PREVENCION SOCIAL DEL DELITO Y LA VIOLENCIA JUVENIL: EXPERIENCIAS INNOVADORAS EN AMERICA LATINA

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Las y los jóvenes de América Latina y el Caribe enfrentan –desde hace décadas- un agudo cuadro de exclusión económica, social, política y cultural, que los mantiene alejados de la dinámica central de …

Las y los jóvenes de América Latina y el Caribe enfrentan –desde hace décadas- un agudo cuadro de exclusión económica, social, política y cultural, que los mantiene alejados de la dinámica central de nuestras sociedades y los obliga a refugiarse –en muchos casos- en los márgenes de nuestras ciudades y pueblos. Los diagnósticos abundan (el más reciente de la CEPAL y la OIJ vuelve a demostrar lo que todos ya sabemos, muy documentadamente) pero las respuestas –oportunas y pertinentes- no abundan, lamentablemente. En realidad, al contrario de lo que ha ocurrido en las últimas décadas en relación a otros sectores poblacionales (niños y mujeres, por ejemplo) la situación de las y los jóvenes se mantiene igual y/o ha empeorado (en algunos casos notoriamente) respecto al pasado.

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  • 1. PREVENCION SOCIAL DEL DELITO Y LA VIOLENCIA JUVENIL: EXPERIENCIAS INNOVADORAS EN AMERICA LATINA (*) Ernesto Rodríguez (**) Montevideo, Mayo de 2005(*) Notas presentadas en la Jornada de Trabajo sobre “Experiencias Latinoamericanas de Trabajocon Jóvenes”, organizada por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y elMinisterio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires (Ciudad de La Plata, 20 de Mayo de2005).(**) Sociólogo Uruguayo, Director del Centro Latinoamericano sobre Juventud (CELAJU), Asesorde Gobiernos y de ONGs Latinoamericanos/as y Consultor de Naciones Unidas, Banco Mundial yBanco Interamericano de Desarrollo, en Políticas Públicas de Juventud y Desarrollo Social. IntroducciónLas y los jóvenes de América Latina y el Caribe enfrentan –desde hace décadas- un agudo cuadrode exclusión económica, social, política y cultural, que los mantiene alejados de la dinámica centralde nuestras sociedades y los obliga a refugiarse –en muchos casos- en los márgenes de nuestrasciudades y pueblos. Los diagnósticos abundan (el más reciente de la CEPAL y la OIJ vuelve ademostrar lo que todos ya sabemos, muy documentadamente) pero las respuestas –oportunas ypertinentes- no abundan, lamentablemente. En realidad, al contrario de lo que ha ocurrido en lasúltimas décadas en relación a otros sectores poblacionales (niños y mujeres, por ejemplo) lasituación de las y los jóvenes se mantiene igual y/o ha empeorado (en algunos casosnotoriamente) respecto al pasado. 1
  • 2. Lo más trágico –probablemente- es que nuestras sociedades no tienen una clara conciencia sobrelas dimensiones y –en particular- sobre las consecuencias que todo esto tiene, y lo que predominaes –más bien- una gran preocupación por la inseguridad pública (en cuyo marco los jóvenes sonclaros protagonistas). En realidad, ni siquiera los tomadores de decisiones comprendencabalmente, que con esta marginación social de las y los jóvenes, perdemos todos (no solo lospropios jóvenes), pues nuestras sociedades se están privando de contar con los fecundos aportesque éstos y éstas podrían hacer al desarrollo. En un mundo donde la “permanencia del cambio” yla “centralidad del conocimiento” son dos reglas de juego fundamentales, las y los jóvenes estánllamados a ser protagonistas, pero las condiciones estructurales del funcionamiento de nuestrassociedades los siguen excluyendo.Sin duda, una de las consecuencias directas y de gran visibilidad de esta exclusión social de las ylos jóvenes, a todos los niveles, es su creciente presencia en diversas formas de violencia (en sucalidad de víctimas y de victimarios) así como en la comisión de diversas clases de delitos (en elmarco de las normas legales vigentes) que preocupan cada vez más a toda la ciudadanía,independientemente de sus particulares adscripciones políticas, sociales y/o culturales y de sucondición social, más allá –lógicamente- de que estos problemas sean vividos de modos muydiversos en cada caso particular. Los datos disponibles, en algunos casos muy fragmentarios y dedudosa rigurosidad, pero en todos los casos preocupantes, muestran un cuadro sumamentecomplejo, que urge encarar con decisión y firmeza, pero desde el respeto absoluto a los derechoshumanos y procurando la concreción de soluciones que faciliten y promuevan el disfrute de laprosperidad y la democracia a todos y todas.Desde este ángulo, importa destacar que en los últimos años hemos ido acumulando experienciasinnovadoras para encarar estas complejas dinámicas, que comienzan a dar buenos resultados yque importa replicar y ampliar en muy diversos ámbitos, si lo que se pretende es disminuir losindicadores de violencia y de comisión de delitos, y al mismo tiempo mejorar los niveles deintegración social y desarrollo humano inclusivo en nuestras sociedades. Por ello, queremosconcentrar nuestra atención en algunas de estas experiencias, analizando estos temas desde laperspectiva de las y los jóvenes, como una contribución a esta importante jornada de trabajo,agradeciendo la amable invitación que me trasmitieran el Instituto Interamericano de DerechosHumanos y el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. El presente es tancomplejo como preocupante, pero el futuro puede ser diferente, y depende –en gran medida- detodos nosotros. Algunos Datos para Caracterizar el ProblemaNo este el lugar ni el momento para realizar un pormenorizado diagnóstico de la situaciónimperante en nuestros países, pero es preciso –al menos- mencionar algunos de los principalesindicadores, a los efectos de contar con algunos parámetros que nos permitan ubicar de la mejormanera posible nuestras reflexiones. En este sentido, interesa destacar tres procesos que ilustranen buena medida las diversas aristas de estos fenómenos.El primero de ellos se refiere a la dinámica de las pandillas (maras) juveniles en Centroamérica. Eltema ha sido ampliamente analizado por diversos autores (Andino 2005, Chinchilla 2004, VariosAutores 2004a) y es motivo de preocupación de organismos gubernamentales y nogubernamentales, nacionales e internacionales, desde hace tiempo. A modo de ejemplo, endiciembre pasado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y UNICEFexpresaron su preocupación en un comunicado de prensa conjunto, luego de realizar sendasvisitas a Guatemala, Honduras y El Salvador. “Nuestras mayores preocupaciones respecto a lasituación de los derechos humanos de los integrantes o ex integrantes de las maras o pandillas –expresa el comunicado- son las relacionadas con la pobreza extrema, asesinatos, violaciones a laintegridad personal, detenciones arbitrarias, malos tratos, estigmatización y discriminación a queson sometidos”. 2
  • 3. El segundo de los procesos a destacar, tiene que ver con la presencia de niños y adolescentes enel conflicto armado en Colombia. Un Informe emitido por el Secretario General de las NacionesUnidas el pasado 9 de febrero, destaca que se trata de entre 11.000 y 14.000 niños yadolescentes, en el marco de una situación que atenta contra los derechos humanos muyclaramente (ver, por ejemplo, González Uribe 2002). El Informe observa que los miembros de losdiferentes grupos armados ilegales han matado y lisiado a niños, niñas y adolescentes, y hancometido violaciones y otros delitos de índole sexual contra ellos. La “noticia” ha recorrido el mundo(ver, por ejemplo, La República, Montevideo, 24 de abril de 2005) y se inserta muy claramente enun contexto mucho más amplio, que está siendo analizado en el marco de un Estudio delSecretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra Niños y Adolescentes dealcance mundial.El tercero de los procesos a destacar –por último- es el vinculado con la violencia juvenil en Brasil.El “Mapa de la Violencia 2005” que acaba de difundir hace unas semanas en Brasilia la UNESCO,muestra que los homicidios de jóvenes de entre 15 y 24 años tuvieron un dramático incremento de88.6 % en los últimos diez años, al pasar de 10.173 en 1993 a 19.188 en 2002. Entre los jóvenesasesinados, 93 % eran varones y la tasa de homicidios de negros y mulatos fue de 74 %(Waiselfitsz 2005). El aumento de la violencia homicida se explica exclusivamente por elincremento de los homicidios contra los jóvenes (las tasas saltaron de 30 a 54.5 casos sobre100.000 habitantes en este caso, mientras que para la población en general pasaron de 21.3 a21.7 casos sobre 100.000). Brasil tiene el 2.8 % de la población mundial, pero allí se cometen 11 %de todos los delitos del planeta.La mortalidad juvenil –evidentemente- tiene directa relación con “causas externas” (la mayor parteligadas a la violencia) y no con “enfermedades clásicas” (como en otros sectores poblacionales) Lasituación –con variantes- nos afecta a todos (ver cifras adjuntas). Mortalidad Juvenil (15 a 24 años) en América Latina, por Causas y Sexo(Cifras de OPS de alrededor del año 2000 - distribución porcentual de la mortalidad según causas) Enfermedades Enfermedades Otras Int. Causas ExternasPaís y Todas Transmisibles Genético Embarazo -------------------------------------Sexo las -------------------------- Degenerativas Parto y - Causas - Tumor Circul. Puerperio Todas Accident Homi- Todas VIH Suici- Respirat Vehicul cidios diosArgent 100 8.8 3.4 1.5 9.0 6.3 1.6 61.8 14.7 7.7 6.6Mujer 100 12.8 4.0 1.7 13.2 8.8 4.8 41.0 11.6 2.7 6.9Homb 100 6.9 3.2 1.3 7.0 5.3 --- 72.0 16.3 10.2 6.5Brasil 100 8.4 2.4 2.4 5.2 5.9 1.9 68.3 15.0 34.5 3.3Mujer 100 14.6 3.7 4.1 8.9 10.6 7.9 37.7 13.4 11.2 3.7Homb 100 6.4 1.9 1.8 4.0 4.4 --- 78.3 15.5 42.0 3.1 Chile 100 5.3 1.2 2.0 11.7 3.0 0.8 65.5 13.4 5.7 10.5Mujer 100 9.1 0.5 3.0 18.4 5.5 3.3 39.8 12.4 1.9 8.0Homb 100 4.2 1.4 1.7 9.6 2.1 --- 73.6 13.7 6.9 11.3Colom 100 4.2 0.9 1.0 4.0 3.1 1.9 82.0 12.0 54.4 5.2Mujer 100 9.1 1.4 2.2 8.2 7.4 10.0 51.1 11.5 20.9 9.5Homb 100 3.0 0.8 0.7 3.0 2.1 --- 89.5 12.1 62.5 4.2C Rica 100 3.2 0.2 0.5 12.5 4.8 0.8 61.9 28.0 11.9 8.1Mujer 100 5.5 0.0 0.0 20.6 9.9 3.2 28.8 9.6 9.3 7.0Homb 100 2.4 0.5 0.3 9.7 3.2 --- 73.0 34.1 12.7 8.5Ecuad 100 13.8 1.1 2.5 6.9 9.0 3.5 50.6 10.6 16.7 6.5Mujer 100 16.9 0.6 2.9 9.8 11.1 8.7 30.0 7.0 4.8 7.7Homb 100 11.8 1.5 2.3 4.9 7.6 --- 64.6 13.0 24.8 5.8El Salv 100 8.9 2.1 2.3 4.8 5.4 0.8 63.7 12.8 33.1 11.8 3
  • 4. Mujer 100 10.9 1.6 3.1 8.3 8.9 2.1 43.5 8.7 10.6 20.0Homb 100 7.7 2.4 1.7 2.7 3.3 --- 75.5 15.2 46.1 7.1México 100 7.2 2.3 1.6 8.5 4.6 2.3 59.7 18.0 14.9 6.3Mujer 100 10.0 1.9 2.5 12.1 7.2 8.9 31.9 10.8 5.8 4.7Homb 100 6.2 2.5 1.3 7.2 3.6 --- 69.5 20.5 18.1 7.0Nicara 100 7.6 0.7 1.8 7.3 4.2 4.3 61.3 10.9 13.8 18.8 Mujer 100 11.5 1.1 3.8 6.6 5.6 12.8 41.4 5.5 5.5 22.9Homb 100 5.6 0.5 0.9 7.6 3.6 --- 71.2 13.5 17.9 16.8Panam 100 14.2 7.6 0.8 7.6 2.0 2.7 57.7 16.7 19.5 6.2Mujer 100 24.0 12.0 2.6 12.0 1.7 8.8 29.8 14.6 2.8 5.6Homb 100 10.0 5.8 0.0 5.7 2.1 --- 69.8 17.7 26.8 6.6 Peru 100 19.7 4.8 3.2 9.6 6.5 2.2 39.8 8.3 2.4 2.3Mujer 100 21.5 2.1 6.3 9.4 8.1 6.4 28.8 5.8 1.2 3.3Homb 100 18.8 3.8 4.0 9.6 5.8 --- 45.6 9.6 3.2 1.9RDom 100 16.5 1.3 7.6 4.7 9.2 2.5 53.5 23.7 11.9 2.2Mujer 100 25.7 14.9 2.2 7.3 12.8 6.6 27.4 12.2 3.8 2.6Homb 100 10.7 3.1 0.9 3.1 7.0 --- 69.7 30.7 17.0 2.1 Urug 100 5.9 2.4 1.3 9.0 5.2 0.8 65.8 13.4 9.2 17.1Mujer 100 7.2 3.2 3.2 15.6 10.4 3.2 42.5 10.0 7.2 11.5Homb 100 5.4 2.0 0.6 6.8 3.4 --- 73.9 14.7 9.8 19.0Venez 100 4.2 1.4 1.2 4.7 3.0 1.3 78.8 14.7 33.6 4.0Mujer 100 8.5 1.5 2.9 11.3 8.2 7.8 43.5 18.6 10.1 4.4Homb 100 3.3 1.4 0.9 3.3 2.0 --- 85.8 13.9 38.3 3.9 ALyC 100 8.1 2.2 2.0 6.2 5.2 2.0 66.9 14.7 29.5 4.8Mujer 100 13.3 2.9 3.4 9.9 9.1 7.9 37.6 11.8 9.4 5.7Homb 100 6.3 1.9 1.5 4.9 3.8 --- 76.8 15.6 36.3 4.6Fuente: CEPAL – OIJ (2004) Juventud Iberoamericana: Tendencias y Urgencias. Santiago. Mortalidad Juvenil (15 a 24 años) en América Latina, por Causas y Sexo (Cifras de OPS de alrededor del año 2000 - tasas por cada 100.000 habitantes) Enfermedades Enfermedades Otras Int. Causas ExternasPaís y Todas Transmisibles Genético Embarazo --------------------------------------Sexo las ------------------------- Degenerativas Parto y Todas Accident Homi- Causas -- Tumor Circul. Puerperio Suici- Todas VIH Vehicul cidios Respirat diosArgent 72.6 6.4 2.5 1.1 6.5 4.6 2.3 44.9 10.7 5.6 4.8Mujer 47.6 6.1 1.9 0.8 6.3 4.2 2.3 19.5 5.5 1.3 3.3Homb 97.1 6.7 3.1 1.3 6.8 5.1 --- 69.9 15.8 9.9 6.3Brasil 153.1 12.9 3.6 3.6 8.0 9.1 6.0 104.6 23.0 52.8 5.0Mujer 75.6 11.0 2.8 3.1 6.7 8.0 6.0 28.5 10.1 8.5 2.8Homb 229.8 14.8 4.3 4.1 9.3 10.1 --- 179.9 35.6 96.6 7.2Chile 74.1 3.9 0.9 1.5 8.7 2.2 1.2 48.5 9.9 4.2 7.8Mujer 36.4 3.3 0.2 1.1 6.7 2.0 1.2 14.5 4.5 0.7 2.9Homb 110.8 4.6 1.6 1.9 10.6 2.3 --- 81.5 15.2 7.7 12.5Colom 211.6 8.9 1.9 2.2 8.5 6.6 8.3 173.6 25.3 115.1 11.1Mujer 82.8 7.5 1.2 1.8 6.8 6.1 8.3 42.3 9.5 17.3 7.9Homb 338.3 10.3 2.7 2.5 10.1 7.1 --- 302.8 0.8 211.4 14.2C Rica 66.4 2.1 0.1 0.3 8.3 3.2 1.1 41.1 18.6 7.9 5.4Mujer 34.4 1.9 --- --- 7.1 3.4 1.1 9.9 3.3 3.2 2.4Homb 96.7 2.3 0.5 0.3 9.4 3.1 --- 70.6 33.0 12.3 8.2Ecuad 118.9 16.4 1.3 3.0 8.2 10.7 8.4 60.2 12.6 19.9 7.7Mujer 96.6 16.3 0.6 2.8 9.5 10.7 8.4 29.0 6.8 4.6 7.4 4
  • 5. Homb 140.5 16.6 2.1 3.3 6.9 10.7 --- 90.7 18.2 34.8 8.1El Salv 164.1 14.6 3.5 3.7 7.8 8.8 2.5 104.6 21.0 54.3 19.4Mujer 121.6 13.3 1.9 3.8 10.1 10.8 2.5 52.9 10.6 12.9 24.3Homb 205.9 15.9 5.0 3.6 5.5 6.8 --- 155.4 31.3 95.0 14.6México 101.0 7.3 2.3 1.6 8.6 4.6 4.7 60.3 18.2 15.0 6.4Mujer 53.0 5.3 1.0 1.3 6.4 3.8 4.7 16.9 5.7 3.1 2.5Homb 148.7 9.2 3.7 1.9 10.7 5.4 --- 103.3 30.5 26.9 10.4Nicara 148.3 11.3 1.0 2.7 10.8 6.3 12.8 90.9 16.1 20.4 27.9 Mujer 99.7 11.5 1.1 3.8 6.6 5.6 12.8 41.3 5.5 5.5 22.8Homb 196.5 11.1 1.0 1.7 15.0 7.0 --- 140.0 26.6 35.1 33.0Panam 86.7 12.3 6.6 0.7 6.6 1.7 4.7 50.0 14.5 16.9 5.4Mujer 53.3 12.8 6.4 1.4 6.4 0.9 4.7 15.9 7.8 1.5 3.0Homb 119.1 11.9 6.9 --- 6.8 2.5 --- 83.1 21.1 31.9 7.9 Peru 111.6 22.0 5.4 3.6 10.7 7.3 5.0 44.4 9.3 2.7 2.6Mujer 77.7 16.7 1.6 4.9 7.3 6.3 5.0 22.4 4.5 0.9 2.6Homb 145.1 27.3 5.5 5.8 14.0 8.4 --- 66.1 14.0 4.6 2.7RDom 104.0 17.2 7.9 1.4 4.9 9.6 5.4 55.6 24.6 12.4 2.3Mujer 82.0 21.1 12.2 1.8 6.0 10.5 5.4 22.5 10.0 3.1 2.1Homb 124.9 13.4 3.9 1.1 3.9 8.7 --- 87.0 38.4 21.2 2.6 Urug 84.9 5.0 2.0 1.1 7.6 4.4 1.4 55.9 11.4 7.8 14.5Mujer 44.2 3.2 1.4 1.4 6.9 4.6 1.4 18.8 4.4 3.2 5.1Homb 124.2 6.7 2.5 0.8 8.4 4.2 --- 91.8 18.2 12.2 23.6Venez 170.9 7.2 2.4 2.1 8.0 5.2 4.6 134.6 25.2 57.4 6.9Mujer 58.6 5.0 0.9 1.7 6.6 4.8 4.6 25.5 10.9 5.9 2.6Homb 279.7 9.3 3.9 2.5 9.3 5.7 --- 240.1 39.0 107.2 11.0 ALyC 133.6 10.8 2.9 2.7 8.2 6.9 5.4 89.4 19.6 39.4 6.5Mujer 68.2 9.1 2.0 2.3 6.8 6.2 5.4 25.7 8.0 6.4 3.9Homb 198.0 12.5 3.8 3.0 9.6 7.6 --- 152.1 31.0 71.8 9.1Fuente: CEPAL – OIJ (2004) Juventud Iberoamericana: Tendencias y Urgencias. Santiago. Las Respuestas Clásicas Ensayadas Hasta el MomentoLas respuestas ensayadas hasta el momento –en términos macro- no han podido obtenerresultados significativos, y han demostrado ser ineficaces en casi todos los casos conocidos, tantodesde el ámbito de las políticas públicas, como desde la órbita de la sociedad civil.Así, desde las autoridades públicas, las políticas carcelarias están haciendo crisis en casi todos loscasos nacionales (los motines y demás problemas acaecidos en los últimos tiempos así loatestiguan) y las reformas de tipo legal no han tenido demasiados efectos, en la medida en quesolo han pretendido endurecer las penas previstas, sin cuestionar el enfoque puramente represivode las mismas. El mejor ejemplo –en su conjunto- son las políticas de “mano dura” y los programasde “tolerancia cero”, que no han logrado impactos positivos e incluso han amplificado muchosproblemas. Por su parte, desde los afectados por la violencia, las respuestas se han concentradoen el "atrincheramiento privado" (rejas, alarmas, condominios "militarizados", etc.) en el caso de los"integrados", o en el desarrollo del ejercicio de la justicia por mano propia (“juicios sumarios" ylinchamientos de "delincuentes”, grupos de autodefensa, etc.) en el caso de los "excluidos"-Prácticas cargadas -en ambos casos- por ingredientes sumamente perversos.En el fondo, las respuestas no logran resultados relevantes, porque no atacan más que lasexpresiones más visibles del fenómeno. Tal como lo señalan diversos estudios, resultaimprescindible asumir que estamos ante un problema estructural, sumamente complejo y enraizadoen la propia cultura de nuestros países, superando los enfoques simplistas predominantes hasta elmomento, que se limitan al despliegue de respuestas de neto corte "represivo", o al desarrollo de 5
  • 6. campañas "moralistas" o aún a la asimilación mecánica entre "pobreza" y "delincuencia",postulando al combate a la pobreza como respuesta casi “mágica”, desconociendo que hayciudades pobres sin violencia y ciudades no pobres sumamente violentas, lo cual desmientetajantemente estos simplismos explicativos."La cultura de la violencia –sostiene un riguroso informe de la OPS- no resulta de la manifestaciónde comportamientos de seres humanos instintivos sino de la expresión de comportamientos deseres humanos alienados. La violencia es una adulteración de las relaciones humanas comoproducto de instituciones sociales -la familia, la escuela, los grupos a los que se pertenece, lascárceles, la policía, las instituciones oferentes de servicios- que la permiten, generan, o recrean,cuando se distorsionan. Muchos, entre aquellos que realizan actos violentos, se han vistoimpulsados, estimulados, seducidos u obligados a cometerlos. De algún modo, fueroninstrumentalizados. No fueron ellos los que eligieron la violencia; fueron elegidos por ella” (deRoux, citado en Rodríguez 2004b)."Un niño o un joven violento –enfatiza el autor- son personajes alterados por interferencias en sudesarrollo normal o que han sido condicionados para recrear la violencia. Los jóvenes deseanafirmar su identidad como personas y el modelo que les ofrece la sociedad es el consumidor aultranza. Quieren ser reconocidos como individuos y la sociedad los anonimiza o registra comopeligro; buscan diversión y se les ofrece espectáculos televisados de violencia y armas, primero dejuguete y después letales. Reclaman un ambiente sano y se les concede uno de privaciones,exclusión y violencia” (ídem). Algunas Respuestas Innovadoras Más RecientesFrente al panorama esquemáticamente descrito, últimamente se han estado intentando respuestas“múltiples”, tratando de incorporar articuladamente un amplio conjunto de variables para operar conmás probabilidades de éxito. Entre ellas, importa destacar algunas de las más relevantes,identificando en cada caso sus principales características y algunos de los impactos que se estáncomenzando a lograr (al menos en algunas de ellas).Al respecto, cabe destacar las siguientes: (i) Programas de Seguridad Ciudadana en Colombia yUruguay; (ii) Programas de Prevención de la Violencia en las Escuelas (especialmente relevantesen Brasil, Colombia y Perú); (iii) Programas de Justicia Juvenil (el caso “paradigmático” es CostaRica); (iv) Programas de Prevención de la Violencia a través de la Capacitación e Inserción Laboraly de formación de multiplicadores (en El Salvador y en Honduras, por ejemplo); y (v) Programas dePrevención de la Violencia en el Plano Municipal (especialmente en algunas de las grandesciudades de la región). La lista de experiencias y su clasificación no pretenden ser exhaustivas,sino simplemente indicativas de tendencias a incorporar en el análisis.Como comentario general (antes de pasar a su presentación más específica) habría que decir quese trata –en todos los casos- de programas que tratan de atacar las causas del fenómeno,asumiendo que se trata de problemas complejos que no admiten simplificaciones de ningunaespecie. En la mayor parte de los casos, se trata de experiencias que no tienen más de cinco añosde implementación efectiva, por lo cual, no se han podido medir todavía los impactos efectivos delas mismas. Sin embargo, en varios casos ya se notan cambios relevantes, que permiten seroptimistas respecto a estas tendencias en el futuro (a corto, mediano y largo plazo) y ello justificaampliamente su análisis riguroso.En todo caso, la región ya cuenta con cierta experiencia acumulada, incluyendo algunassistematizaciones que permiten realizar un seguimiento preciso de varias de estas experiencias,retomando incluso algunas experiencias extra regionales que han sido exitosas, incluyendoalgunas de las experiencias destacadas en Estados Unidos (donde estos problemas son enormes),en Europa (especialmente en cuanto a violencia escolar) y en África (donde los problemas sondistintos pero convergentes). Existe una extensa literatura al respecto, de la cual aquí apenas 6
  • 7. destacamos algunos de los textos más relevantes (ver, CDC 2001; Debarbieux y Blaya 2002 yBanco Mundial 2004, respectivamente). Seguridad y Convivencia Ciudadana en ColombiaEl Programa de Seguridad y Convivencia Ciudadana de Colombia, busca apoyar un conjunto deintervenciones orientadas a fomentar la convivencia ciudadana y prevenir y controlar la violenciaurbana. Las intervenciones que se vienen desplegando se articulan con la estrategia de la saludpública de afectar los llamados factores de riesgo, entre los que han sido identificados como másrelevantes, la impunidad, la poca credibilidad de la justicia y de la policía, las relaciones quefavorecen la solución violenta de los conflictos, el manejo inadecuado de los hechos violentos porparte de los medios de comunicación, la presencia de pandillas juveniles y grupos armados almargen de la ley, la proliferación de armas en la población civil y el consumo desmedido de alcoholy otras drogas.Las actividades a nivel nacional están orientadas a proveer las herramientas necesarias para elconocimiento y la evaluación de los múltiples tipos de violencia que afectan a la sociedadcolombiana, y crear consenso alrededor de los factores generadores sobre los cuales podríaincidirse. Asimismo, el programa nacional incluye un fondo de asistencia técnica para apoyar a lasmunicipalidades, y se viene aplicando especialmente en Bogotá, Cali y Medellín. Con este fondo,se financian sistemas de información, revisión de la legislación vigente, sistemas alternativos derehabilitación de menores que delinquen, políticas de desarme de la población civil, etc. Del mismomodo, se financian investigaciones y programas promocionales ligados con el fomento de laconvivencia ciudadana, la resolución pacífica de conflictos, el combate de la exclusión social, etc.En dicho marco, se identificaron tres ejes prioritarios para la acción: la negociación interna delconflicto con los grupos armados al margen de la ley, la violencia originada en torno a lascuestiones agrarias, y la violencia urbana, con especial énfasis en la violencia doméstica. Enparticular, dichas prioridades implican atender preferentemente el accionar de las pandillasjuveniles y la participación de jóvenes en actos delictivos de diversa índole.En el caso concreto de Medellín, esto se expresa en el establecimiento de prioridades muy clarasen relación a la población objetivo del programa: niños y jóvenes (especialmente aquellos ubicadosen los estratos más pobres), atendiendo los espacios de socialización (familia, espacioseducativos, barrios populares y medios de comunicación), y a las instituciones especializadas enprocesos de prevención, detección, información y atención al niño y al joven en alto riesgo depresentar comportamientos agresivos, incluyendo instituciones públicas y privadas encargadas deprocesos de seguridad y justicia institucional y comunitaria, y autoridades y líderes deorganizaciones de todo tipo.Para operar, el Programa se estructuró en diversos componentes: montaje de un observatorio de laviolencia, reforma de la justicia para acercarla al ciudadano, promoción de la convivencia pacíficaentre niños y jóvenes, medios de comunicación como promotores de la convivencia ciudadana,modernización institucional y seguimiento ciudadano. La estrategia de implementación se sustentaen una extendida participación ciudadana y de todas las instituciones implicadas. En lo que hace ala promoción de la convivencia con niños y jóvenes, el programa está operando en torno a ladetección precoz de niños agresivos y el diseño de pautas para su crianza y educación, elestablecimiento de una red de instituciones para apoyar estas tareas, la promoción de laconvivencia entre jóvenes en conflicto, y el desaprendizaje de la violencia en jóvenes ya violentos.En el caso de Bogotá, el Programa también cuenta con una gran prioridad relacionada con losjóvenes, trabajando desde una óptica eminentemente preventiva, en dos vertientes claramenteidentificadas: prevención y comunicación (fortalecimiento de procesos comunicacionales para lasrelaciones interpersonales, grupales, escolares, colectivas y masivas) y prevención y producción(creación, fortalecimiento, organización y capacitación para la ejecución de proyectos de educaciónpara el trabajo y la productividad). Desde este ángulo, se promueven procesos de construcción de 7
  • 8. identidad y autoestima, apoyo a la consecución de ingresos propios legales, formación de hábitosde trabajo, desarrollo de habilidades y destrezas, etc.Aunque todavía no se dispone de evaluaciones sistemáticas de los impactos efectivamentelogrados, se coincide en destacar que éstos han sido limitados, alejados –en general- de lasexpectativas originales al respecto. Una complejo conjunto de causas han incidido –al parecer- enestos resultados, entre las que se destacan: la persistencia de la crisis económica, las resistenciasal cambio de varios de los grupos organizados que se benefician con la dinámica del conflicto, elcarácter estructural de los principales componentes de la cultura dominante (fomentadora de laresolución violenta de conflictos), la falta de continuidad en los esfuerzos impulsados, etc. Programa de Seguridad Ciudadana en el UruguayEn el caso del Uruguay, con los menores niveles de violencia de toda la región, el objetivo globaldel Programa fue prevenir y tratar la violencia interpersonal, así como disminuir la percepción deinseguridad. Para ello el Programa procuró fortalecer las capacidades institucionales y promover laparticipación activa de organizaciones de la sociedad civil y de la comunidad, particularmente lajuventud. El Programa se desplegó en Montevideo y el Área Metropolitana, donde se concentran el55 % de la población y el 80 % de los delitos.Los principales componentes del Programa fueron: fortalecimiento institucional, consolidación delos sistemas de información, concientización pública y reorientación de los servicios policiales. Entérminos operativos, se desarrollaron acciones conjuntas policía-comunidad, se desplegaronimportantes esfuerzos de readiestramiento y capacitación de recursos humanos, se fortalecieronlos servicios de atención y rehabilitación, se desplegaron acciones en los centros educativos, sereforzaron los programas de promoción juvenil, se instalaron centros piloto de prevención y seinstaló un centro de rehabilitación para jóvenes infractores, alternativo al sistema carcelario.En términos de impactos del programa, se aspiraba a disminuir la sensación de inseguridad de lapoblación en un 15 %, disminuir la tasa de delito por rapiña en 5 puntos, disminuir la tasa dehomicidio en dos puntos, disminuir la reincidencia de la población reclusa en 10 puntos y disminuirel impacto de la violencia intrafamiliar contra la mujer en otros 10 puntos, al finalizar el proyecto enel año 2002. En lo que hace a la violencia doméstica, el Programa apoyó varios proyectos públicosy privados que proveen servicios y atención a víctimas y agresores, y en relación a los jóvenes, sehizo otro tanto, en relación a organizaciones que trabajan en la esfera de la prevención y laatención alternativa.La estrategia de implementación, como puede apreciarse, se apartó claramente de los enfoquespuramente represivos vigentes, y procuró apoyarse fuertemente en la experiencia de diversosprogramas que vienen trabajando desde hace tiempo en la esfera de la prevención, tratando deampliar significativamente la cobertura de los mismos y por esta vía lograr impactos más amplios ypertinentes. Se trató, por tanto, de una apuesta sumamente relevante (al igual que la desplegadaen Colombia) y los impactos efectivos, también en este caso han estado por debajo de lasexpectativas, muy exigentes en términos de indicadores que evolucionan al compás de macrotendencias estructurales, de difícil manipulación desde programas como el que estamoscomentando.En cualquier caso, son las primeras acciones de este tipo que -en dimensiones significativas- seintentan poner en práctica, y seguramente estas experiencias serán de utilidad para encarar estetipo de problemas en otros contextos nacionales en el futuro. Lo cierto, en todo caso, es que enrelación a los jóvenes por primera vez se han intentado respuestas ampliamente reclamadas desdela sociedad civil, y en las que ésta ha estado centralmente involucrada, lográndose avancessignificativos en algunas áreas promocionales de carácter puntual (instalación de Casas deJuventud con programas promocionales ampliamente valorados por los jóvenes beneficiarios, etc.).Sin embargo, en paralelo, los índices de violencia han seguido aumentando, en buena medida a la 8
  • 9. luz de la persistente y aguda crisis económica y social que afecta el país desde 1999, y queapenas comenzó a revertirse con cierta sostenibilidad en este último año y medio.En paralelo, además, las cifras de menores infractores recluidos en establecimientos del exInstituto Nacional del Menor (INAME) han crecido sostenidamente, pasando de un total de 818 en1998 a 1.500 en 2003 (Diario El País, Montevideo, 15 de Febrero de 2004). Ello motivó en sumomento un nuevo embate de los sectores sociales y políticos más conservadores, exigiendo larebaja de la inimputabilidad de los menores hasta los 16 años (establecida desde hace décadas en18 años). Pero las cifras absolutas –a veces- muestran problemas que –en realidad- no son tales.Así, un estudio reciente auspiciado por UNICEF (Silva y Cohen, 2003) ha demostrado que entérminos relativos, los delitos ni se han tornado más violentos ni se han “juvenilizado” (como sesostiene desde estos enfoques). En realidad, el número total de delitos ha aumentado, por lo que elaumento en números absolutos en el caso de los menores, no se refleja en las cifras relativas.Lamentablemente, este tipo de debates ha contribuido muy poco en el enfrentamiento decidido –ycon enfoques innovadores- de las raíces de este tipo de dinámicas, algo que comienza a serencarado ahora, en el marco de la gestión del nuevo gobierno. De la Arbitrariedad a la Justicia: Jóvenes y Responsabilidad Penal en Costa RicaEn tercer lugar, importa analizar la experiencia costarricense en materia de responsabilidad penalde adolescentes y jóvenes, en la medida en que la misma se aparta sustancialmente de lasprácticas vigentes en toda la región en las últimas décadas y procura funcionar en base a unmodelo sustentado en la Convención Internacional de los Derechos del Niño (aplicable a todos losmenores de 18 años y que los toma como sujetos de derechos, y no como simples personas ensituación irregular, a las que hay que proteger) siguiendo el camino que abrió en 1990 laaprobación del Estatuto del Niño y el Adolescente de Brasil.“El modelo de justicia de responsabilidad penal de Costa Rica –según el representante de UNICEFen ese país- tiene la virtud de haber contribuido a dirimir de una manera bastante clara un antiguoconflicto conceptual y jurídico, que arrastraban las viejas doctrinas jurídicas y sociales sobre niñezy adolescencia. Nos referimos –acota- a la Doctrina de la Situación Irregular, la cual colapsó en elplano operativo y conceptual, debido a la ineficacia de sus instituciones y a sus limitacionesteóricas. En el pasado, la combinación ingrata entre los conceptos de ‘situación irregular’,‘protección’, ‘pedagogía’ y ‘justicia’, condujo a la aprobación de legislaciones y al diseño deinstituciones que confundían la administración de justicia con la administración de programassociales” (González y Tiffer 2000).Como lo destacara Emilio García Méndez en el mismo libro, “el principio general que interesaponer en evidencia, consiste en la diversidad del tratamiento jurídico con base en la faja etárea.Así, los niños no sólo son penalmente inimputables, sino que además resultan penalmenteirresponsables. En el caso de comisión por un niño de actos que infrinjan las leyes penales –acotaeste destacado especialista- solo podrán corresponder –eventualmente- medidas de protección.Por el contrario, los adolescentes, también penalmente inimputables resultan, sin embargo,penalmente responsables. Es decir, responden penalmente –en los exactos términos de leyesespecíficas- de aquellas conductas posibles de ser caracterizadas como crímenes, faltas ocontravenciones” (ídem).Estamos, por tanto, ante una experiencia que está dando frutos muy positivos, a pesar del cortotiempo de vigencia (la Ley de Justicia Penal Juvenil fue aprobada en 1996). Las grandes ventajasde este nuevo instrumento jurídico, parecen radicar en la especificación de penas acordes con ladimensión de los “delitos” cometidos, la puesta en funcionamiento de establecimientos autónomospara la reclusión de adolescentes (especialmente los que cometen delitos por primera vez), elénfasis en la recuperación (y no en el simple castigo) con que dichos establecimientos funcionan, yel establecimiento de medidas alternativas a la reclusión (aún la autónoma o separada de losestablecimientos carcelarios para adultos) como los son las diversas formas de “libertad asistida”que se aplican con el apoyo de instituciones públicas y privadas especializadas. Reglas claras, en 9
  • 10. definitiva, que permiten ajustarse más y mejor a todas las partes involucradas, y que por tantolimitan las arbitrariedades propias de los modelos vigentes en el pasado. Las “Escuelas Abiertas” de BrasilTambién importa reseñar –brevemente- la experiencia de “escuelas abiertas” de Brasil, pensadacomo una estrategia de prevención de la violencia juvenil, y de la que participaban hasta elmomento unos 1.500 colegios, involucrando a 500.000 adolescentes y jóvenes, en los Estados deBahía, Pernambuco, Río de Janeiro, San Pablo y Mato Grosso, pero que a partir de ahora segeneralizará paulatinamente a todos los establecimientos educativos.La idea es muy simple: abrir las escuelas básicas y medias los fines de semana y feriados, pararealizar actividades recreativas, lúdicas y deportivas con los adolescentes y jóvenes de lascomunidades circundantes, de las que provienen los alumnos que asisten regularmente a dichoscolegios, y en donde habitan –también- los muchos desertores del sistema educativo, que noencuentran en la educación los elementos que respondan a sus expectativas de integración social(preparación para el ingreso al mercado de trabajo, para el ejercicio de derechos ciudadanos, etc.).Los criterios utilizados para incluir escuelas en esta experiencia son muy simples: que exista unabaja oferta de entretenimiento en la comunidad circundante (las zonas más deprimidas de loscentros urbanos donde se trabaja) y que existan altos índices de violencia en la escuela y en lacomunidad. La experiencia acumulada muestra que los índices de violencia disminuyen, al tiempoque se produce un retorno importante de “desertores” a la dinámica educativa regular de loscolegios en los que opera el programa.En Recife, Estado de Pernambuco, por ejemplo, los índices anuales de peleas con armas de fuegoentre los alumnos de las escuelas participantes, cayeron de 51 a 5,1 por 100.000 jóvenes, mientrasque los asaltos cayeron de 196 a 51,3, y el uso de drogas de 136 a 51 (siempre por 100.000jóvenes). En promedio, un 60 % de reducción de la violencia, y aunque no puede establecerse unvínculo mecánico entre implementación del programa y reducción de los indicadores de violencia,lo cierto es que los impactos son tan visibles como relevantes (Waiselfisz y Maciel 2003 yAbramovay coord. 2003).Las “claves” del éxito parecen tan simples como relevantes: (i) en la medida en que jóvenes ycomunidades se “apropian” de las instalaciones educativas (las sienten como propias) en lugar deatacarlas las defienden; (ii) en la medida en que las escuelas se vuelven “amigables”, se generansinergias que fomentan el retorno de los “desertores”; (iii) en la medida en que se brindanherramientas de “educación para la vida” (y no solo se trasmiten “saberes” ajenos y de dudosautilidad práctica en contextos de exclusión) se generan mayores “empatías” entre y con los actoresimplicados en el proceso educativo. La lista podría hacerse más larga, pero estos argumentos sonmás que suficientes para legitimar una metodología que –además- implica inversiones sumamenterazonables y de alto impacto. Capacitación e Inserción Laboral y Formación de Multiplicadores JóvenesPor otro lado, se han desplegado importantes esfuerzos desde la capacitación y la inserción laboralde jóvenes, junto con la formación de multiplicadores jóvenes, como dos estrategias convergentesque se retroalimentan mutuamente, en la medida en que se asume que los jóvenes son –a la vez-beneficiarios y actores de la prevención de la violencia. Una de las experiencias destacadas enestas materias, es la que se viene implementando en El Salvador, en el marco de diversasiniciativas particulares (no siempre bien articuladas) que incluyen esfuerzos de organismos nogubernamentales (el Polígono Industrial Don Bosco, por ejemplo) y el activo respaldo de algunosorganismos internacionales (el PNUD y UNICEF, por ejemplo), trabajando en coordinación conorganismos del Estado (Secretaría de Seguridad Pública, Secretaría de la Juventud, etc.). 10
  • 11. Los impactos logrados han sido muy significativos (con tasas de reincidencia en la comisión dedelitos –por ejemplo- muy bajas entre los jóvenes participantes) y las sistematizaciones disponibles(UNICEF 2004 a y b; GTZ 2004) identifican varias “claves” de éxito, entre las que se destacan: (i) laformación laboral debe centrarse en oficios y destrezas de directa e inmediata utilidad práctica enel marco de la vida cotidiana de las y los jóvenes participantes; (ii) junto con la capacitación laboral,hay que brindar formación social en términos de valores y habilidades para la vida; (iii) se debetrabajar intensamente en el acompañamiento de los procesos de inserción laboral de las y losjóvenes, sabiendo que son caminos de ida y vuelta, plagados de obstáculos a enfrentar y superar;(iv) la capacitación debe ir acompañada de una práctica laboral real, que genere ingresos para lasy los jóvenes; (v) hay que fomentar empatías fuertes entre instructores (no docentes) y jóvenes,donde el primero pueda ser “referente” en muchos planos simultáneamente y no un simpletransmisor de saberes y destrezas; y (vi) hay que fomentar al máximo las actividades “de joven ajoven”, apoyando el desarrollo de liderazgos, capacitando multiplicadores jóvenes, respaldando losprocesos grupales (más que los procesos individuales), etc.Experiencias similares existen en otros varios países de la región, y las sistematizacionesrealizadas (por ejemplo, Caldera y Landaverde 2005 para el caso hondureño) llegan aconclusiones similares. En el dominio de la capacitación y la inserción laboral, en particular, existenmuchas otras experiencias y muchas de las claves del éxito tienen que ver con las estrategias deintervención que se utilizan (ver, por ejemplo, Lasida 2004); en Montevideo, por ejemplo, lasexperiencias de formación en alternancia han dado buenos resultados con jóvenes excluidos(Varios Autores 2004b). Otro tanto puede decirse de varias experiencias de formación demultiplicadores o animadores juveniles, vinculadas con la promoción de formas diversas departicipación ciudadana, entre las que podrían destacarse las relacionadas con la vigilanciaciudadana en Perú (Vásquez 2004) y/o con el presupuesto participativo en varios países de laregión, que aportan espacios significativos para la formación y la participación juvenil, en su calidadde ciudadanos, colaborando en buena medida en términos de su “reconocimiento” social. Respuestas Institucionales desde las EscuelasAdicionalmente, se han desplegado respuestas específicamente centradas en la violencia en laescuela, con quienes permanecen e interactúan cotidianamente en los establecimientos escolares.Los estudios comparados (por ejemplo, Varios Autores 2003) han demostrado la gravedad deestos problemas y la pertinencia de varias de las respuestas implementadas. Al parecer, lasrespuestas más asentadas en “políticas públicas” propiamente dichas, se están desarrollando enBrasil (Programa Paz en las Escuelas, en funcionamiento desde 2000), en Colombia (PolíticaEducativa para la Formación Escolar en Convivencia, establecido en 2001) y en Perú (Programade Cultura de Paz, Derechos Humanos y Prevención de la Violencia, instalado en 2002). Peroexisten muchos otros, quizás más acotados, pero igualmente pertinentes, de acuerdo a los“catastros de programas y proyectos” que se han confeccionado últimamente (ver Abalos 2003).¿Cuáles son las claves en estas materias? De acuerdo al análisis de Abalos (2003), de los 37programas analizados (correspondientes a ocho países de América del Sur), más de la mitad estánorientados por una concepción amplia de la prevención de la violencia (abarcando temas deconvivencia escolar, derechos humanos, paz, desarrollo de habilidades, etc.), varios se centran enla resolución pacífica de conflictos y el desarrollo de capacidades de “mediación”, y en casi todoslos casos, se trata de involucrar a una amplia gama de actores institucionales, procurando articularrespuestas y generar sinergias que sustenten el trabajo de todos. En este marco, se procuraacercar al máximo la “cultura juvenil” y la “cultura escolar”, dos “mundos” entre los que existe –engeneral- un gran abismo. La participación de los propios niños y adolescentes resulta fundamental,desde todo punto de vista.Algunos de los factores claves identificados como variables fundamentales para obtener impactosrelevantes y efectivos en este marco, son: (i) medidas de democratización de la gestión al interiorde las escuelas; (ii) establecimiento de relaciones positivas entre alumnos y profesores; (iii)preparación del profesorado y de los alumnos para enfrentar situaciones de conflicto; (iv) 11
  • 12. procesamiento sistemático y proactivo de los problemas identificados, evitando la “impunidad” y lano resolución de conflictos; y (v) involucramiento activo de la familia y la comunidad en eltratamiento de los conflictos escolares.En la misma línea, se ha constatado la existencia de caminos convergentes que –en su conjunto-brindan bases sólidas para operar: (i) el camino cognoscitivo que incorpora en el currículo temassobre valores, civismo, democracia y derechos humanos, generalmente transversales; (ii) elcamino de los currículos ocultos que se perciben en la gestión pedagógica y escolar, en línea conlos contenidos curriculares explícitos; (iii) el camino de la calificación en el ámbito de las relacionessociales y humanas, sustentadas en la tolerancia y el respeto mutuo; (iv) el camino del aprendizajede técnicas adecuadas de resolución de conflictos interpersonales; y (v) el camino de las iniciativasescolares de paz y convivencia, haciendo un uso positivo e intensivo de medios masivos decomunicación. Programas Municipales de Prevención de la ViolenciaPor otra parte, en los últimos tiempos se han multiplicado –también- las respuestas que se intentanbrindar desde los municipios. El Banco Interamericano de Desarrollo ha realizado un “catastro” delos programas más relevantes, identificando 60 de ellos, correspondientes a 15 países de la región,incluyendo (i) programas de prevención de la violencia familiar, (ii) defensorías de la niñez y laadolescencia; (iii) programas de atención a víctimas de maltrato y violencia doméstica; (iv)programas de apoyo al acceso a la justicia para poblaciones excluidas; (v) programas demejoramiento de la infraestructura comunitaria; (vi) instalación de comisarías de la niñez y la mujer;(vii) programas de intercambio de armas por mejores condiciones de vida; (viii) aprobación ydifusión de códigos de orden público; (ix) programas de acercamiento entre la comunidad y lapolicía (en el marco de reformas que fomentan la policía comunitaria); y (x) servicios telefónicos deconsulta y apoyo ante problemas relacionados con la violencia; entre otros (BID 2003).Entre los principales problemas a enfrentar –comunes a casi todas las experiencias reseñadas- sedestacan las evidentes consecuencias que han tenido últimamente los crecientes procesos desegregación urbana (diferenciación cada vez más fuerte entre barrios ricos y barrios pobres,distribución desigual de servicios en las diferentes zonas de la ciudad, etc.) y la correspondiente“apropiación” de los espacios públicos (parques, plazas, esquinas, etc.) por parte de las y losjóvenes excluidos, que no cuentan con infraestructura propia, a excepción de los que estánincorporados a la dinámica escolar o vinculados a instituciones religiosas o deportivas (entre otras).El tema ha sido analizado por diversos especialistas (ver por ejemplo, Saraví 2004 y Katzman yRetamoso 2005) y tiene aristas sumamente complejas, que no se pueden desconocer.Las principales “lecciones aprendidas” de estos programas y proyectos locales, parecen ser lassiguientes: (i) más que la pobreza, lo que parece incidir directamente en el desarrollo de problemascon jóvenes excluidos es la falta de normas claras de funcionamiento comunitario (niveles bajos de“capital social”); (ii) si la gente cuenta con respaldos para enfrentar sus problemas, se siente mássegura y colabora más activamente en el combate a la violencia; (iii) calles bien iluminadas,servicios regulares de transporte, limpieza urbana y espacios abiertos adecuados, son un sustentofundamental en el combate a la violencia; (iv) los diálogos fluidos entre vecinos y policía brindanmás confianza al momento de enfrentar problemas en materia de inseguridad pública; (v) la“visibilización” de algunos problemas (violencia doméstica, por ejemplo) ayuda a cambiar lasmentalidades dominantes en las personas y las familias y esto colabora claramente en el planogeneral. Fortalecimiento y Modernización de las Instituciones ImplicadasComo puede apreciarse, resulta imposible simplificar el análisis y suponer que todo puedesolucionarse en base a la incidencia en alguna variable en particular, con un conjunto limitado deestrategias operativas. En realidad, el éxito en estas dinámicas solo es posible si se asume lacomplejidad de los problemas a encarar y se trabaja articuladamente, tratando de incidir en un 12
  • 13. amplio conjunto de variables explicativas, poniendo en funcionamiento una amplia batería derespuestas operativas. Por ello, este amplio y complejo conjunto de desafíos, obliga a trabajarintensamente en el fortalecimiento y la modernización de la gestión de las principales institucionesimplicadas. Esto es válido, en particular, para la policía, para la justicia y para las instituciones deprotección a la infancia, pero también lo es para los medios masivos de comunicación, lasinstituciones educativas, los gobiernos locales, las familias, los parlamentarios y muchas otrasinstituciones afines.En relación a la policía, parece evidente que habrá que trabajar intensamente para cambiar lamentalidad dominante que ve en cada adolescente pobre un delincuente en potencia, al queconviene vigilar y castigar a los efectos de prevenir males mayores. En este sentido, algunasencuestas demuestran que para la inmensa mayoría de los adolescentes de Buenos Aires,Montevideo y Santiago de Chile, la policía es un peligro del que hay que cuidarse, y no unainstitución a la que se puede recurrir para obtener protección (esto debe ser igual o aún másmarcado en otras ciudades). Las quejas sobre malos tratos, violación de derechos y prejuicios detoda clase en relación a los jóvenes, son un denominador común en las respuestas brindadas porlos encuestados (UNICEF, 2001).Respecto de la justicia, por su parte, parece claro que el principal desafío tiene que ver con suscapacidades para asegurar la vigencia de los derechos humanos y de las leyes establecidas atodos los habitantes de nuestras sociedades en general y a los adolescentes vulnerables enparticular. En dicho marco, otro desafío central –más acotado- se vincula con las diversasrespuestas que se brindan a los adolescentes en conflicto con la ley, esfera en la cual, la reclusiónha mostrado serias limitaciones, y las medidas no privativas de libertad sólo han sido aplicadas enpequeña escala, mostrando mejores impactos pero sin demostrar todavía si se trata de respuestasviables a una mayor escala. El desafío es ampliar este tipo de respuestas, y multiplicar lasevaluaciones comparadas que nos permitan probar la pertinencia de las mismas, modernizando enparalelo la legislación vigente, en consonancia con la Convención Internacional de los Derechosdel Niño.Las instituciones de protección a la infancia, por su parte, tienen un doble desafío tambiénsumamente relevante: por un lado, deberán asumir con más decisión y consecuencia (hasta en elplano de la asignación de recursos) la atención de las y los adolescentes (relativizando sutradicional atención casi exclusiva a los niños), y por otro, deberán asumir que los enfoquestradicionales, centrados en la ejecución del ciclo completo de los programas desde prácticasmonopólicas, ya no tienen fundamento ni viabilidad, abriéndose a la concertación de esfuerzos conuna amplia gama de organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil, así como agobiernos locales y organizaciones empresariales (entre otras), impulsando programasdescentralizados, concertados y participativos, más cercanos a la dinámica de la vida cotidiana delas y los adolescentes, que todavía no son adultos pero ya no son niños.Todo otro tema es el de los medios masivos de comunicación. Todos los estudios conocidoscoinciden en señalar que éstos perjudican en gran medida los esfuerzos promocionales, en lamedida en que destacan sistemáticamente las “malas noticias” (al parecer, las buenas noticias noson noticia), estigmatizan sistemáticamente a los jóvenes pobres en la forma en que presentan lasnoticias policiales, difunden sistemáticamente imágenes de violencia (como un recurso legítimopara “mantener el orden público” y para “sobrevivir en la jungla de cemento”) y difundensistemáticamente publicidad relacionada con el consumo de drogas legales (alcohol y cigarrillos)que se centra cada vez más claramente en adolescentes y jóvenes. Por si fuera poco -especialmente la televisión- difunden “estilos de vida” consumistas, que alientan sistemáticamentea contar con toda clase de artículos superfluos, fomentando toda clase de “vías” para obtenerlos(endeudamiento irresponsable, robos, etc.).La lista puede ser –y de hecho lo es- mucho más amplia, pero lo dicho basta para ilustrar lo quequeremos decir. En definitiva, este es un asunto que nos involucra a todos y todas, y las vías paraencararlo no son neutras: el “cómo”, es tan o más importante que el “qué”. 13
  • 14. Referencias BibliográficasABRAMOVAY, Miriam (coord.) (2003) Abrindo Espaços: Avaliaçao do Programa em Bahía.UNESCO, Universidade Católica de Brasilia, UNIRIO, Brasilia.ABRAMOBAY, M. y Otros (2002) Juventud, Violencia y Vulnerabilidad Social en AméricaLatina: Desafíos para Políticas Públicas. UNESCO – BID, Brasilia.ANDINO, Tomás (2005) ¿Tiene Sentido la Ley Anti Maras (Art. 332 del Código Penal) enHonduras? Save the Children, Tegucigalpa.ALARCÓN, Cristian (2003) Cuando Me Muera Quiero que me Toquen Cumbia: Vidas de PibesChorros. Editorial Norma, Buenos Aires.AVALOS, Beatrice (2003) Prevención de la Violencia en Escuelas de América del Sur:Catastro de Programas y Proyectos. PREAL, Santiago.BANCO MUNDIAL (2003) Guía Didáctica para Municipios: Prevención de la Delincuencia y laViolencia a Nivel Comunitario en las Ciudades de América Latina. Washington.BENITEZ, L.; PLATON, L. y ZORRILLA, R. (2004) Reinserción Social de AdolescentesInfractores: Una Tarea Pendiente. BASE-IS, D.T. Nº 112, Asunción.BID (2003) Programas Municipales de Prevención de la Violencia en América Latina y elCaribe. Banco de Datos en Línea. (www.iadb.org/sds)BONINO, María (2001) El Programa de Seguridad Ciudadana y los Proyectos de IntegraciónSocial de Niños y Jóvenes en el Uruguay. PSC, Ministerio del Interior, Montevideo.BRICEÑO LEON, Roberto (comp.) (2002) Violencia, Sociedad y Justicia en América Latina.Ediciones CLACSO, Buenos Aires.CALDERA, H. y LANDAVERDE, G. (2005) Experiencias Participativas con Adolescentes yJóvenes en Proyectos de Promoción del Desarrollo Juvenil y Prevención de la Violencia.OPS-GTZ, Tegucigalpa.CARDONA, L.A. y ALTAHONA, A. (2003) “De la 28 a Pozo 7: Aproximación al Conflicto Urbanode la Comuna 7 en la Ciudad de Barrancabermeja. Plataforma Conflicto Urbano – Jóvenes,CIVIS-ATI-IPC-CBJ-PDPMM, Barrancabermeja, Colombia.CARRANZA, Marlon (2004) Políticas Públicas y Experiencias de Pandilleros Calmados.IUDOP-UCA, San Salvador.CARRION, Fernando (ed) (2002) Seguridad Ciudadana: ¿Espejismo o Realidad? FLACSO-OPS/OMS, Quito.CASANOVA, Fernando (2004) Desarrollo Local, Tejidos Productivos y Formación: AbordajesAlternativos para la Formación y el Trabajo de los Jóvenes. CINTERFOR/OIT, Montevideo.CDC (2001) Prácticas Óptimas para la Prevención de la Violencia Juvenil: Libro deReferencia para la Acción Comunitaria. CDC - DHHS, Atlanta, USA.CEPAL – OIJ (2004) La Juventud en Iberoamérica: Tendencias y Urgencias. XII ConferenciaIberoamericana de Ministros de Juventud (México). Santiago. 14
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