ensangrentado y aterrorizado. Jesús no le respondió. Pedro sevolvió a los otros, y les dijo que el Señor no le había respondido, y que no hacía más quegemir y suspirar. Su tristeza se aumentó, cubriéronse la cabeza, y lloraron orando. Muchasveces le oí gritar: "Padre mío, ¿es posible que he de sufrir por esos ingratos? ¡Oh Padre mío!¡Si este cáliz no se puede alejar de mí, que vuestra voluntad se haga y no la mía!".Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 6Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:En medio de todas esas apariciones, yo veía a Satanás moverse bajo diversas formashorribles, que representaban diferentes especies de pecados. Estas figuras diabólicasarrastraban, a los ojos de Jesús, una multitud de hombres, por cuya redención entraba en elcamino doloroso de la cruz. Al principio vi rara vez la serpiente, después la vi aparecer conuna corona en la cabeza: su estatura era gigantesca, su fuerza parecía desmedida, y llevabacontra Jesús innumerables legiones de todos los tiempos, de todas las razas. En medio deesas legiones furiosas, de las cuales algunas me parecían compuestas de ciegos, Jesúsestaba herido como si realmente hubiera sentido sus golpes; en extremo vacilante, tan prontose levantaba como se caía, y la serpiente, en medio de esa multitud que gritaba sin cesarcontra Jesús, batía acá y allá con su cola, y desollaba a todos lo que derribaba. Entonces mefue revelado que estos enemigos del Salvador eran los que maltrataban a Jesucristorealmente presente en el Santísimo Sacramento. Reconocí entre ellos todas las especies deprofanadores de la Sagrada Eucaristía. Yo vi con horror todos esos ultrajes desde lairreverencia, la negligencia, la omisión, hasta el desprecio, el abuso y el sacrilegio; desde laadhesión a los ídolos del mundo, a las tinieblas y a la falsa ciencia, hasta el error, laincredulidad, el fanatismo y la persecución. Vi entre esos hombres, ciegos, paralíticos,sordos, mudos y aun niños. Ciegos que no querían ver la verdad, paralíticos que no querían Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…110
  • 111. GETSEMANIandar con ella, sordos que no querían oír sus avisos y amenazas; mudos que no queríancombatir por ella con la espada de la palabra, niños perdidos por causa de padres omaestros mundanos y olvidados de Dios, mantenidos con deseos terrestres, llenos de unavana sabiduría y alejados de las cosas divinas. Vi con espanto muchos sacerdotes, algunosmirándose como llenos de piedad y de fe, maltratar también a Jesucristo en el SantísimoSacramento. Yo vi a muchos que creían y enseñaban la presencia de Dios vivo en elSantísimo Sacramento, pero olvidaban y descuidaban el Palacio, el Trono, lugar de Diosvivo, es decir, la Iglesia, el altar, la custodia, los ornamentos, en fin, todo lo que sirve al uso ya la decoración de la Iglesia de Dios. Todo se perdía en el polvo y el culto divino estaba si noprofanado interiormente, a lo menos deshonrado en el exterior. Todo eso no era el fruto deuna pobreza verdadera, sino de la indiferencia, de la pereza, de la preocupación de vanosintereses terrestres, y algunas veces del egoísmo y de la muerte interior. Aunque hablara unaño entero, no podría contar todas las afrentas hechas a Jesús en el Santísimo Sacramento,que supe de esta manera. Vi a los autores de ellas asaltar al Señor, herirle con diversasarmas, según la diversidad de sus ofensas. Vi cristianos irreverentes de todos los siglos,sacerdotes ligeros o sacrílegos, una multitud de comuniones tibias o indignas. ¡Quéespectáculo tan doloroso! Yo veía la Iglesia, como el cuerpo de Jesús, y una multitud dehombres que se separaban de la Iglesia, rasgaban y arrancaban pedazos enteros de sucarne viva. Jesús los miraba con ternura, y gemía de verlos perderse. Vi las gotas de sangrecaer sobre la pálida cara del Salvador. Después de la visión que acabo de hablar, huyó fuerade la caverna. Cuando vino hacia los Apóstoles, tenían la cabeza cubierta, y se habíansentado sobre las rodillas en la misma posición que tiene la gente de ese país cuando estáde luto o quiere orar. Jesús, temblando y gimiendo, se acercó a ellos, y despertaron. Perocuando a la luz de la luna le vieron de pie delante de ellos, con la cara pálida yensangrentada, no lo conocieron de pronto, pues estaba muy desfigurado. Al verle juntar lasmanos, se levantaron, y tomándole por los brazos, le sostuvieron con amor, y Él les dijo contristeza que lo matarían al día siguiente, que lo prenderían dentro de una hora, que lollevarían ante un tribunal, que sería maltratado, azotado y entregado a la muerte más cruel.No le respondieron, pues no sabían qué decir; tal sorpresa les había causado su presencia ysus palabras. Cuando quiso volver a la gruta, no tuvo fuerza para andar. Juan y Santiago locondujeron y volvieron cuando entró en ella; eran las once y cuarto, poco más o menos.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 7Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Durante esta agonía de Jesús, vi a la Virgen Santísima llena de tristeza y de amargura encasa de María, madre de Marcos. Estaba con Magdalena y María en el jardín de la casa,encorvada sobre una piedra y apoyada sobre sus rodillas. Había enviado un mensajero asaber de Él, y no pudiendo esperar su vuelta, se fue inquieta con Magdalena y Salomé haciael valle de Josafat. Iba cubierta con un velo, y con frecuencia extendía sus brazos hacia elmonte de los Olivos, pues veía en espíritu a Jesús bañado de un sudor de sangre, y parecíaque con sus manos extendidas quería limpiar la cara de su Hijo. En aquel momento los ochoApóstoles vinieron a la choza de follaje de Getsemaní, conversaron entre sí, y acabaron pordormirse. Estaban dudosos, sin ánimo, y atormentados por la tentación. Cada uno había Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…111
  • 112. GETSEMANIbuscado un sitio en donde poderse refugiar, y se preguntaban con inquietud: "¿Qué haremosnosotros cuando le hayan hecho morir? Lo hemos dejado todo por seguirle; somos pobres ydesechados de todo el mundo; nos hemos abandonado enteramente a Él, y ahora está tanabatido, que no podemos hallar en Él ningún consuelo".Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 8Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Vi a Jesús orando todavía en la gruta, luchando contra la repugnancia de su naturalezahumana, y abandonándose a la voluntad de su Padre. Aquí el abismo se abrió delante de Él,y los primeros grados del limbo se le presentaron. Vi a Adán y a Eva, los Patriarcas, losProfetas, los justos, los parientes de su Madre y Juan Bautista, esperando su llegada almundo inferior, con un deseo tan violento, que esta vista fortificó y animó su corazón lleno deamor. Su muerte debía abrir el Cielo a estos cautivos. Cuando Jesús hubo mirado con unaemoción profunda estos Santos del antiguo mundo, los ángeles le presentaron todas laslegiones de los bienaventurados futuros que, juntando sus combates a los méritos de suPasión, debían unirse por medio de Él al Padre celestial. Era esta una visión bella yconsoladora. Vio la salvación y la santificación saliendo como un río inagotable del manantialde redención abierto después de su muerte. Los Apóstoles, los discípulos, las vírgenes y lasmujeres, todos los mártires, los confesores y los ermitaños, los Papas y los Obispos, unamultitud de religiosos, en fin, todo el ejército de los bienaventurados se presentó a su vista.Todos llevaban una corona sobre la cabeza, y las flores de la corona diferían de forma, decolor, de olor y de virtud, según la diferencia de los padecimientos, de los combates, de lasvictorias con que habían adquirido la gloria eterna. Toda su vida y todos sus actos, todos susméritos y toda su fuerza, como toda la gloria de su triunfo, venían únicamente de su unióncon los méritos de Jesucristo.Pero estas visiones consoladoras desaparecieron, y los ángeles le presentaron su Pasión,que se acercaba. Vi todas las escenas presentarse delante de Él, desde el beso de Judashasta las últimas palabras sobre la Cruz. Vi allí todo lo que veo en mis meditaciones de laPasión. La traición de Judas, la huida de los discípulos, los insultos delante de Anás y deCaifás, la apostasía de Pedro, el tribunal de Pilatos, los insultos de Herodes, los azotes, lacorona de espinas, la condenación a muerte, el camino de la Cruz, el sudario de la Verónica,la crucifixión, los ultrajes de los fariseos, los dolores de María, la Magdalena y de Juan, laabertura del costado; en fin, todo le fue presentado con las más pequeñas circunstancias. Loaceptó todo voluntariamente, y a todo se sometió por amor de los hombres.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 9Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…112
  • 113. GETSEMANIAl fin de las visiones sobre la Pasión, Jesús cayó sobre su cara como un moribundo; losángeles desaparecieron; el sudor de la sangre corrió con más abundancia y atravesó susvestidos. La más profunda oscuridad reinaba en la caverna. Vi bajar un ángel hacia Jesús.Estaba vestido como un sacerdote, y traía delante de él, en sus manos, un pequeño cáliz,semejante al de la Cena. En la boca de este cáliz se veía una cosa ovalada del grueso deuna haba, que esparcía una luz rojiza. El ángel, sin bajar hasta el suelo, extendió la manoderecha hacia Jesús, que se enderezó, le metió en la boca este alimento misterioso y le diode beber en el pequeño cáliz luminoso.Después desapareció. Habiendo Jesús aceptado libremente el cáliz de sus padecimientos yrecibido una nueva fuerza, estuvo todavía algunos minutos en la gruta, en una meditacióntranquila, dando gracias a su Padre celestial. Estaba todavía afligido, pero confortadonaturalmente hasta el punto de poder ir al sitio donde estaban los discípulos sin caerse y sinsucumbir bajo el peso de su dolor. Cuando Jesús llegó a sus discípulos, estaban éstosacostados como la primera vez; tenían la cabeza cubierta, y dormían. El Señor les dijo queno era tiempo de dormir, que debían despertarse y orar. "Ved aquí la hora en que el Hijo delhombre será entregado en manos de los pecadores, les dijo; levantaos y andemos: el traidorestá cerca: más le valdría no haber nacido". Los Apóstoles se levantaron asustados, mirandoalrededor con inquietud. Cuando se serenaron un poco, Pedro dijo con animación: "Maestro,voy a llamar a los otros para que os defendamos". Pero Jesús le mostró a cierta distancia delvalle, del lado opuesto del torrente del Cedrón, una tropa de hombres armados que seacercaban con faroles, y le dijo que uno de ellos le había denunciado.Les habló todavía con serenidad, les recomendó que consolaran a su Madre, y les dijo:"Vamos a su encuentro: me entregaré sin resistencia entre las manos de mis enemigos".Entonces salió del jardín de los Olivos con sus tres discípulos, y vino al encuentro de lossoldados en el camino que estaba entre el jardín y Getsemaní. ENCARCELAMIENTO Y PRIMEROS JUICIOSPRISIÓN DE JESÚSREFLEXIÓN No 10.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:No creía Judas que su traición tendría el resultado que tuvo; el dinero sólo preocupaba suespíritu, y desde mucho tiempo antes se había puesto en relación con algunos fariseos yalgunos saduceos astutos, que le excitaban a la traición halagándole. Estaba cansado de lavida errante y penosa de los Apóstoles. En los últimos meses no había cesado de robar laslimosnas de que era depositario, y su avaricia, excitada por la liberalidad de Magdalenacuando derramó los perfumes sobre Jesús, lo llevó al último de sus crímenes. Habíaesperado siempre en un reino temporal de Jesús, y en él un empleo brillante y lucrativo. Seacercaba más y más cada día a sus agentes, que le acariciaban y le decían de un modopositivo que en todo caso pronto acabarían con Jesús. Se cebó cada vez más en estospensamientos criminales, y en los últimos días había multiplicado sus viajes para decidir a lospríncipes de los sacerdotes a obrar. Estos no querían todavía comenzar, y lo trataron condesprecio. Decían que faltaba poco tiempo antes de la fiesta, y que esto causaría desorden ytumulto. El Sanedrín sólo prestó alguna atención a las proposiciones de Judas. Después dela recepción sacrílega del Sacramento, Satanás se apoderó de él, y salió a concluir sucrimen. Buscó primero a los negociadores que le habían lisonjeado hasta entonces, y que le Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…113
  • 114. GETSEMANIacogieron con fingida amistad. Vinieron después otros, entre los cuales estaban Caifás yAnás; este último le habló en tono altanero y burlesco.Andaban irresolutos, y no estaban seguros del éxito, porque no se fiaban de Judas.Cada uno presentaba una opinión diferente, y antes de todo preguntaron a Judas:"¿Podremos tomarlo? ¿No tiene hombres armados con Él?". Y el traidor respondió: "No; estásolo con sus once discípulos: Él está abatido, y los once son hombres cobardes". Les dijoque era menester tomar a Jesús ahora o nunca, que otra vez no podría entregarlo, que novolvería más a su lado, que hacía algunos días que los otros discípulos de Jesúscomenzaban a sospechar de él. Les dijo también que si ahora no tomaban a Jesús, seescaparía, y volvería con un ejército de sus partidarios para ser proclamado rey. Estasamenazas de Judas produjeron su efecto. Fueron de su modo de pensar, y recibió el preciode su traición: las treinta monedas. Judas, resentido del desprecio que le mostraban, se dejóllevar por su orgullo hasta devolverles el dinero hasta que lo ofrecieran en el templo, a fin deparecer a sus ojos como un hombre justo y desinteresado. Pero no quisieron, porque era elprecio de la sangre que no podía ofrecerse en el templo. Judas vio cuánto le despreciaban, yconcibió un profundo resentimiento. No esperaba recoger los frutos amargos de su traiciónantes de acabarla; pero se había entremetido tanto con esos hombres, que estaba entregadoa sus manos, y no podía librarse de ellos. Observábanle de cerca, y no le dejaban salir hastaque explicó la marcha que habían de seguir para tomar a Jesús. Cuando todo estuvopreparado, y reunido el suficiente número de soldados, Judas corrió al Cenáculo,acompañado de un servidor de los fariseos para avisarles si estaba allí todavía. Judas volviódiciendo que Jesús no estaba en el Cenáculo, pero que debía estar ciertamente en el montede los Olivos, en el sitio donde tenía costumbre de orar.Pidió que enviaran con él una pequeña partida de soldados, por miedo de que los discípulos,que estaban alertas, no se alarmasen y excitasen una sedición. El traidor les dijo tambiéntuviesen cuidado de no dejarlo escapar, porque con medios misteriosos se habíadesaparecido muchas veces en el monte, volviéndose invisible a los que le acompañaban.Les aconsejó que lo atasen con una cadena, y que usaran ciertos medios mágicos paraimpedir que la rompiera. Los judíos recibieron estos avisos con desprecio, y le dijeron: "Si lollegamos a tomar, no se escapará". Judas tomó sus medidas con los que lo debíanacompañar, y besar y saludar a Jesús como amigo y discípulo; entonces los soldados sepresentarían y tomarían a Jesús. Deseaba que creyeran que se hallaba allí por casualidad; ycuando ellos se presentaran, él huiría como los otros discípulos, y no volverían a oír hablarde él. Pensaba también que habría algún tumulto; que los Apóstoles se defenderían, y queJesús desaparecería, como hacía con frecuencia. Este pensamiento le venía cuando sesentía mortificado por el desprecio de los enemigos de Jesús; pero no se arrepentía, porquese había entregado enteramente a Satanás. Los soldados tenían orden de vigilar a Judas yde no dejarlo hasta que tomaran a Jesús, porque había recibido su recompensa, y temíanque escapase con el dinero. La tropa escogida para acompañar a Judas se componía deveinte soldados de la guardia del templo y de los que estaban a las órdenes de Anás y deCaifás. Judas marchó con los veinte soldados; pero fue seguido a cierta distancia de cuatroalguaciles de la última clase, que llevaban cordeles y cadenas; detrás de éstos venían seisagentes con los cuales había tratado Judas desde el principio. Eran un sacerdote, confidentede Anás, un afiliado de Caifás, dos fariseos y dos saduceos, que eran también herodianos.Estos hombres eran aduladores de Anás y de Caifás; le servían de espías, y Jesús no teníamayores enemigos. Los soldados estuvieron acordes con Judas hasta llegar al sitio donde elcamino separa el jardín de los Olivos del de Getsemaní; al llegar allí, no quisieron dejarlo irsolo delante, y lo trataron dura e insolentemente. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…114
  • 115. GETSEMANIOración de agradecimientoREFLEXIÓN No 11.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Hallándose Jesús con los tres Apóstoles en el camino, entre Getsemaní y el jardín de losOlivos, Judas y su gente aparecieron a veinte pasos de allí, a la entrada del camino: hubouna disputa entre ellos, porque Judas quería que los soldados se separasen de él paraacercarse a Jesús como amigo, a fin de no aparecer en inteligencia con ellos; pero ellos,parándolo, le dijeron: "No, camarada; no te acercarás hasta que tengamos al Galileo". Jesússe acercó a la tropa, y dijo en voz alta e inteligible: "¿A quién buscáis?". Los jefes de lossoldados respondieron: "A Jesús Nazareno". - "Yo soy", replicó Jesús. Apenas habíapronunciado estas palabras, cuando cayeron en el suelo, como atacados por apoplejía.Judas, que estaba todavía al lado de ellos, se sorprendió, y queriendo acercarse a Jesús, elSeñor le tendió la mano, y le dijo: "Amigo mío, ¿qué has venido a hacer aquí?". Y Judasbalbuceando, habló de un negocio que le habían encargado. Jesús le respondió en pocaspalabras, cuya sustancia es ésta: "¡Más te valdría no haber nacido!". Mientras tanto, lossoldados se levantaron y se acercaron al Señor, esperando la señal del traidor: el beso quedebía dar a Jesús. Pedro y los otros discípulos rodearon a Judas y le llamaron ladrón ytraidor. Quiso persuadirlos con mentiras, pero no pudo, porque los soldados lo defendíancontra los Apóstoles, y por eso mismo atestiguaban contra él. Jesús dijo por segunda vez:"¿A quién buscáis?". Ellos respondieron también: "A Jesús Nazareno". "Yo soy, ya os lo hedicho; soy yo a quien buscáis; dejad a éstos". A estas palabras los soldados cayeron unasegunda vez con contorsiones semejantes a las de la epilepsia. Jesús dijo a los soldados:"Levantaos". Se levantaron, en efecto, llenos de terror; pero como los soldados estrechabana Judas, los soldados le libraron de sus manos y le mandaron con amenazas que les diera laseñal convenida, pues tenían orden de tomar a aquél a quien besara. Entonces Judas vino aJesús, y le dio un beso con estas palabras: "Maestro, yo os saludo". Jesús le dijo: "Judas, ¿tuvendes al Hijo del hombre con un beso?". Entonces los soldados rodearon a Jesús, y losalguaciles, que se habían acercado, le echaron mano. Judas quiso huir, pero los Apóstoles lodetuvieron: se echaron sobre los soldados, gritando: "Maestro, ¿debemos herir con laespada?". Pedro, más ardiente que los otros, tomó la suya, pegó a Malco, criado del SumoSacerdote, que quería rechazar a los Apóstoles, y le hirió en la oreja: éste cayó en el suelo, yel tumulto llegó entonces a su colmo. Los alguaciles habían tomado a Jesús para atarlo: lossoldados le rodeaban un poco más de lejos, y, entre ellos, Pedro que había herido a Malco.Otros soldados estaban ocupados en rechazar a los discípulos que se acercaban; o enperseguir a los que huían. Cuatro discípulos se veían a lo lejos: los soldados no se habíanaún serenado del terror de su caída, y no se atrevían a alejarse por no disminuir la tropa querodeaba a Jesús. Tal era el estado de cosas cuando Pedro pegó a Malco, mas Jesús le dijoenseguida: "Pedro, mete tu espada en la vaina, pues el que a cuchillo mata a cuchillo muere:¿crees tú que yo no puedo pedir a mi Padre que me envíe más de doce legiones deángeles? ¿No debo yo apurar el cáliz que mi Padre me ha dado a beber? ¿Cómo secumpliría la Escritura si estas cosas no sucedieran?". Y añadió: "Dejadme curar a estehombre". Se acercó a Malco, tocó su oreja, oró, y la curó. Los soldados que estaban a sualrededor con los alguaciles y los seis fariseos; éstos le insultaron, diciendo a la tropa: "Es un Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…115
  • 116. GETSEMANIenviado del diablo; la oreja parecía cortada por sus encantos, y por sus mismos encantos laha curado". Entonces Jesús les dijo: "Habéis venido a tomarme como un asesino, con armasy palos; he enseñado todos los días en el templo, y no me habéis prendido; pero vuestrahora, la hora del poder de las tinieblas, ha llegado". Mandaron que lo atasen, y lo insultabandiciéndole: "Tu no has podido vencernos con tus encantos".Jesús les dio una respuesta, de la que no me acuerdo bien, y los discípulos huyeron en todasdirecciones. Los cuatro alguaciles y los seis fariseos no cayeron cuando los soldados, y porconsecuencia no se habían levantado. Así me fue revelado, porque estaban del todoentregados a Satanás, lo mismo que Judas, que tampoco se cayó, aunque estaba al lado delos soldados. Todos los que se cayeron y se levantaron se convirtieron después, y fueroncristianos. Estos soldados habían puesto las manos sobre Él. Malco se convirtió después desu cura, y en las horas siguientes sirvió de mensajero a María y a los otros amigos delSalvador.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 12.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Los alguaciles ataron a Jesús con la brutalidad de un verdugo. Eran paganos, y de bajaextracción. Tenían el cuello, los brazos y las piernas desnudos; eran pequeños, robustos ymuy ágiles; el color de la cara era moreno rojizo, y parecían esclavos egipcios. Ataron aJesús las manos sobre el pecho con cordeles nuevos y durísimos; le ataron el puño derechobajo el codo izquierdo, y el puño izquierdo bajo el codo derecho. Le pusieron alrededor delcuerpo una especie de cinturón lleno de puntas de hierro, al cual le ataron las manos conramas de sauce; le pusieron al cuello una especie de collar lleno de puntas, del cual salíandos correas que se cruzaban sobre el pecho como una estola, y estaban atadas al cinturón.De éste salían cuatro cuerdas, con las cuales tiraban al Señor de un lado y de otro, según suinhumano capricho. Se pusieron en marcha, después de haber encendido muchas hachas.Diez hombres de la guardia iban delante; después seguían los alguaciles, que tiraban aJesús por las cuerdas; detrás los fariseos que lo llenaban de injurias: los otros diez soldadoscerraban la marcha. Los alguaciles maltrataban a Jesús de la manera más cruel, para adularbajamente a los fariseos, que estaban llenos de odio y de rabia contra el Salvador. Lollevaban por caminos ásperos, por encima de las piedras, por el lodo, y tiraban de lascuerdas con toda su fuerza. Tenían en la mano otras cuerdas con nudos, y con ellas lepegaban. Andaban deprisa y llegaron al puente sobre el torrente de Cedrón. Antes de llegara él vi a Jesús dos veces caer en el suelo por los violentos tirones que le daban. Pero alllegar al medio del puente, su crueldad no tuvo límites: empujaron brutalmente a Jesús atado,y lo echaron desde su altura en el torrente, diciéndole que saciara su sed. Sin la asistenciadivina, esto sólo hubiera bastado para matarlo. Cayó sobre las rodillas y sobre la cara, quese le hubiera despedazado contra los cantos, que estaban apenas cubiertos con un poco deagua, si no se hubiera protegido con los brazos juntos atados; pues se habían desatado de lacintura, sea por una asistencia divina, o sea porque los alguaciles lo habían desatado. Susrodillas, sus pies, sus codos y sus dedos, se imprimieron milagrosamente en la piedra dondecayó, y esta marca fue después un objeto de veneración. Las piedras eran más blandas ymás creyentes que el corazón de los hombres, y daban testimonio, en aquellos terribles Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…116
  • 117. GETSEMANImomentos, de la impresión que la verdad suprema hacía sobre ellas. Yo no he visto a Jesúsbeber, a pesar de la sed ardiente que siguió a su agonía en el jardín de los Olivos; le vi beberagua del Cedrón cuando le echaron en él, y supe que se cumplió un pasaje profético de losSalmos, que dice que beberá en el camino del agua del torrente (Salmo 109). Los alguacilestenían siempre a Jesús atado con las cuerdas.Pero no pudiéndole hacer atravesar el torrente, a causa de una obra de albañilería que habíaal lado opuesto, volvieron atrás, y lo arrastraron con las cuerdas hasta el borde.Entonces aquéllos lo empujaron sobre el puente, llenándolo de injurias, de maldiciones y degolpes. Su larga túnica de lana, toda empapada en agua, se pegaba a sus miembros; apenaspodía andar, y al otro lado del puente cayó otra vez en el suelo.Lo levantaron con violencia, le pegaron con las cuerdas, y ataron a su cintura los bordes desu vestido húmedo. No era aún media noche cuando vi a Jesús al otro lado del Cedrón,arrastrado inhumanamente por los cuatro alguaciles por un sendero estrecho, entre laspiedras, los cardos y las espinas. Los seis perversos fariseos iban lo más cerca de Él que elcamino les permitía, y con palos de diversas formas le empujaban, le picaban o le pegaban.Cuando los pies desnudos y ensangrentados de Jesús se rasgaban con las piedras o lasespinas, le insultaban con una cruel ironía, diciendo: "Su precursor Juan Bautista no le hapreparado un buen camino"; o bien: "La palabra de Malaquías: Envío delante de Ti mi ángelpara prepararte el camino, no se aplica aquí". Y cada burla de estos hombres era como unaguijón para los alguaciles, que redoblaban los malos tratamientos con Jesús.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 13.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Sin embargo, advirtieron que algunas personas se aparecían acá y allá a lo lejos; puesmuchos discípulos se habían juntado al oír la prisión del Señor, y querían saber qué iba asuceder a su Maestro. Los enemigos de Jesús, temiendo algún ataque, dieron con sus gritosseñal para que les enviasen refuerzo. Distaban todavía algunos pasos de una puerta situadaal mediodía del templo, y que conduce, por un arrabal, llamado Ofel, a la montaña de Sión,adonde vivían Anás y Caifás. Vi salir de esta puerta unos cincuenta soldados. Llevabanmuchas hachas, eran insolentes, alborotadores y daban gritos para anunciar su llegada yfelicitar a los que venían de la victoria. Cuando se juntaron con la escolta de Jesús, vi aMalco y a algunos otros aprovecharse del desorden, ocasionado por esta reunión, paraescaparse al monte de los Olivos. Los cincuenta soldados eran un destacamento de unatropa de trescientos hombres, que ocupaba las puertas y las calles de Ofel; pues el traidorJudas había dicho a los príncipes de los sacerdotes que los habitantes de Ofel, pobresobreros la mayor parte, eran partidarios de Jesús, y que se podía temer que intentaranlibertarlo.El traidor sabía que Jesús había consolado, enseñado, socorrido y curado un gran númerode aquellos pobres obreros. En Ofel se había detenido el Señor en su viaje de Betania aHebrón, después de la degollación de Juan Bautista, y había curado muchos albañilesheridos en la caída de la torre de Siloé. La mayor parte de aquella pobre gente, después dePentecostés, se reunieron a la primera comunidad cristiana. Cuando los cristianos se Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…117
  • 118. GETSEMANIsepararon de los judíos y establecieron casas para la comunidad, se elevaron chozas ytiendas desde allí hasta el monte de los Olivos, en medio del valle.También vivía allí San Esteban. Los buenos habitantes de Ofel fueron despertados por losgritos de los soldados. Salieron de sus casas y corrieron a las calles y las puertas para saberlo que sucedía. Mas los soldados los empujaban brutalmente hacia sus casas, diciéndoles:"Jesús, el malhechor, vuestro falso profeta, va a ser conducido preso. El Sumo Sacerdote noquiere dejarle continuar el oficio que tiene. Será crucificado". Al saber esta noticia, no se oíanmás que gemidos y llantos. Aquella pobre gente, hombres y mujeres, corrían acá y allá,llorando, o se ponían de rodillas con los brazos extendidos, y gritaban al Cielo recordando losbeneficios de Jesús.Pero los soldados los empujaban, les pegaban, los hacían entrar por fuerza en sus casas, yno se hartaban de injuriar a Jesús, diciendo: "Ved aquí la prueba de que es un agitador delpueblo". Sin embargo, no querían ejercer grandes violencias contra los habitantes de Ofel,por miedo de que opusieran una resistencia abierta, y se contentaban con alejarlos delcamino que debía seguir Jesús. Mientras tanto, la tropa inhumana que conducía al Salvadorse acercaba a la puerta de Ofel. Jesús se había caído de nuevo, y parecía no poder andarmás. Entonces un soldado caritativo dijo a los otros: "Ya veis que este infeliz hombre nopuede andar. Si hemos de conducirle vivo a los príncipes de los sacerdotes, aflojadle lasmanos para que pueda apoyarse cuando se caiga". La tropa se paró, y los alguacilesdesataron los cordeles; mientras tanto, un soldado compasivo le trajo un poco de agua deuna fuente que estaba cerca.Jesús le dio las gracias, y citó con este motivo un pasaje de los Profetas, que habla defuentes de agua viva, y esto le valió mil injurias y mil burlas de parte de los fariseos.Vi a estos dos hombres, el que le hizo desatar las manos y el que le dio de beber, serfavorecidos de una luz interior de la gracia. Se convirtieron antes de la muerte de Jesús, y sejuntaron con sus discípulos. Se volvieron a poner en marcha y en todo el camino no cesaronde maltratar al Señor.Oración de agradecimientoJESÚS DELANTE DE ANÁSREFLEXIÓN No 14.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Anás y Caifás habían recibido inmediatamente el aviso de la prisión de Jesús, y en su casaestaba todo en movimiento. Los mensajeros corrían por el pueblo para convocar losmiembros del Consejo, los escribas y todos los que debían tomar parte en el juicio. Toda lamultitud de los enemigos de Jesús iba al tribunal de Caifás, conducida por los fariseos y losescribas de Jerusalén, a los cuales se juntaban muchos de los vendedores, echados deltemplo por Jesús, muchos doctores orgullosos, a los cuales había cerrado la boca enpresencia del pueblo y otros muchos instrumentos de Satanás, llenos de rabia interior contratoda santidad, y por consecuencia contra el Santo de los santos. Esta escoria del pueblojudío fue puesta en movimiento y excitada por alguno de los principales enemigos de Jesús,y corría por todas partes al palacio de Caifás, para acusar falsamente de todos los crímenesal verdadero Cordero sin mancha, que lleva los pecados del mundo, y para mancharlo consus obras, que, en efecto, ha tomado sobre sí y expiado. Mientras que esta turba impura seagitaba, mucha gente piadosa y amigos de Jesús, tristes y afligidos, pues no sabían el Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…118
  • 119. GETSEMANImisterio que se iba a cumplir, andaban errantes acá y allá, y escuchaban y gemían. Otraspersonas bien intencionadas, pero débiles e indecisas, se escandalizaban, caían ententación, y vacilaban en su convicción. El número de los que perseveraba era pequeño.Entonces sucedía lo que hoy sucede: se quiere ser buen cristiano cuando no se disgusta alos hombres, pero se avergüenza de la cruz cuando el mundo la ve con mal ojo. Sinembargo, hubo muchos cuyo corazón fue movido por la paciencia del Salvador en medio detantas crueldades y que se retiraron silenciosos y desmayados.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 15.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:A media noche Jesús fue introducido en el palacio de Anás, y lo llevaron a una sala muygrande. Enfrente de la entrada estaba sentado Anás, rodeado de veintiocho consejeros. Susilla estaba elevada del suelo por algunos escalones. Jesús, rodeado aún de una parte de lossoldados que lo habían arrestado, fue arrastrado por los alguaciles hasta los primerosescalones. El resto de la sala estaba lleno de soldados, de populacho, de criados de Anás,de falsos testigos, que fueron después a casa de Caifás. Anás esperaba con impaciencia lallegada del Salvador Estaba lleno de odio y animado de una alegría cruel. Presidía untribunal, encargado de vigilar la pureza de la doctrina, y de acusar delante de los príncipes delos sacerdotes a los que la infrigían. Vi al divino Salvador delante de Anás, pálido,desfigurado, silencioso, con la cabeza baja. Los alguaciles tenían la punta de las cuerdasque apretaban sus manos.Anás, viejo, flaco y seco, de barba clara, lleno de insolencia y orgullo, se sentó con unasonrisa irónica, haciendo como que nada sabía y que extrañaba que Jesús fuese el presoque le habían anunciado. He aquí lo que dijo a Jesús, o a lo menos el sentido de suspalabras: "¿Cómo, Jesús de Nazareth? Pues ¿dónde están tus discípulos y tus numerosospartidarios? ¿dónde está tu reino? Me parece que las cosas no se han vuelto como tú creías;han visto que ya bastaba de insultos a Dios y a los sacerdotes, de violaciones de sábado.¿Quiénes son tus discípulos? ¿dónde están? ¿Callas?¡Habla, pues, agitador, seductor! ¿No has comido el cordero pascual de un modo inusitado,en un tiempo y en un sitio adonde no debías hacerlo? ¿Quieres tú introducir una nuevadoctrina? ¿Quién te ha dado derecho para enseñar? ¿Dónde has estudiado?Habla, ¿cuál es tu doctrina?". Entonces Jesús levantó su cabeza cansada, miró a Anás, ydijo: "He hablado en público, delante de todo el mundo: he enseñado siempre en el templo yen las sinagogas, adonde se juntan los judíos. Jamás he dicho nada en secreto. ¿Por quéme interrogas? Pregunta a los que me han oído lo que les he dicho.Mira a tu alrededor; ellos saben lo que he dicho". A estas palabras de Jesús, el rostro deAnás expresó el resentimiento y el furor. Un infame ministro que estaba cerca de Jesús loadvirtió; y el miserable pegó con su mano cubierta de un guante de hierro, una bofetada en elrostro del Señor, diciendo: "¿Así respondes al Sumo Pontífice?".Jesús, empujado por la violencia del golpe, cayó de un lado sobre los escalones, y la sangrecorrió por su cara. La sala se llenó de murmullos, de risotadas y de ultrajes.Levantaron a Jesús, maltratándolo, y el Señor dijo tranquilamente: "Si he hablado mal, dimeen qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?". Exasperado Anás por la tranquilidad Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…119
  • 120. GETSEMANIde Jesús, mandó a todos los que estaban presentes que dijeran lo que le habían oído decir.Entonces se levantó una explosión de clamores confusos y de groseras imprecaciones. "Hadicho que era rey; que Dios era su padre; que los fariseos eran unos adúlteros; subleva alpueblo; cura, en nombre del diablo, el sábado; los habitantes de Ofel le rodeaban con furor,le llaman su Salvador y su Profeta; se deja nombrar Hijo de Dios; se dice enviado por Dios;no observa los ayunos; come con los impuros, los paganos, los publicanos y los pecadores".Todos estos cargos los hacían a la vez: los acusadores venían a echárselos en cara,mezclándolos con las más groseras injurias, y los alguaciles le pegaban y le empujaban,diciéndole que respondiera. Anás y sus consejeros añadían mil burlas a estos ultrajes, y ledecían: "¡Esa es tu doctrina! ¿Qué respondes? ¿Qué especia de Rey eres tu? Has dicho queeres más que Salomón. No tengas cuidado, no te rehusaré más tiempo el título de tudignidad real". Entonces Anás pidió una especie de cartel, de una vara de largo y tres dedosde ancho; escribió en él una serie de grandes letras, cada una indicando una acusacióncontra el Señor. Después lo envolvió, y lo metió en una calabacita vacía, que tapó concuidado y ató después a una caña. Se la presentó a Jesús, diciéndole con ironía: "Este es elcetro de tu reino: ahí están reunidos tus títulos, tus dignidades y tus derechos. Llévalos alSumo Sacerdote para que conozca tu misión y te trate según tu dignidad. Que le aten lasmanos a ese Rey, y que lo lleven delante del Sumo Sacerdote". Ataron de nuevo las manos aJesús; sujetaron también con ello el simulacro del cetro, que contenía las acusaciones deAnás; y condujeron a Jesús a casa de Caifás, en medio de la risa, de las injurias y de losmalos tratamientos de la multitud. La casa de Anás estaría a trescientos pasos de la deCaifás. El camino, que era a lo largo de paredes y de pequeños edificios dependientes deltribunal del Sumo Pontífice, estaba alumbrado con faroles y cubierto de judíos, quevociferaban y se agitaban. Los soldados podían apenas abrir por medio de la multitud. Losque habían ultrajado a Jesús en casa de Anás repetían sus ultrajes delante del pueblo; y elSalvador fue injuriado y maltratado todo el camino. Vi hombres armados rechazar algunosgrupos que parecían comparecer al Señor, dar dinero a los que se distinguían por subrutalidad con Jesús y dejarlos entrar en el patio de Caifás.Oración de agradecimientoJESÚS DELANTE DE CAIFÁSREFLEXIÓN No 16.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Para llegar al tribunal de Caifás se atraviesa un primer patio exterior, después se entra enotro patio, que rodea todo el edificio. La casa tiene doble de largo que de ancho. Delante hayuna especie de vestíbulo descubierto, rodeado de tres órdenes de columnas, formandogalerías cubiertas. Jesús fue introducido en el vestíbulo en medio de los clamores, de lasinjurias y de los golpes. Apenas estuvo en presencia del Consejo, cuando Caifás exclamó:"¡Ya estás aquí, enemigo de Dios, que llenas de agitación esta santa noche!". La calabazaque contenía las acusaciones de Anás fue desatada del cetro ridículo puesto entre las manosde Jesús. Después que las leyeron, Caifás con más ira que Anás, hacía una porción depreguntas a Jesús, que estaba tranquilo, paciente, con los ojos mirando al suelo. Losalguaciles querían obligarle a hablar, lo empujaban, le pegaban, y un perverso le puso eldedo pulgar con fuerza en la boca, diciéndole que mordiera. Pronto comenzó la audiencia delos testigos, y el populacho excitado daba gritos tumultuosos, y se oía hablar a los mayores Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…120
  • 121. GETSEMANIenemigos de Dios, entre los fariseos y los saduceos reunidos en Jerusalén de todos lospuntos del país. Repetían las acusaciones a que Él había respondido mil veces: "Que curabaa los enfermos y echaba a los demonios por arte de éstos, que violaba el Sábado, quesublevaba al pueblo, que llamaba a los fariseos raza de víboras y adúlteros, que habíapredicho la destrucción de Jerusalén, frecuentaba a los publicanos y los pecadores, que sehacía llamar Rey, Profeta, Hijo de Dios; que hablaba siempre de su Reino, que desechaba eldivorcio, que se llamaba Pan de vida". Así sus palabras, sus instrucciones y sus parábolaseran desfiguradas, mezcladas con injurias, y presentadas como crímenes. Pero todos secontradecían, se perdían en sus relatos y no podían establecer ninguna acusación bienfundada. Los testigos comparecían más bien para decirle injurias en su presencia que paracitar hechos. Se disputaban entre ellos, y Caifás aseguraba muchas veces que la confusiónque reinaba en las deposiciones de los testigos era efecto de sus hechizos. Algunos dijeronque había comido la Pascua la víspera, que era contra la ley y que el año anterior había yahecho innovaciones en la ceremonia. Pero los testigos se contradijeron tanto, que Caifás ylos suyos estaban llenos de vergüenza y de rabia al ver que no podían justificar nada quetuviera algún fundamento. Nicodemus y José de Arimatea fueron citados a explicar sobre quehabía comido la pascua en una sala perteneciente a uno de ellos, y probaron, con escritosantiguos, que de tiempo inmemorial los galileos tenían el permiso de comer la Pascua un díaantes. Al fin, se presentaron otros dos diciendo: "Jesús ha dicho: Yo derribaré el temploedificado por las manos de los hombres y en tres días reedificaré uno que no estará hechopor mano de los hombres".No estaban éstos tampoco acordes. Caifás, lleno de cólera, exasperado por los discursoscontradictorios de los testigos, se levantó, bajó los escalones, y dijo: "Jesús: ¿No respondestú nada a ese testimonio?". Estaba muy irritado porque Jesús no lo miraba. Entonces losalguaciles, asiéndolo por los cabellos, le echaron la cabeza atrás y le pegaron puñadas bajola barba; pero sus ojos no se levantaron. Caifás elevó las manos con viveza, y dijo en tonode enfado: "Yo te conjuro por el Dios vivo que nos digas si eres el Cristo, el Mesías, el Hijode Dios". Había un profundo silencio, y Jesús, con una voz llena de majestad indecible, conla voz del Verbo Eterno, dijo: "Yo lo soy, tú lo has dicho. Y yo os digo que veréis al Hijo delhombre sentado a la derecha de la Majestad Divina, viniendo sobre las nubes del cielo".Mientras Jesús decía estas palabras, yo le vi resplandeciente: el cielo estaba abierto sobreÉl, y en una intuición que no puedo expresar, vi a Dios Padre Todopoderoso; vi también a losángeles, y la oración de los justos que subía hasta su Trono. Debajo de Caifás vi el infiernocomo una esfera de fuego, oscura, llena de horribles figuras. Él estaba encima, y parecíaseparado sólo por una gasa. Vi toda la rabia de los demonios concentrada en él. Toda lacasa me pareció un infierno salido de la tierra. Cuando el Señor declaró solemnemente queera el Cristo, Hijo de Dios, el infierno tembló delante de Él, y después vomitó todos susfurores en aquella casa. Caifás asió el borde de su capa, lo rasgó con ruido, diciendo en altavoz: "¡Has blasfemado! ¿Para qué necesitamos testigos? ¡Habéis oído? Él blasfema: ¿cuáles vuestra sentencia?".Entonces todos los asistentes gritaron con una voz terrible: "¡Es digno de muerte! ¡Es dignode muerte!". Durante esta horrible gritería, el furor del infierno llegó a lo sumo.Parecía que las tinieblas celebraban su triunfo sobre la luz. Todos los circunstantes queconservaban algo bueno fueron penetrados de tan horror que muchos se cubrieron la cabezay se fueron. Los testigos más ilustres salieron de la sala con la conciencia agitada. Los otrosse colocaron en el vestíbulo alrededor del fuego, donde les dieron dinero, de comer y debeber. El Sumo Sacerdote dijo a los alguaciles: "Os entrego este Rey; rendid al blasfemo los Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…121
  • 122. GETSEMANIhonores que merece". Enseguida se retiró con los miembros del Consejo a otra sala dondeno se le podía ver desde el vestíbulo.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 17.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando Caifás salió de la sala del tribunal, con los miembros del Consejo, una multitud demiserables se precipitó sobre Nuestro Señor, como un enjambre de avispas irritadas. Yadurante el interrogatorio de los testigos, toda aquella chusma le había escupido, abofeteado,pegado con palos y pinchado con agujas. Ahora, entregados sin freno a su rabia insana, leponían sobre la cabeza coronas de paja y de corteza de árbol y decían: "Ved aquí al hijo deDavid con la corona de su padre. Es el Rey que da una comida de boda para su hijo". Así seburlaban de las verdades eternas, que Él presentaba en parábolas a los hombres que veníaa salvar; y no cesaban de golpearle con los puños o con palos. Le taparon los ojos con untrapo asqueroso, y le pegaban, diciendo: "Gran Profeta, adivina quién te ha pegado". Jesúsno abría la boca; pedía por ellos interiormente y suspiraba. Vi que todo estaba lleno defiguras diabólicas; era todo tenebroso, desordenado y horrendo. Pero también vi confrecuencia una luz alrededor de Jesús, desde que había dicho que era el Hijo de Dios.Muchos de los circunstantes parecían tener un presentimiento de ello, más o menos confuso;sentían con inquietud que todas las ignominias, todos los insultos no podían hacerle perdersu indecible majestad. La luz que rodeaba a Jesús parecía redoblar el furor de sus ciegosenemigos.Oración de agradecimientoNEGACIÓN DE PEDROREFLEXIÓN No 18.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Pedro y Juan que habían seguido a Jesús de lejos, lograron entrar en el tribunal de Caifás.Ya no tuvieron fuerzas para contemplar en silencio las crueldades e ignominias que suMaestro tuvo que sufrir. Juan fue a juntarse con la Madre de Jesús, que en estos momentosse hallaba en casa de Marta. Pedro estaba silencioso; pero su silencio mismo y su tristeza lohacían sospechoso. La portera se acercó, y oyendo hablar de Jesús y de sus discípulos, miróa Pedro con descaro, y le dijo: "Tú eres también discípulo del Galileo". Pedro, asustado,inquieto y temiendo ser maltratado por aquellos hombres groseros, respondió: "Mujer, no leconozco; no sé lo que quieres decir". Entonces se levantó y queriendo deshacerse de aquellacompañía, salió del vestíbulo. Era el momento en que el gallo cantaba la primera vez. Al salir,otra criada le miró, y dijo: "Este también se ha visto con Jesús de Nazareth"; y los que Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…122
  • 123. GETSEMANIestaban a su lado preguntaron: "¿No eras tú uno de sus discípulos?". Pedro, asustado, hizonuevas protestas, y contestó: "En verdad, yo no era su discípulo; no conozco a ese hombre".Atravesó el primer patio, y vino al del exterior. Ya no podía hallar reposo, y su amor a Jesúslo llevó de nuevo al patio interior que rodea el edificio. Mas como oía decir a algunos:"¿Quién es ese hombre?", se acercó a la lumbre, donde se sentó un rato. Algunas personasque habían observado su agitación se pusieron a hablarle de Jesús en términos injuriosos.Una de ellas le dijo: "Tú eres uno de sus partidarios; tú eres Galileo; tu acento te haceconocer". Pedro procuraba retirarse; pero un hermano de Maleo, acercándose a él le dijo:"¿No eres tú el que yo he visto con ellos en el jardín de las Olivas, y que ha cortado la orejade mi hermano?". Pedro, en su ansiedad, perdió casi el uso de la razón: se puso a jurar queno conocía a ese hombre, y corrió fuera del vestíbulo al patio interior. Entonces el gallo cantópor segunda vez, y Jesús, conducido a la prisión por medio del patio, se volvió a mirarle condolor y compasión. Las palabras de Jesús: "Antes que el gallo cante dos veces, me has denegar tres", le vinieron a la memoria con una fuerza terrible. En aquel instante sintió cuánenorme era su culpa, y su corazón se partió. Había negado a su Maestro cuando estabacubierto de ultrajes, entregado a jueces inicuos, paciente y silencioso en medio de lostormentos. Penetrado de arrepentimiento, volvió al patio exterior con la cabeza cubierta yllorando amargamente. Ya no temía que le interpelaran: ahora hubiera dicho a todo el mundoquién y cuán culpable era.Oración de agradecimientoMARÍA EN CASA DE CAIFÁSREFLEXIÓN No 19.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La Virgen Santísima, hallándose constantemente en comunicación espiritual con Jesús,sabía todo lo que le sucedía, y sufría con Él. Estaba como Él en oración continua por susverdugos; pero su corazón materno clamaba también a Dios, para que no dejara cumplirseeste crimen, y que apartara esos dolores de su Santísimo Hijo. Tenía un vivo deseo deacercarse a Jesús, y pidió a Juan que la condujera cerca del sitio donde Jesús sufría. Juan,que no había dejado a su divino Maestro más que para consolar a la que estaba más cercade su corazón después de Él, condujo a las santas mujeres a través de las calles,alumbradas por el resplandor de la luna. Iban con la cabeza cubierta; pero sus sollozosatrajeron sobre ellas la atención de algunos grupos, y tuvieron que oír palabras injuriosascontra el Salvador. La Madre de Jesús contemplaba interiormente el suplicio de su Hijo, y loconservaba en su corazón como todo lo demás, sufriendo en silencio como Él. Al llegar a lacasa de Caifás, atravesó el patio exterior y se detuvo a la entrada del interior, esperando quele abrieran la puerta. Esta se abrió, y Pedro se precipitó afuera, llorando amargamente.María le dijo: "Simón, ¿qué ha sido de Jesús, mi Hijo?". Estas palabras penetraron hasta loíntimo de su alma. No pudo resistir su mirada; pero María se fue a él, y le dijo con profundatristeza: "Simón, ¿no me respondes?". Entonces Pedro exclamó, llorando: "¡Oh Madre, nome hables! Lo han condenado a muerte, y yo le he negado tres veces vergonzosamente".Juan se acercó para hablarle; pero Pedro, como fuera de sí, huyó del patio y se fue a lacaverna del monte de los Olivos. La Virgen Santísima tenía el corazón destrozado. Juan lacondujo delante del sitio donde el Señor estaba encerrado. María estaba en espíritu con Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…123
  • 124. GETSEMANIJesús; quería oír los suspiros de su Hijo y los oyó con las injurias de los que le rodeaban. Lassantas mujeres no podían estar allí mucho tiempo sin ser vistas; Magdalena mostraba unadesesperación demasiado exterior y muy violenta; y aunque la Virgen en lo más profundo desu dolor conservaba una dignidad y un silencio extraordinario, sin embargo, al oír estascrueles palabras: "¿No es la madre del Galileo? Su hijo será ciertamente crucificado; pero noantes de la fiesta, a no ser que sea el mayor de los criminales"; Juan y las santas mujerestuvieron que llevarla más muerta que viva. La gente no dijo nada, y guardó un extrañosilencio: parecía que un espíritu celestial había atravesado aquel infierno.Oración de agradecimientoJESÚS EN LA CÁRCELREFLEXIÓN No 20.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús estaba encerrado en un pequeño calabozo abovedado, del cual se conserva todavíauna parte. Dos de los cuatro alguaciles se quedaron con Él, pero pronto los relevaron otros.Cuando el Salvador entró en la cárcel, pidió a su Padre celestial que aceptara todos losmalos tratamientos que había sufrido y que tenía aún que sufrir, como un sacrificio expiatoriopor sus verdugos y por todos los hombres que, sufriendo iguales padecimientos, se dejaranllevar de la impaciencia o de la cólera.Los verdugos no le dieron un solo instante de reposo. Lo ataron en medio del calabozo a unpilar, y no le permitieron que se apoyara; de modo que apenas podía tenerse sobre sus piescansados, heridos e hinchados. No cesaron de insultarle y de atormentarle, y cuando los dosde guardia estaban cansados, los relevaban otros, que inventaban nuevas crueldades.Puedo contar lo que esos hombres crueles hicieron sufrir al Santo de los Santos; estoy muymala, y estaba casi muerta a esta vista. ¡Ah! ¡qué vergonzoso es para nosotros que nuestraflaqueza no pueda decir u oír sin repugnancia la historia de los innumerables ultrajes que elRedentor ha padecido por nuestra salvación! Nos sentimos penetrados de un horror igual alde un asesino obligado a poner la mano sobre las heridas de su víctima. Jesús lo sufrió todosin abrir la boca; y eran los hombres, los pecadores, los que derramaban su rabia sobre suHermano, su Redentor y su Dios. Yo también soy una pobre pecadora; yo también soy causade su dolorosa pasión. El día del juicio, cuando todo se manifieste, veremos todos la parteque hemos tomado en el suplicio del Hijo de Dios por los pecados que no cesamos decometer, y que son una participación en los malos tratamientos que esos miserables hicieronsufrir a Jesús. En su prisión el Divino Salvador pedía sin cesar por sus verdugos; y como alfin le dejaron un instante de reposo, lo vi recostado sobre el pilar, y completamente rodeadode luz. El día comenzaba a alborear: era el día de su Pasión, el día de nuestra redención; untenue rayo de luz caía por el respiradero del calabozo sobre nuestro Cordero pascual. Jesúselevó sus manos atadas hacia la luz que venía, y dio gracias a su Padre, en alta voz y de lamanera más tierna, por el don de este día tan deseado por los Patriarcas, por el cual Élmismo había suspirado con tanto ardor desde la llegada a la tierra. Antes ya había dicho asus discípulos: "Debo ser bautizado con otro bautismo, y estoy en la impaciencia hasta quese cumpla". He orado con Él, pero no puedo referir su oración; tan abatida estaba.Cuando daba gracias por aquel terrible dolor que sufría también por mí, yo no podía sinodecir sin cesar: "¡Ah! Dadme, dadme vuestros dolores: ellos me pertenecen, son el precio de Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…124
  • 125. GETSEMANImis pecados". Era un espectáculo que partía el corazón verlo recibir así el primer rayo de luzdel grande día de su sacrificio. Parecía que ese rayo llegaba hasta Él como el verdugo quevisita al reo en la cárcel, para reconciliarse con él antes de la ejecución. Los alguaciles, quese habían dormido un instante, despertaron y le miraron con sorpresa, pero no leinterrumpieron. Jesús estuvo poco más de una hora en esta prisión. Entre tanto Judas, quehabía andado errante como un desesperado en el valle de Hinón, se acercó al tribunal deCaifás. Tenía todavía colgadas de su cintura las treinta monedas, precio de su traición.Preguntó a los guardias de la casa, sin darse a conocer, qué harían con el Galileo. Ellos ledijeron: "Ha sido condenado a muerte y será crucificado". Judas se retiró detrás del edificiopara no ser visto, pues huía de los hombres como Caín, y la desesperación dominaba cadavez más a su alma. Permaneció oculto en los alrededores, esperando la conclusión del juiciode la mañana.Oración de agradecimientoJUICIO DE LA MAÑANAREFLEXIÓN No 21.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Al amanecer, Caifás, Anás, los ancianos y los escribas se juntaron de nuevo en la gran saladel tribunal, para pronunciar un juicio en forma, pues no era legal el juzgar en la noche: podíahaber sólo una instrucción preparatoria, a causa de la urgencia. La mayor parte de losmiembros había pasado el resto de la noche en casa de Caifás. La asamblea era numerosa,y había en todos sus movimientos mucha agitación. Como querían condenar a Jesús amuerte, Nicodemus, José y algunos otros se opusieron a sus enemigos, y pidieron que sedifiriese el juicio hasta después de la fiesta: hicieron presente que no se podía fundar unjuicio sobre las acusaciones presentadas ante el tribunal, porque todos los testigos secontradecían. Los príncipes de los sacerdotes y sus adeptos se irritaron y dieron a entenderclaramente a los que contradecían, que siendo ellos mismos sospechosos de ser favorablesa las doctrinas del Galileo, les disgustaba ese juicio, porque los comprendía también. Hastaquisieron excluir del Consejo a todos los que eran favorables a Jesús; estos últimos,declarando que no tomarían ninguna parte en todo lo que pudieran decidir, salieron de la salay se retiraron al templo. Desde aquel día no volvieron a entrar en el Consejo. Caifás ordenóque trajeran a Jesús delante de los jueces, y que se preparasen para conducirlo a Pilatosinmediatamente después del juicio. Los alguaciles se precipitaron en tumulto a la cárcel,desataron las manos de Jesús, le ataron cordeles al medio del cuerpo, y le condujeron a losjueces. Todo esto se hizo precipitadamente y con una horrible brutalidad. Caifás, lleno derabia contra Jesús, le dijo: "Si tú eres el ungido por Dios, si eres el Mesías, dínoslo". Jesúslevantó la cabeza, y dijo con una santa paciencia y grave solemnidad: "Si os lo digo, no mecreeréis; y si os interrogo, no me responderéis, ni me dejaréis marchar; pero desde ahora elHijo del hombre está sentado a la derecha del poder de Dios". Se miraron entre ellos, ydijeron a Jesús: "¿Tú eres, pues, el Hijo de Dios?". Jesús, con la voz de la verdad eterna,respondió: "Vos lo decís: yo lo soy". Al oír esto, gritaron todos: "¿Para qué queremos máspruebas? Hemos oído la blasfemia de su propia boca". Al mismo tiempo prodigaban a Jesúspalabras de desprecio: "¡Ese miserable, decían, ese vagabundo, que quiere ser el Mesías ysentarse a la derecha de Dios!". Le mandaron atar de nuevo y poner una cadena al cuello, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…125
  • 126. GETSEMANIcomo hacían con los condenados a muerte, para conducirlo a Pilatos. Habían enviado ya unmensajero a éste para avisarle que estuviera pronto a juzgar a un criminal, porque debíandarse prisa a causa de la fiesta. Hablaban entre sí con indignación de la necesidad quetenían de ir al gobernador romano para que ratificase la condena; porque en las materias queno concernían a sus leyes religiosas y las del templo, no podían ejecutar la sentencia demuerte sin su aprobación. Lo querían hacer pasar por un enemigo del Emperador, y bajoeste aspecto principalmente la condenación pertenecería a la jurisdicción de Pilatos. Lospríncipes de los sacerdotes y una parte del Consejo iban delante; detrás, el Salvadorrodeado de soldados; el pueblo cerraba la marcha. En este orden bajaron de Sión a la parteinferior de la ciudad, y se dirigieron al palacio de Pilatos.Oración de agradecimientoDESESPERACIÓN DE JUDASREFLEXIÓN No 22.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Mientras conducían a Jesús a casa de Pilatos, el traidor Judas oyó lo que se decía en elpueblo, y entendió palabras semejantes a éstas: "Lo conducen ante Pilatos; el gran Consejoha condenado al Galileo a muerte; tiene una paciencia excesiva, no responde nada, ha dichosólo que era el Mesías, y que estaría sentado a la derecha de Dios; por eso le crucificarán; elmalvado que le ha vendido era su discípulo, y poco antes aún había comido con Él el corderopascual; yo no quisiera haber tomado parte en esa acción; que el Galileo, sea lo que sea, almenos no ha conducido a la muerte a un amigo suyo por el dinero: "¡verdaderamente esemiserable merecería ser crucificado!". Entonces la angustia, el remordimiento y ladesesperación luchaban en el alma de Judas. Huyó, corrió como un insensato hasta eltemplo, donde muchos miembros del Consejo se habían reunido después del juicio de Jesús.Se miraron atónitos, y con una risa de desprecio lanzaron una mirada altanera sobre Judas,que, fuera de sí, arrancó de su cintura las treinta piezas, y presentándoselas con la manoderecha, dijo con voz desesperada: "Tomad vuestro dinero, con el cual me habéis hechovender al Justo; tomad vuestro dinero, y dejad a Jesús. Rompo nuestro pacto; he pecadovendiendo la sangre del inocente". Los sacerdotes le despreciaron; retiraron sus manos deldinero que les presentaba, para no manchársela tocando la recompensa del traidor, y ledijeron: "¡Qué nos importa que hayas pecado! Si crees haber vendido la sangre inocente, esnegocio tuyo; nosotros sabemos lo que hemos comprado, y lo hallamos digno de muerte!".Estas palabras dieron a Judas tal rabia y tal desesperación, que estaba como fuera de sí; loscabellos se le erizaron; rasgó el cinturón donde estaban las monedas, las tiró en el templo, yhuyó fuera del pueblo.Lo vi correr como un insensato en el vale de Hinón. Satanás, bajo una forma horrible, estabaa su lado, y le decía al oído, para llevarle a la desesperación, ciertas maldiciones de losProfetas sobre este valle, donde los judíos habían sacrificado sus hijos a los ídolos. Parecíaque todas sus palabras lo designaban, como por ejemplo: "Saldrán y verán los cadáveres delos que han pecado contra mí, cuyos gusanos no morirán, cuyo fuego no se apagará".Después repetía a sus oídos: "Caín ¿dónde está tu hermano Abel? ¿qué has hecho? Susangre me grita: eres maldito sobre la tierra, estás errante y fugitivo". Cuando llegó al torrentede Cedrón, y vio el monte de los Olivos, empezó a temblar, volvió los ojos y oyó de nuevo Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…126
  • 127. GETSEMANIestas palabras: "Amigo mío, ¿qué vienes a hacer? ¡Judas, tú vendes al Hijo del hombre conun beso!".Penetrado de horror hasta el fondo de su alma, llegó al pie de la montaña de los Escándalos,a un lugar pantanoso, lleno de escombros y de inmundicias. El ruido de la ciudad llegaba decuando en cuando a sus oídos con más fuerza, y Satanás le decía: "Ahora le llevan a lamuerte; tú le has vendido; ¿sabes tú lo que hay en la ley? El que vendiere un alma entre sushermanos los hijos de Israel, y recibiere el precio, debe ser castigado con la muerte. ¡Acabacontigo, miserable, acaba!". Entonces Judas, desesperado, tomó su cinturón y se colgó de unárbol que crecía en un bajo y que tenía muchas ramas. Cuando se hubo ahorcado, su cuerporeventó, y sus entrañas se esparcieron por el suelo.Oración de agradecimientoJESÚS CONDUCIDO A PRESENCIA DE PILATOSREFLEXIÓN No 23.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Condujeron al Salvador a Pilatos por en medio de la parte más frecuentada de la ciudad.Caifás, Anás y muchos miembros del gran Consejo marchaban delante con sus vestidos defiesta; los seguían un gran número de escribas y de judíos, entre los cuales estaban todoslos falsos testigos y los perversos fariseos que habían tomado la mayor parte de la acusaciónde Jesús. A poca distancia seguía el Salvador, rodeado de soldados. Iba desfigurado por losultrajes de la noche, pálido, la cara ensangrentada; y las injurias y los malos tratamientoscontinuaban sin cesar. Habían reunido mucha gente, para aparentar su entrada del Domingode Ramos. Lo llamaban Rey, por burla; echaban delante de sus pies piedras, palos ypedazos de trapos; se burlaban de mil maneras de su entrada triunfal. Jesús debía probar enel camino cómo los amigos nos abandonan en la desgracia; pues los habitantes de Ofelestaban juntos a la orilla del camino, y cuando lo vieron en un estado de abatimiento, su fe sealteró, no pudiendo representarse así al Rey, al Profeta, al Mesías, al Hijo de Dios. Losfariseos se burlaban de ellos a causa de su amor a Jesús, y les decían: "Ved a vuestro Rey,saludadlo. ¿No le decís nada ahora que va a su coronación, antes de subir al trono?Sus milagros se han acabado; el Sumo Sacerdote ha dado fin a sus sortilegios"; y otrosdiscursos de esta suerte. Estas pobres gentes, que habían recibido tantas gracias y tantosbeneficios de Jesús, se resfriaron con el terrible espectáculo que daban las personas másreverenciadas del país, los príncipes, los sacerdotes y el Sanhedrín. Los mejores seretiraron, dudando; los peores se juntaron al pueblo en cuanto les fue posible; pues losfariseos habían puesto guardias para mantener algún orden.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 24.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…127
  • 128. GETSEMANIEran poco más o menos las seis de la mañana, según nuestro modo de contar, cuando latropa que conducía a Jesús llegó delante del palacio de Pilatos. Anás, Caifás y los miembrosdel Consejo se pararon en los bancos que estaban entre la plaza y la entrada del tribunal.Jesús fue arrastrado hasta la escalera de Pilatos, quien estaba sobre una especie de azoteaavanzada. Cuando vio llegar a Jesús en medio de un tumulto tan grande, se levantó y hablóa los judíos con aire de desprecio. "¿Qué venís a hacer tan temprano? ¿Cómo habéis puestoa ese hombre en tal estado? ¿Comenzáis tan temprano a desollar vuestras víctimas?". Ellosgritaron a los verdugos: "¡Adelante, conducidlo al tribunal!"; y después respondieron aPilatos: "Escuchad nuestras acusaciones contra ese criminal. Nosotros no podemos entrar enel tribunal para no volvernos impuros". Los alguaciles hicieron subir a Jesús los escalones demármol, y lo condujeron así detrás de la azotea desde donde Pilatos hablaba a lossacerdotes judíos. Pilatos había oído hablar mucho de Jesús. Al verle tan horriblementedesfigurado por los malos tratamientos y conservando siempre una admirable expresión dedignidad, su desprecio hacia los príncipes de los sacerdotes se redobló; les dio a entenderque no estaba dispuesto a condenar a Jesús sin pruebas, y les dijo con tono imperioso: "¿Dequé acusáis a este hombre?". Ellos le respondieron: "Si no fuera un malhechor, no os lohubiéramos presentado". - "Tomadle, replicó Pilatos, y juzgadle según vuestra ley". Losjudíos dijeron: "Vos sabéis que nuestros derechos son muy limitados en materia de penacapital". Los enemigos de Jesús estaban llenos de violencia y de precipitación; queríanacabar con Jesús antes del tiempo legal de la fiesta, para poder sacrificar el Corderopascual. No sabían que el verdadero Cordero pascual era el que habían conducido al tribunaldel juez idólatra, en el cual temían contaminarse. Cuando el gobernador les mandó quepresentasen sus acusaciones, lo hicieron de tres principales, apoyada cada una por dieztestigos, y se esforzaron, sobre todo, en hacer ver a Pilatos que Jesús había violado losderechos del Emperador. Le acusaron primero de ser un seductor del pueblo, que perturbabala paz pública y excitaba a la sedición, y presentaron algunos testimonios. Añadieron queseducía al pueblo con horribles doctrinas, que decía que debían comer su carne y beber susangre para alcanzar la vida eterna. Pilatos miró a sus oficiales sonriéndose, y dirigió a losjudíos estas palabras picantes: "Parece que vosotros queréis seguir también su doctrina yalcanzar la vida eterna, pues queréis comer su carne y beber su sangre". La segundaacusación era que Jesús excitaba al pueblo, a no pagar el tributo al Emperador. Aquí Pilatos,lleno de cólera, los interrumpió con el tono de un hombre encargado especialmente de esto,y les dijo: "Es un grandísimo embuste; yo debo saber eso mejor que vosotros". Entonces losjudíos pasaron a la tercera acusación."Este hombre oscuro, de baja extracción, se ha hecho un gran partido, se ha hecho dar loshonores reales; pues ha enseñado que era el Cristo, el ungido del Señor, el Mesías, el Reyprometido a los judíos, y se hace llamar así". Esto fue también apoyado por diez testigos.Cuando dijeron que Jesús se hacía llamar el Cristo, el Rey de los judíos, Pilatos pareciópensativo. Fue desde la azotea a la sala del tribunal que estaba al lado, echó al pasar unamirada atenta sobre Jesús, y mandó a los guardias que se lo condujeran a la sala. Pilatos eraun pagano supersticioso, de un espíritu ligero y fácil de perturbar. No ignoraba que losProfetas de los judíos les habían anunciado, desde mucho tiempo, un ungido del Señor, unRey libertador y Redentor, y que muchos judíos lo esperaban. Pero no creía tales tradicionessobre un Mesías, y si hubiese querido formarse una idea de ellas, se hubiera figurado un Reyvictorioso y poderoso, como lo hacían los judíos instruidos de su tiempo y los herodianos. Poreso le pareció tan ridículo que acusaran a aquel hombre, que se le presentaba en tal estadode abatimiento, de haberse tenido por ese Mesías y por ese Rey. Pero como los enemigosde Jesús habían presentado esto como un ataque a los derechos del Emperador, mandó Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…128
  • 129. GETSEMANItraer al Salvador a su presencia para interrogarle. Pilatos miró a Jesús con admiración, y ledijo: "¿Tú eres, pues, el Rey de los judíos?". Y Jesús respondió: "¿Lo dices tú por ti mismo, oporque otros te lo han dicho de mí?". Pilatos, picado de que Jesús pudiera creerle bastanteextravagante para hacer por sí mismo una pregunta tan rara, le dijo: "¿Soy yo acaso judíopara ocuparme de semejantes necedades? Tu pueblo y sus sacerdotes te han entregado amis manos, porque has merecido la muerte. Dime lo que has hecho". Jesús le dijo conmajestad: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, yo tendríaservidores que combatirían por mí, para no dejarme caer en las manos de los judíos; pero mireino no es de este mundo". Pilatos se sintió perturbado con estas graves palabras y le dijocon tono más serio: "¿Tú eres Rey?". Jesús respondió: "Como tú lo dices, yo soy Rey. Henacido y he venido a este mundo para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad,escucha mi voz". Pilatos le miró, y dijo, levantándose: "¡La verdad! ¿Qué es la verdad?".Hubo otras palabras, de que no me acuerdo bien. Pilatos volvió a la azotea: no podíacomprender a Jesús; pero veía bien que no era un rey que pudiera dañar al Emperador, puesno quería ningún reino de este mundo. Y el Emperador se inquietaba poco por los reinos delotro mundo. Y así gritó a los príncipes de los sacerdotes desde lo alto de la azotea: "No halloningún crimen en este hombre". Los enemigos de Jesús se irritaron, y por todas partes salióun torrente de acusaciones contra Él. Pero el Salvador estaba silencioso, y oraba por lospobres hombres; y cuando Pilatos se volvió hacia Él, diciéndole: "¿No respondes nada aesas acusaciones?", Jesús no dijo una palabra. De modo que Pilatos, sorprendido, le volvió adecir: "Yo veo bien que no dicen más que mentiras contra ti". Pero los acusadorescontinuaron hablando con furor, y dijeron: "¡Cómo!, ¿no halláis crimen contra Él? ¿Acaso noes un crimen el sublevar al pueblo y extender su doctrina en todo el país, desde la Galileahasta aquí?". Al oír la palabra Galilea, Pilatos reflexionó un instante, y dijo: "¿Este hombre esGalileo y súbdito de Herodes?". "Sí - respondieron ellos -: sus padres han vivido en Nazareth,y su habitación actual es Cafarnaum". "Si es súbdito de Herodes - replicó Pilatos - conducidlodelante de él: ha venido aquí para la fiesta, y puede juzgarle". Entonces mandó conducir aJesús fuera del tribunal, y envió un oficial a Herodes para avisarle que le iban a presentar aJesús de Nazareth, súbdito suyo. Pilatos, muy satisfecho con evitar así la obligación dejuzgar a Jesús, deseaba por otra parte hacer una fineza a Herodes, quien estaba reñido conél, y quería ver a Jesús. Los enemigos del Salvador, furiosos de ver que Pilatos los echabaasí en presencia de todo el pueblo, hicieron recaer su rencor sobre Jesús. Lo ataron denuevo, y lo arrastraron, llenándolo de insultos y de golpes en medio de la multitud que cubríala plaza hasta el palacio de Herodes. Algunos soldados romanos se habían juntado a laescolta. Claudia Procla, mujer de Pilatos, le mandó a decir que deseaba muchísimo hablarle;y mientras conducían a Jesús a casa de Herodes, subió secretamente a una galería elevada,y miraba la escolta con mucha agitación y angustia.Oración de agradecimientoORIGEN DEL VIA CRUCISREFLEXIÓN No 25.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Durante esta discusión, la Madre de Jesús, Magdalena y Juan estuvieron en una esquina dela plaza, mirando y escuchando con un profundo dolor. Cuando Jesús fue conducido aHerodes, Juan acompañó a la Virgen y a Magdalena por todo el camino que había seguido Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…129
  • 130. GETSEMANIJesús. Así volvieron a casa de Caifás, a casa de Anás, a Ofel, a Getsemaní, al jardín de losOlivos, y en todos los sitios, donde el Señor se había caído o había sufrido, se paraban ensilencio, lloraban y sufrían con Él. La Virgen se prosternó más de una vez, y besó la tierra enlos sitios en donde Jesús se había caído.Este fue el principio del Via Crucis y de los honores rendidos a la Pasión de Jesús, aun antesde que se cumpliera. La meditación de la Iglesia sobre los dolores de su Redentor comenzóen la flor más santa de la humanidad, en la Madre virginal del Hijo del hombre. La Virgenpura y sin mancha consagró para la Iglesia el Vía Crucis, para recoger en todos los sitios,como piedras preciosas, los inagotables méritos de Jesucristo; para recogerlos como floressobre el camino y ofrecerlos a su Padre celestial por todos los que tienen fe. El dolor habíapuesto a Magdalena como fuera de sí. Su arrepentimiento y su gratitud no tenían límites, ycuando quería elevar hacia Él su amor, como el humo del incienso, veía a Jesús maltratado,conducido a la muerte, a causa de sus culpas, que había tomado sobre sí. Entonces suspecados la penetraban de horror, su alma se le partía, y todos esos sentimientos seexpresaban en su conducta, en sus palabras y en sus movimientos. Juan amaba y sufría.Conducía por la primera vez a la Madre de Dios por el camino de la cruz, donde la Iglesiadebía seguirla, y el porvenir se le aparecía.Oración de agradecimientoPILATOS Y SU MUJERREFLEXIÓN No 26.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Mientras conducían a Jesús a casa de Herodes, vi a Pilatos con su mujer Claudia Procla.Habló mucho tiempo con Pilatos, le rogó por todo lo que le era más sagrado, que no hiciesemal ninguno a Jesús, el Profeta, el Santo de los Santos, y le contó algo de las visionesmaravillosas que había tenido acerca de Jesús la noche precedente.Mientras hablaba, yo vi la mayor parte de esas visiones, pero no me acuerdo bien de quémodo se seguían. Ella vio las principales circunstancias de la vida de Jesús: la Anunciaciónde María, la Natividad, la Adoración de los Pastores y de los Reyes, la profecía de Simeón yde Ana, la huida a Egipto, la tentación en el desierto. Se le apareció siempre rodeado de luz,y vio la malicia y la crueldad de sus enemigos bajo las formas más horribles, vio suspadecimientos infinitos, su paciencia y su amor inagotables, la santidad y los dolores de suMadre. Estas visiones le causaron mucha inquietud y mucha tristeza; que todos esos objetoseran nuevos para ella, estaba suspensa y pasmada, y veía muchas de esas cosas, como,por ejemplo, la degollación de los inocentes y la profecía de Simeón, que sucedían cerca desu casa. Yo sé bien hasta qué punto un corazón compasivo puede estar atormentado poresas visiones; pues el que ha sentido una cosa, debe comprender lo que sienten los demás.Había sufrido toda la noche, y visto más o menos claramente muchas verdades maravillosas,cuando la despertó el ruido de la tropa que conducía a Jesús. Al mirar hacia aquel lado, vio alSeñor, el objeto de todos esos milagros que le habían sido revelados, desfigurado, herido,maltratado por sus enemigos. Su corazón se trastornó a esta vista, y mandó enseguidallamar a Pilatos, y le contó, en medio de su agitación, lo que le acababa de suceder. Ella nolo comprendía todo, y no podía expresarlo bien; pero rogaba, suplicaba, instaba a su maridodel modo más tierno. Pilatos, atónito y perturbado, unía lo que le decía su mujer con lo que Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…130
  • 131. GETSEMANIhabía recogido de un lado y de otro acerca de Jesús, se acordaba del furor de los judíos, delsilencio de Jesús y de las maravillosas respuestas a sus preguntas. Agitado e inquieto, cedióa los ruegos de su mujer, y le dijo: "He declarado que no hallaba ningún crimen en esehombre. No lo condenaré: he reconocido toda la malicia de los judíos". Le habló también delo que le había dicho Jesús; prometió a su mujer no condenar a Jesús, y le dio una prendacomo garantía de su promesa. No sé si era una joya, un anillo o un sello. Así se separaron.Pilatos era un hombre corrompido, indeciso, lleno de orgullo, y al mismo tiempo de bajeza: noretrocedía ante las acciones más vergonzosas, cuando encontraba en ellas su interés, y almismo tiempo se dejaba llevar por las supersticiones más ridículas cuando estaba en unaposición difícil. Así en la actual circunstancia consultaba sin cesar a sus dioses, a los cualesofrecía incienso en lugar secreto de su casa, pidiéndoles señales. Una de sus prácticassupersticiosas era ver comer a los pollos; pero todas estas cosas me parecían horribles, tantenebrosas y tan infernales, que yo volvía la cara con horror. Sus pensamientos eranconfusos, y Satanás le inspiraba tan pronto un proyecto como otro. La mayor confusiónreinaba en sus ideas, y él mismo no sabía lo que quería.Oración de agradecimientoJESÚS DELANTE DE HERODESREFLEXIÓN No 27.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:El Tetrarca Herodes tenía su palacio situado al norte de la plaza, en la parte nueva de laciudad, no lejos del de Pilatos. Una escolta de soldados romanos se había juntado a la de losjudíos, y los enemigos de Jesús, furiosos por los paseos que les hacían dar, no cesaban deultrajar al Salvador y de maltratarlo. Herodes, habiendo recibido el aviso de Pilatos, estabaesperando en una sala grande, sentado sobre almohadas que formaban una especie detrono. Los príncipes de los sacerdotes entraron y se pusieron a los lados, Jesús se quedó enla puerta. Herodes estuvo muy satisfecho al ver que Pilatos le reconocía, en presencia de lossacerdotes judíos, el derecho de juzgar a un Galileo. También se alegraba viendo delante desu tribunal, en estado de abatimiento, a ese Jesús que nunca se había dignadopresentársele. Había recibido tantas relaciones acerca de Él, de parte de los herodianos y detodos sus espías, que su curiosidad estaba excitada. Cuando Herodes vio a Jesús tandesfigurado, cubierto de golpes, la cara ensangrentada, su vestido manchado, aquel príncipevoluptuoso y sin energía sintió una compasión mezclada de disgusto.Profirió el nombre de Dios, volvió la cara con repugnancia, y dijo a los sacerdotes: "Llevadlo,limpiadlo; ¿cómo podéis traer a mi presencia un hombre tan lleno de heridas?". Losalguaciles llevaron a Jesús al vestíbulo, trajeron agua y lo limpiaron, sin cesar de maltratarlo.Herodes reprendió a los sacerdotes por su crueldad; parecía que quería imitar la conducta dePilatos, pues también les dijo: "Ya se ve que ha caído entre las manos de los carniceros;comenzáis las inmolaciones antes de tiempo". Los príncipes de los sacerdotes reproducíancon empeño sus quejas y sus acusaciones. Herodes, con énfasis y largamente, repitió aJesús todo lo que sabía de Él, le hizo muchas preguntas y le pidió que hiciera un prodigio.Jesús no respondía una palabra, y estaba delante de él con los ojos bajos, lo que irritó aHerodes. Me fue explicado que Jesús no habló, por estar Herodes excomulgado, a causa desu casamiento adúltero con Herodías y de la muerte de Juan Bautista. Anás y Caifás se Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…131
  • 132. GETSEMANIaprovecharon del enfado que le causaba el silencio de Jesús, y comenzaron otra vez susacusaciones: añadieron que había llamado a Herodes una zorra, y que pretendía estableceruna nueva religión. Herodes, aunque irritado contra Jesús, era siempre fiel a sus proyectospolíticos. No quería condenar al que Pilatos había declarado inocente, y creía convenientemostrarse obsequioso hacia el gobernador en presencia de los príncipes de los sacerdotes.Llenó a Jesús de desprecios, y dijo a sus criados y a sus guardias, cuyo número se elevabaa doscientos en su palacio: "Tomad a ese insensato, y rendid a ese Rey burlesco los honoresque merece. Es más bien un loco que un criminal". Condujeron al Salvador a un gran patio,donde lo llenaron de malos tratamientos y de escarnio. Uno de ellos trajo un gran sacoblanco y con grandes risotadas se lo echaron sobre la cabeza a Jesús. Otro soldado trajootro pedazo de tela colorada, y se la pusieron al cuello. Entonces se inclinaban delante de Él,lo empujaban, lo injuriaban, le escupían, le pegaban en la cara, porque no había queridoresponder a su Rey. Le hacían mil saludos irrisorios, le arrojaban lodo, tiraban de Él comopara hacerle danzar; habiéndolo echado al suelo, lo arrastraron hasta un arroyo que rodeabael patio, de modo que su sagrada cabeza pegaba contra las columnas y los ángulos de lasparedes. Después lo levantaron, para renovar los insultos. Su cabeza estaba ensangrentaday lo vi caer tres veces bajo los golpes; pero vi también ángeles que le ungían la cabeza, y mefue revelado que sin este socorro del cielo, los golpes que le daban hubieran sido mortales.El tiempo urgía, los príncipes de los sacerdotes tenían que ir al templo, y cuando supieronque todo estaba dispuesto como lo habían mandado, pidieron otra vez a Herodes quecondenara a Jesús; pero éste, para conformarse con las ideas de Pilatos, le mandó a Jesúscubierto con el vestido de escarnio.Oración de agradecimientoDE HERODES A PILATOSREFLEXIÓN No 28.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Los enemigos de Jesús le condujeron de Herodes a Pilatos. Estaban avergonzados de tenerque volver al sitio donde había sido ya declarado inocente. Por eso tomaron otro caminomucho más largo, para presentarle en medio de su humillación a otra parte de la ciudad, ytambién con el fin de dar tiempo a sus agentes para que agitaran los grupos conforme a susproyectos. Ese camino era más duro y más desigual, y todo el tiempo que duró no cesaronde maltratar a Jesús. La ropa que le habían puesto le impedía andar, se cayó muchas vecesen el lodo, lo levantaron a patadas, y dándole palos en la cabeza; recibió ultrajes infinitos,tanto de parte de los que le conducían, como del pueblo que se juntaba en el camino. Jesúspedía a Dios no morir, para poder cumplir su pasión y nuestra redención. Eran las ocho ycuarto cuando llegaron al palacio de Pilatos. La Virgen Santísima, Magdalena, y otrasmuchas santas mujeres, hasta veinte, estaban en un sitio, donde lo podían oír todo. Uncriado de Herodes había venido ya a decir a Pilatos que su amo estaba lleno de gratitud porsu fineza, y que no habiendo hallado en el célebre Galileo más que un loco estúpido, le habíatratado como tal, y se lo volvía. Los alguaciles hicieron subir a Jesús la escalera con labrutalidad ordinaria; pero se enredó en su vestido, y cayó sobre los escalones de mármolblanco, que se tiñeron con la sangre de su cabeza sagrada; el pueblo reía de su caída y lossoldados le pegaban para levantarlo. Pilatos avanzó sobre la azotea, y Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…132
  • 133. GETSEMANIdijo a los acusadores de Jesús: "Me habéis traído a este hombre, como a un agitador delpueblo, le he interrogado delante de vosotros y no le he hallado culpable del crimen que leimputáis. Herodes tampoco le encuentra criminal. Por consiguiente, le mandaré azotar ydejarle". Violentos murmullos se elevaron entre los fariseos. Era el tiempo en que el pueblovenía delante del gobernador romano para pedirle, según una antigua costumbre, la libertadde un preso. Los fariseos habían enviado sus agentes con el fin de excitar a la multitud, a nopedir la libertad de Jesús, sino su suplicio.Pilatos esperaba que pedirían la libertad de Jesús, y tuvo la idea de dar a escoger entre Él yun insigne criminal, llamado Barrabás, que horrorizaba a todo el mundo. Hubo un movimientoen el pueblo sobre la plaza: un grupo se adelantó, encabezado por sus oradores, quegritaron a Pilatos: "Haced lo que habéis hecho siempre por la fiesta".Pilatos les dijo: "Es costumbre que liberte un criminal en la Pascua. ¿A quién queréis queliberte: a Barrabás o al Rey de los Judíos, Jesús, que dicen el ungido del Señor?".A esta pregunta de Pilatos hubo alguna duda en la multitud, y sólo algunas voces gritaron:"¡Barrabás!". Pilatos, habiendo sido llamado por un criado de su mujer, salió de la azotea uninstante, y el criado le presentó la prenda que él le había dado, diciéndole: "Claudia Procla osrecuerda la promesa de esta mañana". Mientras tanto los fariseos y los príncipes de lossacerdotes estaban en una grande agitación, amenazaban y ordenaban. Pilatos habíadevuelto su prenda a su mujer, para decirle que quería cumplir su promesa, y volvió apreguntar con voz alta: "¿Cuál de los dos queréis que liberte?". Entonces se elevó un gritogeneral en la plaza: "No queremos a este, sino a Barrabás". Pilatos dijo entonces: "¿Quéqueréis que haga con Jesús, que se llama Cristo?". Todos gritaron tumultuosamente: "¡Quesea crucificado!, ¡que sea crucificado!". Pilatos preguntó por tercera vez: "Pero, ¿qué mal hahecho? Yo no encuentro en Él crimen que merezca la muerte. Voy a mandarlo azotar ydejarlo".Pero el grito "¡crucificadlo!, ¡crucificadlo!" se elevó por todas partes como una tempestadinfernal; los príncipes de los sacerdotes y los fariseos se agitaban y gritaban como furiosos.Entonces el débil Pilatos dio libertad al malhechor Barrabás, y condenó a Jesús a laflagelación.Oración de agradecimientoFLAGELACIÓN DE JESÚSREFLEXIÓN No 29.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Pilatos, juez cobarde y sin resolución, había pronunciado muchas veces estas palabras,llenas de bajeza: "No hallo crimen en Él; por eso voy a mandarle azotar y a darle libertad".Los judíos continuaban gritando: "¡Crucificadlo! ¡crucificadlo!". Sin embargo, Pilatos quisoque su voluntad prevaleciera y mandó azotar a Jesús a la manera de los romanos. Al nortedel palacio de Pilatos, a poca distancia del cuerpo de guardia, había una columna que servíapara azotar. Los verdugos vinieron con látigos, varas y cuerdas, y las pusieron al pie de lacolumna. Eran seis hombres morenos, malhechores de la frontera de Egipto, condenados porsus crímenes a trabajar en los canales y en los edificios públicos, y los más perversos deentre ellos hacían el oficio de verdugos en el Pretorio. Esos hombres crueles habían ya atadoa esa misma columna y azotado hasta la muerte a algunos pobres condenados. Dieron de Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…133
  • 134. GETSEMANIpuñetazos al Señor, le arrastraron con las cuerdas, a pesar de que se dejaba conducir sinresistencia, y lo ataron brutalmente a la columna. Esta columna estaba sola y no servía deapoyo a ningún edificio. No era muy elevada; pues un hombre alto, extendiendo el brazo,hubiera podido alcanzar la parte superior. A media altura había anillas y ganchos. No sepuede expresar con qué barbarie esos perros furiosos arrastraron a Jesús: le arrancaron lacapa de irrisión de Herodes y le echaron casi al suelo. Jesús abrazó a la columna; losverdugos le ataron las manos, levantadas por alto a un anillo de hierro, y extendieron tantosus brazos en alto, que sus pies, atados fuertemente a lo bajo de la columna, tocabanapenas al suelo. El Señor fue así extendido con violencia sobre la columna de losmalhechores; y dos de esos furiosos comenzaron a flagelar su cuerpo sagrado desde lacabeza hasta los pies. Sus látigos o sus varas parecían de madera blanca flexible; puede sertambién que fueran nervios de buey o correas de cuero duro y blanco. El Hijo de Diostemblaba y se retorcía como un gusano. Sus gemidos dulces y claros se oían como unaoración en medio del ruido de los golpes. De cuando en cuando los gritos del pueblo y de losfariseos, cual tempestad ruidosa, cubrían sus quejidos dolorosos y llenos de bendiciones,diciendo: "¡Hacedlo morir! ¡crucificadlo!". Pilatos estaba todavía hablando con el pueblo, ycada vez que quería decir algunas palabras en medio del tumulto popular, una trompetatocaba para pedir silencio. Entonces se oía de nuevo el ruido de los azotes, los quejidos deJesús, las imprecaciones de los verdugos y el balido de los corderos pascuales. Ese balidopresentaba un espectáculo tierno: eran las sotavoces que se unían a los gemidos de Jesús.El pueblo judío estaba a cierta distancia de la columna, los soldados romanos ocupandodiferentes puntos, iban y venían, muchos profiriendo insultos, mientras que otros se sentíanconmovidos y parecía que un rayo de Jesús les tocaba. Algunos alguaciles de los príncipesde los sacerdotes daban dinero a los verdugos, y les trajeron un cántaro de una bebidaespesa y colorada, para que se embriagasen. Pasado un cuarto de hora, los verdugos queazotaban a Jesús fueron reemplazados por otros dos. La sangre del Salvador corría por elsuelo. Por todas partes se oían las injurias y las burlas. Los segundos verdugos se echaroncon una nueva rabia sobre Jesús; tenían otra especie de varas: eran de espino con nudos ypuntas. Los golpes rasgaron todo el cuerpo de Jesús; su sangre saltó a cierta distancia, yellos tenían los brazos manchados. Jesús gemía, oraba y se estremecía. Muchos extranjerospasaron por la plaza, montados sobre camellos y se llenaron de horror y de pena cuando elpueblo les explicó lo que pasaba. Eran viajeros que habían recibido el bautismo de Juan, oque habían oído los sermones de Jesús sobre la montaña. El tumulto y los griegos nocesaban alrededor de la casa de Pilatos. Otros nuevos verdugos pegaron a Jesús concorreas, que tenían en las puntas unos garfios de hierro, con los cuales le arrancaban lacarne a cada golpe. ¡Ah! ¡quién podría expresar este terrible y doloroso espectáculo! Lahorrible flagelación había durado tres cuartos de hora, cuando un extranjero de clase inferior,pariente del ciego Ctesifón, curado por Jesús, se precipitó sobre la columna con una navaja,que tenía la figura de una cuchilla, gritando en tono de indignación: "¡Parad! No peguéis aese inocente hasta hacerle morir". Los verdugos, hartos, se pararon sorprendidos; cortórápidamente las cuerdas, atadas detrás de la columna, y se escondió en la multitud. Jesúscayó, casi sin conocimiento, al pie de la columna sobre el suelo, bañado en sangre. Losverdugos le dejaron, y se fueron a beber, llamando antes a los criados, que estaban en elcuerpo de guardia tejiendo la corona de espinas.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 30. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…134
  • 135. GETSEMANIOración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Vi a la Virgen Santísima en un éxtasis continuo durante la flagelación de nuestro divinoRedentor. Ella vio y sufrió con un amor y un dolor indecibles todo lo que sufría su Hijo.Muchas veces salían de su boca leves quejidos y sus ojos estaban bañados en lágrimas. Lassantas mujeres, temblando de dolor y de inquietud, rodeaban a la Virgen y lloraban como sihubiesen esperado su sentencia de muerte.María tenía un vestido largo azul, y por encima una capa de lana blanca, y un velo de unblanco casi amarillo. Magdalena, pálida y abatida de dolor, tenía los cabellos en desordendebajo de su velo. La cara de la Virgen estaba pálida y desencajada, sus ojos colorados delas lágrimas. No puedo expresar su sencillez y dignidad. Desde ayer no ha cesado de andarerrante, en medio de angustias, por el valle de Josafat y las calles de Jerusalén, y, sinembargo, no hay ni desorden ni descompostura en su vestido, no hay un solo pliegue que norespire santidad; todo en ella es digno, lleno de pureza y de inocencia. María miramajestuosamente a su alrededor, y los pliegues de su velo, cuando vuelve la cabeza, tienenuna vista singular. Sus movimientos son sin violencia, y en medio del dolor más amargo, suaspecto es sereno. Su vestido está húmedo del rocío de la noche y de las abundanteslágrimas que ha derramado. Es bella, de una belleza indecible y sobrenatural; esta belleza espureza inefable, sencillez, majestad y santidad. Magdalena tiene un aspecto diferente. Esmás alta y más fuerte, su persona y sus movimientos son más pronunciados. Pero laspasiones, el arrepentimiento, su dolor enérgico han destruido su belleza. Da miedo al verlatan desfigurada por la violencia de su desesperación; sus largos cabellos cuelgan desatadosdebajo de su velo despedazado. Está toda trastornada, no piensa más que en su dolor, yparece casi una loca. Hay mucha gente de Magdalum y de sus alrededores que la han vistollevar una vida escandalosa. Como ha vivido mucho tiempo escondida, hoy la señalan con eldedo y la llenan de injurias, y aún los hombres del populacho de Magdalum le tiran lodo. Peroella no advierte nada, tan grande y fuerte es su dolor. Cuando Jesús, después de laflagelación, cayó al pie de la columna, vi a Claudia Procla, mujer de Pilatos, enviar a la Madrede Dios grandes piezas de tela.No sé si creía que Jesús sería libertado, y que su Madre necesitaría esa tela para curar susllagas o si esa pagana compasiva sabía a qué uso la Virgen Santísima destinaría su regalo.María viendo a su Hijo despedazado, conducido por los soldados, extendió las manos haciaÉl y siguió con los ojos las huellas ensangrentadas de sus pies.Habiéndose apartado el pueblo, María y Magdalena se acercaron al sitio en donde Jesúshabía sido azotado; escondidas por las otras santas mujeres, se bajaron al suelo cerca de lacolumna, y limpiaron por todas partes la sangre sagrada de Jesús con el lienzo que ClaudiaProcla había mandado. Eran las nueve de la mañana cuando acabó la flagelación.Oración de agradecimientoLA CORONACIÓN DE ESPINASREFLEXIÓN No 31.Oración de preparación Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…135
  • 136. GETSEMANIGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La coronación de espinas se hizo en el patio interior del cuerpo de guardia. El pueblo estabaalrededor del edificio; pero pronto fue rodeado de mil soldados romanos, puestos en buenorden, cuyas risas y burlas excitaban el ardor de los verdugos de Jesús, como los aplausosdel público excitan a los cómicos. En medio del patio había el trozo de una columna; pusieronsobre él un banquillo muy bajo.Habiendo arrastrado a Jesús brutalmente a este asiento, le pusieron la corona de espinasalrededor de la cabeza, y le atacaron fuertemente por detrás. Estaba hecha de tres varas deespino bien trenzadas, y la mayor parte de las puntas eran torcidas a propósito para adentro.Habiéndosela atado, le pusieron una caña en la mano; todo esto lo hicieron con unagravedad irrisoria, como si realmente lo coronasen rey. Le quitaron la caña de las manos, y lepegaron con tanta violencia en la corona de espinas, que los ojos del Salvador se inundaronde sangre. Sus verdugos arrodillándose delante de Él le hicieron burla, le escupieron a lacara, y le abofetearon, gritándole: "¡Salve, Rey de los judíos!". No podría repetir todos losultrajes que imaginaban estos hombres. El Salvador sufría una sed horrible, su lenguaestaba retirada, la sangre sagrada, que corría de su cabeza, refrescaba su boca ardiente yentreabierta. Jesús fue así maltratado por espacio de media hora en medio de la risa, de losgritos y de los aplausos de los soldados formados alrededor del Pretorio.Oración de agradecimiento¡Ecce Homo!REFLEXIÓN No 32.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Jesús, cubierto con la capa colorada, la corona de espinas sobre la cabeza, y el cetro decañas en las manos atadas, fue conducido al palacio de Pilatos. Cuando llegó delante delgobernador, este hombre cruel no pudo menos de temblar de horror y de compasión,mientras el pueblo y los sacerdotes le insultaban y le hacían burla. Jesús subió losescalones. Tocaron la trompeta para anunciar que el gobernador quería hablar. Pilatos sedirigió a los príncipes de los sacerdotes y a todos los circunstantes, y les dijo: "Os lo presentootra vez para que sepáis que no hallo en Él ningún crimen".Jesús fue conducido cerca de Pilatos, de modo que todo el pueblo podía verlo. Era unespectáculo terrible y lastimoso la aparición del Hijo de Dios ensangrentado, con la corona deespinas, bajando sus ojos sobre el pueblo, mientras Pilatos, señalándole con el dedo, gritabaa los judíos: "¡Ecce Homo!". Los príncipes de los sacerdotes y sus adeptos, llenos de furia,gritaron: "¡Que muera! ¡Que sea crucificado!". - "¿No basta ya?", dijo Pilatos. "Ha sido tratadode manera que no le quedará gana de ser Rey".Pero estos insensatos gritaron cada vez más: "¡Que muera! ¡Que sea crucificado!".Pilatos mandó tocar la trompeta, y dijo: "Entonces, tomadlo y crucificadlo, pues no hallo en Élningún crimen". Algunos de los sacerdotes gritaron: "¡Tenemos una ley por la cual debemorir, pues se ha llamado Hijo de Dios!". Estas palabras, se ha llamado Hijo de Dios,despertaron los temores supersticiosos de Pilatos; hizo conducir a Jesús aparte, y lepreguntó de dónde era. Jesús no respondió, y Pilatos le dijo: "¿No me respondes? ¿No Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…136
  • 137. GETSEMANIsabes que puedo crucificarte o ponerte en libertad?". Y Jesús respondió: "No tendrías tú esepoder sobre mí, si no lo hubieses recibido de arriba; por eso el que me ha entregado en tusmanos ha cometido un gran pecado".Pilatos, en medio de su incertidumbre, quiso obtener del Salvador una respuesta que losacara de este penoso estado: volvió al Pretorio, y se estuvo solo con Él. "¿Será posible quesea un Dios? se decía a sí mismo, mirando a Jesús ensangrentado y desfigurado; después lesuplicó que le dijera si era Dios, si era el Rey prometido a los judíos, hasta dónde se extendíasu imperio, y de qué orden era su divinidad. No puedo repetir más que el sentido de larespuesta de Jesús. El Salvador le habló con gravedad y severidad; le dijo en qué consistíasu reino y su imperio; después le reveló todos los crímenes secretos que él había cometido;le predijo la suerte miserable que le esperaba, y le anunció que el Hijo del hombre vendría apronunciar contra él un juicio justo. Pilatos, medio atemorizado y medio irritado de laspalabras de Jesús, volvió al balcón, y dijo otra vez que quería libertar a Jesús. Entoncesgritaron: "¡Si lo libertas, no eres amigo del César!". Otros decían que lo acusarían delante delEmperador, de haber agitado su fiesta, que era menester acabar, porque a las diez teníanque estar en el templo. Por todas partes se oía gritar: "¡Que sea crucificado!"; hasta encimade las azoteas, donde había muchos subidos. Pilatos vio que sus esfuerzos eran inútiles. Eltumulto y los gritos eran horribles, y la agitación del pueblo era tan grande que podía temerseuna insurrección. Pilatos mandó que le trajesen agua; un criado se la echó sobre las manosdelante del pueblo, y el gritó desde lo alto de la azotea: "Yo soy inocente de la sangre deeste Justo; vosotros responderéis por ella". Entonces se levantó un grito horrible y unánimede todo el pueblo, que se componía de gentes de toda la Palestina: "¡Que su sangre caigasobre nosotros y sobre nuestros descendientes!".Oración de agradecimientoJESÚS CONDENADO A MUERTEREFLEXIÓN No 33.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando los judíos, habiendo pronunciado la maldición sobre sí y sobre sus hijos, pidieronque esa sangre redentora, que pide misericordia para nosotros, pidiera venganza contraellos; Pilatos mandó traer sus vestidos de ceremonia, se puso un tocado, en donde brillabauna piedra preciosa y otra capa. Estaba rodeado de soldados, precedido de oficiales deltribunal y por delante tenía un hombre que tocaba la trompeta. Así fue desde su palaciohasta la plaza, donde había, enfrente de la columna de la flagelación, un sitio elevado parapronunciar los juicios. Este tribunal se llamaba Gabbata: era una elevación redonda, dondese subía por escalones.Muchos de los fariseos se habían ido ya al templo. No hubo más que Anás, Caifás y otrosveintiocho, que vinieron al tribunal cuando Pilatos se puso sus vestidos de ceremonia. Losdos ladrones también fueron conducidos al tribunal, y el Salvador, con su capa colorada y sucorona de espinas, fue colocado en medio de ellos. Cuando Pilatos se sentó, dijo a losjudíos: "¡Ved aquí a vuestro Rey!"; y ellos respondieron: "¡Crucificadlo!". "¿Queréis quecrucifique a vuestro Rey?", volvió a decir Pilatos."¡No tenemos más Rey que al César!" gritaron los príncipes de los sacerdotes. Pilatos no dijonada más, y comenzó a pronunciar el juicio. Los príncipes de los sacerdotes habían diferido Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…137
  • 138. GETSEMANIla ejecución de los dos ladrones, ya anteriormente condenados al suplicio de la cruz, porquequerían hacer una afrenta más a Jesús, asociándolo en su suplicio a dos malhechores de laúltima clase. Pilatos comenzó por un largo preámbulo, en el cual daba los nombres mássublimes al emperador Tiberio; después expuso la acusación intentada contra Jesús, que lospríncipes de los sacerdotes habían condenado a muerte, por haber agitado la paz pública yviolado su ley, haciéndose llamar Hijo de dios y Rey de los judíos, habiendo el pueblo pedidosu muerte por voz unánime. El miserable añadió que encontraba esa sentencia conforme a lajusticia, él, que no había cesado de proclamar la inocencia de Jesús, y al acabar dijo:"Condeno a Jesús de Nazareth, Rey de los judíos, a ser crucificado"; y mandó traer la cruz.Me parece que rompió un palo largo y que tiró los pedazos a los pies de Jesús. MientrasPilatos pronunciaba su juicio inicuo, vi que su mujer Claudia Procla le devolvía su prenda y larenunciaba. La tarde de este mismo día se salió secretamente del palacio, para refugiarsecon los amigos de Jesús. Ese mismo día, a poco tiempo después, vi a un amigo del Salvadorgrabar sobre una piedra verdusca, detrás de la altura de Gabbata, dos líneas donde habíaestas palabras: Judex injustus, y el nombre de Claudia Procla. Esta piedra se halla todavíaen los cimientos de una casa o de una iglesia en Jerusalén, en el sitio donde estabaGabbata. Claudia Procla se hizo cristiana, siguió a San Pablo, y fue su fiel discípula. Los dosladrones estaban a la derecha y a la izquierda de Jesús: tenían las manos atadas y unacadena al cuello; el que se convirtió después, se mantuvo desde entonces tranquilo ypensativo; el otro, grosero e insolente, se unió a los alguaciles para maldecir e insultar aJesús, que miraba a sus dos compañeros con amor, y ofrecía sus tormentos por la salvación.Los alguaciles juntaban los instrumentos del suplicio, y lo preparaban todo para esta terrible ydolorosa marcha. Anás y Caifás habían acabado sus discusiones con Pilatos: tenían dosbandas de pergamino con la copia de la sentencia, y se dirigían con precipitación al templotemiendo llegar tarde.Oración de agradecimientoJESÚS CON LA CRUZ A CUESTASREFLEXIÓN No 34.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando Pilatos salió del tribunal, una parte de los soldados le siguió, y se formó delante delpalacio; una pequeña escolta se quedó con los condenados. Veintiocho fariseos armadosvinieron a caballo para acompañar al suplicio a nuestro Redentor.Los alguaciles lo condujeron al medio de la plaza, donde vinieron esclavos a echar la cruz asus pies. Los dos brazos estaban provisionalmente atados a la pieza principal con cuerdas.Jesús se arrodilló cerca de ella, la abrazó y la besó tres veces, dirigiendo a su Padreacciones de gracia por la redención del género humano. Los soldados levantaron a Jesússobre sus rodillas, y tuvo que cargar con mucha pena con esta carga pesada sobre suhombro derecho. Vi ángeles invisibles ayudarle, pues si no, no hubiera podido levantarla.Mientras Jesús oraba, pusieron sobre el pescuezo a los dos ladrones las piezas traveserasde sus cruces, atándoles las manos; las grandes piezas las llevaban esclavos. La trompetade la caballería de Pilatos tocó; uno de los fariseos a caballo se acercó a Jesús, arrodilladobajo su carga; y entonces comenzó la marcha triunfal del Rey de los reyes, tan ignominiosasobre la tierra y tan gloriosa en el cielo. Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…138
  • 139. GETSEMANIHabían atado dos cuerdas a la punta del árbol de la cruz y dos soldados la mantenían en elaire; otros cuatro tenían cuerdas atadas a la cintura de Jesús. El Salvador, bajo su peso, merecordó a Isaac, llevando a la montaña la leña para su sacrificio. La trompeta de Pilatos dio laseñal de marcha, porque el gobernador en persona quería ponerse a la cabeza de undestacamento para impedir todo movimiento tumultuoso. Iba a caballo, rodeado de susoficiales y de tropa de caballería. Detrás venía un cuerpo de trescientos hombres deinfantería, todos de la frontera de Italia y de Suiza.Delante se veía una trompa que tocaba en todas las esquinas y proclamaba la sentencia. Apocos pasos seguía una multitud de hombres y de chiquillos, que traían cordeles, clavos,cuñas y cestas que contenían diferentes objetos; otros, más robustos, traían palos, escalerasy las piezas principales de las cruces de los dos ladrones. Detrás se notaban algunosfariseos a caballo, y un joven que llevaba sobre el pecho la inscripción que Pilatos habíahecho para la cruz. Llevaban también en la punta de un palo la corona de espinas de Jesús,que no habían querido dejarle sobre la cabeza mientras cargaba la cruz. Al fin venía nuestroSeñor, los pies desnudos y ensangrentados, abrumado bajo el peso de la cruz, temblando,debilitado por la pérdida de la sangre y devorado de calentura y de sed. Con la manoderecha sostenía la cruz sobre su hombro derecho; su mano izquierda, cansada, hacía decuando en cuando esfuerzos para levantarse su largo vestido, con que tropezaban sus piesheridos. Cuatro soldados tenían a grande distancia la punta de los cordeles atados a lacintura; los dos de delante le tiraban; los dos que seguían le empujaban, de suerte que nopodía asegurar su paso. A su rededor no había más que irrisión y crueldad; mas su bocarezaba y sus ojos perdonaban. Detrás de Jesús iban los dos ladrones, llevados también porcuerdas. La mitad de los fariseos a caballo cerraba la marcha; algunos de ellos corrían acá yallá para mantener el orden. A una distancia bastante grande venía la escolta de Pilatos: elgobernador romano tenía su uniforme de guerra; en medio de sus oficiales, precedido de unescuadrón de caballería, y seguido de trescientos infantes, atravesó la plaza, y entró en unacalle bastante ancha. Jesús fue conducido por una calle estrecha, para no estorbar a la genteque iba al templo ni a la tropa de Pilatos. La mayor parte del pueblo se había puesto enmovimiento, después de haber condenado a Jesús. Una gran parte de los judíos se fueron asus casas o al templo; sin embargo, la multitud era todavía numerosa, y se precipitabandelante para ver pasar la triste procesión. La calle por donde pasaba Jesús era muy estrechay muy sucia; tuvo mucho que sufrir; el pueblo lo injuriaba desde las ventanas, los esclavos letiraban lodo y hasta los niños traían piedras en sus vestidos para echarlas delante de los piesdel Salvador.Oración de agradecimientoPRIMERA CAÍDA DE JESÚS DEBAJO DE LA CRUZREFLEXIÓN No 35.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La calle, poco antes de su fin, tuerce a la izquierda, se ensancha y sube un poco; por ellapasa un acueducto subterráneo, que viene del monte de Sión. Antes de la subida hay unhoyo, que tiene con frecuencia agua y lodo cuando llueve, por cuya razón han puesto unapiedra grande para facilitar el paso. Cuando llegó Jesús a este sitio, ya no podía andar; comolos solados tiraban de Él y lo empujaban sin misericordia, cayó a lo largo contra esa piedra, y Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…139
  • 140. GETSEMANIla cruz cayó a su lado. Los verdugos se pararon, llenándolo de imprecaciones y pegándole;en vano Jesús tendía la mano para que le ayudasen, diciendo: "¡Ah, presto se acabará!", yrogó por sus verdugos; mas los fariseos gritaron: "¡Levantadlo, si no morirá en nuestrasmanos!". A los dos lados del camino había mujeres llorando y niños asustados. Sostenido porun socorro sobrenatural, Jesús levantó la cabeza, y aquellos hombres atroces, en lugar dealiviar sus tormentos, le pusieron la corona de espinas. Habiéndolo levantado, le cargaron lacruz sobre los hombros, y tuvo que ladear la cabeza, con dolores infinitos, para poder colocarsobre su hombro el peso con que estaba cargado.Oración de agradecimientoJESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE - SEGUNDA CAÍDAREFLEXIÓN No 36.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La dolorosa Madre de Jesús había salido de la plaza después de pronunciada la sentenciainicua, acompañada de Juan y de algunas mujeres, había visitado muchos sitios santificadospor los padecimientos de Jesús; pero cuando el sonido de la trompeta, el ruido del pueblo yla escolta de Pilatos anunciaron la marcha hasta el Calvario, no pudo resistir al deseo de vertodavía a su Divino Hijo, y pidió a Juan que la condujese a uno de los sitios por donde Jesúsdebía pasar: se fueron a un palacio, cuya puerta daba a la calle, donde entró la escoltadespués de la primera caída de Jesús; era, si no me equivoco, la habitación del sumopontífice Caifás. Juan obtuvo de un criado o portero compasivo el permiso de ponerse en lapuerta con María y los que la acompañaban. La Madre de Dios estaba pálida y con los ojosllenos de lágrimas y cubierta enteramente de una capa parda azulada. Se oía ya el ruido quese acercaba, el sonido de la trompeta, y la voz del pregonero, publicando la sentencia en lasesquinas. El criado abrió la puerta, el ruido era cada vez más fuerte y espantoso.María oró, y dijo a Juan: "¿Debo ver este espectáculo? ¿Debo huir? ¿Podré yo soportarlo?".Al fin salieron a la puerta. María se paró, y miró; la escolta estaba a ochenta pasos; no habíagente delante, sino por los lados y atrás. Cuando los que llevaban los instrumentos desuplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jesús se puso a temblar y agemir, juntando las manos, y uno de esos hombres preguntó: "¿Quién es esa mujer que selamenta?"; y otro respondió: "Es la Madre del Galileo". Los miserables al oír tales palabras,llenaron de injurias a esta dolorosa madre, la señalaban con el dedo, y uno de ellos tomó ensus manos los clavos con que debían clavar a Jesús en la cruz, y se los presentó a la Virgenen tono de burla. María miró a Jesús y se agarró a la puerta para no caerse. Los fariseospasaron a caballo, después el niño que llevaba la inscripción, detrás su Santísimo Hijo Jesús,temblando, doblado bajo la pesada carga de la cruz, inclinando sobre su hombro la cabezacoronada de espinas. Echaba sobre su Madre una mirada de compasión, y habiendotropezado cayó por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos. María, en medio de laviolencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; seprecipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayóde rodillas a su lado, y se abrazó a Él. Yo oí estas palabras: "¡Hijo mío!" - "¡Madre mía!". Perono sé si realmente fueron pronunciadas, o sólo en el pensamiento. Hubo un momento dedesorden: Juan y las santas mujeres querían levantar a María. Los alguaciles la injuriaban;uno de ellos le dijo: "Mujer, ¿qué vienes a hacer aquí? Si lo hubieras educado mejor, no Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…140
  • 141. GETSEMANIestaría en nuestras manos". Algunos soldados tuvieron compasión. Juan y las santasmujeres la condujeron atrás a la misma puerta, donde la vi caer sobre sus rodillas y dejar enla piedra angular la impresión de sus manos. Esta piedra, que era muy dura, fue transportadaa la primera iglesia católica, cerca de la piscina de Betesda, en el episcopado de Santiago elMenor. Mientras tanto, los alguaciles levantaron a Jesús y habiéndole acomodado la cruzsobre sus hombros, le empujaron con mucha crueldad para que siguiese adelante.Oración de agradecimientoSIMÓN CIRINEO - TERCERA CAÍDA DE JESÚSREFLEXIÓN No 37.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Llegaron a la puerta de una muralla vieja, interior de la ciudad. Delante de ella hay una plaza,de donde salen tres calles. En esa plaza, Jesús, al pasar sobre una piedra gruesa, tropezó ycayó; la cruz quedó a su lado, y no se pudo levantar. Algunas personas bien vestidas quepasaban para ir al templo, exclamaron llenas de compasión: "¡Ah! ¡El pobre hombre semuere!". Hubo algún tumulto; no podían poner a Jesús en pie, y los fariseos dijeron a lossoldados: "No podremos llevarlo vivo, si no buscáis a un hombre que le ayude a llevar lacruz". Vieron a poca distancia un pagano, llamado Simón Cirineo, acompañado de sus treshijos, que llevaba debajo del brazo un haz de ramas menudas, pues era jardinero, y venía detrabajar en los jardines situados cerca de la muralla oriental de la ciudad. Estaba en medio dela multitud, de donde no podía salir, y los soldados, habiendo reconocido por su vestido queera un pagano y un obrero de la clase inferior, lo llamaron y le mandaron que ayudara alGalileo a llevar su cruz. Primero rehusó, pero tuvo que ceder a la fuerza. Simón sentíamucho disgusto y repugnancia, a causa del triste estado en que se hallaba Jesús, y de suropa toda llena de lodo. Mas Jesús lloraba, y le miraba con ternura. Simón le ayudó alevantarse, y al instante los alguaciles ataron sobre sus hombros uno de los brazos de lacruz. Él seguía a Jesús, que se sentía aliviado de su carga. Se pusieron otra vez en marcha.Simón era un hombre robusto, de cuarenta años; sus hijos llevaban vestidos de diversoscolores. Dos eran ya crecidos, se llamaban Rufo y Alejandro: se reunieron después a losdiscípulos de Jesús. El tercero era más pequeño, y lo he visto con San Esteban, aún niño.Simón no llevó mucho tiempo la cruz sin sentirse penetrado de compasión.Oración de agradecimientoLA VERÓNICA Y EL SUDARIOREFLEXIÓN No 38.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La escolta entró en una calle larga que torcía un poco a la izquierda, y que estaba cortadapor otras transversales. Muchas personas bien vestidas se dirigían al templo; pero algunasse retiraban a la vista de Jesús, por el temor farisaico de contaminarse; otras mostrabanalguna compasión. Habían andado unos doscientos pasos desde que Simón ayudaba a Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…141
  • 142. GETSEMANIJesús a llevar la cruz, cuando una mujer de elevada estatura y de aspecto imponente,llevando de la mano a una niña, salió de una bella casa situada a la izquierda, y se pusodelante. Era Serafia, mujer de Sirac, miembro del Consejo del templo, que se llamabaVerónica, de Vera Icon (verdadero retrato), a causa de lo que hizo en ese día. Serafia habíapreparado en su casa un excelente vino aromatizado, con la piadosa intención de dárselo abeber al Señor en su camino de dolor. Salió a la calle, cubierta de su velo; tenía un pañosobre sus hombros; una niña de nueve años, que había adoptado por hija, estaba a su lado,y escondió, al acercarse la escolta, el vaso lleno de vino. Los que iban delante quisieronrechazarla; mas ella se abrió paso en medio de la multitud, de los soldados y de losalguaciles, y llegando hasta Jesús, se arrodilló, y le presentó el paño extendido diciendo:"Permitidme que limpie la cara de mi Señor". El Señor tomó el paño, lo aplicó sobre su caraensangrentada, y se lo devolvió, dándole las gracias. Serafia, después de haberlo besado, lometió debajo de su capa, y se levantó. La niña levantó tímidamente el vaso de vino haciaJesús; pero los soldados no permitieron que bebiera. La osadía y la prontitud de esta acciónhabían excitado un movimiento en la multitud, por lo que se paró la escolta como unos dosminutos. Verónica había podido presentar el sudario. Los fariseos y los alguaciles, irritadosde esta parada, y sobre todo, de este homenaje público, rendido al Salvador, pegaron ymaltrataron a Jesús, mientras Verónica entraba en su casa.Apenas había penetrado en su cuarto, extendió el sudario sobre la mesa que tenía delante, ycayó sin conocimiento. La niña se arrodilló a su lado llorando. Un conocido que venía a verlala halló así al lado de un lienzo extendido, donde la cara ensangrentada de Jesús estabaestampada de un modo maravilloso. Se sorprendió con este espectáculo, la hizo volver en sí,y le mostró el sudario delante del cual ella se arrodilló, llorando y diciendo: "Ahora lo quierodejar todo, pues el Señor me ha dado un recuerdo". Este sudario era de lana fina, tres vecesmás largo que ancho, y se llevaba habitualmente alrededor del cuello: era costumbre ir conun sudario semejante a socorrer a los afligidos o enfermos, o a limpiarles la cara en señal dedolor o de compasión. Verónica guardó siempre el sudario a la cabecera de su cama.Después de su muerte fue para la Virgen, y después para la Iglesia por intermedio de losApóstoles.Oración de agradecimientoLAS HIJAS DE JERUSALÉNREFLEXIÓN No 39.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La escolta estaba todavía a cierta distancia de la puerta, situada en la dirección del sudoeste.Al acercarse a la puerta los alguaciles empujaron a Jesús en medio de un lodazal. SimónCirineo quiso pasar por el lado, y habiendo ladeado la cruz, Jesús cayó por cuarta vez.Entonces, en medio de sus lamentos, dijo con voz inteligible: "¡Ah Jerusalén, cuánto te heamado! ¡He querido juntar a tus hijos como la gallina junta a sus polluelos debajo de susalas, y tú me echas cruelmente fuera de tus puertas!". Al oír estas palabras, los fariseos leinsultaron de nuevo, y pegándole lo arrastraron para sacarlo del lodo. Simón Cirineo seindignó tanto de ver esta crueldad, que exclamó: "Si no cesáis de insultarle suelto la cruz,aunque me matéis". Al salir de la puerta encontraron una multitud de mujeres que lloraban ygemían. Eran vírgenes y mujeres pobres de Belén, de Hebrón y de otros lugares Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…142
  • 143. GETSEMANIcircunvecinos, que habían venido a Jerusalén para celebrar la Pascua. Jesús desfalleció;Simón se acercó a Él y le sostuvo, impidiendo así que se cayera del todo. Esta es la quintacaída de Jesús debajo de la cruz. A vista de su cara tan desfigurada y tan llena de heridas,comenzaron a dar lamentos, y según la costumbre de los judíos, le presentaron lienzos paralimpiarse el rostro. El Salvador se volvió hacia ellas, y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréispor mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, pues vendrá un tiempo en que sedirá: "¡Felices las estériles y las entrañas que no han engendrado y los pechos que no handado de mamar". Entonces empezarán a decir a los montes: "¡Caed sobre nosotros!"; y a lasalturas: "¡Cubridnos! Pues si así se trata al leño verde, ¿qué se hará con el seco?". Aquípararon en este sitio: los que llevaban los instrumentos de suplicio fueron al monte Calvario,seguidos de cien soldados romanos de la escolta de Pilatos, quien al llegar a la puerta, sevolvió al interior de la ciudad.Oración de agradecimientoJESÚS SOBRE EL GÓLGOTAREFLEXIÓN No 40.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Se pusieron en marcha. Jesús, doblando bajo su carga y bajo los golpes de los verdugos,subió con mucho trabajo el rudo camino que se dirigía al norte, entre las murallas de laciudad y el monte Calvario. En el sitio en donde el camino tuerce al mediodía se cayó porsexta vez, y esta caída fue muy dolorosa. Los malos tratamientos que aquí le dieron llegarona su colmo. El Salvador llegó a la roca del Calvario, donde cayó por séptima vez. SimónCirineo, maltratado también y agobiado por el cansancio, estaba lleno de indignación:hubiera querido aliviar todavía a Jesús, pero los alguaciles lo echaron, llenándole de injurias.Se reunió poco después a los discípulos. Echaron también a toda la gente que había venidopor mera curiosidad.Los fariseos a caballo habían seguido caminos cómodos, situados al lado occidental delCalvario. El llano que hay en la elevación, el sitio del suplicio, es de forma circular y estárodeado de un terraplén cortado por cinco caminos. Estos cinco caminos se hallan enmuchos sitios del país, en los cuales se baña, se bautiza, en la piscina de Betesda: muchospueblos tienen también cinco puertas. Hay en esto una profunda significación profética, acausa de la abertura de los cinco medios de salvación en las cinco llagas del Salvador. Losfariseos a caballo se pararon delante de la llanura al lado occidental, donde la cuesta essuave: el lado por donde conducen a los condenados, es áspero y rápido. Cien soldadosromanos se hallaban alrededor del llano. Mucha gente, la mayor parte de baja clase,extranjeros, esclavos, paganos, sobre todo mujeres, rodeaban el llano y las alturascircunvecinas, no temiendo contaminarse. Eran las doce menos cuarto cuando el Señor diola última caída y echaron a Simón. Los alguaciles insultando a Jesús, le decían: "Rey de losjudíos, vamos a componer tu trono". Pero Él mismo se acostó sobre la cruz y lo extendieronpara tomar su medida; enseguida lo condujeron setenta pasos al norte, a una especie dehoyo abierto en la roca, que parecía una cisterna: lo empujaron tan brutalmente, que sehubiera roto las rodillas contra la piedra, si los ángeles no lo hubiesen socorrido. Le oí gemirde un modo que partía el corazón. Cerraron la entrada y dejaron centinelas. Entoncescomenzaron sus preparativos. En medio del llano circular estaba el punto más elevado de la Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…143
  • 144. GETSEMANIroca del Calvario; era una eminencia redonda, de dos pies de altura, a la cual se subía porescalones. Abrieron en ella tres hoyos, adonde debían plantarse las tres cruces, e hicieronotros preparativos para la crucifixión.Oración de agradecimientoMARÍA Y LAS SANTAS MUJERES VAN AL CALVARIOREFLEXIÓN No 41.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La Virgen, después de su doloroso encuentro con Jesús, habíase retirado a una casa vecina;pero su amor maternal y el deseo ardiente de estar con su Hijo crecía cada instante. Se fue acasa de Lázaro, donde estaban las otras santas mujeres, y diecisiete de ellas se juntaron conElla para seguir el camino de la Pasión. Las vi cubiertas con sus velos, ir a la plaza, sin hacercaso de las injurias del pueblo, besar el suelo en donde Jesús había cargado con la cruz, yasí seguir adelante por todo el camino que había llevado. María buscaba los vestigios de suspasos, y mostraba a sus compañeras los sitios consagrados por alguna circunstanciadolorosa. De este modo la devoción más tierna de la Iglesia fue escrita por la primera vez enel corazón maternal de María con la espada que predijo el viejo Simeón. Pasó de Ella a suscompañeras, y de éstas hasta nosotros. Estas santas mujeres entraron en casa de Verónica,porque Pilatos volvía por la misma calle con su escolta, examinaron llorando la cara de Jesúsestampada en el sudario, y admiraron la gracia que había hecho a esta santa mujer. Enseguida se dirigieron todas juntas hacia el Gólgota.Subieron al Calvario por el lado occidental, por donde la subida es más cómoda. La Madrede Jesús, su sobrina María, hija de Cleofás, Salomé y Juan, se acercaron hasta el llanocircular; Marta, María Helí, Verónica, Juana Chusa, Susana y María, madre de Marcos, sedetuvieron a cierta distancia con Magdalena, que estaba como fuera de sí. Más lejos estabanotras siete, y algunas personas compasivas que establecían las comunicaciones de un grupoal otro. ¡Qué espectáculo para María el ver este sitio del suplicio, los clavos, los martillos, lascuerdas, la terrible cruz, los verdugos, empeñados en hacer los preparativos para lacrucifixión! La ausencia de Jesús prolongaba su martirio: sabía que estaba todavía vivo,deseaba verlo, y temblaba al pensar en los tormentos a que lo vería expuesto. Desde por lamañana hasta las diez hubo granizo por intervalos, mas a las doce una niebla encarnadaoscureció el sol.Oración de agradecimientoJESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS Y CLAVADO EN LA CRUZREFLEXIÓN No 42.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuatro alguaciles fueron a sacar a Jesús del sitio en donde le habían encerrado. Le dierongolpes llenándole de ultrajes en estos últimos pasos que le quedaban por andar, yarrastráronle sobre le elevación. Cuando las santas mujeres vieron al Salvador dieron dinero Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…144
  • 145. GETSEMANIa un hombre para que le procurase el permiso de dar a Jesús el vino aromatizado deVerónica. Mas los alguaciles las engañaron y se quedaron con el vino, ofreciendo al Señoruna mezcla de vino y mirra. Jesús mojó sus labios, pero no bebió. En seguida los alguacilesquitaron a Nuestro Señor su capa, y como no podían sacarle la túnica sin costuras que suMadre le había hecho, a causa de la corona de espinas, arrancaron con violencia estacorona de la cabeza, abriendo todas sus heridas. No le quedaba más que un lienzo alrededorde los riñones. El Hijo del hombre estaba temblando, cubierto de llagas y despedazados sushombros hasta los huesos. Habiéndole hecho sentar sobre una piedra le pusieron la coronasobre la cabeza, y le presentaron un vaso con hiel y vinagre; mas Jesús volvió la cabeza sindecir palabra.Oración de agradecimientoREFLEXIÓN No 43.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Después que los alguaciles extendieron al divino Salvador sobre la cruz, y habiendo estiradosu brazo derecho sobre el brazo derecho de la cruz, lo ataron fuertemente; uno de ellos pusola rodilla sobre su pecho sagrado, otro le abrió la mano, y el tercero apoyó sobre la carne unclavo grueso y largo, y lo clavó con un martillo de hierro. Un gemido dulce y claro salió delpecho de Jesús y su sangre saltó sobre los brazos de sus verdugos. Los clavos era muylargos, la cabeza chata y del diámetro de una moneda mediana, tenían tres esquinas y erandel grueso de un dedo pulgar a la cabeza: la punta salía detrás de la cruz. Habiendo clavadola mano derecha del Salvador, los verdugos vieron que la mano izquierda no llegaba alagujero que habían abierto; entonces ataron una cuerda a su brazo izquierdo, y tiraron de élcon toda su fuerza, hasta que la mano llegó al agujero. Esta dislocación violenta de susbrazos lo atormentó horriblemente, su pecho se levantaba y sus rodillas se estiraban.Se arrodillaron de nuevo sobre su cuerpo, le ataron el brazo para hundir el segundo clavo enla mano izquierda; otra vez se oían los quejidos del Señor en medio de los martillazos. Losbrazos de Jesús quedaban extendidos horizontalmente, de modo que no cubrían los brazosde la cruz. La Virgen Santísima sentía todos los dolores de su Hijo: Estaba cubierta de unapalidez mortal y exhalaba gemidos de su pecho. Los fariseos la llenaban de insultos y deburlas. Habían clavado a la cruz un pedazo de madera para sostener los pies de Jesús, a finde que todo el peso del cuerpo no pendiera de las manos, y para que los huesos de los piesno se rompieran cuando los clavaran. Ya se había hecho el clavo que debía traspasar lospies y una excavación para los talones. El cuerpo de Jesús se hallaba contraído a causa dela violenta extensión de los brazos. Los verdugos extendieron también sus rodillas atándolascon cuerdas; pero como los pies no llegaban al pedazo de madera, puesto para sostenerlos,unos querían taladrar nuevos agujeros para los clavos de las manos; otros vomitandoimprecaciones contra el Hijo de Dios, decían: "No quiere estirarse, pero vamos a ayudarle".En seguida ataron cuerdas a su pierna derecha, y lo tendieron violentamente, hasta que elpie llegó al pedazo de madera. Fue una dislocación tan horrible, que se oyó crujir el pecho deJesús, quien, sumergido en un mar de dolores, exclamó: "¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío!".Después ataron el pie izquierdo sobre el derecho, y habiéndolo abierto con una especie detaladro, tomaron un clavo de mayor dimensión para atravesar sus sagrados pies. Estaoperación fue la más dolorosa de todas. Conté hasta treinta martillazos. Los gemidos de Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…145
  • 146. GETSEMANIJesús eran una continua oración, que contenía ciertos pasajes de los salmos que se estabancumpliendo en aquellos momentos. Durante toda su larga Pasión el divino Redentor no hacesado de orar. He oído y repetido con Él estos pasajes, y los recuerdo algunas veces alrezar los salmos; pero actualmente estoy tan abatida de dolor, que no puedo coordinarlos. Eljefe de la tropa romana había hecho clavar encima de la cruz la inscripción de Pilatos.Como los romanos se burlaban del título de Rey de los judíos, algunos fariseos volvieron a laciudad para pedir a Pilatos otra inscripción. Eran las doce y cuarto cuando Jesús fuecrucificado, y en el mismo momento en que elevaban la cruz, el templo resonaba con el ruidode las trompetas que celebraban la inmolación del cordero pascual.Oración de agradecimientoEXALTACIÓN DE LA CRUZREFLEXIÓN No 44.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Los verdugos, habiendo crucificado a Nuestro Señor, alzaron la cruz dejándola caer con todosu peso en el hueco de una peña con un estremecimiento espantoso. Jesús dio un gritodoloroso, sus heridas se abrieron, su sangre corrió abundantemente. Los verdugos, paraasegurar la cruz, la alzaron nuevamente, clavando cinco cuñas a su alrededor. Fue unespectáculo horrible y doloroso el ver, en medio de los gritos e insultos de los verdugos, lacruz vacilar un instante sobre su base y hundirse temblando en la tierra; mas también seelevaron hacia ella voces piadosas y compasivas. Las voces más santas del mundo, las delas santas mujeres y de todos aquellos que tenían el corazón puro, saludaron con acentodoloroso al Verbo humanado elevado sobre la cruz. Sus manos vacilantes se elevaron parasocorrerlo; pero cuando la cruz se hundió en el hoyo de la roca con grande estruendo, huboun momento de silencio solemne; todo el mundo parecía penetrado de una sensación nuevay desconocida hasta entonces. El infierno mismo se estremeció de terror al sentir el golpe dela cruz que se hundió, y redobló sus esfuerzos contra ella. Las almas encerradas en el limbolo oyeron con una alegría llena de esperanza: para ellas era el anuncio del Triunfador que seacercaba a las puertas de la Redención. La sagrada cruz se elevaba por primera vez enmedio de la tierra, cual otro árbol de vida en el Paraíso, y de las llagas de Jesús salían cuatroarroyos sagrados para fertilizar la tierra, y hacer de ella el nuevo Paraíso. El sitio dondeestaba clavada la cruz era más elevado que el terreno circunvecino; los pies del Salvadorbastante bajos para que sus amigos pudieran besarlos. El rostro del Señor miraba alnoroeste.Oración de agradecimientoCRUCIFIXIÓN DE LOS LADRONESREFLEXIÓN No 45.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo: Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…146
  • 147. GETSEMANIMientras crucificaban a Jesús, los dos ladrones estaban tendidos de espaldas a pocadistancia de los guardias que los vigilaban. Los acusaban de haber asesinado a una mujercon sus hijos, en el camino de Jerusalén a Jopé. Habían estado mucho tiempo en la cárcelantes de su condenación. El ladrón de la izquierda tenía más edad, era un gran criminal, elmaestro y el corruptor del otro; los llamaban ordinariamente Dimas y Gesmas. Formabanparte de una compañía de ladrones de la frontera de Egipto, los cuales en años anteriores,habían hospedado una noche a la Sagrada Familia, en la huida a Egipto. Dimas era aquelniño leproso, que en aquella ocasión fue lavado en el agua que había servido de baño al niñoJesús, curando milagrosamente de su enfermedad. Los cuidados de su madre para con laSagrada Familia fueron recompensados con este milagro. Dimas no conocía a Jesús; perocomo su corazón no era malo, se conmovía al ver su paciencia más que humana.Entretanto los verdugos ya habían plantado la cruz del Salvador, y se daban prisa paracrucificar a los dos ladrones; pues el sol se oscurecía ya, y en toda la naturaleza había unmovimiento como cuando se acerca una tormenta. Arrimaron escaleras a las dos cruces yaplantadas y clavaron las piezas transversales. Sujetados los brazos de los ladrones a los delas cruces, les ataron los puños, las rodillas y los pies, apretando las cuerdas con talvehemencia que se dislocaron las coyunturas. Dieron gritos terribles, y el buen ladrón dijocuando lo subían: "Si nos hubieseis tratado como al pobre Galileo, no tendríais el trabajo delevantarnos así en el aire". Mientras tanto los ejecutores habían hecho partes de los vestidosde Jesús para repartírselos. No pudiendo saber a quién le tocaría su túnica inconsútil trajeronuna mesa con números, sacaron unos dados que tenían figura de habas, y la sortearon. Peroun criado de Nicodemus y de José de Arimatea vino a decirles que hallarían compradores delos vestidos de Jesús; consintieron en venderlos y así conservaron los cristianos estospreciosos despojos.Oración de agradecimientoJESÚS CRUCIFICADO Y LOS DOS LADRONESREFLEXIÓN No 46.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Los verdugos, habiendo plantado las cruces de los ladrones, aplicaron escaleras a la cruz delSalvador, para cortar las cuerdas que tenían atado su Sagrado Cuerpo. La sangre, cuyacirculación había sido interceptada por la posición horizontal y compresión de los cordeles,corrió con ímpetu de las heridas, y fue tal el padecimiento, que Jesús inclinó la cabeza sobresu pecho y se quedó como muerto durante unos siete minutos. Entonces hubo un rato desilencio: se oía otra vez el sonido de las trompetas del templo de Jerusalén. Jesús tenía elpecho ancho, los brazos robustos; sus manos bellas, y, sin ser delicadas, no se parecían alas de un hombre que las emplea en penosos trabajos. Su cabeza era de una hermosaproporción, su frente alta y ancha; su cara formaba un lindo óvalo; sus cabellos, de un colorde cobre oscuro, no eran muy espesos. Entre las cruces de los ladrones y la de Jesús habíabastante espacio para que un hombre a caballo pudiese pasar. Los dos ladrones sobre suscruces ofrecían un espectáculo muy repugnante y terrible, especialmente el de la izquierda,que no cesaba de proferir injurias y blasfemias contra el Hijo de Dios.Oración de agradecimiento Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…147
  • 148. GETSEMANIPRIMERA PALABRA DE JESÚS EN LA CRUZREFLEXIÓN No 47.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Acabada la crucifixión de los ladrones, los verdugos se retiraron, y los cien soldados romanosfueron relevados por otros cincuenta, bajo el mando de Abenadar, árabe de nacimiento,bautizado después con el nombre de Ctesifón; el segundo jefe se llamaba Casio, y recibiódespués el nombre de Longinos. En estos momentos llegaron doce fariseos, doce saduceos,doce escribas y algunos ancianos, que habían pedido inútilmente a Pilatos que mudase lainscripción de la cruz, y cuya rabia se había aumentado por la negativa del gobernador.pasando por delante de Jesús, menearon desdeñosamente la cabeza, diciendo: "¡Y bien,embustero; destruye el templo y levántalo en tres días! - ¡Ha salvado a otros, y no se puedesalvar a sí mismo! - ¡Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz! - Si es el Rey de Israel, que bajede la cruz, y creeremos en Él". Los soldados se burlaban también de Él. Cuando Jesús sedesmayó, Gesmas, el ladrón de la izquierda, dijo: "Su demonio lo ha abandonado".Entonces un soldado puso en la punta de un palo una esponja con vinagre, y la arrimó a loslabios de Jesús, que pareció probarlo. El soldado le dijo: "Si eres el Rey de los judíos, sálvatetú mismo". Todo esto pasó mientras que la primera tropa dejaba el puesto a la de Abenadar.Jesús levantó un poco la cabeza, y dijo: "¡Padre mío, perdonadlos, pues no saben lo quehacen!". Gesmas gritó: "Si tú eres Cristo, sálvate y sálvanos". Dimas, el buen ladrón, estabaconmovido al ver que Jesús pedía por sus enemigos. La Santísima Virgen, al oír la voz de suHijo, se precipitó hacia la cruz con Juan, Salomé y María Cleofás. El centurión no losrechazó. Dimas, el buen ladrón, obtuvo en este momento, por la oración de Jesús, unailuminación interior: reconoció que Jesús y su Madre le habían curado en su niñez, y dijo envos distinta y fuerte: "¿Cómo podéis injuriarlo cuando pide por vosotros? Se ha callado, hasufrido paciente todas vuestras afrentas, es un Profeta, es nuestro Rey, es el Hijo de Dios".Al oír esta reprensión de la boca de un miserable asesino sobre la cruz, se elevó un grantumulto en medio de los circunstantes: tomaron piedras para tirárselas; mas el centuriónAbenadar no lo permitió. Mientras tanto la Virgen se sintió fortificada con la oración de suHijo, y Dimas dijo a su compañero, que continuaba injuriándolo: "¿No tienes temor de Dios,tú que estás condenado al mismo suplicio? Nosotros lo merecemos justamente, recibimos elcastigo de nuestros crímenes; pero éste no ha hecho ningún mal. Piensa en tu última hora, yconviértete". Estaba iluminado y tocado: confesó sus culpas a Jesús, diciendo: "Señor, si mecondenáis, será con justicia; pero tened misericordia de mí". Jesús le dijo: "Tú sentirás mimisericordia".Dimas recibió en este momento la gracia de un profundo arrepentimiento. Todo lo que acabode contar sucedió entre las doce y las doce y media, y pocos minutos después de laExaltación de la cruz; pero pronto hubo un gran cambio en el alma de los espectadores, acausa de la mudanza de la naturaleza.Oración de agradecimientoECLIPSE DE SOL - SEGUNDA Y TERCERA PALABRAS DE JESÚSREFLEXIÓN No 48.Oración de preparación Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…148
  • 149. GETSEMANIGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando Pilatos pronunció la inicua sentencia, cayó un poco de granizo; después el Cielo seaclaró hasta las doce, en que vino una niebla colorada que oscureció el sol: a la sexta hora,según el modo de contar de los judíos, que corresponde a las doce y media, hubo un eclipsemilagroso del sol. Yo vi cómo sucedió, mas no encuentro palabras para expresarlo. Primerofui transportada como fuera de la tierra: veía las divisiones del cielo y el camino de los astros,que se cruzaban de un modo maravilloso; vi la luna a un lado de la tierra, huyendo conrapidez, como un globo de fuego. Enseguida me hallé en Jerusalén, y vi otra vez la lunaaparecer llena y pálida sobre el monte de los Olivos; vino del Oriente con gran rapidez, y sepuso delante del sol oscurecido con la niebla. Al lado occidental del sol vi un cuerpo oscuroque parecía una montaña y que lo cubrió enteramente. El disco de este cuerpo era de unamarillo oscuro, y estaba rodeado de un círculo de fuego, semejante a un anillo de hierrohecho ascua. El cielo se oscureció, y las estrellas aparecieron despidiendo una luzensangrentada. Un terror general se apoderó de los hombres y de los animales: los queinjuriaban a Jesús bajaron la voz. Muchos se daban golpes de pecho, diciendo: "¡Que lasangre caiga sobre sus verdugos!". Otros de cerca y de lejos, se arrodillaron pidiendoperdón, y Jesús, en medio de sus dolores, volvió los ojos hacia ellos. Las tinieblas seaumentaban, y la cruz fue abandonada de todos, excepto de María y de los caros amigos delSalvador. Dimas levantó la cabeza hacia Jesús, y con una humilde esperanza, le dijo:"¡Señor, acordaos de mí cuando estéis en vuestro reino!".Jesús le respondió: "En verdad te lo digo; hoy estarás conmigo en el Paraíso". María pedíainteriormente que Jesús la dejara morir con Él. El Salvador la miró con una ternura inefable, yvolviendo los ojos hacia Juan, dijo a María: "Mujer, este es tu hijo". Después dijo a Juan:"Esta es tu Madre". Juan besó respetuosamente el pie de la cruz del Redentor. La VirgenSantísima se sintió acabada de dolor, pensando que el momento se acercaba en que sudivino Hijo debía separarse de ella. No sé si Jesús pronunció expresamente todas estaspalabras; pero yo sentí interiormente que daba a María por Madre a Juan, y a Juan por hijo aMaría. En tales visiones se perciben muchas cosas, y con gran claridad que no se hallanescritas en los Santos Evangelios.Entonces no parece extraño que Jesús, dirigiéndose a la Virgen, no la llame Madre mía, sinoMujer; porque aparece como la mujer por excelencia, que debe pisar la cabeza de laserpiente, sobre todo, en este momento en el que se cumple esta promesa por la muerte desu Hijo. También se comprende muy claramente que, dándola por Madre a Juan, la da porMadre a todos los que creen en su nombre y se hacen hijos de Dios. Se comprende tambiénque la más pura, la más humilde, la más obediente de las mujeres, que habiendo dicho alángel: "Ved aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra", se hizo Madre delVerbo hecho hombre: oyendo la voz de su Hijo moribundo obedece y consiente en ser laMadre espiritual de otro hijo, repitiendo en su corazón estas mismas palabras con unahumilde obediencia, y adopta por hijos suyos a todos los hijos de Dios, a todos los hermanosde Jesucristo. Es más fácil sentir todo esto por la gracia de Dios, que expresarlo conpalabras, y entonces me acuerdo de lo que me había dicho una vez el Padre celestial: "Todoestá revelado a los hijos de la Iglesia que creen, que esperan y que aman".Oración de agradecimientoESTADO DE LA CIUDAD Y DEL TEMPLO - CUARTA PALABRA DE JESÚS Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…149
  • 150. GETSEMANIREFLEXIÓN No 49.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Era poco más o menos la una y media; fui transportada a la ciudad para ver lo que pasaba.La hallé llena de agitación y de inquietud; las calles estaban oscurecidas por una nieblaespesa; los hombres, tendidos por el suelo con la cabeza cubierta; unos se daban golpes depecho, y otros subían a los tejados, mirando al cielo y se lamentaban.Los animales aullaban y se escondían; las aves volaban bajo y se caían. Pilatos mandó venira su palacio a los judíos más ancianos, y les preguntó qué significaban aquellas tinieblas; lesdijo que él las miraba como un signo espantoso, que su Dios estaba irritado contra ellos,porque habían perseguido de muerte al Galileo, que era ciertamente su Profeta y su Rey;que él se había lavado las manos; que era inocente de esa muerte; mas ellos persistieron ensu endurecimiento, atribuyendo todo lo que pasaba a causas que no tenían nada desobrenatural. Sin embargo, mucha gente se convirtió, y también todos aquellos soldados quepresenciaron la prisión de Jesús en el monte de los Olivos, que entonces cayeron y selevantaron. La multitud se reunía delante de la casa de Pilatos, y en el mismo sitio en que porla mañana habían gritado: "¡Que muera! ¡que sea crucificado!", ahora gritaba: "¡Muera el juezinicuo! ¡que su sangre recaiga sobre sus verdugos!". El terror y la angustia llegaban a sucolmo en el templo. Se ocupaban en la inmolación del cordero pascual, cuando de prontoanocheció. Los príncipes de los sacerdotes se esforzaron en mantener el orden y latranquilidad, encendieron todas las lámparas; pero el desorden aumentaba cada vez más. Yovi a Anás, aterrorizado, correr de un rincón a otro para esconderse. Cuando me encaminépara salir de la ciudad, los enrejados de las ventanas temblaban, y sin embargo no habíatormenta. Entretanto la tranquilidad reinaba alrededor de la cruz.El Salvador estaba absorto en el sentimiento de un profundo abandono; se dirigió a su Padrecelestial, pidiéndole con amor por sus enemigos. Sufría todo lo que sufre un hombre afligido,lleno de angustias, abandonado de toda consolación divina y humana, cuando la fe, laesperanza y la caridad se hallan privadas de toda luz y de toda asistencia sensible en eldesierto de la tentación, y solas en medio de un padecimiento infinito. Este dolor no se puedeexpresar. Entonces fue cuando Jesús nos alcanzó la fuerza de resistir a los mayores terroresdel abandono, cuando todas las afecciones que nos unen a este mundo y a esta vidaterrestre se rompen, y que al mismo tiempo el sentimiento de la otra vida se oscurece y seapaga: nosotros no podemos salir victoriosos de esta prueba sino uniendo nuestro abandonoa los méritos del suyo sobre la cruz. Jesús ofreció por nosotros su misericordia, su pobreza,sus padecimientos y su abandono: por eso el hombre, unido a Él en el seno de la Iglesia, nodebe desesperar en la hora suprema, cuando todo se oscurece, cuando toda luz y todaconsolación desaparecen. Jesús hizo su testamento delante de Dios, y dio todos sus méritosa la Iglesia y a los pecadores. No olvidó a nadie; pidió aún por esos herejes que dicen queJesús, siendo Dios, no sintió los dolores de su Pasión; y que no sufrió lo que hubierapadecido un hombre en el mismo caso. En su dolor nos mostró su abandono con un grito, ypermitió a todos los afligidos que reconocen a Dios por su Padre un quejido filial y deconfianza. A las tres, Jesús gritó en alta voz: "¡Eli, Eli, lamma sabactani!". Lo que significa:"¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?". El grito de Nuestro Señor interrumpióel profundo silencio que reinaba alrededor de la cruz: los fariseos se volvieron hacia Él y unode ellos le dijo: "Llama a Elías". Otro dijo: "Veremos si Elías vendrá a socorrerlo". CuandoMaría oyó la voz de su Hijo, nada pudo detenerla. Vino al pie de la cruz con Juan, María, hija Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…150
  • 151. GETSEMANIde Cleofás, Magdalena y Salomé. Mientras el pueblo temblaba y gemía, un grupo de treintahombres de la Judea y de los contornos de Jopé pasaban por allí para ir a la fiesta, y cuandovieron a Jesús crucificado, y los signos amenazadores que presentaba la naturaleza,exclamaron llenos de horror: "¡Mal haya esta ciudad! Si el templo de Dios no estuviera enella, merecería que la quemasen por haber tomado sobre sí tal iniquidad". Estas palabrasfueron como un punto de apoyo para el pueblo, y todos los que tenían los mismossentimiento se reunían. Los circunstantes se dividieron en dos partidos: los unos lloraban ymurmuraban, los otros pronunciaban injurias e imprecaciones. Sin embargo, los fariseos yano ostentaban la misma arrogancia que antes, y más bien temiendo una insurrecciónpopular, se entendieron con el centurión Abenadar. Dieron órdenes para cerrar la puerta máscercana de la ciudad y cortar toda comunicación. Al mismo tiempo enviaron un expreso aPilatos y Herodes, para pedir al primero quinientos hombres, y al segundo sus guardias paraimpedir una insurrección. Mientras tanto, el centurión Abenadar mantenía el orden e impedíalos insultos contra Jesús, para no irritar al pueblo. Poco después de las tres, paulatinamentedesaparecieron las tinieblas. Los enemigos de Jesús recobraron su arrogancia conforme laluz volvía. Entonces fue cuando dijeron: "¡Llama a Elías!".Oración de agradecimientoQUINTA, SEXTA Y SÉPTIMA PALABRAS. MUERTE DE JESÚSREFLEXIÓN No 50.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:La luz continuaba retornando gradualmente, y el semblante amoratado y exhausto de nuestroSeñor se volvió visible nuevamente. Por la pérdida de sangre, el sagrado cuerpo de Jesúsestaba pálido; y lo escuché exclamar "Estoy estrujado como la uva, que es pisoteada en ellagar. Mi sangre va a ser esparcida copiosamente hasta que surja agua, pero el vino no sehará más aquí". No estoy segura si el realmente pronunció estas palabras, como para seroídas por otros, o fueron solamente una respuesta dada a mi plegaria interior. Después tuveuna visión relacionada a estas palabras, y en ella vi a Jafet haciendo vino en este lugar.Jesús estaba casi desfalleciendo, su lengua se había desecado y sintiendo una sedabrasadora, dijo: "Tengo sed". Los discípulos que estaban parados alrededor de la Cruz lomiraron con la expresión más profunda de tristeza y él agregó: "¿No me podrían haber dadoun poco de agua?" Con estas palabras les dio a entender que nadie los hubiera prevenido dehacerlo durante la oscuridad. Juan estaba lleno de remordimiento y replicó: "No pensamos enhacerlo, Oh Señor". Jesús pronunció unas pocas palabras más, lo importante de las cualesfue: "Mis amigos y mis parientes también me olvidaron, y no me dieron de beber, y así lo queestaba escrito acerca de mí se cumplió". Esta omisión lo había afligido mucho. Entonces losdiscípulos le ofrecieron dinero a los soldados para obtener permiso para darle un poco deagua: ellos se negaron a dársela, pero mojaron una esponja con vinagre y hiel, y estaban apunto de ofrecérsela a Jesús, cuando el centurión Abenadar, cuyo corazón fue tocado por lacompasión, se las quitó, escurrió la hiel, roció con vinagre fresco la esponja, y atándola a unacaña, la puso en la punta de su lanza para presentarla a la boca del Señor. De estaspalabras que dijo recuerdo solamente las siguientes: "Cuando mi voz no se oiga más, la bocade los muertos hablará". Entonces algunos gritaron: "Blasfema todavía". Mas Abenadar lesmandó estarse quietos. La hora del Señor había llegado: un sudor frío corrió sus miembros, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…151
  • 152. GETSEMANIJuan limpiaba los pies de Jesús con su sudario. Magdalena, partida de dolor, se apoyabadetrás de la cruz. La Virgen Santísima de pie entre Jesús y el buen ladrón, miraba el rostrode su Hijo moribundo.Entonces Jesús dijo: "¡Todo está consumado!". Después alzó la cabeza y gritó en alta voz:"Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu". Fue un grito dulce y fuerte, que penetróel cielo y la tierra: enseguida inclinó la cabeza, y rindió el espíritu.Juan y las santas mujeres cayeron de cara sobre el suelo. El centurión Abenadar tenía losojos fijos en la cara ensangrentada de Jesús, sintiendo una emoción muy profunda.Cuando el Señor murió, la tierra tembló, abriéndose el peñasco entre la cruz de Jesús y ladel mal ladrón. El último grito del Redentor hizo temblar a todos los que le oyeron. Entoncesfue cuando la gracia iluminó a Abenadar. Su corazón, orgulloso y duro, se partió como laroca del Calvario; tiró su lanza, se dio golpes en el pecho gritando con el acento de unhombre nuevo: "¡Bendito sea el Dios Todopoderoso, el Dios de Abraham, de Isaac y deJacob; éste era justo; es verdaderamente el Hijo de Dios!". Muchos soldados, pasmados aloír las palabras de su jefe, hicieron como él.Abenadar, convertido del todo, habiendo rendido homenaje al Hijo de Dios, no quería estarmás al servicio de sus enemigos. Dio su caballo y su lanza a Casio, el segundo oficial, quientomó el mando, y habiendo dirigido algunas palabras a los soldados, se fue en busca de losdiscípulos del Señor, que se mantenían ocultos en las grutas de Hinnón. Les anunció lamuerte del Salvador, y se volvió a la ciudad a casa de Pilatos.Cuando Abenadar dio testimonio de la divinidad de Jesús, muchos soldados hicieron comoél: lo mismo hicieron algunos de los que estaban presentes, y aún algunos fariseos de losque habían venido últimamente. Mucha gente se volvía a su casa dándose golpes de pechoy llorando. Otros rasgaron sus vestidos, y se cubrieron con tierra la cabeza. Era poco más delas tres cuando Jesús rindió el último suspiro. Los soldados romanos vinieron a guardar lapuerta de la ciudad y a ocupar algunas posiciones para evitar todo movimiento tumultuoso.Casio y cincuenta soldados se quedaron en el Calvario.Oración de agradecimientoTEMBLOR DE TIERRA - APARICIÓN DE LOS MUERTOS EN JERUSALÉNREFLEXIÓN No 51.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Cuando Jesús expiró, vi a su alma, rodeada de mucha luz, entrar en la tierra, al pie de lacruz; muchos ángeles, entre ellos Gabriel, la acompañaron. Estos ángeles arrojaron de latierra al abismo una multitud de malos espíritus. Jesús envió desde el limbo muchas almas asus cuerpos para que atemorizaran a los impenitentes y dieran testimonio de Él. En eltemplo, los príncipes de los sacerdotes habían continuado el sacrificio, interrumpido por elespanto que les causaron las tinieblas, y creían triunfar con la vuelta de la luz; mas de prontola tierra tembló, el ruido de las paredes que se caían y del velo del templo que se rasgaba lesinfundió un terror espantoso. Se vio de repente aparecer en el santuario al sumo sacerdoteZacarías, muerto entre el templo y el altar, pronunciar palabras amenazadoras; habló de lamuerte del otro Zacarías, padre de Juan Bautista, de la de Juan Bautista, y en general de lamuerte de los profetas. Dos hijos del piadoso sumo sacerdote Simón el Justo se presentaroncerca del gran púlpito, y hablaron igualmente de la muerte de los profetas y del sacrificio que Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…152
  • 153. GETSEMANIiba a cesar. Jeremías se apareció cerca del altar, y proclamó con voz amenazadora el fin delantiguo sacrificio y el principio del nuevo. Estas apariciones, habiendo tenido lugar en lossitios en donde sólo los sacerdotes podían tener conocimiento de ellas, fueron negadas ocalladas, y prohibieron hablar de ellas bajo severísimas penas. Pero pronto se oyó un granruido: las puertas del santuario se abrieron, y una voz gritó: "Salgamos de aquí". Nicodemus,José de Arimatea y otros muchos abandonaron el templo. Muertos resucitados se veíanasimismo que andaban por el pueblo. Anás que era uno de los enemigos más acérrimos deJesús, estaba así loco de terror: huía de un rincón a otro, en las piezas más retiradas deltemplo. Caifás quiso animarlo, pero fue en vano: la aparición de los muertos lo habíaconsternado.Dominado Caifás por el orgullo y la obstinación, aunque sobrecogido por el terror, no dejótraslucir nada de lo que sentía, oponiendo su férrea frente a los signos amenazadores de laira divina. No pudo, a pesar de sus esfuerzos, hacer continuar la ceremonia. Dijo y mandódecir a los otros sacerdotes que estos signos de la ira del cielo habían sido ocasionados porlos secuaces del Galileo, que muchas cosas provenían de los sortilegios de ese hombre queen su muerte como en su vida había agitado el reposo del templo. Mientras todo esto pasabaen el templo, el mismo sobresalto reinaba en muchos sitios de Jerusalén. No sólo en elTemplo hubo apariciones de muertos: también ocurrieron en la ciudad y sus alrededores.Entraron en las casas de sus descendientes, y dieron testimonio de Jesús con palabrasseveras contra los que habían tomado parte en su muerte. Pálidos o amarillos, su voz dotadade un sonido extraño e inaudito, iban amortajados según la usanza del tiempo en que vivían:al llegar a los sitios en donde la sentencia de muerte de Jesús fue proclamada, se detuvieronun momento, y gritaron: "¡Gloria a Jesús, y maldición a sus verdugos!".El terror y el pánico producidos por estas apariciones fue grande: el pueblo se retiró por fin asus moradas, siendo muy pocos los que comieron por la noche el Cordero pascual.Oración de agradecimientoJOSÉ DE ARIMATEA PIDE A PILATOS EL CUERPO DE JESÚSREFLEXIÓN No 52.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Apenas se restableció un poco la tranquilidad en la ciudad, el gran consejo de los judíos pidióa Pilatos que mandara romper las piernas a los crucificados, para que no estuvieran en lacruz el sábado. Pilatos dio las órdenes necesarias. En seguida José de Arimatea vino a verle;pues con Nicodemus habían formado el proyecto de enterrar a Jesús en un sepulcro nuevo,que había hecho construir a poca distancia del Calvario.Habló a Pilatos, pidiéndole el cuerpo de Jesús. Pilatos se extrañó que un hombre tanhonorable pidiese con tanta instancia el permiso de rendir los últimos honores al que habíahecho morir tan ignominiosamente. Hizo llamar al centurión Abenadar, vuelto ya después dehaber conversado con los discípulos, y le preguntó si el Rey de los judíos había expirado.Abenadar le contó la muerte del Salvador, sus últimas palabras, el temblor de tierra y la rocaabierta por el terremoto. Pilatos pareció extrañar sólo que Jesús hubiera muerto tan pronto,porque ordinariamente los crucificados vivían más tiempo; pero interiormente estaba lleno deangustia y de terror, por la coincidencia de esas señales con la muerte de Jesús. Quizá quiso Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…153
  • 154. GETSEMANIen algo reparar su crueldad dando a José de Arimatea el permiso de tomar el cuerpo deJesús.También tuvo la mira de dar un desaire a los sacerdotes, que hubiesen visto gustosos aJesús enterrado ignominiosamente entre dos ladrones. Envió un agente al Calvario paraejecutar sus órdenes, que fue Abenadar. Le vi asistir al descendimiento de la cruz.Oración de agradecimientoABERTURA DEL COSTADO DE JESÚS - MUERTE DE LOS LADRONESREFLEXIÓN No 53.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Mientras tanto el silencio y el duelo reinaban sobre el Gólgota. El pueblo atemorizado sehabía dispersado; María, Juan, Magdalena, María hija de Cleofás, y Salomé, estaban de pieo sentadas enfrente de la cruz, la cabeza cubierta y llorando.Se notaban algunos soldados recostados sobre el terraplén que rodeaba la llanura; Casio, acaballo, iba de un lado a otro. El cielo estaba oscuro, y la naturaleza parecía enlutada. Prontollegaron seis alguaciles con escalas, azadas, cuerdas y barras de hierro para romper laspiernas a los crucificados. Cuando se acercaron a la cruz, los amigos de Jesús se apartaronun poco, y la Virgen Santísima temía que ultrajasen aún el cuerpo de su Hijo. Aplicaron lasescalas a la cruz para asegurarse de que Jesús estaba muerto. Habiendo visto que el cuerpoestaba frío y rígido lo dejaron, y subieron a las cruces de los ladrones. Dos alguaciles lesquebraron los brazos por encima y por debajo de los codos con sus martillos. Gesmas dabagritos horribles, y le pegaron tres golpes sobre el pecho para acabarlo de matar. Dimas lanzóun gemido, y expiró, siendo el primero de los mortales que volvió a ver a su Redentor. Losverdugos dudaban todavía de la muerte de Jesús. El modo horrible como habían fracturadolos miembros de los ladrones hacía temblar a las santas mujeres por el cuerpo del Salvador.Mas el subalterno Casio, hombre de veinticinco años, cuyos ojos bizcos excitaban la befa desus compañeros, tuvo una inspiración súbita. La ferocidad bárbara de los verdugos, laangustia de las santas mujeres, y el ardor grande que excitó en él la Divina gracia, le hicieroncumplir una profecía. Empuñó la lanza, y dirigiendo su caballo hacia la elevación dondeestaba la cruz, se puso entre la del buen ladrón y la de Jesús. Tomó su lanza con las dosmanos, y la clavó con tanta fuerza en el costado derecho del Señor, que la punta atravesó elcorazón, un poco más abajo del pulmón izquierdo. Cuando la retiró salió de la herida unacantidad de sangre y agua que llenó su cara, que fue para él baño de salvación y de gracia.Se apeó, y de rodillas, en tierra, se dio golpes de pecho, confesando a Jesús en alta voz. LaVirgen Santísima y sus amigas, cuyos ojos estaban siempre fijos en Jesús, vieron coninquietud la acción de ese hombre, y se precipitaron hacia la cruz dando gritos. María cayóen los brazos de las santas mujeres, como si la lanza hubiese atravesado su propio corazón,mientras Casio, de rodillas, alababa a Dios; pues los ojos de su cuerpo y de su alma sehabían curado y abierto a la luz. Todos estaban conmovidos profundamente a la vista de lasangre del Salvador, que había caído en un hoyo de la peña, al pie de la cruz. Casio, María, Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…154
  • 155. GETSEMANIlas santas mujeres y Juan recogieron la sangre y el agua en frascos, y limpiaron el suelo conpaños. Casio, que había recobrado toda la plenitud de su vista, estaba en una humildecontemplación. Los soldados, sorprendidos del milagro que había obrado en él, se hincaronde rodillas, dándose golpes de pecho, y confesaron a Jesús. Casio, bautizado con el nombrede Longinos, predicó la fe como diácono, y llevó siempre sangre de Jesús sobre sí. Esta sehabía secado, y se halló en su sepulcro, en Italia, en una ciudad a poca distancia del sitiodonde vivió Santa Clara. Hay un lago con una isla cerca de esta ciudad. El cuerpo deLonginos debe haber sido transportado a ella. Los alguaciles, que mientras tanto habíanrecibido orden de Pilatos de no tocar el cuerpo de Jesús, no volvieron.Oración de agradecimientoEL DESCENDIMIENTOREFLEXIÓN No 54.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:El cielo estaba todavía oscuro y nebuloso cuando José y Nicodemus se fueron al Calvario:allí se encontraron con sus criados y las santas mujeres que lloraban sentadas enfrente de lacruz. Casio y muchos soldados, que se habían convertido, estaban a cierta distancia, tímidosy respetuosos. José y Nicodemus contaron a la Virgen y a Juan todo lo que habían hechopara librar a Jesús de una muerte ignominiosa, y cómo habían obtenido que no rompiesenlos huesos al Señor. Entre tanto llegó el centurión Abenadar, y luego comenzaron la piadosaobra del descendimiento de la cruz, para embalsamar el sagrado cuerpo del Señor. Casio seacercó también, y contó a Abenadar la milagrosa curación de la vista. Todos se sentían muyconmovidos, llenos de tristeza y de amor. Nicodemus y José pusieron las escaleras detrás dela cruz, subieron y arrancaron los clavos. Enseguida descendieron despacio el santo Cuerpo,bajando escalón por escalón con las mayores precauciones.Fue un espectáculo muy tierno; tenían el mismo cuidado, las mismas precauciones como sihubiesen temido causar algún dolor a Jesús. Todos los circunstantes tenían los ojos fijos enel cuerpo del Señor y seguían sus movimientos, levantaban las manos al cielo, derramabanlágrimas y daban señales del más profundo dolor. Todos estaban penetrados de un respetoprofundo, hablando sólo en voz baja para ayudarse unos a otros. Mientras los martillazos seoían, María, Magdalena y todos los que estaban presentes a la crucifixión, tenían el corazónpartido. El ruido de esos golpes les recordaba los padecimientos de Jesús; temían oír otravez el grito penetrante de sus sufrimientos. Habiendo descendido el santo Cuerpo, loenvolvieron y lo pusieron en los brazos de su Madre, que se los tendía poseída de dolor y deamor. Así la Virgen Santísima sostenía por última vez en sus brazos el cuerpo de su queridoHijo, a quien no había podido dar ninguna prueba de su amor en todo su martirio; contemplósus heridas, cubrió de ósculos su cara ensangrentada, mientras Magdalena reposaba la suyasobre sus pies. Después de un rato, Juan, acercándose a la Virgen, le suplicó que seseparase de su Hijo para que le pudieran embalsamar, porque se acercaba el sábado. Maríase despidió de Él en los términos más tiernos. Entonces los hombres lo tomaron de losbrazos de su madre y lo llevaron a un sitio más bajo que la cumbre del Gólgota, que ofrecíagran comodidad para hacer el embalsamamiento. Lo hicieron enseguida y envolvierondespués el santo Cuerpo en un gran lienzo blanco. Cuando todos se arrodillaron para Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…155
  • 156. GETSEMANIdespedirse de Él, se operó delante de sus ojos un gran milagro: el sagrado cuerpo de Jesús,con sus heridas, apareció representado sobre el lienzo que lo cubría, como si hubiesequerido recompensar su celo y su amor, y dejarles un retrato a través de los velos que locubrían. Era un retrato sobrenatural, un testimonio de la divinidad creadora, que residíasiempre en el cuerpo de Jesús.Oración de agradecimientoJESÚS METIDO EN EL SEPULCROREFLEXIÓN No 55.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:Los hombres pusieron el sagrado Cuerpo sobre unas parihuelas de cuero, tapadas con uncobertor oscuro. Nicodemus y José llevaban sobre sus hombros los palos de delante, yAbenadar y Juan los de atrás. Enseguida venían la Virgen, Magdalena y María Cleofás,después las mujeres que habían estado sentadas a cierta distancia, Verónica, Juana Chusa,María, madre de Marcos, Salomé, mujer de Zebedeo; María Salomé, Salomé de Jerusalén,Susana y Ana, sobrina de San José; Casio y los soldados cerraban la marcha. Se detuvierona la entrada del jardín de José, que abrieron arrancando algunos palos, que sirvierondespués de palancas para llevar a la gruta la piedra que debía tapar el sepulcro. Cuandollegaron a la peña, levantaron el santo Cuerpo sobre una tabla larga, cubierta de una sábana.Las santas mujeres se sentaron enfrente de la entrada. Los cuatro hombres introdujeron elcuerpo del Señor, llenaron de aromas una parte del sepulcro, extendieron una sábana sobrela cual pusieron el Cuerpo y salieron. Entonces entró la Virgen, se sentó al lado de la cabeza,y se bajó, llorando, sobre el cuerpo de su Hijo. Cuando salió de la gruta, Magdalena entró ybesó, llorando, los pies sagrados de Jesús; pero habiéndole dicho los hombres que debíancerrar el sepulcro, se volvió con las otras mujeres. Pusieron la tapa de color oscuro, ycerraron la puerta. Todos volvieron a la ciudad; José y Nicodemus encontraron en Jerusaléna Pedro, a Santiago el Mayor y a Santiago el Menor. Vi después a la Virgen Santísima y asus compañeras entrar en el Cenáculo; Abenadar fue también introducido, y poco a poco lamayor parte de los Apóstoles y de los discípulos se reunieron en él. Tomaron algún alimento,y pasaron todavía unos momentos reunidos llorando y contando lo que habían visto. Loshombres cambiaron de vestido, y los vi después, debajo de una lámpara, orar.Oración de agradecimientoLOS JUDÍOS PONEN GUARDIA EN EL SEPULCROREFLEXIÓN No 56.Oración de preparaciónGracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomandotus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor,extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:En la noche del viernes al sábado vi a Caifás y a los principales judíos consultarse respectode las medidas que debían adoptarse, vistos los prodigios que habían sucedido y ladisposición del pueblo. Al salir de esta deliberación, fueron por la noche a casa de Pilatos, yle dijeron que como ese seductor había asegurado que resucitaría el tercer día, era menester Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…156
  • 157. GETSEMANIguardar el sepulcro tres días; porque si no, sus discípulos podían llevarse su Cuerpo yesparcir la voz de su Resurrección. Pilatos, no queriendo mezclarse en ese negocio, les dijo:"Tenéis una guardia: mandad que guarde el sepulcro como queráis". Sin embargo, les dio aCasio, que debía observarlo todo, para hacer una relación exacta de lo que viera. Vi salir dela ciudad a unos doce, antes de levantarse el sol; los soldados que los acompañaban noestaban vestidos a la romana, eran soldados del templo. Llevaban faroles puestos en palospara alumbrarse en la oscura gruta donde se encontraba el sepulcro. Así que llegaron, seaseguraron de la presencia del cuerpo de Jesús; después ataron una cuerda atravesadadelante de la puerta del sepulcro, y otra segunda sobre la piedra gruesa que estaba delante,y lo sellaron todo con un sello semicircular. Los fariseos volvieron a Jerusalén, y los guardasse pusieron enfrente de la puerta exterior. Casio no se movió de su puesto.Había recibido grandes gracias interiores y la inteligencia de muchos misterios. Noacostumbrado a ese estado sobrenatural, estuvo todo el tiempo como fuera de sí, sin ver losobjetos exteriores. Se transformó en un nuevo hombre, y pasó todo el día haciendopenitencia y oración. Después de la Resurrección del Señor, dejó la milicia y se juntó con losdiscípulos. Fue uno de los primeros que recibieron el bautismo, después de Pentecostés,junto con otros soldados convertidos al pie de la Cruz.Oración de agradecimiento Acompañemos al Señor Jesús en su Pasión…157