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Gloria

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  • 1. SÁBADO 3 DE FEBRERO DE 2007GLORIA Hacia meses que esperaba a quese decretaran las vacaciones escolares. El añoinmediatamente anterior la había visto porprimera vez y por primera vez habíamoshablado, como dos adolecentes, de cualquiercosa. Trataba de recordar ese primerencuentro entre las brumas de la memoria,para sorprenderla si volvía a verla o conscientede que ellas tienen mayor capacidad quenosotros para recordar estor hechos. Lo ciertoes que solo recordaba vaguedades;seguramente hablaríamos del calor que hacía,de los amigos comunes, de la verbena del díaanterior o quizás de volver a vernos. No. Nocreo que hubiéramos concertado ningúnencuentro. Si recuerdo que los chicosrevoloteábamos a su lado como las abejascerca del panal .Lo cierto es que la conocí díasantes de terminarse el periodo vacacional ynuestro encuentro fue rápido y fugazdejándome impresionado su belleza y
  • 2. simpatía. Su piel color canela, su sonrisasuave, sus dientes blanquísimos y biendispuestos, sus labios carnosos y sensuales ysus ojos expresivos y alegres me seguían atodas partes; su taconeo, el ir y venir de suscaderas, sus piernas largas y biencontorneadas y su cintura suave y fina eran, enlas noches, dulces onirodinias y amargosdespertares y no pocas veces causa de sueñoshúmedos... Y masturbaciones intempestivas...Iba de viaje de vuelta, miraba la carretera conavidez y tenía la sensación de avanzar conmucha lentitud. Cuatro horas nos separaba ladistancia. Cuatro horas convertidas aquellatarde en una eternidad. Antes, cuando venía devacaciones a visitar a los abuelos, no teníaninguna prisa, dejaba pasar el tiempo, alegre,contemplando el paisaje y permitiendo que elolor del campo, a musgos líquenes y flores, meinvadiera. Hoy, señuelo que golpea en misodres, eco de su voz, visiones de verla ysentirla cerca me traían crispado, acelerado ysudoroso...El erotismo es una fiesta de felizregocijo que no siempre termina comoquisiéramos. El erotismo es subversivo ytransgresor, y, en el mundo de hoy, donde losvalores comienzan a perder su originalsignificado, el erotismo ha comenzado aperder su carga transgresora que le esconnatural y se ha convertido en unentretenimiento pasajero y anodino: En elamor hay que matar o morir. Es una entregadonde ha de dejarse todo, hasta la muerte,como en un juego peligroso en que se puede
  • 3. alcanzar la plenitud de los sentidos o sucompleta destrucción. En estas disquisicionesmentales me encontraba cuando el bus en queviajaba tomo un largo recodo de la carretera y,al tomar la recta, apareció su casa a la sombrade un frondoso almendro. Rápido mire por laventana, contigua a mi asiento, pero fuera de lacasa no había nadie, no la vi. Tampoco debíaestar en el patio por qué no me esperaba. Nosabía siquiera que hacía meses mi espíritu notenía ni paz ni sosiego...Domingo. El cielo estaba profundamente azul.Los naranjos despedían suaves olores deazahares y las calles comenzaban a llenarse degente. No sé si fue el calor de la época estival loque me saco tan temprano de la cama o mipropio calor interno, ese fuego insólito que nospredispone a exaltarnos ante la tersura de unaflor o la robusta redondez de un fruto. ¿Ofueron las campanas de la iglesia llamando amisa de siete? Quizás... quizás. Lo único ciertoes que estaba a las siete de la mañana paradoen el atrio de la iglesia observando el ingresode las gentes a la plaza que se apresuraban aentrar a misa. Gloria no aparecía, deseabaadivinar su rostro debajo de cualquiermantilla. Miraba con descaro los cuerpos delas mujeres en la esperanza de encontrar sucuerpo. Con el ultimo repique de campanas meaventure en la gran nave de la iglesia ylentamente, con ojo avizor, recorrí banco porbanco, cara a cara, hasta convencerme de quetenía que esperar hasta la misa de diez parapoder verla. ¡Dios, cuanto tormento!
  • 4. Decidido tome el camino de Campo Alegre,bajo el sol canicular, para salir a su encuentro.En cuanto empecé a caminar vi la vidadiferente, con una especie de esperanzailusoria, si se quiere, pero desconocida horasantes. La decisión fue oportuna. No pasómucho tiempo, en el río, la encontrérefrescándose los pies. La mire intensamente,titubeando me acerque, sin pronunciarpalabra, sorprendido de mi mismo y de miatrevimiento. Gloria me miro de frente, sinmanifestar sorpresa, como si mi presencia enel lugar fuera natural, me sonrío y se levanto asaludar. Yo el tome entre mis brazos, la apretécontra mi pecho. Gloria gimió:-¡Me hacesdaño! ¡No! ¡No! ¡Ahora no!.. Y me apartoempujándome de su lado. Alegre y risueñaecho a correr indicándome que la siguiera queíbamos a misa de diez...-¡Gloria para! -le grite- ¡son las siete y treinta!Tenemos tres horas por delante y, además,hace muchos meses que no nos vemos. Ven. Letome de la mano, la oprimí contra mi pecho yse dejo llevar por la fuerza interna de su deseo.Gloria luchaba por liberarse de sí misma, delpeso de sus creencias, de sus fantasmasinteriores. Era consciente del despertar de susinstintos, y, adivinaba que detrás del tupidomanto del pecado, el sexo debía ser una fiestadonde se ocultaban los fantasmas del deseo.Sentía que algo dentro de sí había cambiado,algo extraño que dominaba su carácter, que laenardecía. Yo la mantenía a mi lado, ansioso, y
  • 5. ella lentamente perdía los ánimos para seguirluchando...Mire a mí alrededor. Mi vista penetro en losdensos cafetales que teníamos al frente y laconvide a dirigirnos hacia ellos, vamos, le dije.¡Vamos allá! ¡Vamos allá! Me detuve, volví amirarla intensamente. Gloria me miro a losojos. Nos miramos con los ojos brillantes,codiciosos y enamorados. Gloria se abandonoen mis brazos, nos besamos y dijo: ¡vamos allá!Los cafetales tupidos, enzarzados, abrazadosentre sí, cargados de pequeños y abigarradosfrutos rojos dispuestos en racimo, olor dulzónde fruto maduro fermentado, excitaban elolfato. Los guácimos altos y cerradosimpedían, exuberantes, que los rayos del solpenetraran por entre el ramaje. Se diría que ahurtadillas el astro nos miraba. Difícilmenteencontramos un lugar abierto. A la vera de unocobo y un palmichal se abría un pequeñoclaro cubierto de musgos y olor a líquenes yhelechos. Tendí sobre el musgoso lecho laruana de lino blanco y la invite a sentarse a milado, bajo los guácimos, a la sombra delpalmito e invadidos por el perfumadoambiente de helechos y fruta fermentada.Entre la espesa fronda éramos dos animales encelo rendidos de caricias.Habíamos perdido la noción del tiempo y delespacio. Solo existíamos los dos. El mundoexterior no hacia parte de nuestras apetenciasy deseos y por lo mismo no existía. Vivíamos
  • 6. una fantasía digna de las mil y una nochesacosados por el deseo y la imaginación esosfantasmas que erotizan el espíritu y lohumanizan o lo convierten en un serirracional. En medio de la vorágine, ocultos deobservadores ocasionales, la besaba,lentamente deslizaba mis manos bajo su blusa,su piel tersa y suave invitaba a las caricias;desabroche su corpiño y palpe sus senosfirmes de mullidas carnes. Gloria, quieta,transportada, dejaba hacer, inerte, salvo porun temblor lento y rítmico de su cuerpo y porsu respiración entre cortada. Daba laimpresión de estar sumida en un profundosueño totalmente entregada. Yo, electrizado,incansable, la recorría, exploraba con mismanos todo su cuerpo, sus más secretosrincones. Le quite los zapatos, le acaricie y lebese los pies, subí lentamente por sus piernas apequeños y tiernos mordiscos, y, ella,pudorosa las apretaba, impedía que mis dedospenetraran su misterio. Yo insistía... acariciesu vientre liso y firme, su pubis, por entre lasblancas bragas, de bello de seda ensortijadoque se enredaba entre mis dedos. Gloriadespertaba al lento ritmo de las caricias.Nuevas y extrañas sensaciones subían aoleadas por sus entrañas. Su cuerpo tenso serelajaba, la invadía la lasitud, la entrega. Suspiernas cedieron lentamente, indolentes,receptivas a las caricias. Con ternura le quitelas bragas y quede alucinado ante su cuerpodesnudo. Su piel húmeda olía a clavos y acanela. Ahora era yo quien temblaba. Micuerpo se fundía. Mi cabeza, demente, busco
  • 7. alivio en su regazo. Gloria tomo mi cabeza ymeso tiernamente mis cabellos. Nadainterrumpía aquel silencio..."¡La selva negra ymística fue la alcoba sombría!"Yacíamos quietos, imperturbables, pensativossobre el verde musgo, bajo el palmito,escondidos a la luz del sol. Ahora estábamosserenos. Nos mirábamos de frente, sus ojos,como los míos, expresaban ternura y el deseoardiente de poseernos. Sus manos inexpertasdesabrochaban mi camisa mientras yo pasabalas yemas de mis dedos sobre la comisura desus labios carnosos y mis ojos se perdían en laasombrosa y profunda negrura de los suyos.Con risas cómplices me ayudo a sacarme elpantalón. Desnudos, nos apretamos el unocontra el otro, comunión de los cuerpos y lasalmas, rito inicial de entregas presentidas. Elcalor de los cuerpos se abrió en flor, seestremecían. Mis manos se deslizabanlentamente, a ciegas, entreteniéndose en sussenos, en sus pezones firmes y erectos, en suombligo, y, prontas, cálidas, acariciando supubis. La base de sus piernas comenzó aseparase y cansina, suave, mi mano acaricio susexo, flor apenas entre abierta, fruto maduro yfermentado que éxito mi deseo. Mis manosvagabundeaban ávidas de placer sobre laorografía de su cuerpo. Nos besamosrepetidamente, bese todo su cuerpo sensible,laberíntico y fértil. Su carne inocente mepertenecía. Es el demonio interior que hay enel otro lo que admiramos y nos sorprende, elidealismo, la imaginación y la sublimación de
  • 8. los deseos. Ella respondía a mis caricias conuna ternura no exenta de masoquismo en surendida entrega: Me besaba la cara, el cuello,los ojos; me mordía los dedos y los labios. Yosentía que mi sexo se henchía dolorosamente,enervante, presto a explotar. Le tome unamano y la puse al rededor de mi miembro. Lotomo con suavidad y sin codicia comenzó aexplorarlo del glande hacia abajo hasta elescroto y regresar al glande, frotándolosuavemente hasta dejarme inmóvil con supezón entre mis dientes entre abiertos. Retirecariñosamente su mano de mi miembro y,despacio, la coloque de espaldas, metí mipierna derecha entre sus piernas, las abrílentamente dejando al descubierto miapetencia y la penetre en silencio como quienpenetra la paz de la tierra. Mi cuerpo estaba enella con sumido y ella estaba en mi porque yoestaba en ella. Lentamente nos movíamosapurando las ansias en rápidos espasmos, enpequeños suspiros, en pausados gemidos. Eléxtasis iba in crescendo, los movimientos sehacían más rápidos y rudos. Gloria sentíacomo crecía el pene en su interior y como el ir ivenir de los cuerpos se convertía en unhuracán interior que la desquiciaba. Extraño ysutil hormigueo que avanzaba por su espinadorsal, remolino de gratas sensacionesascendiendo y descendiendo a través de todoslos tejidos hasta la invasión total de laconciencia en un fluir de líquidos y espasmossuaves que le arrancaban gemidos a lo máshondo y profundo de la vida. Yo, apuraba vorazsus últimos besos con los últimos envites de mi
  • 9. cuerpo, que rendido y exánime, entregaba suofrenda a la mujer amada como un guerrerorendido...Hoy, vencido por los años, el tiempo, elsilencio y la distancia, todo son recuerdos dedías idos:"Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso,una errante luciérnaga alumbro nuestro beso,el contacto furtivo de tus labios de seda...La selva negra y mística fue la alcoba sombríaEn aquel sitio el musgo tiene olor de reseda..."