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Poemas homéricos

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A través de este trabajo podrá conocer las epopeyas la Iliada y la Odisea; así mismo, la preocupación que tuvo Heinrich Schliemann para dejar de lado la Troya

A través de este trabajo podrá conocer las epopeyas la Iliada y la Odisea; así mismo, la preocupación que tuvo Heinrich Schliemann para dejar de lado la Troya

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  • 1. POEMAS HOMÉRICOS
  • 2. <ul><li>Son epopeyas (especie literaria) compuestas en el periodo Jónico (o Arcaico) de la Literatura Griega (ss. X – VI a.C.) y transmitidos por los aedos o rapsodas (poetas itinerantes). Los aedos o rapsodas se basaban en las leyendas de la Edad Heroica (ss. XIV – XIII a. C.) en la que había transcurrido la Guerra de Troya. Este rico material argumental fue reelaborado en composiciones orales que exaltaban las hazañas, virtudes y desventuras de los héroes que participaron en dicha guerra. Con el tiempo, estas epopeyas heroicas se convirtieron en uno de los referentes culturales de los griegos y el inicio de la Tradición Literaria Occidental. </li></ul><ul><li>Según la leyenda, el autor sería Homero, rapsoda que vivió entre los siglos IX y VIII a.C. y del casi no se sabe nada. Se ha puesto en duda su existencia a lo largo de la historia, considerándose hoy en día “el problema de los problemas” como escribiera Goethe. Al conjunto de estudios acerca de la autoría de los Poemas Homéricos se le denomina  la “cuestión homérica”. </li></ul>
  • 3. <ul><li>Versos hexámetros </li></ul><ul><li>Lenguaje formulario </li></ul><ul><li>Uso del símil y el epíteto </li></ul><ul><li>Descripciones minuciosas </li></ul><ul><li>División en 24 cantos o rapsodias </li></ul>
  • 4. <ul><li>Troya fue una de las ciudades más importantes de la antigüedad, situada en lo que sería actualmente una de las zonas marítimas de la costa de Turquía, (Asia Menor) poseía una situación estratégica, un enlace entre Europa y Asia y de paso para las mercancías que eran transportadas al continente europeo. La poderosa ciudad estaba en medio de dos potencias de la época: los Hititas (Asia Menor) y los micénicos (Grecia). </li></ul>
  • 5.  
  • 6. <ul><li>Hasta principios del s. XX se pensó que Troya era una ciudad legendaria y que por lo tanto sólo había existido en la imaginación de Homero. Esta idea se convirtió en tradición durante muchos siglos hasta que el millonario alemán Heinrich Schliemann logró rescatar las ruinas lo que fue la ciudad de Troya basándose en la referencias textuales de la Iliada y los hallazgos previos de Frank Calvert, arqueologo inglés pionero en las investigaciones en la colina de Hissarlik (Asia Menor). En 1870 Schliemann excavó en dicha colina y descubrió los restos de varias ciudades que corresponden a diferentes estadios temporales: </li></ul>
  • 7.  
  • 8. <ul><li>Así se comenzó las investigaciones arqueológicas sobre la ciudad de Troya, que pasó de ser una ciudad legendaria a ser una ciudad histórica. </li></ul><ul><li>Se han encontrado en total diez ciudades correspondientes a estadios sucesivos. La sexta de estas ciudades corresponde temporalmente al periodo Micénico y fue incendiada como indican las leyendas de la Guerra de Troya y la Eneida de Virgilio. </li></ul>
  • 9.  
  • 10. <ul><li>Narra un breve episodio (51 días) de fines del noveno año de Guerra (fueron 10 años de guerra): Aquiles, el mejor de los aqueos (griegos) se retira del campo de batalla al ser humillado por Agamenón (líder griego). Los troyanos, al mando de Héctor (príncipe troyano y su mejor guerrero), derrotan a los aqueos en el combate y Héctor llega a matar a Patroclo, el amigo y escudero de Aquiles, quien vuelve a la lucha y mata a su vez a Héctor.  Los dioses participan activamente tomando partido por los aqueos (Atenea, Hera, Hefaistos, Poseidón) o por los troyanos (Afrodita, Apolo, Ares). </li></ul>
  • 11. <ul><li>Cuando ambos guerreros se hallaron frente a frente, dijo el primero el gran Héctor, de tremolante casco: </li></ul><ul><li>— No huiré más de ti, oh hijo de Peleo, como hasta ahora. Tres veces di la vuelta, huyendo, en torno de la gran ciudad de Príamo, sin atreverme nunca a esperar tu acometida. Mas ya mi ánimo me impele a afrontarte ora te mate, ora me mates tu. Ea pongamos a los dioses por testigos, que serán los mejores y los que más cuidarán de que se cumplan nuestros pactos: Yo no te insultaré cruelmente, si Zeus me concede la victoria y logro quitarte la vida; pues tan luego como te haya despojado de las magníficas armas, oh Aquileo, entregaré el cadáver a los aqueos. Obra tú conmigo de la misma manera. </li></ul>
  • 12.  
  • 13. <ul><li>Mirándole con torva faz, respondió Aquileo, el de los pies ligeros: </li></ul><ul><li>— ¡Héctor, a quien no puedo olvidar! No me hables de convenios. Como no es posible que haya fieles alianzas entre los leones y los hombres, ni que estén de acuerdo los lobos y los corderos, sino que piensan continuamente en causarse daño unos a otros; tampoco puede haber entre nosotros ni amistad ni pactos, hasta que caiga uno de los dos y sacie de sangre a Ares, infatigable combatiente. Revístete de toda clase de valor, porque ahora te es muy preciso obrar como belicoso y esforzado campeón. Ya no te puedes escapar. Palas Atenea te hará sucumbir pronto, herido por mi lanza, y pagarás todos juntos los dolores de mis amigos, a quienes mataste cuando manejabas furiosamente la pica. </li></ul><ul><li>En diciendo esto, blandió y arrojó la fornida lanza. El esclarecido Héctor, al verla venir, se inclinó para evitar el golpe: clavóse aquella en el suelo, y Palas Atenea la arrancó y devolvió a Aquileo, sin que Héctor, pastor de hombres, lo advirtiese. Y Héctor dijo al eximio Pélida: </li></ul><ul><li>— ¡Erraste el golpe, deiforme Aquileo! Nada te había revelado Zeus acerca de mi destino como afirmabas: has sido un hábil forjador de engañosas palabras, para que, temiéndote, me olvidara de mi valor y de mi fuerza. Pero no me clavarás la pica en la espalda, huyendo de ti: atraviésame el pecho cuando animoso y frente a frente te acometa, si un dios te lo permite. Y ahora guárdate de mi broncínea lanza. ¡Ojalá que todo su hierro se escondiera en tu cuerpo! La guerra sería más liviana para los teucros si tú murieses, porque eres su mayor azote. </li></ul>
  • 14. <ul><li>Así habló; y blandiendo la ingente lanza, despidióla sin errar el tiro; pues dio un bote en el escudo del Pelida. Pero la lanza fue rechazada por la rodela, y Héctor se irritó al ver que aquélla había sido arrojada inútilmente por su brazo; desenvainó la aguda espada, grande y fuerte, que llevaba al costado. Y encogiéndose, se arrojó como el águila de alto vuelo se lanza a la llanura, atravesando las pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la tímida liebre; de igual manera arremetió Héctor blandiendo la aguda espada. Aquileo embistióle, a su vez, con el corazón rebosante de feroz cólera: defendía su pecho con el magnífico escudo labrado, y movía el luciente casco de cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que Hefesto colocara en la cimera. Como el Véspero, que es el lucero más hermoso de cuantos hay en el cielo, se presenta rodeado de estrellas en la obscuridad de la noche; de tal modo brillaba la pica de larga punta que en su diestra blandía Aquileo, mientras pensaba en causar daño al divino Héctor y miraba cuál parte del hermoso cuerpo del héroe ofrecería menos resistencia. Este lo tenía protegido por la excelente armadura que quitó a Patroclo después de matarle, y sólo quedaba descubierto el lugar en que las clavículas separan el cuello de los hombros, la garganta, que es el sitio por donde más pronto sale el alma: por allí el divino Aquileo envasóle la pica a Héctor, que ya le atacaba, y la punta, atravesando el delicado cuello, asomó por la nuca. Pero no le cortó el garguero con la pica de fresno que el bronce hacia ponderosa, para que pudiera hablar algo y responderle. Héctor cayó en el polvo, y el divino Aquileo se jactó del triunfo, diciendo: </li></ul>
  • 15. <ul><li>— ¡Héctor! Cuando despojabas el cadáver de Patroclo, sin duda te creíste salvado y no me temiste a mí porque me hallaba ausente. ¡Necio! Quedaba yo como vengador, mucho más fuerte que él, en las cóncavas naves, y te he quebrado las rodillas. A ti los perros y las aves te despedazarán ignominiosamente, y a Patroclo los aqueos le harán honras fúnebres. </li></ul>
  • 16. <ul><li>Relata un episodio de 40 días en los cuales, el héroe Odiseo (Ulises) logra retornar a su Ítaca, su añorada patria. Ayudado por su astucia e ingenio, Odiseo logra superar las diversas dificultades en diversas aventuras donde supera a seres fabulosos como los cíclopes, las sirenas, los lestrigones, los monstruos marinos Escila y Caribdis, entre otros. Odiseo relata a los feacios sus aventuras antes de que estos lo lleven de vuelta a Ítaca. </li></ul>Ulises y sus hombres ciegan a Polifemo
  • 17. <ul><li>A su retorno se enfrenta con los numerosos guerreros de la nobleza itacense que pretende casarse con su mujer Penélope, matar al hijo de ambos (Telémaco) y usurpar así el trono de Ítaca. Los pretendientes planeaban esto ante los veinte años de ausencia de Odiseo que había partido el mismo día que nació su hijo a la Guerra de Troya. Con el apoyo de Telémaco, la diosa Atenea y sus esclavos leales Eumeo y Anticlea, logra engañar y vencer a los pretendientes masacrándolos en su palacio, recuperando el trono. </li></ul><ul><li>A continuación presentamos un video que explica los viajes de Odiseo narrados por éste en la Isla de los Feacios en el famoso episodio “Relato de aventuras” que abarcan desde el canto IX hasta el XII de la Odisea . </li></ul>
  • 18. <ul><li>“ Navegábamos velozmente, pero las Sirenas advirtieron la presencia de la ligera embarcación que navegaba muy cerca de ellas y con sus frescas voces entonaron un cántico: “¡Ven aquí, acércate a nosotras, Ulises tan elogiado, honor y gloria de la Acaya!… Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces. Jamás un negro navío dobló nuestro cabo sin oír las dulces melodías que salen de nuestros labios. Después deleitarse con ellas, quienes las escucharon se van alegres conociendo muchas cosas que ignoraban, pues nosotras sabemos todas las penalidades que los dioses infligieron en la Guerra de Troya a los argivos y a los troyanos y estamos enteradas de cuanto ocurre sobre la tierra.” Así cantaban y sus admirables voces llenaban mi corazón del deseo de escucharlas. </li></ul>
  • 19. <ul><li>Frunciendo las cejas hice una seña para dar a mis compañeros la orden de desatarme, pero mientras los remeros curvados sobre los remos seguían bogando, Euríloco y Perímeo se levantaron para apretar más los nudos que me sujetaban. La nave se alejó y pronto se dejaron de oír los gritos y los cantos de las Sirenas. Sólo entonces mis fieles compañeros soltaron las ligaduras y se quitaron la cera que les tapaba los oídos.” </li></ul>
  • 20. <ul><li>Los poemas homéricos han inspirado infinidad de obras literarias e incluso en el sétimo arte, siendo la versión más reciente el film Troya. </li></ul><ul><li>Troya es una película de 2004 dirigida por Wolfang Petersen, protagonizada por Brad Pitt (Aquiles) cuyo argumento está basado en las leyendas de la Guerra de Troya, la Iliada de Homero y la Eneida de Virgilio. Se dan notorias divergencias en el argumento del film respecto a las fuentes citadas. </li></ul>
  • 21. <ul><li>Estas escenas del desembarco aqueo y la toma de la playa cercana a la ciudad corresponden a la leyenda de la Guerra de Troya. El campamento aqueo se sitúa en dicha playa y es uno de los tres escenarios más importantes en la Iliada , junto con el campo de batalla (llanura) y los muros (ciudad de Troya). El ataque aqueo es comandado por Aquiles, hijo del héroe Peleo y la diosa Tetis, quien lidera a los legendarios guerreros mirmidones, tropas de élite griegas. </li></ul>

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