Arquitectura Popular de Las Merindades. La Memoria Habitada
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Estudio ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES - Descripción y propuestas para su conservación, de la Campaña para la Conservación de la Arquitectura Popular de Las Merindades que con el lema ...

Estudio ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES - Descripción y propuestas para su conservación, de la Campaña para la Conservación de la Arquitectura Popular de Las Merindades que con el lema “La Memoria habitada” promovida por la Asociación Centro de Desarrollo Rural Merindades durante el año 2.003.
Una Campaña cuyo objetivo principal ha sido la valorización o puesta en valor de la Arquitectura Popular de Las Merindades, resultando de la cual un Inventario Fotográfico de cerca de 5.000 fotografías, un auténtico “tesoro” que ofrece una foto fija de la Arquitectura Popular de Las Merindades en el año 2.003
En el Estudio, además de abordar la descripción de la Arquitectura Popular de Las Merindades también se hace un diagnóstico de la situación en que se encuentra y se hacen propuestas para su conservación. Una conservación que pasa necesariamente por:
− Mantener en uso sus edificios, bien sea con el uso original o con otro nuevo, lo cual sólo será posible mediante políticas de desarrollo rural capaces de fijar población permanente o de atraer población temporal.
− Mantener los elementos constitutivos básicos de sus edificios, tomando a éstos como “contenedores” adaptables a distintos usos, pues de su flexibilidad o capacidad para absorber otros usos dependerá su pervivencia.
INDICE:
PRESENTACIÓN.
CAPÍTULO 1 - Introducción.
CAPÍTULO 2 - Aspectos constructivos.
CAPÍTULO 3 - La casa, elementos funcionales.
CAPÍTULO 4 - La casa, variaciones formales.
Apartado A: Formas de referencia: Torres y Casas solariegas.
Apartado B: Formas antiguas con entramado de madera al exterior.
Apartado C: Formas antiguas en piedra, casas notables.
Apartado D: Formas antiguas en piedra, casas modestas.
Apartado E: Formas con centro en el Valle de Mena.
Apartado F: Formas del Valle de Losa.
Apartado G: Formas con balcón corrido encastrado
de influencia cántabra.
Apartado H: Formas con balcón corrido encastrado.
Apartado I: Formas con balcón corrido exterior.
Apartado J: Formas sin balcón corrido.
Apartado K: Formas de influencia vasca.
Apartado L: Formas recientes.
CAPÍTULO 5 - Otras muestras de arquitectura popular.
CAPÍTULO 6 - Propuestas para la conservación.

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Arquitectura Popular de Las Merindades. La Memoria Habitada Arquitectura Popular de Las Merindades. La Memoria Habitada Document Transcript

  • ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES _______________________________________________________________________________________________ Descripción y propuestas para su conservación
  • PRESENTACIÓN 1 Con el Estudio que aquí se presenta: ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERIN- DADES - Descripción y propuestas para su conservación, concluye provisionalmente la Campaña para la Conservación de la Arquitectura Popular de Las Merindades que con el lema “La Memoria habitada” ha sido promovida por la Asociación Centro de Desarrollo Rural Merindades durante el pasado año 2.003. Una Campaña cuyo objetivo principal ha sido la valorización o puesta en valor de la Arquitec- tura Popular de Las Merindades. Para ello se diseñó una Exposición sobre el tema que fue llevada a 21 pueblos de la comarca durante el verano, con estancias de corta duración, y a otros 2 durante el invierno, con estancias de larga duración, acompañada de charlas y de di- versos materiales publicitarios y divulgativos. Y una vez que se han generado los recursos nece- sarios, está claro que la Campaña puede volver a reeditarse en el futuro. Lógicamente para poder preparar la Exposición hubo que desarrollar un intenso trabajo de campo, durante la primavera, recorriendo el territorio, visitando todos y cada uno de sus pue- blos, fotografiando sus casas, entrevistando a sus vecinos, y midiendo en detalle algunas de ellas. El resultado más importante de todo este trabajo es un Inventario Fotográfico de cerca de 5.000 fotografías, un auténtico “tesoro” que ofrece una foto fija de la Arquitectura Popu- lar de Las Merindades en el año 2.003. Quizás hoy no seamos plenamente conscientes de todo su valor pero cuando el tiempo pase (si el tiempo respeta la integridad de fotografías y negativos), las generaciones futuras agradecerán poder estudiar el pozo de conocimiento que encierra. El Inventario Fotográfico fue explotado para el diseño de la Exposición aunque no en profun-
  • PRESENTACIÓN 2 didad, pues la Exposición era el instrumento principal de una campaña para la valorización de este patrimonio (que, no podemos olvidar, era el objetivo principal), y por tanto debía ser divulgativa y por fuerza abordar el asunto de forma más superficial a como ha de hacerlo un Estudio como el que ahora presentamos. Y aunque la estructura general de la Exposición y del Estudio (los distintos aspectos tratados y el orden en que se abordan) es similar, hay una gran diferencia a la hora de analizar las distintas variantes que presenta la Arquitectura Popular de Las Merindades, en el tiempo y en el espacio: si en la Exposición se agrupaban por municipios en el Estudio se hace por lo que hemos llamado “variaciones formales”, que no entienden de divisiones administrativas. Y es en este aspecto donde creemos radica el mayor interés de este trabajo, pues hemos intentando desentrañar la enorme heterogeneidad de manifestaciones que la Arquitectura Popular toma en Las Merindades. Y para hacer más patente esa enorme rique- za de expresiones se ha querido dar una especial relevancia a la información gráfica, incluyendo unas 500 fotografías. En el Estudio, además de abordar la descripción de la Arquitectura Popular de Las Merinda- des también se hace un diagnóstico de la situación en que se encuentra y se hacen propuestas para su conservación. Una conservación que pasa necesariamente por: − Mantener en uso sus edificios, bien sea con el uso original o con otro nuevo, lo cual sólo será posible mediante políticas de desarrollo rural capaces de fijar población permanente o de atraer población temporal. − Mantener los elementos constitutivos básicos de sus edificios, tomando a éstos como “contenedores” adaptables a distintos usos, pues de su flexibilidad o capacidad para absorber otros usos dependerá su pervivencia. Unas propuestas que van dirigidas a aquellos organismos e instituciones, públicas y privadas, con capacidad y voluntad para acometer ese empeño. Y que habrán de tener en cuenta que cualquier política de conservación de este patrimonio se ha de desarrollar en tres direcciones: − Creación de unas condiciones previas: sensibilización de la población y de los Ayuntamien- tos, formación de trabajadores especializados en los oficios tradicionales de la construcción, explotación de materiales tradicionales... − Creación de un marco normativo, a través de ordenanzas edificatorias “sensibles” y de la
  • PRESENTACIÓN 3 tutela de los Ayuntamientos. − Intervención directa, para la conservación de los ejemplos de mayor interés. Al final del Estudio se incluyen un apartado de Anexos, en el que se recogen una serie de documentos sobre experiencias en la conservación de la Arquitectura popular desarrolladas actualmente en entornos próximos y lejanos. Esperamos que este documento contribuya al conocimiento de la Arquitectura Popular de Las Merindades y sirva de base para futuras políticas de conservación. En Valladolid, a 7 de enero de 2.003 Fdo. Emilio Ganado Abad
  • PRESENTACIÓN 4 ÍNDICE. PRESENTACIÓN. CAPÍTULO 1 - Introducción. CAPÍTULO 2 - Aspectos constructivos. CAPÍTULO 3 - La casa, elementos funcionales. CAPÍTULO 4 - La casa, variaciones formales. Apartado A: Formas de referencia: Torres y Casas solariegas. Apartado B: Formas antiguas con entramado de madera al exterior. Apartado C: Formas antiguas en piedra, casas notables. Apartado D: Formas antiguas en piedra, casas modestas. Apartado E: Formas con centro en el Valle de Mena. Apartado F: Formas del Valle de Losa. Apartado G: Formas con balcón corrido encastrado de influencia cántabra. Apartado H: Formas con balcón corrido encastrado. Apartado I: Formas con balcón corrido exterior. Apartado J: Formas sin balcón corrido. Apartado K: Formas de influencia vasca. Apartado L: Formas recientes. CAPÍTULO 5 - Otras muestras de arquitectura popular. CAPÍTULO 6 - Propuestas para la conservación.
  • INTRODUCCIÓN _______________________________________________________________________________________ Capítulo 1
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 1 En primer lugar conviene explicar con claridad el objeto de estudio: la Arquitectura Popular de Las Merindades, es decir: ¿qué entendemos por Arquitectura Popular? y ¿a qué territorio nos referimos cuando hablamos de Las Merindades? Empezaremos respondiendo a la segunda cuestión pues su respuesta es más fácil que la prime- ra. El territorio analizado en el Estudio desborda el de las siete Merindades históricas, y co- rresponde a los municipios sobre los que actúa la Asociación Centro de Desarrollo Rural Me- rindades, que son, ordenados de oeste a este y de norte a sur: Arija, Alfoz de Santa Gadea, Valle de Valdebezana, Merindad de Valdeporres, Merindad de Sotoscueva, Espinosa de los Monteros, Merindad de Montija, Valle de Mena, Alfoz de Bricia, Valle de Zamanzas, Valle de Manzanedo, Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja, Junta de Traslaloma, Medina de Pomar, Valle de Losa, Junta de Villalba de Losa, Berberana, Los Altos, Merindad de Valdi- vielso, Merindad de Cuesta Urría, Trespaderne, Valle de Tobalina, Jurisdicción de San Za- dornil, Oña, Cillaperlata, Frías y Partido de la Sierra en Tobalina. ¿Y qué entendemos por Arquitectura Popular? Una cuestión nada fácil de responder y más en Las Merindades, donde es más patente la influencia ejercida sobre ella por la Ar- quitectura “culta” o “de estilo”. Creemos que es el arquitecto Carlos Flores, uno de las personas que más intensamente han abordado el estudio de este patrimonio en su magnífi- cos libros sobre “Arquitectura Popular Española”, publicados en los años 70, el que mejor ha concretado el término “arquitectura popular” y, de hecho, es difícil encontrar una re- flexión sobre este concepto nueva o añadida que no haya sido citada por este autor. Car- los Flores establece 24 rasgos característicos de la arquitectura popular que para nosotros se pueden sintetizar en los siguientes: − Es una expresión de la adaptación del hombre al medio. Enraizada en la tierra y en el
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 2 pueblo es un reflejo de la vida rural, adaptada a las necesidades del campesino. − Es una arquitectura “del sentido común”, en la que cualquier elemento es respuesta a problemas particulares y concretos, y en la que las modificaciones se producen de forma lenta, en una auténtica selección natural de formas y soluciones. − Es una arquitectura humilde, muy económica en medios, en la que se emplean materiales del entorno cercano, mediante soluciones constructivas sencillas. − Está hecha con materiales y técnicas tradicionales, anteriores a la era industrial. − El “constructor popular” es el mismo destinatario de la edificación, y por eso busca una obra definitiva. − Su lenguaje carece, en la mayor parte de los casos, de referencia a estilos arquitectóni- cos “cultos”. Y sucede así porque la arquitectura popular no se propone la expresión de conceptos generales o universales, ni de ideas simbólicas, ni tampoco busca la ex- presión del poder. − Predominan en ella los valores volumétricos sobre los espaciales. A diferencia de la “ar- quitectura de autor” que busca siempre singularizar la obra, la popular tiene especial in- cidencia en los conjuntos: es claro el sacrificio de lo individual a favor del conjunto. − La arquitectura popular se encuentra siempre fuertemente ligada a la tradición de la zo- na, no sólo respecto de las técnicas constructivas sino en cuanto al sentido plástico y a la manera de distribuir los diversos recintos. Esta íntima relación con el suelo, el clima, los conocimientos y la tradición del territorio le confiere un fuerte carácter local. − Tan importante como la arquitectura doméstica es “la arquitectura complementaria”: cuadras, pajares, molinos, palomares... o “del común”: fuentes, casas de concejo, ce- menterios, ermitas... Sin embargo esta acepción de la arquitectura popular tan localista y ajena a la arquitectura culta viene siendo matizada últimamente, desde que su estudio está siendo abordado no sólo desde el análisis arquitectónico y etnográfico de los edificios y las gentes a las que dieron servicio, sino también desde el análisis de las pocas fuentes documentales escritas donde se puede rastrear el paso por la historia de estos edificios. Esto está permitiendo una visión más compleja y rica de la Arquitectura Popular en la que ésta, sin perder su carácter local por ser cristalización de tradiciones constructivas y culturales locales, es vista
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 3 como receptora de ideas o modelos procedentes de la arquitectura culta, y por tanto in- mersa en corrientes que superan el ámbito local. Esta visión se hace especialmente patente al abordar la Arquitectura Popular de Las Me- rindades pues, como se intentará explicar en el Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIO- NES FORMALES, en muchas de sus casas hay un intento de emular las casas señoriales o solariegas de la nobleza con asiento en la zona, que en la mayoría de las ocasiones impor- tan modelos o referentes foráneos. El fenómeno sería en esencia el siguiente: los grandes nobles que construyen aquí sus casonas lo hacen a imagen de otras vistas en los centros de la vida social y económica de su tiempo, ciudades como Burgos, Valladolid o Madrid; la nobleza local con patrimonio y las clases pudientes locales, ya sean campesinos, arrieros o industriales, son los primeros en imitar esos modelos importados y responsables de exten- derlos por el territorio; y el resto de la población, más tarde y cuando alcanza una situación económica suficiente, acaba también emulando a los anteriores. Un fenómeno universal y atemporal, pues ocurre en todo lugar y ha ocurrido en todo tiempo.
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 4 EL TERRITORIO DE LAS MERINDADES. El territorio de Las Merindades es un espacio de transición entre la España Mediterránea y la España Atlántica que forma parte de la gran unidad cantábrica definida entre el Macizo Astu- riano y los Pirineos. Se trata de un territorio con peculiaridades propias, derivadas de sus sin- gulares condiciones orográficas, que son las que determinan en mayor medida sus circunstancias bioclimáticas, clima y vegetación, propias de un área de montaña. El relieve de Las Merindades presenta un conjunto de formas que han sido el resultado de los plegamientos tectónicos producidos sobre una espesa cobertura sedimentaria de materiales de desigual dureza (areniscas, margas, arcillas, calizas...) que se alternan rítmicamente. Un relieve que se resuelve en una sucesión de áreas deprimidas y áreas elevadas. Y un relieve que ha sido objeto de una intensa erosión por parte de los cursos de agua que lo atraviesan. El clima de Las Merindades es el propio de la montaña cantábrica. Se trata de una comarca húmeda con precipitaciones abundantes, de régimen invernal muy acentuado pero sin que fa- llen en verano. Los índices medios anuales son siempre superiores a los 600 mm en todo el área y lo normal es que sobrepasen los 800 mm, para llegar en muchas de sus zonas, las sep- tentrionales, hasta los 1.000 y 1.500 mm. Se trata de índices elevados que atestiguan cuan- tiosas precipitaciones mensuales y evidencian el carácter húmedo de la comarca. Los índices mensuales más altos suelen concentrarse en el semestre invernal, sobre todo en el periodo de octubre a enero. La inflexión estival, julio-septiembre, no es muy importante pues no hay nin- gún mes en que las precipitaciones bajen de los 30 mm. Existen variaciones en el régimen de precipitaciones, pues de norte a sur se produce una dismi nución de las mismas, tanto en los índices anuales como mensuales, pudiendo distinguirse tres
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 5 zonas diferenciadas: − La zona septentrional, que comprende desde el Embalse del Ebro hasta el Valle de Mena, donde se producen las mayores precipitaciones, sobre todo en Mena. Es la zona más pa- recida a la cercana vertiente cantábrica y, ecológicamente, “país de prados”. − El Valle de Losa, con precipitaciones también abundantes aunque más moderadas que en la zona anterior, sobre todo en los meses de verano. Ecológicamente supone la desapari- ción del prado. − El resto de Las Merindades, desde el cañón del Ebro hasta el Valle de Tobalina, es la que menos precipitaciones registra. Se trata de un área ya plenamente mediterránea. En cuanto al régimen de temperaturas, éste es propio de una zona de montaña, en la que el frío intenso invernal, las inversiones térmicas en todo tiempo y la bajas temperaturas estivales consecuentes, las condensaciones secundarias, nieblas, rocíos, escarchas, adquieren frecuencias e intensidades notables; del mismo modo que la nieve se presenta como su más caracterizado atributo. Pero su morfología, por la escasa altitud de sus depresiones, le proporciona una cierta templanza y esto se hace patente en inviernos menos fríos que los de la Meseta del Duero y que los del borde cantábrico occidental y en veranos menos tórridos, más frescos; un rasgo que se percibe en una oscilación térmica reducida, de unos 13-14 ºC. Y dentro del conjunto del área tanto el Valle de Mena como el Valle de Tobalina y el Valle de Valdivielso repre-
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 6 sentan áreas mucho más templadas, como consecuencia de su carácter resguardado y de su menor altitud, ya que las diferencias de 200 a 400 metros respecto de las otras zonas son significativas en el orden térmico. En cambio el Valle de Losa y las depresiones septentrionales son los sectores en los que el frío se acusa con mayor rigor, en duración e intensidad. El carácter montañés de este territorio se deja ver también en su vegetación, cuyas variaciones vienen determinadas por la morfología y la climatología de la zona. El paisaje es de montaña y presenta una cobertura vegetal cantábrica, en la que predomina el roble y el haya. Pero ade- más, como el espacio de transición que es entre la España Atlántica y la España Mediterránea, encontramos también ecosistemas mediterráneos como el encinar. Y en esa cobertura vegetal predominan las masas arbóreas del monte alto, el monte bajo y el matorral. El monte alto re- presenta una tercera parte de la cobertura vegetal y se aparece muy fragmentado en un gran número de montes y masas aisladas dispersas, como reliquia de la presumible formación forestal de gran extensión que antaño ocupó la zona. Pues cabe presumir que durante milenios la ma- yor parte de este territorio estuvo ocupado por bosques, y que desde el momento de su ocu- pación estable por el hombre fue objeto de múltiples roturaciones, que comenzaron a alcanzar dimensiones preocupantes a partir del siglo XIII, en que se registran documentalmente numero- sas quejas y pleitos por talas excesivas y despreocupadas. Nuevamente alcanzaron una gran dimensión en el siglo XVI, fruto de la presión demográfica, y sobre todo en el siglo XIX, en que este fenómeno alcanza cotas dramáticas, por la necesidad de poner en explotación nuevas tierras y por la mayor demanda de carbón vegetal y madera.
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 7 OCUPACIÓN Y POBLAMIENTO DEL TERRITORIO. La presencia activa de un hábitat agrario en el territorio de Las Merindades es bastante antigua y puede remontarse al Neolítico, época a la que pertenecen diversos yacimientos arqueológi- cos. Una ocupación mantenida con posterioridad, con innegable presencia romana. E igual- mente parece innegable la crisis de este primitivo poblamiento en una época no precisada, que llevará consigo el abandono e incluso la revalorización del hábitat troglodítico. Lo esencial del poblamiento de este territorio y del proceso de ocupación y organización de su espacio es medieval, pero no cabe pensar que se haya producido sobre un territorio desér- tico pues hay indicios de núcleos previos. El poblamiento que hoy conocemos, en líneas gene- rales, tiene su origen en la Repoblación, un proceso generalizado en todo el territorio a partir de la segunda mitad del siglo VIII, como consecuencia del reflujo hacia las montañas de los huidos de tierras meridionales. La mayoría de los núcleos de población que han llegado hasta nosotros ya debían existir en el siglo XII. Se produce en aquellos siglos una continuada ocupación que convive también con el abandono de otros muchos núcleos de población, en un proceso continuo de hacer y deshacer que nos habla de la inestabilidad de un hábitat minúsculo, pero que se irá estabilizando en el paso de la Alta Edad Media a la Baja Edad Media, hasta permitir la consolidación definitiva del hábitat de este territorio. Es en los siglos XII y XIII en los que el territorio de Las Merin- dades alcanzó el más alto nivel de población de todas las épocas. Con el máximo apogeo de la Repoblación y la cristalización del poblamiento producido hasta el siglo XII, se produce también una auténtica ordenación del territorio con la aparición de una serie de nuevos centros nodales de mayor importancia, por las funciones que desempeñan y
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 8 por el fuero que los ampara, que acogerá a los últimos repobladores llegados a estas tierras. Su aparición se inicia en el siglo XII y culmina a principios del siglo XIII. Es obra de Alfonso VII y Alfonso VIII, creadores de las pueblas de Medina de Pomar, Frías, Villasana de Mena, Mi- jangos y Criales, aunque sólo cristalizarían las tres primeras. Surgen amparadas por el fuero que los reyes otorgan a sus pobladores presentes y futuros, que les proporcionaba el disfrute de franquicias, libertades, privilegios y, lo más importante, de mercado semanal. Y contarán con una calidad espacial específica gracias a su carácter urbano y planeado. Sobre todas ellas des- tacará Medina de Pomar. Estas nuevas pueblas reales constituyen un intento logrado de racio- nalizar la vida económica y social de este sector de contacto con los puertos cantábricos y vascos, entonces incorporados al ámbito castellano. La estructura actual del poblamiento ya debía estar consolidada en los siglos XII y XIII. Un poblamiento variado en el que coexisten tipos de hábitat concentrado con otros de hábitat disperso. Se trata de un poblamiento denso, por el elevado número de entidades o núcleos de población, más de 400, dispuestos en una tupida malla de núcleos cercanos entre sí. Des- tacan por tener un hábitat mucho más denso y apretado el Valle de Mena y el pasillo diagonal que comprende los ríos Nela y Ebro, desde Valdeporres hasta el Valle de Tobalina, con un máximo en los llanos centrales. Y por tener una menor concentración de entidades de pobla- ción destaca el borde septentrional, exceptuando el Valle de Mena. Se trata de un poblamiento con entidades minúsculas, por el número de habitantes y de edifi- cios, siendo mayoría los que no reúnen 50 edificaciones. Un hábitat que podemos calificar como “hábitat agrupado de estructura polinuclear”, pues además cada entidad de población suele organizarse a su vez en barrios, la auténtica célula elemental del poblamiento. Todas estas entidades de población se disponen siempre por debajo de los 800 metros de altitud y gran- des áreas situadas por encima de esta altura no están pobladas. La mayoría de los pueblos suelen situarse en la parte baja de los valles, bien a media ladera o el comienzo de la superficie de monte. La presencia en la zona de abundantes pequeños cursos de agua y fuentes explica que no sean muchos los pueblos situados junto a los ríos principales y cuando lo han hecho ha sido para beneficiarse del tránsito de gentes por algún paso sobre los mismos. En cualquier caso parece haberse buscado lugares de fácil soleamiento.
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 9 El espacio construido de los pueblos, el caserío, se dispone sin orden aparente. En general, en Las Merindades el caserío se aglomera, las casas llegan a adosarse, surgiendo cuerpos de po- blación con esbozos de calles. Sin embargo, en la zona norte eso no ocurre, pues las casas junto a los anexos agrícolas y algo de espacio cercado alrededor forman como un alveque junto al resto de casas dan lugar a una especie de panal. Los mejores ejemplos los encontramos en algunos pueblos del Valle de Losa y de la depresión de Espinosa. Frente al poblamiento concentrado el poblamiento disperso representa un papel muy secunda- rio. Se corresponde casi en su totalidad con el territorio pasiego de pastoreo intensivo, que encontramos también en Cantabria, y que en Burgos se presenta desde Valdeporres hasta Montija, pero que adquiere mayor densidad y mayor raigambre histórica en los cuatro ríos pasiegos: Trueba, Lunada, Lasía y Rioseco. A partir de Bárcenas el poblamiento cambia de forma radical y encontramos edificaciones aisladas, las cabañas pasiegas, construcciones de piso alto y bajo, escalera exterior, forma rectangular, tejado a dos aguas y caballete perpendicular a fachada. Edificaciones que aparecen siempre en medio o al margen de un prado, cercado de pared de piedra, y que ocupan los valles de los cuatro ríos mencionados, desde los 700 a los 1.300 metros de altitud. Son edificaciones pastoriles que aseguran, unidas a cada prado, un aprovechamiento progresivo de los pastos, por medio de un sistema de desplazamientos desde el fondo de los valles hasta las brenas de altitud, con cabañas sólo ocupadas en verano.
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 10 LA EXPLOTACIÓN AGRARIA DEL TERRITORIO. Históricamente la principal actividad económica desarrollada por el hombre en el territorio de Las Merindades ha sido la actividad agraria, basada en el pastoreo y en el cultivo de la tierra. una actividad que ha evolucionado en el tiempo. En este Estudio nos interesa centrarnos en los siglos XVIII y XIX, pues es en esta época en la que se generó la mayor parte de la Arquitec- tura Popular que aquí estudiamos. A mediados del siglo XIX el Diccionario de Madoz nos presenta el territorio de Las Merin- dades como un espacio en el que la ganadería tiene un papel económico preeminente, y es de hecho su principal exportación al exterior. La preeminencia de la ganadería y su mayor estima- ción social se constata tanto en la Alta y Baja Edad Media como en la Edad Contemporánea. El territorio de Las Merindades cuenta con una riqueza de indudable valor, gracias a la ampli- tud de montes y pastizales, asentada además sobre aquellas especias de más alta valoración como la vacuna o la equina, además de un muy numeroso ganado porcino. Buena parte de esa riqueza histórica pertenece a los grandes propietarios no campesinos, nobles o monasterios; pero también los pequeños campesinos podrán beneficiarse de ella, gracias a las disponibilida- des concejiles sobre pastos y montes de grana, y podrán asentar sobre ellas una economía di- neraria que no es un complemento económico al producto de sus tierras, sino un capítulo esencial en la subsistencia difícil de una actividad agrícola comida muchas veces por las deudas. Como ya se ha comentado la cabaña es muy heterogénea, no sólo en conjunto sino también en cada explotación. Al hablar de la actividad ganadera en la zona hasta el siglo XIX podría- mos calificarla como “policultivo ganadero”: desde el vacuno hasta el cabrío y porcino, sin olvidad al caballar y lanar y aun el mular, todas las especies desempeñan un papel importante en el conjunto. Aunque se observan diferencias entre la zona septentrional, eminentemente dedicada al ganado mayor: vacuno y equino, y la zona meridional, en la que la primacía de la
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 11 ganadería disminuye en la explotación agraria, primando el ganado menor: lanar, cabrío y por- cino. La producción agrícola ha evolucionado en el tiempo, pero los cambios se hicieron especial- mente en los siglos XVIII y XIX, fruto de transformaciones progresivas, de los productos, las rentas y de las propias técnicas. Un fenómeno expansivo que traerá consigo también el progre- so de otras actividades económicas, como el comercio, el transporte o el sector de transforma- ción. El primer cambio constatable en aquel tiempo es el notable incremento del espacio culti- vado, a costa de la roturación de montes, para hacer frente al crecimiento demográfico. Un fenómeno roturador que no es nuevo pues ya se produjo durante la Repoblación y en el siglo XVI. La extensión superficial fue acompañada de un aumento de la productividad de la tierra, por la incorporación de nuevas técnicas de explotación de la tierra, posibles por la incorpora- ción de nuevas plantas, llegadas de América, que transfiguran el panorama tradicional. Fueron estas nuevas plantas: el maíz, las alubias, las patatas, hortalizas como el pimiento y el tomate, y la remolacha forrajera. Todas estas nuevas incorporaciones van a desempeñar un importante papel: acentuar el grado de utilización del suelo y aumentar con ello la productividad, favore- cer una diversificación de la alimentación, hacer posible un desarrollo de cultivos ganaderos, forrajeros, o la dedicación de algunos tradicionales de subsistencia a dicho objetivo, y acrecen- tar las disponibilidades de excedentes comerciales. El maíz fue la primera planta americana en llegar a la zona, a principios del siglo XVIII, exten- diéndose rápidamente al resto de la población en el espacio de ese mismo siglo. Se trata de un cultivo esencial en el siglo XVIII, en algunas zonas a la par que el trigo, que es empleado para la valorización de tierras de inferior calidad. Asociado el maíz están las alubias, cuyo culti- vo se realizará en los propios maizales, una planta que entra en la zona después del maíz, que se generaliza rápidamente durante el siglo XVIII, y que triunfa sobre todo en el siglo XIX, al convertirse en un producto comercial de gran interés en los mercados urbanos. La patata se introdujo más tardíamente , a partir del siglo XIX, pero su éxito fue inmediato, pues en ape- nas 15 años se había extendido por todo el territorio. Es el cultivo que más rápidamente se aclimata y el que logra un valor económico y social más relevante para la economía agraria en su conjunto y para cada economía familiar, asegurando su difícil subsistencia.
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 12 OTRAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS. El desarrollo económico castellano desde la Edad Media tendrá uno de sus ejes principales en las comunicaciones entre la Meseta del Duero y el centro del país, con la costa cantábrica, y en particular con su sector oriental, básico para la exportación castellana y para el abastecimien- to del país. Es en buena parte el eje de la lana y, en definitiva, el de todo comercio y relación con el occidente y norte europeos. En esta estructura de las comunicaciones tradicionales el territorio de Las Merindades ocupó un puesto clave, pues su cercanía al País Vasco y a la Montaña Santanderina, hizo de ella una encrucijada y paso obligado en los caminos que conducían tanto a los puertos vizcaínos de la ría del Nervión, como a los del oriente de Santander (Santoña, Laredo, Castro), desde el interior castellano a través de Burgos y Aranda; desde Tierra de Campos o desde las mismas tierras más norteñas de Reinosa o Aguilar de Campoo. El papel preponderante que logrará Bilbao desde el siglo XVI sobre los demás puertos cantábricos, y que conservará en los sucesi- vos, afianzó el papel de los caminos que a esta villa conducen y, entre ellos, los que atraviesan el territorio de Las Merindades. Apoyándose en esta condición de encrucijada se desarrollan en la zona dos actividades eco- nómica de gran relevancia: por un lado una importante actividad comercial, concentrada en los nudos esenciales de comunicación y de manera destacada en Medina de Pomar; y por otro lado, y en íntima conexión con la anterior, una importante actividad transportista. El transporte de lana, granos y vinos se hizo en carretas y, sobre todo, en caballerías, hasta la aparición de los nuevos caminos del siglo XIX. En carretas se transportó la lana, a pesar del mal estado de los caminos, de las dificultades de los puertos y de los pasos difíciles. Y a lomo
  • Capítulo 1 - INTRODUCCIÓN 13 de mulas y asnos debió realizarse lo esencial del abastecimiento de granos y vinos de Vizcaya y tierras santanderinas orientales, e incluso del resto del País Vasco. A lomos de mulas salía tam- bién el hierro de las Encartaciones hacia el interior, los pescados desde los puertos y los mil productos procedentes del exterior. Esta actividad transportista a larga distancia fue compaginada por una actividad mitad transpor- te y mitad comercio, de corta distancia, cuyo fundamento será el abastecimiento de las villas cantábricas de trigo e incluso de pan cocido, a partir de los mismos pueblos de este territorio. Es lo que el siglo XVIII merece el calificativo de “traginar”. Los arrieros no eran simplemente transportistas, cuyo único beneficio era el porte, sino también comerciantes dedicados a com- prar y vender, siguiendo los caminos más favorables de acuerdo con los productos más benefi- ciosos. El arriero, el transportista con caballerías propias constituye toda una institución en el territorio de Las Merindades que pervivirá hasta el siglo XX, existiendo zonas y pueblos especialmente dedicados a esta actividad, que compaginan con una labranza subordinada: el Valle de Mena, los pueblos de “la Montañuela” en la Merindad de Cuesta Urría y una parte de los de Sotos- cueva y Montija, concentrándose sobre todo en torno a los pasos obligados y más dificulto- sos.
  • ASPECTOS CONSTRUCTIVOS _______________________________________________________________________________________ Capítulo 2
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 1 EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS SISTEMAS CONSTRUCTIVOS EN LA ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES Hoy en día la mayor parte de los edificios de la Arquitectura Popular de Las Merindades que se conservan se nos presentan como una arquitectura en piedra formada por una estructura portante de muros de piedra al exterior y de pies derechos y vigas de madera al interior, y por forjados intermedios y estructura de cubierta en madera. En algunas zonas, como en La Bureba, la piedra de los muros exteriores es sustituida por adobe o ladrillo. Y ocasionalmente, reparti- dos por todo el territorio de Las Merindades, encontramos edificios en los que parte de las fachadas exteriores están formadas por entramados de madera rellenos de materiales varios. En ambos casos el número de ejemplos existentes es insignificante frente a los edificios de piedra. Esa ligera diversidad en sistemas constructivos nos habla por un lado de cómo en el territo- rio estudiado de Las Merindades (cuyos límites superan la realidad histórica y geográfica de las siete Merindades históricas) entran realidades geográficas tan distintas como La Bu- reba, y esas diferencias marcan también diferencias en la arquitectura popular. Y sobre to- do, y este es el aspecto que queremos desarrollar en este apartado, de cómo la arquitectu- ra popular evoluciona a lo largo del tiempo y experimenta cambios, en la organización inte- rior de las casas, en su tamaño y en los sistemas constructivos de que se compone, aunque sea de forma lenta. Porque cuando estamos frente a edificios en los que parte de su facha- da principal, cuando no todas las fachadas, están resueltos con un entramado de madera, estamos frente a auténticas reliquias del pasado de la Arquitectura Popular de Las Merin- dades, un pasado en el que los edificios se construían en madera. Esta última afirmación se basa en que es un fenómeno plenamente conocido en comarcas cercanas de la Cordillera Cantábrica o de los Pirineos y, sobre todo, en que hay constancia en documentos históricos. Conforme a ellos podemos afirmar que en siglos pasados la
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 2 construcción rural y la urbana era casi íntegramente de madera y que la “petrificación” de sus fachadas comenzó a producirse a partir del siglo XVII y se generalizó durante el siglo XVIII. La casa en madera se construyó desde los inicios de la Repoblación. Existe un documento en Valpuesta, fechado en el año 940, que deja claro que el uso de la madera era genera- lizado, tanto para la construcción de edificios civiles como de edificios religiosos. Y esto era así porque el aprovechamiento de los montes comunales para la construcción de las casas de los vecinos era casi el único permitido. En todos los lugares será una demanda respetada y casi la única exceptuada de las prohibiciones de corta de árboles reguladas por las Ordenanzas. Podemos sospechar también que en aquel tiempo las cubiertas eran vegetales. De ello no hay duda en la Alta Edad Media, pues así lo constata uno de los documentos de Val- puesta. Y cabe presumir su presencia en la Baja Edad Media, incluso mucho más tarde, en los siglos XVI y XVII, donde incluso servirían para cubrir las casas de “cal y canto”. Esta última presunción descansa en el especial acento que se pone en algunos documentos de aquellos siglos en resaltar de alguna casa que esté techada con teja cerámica. Por otra parte está constatada documentalmente la presencia de cubiertas vegetales en las cabañas pasie- gas en el siglo XVII. Los núcleos urbanos fueron también de madera, al menos hasta el siglo XVI. Con seguri- dad cabe presumirlo para Frías, en los años 1.482-1.486, fecha en la que se data la prohibición de establecer los hogares en otra planta que no fuera la superior, pegada al tejado, y la obligación de revocarlos con yeso, por temor a los incendios. No podemos reconstruir el proceso evolutivo que lleva desde el edificio enteramente en madera hasta el edificio de muros exteriores de piedra, pero sí podemos afirmar que se produce una incorporación gradual de materiales más resistentes, particularmente de la pie- dra, y que tal evolución tiene un profundo condicionamiento social. En un primer momento se produce la progresiva sustitución de la madera por la piedra en los edificios religiosos,
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 3 un material que es considerado más noble y que es más valorado estéticamente, un proceso que se iniciará a partir del siglo XI, evidenciando el poder económico de las iglesias, inclu- so de las pequeñas. En una segunda etapa los edificios militares, castillos y torres, construi- dos en madera hasta ese momento, pasan a ser construidos exclusivamente en piedra escua- drada, en una muy buena labor de cantería, un proceso que culmina en los siglos XIV y XV, en los que surge el impresionante conjunto de torres de Las Merindades, muchas de las cuales aún sobreviven. En la edificación civil el proceso de sustitución debió ser mucho más lento y complejo. No parece haber existido una única razón para explicar la sustitución de la madera por la piedra. Por un lado estaría el agotamiento de los montes, pues la fecha en la que se gene- raliza el proceso, el siglo XVIII, viene a coincidir con el momento de máxima destrucción de las masas arbóreas de la comarca, que seguro llevó aparejado mayores precios en la ma- dera. Por otro lado el abaratamiento de los costes de la construcción en piedra, al generali- zarse. O el temor a los incendios, de lo que tenemos constancia por la aparición de diver- sas ordenanzas en ciudades del norte del país (San Sebastián es una de ellas), en que se anima a la petrificación de las fachadas exteriores, a la reducción de cuerpos volados sobre las calles, a la construcción de muros cortafuegos entre las viviendas. Y seguramente tam- bién animó a la sustitución la construcción por parte de nobles e hidalgos de casas en pie- dra desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, como símbolo de su superior condición social y de sus privilegios.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 4 LA MADERA COMO MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN. La especie de madera más utilizada es el roble, generalmente roble albar que da troncos de mayor porte y rectitud, pues es sabido desde antiguo que el roble bien seco tiene un compor- tamiento mecánico excelente y gran durabilidad ya que el duramen o corazón no se ve atacado por la polilla (el haya que es muy abundante en la zona norte de Las Merindades no se em- pleaba porque se apolillaba) Y también es posible encontrar vigas de olmo o chopo. La fórmula tradicional para la tala señala que la madera se debe cortar en invierno y con poca luna para evitar la presencia de savia que pudiera afectar a su curado y secado posteriores. En la zona existe una tradición aún más precisa “la madera se ha de talar en la luna menguante de enero”. Fórmulas que ya se conocen desde la antigüedad. En los tratados clásicos (Vitrubio o Palladio) se dice que la madera habrá de cortarse en otoño e invierno, e indican la mejor ma- nera de conseguir que la madera destile toda la savia que contiene: los árboles se deben dego- llar en pié dándoles un corte perimetral hasta el corazón y dejarlos así destilando toda la savia; y cuando la madera esté seca se han de derribar. Primeramente se escogían los árboles con cuidado, mirando para ello la calidad del terreno y el soleamiento. La tala de un tronco se realizaba por dos lados opuestos, determinando la sangría mayor la dirección de la caída, elegida con antelación. Para el corte se utilizaba una sierra de hoja larga y libre con una empuñadura en cada extremo paralela a la hoja de la sierra, llamada tronzador. Para evitar que la compresión de la madera bloqueara la hoja se utilizaban unas cuñas sobre la hendidura, que al final se empleaban para provocar la caída del árbol. El derri- bo necesitaba de cierta práctica para calcular hacia donde debía caer el árbol, dándole los tajos necesarios para que se desplomara despacio, sin rasgar las fibras del tronco.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 5 Una vez limpio de ramas se procedía al traslado de los troncos para cuyo arrastre se hacía uso de la rabona, la pértiga corta de un carro normal, sobre la que se disponía de un tronco trans- versal llamado burro al que sujetaban la cadena que por medio de un hierro en forma de clavija o herradura clavado en la base del tronco, arrastraba el árbol. El arrastre se hacía mediante ganado y con unos palos se iba dirigiendo el tronco. Los troncos se trasladaban al lugar donde se troceaba y labraba la madera. Para trocear los maderos o ajustarlos a las dimensiones requeridas se hacía uso del tronzador, la herramienta adecuada para cortes transversales. Si eran piezas de madera que iban a componer la estructura de los edificios, vigas o cuartones, se escuadraban a hacha. Se colocaban en obra sin más aca- bado, y raramente se utilizaba la azuela para rectificar la labra. Los encargados de la labra de las piezas tenían gran destreza y utilizaban hachas diseñadas específicamente para este trabajo. Los carpinteros sabían que era preferible colocar piezas escuadradas a hacha que serradas recti- líneamente ya que en el primer caso se conserva la dirección de las fibras de la madera. En muchos casos se conserva las sinuosidades de las piezas, preocupándose en rectificar solamente la cara que va a soportar el peso. En otros casos se buscaban piezas de madera que tuvieran de forma natural las formas deseadas, tal es el caso de los caballos que se utilizaban para suje- tar las sopandas. La obtención de tablas a partir de un rollo se hacía aserrando, una labor difícil y agotadora realizada a veces por especialistas, los serrones. Eran cuadrillas de trabajadores, de Polaciones o de La Pernía palentina, que se desplazaban por el norte de Palencia y Burgos y por toda Cantabria para serrar troncos y obtener tablas para todo uso. La forma de serrar un tronco era la siguientes: se colocaba el rollo sobre un caballete alto y se ataba a la cabria (viga superior del caballete); uno de los aserradores se colocaba sobre el rollo y otro debajo asiendo cada uno de las empuñaduras del serrón, se marcaba la línea de corte longitudinal mediante una bota (hilo impregnado de ceniza). Las tablas aserradas tenían un grosor de unos 3 cms. Las tablas de ripia para la formación de la cubierta no eran aserradas. La ripia no necesita ni mucho grosor, ni espesor constante ni gran calidad de la madera.... así que son de peor calidad que las tablas de piso. Se obtenían abriendo longitudinalmente los troncos y extrayendo horcinas de grandes dimensiones, bastante irregulares.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 6 EL ENTRAMADO DE MADERA. El entramado de madera, también conocido como emplenta o implenta, es un sistema construc- tivo que ya era empleado en época romana e incluso, en formas más primitivas, en épocas an- teriores. Y que es empleado en toda la cornisa cantábrica desde la Edad Media. Los entramados de madera se emplean tanto en fachadas exteriores como en muros interiores, que funcionan a la vez como muros de cargas y como divisiones, constituyendo una estructura tridimensional. Normalmente los entramados exteriores no arrancan directamente del suelo sino que para evitar la humedad de éste se colocan sobre un zócalo de piedra que ocupa toda la planta baja del edificio; y pueden ser totalmente independientes del zócalo o insertar en él pies derechos de madera. Los entramados se forman mediante pies derechos de madera de pequeña sección, tramones, entre las implentas, vigas horizontales de madera que apoyan o sirven de apoyo a las viguetas de los forjados. Unos y otros solían ser de madera de calidad, mayormente roble pues debían resistir bien la intemperie. Los paños entre los tramones se rellenaron a lo largo del tiempo con diversos materiales, desde los más antiguos a los más modernos: − De seto, un entrelazado de varas de avellano o de tablillas de cañizo, recubierto de morte- ro de barro. Antiguamente se empleó de forma generalizada en los entramados interiores para la formación de los tabiques y, en menor medida, en los entramados exteriores. − De toba o piedra, que todavía podemos encontrarnos por la comarca. − De adobe, el más común en la arquitectura popular de Las Merindades que ha llegado hasta nosotros. Se usó para la formación de los tabiques, y también al exterior, incluso en
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 7 edificios construidos a finales del siglo XIX y principios del XX, con balcón corrido semi- volado en la planta superior, formando parte de la pared de separación entre el balcón y el interior de la casa. − De ladrillo macizo, y más tarde hueco. Los huecos en el entramado, de fácil apertura y cambio, se formaban estableciendo un marco previo de tramones y puentes. Para el revestimiento de los entramados interiores se utilizaba una técnica que en poco difería a la que ya explicaba el tratadista romano Vitrubio en sus “Diez libros de arquitectura”, según la traducción del presbítero José Ortiz y Sanz: “... Si los enlucidos hubieran de hacerse sobre tabiques de entramado, necesariamente se producirán en ellos hendiduras o grietas a lo largo de las maderas verticales y de los travesaños, porque, cuando se los recubre de tierra, necesariamente absorben la hume- dad, y luego, al secarse, se contraen y producen en ellos grietas. Para que esto no suce- da se observará la regla siguiente: cuando todo el tabique se haya trillado, se aprestará una fila de cañas largas que se sujetarán en toda su longitud a las maderas con clavos de cabeza ancha: luego se extenderá una nueva capa de barro y se clavará una segunda fila de cañas en sentido contrario a las anteriores; y encima se aplican el enlucido de arena y estuco de mármol...” Y para el revestimiento de los entramados de madera exterior, rellenos con seto o adobe, se empleaba frecuentemente el mortero de barro, cal o yeso, para proteger la fábrica y la propia madera, picando la madera con azuela para que agarrase el mortero. En los entramados rellenos de ladrillo de tejar, o de piedra, no era frecuente efectuar dicho revestimiento. La sustitución de los entramados exteriores por muros portantes de piedra no se produce de golpe, sino de forma gradual, pasando por distintos estadios evolutivos. El ejemplo más anti- guo de casa de entramado que encontramos en Las Merindades es una casa en Valpuesta (Foto 1) que podemos fechar en el siglo XV gracias a la entrada en arco apuntado. Podemos observar en ella como la planta baja es enteramente de piedra mientras que los dos pisos supe-
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 8 riores son enteramente de entramado, interior y exteriormente, formando por avance un sopor- tal bajo toda la fachada principal; y cómo cuenta con diagonales de madera o “cruces de San Andrés” para poder conferir a la estructura la rigidez necesaria y evitar así la excesiva deforma- ción inherente a una estructura articulada como ésta. En un primer estadio evolutivo la mayor parte de los entramados exteriores, todos menos la fachada principal, son sustituidos por muros de piedra (Foto 2, 3 y 4). Esos muros de piedra pueden ser portantes, y recibir parte del peso de forjados y estructura de cubierta o ser un simple cierre en el que se inserta o adosan pies derechos que son los que realmente soportan el peso de forjados y estructura de cubierta. En cualquiera de los dos casos el muro de piedra es ahora el responsable de impedir la deformación del conjunto y por esa razón el entramado de madera ya no necesita de diagonales. Y es frecuente que los avances en entramado de madera exterior (Fotos 2 y 3) esté protegidos lateralmente mediante el avance de los muros laterales, totalmente o sólo en el piso superior, en una solución muy habitual en la Edad Media, y que eran conocidos como muros cortafuegos, pues esa era su función. Un segundo estadio evolutivo estaría representado por las “casas de carpintería” (Foto 8), nombre que se da en algunos pueblos de Las Merindades, a unas pocas casas que parecen haber sido construidas como las actuales: primero se levantaba el armazón de madera y la cu- bierta y luego se cerraba con muro de piedra, dejando los pilares exteriores de madera insertos o adosados a estos muros. Algo que bien podría ser cierto en algunas de ellas, en las que los cabrios de cubierta que llegan a los muros exteriores cargan siempre sobre pies derechos de madera; pero hay otras en las que esto no sucede así y los cabrios apoyan directamente en el muro exterior, si acaso, a través de una carrera corrida. Por lo que cabe sospechar que el pro- ceso de levantamiento de estas casas era algo más elaborado y que se ejecutaba conforme a la siguiente secuencia: − Se levantaban los pies derechos y vigas de la planta superior, para recibir los cuartones del primer forjado, y se cerraba la planta con los muros exteriores de piedra. − Se levantaba el segundo nivel de pies derechos y forjado, y se volvía a elevar los muros exteriores de piedra, hasta la altura necesaria para, finalmente, recibir los cabrios de cubier- ta.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 9 El interés de sistema constructivo estriba, aunque resulte paradójico, en el escaso número de ejemplares que de él encontramos, cuando en una comarca tan cercana como la Montaña Pa- lentina, ha sido el sistema constructivo general hasta el siglo XX. Este hecho nos daría cuenta de la importancia que tuvo en Las Merindades el proceso de “petrificación” de los edificios de madera. En cualquier caso, el entramado de madera ha llegado hasta nosotros, a través de edificios aislados que encontramos ocasionalmente en pueblos como el de Frías (Foto 7), en los que un parcelario estrecho, fruto de una ordenación urbana previa de origen medieval, obligó a las casas a crecer en altura, favoreciendo el empleo de este sistema constructivo, más económico en el consumo de espacio que los muros portantes de piedra. Pero también ha llegado hasta nosotros porque se ha venido empleando hasta el siglo XIX. Así es posible encontrarlo en construcciones recientes del Valle de Tobalina y de Oña (Foto 6), seguramente debido a la disponibilidad en ellos de tierra con la que fabricar adobe, el material más empleado en el relleno de los paños. Y también es frecuente encontrarlo en edifi- caciones auxiliares como pajares exentos(Fotos 9 y 10).
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 10 ELEMENTOS DE LA ESTRUCTURA DE MADERA. La estructura portante de madera está formada por pies derechos o postes, asentados sobre una basa de piedra, pollo. Sobre los postes apoyan las vigas madre, a través de zapatas, dis- puestas en las direcciones que mejor se acomoden a la distribución interior; y sobre ellas apo- yan las vigas o cuartones de los forjados intermedios. Y a éstas últimas se fijaban las tablas que formaban el piso, tablas gruesas de unos 3 cms, que en muchas ocasiones eran también el te- cho del piso inferior, cuando no se rellenaba el espacio entre vigas. Vigas y vigas madre pue- den cargar en los muros, bien directamente o a través de cargaderos o carreras. Las estructuras de la cubierta son algo más complejas. Cargan sobre los muros exteriores de piedra o sobre vigas y pies derechos de madera. Y cuenta con una estructura primaria que varía según se trate de una cubierta a dos, tres o cuatro aguas, y de una estructura secundaria de cabrios, vigas de pequeña sección que se colocan inclinadas en el sentido de la pendiente y que cargan sobre la estructura primaria y sobre los muros exteriores de piedra, a través de unas vigas corridas de pequeña sección, llamadas estribos. Y sobre los cabrios se dispone tablas irregulares de madera, latas o ripias, o restos del descortezado de los troncos de los árboles, el teguillo, sobre la que se colocará luego la teja. En cubiertas a dos aguas la estructura primaria está formada por sopandas, vigas paralelas al caballete, que apoyan exteriormente en los muros medianeros de piedra e interiormente en pies derechos, a través de zapatas. La sopanda que se coloca bajo el caballete, cuando no hay un muro de piedra central, se llama cumbre. Las sopandas intermedias en ocasiones cargan sobre vigas inclinadas ligeramente curvadas llamadas caballos, machos o chavarcones, cuando se han querido evitar pilares interiores (Fotos 12 y 13).
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 11 En cubiertas a 3 ó 4 aguas, es necesario disponer bajo las limas, una viga inclinada recta, el aguilón, que cuando llega a cargar inferiormente en el encuentro de dos muros de piedra suele hacerlo sobre una pequeña viga diagonal, ligeramente curvada o no, el cuadral, que a su vez sujeta a los estribos. Y todas las cubiertas suelen contar con un alero para proteger las fachadas de la lluvia. Suelen estar formados por tacos de madera horizontal de pequeña sección, canecillos, y sobre ellos tabla. Lo normal es que contaran con un cierto trabajo de labra, más refinada cuanto más im- portante era la casa, y que el empotramiento en el muro de piedra se resuelva con 2 carreras inferiores y una contracarrera superior, que además sirve para recibir a los cabrios (Fotos 14 y 16). La que ya no es tan frecuente es la solución que se recoge en la Foto 17, en la que se ve como los canecillos se reducen en número pero aumentan en sección y vuelo, convirtiéndose en cabezuelas, que se forman a partir de las vigas maestras interiores, y sobre las que apoyan cabrios forasteros. Los tabiques se resolvían como los antiguos entramados de madera, con palos verticales, tra- mones, rellenos de seto, piedra, adobe o ladrillo (Fotos 18 y 19). La mayoría de los encuentros entre los distintos elementos de madera se producen mediante un simple apoyo: ya sea el de una viga con un pie derecho, a través de una zapata, ya sea el de las viguetas de un forjado sobre la viga, o ya sea el de los cabrios de cubierta sobre sopandas y carreras. Únicamente hay necesidad de ensambles en el encuentro entre vigas inclinadas tipo caballos y pies derechos, que se suele hacer normalmente a media caja y ocasionalmente a caja y espiga (Fotos 11 a 15).
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 12 LA PIEDRA COMO MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN. Como ya se ha comentado al principio de este Capítulo, la piedra es la auténtica protagonista de la Arquitectura Popular de Las Merindades, pues encontramos un sinfín de edificios exce- lentemente construidos, tanto en mampostería como en sillería. Ya se han explicado las razones de la sustitución de la madera por la piedra, un proceso que fue posible gracias a la abundante disponibilidad de esta materia prima en toda la comarca Son dos los tipos de piedra de los que más uso se ha hecho en la zona: la arenisca y la caliza, rocas de origen sedimentario que encontramos alternándose en capas superpuestas. La arenisca es una roca detrítica constituida fundamentalmente por granos de cuarzo, trabados por medio de una matriz también detrítica y/o por cementos de variada naturaleza. Y las calizas están constituidas por precipitados de carbonatos y partículas carbonatadas y de otra naturaleza. La arenisca es sin duda el tipo de piedra más empleado en las casas de Las Merindades. Se presenta en diversas formas, con granos de distinto tamaño y color variable, en función de la mayor o menor presencia de hierro, que al oxidarse en contacto con el aire da lugar a tonali- dades rojizas, a veces muy fuertes (Foto 21). Y gracias a la escasa dureza que presenta al ser extraída de la cantera, es de muy fácil labra. El acabado superficial que se le ha dado tradicio- nalmente es el de un estriado diagonal de surcos paralelos (Fotos 28 a 31). La arenisca permitía además obtener sillares de gran tamaño para la formación de huecos en los muros para ventanas y puertas. Por esa razón es frecuente encontrar en aquellos pueblos que disponían de arenisca y caliza, el hacer los paños ciegos de mampostería de caliza, con o sin revoco exterior, formando los huecos y esquinas con sillares de arenisca. La arenisca sólo tenía un inconveniente, se erosionaba con facilidad y era heladiza por su capacidad para absorber
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 13 agua. Es frecuente encontrar el arranque de los muros de arenisca muy desgastados por efecto de las salpicaduras del agua de lluvia al caer de los aleros, y por efecto de las heladas, que va disgregando la piedra. Por esa razón existía el dicho “las come la luna”, porque en las noches de luna fuerte y cielos despejados, se dan las heladas más intensas. En algunos casos hemos observado el empleo de piedra caliza, en grandes sillares, para el arranque de muros construi- dos en arenisca. En el conjunto de Las Merindades las construcciones hechas con arenisca son de buena factu- ra, aunque podemos destacar alguna zona, en los pueblos de los términos de Alfoz de Bricia y Alfoz de Santa Gadea, donde se empleaba una arenisca muy blanda al ser extraída, y que ha dado lugar a excelentes fábricas de sillarejo o sillares. También encontramos buenas construc- ciones de arenisca en el Valle de Manzanedo, en el Valle de Zamanzas y en el Valle de Val- divielso. La piedra caliza tiene menos presencia en este territorio y además era de más difícil labra que la arenisca (Foto 22). Aunque hay zonas, como el Valle de Mena y el Valle de Losa, donde casi es el único tipo de piedra empleada. Fuera de ellas la encontramos como único tipo de piedra presente en las construcciones en pueblos de Montija, cercanos a La Peña, en pueblos de Los Altos y en algunos pueblos del curso alto del Nela, entre Pedrosa de Valdeporres y Villarcayo. Allí donde sólo se emplea piedra caliza para la construcción de casas está casi ge- neralizado el uso de mampostería en los paños ciegos y de sillares en la formación de huecos y esquinas. También encontramos pueblos en que se emplea arenisca y caliza a la vez (Fotos 25 y 26). En otras zonas encontramos un tipo de piedra, llamada calcarenita o caliza arenosa. Y otra piedra caliza, mucho más porosa, toba o travertino, empleada en rellenos y en ocasiones formando enteramente un muro (Fotos 23 y 24) Tradicionalmente la extracción de la piedra se realizaba con herramientas manuales: picos, pa- lancas, cuñas y mazas. El proceso se iniciaba marcando sobre la superficie de la roca las líneas divisorias del bloque con la regla o vara de hierro. Con el pico y en la dirección de la veta de
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 14 la roca y sobre las líneas de corte, se abrían rozas en forma de V. En ellas se introducían cuñas de hierro y con una maza el cantero iba golpeando las cuñas, recorriéndolas todas, hasta que la piedra, tras un golpe, sonara hueca. El bloque, listo para ser extraído, se desprendía de la roca con palancas. El transporte de la piedra extraída de la cantera se efectuaba en carros tirados por bueyes y generalmente nunca se realizaba en solitario, sino que se procuraba ir al menos de dos en dos, para hacer frente a los baches y a las pendientes pronunciadas de los caminos. Las piedras llegaban al taller de trabajo sin desbastar y siempre se mandaban sobradas de medida para que si traían algún hueco o falta, no quedara afectada la medida exacta del sillar. Para perfilar los sillares o bien para trazar molduras por medio de plantillas no empleaban mezclas con coloran- tes, sino que restregaban la piedra con hierbas, a modo de pintura verde que luego se raspaba con un punzón, resaltando el blanco de la piedra.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 15 APAREJOS DE LA PIEDRA EN LOS MUROS. La forma más común en Las Merindades de disponer la piedra en los muros o aparejo, es la mampostería (Foto 27), a base de piedras irregulares de pequeño tamaño, mampuestos, cuya labra consiste en un simple desbaste, y que exige una colocación cuidada buscando el acuer- do entre unas piedras y otras y asegurando el asentamiento de las piezas a base de mortero de barro o arcilla (en muy pocos casos a base de mortero de cal y arena), rellenando los huecos y acuñando las piedras mediante ripios, piedras de forma irregular procedentes en su mayor parte del desbaste de los mampuestos. Una vez levantado el muro era habitual que se rejuntara la piedra con el mismo mortero con que se había recibido. En algunas zonas como el Valle de Losa la piedra es muy menuda y con forma de lajas, lastras, dando lugar a un acabado singular. También encontramos en la comarca muros construidos a base de sillarejos (Foto 28), piedras bastante escuadradas, aunque sin llegar a ser sillares, de tamaño no muy grande para que pue- da ser manejada por una sola persona. Y finalmente encontramos también excelentes fábricas de sillería (Fotos 29, 30 y 31), a base de sillares, piedras ortoédricas perfectamente escuadradas, de gran tamaño por lo que para su colocación tenían que ser manejadas por varias personas o mediante poleas Pero realmente la forma más abundante de aparejo que encontramos en Las Merindades es la que se refleja en las Fotos 32, 33 y 34, es decir: mampostería ordinaria en los paños ciegos con refuerzo en sillería de esquinas, huecos de ventanas y puertas y elementos singulares, como muros cortavientos. Generalmente con el mismo tipo de piedra, aunque a veces cambia, en- contrando sillares de arenisca en un muro de mampostería caliza o viceversa.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 16 En las labores de cantería se distinguía entre los mamposteros y los canteros librantes, oficios que exigían de distintas herramientas y de distinta destreza, aunque en ocasiones eran realiza- das por la misma persona. Los dos tipos de piedra usada habitualmente en la zona, la arenisca y la caliza, dada su dife- rente dureza, estaban especialmente indicadas para alguno de estos aparejos, y no para todos. La arenisca puede aparecer con cualquiera de ellos, pero por la facilidad de su labra, era habi- tual encontrarla en forma de sillarejos, incluso en construcciones secundarias como pajares, for- mando los sillares de huecos y esquinas, o formando paños enteros de fachada en sillería. Sin embargo, la caliza, por su mayor dureza, la encontramos formando los sillares de huecos y es- quinales, rara vez formando paños enteros de sillería, y habitualmente formando los paños de mampostería, por exigir menos esfuerzo.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 17 ARMADO DE LOS MUROS. Pero la construcción de un muro tenía aún más sutilezas porque, de otro modo ¿cómo se ex- plica que los muros de mampostería pudieran mantenerse en pie de forma aceptable durante tanto tiempo, estando como estaban compuestos de mampuestos irregulares recibidos con mor- tero de barro? Y más aún cuando observamos como en algunos pueblos los mampuestos son cantos rodados. La construcción de una casa comenzaba con la apertura de las zanjas de cimentación de los muros y la búsqueda y preparación del firme. Se iniciaba el levantamiento de los cimientos de los muros exteriores y del muro medianero si lo había. Si la casa era en hilera el levantamiento del mero medianero, medianil, correspondía por igual a los dos vecinos, resultando la propie- dad mitad por mitad; y si no llegaban a un acuerdo el constructor se veía obligado a duplicar el muro. Los muros eran ligeramente más anchos que los muros que recibían. Para entender como estaban armados los muros hemos de fijarnos en alguno caído (Fotos 35 y 36) y nos daremos cuenta de cómo los muros, ya sean de mampostería, sillarejos o sillería, están formados realmente por dos hojas trabadas y con un relleno central. La hoja exterior es la más importante pues, además de ser visible y “dar la cara” al edificio, es la que ha de hacer frente a las inclemencias del tiempo y adaptarse a las variaciones de humedad y temperatura. La hoja interior es a la que se pone menos atención en su aspecto, pues o bien se deja vista allí donde no importa: en la planta baja, dedicada a bodega o a guardar los animales, o bien se revoca con mortero de barro, en las habitaciones vivideras. Las dos hojas se van subiendo a la par, cuidando el perfecto asiento de las piedras, rellenando el núcleo central con piedras más menudas y abundante mortero de barro y, lo más importante, trabándolas regularmente cada cierta distancia, mediante piedras largas capaces de atravesar el espesor del muro, trabas,
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 18 pasaderas o tizones, las auténticas responsables de mantener la coherencia de un conjunto tan heterogéneo. Había un dicho popular que decía: “canterito de Dios, pon un canto sobre dos, y de vara en vara, traba”. Es frecuente ver sobresalir al exterior estas trabas (Foto 37), nor- malmente en fachadas laterales aunque no es raro encontrarlas también en la fachada principal, aunque el motivo exacto se nos escapa. Las explicaciones dadas por la gente son varias: “era una forma de negar la servidumbre de medianería” o “el cantero cobraba por cada traba, y por eso a veces engañaban con ellas”. De la manera que acabamos de describir se levantaban los muros, con espesores entre 60 y 70 cms de espesor, según el número de plantas que debían soportar. Con esas secciones los muros eran perfectamente estables por sí mismos y capaces de hacer frente a las cargas vertica- les de pisos y cubierta y a empujes horizontales. Y la estabilidad del conjunto quedaba total- mente garantizada con la perfecta trabazón de unos y otros en las esquinas, razón por la que encontramos aquí esquinales de sillería, entrelazados en toda la altura, que además servían para dar resistencia frente al roce y los golpes en un punto particularmente expuesto. En las solucio- nes más refinadas hemos encontrado esquinas biseladas (igual que se hacía habitualmente con las esquinas de vigas y pies derechos) o, en un alarde de virtuosismo, redondeadas. En casas muy modestas o en edificios auxiliares a la vivienda, como pajares y cuadras, la ejecu- ción de los muros de mampostería está menos cuidada (Foto 35). Muchas veces carecen del rejuntado exterior, la piedra es más menuda y está peor trabada. En estos casos es frecuente encontrarnos frente a una “casa de carpintería”, en la que lo forjados y la cubierta cargan sobre un armazón de madera, evitando así que se venga abajo un paño de cubierta si falla el muro subyacente.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 19 LOS HUECOS DE VENTANAS Y PUERTAS. Vamos a fijarnos ahora en otra cuestión importante en la construcción de los muros: la ejecu- ción de los huecos para ventanas y puertas. Fijémonos primero en las ventanas, un elemento funcional de primer orden en una casa, pues a través de ella se iluminan y ventilan las estancias y se controla visualmente el exterior. Y un ele- mento que, en función de su tamaño, nos sirve para hacernos una idea de la antigüedad de la casas. Salvo en casas notables, las ventanas que daban servicio a estancias vivideras (porque las que daban servicio a bodegas y cuadras siempre fueron pequeñas o simples aspilleras) han sido hasta el siglo XIX de pequeño tamaño, para reducir las pérdidas de calor en invierno y por la imposibilidad de acristalarlas. Por esa razón estaban hechas enteramente en madera, cie- gas, salvo por un pequeño ventanuco que se abría para ventilar y ver, y colocadas al medio del muro (Foto 45). Porque el cristal, que no llega a la zona hasta el siglo XVIII, era un pro- ducto manufacturado de precio prohibitivo, al alcance de muy pocos; sólo cuando se hace asequible aparecen las ventanas acristaladas, en muchos casos como una segunda carpintería, enrasada con la cara exterior del muro, conservando la primitiva como un postigo. En cualquier caso las ventanas siempre se han resuelto al exterior con sillares de gran tamaño, de unos 25 cms de espesor, llamados según su posición: dintel el superior, jambas los laterales y solera el inferior. El dintel se suele resolver habitualmente con una sola pieza, doblada inte- riormente con dos cargaderos de madera. Las jambas se forman con una o más piezas, llamándose aguja a las verticales y tranqueros a los horizontales que, además, traban la pared. Y la solera no suele doblarse interiormente, de tal forma que el hueco se rebaja interiormente hasta el suelo. El intradós del hueco, que es recto al exterior, al interior se abre o abocina en los laterales (y a veces en la parte superior) para mejor aprovechar la luz. (Fotos 42, 43 y 44).
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 20 Es solución habitual que se superpongan los huecos de diferentes plantas, a eje, formando los sillares un conjunto. (Foto 45). En las casas solariegas o notables es frecuente encontrar el refajado clasicista de la Foto 46. Y también “ventanas de asiento” o “con orejeras” y capialzados, al interior. En ocasiones el hueco se forma con el propio marco de la ventana, colocada ésta “a haces exteriores” (Foto 47). Cuando la ventana toma mayor tamaño puede llegar a convertirse en “puertaventana”, con una barandilla de forja (Foto 48). Suele tratarse de casas recientes, aunque no sea un elemento nuevo pues ya lo encontramos en casas solariegas de épocas anteriores. En ocasiones en casas señoriales o torres solariegas encontramos ventanas tan elaboradas como las de las Fotos 49 y 50. Las puertas tenían un mayor tamaño que las ventanas pues servían para la entrada de personas y animales, y en ocasiones debía además permitir el paso de carros. Por esa razón ejecutar el hueco suponía un mayor problema constructivo que el de las ventanas aunque constara de las mismas piezas: dintel, jambas (con agujas y tranqueros) y solera. El dintel es la pieza directamente condicionada por la anchura del hueco. Una de las opciones empleadas tradicionalmente, aunque no la más habitual, era resolverla en madera, una opción segura pues sólo había que procurar troncos de sección suficiente (Fotos 51 y 52). Claro que la madera no tenía la perennidad de la piedra, y es con este material con el que se resolvía la mayoría de las veces (Fotos 53, 54, 55 y 56). Si se hacía en arenisca, de más fácil labra, se procuraba que tuviese un buen canto, porque este material aguanta difícilmente la flexión y de hecho se pueden observar como muchos dinteles de arenisca están partidos; para evitarlo es frecuente recurrir a un segundo dintel de descarga, con una ranura entre ambos (Fo- to 54 y 55). El dintel de la Foto 56, con casi 3 metros de luz, es infrecuente. Y si se hacía
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 21 en caliza, aunque fuera más grande y pesado y su labra fuera mucho más trabajosa, era una opción también segura. En las casas de mayor valía fue también frecuente, entre los siglos XV y XVIII el resolver los huecos de las puertas con entradas en arco: al principio arcos apuntados, góticos (Foto 57), luego de medio punto, clasicistas (Fotos 58, 59 , 60 y 61), los más abundantes, y más tardíamente arcos rebajados, neoclásicos (Foto 62). Exigían un trabajo de cantería muy elabo- rado y unas ocasiones se insertaban en una fachada enteramente de sillería (Fotos 58 y 61), mientras que otras lo hacía en una fachada de mampostería (Fotos 59 y 60), formando con- junto con la sillería del hueco superior. Posteriormente, entre los siglos XVII y XVIII encontramos dinteles adovelados (Fotos 63 y 64), en ocasiones de gran sofisticación. La solución de la Foto 65 es la solución universal de las grandes casas que desde el siglo XVIII se empieza a construir en el Valle de Mena y que, como veremos en el Capítulo 4, tanto éxito tuvieron, siendo imitadas en todos los tamaños, masivamente en el Valle de Mena y ocasionalmente en el resto de Las Merindades.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 22 MORTEROS DE CAL Y ARENA. Al abordar la rehabilitación de una casa tradicional frecuentemente es motivo de discusión la necesidad de revocar exteriormente los muros de piedra, ahora que la moda es dejar la piedra vista al interior y al exterior, rejuntada . Pero su necesidad es evidente pues ya hemos visto cómo al armar los muros de mampostería los mampuestos eran recibidos con mortero de barro, arcilla, y finalmente rejuntados o revocados parcialmente al exterior, con el mismo mortero, para mejor consolidar la fábrica, protegerla de las variaciones higrotérmicas y evitar el paso al interior de frío, aire y humedad. Observamos cómo en la mayoría de las casas que fueron construidas desde finales del siglo XIX los paños de mampostería están revocados, dejando al descubierto únicamente los sillares de huecos y esquinas (Fotos 38, 39 y 40). Y constatamos cómo fueron concebidas así des- de el principio cuando encontramos algún paño que accidentalmente se dejó sin revocar y ve- mos cómo en los sillares se ha practicado un rebaje para que al aplicar el revoco enrase con su cara exterior y cómo la piedra se ha dejado con las juntas descarnadas, para facilitar el agarre de la pasta (Foto 39). Pero lo más interesante es comprobar cómo la mayoría de esos revocos son morteros de cal y arena, argamasa, aplicados sobre muros de mampostería que no son de “cal y canto”, pues la piedra ha sido recibida con mortero de barro. Unos revocos que, ade- más de exigir un mínimo mantenimiento mediante su pintado con lechada de cal, han demos- trado un comportamiento extraordinario, asegurando la integridad de las fábricas durante mu- cho tiempo. La anterior cuestión nos lleva a un asunto de gran interés, el uso de la cal en la Arquitectura Popular de La Merindades. Un material que ya venía siendo utilizado en la zona en los edifi- cios de mayor valor, “de cal y canto”: iglesias, torres y en alguna casa solariega, un símbolo
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 23 poco menos que de solidez eterna, pero que sólo estaba al alcance de unos pocos por su alto precio, a causa del enorme esfuerzo que suponía su obtención y correcta preparación. Y que comienza a usarse en la Arquitectura Popular de Las Merindades desde la segunda mitad del siglo XIX, generalizándose desde principios del siglo XX, en un momento histórico que viene a coincidir con la aparición de un número muy alto de casas nuevas, de tres plantas y excelente factura. Señales todas ellas que nos hablan del momento de prosperidad que se debió vivir en la zona en ese momento. Desde la Antigüedad se conocían las propiedades de la cal y el proceso para su obtención a partir de la piedra caliza y para la preparación de morteros de cal y arena. La cal se ha obteni- do siempre por calcinación de roca caliza (CO3 Ca) a temperaturas elevadas, entre 900 y 1.000 ºC, en un proceso por el que finalmente se obtiene cal viva o, lo que es lo mismo, óxido de calcio (Ca O). La cal viva ha de “matarse” para su uso mediante varias técnicas, siendo la más frecuente la inmersión en agua, en balsas de apagado, obteniendo entonces cal apagada o hidróxido de calcio (Ca (OH)2), con gran desprendimiento de calor. Las cales pueden ser aéreas o hidráulicas, en función de si pueden endurecer en presencia del aire o del agua, una cuestión que depende del porcentaje de arcilla en la piedra caliza. Tradicionalmente la fabricación de la cal se hacía mediante hornos de cal o caleros, de baja producción y carácter intermitente, lo que les hacía de bajo rendimiento y de penosa explota- ción. De ahí el refrán: “¿Quién te hizo calero?, el poco dinero”. El horno antiguo de mam- postería adopta generalmente una forma troncocónica, de anchura y altura variables, desde el metro y medio a los cuatro metros. Se situaban siempre en lugares con suficiente aprovisiona- miento de las materias primas necesarias: la piedra caliza y el combustible, formado por brezo, rozo, árgoma... y siempre adosados a un talud que les servía de abrigo y que permitía la labor de carga y descarga desde la boca superior. Las paredes interiores debían recubrirse de arcilla o construirse en ladrillo o piedra refractaria, para conservar el calor. La carga del horno era el trabajo más duro y del que dependía en mayor medida el éxito de la cocción. Por la boca inferior se introducía el calero e iba construyendo una falsa bóveda con fragmentos de caliza de pequeño tamaño, dejando una abertura circular en el centro por la que
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 24 subía la llama; o se podía utilizar como cimbra la propia leña. Las piedras calizas debían estar perfectamente acuñadas para soporta toda la carga. Sobre la base el calero iba colocando hile- ras de piedra hasta donde le era posible. Los cantos mayores se disponían próximos al hueco y los menores cercanos a las paredes del horno. La carga se continuaba desde la boca superior, cerrando el horno unos 20 ó 30 cms por encima del nivel del suelo. El primer fuego debía ser de combustión lenta para evitar que el horno se desmoronase. Y cuando la piedra comenzaba a sudar, es decir, a desprender humedad uniéndose unos frag- mentos con otros, debía activarse más la llama. La cochura se mantenía durante tres días de manera ininterrumpida, limpiándose las cenizas cada cierto tiempo. La cocción desprendía un humo denso y negro que se iba tornando blanco según avanzaba la calcinación. El calero reco- nocía cuando había terminado la cocción por el color de la llama, que al principio era azulada debido al gas carbónico desprendido y que al final se iba volviendo roja. Para cerciorarse el calero introducía una piedra calcinada de la cubierta en agua y si ésta se transformaba fácilmen- te en pasta, era indicativo de que la cocción había terminado. La hornada se dejaba reposar dos o tres días para que se enfriara lentamente, cerrando las bocas del horno. Finalmente había que tener la precaución durante el desmantelamiento del horno o deshornamiento, la manipula- ción y almacenamiento de la cal viva que ésta no permaneciera mucho tiempo expuesta al aire, para evitar su apagado involuntario, porque el óxido de calcio empezaría a absorber lentamen- te la humedad del aire. La cal viva obtenida era la que se vendía y se acarreaba a las obras, donde se procedía a su apagado en agua en balsas. En función de la cantidad de agua aportada se obtenía distintos resultados: hidrato en polvo, pasta de cal o lechada de cal. La pasta de cal, la empleada en la fabricación de los morteros, se obtenía añadiendo en agua tres veces el peso de la cal viva. Una vez apagada era esencial el reposo, cuanto mayor mejor resultaba en aglomerante. De hecho los textos clásicos ya nos hablan de la bondad de la cal enfosada o ensilada: en la anti- gua Roma, según cuenta Plinio, las normas edificatorias prescribían que sólo se empleara la cal que hubiera reposado al menos tres años. Una norma que la tradición ha conservado, y por eso la preparación de la cal apagada necesaria era de las primeras cuestiones que se acordaban antes de iniciar una obra.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 25 En la comarca de Las Merindades fueron muy abundantes las caleras, prácticamente todos los pueblos que disponían de piedra caliza adecuada contaban con una en la que además se pre- paraba teja y ladrillo. Y que eran atendidas en la mayoría de los casos por asturianos, más con- cretamente del entorno de Llanes. Al abordar la fabricación de teja y ladrillo tendremos ocasión de analizar esta cuestión en detalle. Para la preparación de los morteros de cal se siguen las enseñanzas que ya Vitrubio describía en sus “Diez libros de Arquitectura”: “... buena arena... ...que no tenga tierra alguna. Las especies de arena mineral son ne- gra, blanca, roxa y carbúnculo. La mejor de todas éstas será la que rechinare estregada con las manos, lo qual no hará la que tuviera parte de tierra, por carecer de la aspereza. Será también buena, si puesta sobre un lienzo cándido, no dexare tierra ni señal de man- cha. Si no hubiese cavas de arena se tomará de los ríos, o se cernerá del cascajo. Podrá también usarse la de las playas del mar; pero esa tiene el inconveniente de secarse con dificultad en la fábrica, y la pared de esta arena no puede cargarse presto... Tiene otro inconveniente y es que las paredes de esta arena escupen el salobre, que hace caer cuan- to revoque se les ponga”. Y después de apagada la cal viva: “...se hará el mortero en esta forma: si la arena fuere de mina, á tres partes de ella se pondrá una de cal, incorporándolo todo bien: y si fuere de río ó mar, á dos partes de arena, una de cal: esta es la regla que debe seguirse en la composición del mortero. ” Tradicionalmente esas proporciones eran conocidas y empleadas, sancionadas por la práctica. En muchas ocasiones el mortero no es de buena calidad (Foto 41), por no alcanzar en la cale- ra la temperatura necesaria para una buena calcinación de la piedra caliza, o por emplear arcilla o arcilla arenosa en lugar de arena, pues necesitaba de mucho agua para una mezcla uniforme y daba lugar a una pasta compacta o mal mezclada, que impedía su endurecimiento o permitía el lavado de la cal, soluble en agua. Se incumplía así la vieja máxima que dice “el mortero de cal no debe llevar más agua que las gotas se sudor del peón que lo mezcla”,
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 26 EL ADOBE. El adobe es un material que es usado en todo el territorio de Las Merindades, sobre todo para el relleno de los entramados interiores que forman las divisiones. Juan de Villanueva expli- có muy bien en su libro “Arte de Albañilería”, publicado en el año 1.776, el proceso de fabricación del adobe: “Con la tierra arcillosa bien remojada y batida se forman dentro de unos marcos o gradi- llas, unos cuerpos regulares llamados adobes, que sirven para construir paredes y tabi- ques a poca costa, ya sea uniéndolos con mezcla de cal y arena, o con barro solo, que es lo más común. Para hacer estos adobes se debe buscar una tierra muy pegajosa y gro- sera, y se debe amasar muy bien, mezclándola con un poco de estiércol o paja para que tenga más unión. Después de bien amasada, se echa en unos marcos o gradillas de la medida que se quiere dar a los adobes, y extendiéndolo dentro de ellos sobre un plano espolvoreado hasta llenarlos, se enrasan y quita lo que sobre con un rasero. Hecho lo cual, se levanta la gradilla, y queda formado de adobe, y para que se despeguen con facilidad, se espolvorean con polvo o ceniza la gredilla antes de echar el barro”. Lo habitual en Las Merindades es encontrar el adobe formando el relleno de un entramado de madera. Y únicamente lo encontramos formando muros portantes en los pueblos de La Bureba (Fotos 66, 67 y 68). En edificaciones auxiliares a la vivienda es posible encontrarlo como en la Foto 68, enteramente en adobe, sin otro material distinto que la madera de los cargaderos que forman los huecos. Pero la buena construcción exige que los muros de adobe se hagan como en la casa de las Fotos 66 y 67: sobre un zócalo de piedra que haga frente a la hume- dad del suelo y a las salpicaduras de la lluvia, con refuerzo de esquinas con un material más resistente, ya sea piedra o ladrillo, y protegido mediante un revoco de barro y paja, trullado. Otras fábricas de tierra como el tapial son excepcionales en la zona, incluso en La Bureba.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 27 EL LADRILLO Y LA TEJA. En Las Merindades encontramos el ladrillo macizo de forma esporádica en casas antiguas relle- nando un entramado de madera, visto o revocado. Seguramente con él se sustituyó al adobe o al seto, que desempeñaban anteriormente esa función. Y tenemos que ir a La Bureba para encontrar un uso habitual del ladrillo, bien como relleno de un entramado de madera poco cuajado (Foto 70), o formando enteramente muros autoportantes. En cuanto a la teja, este es hoy el material de cubrición utilizado universalmente en Las Merin- dades, si exceptuamos las cabañas pasiegas, techadas con lajas de piedra. Aunque como ya vimos en el primer apartado de este Capítulo, seguramente las casas se hayan cubierto anti- guamente con otros materiales, vegetales, incluso las casas de “cal y canto”. La teja es del tipo teja árabe, llamada comúnmente así por haber sido los moriscos quienes la introdujeron en nuestro país , pero realmente es una teja romana pues derivada de las tejas imbrice . Fabricadas manualmente, resuelven con un solo tipo de teja canales y cobijas, pues no se ha detectado la presencia de tejas más grandes, ni siquiera para la formación de caballe- tes o limas. Se colocaban sobre una cama de distintos materiales vegetales: paja, arbustos va- rios, restos del descortezado de los troncos..., que servían para asentarla y para evitar su desli- zamiento. Y en la mayoría de los casos sobre ellas se colocan piedras, en aleros y junto al ca- ballete, para evitar su vuelo con el viento. En Las Merindades, al igual que en toda la cornisa cantábrica, existieron muchas tejeras u hor- nos para cocer teja y ladrillo, llamadas también caleras cuando además se cocía piedra caliza. Y como ya se comentó en un apartado anterior, en muchos casos eran atendidas por gentes de fuera, mayormente procedentes de Asturias, de la zona de Llanes.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 28 Se tiene constancia del desplazamiento de cuadrillas de llaniscos por Asturias, Castilla y Viz- caya desde el siglo XVII. Desde entonces el oficio de tejero itinerante se consolida hasta mediados del siglo XX, adquiriendo tintes gremiales. Los tejeros de Llanes llegaron a inventar un argot o lengua especial y secreta para comunicarse entre ellos llamada xiriga (jerga). Los tejeros o tamargos llevaban una vida de trabajo y miseria, y eran contratados de forma oral por el man o jefe, que los explotaba. Se comenzaba a trabajar desde los diez años y la edad y la experiencia permitían ascender de categoría laboral dentro de la tejera. Abandonaban su domicilio en cuadrillas de cuatro, cinco y seis personas para emplearse desde mayo a septiembre. Decía la tradición que se iban de casa para que hubiera menos bocas que alimentar. Su vida era muy penosa, durmiendo a teya vana, es decir, sin otro techo que un tejado, comiendo poco y mal y trabajando en condiciones infrahumanas. El trabajo llenaba las horas, y eran pocas las de descanso, pues se levantaban a las cinco de la mañana y se acosta- ban entrada la noche. Las tejeras se localizaban allí donde hubiera materia prima suficiente, piedra caliza y arcilla, y combustible. El proceso de producción comenzaba por cortar el barro extraído en taludes, pozos o túneles en fijas lajas, luego se llevaba hasta una pequeña era y allí se dejaba al sol hasta el atardecer, en que caliente, se echaba al lagar para ser amasado. A continuación se manipulaba con distintos instrumentos: el rasero, el cocín, el marco, el punzón... Las piezas elaboradas por los tejeros, básicamente tejas y ladrillos, aunque en ocasiones también se ani- maban a fabricar tiestos y lápidas mortuorias, eran colocadas en la era por los tendedores. Y después de secar, iban al horno. Era una tarea muy dura en la que participaban distintos arte- sanos: el cavador, el maserista, el tendedor, el pinche, el cocedor... En los hornos ya descritos al hablar de las caleras se colocaba primero una capa de ladrillos y luego la teja dejando hue- cos para el fuego; y si se cocía piedra caliza, ésta se colocaba abajo.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 29 Foto 1 - Valpuesta, Berberana Foto 2 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 3 - El Almiñé, Valle de Valdivielso Foto 4 - Villasana de Mena, Valle de Mena
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 30 Foto 5 - Arnedo, Valle de Valdebezana Foto 6 - Herrán, Valle de Tobalina Foto 7 - Frías
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 31 Foto 8 - Munilla, Valle de Valdebezana Foto 9 - Población de Arreba, Valle de Manzanedo Foto 10 - San Millán de Zadornil, Jurisdicción de San Zadornil
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 32 Foto 11 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea Foto 12 - Cadagua, Valle de Mena Foto 13 - Cadagua, Valle de Mena Foto 14 - El Almiñé, Valle de Valdivielso
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 33 Foto 15 - Mambliga, Valle de Losa Foto 16 - Villarcayo Foto 17 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 34 Foto 18 - Vallejo, Valle de Manzanedo Foto 19 - Las Eras, Junta de Traslaloma Foto 20 - Promediano, Valle de Tobalina
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 35 Foto 21 - Linares de Bricia, Alfoz de Bricia Foto 22 - La Abadía, Valle de Mena Foto 23 - Tubilleja, Los Altos
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 36 Foto 24 - Tobera, Frías Foto 25 - Tamayo, Oña Foto 26 - San Pelayo, Merindad de Montija Foto 27- Lastras de las Eras, J. de Traslaloma
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 37 Foto 28 - San Miguel de Cornezuelo Foto 29 - Santa Gadea, Alfoz de S. Gadea Foto 30 - Báscones de Zamanzas Foto 31 - Salazar, Villarcayo de M.C.V.
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 38 Foto 32 - Villatomil, Medina de Pomar Foto 33 - San Pelayo, Loma de Montija Foto 34 - Población de Arreba
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 39 Foto 35 - Villanueva de los Montes, Oña Foto 36 - Cadiñanos, Trespaderne Foto 37 - Campino, Alfoz de Bricia
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 40 Foto 38 - Cubillos del Rojo, Valle de Valdebezana Foto 39 - Pradilla de Hoz de Arreba, V. de Valdebezana Foto 40 - Villarcayo Foto 41 - Hedeso, Valle de Tobalina
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 41 Foto 42 - Barrio de Bricia, Alfoz de Bricia Foto 43 - Fresno de Losa, Valle de Losa Foto 44 - Las Eras, Junta de Traslaloma Foto 45 - Pradilla de Hoz de Arreba
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 42 Foto 46 - Villaventín, Junta de Traslaloma Foto 47 - Leciñana de Tobalina Foto 48 - Quincoces de Yuso, Valle de Losa Foto 49 - Espinosa de los Monteros
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 43 Foto 50 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 51 - Leva, Merindad de Valdeporres Foto 52 - Villabáscones, M. de Sotoscueva Foto 53 - Fresno de Losa, Valle de Losa
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 44 Foto 54 - San Miguel de Cornezuelo Foto 55 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 56 - Villabáscones, M. de Sotoscueva Foto 57 - Quisicedo, M. de Sotoscueva
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 45 Foto 58 - Virtus, Valle de Valdebezana Foto 59 - Cidad de Ebro, V de Manzanedo Foto 60 - Almendres, M. de Cuesta Urría Foto 61 - Gallejones, Valle de Zamanzas
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 46 Foto 62 - Pradilla de Hoz de Arreba Foto 63 - El Almiñé, Valle de Valdivielso Foto 64 - Arroyo de Valdivielso Foto 65 - Barcenillas del Ribero
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 47 Foto 66 - Cornudilla, Oña Foto 67 - Cornudilla, Oña Foto 68 - Hermosilla, Oña
  • Capítulo 2 - ASPECTOS CONSTRUCTIVOS 48 Foto 69 - Cornudilla, Oña Foto 70 - La Parte de Bureba, Oña Foto 71 - Terminón, Oña
  • LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES _______________________________________________________________________________________ Capítulo 3
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 1 La casa de Las Merindades responde al tipo conocido como “casa-bloque”: compacta, unifa- miliar, generalmente exenta, a la par es vivienda y unidad de producción, con vocación de autosuficiencia, acoge dentro de sí múltiples funciones: vivienda, establo, pajar, granero, alma- cén, bodega, taller, desván, horno de pan, palomar, colmenar... Las dos casas que representamos a través de dibujos nos sirven para explicar bastante bien las formas básicas de organización interior y los distintos elementos funcionales que podemos en- contrar en el conjunto de casas de Las Merindades. El primer elemento funcional al que queremos referirnos es el corral, el espacio exterior privativo de la casa, descubierto pero cercado, que acaba convirtiéndose en el elemento principal pues- to que allí se desarrolla buena parte de la vida de la familia campesina. Es el recinto en torno al cual se organizan los distintos edificios de la casa: − El edificio principal que alberga las estancias vivideras. − Uno o varios edificios techados pero abiertos, conocidos como portalón, teja-vana o caba- ña, cuya función es cobijar los carros, la leña, tejas... en general todo aquello que podía dejarse al exterior pero que debía estar resguardado de la lluvia. − Un horno de pan o panera, en un pequeño edificio cubierto y cerrado, una solución más habitual que tener el horno dentro, por el peligro que representaba. El corral aparece habitualmente cercado por altas tapias de piedra, que además de servir para delimitar la propiedad, proporcionaban zonas al abrigo de los vientos con suficiente soleamien- to, donde se pasaban las horas de asueto, entretenidos en la costura, la tertulia, la siesta o el juego. La actividad cotidiana incluía el uncido de las bestias, el apaño de todo tipo de ape-
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 2 ros, el ordeño de las vacas, el echar de comer al ganado, herrarlo, sacarlo a abrevar, o sacar el estiércol de las cuadras, la pocilga o el gallinero, la matanza del cerdo , preparar la leña para el invierno... En definitiva el corral era el lugar donde se desarrollaba buena parte de la vida coti- diana de los habitantes de la casa. En Las Merindades encontramos distintas disposiciones de corral (Fotos 1, 2, 3 y 4). En la zona noroeste, desde Arija hasta la Merindad de Sotoscueva, incluyendo al Alfoz de Santa Gadea y al Alfoz de Bricia, encontramos casas con corral delantero, cerrado por altas tapias, como la segunda casa representada. En el Valle de Losa los corrales son más bien fincas cerca- das con tapias bajas, en la que las distintas construcciones se disponen con holgura, y que engloban eras y huertas. Pero bajando hacia el Sur o hacia el Este desde estas zonas, el corral delantero tal y como lo hemos descrito va desapareciendo, porque el caserío se va aglomeran- do y adosando, llegando a formar calles; el edificio principal de la casa se abre directamente a la calle, y el corral se lleva al interior, normalmente con otro acceso. En esta última disposición es también habitual la aparición de pequeñas construcciones de dos pisos que se emplean co- mo pajar en la planta superior, normalmente con escalera de acceso exterior, y como cobertizo de herramientas o para guardar ganado en la planta inferior (Fotos 25, 26, 27 y 28). Vamos ahora a fijarnos en el edificio principal de la casa, donde se encuentran las distintas estancias vivideras de la familia. En Las Merindades encontramos 2 esquemas organizativos básicos, de los que son ejemplo las viviendas representadas. El primero, al que nos referiremos como “casa con pajar a la espalda de la vivienda”, ocupa toda la zona noroeste, encontrándo- lo en los pueblos de Arija, Alfoz de Santa Gadea, Alfoz de Bricia, Valle de Valdebezana, Merindad de Valdeporres, Merindad de Sotoscueva, Valle de Zamanzas, Valle de Manza- nedo y Los Altos. Y el segundo, al que llamaremos “casa con desván sobre la vivienda”, ocu- pa el resto del territorio. Señalemos primero las similitudes entre los dos esquemas organizativos: uno y otro coinciden en el uso que se da a la planta baja, destinada principalmente a guardar los animales, y en que las estancias vivideras se llevan a los pisos superiores.
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 3 Los animales podrían perfectamente guardarse fuera del edificio principal, en una construcción aparte, y de hecho esto se hacía habitualmente con ovejas y cabras, por las molestias que pro- duce este tipo de ganado. Pero no se hacía por diversas razones: para simplificar la construc- ción, para aprovechar el calor que produce el ganado mayor para calentar la vivienda (en mu- chos pueblos aún recuerdan como se pasaban las veladas de invierno junto a los animales), y porque no se quería ocupar la planta baja para vivienda, para evitar las humedades del suelo. Esta ocupación sólo se producirá en el siglo XX cuando aumenten las necesidades espaciales de las familias, y entonces será habitual construir una segunda cocina, en planta baja, la cono- cida como económica, de chapas o bilbaína en la planta baja. La entrada al edificio principal de la casa era habitualmente única, en la fachada principal, y por ella pasaban personas y animales. Se accedía directamente al portal, que suele aparecer empedrado para facilitar el tránsito del ganado mayor, y desde él se accedía a los pisos supe- riores, a través de una escalera interior, o a la cuadra, en la que se guardaban todos los anima- les de la casa. La cuadra, que normalmente ocupa más de la mitad de la planta baja, cuenta en una de las paredes con las pesebreras (Foto 23) y en el resto del espacio, se cerraba a los demás animales. Era muy común que los cerdos se guardaran bajo la escalera. En planta baja es también habitual encontrar una bodega o fresquera, una habitación cerrada por muros de pie- dra, con un pequeño ventanuco al exterior para ventilación. Y en algunos pueblos encontramos también en planta baja las trojes en que se guardaba el grano, una solución atípica por cuanto cabría esperar que en esta posición le afectara la humedad. De hecho es más común encontrar- lo en el espacio bajo-cubierta, un espacio seco y ventilado. Y finalmente señalemos las diferencias entre ambos esquemas organizativos, que radican en el modo en que se disponen las estancias vivideras en los pisos superiores y en el lugar que ocu- pa el espacio dedicado a pajar, secadero o trastero. En el primer esquema organizativo, “casa con pajar a la espalda de la vivienda”, representado por la primera vivienda, la casa está dividida en dos partes, crujías, separada por un muro de piedra central paralelo a la fachada principal, y que se eleva hasta el caballete de la cubierta, una cubierta a dos aguas. De tal forma que en planta baja la distribución es la que hemos seña-
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 4 lado en párrafos anteriores: con el muro en medio separando portal, escalera y bodega de la cuadra, pero en la planta o plantas superiores la crujía delantera, la que da a la fachada princi- pal (orientada a sureste o sur) es ocupada por las estancias vivideras, mientras que la crujía posterior, la que da a la fachada trasera (orientada a norte o a oeste), es ocupada por un pajar de enormes dimensiones, abierto hasta la cubierta y sin forjados intermedios, que protege a la vivienda en invierno del frío, del viento y de la lluvia. Porque es en invierno cuando el pajar está lleno de paja y de hierba, y la hierba está fermentando y despidiendo algo de calor. Cuando la casa estaba aislada el hueco en la pared por el que se cargaba la paja o la hierba, bocarón (Foto 24), se situaba a un lado, cubierto por el portalón; y cuando las casas estaban adosadas el bocarón se abría en la fachada posterior. En este esquema organizativo las distintas estancias vivideras abren sus ventanas a la fachada principal, la más soleada, para mejor procurar algo de calor en los días de invierno. En la última planta, a la que en las casas como la representada llaman el tercero, la más cercana a la cubier- ta, se sitúa siempre la cocina, acompañada en ocasiones de la recocina. La razón de esta ubi- cación es que llevados por el temor a los incendios se quería reducir el desarrollo de las chime- neas, donde se originaba la mayoría cuando por no estar bien selladas se escapaba alguna chis- pa. Incluso era frecuente encontrar la cocina en el bajo cubierta, en casas con sólo dos plantas, una cocina que, una vez que se montaron las cocinas económicas en planta baja o en la planta primera, se siguieron utilizando para ahumar los productos de la matanza. Por el temor a los incendios se explica también la existencia del muro de piedra interior hasta la cubierta, para separar la paja y la hierba de la cocina. Normalmente las dos crujías tienen la misma anchura, pero también encontramos ejemplos, en pueblos de Arija, del Alfoz de Santa Gadea y del Alfoz de Bricia, donde la crujía posterior de la cuadra-pajar tiene hasta el doble de anchura que la crujía delantera de la vivienda, lo que denota el gran número de cabezas de ganado que había que alojar y alimentar. En el segundo esquema organizativo, “casa con desván sobre la vivienda”, representado por la segunda vivienda, las distintas estancias vivideras ocupan toda la primera planta, abriéndose a las fachadas exteriores, mientras que el espacio bajo-cubierta es empleado, según las zonas:
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 5 − Para guardar paja y hierba, recibiendo el nombre de pajar o camarote, como en el Valle de Mena y en muchas casas de la Merindad de Montija. − Para guardar la paja, como trastero o como secadero de fruta, maíz, pimientos, alubias..., recibiendo el nombre de sobrado o camarote, y en el Valle de Tobalina y La Bureba, el nombre de payo. Ese espacio bajo cubierta es un espacio sin distribuir que cuenta con unos pequeños ventanu- cos en las fachadas que permanecen cerrados en invierno, mejorando así el aislamiento de la vivienda subyacente gracias a la cámara de aire así formada, y que se abren en los meses cáli- dos para facilitar la ventilación de lo allí guardado, permitiendo también disipar el calor tomado por la cubierta por efecto de la radiación solar. En estas casas la cocina también se encuentra en la última planta, o en el bajo cubierta en casas de dos plantas, por la misma razón que en el caso anterior: el temor a los incendios. Tras ver los tipos de organización interior de las casas haremos ahora un repaso pormenorizado a otros elementos funcionales de la casa. La entrada a las casas con corral delantero (Fotos 5, 6 y 7) se abre en la cerca o en la pared de cierre del portalón, cuenta con una puerta de dos hojas con tamaño suficiente para permitir el paso de un carro y está protegida por un pequeño tejadillo. Al quedar la casa parcial o totalmente oculta detrás de la tapia, la entrada asume el papel de representar la posición social y económica de la familia, y por esa razón encontramos ejemplos muy elaborados, bien con un enorme cargadero de piedra como dintel, o resuelta en arco de medio punto. La entrada al edificio principal de la casa, servía para el paso de personas y de animales (Fotos 8, 9, 10, 11 y 12). Era normal que el espacio exterior de entrada estuviera empedrado, al igual que el portal. En ocasiones la puerta contaba con una cancilla o sobrepuerta. La cocina era sin duda el espacio más importante de la casa, pues el hogar era el único foco de calor existente, aparte de la cuadra (Fotos 13, 14, 15 y 16). La labor de encender el
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 6 fuego era la primera que se realizaba al despuntar el día, era el rito mañanero del que solía encargarse la mujer, y con él comenzaba la vida en la casa. En la cocina se preparaba el alimen- to de la familia y de no pocos animales, haciendo uso de la trebede y del illar. La cocina de la Foto 13 es el tipo de cocina más antiguo en la zona, es la cocina baja o cocina de humo, en la que una enorme campana cubre totalmente la habitación, con el hogar en el centro sobre una base de piedra o de arcilla, y alrededor de él los escaños o caponeras para sentarse. En no pocas ocasiones la habitación carecía de toda abertura en los muros, a no ser la de la chi- menea, y por esa razón reciben también el nombre en algunos sitios de cocina de claraboya, pues el óculo de la chimenea era la única entrada de luz. De este tipo de cocinas apenas que- dan. De las que sí que encontramos aún muchos ejemplos es de la cocina de la Foto 15, con la campana adosada a una pared. Y como ya hemos contado, en el siglo XX muchas casas habilitaron una cocina moderna, llamada económica, de chapas o bilbaína (Foto 16). No podemos terminar sin referirnos a las piedras fregaderas (Foto 14), situadas normalmente bajo una ventana de la que recibe la luz y formadas por una sola pieza labrada con un saliente a modo de caño por el que se vertía el agua al exterior. El balcón es un elemento muy común en Las Merindades pero no es universal, es decir: no lo encontramos en todas las casas. Su función es básicamente la de servir como secadero, ya sea de diversos productos agrícolas o de ropa, y por esa razón aparece siempre colocado en el lugar más soleado y expuesto de la vivienda, en la fachada principal, que como ya hemos visto antes es la más soleada, orientada a sur o sureste, en la segunda planta o en la tercera cuando la hay. Aunque también hay otro tipo de balcones, de menor desarrollo, frecuentemente con el piso volado en piedra y con barandilla de forja, tomados de las casas solariegas e incorpo- rados a la arquitectura popular con el mismo sentido que en aquéllas, no funcional sino simbó- lico, conferir una mayor prestancia a la casa poniendo de manifiesto la posición social y eco- nómica de sus propietarios. Sólo tenemos que echar un vistazo a las casas del Valle de Mena. En Las Merindades el balcón toma un sinfín de expresiones distintas: puede comprender toda la fachada principal o una pequeña parte en posición central, puede volar ligeramente o que- dar totalmente encastrado en el cuerpo de la casa...
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 7 El tipo de balcón más abundante y conocido de Las Merindades es el de la Foto 17, que encontramos habitualmente al noroeste, en la mayor parte de las casas de los términos de Ari- ja, Alfoz de Santa Gadea, Alfoz de Bricia, Merindad de Valdeporres, Merindad de Sotos- cueva, Espinosa de los Monteros, Merindad de Montija, Valle de Zamanzas, Valle de Man- zanedo y Los Altos, y esporádica en los términos cercanos: Medina de Pomar, Villarcayo de M.C.V y Valle de Valdivielso. Es un balcón que recorre toda la fachada principal en la última planta, ligeramente volado y encastrado en el cuerpo de la casa y, lo más distintivo, cerrado lateralmente por muros de piedra, cortavientos o cortafuegos, que aparecen en esa planta, en sillería sobre ménsulas labradas en “pecho de paloma”, y rematados superiormente por una pequeña cornisa labrada que sirve de apoyo para la viga que forma el alero. La pared de sepa- ración del balcón con el interior es un entramado de madera cuajado de adobe y revocado. Es la solana cántabra aunque aquí siempre ha sido conocida como balcón. Este tipo de balcón no ha existido siempre en Las Merindades, pues las casas más antiguas en que lo encontramos han sido construidas entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, y su incorporación generalizada se ha producido a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Y en la misma zona podemos encontrar también casas que son claramente más antiguas y que no lo incorporan. Por lo que parece claro que es un elemento llegado desde la vecina Cantabria, donde es un elemento prácticamente universal, presente en la mayor parte de las casas construidas desde el siglo XVII. En aquella región la mayoría de los es- pecialistas relacionan la aparición de la solana con la llegada del maíz, que se implantó con gran éxito en toda la cornisa cantábrica y que sirvió para aumentar la productividad de las tierras y asegurar la subsistencia de los campesinos. Y las casas tuvieron que adaptarse al proceso productivo del maíz, que exigía deshojar a mano cada panocha y antes de desgra- narla dejarla secar durante un mes en un lugar ventilado, para evitar que el grano fermentase mientras se curaba; la necesidad de un amplio secadero parece justificar la aparición de la solana en este tiempo. El mismo fenómeno está constatado para el vecino caserío vasco, del que se sabe que tras una primera etapa en la que se extendían las mazorcas sobre el suelo acabó incorporando galerías y cuerpos elevados adosados a la fachada frontal. En los pueblos de la Merindad de Sotoscueva, y esporádicamente en pueblos de los tér-
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 8 minos vecinos, encontramos casas con dos balcones superpuestos, como el de la Foto 18. El balcón de la Foto 19, completamente volado y que algunos autores califican como “cas- tellano”, es menos frecuente. Un tipo de balcón que también es muy habitual en Las Merindades, y también en la zona noroeste, es el de la Foto 20, con un muro de cierre lateral desde el suelo, en uno o dos lados, solución habitual también en Cantabria, la Montaña palentina y la Montaña leonesa. El balcón de la Foto 21, corto, centrado y completamente encastrado, lo encontramos habi- tualmente en el Valle de Losa, donde se le conoce como solana, muchas veces con la misma disposición que el de la foto: centrado en fachada, a eje con la puerta, y protegido por un quiebro en el caballete de la cubierta. Pero también lo encontramos esporádicamente en el resto de Las Merindades, excepto al noroeste donde la influencia cántabra ha sido muy fuerte. Y ya en el siglo XX se montaron las primeras galerías acristaladas (Foto 20), unas veces cerrando antiguos balcones y otras completamente nuevas. En las Fotos 29, 30 y 31, recogemos diversas formas de era, donde se trillaba el trigo o el centeno. En toda la zona es habitual que las casas la tengan al pie. En la Foto 29 vemos una solución muy ingeniosa, particularmente frecuente en Quintanilla-Valdebodres, en la que la era es un plano artificial formado con la tierra excavada al acometer la casa contra una ladera, de tal forma que resulta al nivel del pajar, en el bajo-cubierta. O bien se for- man en las laderas, conteniendo las tierras excavadas con muros de mampostería sin morte- ro, solución habitual en muchos pueblos de la zona noroeste. En las Fotos 32, 33, 34 y 35 se representan otros elementos que habitualmente pode- mos encontrar en las casas: colmenas de abejas o dujos (Foto 32), hornos de pan o pane- ras (Fotos 33 y 34) o palomares (Foto 35). Y por último recogemos en las Fotos 36, 37 y 38, ejemplos de relojes de sol y escudos, de fina labra, que servía para denotar la posición social de la familia.
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 9 Foto 1 - Arija Foto 2 - Villabáscones, Merindad de Sotoscueva Foto 3 - San Miguel de Relloso, Valle de Losa
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 10 Foto 4 - Mambliga, Valle de Losa Foto 5 - Salazar, Villarcayo de M.C.V. Foto 6 - Salazar, Villarcayo de M.C.V.
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 11 Foto 7 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea Foto 8 - Bercedo, Merindad de Montija Foto 9 - Ahedo de Butrón, Los Altos
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 12 Foto 10 - Villasana de Mena, Valle de Mena Foto 11 - Las Eras, Junta de Traslaloma Foto 12 - Las Eras, Junta de Traslaloma
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 13 Foto 13 - Villanueva de los Montes, Oña Foto 14 - Revilla de Pienza Foto 15 - Quintanilla del Rebollar Foto 16 - Villabáscones de Bezana
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 14 Foto 17 - San Miguel de Cornezuelo, Valle de Manzanedo Foto 18 - Ahedo de Linares, M Sotoscueva Foto 19 - Villamartín de Sotoscueva
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 15 Foto 20 - Villabáscones de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 21 - Villaluenga, Valle de Losa Foto 22 - Soncillo, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 16 Foto 23 - Herbosa, Valle de Valdebezana Foto 24 - Población de Arreba, Valle de Manzanedo Foto 25 - Santa María de Garoña, Valle de Tobalina
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 17 Foto 26 - Santa Cruz de Mena, Valle de Mena Foto 27 - Cornejo, Merindad de Sotoscueva Foto 28 - Vallejo, Valle de Manzanedo
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 18 Foto 29 - Quintanilla Valdebodres, Merindad de Sotoscueva Foto 30 - Quintanilla Valdebodres Foto 31 - Quintanilla Valdebodres
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 19 Foto 32 - Vallejo, Valle de Manzanedo Foto 33 - Quintanilla del Rebollar, M. de Sotoscueva Foto 34 - San Martín del Rojo Foto 35 - Valdenoceda
  • Capítulo 3 - LA CASA, ELEMENTOS FUNCIONALES 20 Foto 36 - Landravés, Valle de Valdebezana Foto 37 - Toba de Valdivielso Foto 38 - Momediano, Medina de Pomar
  • LA CASA, VARIACIONES FORMALES _______________________________________________________________________________________ Capítulo 4
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 1 En este Capítulo hemos pretendido ordenar las múltiples manifestaciones que la casa popular ha tomado en Las Merindades, de entre las que han llegado hasta nuestros días, una tarea nada fácil ante la enorme diversidad de formas encontrada. Hablamos de formas y no de tipologías porque nos ha sido imposible establecer tipologías claras. Son muchas las variables que nos ayudan a establecer tipologías de casas en arquitectura popular: el tiempo en el que han sido construidas, los materiales con que han sido construidas, la presencia de corral, la organización general de los edificios de que se compone, la organiza- ción interior del edificio principal de vivienda, la formalización del edificio principal de vivien- da... En Las Merindades hemos comprobado cómo la variable “tiempo” nos ayuda a recono- cer distintas épocas históricas en su arquitectura popular, unas más antiguas y otras más recien- tes, o cómo la variable “material de construcción” no nos sirve para su clasificación pues la mayoría de las casas presentan los mismos materiales y sistemas constructivos, con predominio de la piedra. Y ha sido al analizar el modo en que organizan interiormente las casas y el modo en que se formalizan exteriormente cuando ha resultado patente que la clasificación tipológica es imposible, pues las variantes son infinitas. Por esa razón nos ha parecido más conveniente establecer una ordenación por “formas”, que podemos agrupar cronológicamente de la siguiente manera: − Por un lado las Formas de referencia, torres y casas solariegas, que no puedan ser encua- dradas exactamente dentro de lo que consideramos como arquitectura popular, pero que han influido claramente en todos los edificios que se han construido posteriormente. En su mayor parte son anteriores al siglo XVIII. − Por otro, las Formas más antiguas, en su mayor parte construidas antes del siglo XIX (tie-
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 2 nen más de 200 años): casas con entramado exterior de madera, casas notables en piedra y casas modestas en piedra. − Por otro lado, las Formas que siguieron a las anteriores, construidas en su mayor parte du- rante el siglo XIX y principios del XX (tienen entre 100 y 200 años): las Formas con centro en el Valle de Mena, las Formas del Valle de Losa, las Formas con balcón corrido encastrado de influencia cántabra, las Formas con balcón corrido encastrado, las Formas con balcón corrido exterior, las Formas sin balcón corrido y las Formas de influencia vasca. − Y finalmente las Formas recientes, construidas a finales del siglo XIX y durante el siglo XX (algunas tienen poco más de 100 años, pero en general tienen menos de esa cantidad) que, aunque guardan relación con las formas tradicionales locales, forman parte de corrien- tes culturales más amplias e incorporan elementos externos.
  • Apartado A _______________________________________________________________________________________ FORMAS DE REFERENCIA: TORRES Y CASAS SOLARIEGAS
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 4 En este apartado recogemos unos pocos ejemplos de las muchas torres y casas solariegas que aún podemos encontrar en Las Merindades. Aunque no pueden ser consideradas como Ar- quitectura Popular, son Formas de referencia pues su presencia ha influido en todos los edifi- cios que se han construido con posterioridad. Porque eran símbolos del poder político, eco- nómico y social que las gentes que las construyeron detentaron en la zona, y todos aquellos labradores, comerciantes, arrieros... que alcanzaban una cierta posición económica querían emularlos al construir sus casas, propagando así unos modelos y unas formas que luego serán imitadas por el resto de la población. Las primeras torres que se erigieron en Las Merindades y en regiones vecinas tenían un carácter militar. Tras la invasión árabe muchas gentes de la meseta huyeron y se refugiaron en las monta- ñas de la cornisa cantábrica, desde las que organizaron la resistencia. La necesidad de estar prevenidos ante un posible ataque enemigo propició la aparición de atalayas o torres de vigi- lancia, mayoritariamente en madera, en lugares estratégicos. Será la primera generación de torres en la zona, de la que no nos quedan ejemplos. Con el desplazamiento de las fronteras hacia el sur quedaron grandes superficies de terreno que era necesario repoblar, labor que los reyes de aquel tiempo encomendaron a nobles y comuni- dades religiosas, donándoles tierras y delegando en ellos el poder real. En ese momento surge una segunda generación de torres, que es la que ha llegado hasta nosotros, localizadas ahora junto a los vados de los ríos, en los caminos utilizados para el comercio, cerca de las tierras de labor, que además de desempeñar las funciones de vigilancia y defensa, son un distintivo de autoridad y poder económico, del control que los nobles quieren ejercer sobre el territorio.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 5 Y en los tiempos de las llamadas guerras de bandos, entre nobles, que se produjeron durante la Edad Media en toda la Europa feudal y también en Las Merindades, y que no fueron sino disputas por el control del territorio, las torres pasaron a desempeñar además el papel simbóli- co de origen del linaje, del apellido de la familia. Las torres construidas en aquel tiempo por todo el Norte peninsular tenían similares caracterís- ticas, que fueron bien descritas por Elías Ortiz de la Torre en su libro “Arquitectura civil”, publicado en Santander en el 1.927: “Todas corresponden al mismo tipo, estabilizado durante más de doscientos años: planta cuadrada, fuertes muros de mampostería bien labrada, con esquinas de sillería; arco de ingreso bajo, estrechas saeteras que flanquean la entrada, pequeños huecos de luces, fuertemente gemelos, con ligero mainel, coronación almenada. Constan de tres plantas y la proporción entre la base y la altura es tal que les da un carácter pesado, sólido, adus- to, al cual contribuye también la ausencia de todo elemento decorativo y la parquedad con que han sido provistas de huecos”. A partir del siglo XVI finalizan las guerras de bandos y las torres, símbolo de señorío y de “rancio abolengo”, van perdiendo poco a poco su carácter defensivo y austero. En los muros se abren más huecos, las fachadas comienzan a incorporar elementos decorativos, o son objeto de profundas transformaciones y pasan a formar parte de un complejo señorial más amplio. Así han llegado hasta nuestros días. La influencia que van a ejercer las torres en todos los edificios que se construyan con posterio- ridad va a ser muy grande. Por un lado porque van a marcar la pauta del proceso de “petrifi- cación” que se producirá en la Arquitectura Popular de Las Merindades, al animar a la cons- trucción por parte de nobles e hidalgos de casas en piedra, un proceso que se produce desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. Y por otro lado porque la enorme fuerza simbólica de su forma cúbica va a influir poderosamente. Las casas solariegas constituyen otra generación de edificios que la nobleza local construye a partir del siglo XVI, una vez que el territorio se ha pacificado y ya no necesitan de las
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 6 torres para su defensa. Edificios que les permiten llevar una vida mucho más cómoda y refi- nada que la que se podía llevar en aquéllas. Los que han llegado hasta nosotros fueron construidos durante los siglos XVI, XVII y XVIII, y reproducen modelos vistos en las ciu- dades donde se concentraba el poder político en aquel tiempo: Madrid, Valladolid o Burgos. Porque es realmente en esas ciudades donde esa nobleza tiene su residencia, inten- tando beneficiarse de la cercanía a la corte, el centro de todo poder. Y las casas construi- das en Las Merindades y en otros territorios son moradas temporales que sirven para afirmar su autoridad y control sobre el territorio. Y los ejemplos que recogemos, casas solariegas construidas durante el siglo XVIII, edificios exentos con dos alturas y desván, con cubierta a cuatro aguas y con fachada principal clasi- cista de tres huecos por planta, con simetría al centro, constituyen un modelo que será muy imitado en todas Las Merindades, como tendremos ocasión de comprobar en los próximos apartados. Hasta el punto de que en zonas como el Valle de Mena se convertirá en la vivienda prototípica, casi modelo único, conocida por sus vecinos como “casa menesa”.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 7 Foto 1 - Ovilla, Valle de Mena Foto 2 - Medina de Pomar Foto 3 - Quisicedo, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 8 Foto 4 - Salazar, Villarcayo de M.C.V. Foto 5 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 6 - Quintana de Valdivielso, Merindad de Valdivielso
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 9 Foto 7 - Lomana, Valle de Tobalina Foto 8 - Valpuesta, Berberana Foto 9 - Quintana Martín Galíndez
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 10 Foto 10 - Maltranilla, Valle de Mena Foto 11 - El Berrón, Valle de Mena Foto 12 - Angosto, Medina de P.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 11 Foto 13 - Villarcayo Foto 14 - Arroyo de Valdivielso, Merindad de Valdivielso Foto 15 - Penches, Oña
  • Apartado B _______________________________________________________________________________________ FORMAS ANTIGUAS CON ENTRAMADO DE MADERA AL EXTERIOR
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 13 En este Apartado recogemos unos cuantos ejemplos de casas con entramado de madera exte- rior, con dos plantas, las formas más antiguas de Arquitectura Popular que encontramos hoy en Las Merindades, en su mayor parte construidas antes del siglo XIX, es decir: tienen más de 200 años. Hoy son los únicos supervivientes de un sistema constructivo que antaño pobló este territorio, antes de que se produjera el proceso de “petrificación” que ya hemos descrito en el Capítulo 2. Un proceso que en la arquitectura civil debió iniciarse a partir del siglo XVI, cuando la nobleza local comienza a erigir casas en piedra y que se generalizó durante el siglo XVIII. El ejemplo más antiguo que recogemos es el de la casa de Valpuesta (Foto 25), que pode- mos datar en el siglo XV gracias a la existencia de un entrada en arco ojival. Pero del resto resulta imposible obtener una fecha precisa de construcción pues no disponemos de más ele- mentos para su datación. El tamaño de las ventanas, parámetro que utilizamos normalmente para la datación, no sirve en este caso pues todos ellos presentan hoy ventanas más grandes de las que seguramente tuvieron en el pasado, una ampliación que resultaba muy sencilla en un sistema tan flexible como el entramado de madera. Lo único que podemos afirmar con seguri- dad es que son anteriores al siglo XIX, que tienen más de 200 años. Las casas de las Fotos 16, 17 y 18, están claramente emparentadas con una tipología muy extendida en la Montaña Palentina y en el Alto Campoo cántabro, en la que es frecuente la presencia de un soportal o socarreña bajo un cuerpo cerrado de entramado de madera cuajado con ladrillo macizo. Las casas de las Fotos 21, 22 y 23, casas de Villasana de Mena, nos muestran formas habi-
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 14 tuales que tomaba este sistema constructivo en las villas de repoblación, donde las casas se adosaban formando calles, en un plan ordenado, y era común el avance de los cuerpos supe- riores para ganar superficie útil. En ese momento aparecen los muros cortafuegos cerrando lateralmente esos avances, para evitar la propagación de los incendios. Esa forma era común en todo el territorio, como podemos comprobar por la presencia esporádica de algunos edificios (Fotos 20, 26, 27 y 28). En ese muro cortafuegos está el origen del muro cortavientos o medianil que luego encontraremos profusamente en la arquitectura popular cántabra y en la arquitectura popular de Las Merindades influida por aquella, en los edificios que comienzan a construirse a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en toda la parte Noroeste, y que incorporan un balcón corrido en la planta superior. Sin embargo, el entramado de madera siguió siendo el sistema constructivo habitual en otras zonas de Las Merindades, por la menor disponibilidad de piedra (Fotos 29, 30 y 32), o en pueblos con un plano urbano ordenado y un parcelario estrecho, como en el caso de Frías (Foto 31).
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 15 Foto 16 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 17 - Torres de Abajo, Valle de Valdebezana Foto 18 - Busnela, Merindad de Valdeporres
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 16 Foto 19 - Espinosa de los Monteros Foto 20 - Espinosa de los Monteros Foto 21 - Villasana de Mena Foto 22 - Villasana de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 17 Foto 23 - Villasana de Mena, Valle de Mena Foto 24 - Vivancos, Valle de Mena Foto 25 - Valpuesta, Berberana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 18 Foto 26 - Almendres, M. de Cuesta Urría Foto 27 - Nofuentes, M. de Cuesta Urría Foto 28 - El Almiñé, M. de Valdivielso Foto 29 - Bentretea, Oña
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 19 Foto 30 - Cillaperlata Foto 31 - Frías Foto 32 - La Parte de Bureba, Oña
  • Apartado C _______________________________________________________________________________________ FORMAS ANTIGUAS EN PIEDRA, CASAS NOTABLES
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 21 Recogemos aquí las formas más antiguas y notables de las casas en piedra de Las Merindades, casas de dos alturas, construidas con anterioridad al siglo XIX. Fueron fruto del proceso de petrificación de la arquitectura de entramado de madera que, como ya hemos comentado re- petidas veces, se produce en la arquitectura civil desde el siglo XVI, cuando los nobles e hidalgos locales comienzan a construir sus casas solariegas en piedra; y que se generaliza en el siglo XVIII. Las casas de las Fotos 33, 34 y 35, muestran alguno de esos ejemplos precurso- res. Las casas solariegas marcarán la pauta que luego seguirán otras casas, de gentes que sin poseer la condición de noble o hidalgo, tenían un patrimonio importante, en tierras o ganadería, o habían alcanzado una posición desahogada gracias a otras actividades, como el comercio, la arriería... y que quieren manifestar su riqueza a través de las casas. Por esa razón es frecuente en ellas el empleo de una excelente sillería, a veces en la totalidad de las fachadas como en la zona de Arija, Santa Gadea y Bricia (debido a la excelencia y facilidad de labra de sus arenis- cas); pero lo normal es el empleo de sillería solo en la resolución de huecos y esquinales, prin- cipalmente en la entrada, ejecutada en arco de medio punto en la mayoría de los casos. Es también frecuente el tratamiento de las ventanas con refajados clasicistas. En algunas casas, las de mayor tamaño, se nota la influencia de casas solariegas como las reco- gidas en el Apartado A, por la disposición simétrica de huecos en la fachada principal (Fotos 40 y 41). Pero en la mayoría no existe esa preocupación y los huecos se disponen aleatoria- mente en fachada, al servicio de la distribución interior. La mayoría de ellas carece de corral delantero, poniendo de manifiesto la voluntad de hacer
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 22 notar su presencia en un espacio urbano, de caserío aglomerado. Y en cuanto a su organización interior ésta no difería de las restantes casas porque, en definitiva, el medio de vida de sus dueños era el mismo, basado en la agricultura y la ganadería. En la mayoría de ellas la planta baja se dedica a guardar el ganado. Este tipo de casas las encontramos por todo el territorio de Las Merindades. Sin embargo llama la atención su mayor número en la zona Noroeste, sobre todo en los pueblos de Los Altos (Villaescusa del Butrón y Pesadas de Burgos sobre todo) y de la Merindad de Valdi- vielso, al igual que sucede en pueblos cercanos del Cañón del Ebro y del Valle de Sedano: Pesquera de Ebro, Turzo, Cortiguera, Sedano... De entre todas las que recogemos llama la atención alguna de ellas. Como la de Almendres (Foto 54), en la Merindad de Cuesta Urría, con una forma cúbica muy poderosa, que nos recuerda a una torre y que bien pudiera haber sido una en el pasado. O el caserío de Tamayo (Fotos 60 y 61), en Oña, hoy prácticamente abandonado, y que impresiona por el tamaño y calidad constructiva que tuvieron sus casas, al parecer construidas por prósperos arrieros. Para este conjunto de casas seguimos sin disponer de elementos que nos permitan su datación, aunque ahora si puede orientarnos el tamaño de las ventanas. Solo podemos asegurar que, en general, tienen entre 200 y 300 años, es decir: fueron construidas durante el siglo XVIII, aunque alguna de ellas bien pudiera pertenecer al siglo XVII y tener más de 300 años. Y que convivieron con las casas de entramado de madera, en un panorama mucho muy heterogéneo aún que el actual.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 23 Foto 33 - Cornejo, Merindad de Sotoscueva Foto 34 - Tubilleja, Los Altos Foto 35 - Villaventín, Junta de Traslaloma
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 24 Foto 36 - Virtus, Valle de Valdebezana Foto 37 - Virtus, Valle de Valdebezana Foto 38 - Bárcenas, Espinosa de los Monteros
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 25 Foto 39 - Salazar, Villarcayo de M.C.V. Foto 40 - Quintanilla de Pienza, Merindad de Montija Foto 41 - Bóveda de la Ribera Foto 42 - Criales, Medina de Pomar
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 26 Foto 43 - Gallejones, Valle de Zamanzas Foto 44 - Cidad de Ebro, Valle de Manzanedo Foto 45 - Cidad de Ebro, Valle de Manzanedo
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 27 Foto 46 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 47 - Pesadas de Burgos, Los Altos Foto 48 - Pesadas de Burgos, Los Altos
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 28 Foto 49 - Villaescusa del Butrón, Los Altos Foto 50 - Villaescusa del Butrón, Los Altos Foto 51 - Villaescusa del Butrón, Los Altos
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 29 Foto 52 - Panizares, Merindad de Valdivielso Foto 53 - Valhermosa, Merindad de Valdivielso Foto 54 - Almendres, Merindad de Cuesta Urría
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 30 Foto 55 - Quintana Martín Galíndez, Valle de Tobalina Foto 56 - Herrán, Valle de Tobalina Foto 57 - Cillaperlata Foto 58 - Cuezva, Valle de Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 31 Foto 59 - Villanueva de los Montes, Oña Foto 60 - Tamayo, Oña Foto 61 - Tamayo, Oña
  • Apartado D _______________________________________________________________________________________ FORMAS ANTIGUAS EN PIEDRA, CASAS MODESTAS
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 33 En este Apartado recogemos las formas más antiguas y modestas de las casas en piedra de Las Merindades, seguramente construidas antes del siglo XIX, con una edad que puede estar entre los 200 y los 300 años. Las encontramos por todo el territorio, pero con mayor profusión en la zona Noroeste, donde coexistirán con las casas que se construyen en la zona a partir del siglo XIX y que incorporan el balcón corrido entre cortavientos de influencia cántabra. Son casas que en la zona Noroeste cuenta con corral delantero pero lo van perdiendo hacia el Sureste. Son edificios de dos altu- ras que interiormente se organizan conforme a los dos esquemas organizativos descritos en el Capítulo 3: “casa con pajar a la espalda de la vivienda” o “casa con desván sobre la vivien- da”. De Noroeste a Sureste, el primero es sustituido por el segundo. Nótese como todos ellos carecen de todo tipo de balcón, cuya inexistencia parece denotar la innecesariedad de un secadero. En las Fotos 62, 63 y 64 recogemos ejemplos de cabañas pasiegas que, como ya hemos descrito en el Capítulo 1, encontramos en el territorio pasiego de pastoreo intensivo, situado entre Cantabria y Burgos. En Burgos se presenta desde el Valle de Valdeporres hasta la Me- rindad de Montija, pero adquiere mayor densidad en los cuatro ríos pasiegos. Se trata de edificaciones aisladas, con dos alturas: piso alto y bajo, con escalera exterior, forma rectangu- lar, tejado a dos aguas y caballete perpendicular a fachada. Edificaciones pastoriles que apare- cen siempre en medio o al margen de un prado, de aprovechamiento intensivo, por medio de un sistema de desplazamientos desde el fondo de los valles hasta las brenas de altitud, con cabañas sólo ocupadas en verano.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 34 En las Fotos 65, 66, 67, 68, 69 y 70 recogemos ejemplos de un importante grupo de casas que podemos encontrar en los pueblos de Arija, Alfoz de Santa Gadea y Alfoz de Bricia, que destacan por su excelente factura gracias a la facilidad de labra de la arenisca que allí se extrae. También en los pueblos del Valle de Zamanzas y del Valle de Manzanedo, encontramos una importante colección de ejemplos (Fotos 71 a 78). Los encontramos en lugares altos, como en el Páramo de Masa (Foto 80 y 81) o en los ce- rrados valles de los Montes Obarenes (Fotos 87 a 91), donde el intenso frío y viento expli- ca el pequeño tamaño de los huecos. Y son también frecuentes en la Merindad de Valdivielso (Foto 79), Merindad de Cuesta Urría (Fotos 82 y 83), Trespaderne, Valle de Tobalina (Fotos 84, 85 y 86), Partido de la Sierra en Tobalina, Frías y Cillaperlata (Foto 87).
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 35 Foto 62 - Valle del río de Lunada, Espinosa de los Monteros Foto 63 - Valle del río de Lunada Foto 64 - Valle del río Trueba, Espinosa de los Monteros
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 36 Foto 65 - Arija Foto 66 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea Foto 67 - Montejo de Bricia, Alfoz de Bricia
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 37 Foto 68 - Lomas de Villamediana, Alfoz de Bricia Foto 69 - Linares de Bricia, Alfoz de Bricia Foto 70 - Presillas, Alfoz de Bricia
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 38 Foto 71 - Crespos, Valle de Manzanedo Foto 72 - Crespos, Valle de Manzanedo Foto 73 - Arreba, Valle de Manzanedo
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 39 Foto 74 - Población de Arreba, Valle de Manzanedo Foto 75 - Manzanedo, Valle de Manzanedo Foto 76 - Argés, Valle de Manzanedo
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 40 Foto 77 - Argés, Valle de Manzanedo Foto 78 - Pradilla de Hoz de Arreba, Valle de Valdebezana Foto 79 - Quintana de Valdivielso, Merindad de Valdivielso
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 41 Foto 80 - Pesadas de Burgos, Los Altos Foto 81 - Escobados de Arriba, Los Altos Foto 82 - Quintanalacuesta, Merindad de Cuesta Urría
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 42 Foto 83 - Quintanalacuesta, Merindad de Cuesta Urría Foto 84 - Parayuelo, Valle de Tobalina Foto 85 - Santa María de Garoña
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 43 Foto 86 - Santa María de Garoña Foto 87 - Cillaperlata Foto 88 - Villanueva de los Montes, Oña
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 44 Foto 89 - Castellanos de Bureba, Oña Foto 90 - Cubilla, Partido de la Sierra en Tobalina Foto 91 - La Molina del Portillo de Busto, Oña
  • Apartado E _______________________________________________________________________________________ FORMAS CON CENTRO EN EL VALLE DE MENA
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 46 En la segunda mitad del siglo XVIII se construyen en el Valle de Mena una serie de casas señoriales de gran porte, conforme a un mismo modelo: casas en piedra, exentas, de planta cuadrada, con dos alturas más desván, con cubierta a cuatro aguas de grandes aleros y con una disposición en fachada de tres huecos por planta, con simetría al centro respecto a una puerta de gran tamaño y con dintel adovelado. Se trata de un modelo clasicista conforme al cual se construyen en Las Merindades otras casas señoriales, algunas de las cuales se recogen en el Apartado A, y que seguramente traslada a esta zona modelos más elaborados de casas seño- riales o palacios castellanos presentes en las ciudades de Burgos, Valladolid o Madrid. Ese modelo de casa señorial acabó popularizándose en el Valle de Mena, por razones que se nos escapan, y fue construido desde finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX (la mayoría de las casas tienen entre 100 y 200 años de antigüedad), en distintos tamaños y grados de elaboración, por toda la sociedad del Valle. Hoy es raro el pueblo donde no las encontremos y donde no sea la tipología predominante. Tal éxito en su implantación tuvo que ver quizás con el amplio desarrollo que tuvo en el valle el cultivo del maíz, que necesitaba de espacios amplios y ventilados donde secar. Porque en el tiempo en que fueron construidas esas casas el desván no tenía el uso que luego ha tenido en el siglo XX, cuando la ganadería pasa a constituir la base económica del valle. A partir de ese momento es el espacio donde se guarda la paja y la hierba, llamado sobrado o camarote. Solo así se entiende una ubicación tan incó- moda del pajar en la casa, que obligaba a subir la paja por la escalera en grandes fardos en- vueltos en sábanas conocidas como sagalinos. Son casas que pueden aparecer dentro de una finca o junto a otras. Están construidas en pie- dra caliza, de sillería en huecos, esquinales e impostas, y de mampostería en el resto de los
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 47 paños. Desde finales del siglo XIX buena parte de los lienzos de mampostería son revocados parcial o totalmente con mortero de cal y arena. Y en la mayoría de ellas es frecuente la incor- poración de un balcón exterior corto en la segunda planta, centrado sobre la puerta. El grupo más grande de casas que recogemos (Fotos 92 a 104) responden a lo hasta aquí descrito. Podemos apreciar cómo el modelo puede servir tanto para una casa señorial (Foto 94) como para una casa más modesta (Foto 104). El modelo presenta también variaciones, en las que la planta cuadrada se estrecha primando dos fachadas de las cuatro, en casas aisladas (Fotos 105, 106, 111, 112 y 114) y en casas adosadas por uno o dos lados (Fotos 107, 108, 109 y 113). Otras, como las de las Fotos 115 y 116 son esporádicas. El éxito de este modelo es tal que, además de generalizarse en el Valle de Mena, se extiende por todo el territorio de Las Merindades, a partir del siglo XIX. Pero como encontramos mu- chos más ejemplares en las comarcas vecinas al Valle de Mena, hay que pensar que el foco irradiante desde el que se extiende es este valle. Lo encontramos con frecuencia en la Merin- dad de Montija (Fotos 117 a 120), donde a veces incorpora un balcón corrido en la última planta, en el Valle de Losa (Fotos 122 a 127. Y esporádicamente en Espinosa de los Monteros (Foto 121), en el Valle de Valdebezana (Foto 128), en la Merindad de Cuesta Urría (Fotos 129 y 131), en el Valle de Tobalina (Fotos 131 y 133), en la Jurisdicción de San Zadornil (Foto 132) e, incluso, en La Bureba, al otro lado de los Montes Obarenes (Foto 134).
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 48 Foto 92 - Vivancos, Valle de Mena Foto 93 - Lezana de Mena, Valle de Mena Foto 94 - Villasuso, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 49 Foto 95 - Vivancos, Valle de Mena Foto 96 - Vivancos, Valle de Mena Foto 97 - Vivancos, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 50 Foto 98 - Siones, Valle de Mena Foto 99 - Anzo, Valle de Mena Foto 100 - Caniego, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 51 Foto 101 - Ovilla, Valle de Mena Foto 102 - Carrasquedo, Valle de Mena Foto 103 - Las Fuentes, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 52 Foto 104 - Cadagua, Valle de Mena Foto 105 - Barruso, Valle de Mena Foto 106 - Anzo, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 53 Foto 107- Sopeñano, Valle de Mena Foto 108 - Covides, Valle de Mena Foto 109 - Medianas, Valle de Mena Foto 110 - Concejero, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 54 Foto 111 - Campillo de Mena, Valle de Mena Foto 112 - La Presilla, Valle de Mena Foto 113 - Villanueva de Mena, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 55 Foto 114 - Nava de Ordunte, Valle de Mena Foto 115 - Leciñana de Mena, Valle de Mena Foto 116 - Medianas, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 56 Foto 117 - San Pelayo, Merindad de Montija Foto 118 - Villasante, Merindad de Montija Foto 119 - Revilla de Pienza, Merindad de Montija
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 57 Foto 120 - Barcenillas del Ribero, Merindad de Montija Foto 121 - Espinosa de los Monteros Foto 122 - Lastras de las Eras, Junta de Traslaloma
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 58 Foto 123 - Teza de Losa, Valle de Losa Foto 124 - San Pantaleón de Losa, Valle de Losa Foto 125 - Río de Losa, Valle de Losa
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 59 Foto 126 - Villaño, Valle de Losa Foto 127 - Mambliga, Valle de Losa Foto 128 - Castrillo de Bezana, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 60 Foto 129 - Mijangos, Merindad de Cuesta Urría Foto 130 - Urría, Merindad de Cuesta Urría Foto 131 - Villaescusa de Tobalina, Valle de Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 61 Foto 132 - San Millán de San Zadornil, J. de San Zadornil Foto 133 - Rufrancos, Valle de Tobalina Foto 134 - Cornudilla, Oña
  • Apartado F _______________________________________________________________________________________ FORMAS DEL VALLE DE LOSA
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 63 En el Valle de Losa, comarca geográfica que supera ampliamente los límites del término muni- cipal de tal nombre englobando además los pueblos de la Junta de Traslaloma, Villalba de Losa, Berberana y algunos pueblos de Medina de Pomar, encontramos un conjunto de casas construidas en piedra y con una formalización homogénea, que tienen como elemento mas ca- racterístico el balcón losino o solana, un balcón corto, totalmente encastrado y situado en la parte superior de la casa. Llama poderosamente la atención que en la zona en cuestión no encontremos otras formas que ésta o la “casa menesa”, llegada a estos pueblos a partir del siglo XIX. Y que no encontremos casas de entramado exterior de madera y apenas casas con balcón corrido encastrado de in- fluencia cántabra (sólo encontramos algún ejemplo en los pueblos más orientales del Valle de Losa, como en Colina y Castrobarto). Al no encontrar las formas antiguas que sí hemos en- contrado en otras zonas de Las Merindades cabe sospechar que estamos ante una forma con varios siglos de presencia en el lugar, y que algunas de las casas que hoy se conservan puedan tener más de 200 años, aunque no podemos precisarlo con seguridad. En la mayor parte de los casos, cuentan con un corral delantero o están dentro de una finca cercada, con un edificio principal donde se alojan las estancias vivideras y otras construcciones menores, cabañas. Son casas de dos plantas más desván, respondiendo al esquema organizati- vo que hemos calificado como “casa con desván sobre la vivienda”, llamado en la zona sobra- do o camarote, utilizado como trastero o secadero de fruta o grano (en trojes). Y están cons- truidas con sillería en los huecos y con mampostería muy menuda de piedra caliza, a veces de lastras, en el resto de los paños. En los ejemplos más antiguos la mampostería está sin revocar.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 64 Y encontramos también un grupo abundante de casas que presentan una forma más singular si cabe: con una cubierta a dos aguas pero en la que el caballete es perpendicular a la fachada principal, con una disposición simétrica de los huecos en fachada, tres por planta, con simetría a un eje central ocupado por la puerta en planta baja y la solana en planta superior. Y con un chaflán en la cubierta para proteger la solana, llamado morisca en el vecino País Vasco (Fotos 136 a 140). Una forma que esporádicamente encontramos en la Jurisdicción de San Zador- nil (Foto 146) o en el Valle alavés de Valdegobia. Esa disposición clasicista de huecos que recuerda a la de las “casas menesas”, y que segura- mente haya sido influido también por las casas señoriales, es habitual en otras muchas ca- sas(Fotos 141 a 145).
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 65 Foto 135 - Fresno de Losa, Valle de Losa Foto 136 - Mambliga, Valle de Losa Foto 137 - Barriga, Valle de Losa
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 66 Foto 138 - Villacián, Valle de Losa Foto 139 - Mambliga, Valle de Losa Foto 140 - Villaluenga, Valle de Losa
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 67 Foto 141 - Villaluenga, Valle de Losa Foto 142 - Río de Losa, Valle de Losa Foto 143 - Fresno de Losa, Valle de Losa
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 68 Foto 144 - Criales, Medina de Pomar Foto 145 - Villabasil, Valle de Losa Foto 146 - Villafría de San Zadornil, J. de San Zadornil
  • Apartado G _______________________________________________________________________________________ FORMAS CON BALCÓN CORRIDO ENCASTRADO DE INFLUENCIA CÁNTABRA
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 70 Nos encontramos ante el grupo de casas más abundante en ejemplos de Las Merindades y el mejor conservado, claramente influidas por la arquitectura popular cántabra. Las podemos en- contrar por todo el Noroeste de la comarca, en los pueblos de los términos de Arija, Alfoz de Santa Gadera, Alfoz de Bricia, Valle de Valdebezana, Merindad de Valdeporres, Merin- dad de Sotoscueva, Espinosa de los Monteros, Merindad de Montija, Valle de Zamanzas, Valle de Manzanedo y Los Altos, y esporádicamente en pueblos de la Junta de Traslaloma, Medina de Pomar, Villarcayo de M.C.V y Merindad de Valdivielso. Se trata de casas con corral delantero, con edificio principal de 2 ó 3 plantas, del esquema organizativo que hemos calificado como “casa con pajar a la espalda”, construidas en piedra, de sillería en huecos y esquinales, y de mampostería en el resto de los muros. Y cuyo principal elemento característico es un balcón corrido en la planta superior de la fachada, ligeramente volado, y cerrado lateralmente por muro de piedra En el Capítulo 3 ya tuvimos ocasión de ver cómo en la zona se comienzan a construir casas incorporando este balcón corrido desde finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, aunque su incorporación generalizada no se produce hasta la segunda mitad del siglo XIX. Un tipo de balcón que llega desde la vecina Cantabria (donde se le conoce como solana), donde se incorpora en las casas a partir del siglo XVII y, de forma general, en el siglo XVIII, parece que ligado al cultivo del maíz pues las casas tuvieron entonces que adaptarse a las necesidades que imponía este cultivo, sobre todo de un secadero amplio, que sería la función principal de las solanas. Seguramente en las primeras formas con las que apareció este tipo de casas en la zona, en
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 71 casas de dos alturas, los muros laterales arrancaban directamente del suelo y el balcón era completamente exterior, como los ejemplos de las Fotos 147 a 153. Pero en un determi- nado momento ese muro lateral adquiere la forma que finalmente se generaliza, representa- do en la Foto 154, ligeramente volado sobre el plano subyacente, con ménsula en “pecho de paloma” y rematado por una pequeña cornisa que sirve de apoyo a la viga que sujeta el alero. Estamos ante una reedición del antiguo muro cortafuegos que ya vimos protegiendo los pequeños avances de las casas de entramado de madera, aunque aquí ya no tendrá esa función, simplemente es un cortavientos, y así se le llamará también en la zona, además de medianil. Al principio ese avance en ménsula del muro lateral se hace sobre un tramo inferior también avanzado y el balcón continua siendo exterior (Fotos 155, 156 y 157). Y posteriormen- te se reduce el vuelo del balcón, que se encastra en la fachada mediante la sustitución del muro de piedra inferior por un entramado de madera cuajado de adobe. Al reducir el vue- lo el muro cortavientos pasa a sobresalir solo de la fachada principal (Fotos 158 a 163). Pero sin duda alguna el grupo de ejemplos más numeroso (Fotos 165 a 194) lo constitu- ye una variante que se construye por toda la zona Noroeste de Las Merindades, en los pueblos de los términos municipales relacionados en el primer párrafo, durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX (tienen menos de 150 años). Siguen siendo casas con corral delantero y del esquema organizativo que hemos calificado “casas con pajar a la espalda”; pero ahora el edificio principal que aloja las estancias vivi- deras aumenta notablemente su tamaño con la adición de una tercera planta, el tercero, a donde se traslada el balcón corrido entre cortavientos, y la cocina de humo; y además pre- senta una ordenación clasicista de los huecos, con 3 huecos por planta (ligeramente más grandes las ventanas) con simetría al centro. Una influencia, otra vez de las casas solariegas. Una forma que alcanza gran éxito pues se generaliza su construcción por todos estos pue- blos. En pueblos como San Miguel de Cornezuelo la práctica totalidad de las casas que hoy se mantienen en pie fueron construidas en aquella fecha (la mayoría presentan a la vista la fecha de construcción), adoptando esa forma.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 72 Este tipo de casas puede aparecer exenta, con cubierta a dos o cuatro aguas, o adosadas formando largas hileras, con cubierta a dos aguas. La mayoría cuenta con portalón o teja- vana en el corral, y las exentas lo presentan a un lado cubriendo el bocarón, para proteger de la lluvia la carga del pajar (Fotos 168 y 169). Están construidas en piedra, mayormen- te arenisca, con sillería en huecos, esquinales y muros cortavientos, y mampostería en el resto de los muros, que a finales del siglo XIX y principios del XX se empieza a revocar totalmente con mortero de cal y arena. Y en los pueblos de Arija, Alfoz de Santa Gadea y Alfoz de Bricia, son muchas las casas construidas en sillería, una vez más gracias a la exce- lencia de su arenisca, de fácil labra al ser extraída de la cantera. La Foto 167 es un caso singular, pues además de presentar una entrada en arco y ventanas de tamaño pequeño, el balcón corrido es completamente exterior, no está encastrado, y toda la fachada es de excelente sillería de arenisca, incluso el nivel inferior. Si nos fijamos bien podremos comprobar como el piso del balcón está sujeto por lo que parecen cabe- zuelas del alero de un tejado, lo que podría significar que la casa fue transformada en un momento dado con la adición de una tercera planta, un fenómeno que debió ser bastante frecuente. En los pueblos de Arija, Alfoz de Santa Gadea y Alfoz de Bricia, la crujía trasera de cua- dra-pajar toma más desarrollo que la crujía delantera de vivienda (Foto 169), expresando claramente la relevancia de la ganadería en la economía familiar. En los ejemplos más recientes es frecuente la presencia de ventanas balconeras o puertaven- tanas en la segunda planta, la del centro o todas ellas (Fotos 169, 171, 173, 179, 181, 186, 188, 190, 191, 192 y 193). El modelo lo encontramos también con frecuencia en la Merindad de Montija (Fotos 191, 192 y 193), y esporádicamente en el Valle de Losa (Foto 194). En esta forma de tres plantas encontramos ligeras modificaciones, cuando por la estrechez de la fachada sólo se abren dos huecos por planta (Fotos 195, 196 y 197), o cuando
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 73 se monta una galería acristalada cerrando el balcón (Foto 199). Finalmente la última variante de las “Formas con balcón corrido encastrado de influencia cántabra” es la de casa de tres plantas y dos balcones superpuestos, en las plantas segunda y tercera, que encontramos con mucha frecuencia en algunos pueblos de la Merindad de Sotoscueva. Tal desarrollo de balcón quizás haya obedecido a la necesidad de una superfi- cie mayor de secadero, o al afán por dar mayor comodidad a las estancias vivideras (Fotos 200 a 210). Los últimos ejemplos, los reflejados en las Fotos 206 a 210, son ya re- cientes, de finales del siglo XIX o principios del siglo XX.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 74 Foto 147 - San Ciprián, Valle de Valdebezana Foto 148 - Villabáscones de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 149 - Cabañas de Virtus, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 75 Foto 150 - Castrillo de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 151 - La Parte de Sotoscueva, Merindad de Sotoscueva Foto 152 - Salazar, Villarcayo de M.C.V.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 76 Foto 153 - Villalázara, Merindad de Montija Foto 154 - Villabáscones, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 77 Foto 155 - Landravés, Valle de Valdebezana Foto 156 - Soncillo, Valle de Valdebezana Foto 157 - Santelices, Merindad de Valdeporres
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 78 Foto 158 - Cilleruelo de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 159 - Vallejo, V de Manzanedo Foto 160 - Cueva de Manzanedo, Valle de Manzanedo Foto 161 - Hoz de Arreba, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 79 Foto 162 - Callejones, Valle de Zamanzas Foto 163 - Población de Arreba, Valle de Manzanedo Foto 164 - Santelices, Merindad de Valdeporres
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 80 Foto 165 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea Foto 166 - Santa Gadea Foto 167 - Santa Gadea
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 81 Foto 168 - Higón, Alfoz de Santa Gadea Foto 169 - Montejo de Bricia, Alfoz de Bricia Foto 170 - Montejo de Bricia, Alfoz de Bricia
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 82 Foto 171 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 172 - Campino, Alfoz de Bricia Foto 173 - Castrillo de Bezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 83 Foto 174 - Munilla, Valle de Valdebezana Foto 175 - Crespos, V de Manzanedo Foto 176 - Población de Arreba, Valle de Manzanedo
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 84 Foto 177- Ailanes, Valle de Zamanzas Foto 178 - Tubilleja, Los Altos Foto 179 - Ahedo de Butrón, Los Altos
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 85 Foto 180 - San Miguel de Cornezuelo, V de Manzanedo Foto 181 - San Miguel de Cornezuelo, V de Manzanedo Foto 182 - San Miguel de Cornezuelo Foto 183 - Hoz de Arreba
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 86 Foto 184 - Consortes, Valle de Manzanedo Foto 185 - Cidad de Ebro, Valle de Manzanedo Foto 186 - Cubillos del Rojo, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 87 Foto 187 - Leva, M. de Valdeporres Foto 188 - Quintanilla Valdebodres Foto 189 - Leva, Merindad de Valdeporres Foto 190 - Villabáscones de Bezana, V. de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 88 Foto 191 - Bercedo, Merindad de Montija Foto 192 - San Pelayo, Merindad de Montija Foto 193 - Barcenillas del Ribero, Merindad de Montija
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 89 Foto 194 - Castrobarto, Junta de Traslaloma Foto 195 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 196 - Ahedo de Butrón, Los Altos
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 90 Foto 197 - Arroyo de Valdivielso Foto 198 - Soncillo, Valle de Valdebezana Foto 199 – Soncillo, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 91 Foto 200 - Cornejo, Merindad de Sotoscueva Foto 201 - Cueva, Merindad de Sotoscueva Foto 202 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 92 Foto 203 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva Foto 204 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva Foto 205 - Hornillayuso, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 93 Foto 206 - Entrambosríos, Merindad de Sotoscueva Foto 207 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva Foto 208 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 94 Foto 209 - Quisicedo, Merindad de Sotoscueva Foto 210 - Quintana de los Prados, Espinosa de los Monteros
  • Apartado I _______________________________________________________________________________________ FORMAS CON BALCÓN CORRIDO EXTERIOR
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 104 Este es el grupo menos numeroso en ejemplos. Se trata de casas de dos plantas, con balcón corto protegiendo la entrada, y que es calificado por algunos autores como “modelo castellano o burgalés”. Construidas en piedra, con sillería en los huecos y mampostería ordinaria sin revo- car en el resto de los muros. Interiormente suelen pertenecer al esquema organizativo “casa con desván sobre la vivienda”.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 105 Foto 229 - Crespos, Valle de Manzanedo Foto 230 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 231 - Cidad, Merindad de Valdeporres
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 106 Foto 232 - Hornillayuso, M. de Sotoscueva Foto 233 - Espinosa de los Monteros Foto 234 - Sobreviñas, Valle de Mena
  • Apartado J _______________________________________________________________________________________ FORMAS SIN BALCÓN CORRIDO
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 108 Este grupo de formas es muy numeroso en ejemplos. Se trata de casas relativamente recientes, en piedra, construidas en su mayor parte a partir de la segunda mitad del siglo XIX (lo denota el mayor tamaño de las ventanas y el hecho de que muchas de ellas tengan tres plantas o dos plantas y un desván alto). Es decir: tienen menos de 150 años de antigüedad. Son casas construidas en piedra, mayormente arenisca, con empleo de sillería en huecos y es- quinales y de mampostería bastante regular en el resto de los muros, habitualmente vista, sin revocar. Carecen de corral delantero, pues se adosan a otras formando un caserío de cierta densidad, pertenecen en su mayor parte al esquema organizativo “casa con desván sobre la vivienda” y, como rasgo más característico, no tienen balcón corrido, ni siquiera un balcón corto encastrado del tipo de la solana losina, aunque si pueden contar con un balcón corto exterior, pero el papel de este es más simbólico que funcional. Y muchas de ellas presenta una disposición de tres huecos por planta, con simetría al centro, una vez más influencia de las ca- sas solariegas clasicistas. Las encontramos habitualmente en pueblos de Los Altos, Merindad de Valdivielso, Merindad de Cuesta Urría, Trespaderne, Jurisdicción de San Zadornil, Valle de Tobalina, Frías, Partido de la Sierra de Tobalina y Oña. En los pueblos de La Bureba, al otro lado de los Montes Obarenes, se da la presencia habitual de esta forma, sólo que aquí la piedra es sustituida en las plantas superiores por ladrillo (Fotos 267 y 271). Finalmente en los núcleos de carácter más urbano encontramos edificios más evolucionados, con más alturas o con abundancia de ventanas balconeras (Fotos 275 a 279).
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 109 Foto 235 - Leva, Merindad de Valdeporres Foto 236 - Tubilleja, Los Altos Foto 237 - Ahedo de Butrón, Los Altos
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 110 Foto 238 - Porquera de Butrón, Los Altos Foto 239 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 240 - Quintana de Valdivielso
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 111 Foto 241 - Quintana de Valdivielso Foto 242 - Puente Arenas, M Valdivielso Foto 243 - Arroyo de Valdivielso, M de Valdivielso
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 112 Foto 244 - Arroyo de Valdivielso Foto 245 - Cereceda, Oña Foto 246 - Cereceda, Oña Foto 247 - Mijangos, M. de Cuesta Urría
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 113 Foto 248 - Extramiana, M. de Cuesta Urría Foto 249 - Cadiñanos, Trespaderne Foto 250 - Hedeso, Valle de Tobalina Foto 251- Montejo de San Miguel, V Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 114 Foto 252 - Quintana Martín Galíndez, Valle de Tobalina Foto 253 - San Martín del Don, V Tobalina Foto 254 - San Martín del Don, V Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 115 Foto 255 - Bascuñuelos, Valle de Tobalina Foto 256 - Cuezva, Valle de Tobalina Foto 257 - Garoña, Valle de Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 116 Foto 258 - Renedo, Valle de Tobalina Foto 259 - San Millán de Zadornil Foto 260 - Montejo de Cebas, Valle de Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 117 Foto 261 - Valderrama, Partido de la Sierra en Tobalina Foto 262 - Valderrama Foto 263 - Valderrama
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 118 Foto 264 - Cubilla, P de la Sierra en Tobalina Foto 265 - Cubilla, P de la Sierra en Tobalina Foto 266 - Cillaperlata
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 119 Foto 267 - Pino de Bureba, Oña Foto 268 - Cornudilla, Oña Foto 269 - Cornudilla, Oña
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 120 Foto 270 - Hermosilla, Oña Foto 271 - La Parte de Bureba, Oña
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 121 Foto 272 - Villarcayo Foto 273 - Gallejones, Valle de Zamanzas Foto 274 - Quintanilla Colina, Los Altos Foto 275 - Trespaderne
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 122 Foto 276 - Nofuentes Foto 277 - Nofuentes, Merindad de Cuesta Urría Foto 278 - Villarcayo Foto 279 - Villarcayo
  • Apartado K _______________________________________________________________________________________ FORMAS DE INFLUENCIA VASCA
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 124 Realmente en Las Merindades son pocos los ejemplos que presentan influencia del caserío vasco. Se trata de casas construidas a partir del siglo XIX, luego tienen menos de 200 años de antigüedad. Son de piedra caliza, con empleo de sillería en huecos y esquinales y mampostería revocada en el resto de los muros; cuentan con corral delantero en la mayoría de los casos y pertenecen al esquema organizativo “casa con desván sobre la vivienda”. Y presentan la cubierta a dos aguas, con el caballete perpendicular a la fachada principal. En la zona sólo las encontramos en el este del Valle de Mena.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 125 Foto 280 - Artieta, Valle de Mena Foto 281 - Artieta, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 126 Foto 282 - Artieta, Valle de Mena Foto 283 - Covides, Valle de Mena
  • Apartado L _______________________________________________________________________________________ FORMAS RECIENTES
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 128 Bajo el nombre de “Formas recientes” recogemos un conjunto de edificios construidos desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, que pueden tener algo más de 100 años de antigüedad, pero que habitualmente tienen menos. Las casas registradas en las Fotos 284 a 287 se refieren a un tipo de edificio que encontra- mos junto al Embalse del Ebro, que presentan la particularidad de una cubierta a dos aguas con el caballete perpendicular a la fachada principal. Por lo demás, suelen carecer de corral delantero, se corresponden con el esquema organizativo común en la zona de “casa con pajar a la espalda”, cuentan con tres plantas y presentan una ordenación clasicista de huecos en facha- da principal, a razón de tres por planta, con simetría al centro. Y están construidas en piedra arenisca, en su mayor parte con sillería en huecos y esquinales, y mampostería revocada con mortero de cal en el resto de los muros. De la Foto 288 a la 310 recogemos un amplio conjunto de edificios de gran volumen, hechos en su mayor parte por personas de la zona que se han enriquecido o que han hecho fortuna fuera, algunos en América y por eso el nombre de “casas de indianos”. Gentes que han querido mostrar su boyante posición económica invirtiendo parte de su riqueza en la cons- trucción de casas tan imponentes. Son casas que aunque incorporan elementos foráneos siguen guardando relación con la Arquitectura Popular de la zona, de la que toman alguno de sus elementos. Tal es el caso de las casas de las Fotos 288 y 289, en la Merindad de Valdepo- rres, que incorporan un balcón corrido en la planta superior, o de las casas de las Fotos 301 y 306, en el Valle de Mena, donde se reinterpreta el modelo de la “casa menesa”. La mayoría de ellas presentan una ejecución excelente, bien enteramente en buena sillería o
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 129 relegando ésta a huecos y esquinales y ejecutando el resto de los muros en mampostería, siste- máticamente revocada con mortero de cal y arena. Tienen tres o más plantas, planta cuadrada, cubierta a cuatro aguas, y presentan una forma cúbica muy marcada, seguramente debida a la voluntad de asemejarse a las torres que pueblan el territorio. La mayoría de ellas se encuentran en la Merindad de Valdeporres, Merindad de Sotoscueva, Espinosa de los Monteros, Merindad de Montija y Valle de Mena, junto a la carretera y a la vía de tren que comunicaba Reinosa con Bilbao. Seguramente su ubicación guarde relación con esa gran ciudad. En el Valle de Mena encontramos un grupo algo apartado de esa vía, en los pueblos de Ara- duenga y Artieta (Fotos 304 y 305), donde ya aparecen en formas mucho más elaboradas, seguro que de la mano del proyecto de un arquitecto, pues hay que llamar la atención de la composición formal que se hace de un cuerpo alto que recuerda a una torre, con otro cuerpo más bajo que recuerda a una casa menesa. Y esporádicamente las encontramos también en otros territorios. En este punto debemos seña- lar la concentración de casas de este tipo que se produce en un pueblo del Valle de Tobalina, Montejo de San Miguel, que debió ser un lugar de veraneo de familias acomodadas. Las casas registradas en las Fotos 311 a 317 tienen ya un carácter netamente urbano pues en ellas han desaparecido las dependencias agrícolas. Incluso algunas de ellas son edificios de viviendas Y finalmente las casas de las Fotos 318 y 319 son absolutamente originales en la zona.
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 130 Foto 284 - Barrio de Bricia, Alfoz de Bricia Foto 285 - Cilleruelo de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 286 - Herbosa, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 131 Foto 287 - Cilleruelo de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 288 - Haedo de las Pueblas, Merindad de Valdeporres Foto 289 - Haedo de las Pueblas, Merindad de Valdeporres
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 132 Foto 290 - Entrambosríos Foto 291 - Entrambosríos, Merindad de Sotoscueva Foto 292 - Entrambosríos, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 133 Foto 293- Quisicedo, M de Sotoscueva Foto 294 - Montecillo, Merindad de Montija Foto 295 - Quisicedo, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 134 Foto 296 - Espinosa de los Monteros Foto 297 - Espinosa de los Monteros Foto 298 - Noceco, Merindad de Montija
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 135 Foto 299 - Loma de Montija, Merindad de Montija Foto 300 - Irús, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 136 Foto 301 - Vivancos, Valle de Mena Foto 302 - Villasuso de Mena, Valle de Mena Foto 303 - Nava de Ordunte, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 137 Foto 304 - Araduenga, Valle de Mena Foto 305 - Artieta, Valle de Mena Foto 306 - Artieta, Valle de Mena
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 138 Foto 307 - Villasante, Merindad de Montija Foto 308 - Montejo de San Miguel Foto 309 - Nofuentes, M de Cuesta Urría Foto 310 - Montejo de San Miguel, Valle de Tobalina
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 139 Foto 311 - Soncillo, Valle de Valdebezana Foto 312 - Villarcayo Foto 313 - Medina de Pomar
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 140 Foto 314 - Medina de Pomar Foto 315 - Medina de Pomar Foto 316 - Espinosa de los Monteros Foto 317 - Soncillo, Valle de Valdebezana
  • Capítulo 4 - LA CASA, VARIACIONES FORMALES 141 Foto 318 - Espinosa de los Monteros Foto 319 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea
  • OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR _______________________________________________________________________________________ Capítulo 5
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 1 En este Capítulo haremos un somero repaso de otras manifestaciones de la Arquitectura Popu- lar de Las Merindades, después de haber abordado exhaustivamente su principal manifesta- ción: la casa y sus edificios auxiliares. Constructivamente estas manifestaciones apenas se diferencian con el modo en que se constru- yen las casas. Si acaso están construidas con más calidad, muchas veces en piedra de sillería, para hacer frente al uso tan intenso que se hará de ellas. Hemos de hablar en primer lugar de la “arquitectura del común”, formada por todos aquellos elementos civiles de propiedad colectiva al servicio de la comunidad: fuentes, abrevaderos, lavaderos, fraguas, hornos, boleras... Casi todos los pueblos de Las Merindades disponen de fuente, bien cubriendo el lugar donde manaba el agua, con una pequeña bóveda de cañón o con lajas, en piedra, o bien conducién- dola hasta el pueblo y preparando un depósito donde se acumulaba y del que salía a través de un caño. En esta última solución, la más frecuente y elaborada, la fuente está constituida por uno o dos caños insertos en un elemento vertical, tipo monolito, o en una pared y gene- ralmente cuenta con una pila alargada que sirve de abrevadero (Fotos 2, 3, 4, 5, 8 y 9). Y es también habitual que el conjunto se complete con un lavadero, descubierto o cubierto por un techado abierto parcialmente y cerrado por muro de piedra (Fotos 6, 7 y 10). En ocasio- nes el abrevadero se presenta sólo (Foto 11). El juego de bolos, de gran tradición en Las Merindades, cuenta un espacio apropiado para su celebración. Normalmente es un simple recinto descubierto, unas veces acotado por árboles y
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 2 otras cerrado por pequeños muretes de contención. Pero encontramos también ejemplos de boleras cubiertas por un techado cerrado parcialmente con muro de piedra, en Entrambosríos, San Pelayo, Fresno de Losa... (Foto 12). En el suelo de la bolera se encastraban tres tablo- nes de madera, cureñas, sobre los que se colocan los nueve bolos, tres en cada cureña; y el bolo pequeño, el mico, se sitúa fuera de ellas. Es frecuente encontrar hornos comunales o propiedad de varios vecinos (Foto 13). Los molinos eran construcciones muy frecuentes en la zona (Foto 14). La mayoría eran muy sencillos, formados por un solo espacio donde se ubicaba la maquinaria, de uso comunal, por turnos. Aprovechaban cursos de agua de pequeño caudal que en muchos casos sólo permitía la molienda en invierno y parte de la primavera y del otoño, mientras que en la época de estío se molía tras represar el agua. Tomaban agua de un río en el que, para generar el salto necesa- rio, se había creado una presa o azud, y mediante una derivación o caz se conducía el agua hacia las aspas de la turbina o rodetes, a las que estaban acopladas las piedras. Lo normal es que contaran con una sola piedra, asentada sobre un basamento de fábrica y cubierta por una carcasa móvil de madera, unida al eje del rodete que gira con el agua. Contaban además con una tolva superior que se movía al compás de la piedra, dejando caer más o menos cantidad de grano a moler. Y la salida del grano molido se hacía a un cajón delantero de madera. Cuando el molino disponía de dos piedras una era para la molienda fina, de harina para hacer pan, y otra gruesa, para hacer pienso. También había molinos más grandes, que incorporaban la vivienda del molinero, pudiendo ser de propiedad pública (con un contrato de arriendo con el concejo propietario) o privada. El potro o herradero puede aparecer exento o cubierto por un pequeño techado (Foto 15). Pero todos cuentan con los mismos elementos, en madera: un yugo para sujetar la cabeza del animal, travesaños horizontales para amarrar las correas que abrazan el cuerpo, cuatro pies de- rechos armando el conjunto y pequeños troncos verticales sobre el suelo para apoyar las pezu- ñas del animal.
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 3 Pasamos a hablar ahora de algunas muestras de arquitectura religiosa que perfectamente pueden ser consideradas arquitectura popular por presentar formas y tratamientos autóctonos. Encontramos un sinfín de pequeñas iglesias rurales, que responden siempre al esquema clásico de espacio de culto con orientación Este-Oeste y la cabecera al Este, y que pueden incorpo- rar diversos elementos: sacristía, baptisterio y un campanario que muchas veces se reduce a una simple espadaña. Las soluciones más tradicionales presentan un pórtico de protección del acce- so, un soportal añadido sobre pies derechos de madera, que en muchas ocasiones servía ade- más como lugar para la celebración de los Concejos. Las ermitas presentan formas más sencillas aún, limitándose a una simple nave, a veces antece- dida por un pórtico (Fotos 21 y 22). Encontramos también ermitas rupestres, de entre las cuales la más espectacular es, sin, duda, la de San Bernabé, en Cueva, instalada en el comple- jo kárstico Ojo Guareña. Hay también abundantes cruceros en piedra (Fotos 17 y 18), que suelen reproducir elemen- tos estilísticos como columnas o pilastras facetadas sobre los que apoyan la cruz, reproducción de elementos clasicistas que son adaptados por el maestro local. Los cementerios se limitan a un pequeño recinto cerrado por altas tapias, con una única entra- da de grandes dimensiones (Fotos 19 y 20). Por último referirnos a las escuelas (Foto 23) o a las cocheras (Fotos 24 y 25).
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 4 Foto 1 - Villabáscones de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 2 - Quisicedo, Merindad de Sotoscueva Foto 3 - Recuenco, Medina de Pomar
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 5 Foto 4 - Villabáscones de Bezana, Valle de Valdebezana Foto 5 - Toba de Valdivielso, Valle de Valdivielso Foto 6 - Concejero, Valle de Mena
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 6 Foto 7 - Artieta, Valle de Mena Foto 8 - Gallejones, Foto 9 - Gallejones, Valle de Zamanzas
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 7 Foto 10 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva Foto 11 - Leva, Merindad de Valdeporres Foto 12 - Fresno de Losa, Valle de Losa
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 8 Foto 13 - Quintanilla del Rebollar, Merindad de Sotoscueva Foto 14 - Herrán, Valle de Tobalina Foto 15 - Ahedo de Linares, Merindad de Sotoscueva
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 9 Foto 16 - Villabáscones de Bezana Foto 17 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 18 - Salazar, Villarcayo de M.C.V. Foto 19 - Quintanilla de Santa Gadea
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 10 Foto 20 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 21 - Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea Foto 22 - Plágaro, Valle de Tobalina
  • Capítulo 5 - OTRAS MUESTRAS DE ARQUITECTURA POPULAR 11 Foto 23 - Ahedo de Butrón, Los Altos Foto 24 - Población de Valdivielso, Merindad de Valdivielso Foto 25 - Condado, Merindad de Valdivielso
  • PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN ______________________________________________________________________________ Capítulo 6
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 1 FENÓMENOS SOCIOLÓGICOS QUE HAN AFECTADO A LA ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES. La Arquitectura Popular de Las Merindades se ha visto afectada en las últimas décadas por un conjunto de fenómenos sociológicos que intentaremos explicar a continuación. La comarca no ha sido ajena al proceso de despoblación rural que se ha producido en Castilla y León y en todo el estado español en el pasado reciente. Un éxodo masivo del campo a la ciudad en busca de nuevos modos de vida, intentando dejar atrás una subsistencia basada en la agricultura. La marcha de muchos de sus habitantes ha supuesto dejar atrás casas y pueblos. Algunos pueblos han sido abandonados, unos definitivamente y otros sólo ahora empiezan a recobrar algo de vida. Otros pueblos permanecen vacíos durante el invierno pero con las casas en uso, a la espera de que en verano vuelvan sus dueños. Son éstos últimos pueblos los que mejor han conservado su arquitectura popular, precisamente porque en un momento dado sus gentes se fueron a la ciudad pero no cerraron las casas, para volver a ellas esporádicamente. No las dejaron caer pero tampoco las reformaron en exceso. Siempre se da esa asociación: los pueblos que mejor conservan su arquitectura popular son los que más rápidamente sufrieron el abandono. Por otra parte la población que permaneció en la zona, viviendo de la agricultura o de otras actividades económicas, han cambiado profundamente su modo de vida y con ello el tipo de vivienda que necesitan. Por esa razón la casa tradicional, que hasta ese momento había dado servicio a un modo de vida basado en la agricultura y en la ganadería, tenía que adaptarse a esos cambios, y a unas mayores exigencias de habitabilidad, propias de una sociedad moderna. Y ha ocurrido que muchas casas tradicionales han sido objeto de profundas reformas: se han sacado los animales de las casas y se ha ocupado la planta baja, se han ampliado las habitacio-
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 2 nes, se han agrandado o aumentado el número de ventanas, se han modernizado las instalacio- nes, se han remozado fachadas y cubiertas... Reformas poco afortunadas que han desvirtuado completamente la esencia de la casa y sus elementos básicos. A la pregunta de si se podía haber hecho de otra forma, hay que responder que sí pues, de entrada, pocas comarcas ofre- cen como Las Merindades un conjunto tan grande y homogéneo de casas en piedra de gran calidad constructiva, casas de buen tamaño y alturas libres razonables; lo que falló fue sobre todo la falta de aprecio hacia ese patrimonio, la falta de información acerca de lo que se podía hacer con él de forma respetuosa y, seguramente, la falta de recursos. Nuevamente, siempre se da esa asociación: los pueblos que más población han mantenido son los que más han transformado su arquitectura popular. Los emigrantes han seguido volviendo a los pueblos, para mantener sus raíces, y se han conver- tido en un agente transformador de primer orden al invertir parte de sus ahorros en el manteni- miento de sus viejas casas, con mayor o menor fortuna. La inmensa mayoría lo ha hecho sin mucho acierto pero unos pocos, que cada vez son más, lo han hecho con cuidado, mante- niendo los elementos básicos de la casa, la madera, la piedra, la cubierta e insertando los nue- vos servicios e instalaciones con cuidado, conscientes del valor del patrimonio que tienen entre sus manos. Aunque también ha habido muchos que han preferido hacerse una casa nueva de pequeño tamaño. Pero a pesar de la intensa labor transformadora sobre casas y pueblos de los emigrantes hay que valorar positivamente su papel, pues gracias a ellos se han mantenido en pie muchas casas, y gracias a su interés por volver a la tierra, es posible que lo sigan haciendo sus descendientes. En los últimos años se está produciendo además un fenómeno de gran interés: la llegada a estas tierras de gentes de fuera, sin raíces aquí, que compran una casa, la arreglan y vienen a pasar a ella unas semanas en verano, y fines de semana el resto del año. Un fenómeno que a menor escala se produce desde los años 70 con la llegada de los que se llamamos ahora “neorrura- les”, que venían a instalarse aquí buscando una nueva forma de vida alejada de la ciudad. Pero que ahora está adquiriendo una escala considerable, hasta el punto de generar un importante
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 3 mercado de compra-venta de casas en la comarca. Un fenómeno interesante por muchas razo- nes: por un lado porque es importante que siga viniendo gente a estas tierras, aunque sea de forma esporádica, pues suponen una revitalización de los pueblos y, lo más interesante para nosotros, están manteniendo en pie muchas casas tradicionales y están poniendo en valor al resto. Hoy en casi todos los pueblos encontramos casas en venta, casas que entran en un mer- cado en el que adquieren un valor que sus propietarios nunca soñaron. Aunque es un fenómeno de alcance limitado. Por un lado por el territorio al que está afectan- do, pues la demanda se está concentrando sobre todo en el entorno de Medina de Pomar y de Villarcayo, y en las zonas más cercanas o mejor comunicadas con Bilbao: el Valle de Me- na, el Valle de Losa y, en menor medida Espinosa de los Monteros, Merindad de Montija, Merindad de Sotoscueva y Merindad de Valdeporres. Pues es desde el Gran Bilbao de donde está saliendo la mayor parte de los compradores. Y por otro lado por el tipo de casa que buscan: una casa de tamaño pequeño o mediano, que no necesite de mucha obra y que no exija mucho mantenimiento. Con lo que se quedan fuera las casas de mayor valor, las más grandes y mejor construidas. Esperemos que con el tiempo el alcance de este fenómeno se extienda a otras zonas y a las mejores casas.
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 4 SITUACIÓN ACTUAL DE LA ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES. El panorama que hoy presenta la Arquitectura Popular de Las Merindades es muy heterogé- neo, está lleno de luces y sombras. Por un lado nos encontramos con una parte importante del territorio en el que la arquitectura popular ha sido muy transformada, a veces de forma irreversible. Un fenómeno que es especialmente grave en la zona central, en torno a Villarcayo y Medina de Pomar, el centro de la actividad económica de la comarca y también el principal foco de atracción turística. Los pueblos de alrededor son los que más población estable han seguido manteniendo, a costa de transformar radicalmente las casas. Y han sido objeto de una intensa actividad urbanizadora, con edificación de grandes grupos de viviendas. Aunque no todo está perdido, pues bastantes casas siguen manteniendo sus características básicas, y podrían volver a recuperar su estado anterior. Y algunos pueblos cuentan con conjuntos de arquitectura popular interesantes: Salazar, Villanueva la Blanca y Torme en Villarcayo de M.C.V.; y Salinas de Rosío y Criales en Medina de Pomar. También han sido objeto de una fuerte transformación, aunque no tan intensa, los pueblos situados al sureste de la anterior, en la Merindad de Cuesta Urría, Trespaderne y Valle de Tobalina, sobre todo los más cercanos a las vías principales de comunicación. La transforma- ción ha sido mucho menos intensa en pueblos retirados de esas vías, y aún es posible encontrar algunos que presentan un conjunto de arquitectura popular interesantes: Mijangos, Almendres, Cebolleros y Extramiana en la Merindad de Cuesta Urría; y Hedeso, Renedo, Herrán, Mon- tejo de San Miguel y Santa María de Garoña en el Valle de Tobalina.
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 5 En el otro extremo nos encontramos una serie de zonas en las que buena parte de sus pueblos presentan aún conjuntos homogéneos y bien conservados de Arquitectura Popular: − El Valle de Zamanzas y al Valle de Manzanedo, en los que la mayoría de los pueblos conservan un abundante número de casas de excelente factura, construidas en arenisca, ca- sas de dos o tres plantas que responden en su mayor parte a lo que hemos llamado en el Capítulo 4: “Formas con balcón corrido encastrado de influencia cántabra”. Y pueblos insertos en un paisaje privilegiado, lo que les hace especialmente atractivos. En el Valle de Zamanzas: Gallejones, Báscones de Zamanzas, Ailanes y Barriolacuesta. Y en el Valle de Manzanedo: Crespos, Población de Arreba, Arreba, San Miguel de Cornezuelo, Con- sortes, Vallejo, Peñalba de Manzanedo, Cueva de Manzanedo y Cidad de Ebro. − La Merindad de Sotoscueva, por los mismos motivos: por el buen estado de conservación de buena parte de sus casas y por la extraordinaria calidad de su paisaje. Pueblos como La Parte de Sotoscueva, Entrambosríos, Villabáscones, Quisicedo, Quintanilla del Rebollar, Cornejo, Ahedo de Linares y Quintanilla-Valdebodres. − El Valle de Mena, donde coinciden diversas circunstancias: por un lado presenta el con- junto más homogéneo de Arquitectura Popular de Las Merindades, con un modelo bien definido y casi único, el de la “casa menesa”; y por otro, el estado de conservación de la mayoría de estas casas es bueno, gracias a su excelente calidad constructiva y espacial. El inconveniente que presentan es que, por su gran tamaño, exigen intervenciones costosas. − Los Altos, con Tudanca, Tubilleja, Ahedo de Butrón, Porquera de Butrón, Villaescusa de Butrón y Escobados de Abajo. Luego hay zonas en las que encontramos algún pueblo de interés: − En el Alfoz de Santa Gadea: Santa Gadea. − En el Alfoz de Bricia: Montejo de Bricia, Linares y Campino. − En el Valle de Valdebezana: San Vicente de Villamezán, Herbosa, Arnedo, Villabásco- nes, Munilla y Pradilla de Hoz de Arreba. − En la Merindad de Valdeporres: San Martín de Porres, Leva y Puentedey. − En la Merindad de Montija: San Pelayo y Bercedo. − En Berberana: Valpuesta. − En la Merindad de Valdivielso: Quintana, El Almiñé y Arroyo.
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 6 − Jurisdicción de San Zadornil: Arroyo de San Zadornil y San Millán de San Zadornil. − Partido de la Sierra de Tobalina: Valderrama y Cubilla. − Oña: Villanueva de los Montes, Tamayo, Cornudilla y la Molina de la Portilla de Busto. No podemos olvidarnos de la villa de Frías, por presentar un conjunto de arquitectura popular de excepcional valor. Y debemos referirnos a Espinosa de los Monteros, por el imponente conjunto de torres y casas solariegas que en ella encontramos y, lo más interesante a los efectos de este trabajo, por el conjunto de cabañas y prados cercados que constituye el territorio pasiego. La conservación de este paisaje es tarea difícil, pero merece la pena estudiar la cuestión con detenimiento y analizar entre otras cosas las propuestas y planes de catalogación que se están haciendo al otro lado de la montaña, en Cantabria. Por último hemos de referirnos a la situación que presenta la arquitectura popular del Valle de Losa. A pesar de albergar uno de los conjuntos de formas más originales, buena parte de ella se conserva a duras penas, debido a la poca calidad de muchas de sus mamposterías y al abandono de que ha sido objeto. Además, los pueblos que han mantenido población, están muy transformados. Hoy día solo presentan conjuntos de arquitectura popular homogéneos y medianamente bien conservados: Las Eras, Villaventín, Villabasil, Barriga y Fresno de Losa. Además de describir por zonas la situación general en que encontramos la arquitectura popular de Las Merindades hemos de referirnos también al importante número de casas tradicionales que han sido rehabilitadas de forma sensible, intentando respetar su “alma” y sus elementos físicos básicos: muros de piedra, estructura de madera, cubiertas de teja... Los encontramos diseminados por todo el territorio (menos en las zonas centrales) y son el mejor modo de ani- mar a la conservación, con el ejemplo y la influencia que ejercen sobre el resto de las casas. La mayoría son casas que han sido rehabilitadas para seguir manteniendo el uso de vivienda. Y unas pocas, las más interesantes, han sido rehabilitadas para alojamientos de turismo rural. Y esas rehabilitaciones nos hablan de la existencia en la zona de una mano de obra capaz de
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 7 afrontar intervenciones “sensibles” con la arquitectura popular. Aunque su número es insuficien- te aún, pues son muchos los propietarios con interés en efectuar intervenciones respetuosas que, por no esperar uno o dos años a contar con la mano de obra adecuada, acaba contra- tando mano de obra que no tiene el mismo talante. Otra cuestión que hemos de analizar es las posibilidades reales de conservación que tienen las casas tradicionales en Las Merindades. Para que la conservación sea posible el edificio ha de tener una cierta calidad constructiva y espacial, y la flexibilidad suficiente para admitir un uso que ya tienen, el de vivienda, pero con mayores exigencias de habitabilidad: aislamiento higro- térmico, calefacción, espacios más amplios e iluminados; o para admitir nuevos usos, como alojamiento turístico. Y buena parte de las casas tradicionales de esta comarca reúnen la mayor parte de esas condiciones: presentan buenas condiciones constructivas con excelentes fábricas de piedra y estructuras de madera bien conservadas, alturas libres razonables, posibilidad de hacer frente a diversos programas funcionales, se puede mejorar su aislamiento higrotérmico... Lo que ya resulta algo más difícil es la cuestión de la iluminación natural de las estancias, pues exige el agrandamiento de los huecos o la apertura de nuevos huecos, y si esto no se hace con pericia los resultados pueden ser catastróficos, al afectar profundamente a la composición de las fachadas. Y otra cuestión que e está manifestando como importante, es el gran tamaño que suelen presentar buena parte de estas casas, que lógicamente encarece la intervención, hacien- do más difícil su reutilización. En cuanto a la consideración social que este patrimonio tiene entre la población de Las Me- rindades, hemos podido comprobar al mover la Exposición de Arquitectura Popular de Las Merindades que la gente que acudía a conocerla era consciente de sus muchos valores: cultu- ral, ambiental, afectivo, artesanal... Pero también que era mucha la gente que permanecía completamente ajena a la cuestión. Luego el camino que queda por andar en este sentido es aún largo. El mejor modo para valorar la consideración social de este patrimonio, es ver de qué manera se trata en la Normativa Urbanística pues en ella se convierte en ley el interés de una comunidad por la ordenación de sus pueblos y por la conservación de su patrimonio arquitectónico. Aun-
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 8 que ocurre también que hay términos municipales donde se conjuga una escasa actividad edifi- catoria y un escaso interés por regularla, no existiendo otra figura de planeamiento urbanístico que las Normas Subsidiarias de Planeamiento Municipal de Ámbito Provincial de Burgos; pero sus determinaciones son muy vagas y por supuesto, no hay catálogo de edificios a prote- ger. Entre los términos que carecen de figura de planeamiento urbanística propia se encuentran algunos de los que hemos señalado como de mayor interés por el gran número de pueblos que presentan conjuntos de arquitectura popular de interés: el Valle de Zamanzas, el Valle de Manzanedo y Los Altos. En los términos que cuentan con figura de planeamiento, lo habitual es la existencia de deter- minaciones estéticas muy vagas, acerca de materiales de cubierta y fachada y acerca de colores, pero con ausencia de toda catalogación. Se echan en falta determinaciones más precisas y una catalogación de edificios a proteger en algunos términos de los que hemos señalado el interés de su arquitectura popular, como el Valle de Mena. Aunque hay excepciones interesantes: − La Merindad de Sotoscueva, que cuenta desde el año 1.995 con unas Normas Subsidia- rias, cuya intención declarada es conservar la estructura tradicional y el patrimonio inmobilia- rio de los pueblos. Una voluntad que se plasma en diversas ordenanzas, más o menos de- terministas, según se trate de un pueblo con “casco protegido” o un pueblo con “casco consolidado”; para los primeros se establecen determinaciones bastante precisas acerca de los materiales que se pueden y no se pueden emplear en fachadas, cubiertas y carpinterías, mientras que para los segundos las determinaciones son más flexibles. Y también en un Ca- tálogo de edificios a proteger que incluye, además de elementos de arquitectura popular menor, a las casas tradicionales más interesantes. − La Merindad de Montija cuenta también, desde el año 1.996, con unas Normas Subsi- diarias en las que se establece un Catálogo de edificios protegidos, que incluye los mejores ejemplos de arquitectura popular de sus pueblos. − El Alfoz de Santa Gadea está a punto de aprobar unas Normas Subsidiarias en las que se plantean distintas figuras de protección para buena parte de sus edificios. − Las villas de Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar, Frías y Oña cuentan con un Plan Especial de Casco Histórico, que establece normas precisas para la conservación de los edificios de mayor interés, y entre ellos se incluyen elementos de arquitectura popular.
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 9 PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN DE LA ARQUITECTURA POPULAR DE LAS MERINDADES. A la vista de todo lo visto hasta el momento creemos que la para la conservación de la Arqui- tectura Popular de Las Merindades es necesario: 1. CREAR LAS CONDICIONES PARA QUE SIGA VINIENDO LA GENTE A LOS PUEBLOS DE LAS MERINDADES. Solo así será posible mantener abiertas las casas. Para que siga viniendo la población emigrante y sus descendientes, y para que sigan viniendo las gentes que no tienen raíces en la zona. 2. PROFUNDIZAR EN EL CONOCIMIENTO DE ESTE PATRIMONIO. Abordan- do aspectos que han quedado fuera de este Estudio: analizar la documentación histórica disponible que permita corroborar los datos obtenidos del estudio arquitectónico de estos edificios, conocer en profundidad materiales y oficios tradicionales intentando aprovechar los conocimientos de las pocas personas vivas que los manejaron, intentar una catalogación de edificios a proteger... 3. TRABAJAR EN LA VALORIZACIÓN DE ESTE PATRIMONIO POR PARTE DE LA SOCIEDAD. Para lo cual ya existe un magnífico recurso: la Exposición itinerante so- bre Arquitectura Popular de Las Merindades y los diversos materiales que la acompañan. Y sería muy interesante la creación de un recurso estable para el mismo fin, que podría ser un Ecomuseo, un edificio tradicional de interés que se enseñara a sí mismo y que sirviera también para explicar el modo de vida tradicional. En ese trabajo es importante implicar e interesar a los Ayuntamientos y al tejido asociativo de la zona. 4. CONTROLAR LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN DE LOS PUEBLOS
  • Capítulo 6 - PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN 10 MEDIANTE NORMATIVAS URBANÍSTICAS SENSIBLES. Sensibles a la conserva- ción de la arquitectura popular, sobre todo en los términos de mayor interés a estos efectos y que hoy carecen de tal normativa o la que tienen es poco ambiciosa: Valle de Zamanzas, Valle de Manzanedo, Valle de Mena, Los Altos, Alfoz de Bricia y Merindad de Valde- porres. Los Ayuntamientos además pueden interesarse por el estado de conservación de los edificios más notables y por su situación legal. 5. PRIMAR EL EMPLEO DE INVERSIONES PÚBLICAS EN INTERVENCIONES SENSIBLES. Incentivando a través de los dineros públicos las intervenciones más respetuo- sas, en el turismo rural, en edificios públicos... Se trata de incentivar intervenciones ejem- plares, diseminadas por todo el territorio, y que sirvan de referencia. Nuevamente podría- mos pensar en Ecomuseos, en la recuperación de pueblos abandonados con fines educati- vos... Estos esfuerzos deberían centrarse en las zonas de mayor interés y más “frágiles”: Va- lle de Zamanzas, Valle de Manzanedo, Merindad de Sotoscueva, Valle de Mena, Los Altos... 6. FORMACIÓN DE MANO DE OBRA ESPECIALIZADA. Partiendo de la que ya existe en la zona, claramente insuficiente, formar a operarios en los materiales y oficios tradi- cionales. Para ello se podría recuperar para la enseñanza a las personas vivas que los mane- jaron. 7. SERVIR A LA POBLACIÓN INFORMACIÓN SUFICIENTE SOBRE MODOS DE INTERVENCIÓN SOBRE LA ARQUITECTURA POPULAR. Algo así como un “manual de buenas prácticas” en la restauración de la arquitectura popular que le permitiera tener una idea más clara de lo que se puede hacer con las casas tradicionales, sobre las cuestiones básicas que se deben resolver, los materiales... 8. ABORDAR LA CONSERVACIÓN DEL TERRITORIO PASIEGO, DE SUS CA- BAÑAS Y DE SU PAISAJE. Al menos analizar lo que se está planteando en comarcas cercanas.