Planificay sust. disolucion_y_construccion.oct_2011[1]
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Planificay sust. disolucion_y_construccion.oct_2011[1]

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  • 1. PLANIFICACIÓN Y SUSTENTABILIDAD CONCEPTOS EN PROCESO DE DISOLUCIÓN Y CONSTRUCCIÓN. Virginia Cabrera Becerra1 Introducción. El objetivo del trabajo que se presenta en este espacio es hacer explícita la concepción que se sustenta acerca de la planificación y el pensamiento sustentable, abordando sus diferencias, similitudes y complementariedades, como plataforma para avanzar en el tratamiento particular de cada concepto. Los conceptos de planificación y sustentabilidad se nos presentan en una preliminar percepción como conceptos diferentes y complementarios a la vez; de tal forma que es común hablar actualmente de planificación sustentable. Sin embargo una reflexión en profundidad nos permite identificar también lugares comunes. Así, nos encontramos frente a dos conceptos de reiterada invocación en los más diversos ámbitos que ha conducido a una laxitud en su utilización amén de desencadenar reacciones de incredulidad cuando se confrontan planteamientos, de ambos, con la situación de pobreza y deterioro que priva en nuestro hábitat; y aún más, cuando la misma planificación incide en su profundización. Otro rasgo significativo es la perspectiva de largo plazo que, como se sabe, es inherente a ambos conceptos: En la planificación las propuestas y acciones de transformación de la realidad se entrelazan estratégicamente en la consecución de un futuro deseable. En esta, se prefigura el futuro deseable para transformar el presente a partir del conocimiento del proceso histórico que lo ha delineado, implica por lo tanto el entrelazamiento del pasado, el presente y el futuro. De igual forma el pensamiento sustentable tiene entre sus planteamientos centrales un compromiso ético transgeneracional que implica el entrelazamiento 1 Virginia Cabrera Becerra. Profesora investigadora titular de la FA-BUAP, Arquitecta por la BUAP. Maestra en Urbanismo por la UNAM. Doctora en Urbanismo por la UNAM. Miembro SNI. Miembro del Padrón de Investigadores Institucional (VIEP). Coordinadora del Doctorado en Procesos Territoriales de la FA-BUAP. Diversas publicaciones a nivel nacional e internacional. Ponente tanto en Eventos Nacionales e Internacionales. Cuerpo académico: Procesos Territoriales
  • 2. de acciones en el presente para preservar las condiciones adecuadas de vida para las futuras generaciones. A partir del planteamiento de la situación de crisis, compartida por ambos conceptos, las reflexiones que se despliegan a lo largo del presente texto mantienen como idea central la posibilidad de su superación. La planificación urbana y regional alumbrada por los valores y principios del pensamiento sustentable constituye un instrumento de alta precisión, cuyo manejo en manos impregnadas de humanismo, ética de responsabilidad y voluntad política permitirá incidir en el mejoramiento y transformación de las condiciones urbanas y ambientales, coadyuvando con ello en el mejoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la población, en consonancia con las cualidades culturales y ambientales. La estructura del discurso que se expone es simple, pues se integra por las reflexiones respecto de los dos conceptos que interesa elucidar; en primer lugar se presentan reflexiones referentes al concepto de planificación, en segundo lugar las vinculadas con el pensamiento del desarrollo sustentable y finalmente en las conclusiones se abordan las posibilidades de superación de las limitadas significaciones que han adquirido en su desarrollo histórico. 1. La planificación. En relación con este concepto se impone una aclaración preliminar: La planificación constituye un hecho social y político. Quien realiza y/o ejercita la planificación está desplegando una práctica política desde una situación social y cultural determinada. Con esta afirmación rescatamos aportaciones realizadas dentro de la Escuela de Sociología Francesa, cuya vigencia es incuestionable, aún en la situación de rechazo generalizado, y poco fundamentado, que produce, desde la caída del muro de Berlín, toda propuesta vinculada a una visión materialista y dialéctica. La referencia señalada remite a considerar la interacción entre política y planificación como relación de primer orden que permite
  • 3. acercarnos a las vicisitudes y vaivenes de la planificación territorial, regional, urbana, y a sus consecuencias sociales y ambientales. En esta relación, sustantiva en nuestra reflexión, emerge una interrelación, también de primer orden, con la situación socio cultural que marca concepciones, intereses, hábitos, costumbres, tanto en el ámbito de la política como en el de la planificación misma. Los ámbitos e interrelación señalados se enlazan en una trama de alta complejidad cuyo discernimiento constituye siempre un reto a la imaginación y a la práctica investigativa. Una primera reflexión, en nuestro camino exploratorio, se refiere a la situación de descrédito de la planificación y de la planeación en nuestro país, descrédito que frontalmente aparece como “crisis” permanente. El papel que hasta ahora ha jugado la planificación le ha conferido un estatuto de poca dignidad, al grado que resulta un denominador común el planteamiento de que la planificación se encuentra en una situación de crisis y descrédito generalizado. La certeza de la crisis se sustenta en dos situaciones imbricadas: Una de carácter general que tiene que ver con la crisis de la planificación moderna y otra de carácter particular que toca a las condiciones específicas de nuestra situación nacional y local. En un primer momento puede parecer descabellado afirmar tal descrédito en una situación de proliferación de planes y programas de ordenamiento territorial, de desarrollo urbano y regional, de recurrencia de foros y reuniones que tanto a nivel internacional, como nacional, y local, se han dado en los últimos años. La realización de tales eventos constituye un indicador del interés que priva en algunos ámbitos académicos e institucionales por lograr que la racionalidad que teóricamente contiene la planificación trascienda a la realidad de nuestras ciudades y territorios. Una revisión histórica del proceso de planificación y de su interacción con el medio ambiente nos muestra que la planificación, salvo algunas excepciones, se ha movido entre dos extremos de la misma cuerda: La elaboración de planes y programas de alto contenido ideológico y su utilización como vehículo de intereses económicos y políticos selectivos.
  • 4. En relación a la planificación como instrumento, en México diversos análisis han mostrado su vinculación con intereses económicos y políticos, apoyando procesos de ordenamiento y desarrollo urbano y regional de carácter selectivo (Palacios 1989). Esto es, que los planes y programas de desarrollo urbano y regional se han formulado como instrumentos idóneos para la materialización de intereses políticos y económicos enraizados en el suelo y la edificación. La derrama de beneficios económicos que se desatan a partir de la apropiación y transformación del uso de suelo en determinadas áreas de la ciudad o de su periferia, así como por las acciones mismas de edificación, son consecuencias detectables tanto en procesos nacionales como locales. Por cierto, la incidencia de este tipo de planificación, en el ámbito económico, fue enfatizada claramente por los análisis acerca de la política denominada “la reconquista de París” que realizó Lojkine, cuyas aportaciones resuenan aún en nuestros días y en nuestra realidad mexicana y latinoamericana (Lojkine: 1979). En relación al carácter ideológico de la planificación, en nuestro país la planificación urbana y regional realizada hasta la fecha ha transcurrido estableciendo una brecha ancha no sólo respecto a los valores y principios de corte humanista, sino incluso respecto a la propia realidad. Este alejamiento le ha valido a la planificación ser considerada como generadora de textos de alto valor ideológico y nulo valor transformador. Punto inicial de crítica, que como un imán poderoso atrae una miríada de denostaciones, es la brecha existente entre planificación y realidad expresada en la inutilidad de los planes y programas que, se dice de forma recurrente, solo sirven para engrosar bibliotecas especializadas. La crítica enunciada merece reflexionarse, ya que una mirada más atenta nos permite hacer algunas precisiones. El impacto de la planificación es de múltiples direcciones, a la incidencia en el ámbito económico e ideológico se entrelazan efectos en el ámbito político (fortalecimiento de la imagen de las autoridades, obtención de lealtades etc.), en el simbólico ( la marca de un gobierno) en el cultural (la cultura urbanística al servicio de determinados
  • 5. intereses) en el social ( enriquecimiento por un lado y pauperización por otro, transformación de entornos generadores de identidad) en el jurídico (manejo discrecional de las Leyes tanto en su formulación como en su aplicación) y desde luego en el ambiental (ocupación de tierras agrícolas productivas, contaminación y explotación irracional de cuerpos de agua etc.). La planificación incide en estas múltiples direcciones generando los instrumentos -planes y programas– que contienen una orientación cuyos efectos de rentabilidad son previsibles, llegándose al extremo, como es ampliamente conocido, de elaborar los instrumentos que justifican las acciones que se encuentran ya en proceso de ejecución (Fig.1) De acuerdo con lo señalado, resulta insostenible la afirmación de que la planificación no tiene incidencia en la realidad, ya que constituye un instrumento que se engarza directamente con acciones de múltiples direcciones. 1. Expresiones de la crisis. Tampoco se puede dejar de reconocer que una gran masa de planes y programas se mantienen como instrumentos de carácter ideológico. Ya que una
  • 6. buena cantidad de estos instrumentos no se llegan a traducir en cambios de uso de suelo o acciones edificatorias. Por qué razón se establece, en estos casos, esa brecha entre la realidad y los planes y programas, es otra cuestión cuyas respuestas constituyen manifestaciones de la crisis de la planificación. Señalemos sólo algunos aspectos: La debilidad conceptual, metodológica y técnica, que es común encontrar en su formulación, incide en el poco o nulo valor transformador de los instrumentos de planificación. Desde luego, las condiciones políticas y económicas que se traducen en escasa o nula voluntad de parte de las autoridades, que aunada a la incipiente y aún débil participación social constituyen determinantes de primer orden en la ausencia de aplicación de los programas, así como de la formulación y ejecución de programas con orientación social y ambiental. Un rasgo que ha disminuido su magnitud gracias a los avances de la informática aplicada al procesamiento y análisis de los problemas urbano regionales, es la insalvable brecha que la acelerada marcha de la realidad genera respecto a la formulación de los planes y programas. La llegada siempre tarde de los planes y programas es una constante queja que ha favorecido el advenimiento de la planificación estratégica. Otros rasgos de la planificación son el autoritarismo, el centralismo, el verticalismo y la consiguiente ausencia de participación social. Rasgos de extraordinaria fuerza en la generación del perfil crítico que tiene desde su nacimiento, señalan los teóricos del posmodernismo, la planeación vinculada a la modernidad (Fig.2). Se podría continuar detallando muchas otras manifestaciones de la crisis, pero por economía de espacio a partir de las que se han enunciado se puede adelantar la afirmación de que la planificación en nuestro país se ha configurado como una práctica que en sus múltiples dimensiones ha coadyuvado al crecimiento de las condiciones inhumanas y de depredación ligadas al tipo de desarrollo prevaleciente.
  • 7. 2. Causas. Planificación instrumental. La crisis de la planificación no constituye un fenómeno exclusivo de nuestra sociedad, en los países “económicamente fuertes” se ha realizado el mismo planteamiento en el contexto del debate de la modernidad y la posmodernidad. El planteamiento acerca de la planificación y de la planeación como ejes centrales de la modernidad ha desembocado en posiciones diversas, desde aquellas de corte radical que pregonan su desaparición como hecho concomitante a la emergencia de nuevas condiciones de posmodernidad, hasta las que refrendan su importancia en apoyo a la continuación, mejorada, del proyecto de la modernidad, emparentadas estas últimas posiciones a la tesis Habermasiana de la búsqueda de conclusión del proyecto de la modernidad (Arriaran 1997). La posición que asume la necesidad de crear nuevos paradigmas, ha dado lugar al surgimiento de un conjunto de propuestas como: la planificación comunicativa, la planificación participativa, planificación flexible, etc., (Aguilar; 1997). En la gama de posiciones que atraviesan los extremos señalados emerge un acuerdo. El agotamiento de la planificación y planeación moderna, cuyos rasgos característicos son: el enfoque comprehensivo, su función como instrumento de regulación y control por parte del Estado, su carácter racional y centralizado.
  • 8. En oposición al planteamiento de desaparición de la planificación, nuestra posición es asumir la necesidad de generar la transformación y superación de la planificación tradicional y pugnar por un nuevo tipo de planificación vinculada a los valores y principios del desarrollo sustentable. 2. El desarrollo sustentable. ? Que es el desarrollo sustentable?, ¿ por qué surge en los momentos actuales?, ¿ cuáles son sus ideas centrales, sus posibilidades y realidades?, son algunas de las preguntas que guían nuestra reflexión en torno a este primer concepto. Un primer acotamiento en esta reflexión es considerar que el paradigma del desarrollo sustentable, constituye un producto culturalmente ubicado, esto es, que sus planteamientos, orientaciones e intereses no pueden entenderse al margen de las condiciones culturales y materiales de la modernidad, las cuales reciben, a su vez, la influencia del pensamiento así generado. Esto lo afirmamos en franca aceptación de la idea de que las teorías, concepciones, ciencias, pensamientos sólo surgen en un proceso histórico que permite su constitución. Así, entre las condiciones históricas que dieron lugar al pensamiento del desarrollo sustentable, consideramos de relevancia la trama establecida entre el desarrollo del pensamiento mismo, en los diversos ámbitos científicos y disciplinarios, y la complejidad alcanzada por el desarrollo material de la sociedad. Si aceptamos que el medio ambiente constituye uno de los factores comúnmente identificados con el pensamiento del desarrollo sustentable podemos señalar algunos antecedentes. La preocupación por el medio ambiente y su interrelación con la actividad humana tiene en realidad antecedentes muy remotos, ya Hipócrates plantea la necesidad de estudiar las condiciones climáticas, calidad del agua, condiciones del suelo, costumbres y modo de vida del ser humano como requisito para el estudio de la medicina (Gallopin, 1986: 129). El grado de desarrollo de la civilización griega explica la focalización, que se expresa en la sugerencia Hipocrática, de la influencia del medio ambiente en el desenvolvimiento físico del ser humano; quedando sin explorar el estudio de otras interrelaciones.
  • 9. A partir de Descartes (siglo XVII) el proceso de desarrollo de la ciencia condujo a la especialización disciplinaria de acuerdo con el elemento abstraído, como objeto de estudio, del contexto ambiental o social: emergiendo la geografía, biología, física, química, sociología, psicología, etc. En este proceso de especialización, la interrelación entre el medio ambiente y el hombre se instaura como objeto de una disciplina derivada de la biología: la ecología, que es definida por Ernst Haeckel (1869) como el cuerpo de conocimientos concerniente a la economía de la naturaleza- la investigación de las relaciones totales del animal con su medio ambiente. En el proceso de evolución de la ecología destaca la definición de los ecosistemas como objeto de estudio. En el ámbito de la Ecología, que se consolida como ciencia por Ernst Haeckel en 1869, los estudios evolucionan desde la puntualización en el estudio de la interrelación de un organismo y su medio ambiente (autoecología) al estudio de la interrelación entre comunidades vegetales y animales con su medio ambiente (sinecología), al estudio de las comunidades en su interrelación con su medio ambiente biótico y abiótico (ecosistema), al estudio del hombre en la biosfera (ecosfera). Observándose en esta línea de evolución un proceso de mayor complejidad que conduce a la especificación de la interrelación del hombre con su medio ambiente. La influencia de la biología se extendió al campo de la sociología, en las formulaciones de la Escuela de Chicago (1856-1940), con la idea de Park acerca de la competencia económica como factor generador de los procesos ecológicos que configuran a la ciudad. Recordemos que los procesos de sucesión, centralización, segregación, descentralización, asimilación y adaptación se derivan del proceso principal; conformado por la competencia. En esta idea, engendrada, a su vez, de la aplicación al espacio urbano del concepto Darwiniano de lucha por la supervivencia, encontramos una interpretación de base biológica del comportamiento humano, por lo que la naturaleza se presenta en este momento, no como algo externo sino como algo inherente al hombre mismo. La concepción de unidad indiferenciada del hombre y la naturaleza condujo,
  • 10. como es sabido, a la afirmación por parte de la escuela de Chicago, en concordancia con la visión positivista de la ciencia, de que el hombre y la sociedad se encuentran al igual que la naturaleza regidos por leyes naturales. La aplicación del principio Darwiniano al estudio de la sociedad urbana que se realiza por los integrantes de la Escuela de Chicago se da en un contexto de despegue de la industria en la ciudad de Chicago y aunque las consecuencias de este proceso se presentan ya de forma violenta: desempleo, pauperización creciente y segregación entre otros muchos, la confianza en el progreso tecnológico permanece aún sin fisuras. El progreso científico y tecnológico alcanzado en estos momentos coloca al hombre en la necesidad de reafirmar su origen biológico, tratando de explicar desde este punto de vista el comportamiento de la sociedad. La vinculación del progreso tecnológico con el deterioro del medio ambiente y la idea de falacia de la racionalidad del ser humano, se darán en un estadio más avanzado en el que el recorrido de la ciencia y tecnología se imbrica con la franca expansión y profundización de las consecuencias malignas de la actuación “racional" del ser humano. Dentro de la Escuela neortodoxa de Duncan, se presenta ya una diferenciación al especificarse el medio físico, junto con la población, la organización social y la tecnología, como factores que inciden en la configuración del espacio urbano. En este caso, la atención está puesta en el medio físico como elemento condicionante y no en las consecuencias que resiente debido a la acción del hombre. Se pasa con ello a una primera diferenciación de la unidad naturaleza-hombre. La individuación de la naturaleza y el hombre conduce en una primera aproximación, por lo tanto restringida, al estudio de su interrelación; concibiendo como condicionante al medio físico. La teoría de Malthus (1798) acerca del desequilibrio entre el crecimiento geométrico de la población y el crecimiento aritmético de los medios de subsistencia constituye otro hito en los antecedentes de la atención que va ganando el medio ambiente; hito puesto nuevamente en escena en la actualidad con la corriente neomalthusiana que observa el crecimiento poblacional como
  • 11. principal problema en el agotamiento de los recursos naturales. En esta propuesta se mantiene también la idea de diferenciación y se puntualiza una interacción cuantitativa entre los elementos. Hasta principios del siglo XX las concepciones acerca del medio ambiente, que hemos sintéticamente señalado, surgen en el contexto de una cultura direccionada por las ideas fuerza de la modernidad, formadas desde la Ilustración, que giran en torno al indetenible progreso del ser humano, la confianza en la racionalidad y la tecnología como instrumentos centrales de dicho progreso. El desencanto del ideario de la modernidad y, con ello, de las ideas de progreso y de la racionalidad instrumental se produce en dos momentos históricos especiales: los periodos de tiempo posteriores a las dos guerras mundiales. Los hechos de muerte y destrucción que se derivan de estos eventos mundiales ponen en tela de juicio el papel todopoderoso de la tecnología, y la racionalidad del ser humano. Después de la primera Guerra mundial el rechazo a la modernidad se perfila como una de las ideas centrales que caracterizan a la filosofía de la escuela de Frankfurt. Así, para Adorno y Horkheimer la ciencia y la tecnología se han convertido en herramientas destructivas. La barbarie en la que se sume el hombre es concebida -nos dice Arriarán- (1997:33) en la obra de estos filósofos como un enfrentamiento producido entre el hombre y la naturaleza, perdiéndose en esta globalidad los conflictos entre clases. El desengaño que aflora en estos pensadores constituye el antecedente del pensamiento posmoderno que se desarrolla después de la Segunda Guerra mundial, a instancia también de las consecuencias de muerte y destrucción. Con ello se abre el paso a un pensamiento posmoderno que surge en franca rebeldía a los planteamientos modernistas, que se caracteriza por el resquebrajamiento de la fe en la eficacia permanente de una tecnología, sobre la que se levantaba la creencia del dominio absoluto del hombre sobre la naturaleza. El impacto de este evento catastrófico mundial abarca cada una de las manifestaciones de la vida del hombre, particularmente las estructuras del pensamiento. Por ello es que Jean Francoise Lyotard ubica en los años cincuenta
  • 12. el inicio del pensamiento posmoderno (González;1997: 111), en cuyo seno se van construyendo diversas teorías como: la calología cuya inquietud se centra en la búsqueda de la racionalidad en el desorden (hasta antes de la aparición de la calología considerado como irracional y con escaso interés científico), una nueva visión estética que rescata a la historia como ingrediente de la percepción estética, centrada hasta ese momento en la percepción de la bella forma (Vattimo; 1993 ), que dará lugar al posmoderno arquitectónico y a las llamadas transvanguardias artísticas, entre otras. En este nuevo clima intelectual surge, también, el paradigma del desarrollo sustentable que se centra en la búsqueda de la relación armónica entre la sociedad y la naturaleza, e indaga en torno a las diversas formas en que se interrelacionan. Ciencias, teorías, pensamientos que emergen en diferentes momentos y ámbitos pero que participan del ingrediente característico, sino de todo si de algunas ramas, del pensamiento posmoderno: la rebeldía a lo establecido, la búsqueda de nuevos caminos, problemas y enfoques. En este contexto aparecen nuevas ideas en torno a la problemática ambiental y su depredación como consecuencia del modelo de desarrollo capitalista prevaleciente, las cuales se van entrelazando para constituir el llamado pensamiento del desarrollo sustentable. El surgimiento, en este contexto cultural, explica el hecho de que a partir de la década de los setentas se venga construyendo esta nueva corriente de pensamiento del desarrollo sustentable, que en una de sus vertientes mantiene como preocupación central al medio ambiente. El advenimiento de la crisis alimentaria y del petróleo que se produce durante la década de los setentas constituye el factor material que, definitivamente, convierte en preocupación mundial a la problemática ambiental. Reconociéndose recurrentemente a la Conferencia de Estocolmo de 1972 como el momento de institucionalización de la cuestión ambiental. La preocupación por las consecuencias perversas- parafraseando la formulación de Giddens (1996)- de la actuación del hombre sobre la naturaleza
  • 13. penetra las diversas disciplinas que tratan de encontrar una respuesta y una solución a la creciente depredación del medio ambiente. Resulta interesante recordar una de las interpretaciones que se realiza en la década de los setentas desde la óptica del psicoanálisis. Las reflexiones desarrolladas por Cesarman (1976) puntualizan la existencia de una tendencia hacia la destrucción ambiental vinculada a las vivencias de rechazo y frustración que en la infancia sufre el ser humano. Esta propuesta, a su vez, trata de superar el énfasis que ya en la década de los setentas se hace en la determinación estructural de la problemática ambiental y de resaltar la responsabilidad individual que tiene cada ser humano en la construcción y destrucción del escenario de su vida. La propuesta estructural y la psicoanalítica orientan con toda claridad la atención hacia las consecuencias de la actuación del hombre en el medio ambiente. La concepción sobre el medio ambiente emerge sintetizando y superando a la vez las concepciones antecedentes. El hombre retorna a considerar su vinculación con la naturaleza observándose como parte de esta, la visualiza, también, como parte externa que condiciona y limita su desarrollo y observa las consecuencias de su actuación. Desarrollo sustentable como paradigma. Hablar de desarrollo sustentable significa hablar de una corriente de pensamiento no sólo en proceso de construcción sino también integrada por diversas posiciones, que, sin embargo, mantienen como punto de coincidencia el interés por la preservación del medio ambiente, como soporte para la continuación de la vida en el planeta. Los rasgos de cuerpo teórico inacabado y heterogéneo, que caracterizan a esta corriente de pensamiento, no han impedido que recurrentemente se le considere como un paradigma. ¿Estamos ante un uso abusivo del término? o por el contrario ¿estamos frente a un paradigma según las significaciones más comunes dadas a esta noción por Kuhn en su famoso libro de " La estructura de
  • 14. las revoluciones científicas? ?. Texto que, por cierto, emerge en el contexto del pensamiento posmoderno participando de su natural rebeldía a lo establecido y que en este caso se expresa como oposición a la imagen de la ciencia transmitida por el positivismo lógico y a la imagen transmitida por la filosofía de Popper ( Elguea: 1988, 23). Nuestra posición es que estamos, efectivamente, ante un nuevo paradigma que se viene construyendo a partir del procesamiento de viejos y actuales paradigmas ubicados en diversos ámbitos de la ciencia. Esto es, que la confluencia de diversas bases teóricas en la construcción del pensamiento del desarrollo sustentable, como la teoría marxista, la teoría de sistemas, la psicología genética, la teoría de la racionalidad de Weber, constituye un hecho que entra en flagrante contradicción con la idea kuhniana de la inconmensurabilidad de los paradigmas (es decir la imposibilidad de comparación entre ellos) y en consecuencia de su fusión. La idea de la inconmensurabilidad de los paradigmas fundamenta la afirmación de este autor acerca de que en las fases de revolución científica se da la sustitución de un paradigma por otro, sin que exista ninguna relación entre ellos. De tal forma que, la aplicación mecánica de la idea kuhniana nos conduciría a la apreciación errónea de que el planteamiento de un desarrollo sustentable nada tendría que ver con el viejo paradigma del desarrollo tradicionalmente concebido; lo que sería tanto como afirmar que lo nuevo y lo viejo son dos estados excluyentes. Por el contrario, la mutua implicación de lo viejo y lo nuevo es claramente enunciada por Bergson al enfatizar la presencia permanente del pasado en el presente, su duración y permanencia en la adquisición de nuevas etapas de madurez (Gutierrez, 1995: 193). Otra idea que nos habla acerca de esta interacción la encontramos en Vattimo quien en una reflexión profunda acerca de la modernidad y la posmodernidad artística muestra tradicionalmente antagónicas en cómo, realidad dos se situaciones implican posmodernidad en franca continuidad con la modernidad. consideradas al constituirse la
  • 15. Las argumentaciones filosóficas en torno a la implicación mutua de lo viejo y lo nuevo nos remiten entonces a plantear la necesidad de realizar estudios más profundos, que escapan a las posibilidades de este momento y espacio, que nos permitan avanzar en el esclarecimiento de las múltiples dimensiones que presenta la relación entre el viejo paradigma de desarrollo y el nuevo paradigma de desarrollo sustentable. Sin embargo, la tentación de hacer algunos planteamientos nos atrapa y arriesgamos algunas consideraciones generales que no nos alejan demasiado de nuestro discurso central. El pensamiento del desarrollo sustentable se amarra de múltiples formas al viejo paradigma del desarrollo. La vinculación comúnmente reconocida es la de ruptura, su emergencia sustentada en el señalamiento de las múltiples consecuencias perversas de la aplicación del paradigma tradicional del desarrollo. La consideración del pensamiento del desarrollo sustentable como paradigma la basamos en la reflexión en torno a los dos sentidos otorgados a esta noción por su creador: 1) como un logro, esto es, como una nueva forma de solucionar un problema que obtiene el consenso general y sirve a partir de entonces como modelo para el futuro y b) como una serie de valores compartidos, tales como los métodos, normas y generalizaciones, aceptados entre todos aquellos que habrán de realizar el trabajo científico que se desprende de un paradigma particular (Elguea; 1988: 27). Condiciones, ambas, que se encuentran presentes en el pensamiento que nos ocupa. En el primer sentido, podemos afirmar que el pensamiento del desarrollo sustentable no solo proporciona formas de solución a la problemática ambiental, las cuales van adquiriendo cierta aceptación general en un proceso no exento de oposición entre diversas concepciones, sino que, además, incide en la preeminencia de la cuestión ambiental tanto en la sociedad como en la ciencia. Es decir, con el pensamiento del desarrollo sustentable la problemática ambiental se convierte en el centro de interés de diversas ramas de la ciencia, que lo estudian desde las peculiaridades impuestas por la delimitación de sus objetos formales. Para mostrar como el pensamiento del desarrollo sustentable cumple con
  • 16. el segundo sentido impuesto a la noción de paradigma, baste señalar que el consenso respecto a los valores permeados por lo ambiental ha penetrado no únicamente en la ciencia sino en cada ámbito de la estructura social, convirtiéndose además en una fuerza propulsora de transformaciones en cada uno de ellos. Con las reflexiones anteriores dejamos, nos parece, asentado la pertinencia de hablar del paradigma del desarrollo sustentable. Sin embargo, el consenso alcanzado por esta corriente de pensamiento no es total y su extensa difusión en todos los ámbitos de la sociedad no se encuentra exenta de apreciaciones que muestran otras caras del mismo. Así, su amplia difusión se convierte también en el argumento para que algunos lo etiqueten como una moda; que tendrá por lo tanto su momento de explosión e inmediata desaparición. Otro aspecto, que se destaca en algunos estudios es su papel para desviar o desdibujar las contradicciones sociales inherentes a nuestra sociedad, tal como señala Pérez Agote (Leff; 1986: 24). Afirmaciones que contienen aspectos que hay que rechazar y aspectos recuperables. Así, la etiquetación como moda puede aceptarse en sentido figurado en la medida en que efectivamente este pensamiento alumbrará el quehacer cotidiano y científico durante el tiempo necesario para que se despliegue su potencial explicativo, recordando nuevamente a Kuhn estaríamos hablando de un período de ciencia normal. En tanto que su papel como instrumento desdibujador de las contradicciones sociales resulta cierto para determinadas posiciones pues otras por el contrario hacen énfasis en estas contradicciones. Otra apreciación, que prácticamente se ha convertido en denominador común, es considerar el desarrollo sustentable como una utopía, generalmente manejada bajo su significación de irrealizable. Tal apreciación deviene como producto de la confrontación de los objetivos explícitos del desarrollo sustentable con las condiciones de crisis, desempleo, centralismo político, concentración y desigualdades regionales, que caracterizan a nuestras sociedades actuales. Ya que, los planteamientos centrales recogidos en el informe de la
  • 17. Fundación Dag Hammarksjöld (¿Qué hacer?) a saber: 1. Orientado a la satisfacción de las necesidades básicas, empezando por la eliminación de la miseria., 2. Endógeno y autodependiente, lo que significa que su desarrollo se deberá sustentar en las propias fuerzas de la sociedad y 3. En armonía con el ambiente, se consideran caminos intransitables, pues tan solo la eliminación de la pobreza es un reto y sueño milenario de la humanidad. Una visión del panorama que existe en nuestro país y en cada uno de los espacios que lo componen, por cierto presentado con generosidad en los ámbitos académicos, investigativos y aún en los gubernamentales, no puede dejar de hacernos dudar de que efectivamente resulta utópico hablar de la posibilidad de generar un desarrollo sustentable como el que pregona esta corriente del pensamiento. Sin embargo, es posible extraer otros sentidos a la noción de utopía que nos retrotraen de la pesadumbre que nos provoca este panorama. Como todo pensamiento la utopía emerge a partir de un procesamiento peculiar acerca de la realidad, se amalgaman en ella elementos de la realidad y elementos irreales. Pese a esta composición, o ,tal vez gracias a ella el pensamiento utópico se vincula a la realidad a través de su papel como inductor de actos transformadores, pues como señala Covarrubias lo pensado se integra a la realidad como acto transformador independientemente de su falsedad o veracidad ( Covarrubias, 1991: 108). La fuerza de transformación que las ideas y pensamientos pueden tener sobre la realidad puede dimensionarse si recordamos el impacto devastador y al mismo tiempo transformador de las ideas del nacionalsocialismo que atraparon incluso mentes de filósofos geniales como la de Heiddegger (Habermas; 1993: 45). La desesperanza e incredulidad en la racionalidad del ser humano capaz de producir actos tan irracionales se trueca, bajo esta perspectiva de la fuerza transformadora del pensamiento, en la esperanza de que pensamientos racionales y humanos tengan impactos también universales en la transformación de nuestra realidad. En síntesis, consideramos que el pensamiento del desarrollo sustentable
  • 18. puede ser caracterizado a partir de las tres ideas fuerza que hasta aquí hemos desarrollado: pensamiento utópico, paradigmático y posmoderno. Conclusiones. En relación al concepto de sustentabilidad, su surgimiento se vincula con la formación de la conciencia de los problemas ambientales, sociales y culturales que se derivan de un largo trayecto histórico recorrido por el tipo de desarrollo prevaleciente, lo que condujo a la formulación de un tipo de desarrollo alternativo denominado como “desarrollo sustentable”. El pensamiento elaborado respecto a este desarrollo alternativo se ha movido desde la puntualización de factores ambientales; centrándose en este primer momento en la interrelación entre economía y medio ambiente, avanzando a una complejidad que involucra la interrelación entre múltiples aspectos de la sociedad, el individuo y la naturaleza. La interacción de la triada que Edgar Morin (2001) argumenta como la única posibilidad de atrapar la complejidad de la realidad en las actuales condiciones del mundo y la sociedad. La construcción teórica y conceptual que se encuentra en un estado de alta hechura con el advenimiento de la teoría de los sistemas complejos se engarza a las aportaciones metodológicas y técnicas derivadas de los numerosos eventos internacionales y de las investigaciones inspiradas en sus planteamientos, entre las cuales la construcción de indicadores de sustentabilidad deviene como uno de sus productos más reconocidos La precisión teórica que en este movimiento hacia la complejidad tiene el pensamiento del desarrollo sustentable ha marchado paralelamente con una utilización vaga y difusa a la par que abundante, del concepto de sustentabilidad y del concepto de desarrollo sustentable. El concepto de sustentabilidad ha derivado en la utilización la más de las veces vaga o reduccionista, en muy diversos lugares, temas y disciplinas. Se habla así de planificación sustentable, de ciudad sustentable, de arquitectura sustentable, de territorio sustentable, de diseño sustentable, de patrimonio sustentable, y cayendo en barroquismos tautológicos se podría acuñar el término de sustentabilidad sustentable. La aplicación
  • 19. indiscriminada y bastante laxa de los conceptos mencionados ha conducido a una generalizada apreciación de su arribo al mundo de la moda y de la consiguiente trivialidad en que ha caído. En tal caudal de aplicaciones la tarea consiste en rescatar las aplicaciones adecuadas que revalorizan, resignifican o amplían la significación del concepto. En el extremo opuesto, pero en la misma línea, el desarrollo sustentable ha sido visto como una propuesta de carácter utópico, con sentido sólo para los espacios académicos y de investigación pero sin ninguna presencia en la intensa vida cotidiana, desplegada inexorablemente en apego a los caminos que marca el desarrollo imperante. Cuestionamientos derivados de estas posiciones se pueden sintetizar en la siguiente interrogante ¿qué sentido tiene hablar de desarrollo sustentable, humano, justo, respetuoso de la cultura y el medio ambiente, en un mundo dominado por la pobreza la marginalidad, la violencia social y ambiental?. El significado de imposibilidad que se le atribuye al catalogarlo como utópico, su inserción en el mundo de la moda, son expresiones de la crisis en que ha caído el concepto y que constituyen una alerta de la urgente necesidad de refrendar la importancia de que las sociedades cuenten con valores y principios que guíen los esfuerzos colectivos para avanzar en la construcción de un mundo más humano. Los escenarios que se perfilan ante esta situación crítica del concepto de sustentabilidad son: la desaparición de su status como paradigma social y científico o su revaloración. Naturalmente que hablar de crisis implica la pérdida de valor y significación que las cosas y conceptos poseen. Implica además el reconocimiento de la pérdida de significaciones de alta importancia para la sociedad y la posibilidad de que a partir de este reconocimiento los esfuerzos se orienten a devolver el valor en entredicho a partir de su renovación o resignificación. Ya que, justamente, si indagamos el significado del término “CRISIS” nos encontramos con diversos contenidos como: riesgo, alarma, peligro, cambio, vicisitud, transformación; significaciones que remiten a la idea de que la planificación y la sustentabilidad se encuentran en situación de alta vulnerabilidad.
  • 20. La equivalencia del concepto de crisis al de vicisitud remite a la consideración de situaciones adversas que se afrontan en el campo de la planificación y del pensamiento sustentable que pueden minar sus valores. Hay entonces un riesgo de desestructuración, de destrucción que encierra al mismo tiempo una posibilidad de estructuración, una posibilidad de orden. Expliquemos esta aparente contradicción. Las vicisitudes se pueden concebir, como factores de desorden que en su dinámica de desestructuración pueden inducir un nuevo orden. La reconversión del desorden en orden que contiene esta afirmación se sustenta en las aportaciones que hace Edgar Morín en “El Método. La naturaleza de la naturaleza” en dicho texto el autor reflexiona sobre la relación entre el orden y el desorden y va mostrando la génesis del orden cósmico, a partir del desorden; invirtiendo la pregunta clásica de por qué hay desorden en el universo en la pregunta ¿por qué hay orden? (Morín; 2001). La relación entre desorden y orden establecida como pauta microfísica y macrocósmica remite, dirán algunos, al mundo físico pero la sociedad no puede “asimilarse epistemologicamente “a la naturaleza, tal como afirma Rojas Soriano en su texto de “metodología de la investigación en ciencias sociales.” (Rojas; 1995) Respecto a esta objeción resulta pertinente nuevamente traer a colación la propuesta argumentada por el propio Edgar Morín de la necesidad de que el pensamiento restablezca la relación que en la realidad existe entre la triada; naturaleza, individuo, sociedad. La afirmación de dicho autor significa para nosotros que el pensamiento y la ciencia han establecido una diferenciación entre los ámbitos que en la realidad no existe. Avanzar en la resignificación y rescate de los conceptos de planificación y sustentabilidad a partir del ruido y el desorden causado por las vicisitudes a que históricamente se han enfrentado constituye una tarea no sólo de carácter teórico sino también de carácter práctico. La unión entre la razón y la acción, entre el trabajo teórico y la incidencia directa en nuestras realidad urbano regional son los hechos que permitirán una resignificación de la planificación y la sustentabilidad
  • 21. como instrumentos que potencien un mayor humanismo en nuestras vidas actuales y en las vidas de las futuras generaciones, como reza lo que constituye la frase de identidad del pensamiento sustentable. Desde luego, en la resignificación de la planificación juega un papel fundamental reforzar cotidianamente la comunicación e interlocución con la sociedad, lo que tendrá claros impactos en la credibilidad del quehacer institucional y en la movilización de las fuerzas sociales en la consecución de los objetivos colectivamente trazados. La formulación y aplicación de proyectos de desarrollo urbano, regional y territorial con bases sustentables, lo que vale decir con respeto a la naturaleza, a las identidades locales, y que potencien beneficios para amplios sectores de la sociedad, establece una vinculación de doble entrada con el pensamiento del desarrollo sustentable, pues, por un lado sus principios orientan la definición de proyectos exitosos, social, económica y ambientalmente; por otro lado la experiencia de su aplicación al pasar por el tamiz de la razón y la reflexión puede impactar favoreciendo el crecimiento del corpus teórico, tanto de aquel referido al desarrollo sustentable como el que se ha integrado hasta el momento en el campo urbanístico. La amalgama que se ha venido produciendo, social e históricamente, por la mezcla entre el cuerpo teórico perteneciente al ámbito del desarrollo sustentable, de suyo integrado por aportaciones realizadas desde diversas disciplinas, con el correspondiente a la planificación urbana, regional y territorial, por cierto también de heterogéneas raíces, demanda un proceso permanente de análisis y reflexión teórica que permita discernir entre los puntos y áreas en común, así como en las diferencias y ausencias que retroalimenten cada vena teórica en su desarrollo particular. Así por ejemplo se observará la convergencia de ambos pensamientos, el desarrollo sustentable y la panificación, en una perspectiva de largo plazo, que ya ha sido comentada en líneas antecedentes, a la cual es inherente una ética de responsabilidad tanto con la sociedad actual como la del futuro. De igual forma la vinculación entre ciudad y medio ambiente constituye un principio inherente a ambos pensamientos, cuya formación en el ámbito urbanístico se ancla tanto en la cultura moderna del urbanismo como en la cultura prehispánica.
  • 22. Sin embargo, no se debe caer en señalar simplemente las concurrencias sino en buscar a partir de ellas, la posibilidad de profundizar la conceptualización de lo heredado, lo que sin duda es otro filón de resignificación emanada por la incidencia de la teoría sobre sí misma. BIBLIOGRAFIA. AGUILAR, R. M. “El debate modernidad-postmodernidad y la renovación del discurso de la planificación”, en Revista Interamericana de Planificación, Cuenca, Ecuador, volumen XXX, número 113,1997. ARRIARAN, Samuel (1997), Filosofía de la posmodernidad. Crítica a la modernidad desde América Latina, UNAM: México. BASSOLS, Mario et, al ( Compiladores )( 1988), Antología de Sociología Urbana, ed. UNAM: México. CESARMAN, Fernando (1976), Ecocidio: la destrucción del medio ambiente, Cuadernos de Joaquín Mortiz: México. COVARRUBIAS VILLA, Francisco (n.d), La construcción del conocimiento social desde la dialéctica crítica, ed. Colegio de Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México: México. ELGUEA, Javier (1988), Las teorías del desarrollo social, ed. El Colegio de México: México. GALLOPIN, GILBERTO (1986), Ecología y ambiente, en Leff, Enrique, Los problemas del conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo, siglo XXI: México.
  • 23. GIDDENS, A, et al (1996), Las consecuencias perversas de la modernidad, Anthropos: España. GONZALEZ ALVARADO, Oscar A (1997), " Caología y Posmodernidad. Nuevo paradigma científico en un mundo desencantado" en Ciencia ergo sum, Universidad Autónoma del estado de México, vol.4, número uno, marzo. GUTIERREZ SAENZ, Raúl (1995), Historia de las doctrinas filosóficas. ed. Esfinge: México. HABERMAS, Jürgen (1993), Identidades nacionales y postnacionales, ed. REI: México. KUHN, T.S. (1991). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica. México, D.F LEFF, Enrique (1986), Los Problemas del Conocimiento y la Perspectiva Ambiental del Desarrollo (coordinador), ed. Siglo XXI: México. LOJKINE, Jean (1979) El marxismo, el estado y la cuestión urbana, Siglo XXI, México MORIN Edgar (2001) El método. La naturaleza de la naturaleza, Cátedra, Colección Teorema; Madrid, España. NEIRA ALVA, Eduardo (1986). El Desarrollo Sustentable y las Metrópolis Latinoamericanas, ed. El Colegio de México: México. OSWUALD SPRING, Ursula ( Coordinadora) (1994), Retos de la Ecología en México, Memoria de la Primera Reunión de Delegados y Procuradores del Ambiente, ed. Gobierno del estado de Morelos, Fundación Friedrich Newman,
  • 24. Porrúa: México. PALACIOS, J. J. La política regional en México, 1970-1982, México, Universidad de Guadalajara, 1989. ROJAS, Soriano (1995) El proceso de la investigación científica, Trillas, México.