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Una discusión a cerca traducciones.

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  • 1. UNA LECTURA CRÍTICA DE LA BIOÉTICA LATINOAMERICANAGermán Calderón LegardaIntroducción - Identificando una perspectiva de acercamientoEl título de éste artículo puede parecer pretencioso y el cargo no sería del todoinfundado; tal vez se pueda matizar un poco diciendo que la intención no es aquí rehistoriar la Bioética en América Latina sino destacar algunos de sus rasgos mássobresalientes y cómo las fortalezas o debilidades de éstos han influido en desarrollosposteriores. Cualquier verdadero intento serio de crítica tiene necesariamente que serdialógico y por lo tanto esta en deuda desde el comienzo con quienes nos suscitan laspreguntas. En este sentido debe entenderse que si se propone una lectura crítica, estotambién es un homenaje a todos aquellos que hincaron la reflexión Bioética en AméricaLatina. No se asume aquí que sería interesante ni tampoco posible aconsejar a estosautores sobre cómo “debió haber sido el comienzo de su trabajo en Bioética en estecontinente”. Esto está fuera de lugar. La vía que se sigue aquí es diferente; se proponeque partiendo del reconocimiento de la importancia de su labor podamos sugerir unalectura del desarrollo de la Bioética en América Latina con sus fortalezas y debilidadesy sobre todo siendo propositivos sobre la forma y contenidos que ese desarrollo debetener hacia el futuro. La historia de la Bioética en nuestro continente se ha comenzadoya a escribir y a re-escribir, y hoy tenemos la posibilidad de escuchar “otras voces”1 queconstituyen su prehistoria. No podemos sino sentir admiración y respeto por aquellosque la iniciaron pero precisamente por esto le rendiríamos un pobre homenaje siconvirtiéramos nuestra reverencia en sacralización, y nuestras preguntas en fórmulas yaconvenidas en buena parte, si por algo esta presente la Bioética en nuestro continente esprecisamente, porque quienes la iniciaron buscaban profundizar el ejercicio de lacapacidad crítica. La misma con la que podemos hacer hoy una lectura de su trabajo.Reconociendo el trabajo de los pioneros del humanismo médicoMás que una tendencia definida lo que se podría ver en la fase inicial es una situacióncompleja en donde la Bioética se va gestando como un movimiento que aparecediscretamente al comienzo y que responde a una inquietud ciertamente justificada de darrespuesta no solo a problemas “académicos” sino a problemas “reales” en un escenariocomplejo no ajeno a los conflictos sociales y políticos presentes en el continente. Porconsiguiente, no es casualidad que la tensión entre una posible adopción crítica de unaBioética Norteamericana con su énfasis en la autonomía y los derechos individuales delpaciente y una actitud mucho más paternalista, en la que predominaba una visióncatólico-romana en la práctica médica, se hiciera presente al comienzo de estemovimiento, como bien lo anota J. A. Mainetti 2.La búsqueda de un “humanismo médico” no siempre originado en una tradiciónanglosajona alimentó la reflexión sobre la práctica social de la medicina. Es méritoentonces de quienes lideraron este movimiento el haber involucrado en la reflexión,tanto de la tradición mediterránea de una antropología médica filosófica (Laín1 Lolas llama la atención sobre el hecho de que hay “otras voces” de la Bioética presentes en tradicionescomo la de la antropología médica de la escuela de Heidelberg de esta manera se mantendría la pluralidadde enfoques que ha caracterizado a esta disciplina. Es importante anotarlo porque con frecuencia se pasapor alto que el nombre de la Bioética tiene un largo pasado incluyo una prehistoria. (véase: Lolas Stepke,Fernando. Bioética y antropología médica. Santiago: Mediterraneo, 2000. p. 49)2 Mainetti, José Alberto. Desarrollo de la Bioética en América Latina. En: Revista electrónica deBioética. Año I, No.1 agosto de 2005
  • 2. Entralgo), como los aportes más específicamente bioéticos de quienes desdeNorteamérica se ocupaban de las humanidades médicas (J.T. Engelhardt, E. Pellegrino).No es este el lugar para calificar ese intento de constituir una forma de pensamiento,sino más bien para señalar que lo que con el paso del tiempo se constituyó como unaBioética Latinoamericana (la expresión puede tener varios sentidos) tuvo desde elcomienzo un alto contenido de reflexión teórico-filosófica y en ocasiones filosófica-jurídica (médicos humanistas). Esta percepción, que se expone aquí de una manera muygeneral, controvierte un poco la tesis de que la ausencia de una tradición filosóficaLatinoamericana retardaría la llegada de la Bioética3. Al respecto cabe destacar trescosas:1. ciertamente quienes iniciaron el movimiento de las humanidades médicas yposteriormente la Bioética no eran filósofos profesionales en el sentido en el sentido enque esto se entendería hoy, pero eran personas con una buena formación intelectual,enmarcada dentro de una tradición humanista en su sentido clásico.2. los elementos teóricos estuvieron presentes desde el comienzo y esto ha reflejado enel modo de hacer Bioética en Latinoamericana, un poco más flexible y amplia, con lasfortalezas y debilidades que esto ofrece.3. las realidades políticas y sociales Latinoamericanas no fueron ajenas a éste tipo dereflexión, por mucho que algunos de los protagonistas de la naciente Bioética quisieranadoptar el modelo de la Bioética Norteamericana.Un Ethos particular, no siempre conducente a la demarcación estricta de problemas, ni ala especialización disciplinaria, ni ajena a la inclusión de problemas sociales que enotras latitudes no se reconocían como pertenecientes a la Bioética, le dio a este tipo dereflexión cierta apertura en nuestro continente. Aunque puede resultar polémico y enocasiones so pena de sufrir los riesgos de una generalización sin más, se podríandescribir tres rasgos característicos de la naciente Bioética Latinoamericana que aunquemucho más matizados, se mantienen hoy en día para bien o para mal: 1. El carácter teórico estrechamente vinculado a las “humanidades”. 2. Un carácter bastante incluyente que favorece la participación de un amplio grupo de temas y problemas. 3. El carácter de movimiento social que acompaña ciertas formas de activismo. Aquí se pueden encontrar discursos de diferente tenor por ejemplo que van desde unas perspectivas feministas que defienden los derechos de las mujeres o de las minorías étnicas, las preocupaciones ecológicas o la defensa de los gremios, particularmente los profesionales de la salud, quienes se vieron avocados a reflexionar sobre el universo social y político que albergaba la práctica de sus profesiones en parte como consecuencia de lo que ellos mismos denominaron la proletarización de la medicina.En ocasiones los intereses que alimentan el ejercicio de la Bioética no han sidopuramente intelectuales sino que han tenido que ver con otros factores. Pero esto no leresta importancia al ejercicio de reflexión, ni justicia a las causas que se hayandefendido aquí. Hemos dicho ya que la historia de la Bioética en América Latina hasido o por lo menos a comenzado a ser escrita, desde diversos autores y épocas: JamesDrane, Pedro Laín Entralgo, Diego Gracia, Alfonso Llano, José A. Mainetti y FernandoLolas, todos ellos también protagonistas de primera línea.3 Parece un poco simplista la tesis de que la falta de una participación visible de los filósofos en lapromoción de la Bioética en la región se deba a la falta de una tradición filosófica fuerte en Latinoaméricay el Caribe. Este punto de vista lo sostiene Patricio R. Figueroa y Hernán Fuenzalida. Bioethics in Ibero-America and the Caribbean. En: The Journal of Medicine and Philosophy. Vol. 21, No. 6 December 1996,p. 611-627
  • 3. Una respetuosa mirada retrospectivaSeguramente que al mirar en retrospectiva lo que se considera como la restauración dela Democracia favoreció el resurgir de debates más amplios y deliberaciones sobre elethos médico y los sistemas de salud, de la misma manera que la introducción de nuevastecnologías médicas posibilitaba un escenario que reflejaba el de la BioéticaNorteamericana. Pero por supuesto solo parcialmente, pues la constatación de lasrealidades de éste continente de profundas inequidades y diferencias en la calidad devida, donde es posible encontrar en una misma ciudad una unidad de cuidadosintensivos altamente sofisticada y un hospital en las zonas deprimidas sin los elementosbásicos para la atención debió haber generado algún tipo de conflicto moral, yseguramente fue claro para quienes lideraban la reflexión Bioética en aquella época queuna Bioética Latinoamericana no podría ser un simple reflejo de la Bioética hecha enNorteamérica. Ello sin contar con que aún los Estados Unidos de América tienen supropio universo tercermundista como quedó claro después de Nueva Orleáns; de similarmanera un buen número de ciudadanos estadounidenses no están protegidos por elsistema de salud. Esto para anotar que los problemas de pobreza e injusticia tienen lugaren el mundo desarrollado.Pero volviendo al universo de América Latina, debió sentirse entonces la inevitabletensión entre una apuesta por los derechos individuales de corte marcadamente liberal,tan importantes para el ethos médico norteamericano, y los derechos económicos ysociales, denominados de manera un poco imprecisa de segunda generación y queconstituían buena parte de las preocupaciones del devenir político latinoamericano.Quienes luchaban por instaurar la Bioética no carecían de sensibilidad moral.Seguramente sabían que no podían plantear una Bioética que fuera simple reflejo de lanorteamericana o la europea, ajena a las realidades de sus países. Pero tampoco podríanabandonar la posibilidad de beneficiarse de un nuevo campo que al menos intentabaacortar las distancias entre las ciencias y las humanidades.En realidad es mérito de hombres como Mainetti en Argentina, Augusto León enVenezuela, Alfonso Llano, S. J. y Fernando Sánchez Torres en Colombia, ArmandoRoa en Chile, Manuel Velasco-Suárez en Méjico, y desafortunadamente, quedanmuchos sin mencionar aquí y la única manera de defenderse de esa omisión es decir queesta historia ha sido mucho mejor contada en otra parte4 y que el propósito de esteartículo no es historiar la Bioética. Pero estos hombres tuvieron la intuición básica deintegrar las humanidades y las ciencias sociales a la teoría y la práctica médicas en suspropios contextos políticos y geográficos a la vez que beneficiarse del nuevo fenómenocultural de la Bioética. Aunque dada su para entonces reciente creación, no siempre sepodría demarcar suficientemente el ámbito de su problemática.A partir de aquí se podrían ya visualizar ciertas tendencias que respondían a lanecesidad de situar interdisciplinariamente el análisis de algunos problemas comunes anuestros países. Quizá 20 años después se puede intentar el ejercicio retrospectivo demirar cómo se ha evolucionado en ese proyecto de consolidar un movimiento BioéticoLatinoamericano.4 Lolas Stepke, Fernando. Bioética: el diálogo moral en las ciencias de la vida. Santiago de Chile:Universitaria, 1998. Mainetti, José Alberto. Desarrollo de la Bioética en América Latina. En: Revistaelectrónica de Bioética. Año I; No.1 Agosto de 2005. Veáse además: The Journal of Medicine andPhilosophy. Vol. 21, No.6; December 1996
  • 4. Este ejercicio, claro esta, debe hacerse de forma respetuosa; quienes comenzaron lareflexión bioética no tenían las ventajas comparativas de quienes se inician hoy en día:instituciones dedicadas a la enseñanza de la Bioética, portales en la red, bases de datos,bibliotecas especializadas, congresos y seminarios de Bioética. Es decir, toda unanormalización de la disciplina en parte como consecuencia de su impulso inicial en elque indudablemente se hubo gran coraje y persistencia. El ejercicio de retrospectivadebe servirnos también para reflexionar sobre el presente de la Bioética y proseguirhacía una prospectiva que contenga los elementos críticos necesarios - incluso quepostule un deber ser de la Bioética - , permitiendo que coexistan diversas concepcionesde ella que puedan entrar en diálogo y que aprovechen la experiencia del caminorecorrido.La emergência de la reflexión bioética acerca de cuestiones latinoamericanasEn este sentido, es indudable que la Bioética confrontó a los médicos y en general a losprofesionales de la salud con las realidades políticas y económicas en las que estabainmersa su práctica profesional. En algunos casos como en Colombia las asociacionesde enfermeras profesionales jugaron y continúan haciéndolo un papel fundamental. Sibien es cierto que la reflexión Bioética permitió poner en el centro de la preocupación eltema de los derechos de los pacientes y por supuesto aquí no solo, los asuntos deautonomía y beneficencia. Los asuntos más globales de justicia sanitaria, acceso a losservicios básicos, políticas de salud pública, aunque no completamente desatendidos, nolograron, ni han logrado, articularse en una reflexión más profunda y duradera en la quela Bioética logre ser un mediador de los resultados del diálogo entre la economía, lassalud como bien público (public good) y las teorías de la justicia5. Quizás un excesivoénfasis en el principialismo o mejor en ciertas lecturas del principialismo, haconfundido un poco la mirada, pues no permitía ver que toda discusión sobre la justiciasanitaria debe ser referida y contextualizada con respecto a las realidades del mundo endesarrollo y las relaciones internacionales. La justicia entonces no puede verse como unprincipio entre otros, sino que, dejando provisionalmente de lado el tema de lasjerarquías entre principios, es el gran tema por resolver en nuestras sociedades6.De manera independiente algunos autores han sostenido que la Bioética no realiza unasuma simple de dos o más conocimientos para obtener un tercero 7. Se requiere muchomás y en el caso específico de la justicia sanitaria, hace falta una mayor articulación yprofundización en la relación entre la economía, la fármaco-economía, la filosofíapolítica y la salud pública, entre otras, para que las herramientas de análisis sean muchomás precisas. Es cierto que la Bioética Latinoamericana mostró desde el comienzo unacierta inclinación por los asuntos globales. Pero esto no debe sorprendernos y es sin5 Para un buen recuento del debate contemporáneo véase: Gargarella, Roberto. Las teorías de la justiciadespués de Rawls: un breve manual de filosofía política. Barcelona: Paidós, 1999.6 Una perspectiva que nos advierte sobre el error de imitar el modelo principialista en América Latinapuede encontrarse en: Berlinguer, Giovanni. “Bioethics, Power and Justice, en: Benatar, S. et al.Bioética: Poder e injusticia , ediciones Loyola, Brasíl, 2003. Y Garrafa, Volnei & Machado Do Prado,“Hard Bioethics: demanding the best for the most” en: Perspective in Health Magazine, PAHO, Vol. 7,No. 1, 2002.7 Calderón Legarda, Germán. La ambivalencia de la Bioética: cinco tesis para superar la vergüenza. En:Orientaciones Universitarias. No. 35; marzo de 2004. Y Garrafa. Volnei. Multi-inter-transdiciplinariedad, complejidad y totalidad concreta en bioética. En: Coor. Garrafa, Volnei et al.Estatuto epistemológico de la Bioética. México: Instituto de investigaciones Jurídicas: RedLatinoamericana y del Caribe de Bioética de la UNESCO, 2005
  • 5. lugar a dudas, un signo esperanzador hacia desarrollos futuros. Aunque suene trivial yse ha repetido tantas veces que la Bioética es “una ética de la vida” que nos obliga atener una mirada integradora y esto llega a constituirse en una actitud moral loable.Después de todo la Bioética debe servirles a los ciudadanos de la POLIS y contribuir ala creación de un “ethos comunitario”. Sin embargo, hay que tener muy presente que lasola apelación a ideales morales, como la equidad y la justicia social no constituyen ensí mismo un análisis riguroso de la realidad que sirva para profundizar en elconocimiento de ella y que eventualmente nos ayude a transformarla. No le falta razón aF. Lolas cuando expresa que la “simple enunciación de buenos fines- la Bioética lostiene- parece bastar para atribuirle pureza de medios a quienes dicen cultivarla” lo cualno siempre es el caso. La noción de una disciplina intelectual con sus correspondientes“sabios, expertos y políticos” necesita ser clarificada en una campo tan lábil como elque la Bioética ha demostrado ser8 y que “las luces intelectuales no son garantía debondad moral. Pero ésta tampoco lo es de pensamiento riguroso”9.La afirmación de ideales morales y el risco del “panfletismo” bioéticoLa apelación a principios muy generales y sobre todo a la suplantación del análisisético- político riguroso, así este se haga con las pesadas herramientas de una pluralidadde lenguajes y saberes que no se comunican entre sí con facilidad-, por la meraenunciación de ideales morales, como la condena a la injusticia y la denuncia de lainequidad, no siempre conducen a un avance real. Más aún, cierto panfletismotercermundista que todo lo condena sin más, puede ser sumamente dañino, pues noslleva al engaño de creer que la simple denuncia de la pobreza que padecen los países delsur, el daño medioambiental, o la injusticia en las relaciones internacionales, seconstituyen sin más en un aporte intelectual. No basta con repetir un lenguaje“políticamente correcto” para considerar que se ha avanzado en el análisis, o que estorealmente contribuya a dinamizar los movimientos sociales a favor de alguna causa.Sorprende a veces encontrar en algunos foros y congresos de Bioética, por fortuna no entodos, la repetición de lugares comunes, acompañados de expresiones de aparenteasombro por los ataques a la dignidad e integridad humana, en alguna parte del planetao en nuestros propios países.No obstante, esto no debe ser motivo de desaliento; las preocupaciones globales le hanpermitido a quienes se ocupan de la Bioética, situarse mucho más en el contexto de unarealidad difícil, a veces incluso azarosa, que no puede simplemente ser pensada desde elethos liberal Norteamericano. Cuando se hable en América Latina de equidad derecursos sanitarios y admitiendo que lograr precisión sobre esto sería ya una ganancia-,el tema de la justicia no puede entonces ser un principio entre otros como pareceríansugerir algunas lecturas del principialismo. Quizás el gran tema de la justicia debaincluir no solo su sentido distributivo sino también su sentido restaurativo y reparativo,al menos en aquellas regiones en donde los ciudadanos han sido victimizados por laviolencia de un conflicto armado. Que ciertos ideales morales - para dejar de hablarprovisionalmente de principios y valores - estén presentes en el desarrollo de la BioéticaLatinoamericana no es un defecto sino más bien una virtud. Lo preocupante es que estoconduzca a ciertas formas de proselitismo a veces demagógico, que pretenderíasuplantar el análisis serió y sereno de los problemas con la repetición de meras8 Lolas Stepke, Fernando. Rehistoriar la Bioética en Latinoamérica. La contribución de James Drane.En: Acta Bioethica. Vol. 11; No. 2, 2005. p. 162.9 Ibid., p.163
  • 6. consignas. Por lo demás, en tanto pueda hacerse un uso adecuado del análisis, productode las diversas disciplinas que se imbrican y se mantenga el rigor de los discursosacadémicos, no se ve porque la Bioética no ha de alimentar cierto tipo de activismo ociertas aspiraciones de reforma social o incluso contribuir a lograr una legislación másadecuada sobre ciertos temas. A este respecto es ya muy conocido el casi endémico malde nuestras sociedades latinoamericanas, que se presenta desde los albores de nuestrasrepúblicas: los desarrollos jurídicos no coinciden o no parecen estar pensados para lasrealidades que se viven. No sin razón expresaba hace poco un reputado genetistacolombiano que se estaba legislando en ese país y probablemente en otros, sobreclonación de seres humanos, sin haber obtenido un comprensión básica de lo quesignificarían estos procedimientos y sus posibilidades reales de aplicación. Anecdótico einexacto como puede aparecer refleja sin embargo una realidad que acompaña la formacómo se procede a discutir, decidir y a veces legislar sobre ciertos temas. Tampoco esaquí aconsejable encoger los hombros ante el peso de nuestro supuesto “realismomágico”, ni apelar a nuestro “tropicalismo”, pues estas son caricaturas que resultandañinas. Pero si es necesario recordar que muchos de los debates que llevan el adjetivode bioéticos, además del sensacionalismo mediático que suelen traer consigo,desconocen en buena medida los hechos científicos relevantes y los problemas éticosque están involucrados.La apertura de la Bioética hacia los grandes temas de la vidaLa inclinación a examinar los temas de biotecnología, el impacto medio ambiental y lasimplicaciones de las prácticas de los profesionales de la salud dentro de sistemasestatales o privados hacen que la Bioética se exprese como movimiento cultural ypolítico y que de paso obtenga una gran repercusión mediática que puede a veces causarconfusión; en este sentido debe celebrarse que ya haya tenido lugar la etapa queMainetti denomina “recreación”, que corresponde más bien al comienzo de lainstitucionalización de la Bioética en América Latina al comienzo de los años noventa yque ha sido un proceso que muestra rasgos comunes, pero que también revela lasparticularidades de cada país.Mainetti, por otro lado, sostiene en su excelente artículo que la “Bioética se haconvertido en la arena de nuevos desafíos de América Latina. Una aparenteuniformidad esconde ricas y heterogéneas actividades”. No solo las influenciaseuropeas y cristiana sino las tradiciones intelectuales indígenas son muy importantes enel desarrollo de la Bioética Latinoamericana. Ésta no tiene su propia filosofía como laangloamericana parece tener, pero sí tiene su propia literatura y estilo narrativo”.10Una forma de darle viabilidad a esta lectura podría ser interpretándola como un llamadode atención del autor sobre la necesidad de integrar diversos enfoques y abordar laBioética con la actitud respetuosa de quien esta dispuesto a pensar y actuar en unasociedad multicultural. A parte del discurso hoy por hoy, mucho más articulado de lasciencias medioambientales, la antropología cultural y el esfuerzo hecho por algunossectores en aras de comprender la medicina y prácticas comunitarias de los pueblosindígenas, no se puede decir que estas tradiciones hayan hecho parte del desarrollo de laBioética Latinoamericana. Ciertamente es muy importante llamar la atención sobre esto,pero habría que reconocer que es una tarea aún pendiente. Más interesante resulta aúnque se proponga la literatura y el estilo narrativo como fuentes de conocimiento. Desdeuna perspectiva cercana pero no igual, Fernando Lolas ha propuesto que la Bioética sea10 Mainetti, José Alberto. Desarrollo de la Bioética en América Latina. En: Revista electrónica deBioética. Año I, No.1 agosto de 2005
  • 7. considerada como narrativa crítica11. La Bioética se concibe así ante todo como undiscurso antidogmático, es decir, un discurso esencialmente crítico que se caracterizapor una actitud dialógica que permite la pluralidad y la discrepancia. La Bioética desdeesta perspectiva desarrollaría una meta narrativa que puede “horizontalizar” losargumentos y por tanto, develar la arquitectura axiológica de quienes participan en eldialogo.Constituye por cierto un reto muy sugerente el pensar que quien hace Bioética es unexperto que sabe “traducir discursos”. Esto es sin duda una bella imagen y en realidadun proyecto (probablemente alcanzable) para los bioeticistas del futuro más que unarealidad presente, pero es difícil no estar de acuerdo con Lolas12 en cuanto al papelmediador de la Bioética que se sugiere aquí. La Bioética posibilita el dialogo entresaberes y disciplinas y se podría decir también “entre realidades”13. En este sentido espor lo menos comprensible el temor de Victoria Camps al expresar que el término“Bioeticista” sea un híbrido que quiere unir al científico y al humanista, pues según ellalo que en realidad debe hacerse desde la Bioética es mantener el diálogo “propiciando lacomprensión entre lenguajes y mundos que han evolucionado independientemente eluno del otro”14. Independientemente de que aceptemos o no las dudas de Camps sobreel término Bioeticista, es más difícil tenerlas sobre el papel de la Bioética en laimbricación práctica de hechos y valores, y resulta estimulante y por que no decirloliberador que se piense la Bioética como una herramienta o conjunto de herramientasconceptuales que permiten el dialogo entre disciplinas y entre diversos sectores de larealidad. Por ello, no puede ser la mera aplicación de principios abstractos a situacionesconcretas. El término ética aplicada ciertamente confunde las cosas; tampoco bastaaquí la simple apelación al relativismo cultural o a formas de contextualismo sin más,pues un relativismo ético cultural extremo puede resultar tan vacío como laabsolutización de principios con pretensiones de validez universal. La Bioética debeoperar con conceptos que admitan matices, zonas grises, interpretaciones y énfasisdiferentes. Sabemos que nociones como la dignidad y el respeto mutuo están presentesen todas las sociedades y que las relaciones filiales, por ejemplo, juegan un papel muyimportante, pero la estructura y forma que estas toman varían grandemente de uncontexto cultural a otro. Aunque el ejemplo es muy elemental, nótese los múltiplessignificados que puede tener el término familia en contextos geográficos diferentes, enocasiones dentro de un mismo país. De similar manera, hay sociedades en donde losancianos o si se prefiere los adultos mayores, son consultados para las decisiones másimportantes y otras sociedades en donde no son tenidos en cuenta bajo ningunacircunstancia — lo que sucede aquí es que diferentes sociedades tienen percepcionesdiferentes de lo que consideran valioso pero todas hacen valoraciones de algún tipo.Esta no es la instancia para definir un deber ser de la Bioética, pero hay que tenerpresente que nuestros conocimientos siempre falibles e insuficientes de diferentescontextos culturales deben permitirnos optar por un relativismo moderado pues lasaspiraciones comunes de la humanidad que suelen denominarse “valores universales”no dejan de estar presentes de alguna manera y se puede incluso afirmar que desde unaposición de absolutizar el relativismo es muy difícil plantear cualquier cosa. Es aquí endonde la reflexión Bioética ejerce su primera gran mediación, no aceptando la11 Lolas, Op. cit., p.59.12 Ibid., p. 6613 Calderón, Op. Cit., p. 109.14 Camps, Victoria. Una vida de calidad: reflexiones sobre bioética. Barcelona: Ares y Mares, 2001, p.229.
  • 8. imposición de principios absolutos, pero tampoco se paralizando o se extraviando antela pluralidad de culturas y modos de vida15.De esta manera se puede comprender que una Bioética formulada desde el Ethos liberalclásico del principialismo Norteamericano resulta un tanto exótica aunque no por ellodebe dejar de estudiarse, en un contexto Latinoamericano más próximo a las tradicionescatólicas y mediterráneas. Como bien lo anota Lolas, “uno de los grandes problemasderivados de ‘importar’ disciplinas intelectuales consiste precisamente en que puedenser difícilmente harmonizables con la tradición y cultura locales” 16Nótese que aquí no se trata de una teoría de la verdad, de decidir si la verdad está en elprincipialismo, o en una “ética de situación,” sino en el intento de deliberar sobreaquello que puede iluminar o no una sociedad o una época determinada (a veces sueleolvidarse la dimensión temporal en los debates éticos), desde una teoría particular.Dimensionar desde otros contextos culturales que puedan compararse entre si, examinarsus fortalezas y debilidades argumentativas, dilucidar porque funcionan en ciertoscontextos culturales y no en otros, comparar cómo se hacen compatibles o no con otrastradiciones intelectuales; es éste un ejercicio honesto, que no sólo no debe ser ajeno a laBioética sino que, quizá sea éste ejercicio deliberativo su función principal.Por otro lado, no debe dejar de observarse que continúa en la literatura BioéticaLatinoamericana y aún el la europea una fuerte tendencia a utilizar el término dilemaético. Los dilemas o bien conducen a nuevos problemas, en cuyo caso se diluyen, obien colocan a quien intenta resolverlos en situaciones que implican un saldo trágico, endonde los resultados de ninguno de los cursos de acción considerados parece sersatisfactorio. Aquí habría de ser más cuidadosos. Estrictamente hablando, la Bioéticaexamina problemas que contienen tanto elementos valorativos como elementosempíricos; tanto lenguaje descriptivo como lenguaje prescriptivo. Quienes de entradabautizan todos los problemas bioéticos como dilemas corren el riesgo de tomar rutas sinsalida. Hace algunos años uno de los más altos funcionarios del Ministerio de Salud dealgún país Latinoamericano afirmó que si él llegara a encontrarse en el “dilema“ deproveer la dosis necesaria de medicamentos a un paciente adulto con VIH-SIDA oaplicar vacunas a un grupo de niños para prevenir la ocurrencia de algún tipo deenfermedad conocida, él optaría por esto último. Quizá muchos pensaban con el locuazfuncionario que esto era un dilema bioético. Pero si se analiza más cuidadosamente, severá que no existe ningún dilema, sino la descontextualización simple y llana deproblemas que tienen que ver con la distribución de recursos en general. De igualmanera el mencionado funcionario podría haber tenido un dilema entre proveer sistemasde agua potable para algunas poblaciones o invertir en los estudios de especialidadesmédicas de algunos estudiantes de las universidades estatales. El manejo casi dramáticode estos dilemas “insolubles,” aunados a la espectacularidad mediática con la que sontratados, no contribuye mucho a una mejor comprensión de la realidad. Los problemasque enfrenta la Bioética son de una naturaleza compleja, requieren del concurso de másde una disciplina, tienen con más frecuencia que no cierta “urgencia” de ser resueltos, ylo que se busca no es solo realizar una discusión teórica sobre principios generales (lo15 Dos filosofas contemporáneas que han defendido la existencia de valores universales pero conpropuestas que son a la vez respetuosas de la pluralidad de culturas y formas de vida son Martha C.Nussbaum (Women and Human Development: the capabilities Approach. New Cork: CambridgeUniversity Press, 2001. p. 34 -110) y Ruth Macklin (Against Relativism: cultural diversity and the searchfor ethical universals in medicine. New York: Oxford University Press, 1999. p. 109 y siguientes. Véasetambién: Heller, Agnes. Mas allá de la justicia. Barcelona:Critica, 1990. p. 11 – 66.16 Lolas, Op. cit., p.69.
  • 9. que en sí mismo es muy importante) sino, y sobre todo, ofrecer criterios para poderoptar por ciertos cursos de acción. Por otro lado, si se habla de los dilemas como losproblemas que quedan una vez analizada la situación inicial, entonces el papel de laBioética será aquí útil en tanto despliegue las herramientas conceptuales necesarias paraanalizar y responder a situaciones particularmente difíciles, en donde se mezclen juiciosvalorativos, normativos y juicios de experiencia17.La búsqueda del estatuto epistemológico de la bioéticaQuedan muchos otros asuntos por examinar. Uno de ellos y que muestra alentadoressignos de madurez a través de un debate hoy por hoy, mucho más centrado y enfocadoen los asuntos de fondo, es el del estatuto epistemológico de la Bioética. Sobre esto yapuede registrarse la existencia de productos de reflexión colectiva. 1 Si bien es cierto quedespués de más de treinta años de existencia de la disciplina en el mundo y cerca deveinte años en América Latina, sería demasiado ingenuo pretender encontrar unaEpistemología de la Bioética concebida de manera unívoca. Primero porque esta es undisciplina aún en construcción. Pero además y sobre todo, porque no hay un solo objetode conocimiento definido del que se ocupe la Bioética, que excluya a otros.Tampoco los problemas de los que se ocupa son exclusivos de ésta, pues es claro quenecesita del concurso de otras disciplinas. Si la Bioética ha de reflexionar sobre suestatuto epistemológico y su quehacer como disciplina, esto tendrá que hacerse en ladinámica work in progress, en un movimiento progresivo en donde sea posible revisarpresupuestos y, si es el caso, formular nuevas posibilidades epistémicas, sin que estotenga que paralizar el rigor y el valor de los análisis que se hagan, ni el contacto fluidocon otras disciplinas. Al igual que las obras en construcción, hay que procurar que éstaspuedan hacerse sin afectar el tráfico de la ciudad.La cuestión del estatuto epistemológico de la Bioética no es producto de un acuerdo nillegó a ser el resultado de un ejercicio que la orientara explícitamente hacia esto. Másbien es un encuentro de diferentes discursos que tienden a horizontalizarse. Estopermite una ampliación de los horizontes cognitivos pero no debe identificarse con laimplementación acabada de una práctica interdisciplinaria como tal. La estrechaconexión de la Bioética con las ciencias de la vida, la filosofía de la medicina, latradición de una antropología filosófica y la necesidad de reflexionar sobre losdesarrollos biotecnológicos han permitido la producción de un discurso que puede máso menos identificarse o que es identificable, pero nunca se resolvió desde el comienzo elproblema de la inclusión: de los que podría considerarse como perteneciente a laBioética y lo que no.Pero por supuesto la pregunta sobra aquí; nadie ha resuelto ni resuelve de una sola vezla cuestión de lo que puede y qué no puede ser parte de una naciente disciplina; esto seva decantando con el tiempo y lo que la define como disciplina es en buena parte elresultado de los intereses y problemáticas comunes que en un momento dado hanpodido concretarse en un campo de estudios y en discursos que logran afincarse raíces.17 Algunos filósofos se muestran insatisfechos con el énfasis excesivo en la dicotomía hechos y valores.Mouliness, Ulises. Hechos y valores: falacias y metafalacias. Un ejercicio integracionista. En: Isegoria.Revista de filosofía moral y política, No. 33 abril de 1991. Véase además: Rescher, N. Razón y valores enla era científico-tecnológica. Barcelona: Paidós, 1999. pág. 73 y sigs.1 Coor. Garrafa, Volnei et al. Estatuto epistemológico de la Bioética. México: Instituto de investigacionesJurídicas: Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética de la UNESCO, 2005.
  • 10. Probablemente como disciplina la Bioética tenga unos antecedentes más profundos y lesdeba más a otras corrientes intelectuales de lo que normalmente se ha admitido2.Se ha dicho ya que la Bioética no es una suma simple en donde dos o más disciplinasproducen una tercera. Se requiere mucho más para articular un conocimiento que seapor un lado un producto del dialogo entre disciplinas y que por el otro logre acortar lasdistancias entre teoría y práctica. Una buena muestra de éste tipo de reflexión, paramencionar solo unos pocos, nos la dan autores como Miguel Kottow, que enfrenta elproblema de la epistemología moral y elabora una crítica sobre la adopción sin más delprincipialismo en América Latina3; Volnei Garrafa, quien intenta prevenirnos sobreciertas formas de reduccionismo simple, contrario al nuevo paradigma de lacomplejidad4; León Olivé, quien al hablar de la dimensión descriptiva y normativa de laÉtica, Bioética y Epistemología defiende una forma de “normativismo naturalizado”que reconoce que las normas cambian y están dentro de un desarrollo histórico y por lotanto todo a priori es relativo e histórico. Quedando la Bioética vinculada a prácticascognitivas5. Fermin Rolan Schramm admite de entrada que hay muchas versioneslegítimas de la Bioética, pero busca una especificidad de la Bioética en América Latina,pues “la tentativa de dar cuenta de la globalidad de los problemas morales cuando lapraxis humana se refiere a los procesos vitales como un todo, olvida que existen aúnproblemas específicos, como los problemas morales debidos no al desarrollo debiomedicina, sino al subdesarrollo y a la miseria, es decir, no a problemas que sonemergentes dadas las prácticas científicas y tecnocientíficas, sino a problemas quepersisten y son el producto de algo que dependen de otros factores ya conocidos”6. Yesto se constituye en una buena muestra de que el reconocer la realidad de nuestrospaíses del sur no significa perder el rigor académico, ni caer en el parroquialismo derechazar todo lo que venga del mundo desarrollado con el argumento simplista de queesto obedece a formas de imperialismo, sea éste político, económico o cultural.Una observación finalResulta mucho más meritorio reflexionar y entrar en dialogo creativo con otrastradiciones y otras narrativas, y beneficiarse de lo que, como producto de unaapropiación real, pueda enriquecer nuestra mirada y nos permita hasta donde sea posiblecomprender otros contextos culturales. Sin querer extender la metáfora muy lejos, sepodría decir que el dialogo entre culturas es tan difícil que el diálogo entre disciplinas,pero no es imposible. La Bioética Latinoamericana tiene hoy por hoy mucha másconciencia de éste reto y por fortuna tiene un buen número de cultores bien calificados ydispuestos a asumirlo.ReferenciasBERLINGUER, G. Bioethics, Power and Injustice. IN: GARRAFA, V.; Pessini, L.(Orgs.). Bioética, Poder e injustiça. São Paulo: Ed. Loyola e Centro Universitário SãoCamilo, 2002, pp. 45-58.2 Sobre los antecedentes de la Bioética en la medicina antropológica y psicosomática véase: Lolas Stepke,Fernando. Bioética: el diálogo moral en las ciencias de la vida. Santiago de Chile: Universitaria, 1998. p.24.3 Ibid., p. 24.4 Ibid., p. 69.5 Ibid., p. 37.6 Ibid., p. 172.
  • 11. CALDERON LEGARDA, G. La ambivalência de la Bioética: cinco tesis para superarla verguenza. In: Orientaciones Universitárias, n. 35, março de 2004.CAMPS, V. Uma vida de calidad: reflexiones sobre bioética. Barcelona: Arez Y Mares,2001.FIGUEROA, P.R.; FUENZALIDA, H. Bioethics in Ibero-America and the Caribbean.In: The Journal of Medicine and Philosophy. Vol 21, n. 6, December 1996, p. 611-627.GARRAFA, V.; KOTTOW, M.; SAADA, A. Estatuto epistemológico de la Bioética.México: Instituto de investigaciones Jurídicas: Red Latinoamericana y Del Caribe deBioética de la UNESCO, 2005.GARGARELLA, R. Las teorias de la justicia después de Rawls: un breve manual defilosofía política. Barcelona: Paidós, 1999.HELLER, A. Mas allá de la justicia. Barcelona: critica, 1990, pp. 11-66.LOLAS STEPKE, F. Bioética: el diálogo moral en las ciencias de la vida. Santiago:Universitária, 1998.LOLAS STEPKE, F. Bioética y antropologia médica. Santiago: Mediterrâneo, 2000.LOLAS STEPKE, F. Rehistoriar la Bioética em Latinoamérica. La contribución deJames Drane. In: Acta Bioethica. Vol 11, n.2, 2005, p.162.MAINETTI, J.A. Desarrollo de la Bioética en América Latina. In: Revista Electronicade bioética. Ano I, no. 1 agosto de 2005.MACKLIN, R. Against Relativism: cultural diversity and the search for ethicaluniversals in medicine. New York :Oxford University Press, 1999, p. 109ss.MOULINESS, U. Hechos e valores: falacias e metafalacias. Um ejerciciointegracionista. In: Isegoria. Revista de filosofia moral y política. N. 33 abril de 1991.NUSSBAUM, M.C. Women and Human Development: the capabilities Approach. NewYork: Cambridge Univirsity Press, 2001, pp. 34-110.RESCHER, N. Razón y valores en la era científico-tecnológica. Barcelona: Paidós,1999, p. 73ss.

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