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ESPANYA - SEGLE XX. TEXTOS SOBRE LA REPÚBLICA.
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ESPANYA - SEGLE XX. TEXTOS SOBRE LA REPÚBLICA.

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  • 1. TEMA 10 – 14 - 16. ESPANYA – SEGLE XX.1. L’oposició d’ Ortega y Gasset a la monarquia. La dictadura ha sido un poder omnímodo y sin límites que no sólo ha operado sin ley niresponsabilidad, sino que ha entrado en el orden privadísimo, brutal y soezmente [...]. A este hechoresponde el régimen con el gobierno Berenguer, cuya política significa: volvamos tranquilamente a lanormalidad por los medios más normales, hagamos, «como si aquí no hubiese pasado nada» [...]. Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba que con pocos meses degobierno bastarían para hacer olvidar los siete años de dictadura [...]. Pero esta vez se ha equivocado. Éste es el error Berenguer. Al cabo de diez meses, la opiniónpública está menos resuelta que nunca a olvidar lo que fue la dictadura. El régimen sigue solitario,acordonado, corno leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él [...]. Encuentrasólo un general. Éste es el error Berenguer, de que la historia hablará. Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el régimen mismo; nosotros, gentede la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros conciudadanos:¡Españoles, nuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!. Delenda est monarchia (la monarquía está destruida). JOSÉ ORTEGA Y GASSET. El Sol, Madrid, 14 de noviembre de 19302. La Proclamación de la República El 14 de abril de 1931, (en Madrid) obreros, empleados, estudiantes abandonaron susocupaciones: todo el mundo se echó a la calle esperando la proclamación de la República. Alcalá Zamora(futuro primer Presidente) exigió... que Alfonso XIII abandonase España "antes de la puesta del sol". Noobstante los dirigentes republicanos seguían dudando: Sanjurjo (general jefe de la Guardia Civil) les dijoque a qué esperaban: ya no había gobierno, ya no había autoridad y la policía necesitaba saber a quiéndebía obedecer. Entonces, los miembros del Pacto de San Sebastián se dirigieron a la sede del Ministeriode la Gobernación, situada en la Puerta del Sol, ocupada por una muchedumbre que los aclamó. No sincierto temor franquearon el umbral: eran las ocho de la tarde; después de dudar algunos segundos, eloficial de la guardia ordenó presentar armas al gobierno de la República. Aquella misma noche AlfonsoXIII partió hacia el exilio; se fue de España pero no abdicó; conservaba la esperanza de volver contandocon el apoyo de los partidarios que aún creía tener. Joseph Pérez: Historia de España, Barcelona, 1999.3. LA SEGONA REPÚBLICA. En la II República se concentraron todos los grandes problemas que se arrastraban sin resolverdesde hacía cerca de un siglo y que eran los de España entera: la secularización del Estado y de laeducación, la no injerencia del Ejército y de la Iglesia en las decisiones del Estado; una reforma agraria,planteada desde un siglo atrás, que era necesaria para dotar de mayor poder de compra a la masa depoblación y robustecer el mercado nacional; y otra reforma, la autonómica, urgente en los países de laperiferia con identidad más definida; y, en fin, una «culturización» total y renovadora. La Constitución votada en diciembre de 1931 y la legislación de dos años del gobierno deManuel Azaña abrían paso a la modernización política, el principio de soberanía popular y de que todoslos órganos del Estado republicano emanaban del pueblo [...]. La enseñanza fue laica, así como todos losactos de la vida civil (como el matrimonio o los entierros). También se abría el proceso de las autonomíasregionales. La Segunda República fue el primero y único intento serio de modernización del Estado, sentólos principios de igualdad ante la Ley, derechos individuales y sociales. Sin embargo, la aplicación deesos grandes principios encontró la resistencia de los sectores más conservadores. Los grandes temas seconvirtieron pronto en grandes problemas generadores de conflictos que culminarían en una guerra civil. TUÑÓN DE LARA, M. y otros (1992): Transición y democracia, Barcelona, Labor, vol. X**, pp.14-15.4. LA SEGONA REPÚBLICA. El mayor elogio que puede hacerse de la Segunda República consiste, desde luego, en lo queintentó ser. Nunca España había tenido un sistema político democrático y en 1931 intentó llegar a él... Sinduda, parte de las causas del fracaso reside en las peculiaridades de los años treinta: se quería implantar
  • 2. de manera súbita en un país, como España en 1931, cuyo nivel cultural y cuyas tensiones socialescorrespondían a los de Inglaterra o Francia de medio siglo antes. Además el clima cultural, político ysocial europeo y mundial no era propicio... La clase política -que tuvo aciertos reformistas importantes-cometió también muchos y graves errores. El principal de ellos fue ignorar que había un adversario con elque compartir los fundamentos de la convivencia si de verdad se quería democracia. Eso, y la ausencia deprevisión de los resultados de la acción propia, explican el desastre final. JAVIER TUSSELL: Historia de España. Edad Contemporánea. Madrid, 2001.5. LA SEGONA REPÚBLICA. Si algo sorprende en la historia de la Segunda República española es lo mucho que intentó haceren el poco tiempo que tuvo para ello, puesto que su etapa reformista se limita a dos años y medio (de1931 a 1933). El nuevo régimen se estableció “sin causar víctimas ni daños”, en medio de una alegría queno permitía prever cuán grandes iban a ser las dificultades que le crearía la hostilidad de un amplioespectro de fuerzas sociales que se propusieron, desde el primer momento, derribarlo por la fuerza. Un texto publicado por un combatiente franquista en 1937 refleja esta actitud inicial: “En 1931hubo cambio político en España, y de entonces acá fue creándose, y adquiriendo luego de día en díamayor ímpetu, la lucha de clases; en esta lucha llevábamos la peor parte las clases burguesas […]. Eraconstante el comentario “esto no puede seguir así”, y yo he de decir que desde el año 1931 estabaesperando que llegase el momento en que hubiéramos de jugárnoslo todo, absolutamente todo”. La República nació en plena crisis internacional, y consiguió dejar a España al margen deldesastroso hundimiento de la economía mundial. En comparación con los desplomes de la producción ydel empleo que se dieron en otros países, los índices españoles muestran una relativa estabilidad e inclusocierto crecimiento en algunos sectores, como consecuencia de que la mejora de la situación de losasalariados hizo posible un aumento de su capacidad de consumo. Aunque, como escribió Manuel Azaña, “1a obra legislativa y de gobierno de la Repúblicaarrancó de los principios clásicos de la democracia liberal”, se apartó inicialmente de ellos por laconciencia de que era necesario intervenir para hacer frente a las consecuencias de la crisis. Había quehacerlo, sobre todo, en lo referente a las condiciones de vida de la población trabajadora, en momentos deparo y de conflicto. “Con socialistas o sin socialistas -añade Azaña-, ningún régimen que atienda al deberde procurar a sus súbditos unas condiciones de vida medianamente humanas podía dejar las cosas en lasituación en que las halló la República”. Falló, posiblemente, en otros aspectos, como en la política agraria, con una reforma de lapropiedad que hasta 1936 apenas había realizado nada, ya que, como dijo el anarquista italiano CamiloBerneri, “fue aplicada en dosis homeopáticas”, y con el error de no haber entendido que no solo existía laEspaña del latifundio, sino también la de los pequeños y medianos productores de trigo, cuyos problemasno supo atender, lo que los puso del lado de sus enemigos. Se suele olvidar, sin embargo, que la parte esencial de su programa residía en su proyecto detransformar la sociedad a través de la educación, por lo que deberíamos valorar lo que hizo esencialmenteen estos términos. La República se encontró con un gran déficit de escuelas y de maestros, al que seenfrentó formando millares de nuevos maestros y construyendo numerosas escuelas. No bastaba con esto,pero si hubiera seguido por ese camino unos años más, habría cambiado el panorama educativo del país. Este interés por elevar la instrucción iba más allá de la escuela y se manifestó también en susesfuerzos por difundir la cultura entre los adultos, con las misiones pedagógicas, con la creación debibliotecas públicas o con campañas de teatro popular inspiradas por Alejandro Casona y por FedericoGarcía Lorca. Estos reformistas ingenuos no habían entendido, sin embargo, la primera regla que todorevolucionario, de derechas o de izquierdas, debe saber: que lo esencial es asegurarse el poder, y que latransformación de la sociedad vendrá, si ha de venir, más tarde. Una población ampliamente escolarizada, con una educación razonadora y laica, y unossindicatos que garantizasen a los trabajadores la libertad para negociar sus condiciones de trabajo y sussalarios eran algo que no podían aceptar las derechas que, al ver fracasado en febrero de 1936 su intentode conservar el poder dentro de las reglas de la democracia parlamentaria, renovaron sus viejos proyectosde 1931 y decidieron evitar por la fuerza que hubiese otros dos o tres años como los de la primera etapade la República de izquierdas. Era la reforma lo que temían y no una revolución que no figuraba en los propósitos de un FrentePopular tan moderado que no aceptaba ni siquiera el subsidio de paro. Lo que reivindicaba Azaña eracompletar “la revolución liberal” que “la clase media no había realizado a fondo, durante el siglo XIX”. Ysu preocupación por la instrucción se basaba en que el atraso de esta privaba de base al régimenparlamentario, que había sido en este país “poco más que una ficción”.
  • 3. El significado político monárquico Pedro Sainz Rodríguez enumera así los desmanesrevolucionarios de la política republicana que le movieron a sumarse a la sublevación militar: “Seobligaba a los terratenientes a roturar y cultivar sus tierras baldías, se protegía al trabajador de laagricultura tanto como al de la industria, se creaban escuelas laicas, se introducía el divorcio, sesecularizaban los cementerios, pasaban los hospitales a depender directamente del Estado...” Este es elbolchevismo que se propuso combatir la insurrección militar de julio de 1936. Una insurrección que emprendió desde su inicio -mucho antes de ocuparse de los partidos y delos sindicatos, o de cuestiones como la reforma agraria- la destrucción del aparato educativo creado por laRepública, hasta el punto de que la junta de Defensa de Burgos comenzó a tomar decisiones en estamateria desde los primeros momentos. El 19 de agosto de 1936, al cabo de un mes del comienzo dellevantamiento militar, se ordenaba a los alcaldes que vigilasen que la enseñanza “responda a lasconveniencias nacionales”, que “los juegos infantiles, obligatorios, tiendan a la exaltación del patriotismosano y entusiasta de la España nueva” y que denunciasen “toda manifestación de debilidad u orientaciónopuesta a la sana y patriótica virtud del Ejército y pueblo español”. Que consideraban el esfuerzo educativo de la República como una amenaza lo demuestran laspalabras de José Pemartín, jefe del Servicio de Educación Superior y Media, que afirmó en 1937 que “talvez un 75 por ciento del personal oficial enseñante ha traicionado -unos abiertamente, otrossolapadamente, que son los más peligrosos- a la causa nacional. Una depuración inevitable va a disminuirconsiderablemente, sin duda, la cantidad de personas de la enseñanza oficial”. A la fase inicial de persecución y fusilamiento de maestros la siguió una tarea sistemática dedepuración, llevada a cabo a largo plazo y metódicamente, a la vez que se cerraban muchos de losinstitutos de segunda enseñanza creados en esos años, alegando que eran demasiados para las necesidadesdel país, y que se expulsaba de la universidad a los mejores docentes. Se acostumbra a decir, basándose en la considerable presencia de escritores y académicos en lasfilas del republicanismo, que aquella fue una República de intelectuales. Atendiendo a su proyecto socialy a sus realizaciones, me parece que es más apropiado calificarla como una República de maestros. Cuando se cumplen 75 años del 14 de abril de 1931, conviene que recuperemos la memoria deun régimen que, con todas sus carencias, pretendió construir una sociedad donde las graves cuestionesque la dividían pudieran debatirse en un clima de libertad y convivencia. Es evidente que los problemashan cambiado y que las soluciones de ayer no nos sirven hoy, Pero el espíritu de democracia que lasinspiró sigue siendo plenamente válido, y la clarificación de las causas que hicieron fracasar aquelproyecto debe ayudarnos a evitar repetir viejos errores, a fundamentar una conciencia colectiva que nospermita vivir en paz y avanzar conjuntamente, con la tolerancia que a ellos se les negó, y que no pareceabundar tampoco hoy en la escena política española.JOSEP FONTANA, En defensa de la República. Clio, Revista de Historia, nº 54, p, 16-18, Madrid, 2006.6. REFORMA AGRÀRIA. Sea como fuere, en septiembre de 1932 se promulgó la norma que había de regular el acceso delcampesinado a la tierra. De haberse llevado a cabo, sólo en Andalucía habría afectado a 2.418.084hectáreas, algo más de un cuarto de la superficie total de esta región. Pues bien, a finales de 1934,después de dos años de vigencia, los asentamientos realizados eran en total 12.260, con una superficieafectada de 118.837 hectáreas. Se estaba muy lejos del mínimo de 60.000-75.000 campesinos asentadosanualmente que propuso la Comisión Técnica para remediar el llamado problema agrario. JIMÉNEZ BLANCO, JL. (1986): «Introducción», en Historia agraria de la España contemporánea, Barcelona, Crítica, vol. III, págs. 121-122.7. EL BIENIO DE LA DERECHA SEGÚN LOS HISTORIADORES La izquierda llegó a contemplar el «Bienio Negro» (diciembre de 1933-febrero de 1936) comoun período de gobierno casi fascista. [...] Se trató de un «período estéril» dedicado a realizar un cambiocompleto de la obra de la coalición azañista, desde el volver a pagar salarios a los sacerdotes hasta eldespido del personal de limpieza del ministerio. [...] Quizás el síntoma más revelador de un período en elque los gobiernos les permitieron todo a los terratenientes sea el fuerte descenso de los salarios rurales yel aumento de los desahucios. R. CARR, España: de la Restauración a la democracia, 1875-1980

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