LA VANGUARDIA: MÁS ALLÁ DEL (POS)FEMINISMO J. BUTLER; TEORÍA QUEER &  'READY-MADE' POLÍTICOS. BY BEATRIZ PRECIADO &  ADOLFO VAŚQUEZ ROCCA D.PHIL
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 LA VANGUARDIA: MÁS ALLÁ DEL (POS)FEMINISMO J. BUTLER; TEORÍA QUEER &  'READY-MADE' POLÍTICOS. BY BEATRIZ PRECIADO &  ADOLFO VAŚQUEZ ROCCA D.PHIL LA VANGUARDIA: MÁS ALLÁ DEL (POS)FEMINISMO J. BUTLER; TEORÍA QUEER & 'READY-MADE' POLÍTICOS. BY BEATRIZ PRECIADO & ADOLFO VAŚQUEZ ROCCA D.PHIL Document Transcript

  • Poner en cuestión lo que se presume ‘natural’, reivindicar la identidad como construcción. Ése es el meollo de las teorías de Judith Butler, del pensamiento ‘queer’. Más allá del (pos)feminismo, una apuesta por la democracia radical Pensamiento Butler MANUEL ASENSI i Judith Butler (Cleveland, 1956) no existiera, justo sería habérsela inventado. Porque parece mentira, tan mayores ellos y algunos hasta catedráticos, y pocos se han dado cuenta de que la aparente espesura y carácter esotérico de la teoría tiene una trascendencia política y unos efectos empíricos que nadie en su sano juicio debería rechazar. Todos hemos vivido situaciones en las que a alguien se le ha insultado llamándole maricón o bollera, todos estamos familiarizados con expresiones metafóricas del tipo “ése pierde aceite por la culata”, “fulanita es de la S cáscara amarga” o “menganito tiene la hormona bailarina”, algunos asistimos estupefactos a la constante condena por parte de la Iglesia católica de todas aquellas familias no integradas por heterosexuales cuyo fin sea la reproducción, y así un largo etcétera. Todas estas situaciones se pueden resumir de la siguiente manera: presumen e imponen la existencia de algo natural (ser heterosexual, hombre, mujer) regido por el principio de la identidad. Un día, estando en un parque, le pregunté a un niño de siete años que estaba solo por qué no jugaba con las niñas. La respuesta fue contundente: “porque si Entrevista a Judith Butler “Mis compromisos no son sólo feministas” PATRÍCIA SOLEY Dieciséis años después de la publicación de ‘El género en disputa’, el feminismo es ahora mucho más rico y complejo, y cabe hablar de diferentes feminismos. Quisiera preguntarle cómo se situaría entre los diversos feminismos de la actualidad. Es curioso que en Europa se me considere como postfeminista y creo que esto no es correcto. Mi pensamiento y mis compromisos no son sólo ni exclusivamente feministas, aunque, sin duda, también son feministas. ¿Por qué seguir con el feminismo? Pues porque todavía hay diferencias de salario entre hombres y mujeres, todavía hay poblaciones enteras desprotegidas ante la violación marital, todavía hay falta de acceso a tecnologías reproductivas y a derechos reproductivos. La crítica del feminismo de la identidad ha sido fundamental en mi trabajo durante muchos años. Continúo pensando que lo que entendemos como la realidad del género es un producto de ciertas prácticas y puede ser altera- do a través de prácticas. No creo que se pueda describir el género estructuralmente, como algo que tiene una serie de significados estables en virtud de razones naturales, o estructuras o leyes culturales. En los Estados Unidos se considera que no soy una feminista porque no estoy de acuerdo con el punto de vista de Catherine McKinonn, lo que implica que McKinnon es feminismo, lo cual es una pesadilla. También están las llamadas postfeministas, que son auténticas libertarias radicales que piensan que todos somos libres para pensar como queramos. El problema de esta visión es que erradica completamente todas las dimensiones del poder que saturan nuestras vidas y que son importantes en relación al género. Así que es un problema: tanto aceptar una jerarquía de género muy rígida, que postule que los hombres dominan a las mujeres y que las mujeres sólo pueden ser comprendidas en términos de su relación con el ser dominadas, como pensar como una liberta- juego con niñas acabaré siendo mariquita”. En su mente ya se estaba produciendo un margen, una excrecencia, la formada por los individuos que no se ajustan a las normas heterosexuales, de hecho él ya estaba viviendo la angustia de esa posibilidad. Lo mismo hubiera dado que la respuesta se hubiera referido al negro, al inmigrante o al enfermo de sida. Pero estaremos de acuerdo en que la frase del niño esconde una gran verdad: él ya tenía claro que uno no es sino que se hace, que si frecuenta a las niñas, las imita y las cita puede asumir un rol femenino, que su fundamento ontológico y su género no está decidido de antemano. ria que no cree en las relaciones de poder. Pensar el poder como algo dinámico, flexible, privativo, negativo pero también productivo, es el término medio que tiende a caer fuera de la ecuación cuando identificamos al feminismo con esa estructura más rígida y al postfeminismo con el libertarismo. La escuela de Milán ha sido muy influyente y creo que en el contexto de Italia y del catolicismo tiene mucho sentido. La lucha para que se entienda que las mujeres tienen una relación especial con la reproducción es importante en una cultura que ha tratado de capturar esa relación o de privatizar el problema de la reproducción misma. No obstante, creo que sería un terrible error desarrollar una ontología de la feminidad que la vincule demasiado a la reproducción, ya que no creo que ésta sea la única causa de la opresión de las mujeres. Me preocupa que cuando se entiende la reproducción como una cuestión exclusiva de las mujeres se favorezca que los hombres se consideren como un elemento poco importante del proceso, cuando en realidad son primordiales. Los hombres son también el sujeto del feminismo, pero para que el feminismo prospere necesita dejar de preguntarse sobre el sujeto. Para desarrollar un programa político fuerte a favor de la igualdad de género no se necesita saber cuál es el sujeto del feminismo. El feminismo se puede perjudicar si insiste en que las políticas para la justicia y la igualdad necesitan estar basadas en una ontología de lo femenino. Como filósofa, usted trata de cómo las normas de género nos permiten aparecer como humanos, por una parte, y
  • La pregunta es angustiosa: ¿cómo una vida puede ser habitable más allá de las normas y constricciones sociales? Muchas son las cosas que están en juego con esta pregunta, y de la respuesta que demos depende el proyecto de una democracia radical y profunda. La obra de Butler, discípula aventajada de Derrida, posiblemente una de las intérpretes que más jugo ha sabido sacarle al filósofo argelino, comienza de manera simbólica en 1990 cuando publica El género en disputa. Su objetivo no deja lugar a dudas: poner en tela de juicio que el género sea algo natural, algo con lo que se nace y se muere. Y, para esta labor crítica, sus apoyos son inmejorables: el mencionado Derrida, Beauvoir, Althusser, Foucault, Millet, Wittig, Austin, entre otros. Ahora bien, si el género no es algo natural, entonces ¿qué es? El género es el resultado de un conjunto de leyes y de normas sociales que, mediante palabras, acciones, gestos y deseos, produce y mantiene la ficción de la coherencia y del privilegio heterosexual reproductivo, provocando la ilusión de que así son las cosas y no pueden ser de otra manera. Y no porque el cuerpo sea algo pasivo y dado, sino porque también él es una construcción regulatoria. Tocamos los genitales y pensamos que están ahí desde el día en que nacimos y que, además, deben comportarse de manera coherente, nos sentimos frustrados si no funcionan de manera adecuada, si no están a la altura. En una película americana un chico y una chica jóvenes están en un coche en las afueras de la ciudad, ella alarga la mano, toca su pene y le pregunta “¿esto no debería estar duro?” Él se avergüenza, pues aquellas blanduras no estaban en el guión. Cuando era un adolescente, un amigo de mi padre me decía a modo de confidencia: si alguna vez ves un hombre desnudo y se te levanta, estás perdido, eres un maricón redomado. No caemos en la cuenta de que hay genitales indefinidos, intersexos, tampoco advertimos que nuestro comportamiento sexual es fruto de un conjunto de acciones en las que cito y repito, imito y trato de asimilar, una norma simbólica coercitiva, tan coercitiva que de no responder a ella soy marginado, patologizado e incluso, a veces, penalizado. No sabía Aristóteles la razón que tenía cuando aseguraba que la imitación es el medio por excelencia del aprendizaje, lo que no se preguntaba era hasta qué punto la imitación y lo imitado me constituyen y me construyen, hasta qué punto eso puede hacer insufrible la vida de las personas. En definitiva, el cuerpo marcado por un género es un efecto performativo del discurso y, por ello, no es ni verdadero ni falso, sino el efecto real de una ley basada en la idea de una identidad original y estable. Qué duda cabe de que habrá gente que podrá vivir a gusto dentro de esa norma regulatoria, pero también cuán cierto es que otra mucha gente pasará las de Caín por sentir que no cuadra con esa norma. Si a todos los que quedan fuera de los bordes de dicha norma se les denomina queer (en inglés raro, anormal, también término para designar despectivamente al homosexual), entonces se comprenderá que el libro El género en disputa fuera considerado como el manifiesto de la teoría queer y que fuera leído a lo largo de do con una manera efectiva de subvertir las identidades, pues el actor épico está en la obligación de marcar la distancia entre él mismo y lo que representa. Es la razón por la que la teatralidad tiene una gran importancia en la teoría de Judith Butler. Su estilo es asertivo, agresivo, lógico, paradójico, y trasmite una manera de pensar que trata de distanciarse de todos los grupos y propuestas, siempre hay en sus textos un sí, pero…, “sí al feminismo, pero… hay que estar atentos a sus esencialismos logocéntricos y metafísicos”, “sí a lo queer, pero… siempre que no sufra la reapropiación por parte por otra se pronuncia públicamente en contra de la política exterior de los Estados Unidos. ¿Cómo enlaza ambas líneas de trabajo? Desde El género en disputa me he ocupado de cómo se actúa de acuerdo con ciertas normas restrictivas de género que se presuponen acerca de lo que se considera un ser humano. Cuando nace un bebé, la primera pregunta ¿es niño o niña? establece desde el principio que no podemos ser comprendidos como humanos a menos que seamos primero comprendidos como seres de género. Así, la norma del género se convierte en una presuposición de la inteligibilidad humana. Pero también debemos preguntarnos qué otro tipos de presuposiciones funcionan de esa forma. Una cosa que está muy clara en Estados Unidos, después de haber emprendido dos guerras, contra Afganistán y contra Iraq, es que cuando emprende la guerra decide y propaga cierta idea de lo humano que es la que trata de defender y otra idea de lo no-humano en contra de la cual lucha. Por ejemplo, nunca vemos fotografías de los muertos de la guerra, ni de los que Estados Unidos ha matado ni de nuestros propios muertos. Creo que se hace un esfuerzo para llamarlos árabes o islámicos como una condición de barbarismo más que de humanidad. Así pues, aquí opera una norma de civilización o una norma racista que legitima la guerra de los Estados Unidos y deshumaniza a ese otro. El hecho de que no se pueda llevar luto por esos a los que matamos no sólo sostiene el esfuerzo necesario para la guerra, sino que, a través de diversas restricciones en los medios, convierte esta guerra en irreal para evitar que las personas respondan afectivamente a ella. Se ha utilizado además cínicamente el feminismo cuando, en realidad, la administración Bush es una de las más antifeministas de la historia de Estados Unidos. No les preocupa realmente el feminismo en el islam; están sólo interesados en imponer ciertas ideas en una misión civilizadora enormemente problemática. La repentina exposición de la permeabilidad de los límites de los Estados Unidos a causa del 11 de setiembre no sólo fue castrador, sino insoportable. Se buscó una reconstrucción de la identidad nacional en términos del sujeto masculino que trata de ser unilateralmente eficiente y de tener totalmente bajo control las consecuencias de sus actos. Por supuesto, lo que vemos ahora es que parece haber perdido el control casi completamente y está volviendo a experimentar esa humillación. Es una estrategia fatal. Patrícia Soley es doctora por la Universidad de Edimburgo con la tesis ‘Transsexualism and the heterosexual matrix: a critical and empirical study of Judith Butler's performative theory of Gender’ (2001). Es profesora en la Universitat Ramon Llull los años en muchos lugares del mundo y en diferentes lenguas. Más aún cuando Butler no se limitaba a analizar el carácter performativo del género, sino que se concentraba en las posibles maneras de subvertir la heteronormatividad. La ecuación es de una lógica aplastante: dado que el género es el efecto de una performatividad, son posibles otras performatividades, otros actos, otros modelos no identitarios que hagan entrar en bancarrota las políticas de la identidad. Por ejemplo, el drag, en su proceso de transformismo, de cambio de género como fundamento de su acto dramático, revela la estructura imitativa del género y, por añadidura, señala su contingencia, la posibilidad de una liberación. Resulta más que evidente que si Brecht hubiera aplicado su teoría del actor épico al problema del cuerpo marcado por un género se habría encontra- Con estilo asertivo, agresivo, lógico y paradójico, Judith Butler pone su empeño en la necesidad política de liberación de las minorías ‘anómalas’ ¿Qué piensa de la búsqueda de legitimidad del colectivo homosexual a través del derecho al matrimonio? ¿Señala el final del proyecto radical que tenía como objetivo articular y apoyar, la cito textualmente, “la proliferación de prácticas sexuales fuera del matrimonio y las obligaciones del parentesco”? Creo que ambas cuestiones son compatibles. Por una parte, si va a haber una institución del matrimonio, no debería ser discriminadora. Por otra parte, me preocupa mucho que el matrimonio homosexual se convierta en el objetivo más importante del movimiento gay, lesbiano y bisexual, del movimiento para las minorías sexuales. La legitimación legal toma el lugar de la innovación política y la experimentación cultural. Creo que, en la actualidad, deberíamos te- > Judith Butler, fotografiada durante una visita a Barcelona en el 2001 FOTO ROSER VILALLONGA de normatividades estrechas”, “sí al travesti, pero… en tanto no caiga en las redes de las identidades”, “sí a Foucault, pero…”, “sí a Kristeva, pero…”, “sí a Wittig, pero…”. Butler huye continuamente de los límites y de las cercas. No es gratuito que ocupe la cátedra Maxine Elliot de Retórica en Berkeley, pues la retórica es un acto definido por la transformación y el movimiento. Tres años después de la publicación de su primer libro apareció Cuerpos que importan. En él buscaba aclarar algunas confusiones surgidas a partir de algunas lecturas de El género en disputa, y seguía indagando en las vías de subversión de las normas naturalizadas. Clarificaba, por ejemplo, que la afirmación de que el género es una construcción no significa que antes y después de la inscripción performativa del género exista un yo que haga y deshaga a voluntad (problema kantiano por excelencia, como si Kant fuera queer de repente, y probablemente lo era, como nos recordó Botul). Al contrario, quiere decir que no hay un yo que no esté dentro de las marcas de género. Exploraba, asimismo, los caminos a través de los que ciertas piezas artísticas funcionan como prácticas subversivas. Todo el empeño de Butler tiene que ver con la necesidad política de la liberación de las minorías integradas por lo anómalo. Los trabajos que han venido después, desde Excitable Speech (1997) hasta Undoing Gender (2004), pasando por sus reflexiones en torno a la democracia radical junto con Laclau y Zizek, son formas de atacar todo lo que en el plano de las vidas suponga dolor, desprecio, violencia y desesperación. No me extrañaría nada que Zapatero hiciera buenas migas con Butler. | En la página de la izquierda, autorretrato (abajo, en negativo) de la fotógrafa y escritora francesa Claude Cahun (1894-1954), cuyos trabajos giraron habitualmente alrededor de las cuestiones de género e identidad sexual
  • ‘Artivismo queer’ ‘Ready-made’ políticos Beatriz Preciado es profesora de Teoría del Cuerpo y de Teoría Contemporánea del Género en la Universidad de París-Saint Denis. Ha publicado, entre otros ensayos, ‘Manifiesto contra-sexual’ (2002) A la derecha, imágenes del documental ‘Venus Boyz’ (2001) de Gabriel Baur, sobre los ‘drag kings’ en Nueva York. En la primera imagen aparece Del LaGrace Volcano, debajo, sentada en primer término, Diane Torr BEATRIZ PRECIADO En 1964 Andy Warhol, llevando a Marcel Duchamp a la era de la cultura de la comunicación de masas, inventa lo que podríamos llamar el ready-made político al recortar y enmarcar una fotografía periodística de las revueltas de la población negra de Birmingham en la que uno de los manifestantes es asediado por un perro policía. Lejos de la simple estetización de una imagen política, la estrategia de Warhol pone en cuestión la impermeabilidad de los códigos políticos y estéticos de representación y solicita una nueva inteligencia visual por parte del espectador. Judith Butler nos enseña que la identidad de género se produce a través de un proceso similar al que Warhol utilizó para producir su ready-made político. El género en disputa viene a desplazar definitivamente la interpretación de la feminidad y la masculinidad, del sexo y de la sexualidad, del dominio de la naturaleza para llevarlos hasta el ámbito del análisis de la representación, al definir la identidad de género y sexual como efectos performativos del discurso: al mismo tiempo, procesos de repetición socialmente regulados y resultados de invocaciones de la norma heterosexual. Butler nos enseña con Foucault que la historia de la sexualidad es la historia de los códigos culturales de representación a través de los que el cuerpo se vuelve inteligible, público, mediático. Mientras que tanto el feminismo liberal como el lesbianismo radical denuncian la masculinidad de la butch, la lesbiana marimacho, o la feminidad de la drag queen como si se tratara de meras reproducciones del orden heterosexual dominante, Butler hará de la butch y de la drag auténticos prismas culturales cuya fuerza subversiva es poner de manifiesto la estructura paródica, teatral y Butler hace de la ‘butch’ y de la ‘drag’ auténticos prismas culturales cargados de fuerza subversiva performativa del género. Para Butler, al disociar radicalmente representación de género y anatomía, la drag queen y la butch ponen de manifiesto que el “género no tiene estatuto ontológico fuera de los actos que lo constituyen”. La masculinidad y la feminidad no son efectos na- turales de una anatomía o una psicología precisa, sino ficciones culturales, códigos, signos, representaciones, que incorporamos a través de la repetición ritualizada de prácticas, modos de hacer más que esencias. El golpe maestro de Butler podría resumirse así: la verdad del género pertenece al ámbito de la estética, de la producción de representaciones compartidas, y no al de la metafísica (ya sea ésta biológica, lingüística o psicoanalítica). La crítica de Judith Butler opera como un filtro hermenéutico que se proyecta hacia el pasado permitiéndonos leer los trabajos de diferentes artistas y colectivos feministas como antecedentes del activismo performativo. Así, por ejemplo, los ejercicios de travestismo de Claude Cahun o Marcel Duchamp serán ahora resituados en una genealogía performativa junto con las autofiguraciones de Eleanor Antin, Cindy Sherman, Adrian Piper o Martha Rosler como anticipaciones de la tarea de deconstrucción que más tarde llevarán a cabo Del LaGrace Volcano, Hans Schreil, Asian Punk Boy, Cabello/Carcéller, Annie Sprinkle o Tracey Emin. Al mismo tiempo, los conceptos butlerianos de inversión performativa, resignificación o parodia de género, revisitados por Douglas Crimp o Judith Halberstam, actuarán como verdaderas plataformas proyectivas aglutinando iniciativas políticas y estéticas marica-bolleras y trans hasta acabar convirtiéndose en auténticos criterios curatoriales hacia finales de los 90, dando lugar a eso que hoy conocemos como artivismo queer. Recogeré aquí tan sólo dos ejemplos de la profusión de estas prácticas: las estéticas antisida y las performances drag king. Buena parte de las políticas perfor- < ner diversos compromisos globales con la crisis del sida en África, la juventud queer, la gente mayor y la gente que trata de encontrar un camino fuera de la norma del matrimonio. Me parece que debería haber no sólo un movimiento gay y lesbiano, sino también un movimiento de minorías sexuales que se involucre en todas estas cuestiones, incluyendo transgenerismo, transexualidad, intersexualidad. Todos estos son objetivos radicales que necesitan ser atendidos y me preocupa que un movimiento que se centra demasiado en la norma del matrimonio evada dichas responsabilidades. Disfruté mucho leyendo los capítulos de ‘Deshacer el género’ en los que habla de usted misma. Casi no me acuerdo. Estoy sorprendida de haber incluido esto. En las imágenes, tres trabajos de la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman –‘Sin título #112’ (1982), ‘Sin título #228’ (1990) y ‘Sin título #183’ (1988)–, cuyos retratos, con ella misma como modelo, abordan habitualmente las cuestiones de la identidad y la teatralidad ¿De verdad? A todo el mundo le ha encantado. Estupendo. Pero no sé por qué lo hice. ¿No se trata de una consecuencia de pensar sobre el sujeto y su relación a la norma en su deseo de reconocimiento? ¿Cómo valora el posicionamiento autobiográfico en relación al propio pensamiento? Cuando empecé a escribir, la insistencia del feminismo sobre la escritura en primera persona era tal que decidí resistirme. Todo el mundo me decía: bueno y ¿dónde estás tú en el texto? Pues estoy allí. Me encuentras o no, pero no estoy ausente. Quiero decir, ¿quién si no está escribiendo? Estoy escribiendo yo. Pero quise tener acceso a la privacidad. No me gustaba la idea de que ser feminista mativas y de las estéticas de resignificación queer a las que Butler dará consistencia teórica emergen en el contexto de la crisis del sida de los años 80 y de las oleadas de homofobia y yonquifobia que la acompañan. Nos encontramos frente a la cristalización somática de un paradigma de significación cultural. El sida es a la posmodernidad lo que la peste o las enfermedades venéreas eran a las sociedades modernas y la lepra a las sociedades tradicionales: el modo en el que el poder atraviesa los cuerpos y los marca como abyectos. Frente al rechazo y la victimización institucionales, el colectivo Act Up, creado en Nueva York en 1987 como una guerrilla sexual urbana, actúa a través de un brazo-armado-estético de propaganda cultural, Gran Fury, cuyo objetivo es intervenir en el espacio de la representación donde se producen las nociones de sano y enfermo, de normal y desviado. Reclamando el carácter político de toda representación audiovisual, uno de los primeros slogans de Act Up será “ni una imagen más sin contexto político”. Declinando estrategias inspiradas al mismo tiempo en el activismo radical feminista de los años 70, Barbara Kruger, Hans Haacke o Art and Language, los artivistas de Gran Fury se constituyen en contra-media y cubren las calles con gráficos en blanco y negro, fácilmente reconocibles, en los que el discurso desplaza a la imagen, o utilizan técnicas performativas para generar una nueva forma de visibilidad del sida. Surgen así los conocidos slogans “Con 47.524 muertos, el arte no basta” y “Silencio=Muerte” o las hoy famosas técnicas de intervención en el espacio público como el kissing (besos colectivos de gays, lesbianas y trans en espacios públicos en los que el imperativo “¿Por qué preguntamos cómo te defines en lugar de en qué estás comprometido o qué te gustaría cambiar?” implicara exponer tu material más íntimo. Creo que la primera persona es importante y reflexionar sobre una misma también, pero es un punto de partida para pensar cómo cualquiera de nosotros se establece en un mundo a través de una serie de normas sociales o restricciones que no hemos hecho nosotros. Así pues, se puede empezar con el yo, pero el yo debe desorientarse en virtud de su propia descripción, si no, uno se queda atrapado en el yo. Si tuviera que definirme diría que soy alguien que en todo momento se resiste a la cuestión de la propia definición. No significa que no vaya a declarar que no soy feminista. ¡Soy feminista! O que no soy lesbiana. ¡Soy lesbiana! ¿Sabes? ¡Soy judía! ¿Qué quieres? Te lo digo. No es un problema. Si hubiera nacido veinte años más tarde quizá sería también transgénero, ¿quién sabe? Se me ha pasado el momento por una cuestión generacional. ¿Por qué creemos que la auto-definición nos dará lo que necesitamos saber sobre esa persona? ¿Por qué preguntamos cómo te defines en lugar de preguntar en qué estás comprometido o qué te gustaría cambiar o en qué estás en contra? Esto nos lleva a otra de las cuestiones que me ha gustado mucho de ‘Deshacer el género’. Me refiero a la incertidumbre. Es muy difícil tratar con ella.
  • heterosexual resulta invisible como en los centros comerciales o en el cine) o el dying (teatralización de la muerte en manifestaciones o como reacción frente a la intervención policial), que serán rápidamente reapropiados por grupos de guerrilla de género y sexual como Queer Nation en Estados Unidos, Radical Faries en Inglaterra o Les Pantheres Roses en Francia y que infiltrarán poco después el arte institucional en trabajos como los de Félix González-Torres. Mientras que, desde los años 70, tanto buena parte de las feministas como los filósofos y psicoanalistas más conservadores parecían ponerse de acuerdo acerca del carácter de construcción cultural de la feminidad, habrá que esperar a la crítica butleriana y a la emergencia de la cultura drag king a mediados de los años 80 para que la masculinidad sea interpretada también como parodia o artificio. Una vez más, la masculinidad no es sino un ready-made político camuflado de naturaleza: el efecto de la manipulación intertextual de una multiplicidad de convenciones de estilo. La diferencia entre la masculinidad de un machito español y la de un sofisticado drag king no reside en el carácter de artificio de esta última, sino en el grado de conciencia performativa. El drag king se sabe artificio mientras que el machito prefiere seguir ignorando los procesos teatrales y políticos que producen su consistencia cultural. Dicho de otro modo, el machito español es una identidad kitsch, mientras que el drag king es camp. En los años 80, el artista Del (entonces Dela) LaGrace Volcano comienza a fotografiar la cultura butch-fem y lesbiana S&M del club londinense Chain Reaction y produce Love Bites. Al mismo Se necesita un verdadero entrenamiento para sostener esta auto-interrogación y evitar la categorización. Bueno, se puede utilizar la categorización pero se debe dejar abierta. Sí, soy judía. Pero ¿realmente sé lo que significa ser judía? No, no lo sé. Soy una judía que no sabe lo que es serlo. ¿Es esto lo que es ser judía? Sí. ¿Sabes? Se pueden hacer las dos cosas. No voy a negar ninguna categoría porque me sitúe en una posición minoritaria, pero tampoco voy a decir que esa categoría tiene la última palabra sobre quién soy yo. Confío en mi capacidad de mantener una relación crítica con las cosas que más aprecio. Criticar no significa destruir, sólo podemos criticar lo que valoramos. Debo tiempo, Diane Torr, artista y performer, pone en marcha los primeros Talleres de Drag King en Nueva York. El trabajo de Diane Torr, centrado en la toma de conciencia del carácter performativo del género y en el re-aprendizaje corporal de la masculinidad, aparece como un verdadero espacio de transición entre la cultura de la performance feminista americana de los años 70 y la cultura drag king específicamente queer de los Las estéticas de resignificación ‘queer’ emergen con las oleadas de homofobia por la crisis del sida 90. Se trata, según Torr, de crear a través del aprendizaje teatral de la masculinidad un nuevo territorio para la experiencia del cuerpo que ha sido vetado a las mujeres en función de una distribución política del género. Torr muestra que mientras que un verdadero hombre se sienta con las piernas abiertas ocupando un máximo de espacio, una verdadera mujer cruza púdicamente las piernas hasta volverse cuasi-plegable. La masculinidad es, según este análisis performativo típicamente butleriano, un principio de extensión, mientras que la feminidad aparece como una obligación de pliegue, y en el límite, afirma Diane Torr, una forma de “discapacidad y de invisibilidad”. Para Diane Torr, este aprendizaje teatral de la masculinidad genera una redefinición de los límites entre lo privado y lo público, transformando el espacio de acción política y sexual del cuerpo. Durante los años 90, Del LaGrace Vol- cano y la teórica Judith Halberstam documentan las escenas de la cultura drag king de Londres, Nueva York y San Francisco que darán lugar a la publicación de The Drag King Book. La importancia del proyecto común de Halberstam y Del LaGrace reside en que tanto la representación como el discurso en torno a la cultura lesbiana, butch-fem y king no provienen de lo que podríamos llamar, con la expresión de Monique Wittig, la antropología o la sociología hetero sino que son el resultado de un proceso de autorepresentación y autonominación. Se afirma así una cultura de producción de visibilidad maricobollera y trans en torno a la que trabajan inmunerables artistas y colectivos como Split Britches, The Five Lesbian Brothers, Shelly Mars, Bridge Markland, Antonia Baehr, Los Kings del Berry o el colectivo español Orgía, que lejos de conformarse con el reciclaje paródico de los códigos dominantes de género, aspiran a la produción de cuerpos y subjetivades disidentes. En definitiva, si fuera necesario hablar de un artivismo queer habría que asegurarse de no hacer de esta denominación un vector naturalizado. Del mismo modo que la categoría de mujer no explica ni agota el arte feminista, el artivismo queer no reúne a los artistas gays, lesbianas o transexuales como si de ciertas identidades sexuales emanara de forma espontánea una estética determinada, o como si, como quería Susan Sontag, los parias sexuales de nuestra sociedad constituyeran una cierta aristocracia del gusto, sino que más bien indica la capacidad crítica de un conjunto de estrategias de intervención en el ámbito de producción de la sexualidad como espacio de visibilidad pública. | mantener ciertas cuestiones abiertas como una forma de rehusar el dogmatismo y el sentido común. No quiero tener nada que ver con el status quo. Sí, produce cierta ansiedad pero también abre una posibilidad. Creo que vivimos en un mundo en el que las personas sienten que las posibilidades se están cerrando mucho, así que abrir posibilidades es como romper la trama del mundo que damos por hecho. Si dejo de hacerlo siento que deja de haber un futuro. Así que es en nombre del futuro, ¿sabes? No puedo satisfacer a los que me piden que me identifique. Si les diera satisfacción dejarían de leerme. BIBLIOGRAFÍA JUDITH BUTLER Mecanismos psíquicos del poder CÁTEDRA, 1997 El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del ‘sexo’ VV.AA. Gay saber. Introducció als estudis gais i lèsbics PAIDÓS, 2003 2000 Lenguaje, poder e identidad J. Butler, Ernesto Laclau y Slavoj Zizek Contingencia, hegemonía, universalidad PAIDÓS, 2001 SÍNTESIS, 2004 El grito de Antígona Deshacer el género ROURE, 2001 PAIDÓS, 2006 LLIBRES DE L'ÍNDEX, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 2003 LA ENTREVISTA SE REALIZÓ EN PARÍS EL 20 DE JUNIO Martes 26 19.30 h. Horacio Ruíz Iglesias presenta su “Guía Práctica de Hipnosis. De las técnicas básicas a la regresión”. 20 19.30 h. 19.30 h. Presentación del libro “La realidad de una diferencia: Los superdotados” septiembre de Sandra Tarragó, Mercè Martorell y Susana Arroyo. Miércoles 27 19.30 h. Presentación del libro “Expediente X: En honor a la verdad” de Sara Martín Alegre, profesora de Literatura Inglesa de los siglos XIX y XX, y Estudios Culturales en la Universitat Autònoma de Barcelona. 21 19.30 h. Presentación del libro “¿Qué podemos aprender hoy de Mozart?” Jueves de Juan Martínez-Val. 28 19.30 h. Presentación del libro “No sólo las alas sirven para volar” de los escritores Josu García, Marga García y Orestes Amores. www.elcorteingles.es ...y en octubre, empiezan el Taller Literario de los lunes y los cuentacuentos infantiles de los sábados por la mañana.