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Mentiras fundamentales de la iglesia catolica.
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Mentiras fundamentales de la iglesia catolica.

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Mentiras.fundamentales.de.la.iglesia.catolica. Libro de Pepe Rodriguez

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  • 1. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica PEPE RODRÍGUEZ Barcelona - Madrid - Buenos Aires - México D.F. - Santiago de Chile
  • 2. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 1ª edición: febrero 1997 1ª reimpresión: marzo 1997 2ª reimpresión: abril 1997. @ José Rodríguez, 1997 @ Ediciones B.S.A. 1997 @ Ediciones B.S.A., 1997 Bailen, 84 08009 Barcelona (España) Printed in in Spain ISBN: 84-406-7262-4 Depósito legal: B. 17.403-1997 Impreso por LIBERDÚPLEX, S.L. Constitució, 19 - 08014 Barcelona 2
  • 3. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Índice Introito: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32), la mentira, creyentes ..................5 I. DEL ANTIGUO AL NUEVO TESTAMENTO: LAS BASES HUMANAS DE UNA IGLESIA QUE SE PRETENDE «DIVINA»........11 1. El Antiguo Testamento: ¿palabra de Dios o resultado de la megalomanía genial que permitió sobrevivir al pueblo hebreo? ......................11 • Dios entregó su Ley al «pueblo elegido» plagiando los términos de un tratado de vasallaje hitita .......... 13 • Los autores de los libros del Antiguo Testamento: tantas manos inspiradas como intereses políticos hubo en la historia antigua de Israel ......... 17 • De cómo un escriba, sin pretenderlo, creó el Dios judeocristiano de la biblia ............22 • Los profetas: moralistas fundamentalistas y muy influyentes... aunque sus profecías fueran escritas por otros y una vez ocurridos los hechos «anunciados por Dios»............... 24 2. Dios, en su infinita inmutabilidad, cambió radicalmente su «revelación» y dio el Nuevo Testamento ............36 • La mayor parte del Nuevo Testamento no fue escrita por apóstoles sino por recopiladores que no conocieron a Jesús.................37 • Quiénes fueron en realidad los cuatro evangelistas y cuándo y cómo compusieron sus textos inspirados .....40 • San Pablo: el judío «advenedizo» que fundamentó un cristianismo a la medida de sus delirios místicos y frustraciones personales.....47 II. DE CÓMO LOS PROPIOS EVANGELISTAS DIERON VERSIONES PAGANAS Y CONTRADICTORIAS DE LA VIDA DE JESÚS Y DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA ACABÓ TERGIVERSANDO A SU ANTOJO TODOS LOS DATOS QUE NO CONVENÍAN A SUS INTERESES DOCTRINALES........55 3. El nacimiento prodigioso de Jesús: un relato mítico que la mayor parte del Nuevo Testamento niega abiertamente............................... 55 • Nacer de una virgen fertilizada por Dios fue un mito pagano habitual en todo el mundo antiguo anterior a Jesús ......57 • El decorado pagano habitual: señales celestes, magos, pastores, ángeles cantores, animales amables y un rey que persigue al niño divino ....... 60 • La figura de Jesús-Cristo fue configurada según el modelo pagano de los dioses solares ... 67 • Jesús nació con dos genealogías, pero sin ninguna legitimación mesiánica ...............74 • Si María fue virgen aún después de parir a Jesús, ¿cómo es que los apóstoles no se enteraron jamás de tamaño milagro?.................76 • Los otros hijos de María o los hermanos carnales de Jesús que la Iglesia hizo desaparecer ........ 80 4. Jesús, un judío fiel a la Ley hebrea del que apenas conocemos nada............................ 83 5. Las muchas y profundas incoherencias que impiden dar crédito a los relatos neotestamentarios acerca de la resurrección de Jesús y de sus apariciones posteriores ............................. 89 6. Si Jesús fue consustancial con Dios, ni él ni sus apóstoles se dieron cuenta de ello ..........99 7. «Jesús, el mesías prometido», o cómo ganar credibilidad forzando el sentido de versículos proféticos del Antiguo Testamento...................... 107 III. DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA SE DOTÓ DE FUNDAMENTO Y LEGITIMIDAD MANIPULANDO LOS EVANGELIOS Y SE CONVIRTIÓ EN UNA INSTITUCIÓN DE PODER , AL CREAR UNA ESTRUCTURA ORGANIZATIVA CONTRARIA A ESOS TEXTOS.......111 3
  • 4. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 8. Jesús jamás instituyó —ni quiso hacerlo— ninguna nueva religión o Iglesia, ni cristiana ni, menos aún, católica .......... 112 • Ni «católica» significa «universal» ni el Jesús de los Evangelios pretendió que su mensaje tuviese ese carácter............. 119 9. Jesús prohibió explícitamente el clero profesional... pero la Iglesia católica hizo del sacerdote un asalariado «diferente al resto de hombres y especialmente elegido por Dios» ............... 122 10. El Nuevo Testamento niega los templos como «casa de Dios» y la misa como «sacrificio continuo y real de Jesús», pero la Iglesia católica dice y hace justo lo contrario ....................... 127 11. La figura del papa es contraria a lo que predicó Jesús y se asienta sobre falsificaciones de los Evangelios de las listas de los obispos de Roma ......... 136 • El papa, «sucesor de Pedro», no fue oficialmente infalible hasta que lo decretó Pío IX en el año 1870 ................... 147 12. Jesús, en los Evangelios, preconizó la igualdad de derechos de la mujer, pero la Iglesia católica se convirtió en apóstol de su marginación social y religiosa ......................... 149 IV. DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA CAMBIÓ LOS «MANDATOS DE DIOS» BÍBLICOS Y CREÓ DOGMAS ESPECÍFICOS PARA CONTROLAR MEJOR A LOS CREYENTES Y AL CLERO........154 13. Los Diez Mandamientos de la Iglesia católica presentan graves e interesadas diferencias respecto al Decálogo bíblico original.....................155 • La Iglesia falseó el Decálogo bíblico, eliminando el segundo mandamiento, que prohíbe la idolatría, para rentabilizar el culto a las imágenes de Jesús, la Virgen y los santos.......... 160 • El Dios de la Biblia no dijo «ve a misa los domingos» sino «descansa los sábados»........ 163 14. El Credo, una profesión de fe que el propio Jesús rechazaría ................................. 165 15. La «Santísima Trinidad», el misterio que nos vino de Oriente.................................170 16. La «Inmaculada Concepción», un dogma de fe fundamental de la Iglesia católica... que no fue impuesto a los creyentes como tal hasta el año 1854 ............ 173 17. La doctrina católica del infierno le fue tan desconocida al Dios del Antiguo Testamento como al propio Jesús ............ 177 18. El celibato obligatorio del clero es un mero decreto administrativo, no un mandato evangélico .... 180 Epílogo brevísimo .............................. 186 Anexo: La Taxa Camarae del papa León X, uno de los puntos culminantes de la corrupción humana ........... 187 Bibliografía ................................... 189 índice de referencias bíblicas ..................... 192 RELACIÓN DE CUADROS 1. Hechos notables de la historia de Israel y época de redacción de los textos más importantes del Antiguo Testamento ......34 2. Origen y composición de los textos del canon del Nuevo Testamento ...................... 53 3. Apariciones de Jesús después de su resurrección..............97 4. Evolución histórica de la definición y características de la supuesta personalidad divina de Jesús.........105 4
  • 5. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica INTROITO: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32), la mentira, creyentes Es probable que el título de este libro, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, puedaparecerle inadecuado o exagerado a algún lector, pero si nos remitimos a la definición de la propia Iglesiacatólica cuando afirma que «la mentira es la ofensa más directa contra la verdad; mentir es hablar u obrarcontra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombrecon la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el 1Señor», veremos cuan ajustado está este título a los sorprendentes datos que iremos descubriendo a lolargo de este trabajo. La Iglesia católica es una institución que conserva una notable influencia en nuestra sociedad —apesar de que la mayoría de sus templos suelen estar muy vacíos y de que casi nadie, ni aun sus fieles,sigue las directrices oficiales en materia de moral— y sus actuaciones repercuten, tanto entre los creyentescatólicos, o de cualquier otra religión, como entre los ciudadanos manifiestamente ateos. Por esta razón, nosólo es lícito reflexionar sobre todo cuanto atañe a la Iglesia católica sino que, más aún, resulta obligado eltener que hacerlo. Tal como expresó el gran teólogo católico Schillebeeckx: «Se debe tener el coraje decriticar porque la Iglesia tiene siempre necesidad de purificación y de reformas.» Lo que es, dice o hace la Iglesia católica, por tanto, nos incumbe en alguna medida a todos, ya queresulta imposible sustraerse a su influjo cultural tras casi dos milenios de predominio absoluto de su espírituy sus dogmas en el proceso de conformación de mentes, costumbres, valores morales y hastalegislaciones. Si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de que no sólo tenemos una estructura mental católicapara ser creyentes sino que también la tenemos para ser ateos; para negar a Dios y la religión sólopodemos hacerlo desde aquella plataforma que nos lo hizo conocer; por eso un ateo de nuestro entornocultural es, básicamente, un ateo católico. Nuestro vocabulario cotidiano, así como nuestro refranero,supura catolicismo por todas partes. La forma de juzgar lo correcto y lo incorrecto parte inevitablemente depostulados católicos. Los mecanismos básicos de nuestra culpabilidad existencial son un dramático fruto dela formación católica (heredera, en este aspecto, de la dinámica psicológica judeo-cristiana). Nuestras vidas tanto en el caso del más pío de los ciudadanos como en el del más ateo de losconvecinos, están dominadas por el catolicismo: el nombre que llevamos es, en la mayoría de las personas,el de un santo católico, el de una advocación de la Virgen o el del mismo Jesús; nuestra vida está repleta deactos sociales que no son más que formas sacramentales católicas —bautismos, primeras comuniones,bodas, funerales, etc.—, a las que asistimos con normalidad aunque no seamos creyentes; las fiestaspatronales de nuestros pueblos se celebran en honor de un santo católico o de la Virgen; nuestros puentesy descansos vacacionales preferidos —Navidad, Reyes, Semana Santa, San José, San Juan, el Pilar, laInmaculada...— son conmemoraciones católicas; decenas de hospitales, instituciones o calles llevannombres católicos; gran parte del arte arquitectónico, pictórico y escultórico de nuestro patrimonio culturales católico; un elevadísimo porcentaje de centros educacionales, escolares y asistenciales —y susprofesionales — son católicos; el peso católico en los medios de comunicación es cada vez más notable (yencubierto); nuestro Gobierno financia con una parte de nuestros impuestos a la Iglesia católica... Lo queramos o no, estamos obligados a vivir dentro del catolicismo, y ello no es ni bueno ni malo,simplemente es. Está justificado, por tanto, que nos ocupemos en reflexionar sobre algo que tiene tantopeso en nuestras vidas. Pero ¿qué sabemos en realidad de la Iglesia católica y de sus dogmas religiosos?Parece que mucho o todo, puesto que abrigamos la sensación de tener una gran familiaridad con elcatolicismo. Tanto es así que conocemos perfectamente, lo creamos o no, que María fue considerada 1 Cfr. Santa Sede (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, párrafo 2.483, p. 540. 5
  • 6. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaVirgen desde siempre, que Jesús fue hijo único y que murió y resucitó a los tres días, que fue conocidocomo consubstancial con Dios desde su mismo nacimiento, que él fundó el cristianismo y la Iglesia católicae instituyó el sacerdocio, la misa y la eucaristía, que estableció que el Papa fuese el sucesor directo dePedro... estamos seguros de que todo eso es así porque siempre nos lo han contado de esta forma, pero,sin embargo, cuando leemos directa y críticamente el Nuevo Testamento vemos, sin lugar a dudas, queninguna de estas afirmaciones es cierta. La primera vez que leí la Biblia, en septiembre de 1974, quedé muy sorprendido por las terriblescontradicciones que la caracterizan, pero también por descubrir que el Jesús de los Evangelios no teníaapenas nada que ver con el que proclama la Iglesia católica. Veintidós años más tarde, en 1996, tras vanaslecturas críticas de las Escrituras y apoyado en el bagaje intelectual que da el haber estudiado decenas detrabajos de expertos en historia antigua, religiones comparadas, mitología, antropología religiosa, exégesisbíblica, teología, arte, etc., mi nivel de sorpresa no sólo no ha disminuido sino que se ha acrecentado enprogresión geométrica. Cuantos más conocimientos he ido adquiriendo para poder analizar las Escriturasdesde parámetros objetivos, más interesantes me han parecido (como documentos de un complejo yfundamental proceso histórico) pero, también, más patética me ha resultado la tremenda manipulación delas Escrituras y del mensaje de Jesús, realizada, con absoluta impunidad durante siglos, por la Iglesiacatólica. En este libro no se pretende descubrir nada nuevo, puesto que, desde finales del siglo XVIII hasta hoy,decenas de investigadores, todos ellos infinitamente más cualificados que este autor, han publicado trabajoscientíficos que han dinamitado sin compasión los documentos básicos del cristianismo. Los especialistas enexégesis bíblica y en lenguas antiguas han demostrado fuera de toda duda las manipulaciones y añadidosposteriores que trufan el Antiguo Testamento, el contexto histórico y la autoría reciente (s. VII a.C.) delPentateuco —falsamente atribuido a Moisés (s. XIII a.C.)—, la inconsistencia de las «profecías», laverdadera autoría de los Evangelios y la presencia de múltiples interpolaciones doctrinales en ellos, lacualidad de pseudoepigráficos de textos que se atribuyen falsamente a Pablo y otros en el NuevoTestamento, etc. Y los historiadores han puesto en evidencia que buena parte de la historiografía católicaes, simple y llanamente, mentira. De todas formas, dado que los trabajos citados no son del conocimientodel gran público, este texto contribuirá a divulgar parte de lo que la ciencia académica ya sabe desde haceaños. El breve análisis acerca de la Iglesia católica y algunos de sus dogmas, que se recoge en este trabajo,no fue pensado, en principio, para convertirse en un libro. En su origen no fue más que un proceso dereflexión, absolutamente privado, a través del cual este autor quiso profundizar en algunos aspectosdoctrinales fundamentales de la Iglesia católica mediante su confrontación con las propias Escrituras enlas que decían basarse. Desde esta perspectiva, el texto no pretende ser ni una obra acabada ni definitiva de nada, aunque síes el fruto del trabajo de muchos meses de investigación, de cientos de horas ante el ordenador, rodeadode montañas de libros, intentando asegurar cada palabra escrita en las bases más sólidas y creíbles que hepodido encontrar. No es tampoco un libro que pretenda convencer a nadie de nada, creo que el lector tiene el derecho yla obligación de cuestionar todo aquello que lee; por eso se facilita una abundante bibliografía y se indican,en notas a pie de página, las referencias documentales que cualquiera puede analizar por sí mismo paraextraer sus propias conclusiones. En cualquier caso, la fuente principal a la que hemos recurrido para fundamentar lo que afirmamos esla Biblia; y para evitar que se nos acuse de basarnos en versículos arreglados, hemos usado una Bibliacatólica, concretamente la versión de Nácar-Colunga, que es la más recomendada entre los católicosespañoles y, también, la que contiene más manipulaciones sobre los textos originales con la intención defavorecer la doctrina católica; pero aún así, la lectura crítica de la Biblia de Nácar-Colunga sigue siendodemoledora para la Iglesia católica y sus dogmas. De todas formas, aconsejamos sinceramente que todolector de este trabajo, sea católico o no, tenga una Biblia a mano para consultarla siempre que precise 2guiarse por su propio criterio. 2 Aunque hay mejores y peores traducciones de los textos bíblicos, cualquier Biblia es apta para ser consultada. La mejor traducción castellanaactual es la Nueva Biblia Española, y suelen ser también muy correctas las ediciones protestantes basadas en revisiones actualizadas de la traducciónde Valera. 6
  • 7. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Uno no puede dejar de sorprenderse cuando se hace consciente de que los católicos, así como unabuena parte de sus sacerdotes, no conocen la Biblia. A diferencia del resto de religiones cristianas, laIglesia católica no sólo no patrocina la lectura directa de las Escrituras sino que la dificulta. Si miramoshacia atrás en la historia, veremos que la Iglesia sólo hace dos siglos que levantó su prohibición, impuestabajo pena de prisión perpetua, de traducir la Biblia a cualquier lengua vulgar. Hasta la traducción al alemánhecha por Lutero en el siglo XVI, desafiando a la Iglesia, sólo los poquísimos que sabían griego y latínpodían acceder directamente a los textos bíblicos. La Iglesia católica española no ordenó una traduccióncastellana de la Biblia hasta la última década del siglo XVIII. Pero hoy, como en los últimos dos mil años, lapráctica totalidad de la masa de creyentes católicos aún no ha leído directamente las Escrituras. A pesar de que, actualmente, la Biblia está al alcance de cualquiera, la Iglesia católica sigue formandoa su grey mediante el Catecismo y lo que llama Historia Sagrada, que son textos tan maquillados queapenas tienen nada que ver con la realidad que pretenden resumir. Se intenta evitar la lectura directa de laBiblia —o, en el mejor de los casos, se tergiversan sus textos añadiéndoles decenas de anotacionespeculiares, como en la Nácar-Colunga— por una razón muy simple: ¡lo que la Iglesia católica sostiene, enlo fundamental, tiene poco o nada que ver con lo que aparece escrito en la Biblia! El máximo enemigo de los dogmas católicos reside en las propias Escrituras, ya que éstas los refutana simple vista. Por eso en la Iglesia católica se impuso, desde antiguo, que la Tradición —eso es aquelloque siempre han creído quienes han dirigido la institución— tenga un rango igual (que en la práctica essuperior) al de las Escrituras, que se supone son la palabra de Dios. Con esta argucia, la Iglesia católicaniega todo aquello que la contradice desde las Escrituras afirmando que «no es de Tradición». Así, porejemplo, los Evangelios documentan claramente la existencia de hermanos carnales de Jesús, hijostambién de María, pero como la Iglesia no tiene la tradición de creer en ellos, transformó el sentido de lostextos neotestamentarios en que aparecen y sigue proclamando la virginidad perpetua de la madre y launicidad del hijo. De igual modo, por poner otro ejemplo, la Iglesia católica sostiene con empecinamiento el significadoerróneo, y a menudo lesivo para los derechos del clero y/o los fieles, de versículos mal traducidos —erradosya desde la Vulgata de San Jerónimo (siglo IV d.C.)—, aduciendo que su tradición siempre los hainterpretado de la misma manera (equivocada, obviamente, aunque muy rentable para los intereses de laIglesia). Para dar cuerpo a la reflexión y a la estructura demostrativa de este libro nos hemos asomado sobredos plataformas complementarias: la primera se basa en los datos históricos y el análisis de textos,realizado por expertos, que indica que el contenido de los documentos bíblicos obedece siempre anecesidades político-sociales y religiosas concretas de la época en que aparecieron; que fueron escritos, entiempos casi siempre identificados, por sujetos con intereses claramente relacionados con el contenido desus textos (tratándose a menudo de personas y épocas diferentes de las que son de fe); que fueron elresultado de múltiples reelaboraciones, añadidos, mutilaciones y falsificaciones en el decurso de los siglos,es decir que, desde nuestro punto de vista, no hay la más mínima posibilidad de que Dios —cualquier diosque pueda existir— tuviese algo que ver con la redacción de las Escrituras. La segunda plataforma, en la que damos un voluntario salto al vacío de la fe, parte de la aceptación dela hipótesis creyente de que las Escrituras son «la palabra inspirada de Dios»; pero analizando desdedentro de este contexto, las conclusiones son aún más graves puesto que si la Biblia es la palabra divina,tal como afirman los creyentes, resulta obvió que la Iglesia católica, al falsearla y contradecirla, estátraicionando directamente tanto la voluntad del Dios Padre como la del Dios Hijo —a quienes dice seguirfielmente—, al tiempo que mantiene un engaño monumental que pervierte y desvía la fe y las obras de susfieles. Valga decir que éste no es ningún libro de fe o catecismo —tampoco es un anti-catecismo—, sino untrabajo de recopilación y análisis de datos objetivos que sugiere una serie de conclusiones —que sondiscutibles, como cualquier otro resultado de un proceso de raciocinio—, pero, a medida que se vayaprofundizando en este texto, será el propio lector, ya sea posicionado en una óptica creyente, agnóstica oatea, quien podrá —y deberá— ir sacando sus propias consecuencias acerca de cada uno de los aspectostratados. En esta obra no se aspira más que a reflexionar críticamente sobre algunos elementos fundamentalesde la institución social más influyente de la historia —y tenemos para ello la misma legitimidad y derecho, almenos, que el esgrimido por la Iglesia católica para entrometerse y lanzar censuras sobre ámbitos 7
  • 8. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicapersonales y sociales que no son de su incumbencia y que exceden con mucho su función específica de«pastores de almas»—. No es, por tanto, un libro que pretenda atacar a la Iglesia católica o a la religión en 3general, aunque será inevitable que algunos lo interpreten así; quizá porque su ignorancia y fanatismodoctrinal les impide darse cuenta de que, en todo caso, son las propias religiones, con su comportamientopúblico, quienes van perdiendo su credibilidad hasta llegar a cotas más o menos importantes de auto-destrucción. Ningún libro puede dañar a una religión, aunque sí sea habitual que las religiones dañen a los autoresde libros. A este respecto son bien conocidos los casos de la fanática persecución religiosa de autorescomo Salman Rushdie o Taslima Nasrin por el fundamentalismo islámico chiíta, pero la Iglesia católica,actuando de una forma más sutil, no se queda atrás ¡ni mucho menos! en la persecución de los escritoresque publican aquello que no le place o pone al descubierto sus miserias. Son muchísimos los casos deescritores contemporáneos que han sufrido represalias por enfrentarse a la Iglesia, pero baste recordarcómo el papa Wojtyla ha amordazado a los teólogos díscolos mediante la imposición del silencio, laexpulsión de sus cátedras, la encíclica Veritatis splendor; o los sonados casos de los escritores RogerPeyrefitte y Nikos Kazantzakis, perseguidos con saña por el poderoso aparato vaticano por poner enevidencia la hipocresía de la Iglesia católica. La experiencia de este autor después de publicar La vida sexual del clero, un best-seller que haocupado los primeros puestos de ventas en España y Portugal, confirma también que la libertad deexpresión no es una virtud con la que comulga la Iglesia católica. Cuando el libro aún no se había acabadode distribuir, desde la jerarquía eclesiástica se llamó a periodistas de todos los medios de comunicación,«exigiendo», «aconsejando» o «solicitando» —según la mayor o menor fuerza que tuviese el clero en cadamedio y/o en función de la militancia o no en el Opus Dei del periodista abordado— que se guardara silenciosobre la aparición del libro, una consigna que cumplieron fielmente buena parte de los periódicos yprogramas de radio de gran audiencia, así como, obviamente, todos los medios conservadores de talanteclerical. Afortunadamente, el boca a boca de la calle pudo compensar en parte el silencio de muchos medios decomunicación y miles de españoles acudieron a las librerías a reservar su ejemplar, esperandopacientemente que las sucesivas reediciones del libro salieran de la imprenta. Un dato curioso es que laslibrerías religiosas, que habían sido marginadas en la primera fase de distribución del libro, prontocomenzaron a llamar a la editorial solicitando ejemplares; ¡no en balde los sacerdotes han sido grandeslectores de La vida sexual del clero! De todos modos, bastantes librerías fueron coaccionadas a quitar ellibro de sus aparadores y, en la España profunda, algunas otras recibieron amenazas de agresión porparte de vándalos clericales. Vaya desde aquí mi profundo agradecimiento a todos, lectores y libreros.Dado que la investigación de ese libro está sólidamente documentada y viene apadrinada por un prólogo 4multidisciplinar firmado por cuatro prestigiosas figuras, la ofensiva clerical tomó forma mafiosa, atacandosin dar la cara jamás, intentando —y en algún caso logrando— perjudicar mis actividades profesionalesajenas a la faceta de escritor, coaccionando a sacerdotes que habían colaborado en el libro, rescindiendo elcontrato de profesor de un brillante teólogo católico y sacerdote por el mero hecho de haberme asesorado 5desde su especialidad, haciendo publicar supuestas «críticas,» del libro que no eran sino meros insultos 6histéricos que pretendían descalificar globalmente el trabajo sin aportar ni una sola evidencia en contra, 3 Desde muchos medios de comunicación he defendido siempre que en el curriculum escolar debería figurar como materia obligatoria —nooptativa— la religión, mejor dicho, la asignatura de historia de las religiones. Creo que nadie puede comprender suficientemente al ser humano y a lasociedad que ha conformado si no conoce las raíces del hecho religioso, su evolución desde la prehistoria hasta hoy a través de mitos, ritos y creenciasmuy diferentes pero íntimamente continuistas unas de otras, sus consecuencias sociopolíticas, etc. La historia de las religiones —de todas, no de lacatólica exclusivamente—, las religiones comparadas —no el catecismo de una sola, que eso no es materia escolar sino pauta de adoctrinamiento quedebería reservarse al seno de la familia y de los centros de cada religión—, es un conocimiento tan valioso como fundamental tanto para el creyentecomo para el ateo. Aunque, no seamos ingenuos, a la Iglesia católica en particular no le interesa nada formar en materia de religión; lo que ellapretende y hace en los centros escolares es proselitismo, adoctrinar de forma excluyente en base a su catecismo. 4 Victoria Camps, catedrática de ética y, en ese momento, senadora; Enrique Miret Magdalena, conocido teólogo católico; María MartínezVendrell, psicóloga, y Joaquín Navarro Esteban, magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid. 5 Lo dramático del caso no sólo es el abuso de poder sino quién lo ha ejercido. La represalia fue ordenada desde el arzobispado de Barcelona,institución a la que La vida sexual del clero dedica dos capítulos documentando irrefutablemente que los cardenales Narcís Jubany y Ricard MaríaCaries, y los obispos Caries Soler, Jaume Traserra y Joan-Enric Vives, conocieron las agresiones sexuales cometidas contra menores y adolescentespor un grupo de diáconos y sacerdotes de su diócesis pero los encubrieron, impidiendo su persecución judicial, y permitieron incluso la ordenaciónsacerdotal de los diáconos implicados. A raíz de la publicación del libro, este caso motivó una interpelación parlamentaria y está siendo investigadojudicialmente. 6 Son modélicos, por ejemplo, los panfletos firmados por Javier Tusell (La, Vanguardia, 31-3-95, p. 41), Javier Azagra (La Opinión de Murcia, 1-3-95, p. 4) y Pedro Miguel Lamet (Diario 16/Cultura.s, 6-5-95, p. 19). La sinuosa fidelidad ideológica del señor Tusell es suficientemente conocida 8
  • 9. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicavociferando desde el pulpito de las iglesias que leer ese libro era pecado mortal, aduciendo que este autor 7tenía prohibida su entrada en las iglesias, vetando al autor en Cualquier programa de televisión en queparticipase un obispo... Sin embargo, como muestra de un talante absolutamente contrario al de los prelados españoles, cabemencionar, por ejemplo, el caso de Januario Turgau Ferreira, obispo de Lisboa y portavoz de la ConferenciaEpiscopal Portuguesa, que no sólo accedió gustoso al debate cuando se publicó A vida sexual do clero,sino que defendió que el libro no suponía ninguna ofensa o ataque a la Iglesia, que al leerlo se tiene «lasensación de abrir los ojos», que la crítica debía ser siempre aceptada para cambiar lo que está mal y que 8hay que «repensar el celibato desde el fondo del libro de Pepe Rodríguez». Este mismo criterio había sido defendido anteriormente desde revistas del clero católico como Tiempode Hablar (62) o Fraternizar (90); la primera de ellas finalizó su larga y favorable reseña afirmando: «Seha dicho de este libro que el agnosticismo del autor falsea la realidad. ¿No ocurrirá lo mismo que en laentrada triunfal de Jesús en Jerusalén cuando los fariseos le pedían a Jesús que mandara callar al pueblo?Ya conocemos la respuesta de Jesús: "Os digo que si éstos callan gritarán las piedras." Este libro es ungrito de las piedras ya que los amigos de Jesús nos estamos callando» (pp. 38-39). El largo rosario de hechos vergonzosos y coacciones a la libertad de expresión perpetrados por elpoder clerical español ha tenido una de sus últimas apariciones estelares en el cese fulminante, comodirector de la tertulia Las cosas como son (RNE), del conocido periodista radiofónico Pedro Méyer, 9acusado de «una falta grave de respeto a una religión, en este caso la católica» por un programa que tratócon rigor algunas cuestiones sobre el Papa, el Opus Dei y el celibato sacerdotal. A la jerarquía católica loque le molesta realmente es que las cosas se digan tal como son. Hoy aún abundan los obispos que añoranlas hogueras de la Santa Inquisición. Muchos amigos, periodistas, políticos y miembros de otras profesiones «generalmente bieninformadas», me han advertido del riesgo que corro publicando este libro. «Ándate con muchísimo cuidado—me aconsejó un querido amigo, conocido político conservador y católico practicante—, no olvides que laIglesia tiene una experiencia de dos mil años en el arte de hacer maldades impunemente.» Soy muyconsciente del elevado precio personal que voy a tener que pagar, durante el resto de mi vida, por publicareste trabajo y también de que su aparición será ahogada rápidamente por el silencio cómplice de la mayoríade los medios de comunicación, pero cuando uno ha pasado toda su vida luchando en favor de la libertad,no se puede ni se debe cambiar de rumbo. Salvo que el peso clerical que tiene el actual Gobierno conservador español decida variar el contenidodel artículo 20 de nuestra Constitución, seguiré pensando que cada ciudadano tiene el derecho «a expresary difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otromedio de reproducción». Este derecho no existe en el seno de la Iglesia católica —léase la Veritatissplendor, por ejemplo— y su influyente autoritarismo pretende eliminarlo también del resto de la sociedad. No tengo, ni mucho menos, vocación de mártir, pero jamás he actuado con cobardía. Este libro no esmás que la reflexión personal de este autor y, como tal, un ejercicio del legítimo derecho a la opinión y a lacrítica que, sin duda alguna, conlleva también, necesariamente, el derecho ajeno a la contracrítica —cosaque yo siempre he agradecido y estimulado públicamente—, aunque no a la persecución mafiosa, de laque, por cierto, siempre me he sabido defender atacando con igual intensidad a la de la agresión recibida.Yo no sé poner la otra mejilla, lo siento. A fin de cuentas, en este libro no he hecho otra cosa que seguir lo que se recomienda en los Hechosde los Apóstoles: «Y llamándolos, les intimaron no hablar absolutamente ni enseñar en el nombre decomo para evitarnos cualquier comentario. La airada reacción, de los otros dos tuvo un motivo más evidente y noble, el de la defensa propia: elobispo de Cartagena Javier Azagra aparece en un capítulo del libro como encubridor de los abusos sexuales cometidos a mujeres por Jesús Madrid,sacerdote y director del Teléfono de la Esperanza de Murcia; el señor Lamet, un sacerdote nada amigo de las obligaciones del celibato, era en esosdías el director de la revista A Vivir, editada por el Teléfono de la. Esperanza. 7 La triste anécdota sucedió el 21-9-96 en la conocida e inigualable iglesia barcelonesa de Santa María del Mar. El autor tenía que presentar elconcierto de canciones de cuna tradicionales que la cantante Mariona Cornelias iba a dar en el templo, pero, al enterarse en el arzobispado,presionaron con fuerza para evitar mi presencia en la iglesia; el argumento esgrimido fue que «después de haber publicado un libro contra la Iglesia aese escritor se le ha prohibido totalmente la entrada en las iglesias». Al arzobispo Carles se le habría olvidado comunicarme oficialmente tamañamajadería, claro esta. El párroco de Santa María del Mar, sin embargo, hizo caso omiso y pude tener el honor de presentar el concierto tal comoestaba previsto. 8 En debate radiofónico celebrado el día 29-10-96, de 11 a 12 horas, en RPD-Antena 1 de Lisboa (programa de Carlos Pinto Coelho). 9 Cfr. López, R. (1996, septiembre, 28). Méyer: «Yo no soy quién para cerrarle la boca a los contertulios.» El País. 9
  • 10. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaJesús. Pero Pedro y Juan respondieron y dijéronles: "Juzgad por vosotros mismos si es justo ante Dios queos obedezcamos a vosotros más que a Él; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto yoído." Pero ellos les despidieron con amenazas» (Act 4,18-21). En este libro nos hemos limitado acomprobar directamente qué fue aquello que se dejó escrito en la Biblia, en qué circunstancias se dijo ycómo se ha pervertido con el paso de los siglos. Nos limitamos a decir «lo que hemos visto y oído», comohicieron Pedro y Juan, aunque también como a ellos los «sacerdotes y saduceos» nos amenacen. El propio Jesús, según Jn 8,32, dijo que «la verdad os hará libres» y las páginas siguientes son unaexcursión en busca de las verdades que hay más allá de los dogmas. Quizá la verdad no exista en ningunaparte, puesto que todo es relativo, pero en el propio proceso racional de buscarla alcanzamos cotas delibertad que nos alejan de la servidumbre a la que la mentira y la hipocresía intentan someternos en suintrínseco esfuerzo por moldearnos como creyentes acríticos. 10
  • 11. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica I DEL ANTIGUO AL NUEVO TESTAMENTO: LAS BASES HUMANAS DE UNA IGLESIAQUE SE PRETENDE «DIVINA» «No son solamente las Divinas Escrituras las que contienen este sagrado depósito [de laRevelación]. Se contiene, además, en la tradición viviente de la Iglesia de Cristo, que es la fiel depositaríadel divino tesoro y el intérprete autorizado de los sagrados libros. Sólo la Iglesia puede indicarnos coninfalible certeza cuáles son los libros que, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, contienen elsagrado depósito. Cualquier otro criterio será del todo insuficiente y sólo podrá servir para confirmar laverdad de la doctrina de la Iglesia, pues siendo la inspiración un hecho sobrenatural, sólo una autoridad deorden sobrenatural e infalible podrá suficientemente certificarnos de él.» Sagrada Biblia (versión de Nácar-Colunga, Introducción, 1979) «La necedad es dinámicamente el contrapeso de la espiritualidad.» HENRI FRÉDERIC AMIEL (filósofo, 1821-1881) «No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.» CHARLES-LOUIS MONTESQUIEU (filósofo, 1689-1755) «El poder sin límites es un frenesí que arruina su propia autoridad.» FRANCOIS FÉNELON (escritor y moralista, 1651-1715) 1 El Antiguo Testamento: ¿palabra de Dios o resultado de la megalomanía genial que permitió sobrevivir al pueblo hebreo? 11
  • 12. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica La parte de la Biblia que hoy conocemos como Antiguo Testamento es un conjunto de una 10cuarentena de libros —en el canon católico — que pretende recoger la historia y las creencias religiosasdel pueblo hebreo que, aglutinado bajo la nación de Israel, apareció en la región de Palestina durante elsiglo XIII a.C. Los análisis científicos han demostrado que buena parte de los libros legislativos, históricos,proféticos o poéticos de la Biblia son el producto de un largo proceso de elaboración durante el cual sefueron actualizando documentos antiguos añadiéndoles datos nuevos e interpretaciones diversas enfunción del talante e intereses de los nuevos autores/recopiladores. De este proceso provienen anacronismos tan sonados como el del libro de Isaías, profeta del siglo VIIIa.C., donde aparece una serie de oráculos fechables sin duda en el siglo VI a.C. (dado que se menciona alrey persa Ciro); la imposible relación de Abraham con los filisteos (descrita en Gén 21,32), cuando ambosestaban separados aún por muchos siglos de historia; el atribuir a Moisés un texto como el Deuteronomioque no se compuso hasta el siglo VII a.C.; el denominar Yahveh —pronunciación del tetragrama YHWH— aldios de Abraham y los patriarcas cuando este nombre no será revelado sino mucho más tarde a Moisés(Ex 6), etc. La Iglesia católica oficial, así como sus traductores de la Biblia, sostiene, sin embargo, que todos lostextos incluidos en el canon de las Sagradas Escrituras «han sido escritos bajo la inspiración del EspírituSanto, y son, por tanto, obra divina. Tienen a Dios por autor principal, aunque sean al mismo tiempo obra 11humana, cada uno del autor que, inspirado, lo escribió». Pero, obviamente, la cuestión de ser una obra de Dios, que todo lo sabe porque todo lo ha creado y deél todo depende, casa muy mal con el cúmulo de despropósitos que se afirman en la Biblia. Basta recordarla descripción que Dios hace de su creación del mundo, en el Génesis, para darse cuenta de que la«narración divina» no es más que un deficiente recuento de los mitos cosmogónicos mesopotámicos y quesu descripción de la bóveda celeste, por ejemplo, no difiere en nada de la que hacían los antiguossacerdotes caldeos, o egipcios; ¿cómo puede ser, pues, que Dios no fuese capaz ni de describir con aciertoaquella parte del universo, el cielo, donde se le supone que mora desde la eternidad? El clero católico siempre nos ha contado que si Dios hubiese hablado de la realidad tal como era, lagente de entonces no le habría comprendido, pero a tal sesuda deducción cabe oponer que la evidenciauniversal muestra que cualquier creyente de cualquier religión está dispuesto siempre a creer cualquiercosa que haya sido dicha por su Dios, aunque no la comprenda en absoluto, ¡y tanto más creíble serácuanto más incomprensible parezca! No en vano, ya se sabe, los caminos del Señor son inescrutables. A Dios le hubiese costado muy poco, por ejemplo, hablar de la teoría de la relatividad o de la formacióndel cosmos a partir del Big bang, que suscriben descripciones absolutamente metafísicas para cualquiermortal que no sea físico O astrofísico, pero no lo hizo. Dios pudo haber explicado la formación del universosegún lo afirma la teoría del Big bang, por ejemplo, y haberle dicho a su amanuense hebreo que el origende todo tuvo lugar cuando una región que contenía toda la masa del universo a una temperaturaenormemente elevada se expandió mediante una tremenda explosión y eso hizo disminuir su temperatura;segundos después la temperatura descendió hasta el punto de permitir la formación de los protones y losneutrones y, pasados unos pocos minutos, la temperatura siguió bajando hasta el punto en que pudieroncombinarse los protones y los neutrones para formar los núcleos atómicos; y todo ello realizado porvoluntad divina, claro está. 10 La religión judía y el conjunto de las denominaciones cristianas comparten en sus respectivas EscriturasSagradas todos los libros fundamentales que figuran en el Antiguo Testamento católico, pero hay algunos textos que noson consensuados. Cuando la Biblia hebrea se tradujo al griego —dando lugar a la llamada Biblia de los Setenta— seincorporaron diversos libros (Tobías, Judit, fragmentos de Ester, I y II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc yfragmentos de Daniel) que no estaban registrados en la Biblia hebrea, razón por la cual no son admitidos por los judíosy existe controversia entre los cristianos; así, por ejemplo, mientras los calvinistas los excluyen totalmente de su Biblia,los luteranos los sitúan al final de la suya pero como mera «lectura edificante». 11 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Sagrada Biblia. Madrid: Edica, p. l. Salvo advertencia en contra, todas las citasbíblicas empleadas en el presente libro están extraídas de esta traducción de las Sagradas Escrituras. 12
  • 13. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Quiénes creyeron —y siguen creyendo aún— a pies juntillas los relatos del Génesis, no hubiesendudado un segundo en aceptar y reverenciar una revelación tan estéticamente divina, ¡incluso la hubiesencomprendido! Pero no, en la Biblia jamás se le dio cabida al Libro de Einstein o a la Revelación deHopkins o Libro del Big bang, una lástima que, sin duda, le ha costado a Dios el tener que perdermuchos millones de creyentes desengañados durante el último siglo. Dios, por poner un par de ejemplos más, tampoco estuvo demasiado acertado cuando adjudicó aMoisés la misma historia mítica que ya se había escrito cientos de años antes referida al gran gobernantesumerio Sargón de Akkad (c. 2334-2279 a.C.) que, entre otras lindezas, nada más nacer fue depositado enuna canasta de juncos y abandonado a su suerte en las aguas del río Eufrates hasta que fue rescatado porun aguador que le adoptó y crió. Este tipo de leyenda, conocida bajo el modelo de «salvados de las aguas»,es universal y, al margen de Sargón y Moisés, figura en el curriculum de Krisna, Rómulo y Remo, Perseo,Ciro, Habis, etc. ¿Sabía Dios que estaba plagiando una historia pagana? Y no es tampoco de recibo queuna narración tan prototípica de la Biblia como es la del «diluvio universal» fuese también el plagio de otraleyenda sumeria mucho más antigua, la del «Ciclo de Ziusudra». El profesor Federico Lara, experto en historia antigua, resume el «Ciclo de Ziusudra» de la siguienteforma: «Los dioses deciden destruir a la humanidad a causa de las muchas culpas cometidas por ésta. Sinembargo, un dios, Enki, advierte al rey Ziusudra de Shuruppak de lo que se avecinaba, ordenándole laconstrucción de una nave para que pudiera salvarse con su familia junto a animales y plantas de todasclases. El Diluvio al fin se produjo y destrozó todo tipo de vida, así como los lugares de culto (las ciudades),convirtiendo a la humanidad en barro. Después de siete días y siete noches, el Diluvio cesó y Ziusudra pudosalir de la barca. En acción de gracias realizó un sacrificio a los dioses, quienes le hicieron vivir allende losmares, en el Oriente, en Dilmun».12 ¿Es posible que Dios no preveyese que, en un día lejano, unoshombres llamados arqueólogos pondrían al descubierto miles de tablillas con escritura cuneiforme quedelatarían sus deslices narrativos? Nuestra cavilación, que aunque rayana en la herejía podríamos alargar con decenas de ejemplossimilares a los recién citados, queda abortada de cuajo, sin embargo, cuando leemos los argumentos dadosal efecto por los científicos católicos: «Los libros sagrados hablan con frecuencia de las cosas creadas, yen ellas nos muestran la grandeza del poder, de la soberanía, de la providencia y de la gloria de Dios; perocomo la misión de los autores inspirados no era enseñar las ciencias humanas, que tratan de la íntimanaturaleza de las cosas y de los fenómenos naturales, y acerca de ellas no recibían por lo generalrevelación alguna, nos las describen, o en lenguaje metafórico, o según el corrientemente usado en suépoca, como sucede todavía en muchos puntos entre los más sabios. El lenguaje vulgar describe las cosastal cual las perciben los sentidos; y así también el escritor sagrado, advierte santo Tomás, expresa lasapariencias sensibles, o aquello que Dios mismo, hablando a los hombres, expresa de humano modo, 13para acomodarse a la humana capacidad (encíclica Providentissimus Deus)». Dado que toda una encíclica papal avala que Dios está por la labor de mantener in aeternum laignorancia humana y que las Escrituras Sagradas «tienen a Dios por autor principal», dejaremos reposar,almacenadas en el limbo de nuestra memoria, tan doctas manifestaciones y comenzaremos a dirigir nuestramirada hacia los textos dichos sagrados y hacia los hechos históricos comprobables para intentar localizar,paso a paso, algunas de las razones —siempre las hay para todo— por las que la Biblia acabó siendo loque hoy es y, en cualquier caso, concluiremos probando que la Iglesia católica oficial, pese a defender laautoría divina de los textos bíblicos de modo incuestionable, no sigue buena parte de los mandatosfundamentales que ella misma atribuye a Dios. Dios entregó su Ley al «pueblo elegido» plagiando los términos de un tratado de vasallaje hitita 12 Cfr. Lara, F. (1989). La civilización sumeria. Madrid: Historia 16, p.37. 13 Cfr. Nácar-Colunga(1979). Op. cit.,p. 5 13
  • 14. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Con todo, a pesar de sus muy frecuentes anacronismos y errores, y de sus evidentes fabulaciones, laBiblia es un documento interesantísimo para, con el imprescindible contraste de la investigaciónarqueológica, poder analizar el curso de los acontecimientos humanos que se dieron durante la antigüedaden una limitada franja del planeta y centrados en un pueblo, el de Israel, que fue históricamenteinsignificante —con excepción de la breve época de esplendor impulsada por David y Salomón—, viviócontinuamente bajo la amenaza de enemigos externos muy poderosos y de crisis internas debilitadoras,soportando a menudo la humillación, la rapiña y la esclavitud, y medró a duras penas intentando arrancarlealgunos de sus frutos a una tierra seca y de clima tan duro y difícil como imprevisible. 14 Desde esta humildad histórica e insignificancia humana es perfectamente comprensible que el pueblode Israel —en virtud de lo que sabemos de la psicología humana y tal como acredita la historia de muchosotros pueblos en situaciones similares— necesitase desesperadamente atraerse para sí la atención yprotección de un dios todopoderoso al que estaba dispuesto a someterse tal como un hijo débil odesamparado lo hace ante un padre fuerte; pero dado que los dioses de sus enemigos no eran menospoderosos, Israel, con el paso del tiempo, se vio forzada a compensar su nimiedad sintiéndose la elegida noya del dios más poderoso de todos cuantos había en su época, sino de un Dios único y excluyente que —¿cuál no sería su predisposición favorable hacia los israelitas?— se avino a sellar un pacto de exclusividadcon sus protegidos. Tal dinámica megalómana, preñada de mitomanía, fue la clave que posibilitó lasupervivencia de los israelitas y acabó siendo el eje troncal de la identidad hebrea y, finalmente, porherencia directa, de la cristiana. Por eso, básicamente, en los textos bíblicos se confunden una con otra lahistoria real y mítica de Israel y su religión. La tradición hace comenzar la historia hebrea en el momento en que el patriarca Abraham abandonóUr (Caldea), hacia el año 1870 a.C. o, más probable, durante el reinado del rey babilonio Hammurabi (c.1728-1686 a.C.), para dirigirse con su clan nómada hacia el sur, hasta el borde del desierto de Canaán,asentamiento desde el que, un centenar de años más tarde, forzados por el hambre, partirán hacia Egipto,guiados por el patriarca Jacob, donde serán esclavizados. Según la leyenda bíblica, tras la huida de Egipto (probablemente en el siglo XIII a.C.), mientras elpueblo hebreo estaba acampado en pleno desierto del Sinaí, Moisés, su líder y guía, que había subido a lo 15alto de una montaña sagrada, afirmó haber oído la voz de Yahveh diciéndole las siguientes palabras:«Vosotros habéis visto lo que yo he hecho a Egipto y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traídoa mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos;porque mía es toda la Tierra, pero vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Talesson las palabras que has de decir a los hijos de Israel» (Ex 19,4-6); acto seguido, Yahvé le dictó su Ley ypactó una nueva alianza —renovando la que hizo con Abraham— que garantizaba el futuro de Israel acambio de su obediencia al mandato divino. Este supuesto hecho, definitorio para millones de creyentes actuales, pierde algo de su lustre yoriginalidad si tenemos en cuenta que los pactos de alianza entre un sujeto y un dios están documentadosarqueológicamente desde épocas anteriores —al menos desde el III milenio a.C.— en diferentes culturasmesopotámicas y que, tal como podemos comprobar tras analizar la estructura literaria de los pasajesbíblicos que refieren la alianza, resulta que son una flagrante imitación de los tratados de vasallaje hititas yde otros pueblos antiguos, de los que se han conservado hasta hoy diversos ejemplares. Los tratados hititas de vasallaje, muy anteriores a la época en que fueron redactados los textos 16hebreos de la alianza, presentan todos ellos un esquema parecido y formalmente rígido: «Se enuncian enprimer lugar los títulos del emperador hitita, luego se hace memoria de la historia de sus relaciones con el 14 No se conoce con exactitud si la palabra «hebreo» identificaba una etnia concreta, pero a juzgar por el empleo del adjetivo ibrîpara. calificara los esclavos (Ex 21,2) o su valor despectivo en boca de los filisteos (I Sam 4,6-9), es factible que sea un término equivalente al khapiru o aperu queaparecen, respectivamente, en documentos mesopotámicos para designar a extranjeros errantes, temporeros y bandidos, y en escritos egipcios paraidentificar a una clase social muy baja asociada a trabajos temporeros en el campo. Hebreo o ibrî sería sinónimo, por tanto, de alguien miserable odesamparado social. 15 Los masoretas nunca anotaron las vocales del tetragrama YHWH que leían siempre como Adonai (el Señor). La pronunciación como Yahvehno está documentada hasta el siglo III d.C. por Clemente de Alejandría y parece un intento de relacionarlo con la forma hebrea del verbo ser; quizádebido al hecho de haber traducido Ex 3,14 como «yo soy el que es» en lugar de basarse en su significado más correcto que es la evasiva respuesta de«yo soy quien yo soy» que le da Yahveh a Moisés cuando este le interroga sobre su identidad. La tradición griega más antigua escribe como Iao(leído como Yahwo) el nombre propio de Dios. Sobre el origen real del «nombre de Dios» cabe recordar que en una sala hipóstila del templo deAmenofis III, en Soleb, se ha localizado una relación de pueblos enemigos, del siglo xiv a.C., en la que se citan los «beduinos de Yahwo» que vivíanal este del istmo de Suez, un dato que coincide plenamente con la tradición que sitúa la revelación de Yahveh a Moisés en el país de Madián (Ex 3) ylas primeras apariciones de Yahveh en el sur de» Palestina (Jue 5,4; Dt 33,2 y Hab 3,3). 16 Que fueron recopilados por primera vez en el siglo X a.C. y reescritos durante los siglos siguientes hasta el VII a.C., época en la que se redactótambién el Deuteronomio, tal como se verá más adelante. 14
  • 15. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicavasallo con quien se va a sellar el tratado, se enumeran las condiciones que debe cumplir el vasallo parapermanecer fiel a la alianza y conservar así la protección de su soberano, a continuación se prescribe que eltexto sea depositado en un templo para recibir lectura en el momento preciso, se mencionan entonces losdioses invocados como testigos, para terminar con una serie de bendiciones o maldiciones para el vasallo,según que éste respete o viole el tratado. »Tanto en Éxodo, como en Josué, 24, y en el Deuteronomio encontramos diversos elementos deeste mismo esquema: las obras pasadas de YHWH, sus exigencias, la orden de leer el Libro de laAlianza, la invocación de testigos ("el cielo y la tierra", Dt 4,26) y las maldiciones y bendiciones. Diosqueda así definido frente a Israel como el emperador hitita frente a sus vasallos. No obstante, no es precisopensar que necesariamente se trate de una imitación de fórmulas específicamente hititas, ya que el tratadode vasallaje del siglo VIII a.C., que encontramos transcrito en las inscripciones arameas de Sefiré-Sudjin, 17presenta también los mismos elementos.» Resulta cuanto menos sospechoso que Dios todopoderoso no fuera capaz de redactar un texto depacto diferente a los tratados de vasallaje al uso en la época, ya fueran éstos hititas o de cualquier otraprocedencia. En cualquier caso, tras definir esta alianza, que pasó a ser el núcleo mismo de la identidad y seguridaddel pueblo hebreo, surgió un nuevo problema conceptual al que hubo que encontrar una soluciónsalomónica: dado que los hombres, por culpa de su voluntad flaqueante, no eran capaces de respetarcontinuamente lo pactado con Yahveh que, por el contrario, era la perfección y fidelidad absoluta, y que ellodebía comportar la ruptura del «pacto de vasallaje» con todas sus maldiciones añadidas, se tuvo que dar unpaso hacia el vacío teológico y se añadieron a Yahveh nociones como las de misericordia y gracia —de lasque carecía el dios de los antepasados de Israel, el anónimo «dios de Abraham» o «dios del padre»— paraasegurarse la khesed (lealtad) divina a pesar de las deslealtades humanas. Se daba así un paso fundamental para consolidar de por vida la identidad y la fe de los hebreos, basede la cohesión colectiva y del aislamiento interétnico que impidió su desaparición y, al tiempo, se comenzó adiferenciar y distanciar a este nuevo dios único —el Yahveh de Moisés— del «dios de Abraham», que eraun modelo de dios totalmente equiparable a los «dioses de la tormenta», dioses-padre o dioses-guía deotros pueblos semíticos y mesopotámicos de los que, evidentemente, fue tomado ese primer dios hebreocuando Abraham, según la tradición, abandonó Ur de Caldea, durante los siglos XVII-XVIII a.C., con suclan nómada para irse hacia Canaán. Al igual que el dios semítico Baal, descrito, por ejemplo, en los documentos pertenecientes a la culturaurbana de Ras Shamra/Ugarit (c. siglos XIV-XIII a.C.), Yahveh aplaca «el furor de los mares y el estrépito delas olas. (...) Con grandes ríos y abundantes aguas preparas sus trigos...» (Sal 65,8-10), etc., por lo que esevidente que para los israelitas Yahveh es el verdadero Baal y, al mismo tiempo, el verdadero dios Él,manifestación del poder supremo que creó el universo y los hombres y asegura el equilibrio de las fuerzas 18cósmicas; en este sentido, en Salmos se refiere a menudo a Yahveh cómo el «Altísimo» (élyon), que esel mismo nombre divino que figura asociado al gran dios cananeo Él en un tratado arameo de Sefiré-Sudjin,del siglo VIIII a.C., y en otros documentos más antiguos. De hecho, Moisés nunca pudo ser el fundador del monoteísmo judío, tal como se afirma, porqueMoisés, fiel a la religión semítica de los patriarcas, practicó el henoteísmo, «la monolatría», es decir, nocreía que existiese un solo dios sino varios, aunque él se limitó a adorar al que creyó superior de todosellos. Sólo en este sentido pueden interpretarse frases como la del canto triunfal de Moisés: «¿Quién comotú, ¡oh Yavé!, entre los dioses?» (Ex 15,11), o la de Jetró, suegro de Moisés: «Ahora sé bien que Yavé esmás grande que todos los dioses» (Ex 18,11). A más abundamiento, la creencia en otros dioses sepatentiza cuando el propio Yahveh ordena: «No tendrás otro Dios que a mí (...) porque yo soy Yavé, tu Dios,un Dios celoso» (Ex 20,2-5). 17 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, vol. 2, pp. 101-102. 18 El dios Él había sido la divinidad principal de la región en la que se asentó el pueblo de Israel. Se le representaba como un varón, patriarcal ygobernante, que se sentaba a la cabeza de un consejo de dioses y dictaba las decisiones a tomar; esta humanización le separaba totalmente de otrosdioses locales, como Haddu «el del viento tormentoso», que no eran más que simples fuerzas de la naturaleza. Yahveh imitará absolutamente lapersonalidad y funciones de Él y hasta se le hará presidir su propio consejo de beney élohim, ángeles, santos o, más exactamente, «hijos de Dios», queactúan como cortesanos (C/r. Job 38,7; Sal 29,1; 103,19-20 y 168,2; o Is, 6) o como ejecutores de sus deseos (Cfr. Gén 3,24; Ex 12,23; Jos 5,13-15;oII Sam 24,16). 15
  • 16. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica «Israel se vio obligado desde muy pronto a afirmar la existencia de un único dios —comenta el profesor 19André Caquot —. El principio de la unidad divina se nos aparece como la traducción ideológica de unsentimiento muy fuerte de la unidad y unicidad de la nación. Se trata en realidad de un monoteísmopuramente práctico, de un "henoteísmo" según la terminología habitual, puesto que no se ponía en cuestiónla existencia de otros dioses, como tampoco se ponía en duda la existencia de otros pueblos, sino que elhonor nacional exigía que YHWH fuera concebido como el más poderoso de los dioses, aquel delante dequien todos los demás se inclinan ya o deberían inclinarse, y como superior a todas las fuerzas ovoluntades desconocidas que gobiernan la naturaleza y el destino de los hombres. Nada, pues, más ajenoque el dualismo al pensamiento israelita: Yahveh es el principio, tanto del bien como del mal que cae sobreel mundo y la vida. YHWH, no obstante, está animado por su lealtad a la alianza en que se hacomprometido y mantiene su protección a la nación que él ha elegido y que lo ha elegido. La cultura israelitaimponía a los individuos esta concepción nacionalista de la divinidad.» Además, para mantener el orden en una sociedad como la israelita de la época, conformada, tal comoya señalamos por ibrî—khapiru o aperu— eso es «miserables, temporeros, esclavos y bandidos», eranecesario que cualquier ley viniese sancionada con sello sobrenatural —tal como era corriente en todas lasculturas de esos días—; de ahí la atribución directa a la voluntad de Yahveh del decálogo elohísta de Ex20,1-17, que impone un ordenamiento moral, o del decálogo yahvista de Ex 34, que reglamenta elcomportamiento ritual. La sumisión que, desde el principio de la historia hebrea, se rindió a la Ley es lafuente de una veneración que, al confundir lo que fueron reglamentos humanos, elaborados para posibilitarla convivencia social, con la voluntad de Yahveh, cimentaron las bases de una fe religiosa que ha llegadohasta hoy manteniendo el cumplimiento estricto de esos mandamientos como la vía para «resultaragradable a los ojos de Dios». Dentro de los relatos bíblicos es una constante casi enfermiza el intentar mostrar, una vez tras otra,que el pueblo de Israel goza del favor exclusivo de Dios, de ahí las más que frecuentes referencias a pactoso alianzas, o el relato del supuesto trato especialísimo que Dios les dispensa a algunos de los monarcasisraelitas (sólo a los triunfadores, que aportan esperanza a Israel, claro está; el Dios de esos días nodeseaba tener hijos fracasados). De este modo, siguiendo las fórmulas empleadas por los escribas egipcios y mesopotámicos parareferirse a sus reyes, los escritores bíblicos también presentaron al rey David como algo más que un vasalloo un protegido de Yahveh y le hicieron mesías —un título ya usado por Saúl— e hijo de Dios. Así, en eloráculo de investidura real se dice: «Voy a promulgar un decreto de Yavé. Él me ha dicho: "Tú eres mi Hijo,yo te he engendrado hoy. Pídeme, y haré de las gentes tu heredad, te daré en posesión los confines de latierra. Los regirás con cetro de hierro y los romperás como vasija de alfarero"» (Sal 2,7-8). En Sal 89,4 se le 20 21ratificó como elegido de Dios y en Sal 89,28 se le hizo primogénito de Yahveh al tiempo que, tal comovemos por el texto de los versículos que aparecen a continuación —y por Sal 89,4-5—, se empleó a Dioscomo excusa para imponer de golpe el principio de la monarquía hereditaria (muy ajena a la tradiciónanterior de los hebreos) y se garantizó el régimen teocrático de cara al futuro. Los autores de los libros del Antiguo Testamento: tantas manos inspiradas como intereses políticos hubo en la historia antigua de Israel Aunque desde una perspectiva de fe los libros del Antiguo Testamento son atribuidos a Dios, con laayuda caligráfica de aquellos autores que los firman, los datos científicos e históricos modernos nos llevanhacia conclusiones absolutamente divergentes de las de la Iglesia. 19 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 2, p. 108. 20 «He hecho alianza con mi elegido, he jurado a David, mi siervo: Afirmaré por siempre tu prole y estableceré tu trono por generaciones» 21 «Él [David] me invocará, diciendo: "Tú eres mi padre, mi Dios y la Roca de mi salvación." Y yo le haré mi primogénito, el más excelso de losreyes de la tierra. Yo guardaré con él eternamente mi piedad, y mi alianza con él será fiel. Haré subsistir por siempre su descendencia, y su tronocomo los días del cielo. Si traspasan sus hijos mi Ley y no caminan según mis juicios, si violan mis preceptos y no guardan mis mandamientos,castigaré con la vara sus transgresiones y con azotes sus iniquidades. Pero no apartaré de él mi piedad ni faltaré a mi fidelidad. No quebrantaré mialianza y no retractaré cuanto ha salido de mis labios...» (Sal 89,27-35). 16
  • 17. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica El análisis objetivo de los textos bíblicos fue proscrito — o, cuanto menos, gravemente dificultado —por la Iglesia católica mientras ésta mantuvo el tremendo poder social que la ha caracterizado durante casidos milenios. Pero la actitud oficial cambió en buena medida, al menos en apariencia, a mediados de estesiglo, cuando el papa Pío XII proclamó la encíclica Divino Afflante Spiritu (1943), en la que animaba a los 22expertos a profundizar sobre las circunstancias de los redactores de la Biblia. Una decisión como ésta nosólo debió verse influida por el ya evidente desmoronamiento progresivo del poder de la Iglesia sino, conmás razón, por la imparable curiosidad científica que se había despertado a raíz de los importantísimosdescubrimientos arqueológicos realizados en el Oriente Próximo durante el siglo XIX. Cabe recordar que la interpretación de la Biblia siempre fue una potestad exclusiva de la jerarquíacatólica, que promulgó penas de excomunión y prisión perpetua para quien la tradujese a una lengua vulgar.Las versiones griega (de los Setenta, traducida del hebreo hacia el siglo III a.C.) y latina ( Vulgata,traducida por san Jerónimo en el siglo IV d.C.), únicas aceptadas, aseguraban que la masa de creyentes, 23desconocedores del griego y latín, permaneciesen ajenos al contenido real de los textos bíblicos, pero lasituación dio un giro capital cuando Martín Lutero, en su pugna contra la autoridad vaticana que desembocóen la reforma protestante, arriesgó su libertad al traducir al alemán el Nuevo Testamento, en 1522, y luegoel Antiguo Testamento, en 1534. A la traducción de Lutero siguió, en 1611, una versión inglesa (la Autho-Versión o «Biblia del rey Jacobo»). 24 La primera versión en castellano llegó de la mano del protestante Casiodoro de Reina, que publicóuna traducción de la Biblia en Basilea (1567-1569) —conocida como la Biblia del Oso—; esta edición fuecorregida posteriormente por Cipriano de Valera e impresa en Amsterdam en 1602. La edición de Valera, talcomo debería ser de ley, era una versión textual de la Biblia —eso es sin el añadido de comentarios a piede página que cambien el sentido de los versículos más sustanciosos, tal como es propio de las bibliascatólicas oficiales— y ello, obviamente, no gustaba nada a la jerarquía católica. Así que, tras anularse lalegislación eclesiástica que, desde el siglo XVI, prohibía la lectura de la Biblia en lenguas vulgares, laIglesia española encargó su propia traducción. La versión española fue encargada al padre esculapio Felipe Scio que, partiendo del texto latino de laVulgata, hizo su trabajo entre 1791-1793 y dio a luz una edición anotada con tantas interpretacionessesgadas y, a menudo, ridículas (aún comunes en muchas ediciones católicas de la Biblia), que ni lospropios redactores bíblicos se hubiesen reconocido en ellas. En todo caso, sirva como indicativo de laspreferencias e intenciones educativo/manipuladoras de la Iglesia española el hecho de que, hasta larevolución liberal-burguesa de 1868, la autoridad gubernativa tenía orden de encarcelar a cualquiera quevendiese la Biblia traducida por Reina-Valera, La forma actual de los libros históricos y legislativos de la Biblia tiene poco o nada que ver con losdocumentos originales en que se basaron o —aquí sí resulta exacto el término— se inspiraron, ya que sonel resultado de la amalgama de diferentes colecciones documentales y tradiciones orales que fueronpuestas por escrito —y, a menudo, reescritas, reinterpretadas y ampliadas— en épocas distintas y porpersonas y/ o escuelas diferentes. Las más antiguas recopilaciones de tradiciones que aparecen en Génesis, Éxodo, Levítico yNúmeros se remontan a algún momento, de fecha imprecisa, dentro de la denominada época de los reyes—probablemente durante el reinado de Salomón (hacia 970-930 a.C.)—, que es cuando se desarrolló lahistoriografía israelita como resultado del esplendor político de esos días. En estos libros aparecenclaramente identificables los textos pertenecientes a dos fuentes tradicionales muy distintas, el yahvista y elelohísta, identificadas públicamente por primera vez en 1711, en un libro de Henning Bernhard Witter, que 22 «Que los intérpretes, con todo cuidado y sin descuidar ninguna luz derivada de las recientes investigaciones, determinen el carácter y lascircunstancias peculiares del escritor sagrado, la época en que vivió, las fuentes escritas u orales a las que recurrió, y las formas de expresión queempleó», concluye la encíclica Divino Afflante Spiritu. 23 I )c hecho, el catolicismo es la única religión monoteísta en la que la inmensa mayoría de sus creyentes no leen directamente sus SagradasEscrituras. Tal como es bien sabido, la formación religiosa de los católicos, en el mejor de los casos, se basa en la lectura del Catecismo y de laHistoria Sagrada, que son compendios de normativas, dogmas e historietas fuera de contexto que, a menudo, traicionan el espíritu de las Escrituras y,por supuesto, tergiversan la verdad histórica. 24 Si obviamos, por su escasísima difusión e influencia, la traducción que hizo Alfonso X en su Crónica General —la llamada Bibliaalfonsina—; las traducciones realizadas por judíos durante los siglos XIV y XV, como la Biblia de Alba; o la traducción y doble edición (una parajudíos y otra para católicos) que hicieron en Italia los judíos españoles en 1553, conocida como la Biblia de Genova, 17
  • 18. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicapasó desapercibido; luego fueron detectadas en 1753 por Jean Astruc, médico de Luis XV, pero su libro fueigualmente silenciado y, por último, en 1780, fueron puestas en evidencia definitivamente por el eruditoalemán Johann Gottfried Eichhorn. La observación que hicieron esos tres analistas fue tan sencilla como darse cuenta de que en loslibros del Pentateuco (los cinco primeros de la Biblia, que tienen a Moisés por supuesto autor) habíamuchas historias que se duplicaban, pero que lo hacían con notables contradicciones al relatar los mismoshechos, usaban estructuras de lenguaje diferentes y, en especial, variaba de uno a otro el nombre dado aDios: uno le identificaba como Yahveh y el otro como El o Elohim, de ahí el nombre que se dio a esasfuentes. Dado que ambos autores escribieron al dictado de los acontecimientos sociopolíticos que les tocóvivir y de las necesidades legislativas que se derivaron de esos momentos, el análisis de contenido de sustextos muestra claramente como el yahvista vivió en Judá mientras que el elohísta lo hizo en Israel. Enalgún punto de la historia ambas tradiciones se juntaron y fundieron en una sola. El proceso que apuntaRichard Elliot Friedman, teólogo y profesor de hebreo de la Universidad de California, para explicar talconjunción, es más que razonable: «En el curso de las investigaciones sobre la antigua historia israelita, algunos investigadores hanllegado a la conclusión de que, históricamente, sólo una pequeña parte del antiguo pueblo israelita seconvirtió realmente en esclavo de Egipto. Quizá sólo fueron los levitas. Después de todo, es precisamenteentre los levitas donde encontramos gentes con nombres egipcios. Los nombres levitas de Moisés, Hofni yFineas son todos egipcios, no hebreos. Y los levitas no ocuparon ningún territorio en el país, como hicieronlas otras tribus. Estos investigadores sugieren que el grupo que estuvo en Egipto y después en el Sinaíadoraban al dios Yahvé. Después, llegaron a Israel, donde se encontraron con las tribus israelitas queadoraban al dios Él. En lugar de luchar para decidir qué dios era el verdadero, los dos grupos aceptaron lacreencia de que Yahvé y El eran un mismo Dios. Los levitas se convirtieron en los sacerdotes oficiales de lareligión unificada, quizá por la fuerza o bien por medio de la influencia. O quizá no fue más que unacompensación por el hecho de no poseer ningún territorio. En lugar de territorio recibieron, comosacerdotes, el diez por ciento de los animales sacrificados y las ofrendas. »Esta hipótesis también concuerda con la idea de que el autor de la fuente E [elohísta] fue un levitaisraelita. Su versión sobre la revelación del nombre de Yahvé a Moisés no haría más que reflejar estahistoria: el dios al que las tribus adoraban en el país era El. Poseían tradiciones sobre el dios Él y susantepasados Abraham, Isaac y Jacob. Entonces llegaron los levitas, con sus tradiciones sobre Moisés, eléxodo de Egipto y el dios Yahvé. El tratamiento que se da en la fuente E a los nombres divinos explica por 25qué el nombre de Yahvé no formaba parte de las más antiguas tradiciones de la nación.» En 1798 los investigadores ya habían ampliado la nómina de redactores del Pentateuco de dos acuatro, al observar que dentro de cada fuente también se daban duplicaciones de textos con personalidadpropia y definida. Así se descubrió a la fuente denominada sacerdotal, que se ocupa, fundamentalmente,de fijar las costumbres relativas al culto y los ritos. Estos tres compiladores —yahvista, elohísta ysacerdotal— redactaron los cuatro primeros libros del Pentateuco y una marta fuente, bautizada como eldeuteronomista, redactó el (quinto. Quedaba así definitivamente demostrado que Moisés no escribió laparte más fundamental de la Biblia. El Deuteronomio y los seis libros que le siguen en la Biblia, los de los denominados «Profetasanteriores» (Josué, Jueces, I y II Samuel y I y II Reyes) fueron escritos en Judá, probablemente enJerusalén, durante el siglo vii a.C., por la mano de un recopilador que se basó en tradiciones y documentosya existentes para narrar la peripecia del pueblo de Israel desde su llegada a Palestina hasta la toma deJerusalén por Nabucodonosor hacia el año 587 (fecha en que dio comienzo la época de exilio y cautividad). Tras las investigaciones científicas modernas, resulta evidente que el Deuteronomio —quesupuestamente fue encontrado por el sacerdote Jilquías bajo los cimientos del templo de Jerusalén en elaño 622 a.C.—, así como el resto de los escritos deuteronómicos, fue redactado para proporcionarle al reyJosías una base de autoridad («el libro de la Ley» se atribuyó a Moisés/Dios) en la que fundamentar 26definitivamente su reforma religiosa, que centralizó la religión alrededor de un solo templo y altar, el de 25 Cfr. Friedman, R. E. (1989). ¿ Quién escribió la Biblia? Barcelona: Martínez Roca, pp. 76-77. Recomendamos este libro, muy biendocumentado y escrito en un lenguaje comprensible para el profano, a todos aquellos lectores que quieran profundizar en el análisis de los autoresbíblicos (del Pentateuco, en este caso) y de las muchas contradicciones que se dan en sus textos. 26 Una reforma centralizadora que también había sido emprendida años antes por el rey Ezequías (c. 715-696 a.C.), aunque desde postuladossacerdotales diferentes. 18
  • 19. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaJerusalén, y dotó de gran poder a los sacerdotes levitas. Nos encontramos, por tanto, ante lo que ya en1805 fue calificado de «fraude piadoso» por el investigador bíblico alemán De Wette. De los escritos deuteronómicos se realizaron dos ediciones. La primera, redactada en el tiempo deJosías, es un relato optimista sobre la historia de los israelitas y pictórico de esperanza ante el futuro; perolos desastrosos gobiernos de los sucesores de Josías y la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C.volvieron absurdo e inservible el texto, así que con fecha posterior —unos veinte años después—, ya desdeel exilio de Egipto, se elaboró una segunda edición en la que, básicamente, se añadieron los dos últimoscapítulos del libro segundo de Reyes, actualizando así el relato inspirado por Yahveh, se intercalaronalgunos párrafos para poder configurar profecías en un momento en que ya se habían producido loshechos, y se interpolaron textos con tal de readaptar el hilo conductor de la historia y el destino de Israel a lanueva realidad que les tocaba sufrir. Fue sin duda de esta forma como se hizo aparecer en el Deuteronomio la conminación de Yahvehadvirtiendo del castigo a sufrir si se rompía su alianza; estando el redactor deuteronomista ya en Egipto,tiempo después de haberse producido la diáspora y la cautividad de los israelitas, no podía hacérsele decira Dios otra cosa que no fuese: «Cuando tengáis hijos e hijos de vuestros hijos y ya de mucho tiempohabitéis en esa tierra, si corrompiéndoos os hacéis ídolos de cualquier clase, haciendo mal a los ojos deYavé, vuestro Dios, y provocando su indignación —yo invoco hoy como testigos a los cielos y a la tierra—,de cierto desapareceréis de la tierra de que, pasado el Jordán, vais a posesionaros; no se prolongarán enella vuestros días; seréis enteramente destruidos. Yavé os dispersará entre las gentes, y sólo quedaréis devosotros un corto número en medio de las naciones a que Yavé os arrojará. Allí serviréis a sus dioses, obrade las manos de los hombres, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. Allíbuscaréis a Yavé, vuestro Dios, y le hallarás si con todo tu corazón y con toda tu alma le buscas» (Dt 4,25-30). Este texto describe bien la situación en la que ya se encontraban los israelitas, e incluso da un atisbode esperanza de volver a encontrar a Yahveh, aspecto fundamental para lograr mantener cohesionada a lanación derrotada, pero no deja de ser un caso equiparable al de un profeta actual que, por ejemplo,advirtiese del derrumbe del sistema soviético dando como causas y «señales» aquello que ya conocemostodos por la prensa. El recopilador y autor de la literatura deuteronomista pudo ser, con toda probabilidad, el profeta 27Jeremías, colaborador de la reforma religiosa que el rey Josías emprendió en el año 621 a.C., ya que asílo sugiere una multiplicidad de evidencias. Así, por ejemplo, en el libro de Jeremías se encuentran el mismolenguaje, giros, metáforas y puntos de vista -sobre aspectos troncales— que en los escritosdeuteronómicos, y una tal semejanza sólo puede indicar que el autor de todos esos textos debió ser, 28necesariamente, el mismo, esto es el firmante de Jeremías. En esta labor no fue ajeno, ni mucho menos,Baruc, el escriba del profeta (Jer 32), cuya mano experta debió de ser la encargada de editar y completartodos los textos de que venimos hablando. Ambos, Jeremías y Baruc, presenciaron los hechos históricosque narran y estuvieron en Jerusalén y en Egipto cuando se escribió la primera y la segunda ediciones,respectivamente, del Deuteronomio. Citamos anteriormente otra fuente bíblica, conocida comosacerdotal, que, a pesar de haber aportado al Pentateuco unto texto como el redactor yahvista, elelohísta y el deuteronomista juntos, ha sido hasta hoy la más difícil de localizar y fechar. Muchos autoreshan fechado esos textos en la época del Segundo Templo (al regreso del exilio, después del año 538 a.C.), 29pero la investigación del profesor Friedman ha demostrado una realidad bien distinta, tal comoresumiremos a continuación. El análisis de los textos del sacerdotal, perfectamente detectables en Génesis, Éxodo, Levítico yNúmeros, muestra que fueron escritos como una alternativa critica a los textos ya reunidos del yahvista yel elohísta, mientras que el deuteronomista, que fue algo posterior, como veremos, se mostró favorable alas dos fuentes primitivas y reacio hacia la redacción sacerdotal. Entre los aspectos alternativos que el sacerdotal enfrenta a los textos ya existentes destaca unaconcepción de Dios claramente diferente a la yahvista y la elohísta. Mientras, para estos, Dios es 27 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op. cit., p. 941. 28 Cfr. Friedman, R. E. (1989). Op. cit., pp. 94-134. 29 Cfr. Friedman, R. E. (1989). Op. cit., pp. 145-195. 19
  • 20. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica«misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel, que mantiene su gracia por milgeneraciones y perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero no los deja impunes, y castiga lainiquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación» (Ex 34,6-7); para el sacerdotal,en cambio, Dios es «justo», no «misericordioso» o «fiel» — conceptos que no emplea jamás—, por ello haestablecido un conjunto de reglas específicas mediante las cuales se puede obtener su perdón, aunque, esosí, con el concurso del sacerdote, que es el canal adecuado para llegar hasta Dios, y haciendo la 30correspondiente ofrenda. El sacerdotal debió ser un sacerdote aarónida que escribió después del año 722 y antes del 609 a.C.,concretamente durante el reinado de Ezequías (c. 715-696 a.C.), monarca que emprendió una reformareligiosa centralizadora y que, entre otras acciones, materializó la división entre sacerdotes y levitas, tal 31como se indica en las Crónicas o Paralipómenos — un texto claramente aarónida — , dando así lalegitimidad sacerdotal a los aarónidas y rebajando a los levitas a ser una especie de clero de segunda. Esoexplica la razón por la que en los textos del sacerdotal se denosta —con finas pero mortíferas sutilezas,ciertamente— a la figura de Moisés, modelo y cabeza de sus sucesores levitas, mientras que, por el 32contrario, se ensalza a Aarón, su hermano, modelo y cabeza de los aarónidas. En el yahvista y elelohísta la crítica era inversa. La disputa entre los sacerdotes aarónidas y levitas venía de antiguo. En laépoca de los patriarcas no hubo sacerdotes —era el cabeza de familia quien realizaba los sacrificios—, perola tradición posterior al regreso de Egipto hizo que la tribu de Leví, la decimotercera de Israel, empezara a 33adquirir un peso progresivamente creciente en el ejercicio del sacerdocio, aunque durante el periodo delos jueces (c. 1150-1020 a.C.) y el principio de la monarquía no todos los sacerdotes eran levitas, ni muchomenos. Acabada la guerra con los filisteos, en medio del enfrenta-miento entre Saúl, primer rey hebreo (c.1020-1010 a.C.), y David, el monarca ordenó matar a todos los sacerdotes levitas de Nob (I Sam 22),escapando sólo uno, Abiatar. Tiempo después, cuando el rey David subió al poder (c. 1010-970 a.C.), 34trasladó el Arca de la Alianza a un santuario de Jerusalén, previo todavía a la construcción del templo —con lo que convirtió a este emplazamiento en la «ciudad santa» que aún es hoy— y estableció un peculiarsacerdocio oficial, pensado para favorecer su necesidad de propiciar la unión política entre el norte y el surde su país. 35 Dado que, en esos días, la religión invadía todos los ámbitos sociales, un monarca debía alcanzarlegitimidad religiosa, buscado el apoyo de los profetas y sacerdotes, si querían gobernar sin problemas; poresta razón, y para satisfacer a los pobladores del norte y sur de Israel, el rey David nombró a dos sumossacerdotes en Jerusalén que representaban ambas partes del país. Por el norte puso a Abiatar, el sacerdotelevita que había escapado de la masacre que Saúl ordenó en Silo al ser protegido por David; por el sureligió a Sadoe, sacerdote que, como todos los de su ciudad, Hebrón (la que fue capital de David en Judá),era considerado descendiente de. Aarón. De esta manera unió a las dos familias sacerdotales más antiguasy poderosas, la de Moisés y la de su hermano Aarón, pero la hábil componenda política duró bien poco. 30 Estos nuevos conceptos, el sacerdote como intermediario necesario, y el poder hacerse perdonar las culpas mediante el recurso a la liturgia y alpago, que eso es en definitiva una ofrenda, serán perfeccionados al máximo por el clero católico a pesar de su explícita prohibición por Jesús, segúnconsta, por ejemplo, en Heb 5,6; 5,9-10 y 7,22-25. En la tercera parte de este libro trataremos expresamente la cuestión. 31 «Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y de los levitas, según sus divisiones, cada uno según sus funciones, sacerdotes y levitas, paralos holocaustos y los sacrificios eucarísticos, para el servicio, para los cantos y alabanzas y las puertas de la casa de Yavé» (II Par 31,2). 32 En el texto sacerdotal de Núm 20,2-13, por ejemplo, se toma la historia elohísta de Ex 17,2-7, que refiere cómo Moisés, obedeciendo a Yahveh,hace brotar agua de una roca tocándola con su vara, y se la transforma justo en lo contrario, en un acto de desobediencia que Yahveh castiga muyseveramente haciéndole morir antes de alcanzar la tierra prometida; un destino al que también se ve abocado su hermano Aarón que, según elsacerdotal, no había hecho nada malo pero que fue víctima de la terrible ofensa hecha por Moisés a Yahveh. 33 Según lo refiere el texto elohísta, la tribu de Leví se ganó su derecho al sacerdocio cuando «Moisés, viendo que el pueblo estaba sin freno, pues selo había quitado Aarón, haciéndole objeto de burla para sus adversarios, se puso a la entrada del campamento y gritó: "¡A mí los de Yavé!" Y todoslos hijos de Leví se reunieron en torno a él. Él les dijo: "Así habla Yavé, Dios de Israel: Cíñase cada uno su espada sobre su muslo, pasad y repasad elcampamento de la una a la otra puerta y mate cada uno a su hermano, a su amigo, a su deudo." Hicieron los hijos de Leví lo que mandaba Moisés, yperecieron aquel día unos tres mil del pueblo. Moisés les dijo: "Hoy os habéis consagrado a Yavé, haciéndole cada uno oblación del hijo y delhermano; por ello recibiréis hoy bendición"» (Ex 32,25-29). 34 Durante el periodo de los jueces el Arca de la Alianza había estado depositada en el santuario de Silo —el lugar donde se aclamó por vez primeraa Yahveh como «Sabaot, el que tiene sede sobre los querubines»—, controlado por los sacerdotes levitas, pero durante la guerra contra los filisteoséstos se apoderaron de ella (I Sam 5), aunque la devolvieron siete meses después según se refiere en I Sam 6. 35 En la lengua hebrea de esos días no existía aún la palabra «religión» dado que no cabía distinguir el corpus de creencias y actos propiamentereligiosos de cualesquiera otros, ya fueran éstos sociales o políticos; la «religión» no era algo concreto y específico sino algo inseparable de la vida,algo así como el aire. 20
  • 21. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Tras la muerte de David se produjo un enfrentamiento sucesorio en el que, obviamente, tuvieron unprotagonismo fundamental dos sacerdotes, Abiatar y Sadoc, que tomaron partido, respectivamente, porAdonías y Salomón, hermanos y aspirantes al trono. Con las diferencias políticas entre Abiatar y Sadoc serecrudecieron también las viejas rencillas entre el sacerdocio levita y el aarónida. Al vencer Salomón en ladisputa, dado que en el templo de Jerusalén estaba depositado el tesoro nacional y, por ello, el clero debíaser de la máxima confianza real, Sadoc pasó a ser la autoridad única del clero de Jerusalén y Abiatar fueexpulsado de la ciudad. Sadoc, para fortalecerse ante el pueblo, inició una campaña de desprestigio contralos sacerdotes rivales, con especial atención a los descendientes de Helí de Silo (I Sam 2); de ahí laprofecía, escrita cuando ya habían sucedido los hechos, del anuncio de la ruina de la casa de Helí (I Sam 362,27-36) y el establecimiento de un clero del gusto de Yahveh, cosa que, a fin de cuentas, no era más quela materialización de la pretensión de Sadoc de instaurar un clero hereditario, semejante a la realeza, quefinalmente fue calificado de «alianza de un sacerdocio eterno» (Núm 25,12). El rey Ezequías tomó la misma dirección que Salomón y, tal como ya señalamos, privilegió al cleroaarónida, al que avaló también con un gesto simbólico que comprendió perfectamente todo Judá: el 37monarca destruyó la serpiente de bronce Nejustán, símbolo de Moisés y su poder. Unos setenta años después de su muerte, el rey Josías, que inició una nueva reforma religiosa, en elaño 621 a.C., invirtió lo hecho por Ezequías dando en exclusiva el poder a los sacerdotes levitas yefectuando otro gesto de fácil comprensión por todos: profanó los «altos» o altares que el rey Salomón!había construido en Jerusalén (II Re 23,13). En medio de este contexto histórico, saltan a la vista lasrazones que diferencian, hasta hacerlos irreconciliables entre sí en muchos puntos, los documentosprocedentes del sacerdote aarónida au-tor de la fuente sacerdotal y los redactados por el levita Jeremías,autor de los escritos deuteronómicos. «Son fascinantes los lazos existentes entre estos dos reyes y los dos grandes documentos 38sacerdotales, D [deuteronomista] y P [sacerdotal] —afirma Friedman —. Hubo dos reyes queestablecieron la centralización religiosa, y hubo también dos obras que articularon dicha centralización. Lasleyes e historias de P [sacerdotal] reflejan los intereses, acciones política y espíritu de la época deEzequías, del mismo modos» que la fuente D [deuteronomista] refleja la época de Josías». Por poco crítico que uno sea, resulta muy difícil entrever la inspiración o autoría de Dios en textosque no pasan de ser la prueba de duros enfrentamientos por el poder, entre facciones sacerdotales rivalesque intentaban asegurarse para sí los máximos beneficios económicos posibles, en los que no hubo elmenor escrúpulo en falsear textos y atribuirlos a Moisés/Yahveh, en usar el nombre de Dios para dotar deautoridad a meros intereses personalistas, cuando no a claras perfidias, en conformar profecías sobrehechos ya sucedidos, etc. Los héroes bíblicos de esos días no fueron menos materialistas, corruptos ofalsarios de lo que puedan serlo los dirigentes de la humanidad actual, aunque, también como hoy, nopuede descartarse la presencia entre ellos de algún que otro santo varón. Por lo que hemos visto hasta aquí, podemos estar seguros, al menos, de alguna de estas dosposibilidades: o bien Dios jugó a hacer política, sumamente partidista, con los hombres, o bien éstoshicieron política usando a Dios (y no en vano, claro está). De cómo un escriba, sin pretenderlo, creó el Dios judeocristiano de la Biblia 36 «Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará según mi corazón y según mi alma; le edificaré una casa estable, y él andará siempre enpresencia de mi Ungido» (I Sam 2,35). 37 «Hizo [Ezequías] lo que es recto a los ojos de Yavé, enteramente como lo había hecho David, su padre. Hizo desaparecer los altos, rompió? loscipos, derribó las aseras y destrozó la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque los hijos de Israel hasta entonces habían quemado inciensoante ella, dándole el nombre de Nejustán» (II Re 18,3-4). El símbolo de bronce había sido construido por Moisés en los llanos de Moab, según relatode Núm 21,6-9, para curar las mordeduras de serpiente que sufrían los israelitas en el desierto. 38 Cfr. Friedman, R. E. (1989). Op. cit., p. 190. 21
  • 22. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Sin embargo, después de tanto esfuerzo, lucha y manipulación de textos, acabó por producirse lo queFriedman, con gran acierto, califica como «la gran ironía»: «La combinación de P [sacerdotal] con J[yahvista], E [elohísta] y D [deuteronomista] fue algo mucho más extraordinario de lo que había sido lacombinación de J y E vanos siglos antes. El texto P era polémico. Se trataba de una torah-respuesta a J ya E. En JE se denigra a Aarón. En P se denigra a Moisés. JE asume que cualquier levita puede sersacerdote. P dice que únicamente pueden ser sacerdotes los descendientes de Aarón. JE dice que huboángeles, que ocasionalmente los animales podían hablar, y que en cierta ocasión Dios se mostró sobre unaroca, o caminando por el jardín del Edén. En P no aparece nada de eso. Por su lado, la fuente D procedía de un círculo de personas tan hostiles a P, como el círculo de P lo eracon respecto a JE. Estos dos grupos sacerdotales se habían esforzado a lo largo de los siglos por obtenerprerrogativas, autoridad, ingresos y legitimidad. Y ahora resultaba que alguien juntaba todas estas obras. »Alguien combinó JE con la obra escrita como una alternativa a la propia JE. Y dicha persona no selimitó a combinarlas, situándolas una al lado de la otra, como historias paralelas. El autor de la combinaciónse dedicó a cortar e interseccionarlas de un modo muy intrincado. Y al final de está colección combinada yentretejida de las leyes e historias dé J, E y P, esta persona colocó como conclusión el Deuteronomio, eldiscurso de despedida de Moisés. Alguien se dedicó a mezclar las cuatro fuentes diferentes, y a vecesopuestas, haciéndolo de un modo tan hábil que se tardó milenios en descubrirlo. Ésta fue la persona quecreó la Torah, los cinco libros de Moisés tal y como los hemos estado leyendo desde hace más de dos mil 39años. ¿Quién fue esta persona? ¿Y por qué lo hizo? Creo que lo hizo Esdras.» El profesor Friedman aporta muy buenas razones en su libro, al que remitimos al lector, para afirmar loanterior y para identificar al sacerdote (aarónida), legislador y escriba Esdras como la persona que losanalistas de los textos bíblicos bautizaron hace ya tiempo como «el redactor», el responsable de haber 40combinado las cuatro fuentes diferentes para elaborar el Pentateuco que ha llegado hasta nuestros días.Pero quizá lo más sustancial e inesperado de esta mezcla dé textos es que acabó por diseñar una nuevaimagen de Dios que, sin ser la identidad en la que creían los escritores bíblicos, quedó fijada como laidentidad divina en la que se empezaría a creer desde entonces. 41 «Cuando el redactor combinó todas las fuentes —concluye Richard Elliott Friedman —, tambiénmezcló dos imágenes diferentes de Dios. Al hacerlo así configuró un nuevo equilibrio entre las cualidadespersonales y trascendentales de la divinidad. Surgió así una imagen de Dios que era tanto universal comointensamente personal. Yahvé fue el creador del cosmos, pero también "el Dios de tu padre". La fusión fueartísticamente dramática y teológicamente profunda, pero también estaba llena de una nueva tensión.Representaba a los seres humanos entablando un diálogo personal con el creador todopoderoso deluniverso. »Se trataba de un equilibrio al que no tenía intención de llegar ninguno de los autores individuales.Pero dicho equilibrio, intencionado o no, se encontró en el mismo núcleo del judaismo y del cristianismo. Aligual que Jacob en Penuel, ambas religiones han existido y se han esforzado desde siempre con unadivinidad cósmica y, sin embargo, personal. Y esto se puede aplicar tanto al teólogo más sofisticado comoal más sencillo de los creyentes. En último término, las cosas están en juego, pero a todo ser humano se ledice: "El creador del universo se preocupa por ti." Una idea extraordinaria, Pero una vez más, tal idea no fueplaneada por ninguno de los autores. Probablemente, ni siquiera fue ése el propósito del redactor. La idease hallaba tan inextricablemente inmersa en los propios textos, que el redactor no pudo hacer más queayudar a producir la nueva mezcla en la medida en que se mantuvo fiel a sus fuentes. »La unión de las dos fuentes produjo otro resultado aún más paradójico. Creó una nueva dinámicaentre la justicia y la misericordia de Yahvé (...). La fuente P [sacerdotal] se enfoca fundamentalmente en lajusticia divina. Las otras fuentes se enfocan sobre todo en la misericordia divina. Y el redactor las combinó.Al hacerlo así, creó una nueva fórmula en la que tanto la justicia como la misericordia se encontrabanequilibradas como no lo habían estado hasta entonces. Ahora eran mucho más iguales de lo que lo habíansido en cualquiera de los textos de las fuentes originales. Dios era tan justo como misericordioso, podíamostrar tanta cólera como compasión, podía mostrarse tan estricto como dispuesto a perdonar. De ese 39 Cfr. Friedman, R. E. (1989). Op. cit., p. 196 40 La atribución de esta labor a Esdras, por otra parte, tampoco es algo insólito ya que la mayoría de los expertos modernos coinciden enseñalar a éste como el hombre que constituyó y promulgó el Pentateuco en una «forma muy próxima a su estado actual», y la propia tradición judíaha conservado el recuerdo de Esdras como restaurador de la ley mosaica. Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, pp. 160-161.41 Cfr. Friedman, R. E. (1989). Op. cit., pp. 214-215. 22
  • 23. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicamodo surgió una poderosa tensión en el Dios de la Biblia. Se trataba de una fórmula nueva yextremadamente compleja. Pero fue ésa precisamente la fórmula que se convirtió en una parte crucial deljudaismo y del cristianismo durante dos milenios y medio (...). »De ese modo, ambas religiones se desarrollaron alrededor de una Biblia que representaba a Dioscomo un padre amante y fiel, aunque a veces encolerizado. .En la medida en que esta imagen hace que laBiblia sea más real para sus lectores, el redactor alcanzó mucho más éxito de lo que quizás habíapretendido. En la medida en que la tensión entre la justicia y la misericordia de Dios se convirtió por símisma en un factor importante de la Biblia, en esa misma medida la Biblia ha llegado a ser algo más que 42la simple suma de sus partes.» La propuesta de Friedman es muy sugerente y está sólidamente fundamentada en el análisis de lostextos bíblicos pero, además, encaja perfectamente con los conocimientos que nos han aportado cienciascomo la Historia de las religiones o la Antropología acerca de la formación y evolución de los dioses en elseno de cualquier cultura. Los profetas: moralistas fundamentalistas y muy influyentes... aunque sus profecías fueran escritas por otros y una vez ocurridos los hechos «anunciados por Dios» En la historia de Israel, en su evolución religiosa, y en la formación del concepto del Dios bíblico que hallegado hasta el judeo-cristianismo actual, no sólo tuvieron protagonismo y responsabilidad directa algunossacerdotes muy influyentes, tal como acabamos de ver. Un colectivo especial, conocido como los nabi oprofetas, resultó también decisivo a la hora de confeccionar todo ese complicado entramado de textosdichos revelados, ya que, entre otros méritos, a ellos se debe, en buena parte, la supervivencia delmonoteísmo hebreo en territorios donde los cultos cananeos y el sincretismo religioso, infiltrado desde lospoderosos países vecinos, gozó de un fortísimo arraigo popular. Hubo dos tipos de profetas, los cultuales, que ejercían su labor en los templos, o junto a ellos, y podíancolaborar con los sacerdotes en algunos actos rituales, y los llamados «profetas escritores», que sonaquellos cuyos testimonio y profecías se han conservado en los textos bíblicos. Mientras entre los primeroseran frecuentes los meros aduladores de los poderosos, profetizándoles aquello que éstos deseaban oír,entre los segundos se creía sinceramente en su papel de mensajeros de Yahveh, del que decían recibirinstrucciones en el decurso de sus éxtasis, ya sea a través de lo que la psiquiatría moderna denomina 43alucinaciones visuales o auditivas, o en sueños; en el acto de profetizar podían «ver a distancia» yexpresaban sus oráculos en medio de convulsiones más o menos aparatosas (las del profeta Oseas lo erantanto que ya fue tachado de loco en su época). Todos los nabi eran asimismo taumaturgos, supuestamente 44capaces de curar y de obrar «milagros». En cualquier caso, esos profetas no se comportaban de modo distinto al modus operandi habitual desus colegas paganos de todo el Próximo Oriente de entonces ni, tampoco, de la operativa de los chamanesu otros videntes extáticos actuales. Sea cual fuere el dios o potencia al que se atribuyen los mensajesproféticos, el método, en lo fundamental, ha permanecido invariable desde hace miles de años hasta hoy. Por ello es más que razonable pensar que el perfil psicológico de los «elegidos» para tal menester seha mantenido también constante a lo largo de la historia; así que, quienes, como este autor, hemos42 Ibíd,pp. 215-217.43 Alucinación es una «percepción en la que el sujeto tiene conciencia total y plena de una realidad visual o auditiva sin que exista estímulo exterioralguno. Típica de numerosos delirios (delirium tremens, por ej.) tóxicos o infecciosos, y de enfermedades psíquicas como la esquizofrenia.» Cfr.Vallejo-Nágera, J. A. y otros (1991). Guia práctica de Psicología. Madrid: Temas de Hoy, p. 758. 44 «Isaías había salido; pero antes que llegase al atrio central, recibió palabra de Yavé, que le dijo: "Vuelve a Ezequías, jefe de mi pueblo, y dile:Así habla Yavé, el Dios de David, tu padre: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Te curaré. Dentro de tres días subirás a la casa de Yavé.Te añadiré otros quince años a tus días y te libraré a ti y a esa ciudad de la mano del rey de Asiría, y protegeré a esta ciudad por amor de mí y poramor de David, mi siervo." Isaías dijo: "Tomad una masa de higos." Tomáronla y se la pusieron sobre la úlcera, y Ezequías sanó» (II Re 20,4-7) 23
  • 24. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaconocido personalmente y estudiado a decenas de videntes, chamanes y profetas extáticos actuales —algunos de ellos muy sorprendentes, pero todos sin excepción con desórdenes de personalidad evidentes—, no podemos menos que mostrarnos muy precavidos a la hora de enjuiciar la obra de los profetas bíblicosen cuanto a lo que vale, aunque, obviamente, no puede dejar de tenerse en cuenta respecto a lo quesignificó para su época y, especialmente, para el mundo que heredó, magnificó y reinterpretó susprofecías. El auge del profetismo se alimentó de las duras condiciones que se vio forzado a vivir el pueblo deIsrael tras la ocupación filistea; sujetos a una dinámica psicológica que podemos ver reproducida en muchasy diferentes sociedades hasta la época actual, los israelitas, humillados como nación, se volcaron hacia las 45cofradías de profetas para intentar compensar la frustración colectiva que sentían mediante el bálsamo deprofecías que, en nombre de Yahveh, prometían buenos tiempos futuros para los hebreos y derrotasterribles para sus enemigos. Desde que los filisteos se apoderaron del Arca de la Alianza (c. 1050 a.C.) y destruyeron, entre otros,Sión y el templo de Silo —el lugar de culto nacional más importante en esos días—, haciendo desaparecercon ello a su clero (que también practicaba artes adivinatorias en nombre de Yahveh), todo Israel se volvióhacia los profetas y los encumbró, sobredimensionando su papel social y, claro está, su importancia en losescritos bíblicos. Cuando, años después, el rey David tomó el poder (c. 1010-970 a.C.) e instaló el Arcarecuperada en Jerusalén y estableció un sacerdocio oficial, los profetas siguieron gozando del prestigioadquirido durante los años de ocupación filistea; pero las transformaciones sociales internas que seoriginaron en esos días de gloria forzaron también el cambio del contenido y dirección de los dardosverbales propios de los profetas. La construcción del templo de Jerusalén, la obra más querida de Yahveh, requirió que Salomónexplotara tanto a las tribus del norte que éstas, finalmente, hacia el año 922 a.C., rompieron su alianza conel sur. De la mano de Jeroboam se constituyó en el norte el reino de Israel, independiente del de Judá, quesiguió gobernado por la dinastía davídica representada por Roboam, hijo de Salomón. La escisión de Israel condujo necesariamente a una reforma religiosa que apartó a los israelitas deltemplo de Jerusalén para dirigirles hacia los nuevos santuarios nacionales de Betel y Dan, construidos coneste propósito por Jeroboam I. También se intentó implantar en Israel una monarquía sucesoria en nombrede Yahveh —del estilo de la davídica de Judá—, proclamada por los profetas, tal como era preceptivo por latradición, pero, a pesar de la promesa de tener «una casa estable» que Yahveh le hizo a Jeroboam por 46boca del profeta Ajías de Silo, la historia posterior demostró que los sucesores de Jeroboam no tuvieron lamenor estabilidad y fueron asesinándose los unos a los otros hasta que el reino fue destruido por los asirioshacia el año 721 a.C. De la fugaz gloría de Israel durante los reinados de David y Salomón se derivó prosperidad, sin duda,pero también una burocracia de élite que no hizo sino agudizar las desigualdades sociales y las diferenciasde clases, una situación que originó finalmente las largas crisis internas que asolaron la nación israelitadurante los siglos IX y VIII a.C. Fue éste el contexto histórico que hizo evolucionar a los profetas hebreos dela época en una dirección diferente a la de sus antecesores, y en el que los principales profetas bíblicos,mezcla de agoreros, moralistas estrictos y portavoces de la conciencia social, desarrollaron su papel. 45 En Israel, como en cualquier otro pueblo semítico, siempre existieron sujetos que, en nombre del dios nacional, proferían advertencias sobretodo tipo de asuntos, ya fueran públicos o privados. Se reunían en cofradías o escuelas y empleaban técnicas extáticas para entrar en trance y ponerseen contacto con su dios. 46 El oráculo del profeta Ajías anunció a Jeroboam que «... así habla Yavé, Dios de Israel: Voy a rasgar el reino en manos de Salomón y a dartea ti diez tribus. Él tendrá una tribu, por amor de David, mi siervo, y de Jerusalén, que yo he elegido entre todas las tribus de Israel. (...) No quitaré desus manos todo el reino, pues mantendré su reinado todos los días de su vida por amor a David, mi siervo, a quien elegí yo y que guardó mismandamientos y mis leyes. Pero quitaré el reino de las manos de su hijo y te daré a ti diez tribus, dejando a su hijo una tribu, para que David, misiervo, tenga siempre una lámpara ante mí en Jerusalén, la ciudad que yo he elegido para poner allí mi nombre. A ti te tomaré yo, dominarás sobrecuanto tu corazón desea y serás rey de Israel. Si me obedeces en cuanto yo te mande y sigues mis caminos, mis leyes y mandamientos, como lo hizoDavid, mi siervo, yo seré contigo y te edificaré casa estable, como se la edifiqué a David, y te daré Israel. Humillaré a la descendencia de David, masno por siempre» (I Re 11,31-39). Dejando al margen que esta profecía fue escrita en Judá por el deuteronomista (el profeta Jeremías) en el siglo VIIa.C., eso es casi tres siglos después de haberse producido la escisión de reinos (922 a.C.) que anuncia, y de estar ya en ese momento en plena época derevitalización de la dinastía davídica de Judá —razones ambas que justifican la exactitud de la promesa de Yahveh—, nótese la sinuosidad delredactado profetice, que siempre se escuda en condicionales —«si me obedeces cuanto yo te mande...»— y trucos similares para evitarpronunciamientos rotundos que indefectiblemente acabarían siendo desmentidos por los acontecimientos verdaderos. El lenguaje de los profetasbíblicos es similar al que emplean los videntes urbanos actuales para sacarle los cuartos a su crédula clientela. 24
  • 25. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Los denominados «profetas escritores» bíblicos aparecieron a partir del siglo VIII a.C. y siemprepusieron especial cuidado en no ser confundidos con los profetas extáticos que aprendían su oficio de unmaestro, en cofradías especializadas en técnicas oraculares —señalados despectivamente por los bíblicoscomo «hijos de profeta» (Am 7,14-15)—. Los principales profetas escritores, por orden cronológico, fueron:Amós, Oseas, Isaías, Miqueas y Nahúm (en el período comprendido aproximadamente entre los reinadosde Ozías o Azarías y Ezequías, en el siglo VIII a.C.); Jeremías, Baruc, Habacuc, Sofonías, Ezequiel y Daniel(en el periodo comprendido aproximadamente entre el reinado de Josías y el fin del destierro babilónico, enlos siglos VII y VI a.C.), y Ageo, Zacarías y Malaquías (en el periodo que va desde el fin del cautiverio hastael siglo IV a.C.). A pesar de ser conocidos como «escritores», casi ninguno de esos profetas escribió ni una sola palabrade los textos que se les atribuyen en la Biblia, que son recopilaciones de sus supuestas prédicas yoráculos elaboradas mucho después —en algún caso hasta dos siglos después— de la muerte del profetaque los firma. Los textos añadidos por los recopiladores posteriores son tan frecuentes e importantes que elsupuesto mensaje de los profetas ha quedado tergiversado hasta un grado difícil de conocer con exactitud.Ésta es también la causa de los muchos anacronismos que se dan en los libros profetices; así, por ejemplo,en el Libro de Isaías, tradicionalmente adscrito al profeta del mismo nombre, mientras la primera mitad deltexto sí es posible fecharla en tiempos de Isaías, los capítulos 40 a 66 pertenecen claramente a uno o dosredactores que vivieron un par de siglos después. De todos modos, para los propósitos de este trabajo, será suficiente con analizar el contenido de losprincipales libros proféticos y observar que, como no podría ser de otra forma, sus mensajes fuerondirectamente influidos por la realidad sociopolítica que le tocó vivir a cada profeta. Atribuir esos textos aYahveh no fue, ni en el mejor intencionado de los casos, más que un recurso retórico, necesario, en esosdías, para obtener autoridad; un hecho parecido al de otros escritores bíblicos que firmaron sus textos yopiniones personales bajo el nombre de Moisés o de diversidad de profetas del pasado, ya que de ellos sederivaba la autoridad que emana de la tradición. «Cada uno de ellos tiene ideas y sentimientos propios —hace notar el profesor André Caquot—, quehacen que el dios de Oseas no tenga la misma fisonomía que el de Amós o el de Isaías. Existen, noobstante, ciertas preocupaciones y reacciones comunes, determinadas sin duda por la situación de crisissocial y política en que los profetas del siglo VIII a.C. toman la palabra. Amós, Oseas y quizá también Isaíasal principio de su carrera, contemplan y denuncian los abusos sociales que aparecen como contrapartida dela prosperidad mercantil de los reinados de Jeroboam II en Israel y Ozías en Judá. Oseas asiste a ladecadencia del reino del norte, e Isaías interviene en el momento en que Judá se ve sacudida primeramentepor la amenaza aramea e israelita, y más tarde por la del imperialismo asirio. Estas desgracias públicasestán en el centro de su reflexión y determinan su desarrollo. Para ellos Israel es una unidad sagrada,constituida por YHWH, que ha otorgado la ley y exige la lealtad y la. obediencia de su pueblo. »El culto a otros dioses es una traición que los profetas no dejan de condenar. Pero lo específico deesta ley de YHWH es precisamente que une a los mandamientos rituales los preceptos éticos y sociales, yson justamente estos preceptos los que aparecen a los profetas como radicalmente violados, a la vista de lacrisis social: la destrucción de los lazos de solidaridad nacional revela tanto como el culto a los diosesextranjeros la general deslealtad hacia Dios. La fidelidad que se muestra en la ejecución de los ritostradicionales es por sí sola ilusoria. De ahí la continua referencia de los profetas a las fiestas y a lossacrificios, incluso los celebrados en honor de YHWH, con la mayor aspereza. Pero no hay que olvidar quelos profetas hablan siempre como polemistas, ni hay que silenciar el grave anacronismo que se cometeinterpretando sus severas alusiones como un rechazo sistemático de las formas exteriores del culto. En elcontexto histórico en que se movían, los profetas no pueden haberse presentado como predicadores de unculto "espiritual"; lo que hacen es simplemente recordar a las autoridades la vigente necesidad de retornar A 47la fidelidad de YHWH, poniendo fin a los diversos abusos de orden social, que son el síntoma de la crisis.» Así, el profeta Elías, que vivió en tiempos de los reyes Acab y Ocozías (c. 874-852 a.C.) y vio cómo seatacaba gravemente a la fe yahvista hebrea con el renacimiento del culto al dios Baal, empleó todas susenergías para luchar contra ese y otros cultos paganos que relacionaban la naturaleza y susmanifestaciones y ciclos con la personalidad de Dios, y clamó con fuerza también contra los sacrificioscruentos y contra la propia importancia que se atribuía al culto en sí mismo —vacío e inútil, según laconcepción que tenía el profeta, para quien lo único deseable e importante debía ser la regeneraciónespiritual individual centrada en el cumplimiento de la Ley—. Para convencer de la verdad de su visiónreligiosa, Elías profetizó la cólera de Yahveh puesta de manifiesto a través de una próxima aniquilación del47 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 2, pp. 171-173. 25
  • 26. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicapueblo de Israel... una profecía que, en el dudoso caso de ser fechada realmente en esos días, no dejabade ser la certificación de una obviedad vista la decadencia imparable de la monarquía israelita. Pero a pesar de todo, la intervención de Elías fue fundamental para el futuro desarrollo de la creenciajudeocristiana, ya que dotó de cuerpo a la tesis de que Dios se manifiesta en la historia, interviniendo en eldesarrollo de los acontecimientos humanos. Al asentar que la historia es una epifanía (manifestación) deDios —aspecto contrario a las creencias paganas, que no veían la epifanía de Dios en el decurso de lahistoria sino en el de la naturaleza—, Elías diseñó y propagó una peculiar atribución divina que fue tanexitosa como para lograr perdurar hasta el catolicismo actual. Los abusos y la inseguridad que se apoderaron de esa sociedad colocaron a profetas como Amós,Oseas, o los posteriores Isaías y Miqueas, ante la obligación de tener que atacar con dureza la explotaciónque sufrían sus conciudadanos, en especial aquellos más débiles o desprotegidos (huérfanos, viudas,extranjeros, esclavos), y lo hicieron argumentando que lo que deseaba Yahveh no eran sacrificios ritualessino la aplicación del derecho y la justicia a su pueblo —un mensaje que posteriormente también predicaráJeremías y acabará siendo bandera del cristianismo—. Amós es el predicador --fundamental de la justiciadivina —de la que Dios exige a su pueblo y de la que Dios imparte a los que incumplen su Ley— y para elloanuncia «el día de Yahveh» (Am 5,18-20), el momento de la manifestación de la cólera de Dios sobre los 48israelitas, un argumento que, en el futuro, se convertirá en uno de los motivos centrales de la escatologíahebrea. El profeta Oseas, por su parte, que concebía la relación de Yahveh e Israel como un vínculo carnal enel que la segunda engaña al primero con «prostituciones» —a imagen de su propia historia personal, ya quedeclara estar casado con una mujer que le engañaba (Os 3,1-3)—, no vio otra posibilidad de salvación quela derivada de Yahveh, razón por la cual repudió los intentos de los reyes de pactar con otros imperios para 49asegurarse la supervivencia (léase el vasallaje de Judá hacia Asiría para evitar correr la suerte de Israel).A la metáfora carnal de Oseas debemos, dicho sea de paso, la coartada que posibilitó la canonización, esoes su inclusión en la Biblia, del bellísimo poema erótico titulado el Cantar de los Cantares que,obviamente, la Iglesia católica interpreta como una metáfora de las bodas de Dios con Israel. Viviendo en un Judá satélite de los asirios, empobrecido y pronto a las prácticas paganas debido a ladebilidad real, era natural que un profeta culto y de gran incidencia social como Isaías retomase la defensadel yahvismo en el punto en que lo había dejado Elías —y que habían defendido también Eliseo, Amós,Oseas, Miqueas y otros—, hablando de un Dios único y santo, incapaz de transigir con el pecado perodispuesto a dotar de un destino providencial al pueblo de Israel, acreedor del pronto establecimiento de unreino de justicia. Isaías, como Oseas, confiaba plenamente en Yahveh como la única garantía de proteccióncontra los asirios y por eso aconsejó la neutralidad política al rey Ezequías. Del apego de Isaías a la dinastía de David, a la que servía como asesor de Ezequías, nació suprofecía en la que Dios promete que «brotará un retoño del tronco de Jesé y retoñará de sus raíces unvástago. Sobre el que reposará el espíritu de Yavé...» (Is 11,1-2), es decir, que, del linaje déjese, padre deDavid, nacerá un Mesías que conocerá y temerá a Dios, «juzgará en justicia al pobre y en equidad a loshumildes de la tierra» y, en suma, hará reinar la paz en todas partes y entre todas las criaturas, ya seanéstas humanas o animales. Tal como sostiene el profesor André Caquot, «aquí se encuentran planteadaspara las generaciones posteriores las bases del mesianismo davídico, que no es, como se ha creído, nimucho menos, un producto espontáneo de la conciencia popular, sino la creación de un pensador religiosoque ha querido conciliar su apego a las tradiciones de Jerusalén con su sentido de la justicia divina, 50ofendido por las maniobras de los reyes». El Yahveh de los profetas, naturalmente, prohibía todo aquelloque se alejaba de la tradición y prometía realizar todos los anhelos del pueblo aportando aquello de lo quese carecía (paz, justicia, libertad y esperanza); a todos los dioses de la historia humana se les ha hecho 48 La escatología se ocupa de las «cosas últimas» (éskhatos significa último), del destino último del hombre y del mundo y, por tanto, de lacreencia en la inmortalidad del alma, el fin del mundo, la resurrección de los muertos, etc. El profeta Sofonías también anunció «el día de Yahveh»poco antes del exilio —que se tomó como tal en Lam 1,12—, pero desde entonces se siguió esperando otro «día de Yahveh» más favorable, en el queDios reunirá en torno a la Jerusalén restaurada a todas las naciones del mundo para juzgarlas (Cfr. el libro del profeta Joel). Los textos añadidosdespués del exilio a los libros profetices de Daniel, Isaías, Ezequiel y Zacarías también dan importancia a la esperanza mesiánica en un tiempo de pazy riqueza para Israel. Daniel, por ejemplo, profetizó el advenimiento de los tiempos escatológicos para el año 164-163 a.C. (Dan 9), y se equivocó,naturalmente. Finalmente, el cristianismo reinterpretó lo esencial de la escatología del Antiguo Testamento y la empleó para desarrollar la crislologíaque elaboró basándose en la «muerte y resurrección» de Jesús de . Nazaret. 49 «En su angustia me buscarán (diciendo): Venid y volvamos a Yavé; Él nos curará.; Él hirió, Él nos vendará. Él nos dará la vida en dos días y altercero nos levantará y viviremos ante Él.» (Os 6,1-2). 50 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 2, p. 183. 26
  • 27. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaactuar de idéntica manera, ¡de otra forma serían absolutamente inútiles como mecanismos psicológicos decompensación! Durante la corta época en la que el rey Ezequías logró liberarse de los asirios, en Judá se emprendióuna reforma religiosa que pretendió acabar con los males tan repetidamente denunciados por los profetas;para fundamentar su intento reformador, Ezequías contó con la ayuda del profeta Isaías y buscó legitimidad,tal como ya vimos en un apartado anterior, en las leyes y textos de la fuente bíblica llamada sacerdotal,redactada para la ocasión y responsable de cambios doctrinales y teológicos fundamentales respecto a lastradiciones yahvista y elohísta anteriores. Unos setenta y cinco años después de la muerte de Ezequías, el nuevo monarca, Josías, quisotambién cambiar los malos hábitos de su sociedad mediante otra reforma religiosa y, tal como erapreceptivo e inevitable en esa época, tuvo que apoyarse sobre el prestigio y la opinión de otros profetas,que en este caso fueron Jeremías y su escriba, el también profeta Baruc, prolíficos autores de los escritosdeuteronómicos, tal como ya señalamos en su momento. Para poder proyectar su reinado hacia el futuro,Josías necesitaba recuperar el prestigio de Jerusalén como centro nacional de Judá y debía dotar a supueblo de una nueva ideología, de una nueva ley, susceptible de reforzar la cohesión nacional y deproscribir los abusos del pasado; ese talismán maravilloso se lo elaboró el profeta Jeremías al redactar elDeuteronomio, la nueva Ley que, con el fin de hacerla acatar por los hebreos, fue falsamente atribuida a lamano de Moisés/Yahveh y arteramente también se la hizo aparecer «casualmente» bajo los cimientos del 51Templo de Jerusalén. El redactor deuteronomista, que se opuso a partes fundamentales de la concepción religiosa quehabía defendido—según los intereses del rey Ezequías— el autor de los textos sacerdotales, fue herederode muchos aspectos del pensamiento de los primeros grandes profetas, pero también es cierto que fue undespiadado manipulador de las fuentes que pudieron haber recogido las supuestas prédicas atribuidas aesos personajes. Tal como apunta el profesor André Caquot, «la utilización de esta fuente, no obstante, nopuede hacerse sin una crítica previa, ya que el recensor deuteronomista de Reyes, actuando como si lohubieran hecho un Tucídides o un Livio, pone a menudo en boca de los profetas discursos compuestos porél mismo, que sirven de vehículo a las ideas que le son más queridas. Ignoramos, pues, cuál pudiera ser elmensaje de un Elías o un Eliseo, profetas de indudable renombre, pero cuyos oráculos no nos han sido 52transmitidos por ninguna recopilación». En los textos deuteronomistas es curioso observar hasta qué punto su autor y el escriba fueronincapaces de dejar al margen su oficio oracular y, tal como salta a la vista de cualquier lector, en esosescritos se hace del cumplimiento de los anuncios de Yahveh la sanción de la verdadera profecía. Elmecanismo es impecable: el anuncio consta escrito en el clásico lenguaje oracular y, a párrafo seguido, seda fe de haberse cumplido tiempo después, con lo que se concluye que la profecía había sido auténtica yprocedente de Dios. Lo único que desvirtúa ligeramente esta prueba de divinidad, sin embargo, es que enlas profecías que se han podido estudiar adecuadamente se ha demostrado que su redacción e inclusiónen los textos bíblicos correspondientes fue siempre posterior al momento en que ocurrieron realmente loshechos «anunciados por Yahveh» (recuérdese, por ejemplo, entre las profecías ya mencionadas, I Re11,31-39 o Dt 4,25-30). A pesar de lo dicho, no hay elementos suficientes para poner en duda la honestidad de Jeremías, yaque propuso la visión religiosa que él creía más ajustada a la verdadera tradición; pero también es ciertoque en su proceder queda bien retratada la forma en que los «profetas escritores» bíblicos recibían suinspiración de Yahveh. 51 Sirva como muestra de la gran habilidad del falsificador deuteronomista un solo ejemplo de los muchos posibles: el rey Josías necesitabaexacerbar el sentimiento nacionalista y la cohesión del pueblo y, para ello, entre los preceptos de la nueva Ley deuteronómica se introdujeron cambiosen la celebración de las fiestas religiosas que obligaban a celebrarlas, tal que congresos nacionalistas, centralizadas en Jerusalén; ¿pero cómojustificarlo si Jerusalén no significaba absolutamente nada cuando Moisés, el supuesto autor de la Ley deuteronómica, la recibió de Yahveh? Lasolución fue tan simple como ingeniosa: se hizo decir a Yahveh, en Dt 16,16: «Tres veces al año, todo varón de entre vosotros se presentará delantede Yavé, tu Dios, en el lugar que Él haya elegido»... y, claro está, en aquellos días ya todos conocían que, desde tiempos del rey David, Dios habíaelegido para esos menesteres a la ciudad de Jerusalén. Es una nueva muestra de astucia y del empleo del estilo bíblico más clásico para hacer cumplirlas promesas de Dios. 52 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 2, p. 166. 27
  • 28. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica El falsear profecías, de todos modos, fue una práctica que se extendió por todos los libros proféticos dela Biblia. Así, por ejemplo, dado que los oráculos de los profetas de la época de que venimos hablandoeran durísimos y no se perdían en diplomacias esperanzadoras para el futuro, los analistas modernos de laBiblia toman por añadidos posteriores al exilio todos los versículos esperanzadores que aparecen en elLibro de Amos, o las alusiones a la esperanza mesiánica del Libro de Isaías; y ello es muy razonable, yaque la mayoría de las promesas de restablecimiento del reino de Israel carecían absolutamente de sentidosalvo para un redactor que hubiese vivido durante y, especialmente, después del exilio. La época de exilio, que comenzó en el año 587 a.C., supuso un trauma psicológico tan terrible para loshebreos que determinó en gran medida su futuro y el de la religión judía que estaba a punto de nacer. Apesar de que comúnmente se habla de deportaciones masivas, la lectura de Jer 52,28-30 o de II Re 24,14-16 indica que sólo fue llevada a Babilonia una pequeña parte de la población —«cuatro mil seiscientasalmas», según Jeremías-— que, eso sí, constituía la élite social e intelectual de Jerusalén, y se dejó a lapoblación rural en sus territorios originales. La élite exiliada fue forzada a vivir en condiciones miserables yla sensación de paraíso perdido inflamó su sentimiento de pecado y de culpa y, en consecuencia, subúsqueda de perdón. La humillación del destierro les hizo replantearse la conciencia nacionalista y, bajo elpretexto de no corromperse al mezclarse con los babilonios, cerraron filas en espera de tiempos mejores,cosa que llevó a acentuar el legalismo de la religión israelita y el cumplimiento estricto de la Ley, base sobrela que acabará formándose una hierocracia o poder del clero que perdurará algunos siglos y dejará suhuella indeleble en los escritos sacerdotales de la Biblia. La intensa angustia que generaba la conciencia de haber pecado contra Yahveh se unía a la necesidadimperiosa de expiar las culpas mediante sacrificios cruentos, según mandaba la tradición; pero el dramapsicológico se volvió irresoluble puesto que no podían disponer ya del templo de Jerusalén para ir a expiarlos pecados de la nación. La adaptación, virtud humana que agudiza el ingenio y permite la supervivencia,empujó a los exiliados a buscar fórmulas sustitutorias que desembocaron en actividades cultuales centradasen torno a la oración y a la homilía, es decir, se comenzó a caminar hacia formas de culto de carizespiritualista. Del giro ideológico radical al que se ven obligados los hebreos del exilio da fe el Salmo 51 cuando, sinrubor alguno, expresa: «Líbrame de la sangre, Elohim, Dios de mi salvación, y cantará mi lengua tu justicia.Abre tú, Señor, mis labios, y cantará mi boca tus alabanzas. Porque no es sacrificio lo que tú quieres; si teofreciera un holocausto, no lo aceptarías. Mi sacrificio, ¡oh Dios!, es un espíritu contrito. Un corazón contritoy humillado, ¡oh Dios!, no lo desprecies. Sé benévolo en tu complacencia hacia Sión y edifica los muros deJerusalén. Entonces te agradarás de los sacrificios legales...» (Sal 51,16-21). Para el profesor André Caquot estos versículos evidencian que el salmista «espera de Dios que losalve, que lo "lave" y lo "purifique", según el simbolismo de los rituales de purificación, fundado en el podervivificante de las aguas. . Concluye suplicando a Dios la reconstrucción de Jerusalén, para poder celebrarde nuevo los sacrificios. Tales son las dos obsesiones fundamentales de los exiliados. La necesidad de serpurificados por la sangre vertida para la expiación es tan grande que el poeta confía en que Dios podráaceptar una víctima en sustitución sin esperar a la restauración de los sacrificios regulares, y la víctima quese propone no es otra que ese "espíritu contrito", ese "corazón contrito y humillado" que designan pormetonimia al salmista mismo, es decir, a la comunidad desgraciada en nombre de la cual habla. De estemodo comienza a elaborarse la creencia en la virtud redentora del sufrimiento, que tendrá una considerablerepercusión religiosa y permitirá sublimar poco a poco la concepción antigua de la expiación por medio delsacrificio animal». El diseño de la virtud redentora del sufrimiento, que será pilar del cristianismo, logrará su espaldarazodefinitivo en el llamado deutera-Isaías, eso es el texto que se atribuye a Isaías pero que fue escrito por elredactor deuteronomista dos siglos después. En el texto denominado Cantos del Siervo de Yahveh (Is42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13; 53,12) ya se presenta como aceptado por Yahveh el sacrificio expiatorio delos sufrimientos del Siervo (personificación de la comunidad exiliada y, por representación, del verdaderopueblo de Israel); de esta manera, la élite —sacerdotal— afirmaba asegurar la «salvación» de todo elpueblo, aunque éste no hubiese hecho nada para merecerlo, ya que «el Justo, mi Siervo, justificará amuchos» (Is 53,11) y será «puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes» (Is 42,6) ya que, alproducirse el inevitable fin del exilio, se demostrará ante el mundo el poder sin igual que emana de Yahveh.En este texto, absolutamente fundamental para el futuro nacimiento del cristianismo, se deja asentada paralos restos la posibilidad de ver en el «varón de dolores» (Is 53,3) el anuncio del papel de Mesías sufrienteque se haría encajar, a posteriori, con la historia de Jesús de Nazaret. 28
  • 29. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Tal como es fácil adivinar, las profecías que se escribieron durante el exilio, al contrario de lasfechadas en tiempos anteriores, son todas ellas de consolación. Así, en textos como Isaías, Joel, Zacaríaso Salmos, se coincide en presentar la promesa de una milagrosa intervención de Yahveh que destruirá atodos los pueblos paganos, especialmente a los babilonios. Por la misma razón, no es de extrañar laconfluencia de las esperanzas en el mesianismo real davídico con las intensas especulacionesescatológicas que surgen en medio de la pobreza a que obliga la vida del exilio. El texto de Zac 9,9-10, en 53el que se anuncia la llegada a Jerusalén de un «Rey... humilde, montado en un asno», habla bien a lasclaras de la esperanza que se albergaba en un inminente regreso a Judá, pero también de la condiciónpoco menos que patética en la que creían que se encontraría el mesías davídico tras las miserias impuestaspor el cautiverio babilónico. Un contemporáneo de Zacarías, el profeta Daniel, que, según la tradición, vivió en la corte del reyNabucodonosor, sin pasar estrecheces económicas, postuló también el mesianismo escatológico, pero lohizo a tono con el ambiente que respiraba, eso es sin sello ninguno de miseria. En el capítulo séptimo dellibro de Daniel se describe la futura victoria del pueblo hebreo sobre las demás naciones (que estánsimbolizadas mediante cuatro bestias monstruosas) de la mano de un «como hijo de hombre» (Dan 7,13). Pero lo que para Daniel fue un símbolo dentro de una visión, el «hijo de hombre», que pretendíadenotar a un personaje de porte real, acabaría por transformarse en una fundamental cuestión de fe cuandoempezó a identificarse a ese «hijo de hombre» con un personaje divino que vivía junto a Dios desde elprincipio de los tiempos y que será llamado a ocupar la presidencia en el día del Juicio Final. Más adelanteveremos cómo esa interpretación errónea y caprichosa de un símbolo onírico será empleada por losprimeros cristianos para ayudarse a fundamentar su diseño de la personalidad divina de Jesús de Nazaret. El profeta Ezequiel, que vivió deportado en Babilonia junto a la élite de Jerusalén, reflejó a laperfección el sentir de los judíos durante esos años. En su texto leemos que Dios anunció por su boca quela nación hebrea volvería a nacer gracias a un soplo de Yahveh (Ez 37,1-14); que el pueblo sería purificadogracias al retorno a la práctica de la Ley, eso es merced al establecimiento de «un pacto de paz que serápacto eterno» (Ez 37,26-28); que Israel y Judá volverían a unificarse de nuevo (Ez 3,15-28); que la dinastíadavídica sería restablecida mediante el Mesías denominado «mi siervo David» (Ez 34,23 y 37,24-25), etc.Tales profecías no pasaron de ser puros anhelos de un colectivo que se aferró a la esperanza para nosucumbir. Por otra parte, Ezequiel, como miembro de la clase sacerdotal que era, no se limitó a redactarmetáforas de futuro sino que, más pragmático, fortaleció todo aquello que pudiese facilitar el poder del clero(ritos, jerarquización, descanso semanal con sacrificios...) con vistas a disponer de un sistema de controlsocial que fuese capaz de reorganizar la nación he-brea cuando llegase la ocasión. Y la ocasión se dio, finalmente, en el año 520 a.C., cuando el rey persa Darío I —que necesitaba teneruna colonia agradecida en Palestina para usarla como una posible base útil que facilitara su intención deemprender la conquista de Egipto— ordenó el regreso a Judá de toda la élite hebrea que aún permanecíaen el exilio babilonio. La liberación se produjo sesenta y siete años después de la derrota de los judíos anteNabucodonosor y, la ocasión la pintan calva, no faltó tampoco el consabido sacerdote redactor que añadióal libro de Jeremías una profecía a posteriori en la que se anunciaban los pormenores de la invasión de losbabilonios, de las condiciones del exilio, que se mantendría durante setenta años, y de la llegada de los 54persas (Jer 25,8-14). De regreso a su tierra, los hebreos, en medio de una gran euforia y fervor religioso, dieron por llegado 55el momento de la recuperación de la gracia de Yahveh y del advenimiento definitivo del «reino de Dios». 53 «Alégrate sobremanera, hija de Jerusalén. He aquí que viene a ti tu Rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino hijode asna.» (Zac 9,9-10). La entrada en Jerusalén montado en un asno será reproducida por Jesús de Nazaret, sin duda alguna para dar a entender a losjudíos que él era el Mesías profetizado. 54 «... he aquí que convocaré todas las tribus del aquilón —oráculo de Yavé—, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los haré venircontra esta tierra, y contra sus habitantes, y contra todas las naciones que la rodean, y los destruiré y los convertiré en desolación, objeto de burla y enruinas eternas. Haré desaparecer de ellos los cantos de alegría, las voces de gozo. (...) Y toda esta tierra será ruina y desolación, y servirán las gentesestas al rey de Babilonia setenta años. Y al cabo de setenta años, yo pe-diré cuentas al rey de Babilonia y a la nación aquella —oráculo de Yavé— desus maldades, y a la tierra de los caldeos, y la convertiré en eterna desolación. Y haré venir sobre aquella tierra todo lo que está escrito en este libro, loque profetizó Jeremías contra todos los pueblos» (Jer 25,8-13). Por el contenido, el tono y el contexto es obvio que esta profecía fue añadida al textooriginal de Jeremías después del exilio, una vez ocurridos ya los hechos. Resulta curioso, además, que, en el último párrafo, Yahveh no reconozcacomo suyas sino de Jeremías las otras profecías que hay «en este libro-. ¿Querría Dios curarse en salud, quizás? ¿O es que Yahveh se habíaconvertido en el relaciones públicas del profeta Jeremías? 55 De hecho, tan importante era el tener la confianza de que la gracia de Yahveh podía recuperarse que, al reescribir, pasado el exilio, el textodel discurso de Salomón pronunciado durante la inauguración del Templo de Jerusalén, se puso en boca del rey el ruego y la profecía siguientes: 29
  • 30. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaEl profeta Zacarías incluso puso el sello mesiánico a Zorobabel, el rey de la casa davídica que Darío I 56impuso como gobernador de Judá, aunque también es cierto que repartió el papel mesiánico con el sumosacerdote (Zac 4,11-14) debido a la tremenda importancia que adquirió el clero durante el exilio; de hecho,desde esos días se comenzó a hablar de un mesianismo sacerdotal que acompañaba al mesianismo realdavídico y, en ocasiones, le sustituía. Sin embargo, a pesar de las promesas oraculares de Yahveh a los profetas Zacarías y Ageo, ni conZorobabel ni con sus sucesores llegó ningún «reino de Dios» y eso enfrió bastante la componentenacionalista radical típica de la religión hebrea; aunque, quizá como una muestra del futuro celestial quecabía esperar, durante los dos siglos que permanecieron bajo la dominación del imperio aqueménida(persas) se consagró al clero como la máxima autoridad del país. El siglo siguiente, eso es el V a.C., ya no sería tiempo de profetas sino de escribas, legisladores ysabios, es decir, de los burócratas que diseñarán el judaismo. Ello no obstante, aún aparecieron profetascomo Malaquías que alzaron su voz... aunque ahora lo hicieran contra los mismísimos sacerdotes, que eranquienes detentaban el poder. Así, por ejemplo, Malaquías anunció de nuevo el «día de Yahveh», pero él, adiferencia de sus antecesores Amós o Sofonías, vio en ese escatológico día la ocasión para depurar elsacerdocio, para restablecer la alianza entre Dios y el clero (Mal 2,4) y para «purgar a los hijos de Leví»(Mal 3,3). El profeta Malaquías, de hecho, fue el primero que clamó en favor del advenimiento de un Mesíassacerdotal, y su demanda no estaba exenta de fundamento si tenemos presente que, debido al poderclerical nacido del exilio, el sumo sacerdote de Jerusalén era un cargo hereditario y eso, como en el caso dela realeza, no garantizaba en absoluto el acceso de los mejores al cargo; antes al contrario, ya que sileemos las Antigüedades judaicas, del historiador judío Flavio Josefo, veremos perfectamente que losaltos sacerdotes de esa época sobresalían más por su ignorancia y maldad que por sus virtudes, razón porla cual, dentro de la religión hebrea, empezaron a adquirir una importancia capital los escribas y losdoctores de la Ley. Podríamos seguir explorando del mismo modo que hemos venido haciendo hasta aquí el resto de loslibros del Antiguo Testamento —ya de muchísima menor importancia que los vistos— y explayarnos, porejemplo, en los paralelismos evidentes y sospechosos que presenta el libro de los Proverbios con lasliteraturas sapienciales de Egipto y Mesopotamia, la influencia del poema mesopotámico de Gilgamesh y dela filosofía griega —de las escuelas cínica y epicúrea—, en el Eclesiastés, etc., pero las nuevas evidenciasno harían más que confirmar los trazos fundamentales ya mostrados y, a lo sumo, lograrían volverdemasiado farragoso un libro que sólo pretende ser una reflexión básica. En este punto de la historia —y eso es lo notable a retener para el resto de este trabajo—, la labor dearquitectura doctrinal de un puñado de pensadores religiosos —los profetas y los redactores de lostextos bíblicos sacerdotales y deuteronómicos— ya había plantado definitivamente unos cimientos quetendrían una doble función: debajo de ellos se enterraría el yahvismo y, con él, al dios que adoraron loshebreos desde la época de los patriarcas; por encima se construirá el modelo de dios y de teología que daránacimiento al judaísmo y a su hijo involuntario, el cristianismo. Refiriéndose al lumen propheticum, en la introducción general a la traducción de la Biblia de Nácar yColunga podemos leer que «no ha querido Dios revelarse inmediatamente a todos y cada uno de loshombres, sino a algunos solamente, que, como intermediarios entre Dios y el resto de los humanos,recibiesen de Él las divinas enseñanzas y en su nombre y con su divina autoridad las transmitiesen a losdemás. Por eso han sido llamados profetas o intérpretes de Dios, y en su nombre y con su divina autoridadtransmiten las verdades sobrenaturales que sobrenaturalmente les dio Dios a conocer. Por haber sidohecha de este modo se llama también la divina revelación doctrina profética, principalmente la del AntiguoTestamento, pues la del Nuevo nos ha sido hecha directa e inmediatamente por el mismo Verbo de Dios 57encarnado».«Cuando tu pueblo, Israel, cayere ante sus enemigos por haber pecado contra ti y, vueltos a ti, confiesen tu nombre y oren, y te rueguen, y tesupliquen en esta casa, óyelos tú en los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo, Israel, y restitúyelos a la tierra que diste a sus padres.» (I Re 8,33-34 56 «He aquí que yo hago venir a mi siervo Germen», dirá Yahveh a través del oportunista oráculo de Zacarías (Zac 3,8); el nombre Zorobabelsignificaba "germen de Babilonia". 57 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op. cit., p. 2. 30
  • 31. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Tan altísimas palabras, con las que la Iglesia católica defiende y legitima a los profetas, chocan, sinembargo, con la evidencia histórica y literaria de que los nabi o profetas no fueron más que hombres de sutiempo, aunque algunos de ellos, eso sí, dotados de un valor e inteligencia indiscutibles —así como de unfundamentalismo religioso que quizás hoy sería tachado de «fanatismo peligroso», ya que así califica laIglesia a muchos que sostienen lo mismo que los profetas defendieron en su día—; fueron hombrespreocupados por la sociedad que les tocó vivir y, por ello, intentaron mejorarla aportando sus propias ideas 58bajo el patrocinio de aquello que sabían tenía fuerza entre su gente: el nombre de Yahveh. Pero resulta obvio que Dios no estuvo más cerca de los profetas de lo que lo está de la humanidadactual. Sin que ello les reste mérito ninguno a los nabi; al fin y al cabo, Albert Einstein publicó sufundamental Teoría general de la relatividad cuando no era más que un simple funcionario civil de 26años... y agnóstico. HECHOS NOTABLES DE LA HISTORIA DE ISRAEL Y ÉPOCA DE REDACCIÓN DE LOS TEXTOS MÁS IMPORTANTES DEL ANTIGUO TESTAMENTO Época (a.C.) Hechos y personajes notables de la Textos del Antiguo historia hebrea Testamentoc. 1728-1686 Salida de Abraham de Ur (Caldea).c. 1500 Instalación de los hebreos en Palestina.c. siglo XVI Emigración a Egipto con Jacob (inicio época de esclavitud).c. siglo XIII Éxodo de Egipto guiado por Moisés.c. siglo XIII Unión de las doce tribus de Israel.c. siglo XII Inicio de hostilidades con los pueblos delmar (filisteos, etc.).c. 1150 (inicio época de Época de los jueces (Débora, Gedeón, Sansón, Partes básicas de Moisés ylos Jueces) etc.). Josué. 58 De alguna manera ocurría algo similar a lo que hacemos hoy con la «ciencia». Cualquiera que desee convencer a un auditorio de que susargumentos son irrefutables, habla hoy «en nombre de la ciencia». La ciencia es el dios de nuestro tiempo, pero muchos de sus profetas suelen ignorara menudo que ésta, como Yahveh, va cambiando con el paso del tiempo. La realidad es puro relativismo y eso genera mucha inseguridad, por eso haytantos que intentan protegerse de su ignorancia y fragilidad invocando lo que consideran una Verdad inmutable: Dios o la ciencia, que tanto dacuando se usan sus nombres en vano y con vanidad. 31
  • 32. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicac. 1050 Los filisteos se apoderan del Arca y destruyen Sión.c. 1050-1020 Juez Samuel.c.1020 (inicio época de Rey Saúl (1020-1 010). Inicio de un periodo delos Reyes) libertad para Israel.1010-970 Rey David. Época de máxima expansión de Samuel, Rut, primeros Salmos, Israel. Jerusalén deviene la capital. Josué y Jueces.970-930 Rey Salomón. Construcción del primer templo Recopilación de las antiguas de Jerusalén. tradiciones yahvista y elohísta en Génesis, Éxodo, Levítico y Números.930-910 Disturbios en Israel y reinado de Jeroboam I. En Judá reina Roboam.922 Escisión de los reinos de Israel y Judá. Época (a-C.) Hechos y personajes notables de la Textos del Antiguo historia hebrea Testamento852-841 Joram reina en Israel. Los profetas Elías y Eliseo dirigen un levantamiento contra Joram e incitan a Jehú a asesinarle.782-751 Reinado de Jeroboam II en Israel y Azarías en Judá. Profetas Amós, Isaías y Miqueas en Judá y Oseas en Israel y Judá.721 El asirio Sargón II devasta Israel y deporta a sus habitantes.715-696 Reinado de Ezequías en Judá. Profetas Isaías y Redacción de la fuente Miqueas. Reforma religiosa. sacerdotal (en Gen, Ex, Lev y Núm).696-641 Reinado de Manases. Reacción contra el profeta Isaías.639-609 Josías rey de Judá. Profetas Sofonías, Deuteronom/o(1.aed.), Josué, I y Habacuc, Jeremías y Baruc. Reforma religiosa II Jueces, I y II Reyes y (621). Jeremías.597 Toma de Jerusalén por Nabucodonosor y primeras deportaciones de hebreos.587 Segunda toma de Jerusalén. Fin del reino de Deuteronomio(2.ª ed.)< Judá e inicio de la época de exilio en Babilonia Jeremías, deutero-lsaías, y Egipto. Profetas Ezequiel y Daniel. Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y y Salmos.539 Ciro II ordena repatriar objetos sagrados a Jerusalén y permite la construcción del segundo Templo (538-515). Darío I pone fin al exilio (520). Profetas Joel, Ageo, Zacarías y Malaquías. 32
  • 33. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Época (a.C.) Hechos y personajes notables de la Textos del Antiguo historia hebrea Testamento448-400 Esdras llega a Jerusalén para recomponer la Esdras, Nehemías, Rut, Cantar Ley. Fundación del judaismo. Nehemías, de los cantares. Unión de las 4 sátrapa de Judá, emprende reformas en fuentes bíblicas (yahvista, Jerusalén y reconstruye su Templo (445). elohísta, sacerdotal y deuteronómica) para componer el Pentateuco judeocristiano actual.350 Judea se convierte en estado autónomo.336-325 Alejandro Magno se apodera de Judea. Esdras, Nehemías, Proverbios, Crónicas, Job, Joel y Ester.320 La dinastía ptolemaica (Egipto) se hace cargo Salmos y Eclesiastés. del gobierno de Judea. Proceso de helenización Traducción del hebreo al griego de Judea. de Biblia, «B. de los Setenta» (c. 287-246).167 Antíoco IV prohibe la observancia de la Ley Salmos, Daniel, Macabeos y mosaica. La rebelión de la familia sacerdotal de Judit. los Macabeos (166-164) la restablece y da paso a un estado judío relativamente independiente.63 Pompeyo asienta el poder romano de Sabiduría. Jerusalén. © Pepe Rodríguez 33
  • 34. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 2 Dios, en su infinita inmutabilidad, cambió radicalmente su «Revelación» y dio el Nuevo Testamento La palabra latina testamentum significa alianza y en la Biblia, como ya hemos visto, son frecuenteslos contratos de alianza entre Dios y los hombres. La fuente yahvista da fe de la alianza entre Dios yAbraham; tanto esta fuente como la elohísta certifican el fundamental pacto de alianza que hace Dios conel pueblo israelita a través de Moisés, en el monte Sinaí. El escritor del deuteronomista amplió la alianzamosaica añadiendo una serie de leyes que supuestamente recibió Moisés de Dios en las llanuras de Moab yrelató nuevas alianzas fundamentales para el futuro, como la que estableció Dios con David y sudescendencia... Parece evidente, pues, que Yahveh, el dios todopoderoso de la Biblia, mostró de modoclaro e indiscutible su interés por mantener una alianza ¡exclusiva! con un pueblo, el hebreo, que constituíala nación más insignificante de todo el Oriente Próximo de aquel tiempo. Pero el Dios inmutable de la Biblia acabó traicionándose a sí mismo y a su pueblo elegido y varió sutestamentum de tal forma que ya ningún hebreo lo ha vuelto a reconocer jamás. Su Ley, bien concreta enlos escritos mosaicos, tomará derroteros muy diferentes y sorprendentes desde el momento en que fueinspirada a los cristianos; y su alianza exclusiva con los hebreos se rompió unilateralmente para tomar,también bajo su protección a todas aquellas naciones gentiles a las que había estado condenando yfulminando con saña en el Antiguo Testamento. O la eternidad empezaba a hacer estragos en la memoriay la voluntad del buen Dios, o algo estaba sucediendo entre los hombres que seguían hablando en sunombre. Averiguar la respuesta exacta a este dilema nos llevará el resto de este libro. La traducción de las Sagradas Escrituras realizada por el hebraísta salmantino Eloíno Nácar, quecuenta con introducciones y anotaciones del padre Alberto Colunga —de la Orden de Predicadores— 59introduce el Nuevo Testamento con los párrafos que transcribimos a continuación: Epístola a los Hebreos comienza dándonos en breves y lapidarias palabras la diferencia entre el «LaAntiguo y el Nuevo Testamento: "Habiendo Dios hablado a nuestros padres en diversas maneras ymuchas veces por medio de los profetas, al fin, en nuestros días, nos habló por su Hijo, a quien constituyóheredero de todas las cosas, por quien hizo el mundo; el cual, siendo el esplendor de su gloria e imagen desu esencia y quien con el poder de su palabra sostiene todas las cosas, realizada la purificación de lospecados, está sentado a la diestra de Dios en las alturas" (Heb 1,1-3). »En el Antiguo Testamento, Dios se sirvió de los profetas para instruir a su pueblo. Abraham, Moisés,David, Elías, Isaías, etc., reciben las comunicaciones divinas, y cada uno en su forma se las va enseñandoal pueblo, a fin de que le sirvan de norma en la vida que el Señor le tiene trazada hacia Cristo, objeto 60supremo de sus esperanzas. Todos éstos son, usando una palabra de San Pablo, como "ayos" que llevande la mano a Israel hasta conducirle al Maestro supremo, de quien recibirán la plenitud de la revelación(Gal 3,24). A Él, Unigénito del Padre, esplendor de su gloria e imagen de su esencia, por quien hizo todaslas cosas, le estaba reservada la obra de la restauración de las mismas, destruyendo el pecado y la muertey volviendo las cosas a aquel estado en que al principio habían sido creadas, hasta entregar después alPadre los poderes recibidos y hacer que sea Dios todo en todas las cosas (/ Cor 15,28). »Así, el Nuevo Testamento es la plenitud, el cumplimiento del Antiguo, como éste fue la preparaciónde aquél. Mas la preparación para la realización de misterios tan sublimes debía por necesidad ser larga ytrabajosa, ni podía limitarse a un solo pueblo; debía extenderse a todos, que no se trataba de la salud deIsrael, sino la del género humano. Y para esta preparación era ante todo preciso que el hombre, caído en elpecado por la soberbia, se convenciese por propia experiencia de su incapacidad para levantarse de supostración, para alcanzar la verdad y la vida, para lograr aquella perfección y dicha a que aspiraba cuando59 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op.cit., p. 114160 Persona que cuida de los niños en una casa. 34
  • 35. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadeseó ser como Dios (Gén 3,5). San Pablo llama a estos tiempos siglos de ignorancia, en los cuales Dios,Padre providente, no dejó de acudir a sus hijos para que siquiera a tientas le buscasen y se dispusiesen arecibir a aquel por quien tendrían la resurrección y la otra vida (Jn 11,25). De esta preparación correspondea Israel la parte principal, y por ello fue de Dios escogido como pueblo peculiar suyo, dándole la Ley y lasPromesas; pero también tocaba su parte a los demás pueblos de la tierra; llamados asimismo a gozar de lasgracias del Mesías, pues que también son ellos criaturas de Dios (Ex 19,5).» Tras esta parrafada, que se guarece bajo la ampulosidad de la jerga teológica para disimular suvacuidad real, cualquier creyente debería darse cuenta de que se ha dado un salto en el vacío de tamañointergaláctico. Los profetas, antes «intermediarios entre Dios y el resto de los humanos», ahora, porvoluntad de un neoconverso fanático llamado Saulo de Tarso, no son más que ayos, canguros; Dios, asabiendas, ocultó a su pueblo elegido la futura llegada de su Hijo, el Salvador, les obligó a odiar a lasnaciones vecinas conociendo que su Hijo predicaría justo lo contrarío, les dio una imagen de su persona yatribuciones divinas que ahora modificará en su nuevo testamentum, les coaccionó a cumplir leyes yrituales que su Hijo derogará por inútiles, les hará seguir a sacerdotes que en los nuevos tiemposaparecerán como falsos —si no herejes—, extenderá su manto protector a toda la humanidad —¿por quéno lo hizo antes? ¿No eran aún criaturas de Dios los demás pueblos de la tierra cuando él los proscribió desu «alianza eterna»?—, causando grave quebranto a su pueblo hebreo... Si el Dios del AntiguoTestamento es el mismo Dios que inspiró el Nuevo, resulta obvio también que alguien, en una época uotra, ha mentido con desafuero. Aunque también es posible que los cristianos tengan dos dioses distintos y no quieran darse cuenta deello. El dios del Antiguo Testamento es caprichoso, vengador —a menudo sediento de sangre, ya sea delos suyos o de sus enemigos—, justiciero y obliga al creyente a mantenerse bajo «el temor de Dios»; el delNuevo, por el contrario, es amor, es un padre afectuoso que llama al creyente a la comunión con él. Dado que no es de recibo presentar a Dios con dos personalidades tan opuestas —aunque todo cabeen su infinitud—, la Iglesia se ha visto forzada a navegar entre dos planteos teológicos enfrentados y nuncaresueltos: el que considera el Antiguo Testamento como una doctrina constante e inmutable —que giraalrededor de un Dios violento, severo, moralizante y obsesionado por el fiel cumplimiento de su Ley— cosaque obliga a considerar la muerte de Jesús como una más de sus típicas exigencias sacrificiales cruentas; yel que no ve en el Antiguo Testamento ninguna doctrina acerca de Dios y lo interpreta como meros relatoshebreos acerca de la intervención divina en su historia, argucia que deja abierta la posibilidad de que Diospueda volver a intervenir en el devenir histórico de una forma más humanitaria y permite ver la crucifixión deJesús como «la entrega amorosa del Hijo por parte del Padre». En cualquier caso, resulta escandaloso quela autodenominada «religión verdadera» se contradiga hasta en sus versiones del «Dios único yverdadero». En fin, veamos a continuación el contexto en el que se produjo la inspiración divina del nuevotestamentum, justificado en la figura de Jesús de Nazaret y, al tiempo, base y origen del cristianismo engeneral y de la Iglesia católica en particular. La mayor parte del Nuevo Testamento no fue escrita por apóstoles sino por recopiladores que no conocieron a Jesús Es bien sabido por todos que los testigos privilegiados de la vida pública de Jesús fueron los apóstoles,hombres que, según lo refiere Marcos, fueron seleccionados por el Mesías de la siguiente forma: «Subió aun monte, y llamando a los que quiso [de sus discípulos], vinieron a El, y designó a doce para que leacompañaran y para enviarlos a predicar, con poder de expulsar a los demonios. Designó, pues, a los doce:a Simón, a quien puso por nombre Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, hermano de Santiago, aquienes dio el nombre de Boanergés, esto es, hijos del trueno; a Andrés y Felipe, a Bartolomé y Mateo, a 35
  • 36. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaTomás y Santiago el de Alfeo, a Tadeo y Simón el Celador, y Judas Iscariote, el que le entregó» (Mc 3, 13- 6119). Los apóstoles, todos ellos judíos, como el propio Jesús, vivieron tiempos difíciles y maravillosos cuandose vieron llamados a colaborar personalmente con el proyecto salvífico que el mismísimo Dios le habíaasignado a su hijo Jesús. Debieron ser grandes personas, pero de lo que no cabe duda alguna es de quemostraron un escasísimo interés —o más bien negligencia grave— en velar por que su valioso eirrepetible testimonio quedara plasmado sobre documentos que recordaran por siempre al mundo aquelloque fue y ya no volverá a ser hasta el fin de los tiempos. No olvidemos que en el entorno geográfico donde sucedieron esos hechos el ser humano ya habíadescubierto la escritura hacía más de tres mil años. Pero de la propia mano de los apóstoles apenas salióuna mota de polvo frente al casi infinito huracán de escritos que acabaría levantando el caso de Jesús, elMesías de los judíos. Resulta insólito. Casi tanto como el hecho de que un hombre tan consciente de sumisión, como parece haberlo sido Jesús, no dejara escrita ni una sola línea; aunque esto último podríaresultar plausible si consideramos que su vida pública se redujo a un período de apenas dos años en el que, 62por lo que parece, debió llevar una actividad febril. Lo primero que llama la atención cuando nos acercamos al Nuevo Testamento resulta lo tardíos queson sus textos —no se empezaron a componer hasta el último cuarto del siglo I d.C. y primero del II d.C.(con excepción de las epístolas de Pablo, datadas entre el 51 y 67 d.C.)— y lo incomprensible y absurdoque parece el hecho de que quienes sí tenían mucho que atestiguar no escribieron nada o casi nada y, porel contrario, quienes no pudieron conocer nada directamente escribieron la inmensa mayoría del canonneotestamentario. Es tan ilógico como si una docena de historiadores o periodistas (que propagadorescomo ellos eran los apóstoles o enviados), presentes en el momento de producirse el mayor prodigio de lahistoria humana, hubiesen enmudecido totalmente y el hecho no se hubiese plasmado documentalmente nidado a conocer hasta cuarenta años después y sólo gracias a los escritos deslavazados de un par deayudantes de dos de esos supuestos testigos privilegiados. Veamos: El Evangelio de Marcos es el documento más antiguo sobre la vida de Jesús de cuantos se dispone,pero Marcos ni fue discípulo de Jesús ni le conoció directamente sino a través de lo que, tras la crucifixión,le oyó relatar públicamente a Pedro. El Evangelio de Lucas y los Hechos, del mismo autor, son losdocumentos fundamentales para conocer el origen y desarrollo de la Iglesia primitiva, pero resulta queLucas, que tampoco fue apóstol, también escribe de oídas, componiendo sus textos a partir de pasajes queplagia de documentos anteriores, de diversas procedencias, y de lo que le escucha a Pablo, que no sólo nofue discípulo de Jesús sino que fue un fanático y encarnizado perseguidor del cristianismo hasta el año 37d.C. (un año después de la crucifixión de Jesús). Mateo sí fue apóstol, pero una parte de su Evangelio lo tomó de documentos previos que habían sidoelaborados por Marcos (no apóstol). Queda Juan Zebedeo, claro, que ése sí fue apóstol... pero resulta queel Evangelio de Juan y Apocalipsis no son obra de éste sino de otro Juan; fueron escritos por un tal Juanel Anciano, un griego cristiano que se basó en textos hebreos y esenios y en los recuerdos que obtuvo deJuan el Sacerdote, identificado como «el discípulo querido» -de Jesús (que no es Juan Zebedeo), unsacerdote judío muy amigo de Jesús que se retiró a vivir a Éfeso, donde murió a edad muy avanzada. La sustancial aportación doctrinal de las Epístolas de Pablo resulta que proviene de otro no testigoque, además, acabó imponiendo unas doctrinas que eran totalmente ajenas al mensaje original de Jesús.Pedro, el jefe de los discípulos y «piedra» sobre la que se edificó la Iglesia, no escribió más que dosEpístolas de puro trámite —la segunda de las cuales es pseudoepigráfica, eso es redactada por otro— queno representan más que un 2% de todos los textos neotestamentarios. Santiago, hermano de Jesús yprimer responsable de la Iglesia primitiva y, por ello, un testigo inmejorable, apenas aportó otro 1 % alNuevo Testamento con su Epístola (también de dudosa autenticidad).61 A esta traducción de Nácar-Colunga cabría puntualizar que Bonaergés significa los «tempestuosos» («hijos del viento borrascoso», en , traducciónliteral del arameo) y que la personalidad de Simón no se comprende en su justa dimensión si se traduce el arameo Qana —«el Cana- neo»— por«Celador» en lugar de hacerlo por celota, eso es miembro del partido patriótico y extremista de los celotes (o zelotes).62 El teólogo católico Raimon Panikkar apunta otra posibilidad, menos plausible, pero mucho más bella, cuando dice que «el cristianismo no es unareligión del libro, sino de la Palabra, de la Palabra viva, del Logos encarnado que tuvo la ironía de no dejarnos apenas rastro de sus alocuciones paraque no cayéramos en la tentación de identificarlo con las frases más o menos brillantes que hubiera podido decir». C/r. Panikkar, R. (1993). Elconflicto de eclesiologías: hacia un concilio de Jerusalén II. Tiempo de Hablar (56-57), p. 34. 36
  • 37. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Por paradójico que parezca, es obvio que entre los redactores neotestamentarios prevaleció una normabien extraña: cuanto más cercanos a Jesús se encontraban, menos escritos suyos se aportaron al canon yviceversa. Francamente absurdo y sospechoso. En fin, para ser breves, resulta que la inmensa mayor parte del testimonio en favor de Jesús, eso es el 6379% del Nuevo Testamento, procede de santos varones que jamás conocieron directamente a Jesús nilos hechos y dichos que certifican. Tamaña barbaridad intentó ser apuntalada al declarar «inspirados»todos los textos del canon neotestamentario, pero entonces, dadas las infinitas contradicciones que se danentre los propios Evangelios y sus inexactitudes históricas injustificables, se hizo quedar como un auténticoignorante al mismísimo espíritu de Dios. ¡Menudo problema! Las incoherencias tremendas que puede apreciar cualquiera que compare entre silos cuatro evangelioscanónicos, resultan tanto más chocantes y graves si tenemos en cuenta que estos textos fueronseleccionados como los mejores de entre un conjunto de alrededor de sesenta evangelios diferentes. Los 64textos no escogidos fueron rechazados por apócrifos por la Iglesia y condenados al olvido. Buena parte delos apócrifos eran más antiguos que los textos canónicos y entre los rechazados había escritos atribuidos aapóstoles y figuras tan importantes como Tomás, Pedro, Andrés, Tadeo, Bartolomé, Pablo, Matatías, 65Nicodemo, Santiago... y textos tan influyentes en su época como el Evangelio de los Doce Apóstoles. Los cuatro evangelios canónicos citan a menudo textos que son originales de algún apócrifo y losprimeros padres de la Iglesia, como Santiago, san Clemente Romano, san Bernabé o san Pablo, incluyeronen sus escritos supuestos dichos de Jesús procedentes de apócrifos. De hecho, los primeros apologistascristianos no conocieron —o despreciaron— los textos canónicos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, yhasta san Justino (c. 100-165 d.C.) no encontramos en ellos más que citas basadas en evangeliosapócrifos. La selección de los evangelios canónicos se realizó en el concilio de Nicea (325) y fue ratificada en elde Laodicea (363). El modus operandi para, distinguir a los textos verdaderos de los falsos fue, según latradición, el de la «elección milagrosa». Así, se han conservado cuatro versiones para justificar lapreferencia por los cuatro libros canónicos: 1) después de que los obispos rezaran mucho, los cuatrostextos volaron por sí solos hasta posarse sobre un altar; 2) se colocaron todos los evangelios encompetición sobre el altar y los apócrifos cayeron al suelo mientras que los canónicos no se movieron; 3)elegidos los cuatro se pusieron sobre el altar y se conminó a Dios a que si había una sola palabra falsa enellos cayesen al suelo, cosa que no sucedió con ninguno; y 4) penetró en el recinto de Nicea el EspírituSanto, en forma de paloma, y posándose en el hombro de cada obispo les susurró qué evangelios eran losauténticos y cuáles los apócrifos (esta tradición evidenciaría, además, que una parte notable de los obispospresentes en el concilio eran sordos o muy descreídos, puesto que hubo una gran oposición a la elección —por votación mayoritaria que no unánime— de los cuatro textos canónicos actuales). San Ireneo (c. 130-200) aportó también un sólido razonamiento para justificar la selección de los libroscanónicos cuando escribió que «el Evangelio es la columna de la Iglesia, la Iglesia está extendida por todoel mundo, el mundo tiene cuatro regiones, y conviene, por tanto, que haya también cuatro Evangelios. (...)El Evangelio es el soplo o relato divino de la vida para los hombres, y pues hay cuatro vientos cardinales, deahí la necesidad de cuatro Evangelios. (...) El Verbo creador del universo reina y brilla sobre los querubines, 66los querubines tienen cuatro formas, y he aquí que el Verbo nos ha obsequiado con cuatro Evangelios».63 De modo aproximado, el Evangelio de Mateo representa un 14% del total de los textos del Nuevo Testamento, el de Marcos un 7%, los escritos deLucas un 23% —un 13% el Evangelio y un 10% Hechos—, los de Juan un 20% —un 10% el Evangelio, un 8% Apocalipsis y un 2% las Epístolas?—y los textos de Pablo un 29%. 64 En un primer momento, por apócrifo se entendía un texto oculto, para uso privado y exclusivo de una secta religiosa judeocristianadeterminada; pero con las primeras luchas para lograr el control de la ortodoxia cristiana, el concepto de apócrifo pasó a designar, primero, a escritosde autenticidad dudosa y, finalmente, a textos nada recomendables o sospechosos de ser heréticos. 65 Los interesados en profundizar en los textos apócrifos pueden acceder hoy día a diversidad de traducciones y colecciones publicadas. Una delas fuentes de consulta de este autor ha sido Kaydeda, J. M. (1986). Los Apócrifos Jeshúa y otros Libros Prohibidos. Madrid: Rea. Este libro —muyvoluminoso y bellamente ilustrado— de mi buen amigo Kaydeda, al margen de ofrecer un estudio crítico y riguroso acerca de algunos aspectosbásicos del cristianismo, contiene la traducción completa de unos cuarenta textos apócrifos que ponen un contrapunto muy interesante a los librosneotestamentarios canónicos. 66 Tamaña ciencia se apoyó en el texto del Apocalipsis que dice: «Después de esto vi cuatro ángeles que estaban de pie sobre los cuatro ángulosde la tierra, y retenían los cuatro vientos de ella para que no soplase viento alguno sobre la tierra...» (Ap 7,1); a pesar de que tal información procedíade la inspiración de Dios, no es más que un claro reflejo de la ignorancia de los humanos de esos días. Hoy, que sabemos que la tierra es redonda yque no tiene los cuatro ángulos que se le adjudicaba al imaginarla plana, ¿cuántos evangelios debería obsequiarnos el Verbo para ponerse al día con elmundo actual? 37
  • 38. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Uno de los muchos absurdos que heredamos a partir de ese episodio de selección de textosinspirados es de aúpa: dado que la autenticidad de los evangelios canónicos no estaba unánimementereconocida por los obispos cristianos, hasta el punto de que tuvo que ser impuesta por la autoridad — deuna votación mayoritaria en un concilio — de la Iglesia, ¿qué autoridad puede tener una Iglesia que hoy dicebasar su autoridad en unos evangelios dudosos que ella misma tuvo que avalar cuando ni ella ni los textosgozaban aún de autoridad alguna? Quiénes fueron en realidad los cuatro evangelistas y cuándo y cómo compusieron sus textos inspirados Casi la mitad de los textos que conforman el Nuevo Testamento (el 44%) corresponden a los cuatroEvangelios canónicos — Mateo, Marcos, Lucas y Juan — que, básicamente, se ocupan de narrar labiografía, hechos y dichos de Jesús. Las contradicciones que existen entre ellos, incluso para reseñaralgunos aspectos fundamentales de la vida de Jesús o de sus enseñanzas, llegan a ser tan notables,profundas y evidentes que sus traductores católicos no pueden menos que culpar a la «tradición oral» de«las diferencias muy frecuentes que se notan, sea en las modificaciones del plan general, sea en laagrupación de los sucesos o discursos, sea, finalmente, en el modo de componer la narración de cadarelato. Mas por encima de todo esto se cierne la inteligencia de los autores sagrados, a quienes el EspírituSanto inspiraba y guiaba en la ejecución de su obra, conforme a las miras especiales de cada uno yguardando su propio temperamento psicológico. De aquí resulta una variedad notable junto a una más que 67notable unidad, de cuya armonía proviene la admirable belleza de los evangelios». Sin cuestionar la belleza de los evangelios, que es obvia para cualquier lector culto, ya sea éstecreyente o ateo, católico o budista, no puede menos que señalarse como una majadería monumental elpretender atribuir al «temperamento psicológico» de los evangelistas el que, como veremos en su momento,éstos aporten visiones totalmente dispares acerca de cuestiones tan fundamentales como son la virginidado no de María, los aspectos clave del nacimiento de Jesús, la consustancialidad o no de Jesús con Dios, laresurrección física o no de Jesús, el entorno de sus apariciones y la posibilidad o no de su ascensiónsubsiguiente y un largo etcétera. Antes de empezar a ocuparnos del contenido de los textos evangélicos, será necesario averiguaralguna cosa acerca de sus autores y del momento en que fueron redactados, y eso es lo que, de forma muybreve, nos proponemos hacer en las siguientes líneas. El Evangelio de Mateo encabeza el canon del Nuevo Testamento católico y desde principios delsiglo II se tiene a este apóstol por su autor. Leví, hijo de Alfeo, era un judío que trabajaba como recaudadorde impuestos para el gobierno y al convertirse en enviado o apóstol pasó a llamarse Mateo. Es muyprobable que fuese hermano de Santiago «el de Alfeo», también apóstol. La Iglesia católica defiende que lacomposición del texto tuvo lugar en la década del 50 al 60 d.C. o, como máximo, en una fecha cercana al 68año 70 d.C., pero la mayoría de expertos independientes sitúan su escritura hacia el 75-80 d.C. En el textoaparecen algunos datos que son de fecha relativamente tardía, tales como las referencias a la destrucciónde Jerusalén en el año 70 d.C., al papel de la Iglesia y de la disciplina eclesiástica y al retraso del Segundo 69Advenimiento y a los testimonios de persecución de las autoridades romanas. De acuerdo a las fuentes tradicionales, las actividades proselitistas de los apóstoles se desarrollarondurante el reinado del emperador Claudio (41-54 d.C.) y desde su inicio los misioneros iban provistos de dosbreves documentos, redactados en hebreo, que se atribuyen a Mateo. Uno consistía en una recopilación de 67 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op. cit., p. 1150.68 Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op. cit., p. 1151.69 Cfr. Mt 24, denominado «el Pequeño Apocalipsis» (y Mc 13 incide en lo mismo). Esta preocupación por el retraso del Segundo Advenimientocomenzó a inquietar muy seriamente a los cristianos a partir de la caída de Jerusalén en el año 70 d.C.; este y otros datos sugieren que la famosaprofecía de la destrucción de Jerusalén (Cfr. Lc 19,41-44) fue escrita después de acontecido el hecho. 38
  • 39. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 70pasajes del Antiguo Testamento a los que, según se pretendía, Jesús había dado cumplimiento y sedividía en cinco secciones, como el pentateuco de Moisés; el otro documento era una especie de antologíade las enseñanzas de Jesús. El Evangelio de Mateo, tal como lo conocemos hoy, era llamado así porque,además del Evangelio de Marcos, utilizaba estas dos fuentes citadas y se dividía también en cinco libroscon un prólogo y un epílogo. El Sermón de la Montaña refleja en buena parte el documento original que 71refería las enseñanzas de Jesús. El origen más probable del Evangelio de Mateo, en su redacción actual, se remonta hacia el año 90d.C. en Egipto, donde existía una numerosa población judía —especialmente en Alejandría— que desarrollóuna importante cultura helénico-judía de lengua griega cuyo máximo exponente fue el filósofo y exégetaFilón de Alejandría (c. 20 a.C.-50 d.C.). Para Schonfield, historiador y traductor de las Escrituras, nuestro actual Mateo es «una curiosamezcla de materiales y puntos de vista tanto judíos como no judíos. Su estilo literario varía, por supuesto,con relación a las fuentes utilizadas. Pero el tono marcadamente hebraico de muchos pasajes puederesultar engañoso; se requiere un examen muy atento del texto para determinar que el autor propiamentedicho de la obra que conocemos no era judío. Tampoco fue un mero compilador, sino que dejó su improntapersonal en el libro, especialmente en la forma de tratar el material de Marcos y destacar los elementosmilagrosos. En ocasiones duplica el número de personas curadas, por ejemplo" mencionando a dosendemoniados gadarenos y a dos ciegos de Jericó. También habla de dos asnos utilizados por Jesús para 72entrar en Jerusalén, por no entender el paralelismo poético del idioma hebreo». A partir de los datos históricos de la época, se sabe que la revuelta judía contra los romanos (67-70d.C.) incrementó mucho el sentimiento antijudío entre los gentiles y, también, entre los cristianos de lenguagriega —interesados éstos en aparecer ajenos a las actividades subversivas antirromanas de los nazarenosy otros grupos judíos con los que compartían fe mesiánica—, circunstancia que, obviamente, debía dejarsetraslucir en los escritos públicos de esos días, tales como el Evangelio de Mateo. «De ahí —afirmaSchonfield— la actitud hostil de este Evangelio para con los judíos y el judaismo, sobre todo en relacióncon la crucifixión de Jesús, y ello pese a haber utilizado fuentes de carácter netamente judío, como lo refleja 73el Sermón de la Montaña.» El llamado Evangelio de Marcos fue escrito en realidad por un tal Juan de Jerusalén, de nombrelatino Marcus (mencionado en Hechos 12,12, en I Pedro 5,13, etc). Fue ayudante de Pablo y Bernabé, alos que acompañó en su primera gira de predicación, pero, a causa de una disputa con Pablo (de quien nogustó que hablara del mesianismo de Jesús ante el pagano Sergio Paulo, gobernador de Chipre),posteriormente pasó a viajar con Pedro —que le llamaba «mi hijo» (I Pe 5,13)—, del que se convirtió en suintérprete de griego. El texto muy probablemente se conformó en Italia, lugar que pasa por ser el últimocampo misional de Pedro antes de su muerte. Según asegura la tradición eclesiástica, Marcos, tras elmartirio de Pedro (¿en el año 64-65 d.C.?, o en el 67 d.C. según la cronología oficial católica), se fue a 74evangelizar en Egipto. El Evangelio actual debió escribirse entre los años 75-80 d.C. Según relata Papías, obispo de Hierápolis, a principios del siglo II, Marcos «intérprete de Pedro, pusopor escrito cuantas cosas recordaba de lo que Cristo había dicho y hecho, con exactitud, pero no con orden.No es que él hubiera oído al Señor..., pero siguió a Pedro, el cual hacía sus instrucciones según lasnecesidades de los oyentes; pero no narraba ordenadamente los discursos del Señor... De una cosa tenía 75cuidado: de no omitir nada de lo que había oído o de no fingir cosa falsa». La gran importancia histórica de este Evangelio, el segundo dentro del canon católico, radica en elhecho de ser el documento más antiguo —de los canónicos— de cuantos refieren la vida y obras de Jesús,70 «Y Él les dijo: ¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era preciso que el Mesíaspadeciese esto y entrase en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a Él se refería en todas lasEscrituras» (Lc 24,25-27).71 Cfr. Schonfield, H.J. (1990). El Nuevo Testamiento original. Barcelona: Martínez Roca, p. 77.72 Ibíd,p.78.73 Ibíd,p.78.74 En Mc 13 figura una revelación de Jesús a la iglesia de Jerusalén que tradicionalmente se supone recibida poco antes de la guerra judía contra losromanos y su inclusión sugiere que el Evangelio de Marcos no fue redactado hasta después de finalizada dicha guerra.75 Cfr. Nácar-Colunga(1979), Op. cit., p. 1198. 39
  • 40. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaaunque, en cualquier caso, no debe olvidarse que su final fue cortado después de Mc 16,8 (se ignoracuánto texto falta y cuál era su contenido) y un copista posterior añadió el fragmento que relata la apariciónde Jesús a María Magdalena y a los discípulos y el llamado «fin del Evangelio» (Mc 16,9-20); el añadidoparece basarse en datos que figuran en Mateo y en los Hechos de Lucas. Lucas o Lucano, el autor del tercer evangelio canónico y de los Hechos de los Apóstoles, nació enAlejandría y fue compañero inseparable de Pablo en sus tareas de apostolado. Pablo lo identifica como«colaborador» (Flm 24) y «médico amado» (Col 4,14). San Ireneo señala en uno de sus textos que«Lucas, compañero de Pablo, escribió en un libro lo que éste predicaba», pero aspectos del contenido deltexto —referidos, por ejemplo, a los conflictos previos a la caída de Jerusalén (70 d.C.) y a laspersecuciones de los cristianos o los datos claramente extraídos de textos como Contra Apión, delhistoriador judío Flavio Josefo— parecen sugerir claramente que Lucas no compuso su Evangelio hastafinales del siglo I d.C. —la Iglesia católica, en cambio, sostiene que fue alrededor del año 60 d.C. y que losHechos fueron escritos entre el 61-63 d.C.—. Defender la redacción tardía de este texto tiene mayorsentido en la medida que, en esos días, los cristianos precisaban un documento como este Evangelio paraganarse la confianza del Gobierno romano, que les había perseguido implacablemente bajo el mandato delemperador Domiciano (81-96 d.C). En época tan conflictiva, el Evangelio de Lucas procuró dar la imagen menos desfavorable posible delos perseguidores romanos, intentó suavizar los choques crecientes que se daban entre bandos yaescasamente reconciliables —judeo-cristianos y grecocristianos, seguidores de Jesús y de Juan Bautista, odiscípulos de Pablo y de Pedro— e intentó frenar el estallido de sectarismo cristiano que se produjo tras lacaída de Jerusalén cuando no se materializó el esperado e inminente Segundo Advenimiento del mesías 76Jesús. Lucas, tanto en el Evangelio como en los Hechos, que son su segunda parte, abordó la historia de losorígenes del cristianismo, pero lo hizo con una suerte muy dispar. Gracias a su atenta lectura de las obrasdel historiador Flavio Josefo, Lucas pudo importar buena parte de los datos fundamentales que le seríannecesarios para ambientar el contexto histórico en el que apareció y se desarrolló el cristianismo pero, talcomo hace notar Hugh J. Schonfield, «nuestro autor, fuera quien fuere [se refiere a Lucas], tuvo ciertamentemás problemas con la historia de Jesús que con la de la Iglesia primitiva, sobre todo en lo tocante alnacimiento e infancia de Jesús. Aquí, como en uno o dos pasajes más, Lucas se vio obligado a recurrir alAntiguo Testamento en busca de ayuda. Le sirvieron, a todas luces, los relatos del nacimiento de Sansón 77y de Samuel (en el texto griego de los Setenta ), y aun la autobiografía de Josefo, a propósito de unincidente de la infancia. »Lucas —prosigue Schonfield— estaba enteramente dispuesto a apropiarse de cualquier dato quepudiera contribuir al logro de su objetivo, lo que en su época no se consideraba en modo alguno censurable.Así, puesto que se esperaba que el Mesías vendría de Belén a Judea, Lucas tenía que mostrar que Jesúshabía nacido allí, aunque el hogar de sus padres se encontrara en Galilea. O no conoció o pasó por alto elrelato de Mateo. Se las ingenió, por ejemplo, para sacar partido del primer censo romano de Judea,referido por Josefo y tan aborrecido por los judíos, haciendo viajar a José con su esposa embarazada desdeGalilea hasta Belén, la ciudad de David, a fin de efectuar la inscripción. Poco le importó a Lucas que estecenso hubiera tenido realmente lugar en el 6-7 d.C. y no durante el reinado de Herodes, muerto en el año 4a.C. En esencia, lo que Lucas trata de comunicar es ante todo un sentido de realismo, la convicción de quelos misterios que son parte integrante del patrimonio cristiano no pertenecen al ámbito de la fábula. Susegundo propósito es el de reconciliar entre sí elementos dispares y conflictivos. Un caso típico a este76 A este respecto es bien ilustrativo lo que dice Pedro en sus epístolas (I Pe y II Pe). Así, por ejemplo: «Carísimos, no se os oculte que delante deDios un solo día es como mil años, y mil años como un solo día. No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente osaguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia. Pero vendrá el día del Señor como ladrón, y en él pasarán con estrépitolos cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán, y asimismo la tierra con las obras que en ella hay» (II Pe 3,8-10).77 La llamada Biblia de los Setenta, que ya hemos mencionado en diversas ocasiones anteriormente, es la primera traducción al griego de los libros delAntiguo Testamento. La traducción —iniciada en origen por orden de Tolomeo II Filadelfos (Egipto, c. 287-246 a.C.), para uso de la importantecolonia judía de Alejandría— se hizo necesaria ya que los judíos helenizados no conocían la lengua hebrea. La versión, a la que se atribuyó«inspiración divina» (C/r. la Carta de Aristeas), adaptó algunos conceptos fundamentales del judaismo al pensamiento griego; así, por ejemplo, elYahveh de los textos hebreos pasó a ser el «Señor» (Kyrios) en esta traducción y, dado que los grandes filósofos de la época la habían emprendidocontra las divinidades humanizadas del panteón griego, con el cambio, al dios de Israel se le hizo perder lo máximo posible de su acusada antropo-morfización y se potenció su dimensión trascendente en detrimento de su desmesurado intervencionismo en los asuntos humanos. En alguna medida«sin edulcorar el nacionalismo de la literatura bíblica, la versión de los Setenta preparaba una síntesis religiosa tal vez más espiritual, que insistía en elmonoteísmo y la universalidad de la ética judía» (C/r. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, p. 180). 40
  • 41. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicarespecto es su singular presentación de la madre de Jesús y la de Juan el Bautista como primas, de modo 78que sus respectivos hijos estén emparentados y tengan casi la misma edad». Con tal de lograr su propósito narrativo, Lucas introdujo con frecuencia fragmentos sobre hechos ydichos de Jesús fuera de su contexto original. Compárese, por ejemplo, Lc 10,25-29 con Mt 22,34-40 y Mc12,28-34; en los tres pasajes se le pregunta a Jesús acerca de cuál es el mayor o primer precepto, peromientras Mateo y Marcos ponen la cuestión en boca de un fariseo y un escriba, respectivamente, en unmomento en el que Jesús ya está ejerciendo su ministerio en Jerusalén, Lucas, por el contrario, se laatribuye a un doctor de la Ley, ¡mientras Jesús aún va de camino hacia Jerusalén! Otra estrategia, peropara el mismo fin, se evidencia cuando el evangelista introdujo una larga parrafada de material doctrinalentre Lc 11 y Lc 18 que interrumpe el estilo de su propia narración, pero que había que meter a cualquierprecio aunque ése no fuese un lugar adecuado para ello. Mientras cuenta el viaje de Jesús hacia Jerusalén, Lucas situó primero a Jesús en Betania, pueblovecino de Jerusalén (Lc 10,39), luego le hizo recorrer «ciudades y aldeas, enseñando y siguiendo su caminohacia Jerusalén» (Lc 13,22), a continuación le alejó de su destino ya alcanzado para situarlo en losdominios de Herodes Antipas, en Maqueronte, a muchos kilómetros al este de Jerusalén y más al sur (Lc13,31-33)...; poco después le hizo desandar a Jesús lo mucho andado al afirmar «Yendo hacia Jerusalénatravesaba por entre Samaría y la Galilea...» (Lc 17,11-12), es decir, se le hizo volver una enorme distanciahacia el norte, en dirección contraria a Jerusalén —donde ya estaba— con tal de poder narrar la curación deun leproso (Lc 17,11-19) que Marcos, la fuente de la que copió, había situado en Galilea (Mc 1,40-42);con una breve mirada a un mapa de la época (lo hay en cualquier Biblia) puede comprobarse cuándisparatada es la narración de Lucas. En Lc 19,41-44 («El llanto sobre Jerusalén») se le atribuye a Jesús una profecía que fue narradasegún lo ya descrito por el historiador Flavio Josefo tras la caída de Jerusalén (recordemos que esteevangelio se escribió mucho después de este hecho). Al describir el juicio de Jesús ante Pilato, presentó aeste último como un pusilánime que desconocía la propia ley romana de la que era garante (Lc 23,3-4) —eldelito de declararse «rey de los judíos», del que el mismo Jesús se había hecho convicto, era de altatraición contra el César y se castigaba con la pena capital—, lo cual no sólo era absurdo sino absolutamenteimposible en un representante imperial. No debe pasar desapercibido, tampoco, que la descripción deLucas acerca de la aparición y ascensión de Jesús (Lc 24,36-53) es muy similar al ya existente mitoromano sobre la aparición y ascensión de Rómulo tras su muerte (recogido por Plutarco en sus Vidasparalelas). En fin, tal como acreditan decenas de aspectos similares a los citados, en este Evangelio es evidenteque la inspiración divina se había tomado unas merecidas vacaciones después de ver cómo la ciudadsanta de su pueblo elegido había sido arrasada por los romanos. En los Hechos de los Apóstoles Lucas describió la organización y el desarrollo de la Iglesia primitivaen Jerusalén y continuó con su estrategia de disimular los graves conflictos que enfrentaban a los cristianosjudíos y no judíos. El texto no habla de todos los apóstoles ya que le cedió casi todo el protagonismo de sunarración a Pablo y, de los doce, sólo Pedro adquiere alguna relevancia. Hechos es un documento decristianismo paulino o «normativo» que resulta muy parcial ya que sólo defiende las posturas de Pablo,satanizando a todos cuantos se le enfrentan, incluido Santiago «el hermano del Señor». A pesar de las grandes lagunas históricas que el texto cultiva expresamente y del empeño en difuminarlas creencias mesiánicas de los seguidores judíos de Jesús, el escrito muestra de forma palmaria el hechode que el cristianismo, en sus inicios, no fue ninguna nueva religión sino un movimiento o secta judaicamesiánica encabezada por Jacobo (Santiago), el hermano de Jesús que fue ejecutado por Anano hacia elaño 62 d.C., una realidad que se ha visto plenamente demostrada en uno de los descubrimientosarqueológicos más importantes de la historia: el de los llamados Manuscritos de Qumran, una colecciónde textos de la comunidad esenia encontrados en 1947 en una cueva cercana al mar Muerto. Sobre estosmanuscritos esenios, que describen la organización y creencias de las primeras comunidades cristianas y,especialmente, sobre el contenido paulino de los Hechos, volveremos más adelante. El Evangelio de Juan, el cuarto de los canónicos, es, quizás, el texto más entrañable y querido por loscreyentes católicos debido al fuerte contenido emocional con que impregna todo lo referente a Jesús. La 78 Cfr. Schonfield, H.J. (1990). Op. cit., p. 134. 41
  • 42. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicatradición atribuye su redacción al apóstol Juan, el hijo de Zebedeo, al que se identifica con «el amado deJesús» que en la última cena «estaba recostado en el seno de Jesús» (Jn 13,23), pero los análisis de 79contenido y estructura de los textos joánicos, realizados por expertos independientes, han descartado talautoría. 80 A juicio de cualquier profano en la materia, resulta imposible que un pescador de carácter violento einculto como era el apóstol Juan pueda escribir unos textos tan brillantes e intelectuales como los joánicos(por mucha inspiración divina que se le quiera adjudicar). Pero la mirada atenta de los expertos enexégesis bíblica y lenguas muertas va mucho más allá de la mera sospecha y aporta datos y razonamientoscon-tundentes. A continuación reproducimos un fragmento de la valoración que, sobre estos textos, hace el 81erudito Hugh J. Schonfield. «Gran parte del Evangelio consta de discursos de Jesús. Cuando éstos se prologan, aparecentratados al modo griego, es decir, con preguntas o comentarios intercalados por los oyentes (en el presentecaso los judíos o los discípulos), que llevan así adelante el discurso. Si se comparan estas "charlas" y otrosdichos de Jesús con su manera de expresarse en los demás Evangelios, es obvio que no está hablando elmismo hombre. 82 »El Jesús de los Evangelios sinópticos habla a la manera judía, en cuanto a temas y construcción,como puede notarse en el Sermón de la Montaña. El Jesús del Evangelio de Juan, en cambio, emplea lamás de las veces un lenguaje totalmente distinto, el de un no judío, y a menudo un estilo pretenciosamenteextranjero. Al referirse a la Ley dada a Moisés, dice "vuestra Ley", en lugar de "nuestra Ley", y declara:"Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores." Incluso alude a Dios identificándoloconsigo mismo, al decir "Yo y mi Padre somos uno." »Es evidente que todo ese material relativo a Jesús fue compuesto por un griego cristiano, y, sicomparamos el lenguaje y estilo, hay buenas razones para estimar que a él se debe también la redacciónde la Primera Carta de Juan (Juan el Anciano). Este Juan aún vivía hacia el año 140 d.C., en la región deAsia Menor, y Papías de Hierápolis lo menciona como a alguien capacitado para relatar cosas dichas yhechas por Jesús. Esta fecha es claramente demasiado tardía para que siguiera en vida cualquier discípuloinmediato de Jesús. ¿A qué reminiscencias, pues, tuvo acceso este Juan? »La respuesta es que un discípulo directo de Jesús, como sabemos, estuvo viviendo en Éfeso hastaprincipios del siglo II, y allí Juan el Anciano pudo haberse encontrado con él. Este discípulo se llamabatambién Juan. En su Historia eclesiástica, Eusebio comenta que en Éfeso se hallaban las tumbas de losdos Juanes. La información le venía de una carta escrita por Polícrates, obispo de Éfeso, a Víctor de Roma.Polícrates hacía esta importante declaración: "Por lo demás, Juan, que descansó en el seno de nuestroSeñor y fue sacerdote, llevando la insignia sacerdotal, testigo y maestro, reposa también en Éfeso." »El "discípulo querido" se revela así como sacerdote judío, lo cual es coherente con lo que se dice enel cuarto Evangelio, donde deja entrever su oficio sacerdotal en los recuerdos que forman parte del texto.Sus referencias al ritual judío y al culto del templo son exactas, como también cuando habla de lossacerdotes que no entran en el pretorio de Pilato para evitar la impureza. Él mismo no penetrará en elsepulcro donde Jesús había sido depositado hasta que sepa que no hay ya allí ningún cadáver. Pertenecíaa una distinguida familia sacerdotal judía y lo conocía personalmente el sumo pontífice. Poseía una casa enJerusalén, y después de la crucifixión hospedó en ella a la madre de Jesús. Naturalmente conoce bien latopografía de Jerusalén, y asimismo introduce y explica palabras arameas. Hay que deducir que la casa deJuan el Sacerdote, con su amplia estancia superior, sirvió de escenario a la Cena Pascual o "Última Cena",donde el "discípulo querido", como dueño de la casa, ocupó el puesto de honor junto al de Jesús y pudo así 83apoyarse en el pecho del Mesías, como relata el Evangelio. Asistieron, pues, a la Cena, catorcepersonas. 79 Conformados por el Evangelio, que es anónimo aunque se autoatribuye relación con alguien designado como el «discípulo amado» de Jesús;dos cartas (II Jn y III Jn), escritas por alguien que se autodenomina «el Anciano» o «Presbítero»; un discurso (I Jn), anónimo, pero asimilable alredactor de las dos cartas anteriores; y el Apocalipsis o Revelación, que dice claramente haber sido escrito por un tal «Juan» y que presenta algunasdiferencias lingüísticas con los otros autores detectados.80 Recordemos que Jesús les apodó a él y a su hermano Santiago como Bonaergés, los «tempestuosos» o «hijos del trueno» (Mc 3,17).81 Cfr. Schonfield, H.J. (1990). Op. cit., pp. 395-397.82 Los de Mateo, Marcos y Lucas. Se les denomina «sinópticos» porque en el plano literario se encuentran íntimamente vinculados.83 La escena se entiende como más normal si pensamos en la forma tradicional de sentarse a la mesa que tenían los comensales de aquella época:estirados junto a la mesa en divanes, con los pies hacia fuera y con un hombro tocando al del vecino. 42
  • 43. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica »La tradición refiere que el "discípulo querido" vivió posteriormente en Éfeso hasta una edad muyavanzada (Cfr. Jn 21,22-23), y allí lo persuadieron a que dictara sus memorias acerca de Jesús. Éstasparecen haber pasado a constituir el cuarto Evangelio, jalonadas por una serie de indicaciones paraestablecer que Jesús es el Mesías (...) Tenemos así la prueba de que el Evangelio de Juan, tal como loconocemos, es un documento de composición heterogénea. Su base son las memorias de Juan el 84Sacerdote, quien aparece inicialmente como discípulo de Juan el Bautista, lo que lo vincula con losesenios. El que Juan el Sacerdote fuera un estudiante provecto de mística judía ayuda a explicar el atractivode su obra * para "el Anciano" griego. El Evangelio encierra en sus partes narrativas muchos elementoscaracterísticos del autor de la Revelación, mientras ésta, en sus Mensajes a las Siete Comunidades y otroslugares, contiene mucho material típico del autor de la mayoría del texto del presente Evangelio.* Sileemos atentamente el texto del Evangelio —que fue compuesto muy tardíamente, hacia finales de laprimera década del siglo II—, vemos que, efectivamente, tanto en Jn 19,35 como en Jn 21,24, el redactordel texto, el griego Juan el Anciano, se diferencia claramente a sí mismo de la persona que es la fuente de 85su historia y testigo de los hechos anotados, eso es el judío Juan el Sacerdote. Más tarde, en I Jn 1,1, porejemplo, la personalidad del redactor pretende amalgamarse a la del relator bajo el subterfugio de emplear 86el primero una narración en primera persona del plural, pero eso no evita el poder distinguir entre uno yotro. En lo tocante al Apocalipsis o Revelación (que éste es su significado), cabe destacar que es un libroque pertenece a un género específico de escritos judíos, denominados apocalípticos, que aparecieron confuerza hacia el 160 a.C. y se caracterizan por lo florido de sus visiones y de la simbología empleada en lasnarraciones. Los místicos judíos se inspiraron en la simbología babilónica y persa para concretar susvisiones, pero ampliaron y adaptaron esos símbolos para poder emplearlos en su peculiar contextomonoteísta y mesiánico. Este tipo de literatura era empleada con frecuencia para dar fuerza dramática ahechos ya acaecidos o en curso y para arropar el lenguaje profético sobre sucesos aún por venir. «La. Revelación (o Apocalipsis) de Jesucristo es un modelo tan excelente de la literatura en 87cuestión que su autor sólo puede haber sido un especialista —señala Schonfield —, familiarizado ademásíntimamente con el templo y sus misterios y versado en la interpretación escatológica del Cántico deMoisés (Dt 32). Dicho autor piensa en hebreo, y los sonidos de ciertas palabras hebreas entran en susvisiones. El griego en que escribe no es muy literario. Si el nombre de Juan, con el que el libro designa alvidente y narrador, no es un seudónimo, puede muy bien atribuirse a Juan el Sacerdote, el "discípulo 88querido" de Jesús (...) discípulo del predicador profético de los Últimos Tiempos, Juan el Bautista, lo quehace ya muy probable su asociación con los grupos místico-proféticos judíos, como el de los esenios. Elcuarto Evangelio sugiere también que pertenecía a una familia sacerdotal, (...) es ciertamente pocoverosímil que alguien que no fuera sacerdote supiese tanto de todo lo relativo al templo de Jerusalén comoel autor de la Revelación.» Dada la tremenda complejidad del lenguaje simbólico empleado en el Apocalipsis, este texto ha dado 89pie a todo tipo de especulaciones esotérico-místicas y paranoias y se ha ganado la fama de ser«profundamente misterioso». Pero el lector que quiera acceder fácilmente a desvelar tanto supuestomisterio no tiene más que leer la traducción que del texto hace el ya tantas veces citado Hugh J. 90Schonfield; su dominio de la cultura judía antigua y de la exégesis bíblica le permite aportar a cada párrafodel original una serie de anotaciones y comentarios históricos tan razonables y documentados que el84 Cfr. Jn 1,35-40.85 Los textos citados son: «El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis» (Jn 19,35). Y:«Éste es el discípulo que da testimonio de esto, que lo escribió, y sabemos que su testimonio es verdadero» (Jn 21,24).86 «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocandoal Verbo de vida» (I Jn 1,1).87 Cfr. Schonfield, H. J. (1990). Op. cit., p. 45288 Cfr. Jn 1,35-40.89 Muchos líderes de sectas destructivas actuales tienen el Apocalipsis de Juan como libro de cabecera para fundamentar muchas de sus alucinacionesy abusos; algunos de ellos (como Charles Manson, Jim Jones, David Koresh, etc.) se han basado en pasajes de este texto para desencadenar yjustificar el asesinato de decenas de personas. Cfr. Rodríguez, P. (1989). El poder de las sectas. Barcelona: Ediciones B.90 Cfr. Schonfield, H. J. (1990). Op. cit., pp. 455-481. 43
  • 44. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaApocalipsis acaba por adoptar un sentido claro y concreto y, en buena medida, ajeno a la interpretacióncatólica del mismo. San Pablo: el judío «advenedizo» que fundamentó un cristianismo a la medida de sus delirios místicos y frustraciones personales Casi un tercio de los textos neotestamentarios llevan la firma de Pablo y son los documentos cristianosmás antiguos que se conservan, ya que fueron redactados mucho antes que los Evangelios y el resto delibros canónicos. Se trata de una serie de cartas, escritas —dictadas, más bien, puesto que Pablo tenía muymala visión— entre los años 51 y 63 d.C. y destinadas a trasladar sus instrucciones, sobre cuestionesorganizacionales o doctrinales, a diferentes comunidades cristianas. Pero es necesario señalar que la mitad de las catorce epístolas de Pablo que se incluyen en el NuevoTestamento son pseudoepigráficas, es decir, escritas por personas ajenas a Pablo aunque firmadas con sunombre. Desde el siglo pasado, los eruditos en exégesis bíblica han demostrado la falsedad de la autoríapaulina de la epístola A los Hebreos, de las dos A Timoteo, de la de A Tito, de la segunda A losTesalonicenses y han manifestado muy serias dudas acerca de la supuesta autenticidad de las epístolas Alos Colosenses y A los Efesios. Saulo de Tarso, que ése era su nombre judío antes de darse a conocer como Pablo, fue un hombre deun talento y una capacidad organizadora indiscutibles —que ha llegado a ser conocido como el «apóstol delos gentiles» a pesar de haber sido un perseguidor feroz de los cristianos y de no haber pertenecido jamásal círculo de discípulos de Jesús— y acabó por convertirse en la figura clave para el desarrollo y expansiónde la nueva religión. El apóstol Saulo nació en la ciudad de Tarso (Cilicia), en el seno de una familia judía bastanteacomodada, poseía la ciudadanía tarsiota y romana —un enorme privilegio en esos días— y recibió unaesmerada educación griega además de la rabínica. Desde su adolescencia fue enviado a estudiar conGamaliel el Viejo, rabino de Jerusalén y reconocido «doctor de la Ley» fariseo, de quien aprendió laexégesis (interpretación) bíblica al modo rabínico de la escuela de Hillel; en esos días nació también su graninterés por el ocultismo y el misticismo fariseo —que tenía muchos puntos de encuentro con las doctrinas delos esenios—, que marcaría el resto de su agitada existencia. Saulo, condenado a sobrellevar un carácter muy difícil, depresivo, fanático y paranoide, y una saludfísica muy endeble, intentó compensar sus problemas personales encerrándose progresivamente en símismo hasta el punto de llegar a vivir totalmente ajeno a la dura realidad que amargaba la existencia a susconciudadanos judíos, sometidos a la opresión del invasor romano. Saulo se volcó en un mundo espiritualmuy personal, que le llevó a experimentar, según él, algunos episodios místicos y que, finalmente, lecondujo a verse a sí mismo como el enviado mesiánico destinado a preparar el camino para el inminenteretorno del «hijo del Hombre» celeste —recuérdese Dan 7,13—, que vendría a la tierra para resucitar a losmuertos y para establecer el «reino de Dios». El fanatismo de Saulo iba acompañado, lógicamente, de un comportamiento violento. Así, en el libro delos Hechos de los Apóstoles se narra la participación directa de Saulo en el asesinato mediante lapidaciónde Esteban (c. 30-31 d.C.) y se dice de él que «devastaba la Iglesia, y entrando en las casas, arrastraba ahombres y mujeres y los hacía encarcelar» (Act 8,3); por su trayectoria ideológica y su amor por la 91violencia, es muy probable que Saulo formase parte del partido extremista dejos zelotas. El encarnizamiento cíe Saulo de Tarso contra los cristianos quedó patente en el famoso pasaje de Act9,1-9: «Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se llegó al sumo sacerdote,pidiéndole cartas de recomendación para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si allí hallaba quienessiguiesen este camino, hombres o mujeres, los llevase atados a Jerusalén. Cuando estaba de camino,sucedió que, al acercarse a Damasco, se vio de repente rodeado de una luz del cielo; y al caer a tierra, oyó91 Cuando, muchos años después, Pablo, ya cristiano, fue arrestado en Jerusalén, los zelotas le persiguieron a él con particular saña ya que loconsideraban un renegado (Act 23 a 25). 44
  • 45. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicauna voz que decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él contestó: ¿Quién eres, Señor? Y Él: Yo soyJesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer. Los hombresque le acompañaban quedaron atónitos oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Saulo se levantó de tierra, ycon los ojos abiertos, nada veía. Lleváronle de la mano y le introdujeron en Damasco, donde estuvo tresdías sin ver y sin comer ni beber.» El suceso parece milagroso, sin duda, pero, casi dos mil años después del acontecimiento, estamos encondiciones de poder darle varias explicaciones razonables y bastante más satisfactorias que la de lasupuesta aparición de Jesús. Por todo lo que conocemos de la vida y personalidad de Saulo, el episodioalucinatorio pudo estar relacionado con alguno de los ataques de epilepsia que padecía regularmente, conuna insolación severa, con un brote psicótico o con una reacción histérica (neurosis de conversión);psicopatologías, estas últimas, en las que no sólo suelen oírse voces sino que también, particularmente enla neurosis de conversión, se dan casos en los que se emiten voces —irreconocibles, ya que se hablamediante sonidos gruturales y/o ventriloquia involuntaria—, que producen un gran impacto emocional en las 92personas crédulas que las oyen. Sin contar la amplísima literatura científica, psiquiátrica y psicológica, que refiere casos parecidos al deSaulo, este autor, en el gabinete asistencial que dirige, ha trabajado directamente con una veintena depersonas con experiencias absolutamente equiparables a la citada; todos ellos referían que oían voces y lasrelacionaban con hechos biográficos pasados (que les generaban una alta culpabilidad; tal como pudo ser elcaso de Saulo, perseguidor y asesino de cristianos) y con acontecimientos futuros (profecías), todos ellospodían identificar perfectamente a la o las personas que decían escuchar y la mayoría de ellos atribuía lavoz a Dios, Jesucristo o la Virgen, puesto que hoy, como ayer, los delirios estructurados de contenidomístico son los más frecuentes. En el mundo actual, miles de personas están viviendo experiencias como la de Saulo pero, a pesar deque algunas de ellas han acabado fundando sectas religiosas de todo tipo, basta con recurrir a lospsicofármacos modernos para volver a tener una vida normalizada y sin alucinaciones divinas. Sinembargo, resulta evidente, en el Damasco de Saulo aún no se había inventado neurolépticos como elHaloperidol. Un profundo conocedor de la vida y obra de Pablo como es Hugh J. Schonfield, aporta datos relevantes 93para conocer mejor al personaje cuando, en uno de sus libros, expone que «por los escritos de Pablo,quienes están familiarizados con tales cuestiones pueden deducir que, de joven, se dedicó a una ramaparticular del ocultismo judío, con todos los riesgos que ello comportaba, tanto físicos como mentales,pudiéndose defender la idea de que su antagonismo violento y obsesivo contra los seguidores de Jesússurgió en buena medida de su propia creencia secreta de ser el Mesías destinado a "iluminar a lasnaciones". (...) »Tras la experiencia psíquica de Pablo, debida quizás a un ataque epiléptico, como resultado de la cualaceptó a Jesús como el Mesías, se retiró al norte de Arabia para enfrentarse con sus problemas, y fue allídonde experimentó "un exceso de revelaciones". No se había equivocado en su creencia de juventud, en elsentido de ser un elegido para llevar el conocimiento de Dios a los gentiles. La voz que le había hablado leconfirmó lo que él ya sabía en el fondo de su corazón. Ahora comprendió lo que le había ocurrido: habíasido señalado por Dios como agente personal y representante del Mesías para llevar a cabo su poderosaobra en el mundo hasta que el propio Jesús regresara rodeado de gloria para inaugurar el reino de losjustos sobre la tierra. En consecuencia, actuaría, viviría y hablaría siguiendo el mandato del Mesías celestialque era su maestro. Concebía su posición como la de un esclavo de plena confianza, que mantenía unasrelaciones tan íntimas con su amo, que gozaba tanto de su confianza que, en la práctica, era como su alterego. Él era la eikon (imagen) del Mesías, del mismo modo que el Mesías era la eikon de Dios. Estaba92 Las histerias o neurosis de conversión son el desorden psicopatológico que suele subyacer debajo de episodios como las «posesiones» —quetambién acostumbran ir acompañadas de una «tormenta de movimientos» parecida a un ataque epiléptico—, las «apariciones de la Virgen» —en lasque una histérica habla imitando «su» voz ¡¿?!—, o el «hablar lenguas» —balbucear sonidos ininteligibles— que se da en los rituales de algunassectas cristianas. En el caso de Saulo se dan con precisión los habituales síntomas somáticos y funcionales de la neurosis de conversión (Cfr. Vallejo-Nágera, J. A. y otros (1991). Guía práctica de Psicología. Madrid: Temas de Hoy, pp. 603-606, o cualquier otro manual especializado).93 Cfr. Schonfield, H. J. (1987). Jesús ¿Mesías o Dios? Barcelona: Martínez Roca, p. 62. 45
  • 46. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaconvencido de que, por la gracia de Dios, había sido juzgado y sentenciado para asumir una nueva 94identidad reflejo de la presencia de Cristo». La fecha más probable de la conversión de Saulo debió ser alrededor de un año después de lacrucifixión de Jesús; y aunque se la relata por tres veces en el libro de los Hechos, en todas ellas se la 95presenta de forma relativamente divergente. Ganado ya para el evangelio, se desconoce si en susprimeros tiempos de predicación optó por propagar las ideas de los apóstoles, la visión de los cristianoshelenistas o su propia y peculiar versión cristológica; es muy plausible que Pablo comenzara acogiéndose alas ideas defendidas por la Iglesia de Damasco, para luego ampliarlas con las enseñanzas que losapóstoles impartían desde Jerusalén, pero que, finalmente, al no coincidir éstas exactamente con la misiónque él mismo se había arrogado, acabaron siendo arrinconadas a medida que fue elaborando el corpus desu «cristianismo paulino». Desde su llegada a Antioquía, junto a Bernabé, Pablo se encontró con una situación absolutamenteinsólita: los misioneros judeo-helenistas, mucho más laxos que sus correligionarios judíos de Jerusalén,habían afiliado al cristianismo a paganos incircuncisos cuando, por entonces, no podían ser cristianos másque los judíos debidamente circuncidados. Ante esa realidad, el pragmatismo y el furor adoctrinador dePablo le llevaron a aceptar como «un signo divino» ese hecho y a especializarse en el apostolado entre losgentiles, una labor a la que dedicará toda su vida y que realizará con una eficacia tremenda a pesar de noperder jamás su espíritu judío. «En bastantes aspectos Pablo sigue pensando como un judío —sostiene Etienne Trocmé—, al igualque los discípulos de Jerusalén y que los mismos helenistas. Su doctrina del Dios único, personal, creador ydueño de la historia, que exige de los hombres un cierto comportamiento y ha hecho de Israel su pueblo deelección, podría ser perfectamente la de un rabino; su concepción de la Sagrada Escritura y de laexégesis empleada para extraer de ella su sentido profundo es igualmente judía, por más que incluyaelementos tomados del judaismo helenístico y del esenismo, en materia de exégesis alegórica o tipológica;su antropología y su noción de pecado continúan estando muy próximas a las de los autores bíblicos;finalmente, las concepciones apocalípticas que aún aparecen en el segundo término de sus escritos seamoldan perfectamente a los clichés habituales de la literatura judía sobre esta terna. Hay que recordar, detodas formas, que Pablo jamás renegó del judaismo, que hasta el fin continuó observando determinadasprescripciones mosaicas cuando las circunstancias lo permitían (Act 21), y que, a pesar de las afrentas queen todas partes le infligieron las autoridades de la sinagoga, nunca abandonó la esperanza ardiente en la 96salvación final de Israel (Rom 9-11).» Insultado en todas partes incluso por los suyos, los judíos, atormentado por sus males físicos y por sus 97crisis emocionales, y acomplejado por su aspecto poco agraciado, Pablo puso su máxima energía en 98hacerse reconocer ante sus seguidores como apóstol, un título que confería la máxima autoridad y podera quien lo llevara ya que significaba ser representante directo de Jesús de Nazaret. Resulta obvio que Pablomentía, ya que nunca conoció a Jesús ni, mucho me- nos, fue discípulo o apóstol suyo, pero suconvicción —que en lenguaje diagnóstico psiquiátrico actual podría denominarse más bien como«trastorno delirante paranoide de tipo grandioso»— de ser el intérprete de la voluntad de Dios y de Cristo notenía por qué fijarse en minucias de ese tipo; de ahí su personalismo y autoritarismo y la forma perentoriaen que están redactadas sus epístolas a las diferentes comunidades por él fundadas que, por lo demás,94 Tan es así que el propio Pablo dice de sí mismo: «Yo por la misma Ley he muerto a la Ley, por vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo, y yano vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál2,19-20) y «que nadie me moleste, que llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gál 6,17).95 Cfr. Act 9,22 y 26.96 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, pp. 257-258.97 Según la primitiva tradición cristiana, Pablo era un hombre más bien feo, calvo, de nariz ganchuda y piernas arqueadas, corto de vista y con undefecto en el habla.98 Así, por ejemplo, en el encabezamiento de su Epístola a los Gálatas dijo de sí mismo: «Pablo, apóstol no de hombres ni por hombres, sino porJesucristo y por Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que conmigo están, a las iglesias de Galacia...» (Gál 1,1-2).Sin variar un ápice el significado, está más claro el sentido y es más correcta la traducción de este párrafo de la manera que sigue: «Pablo, enviado —no de parte de hombres ni por nombramiento de ningún hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos—, y a todos loshermanos que están conmigo, a las comunidades de Galacia...» (C/r. Schonfield, H. J. (1990). Op. cit., p. 251). O al referir la aparición de Jesús anteél, empleando la falsa modestia de los iluminados, dijo: «Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, puesperseguí a la Iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que me confirió no resultó vana, antes me he afanado más quetodos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo» (I Cor 15, 9-10). O en Rom 1,1 al afirmar: «Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado alapostolado, elegido para predicar el Evangelio de Dios...» Y de este mismo tono son todos los encabezamientos de sus cartas. 46
  • 47. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadado que estaban integradas por el estrato social más bajo, no se distinguían precisamente por suscualidades morales. Pablo, haciendo gala de un egocentrismo y una presunción inaudita, llegó a situar su conocimientorevelado acerca de «la voluntad de Cristo» por encima del testimonio que los apóstoles habían recibidodirectamente de Jesús mientras predicó y, para colmo, pretendió adoctrinar a los mismísimos apóstoles conenseñanzas que eran totalmente contrarías a las difundidas por Jesús. No es de extrañar, pues, que Pablofuese un personaje odiado por los primeros responsables de la Iglesia cristiana, para quienes era poco másque un advenedizo sin escrúpulos; por esta razón, cuando Pablo fue detenido por los romanos no recibió elmenor apoyo o ayuda por parte de las iglesias de Jerusalén y de Roma. De hecho, la mayoría de las epístolas de Pablo reflejan sus constantes enfrentamientos con Santiago,el hermano de Jesús, y con los apóstoles Pedro y Juan, que en esos días constituían la autoridad centraldel cristianismo en Jerusalén y pretendían un Israel cristiano que cumpliera la Ley mosaica, obligación a laque se opuso Pablo con ferocidad hasta que forzó que en sus comunidades de gentiles, los llamados«prosélitos de la puerta», se obviara la obligada observancia de la Ley. En la doctrina paulina se encuentran algunos trazos a resaltar, como la gran importancia que le dio a lavida comunitaria, que intentó robustecer potenciando al máximo la reunión de los correligionarios en la«cena del Señor» y, más tarde, definiendo la comunidad de los creyentes como el cuerpo mesiánico cuyacabeza es Cristo; o la defensa de la tesis, de enorme trascendencia religiosa y social en esos días, de quelos conversos cristianos gentiles —eso es los no judíos— desde el mismo momento en que aceptaban alMesías pasaban automáticamente a formar parte de Israel —por estar en el Mesías y sujetos a él como rey 99de Israel— y sus pecados les eran perdonados. Del pensamiento griego, que Pablo conocía muy bienaunque no le entusiasmaba (I Cor 1), tomó nociones como las de «conciencia», «naturaleza» o «utilidad»que hasta entonces eran desconocidas para el pensamiento bíblico. Pero lo más original y esencial del sello paulino reside en su afirmación explícita de la preexistencia deCristo y del papel fundamental de éste después de su resurrección. Pablo no concibió a Jesús como un diosencarnado, ni tampoco lo imaginó como la Segunda Persona de la Trinidad, puesto que él identificaba alJesús de la ascensión con el «Hijo del hombre» de los místicos judíos. Según la rama del ocultismo judíodenominada Maaseh Bereshith —de la que Pablo fue iniciado y que se ocupaba de extraer enseñanzas dela creación del hombre tal como se presenta en el Génesis—, Dios creó al Hombre Celestial a su imagen,como Arquetipo (Hijo del hombre) conforme al cual fue formado Adán. Pablo integró perfectamente estacreencia y la adaptó a sus intereses al postular que el Hombre Celestial o «Mesías de Arriba» se encarnó 100en Jesús, el «Mesías de Abajo», haciendo así de él el Segundo Adán. Así pues, la aportación básica de Pablo a la cristología estaba fundamentada en las creencias delocultismo rabínico que tan queridas le fueron desde su juventud y que tan bien encajaban con su peculiarpersonalidad y aspiraciones de ser un elegido divino. «El Cristo de Pablo no es Dios —concluye Schonfield 101en su estudio —, es la primera creación de Dios, y no deja sitio para la fórmula trinitaria del credo deAnastasio, ni para su doctrina de que el Hijo fue "no hecho, no creado, sino engendrado". Pero, a pesar deque el universo visible sea la expresión del Dios invisible, el Cristo, como primer producto, comprende latotalidad de esta expresión en sí mismo, (...) el Cristo encarnado temporalmente en Jesús, depuso todoatributo de su estado espiritual y se hizo completamente humano y desprovisto de sobrehumanidad, (...) suúnica dotación especial la tuvo en su bautismo, cuando recibió los dones del Espíritu prometidos al Mesíasen sabiduría y entendimiento (Is 11,1-4). El Cristo celestial solamente tomó posesión de Jesús cuando éste99 Resulta obvio que Pablo justificó su idea revolucionaria, en el sentido exacto del término, mediante una revelación personal. Con la singular falsamodestia que caracteriza sus escritos, Pablo, después de tratar los pormenores de la «reconciliación de judíos y gentiles por Cristo» (Ef 2,11-21),afirmó: «A mí, el menor de todos los santos, me fue otorgada esta gracia de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo e iluminar a todosacerca de la dispensación del misterio oculto desde los siglos en Dios, creador de todas las cosas, para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahoranotificada por la Iglesia...» (Ef 3,8-10). No deja nunca de sorprender el empeño que ponen todos los redactores bíblicos en hacer que Dios se desdigaen temas fundamentales con tal de apuntalar así sus nuevas e interesadas ocurrencias. Si fuera cierto que Dios mantuvo «oculto desde los siglos» elmensaje de salvación favorable a los gentiles, su maldad sería infinita y, ¿quién sabe?, hasta es posible que un día de éstos nos vuelva a sorprendercambiando otra vez todas las reglas del juego. Habrá que andarse con mucho cuidado y no dejar de escuchar los anuncios de los cientos de profetasque pululan por el mundo actualmente y que, con el mismo derecho que Pablo y sus colegas, también tratan directamente con Dios y se sienten susenviados.100 A eso se refiere Pablo al afirmar, por ejemplo, que por eso está escrito: «"El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente"; el último Adán,espíritu vivificante.» (I Cor 15,45). Véanse también las descripciones similares que Pablo hace en sus epístolas a las comunidades de Asia y lasdirigidas a los filipenses y los colosenses.101 Cfr. Schonfield, H. J. (1987). Op. cit., pp. 188-193. 47
  • 48. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaresucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos (Rom 1,4). Después, pudo revelarse que había tenido 102esta breve abdicación. »Pablo es muy claro, como necesitará serlo para ilustrar después que los cuerpos espirituales y loscuerpos físicos no se combinan. Por tanto, Jesús, como ser humano de carne y sangre, no podíaidentificarse con el Cristo celestial hasta que hubiera descartado su cuerpo físico y asumido un cuerpoespiritual. Habría sido totalmente imposible para Pablo el aceptar la resurrección física de Jesús, comoconsta en los Evangelios, y repugnante que el Jesús resucitado pudiera comer y beber. Él explicó a losfilipenses: "Nuestra forma de gobierno se origina en el cielo, de cuya fuente esperamos un Libertador, el 103Señor Jesucristo, que transformará el cuerpo de nuestro humilde estado para que corresponda a sucuerpo glorioso por el poder que tiene de someter a sí todas las cosas" (3,20-1). Cristo, en el sentido físico,ya no podía ser conocido. (...) Según Pablo, la comunidad de los creyentes representa el cuerpo mesiánicodel cual Cristo es su cabeza, y es la obra de la redención la que transforma este cuerpo en el mesiánicocuerpo de luz, produciendo así la misma unión entre la Iglesia y Jesucristo que la que se produjo entre 104Jesús y Cristo. »La idea judía del hombre arquetípico, interpretada con referencia al Espíritu-Cristo, permitió a Pabloevitar sin peligro cualquier disminución de la unidad de la divinidad y cualquier sugestión de que Cristo fueraDios. Dios no tiene forma ni sustancia; pero el Espíritu-Cristo tiene ambas: forma y un cuerpo espiritual.Nunca, en ninguna parte, identifica Pablo a Cristo con Dios. Sus relaciones Padre-Hijo no implican tal cosa,y el Padre es "el Dios de Nuestro Señor Jesucristo". Hay un solo Dios, y un solo Señor, Jesucristo. Lafórmula trinitaria "Dios Padre, Dios Hijo y Espíritu Santo" es una adaptación injustificable de la doxologíapaulina. Una vez comprendamos adonde conducía la mística de Pablo, el judío, podremos apreciar cuánlejos llegó a extraviarse la gentilizada teología cristiana.» La lucha por imponer una determinada visión cristológica fue ardua y dio origen a diferentes sectascristianas. Así, para los doce apóstoles, seguidores de la antigua tradición hebrea, Jesús, como hombre queconocieron y como Mesías del pueblo judío, siempre tuvo una connotación profundamente humana —de reyprometido que, como David, era «hijo de Dios»—; para Pablo, en cambio, tal humanidad no sólo careció detodo interés sino que propugnó que mientras el Cristo celestial asumió una presencia física en Jesús, ésteno mantuvo consigo ninguna característica o atributo divino —eso es su naturaleza espiritual como «hijo deDios»— hasta que pudo recuperarlos después de su resurrección. Para Juan, finalmente, que escribió suEvangelio cuando Pablo y los apóstoles ya habían desaparecido, en la figura de Jesús se había reunido lohumano y lo divino al mismo tiempo, eso es que hubo una verdadera encarnación y el Jesús humano nuncadejó de ser consciente de su sustancia divina. En otros capítulos tendremos que retomar con másprofundidad estas importantísimas divergencias y sus resultados. Pablo, después de haber pasado unos tres años retenido por los romanos en la capital imperial, murióen Roma probablemente en torno a los primeros meses del año 64 d.C. Pero con su desaparición, lasdiscutidas tesis paulinas —contrarias en algunos aspectos fundamentales al mensaje de Jesús, al delAntiguo Testamento y a la visión de los apóstoles— no sólo no perdieron fuerza sino que abrieron uncamino insospechado. El cristianismo en los tiempos de Pablo aún no existía corno una religión nueva —eso es diferente deljudaismo— y, probablemente, Pablo no tuvo la intención de apartarse de los judíos sino que, por elcontrarío, buscó ampliar el Israel bíblico con el ingreso de los gentiles; pero, en poco tiempo, la dinámica delas comunidades fundadas por él, de la mano de los paganos por él convertidos, desembocó en la aventurade inventar el cristianismo tal como lo conocemos.102 De hecho, si le hacemos caso a Marcos, Jesús ya había revelado en vida su «breve abdicación», a Pedro, Santiago y Juan, durante el episodio de latransfiguración (Mc 9,1-7).103 Resulta revelador el profundo desprecio que Pablo siente por el cuerpo físico y la defensa vehemente que hace en favor del «cuerpo espiritual»,que carece de límites. Dejando de lado las metáforas y sofisticadas reflexiones místico-teológicas de Pablo, salta a la vista, para cualquiera que hayaestudiado la estructura del discurso en sujetos con delirios, que su rechazo del cuerpo físico tiene origen en su propia experiencia, en la vida repleta desufrimiento a que le ha forzado un organismo enfermizo, nido de achaques dolorosos de todo tipo, que está cerca de la ceguera... y en el quepermanece prisionero un espíritu poderoso y sin límites, que es capaz de construir razonamientos teológicos supremos y volar hasta el cielo en mediode los arrebatos místicos. 104 Si leemos, por ejemplo Rom 7,4 —«Así que, hermanos míos, vosotros habéis muerto también a la Ley por el cuerpo de Cristo, para ser deotro que resucitó de entre los muertos, a fin de que deis frutos para Dios»—, observaremos que Pablo diferenció dos hombres diferentes en el Cristofísico y en el Cristo posterior a la resurrección, con lo que el creyente, según él, debe tomar el papel de esposa del nuevo hombre espiritual a fin dedarle hijos espirituales. 48
  • 49. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica ORIGEN Y COMPOSICIÓN DE LOS TEXTOS DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO Fecha más Lugar de Origen principal de losTítulo del texto Autor del texto probable de redacción más datos sobre la biografía y canónico composición probable hechos atribuidos a JesúsEvangelio de Juan de Jerusalén c. 75-80 105 [c. Italia. d.C. Notas tomadas por Marcos deMarcos (Marcus). 60-70 d.C.] los recuerdos de Pedro Traductor al griego referidos por éste en sus de Pedro. prédicas.Evangelio de Leví, apóstol de c. 90 d.C. [c. 60-70 Egipto. Evangelio de Marcos,Mateo Jesús llamado d.C.] pasajes «profeticos» del A.T. y Mateo; recaudador otras fuentes judías y no judías. de impuestos.Evangelio de Lucas, médico y fines siglo I d.C. Roma. A. T., escritos del historiadorLucas compañero de Pablo [60 d.C.] Flavio Josefo, material de en sus prédicas. Pablo, Marcos y Mateo, etc.Hechos de los Lucas. fines siglo I d.C. [c. Roma. Mismas fuentes anteriores.Apóstoles 60-62 d.C.]1 a los Pablo. c. 51 d.C. Corinto.TesalonicensesII a los ¿Pablo? Autoría ¿c. 52 d.C.? Corinto.Tesalonicenses falsa.A los Gálatas Pablo. C. 53 d.C. ¿Antioquía?1a los Corintios Pablo. c. 55 d.C. Éfeso.II a los Corintios Pablo. c. 56 d.C. Éfeso.A los Romanos Pablo. c. 57 d.C. Corinto.A los Filipenses Pablo. c. 61 -62 d.C. Roma.A los Efesios ¿Pablo? Autoría ¿c. 61 -62 d.C.? Roma. dudosa.A los Colosenses ¿Pablo? Autoría ¿c. 61- 62 d.C.? Roma. dudosa.A Filemón Pablo. c. 62 d.C. Roma.A Tito ¿Pablo? Autoría ¿62 d.C. os. II? Roma. falsa.1a Timoteo ¿Pablo? Autoría ¿63 d.C. os. II? Roma. falsa.II a Timoteo ¿Pablo? Autoría ¿63 d.C. os. II? Roma. falsa. 105 Las fechas puestas entre corchetes Nácar-Colunga, son las propuestas por la cronología oficial católica. Están extraídas de la Biblia de Nácar-Colunga. 49
  • 50. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaEpístola a los Apolo, judío c. 65-67 d.C. Italia. Notable influencia de la obraHebreos alejandrino del judeo-alejandrino Filón. ayudante de Pablo.I Epistola de Simón/Cefas/Pedro, ¿? Pedro murió en Roma. Influencia de las EpístolasPedro uno de los tres el 64-65 d.C. [67 Romanos y Efesios de Pablo. íntimos de Jesús. d.C.]Epístola de Santiago, hermano ¿75-80? (Santiago ¿Jerusalén? Posiblemente este documentoSantiago de Jesús o el nieto murió en el año 62 se base en otro más antiguo y de su otro hermano d.C.) original de Santiago. Judas. La autoría es dudosa. ORIGEN Y COMPOSICIÓN DE LOS TEXTOS DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO (Cont.) Fecha más Lugar de Origen principal de losTítulo del texto Autor del texto probable de redacción más datos sobre la biografía y canónico composición probable hechos atribuidos a JesúsEpístola de judas Judas, hermano de Jesús o un nieto suyo.La autoría es dudosa. ¿? ¿?II Epístola de Desconocido (pero c. principios del . Notables influencias de las“Pedro” no pudo ser Pedro). s. II d.C. Antigüedades del historiador Josefo y de la Epístola de Judas.Evangelio de Juan el Anciano, un c. fines de la Asia Menor Memorias de Juan elJuan griego cristiano. primera década sacerdote (judío) –no de Juan del s. II d.C el Apostol- y textos hebreos y esenios.I de Juan Juan el Anciano. Ídem anterior. Asia MenorII de Juan Juan el Anciano. Ídem anterior. Asia MenorIII de Juan Juan el Anciano. Ídem anterior. Asia MenorApocalipsis Juan el sacerdote. c. 95-96 d.C Asia Menor Notable influencia de la literatura apocalíptica judía. 50
  • 51. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica II DE CÓMO LOS PROPIOS EVANGELISTAS DIERON VERSIONES PAGANAS Y CONTRADICTORIAS DE LA VIDA DE JESÚS Y DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA ACABÓ TERGIVERSANDO A SU ANTOJO TODOS LOS DATOS QUE NO CONVENÍAN A SUS INTERESES DOCTRINALES «La costumbre de Roma consiste en tolerar ciertas cosas y silenciar otras.» Carta del papa GREGORIO VII, dirigida al legado pontificio Hugues de Die el 9 de marzo de 1078. «Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha resultado esta fábula de Jesucristo.» Carta del papa LEÓN X (1513-1521), dirigida al cardenal Bembo. «Se me reprocha que de vez en cuando me entretenga con Tas-so, Dante y Ariosto. Pero ¿es que nosaben que su lectura es el delicioso brebaje que me ayuda a digerir la grosera sustancia de los estúpidosdoctores de la Iglesia? ¿Es que no saben que esos poetas me proporcionan brillantes colores, con ayuda delos cuales soporto los absurdos de la religión?» Carta del papa CLEMENTE XII (1740-1758), dirigida a Montfauçon. 3 El nacimiento prodigioso de Jesús: un relato mítico que la mayor parte del Nuevo Testamento niega abiertamente Según el Evangelio de Mateo, el nacimiento de Jesús estuvo precedido de uno de los prodigiosbiológicos más notables que ha visto este planeta desde que, hace unos 3.600 millones de años, la vidacomenzara a evolucionar en su seno a partir, según creen los científicos, de un accidente químico que diolugar al antepasado universal de las arqueobacterias y las bacterias, nuestros auténticos abuelosprimigenios (con permiso de Adán y Eva y de la bella metáfora que es el Libro del Génesis, claro está). 51
  • 52. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica «La concepción de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes de queconviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo, no quisodenunciarla y resolvió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció ensueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa,pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús,porque salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señorhabía anunciado por el profeta, que dice: "He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y que se lepondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros." Al despertar José de su sueño hizocomo el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa, la cual, sin que él antes laconociese [eso es sin haber mantenido todavía relaciones sexuales con ella], dio a luz un hijo y le puso pornombre Jesús» (Mt 1,18-25). En el Evangelio de Lucas, que no cuenta nada acerca de las posibles cavilaciones de José, síencontramos la versión principal, la de María, que incomprensiblemente falta en Mateo. El episodio de laanunciación de Jesús se relata de la manera siguiente: «En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel departe de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombreJosé, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: Salve, llena degracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras y discurría qué podía significar aquellasalutación. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tuseno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y llamado Hijo del Altísimo, yle dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su reino notendrá fin. Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó ydijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo 106engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios. (...) Dijo María: He aquí a la sierva del Señor; hágase 107en mí según tu palabra. Y se fue de ella el ángel» (Lc 1,26-38). Contra toda lógica y pronóstico, en los evangelios de Marcos y de Juan no se cita ni una sola línea deeste fundamental acontecimiento sobrenatural que, para los católicos, viene a ser como la madre delcordero de su creencia religiosa. De hecho, Marcos y Juan no se interesan por otra cosa que no sea lavida pública de Jesús asumiendo ya, a sus treinta años —en realidad a sus casi cuarenta o más, tal comoveremos en el capítulo 4—, el papel mesiánico. Resulta totalmente absurdo; ¿cómo iban a dejar demencionar el relato del nacimiento divino de Jesús dos evangelistas que no pierden ocasión de referir sushechos milagrosos? Sólo hay una posible explicación para tal olvido: no creían que fuese cierto. Otro autorneotestamentario fundamental, Pablo, tal como ya señalamos en el apartado que le dedicamos, fue aúnmucho más descreído que ellos a propósito de la supuesta encarnación divina en Jesús. Más adelantevolveremos sobre el asunto. Por otra parte, leyendo a Mateo y Lucas, en especial a este último, no puede dejar de asomar ennuestra mente una duda terrible: o bien Dios —como ya hemos visto en otros apartados de este libro—tiene que repetir a cada tanto sus mejores episodios, o es que la misma historia mítica va renovándose a símisma plagio tras plagio. Sin salimos del Antiguo Testamento, veremos que el relato de la concepción porintervención divina no era ninguna novedad. En el libro de Jueces, al relatar el nacimiento de Sansón (fue 13), se presenta a su madre, que eraestéril, en el siguiente trance: «Fue la mujer y dijo a su marido: "Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía elaspecto de un ángel de Dios muy temible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer sunombre, pero me dijo: Vas a concebir y a parir un hijo. No bebas, pues, vino ni otro licor inebriante y nocomas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de sumuerte." Entonces Manué [el marido] oró a Yavé, diciendo: "De gracia, Señor: que el hombre de Dios que 106 En este punto no puede dejarse de reproducir la anotación qué acompaña á este versículo en la Biblia católica de Nácar-Colunga, pues valesu peso en oro: «Es el anuncio de una concepción milagrosa. "Espíritu Santo" significa aquí la fuerza divina carismática que actuará en ella (C/r. Jue3,10; 11,29; 2 Par 20,14); es "la virtud del Altísimo", que la "cubrirá con su sombra". La expresión es bella y sumamente delicada para insinuar laintervención divina. (...) Es una frase poética muy ambientada en la literatura bíblica, que delicadamente ahorra todo antropomorfismo, que pudieraresultar grosero en el momento de la concepción del Redentor.» Al margen del tono general, obsérvese que la aclaración —sin duda revelada,— deque el Espíritu Santo es aquí «la fuerza divina carismática» y no lo que su nombre evidencia que es, adquiere una gran importancia con el fin de evitarque cualquier mente no teológica (es decir, normal) pueda llegar a pensar que Jesús, el Hijo, tuvo dos padres: la primera y la tercera personas de laTrinidad. 107 Este último versículo lleva, en la Biblia católica que usamos, la siguiente anotación: «Informada de la voluntad de Dios, la Virgen presta suasentimiento, y en ese instante se realiza el misterio divino de la encarnación del Verbo en su seno virginal.» A quién debe, pues, su maternidadmilagrosa, ¿a Dios o al ángel Gabriel? 52
  • 53. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaenviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha denacer."». Con algunas diferencias, las circunstancias básicas de este relato se repiten también en elnacimiento de Samuel, el último juez de Israel, hijo de Ana, la esposa estéril del efraimita Elcana (I Sam 1).Y antes que en ellos, Dios había intervenido también en la concepción de Isaac, hijo de Abraham (Gén 2l,l- 1084). La madre de Sansón —como Ana, la madre de Samuel, e Isabel, la de Juan el Bautista (Lc 1,5-25)—dejaron de ser estériles por la gracia de Dios, la misma que se «derramó» sobre María para fecundarlasiendo aún virgen o, con el mismo signi-ficado práctico, siendo aún estéril para los planes de Dios (que sonla idea nuclear de toda la Biblia). Además, Sansón, como Jesús, murió para salvar a su pueblo —de losfilisteos— y también lo hizo con los brazos en cruz, forzando las dos columnas centrales del templo deDagón en Gaza (Jue 16,27-31). Resulta obvio que los dos evangelistas se inspiraron en estos relatos —y en otros similares de origenpagano— para apoyar la grandeza que debía tener la figura de Jesús, ya que éste, como todos lospersonajes muy relevantes de la historia antigua, debía llevar el sello diferencial e inconfundible de unnacimiento prodigioso. Sin embargo, tal como ya observó con agudeza el erudito Alfred Loisy, especialista en estudios bíblicose historiador de la religiones, «para descartar los relatos del nacimiento? milagroso y de la concepciónvirginal, basta con comprobar que fueron ignorados por Marcos y Pablo, y que el de Mateo y el de Lucas no 109concuerdan entre sí, presentando ambos todos los caracteres de una pura invención». Nacer de una virgen fertilizada por Dios fue un mito pagano habitual en todo el mundo antiguo anterior a jesús Todas las culturas antiguas, sin excepción, manifestaron un horror profundo y visceral ante laesterilidad, ya fuera ésta la de la naturaleza o la de las mujeres, ya que sus precarias formas de existencia—dominadas por la mortalidad infantil, las guerras y enfermedades que diezmaban hombres y ganado, loscaprichos atmosféricos que amenazaban las cosechas, etc.— les habían hecho asociar indeleblementereproducción y supervivencia. Desde los primeros florecimientos culturales del Paleolítico Superior, estacreencia llevó a pensar que la fecundidad era una clara prueba de amistad por parte de los dioses y, claroestá, invistieron a los dioses generadores con el máximo poder celestial que pudieron imaginar. Ésta es larazón por la que no se ha hallado más que representaciones de diosas madre y diosas de la fertilidad en losyacimientos arqueológicos pertenecientes al período que oscila entre el 30000 y 10000 a.C. Dada la evidente incapacidad de los hombres para parir y, por tanto, para detentar el control de lacapacidad generadora, la imagen de Dios fue exclusivamente femenina hasta el 3500 a.C.aproximadamente; a partir de esa fecha, debido a un conjunto de cambios sociopolíticos y económicos, laimagen del Dios varón se apropió de la atribución generadora de la diosa y relegó a ésta al papel de madre,esposa o amante del dios masculino para, finalmente, en una última redefinición de rol, reducirla a diosaVirgen. De este proceso, apasionante, complejo y básico para entender nuestra cultura actual y el papel dela mujer dentro de ella, nos ocuparemos en un próximo libro que ya tenemos muy adelantado. El horror a la esterilidad, del que venimos hablando, lanzó a todas y cada una de las culturas antiguasa diseñar mitos, creencias y ritos cargados con un pretendido poder capaz de exorcizar un tan terriblecastigo divino. Pero también se desarrollaron costumbres sexuales que serían tenidas por excesivas inclusopor la mentalidad actual más liberal. Éste es el motivo por el que en la Biblia abundan las historias 108 «Rogó Abraham por Abimelec, y curó Dios a Abimelec, a su mujer y a sus siervos, y engendraron, pues había Yavé cerrado enteramentetodo útero en la casa de Abimelec por lo de Sara, la mujer de Abraham» (Gén 20,17-18) y «Visitó, pues, Yavé a Sara, como le dijera, e hizo con ellalo que le prometió; y concibió Sara, y dio a Abraham un hijo en su ancianidad al tiempo que le había dicho Dios. Dio Abraham el nombre de Isaac asu hijo, el que le nació de Sara» (Gén 21,1-3). 109 Cfr. Loisy, A. (1908). Simples Reflexións. París, p. 158. Tras la publicación de este crítico libro, Loisy, al que se considera el iniciador delmodernismo, fue excomulgado por la Iglesia. Con anterioridad, en 1889, ya se le había forzado a abandonar su cargo como profesor de hebreo y deSagrada Escritura en el Institut Catholique de París., acusado de cultivar ideas heterodoxas sobre la infalibilidad de la Biblia y, en 1903, un decretodel Santo Oficio (Inquisición) incluyó cinco de sus obras en el índice (relación de libros cuya lectura estaba absolutamente prohibida). 53
  • 54. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicasexuales truculentas: Sara, estéril, lanzó a su marido Abraham en brazos de la esclava egipcia Agar (Gén16,2); Najor, hermano de Abraham, tuvo muchos hijos con su concubina Raumo (Gén 22,24); las dos hijas 110de Lot embriagaron a su padre para tener hijos con él (Gén 19,31-38); Jacob se casó al mismo tiempocon las dos hermanas Raquel y Lía, que cuando se volvieron estériles facilitaron a su marido sus esclavasBala y Zelfa para que engendrara hijos con ellas (Gén 30,1-13); Bala no sólo era la amante de Jacob yaque también se acostaba con su hijo Rubén (Gén 35,22); Tamar se casó sucesivamente con los hermanosEr y Onan, hijos de Judá, pero al quedar viuda sin haber dado descendencia y temiendo ser acusada deesterilidad, se disfrazó de prostituta y tuvo así dos hijos de su suegro (Gén 38,14-30); Elcana sustituyó a suesposa Ana, estéril, por Penena (I Sam 1,2), etc. Con el desarrollo de las tradiciones asociadas a la esterilidad y de los cultos destinados a su efectocontrario, la fecundidad, surgió de manera lógica y natural la leyenda de la intervención divina reparadora.Puesto que hacer parir a una mujer estéril sólo podía lograrlo una intervención divina directa, no se requiriódemasiada imaginación para invertir los términos de la ecuación y pasar a considerar al primer hijo de unamujer estéril como a un ser especialmente tocado por Dios, una señal que será aprovechada por losbiógrafos antiguos para recalcar la «proximidad divina» de algún personaje notable mediante la argucia de 111añadir a su curriculum el dato de proceder de una madre estéril. Para completar la escenificación de la«señal divina» se elaboraron los episodios de la «anunciación» en los que un ser celestial, en sueños o envivo, anunciaba la concepción milagrosa. Los relatos sobre anunciaciones a las madres de grandes personajes aparecen en todas las culturasantiguas del mundo. Así, por ejemplo, en China, son prototípicas las leyendas acerca de la anunciación a lamadre del emperador Chin-Nung o a la de Siuen-Wuti; a la de Sotoktaïs en Japón; a la de Stanta(encarnación del dios Lug) en Irlanda; a la del dios Quetzalcoatl en México; a la del dios Vishnú (encarnadoen el hijo de Nabhi) en India; a la de Apolonio de Tiana (encarnación del dios Proteo) en Grecia; a la deZoroastro o Zaratustra, reformador religioso del mazdeísmo, en Persia; a la de las madres de los faraonesegipcios (así, por ejemplo, en el templo de Luxor aún puede verse al mensajero de los dioses Thotanunciando a la reina Maud su futura maternidad por la gracia del dios supremo Anión)... y la lista podría serinterminable. Este tipo de leyendas paganas también se incorporaron a la Biblia, en relatos como los ya citados delnacimiento de Sansón, Samuel o Juan el Bautista y culminaron con su adaptación, bastante tardía, a lanarración del nacimiento de Jesús. Por regla general, desde muy antiguo, cuando el personaje anunciadoera de primer orden, la madre siempre era fecundada directamente por Dios mediante algún procedimientomilagroso, conformando con toda claridad el mito de la concepción virginal, especialmente asociado a laconcepción de los dios-Sol, una categoría a la que, como mostraremos más adelante, pertenece la figura deJesús-Cristo. Sirva como ejemplo algo más detallado el caso de los jeroglíficos tebanos, que relatan la concepcióndel faraón Amenofis III (c. 1402-1364 a.C.) de la siguiente manera: el dios Thot, como mensajero de losdioses (en un rol equivalente al que realizaba Mercurio entre los griegos o el arcángel Gabriel en losEvangelios), anuncia a la reina virgen Mutemuia —esposa del faraón Tutmés IV— que dará a luz un hijoque será el futuro faraón Amenofis III; luego, el dios Knef (una representación del dios Amón actuando comofuerza creadora o Espíritu de Dios, equivalente al Espíritu Santo cristiano) y la diosa Hator (representaciónde la naturaleza y figura que presidía los procesos de magia) cogen ambos a la reina de las manos ydepositan dentro de su boca el signo de la vida, una cruz, que animará al futuro niño; finalmente, el diosNouf (otra representación del dios-carnero Amón, el Señor de los Cielos, en su papel de ángel que penetraen la carne de la virgen), adoptando el rostro de Tutmés IV fecundará a Mutemuia y, aún bajo el aspecto deNouf, modelará al futuro faraón y su ka (cuerpo astral o puente de comunicación entre el alma y el cuerpofísico) en su torno de alfarero. Este relato mítico egipcio, como el resto de sus equivalentes paganos, esmás barroco que el cristiano, sin duda, pero todo lo esencial de éste ya aparece perfectamente dibujado enaquél. Uno de los mitos que, con escasas variantes, se repite en muchas tradiciones culturales es el del reyque, para evitar la profecía que señala a un futuro nieto suyo como la persona que le destronará y/o matará, 110 «Y dijo la mayor a la menor: "Nuestro padre es ya viejo, y no hay aquí hombres que entren a nosotras, como en todas partes se acostumbra.Vamos a embriagar a nuestro padre y a acostarnos con él, a ver si tenemos de él descendencia"...» (Gén 19,31-32). 111 En los capítulos IV y V del Protoevangelio de Santiago, se ex-tiende este sello hasta la propia María, a quien se presenta como la hija deJoaquín y Ana que, a pesar de ser estéril, pudo concebirla tras recibir el anuncio de la gracia divina mediante un ángel del Señor. C/r. Kaydeda, J. M.(1986). Los Apócrifos Jeshúa y otros Libros Prohibidos. Madrid: Rea, pp. 398-399. 54
  • 55. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaencierra a su hija virgen para separarla del contacto con los hombres e impedir así el tan temido embarazo;pero en todos los casos, Dios, que debe velar por que sus planes se cumplan, acabará interviniendodirectamente y fecundando (mediante una vía no genital) a la madre de personajes llamados a ser figurashistóricas excepcionales. El exponente escrito más antiguo que se conoce de este mito aparece en la leyenda caldea de laconcepción del gran rey de Babilonia Gilgamesh (c. 2650 a.C.), nacido de la hija virgen del rey Sakharos,encerrada por éste en una torre, para evitar el oráculo amenazador, pero fecundada por el dios supremoShamash que llegó hasta ella en forma de rayos del sol. La misma narración se empleó para describir el nacimiento del héroe griego Perseo, nacido de Dánaeo Dafne, hija de Acrisio, rey de Argos, que la encerró en una cámara subterránea de bronce, paraimposibilitar la profecía vinculada a su embarazo, pero el dios del cielo Zeus, tomando la forma de lluvia 112dorada, penetró por una rendija de la prisión y fecundó su vientre de virgen. Para no alargarnos hasta elagotamiento, baste decir que casi todos los fundadores de dinastías de Asia oriental fueron presentadoscomo nacidos de virgen que, a fin de cuentas, era la forma más gráfica de hacerse reconocer comoverdaderos hijos del cielo, eso es de Dios. En el diccionario chino Chu-Ven, escrito por Hiu-Tching, un autor que fue contemporáneo de Jesús, alexplicar el carácter Sing-Niu, compuesto por Niu (virgen) y Sing (dar a luz), se afirma que «los antiguossantos y los hombres divinos eran llamados hijos del Cielo, porque sus madres concebían por el poder delTien (cielo), y con solo él podían tener hijos»,113 con lo que se evidencia fehacientemente que en China, asícomo en toda su zona de influencia cultural, fue clásica y extendida desde antiguo la creencia en lasconcepciones virginales. De hecho, la virginidad de la madre llegó a ser respetada hasta tal punto que,según las tradiciones, el nacimiento de los «hijos del Cielo» tenía lugar por vías tan pintorescas como elpecho, la espalda, el costado, la oreja, etc. Según refiere la tradición del pueblo tártaro, Ulano, su primer rey, nació de una virgen; y al famosofundador del imperio mogol Gengis Kan se le hizo descendiente de uno de los tres hijos habidos por lavirgen Alankava, embarazada de trillizos por un resplandor que después de envolverla le penetró por la 114boca y le recorrió todo el cuerpo. El emperador Wang-Ting fue concebido cuando una gran luminariaceleste se detuvo sobre el vientre de su madre y dos hombres celestes se aparecieron a su lado portandosendas cazoletas de incienso. Hasta el tiempo presente ha perdurado aún la denominación de Niu-Hoang(la soberana de las vírgenes) y Hoang-Mu (la madre soberana) aplicada a Niu-Va —esposa o hermana deFo-hi y considerada una divinidad protectora de la vida matrimonial— que, gracias a sus plegarias, obtuvo lagracia de ser madre y virgen a la vez. Todos los grandes personajes, ya fueran reyes, sabios —como, por ejemplo, los griegos Pitágoras (c.570-490 a.C.) o Platón (c. 427-347 a.C.)—, o aquellos que devinieron el centro de alguna religión y queacabaron siendo adorados como «hijos de Dios», Buda, Krisna, Confucio o Lao-Tsé, fueron mitificados parala posteridad como hijos de una virgen. Jesús, aparecido mucho después que ellos, aunque sujeto a unpapel equivalente al de sus antecesores, no iba a ser menos. De esta forma, budismo, confucianismo,taoísmo y cristianismo quedaron impregnados con el sello indeleble de haber sido resultado de la obra deun «hijo del Cielo», encarnado a través del acceso directo y sobrenatural de Dios al vientre de una virgenespecialmente apropiada y escogida. El parecido de las leyendas entre unos y otros es tan profundo como lo resalta la anécdota referida, enel siglo XVIII, por el padre agustino Giorgi, un notable experto en orientalismo: «Cuando observé que estepueblo ya poseía un dios bajado del cielo, nacido de una virgen de familia real, y muerto para redimir elgénero humano, mi alma se turbó y permanecí muy confuso. Puedo añadir que los tibetanos contestaron losofrecimientos de los misioneros, diciendo: ¿para qué nos vamos a convertir al cristianismo? Si ya tenemos 115unas creencias idénticas a las vuestras, y que además son mucho más antiguas». Hasta el día de hoy, el 112 Justino (100-165 d.C.), el influyente escritor grecocristiano y mártir, que conocía perfectamente esta tradición pagana de la madre virgenembarazada por Dios para engendrar un ser prodigioso, se tomó la molestia de recoger esta historia en su I Apología —calificándola de «fábula» eidentificando al dios Zeus con un diablo— para, sin negarla —puesto que de hacerlo debería cuestionarse también su propia creencia en el nacimientoidéntico de Jesús—, calificarla de «milagro infernal» en su Diálogo con el judío Trifón, obra en la que defiende que Cristo es el Mesías basándose enprofecías del Antiguo Testamento. 113 Cfr. Chu- Ven, raíz 443,1. Este dato aparece citado en P.de Prémare, Vestiges des principaux dogmes chrétiens, 1878, p. 204. 114 Según san Agustín, san Efrem, Abogardo y el breviario de los Maronitas, la Virgen María habría concebido a través de una de sus orejas. 115 Cfr. Giorgi, A. (1742). Alphabetum Thibetanum. Roma, Prae-fatio,p. 19. 55
  • 56. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacristianismo ha fracasado en sus muchos intentos de evangelizar a los pueblos budistas a causa, sin duda,de esos parecidos que tan perplejo dejaron al buen padre agustino. En cualquier caso, la Iglesia hacía ya muchos siglos que conocía bien el paralelismo de Cristo conBuda cuando Giorgi recién cayó del caballo. San Jerónimo, por ejemplo, que identificaba a los budistas bajola denominación de samaneos, sabía que Buda había nacido de una virgen y en su polémica contraHelvidio, acerca de la virginidad de María, recoge textualmente el argumento del Lalita Vistara cuandoafirma de Maya-Devi, la madre virgen de Buda, que «ninguna otra mujer era digna de llevar en su seno alprimero de entre los hombres». Otros puntales de la Iglesia primitiva, como Clemente de Alejandría,Crisóstomo o san Epifanio —el padre de la historia eclesiástica—, conocían también las creencias de losbudistas. El decorado pagano habitual: señales celestes, magos, pastores, ángeles cantores, animales amables y un rey que persigue al niño divino En la mayoría de los relatos acerca del nacimiento de dioses o de héroes se refiere la aparición deestrellas u otras seña-les celestes que anuncian la calidad sobrenatural del recién nacido. Así, por ejemplo,en la leyenda china de Buda se habla de una milagrosa luz celeste que anunció su concepción; en elBhâgavata-Purâna se cuenta como un meteoro luminoso anunció el nacimiento de Krisna; el historiadorJustino refiere cómo la grandeza futura del rey Mitríades ya había] sido anunciada por la aparición de uncometa en el momento de su nacimiento y en el de su ascensión al trono; el día que Julio César nacióapareció la estrella Ira en el firmamento y, según Suetonio, no volvió a aparecer hasta la víspera de labatalla de Farsalia; según recogió Servio del marino Varrón, Eneas, tras su salida de Troya, vio a diario laestrella Venus y al dejar de verla, llegado ya a los campos Laurentinos, supo así que ésas eran las tierrasque le asignaba el destino. Al mismísimo Orígenes, teólogo fundamental para el desarrollo del cristianismo, debemos la siguientedefensa de la veracidad de las señales celestes: «Yo creo que la estrella que apareció en Oriente era deuna especie nueva y que no tenia nada en común con las estrellas que vemos en el firmamento o en lasórbitas inferiores, sino que, más bien, estaba próxima a la naturaleza de los cometas. (...) He aquí laspruebas de mi opinión. Se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandescambios que han ocurrido sobre la Tierra siempre han aparecido astros de este tipo que presagiaban:revoluciones en el Imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo. (...) Así pues, si escierto que se vieron aparecer cometas o algún otro astro de esta misma naturaleza con ocasión delestablecimiento de alguna nueva monarquía, o en el transcurso de algún cambio importante en los asuntoshumanos, no debemos extrañarnos de que haya aparecido una nueva estrella con ocasión del nacimientode una persona que iba a originar un cambio tan radical entre los hombres. (...) Por lo que se refiere a loscometas, podría decir que nunca se vio que ningún oráculo haya predicho que aparecería tal cometa en talocasión, o con el establecimiento de tal imperio; mientras que, en lo que respecta al nacimiento de Jesús, 116ya Balam lo había predicho.» Si acudimos al Evangelio de Mateo podremos leer el único relato neotestamentario que habla de la«estrella de Navidad». Dice así: «Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes,llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba denacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle. (...) Después de haber oído al rey, sefueron, y la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugardonde estaba el niño...» (Mt 2,1-12). En el Evangelio citado se aplica una práctica, habitual entre los cristianos de los primeros siglos,consistente en dar por verdadero cualquier hecho procedente de la tradición que pudiese ser relacionadocon algún texto bíblico que anunciase su realización; esta forma de autentificación no sólo llevó a sacar decontexto decenas de frases supuestamente proféticas sino que, a menudo, forzó la invención de sucesospara validar lo que con anterioridad se consideraban profecías. 116 Cfr. Contra Celso, I,58 y ss. 56
  • 57. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Así, Mateo, con su narración, da forma material y carga de sentido como «profecía mesiánica» a unasola de entre las muchas frases inocentes y metafóricas pronunciadas, al estilo oracular, por Balammientras está en Bamot Baal; la frase —en la que también se apoyó Orígenes—, que es usada desligándolade su contexto, dice: «Álzase de Jacob una estrella, Surge de Israel un cetro...» (Núm 24,17). Pero, por otraparte, la presencia en el relato de Mateo de los «magos», que obvia-mente son sacerdotes astrólogospersas —y que no aparecen en ningún otro texto del Nuevo Testamento—, aporta también una pistainmejorable para ratificar que el origen de la «estrella de Navidad» debe buscarse en el contexto pagano deadoración a los astros que pervivía aún en el sustrato de muchas leyendas dadas por ciertas en esa época. De este contexto astrólatra son ejemplos bien conocidos tradiciones como la egipcia que, desde épocainmemorial, consideraba la aparición de la estrella brillante Sotis (Sirio), en una parte determinada delfirmamento, como el anuncio del nacimiento anual de Osiris y de la llegada al mundo de su poder vivificante(materializado en la crecida del Nilo); o rituales como los efectuados en Persia, donde, desde tiempos delrey Darío I (521-486 a.C.) y probablemente desde cientos de años antes, los magos/sacerdotes ya solían 117ofrecer a Ahura-Mazda (el dios solar principal) los presentes del oro, incienso y mirra que se citan en Mt2,11. San Ignacio de Antioquía, obispo y padre de la Iglesia, que vivió durante el siglo I d.C. en el mismísimocentro de expansión de las creencias mágicas y astrológicas caldeas, aportó una versión complementariadel relato de Mateo en la que se destaca aún más su carácter astrológico pagano: «Un astro brillaba en elcielo más que todos los restantes, su situación era inexplicable, y su novedad causaba asombro. Los demásastros, junto con el Sol y la Luna, formaban un coro en torno a este nuevo astro, que los superaba a todospor su resplandor. La gente se preguntaba de dónde vendría este nuevo objeto, diferente de todos los 118demás.» Resulta bastante claro que el origen sirio —país cuna de los maestros en el arte astrológico—del obispo de Antioquía le hizo ser un poco más explícito que a Mateo. Los hechos prodigiosos que acompañaron el nacimiento de Jesús, según la versión de Mateo, se venampliados —aunque no confirmados, y viceversa— en Lucas: «Había en la región unos pastores quepernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando sobre el rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, yla gloria del Señor los envolvía con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor. Díjoles el ángel: Notemáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy unSalvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Esto tendréis por señal: encontraréis un niñoenvuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejércitocelestial que alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buenavoluntad"» (Lc 2,8-14). Resulta curioso, cuando menos, que el ángel del Señor que aparece en Lucas no orientase a lospastores en referencia a la estrella brillante que, según Mateo, estaba parada sobre el lugar dondereposaba el niño, ya que, incluso dirigiéndose a lugareños conocedores del terreno, era mucho más lógicohaberles dado como señal la luz de una estrella anormal que mandarles buscar, en plena noche, un bebéen pañales oculto en alguno de los muchos pesebres de la zona. También resulta pintoresco que los tresreyes magos, después de las molestias tomadas para realizar su largo viaje, no sean mencionados porLucas, ni se los haga testigos y partícipes del glorioso concierto dado por las huestes celestiales a lospastores. Parece obvio que tanto Mateo como Lucas, que no se conocieron y que escribieron sus evangelios entierras diferentes, Egipto y Roma respectivamente, adornaron su relato sobre Jesús inspirándose enleyendas ya existentes pero que gozaban de diferente prestigio en un lugar u otro; por eso Mateo tiñó deorientalismo populachero el nacimiento de Jesús mientras que Lucas torció la mano para adaptarse atradiciones míticas que fuesen más creíbles en la capital del imperio. La narración de Lucas ya tenía antecedentes bien ilustres y conocidos en todo el mundo de entoncescuando el evangelista cristiano incorporó un tipo ya clásico de mito al personaje de Jesús. Así, por ejemplo,cuando nació Buda (c. 565 a.C.), según el texto del Lalita Vistara, la tierra tembló, oleadas de lluviasperfumadas y de flores de loto cayeron de un cielo sin nubes, mientras que los devas —o «divinidades 117 En la inscripción de Naqsh i Rustam, de tiempos de Darío I, se afirma que «Ahura-Mazda es un gran dios. Ha creado esta tierra. Ha creadoel cielo. Ha creado el hombre. Ha creado la felicidad del hombre. Ha hecho rey a Darío». 118 Cfr.Ad.Eph.,XI,2. 57
  • 58. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaresplandecientes», equivalentes a los ángeles y arcángeles católicos—, acompañados de sus instrumentos,cantaban en los aires: «Hoy ha nacido Bodhisattva sobre la tierra para dar paz y alegría a los hombres y alos devas, para expandir la luz por los rincones oscuros y para devolver la vista a los ciegos.» En el momento del nacimiento de Krisna todos los devas dejaron sus carros en el cielo y, haciéndoseinvisibles, fueron hasta la casa de Mathura en la que estaba por nacer el niño divino y, uniendo sus manos,se pusieron a recitar los Vedas y a cantar alabanzas en honor de Krisna y aunque nadie los vio, segúnapunta la leyenda, todo el mundo pudo oír sus cantos; después del nacimiento, todos los pastores de laregión le llevaron felicitaciones y regalos a Nanda, el criado encargado de cuidarle. Durante el nacimiento de Confucio (551 a.C.) aparecieron dos dragones en el aire por encima de sucasa y cinco venerables ancianos, que representaban a los cinco planetas conocidos entonces, entraron enla habitación del parto a honrar al recién nacido; una música armoniosa llenó los aires y una voz provenientedel cielo exclamó: «Éste es el hijo del cielo, el divino infante, y es por él por lo que la tierra vibra enmelodioso acorde.» Cabe señalar que las tradiciones relacionadas con Buda, Krisna y Confucio se habíandesarrollado entre pueblos agrarios y en un momento en que el «hijo del cielo» aún presidía cada año lasagrada ceremonia de la siembra. En el mismo contexto agrario o pagano —el término pro-cede del latín paganus, campesino, y pagus,aldea— se originó esa bella estampa, popularizada por los belenes navideños, del buey y el asno adorandoy calentando amablemente al niño Jesús acostado en el pesebre. Esta escena, sin embargo, a pesar de sertan querida por la Iglesia y por sus fieles y de haber sido consagrada por una práctica litúrgica universal, noaparece descrita en ninguno de los Evangelios canónicos... aunque sí figura en el texto al que debemos lahistoria de la Navidad tal como se la conoce hasta el día de hoy, eso es el evangelio apócrifo denominadoPseudo-Mateo, donde, en su capítulo XIV, se lee: «El tercer día después del nacimiento del Señor, Maríasalió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron.Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: "El buey ha conocido a su dueño y el asno elpesebre de su señor." Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar.Entonces se cumplió lo que anunció Habacuc: "Te manifestarás entre dos animales." Y José y María 119permanecieron en este sitio con el niño durante tres días.» La tradición de los animales adoradores y/o auxiliadores de personajes extraordinarios la encontramostambién en todas las culturas anteriores al cristianismo. Desde la cercana leyenda romana de Rómulo yRemo, hijos gemelos de Rea Silvia y del dios Marte y fundadores de Roma, que, al nacer, fueron lanzadosal río Tíber dentro de una cesta de mimbre, siendo salvados y amamantados por una loba hasta que elpastor Fáustulo los encontró y crió. Hasta las leyendas esparcidas por toda Asia que reproducen tradicionesantiquísimas como las de Tchu-Mong (Corea), Tong-Ming (Manchuria) o Heu-tsi (China); de este último, porejemplo, se cuenta que «su dulce madre lo trajo al mundo en un pequeño establo al lado del camino; losbueyes y corderos lo calentaron con su aliento. Acudieron a él los habitantes de los bosques, a pesar delrigor del frío, y las aves volaron hacia el niño como para cubrirlo con sus alas». Es muy probable que este tipo de leyendas se hubiese desarrollado a partir de la costumbre ancestral,ésa sí real y extendida por todo el planeta, de exponer a los recién nacidos que se suponía ilegítimos a losanimales salvajes o domésticos o a las aguas abiertas (ríos o mares). La «prueba del río», por ejemplo, queservía para reconocer como legítimos sólo aquellos bebés que las aguas devolvían con vida a la orilla, eraconocida y practicada entre la mayoría de pueblos de la antigüedad (culturas mesopotámicas y semíticas,hebreos incluidos, árabes, germanos, griegos, romanos, etc.). En los casos en que el recién nacido sobrevivía a la «exposición» a los animales salvajes o al agua yse daba la circunstancia de que el padre no había podido mantener de ninguna manera relaciones sexualescon la madre (por estar éste navegando o en la guerra, por ejemplo), se consideraba que la criatura habíasido engendrada por algún dios, declaración que devolvía la paz a la familia y llenaba de orgullo al padrecornudo por la gracia de Dios. En muchos pueblos del sudeste asiático perduró hasta hace apenas dossiglos la costumbre de matar a toda mujer embarazada de un hombre desconocido... salvo si la madreanunciaba que el padre había sido un dios o un espíritu, caso en el cual era felicitada por todos susconvecinos. Con el paso de los siglos, durante el desarrollo de los relatos legendarios de los «hijos de Dios», debiócreerse oportuno insertar algún episodio de exposición a los animales o a las aguas para, precisamente,rememorando la ancestral tradición agraria, poder señalar que con la supervivencia del bebé quedabademostrada hasta más allá de cualquier duda la paternidad divina que quería asociarse con el personaje a119 Cfr. El Evangelio del Pseudo-Mateo, XIV, 1-2; en Kaydeda, J. M. (1986). Op. cit., p. 684. 58
  • 59. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicamitificar. En las leyendas, obligadas a narrar hechos con alguna base histórica, comenzó a ser corriente elsustituir el concepto de «hijo ilegítimo» por el de «varón considerado de riesgo para el sistema de gobiernodominante» que, precisamente por su filiación divina —demostrada por la exposición—, acababa ganandola partida a sus perseguidores. Los primeros cristianos se limitaron a recoger este tipo de episodio de la exposición a los animales dealguna de las muchísimas tradiciones que circulaban en esa época y la añadieron al aluvión de rasgosmíticos paganos que se habían empleado ya para configurar el personaje divinizado de Jesús (y paradesfigurar su personalidad histórica verdadera). Pero tal como era su costumbre, certificaron la verdad delhecho acudiendo a los profetas. Revisaron la Biblia —dado que eran cristianos helenizados recurrieron asu traducción griega de los Setenta— y encontraron un versículo fascinante en medio del texto másminúsculo de las Escrituras, en el de Habacuc, donde se profetizaba: «Te manifestarás en medio de losanimales», que era un traducción absolutamente errónea del original hebreo que decía —y sigue diciendoen las biblias actuales— «Yo, ¡oh Yavé!, oí tu renombre y he temido, ¡oh Yavé!, tus obras. Dales existenciaen el transcurso de los años, manifiéstalas en medio de los tiempos» (Hab 3,2). El haber partido de un error de bulto en la profecía que confundía manifestarse en medio de lostiempos con hacerlo entre las bestias —y que, en todo caso, podría referirse a cualquier «obra de Yahveh»que pudiese suceder en el mundo (entre las que el nacimiento de Jesús no podía ser más que unaposibilidad entre las millones de millones de intervenciones divinas que, según los creyentes, acontecen adiario)— se agravó hasta el esperpento cuando relacionaron lo que jamás dijo Habacuc con lo que nuncapretendió decir Isaías, del que —apoyándose en otra de las profecías gloriosas a que nos tieneacostumbrados la Biblia— se tomó la primera mitad de una frase que dice: «Conoce el buey a su dueño, yel asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento» (Is 1,3). El sentidode la frase completa de Isaías resulta bien obvio, pero para los cristianos fue la profecía que garantizó laveracidad de sus creencias navideñas. ¡Con qué poco se hizo tanto! Si recuperamos el relato de Mateo, leemos que «Partido que hubieron [los magos, por un camino queevitaba pasar por el palacio de Herodes], el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:"Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodesva a buscar al niño para matarlo". Levantándose de noche, tomó al niño y a la madre y se retiró haciaEgipto, permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que había pronunciadoel Señor por su profeta, diciendo: "De Egipto llamé a mi hijo." Entonces Herodes, viéndose burlado por losmagos, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en sus términos de dosaños para abajo, según el tiempo que con diligencia había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lapalabra del profeta Jeremías, que dice: "Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; esRaquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada, porque no existen"» (Mt 2,13-18). La narración no tiene desperdicio ya que muestra a un Herodes profundamente estúpido que, aún«turbado» al saber del nacimiento del rey mesías que podía destronarle (Mt 2,3-5), es incapaz de mandar asus soldados a Belén, situado a poca distancia de su palacio, para prenderle y, en lugar de enviar, almenos, a alguno de sus muchos espías de la corte para que le informasen con diligencia, se quedóesperando las noticias de tres magos desconocidos que se habían declarado adoradores del recién nacido.Un «recién nacido» que, según refiere Mateo, podía tener hasta dos años, con lo que es obligadopreguntarse: ¿pasó Jesús sus dos primeros años en un pesebre esperando a los magos?, ¿estuvo Herodesaguardando a los magos durante dos años y no tomó medidas hasta después de pasado ese plazo?, ¿erantan idiotas los soldados de Herodes que éste les tuvo que mandar asesinar a todos los nacidos de «dosaños para abajo» por si no sabían distinguir a un recién nacido de un niño algo mayor? Los datos históricos reales nos dicen que Herodes no era el rey pasmarote y sanguinario que presentaMateo, sino todo lo contrario, y denuncian que este suceso es mentira dado que, por ejemplo, no fuereflejado por el historiador judío Flavio Josefo (c. 37-103 d.C.) en sus Antigüedades judías o en cualquieraotra de sus documentadas obras; este autor, que luchó contra los romanos en la guerra judaica, nunca dejóde dar noticia de las persecuciones o masacres cometidas contra su pueblo, resultando del todo imposibleque no recogiera —en un relato minucioso, como todos los suyos— la noticia de la matanza de los niños si 120ésta hubiese acontecido de verdad. 120 Por otra parte, dado que los judíos, sometidos al Imperio romano, no podían aplicar la pena de muerte contra sus conciudadanos sin elpreceptivo permiso del gobernador imperial, resulta tan imposible que Herodes pudiese ordenar la matanza como que el rey judío hubiese quedado sincastigo por parte de la autoridad romana si los hechos se hubiesen producido realmente. 59
  • 60. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Esta leyenda, como el resto del mito evangélico sobre Jesús, es falsa y también está tomada deantiguas tradiciones paganas, pero, sin embargo, fue intercalada en Mateo —único texto canónico en queaparece— con una función muy concreta: reforzar la credibilidad del mito básico del cristianismo dandocumplimiento a dos supuestas profecías sobre el Mesías. En el apartado anterior ya vimos cuán comuneshabían sido en la antigüedad las leyendas de reyes que, prevenidos por alguna profecía, perseguían amuerte a «hijos de Dios» nacidos de una virgen —que a menudo era la propia hija o hermana delperseguidor— con la intención de evitar su anunciada entronización; un empeño que, lógicamente, laestructura mítica del relato convertía en vano. Fundadores de dinastías reales de todo el planeta yreformadores religiosos cuentan en su haber mítico con un episodio de persecución siendo aún reciénnacidos. Sirva de ejemplo prototípico la descripción sucinta de una parte de la leyenda del nacimiento deKrisna, octava encarnación de Vishnú, segunda persona de la trinidad brahamánica, que hacemosseguidamente: Los astrólogos —o un diablo, según otra versión del mito— habían pronosticado a Kansa, el tirano deMathurá, que un hijo de su hermana Devakí le arrebataría la corona y le quitaría la vida, por lo que elsoberano ordenó la muerte de su sobrino Krisna tan pronto naciese, pero éste, gracias a la protección deMahádeva (el Gran Dios o Shiva), pudo ser puesto a salvo por sus padres con la colaboración de la familiade su fiel servidor Nanda, un pastor de vacas que vivía al otro lado del río Yamuná. Cuando se enteró de ladesaparición del recién nacido Krisna, el rey Kansa, para asegurarse de la muerte del niño, ordenó lamatanza general de cuantos niños varones habitasen en su reino, siendo asesinados todo» menos el divino 121Krisna. Un gran indólogo, el abad Bertrand, dejó escrito que «podemos observar en Jesús-Cristo y en Krisnauna identidad de nombre, una similitud en su origen y en su naturaleza divina, una serie de rasgos similaresen las circunstancias que han acompañado su nacimiento, puntos de semejanza en sus actos, en losprodigios que han llevado a cabo y en su doctrina. Y sin embargo no tenemos la intención de demostrar que 122la leyenda de Krisna haya sido calcada a partir del Evangelio». La prudencia de este erudito es comprensible y adecuada si tenemos en cuenta que, si bien es ciertoque las formas más modernas del mito de Krisna tomaron elementos del mito evangélico de Jesús,conocido en la India a partir de la llegada de comunidades nestorianas a ese país, también estádocumentado que las formas más arcaicas de la leyenda de Krisna ya incluían lo fundamental de estanarración legendaria. Aunque la redacción del Bhâgavata-Purâna es posterior a los Evangelios, es lógicopensar que su autor hindú no se inspiró en los textos cristianos sino en relatos tradicionales mucho másantiguos que ya contenían la leyenda, y viceversa. Y lo mismo puede afirmarse respecto a la aparición de lamisma historia en la leyenda de Buda, que es un personaje muy anterior a Jesús y Krisna. El origen de la historia mítica pudo proceder de oriente, tal vez de la propia India o de Egipto —lugardonde fue redactado el Evangelio de Mateo hacia el año 90 d.C.—, y la encontramos en leyendas tandispares como la de Moisés, salvado de la matanza de niños hebreos ordenada por el faraón (Ex 1,15-22;2,1-25) para, según la tradición recogida por Flavio Josefo, impedir «la llegada de un niño hebreo destinadoa humillar a los egipcios y glorificar a los israelitas»; la de Abraham, muy similar a la de Moisés, según una 123tradición judía recogida en un Midrash tardío; o la del emperador romano Augusto (62 a.C.-14 d.C.), quese libró de la muerte a la que el Senado condenó a todos los varones nacidos en un mismo año para evitar 124la aparición de un monarca profetizado. Antes que todos ellos, aunque dentro del contexto de un universo simbólico diferente, Zeus —padre delos dioses y de los mortales—, según se refiere en la Teogonia de Hesíodo (c. 750 a.C.), ya habíaescapado de ser devorado al nacer por su propio progenitor, Cronos —que había sido advertido de que unode sus hijos le arrebataría el trono—, gracias a su madre Rea y a una argucia de su abuela Gea (la Tierra),que lo escondió en Creta y engañó al poderoso Cronos dándole a comer una piedra envuelta en los pañales 121 Para los interesados en la leyenda de Krisna que viajen a la India les recomendamos visitar la actual ciudad de Mathurá, situada entre Delhiy Agra, a unos 141 kilómetros al sur de la capital; la zona está repleta de lugares y ruinas relacionadas con esta encarnación de Vishnú y abundan losguías parlanchines dispuestos a relatar la historia mítica de Krisna a cambio de un precio razonable (si se sabe regatear sin piedad). La visita aMathurá se disfruta aún más si uno sabe sobrevivir en alojamientos modestos (no hay hoteles para turistas, afortunadamente) y si no tiene la desgraciade contraer una disentería tal como le ocurrió a este autor (es recomendable llevar siempre un botiquín bien surtido ya que en buena parte, de la Indiano se encuentran medicamentos o éstos están caducados desde los tiempos de Krisna, o poco menos). 122 Cfr. Bertrand, A. (1850). Dictionaire des Religions. París, p. 187. 123 Reproducido en Campbell, J. (1992). Las máscaras de Dios: Mitología occidental (vol. III). Madrid: Alianza Editorial, pp. 370-371. 124 Cfr. Suetonio, De vita Caesarum, capítulo dedicado a la vida de Octavio. 60
  • 61. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadel nuevo niño-dios. Resulta evidente, pues, que tanto en Oriente como en Occidente la base de estaleyenda circulaba ampliamente y desde muy antiguo. Establecido ya que la leyenda de la «persecución y huida» existía previamente dentro de la míticapagana y que estaba asociada al destino triunfante de grandes personajes, queda por analizar unargumento de peso para los creyentes —más bien crédulos—, eso es que dos profetas, Oseas y Jeremías,habían anunciado este suceso. Si revisamos el texto de Mateo antes citado (Mt 2,13-18), encontraremosque la veracidad del relato se basa en que viene a dar cumplimiento a lo dicho en Os 11,1 y en Jer 31,15,una presunción que, tal como es habitual en los pasajes que recurren a las profecías bíblicas, carece defundamento. El texto de Oseas, que dice exactamente: «Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mihijo. Cuanto más se les llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios a los baales e incienso a los ídolos...» (Os11,1-2), sólo puede ser entendido en el contexto ya descrito en el capítulo sobre los profetas. Oseas viviódurante la época de los reyes Jeroboam II y Azarías, cuando Judá estaba sometida al dominio asirio y loscultos paganos (a Baal y otros dioses) ganaban fuerza merced a la debilidad de los monarcas hebreos.Oseas, como su contemporáneo Isaías, rechazó y denunció con fuerza esa situación y tal es el único 125sentido que tienen los versículos reproducidos y cuantos les siguen. En caso de querer personalizar lafrase «de Egipto llamé a mi hijo», que está escrita en tiempo pasado, ésta podría atribuirse, quizás, aMoisés, pero nunca jamás a Jesús. Con idéntico descaro Mateo pretende apoyar su interesa-da invención de la «matanza de losInocentes» en los siguientes versículos de Jeremías: «Así dice Yavé: una voz se oye en Ramá, unlamento, amargo llanto. Es Raquel que llora a sus hijos y rehúsa consolarse por sus hijos, pues ya noexisten» (Jer 31,15). Dejando al margen que se requiere una imaginación enfermiza para ver en este textola profecía de la inexistente persecución de Herodes, el despropósito es aún mayor cuando analizamos laspalabras empleadas por Jeremías. Ramá, que significa altozano, era la palabra hebrea empleada para designar a los santuarios paganos,que estaban situados en pequeñas elevaciones del terreno. La Rama de este pasaje bíblico, que en laVulgata aparece traducida corno in excelso (lugar en lo alto), había sido tomada por el nombre de unalocalidad en la Biblia de los Setenta y desde este error partió Mateo para identificarla con Belén, ciudaden la que, según Gén 35,19, había sido enterrada Raquel, la mujer del patriarca Jacob. Aun aceptando la equivocación de considerar a Ramá como un lugar, éste nunca podía ser Belén,situado al sur de Jerusalén, dado que un poco más al norte existía realmente una ciudad denominada Ramá(o Rama); por otra parte, si bien la tradición sitúa la tumba de la esposa de Jacob en Belén, la Raquel a quese refiere Jeremías no pudo ser la Raquel de Jacob ya que a ésta la sobrevivieron sus hijos y, por ello,nunca pudo haber llorado su muerte. Si se quiere encontrar algún «amargo llanto» relacionado con niños y con Rama, habrá queremontarse muy atrás en el tiempo, hasta los esporádicos sacrificios de niños realizados en los altozanospor los cananeos —de quienes tomaron los israelitas el ritual de sacrificar sobre un altar, aunque evitaronlas ofrendas humanas— con la finalidad de intentar aplacar a sus dioses ante el anuncio de alguna futuraamenaza o catástrofe pronosticada por los adivinos y astrólogos de esos reyes orientales. Estos hechos 126fueron perfectamente conocidos por los hebreos y sin duda se sumaron al fondo común de las leyendaspaganas acerca de la persecución a muerte de «hijos del Cielo» y las consiguientes masacres de «niñosinocentes» ordenadas por viejos reyes tiranos. Poco a poco, el belén navideño va tomando un significado muy diferente al que nos habían contado ennuestra infancia, pero eso no es todo, ni mucho menos. 125 En la Biblia Nácar-Colunga se encabeza este capítulo de Oseas bajo el título bien elocuente de «Amor de Dios por Israel e ingratitud delpueblo. Después de castigado, Dios se apiadará de él». 126 Se ha mantenido que los sacrificios de niños fueron practicados de nuevo en Judá en tiempos del rey Ajab o Ajaz (c. 735-715 a.C.), aliadode los asirios, y que se celebraban en el valle de Ben-Hummonm (más conocido como valle de Hinnom), cercano a Jerusalén, pero los historiadoresactuales piensan que este dato no tiene base real; dado el contexto histórico de esos días, del que son testigos críticos Oseas, Isaías y otros profetas, esmuy probable que se trate de una leyenda negra nacida para desacreditar al monarca que se había aliado con los enemigos paganos, Conviene recordarque el sucesor de Ajab fue Ezequías y que éste emprendió una profunda reforma religiosa para eliminar de Judá el paganismo de origen asirio. 61
  • 62. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica La figura de Jesús-Cristo fue configurada según el modelo pagano de los dioses solares El erudito Pierre Saintyves, al comparar los mitos recién apuntados con el relato de Lucas, no pudomenos que exclamar: «Cómo es posible no señalar el papel destacado que juegan los pastores en estasleyendas. ¿Acaso no es su auténtica fiesta la epifanía del Sol naciente que anuncia el próximo retorno de laprimavera? Tras muchos tanteos, la Iglesia, al situar la fiesta de la Navidad en el solsticio de Invierno, creyópoder conectar las alegrías de esta gran solemnidad con las antiquísimas prácticas religiosas; remozando,con cada retorno del Sol y en una universal solidaridad, la alegría de los siglos pasados. Y es por eso por loque, cuando los cristianos entonan el himno de la Navidad, nadie puede escucharlo sin sentir una profundaemoción. Parece como si los viejos gritos paganos resucitasen de los siglos pasados. Es la voz de nuestroshermanos, y también la de millares de nuestros antepasa-dos que se levantarían de nuevo para unírseles a 127su coro cantando: ¡Navidad, Navidad, nos ha nacido un dios, el joven Sol sonríe en su cuna!» El dios que Saintyves identifica como «el joven Sol» es, naturalmente, Jesús-Cristo, en cuyaconcepción mítica intervinieron todos los elementos simbólicos y legendarios característicos de desarrollosreligiosos muy anteriores, evolucionados desde los primeros cultos agrícolas que divinizaron todas aquellasfuerzas y manifestaciones de la naturaleza de cuya acción dependía su supervivencia sobre el planeta.Desde la noche de los tiempos, el lugar preeminente en los cultos astrólatras fue ocupado, en una primerafase, por la Luna, pero ésta muy pronto acabó cediendo el papel de soberano al Sol, el «astro rey» que traíala luz del día, venciendo a las tinieblas nocturnas, y marcaba, con su posición en el cielo, el paso de lasestaciones. El ciclo astral solar fue la base sobre la que se construyeron y desarrollaron los importantísimosmitos y ritos de la fertilidad, un sustrato del que se alimentaron todas las religiones posteriores. En los mitos solares ocupa un lugar central la presencia de un dios joven, de origen astral, que cadaaño muere y resucita encarnando en sí los ciclos de la vida en la naturaleza. En palabras del jesuita JosephGoetz «las celebraciones mistéricas no son más que la expresión simbólica (mitos) escenificada (ritos) de lacosmobiología». Goetz aplicaba su tesis a «las religiones de los primitivos» —así se titula su libro—, perosus argumentos son perfectamente aplicables a la base mítica que originó el «misterio de Cristo». Por otraparte, y no en balde, en la época en que se formó la leyenda de Jesús-Cristo los cultos solares dominabanel espectro religioso a lo largo y ancho del Imperio romano. En las culturas de mitología astral, el Sol representaba el padre, la autoridad y también el principiogenerador masculino. Ya hemos citado la abundancia de leyendas acerca de «hijos del Cielo» en las que elembarazo de sus madres vírgenes se produce a través de rayos del sol o luces equivalentes. Durante laantigüedad, en todo el planeta, el Sol fue el emblema de todos los grandes dioses, y los monarcas de todoslos imperios se hicieron adorar como hijos del Sol (identificado siempre con su divinidad principal). En estecontexto, la antropomorfización del Sol en un dios joven presenta antecedentes fundamentales en la historiade las religiones, con ejemplos tan conocidos como los de los dioses Horus, Mitra, Adonis, Dionisos, Krisna,etc. El dios egipcio Horus, hijo de Osiris e Isis, es el «gran subyugador del mundo», el que es la «sustanciade su padre» Osiris, de quien es una encarnación. Fue concebido milagrosamente por Isis cuando el dios Osiris, suesposo, ya había sido muerto y despedazado por su hermano Seth o Tifón. Era una divinidad casta—sinamores— al igual que Apolo, y su papel entre los humanos estaba relacionado con el Juicio ya quepresentaba las almas a su padre, el Juez. Es el Christos y simboliza el Sol. En el solsticio de invierno(Navidad), su imagen, en forma de niño recién nacido, era sacada del santuario para ser expuesta a laadoración pública de las masas. Era representado como un recién nacido que tenía un dedo en la boca, eldisco solar sobre su cabeza y con cabello dorado. Los antiguos griegos y romanos lo adoraron también bajo 127 Cfr. Saintyves, P. (1907). Les Saints successeurs des dieux. París: Librairie Critique, p. 358. 62
  • 63. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 128el nombre de Harpócrates, el niño Horus, hijo de Isis. Mitra, uno de los principales dioses de la religión 129irania anterior a Zaratustra, desarrollado a partir del antiguo dios funcional indoiranio Vohu-Manah, objetode un culto aparecido unos mil años antes de Cristo y que, tras pasar por diferentes transformaciones,pervivió con fuerza en el Imperio romano hasta el siglo IV d.C., era una divinidad de tipo solar —tal como loatestigua su cabeza de león— que hizo salir del cielo a Ahrimán (el mal), tenía una función de deidad quecargaba con los pecados y expiaba las iniquidades de la humanidad, era el principio mediador colocadoentre el bien (Ormuzd) y el mal (Ahrimán), el dispensador de luz y bienes, mantenedor de la armonía en elmundo y guardián y protector de todas las criaturas, y era una especie de mesías que, según susseguidores, debía volver al mundo como juez de los hombres. Sin ser propiamente el Sol, representaba aéste y era invocado como tal. En sus ceremonias era representado por el viril o custodia, que era idéntico entodo al que reproducirá la Iglesia cristiana muchos siglos después. El dios Mitra hindú, como el persa, estambién una divinidad solar, tal como lo demuestra el hecho de ser uno de los doce Adityas, hijos de Aditi, lapersonificación del Sol. Todas las personificaciones de dioses solares acaban por ser víctimas propiciatorias que expían lospecados de los mortales, cargando con sus culpas, y son muertos violentamente y resucitadosposteriormente. Así, Osiris nació en el mundo como un salvador o libertador venido para remediar latribulación de los humanos, pero en su lucha por el bien se topó con el mal (encarnado en su propiohermano Seth o Tifón, que acabaría identificándose con Satán), que le venció temporalmente y le mató;depositado en su tumba, resucitó y ascendió a los cielos al cabo de tres días (o cuarenta, según otrasleyendas). El dios hindú Shiva, en un acto de supremo sacrificio, según cuenta el Bhâgavata-Purâna, ingirió unabebida envenenada y corrosiva que había surgido del océano para causar la muerte del universo —de ahí elepíteto de Nîlakantha («cuello azul») por el que también se conoce a Shiva y que fue el resultado delveneno absorbido—, tragedia que el dios evitó con su autoinmolación y vuelta a la vida. Baco, otro dios solar destinado a cargar con las culpas de la humanidad, también fue asesinado —y sumadre recogió sus pedazos, tal como había hecho Isis con los trozos del cadáver de Osiris— para renacerresucitado. Ausonius, una forma de Baco (y equivalente a Osiris), era muerto en el equinoccio de primavera(21 de marzo) y resucitaba a los tres días. Idéntica suerte le estuvo reservada a Adonis (equivalente al diosetrusco Atune o al sirio Tammuz), a Dionisos o al frigio Atis y a una larga lista de seres divinos que, comoKrisna —muerto atado a un árbol y con su cuerpo atravesado por una flecha— o como Jesús-Cristo —muerto en la cruz de madera y lanceado—, fueron todos ellos condenados a muerte, llorados y restituidos ala vida. Son dioses que descendieron al Hades y regresaron otra vez llenos de vigor, tal como hace lanaturaleza con sus ciclos estacionales anuales. Si repasamos algunos de los símbolos que aún permanecen unidos a la conmemoración dedeterminados aspectos fundamentales de la personalidad divina de Jesús-Cristo, nos daremos cuentafácilmente de que, como divinidad solar que es, está identificado con el Sol de la primavera que se despiertaen toda su gloria después de su cíclica muerte invernal (aspecto simbolizado por la muerte de Jesús-Cristoy su permanencia en el sepulcro para, al igual que la vida latente en el huevo —y en la Naturaleza toda—,eclosionar o resucitar radiante, tras el periodo de tres días de dolor y oscuridad, despertando al mundo a lanueva vida). La Iglesia católica, por ejemplo, celebra la fiesta de la Resurrección de Cristo durante la Pascua, quees llamada también Pascua florida por transcurrir en la época del florecimiento de las plantas, y durante estaconmemoración tiene lugar un rito del que ya nadie recuerda su significado original; se trata de la costumbrede regalarse «el huevo de Pascua». El huevo, desde la época neolítica, representa uno de los símbolosmás importantes de cuantos aparecen en las iconografías y mitografías de todas las culturas y, obviamente,está ligado al ciclo agrario de la eclosión de la vida. Por eso, durante la primavera (la estación en la queestalla la vida en su ciclo anual), era una costumbre ritual extendida entre los pueblos antiguos elintercambiarse huevos coloreados. 128 Si analizamos sin prejuicios religiosos las representaciones de Isis amamantando a Horus que se exponen en el museo egipcio de El Cairo,veremos que son un antecedente iconográfico prodigioso de las escenas que, muchos siglos después, representarán a la Virgen y el niño Jesús, Peropuede resultar aún más chocante darse cuenta que este tipo de escenas, con diosa e hijo, son mucho más antiguas y estaban ya presentes en culturascon cultos agrarios poco desarrollados; en este sentido puede verse, por ejemplo, la llamada «mujer con niño en brazos», una terracota encontrada enChipre, datada entre el III y II milenio a.C., que se expone en el museo del Louvre en París. 129 Vohu-Manah, al igual que Horus y demás dioses-hijo, entre los que cabe situar a Jesús-Cristo, cumplía un papel fundamental comointermediario entre los humanos y el dios-padre con respecto al «Juicio final»; así, según se creía, cuando un alma llegaba al cielo, Vohu-Manah selevantaba de su trono, la tomaba de la mano y la conducía hasta el gran dios Ahura-Mazda y su corte celestial. 63
  • 64. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica En Egipto, por ejemplo, estos huevos se colgaban en los templos y se cambiaban como símbolossagrados de la estación primaveral, emblema del nacimiento o del renacimiento cósmico y humano, celestey terrestre. En otro rincón del planeta, en el norte de Europa, por poner otro caso correspondiente a unacultura muy diferente a las de Oriente Próximo, los pueblos escandinavos, también al principio de laestación florida, época en que se adoraba a Ostara, diosa de la primavera, se intercambiaban igualmentehuevos de color denominados «huevos de Ostara». La Iglesia, no pudiendo eliminar esta fiesta pagana porsu absoluto arraigo popular, se la apropió y la manipuló para adaptarla a su particular simbolismo solar. De hecho, el propio contexto de la Pascua de Resurrección y su fecha de celebración (en el domingo—día del Sol— que sigue inmediatamente al decimocuarto día de la Luna de marzo) ya constituye por símismo una prueba de la íntima relación de continuidad mítica que existe entre los primitivos cultos solaresagrarios y el cristianismo. No por casualidad, claro está, la fiesta de la Pascua cristiana se instauró en elmismo tiempo en que se conmemoraba la resurrección anual de Adonis (precedente del mismo mitoancestral que se hizo encarnar en Jesús-Cristo) y, otro dato nada baladí, haciéndola coincidir con la Pascuajudía, fecha en la que los hebreos —desde el año 621 a.C.— celebraban el fin de su éxodo. Unos y otros,los paganos y los cristianos, conmemoraban lo mismo: el nacimiento del joven dios solar salvífico que lesgarantizaba el porvenir; los hebreos el nacimiento del «pueblo elegido de Dios» a la libertad, al futuroprometido por Yahveh. Además, si el advenimiento de la Pascua se correspondiese con una celebración onomástica —la de lasupuesta resurrección de Jesús, que debió acontecer en un día determinado—, la fiesta tendría una fechafija, pero no es así ya que ésta varía de acuerdo con la distribución del año astronómico, con lo que sereafirma el origen pagano de este fundamental mito cristiano. La denominación de «Cordero Pascual», empleada por la Iglesia para designar al Jesús de la Pasión,ni es baladí ni resulta ajena al mito pagano que anida en su corazón. En los escritos neotestamentarios,particularmente en el Apocalipsis de san Juan, que es el texto que emplea la simbología más elaborada,se identifica repetidamente a Jesús-Cristo con el «Cordero», con el Agnus Dei, cuya función quedaperfectamente clarificada cuando el mismo Juan, en su Evangelio, hace que Juan el Bautista, estando enBetania, al ver venir a Jesús, exclame: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1301,29), una responsabilidad que ya hemos visto encarnar anteriormente a todos los «dioses jóvenes» queprecedieron al cristianismo y que, si queremos remontarnos aún más en el tiempo, encontraremos tambiénen la costumbre mesopotámica de contarle los pecados del pueblo a un carnero o cordero que luego eraobligado a internarse en el desierto para que con su muerte expiara las culpas humanas y, yendo aún másatrás, podemos ver que la inmolación de carneros a la divinidad, con fines propiciatorios, era ya una prácticahabitual en civilizaciones como las de los Balcanes Orientales (c. 6500/6000-5000 a.C.) o la Vinca (c. 5300-3500 a.C.). Dentro del contexto astrólatra pagano respecto al que seguimos analizando la figura mitificada deJesús, no puede resultar ya ni una sorpresa el descubrir que, en el mito solar, la constelación de Agnus oAries, visible durante el equinoccio de primavera, estaba asociada al poder de liberar al mundo de lasoberanía del mal. La veneración de Jesús bajo la forma del Cordero, como símbolo de la identidad redentora del Jesús-Cristo inmolado para salvar a la humanidad, se mantuvo hasta el año 680, fecha en la que, tras el sextosínodo de Constantinopla, fue sustituida por la figura de Jesús crucificado, que era una forma bastantemenos sutil —aunque más adaptada emocionalmente a los nuevos tiempos— de representar el mismo mitoy función pagana de los dioses solares jóvenes. La relación apuntada entre la fiesta pascual y los ritos agrarios primitivos se evidencia también en elcontexto de celebración de la Pascua de Pentecostés que conmemora la venida del Espíritu Santo —que esuna mistificación de la divinidad femenina que figuraba en las trinidades teológicas anteriores al pueblohebreo, pero que mantiene su mismo simbolismo como Energía universal o anima mundi, dadora desabiduría y origen de la fertilidad generadora— sobre los apóstoles. Esta festividad, que en recuerdo a suverdadero origen aún se denomina Pascua granada en algunas zonas (como Cataluña, por ejemplo), se 130 En otras traducciones de la Biblia, la frase «que quita el pecado del mundo» aparece como «que carga sobre sí el pecado del mundo» que,significando lo mismo, tiene un sentido más acorde con el mito del que procede. La identificación simbólica de Jesús-Cristo con el Cordero aparecetambién en los siguientes versículos del Apocalipsis de san Juan: 5,6 y ss.; 7,9 y ss.; 14,1; 17,14; 21,9 y ss. En los Hechos de los Apóstoles laencontramos en Act 8,32. Y en las Epístolas de Pedro aparece en I Pe 1,18-19 en el versículo que dice: «Considerando que habéis sido rescatados devuestro vano vivir según la tradición de vuestros padres, no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sindefecto ni mancha...» 64
  • 65. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacelebra siete semanas más tarde de la Pascua de Resurrección, justo en el momento cuando se empiezana recolectar los frutos de la tierra. Su antecesora más inmediata fue la Fiesta de las Primicias, que loshebreos, siguiendo tradiciones anteriores y comunes a muchos otros pueblos, celebraban con todasolemnidad también cincuenta días después del inicio de la primavera. También sobreviven clarísimos restos de su origen pagano en las fechas en que los cristianos actualescelebran la Navidad y la adoración de los «Reyes Magos». La elección del 25 de diciembre como fecha delnacimiento de Cristo no obedeció, ni mucho menos, a que ése hubiese sido el día en que nació el Jesús deNazaret histórico; este día no fue adoptado por la Iglesia como tal hasta el siglo IV (entre los años 354 y360), de la mano del papa Liberio (352-366), y su finalidad fue la de cristianizar —ya que no habían podidovencerle o proscribirle hasta entonces— el muy popular y extendido culto al Sol Invictus. En la Navidad, solsticio de invierno en el hemisferio norte, el sol alcanza su cénit en el punto más bajoy desde este momento el día comienza a alargarse progresivamente —hasta llegar al solsticio de verano 131(21 de junio) en que invierte su curso —; era, pues, para los antiguos, el auténtico nacimiento del Sol y,con él, toda la Naturaleza empezaba a despertar lentamente de su letargo invernal y los humanos veíanrenovadas sus esperanzas de supervivencia gracias a la fertilidad de la tierra que garantizaba la presenciadel divino Sol Invictus. Esa fecha, concretada en el 25 de diciembre —día de la conmemoración delnatalicio de dioses solares jóvenes, precedentes claros del Jesús-Cristo, como Mitra o Baco/Dionisos,llamado también el Salvador—, alcanzó una importancia indiscutible, desde muchísimo antes de la épocacristiana, en todas las culturas, ya que éstas eran básicamente agrarias. El predominio agrario dentro de la esfera de influencia del cristianismo se ha mantenido hasta haceapenas un siglo, cuando, con el paso a la era industrial, el progresivo alejamiento de la naturaleza y lanotable independencia de los agricultores respecto a los ciclos naturales —gracias al desarrollo de la agro-industria— llevó también hacia el olvido de los mitos ancestrales; un olvido que, finalmente, se ha traducidoen la celebración esperpéntica, vacua, hipócrita, comercializada y falta de sentido que caracteriza laNavidad en las sociedades occidentales desarrolladas. Y el mismo fenómeno lamentable ha sucedido con elresto de fiestas cristianas de base pagana (eso es, agrícola). Cuando un pueblo de creyentes olvida el significado de sus mitos, o éstos se vuelven obsoletos, lareligión que los administra se convierte rápidamente en una vulgar burocracia de dudosa utilidad. No sonpocos los teólogos actuales que sitúan ya a la Iglesia católica occidental en el apogeo de este estadiofuncional basado en la mera burocratización de lo sacro. Retomando el hilo histórico, tras este inciso, recordaremos que, corno consecuencia de las campañasbélicas del cónsul Pompeyo, durante el siglo I a.C., los misterios de Mitra y del Sol Invencible se difundieroncon mucha fuerza por todo el Imperio romano. El apelativo de Sol Divinus (sirio), Sactissimus (semítico) oAeternus (mesopotámico) denotaba atributos de Mitra, Baal u otros grandes dioses de la antigüedad, pero,finalmente, a partir del siglo II d.C., se impuso el concepto de Sol o Dios Invictus para significar el podereterno que tiene el dios solar para renacer siempre victorioso de las tinieblas en las que se sumerge ymuere a diario. El Sol Invicto, aunque podía representar genéricamente a todos los dioses solares de lateología romana, identificaba fundamentalmente a Mitra —Deo Solí Invicto Mithrae, se lee en muchasepigrafías romanas— y desbancó definitivamente al antiguo panteón presidido por el dios Júpiter. El avance del culto solar podemos apreciarlo perfectamente en las monedas imperiales de la época.Así, desde Nerón (54-68), la corona de laurel que ceñía la cabeza de los monarcas anteriores fue sustituidapor la corona radiada de Helios —Sol Victrix, Sol Victorioso—, remarcando de este modo que en losemperadores romanos —como ya antes había sucedido en los reyes caldeos, egipcios, chinos, etc.— sehabía materializado la sustancia y voluntad divina; y desde Antonino Pío (138-161) la corona radiada fuecambiada por el nimbus o aureola, un antiguo símbolo solar que, como veremos más adelante, fue tambiénadoptado por los cristianos para identificar a sus personajes más relevantes. Aureliano (269-275), queinstituyó el culto oficial al Sol Invictus, hizo grabar en las monedas que acuñó la frase «Deus et Dominusnatus» (nacido Dios y Señor), y Probo (276-282) confirmó la divinidad solar y su relación con el monarca alidentificarse bajo la leyenda «Soli Invicti Comiti Augusti» (consagrado a acompañar al Sol Invicto). De hecho, está documentado que hasta el propio emperador Constantino (306-337) —gracias al cualse impuso la Iglesia católica romana— ordenó sacrificios en honor del Sol, acuñó monedas con la frase131 En el solsticio de verano, desde milenios atrás, había igualmente grandes celebraciones paganas en torno al fuego, pero esa tradición también fueahogada por la Iglesia cuando le implantó encima la festividad de San Juan (que en muchas regiones, como en todo el Levante español, aún tiene a lashogueras como rito festivo central). 65
  • 66. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica«Soli Invicto Comiti, Angusti Nostri», impuso que sus ejércitos recitaran cada domingo —día del Sol—una plegaria al «Dios que da la victoria», etc.; al llegar al poder su segundo hijo, Constancio II (337-361), seproscribió todo culto a las divinidades paganas y el papa Liberio, como ya señalamos, sobrepuso lacelebración del nacimiento de Jesús al del Sol Invictus Mitra. Constancio murió cuando se disponía aenfrentarse a Juliano (361-363), que había sido proclamado por las legiones y al que la Iglesia, yapoderosa, puso el sobrenombre de el Apóstata por haber intentado restablecer la heliolatría. Desde esos días, la mítica solar de Jesús-Cristo desbancó al Sol Invictus de quien todo lo habíaplagiado y tomó su mismo lugar adaptando su propia forma externa al sólido molde de creenciaslegendarias que había dejado el culto pagano. Está bien documentado que Mitra nació de virgen un 25 dediciembre, en una cueva o gruta, que fue adorado por pastores y magos, fue perseguido, hizo milagros, fuemuerto y resucitó al tercer día... y que el rito central de su culto era la eucaristía con la forma y fórmulasverbales idénticas a las que acabaría adoptando la Iglesia cristiana. A tal punto son iguales el ritual pagano de Mitra y el supuestamente instituido por Jesús, que sanJustino (c. 100-165 d.C.), en su I Apología, cuando defiende la liturgia cristiana frente a la pagana, se veforzado a intentar invertir la realidad y encubrir el plagio cristiano afirmando que «a imitación de lo cual [dela eucaristía cristiana], el diablo hizo lo propio con los Misterios de Mitra, pues vosotros sabéis o podéissaber que ellos toman también pan y una copa de vino en los sacrificios de aquellos que están iniciados ypronuncian ciertas palabras sobre ello». La astucia del diablo, según la pinta Justino, es inusitada, ¡mira queinstaurar la eucaristía cristiana en un culto pagano cientos de años antes de que nadie —incluidos lospropios profetas de Dios— pudiese imaginar que una sectilla judía acabaría por convertirse en la poderosaIglesia católica romana! Un hecho similar al de la Natividad del Señor sucedió con la celebración de la fiesta que le sigue, lade la llegada de los Reyes Magos, el 6 de enero. Ese mismo día, en la Alejandría egipcia (cuna deaspectos fundamentales de la doctrina cristiana), se festejaba el festival de Core «la Doncella» —identificada con la diosa Isis— y el nacimiento de su nuevo Aion —personificación sincrética de Osiris—; elparto de Core/Isis era anunciado, desde hacía milenios, por la elevación en el horizonte de la estrellabrillante Sotis (Sirius) —la estrella . de Mt 2,2—, el signo que precedía al desbordamiento de las aguas delrío Nilo a través de las cuales el dios muerto y resucitado Osiris extendía su gracia fertilizando y vivificando 132a todas las tierras ribereñas. Al respecto, está cargado de razón el mitólogo Joseph Campbell cuando, refiriéndose a las fechas enque la Iglesia católica celebra las fiestas de Navidad y Reyes, afirma que fueron adoptadas tardíamente«posiblemente para absorber el festival del nacimiento de Mitra de la roca madre. Porque el 25 de diciembreseñalaba en aquellos siglos el solsticio de invierno: de forma que ahora Cristo, como Mitra y el emperadorde Roma, podía ser reconocido como el sol ascendente. Así tenemos dos mitos y dos fechas de la escenade la Natividad, el 25 de diciembre y el 6 de enero, con asociaciones que señalan de un lado a Persia y de 133otro a la antigua esfera egipcia», tal como ya habíamos apuntado con anterioridad. A los cristianos de esos días, acostumbrados como estaban a creer cualquier cosa que figurasemencionada previamente, sin importar en qué sentido ni contexto, en algún rincón del AntiguoTestamento, no les costó nada asimilar el Sol Invictus pagano con el «sol de justicia» citado en 134Malaquías; aunque ambos conceptos expresaban significados incompatibles entre sí, el papa Liberio,avalado por la fuerza legisladora y represora de Constancio II, se las arregló para que en todo el Imperioromano el Sol de Jesús-Cristo comenzase a brillar en exclusiva basándose en los mismos mitos paganosque hasta entonces habían sido patrimonio del Deo Solí Invicto Mithrae. 132 San Epifanio, refiriéndose al festival de Core, escribió en Penal-non 51: «la víspera de aquel día era costumbre pasar la noche cantando yatendiendo las imágenes de los dioses. Al amanecer se descendía a una cripta y se sacaba una imagen de madera, que tenía el signo de una cruz y unaestrella de oro marcada en las manos, rodillas y cabeza. Se llevaba en procesión, y luego se devolvía a la cripta; se decía que esto se hacía porque laDoncella había alumbrado al Aion.» 133 Cfr. Campbell, J. (1992). Op. cit., p. 369. 134 «Pues he aquí que llega el día, ardiente como horno, y serán entonces los soberbios y obradores de maldad como paja, y el día que viene laprenderá fuego, dice Yavé, de suerte que no les quedarán ni raíz ni follaje. Mas para vosotros, los que teméis mi nombre, se alzará un sol de justiciaque atraerá en sus alas la salud, y saldréis y brincaréis como terneros (que salen) del establo, y pisotearéis a los malvados, que serán como polvo bajola planta de vuestros pies, el día en que yo me pondré a hacer, dice Yavé de los ejércitos» (Mal 4,19-21). Tal como ya señalamos en otro apartado, enel contexto del siglo v a.C., el anuncio del «día de Yahveh», del que forman parte estos versículos de Malaquías, no tenía absolutamente nada que vercon una supuesta profecía referida a Jesús. 66
  • 67. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Otro resto de la simbología solar pagana aún presente en el cristianismo es el nimbo (nimbus) oaureola que rodea la cabeza de Cristo, de sus apóstoles y de los santos cristianos más destacados. Estetipo de halo santificador adornaba la cabeza de los dioses solares en Egipto, Persia, Grecia, China, Tíbet,Japón, India, Perú, etc., y aparece ya en las representaciones iconográficas de los fundadores y/o figurasrelevantes de las religiones precristianas. Así, por ejemplo, llevan nimbo las figuras del dios solar Ra delAntiguo Egipto, del dios griego Apolo, de Buda y sus principales discípulos y, en general, de todas cuantaspersonas fueron tenidas por santas en Oriente. Aún hoy día, en los impresionantes templos rupestres de las cuevas de Ellora (a 30 kilómetros deAurangabad, en el estado indio de Maharashtra Norte), puede verse la figura de Indrani —la esposa deIndra, que fue el principal dios de la India en la antigüedad— sosteniendo en sus brazos al niño Dios-Sol yllevando ambos alrededor de sus cabezas un halo similar al de la Virgen y el Niño cristianos. También conla cabeza aureolada se representa, en antiguas pinturas, al niño Krisna siendo amamantado por su madreDevakî. En todas las culturas antiguas, al margen de un reflejo de la gloria celeste representada por el Sol, elnimbo era un símbolo de realeza. Y así lo tomaron también los primitivos artistas cristianos, querepresentaron con halo áureo no sólo a Cristo y los santos sino, también, a los llamados emperadorescristianos (Trajano, Antonino Pío, Constantino, Justiniano, etc.), tal como puede verse en las monedas ymedallas de la época. El famoso crismón, símbolo fundamental de la Iglesia cristiana primitiva, es un clarísimo signo solar. Enuna de sus formas está constituido por las letras I y X (iniciales griegas de Iesous Xristos) superpuestas,mientras que en el llamado «crismón constantiniano» se emplean la X y la P, que son las dos primerasletras del nombre Cristo en griego; esta segunda forma no se distingue de la primera «más que por laadición del bucle de la P, del que Guénon ha señalado que representaba el sol elevado a la cumbre del ejedel mundo, o también el agujero de la aguja, la puerta estrecha, y finalmente hasta la puerta del sol pordonde se efectúa la salida del cosmos, fruto de la Redención por Cristo. A este símbolo debe allegarse laantigua marca corporativa del cuatro de cifra, donde la P se reemplaza simplemente por un 4, 135emparentado precisamente con la cruz». La cruz, en sus múltiples formas, es un símbolo procedente de la prehistoria, tiene su origen en loscultos solares y es un símbolo fundamental de la humanidad que ha estado presente en todas las culturasdel planeta. Así pues, la elección del signo de la cruz por los primeros cristianos fue totalmente adecuada yaque ésta simbolizaba al Jesús-Cristo o Sol Invictus, razón por la cual también el crismón, con el fin dereforzar su significado astral, comenzó a representarse dentro de la antigua rueda solar. En la historiacristiana, sólo muy tardíamente se comenzó a tener a la cruz como el emblema de la «Pasión de Cristo» yde la Salvación que se derivó de ella. La interrelación de los diferentes símbolos y creencias paganas de que venimos hablando en losúltimos apartados fue explicada ya adecuadamente por Pierre Saintyves, en 1908, en un pequeño ensayo 136de mitología comparada que resulta tan erudito como ameno: «Hubo un tiempo en el que la astrolatría, ysobre todo el culto al Sol, tomó el relevo, como culto oficial, del culto naturalista a las piedras, los árboles ylas aguas. Esta superposición se produjo bajo la doble influencia de la observación del firmamento y de lapráctica de los ritos agrarios, necesariamente estacionales. Y así ocurrió que estos últimos ritos, orientadosesencialmente hacia la fecundidad de la tierra, fueron utilizados con el fin de influir sobre los movimientos delos astros que regulan las estaciones. Y de este modo, antiquísimos ritos de fecundidad, semi-totémicos ysemiagrícolas, fueron traspasados hacia el culto solar. Se olvidó su origen, pero no el fin con el que sehabían de emplear. Nacieron entonces estos relatos de la encarnación del Sol. Sobre los ritos defecundidad, utilizados para hacer más activo al Sol, se injertaron estas historias divinas que, bajo tantasformas diferentes, fueron la delicia de nuestra infancia. »De este modo —prosigue Saintyves— la anunciación de la venida de un dios se incorpora a laanunciación de la primavera y a los ritos que preparaban su llegada. La estrella de la natividad se convirtióen la estrella que anuncia la próxima llegada de la dulce estación. Los sacerdotes del antiguo Egipto teníanel deber de comunicar al pueblo la aparición de Sirio, presagio de la próxima primavera y de la resurrecciónde Osiris. La exposición del hijo que deberá destronar a su padre o a su abuelo se convertirá en la ocasióndel triunfo del nuevo Sol, que deberá expulsar al antiguo y decrépito. La alegría de los padres en el 135 Cfr. Chevalier, J. y Gheerbrant, A. (1993). Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, pp. 358-359. 136 Cfr. Saintyves, P. (1908). Las madres vírgenes y los embarazos milagrosos. París: Librairie Critique (este texto ha sido editado en Españapor Akal en 1985), pp. 94-95. 67
  • 68. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicanacimiento de un nuevo hijo tendrá su equivalente en el milagro del hosannah que canta toda la naturalezaen honor del Sol primaveral o del Sol naciente. Crecen los capullos, se abren las flores, cantan los pájaros ylos hombres comienzan de nuevo a tener esperanzas. Nadie podrá dudar que el tema del hosannahmilagroso se relaciona claramente con los alegres ritos practicados en las jubilosas fiestas paganas, queparticipan a la vez del carácter de nuestras Navidades y nuestras Pascuas.» Mucho antes que Saintyves, Juan de Médicis, que sería proclamado Papa bajo el nombre de León X(1513-1521), en una carta dirigida al cardenal Bembo —según lo recogió su contemporáneo Pico dellaMirándola—, había dejado entrever con claridad el pensamiento más íntimo de la cúpula de la Iglesiacatólica cuando escribió: «Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha resultado estafábula de Jesucristo.» Jesús nació con dos genealogías, pero sin ninguna legitimación mesiánica Los autores de los Evangelios que, como ya vimos, escribieron sus textos muchos años después demuerto Jesús y con una finalidad apologética que pretendía sustanciar la verdad del cristianismo mitificandola figura del Jesús histórico, se vieron obligados a encajar sus narraciones dentro de dos moldes muyajenos entre sí: el de los mitos paganos que acabamos de repasar y el contexto judío que había acrisoladoantiguas profecías bíblicas acerca de la futura llegada de un Mesías salvador de Israel. Tal como se hizo con la mítica solar pagana, la acomodación de la leyenda de Jesús a las profecíasmesiánicas —ya mencionada en el apartado dedicado a los profetas y que volveremos a tratarextensamente en el capítulo 7—, empleada ya por el propio Jesús antes de ser ejecutado, fue exacerbadacon descaro en algunos escritos neotestamentarios. Así, desde el mismísimo inicio del primer evangeliocanónico se pretende dar por cumplidas las profecías básicas aportando una genealogía de Jesús que, sibien es ingeniosa y parece convincente, tiene los pies de barro. En el comienzo del Evangelio de Mateo —concretamente en Mt 1,1-16— se lee: «Genealogía deJesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a (...), Jesé engendró al reyDavid, David a Salomón en la mujer de Urías (...) y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cualnació Jesús, llamado Cristo.» Con este texto, en Mateo se pretende demostrar que Jesús era descendiente directo del linaje deDavid, tal como exigía la profecía mesiánica más tradicional —la «profecía de consolación» de Is 11 en laque Dios, estando el pueblo de Israel bajo el dominio asirio, promete un retoño del tronco de Jesé sobre elque reposará el espíritu de Yahveh, etc.— y, al mismo tiempo, se quiere dejar sentado que Jesús había sidoconcebido por una virgen, tal como había anunciado Isaías en su profecía sobre el Emmanuel (Is 7,14 y 137ss). El problema que presenta esta genealogía, máxime en una sociedad patriarcal donde el linaje setransmite desde el padre y no a través de la madre, es que si José no tuvo nada que ver con el embarazode María, Jesús no pudo ser descendiente de la casa de David y, por tanto, tampoco pudo ser jamás elMesías esperado por los judíos y anunciado por los profetas, puesto que no se había dado la premisa 138principal de la promesa divina. Lucas, por su parte —en Lc 3,23-38—, aporta otra genealogía que, en orden inverso, va de Jesúshasta Dios pasando por David, naturalmente: «Jesús, al empezar [su predicación], tenía unos treinta años, yera, según se creía, hijo de José, hijo de Helí (...), hijo de Leví (...), hijo de David, hijo de Jesé (...), hijo deAbraham (...), hijo de Adán, hijo de Dios.» 137 «El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. Y se alimentará de leche y mielhasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno...» (Is 7,14-15). 138 La Iglesia católica ha intentado ocultar esta incoherencia argumentando que José y María debieron ser primos, pero, dado que de talparentesco no se habla en ningún Evangelio mientras que sí se acreditan otros muchos que tienen menor relevancia, parece obvio que tal afirmaciónno es más que uno de los muchos embustes con los que se ha pretendido camuflar las decenas de contradicciones que aparecen en el NueveTestamento. 68
  • 69. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Dejando al margen la pueril licencia poética de hacer remontar la ascendencia de Jesús hasta Adánpara mostrar así que era «hijo de Dios» —un dato innecesario puesto que en el Antiguo Testamento yaestaban acreditados como tales David (Sal 2,7-8) y otros reyes hebreos—, de esta genealogía destacandos aspectos muy importantes: es discordante de la aportada por Mateo respecto de los antepasados quellevan hasta David —una discrepancia difícil de justificar sabiendo que ambos autores fueron casi 139contemporáneos y se basaron en las mismas fuentes históricas judías — y, por otra parte, aunque enunos versículos anteriores Lucas había dejado ya constancia del anuncio del embarazo milagroso de lamadre, aún virgen, de Jesús (Lc 1,26-38), la genealogía presenta a éste como hijo de José y no de María;un desliz que quizá puede comprenderse mejor teniendo en cuenta que, como médico que era, Lucasdebía tener una noción bastante clara del misterio de la generación humana y, además, al igual que Pablo,del que fue ayudante, no debió creer ni dar importancia a una hipotética encarnación divina de Jesús. El problema planteado por esta genealogía es inverso, aunque complementario, al que ya hemosseñalado en Mateo. Ahora, siendo Jesús hijo de José queda claro que desciende del linaje de David ycumple con la profecía; pero si no nació de virgen, tal como sugiere esta segunda genealogía, es evidenteque no se cumple el anuncio de Is 7 y tampoco puede ser el «Emmanuel», el Rey Mesías y Salvador. Losotros dos Evangelios, el de Marcos y el de Juan, tampoco nos permiten solucionar tan fundamentalcuestión ya que en ellos el Espíritu Santo no sólo no inspiró genealogía alguna sino que tampoco aportódato ninguno acerca de la presunta virginidad de María. No sin cierta perplejidad por nuestra parte, deberemos seguir adentrándonos en la obra mesiánica deJesús sabiendo que, pese a tener dos amplias genealogías, ninguna de ellas le presenta ni le legitima comoel Mesías prometido y esperado por el pueblo de Israel. Si María fue virgen aún después de parir a Jesús, ¿cómo es que los apóstoles no se enteraron jamás de tamaño milagro? Siguiendo la inveterada costumbre —cultivada por los escritores neotestamentarios y por los padres dela Iglesia con un radical y persistente desprecio por la verdad histórica— de dar por cierta toda noticia quepudiese relacionarse con algún versículo profético, Mateo, en Mt 1,22-23, tal como ya mencionamos, searmó con un texto de Isaías para demostrar más allá de cualquier duda que Jesús había nacido de unavirgen; aunque, dado que este pasaje está escrito en forma de aclaración demostrativa de la veracidad de laafirmación de Mateo, es también posible que sea un añadido posterior. El texto de Isaías en que se apoya Mateo es el siguiente: «El Señor mismo os dará por eso la señal:He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. Y se alimentará de leche y miel, hasta quesepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, latierra por la cual temes de esos dos reyes, será devastada. Y hará venir Yavé sobre ti, sobre tu pueblo ysobre la casa de tu padre días cuales nunca vinieron, desde que Efraím se separó de Judá» (Is 7,14-17);aunque, obviamente, Mateo solamente escogió la primera frase —reproduciéndola como: «He aquí queuna virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre "Emmanuel"»— añadiéndole seguidamente«que quiere decir [Emmanuel] "Dios con nosotros".» 139 La Iglesia católica soluciona la contradicción mediante un absurdo, eso es considerando «la de san Mateo como la genealogía legal ydinástica, que señala la transmisión de los derechos mesiánicos desde David hasta Jesús, y la de san Lucas la genealogía natural, que va de padres ahijos desde san José hasta David». Cfr. Nácar-Colunga (1979). Op. cit., p. 1.232) 69
  • 70. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica En primer lugar, si recordamos el contexto histórico en que se movió Isaías, salta a la vista el trasfondodel pasaje aludido que, a más abundamiento, Isaías resalta al comenzar el capítulo 7 diciendo: «Y sucedióen tiempo de Acaz, hijo de Joram, hijo de Ozías, rey de Judá, que Rasín, rey de Siria, y Pecaj, hijo deRomelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla, pero no pudieron tomarla...»; es evidente,por tanto, que Isaías está aludiendo a la crisis política que atravesaba Judá desde el inicio del reinado deAcaz (735-715 a.C.), presionado por la coalición entre los israelitas del norte y los arameos de Damasco, yque le formula a Acaz un oráculo que es al tiempo consolador y veladamente amenazador para el futuro deJudá, merecedor de un castigo divina por haberle sido infiel a Yahveh. El plazo para el cumplimiento del oráculo es «antes que el niño [el hijo de la virgen, que más abajoveremos a quién se refería] sepa desechar lo malo y elegir lo bueno», eso es antes de que tenga uso derazón o, lo que es equivalente según la tradición, antes de los siete años. Puntual como un reloj, el anunciode Isaías tuvo lugar a los siete años de reinado de Acaz, en el año 732, cuando Judá, aliada con los asirios,venció a Israel y Damasco —«la tierra por la cual temes de esos dos reyes, será devastada»—. Quedabaaún por cumplir la parte amenazadora del oráculo, que llegaría en el año 587 a.C., de la mano deNabucodonosor, con el fin del reino de Judá y el inicio del exilio babilónico. Para el lector sorprendido por lacapacidad profética de Isaías cabe recordar que buena parte de sus oráculos fueron redactados por otras 140personas y una vez acontecidos ya los hechos anunciados. Veamos ahora que sabemos del Emmanuel, el hijo de la virgen. En la muy deficiente versión griega dela Biblia de los Setenta se tradujo la palabra hebrea almah, que significa muchacha, por virgen, y sobreeste grave error Mateo construyó su enésima patraña profética en apoyo de la supuesta veracidad de sunarración mítica acerca del nacimiento de Jesús, Sostener, como hace la Iglesia católica, que la almah de Isaías fue una virgen implica mantener asabiendas un claro engaño con fines doctrinales interesados, máxime cuando todas las otras almahbíblicas sí las ha traducido por su correcto significado de doncella, tal como puede apreciarse en el caso de 141 142la almah de Proverbios y las alamoth del Cantar de los Cantares que, obviamente, según sededuce del contexto narrativo, perdieron su virginidad, respectivamente, a consecuencia del «rastro delhombre» y de su función en un harén real. Todas las versiones independientes —o, simplemente, no católicas— de la Biblia han traducido laalmah de Isaías por doncella,143 y ello no sólo es lógico por lo ya mencionado sino por todo lo que siguediciendo Isaías en su propio texto. De entrada, el profeta se concentró únicamente en el nombre quetendría el hijo, ignorando absolutamente a la madre, cosa absurda si se tratase de una auténtica virgen apunto de parir. Y, como colofón, Isaías identificó perfectamente a la doncella como a una contemporáneasuya cuando, tras hacer una relación pormenorizada de cuanto le acontecería al reino de Judá «antes queel niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno», añadió: «Acerquéme a la profetisa que concibió y parió unhijo, y Yavé me dijo: Llámale Maher-salal-jas-baz, porque antes que el niño sepa decir "padre mío, madremía", las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asiría» (Is 8,3-4). Resulta palmario, pues, que la almah es la joven profetisa que ya ha parido un hijo, nacidonecesariamente durante el período que va entre los años 735 a.C. (fecha más probable) y 721 a.C. (fechade la conquista asiría de Samaría), y al que Isaías designa con dos nombres sucesivos: Emmanuel (Dios ola Alegría está con nosotros), que resultaba tranquilizador para Judá y acorde con la primera parte de suprofecía, y Maher-Sçalal-hasçbaz (la desgracia está con vosotros), que concordaba con el segundoanuncio oracular acerca del fin de Judá y el exilio babilónico. Así pues, de ninguna manera, ni bajo ninguna 140 «No siempre resulta fácil reconocer la parte del profeta judeo del siglo viii a.C., Isaías hijo de Amós, en la importante colección tituladaIsaías. Esta colección contiene al final dos series distintas de oráculos no anteriores al siglo VI a.C., obra del Deutero-Isaías (caps. 40-50) y del Tri-to-Isaías (caps. 56-66). Pero tampoco todo lo que los capítulos 1-39 contienen es enteramente atribuible al Proto-Isaías: ciertos elementos, como porejemplo el apocalipsis de los capítulos 24-27, parecen más bien contemporáneos del Deutero-Isaías. Por otra parte, los «oráculos contra las naciones»de los caps. 13-23 se hallan simplemente agrupados en virtud de su similitud literaria, pero pertenecen a épocas diversas. Algunos otros capítulos hansido, además, objeto de manipulación y de amplificaciones de épocas indeterminadas», Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 2, pp. 180. 141 «Tres cosas me son estupendas y una cuarta no llego a entenderla: el rastro del águila en los aires, el rastro de la serpiente sobre la roca, elrastro de la nave en medio del mar y el rastro del hombre en la doncella» (Prov 30,18-19). 142 «Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, y las doncellas son sin número» (Cant 6,8). 143 De hecho, el texto del versículo 14 que hemos reproducido anteriormente —«He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llamaEmmanuel»—, tomado de la Biblia católica de Nácar-Colunga, no es una traducción correcta del original ya que en éste se dice más bien: «Ves a estadoncella embarazada que va a dar a luz a un hijo. Su hijo se llamará Emmanuel...», que tiene un sentido descriptivo absolutamente diferente, ya quecontextualiza en tiempo presente y evita toda especulación profética. 70
  • 71. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaexcusa o exégesis, puede tomarse esta imagen sobre algo ya acontecido en el siglo VIII a.C. como laprofecía de algo venidero en el siglo I d.C. La almah de Isaías ni era virgen ni preconizaba el milagro de laVirgen María, y su hijo Emmanuel fue también absolutamente ajeno a cualquier anuncio del nacimiento 144prodigioso de Jesús. En el contexto histórico en que se desarrolló el libro de Isaías tampoco puede tener nada que ver conuna supuesta profecía sobre Jesús el pasaje que dice: «Porque nos ha nacido un niño, nos ha sido dado unhijo que tiene sobre los hombros la soberanía, y que se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre 145sempiterno, Príncipe de la paz , para dilatar el imperio y para una paz ilimitada sobre el trono de David yde su reino, para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y en la justicia desde ahora para siempre jamás. Elcelo de Yavé de los ejércitos hará esto» (Is 9,6-7). Tal como mostramos en el apartado dedicado a los profetas, ésta es una típica profecía deconsolación que, además, ensalza a la casa de David —de la que Isaías era un notable asesor— y, junto alos versículos de Is 11, diseña lo que se convertirá en el mesianismo judío, la esperanza puesta en unfuturo monarca poderoso y justo que dilate el reino de Israel, en medio de la paz y la justicia. Isaías soñabacon la entronización de un rey, fuerte al menos como David, que aún nadie ha visto gobernar en Israel; perojamás se le pudo haber pasado por la cabeza que la esperanza del «pueblo de Yahveh» residiese enaguardar al hijo de un carpintero que sería ajusticiado en la cruz tras dos breves años de predicación. De lo dicho hasta aquí, basándonos en el Evangelio de Mateo, el gran avalador de la virginidad deMaría, sólo puede extraerse la conclusión de que no existe en el Antiguo Testamento ninguna profecíaacerca de la virginidad de María y del nacimiento prodigioso de Jesús y que, vista la afición de Mateo porconstruir inspirados castillos probatorios sobre pasajes veterotestamentarios de los Setenta que no sonmás que obvios errores de traducción y de exégesis de los originales hebreos, la credibilidad de su relatosobre este asunto debe quedar, como mínimo, en suspenso. La otra mención que se hace en el Nuevo Testamento acerca de la virginidad de María laencontramos en Lucas, concretamente en Lc 1,26-38, en el pasaje de la anunciación de Jesús, que, comoya indicamos en un apartado anterior, fue redactado gracias a la inspiración procedente del texto deMateo y de los relatos —equivalentes— de las anunciaciones previas a los nacimientos prodigiosos deSansón, Samuel y otros. Estos doce versículos, escasos y nada originales, aun sumados a los de Mateo, 146suponen bien poca leña para alimentar el fuego del mito virginal de María. En Marcos, el primer evangelio que se redactó (c. 75-80 d.C.), producto de los recuerdos y prédicasdel apóstol Pedro, próximo como nadie a Jesús, no aparece ni una sola línea acerca de un hecho tan capitalcomo la virginidad de María. Y en Juan, el último de los evangelios (escrito a finales de la primera décadadel siglo II d.C.), fruto de las memorias del «discípulo amado» del Mesías, a pesar de que se identifica 147claramente a Jesús con la encarnación del Verbo , tampoco se invierte ni un triste versículo en proclamarla naturaleza virginal de la madre del Mesías. ¿No resulta, pues, algo sospechoso un olvido tan evidentesobre un asunto tan principal? Y máxime si, tal como veremos en el apartado siguiente, ninguno de loscuatro evangelistas dejó de mencionar que María tuvo otros hijos además de Jesús. 144 Del descaro insultante con que la Iglesia católica sigue defendiendo, hasta hoy, el texto de Isaías como una profecía verdadera acerca de lavirginidad de María y del nacimiento del «Niño», constituye una pequeña muestra la anotación al versículo de Is 7,14 que figura en la Biblia deNácar-Colunga: «Las dificultades de este vaticinio han sido sentidas desde antiguo, por la unión con que aparece ligado a la devastación asiría. Paradarnos cuenta del lenguaje del profeta, habremos de reconocer que había tenido de Dios una muy alta revelación de Emmanuel, la cual le dejó tanimpresionado, que no podía apartar el pensamiento de ella. Así, al anunciar la inminencia de la invasión asiría, toma por señal el mismo Niño, que, sientonces naciera, antes de llegar a los años de la discreción no tendría para alimentarse más que leche y miel. Éstas abundarán mucho, porque toda latierra devastada será pastizal para los ganados.» Es tan inmensa la estulticia —o la maldad, quién sabe— que anida bajo esta interpretaciónalucinógena del texto de Isaías, que ésta, como otras muchas anotaciones clásicas de las biblias católicas, supone una ofensa a la inteligencia decualquier ser viviente mínimamente racional. 145 En este punto, el anotador de la Biblia católica de Nácar-Colunga sigue tergiversando el sentido de Isaías al indicar que «los atributos queaquí atribuye el profeta al Niño nos declaran la alta idea que Dios le había comunicado de este vástago de David. Tales atributos tocan en lo divino, ysu pleno sentido nos lo pondrá en claro la propia revelación del Nuevo Testamento»; eso es que, tal como ya vimos en su momento, lo que jamás sedijo en el Antiguo Testamento se dará por dicho en el Nuevo. 146 El escasísimo espacio que se le dedica a la virginidad de María contrasta, por ejemplo, con las descripciones detalladísimas que se aportanpara la construcción del Tabernáculo en el libro del Éxodo, donde, durante ¡seis capítulos enteros! —no doce versículos deslavazados—, se relacionancon neurótica minuciosidad las características y medidas de maderas, cortinas, tejidos, hilos, colores, ropas, metales... su confección, colocación yuso; necesidades de los artesanos a emplear, etc. (Cfr. Ex 25 a 31). Parece evidente que al Dios que inspiró la Biblia le interesó muchísimo más el artede la decoración que la presunta virginidad de la madre de su divino hijo. 147 Cfr., por ejemplo, Jn l,l-18; Jn 10,30-36; o Jn 14,15-31. 71
  • 72. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica En un arrebato de estulticia galopante cabría tomar en consideración la explicación que impone laIglesia católica cuando afirma que: «Jesús pasaba por hijo de José, ya que el misterio de su concepciónvirginal estaba aún velado por el secreto. Los hermanos y hermanas de que nos hablan con frecuencia los 148autores sagrados son parientes cercanos, primos carnales por parte de la madre o de san José». Pero aun aceptando la muy improbable posibilidad de que los vecinos de Nazaret ignorasen la virginidad de Maríaen caso de haber sido un hecho real, lo que ya clamaría al cielo y sobrepasaría el absurdo sería quehubiese sido desconocida por los mismísimos apóstoles por estar dicho suceso «aún velado por el secreto».¿Cuando dejó de ser un secreto?, ¿por qué se ocultó un hecho que proclamaba divinidad por los cuatrocostados?, ¿cómo y en qué momento se enteraron los apóstoles de la virginidad de María?, ¿no confiabaJesús en sus apóstoles?, ¿por qué sólo Mateo parece haber conocido el episodio de la virginidad de Maríamientras que le estuvo vedado al resto de los apóstoles?, ¿no confiaban los apóstoles entre sí? Estas preguntas y otras muchas similares no pueden tener respuestas lógicas dado que se interrogansobre un absurdo total. Si los apóstoles no le dedicaron un espacio de privilegio a un hecho tan portentosocomo la virginidad de María —mientras que fueron unánimes en mencionar a sus otros hijos y en consumirversículos sin fin relatando «curaciones milagrosas» de histéricos para documentar la personalidadextraordinaria de Jesús— no pudo ser jamás por falta de conocimiento sino, justamente, por todo locontrario: los apóstoles, que trataron directamente con Jesús y toda su familia, nunca creyeron que sumadre fuese virgen. ¿Cabe pensar entonces que Mateo mintió a sabiendas al introducir el mito virginal deMaría en su texto? Es posible, pero no necesariamente. Para intentar encontrarle algún sentido a tanta contradicción hay que recordar lo que ya apuntamos enun capítulo anterior y tener presente que el Evangelio de Mateo, tal como lo conocemos, fue escrito enEgipto, hacia el año 90 d.C., por alguna persona que se basó en los textos originales de Mateo —es decir,del judío Leví, hijo de Alfeo, que fue recaudador de impuestos antes que apóstol—, en Marcos y en otrasfuentes judías y paganas. El redactor final de Mateo, que no era judío, tal como se desprende del análisisdel texto, no se limitó a actuar como un mero compilador sino que añadió de su propia cosecha todo cuantole pareció oportuno para mejorarla capacidad de convicción del Mateo original; con esta intención, porejemplo, duplicó el número de personas que, según Marcos, había sanado Jesús en Gadara y Jericó, etc. Sabiendo que Mateo fue un texto inicialmente destinado a la evangelización cristiana en lascomunidades helenizadas de ciudades egipcias como Alejandría, y recordando que el origen auténtico delcristianismo tal como ha llegado hasta hoy partió de Asia Menor —la región más crédula de todo el Imperioromano en lo tocante a todo tipo de leyendas y supersticiones mágico-religiosas— y que, precisamente, enel sustrato legendario popular de las culturas griega y oriental de esos días era aún habitual la atribución deun nacimiento virginal a todos los personajes muy relevantes, resulta de Perogrullo darse cuenta del origenmítico y tardío del episodio de la virginidad de María; una inclusión forzada por los requerimientoslegendarios básicos del contexto pagano al que se intentaba imponer un nuevo «hijo del Cielo». Encualquier caso, el relato del nacimiento virginal se adoptó como un rasgo demostrativo más en favor de laproclamación de la descendencia divina de Jesús, pero bajo ningún concepto pudo pretenderse ensalzar oconstruir el personaje que llegará a ser «María, la Virgen» (un proceso que veremos detalladamente en lacuarta parte de este libro). El Jesús histórico, al ser transformado en la divinidad solar Jesús-Cristo, tal como ya mostrarnos,necesitó ser adornado con todos los mitos paganos correspondientes a la astrolatría solar, entre los cualesel de la concepción divina y virginal de su madre era uno más. Así pues, carece de sentido hablar de quelos apóstoles estuvieron mal informados acerca de la virginidad de María o que este prodigioso hechopermaneciese «aún velado por el secreto». Si Marcos y Juan (así como también Pablo en sus epístolas)ignoraron la supuesta virginidad de María, Mateo la ensalzó con más pasión que convencimiento y Lucas—que había tomado el relato de Mateo y de otras leyendas del Antiguo Testamento— la citó con lafrialdad de un trámite rutinario teñido de incredulidad, deberemos concluir necesariamente que sólo pudohaber un motivo lógico para esas actitudes: a la madre de Jesús se la hizo virgen cuando los redactores yneotestamentarios ya habían dejado de existir. Por esa razón, pobres hombres, los apóstoles jamás pudieron honrar a la Virgen María tal como laIglesia romana acabó ordenando que debía hacerse y, casi más lamentable aún, murieron sin haberse dado 148 Cfr. la anotación al versículo de Mt 13,55 —«¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no se llama María, y sus hermanos Santiago yJosé, Simón y Judas?»— que figura en la Biblia católica de Nácar-Colunga. 72
  • 73. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacuenta de que los hermanos carnales de Jesús, que ellos conocieron y trataron, no habían sido tales enrealidad, sino sus primos. Gracias a la Iglesia católica, la cristiandad de hoy puede enterarse de más y mejores historias quequienes se supone que las protagonizaron directamente hace casi dos mil años. A eso se le llama«interpretación autorizada e inspirada de las Sagradas Escrituras», una capacidad exclusiva de la Iglesiaque, si bien no estuvo al alcance de los autores directos de los textos neotestamentarios, fue instituyéndosee incrementándose en la misma medida en que nuevos redactores rehicieron los documentos originales ysabios exegetas católicos los comenzaron a leer como nunca nadie antes los había escrito. Los otros hijos de María o los hermanos carnales de Jesús que la Iglesia hizo desaparecer A pesar de la vehemente defensa que Mateo hace de la virginidad de María, en ese mismo Evangelioencontramos un» par de pasajes sorprendentes. En Mt 12,46-50 leemos la primera referencia a la familiade Jesús: «Mientras Él hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendíanhablarle. Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte. Él, respondiendo, dijo alque le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano sobre susdiscípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quienquiera que hiciere la voluntad de mi Padre,que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» Y algo más adelante se relata la reacción de los vecinos de Nazaret a la prédica de Jesús de estaforma: «Y viniendo a su patria, les enseñaba en la sinagoga, de manera que, atónitos, se decían: ¿Dedónde le vienen a éste tal sabiduría y tales poderes? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no sellama María, y sus hermanos Santiago y José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no están todas entrenosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto? Y se escandalizaban en Él. Jesús les dijo: Sólo en su patriay en su casa es menospreciado el profeta. Y no hizo allí muchos milagros por su incredulidad» (Mt 13,54-58). Si los habitantes de Nazaret, que habían convivido unos treinta años con Jesús y su familia, según Lc3-23, quedaron atónitos al ver el cambio experimentado en su convecino, no es menor el pasmo queexperimenta el lector de estos textos evangélicos cuando se pone a reflexionar sobre su alcance. En primerlugar, uno descubre que Jesús tuvo cuatro hermanos varones y un número indeterminado de hermanas,con lo que si ya era difícil imaginar la virginidad de María tras un parto ahora hay que hacer lo propio tras nomenos de siete alumbramientos. Si creemos a Mateo, la familia de Jesús se instaló en Nazaret (Mt 2,23) después de su nacimiento enBelén (Mt 2,1), pero si confiamos en Lucas (Lc 2,4) resulta que José y María ya vivían en Nazaret cuando,estando embarazada María, fueron a empadronarse a Belén. La versión de Lucas obliga a pensar que siMaría quedó encinta antes de ser recibida maritalmente en la casa de José (Mt 1,18; Lc 1,26-34), su familiay vecinos, según se vivía en la época, se hubiesen enterado de ello y, claro está, también de la visitaanunciadora del «ángel del Señor» —un suceso que nadie, absolutamente nadie, de aquellos tiemposhubiese ocultado a sus familiares y vecinos, ni éstos al resto del pueblo—y, aunque las parteras de Nazaretno pudieran intervenir en el nacimiento glorioso de Jesús en Belén, sí debieron asistir al de todos sushermanos, razón por la cual todo el pueblo debía conocer bien la normalidad fisiológica de María y lahumanidad al uso del resto de la familia. Con ello queremos significar que los vecinos de Nazaret son unostestigos de la vida de Jesús tan cualificados, al menos, como Mateo, que le trató sólo durante dos años, ocomo Lucas o Marcos que ni siquiera le llegaron a conocer directamente. El trance de ser rechazado por sus convecinos debió ser un hecho notable en la vida de Jesús ya queen Marcos, que no menta palabra sobre la supuesta infancia prodigiosa del nazareno, se reproduce elrelato de Mateo casi textualmente (Mc 6,1-6), con expresa mención del nombre de sus familiares: «¿No esacaso el carpintero [oficio que Jesús debió de ejercer junto a su padre durante años], hijo de María, y elhermano de Santiago, de José, y de Judas, y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» La familia de Jesús, en genérico, ya había aparecido un poco antes en este Evangelio en uncomentario que da cuenta de su reacción alarmada ante el tumulto ocasionado por la prédica del nuevo 73
  • 74. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicamesías —«Oyendo esto sus deudos, salieron para apoderarse de él, pues decíanse: Está fuera de sí» (Mc3,21)— y, casi a renglón seguido, reforzando la tesis de que sus familiares directos creían que se habíatrastornado, se añade en Mc 3,31-35: «Vinieron su madre y sus hermanos, y desde fuera le mandaron allamar. Estaba la muchedumbre sentada en torno de Él y le dijeron: Ahí fuera están tu madre y tushermanos, que te buscan...», que reproduce también casi textualmente el pasaje de Mt 12,46-50 ya 149citado. Lucas, por su parte, también recogió del mismo modo que Mateo y Marcos esta escena de tensiónfamiliar, que aparece en Lc 8,19-21. Además, en los Hechos de los Apóstoles, en el contexto de uncomentario a propósito de la ascensión de Jesús, Lucas evidencia de nuevo los vínculos carnales delnazareno cuando señala que «Todos éstos [los apóstoles] perseveraban unánimes en la oración conalgunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y con los hermanos de éste» (Act 1,14). El médico Lucas tenía tan clara la existencia de los herma-nos de Jesús que ya en el momento deredactar su texto sobre el nacimiento de Jesús (a fines del siglo I d.C.) escribió: «Estando allí, se cumplieronlos días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito...» (Lc 2,6-7); de haber sido Jesús el único hijo deMaría lo hubiese dicho con claridad —en lugar de usar la palabra «primogénito», el mayor de loshermanos— para destacar debidamente ya fuera la presunta unicidad divina de la criatura, o la no menosextraña peculiaridad de una familia judía que en toda su vida no tuvo más que un solo hijo, algo inaudito en 150esos tiempos. Teniendo en cuenta que Mateo había sido apóstol de Jesús y Marcos el redactor que recogió lasmemorias del apóstol Pedro, uno de los tres íntimos del Maestro, ¿cabe pensar que éstos hubiesen podidoreproducir sin más el dato de la familia de Jesús si éste no fuese real? Dado que ésta es una informaciónneutra, sobre la que los evangelistas no construyen posteriormente nada doctrinal, ya sea de corte mítico,religioso, social o personal, y que aparece tanto en los textos canónicos de quienes sostienen la virginidadde María como en los de quienes la ignoran absolutamente, resulta muy claro que ésa fue la familia real deJesús; una certeza que mantienen todos los eruditos independientes y todas las religiones cristianas aexcepción de la católica. En Juan, el Evangelio redactado tardíamente por el griego Juan el Anciano a partir de las memoriasde Juan el Sacerdote —«el discípulo amado» que, como ya dijimos, no se corresponde con Juan el apóstolsino con un sacerdote judío que gozó de la confianza y amistad más estrecha con Jesús—, se mencionanlos hermanos de Jesús en diversas ocasiones. Así, tras el primer milagro de Jesús en la boda de Caná, sedice que «Después de esto bajó a Cafarnaún Él [Jesús] con su madre, sus hermanos y sus discípulos, ypermanecieron allí algunos días» (Jn 2,12). Y, en un pasaje posterior, la existencia de los hermanos deJesús queda también patente de nuevo al relatar que «Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de losTabernáculos. Dijéronle sus hermanos: Sal de aquí y vete a Judea para que tus discípulos vean las obrasque haces; nadie hace esas cosas en secreto si pretende manifestarse. Puesto que eso haces, muéstrate almundo. Pues ni sus hermanos creían en Él. (...) Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, entoncessubió Él también...» (Jn 7,2-10). Pablo, el apóstol que se nombró a sí mismo, dio testimonio, al menos, de la existencia de uno de loshermanos de Jesús cuando en su Epístola a los Gálatas (53 d.C.) afirmó que «Luego, pasados tres años,subí a Jerusalén para conocer a Cefas [Pedro], a cuyo lado permanecí quince días. A ningún otro de losapóstoles vi, si no fue a Santiago, el hermano del Señor. En esto que os escribo, os (declaro) ante Dios queno miento» (Gál 1,18-20). Un par de años después, en su primera Epístola a los Corintios, el apóstol delos gentiles evidenció conocer la existencia de otros hermanos —en plural— de Jesús cuando escribió: «Yhe aquí mi defensa contra todos cuando me discuten: ¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber? ¿No 149 Cuando apuntamos que Marcos reproduce un cierto texto de Mateo, lo hacemos en referencia al orden de aparición de los pasajes en laBiblia, pero conviene recordar aquí que, aunque Mateo sea el evangelio que encabeza el canon neotestamentario, la redacción de Marcos le precedióen unos diez años y, en todo caso, fue Mateo quien se inspiró en Marcos y no al revés. 150 Los exégetas católicos, que afirman que el uso del vocablo primogénito no implica que María haya tenido después otros hijos, se amparanen que el término griego prototókon corresponde al hebreo bekor, que significa el primer hijo de una madre. Al margen de que los otros hijos deMaría aparecen bien documentados, el argumento esgrimido por la Iglesia puede volverse del revés para objetar que tener «el primer hijo de unamadre» no implica tampoco que ésta ya no vaya a tener otros en el futuro. 74
  • 75. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 151tenemos derecho a llevar en nuestras peregrinaciones una hermana, igual que los demás apóstoles y loshermanos del Señor y Cefas?» (I Cor 9,3-5). Los datos históricos muestran cómo la primitiva Iglesia cristiana, después de la crucifixión de Jesús,situó su cabeza en Jerusalén y fue gobernada por una especie de Sanedrín presidido por Santiago el Justo,el hermano de Jesús que le seguía en edad, siendo el apóstol Pedro la segunda autoridad. Cuando, aconsecuencia del martirio de Santiago —hecho ejecutar por el sumo sacerdote Ananías hacia el año 62d.C.— y del inicio de la guerra judía contra los romanos, tuvieron que abandonar Jerusalén, fueron ainstalarse a Pella y allí fue elegido presidente Simón, hijo de Cleofás y primo hermano de Jesús. En ese Sanedrín figuraban también otros parientes de Jesús, conocidos como los Herederos, de losque se conoce tan sólo el nombre de los hermanos Santiago y Sokker —quizá Judas Sokker—, nietos deJudas, el hermano menor de Jesús. Los Herederos gobernaron la comunidad cristiana hasta principios delsiglo II d.C. En resumen, resulta indiscutible que el Jesús de Mt 12,46-50 o de Mc 3,31-35 no desmintiópúblicamente que quienes querían hablarle fuesen su propia madre y hermanos carnales sino que, por elcontrario, construyó una metáfora que sólo tenía sentido si todos los presentes conocían su realidadfamiliar, puesto que, estando ya totalmente absorbido por su papel mesiánico, quiso afirmar con rotundidadque el seguimiento de la voluntad de Dios —máxime cuando él y muchos judíos creían que el fin de lostiempos sería inminente— era más importante y acogedor que la propia familia. Y es obvio también que loscuatro evangelistas testificaron en sus escritos la existencia real de no menos de seis hermanos y hermanasde Jesús, así como que Pedro y Pablo se relacionaron directamente con Santiago, el segundo hijo de Maríay presidente de la Iglesia cristiana de Jerusalén. Nada menos que en once pasajes inspirados por el Espíritu Santo se muestra la presencia física deesos hermanos carnales de Jesús, mientras que la presunta virginidad de María sólo aparece en dospasajes que, como ya demostramos, carecen de soporte profético, son de una clara inspiración pagana yobedecen a necesidades míticas. Dado que en las Sagradas Escrituras, como palabra de Dios que aparentan ser, no puede habererrores ni mentiras, los creyentes han tenido que buscar alguna solución razonable a la contradicción queestalla con virulencia entre las afirmaciones veraces de virginidad de la madre y los no menos veracestestimonios de sus, al menos, siete partos. Todas las iglesias cristianas actuales optaron en su día por creerque María fue virgen cuando concibió a Jesús por la gracia divina, pero que luego parió al resto de sus hijoscomo resultado de hacer una vida marital normal con José; éste fue un buen equilibrio para evitar elabsurdo y, además, es lo que se dice textualmente en el Nuevo Testamento que, por tanto, rechaza lavirginidad perpetua de María. Pero la Iglesia católica optó por otra solución más radical y acorde con su estilo dogmático y totalitario:negó la premisa mayor aduciendo que María no concibió sino a Jesús ya que los hermanos que se citan enlos escritos neotestamentarios no deben ser tomados por tales sino por sus «primos», y, en defensa de sutesis organizó un complicado sarao en el qué dio entidad a otra María, cuñada de la Virgen, que, ésa sí, 152fue? madre de cuantos «primos» conviniese adjudicarle. El argumento católico parte de una base cierta, cual es qué en la versión griega de los Setenta seempleó el mismo termino (adelfós, hermanos) para describir a hermanos, hermanas, parientes oconvecinos, pero los exégetas católicos rehúsan emplear el análisis de contexto —al que sólo recurren 151 En el texto original griego se dice literalmente «una esposa hermana». Sólo el empeño enfermizo de la Iglesia católica por esconder que losapóstoles —así como obispos, diáconos, etc.— vivían con una mujer y mantenían relaciones sexuales con ella, justifica la traducción de «hermana», asecas, allí donde todas las demás biblias no católicas y traducciones eruditas independientes dicen «esposa creyente» o «una hermana [en la fe] comoesposa». De entre todas las biblias que tiene este autor en su biblioteca, es de resaltar la pintoresca parrafada que al respecto presenta la versióncatólica de la Biblia hecha por Félix Torres Amat y Severiano del Páramo, publicada en 1928: «¿No tenemos también facultad de llevar en los viajesalguna mujer hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás apóstoles y los parientes del Señor?»; la cursiva es del texto citado y,como se ve, la esposa-amante del original se transformó en una sirvienta correligionaria y los hermanos de Jesús en «parientes». 152 Una tradición de mediados del siglo II, vehiculada por Hegesipo y Eusebio, presentó a María de Betania como la esposa de Alfeo (Cleofás),al que hizo hermano de san José; y otra tradición, más o menos contemporánea, vehiculada por Hegesipo y Jerónimo, convirtió a esta María enhermana o prima en primer grado de María, la madre de Jesús. La creación de estas tradiciones tenía como objetivo apuntalar la naciente míticacristiana que haría de Jesús el hijo de Dios concebido por una virgen, tal como mandaban los cánones de las leyendas divinas paganas. 75
  • 76. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacuando les conviene— ya que mediante el mismo cualquiera puede darse perfecta cuenta de cuándo unosversículos determinados se están refiriendo a familiares próximos, vecinos, correligionarios o hermanoscarnales hijos de la virgen María. En la Biblia católica de Nácar-Colunga se anota el versículo de Mt 12,46 diciendo que «no han faltadoherejes que, basándose en esta denominación [hermanos; citada en Mateo], hayan querido atacar lavirginidad de María, suponiendo que ésta tuvo otros hijos además de Jesús»; no aclara esta anotación sitan inspirados propagadores de la ortodoxia católica incluyen entre los herejes a los cuatro evangelistas,ya que éstos, de modo claro e inconfundible, tal como puede apreciar cualquiera que lea sus textosdirectamente, proclaman la imposibilidad absoluta de la virginidad perpetua de María al presentar a susotros hijos de la forma como lo hacen. La Iglesia católica se ha escudado durante siglos en su tremendo poder sociopolítico para tergiversarlas Escrituras a su gusto y, al mismo tiempo, mantener a su grey alejada de las evidencias de suscarnicerías doctrinales pero, tal como exclamó Galileo Galilei cuando, en 1613, fue condenado por la SantaInquisición y obligado a abjurar de su evidencia científica acerca de que era la tierra la que se movíaalrededor del Sol y no al revés: «¡Y, sin embargo, se mueve!» Por mucho que la Iglesia se empeñe en quela Tierra no gira o que los hermanos de Jesús son sus primos... ¡los textos originales no se mueven! 4 Jesús, un judío fiel a la Ley hebrea del que apenas conocemos nada A pesar de los miles de libros que se han escrito sobre Jesús de Nazaret, es tan poco lo que se sabeacerca de su vida real que muchos investigadores siguen albergando serias dudas acerca de suhistoricidad. La fuente básica que informa sobre su existencia mana desde los Evangelios, pero estostextos, como confesión de fe que son, resultan interesados, unilaterales, apologéticos, mitificados y contantos vacíos y silencios sospechosos que parecen difícilmente aceptables para cualquier historiador quepretenda ser riguroso y objetivo. En las fuentes paganas (Tácito y Suetonio) sólo se encuentran algunas vagas referencias informandode que en el siglo II era común la creencia de que Jesús había sido un personaje real. En las fuentes judíasantiguas, sólo se menciona brevemente a Jesús en el Talmud y en unos pocos pasajes de la obra delhistoriador Flavio Josefo —en los que no se aporta nada diferente de la imagen que dan de él losEvangelios—, pero son justamente unos pasajes sobre los que los expertos mantienen muy seriasreservas acerca de su posible autenticidad, ya que parecen ser añadidos cristianos posteriores en busca delsello de autentificación histórica que dan los textos de Josefo. Quedan, por tanto, como fuentes exclusivaslos cuatro Evangelios, que son obras muy dudosas, tal como ya hemos visto, y notablementecontradictorias entre sí. Con todo, dado que los Evangelios se empezaron a escribir unos cuarenta años después de ladesaparición de Jesús, parece bastante razonable descartar la hipótesis de la pura invención del personaje,puesto que cuando se recogió la tradición oral sobre él era aún escaso el tiempo transcurrido desde susdías y la memoria colectiva—en especial la de los oponentes— hubiera denunciado públicamente elembuste. Aceptaremos, pues, la historicidad de Jesús, aunque, lógicamente, separando lo posiblementereal de lo evidentemente mítico y, por mera prudencia intelectual, nos limitaremos a tomar como muyprobables tan sólo aquellos datos de los Evangelios que casen suficientemente bien con las informacioneshistóricas comprobadas. La visión de Jesús podrá resultar así, para algunos, algo limitada, ciertamente, aunque no lo serámucho más que la que aparece en los evangelios canónicos, pero, en contrapartida, nos sugerirá un retratomucho más aproximado del hombre que pudo ser de verdad y de las circunstancias en que vivió realmente.Leyendo atentamente los Evangelios, sin más, nos sorprenderemos descubriendo un Jesús muy diferenteal que nos ha presentado la Iglesia católica y el cristianismo en general. Durante el resto del libro, a medidaque abordemos cada tema específico, iremos ampliando la imagen de Jesús que comenzamos a esbozaraquí. 76
  • 77. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Gestado por virgen o no, daremos por cierto que Jesús nació, pero tampoco este dato resultacoincidente en las dos biografías de Jesús. Siguiendo a Lucas leemos que «aconteció, pues, en los díasaquellos que salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Esteempadronamiento primero tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. (...) José subió de Galilea, de laciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia deDavid, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Estando allí, se cumplieron los díasde su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por nohaber sitio para ellos en el mesón» (Lc 2,1-7). Sabiendo que el censo fue llevado a cabo por Publio Sulpicio Quirinio en el año 6-7 d.C., según consta 153en la crónica histórica de Flavio Josefo, está claro que ésa fue la fecha del nacimiento de Jesús. Pero, sinembargo, si recurrimos a Mateo, nos encontramos con que Jesús nació a fines del reinado de Herodes elGrande (Mt 2,1), que murió en el año 4 a.C., y quejóse y María se establecieron en Galilea después del 154nacimiento de Jesús y no antes. Así que, de entrada, tenemos que situar el natalicio del Mesías dentrode un arco de diez o más años de diferencia, y localizar la residencia de sus padres en dos puntos opuestosde Palestina. ¡Menos mal que sólo fueron dos los biógrafos canónicos de la infancia de Jesús y uno solo elEspíritu que les inspiró! 155 A juicio de la mayoría de expertos, Jesús nació probablemente entre el año 9 y el 5 a.C. entre losjudíos de Palestina y vivió en Nazaret, una modesta ciudad de Galilea, hasta una edad comprendida entrelos treinta años y cuarenta, trabajando en el oficio familiar de carpintero-albañil hasta que lo dejó todo parairse al encuentro de Juan el Bautista. Por su oficio se¡ le puede situar entre las clases medias palestinas yello le puso necesariamente en contacto con los judíos fariseos y su partido, del que debió de estar muypróximo aunque no parece, que llegara a militar en él. También parece evidente que conoció en profundidadla secta de los esenios y sus ideas, ya que algunas de ellas serán troncales en sus discursos posteriores. Acerca del nacimiento y de la infancia de Jesús no se tienen más datos que los de su biografía mítica,que no pueden ser tenidos en cuenta a efectos de la historicidad del personaje humano real; y tampoco seconoce absolutamente nada acerca de la vida llevada por Jesús con anterioridad a su aparición públicacomo predicador. Así que las escasas referencias biográficas de Jesús —según los pasajes del NuevoTestamento que pueden estimarse como presuntamente históricos— comienzan cuando, por motivosdesconocidos para los investigadores, éste abandonó Nazaret, su familia y su entorno social para irse hastala ribera del Jordán a unirse con Juan el Bautista. Juan el Bautista era un predicador de origen sacerdotal, ligado al esenismo, que pasaba por ser uno delos varios pretendientes a mesías que pululaban en esos agitados días y que alcanzó una popularidadnotable, entre los años 30-34 d.C. (o 26-29 d.C., según otras cronologías), proponiendo a todos los judíosque debían arrepentirse y tomar un baño purificador en las aguas del Jordán con el fin de poder asegurarseel perdón divino en el Juicio Final que, para él, como para muchos de la época, era inminente. Jesús pasó un tiempo junto al Bautista, hasta el extremo de ser tomado como un discípulo suyo, y allídebió de quedar fascinado no sólo por el magnetismo personal de Juan sino por el poder tremendo queintuyó detrás de su mensaje, profundamente revolucionario. Juan el Bautista, al hablar acerca de la 153 Cfr. Antigüedades judías,XVIII.1.1. 154 «Muerto ya Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a latierra de Israel, porque son muertos los que atentaban contra la vida del niño. (...) Mas habiendo oído que en Judea reinaba Arquelao en lugar de supadre Herodes, temió ir allá, y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret, para que secumpliese lo dicho por los profetas, que sería llamado Nazareno» (Mt 2,19-23). Lo «dicho por los profetas» es: «Cuando Israel era niño, yo le amé, yde Egipto llamé a mi hijo» (Os 11,1). Dado que la huida a Egipto que refiere Mateo (Mt 2,13-1 8) no está recogida ni por Lucas — y que lapersecución de Herodes no existió, como ya vimos, ni tampoco aparece en Lucas — , es evidente que se incluyó en Mateo para forzar el«cumplimiento» del texto de Oseas recién citado. Por otra parte, respecto a lo de ser «llamado Nazareno», no hay ninguna referencia exacta en elAntiguo Testamento, salvo que tenga que ver con un juego de palabras que relacione la localidad de Nazara con el término hebreo zara, que significa«semilla» y aparece en Gén 21,12 (habi-tualmente traducido por «descendencia»). Otro juego de palabras posible es con el término «nazirita» usadopara designar a alguien consagrado a Dios por un voto especial y que figura en Ex 13,2; Jue 13,5 y I Sam 1 ,20. O con netzer, el famoso retoño o ramade Is 11,1.155 El desconocerse el año exacto del nacimiento de Jesús — así como la práctica totalidad de las fechas relacionadascon su existencia — cuando las crónicas históricas antiguas fechan cientos de natalicios y de hechos aparentementemenos importantes que éste, confirma una suposición obvia: ni durante su nacimiento pretendidamente prodigioso nidurante el resto de su vida ocurrió nada tan notable como para que mereciese ser registrado en una crónica, ya fuese éstajudía, romana, cristiana O pagana. Jesús sólo llamó la atención mucho después de su muerte, cuando se elaboró laversión mitificada de su vida. 77
  • 78. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaproximidad del Juicio Final y de la gracia ofrecida por Dios a todos los arrepentidos, sin excluir a nadieabsolutamente ante ese momento último, estaba socavando los cimientos del pesado tabú que habíaconvertido en sospechosas a las masas populares y, en consecuencia, las había excluido de cualquierposibilidad de ser integradas en el «Israel de Dios». Al ser detenido Juan el Bautista (en algún momento posterior al año 28 d.C. pero anterior al final delaño 35 d.C.) y luego ejecutado, Jesús, que ya se había apartado de su círculo, tomó su misión como unacontinuación y ampliación de la de Juan, dejó de bautizar y comenzó a propagar que el «reino de Dios» no 156era algo a esperar en el futuro sino que había llegado ya. Jesús dejó el desierto y se fue a llevar adomicilio la oferta de gracia divina lanzada por Juan, orientando su acción hacia las masas palestinas queestaban relacionadas de alguna manera con el judaismo. Jesús comenzó a predicar a las masas desesperadas, a propiciar curaciones —tal como hacen aúnmuchos chamanes actuales— y a reducir las exigencias de la Ley, centrándolas en el amor a Dios y alprójimo. En un principio su mesianismo debió ser bastante rudimentario y más iluminista que político, pero,muy pronto, las masas reconfortadas empezaron a creer que el «reino de Dios» había llegado realmente e,incluso, que Jesús era el rey mesiánico que los judíos esperaban. Con su atención a las masas Jesús seseparó del modo de actuar de los fariseos, esenios u otros grupos judíos, ganándose al mismo tiempo elaprecio de las primeras y la enemistad creciente de los segundos. A pesar de los escasos datos históricos de que se dispone, sí puede afirmarse, al menos, que Jesúsestuvo realmente convencido de estar representando un papel fundamental en el «reino de Dios» que ya seestaba manifestando y que esa certidumbre personal no parece que se correspondiese exacta-mente contítulos, corrientes en el judaismo de esos días, como los de «Mesías» o «Hijo del hombre», aunque tambiénes verdad que rápidamente aceptó ser designado por ellos sin rechazarlos en ninguna ocasión; quizáporque pensaba que cuantas más personas se identificaran con él y aceptaran su mensaje tanto mejor seríapara sus pretensiones salvíficas. Pero el hecho cierto de que intentase cautivar a las masas con su prédicano implicó de forma alguna que Jesús tuviese el objetivo de conformar una nueva secta religiosa diferentede las que ya existían dentro del judaismo. Tal como apunta el profesor Étienne Trocmé con sobrada razón, «la misión de aglutinador de lasgentes bajo la gracia de Dios que Jesús colocaba en el centro de su actividad resulta incompatible con lacarrera de fundador de una nueva secta que a menudo se le atribuye. Frente a las inevitables de-,formaciones producidas por el desarrollo de los acontecimientos hay, pues, que recordar con toda claridadque Jesús no fundó ninguna Iglesia. Lo que hizo fue agrupar a Israel en un nuevo marco, lo que es algobien distinto. Sus célebres palabras a Pedro (Mt 16,18) no querían decir en principio otra cosa, y elequivalente semítico de la palabra ekklesía designa en este caso, al igual que en todo el AntiguoTestamento, la asamblea general del pueblo judío ante Dios».157 En el capítulo 8 trataremos a fondo laimportantísima cuestión que se apunta en este párrafo. Del hecho que Jesús fue un judío celoso cumplidor de los preceptos tradicionales de la religión hebreahabla bien a las claras su declaración de principios recogida en Mt 5,17-18: «No penséis que he venido aabrogar la Ley o los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla. Porque en ver-dad os digo quemientras no pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará (desapercibida) de la Ley hasta que todose cumpla.» No puede hallarse una mayor profesión de fe judía que ésta. En el mismo Mateo, en el pasaje en que Jesús envía a sus doce apóstoles a predicar, aparecerecomendándoles con claridad: «No vayáis a los gentiles ni penetréis en ciudad de samaritanos; id más biena las ovejas perdidas de la casa de Israel, y en vuestro camino predicad diciendo: El reino de Dios seacerca» (Mt 10,5-7); y poco más adelante Jesús se justifica —ante una mujer cananea que tiene una hijaendemoniada y a la que, en principio, él le niega ayuda— argumentando que «No he sido enviado sino a lasovejas perdidas de la casa de Israel. (...) No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos»(Mt 15,24-26).158156 «Después que Juan fue preso vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios y diciendo: Cumplido es el tiempo, y el reino de Dios estácercano; arrepentios y creced en el Evangelio» (Mc 1,14-15).157 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, vol. 5, p. 235.158 Con mucha posterioridad a estos textos, sin duda obligados por, el éxito evangelizador que había alcanzado Pablo entre los gentiles —que actuó ensentido absolutamente contrario al marcado por Jesús y por la primitiva Iglesia de Jerusalén, según se ve claramente en Ef 2,19-21 o 3,4-6, porejemplo—, se añadieron unos versículos al final de Mateo y Marcos —aunque no así en el de Lucas— con una supuesta declaración de Jesús, yaresucitado y poco antes de ascender al cielo, en la que ordenaba predicar el evangelio «a toda criatura» (cfr. Mt 28,19 y Mc 16,15). Según este 78
  • 79. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Queda absolutamente claro, por tanto, que Jesús no quiso ocuparse más que de predicar a suscorreligionarios judíos, que habían extraviado el auténtico camino de la fe según su modo de ver. Jesúspretendió consumar, eso es cumplir o realizar totalmente, sin olvidar «una tilde», la Ley hebrea escrita en elAntiguo Testamento, y jamás pudo ni imaginar que sus palabras y acciones sirvieran a nada ajeno aljudaismo —y menos aún que se fundara sobre ellas una religión nueva y contraria a la del «pueblo deIsrael»—, pero la Iglesia, sin pudor alguno —tal como veremos en diferentes capítulos de este libro— yhablando en nombre del nazareno, acabó abrogando, aboliendo, partes fundamentales de la Ley hebrea yconsolidando con las hebras de su mensaje un credo no sólo dirigido básicamente a los no judíos sinomanifiestamente antijudío. Apenas habían transcurrido uno o dos años desde que Jesús comenzara a electrizar a las gentes consu buena nueva —que eso significa el término evangelio—, cuando las muchedumbres oprimidas, quehabían comenzado a seguirle con entusiasmo desde un principio, sucumbieron a la desilusión al noencontrar en sus propuestas y actividades los cambios sociales y políticos que esperaban lograr de la manode ese mesías judío prometido y largamente esperado. Esa pérdida del apoyo popular y la relaciónproblemática que se había establecido entre Jesús y las autoridades religiosas judías, especialmente conlos saduceos, precipitó los acontecimientos que llevaron hasta la crucifixión. Volviendo atrás en la vida del Jesús histórico, recalaremos en un ámbito sumamente sensible del queno existe información alguna: ¿permaneció soltero o estuvo casado? La Iglesia sostiene contra viento ymarea que Jesús fue célibe y en ello se basa, entre otras cosas, para imponer el celibato obligatorio al clero(que trataremos más adelante). La afirmación de la Iglesia es una especulación carente de todo fundamentoya que en ningún lugar se identifica expresamente a Jesús como soltero, pero, dado que tampoco figuracomo casado, para intentar defender la tesis contraria también deberemos recurrir a la reflexión sobrealgunos de sus actos públicos y características del entorno sociocultural en que vivió. Aunque, según los Evangelios, Jesús se rodeó fundamentalmente de hombres para llevar a cabo sumisión —cosa inevitable dentro de un contexto judío profundamente patriarcal donde cada varón agradecía 159diariamente a Dios, mediante una plegaria, el no haber nacido siendo pagano, esclavo o mujer —, no esmenos cierto que su trato con las mujeres no fue distante ni machista, sino todo lo contrario. Jesús dejóconstancia de la importancia que le concedió a la mujer en ejemplos como el de Mc 7,24-30 (donde unamujer le vence dialécticamente) o el de Jn 4,1-42 (diálogo con la samaritana), admitió mujeres entre sudiscipulado (Mc 15,40-41), fue a mujeres a quienes se apareció por primera vez después de suresurrección, etc. No fue, por tanto, ningún misógino —tal como mostraremos en el capítulo 12 — cosa queno podemos decir de la Iglesia católica institucional. Sabemos también que tuvo un contexto familiar normal, con hermanos y hermanas, y que al menos sushermanos varones, según afirma Pablo en I Cor 9,3-5, estaban casados. Conocemos también que Jesús,como judío que fue, estuvo siempre sometido a la ley judaica que instaba a todos los individuos, sinexcepción, al matrimonio. La tradición judía despreciaba el celibato y se hace imposible imaginar que, enaquellos días y cultura, un célibe pudiese alcanzar alguna credibilidad o prestigio social. A la edad en quecomenzó a predicar — salvo que hubiese padecido alguna terrible deformación física, hipótesis que tambiénle hubiese imposibilitado su ascendencia sobre las masas — Jesús ya debía estar casado y haber tenidodescendencia. Cuando dejó Nazaret para comenzar su carrera mesiánica y abandonó a su familia, pudo haber dejadotambién a su esposa e hijos, tal como consta que hicieron algunos de sus apóstoles, cosa que no era nadainfrecuente ni mal vista en esos días. Si hemos de imaginar a Jesús de alguna forma todo indica quetenemos que hacerlo como a un artesano judío, religioso, casado y con hijos. El que Jesús hubiese sidocélibe no sólo es bastante más improbable sino que resultaría milagroso. En cualquier caso, especulacionesal margen, jamás podremos averiguar con certeza cuál fue su estado civil. Así de paupérrima es lainformación que poseemos acerca del Salvador. A pesar de que la lectura de ciertos pasajes de los Evangelios puede conducir a pensar que Jesús secomportó como una especie de revolucionario izquierdoso — tipo Ernesto Che Guevara — y de quealgunos autores no dudan en hacerle jefe del partido zelota, no debe perderse de vista que, según losrelatos neotestamentarios, hasta poco antes de su ejecución conservó la amistad y cultivó las buenasrelaciones con muchos dirigentes políticos judíos, con círculos burgueses acomodados y con los fariseos;enésimo absurdo, resulta obvio que el paso por la muerte amplió el horizonte humano de Jesús y le llevó a anular su más que bien documentadoracismo contra los gentiles. ¿Cómo es posible que el Dios Hijo hubiese sido tan torpe, miope e injusto en vida? 159 Cfr. la colección judía de himnos recogida en Authorised Prayer Book, pp. 5-6. 79
  • 80. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaen este sentido, pasajes como el de Mt 17,25-26 evidencian la habilidad de Jesús, en sus relaciones conlos judíos, cuando se le hace protagonista de un perfecto equilibrio entre su opinión de no tener que pagar 160el tributo del templo y el acto de pagarlo para no «escandalizar». Con respecto al pago de tributos 161religiosos, la Iglesia seguirá antes la opinión de Pablo que la de Jesús, aunque no lo hará por unacuestión de fe, sino de rentabilidad. Pero, por otra parte, su trato con el poder local tampoco le llevó a ser unhombre sumiso o cómplice de los dirigentes; antes al contrario, si algo parece caracterizar las actuacionesde Jesús eso fue su independencia de criterio ante los poderosos, ya fueren éstos autoridades romanas o 162judías, civiles o religiosas. Un episodio como el de la expulsión de los mercaderes del templo, realizado almodo zelota, pone en evidencia que Jesús, en su afán reformador del judaismo, no dudó en enfrentarse conla más alta autoridad del pueblo judío; un celo que finalmente, le condujo a la muerte. Después de pasar entre uno y tres años predicando su mensaje, Jesús fue arrestado y ejecutado, enuna fecha que los expertos sitúan entre el año 30 d.C. y la primavera del 36 d.C., como convicto de un delitode rebeldía ante la autoridad imperial romana al proclamarse «rey de los judíos»; para acelerar y forzar sudetención —aunque no para decidir su condena— pudo pesar bastante la presión ejercida por el Sanedrínjudío, escandalizado por la blasfemia de Jesús de reivindicar para sí la dignidad mesiánica y la realezadavídica. En la manifiesta actitud de resignación e inevitabilidad con la que, aparentemente, Jesús aceptó suejecución, pudo haber tenido mucho que ver su absoluto convencimiento de que el fin del mundo —y elconsecuente advenimiento del «reino de Dios»— era inminente, tal como quedó expuesto con claridadcuando el mesías judío afirmó: «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con susángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo que hay algunos entre lospresentes que no gustarán la muerte antes de haber visto al Hijo del hombre venir en su reino» (Mt 16,27- 16328), eso es que el «reino» llegará tan pronto que algunos de los presentes aún estarán vivos para verlo. En el mismo Evangelio, después de describir con todo lujo de detalles cómo será la venida del «Hijo 164del hombre» y el juicio final, Jesús afirmó: «En verdad os digo que no pasará esta generación antes de 165que todo esto suceda» (Mt 24,34). Su profecía fallida, un error de bulto que compartieron también los inspirados Pablo, Pedro, Santiago 166y Juan, le llevó a no intentar evitar una muerte de la que hubiese podido escapar sin dificultad, perotambién sembró la semilla que germinaría en un cristianismo ajeno a sus intenciones. 160 «Entrando en Cafarnaún, se acercaron a Pedro los perceptores de la didracma y le dijeron: ¿Vuestro maestro no paga la didracma? Y élrespondió: Cierto que sí. Cuando iba a entrar en casa, le salió Jesús al paso y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénescobran censos y tributos? ¿De sus hijos o de los extraños? Contestó él: De los extraños. Y le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos. Mas, para noescandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo y agarra el primer pez que pique, ábrele la boca, y en ella hallarás un estater; tómalo y dalo por mí y porti» (Mt 17,24-27). La habilidad de este párrafo para decir lo que cada lector quiera entender es formidable. 161 Pablo contradijo abiertamente a Jesús cuando, en Rom 13,1-7, ordenó: «Todos han de estar sometidos a las autoridades superiores, pues nohay autoridad sino bajo Dios; y las que hay, por Dios han sido establecidas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios,y los que la resisten se atraen sobre sí la condenación. (...) Es preciso someterse no sólo por temor del castigo, sino por conciencia. Por tanto, pagadleslos tributos, que son ministros de Dios ocupados en eso. Pagad a todos lo que debáis; a quien tributo, tributo; a quien aduana, aduana; a quien temor,temor; a quien honor, honor.» 162 Cfr .Mt 21,12-13; Mc 11,15-18 y Lc 19,45-48 163 Con su habitual ánimo distorsionador, en la Biblia católica de Nácar-Colunga se anota el versículo 28 —que va desde «En verdad os digo...a... venir en su reino»— con la siguiente frase: «Este versículo, que se lee también en Mc 9,1 y en Lc 9,27, no está ligado a lo que precede. La venidade que aquí se habla no es la última, a juzgar el mundo, sino otra próxima, a juzgar a Israel, la cual tendrá gran influencia en el desarrollo de la Iglesiaentre los gentiles.» ¿Fue el Espíritu Santo quién dijo a la Iglesia católica que el versículo 28 no estaba relacionado con el texto que le precede dentrode un mismo párrafo? Y si no está relacionado con su contexto, ¿cómo saben a qué demonios se refiere? 164 «Luego, enseguida, después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo, ylos poderes del cielo se conmoverán. Entonces aparecerá el estandarte del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, yverán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande. Y enviará sus ángeles con resonante trompeta y reunirá de loscuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (Mt 24,29-31). 165 La inminencia del «fin de los tiempos» también aparece destacada en versículos como los de Mt 4,17; Mc 1,15; Lc 10,9 y Lc 10,11 («elreino de Dios está cerca»); Mc 9,1 y Mc 13,30 («antes de que haya pasado esta generación»); Mt 10,23 («en verdad os digo que no acabaréis lasciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre»). Aunque, según Mc 13,32, «Cuanto a ese día o a esa hora, nadie lo conoce, ni los ángelesdel cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre»; este versículo, que figura también en Mt 24,36, parece una interpolación tardía realizada para intentar matizarel claro anuncio de la inminencia del «reino de Dios» cuando hacía ya varios decenios que se lo esperaba en vano. 166 La primera vez que leí el Nuevo Testamento, hace ya años, me pareció tan evidente que Jesús había errado su predicción acerca del fin delos tiempos que no le concedí importancia alguna (dadas las tremendas contradicciones y errores que figuran en las Escrituras) y pensé que eso eraconocido y perdonado por todo el mundo; pero hoy, cuando el manuscrito de este libro está prácticamente terminado, un dato que no conocía me hahecho cambiar de opinión. Resulta que este error de Jesús no fue detectado hasta el siglo XVIII por el filósofo alemán Samuel Hermann Reimarus 80
  • 81. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Sobre este hecho fundamental, la única referencia que aporta el Nuevo Testamento es que Jesús fuecrucificado después de la ejecución de Juan el Bautista, durante una pascua siendo Poncio Pilatogobernador de Judea y Caifas el sumo sacerdote. La muerte de Juan el Bautista no puede datarse en formaalguna, pero es altamente probable que fuese la consecuencia de sus duras críticas al matrimonio entre elrey Herodes y su cuñada Herodías —relatadas en Mateo y en Marcos— que, según el consenso científicoactual, se celebró en el año 35 d.C., una fecha muy plausible, por tanto, para datar la muerte del Bautista.Dado que tanto Pilato como Caifas perdieron sus respectivos cargos en el año 36 d.C., resulta también muyatinada la propuesta del erudito Hugh J. Schonfield cuando sitúa la crucifixión de Jesús durante la pascuadel año 36 d.C. Según esta estimación y la de la fecha de su nacimiento (9-5 a.C.), resulta que Jesús no pudo morir alos 33 años, tal como sostiene la tradición, sino a una edad algo superior que cabe situar entre sus 45 y 41años. 5 Las muchas y profundas incoherencias que impiden dar crédito a los relatos neotestamentarios acerca de la resurrección de Jesús y de sus apariciones posteriores Cuando un profano en misterios teológicos se pone a leer los pasajes neotestamentarios que relatan laresurrección de Jesús —que es el episodio fundamental en el que se basa el cristianismo para demostrarla divinidad de Jesús—, espera encontrar una serie de relatos pormenorizados, sólidos, documentados y,sobre todo, coincidentes unos con otros. Pero los textos de los cuatro evangelistas nos dan justamente laimpresión contraria. A tal punto son contradictorios los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan que, sisus declaraciones fuesen presentadas ante cualquier tribunal de justicia, ningún juez podría aceptar sustestimonios como base probatoria exclusiva para emitir una sentencia. Basta con comparar los relatos detodos ellos para darse cuenta de la fragilidad de su estructura interna y, por tanto, de su escasa credibilidad. 167 Después de que Jesús expirase en la cruz, según refiere Mateo, «llegada la tarde, vino un hombrerico de Arimatea, de nombre José, discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 168Pilato entonces ordenó que le fuese entregado [puesto que estaba en poder del juez]. Él, tomando elcuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro, del todo nuevo, que había sidoexcavado en la peña, y corriendo una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue. Estaban allí MaríaMagdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro» (Mt 27,57-61). En la versión de Marcos, José de Arimatea es ahora un «ilustre consejero (del Sanedrín), el cualtambién esperaba el reino de Dios» (Mc 15,43) y Pilato no reclama el cuerpo de Jesús al juez sino alcenturión que controló la ejecución: «Informado del centurión, dio el cadáver a José, el cual compró unasábana, lo bajó, lo envolvió en la sábana y lo depositó en un monumento que estaba cavado en la peña, yvolvió la piedra sobre la entrada del monumento. María Magdalena y María la de José miraban dónde se leponía» (Mc 15,45-47). El relato que proporciona Lucas, en Lc 23,50-56, es sustancialmente coincidente con este de Marcos,pero en Juan la historia ocurre en un contexto llamativamente diferente: «Después de esto rogó a PilatoJosé de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por temor de los judíos, que le permitiese(1694-1768), que lo analizó en una obra, titulada Apología de quienes adoran a Dios según la razón, que no se atrevió a publicar. Años después, entre1774 y 1778, Gotthold Ephraim Lessing publicó partes de esa Apología bajo el título de Fragmentos de un anónimo, y el también filósofo y teólogoDavid Friedrich Strauss resumió la voluminosa obra inédita de Reimarus en su S.H. Reimarus y su escrito en defensa de quienes adoran a Dios segúnla razón (1862). Estos textos, que circularon de forma subterránea y limitada, afloraron con timidez cuando, a comienzos del siglo XX, el teólogoJohannes Weiss hizo público el descubrimiento de Reimarus y otro teólogo, el famoso médico misionero y premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer(1875-1965), profundizó en él en su obra De Reimarus a Wrede (1906), reimpresa en 1913 como Historia de la investigación sobre la vida de Jesús. 167 Del viernes («Llegada ya la tarde, porque era la Parasceve, es decir, la víspera del sábado» se añade en Mc 15,42). 168 En la anotación a Mt 27,58 (en la traducción de Nácar-Colunga) se dice: «Como cadáver de reo, estaba en poder del juez, que no lo entregóhasta haberse certificado que estaba ya muerto.» 81
  • 82. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicatomar el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y tomó su cuerpo. Llegó Nicodemo, el mismoque había venido a Él de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras.Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo fajaron con bandas y aromas, según es costumbre sepultar entrelos judíos. Había cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual 169nadie aún había sido depositado. Allí, a causa de la Parasceve de los judíos, por estar cerca elmonumento, pusieron a Jesús» (Jn 19,38-42). Ahora José de Arimatea es «discípulo de Jesús» y no parece ser miembro del Sanedrín judío; esavíspera del sábado surge de la nada Nicodemo, que le ayuda a transportar el cadáver de Jesús y loamortajan (en los otros Evangelios, como veremos enseguida, eran varías mujeres las que iban aamortajarle y eso sucedía en la madrugada del domingo); y se le entierra en un sepulcro que ya no esseñalado como propiedad de José de Arimatea y al que se recurre «por estar cerca». Retomando el textode Mateo seguimos leyendo: «Al otro día, que era el siguiente a la Parasceve, reunidos los príncipes de lossacerdotes y los fariseos ante Pilato, le dijeron: Señor, recordamos que ese impostor, vivo aún, dijo:Después de tres días resucitaré. Manda, pues, guardar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan 170sus discípulos, le roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos. (...) Ellos fueron ypusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra» (Mt 27,62-66). Estos versículos afirman almenos dos cosas: que era conocida por todos la advertencia de Jesús acerca de su resurrección al tercerdía y que el sepulcro estaba guardado por soldados romanos. El relato de Mateo prosigue: «Pasado el sábado, ya para amanecer el día primero de la semana, vinoMaría Magdalena con la otra María [María de Betania] a ver el sepulcro. Y sobrevino un gran terremoto,pues un ángel del Señor bajó del cielo y acercándose removió la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.Era su aspecto como el relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. De miedo de él temblaron losguardias y se quedaron como muertos. El ángel, dirigiéndose a las mujeres, dijo: No temáis vosotras, puessé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí; ha resucitado, según lo había dicho...» (Mt 28,1-6). La versión de Marco difiere sustancialmente de esta de Mateo ya que relata el suceso de esta otraforma: «Pasado el sábado, María Magdalena, y María la de Santiago [María de Betania] y Salomécompraron aromas para ir a ungirle Muy de madrugada, el primer día después del sábado, en cuanto salióel sol, vinieron al monumento. Se decían entre sí ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada delmonumento? Y mirando, vieron que la piedra estaba removida; era muy grande. Entrando en el monumento,vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca, y quedaron sobrecogidas deespanto...» (Mc 16,1-5) y, como en Mateo, el antes ángel ahora joven ordenó a las mujeres que dijeran alos discípulos que debían encaminarse hacia Galilea para poder ver allí a Jesús. En Lucas se dice: «Y encontraron removida del monumento la piedra, y entrando, no hallaron elcuerpo del Señor Jesús. Estando ellas perplejas sobre esto, se les presentaron dos hombres vestidos devestiduras deslumbrantes. Mientras ellas se quedaron aterrorizadas y bajaron la cabeza hacia el suelo, lesdijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí; ha resucitado, (...) y volviendo delmonumento, comunicaron todo esto a los once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana yMaría de Santiago y las demás que estaban con ellas. Dijeron esto a los apóstoles pero a ellos lesparecieron desatinos tales relatos y no los creyeron. Pero Pedro se levantó y corrió al monumento, einclinándose vio sólo los lienzos, y se volvió a casa admirado de lo ocurrido» (Lc 24,1-12). Nótese que el antes ángel y después joven es ahora «dos hombres» —y que ya no mandan ir haciaGalilea dado que, según se dice algo más abajo, en Lc 24,13-15, Jesús resucitado acudió al encuentro delos discípulos en Emaús—; las tres mujeres se han convertido en una pequeña multitud; y Pedro visita elsepulcro personalmente. Según Juan, «El día primero de la semana, María Magdalena vino muy de madrugada, cuando aún erade noche, al monumento, y vio quitada la piedra del monumento. Corrió y vino a Simón Pedro y al otro 169 Parasceve significa el día de la Preparación, el viernes o víspera del día de descanso semanal judío que, ese sábado, precisamente, a lo queparece, debía coincidir con alguna celebración especial. 170 Según lo refiere el evangelista en Mt 28,11-15, la versión del robo del cadáver de Jesús por parte de sus discípulos fue la que «se divulgóentre los judíos hasta el día de hoy». Mateo, en una patraña que no consta en ningún otro evangelio, cuenta cómo los sacerdotes judíos pagaron«bastante dinero» a los guardianes romanos para que dijeran que «viniendo los discípulos de noche, le robaron mientras nosotros dormíamos», con loque, de una tacada, toma por estúpidos al Sanedrín judío, a los soldados romanos y al lector de sus versículos ya que, si los sacerdotes judíos pensaronque Jesús había resucitado de verdad, no tenía ningún sentido pagar para ocultar algo tan grande que acabaría por saberse de alguna forma (nadieresucita para mantenerlo oculto) y, por otra parte, si los guardias romanos hubiesen confesado haberse dejado robar el cuerpo de Jesús mientrasdormían, se les habría ejecutado inmediatamente, con lo que el dinero recibido les iba a servir de bien poco. 82
  • 83. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadiscípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: Han tomado al Señor del monumento y no sabemos donde le hanpuesto. Salió, pues, Pedro y el otro discípulo y fueron al monumento. Ambos corrían; pero el otro discípulocorrió más aprisa que Pedro y llegó primero al monumento, e inclinándose, vio las bandas; pero no entró.Llegó Simón Pedro después de él, y entró en el monumento y vio las fajas allí colocadas, y el sudario. (...)Entonces entró también el otro discípulo que vino primero al monumento, y vio y creyó; porque aún no sehabían dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que El resucitase de entre los muertos. Losdiscípulos se fueron de nuevo a casa. María se quedó junto al monumento, fuera, llorando. Mientras llorabase inclinó hacia el monumento, y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro alos pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. Le dijeron: ¿Por qué lloras, mujer? Ella les dijo: Porquehan tomado a mi Señor y no sé dónde le han puesto. Diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús queestaba allí, pero no conoció que fuese Jesús...» (Jn 20,1-18). Ahora son dos y no uno o ninguno los discípulos que acuden al sepulcro, pero una sola la mujer (queya no va a ungir el cuerpo de Jesús); en su alucinante metamorfosis, el ángel/joven/dos hombres se haconvertido en «dos ángeles» que aparecen situados en una nueva posición, que pronuncian palabrasdiferentes a sus antecesores en el papel y que, como en Lucas, tampoco ordenan ir a ninguna parte dadoque Jesús no espera a Galilea o Emaús para aparecerse y lo hace allí mismo, junto a su propia tumba. Si resumimos la escena tal como la atestiguan los cuatro evangelistas inspirados por el EspírituSanto obtendremos el siguiente cuadro: en Mateo las mujeres van a ver el sepulcro; se produce unterremoto; baja un ángel del cielo; remueve la piedra de la entrada de la tumba y se sienta en ella; y deja alos guardias «como muertos». En Marcos las mujeres (que ya no son sólo las dos Marías puesto que se suma Salomé) van a ungir elcuerpo de Jesús; no hay terremoto; la piedra de la entrada ya está quitada; un joven está dentro delmonumento sentado a la derecha; y los guardias se han esfumado. En Lucas, las mujeres, que siguen llevando ungüentos, son las dos Marías, Juana, que sustituye aSalomé, y «las demás que estaban con ellas»; tampoco hay terremoto ni guardias; se les presentan doshombres, aparentemente procedentes del exterior del sepulcro; se les anuncia que Jesús se les apareceráen Emaús y no en Galilea, tal como se dice en los dos textos anteriores; y Pedro da fe del hecho prodigioso. En Juan sólo hay una mujer, María Magdalena, que no va a ungir el cadáver; no ve a nadie en elsepulcro y corre a avisar no a uno sino a dos apóstoles, que certifican el suceso; después de esto, mientrasMaría llora fuera del sepulcro, se aparecen dos ángeles, sentados en la cabecera y los pies de dondeestuvo el cuerpo del crucificado; y Jesús se le aparece a la mujer en ese mismo momento. En lo único enque coinciden todos es en la desaparición del cuerpo de Jesús y en la vestimenta blanco/luminosa quellevaba el transformista ángel/ joven/dos hombres/dos ángeles. No hace falta ser ateo o malicioso para llegar a la evidente conclusión de que estos pasajes no puedentener la más mínima credibilidad. No hay explicación alguna para la existencia de tantas y tan gravescontradicciones en textos supuestamente escritos por testigos directos —y redactados dentro de un periodode tiempo de unos treinta a cuarenta años entre el primero (Marcos) y el último (Juan)— e inspirados porDios... salvo que la historia sea una pura elaboración mítica, tal como ya señalamos, para completar eldiseño de la personalidad divina de Jesús asimilándola a las hazañas legendarias de los dioses solaresjóvenes y expiatorios que le habían precedido, entre los que estaba Mitra, su competidor directo en esosdías, que no sólo había tenido una natividad igual a la que se adjudicará a Jesús sino que también habíaresucitado al tercer día. Si leemos entre líneas los versículos citados, podremos darnos cuenta de algunas pistas interesantespara comprender mejor el ánimo de sus redactores. Marcos, el primer texto evangélico escrito, obra deltraductor del apóstol Pedro, esbozó el relato mítico con prudencia y evitó las alharacas sobrenaturalesinnecesarias. Mateo, por el contrario, a pesar de que se inspiró en Marcos para escribir su obra, siguiósiendo fiel a su estilo y se regocijó en adaptar leyendas paganas orientales al mito de Jesús, por eso —yafuese por obra del verdadero Mateo o del redactor que puso a punto la versión actual de su Evangelio enEgipto— en su texto aparecen —pero no en los demás— los típicos terremotos y seres celestiales bajadosdel cielo propios de las leyendas paganas que vimos en apartados anteriores. El médico Lucas, ayudante de Pablo, que se inspiró en Marcos y Mateo puesto que jamás trató connadie relacionado con Jesús, adoptó la misma mesura que Marcos y, dado que escribió en Roma, eliminódel relato las referencias celestiales exóticas y aquellas que pudiesen herir susceptibilidades entre losromanos. Como su objetivo fue demostrar la veracidad del cristianismo (y también de este hecho, claroestá) recurrió a sus típicas exageraciones y manipulaciones en pos de asegurarse la credibilidad. Por eso 83
  • 84. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaconvirtió en hombre maduro a quien había sido un joven o un ángel y dobló su presencia para mejortestimonio. , Otro tanto sucedió con las mujeres —a las que ni él ni Pablo concedían demasiada credibilidad—, quepresentó como a un grupo numeroso para así poder compensar en alguna medida su credulidad genéticagracias a la cantidad de testimonios coincidentes; pero, aún así, Lucas creyó necesario incluir el testimonio 171de un varón para que el relato pareciese razonable y ahí hizo su aparición Pedro. El apóstol Pedro nosólo gozaba de credibilidad entre la comunidad judeocristiana sino que era el oponente más duro de Pablo,así que al incluirlo en el relato se lograban dos cosas a la vez: dar veracidad al hecho por su testimonio devarón y materializar una sutil venganza en su contra mermándole su masculinidad y prestigio alpresentarlo solo en medio de un grupo de mujeres. En Juan, el más místico de los cuatro, los hombres volvieron a ser transformados en ángeles (dos, porsupuesto), la mujer fue una sola y con un papel totalmente pasivo y, en sintonía con la conocida pasión queevidencia el redactor de este Evangelio por el Jesús divino, no pudo aguardar para hacerle aparecer enGalilea y le hizo materializarse en su propia sepultura para mayor gloria. Pero vemos también que en esterelato aparecen dos discípulos, Pedro y «el otro discípulo a quien Jesús amaba»; al margen de comprobarotra vez como a cada nuevo evangelio se va doblando la cantidad de testigos, la elección de estos doshombres no es casual. Pedro debía aparecer puesto que antes lo había situado Lucas en la escena, pero elotro tenía que figurar también dado que se trataba de la fuente de quien supuestamente partía ese relato. Si recordamos lo ya documentado con anterioridad, sabremos que el autor del Evangelio de Juan nofue el apóstol Juan, sino el griego Juan «el Anciano» —que se basó en las memorias del judío Juan elSacerdote, el «discípulo querido»—. En los versículos de Juan se presenta a Juan el Sacerdote corriendohacia el sepulcro junto a Pedro, pero ganándole la carrera, que por algo éste es su texto particular, con loque quedaba sutilmente valorado por encima de Pedro. Juan fue el primero en ver la tela del sudario pero,sin embargo, fue Pedro quien entró por delante en la sepultura; la razón para ello es bien simple: dado su 172oficio sacerdotal, Juan, para no adquirir impureza, no podía penetrar en el sepulcro hasta saber concerteza que allí ya no había ningún cadáver; cuando Pedro se lo confirmó, él también entró «vio y creyó». Aligual que ocurre en toda la Biblia, las motivaciones humanas de los escritores dichos sagrados son tanpoderosas y visibles que oscurecen cuantos rincones se pretenden llenos de luz divina. Repasando lo que se dice en el Nuevo Testamento acerca de la actitud de los discípulos frente a laresurrección de Jesús volvemos quedar sorprendidos ante la incredulidad que demuestran éstos al recibir lanoticia. En Mt 27,63-64, tal como ya pudimos leer, se dice que era tan notorio y conocido por todos queJesús había prometido resucitar al tercer día que el Sanedrín forzó a Pilato a poner guardias ante elsepulcro y a sellar su entrada. Y en Lucas se refresca la memoria de las mujeres desconsoladas ante lasepultura vacía diciéndoles: «Acordaos cómo os habló [Jesús] estando aún en Galilea, diciendo que el Hijodel hombre había de ser entregado en poder de pecadores, y ser crucificado, y resucitar al tercer día» (Lc24,7). Todos estaban, pues, advertidos, pero a los apóstoles, según sigue diciendo Lc24,l 1, «les parecierondesatinos tales re-latos [el sepulcro vacío que habían encontrado las mujeres] y no los creyeron». Lasmujeres de Mc 16,8 «a nadie dijeron nada» aunque a renglón seguido María Magdalena se lo contaría a los 173apóstoles que «oyendo que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron» y, a más abundamiento,«Después de esto se mostró en otra forma a dos de ellos [apóstoles] que iban de camino y se dirigían alcampo. Éstos, vueltos, dieron la noticia a los demás; ni aun a éstos creyeron» (Mc 16,12-13). En Juan, 171 Un hecho tan importante como que el apóstol Pedro estuvo en el sepulcro en esa circunstancia básica del cristianismo hubiese sido conocidoy relatado por Marcos, que escribió su texto sobre lo que le escuchó predicar directamente a Pedro; y también lo hubiese sabido y escrito sucompañero de apostolado Mateo, pero ése no es el caso. 172 Que ya se deja ver cuando, como fuente de Juan el Anciano, describe el modo ritual judío de practicar los enterramientos —en Jn 19,39-40— y entra en contradicción con los otros tres evangelistas. 173 Al margen de lo dicho, quizá la credibilidad de María Magdalena —o María de Magdala— no fuese demasiado sólida ante quienes laconocían si, tal como se cuenta en Lc 8,2, «había sido curada de espíritus malignos (...) de la cual habían salido siete demonios» antes de convertirseen seguidora de Jesús. Desde el punto de vista psiquiátrico actual cabría pensar, como mínimo, que ¡siete demonios suponen ya demasiadodesequilibrio para una sola persona! (máxime en un tiempo que estaba aún a dos milenios del descubrimiento de los neurolépticos y demáspsicofármacos antipsicóticos). 84
  • 85. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaPedro y Juan el Sacerdote «aún no se habían dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que Élresucitase de entre los muertos» (Jn 20,9). A Pedro, en especial, se le presenta en los Evangelios rechazando con vehemencia la posibilidad de 174la pasión y recibiendo por ello un durísimo reproche de parte de Jesús, pero ¿cómo podía seguirmostrándose incrédulo ante la noticia de la resurrección de su maestro alguien que había visto fielmentecumplidos los vaticinios de Jesús acerca de su detención y muerte así como el que advertía que él mismo lenegaría tres veces? Resulta ilógico pensar que apóstoles, que habían sido testigos directos de los milagros 175que se atribuyen a Jesús, entre ellos el de la resurrección de la hija de Jairo —jefe de la sinagoga judía 176gerasena— y la de Lázaro, no pudiesen creer que su maestro fuese capaz de escapar de la muerte talcorno tan repetidamente había anunciado si hemos de creer en los versículos siguientes: En Mc 8,31 Jesús, reunido con sus apóstoles, «Comenzó a enseñarles cómo era preciso que el Hijodel hombre padeciese mucho, y que fuese rechazado por los ancianos y los príncipes de los sacerdotes y 177los escribas, y que fuese muerto y resucitara después de tres días. Claramente se hablaba de esto».Mientras todos estaban atravesando el lago de Galilea, según Mc 9,30-32, Jesús «iba enseñando a susdiscípulos y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y le darán muerte, y 178muerto, resucitará al cabo de tres días. Y ellos no entendían esas cosas, pero temían preguntarle». Latercera predicción de Jesús acerca de su inminente pasión figura en Mc 10,33-34 cuando se dice:«Subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a losescribas, que le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él y le escupirán, y le 179azotarán y le darán muerte, pero a los tres días resucitará.» Y en Mc 14,28-29, mientras se dirigían haciael monte de los Olivos, encontramos a Jesús afirmando: «Pero después de haber resucitado os precederé a 180Galilea». La inexplicable incredulidad de los apóstoles ante la noticia de la resurrección de Jesús resulta aúnmucho más alarmante cuando leemos el testimonio de Mateo acerca del suceso que siguió a la muerte delmesías judío: «Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró. La cortina del templo se rasgó de arriba abajoen dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos desantos que dormían, resucitaron, y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a laciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y los que con él guardaban a Jesús, viendo elterremoto y cuanto había sucedido, temieron sobremanera y se decían: Verdaderamente, éste era el hijo deDios...» (Mt 27,50-54). Ante este testimonio inspirado de Mateo sólo caben dos conclusiones: o el relato es una absolutamentira —con lo que también se convierte en una invención el resto de la historia de la resurrección—, o lahumanidad de esa época presentaba el nivel de cretinez más elevado que jamás pueda concebirse. Unaconvulsión como la descrita no sólo hubiese sido la «noticia del siglo» a lo largo y ancho del Imperio romanosino que, obviamente, tendría que haber llevado a todo el mundo, judíos y romanos incluidos, con el sumosacerdote y el emperador al frente, a peregrinar ante la cruz del suplicio para aceptar al ejecutado como elúnico y verdadero «hijo de Dios», tal como supuestamente apreciaron, con buen tino, el centurión y sussoldados; pero en lugar de eso, nadie se dio por aludido en una sociedad hambrienta de dioses y prodigios,ni cundió el pánico entre la población —máxime en una época en la que buena parte de los judíosesperaban el inminente fin de los tiempos, cosa que también había creído y predicado el propia Jesús—, nitan siquiera logró que los apóstoles sospechasen que allí estaba a punto de suceder algo maravilloso y poreso les pilló fuera de juego la nueva de la resurrección. Es el colmo del absurdo. 174 Así, por ejemplo, en Mt 16,21-23 se lee: «Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén parasufrir mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y al tercer día resucitar. Pedro, tomándoleaparte, se puso a amonestarle, diciendo: No quiera Dios, Señor, que esto suceda. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: Retírate de mí, Satanás; tú mesirves de escándalo, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres.» 175 Cfr. Mt 9,18-25; Mc 5,35-43 y Lc 8,40-56 176 Cfr. ]n 11,33-44.177 El pasaje se repite en Mt 16,21 y en Lc 9,22.178 Ver también Mt 17,22-23 —que añade que los apóstoles «se pusieron muy tristes»— y Lc 9,44-45.179 Este texto se reproduce también en Mt 20,18-19 y en Lc 18,31-34, que añade: «Pero ellos no entendían nada de esto, eran cosas ininteligibles paraellos, no entendían lo que les decía.»180 En el contexto narrativo equivalente de Mt 26,30-35 y Lc 22,31 -39 no se incluye esta frase. 85
  • 86. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Además, ¿cómo no iban a llamar la atención y despertar la alarma los muchos santos que, segúnMateo, salieron de sus tumbas y se pasearon por Jerusalén entre sus moradores? Unos santos de los que,por cierto, no se dice quiénes eran (ni la razón de su santidad), ni quiénes los reconocieron como tales, ni aquiénes se aparecieron y que, tal como expresa el texto, resucitaron antes que el propio Jesús, con lo quese invalida absolutamente la doctrina de que la resurrección de los muertos llegó sólo a consecuencia (y 181después) de la protagonizada por Jesús. Los santos resucitados de Mateo acabaron por convertirse en 182un buen problema para la Iglesia. Si, hartos de tanta contradicción, intentamos descubrir algún indicio sobre el fundamento de laresurrección, nos meteremos de nuevo en medio de otro mar de dudas distinto y no menosinsalvable. Es creencia común entre los cristianos actuales que Jesús posee el poder de resucitar alos muertos en el día del Juicio Final pero, sorprendentemente, ni Mateo, ni Marcos, ni Lucas dijeronpalabra alguna a este respecto — ¿no se habían enterado de tan buena nueva? — , sólo el místico yesotérico Juan, en la primera década del siglo II d.C., vino a llenar este incomprensible vacío con versículoscomo los siguientes: «Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en El tengala vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,40); «Nadie puede venir a mí si el Padre, que me haenviado, no le trae, y yo le resucitaré en el último día» (Jn 6,44); o «El que come mi carne y bebe mi sangretiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día» (Jn 6,54). Lucas, cuando escribió los Hechos de losApóstoles, tampoco mostró que su jefe Pablo estuviese convencido del papel a jugar por Jesús respecto ala resurrección final, ya que cuando el apóstol de los gentiles se halló delante del procurador romano le dijo:«Te confieso que sirvo al Dios de mis padres con plena fe en todas las cosas escritas en la Ley y en losProfetas, según el camino que ellos llaman secta, y con la esperanza en Dios que ellos mismos tienen de laresurrección de los justos y de los malos...» (Act 24,14-15). Pablo, como judío, reservaba a Dios la 183capacidad de resurrección, no al Jesús divinizado o a cualquier otro. Por lo anterior, que era creencia común del judaismo y del cristianismo primitivo, parecería obviopensar que Jesús fue resucitado por obra expresa de Dios, tal como muy bien se indica, entre otros, en losversículos de Act 2,23-24: «A éste [Jesús de Nazaret], entregado según el designio determinado y lapresencia de Dios, después de fijarlo (en la cruz) por medio de hombres sin ley, le disteis muerte. Al cualDios le resucitó después de soltar las ataduras de la muerte, por cuanto no era posible que fuera dominadopor ella...»; pero-otro texto, tan inspirado por Dios como éste, parece indicar que es el propio Jesús quientiene la potestad de resucitarse a sí mismo: «Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarlade nuevo. Nadie me la quita, soy yo quien la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y poder para volvera tomarla. Tal es el mandato del Padre que he recibido (Jn 10,17-18), y poco después se añade: «Yo soy laresurrección y la vida» (Jn 11,25). Dado que la Iglesia manda tomar por cierta cada palabra de la Biblia, nodeberíamos encontrar contradicción alguna entre el hecho de que Jesús fuese resucitado por Dios o por símismo... al fin y al cabo, ambos acabarían pasando a formar parte de una sola y trina personalidad divina.181 «Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán mueren todos,así también en Cristo serán todos vivificados» (I Cor 15,21-22).182 Tan llamativa e imposible de camuflar es esta incoherencia que la Iglesia católica no ha logrado maquillarla del todo ni aún con sus alucinógenasanotaciones a las Sagradas Escrituras. En la Biblia de Nácar-Colunga se anota el versículo de Mt 27,52 con el comentario siguiente: «Este hecho noses transmitido sólo por san Mateo; su interpretación es difícil, y por esto, objeto de varias opiniones. En el sentido obvio, esos santos se habríanadelantado al Señor en la resurrección, lo que no puede admitirse, ¿Habrá anticipado el evangelista la resurrección de los santos? Esos que,resucitados, salieron de sus sepulcros, ¿volvieron a morir? Otros tantos misterios. Lo indudable es que esa resurrección, cualquiera y como quiera quesea, es señal de la victoria de Jesús sobre la muerte y de la liberación de los que le esperaban en el seno de Abraham.» La desfachatez de la Iglesia estan infinita y resulta tan obvia que ahorra cualquier apostilla a esta autorizada anotación. 183 El mismo Lucas, sin embargo, en unos versículos que preceden a los citados, presentó al apóstol Pedro predicando en Lidia y obrandocuraciones milagrosas, como la del paralítico Eneas (Act 9,33-35), y prodigios como el de la resurrección de Tabita, una discípula del pueblo de Joppeque murió tras una enfermedad «y, lavada, la colocaron en el piso alto de la casa. Está Joppe próximo a Lidia; y sabiendo los discípulos que se hallabaallí Pedro, le enviaron dos hombres con este ruego: No tardes en venir a nosotros. Se levantó Pedro, se fue con ellos y luego le condujeron a la saladonde estaba, y le rodearon todas las viudas, que lloraban, mostrando las túnicas y mantos que en vida les hacía Tabita. Pedro los hizo salir fuera atodos, y puesto de rodillas, oró; luego, vuelto al cadáver, dijo: Tabita, levántate. Abrió los ojos, y viendo a Pedro, se sentó. En seguida le dio éste lamano y la levantó, y llamando a los santos y viudas, se la presentó viva» (Act 9,36-41). Es evidente que en esos días no hacía falta ser Dios o Jesúspara poder resucitar al prójimo y, en todo caso, no se precisaba ser nadie en especial para que Dios acordara devolverle la vida. ¿A qué entonces tantoalboroto con la resurrección del «Hijo de Dios»? ¿Es que no merecen idéntico alborozo la resurrección de Lázaro o ésta de Tabita? Dado que lostextos de las Escrituras van avalados por la «palabra de Dios», las resurrecciones que refieren sólo pueden ser ciertas e igualmente meritorias eindiciarías todas ellas o, por el contrario, deben ser consideradas meras fabulaciones todas ellas sin excepción. 86
  • 87. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Pero, por mucha fe que se le ponga, resulta de nuevo imposible obviar las disparidades que aparecenen el Nuevo Testamento cuando se relata el hecho memorable —según cabe suponer— de la aparición deJesús ya resucitado a los apóstoles. En Mateo, después que las dos Marías encontraran el sepulcro vacío y se dirigieran corriendo acomunicarlo a los discípulos, «Jesús les salió al encuentro, diciéndoles: Salve. Ellas, acercándose, asieronsus pies y se postraron ante El. Díjoles entonces Jesús: No temáis; id y decid a mis hermanos que vayan aGalilea y que allí me verán» (Mt 28,9); y el relato concluye diciendo que «Los once discípulos se fueron[desde Jerusalén] a Galilea, al monte que Jesús les había indicado, y, viéndole, se postraron, aunquealgunos vacilaron, y acercándose Jesús, les dijo: Me ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra...»(Mt 28,16-18). En Marcos, «Resucitado Jesús la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a MaríaMagdalena. (...) Ella fue quien lo anunció a los que habían vivido con Él...» (Mc 16,9-10); «Después de estose mostró en otra forma a dos de ellos que iban de camino y se dirigían al campo» (Mc 16,12); ya enGalilea (se supone) «Al fin se manifestó a los once, estando recostados a la mesa, y les reprendió suincredulidad...» (Mc 16,14); y, finalmente, «El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fuelevantado a los cielos y está sentado a la diestra de Dios» (Mc 16,19). En Lucas, «El mismo día [domingo, tras el descubrimiento de la sepultura vacía], dos de ellos iban auna aldea (...) llamada Emaús, y hablaban entre sí de todos estos acontecimientos. Mientras iban hablandoy razonando, el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. (...) Puestocon ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Se les abrieron los ojos y le reconocieron, ydesapareció de su presencia» (Lc 24,13-31), después de esto «En el mismo instante se levantaron, yvolvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los once y a sus compañeros, que les dijeron: El Señor enverdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino ycómo le reconocieron en la fracción del pan. Mientras esto hablaban, se presentó en medio de ellos y lesdijo: La paz sea con vosotros. (...) Le dieron un trozo de pez asado, y tomándolo, comió delante de ellos»(Lc 24,33-43); finalmente, «Los llevó cerca de Betania, y levantando sus manos, les bendijo, y mientras losbendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo» (Lc 24,50-51). En Juan, mientras María Magdalena permanecía fuera del sepulcro llorando «se volvió para atrás y vioa Jesús que estaba allí, pero no conoció que fuese Jesús. (...) María Magdalena fue a anunciar a losdiscípulos: "He visto al Señor" y las cosas que había dicho» (Jn 20,14-18). «La tarde del primer día de lasemana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los discípulos por temor de los judíos,vino Jesús y, puesto en medio de ellos...» (Jn 20,19). «Pasados ocho días, otra vez estaban dentro losdiscípulos (...) Vino Jesús, cerradas las puertas, y, puesto en medio de ellos...» (Jn 20,26). «Después deesto se apareció Jesús a los discípulos junto al mar de Tiberíades, y se apareció así: Estaban juntos SimónPedro y Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Caná de Galilea, y los de Zebedeo, y otros dos discípulos.Díjoles Simón Pedro: Voy a pescar. (...) Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no pescaronnada. Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que eraJesús. (...) Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podíanarrastrar la red por la muchedumbre de los peces (...) Jesús les dijo: Venid y comed...» (Jn 21,1-12). Según los Hechos de los Apóstoles de Lucas, Jesús apareció ante sus apóstoles durante nadamenos que cuarenta días: «Después de su pasión, se presentó vivo, con muchas pruebas evidentes,apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios» (Act 1,3) y, al fin «fue arrebatado 184a vista de ellos, y una nube le sustrajo a sus ojos» (Act 1,9). Pero Pablo, por su parte, complicó aún más la rueda de apariciones cuando testificó que «lo que yomismo he recibido, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, queresucitó al tercer día, según las Escrituras, y que se apareció a Cefas, luego a los doce. Después seapareció una vez a más de quinientos hermanos, de los cuales muchos permanecen todavía, y algunos 184 Si leemos el Evangelio de Lucas, obra del mismo Lucas que escribió los Hechos, veremos que Jesús no pasó cuarenta días apareciéndose,sino que ascendió al cielo el mismo día de su resurrección, poniendo así punto final a su estancia terrenal (Cfr. Lc 24,13-52). ¿En qué quedamos?¿Fueron cuarenta días o uno solo? 87
  • 88. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadurmieron; luego se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles; y después de todos, como a unaborto, se me apareció también a mí» (I Cor 15,3-8). Tomando en cuenta los denodados esfuerzos —con milagros incluidos— que había hecho Jesús,durante su vida pública, para intentar convencer de su mensaje a las masas, ¿no resulta increíble que seapareciera solamente ante sus íntimos y no ante todo el pueblo o el procurador Pilato que le ajustició,despreciando así su mejor oportunidad para convertir a todo el Imperio romano de una sola vez? Por otraparte, si repasamos lo dicho en todos estos testimonios inspirados que acabamos de exponer, tal como loresumimos en el cuadro que insertaremos seguidamente, deberemos convenir que no es creíble enabsoluto que un suceso tan fundamental como éste se cuente de tantas formas diferentes y que cada autorsagrado haga aparecer a Jesús las veces que le venga en gana y en los lugares y ante los testigos que sele antojen. Los machistas Lucas y Pablo excluyen a María Magdalena de entre los privilegiados testigos de lasapariciones de Jesús mientras que para los otros es la primera en verle. Las apariciones en el camino cercade Jerusalén sólo figuran en Marco y en Lucas (que toma el dato de éste) y aportan contextos muydiferentes. La presencia de Jesús ante sus apóstoles cuando aún estaban en Jerusalén es relatada por Lucas,Juan y Pablo, que no conocieron a Jesús ni fueron discípulos suyos, pero inexplicablemente la omitenquienes se supone que estaban allí, eso es el apóstol Mateo y Pedro (cuyas memorias originan el texto deMarcos). Las apariciones de Jesús en Galilea solo figuran en Mateo, Marcos y Juan, pero fueron situadas,respectivamente, en escenas y comportamientos absolutamente diversos que acontecieron en lo alto deuna montaña, alrededor de una mesa y pescando en el lago Tiberíades (¡¿ ?!). Lucas afirmó que hubo apariciones durante cuarenta días o un día, según qué texto suyo se lea, y sumaestro Pablo perdió toda mesura y compostura en su texto de I Cor 15,3-8, donde se cita a Jesúspresentándose tanto a discípulos solos como a grupos de «quinientos hermanos». Por último, sólo enMarcos y en Lucas —que no fueron escritos por apóstoles— se dice que Jesús fue «levantado a loscielos», aunque, lógicamente, también se presentó el hecho en circunstancias sustancialmente distintas. APARICIONES DE JESÚS DESPUÉS DE SU RESURRECCIÓN Texto En el sepulcro Cerca de En Jerusalén En Galilea Ascensión JerusalénMateo Jesús sale al Jesús se aparece encuentro de las en un monte de dos Marías. Galilea a los once.Marcos Jesús se aparece a Jesús se aparece a Jesús se aparece a Jesús es levantado María Magdalena dos discípulos que los once alrededor a los cielos desde van por un camino. de una mesa en un cuarto de Galilea. Galilea.Lucas discípulos camino de Jesús se aparece Jesús es levantado Emaús y se en una reunión de a los cielos, en manifiesta al los once y sus campo abierto, sentarse a la mesa compañeros y estando cerca de con ellos. come con ellos Betania (a 5km de Jerusalén).Juan Jesús se aparece a Jesús se aparece Jesús se aparece a María Magdalena. el domingo por la siete discípulos en el tarde lago en una reunión de Tiberíades, les 88
  • 89. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica los ayuda discípulos. a pescar y come con ellos. Ocho días después se les aparece de nuevo.Hechos Las apariciones de Jesús es Jesús arrebatado se suceden durante al cielo y desaparece cuarenta días. tras una nube.Pablo Jesús se aparece, sucesivamente, a Cefas, a los doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y al propio Pablo. © Pepe Rodríguez Dado que el más elemental sentido común impide creer que un evangelista hubiese dejado deenumerar ni una sola de las apariciones de Jesús resucitado, los vacíos y contradicciones tremendas quese observan sólo pueden deberse a que esos relatos fueron una pura invención destinada a servir de baseal antiguo mito pagano del joven dios solar expiatorio que resucita después de su muerte, una leyenda que,como ya mostramos, se aplicó a Jesús sin rubor alguno. Puestos a observar incongruencias, también aparecen ciertas dudas razonables cuando calculamos eltiempo que permaneció muerto Jesús. Si, tal como testifican los evangelistas, Jesús fue depositado en susepulcro a finales de la tarde de un viernes —o de la noche, pues en Lc 23,54 se dice que «estaba paracomenzar el sábado»— y el domingo «ya para amanecer» (Mt 28,1) Jesús había desaparecido del«monumento» debido a su resurrección en algún momento concreto que se desconoce, resulta que elnazareno no estuvo en su tumba más que unas seis horas, como máximo, el viernes, todo el sábado y otrasseis horas o menos el domingo; eso hace un total de unas treinta y seis horas, un tiempo récord que esjusto la mitad de las horas que debería haber pasado muerto para poder cumplirse adecuadamente laprofecía que el propio Jesús había hecho a sus apóstoles al decirles que «El Hijo del hombre seráentregado en manos de los hombres y le darán muerte, y muerto, resucitará al cabo de tres días» (Mc9,31). Por si algún cristiano piadoso quisiere defenderse como gato panza arriba argumentando que viernes,sábado y domingo, aunque no fueran completos, ya son los «tres días» profetizados, será obligatoriorecordar la respuesta que dio Jesús en Mt 12,38-40: «Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos,y le dijeron: Maestro, quisiéramos ver una señal tuya. Él, respondiendo, les dijo: La generación mala yadúltera busca una señal, pero no le será dada más señal que la de Jonás el profeta. Porque, como estuvoJonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches 89
  • 90. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 185en el corazón de la tierra.» Es evidente, pues, que el tiempo de permanencia en el sepulcro, antes deresucitar, debía ser de tres días completos con sus respectivas noches. Jesús, por tanto, no resucitó a los tres días de muerto sino al cabo de un día y medio, con lo que nopudo validarse a sí mismo mediante la «señal de Jonás», puesto que incumplió su reiterada promesa porexceso de rapidez. Aunque, en cualquier caso, dejó constancia de su gloria y poder al vencer en su propiomito a su oponente el dios Mitra, que ése sí tuvo que pasarse tres días enteros dentro de su tumba antes depoder resucitar. En el caso de que la resurrección de Jesús hubiese sido un hecho cierto, cosa que este autor no tieneel menor interés en negar por principio, resulta absolutamente evidente que tal prodigio no apareceacreditado en ninguna parte de las Sagradas Escrituras; cosa bien lamentable, por otra parte, ya que nose aborda esta cuestión —ni nada que se le relacione, aunque sea remotamente— en ningún otrodocumento contemporáneo ajeno a los citados. 6 Si Jesús fue consustancial con Dios, ni él ni sus apóstoles se dieron cuenta de ello Desde que el dogma fue impuesto durante el concilio de Nicea (325 d.C.), los cristianos han creído quela persona de Jesús fue consustancial con Dios, pero tal cosa no fue, ni mucho menos, lo que pensaban losapóstoles que convivieron con el mesías judío. La consustancialidad del Padre con el Hijo tardó más de tressiglos en adoptarse como «verdad revelada» no fue más que la tesis vencedora tras una pugna entre variasotras que proponían una visión cristológica muy diferente. En el capítulo anterior ya hemos visto cómo los apóstoles, en un principio, se negaron obstinadamentea creer que Jesús hubiese resucitado. Y tanto las mujeres que aparecen en el relato de Marcos y en el deLucas, como los dos hombres que, en Juan, dieron sepultura a Jesús, iban provistos de aromas para ungirel cadáver. José de Arimatea y Nicodemo, según Jn 19,38-42, cuando depositaron a Jesús en el sepulcro 186acudieron con «una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras» y tomaron «el cuerpo de Jesús y lofajaron con bandas y aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos». ¿Qué sentido tenía amortajara una persona de la que se esperaba su inminente resurrección ya que era el hijo de Dios? Absolutamente ninguno... salvo que todos ellos creyesen que Jesús no era más que un ser humano,sin personalidad divina, y que, por tanto, era incapaz de volver de la muerte. Los apóstoles, tal como se muestra en Lucas, no tenían a Jesús por persona divina, sino por profeta;así, cuando Cleofás y otro discípulo le relatan los sucesos de la pasión de Jesús a un forastero que resultaser el propio resucitado —aunque no le reconocen—, ellos le dicen: «Lo de Jesús Nazareno, varón profeta,poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo le entregaron los príncipes de lossacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado. Nosotrosesperábamos que sería Él quien rescataría a Israel; mas, con todo, van ya tres días desde que esto hasucedido...» (Lc 24,19-21). Esos discípulos de Jesús, como otros muchos de aquellos días, habían creídoque el nazareno era el mesías judío anunciado en Is 11 que, gozando del favor de Dios, «rescataría aIsrael» llevando a la nación hebrea hasta un paraíso terrenal de libertad, esplendor, paz y justicia. En la famosa entrada triunfal de Jesús, relatada en los cuatro evangelios, se le presenta igualmentecomo profeta cuando se dice: «Y cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió y decía: ¿ Quiénes éste ? Y la muchedumbre respondía: Éste es Jesús el profeta, el de Nazaret de Galilea» (Mt 21,10-11). 185 No podemos menos que remarcar otra contradicción —una más— en el contexto narrativo de este párrafo, ya que mientras en Mt 12,38-40Jesús es presentado pronunciando las palabras citadas en respuesta a la interpelación de «algunos escribas y fariseos», en los versículos paralelos deLc 11,29-32 argumenta un discurso equivalente pero situado dentro de un marco de enseñanza muy diferente y sin mediar pregunta ninguna (siexceptuamos la imprecación de «una mujer de entre la muchedumbre» que, en Lc 11,27, le dice: «Dichoso el seno que te llevó y los pechos quemamaste»). 186 Cien libras son unos treinta y cinco kilos de mirra y áloe, que no es poca cantidad. 90
  • 91. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica No menos esclarecedora resulta la duda que expresó Juan el Bautista cuando «Habiendo oído Juan enla cárcel las obras de Cristo, envió por sus discípulos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir o hemos deesperar a otro?» (Mt 11,2-3); esta actitud del Bautista, sin embargo, se contradice radical y absolutamentecon la escena que supuestamente había protagonizado él mismo, poco tiempo antes, al bautizar alnazareno en las aguas del Jordán: «Bautizado Jesús, salió luego del agua; y he aquí que se abrieron loscielos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él, mientras una voz del cielo decía:"Este es mi hijo amado, en quien tengo mis complacencias." (Mt 3,16-17). ¿Cómo podía dudar de ladivinidad y papel mesiánico de Jesús alguien que había visto al «Espíritu de Dios» y oído la voz del Padreconfirmando tales aspectos? A más abundamiento, el párrafo de Mt 3,16-17, que se reproduce también en Mc 1,9-11 y en Lc 3,21-22, no es la única evidencia neotestamentaria de que Juan el Bautista conocía perfectamente lapersonalidad divina de Jesús. Así, en Juan, se le hace decir al Bautista: «Yo bautizo en agua, pero enmedio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis, que viene en pos de mí, a quien no soy digno dedesatar la correa de la sandalia. (...) Al día siguiente vio venir a Jesús y dijo: He aquí el Cordero de Dios,que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Detrás de mi viene. (...) Yo no le conocía;pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobreÉl, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo. Y yo vi, y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios» (Jn1,26-34). La certeza de Juan el Bautista, según los evangelios inspirados por Dios, era rotunda y previa a suencarcelamiento por Herodes ¿cómo, entonces, un hombre pío como Juan podía siquiera pensar en«esperar a otro» si ya sabía que el mesías era Jesús? La única respuesta posible es bien sencilla: lospasajes recién citados de Mt 3, Mc 1, Lc 3 y Jn 1 son una pura invención (probablemente un añadidotardío) y Juan el Bautista, como todos los que conocieron a Jesús, no vio en el nazareno más que unhombre, quizás un profeta (un oficio dotado de la capacidad para hacer prodigios, según el AntiguoTestamento).187 En los Hechos de los Apóstoles, también se dejó constancia de que en la primitiva fe cristiana sediferenciaba muy cuidadosamente entre Dios y Cristo, tal como se evidencia, por ejemplo, en Act 2,22cuando se dice: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Diosentre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros ...», o en Act7,55: «Él [se refiere a Esteban], lleno del Espíritu Santo, miró al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús en piea la diestra de Dios.» La envidiable buena vista de Esteban quizá no se tenga por tal si la tomamos comouno de los habituales recursos literarios de Lucas para introducir en su texto inspirado datos ajenos —eneste caso la famosa suposición de Mc 16,19 que sitúa al Jesús ascendido «sentado a la diestra de Dios»—,pero resulta obvio que, tanto para Lucas como para Marcos, Dios y Jesús son dos entidades absolutamenteseparadas, diferentes y de distinto rango. Aun siendo una interpolación tardía, el pasaje de Mc 13,32 y Mt 24,36 —en el que se afirma que«Cuanto a ese día o a esa hora [la del «fin de los tiempos» y el advenimiento del «reino de Dios», cuyainminencia fue tan proclamada por Jesús], nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo elPadre»— cuestiona seriamente la supuesta consustancialidad de Jesús. ¿Cómo es posible que algoconocido para el Dios Padre sea ignorado por el Dios Hijo si son de la misma sustancia? Tal falta deconocimiento sólo sería lógica si el Hijo fuese un dios diferente o inferior al Padre, con lo que ya no podríanser ambos una misma persona o unidad; ¿o es que el Dios uno y trino cristiano es tricéfalo y tiene cerebros,voluntades y conocimientos independientes entre sí? Aunque para los apóstoles, seguidores de la tradición hebrea, Jesús —como hombre con quiencompartieron una labor común durante unos dos años y como el mesías del pueblo judío que vieron en él—siempre tuvo una connotación profundamente humana, para Pablo y Juan —que fueron los dos autoresneotestamentarios que más influyeron en el proceso de elaboración cristológica a pesar de no haberconocido jamás a Jesús directamente— la concepción del personaje fue clara y absolutamente divergente. 187 Aunque, si creemos lo que se dice en Mateo, no sólo los profetas auténticos podían obrar maravillas. Así, se presenta a Jesús afirmando:«Entonces, si alguno dijere: Aquí está el Mesías, no le creáis, porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales yprodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos» (Mt 24,23-24). 91
  • 92. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Para el judío Pablo la humanidad del nazareno no sólo careció de todo interés sino que proclamó, ensus escritos, que mientras el Cristo celestial asumió una presencia física en el cuerpo de Jesús, éste nomantuvo consigo ninguna característica o atributo divino —esto es su naturaleza espiritual como «Hijo deDios»— y no pudo recuperarlos hasta después de su resurrección. Para Juan, en cambio, que elaboró suEvangelio dentro de un contexto cultural griego, cuando Pablo y los apóstoles ya habían desaparecido, enla figura de Jesús se había reunido lo humano y lo divino al mismo tiempo, esto es que el Jesús humanonunca dejó de ser consciente de su sustancia divina. Pablo, tal como ya comentamos en la primera parte de este libro, jamás osó identificar con Dios aJesús, ni tan siquiera a Cristo. Así, por ejemplo, en la primera epístola a los tesalonicenses dice: «Que elmismo Dios y Padre nuestro y nuestro Señor Jesucristo enderece nuestro camino hacia vosotros y osacreciente y haga abundar en caridad de unos con otros y con todos (...) y haceros irreprensibles en lasantidad ante Dios, Padre nuestro, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos» (I Tes 3,11-13). También queda muy clara esta distinción cuando se afirma que «sabemos que el ídolo no es nada enel mundo y que no hay más Dios que uno solo. Porque aunque algunos sean llamados dioses, ya en elcielo, ya en la tierra, de manera que haya muchos dioses y muchos señores, para nosotros no hay más queun Dios Padre, de quien todo procede y para quien somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quienson todas las cosas y nosotros también» (I Cor 8,4-6); o en el versículo que dice: «Quiero que sepáis que lacabeza de todo varón es Cristo, y la cabeza de la mujer, el varón, y la cabeza de Cristo, Dios» (I Cor 11,3). La cristología de Pablo estuvo dominada por el uso del título de «Señor» (kyrios), que es lainterpretación helenística del título de Cristo —khristós es la traducción o equivalencia del título hebreo demashíach, mesías, ungido o consagrado188—, empleado por la primitiva comunidad judeocristiana deJerusalén pero incomprensible para los griegos; por eso, cuando el cristianismo comenzó a helenizarse alexpandirse hacia el mundo gentil (no judío), el epíteto «Cristo» pasó a convertirse en una especie desegundo nombre —Jesús-Cristo o Jesucristo—, mientras que al Jesús resucitado se le aplicó el título deSeñor o kyrios, que era la fórmula empleada habitualmente por el helenismo para designar al dios personal 189de cada uno, cosa que, obviamente, afirmó el poder divino de Jesús. Si añadimos a esto que en latraducción griega de las Escrituras —la ya citada Biblia de los Setenta— se había empleado el términokyrios para designar a Dios, tendremos una buena pista para poder llegar a intuir una de las razonesbásicas que llevó a identificar a Jesús con Dios. Visto lo que creían de Jesús quienes nunca le conocieron personalmente, quizá valga la pena intentaraveriguar qué pensó el nazareno de sí mismo; una cuestión extraordinariamente difícil dado que apenassabemos nada de la vida real de ese personaje. Por su forma de ejecución es evidente que se hizo pasar abiertamente —o quizá se limitó a aceptar elpapel sin desmentirlo— por el mesías esperado por los judíos, razón por la cual se le crucificó acompañadodel letrero que indicaba: «Jesús de Nazaret, rey de los judíos.» También actuó como profeta y así lotomaron sus discípulos y muchos de sus oyentes. Según se lo presenta en los Evangelios, Jesús se arrogóuna autoridad tan grande como para atreverse a desafiar al Sanedrín judío, pero también es cierto que parahacerlo no hacía falta más que un íntimo y sólido convencimiento de estar predicando lo correcto en eltiempo adecuado, circunstancias que concurrieron en Jesús, tal como ya vimos, a partir de su estancia en elJordán con Juan el Bautista. Está fuera de toda duda que el Jesús de los Evangelios se dirigía a Dios empleando el término familiararameo de abba —que significa «padre», o más bien «querido padre» o «papaito»—, pero no existe la 188 El pueblo de Israel, tal como ya mostramos, desde el final de su cautiverio, en el siglo VI a.C., desarrolló una profunda esperanza en unMesías Salvador, que en lengua hebrea es literalmente un Mashíach Ye-hua, eso es un Cristo Jesús; pero mientras este título tenía un carácterimpersonal en hebreo, al adaptarlo al griego y latín se convirtió en personal, con lo que se pervirtió radicalmente su significado original. 189 Conviene recordar, además, que, dado que en esa época los no judíos le atribuían rango divino a todos los soberanos, a los cristianos gentilesconvertidos por Pablo —que eran de clase baja e incultos en su casi totalidad— les resultó perfectamente normal tomar por divino a quien les llegabacomo mesías o rey de los judíos. Los judeocristianos, en cambio, nunca habrían podido tomar a Jesús por divino ya que con ello hubiesen cuestionadogravemente su monoteísmo. 92
  • 93. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicamenor constancia de que Jesús pretendiese significar con abba la relación paterno-filial per-sonal que se le 190acabará adjudicando respecto a Dios. Jesús, aún conociendo que el término «Hijo de Dios» ha-bía sido empleado con normalidad en elAntiguo Testamento para, designar a figuras muy capitales para la historia hebrea —como David,Salomón y otros reyes hebreos, o el propio Adán y los «hijos de Israel»—, en ningún pasaje se refiere a sí 191mismo como hijo de Dios sino que lo hace como «Hijo del hombre», un término usado por Daniel —enDan 7,13—, que en arameo significa «hombre» o «ser humano» a secas; darle cualquier otra significacióna «Hijo del hombre» es un puro ejercicio de imaginación calenturienta. En lo tocante a su papel de mesías —un honor que antes habían gozado reyes como Saúl, David ycuantos otros fueron llamados a realizar algún «designio de Dios»—, que sus discípulos le atribuyeron congenerosidad, tampoco existe pasaje alguno en el que el propio Jesús se haya presentado a sí mismo comoungido bajo tal título, aunque nunca lo negó abiertamente cuando se le adjudicó en público; así, cuandoJesús se está enfrentando a su condena, «Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Élrespondió y dijo: Tú lo dices» (Lc 23,3). «En la época de Jesús, las esperas de la salvación futura no sólo se presentan ligadas a figurasdiversas que serían portadoras de ella (mesías, hijo del hombre, profeta, sacerdote, maestro de justicia,etc.), sino que la misma categoría de mesías aparece internamente diferenciada según rasgosheterogéneos y a veces opuestos. De ahí la dificultad que encontró Jesús y que lo indujo a expresarconstantes reservas frente a los reconocimientos y a las proclamaciones mesiánicas de que fue objeto,hasta el punto de denunciar el origen diabólico de algunas de ellas. Las reservas de Jesús suscitarongraves problemas de interpretación en torno a su conciencia mesiá-nica; una de las tesis históricamentemás interesantes al respecto fue la del llamado "secreto mesiánico" (W. Wrede), según la cual Jesúsimpuso el silencio a quienes lo designaban con títulos mesiánicos al principio de su ministerio, pero no asíen el último período, rechazando sin embargo cualquier matiz político-temporal. Al contrario, la identificaciónneo-testamentaria de Jesús con el mesías realizaba una síntesis, nueva para el judaismo, entre el mesías yla figura doliente del "siervo de Yavé" que Jesús había asumido en su vida y en su pasión. Desde entonces,"mesías", en la forma griega de "cristo" fue perdiendo precisamente su valor de título, para convertirse en el 192nombre del propio Jesús.» Si queremos averiguar el proceso que llevó al judío Jesús, una vez ya muerto y mitificado por losEvangelios, a convertirse en consustancial con Dios, formando parte de la famosa trinidad cristiana,deberemos abandonar los textos neotesta-mentarios y dirigirnos hacia los documentos históricos queconservaron memoria de las enconadas luchas doctrínales que, tras casi siete siglos de enfrentamientos,acabaron conformando la ortodoxia católica y, dentro de ella, la figura dé un Jesús tan distorsionado que nila mismísima María podría reconocerle. En este proceso de configuración del cristianismo, ajeno por completo al pensamiento, mensaje eintenciones del Jesús histórico, fue capital la tensión que aportaron algunas importantes herejías al extrañomaridaje e hibridación entre las corrientes de pensamiento judío y platónico que, finalmente, moldearoncomo nueva religión aquello que no había sido más que una secta judaica. El docetismo, una tendencia teológica surgida ya cuando se redactó el Nuevo Testamento, propugnóque en Cristo no hubo naturaleza carnal y que su humanidad fue sólo aparente (dokêin significa parecer), 190 Recuérdese, por ejemplo, que en la oración conocida como el Padrenuestro, supuestamente instituida por Jesús, todos y cada uno de los cre-yentes se dirigen a Dios como si fuese su padre y ello no implica más que la aceptación de la metáfora que nos hace a todos los humanos «hijos deDios». 191 Con la excepción del Jesús que aparece en Jn 6,32-45: «Moisés no os dio pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;porque el pan de Dios es el que bajó del cielo y da la vida al mundo. (...) Yo soy el pan de vida; el que viene a mí, ya no tendrá más hambre, y el quecree en mí, jamás tendrá sed, (...) todo lo que el Padre me da viene a mí, y al que viene a mí yo no le echaré fuera, porque he bajado del cielo no parahacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. (...) Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga la vidaeterna, y yo lo resucitaré en el último día. (...) Todo el que oye a mi Padre y recibe su enseñanza, viene a mí...» Pero tal como ya mostramos en sumomento, el texto de Juan, escrito por el griego Juan el Anciano a principios del siglo II d.C., presenta un Jesús absolutamente deformado, que hablacon prepotencia y descaro, contrariamente a la humildad que le caracteriza en los relatos de los tres sinópticos —en Mc 10,18, por ejemplo, semuestra a Jesús diciendo «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios»—, y que se expresa en un sentido absurdo y ácidamentecontrario al que emplearía un judío —que es lo único que sabemos con certeza que fue Jesús— que se dirige a otros judíos. Esta autoatribución de serhijo de Dios, por tanto, carece de cualquier credibilidad a efectos de historicidad y se deriva claramente de la filosofía platónica, un contexto queinfluyó decisivamente en el desarrollo de la cristología tal como la conocemos actualmente. 192 Garzanti (1992). Enciclopedia de la Filosofía Garzanti. Barcelona: Ediciones B, p. 650. 93
  • 94. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicapor lo que nunca dejó de ser completamente divino y, por ello, el sufrimiento y la muerte de Jesús lo fueronsólo en apariencia. Esta tesis fue tomada por los gnósticos —empeñados en borrar el «escándalo» de la crucifixión— y porMarción (c. 85-160), hijo del obispo de Sínope y primer teólogo bíblico de la historia, que negó, además, elnacimiento humano de Cristo. Marción, en su Antítesis, evidenció las contradicciones existentes entre elAntiguo y el Nuevo Testamento y concluyó que el Dios de uno y otro no podía ser el mismo,contraponiendo el «Dios justo» del texto hebreo con el «Dios bueno» neotestamentario que tiene un rangosuperior. Pero, dado que este razonamiento dejaba sin base profética a la todavía frágil figura del Jesúsmítico, la Iglesia primitiva combatió al marcionismo con todas sus fuerzas. El adopcianismo, afirmado por primera vez en Roma, en el siglo II, por Teodoto de Bizancio, intentóevitar la contradicción surgida cuando se proclamó la divinidad de Cristo dentro de un contexto monoteísta.Dado que no podía haber dos dioses, esta teología postuló que Cristo fue hijo adoptivo de Dios,circunstancia que se produjo tras el bautismo del Jordán, según unos, o tras la resurrección, según otros,pero que, en cualquier caso, dotó a Jesús de divinidad, con poder para hacer milagros, pero sin serpropiamente Dios. Esta visión, que se fundamentó remontándose hasta las claras palabras pronunciadas 193por el mismísimo apóstol Pedro en Act 2,22-36 y 10,38, fue al fin condenada en un proceso que duróentre los años 264 y 268. Basándose en los debates cristológicos de Alejandría, un experto como Grant denominó a esta teología 194—que ensalza la humanidad de Jesús— «cristología pobre», en contraposición a la «cristología rica», deraíces platónicas, que fue puesta en marcha por Orígenes de Alejandría y contó con defensores tan sólidoscomo Ignacio de Antioquía. La «cristología rica», por el contrario, exaltó la divinidad de Cristo vinculándosea la filosofía alejandrina del Logos (de la que el texto de Juan es un buen ejemplo) y acabó derrotando aladopcianismo. Orígenes (c. 185-253), desde su escuela teológica superior de Alejandría, lanzó una concepcióntrinitaria, claramente influida por el platonismo medio, en la que la distinción entre las personaspredominaba aún respecto a la de su sustancia divina y se establecía una clara relación de subordinaciónentre ellas. Sólo el Padre, cuya acción se extiende a toda la realidad, es Dios en sentido estricto, en cuantoes el único «no-generado»; el Hijo, el Verbo que actúa como intermediario entre Dios y la multiplicidad delos seres espirituales creados, ha sido generado y, por esta razón, es un Dios secundario cuya acción estálimitada a los seres racionales; el Espíritu Santo deriva del Hijo y sus atributos distintivos y extiende su 195acción sólo a los santos. Esta tesis de Orígenes —sacerdote que fue reducido al estado laical por habersido ordenado irregularmente— acabaría siendo la base fundamental sobre la que, con notables retoques,se construirá la doctrina trinitaria cristiana asentada en el siglo IV. Otro acerdote, Arrio (256-336), aportó una nueva visión teológica —en la línea «pobre»— cuandosubrayó la absoluta unicidad y trascendencia de Dios y consideró al Hijo como una criatura generada por elPadre, esto es hecha por él, y que aunque se la denomine Dios no lo es verdaderamente más que en lamedida en que participa de la gracia divina; siendo evidente, por tanto, que el Hijo no es de la mismasustancia que el Padre. La discusión en torno a la doctrina arriana fue uno de los desencadenantesfundamentales de la convocatoria del concilio de Nicea (325), pero allí fue vencida por sus oponentes ydeclarada herética. En Nicea se adoptó, por votación mayoritaria, el término homoousios —ya usado porOrígenes, aunque para poner un acento diferente— para afirmar que el Hijo es consustancial con el 196Padre. La versión más elaborada de la cristología «pobre» apareció con Nestorio (m. en 451), patriarca deConstantinopla, y se forjó en medio de su agria polémica con Cirilo, el patriarca de Alejandría. El conflicto 193 «Vosotros sabéis lo acontecido en toda Judea, comenzando por la Galilea, después del bautismo predicado por Juan; eso es, cómo a Jesús deNazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo pasó haciendo bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Diosestaba con Él» (Act 10,38). 194 Siendo sus representantes más antiguos los ebionitas («pobres»), que ya eran una secta judeocristiana cuando el cristianismo aún no era másque una secta judía. Los ebionitas se opusieron siempre a Pablo y a su mensaje y consideraban que Jesús fue un profeta que no tuvo nada de divino. 195 Cfr. Garzanti (1992). Op. cit., pp. 724-725. 196 La «votación mayoritaria» del concilio de Nicea, tal como veremos en un capítulo posterior, fue forzada por el emperador Constantino, queamenazó a los obispos congregados con la destitución y el destierro para aquellos que no aceptasen que Jesús-Cristo era «consustancial al Padre»(homoousios); así pues, fue la voluntad caprichosa de Constantino —un monarca cruel que murió abrazando el arrianismo en vez del catolicismo queél mismo hizo nacer—, no la inspiración del Espíritu Santo, la causa que elevó a la categoría de «verdad revelada» la creencia oficial de la Iglesiacatólica actual acerca de la consustancialidad del Padre y el Hijo. 94
  • 95. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaentre ambos estalló en torno al término Theotókos (madre de Dios) atribuido a María. Los alejandrinos, queinsistían en la unidad de Cristo partiendo de la persona del Verbo de Dios, afirmaban que María es la madrede Dios y que Dios sufrió. Nestorio, en cambio, no consideraba adecuado el término y usaba el deTheodóchos (que recibe a Dios) o Christotókos (madre de Cristo), con lo que afirmaba que el Verbo divinono podía ser la misma persona que había sufrido y muerto en la cruz y que Cristo había sido un hombre ycomo tal había sufrido y muerto. El nestorianismo sostuvo que las dos naturalezas de Cristo encarnado habían permanecido inalteradasy distintas en la unión, y renunció al concepto de «unión hipostática» entre las naturalezas humana y divinaen Cristo, introduciendo el de «conjunción», que evitaba toda posibilidad de confusión entre las dosnaturalezas. Cirilo denunció a Nestorio, acusándole de haber dividido al Dios hombre en dos personasdistintas, y el concilio de Éfeso (431) condenó la doctrina nestoriana. Poco después, en el concilio deCalcedonia (451), fracasó de nuevo el intento de imponer la teología alejandrina a los nestorianos y éstosfundaron una Iglesia que ha llegado hasta la actualidad, manteniéndose firmes en su convicción de laexistencia de dos naturalezas y dos personas en Cristo y, claro está, rechazando que María sea laTheotókos o madre de Dios.197 La cristología «rica» alejandrina, tan celosamente defendida por el patriarca Cirilo, también tuvo susvanantes de peso. Así, el obispo Apolinario de Laodicea (c. 310-390), intentando defender la divinidad deCristo que negaba el arrianismo, sostuvo que el Verbo divino se unió en Jesucristo con una humanidadincompleta, eso es privada del alma racional puesto que, precisamente, había ocupado su lugar; laencarnación, por tanto, había sido una simple asunción del cuerpo del hombre Jesús pero no de toda lanaturaleza humana. El apolinarismo gozó de una gran difusión hasta que desapareció, alrededor del año420, bajo la represión del emperador Teodosio. Un monje, Eutiques de Constantinopla (c. 378-454), negó la existencia en Cristo de una doblenaturaleza —humana y divina—, afirmando que, si bien procedió de las dos naturalezas, él subsistió en una«sola naturaleza» —de ahí el nombre de mónéphysis o monofisismo que recibió su doctrina— ya que lapersonalidad divina absorbió a la humana. El monofisismo fue condenado en el concilio de Calcedonia 198 199(451), pero sobrevivió en muchos patriarcados de Oriente, manteniéndose firme frente a la teologíaimpuesta por Roma. El intento de reconciliación de ambas doctrinas, que protagonizaron, en el año 519, elemperador Justino y el papa Hormisdas —que propuso la fórmula Hormisdae, aceptada por el patriarcaJuan, de «la Santa Sede Apostólica ha conservado siempre sin tacha la religión católica»— fracasó por laoposición violenta del monarca romano Teodorico y la nueva vía que abrió, un siglo después, el emperadorbizantino Heraclio no acabó mucho mejor. Heraclio (610-641) le propuso al papa Honorio I una fórmula de compromiso a partir de la doctrina delmonotelis-mo —derivada del monofisismo—, que postulaba que Cristo tuvo dos naturalezas pero una solavoluntad, la del Verbo divino procedente del Padre; de esta forma se eludía presentar a Cristo aprisionadoentre dos voluntades distintas —la divina y la humana— y se evitaba el cisma entre Bizancio y Roma. Elmonotelismo fue defendido por Sergio, patriarca de Constantinopla, y el papa Honorio I se adhirió a élrecomendando evitar hablar de las dos voluntades de Cristo. Pero las tesis de Sofronio de Alejandría y, en 200especial, de Máximo el Confesor, inspirador del sínodo de Letrán (649), llevaron a condenar almonotelismo y fijar la doctrina de las dos voluntades —en Letrán, bajo el papa Martín I— que, finalmente, 201será definida en el III Concilio de Constantinopla (680-681) por el papa Agatón. La evolución de la cristología, hasta llegar a las creencias católicas oficiales actuales, ha sido tanalucinante como se resume en el cuadro que presentamos a continuación: 197 Cfr. Garzanti (1992). Op. cit., p. 701. 198 El papa León I (440-461), durante el concilio, proclamó la divinidad y la humanidad de Cristo diciendo: «Consustancial al Padre por sudivinidad, consustancial a nosotros por su humanidad»; a lo que los obispos presentes, según las actas conciliares, respondieron: «¡Pedro haestablecido a través de León!» Esta doctrina de las dos naturalezas, al afirmar que Cristo era verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, ledibujó como el mediador ideal. 199 Gracias a la protección de los emperadores de Bizancio. El monarca Zenón, por ejemplo, tuvo como una de sus mayores preocupaciones ellograr anular la validez de los decretos del concilio de Calcedonia contrarios al monofisismo y, aunque no lo logró, su empeño preparó el camino parala futura ruptura entre Bizancio y Roma. Hasta el día de hoy han podido sobrevivir tres iglesias nacionales monofisitas: la Iglesia egipcia o copta, laIglesia siríaca jacobita y la Iglesia armenia. 200 Máximo distinguió, además, entre una voluntad natural, que se encuentra en todo hombre «en tanto que es algo según la naturaleza y no entanto que es alguien según la persona» y la voluntad electiva, que presupone la ignorancia y está excluida de Cristo. 201 Que también aprovechó para volver a establecer la primacía papal; ordenó que el emperador fuese llamado «hijo del Papa, de la Iglesia y deSan Pedro» y que la Iglesia fuese denominada como «madre del Imperio». 95
  • 96. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA SUPUESTA PERSONALIDAD DIVINA DE JESÚS Fuente Visión proclamada acerca de la personalidad del Jesús-Cristo Jesús de Nazaret Jamás se definió a sí mismo como divino o hijo de Dios, sino como «Hijo del hombre». Apóstoles Le consideraron un ser humano, profeta y mesías, sin personalidad divina. Pablo Epístolas (años 51 -63) Mientras el Cristo celestial asumió su presencia física en el cuerpo de Jesús, éste no mantuvo atributos divinos y no los recuperó hasta después de la resurrección. Docetismo Jesús no tuvo naturaleza carnal, siempre fue divino y su humanidad aparente. Juan (Evangelio) (fin primera En Jesús se reunió lo divino y lo humano a un tiempo, el Jesús década s. II) humano nunca dejó de ser consciente de su sustancia divina. Marcionismo (Marción, c. 85-160) Cristo no tuvo un nacimiento humano y el Dios del Antiguo Testamento no pudo ser de ninguna manera el mismo Dios que aparece en el Nuevo Testamento. Adopcianísmo (siglo II) Cristo fue hijo adoptivo de Dios a partir del momento de su bautismo y estuvo dotado de divinidad, pero sin ser propiamente Dios. Orígenes (c. 185-253) Sólo el Padre es Dios en sentido estricto; el Hijo fue generado por el Padre y es por tanto un dios secundario. Arrianismo (Arrio, 256-336) Dios es único. El Hijo es una criatura generada por el Padre y no es verdaderamente Dios más que en la medida en que participa de la gracia divina; por lo que el Hijo no es de la misma sustancia que el Padre. Concilio de Nicea (325) El Hijo es consustancial con el Padre. Apolinarismo Apolinario (c. 310- El Verbo divino se unió en Jesucristo con una humanidad 390) incompleta, esto es usando el cuerpo de Jesús pero no así su alma racional ya que la vino a sustituir. Nestorianismo Nestorio (m. 451) Las dos naturalezas de Cristo encarnado permanecieron inalteradas y separadas durante su «conjunción». Monofisismo Eutiques (c. 378- Cristo procedió de las dos naturalezas, pero sólo subsistió en 454) una, la divina, que absorbió a la humana. Monotelismo (mediados siglo VII) Cristo tuvo dos naturalezas, divina y humana, pero una sola voluntad. 96
  • 97. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Concilios de Letrán (649) y Cristo tuvo siempre dos naturalezas y dos voluntades. Constantinopla III (680) © Pepe Rodríguez Resulta completamente absurdo y escandaloso que un hombre como Jesús, al que nadie de su tiempo—ni sus discípulos, ni su familia, ni él mismo— consideró otra cosa que un simple ser humano, aunqueexcepcional e investido de una misión mesiánica, haya pasado a convertirse en un ser divino, consustancialcon Dios, por obra del paso de los siglos y merced a las cavilaciones de personajes tan sesudos comoociosos. Esta es una muestra más de que la teología, a menudo, en lugar de ser la «ciencia que trata de Dios,partiendo de las verdades reveladas» es el arte sutil de construir la estructura mítica de los dioses que luegose dirán revelados y serán aupados mediante una dogmática eclesial carente de base y de procedenciadudosísima. Mirando con los ojos de la fe, no hay razón alguna que impida considerar a Jesús como al mismísimoDios, ya que ésa es una cuestión de creencia personal íntima y respetable; pero bajo la luz de la razón, delsentido común y de los datos ciertos, resulta grotesco que, según se deduce de la historia de la Iglesiacatólica, Jesús haya tenido que esperar hasta el con-cilio de Nicea para darse cuenta de que siempre fueconsustancial con Dios y que sólo desde finales del siglo VII haya podido estar en condiciones de afirmar,fuera de toda duda, que él siempre tuvo dos naturalezas y dos voluntades. 7 «Jesús, el mesías prometido», o cómo ganar credibilidad forzando el sentido de versículos profeticos del Antiguo Testamento La leyenda mesiánica de Jesús fue conformándose progresivamente recurriendo a la tramposa formade «hacer historia» que dejó asentada Orígenes (c. 185-253 d.C.) en su famosa obra doctrinal ContraCelso; según este influyente teólogo del cristianismo primitivo, no es posible cuestionar la veracidad de unatradición aunque sea dudosa o esté apoyada en testimonios insuficientes, cuando ésta suponepatentemente el cumplimiento de una profecía. Por este motivo, ya desde pocos años después de laejecución del nazareno, los sermones y los escritos que darían lugar al Nuevo Testamento fueronadobados con una colección de versículos del Antiguo Testamento que se pretendían profeticos respectoal novedoso mensaje cristiano y, especialmente, en cuanto a la supuesta personalidad y función de Jesús(que, como hemos visto a lo largo de los capítulos anteriores, tardó más de cuatro siglos en definirse). Tan fundamental se consideró este apoyo veterotestamentario que cuando Marción, con toda la razónde su parte, concluyó que el dios que aparece en el Antiguo y en el Nueva Testamento no podía ser elmismo —siendo de rango superior el neotestamentario—, fue combatido encarnizadamente por la Iglesiaporque una de las consecuencias de su razonamiento llevaba a dejar sin base profética a la todavía frágilfigura del Jesús mítico: si el dios bíblico no permanecía constante era imposible hacerle prometer en unoslibros lo que luego haría cumplir según los otros. Y no olvidemos que la principal baza que jugó el judeo-cristianismo primitivo para extenderse entre las masas incultas fue la demostración de que en Jesús sehabían realizado las promesas divinas más importantes de cuantas habían anunciado los profetas a lo largode los siglos anteriores. Aunque buena parte de esas profecías ya han sido analizadas con detalle en diferentes partes de estelibro, no estará de más recordar sucintamente algunas de ellas y valorarlas en su conjunto a fin de poder vercon más claridad el peso decisivo que han tenido en el proceso de elaboración del mito de Cristo. 97
  • 98. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica En el Evangelio de Mateo (Mt 1,22-25) se construyó la fábula de la concepción virginal de María ydel origen divino de Jesús apoyándose en los famosos versículos de Isaías sobre el Emmanuel (Is 7,14-17)que, como ya demostramos al tratar la virginidad de María en el capítulo 3, ni se refieren a María, ni aJesús, ni a nada que tuviese que suceder en un futuro lejano; según los datos que hemos aportado yaanteriormente y lo que el propio texto del profeta Isaías dice de forma absolutamente clara (Is 8,3-4), elcapítulo del Emmanuel se refiere sin duda alguna a una almah (muchacha, que no virgen) embarazada,que fue una profetisa contemporánea de Isaías y que parió a su hijo alrededor del año 735 a.C. El texto deIsaías no puede tener más sentido que éste y, por tanto, no, existe en él profecía alguna que demuestre elnacimiento virginal y el origen divino de Jesús. Igualmente absurda y carente de base es la leyenda del buey y el asno presentes en el nacimiento deBelén que, como ya vimos, se conformó dando significación profética a la mezcla de una frase de Habacucmal traducida en la Biblia de los Setenta —en Hab 3,2 escribieron «te manifestarás en medio de losanimales» allí donde el original hebreo decía «manifiéstalas [obras de Yahveh] en medio de los tiempos»—con un versículo de Isaías (Is 1,3), mutilado y sacado de contexto, que trata en realidad de la ignorancia yfalta de fe del pueblo de Israel. El pesebre navideño, por tanto, tampoco fue profetizado jamás. Y otro tantosucede con la leyenda de la «persecución y huida» del niño Jesús que en Mt 2,13-18 se fundamenta comoel cumplimiento de lo anunciado por los profetas Oseas y Jeremías; pero, tal como ya demostramos en sumomento, el relato de Mateo no tiene la más mínima relación con lo que se dice en los versículos de Os11,1 y de Jer 31,15. La identificación de Jesús como «mesías» o «ungido», basada en el mesianismo judío, se apoya entextos de Isaías que tuvieron una tremenda repercusión cuando comenzaron a ser cargados con un sentidoprofético que nunca tuvieron en su origen. Así, por ejemplo, el cristianismo pretende ver la profecía delmesías Jesús en Is 9,6-7, sin reparar que este texto, escrito en el siglo VIII a.C. y ampliado dos siglosdespués, habla en pasado —«nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo...» dice— no en futuro, por loque mal puede referirse a algo que debía suceder cientos de años más tarde. Este texto, como el de Is 11(especialmente Is 11,1-5), es una muestra de las clásicas profecías de consolación escritas durante laépoca del exilio para mantener viva la esperanza del pueblo hebreo. La potente esperanza popular que significó, durante siglos, el mesianismo davídico judío nació y sealimentó de los versículos en los que el profeta Isaías —asesor religioso del rey Ezequías, descendiente dela dinastía de David— transmitió la supuesta promesa de Dios acerca de que «brotará un retoño del troncodéjese y retoñará de sus raíces un vastago. Sobre el que reposará el espíritu de Yavé...» (Is 11,1-5), esdecir, que, del linaje déjese, padre de David, nacerá un mesías que conocerá y temerá a Dios, «juzgará enjusticia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra» y, en suma, hará reinar la paz en todas partes yentre todas las criaturas, ya sean éstas humanas o animales. Si analizamos el sentido de Is 11 en su contexto histórico y literario veremos que la profecía no fuemás que la materialización del deseo/esperanza de una nación vencida, débil y humillada de tener en elfuturo un mesías, eso es un rey ungido por Yahveh, fuerte y justo, capaz de aniquilar a los enemigos deIsrael y proteger a sus subditos bajo un reino idílico. El mesianismo judío que diseñó Isaías esperaba a un rey poderoso al menos como David, pero deninguna manera pudieron imaginar tan siquiera la posibilidad de que el mesías anunciado fuese un modestopredicador «consustancial con Dios» —un concepto absolutamente inadmisible y blasfemo para elmonoteísmo hebreo— que, además, no tuvo la menor incidencia política. Estaprofecía, claro está, aún nose ha cumplido para la nación hebrea, pero tanto Jesús como sus discípulos —judíos todos ellos— seapoyaron en ella, tergiversándola, para intentar dar credibilidad a su misión y mensaje; un proceso, éste,que alcanzó su cénit desde el mismo momento en que el cristianismo salió a la conquista del mundo gentil(no judío). Con la misma intención de dotarse de credibilidad se elaboraron las dos genealogías de Jesús, la deMateo y la de Lucas, que pretendían dejar establecida la pertenencia del nazareno a la dinastía de David,una condición indispensable para poder aspirar a ser el mesías prometido (y que, como ya indicamos en sumomento, se incumple flagrantemente si de veras resultase que Jesús fue hijo de María y de Dios, sin queJosé —único posible transmisor del linaje davídico— tuviese nada que ver en la concepción). 98
  • 99. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 202 El propio Jesús, durante lo que se conoce como su «entrada triunfal en Jerusalén», tuvo muchocuidado en aparecer reproduciendo la escena anunciada por Zacarías cuando profetizó la llegada aJerusalén de un rey humilde, montado en un asno —«Alégrate sobremanera, hija de Jerusalén. He aquí queviene a ti tu rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna» (Zac 9,9-10)—,con el fin de dar a entender a los judíos que él era el mesías profetizado y esperado. De nuevo, basándoseen un texto que no era profetice en absoluto —dado que Zacarías se refería a la posición miserable en laque regresaría a Jerusalén el monarca de Judea tras los duros y humillantes años del cautiverio y exiliobabilónico—, el cristianismo intentó justificar el autoproclamado mesianismo de Jesús manipulando textosdel Antiguo Testamento. Íntimamente relacionado con el desarrollo mítico de la función mesiánica y salvífica de Jesús apareceel proceso de asimilación de su trágico destino —ajusticiado en la cruz— con el concepto hebreo de lavirtud redentora del sufrimiento que quedó fijado en el deutero-Isaías. En el texto denominado Cantos delSiervo de Yahveh (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13; 53,12), que debe leerse en el contexto del exilio ycautividad a que fue sometido el pueblo hebreo, ya se presenta como aceptado por Yahveh el sacrificioexpiatorio de los sufrimientos del Siervo (personificación de la comunidad exiliada y, por representación, delverdadero pueblo de Israel); de esta manera, la élite —sacerdotal— afirmaba asegurar la «salvación» detodo el pueblo, aunque éste no hubiese hecho nada para merecerlo, ya que «el Justo, mi Siervo, justificaráa muchos» (Is 53,11) y será «puesto por alianza, del pueblo y para luz de las gentes» (Is 42,6). A pesar de que este texto del Antiguo Testamento no tiene nada absolutamente que ver con lahistoria de Jesús, será tomado por los cristianos como un pilar básico de su fe, ya que permitió ver en el«varón de dolores» (Is 53,3) el anuncio del papel de mesías sufriente que debería desempeñar el nazarenocon su pasión y muerte. Extraviando a sabiendas el verdadero sentido del relato de Isaías ytransformándolo en profético, la Iglesia logró dar un sentido triunfante, glorioso y divino a la ejecución deJesús, un hecho que de otra manera no podía interpretarse más que en clave de fracaso. Otro concepto veterotestamentano que fue convenientemente adaptado a las necesidades de laIglesia aparece en el capítulo séptimo del libro de Daniel, cuando se describe la futura victoria del pueblohebreo sobre las demás naciones —que están simbolizadas mediante cuatro bestias monstruossas— de lamano de un «como hijo de hombre» (Dan 7,13). Lo que para Daniel fue un símbolo dentro de una visión, el-«hijo de hombre», que pretendía denotar a un personaje de porte real (en la línea del mesianismo asentadopor Is 11), acabó transformándose en una fundamental cuestión de fe cuando la doctrina cristiana comenzóa identificar a ese «hijo de hombre» con un ser divino que vivía junto a Dios desde el principio de lostiempos y que está llamado a ocupar la presidencia en el día del Juicio Final. Una vez más, la interpretaciónerrónea y caprichosa de un símbolo onírico, convertido en profecía, le sirvió a la Iglesia para ayudarse afundamentar su diseño de la personalidad divina de Jesús de Nazaret. Tampoco Pablo dudó en recurrir a este tipo de desvergonzadas manipulaciones cuando necesitó avalarla figura de Jesús. Así, cuando el apóstol de los gentiles recriminó a los judíos que no admitían la fecristiana y les acusó de que Israel no tomó el camino de la fe sino de las obras, afirmó que «tropezaron conla piedra del escándalo, según está escrito: "He aquí que pongo en Sión una piedra de tropiezo, una piedrade escándalo, y el que creyere en Él no será confundido» (Rom 9,32-33); pero si comparamos esta frasecon los versículos originales del Antiguo Testamento, salta a la vista que «en El» fue un añadidofraudulento para justificar que Jesús era el mesías. Sobre la «piedra de tropiezo» se habla en Is 8,14 y 28,16 cuando dicen, respectivamente: «Él [serefiere a "Yavé de los ejércitos"] será piedra de escándalo y piedra de tropiezo para las dos casas de Israel,lazo y red para los habitantes de Jerusalén» y «He aquí que he puesto en Sión por fundamento una piedra,piedra probada, piedra angular, de precio, sólidamente asentada; el que en ella se apoye no titubeará». Enel primer caso la frase está dentro del contexto profetice de la destrucción de Samaría y Damasco, mientras 202 Al menos según se le hace aparecer en Mt 21,1-9, Mc 11,1-10, Lc 19,29-39 y Jn 12,12-19. En Mateo, por ejemplo, se lee: «Envió Jesús a dosdiscípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente, y luego encontraréis una borrica atada, y con ella el pollino; soltadlos y traédmelos, y si algoos dijeren, diréis: El Señor los necesita, y al instante los dejarán. Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: "Decid a la hija de Sión:He aquí que tu rey viene a ti, manso y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de una bestia de carga." Fueron los discípulos e hicieron como leshabía mandado Jesús; y trajeron la borrica y el pollino, y pusieron sobre ellos los mantos, y encima de ellos montó Jesús. (...) La multitud que leprecedía y la que le seguía gritaba, diciendo: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!".» (Mt21,1-9). 99
  • 100. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaque en el segundó lo está en el del juicio sobre Samaría y Jerusalén. En ningún caso, ni por asomo, serefiere el texto de Isaías a ningún mesías futuro. La «piedra angular» de Is 28,16 es citada también por Pedro en I Pe 2,6 con idéntico afán manipuladoral afirmar que «Por lo cual se contiene en la Escritura: "He aquí que yo pongo en Sión una piedra angular,escogida, preciosa, y el que creyere en ella no será confundido». Para que la mistificación quede debidamente protegida y fortificada por la «infalible certeza» de laIglesia católica, el versículo de I Pe 2,6 es apoyado, en la Biblia de Nácar-Colunga, con la anotación quesigue: «Is 28,16. Jesucristo es esa piedra angular, principio de salud para los que creen, pero tropiezo paralos incrédulos, que se escandalizan de la cruz», que es la doctrina oficial de la Iglesia. Por suerte para laIglesia católica, el buen profeta Isaías aún no ha podido regresar a este mundo para comprobar cuánradicalmente cambia el significado de las palabras con el paso de los siglos. Para justificar la ejecución de Jesús, que no era más que un fracaso de su misión a los ojos del mundo,se comenzó a propagar que era necesario que el nazareno muriese «según la Escritura», eso es que sucrucifixión había sido prevista desde la noche de los tiempos por los planes de Dios y que los textos bíblicosasí lo demostraban. Y para documentar tamaña majadería se rastrillaron todos los textos del AntiguoTestamento hasta dar con versículos que, debidamente manipulados y sacados de contexto, pudiesenconvertirse en profecías virtuales del misterio de la pasión de Cristo. De esta forma, la actitud cobarde de los discípulos de Jesús ante su apresamiento se quiso verprofetizada en Zac 13,7; el soborno a Judas para traicionar a Jesús en Zac 11,12; la devolución del dinerocobrado por Judas en Zac 11,13; la compra del campo del alfarero en Jer 32,6; el discurso de Jesús ante elConsejo afirmando que estará sentado a la diestra del Padre y su aparición sobre las nubes en Dan 7,13 yen Sal 110,1; sus palabras «Tengo sed» en Sal 22,16; el episodio de la esponja empapada en vinagre enSal 69,22; su exclamación de haber sido abandonado por Dios en Sal 22,2; el eclipse de sol en Am 8,9; 203etc. La crucifixión en sí —el hecho de ser colgado de un madero— resultó más difícil de justificarproféticamente ya que la única, profecía bíblica que se le podía aplicar llevaba a conclusiones demasiadopeligrosas. El texto que emplearon los primeros cristianos para este fin fue el que figura en Dt 21,22-23:«Cuando un hombre cometiere delito de muerte, y sentenciado a morir fuere colgado en un patíbulo; nopermanecerá colgado su cadáver en el madero; sino que dentro del mismo día será sepultado: porque esmaldito de Dios el que está colgado del madero; y tú por ningún acontecimiento has de manchar tu tierra, 204cuya posesión el Señor tu Dios te hubiere dado». ¿Fue Jesús maldito de Dios por haber sido «colgadodel madero»? Allá cada uno con su conciencia y con el caso que le haga a la palabra de Dios expresada através de la legislación del Deuteronomio. En definitiva, en los Salmos 22 y 69 y en el capítulo 53 de Isaías (todo él falso, como ya vimos) seencontraron los textos suficientes como para cubrir de justificaciones proféticas toda la pasión de Jesús.No estará de más volver a recordar aquí que todos los textos llamados «proféticos» se referían única yexclusivamente a situaciones que se dieron muchos siglos antes del nacimiento de Jesús, por lo quecualquier supuesta profecía del Antiguo Testamento que se pretenda relacionar con la vida y obra del 205nazareno carece absolutamente de fundamento. 203 Obviamos reproducir cada uno de estos textos del Antiguo Testamento para compararlos con los pasajes de los Evangelios quesupuestamente profetizan porque debería transcribirse todo su contexto y eso sería algo tan farragoso como absurdo. Pero recomendamos a todo lectorque tenga alguna duda al respecto, que coja una Biblia, y haga él mismo estas comparaciones con el fin de darse cuenta de hasta qué punto ha sidodesvergonzada e infantil la fabricación de profecías bíblicas acerca de la pasión de Jesús. 204 En este caso no reproducimos el texto de la Biblia católica de Nácar-Colunga, que usamos en todo este libro, por estar escandalosamente maltraducido. La versión de Nácar-Colunga dice: «Cuando uno que cometió un crimen digno de muerte sea muerto colgado de un madero, su cadáver noquedará en el madero durante la noche, no dejarás de enterrarle el día mismo, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no has de manchar la tierraque Yavé, tu Dios, te da en heredad»; la palabra «ahorcado», que pretende alejar totalmente este pasaje del tipo de muerte que sufrió Jesús, no existeen ninguna traducción de la Biblia que sea objetiva (ya sean versiones no católicas o independientes), pero tampoco en otras versiones absolutamentecatólicas, como es el caso de la que hemos empleado aquí (C/r. Sagrada Biblia, traducida por Félix Torres y Severiano del Páramo, Madrid:Apostolado de la Prensa, 1928, p. 349). 205 Para comprobar lo sencillo que es encontrar profecías en la Biblia, el lector puede experimentarlo por sí mismo haciendo algo parecido aesto: hemos abierto la Biblia al azar, saliendo las páginas 704-705, y al comenzar a leer el texto nos hemos encontrado con este versículo: «Aunqueacampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. Aunque se alzare en guerra contra mí, aun entonces estaré tranquilo» (Sal 27,3). Después de unasomera mirada resulta obvio que se trata de una clarísima profecía acerca de Rambo —especialmente de su película Acorralado—; o quizá lo sea deJames Bond; o mejor del líder sectario David Koresh cuando fue asediado hasta la muerte, en su rancho de Waco, por las fuerzas especiales del FBI; 100
  • 101. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Visto el modo como se ha forzado el sentido de muchos versículos del Antiguo Testamento paraconvertirlos en profecías y emplearlos, acto seguido, para sustanciar el papel que la Iglesia atribuyó aJesús después de su ejecución, quizá convendría tener en cuenta la advertencia que se hace en Mt 7,15-17 cuando se dice: «Guardaros de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, maspor dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se recogen racimos de losespinos o higos de los abrojos? Todo árbol bueno da buenos frutos y todo árbol malo da frutos malos.» Ésteparece ser, sin duda, el párrafo más inspirado de Mateo.o también puede referirse al cerco final del Che Guevara en La Higuera por el ejército boliviano; pero también describe a la perfección elcomportamiento del valiente y honesto monseñor Óscar Romero, finalmente asesinado en El Salvador; aunque bien puede estar profetizando ladetención de Jesús de Nazaret por toda una cohorte del ejército romano; o, tal vez... 101
  • 102. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica III DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA SE DOTÓ DE FUNDAMENTO Y LEGITIMIDAD MANIPULANDO LOS EVANGELIOS Y SE CONVIRTIÓ EN UNA INSTITUCIÓN DE PODER AL CREAR UNA ESTRUCTURA ORGANIZATIVA CONTRARIA A ESOS TEXTOS «Redundará en ventaja de toda la Iglesia y de vuestro Imperio el que en todo el orbe no prevalezcamás que un solo Dios, una sola fe, un único misterio para la salvación del hombre y una sola confesión.» Carta del papa LEÓN I (440-461) al emperador León I. «Hay dos principales poderes para regir el mundo: la sagrada autoridad de los pontífices y el poderimperial. De los dos, el de los sacerdotes es tanto más importante cuanto que tiene que rendir cuenta alSeñor, ante el juicio divino, de los mismos reyes.» PAPA GELASIO I (492-496). «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados losmansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados...» JESÚS DE NAZARET (Mt 5,3-5). «Cristo predicó el reino de Dios, pero vino la Iglesia.» ALFRED LOISY, especialista en estudios bíblicos e historiador de las religiones (1902). 8 Jesús jamás instituyó —ni quiso hacerlo— ninguna nueva religión o Iglesia, ni cristiana ni, menos aún, católica Según los Evangelios, Jesús sólo citó la palabra «iglesia en dos ocasiones, y en ambas se refería a lacomunidad de creyentes, jamás a una institución actual o futura; el equivalente semítico de la palabraekklesía designa en este caso, al igual que en todo el Antiguo Testamento, la asamblea general delpueblo judío ante Dios, la kahal Yahveh. Pero la Iglesia católica sigue empeñada en mantener la falacia de 102
  • 103. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaponer a Cristo como el instaurador de su institución y de preceptos que no son sino necesidades jurídicas yeconómicas de una determinada estructura social, conformada a golpes de decreto con el paso de lossiglos. Si en algo están de acuerdo todos los expertos actuales e» que la hermenéutica bíblica garantizaabsolutamente la tesis de que Jesús no instituyó prácticamente nada, pero, en cualquier caso, se cuidó muyespecialmente de no proponer ni un solo modelo específico de Iglesia institucional. A esto debe añadirseque en los textos del Nuevo Testamento, redactados muchos años después de la muerte de Jesús,tampoco se ofrece un solo modelo organizacional sino que se cita una diversidad de posibilidades a la horade estructurar una comunidad eclesial y sus ministerios sacramentales; de este modo surgieron lasevidentes diferencias —y disputas— que se dieron entre los primeros modelos eclesiales que adoptaron loscreyentes de Jerusalén, Antioquía, Corinto, Éfeso, Roma, Tesalónica, Colosas, etc. Hacia la década de los años 60 las iglesias cristianas se habían multiplicado y extendido por todo elImperio romano, Oriente Próximo y Egipto, pero cada comunidad funcionaba de una manera peculiar ydistinta a las otras; en lugares como Roma, por ejemplo, la iglesia no era sino una especie de anexo exteriorde la sinagoga donde se encontraban los cristianos para sus sesiones religiosas; estos primeros cristianos,en lo personal, seguían llevando el estilo de vida judío anterior a su conversión, por lo que gozaban de losespeciales privilegios que los romanos concedían a los judíos en todo su imperio. El poder romano todavía no había llegado al punto de ver en los cristianos una religión diferente a lajudaica, pero la situación cambió radicalmente cuando Nerón, a mediados de la década, comenzó aperseguir con saña al cristianismo. Poco después, cuando los judíos —que acababan de perder la guerracontra los romanos y de ver destruido el Templo de Jerusalén— se reagruparon en torno a las sinagogas yaumentaron su rigor doctrinal, las relaciones que mantenían con los cristianos se crisparon rápidamente. En cualquier caso, es muy indicativo el contenido de la Epístola de Santiago —escrita posiblementeentre los años 75 a 80 en círculos judeocristianos que usaron el nombre del ya ejecutado Santiago—, dondese hizo aparecer al cristianismo como una especie de judaismo liberal y, al tiempo, se presentó a lasiglesias de la tradición paulina como una degeneración religiosa y se pasó por alto la cristología —elmáximo punto de fricción entre judíos y cristianos— con el fin de re-agrupar en la sinagoga cristiana almáximo número posible de judíos desperdigados tras la destrucción del Templo. Se dejó así constancia deque la frontera entre judaismo y cristianismo aún no estaba bien establecida en esos días de grandes 206tribulaciones para unos y otros. Muchos años después de la crucifixión del mesías, el judaismo seguíaaún presente en el corazón del cristianismo. Puede parecer un absurdo mantener que Jesús no fue cris-tiano, pero éste es uno de los pocos datosque se saben de él con seguridad. Ya citamos, en un capítulo anterior, la opinión del profesor ÉtienneTrocmé, defendiendo que Jesús no fundó ninguna Iglesia sino que se limitó a intentar agrupar al «pueblo deIsrael» bajo un nuevo marco, y las pruebas de ello las encontramos a porrillo a lo largo de todos losEvangelios. Recordemos, por ejemplo, la incuestionable profesión de fe judía que hizo Jesús en Mt 5,17-18, o la instrucción dada a sus apóstoles en el sentido de que se abstuviesen de predicar a los gentiles (nojudíos) y se reservasen para «las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 10,5-7 y Mt 15,24-26). Jesús fue un judío, como sus discípulos, y ni tan siquiera pretendió fundar una secta judía más entrelas muchas que ya había en su época. El nazareno se esforzó por mejorar la práctica religiosa del judaismoentre su pueblo y ante la perspectiva crucial del inminente advenimiento del «reino de Dios» en la Tierra.Jesús no perdió ni un minuto organizando nada —ni secta, ni Iglesia— porque, tal como expresó con 207claridad meridiana, estaba convencido de que el mundo, tal como era conocido, iba a llegar a su fin antesde pasar una generación: «En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán de lamuerte antes que vean el reino de Dios» (Lc 9,27). Esta creencia en la inminencia del Juicio Final y en el reem-plazo del mundo por el «reino de Dios» eracompartida, de hecho, por buena parte de los judíos de esos días, que mantuvieron la vista puesta en esecercano momento durante gran parte del siglo I. Así, el propio Pablo, en I Cor 10,11, fechó como 206 El judeocristianismo había empezado a tener problemas serios cuando, tras la ejecución de Santiago (62), se eligió como dirigente a Simeón, hijo de Cleofás, que no supo ganarse la autoridad y respeto que gozó el hermano de Jesús, y tampoco pudo mantener la importancia de laIglesia de Jerusalén que, desde el año 70, perdió su peso específico y dejó de ser el centro del cristianismo; la falta de liderazgo —también habíanmuerto los carismáticos, aunque opuestos, Pedro y Pablo— hizo desaparecer la aún incipiente unidad y disparó el peligro de la dispersión sobre unconjunto de comunidades que estaban atravesando muy diferentes circunstancias, tanto en lo sociopolítico como en lo referente a las nuevaselaboraciones teológicas. A finales del siglo I la Iglesia romana había quedado muy diezmada, la palestina casi había desaparecido y los testimonios ymanifestaciones públicas se habían reducido al máximo. 207 Cfr., por ejemplo, Mt 16,27-34; Mc 9,1 o Lc 9,27. 103
  • 104. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacontemporáneo el final anunciado cuando dijo que «Todas estas cosas les sucedieron a ellos en figura y 208fueron escritas para amonestarnos a nosotros, para quienes ha llegado el fin de los tiempos»; y Pedroadvirtió en I Pe 4,7 que «El fin de todo está cercano. Sed, pues, discretos y sobrios (con vistas) a laoración». Pablo y Pedro, puntales básicos, aunque enfrentados, del cristianismo primitivo, no dudaron de la 209proximidad del fin, pero muchos de sus correligionarios, al ver pasar los años sin que nada sucediese,comenzaron a impacientarse. 210 A principios del siglo II, una epístola falsamente atribuida a Pedro intentó frenar el desánimo de loscristianos, provocado por el incumplimiento de la promesa de Jesús de venir de inmediato al mundo parapresidir el día del fin —y por la mofa que los incrédulos hacían por ello—, afirmando: «Y ante todo debéissaber cómo en los postreros días vendrán, con sus burlas, escarnecedores, (...) y dicen: "¿Dónde está lapromesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio dela creación. (...) Carísimos, no se os oculte que delante de Dios un solo día es como mil años, y mil añoscomo un solo día. No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda,no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia. Pero vendrá el día del Señor comoladrón, y en él pasarán con estrépito los cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán...» (II Pe 3,3-10).Con el descaro usual, este escrito neotestamentario vino a decir que no es que Jesús-Cristo se hubieseolvidado de cumplir su propia profecía sino que, debido a la diferente apreciación del tiempo que se dacuando uno está ante Dios o ante los hombres, había aplazado sine die el final para que, de paso,pudiesen salvarse cuantos más mejor ¡¡¡¿ ?!!! Tal como sostienen bastantes teólogos e historiadores de las religiones, resulta muy plausible que lasprimeras comunidades cristianas, al no poder justificar ya más el persistente retraso de la parusía —presencia o advenimiento; la segunda venida de Cristo al mundo para juzgar a los hombres—, desplazasensu punto de mira del futuro al presente y transformasen sus esperanzas escatológicas (acerca del fin,muerte y salvación) en soteriológicas (acerca de la redención), cambiando el rol hasta entonces atribuido aJesús-Cristo, que requería su presencia física, por otro menos comprometido y que, por ser indemostrablehasta el fin de los tiempos, podía sostenerse con fe ante los incrédulos, eso es que Jesús-Cristo, con supasión y muerte, redimió, liberó, a todo el género humano. En todo caso, siendo tan intensa la creencia en la inminencia del Juicio Final y en todo cuanto le debeir asociado, resulta obvio —y así consta en el Nuevo Testamento— que ni Jesús ni sus apóstoles estabanpor la labor de fundar ninguna nueva religión o estrucura organizativa del tipo de una Iglesia, aunque, esosí, promovieron con todas sus fuerzas el pío agolpamiento del pueblo de Israel en torno a la ekklesía, esoes la asamblea general del pueblo judío ante Dios. ¿De dónde salió, pues, la Iglesia? Puesto que noprocede de Jesús ni de sus apóstoles, su origen hay que buscarlo en la evolución de un proceso históricoque desembocó en donde nadie había podido prever. Dado que la Iglesia católica es el producto de circunstancias históricas y no de una fundacióninstitucional emanada de la voluntad de Jesús —y expresada en el Nuevo Testamento—, a diferencia delresto del cristianismo, ésta antepone la autoridad de su Tradición a la de las Sagradas Escrituras. Lajustificación para tamaño despropósito la encontramos prolijamente enunciada en la Biblia católica deNácar-Colunga (pp. 7-8) cuando, entre disquisiciones etéreas, nos dice que: «La verdad revelada, alma y vida de la Iglesia, antes que en los libros fue escrita en la inteligencia y enel corazón de la misma [de la Iglesia católica]. Allí reside vivificada por el Espíritu Santo, libre de lasmutaciones de los tiempos y de la fluctuación de las humanas opiniones. (...) Por eso el sentir de la Iglesiacatólica, la doctrina de los Padres y Doctores, que son sus portavoces y testigos; la voz del mismo pueblofiel, unido a sus pastores y formando con ellos el cuerpo social de la Iglesia, son el criterio supremo, segúnel cual se han juzgado siempre las controversias acerca de los puntos doctrinales, así teóricos comoprácticos; y así decretó el Concilio Triden-tino que en la exposición de la Sagrada Escritura, en las cosas defe y costumbres, a nadie es lícito apartarse del sentir de los Padres y de la Iglesia.» 208 Es más correcto traducir esta última frase por «con quienes llega ya la consumación de los siglos». 209 La rogativa habitual de los primeros cristianos era la aramaica Maraña tha o Maran atha, que significa «ven, Señor». 210 Los expertos, tras analizar la estructura y el contenido de la llamada II Epístola de San Pedro, han demostrado de manera fehaciente sunaturaleza pseudoepigráfica y su redacción muy tardía —en ningún caso anterior al siglo II—, pero, sin embargo, la Iglesia católica sigue teniéndolacomo procedente de la mano del apóstol Pedro, muerto hacía ya tiempo cuando se escribió este texto. 104
  • 105. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica Lo anterior significa que la Iglesia católica puede interpretar como «negro» aquello que Jesús, susapóstoles o un texto Sagrado muestran expresamente como «blanco» y que, tal como es su costumbre —según ya hemos demostrado sobradamente hasta este punto—, despreciando la realidad original, imponedogmáticamente su criterio interesado a todos los católicos. No es nada baladí recordar que los cristianos de las primeras generaciones eran judíos de lenguasemítica y que, tres siglos después, en el concilio de Nicea, verdadero origen del catolicismo, los obispos yasólo hablaban griego y un poco de latín. La anécdota habla por sí sola si conocemos que el contextosociocultural hebreo estaba en las antípodas del helénico, razón por la cual el cristianismo que elaboraronlos gentiles y judíos helenizados se apartó en casi todo lo fundamental del judeo-cristianismo que, desdeJerusalén, de la mano de Santiago, el hermano de Jesús, y del apóstol Pedro, intentó propagar el mensajedel nazareno tras su ejecución. Ganaron los griegos y, como ya hemos dejado sentado, el mito de Jesúsalcanzó cotas insospechadas al fundir en su crisol las creencias paganas más ilustres. Puesto que no cabe aquí entrar en detalles sobre el interesantísimo —y, con frecuencia, poco 211honorable — proceso sociopolítico que condujo a la formación de la Iglesia católica y la dotó de un podersin igual, sí mencionaremos, al menos, las tres fases de una secuencia histórica que llevó desde el judeo-cristianismo de Jerusalén hasta el catolicismo romano. La primera fase, que podemos situar entre los años 30 o 36 a 125, fue de expansión y llevó a laprogresiva separación entre cristianismo y judaismo. La segunda fase, entre los años 125 a 250, vio cómo lapequeña secta judeocristiana fue transformándose en una Iglesia relativamente numerosa, formada pormasas incultas y profundamente mediocres que a menudo mezclaban la base cristiana con los restospaganos de un helenismo en declive; es la época de las grandes herejías (gnosticismo, marcionismo,montañismo, etc.), de apologistas como Orígenes y Clemente de Alejandría, y del nacimiento de la 212ortodoxia. Durante la tercera fase, entre los años 250 al 325, la Iglesia estuvo básicamente ocupada en definir susrelaciones con el poder, ya le fuera contrario o favorable, y se produjo una involuntaria transformación delcristianismo en un factor político de primer orden. Las grandes persecuciones romanas para erradicar elcristianismo del Imperio, que comenzaron en el año 249, no sólo no lograron su propósito sino que, a partirdel 310, con la llegada de la pax de Constantino, este emperador emprendió el embargo del aparatoeclesiástico por parte del Estado. «Hacia el 300, la delantera que las Iglesias de Oriente, sobre todo las de Egipto, Siria y Asia Menor,sacaban a las Iglesias de Occidente, excepción hecha de las de África del Norte, continuaba siendoconsiderable. Mientras en Occidente los cristianos estaban aún muy claramente en minoría, en algunoslugares de Oriente eran mayoría, y en los demás constituían minorías considerables, cuyo peso social ypolítico tenía un carácter determinante. Por lo demás, el cristianismo continuaba siendo un fenómenoprincipalmente urbano, a pesar del peso que en algunas Iglesias comenzaban a tener ya los campesinos.Sus adeptos seguían siendo en general de condición modesta, pero la burguesía de las ciudades, cada vezmás alejada de los asuntos públicos por el reforzamiento del absolutismo y la preeminencia del ejército,comenzaba ya a volverse hacia el cristianismo. La misma corte imperial y la alta administración se abríanprogresivamente al cristianismo. En una palabra, el golpe definitivo que Decio y Valeriano habían pretendido 213asestar a la nueva religión no había servido absolutamente para nada. »Cada vez más numerosas, y con adherentes generosos y a veces ricos, las iglesias cristianas de lasegunda mitad del siglo ni habían acumulado un cierto capital y disponían de rentas considerables, que 211 Sobre la historia de la Iglesia hay publicados decenas de libros objetivos, casi siempre de autores no católicos, que mantienen posturascríticas muy fundamentadas y alejadas de la apologética oficial (Cfr., por ejemplo, la Historia de las Religiones, Siglo XXI, vols. II y V). Comoejemplo de una investigación ferozmente crítica con la historia del cristianismo y, al tiempo, profunda y sólidamente documentada al basarse encientos de fuentes primarias antiguas y secundarias, señalaremos la serie de varios tomos (siete, hasta la fecha) que Karlheinz Deschner estápublicando bajo el título genérico de Historia criminal del cristianismo. 212 La Iglesia católica sostiene que desde su comienzo el cristianismo tuvo una ortodoxia, eso es una fe verdadera, que tuvo que defenderse demúltiples herejías que intentaron apartarla de las creencias originales; pero tal afirmación es absolutamente falsa y no es más que una ficcióneclesiástica que pretende mostrar a la Iglesia como la heredera y continuadora de la tradición apostólica, cosa que evidentemente no es. El conceptode herejía —aíresis—, que no significaba más que la opinión elegida para sostener algo, en el siglo II fue pervertido y transformado en algopeyorativo por el obispo Ignacio —creador también del concepto de «católico»—, que lo hizo sinónimo de falso, sectario, sin fundamento nicredibilidad, etc. Tal como veremos algo más adelante, sólo tras la lucha encarnizada entre decenas de sectas cristianas se llegó, a partir del conciliode Nicea, al triunfo de la herejía —u opinión— católica y a la imposición de la ortodoxia que aún defiende la Iglesia actual. 213 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, pp. 379. 105
  • 106. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadistribuían de manera generosa entre los miembros necesitados de su comunidad. Después del 260obtuvieron la devolución de los bienes inmuebles confiscados durante la persecución, y a partir de entoncesvelaron por la preservación de estos bienes, que necesitaban para asegurar el culto y el mantenimiento desus ministros y cuyo estatuto legal, a pesar de la tolerancia, continuaba siendo precario. Por consiguiente,las iglesias estaban obligadas a llevarse lo mejor posible con las autoridades, y no tenían ya la magnífica 214independencia de los siglos I y II, abriendo así las puertas al acercamiento entre la Iglesia y el Estado.» El golpe de suerte fundamental para el futuro de las Iglesias cristianas se produjo con el debilitamientodel Imperio romano a partir de la eclosión de la crisis interna que afloró el 1 de mayo del 305 con laabdicación simultánea de Dioclecia-no y Maximiano, hecho que llevó al poder, como augustos, a ConstancioCloro y Galerio. Entre los años 306 y 311 los gobernantes romanos estuvieron tan ocupados peleándoseentre sí que no tuvieron tiempo de proseguir la campaña de exterminio contra los cristianos que puso enmarcha Diocleciano y, finalmente, en abril del 311, Galerio firmó un edicto concediendo al cristianismo elestatuto, aún restrictivo, de religio licita. Un año después, Constantino, tras someter con su ejército aItalia y África, ordenó que fueran restituidos a ¡las iglesias todos los bienes confiscados y que se lesentregara una contribución del Tesoro imperial. Pero el emperador Constantino no se limitó a ser generoso. En esos días había una feroz disputadentro de la Iglesia cristiana del norte de África entre la llamada Iglesia de los santos, dirigida por Mayorino(al que sucedió Donato), y la Iglesia católica, presidida por Mensurio (al que sucedió Ceci-liano). Losprimeros, que denominaban traditores a los católicos, les acusaban de colusión con los perseguidoresromanos mientras que ellos habían sido resistentes sin tacha (no habían entregado textos sagrados a losromanos, como sí hizo Mensurio, y habían preferido el martirio antes que convertirse en lapsi o apóstatas,tal como hicieron muchos). A partir del 313 ambas facciones, dirigidas ya por Donato y Ceciliano, sevolvieron irreconciliables y se produjo la escisión en dos iglesias. Cuando el emperador Constantino entregócuantiosos bienes a la Iglesia dirigida por Ceciliano hizo mucho más que marginar a la Iglesia de Donato, enrealidad se adentró en un ambicioso proyecto político destinado a configurar el ámbito eclesial según susnecesidades personales e imperiales, con lo que transformó para siempre la relación entre las iglesias 215cristianas y aupó al poder a la católica. Desde un principio, Constantino se arrogó el poder de cuestionar las decisiones conciliares que noconvenían a su gobierno y se dotó de la facultad de convocar él mismo, a su antojo, los concilios generalesde los obispos. Tamaño insulto y desprecio a la jerarquía católica no levantó, sin embargo, protestaninguna; la razón hay que buscarla en la generosidad de sus donaciones y en el trato a cuerpo de rey quehacía dispensar a los obispos convocados a sus concilios. De esta manera el emperador compróvoluntades, apoyos, decretos conciliares a medida y hasta toda una Iglesia, la católica, cuyos servicialesjerarcas comenzaron a acumular rápidamente poder y riquezas sin límite, el famoso Patrimonium Petri. Constantino, a partir del 315-316, cristianizó —según la visión católica, claro está— las leyes de suimperio, promoviendo protección para los más desvalidos y, al tiempo, rigorizando el derecho matrimonial(la obsesión del clero católico hasta hoy día); en el año 318 reconoció oficialmente la jurisdicción episcopal;en el 321 autorizó a las iglesias a recibir herencias; en el 320 o 321 declaró festivo el domingo, hastaentonces celebrado como día del Sol —recuérdese todo lo citado acerca de la mítica solar asociada alJesús-Cristo—; donó a la Iglesia católica grandes fincas y edificios por todo el imperio y ordenó construirdecenas de lujosas iglesias que financió con el dinero público, etc. La interrelación entre Constantino y la Iglesia católica empezó a ser tan íntima que los obispos prontoasumieron atribuciones estatales. Tal como refiere Karlheinz Deschner, «en los juicios, el testimonio de unobispo tenía más fuerza que el de los "ciudadanos distinguidos" (honoratiores) y era inatacable; pero hubomás, los obispados adquirieron jurisdicción propia en causas civiles (audientia episcopalis). Es decir,cualquiera que tuviese un litigio podía dirigirse al obispado, cuya sentencia sería "santa y venerable", según 214 Ibid, p. 394 215 La evolución del cristianismo no fue un camino de unidad y concordia, sino todo lo contrario. A finales del siglo II, según dejó escrito elfilósofo Celso, «como consecuencia de haber llegado a ser multitud, [los cristianos] se distancian los unos de los otros y se condenan mutuamente;hasta el punto que no vemos que tengan otra cosa en común sino el nombre (...), ya que por lo demás cada partido cree en lo suyo y no tiene en nadalas creencias de los otros». A principios del siglo III el obispo Hipólito de Roma citaba treinta y dos sectas cristianas enfrentadas entre sí, y casi dossiglos después, a finales del IV, el obispo Filastro de Brescia hablaba de ciento veintiocho sectas más veintiocho herejías. Los cristianos, peleadosunos con otros, tratando de imponer cada doctrina propia al resto de los seguidores de Jesús y enemistados con todos los judíos, dieron un espectáculodeplorable como jamás se había visto en ningún contexto religioso de la antigüedad. La facción católica y sus dogmas sería la vencedora final graciasa Constantino, pero no cabe ignorar que hoy, aún peor que en esos días, el cristianismo se halla dividido en varias grandes religiones y centenares desectas de todos los tamaños, con cada una de ellas arrogándose la legitimidad y la ortodoxia del seguimiento del Jesús-Cristo. 106
  • 107. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadecretó Constantino. El obispo estaba facultado para sentenciar incluso en contra del deseo expreso de unade las partes, y además el fallo era inapelable, limitándose el Estado a la ejecución del mismo con el poderdel brazo secular; procede observar aquí hasta qué punto eso es contrario a las enseñanzas de Jesús,adversario de procesos y juramentos de todas clases, quien dijo no haber venido para ser juez de loshombres y que dejó mandado que cuando alguien quisiera quitarle a uno el vestido mediante un pleito, se le 216regalase también el manto». Por otra parte, claro está, el emperador no dejó ni un instante de asumir el pleno control de lascuestiones eclesiales. Así, cuando el imperio cristiano empezó a verse sacudido por la disputa suscitadapor el arrianismo —que, como ya vimos en el capítulo 6, intentaba evitar la confusión del Dios Padre con elJesús-Cristo—, Constantino, en sintonía con su consejero eclesiástico, el obispo Osio de Córdoba, al igualque había hecho al convocar el concilio de Arles (314) para zanjar la querella entre católicos y donatistas,hizo reunir a cerca de trescientos obispos, en el año 325, en Nicea (localidad próxima a Nicomedia), paradebatir la doctrina de Arrio. «A las fórmulas demasiado audaces de Arrio en algunos de sus escritos populares —según expone,con exactitud histórica, discreta ironía y palabras harto amables para la Iglesia, el profesor Étienne 217Trocmé —, los obispos de todas las tendencias quisieron oponer algo distinto de las profesiones de fetradicionales, a las que algunos habían creído al principio poder atenerse. El concilio emprendió, pues, laelaboración, sobre la base de la profesión bautismal de Cesárea de Palestina, de un "símbolo" queenunciara la cristología ortodoxa. A los títulos de "Dios de Dios, luz de luz", se añadió en particular el de"consustancial al Padre" (homoousios), que había sido en el pasado la expresión del "monarquianismo" deSabelio y de todos los que borraban la distinción entre Cristo y su Padre. Esta sorprendente adición, que fuesin duda sugerida por Osio de Córdoba, no fue aceptada sino por la personal insistencia de Constantino, aquien el concilio no podía negar nada. »Cuando llegó la hora de firmar el texto así redactado, el emperador hizo saber que todos los clérigosque se negaran a ello serían inmediatamente desterrados por las autoridades imperiales. Sólo Arrio y suspartidarios egipcios, suficientemente comprometidos, se resistieron a este extraordinario chantaje, teniendoque ponerse en camino inmediatamente hacia las lejanas ciudades de las provincias danubianas. Por morde la unanimidad, respeto al emperador o simple cobardía, los demás asistentes se vincularon a la decisión,incluso aquellos que consideraban el homoousios como una fórmula herética. »El concilio se disolvió el 19 de junio del 325, después de un gran banquete ofrecido por Constantinoen honor de los obispos asistentes, que causó a éstos honda impresión: algunos de ellos llegaron incluso apreguntarse si no estaban ya en el reino de Dios. El emperador añadió al banquete un discurso exhortandoa los obispos a la unidad, a la modestia y al celo misionero, así como regalos para cada uno de ellos ycartas en las que se ordenaba a los funcionarios imperiales distribuir cada año trigo a los pobres y clérigosde las diversas iglesias. »Los obispos partieron, pues, anonadados, entusiastas y más sumisos que nunca. Constantino loshabía ganado definitivamente para su causa y podía sentirse satisfecho del resultado obtenido con elconcilio. La unidad de las iglesias católicas había tomado por vez primera forma visible y los cismáticosquedaban invitados a asociarse a esta unidad en condiciones humillantes. Las escasas malas personasque habían rechazado la profesión de fe común habían tomado ya el camino del destierro. Todo esto era engran parte obra suya, lo que le permitía en adelante intervenir de manera directa en los asuntoseclesiásticos para coordinar y reforzar la acción de los obispos. »Los obispos más perspicaces se dieron cuenta, nada más volver a sus casas, de que al haber cedidotan fácilmente a la imperiosa seducción ejercida por Constantino habían cambiado la libre iniciativa de queanteriormente disponían por la sombra de cooperación con el Estado. De este modo, poco después de ladisolución del Concilio, los obispos Eusebio de Nicomedia, Maris de Calcedonia y Teognis de Nicea hicieronsaber públicamente que sólo habían firmado la profesión de fe por temor al emperador y que deseabanretractarse. Constantino los expidió sin más a la Galia, exigiendo de las iglesias de Nicomedia y Nicea laelección de nuevos obispos, en lo que fue obedecido sin tardanza. El obispo Teodoro de Laodicea, en Siria,sospechoso de querer imitar a sus tres colegas rebeldes, recibió del emperador una carta brutal en la que loinvitaba a meditar sobre la triste suerte de Eusebio y Teognis, lo que lo hizo contenerse y no levantar la voz. 216 Cfr. Deschner, K. (1990). Historia criminal del cristianismo. Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la. era constantiniana(Vol. I). Barcelona: Martínez Roca, p.190. 217 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, pp. 434-437. 107
  • 108. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaDe este modo, a partir del otoño del 325, Constantino comenzó a hacer de policía de la fe en el interior delcuerpo episcopal. Los obispos que comenzaron a asustarse de ello y a comunicarse discretamente susaprensiones fueron entonces numerosos. Para la historia quedó el recuerdo vergonzoso de un concilio, el de Nicea, en el que una caterva deobispos cobardes y vendidos a la voluntad arbitraria del emperador Constantino dejaron que éste definiera eimpusiera algunos de los dogmas más fundamentales de la Iglesia católica, como son el de laconsustancialidad entre Padre e Hijo y el credo trinitario. Constituido en teólogo por la gracia de sí mismo,Constantino diseñó a su antojo lo que los católicos deberían creer por siempre acerca de la persona deJesús. El Credo que rezan todos los católicos, por tanto, no procede de la inspiración con la que elEspíritu Santo iluminó a los prelados conciliares sino de la nada santa coacción que ejerció el brutalemperador romano sobre hombres que Jesús hubiese despreciado. El ejemplo del nazareno dando la vidapor sus ideas debía parecerles una ingenuidad detestable a unos obispos que no dudaron en ahogar su fe yconciencia con tal de poder seguir llenándose la panza. Con una jerarquía eclesial tan servil, el emperador Constantino no tuvo el menor problema en utilizar laIglesia católica a su antojo, sin límite alguno, tanto para forzar la unificación de su imperio bajo una solareligión, como para uso y disfrute de su megalomanía personal, ya que no en balde se refería a sí mismocomo «obispo para asuntos exteriores» (episkopos tôn ektos) de la Iglesia; se hizo denominar «salvadordesignado por Dios» y «enviado del Señor», es decir, apóstol; ordenó que se le rindieran honores comorepresentante de Cristo (vicarios Christi) y que se le diera el trato de «nuestra divinidad» (nostrumnumen) junto al sacratissimus que posteriormente ostentarían también algunos emperadores cristianos;mandó tener a su palacio por templo (domus divina) y a su residencia privada por sacrum cubiculum; y,a su muerte, hizo que le enterraran como el decimotercer apóstol. En resumen, Constantino hizo cuanto leconvino con la Iglesia católica y sus creencias, era el amo, y los obispos, a cambio, callaron, otorgaron... yse enriquecieron mientras. fortalecían su poder temporal. El que fuera tenido por la Iglesia católica comp«caudillo amado de Dios», «obispo de todos, nombradopor Dios» a «ejemplo de vida en el temor de Dios, que ilumina a toda la humanidad», fue en realidad unemperador que frecuentaba las prácticas paganas, cruel y sanguinario, responsable de las masacres depoblaciones enteras, de juegos de circo en los que hacía destrozar a cientos de enemigos por fieras u ososhambrientos, que degolló a su propio hijo Crispo, estranguló a su esposa y asesinó a su suegro y a sucuñado... un auténtico princeps christianus, vamos. Su madre, que la Iglesia católica convirtió en «Santa Elena», pasó por princesa británica pero enrealidad había sido una pagana que trabajó como tabernera (stabularia) en los Balcanes, vivió enconcubinato con Constancio Cloro —padre de Constantino, un pagano que comenzó su carrera militar comoprotector o guardaespaldas imperial— y luego cohabitó en situación de bigamia cuando Constancio se casócon la emperatriz Teodora. La aristocracia romana conocía a Constantino como «el hijo de la concubina» yel mismísimo san Ambrosio escribió que Jesucristo había elevado del fango al trono a santa Elena. Sin embargo, un hombre tan fascinante, poderoso y malvado como lo fue Constantino no podía morirsin dejarle un guiño cruel a la historia, no podía «ascender a los cielos» (tal como le representaron algunasmonedas acuñadas tras su deceso) sin antes mofarse hasta la humillación de los obispos que trató comotíteres y de la Iglesia católica que él mismo había puesto a andar; por eso, cuando cayó enfermo, «primerobuscó remedio en los baños calientes de Constantinopla, y luego en las reliquias de Luciano, patronoprotector del arrianismo y discípulo que fue del propio Arrío. Por último recibió en su finca, Archyrona deNicomedia, las aguas del bautismo, pese a su deseo de tomarlas a orillas del Jordán como Nuestro Señor. »En aquel entonces (y hasta el año 400 aproximadamente) era costumbre habitual aplazar el bautismohasta las últimas, sobre todo entre príncipes responsables de mil batallas y condenas a muerte. Comosugiere Voltaire, "creían haber encontrado la fórmula para vivir como criminales y morir como santos".Después del bautismo, que fue administrado por otro correligionario de Luciano llamado Eusebio,Constantino falleció el 22 de mayo del año 337. Así las cosas, resulta que el primer princeps christianusse despidió de este mundo como "hereje", detalle que origina no pocos problemas para los historiadores"ortodoxos", pero que le fue perdonado incluso por el enemigo más acérrimo del arrianismo en Occidente,san Ambrosio, "teniendo en cuenta que había sido el primer emperador que abrazó la fe y la dejó en 218herencia a sus sucesores, por lo que le incumbe el más alto mérito [magnum meriti]"».218 Cfr. Deschner,K. (1990). Op. cit.,p. 222. 108
  • 109. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica De la mano de tan meritorio personaje comenzó realmente su andadura la Iglesia católica,transformada en una institución de poder temporal que se arrogó la representación exclusiva y ortodoxa delmensaje de Jesús (según lo recogen los Evangelios que ella misma eligió y manipuló, pero a los quenunca ha sido fiel). Tal como observó con brillante agudeza Alfred Loisy, especialista en estudios bíblicos e historiadorde la religiones: «Cristo predicó el reino de Dios, pero vino la Iglesia.» Ni «católica» significa «universal» ni el Jesús de los Evangelios pretendió que su mensaje tuviese ese carácter Según el Catecismo de la Iglesia, «la palabra "católica" significa "universal" en el sentido de "según latotalidad" o "según la integralidad". La Iglesia es católica en un doble sentido: es católica porque Cristo estápresente en ella. "Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia católica" (san Ignacio de Antioquía, Smyrn.8,2). (...) Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (cf Mt 21928,19)». En primer lugar, si la Iglesia «es católica porque Cristo está presente en ella», ¿cómo debeninterpretarse los versículos de Juan en los que el propio Jesús declaró «porque voy al Padre y no me veréismás» (Jn 16,10)? ¿Puede estar presente aquí, en la Iglesia, aquel que se despidió para no ser visto nuncamás? Parece obvio que no puede estar presente —en el capítulo 10 rebatiremos extensamente el dogmacatólico de la «presencia real» de Jesús en la Iglesia— más que en el recuerdo, como sucede con nuestrosseres queridos desaparecidos, y ello no supone ningún sello de universalidad. Por otra parte, si la Iglesia, basándose en Mt 28,19, afirma ser «católica porque ha sido enviada porCristo en misión a la totalidad del género humano», comete dos atropellos: basarse en un versículo que esuna interpolación —éso es un añadido muy posterior al texto de Mateo original—, y, en especial,transformar el mandato de «id, pues; enseñad a todas las gentes...» en el de «id a que todos se asocien enuna sola iglesia y crean lo que vosotros les enseñáis»; un comportamiento que parece más definitorio delimperialismo que del universalismo. La famosa frase «fuera de la Iglesia [católica] no hay salvación», clásica bandera y lanza del 220proselitismo católico —hoy supuestamente atemperado por aparentes votos de ecumenismo —, ha sidouna consecuencia directa de la prepotencia universalista de la Iglesia romana, pero en los Evangelios seproclamó algo bien diferente. Jesús, según Mc 16,15-16, dijo a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todacriatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará, mas el que no creyere se condenará.» El mandatocontiene una obligación de ofrecimiento del evangelio o «buena nueva» a todos (id y predicad), pero nopresenta ninguna obligación de pertenencia a nada ni a nadie — menos aún a una iglesia que Jesús noinstituyó— para poder acceder a la «salvación». Para Jesús, «el que creyere y fuere bautizado, se salvará», pero el contexto del versículo indicaclaramente que «creer» se refiere a la buena nueva que él había transmitido personalmente hasta elmomento de su ejecución, no a dogmas católicos espurios o a individuos que, en el futuro, se arrogasenlegitimidad en la interpretación de su mensaje; el «creer» viene connotado como un proceso experiencial,no como una imposición juridicista (que es el sentido que le ha dado la Iglesiacatólica). Durante los tres primeros siglos no hay un todo y una parte para los cristianos, puesto que dominaba laidea oriental de que no era cuestión de «formar parte» del cristianismo sino de «ser» cristiano; pero a finales219 Cfr. Santa Sede (1992). Op. cit., pp. 198-199, párrafos 830-831.,220 Hasta el reciente concilio Vaticano II, la Iglesia católica defendió la doctrina infalible, emanada del concilio de Florencia (1442), de que todo elque estuviese «fuera de la Iglesia católica (...) caerá en el fuego eterno, que está preparado para el demonio y sus ángeles». 109
  • 110. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadel siglo IV, o ya en el V, el sentido jurídico se impuso al experiencial y comenzó a hablarse de «IglesiaUniversal», de una entidad concreta que se contraponía al resto, de una parte que ya no era el todo... peroque aspiraba a conquistarlo por la fuerza. El segundo requisito para salvarse, el ser bautizado, no implicaba más que someterse al ritual clásicode purificación mediante la inmersión en agua; el bautismo era la puerta de entrada a la nueva ekklesía oasamblea del pueblo de Israel reunido ante Dios, de la misma manera que la circuncisión de los varones lohabía sido para la ekklesía anterior. Y el bautismo evangélico, evidentemente, no era entonces, ni lo eshoy, ningún patrimonio exclusivo de la Iglesia católica, por muy universal que se proclame. 221 En realidad, tal como ya comentamos en otro trabajo, el término griego cathós se refiere a la culturadel hombre in-tegral y jamás puede interpretarse, tal como lo ha hecho la Iglesia católica, en el sentido deuniversalidad de la estructura que se creó a partir del mensaje de Jesús. La palabra catholikós designa a lapersona realizada en su profundidad y plenitud humana, a la persona evangélica según las Escrituras;pero ser «católico», de acuerdo a la deformación del término dada por la institución eclesial, no es más queconstituirse en un seguidor burocratizado de una estructura humana denominada Iglesia católica y, por ellomismo, al tenerse como referente a una institución en lugar del mensaje de los Evangelios, ser católicodesigna un comportamiento estrictamente antievangélico. Jesús, al contrario de lo que hace la Iglesia católica, jamás se arrogó ningún exclusivismo para símismo, tal como queda bien patente en el siguiente pasaje: «Díjole Juan: Maestro, hemos visto a uno queen tu nombre echaba los demonios y no es de nuestra compañía; se lo hemos prohibido. Jesús les dijo: Nose lo prohibáis, pues ninguno que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí. El que no estácontra nosotros, está con nosotros» (Mc 9,38-40). Y el mismo texto se reproduce en Lc 9,49-50. Pero la Iglesia católica hace caso omiso de estos versículos de Marcos y Lucas (que, además, 222silencia) y se complace en afirmar que «Sólo la identidad divina de la persona de Jesús puede justificar 223una exigencia tan absoluta como ésta: "El que no está conmigo está contra mí" (Mt 12,30)», empleandola cita para atribuirse la exclusiva de la ortodoxia de la fe cristiana y del camino salvífico. Lo terrible, denuevo, es que la Iglesia miente a sabiendas haciéndole decir a Jesús aquello que nunca quiso expresar. Elversículo de Mateo dice: «El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge,desparrama» (Mt 12,30), pero estas palabras han sido manipuladas y sacadas de su contexto original parapoder darles el significado que interesa a la Iglesia, que es justo el contrario del que afirmó Jesús en esepasaje. Veamos: En este relato de Mateo, Jesús es acusado por los fariseos de arrojar los demonios mediante el poderdel «príncipe de los demonios», a lo que él contesta: «Y si yo arrojo a los demonios con el poder deBeelzebul, ¿con qué poder los arrojan vuestros hijos? Por eso serán ellos vuestros jueces. Mas si yo arrojoa los demonios con el Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Pues cómopodrá entrar uno en la casa de un fuerte y arrebatarle sus enseres si no logra primero sujetar al fuerte? Yaentonces podrá saquear su casa. El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge,desparrama. Por eso os digo: Cualquier pecado o blasfemia les será perdonado a los hombres, pero lablasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. Quien hablare contra el Hijo del hombre será perdonado;pero quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero» (Mt 12,27-32). Con la lectura del pasaje completo cambia radicalmente la interpretación de Mt 12,30, ya que lo queJesús afirmó es que todo lo que es bueno procede del Espíritu Santo —no de él (Jesús)—, al que él declaraestar unido, y que, en consecuencia, quienes no «recogen» con el Espíritu —no con Jesús, que rehusa 224ponerse como centro de nada— se oponen a Dios —no a él— y «desparraman». Dado que el Espíritu de Dios no es patrimonio de nadie, la conclusión no es la de que «el que no estáconmigo está contra mí», base del exclusivismo de la Iglesia católica, sino justo la contraria, la de que «el221 Cfr. Rodríguez, P. (1995). Op. cit.,p. 41.222 En el Catecismo, por ejemplo, no figura ni una sola referencia a los versículos de Mc 9,38-40 y Lc 9,49-50.223 Cfr. Santa Sede (1992). Op. cit., p. 138, párrafo 590. 224 Debe destacarse que Jesús aparece aquí en comunión total con el Espíritu Santo, y ello implica, para el creyente, que por estar buscando elbien (cuya fuente es el Espíritu) se está ya con Jesús, pero no al revés. 110
  • 111. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaque no está contra nosotros, está con nosotros», fuente de la universalidad del mensaje cristiano (y antítesisdel universalismo particularista de la Iglesia católica). Así que, ni «católica» significa «universal» ni el Jesús de los Evangelios pretendió que su mensajetuviese ningún carácter personalista, exclusivista o de obligada imposición universal. Cuando Jesús, segúnJuan, afirmó que «la verdad os hará libres», no añadió a continuación, que sepamos, «pero os esclavizaráa la voluntad de la Iglesia». La Iglesia católica, resulta obvio, no sigue a Jesús. 9 Jesús prohibió explícitamente el clero profesional... pero la Iglesia católica hizo del sacerdote un asalariado «diferente al resto de los hombres y especialmente elegido por Dios» Los fieles católicos llevan siglos creyendo a pies juntillas la doctrina oficial de la Iglesia que presenta alsacerdote como a un hombre diferente a los demás —y mejor que los laicos—, «especialmente elegido porDios» a través de su vocación, investido personal y permanentemente de sacro y exclusivo poder paraoficiar los ritos y sacramentos, y llamado a ser el único mediador posible entre los humanos y Cristo. Pero 225esta doctrina, tal como sostienen muchos teólogos, entre ellos José Antonio Carmona, ni es de fe, nitiene sus orígenes más allá del siglo XIII o finales del XII. La Iglesia primitiva, tal como aparece en el Nuevo Testamento, no tiene sacerdotes. En ninguna de laslistas de carismas y ministerios —Rom 12,6-7; I Cor 12,8-10 o Ef 4,7-11— aparece el sacerdocio; jamás sedesigna como tales a los responsables de las comunidades y menos aún se mencionan templos osantuarios a los que dichos individuos tuviesen que estar adscritos, así como tampoco se expresan leyes ,rituales a cumplir ni liturgias para oficiar. Es justo la imagen opuesta a la consagrada por el sacerdocio delAntiguo Testamento; por eso los evangelistas sólo emplean el concepto de sacerdote para referirse a loslevitas de la tradición veterotes-tamentaria (Mc 1,44; 2,26 y Lc 1,5). La Epístola a los Hebreos (atribuida tradicionalmente a san Pablo, pero cuya autoría está descartada,siendo Apolo, uno de sus colaboradores, el redactor más probable) es el único texto del Nuevo Testamento 226donde se aplicó a Cristo el concepto de sacerdote —hiereus —, pero se empleó para significar que elmodelo de sacerdocio levítico ya no tenía sentido desde entonces. «Tú [Cristo] eres sacerdote para siempre 227según el orden de Melquisedec» (Heb 5,6; 7, 15-19), no según el orden de Aarón. Otros versículos (Heb5,9-10; 7,21-25) dejaron también sentado que Jesús vino a abolir el sacerdocio levítico —que era tribal y decasta (personal sacro), dedicado al servicio del templo (higar sacro), para ofrecer sacrificios durante lasfiestas religiosas (tiempo sacro)— y a establecer una fraternidad universal que rompiera la línea de poder 228que separaba lo sacro de lo profano. No deja de ser trágico —por lo absurdo— que en los seminarios de la Iglesia católica, hasta la décadade 1960, se haya justificado la figura del sacerdote, «como hombre separado de los demás», y la necesidadde los ritos en el versículo de Hebreos que dice: «Pues todo pontífice tomado de entre los hombres, en 225 Cfr. Carmona, J.A. (1994). Los sacramentos: símbolos del encuentro. Barcelona: Ángelus, capítulo VII. 226 Hiereus es el término que se empleaba en el Antiguo Testamento para denominar a los sacerdotes de la tradición y a los de las culturas nojudías; su concepto es inseparable de las nociones de poder y de separación entre lo sagrado y lo profano (valga como ejemplo, para quienesdesconozcan la historia antigua, el modelo de los sacerdotes egipcios o de los diferentes pueblos de la Mesopotamia que, con más o menos fortuna, hapopularizado el cine). 227 Melquisedec, un no judío e incircunciso, fue un rey y sacerdote del «Altísimo» (élyon) —nombre divino que, como ya vimos, figuraasociado al gran dios cananeo El—, del que se dice en Gén 14,18-19: «Y Melquisedec, rey de Salem, sacando pan y vino, como era sacerdote delDios Altísimo, bendijo a Abraham...» 228 «Porque el hombre es el templo vivo (no hay espacio sagrado), para ofrecer el sacrificio de su vida (toda persona es sagrada), en ofrendaconstante al Padre (no hay tiempos sagrados)», argumenta el teólogo José Antonio Carmona en Op. cit. 111
  • 112. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicafavor de los hombres es instituido para las cosas que miran a Dios, para ofrecer ofrendas y sacrificios porlos pecados» (Heb 5,1). El texto reproducido está definiendo lo que era el sacerdocio judaico y se refiere al sumo sacerdote —no al sacerdote común— identificándolo como «tomado» —eso es «señalado» o «escogido»; no «apartado»o «separado» tal como lo tergiversa la Iglesia— de entre la comunidad humana, que era una forma clara dediferenciarlo del sacerdocio de Cristo «instituido no en virtud del precepto de una ley carnal, sino de unpoder de vida indestructible» (Heb 7,16). El capítulo acaba derogando este tipo de sacerdocio cultual yestableciendo el «que no necesita, como los pontífices, ofrecer cada día víctimas (...) pues esto lo hizo unasola vez ofreciéndose a sí mismo» (Heb 7,27). Resulta patético que la Iglesia haya justificado el estatus desu clero y la necesidad de los ritos en un texto en el que se afirma precisamente lo contrario, en el queJesús los declaró abolidos. 229 En textos neotestamentarios como el Apocalipsis (Ap 1,6; 5,10; 20,6) o la I Epístola de SanPedro (I Pe 2,5)230 el concepto de hiereus/sacerdote ya no se aplicó limitándolo a determinados ministrossacros de un culto sino que, por el contrario, se le hizo aparecer de modo claro como una potestad propiade todos los bautizados, eso es de cada uno de los miembros de ekklesía o comunidad de creyentes enCristo. Tal como sostiene el teólogo católico Julio Lois, «Cristo, único sacerdote y mediador, no ha llegado aserlo por ritos externos, ni por ofrecimientos de sacrificios rituales, sino por la fidelidad de su vida. En efecto,fue su vida entera el "sacrificio" agradable al Padre y él mismo el sacerdote que la ofreció.Sacerdote yvíctima. Se inaugura así una nueva figura sacerdotal, vinculada al sacrificio situado en un nivel personal,exis-tencial. Las nociones de templo, culto, sacrificio... han de ser seriamente reconsideradas para serasumidas en la iglesia de Jesús. Al ministro cristiano sólo puede atribuírsele un ministerio sacerdotal, si seconecta con ese único sacerdocio de Cristo, y, por ello, y para evitar riesgos de sacralización o de"rejudaización", si se quiere seguir recurriendo a un léxico sacerdotal, parece más conveniente hablar de 231"ministerio sacerdotal" que de "sacerdocio ministerial" o "sacerdote" sin más». El desarrollo histórico del cristianismo, sin embargo, fue dejando progresivamente en el olvido lavoluntad de Jesús —recogida en textos del Nuevo Testamento como los citados— hasta pervertirlatotalmente. Fue, sin duda, por necesidades de organización y coordinación, que todos los grupos cristianos,desde su origen, tuvieron que contar con algún tipo de organización y con personas —conocidas como«apóstoles», «profetas», «maestros» «pastores», «evangelistas» u otras denominaciones— que asumíanun papel principal en las diferentes tareas a realizar. En toda comunidad —ekklesía— derivada de los apóstoles, eso es de cariz judeocristiano, lapresidencia del colectivo la retenía un colegio de presbíteros (según el modelo colegial de las sinagogasjudías), pero no tardó en aparecer la figura del obispo o episcopoi —vigilante o supervisor— que, al menosdurante la primera época, no fue un cargo con atributos diferentes respecto a los diáconos oadministradores (Flp 1,1) y los presbíteros (Tit 1,5-7; Act 20,17 y 28; I Pe 5,1-2) y que, por supuesto,estaba aún muy lejos de parecerse al obispo monárquico en que finalmente se transformaría. En otras comunidades, como las fundadas por Pablo, eran sus colaboradores —los designadosgenéricamante como synergountes y opioontes— quienes cuidaban de la marcha y necesidadesorganizacionales del grupo. De todas formas, en su origen, los cargos eclesiales tenían una connotación de 232servicio a la comunidad, de estar por debajo de ella y no al revés, tal como sucede desde hace siglos. 229 «Al que nos ama, y nos ha absuelto de nuestros pecados por virtud de su sangre. Y nos ha hecho reyes y sacerdotes de Dios, su Padre, a Él lagloria y el imperio por los siglos de los siglos, amén» (Ap 1,5-6); «porque fuiste degollado y con tu sangre has comprado para Dios hombres de todatribu, lengua, pueblo y nación, y los hiciste para nuestro Dios reino y sacerdotes, y reinan sobre la tierra» (Ap 5,9-10); «Bienaventurado y santo el quetiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Élpor mil años» (Ap 20,6).230 «Vosotros [los cristianos], como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales,aceptos a Dios por Jesucristo» (I Pe 2,5).231 Cfr. Lois, J. (1993). «El ministerio presbiterial al servicio de la iglesia de Jesús en el momento actual: Experiencias y proyección.» Tiempo deHablar (56-57), p. 25.232 En la Vulgata se tradujo el término griego «diácono» por el latino «ministro» (de minus-ter, que significa el que está debajo, al servicio de losdemás, el que elige ser menos en comparación con otros). La Iglesia católica, en cambio, asoció al «ministro» su significado absolutamente opuesto,el de magis-ter, que indica posición de superioridad o de rango y mando. 112
  • 113. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica «Al lado de estos ministerios fundamentales, las Iglesias del siglo III multiplicaron las funciones másmodestas, mediante las cuales un buen número de fieles eran asociados a la vida de la comunidad:lectores, documentados desde el siglo II; subdiáconos; "acólitos", asimilados en Occidente a lossubdiáconos; exorcistas; porteros; enterradores; y, en las ciudades importantes, catequistas. Estasfunciones diversas no constituían una especie de cursus honorum sacerdotal, como más tarde ocurriría; setrataba más bien de confiar tareas concretas a personas cualificadas que las desempeñaban de manera 233permanente.» En los primeros tiempos, sin embargo, la manera en que los creyentes cristianos concebían su relacióncon los responsables de sus comunidades variaba mucho de un lugar a otro. Así, por ejemplo, a finales delsiglo I d.C., Clemente, obispo de Roma, en su I Epístola, tuvo que emplearse a fondo para intentarconvencer a los fieles de Corinto no sólo de que no debían prescindir de sus dirigentes sino que, además,era obligación suya el mantenerlos; para sus propósitos, Clemente tuvo que recurrir al modelo desacerdocio israelita bíblico —el prototipo levítico que Jesús, según el Nuevo Testamento, declaró abolido—para situar en él la raíz desde la que arrancaba la misión y justificación del clero cristiano. Por el contrario,un poco más tarde, hacia el año 110 d.C., otra carta, ésta de Ignacio, obispo de Antioquía, muestra que enaquella iglesia existía el cargo de obispo único y que éste estaba revestido de la máxima autoridad ante laasamblea de fieles y era acreedor de un respeto propio del mismo Dios. Desde esos días, sin embargo, fue fortaleciéndose la tendencia a constituir jerarquías eclesiásticasque, hacia finales del siglo II y comienzos del III d.C., acabaron por ser habituales en casi todos lados,estando conformadas por un obispo local y sus respectivos presbíteros o ancianos y diáconos. Losdesignados por la comunidad para servir en un cargo eclesial eran previamente ordinati a través de unaimposición de manos (ordinatio) que les confería el título de ordo. El ordo, en realidad, era una institución del Imperio romano—que tenía tres títulos: el ordo senatorum(aplicado a senadores y gobernantes en general), el ordo equitum (usado para los caballeros y notables) yel ordo plebejus (que designaba al pueblo llano, a los plebeyos)— que los responsables cristianos del sigloIII d.C. comenzaron a aplicarse a sí mismos para distinguir como ordo a los ministros —que cada vez eranmenos minus-ter y más magister— frente al resto de la comunidad, denominada plebs. El concepto deordo, que equiparaba a los ministros con notables y los situaba por encima de la ekklesía (asamblea defieles), es absolutamente contrario al espíritu neotestamentario y fue propagado fundamentalmente por san 234Cipriano (200-258 d.C.), el obispo de Cartago que hizo decapitar Valeriano. El paso siguiente fue sacralizar a los ministros; para ello, de la mano de san Cipriano, se les comenzó adenominar como "sacerdotes" según el concepto de sacerdocio hebreo del Antiguo Testamento. Laconsecuencia inmediata fue anular de hecho la revolución social y religiosa que en este aspecto habíaaportado el Nuevo Testamento y forzar que, en ade4 lante, los sacerdotes cristianos fuesen consideradospersonas sagradas, consagradas, eso es distintas y separadas del resto de los fieles. En general, el términosacerdote no se aplicó habitualmente a los ministros hasta después del concilio de Nicea (325) y no seimpuso mayoritariamente hasta el siglo V; primero se empleó en referencia a los obispos y luego a lospresbíteros. Pero tal como ya hemos apuntado, y contrariamente a lo que es creencia general entre la gran mayoríade los católicos, es una evidencia histórica irrefutable la afirmación del dominico y gran teólogo belgaEdward Schillebeeckx en el sentido de que «no puede decirse que los obispos, presbíteros y diá-conos hansido instituidos por Cristo. Son una evolución. Es a partir de la segunda mitad del siglo segundo quetenemos el episcopado, el presbiteriado y el diaconado como existen hoy. (...) En los documentos delVaticano II —ya lo había insinuado el concilio de Trento— no se dice ya que son una institución de Cristo.El concilio de Trento utilizó la expresión por disposición divina, es decir, que habían evolucionadohistóricamente por la acción de Dios. Trento corrigió la ex-presión por institución divina, prefiriendo la 235expresión por disposición divina. El Vaticano II ha elegido una tercera expresión: desde antiguo, es233 Cfr. Historia de las Religiones. Siglo XXI, Vol. 5, p. 393.234 La influencia de los escritos de Thascius Caecilius Cyprianus en el catolicismo occidental ha sido enorme. Debido a su formación y rango(probablemente ordo senatorum) aplicó su mentalidad jurídica para con-ceptualizar la estructura de la Iglesia de Roma. En uno de sus tratados, Decatholicae ecclesiae unitate, san Cipriano afirma que la Iglesia fundada en la comunidad de los obispos es el único instrumento de salvación para elhombre.235 Cfr. la Constitución Lumen Gentium, núm. 28. 113
  • 114. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicadecir, desde la antigüedad, porqué de hecho la articulación jerárquica de la Iglesia ha evolucionado 236siguiendo leyes sociológicas». Se requiere una desvergüenza formidable para mantener durante veinte siglos que el sacerdocio habíasido instituido por Cristo —con el paso intermedio dado en el siglo XVI de considerarlo un «arreglo inspiradopor Dios»— y, finalmente, sin sonrojo ninguno, reconocer que no fue más que una mera cuestiónadministrativa que devino costumbre; una confesión de engaño que, obviamente, pocos han llegado aconocer al margen de los teólogos, ya que la Iglesia católica, ante la masa de fieles, ha seguido arropando a 237su clero con el sello de la divinidad. En los primeros siglos del cristianismo, la eucaristía, eje litúrgicocentral de esta fe, podía ser presidida por cualquier varón —y también por mujeres— pero,progresivamente, a partir del siglo V, la costumbre fue cediendo la presidencia de la misa a un ministroprofesional, de modo que el ministerio sacerdotal empezó a crecer sobre la estructura socio-administrativaque se denomina a sí misma sucesora de los apóstoles —pero que no se basa en la apostolicidadevangélica— en lugar de hacerlo a partir del acto sacramental básico (la eucaristía). A pesar de todo, durante el primer milenio aún se mantuvo vigente el principio enunciado por san LeónMagno: «El que ha de presidir a todos, debe ser elegido por todos», es decir, que sólo la comunidad teníapotestad para elegir y/o deponer a sus líderes religiosos. En los días de san Cipriano de Cartago eracomúnmente aceptado que cada comunidad cristiana tenía potestad por derecho divino para elegir a suspropios ministros y, en caso de que se comportaran de manera indigna, también estaban facultados para 238expulsarles, incluyendo a los mismísimos obispos. Esta concepción que la primitiva Iglesia cristiana tenía de sí misma —ser «una comunidad de Jesús»—fue ampliamente ratificada durante los siglos siguientes. Así, por ejemplo, resulta fundamental recordar elcanon sexto del concilio de Calcedonia (451) que fue bien claro al estipular que «nadie puede ser ordenadode manera absoluta —apolelymenos— ni sacerdote, ni diácono (...) si no se le ha asignado claramente unacomunidad local». Eso significaba que cada comunidad cristiana elegía a uno de sus miembros para ejercercomo pastor y sólo entonces podía ser ratificado oficialmente median-te la ordenación e imposición demanos; lo contrario, que un sacerdote les viniese impuesto desde el poder institucional como mediador 239sacro, resultaba absolutamente herético (un sello que, estricto sensu, debe ser aplicado hoy a lasfábricas de curas que son los seminarios). En esos días el centro de la Iglesia aún estaba en la comunidadde fieles, pero a partir de los siglos XI y XII los creyentes quedaron absolutamente relegados. El papaGregorio VII (1073-1085), influido por su pasado como monje de Cluny, reservó el nombramiento de I 240obispos al Papa y el de sacerdotes a los obispos. En el concilio III de Letrán (1179) —que también puso los cimientos de la Inquisición— el papaAlejandro III forzó una interpretación restringida del canon sexto de Calcedonia y cambió el original titulusecclesiae —nadie puede ser ordenado si no es para una Iglesia concreta que así lo demandepreviamente— por el beneficium —nadie puede ser ordenado sin un beneficio (salario gestionado por lapropia Iglesia) que garantice su sustento—. Con este paso, la Iglesia católica traicionó absolutamente el236 Cfr. Schillebeéckx, E. (1981). Le ministere dans lEglise. Parísi Editions du Cerf, pp. 109-110.237 Una «divinidad» que durante los tres primeros siglos de cristianismo no fue reconocida como tal. Así, por ejemplo, san Jerónimo, uno de losprincipales padres de la Iglesia y traductor de la Biblia al latín (Vulgata), jamás aceptó el clero como de institución divina y, a más abundamiento,nunca se dejó ordenar obispo; dado que en los Evangelios sólo se especifican las funciones del diaconado y presbiteriado, san Jerónimo defendía queser obispo equivalía a estar fuera de la Iglesia (entendida en su significado auténtico y original de Ekklesía o asamblea de fieles).238 Sirva de contrapunto el saber que, según el Código de Derecho Canónico vigente, los obispos actuales, que sólo pueden ser nombrados por elPapa, no pueden ser depuestos por él, ni aun en el caso de darse circunstancias graves; así, por ejemplo, el canon 401.2 es bien expresivo a esterespecto: «Se ruega encarecidamente al obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedasedisminuida su capacidad para desempeñarlo.» Un obispo demente, pongamos por caso, no puede ser despedido jamás de su cargo; o bien renunciavoluntariamente o, como máximo, se le puede trasladar a «ninguna parte», eso es que se le nombra obispo de una diócesis que sólo tiene existencianominal y no real.239 Y así lo calificaban ya padres de la Iglesia como san Agustín (354-430) en sus escritos (Cfr. Contra Ep. Parmeniani, II,8).240 La regla de Cluny tenía como ideal supremo el de la libertad y proclamaban que la única fuerza de la que dependían era Dios y su representante enla tierra, el sucesor de Pedro; se declaraban, por tanto, fuera del alcance de las normas reales o imperiales. Dado que Gregorio VII creía que sólo elPapa tenía potestas directa para nombrar los cargos clericales, en un sínodo reunido en Roma, del 24 al 28 de febrero de 1075, prohibió las«investiduras laicas». El fin de tal decreto era acabar con la simonía —compra y venta de cargos religiosos que conllevan beneficios materiales,prestigio social y situación de poder o privilegio— practicada por los príncipes, pero el resultado fue más bien trágico a largo plazo: para estar encondiciones de poder coaccionar a los príncipes y someterles a la voluntad papal, Gregorio VII impuso a la Iglesia el camino que la condujo hasta laadquisición desmedida de riqueza y poder temporal; por otra parte, si bien es cierto que atajó la simonía laica, también lo es que con ello abrió lapuerta a la simonía de los prelados católicos, que ha demostrado con creces ser inmensamente peor. 114
  • 115. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia CatólicaEvangelio y, al priorizar los criterios económicos y jurídicos sobre los teológicos, daba el paso decisivopara asegurarse la exclusividad en el nombramiento, formación y control del clero. Poco después, en el concilio IV de Letrán (1215), el papa Inocencio III cerró el círculo al decretar que laeucaristía ya no podía ser celebrada por nadie que no fuese «un sacerdote válida y lícitamente ordenado».Habían nacido así los exclusivistas de lo sacro, y eso incidió muy negativamente en la mentalidad eclesialfutura que, entre otros despropósitos, cosificó la eucaristía —despojándola de su verdadero sentidosimbólico y comunitario, reduciendo a los fieles a ser meros espectadores y consumidores de un acto ritualque les resultaba ajeno— y añadió al sacerdocio una enfermiza —aunque muy útil para el control social—potestad sacro-mágica, que sirvió para enquistar hasta hoy su dominio abusivo sobre las masas decreyentes inmaduros y/o incultos. Otra consecuencia fue que el clero se llenó de vagos deseosos de vivirsin trabajar —ya que eran mantenidos y no debían ganarse el sustento por ellos mismos corno había hechola gran mayoría de los sacerdotes anteriores— que abocaron a la Iglesia hasta la etapa de corrupción sinigual de los siglos XIV y XV, desencadenante de la Reforma protestante liderada por Lutero. El famoso concilio de Trento (1545-1563), en su sección 23, refrendó definitivamente esta mistificacióndel sacerdocio como potestad sagrada, y la llamada escuela francesa de espiritualidad sacerdotal, en elsiglo XVII, acabó de crear el concepto de casta del clero actual: sujetos sacros en exclusividad y forzados avivir segregados del mundo laico. Este movimiento doctrinal, pretendiendo luchar contra los vicios del clerode su época, desarrolló un tipo de vida sacerdotal similar a la monacal (hábitos, horas canónicas, normas devida estrictas, tonsura, segregación, etc.), e hizo, entre otras cosas, que el celibato del clero pasase a serconsiderado como de derecho divino y, por tanto, obligatorio, dando la definitiva vuelta de tuerca al edictodel concilio III de Letrán que lo había considerado una simple medida disciplinar (paso ya muy importante depor sí porque rompía con la tradición dominante en la Iglesia del primer milenio, que tenía al celibato comouna opción puramente personal). El papa Paulo VI, en el concilio Vaticano II, quiso remediar el abuso histórico de la apropiación indebiday exclusiva del sacerdocio por parte del clero, cuando, en la Lumen Gentium, estableció que «todos losbautizados, por la regeneración y unción del Espíritu Santo, son consagrados como casa espiritual ysacerdocio santo. (...) El sacerdocio común de los creyentes y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunquedifieren en esencia y no sólo en grado, sin embargo se ordenan el uno al otro, pues uno y otro participan,cada uno a su modo, del único sacerdocio de Cristo». En síntesis —aunque sea entrar en una clave teológica muy sutil, pero fundamental para todo católicoque quiera saber de verdad qué posición ocupa dentro de esta Iglesia autoritaria—, el sacerdocio común(propio de cada bautizado) pertenece a la koinonía o comunión de los fieles, siendo por ello una realidadsustancial, esencial, de la Iglesia de Cristo; mientras que el sacerdocio ministerial, como tal ministerio,pertenece a la diakonía o servicio de la comunidad, no a la esencia de la misma. En este sentido, el Vaticano II restableció la esencia de que el sacerdocio común, consustancial a cada 241bautizado, es el fin, mientras que el sacerdocio ministerial es un medio para el común. El dominioautoritario del sacerdocio ministerial durante el último milenio, tal como le queda claro a cualquier analista,ha sido la base de la tiránica deformación dogmática y estructural de la Iglesia, de la pérdida del sentidoeclesial tanto entre el clero como entre los creyentes, y de los intolerables abusos que la institución católicaha ejercido sobre el conjunto de la sociedad en general y sobre el propio clero en particular. Pero tal comosalta a la vista, el pontificado de Wojtyla y sus adláteres (Opus Dei y otros grupos altamente reaccionarios)ha luchado a muerte para sepultar de nuevo la realidad que afloró el Vaticano II y ha reinstaurado lasfalacias trentinas que mantienen todo el poder bajo las sotanas. En el centro de la Iglesia, contrariamente a lo que marcan los Evangelios, sigue sin estar la figura deJesús, ya que el puesto central permanece usurpado por el clero (papa, obispos y sacerdotes, cada uno ensu respectivo ámbito de reinado eclesial). La peor cruz de Jesús no fue la de su ejecución por los romanos, ni mucho menos; sin duda leresultaría mucho más trágica y dolorosa la cruz de un clero que tiene la desfachatez de presentarse comocontinuador de su obra y mediador suyo ante la humanidad. Justo lo contrario de lo que sucede realmente. Ya a finales del siglo I Clemente distinguía el klerikósdel laikós, pero no como dos estratos sociales separados sino como dos funciones dentro de una misma241 En el documento Lumen Gentium no sólo se indica así por su contenido sino por el mismo orden de sus capítulos que, según su importanciadecreciente, trata de la Iglesia presentada y comprendida como el nuevo Pueblo de Dios (9), pueblo sacerdotal (10-11), dentro del cual suscita elEspíritu diversidad de carismas y ministerios (12), y también el ministerio jerárquico (18). Lo primero y fundamental es la comunidad de fieles, lajerarquía es accesoria y debe estar al servicio de la comunidad. 115
  • 116. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacomunidad fraternal; la diferencia radicaba en que los clérigos habían asumido un minis-terio de serviciorespecto a los laicos. 10 El Nuevo Testamento niega los templos como «casa de Dios» y la misa como «sacrificio continuo y real de Jesús», pero la Iglesia católica dice y hace justo lo contrario Jesús, según Mt 6,5-7, le dijo a sus discípulos: «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, quegustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para ser vistos de los hombres; enverdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tu cámara, y, cerrada lapuerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. Yorando, no seáis habladores, como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar.» Jesús,por tanto, habló de encerrarse en la habitación privada para rezar, no de ir a un templo u otro lugar público. San Pablo, estando en Atenas, en medio del Areópago, afirmó: «El Dios que hizo el mundo y todas lascosas que hay en él, ése, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por mano delhombre, ni por manos humanas es servido, como si necesitase de algo, siendo Él mismo quien da a todosla vida, el aliento y todas las cosas. (...) Él fijó las estaciones y los confines de las tierras por elloshabitables, para que busquen a Dios y siquiera a tientas le hallen, que no está lejos de cada uno denosotros, porque en Él vivimos y nos movemos y existimos. (...) Porque somos linaje suyo» (Act 17,24-28).Si Dios no habita en los templos, según la inspirada palabra del mismo Dios expresada a través de Pablo,carece de todo sentido que se le busque en las iglesias. Pero a más abundamiento, san Pablo no sólo negó la presencia de Dios en los locales llamadostemplos sino que afirmó que el templo de Dios reside en cada uno de los cristianos: «¿No sabéis que soistemplo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le 242aniquilará. Porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» (I Cor 3,16-17). 243 Cuando Jesús indicó de qué manera podía ganarse la vida eterna no habló para nada de ir a misa,ni de celebrar actos rituales de ninguna clase ya que, antes al contrario, puso todo su empeño en eliminar elritualismo vacuo y burocratizado de la religión que él profesó, esto es del judaismo. El concepto de la misaes absolutamente contrario a la mentalidad del Jesús del Nuevo Testamento. A este respecto recordaremos la opinión del teólogo católico Julio Lois, citada en el capítulo anterior,cuando afirma que «Cristo, único sacerdote y mediador, no ha llegado a serlo por ritos externos, ni porofrecimientos de sacrificios rituales, sino por la fidelidad de su vida. En efecto, fue su vida entera el"sacrificio" agradable al Padre y él mismo el sacerdote que la ofreció. Sacerdote y víctima. Se inaugura asíuna nueva figura sacerdotal, vinculada al sacrificio situado en un nivel personal, existencial. Las nociones detemplo, culto, sacrificio... han de ser seriamente reconsideradas para ser asumidas en la iglesia de 244Jesús.» Desde el punto de vista histórico, el concepto de «iglesia» como lugar físico destinado al culto divino —equivalente, por tanto, a los templos paganos— es bastante tardío. Hacia finales del siglo III, comoresultado de los intentos anteriores de alcanzar una organización eficaz para las iglesias cristianas enexpansión y producto de la tolerancia con que el Imperio romano trataba a la nueva religión, en las grandes 242 De este versículo, además, se infiere una clarísima y absoluta prohibición de matar o ejecutar a un ser humano bajo ninguna circunstancia,aspecto que la Iglesia católica ha vulnerado de forma criminal durante buena parte de su historia y que aún hoy ignora al justificar, en su Catecismo,la pena de muerte (Cfr. su párrafo 2.266 y siguientes). 243 243. Cfr. Mt 19,16-26; Mc 10,17-27 y Lc 18,18-27. 244 Cfr. Lois, J. (1993). Op. cit., p. 25. 116
  • 117. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaciudades comenzaron a surgir lugares de reunión, repartidos por barrios, destinados a la formación religiosade los fieles bajo la dirección de un presbítero; con el paso del tiempo, estos centros acabaron porconvertirse en un lugar de culto donde se celebraba la eucaristía, bajo la presidencia de un presbítero —unafunción que hasta entonces sólo podía recaer en los obispos—, y fueron denominados tituli en Roma yparoikiai (parroquias)245 en otros lugares. De este modo el culto cristiano empezó a concebirse cada vezmás como una ceremonia pública, con lo que comenzó también a aumentar el número de sacerdotes en lasciudades al tiempo que las parroquias iban extendiéndose por todos los barrios. A partir de los días del emperador Constantino comenzó a producirse la metonimia de la palabra«iglesia», que pasó a designar tanto a la comunidad de los creyentes —ekklesía— como al local en queéstos se reunían (antes denominado como templum, aedes, etc.). Constantino, el más grande impulsor del catolicismo y del alejamiento de la doctrina de Jesús, hizoerigir iglesias por todas partes de su Imperio y, tal como le escribió a Eusebio, «todas ellas deben ser dignasde nuestro amor al fasto»; el emperador desvió recursos públicos, aun haciendo pasar miseria al pueblo,para que las iglesias fuesen construidas con todo tipo de materiales nobles, cursando orden a losgobernadores para que las donaciones «fuesen abundantes, y aun sobreabundantes», mandando aumentar«la altura de las casas de oración, y también la planta (...) sin escatimar gastos, y acudiendo al erarioimperial cuando fuese preciso para cubrir el coste de la obra»... La modestia que caracterizó la actuación deJesús y sus apóstoles acabó siendo convertida, por el megalómano Constantino, en la fastuosidad católicaque todos conocemos. Pero regresando a lo esencial, al rito básico que justifica la existencia de esos espacios físicos queconocemos como iglesias, cabe preguntarse: ¿fue Jesús quién instituyó la misa? La Iglesia católica así lomantiene, pero muchos millones de cristianos no católicos se oponen a tal pretensión y decenas deteólogos católicos lo ponen en duda o lo niegan abiertamente. En cualquier caso, la simple lectura de lostextos neo-testamentarios mostrará cuan alejada está la doctrina católica de aquello que se dice realmenteen ellos. La Iglesia católica afirma en su Catecismo que «el Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hastael fin. Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre, en el transcursode una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor (Jn 13,1-17). Para dejarles una prenda deeste amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles partícipes de su Pascua, instituyó la Eucaristíacomo memorial de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno, 246"constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento" (Cc. de Trento: DS 1740)». Y añade:«Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos alPadre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder delEspíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real y 247misteriosamente presente.» A continuación veremos cómo estas afirmaciones no tienen base neotestamentaria, ya que se apoyanen supuestas palabras de Jesús que han sido aisladas del contexto histórico en que fueron pronunciadas —y que le dieron un sentido bien específico— y, por ello, condujeron a la interpretación espuria que defiendela Iglesia católica. El pasaje conocido como la última cena de Jesús, donde éste se reunió con sus apóstoles, anunció la 248traición de Judas y, según la Iglesia católica, instituyó la eucaristía, figura en los cuatro evangelios. Así,en el de Mateo, por ejemplo, se relata: «El día primero de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús yle dijeron: ¿Dónde quieres que preparemos para comer la Pascua? (...) Mientras comían, Jesús tomó pan,lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando uncáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza, que será 245 El término paroikiai, de todas formas, en el siglo IV aún conservaba su significado original de diócesis. 246 Cfr. Santa Sede (1992). Catecismo de la Iglesia católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, párrafo 1.337, p. 309. Ver tambiénlos párrafos 1.338 a 1.344. 247 Ibíd.,p. 314,párrafo 1.357. 248 Cfr. Mt 26,17-29; Mc 14,12-25; Lc22,7-23;Jn 13,18-30 (en éste no figura el pasaje de la institución de la eucaristía y los detalles acerca dela cena son absolutamente discordantes con el relato de Mateo, Marcos y Lucas). Ver también 1 Cor 11,23-26. 117
  • 118. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicaderramada por muchos para remisión de los pecados. Yo os digo que no beberé más de este fruto de la vidhasta el día en que lo beba con vosotros de nuevo en el reino de mi Padre» (Mt 26,17-29). El texto de Lucas, sin embargo, es sustancialmente diferente: «Tomando el pan, dio gracias, lo partió yse lo dio, diciendo: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía.Asimismo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que esderramada por vosotros» (Lc 22,19-20). En Lucas no aparece la referencia pagana a la equivalencia del pan y el vino con el cuerpo y la sangrede Jesús y, punto fundamental, pidió que se le recordara—no que se le invocara a comparecerfísicamente— haciendo el mismo acto, levantando seguidamente el cáliz —eso es la copa que usó durantela cena—, lleno de «fruto de la vid» (Lc 22,18), en señal de una nueva alianza «en mi sangre» —no «con misangre»—; el hecho no puede interpretarse más que como un brindis —similar al que todos hemos hechodurante alguna ocasión solemne— con el que selló el acuerdo y la promesa que hizo ante sus discípulos,situando su aval «en mi sangre, que es [será] derramada» no «con mi sangre que estáis bebiendo en elcáliz». Al afirmar que la equivalencia eucarística católica es pagana estamos obligados a abrir un brevísimoparéntesis aclaratorio para poner sobre el tapete varios datos históricos. El rito eucarístico, en sus diversasformas, es uno de los más viejos actos de culto de la antigüedad y podemos encontrar an-tecedentes clarosdel sacramento cristiano en diversos cultos egipcios, persas, hindúes y también griegos. Entre los hierofantes helenos —reveladores de la ciencia sagrada y cabeza de los Iniciados en losMisterios—, la eucaristía tenía un significado parecido al que siglos después tendrá para los cristianos.Ceres (que representaba la fertilidad de la tierra, la regeneración de la vida que brota de la simiente) erasimbolizada por el pan y Baco (el dios del vino y de la uva/vendimia, representante de la sabiduría y elconocimiento) lo era por el vino. De hecho Baco era un dios que estaba dentro de la categoría de los diosessolares que, en diferentes culturas, cargaban con la culpa de la humanidad y eran muertos por ello yresucitados posteriormente. Los sacerdotes egipcios, en el culto a Isis, repartían entre los feligreses tortas de trigo sin levadura quetenían un significado parecido al de la hostia católica. El soma, la bebida sagrada que los brahmanespreparaban con el zumo fermentado de la rara planta Asclepias ácida, se correspondía con la ambrosía onéctar de los griegos y, en último término, con la eucaristía católica, puesto que, en virtud de ciertasfórmulas sagradas (manirás), el licor o soma se transustanciaba en el propio Brahmâ. El viril o custodia (receptáculo de metal para guardar la hostia consagrada, que suele tener grabadouna especie de sol radiante del que emanan rayos dorados en todas direcciones), que está en todas laiglesias cristianas, ya existía, con igual forma y función, en el culto mitraico originario de Persia. En sus ritos,el viril representaba al dios joven Mitra, como fuerza inmanente del Sol, concebido como regulador deltiempo, iluminador del mundo y agente de la vida. Tal como ya mostramos en otro capítulo, tan igual era elritual pagano de Mitra y el supuestamente instituido por Jesús que Justino (100-165), en su I Apología, sevio forzado a defenderse, ante quienes acusaban a los cristianos de plagio, afirmando: «A imitación de locual [de la eucaristía], el diablo hizo lo propio con los Misterios de Mitra, pues vosotros sabéis o podéissaber que ellos toman también pan y una copa de agua en los sacrificios de aquellos que están iniciados ypronuncian ciertas palabras sobre ello.» Hecho este inciso, volvamos al pasaje de la última cena según el relato de Mateo. En primer lugarcabe tener presente que Jesús y sus apóstoles, como judíos cumplidores de la Ley que eran, estabancelebrando la Pascua hebrea, una comida ritual anual que conmemoraba la liberación del pueblo hebreo dela esclavitud egipcia y la protección que les concedió Dios ante la décima y última plaga, que supuso la 249matanza de todos los primogénitos de Egipto. La cena, que debía componerse de cordero «sin defecto, macho, primal», inmolado «entre dos luces»,asado —«no comerán nada de él crudo, ni cocido al agua; todo asado al fuego»— y acompañado de«panes ácimos y lechugas silvestres », tal como había quedado establecido en Ex 12,3 -11, era de 249 «Convocó Moisés a todos los ancianos de Israel, y les dijo: "Tomad del rebaño para vuestras familias, e inmolad la Pascua. Tomando unmanojo de hisopo, lo mojáis en la sangre del cordero, untáis con ella el dintel y los dos postes, y que nadie salga fuera de la puerta de su casa hastamañana, pues pasará Yavé por Egipto, para castigarle, y viendo la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por vuestras puertas, y nopermitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir"» (Ex 12,21-23). Al margen de otras posibles consideraciones, parece que Dios no eracapaz de conocerlo todo, tal como nos dice la Iglesia, y precisaba de una vulgar marca para estar en condiciones de poder distinguir a los suyos de losegipcios. 118
  • 119. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicacumplimiento obligatorio: «Guardaréis este rito, como rito perpetuo para vosotros y para vuestros hijos. (...)Cuando os pregunten vuestros hijos "¿Qué significa para vosotros este rito?", les responderéis: "Es elsacrificio de la Pascua de Yavé, que pasó de largo, por las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuandohirió a Egipto, salvando nuestras casas"» (Ex 12,24-27). Cada elemento de esta cena pascual tenía un simbolismo concreto para el pueblo de Israel: el corderosacrificado rememoraba el haberse salvado del terrible juicio de Dios gracias a la exposición de su sangre; 250el pan ácimo (sin levadura), llamado «el pan de la aflicción», recordaba la prisa con la que tuvieron quehuir de Egipto; y el sabor amargo de las hierbas silvestres representaba el desagradable período deesclavitud pasado en Egipto. Ante esta mesa y dentro de este ritual judío estuvo Jesús con sus discípulos, y 251ello obliga a analizar el sentido de sus palabras dentro de este contexto histórico-religioso tan concreto. Cuando Jesús, según el texto de Mateo —y el de Marcos, que le sirvió de base— ofreció el pan y elvino como si fuesen su cuerpo y su sangre derramada, ¿puede pensarse que los apóstoles tomaron esaspalabras literalmente, tal como hacen los católicos en la eucaristía, y aceptaron que esos alimentosritualizados eran de verdad su cuerpo y su sangre real? Obviamente no. En primer lugar porque Jesús seguía ahí, vivo, junto a ellos, con todo su cuerpo de una pieza.Segundo, porque los judíos —y todos ellos lo eran— debían guardar reglas dietéticas estrictas que 252prohibían, entre otras cosas, ingerir cualquier alimento que contuviese sangre. En tercer lugar porque el propio Jesús acabó su parlamento diciendo que «no beberé más de este frutode la vid hasta el día en que lo beba con vosotros de nuevo en el reino de mi Padre», es decir, dejó dehablar de «mi sangre de la alianza» y mencionó expresamente el vino que era en realidad, aplazando elsiguiente brindis para después del advenimiento del «reino» —que Jesús, como ya mostramos, creía quesería de inmediato—. Y, por último, porque Jesús, según el texto que aparece solamente en Lucas—«haced esto en memoria mía»—, presentó todo el ritual eucarístico como un acto de conmemoración orecuerdo de su muerte inminente. Del texto evangélico, por tanto, no cabe extraer más sentido que el de lainvitación a una conmemoración equivalente a la de la Pascua judía que estaban rememorando juntos,aunque, obviamente, destinada a recordar el momento en que el pueblo de Israel fue «liberado de laesclavitud del pecado» por obra del nazareno. Pero no es menos cierto que en Juan se hace aparecer a Jesús diciendo: «En verdad, en verdad osdigo que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Elque come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne esverdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yoen él. Así como me envió mi Padre vivo, y vivo yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí»(Jn 6,53-57). Este texto, sin embargo, resulta terriblemente sospechoso si tenemos en cuenta quecontradice gravemente —hasta el absurdo— lo que se muestra de Jesús en los otros documentosneotestamentarios. El Evangelio de Juan, como ya sabemos, fue escrito muy tardíamente por un griego cristianizadopero obviamente influenciado por la cultura religiosa pagana oriental, en la que era muy normal elceremonial eucarístico de comer simbólicamente el cuerpo y la sangre del dios regenerador. Ni Jesús, nininguno de sus apóstoles, como judíos, se hubiesen atrevido jamás a hacer profesión de fe caníbal ante lamuchedumbre, también judía, a la que supuestamente se dirigieron esas palabras. Resulta obvio, por tanto,que este sorprendente pasaje no puede ser más que una creación literaria absolutamente ajena al espíritude Jesús y sus apóstoles; aunque, eso sí, fue muy bien pensada y diseñada para incitar la adhesión alnuevo culto del Jesús divinizado a las masas gentiles, habituadas a este tipo de creencias paganas. La doctrina actualmente vigente sobre el asunto que estas mos tratando se fijó en el famoso concilio deTrento (1545-1564), en cuyos tres primeros cánones se proclamó: «Si alguno dice que en la misa no se 250 Cfr. Dt 16,3. 251 Puesto que, además, tal como ya hemos mostrado a lo largo de este libro, no existía entonces más contexto histórico-religioso que éste; elcatolicismo aún tardaría varios siglos en aparecer.252 Sin tener que acudir a las muchas referencias que en este sentido figuran en el Antiguo Testamento, será suficiente recordar, por ejemplo, un textocomo el siguiente: «Porque ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros [se refiere a "los apóstoles y ancianos hermanos" que mandan la siguienteinstrucción a "sus hermanos de la gentilidad que moran en Antio-quía, Siria y Cilicia"] no imponeros ninguna otra carga más que estas necesarias: queos abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y de lo ahogado y de la fornicación, de lo cual haréis bien en guardaros. Salud» (Act15,28-29). Viendo estos versículos de los Hechos de los Apóstoles, queda claro que estas normas eran aún vigentes en la época posterior a la muertede Jesús, puesto que emanaron directamente de los apóstoles, y que su cumplimiento era obligatorio para todos los cristianos, ya fueran éstos judíos ogentiles. 119
  • 120. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica 253ofrece un sacrificio real y verdadero (...) sea anatema. Si alguno dice que por las palabras "Haced esto enmemoria mía" Cristo no instituyó a los apóstoles como sacerdotes, ni ordenó que los apóstoles y otrossacerdotes ofreciesen su propio cuerpo y su propia sangre, sea anatema. Si alguno dice que el sacrificio dela misa es sólo de alabanza y acción de gracias, o que es meramente una conmemoración del sacrificio 254consumado en la cruz pero no es propiciatorio, sea anatema.» El papa Pío XI, en su encíclica Ad Catholici Sacerdotii (1935), reforzó el dogma de que la misa eraun «sacrificio real» que tiene una «eficacia real» y afirmó que el sacerdote «tiene poder sobre el cuerpomismo de Jesucristo», al que «hace presente en nuestros altares» y luego «ofrece como víctimainfinitamente agradable a la Divina Majestad». Pocos años después, en 1947, el papa Pío XII, en suencíclica Mediator Dei, afirmó que el sacrificio eucarístico «representa», «establece de nuevo», «renueva»y «revela» el sacrificio de la crucifixión, que es «real y debidamente el ofrecimiento de un sacrificio» y que«en nuestros altares, él [Cristo] se ofrece a Sí mismo diariamente por nuestra redención». La primera cuestión a resaltar del dogma católico es que, según la Iglesia, en cada misa, cada día delaño, durante toda la historia pasada y futura, el sacerdote, que «tiene poder sobre el cuerpo mismo deJesucristo», le «hace presente en nuestros altares» y «él [Cristo] se ofrece a Sí mismo diariamente pornuestra redención»; siendo tal acto «real y debidamente el ofrecimiento de un sacrificio» propiciatorio, no unmero acto conmemorativo. Para poder contextualizar mejor el origen y desarrollo de este dogma debe recordarse el procesohistórico que hizo dar un giro total a la interpretación del llamado «Misterio del Cuerpo de Cristo». Según elteólogo católico José Antonio Carmona, «durante el primer milenio a la iglesia (local) se le llamó "verdaderocuerpo de Cristo" y a la eucaristía "cuerpo místico de Cristo", la relación del ministro era primero con elverdadero cuerpo y por medio de él con el místico. Pero al desplazarse el sacerdocio de la comunidad,gracias a su potestad sagrada, su relación con el cuerpo de Cristo se invirtió, se relacionó directamente conla eucaristía, que pasó a llamarse "verdadero cuerpo de Cristo", quedando para la Iglesia la asignación de"cuerpo místico". En esta inversión de términos influyó también la obsesión medieval por el "milagroeucarístico", por la presencia real de Cristo en la eucaristía, que llevó a la teología a "cosificar" elsacramento eucarístico, al que despojó de su contenido simbólico y eclesial; y al cosificar la eucaristía, hizolo propio con el "sacerdocio" dando muchas veces al sacerdote una potestad "casi mágica" con un olvido 255total del sentido comunitario». Este «poder» o «potestad casi mágica» que se arrogan los sacerdotes para invocar a voluntad lasupuesta presencia de Jesús-Cristo en el altar no deja de ser una presunción vana, prepotente y carente decualquier fundamento evangélico. Para analizar la cuestión del proclamado sacrificio diario de Cristo bastaráleer el Nuevo Testamento para darse cuenta de que falsea absolutamente el sentido de las Escrituras. 256 En la Epístola a los Hebreos se afirma con rotundidad: «Y tal convenía que fuese nuestro Pontífice[se refiere a Cristo], santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y más alto que los cielos; queno necesita, como los pontífices, ofrecer cada día víctimas, primero por sus propios pecados, luego por los 257del pueblo, pues esto lo hizo una sola vez ofreciéndose a sí mismo.» Es evidente que bastó conofrecerse a sí mismo «una sola vez», no a diario, tal como proclama necesario la Iglesia católica. Unos pocos versículos más adelante podemos leer: «Todo sacerdote está cada día en pie oficiando yofreciendo a menudo los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Mas éste, después deofrecer su único y definitivo sacrificio por los pecadores, se sentó "a la derecha de Dios" (...) Así, con unasola ofrenda, ha perfeccionado para siempre a los consagrados. De esto es también testigo el EspírituSanto, porque después de decir, "He aquí la alianza que pactaré con ellos después de aquellos días", diceel Señor: "Pondré mis leyes en su corazón, y en su mente las grabaré; y de sus pecados e iniquidades no253 Sea maldito o excomulgado.254 Resulta importante retener este concepto: se afirma que la eucaristía no sólo es un acto conmemorativo de la crucifixión de Jesús o una acción degracias —eucharistian significa el acto de «dar gracias»— por su redención, sino que es, ante todo, un sacrificio propiciatorio, eso es que Cristo seconvierte en una víctima real ofrecida a Dios.255 Carmona, J. A. (1989). «El sacerdocio, símbolo de unidad en la pluralidad.» Tiempo de Hablar (41), p. 12.256 En el texto original la palabra empleada es Sumo Sacerdote, no Pontífice, que aunque sea equivalente no implica para nada el mismo contexto.257 Cfr. Heb 7,26-27; la misma idea se refuerza en Heb 10,11-18. 120
  • 121. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicame acordaré ya." Ahora bien, donde hay absolución de estas cosas ya no se requiere ninguna ofrenda para 258expiar el pecado» (Heb 10,11-18). El sentido de los versículos de Heb 10,11-18 es único e inconfundible: Jesús-Cristo «después deofrecer su único y definitivo sacrificio por los pecadores» se sentó junto a Dios y dio por acabado susacrificio ya que «con una sola ofrenda, ha perfeccionado para siempre a los consagrados» y «ya no serequiere ninguna ofrenda para expiar el pecado». Si la palabra inspirada de Dios —que eso afirma laIglesia que son todos los textos de la Biblia— es categórica al anunciar que hubo un único y definitivo actosacrificial de Jesús y que ya no hace falta ninguno más para poder expiar el pecado, ¿qué fundamentopuede tener la doctrina católica oficial de que «en nuestros altares, él [Cristo] se ofrece a Sí mismodiariamente por nuestra redención» ? La respuesta es clara: carece de todo fundamento lícito ya que eldogma católico contradice y pervierte lo que se proclamó en el Nuevo Testamento. Encadenar al Jesús-Cristo a una función que las propias Escrituras declararon proscrita e inútil, sólopuede tener sentido bajo dos consideraciones: una relacionada con la coherencia mítica y la otra con larentabilidad de los mecanismos rituales de poder y control. La coherencia mítica implica que, al igual que el modelo pagano del dios solar joven que, como yamostramos, aportó los elementos legendarios que transformaron a Jesús en Jesús-Cristo, éste debesacrificarse a sí mismo a diario para, con su sangre y su cuerpo, renovar la vida del mundo. Los ritualescentrales de muchos cultos a dioses paganos anteriores a Cristo tenían la misma función y estructura, por loque resulta coherente que los gentiles cristianizados, tras siglos de prácticas paganas, acabaran por añadirtambién esta dinámica ritual al dios que pasó a representar los mitos «de siempre»; de hecho debió deresultar muy natural el superponerla de modo progresivo a ritos cristianos primitivos, como la reunión de loscorreligionarios en la «cena del Señor» que tanto postuló y defendió san Pablo. La búsqueda de la máxima rentabilidad de los mecanismos rituales de poder y control social, primordialen cualquier estructura religiosa, encontró sin duda un eficaz instrumento cuando la Iglesia católica 259medieval elaboró la doctrina de la transustantación. Presentarse, ante las masas de creyentes ignorantescongregados en los templos, como capaz de convocar a voluntad la presencia material de la sustancia del«hijo de Dios», puso en manos de los sacerdotes un poder tan fascinante como rentable económicamente. A propósito de la doctrina católica que presenta la misa como un sacrificio propiciatorio, cosa absurdasegún lo ya visto, añadiremos un razonamiento de Tony Coffey, autor cristiano que, desde su fe y su sentidocomún, afirma: «La palabra "propiciación" significa "satisfacción", y se refiere al sacrificio de Jesússatisfaciendo la justicia divina de Dios. La prueba de que el Padre aceptó el sacrificio de Jesús es el hechode que el Padre lo levantó de entre los muertos y lo sentó a su propia diestra. Ahora que nuestros pecadoshan sido perdonados por el sacrificio de Jesús, ¿cuál sería el propósito de realizar un sacrificio continuo?Una vez se paga el rescate y se liberan los rehenes, no hay que pagar el rescate continuamente. Laconsecuencia de creer que el sacrificio de Cristo es una ofrenda continua es devastadora, porque socava loque logró la muerte de Jesús aquel Viernes Santo. No podemos creer que Jesús obtuvo nuestro perdóncompleto por medio del sacrificio de Sí mismo y al mismo tiempo creer que la misa es una ofrenda continua 260de ese sacrificio. Las dos perspectivas se contradicen.» Pero ésta no es, ni mucho menos, la única o última contradicción. Dado que el Nuevo Testamento —como el resto de la Biblia— está repleto de interpolaciones —textos añadidos durante los cuatro primerossiglos, que asientan dichos y hechos de Jesús absolutamente inventados, con la intención de fundamentar258 Después de consultar varias biblias, hemos descartado transcribir estos versículos desde la versión católica de Nácar-Colunga por contener erroresde traducción y cambios de énfasis tan sibilinos que llegan a con-fundir gravemente, si no alterar, el sentido final del texto. En la Nácar-Colunga selee: «Todo sacerdote asiste cada día para ejercer su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;éste, habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la diestra de Dios. (...) De manera que con una sola oblación perfeccionópara siempre a los santificados. Y nos lo certifica el Espíritu Santo, (...) y de sus pecados e iniquidades no me acordaré más. Pues donde hay remisión,ya no hay oblación por el pecado.» Los versículos que hemos dado por más correctos pertenecen a la traducción de Schonfield —Cfr. Schon-field, H.J. (1990). Op. cit., p. 363— y concuerdan con la traducción del mismo texto en las biblias no católicas y en las ediciones críticas.259 La primera formulación de la doctrina de la transustantación data del siglo IX y fue definitivamente avalada en el siglo XVI por el concilio deTrento. En síntesis, afirma que durante la consagración eucarística la sustancia del pan y del vino se transforman respectivamente en la del cuerpo y lasangre de Cristo, sin que cambie para nada su aspecto externo.260 Cfr. Coffey, T. (1994). Una vez fui católico. Michigan: Portavoz, pp. 87-88. 121
  • 122. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicalas nuevas creencias cristianas que fueron elaborándose poco a poco—, no debe extrañar el leer a un Je- 261sús que hace, dice o promete cosas incompatibles entre sí. Así, por ejemplo, podemos ver cuán diferente es la despedida que se atribuye al Jesús de Mateo y ladel de Juan. El Jesús de Mt 28,20 aparece afirmando: «Yo estaré con vosotros siempre hasta laconsumación del mundo», un suceso que el nazareno esperaba de inmediato, aunque evidentemente seequivocó, pero cuyo ambiguo anuncio es aprovechado por la Iglesia para justificar la presencia aquí yahora de Jesús-Cristo en sus misas. Pero el Jesús de Jn 14,15-26, por el contrario, afirmó, durante la cena pascual: «Si me amáis,guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro abogado, que estará con vosotros parasiempre: el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros leconocéis, porque permanece con vosotros y está en vosotros. (...) Os he dicho estas cosas mientraspermanezco entre vosotros; pero el abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése oslo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho.» La frase es rotunda: Jesús afirmaque ya no permanecerá más en este mundo, pero que rogará al Padre para que mande a otro en su lugarque sí estará aquí para siempre, y ese enviado será el «Espíritu de verdad», ¡no él! Y para que no quede duda alguna a este respecto, el Jesús de Juan, en unos versículos posteriores,proclama con fuerza: «Pero os digo la verdad: os conviene que yo me vaya. Porque, si no me fuere, elabogado no vendrá a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré. Y en viniendo éste, argüirá al mundo de 262pecado, de justicia y de juicio. De pecado, porque no creyeron en mí; de justicia, porque voy al Padre yno me veréis más; de juicio, porque el príncipe de este mundo está ya juzgado. Muchas cosas tengo aúnque deciros, mas no podéis llevarlas ahora; pero cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiaráhacia la verdad completa, porque no hablará de sí mismo, sino que hablará de lo que oyere y os comunicarálas cosas venideras. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer. Todo cuanto tiene elPadre es mío; por esto os he dicho que tomará de lo mío y os lo hará conocer» (Jn 16,7-15). Cuando Jesús afirma «os conviene que yo me vaya. Porque, si no me fuere, el abogado no vendrá avosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré», o «porque voy al Padre y no me veréis más» o «cuando viniereAquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa (...) os comunicará las cosas venideras. Élme glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer», ¿qué está diciendo? ¿Que se presentarátodos los días a la misa, tal como obliga a creer la Iglesia católica? Es evidente que no. Jesús insiste en quesu marcha defini-tiva es un hecho y una necesidad y que sólo el «Espíritu de verdad» ocupará su lugar y sufunción de magisterio. ¿Podría alguien contarnos cómo demonios Amalrio de Metz y Pascasio Radberto, losautores de la doctrina católica de la transus-tantación, en el siglo IX, pudieron convencer a Jesús para quese desdijera totalmente, desautorizando a san Juan, y aceptara comparecer físicamente en todas y cadauna de las eucaristías del mundo? La única posibilidad neotestamentaria que se nos ocurre para que Jesús pueda estar físicamente en lamisa sería que la Iglesia católica declarara el Evangelio de Juan como absolutamente falso... peroentonces se desmontarían todos los dogmas construidos sobre este muy peculiar evangelio del «apóstolJuan» que, como ya sabemos, no fue escrito por él. «Jesús no era sacerdote y no pertenecía a la tribu deLeví — sostiene Schreurs, desde un planteo teológico católico crítico —; al contrario, se opuso al culto en eltemplo y a la clase sacerdotal, que existía en su época, hasta el día de su muerte. Sus sufrimientos y sumuerte ignominiosa parecen ser en principio un completo fracaso en lugar de la proclamación del futuroreino de Dios. Pero a la luz de la Pascua, sus seguidores, como probablemente Jesús mismo, llegaron ahablar de su muerte como una donación de sí mismo "ofrecido por la multitud". Este sacrificio es aceptadopor Dios. Su resurrección proclamó el final de cualquier servicio sacrificial posterior. (...) Cuando en lasasambleas de la Iglesia primitiva se celebraba la comida eucarística, se conmemoraba el sacrificio de Jesúscomo la mediación de la salvación escatológica. Jesús mismo es el mediador entre Dios y lacomunidad. »La carta a los Hebreos — prosigue Schreurs — contiene una descripción detallada sobre la mediaciónúnica de Jesús y declara que el sacerdocio del servicio al templo es superfluo y ha sido superado a causa261 Tal como sugiere Ibarreta con acidez, pero cargado de razón: «Con la Biblia, en fin, puede probarse todo, absolutamente todo, menos el que Diosfuese de la misma opinión cincuenta años seguidos.» Cfr. Ibarreta, R. H. (1987). La religión al alcance de todos. Barcelona: DaniePs Libros, p. 147.262 En un lenguaje menos críptico y según una traducción más cuada que la de Nácar-Colunga, esta frase debe leerse: «Y él, cuando venga, declararáculpable al mundo respecto a todo pecado, justicia y juicio... 122
  • 123. Pepe Rodríguez Mentiras fundamentales de la Iglesia Católicade este acto supremo sacrificial de Jesucristo. Porque Jesús es el único sacerdote, el que se ofrece y esofrecido al tiempo, la distancia entre Dios y el hombre, entre lo sagrado y lo profano, es acortadaintrínsecamente a pesar del pecado (Heb 10,19; cf. Rom 3,25). Ya no es necesaria la mediación para llegara Dios. A la Iglesia, por lo tanto, como cuerpo de Cristo, se le puede llamar desde entonces, pueblosacerdotal (I Pe 2,1-10; Ap 1,6). La palabra griega para sacerdote es (archi)hiereus: y este término fuereservado de forma consecuente en el Nuevo Testamento, al mismo Jesús y a la comunidad cristiana 263entera.» Demasiadas cosas fundamentales carecen de sentido en una religión como la católica en la que, talcomo ya hemos mostrado, sus propias Sagradas Escrituras evidencian que Jesús no fundó la Iglesia yprohibió expresamente el clero profesional, que las iglesias no son la casa de Dios y que Jesús-Cristo ni 264puede hacerse presente en la eucaristía ni tiene nada que ver con la misa. De hecho, si tomamos al pie de la letra — tal como los creyentes hacen con todo lo que se dice en lasEscrituras — lo que afirmó Jesús, hasta nos resultará imposible encontrar a un solo creyente verdaderoentre toda la cristiandad. El Jesús que se apareció a los once, según el relato de Mc 16,15-18, dio estaclave tan fundamental como olvidada: «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todacriatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará, mas el que no creyere se condenará. A los quecreyeren les acompañarán estas señales: en mi nombre echarán los demonios, hablarán lenguas nue-vas,tomarán en las manos las serpientes, y si bebieren ponzoña, no les dañará; pondrán las manos sobre losenfermos, y éstos se encontrarán bien.» ¿Existe algún papa, obispo, sacerdote o simple creyente que sea capaz de demostrar positivamente laseñal que debe acompañar a los creyentes en Jesús, según la definió él mismo? ¿Puede alguno de ellosexpulsar demonios (¿¡¡¡!!!?), hablar lenguas que no ha estudiado, coger con sus manos una cobra o unasimple víbora, beberse un cubalibre de cianuro y curar un cáncer o una vulgar migraña por imposición demanos? ¿Será que no existe actualmente ni un solo creyente en el Jesús de los Evangelios ? Quienes se amparan en las Sagradas Escrituras para justificar sus intereses de poder y controlsocial, no tienen excusa alguna para tomar en sentido literal los versículos que favorecen sus intenciones yolvidar—o interpretar en «sentido figurado»— decenas de otros textos que, como éste, les dejan enevidencia. Si Jesús entrase en una iglesia católica, quizá no tendría suficiente con el látigo que se vio forzado aemplear, según el pasaje de Jn 2,15, para expulsar a todos los mercaderes del templo. 11 La figura del papa es contraria a lo que predicó Jesús y se asienta sobre falsificaciones de los Evangelios y de las listas de los obispos de Roma Según refiere Mateo, existía una fuerte disputa acerca de la personalidad real de Jesús cuando éstese dirigió a sus apóstoles diciendo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedrodijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús, respondiendo, dijo: Bienaventurado tú, Simón Bar 263 Cfr. Schreurs, N. (1990). «El ministerio en la Iglesia, cara a la realidad del mundo, a la luz